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EL ROSTRO PERDIDO

Günther Weisenborn

PERSONAJES

LOFTER, el hombre que ríe, payaso pendenciero y Lord sin rostro.


ANGELINA, una bailarina ciega.
U, LA LEONA, pelirroja y robusta cajera del circo “Green-Box”.
SANGFAZ, mago y director del circo.
JESAIAS KILT, parásito, empleado del Almirantazgo.
BOTELLA, mestizo, atleta desorejado.
DUQUESA JOSIANA, la de verdes ojos, hermana de la reina Ana.
LORD DAVID DIRRY-MOIR, un lindo Contralmirante.
MORLOCK, el Ministrante, oscuro, férreo y taciturno.
LILIANE DE WET, acomodadiza dama de honor de la duquesa.
MAESE NICLESS, dueño de la posada de Tadcaster.
LORD ARTURO INGRAM, orgulloso y pedante.
LIZZY, una vendedora de frutas.
Muchachos, pajes, nobles, etc.

La indumentaria es la inglesa de 1710, tal como aparece en los


cuadros de Hogarth de la serie titulada The Rake´s Progress (Jornada
del petimetre) y en Strolling Actresses (Actrices ambulantes) del
mismo autor.

Lofter lleva puesta una máscara que le tapa desde los ojos a la boca.
Si se estima necesario, la máscara podrá tener un tinte gris-rosa;
debe de imprimir en el rostro un aspecto feroz, cierto matiz de
fatalidad y de amarga dignidad.

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Ropa blanca oculta el escenario; está tendida a secar y ondea al
viento. ANGELINA, la danzarina que baila entre velas encendidas,
aparece en escena y comienza a recoger lentamente la ropa.
ANGELINA es linda y frágil. Se mueve como a tientas. Más tarde,
cuando al llegar el extremo de la cuerda intenta en vano asir otra
pieza de ropa, descubrimos que es ciega. Oyese la voz de U, LA
LEONA, se percibe su proximidad, marcada por golpes de bombo,
cada vez más claros. Entra la enérgica anunciadora del “Green-Box”,
con su melena roja y su veste de terciopelo también rojo; es una
mujer fuerte, resuelta, ruidosa. Trae un bombo viejísimo y ensaya su
pregón, intercalando de vez en vez entre las frases algún grito
imitativo del rugido del león.

U, LA LEONA.- ¡Señora y caballeros: Jau, jau! ¡Distinguido


público de Londres(Golpe de bombo.) ¡Vean al famoso Lofter, único
en el mundo; jau, jau! El gran Lofter es un payaso, un poeta, un Ariel
y además… ¡es el hombre que siempre ríe! ¡Hasta durmiendo sigue
Lofter riendo! Una vez le hicieron un corte en la pantorrilla y le
echaron pimienta en la herida, y…, ¡señores, Lofter reía! ¡Jau, jau!
Claro. Es que Lofter es un “denasa…” (Se interrumpe, habla aparte.)
… ¡Diantre!, ¿cómo se dice? ¡Siempre me atasco por culpa de estas
palabruchas modernistas!... “Desana…, desanasatus usque ad
aures.” (Otra vez en tono campanudo.) Esto quiere decir que los
“comprachicos”, cuando era pequeño, le fabricaron una cara risueña
por medio de la navajita…; gracias a eso ahora se asegura un buen
pasar actuando en mercados y ferias. ¡Jau, jau! ¡Bah, un chelín no es
demasiado en comparación con una risa que dura toda la vida!;
¿verdad? (Golpe de bombo.) Sí; y sobre todo, si esa risa está marcada
en cara ajena… Fíjense ahora en Botella, el temible Botella; aunque
mestizo sin orejas y bajo de estatura, tiene una fuerza tan tremenda
que ha puesto ya en fuga a siete toros. (Golpe de bombo.) El que le
sigue es Sangfaz. Helo ahí; es el mayor brujo de Inglaterra y además,
nuestro director. Filósofo y ventrílocuo. Es tan inteligente que hasta
las piedras empiezan a derretirse en el lejano Oriente cuando Sangfaz
se echa a pensar en Londres (Golpe.) Ahora me toca a mí; soy U, la
Leona… ¡Con eso está dicho dodo! (Golpe.) Y aquella criatura perlada
de rocío es Angelina, nuestra niña “Claro de Luna”; miren los sedosos
cabellos de la dulce gacela; parecen de jubiloso ébano… Sabe bailar
entre ardientes candelas. (Remedando movimientos de bailarina.)
Larí, lará… Es ciega; el calor de las velas encendidas guías sus
desnudos pies en danza. Es tan tierna como un pétalo de rosa: tanto,
que si le cae una catarina en la espalda, se asusta y llora. (Remeda
llanto de niña.) Ujú… (Golpe suave de bombo.) …y…, y… (Se
interrumpe bruscamente y prosigue aparte.) ¡Diablo! ¡No sé que
tengo en la cabeza!... (En voz alta.) ¿Porqué el señor director no se
encarga de una vez de sotar estas peroratas, como hacía antes?
BOTELLA.- (Se adelanta, ensayando un ejercicio atlético.) Talvez
aquí en Londres el pánico escénico… le ha…, le ha…
U, LA LEONA.- ¡Bah! Hoy en la representación de la tarde hablé
yo lo primero que se me vino a la boca… Angelina….¡Angelina!
(ANGELINA ha recogido la ropa y la ha metido en un cesto. Cuando
intenta levantarlo, se desploma.) ¿Quién te ha dicho a ti, cordera, que
cargaras con el cesto?, ¿eh, pequeña? Espera, monina, ratita, que yo
te llevaré el cesto, como si fuera una bola de nieve que se deshace en
la mano.
ANGELINA.- (Levantándose.) No; si ya estoy mejor…
U, LA LEONA.- Mejor, mejor… ¿Sólo eso, desde que te libré del
orfanato comprándote?
ANGELINA.- Allí hacía frío…, pero aquí puedo cantar en voz alta
de cuando en cuando al aire libre. Además oigo a mucha gente que
va y viene y habla y ríe, la gente del puerto… y…
U, LA LEONA.- (Desconfiando de repente.) ¡Ay, algo me huele
mal!... Y ¿qué? ¡Habla! Una carita de cristal no puede mentir.
ANGELINA.- Respetable U… En el asilo de huérfanas sólo había
muchachas, muchachas todo el día…. Y cuando se reía una guardiana
era como si relinchara un caballo. No había oído nunca la voz de un
hombre… hasta el viernes pasado…
U, LA LEONA.- Y ¿qué te sucedió el viernes, niña?
ANGELINA.- Oí por vez primera las voces de los hombres. Me
dan miedo sus voces, U… Se parecen a las de los tigres…
U, LA LEONA.- Sí, ¡y a otros animales… con pezuñas y cerdas!
ANGELINA.- Pero había uno… que empezó a hablar en la
escalera… y al mismo tiempo me corrió no sé qué bicho por la
espalda…
U, LA LEONA.- Un escalofrío…; así se llama el bicho.
ANGELINA.- …¿Escalofrío?
U, LA LEONA.- …Y ¿quién era el hombre?
ANGELINA.- A mí me pareció que me cegaban, U…, como a los
trigos, que caen en la tierra y descansan contentos.
U, LA LEONA.- Bueno, ¿quién era el segador?
ANGELINA.- (Con sencillez) Lofter.
U, LA LEONA.- ¡Tate, con que Lofter!...
ANGELINA.- Ya sé que no tiene su cara, pero…, pienso yo…,
¿hay muchos que tengan la suya?
U, LA LEONA.- (Suelta una risotada.) ¡Vaya con la pareja! Una
mosquita ciega y un pelanas sin cara… ¡Condenada juventud! Sin
más, porque siente un cosquilleo en la espalda ya se cree que hay
algo…
ANGELINA.- Ese bicho…, el escalofrío…, se me ha debido de
quedar aquí; no me deja… desde entonces. Creo que no se le puede
coger, porque está metido debajo de la piel. Pero cuando me recorre
hasta la raíz del pelo y cuando algunas veces me llega al corazón, es
cada vez más dulce…
U, LA LEONA.- (Con un silbido.) ¡Ah, pero te ocurre eso?
ANGELINA.- …Es que… ¿es algo malo?
U, LA LEONA.- Puede llegar a serlo para ti (Aparece una
vendedora con un cesto.)
LA VENDEDORA.- ¡Manzanas!... ¡Hay manzanas!... ¿Quién me
compra?
U, LA LEONA.- (Mueve la cabeza.) …Si empezamos ya con
caprichos… Vergüenza te debía de dar… Déjate de miradas tiernas y
dime si hay algo más…
ANGELINA.- Yo no sé…, U…
U, LA LEONA.- Está bien, caballito de mar. (Dirigiéndose a la
VENDEDORA.) ¿Las tiene dulces…, maduras…, coloraditas?
(Revuelve en el cesto y palpa las frutas.) nada, como piedras…
Habrá que esperar a que vengan mejores.
LA VENDEDORA.- (Desapareciendo) ¡Manzanas!... ¿Quién me
compra?...
U, LA LEONA.- ¡Eh, tú, Angelina!... Pero… si se me ha quedado
en la mano esta manzana… ¿La quieres, Angelina?
ANGELINA.- Bueno… (Va a tientas hacia U, LA LEONA.)
U, LA LEONA.- ¡Aquí! (Da la manzana a ANGELINA.) Toma. (Al
regresar, ANGELINA tropieza con un plantón, un arbolito de dos años.)
¡Maldición! Ya nos ha plantificado Sangfaz otro pimpollo. Ese hombre
deja bosques tras de sí.
ANGELINA.- ¿Porqué, U?
U, LA LEONA.- Es una expiación. Se trata de un antiguo delito,
un homicidio acaso… Desde entonces, ha jurado plantar mil árboles.
Por todas partes donde hemos echado funciones, hay ahora arbolitos.
(Arranca el plantón y lo tira al suelo.)
ANGELINA.- Y ¿porqué lo arrancas, U?
U, LA LEONA.- Porque me da pena de Sangfaz y de los pobres
arbolitos. Los arranco y me las arreglo para que él, al día siguiente,
los encuentre en el suelo: así planta cada arbolito lo menos tres veces
el muy bobo. (Coge el cesto.)
ANGELINA.- ¿Me dejas que te ayude?
U, LA LEONA.- ¡Largo! Tu trabajo es bailar; ¿no “capiscas”,
cordera? ¡Ah, y cierra bien tu puerta! Los hombres son una gentuza
golosa: cuchichean junto a la puerta y buscan a tientas el picaporte…
¡Hay que ahuyentarlos a golpes!...
ANGELINA.- El tiene una voz de ángel y un corazón que de
seguro es como el de un león (Óyese una campana queda y rápida.)
¡Oh, la campana!... Pero si todavía no son las doce… y está dando…
trece campanadas…; no, catorce…
U, LA LEONA.- ¿Eh? Es que es la “muda”… Sólo suena cuando
cuelgan a alguno… ¡Dios nos guarde! Andando… (Salen.)

Cambio de luz. KILT y MORLOCK se presentan en el escenario, buscan


donde sentarse y toman asiento. KILT, individuo gordo y listo, lleva
una grasienta levita que le está muy corta. Contrasta mucho con el
sombrío e impenetrable MORLOCK, que viste de negro y lleva un velo
negro bajo el ala del sombrero.

KILT.- ¡Ah de la posada! ¡Eh, Maese Nicless!


