LaVyrle Spencer

JUEGOS DE AZAR

Con amor a Marian Spencer, de quien tanto aprendí sobre el amor.

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ÍNDICE
AGRADECIMIENTOS Capítulo 1Error: Capítulo 2Error: Capítulo 3Error: Capítulo 4Error: Capítulo 5Error: Capítulo 6Error: Capítulo 7Error: Capítulo 8Error: Capítulo 9Error: Capítulo 10 Capítulo 11 Capítulo 12 Capítulo 13 Capítulo 14 Capítulo 15 Capítulo 16 Capítulo 17 Capítulo 18 Capítulo 19 Capítulo 20 Capítulo 21 Capítulo 22 Error: Reference source not Reference source not found Reference source not found Reference source not found Reference source not found Reference source not found Reference source not found Reference source not found Reference source not found Reference source not found Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not found

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RESEÑA BIBLIOGRÁFICA Error: Reference source not found

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AGRADECIMIENTOS
Mi sincero agradecimiento al señor Robert Snow y señora, de la plantación Waverly, en West Point, Mississippi, por prestarme su hermosa mansión del período anterior a la Guerra Civil, con sus fantasmas incluidos, para la creación de este libro.

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LAVYRLE SPENCER

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Capítulo 1
1880 Agatha Downing miró por la ventana de su tienda de sombreros y vio cruzar la calle a una pintura al óleo de tamaño natural, que representaba a una mujer desnuda. Contuvo una exclamación y apretó los puños. ¡Otra vez ese hombre! ¿Qué se le había ocurrido ahora? No era suficiente con que hubiese instalado su negocio de venta de licores y estimulase a hombres honestos a derrochar el dinero ganado con gran esfuerzo en juegos de azar, en la puerta vecina. ¡Ahora, traía cuadros de mujeres desnudas! Horrorizada, apretó una mano contra el corsé con ballenas y observó al alegre grupo de haraganes que iban en dirección a ella. Lanzando exclamaciones entusiastas, se abrieron paso a empujones hacia el Gilded Cage Saloon, la taberna de la Jaula Dorada, cargando sobre los hombros la tela enmarcada. La calle era ancha y lodosa, y les llevó un tiempo cruzar. Antes de que hubiesen llegado a mitad de trayecto, todos los hombres que estaban en la acera se unieron a ellos ululando, lanzando los sombreros al aire, brindando un audaz homenaje a ese desnudo digno de Rubens. Cuanto más se acercaban, Agatha apretaba más el corsé contra sí. La desdichada figura de más de un metro ochenta, tenía los brazos extendidos al cielo, como si quisiera elevarse... de frente, voluptuosa y desnuda como un grajo recién desplumado. Agatha apartó la vista de tan desagradable espectáculo. ¡Por todos los Cielos! Sin duda, todos ellos irían en dirección contraria al cielo. ¡Y, al parecer, querían llevarse a los niños con ellos! Dos pequeños habían visto a los parrandistas y se acercaban corriendo al centro de la calle barrosa para ver mejor el espectáculo. Agatha abrió la puerta de par en par y salió a la acera, cojeando. —¡Perry! ¡Clydel! —les gritó a los chicos de diez años—. ¡Volved a casa enseguida! ¿Me oís? Los dos se acercaron y miraron a la señorita Downing, que señalaba con el dedo hacia el extremo de la calle. —¡Enseguida, dije, o se lo contaré a vuestras madres! Perry White se volvió hacia el amigo Clydell Hottle con expresión desdichada en la cara pecosa: —Es la vieja señorita Downing. —¡Oh, no! —Mi madre le compra sombreros. —Sí, la mía también —se lamentó Clydell. Dirigieron una última mirada curiosa a la dama desnuda del cuadro, se volvieron a desgana y se fueron a casa arrastrando los pies. Mooney Straub, uno de los borrachos del pueblo, alzó la voz entre el populacho y les gritó:
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—¡Esperad a ser mayores, niños! Risas ásperas acompañaron el comentario, y la indignación de Agatha subió de punto. Qué gentuza. No eran más que las diez de la mañana, y Mooney Straub casi no se tenía en pie. Ahí estaba también Charlie Yaeger, que tenía esposa y seis hijos viviendo en una choza sólo digna de los cerdos; y el joven hijo de Cornelia Loretto, Dan, que el vecino contrató como crupier del juego de lotería, cosa que avergonzó mucho a la pobre madre; y el cantinero de aspecto feroz, de cabello blanco, espeso, que sólo le crecía en la mitad izquierda de la cabeza; y el pianista negro de ojos vivaces que parecían no perder detalle; y George Sowers, que años atrás se enriqueció en los yacimientos de oro de Colorado, pero que bebió y perdió en el juego toda su fortuna. Y a la cabeza de todos ellos, el responsable de esparcir semejante plaga en el umbral de Agatha: el hombre al que todos llamaban Scotty. Agatha se instaló en los escalones de entrada a la taberna y esperó que la brigada del ejército de Satán se abriese paso entre el barro primaveral. Cuando llegaron a la barra para atar los caballos, Agatha abrió los brazos: —¡Señor Gandy, protesto! LeMaster Scott Gandy levantó una mano para detener a sus seguidores. —Deteneos aquí, muchachos. Parece que tenemos compañía. Se dio la vuelta lentamente y alzó la vista hacia la mujer que se cernía sobre él como un ángel vengador. Estaba vestida de un gris apagado. La falda de pliegues a la austríaca, enlazada atrás, estaba muy apretada de adelante atrás. El polisón sobresalía hacia arriba como la columna vertebral de un gato erizado. Llevaba el cabello peinado hacia atrás en un severo moño que tenía la apariencia de provocarle un eterno dolor de cabeza. Los únicos toques de color eran las manchas rosadas en las mejillas blancas y tensas. Con una sonrisa en la comisura izquierda de la boca, Gandy se quitó el sombrero Stetson de copa baja con gesto perezoso. —Buenos días, señorita Downing —dijo, arrastrando las palabras con acento sureño, que olía a magnolia. La mujer puso los brazos en jarras: —¡Señor Gandy, esto es un escándalo! El sujeto continuó con el sombrero levantado, sonriendo de costado: —Dije «buenos días», señorita Downing. Aunque una mosca zumbó junto a su nariz, Agatha no movió un párpado. —No son buenos días, señor, y no fingiré que lo son. Gandy volvió a calzarse el sombrero sobre el cabello renegrido, sacó una bota del barro, la sacudió y la apoyó en el escalón más bajo. —Bueno... —pronunció, sacando un puro del bolsillo del chaleco, y guiñando los ojos hacia el cielo azul de Kansas. Luego, miró a Agatha con los ojos entrecerrados—. Salió el sol. Ha dejado de llover. Pronto llegará el ganado. —Mordió la punta del cigarro y la escupió al barro—. Yo llamo a eso un buen día, señora. ¿Y usted? —¡No pensará poner esa... —señaló, indignada, la pintura— ...a esa hermana de Sodoma en la pared de su establecimiento para que todos la
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son tan culpables como si las hubiesen cometido ellos mismos. señorita Downing? —El acento sureño fue tan pronunciado. ¿Eso la dejaría contenta? Encendió la cerilla en el poste. los de ella. Gandy alzó una ceja: —Si nos permite. —¡Pero no puede colgar ese cuadro! —Oh. la arrojó por encima del hombro y le sonrió en medio del humo. —Hizo un gesto con el cigarro sobre el hombro—. Tras Gandy. Su manera de hablar. pero con un inconfundible tono de amenaza: —No me gustaría maltratar a una mujer delante de sus vecinos pero. Vamos. —se volvió de nuevo hacia Agatha— . pero lo miró fijo—: ¡Si los comerciantes respetables de este pueblo son demasiado timoratos para oponerse a estos antros de vicio y corrupción que usted y los de su clase nos impusieron.. y los hombres avanzaron. se palpó los bolsillos del chaleco y sacó una cerilla de madera—. Si le resulta ofensiva. que había bajado uno.. —Como tenía la bota alta del hombre contra su falda. las mujeres no! Gandy apretó las palmas contra la rodilla. —Esos niños inocentes ya la vieron. se inclinó hacia adelante hasta que el ala del sombrero casi tocó la nariz de la mujer y habló con calma. e impulsó más hacia arriba el polisón. verdes y desafiantes. Sin abandonar la sonrisa. por favor. —No haré nada de eso. llevemos adentro a la señorita. ¡Y usted sabe perfectamente que los chicos lo harán! —¿Quiere que ponga un guardia. Gandy subió un escalón y se topó con la señorita Downing. en cualquier momento. y lo haré. Gandy recorrió apreciativamente la figura desnuda de la cabeza a los pies: —Ella está aquí. enfureció a la mujer tanto como su actitud caballeresca y el hedor del cigarro..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR vean! El hombre rió. —Lo que me dejaría contenta es que devolviese usted esa pintura al lugar de donde salió. Tras él se levantó ün clamor. Agatha cerró los orificios de la nariz. no tiene de qué preocuparse. lenta y despreocupada. no me dejará otra alternativa. que la use para hacer fuego. Por encima del hombro. negros y penetrantes. —No puedo permitirlo. y el sol hizo brillar sus dientes blancos y regulares: —¿Hermana de Sodoma? —Metió la mano en la ajustada chaqueta negra. —Agitó un dedo ante la nariz del hombre—. Los ojos de ambos se encontraron y sostuvieron las miradas: los de él. cuando esté adentro. La rodilla del hombre dio contra la rígida falda gris. la arrimó al puro. Más aún: cualquiera puede espiar por debajo de esas ridiculas puertas de vaivén. El hombre dibujó una sonrisa gallarda. señorita Downing. Las pobres madres estarán horrorizadas.. a Agatha le costó un gran esfuerzo no ceder terreno. con pronunciado acento. ya no tendrá que volver a verla. —Los que se apartan para permitir indecencias de esta clase. muchachos. que «guardia» sonó como «gadia»—. los -7- . y se irguió más. si no se aparta. O mejor todavía. sí puedo —replicó con frialdad—.y se queda. dio una calada honda al cigarro y le propuso: —Impídamelo.

y las puertas quedaron balanceándose a su espalda. que se sacudía cada vez que reía. Gandy! —¡No permitas que ninguna falda te detenga! Mientras Agatha miraba. Pero el barro la chupó más profundamente y aterrizó sobre el polisón con una salpicadura ignominiosa. estaba alisado sobre las sienes y aplastaba las orejas contra la cabeza. el sujeto levantó el sombrero y le dedicó una sonrisa hechicera: —Buenos días. Después de presenciar el altercado al otro lado de la calle. la nariz como guadaña. Tenía la figura y la rigidez de un poste. esperando a ver quién ganaba. —Como guste. se limpió las botas en el felpudo de la entrada y siguió al ruidoso grupo adentro. En la calle. los secuaces cargaban a la dama desnuda por los escalones de madera. señora —dijo Gandy. sobre unos brazos enormes que tenía cruzados sobre el pecho macizo. Ese cabello. Con la maleta en la mano. —¡Bienhecho. toda la escena fue observada por una mujer vestida completamente de negro.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR hombres esperaban con el barro a los tobillos. Gandy contempló los ojos decididos de Agatha Downing. De la mata roja que rodeaba la boca. Cuando desaparecieron. emergía la punta de un cigarro apagado. -8- . agitó los brazos y trató de sacar los zapatos del lodazal. Agatha gritó. La boca fina tenía un gesto amargo. —El nombre de esa mujer.. Fue un placer. Perry White y Clydell Hottle se protegían los ojos con la mano. Downing. sujetó el cigarro entre los dientes. la señorita Wilson se volvió hacia un hombre de barba rojiza con mostacho engominado que estaba junto a las puertas vaivén del Hoof and Hora Saloon. cuando se la presentaban. recordaba al perfil de un mero. Subió la escalera de entrada. en lugar de adelantarse. con bandas elásticas en las mangas. aparecía una fina franja de cabello. los ojos que parecían capaces de perforar granito. Estaba vestido con una camisa de rayas rojas y blancas. a Gandy. Bajo el ala sin adornos de un sombrero cuáquero completamente negro. y comprendió que sus clientes más firmes y sus mejores amigos querían ver si retrocedería ante una mujer: eso lo hubiese convertido en el hazmerreír de Proffitt.. con formalidad. El mentón retraído. la mujer no le dejaba alternativa. furiosa. Con aire despreocupado. Desde la acera opuesta. y el labio inferior casi tapaba al superior. Irradiaba la clase de severidad que hacía que la gente retrocediera. Drusilla Wilson se detuvo. ¿cuál es. aferró a Agatha de los brazos. en Kansas. y atravesaban las puertas vaivén del Gilded Cage Saloon. Los hombres lanzaron un rugido a modo de aprobación. Al otro lado de la calle. el dueño de la taberna y el tabernero salieron por sus propias puertas de vaivén para observar el enfrentamiento con expresión divertida. por favor? —preguntó Drusilla Wilson. y las risas burlonas se habían convertido en un silencio expectante. la levantó del escalón y la plantó unos veinte centímetros dentro del lodo. Y aunque no lo habían educado para faltar el respeto al sexo débil. también negro como si la naturaleza aprobara la decisión de darle un aspecto atemorizante.

. Sin participar de la diversión. en los peores. era inútil intentarlo. Pero se dio la vuelta otra vez hacia el hombre de la barba rojiza que aún sonreía contemplando a Agatha que intentaba librarse del barro. Encima de la sombrerería. orgulloso. —¿Y yo cómo sé qué está haciendo aquí? Supongo que crear problemas. —¿Drus. encima de la cabeza del hombre: —¿Y es usted el dueño de Hoof y Horn? —Así es —respondió. y caminó por las piedras que cruzaban la calle. le dolía y no lograba levantar el peso de la mujer. Cayó hacia atrás. señor? El sujeto le dedicó una sonrisa de dientes marrones. Una mano enfundada en un guante negro se extendió hacia ella. la mujer respondió: —Drusilla Wilson. y mientras se acercaba a su «hermana» caída en el lodo. La mujer alzó una ceja y miró el cartel que lucía en el falso frente del edificio. se sujetó las faldas con la otra. —Drus.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Quién? ¿Ella? Riendo otra vez. Aunque se balanceó hacia adelante. —Drusilla Wilson —anunció la mujer a modo de presentación. no pudo ponerse de pie. con las manos enterradas hasta las muñecas. Drusilla echó un vistazo a la lamentable figura al otro lado de la calle y murmuró: —Perfecto.? -9- . Atascada en el barro frío y pegajoso. rogaba que fuesen Heustis Dyar y el dueño de Gilded Cage los primeros en sufrir el impacto de su llegada. Drusilla asintió. Agatha tenía gran dificultad en levantarse. ¿Acaso no es eso lo que hace en cada sitio al que va? Eso era lo que hacía Drusilla Wilson ahí.. Alzó la maleta con una mano.. ¿Qué está haciendo ella aquí? Tom Reese se encogió de hombros. Otra vez. —¿Puedo ayudarla. —¿Y dónde vive? —Ahí mismo. ¿Quién pregunta? Con un breve gesto de la cabeza. señorita Downing? Agatha levantó la vista y vio unos fríos ojos grises que se esforzaban por ser simpáticos. —¿Es la dueña? —Sí. —¿Y su nombre. la cadera. no podía confiar en ella. deslizando los pulgares bajo los tirantes y proyectándolos hacia afuera—. encajó otra vez el cigarro en la boca pequeña y respondió: —Heustis Dyar. espere un momento! —Con el entrecejo fruncido. —Ésa es Agatha Downing. —Se sacó el cigarro de la boca y dio un paso hacia ella—. se volvió hacia el cantinero que apoyaba los antebrazos en las puertas vaivén—.. En los mejores momentos. ¡Eh. —Se quitó el resto del cigarro y señaló con la punta—. indicó a Agatha. y deseó ser de la clase de mujer que echa maldiciones.

de modo que no tardaré más que un minuto. —Bueno. estaba un poco agitada.. Drusilla aferró la mano de Agatha y la ayudó a levantarse. El corazón de Agatha latió. —No es nada.. —¿Eso significa que sabe quién soy? —Desde luego.. —Oh. únicos sonidos que perturbaban la apacible mañana de abril. Agatha miró maravillada a la mujer. Si me disculpa.10 - . claro. Estar de pie o caminar sobre una superficie plana era tolerable. después de un momento tan duro como el que ese hombre la había hecho pasar.. metiendo la mano bajo el ruedo.. Un poco de limpio barro de Dios será un alivio. Por favor. El rellano era compartido por los habitantes de ambos apartamentos. mientras la ayudaba a subir los escalones. sí. pues. no. no puedo creer que sea usted. Agatha cruzó el taller y salió por una puerta trasera. pero alzar la pierna izquierda era difícil y doloroso. Echó un vistazo a la puerta que llevaba a la vivienda de Gandy. Agatha hizo una mueca y se apretó la cadera izquierda con una mano... Agatha olvidó que estaba toda sucia y dijo.. Tal vez otra mujer se hubiese permitido llorar. pero Agatha no. Dentro.. Yo vivo arriba. la que está en mi humilde tienda. —Pero está cojeando —advirtió Drusilla. En la pared del fondo del edificio había una escalera de madera que llevaba a los apartamentos de arriba. sin duda! —Agatha indicó un par de sillas en la parte del frente del negocio—. excitado.. Adentro. créame. se inclinó y. Cuando llegó al rellano superior. por cierto. se manchará el vestido. Las escaleras eran lo peor.. aferrándose con tanta fuerza al pasamanos que los nudillos se le ponían blancos.. Pasaron juntas por la puerta de la Gilded Cage. póngase cómoda mientras me ausento. yo.. desató el último par de lazos.. y me atrevería a decir en todos los Estados Unidos y. me siento tan honrada de conocerla. ¿Acaso no la conocen todos? La señorita Wilson se permitió una risita seca. —Me gustaría conversar un rato con usted. me conoce todo aquel que haya oído la palabra templanza. Yo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Estupefacta. ¿Puedo esperarla mientras se cambia de ropa? —¡Oh. en el estado de Kansas. —Tome mi mano.. Desde cerveza hasta estiércol de caballo. señorita Downing. —Me he manchado con cosas peores que lodo. Las dos mujeres caminaron hasta la tienda vecina. A mitad de camino. Se detuvo. —Pero. levántese. sin soltar la baranda. me han arrojado de todo.. —Vamos. SOMBRERERA. Agatha se limitó a exhalar con comprensible cólera y reconoció . en cuyo escaparate se leía en brillantes letras doradas: AGATHA N. La falda sujeta atrás le hacía la marcha aún más difícil. gracias. realmente.. emocionada: —Señorita Wilson. ya sonaba el piano y se filtraban risas. Subió como lo hacía siempre: los dos pies en cada escalón. trabándole los movimientos. sólo en mi orgullo. —¿Está lastimada? —No.. claro. DOWNING. Por favor.

y prefirió recorrer el establecimiento. eso quedaba descartado. Entre las sillas había una mesa de tres patas. libélulas y hasta abejorros se sumaban a la colección. Después. Algunos eran calados. La carreta de agua fue esa mañana temprano a llenar el barril. por lo menos. el fregadero no tenía el tamaño suficiente para lavar una prenda así. pero considerando quién la esperaba abajo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR un gran anhelo de hacerlo morder el polvo. Sobre una mesa de caoba. Agatha N. la visitante veía a la señorita Downing cojear desde la parte de atrás de la tienda. ¡Ese hombre! ¡Ese sujeto maldito. Adornada con un par de cabezas de zorro embalsamadas. Margaritas y rosas artificiales hechas con mucho arte se veían en un cesto chato. La ira de Agatha aumentó cuando se quitó el polisón de algodón y las enaguas. las últimas ediciones de las revistas Graham. A medida que soltaba cada cinta. Tenía veintiocho botones en el frente. y la mitad que sujetaban la falda en forma de delantal alrededor de las piernas. o lo habían sido. cubiertas de barro. Cerca del escaparate cubierto con una cortina de encaje había un par de sillas de estilo Victoriano de respaldo ovalado. pero éste estaba sobre un soporte de madera bajo esas larguísimas escaleras. Drusilla Wilson miró alrededor. y dedujo que. Después te preocuparás por eso. ocho lazos de cinta atados por dentro para formar el polisón de atrás. Sobre formas de papier maché. un surtido de gasas y algodones plegados mostraban un prisma completo de colores. . Miró el fregadero seco y el cubo de agua que estaba junto a él. El vestido. nidos y huevos. Godey y Peterson. enervante! No tenía idea de lo que le costaría a Agatha en cuestión de tiempo. el corazón le dio un vuelco. sonrió al pensar que al fin le habían llegado refuerzos. A Drusilla Wilson no le llevó más de dos minutos confirmar que la señorita Downing tenía en sus manos un buen negocio. y comprendió que la caída de ese día no era la causa. Además. La tienda era larga y angosta. Mariposas. Cuando se volvía hacia la puerta. Sobre otro mostrador había otra variedad de esclavinas de piel. Wilson descartó leerlas. se exhibía una variedad de sombreros tanto de fieltro como de paja toscana.. Tendría que llevarla enseguida al lavadero de Finn. pero estas prendas eran blancas. Al parecer.. dinero e inconvenientes. ¡La propia Drusilla Wilson está esperándote! Abajo. una selección de frutas de pasta de aspecto tan real que daban ganas de comerlas. Todos esos miles de puntadas a mano. Le llevó cierto tiempo quitarse el vestido. Con él en la mano. En las paredes había filas de pulcros compartimientos en los que se veían cintas. tallada. el polisón perdió todos sus bultos y quedó tan plano como la pradera de Kansas. Cuando quedó desatado el último lazo. Y sin un lugar donde lavarlo.. Temía que ni siquiera el jabón de lejía casero de Finn pudiese quitar manchas de lodo tan espesas. De la pared del fondo colgaban de un cordel plumas de avestruz. el vestido perdía forma. En un gabinete de cristal había todo un aviario de pájaros. encaje y adornos. otros lisos. Downing tenía un problema de cadera desde hacía mucho tiempo. Cuando Agatha desapareció tras la cortina. botones. semejaba más la vitrina de un científico que el exhibidor de una sombrerera. era gris. y encima.11 - . En una canasta de mimbre.. y abanicos de plumas de faisán. tapizadas de color orquídea pálido que hacía juego con las cortinas.

Oyó que volvían los pasos irregulares de la dueña del negocio y giró en el mismo momento en que Agatha apartaba las cortinas de terciopelo color lavanda. Como sea. Kansas. por eso estoy aquí. Dio otro apretón de simpatía a las manos de Agatha. estoy tan orgullosa de usted. —Ah. Y tampoco comulgaba con esas faldas estilo delantal tan apretadas que marcaban la forma de las caderas femeninas con demasiada nitidez. al menos el ajustado cuello clerical era recatado. yo vine con ella. Lo que más importa es que estamos haciendo progresos. no tire el vestido manchado. es una tienda maravillosa. —Señorita Downing. Pero a la señorita Downing no parecía preocuparle mostrar ambos contornos con escandalosa claridad. —Oh.. maravillosa.. con sus remilgados lazos a la espalda e innumerables filas de alforzas en el frente. Cuando era niña. la ayudaba a coser en casa. Querida mía. cuando se hizo sombrerera y se mudó aquí. hablaba en serio. si bien el borde de encaje que se repetía en las muñecas le daba un aire pecaminoso. —Sólo en el 78 se formaron veintiséis grupos locales de la Unión de Mujeres Cristianas por la Templanza en todo el Estado. cuando dije que era un honor tenerla aquí. —Gracias. ¡Pero todavía no hemos terminado! —Levantó el puño. Desde luego.. Sólo hice lo que haría cualquier mujer en la misma situación. ¡Dios mío!. el azul que usaba era demasiado colorido y moderno. la señorita Wilson atravesó con agilidad el salón y tomó las manos de Agatha—. —Una se acostumbra a esto cuando lucha por nuestra causa. Agatha se ruborizó de placer ante semejante elogio en boca de una mujer tan famosa como Drusilla Wilson. Me llegaron noticias de su pueblo. tan orgullosa. Para su gusto. yo continué su labor. Más adelante. — Le oprimió los dedos con firmeza—. Si las manchas de lodo no salen.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR también. —Señorita Wilson —declaró con sinceridad—. ¿no es verdad? Usted fue la única que defendió la virtud. La mayoría. ni con el corpiño ajustado que revelaba con excesiva crudeza la amplitud de los pechos. Yo me dije: «He aquí una mujer que no retrocede ante nada. —Sin aviso previo. Cuando murió. Me dicen que se nos está yendo de las manos. lo bajó y los labios finos dibujaron una sonrisa apretada—. no fue nada. Sin embargo. ¡He aquí a una mujer a la que quiero luchando a mi lado!». —Eso he leído. —Pero ninguna lo hizo. si la consideran la más alta autoridad en la lucha por la causa de la templanza. La señorita Wilson observó la ropa limpia de Agatha. —¿Cuánto hace que es sombrerera? —Aprendí de mi madre. podría usarlo cuando enfrente al enemigo en la próxima batalla. Pero si estaban esos dos niños. comunicación fluida con las mujeres de Proffitt. . las soltó y retrocedió. ¿se siente mejor? —Mucho mejor. Leí mucho sobre usted en los periódicos. el año pasado.12 - .. —No me importa mucho lo que dicen de mí. a Proffitt.

en verdad. Pero no hay comparación. es peor. como en un budín de dos días. por supuesto —añadió con cierto aire de superioridad. —Movió la cabeza con expresión apesadumbrada—. hay una razón más humillante para evitar la zona. —Alzó la mirada.. en Longhorn Store. —Bueno. Agatha se tocó las sienes. Me temo que sus elogios fueron un poco apresurados. y como ese Gandy no las permite en su local. el tabernero arroja a los borrachos a la calle. No quise entrometerme en sus asuntos financieros. —No —La señorita Wilson alzó las manos enguantadas—.... —Dígame. cada vez. mi negocio comenzó a tener dificultades. el señor Halorhan. Oh. Los maridos de algunas de mis clientas frecuentan la taberna más que sus propias casas. en la Mercantile. Bueno. señorita Downing. Pero. Señaló con un gesto a la pared que la separaba de la taberna. __Vivo decentemente. sí. y el señor McDonnell. hace un mes. señorita Wilson.. a través de la cual llegaban los sones ahogados de «Ángel caído. en semejante condición. —Por favor. yo sentiría lo mismo. . la mayor parte de las mujeres del pueblo estarán en su lista de clientes. Absolutamente escandaloso. —Por decirlo con discreción. es escandaloso. El lenguaje. En su lugar.. Ahora. Yo. Desde que vino ese hombre.. pensando en lo que valen aquí los espejos y la cristalería.. ¿hay otras tiendas de sombreros en Proffitt? —Pues. cae en mis brazos». los venden hechos. Sólo me referí a que está bien establecida aquí y. —Drusilla. —Las riñas no son lo único. pero. Y con esas medias puertas. que la sola idea las avergüenza. no. no puedo decir que las culpo por vacilar en seguir siendo clientes mías.13 - . —Agatha frunció el entrecejo—. —Debe de ser penoso. continúe. señorita Wilson. A varias de ellas las espanta de tal modo la perspectiva de toparse con los esposos en la calle. sin duda. fue cojeando hasta el escritorio de tapa corrediza apoyado contra la pared trasera de la izquierda.. junto a él. — Agatha entrelazó los dedos y bajó la vista—. Es muy perturbador. como le decía. ¿entiende? A las señoras no les agrada pasar por esta acera por temor a que las moleste algún borracho antes de llegar a mi puerta. con auténtica expresión de pesar—. la tienda parece próspera... Surgen peleas espantosas a cualquier hora del día y de la noche. llámeme Drusilla. Y también puede oír por sí misma lo que pasa en el local de al lado. Tengo que confesarle algo. Yo. aun así.. y se hundió en una silla. La mía es la única..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Agatha suspiró. mis motivos para enfrentarme al señor Gandy no fueron estrictamente altruistas. Además.. supongo que es así. —No me sorprende. —Desafortunado pero. —Usted vio con sus propios ojos hasta qué punto. los ruidos se filtran a la calle y es indecible las cosas que tienen que oír las señoras cuando pasan. Desde que se abrió la taberna al lado. La señorita Wilson apretó los labios y alrededor le aparecieron arrugas. al menos así era hasta hace un mes.

¡Créame. ¿cuántas tabernas prosperan.. —Casi toda la música —replicó. Sucedió en Abilene.. ¿Metodista? —Presbiteriana. John había sido elegido dos años antes gracias a una plataforma que ponía el acento de sus reivindicaciones en la . —La señorita Wilson indicó con la cabeza hacia la taberna—.. se habría levantado de la silla—. —Y puede volver a serlo. y ahora. sino el del propio gobernador St. —Este era un pueblo tan pequeño y pacífico hasta que vinieron. Es cristiana practicante. ¿podría preguntarle si acostumbra ir a la iglesia? A duras penas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Si no fuera un atrevimiento de mi parte. Tiene un incentivo más para luchar por la templanza. St. ¿no quieren salir esta noche?» —En el presente.14 - . Conoce a todas las mujeres del pueblo. Agatha contuvo la irritación: —¡No tenga la menor duda! —Eso pensé. Pero siguieron avanzando hacia los siguientes poblados. Proffitt. Iré al grano. pero Drusilla siguió: —No sólo tendría el apoyo de la Unión Nacional de Mujeres Cristianas por la Templanza. También pensé: «Ésta es una mujer digna de ser un general del ejército contra el Brebaje del Diablo». Agatha. ¡Es perfecta! —Se apoyó en el escritorio y se inclinó hacia adelante—. no hace falta más para que usted cuente con un ejército regular a su mando! Agatha no estaba muy convencida de desear un ejército. —Fue a zancadas hasta el escritorio. Wichita.. ¿eh? Ellsworth. —¡Caramba. presbiteriana. señorita Wi. ¿Qué dice? La nariz de Drusilla estaba tan cerca de la suya que Agatha se tumbó contra el respaldo de la silla.. Y. Me temo que se equivoca. Los echaron de Abilene hace años. —Ah. y apuntó con un dedo al aire. y giró sobre sí misma. se lo aseguro. Y los presbiterianos aman su música. pienso pedirle el pulpito a su ministro por unos momentos.! —El domingo. tiene la ventaja de ser vecina de uno de los corruptos. y puede suceder aquí. —No me equivoco. Wilson giró con brusquedad. con los brazos en jarras—. lo que es más. Hágalo clausurar. y será el primero de una larga lista de locales clausurados. Agatha se tocó el pecho: —¿Un general? ¿Yo? —Si Drusilla Wilson no se lo hubiera impedido con su presencia. en Proffitt? —Once. porque su negocio está amenazado. no sólo pensé: «He aquí una mujer capaz de enfrentarse a un hombre». Cuando la vi enfrentarse a ese hombre. Newton. Drusilla echó la cabeza atrás. Agatha sabía que John P. Puedo llamarla Agatha. John. Nada como un coro de voces que se elevan en plegaria al cielo para llenar de lágrimas los ojos de un borracho. —¡Once! ¡Ah! —En gesto ofendido. ¿verdad? —No esperó la respuesta—.. digamos. En ese momento. la canción que sonaba era «Chicas de Buffalo. Sorprendida. con expresión resuelta—. Agatha dirigió al muro de separación una mirada malévola.

Tengo que encontrar hotel. Lo encontrará en la pequeña casa de madera. Asistí a cientos de reuniones públicas en escuelas e iglesias de todo Kansas.M. la sorprenderán con su solidez y su apoyo. No puede equivocarse.. —Drusilla aferró la mano de Agatha y le dio un firme apretón —. —Gracias. La organización nacional lo hará. en ocasiones durante horas. —Levantó la maleta—. Y sé lo que digo cuando me refiero a que las mujeres del pueblo nos ayudarán. pues. y poco más sobre una organización en semejante escala. Hasta el domingo. Quería que su negocio volviese a florecer. y se acomodó los guantes—. Se sentía como si acabara de atravesarla una tormenta estival. Crucé el Estado una y otra vez. El piano tintineaba al otro lado de la pared. Resultó evidente cómo Wilson había logrado organizar toda una red de locales de la U. y se fue. —Bien. —Wilson se refería al periódico estatal creado dos años antes para apoyar las actividades pro-templanza y de apoyo a la legislación contra el alcohol—. pero estaba segura de una cosa: quería devolverle a ese hombre lo que le había hecho esa mañana.. en la calle. Es un comienzo. No sé nada de organizar un grupo así. —Clarksdale —apuntó Agatha—. ¿quién lo haría? —Mi puerta estará abierta. Agatha. He viajado casi cinco mil kilómetros. Se dio la vuelta y se retorció las manos—.. si quiere invitarlas a un mitin de organización. Para mí ya es bastante dirigir mi negocio. Luego.. El Temperance Banner.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR prohibición del alcohol. Pasaron un caballo con el jinete tras las cortinas de . —Estaremos de pie. ¿En mi tienda? —Sí. señorita Wilson. nuestro periódico. Y quería librarse del ruido y la jarana que traspasaban la pared. ladraba un perro. Afuera. En todas ellas vi que surgían grupos de apoyo a La Causa casi de inmediato. Pero cuando miró alrededor. Sin embargo. —Muy bien.15 - . —Por favor. En cuanto las mujeres se reúnan y vean que no están solas en la lucha contra el alcohol. —Retrocedió. Samuel Clarksdale. tendré mucho gusto en presentarle a las mujeres de Cristo Presbiteriano. —Yo la ayudaré. Un movimiento rápido. tengo que visitar al ministro.. yo. —Pero no tengo suficientes sillas y. Bien. en el ala norte de la iglesia. —Dejó escapar una bocanada de aire entrecortada y se levantó. Estoy segura de que eso es todo lo que hará falta. y estuve en Washington.. ¿Y podríamos hacerlo aquí? —¿Aquí? —Los ojos de Agatha se dilataron—. el Reverendo. pero no sabía nada más de política.C. un gesto ceremonioso. como sucede muchas veces a las puertas de los bares. y después recorrer el pueblo para determinar con exactitud los once objetivos de nuestra cruzada. —¿Legislación? —Esa palabra aterró a Agatha—. Drusilla Wilson no tenía nada de tímida. Ignoro todo respecto de la política. Agatha quedó inmóvil. Si ella no daba el primer paso. ayudará. las cosas estaban en su lugar. Perforó con los ojos a Agatha tal como el alfiler de un coleccionista sujetaría a una mariposa.T. Agatha tenía muchas dudas. y no quiero verme involucrada.

justamente. Agatha apretó una mano sobre el corazón. ¿y ya te enteraste de eso en Harlorhan? —Bueno..... —¿En serio es un cuadro de una. Pero organizadora. Ya era una mujer de cabello blanco como la nieve y con más arrugas que un pergamino. llegó Violet Parsons a trabajar. A Violet..Tt-tt-tt. si está desnuda. —la risita se transformó en un susurro— . como un mono de organillero —. comenzó a comportarse como una idiota.desnuda? __Como un pájaro desplumado. ¿En serio te tiró al barro? Violet no pudo evitarlo: sus ojos. —Hacer aquí una reunión de templanza.. Miembro. exhaló y se dejó caer en la silla. Agatha se irguió. Violet? Perry White y Clydell Hottle ya venían corriendo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR encaje.16 - . no.dama desnuda? —¿Una dama? Violet. Agatha sacó el dedal y lo apoyó con un golpe sobre el mostrador de cristal. sí. Violet se llevó cuatro dedos a los labios. Violet se ruborizó. ¿El incidente ya se comentaba en Harlorhan's Mercantile? Qué inquietante.. Aún lo hacía cada vez que le echaba un vistazo. Sabes que ayer perdí el mío.. con la esperanza de ver desde más cerca esa pintura pagana. —Las noticias vuelan. ¿cómo puede ser una dama? Los ojos de Violet adquirieron un brillo malicioso: —¿Estaba realmente. ¿Cómo tuviste el coraje de intentar detenerlo? —¿Tú qué habrías hecho. __Y el señor Gandy. chispeaban cada vez que se mencionaba al señor Gandy. Pero lo hacía constantemente. del mismo color que el vestido de Agatha. lo he escuchado todo! ¡Tt-tt! —Violet era de esas personas que ríen entre dientes... Oí decir que te enfrentaste con el dueño en los escalones mismos de entrada a la taberna. No tenía el tiempo ni la vitalidad para ponerse a la cabeza de la organización local por la templanza. jamás dejó de desearlo. en cambio. me metí. —¡Agatha. Mientras seguía pensando en el tema.. Desde la primera vez que vio a Gandy caminando por la calle con una sonrisa seductora. —¡Cielos! Esa mujer salió de aquí hace menos de quince minutos.. —Yo lo encontré debajo del sombrero de paja en que estabas trabajando. y tendría que haber perdido ese hábito mucho tiempo atrás. tt-tt-tt. Era el único rasgo de ella que a Agatha le disgustaba. Por eso. tt-tt-tt. y esto siempre sacaba de quicio a Agatha.. Aunque nunca se había casado. ¿Y de qué otra cosa te enteraste en Harlorhan? —¡Que Drusilla Wilson está en el pueblo y que pasó casi una hora en esta misma tienda! ¿Lo harás? —¿Qué cosa? A Agatha la ofendía la suposición de Violet de que ella sabía todo lo que se hablaba cada mañana en el negocio de Harlorhan. —Pasé por la tienda de Harlorhan a buscar un dedal nuevo.. —otra vez el susurro— . ¿lo harás? . los chismes le encantaban.

La cerilla le quemó los dedos. las chicas la indignarían. —Pero eso es lo que se dice. Pero antes de que pudiese usarla. —¿Qué pasa? Loretto no alzó la vista.17 - . la sombrerera de boca de miel seguía fastidiándolo. el motivo de sus preocupaciones. lo más probable era que la pequeña benefactora de al lado hiciera sus maletas y se fuese con viento fresco. El local estaba abarrotado de varones curiosos. Cuando esos vaqueros bullangueros. detrás de él. Si la inquietaba la pintura. y después lo juntó bruscamente. Con una sola como ella bastaba para agitar a todas las habitantes femeninas de un pueblo y que comenzaran a molestar a sus esposos en relación con las horas que pasaban en la taberna. Gandy bajó más sobre los ojos el ala del Stetson y apoyó a los codos en la barra. —Él no hará nada. corrió hacia la puerta y se situó de costado. Teniendo en cuenta la hora. que querían echarle un vistazo al desnudo. la propia «Dos Zapatos». a la sombra. Si se lo proponía esa mujer era capaz de convertirse en un estorbo infernal. una bota en el riel de bronce. Pensativo. Violet se quedó petrificada y los ojos se le pusieron redondos y azules como bolas. —Acepté dejar que la señorita Wilson la haga aquí. invadiesen el pueblo. Sin embargo. y se sentó. Agatha se acercó al escritorio. el negocio floreció todavía más. —Dios. Cinco puertas más allá. confundida. Empezó a sentir calor en el cuello. Era demasiado temprano para . se alzó las faldas y caminó con esfuerzo por el lodo. Pero ya se le había ocurrido a LeMaster Scott Gandy. es bastante. Sólo entonces comenzaría la verdadera diversión. La observó andar por la acera. Cuando llegaron Jubilee y las chicas. Oyó el sonido de arrastre que producían los zapatos. la vio descender unos escalones. y entonces las preocupaciones de Gandy habrían acabado. Pero. ¿Y si nos echa? Agatha levantó el mentón en gesto desafiante. al otro lado de la calle tranquila. Gandy se puso ceñudo. sedientos. Sonrió para sí. no exactamente. eso es todo. Estaba de pie junto a la barra. se materializó desde la puerta vecina y pasó ante la taberna. Maldijo y la tiró. No fueron más de cinco segundos el tiempo en que la cabeza y los zapatos fueron visibles por encima y por abajo de las puertas batientes. y se preguntó cuándo empezaría a llegar el ganado. —Dan —llamó Gandy.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —No. —No se atreverá. escuchando los comentarios atrevidos de los hombres acerca de la pintura. en lugar de cruzar por las piedras como lo hacían todas las señoras. había bastante actividad. hasta el otro lado. sacó un puro del bolsillo del chaleco y encendió la cerilla en el tacón de la bota. pero bastaron para que Gandy advirtiese que no caminaba normalmente. —Pero es nuestro nuevo patrón. Las noticias volaban en un pueblo tan pequeño. contempló el local de Heustis Dyar. aferrándose con fuerza al pasamanos. Abrió el mazo de naipes en forma de cola de pavo real.

—En absoluto. Recibes el alquiler. —¿Qué. . Se cayó. ella estaba sentada ante el escritorio de tapa corrediza y no se levantó de la silla. de voz chillona. Una polilla gris sobre una roca gris. Pero Gandy nunca le había prestado atención. Cuando fue al local vecino a presentarse como el nuevo dueño del edificio. —Y yo la tiré al lodo. Scotty. —¡Buen Dios! ¿Yo le hice eso? Gandy parecía espantado. —¿Desde que la conoces? Eso iba de mal en peor. Las faldas se removían a cada paso de manera antinatural—. Tiene una pierna lisiada. Podía imaginar los titulares: DUEÑO DE TABERNA ARROJA AL LODO A UNA TRABAJADORA POR LA TEMPLANZA. Gandy sintió que se sonrojaba por primera vez en años. ¡Dios mío! ¿Qué dirían las mujeres de Proffitt? Si era cierto que había una «organizadora» en el pueblo.18 - . pero Gandy le había enseñado a mantener los dedos ágiles en todo momento. No recordaba haberla visto las pocas veces que cenó en Paulie. Al ver las faldas limpias que llevaba. Va caminando a Paulie dos veces por día con tal regularidad que puedes poner en hora el reloj. Gandy se puso ceñudo. Era de la clase de mujeres que se confundía con la acera gastada. —Sí. —¿Por qué nadie me dijo nada? ¿Cómo demonios podía yo saberlo? —Pensé que lo sabías. Se acercó a espaldas de Gandy. ya lo creo. —Agatha Downing había llegado al otro extremo de la calle y se esforzaba por subir a la acera. las tendría a todas sobre la cabeza. Jamás falla. Loretto acomodó el mazo y se levantó de la silla con el mismo movimiento fluido que tanto admiraba en su patrón. patrón? —Esa mujer. en la otra manzana. patrón. En lugar de llevarle ella misma el alquiler. —Tú no la tiraste al lodo. Se sintió como un canalla. QUE ES LISIADA. Ya hace un mes que tratas de negocios con ella. El desayuno y la cena. Gandy volvió la cabeza en forma repentina. Y tendrían mucho que decir en ese fastidioso periódico que editaban. se lo envió por medio de una mujer tímida. apretando un lío de ropa que se parecía sospechosamente al vestido gris que había usado antes. ¿Está cojeando? —Sí. —¡Se cayó después de que yo la empujé al barro! —Lo que digas. Cojea desde que la conozco. señor. —¿Una pierna lisiada? —Así es. Vio que Agatha desaparecía con la ropa sucia en la lavandería de Finn.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR juegos de azar. ahora azules. que tenía aspecto de haberse tragado una rana. junto a la puerta vaivén. —Ven aquí.

se paró y se frotó la nuca. Tiró el puro sobre la baranda y entró por su propia puerta. Nada más que la pradera. cuando tenían catorce años. Scott Gandy salió por la parte trasera de la taberna. tratando de tentarlos para que lo comiesen de su mano. con los otros dedos sobre la seda. ni sinsontes1. Y los ojos. con la mano ahuecada extendida. se arrodilló. con las ventanas sin cortinas. Echaba de menos a los sinsontes. y subió los mismos escalones. ¿no crees. de D. y después. con el grano en el hueco de la mano. Gandy miró por la ventana. Estructuras de edificios sin pintar. Entró en ésta. y Delia les arrojaba maíz molido a los sinsontes. oscuros y hechiceros como el ébano. perchero. Ni robles bordeados de musgo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 2 Esa tarde. desnudo. como siempre. la pared que quedaba sin revestir pintada de un verde pardusco. hasta el mismo rellano que Agatha había subido antes. La piel blanca como la leche. el cuarto restante. una a cada lado de la puerta pero. Podía verla. La vista de afuera no tenía nada que lo atrajese. Arriba. después de las cinco y media. A esa hora del día. —¿Por qué no das de comer a los pavos reales? —le decía el padre. la vivienda de Gandy y la oficina privada. la familia acostumbraba reunirse en la amplia galería de atrás y beber té helado con menta. Además —Delia apoyaba la barbilla en el hombro y miraba a su marido—: no tiene gracia lograr que un pájaro doméstico coma de la mano. con paredes revestidas de madera. A la derecha. estaban tapadas por unas cortinas de encaje denso. Scotty? —bromeaba. la parte de Gandy estaba dividida por un pasillo con la puerta en el extremo oeste y una ventana en el este. La taberna y los apartamentos del piso alto ocupaban tres cuartos del edificio mientras que la sombrerería y su correspondiente apartamento. Era una habitación fría.19 - . Fue hasta la caja. distraído. caja de seguridad y una pequeña estufa de hierro. siempre seductores.) . que era un cuarto pequeño y despejado. calles lodosas. y la pradera. Observó las dos grandes ventanas. dos sillas. Estaba tan enamorado de Delia como la primera vez que la besó. había cuatro habitaciones de igual tamaño. Su canto es muy variado y melodioso (N. La cabeza dorada. Pero Delia seguía. Abajo. giró el dial y sacó un fajo de billetes. y los muebles indispensables: un escritorio. con un suspiro. paciente. —Porque los pavos son demasiado audaces. Cintura de violín. ni aroma de magnolia flotando en la brisa primaveral. con tirabuzones que le llegaban a los hombros. el suelo de roble basto. 1 Pájaro americano de plumaje pardo y con las extremidades de las alas y de la cola. Pero nunca le importó quién lo supiera. una sola ventana que daba al oeste. el pecho y el vientre blancos. Ivory había dejado de tocar el piano y Jack se había ido a comer. A la izquierda. enganchó los pulgares en los bolsillos del chaleco y tamborileó. Y la madre lo miraba y sonreía al ver la expresión en el rostro del hijo. en Waverley. de cuclillas en medio de un revuelo de faldas.

