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CENTRO DE ESTUDIOS

CIENTIFICOS Y TECNOLOGICOS
DEL ESTADO DEL MEXICO
(CECyTEM)
NOMBRTE DEL ALUMNO :INGRID
IRIDIAN GARCIA SANCHEZ
NOMBRE DEL PREFESOR :CESAR G
ASIGNATURA: CIENCIAS Y
TECNOLOGIA SOCIEDAD Y
VALORES
2 PARCIAL
NOMBRE DEL LIBRO:
”FUERA DE CAUSE”

5 NOV 10
¡Libertad a los presos de Atenco! ¡Castigo a los asesinos en Oaxaca!
Guillermo Almeida
La Suprema Corte de Justicia de la Nación acaba de resolver según derecho el
caso de las indígenas ñañús de Querétaro injustamente presas con
acusaciones y pruebas” fabricadas. Es de esperar que esa sensatez y el apego
a la ley se repitan en el caso de los presos políticos de Atenco, condenados
prácticamente a cadena perpetua por un fallo aberrante dictado por el odio
político y de clase y por la voluntad evidente de aterrorizar a los disidentes
políticos y a los movimientos sociales.

Anular ese fallo, dictado en un verdadero clima de linchamiento de los


dirigentes campesinos en la televisión y en la casi totalidad de los medios de
información, reduciría parcialmente el impacto nacional e internacional de la
brutal represión que sufrieron los de Atenco. Aunque el daño grave a la justicia
mexicana ya está hecho, pues el mundo todo fue testigo de las palizas, y
conoció las torturas, las violaciones de las detenidas, y toda la brutal represión
–con el saldo de una muerte y cientos de presos– a trabajadores y estudiantes
cuyo verdadero “crimen” consistió en haber impedido la usurpación y el despojo
de sus tierras para que unos pocos pudieran hacer un gran negociado con la
construcción de un nuevo aeropuerto para la ciudad de México, una tardía
reparación judicial serviría al menos para dejar asentados los principios y las
garantías legales en un momento en que la militarización del país y los miles de
muertes violentas en la mayor parte del territorio nacional agravan la crisis
económica, porque fomentan la impresión internacional de que México es un
país sin ley ni Estado.

La corrección por el órgano supremo del Poder Judicial de las aberraciones


cometidas por el poder represivo mexiquense por orden directa del gobernador
Enrique Peña Nieto sería por lo tanto una señal importante de que no todos los
organismos estatales son cómplices de la corrupción, el matonismo y la
violencia criminal.

Sobre todo cuando el gobierno de Ulises Ruiz, en Oaxaca, aparece implicado


en una nueva represión sangrienta y está cubriendo a una banda de asesinos
que emboscó, causándole muertos y heridos, a una caravana de observadores
sociales oaxaqueños y defensores internacionales de los derechos humanos
para tratar de ahogar en sangre la autonomía de los valientes pobladores
triquis de San Juan Copala.

Como Peña Nieto en su momento, un gobernador prisita cubre la violencia


salvaje con fines político-electorales sumando así el terrorismo de Estado al
terrorismo desatado de los narcotraficantes. El más elemental respeto a los
derechos democráticos y constitucionales debería conducir a todo aquel que no
desee la instalación de un poder ilegal de “señores de la guerra” locales a tratar
de reconstruir un clima de legalidad en el país. Y, por consiguiente, a liberar a
las víctimas de la ilegalidad policial y estatal y de fallos aberrantes y a condenar
a los mandantes y cómplices de atrocidades, como las que se cometieron con
los campesinos en Atenco o se acaban de cometer contra los miembros de la
APPO, de la sección 22 del SNTE, de Cactus, de Vocal y de diversos grupos
de defensores de los derechos humanos emboscados cerca de San Juan
Cópala por los sicarios de Avizor, una organización triqui del PRI respaldada
por el gobernador Ulises Ruiz.
La crisis mundial –el “simple catarrito”– prosigue y proseguirá. El racismo
antimexicano en Estados Unidos, más la desocupación obturan la válvula de
escape de la emigración y reducen constantemente las remesas de los
emigrantes mientras la crisis reduce también el turismo y el consumo de
petróleo por la maltrecha industria estadunidense. Si al narcotráfico, que
envuelve a centenares de miles de campesinos y de jóvenes que no
encuentran otro camino, se le agrega la violencia caciquil prisita, la pendiente
resbaladiza por la que México se desliza hacia el desastre se hará aún más
peligrosa. Urge la reconstrucción de una base mínima para la convivencia
democrática y para la lenta conquista de un estado de derecho.

Por eso el fallo de la Suprema Corte en favor de las víctimas de la represión en


Atenco que siguen aún en condiciones de verdaderos rehenes del poder ciego
y arbitrario va mucho más allá del caso mismo. Un fallo liberatorio para Ignacio
del Valle y sus compañeros podría actuar como valla para un ulterior deterioro
de la vida política y social en todo el país y para el total descreimiento respecto
al Estado y a la legalidad de la mayoría de la población que es continuamente
ofendida, ultrajada, reprimida y ve sus derechos negados o desconocidos por
los poderosos que la oprimen y explotan. Corresponde a la Suprema Corte de
Justicia desmentir al Martín Fierro que, partiendo de la experiencia campesina,
sostiene que “la ley es como el cuchillo /no ofende a quien lo maneja”, y
restablecer, al menos en parte, un marco de legalidad que tenga en cuenta las
conquistas democráticas de la Revolución Mexicana y la presión de la parte
democrática de la sociedad civil.

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