NICLESS.- (Aparece. Es el eterno y clásico posadero de las
tablas, grueso, alegre, servil.) ¿Honorables señores…? (Enciende la
lámpara y crea rápidamente una atmósfera de posada con jarras,
toneles, etc.)
KILT.- Dos jarras pequeñas de cerveza.
NICLESS.- Ajá, dos jarritas… (Con dignidad.) caballeros, aquí
están en la posada de Tadcaster; es como decir que hay una cerveza
dulce como la miel de tilo en julio, amarga como beso en mano de
capador de perros, y vaporosa como regüeldo de serafín. Pero…
mandaron que trajera, ¿dos jarritas?
KILT.- No; dos jarras grandes.
NICLESS.- (Jovial.) ¡Ah, grandes!... ¡Jmmmmm!... Buenos
entendedores… (Y desaparece con sonrisa de satisfacción. KILT
coloca una botella cubierta de musgo sobre la mesa y mira en torno
con cautela.)
MORLOCK.- ¿Qué contiene?
KILT.- (Misteriosamente) Secreto de Estado. Es una botella-
mensaje; fue arrojada al mar. Contiene la última noticia de un barco
que naufragó a consecuencia de una tempestad hace veintinueve
años. Ya he intentado dos veces informar a la duquesa acerca del
tenor de este mensaje, pero ella tenía cosas más importantes que
hacer. Tenía que cazar, que bailar y que p… Chssss… (Miran de nuevo
en torno con recelo.)
MORLOCK.- ¿Por qué debe la duquesa enterarse de lo que en él
se dice?
KILT.- (Con secreto regodeo, como de triunfador.) A ella se
refiere…
MORLOCK.- ¿Alguna intriga?... ¿Un plan infernal?
KILT.- (Sardónico.) En esta botella se esconde un golpe de
muerte. (Saca una carta de la botella.)
MORLOCK.- ¡Carajo! ¿De veras?
KILT.- En el Almirantazgo existe una oficina que registra toda
botella-mensaje y se hace cargo d los derrelictos y objetos que llegan
a las playas. En el año mil setecientos ocho el mar arrojó a la costa
cincuenta y dos botellas embreadas, portadoras de noticias póstumas
procedentes de distintas catástrofes marítimas; todas ellas fueron
registradas e inspeccionadas en mi negociado. Pero ninguna contenía
noticia tan terrible… para determinada persona… como la que aquí se
lee…
MORLOCK.- ¿Qué escribían los ya difuntos?
KILT.- Al hundirse a la sazón el velero español “Matutino”, once
testigos y el capitán firmaron el papel: con ello resulta válido ante la
ley. Contiene la confesión de un “comprachicos”, arrepentido en sus
últimos minutos. Algunas veces los “comprachicos” no se
conformaban con comprar; robaban. Y de los niños robados hacían
monstruos. Los esfuerzos de los hombres por idear nuevas
diversiones siempre han costado muchos quebraderos de cabeza. Los
comprachicos ganaban así sus dineros por el procedimiento de
fabricar criaturas artificialmente deformes, pequeños bufones,
eunucos…, y luego venderlos a las aburridas Cortes. ¿Conoce a
Perqueo, el enano del príncipe elector del Palatinado? Es un excelente
negocio.
MORLOCK.- Las Cortes quieren divertirse.
KILT.- Sí. El “comprachicos” de marras, entre las angustias de la
muerte, confesó ante Dios que había robado y desfigurado al hijo
único de uno de los Pares de Inglaterra: Lord Clancharly.
MORLOCK.- Recuerdo el caso. Fue hace mucho tiempo.
Gravísimo escándalo se produjo con motivo de la desaparición del
niño.
KILT.- Lo creo. El niño ha sido buscado. Vive. Es un hombre
hecho y derecho. Lleva en el rostro una mueca y probablemente una
cicatriz en forma de cruz en el brazo izquierdo, en el ángulo de la
sangría.
MORLOCK.- Y ¿quién es el Par desaparecido?
KILT.- Un despreciable cómico.
MORLOCK.- ¿Del “Green-Box”?
KILT.- Eso creo; es Lofter, el hombre que ríe.
MORLOCK.- (Contempla la botella.) ¿Un cómico es… un Par?
(Con gesto decidido toma la botella de la mesa.)
KILT.- ¿No es divertido? Pero hay algo que todavía lo es más.
Cuando el viejo Lord Clancharly murió, faltaba el heredero, el niño
desaparecido. La reina entonces dejó todos los bienes que constituían
la herencia al cuidado de manos fieles…
MORLOCK.- ¿De qué manos?
KILT.- (No puede reprimir una risita.) ¡De la duquesa Josiana!
Con cuerpo de mujer, tiene el cerebro de un hombre, lo cual no
impide que cada día devore a algún macho… ¡Una verdadera “mantis
religiosa”!
MORLOCK.- Eso significa…
KILT.- Significa que un cómico se hará rico y una duquesa se
hundirá en la pobreza. (Vuelve a poner la botella sobre la mesa.)
MORLOCK.- (Cogiendo de nuevo la botella.) Sería fácil devolver
la botella al mar…, pero esta vez sin cerrarla del todo.
KILT.- (Le quita delicadamente la botella y la vuelve a colocar
encima de la mesa.) ¡Oh, no; eso constituiría una infracción de las
leyes! Además, el “comprachicos” culpable logró al fin salvar la vida
en aquel naufragio… Es menester encontrarlo.
MORLOCK.- Dejemos Entonces que el papel siga su curso.
KILT.- (Indeciso.) Es que… esta hoja de papel es un hacha de
verdugo…
MORLOCK.- Pues que ejerza sus funciones, si así debe ser.
KILT.- (Muy preocupado.) Una alta personalidad está en peligro.
MORLOCK.- ¿Y lo sabe ella?
KILT.- (Afirmando.) Incluso se la he ofrecido…; me refiero a la
botella…
MORLOCK.- ¿Has comunicado el contenido del documento a la
duquesa?
KILT.- No; siempre que he ido a hacerlo me ha dejado con la
palabra en la boca. Me ha dicho: “¡Llévale la botella a la reina!”
MORLOCK.- En efecto. Hay que ofrecérselo en seguida.
KILT.- (Con ingenuidad.) Pero ¡si ya he acudido a Su Majestad!
Como funcionario, quería darle a leer el papel, y como adicto, quería
destruirlo luego. ¡Cómo no iba a ofrecérselo…, naturalmente!
MORLOCK.- Ofréceselo una vez más.
KILT.- Lo intentaré. Sin embargo, ¿porqué una encumbrada
personalidad no había de caer desde las alturas de su paraíso de
sedas? Muchos se alegrarían… Además, ella fue quien me dio la
orden de entregar el escrito a la reina. Es una orden que cumplo…
con mucho gusto…
MORLOCK.- (Mirándolo; preocupado.) El asunto es demasiado
peliagudo. Soy el Ministrante. Funciono, pero no pienso.
KILT.- Por otra parte, Lord David nunca se casará con una
Josiana pobre. (Risa mal reprimida.) Los virajes del destino… algunas
veces son endiabladamente interesantes…, una especie de
diversiones faraónicas. (Afuera, ruidos de pendencia, vocerío, gente
que anda de un lado a otro.) Debe de ser la “troupe” del “Green-Box”.
Gente de circo, cómicos… y carne de horca.
MORLOCK.- ¿Por qué no están colgando ya de ella?
KILT.- Probablemente por una sola causa: porque hasta ahora
no se han topado con Su Merced.
MORLOCK.- ¿Acostumbran a turbar la paz de la ciudad?
KILT.- Con frecuencia.
MORLOCK.- Los cómicos afean el semblante de nuestra villa
tanto como los charlatanes y los rebeldes.
KILT.- (Diplomático.) De acuerdo, de acuerdo con Su Merced.
NICLESS.- (Trae la cerveza.) Dos jarras de las grandes. Por si les
roe la duda, caballeros, les participo que todavía hay más cerveza
ahí.
MORLOCK.- ¿Nombres?
KILT.- “Porco primo”: Sangfaz, director de la “troupe”, viejo
filósofo, es listo como un demonio.
MORLOCK.- ¿Hay demonios listos?
KILT.- (Servil.)… Naturalmente… No; de lo contrario… habrían
seguido siendo ángeles.
MORLOCK.- Bien; demonios o ángeles, los inteligentes son
doblemente peligrosos. Quien piensa se inclina a la rebeldía.
KILT.- “Porco segundo”: Botella. Cuando niño los comprachicos
lo metieron en una garrafa y al desarrollarse tomó la forma del
recipiente; allí dentro lo criaron y luego creció fuerte como un roble.
MORLOCK.- Ese Lofter ¿no pertenece también a la pandilla?
KILT.- Sí; es el hombre que ríe, payaso temerario, cantor, cuyas
actuaciones corre a ver todo Londres. Es célebre como Milton, como
Händel…
MORLOCK.- Me interesaría comprobar si semejante sujeto es
capaz de seguir riendo cuando se le obsequie con una lluvia de
ascuas de plumas sobre la espalda desnuda durante una tarde
entera… (Dentro, aclamaciones, regocijo; se oyen vivas a LOFTER.
Entran LOFTER y BOTELLA tumultuosamente y riendo. Persiguen a
algunos muchachos por la taberna y fuera de ella; vuelven a entrar
ruidosamente. LOFTER se ha pintado con coloretes una máscara en el
rostro, de tal suerte que da la impresión de ser una verdadera
máscara de tela o cartón.)
LOFTER.- (Acalorado, declamando con gesto feroz.) ¡Ah, qué
magníficos perros de caza poseía Acteón: Melampo, Lélaps,
Pánfago!... (NICLESS les trae cerveza. Beben.)
KILT.- ¿Quién es usted, señor?
LOFTER.- ¿Yo?
KILT.- Sí.
LOFTER.- (Se levanta de un brinco y hace una reverencia
burlona e insolente.) ¡Soy un payaso, con permiso de Vuestra Merced!
(Le vuelve a dar espalda a KILT.)
BOTELLA.- Ezte ez Lofter…, ez Lofter…
KILT.- Realmente es él, el hombre que ríe… (MORLOCK se cala
un monóculo y lo observa durante un rato.)
LOFTER.- ¡A beber! ¡Otro doble de cerveza! (De repente, en voz
baja.) Me gustaría saber quién era aquella persona, la única que no se
reía de mí…
BOTELLA.- Debía de zer una duqueza, ‘na duqueza…, seguro
que zí…; con tré lacayos y venía en coche de doz caballoh…
LOFTER.- Mientras cantaba yo, no se ha reído… Pero después
sí…, con una risita infame, como con sordina de seda. ¡Carajo! (Bebe;
luego baja la voz, como si hablara para sí.) pero si ella tiene una risa,
tú tienes una paloma en la garganta (Entra LORD DAVID en la
taberna).
NICLESS.- (A KILT.) Lord David. Le gusta fingirse marinero para
andar por ahí de retozo.
DAVID.- ¡Eh, Maese Nicless; cerveza fuerte!... No dejes morir de
sed a un vagabundo! ¡Ah, y una muchacha! ¡Una muchacha, pronto,
aquí!
NICLESS.- (Ha salido y regresa con cerveza. Servil.) ¡Hola, Tom-
Jim-Jack! (Cuchichean.)
MORLOCK.- ¿No has dicho antes que este payaso debe tener
una cicatriz?
KILT.- En forma de cruz, en el ángulo interno del brazo
izquierdo.
MORLOCK.- Quiero ver la cicatriz.
DAVID.- ¿Dónde está la chica?
NICLESS.- Ya está esperando. ¡Sal, Lizzy! Ea, acércate… (Entra
y trae de la mano a LIZZY.) ¿No es como una ninfa? Dos manzanitas
aquí… y el paraíso bajo las haldas.
DAVID.- ¡Ven, Lizzy!
NICLESS.- Vamos, muévete… (La muchacha da unos pasos.)
¡Baila un poco…, vamos…, levanta la falda…, más… (Mueve ella la
cabeza como negándose a lo que pide NICLESS) ¡Cómo que no?
DAVID.- Vamos, acércate. (Ella no se mueve.) Te digo que te
acerques… más… (Señala a NICLESS) Me ha prometido una ninfa.
¿Eres una ninfa o un pedazo de pan sentado? ¡No te quedes ahí
apostada, ven aquí!
LOFTER.- (Que lo ha estado mirando fijamente.) Bien ves que
ella no quiere…
DAVID.- ¡Posadero! ¿Hablaba alguien conmigo?
NICLESS.- Uno de los cómicos, Tom-Jim-Jack.
DAVID.- ¿Se atreve “esto” a dirigirse a mí? ¿Semejante bellaco?
Sepa que si pretende recibir algo de un hombre de bien, no será una
respuesta, sino una paliza.
BOTELLA.- (Se va a él.) ¡Hábráze vihto, desgrasiado, lo has…, lo
has oído?...
DAVID.- Y ahora este pedazo de tocino…
BOTELLA.- ¿Puedeh tú… haser esto? ¡Un tonel de sien litroh!...
(Levanta uno de los toneles. La joven LIZZY desaparece.)
NICLESS.- ¡No levantarme los toneles! La cerveza se vuelve más
amarga cuando se le agita.
DAVID.- Todo lo que sepa hacer un cómico, lo sabe Tom-Jim-
Jack. (Prueba en vano levantar el tonel. Ríen los cómicos. DAVID
monta en cólera.) ¡Osan reírse de Tom-Jim-Jack, apestosos
comicastros?
LOFTER.- Y ¿cómo no íbamos a desternillarnos? He aquí un
individuo que no es capaz de mover un tonel. ¿Pretendes pasar por
un lobo de mar? Tú lo que tienes son unas manos blancas como
muslo de nereida y una jeta tan grande como el portón de Maese
Nicless.
DAVID.- ¡Basta, miserable comiducho!
LOFTER.- ¿Qué te pasa; algo no te ha gustado?...
DAVID.- ¡No, comiducho!
LOFTER.- Pues yo sé de algo que haría juego a las mil maravillas
con tu cara. Y es este puño que ves aquí.
NICLESS.- ¡Misericordia! ¡Cálmense por favor!
DAVID.- Este puede más… (Le enseña el puño.)
LOFTER.- (Poniéndose en pie.) Eso habría que probarlo. (Se
remanga la camisa.)
DAVID.- A fe que sí. (Se levanta y se quita la marinera.
Empiezan a darse de puñetazos. El MINISTRANTE da un fuerte golpe
en la mesa.)
KILT.- ¡Eh, ustedes! Han provocado la ira de un huésped
eminente.
DAVID.- ¿De quién? (El MINISTRANTE deja caer el velo que le
tapa el rostro, se levanta y, severo, permanece en sombrío silencio.)
KILT.- ¿No quieren fijarse en lo que su mano derecha sostiene?
¡Las férreas armas de la Corona! ¡Es el Ministrante de la reina!...
(Todos se quedan inmóviles.)
NICLESS.- (A gritos.) Lleva el bastón con las insignias de la
reina. Aquel a quien toque, tendrá que seguirlo de grado o por fuerza.
¡Oh, gran Ministrante!, considere nuestras malas costumbres como lo
que en el fondo son: juegos tontos y sin importancia alguna. Somos
obedientes servidores de Su Majestad la reina… (El MINISTRANTE
toca con su bastón de hierro al horrible LOFTER. Luego le hace una
señal para que se le acerque. LOFTER se aproxima muy despacio.)
MORLOCK.- ¡Hombre, enseña tu brazo izquierdo! (LOFTER le
muestra el brazo izquierdo remangado hasta arriba. MORLOCK
inspecciona el brazo.)
KILT.- Esto, ¿es una cicatriz?
LOFTER.- Sí.
KILT.- ¿Esto que tiene forma de cruz?
LOFTER.- Sí. (El MINISTRANTE y KILT cambian una mirada.
Luego el primero da unos pasos y se para delante de BOTELLA, quien
con ademán tímido se dispone también a desnudar su brazo. El
MINISTRANTE pasa de largo y sale. Silencio. Todos lo siguen con la
vista.)
KILT.- Para desgracia suya, la Justicia se ha detenido hoy en
esta casa. (Sale tras de MORLOCK.)
LOFTER.- (A BOTELLA) ¡Carajo, Botella, negra Botella, vaya cara
que has puesto! Parecías un león que quisiera cazar a una avispa…
(Ríen.)
BOTELLA.- (Que ha recobrado el buen humor.) Sé un asertijo
yo… Yo sé un…, un…
LOFTER.- Venga, desembucha…
BOTELLA.- Un caballo tiene cuatro herradurah… Tiene…, eso. Y
ahora viene: ¿Cuántos clavoh necesita un caballo bien herrado…,
necesita… cuántos?
DAVID.- No sé. Vamos, dilo.
LOFTER.- Ninguno. Si está bien herrado, no le hace falta ningún
clavo.
BOTELLA.- Ez listo, lizto, caray…, como el rey Saúl, ¿eh?
LOFTER.- ¿Rey Saúl? ¡Hombre, a propósito del rey Saúl! Botella,
has tenido una ocurrencia feliz, Se me olvidaba que mañana hemos
de representar una escena nueva del “Rey Saúl”… (Entra SANGFAZ
con un bulto.)
BOTELLA.- ¡Jefe!
LOFTER.- Aquí llega nuestro director Sangfaz, filósofo y… ¡rey
Saúl!
SANGFAZ.- El mismo, desde el cuero cabelludo hasta los
hondillos. ¿Rey Saúl?... ¡Ah, recuerdo!... Nueva escena en
perspectiva…
LOFTER.- Ensayémosla…
SANGFAZ.- Primero una cerveza (NICLESS se la sirve.)
LOFTER.- En medio de sus pompas y esplendor, el rey Saúl cae
en la cuenta de que el abuso del Poder va a acarrearle la ruina. Yo
hago de rebelde y tú de rey Saúl…
SANGFAZ.- (Levantando su vaso de cerveza, con gesto
significativo.)… Y éste hace de copa real. He aquí la corona de Su
Majestad. (Coge una corona de paja y se la planta en la cabeza.) ¡Éste
es mi manto de púrpura! (Se echa encima un trapo.) ¡Soy el sombrío
rey Saúl en medio de sus esplendores!
LOFTER.- Tú, Botella, haces el papel de verdugo. Será una
escena soberbia. Tienes que traerme atado a rastras y dejarme tirado
a los pies del rey… ¡Ponte aquí!
SANGFAZ.- (Declamatorio.) ¡Quitaos de en medio, chusma vil!
(Ponen una silla encima de la mesa y se retiran a toda prisa.
SANGFAZ se sube al improvisado trono y se sienta en actitud de rey.)
Yo, Saúl, el rey, tengo aterrorizados a mis súbditos. Yo, Saúl, estoy
aquí aguardando a que me traigan a ese criminal, Lugribo, culpable
de atentado, pues ha dado muerte con un venablo a mi general Jasón.
Allá viene… Ya lo veo. Atado y medio desollado tráele a rastras,
Sinister, mi fiel verdugo… ¡Tráemelo aquí! (BOTELLA conduce a
LOFTER atado con una cuerda. BOTELLA viene disfrazado de verdugo,
con un saco de arpillera roja que le tapa la cabeza y en el cual se han
hecho dos agujeros para los ojos. LOFTER está con los cabellos
desgreñados.)
BOTELLA.- Señor rey… En el dezierto de los Chacales intentó…,
se quiso…
DAVID.- (Se ríe.) ¡Je! ¿Dónde?
BOTELLA.- En el dezierto… (Se prosterna ante SANGFAZ.) se
quiso escapar este hombre… Pero yo le di puñetazos hasta…
cansarme…; le dí… eso.
SANGFAZ.- ¡Acércate, asesino!
LOFTER.- (Acercándose.) Noble príncipe…
SANGFAZ.- ¿Es que no vas a arrodillarte?
LOFTER.- ¡Nunca! Podría costarme el alma…
SANGFAZ.- El alma no, pero sí veninte latigazos propinados con
el azote de las diez colas…
LOFTER.- (Aparte, a SANGFAZ.) Oye, Sangfaz, ¿tú qué opinas?
¿Debo mantenerme en actitud altiva, o bien alternar la sumisión y
timidez con el cinismo?
SANGFAZ.- Ensáyalo en las dos formas.
LOFTER.- (Con acento desgarrador.) ¡Ay dolor…, dolor!
Perdóname, Señor del gran poder… cegado por las lágrimas, te
imploro…: ¡concédeme la vida, gran rey Saúl!
SANGFAZ.- ¿Confiesas, pues, haber clavado tres veces el
venablo en el cuerpo de Jasón mientras dormía?
LOFTER.- Sí.
SANGFAZ.- ¿Por qué, miserable malhechor?
LOFTER.- (Aparte, a SANGFAZ.) No. El tono quejumbroso no me
va… Un rebelde que quiera ganarse a los espectadores tiene que
mostrarse indolente, burlón y… como inspirado…
SANGFAZ.- Debo recordarte algo. Ten en cuenta, en lo que
concierne al tono, que el asunto ha de terminar en pena capital…
Como rey y como juez no consiento la libertad de la palabra ni las
peroratas espontáneas y detesto la fulgurante mirada del demagogo;
con que… ya sabes: ha de acabar en sentencia de muerte.
LOFTER.- Bien; desde el primer instante he de adoptar el seco
acento de un lord condenado.
SANGFAZ.- (Se estremece.) ¿De un… lord? Dejemos en paz a los
lores; estamos en Londres; quien menciona aquí a uno de ellos se
juega la cabeza. Punto en boca Lofter.
LOFTER.- ¡No! Jasón era uno de esos tipos bonitos, como
Antínoo… ¿Sabes?... era tan mentecato como un buey de tiro. Cuando
ya llevaba tres batallas perdidas, nosotros, los oficiales, empezamos a
temer tu cólera… ¡Nosotros no somos tus… favoritos, como él era!
¡Somos “lords”!... Entonces, busqué un venablo…, uno corto y
manejable… y cuando Jasón dormía (Remeda tres puñaladas.)
DAVID.- (Incorporándose en su asiento, sin separarse de la
mesa, exclama con un dejo de amenaza.) Un lord no mata a un
hombre que está durmiendo!
BOTELLA.- (Dirigiéndose, amenazador, a DAVID) ¡Eh, tú,
marinero, no nos eztropeeh la representación!
SANGFAZ.- Vamos, Lofter, sé breve… ¡Tu última palabra,
rebelde!
LOFTER.- ¿Rebelde?... ¿Rebelde? ¿Has dicho rebelde?
NICLESS.- (Aparece y escucha; lleno de miedo, suplica silencio.)
¡Pssst!...
LOFTER.- En vuestros ojos, ¡oh rey!, veo alzarse una horca. Y
entonces yo te pregunto en voz alta: ¿Es que un rebelde no tiene
derecho a vivir? ¿Por qué le temes? ¿Es menester que todos tengan
las mismas opiniones? El mundo está empedrado por el abuso del
Poder. ¡Oh, rey, has sembrado el rencor en los cerebros y ahora
cosechas cuerpos sin vida! ¡Abajo el trono! (Arroja de la mesa al “rey
Saúl”.)
DAVID.- ¿Qué dice este hombre?
SANGFAZ.- ¡Basta, Lofter! ¡Ríe, hazlos reír!
NICLESS.- ¡Por Dios, señores; me llevan a la ruina! ¡Esto es una
insurrección!
SANGFAZ.- (A la desesperada ya.) ¡Ríe, Lofter, ríe!
LOFTER.- (Se sube a la mesa y prosigue medio cantando.)

Sobre la tierra puede reír el ser humano


si la cortada carne de su cara lo obliga,
si alegre disimula -¡cómo no!- su desgracia;
¡en el pícaro mundo así se estila!

El mundo se compone de numerosos siervos,


y, en la acera de enfrente, algunos señorones
que en lugar de lamentos exigen carcajadas,
pues el reír agrada a los señores…
Deja, pues, que te marquen dos tajos en el rostro;
quedarás arreglado para la risa eterna.
¡Mujeres de hospital, campesinos, soldados,
verdugos y ahorcados, ríen de esa manera!...

Los que antes maldecían ríen todos ahora;


con eso, todo el mundo tiene una faz que ríe…
pero… oigan una cosa, vosotros, los señores;
¡Nuestros puños no ríen!

DAVID.- ¡Esto constituye un delito flagrante de alta traición!