Cuanto antes. en el gran río Tombigbee. y el soporte para el sombrero. la vida era aburrida. Leatrice se acercaba lentamente a la puerta. Pensó tanto tiempo en Waverly que. fue hasta la ventana del frente. colgaba una acuarela tras la cual estaba metida la rama de una planta de algodón. de Waverley. Entonces. En la pared. de la mano.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Entonces. y dos lámparas de mesa. Había un sofá de cuero con sillas haciendo juego. las feraces tierras a orillas del Mississippi. dejó el puro otra vez en el humidificador. Scott se levantaba de la silla y tendía lentamente la mano a Delia. ¡Basta. se olvidó de encender el cigarro y lo palpó. La esposa le dedicaba una sonrisa cargada de promesas para después. la vieja y buena Leatrice. de piel tan oscura como melaza y pechos grandes como melones. Daba a la . Hacía casi cuatro semanas que estaba ahí. a la derecha. donde llevó a la novia y se acostó con ella por primera vez. Se quitó el chaleco y la camisa y los arrojó sobre la colcha.20 - . Parpadeó de nuevo. Siempre decía que le gustaban los hombres limpios. La luz titilante de la lámpara proyectaba una trama de sombras sobre la piel de la mujer. y permitía que la ayudara a levantarse. flanqueado por lozanas enredaderas y con prados en los que se veían dos pavos reales con las colas extendidas. Gandy! No se vuelve atrás. sobre una cómoda. Con un profundo suspiro. pesadas mesas de caoba. A la izquierda. y muebles sólidos y masculinos. Sin Jube. Era sólo una de las cosas tristes qué aprendió después que perdió a Delia. en su apartamento privado. La mirada de Scott se demoró en la pintura mientras dejaba el sombrero sobre el molde. Dorian Gandy tomaba a la esposa del brazo. Salió de la oficina por una segunda puerta. Con cortinas color borgoña. Después de Delia. —La cena. distraído. En el lavatorio. mejor. era mucho más alegre. con tres bolas agrisadas engastadas en los cálices castaños que parecían garras. El estómago le gruñó. finalmente. La nostalgia lo abrumó con la fuerza de un golpe. Perdido en sus pensamientos. Sacó un cigarro de la caja. sobre ese mueble. Jubilce y las chicas llegarían en cualquier momento. sin fumarlo. recordándole que ya era hora de cenar. y los hombres limpios eran tan poco comunes que podían lograr que una mujer hiciera casi cualquier cosa por ellos. una red de gasa los envolvía en un paraíso íntimo y privado. una puerta daba al pasillo. Se preguntó dónde estaría. de palo rosa. aprendió que a muchas mujeres les agradaba. ¿por qué te castigas? Mientras se secaba la cara. Fue hasta el cuarto contiguo y tiró la chaqueta sobre la cama doble. Waverley. usó la jarra y la palangana. una alfombra de fábrica. de techos altos. Entonces. tan rico y castaño como el suelo del que había brotado la planta de algodón. estaba el humidificador para guardar los cigarros. La pintura representaba una mansión con columnas y un amplio porche frontal. Gandy contempló la pradera y parpadeó con fuerza. Recordó la cama de cuatro postes. se alejó de la ventana hacia el escritorio y echó un vistazo al calendario. Alrededor. Pero esa época había pasado para siempre. señores —anunciaba. ¿Qué fue lo que desató todos esos recuerdos de Waverley? No era bueno quedar anclado en los viejos tiempos. Eso se lo había enseñado Delia. y entró a la sala vecina. entraban tras los padres de Scott a la casa fresca.

La mujer entró en Paulie y desapareció.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR calle principal y le proporcionó una vista de algo que. al menos. sus dientes daban la impresión de que alguien le había abierto la boca y los había arrojado dentro sin fijarse dónde o en qué dirección caían. Sujetando el chaleco con los dientes. Y cobra también la cena de la señorita Downing. gracias. —La comida estaba estupenda.. Cy le llevó el plato de pollo a la señorita Downing. decorado con mariposas y moños que dejaba ver muy poco cabello. —Cy señaló con el plato sucio—. La cojera era evidente. —Scott sacó un dólar de plata del bolsillo del chaleco y la depositó en la palma de Cy—. Un hombre no olvidaba algo así. lo regañaría por su rudeza. No tenía sentido recordarle a Gandy que esa misma mañana había tirado en el barro a esa mujer. —¿Cómo estaba la comida. Ya me voy. La vio en cuanto entró. el cuello largo. Vuelve pronto. pidió lo mismo. se sentó detrás de ella y oyó que pedía pollo. y luego al dueño de la taberna. que cojeaba hacia el restaurante de Paulie para cenar. estuvo a punto de sonrojarse. para empezar. Otra vez. y usaba los vestidos muy ceñidos. Y si Delia estuviese viva. lo hizo. pero si Delia estuviese viva. el torso pequeño.21 - . Cy. los brazos delgados. y Gandy. Cuando llegó al restaurante de Paulie. ¿Cómo pudo no advertirla antes? Frunció el ceñó al recordarla cayendo de espaldas en el barro. apartó de su mente a Delia y a Waverley: la señorita Agatha Downing. ¿Te refieres a Agatha? —Así es. ¿Café? Gandy se palmeó el vientre chato. Scotty. Se educaba a los caballeros de Mississippi para que fuesen mucho más educados de lo que él se había mostrado ese día. —No. Si su madre estuviese viva. —Bueno. tomó una camisa limpia del armario. gracias. Cuando Cy fue a ofrecerle a Agatha el refresco de manzana y a llevarse el plato sucio. Scotty? Cyrus Paulie era un tipo jovial y sonriente. muy acentuada. tenía todo abotonado y metido en su sitio. Las seis en punto.. Cy lanzó una mirada a la mujer. aún acomodándose los faldones de la camisa. Cy. y se la puso. —¿De la señorita Downing? —Las cejas de Cy se alzaron tanto que casi llegaron a la raíz del cabello—. . observándole la espalda mientras los dos comían. —No. Por desgracia. Miró hacia la calle. Tenía los hombros angostos. y bajó corriendo las escaleras. Llevaba un vestido del color del cielo nocturno y la parte de arriba del polisón asomaba tras el respaldo de la silla mientras Cyrus Paulie le tomaba el pedido... Scott se lanzó hacia la cama y sacó el reloj del bolsillo del chaleco. tomó la chaqueta y el sombrero. —De acuerdo. ¿Por qué estaba ahí. entonces. tiró la toalla. Scott le hizo una seña. Gandy entró. él no estaría en ese pueblo vaquero dejado de la mano de Dios. Llevaba un sombrero monumental. contemplando la espalda de una mujer vieja y melindrosa? Lo atribuyó a las remembranzas del hogar. La toalla se detuvo en su mentón. Apiló el plato de Scott sobre el de Agatha y exhibió su lamentable colección de tocones. Aunque no tenía un motivo lógico para darse prisa. —¿Te traigo refresco de manzana? Está hecho de esta mañana. Estoy lleno.

apoyando los platos contra el largo delantal blanco anudado a la cintura. —Yo puedo pagar mi propia cena. Se miraron. Apretó los labios. ¡Qué humillante! Todo el salón lleno de gente que miraba. Y aunque no pudiese. a los nueve años. —El señor Gandy. Los adultos tampoco se resistían a echarle una segunda mirada. señora. y lo único que se movía era el humo que ascendía en espiral sobre la cabeza del hombre. . pudiese golpear los escalones con los pies con toda la ira que sentía.. El hombre no le quitó la vista de encima. y estaba fumando el cigarro de después de la cena. Le dio las monedas.. Pero esto.22 - . ¿por qué? ¿Para ridiculizarla? Agatha tenía que vérselas con las burlas desde que se cayó de las escaleras. Cyrus señaló con la cabeza a la mesa detrás de Agatha. Pero. subió trabajosamente las escaleras deseando que. los niños se reían. Aunque no era una vieja. hasta la puerta. señorita Downing? —preguntó. Agatha sacó las monedas correspondientes del bolso de mano y detuvo a Cyrus Paulie cuando pasaba junto a su mesa. había una servilleta usada sobre la mesa. Imaginó que debía de estar riendo entre dientes. —Bueno. sin duda. hasta que hizo un gesto cortés con la cabeza. esto era bajo. pero el hombre no las tomó. resonó como un trueno. los ojos le ardieron de humillación. Alzó la cabeza y el sombrero se balanceó. Dígale al señor Gandy que preferiría morirme de hambre. Era evidente que lo estaba haciendo desde hacía un rato. Arrojó dos monedas sobre la mesa. Había personas capaces de satisfacerse de manera cruel. sintiendo las miradas curiosas de los otros comensales que la observaban mientras pasaba junto a Gandy arrastrando los pies. —No es necesario. frotándose la cadera izquierda. pero la mujer alzó el mentón y fijó la suya en el picaporte de bronce. El rostro de Agatha se coloreó. En medio del silencio.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Al mismo tiempo. donde giró unos segundos hasta que cayó. —Seguro. en voz lo bastante alta para que Gandy pudiese oírla—. no aceptaría una invitación de parte de un miserable como él. —¿Pagada? ¿Quién la pagó? Pero. Agatha dilató los ojos. como siempre. y levantó el tazón del refresco. Agatha se levantó de la silla con toda la dignidad que pudo reunir. la molestaban y le ponían motes ridículos a la «coja». Se dio vuelta en la silla y vio al que había sido su ruina de esa mañana sentado en la mesa contigua. Al salir. Se quitó el sombrero de un tirón. y eligió ese momento para hacerlo. y se paseó por el apartamento. Déle mis felicitaciones a Emma. Pero tuvo que renguear como una vieja. observando cada uno de sus movimientos. cuando llegó arriba golpeó la puerta con tanta fuerza que se cayó un cuadro de la pared del vestíbulo. —Delicioso. ¿cómo estuvo todo. Una dio en el azucarero y rodó al suelo. por una vez. Desde entonces. ¡No lo era! Para demostrarlo. ¡al menos una!. de pie junto a ella.. Los ojos oscuros estaban clavados en Agatha. señor Paulie—afirmó.. Ya está pagada. Al llegar a la casa.

Gussie? —Te lo prometo. la metió en un estante del ropero. Era la única nota alegre de ese lugar lamentable. la tristeza le tiñó el semblante.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Llegó un momento en que la cólera cedió. justo a la altura de su ventana. con las fundas para protegerlo tejidas a ganchillo. seguro de que esa vez se haría rico. Con un suspiro. Paciencia. taraceado de acebo blanco. Puntada de satén. ¿Cuántos años tenía cuando su madre le había enseñado a coser? ¿Siete? ¿Ocho? Lo más probable era que hubiese sido antes del accidente. las luces de Hoof y Horn se derramaban sobre la acera. mami. Entonces. los confines de su mundo. la mesa plegable. pues uno de los recuerdos más antiguos que tenía era el de estar de pie junto a la silla de la madre. La preciada cama Hepplewhite. observando cómo su madre bordaba un pétalo perfecto. pues fue en ella donde eso sucedió. Recordaba esa casa con más claridad que todas las que habían habitado. aunque no podía ver más allá del tejado que cubría la acera. La que tenía los escalones empinados y la escalera angosta. Enfrente. cerciórate de hacerlo con un hombre que no se beba todo el dinero que has ahorrado para comprar esos bonitos vestidos. el sofá de pelo de caballo marrón. de color marfil. en la humilde casa de Sedalia. El tintineo de la música. voy a tener hijas y les haré bordados en todos los vestidos. hilo. La práctica mejora mi costura. Fue junto a esa hamaca. atrajo a Agatha hacia el brazo de la mecedora y la besó en la mejilla: —En ese caso. Empezaba a sonar el piano. Su madre había conseguido en algún sitio una hiedra y la colgó en la ventana de la cocina. la levantó. leyó las líneas tan familiares: Aguja. cuidado y fortaleza. Al colgarla del clavo. Tienes que conocerlo para bordar margaritas. en Colorado. Al contemplar la muestra. la puso triste. cuando dijo con su voz infantil: —Cuando sea mayor. de D. fue hasta la ventana del frente y miró a la calle. la muestra de bordado que había hecho caer de la pared. —Bien. Se dio la vuelta y contempló el apartamento.23 - . Sin duda. abajo estaría pasando lo mismo. Había una vieja hamaca de madera debajo de la planta. acompañada de risas. con el baúl haciendo juego. la estufa. desde atrás de las puertas de vaivén. y la dejó vacía y desolada. el gabinete esquinero con bibelots2. ¿Me lo prometes. Regina Downing dejó a un lado la labor. nudo francés. el reloj en forma de banjo. donde el padre presentó el reclamo de los yacimientos de oro. siéntate en el taburete y te enseñaré el punto pétalo. lazo bordado. donde Agatha estaba de pie.) . 2 Figura pequeña de adorno (N. Había anochecido. Guardó el sombrero en una caja. Un cuarto largo y atestado de los muebles de una vieja solterona. y lazada.

colgó la ropa. Tic. y la tomara de la mano mientras se dormía. Agatha no sabía por qué se conservaba así. alguien que compartiera y riera con los niños. Cerró la puerta con llave...le preguntara por el de ella. Los niños. Tal vez porque fue la primera vez que expresó el deseo de tener hijas. un viudo quizás. conociera a un hombre. Una cuerda para tender a secar la ropa: calcetines blancos como la nieve. Se acostó en la oscuridad.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR A lo largo de los años. con un jardín donde pudiera plantar flores y verduras. con una gran mesa de roble para cuatro.24 - . Agatha. Tal vez fuese por la promesa que le hizo a su madre. Toc. en la habitación al otro lado del pasillo. era una niña robusta y saludable que. El único otro recuerdo de esa casa fue la noche que sufrió esa caída fatal escaleras abajo. empujada por el padre borracho. . Toc. metidos en la cama. Tonterías. trabajaba en un negocio cuyos únicos clientes eran mujeres. Se puso el camisón y le dio el tirón nocturno a las pesas del reloj. grandes y pequeños. Una cocina donde pudiese cocinar. ¿Para qué querría un hombre a una lisiada? En la penumbra del apartamiento solitario. la única que ésta le pidió jamás. y prestó oídos. rico o demasiado afectuoso. honesto y bondadoso. y donde pudiese colgar un columpio de un álamo alto. incluyendo la almohadilla de algodón que se ponía sobre la cadera izquierda para que pareciera igual que la derecha. apoyando la barriga en el brazo de la mecedora de la madre. Había tantas cosas que quería. el recuerdo perduró. Tic. Querían a las sanas. a esa hora del día. o de pie ante la tina de lavar. La respiración regular de otra persona en el mismo cuarto. Toc. Nada más que las divagaciones de una vieja solterona. hasta para ocho. cómo odiaba ese sonido. Además. Alguien que trabajara todo el día y volviese a casa hambriento. que estuvo usando desde entonces. los más largos. No era necesario que fuese apuesto. Ya tenía treinta y cinco años. por un milagro. relucientes de limpieza. Ni el tibio sol otoñal que entraba a raudales por la ventana. con hermosos camisones cosidos a mano por ella misma. para seis. colgados junto a una camisa de hombre de gran tamaño. que. el recuerdo no perdió un ápice de nitidez. iba a la cama y lo escuchaba marcando el paso de los días de su vida. Ni el olor de la sopa de cebada y cebollas que hervía para la cena. Fuera cual fuese la razón. le echaría un vistazo y comprendería que no duraría mucho arrodillada en el jardín. Quizá no fuese nada más complejo que el hecho de haber aprendido ese día a hacer el punto pétalo. Y alguien junto a ella a la hora de dormir. Pero nada de eso pasaría. Todas las noches solitarias. sobre la cocina. que liquidó para siempre sus posibilidades de tener alguna vez hijas o un marido que se las diera. se sostenía sobre dos piernas sólidas. y casi habían terminado sus años de concepción. En esa imagen. Incluso si. Además. Una casa de verdad. Señor. Le bastaba con que fuese sobrio. Tic. alguien que necesitara que le cuidara a los hijos. Otro ser humano que le contara cómo le había ido ese día. Agatha dejó la muestra colgada y se preparó para irse a dormir. los hombres no querían mujeres que necesitaban ponerse una almohadilla para parecer simétricas. o persiguiendo niños de pies torpes. Ni el ruido del vapor que siseaba en la pava.

Desde abajo llegó la música del piano.. Tt-tt. cortó el hilo y empezó a enhebrar otra vez—. —¿Quién te lo dijo? Violeta vivía en la pensión de la señora Gilí. ¿crees que aceptaría que me pagara la cena? ¡La comida se me quedaría en la garganta! —Entonces. era un misterio cómo lo lograban. y en lugar de la respiración regular de un hombre a su lado. cosiendo el forro de seda de color frambuesa a un sombrero Dolly Varden. Agatha sintió un calor en la nuca. cerca de la ventana. a cenar.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Tic. Cuando Violet Parson fue a trabajar a las once de la mañana siguiente. A mi madre le gustaban los hombres apuestos. —Ayer. —No. están equivocados. Pues si alguna vez tuviese la oportunidad. Si tuviese las piernas lo bastante fuertes para dar a luz a un niño. aunque levantó la vista. pensó. Tu madre. Después de lo que me hizo ayer por la mañana. cuando saliste de aquí. con otras seis señoras mayores. anoche? Agatha estaba sentada a la mesa de trabajo. —Bien. no se escandalizaría. —¿Lo hizo? Los ojos de Violet se abrieron como platos. Daría el broche de perlas de mi madre si un hombre como ese me invitara a cenar. Pensó en los miles de mujeres que tenían esposos como los que ella imaginaba y que se quejaban de tener que desmalezar el jardín. Protegería lo mío con todo el corazón». lo último qué escuchó fue el grito del tallador: «¡Cartón!». En nombre del cielo. nunca lo daría por seguro. Aunque difundían las novedades más rápido que la Western Union. Toc. ya he escuchado suficiente! Te aseguro que la gente comenzará a burlarse si no dejas de hablar de ese hombre. se horrorizaría si te oyese decir algo semejante. irrumpió en el taller parloteando: —¿Es cierto? ¿De verdad el señor Gandy quiso pagar tu cena. Era una convicción que albergaba desde que tenía memoria. caminaste cuatro manzanas para llegar aquí. —¡Qué vergüenza. Violet! —Agatha hizo un nudo. pero es mucho más apuesto. fregar calcetines y escuchar las peleas de los niños. Siguió cosiendo. «Y también sería una buena esposa. ¿cómo hiciste para enterarte tan pronto de algo así? —¡Lo hizo! ¡Ya veo que lo hizo! —Violet se cubrió los labios—. Esta mañana. Tiene el cabello más oscuro y los ojos. irritada.. ¿Alguna vez te mostré el daguerrotipo de mi padre? Ahora que lo pienso.25 - . ¿qué fue lo que pasó? . Tt-tt. de fatigarse en la cocina. «Sería tan buena madre». en el restaurante de Cyrus y Emma. No valoraban lo que tenían. fuiste directamente al restaurante de la señora Gill. lo demás sería fácil. —¡Violet. el señor Gandy se parece a papá. te pagó un pollo asado. que en paz descanse. —Dicen que anoche.

—Después. A Agatha la desconcertó que Violet lo supiera con tanta exactitud. —Se ofreció a pagar mi comida. pero estás volviéndote senil por vivir con esas mujeres ancianas».. Violet ignoró la precisión. en términos muy concretos. —Y sospecho que no soy muy bienvenido después de lo que pasó en la calle. que se estremecieron cuando suspiró. levantó el sombrero y me dijo «señora». —No. Se llevó la mano al pecho y cerró los párpados arrugados. —Caramba. —Ninguno. —Buenos días. En los ojos de Violet apareció una expresión preocupada: —Oh.. Hermosa mañana. Sólo treinta y ocho. todavía no. sesenta y tres. todavía no. y en cada ocasión me sonrió. señorita Parsons. —Se ofreció. Ninguna de las «chicas» tenía menos de sesenta. Pero aún no llegaron los vaqueros. —Los ojos de Violet destellaron como zafiros—. Agatha siguió cosiendo. verás cuando se lo diga a las chicas. En tono agitado e infantil. Si no contestaba. señor Gandy. Espera un minuto. ayer por la mañana. —Pasé cinco veces delante de él por la acera. . Agatha se irguió y miró con la boca abierta las cortinas que revoloteaban. «Senil —pensó Agatha—. —Bueno. —Después de lo que hizo llevar ayer. Supongo que no vienen muchos clientes varones. pero le dije. —Bueno. sin duda fue al otro extremo de la calle y estuvo con una de las muchachas de vida airada. —Me atrevo a decir que lo es. Violet apartó la cortina y se asomó. —¿No te parece que estás un poco mayor para ponerte tan acaramelada con un hombre de cuarenta? —No tiene cuarenta. Agatha se dio por vencida. ¿crees que lo hará? Agatha alzó una ceja y la aguja suspendida en el aire se expresó por ella. no lograría que Violet trabajara ese día.26 - . Agatha. —Las chicas dijeron que el señor Gandy es un... —Al escuchar que se abría la puerta de la tienda. —No. —¡Oh! —escuchó Agatha. Te quiero mucho. Iré a ver quién es. ¿verdad? —dijo una voz de barítono.. yo no pondría las manos en el fuego por él. —Y tú. los tendrás el mes que viene. hay que decirlo.. Violet se interrumpió—. qué sorpresa. Violet parecía haber chocado con una cerca de postes y haberse dado un golpe que la había dejado tonta. Scott Gandy alzó el sombrero y le dirigió su más encantadora sonrisa. Yo pagué. arrastrando las palabras.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Con un suspiro. al menos no tiene a ninguna trabajando en su local. Oh. que prefería morir de hambre. Violet.

vio que tenía el vestido gris y las enaguas blancas en el brazo. ya en tono normal. con la atención concentrada exclusivamente en las puntadas furiosas que daba al forro del sombrero de fieltro. al trabajar en una sombrerería y vivir con mujeres. Agatha levantó la vista y las miradas se encontraron. —No puedo culparla por no querer hablarme. No obstante. Captó un aroma de tabaco fino y colonia. ya sin sonrisa ni hoyuelos. Tenía el rostro tan encendido como la seda que cosía. —Sí. —Buenos días.27 - . —Señor Gandy. —Aún lo está. tiene hoyuelos!. encaminándose pausadamente hacia la mujer sentada junto a la mesa de trabajo. pensó Agatha. la señorita Parsons podrá atenderle. Sintió como si la aguja se le resbalara de los dedos. Agatha no lo miró ni le respondió. señorita Parsons? —Está en el taller. Violet!».LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR «¡Dulce Salvador. «¡No te atrevas. Agatha. no podía permitir que el sinvergüenza saliera impune. Adoptó una expresión contrita. la boca apretada. rara vez tenía ocasión de oler. señorita Downing. asegúrese de que no vuelva a suceder —dijo. pero decidí que sería preferible hacerlo en privado. Tenían las narices tan juntas que Violet podía verse reflejada en los iris negros. Se me ocurrió hablarle en ese momento. en el restaurante de . Gandy también se inclinó y murmuró: —Me imagino. Muy poco caballeroso. al lado de la ventana oeste. Estaba sentada con la espalda rígida. ¿Está. Gandy se detuvo junto a la silla y se quitó el sombrero. señor Gandy? —preguntó. señora. Y pagué yo misma. Clavó la aguja en el fieltro como si fuese el pellejo del hombre. —Vine a verla a usted. y el corazón de Violet se derritió. —Entonces. ¡Y trae el vestido de Agatha!» Llevaba el vestido gris y las enaguas blancas pulcramente plegados sobre el brazo. —Fue un acto muy poco digno de un caballero. Esta mañana. ¿Qué motivo podía tener para observar sus idas y venidas? —Quería hablarle acerca de la otra noche. Eso le recordó a Violet que no debía disculpar la rudeza del hombre con excesiva rapidez. Sígame. Las cortinas se abrieron y Violet entró en el taller seguida del dueño de la casa. y se enderezó. no a la señorita Parsons. Se inclinó hacia adelante y murmuró: —Agatha estaba muy enfadada. —Esperaba encontrar a la señorita Downing. —¿En qué puedo ayudarlo. —Ya tomé el desayuno. Violet se apartó y dejó pasar a Gandy. Este se movió con el ritmo lento de las personas acostumbradas a la humedad y el calor del Sur. la vi ir a casa de Paulie. se lo aseguro. que. —Lo prometo. —Si necesita algo del negocio. advirtió que estaban nariz con nariz. —pensó Violet—. —El señor Gandy vino a verte. todavía en voz baja. Pero fue demasiado tarde. y se sonrojó todavía más—. ruborizada. De súbito. Por primera vez.

Las manos de Gandy parecían muy oscuras sobre la tela blanca.28 - .. Quise invitarla a cenar a modo de disculpa. Al margen de lo que parezca.. ¿qué está haciendo con mis pertenencias? Scott Gandy tuvo la fortuna de ruborizarse intensamente. hágamelo saber y lo repararé. Soy del Mississippi. engastado en oro. inquieta. Aquí está. en aquel momento yo no sabía que usted tenía dificultades para caminar. Dan Loretto me sacó del error y. demasiado perturbada para mirarlo a los ojos. Y dígame. lo lamento. no tenía intenciones de empujarla al barro ayer. cuando lo hizo. ni de incomodarla anoche en el restaurante. señorita Downing. La mujer dejó de fingir que cosía y lo miró. Agatha no supo si creerle o no. La mujer levantó la vista para comprobar si en los ojos se veía lo mismo. El sombrero era fino: si había algo que conocía. —La otra noche. ¿Acaso sus amigos de la taberna se rieron cuando les contó que se ofreció a pagarle la cena a la vieja sombrerera solterona de la pierna baldada? —Tiró la labor—.. —Dejó la ropa con cuidado sobre la mesa de trabajo—. Apartó la vista. me sentí peor todavía. ceñuda. Jamás un hombre había tocado las enaguas de Agatha. En el meñique brillaba una sortija con un diamante del tamaño de un guisante. Le resultó evidente por qué las cabezas huecas como Violet se enamoraban de él. usted tendría que haber tenido el buen tino de irse cuando vio que yo estaba allí. ése era un Stetson de paño de castor de copa baja y ala ancha. eran los sombreros. —¿Cree que una disculpa basta para excusar un comportamiento tan grosero? —Para nada. y la posó sobre la mano que sostenía el sombrero negro contra el muslo.? —Hizo una pausa desdeñosa—. señora. se lo aseguro. y así fue: tanto los ojos como la boca estaban sombríos. la vi yendo a la lavandería de Finn con la ropa sucia y pensé que la había lastimado cuando la hice caer. la última moda para hombres. eso es todo. y estaba demasiado avergonzada para mirarlo. Si tenía dinero suficiente . en casa de Paulie. Si hay algo estropeado. Por el aspecto. Limpia y pagada. Agatha bajó el mentón. —En verdad. Nervioso. Estaba estropeando la labor. señor Gandy? ¿Disfrutó humillándome delante de la gente que conozco? ¿Acaso sus. —Sé que no puedo remediar la vergüenza que le causa. —¿Eso es lo que piensa? ¿Que me ofrecí a pagarle la cena para burlarme de usted? Crispó las cejas negras y entre ellas apareció un surco.. pero supuse que al menos podía hacerme cargo de la factura de la lavandería. Luego. Pocas veces en la vida había visto un rostro tan apuesto. se aclaró la voz.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Paulie. La voz sonaba arrepentida. No obstante. señorita Downing. Mi madre me enseñó muy pronto a respetar a las mujeres. pero siguió pasando la aguja pues no sabía qué hacer. y que lo hiciera un hombre como ése. ni era una cabeza hueca. removiéndose bajo esa mirada tan directa. Fue inexcusable. resultaba perturbador. Agatha levantó el sombrero y le clavó otra vez la aguja. ¿Fue divertido. Pero ella no era Violet. —¿No es eso? —En absoluto.

sospecho que se enteró usted de la batalla en este pueblo para gravar la venta de licores. Algunas mujeres.. —tuvo que esforzarse para no mirar a Violet— . Gandy lo miró y lo metió otra vez en el bolsillo. —No tengo intenciones de echarla. Disgustada. aunque todos los luchadores por la templanza y ese periódico caigan sobre mi cabeza. apoyó las manos sobre el estómago y retrocedió—.. se equivoca. Violet tiene miedo de que nos eche si lo contradigo. Ella lo merecía. Agatha hizo algo que rara vez hacía delante de extraños: se puso de pie. Y dirigiéndose a Violet.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR para diamantes y Stetson nuevos y pinturas del tamaño de una sábana. —Hizo una pausa. si se siente con derecho a echarnos. .29 - . —Señor Gandy. se sintió muy alta. —Los hombres beben. señorita Downing. Gandy hizo una pausa. sí? El cigarro apenas le tocó los labios cuando Agatha explotó: —¡Ni se le ocurra! ¡Si quiere. y en su semblante apareció la expresión del cazador que ve a la gama a punto de caer en la trampa. pero no en mi sombrerería! Como si se hubiese dado cuenta en ese instante de que tenía el cigarro en la mano. preguntó—: ¿Y cuál es su opinión personal.. con expresión fría y acusadora. Agatha vio cómo Gandy ejercía su seducción sobre la amiga. Y ahora. —No sólo pienso contradecirlo sino encontrar a otros que hagan lo mismo. y lo que está mal está mal. Pero yo sé cuándo tratan de confundirme con una cháchara inspirada en el propio interés. Más aún. pensó. juegan y les gustan las mujeres desde que existe este país. tocándose los labios y sonrojándose como un cerdo escaldado. que pagara la factura de la lavandería. la pintura quedará donde la colgué. eufórica: —También podría decirle. —Sí. y vender alcohol está mal. Violet braceaba como un molino de viento en un ventarrón.. pero Agatha continuó. y pronto lo comprobará. Tampoco pienso dejar de vender licores. señorita Parsons? Violet se comportó como una perfecta tonta. también lo es colgar algo tan sucio en una pared pública. Y aunque Gandy le llevaba unos cuantos centímetros. con intenciones de hacerla callar. Y nosotros pensamos que hay que dejarlos divertirse un poco. Eso no es malo. señora —pronunció con lentitud. hágalo. Llevada por el entusiasmo. y buscó un cigarro en el bolsillo del chaleco. señor Gandy. Cerca de la cortina. Y si cree que voy a retroceder en cuanto a mis críticas sobre el cuadro lujurioso. que acepté que la primera reunión de Proffitt por la templanza se realice este domingo en la sombrerería.quizá se dejen convencer por su conversación galante.. aunque riendo y con un solo hoyuelo. pero yo no. puede fumar esa hierba endemoniada en su sucio burdel. Lo que está bien está bien.. ¿verdad? Violet respondió: —Tt-tt. —¿Ah. Se animó a mirarlo directamente en los ojos. —Ya veremos. y quiere proteger sus intereses aplacándome con disculpas vacías.

un poco de carmín a los labios. Para su total consternación. las señoras ya no quieren acercarse por aquí. échenos. Contuvo la risa. el modo gallardo en que se caló el Stetson en la cabeza y fijó en ella los risueños ojos. La señorita Wilson no juega. con buenas formas y un destello de convicción que admiró. Gandy se volvió hacia ella. señorita Downing. —Dijo levantando las palmas. Agatha comprendió que detestaba ese acento sureño. no era vieja. Buenos días. Al observarla mejor. «Si le pusiéramos una pluma en el cabello. muy blanca. ¿es esto un desafío? —¡Es un hecho! —le espetó.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¡Es indecente! —repuso Agatha. lo sé. a su pesar. señora. Tal vez. Observó a la tensa mujer vestida de azul. —Pero está arruinando mi negocio. y dijo con voz aguda: —Lo diré una vez más. —En ese caso. —Eso es libre empresa. lo que a sus luchadoras por la templanza se les ocurra hacer. le enseñáramos una canción obscena. cantar. Usted hará todo lo que esté a su alcance para cerrarme el local.30 - . Si quiere. y se iba divertido. El cabello tenía un sorprendente matiz rojizo a contraluz con la ventana detrás. Y muchos modales de dama antigua. pero en eso también consiste la libre empresa.. Marchar. la tomó por una anciana. —Lo sé. ¿no es cierto? Pues no lo es. más joven que el propio Gandy. realmente. Cuando la vio por primera vez. sin darse la menor prisa en salir. y para eso tengo que estar un paso adelante de los otros sujetos que poseen otras empresas en esta calle. Pero. —Lo tomaré como un desafío. por cierto. Un par de labios muy hermosos. indignada. —Le parece un juego. Agatha se enfureció. el hombre sonrió. y esta vez aparecieron hoyuelos idénticos en las mejillas atezadas y un guiño en los ojos de ónix. Y más aún. tendría tan buen aspecto como Jube.. La piel.. Está aquí cumpliendo una misión. se aproximó a . al pensar en lo horrorizada que estaría si supiera cómo la imaginaba. Intento ganar honestamente mi dinero para vivir. soltáramos unos rizos de cabello. con el cuello alto y apretado y la severa falda con lazos atrás. —Señorita Downing. ¿no creen. Ante una declaración tan alegre de irresponsabilidad. —Lo lamento. —Se volvió. pero pienso hacer todo lo que esté a mi alcance para que le cierren el local. y admitió alegremente—: Ella también intenta que lo cierren. descubrió que no era nada vieja. Los ojos verdes como el rocío del mar. agitar banderas. La línea de la mandíbula era magnífica. señorita Downing.. —¿Honestamente? ¿Llama honesto a arrebatar a los hombres en las mesas de juego y en el bar el dinero que ganan con tanto esfuerzo? —Yo no los obligo a ir al Gilded Cage. Pearl o Ruby». Van por su propia voluntad. señor Gandy. —Por supuesto. Delgada. Con tanta bebida y tanta jarana. Gandy había entrado arrepentido a la tienda. señoras? —Se tocó el ala del sombrero e hizo una reverencia—. Y yo haré todo lo necesario para atraer clientes a la Gilded Cage. obstinados. será mejor que vuelva a trabajar y me prepare para la guerra.

. ni lo echaron a patadas de un barco por guardarse cartas bajo la manga. Cuando Violet volvió. Señorita Parsons —dijo.. es un dandi de lengua suelta. —Y ofreció pagarte la cena.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Violet que seguía junto a la entrada. —¿Ah. lo único que olí fue el tabaco. —¿Te das cuenta? Pagó para que lavaran esto. este Gandy es un manipulador audaz! Sabe reconocer a una vieja gallina embelesada y se aprovecha». por favor! —dijo con brusquedad—. Pareció que a Violet se le saltaban los ojos de las órbitas y vio que a Agatha le pasaba lo mismo. Violet. ¿Alguna vez oíste algo tan maravilloso en tu vida? Cuando el señor Gandy habla. Agatha. deja abierta la puerta de adelante. hizo una reverencia y salió. Pero con la ayuda de Drasilla Wilson y de las mujeres de Proffitt. Fue un placer. LeMaster Scott Gandy se paseaba por la . —Yo. y siento unas terribles palpitaciones. suspirando. exagerando el acento sureño: —Usted hará todo lo que esté a su alcance para que me cierren el local. Recuerdo que mi padre usaba la misma. —Tu padre no dirigía una taberna. de acuerdo. Kansas. La euforia de Violet no cedió: —¡En serio. —¡Violet. Agatha inspiró con más fuerza. Agatha? ¡Me besó la mano! —Tendrías que mirar a ver si no tienes dos orificios iguales. —Y vino aquí. en Proffitt. Violet se incorporó. acompaña al señor.31 - . especialmente para disculparse por todo. —¡Oh. Es que tengo el corazón débil. con un aspecto como si acabara de elogiarle la ropa interior—. ¿Eso significa que hay algo que las chicas no han podido verificar? De pronto. no? —exclamó Agatha. con aspereza—. —Oh. Kansas —alzó una mano hacia el cielo— ¡le borraré esa sonrisa insoportable de su cara morena! Al otro lado de la pared. En cambio. se dejó caer en la silla de trabajo y se abanicó con el pañuelo. Agatha inspiró con desdén. rezongó: —Oh. Este lugar hiede a humo de cigarro. me besó la mano! —repitió. Después. Violet examinó la ropa de Agatha que estaba sobre la mesa y apoyó la mano encima casi con reverencia. tomando una de las manos atravesadas por venas azules y llevándosela con lentitud a los labios—. —Nadie sabe eso con seguridad acerca del señor Gandy. Si hubiese inspirado con más fuerza. te juro que me parece sentir el perfume de la magnolia aquí mismo. —¿Viste eso. Gandy se volvió riendo. careces de romanticismo. También olía a colonia. compórtate de acuerdo a tu edad! —Lo hago. Violet se apoyó a medias sobre la mesa de trabajo. podría haberse tragado algunos hilos y ahogarse. «¡Oh. Agatha se enfureció.

y exhaló la primera bocanada de humo con la misma puntería fatal: pareció destinada a adornar uno de los floridos pezones del desnudo en la pared. da la señal! —vociferó. —Haremos un concurso para ponerle nombre a la mujer del cuadro.32 - . detrás de la barra.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR taberna. Y así se trazaron las estrategias de batalla. Mordió la punta del cigarro. Entrecerró un ojo contemplando el pezón y el anillo. tendrá el primer baile con Jubilee cuando llegue! —agregó. la escupió en la escupidera con mortal puntería. —¡Jack. . ¡El hombre que acierte con el nombre de nuestra querida dama de pechos rosados. golpeando las puertas con furia. como si hiciera puntería con el cañón de un Winchester.

—Supongo que ya vio a qué nos enfrentamos. castaño oscuro. Unas cuantas hicieron lo mismo con Agatha Downing. eran tan culpables como si le hubiesen puesto la botella en las manos. ¡No se podía negar que tenía agallas. vestido de punta en blanco. Agatha pareció desconcertada. —Pase. sonriente! ¡Le habría encantado quitarle de un golpe el cartel y hacerlo caer despatarrado! —Espera un buen resultado. ahí de pie. Agatha se vistió con exagerada elegancia para la reunión con un vestido de cuello rígido. que emitió un mensaje conciso e inspirador: aquellos que se apartaran al ver a un ser querido encadenado a los demonios del alcohol y. un cigarro humeante en la boca y un codo apoyado en un cartel doble. agradeciéndole de antemano haberles ofrecido un lugar de reunión. los polisones sujetos con firmeza atrás. cuánto me alegro de verla otra vez. la mujer le dio un firme apretón. PEARL RUBY Dio tiempo a Agatha para leerlo. QUE PRONTO ESTARÁ EN LA GILDED CAGE. de la Iglesia Cristiana Presbiteriana. que anunciaba: NUEVAS BAUTICE DAMAS EN EL PUEBLO LA PINTURA QUE ESTÁ DETRÁS DE LA BARRA Y GANE EL PRIMER BAILE CON LA SEÑORITA JUBILEE BRIGHT. Cuando terminó el servicio dominical. cediá el pulpito a Drusilla Wilson. Muchas de ellas le estrecharon la mano con sinceridad. Pero antes de entrar. Todavía no anochecía cuando abrió la puerta de la tienda para recibir a Drusilla Wilson. sobre la acera. algunas con lágrimas en los ojos. la señorita Wilson recibió los saludos efusivos de las mujeres de la congregación. señorita Wilson.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 3 El domingo. en la pared de la izquierda. La pintura que colgaba detrás de la barra podía verse desde un ángulo oblicuo. Drusilla echó una ojeada a la puerta de la taberna. Las puertas de vaivén estaban abiertas. Como siempre. y después alzó el sombrero y esbozó una sonrisa perezosa: —Buenas noches. no lo ayudaran. y salió ella misma a la acera. En el frente. las faldas atadas tan apretadamente que le acortaba los pasos en buena medida. pudiendo hacerlo. —Agatha. estaba el maldito sureño. Y CON SUS JOYAS. Como estaba lista mucho antes de las siete.33 - . señorita Downing. el reverendo Samuel Clarksdale. LA GEMA MÁS BRILLANTE DE LA PRADERA. sacó el polvo a los mostradores y encendió las lámparas. ¿no es así? .

Me alegro de verla otra vez. —Se quitó el bombín. Ivory se sentó en un taburete de patas en forma de garras. Ivory? —Sí. —Buenas noches. —Dedicó una sonrisa especialmente encantadora a Violet y la delegación de la pensión de la señora Gill—. Ya las imaginaba: prostitutas enfermas. creo que no conoces a la señorita Downing. Dirigió una mirada punzante al último y respondió. Saludó a cada una de las damas que llegaba. una canción compuesta recientemente por los «mojados» para exasperar a los «secos». Violet rió entre dientes. —Genuinas. Susan White. todas las cuales tenían un interés personal en los sucesos de la . cortante: —¿Qué le parece «Nuestro Dios es una Poderosa Fortaleza»? Los dientes blancos relampaguearon en la cara color de té. Ivory Culhane. emanando encanto sureño del mismo modo que una rata almizclera emanaba almizcle. ese alcahuete. —Apuesto a que no será tan bueno como el mío. se volvió hacia el teclado y tocó los primeros acordes de «Pequeña Jarra Marrón». en una amplia sonrisa: —Me temo que no la sé. Era tan delgado que parecía que una ráfaga de viento podría hacerlo volar. —Señorita Downing. —Ivory. puede ser en cualquier momento. señora. con su aire despreocupado y la sonrisa intacta. señorita Parsons. Buenas noches. y también a sus amigas. Contemplando el cartel. largirucho. Pearl y Ruby? Estoy segura de que serán unas gemas perfectas. Tengo que preparar la bienvenida para cuando el primer rebaño llegue al pueblo. mi pianista. Buenas noches. señora —decía una y otra vez. —¿Es hora de empezar con la música. lo apoyó en el centro del pecho y se inclinó. tocándose el ala del sombrero—. La seguían Evelyn Sowers. Gandy aspiró el cigarro. de cabello teñido y lunares falsos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Sin duda. hizo rodar el piano cerca de la puerta. En ese momento. llenas de piojos. los dos estaban aún ahí. Según lo que sé. ni con el sujeto cuyo aporreo infernal le impedía dormir todas las noches. señorita? ¡Cómo se atrevían esos dos a comportarse como si no se tratara más que de una velada social! Agatha no tenía el menor deseo de intercambiar banalidades con el dueño de la taberna. Volvió a ponérselo en un ángulo atrevido. y Gandy. —¿Jubilee. Ivory llenando con canciones la calle. señoras. nuestra vecina de al lado. un mulato alto. ¿Qué le parece ésta? Con un movimiento fluido. las tres. Bessie Hottle y Florence Loretto. la mujer alzó una ceja. como una invitación musical. Agatha resopló con suavidad.34 - . Señorita Downing. Cuando comenzaron a llegar las damas. señor. y preguntó—: ¿Qué le gustaría escuchar. Agatha se irguió y. dándose la vuelta. se alejó. de ojos hundidos y cabello negro crespo. Disfrutarán de la reunión. —¿Acaso no tiene decencia? ¡Es el día del Señor! —Ninguna en absoluto. se ruborizó y abrió la marcha hasta la puerta vecina.

Yo misma visité esas instituciones. Drusilla Wilson en persona. y al que. es muy justo que las mujeres comiencen el trabajo para su destrucción! Mientras Wilson hablaba. tome conciencia de su culpa. Asistían a la reunión treinta y seis mujeres. en reformatorios como los de la isla Ward. ¿Y quién queda. en la familia. Addie Anderson. Vi a la muerte haciendo presa de aquéllos que comenzaron con un solo trago inocente. lo encontraban durmiendo en la acera. Hasta las que habían ido por curiosidad estaban embelesadas. Annie Macintosh. ¡Por eso. seguida por el discurso de apertura de la señorita Wilson: —Hay cuatro mil guaridas del alcohol esparciendo muerte y enfermedades por todas las clases de la sociedad norteamericana. a sus protectores y proveedores. después otro y otro. cuyo esposo estaba obsesionado con las mesas de juego. a veces.M. También estaban otras. La reunión se inició con una plegaria.C. Los demonios del alcohol han caído sobre las mujeres. Jennie Yoast. Sobre las tumbas de cuarenta mil ebrios se alza el llanto dolorido de la viuda y el huérfano. arrebatándoles a sus familias. en su momento de mayor decadencia. Era entusiasta. con fuerza de voluntad. —Y las tabernas son los sitios en que se alimentan los gusanos de esta tierra: jugadores.T. los rostros del público adquirían una expresión arrebatada. saludó en la puerta a cada una que llegaba. y limpiaremos Proffitt! ¡Juntas! Al terminar el discurso. defendiendo y orando. con un moretón en la mejilla izquierda. hechizaba. Su propia ciudad se ha visto mancillada por once de esos chancros. y muchas otras con esposos famosos por la frecuencia con que empinaban el codo. casi todas ansiosas por poner en fuga a los demonios de las bebidas alcohólicas. No debemos destruir el cruel brebaje que vende.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Gilded Cage. sufriendo los efectos de la intemperancia? ¡No otros que las mujeres y los niños! De medio millón de mujeres norteamericanas brota un gemido de angustia y se eleva sobre lo que fuera una tierra dichosa. Pero no eludamos nuestro deber cuando se trate de hacer que ese destructor de las almas de los hombres. antros de vicio que las gentes respetables aborrecen desde lejos. sólo con curiosidad de ver qué hacían «esas fanáticas» cuando se juntaban. cuyo marido hacía la ronda de todos los salones. no es militante. Lo que logramos lo obtenemos por métodos pacíficos. hasta que quedaron irremisiblemente perdidos. —La U. o hasta en asilos como el de la isla Blackwell. . Anna Brewster. algunas. Carolyn Hawes. con la anfitriona a su lado. había casas de mala reputación con no menos de trescientas de esas gatas pintarrajeadas! ¡Trescientas en una sola ciudad! ¡Pero hemos limpiado Wichita. el tabernero. El desastre humano causado por el alcohol sólo puede terminar de manera trágica: en el hospital. donde la víctima muere de delirium tremens. los domingos a la mañana. Minnie Butler. A muchos de vuestros maridos se los subyuga para que abandonen los hogares cada noche. y nymphs du prairie. y la esperanza en el futuro.35 - . ¡No olvidemos que en Wichita. Más bien tenemos que proporcionarles a sus clientes algo más poderoso en que apoyarse: la fe en Dios. todos los sábados a la mañana. del público se elevó una sola pregunta: ¿Cómo? La respuesta fue concisa: educando. estafadores.

eran todas falsas. Fue entonces que Floyd comenzó a beber. Treinta y seis mujeres pudorosas esperaron que alguna se atreviera a empezar. Intenté disuadirlo. Sin embargo. Perdimos el negocio y Floyd fue a trabajar como empleado con Harlorhan. Pero hace un par de años enfermó y tuvo que llamar a alguien para que se encargase de la tienda mientras él estaba en cama. y era un joven de aspecto agradable. y todos los ojos se posaron en ella. y ya debemos seis meses en el almacén. pero Dan. —Florence se cubrió la cara con las manos—. dijo sin rodeos—: Mi esposo. le bastaría con unas pocas historias conmovedoras de sus propios labios. en sus hogares.. Y en el piano sonaba «Sobre las olas». Ya las había entusiasmado. que las comprenden. con cartas de recomendación. —Todas ustedes. Jenks se había ido. ¿qué hay de bueno en gastar el poco dinero que nos queda embriagándote todas las noches?».. ¿Quién quiere ser la primera en librarse de su dolor? Las mujeres intercambiaron miradas furtivas. Después. Ahora es el crupier aquí al lado. salvo el día en que nos casamos y el cuatro de julio.. Aunque Harlorhan se portó bien hace tiempo que le viene advirtiendo a Floyd que si no paga algo de lo que nos estuvimos llevando. siempre fue un buen muchacho. Florence. Pensó en contarlo todo por fin. Addie Anderson frotó el hombro de Florence y le dijo. Estoy tan avergonzada que no puedo mirar de frente a mis amigas. estaba más tiempo borracho que sobrio. La primera en hablar fue Florence Loretto: —Mi hijo. — . De pequeño. Ahora es el momento. Desde la taberna llegó el grito de: «¡Lotería!». Jenks metió mano en los libros de contabilidad y los manipuló de tal manera que fue capaz de estafarnos sin que Floyd se diera cuenta en qué andaba. y del mismo modo nuestros ahorros.. Aseguraba que tenía un poco de reumatismo y que los ponches calientes le aliviaban el dolor de las coyunturas. y trabajar para otro después de haber sido patrón tantos años fue un gran revés para él. Lo que Harlorhan le paga se va casi todo en whisky. Mi hijo Dan.36 - . Pero cuando mi esposo vivía acostumbraba mandarlo a la taberna a buscar su whisky. le decía. pero ninguna se adelantó. Él era un hombre adulto. por eso calló. de St. Cuando lo descubrió.. Dan era joven y descubrió que le gustaba el ambiente de la taberna. Desnuden el corazón ante sus hermanas. solía ser sobrio como un juez. y yo. Pero para cuando murió. Para ganarlas para la causa. Sus propios recuerdos torturantes regresaron del pasado. estaban impacientes por que llegara este día. Wilson las presionó: —Recuerden que nosotras somos sus hermanas y no estamos aquí para juzgar sino para apoyar. Así fue como empezó. —comenzó. ya era demasiado tarde. pues sufrieron lo mismo que ustedes.. Agatha tenía los dientes y las manos apretados. Se llamaba Jenks... Pero no me escuchaba. hiciste lo que creíste mejor. Cuando lo criaste. Louis.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR La señorita Wilson sabía cuándo sermonear y cuándo detenerse. tendrá que echarlo. yo.. Floyd. Nosotras lo entendemos. Ya era objeto de la compasión ajena y no tenía ningún deseo de serlo más aún. con suavidad: —Está bien. Todas guardaron silencio—. «Floyd. —Dirigiéndose a la señorita Wilson. pero lo había guardado tanto tiempo que ya no podía..

hasta que las voces ahogaron los sones de «Camptown Races». como se veían todos los días. La señorita Wilson cerró la reunión con la primera canción de templanza: El agua fría es reina El agua fría es señora Y un millar de caras radiantes Ahora sonríen en su seno La cantaron varias veces todas juntas. Yo trabajaré junto con ellas para hacer un borrador de la constitución. tenemos que organizamos. Cuando se hizo el silencio. Después de eso. Se fijó la contribución en veinticinco centavos por semana: el precio de una medida de whisky. que llegaban del otro lado. si bien algunas historias eran más desdichadas que otras. pese a sus protestas. Annie Macintosh habló por primera vez. Se formó un comité de compromiso de cuatro para escribir los ejemplares a mano hasta que pudiesen hacerlos imprimir. Cuando concluyó la reunión. Kansas. Y eso significa que debemos convertirnos en la filial local de la Unión de Mujeres Cristianas para la Templanza. Agatha nombró tesorera a Violet. Hizo que la situación de Florence Loretto pareciera menos dramática y Florence. Para eso debemos elegir funcionarías. Sus apuros eran similares. —Hermanas. todas las mujeres empezaron a hablar. con el objeto de juntar firmas de promesas de abstinencia. comenzando en la taberna vecina. les resultaría más fácil trabajar juntas. que podían colocarse en la manga de un hombre reformado—. teniendo en cuenta que. Y ella misma se quedaría en el pueblo hasta que hubiesen . se formarán comités para redactar compromisos de abstinencia. Violet también puso objeciones. Addie estalló en lágrimas—. Agatha fue elegida primera presidente de la Unión de Mujeres Cristianas por la Templanza de Proffitt. Uno de los tres integrantes quedó encargado de preguntar a Joseph Zeller. Al marcharse. Para sorpresa de todas. propaganda y los compromisos. para ofrecerse como secretaria. Drusilla Wilson le aseguró a Agatha que la organización nacional y The Temperance Banner les harían llegar ayuda e instrucciones. para ser eficaces.. Una vez hecho eso. Uno de vuestros primeros objetivos debe ser reunir tantas firmas de compromisos como sea posible. consoló a Addie. Aunque Agatha esperaba que Annie Macintosh contara cómo se había hecho el moretón en la mejilla. y también nuevos miembros para la organización local. —gimió. Ohh. —Mostró distintas variantes.37 - . pero fue inútil. a su vez. Drusilla Wilson volvió a hacerse cargo de la reunión. también bajo protesta. editor de la Proffitt Gazette.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR De súbito. En un cuarto de hora.. Annie calló. tienen nuestro cariño y nuestro apoyo pero. que es nacional. cuánto costaba imprimir panfletos. Florence Loretto fue elegida vicepresidenta. todas coincidieron en que había sido una velada inspiradora. igual que ella. Se fijó un recorrido para la noche siguiente.

Treinta y seis si contamos a la señorita Wilson y a mí. —Parece que fue inspirador. —Lo son. —¡No me sobresalté! Pero sí se había sobresaltado. con gentileza. —Y me eligieron presidenta.. No sólo organizadora sino presidenta. Cuando estaba a dos escalones del final. ¡Caramba. Después de usarlo. —Yo diría que sí. Jubilee y las chicas. Dio otra calada al cigarro y el aroma acre del humo llegó hasta ella. El humo del cigarro la irritaba. bien.38 - . ¿por qué había aceptado que la reunión se hiciera ahí? Con otro suspiro. ¿En qué se había metido? Por cierto. —Ha sido bastante concurrida. con el cigarro apretado entre los dientes. Agatha cerró la puerta. observándose los pies. Era la primera vez que eso la alegraba. —Para decirle la verdad. comenzó a subir la escalera con la cabeza baja.. —Ah. Para empezar. suena maravilloso! —dijo. y tendremos todas las canciones que necesitamos. —La reunión despertó tanto entusiasmo que a ninguna de nosotras le importó el sonido del piano del señor Culhaneque se filtraba por la pared. —Ah. se apartó de la puerta y apagó las lámparas. . con dos pies en cada escalón. Cuando salió la última mujer. En la oscuridad. encomiable. De hecho. —Presidenta. La trasera del edificio daba a un sendero que llevaba a un cobertizo y una pequeña construcción a la que llamaba. salir de él y. Las pupilas de Agatha se dilataron lo suficiente para ver que estaba sentado en una silla con el respaldo apoyado en la pared y las botas cruzadas sobre la baranda. «el indispensable». Qué molesto advertir que él estaba ahí observándola entrar al «indispensable». En cualquier momento llegarán Jubilee y las chicas. una voz la sobresaltó y le hizo alzar la cabeza con brusquedad.. como siempre. irónica. en su mitad del rellano. ¿Qué le parece? Scott rió. se apoyó contra ella y suspiró. No tiene por qué sobresaltarse así. también. Bien. no la necesitaremos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR resuelto todos los inconvenientes organizativos. del cartel. Tosió y subió con esfuerzo los dos últimos escalones. en algo más grande de lo que pretendía. señorita Downing. —¿Y qué cantaron? —Pronto lo sabrá. —¿Qué está haciendo aquí? —Preguntándole por la reunión. cantamos tan alto que lo tapamos.. subir las escaleras a su manera torpe. Agatha percibió la burla. salió del taller por la puerta de atrás. —¿Cómo estuvo la reunión? La mujer no veía más que el resplandor del cigarro en la oscuridad. —Treinta y cuatro. sí. Iremos a cantarlo para sus parroquianos. Tiene que venir a ver un espectáculo.

. —Difícil. Jubilee y sus Gemas llegaron a la mañana siguiente. Apretó las palmas de las manos y la frente contra la madera fría. —Las damas de su club estuvieron especulando acerca de mí. el hombre retrocedió. en un susurro ahogado—. Tuvo una sensación de déjà vu. segura de que un instante después caería rodando por las escaleras como muchos años atrás. y cerró con llave. Cualquiera que me haya visto subir las escaleras sabe que no lo hago con mucha firmeza. Se le crisparon los músculos anticipando los fuertes golpes. ¡Cómo. los ojos se le convirtieron en chispas rojas. es cierto que lo echaron de los barcos fluviales! Cuando Gandy rió. De inmediato. Sólo servirán para encender más mi celo. y se preguntó dónde tendría la cabeza cuando permitió que la nombrasen presidenta de una organización destinada. Durante diez tensos segundos. Me mantenía las manos ocupadas cuando no jugaba a las cartas. permanecieron ella con la nariz contra el pecho de él. Luego. la silla cayó sobre las cuatro patas. le daré las buenas noches. —¿En el lodo? ¡Ya le dije que eso fue un accidente! —Estoy segura de que éste también lo sería. —Por favor —dijo. seguido del que arrastraba. Al ver que no ocurría. si tiene la gentileza de dejarme pasar. Tenemos asuntos más importantes de qué ocuparnos.. comenzaron los temblores. aunque la hostilidad que irradiaba era casi palpable. —Pero supongamos que lo haya sido. señorita Downing.! —Ya me empujó una vez.. y empezaron a sudarle las manos. Llegó a la puerta. Tres mujeres con semejante apariencia no podían pasar . Cuando el hombre dio otra chupada al cigarro. Todo el trayecto hasta la puerta. se deslizó dentro. está muy equivocado. haciéndola retroceder a la escalera.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Cómo puede fumar esa cosa horrible? —Es un hábito que inicié en los barcos fluviales. y los tacones de sus botas resonaron con calculada pereza sobre el rellano angosto hasta que se detuvo junto a ella. esperó sentir algo que la agarraba de la nuca y la tiraba por la escalera. la desorientación que le provocó rebotar de escalón en escalón. sabiendo que sería en vano si él decidía empujarla. en la cima de la escalera. El olor la descompuso. No. es injusta conmigo si supone que se me cruzó la idea de empujarla escaleras abajo. De inmediato. Con mano temblorosa. Pero si cree que las amenazas me detendrán. ominoso. ¿no es cierto? Se levantó. —¡Entonces. El sonido del paso firme de Agatha.39 - . se aferró a la baranda. Scott retrocedió y se sacó el cigarro de la boca. Y ahora. El hombre estaba ahí. la piel raspada. en el tren de las once y cinco. —Un momento. Percibió que no quería dejarla irse pensando tan mal de él.. si. se alternaron sobre el rellano. señor Gandy. sino de otros diez como él. Un sujeto de esa calaña sabría cómo manejar a una bandada de gallinas viejas que estuviesen decididas a clausurarle el negocio. ¿no cree? El miedo le aceleró la circulación. Supongamos que yo era un fullero malo que conocía todas las trampas. no sólo a cerrar el negocio de Scott Gandy. se sorprendió.

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inadvertidas. Era evidente que la llamada Pearl recibió ese nombre por su piel. Era tan clara y luminosa como una perla de mar perfecta. En contraste con ella, los ojos castaños ocupaban buena parte del rostro. Estaban maquillados con kohl, que los agrandaba. Los labios pintados de escarlata relampagueaban como una mancha de vino sobre un mantel blanco. Pero las facciones delicadas se veían realzadas al máximo por el cuello levantado del traje de viaje color fucsia, que dejaba al descubierto buena parte de la garganta y se ceñía al cuerpo como la piel de una fruta. El cabello tenía el tono marrón del azúcar quemada, y lo llevaba recogido en un montón de rizos en lo alto de la cabeza, que empujaban para adelante el sombrero de pastora. —¡Hola, muchachos! —exclamó desde los escalones del tren, y el viejo Wilton Spivey sacó chispas del balasto3, ardiendo por ser el primero en acercarse a ella. Abrió el carro para equipaje, saltó dos travesaños de la vía, chocó con Joe Jessup que venía desde la dirección opuesta, y llegó jadeando al pie de la escalerilla del tren. Wilton estaba desdentado como una rana y más calvo que un picaporte de bronce, pero a Pearl no le importó. Le sonrió, flexionó una muñeca y le extendió la mano. —Era precisamente lo que necesitaba. Un hombrón apuesto, lleno de músculos. Mi nombre es Pearl. ¿Y el tuyo? —Widton Spivey, a shu shervishio, shenora. Con esas encías despojadas, Wilton no tenía muy buena pronunciación, pero los ojos le chispeaban de lasciva delicia. —Bueno, Widton, vamos, cariño. No seas tímido. Wilton la ayudó a bajar, y tras ella apareció Ruby. Ruby era una joven negra bien formada, con la piel del color del café con crema. Tenía el cabello más lacio que cualquier mujer negra que Wilton Spivey hubiese visto. Estirado hacia atrás de la oreja izquierda, caía recto por el hombro derecho, resbaladizo como un salto de agua sobre una roca negra, y terminaba en un rizo como un rompeolas invertido, enlazando el borde del sombrero amarillo canario. Tenía unas magníficas cejas cepilladas hacia arriba, párpados pesados, y labios hinchados como si los hubiese picado una avispa, pintados de un intenso tono magenta. Apoyó los nudillos en las caderas proyectadas hacia adelante, lanzó una pequeña risa que estiró el ajustado vestido amarillo y proclamó en profunda voz de contralto: —Y yo soy Ruby. Joe Jessup tragó saliva y exclamó: —¡Cielos, vaya si lo eres! La risa de Ruby resonó como un trueno rodando por la ladera de una montaña: profundo y voluptuoso. —¿Y cómo te llamaré a ti, cariño? —J... Joe J... Jessup. —Bueno, J... Joe J... Jessup. —Ruby dio un paso al costado y se inclinó hasta que sus pechos quedaron a escasos centímetros de la cara del hombre. Con una uña larga, dejó una línea clara desde la oreja de Joe hasta el centro de su barbilla—. ¿Qué te parece si te llamo J. J.? —B... Bien. L... La llevaré a donde quiera ir, señorita Ruby.
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Capa de grava o de piedra machacada, que se tiende sobre la explanación de los ferrocarriles para asentar y sujetar sobre ella las traviesas. (N. de D.)

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—Se lo agradecería, J. J. Al Gilded Cage Saloon. ¿Sabe dónde está? —Claro. Derecho p... por aquí. Ya había otros cuatro formando fila, esperando turno al pie de la escalerilla del tren. Sobre ellos, como un ángel que descendiera directamente de las perladas puertas del paraíso, apareció la señorita Jubilee Bright y, según lo prometido, era la gema más brillante de la pradera. Si a las otras les quedaban bien los nombres, Jubilee parecía haber nacido para el suyo. ¡Por increíble que pareciera, era toda blanca! El cabello era blanco, no del tono azulado de Violet Parson sino del blanco cegador de la lana de vidrio. Parecía espumar sobre la cabeza como un merengue tentador de diez huevos. Además, estaba vestida toda de blanco inmaculado, desde la copa del alto sombrero de terciopelo con un penacho de plumas hasta las botas de cabrito de tacón alto. El vestido, como el de Pearl y el de Ruby, no tenía polisón atrás sino que se adhería a las curvas generosas desde el hombro a la rodilla, donde se abría en pliegues hechos para poder caminar. Tenía escote en forma de diamante, que revelaba apenas el surco tentador entre los pechos, con un lunar falso que atraía la mirada masculina en esa dirección. Otro lunar adornaba la mejilla izquierda de un rostro tan encantador que no necesitaba adornos. Los asombrosos ojos almendrados, los labios turgentes, la pequeña y hermosa nariz impresionarían a cualquiera. En verdad, era la cara de un ángel. Alzó los brazos y exclamó: —¡Llamadme Jube, muchachos! Se echó hacia adelante con los brazos extendidos, permitiendo que dos caballeros la agarraran y la depositasen en el suelo. Cuando aterrizó, les dejó los brazos en los hombros y les frotó los músculos con aire de aprobación: —Caramba, adoro a los hombres fuertes... y corteses —ronroneó, con voz gatuna—. Ya veo que vamos a llevarnos muy bien. —Les dio sendas palmadas—. ¿De quién estoy colgada aquí? —Mort Pokenny —respondió el sujeto de la izquierda. —Virgil Murray —respondió el de la derecha. —Bueno, Mort, Virgil, quiero presentaros a nuestro amigo Marcus Delahunt. Marcus toca el banjo. Es el peor intérprete de este lado de New Orleans. El último en bajar del tren llevaba el estuche de un banjo y un panamá de paja con una ancha banda negra. En el rostro juvenil una sonrisa feliz revelaba un diente torcido, que no hacía más que añadirle encanto. Los ojos azules, separados en el rostro claro enmarcado por el cabello rubio oscuro. Si bien no era un rostro especialmente masculino con el cutis rosado y las patillas rubias escasas, este detalle se olvidaba al ver la expresión de abierto hedonismo. De pie, con una mano de dedos largos en la barandilla y la otra en el estuche del banjo, sonreía y asentía en silencio. —Marcus no puede decir una palabra, pero oye mejor que un perro dormido, y es más astuto que todos nosotros juntos, así que no quisiera sorprenderos tratándolo como a un tonto. Los hombres lo saludaron pero, de inmediato, volvieron a interesarse en las mujeres. —Muchachos, ¿qué hacéis aquí para divertiros? —preguntó Ruby.
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—No mucho, señorita. Últimamente, esto está un poco aburrido. La muchacha lanzó una risa gutural. —Bueno, nosotras vamos a solucionar eso, ¿no es así, chicas? Jubilee echó un vistazo a la estación y les preguntó a Mort y a Virgil: —¿Visteis al bandido de Gandy por aquí? —Sí, señora, está... —Basta de tanto «señora», Virgil. Llámame Jubilee. —Sí, señora, señorita Jubilee. Scotty está en el Gilded Cage. Jube hizo un gesto con la mano, y fingió un mohín contrariado: —¡Ese hombre es imposible... nunca está cuando se lo necesita! Bueno, vamos a necesitar unos brazos fuertes. Trajimos algunas cosas que tenemos que llevar a la taberna de Gandy. ¿Queréis echarnos una mano, muchachos? Seis varones tropezaron entre sí, empujando para ser los primeros. —¿Dónde está su carro, señor Jessup? —¡Ya llega! Jubilee hizo una seña con el hombro y condujo al grupo hacia el vagón de carga, en la cola del tren. Ya estaban abriendo las puertas corredizas. El jefe de cargas estaba a un costado, mirando hacia adentro y rascándose la cabeza. —Es lo más raro que he visto nunca —comentó—. ¿Qué diablos harán con un montón de basura como éste? —¡Iuujuu! —le gritó Jubilee, agitando la mano. El jefe de cargas alzó la vista y vio al grupo que avanzaba. —¿No hubo problemas? —No —respondió—. Pero, ¿qué demonios van a hacer con esto? Jubilee, Pearl y Ruby y sus ansiosos acompañantes llegaron hasta la puerta abierta del vagón de carga. Llegó Jessup con la carreta. Jube puso los brazos en jarras y le guiñó un ojo al anciano jefe. —¡Ven una noche al Gilded Cage, y lo descubrirás, cariño! —Se dirigió a los otros—: ¡Caballeros, carguemos esta cosa y vayamos a la taberna Gandy! Un rato después, Violet estaba arreglando la parte delantera del negocio cuando miró por la ventana y chilló: —¡Agatha, Agatha, ven aquí! La aludida alzó la cabeza y preguntó: —¿Qué pasa, Violet? —¡Ven aquí! Antes de llegar a la tienda, Agatha oyó la música del banjo que llegaba de afuera. Era un tibio día de primavera y la puerta de la tienda estaba abierta, sujeta por un ladrillo. —¡Mira! —exclamó Violet, señalando a la calle. Agatha se levantó con calma. Otra entrega para la taberna de al lado. Un vistazo le hizo comprender que tendría que ordenarle a Violet cerrar la puerta, pero ella misma sintió curiosidad por la escena de afuera. La carreta de Joe Jessup se acercaba por la calle, cargada de hombres enfervorizados, tres mujeres alegres y la jaula para pájaros más enorme que Agatha hubiese visto jamás. Se alzaba poco menos de dos metros, y
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estaba hecha de un resplandeciente metal dorado que atrapaba el sol del mediodía y lo reflejaba. Colgado del techo en forma de cebolla, pendía un columpio dorado y encaramada a él, una extravagante dama vestida de blanco. Otra, de rosado heliotropo, estaba sentada a la cola de la carreta entre Wilton Spivey y Virgil Murray, los tres balanceando las piernas y siguiendo el ritmo de la música. La tercera mujer, parecida a una abeja con su piel oscura y vestida de amarillo, estaba sentada en el regazo de Joe Jessup, que conducía la carreta. El que tocaba el banjo estaba de pie detrás de ellos, y se movía de un lado al otro al ritmo de la canción. La carreta estaba llena de gente arracimada alrededor de la jaula y, como la Flauta de Hamelín, había atraído a una fila de chicos y jóvenes de ojos brillantes que, abandonando los escritorios y los mostradores, querían participar de la música y echar un vistazo a esas mujeres de vestimentas sorprendentes. Mientras se acercaban por la calle, toda la troupe cantaba alegremente: Chicas de Buffalo, por qué no salen esta noche, Salen esta noche, salen esta noche, Chicas de Buffalo, por qué no salen esta noche, Y bailan bajo la luna. Agatha hizo un gran esfuerzo para criticarlos, pero no pudo. Más bien, se sintió atrapada por la envidia. ¡Ah, ser joven, atractiva, y sin los escrúpulos del pudor...! ¡Poder ir por la calle en una carreta, a pleno día, cantando a voz en cuello hacia el cielo y riendo! ¿No tendría que tener todo el mundo cuando menos un recuerdo semejante en la vida? Pero en la de Agatha no había ninguno. Lo máximo que pudo hacer para participar fue llevar el ritmo de la música con la mano contra el muslo. Pero cuando advirtió lo que estaba haciendo, se detuvo. Cuando el carro pasó delante de la tienda, vio mejor a la mujer de blanco. Era lo más hermoso que había visto jamás. Rostro delicado con ojos rasgados, y la sonrisa del mismo Cupido. Y sabía elegir un buen sombrero. Llevaba uno de moda durante la guerra, de los que llamaban «tres plantas y sótano». Era exquisito: alto pero bien equilibrado, adornado con un costoso airón de plumas. Aunque la mujer se balanceaba en la hamaca, el sombrero se mantenía firme. —Mira ese sombrero blanco —musitó. —Míralos todos —repuso Violet. —Buenos sombreros. —Los mejores. —Los vestidos, también. —Pero mira, Agatha: no llevan polisones. —No. Agatha las envidió por no tener que colgarse tantos kilos de metal todas las mañanas en las caderas. —Pero tienen mucho pecho. Tt-tt.
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—Estoy segura de que son mujeres de la vida. Eso la entristeció. Tanta promesa brillante quedaría en nada. Toda esa belleza juvenil se marchitaría antes de tiempo. La carreta se detuvo delante de la taberna. Mort Pohenny abrió la puerta de la jaula y la mujer de blanco salió. Con los brazos en jarras, gritó hacia las puertas vaivén: —¡Eh, Gandy!, ¿no mandaste a buscar a tres bailarinas a Natchez? El propio Gandy se materializó, rodeado de los empleados, todos saludando, acercándose a las mujeres, estrechando sus manos sobre el costado del carro con las del músico. Pero Agatha sólo veía a la mujer de blanco, en lo alto de la carreta, y al hombre de negro, debajo de ella. Este enganchó una bota en un rayo de la rueda y se echó atrás el sombrero. En medio del barullo, sólo tenían ojos uno para la otra. —Ya era hora de que llegaras, Jube. —Llegué tan pronto como pude. Pero les llevó un mes hacer la maldita jaula. —¿Eso fue todo? Rió y se le formaron los hoyuelos. —No echaste de menos a la vieja Jube, ¿no? Gandy echó la cabeza atrás y rió. —Nunca. Estuve muy atareado instalando el local. Jubilee miró hacia la acera. —¿Dónde está ese pueblo lleno de vaqueros que me prometiste, entre los que podría elegir? —Ya vendrán, Jube, ya vendrán. Volvió la mirada a Gandy y los ojos le brillaron de lujuria e impaciencia. —¿Te quedarás ahí, parado, todo el día, o ayudarás a esta dama a bajar? Sin aviso, se arrojó por el costado, volando con los pies y los brazos en el aire, sin dudar ni un instante de que un par de brazos fuertes estarían listos para recibirla. Lo estaban. En cuanto Gandy la atrapó, estaban besándose audazmente, sin hacer caso de los aullidos y silbidos de alrededor. La muchacha le rodeó los hombros con los brazos y devolvió el beso con total despreocupación por el espectáculo que estaban dando. El beso terminó cuando el sombrero del hombre comenzó a caerse. Jube se lo arrebató de la cabeza y los dos rompieron a reír, mirándose a la cara. La muchacha le encasquetó el sombrero sobre el grueso cabello negro y lo bajó bien hacia adelante. —Y ahora, bájame, dandi rebelde. Ya sabes que tengo que saludar a los demás. Contemplándolos, Agatha sintió una extraña sensación en el estómago, al ver que los ojos negros de Gandy se regodeaban en los bellos ojos pintados de la muchacha y que la sostenía un momento más. Al mirarlos, se adivinaba cuánto disfrutaban estando solos. Entre ellos circulaba una corriente de malicia y placer, que hasta se percibía en el diálogo. ¿Cómo aprendía una mujer a comportarse así con un hombre? Nunca en su vida Agatha había estado en la misma habitación con un hombre sin sentirse enferma de inquietud. Ni conversó con ninguno sin tener que esforzarse por encontrar un tema. Y, por supuesto, saltar por el costado de una carreta constituiría poco menos que un milagro.
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Gandy bajó a Jubilee y saludó a las otras. —Ruby, preciosa, eres un regalo para los ojos. —Le dio un beso en la mejilla—. Y tú, Pearl, antes de que termine la temporada, destrozarás muchos corazones en Proffitt. —También ella recibió un beso en la mejilla. A continuación, apoyó las manos sobre los hombros del joven del banjo y lo miró en los ojos—. Hola, Marcus. Me alego de verte otra vez. —El muchacho sonrió. Hizo un gesto como de pulsar las cuerdas del instrumento y arqueó las cejas—. Es cierto —respondió Gandy—, es bueno para el negocio. Ya habéis provocado agitación en todo el pueblo. Esta noche, se amontonarán en la puerta. Gandy se volvió otra vez hacia Jubilee y se quitó la chaqueta. —Toma. Tenla un minuto. Le guiñó un ojo y Agatha vio que la mujer se llevaba la Chaqueta al pecho y hundía la nariz en el cuello. Pareció un gesto tan íntimo que sintió pudor. No entendía cómo una mujer podía extasiarse así con el olor a cigarro. —Vamos a entrar esto, muchachos. Gandy saltó sobre la carreta y, con ayuda de otros cinco, alzaron la jaula. Agatha vio que el chaleco de satén negro se tensaba sobre los hombros, y los antebrazos se endurecían al alzar el artefacto. Si bien no era demasiado musculoso, tampoco era débil. Pero tenía músculos en todos los lugares donde un hombre debía tenerlos; le bastaban para hacerse cargo de una mujer impulsiva que se arrojaba en sus brazos, o de una irritante que organizaba una unión local por la templanza. Recordó la noche anterior, en la cima de la escalera: ¿habría pensado en empujarla o no? A plena luz del día, viéndolo trabajar al sol, no parecía capaz de algo tan malévolo. Quizá sólo fue su propia imaginación. El grupo sacó la pesada jaula de la carreta, la subió por los escalones de la acera y la entró en la taberna. Los siguieron las mujeres y los curiosos, y en la calle sólo quedaron los niños. Violet y Agatha se metieron otra vez en la tienda, aunque seguían oyendo los alegres parloteos y alguna que otra carcajada. —Así que, ésas son Jubilee y las Gemas. —Qué nombres tan adorables: Jubilee, Ruby, Pearl. Aunque Agatha pensó que eran nombres inventados, se reservó la opinión. —Así que, a fin de cuentas, trajo a las reinas de la noche... —De eso no estamos seguras. —Violet, llevan kohl en los ojos, carmín en los labios, y exhiben los pechos. —Sí —admitió Violet, muy decepcionada—. Tal vez tengas razón. —De súbito, se iluminó—. ¡Pero, claro! —Suspiró, con expresión arrobada—. ¿Qué me dices del modo en que el señor Gandy besó a la llamada Jubilee? —¿No te pareció un poco desvergonzado hacer eso así, en medio de la calle? —Quizás, un poco. Pero aun así estoy celosa. Agatha rió y sintió un impulso de cariño hacia Violet: era tan directa. Y sincera, a su manera. ¿Cómo era posible que no hubiese encontrado a un sinvergüenza joven que la besara en mitad de la calle, en primavera? —Vamos —dijo Agatha ofreciéndole el brazo a modo de invitación—. Vamos a trabajar. Eso nos lo quitará de la cabeza.
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Pero cinco minutos después, ruidos de martillos y serruchos las distrajeron de tal modo que cada tanto echaban una mirada a la pared. —¿Qué crees que estarán haciendo, con tanto ruido? —No lo sé. —Los ojos de Violet chispearon—. ¿Te gustaría que eche un vistazo? —¡Claro que no! —Pero, ¿no sientes curiosidad? —Tal vez, pero ya sabes a dónde llevó la curiosidad al gato. Violet se resignó. —De verdad, Agatha, a veces eres aburrida. Los dedales sonaron al unísono. Empujar, tirar, empujar, tirar. «Es tan horrible como el reloj a la hora de dormir», pensó Agatha. Empujar, tirar. Dos viejas solteronas, cosiendo mientras se les iba la vida. ¡No! ¡Una vieja solterona, y otra no tan vieja! —Hola. Era Gandy, otra vez. Violet tiró el dedal, se llevó la mano al corazón y se sonrojó como un lechón. —¡Oh, mi Dios!—murmuró. —Ve a ver qué quiere ahora. Pero antes de que Violet pudiera moverse, Gandy pasó entre las cortinas lávanda sin sombrero ni chaqueta, y un poco agitado, con las mangas enrolladas hasta los codos. De pie ante ellas, con los pies separados, las manos en la cintura. —Tengo un trabajo urgente para usted, señorita Downing. Agatha alzó una ceja y recorrió con la vista desde el cabello negro revuelto hasta las puntas de las botas lustrosas. —¿Algo de bengalina rosada, quizá? Le quedaría bien con el cabello negro. Scott rió y se pasó los dedos por el pelo, dejándolo erizado. —Eso lo dejaremos para Jube. Lo que yo necesito es mucho más simple. Un gran saco sujeto por una cuerda, y no importa el color ni la tela. Que sea lo bastante grande para cubrir una jaula de un metro ochenta. Pero lo necesito para esta noche. Agatha dejó la labor con forzada paciencia. —Señor Gandy, soy sombrerera, no modista. —Pero tiene todas esas piezas de tela ahí. —Señaló con el pulgar hacia la tienda—. Están a la venta, ¿verdad? —No para hacer fundas para jaulas. —¿Por qué no? —Y no para dueños de tabernas. —Mi dinero vale. Y pago bien. —Lo siento, señor Gandy. Pruebe con el señor Harlorhan. Él vende tela por metros. —La tela no me servirá de nada si no tengo a alguien que la cosa. —Aunque quisiera, no podría hacerla para la noche. —¿Por qué no? Es un trabajo sencillo. —Lo sería si tuviera una máquina de coser pero, como ve, no tengo. Echó una mirada a una propaganda de Singer que colgaba de la pared y los ojos del hombre la siguieron.
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. vamos. Jamás le habían llamado moza y era desconcertante descubrir que la hacía sentirse aturdida..cinco horas? —Ya le dije que no trabajo para dueños de tabernas. —¡Yo no! —¡Tú también! ¡Agatha. tienes que dejar de hacer eso cada vez que ves a ese hombre. Lo arrojó sobre la mesa y tiró al lado una pila de monedas de oro. tesoro. —Tú también. estas tres criaturas deliciosas son Jubilee. ¡Cómo se atrevía a llevar a esas mujeres pintarrajeadas! —Chicas. pero para sus adentros comenzaba a opinar como Violet. Pero se apresuró a reanudar su tarea. —Jube. —sacó un reloj de oro del bolsillo del chaleco— .. señorita Parsons —saludó Ruby. —Oh. —Son diez. pues las sorprendió la reaparición de Gandy. Y Agatha se indignó de tal modo que se puso de pie. ¿Moza? La palabra le provocó un rápido sonrojo y Agatha supuso que en ese momento ella también parecía un lechón. —Violet. que quedó ondulando. nuestras vecinas. eres mujer. La seguían Ruby y Pearl. ¿verdad? Todas las mujeres saben coser. quiero presentaros a la señorita Downing y a la señorita Parsons. No tuvieron tiempo de especular. Agatha y Violet miraron fijamente. luego se dio la vuelta y pasó por la cortina. Gandy salió a grandes pasos del taller y volvió al instante con una pieza de satén rojo. Violet se abanicó la cara arrebolada. —Nunca me humillaron así. —Tt-tt. Pearl y Ruby la ayudarán a coser. Pearl y Ruby. Jube. por el amor de Dios. Agatha resopló. —Señorita Downing. Gandy la observó un rato. —Pero.47 - . ceñudo... Cuéntelas. ¿Una funda para esa jaula? —Los dueños de tabernas están locos. —Me alegro de conocerlas —dijo Pearl.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Cuántas manos necesitaría para hacerlo en. ¿para qué querrá algo así? —Te aseguro que no tengo idea. Las sombrereras se ruborizaron otra vez. las joyas de la pradera.. llevando a Jubilee de la muñeca. y luego entre sí. te llamó moza! Tt-tt. Guardó el reloj y frunció el entrecejo. —Es una moza obstinada. Scotty. Agatha y Violet se quedaron con la boca abierta mirando a la entrada. Señoras. —Encantada. esta vez irrumpiendo por la puerta trasera. —A mí me parece adorable. —¡Esta no! Los ojos de Agatha iban de una a otra de las dos cosas más brillantes que había en el cuarto: la señorita Jubilee y la pila de monedas de oro. Y te ruborizaste. —Caramba. señorita Downing. . Jubilee hizo una reverencia. —Contempló las cortinas que el hombre había movido con los hombros—. Ese hombre no tiene modales. Son suyas si hace una funda fruncida por un cordel para las siete de la tarde. No intentes entenderlo.

Pearl. —Me crearía un conflicto de intereses.. cosiendo para el Gilded Cage Saloon.M. para que nadie las viese. Cuarenta y nueve dólares. La siguiente pregunta fue para Violet. —Agatha —le aconsejó Violet—. Cuando se volvió. En un minuto más. ¿Cuándo vería otra vez semejante cantidad de dinero para pagar el precio de la única cosa que ambicionaba en la vida? Abrió los labios pero no emitió sonido alguno. pero en cambio sacó una y se la guardó en el bolsillo del chaleco. ¿Qué dirían mis compañeras si supieran que hice una cubierta roja para la jaula? —Nadie tiene por qué enterarse —intervino Gandy. Por fin. coseremos. Agatha se retorció las manos y miró. Estaba tan cerca. señorita Downing! Era desconcertante que un hombre la tratara así.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Cien dólares. Pero alzó de golpe la barbilla cuando Gandy le tocó ligeramente el brazo. —¡Violet. a Gandy. es evidente. —Ya perdimos cinco minutos. Su mirada voló al dibujo de la obra maestra del señor Singer con el precio impreso en números en negrita junto al volante. —Señorita Parsons. mejor. Agatha.T. Ruby. quitando otra moneda y guardándola en el bolsillo.C. ¿Qué diría la señorita Wilson? ¿Qué. ¡Oh. pero todo ese dinero.. Agatha bajó la vista.. impotente. ¿Y el otro . Por eso traje a las chicas por la puerta de atrás.. —Ochenta —la interrumpió el hombre.48 - .... Se le hizo agua la boca... No soy modista. te agradecería que cerraras la boca! —Bueno. No es nada del otro mundo. —Señor Gandy. —Estoy de acuerdo con Pearl —dijo Jubilee—. ¿no lo entiende? —En ese caso.. acercándose más a Agatha—. Y a las siete de la noche estaré en la Gilded Cage pidiendo firmas para compromisos de abstinencia a los clientes del bar. —Deja de protestar. a las muchachas. —Pero.. cállate! No quería que la forzaran de ese modo. que sintió otra vez el aroma a tabaco. yo. Él no tiene más que mirar. la mujer pensó que añadiría otra moneda a la pila. Si el patrón dice que cosamos. —Pero usted. con calma. es usted despreciable.. Mucho —terció Ruby—.. no seas tonta. y la pila de monedas.. Agatha recuperó la voz: —Yo tampoco. si añadiéramos un pequeño incentivo. Cuanto antes acepte. Soy sombrerera. menos una mujer que no tenía suficiente sentido para darse cuenta de que las estaban sobornando. ¿cómo anda el negocio últimamente? —No muy.! Pearl se quejaba: —¡Nunca en mi vida cosí nada! —Yo sí. —¡Violet. las otras miembros de la unión? La presidenta de la sección local de la U. el precio bajará otros diez dólares. —No cabe duda de que su dinero proviene de los pobres desdichados que frecuentan su estable. —¡Por favor.

El hombre la estrechó con la misma firmeza con que lo haría con la de otro hombre. A decir verdad. Agatha dejó caer la cabeza. Sólo estad listas para recibir a los clientes a las siete en punto. Entonces. ahora que comenzamos con nuestra propia unión por la templanza. haced lo que ella diga. Un tintineo. demasiado atractivos. —Las cosas no van muy bien en la venta de sombreros. suelto abajo. en tono más suave aún. En cierto modo. mientras el carro avanzaba por la calle. . con aire culpable. hacia Gandy. A Agatha se le secó la garganta. —La mano se acercó otra vez a las monedas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR día no decías que. Gandy metió un pulgar en la cintura y esperó. Sólo entiendo de sombreros. en voz queda. La desesperación la aplastó. Se sacó el dedal y apoyó la palma sobre esa mano tibia. alzó la vista. Pero se sintió como si acabara de hacer un pacto con el diablo. Miró las monedas que quedaban y sintió deseos de estrangular a Violet. salpicados de vello crespo. Dedos largos y oscuros. Los hoyuelos eran muy marcados. En las mejillas de Gandy aparecieron los hoyuelos. Los ojos. Uñas limpias. y la pasó a la figura de la máquina de coser. el sombrero está convirtiéndose en un símbolo de emancipación. Si quitaba dos monedas más. La ambición la dominó. Jube. abierto en un lado para que pueda abrirse la puerta. Y tiende a empeorar. Extendió una mano y tomó otra moneda.. Use su imaginación. la máquina quedaría fuera de su alcance. señorita Downing. Agatha contempló los maravillosos ojos rasgados de Jubilee y la recordó colgada en el columpio como una paloma nivea. con todas estas discusiones sobre el sufragio femenino. no tengo la más remota idea de lo que usted quiere — dijo. señorita Downing? Agatha contempló la mano.? —¡Violet! Violet ignoró a la patrona y se inclinó. —Lo haré —aceptó. —Por empezar. y las cuatro monedas volvieron con las otras—. Un trato es un trato —dijo. confidente. —Algo para cubrir la jaula. que desarmaban. y se acercó a Agatha tendiéndole la mano—. Al parecer. Contra su deseo. Atado arriba.49 - . —¡Basta! —exclamó.. —Chasqueó la lengua y sacudió la cabeza con expresión apesadumbrada—. —Sesenta —dijo Gandy. ¿Por qué le parecía que sólo los canallas estaban tan dotados? —Para las siete —aceptó. Pearl. Ruby. mirando a Agatha sonriente e interrogativo: —Setenta. la halagó. Tenía unos labios tan perfectos. Agatha giró la cabeza. —Bien. La mano de Gandy se movió de nuevo. —Claro que lo haré. El diamante brillando en el meñique. hay mujeres que dejaron de usarlos. con menos convicción—. Muñeca delgada. Jube le mostrará. Fijó la vista en la disminuida pila de monedas. ¿para las siete.

o a la vieja? —La vieja. terminaremos con tiempo de sobra. Mississippi. como una cortina para la ventana. ¡Maldición y maldición doble! ¡Soy incapaz de coser. resultó evidente que Jubilee y Pearl no habían mentido: eran inútiles con la aguja. ¿dónde aprendiste a coser así? —¿Dónde crees? En Waverley. Después. Mi mamá trabajaba en la casa grande para la señorita Gandy. —¿Por qué no se queda sentada? —sugirió Agatha—. De inmediato. Encendió el fuego en la estufa y calentó las planchas para formar un ruedo de una pulgada en todo el perímetro. por supuesto. Si sostienen el satén en la falda y van guiándolo para que no se arrugue. No soy mejor que Jube para esto. y mi mamá me enseñó a mí. mientras Violet y Ruby trabajaban delante de ella marcando el ancho con tiza. será suficiente ayuda. con un cordel en la parte superior para fruncirla. Agatha observó el lamentable trabajo de Pearl. —Usted también. —La plantación Waverley. Estoy haciéndome un lío y ahora. Tres dedales chocaron con tres agujas y la tela brillante fue pasando lentamente sobre los regazos. Jube. voy a manchar la seda. allá en Columbus. y las cinco mujeres se pusieron a la tarea de hacer la funda. Por otra parte. y ella le enseñó a mi mamá a hacer costura fina. La joven era demasiado frivola para coser. No pasó mucho tiempo hasta que Jubilee se pinchó el dedo: —¡Ay! —Lo metió en la boca y lo chupó—. —¿Waverley? —sondeó. se sentaron todas en círculo y comenzaron a coser los bordes. Era como tú. En verdad. Ruby. como Ruby es tan habilidosa. —¿Quiere decir que nuestro patrón creció en una plantación? La imaginación romántica de Violet se expresó con claridad en sus . La misma Agatha manipuló las planchas de hierro. Entretanto. —¡Mirad a Ruby! —exclamó Jubilee después de un tiempo—.50 - . Jubilee llevaba las planchas frías a la estufa y traía las calientes.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 4 Agatha mandó a Pearl a medir la altura y la circunferencia de la jaula. además. Era un diseño bastante simple. Ruby tenía dedos ágiles y cuidaba de hacer puntadas uniformes e invisibles. —¿Te refieres a la joven señora Gandy. Las tres rieron de buena gana. donde creció el señor Gandy. —¿Puedo dejarlo yo también? —rogó Pearl—. y Pearl sujetaba la seda que colgaba de la tabla de planchar para que no se arrugara. Violet equivocó una puntada al oír mencionar a la joven señora Gandy. —La negra dirigió a la blanca una mirada significativa—.