SANGFAZ.- ¡Silencio, silencio, por favor! La comedia prosigue:
Yo el rey Saúl, voy a pronunciar sentencia.
DAVID.- ¡Cósete la boca tú, comicastro! Esto ya no es una
comedia! ¡Muerte para el rebelde! ¡Horca para el rebelde con risa o
sin risa! ¡Al registro de sangre con él!
SANGFAZ.- (Volviéndose a los demás.) Señoras y caballeros:
Pueden escuchar la sentencia y presenciar la sangruienta
representación de este drama completo, con todo su “tragicus
boatus”, si mañana al anochecer acuden al “Green-Box”. ¡Que nadie
quede sin conocer la historia de la muerte del general Jasón! Entrada,
un chelín… y hasta entonces se suspende la sesión y la sentencia…
“rebus si manentibus”!
LOFTER.- ¡Fin del espeluznante drama! ¡Una cerveza para el rey
Saúl! (Ríen y se sientan a la mesa.)
DAVID.- ¡Han ultrajado a un lord! Haré lo necesario para que el
Ministrante se encargue de ajustarles cuentas. ¡Conoce bien tu
carátula, payaso! Maese Nicless, agénciame la muchachita para esta
noche y poded en la puerta a estos belitres. (Sale.)
NICLESS.- Vamos… Les conviene tomar el sombrero y el
portante… La cosa se pone muy mal para ustedes… Ya está otra vez
aquí el Ministrante.
SANGFAZ.- (Palidece.) ¡Santo Dios! Quien ofenda a Su Majestad,
tiemble luego por la suerte que aguarda a su pescuezo. Es la ley.
BOTELLA.- Entonceh, ¿porqué… noz has…, has… traído a
Londres?
LOFTER.- Creo notar que cuando vienes a Londres no eres el
mismo. Aquí en seguida te acoquinas y te vuelves receloso. ¿Por qué?
Más de una vez he pensado sobre esto. Tú le tienes miedo a la ley…
SANGFAZ.- Yo conozco la ley…
LOFTER.- Las leyes son letra impresa, asesina, agazapada en los
libros y folios, sí, pero con miles de ojos en la calle: los de la policía.
BOTELLA.- ¡No quiero saber nada de asesinoh…; no quiero…
eso!...
SANGFAZ.- Lofter, Botella, grábense bien esto en la memoria:
cuando suena la palabra Justicia, ha llegado la hora de palparse las
piernas y…
LOFTER.- Vámonos, Botella. Aún los que tengan manos de
hierro necesitan hoy piernas ligeras, a lo que parece. Pero mañana
por la tarde, con mis canciones, encenderé lumbre en los ánimos de
los espectadores, de tal suerte que luego corran por las calles de
Southwark echando vapores de ira y haciendo trizas las tablas de los
cercados. (Salen LOFTER y BOTELLA.)
SANGFAZ.- No; serás benévolo y reirás, Lofter. No podrás volver
a cantar esa canción, Tendrás que entonar una canción nueva, dulce,
acerca de los tarsos de paloma. Tengo miedo… He de hacer algo por
ti. (Coge un plantón de arbolillo y lo planta. Mientras susurra, con un
trémolo de angustia y de apremio.)
3

Mucha luz. JOSIANA, la duquesa, entra seguida de KILT. Éste trae la


botella musgosa, que coloca sobre una mesa.

JOSIANA.- Antes de que complazca tu ruego, Kilt, dime; ¿estás


de parte de Brunswick o de los Estuardos?
KILT.- Alteza, cuando no se es una duquesa, pierde uno en la
Corte la costumbre de ser “o esto o aquello”…
JOSIANA.- Vamos… ¿Realista, republicano, católico, protestante?
KILT.- Señora, saludo a todos ellos antes de que me saluden. Mi
sueldo es de cien guineas. Con un haber tan módico, quedan fuera de
mi alcance las opiniones políticas.
JOSIANA.- Entonces, ¿a qué vienes?
KILT.- Señora, una vez más traigo conmigo esta botella-mensaje
del barco “Matutino”…
JOSIANA.- Déjame en paz de botellas-mensajes y escánciame de
aquélla. (KILT coge una botella d un estante y sirve una copa de un
estante y sirve una copa de vino a la DUQUESA.) Bien, pequeño
parásito, eres un tanto pringoso, pero inteligente y útil… (Bebe.) ¿Qué
hay de nuevo acerca de Lord David?
KILT.- Ayer en la noche, disfrazado de marinero, estuvo en la
posada de Tadcaster bebiendo cerveza.
JOSIANA.- ¿Hubo desastre?
KILT.- Lo impidió el Ministrante. Unos cómicos provocaron e
irritaron a Lord David.
JOSIANA.- ¿Cómicos?
KILT.- Sí, la tropa del hombre que ríe.
JOSIANA.- ¡Ah, ese horrendo hombre que ríe! Cuando se le ve,
produce una impresión profunda, un delicioso escalofrío. Canta como
un Cancerbero voluptuoso… Ese hombre es un desafío del infierno.
¿Qué le ha ocurrido… en el rostro?
KILT.- Su boca es una raja abierta de oreja a oreja, con un
costurón en cada extremo, y produce la impresión de un rictus. Las
cejas le flotan en medio de la frente marcando un gesto de
grandísimo asombro. El conjunto es de un efecto tremendo. Con un
bisturí manejado de mano maestra se ha logrado esa careta de carne
distendida y suturada, esa mueca sarcástica que es única en el
mundo.
JOSIANA.- Tiene Un cuerpo de Antínoo: esbelto, ágil y hermoso…
KILT.- Sí. Tras la grotesca caricatura, sueña el alma de un
poeta…
JOSIANA.- Me interesa… ¡Oh, es un interés puramente
humanitario!...
KILT.- ¿Le interesaría a caso, Alteza…, una entrevista con él?
JOSIANA.- ¿A mí?... A lo sumo, le echaría una ojeada desde lejos
si buenamente se presentara esa oportunidad.
KILT.- (Secamente) ¿A la hora del té?...
JOSIANA.- No sé…, quizá… si se presentara la ocasión… la
semana que viene… mañana a las cinco.
KILT.- Bien… ¿Un billete?
JOSIANA.- Sí.
KILT.- A propósito… La renta anual de Lord Arturo Ingram ha
experimentado un aumento de cinco mil libras… Parece posible que a
un modesto funcionario se le conceda un pequeño aumento de
sueldo…
JOSIANA.- Parasitillo… Ser carne y ser mujer son dos cosas
distintas. El rey Jacobo Segundo me ha convertido en duquesa… y
Júpiter ha querido hacer de mí una Astaré. (Se mira en el espejo.)
KILT.- ¡Qué gloria tan excelsa! Por otra parte… al Vizconde
Capel, que ya estaba cargado de honores, le han regalado el castillo
de Chasiobury, ¿No sería posible que yo recibiera un pequeño…?
JOSIANA.- (Sigue ante el espejo.) Lord David es apuesto… y rico,
tan rico como yo. Le inspiro sonetos: en ellos me jura que subirá a las
estrellas y les pedirá mi mano…
KILT.- Juramento que no le impide aplazar de un año para otro
esa celestial ascensión. Además…, al conde de Holderness le han
cedido unas cuadras… Yo me daría por contento con el valor de un
caballo…
JOSIANA.- Y ¿qué puedo yo hacer? Lord David pierde el tiempo
en las antecámaras de mi corazón. Resulta tan aburrido esto de que
la voluntad de la reina nos imponga a los dos el casamiento como una
obligación…, cuando de todos modos yo me hubiera enamorado de
él…
KILT.- ¡Oh, qué grandeza de alma, señora, y qué profundidad de
pensamiento!... Se trata sólo de un ligero incremento de mi salario…
Siempre he sido un servidor diligente… y fiel… hasta ahora…
JOSIANA.- Tunante. Qué poco… recatado… eres. Tienes cara de
rata de alcantarilla y un hociquito mordaz…, pero me has servido
lealmente. Toma esto. (Le da una alhaja.) Véndelo y alquílate una
camarera del puerto. (Va a salir.)
KILT.- Pero y ¿la botella-mensaje, señora? ¡Podría ser
importante…, muy importante! ¡Es importante!
JOSIANA.- Acuérdate de traerme al hombre que ríe mañana a la
hora del té. El mensaje… llévaselo a la reina, si es que realmente vale
la pena… Me hastían las botellas que vienen del mar con un papel
dentro implorando auxilio… (Toca una campanilla.) ¡Mi carroza!...
KILT.- Muy bien, señora, muy bien… (Cambia de expresión y
actitud; mira abstraído al vacío; luego, contempla la botella.) Con que
rata de alcantarilla… ¡Ah, bruja encopetada! Te ofrecí la botella, bien
lo has oído. Quería evitar todo esto. Pero ahora la botella te va a
proporcionar una buena dosis de maldiciones y de lágrimas… La vida
que has llevado hasta ahora toca a su fin, duquesa, ¡toca su fin!
LILIANE.- (Entra de nuevo, apresuradamente, y se dirige hacia
la silla donde quedó la capa.) Me olvidaba de la capa…
KILT.- ¿Qué dirías, señorita, si de pronto la duquesa amaneciese
tan pobre como una pescadera?
LILIANE.- Tanto aborrezco a esta fiera que de alegría sería capaz
de rezar sesenta padrenuestros… Es una verdadera lástima que el
lindo Lord David pueda ser para ella. (Ríe.)
KILT.- Juiciosa Eres, doncella.

Al salir, LILIANE casi tropieza con el MINISTRANTE, que entra.

MORLOCK.- Qué; ¿algún conflicto con la menina?


KILT.- (Complacido.) Al contrario: completo acuerdo.
MORLOCK.- ¿Ha leído la duquesa el documento?
KILT.- No; no ha querido. Mi próxima gestión consistirá en
llevárselo a la reina. Tal es la orden de Su Alteza.
MORLOCK.- Ese papel trae desgracia.
KILT.- Trae la fortuna… para el cómico Lofter.
MORLOCK.- Y la ignominia para la nobleza.
KILT.- La desgracia de los nobles es la delicia de los siervos.
Quería además haber comunicado a la duquesa algo muy interesante,
pero en el mismo instante en que me disponía a hacerlo nos
interrumpieron.
MORLOCK.- ¿De qué se trata?
KILT.- ¿Se imagina Su Merced quién fue el comprachicos que
años ha desfiguró al niño?
MORLOCK.- No. ¿Quién?
KILT.- He logrado averiguarlo. El caso no puede ser más
peregrino. Es su mejor amigo, su director. Es Sangfaz. (MORLOCK
calla. Una pausa.) El mismo lo hizo constar a la sazón en su última
carta ante testigos, la cual fue traída a tierra por la botella viajera. He
podido al fin identificar al firmante: su mano es la misma del director
Sangfaz. Consiguió salvarse en el naufragio.
MORLOCK.- (Con creciente interés profesional.) Ya…
Comprendo.
KILT.- Todo el mundo sabe en qué términos tan duros se
expresan las leyes de Inglaterra cuando de tales delitos se trata…
MORLOCK.- ¡Lleva ese papel a la reina!
KILT.- Y luego podremos ir en busca de nuestros hombres…
MORLOCK.- Yo, de Sangfaz…, el delincuente.
KILT.- Y yo, de Lofter, el par de Inglaterra.

TELÓN

5
Noche de luna tras el “Green-Box”. U, LA LEONA limpia un casco.
ANGELINA toca el laúd

U, LA LEONA.- Estoy inquieta, caballito de mar. El viento del


Támesis se presenta de repente a tus espaldas, como un espía; se te
enfría la nuca y presientes el peligro. Casi siempre levanta de pronto
de su silla a los vagabundos.
ANGELINA.- Cuando se tiene miedo, hay que cantar. Canta, U…
U, LA LEONA.- Tienes razón… Además, este casco me trae a la
memoria mi papel de cantinera… (Se lo pone y canta para sí,
mientras ANGELINA sigue tocando el laúd. Sale.)
ANGELINA.- (Ensaya acordes en el laúd. LOFTER aparece sin
hacer ruido.) La siguiente estrofa, U… ¿Sigue la canción… o no?
LOFTER.- (Apoyado en la pared, lejos.) No.
ANGELINA.- Lofter…
LOFTER.- Sí.
ANGELINA.- ¿Conoces la canción?
LOFTER.- Es como todas, una canción de hombres tristes.
ANGELINA.- No todos los hombres están tristes…
LOFTER.- ¿Acaso tú no estuviste encerrada hasta hace ocho días
en el asilo?
ANGELINA.- Durante estos ocho días he aprendido a distinguir el
viento del Támesis. Es como un ser humano.
LOFTER.- No. El hombre es tierra.
ANGELINA.- A mí el hombre me parece un bancal de tierra. A
uno le gusta tenderse allí, otro prefiere sembrar algo, aunque sea
dejándolo caer. Luego empiezan a salir flores de colores.
LOFTER.- ¿Qué es lo que planta, Angelina?
ANGELINA.- Unas cuantas simpatías, una siempreviva
bienhechora, la semilla de la amistad… y…
LOFTER.- Bien, bien…; pero la tristeza continúa.
ANGELINA.- … y… amor…, un poco de amor.
LOFTER.- Nadie planta amores. Al amor lo empuja el viento y lo
lleva donde quiere.
ANGELINA.- (Tras una pausa, con voz queda.) Sí, Lofter.
LOFTER.- ¿Has escuchado al viento cuando cruza la gran ciudad
de Londres?
ANGELINA.- Sí, Lofter.
LOFTER.- Nunca cesa.
ANGELINA.- Nunca.
LOFTER.- ¿Te has dado cuenta de que él, el viento, entra
algunas veces por las calles y se acerca a los hombres agotados, y a
las mujeres que lloran, y les acaricia la frente?
ANGELINA.- No lo sabía…
LOFTER.- Quizá se llegue hasta ti… Acaso ahora mismo… (Se
sienta al lado de ANGELINA.)
ANGELINA.- Acaso… (Se levanta un suave viento, que hace
ondear una cortina.)
LOFTER.- Ya está aquí…
ANGELINA.- (Alzando la cabeza.) Lo noto…
LOFTER.- No tiene rostro. Procede de las profundidades del
mundo. Su amabilidad no tiene medida. Viene de camino desde
Nínive…
ANGELINA.- Buenas noches, viento amigo.
LOFTER.- Buenas noches, señor viento. Sólo somos unos
míseros cómicos, pero tu caricia llega lo mismo al harapo que al
brocado. ¿Qué nos traes?
ANGELINA.- (Con voz queda.) Ya… me habla…
LOFTER.- Pregúntale.
ANGELINA.- (Muy delicadamente) ¿Qué me traes?
LOFTER.- Discúlpala, buen viento. No es ningún ser
extraordinario; es una bailarina ciega del “Green-Box”, que danza
entre candelas encendidas…
ANGELINA.- (Escucha atenta.) ¿Qué dices?
LOFTER.- (Imitando el soplo del viento.)…Sssss…
ANGELINA.- No te entiendo…
LOFTER.- ¿Habré de decírtelo al oído? (Pone una mano sobre el
hombro de ANGELINA.)
ANGELINA.- Sí.
LOFTER.- ¿Oyes cómo te habla de amor?
ANGELINA.- (Trémula.) Creo que sí.
LOFTER.- ¿Lo oyes de veras?
ANGELINA.- Sí, Lofter.
LOFTER.- El viento del mundo suele tomar figura humana. Tal
vez yo soy una brisa, una ráfaga.
ANGELINA.- Tal vez.
LOFTER.- Acaso hablo con su voz.
ANGELINA.- ¿Qué dice?
LOFTER.- Que te ama.
ANGELINA.- ¿Sí?...
LOFTER.- ¿Y si él preguntara algo?...
ANGELINA.- Que no pregunte.
LOFTER.- ¿Por qué no?
ANGELINA.- Conozco ya la respuesta… (Calladamente, palpa el
rostro de LOFTER y se inclina hacia él. Se abrazan.)
LOFTER.- Ven. (Se levantan.) Vamos tras él, como muchos han
ido. Desde Nínive son muchos los que lo han seguido por los caminos,
siempre…, hasta hoy. Vamos (Salen.)