Las encontraron en el camino. Aun así. una enorme y ancha galería. Más bien. La guerra no pasó por Columbus. Violet sintió tanta curiosidad que se sentó en el borde de la silla. pobre hombre —se condolió Violet. A fin de cuentas. era joven. Qué nombre tan romántico. Corríamos descalzos por ahí juntos. el patrón. Cuando el joven señor Gandy volvió. La voz algo áspera de Ruby recordó: —La más hermosa que se haya visto. —Waverley —repitió Violet. Ahora él está muerto. pero dejó que Violet hiciera las preguntas. qué tiempos! Claro que eso fue antes de la guerra. entre su mamá y su papá. Grandes columnas blancas en el frente. soñadora—. —Oh. Las dos.51 - . Pero siguió preguntando: —¿Cómo murieron? Ruby alzó un instante la vista. y una hija? Ruby asintió. sin levantar la vista de la costura. nacimos todos en Waverley. —¿Quiere decir que él era el dueño? —El padre. señora. pero ahí no. ellas ya estaban enterradas dentro de la cerca de hierro negro al otro lado del camino. Ivory y el patrón. ¡Ah. en la mitad del trayecto hacia el pueblo yaciendo boca arriba en la carreta. Agatha trató de imaginar a Gandy de niño corriendo desnudo con un par de chiquillos negros. pero nadie lo sabe con certeza. . tan extensos que un zorro no podía recorrerlos en una mañana fría. era una pena. y sus dedos siguieron moviéndose. lo vio con un cigarro en la boca y un vaso de whisky en la mano. Se despertó el interés de Agatha. y la mula ahí. Violet quedó tan atrapada con la historia que tuvieron que recordarle la costura. Ese lugar era glorioso. y la pequeña. Yo. —Sí.. Por mucho que lo intentó Agatha no pudo contener la curiosidad: —¿Quién es el dueño? —Él. —Si lo supiera. volvería. Pero eran unos blancos tan buenos como es posible. yo también. —¿Fantasmas? Los ojos de Violet se dilataron. Todas las grandes mansiones permanecen intactas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR ojos. —¿Qué sucedió con Waverley? —Sigue ahí. pelábamos nueces de pecana. nadábamos desnudos en el río.. Lucharon en los alrededores. y la esposa también. Pero él no llegó a tiempo a la casa para verlas una vez más. Mi mamá y mi papá eran esclavos del viejo señor Gandy. Supongo que encontró demasiados fantasmas. y después de la guerra. pero el cuadro no cuajó. Pero sólo fue una vez después de la guerra... Antes de la guerra. el viejo señor Gandy. —La joven señora Gandy. esperando a que la hicieran andar. La aguja de Agatha se inmovilizó y miró a Ruby por encima del satén: —¿Tenía esposa. Por la mente de Agatha cruzó raudo el pensamiento de que otros hombres se habían hecho libertinos por motivos mucho menores. —Murieron. Y el río Tombigbee que los cruzaba. Y campos de algodón alrededor. entre las varas.

El pobre Ivory nunca había recibido latigazos cuando trabajó para el viejo amo Gandy. La segunda vez se fue para no volver jamás. Va a explotar.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Ruby asintió. trabajando en esa jaula flotante. No. Ruby siguió cosiendo. como si ella supiera de qué hablaba. y luego volver a cargarlas cuando el capitán volvía tras pasar el primer tramo corriente arriba.52 - . «gallo». era maquinista y trabajaba en esa sala de máquinas pestilente. —Vamos. Jack Hogg le dijo: «No puedo hacerlo. —Movió la cabeza con pesadumbre—. y los pobres estibadores tenían que descargar cientos de toneladas de carga para aligerar el peso cuando el río estaba bajo. ¡Tengo manzanas y limones que perderán la mitad de su valor si ese desgraciado de Rasmussen llega antes a Omaha!» »De modo que Jack Hogg se puso a ajustarla. con cierta amargura—. Se puso a apostar en los barcos fluviales y se enteró de que Ivory y yo trabajábamos en el Delta Star. señor». Estábamos todos a bordo un día que el capitán ordenó apretar la válvula para salir de un atascamiento. y odiando cada minuto de esa vida. a Natchez. ¿No es cierto. —Mientras continuaba la historia. le decían. cuando la guerra terminó. también. con las cejas como alas levantadas. Y a mí y a las chicas ahí. Yo estaba haciendo lo que estaba haciendo. —¿Él? —Los ojos de Violet chispearon de interés—. Ruby cosía sin parar. Para sorpresa de Agatha. —¿Y la llevó con él? —¿A mí? —Ruby levantó la mirada. También Hogg. «Eh. la vista en la labor—. complaciendo a los señores. a mí no. los gallos se sumergían. eso no es cierto. que tocaba el banjo y se burlaban de él porque tenía mal la lengua y no podía decir ni una palabra. ¡Mira lo que hiciste por mí! Y por Pearl. el joven amo encontró a Ivory trabajando como peón en cubierta. sorprendida y rió con su risa de contralto—.. ¿Quién? —El joven señor Gandy.. e Ivory era estibador. Pearl? Pearl dijo: —Escucha a Jube. tendremos que hacer dos viajes con esta carga». Lo próximo que supe es que Jack Hogg y casi todos los demás volábamos por el aire como si . Ruby. Tenían que cortar leña y sumergirse cuando el barco tropezaba con un tocón. La mejor. Fue él. y vio que ese canalla de Gilroy le daba latigazos cada vez que se le antojaba. —Rió otra vez. —Se marchó a luchar contra los yanquis y cuando volvió no encontró más que a unos pocos negros tratando de arañar unas coles verdes de los campos de algodón agotados. gallo. Pretendía vivir a mi capricho y llevar una vida fácil hasta que la carroza viniera a buscarme. ¡sin importar que hubiese víboras en el agua! Si el capitán ordenaba sumergirse. realista. con el agua a las rodillas. señor. él. Ruby. el que despacha las bebidas para Gandy. Yo soy una negra encopetada. Jubilee se inclinó y apoyó su mejilla blanca contra la negra de Ruby. Y Marcus. Ya no espero ninguna carroza —concluyó. me fui a la ciudad. en las afueras de Natchez. »Entonces. Eres una buena mujer. El capitán insistió: «Aprieta a la hija de perra con fuerza. Y yo nunca supe lo bueno que era Waverley hasta que quedé librada a mis propios medios. —No fui yo la que lo hizo. Cuando dijeron que era libre. maquinista. Terminé en los barcos fluviales.

Si íbamos allí. dijo. y tenía suficiente dinero en la bolsa para abrir una taberna.. aunque en ese terreno Jube nos supera a Ruby y a mí. Seréis bailarinas. «Terminaron los días de navegar por el río. Nos dijo que había conseguido amigos: nosotros.. Pero esperen a ver cómo Pearl levanta la pierna.. —Verdad. Además. ya no sería más estibador. Puede quitarle a un hombre el sombrero de una patada sin despeinarle un solo pelo. Agatha se asombró cada vez más. siempre dices lo mismo. Las chicas y yo paseábamos por cubierta buscando nuestro próximo cliente. en armonía con sus ojos rasgados. somos buenas bailarinas. . Y las cosas están mejor que nunca desde que terminó la guerra. Tenemos que salir de aquí mientras aún tengamos un sitio a dónde ir». ¿verdad. pues es capaz de apagarla! ¿No es verdad. conviene colgar la lámpara en algún otro sitio... A diferencia de la de Ruby. Lo siento. es muchísimo mejor bailar y nada más. Por eso el señor Gandy dice «cosed». ¿Y qué creen que le contestamos? «Lo que diga.. Trajo a Marcus para tocar el banjo. y nosotras cosemos. Espere a escucharla. Y Pearl. —Oh. chicas? Y bastante buenas cantantes. en cuanto se curara atendería el bar. pero somos lo más parecido a parientes de sangre. así que los dos estaban bien.53 - . Estaba en la leñera. Ni manos grasientas que nos manosean. ¡y que lo diga!. y acababa de ganar un montón de dinero. ¿Gandy era el benefactor? ¿Había sacado a esas tres muchachas de una vida de iniquidad? —¿Es decir que no tienen que. Ivory. ¿no es cierto. Ni. ¡Cuando Pearl empieza a levantarla. dijo el patrón. Como dijo Ruby. chicas? Las chicas asintieron. Pero Jack estaba junto a la caldera. de modo que caímos directamente al agua. ¿no es cierto. Y Jack Hogg no quería estar nunca más cerca de una caldera.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR fuésemos camino a la gloria. Lindas... —¿Prostitutas? Ya no. Pearl tiene esa especialidad que ella perfeccionó. chicas? Somos jóvenes. no tendríamos que entretener más a los señores. cargando un poco para llevar abajo. donde el señor Gandy estaba jugando. Ivory es pianista. allí irían los vaqueros. Durante el relato de Ruby. Marcus estaba en cubierta. »Pero el joven señor Gandy se ocupó de todos nosotros. señorita Downing. patrón». ¿No son. no lo creerá.. ¿verdad. pero dijo que. Pearl y Jubilee—. ¡oh! —Jubilee vio que Agatha bajaba la vista y se sonrojaba—. Ruby? La negra lanzó su risa gutural.. Nunca adquirí buenos modales.? Jubilee rió. Jube y yo. —Como dice Jube —agregó Pearl—. »Dijo que había un solo lugar para hacer dinero rápido: en la cabecera del Chisholm Trail. Ivory también tuvo suerte. ahora sólo somos bailarinas.? —Abarcó con la mirada a Ruby. Le quedaron feas cicatrices. señorita Downing. Pearl. No tenemos familia. tocando en el salón de juegos. Scott dice que tiene una voz capaz de avergonzar a un sinsonte. su risa era leve y alegre. —Jubilee miró con ojos radiantes a las sombrereras—. Ya no tenemos que soportar lenguas con gusto a whisky que nos ahogan. y el patrón lo sabía. Y agradecemos el cambio. donde está el ferrocarril. tesoro? Le tocó a Pearl reír.

. Bueno. te olvidas de que estamos de visita en esta tienda. —Está bien. —¿Cómo haremos eso? —preguntó Jubilee. si el reloj es de oro. pero en público se sonrojará como un tonto ante la menor provocación. oh.. Tal vez fuese la gran camaradería o el orgullo despojado de egoísmo que sentían una por otra. si lo desea. estaba menos horrorizada de lo que habría estado una semana antes. a los hombres les encanta. Nos alivia saber que no es así.. Pearl ahuecó una mano alrededor de la boca y respondió en un susurro teatral: —¡Entre los pechos! Violet se tapó la boca: —Tt-tt. allá en el barco fluvial. Scott se ha vuelto honrado. A veces. El oro se calienta más rápido que la plata con sólo estar contra la piel. ¿dónde? —repitió Violet. No puedes hablar ante ellas como lo hacemos entre nosotras. tt-tt.54 - . ansiosa. —Oh. y el hombre tiene que sacarla del todo si quiere recuperarla. —Bueno. Violet y yo teníamos la impresión equivocada de que ustedes harían mucho más que bailar en la Gilded Cage.. Y cuando sienten el oro tibio. caramba! Sin embargo. —Cuéntenos. le enseñó a Ruby un pequeño pase de manos y ella lo incorporó a nuestro espectáculo. —Es asombroso —prosiguió Pearl—. sin que el tipo se dé cuenta. —Sí. Agatha se sonrojó..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Pero fue idea de Ruby.. Un hombre es capaz de hacer casi cualquier cosa contigo a solas. bah! ¿Qué saben ellos? —Cuéntales. vamos. ¡Bien! —Agatha cortó un hilo y se concentró en el trabajo pues no sabía cómo participar del tema—. En especial. —Si les parece que es algo que a dos damas como ellas les gustaría oír. Ese trío tenía algo contagioso. lo cual no significa que no pueda guardarse una carta en la manga. Cuéntales el truco de la desaparición. Ruby agitó una palma sonrosada. —¡Oh. se me va la lengua. Agatha estaba cautivada. —¿Dónde? —preguntó.. contemplando la funda. tienes razón! —Pearl se tiñó de un sonrojo tentador—. ¿dónde creen que aparece? Contra su voluntad. Ella es siempre la que tiene las mejores ideas. Sólo falta que pasemos el cordel por el borde superior. ni a usted tampoco. . Ruby —insistieron las dos. —¡Los hombres. Pearl lo contó. Pearl —la interrumpió Jubilee—. —¡Oh! ¡Oh. Resultaba infrecuente que tres mujeres con ese oficio pudiesen albergar tan pocos celos entre ellas. y habremos terminado. Y cuando advierte que no lo tiene. cuéntenlo ustedes. señorita Downing. —Ahora. —Vamos. señorita Parsons. es algo digno de verse. Ruby. tras una puerta cerrada. No quise incomodarla. Puede quitarle a cualquier hombre el reloj y la cadena.. Cuando Ruby hace oscilar la cadena del reloj de un tipo fuera de su corpiño.

un instante de incomodidad. y los llevó hacia las sillas sin dejar de parlotear—. señorita Jubilee —le advirtió con una sonrisa amarga—. —¿Arriba? ¿O sea encima del almacén? . —Déjeme ayudarla con eso. que a Agatha se le soltó la lengua. —No soy una inválida. señorita Downing.. qué perspicaz es. por eso. no me parece justo. Agatha no pudo seguir enfadada. a su modo ingenuo.55 - . jamás se había atrevido a formularle esa pregunta. usted renquea! —exclamó Jubilee. pero. ¿cómo saberlo? Sin embargo. mientras se preguntaba cómo responder a una observación tan directa. —Es bastante sim. Agatha sintió un golpe de calor. le sacó los elementos de las manos. —¿Cómo. —Se acercó a Agatha. ¡Claro que no! ¿En qué estoy pensando? Depositó la aguja y el cordel otra vez en las manos de Agatha. Señaló. —pensó Agatha—. Agatha contestó con sinceridad: —No. ¿Cómo era posible que alguien escapara al encanto de Jubilee Bright? Nunca nadie había enfrentado la cojera de Agatha de modo tan directo. Ya estoy acostumbrada.. Jesús. —Hace años que la tengo. pobre chica! ¡Qué espantoso! Varias ideas sacudieron a Agatha al mismo tiempo: hacía años que nadie le decía «chica».. Agatha comprendió que Violet también sentía curiosidad. y como vivo arriba. había recuperado la compostura. cerró la puerta del gabinete. Y una vez que se adaptó a esa franqueza. —A decir verdad. —¡Caramba. Jubilee siguió el primer impulso.. Pero los bellos ojos almendrados de Jubilee expresaban preocupación. —¡Oh! —Jubilee miró las cosas que tenía en las manos y lanzó una carcajada vibrante—. —No es nada. A Agatha le resultó desconcertante que una mujer supuestamente «mala» expresara en voz alta sus propios pensamientos recurrentes y no pudo evitar sentir simpatía por la impetuosa Jubilee. y henos aquí. —¿Se refiere a que nació con eso? «Oh.. Por extraño que pareciera.. nada? Pero. Tendríamos que haberlo advertido. había llegado a la caja agujereada donde encontró un ovillo de cordel y una aguja gruesa de zurcir. Y Jubilee lo hacía con tal falta de embarazo. hablando de levantar las piernas. Dios. le pareció un cambio refrescante en comparación con las miradas de soslayo que solía recibir. Gracias a Dios. Cuando se dio la vuelta otra vez hacia el grupo. Jubilee no se mostraba entrometida sino compasiva. Lo peor son las escaleras. en todos los años que se conocían. ¿No tiene la agudeza suficiente para saber que carece de tacto?» Aunque se sentía perturbada. Jubilee miró sin disimulo la falda de Agatha: —¡Oh.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Agatha se levantó y cojeó hacia el gabinete donde tenía los elementos. —¿Cómo sucedió? —Me caí de las escaleras cuando era niña. Puedo llevar yo misma la aguja y el cordel. me arreglo bastante bien.

que lo daba por hecho. escuche. tenían una generosidad intrínseca más profunda que algunos presbiterianos que conocía.. en realidad. enaguas y otras cosas. —Lo siento. —Sí. y lo paso hacia atrás. —Hace tanto tiempo que lo hago. se concentró otra vez en la tarea de Agatha—. que ya es una tarea mecánica. bajarlas. seremos vecinas! —Cuando Jubilee sonreía. —Jubilee se volvió hacia las amigas—. llame. —Muchachas. —¿Cómo lo hará? —quiso saber Jubilee. soy fuerte como un caballo. cualquier cosa que podamos hacer por usted. Pero eso es asombroso. —¡Entonces. —Es fácil.56 - . por ahora. Pearl y Jubilee. esbozó una sonrisa maliciosa—.. —A mí jamás se me habría ocurrido algo semejante. y nací recibiendo órdenes —proclamó Ruby—. Nosotras también viviremos arriba así que. yo coso toda mi ropa. Con un repentino cambio de expresión. Es por el lugar en que trabajamos. Hacía tanto tiempo que Agatha sabía cómo pasar un cordel por una costura. —¡Eso! ¡Lo que está haciendo! ¿Dónde aprendió eso? —Me enseñó mi madre. no cabe duda de que tienen un lenguaje pintoresco. dormimos hasta tarde. —Bueno. era un espectáculo que quitaba el aliento. —¿Afortunada? ¿Cuándo fue la última vez que Agatha se consideró afortunada? —Y por tener una madre que le enseñó. —Es tan afortunada de conocer bien un oficio. Es decir. en su anterior profesión. La inclinación de los ojos rasgados armonizaba con la de los labios abiertos y le confería un aspecto de juventud y entusiasmo. ¿Cómo podría Agatha disgustarse con esas tres? Cualquiera hubiese sido el pasado de Ruby. Paso el cordel por el ojo de la aguja. ¿Su madre le enseñó muchos trucos de costura? Me refiero a cómo hacer vestidos. chicas? —Por supuesto —confirmó Pearl—. ¿No es así. Viví en el Orfanato de St. además de sombreros. me dijeron que murió cuando yo nací. no dude en llamarnos.. mirad eso! A Agatha se le escaparon unas carcajadas. —En cuanto a mí. o correr a buscar algo. desbordando animación y brillo. pero siempre tenemos las tardes libres. Gracias que puedo atarme los cordones de las botas. —¡Usted sola! ¿Usted hizo eso? —Tomó a Agatha del codo e . Por la mañana. debieron de requerirla con ansiedad—. Yo no tuve madre. Agatha pensó que. —Gracias a todas pero. Los ojos de Jubilee se agrandaron cada vez más mientras sujetaba el borde del satén rojo y observaba el trabajo de Agatha. —¡Por las bolas de fuego. Luke cuando era pequeña. —¿Qué? Agatha se concentró en fruncir la tela sobre el cordel. Contempló los ojos fascinados de Jubilee y sintió una chispa de orgullo por su trabajo. —De súbito. ¿Qué dirían esas monjas si me vieran ahora? —No había el menor matiz de autocompasión en el comentario de Jubilee. levantar cosas. Cualquier cosa en que pueda ayudar.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Jubilee dirigió la vista al techo de hojalata. limítense a estirar el borde superior de la cortina para que pueda pasar el cordel por la costura. sí. señora.

Sé que puede. sintiéndose acosada y halagada al mismo tiempo por el entusiasmo de las muchachas. más complicado aún—. —Agatha vaciló un momento y. —Saben. en capas —agregó Ruby. ¿verdad? —le preguntó Jubilee a Ruby. con entusiasmo—. por favor! —dijo Agatha. que era habilidosa con la aguja.. por favor. —¿Dónde podríamos conseguir. diga que sí. —Hacer esas faldas nuevas que queríamos para el baile francés. —¿Qué cosa? —preguntó Agatha. pero estoy desilusionada. sólo que dentro de la falda. —Lleva muchos frunces alrededor. y convenceré a Gandy de que pague. Las muchachas la ignoraron. pero supongo que comprenden que no es posible ni aconsejable. y si hago algo más. —¿Faldas nuevas? —¿Baile francés? —El cancán —aclaró Pearl—. dejándose caer en una silla—. —¿Qué cosa? —repitió Violet. cosiera los trajes para las bailarinas de la taberna? Ya fue bastante malo hacer la funda para la jaula. Me vendría bien el trabajo. haciendo ademanes—.? —Oh.. Pearl hizo un mohín: —Tal vez no. —Podría hacerlo. al fin admitió—: Yo también. —¿Cómo que. Con la barbilla en la mano. —¡Por favor. le alzaron el ruedo en la parte de atrás para examinar el polisón que parecía una jaula. —Pearl.? Agatha rió. alguien se enterará. maldición —dijo Pearl. lo que es más.. enlazado atrás. Tres bailarinas rechazadas giraron y comprobaron que era cierto.. Hablaron todas al mismo tiempo. con ribetes. .57 - . pliegues y alforzas y. tocándole el hombro. y el polisón en cascada. no debe usar ese lenguaje —la regañó Agatha con gentileza. pero he estado practicando mi patada alta especialmente para eso. No es por ofenderla. Y. que no pudo decir nada. chicas! —Las tres examinaron los detalles del drapeado austríaco de Agatha. hasta la misma Ruby.. —¿Será posible que lo haga? Ruby inspeccionó minuciosamente la hechura de la ropa de Agatha. señoras. piezas cortadas al sesgo. es cierto. ¿Qué pensarían si la presidenta del grupo local de la U. no tengo máquina de coser... señorita Agatha. Como las antiguas crinolinas. Y no puedo bailar el cancán sin esas faldas fruncidas..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR inspeccionó la forma complicada del corpiño. Jube esperaba una respuesta. No puedo.C. —No puedo.. Quedó tan sorprendida.M. exclamó—: ¡Mirad esto. —¿Qué cosa? —insistió Violet. —¡Usted puede hacerlas! —dijo Jubilee. levantando las palmas —.. ¡Ése sí que es un trabajo bien hecho! Lanzaron exclamaciones de entusiasmo. volviéndose hacia ella. —Oh. Lo siento. —Creo que sí.T. —¿Enaguas también? Antes de que pudiese objetar. y caía desde la cintura hasta los talones en un conjunto de costillas horizontales unidas con tela de algodón blanco.

tristes. De pronto. comprendió lo absurdo de su sugerencia. Pearl y Ruby. «Sí. vieron cuánto tiempo nos llevó hacer ese ruedo a nosotras cinco. Jubilee. Y las muchachas eran divertidas. creo que tenemos que irnos. Las muchachas quedaron contrariadas. Violet cerró la boca. Violet era su amiga. A usted también. Trató de imaginarse cómo sería formar parte de una hermandad como la que compartían Jubilee. se sintió deprimida. Me ahorraría el trabajo de llevarlo. Desde que abrió esta tienda. —Estaría bien. Louis o. nunca hubo tanta animación. Jubilee suspiró: —Entonces. y tocándose las sienes. —Claro —dijo Jubilee. lo son». háganoslo saber. ahora que el bullicio había acabado. por el trabajo apresurado. olvidó que las jóvenes no eran la clientela más adecuada para la sombrerería. Violet. comentó. Irradiaban comprensión real. ¿Nos llevamos esto? Levantó la seda roja con dos dedos. bueno. —¡Son maravillosas! —exclamó Violet. En las faldas fruncidas. tonterías! Ellas no venden licores. Se rió y. derrumbándose en una silla—. por un tiempo. señorita Parsons.. Violet miró hacia la puerta. en ocasiones eres muy aburrida! Y con el mentón levantado. está fuera de discusión. Si cambia de idea. tener amigas tan auténticas como ellas..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Violet empezó: —Pero. Finalmente. ¿No las oíste? —Pero las danzas de ellas promueven la venta de alcohol. Y ya no son mujeres de la noche. Se había sentido más viva que en años. Cuando se fueron.. ya lo sabes. gracias señorita Agatha. tenían un grupo al que llamaban su . Cuando Pearl abrió la puerta trasera.? —No.. Por segunda vez en pocas horas. son metros y metros de tela que hay que dobladillar. —Pero no podemos hacernos amigas. ¿no podríamos. Salieron en fila. pero no en el sentido en que lo eran las tres jóvenes bailarinas. Agatha pensó en esa extraña tarde. qué impresionantes —dijo. Violet. Es lo mismo. No hacen otra cosa que bailar. —Lo siento. Difícilmente encontrarían trajes para cancán en un catálogo de tienda de ropa hecha. orgullo en los limitados logros de las otras y una asombrosa falta de rivalidad. Tengo que decir que no.. Agatha. resentida: —¡Agatha. Agatha sugirió: —Quizá puedan encargar los vestidos a St. —pensó Agatha—. Acaban de nombrarnos funcionarías de la unión por la templanza. y el señor Gandy ya me pagó. Al quedarse sola. —¡Oh. —Usted déjenos a nosotras tratar con el señor Gandy. —Bueno. aceptación mutua. dudo de que el señor Gandy esté dispuesto a pagarme el tiempo que llevaría.... —A mí me pasó lo mismo —acordó Agatha. Chicas. Pero lo más asombroso era que les había contado lo del accidente y se sintió maravillosamente bien. —Caramba. y disfrutó de su presencia. Además.58 - . No obstante. se fue de la tienda hasta el otro día. o. Y para hacerlo a mano. suspirando.

De todos modos. Y. que bailaban en salones donde colgaban cuadros de desnudos en las paredes y sacaban sombreros de las cabezas de los hombres de un puntapié. No se escuchaba el banjo ni el piano. como habían dicho las chicas. ¡Agatha. ¡Agatha. Agatha los envidió de nuevo. mientras Gandy y las muchachas colocaban la funda y le arreglaban los pliegues. La puerta trasera de la Gilded Cage se abría a un pequeño corredor entre dos cuartos de almacenar cosas. es tan divertido estar con ellas. ¡Y tres personas para ayudarte! Era un soborno. las dejó aparte. pesado..59 - . nunca había tenido la oportunidad de comprobar cuánto pesaban diez monedas de diez dólares. Al principio. La camaradería. y acomodó las otras cuatro como un dominó sobre la palma de la mano. ¿Desde cuándo te volviste mercenaria? ¡Oh. Una alegre banda de clientes de la taberna y los empleados del establecimiento se apiñaban alrededor de la jaula dorada.. ¡Escúchate! ¡Pronto estarás cosiendo vestidos de cancán! Tengo ganas de intentarlo. Por un instante. ¿Envidiable? La idea sacudió a Agatha. con máquina de coser o sin ella. en el mismo lugar donde las había dejado Gandy. Se preguntó cuánto tiempo tardarían en mandarle una máquina de coser desde Boston. Pronto sería hora de prepararse para la reunión de las siete. y tú lo sabías. que si bien no era una familia verdadera. sólo alegres conversaciones. Agatha se levantó de la silla y vio las monedas de oro haciéndole guiños desde la mesa de trabajo. Pero mucho. Al final. Y esa «familia» estaba encabezada por un apostador del río al que seguían como si fuese el Mesías.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR «familia». Ésas eran mujeres que complacían a hombres por dinero. Sería dinero sucio. que habían aprendido a sustraer relojes de bolsillo a caballeros desprevenidos. Cien dólares por menos de tres horas de trabajo. ni lo pienses! Pero sí. me pagó demasiado! ¿Y qué piensas hacer al respecto? Tomó las diez monedas de oro y las sopesó en la palma. está bien. estaba tan triste? Estaba haciéndose tarde. de pronto. Extraño. no seas tonta! Pero las muchachas son tan vivaces. ¡Eran pesadas! Hasta entonces. Agatha pasó inadvertida. ¿Cómo pudo creer por un instante que las envidiaba? Pero si no las envidiaba. Separó seis. Y él paga bien. Envidiable.. Cuarenta dólares era mucho dinero. en la sombra. Dinero tibio. paga bien. igual que con cualquier otro. Con dinero de soborno se pueden comprar máquinas de coser.. ¿por qué. El . ¡Agatha. se calentaban rápido. resultaba mejor porque no estaban vinculados por el parentesco sino por elección. mientras lo hacía deseó ser tan desinhibida como Pearl para poder maldecirse por lo que estaba a punto de hacer. cerró con fuerza la palma de la mano y se dirigió a la puerta trasera. estás tan senil como Violet! Imagina cuánto ganarías haciendo los vestidos de cancán. escuchó a su conciencia.

señora. no se movía en absoluto. Agatha no estaba habituada a ver cómo los hombres se acomodaban la ropa. Se bajó las mangas. Era justo lo que Scotty quería. —Sacó las cuatro piezas de oro—. señorita Downing. y algo le pasó en la boca del estómago. —Buenas noches. De inmediato. Hacían chistes al respecto. —Exacto. no puedo aceptar tanto dinero. Gandy le pasó un brazo por los hombros. en cambio. la mano del hombre pasó por el hueco de la cintura. le aparecieron los hoyuelos. —Señorita Downing —la saludó con sencillez. miró las monedas: —Un trato es un trato. deteniéndose junto a Agatha. La mitad sana de la cara de Jack Hogg sonrió y. Pero como la trató con cortesía. Levantó el bombín. No imaginaba que las personas hicieran cosas así fuera de la alcoba.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR modo en que reían y bromeaban entre ellos. señora. ¿Puedo hablar con el señor Gandy. se esforzó por no apartar la vista. Cuando hablaba. Gandy se apartó del grupo que estaba junto a la jaula. recibiendo elogios por la cubierta roja que había cosido. Aceptaré eso. la comisura derecha de la boca iba hacia abajo. Jubilee hizo un comentario. Creo que quedamos en sesenta. la señalaban. La sorprendió que supiera su nombre. Cuando vio a Agatha. Se rehízo. señor Hogg. cortés. Después. fijando la mirada en el pecho de él. sacó el brazo de los hombros de Jubilee. Agradezco que se haya dado tanta prisa. Que el cielo la ayudase si alguien acertaba a pasar por la puerta y echaba una mirada dentro. miraban hacia arriba.60 - . y le oprimió las nalgas sin prisa. —No vine a charlar. como algunas personas hacían con ella. Todavía sujetándose las solapas. ¡Eh. exigió una actitud similar de parte de ella: —Buenas noches. —Señor Gandy —respondió. Advirtió enseguida que él también se sorprendió de que conociera su nombre. Echó la cabeza hacia adelante mientras se acomodaba las solapas en un gesto sencillo pero. muy masculino. donde habían instalado una puerta trampa. A Agatha se le secó la boca y sintió un calor en el cuello. Se miraron y compartieron una diversión privada. —Levantó la voz—. Agatha comprendió la ironía de estar ahí en la taberna con el cuadro de la mujer desnuda. —La funda luce espléndida. y se la puso mientras caminaba hacia ella. aunque es más que justo. a la vez. tomó la chaqueta de manera automática del respaldo de una silla. por favor? —Por supuesto. Para ser honesta. Una cuerda iba de la punta superior de la jaula a una polea montada en el techo. Scotty! Aquí hay una dama que quiere hablar contigo. vio a qué se debían los martillazos. y caminó por el pasillo hacia el grupo. y todos rieron. . aunque era grotesco. la izquierda. —Me pagó de más. El barman de las cicatrices en la cara la vio y se apartó del grupo para saludarla. —Hizo un trabajo espléndido.

. Los hoyuelos ya no estaban. —Ya le dije que. —La respuesta es no. de inmediato. —¡Tome! —exigió.. Clavó en la mano una mirada malévola y. —Necesitará un poco de dinero para hacerme cerrar. ¿sabe. Ya acabé de hacer negocios con usted. La corbata estaba floja. Gandy la soltó: —Disculpe. —¿Tiene algo más que decir. Ese sujeto era demasiado apuesto. Los hoyuelos se ahondaron y Agatha se dio la vuelta para irse. Llevaría demasiado tiempo y las damas de la unión por la templanza no lo verían bien. Agatha bajó la vista. —Las chicas me contaron que le pidieron que hiciera unos trajes y que usted se negó. El cabello rozaba el cuello blanco. Nunca había conocido a un hombre con tal tendencia a la ligereza. sentiría escrúpulos. que Agatha lo miró. —Hasta las siete. —Usted es una mujer sorprendente. La tapa se abrió. supo que su corazón estaba latiendo con demasiada prisa.? Sacó el reloj y la mujer se concentró en el pulgar que soltaba el cierre. —Por favor. ¿O sólo tocaba a Jubilee de manera íntima? Volvió del ensueño y lo oyó preguntar: —¿Por qué? —Lo. se reía de ella. señor Gandy? —preguntó con aspereza. Además. pero la aferró del brazo para detenerla.. ¿Por qué no lo suma a los fondos por la templanza? Agatha alzó la cabeza de golpe: sonreía como un gato al que acarician. Era de oro resplandeciente. Gracias por devolverme el dinero. No obstante. —Eso no es lo que me dijeron cuando la vieron hacer esa funda. —Ah. Pero viene a devolverme cuarenta dólares con el argumento de que le pagué demasiado por una labor de costura que usted no quería hacer. —Está bien —aceptó. soy sombrerera no modista. Adoptó un tono tan suave que eso bastó para hacerla ruborizar. Mientras lo desafiaba.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Gandy guardó silencio tanto tiempo. ¿Por qué? Volvió a levantar la vista y la bajó más rápido que antes. pelearé. —En menos de una hora.61 - . repitiendo las palabras de antes y . tibio. tome el dinero. de entre los pechos de Ruby. —Así es. es encomiable. Usted sabe que es verdad que pago bien —Les expliqué a las muchachas que no tengo máquina de coser. si lo conservara. De aquí en adelante. —¿Piensa volver dentro de. señor Gandy. lo siento. usted piensa volver aquí y comenzar a estropearme el negocio. con una semirreverencia—. No olvide la libre empresa. su rostro se mantuvo severo. —Alzó un largo índice—. y pensó si alguna vez lo habría sacado. Estaba contemplándola con la cabeza ladeada. Podría comprar otro desnudo para la otra pared. ¿Qué me decía? Una de las cejas del hombre formó un signo de pregunta.. aferrándole la muñeca y apoyando con fuerza las monedas en la palma. señorita Downing? Bajo la perturbadora observación. entonces —dijo.

observó la trasera de las faldas de Agatha. mientras sacaba un cigarro del bolsillo.. ¡Y tenía suficiente tela para hacer una tienda de campaña! Se preguntó por qué demonios una mujer se pondría semejante aparato. si no me equivoco.. Y las puertas estarán abiertas. Gandy alzó el mentón y rió: —Estaremos esperándola. infladas y haciendo frufrú. Era un apostador. Cuando salió.. lo será una máquina de coser».. en este caso. vive con muy escasos recursos. Pondría dinero en eso. «¡Esa cosita de dedos ágiles!.62 - .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR haciendo una levísima reverencia. . Y. —pensó—. Estoy dispuesto a apostar que las monedas de oro de diez dólares no son lo único más convincente que las palabras.

miraron vacilantes a Drusilla Wilson. Desde la copa baja del sombrero negro hasta las puntas resplandecientes de las botas. el chaleco azul hielo. Algunas. —Buenas noches. Sólo entonces saludó con el Stetson negro. Hasta faltaba en sus dedos el cigarro pestilente. paseó la vista del rostro de una mujer al de otra. en el efecto que ejercía sobre el sexo opuesto. El resplandor anaranjado sólo iluminaba parte de su rostro. Sin prisa. Para su alivio. —Señorita Parsons. poco antes de las siete en punto. el diamante chispeando incluso a la media luz del crepúsculo. mirando. exhibiendo una sonrisa jovial. Debajo. no tocar. el cuello blanco inmaculado. Agatha permaneció rígida.. temió que mencionara lo del trabajo de esa tarde: no se fiaba de él. Caramba. creo que no tuve el gusto. la corbata negra de cordón. hasta enfrentar los ojos de cada una de ellas. exhalaba un indecente atractivo. salió a la acera a saludarlas. Gandy dio un paso hacia la acera y se dirigió a Drusilla. Éstos tenían el nombre de la organización y el lema. Agatha deseó que la tierra se la tragase. se enfurecieron.. señoras. Hasta la pose parecía calculada para subrayar su impactante apariencia: el peso sobre una cadera. Los ojos oscuros y divertidos de Gandy divisaron a Agatha. . la atención de Gandy se desvió a otra persona. y apretó las suyas. El traje negro recién cepillado. y que «emplearía todos los recursos honrados para animar a otros a abstenerse». la fundadora y presidenta de la Unión Nacional: «Por Dios. —Señorita Downing —saludó. Los hoyuelos resultaron ser más eficaces que las palabras floridas. En el compromiso decía que el firmante prometía «con ayuda de Dios. el Hogar. Cuando llegaron las damas. Parecía recién afeitado. Otras. había espacios en blanco para el nombre y la fecha. acuñado por Frances Willard. Varias. saludaron en silencio con un gesto de la cabeza. y la Tierra Natal» en la parte de arriba. las manos indolentes en las puertas vaivén. —Señorita Wilson. Por un momento. la chaqueta entreabierta. inquietas bajo la indolente observación. Qué confianza tenía en sus encantos. Las lámparas de la taberna proyectaban un cono de luz a través de las puertas que mantenía abiertas. esta noche está muy bella.63 - . Gandy. Violet rió entre dientes. cerveza y sidra». degustar o manipular jamás con propósitos de embriaguez ningún licor intoxicante.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 5 Las damas de la Unión de Mujeres Cristianas por la Templanza de Proffitt se reunieron en la acera. Agatha lo observó desde la sombra. llevando los papeles con los compromisos de abstinencia. incluyendo vino. arrastrando las palabras—. La mujer echó una mirada a la mano extendida.

Evelyn Sowers sorprendió a todos adelantándose para detenerlo: —Señor Collinson. —Señora. —Le daré la mano cuando haya firmado aquí. envileció el aire con el olor. tenían la apariencia de una col roja. pasaba la mayor parte del tiempo bebiendo. Con la llegada de los primeros parroquianos a la taberna. Innumerables nudillos le habían deformado la cara. arruinándoles la canción. Gandy recibía en persona a los clientes. llegó un vagabundo llamado Alvis Collinson. piensen cómo pueden colaborar para su salvación final. antes de posar el pie dentro. Tenía el párpado izquierdo caído y la nariz abultada de forma desagradable. supongo.. la música de las dos facciones subió de volumen. que perdió a la esposa de pulmonía dos años antes. La ropa mugrienta desbordaba de secreciones corporales. A Collinson se lo conocía en el pueblo por su carácter explosivo. para apoyar a este aliado de Satán. Le tendió el papel del compromiso y una pluma. al tiempo que sacaban sus monedas. Al otro lado de estas puertas está la ruta zigzagueante de la perdición. Drusilla Wilson en persona se acercó al trío. Desde adentro llegaba la música del piano y el banjo. El local comenzó a llenarse rápidamente. Cuando trabajaba. Luego. Era un individuo agrio con la nariz como una seta. Cuando llegaron Mooney Straub. lo hacía en los corrales de ganado. Se le rieron en la cara y se apresuraron a entrar. Afuera. —Hoy no. ¿dónde está su hijo? Collinson se detuvo con la cabeza hacia adelante y los puños . usted debe de tener un tornillo flojo si cree que yo firmaré eso. señorita Wilson. —Empujó las puertas hacia la pared—. El óleo atraía a los hombres colgado en la pared. creo que tengo la mano ganadora. con los capilares rotos. Gandy lo ojeó con frialdad. cantando a todo pulmón. Cuando no trabajaba. El hombre asintió. se abrieron paso hacia las puertas. ¡Ahí adentro hay bailarinas! —Y esa figura de la señora desnuda —agregó Mooney. Las carcajadas taparon el resto de la prédica. mientras que en este papel está. Y todos esperaban la aparición de Jubilee y las Gemas. se hizo evidente que sus atracciones superaban a las del compromiso de abstinencia. Espero que tengan más suerte en otro sitio. El paño verde de las mesas de juego tentaba como un oasis en el desierto. Con una pequeña inclinación. las damas emprendieron a coro: «El agua fría es reina».64 - . en la pared. gritando para hacerse oír sobre el barullo: —Amigos. jugando y peleando. Con tres muchachas bailarinas y esa beldad de blancas piernas ahí. Wilton Spivey y Joe Jessup. Las mejillas. —¡Y tenemos que ponerle nombre! Entre risotadas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —El señor Gandy. se volvió y las dejó. Pasó algo bastante parecido con los siguientes tres intentos de Drusilla de desviar a los parroquianos de Gandy. echó la cabeza atrás y rió. Cuando pasó junto a Agatha. lo que dio a Gandy una buena idea: mandar a Marcus Delahunt a la acera a tocar el banjo. Las puertas de la taberna permanecieron abiertas..

hizo entrar a Delahunt. La pierna se proyectó hacia fuera y la punta de la bota se apoyó en la . Los dedos de Marcus Delahunt habían dejado de pulsar las cuerdas.! —¡Salga de mi camino. El fondo musical del banjo y el piano casi no se oía por el clamor de la gente. Agatha vio que Elias Pott recibía palmadas en la espalda y felicitaciones. por haber ganado el concurso de ponerle nombre al cuadro. —¡No meta a mi hijo en esto! Evelyn se puso delante: —¿Quién lo cuidó desde que murió su esposa. —Tratamos de salvar su alma. Se dio la vuelta hacia Evelyn. ¿qué están haciendo todas ustedes aquí. gritando: —¡Por Dierdre. solo. ceñudo. Varias de las mujeres lanzaron exclamaciones de horror. Por encima de las puertas. A continuación. —Señoras. Potts. rojo hasta la cabeza casi calva. El piano tocó un fortissimo. La canción se perdió en el silencio. Evelyn Sowers? —¿Lo deja en casa. cantemos —intervino Drusilla—.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR apretados. Alvis? ¿Cenó? ¿Quién lo meterá en la cama esta noche? ¡Un niño de cinco años. y el jardín de las delicias! Arriba. precipitándose dentro de la taberna. se abrió la puerta trampa y la jaula encapuchada de rojo descendió por medio de una cuerda de satén rojo. aplaudieron y silbaron. y ni un solo individuo había firmado el compromiso. El robusto boticario fue levantado sobre una mesa.. el corazón de Agatha martilleó de miedo. La bota blanca de tacón alto giró en el tobillo bien formado. —¿Qué le importa. si saben lo que les conviene! —rugió. rió y se secó las comisuras de la boca mientras la jaula se cernía sobre él.. En el repentino silencio. la capacidad de la taberna se colmó. arpía! Le dio un empujón que la hizo tambalearse y golpearse la cabeza contra un poste. Mientras cantaban: «Los labios que toquen el whisky nunca tocarán los míos». observando el altercado.65 - . Alvin se la sacó de encima. Una nueva canción. y de devolverle el padre a su hijo. mientras usted viene aquí todas las noches a curtirse las entrañas? —En primer lugar. —¡Vuelvan con sus polisones a la cocina. Mientras afuera comenzaba la última estrofa. dentro se alzó un clamor. Pero Evelyn se rehízo y aferró a Collinson por el brazo. Una pierna larga asomó entre los pliegues rojos. Alvis Collinson. todos alzaron las copas en un brindis por el desnudo. El banjo y el piano tocaron y sostuvieron el mismo acorde. y sentado en una silla de respaldo alto. ¡Pregúntele al Señor de dónde lo sacará! —gritó. Con un gesto de la cabeza. viejas chismosas? Alvis abarcó a todo el grupo con expresión de odio. El músico entró y dejó las puertas balanceándose. Alvis Collinson. diciendo: —Cierra las puertas. Los hombres rugieron. Lanzó una mirada dentro y vio a Gandy. Rodó un glissando. —Ese chico necesita un padre.

les presento a la joya de la pradera. Detrás del sujeto. El Señor sabe que no es porque no puedo. la señorita Pearl De Vine y la señorita Ruby Waters! Desde arriba. Jubilee le acunaba la cabeza entre los pechos y le hacía cosquillas en la nariz con la boa. lentas y cargadas de intención: No es porque no quiera. Ayudándose con las manos. No podía apartar la vista. Las manos más cercanas las arrebataron del techo de la jaula y las depositaron en el borde de la mesa de tapete verde donde se sentaron. Mientras la contemplaba. Pearl y Ruby bajaron de la cuerda entre silbidos y aullidos de lobo que tapaban la canción. nunca una cara más envidiable que la que estaba cerca de la del hombre. dos cuerpos de vampiresas se deslizaron abajo por la cuerda de satén rojo. más blanca aún. la parte de arriba. Enroscó la boa en el cuello de Pott y se le sentó en el regazo con el tacón de una de las botas blancas cruzado sobre la otra rodilla. que casi no les cubrían el torso. deslumbrante.. cuyo extremo también brillaba de lentejuelas.66 - . Ivory Culhane levantó la voz: —¡Caballeros. La música cesó. rozándolo con los hombros. provocativas. Jubilee emergió de la jaula con un vestido que tenía un tajo desde el ruedo hasta la cadera. la señorita Jubilee Bright! ¡La música creció y los pliegues rojos subieron de golpe hacia el techo! Los hombres enloquecieron: ahí estaba Jubilee.. resplandeciente de lentejuelas blancas. las palabras. La tenían enroscada en torno y entremedio de las piernas cubiertas de medias de red negras. y Pott se puso a punto. Es sólo porque soy la chica más perezosa del pueblo. las gemas de la pradera..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR rodilla izquierda de Elias Pott.. las palabras acerca del whisky se desvanecieron en los labios de Agatha. calzadas con botas negras. Deslizó la boa hacia uno y otro lado. como un melón en verano. Y no es porque no deba. .. sin breteles. al ritmo de la música.. toda de blanco. respaldadas contra las piernas de Pott. Jubilee se deslizó en un círculo alrededor de la silla de Pott. y mirándolo. —¡Caballeros. apoyó la punta del pie en la rodilla de Pott y se inclinó hacia delante para acariciarle el mentón con una esponjosa boa blanca. La voz era lasciva. y de los escasos atuendos de satén negro con lentejuelas. Con ese increíble cabello blanco recogido y una pluma. Los hombres aullaron y ulularon. Agatha nunca había visto una pierna más hermosa que la que se apoyaba en la rodilla de Pott.

sacó un revólver de detrás de la barra y les dio treinta segundos para que se fueran. Agatha se sintió fascinada y repelida a un tiempo. se secó la boca con el dorso de la mano. un antiguo vaquero de carácter irascible al que llamaban Dingo. ¿a dónde diablos vas? ¿Acaso no tienes suficiente coraje para enfrentarte a una banda de benefactoras que tendrían que estar en sus casas. A continuación. ¡Tanta piel a la vista! ¡Pero tan saludable y hermosa. entraron directamente y consiguieron la primera firma. En el Sugar Loaf Saloon. resistiendo las ganas de mirar sobre el hombro. aparecida en el periódico que hizo circular Drusilla Wilson. Si bien las coyunturas inflamadas le impedían saltar sobre la barra. Y Jeff Diddier bebió un trago doble de bourbon. se divirtieron tanto que no pusieron objeciones. donde habían bajado el precio de las bebidas a veinte centavos. haciendo volver a Agatha a la realidad—. No es porque no debemos. . El Señor sabe que no es porque no podemos. donde Jennie Yast y Addie Anderson encontraron a sus respectivos maridos y recibieron más ira de parte del dueño. como había hecho Reed. Con una violenta maldición. y se unió al estribillo de la canción. Inspiradas por el primer éxito. Agatha fue con las demás. el escocés dueño del Branding Iron. El dueño. la de Jed Hull. Salió detrás de un barril. asustado por la descripción del Asilo para Ebrios de la Isla Blackwell. que les lanzó una retahila de maldiciones en español cuando vio que dos de sus mejores clientes eran avergonzados en público y llevados a casa por las esposas. Se rumoreaba que Smith usaba la barba negra para esconder una cicatriz de oreja a oreja.! —Esta noche no lograremos nada más —afirmó Drusilla Wilson. Bessie encabezó la veloz retirada. el dueño. Mirando y escuchando. Los dueños de los siguientes tres salones. le daban una constante irritabilidad. sufría de reumatismo inflamatorio causado por el abuso de la bebida. al ver a la banda de mujeres abatirse sobre ellos cantando: «Los labios que toquen el whisky no tocarán los míos». Jim Starr les ofreció a cada una un trago por cuenta de la casa. Angus Reed. Se subió a la barra y gritó: —Hull. apartándolos del espectáculo en el Gilded Cage. Iremos a la siguiente taberna.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR No es porque no queremos.. no podía creer a sus ojos al ver que conducían a Hull hacia la puerta. En el Branding Iron Saloon. cuidando a los niños? Pero era tarde. —¡Saque su trasero de mi taberna y no vuelva más! Enrojecida hasta las orejas. y pateó a Bessie Hottle en el polisón. un medio mexicano llamado Jesús García.67 - . Mustard Smith. invadieron el Álamo. Es sólo que somos las chicas más perezosas del pueblo. golpeó el trapo mojado contra el mostrador del bar. Slim Tucker se rió a mandíbula batiente. los reformadores siguieron hacia Cattlemen's Crossing.. con lo que atrajeron a grandes bebedores.

Harlin. los ojos echando chispas. Examinó el pequeño apartamento: la cama y el guardarropa eran los únicos lugares con espacio suficiente para ocultar a un hombre. Eran pasadas las once cuando Agatha subió los escalones hasta su apartamento. la cerró con llave. sacudiendo el puño—. se arrodilló y miró debajo de la cama. con cerrado acento alemán. Permaneció inmóvil. Tras ellas. se fueron. MANTÉNGASE LEJOS DE LAS TABERNAS! Estaba escrito en letras mayúsculas. En la taberna de Ernst Bostmeier. Lo único que se oía era la jarana continua de Gilded Cage. mordisqueaba el cigarro como si fuese un trozo de carne cruda. No perdió tiempo en levantarla sino que abrió la puerta y se metió dentro.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Las señoras no se entretuvieron en averiguar si era cierto. Cuando Mustard les ordenó que se fueran. uno de los clientes que frecuentaba el local de Ernst porque servía gratis huevos encurtidos con cada vaso de cerveza. Gussie. El rellano estaba a oscuras. B. Sintió escalofríos en el dorso de los brazos. que no tenían suficientes calcetines sucios para mantenerlas atareadas junto a la tabla de lavar. Antes de que pudiese abrir la puerta. un roce. Se sabía que había formado parte de la banda de B. En el Hoof and Horn tuvieron poca fortuna. Contuvo el aliento y escuchó. las risas y la música todavía colmaban la noche.68 - . rozó con los dedos un papel pegado a ella. antes aún de encender la lámpara. —¡Hay más de estos! —vociferó. Por alguna razón. El local estaba vacío pues había perdido los pocos parroquianos que tenía a causa del espectáculo de enfrente. algo. El corazón le dio un vuelco y se dio la vuelta. el gruñón alemán arrojó un huevo al hombro de Josephine Gill que erró por escasos milímetros. Se precipitó hacia la puerta. Sombras densas. No seas tonta. obtuvieron la firma del segundo reformado de la noche. Arrancó la nota rápidamente y una tachuela cayó al piso del rellano y rodó. . la puerta estaba cerrada con llave. esforzándose por oír una respiración. cantineros y parroquianos se limitaban a divertirse con lo que consideraban un hatajo de solteronas malhumoradas. Las mujeres pronunciaron una sencilla plegaria por la salvación del alma de Heustis Dyar. los propietarios. Cuando las damas salían del local llevando a rastras al alma que habían salvado. Con dificultad. probó el picaporte y se recostó contra ella con un suspiro de alivio. y amas de casa descarriadas. desde el otro extremo de la habitación. y se marcharon apaciblemente. En todas. Dyar. ¡Y yo sólo fallo cuando quiero! Las demás visitas a tabernas pasaron sin novedad. y que a tres de ellos los habían colgado de un puente del ferrocarril. Los acordes lejanos del piano y el banjo cubrían cualquier sonido leve que pudiese haber en el cuarto. Abajo. Ahí no había nadie. sabía con qué se encontraría: ¡SI SABE LO QUE ES BUENO PARA USTED. con los brazos en jarras. con la espalda apoyada contra la puerta. en una hoja de papel blanco.

furioso. Ivory Culhane bajó la tapa del piano y Jack Hogg lavó los vasos. si habían colgado a todos. señoras»? El mismo. Es propietario de una taberna. ¿Qué estás diciendo? ¿Qué estás diciendo? No. en el rellano de la escalera? No pensarás que. ¿Y García? Fue evidente que ver que las esposas se llevaban a dos de sus clientes regulares lo enfureció. los ojos encapotados y la boca torcida. . Angus Reed.. si era el único superviviente. cuando se llevaron a uno de sus clientes. lo haría personalmente. Si Bostmeier quisiera amenazar a alguien. si Smith había participado en la banda de B. Ese antiguo vaquero reumático. La pistola. con la mano en el pomo de la puerta.... que saltó a la barra y les gritó. Cuando se dio la vuelta. Es un hombre inteligente.C. Y si era verdad. ¿Y lo que pasó la otra noche. Pero Gandy no tiene motivos. Se acercó más. ¿Gandy. ¿no es así? Pero esta noche se mostró encantador con todas nosotras. Es demasiado seguro de sí mismo para recurrir a amenazas. ¿Y qué pasaría con Mustard Smith? Agatha se estremeció y se subió las mantas hasta la barbilla. el corazón le palpitaba con fuerza. el alemán? Por cierta razón. y se detuvo. Harlin. aliviada.. Marcus Delahunt lustró el cuello del banjo y lo guardó en el estuche forrado de terciopelo. lo dudaba: sonrió en la oscuridad al recordar el huevo encurtido volando por el aire. Podría ser cualquiera de ellos. pero la sensación inquietante persistió mientras se desvestía y se acostaba. en realidad. ¿Y Gandy? Tendida de espaldas. Pearl se estiró. Tucker. y vi que se molestaba cuando Alvis Collinson empujó a Evelyn. ¿qué clase de maldad albergaría ese sujeto? Pensó en los otros: Dyar. Le pareció que ninguno de ellos había tomado en serio a la U. Abrió bruscamente y se sintió. Dan Loretto se fue a la casa. Sólo ropa. Starr. le sonrió. hasta que la luz de la lámpara le demostró que no había otra cosa que bolas de polvo debajo de la cama.. Volvió a ver el bigote caído. Dingo. la barba en toda la cara. cruzó los brazos sobre el pecho. Ruby bostezó.69 - . La que más se llena en el pueblo. Agatha? ¿Ves lo que pueden unas monedas de oro? La Gilded Cage cerró a medianoche. la gente afirmaba que el reumatismo lo volvía un canalla rabioso cuando se activaba. ¿Lo ves. Lo pensaste. ¿Y Bostmeier. B. iba a. caminó de puntillas hasta el armario. Me niego a creer semejante cosa de Gandy. T.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Sin embargo. con sus hoyuelos y su «buenas noches. Gandy. ¿Gandy? Sí. ¿Qué esperabas. Se levantó. y Jubilee observó cómo Gandy cerraba las puertas de calle.M. Por el momento. pedazo de tonta? Bajó las persianas del frente y de atrás. Didier y los demás.

un lazo de amistad que colmaba los vacíos en las vidas de todos ellos. Si quieres darle un beso a Leatrice. —¡Ah. Algunos de los viejos todavía están ahí.70 - . eso es todo. a visitar a las chicas en una guarida en la que solía trabajar —contaba Pearl. Leatrice aún está ahí. Jubilee se estiró sobre la barra. ¿viste al médico en Louisville? —Claro que sí. lo abrazó y le dio un beso en la mejilla. Jesús. Ruby. pero de todos modos existían. Lo superficial no importaba para nada: el color de la piel. ¿dónde fuiste? —A Waverley. —Y tú. Eh. Marcus. —Estoy contenta de haber vuelto. pero se limitó a preguntar: —¿Le diste un beso de mi parte? —No. la cicatriz se puso más brillante. cerca de Marcus. No todas las cicatrices se veían. dijo: —Marcus y yo nos ocupamos de hacer fabricar la jaula e hicimos unos trabajos aquí y allá. ¿Y cómo anduvieron las cosas por aquí? Gandy la observó a ella y a los otros que se habían juntado. Jack. nunca pensé que os echaría tanto de menos. irás y se lo darás tú mismo. Pensó un momento. que no reveló nada de lo que sentía. Lo que importaba era lo que cada uno aportaba al grupo como unidad. Jack. ¿y a mí. Jubilee. —Eh. a visitar la tumba de mamá. —Se apoyó con los codos sobre la lustrada superficie de caoba y alzó la barbilla—. pasó entre las mesas y se acercó a ella: —¿A qué se debe esa sonrisa? La muchacha se encogió de hombros y caminó con él hacia la barra. qué? —reclamó Jack Hogg. Todos se volvieron a Scotty. dos años atrás. y respondió: —Quizás. —Jack se quitó el delantal blanco y lo dejó sobre la barra—. —Fui a New Orleans. —A ti también. tocando y cantando antes de encontrarnos con las . —Mientras no te sintieras tentada de quedarte —comentó Ivory. Cuando Jack rió junto con los demás. Pearl. semiapoyada en él. Una banda de solitarios que habían sufrido alguna clase de golpe en la vida. mientras instalaba el Gilded Cage y lo ponía en marcha. Dijo que no pasará mucho tiempo hasta que esté tan lindo como Scotty. Ruby enlazó un brazo con el de Scotty: —¿Para qué quieres una cara así? A mí me parece un poco descolorida. lleno de malezas. y le pareció el doble de largo. no! Nunca más. Ivory. arreglándoselas solos. —¿Cómo está? —Se ve descuidado. algún día. Ruby y Jubilee: la única familia que tenía. o la falta de ella. esperando Dios sabe qué. después de la explosión del barco. —Todos rieron—. sucedió algo mágico: sintió una unidad espiritual. como las de Jack. cultivando verduras y viviendo en las cabañas. Cuando los reunió a todos. Las novedades provocaron a Gandy una punzada de nostalgia. Rieron otra vez. la belleza del rostro.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR También sonriendo. Estuvieron separados durante un mes. Jack. ¿no es bueno estar todos juntos otra vez? —Se estiró hacia Ivory y le dio un cariñoso abrazo—. muchachos.

Ivory? —preguntó Pearl. afinarlo. Los ojos de ambos intercambiaron mensajes. Ruby? —Tampoco creo que sea capaz de entonar una nota. —Ivory alzó una ceja y se volvió a medias hacia el desnudo—. Qué día tan largo. Por unos segundos. —Es un hermoso cuarto. ¿Qué opináis de ella? Los hombres sonrieron. que ahora estaba en el centro del salón. Había que traer el piano hasta aquí. Marcus? Atrajimos multitudes que llenaban el sombrero todas las noches. Era agradable mirarla. Gracias. Cuando subieron las escaleras. —¡Uff! —Jubilee giró. y muchas cosas para arreglar este lugar. Ya os pago más de lo que valéis. Scotty. Luego. ¿Tendremos que ir enfrente y ofrecer nuestros talentos a uno de las tabernas de ahí? —Haced la prueba —replicó Scott. Marcus? —Jubilee se colgó del hombro de Marcus mientras miraba. ¿no es cierto. —Yo me quedé con el patrón. Y la pobre está muy gorda.71 - . no —agregó Jubilee—. apoyó las palmas en el alféizar y miró abajo. Pearl y Ruby compartieron el que estaba encima de la jaula dorada. Sin prisa. Actuamos en un sitio llamado La Sandalia Plateada. Pearl dijo: —Con esos muslos. Se limitó a encogerse de hombros. La muchacha entró en su cuarto y encendió la lámpara. Todos rieron. Acomodó la bota blanca en la .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR chicas. al de al lado. provocadora. complacidos. mientras el hombre se apoyaba contra el marco de la puerta. mucho menos de la cabeza de un hombre. ¿no. Se acercó al frente de la ventana. —¿Qué te parece. a Scott—. en Natchez. contemplando la fila de lámparas de aceite. Las mujeres apartaron la vista y arquearon las cejas con aire de superioridad. Jubilee tiró la boa blanca sobre un sofá rosado de respaldo oval. apartó el hombro del marco de la puerta y cruzó la habitación para arrodillarse ante la mujer. Ivory y Jack fueron al primer dormitorio a la izquierda. Era una mujer de asombrosa belleza y la había echado de menos. no se movió. Scotty? La voz era serena. Marcus. la dejó y tomó un desabotonador. — Puso un codo sobre el hombro de Marcus y adoptó una expresión complacida—: Insistieron mucho en que nos quedáramos. Se derrumbó en el sofá y se lo tendió—. —Eh. ¿vosotros dos estáis presionándome? —preguntó Scotty—. Scott asintió. —Se sacó la pluma del cabello. —¿Y qué dices de ti. debajo de la puerta trampa. —No. Quedaban Jubilee y Scotty. miró sobre el hombro al hombre que estaba en la puerta: —Me gusta. amenazando con el dedo índice la linda nariz rosada de Jubilee como si fuese una pistola. ¿Me ayudas con los zapatos. todos estaban de muy buen humor. Tuve que ayudarlo a elegir el cuadro para la pared. asintió e hizo ademanes como de contar billetes. estirando los brazos hacia el techo. Vistas a la calle. no creo que sea capaz de voltear un sombrero de una silla con una patada. y encogiendo los hombros—. Marcus sonrió. —Una ventana.

descalza. Desde la primera vez que la vio. —¿Ninguna dulce niña de Kansas. El cabello de la muchacha brillaba con tal intensidad que parecía capaz de iluminar por sí solo el camino. Una caricia no significaba para Jube lo mismo que para Marcus. los botones. hasta la cama. vio a Scott llevar a Jube de la mano hasta la puerta de su alcoba. Marcus trataba de imaginarlo.. la dejó caer. —Yo también.. recién salida de los brazos de la madre? Le sacó una bota. A la luz de la lámpara. preguntó: —¿Cómo fueron las cosas en Natchez? ¿Conociste a alguien que te impresionara? Jubilee contempló el cabello grueso y negro. que instalan tabernas en sus pueblos.72 - . y alzó la mirada. ¿Y tú? —Tampoco. —No. Tomó la otra bota y comenzó a desabotonarla. Pasó con ella junto a un biombo tapizado. el anillo chispeó contra la piel oscura. Jubilee contempló las conocidas manos morenas atareadas en algo tan personal. mientras viajaban los dos solos. Las madres de Natchez tampoco dejan a sus hijos a merced de las mujeres casquivanas transformadas en bailarinas. riendo. En la oscuridad al otro extremo del corredor. lo que ocurría dentro de él cuando la mano de ella le tomaba el codo. mientras pasaba silenciosa. Jubilee entrelazó los dedos en el cabello. Entre las barras de la jaula dorada. Jube. Lo besaba en la mejilla cada vez que sentía deseos de hacerlo. siquiera. tomó del borde la bata turquesa y se la echó sobre el hombro. le daba un beso en la mejilla. —No. ¿Cómo sería llevarla de la mano? Caminar con ella. Y no sospechaba. en el bar. tras Scotty. sobre la oreja derecha: —Jesús misericordioso. sin prisa. —¿Quieres venir a mi cuarto? —Intenta mantenerme fuera. sobre todo. —Te eché de menos. Pero tocaba a todos sin pudor. una puerta quedó entreabierta. Durante el mes pasado. le acomodaba la solapa o. Esta noche no la necesitarás aquí. somos de la misma clase. apostador. Marcus vio la luz de la lámpara inundando el corredor. Sólo .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR ingle y comenzó a soltar. hubo veces en que Jubilee lo tocó. —Trae la lámpara. le besó los dedos de los pies y los frotó con el pulgar. —¿Ninguna viuda de Kansas que estuvo sola durante la guerra? Se le formaron los hoyuelos mientras contemplaba los conocidos ojos almendrados y hablaba en tono perezoso: —Las viudas de Kansas no simpatizan con los soldados confederados apostadores. Scott dejó la segunda bota. Quitarle las hebillas de ese cabello de nieve y sentirlas caer en sus manos. Sin levantar la vista. El vestido blanco y los brazos desnudos tenían un aspecto etéreo. le había pasado el brazo por los hombros. Esa noche. Se levantó y le tendió la mano. Desde la oscuridad de su propio cuarto.

Desabotonó el vestido.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR media hora atrás había besado a Jack. la puerta de Scotty se cerró. Con frecuencia. Ningún otro que Marcus conociera merecía a Jube. Jube. En ocasiones. la sonrisa irónica del patrón. Pero entre ellos jamás se pronunció la palabra amor. Pero nadie sabía el tormento oculto de Marcus Delahunt. La acostó en la cama murmurando palabras amorosas. Cómo se sentiría la risa cuando era algo más que sacudidas del pecho. Se preguntó si se sentiría el sonido cuando salía de la garganta. . para todo el mundo. Para amar a una mujer. Besó la boca que se ofrecía. murmurándole palabras de amor. Quitó una por una todas las hebillas del cabello blanco y esponjoso de Jube. sólo podía pensarlo. diciéndole los miles de cosas que Marcus quería decirle. Allá en el pasillo. y cómo serían los susurros. ¿Qué hacía primero? Acariciar: la mejilla. le dijo cuánto la había echado de menos y cuan contento estaba de tenerla otra vez entre sus brazos. El cuerpo perfecto de ella. Cuando se dio la vuelta y le rodeó el cuello con los brazos. Muchas veces. pero lo único que Jube oía eran las notas. Cuántas veces anheló decirle lo bella que era. Jube pegaba con engrudo cada mañana. Al terminar.73 - . la limpió a ella y se limpió él mismo. La risa brillante. acostándola en la cama. soltó los ganchos del corsé y contempló el cuerpo de piernas largas emerger de entre las enaguas y la ropa interior. Marcus debía recordar de hacer los gestos. Hizo todas las cosas que Marcus Delahunt sólo podía soñar. Marcus lo imaginó sacando el vestido blanco del cuerpo de Jube... Todos conocían las costumbres de Jube.. en el cuarto al otro extremo del pasillo. merecía el de un hombre también perfecto. cuando se daba la vuelta para verlo comunicar un mensaje silencioso. los cabellos de ángel. Scott puso las manos en los costados de los pechos. y encontró en ella la suspensión del vacío. pero encerrado en la mudez. —Jube. Se imaginó a Scotty haciéndolas. que asomaban al alma de la muchacha. la acarició de la manera que mantenía a raya la soledad por un tiempo. Y la abrazó estrechamente en la cama grande y blanda. Al contemplar los ojos de Jube. esas asombrosas ventanas castañas claras. besó el lunar entre ellos que. ¿Qué era lo primero que decía un hombre? Eres hermosa. Su belleza pálida armonizaba con la apostura morena de Scotty.. ¿Qué sensación darían? Como si tuviese toda la gloria del mundo en las manos. Unió los cuerpos con la caricia más íntima. de las que se libró a puntapiés. Jube. y durmieron desnudos. había que ser capaz de hacer todas esas cosas. y por eso sabía cómo era su piel. Lo sintió caer en las manos y lo alisó sobre los hombros lechosos. con el pecho de ella en su mano. tocaba el banjo para ella. perdía su propia alma. déjame hacerlo —decía Scott. tenía que tocarla para llamarle la atención.

Resignada. rompiendo ventanas con los cuernos. —¡Hola. vaquero? La pequeña Delilah tiene algo más blando para que cabalgues. después de invernar en los burdeles de Memphis. hambrientos y cansados. ese barullo. Llegaron mugiendo. —A mí me parece excitante. Desde el extremo distante del pueblo ya se sentía el retumbar de los cuernos. haciendo girar los ojos y cargando contra cualquier cosa que se interpusiera en su camino. cambiante. conducidos por hombres que habían estado tres meses sobre la montura. cariño. por lo general en ese orden. ansiaban tres cosas: un trago. Agatha miró por la ventana de la sombrerería y vio que dos niños cruzaban corriendo la calle: era la última oportunidad que tendrían en bastante tiempo. —¿Cómo te llamas. dijo: —Aquí vienen. a veces inmanejable de carne que formaba una corriente roja. para aliviar las frustraciones de los fatigados vaqueros de Texas que las traían. solitarios. Lucy! ¡El Gran Luke está de vuelta! El ganado se desbordaba por la calle de poste a poste. sedientos. una masa movediza. e irrumpían por las puertas abiertas de las tabernas. tan ásperos como los cientos de kilómetros de meseta que habían cruzado. para que pasaran las desagradables bestias con cuernos que tenían dos veces el largo de sus cuerpos. Junto a ella cabalgaban los vaqueros. gritó—: No te afeites esa barba. y el olor? . un baño y una mujer. tesoro? —¡Lucy! ¡Pregunta por Lucy! —¡Manténlo al fuego.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 6 El primer rebaño de cuernos largos de Texas llegó al día siguiente. vaquero! ¡No te olvides de preguntar por Crystal! —¿Estás cansado de cabalgar. agitaban los sombreros. y a veces hasta subía a las aceras. Las prostitutas ya habían regresado a los prostíbulos del extremo oeste del pueblo. en segundo. Rebeldes y estúpidos. tercos. ¡Me encaaantan las barbas! Los hombres. St. en primer lugar.74 - . —¿Excitante? ¿Con todo ese polvo. Louis y New Orleans. grandote! ¡Mira esa barba. La manada pasó por Proffitt de oeste a este. Las calles desusadamente anchas estaban hechas. Proffitt estaba preparado para atender todas esas necesidades. desde las monturas. blanca y gris de cuero hasta donde alcanzaba la vista. Betsy! —Ahuecando las manos alrededor de la boca. Tanto el ganado como los hombres estaban sucios. —¡Aquí arriba. por un camino polvoriento y seco. —Se acabó la paz del verano —se lamentó Agatha cuando el toro líder pasó ante su puerta. castaña. en ocasiones volvían a su naturaleza salvaje e indómita. los dientes blancos iluminando las caras sucias. fatigados del camino. Cansados de la montura.

a veces no sé qué es lo que te entusiasma. En cuanto se seque el barro. Saludó con el sombrero. no. señor Gandy! Scott giró y bajó el pie. Ese barullo me da dolor de cabeza. divertidos. —Por decirlo con delicadeza. Sin embargo. —Pero. Violet asomó la cabeza afuera y gritó sobre el estrépito del ganado: —¡Hola. en la Gilded Cage. Agatha. pero había dejado dentro la chaqueta. Violet. Pasó la mirada a Agatha. atado alrededor de la cadera. —¿Crees que ella y esa unión de abstencionistas podrían perjudicarnos? Gandy puso otra vez el pie en el travesaño. El hombre rió: —Lo tendré. era el que vivía más cerca. Cuando la puerta se cerró. —Señorita Parsons. mientras ella estaba ausente.75 - . que asomaba tras Violet y dijo en tono frío: —Señorita Downing. —Con Jube y las chicas aquí. Gandy. A veces.. —Siguió con la vista a un vaquero que sobresalía del rebaño y revoleaba el sombrero. el chaleco era color coral. —Ya lo habrá. ¿eh? ¿Viste a esa mujer Downing abriendo la boca cuando Jube salió de la jaula? . pero la sombra del alero le caía sobre la cabeza y los hombros. anoche. ¿Sería capaz de semejante cosa? Ahí. —Cierra la puerta. correr escaleras arriba para clavar la nota en la puerta en cualquier momento. y la noche pasada no le habría sido difícil salir de la taberna. no parecía amenazador en absoluto. —Ciérrala. —Parece que Jube y las muchachas abrieron los ojos de unos cuantos. En ese momento. Y el olor es insoportable.. Esos vaqueros estarán peleándose por un lugar de pie. Apoyó una bota en el travesano y se inclinó sobre la rodilla. Tenía las mangas enrolladas hasta el codo. ¿cómo está usted? —Tenga cuidado. Los ojos de Hogg se iluminaron. bajo el sol matinal. Muy agradecido. y buscó un cigarro en el bolsillo del chaleco.maldiciendo a las bestias—. el corazón se le contrajo de incertidumbre y lo saludó con sequedad. y se alzó la comisura sana de su boca. a estos animales se les ocurre visitar las tabernas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —No hay polvo. sus acostumbrados pantalones negros. Ese día. con los hoyuelos adornándole el rostro iluminado por el reflejo coralino del chaleco. Scott Gandy y Jack Hogg salieron a la acera a mirar la masa de carne en movimiento. Las miradas se toparon un instante. Jack Hogg comentó: —Creo que a la señorita Downing no le gustamos. ¿Sería él? Sin duda. Hogg llevaba un delantal blanco almidonado. El sol de la mañana le doraba las botas y los pantalones. Agatha. —Para serte sincera.

o botas nuevas que se habían llevado la mitad. Cuando la población aumentaba de los modestos doscientos a quince mil. visitaban a las Delilah. En el Drover's Cottage. En el Stuben's Tonsorial Parlor. y emergían del baño con pantalones vaqueros azules de Levi Strauss. Sólo cuando contaban la última marca y las libretas de apuntes estaban cerradas y guardadas en los bolsillos de los chalecos. Oliendo a tintura azul y pomada para el pelo. —Quieres decir. caminaban o saltaban sobre los travesaños de las vías y.. rígidos de tan nuevos. La bota de Gandy golpeó sobre el suelo gastado de la acera. Primero.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Gandy encendió el cigarro y rió. Se anudaban pañuelos nuevos al cuello y salían a la caza de mujeres y whisky. producto del trabajo en el camino. se deshacían de los mugrientos pantalones con refuerzos de cuero crudo. Se tironeó del chaleco. —No puedo decir que la haya visto. —Nunca en su vida debe de haber visto tanta piel. Gandy rió. completamente vestidos. impresionada. ansiando gastar hasta el último centavo. Encajados al costado de las vías del ferrocarril en el límite este del pueblo. El ganado estuvo pasando y mugiendo todo el día.76 - . Gandy dio una pitada profunda y exhaló una nube de humo. los corrales se extendían por la pradera como una interminable manta de diseño caprichoso. a la cabeza de un grupo empecinado en la reforma. Crystal y Lucy. se ponían cómodos y se dejaban hacer el primer corte de pelo y afeitada caliente en tres meses. —Puede ser. haciendo honor a su nombre. pinchaban y empujaban al ganado para mantenerlo en movimiento. —Una mujer como ésa. con largas varas. levanta mucho vapor y puede causar bastantes problemas. con expresión un tanto interesada. y luego otro y otro más. Con cien dólares en el bolsillo. Los trenes llegaban vacíos y se iban llenos. Los tres establos para caballos de Proffitt estaban agitados como hormigueros. invadían las tabernas. camino de los frigoríficos de la ciudad de Kansas. recibían el pago de los capataces. tomaban Proffitt por asalto. donde por unos centavos podían meterse en una bañera repleta de agua caliente. en cuyos patios se advertía en un cartel: NO SE ADMITEN HOMBRES SIN BAÑAR. y crujientes camisas con canesú y botones de perlas en el pecho. luego los almacenes de ropa. Se desnudaban. los . algunos con Stetson nuevos que les habían costado un tercio de las ganancias.. —Me parece que recuerdo haber visto su cara encima de las puertas. algunos. cortando a Proffitt en una masa movediza de cascos. En la Kansas Outfitters se vendían arneses como para cubrir todo el Estado. enganchó el cigarro en un dedo y se volvió hacia Jack Hogg. —¡Cómo no! Lo disfrutaste tanto como yo. cuero y cuernos. que ofrecía colchones y almohadas verdaderos. Los vaqueros. —Deja que yo me ocupe de la señorita Downing. Pero el lugar más ocupado del pueblo era el Cowboy's Rest. las cajas registradoras de los comerciantes sonaban de manera tan incesante como los martillazos en la herrería de Gottheim. Se oía el tamborileo de los cascos sobre las rampas de carga desde el amanecer hasta la caída del sol.

tenía que hacerlo. la otra. Cuando estuvieron listos. y cigarros Lazo Victoria a cinco centavos. Los próximos días se suspendieron las actividades abstencionistas hasta que Joseph Zeller pudiera imprimir los panfletos.T. St. Escuchando la música y la jarana que llegaban de abajo. También telegrafió pidiendo al editor más volúmenes de «Diez noches en un bar». Lucy Hayes. a buscarlos a la oficina de la Gazette. se dividieron en pequeños grupos y se dispersaron por las once tabernas. Gandy no era nada de eso. descubrieron que era difícil luchar contra la prosperidad. La viuda quedó pobre y sin hija. y tomó notas en busca de ideas para la organización local. mal hablado y codicioso.77 - . pero no pudo. cartones de lotería a veinticinco centavos el juego. S. la pobre Mary recibió un golpe en la cabeza con una jarra de cerveza que Slade le arrojó al padre.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR cien cuartos estaban ocupados. La pobre Mary murió.M. a la Primera Dama de Estados Unidos. Arthur. víctima de delirium tremens. la hija. Escribió dos cartas: una al gobernador John P. de T. se vendía tabaco Bull Durham en cantidad suficiente para llenar un granero. La ropa interior enteriza casi caminaba por sí misma. «Diez noches en un bar». El grupo de Agatha se dedicó a la Gilded Cage pero les resultó imposible lograr la atención de los vaqueros Estaban demasiado interesados en echarse whisky por la tráquea. Agatha mandó a Violet. La historia deprimió a Agatha. John. se puso a leer el libro que le dio Drusilla Wilson. solicitando firmas para el compromiso. Tenía buenos modales. el estruendo fue tan espantoso y los clientes tan alborotados. Joe se hizo adicto al alcohol y perdió todo lo que alguna vez poseyó. el segundo contingente ocupó su turno apoyado contra la barra.C. Pocos días después. Contaba la historia de Joe Morgan. y mandó a las mujeres a sus casas. de América. Cuando aparecieron Jubilee y las chicas. agradeciéndole el sólido apoyo al movimiento por la templanza y la prohibición de que se .C. había once que prosperaban más que los demás. Un día. Los once propietarios de las once tabernas observaban cómo se hacían ricos de la noche a la mañana vendiendo whisky Newton a veinticinco centavos el vaso. Pero no sin las armas adecuadas. En Harlorhan y en el almacén Longhorn. que frecuentaba una taberna regenteada por un tal Simon Slade. Pero de todos los negocios del pueblo. En su apartamento. La noche siguiente a la llegada del primer rebaño. se hizo cada vez más irresponsable y pasaba todo el tiempo en el bar donde Mary. Joe también murió. Alguien gritó: —¡Disparen y caigan hacia atrás! Y los vasos quedaban con el fondo para arriba. hombre de corazón duro y codicioso. que Agatha afirmó que era inútil.M. Mientras leía. trató de imaginar a Gandy como una especie de Simon Slade. Luego. Aunque fuese difícil luchar contra un hombre tan encantador. Leyó la última edición de The Temperance Banner. iba a rogarle que volviera al hogar. formaron una doble fila. Cuando la barra estuvo tan repleta que no cabían todos los bebedores al mismo tiempo.T. Despojado de ambición. como tesorera oficial de la U. un sujeto agradable pero de voluntad débil. apoyando la introducción del proyecto de prohibición ante la Legislatura del Estado de Kansas. era pulcro hasta la exageración y aparentemente generoso. Las señoras de la U. imaginaba a Slade como un tipo de patillas.

. —Controló la boleta de carga—. Si quiere que lo lleve otra vez a la estación. Parecía que hubiese puesto la barbilla en un yunque y la hubiese hecho retroceder unos centímetros. —Bueno.. Pero debe de haber un error. —¿A mí? Pero... .. el mozo de la estación. ¿Ve? Examinó el papel que le tendía Calvin. Violet no encarga las cosas en mi nombre. ¿qué quiere que haga con esto? —¿Sabe qué es? Agatha fue hasta la puerta trasera. —Bueno. Rutherford. Pasaron tres días sin que viese a Gandy.» no podría menos que conmoverse.. y gafas redondas de marco metálico. —Pero yo no encargué nada a Filadelfía. recordando lo serios que parecían al explicarle para quiénes eran los sombreros. Aquí dice. —Qué raro. y los labios. ¿qué quiere que haga con esto? El ferrocarril lo entrega en destino. asomó la cabeza. —¿Y la señorita Violet? ¿Puede ser que lo haya pedido ella? —Casi seguro que no. un embalaje de tablas de gran tamaño se erguía contra el fondo del cobertizo y el «imprescindible». —Máquina. salió afuera. —Calvin miró sobre el hombro hacia el patio —. bamboleándose en las cabezas de un par de mujeres de principios dudosos. Un par de vaqueros encargaron sombreros de paja de ala ancha adornados para sus «madres». Antes de que pudiese abrir. Ésas son las normas. —Me temo que sí. Después de eso. Llevaba una gorra de ferroviario a rayas azul marino y blanco. tan claro como un molino de viento en la pradera: Agatha Downing. Unos golpes en la puerta de atrás la sacaron de sus pensamientos. Estaba segura de que pronto vería sus creaciones por las calles. Siempre le dio pena la fealdad del pobre Calvin. ¿Acaso creerían que era tan ingenua? Ninguna «madre» usaría un sombrero de paja adornado con cintas de gro que cayeran desde el centro del ala por la espalda. Y cualquiera que leyese un ejemplar de «Diez noches.. Entonces.. ¿sabe? —Pero yo no lo pedí. se burló Agatha. Calvin se sacó la gorra y se rascó la nuca. Agatha se sintió mucho mejor. También los negocios en la sombrerería se habían incrementado un poco. Los dientes eran como agujas. —La tarjeta dice: «Máquina de Coser patentada por Isaac Singer». es un misterio. Pero los panfletos ayudarían. Ansiosa. —Una entrega para usted. Se sentía impotente ante las nuevas atracciones que había llevado el dueño del Gilded Cage Saloon. señorita Downing.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR sirvieran bebidas alcohólicas en la Casa Blanca mientras su esposo. El corazón de Agatha comenzó a golpear con fuerza. —En efecto. estuviese en el cargo. —¿Una entrega? —Sí. Calvin Looby. Hasta aquí llega nuestra responsabilidad. casi no existían. Desde Filadelfía. Ahí estaba la vieja yegua soñolienta enganchada al carro verde del ferrocarril.78 - . Sobre el carro. También las cartas le dieron una fuerte sensación de poder: era la voz del pueblo norteamericano. tendré que cobrárselo a usted.

Y si tenía la intención de encubrir sus juegos nocturnos secretos.. si abro el embalaje. riéndose de su confusión. alguien le hizo un regalo. Encubrimiento. Soborno. Confundida. estaba la factura.. —Si se lo lleva de vuelta. ¿Subversión? ¿Sería tan cruel como para minar los esfuerzos de Agatha en la U.. —Lo pondremos en el próximo tren que salga para Filadelfia. insinuándoles a las funcionarias que ella hacía negocios con el enemigo? Era extraño. Calvin subió al carro. Se volvió hacia Calvin. ¡Cómo saberlo! Agatha miró fijamente el papel. El cielo sabía en qué medida reviviría su alicaído negocio con una máquina. —No entiendo. se acercó más a la caja.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Pero. Sólo dice dónde entregarlo. le resultaba extraño que gastara tanto dinero para lograrlo. retorciéndose las manos. quién. y después a Calvin. Deseaba esa máquina con una intensidad que no habría creído posible el día anterior. señorita Downing. Sintió una punzada de ambición. ese día se mostró arrepentido. pero tuvo la sensación de que estaba en algún lado.? De pronto. Se volvió hacia Calvin. Claro. pero gastarlo era demasiado definitivo. Un nítido sello blanco decía: COMPLETAMENTE PAGADO. tenía el dinero. Agatha tenía el catálogo en la pared desde hacía mucho tiempo. Encima del envoltorio. —Aquí no dice. ¿cómo. Acordar con el enemigo.. —Seguro. no quería tomar parte en él. Pero en esa mente retorcida podía haber otros motivos. Gracias a Gandy. Tal vez aún se sintiera culpable por haberla empujado al barro. Subversión. No se puede dejar un bulto tan grande ocupando lugar en la estación. No cabía duda . —En mi opinión. Si era soborno. había otra posibilidad: la libre empresa. ¿qué pasará? Atraída contra su voluntad. —¿Cuál es el costo exacto de los gastos de envío? Calvin examinó otra vez el papel.C.. Agatha. pero estaba vacía. tenía práctica en adoptar cualquier expresión que le conviniera. los papeles estén dentro.79 - . En el rellano no había nadie. El sol del mediodía la había entibiado. empujó y empujó hasta descargar el voluminoso cajón en una carretilla plana con ruedas. pero no quería creerlo de él. La mujer fue hasta el carro y se estiró para apoyar la mano sobre el costado de la caja. No seas tonta. pero era un apostador. Desde luego.M. En el taller. Agatha miró la factura. sacó la tapa de madera con un martillo tenaza. con la que lo transportó hasta la puerta trasera de la sombrerería.. lo supo. ¿Gandy? ¿Por qué? ¿Por tres vestidos de cancán? Quizá.T. señor Looby? Quizá. señorita Downing. —¿Puede entrarla a la tienda. ¿y si el precio había aumentado mucho? Tomó una rápida decisión. Miró hacia la ventana de la oficina que daba al patio de atrás. Ya se sentía incómoda por haber aceptado la generosa suma que le pagó por la funda roja de la jaula. Dirigió una mirada a la parte de atrás del edificio.

Caramba. —Como quiera. tenemos un tiempo ideal. —¡Espere un minuto! Looby. una máquina de coser! ¿De dónde ha salido? —De Filadelfia. —¡Oh. déjela. Si se mantiene. Un vistazo. Violet llegaría en cualquier momento. con las manos bajo la barbilla. pronto las calles estarán secas. Y la sonrisa. ¡Que se diera prisa! Cuando entró en la tienda la menuda mujer de cabello blanco. —¿Es tuya? —Sí. —Llevó a Violet directamente a la caja de madera—. ¡cómo le transformaba el rostro esa sonrisa! Le sacaba cinco años de encima y le daba la apariencia de la edad real que tenía. Nadie que hubiese cosido tanto tiempo como Agatha podía echar un vistazo a una maravilla del ingenio americano sin codiciarla de manera especial. puede llevársela.80 - . y otra vez a ella.. Te lo mostraré. Se sacó la gorra y se rascó la cabeza.? —Le agradezco mucho la entrega. impaciente.. Puso los clavos y levantó el martillo. Agatha miró la hora: eran casi las once. señora. frunció el entrecejo. Cuando Looby se fue. .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR de que Jubilee y las muchachas mantendrían el bar lustroso por el roce de los pantalones. penetrar en los misterios de la mente femenina estaba más allá de su capacidad. Los claros ojos verdes estaban iluminados de excitación. y esa persona pagará el gasto de vuelta. Llévela otra vez a la estación. —Creo que sé quién la pidió. encontró a Agatha al otro lado de la cortina. Ese vistazo fue fatal. El logo dorado resplandeció. —Pero. Después. Violet. Fuesen cuales fueran los motivos. La idea la hizo sonreír. creí que nunca llegarías! —¿Pasa algo malo? —¿Malo? ¡No! —Agatha abrió los brazos y lanzó una sonrisa radiante a los cielos—. —Lo acompañó hasta la puerta—. Looby la miró. en especial con las faldas rojas de cancán. ¡Mira! Los ojos de Violet se agrandaron. ¡Nada podría ser mejor! —Se volvió hacia el taller—. ¿qué hago? —Sólo quiero verla un minuto. vuelva a poner la tapa. a Gandy se le había despertado el espíritu de competencia ante la perspectiva de hacer todo lo que estuviera en sus manos para llenar la taberna con tantos hombres que estuviesen incómodos. Violet nunca lo comprendió hasta el momento. —¡Por todos los santos. Violet no recordaba haber visto nunca a Agatha tan feliz. —Sí. Agatha no quería formar parte de ellos.. —Bueno.. —¿La dejo? —Sí. señor Looby. —Pensándolo mejor. ¿no dijo que. luego a la caja. —Señor Looby. Quizás. pero se puso seria enseguida. La pintura negra brilló. El volante plateado la tentó. ¡Hasta estaba hermosa! Cosa curiosa. Que quisiera sobrepasar a los otros diez propietarios de bares por puro espíritu de contradicción. Sin embargo.

LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Por qué no me lo dijiste? —Era una sorpresa. ¿sabes? Ayúdame con esto. últimamente estaba preocupada. Como no estaba acostumbrada a recibir elogios. Si pudieras ver tus ojos ahora: están brillantes como un trébol primaveral bajo el rocío de la mañana. Entre las dos. Las diez monedas de oro del señor Gandy. incómoda. Me duele un poco. Pero Violet tocó con ternura el hombro de Agatha. Violet! No he tenido tiempo de pensarlo. —Seis. —Es cierto. —¿Bonita? ¿Yo? Desde la muerte de la madre. —¿Bonita? —Sin la menor duda. podremos hacerlo. Agatha? —¡Por Dios. Voltearemos el frente de la caja y sacaremos directamente la máquina. mete los dedos aquí y tira. Y tienes rosas en las mejillas que nunca te vi antes. ¿no es así. —Perdió por completo su reserva habitual y se ajetreó como una chica despreocupada. Pero . —¿Qué cosa? —Sonreír. Agatha miró abajo. ayúdame a sacarla del embalaje. ¡Qué día tan glorioso! Pero estaba demasiado excitada para dejar de hacer palanca con el destornillador entre dos tablas de madera. El entusiasmo de Agatha era contagioso. En los ojos de Violet aparecieron chispas de especulación. Violet. Comportarte como una joven atolondrada.? —Se interrumpió y la miró —. nadie le había llamado bonita. querida?: tendrías que hacerlo más a menudo. Le devolví cuatro. —¿Sabes lo que estás haciendo. —¿Sabes. —Vamos a hacer los vestidos de cancán. A Violet le costaba creer el súbito cambió en esa mujer que había visto sombría durante años. —Pero. Agatha? Levantó la vista. creo que estuviste demasiado tiempo bajo el sol del mediodía. pero no importa. Ven. Estaba tan radiante que Violet no pudo dejar de observarla y sonreír. buscando un martillo y un destornillador.. Casi no había ganancias. Las manos de Agatha se inmovilizaron. los ojos resplandecientes. Violet caminó alrededor del embalaje de madera. y ésta levantó el rostro. reanudó el trabajo.. —Violet. —¿Te imaginas lo distinto que será para el negocio? Si bien no quería admitirlo. —¿Lo que estoy haciendo? —Estás arrodillada. No tienes idea de lo bonita que te pones así. Encontró las herramientas y se dispuso a trabajar—. Agatha la tocó con ademán reverente. Trabajaron juntas para desembalar la máquina de coser y la arrastraron hasta el taller.. pero.81 - . Estaba estupefacta. ¿de dónde sacaste el din. Vamos.. Las rosas de las mejillas se intensificaron al pensar en sí misma bajo esa luz.

dio un impulso y saltó hacia atrás—. Se levantó de la silla. ¿no? —No sé. Y ahora. jovencita. Tuvo que esforzarse para cederle el lugar a Violet y dejarle probar la máquina por segunda vez.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR ahora. Podemos hacer vestidos. El brazo de la aguja seguía una cadencia rítmica. Violet apretó los labios y afirmó: —Ganaste ese dinero.. Violet? —Lo sé. una larga tira de algodón que estaba bajo el pie de la aguja comenzó a avanzar con fluidez. la metieron en el compartimiento en forma de bala según el diagrama. Cuanto más reían. otra adelante. una atrás. Al siguiente intento. Por fin. —Probó el bruñido volante de acero. Agatha exclamó: —¡El manual! Leamos el manual. —Agatha puso los pies en el pedal. aquí va. —Prueba tú. ¿no te parece. cargaron la bobina.82 - . Se miraron y rieron. o vas a enhebrar ese aparato y a ponerlo en marcha? Con ayuda del manual de instrucciones. podemos. Y lo hiciste con el mejor satén que se puede conseguir. —¿No es milagroso? Se inclinó sobre el hombro de Violet. De súbito. En un momento dado. rozó casi con afecto el terso gabinete de roble—. Violet? Violet sonrió con cariño a la amiga tan cambiada que tenía delante: —Sí. a Agatha le dolía la cadera pero estaba demasiado entusiasmada para notarlo. y su rostro expresó preocupación: —Estoy haciendo lo correcto. mirando cómo la tela azul se . comprendieron que para que la máquina marchara en la dirección correcta tenían que darle un impulso al volante. Tan extravagantes como quieran. Al pedalear. ¡Ay! ¡Retrocedió! Levantó la vista hacia Violet en busca de ayuda. hermosas puntadas regulares y apretadas aparecieron a una velocidad que aturdía. ¿Lo gané? —Sin la menor duda. Agatha se puso seria. más divertido se volvía todo. Cuando enhebraron la aguja y colocaron un trozo de tela bajo el pie. Probó otra vez. El precio de esa tela tendría que elevarse. se miraron. Casi como si fuese magia. Dejemos de lado los sombreros. ¿no? —¿En serio lo crees. la máquina dio una puntada para adelante. ¿no? —¿Lo correcto? Realista. Violet la reemplazó y probó con vivacidad el pedal: otra vez la tela retrocedió. Prueba otra vez. La correa zumbaba suavemente arrastrando el mecanismo. pero de nuevo la tela fue hacia atrás. Agatha se sentó. expectantes.. —Cuarenta y nueve dólares por una máquina de coser que sólo funciona hacia atrás. pero ésta se encogió de hombros: —Yo no sé. y colocaron el hilo en la parte de arriba. ¿piensas pasarte toda la tarde ahí parada. Las dos rieron hasta quedar sin aliento. —Bueno. Hiciste un trabajo urgente que ninguna otra persona en el pueblo podría haber hecho.

pero las voces de los vaqueros creaban un rumor constante. El olor de los corrales de ganado ya había llegado al pueblo. Agatha le dio una última caricia a la máquina. Una ventana en el otro extremo del corredor. Quizás estuviesen durmiendo tras las puertas en ese momento. dirigió una mirada a la ventana de Gandy. Había cuatro puertas a la izquierda. y el hombre se secó las manos y acudió de inmediato. dando cartas. —Bueno. El ruido incesante del ganado y el traquetear de los trenes llegaban por el aire de las últimas horas de la tarde mientras subía las escaleras.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR movía sin tropiezos. En cuanto apareció a la vista. Afuera. Al llegar al rellano. inclinado hacia adelante y un cigarro humeaba junto a su codo. —Está en la oficina. el aire no era mucho más fresco. «¡Oh.. señorita Downing. Jack Hogg advirtió su presencia. La mujer le hizo señas con un dedo. le puso encima con cuidado la tapa de madera y cerró la tienda. Todo en silencio. en una oficina austera. —¿Puedo entrar? Sólo la cabeza de Agatha asomaba por la puerta. Gandy!. Pero apretó las manos y siguió caminando por el corto pasillo buscando a Gandy en el salón principal. Dejó la pluma en el soporte y se respaldó en la silla giratoria. La puerta chirrió cuando la abrió y escudriñó el pasillo a oscuras. —Señor Hogg —lo saludó con la cabeza—. Su rostro reflejó sorpresa. vio a Dan Loretto en una mesa repleta. No había música. pero oía ruidos dentro. Esa manera de entrar tan infantil era tan poco propia de ella. Justo enfrente. pero no estaba segura. estoy sorprendido. Subiendo la escalera. Ése sería un mejor momento para hablar con él.83 - . escuchando el maravilloso sonido de la maquinaria bien aceitada que funcionaba a una velocidad increíble. Alzó la vista. Resonaban risas y tintinear de vasos. —Gracias. Quisiera hablar con el señor Gandy. —pensó—. esa noche habría mucho más. que Gandy no pudo evitar una sonrisa: . Dos a la derecha. echó un vistazo a la puerta trasera de la taberna y vio que estaba cerrada. El olor rancio de humo y alcohol viejo la detuvo por un momento. Golpeó con suavidad. —¿Sí? Hizo girar el picaporte y asomó con timidez.. la primera puerta a la derecha. —Hola. Gandy estaba sentado ante un sencillo escritorio de roble. La puerta de la oficina de Gandy estaba cerrada. que daba a la calle. Abrió la puerta y entró. qué sorpresa. Sin duda. Al pasar. Se sintió como una de esas personas que espían por las ventanas. pero el cristal rizado no permitía ver otra cosa que el reflejo del cielo azul claro. ¡De modo que ahí era donde se guardaba la jaula dorada durante el día! Sonrió ante el ingenio de Gandy. Escribía. Nunca había estado en esa parte del edificio. Quizá pudiera entrar sin ser vista y hacerle una seña de que fuese al pasillo del fondo un momento. —Caramba. ¿Cómo podré agradecértelo?» A las cinco en punto.

bastante. ¡Por todos los cielos. los brazos graciosos acentuados por las mangas muy apretadas y el alto cuello clerical. Agatha recorrió con la mirada los severos paneles de madera.. era verde intenso. —No será muy elegante. lo siento. —En cierto modo. Quizá por el modo en que se viste. estaba el ambiente lujoso que esperaba.. —¿Sí? —Usted vio la propaganda de la máquina de coser en mi taller. Y sobre un sofá había una bata de mujer de color verde turquesa. mientras la mujer entraba y miraba en torno. en la sala. —¿Qué puedo hacer por usted? —Creo que ya lo hizo. el botón del cuello desabrochado y las mangas de la camisa enrolladas. el cabello pulcro. divertido por el interés que mostraba. Esos chalecos de colores brillantes. Ese día. —Sí. la ventana desnuda que daba a una vista poco interesante del patio trasero y de la pradera.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Por favor. de pronto. La redondez atractiva del busto. Gandy se sentó otra vez. Gandy alzó una ceja y se le formó un hoyuelo en la mejilla. los hombros estrechos. aquí es donde hace sus negocios. la estufa diminuta. Agatha comprendió su error después de haber observado demasiado tiempo el apartamento privado de Gandy. Pero ese día había algo diferente que él no podía precisar. señorita Downing. curiosa. hacia su sala de estar y el dormitorio que había más allá. Creo que es un poco más espacioso que el de usted. creí que no lo había notado. la examinó con mirada más crítica que antes. —Gracias. más allá. —¿Por qué? —Oh. El elegante drapeado trasero del vestido de tafeta granate. Se dio la vuelta y lo sorprendió contemplándola. Desde atrás. pero cumple sus propósitos. —Siéntese. ¿no es . el perchero.84 - . La agradable «curva griega» que le daba el corsé invisible a la zona lumbar. Siguió observando la habitación: la caja de seguridad. Siempre correcta. Lo miró de frente. señor Gandy. se apartó del escritorio. —Así que.. Vestía con gusto magnífico ropa de suave elegancia. Se levantó a medias. Eran las cinco de la tarde y necesitaba una afeitada. —No hay problema. esperaba encontrarlo en un ambiente más lujoso. con curiosidad. La chaqueta negra colgaba del respaldo de la silla. La corbata de cordón estaba floja. era un hombre apuesto! —Es curioso. ¿una puerta abierta? Fijó la vista en ella. cruzó un tobillo sobre la rodilla de la otra pierna. —Lo. Noto todo lo relacionado con ella. Se tomó un momento para apreciar ese semidescuido.. el verde apagado de las paredes. Gandy la observó. Ahí. y entrelazó los dedos sobre el estómago. no sé. —Trabajo con vestimenta.

. la bota negra apoyada al descuido sobre la rodilla. Lo sabe. —Ah —canturreó Agatha. se encogió de hombros. Gandy advirtió el cambio en el rostro de la mujer: ¡eso era lo diferente en este día! No era el peinado ni la vestimenta: era el estado de ánimo. —Creo que la cantidad correcta es de cincuenta dólares. Cada vez le resultaba más difícil contemplarlo con racionalidad. —Sin rodeos. y en el sobre del embalaje dice que ya está pagada. —Sí. —¿Lo admite? Sonriendo con amabilidad. los ojos le chispeaban demasiado y los labios se negaron a obedecerle. —Pero es un soborno. tres vestidos de cancán. los tendones tensos de las manos entrelazadas bajo la cabeza. perspicaz—.Tiene un tornillo flojo.85 - . Deshonesto y sincero al mismo tiempo. La chata polilla gris se había convertido en una brillante mariposa. Vine a agradecerle que se haya ocupado de encargarla y a pagarle lo que le debo. Usted la vio y me leyó la mente. —¿Acaso dije que me debiera algo? Agatha sacó cinco monedas de oro y las apiló en una esquina del escritorio. La sonrisa se hizo descarada. El color más pálido de las muñecas y los antebrazos. con los codos en el aire. tres brillantes vestidos rojos de cancán. —¿Y qué espera ganar con eso? —Para empezar. —Si cree que voy a aceptar una máquina tan costosa del dueño de una taberna. —¿Por qué no? Ambos sabemos que es verdad.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR así? —¿Sí? —No me eluda. El hombre rió y echando la silla atrás. con patente de Isaac Singer. lo sé. entrelazó los dedos tras la cabeza. ¿no? —Lo olvidé. —Abajo hay una máquina de coser flamante. La carcajada de Agatha los sorprendió a los dos y rieron juntos. — Levantó una ceja—. El hombre rió entre dientes. ¿verdad? Bajó los brazos y la contempló en silencio varios segundos. señor Gandy. .. ¿Cómo dijo Joe Jessup? .. Ese sujeto era un enigma. Por una vez. era feliz y eso la transformaba. señorita Downing.. las arrugas en las sisas de la camisa blanca. está. Por más que intentó ser severa. el humo que ascendía desde el cenicero que estaba entre los dos. señor Gandy. ¿Y después? —¿Quién sabe? Abandonó el juego y se puso seria: —Estoy comprometida con mi trabajo por la templanza. —Felicidades. —No se haga el tonto. La inquietante conciencia de la pose masculina la golpeó como un puñetazo en el estómago.

Scott permaneció mirando afuera. tendré que pensar en una nueva forma de atraer clientes. —No pensé que pudiera. —Sólo éramos cuatro. —¡A St. Los rumores acerca del proyecto de enmienda a la Constitución estatal ponían muy nerviosos a los propietarios de bares de Kansas—. —Usted también. caramba. fue a la ventana con el cigarro entre los dientes y subió el bastidor de la ventana. Olvidé que usted odia estas cosas. ¿qué general le revela sus planes de batalla al enemigo? Agatha sonrió y su rostro se convirtió en el semblante joven y hermoso que Violet había comentado antes. Es decir. le escribí. El humo se elevó entre los dos antes de que se diera cuenta de lo que hacía. Otra vez. y trató de contenerse con un dedo. ¿no es cierto? —Después de la máquina de coser. Después de unos momentos. en cierto modo. —No la vi por unos días. apoyo una bota en el alféizar. fumando y preguntándose lo mismo. —¿La vieja Lucy Limonada? Agatha estalló en carcajadas. esta guerra en la que estamos enzarzados. tomó el cigarro y dio una honda calada. pues The Temperance Bannemos insta a los miembros a hacerlo. —Como sea. La mantiene más seca que el gran Sahara. cuando lleguen sus parroquianos. La austeridad se esfumó. ¿cómo podíamos oír nada con ese barullo? . —En ese caso. y haciendo circular relatos sobre los azares del destino con que usted comercia. ¿no? —Quizás. —Mañana por la noche. cuando entró con sus huestes invasoras. más todavía teniendo en cuenta que estamos en su territorio? Gandy se levantó.. ¿no? —Sí. —¿Nada más? —Además. un codo sobre la rodilla y se dio la vuelta para mirarla sobre el hombro. Agatha observó cómo el chaleco de satén se tensaba en la espalda y se preguntó quién de los dos ganaría a la larga. Le escribí una carta a la Primera Dama. Caramba.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —No hay soborno que pueda hacerme cambiar de opinión. agradeciéndole que se haya establecido la Ley Seca en la Casa Blanca. ¿cree que puedo negarle el placer.. ¿qué nombre le puso el señor Potts a su «Dama del Óleo»? —Me extraña que no lo haya oído la otra noche. pero nunca le había parecido tan gracioso. John! —No se mostró tan despreocupado ante esa novedad. —Yo y muchos más. perdóneme. John. estaremos abajo repartiendo panfletos que hemos hecho imprimir. ¿no? Observándola. Los ojos claros se suavizaron. Medio país llamaba así a la Primera dama. Qué activas. le parece divertida. —Cuénteme. —Qué irrespetuoso. También le escribí al gobernador St. —Usted es distinta de lo que me imaginé al principio. —Estuve atareada. —Está. —Oh.86 - . Nada resulta como lo imaginé. supongo que sí. la hizo reír. señor Gandy.

señorita Downing. Pero se puso de pie. Casi chocó con él. —¿Fue usted? —¿Cómo diablos puede preguntar una cosa así? —preguntó. Gandy respondió con una carcajada franca. —Nos superaron. y cómo está cambiando lentamente. Era difícil creer esas otras cosas al verlo reclinado en el alféizar de ese modo. trazó las letras en un trozo de papel. La mujer resolvió que era hora de dejar de jugar al gato y al ratón. buen humor y atractivo masculino. ese humor y ese atractivo para desviarla de sus buenas intenciones. encima de la oreja. —Ah. usted es una digna rival. Flexionando la cintura. El humo del cigarro le quemaba las fosas nasales mientras observaba la escritura. en letras mayúsculas.. chasqueando la lengua y moviendo la cabeza lentamente. —Usted es mi enemigo —afirmó con calma—.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —El nombre completo es Dierdre en el Jardín de las Delicias. No le tendió el papel ni retrocedió.87 - . Los latidos se intensificaron más. nunca debo perder de vista ese hecho. Se le crispó la frente y el pie golpeó el piso. que se mantuvo firme en su sitio. pero los hombres le pusieron de sobrenombre Delicia. —Delicia. Por otra parte. Debo confesarle que he llegado a admirarla. Y cualquiera sea mi opinión personal sobre usted. Cuando se irguió. y se quedó tan cerca del escritorio que Agatha tuvo que apartarlo para mirar. quedarse y qué en un papel. miró en los ojos de Agatha sin hablar. desbordando encanto. Estoy segura de que la señora Potts está encantada de que su esposo haya ganado el concurso. —¿Satisfecha? . la otra noche? El buen humor desapareció del semblante de Gandy.. Ah. señor Gandy. Pero entendía con toda claridad con cuánta desvergüenza aprovechaba ese encanto. la otra noche no duró mucho en la taberna. ¿fue usted el que clavó una nota amenazadora en mi puerta. —¿Qué más? El corazón le latió con excesiva fuerza y no se detuvo a medir la prudencia ni las consecuencias de lo que iba a decir: —Dígame. Agatha levantó el papel y retrocedió. —¿Qué? El corazón de Agatha latió con más fuerza aún. —Qué contrariedad —dijo. —No abuse de su suerte —le advirtió entre dientes. el hombre miró la pluma y luego a la mujer. Metió el cigarro entre los dientes y le arrebató la pluma. ante mi vista? Ceñudo. ¿puede hacer una cosa? ¿Puede escribir las palabras bueno. enfadado. La próxima vez que la vea debo recordar felicitarla. —Permiso. —¿Por qué vendo alcohol? —Entre otras cosas. sacó la pluma del soporte y se la extendió: —Por favor.

¿Qué importaba si lo recordaba? —Quisiera ver la nota. los apretó contra el mentón y miró ceñudo la pared de la oficina hasta que los pasos que se arrastraban al fin dejaron de entrar por la ventana abierta. . señor Gandy. ¡Maldita arpía! ¿Qué tenía. Con una violenta maldición. —Gracias por la máquina de coser —dijo en voz queda.88 - . Tenía que estar segura. desgarró el papel en dos y lo tiró. Estaba encargando un lote de ron cuando me interrumpió. Lanzó otra maldición. —Si me disculpa. señor Gandy —afirmó. —Lo lamento. El hombre giró hacia el escritorio. de espaldas a él. —¿Por qué? El semblante se crispó todavía más. Aunque se ruborizó. Encerró un puño en el otro. pero así es. tengo mucho que hacer. mientras oía abrirse y cerrarse la puerta de afuera. se mantuvo firme: —Sí. Con el rostro ardiendo. señorita Downing. El hombre se quedó mirándola fijo. ¿por qué no lo regañaba por eso? —Yo puedo cuidarme sola. y cerró la puerta al salir. si aún la tiene. Se sentó y comenzó a escribir de nuevo. Gandy alzó la cabeza con brusquedad y miró fijo la espalda.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR El alivio le hizo cerrar los párpados y exhalar levemente por la nariz. El corazón traidor le desbordó de remordimientos: —Ya le dije que lo lamentaba. que dejó una mancha de tinta en la orden que estaba escribiendo. Gandy permaneció ante ella. bullendo de cólera. ¡maldición! Si no toleraba los juramentos. —¡Agatha! No creyó que recordara el nombre. ¿Qué diablos quería esa mujer de él? Agatha abrió los ojos y lo enfrentó. apagó el cigarro con dos movimientos coléricos de la muñeca y se abstuvo de mirarla otra vez. —Buenos días. la abrió y se detuvo. que se le había metido bajo la piel? Agatha dio otro paso hacia la puerta hasta que un ladrido del hombre la detuvo. arrojó la pluma. se dio la vuelta y arrastró los pies hacia la puerta. —¿Y lo está? —le espetó. —No sé por qué diablos me siento responsable por usted.

las espuelas brillantes. cuando empiecen a temblarte las manos y tu esposa y tus hijos sufran sin. la cantaban con creciente entusiasmo en cuatro tabernas.. las monedas tintineando. ¿Pensaste en mañana. Y se regodean en el vino. La noche siguiente. y en todos los otros mañana.T. el honor y la salud. ¿Quién tiene pena? ¿Quién tiene dolores? Los que no se atreven a decir no. Otros cuatro vaqueros se acercaban por la acera vestidos a la última moda. Cuando se encaminaba a la puerta. rodeó a Evelyn como si fuese una cascabel enroscada. —¡Se lo ruego. no tengo esposa ni hijos —la interrumpió el joven. Evelyn Sowers se adelantó varias veces y se interpuso con audacia ante los concurrentes a las tabernas. —¡Abstinencia es virtud. Al parecer.. —Hermano. Pero ya habían entrado.. Y como no pudo. El resto de la noche.89 - . joven. —¿Reconocen ustedes el mal en el vil brebaje que vienen a consumir aquí? Arrebata a los hombres las facultades. ocúpate ahora de tu futuro. Evelyn intentó detenerlos apelando a sus emociones.? —Señora. aprendieron una canción nueva. Para sorpresa de todos. no entre en ese refugio de machos! ¡El tabernero es el destructor de las almas de los hombres! El muchacho de rostro brillante miró sobre el hombro y se escabulló dentro con una expresión que demostraba más temor por Evelyn que por los peligros que podrían aguardarlo tras las puertas de la taberna. . Con ojos inquietos. Entregaban panfletos a los hombres y seguían solicitando firmas para los compromisos. ella se abrazaba al recién descubierto ministerio con creciente fervor.. Antes de que entren por esa puerta. Evelyn había hallado su verdadera vocación..M. sobreponiéndose al ruido del Lucky Horseshoe Saloon. —Se acercaba a un vaquero desprevenido que casi no tenía edad para afeitarse—. indulgencia es pecado! —gritaba. mientras las señoras iban pasando por las cuatro tabernas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 7 Las damas de la U.C. desplegaba un asombroso talento oratorio que nadie conocía. Evelyn cayó de rodillas y alzó las manos. Los que se dejan llevar al pecado. suplicante.. y miraban a Evelyn con el mismo temor que el joven vaquero de antes. ¿No sabes que Satán adopta la forma de una botella de licor? Ten cuidado de que no te engañe y te haga creer otra cosa. Con sus ojos intensos y su gesticulación un tanto dramática.

a despertar su conciencia. el aliado de Lucifer. empapado de ron! ¡El traficante de licores ardientes! Ruego al Señor que lo perdone por causar negligencia y bestialidad en los hogares de familias inocentes. Gandy ignoró la perorata de Evelyn.T. arrodillada en la taberna. —¡Ah. —¡Bazofia! ¡Nuez vómica! ¡Esto no lo bebería ni un cerdo! A Agatha le ardió la cara. pero la mujer había tenido éxito con dos clientes de Jim Starr. Evelyn se volvió con brusquedad hacia él. Ivory se dio la vuelta desde su puesto en el piano.M. —¡Vete a casa. Jack Butler y Floyd Anderson se avergonzaron tanto al ver a sus respectivas esposas con la fanática Evelyn que se escabulleron por la puerta y desaparecieron. y afirmó —: Hemos venido en misión moralizadora. el local estaba muy concurrido. que se avergonzaron y le firmaron el papel. Los miembros de la U. para encontrarse con otros tres pares de ojos atribulados: los de Jubilee. —¡Eh. vestido totalmente de negro y blanco.C. Miles Wendt! ¡Vete a casa. muy enfervorizada. Pearl y Ruby. Los ojos llameaban de fervor desusado. Agatha no comulgaba con la exageración histriónica de Evelyn. las partidas de naipes se detuvieron. sin sombrero. Por suerte. se topó con la mirada de Gandy y se apresuró a desviarla. Se abrió paso a codazos entre los hombres amontonados. Evelyn estaba enloquecida. Animada por otra victoria. fue directamente hasta Jeff Didier. se enorgullecían de la no violencia y la gracia. Este éxito impulsó a cuatro «hermanas» a arrodillarse junto con ella y a cantar a voz en cuello. Cuando sacó un compromiso de abstinencia y le exigió a Didier que lo firmase. Estaba de pie detrás de la barra. señor Gandy. Tom Ruggles! ¡Vayanse todos a sus hogares. con sus familias. —Alzando la voz. —Todavía están a tiempo. señoras. Wilton Spivey! ¡Vete a casa. el tabernero de rostro colorado respondió sirviéndose un trago doble de centeno y tragándolo ante los ojos de Evelyn. Dos vaqueros que se habían hartado.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR condujo sus tropas al interior. tras unos minutos de sufrir dolor. se levantaron y se encaminaron hacia la puerta. Agatha lo intentó. Cuando el contingente de la U. alzó las manos y vociferó: —¡Este ejército de ebrios caerá girando en el infierno! Las danzas y cantos se interrumpieron. tuvo que levantarse otra vez. En medio del súbito silencio.90 - . Gandy habló con su habitual savoir vivre: —Bienvenidas. mírenla! El hombre se levantó de la silla. aporreó con los puños varias mesas. y Evelyn. Se alzó un clamor que casi . Alzó la vista.T. de rodillas en el piso duro de la taberna. gritó—: ¡La casa invita a beber! Los vaqueros giraron sobre sus talones. Evelyn se volvió más audaz en el hablar y en los gestos.C. infelices pecadores! Evelyn arrebató una jarra de cerveza y la sostuvo sobre los pies de Ruggles. pero se sintió como una tonta. llegó a la Gilded Cage. En el The Alamo Saloon.M.

lanzando exclamaciones de preocupación. —Bueno. Los ojos la punzaron como trozos de hielo. Cuando llegaron a la salida. Nunca hasta entonces lo había visto beber. Agatha les hizo señas a las otras de que la siguieran a la puerta. Ustedes vuelvan a casa con sus esposos. Después. Desde la pared. Alrededor. Le dolió. papá. miró otra vez a Gandy. como tu papá no está aquí. sintiéndose vacía sin saber por qué. Había estado en cuclillas.91 - . parecía una persona mordida por un perro rabioso. Ya no estaba el brillo divertido que se había acostumbrado a esperar. chico. En la mesa de lotería. Delicia sonreía con benevolencia al caos. tenía la misma altura que ella arrodillada. ¿por qué no me dejas a mí.. Quizá los otros no supieran qué había tras esa superficie encantadora. Tras ella. y Addie y Minnie se inclinaron. —Dios mío. El cabello rubio podría . en realidad. reclamando los tragos gratis. En mitad del jolgorio. Con los gritos resonándole en los oídos. a ver si puedo curarte? —Déjame tranquilo.. y los ojos de obsidiana de Gandy la flecharon. le apartó las manos y lo hizo girar hacia la luz tenue que provenía de la taberna. el piano y el banjo reanudaron la música. Cuando se fueron. Lo que pasaba por una sonrisa era. Gandy. ¿qué estabas haciendo tan cerca de la puerta? ¿Estás bien? —Mi c. que terminaba con el verso: «Ven conmigo a la parranda».LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR ensordeció a Agatha. Me g. Con las manos cruzadas sobre el pecho y los ojos en blanco. Déjame ver. los hombres se burlaban. pero el niño se agarró la cabeza y la apartó—. lo vio sonreír muchas veces para no reconocer la ausencia de alegría en la expresión de ese momento. Jubilee y las Gemas arrancaron a coro con «Champagne. llenó un vaso con el líquido ambarino. se volvió para echar una última mirada.... —¡Aaaay! —chilló. Fue entonces cuando conoció a Willy Collinson. A pesar de la obstinación del niño.. echó atrás la cabeza y convirtió el saludo en un insulto. un desnudar de los dientes... Charlie». Tenía que haber una forma mejor. —Nooo. pero sólo Addie Anderson y Minnie Butler le hicieron caso. oraba por los depravados. los hombres empujaban para llegar a la barra y levantaban las copas. golpeaste la c. Gandy encontró el cuello de una botella. ¡Aaay! ¡Me duele! —Perdóname. no!» Le hizo un gesto de saludo tan leve que nadie más lo advirtió. —Yo me ocuparé de él. de rodillas. Mientras las miradas se encontraban. quiero a mi p.. Giró con brusquedad y salió empujando las puertas vaivén. cabeza. Agatha hizo levantar al niño. Qui. sosteniéndose la cabeza y gimiendo—. «¡No. Evelyn. Se volvió para alejarse. —Trató de ver cuan grave era el daño.. espiando debajo de la puerta persiana hacia la taberna cuando la puerta lo golpeó en la frente y lo hizo rodar como una pelota de bolos. ¡Aaaay! Agatha se acuclilló para ayudarlo. De pie. cabeza —lloriqueó—. y lo levantó.

. Dijo que esta noche iría a casa. se arrodilló y espió por abajo. —Que te golpee una puerta en la cabeza. El pequeño estaba un poco más tranquilo. —En verdad. En serio. —Si me dices tu apellido —lo instó con suavidad—. Por lo menos. alzó la vista inseguro. apártate de la puerta mientras hablamos. después de una cena caliente. —Le ofreció la mano en gesto práctico—. Tendría que estar metido en la cama tibia. —Bueno. —¿Qué te dice con respecto a las emergencias? —No sé lo que son. trataré de encontrarlo. n.. pero si los tuviese nunca los golpearía con puertas vaivén. —No tengo madre. —Ten cuidado.. Ahí hay cosas que un chico de tu edad no tiene que ver.. ¿cinco años? ¿Seis? Fuera cual fuese la edad. pero el niño se soltó de un tirón. el corazón de Agatha se estrujó. y mi apartamento está encima. Por segunda vez en la noche. rodaste como un erizo. Hay que lavarte la frente y ponerte un poco de iodo. —¡No! —Pero vivo ahí al lado.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR haber estado un poco más limpio. con tu madre. Le tembló la voz y Agatha se sintió arrasada por la pena. que te lavaré. ¿Cuántos años tienes? —¡Qué te importa! —le contestó. la nariz arrugada y la boca trémula... Podría curarte la cabeza enseguida. Willy retrocedió y los ojos se le pusieron redondos como castañas.. Lo vio luchar contra la indecisión... El mono estaba manchado y era demasiado corto. —Empezó a temblarle el mentón y se frotó un ojo con los nudillos sucios—. lo. Por fortuna. p. No tengo hijos propios.. —Así no lo encontrarás. —¡Eres muy pequeño para espiar por ahí! —Tengo que encontrar a papi. ¿no es cierto? Willy apoyó la barbilla en el pecho. Se incorporó. jovencito. —Oh —dijo con suavidad—. En ese caso. Había tenido tan pocas oportunidades de estar con niños. Acarició con torpeza el cabello rubio. —Ladeó la cabeza—. pues me importa. —No volvió a casa del trabajo.. soy una señora muy buena. desafiante. y le diré qué te encontré haciendo. pero no pudo. Alguien podría salir y golpearte otra vez. pero. Le corría un chorro de sangre por la frente. El pequeño trató de contener la risa. tenemos que encontrar a tu padre. estás sangrando! Ven. ¿ves? Ésa es mi tienda de sombreros. —Mi papá dice que no tengo que irme con desconocidos.. —Lo puso de pie sin demasiada gentileza y el niño empezó a moquear otra vez—.. Te llevaré derecho a casa. no era lo bastante mayor para estar vagabundeando por la calle de noche. Se murió. Agatha dejó las manos a los lados. —Le dirigió una sonrisa bondadosa—. no fue. eso es una emergencia. chico. y le salió como un . En lugar de obedecerle. mostrando sus enormes ojos brillantes. —¡Cielos. Ven. que no sabía cómo hablarle a uno de. No sabía.92 - . lo lamento. Sin dejar de frotarse los ojos..

—Claro que sí. no pierdas su confianza». —El hombre alzó las palmas como si Gandy hubiera sacado una pistola—. Se detuvo ante las puertas y miró por encima el jolgorio de ahí dentro. me gusta. si te sientas en ese escalón. El desconocido pasó una mano por el torso de Agatha. Tras la barra. —¿Para qué lo quiere? —¿Está aquí? —Usted vive en Proffitt hace más tiempo que yo. compañero —ordenó Gandy. sin encontrarlo. Gandy pasó encima de la barra con tal velocidad que tiró dos vasos al suelo. el aliento hedía—. entendió. Gandy tomó un Stetson color hueso de encima de la barra y lo . —Está bien. ¿Qué te parece? —¿Eso haría? Se pone furioso cuando lo persigo. Tú siéntate aquí y yo volveré enseguida. Al pasar junto a una mesa redonda llena de hombres. qué? —Collinson. En la mejilla de Gandy se contrajo un músculo. asustada. Si era de tu propiedad. ¿Está aquí? —¿Alvis Collinson? —Sí. Cuando se inclinó. Búsquelo. Se soltó de un tirón.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR resoplido. —Eso está mejor. yo entraré y veré si encuentro a tu padre y le digo que estás esperándolo para volver a casa. Gandy reía de algo que había dicho un cliente. Evelyn se había ido. —Eh. —Estoy buscando al señor Collinson. Perdió el equilibrio y se aferró de un hombro cubierto de cuero para no caer. Otra. Dan Loretto repartía suerte en el blackjack. está bien. ¿Dónde estabas escondida. Willy Collinson. —Pensé que se había ido. pequeña dama? Lo empujó. pero no pudo. —Dije que la sueltes. —¿Willy. ¿Me obligarás a adivinar tu nombre? —Willy. Alguien la empujó de atrás. tendrías que haberlo dicho. —Suéltala. y la risa se esfumó. apretándola. y miraba el whisky ambarino que estaba sirviendo en un vaso medidor. amigo. En el rincón cercano. A Agatha le tembló el estómago y parpadeó. Jubilee y las chicas circulaban conversando con los clientes. Ahora. ¿qué es esto? —El vaquero se dio la vuelta con lasitud. Gandy y Jack Hogg servían bebidas. —Señor Gandy. le apretó el brazo.93 - . sintió una mano que le rozaba el muslo. No es una de las chicas. con la vista baja. haciendo fuerza para apartarse. Alzó la cabeza con brusquedad. Tenía la mandíbula tensa y la mirada dura y desafiante. —No quiero soltarla. le rodeó las caderas con un brazo y la apretó contra el costado. —Apartó la mano del hombre del cuerpo de Agatha y la echó atrás—. De golpe. «Tómalo con calma Gussie. —Bueno. Agatha entró y se abrió paso entre el gentío buscando a Collinson. y avanzó hacia la barra. Trató de recordar si lo había visto antes.

si eso es lo que estás buscando. Dirijo una taberna decente. Cuando Agatha se encaminó a la puerta. Gandy hizo lo mismo: no confiaba en Collinson. Silencioso. colérico. las manos sobre los bordes de las puertas. Agatha lo miró en los ojos de expresión disgustada: —No lo irrite. dirigió una mirada hacia la puerta. Se volvió. —Afuera está su hijo esperándolo para volver a la casa. hijo. hombre.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR empujó contra el vientre del vaquero. En la frente le sobresalía una vena y tenía los ojos clavados en Agatha. El vaquero se encasquetó el sombrero. Agatha. el hombre se puso delante y abrió camino hacia la acera. ¿Cómo es que no estás en casa de la tía . que la detenía para decirle algo. el hijo de perra apaleaba al niño. tocó la mano de Ruby y siguió. —Agatha. y se relajó. Irguió los hombros. tensa y vacilante. al mismo tiempo que sacaba un cigarro. La escuchó. te dije que iría a casa cuando estuviese listo. si te dije que no te acercaras a la taberna? Levantó al niño de un tirón en el brazo. pero vio que recuperaba el equilibrio contra el costado de la mesa. sorprendido. ¡Ahora. Gandy se paró detrás y le aferró el hombro. en tono burlón. qué susceptible! —En efecto. cuando se detuvo junto a él. Gandy la retuvo por el codo. Indicó con la cabeza una mesa en un rincón. Collinson alzó la vista. —¿Para qué quiere a Collinson? Lo miró. La apartó con brutalidad cuando se levantó de la silla. estiró el cuerpo hacia el niño. Gandy dio un paso hacia ella. al fondo. —Collinson está ahí. —Muchacho. Tiene el temperamento de un jabalí salvaje. pasaba junto a una sorprendida Ruby. se embolsó el cambio y lanzó a Agatha una mirada rabiosa. Por un instante. vete! —¡Jesús.94 - . Collinson? —preguntó. Pero no la perdió de vista mientras se abría paso entre la muchedumbre. Collinson se abrió paso a codazos entre la gente. La soltó. Asintió. hasta que1 esta arpía vino a fastidiarme para que volviera a mi casa. Afuera. Es un poco tarde para que estés en la calle. —Ya lo sé. Al ver que se tambaleaba. —Iba ganando. —¿Quién es éste? Hola. Sin una palabra. frunció el entrecejo y tiró las cartas. ¿no? —Vine a buscar a papi. Encendió el cigarro con calma engañosa. —La calle está repleta de prostíbulos. La mujer giró la cabeza. la resolución de Gandy vaciló. Ella sintió que otros ojos la escudriñaban desde todas direcciones y se dio la vuelta para que Gandy no pudiese ver las lágrimas de mortificación. —¿Ganaste esta noche. Dejé una mano estupenda en la mesa. —¿Cómo se te ocurre venir aquí. y dejó que Agatha lo siguiera.

Disfruta de la partida. Agatha lo oyó sollozar quedamente. —Willy. está bien. sacándolo del medio de la calle. No llores. y no me gusta su casa. —No. El chico se abrazó a Gandy y metió la cara en el hueco del cuello. en las sombras densas. Agatha se dio la vuelta y rogó: —¡Haga algo. Collinson. en la oscuridad. —Apartó a Willy de Agatha y lo impulsó hacia la calle—. Llévalo. que esas son estupideces. ¡Willy! El grito angustiado se mezcló con el estrépito que salía de la taberna. Collinson giró con brusquedad y se precipitó dentro. El pequeño los miraba. eh.. Gandy! En ese instante. se soltó y lo empujó hacia atrás. Collinson —le aconsejó Gandy. chico? Willy se acurrucó contra la falda de Agatha. —¡Willy. ¿Escuchaste eso. Alcanzó a Willy en menos de doce zancadas y. en voz baja. Gandy tomó a Collinson del brazo. Un pequeño de cinco años no era rival para las piernas largas de Gandy. cuando era niño. —Entonces. nariz con nariz.95 - . Willy se dio la vuelta y corrió. vete a casa. más corpulento. eh. Le dio un empellón que lo hizo tambalearse escalones abajo. El otro. lo atrapó en los brazos. mientras se agarraba la cadera dolorida. Entra de nuevo. —Tampoco me gusta estar ahí. y oyó al niño correr llorando en la oscuridad.. Renqueó tras él pero no alcanzó a llegar más que hasta el travesaño para amarrar a los caballos. no sé. —Oh. Gandy! Los dos se enfrentaron. —¡Willy! Tiró el cigarro. Gandy la vio esforzarse. Gandy no tenía experiencia en consolar niños y se sentía torpe y . Es de gallinas tener miedo de la oscuridad. Recuerdo que. ¡Y el mocoso no me fastidia cuando estoy divirtiéndome! —Dio un paso. —Ya te dije. —Yo cubro mis propias apuestas. espera! —Agatha bajó con esfuerzo los tres escalones. Gandy respondió por él. empezó a entender con claridad qué quería de él esa mujer. Gandy se adelantó y le habló al pequeño. amenazante. Agatha se puso junto a él y le apoyó la mano en el hombro. murmurando: —Maldito chico. muchacho. Me da miedo estar solo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Hattie? —No es mi tía. pero no podía correr. que ese es tu lugar.. y desistió—. salió a la calle y se puso a correr con el corazón agitado.. Ya.. que me va a dar un ataque al hígado. Willy corrió un trecho y se volvió hacia el padre. deja de moquear y vete a casa. solía creer que oía voces a mi espalda. a la cama. y no quiso saber nada. —Lleva al chico a casa. —Yo cubriré tu apuesta.. Pero respondió a su propio corazón oprimido. Gandy. —¡No te metas. —Lo escuchó. mientras esté ganando. —Maldito si lo haré. hacia Willy—.

.. —Espere aquí. Encenderé una lámpara. Pasaron por la sombrerería oscurecida. Se dieron la vuelta y se sentaron juntos uno al lado del otro. la ropa. Llevó a Willy con Agatha y se detuvo ante ella. Tragó saliva un par de veces. impotente. ¿Podría cargarlo hasta mi casa? Asintió. La mano de Gandy se extendió sobre la camisa arrugada del pequeño. Vio el brillo de las lágrimas en los ojos de la mujer y frotó el brazo delgado de Willy. el cuello. No estás solo. —Si le pido otro favor. ¿Podría llenar esto. pequeño. junto al fregadero seco y cuando se volvió vio que Agatha enjugaba los párpados inferiores del pequeño con los pulgares. con Willy en el regazo de Gandy. El chico no pesaba casi nada. Apoyó el balde en un banco bajo. —Tráigalo aquí. —Lo llevaría yo misma si pudiera. En el rellano. que miró a Agatha. Gandy casi no tuvo tiempo de formarse una idea cuando volvió a hablar. Entretanto. Si le resultaba difícil subir con las manos vacías. —Le alcanzó un balde esmaltado de blanco—. salieron por la puerta trasera y subieron la escalera. La de Agatha. Los ojos de Gandy se toparon con los de Agatha y comprendió que estaba . bajó. fuerte y rodeado de todo el amor y la seguridad que un niño necesitaba para crecer feliz. Willy estaba más tranquilo. A Gandy nunca le había llevado tanto tiempo subir. Sin embargo. por favor? Corrió escaleras abajo y llenó el balde con agua del barril que estaba bajo los escalones. Le acarició el remolino de la coronilla. él recordó los lastimosos esfuerzos de ella por correr tras el niño—. no llores más. las uñas. la vio subir con dificultad. La mujer acarició la espalda estremecida de Willy. sintiéndose fuera de lugar. escuchando los pasos de Agatha arrastrándose y a Willy que lloraba contra su cuello. pero. ¿cómo se las arreglaría con un cubo de agua? Cuando volvió. pero los brazos flacos se le aferraban al cuello como si él fuese el padre. La suciedad de Willy era innegable. el torso flaco que se sacudía al ritmo de los sollozos. Gandy se quedó quieto. Con Willy en brazos. será el último. se sorprendió recordando su juventud en Waverley: sano. Agatha abrió la puerta y entró primera. Los dedos de ambos se rozaron un instante. —Willy. acomodándose al paso de Agatha. Cuando subía otra vez con el cubo pesado. Una lámpara se encendió en mitad de un cuarto de las proporciones de una caja de fósforos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR asustado. El pelo. Los dos conversaban en voz baja. pasó una corriente de buenas intenciones y entre los dos tuvieron que contener las ganas de enlazar los dedos y unir esfuerzos para ayudar al niño. Gandy se acercó y contempló la cabeza rubia y los hombros angostos. Apoyó al niño en la mesa plegadiza más diminuta que hubiese visto. Se acurrucó sobre Gandy. aferrándose con fuerza a la baranda. a todo le hacía falta más que un balde de agua fría. en una oscuridad total.96 - . no podía detenerse. —En la breve pausa. Entonces. pero el nudo en la garganta no se deshacía. sobre la cabeza rubia. —¡Shh! ¡Shh! —El tono era suave y tranquilizador—. pensó en Agatha en lugar de pensar en el chico. la frotó para tranquilizarlo.

—Dirigiéndose a Agatha.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR pensando lo mismo. y le habló: —Me acuerdo de una vez. A fin de cuentas. pero mucho. el caso es que Cleavon y yo corríamos hacia el río a toda velocidad. cuando yo tenía más o menos tu edad. . Me dijo que no tenía un ápice de sentido común. Con el rabillo del ojo. Mi amigo y yo solíamos nadar ahí en el verano. El Tombigbee. y más o menos de la misma forma. Quince años después de la guerra. ¿no es cierto? Orgulloso. cuando hacía casi treinta y ocho grados. de pie. —Volvió la atención al niño—. nos ocuparemos de ese golpe en tu cabeza. al verla sumergir el paño. Willy. Era en la zona del Mississippi. me quedé desmayado como una almeja. dices? Willy asintió con bríos. ¿todavía le importaría. Bueno. Con indisimulado interés. lo echó sobre el hombro y volcó un poco de agua en la palangana. gimiendo.. En la época de la que hablo. fascinado. cosa que hizo alzar la vista y sonreír a Agatha—. —¿Cómo? —preguntó Willy.. tal vez un poco más. y Willy apenas se encogió—. —Ya sé que duele. —Agatha sonrió al oír el nombre: Li-a-tris—. Donde yo vivía había un río. Se dio la vuelta y agarró un trapo de un toallero que estaba en la pared. Leatrice. Nos tiramos de cabeza al agua y yo me golpeé contra una roca y me hice un huevo de ganso en la frente del tamaño de tu puño. —¿Cómo es que Leatrice se quedaba en la cocina. De hecho. —Agatha le aplicó el iodo. Leatrice me regañó.. —Ah. —Ahora. Willy mostró un puño diminuto. junto a Willy. en cambio. como pasaba con algunos? —Porque trabajaba para nosotros. se quedaba en la cocina caldeada. —Además. Gandy la vio tomar el frasco de iodo y reanudó el relato. »Te digo. El niño se echó atrás. —¿Se te pasó? Gandy rió de nuevo. Tienes puño.97 - . Tendré cuidado. en «mitad». estrujarlo y aplicarlo a la frente de Willy. Mi padre fue hasta el río y me cargó hasta la casa. Era la cocinera. Gandy se apoyó colocando una palma sobre la mesa.. Gandy se quedó ahí. Era negra como la bola ocho del billar. le aclaró—: Cleavón es el verdadero nombre de Ivory. se llamaba. Mi amigo Cleavon me sacó del agua y fue gritando a pedir ayuda. —Willy gozaba de la bendita ignorancia infantil con respecto a los matices. hace tanto calor que a veces ni nos deteníamos a quitarnos los pantalones. Teníamos a esa vieja dictadora llamada Leatrice. sintiéndose demasiado grande e inútil. Ya no se resistía a la cura y estaba quieto. yo era el que iba a nadar al río en verano. —Leatrice me puso un emplasto maloliente de caléndula y me hizo beber té de tilo para el dolor de cabeza. Cleavon y yo. Nos tirábamos con ropa y todo. Por un instante. los ojos de Gandy se toparon con los de Agatha y se preguntó si sería del Norte o del Sur. que yó me creía más astuto que ella. insistió—: ¿Qué pasó con tu huevo de ganso? Gandy rió. mucho más grande. El agua chapoteó casi hasta el borde cuando la llevó hasta la mesa. y ahí hace mucho calor en mitad del verano. —Acentuó «mi».