U, LA LEONA entra. Un instante después, entran también BOTELLA y


SANGFAZ.
U, LA LEONA.- Esta noche la luna está tan llena que las liebres
parecen leones… ¡Carajo, aquí llegan dos leones!
BOTELLA.- Bueno, ahora, a beber, U… ¡Bebe, director!
SANGFAZ.- (Bebiendo.) “Ad pias causas!”
BOTELLA.- Aquí tenemos las…, las cartah…; eztán ya
barajadas…
SANGFAZ.- Necesito un número nuevo: una cabra polaca que
cante una melodía de niños de coro…
U, LA LEONA.- Ahí en el bosque tienes a Angelina con el laúd;
consecuencias de una puerta abierta…
BOTELLA.- ¿Una puerta?..., ¿una puerta?... ¿Cuál?...
U, LA LEONA.- Una puerta que no se abre para ti, so zoquete…
Te ha tocado el turno, Botella…
SANGFAZ.- Mujer, eres tan magnífica como una de esas yeguas
alazanas bien cebadas, que si sueltan un par de coces suenan como
truenos, mientras los hombres se caen al suelo en torno suyo como
soldaditos de plomo. Con ese… corazón… podrías gobernar a tres
familias, ¡oh ventisquero de grasas! ¿Se puede saber por qué te
empeñas en traernos al mal traer?
U, LA LEONA.- Porque tú, aunque tienes una cabeza como la del
doctor Swift, en cambio por la parte inferior eres un fracaso.
SANGFAZ.- ¡Qué mujer! En cuanto abres la boca, queda alguien
lesionado de importancia… ¡Abre el juego, Botella!
BOTELLA.- (empezando a jugar.) ¡Malilla!
SANGFAZ.- (Juega.) ¡As de espadas!
U, LA LEONA.- (Hace baza y recoge las cartas que los demás
dejaron sobre la mesa.) ¡Basta!
SANGFAZ.- (A BOTELLA.) ¡Tenía el as de corazones! (A U, LA
LEONA.)… Verdaderamente lo tienes todo, U. Eres una mujer más
grande que un horno de pan. Debajo de las faldas podrían sentarse
siete hombres en caso de lluvia.
U, LA LEONA.- Y tu morro es tan grande que en París ondean las
cortinas cuando tú haces en Londres: ¡Ohó! (Da un soplido.)
SANGFAZ.- ¡Ohó… Ohó!
BOTELLA.- Nnnn… No…, no hablas en zerio…, ¿verdá?...; en
serio…, no… ¡Hoho!... ¡Divertido!...
SANGFAZ.- ¿Tú no sabías, Botella, que ella (Señala a U, LA
LEONA.) le dio una vez a un perro un susto tal, que se le cayeron las
pulgas al suelo?
BOTELLA.- ¡Divertido, U…, divertido! (Siguen jugando. Aparece
KILT.)
KILT.- ¡Vaya!... ¡La alegre compañía de los cómicos!...
U, LA LEONA.- (Lo mira con desconfianza.) Siempre que un
caballero nos visita… la cosa sale cara.
KILT.- Hermosa dama, todo tiene su precio: tanto la inocencia…
como el pecado.
BOTELLA.- ¡E verdá!... ¡Johó!
U, LA LEONA.- ¿Qué lo trae por aquí?
KILT.- Busco a alguien.
BOTELLA.- ¡Hohó! ¡Busca a uno!...
KILT.- A un tal Sangfaz.
SANGFAZ.- Sangfaz no está aquí.
KILT.- ¡Ah, no? ¿Dónde está pues?
SANGFAZ.- No lo sé… Quizá lo sepa Pile-Mique. (Grita.) ¡Pile-
Mique, dónde está Sangfaz? (Empleando sus facultades de
ventrílocuo, contesta, dando la impresión de una lejana voz de
afuera.) ¡Se fue a Lambeth!...
U, LA LEONA.- (Siguiendo la ficción.) Ya lo ha oído: Sangfaz se
ha marchado a Lambeth… ¿Qué clase de asunto tenía que tratar con
él?
KILT.- ¡Oh, se trata de un negocio arduo!...
BOTELLA.- ¡Cómo, de un negocio sucio, ha dicho?...
KILT.- No: difícil. Aquí llega el Ministrante. (Aparece MORLOCK.)
SANGFAZ.- El Ministrante… ¿Qué busca aquí? (Palidece.)
KILT.- (Volviéndose a MORLOCK.) Sangfaz no está aquí, dicen
éstos.
U, LA LEONA.- (Levantándose) Buenas noches… Sangfaz está en
Lambeth.
MORLOCK.- (Se dirige a SANGFAZ.) ¿Quién eres tú?
SANGFAZ.- Yo… Yo represento al director. No está aquí el
director. (Alzando la voz.) ¿No es verdad, Pile-Mique? (Se oye la
supuesta voz de Pile-Mique, que dice:) No está aquí.
KILT.- ¿Quién es ese Pile-Mique?
SANGFAZ.- Uno de nuestra compañía.
KILT.- Tiene algo que ver con el llamado Lofter?
SANGFAZ.- No.
KILT.- Es necesario que se presente. ¿Verdad, señor
Ministrante?
MORLOCK.- Así debe ser.
U, LA LEONA.- ¿A quién llaman?
KILT.- A Pile-Mique.
SANGFAZ.- (Alzando la voz.) ¡Eh, Pile-Mique, tienes que
presentarte! (Se oye la voz, de fuera, como antes.) ¡No puedo!
U, LA LEONA.- Está enfermo…
KILT.- (Se acerca a la salida.) ¿Dónde está? Voy a buscarlo…
(Sale. Todos lo observan y siguen con la vista ansiosamente, en
silencio.)
MORLOCK.- Digan a ese Sangfaz que el Ministrante lo ha
llamado…
SANGFAZ.- (Más fuerte.) ¡Pile-Mique!
MORLOCK.-…y que, de no obedecer, irá a la horca en el término
de tres días.
SANGFAZ.- (Más fuerte, desesperadamente.) ¡Pile-Mique, Pile-
Mique!
KILT.- (Reaparece.) No he podido encontrarlo. No hay ningún
Pile-Mique ahí. (BOTELLA ríe.) ¿Por qué te ríes?
U, LA LEONA.- Es un pobre idiota. Se llama Botella. Su cerebro
es como el de un niño miedoso; ¿no es verdad, pequeño?
KILT.- Pero ¿por qué se ríe?
U, LA LEONA.- Siempre que viene algún extraño se ríe; ¿verdad
Botella? (BOTELLA asiente con la cabeza.)
KILT.- Ven acá, Botella (BOTELLA se acerca.) Dime: ¿por qué te
has reído, honorable Botella?
BOTELLA.- (Risa apagada, incoherente.) Jn, jnn… No… era
nada…
KILT.- Entonces, querido amigo, dime; ¿quién es ese Pile-Mique?
BOTELLA.-… Nada… Nadie; de verdá…, de verdá…
KILT.- ¡Ah, entonces no está en ninguna parte? ¿O sí? ¿Se
esconde aquí mismo? (BOTELLA niega con la cabeza y vuelve a reír.)
KILT.-… Y ¿dónde está Sangfaz?... O ¿es que tampoco existe…,
pequeño Botella? (BOTELLA no contesta y mira a SANGFAZ.)
U, LA LEONA.- Botella tiene que salir ahora urgentemente. Tiene
que ir a buscar un disfraz ahora.
KILT.- Óyeme un momento… Tú eres un chico listo, ¿verdad?
BOTELLA.- (Asiente.) Sí…, sí…, sí…, sí…, sí…
KILT.- Entonces, dime dónde está Sangfaz… Porque… tú…
siempre dices la verdad, ¿eh?
SANGFAZ.- Cierra el pico…, monstruo mestizo…
BOTELLA.- Sangfaz es… (Risa incoherente.)
KILT.- ¡Vamos, dilo!
U, LA LEONA.- ¡Botella, Botella!
BOTELLA.- (Con una risotada.) ¡Es el… ventíloco…; él es…, de
verdá!... ¡Hohó!
KILT.- ¡Vaya!
SANGFAZ.- (Se levanta imponente.) Yo soy Sangfaz, el
director… ¿De qué se trata?...
KILT.- De lo que se trate… te lo dirá el Ministrante. Luego lo
sabrás exactamente.
SANGFAZ.- ¡Señor Ministrante!
U, LA LEONA.- ¡No lo toque! ¡Es el director! ¡Le digo que no le
ponga la mano encima!
MORLOCK.- (Se acerca a SANGFAZ y lo toca con el cetro de
hierro.) ¡Sígueme!
U, LA LEONA.- ¡No! (Se interpone rápidamente.) Quédate,
Sangfaz, ¡quédate! ¡Hombres, se han vuelto locos? ¡Todo se aclarará!
¡Acudiré a la reina, lucharé por él!
KILT.- ¡Mujer, no pronuncies discursos en contra de tu pescuezo!
MORLOCK.- ¡He dicho que me sigas! (Vase. SANGFAZ lo sigue.)
U, LA LEONA.- ¡No! ¡Quédate! ¡Tengan piedad!
SANGFAZ.- Adiós, U… Eres una brava leona, pero… los leones
no lloriquean. Ahí queda un arbolillo que he plantado hace muy poco.
Necesita agua. Riégalo con tus lágrimas. Es necesario que crezca
amargo… (Sale.)
KILT.- (Se dirige hacia el plantón y quiere arrancarlo.) ¡Fuera
con él!
U, LA LEONA.- (Rabiosamente.) ¡No lo toques, espía!
BOTELLA.- ¡Tú…, tú…, tú!... (KILT huye atemorizado y sale
cuando BOTELLA se le acerca amenazador. BOTELLA sale y lo
persigue fuera.)
U, LA LEONA.- (Sola.) Que no lo toque nadie… (Se arrodilla junto
al arbolito y amontona tierra en su base.) Arbolito, tienes que crecer
fuerte y bueno para mí. Así, algún día les dirás a ellos, por medio de
tus hojas que ha habido un hombre, Sangfaz, que convirtió su vida en
una larga expiación. (Mira hacia la salida.) Ustedes me lo han quitado.
Ustedes, los que mandan, ¡devuélvanmelo pronto!... (Llora. Ha ido
oscureciendo más y más. BOTELLA reaparece. Fuera se oye una
melodía dulce, monótona.)
BOTELLA.- U…, se han ido…, de verdá…
U, LA LEONA.- ¡Ay, Botella!...; ¿qué has hecho?
BOTELLA.-… La verdá… ez lo que he dicho, U…, la verdá…
¿Vendrá pronto el director?...
U, LA LEONA.- ¿Puede a caso volver pronto aquel que se mete
en una jaula con un tigre?
BOTELLA.- Yo…, yo no he vihto ninguna jaula…, no…, de
verdá…, la jaula…

TELÓN

JOSIANA está sentada con atavío ligero y bebe vino. Entra su dama,
LILIANE.

LILIANE.- Señora…
JOSIANA.- Termina de beberte esa copa.
LILIANE.- (Suavemente.) Señora…, si no me gusta el vino.
JOSIANA.- Pero a mí sí me gusta que te lo bebas. Bebe.
LILIANE.- Señora, ahí afuera está el hombre que ríe.
JOSIANA.- (Interesada.) ¡Que entre!
LILIANE.- En seguida. (Desaparece rápidamente.)
JOSIANA.- ¡Liliane!
LILIANE.- (Desde la puerta.) ¿Señora?...
JOSIANA.- El vino…
LILIANE.- (Vuelve a entrar y bebe de muy mala gana.) Gracias,
señora. (Se dirige presurosa a la salida.)
JOSIANA.- No olvido nada…, nunca…; ¿comprendido? ¡Vete! (Se
mira al espejo y se arregla. LOFTER aparece.) ¿Quién está ahí? ¿Es
Lord David? ¡Ah, eres tú…, el hombre que ríe!
LOFTER.- Sí, señora duquesa.
JOSIANA.- ¡Recoge eso! (Tira un pañuelo al suelo. El lo recoge.)
Ponlo ahora ahí…; ¡no, ahí, en el suelo! Arrodíllate. Besa el pañuelo…,
más..., ¡más fuerte! Bien. Ven aquí. (LOFTER se acerca a ella.)
¿Cuánto dinero tienes en tus bolsillos? Cuéntalo y ponlo encima de la
mesa, todo.
LOFTER.- (Obedece.) Aquí hay… diecisiete peniques.
JOSIANA.- Cuando salgas de aquí, tendrás diez veces más.
¿Cuánto es cómico?
LOFTER.- Ciento setenta peniques…
JOSIANA.- Sabes que puedo mandar que te maten o que te
arranquen una mano. (Se acerca a él.)
LOFTER.- Lo sé.
JOSIANA.- Lo he hecho algunas veces…
LOFTER.- Cierto, señora.
JOSIANA.- Bien. Levanta un poco tu máscara.
LOFTER.- (Asustado.) No.
JOSIANA.- ¡Vamos, obedece! Sólo quiero mirar un poco por
debajo… (Ella le levanta la máscara. El agarra firmemente la mano de
la DUQUESA.) ¡Escalofriante! ¡Qué modo de reír! ¡Estupendo
espantajo!... En verdad que es una sardesca caricatura venida del
infierno. (Se aparta de él.) ¿Quién te hizo eso?
LOFTER.- No lo sé. Alguien me compró, cuando tenía cinco años.
JOSIANA.- ¿En dónde?
LOFTER.- En Kent.
JOSIANA.- ¿Quién fue?
LOFTER.- Un comprachicos…
JOSIANA.-…Ya sé… Desfiguran caras…, como los siameses
hacen con los árboles, con extraños artificios e incisiones, cuyo
secreto, por cierto, sólo ellos conocen.
LOFTER.- Sí.
JOSIANA.- ¿Te queda algún recuerdo de todo aquello?...
LOFTER.- (Con un grito.) ¡No!
JOSIANA.- Hubieras hecho un buen caballero… Anchas espaldas,
caderas y empeines finos… Aún con ese horrible rostro, la otra noche
cantaste tan dulcemente que las manos me temblaban en el regazo…
(Se recuesta en una otomana.) ¿Cuántos peniques habíamos dicho?
LOFTER.- Había dicho ciento setenta…, con su permiso.
JOSIANA.- Añade otro cero.
LOFTER.- Señora…
JOSIANA.- He dicho que otro cero. ¿Cuántos son ahora?
LOFTER.- Mil setecientos…, señora.
JOSIANA.- Acércate más…, más…, más todavía. (Gesto
interrogante de LOFTER.) Quítame la capa…
LOFTER.- Señora…
JOSIANA.- (En voz baja.) Vamos, hazlo. (LOFTER le quita la
capa.) ¿Te gusto?...
LOFTER.- Señora…, es… bella…
JOSIANA.- Has sido valiente… viniendo aquí. Eres una criatura
insólita. Debía yo ahora mostrarte a la reina… Es mi hermana; seguro
que sus celestes brazos se pondrían como carne de gallina… Pero en
estos momentos está encerrada allá con el lord Canciller. Tienen que
resolver algo importante… Política… ¿Te… parezco apetecible?... me
siento tan baja a tu lado…, es tan agradable… sí; has resultado ser el
que yo buscaba… Me gustaría presentarme a tu lado en público. (Con
halago.) Lofter… ¿Me dejas besar tu mano…, tu mano sucia de
vagabundo de feria? Gran Lofter…, vente más acá…, otro poquito
más…
LOFTER.- Señora, tengo que decirle…
JOSIANA.- (Se levanta de pronto.) ¡Ah, tienes que decirme
algo?... Enséñame la mano… No; la derecha. Bien formada,
vigorosa… ¿Por qué quieres esconderla?...
LOFTER.- (Retirando la mano rápidamente.)… Cierto…, señora.
JOSIANA.- Vamos, acércate más… (LOFTER obedece.) Y ahora,
quítate del todo la máscara…
LOFTER.- ¡No!
JOSIANA.- ¡Te he ordenado que te la quites!
LOFTER.- ¡No!
JOSIANA.- ¿Te atreves a contradecirme?... (LOFTER se vuelve de
espaldas al público y se arranca la máscara. JOSIANA lo contempla
alzándose sobre las puntas de los pies.) Espantoso… Y ahora…
¡abrázame!...
LOFTER.- (Ronco) No, señora…
JOSIANA.- No te apartes, quédate… ¿Es que no soy lo bastante
hermosa para ti, espantajo?... ¿De qué te ríes?
LOFTER.- No me río.
JOSIANA.- (Furiosa.) Sí; te estás riendo de mí, fantoche…
LOFTER.- (Con un grito torturado.) ¡No…, no!
JOSIANA.- Ven… (Lo abraza y lo sienta en la otomana.) Eres
hermoso como un íncubo…
LOFTER.- (A gritos.) ¿Qué quiere de mí?
JOSIANA.- (Sin despegarse de él.) Quiero tu amor… tu miserable
amor, tu amor infame y amargo con risa sardónica de sátiro…

LILIANE entra agitadísima, seguida de KILT.

LILIANE.- ¡Señora! Perdone que entre de esta manera y sin la


menor demora: es orden de la reina.
KILT.- ¡Señora! Pedimos humildemente perdón…
LILIANE.- ¡Qué intolerable abuso es éste? ¿No puede elegir esa
pesada de Ana otra hora más oportuna? En dos minutos los envío al
infierno si no se…
KILT.- Señora, es una orden de la reina…
LILIANE.- (Ve el rostro de LOFTER.) ¡Ay, Jesús!...
LOFTER.- (Se pone la máscara.) Perdón…
KILT.- Señora, la reina ha recibido una información según la cual
el caballero aquí presente, al que llaman el hombre que ríe, es
heredero de Su excelencia el Par Clancharly, y por tanto, un lord…
JOSIANA.- ¿Eh?...¡Bah, chismes!
KILT.- Once firmas de honorables ciudadanos ingleses
atestiguan la veracidad del hecho: el señor es hijo de Lord Clancharly,
y a la edad de cinco años fue robado y desfigurado.
JOSIANA.- ¿Qué condenada fábula me estás contando?
LILIANE.- Es voluntad de la reina que, con el debido cuidado, le
hagamos saber el cambio que se prepara en su situación material…
JOSIANA.- (Airada.) ¿Con cuidado? Pero ¿qué diablos se les ha
metido en el cuerpo de repente? ¿Usar conmigo de cautelas? ¿Por
qué?
KILT.- Señora, la reina ha resuelto, en vista de la verosimilitud
de los hechos y de la fuerza de las pruebas, restaurar al nuevo par en
el disfrute de los justos derechos que le competen sobre los bienes de
su caudal hereditario, los cuales, como es sabido, les fueron confiados
a usted para que los administrara…
JOSIANA.- …Con que… ¿un par?
KILT.- La reina desearía, señora, poneros a cubierto de una
brusca transición a la pobreza. Por tal razón le recomienda, señora,
que llegue a un acuerdo con el nuevo lord para la celebración de
esponsales…
JOSIANA.- (Ciega de rabia.) ¿Qué?... No entiendo… Que… ¿he de
renunciar a lord David? ¡Que tengo que unirme en matrimonio a este
calumniador con cara de rufián y convivir con el rojo encendido de
sus cicatrices?... Yo… (Ríe, fuera de sí.) … ahora mismo voy a ver a la
reina.
LILIANE.- Señora, tenga cuidado…
JOSIANA.- (Se vuelve a LOFTER como una tigresa.) ¡Llevas la
catástrofe debajo de tu máscara, cómico! ¿Un par? ¡Un bergante es lo
que eres!
KILT.- ¡Señora, que está ante un par de Inglaterra!
LOFTER.- (Como en un sueño.) ¿Qué es lo que dicen?... No
comprendo… ¿No soy yo Lofter, el comediante? Pues…, ¿quién soy?...
KILT.- Tengo el honor de saludarlo, lord Clancharly.
LOFTER.- ¿Lord… Clancharly?
KILT.- Mis respetos y mi felicitación…
LOFTER.- (Muy a duras penas puede hablar.) Señora, he venido
aquí como “el hombre que ríe”…; perdone… si intento reírme… (Lo
intenta. Los demás lo contemplan. Bajando la voz, prosigue.)
Disculpe… si la risa… no me viene tan pronto… como…
LILIANE.- ¡Está… llorando!...
JOSIANA.- ¿Por qué? Si hay alguien que puede reírse, es él. Le
dan el título de par, el palacio, la herencia y… una duquesa por
esposa… Tales son las intenciones de la reina. Pero yo te digo…, te lo
digo a ti, asqueroso bastardo de bufón, que pediré a la reina
explicaciones sobre esta obra maestra de la intriga circense, tan bien
tramada… puedes recibir de las augustas manos de la reina castillos
y posesiones, pero… este cuerpo… jamás…, ¡jamás! ¡No pertenece ni
pertenecerá a tu patrimonio! (Se tira al suelo.) Aquí lo tienes en
tierra…, a la única altura que mereces estar…; míralo ahora bien,
durante mucho tiempo, señor esposo… Sí…; todo el tiempo que
quieras, con mirada ardiente, mírame bien. Sí…; más…, más tiempo…
y luego, ¡márchate al infierno, hombre despreciable! ¡Al diablo! (Sale
hecha una furia. Siguen oyéndose sus voces fuera.)

KILT.- (Ha seguido con la vista a JOSIANA y tras un silencio y


una carcajada dice secamente:)…Es una especie de “tarantismo”…
(Recreándose en la aclaración.)… Claro…; consecuencia del delirio de
grandezas: la sangre maligna produce esas explosiones…; las
órdenes de la reina la han herido en lo más vivo…
LILIANE.- (Violentamente) ¡Ah, si por lo menos…!
KILT.- (En tono suave.)…¿Qué…, amor mío?...
LILIANE.- (Falsa.)…¡Oh, si por lo menos… lograra
tranquilizarse!...
KILT.- (Que se ha asomado a la ventana.) Le preparan un
caballo, querida… Saldrá a todo galope hacia la orilla del Támesis
como una nube de tormenta con galas de tafetán rojo. (Toman
aliento. LOFTER mira en torno como despertando.)
LOFTER.- Una vez…, era un día de lluvia sesgada…, iba yo
guiando el viejo caballo de nuestro carro del “Green-Box” por la
carretera, en dirección a Londres… y vi a un “lord”. Su rostro, galano
y maligno, miró un momento a través de la ventana de su carroza...;
tiraban de la carroza cuatro caballos blancos. Dos jinetes lo seguían,
con corazas negras y brillantes. Yo no sabía entonces que, andando el
tiempo, había de ser un “lord”…
KILT.- Pues ya lo es, señor.
LOFTER.- Pero… un “lord” debe tener un rostro. Alguien me
robó mi rostro…
KILT.- Ese alguien lo pagará muy caro…
LOFTER.- Tal vez, en efecto, deba pagarlo terriblemente caro…
pero con eso nadie me devolverá mi cara…
KILT.- ¡Tranquilícese! ¿Cree realmente que todos los pares
tienen un rostro? En una docena de pares se encontrarán, a lo sumo,
tres caras, y aun soy generoso en la cuenta… (LORD INGRAM, con
copiosa peluca rubia clara, delicado, indeciblemente distinguido,
entra con una mirada perdida en el vacío.)
LORD INGRAM.- Por ventura ¿se halla entre los presentes aquel
cuya identidad coincide con la del antiguo comediante conocido por
Lofter?
LOFTER.- (Adelantándose.) Soy yo.
INGRAM.- ¿Es usted el hijo del difunto Muy Honorable Lord
Lineus Clancharly?
LOFTER.- Eso dicen.
INGRAM.- (Deja que su mirada roce altivamente a LOFTER y
luego se pierda otra vez en el vacío.) Por orden de Su Real Majestad,
debo hacer llegar a sus manos algunos documentos: he aquí su
credencial de par; esta otra es la certificación de su marquesado; aquí
tiene los pergaminos y actas originales de sus ocho baronías con los
sellos de cinco reyes. Aquí están las cartas forales donde se acreditan
su jerarquía y derechos al percibo de las rentas correspondientes, y
estotros son los títulos de los usufructos, bienes alodiales y plenas
propiedades. (Le alarga solemnemente a LOFTER los papeles.) ¡Por
favor…, milord! Desde mañana será admitido como miembro en la
Cámara de los Lores. Esta noche le serán entregados la diadema de
par, el collar de perlas de barón y la corona floral de marqués. Le
quedo agradecido… (Ya en la puerta, embarazosamente
sorprendido.) ¡Oh…, se me quedaba en la bocamanga otro
pergamino!... Es la carta de dominio del castillo de Hunkerville…
comprensiva, además de sus derechos sobre sus mil cien vasallos…
Me había pasado inadvertida… Perdón, milord… (Se dirige a la
puerta, sacudiéndose el polvo de las manos y manga entre arrogante
y displicente y desaparece sonriendo con elegancia e inclinándose de
un modo casi imperceptible.)

10

LOFTER.- (Sigue como ausente y deja caer distraídamente los


pergaminos sobre una mesa.) Pero… ¿no es esto entonces un sueño?
KILT.- No; es la ley. (Se acerca a los papeles y los estudia.)
LILIANE.- Milord, en estos momentos posee tres palacios,
diecinueve aldeas y todas las tierras de Pensneth-Chase, lo cual
significa para su Señoría una renta de cuarenta mil libras esterlinas al
año.
KILT.- No es demasiado si se piensa que los ciento setenta y dos
pares de la Corona vienen a percibir la undécima parte de las rentas
de toda Inglaterra.
LOFTER.- Así que yo… he estado viviendo hasta ahora en un
mundo falso, en un mundo lleno de senderos, hambre, risotadas
groseras y comedias amargas…
KILT.- Sí…; pero hoy se abre un mundo nuevo ante usted, un
mundo lleno de sabores dulces y de luminarias. ¡Despierte milord! Ha
de contraer matrimonio con una duquesa…
LOFTER.- (Fijándose en ellos.) ¿Quienes son ustedes?
KILT.- Soy Jesaías Kilt, funcionario del Almirantazgo. Se me
encomendó la apertura oficial de la botella que las aguas arrojaron a
la playa, y, en efecto, la abrí en presencia de los miembros de un
jurado autorizado; también he firmado la correspondiente acta de
protocolo. Todo está, pues, en regla, usted es lord, soberano, con
poder de dictar leyes y de juzgar; tiene facultad de condenar a
muerte y de perdonar vidas. (LILIANE toca una campanilla.)
LOFTER.- Y esta dama, ¿quién es?
LILIANE.- Soy Liliane de Wet, dama de honor de la duquesa
Josiana; por orden de la reina, soy ahora su obediente servidora.
LOFTER.- …Así…, ¿perteneces…?
LILIANE.- A usted, milord. (Entran dos PAJES con un aguamanil
de plata y toallas, que colocan detrás de un biombo; salen y vuelven
a entrar con ropas.)
KILT.- Parece que ya es hora de que se cambie de ropa, milord.
LILIANE.- ¿Me permite que lo ayude?
LOFTER.- Pellízcame en este brazo, fuerte…, otra vez… No hay
duda…, no estoy soñando…; por otra parte, tienes una energía como
la de una pescadera.
KILT.- Tal vez sea mi deber rogarle que se sitúe tras ese biombo
y allí se cambie de ropas. (LOFTER se coloca detrás del biombo; la
cabeza le sobresale. Se desviste.)
LOFTER.- ¿Todas?
KILT.- Sí, todas. Liliane le irá ayudando desde aquí mientras yo,
con su permiso, le informo brevemente sobre la situación política…
LILIANE.- Estoy a su disposición.
KILT.- Su padre, milord, persistió hasta el último instante en su
oposición a la República fundada por Cromwell, tuvo la mala suerte
de morir en su voluntario destierro. Entonces los bienes de la
herencia de lord Clancharly fueron entregados, en administración
fiduciaria revocable, a la duquesa Josiana, por orden de Su Majestad,
la reina su augusta hermana. Ahora, ya dentro de la era de la
Restauración…
LOFTER.- Nuestros trajes estaban llenos de remiendos…; la
miseria ha puesto gris el vestido de la bailarina. Cuando llovía,
Sangfaz se echaba sobre la cabeza el manto real… Siempre vivíamos
con miedo. El miedo nos empujaba de ciudad en ciudad.
LILIANE.- (Alargándole la camisa por encima del biombo.)
Permítame… Esta es la camisa…; seda italiana bordada con lises.
KILT.- La República fue como un respiro para los burgueses. La
Restauración, sin embargo, ha vuelto a igualar “dulce et útile” las
sonrisas de los antiguos potentados. Los asesinos del rey han sido
ajusticiados. ¿Qué importancia tienen para los pueblos la guerra y la
paz, el poder legislativo y las finanzas? Ninguna…, absolutamente
ninguna…
LOFTER.-…Era el miedo a los alguaciles y a los esbirros de la
policía, que con sus narices coloradas llevaban a todos los rincones la
ley… en la punta de sus picas. Era el miedo a una ley… que
pertenecía a los “lords”…
LILIANE.- Por favor…, los calzones.
KILT.- Los pueblos son ignorantes y ciegos. Pero la ignorancia es
la salvaguardia de la moral estatal. Quien lee, piensa. Quien piensa,
se halla en las inmediaciones de la revolución.
LOFTER.- ¡Los escarpines!
LILIANE.- Helos aquí…
LOFTER.- A través de nuestras comedias, el espíritu de rebeldía
llegaba hasta las abiertas mentes de los espectadores. Las comedias
enseñan a pensar. Y el pensar nos trajo la República…
KILT.-… ¡Cómo… dice…, por favor?...
LOFTER.- (Cortante.) ¡Tenga la bondad de darme la pechera!
LILIANE.-… Allá va, milord, y el chaleco gris… ribeteado de
plata. (Los PAJES entregan las prendas a LILIANE y ésta se las pasa a
LOFTER.)
LOFTER.- (Como antes.) ¡Los zapatos!
LILIANE.- ¡Los de tacón rojo…, vamos…, pronto! (Los PAJES los
traen y LILIANE se los entrega a LOFTER.)
KILT. El mayor poeta de Inglaterra de un tiempo a esta parte es
Dryden… Shakespeare está de capa caída en la Corte…
LOFTER.- (Adelanta la cabeza y la saca fuera del biombo.) ¡Bah!
¡Apreciaciones estúpidas! ¡Parlas de majaderos!
KILT.- (Molesto.) Pero… milord…, le estoy informando por deseo
expreso de la reina…
LOFTER.- Con que… ¿Shakespeare en decadencia?... ¡Eso es un
disparate! Tal es mi opinión… ¡Yo tengo opinión! Es la opinión de un
par… (Vacilando un instante.) O… ¿es que… no es costumbre entre
pares… tener una opinión?...
KILT.- Sí, milord…; se permiten toda clase de opiniones.
LOFTER.- Entonces…; insisto… ¡Al diablo! (El biombo y objetos
próximos tiemblan y entrechocan.) ¡Al diablo todo el que no esté
conforme con mi opinión!
KILT.- ¡Cierto, muy cierto…, milord!
LOFTER.- ¡La casaca…, pero pronto! (Le hacen llegar a sus
manos la pomposa y galoneada casaca. Los PAJES desaparecen.) He
quedado enterado de todo y la función va a comenzar. (Entra vestido
de lord.)
LILIANE.- ¡Milord! (Da un profundo suspiro.) ¡Tiene el aspecto de
un dios helénico! (Esparce perfume sobre él con un perfumador.)
LOFTER.- (Con risa maligna.) Y ahora, doncellita…, ¿te parece
que me quite la máscara?...
LILIANE.- ¡Oh, perdone!... No quise molestarlo… (Sale
presurosa.)

11

LOFTER.- Maese Jesaías Kilt… ¡Carajo, prefiero llamarte Kilt… a


secas!
KILT.- Milord dirá…
LOFTER.- ¿Conoces a la “troupe” del “Green-Box”?
KILT.- Sí, milord.
LOFTER.- Escucha… Deseo ver a esa gente…; quiero ver a todos
cuando antes…
KILT.- (Del susto se lleva una mano a la boca.) ¡Santo Dios,
milord! Se me debió de olvidar algo muy importante que tenía que
decirle…
LOFTER.- ¿Qué?...
KILT.- Se trata de una orden expresa del lord canciller: por ella
le prohíbe terminantemente volver a ver a sus antiguos
compañeros…
LOFTER.- ¿Para siempre?...
KILT.-… De lo contrario perderá al instante su dignidad de par.
Fue la única condición que exigió la reina…, pero esta exigencia es
rigurosa… (LOFTER se quita la casaca.)… Milord…, todavía puede
anularse todo. Pero reflexione: la reina cuenta con usted para algunos
proyectos…; ¡desea casarlo con su propia hermana! Piense por otro
lado en sus rentas…; cuarenta mil libras anuales no son un grano de
anís. ¿Es que quiere hundirse otra vez en la nada en que antes vivía?
El destino no abre una puerta sin cerrar otra al mismo tiempo.
(LOFTER lo mira largamente, luego asiente co la cabeza y por fin
vuelve lentamente a ponerse la casaca, esta vez con ayuda del
flexible y sonriente KILT, quien continúa.) Por otra parte, el
Ministrante ha ordenado que el director de la compañía sea puesto en
prisión…
LOFTER.- ¡Cómo!...; ¿a Sangfaz le…?
KILT.- Sí… Es un antiguo “comprachicos”…
LOFTER.-… ¿Qué dices?
KILT.- El mismo decreto del destino que lo ha encumbrado a
usted, milord, ha querido derribar a ese Sangfaz. Así tenía que ser,
porque él es precisamente quien destruyó su rostro.
LOFTER.- ¿Sangfaz?
KILT.- Las pruebas no dejan lugar a dudas.
LOFTER.- Eso es un error.
KILT.- Es una trágica verdad. (Le alarga el papel.)
LOFTER.- ¿Qué es esto?
KILT.- La confesión de Sangfaz. Este documento lo delata.
LOFTER.- Veamos. (Lee.) “El autor ha sido descubierto. Al fin. Y
es Sangfaz…” La tortura interminable de una vida sin rostro, la
indigencia de mi niñez…, la miseria de todos estos años de cómico
vagabundo, el hambre, estas cicatrices grotescas…, todo esto… ¿se lo
debo a ese…
KILT.-…criminal!
LOFTER.- (Con excitación creciente.) Sí; criminal. Un
delincuente, un verdadero asesino. ¡Ha cometido un asesinato! Pues
no otra cosa es inclinarse sobre el lecho en que duerme un niño,
desollarle la sonrosada piel y dejarle marcada en el semblante una
grotesca mueca. ¿Dónde está?
KILT.- En la cárcel, esperando la sentencia de lord Clancharly.
LOFTER.- No se habrá imaginado que el lord acaba de regresar
de un viaje largo y que acto seguido va a juzgarlo…
KILT.- ¿Doy órdenes para que lo traigan, milord?
LOFTER.- Sí. (Sale KILT.)

12
LOFTER, inquieto, anda de un lado para otro. Se queda mirando
absorto algún que otro objeto; luego repara en la campanilla.
Reflexiona un momento y titubea. Por fin llama.

LILIANE.- (Aparece.) ¿Milord?


LOFTER.- Tinta y papel. (LILIANE se acerca a una gaveta de la
que saca ambas cosas. Luego quiere marcharse.)
LOFTER.- Quédate. Me servirás de testigo. Voy a administrar
justicia. (Se sienta y escribe.) Acusado: Sangfaz, de profesión cómico,
antiguo “comprachicos”. Acusación: Robo violento de un rostro y
mutilación de un ser humano. Defensa: ninguna. (Se levanta y vuelve
a dar pasos inquieto. Contempla a LILIANE.) ¿Cuántos años tienes?
LILIANE.- Veintiuno.
LOFTER.- ¿Casada?
LILIANE.- No.
LOFTER.- (Da dos pasos hacia el proscenio.)… ¿Debe morir
Sangfaz, el hombre…, el compañero con quien he andado de acá para
allá durante toda una vida?... Ahora comprendo… su expiación…
Aquellos arbolitos… (Rompe el papel. LILIANE le da otra hoja.)
Gracias… ¿Por qué hizo… aquello? ¿Por qué; para qué? ¿Sólo para
martirizar a un niño inocente? No; sino porque en las Cortes pagan
estas ridículas máscaras sangrientas… Unos hacen lo que hacen
porque les sobra riqueza, otros por escapar a la indigencia… El
hombre a quien los demás hombres maltratan sólo conoce crueldades
a su paso por la vida. Al final, se encuentra con uno que le da el
último empujón. Pero ¿es la última mano más culpable que la
primera? ¿Qué castigo le impondrías tú, muchacha?
LILIANE.- ¡Usted lo absolverá ciertamente, milord!
LOFTER.- ¿Por qué lo supones?
LILIANE.- Usted es un ser humano como nosotros.
LOFTER.- Lo era. ¿Puedes acaso imaginarte hasta qué extremo
puede cambiar el pensamiento de un hombre bajo la influencia de un
vestido, de la riqueza, del poder? No; no puedes figurártelo. A fe mía
que he de juzgar con el rigor debido. Ese hombre mató a un joven
lord en el momento en que le robó el rostro. Ahora, de vuelta aparece
el perjudicado, con todo el sedimento de amargura, dureza y cólera,
dispuesto a castigarlo en nombre del derecho. ¡Sí; lo castigaré!
(Vuelve al papel, tacha algunas líneas y escribe.) “En consideración a
todo ello, lo condeno a muerte en la horca. La sentencia se ejecutará
mañana al anochecer. Clancharly.” (Arroja la pluma al suelo.)
LILIANE.- Milord…
LOFTER.- (Dejándose caer en un asiento.)… ¡Es el poder! Y
nadie podrá burlarse d mí. Quien se atreva a decir… “¡Qué fea
mueca!”, o… “¡Por ahí va ese lord sin rostro!”… o cualquier palabra
semejante… ¡acabará enterrado vivo! Y cuando se me antoje
ordenarle a uno que haga esto… y que deje de hacer aquello… no
tendré más que mirarlo, decirle: “Haz esto o…” y esperar unos
instantes; pronto entenderá que eso de “o…” tiene un significado
bien sencillo…: quiere decir que tras de mí se alzarán dos verdugos
invisibles… (Contempla a LILIANE, quien bajo el efecto de su mirada
se inclina maquinalmente y recoge del suelo la pluma.) Lo que acabo
de decir es aplicable igualmente a las muchachas…; a ti, por
ejemplo…
LILIANE.- Milord…, yo…
LOFTER.- (Se levanta.) Hace unos momentos reconocías estar
incluida entre mis propiedades…
LILIANE.- ¡Cierto, milord!...
LOFTER.- ¿De pies… a cabeza?...
LILIANE. (Ruborizándose.) …Sí…
LOFTER.- Bien conoces los usos de esta Corte. ¿Acaso no eres
todavía doncella? ¿Acaso no está en vigor el “ius primaeres noctis”…
y otras cosas por el estilo? ¿Cómo suelen portarse los nobles señores
con las muchachas?... (LILIANE guarda silencio. Una pausa.) Si yo te
mandase ahora que te fueras ahí, detrás de ese biombo, y luego te
mostraras como una ondina, como una náyade, desnuda…, ¿lo
harías? (En tono imperioso.) ¡Contesta!
LILIANE.- (Desviando la vista y luego volviendo la cara.) ¡Oh…,
milord!...
LOFTER.- Si no lo hicieras…, si una muchacha se niega a cumplir
tal orden, ¿sabes el castigo que le espera?
LILIANE.- Sí… Hay una horrible casa de corrección… donde se
volvería fea y basta… y envejecería…; a todas las tratan a palos…
LOFTER.- Bien… ¡Hazlo!... (LILIANE lo mira largamente y va a
ocultarse tras el biombo. LOFTER se deja caer en una silla. Con una
sombría mirada fija, habla para sí.) Lo hace… Nunca hubiera yo creído
que el poder de un señor fuese tan absoluto como para lograr que
miles y miles de mujeres le abriesen sus regazos; un mar de cuerpos,
un suave ondular de torneadas caderas con dulzura de jacintos… sólo
habría que escoger…
LILIANE.- (En voz baja.)… Milord…
LOFTER.- ¿Estás dispuesta y desvestida?
LILIANE.- Sí, milord.
LOFTER.- (Para sí.)… He ahí una delicada criatura… y aquí (Se
señala a sí mismo.) una orden… Soy el soberano de los mil regazos…
LILIANE.- Señor… Yo…
LOFTER.- ¿Estás dispuesta a venir aquí?
LILIANE.- Sí. (Callan. LOFTER se levanta y se aleja.)
LOFTER.- Bien… Vístete. Ya es bastante.
LILIANE.- Sí, señor… (Solloza.)
LOFTER.- (Como en medio de un triunfo.) La prueba ha sido
satisfactoria: está visto que mi poder apenas conoce límites. Un
carrusel de pecados gira lentamente en torno mío. Miles y miles de
violines color de rosa están pendientes de mi arco. La melodía se
llama voluptuosidad. Pero basta. Ahora viene el segundo
experimento. Se llama… la muerte.
13

Entra LORD DAVID. Trae indumentaria de Contralmirante.