Encontró las tostadas con canela y dejó a Willy sentado en el borde de la mesa.98 - . No me acuerdo casi nunca. nadaba ahí. mi madre quiso empezar de nuevo. desde entonces. —Me gustaría tener una cocina —le dijo a Gandy—. —Bajó la barbilla pero no pudo ver —. En el silencio. pensaba quedarse ahí lo suficiente para hacer su agosto. . Había una estufa. tendría una despensa llena de cosas para deleitar a un chico. cortinas de encaje. Willy se palpó con vivacidad la herida de la frente y declaró: —Tengo hambre. para recordarme que nunca tengo que zambullirme en el río sin saber qué hay bajo el agua. Cuando murió. Por primera vez. A ti también se te pasará. vivo aquí. el hombre examinó la vivienda. Gandy se miró en un pequeño espejo ovalado que había sobre el fregadero. —¿Cuánto hace que vive aquí? —Trece años. Desde entonces. Agatha le observó la raíz del cabello buscando la cicatriz. de arrancar sus raíces y plantarlas en un sitio nuevo. vivíamos en Colorado. y hacerlo olvidar los golpes en la frente y los raspones.. y no se imaginaba permaneciendo tanto tiempo en un lugar que no le gustara. Mientras recorría con la vista la morada. La pulcritud era casi dolorosa. Me quedo. alejarse de los malos recuerdos. Vinimos aquí y abrió la sombrerería. Gandy siempre se había sentido libre de ir y venir según se le antojara. atiborraría a Willy hasta que le estallara el estómago. Un poco de sangre de Willy —le aclaró. Si fuese por ella. Si bien no consideraba Proffitt como el Jardín del Edén.. ¿le gusta? Lo miró en los ojos. —¿Qué? —Dije que se le manchó el cuello. Cuando él estaba. —¿Acaso a alguien le gusta lo que la vida le depara? Aquí es donde trabajo. Pero lo único que pudo ofrecerle. con la lata entera. y tuvo que flexionar las rodillas para hacerlo. Desde que murió mi padre. Gandy salió de sus meditaciones y advirtió que le hablaba. y el suyo parecía atestado. Todavía tengo una pequeña cicatriz aquí. la de Agatha estaba fija en él. Se frotó el cuello. y después marcharse. Si fuese por Agatha. Gandy miró en su dirección y ella bajó la vista. en las ventanas. El apartamento tenía la mitad de tamaño que el propio. Cuando se irguió. De la pared colgaba una muestra. igual que muchos otros. —Pero. Siempre lo deseé. Los muebles eran viejos y macizos. Después de eso mi padre hizo cavar una piscina y. pero ninguno de los elementos necesarios para cocinar. Willy preguntó: —¿Todavía te duele? —No. —Se le manchó el cuello. el fregadero seco.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Casi por completo. fue: —¿Te gustarían unas tostadas? Asintió con entusiasmo. —Se inclinó y se tocó con un dedo el nacimiento del cabello—.

Tenía el aroma de tabaco pegado a la ropa.. —Ah. Las patillas le cosquillearon el dorso de la mano. Esto no lo decidimos nosotros. Casi siempre parecía necesitar una afeitada. —Y no porque le haya limpiado el cuello sucio me pasé de su lado. —Oh. Miró hacia abajo. sintió que él estaba tan incómodo como ella. —Yo también —admitió con suavidad. . preocupándose por la ropa de Gandy? Lo provocó el hecho de tener ahí al niño y al hombre. sin sacar la vista del techo. cerró las puertas y llenó de nuevo la palangana. resultaba muy agradable. La barba era muy densa y negra. Se apartó de un salto. en un contacto áspero aunque agradable. arrepentida de haberse ofrecido.. con más municiones. —Lo sé. ¿verdad? Gandy miró a Willy y luego a ella.. Levantó otra vez el rostro y enfrentó su mirada—. —Llevó la palangana al fregadero y se detuvo frente a él.99 - . Permítame. Volcó el agua sucia en un cubo de residuos. Era tibio y suave. ella y sus infernales «secos» molestaban a tus clientes y trataban de hacerlos volver a las casas! Y ahora estás aquí. Le dio un tirón y la soltó con un dedo. también por primera vez. dejándote malcriar. Bajaron las manos y también el mentón... —Es extraño. —Tengo sentimientos contradictorios al respecto. quiso responder Agatha. ¿sabe? —comentó. En dosis pequeñas. y lo que hacíamos una hora atrás. —No exactamente. Los ojos se encontraron. Pero la oferta estaba hecha. Gandy observó el techo de hojalata acanalada. claro. y Gandy la barbilla. Lo soltó. Gandy se dio la vuelta.. ¿Qué diablos estás haciendo aquí. disculpe. Agatha levantó las manos. ¿Qué trataba de demostrar. muchacho? Esta mujer te traerá dificultades. —¿Qué cosa? —Lo que estamos haciendo ahora.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Puedo quitársela con un poco de agua fría. Los de ella se apartaron. se la quitó y se quedó esperando. casi como si los tres constituyesen una familia. y Gandy esperaba: —Espere que traiga un poco de agua limpia. Era la primera vez en su vida que tocaba el cuello de un hombre. Por extraño que pareciera. —Ya volverá. Metió la punta de una toalla limpia detrás del cuello y lo mojó por delante con la mojada. —Y el botón del cuello. ¡Hace una hora. —Sería mejor que se afloje la corbata.. Cuando se volvió hacia él con un paño húmedo.. con el mentón al aire. Sería preferible que no llevara el argumento demasiado lejos. los ojos chocaron un instante y después se apartaron. —¿Lo haría? «No». que estaba delante de las puertas—.

—Lo sé.. esta noche. Agatha abría la tienda a la mañana. —Miró al chico. ¿Lo eran? ¡Sin duda.M. No era ningún cruzado. Gandy bajó la mano. es tan pequeño para quedarse solo. a Gandy.. —Se volvió. mostrándole la expresión preocupada—. —Lo acompañaré a la casa. se habían hecho amigos. no quería meterse en los problemas de Willy. Más aún. No esperaba que dijera algo así. —¿Ya estás más o menos lleno? . Ni estoy segura de que sea mi responsabilidad frenarla. —¿No? Los ojos se comunicaron por un lapso prolongado e intenso. pero. Eran enemigos. temprano. Gandy. Le habló a Agatha en voz baja: —¿Qué piensa hacer con él? No puede tenerlo aquí. Agatha sintió un fugaz pinchazo de arrepentimiento. Está convirtiéndose en una fanática. Ahí abajo está lleno y me necesitan. y no sé si puedo detenerla.C. Agatha observó las sombras que proyectaba la lámpara en el cuello abierto de la camisa. con engaños. ya sabe.. Supuso que muchas mañanas lo haría cansada y malhumorada. —Escuche. Yo no pedí ser presidenta de la U. Agatha tenía algo en mente que necesitaba decir. lamento lo del ruido. Pasaré por mi apartamento y me pondré una limpia. Agatha y Gandy se miraban. Willy masticaba. Estiró la mano y le oprimió el antebrazo. mientras él y su banda dormían profundamente al otro lado de la pared. se rascaba la cabeza y balanceaba los pies cruzados. no eran aliados! Tampoco se podía negar que. y se le entristeció el semblante—. —Pienso pedirle al reverendo Clarksdale que hable con Alvis Collinson. Drusilla Wilson me obligó. ni tampoco oírse a sí misma responder: —Y yo lamento lo de Evelyn Sowers.100 - . —Ya lo sé.T. pero no es nuestro problema. Miró hacia la mesa. Me gustaría no tener que hacerlo. Pero se acercó al niño. Gandy fue el primero en recobrarse: —Será mejor que vuelva. de pronto Gandy advirtió con cuánta claridad llegaban desde abajo los sonidos de la música y las voces. Oh. por misteriosos caminos. comiendo tostadas. ¿Se le ocurre una idea mejor? No se le ocurría. —Está bien. Ése era el fuerte de Agatha. Se tocó y miró. —¿Cree que servirá de algo? —No lo sé. —Sí. —No pude quitarle toda la mancha de sangre. En la estrecha.. —Y yo seguiré vendiendo whisky. Los dos tomaron conciencia al mismo tiempo y sonrieron. Willy seguía sentado en la mesa. tranquila y solitaria habitación. Dejó los paños mojados en el borde del fregadero y se puso de costado a él. —Quiero que sepa que me avergonzó lo que hizo Evelyn Sowers en la taberna.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Al responderle.

—Desapareció en las sombras y entró por la puerta de atrás de la taberna. —Buenas noches. Agatha! Se detuvo. Gandy levantó un dedo. Te diré una cosa. manteniendo pacientemente el paso de Agatha.. la mujer sintió que se le estrujaba el corazón y después. . tomados de la mano. vete a casa y duerme bien. —¿En serio? —En serio. Así que Alvis Collinson aún estaba dentro. Ven a visitarme y te lo mostraré. — Giró sobre los talones y lo señaló con el largo dedo índice—. sin soltarle la mano y lo saludó sobre el hombro: —Buenas noches. pensó. en voz queda. le dio a Willy otra tostada. Un momento después estaba de regreso. Willy echó los brazos al cuello de Gandy y le dio un enorme abrazo. y el rostro se le ensombreció. Por instinto. un ramalazo de felicidad. Gandy tuvo una súbita ocurrencia: —¡Espere. dejó a Willy en el suelo y se puso de cuclillas ante él—.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Resplandeciente. —Llevaremos una para el camino. pero lo que hizo fue agarrar al niño de las axilas: —¡Arriba! —Lo cargó escaleras abajo. Gandy se endureció. como crece en la planta? —No. Ven a visitarme una tarde de estas. En ese caso.. —Dale las buenas noches al señor Gandy. Está bien —dijo. —Ahora. Willy dejó de masticar. ¿Ves esa ventana. —Un minuto. Agatha te acompañará a tu casa. Agatha esperaba que Gandy los dejara ahí y fuera a su apartamento. Agatha. Me gusta estar aquí. «Difícil». Willy volvió junto a Agatha y tomó sin vacilaciones la mano que le tendía. saliendo a la luz de la luna—. quiero decir. tapó la lata y lo levantó de la mesa. el hombre alto de patillas negras los vio irse en la oscuridad. —Bueno. —Tal vez tu papá ya esté en casa.101 - . ahí arriba? Es mi oficina. Gandy —dijo con suavidad. Habló con la boca llena de tostadas: —Pero no quiero irme a casa. ahí tengo un poco. —Buenas noches. Willy miró y sonrió. Al llegar abajo. Impulsivo. Con el entrecejo fruncido. Agatha apretó los dedos en torno de la mano pequeña. debe de estar preocupado por ti. de verdad. —Iré mañana. mirando a Agatha. señor Gandy. Willy. Willy se volvió. Willy negó con la cabeza. Gandy rió e hizo girar al chico hacia Agatha. Dejaron la lámpara encendida y salieron al rellano. —Buenas noches. Willy en el medio. cuyos ojos reflejaban el mismo pensamiento. uniéndolos. Al hacerlo. de la mano. ¿Alguna vez viste algodón.

sintiendo que el corazón le estallaba. ahora que iba a dejarlo solo. Debo hacerlo. Le tembló la barbilla. viciaban el aire. Agatha se inclinó y lo besó. Los platos sucios con restos de comida en descomposición. —Lo harás. —Cuando visites al señor Gandy. no te olvides de pasar por mi tienda a saludarme. Tuvo que contenerse para mantener los ojos secos. Agatha se arrodilló junto a la cama y le apartó el cabello de la sien. y apretó los labios. Agatha? —Sí. Tuvo que ignorar el estado de la cama en la que metió a Willy. Había ropa sucia tirada por todas partes. Le pareció que llevaba el hedor de las sábanas pegado a la nariz en todo el trayecto hasta la casa. Willy. Alvis Collinson. El niño no respondió. Se le resbaló una lágrima por la mejillla. ¿verdad?Willy tragó saliva y asintió. . —Ahora estarás bien. Que tu alma arda en el infierno. Los luminosos ojos castaños le dijeron que la valentía estaba esfumándose. por tratar a este niño hermoso como si no desearas que viviera.102 - .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR La casa de Collinson era un chiquero. El piso estaba sucio y una estufa herrumbrada. Le asomaron lágrimas a las comisuras de los ojos. —¿Te vas. mientras que yo daría mi cadera sana por tener uno como él.

Entró cinco minutos después. Willy observaba con atención mientras Agatha cortaba la falda.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 8 En una semana. Sin embargo. ¿ves? Desde que tenía la máquina de coser. ¿ves? —¿Qué es esos? —Qué son esos —le corregía. —Esto es un dedal. el cabello pegado de un lado. —Vas a necesitar más piedras. —¿Eh? —Lleva el balde para juntarlas. Oh. sin quitar el molde ni las piedras. anhelantes los ojos castaños. ese día estaba cortando el primero de los tres vestidos de cancán rojos y negros. un momento después. cargando orgulloso el balde lleno de piedras sucias. el trasero curvado casi en el suelo. Agatha oía abrirse la puerta trasera y. Los ojos del niño registraron con cuánto cuidado apartó cada pieza cortada. simples piedras.103 - . —Fingió un ceño preocupado—. —Willy. —¿Qué vas a hacer con ellas? —Sujetar los moldes mientras corto alrededor. Agatha.. alzaba la vista a menudo y miraba por la puerta trasera. Y si bien todo le despertaba curiosidad. el mentón en las rodillas. Mientras continuaba trabajando. para verlo en cuclillas. el niño ya corría hacia la puerta. él estaba junto a su codo preguntando: —¿Qué es eso? ¿Por qué haces eso? ¿Para qué es? La educación del pequeño había sido bastante descuidada. cómo odio dejar de trabajar para salir a buscarlas. se había suscrito al periódico de modas Ebenezer Butterick y encargó veinte moldes de papel tisú que entusiasmaron a sus clientes y ya le habían encargado varios vestidos para confeccionar.. Willy se convirtió en visitante habitual de la sombrerería. —Así es. . Le respondía a todas las preguntas con paciencia. Miró en el balde y luego los moldes que faltaban. Se dio la vuelta. complacida por el modo en que los ojos se le iluminaban a cada cosa que aprendía. —¡Yo iré! Antes de que la sonrisa se dibujara en el rostro de Agatha. tenía pocos conocimientos básicos. excavando con un palo. Eligió varias piedras de un balde de hojalata para hacer de pesas sobre el tisú. para luego responderle—: Piedras. Willy. Miró en el balde. Sacó las que quedaban y se lo dio. —¿Para qué sirve? —Para empujar la aguja. Con la barbilla en el borde de la alta mesa de trabajo.

—Mmmm. Es un trabajo pesado: no sé cómo hacíamos antes de que tú anduvieras por aquí. —Polvo de tiza. Dice que te diga que lo ané. Agatha rió. ¿Y qué fue lo que hiciste para ganártelo? —Junté unas piedras y las lavé. donde había secado las piedras. con una barra de zarzaparrilla. Mientras se agachaba para juntar agua del profundo barril de madera. a los pies de la mujer. y salió a ayudarlo. —¿Qué es marcar? —Así se dice cuando señalo los sitios donde tengo que hacer una pinza. excitada. para que no ensucien la tela.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Llévalas otra vez afuera y lávalas. un minuto después. Agatha imaginó los ojos brillantes de Willy siguiendo las manos de Violet que buscaba en el cajón del escritorio. —Zarzaparrilla. más feliz de lo que recordaba haber estado nunca. la ropa sucia exhibía manchas húmedas. —Ah. preguntó—: ¿Qué es eso? Apuntó con un dedo regordete. y pídele a Violet un penique. —¿Para qué sirve? —Para marcar. Violet! Agatha dice que te pila un penique. como un loro. Dile que yo dije que lo ganaste. y las sequé. Salió afuera y regresó tras unos segundos. se oyó golpear la puerta del frente. —No alcanzo. —¡Eh. comprendió el valor del ofrecimiento. —Lo hice —repitió. —¿En serio? —fue la respuesta de Violet—.104 - . Dios mío! Ve al frente. pero lo depositó. —La metió otra vez en la boca y. —Tiene razón. —¡Aquí están! ¡Lo hicí! —Lo hice —corrigió. con las mejillas arreboladas como manzanas de otoño. Willy se puso radiante. orgulloso. Estaba de regreso en menos de cinco minutos. —Se rascó la cabeza con vigor. Agatha sonrió al oír la voz aguda. al mismo tiempo. Se quejaba y resoplaba cargando el balde pesado. —Y lo hiciste muy bien. Todas limpias. Cuando volvió. moviendo la barra de . Chupándola. agregó con severidad—: Y procura lavarte las manos.. y no tuvo corazón para rechazarlo. ¡y secas. Agatha examinó las piedras con grandes aspavientos. —¿Quieres una chupada? Apuntó la barra en dirección a Agatha.. —¿Qué es una pinza? —Una costura que une parte de la tela y le da forma al vestido. Sabiendo que raras veces recibía dulces. ¿eh? —Antes de entrar. ocupó de nuevo su lugar junto a la mesa de trabajo. comentó: —Tendremos que conseguir un pequeño taburete para que puedas subirte. Un momento después. Giró sobre los talones y se precipitó a través de la abertura de la cortina.

—¡Jesús! —¿No es increíble? También ella estaba aún maravillada por los moldes nuevos y la máquina de coser. ¿Tienes que hacer pasar la tiza por esos agujeros pequeños? —Exacto. le hizo una seña a Ivory que. Cuando dirigió a las señoras en la canción: «Los labios que toquen el whisky no tocarán los míos». Era lo bastante innovador para no perder ninguno. ¡Y mira el borde de la mesa! Observó. en la Gilded Cage. Se hizo el propósito de participar en cualquier grupo. a cambio de cada panfleto que se entregara en el bar. —¿Alguna vez me dejarás probar a mí? —Hoy no. La noche en que Agatha se instaló en la puerta y leyó en voz alta trozos de «Diez noches en una taberna». El trabajo se había vuelto entretenido. mint julep.C. Cuando las damas. menos en aquellos que incluyesen a Evelyn Sowers. A medida que pasaba el tiempo. Pero el resto de su persona todavía era una mugre. clericó de jerez.105 - . La noche que ella distribuyó panfletos titulados: «Ayudemos al vaquero libertino del Oeste».M. Las únicas marcas en el papel fino eran agujeros de diferentes tamaños. comenzó a presentarse con las manos más limpias. A partir de ese día. Espolvoreó con cuidado el fino polvo de tiza sobre ellos y lo frotó antes de quitar el molde. Se rascaba la cabeza sin cesar. puso una lista de las bebidas más nuevas que se podían adquirir en la Gilded Cage: brebajes con nombres misteriosos como ponche de ginebra. como las agujas del reloj. suponía. no sirvió de nada. timber doodles y blazer azul. acusadora. Gandy. cada uno de los cuales tenía un significado. terminando. Estableció una rutina de visitar cuatro tabernas cada noche. Alvis Collinson no atendía al hijo mejor que antes.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR zarzaparrilla en la lengua como si fuese el émbolo en una mantequera. la atención que a Willy le faltaba en la casa la encontraba en el taller de Agatha. Observaba con atención las manos de Agatha—. si no te lavas esas manos pegajosas. entró con el acompañamiento al piano. —¿Ves? —le dijo al niño. de inmediato. dirigió a toda su clientela en la versión más vehemente que . Enrolló la pieza del molde y sacudió la tiza sobrante en el frasco de vidrio. más hombres firmaban el compromiso de abstinencia. sangría. Por las noches. cantaron el clásico cristiano. de pie detrás de la barra. pero pocos de los clientes de Gandy. Usaba la misma ropa todos los días.T. Despedía un olor terrible. dejando una serie de puntos blancos claramente marcados. Willy se rascó la cabeza y masticó lo que le quedaba de la zarzaparrilla. Las horas que pasaba ahí se convirtieron en las más luminosas del día tanto para ella como para él. conducidas por Agatha. colgó un cartel que ofrecía palomitas de maíz gratis. Y seguro que no. Aunque Agatha habló con el reverendo Clarksdale. «La Fe de Nuestros Padres». él ofreció un vale por un baño gratis en Cowboy's Rest. las marcas sucias que dejaron los dedos del chico. Sin embargo. continuaba la tarea en la U.

intactos. le sonrió a Agatha y anunció: —¡Sardinas gratis en el bar! ¡Vengan todos a buscarlas! Cuando Agatha pasó el tazón de la colecta pidiendo donaciones para el movimiento. de espaldas a la barra. Sí. Ni ella ni Gandy tenían el menor inconveniente para enfrentarse con la más absoluta amabilidad mientras intercambiaban desafíos. ¿qué la trae tan temprano por aquí. El hombre tomó el panfleto y lo hojeó: —No pretenderá que lo lea. no cabía duda de que era innovador. la mujer entró en el Gilded Cage y se encaminó directamente a la barra. —Aquí tiene. Agatha le entregó una copia de «Ayudemos al Vaquero Libertino del Oeste». —Llévela cuando quiera. Gandy adoptó la pose de antes. —Se volvió hacia Jack—. —Debo suponer que habla en serio. señorita Downing. Si no estoy yo.. por favor —repitió. señor Hogg. señor Gandy. Al pasar junto a Gandy. Levantó el sombrero y sonrió. —Creo que la mejor hora para ir al Rest es a la mañana temprano. señorita Downing. Scott miró el panfleto. y ordenó. este levantó una fuente del bar: . —Bueno. Agatha ya no pensó en la mitad lívida de la cara sino en lo apuesto que sería antes de tener las cicatrices. los codos apoyados en la superficie lustrosa. Se dio la vuelta para marcharse. antes de que se reunieran los parroquianos de Gandy y las luchadoras de Agatha. extendiendo la palma. Pero Agatha había llegado a disfrutar del intento de superarlo. señorita Downing? Siempre la llamaba «señorita Downing» cuando había otros cerca. —Quiero mi vale para un baño gratis. se sacó el cigarro y amplió la sonrisa. Mi vale. señor Gandy. Asintió. El chaleco color jengibre estaba inmaculado. Tenía el Stetson bajo. —Lo haré. sobre el hombro: —Jack. Fumaba el cigarro sin tocarlo con los dedos. Gandy estaba en la parte más cercana. dale a la dama un vale para el baño. —Gracias. esa noche. Una noche. Los hoyuelos. Creo que el aviso dice un panfleto por un vale. —Como prefiera. la bolsa del keno se duplicaría. Tengo una camisa rota bajo el brazo que necesitaría unas puntadas de su máquina. —Oh. Se le puso el cuello rojo: en el Estado de Kansas ninguna mujer decente se dejaría sorprender en un lugar como el Cowboy's Rest.. ¡dentro o fuera de la iglesia! Cuando el «Amén» se perdió. antes de que los vaqueros se levanten. Pero contestó con gentileza: —Lo tendré en cuenta. con formalidad. —Por cierto. Sonó la registradora y Jack Hogg le entregó un redondel de madera. con los codos apoyados.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Proffitt escuchó jamás. y la miraba acercarse. Gandy anunció que.106 - . lo atenderá la señorita Parsons.

verde turquesa.M. púrpura. La de Pearl era rosada. Me gustaría. ¿Y usted? Agatha no rió. ¿Quiere otra? Agatha miró con recelo la fila de pescados resbaladizos. gracias. Willy se apartó de Agatha y corrió hacia ellas. No son tan saladas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Quiere una sardina. pero tomó una de la fuente. Masticó otra vez y tragó. luego a él: los hoyuelos proclamaban que esperaba que rechazara. —Supongo que lo llamará libre empresa. Con gesto cariñoso. —Tal vez lo sea. La mujer se lamió el aceite de los dedos—. Estoy quedándome sin ideas. Willy. Pero requirió un gran control de sí misma para no hacerlo. Evelyn Sowers se crispó y resopló: —¡Haciendo tratos con el enemigo! Agatha esperaba eso. señorita Downing? Miró la fuente. Las tres rieron y entraron en la tienda.T y decirles que estaba haciendo un trabajo para el señor Gandy y sus empleadas. —La expresión era totalmente amistosa y triunfal—. charlando y riendo. Jubilee. pero no discutió más.C. —Levantó una ceja y alzó la fuente—. La boca de Evelyn siguió torcida en gesto amargo. no. ¿Qué se le ocurrirá a continuación. el hombre dejó el plato. —Hola. señor Gandy? —No sé. pero sí una exquisitez. Entraron por la puerta trasera con su estilo lánguido. —¿Qué pasa? ¿No le gustan las sardinas? —¡Qué vergüenza.107 - . que deben de ser iguales. —Espiaré por debajo de la puerta y os veré bailar con ellos puestos. jovencito. Jubilee lo tomó del hombro y lo hizo girar: —Oh. nuestros cofres están bastante vacíos. —Riendo. —Y palomitas de maíz. La de Jubilee. Cómo estás. se estremeció con violencia y cerró los ojos. y se la metió en la boca sin vacilar. —La semana que viene traeré ostras frescas. Agatha decidió que era mejor ser franca con las compañeras de la U. con las batas puestas. Como saben. . que les da a los clientes pescados salados como los siete mares? —Ni la más mínima. Odiaba el pescado. Masticó. Hola Violet. Agatha. señor Gandy! ¿Acaso no tiene conciencia. no lo harás. —¿Os probasteis los vestidos nuevos de baile? Ruby pellizcó la nariz de Willy: —Seguro. El diez por ciento de todo lo que gane con el señor Gandy será para la causa. la de Ruby. Paró. —Claro. señor Gandy. Agatha hizo un gran esfuerzo para no mirarla fijo. Pearl y Ruby fueron a probarse los vestidos. pero para un buen fin.

Lo eran. Pearl comprobó si Willy la escuchaba. Quedarán deslumbrantes. —¿Qué pasa con él? —Quiso hacerme creer que. con la nariz como una zanahoria! —Ése. ¿qué opináis del viejo Cuatro Dedos Thompson. y qué atractivos se veían los tobillos femeninos con ellos. Agatha se puso a la tarea: —Los vestidos están listos para probar. confiado: —No. Violet agregó: —Y ayuda a que los frunces no se ricen mientras Agatha y yo los formamos. Agatha? Excitado. Yo. cuando se queda sin . —¿Vosotras lo creéis? —Mmm. Pone los pesos sobre los moldes que yo pongo sobre las telas. Willy no se sintió amenazado. Willy Collinson? —Eso dice Agatha. Verlos era casi tan divertido como usarlos.. Ruby apoyó un puño en la cadera en una pose de falsa suspicacia: —¡Bueno. cuando están en camino. —Rüby adoptó aire pensativo—. Jubilee y Ruby estaban de pie sobre la mesa de trabajo mientras Agatha y Violet marcaban los ruedos con tiza. —¿No es cierto? —lo corrigió—. las tres tenían puestas botas de tacón alto. que asegura que. Ya lo creo que me ayudó. El chico alzó los ojos hacia ella: —He ayudado a Agatha a hacer vuestros vestidos. Más risas. Agatha no pudo evitar envidiar a las muchachas cuando se los pusieron y exhibieron sus cinturas de avispa que realzaban los corsés con ballenas en forma de cucharas en el frente. —¿Conocen a ese vaquero llamado Slim McCord? —preguntó Jubilee. Con el rabillo del ojo. y ellos no te dejarán. —¿Cómo sabes que no? —Porque iré corriendo a contárselo a Scotty y a Agatha. lo haré. Todos rieron.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Sí.. —Si te pesco. Pearl haraganeaba en una silla. —¡Ese alto. —Los trajo y los colgó de una barra alta—. flaco. Pearl. Más aún sobre esos cuerpos exquisitos. no.. hace tanto calor que tienen que sumergir en baldes con agua los frenos de los caballos para que no les quemen la lengua. para poder ajustar bien los ruedos. esperando su turno. Sonrió y movió la cabeza. Pero. —¡No me digas! —¿No'e cierto. se volvió hacia ella. a veces.108 - . A petición de Agatha.. Con los brazos en jarras. Jube se inclinó y apoyó la frente contra la de Willy: —Bonito bribón estás hecho tú. imagina eso! —Y Agatha dice que me conseguirá un taburete para que yo pueda ver sobre la mesa y para que alcance hasta el barril de agua. Pearl revolvió el cabello de Willy. Nunca pudo usar zapatos de tacón alto. te escaldaré el trasero. ¿eh..

junto con los otros empleados de la Gilded Cage. de pronto. sin acordarse del gusano que. —¿Te gustaría darte un baño. —¡Odio los baños! —afirmó Willy. Todos rieron. —Soy yo. pues debería. —¡Escuchad esto! —exclamó Pearl—. y se apresuró a agregar—: Bueno. para entonces. Cuando terminó la prueba y se marcharon. observaba al insecto arrastrarse por su bota. estabas burlándote de mi. según Duffield. ¿Sabes cómo. y se rascó la axila. todo pareció muy aburrido. Willy saltó como si. trepaba por el marco de la puerta. —¡Ah. y se rascó. Willy? Giró sobre el trasero.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR sal en la carreta. y podrás tomarlo gratis. y Willy se abalanzó alegremente sobre el regazo de Pearl. Se enderezó y lo vio arrastrarse de un dedo índice al otro. Adiós. —Tengo que ir a ver cómo cargan las vacas en los vagones de ganado.109 - . lame el sudor del caballo en la montura? Fascinado. —¿Por qué no? —Pa nunca no me hace bañarme. puedes esperar mal tiempo. —Sin embargo. Dejó el gusano en el suelo y se rascó la cabeza. —Creí que estaría probándoles los vestidos a las chicas. a las cuatro y cuarto. queda derecha. Entró y lo vio de cuclillas frente a la caja de seguridad. hubiese recordado algo. Willy estaba sentado en el umbral de la puerta trasera jugando con un gusano verde y rascándose. —Ya terminamos. Pearl! La muchacha le revolvió el pelo y sonrió. Se escapó. y cuando sopla viento calmo. —¡Un baño! ¡No me daré ningún baño! Agatha y Violet intercambiaron miradas severas. —Pa no me hace —lo corrigió. Se puso el gusano en la rodilla y se rascó la ingle. Violet. Willy no se perdía palabra. yo creo que lo necesitas. Las chicas siempre llevaban consigo un aire de festividad y. —Pase. —Pearl hizo una pausa dramática. El viejo Duffield me preguntó: «¿Sabes cómo averiguar cuándo se levanta viento en Texas?». . No tienes más que dárselo al señor Kendall. El baño es importante. además. esta tarde. A Agatha le encantaba tenerlos en la tienda. Hasta luego. Tengo un vale. se interesaban por Willy. Agatha. Agatha llamó a la puerta de la oficina de Gandy. Willy? Negó con la cabeza. Se puso de pie de inmediato. enfático. en el Cowboy's Rest. y miró de soslayo a Willy—. Cuando el último eslabón se suelta. Doblado por la cintura. clavas una cadena en la punta de un poste. y se rascaba el cuello. —Bueno. contando un fajo de billetes. Esa tarde.

Y necesita más un baño que cualquier otro ser humano que yo haya conocido. metió la mano en el bolsillo del chaleco. —Ordéneselo. Gandy. Gandy tapó el frasco. señor Gandy. Reaparecieron los hoyuelos y una sonrisa burlona: —Me temo que tendrá que ir al Cowboy's Rest para eso. —Mándelo allá. —No. —No quiere ir. destapó el frasco. ¿no es cierto? Los ojos de Agatha siguieron el recorrido de los de Gandy. —Se trata de Willy. Ahuecó las manos y apoyó el mentón en ellas. Todos los días. pero la boca se le hacía agua. —Es un ángel. distraída. ese Willy es un personaje. la blanda barra pegajosa en los dedos. Todo parecía igual. cosa bastante obvia. arrojó la pila de billetes al escritorio. mordió el dulce y se sentó otra vez. Tenía la negativa en la punta de la lengua. siéntese. —Bueno. y los ojos se posaron en el frasco. Como para demostrarlo. —¿Willy? —Hiede. Aquí no damos baños. salió corriendo a ver cómo cargaban el ganado. Gandy dio otro mordisco al dulce. —Hizo una pausa elocuente—. me imagino. —Para Willy —explicó. Cuando le sugerí que fuera solo. ¿Cuánto tiempo hacía que no disfrutaba de una barrita de orozuz? —Gracias. —¿A usted también? —Sí. ¿De qué se trata? Se sentó en el borde de una silla de roble. Agatha sonrió. al comprender la renuencia del hombre a que lo sorprendieran demasiado encariñado con el muchacho. Gandy le lanzó una mirada fugaz al redondel de madera. que antes no estaba. En los labios del hombre jugueteó una sonrisa torcida. Vio que miraba las barras de orozuz y se apresuró a explicar: —No sólo son para él: a mí también me gustan. Agatha mordisqueó la propia y observó. masticando. Alzó la vista y puso el vale de madera sobre el escritorio... —Quisiera cambiarle esto. Willy dice que el padre no lo hace bañarse. Había sacado el cigarro por la mitad cuando se dio cuenta de lo que hacía y lo guardó otra vez. .110 - . se sirvió una barrita y le ofreció: —Tome una. sin pensarlo. Gandy asintió y rió. —Ah. y luego miró fijo a Agatha. salvo un alto frasco de vidrio con barras negras de orozuz en un rincón del escritorio.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Cuándo estarán listos? —En uno o dos días. con los vestidos no. en la giratoria y. —No soy la madre. Creo que ha estado visitándolo con regularidad. —Sí. ni su padre. —¿Hay algún problema? Con gesto despreocupado.

pero no es apropiado. se puso ceñudo y dirigió la mirada hacia un rincón del techo y maldijo en voz baja. —Se rasca sin cesar. —No me molesta que venga de vez en cuando. No conviene que se encariñe conmigo. exasperado. cerca de la ventana. De todos modos. Agatha habló sin alterarse: —Eso sería lo mejor. Podría llegar a convertirse en una molestia espantosa. ¿no es cierto? Gandy adoptó una expresión colérica. Las mujeres no vamos a los baños públicos. pero no pienso atender a ese golfo y llevarlo a todos lados como si fuese mío. Gandy tiró el suyo sobre el escritorio. usted va bastante a menudo.. —¡Conmigo! Gandy alzó las cejas. —¡Piojos! Apabullado. —Señor Gandy. ¿tuvo piojos alguna vez? —Claro que no. ¿No lo ha notado? —Yo.. ¡Maldita mujer! ¿Por qué no lo dejaba en paz? Gandy comenzó a pasearse y a mesarse el cabello. Agatha —le aconsejó.. sabe que estar infestado de picaduras no es lo más agradable del mundo. —Adora el suelo que usted pisa. Si necesita un baño. Agatha prosiguió. ¡Lo haré! Abrió los ojos. Las moscas pican y se van. Los piojos se quedan y chupan. —Y la ropa necesita una lavada. entonces? Tenía el poder de hacerlo contestar lo que no quería. —¡Jesús! —farfulló. disgustado. sin rodeos: —Tiene piojos. Se mueven constantemente sobre la persona.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Y qué quiere que haga? —Willy iría con usted. —Tenía un aspecto ridículo en el . —Espere un minuto. —Gandy se levantó de la silla y se alejó de Agatha lo más que pudo.111 - . Agatha se sacudió una pelusa inexistente de la falda y dijo. se dio la vuelta y la señaló con la barra de dulce ablandada—. —¿Lo picó una mosca. serena: —Yo lo llevaría. Y tampoco voy a quedarme siempre en este pueblo. —¿Por qué tengo que hacerlo yo? —preguntó. en gesto de rendición—. En el rincón. —Dejé el vale para pagar el baño. sarcástico. y alzó las manos. Yo me ocuparé de eso. —¡Está bien! ¡Está bien! —Cerró los ojos con fuerza. ¿no? Dio otro recatado mordisco al orozuz.. —¿A quién no? Teníamos perros y gatos cuando yo era niño. Yo tampoco soy el padre del chico. —Entonces. usted lo sabe. Gandy miró a Agatha. que se lo dé Collinson. —No se mate. Agatha sonrió: —Antes. habrá que frotarle la cabeza con queroseno.

Pensó en silencio unos momentos. se precipitó a su apartamento y se miró en el espejo que había sobre el lavatorio. no es para tanto. la vestimenta. Esa maldita empezaba a perturbarlo.. Los ojos negros. —Agatha. halagadora. Los labios contraídos de Gandy estaban rodeados de un anillo negro. con esos perturbadores ojos verde claro. en cierto modo. —Vamos. estaban en un cuarto que olía a madera húmeda. En una esquina. y trató de parecer duro. se limpió el orozuz de la boca. y sonrió. —Pero si nunca había juegado. —No. Ten cuidado. era la ideal para ella. Cuando la cola del polisón desapareció. y el hombre alto y fornido oliendo a cigarro. podrías enamorarte de esa mujer. como un ojo de un mapache. Pero un instante después. arreglado con arte. la arrebatadora opacidad de los ojos verdes. la línea decidida de la barbilla. sin duda. Bueno. ¿lo sabía? Le miró la boca y rompió en carcajadas. —Me engañaste. Gandy. y una pila de ropa limpia. usted es una condenada fastidiosa. nunca se había fijado mucho en polisones pero.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR escritorio. Estaba deliciosa. con esa expresión furiosa. no perdieron un ápice de atractivo.112 - . Hasta entonces. Repasó uno por uno los atributos físicos: la boca atractiva. Agatha le sugirió sobre el hombro: —Limpíese la boca. Willy. Gandy puso el pan de jabón en el . Se observó a sí mismo en el espejo. Perdiste limpiamente una partida de póquer de cuatro naipes. Gandy. ¿Qué esperas? Gandy se sacó la chaqueta y la dejó sobre el respaldo de la silla.. El delgado muchachito. siempre formal e impecablemente cortada que. a Agatha le daban un aspecto elegante. Hacía años que no comía una. lo atacó un deseo caprichoso de reír. y Willy aún no había levantado un dedo para desvestirse. El chaleco de Gandy fue a unirse a la chaqueta. —¡Bah! La ganó el humor. también de madera. muchacho. En el medio del suelo de madera mojada había dos bañeras. en una silla de respaldo arqueado. Se crispó. —Bueno. muchacho. Enfadado. ¿cómo iba a ganar? —Es la suerte. dos toallones turcos. —Se levantó—. los altos polisones. junto a los fajos de billetes—. Gracias por la barra de orozuz. oliendo a queroseno. Sólo que en esa mano estaba conmigo. con agua caliente que los esperaban. ¡Maldita entrometida! Viene aquí. la piel sin defectos. manipula mi conciencia y luego se ríe de mí! —¿Qué le parece tan divertido? Sin dejar de reír. Imagine que el queroseno es esa porquería que usted vende allá abajo. Se sacó fuera del pantalón los faldones de la camisa sin desabotonarla. y no es de ésas con las que se puede jugar. Y creo que Agatha te explicó que no digas más «juegado». desnúdate. El hombre contrajo los puños. el brillo sorprendente del cabello caoba rojizo. Willy proyectó hacia fuera el labio inferior. un tazón de jabón amarillo suave de lejía.

Willy hacia arriba El pene de Willy era como una diminuta bellota rosada.. desátalo. Gandy lo miró por el rabillo del ojo y rió para sus adentros. será mejor que te metas en esa bañera y te quites el queroseno. Está demasiado apretado.. Gandy le dirigió una sonrisa afectada. Cuando se las sacó. ya hace casi una hora que no fumo. —Muchacho. El labio inferior del chico tenía dos veces el largo habitual. Uno al lado del otro. —¡Por el amor de Dios. me parece que vi a cuatro mofetas hembras arrastrándose hacia la puerta. por lo menos como una mofeta. Las botas mismas parecían listas para la basura desde un mes atrás.. El cabello revuelto le daba la apariencia de una vieja gallina rubia que hubiese recibido demasiados picotazos de las compañeras. hueles como la guarida de un jabalí salvaje! Willy rió con disimulo. llena de hoyuelos: —¡Jesús. —Bueno. Gandy hacia abajo. estiró un puño a ciegas y lo golpeó en la rodilla. —Al semblante de Willy volvió la expresión angelical—. no tenía otra cosa: los cordones de las botas eran una serie de nudos. La cabeza me arde. No cabía duda de que Willy tenía un nudo. Sin otra prenda puesta que el enterizo hasta la rodilla. Las costillas de Willy. no. —No —farfulló.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR suelo y se sentó para sacarse las botas. Era la segunda vez que Gandy tenía a Willy en sus brazos. Las piernas del niño. muchacho.113 - . —No puedo. ¿quién puede ser? A Willy le dolía la cara de contener la risa. —¡Tampoco! —¡Uff! ¡Me quitas el aliento! Si no eres tú. y para evitarlo. salpicadas de áspero vello negro. Willy se sentó en el suelo y comenzó a sacarse las botas que tenían las puntas curvadas. La barbilla aplastada. como cerillas. en este mismo momento! Esta vez. duras. escondiendo la barbilla en el pecho y tratando de cubrirse la boca con la muñeca. —No me importa. —Pues. Gandy rió y le preguntó: —¿Ya estás listo para meterte en el agua? —Si no hay más remedio. como una marimba.. —Teno un nudo. Con las caras a escasos milímetros de distancia. se desnudaron. el de Gandy. las del hombre largas. en gesto de fastidio. Refunfuñó sin levantar la vista. me hiciste trampa. Alzó la cabeza y dio un empellón con todo el cuerpo contra el pecho de Gandy. Otro golpe. el torso de Gandy. dio otro golpe a Gandy que lo hizo perder el equilibrio. Gandy se apoyó en una rodilla. y si no quieres salir volando como fuegos artificiales. Después. entonces. junto al chico: —Déjame ver. el olor estuvo a punto de voltear a Gandy. le derritió el corazón. como . Aun oliendo a queroseno y a pies sucios. la carcajada de Willy escapó antes de que pudiese ahogarla. Cuando terminaron se miraron cara a cara. Scotty. Igual. En verdad. Haciendo pucheros.

de un castaño intenso y largas pestañas. apoyó el codo en la rodilla levantada y se dispuso a la tarea. agradecido. Tomó un puñado de jabón.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR un saco repleto de avena. los antebrazos tan poderosos junto al cuello flaco. mientras Willy se sentaba a lo indio en la otra. Gandy tocó la nariz del niño. Pensó en su propia hija. ¿no crees? Willy gorgoteó. ¿me oíste? —Lo haré —repuso el niño. ya pasó. ¿dónde escuchaste semejante palabra? —A Ruby. ¡Y el pelo. Willy se arrodilló. Ahora. en sordina. echándose hacia atrás con las manos en las caderas. piel de gallina y suciedad». El chico rió otra vez. Hubo algo de honda satisfacción en frotar la pequeña cabeza. —¿Tendré un gran garrote? Gandy rió. cuando metió sus largos miembros en una de las bañeras. —Se apoyó en una rodilla. pero tendría que haber traído una pala. El mismo Gandy tembló.. quiero gustarle. Era extraño. —Si quieres agradar a las damas. Willy los levantó: —Cuando sea mayor. junto a la bañera—. disgustado.. con los codos hacia el techo. . y como es mi amiga. para mostrarle al niño cómo se daba un buen baño. sonrió. puro piel y huesos. Dobló hacia atrás una oreja de Willy y escudriñó dentro: —Muchacho. —Métete para calentarte. por Dios! «¡Qué facha!. se aferró al borde de la bañera y se inclinó sobre ella. alzó los brazos y curvó los hombros. Los ojos de los dos.. —Eres divertido. se parecían mucho. si la habría bañado en caso de estar viva. —Escarba bien esas orejas.. Olvídalo. —Willy. —pensó el hombre—. Se enjabonó y se enjuagó. Scotty —se oyó. muchacho.. Las manos anchas de Gandy parecían tan oscuras en contraste con la palidez de Willy. Miró sonriente la cara que estaba a la altura de su ombligo. ¿qué es lo que te crece aquí dentro? Ya es hora de cosechar. también detrás. de nalgas tan diminutas como hogazas de pan sin leudar. —¡Date prisa! —Estoy haciéndolo. hizo que se llevaran el agua sucia y trajeran otra limpia. —¿Y si me quedo surdo? N'os bueno que se te meta agua en las orejas. —¿Ruby? ¿Qué dice? —Dijo que le gustaban los hombres con grandes garrotes. Cada una de las vértebras sobresalía como un guijarro en una orilla de la que el agua se retiró. vamos. Cuando el cabello quedó limpio. —Y no sólo dentro. La cabeza primero.114 - . pero un elogio tan insignificante de parte de un pequeño lo hizo profundamente feliz. ¿me pareceré a ti? —Es probable.. toma un baño al menos una vez por semana. se acomodó entre los tobillos mugrientos. siguiendo las indicaciones. El trasero. Gandy.