DAVID.- ¿Hola?... ¡Josiana…, querida enemiga! (Ve a LOFTER.)


¡Rayos!... El loco Lofter, payaso y volatinero… ¿Cómo; tú… aquí?...
LOFTER.- ¡Hola, Hola! Tom-Jim-Jack, el lobo de mar… ¿A qué
vienes aquí…, marinero de agua dulce?...
DAVID.- ¿Cómo es que te encuentro aquí, Lofter? (LILIANE se
aparta apresuradamente.)… ¡Ah, ya comprendo!... Otro capricho de
Josiana… Ahora le da por los monstruos… ¡Y se ha preocupado incluso
de vestirte de par!... (Ríe ruidosamente.)
LOFTER.- Tom-Jim-Jack…, que estás en mi casa…
DAVID.- ¿Qué… dices?... ¿Estoy acaso en una casa de locos?
¡Oye, tú!... Yo soy lord David Dirry-Moir, contralmirante.
LOFTER.- Y yo soy lord Fermain Clancharly, que por fin ha
regresado e inmediatamente ha sido investido por Su Majestad de la
dignidad de par de Inglaterra, con todos los honores.
DAVID.- Por tu insolente usurpación, pajarraco, te voy a
administrar el correctivo que mereces. Si aún te queda algún brío,
¡prepárate a defenderte de la paliza que te espera! (Se dispone a
boxear con LOFTER.)
LOFTER.- ¡Inténtalo con las armas en vez de con los puños!
DAVID.- (Riendo.) ¿Conque… con la espada? ¡Perfectamente!
(Desenvainan sus aceros. LILIANE sale.) Pero… como no quiero… que
nadie presencie cómo me bato con un… payaso…, ¡fuera luces! (Le
propina un cintarazo al candelabro que está sobre una mesa. Queda
la escena a oscuras.) ¡Ahora…, en guardia!
LOFTER.- (Atacándolo.) ¡Aguanta esta…, y esta otra!
DAVID.- ¡Hola!... ¡Ya están aquí los primeros relámpagos!
LOFTER.- …¿En dónde… te has escondido?...
DAVID.- ¡Estoy… aquí!
LOFTER.- ¿Qué haces ahí…; jugar a la gallina ciega? ¡Estábamos
luchando, recuérdalo!
DAVID.- ¿Ah, sí? ¡Eso era antes! Ahora…, ¡toma esto!
LOFTER.- Las fintas vuelan como abejas…, ¿eh?
DAVID.- ¿Dónde habrá aprendido a luchar este malandrín?
KILT.- (Aparece con otro candelabro.) Señores… ¡Oh, señores!
(LOFTER y DAVID se separan.) ¡Lord David! Este caballero es lord
Fermain Clancharly, que ha sido hallado e identificado, y en seguida
repuesto en todos sus derechos y cargos por orden de la reina. Tal es
la verdad…
DAVID.- Siendo así… lo felicito…, Muy Honorable lord.
LOFTER.- Gracias.
DAVID.- Sus artes combativas son admirables… Mis respetos,
lord Fermain.
LOFTER.- ¿Quieres ser testigo en el primer acto que voy a
presidir como administrador de justicia? En relación con mi rostro,
existe una cuenta pendiente; alguien debe pagarla y está esperando
ahí, detrás de esa puerta…
DAVID.- Para mí será un placer.
KILT.- (Señalando a la puerta.) He ordenado que le venden los
ojos.
LOFTER.- ¿Por qué?
KILT.- La mazmorra de donde acaban de sacarlo está
completamente en tinieblas… y, para que no se le ofusque la vista,
nos ha parecido lo más prudente vendársela. (Una pausa.) Además...,
no sé si lo condenará o no…; en caso de que le perdonara la vida,
viéndolo él en sus actuales funciones y dignidad podría luego decirlo
a los cuatro vientos…, y la reina desea impedirlo a toda costa…
LOFTER.- ¡Que pase ya!... (KILT hace entrar a SANGFAZ. Lo
traen maniatado y con los ojos vendados. LOFTER se acerca a él y lo
mira largamente. LORD DAVID y KILT se quedan en el foro. LOFTER
pronuncia las palabras en voz baja, como si hablara sólo para sí.) Fue
para mí como un padre. Algo lo torturaba dentro del pensamiento. Su
corazón era claro como el hielo. Tenía unas manos blandas como las
de una monja. Un día, con esas manos suaves, había cogido un
cuchillito, un pequeño bisturí y me había hecho unos recortes en el
rostro, como el sastre que mete la tijera en un bonete…
SANGFAZ.- (Estremeciéndose.) Lofter…, ¡eres tú!
LOFTER.- Dime: ¿he mentido?
SANGFAZ.- Lofter…, ¿también te han prendido?
LOFTER.- ¿He mentido o no? ¡Dilo!
SANGFAZ.- No, no mientes…
LOFTER.- Mi vida se ha reducido a obedecer las exigencias de
mi ignominioso estigma.
DAVID.- ¡La muerte para Sangfaz! El juzgador tendrá que
decidirse por imponer una pena capital rápida y tajante. Así el
populacho aprenderá a respetarnos…
SANGFAZ.-… Piedad…
LOFTER.- Aquel que taja un rostro… ¿no es, por ventura, un
homicida? Un hombre es sólo reconocible por su faz. ¿Qué hubiera
sido de nosotros si nos hubiesen dado la misma cara a todos, reyes y
vagabundos, verdugos y cortesanos?... Dios nos dio nuestros
rostros… y ustedes los desfiguran…
SANGFAZ.- Lo he estado expiando durante toda mi vida…
LOFTER.- El rostro de un lord es más caro que la vida de un
comediante, y como, por añadidura, tu crimen es mucho mas
repugnante que el de un vulgar homicida, deberás morir del modo
más espantoso. Será necesario que te arranquen de la cara dos
túrdigas de carne alrededor de los ojos, que te rajen la nariz y te
hiendan la boca, y luego te dejen perecer miserablemente. Pero
antes, sobre todo, ¡deberán triturarte esas dos manos entre dos
ruedas de molino!
SANGFAZ.- (Levanta la cabeza.) ¡Una infamia no es precio para
otra infamia!
LOFTER.- ¿Das a la justicia el nombre de infamia?...
SANGFAZ.- ¡Cuántas veces la justicia es sólo la palabra con que
se sustituye a la venganza!
LOFTER.- ¿La venganza?... Sí…; tal vez tengas razón. No
entiendo nada de justicias. Vengo de los caminos. Es mejor no
entender nada de estas cosas. ¿Qué vamos a decirle a este mundo,
en el que todo aquel que sale a gritar contra la injusticia es
martirizado… en nombre de la justicia? Un enjambre de tormentos se
extiende sobre todo el país. Bajo la égida de la justicia levántanse
bosques de horcas que ensombrecen la tierra. De la justicia de los
filósofos ha nacido… una… “justicia” para ajusticiar, puesta al servicio
del poder. ¡Yo soy el Poder!
SANGFAZ.- (Aterrorizado.) Lofter…, ¡tú no estás… hablando
como un actor!... ¿No eres… un prisionero como yo…; un preso? ¿Qué
ha ocurrido?...
DAVID.- Bien; manden que torturen al criminal durante ocho
días… hasta que las moscas busquen asiento en sus descarnadas
costillas, y luego dejen que el sol brille sobre él…
LOFTER.- No… ¿Dónde está la sentencia de muerte? (Se
aproxima a la mesa donde dejó el papel y lo coge.) Déjame que
reflexione. Ya no estoy irritado. Mi forma de pensar es la de un par.
Me siento penetrado de frialdad y orgullo… sin embargo, a la puerta
de mis pensamientos llama no sé quien…, como con quedo golpe de
nudillos. ¿Quién será?... ¿Es la camaradería de los carros…, la
hermandad de los caminos? (Se vuelve y habla para sí.)… ¡Qué;
compinches del Green-Box!... ¿Qué debo hacer?
DAVID.- ¿Qué le pasa? Con blanduras es imposible gobernar en
el mundo.
LOFTER.- El destino decidirá.
KILT.- …¿Un… “juicio de Dios”?...
LOFTER.- Óyeme… Voy a llamar a la doncella. Si luego, cuando
salga, vuelve la cabeza, tu vida está salvada. Pues será señal de que
mereces que alguien se vuelva a mirarte. Pero si la muchacha se
marcha sin volverse, mañana serás ahorcado. (Llama.)
DAVID.- ¿A qué vienen esos titubeos? ¿Por qué tanta
circunspección con este perdulario?
KILT.- La duquesa, en semejantes casos, lo ataría a cuatro
caballos para que lo destrozaran.
LILIANE.- (Aparece.)… ¿Milord?
LOFTER.- Tráenos vino.
LILIANE.- Inmediatamente… (Ve a SANGFAZ.) …¡Oh!... (Se
dirige a la salida. Todos cambian miradas tensas. Su andar es lento.
No se vuelve. Sale. Todos se lanzan miradas rápidas unos a otros.)
DAVID.- ¡Condenado! Esto significa la muerte.
KILT.- ¡Ella no se ha vuelto! El culpable será ahorcado…
LOFTER.- Cierto; tengo el derecho de mandarlo y el poder
necesario para hacerlo cumplir… Mas también tengo facultad para no
hacer lo que estos señores están deseando… (Se acerca
despaciosamente a SANGFAZ y lo mira a la cara.) Viejo, he tomado
una resolución…
SANGFAZ.- (Cae sobre sus propias rodillas y alza las manos
encadenadas.) ¡Lofter, Lofter!...
LOFTER.- (Con voz clara.) Manden a este hombre a su casa…;
¡al punto! (Lo alza, le quita la cadena y la venda. SANGFAZ se le
queda mirando fijamente.)… Eres libre. (SANGFAZ sale
tambaleándose de dicha.)

TELÓN

14

Anochece. Como animal de circo dentro de su jaula, U, LA LEONA


cruza inquietamente el foro de un extremo a otro. ANGELINA está
sentada cerca de la embocadura y ensaya una canción
acompañándose con un laúd.

ANGELINA.- Se lo llevaron ayer por la tarde, y desde entonces


nadie se llega a estos rincones para vagar por ellos y orearse con las
brisas nocturnas de Southwark. O quizá… venga… él… de otro modo,
apenas sin hacer ruido… (Se pone a escuchar y murmura.) … Sí…
¿No?... ¿Estás ahí, señor viento? Querido viento, ¿has visto esta vez a
Lofter? ¿Cómo dices?... ¿No ha muerto?... ¿Sabes qué le ha
sucedido?... Tú andas por todas partes… ¿Por qué no me llevas a su
lado? Yo quería ir a buscarlo… Guíame, querido viento…, ¡ven,
guíame!... (Avanza lentamente a tientas; a veces se detiene y entona
fragmentos de melodía o escucha atentamente. U, LA LEONA se
acerca y contempla con pena a la danzarina.)
U, LA LEONA.- Lará…, lará…
ANGELINA.- ¡Ah, espérame un instante, amado viento!... U, la
Leona, quiere decirme algo… (Se acerca a tientas a U.)
U, LA LEONA.- Sólo decía “… lará…, lará…” en voz muy baja,
hijita. Ay Angelina…, ¿vas a estar toda la vida venteándolo con tus
tiernas naricillas y siguiéndolo de lejos como una perrita recién
nacida? Aunque sea yo una vieja bruja, eso me destroza el corazón.
Además ése no se merece que suframos por él, después de habernos
dejado abandonadas…; ese desnarigado… la noche es su hora
propicia…, porque es cuando no se ven las caras y entonces se atreve
a meterse con las niñas como tú, y de fijo que también con las
muchachas vagabundas de la ciudad… ¿Qué te pasa? ¿Lloras?
(ANGELINA llora.) ¿Qué es eso?... ¿la añoranza?... ¿Te sientes sola?
(ANGELINA asiente con la cabeza.) No será esta la última vez… Los
hombres siembran todas estas calamidades. Hasta una muchachita
con alma de flor de espliego tiene que aguantar en su piel de ciruela
amarilla esos picores de avispero. Entonces le da por decir que se
quiere ir con el viento. Sí, sí…; conozco estos asuntos. De ahí a ser
madre no hay más que un pasito. Así se dan las cosas en el mundo…
(Suspira.)
ANGELINA.-… Si no me ha olvidado…
U, LA LEONA.- Olvidar es más fácil que ser olvidado. Ningún
hombre, ningún cómico, ningún general quiere ser el último en
nada… Y mucho menos en el amor... ¡Ay, Angelina, Angelina… (Sale
ANGELINA.)… ¡Tener aquí dos hombres hechos y derechos, un picarón
y un viejo imbécil, y consentirles que se hayan dejado llevar por el
Ministrante como si fueran un par de sombreros viejos! ¡Oh, qué
endemoniado zopenco teníamos por director! ¡Cabeza de chorlito!
¡Pedazo de atún! Y dentro de muy poco será la función… ¿Qué vamos
a hacer nosotros solos?

15

SANGFAZ está apoyado en el foro; se encuentra visiblemente


debilitado.

SANGFAZ.- Pues… tú… podrías por ejemplo obsequiarme con


aguardiente… en cantidad suficiente… (Ríe.)
U, LA LEONA.- (Dándole el aguardiente y desatándose en
improperios.) Cuando yo digo que eres un pedazo de atún y que estás
dejado de la mano de Dios… ¿Qué te ha pasado para que, de pronto,
escurras el bulto, abandones el trabajo y te largues a descansar a una
torre de las afueras?..., ¿eh, granuja, desertor? (Beben los dos; él
primero.)
SANGFAZ.- ¡Ay, ay, ay, vaya con el descansito! No ha sido de lo
mejor… (Tose con expresión de dolor.)
U, LA LEONA.- ¿Qué has hecho de tus viejos trucos y
martingalas?... Te hubiera estado bien que te hubiesen atado a un
potro de tortura, por tener esa cabeza llena de serrín. ¡Sangfaz…, el
mago…, que de deja emparedar!
SANGFAZ.- Me han tenido atado al potro un buen rato…
U, LA LEONA.- ¡Ah, si? ¡A ver esas espaldas!
SANGFAZ.- No se ciertamente… si… eso… que tengo ahí detrás
es todavía… una espalda…
U, LA LEONA.- (Le ha sacado la camisa por la parte de atrás y le
examina la espalda.) ¡Misericordia! Para reponerte de eso vas a
necesitar todo un “consilium medicum”…
SANGFAZ.- (Ríe.) No hay nada mejor que nuestra Justicia…
U, LA LEONA.- Siéntate aquí y bebe. (Le venda las heridas.) Esta
Noche te la vas a tener que pasar de pie. Tienes los minutos contados
para preparar la función. ¿Qué se sabe de Lofter?
SANGFAZ.- El clangor de los pífanos angélicos era tan potente…
que no me dejó oír ninguna noticia acerca de él.
U, LA LEONA.- La pequeña Angelina está inconsolable. Si no le
dices algo sobre el paradero de Lofter, no sé qué vamos a hacer con
ella…
SANGFAZ.- Mi brava leona…: ellos están enterados ya de todo
nuestro pasado…, incluido lo de mis tiempos de “comprachicos”…
U, LA LEONA.- Entonces…, eso quiere decir que hay que
levantar el campo a toda prisa… y plantarnos cuanto antes en el
barco…
ANGELINA.- (Aparece, queda en pie.) U…, ¿quién ha venido?
U, LA LEONA.- El director. Dice que también Lofter está ya de
vuelta…
ANGELINA.- ¡Lofter… viene hacia aquí?...
U, LA LEONA.- ¡Claro!… ¿Pues qué te creías? ¡Ya falta muy poco
para la función!...
ANGELINA.- Y… ¿por qué no está aquí ya?...
U, LA LEONA.- Vamos…, no te pongas pesada niña. Ahora viene.
SANGFAZ.- ¡Ni una palabra más! ¡Tú a lo tuyo! Vete preparando
para la representación… ¡Vamos…, desaparece…, hija de… las
preguntas! (Se marcha ANGELINA.)
U, LA LEONA.- ¿Cómo nos las vamos a arreglar para la función
faltando Lofter? La niña no va a saber disimular…
SANGFAZ.- Dame un vaso de aguardiente… y tiempo para
pensar. (U, LA LEONA le da el aguardiente y sale.)

16

Llega MAESE NICLESS

NICLESS.-…¿Le parece, maese Sangfaz, que no demuestro tener


bastante paciencia en lo que se refiere al pago de sus pitanzas?...
SANGFAZ.- Pero… ¿sabe usted maese Nicless, en qué consiste
realmente la paciencia?... Escúcheme… Para comer una cereza, no
necesita paciencia alguna. Para tirar el hueso al suelo, tampoco es
menester paciencia. Pero si aguarda a que el hueso arrojado a la
tierra se convierta en árbol capaz de proporcionarle cerezas, tendrá
idea de lo que es la paciencia.
NICLESS.- Eso es paciencia, sí… Heme aquí y por más que
espero de pie o sentado, no diviso ningún cerezo. Así que…
SANGFAZ.-… Así que… de esa fina manera quiere darme a
entender probablemente una cosa: que cierta deuda debería ser
pagada… un día de estos…
NICLESS.-… Un día de estos…, un día de estos… ¡Si ahora
mismo, a toca teja, no pone encima de esta mesa el dinero todo que
me debe por sus días de estancia, yo…!
SANGFAZ.- Poco a poco…, maese Nicless… Nosotros somos…
artistas…
NICLESS.-…Artistas… Cabalmente eso mismo le acabo de decir
a uno de la Guardia de la ciudad que ha estado aquí hace muy poco:
que eran artistas…
SANGFAZ.- ¿Un soldado de la Guardia de la ciudad?
NICLESS.- ¡Sí; un soldado de la Guardia de la ciudad! Me leyó
una orden del Ministrante; en ella se manda dar por terminadas sus
representaciones públicas. ¡Se acabó su teatro! No puedo admitir en
el patio ni un solo espectador… (SANGFAZ calla. Pausa.) … Por cierto,
¿dónde anda Lofter?
SANGFAZ.- ¿Ni un solo espectador?...
NICLESS.- Lo siento de veras…, pero hasta que no paguen su
deuda… Son todos comediantes sensatos y bien comprenden la
situación.
SANGFAZ.- (Ha reflexionado. Tiene una idea.) Maese Nicless…
¿Querría ayudarme?... Lo he observado y juraría que tiene madera de
gran actor… Cuando nos servía la cerveza, pensaba yo que con esa
mímica era digno de escanciarle el vino a un conde… ¿No es así?
NICLESS.- (Complacido.)… Ciertamente…
SANGFAZ.- Esta noche queremos dar nuestra última
representación; ningún extraño la presenciará desde el patio. Sólo sus
familiares serán espectadores. Es…, como si dijéramos…, “una
representación benéfica de gala”, con la que pretendemos dar una
alegría a un honorable posadero.
NICLESS.- (Halagado.) ¡Oh, yo soy modesto por naturaleza,
maese Sangfaz! Pero el dinero que me debe…
SANGFAZ.- ¿Está de acuerdo conmigo?...
NICLESS.-… ¿Que si estoy… de acuerdo? Ciertamente, sí; con tal
que mi… actuación… no signifique la pérdida de mi dinero.
Comprenderá que el dinero de…
SANGFAZ.- Claro que no. El arte es al arte…, y su dinero es su
dinero. Aparte de que le hemos de quedar muy agradecidos por el
señalado favor que nos hace, se trata de nuestra función de
despedida y usted tendrá a su cargo el papel de Lofter, maese
Niclesss, ya que nuestro cómico no aparece.
NICLESS.- (Perplejo y halagado.) ¿Yo… en el lugar de Lofter?
Tiene demasiada confianza en mí…, director.
SANGFAZ.- Sólo los pelagatos empiezan por menos. Ría una
vez…, como ejercicio… (NICLESS lo hace.) ¡Bravo! ¡Menuda diversión,
maese Nicless, cuando, al final de la función, pueda decir a su familia:
“Eh, que era yo el que hacía el papel de Lofter!”
NICLESS.-… ¿Diversión?... Sí, cierto… Mientras no me cueste mi
dinero… (Entran U, LA LEONA y BOTELLA.)
SANGFAZ.- Venga, que le voy a explicar todo el asunto. Se trata
de Angelina… (Se lleva a NICLESS del brazo y salen.)

17

U, LA LEONA y BOTELLA.

U, LA LEONA.- Oye, tú, acércate ahí y mira a ver si hay algún


espectador en el patio…
BOTELLA.- No se ve un alma.
U, LA LEONA.- ¿Habrá peste en Londres? (Da unos pasos y lanza
algunas miradas al exterior. Llegan juntos JESAÍAS KILT y el
MINISTRANTE, sombríos. Traen la ropa de LOFTER.) …¡Eh! ¡Eh!
¡Sangfaz! ¡¡Sangfaz!! (Llega corriendo SANGFAZ, se detiene de
pronto y se inclina todo lo que puede.)
SANGFAZ.- (Tartamudeando.) ¡Oh, dignísimos señores! Se los
suplico…, perdonen…; ¡perdonen a mi esqueleto!...
MORLOCK.- (Estirado y frío) ¿Es aquí donde vivía y trabajaba el
antiguo comediante Lofter…, llamado el hombre que ríe?...
SANGFAZ.- (Aliviado.) Aquí es, dignísimos señores…
KILT.- (Tirando una tras otra las prendas de vestir de LOFTER.)
Aquí están sus zapatos…, sus pantalones…; éste es su jubón…, ésta
su camisa…, cinturón…, espadón y sombrero…
U, LA LEONA.-…¿Decían, señores…, decían… el antiguo…? ¿Es
que… ya no…?
MORLOCK.- No.
U, LA LEONA.- (Deja caer las manos.) ¡Ni siquiera han hecho
sonar “la muda” por él!...
SANGFAZ.- (Como pensando en voz baja.) ¡Le habrá ocurrido…
lo que le tenía que ocurrir… a ese bribón descamisado! ¡Era un
rebelde, un revoltoso!... ¡Mira que… increpar a los que mandan cobrar
los impuestos!... ¡Echar pestes… por un penique!... ¡por un penique
que es de la reina! Yo…, dignísimos caballeros…, ¡Ahora comprendo
la política! Pero… ¡ese hombre es un necio o se ha vuelto loco! No
quería vivir como un mendigo, como un cómico… ¡Quería vivir como
un hombre, el muy sandio!... Dignísimo señor Ministrante, desde hoy,
yo… quisiera…
U, LA LEONA.- ¡Calla el pico, compadre, que pareces una
cotorra! Si no, no podrás enterarte de lo que van a decirte…
MORLOCK.- (Frío y objetivo.) Mañana, la compañía del “Green-
Box”, con todas sus barracas e impedimenta, hasta el último alfiler,
habrá abandonado la ciudad. Por la mañana haré un registro en estos
barrios, acompañado por hombres de la Guardia de Londres. Procuren
que de los suyos, no encuentre ni un alma… porque si la hallara, la
separaré de su cuerpo mediante un lazo bien corredizo… ¿Entendido?
U, LA LEONA.- Se entiende bastante bien, porque está dicho con
claridad…
SANGFAZ.- ¡Oh, señores, lo hemos entendido muy bien, muy
bien…, muy bien! (Hace pronunciadas reverencias a los dos
personajes, hasta que éstos desaparecen.)
U, LA LEONA.- (Recogiendo del suelo las prendas de LOFTER.)
Aquí está todo, todo…, menos… lo que debía venir dentro… ¡Pobre
Lofter! Angelina no debe enterarse de esto, no lo soportaría. Yo no
me siento con fuerzas para decírselo… Mañana, en cuanto amanezca,
salimos para Francia… Ya que los poderosos nos quitan lo que más
amamos, ocultémosle a la pequeña lo ocurrido…
SANGFAZ.- Sí; vamos a representar para Angelina, y que
Niclesss haga el papel correspondiente a Lofter, para que ella no se
dé cuenta de la verdad…
BOTELLA.- (Aparece vestido en traje de función.) Yo haré
primero el número del “rompecadenas”, y luego el de Hércules.
SANGFAZ.- ¡Arriba el telón!

18

BOTELLA toca el tambor.

U, LA LEONA.- (Enciende las candilejas, abre los postigos que


dan paso al interior del “Green-Box” y compone una especie de pista.
Queda la pista iluminada por una amplia claridad. La escena se va
transformando gracias a las manos de U, LA LEONA. Empieza a
exhortar al imaginario público.) ¡Pasen, por favor! ¡Acérquense a la
taquilla! Caballeros: ¡jau, jau! Distinguido público de Londres: en la
función de esta noche podrán ver al gran Lofter, payaso y Ariel, que
… hasta durmiendo… ¡ríe! Quiero decir… que es un… “denasatus”…
¡Pasen, por favor…, jau, jau! (Se interrumpe; se esfuerza visiblemente
por sobreponerse.) Y luego verán a la joven Angelina, la danzarina
ciega de cabecita de oro, dulce como una liebre, suave como humo
de otoño…
BOTELLA.- ¡Sal, Angelina! ¡Adelante! (Aparece ANGELINA y se
inclina; golpe de bombo.)
ANGELINA.- ¿Hay mucha gente?...
BOTELLA.-…No mucho…
ANGELINA.- Y Lofter, ¿ha llegado?
U, LA LEONA.- (A voces.) Y ahora aparece Sangfaz, el gran
director y mago…
SANGFAZ.- (Aparece vestido de director. Golpe de tambor.
Todos se inclinan ante él. Empieza hablando en mal inglés.) “think not
to find one meant resemblance there…!” (Dirigiéndose a U, LA LEONA
y los otros cómicos.) ¡Eh, buena gente! ¿Qué me toca hoy…, ser el
gran mago o el pequeño?...
U, LA LEONA.- ¡El gran mago…, el grande!
SANGFAZ.- Bien: lo seré y haré grandes encantamientos; no
quiero luego tener conflictos con la verdad (Los CÓMICOS cogen
instrumentos de música.)
ANGELINA.- (A sovoz.)… ¿Dónde está Lofter?...
U, LA LEONA.- Aquí ves a Botella, el terrible hombre-frasco. Es
un mestizo desorejado y tan vigoroso que hace saltar una cadena de
tres pulgadas de espesor como si fuese paja seca…
BOTELLA.- (Coge la cadena y se la pone alrededor del cuerpo.)
¡Vaya…; con que ezta eh la cadenita que va a poner a prueba mis
múhculos? Muy bien. Un barco podría tranquilamente colgar de ella
su ancla… Vamos con ella. Me obligará a hacer algún ehfuerzo…
¡Vaya, vaya! No tendré mah remedio que alzar un poco los hombros…
y… ¡ya está todo preparado!... (Alza la voz.) Observad que no puedo
moverme… Ahora…, no; veamos ahora…, tampoco: este hierro es tan
resistente… ¡Ya está! (Hace saltar la cadena y se retira. ANGELINA
entra vestida de bailarina, con los pies descalzos. Empieza a bailar.)
SANGFAZ.- (Con voz de pregonero de feria.) ¡Querido público,
ahora danza para ustedes Angelina! Es tan ciega que no puede ni
contar mis dedos, y baila entre candelas encendidas. Botella, trae el
tablado de las velas. (BOTELLA trae una tabla con velas encendidas y
la pone en el suelo.) ¡Ella danza entre las ardientes velas guiándose
tan sólo por la fina sensibilidad de sus pies desnudos.! Música…,
música… (Aparecen U, LA LEONA y BOTELLA con instrumentos y
empiezan a tocar.) La cieguecita tiene un tacto tan fino como la seda,
hasta el punto de que jamás se ha quemado los pies con las candelas.
Cualquiera puede comprobarlo examinando luego la blanca piel de
sus pies… ¡Como la nieve los tiene: inmaculados…; diríase que son
los de una gata de Siam; en su piel no se ve ni una cicatriz; y así
también es todo su cuerpo! Vean qué elegancia de movimientos…,
Vamos, otra vuelta más… Al público le agrada que las bailarinas se
cimbreen… (ANGELINA se queda inmóvil.)
ANGELINA.- (Murmurando.)…Ahí… no hay público, no, no lo hay.
SANGFAZ.- (Con aspereza, pero en voz muy baja.) ¡Baila,
niña…, baila! (ANGELINA termina su danza y se inclina.)
BOTELLA.- (Retira la tabla de las velas. Regresa con NICLESS
que aparece vestido con las ropas de LOFTER y lleva una máscara.
BOTELLA señala al público la figura del supuesto LOFTER.) He aquí a…
¡Lofter! ¡Helo aquí! (NICLESS hace unas pataratas.)
ANGELINA.- (Está como petrificada. Luego se acerca a NICLESS
y palpa la ropa de LOFTER.) Es el jubón de Lofter…
SANGFAZ.- Pero… ¡Angelina!
ANGELINA.- (Palpa la máscara de LOFTER.) Es… su máscara…
(Se vuelve buscando en derredor.)… ¿Dónde estás, Lofter?...
SANGFAZ.- (Empujando a NICLESS hasta ponerlo en contacto
con ANGELINA.) Aquí lo tienes… Toca su jubón…, su máscara…
(ANGELINA se inquieta.)
ANGELINA.- (Quedándose otra vez rígida como antes.) No…, no,
Lofter no está aquí… ¡Este no es Lofter! (Grita y sale corriendo.
Silencio. Todos quedan inmóviles.)
SANGFAZ.- (Derrotado.) ¡Fin! Abajo el telón (Una pausa.) Le doy
las gracias, maese Nicless. Ya puede retirarse.
U, LA LEONA.- (Apareciendo.) Este estúpido lo ha estropeado
todo. Ahora ella se nos ha echado a llorar y así se va a estar sin parar
hasta…
NICLESSD.- ¿Con que… estropeado?... (Se encoleriza.) ¡Y
encima tener que oír esto! ¡He sido engañado, ni una palabra me han
dejado decir! (Se quita la mascara y la tira.) ¡Se acabó la broma!
Mañana al amanecer quiero ver sobre esa mesa el dinero que me
deben, o de lo contrario venderé sus barracones y me cobraré con lo
que saque.
U, LA LEONA.- No está mal… ¿Cuándo sale el primer barco para
El Havre?
NICLESS.- ¡Mañana, al mediodía! (Sale.)
SANGFAZ.- Ven, amiga mía…, apaguemos las luces… (Van
alrededor del escenario apagando luces. Queda la escena a oscuras.)
Y mañana… otra vez por ahí adelante, siempre por los caminos…
Empecemos a hacer bultos, U…

TELÓN

19

Intensa luz. Soportes con profusión de candelabros iluminando la


escena. Cascos de plata con penachos en diversos lugares o en las
paredes. Haces de lanzas y otras armas cruzadas en panoplias al
fondo. Algunos LORDS, en espera de la sesión, pasean lentamente
con sus largas capas rojas. Aparecen en Palacio MORLOCK y KILT, que
traen solemnemente una capa de Par, purpúrea y guarnecida de
armiño, extendida entre los dos, y la cuelgan de un soporte en forma
de percha.

MORLOCK., El Manto de Par de Lord Clancharly… (Le da a KILT


un ligero empujón para que deje paso a un grupo de NOBLES que,
con manto purpúreo y vela en mano, se acercan y pasan por delante.
Los dos primeros del grupo llevan un cojín con una espada y una
viejísima botella.)… Llevan aquella botella que el océano impulsó
hasta las playas y que contenía once firmas…
KILT.- Surge un Par de una botella… Madre fría y cubierta de
musgo…
MORLOCK.- Ahí…
KILT.- ¡Psst… Chitón!... Es la reina… Nadie puede verla…
(Detrás de una cortina se hace claridad. Se perfila vagamente la
silueta de la reina y la de la DUQUESA JOSIANA, primero de pie y
luego tomando asiento. Desaparece la claridad. KILT habla al oído a
MORLOCK.) Le gusta escuchar furtivamente las deliberaciones de los
lores… (Se oye un toque marcial. Guiado por LORD INGRAM y otros
NOBLES aparece LOFTER; a su lado viene LORD DAVID. KILT y
MORLOCK se inclinan con respeto.)
DAVID.- ¡Amigo mío, alto como Orión y tan radiante es tu ánimo
al llevar este pesado manto, sobre el que tantas lágrimas se han
derramado!
INGRAM.- (Formulario, delicado.) En nombre de la reina…
(Golpea con el bastón.) Lo invisto con el manto de púrpura propio de
la dignidad de par. Llévelo con honor, honorable Clancharly. (DAVID e
INGRAM le ponen el manto a LOFTER.) Dentro de pocos minutos, Sus
Señorías deberán reunirse en la Sala de Pares de Inglaterra y
depositar el correspondiente voto.
DAVID.- Así debe ser… Así… Así… (Da vueltas alrededor de
LOFTER, tirándole de aquí y de allí como para componerle el traje.)
LOFTER.- (Nervioso.) ¡Déjame!
DAVID.- ¡Oh, perdón! Pero te lo advierto: no te dejes caer de
ese modo sobre tu espada; podría fácilmente meterse entre tus
piernas…, la muy traviesa…
LOFTER.- Lo que puede… mi espada, creo habértelo
demostrado ya…
DAVID.- Verdad es. Londres se divertirá al respecto, cuando se
entere de que has dejado escapar, sin que llegara a trabar
conocimiento con el filo de tu espada, el autor del estropicio hecho en
tu rostro. Por otra parte, lo de nuestros aceros…, eso fue interrumpido
por la conversación…
LOFTER.- Podemos reanudarlo en cualquier momento…
DAVID.- (Riendo.) Esas son palabras mayores, Clancharly.
LOFTER.- (Violento.) ¡Cuidado, Dirry-Moir! ¿Tendré que hacerte
otra demostración?...
INGRAM.- ¡Vamos, señores, aplaquen su belicosidad!... La
Cámara de los Lores aguarda a un nuevo Par.
DAVID.- Si es que tienes tanto valor, demuéstramelo con
hechos…
LOFTER.- (Excitado.) ¡Inmediatamente después de la sesión!
DAVID.- Te esperaré aquí y saldremos juntos a dar un paseo por
la pradera del Támesis…
INGRAM.- (A LOFTER.) Milord, apacígüese. Para su mejor
información debo comunicarle que hoy se someterán a votación,
entre otros, dos proyectos de ley y esperamos contar para ellos con
su adhesión…
LOFTER.-… ¿De qué se trata?...
INGRAM.- El primer proyecto contiene una propuesta para que
las rentas del duque de Northumberland sean aumentadas en mil
libras al año.
DAVID.- Por mi parte, de acuerdo… Y ¿tú, Clancharly?
LOFTER.- De acuerdo.
INGRAM.- Bien, señores.
DAVID.- Háblame del segundo. ¡Ah, creo recordar!... ¿No se
trata de la… redacción definitiva de la ley esa sobre los cómicos?...
INGRAM.- Sí. Se hará la última lectura del texto de la ley
redactada por el Parlamento con motivo de la comedia de Coffee y
Motley titulada “The Devil to pay”… (Se ríe delicadamente y pone
gesto de susto.)
DAVID.- Bien… Para refrescar la memoria, permíteme que
intente repetirlo… En atención a la circunstancia de que
frecuentemente los cómicos ambulantes pueblan las ferias de
Londres con la escoria de la humanidad, prostituyen a las jóvenes,
representan obras de poetas levantiscos y causan grave daño a las
costumbres, tan vil y plebeya gente deberá ser expulsada de Londres,
a fin de que la faz de la ciudad quede limpia para siempre… ¿No es
una cosa así, Ingram?
INGRAM.- (Complacido.) Exacto, exacto…; de lo contrario esa
gente será castigada con penas de cepo y tormentos e incluso de
horca…
LOFTER.- (Excitado.)… Sobre eso quería yo hablar también, y…
lo haré ahora mismo…, para refrescar la memoria…, naturalmente. El
rostro de la ciudad… hay que purificarlo. Porque evidentemente no
está limpio. ¿Acaso ven limpieza en una faz por donde resbalan el
fango y la sangre? ¿O es que están ciegos?
DAVID.- (Mordaz.) Es que no has mirado bien, Arturo. ¡Esas
pupilas, hijo, por favor!
LOFTER.- (Empezando en voz baja y mesurada, y luego con
creciente excitación, hasta el arrebato final.) ¿Qué aspecto tiene
realmente el… limpio… rostro de la ciudad? Se lo voy a decir. Está
descolorido por la angustia, afeado por las cicatrices de la miseria; los
calabozos son sus pecas. Las colas de los látigos le cuelgan como
greñas delante de la frente. Tal es el verdadero rostro de la ciudad.
Por delante han tendido taimadamente sedosos esplendores,
palacios, parques, áureas fachadas y ahora dicen: “Es menester que
conservemos limpia la faz de nuestra ciudad.” Yo quiero decirle lo que
conviene gritarle a esa horrenda cara. Lo que necesita son tragedias
y comedias. Es decir, protestas. Eternamente perseguidas y
amargamente disfrazadas, son ante todo y siempre eso: protestas.
¡Nuestras comedias son protestas!... Sí; son su sarna. La sangre ha
perdido el color por causa de los purulentos humores que se
esconden tras la piel del rostro; la han destruido con sus crueldades y
codicias. El rostro primitivo de la humanidad se ha perdido. Lo han
borrado los dolores, las heridas, las cicatrices. Y a esas protestas se
unen las quejas de los árboles y de los animales, y todos lamentan
hasta qué extremo el hombre ha sido despojado de su ingenua faz…
Y ¿quién le ha quitado a la humanidad su verdadero rostro? ¿Quién le
ha robado al hombre su titánico rostro y se lo ha dejado vacío y
arrugado a fuerza de deshacer montañas y montañas de caras? ¿Ha
sido uno solo? ¿Han sido muchos? ¡Han tenido que ser muchos, Pares,
Ministros, Consejeros y Soberanos! ¡Todos ustedes han pisoteado
caras humanas a millares, las han arrancado de cuajo y llevado a
rastras hasta el horizonte remoto; allí las han arrastrado y también
por el suelo de los bosques y sepultado pedazo a pedazo! Y luego,
sobre la desierta superficie del tapiz han pegado y conglutinado el
miedo, la mojigatería, la intolerancia… Pero… ¿qué ha sido de nuestro
propio rostro, del rostro humano…; dónde lo han dejado?
(Procedentes de la Cámara de los Lores aparecen NOBLES curiosos,
que contemplan a LOFTER. Este saca la espada.) ¡Exijo una
respuesta! ¿Dónde están los ávidos, los rencorosos, los ayudantes de
verdugo que lo han despedazado y hecho desaparecer? ¿Dónde lo
han escondido; en qué subterráneo de torturas? ¡Sus pies están
hollando rostros!
DAVID.- ¡Este hombre ha pasado de la raya!
INGRAM.- ¡Conténganlo!
DAVID.- ¡Alto!
MORLOCK.- ¡Voy a buscar a la Guardia!
KILT.- ¡No!
LOFTER.- Milords, he venido para comunicarles algo nuevo: hay
hombres…
DAVID.- (Se adelanta.) ¡Este hombre es peligroso! ¡Sus
espadas!
LOFTER.- El duque de Northumberland…, que reciba mil libras
más; el cómico, ¡que se retuerza en el tormento! ¡He ahí el Derecho!
Por más que miro las caras que están en torno mío, sólo percibo
pieles vacías con ojos. ¡Les voy a mostrar el aspecto que tiene en
estos momentos el rostro del mundo! (Se arranca la máscara. Está de
espaldas al proscenio. Todos se le quedan mirando asombrados. Poco
a poco empiezan a reír. Después las risas son más sonoras y se oyen
carcajadas.) Y ahora… ¡al Parlamento con este rostro! (Se precipita
fuera. Los demás lo siguen.)
INGRAM.- ¡Deténganlo, deténganlo!
DAVID.- ¡Detente, Clancharly! ¡Detente!
MORLOCK.- ¡Alto, alto, contengan a esa facha! (Fuera se
produce un tumulto. Ruido de puertas golpeadas y cristales rotos,
vocerío, breves apóstrofes cada vez más lejanos. Carcajadas,
órdenes. Se alejan los ruidos hasta extinguirse.)

20

JOSIANA.- (Aparece; no puede reprimir la vanidad y cierta


excitación.)… ¿Has oído, Dave, lo que ha dicho Ana? “Déjenlo
escapar. Sigue siendo Lofter. Nadamás…”
DAVID.- Pues yo voy a esperarlo aquí; tengo que sepultar mi
acero en su barriga… Así suprimiré el mal de raíz.
JOSIANA.- Mi querido David, no está nada bien acuchillarse con
un rufián, y menos aquí… ¿O es que quieres denigrar tu espada?...
DAVID.- Sí, y luego se reirían de mí… Tienes razón…
JOSIANA.- En casos como éste basta con aplicar el puño al
rostro del bellaco y marcharse.
DAVID.- Y dime, ¿porqué estás tan contenta y emocionada?
JOSIANA.- La reina me acaba de devolver la propiedad de los
bienes de Clancharly, esta vez con carácter definitivo. Ha revocado
todas las decisiones que pensaba poner en práctica con relación a
ese endriago. De hoy en adelante no será ya reconocido como
heredero… Dave, el peligro ha pasado… ¡Ha sido todo tan
desagradable!...
DAVID.- En verdad que te ha estado amenazando un peligro
pavoroso…
JOSIANA.- ¿Cuál, Dave?
DAVID.- El de verte hundida en la pobreza. Si llega a ocurrir,
sintiéndolo yo mucho, no hubiera podido casarme contigo…
JOSIANA.- (Con sonrisa maligna.) ¡Pobre Dave!... ¿Y ahora?
DAVID.- Podemos respirar otra vez. Porque esa herencia te
hermosea doblemente… El mejor recurso de belleza con que cuenta
una dama es, según parece, la facilidad para disponer de guineas de
oro… por sacos.
JOSIANA.- Tampoco la hermosura de un hombre está en su
rostro. Pero a tu lado… no hay ni que pensar en estas cosa, Dave.
DAVID.-… Te estás volviendo… cínica, Josiana.
Josiana.- Para nosotros, los nobles, el cinismo es una especie de
“legítima” defensa.
DAVID.- Sigue entonces. ¿Qué más?
JOSIANA.-… Bien… Nos casaremos para Pentecostés.
DAVID.- ¡Horrible! (Señalando a la cámara real) ¿Ha dicho eso
Ana la gorda?
JOSIANA.- Me lo acaba de decir. Es palabra real. Quiere ver
juntos los patrimonios de Dirry-Moir y Clancharly.
DAVID.- Pero nosotros…
JOSIANA.- (Con una carcajada.) Yo no voy a darte un heredero a
plazo fijo. Además…, no creo que nos lleguemos a aficionar el uno al
otro.
DAVID.- Probaremos…
JOSIANA.- ¿Por qué no?... Total, una noche no es cosa que tenga
gran importancia, aunque se me antoja, no sé porqué, que tú debes
resultar bastante aburrido… Si bien se mira, no tienes realmente un
rostro…
DAVID.- El rostro apenas importa… No se consuma una boda
con rostros.
JOSIANA.- Verdad es. Los hombres pueden ser fascinantes…,
pero los maridos sólo pueden ser como mande nuestra reina.
DAVID.- No sabía que eras una ninfómana.
JOSIANA.- Yo sí sé que vivirás bajo un bosque de cuernos.
DAVID.- Sé que en la partida de la infidelidad llevarás la de
perder…
JOSIANA.- Y yo sé que sacaré muchísimo más partido de los
placeres que tú.
DAVID.- (En tono ligero.) ¡Bestia!...
JOSIANA.- (Sonríe maligna.) Infame…
DAVID.- Por cierto, en Hunkerville hay mañana una fiesta al aire
libre, con veintidós trompetas de plata y ochenta toneles llenos de
vino.
JOSIANA.- Allí podremos besarnos en público, durante la
zarabanda… ¡Psst!... (Mira hacia la puerta.)

21

Silencio. LOFTER aparece lentamente; llega, agotado, con una


sensación de total aislamiento. La capa le cuelga de las espaldas al
suelo como un rastro de sangre. Permanece de pie, inmóvil.
DAVID.- Con un Lord Clancharly no hubiera tenido inconveniente
en dar un paseo por las orillas del Támesis… Pero con un Lofter no
voy. Me basta con apuñearle la cara. Pero… no será capaz de… (Se
encara con LOFTER y levanta el puño, pero al mirarlo, algo
inexplicable lo obliga a bajar la mano lentamente. DAVID se vuelve,
turbado. LOFTER sigue inmóvil.)
JOSIANA.- Y… ahora, Milord…, ¿qué? El sueño ha durado poco…
INGRAM.- (Aparece arriba.) Pongo en su conocimiento que la
reina le ha privado de todos sus cargos y bienes. (Desaparece.)
DAVID.- Ya no eres ni serás Par.
JOSIANA.- Vuelves a ser cómico para siempre.
DAVID.- Un repelente y sucio comicucho sin rostro.
JOSIANA.- Acaba de darnos una donosa representación,
¿verdad, queridito? Ha gritado y alborotado como en un quinto acto.
¡Bravo, bravo! Se ha ganado un penique… (Le arroja un penique, que
cae al suelo.)
DAVID.- Oye, tú, coge ese penique al instante, o…
JOSIANA.- ¡Agáchate y cógelo!
DAVID.- (Hiriente.) ¿Es que no has oído, hombre? (LOFTER cae y
queda inmóvil en el suelo.)
JOSIANA.- (Con befa cruel.) ¡Qué perra cogió con eso de la cara!
(Remedando a LOFTER.) ¡Ah, el rostro primitivo de la humanidad se
ha perdido! (Sarcástica.) ¡Claro! Con eso quería aludir, naturalmente,
a su propia cara, y además a la fisonomía del alma, que los malvados
déspotas han borrado cruelmente. Quería decir que él hablaba aquí
en nombre de todos y respondía por todos, no tontamente y
solamente por algún que otro sedicioso… (Pasa por delante del
cuerpo de LOFTER.) pero… ya hemos destruido todo eso. Y ha sido lo
mejor que podía suceder. ¿Pues… no quería que hasta los animales
tuviesen cara, las vacas y los toros?... Ustedes no son más que
plebeya muchedumbre, sorda y ordinaria. Queremos que nos den
todo lo que puedan dar en cuanto a músculos, pero… en cuanto a sus
rostros, a Dios gracias, no los queremos para nada.
DAVID.- (La coge del brazo.) Perfecto, duquesa.
JOSIANA.- Eso del rostro es asunto nuestro. Quien tiene el Poder
es portador de sus rostros.
DAVID.- Vamos, queridita. (Salen del brazo.)
LILIANE.- (Apareciendo presurosa.) ¡La señora duquesa? ¿Por
dónde ha salido? (LOFTER se mueve un poco.) ¡Ah…, es el hombre
que ríe!... (Moviendo la cabeza.) ¡Cuántas necedades comenten los
hombres! Pudiste haberlo tenido todo, ¡todo! Y entonces se te ocurre
quitarte la careta… y ¡todo perdido!... Desprecio a esta noble ralea
tanto como tú, pero ¡no se lo digo! Hay que decir siempre: “¡Sí, sí,
claro, naturalmente!”… ¿Quieres un poco de whisky?... Es del suyo,
de ella… Puedes con la mayor confianza escupir en él. (Le deja a un
lado una botella. LOFTER hace señas de que no lo quiere. LILIANE se
encoge de hombros. LOFTER se vuelve, se incorpora un poco y hace
ademán de querer marcharse, pero sólo consigue mirar hacia la
salida.)
JOSIANA.- (Invisible.) ¡Liliane!
LILIANE.- (Con voz clara.) ¡Voy, voy en seguida, Alteza! (Sale.
LOFTER se arrastra y levanta la cabeza en medio del haz de luz de un
reflector. El resto del escenario está oscuro.)
LOFTER.- (En voz baja.) Un hijo perdido ha regresado… Pero
¿dónde hay un padre que le ayude a levantarse del polvo? Cuando
cualquiera de nosotros comparezca ante el Tribunal, acaso se le
permita pronunciar la última palabra. Nuestra última palabra seguirá
siendo igual a la primera palabra de la Creación: ¡Dénos un rostro,
señores! Devuélvanos nuestro rostro…, nuestro rostro humano… (La
luz se oscurece.)

TELÓN

22

Amanecer gris. Sobre la escena, algunos atados y bultos. La


compañía de SANGFAZ se prepara para la marcha. Todos están
sentados, inmóviles, como sombras, en el foro, menos ANGELINA, que
duerme envuelta en una gran manta en la parte delantera del
escenario. Esperan.

U, LA LEONA.- (Adelantándose, contempla a ANGELINA.) La


cieguecita duerme. Por fin… ¡Si al menos en sueños pudiera ver!...
¿Verdad, Angelina?
SANGFAZ.- (Desde el foro.) Pronto vendrá la claridad. En
seguida salimos para el puerto. Déjala dormir entretanto. ¿Qué hora
es?
U, LA LEONA.- Las cuatro. Tienes razón. El sueño es el único
tesoro de los pobres. (ANGELINA llora. U, LA LEONA la acaricia.)
Vamos, carita de gacela, descansa…, acuéstate… ¿Has tenido un
sueño…, ¿eh?
ANGELINA.- (Despertando.) ¡Ay…, eres tú, U?... Sí…, sí…, ¡qué
bien! Figúrate…: he soñado que podía ver…
U, LA LEONA.- Y… ¿qué es lo que quieres ver, niña? Tinieblas, fe
muerta, miseria… No es ningún lindo panorama. En estos momentos
sólo verías… a esta pandilla de locos. Ya tenemos al director otra vez
plantando su dichoso arbolito… (A SANGFAZ.) ¡Vamos, deja eso!...
SANGFAZ.- Respeta el arbolito… ¡Acaso no parece una especie
de esperanza? Y ahora, ¡arriba, todos! ¡En pie! (Se levantan y se
desperezan.)
NICLESS.- (Aparece. Ya es de día.) ¡Cuánto lo siento, maese
Sangfaz…, pero… sólo han quedado siete guineas después de
descontar el importe de sus gastos!... E que…, según ellos…, los
tablones eran de desperdicio de pinos… Aquí tiene el cambio.
SANGFAZ.- ¡No ose siquiera ofrecerme ese dinero! ¡Es una
cantidad oprobiosa, maese Nicless! El “Green-Box”…, ¡uno de los
teatros más importantes de Europa!... Grandes destinos se han
representado en sus tablas. En ellas han muerto reyes…
U, LA LEONA.- ¡Y lo que se ha guisado y cocido encima!...
NICLESS.-… Ocho guineas…
SANGFAZ.- No puedo cogerlas. ¡Guárdeselas! (Aparece LOFTER.
Tiene el mismo aspecto que cuando se fue.)
LOFTER.- Acepta las ocho guineas, Sangfaz. Te pueden hacer
falta cuando lleguemos a Francia.
ANGELINA.- ¡Lofter está aquí…, Lofter está aquí! (Corre a él. Se
abrazan.) Te he visto en sueños… No sabía que un hombre podía ser
tan hermoso… El viento siempre me traía mensajes tuyos.
LOFTER.- ¡Gracias…, señor viento!
ANGELINA.- Señor viento, yo también le doy las gracias.
SANGFAZ.- (De lejos.) ¡Lofter! ¿De dónde vienes?
LOFTER.- He vuelto para unirme a ustedes.
SANGFAZ.- Entonces…, ¡sé bienvenido! (LOFTER se acerca a él.)
LOFTER.- Me recibes como un padre… (Bajando la voz.) Has sido
las dos cosas: mi mutilador y mi padre. Pero aquella atrocidad ya la
has pagado…
SANGFAZ.- Te he comprendido. Gracias. (Casi llorando, lo coge
de las manos. Luego respira profundamente.) Y ahora… (La luz crea
una atmósfera matinal alegre y serena.)
NICLESS.- (De buen talante.)… Bien… ¡nueve guineas!
SANGFAZ.- (Alegre.) ¡Diez!
U, LA LEONA.- (Ríe.) ¡Once…, ya que tenemos a Lofter de nuevo
entre nosotros!
NICLESS.- La cosa aumenta demasiado. Tome. ¡Tengo que
pagar caro tu regreso, Lofter!
LOFTER.- (Ríe.) Ningún precio es demasiado caro para un
regreso feliz…
SANGFAZ.- Cierto. Dejémoslo entonces en doce guineas…
BOTELLA.- ¡Ahora zí que vamoh a tener un viaje bueno, sí…,
bueno! Verán cómo rompo tres cadenas…, las romperé… ¡Romperé
las cadenas…, tararí! (Ríen todos.)
UNA VENDEDORA DE FRUTAS.- (Entra y vocea.) ¡Manzanas!...
¿Quién me compra manzanas?...
U, LA LEONA.- A ver…, enséñame esas manzanas… (Revuelve
el cesto de la frutera.) Veo… que todavía siguen como pedruscos…
LA VENDEDORA.- ¡Manzanaaas!... (Desaparece.)
SANGFAZ.- (Con voz clara.) ¡Amigos míos!... ¡En marcha con
todos nuestros bultos, trajes, muebles y… semovientes! Ya entra la
mañana. ¡Mírenla! Su luz da en los tejados de Tadcaster. (Quedan
todos un momento en silencio y miran.) Mientras el afecto subsista,
dará lo bastante para el tablado de un nuevo teatro. (Cogen los
bultos.)
U, LA LEONA.- (A ANGELINA.) ¿Quieres una manzana, Angelina?
¡Recién caída del manzano! ¡Repártanla! (Se la tira a LOFTER.) A fin
de cuentas…, dejamos aquí un árbol… (LOFTER parte la manzana y le
da la mitad a ANGELINA.)
SANGFAZ.- (Alegre.) ¡Adelante, proscritos, hez de la sociedad,
bufones! ¡Adelante hacia el puerto! (Aparece MORLOCK
sombríamente en una loma.)
LOFTER:

Cuando, al fin, lluevan las piedras sobre el rostro de la ciudad,


Podrá ser que nosotros logremos todos un rostro…
(El MINISTRANTE hace un movimiento. En el
mismo instante los CÓMICOS, cargados de bultos,
empiezan a caminar en dirección al barco. Van
cantando, mientras suenan las campanadas
matutinas.)

¿Quién de nosotros posee cara propia?


Acaso tú, y yo, y aquél…, pero no todos.
Debajo de la máscara, nuestra faz está rota.
Nadie sabe si su propio rostro le pertenece…
(Desaparece el MINISTRANTE. Entonces alzan la voz.)

Mas día llegará


en el que ya no sea posible mutilar más rostros:
ni el mío, ni el tuyo, ni el de nadie en el mundo.
(Se alejan cantando. SANGFAZ ha logrado dejar
un plantón, que se yergue valiente y solo en la
escena, bajo un haz de luz.)

TELÓN

FIN DE

“EL ROSTRO PERDIDO“

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