. Los ojos de Willy no se apartaban de la silla y se puso de pie: —¿Puedo salir. —Agatha te hizo unos trapos nuevos. Lanzó una nube de humo hacia el techo. los ojos dilatados de escepticismo.. y holgazaneó contento. —¿Gussie? Las manos de Gandy. me revisó las orejas y. pero con un respeto subyacente hacia todo aquel que se ganara primero el respeto de ella. Moralista hasta la exageración. —Está bien.. echándose distraídamente agua sobre el pecho.. y tratando de adaptar el sobrenombre al rostro. Gandy sólo oyó trozos de lo que Agatha había dicho. Bueno. con las rodillas emergiendo como montañas. pero. —¡Jesús.. le parecía admirable. No me dijo nada.. Claro. —Eso es lo que dice Gussie. Echó una mirada a Willy y rió entre dientes. Tenía un modo divertido de desafiarlo en lo que se refería a la templanza. Una mujer poco común. con la barbilla y los labios bajo la superficie del agua..! —Willy se transfiguró al ver la pila de ropa plegada. —Sí. ya? —¿Estás seguro de que te frotaste hasta quedar limpio? Willy alzó los codos y revisó fugazmente cada axila. Sí. por un lado. —¿Quién es Gussie? —Agatha. Estaba fascinada por Jubilee y las chicas. Los habría criado mucho mejor que un réprobo como Collinson. —Creo que quería darte una sorpresa. Aunque fingía que no lo estaba. Lo encendió.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Te aseguro que no quedarás surdo. Dejó las manos quietas.115 - . claro que hacía la campaña junto con las demás. El chico estaba doblado hacia adelante. admitía que Gandy tenía todo el derecho de hacer su negocio. los brazos en el borde de la bañera. repartía panfletos y pedía firmas para un compromiso de abstinencia. que frotaban el pecho. pero en su caso estaba atemperada por una firme convicción de que el ser humano tenía derecho de vivir como mejor le pareciera. —Gandy indicó con la cabeza al costado—. y pensó en ella. Y el niño. y dice que yo tamién puedo llamarla así. se secó los dedos y sacó un cigarro del bolsillo del chaleco. Dice que cuando era pequeña la mamá siempre la llamaba Gussie. Se puso a pensar en otra de las dicotomías de Agatha... todas las noches. Ahí en la silla. Cuando lo pensaba. y disfrutaba cada minuto del baño. Gussie me revisó las orejas y dijo que.. y le chorreó el agua por el mentón—.. se detuvieron. Gussie. con los míos. en ocasiones la sorprendía observándolas como si le parecieran las criaturas más maravillosas de la tierra. igual que los demás propietarios de tabernas del pueblo. Era una pena que no hubiese tenido hijos. cantaba. La cabeza de Willy emergió de golpe. ¿Gussie? Se respaldó en la bañera. en el Gilded Cage. —Sí. —¿En serio? —Pantalones y camisa. por otro. Había llegado a esperar impaciente la aparición de Agatha. Sonrió. Era muy buena con él. sacó un brazo largo.

lo peinó hacia atrás encima de las orejas y en una pequeña cola en la nuca. lo sujetó de los brazos para inspeccionarlo. Gandy se puso su propia toalla en el hombro y se acuclilló. Si no hubiese sido así.116 - . maravillado pero. Mientras Gandy lo zamarreaba para un lado y para otro secándole la espalda. Los pantalones eran de muselina azul. La puerta del frente de Agatha estaba abierta. Ven aquí. —Eh. Cuando terminó. en los pantalones nuevos. muchacho. la tiró en un charco y se fue en busca de la ropa. Gandy sonrió con disimulo y obedeció. —Sí. La camisa cerraba por delante con botones de nácar. El día era sereno.. con el niño entre las rodillas. Una vez vestido. ¿Y los zapatos? —Ah. Gandy se sentó en la silla de respaldo curvo con un Willy impaciente entre los muslos. Apoyó las nalgas en el borde de la silla y se metió.. Willy ni pensó en la ropa interior. métete la camisa dentro y después lo ataremos. Todavía estás chorreando. Pero. Afuera. se soltó de las manos de Gandy—. tengo que ir a enseñárselo a Gussie! —No tan rápido. me reconocerá. las orejas. —Átame. con una palmada en el trasero. al parecer. no veía otra cosa que la ropa nueva que lo aguardaba en la silla. impaciente. —Luces muy elegante. muchacho. —¡Vamos. ve. el muchacho estiraba el cuello hacia la silla como si su cabeza estuviese montada sobre un resorte. apresúrate! Gandy rió para sí y se apresuró.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Un trasero resplandeciente apuntó hacia Gandy y dos talones mojados resonaron sobre el suelo. Gandy sonrió y lo soltó. Estaba hecha de zaraza rayada y las mangas eran demasiado largas. —Agatha no te reconocerá. Ató el cordón. de pronto. Willy tironeó y fue hasta Gandy mirándose el vientre. le arrojó una a Willy y se levantó para usar la otra. —Date prisa. —Yo sí. Willy se tiró al suelo y se puso las botas en los pies desnudos: no había llevado calcetines. El chico dio unas pasadas rápidas a su cuerpo con la toalla enrollada. el hombre tuvo que alargar los pasos para mantenerse junto al chico. no tan rápido. Los botones impedían que los puños resbalaran por las manos pequeñas de Willy. —Abotóname. Scotty.. Espera un minuto. y lo sujetó de las caderas. Willy podría haber roto la . Dividió el limpio pelo rubio con cuidado y lo acomodó en un arco perfecto sobre la frente. pero espérame. —Primero. El chico se apretó la camisa contra el cuerpo con las manos. metió lo que sobraba para adentro. Scotty. —Está bien. eso. Sonrió al ver cómo temblaba y se acurrucaba.. —¿No te parece que tendríamos que peinarte? —Yo no traje peine. ¡suéltame! —De acuerdo. ¡Eh. las axilas. Gandy tomó las toallas. Agatha les había pasado un cordón por la cintura para ajustarlos. —¿No son preciosos? —Se miró.

Gussie. bueno. la camisa. Scott Gandy la tomó. Sintió el corazón colmado. pero él no está tan radiante como tú. —Necesita calcetines y ropa interior nueva. Willy. estaba el hombre que.. Los de él tenían una expresión que oscilaba entre la broma y la caricia. El niño se apoyaba en su rodilla y la acariciaba. dijo en silencio. —¡Válgame Dios! ¿A quién tenemos aquí? —Soy yo. ¿Ves? —Corrió junto a Gandy. . Gussie. Gussie! ¿Dónde estás? Corrió a través de la cortina lavanda cuando Agatha exclamó: —¡Aquí atrás! Gandy lo siguió a tiempo para ver a Willy de pie junto a la silla de Agatha.. con amplitud para que creciera. la habría hecho hace mucho tiempo! —Y me limpié muy bien las orejas. Willy estampó un beso en la boca de Agatha. se separaba del cuerpo pequeño y delgado en picos almidonados. ta 'luego. Extendió una mano. El único Willy que conozco es Willy Collinson. el pecho hinchado mientras se inspeccionaba a sí mismo y alardeaba: —¡Mírame. la sostuvo sin apretarla y le sonrió. y la mujer rió y se sonrojó de felicidad. Junto a las cortinas. —Ta'. los dos adultos se sintieron embarazados. Gandy permaneció en la entrada. pero yo no podía abotonarme y él me ayudó. Tampoco huele a jabón.. —¡Dios mío. encima de la cabeza de Willy. Gussie. Agatha los vio alejarse de la mano.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR ventana y sacado la puerta de quicio. Convencido. junto con ella más había hecho para que esa pequeña alma abandonada se sintiera más feliz y cuidada que nunca en su vida. el niño se dio la vuelta y le hizo un saludo rápido con la mano. y le ardieron los ojos de alegría. Los ojos castaños de Gandy se posaron en los verde claro. Cerca. se palmeó el pecho. Gracias. de pie junto a ella.. Gandy le soltó la mano y retrocedió. —¿Willy? —Lo observó con expresión de duda. luego. con los labios. si hubiese sabido que iba a recibir tanta atención. y negó con la cabeza —. nosotros nos bañamos y nos lavamos el pelo y el me trujió mi ropa nueva que tú me hiciste y me ató el cordón y. Pensé en ir con él a la tienda de Harlorhan y comprársela.. —¡Eh. Nunca se había sentido tan parecida a una esposa y madre. De pronto.117 - ... ¿No' cierto? Agatha levantó la vista hacia Scott Gandy. Asintió y le apretó los dedos con tanta fuerza que le rebotó en el corazón. oliendo a jabón. Gussie! Se le arrojó encima y la abrazó con fervor. como dijo Scotty. ¡y me encantan. las palabras del chico se atropellaron unas a otras. —Sí.. incapaz de expresar en palabras lo que le desbordaba el corazón. Gussie! ¿No'stoy lindo? Agatha dio una palmada y juntó las manos bajo el mentón. lo tomó de la mano y tironeó de él—. mirando. y me restregué todo y él me peinó el cabello. —Scotty y yo. Casi sin aliento.

118 - .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Agatha se ruborizó y bajó la mirada. Cuando alzó la vista. en la entrada sólo quedaba el ondular de las cortinas. . El corazón le palpitaba como una bandada de mariposas revoloteando en el aire.

¡Maldita seas. de puntillas sobre una silla. pero no se formaron los picos a los costados. hizo una raya al costado y lo peinó chato sobre la coronilla. se refería a algo elegante como el Hermano Jim. Con gran esfuerzo. Malditas sean las mujeres. radiante de orgullo. maldita Cora. al fin lo logró bastante bien. Como si una vez que había probado ai Hermano Jim. Y.. Cora. porque es tuyo. Intentó acomodarlo como había hecho Scotty. estoy muy cansada. Diablos. sobre todo. hiciera algo más refinado que conducir vacas. tuvo el coraje de soltar el cachorro y escaparse. Más de una vez Alvis llegó inesperadamente a casa y pescó a Jim merodeando a Cora.. dejó el peine sobre la mesa y fue a la puerta del dormitorio. No hay un desayuno caliente esperándome. Hermano Jim. se despertó con los pulgares de los pies palpitando. La mañana siguiente al baño de Willy. dando forma a una onda como una rosquilla leudada.. Ni una mujer que vaya a buscar carbón y caliente el agua. y fracasó. Alvis. Aparece por este pueblo una vez. Cuando decía refinado. Cora no podía mirar a Jim sin que se le saltaran los ojos de las órbitas y se le hincharan los pezones. Era el . Estoy hartándome de estar atado por esa espina en el costado. que viste trajes elegantes cada mañana y camina por la acera hasta su coquetona oficina. ¡Y la nariz de ella también se le arrugaba. como si sus pedos no apestaran. en la pared. Después. ¡sólo una! Así podré darte una tunda y arrojarte a tu rapaz. frotándose el pie dolorido. como Jefe de Registro de Eventos. su propio marido ya no le pareciera bastante. que consiguió un trabajo de afeminado.119 - . mira! ¡Mira lo que logré! Alvis miró ceñudo hacia la puerta. vaya si se le arrugaba! Esta noche no. se pasó el peine.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 9 Alvis Collinson sufría de gota crónica. Tras varios intentos. cómo va a sorprenderse papá! Se bajó de la silla. Willy se miraba en un espejo pequeño y turbio que colgaba alto. todas. saludando con el sombrero a las mujeres.. no sirven cuando las tienes ni tampoco cuando no las tienes. por irte y dejarme sin una mujer que me cuide! Los dedos de los pies me palpitan como unas perras en celo. ¡Muchacho. Intentó otra vez. incluyendo la gota. El fino cabello rubio resplandecía de agua. Metió el peine entre las rodillas y probó con las palmas. siempre fastidiándome para que fuera algo mejor. —¡Pa. y tengo que levantarme y hacer las cosas. Vamos. Y nadie convencerá a Alvis Collinson de que ese rapaz miserable no era hijo de Jim. Tenía tendencia a culpar a Cora de todo. que ni siquiera es mía. El hermano Jim. de izquierda a derecha. Ni camisas limpias para ponerme. En la cocina. justo en la época en que los agentes de tierras comenzaron a desperdiciar esta parte del país dándosela a los extraños.

¡Es mía! —¡Vamos a ver si no te la quitas! —Collinson atrapó al niño de la parte de atrás del cuello y lo arrojó contra una gastada silla de madera. —La cara de Willy se ensombreció—. vestido con un enterizo mugriento con las perneras cortadas por la mitad. sí? ¿Eso hizo? ¿Y qué derecho tiene a meterse con mi hijo. y la tapa trasera colgando. la de la sombrerería. —¿Y quién diablos es Gussie? —Agatha. Por culpa de ella ese maldito sacerdote vino a meter las narices aquí. .. —¡Quítatela. Es ella.. y Scotty me compró botas nuevas como las de él y me llevó a darme un baño en el Cowboy's Rest. y también me hizo la camisa... —¡Yo te compraré botas nuevas! ¿Has entendido. Igual que el Hermano Jim. De pie ante el niño. —¿Que mire qué? —refunfuñó. no'as tengo.. dije! —Descalzo. se balanceó en dos patas y cayó con estrépito sobre las cuatro—. ¿Dónde están tus botas viejas? Póntelas. —¿Ah..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR mocoso. Alvis se levantó. ¡Les mostraré a esos altaneros hijos de perra a no meterse en mis asuntos! ¿Dónde están esas botas? ¡Chico.. ¿eh? —No sé. Chirrió. tenía el rostro deformado de furia—. Alvis tuvo la sensación de que la gota se le extendía de los dedos de los pies al resto del cuerpo. pa. Tiene esa máquina de coser nueva que le compró Scotty. confundido. eh? ¿No estaba bien vestido para su gusto? —Alvis se puso de pie con esfuerzo —. nos dimos un baño y. enfureciéndolo más aún. —Pero son. pero me g.. tengo. —¿Scotty? ¿Te refieres a Gandy? ¿El de la taberna? —Sí. trae las viejas! —No'as t. ¡Y deja de moquear! —No me la quitaré. con los puños apretados. y también los pantalones y la camisa. Revolvió entre las prendas que había tirado junto a la cama la noche anterior.. ya te dije que dejes de moquear! —Pe.. chico? Los ojos de Willy desbordaron y el pecho se le contrajo en el esfuerzo por no llorar. Gussie me hizo los pantalones y la camisa. —¡Esto! —Willy se acarició los bolsillos del pecho—.. ¿No te gusta mi ropa nueva? —¡Quítatela! —siseó.. Collinson se apoyó en una rodilla y sacó a tirones las botas de los pies de Willy. Scotty. ¿no? —refunfuñó. Collinson lo miró con ojos entrecerrados. y el niño. ¡Nadie va a decirme que no visto bastante bien a mi mocoso! ¿entendiste? —A Willy le tembló el labio inferior y se le formó una lágrima en cada ojo—.. Son un re. La posición le provocó una punzada de dolor que subió por la pierna. Me lo dieron Gussie y Scotty.. Después. buscando los calcetines—. —¿Cómo es eso de que no'as tienes? —Así.. ya levantado y vestido. regalo de Sc.. —¡Ahora. y me hizo los pantalones nuevos. gustan estas.120 - . me puso queroseno. trataba de no manifestar su decepción. Primero.

la voz áspera gruñó otra vez: —¿Usted es la que llaman Gussie? Con esfuerzo. durmiendo. se mete con los de otras personas. Bueno. sé. —¡Maldición del infierno! ¿Cómo puedes perder tus propias botas? Willy lo espió. Agatha se recompuso. vas descalzo. rabioso. hijo de perra! ¡Yo le compraré las botas a mi propio hijo así que. no s. cuando se hizo una bola. necesitarás tú un baño para lavarte la sangre! ¿Me oíste. a Agatha le palpitó el corazón. —Señorita —replicó. cuando Willy fue a buscarlo a la taberna. Un pie descalzo se enroscó en el tobillo contrario. Corrió a la puerta del frente y vio a Collinson arrojar la segunda bota por la ventana. de inmediato. —Ah. señora. Willy se arrojó sobre la cama y libró el llanto contenido. Tiró la camisa y los pantalones sobre el gabinete de las plumas. —Se puso en marcha otra vez y se detuvo a preguntar—: ¿Dónde diablos está Gandy? Tengo algo que decirle a él.. y salió por la puerta. —Se pasó de la raya. deja de meterte! ¡La próxima vez que lo lleves a bañarse al Cowboy's Rest. asustado. con dignidad. Ahora. eso lo explica: Como no tiene cachorros propios. —Lo más probable es que esté arriba. Antes de llegar. Gandy? . Collinson cojeaba. Las lágrimas calientes mojaron la suave piel blanca del brazo pecoso. consígase uno suyo. dígale que se meta en sus propios malditos asuntos. Le lanzó una última mirada ceñuda. las agitó ante las narices de Agatha—. La cresta en el brillante cabello rubio que Alvis ni advirtió. la misma que había metido las narices en sus asuntos una vez. se volvió. El corazón de Agatha todavía golpeaba con fuerza cuando oyó ruido de cristales rotos. —¡Dónde diablos están todos! Violet todavía no había llegado. las separó y.. mi nombre es Agatha Downing.. Tiene a su viejo que lo cuidará. Collinson la miró con dureza y luego se dirigió a la puerta abierta. levántate. —Sí. —Y una cosa más. también. ¿Entendido? —A la perfección. Arrastró los pies hasta las cortinas. Mi muchacho no necesita su caridad. allá arriba. Al oír la voz que rugía desde el salón del frente.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Dónde están? —N. saliendo de la casa. —¡Gandy. Collinson entrecerró los ojos al reconocerla como esa «perra de la templanza» que los últimos tiempos provocaba problemas..121 - . Minutos después. Agatha no tenía más alternativa que atenderlo. —Sosteniendo las botas de Willy en una mano. el pecho delgado palpitándole por contener los sollozos. Los puños de Collinson se contrajeron más e hizo parar a Willy de un tirón. dame lo demás. —Perdiste las botas. se deshizo sobre las sábanas inmundas. La próxima vez que le murmure cosas al sacerdote.

papamoscas? ¿O quieres que te arroje también una bota en la ventana? Todas las cabezas se metieron adentro. con el entrecejo arrugado de preocupación. No estaba muy segura de cuáles eran las reglas de urbanidad al enfrentar el pecho velludo de un hombre descalzo.. Descalzo. no quería encariñarse con Willy!— ¿Qué sugiere que hagamos? ¿Ir a casa de Collinson y preguntarle si maltrató al chico? La irritación de Agatha estalló: —Bueno. Agatha estaba en el pasillo. ¿no es cierto? Lo miró a los ojos. —¿Qué podemos hacer? —¿Hacer? —¡Maldición. qu'pasa? —farfulló la voz amortiguada de Jube. apoyado en la puerta de su tienda Bitters. Dejó caer la cara en la almohada y Gandy. y miró ceñudo a Yancy Sales. —¿Qué miras. a la punta del pasillo. y preguntándole: . Gandy recordó a Willy desnudo como el día en que nació. fue hasta el salón y abrió la puerta..122 - ... mirándolo con esos líquidos ojos castaños.. Collinson iba cojeando por el medio de la calle principal. —¡Qué demonios. Collinson es un amor. Se le ocurrió que sería bueno. desnudo. Se sonrojó. Nunca lo había visto más que impecablemente vestido. del lado de Jube. Él también arrugó el entrecejo. juntando y separando las manos. Se apoyó en los codos y guiñó los ojos ante el sol de la mañana que entraba por la ventana. miró la bota caída junto a la cama. —Lamento molestarlo tan temprano. —¿Le parece que Willy estará bien? —No sé. Se levantó rodando de la cama.. podríamos quedarnos de brazos cruzados. —Aunque tal vez no lo crea. La mirada paseó de las mejillas barbudas al pecho desnudo.! Jube alzó la cabeza como un perro de la pradera asomando por el agujero.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Cabezas curiosas asomaron por las puertas en toda la manzana. Arriba. Cerró los ojos y pensó cuánto hacía que no se liaba en una pelea a puñetazos. En la puerta sonó un golpe suave. —Las botas que le compré ayer a Willy. Jesús! —¿Qu.. nerviosa. —Se pasó los dedos por el cabello... Gandy se despertó con el primer estrépito. exhibiendo por un instante el vello negro bajo los brazos—. mmm. —Eh. —¿Por qué no? Vea lo que sucede cuando tratamos de hacernos las buenas samaritanas. ya estaba despierto. bajó hasta los pies descalzos y. Se acostó de espaldas y exclamó: —¡Oh. y se puso los pantalones negros. para empezar. por fin. rodando encima de ella.. Mientras replicaba.

Parecía impresionado. m. arrodillándose otra vez. Éste olvidó el enfado con Agatha.. Buenos días. Violet. Agatha. Le tocó el dorso de la mano. a trabajar.. ¿Por qué no podría ser nuestro? ¡Seríamos tan buenos con él. Violet.. —Bueno. Él alzó dos dedos. los entrelazó con los de ella y los llevó a la nuca del niño.. Agatha... —En cuanto se levante. en voz baja.. puede decirle al señor Gandy que lamento haberlo sacado de la cama. y a ella se le partió el corazón escuchando los sollozos del niño. llegaron al mismo tiempo a la tienda: la señora de Alphonse Anderton. abrazándolo contra sí. El tono de voz se le agudizó. Agatha captó una visión del hueco entre los pechos y el costado lo suficiente para comprender que había dormido desnuda.. veeerteee. —Mi p...... abotonándose la camisa. giró e hizo una salida con toda la dignidad de que fue capaz.. Se acercó a Gandy. Agatha sintió que se ahogaba.. Sobre el hombro estremecido de Willy su mirada se topó con la de Gandy.... pantalones.. las b. —Llévelo a la trastienda. llorando y Gandy. Scotty?. Willy.. con los faldones aleteando.. tan buenos. Willy hundió la cabeza rubia en el pecho sólido y oscuro del hombre con la camisa blanca a medio abotonar. camisa n.. ¡Ah. el niño seguía sollozando y hablando entrecortadamente: —Mi c... —la apuntó con un dedo. mis p. puedo v. v. Willy se aferró al cuello del hombre. —Me quitó l. —Escuche.123 - .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR «Cuando sea mayor.. —¡Sh! —murmuró Gandy. que se incorporó con Willy en brazos. Agatha se quedó de pie. aún descalzo. papá d.! Fue una idea fugaz... dice que n. Usaba la bata turquesa. botas n. nueva y m. ocúpate de la señora Anderton —ordenó Agatha. Agatha separó los dedos de los de Gandy y sacó de un bolsillo oculto entre los pliegues del vestido un pañuelo ..... para probarse el vestido nuevo. me molestó su. Por fin. eres tú. Agatha! Buenos días.... el cabello blanco revuelto. Levantándose las faldas.... finalizando con los pies descalzos—. me dijo q. venir más aquí a. ¿seré como tú?».. Cuando quedaron solos. —Tt-tt. En ese mismo momento.. enfadado. y Willy corrió hacia Gandy. no p. detrás de una vitrina. —La señora Anderton los examinó con altanería. sintiéndose impotente y desdichada. vino Jubilee arrastrando los pies y se asomó detrás de Gandy bostezando.... que se entreabrió cuando levantó los brazos con los puños en ristre y ladeó la cabeza.. —Por favor. —¿Quién es. que. Este se apoyó en una rodilla y alzó al pequeño lloroso.. Se sentó en el pequeño taburete junto a ellos y le acarició el cabello.. Menos de cinco minutos después. nuevas.. pero dio a Agatha la amarga certeza de las injusticias de este mundo. Willy se calmó.

los hombros y los brazos que le daban la apariencia de poder vérselas con todos los Alvis Collinson de este mundo. quejumbroso. En la puerta. con el niño en un brazo. Y lamento haberlo tratado mal. no sé qué podría impedírtelo. Se volvió. —No debes culpar a tu padre —comenzó—. . Lo miró el cabello aún revuelto. —El orgullo significa sentirse bien contigo mismo. Se puso de puntillas y le besó la mejilla brillante. y te cerciores de no venir cuando tu papá está en la taberna. los ojos y los labios hinchados. creyó que le insinuábamos que no te cuidaba bien. las mejillas sombreadas por las patillas del día anterior. En ocasiones. le pasó un brazo por los hombros y los tres fueron hacia la puerta de atrás. y hacerlo le dio fuerza y una sensación de comunión con él y con Willy—. Ofendimos su orgullo al darte ropa nueva y llevarte a bañar. —Los largos dedos morenos peinaron las mechas rubias sobre las orejas—. Gandy se incorporó. —Ven. Willy. esforzándose por no llorar otra vez. —Gracias —le dijo con suavidad—. de Scotty y mío. Mientras le enjugaba las mejillas y lo hacía sonarse.. ¿no es así? Willy esbozó la sonrisa esperada. Esperó a que Agatha también se levantase. y rodeaba el cuello del hombre con un brazo pecoso. yo también me siento así.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR perfumado. pero dubitativa. respondió con poco entusiasmo: —Puede ser. —Hasta entonces. mientras Willy miraba de uno a otro. Agatha se sintió incómoda chocando contra el pecho y la cadera a cada paso que daba. Nos vemos después. Willy. arriba. Tu padre quiere comprarte las cosas él mismo. Cuando se fueron. ¿de acuerdo? Y ahora. Cuando lo hicimos nosotros. Agatha no se creyó capaz de seguir hablando sin romper a llorar ella misma y miró a Gandy en busca de ayuda. se preguntó qué podrían hacer Gandy o ella para curar el corazón destrozado del pequeño. sacó el brazo y le dijo: —Willy bajará después. Fue un error nuestro. supo que se había puesto en riesgo doble: estaba enamorándose del hombre. pero lo mandaré de vuelta a la hora de la cena y haré que Ivory vaya al restaurante de Paulie y traiga comida de picnic. pero también del niño. —No. —Pero tal vez sea conveniente que te metas por la puerta de atrás. Por un momento. Gussie? —preguntó. lagrimeando. ¿qué opinas de una barra de orozuz? Sin alzar el rostro. Lo dijo en tono casi inaudible.. Seguimos siendo amigos. pero a él no le importó. ¿entiendes? ¿Sabes lo que significa el orgullo? Willy se encogió de hombros. Quizás ése fue el momento en que Agatha comprendió por primera vez que estaba enamorándose de Gandy. —Se enjugó una lágrima con el pulgar—. —Entiendo. —¿Tú no vienes. déjame limpiarte la cara. —Y en cuanto a que vengas a visitarnos. sosteniendo a Willy. los ojos de Scott se demoraron en los de Agatha con expresión suave. —Ah —dijo el niño.124 - . nunca lo había llamado así.

ocultando su desencanto. De la puerta trasera abierta de la Gilded Cage llegaba una vivaz canción nueva que no conocía. Además. más hermosa que muchas mujeres después de haber pasado una hora ante el tocador. Llevó una silla de madera al rellano y se sentó a escuchar la música que llegaba de abajo.125 - . Agatha. A lo lejos. pero temió que ya fuese demasiado tarde para apartarlos de sus afectos. las chicas fueron a hacer la prueba final de los vestidos de cancán. fieles a su palabra. A nadie le pareció extraña la pregunta.C. en la acera sin ver ni un atisbo de rojo ni una sola pierna en alto. y Jube que Gandy era de ella. que giraba ante el espejo de pared. —¿Irás? —le preguntó Pearl. Echó una mirada a Jubilee. «Gandy ya está destinado. El olor a estiércol junto al riel de atar los caballos parecía invadirlo todo. Tomó el atajo por la tienda. Recordó el pecho desnudo de Gandy. Era una noche tibia. el cabello despeinado. Lo más probable era que fuese el cancán. abanicándose con un pañuelo de encaje. El diminuto apartamento parecía sofocante. —Iré más temprano —respondió. ese día. Los haremos esperar. Jube le restó importancia con un ademán: —Todavía estaba tan dormida que no sé qué dijiste. pues Collinson había dejado bien en claro que Willy era suyo. tibia y desarreglada del sueño. yo siento lo mismo. —se dijo—. aulló un coyote. Pero esa noche. Todo el tiempo. ¿para qué querría a una como tú. hermosa Jubilee. La radiante. bochornosa para comienzos del verano. los pantalones con el botón de la cintura sin cerrar. y Agatha aprovechó la oportunidad para disculparse con Jubilee por su brusquedad de esa mañana. si tiene a esta gema resplandeciente?» —¿Esta noche bailarás el cancán? —Esta es la noche—respondió Jubilee—. y Agatha les dio las buenas noches a las damas de la U. hizo el último viaje al imprescindible. las muchachas reservaron lo mejor para el final. y subió las escaleras.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Más tarde. —pensó—.T. Pero en la segunda función. La taberna estaba más atestada que de costumbre. los pies descalzos. para que estén muy ansiosos. Las muchachas se habían acostumbrado a ver a Agatha y sus tropas aparecer en Gilded Cage en uno u otro momento de la noche. Después de todo el trabajo que se tomó con los vestidos. quería verlos lucirse al compás de la música. Tengo ganas de aullar de soledad». Siguió el ritmo con los dedos sobre el muslo y trató de imaginarse a Pearl dando su famosa patada alta con los pliegues de tafeta roja susurrando y ondulando alrededor. mientras abotonaba el corpiño ajustado del vestido de Jubilee. . recordaba la manera en que había aparecido a la puerta de Gandy. Estaba destinada a que se le rompiera el corazón por los dos.M. «Sí. Pensó en Gandy y en Willy: era una locura involucrarse en las vidas de dos candidatos tan improbables.

dejó el bulto sobre la mesa y encendió una vela. a esperar. En la oscuridad absoluta. como si cualquier movimiento fuese a traicionar sus planes. Volviendo la atención al paquete. y a nadie le importará. no había nadie. más una vela con su candelabro y la muestra que estaba en la pared. se sintió como una ladrona. con Ruby y Pearl. Por fin. Conteniendo el aliento. Cerró los ojos y se tambaleó. Tomó el berbiquí. Agatha. imaginándose las tablas de pino al otro lado. y experimentó otra vez la sensación de que los que vivían arriba sabían lo que estaba haciendo. No seas tonta. Le pareció que nunca terminaba el alboroto de abajo. Negro total. por supuesto. apoyó el berbiquí contra la pared y comenzó a perforar muy lentamente.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Pensó en Jube. Puso en ella las cosas que necesitaba. Cuando sacó el berbiquí. deberías tener vergüenza.126 - . Permaneció acostada. La levantó para examinar los rincones. Miraré por este agujero. El taller de costura estaba silencioso y oscuro. procurando . se detuvo y miró hacia el techo. podría sentarme a una mesa y mirar. Dejó el taladro y con tres golpes secos colocó el clavo en la pared. respirando agitada. Pero sólo quiero ver bailar a las chicas. la hermosísima Jube. y que el bar nunca cerraba. en ese mismo momento. Se detenía a menudo y alzaba la vela para ver la profundidad del agujero. Bajó descalza las escaleras sin hacer más ruido que una sombra. Se preguntó cómo sería quitarle a un hombre el sombrero de un puntapié. Es un sitio público. Decidida. Abrió las enaguas y adentro había un martillo. Entró la silla pero. la punta del berbiquí se pasó del otro lado. Se dirigió a tientas al taller. Quizá no lo usara del todo. en lugar de prepararse para la cama. te asustas de tu propia conciencia. la barrena y el taburete de Willy y arrastró los pies hasta el muro medianero entre la sombrerería y la taberna. Pero no eres un hombre. bailando el cancán abajo. Se imaginó las piernas alzándose en el aire. que nadie vea el serrín en el suelo de la taberna. ¿A quién haré daño? ¿Qué te parecería si alguien espiara desde el otro lado del agujero? Se estremeció ante la idea. Desde el rincón. encontró una de sus enaguas viejas y la extendió sobre la mesa. Si fuese hombre. apoyando la palma en la pared. y se acostó en la cama totalmente vestida. El corazón palpitaba como loco. Sintió la madera fresca contra el rostro ardiente. antes de incorporarse con cautela y levantarse de la cama. y esto es indigno. Por favor. los lugares donde había ocasionales nudos en la madera. encontró el lío que había preparado antes. Apretó la cara contra la pared y espió por el agujero. Y que pasaba una eternidad hasta que todos los vecinos de al lado se iban a sus cuartos a dormir. No era más que su conciencia la que parecía observarla desde las sombras. Echó una mirada atrás. y se sintió pesada y rígida. con sensación de culpa pero. Sigue siendo espiar. berbiquí y barrena. clavos. Colocó el taburete y se subió a él con dificultad. al otro lado del salón. pero decidida. Dejó que pasara otra hora después que todo quedó en silencio. Cómo se vería el cancán y la asaltó una súbita idea que la dejó nerviosa. midió cuatro pasos. le pareció que todo el serrín caía de su lado. Agatha. Eres una dama.

Y gracias. Miró de frente el rostro de Marcus. y marcó siete días en el calendario. Le preguntó por señas si tenía aceite.127 - . Las actividades clandestinas a las tres de la madrugada no eran para el temperamento de Agatha. pero Agatha lo detuvo. Gracias otra vez. —Gracias. lo trató de una manera espantosa y se fue enfadado. apagándolas. Maltrató a la pobre Violet y se impacientó con las preguntas de Willy. El mudo. Pero no pudo dormir el resto de la noche. a la hora de la . Funcionaba como nueva. saludó con el sombrero y salió. ceñudo. Soltó el aliento. divisó el calendario que colgaba en la puerta de atrás. se durmió. —Lo siento. Luego. A partir de eso. Después de eso. no es nada. Oyó pasar al que encendía las lámparas. no sólo con él sino con todo el mundo. Vio el cielo pasar del negro al índigo. En instantes. le llevó una camisa con una costura rota. La despertó la primera cliente de la mañana golpeando la puerta del negocio. pero la bobina de la máquina de coser se enredó y el hilo formó un nido al costado de la costura. el coro de aullidos de los coyotes. sonrió. cada vez más cerca. Marcus Delahunt. ¿Tengo que echarle aceite una vez por semana? Asintió. hizo girar en las dos direcciones el volante. Oyó al vaquero del pueblo juntar las vacas de los cobertizos traseros y llevarlas por la calle principal a la pradera. como si se la presentara. por arreglarme la máquina.. Le entregó una lata con una punta larga y angosta. ¿puede repetir? Miró alrededor buscando. Oyó un tren traquetear cruzando el pueblo. y el codo de uno de ellos rompió uno de los paneles de la vidriera. por fin. remendó la camisa. el ánimo de Agatha se suavizó pero. Le señaló la lata de aceite. a pasar el día. —Le estrechó el dorso de las manos—. abajo. el impulso los llevó en dirección a la tienda. hasta que pasó bajo su ventana y después. Cerca de la madrugada. ilustrando cómo funcionaría la máquina si seguía sus indicaciones. barrió con cuidado las virutas de madera y las ocultó bajo unos trapos en el bote de desperdicios. se levantó del taburete y le hizo un ademán florido hacia la máquina. Delahunt la vio golpear cosas. Marcus. Sonrió. sintiéndose infantil por su comportamiento. Marcus. y la tomó de la mano. irritada. el día fue desastroso. El cencerro amortiguado de la vaca líder que se iba apagando en la distancia. El joven asintió y sonrió..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR detectar el menor movimiento. —No. cerrando las portezuelas. e hizo gestos que no entendió. le tocó los hombros para calmarla y se sentó a ver de qué se trataba el problema: en la bobina habían quedado atrapadas dos hilachas azules. cuando Jack Hogg echó a los dos rivales a la acera. colgó la muestra sobre el agujero y devolvió el taburete de Willy a su sitio. llevándola a él. e imitó con el codo un volante que andaba con fluidez. En Gilded Cage estalló una riña y. —Todas las semanas. apagó la vela y volvió al apartamento. Tenía los nervios tensos y se sentía como si le hubiese dado dispepsia. y Marcus colocó aceite en veinte puntos diferentes. Llevó la mano al bolsillo como para sacar el dinero. hasta que. —Lo haré. Cuando Gandy fue a disculparse y se ofreció a pagar los daños. en dirección contraria. Todo estaba silencioso. y al azul claro.

y alinearon con coquetería los sombreros en las cabezas.C. Era una danza pícara. que arrastraron hacia la barra. El entusiasmo la hizo cerrar el puño y proyectarlo al aire junto con las dos últimas patadas increíbles. hacían cabriolas. rematando con una pose de lo más impúdica en la que las tres separaron las piernas. y cayó otro. Es por ese maldito agujero que perforaste en la pared. y Jack Hogg fue obligado a actuar como presentador. meneaban las pantorrillas y las levantaban. El corazón de Agatha palpitó con fuerza. Con botas hasta el tobillo de color ébano. ¡Si no lo soportas. Ruby y Pearl bailando el cancán. los dedos percibieron el ritmo de la música que estremecía la pared. Giró. La conciencia no la dejaba en paz. Recorrió la fila hasta que los seis Stetson quedaron a los pies de los hombres. Unas últimas contorsiones impactantes. oyó el estruendo de los aplausos. la gracia y la agilidad que ella no poseía desde los nueve años de edad. Las espléndidas faldas. y las tres cayeron al suelo con las piernas separadas y los brazos levantados. atrapando manos de seis hombres de rostros radiantes. alzó la pierna. Y allá fue Pearl con las faldas levantadas hasta la cintura. se pavoneaban. de negro resplandeciente por fuera y con pliegues rojos por dentro. Por la pared. a intervalos regulares. Las muchachas circulaban por la taberna. girando frente a los hombres alineados. y el primer sombrero cayó al suelo. pero Agatha veía más allá de su audacia. los agudos silbidos y el golpear de los pies contra el suelo. y sabes por qué. gritando para ser oído por encima del barullo. haciendo temblar los tocados de plumas. Los torsos se inclinaban hacia adelante. Aunque Agatha no distinguió las palabras. parecía un diminuto punto de luz. levantaron las faldas sobre los traseros y espiaron al público entre las rodillas. luego atrás.T. se agitaban a izquierda y derecha. después giraban. tápalo! Pero la atrajo como la lámpara de Aladino. estaba ansiosa a más no poder.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR cena. Ahí estaban Jubilee.128 - . quitó la muestra. durmió más de la cuenta y llegó tarde a la reunión de los miembros de la U. Chocaron los címbalos. miró todo. para la ronda nocturna. Pearl lanzó un pie al aire formando un arco. y encontraba en las piernas largas la simetría. Otra vez. Fuiste áspera y desagradable con todo el mundo. arrastró los pies en la oscuridad de la familiar trastienda. Con cuidado. ansiosos. Ruby y Jube acomodaron a los vaqueros en una fila. en vez de comer. Se acercó y puso un ojo en el orificio. En medio de su mundo silencioso y solitario. Al dar las diez.M. La música se acalló. Jubilee y Ruby se unieron a Pearl para un coro final. las largas piernas flexibles y fuertes. Agatha quedó tan agitada como las bailarinas. todo el día. Las largas piernas formaban pantallazos de red negra por triplicado. Le llegaba débilmente a través de los zapatos. Jack sacó un par de címbalos e imitó una fanfarria a la que se unieron los instrumentos. un floreo final de pliegues rojos. pasó los dedos por el maderamen. Vio cómo los pechos casi desnudos subían y bajaban bajo los breves corpiños de seda y las . En mitad de la noche. Los pies apuntaban al cielo. gritaban y sacudían las cabezas.

¡Si pudiera hacerlo. mirando bailar el cancán por un agujero de la pared.129 - .. con faldas rojas y negras. se sentiría la mujer más dichosa! Se frotó la cadera y el muslo izquierdos. y llena de alegría de vivir. ella también bailó. sugestiva y audaz. se volvió joven. Se dejó deslizar y cayó sobre el taburete de Willy. reír. Se sintió como si hubiese bailado con ellas. Agatha. por un rato. feliz. Agatha cerró los ojos e intentó imaginarse sacándole el sombrero a un hombre de un puntapié. contemplándolas. Por un rato. y abrió los ojos en la oscuridad. Suspiró. Era una danza traviesa. hizo lo que jamás había hecho. El cuerpo se le aflojó contra la pared. contemplándolas. Pero alegre y llena de fervor por la vida. estás poniéndote chocha. saltar y provocar un alboroto.. . íntegra y desinhibida. preguntándose cómo sería sentirse bella. De pronto.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR sienes perladas de transpiración. Pero. le pareció el talento más deseable. Por un momento.

una vaca se quebraba una pata en alguna de sus cuevas. un partidario del licor vociferaba: «¡La taberna es un elemento indispensable en un pueblo de frontera. Todos los días. exclamaba: —Las cadenas de la intoxicación son más pesadas que las que siempre llevaron los hijos de África. los vecinos hicieron una ancha barrera contra incendios. pero Agatha sospechaba que la base de su alimentación consistía en bizcochos escamoteados. Gandy y Agatha veían menos a Willy. De noche. En tren. Parecía que el único lugar húmedo en kilómetros a la redonda era en la base del molino de viento. También prosperó una colonia de perros de la pradera que decidió hacer su morada en la calle principal. donde una bomba mantenía lleno el tanque para que bebiera el ganado sediento. Una banda de indios Oto acamparon en el límite sur del pueblo. En todo el perímetro de Proffitt. porque los viernes eran los días habituales de matanza en el Mercado de Carnes de Huffman. leche y huevos duros y se consolaba pensando que. Si esto sucedía entre martes y jueves. los «secos» hicieron un desfile. y carnearla. y con esas temperaturas. y firmada por el gobernador en marzo de ese mismo año. y el licor mismo resulta un medio de comunicación tan poderoso como la tinta de imprenta!». otro. El polvo levantado por el ganado que llegaba se infiltraba en todas partes: las casas. que esperaban para presentar reclamos sobre las tierras del gobierno. estallaban los relámpagos con falsas promesas. A veces. Corría descalzo con una banda de muchachos que merodeaban por la estación vendiendo bizcochos. El cuatro de julio. nadie se atrevía a comprar carne después del lunes. hasta en la comida. aumentó la cantidad de moscas. Un partidario de la templanza. Los «mojados». . los agentes inmobiliarios alquilaban una gran cantidad de aparejos en los establos de caballos e iban a mostrar las secciones aún no reclamadas a los inmigrantes de ojos ávidos. De vez en cuando. con la cinta blanca. en el centro de la calle principal. desde medicinas hasta corsés para las señoras. Hamlin en febrero de 1879. la hierba del búfalo y el maicillo se tornaron secos como yesca. la fecha patria. Con tanto estiércol. En una esquina. y tenían que matarla allí mismo. Hacia el norte. la ropa. En otra esquina. la pradera estaba salpicada por las carretas de los inmigrantes.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 10 El verano siguió su curso. el editor del Wichita Tribune abogó en favor de la ratificación de la enmienda de prohibición presentada por el senador George F. comía con Gandy. huevos duros y leche a los pasajeros cuando los trenes paraban media hora a cargar agua. llegaban los viajantes vendiendo de todo. a fin de cuentas. se convertía en causa de celebración.130 - . no era una dieta tan desequilibrada. En la pradera.

todos los hombres son iguales. el tema de la prohibición iba caldeándose junto con el clima. que envenena la vida de esta comunidad! — Señaló a Annie y vociferó. Jase.C. dijo—: En cuanto a usted —le espetó a Mustard Smith.M. le pegaba cada vez que se embriagaba. enganchado a una carreta destartalada. A medida que avanzaba la plenitud del verano. Ahora. Por un tiempo.T. y comenzaron a hacerlo los lunes. aliado de Satán empapado de ron! ¡Eres un excremento gangrenoso. Se dirigió hasta Jase Macintosh.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Desde el campo de los mojados. y era apartarse de la tentación: George se dedicó a juntar huesos de búfalos. Crecieron demasiado para reunirse en el salón de Agatha. llorando: el esposo. se oía: —Beber simboliza la igualdad. Cayó en brazos de las «hermanas». en el edificio de la escuela. se desbordaron. con los puños en las caderas gruesas— ¡pedazo de canalla! ¡Destructor de hogares! ¡Es la causa de la ruina humana que ve ante usted casi todos los días! ¡Me asombra que pueda mirarse todas las . apoyando todo el peso sobre Macintosh. excepto criar los dos hijos de él. tuvieron un importante motivo para celebrar: George Sowers había firmado el compromiso de abstinencia. La señorita Way fue tan convincente que antes de terminar la velada. arrastrando consigo a Annie. Annie Macintosh apareció en la reunión con un ojo negro. el reverendo Clarksdale pedía bendiciones para «todos los nobles actores en el escenario humano de la templanza». La mañana siguiente a la firma del compromiso. en general—: ¿Ven lo que le causó esto a una buena esposa que no hizo nada para merecerlo. le plantó el zapato negro de tacón alto en medio del pecho. para la concurrencia. se dulcificó. A comienzos de agosto. y les contó la verdad. el labio cortado y dos costillas rotas. Al día siguiente. De pie sobre él. se acabó. a riesgo de quebrarle las costillas. las filas de la U. Evelyn estaba satisfecha. y nunca más le pondrás una mano encima. La asamblea del pueblo organizó un debate a fines de julio entre las fuerzas de la templanza y del licor. En el bar. —Al pasar por la barra. con un rocín de lomo hundido. Eso dio por terminado el período de moderación de Evelyn Sowers. las damas del capítulo Proffitt de la U.131 - . Desde el púlpito de la Iglesia Presbiteriana. lavarle la ropa y limpiar la casa? —Echó a Jase una mirada colérica—. Ese verano. y siseó: —¡Esto fue por Annie. Esa misma noche.C.M. Bueno. Si bien la venta de los huesos no restauró a George en la posición de barón del oro que una vez tuvo.T. enfurecidas. La distinguida oradora y predicadora metodista cuáquera Amanda Way fue al pueblo a hablar en nombre de los secos. se lo vio yendo hacia el este a vender lo recogido a los fabricantes de abonos y de porcelana de hueso de la ciudad de Kansas. enarboló el puño y le asestó un golpe en el que puso sus ciento trece kilos y que dio a Jase en la mandíbula y lo hizo caer de espaldas de la silla. rodeada de un muro protector de mujeres frenéticas. Existía una sola manera en que podía cumplir la promesa. la pradera parecía un inmenso osario que esperaba ser cosechado. se vio a George conduciendo hacia el oeste. Annie vivirá con George y conmigo. Como en los quince años que siguieron a la Guerra Civil fueron masacradas setenta y cinco mil de esas criaturas. encabezó la marcha hacia el Sugar Loaf Saloon.

y apretó el cañón contra la nariz de Evelyn: . Esperaba que alguien la pateara. tenía los ojos vidriosos. A Evelyn no se le movió una pestaña.M. encendió la lámpara.C. adornos. Estaba abierta. y se abrió paso hasta la mesa. con el dolor atenaceándole la cadera. ¿Un hombre? No pensó. sintió en las piernas doloridas cada minuto de tensión de las tres horas pasadas. o a una docena. y el miedo explotándole en todo el cuerpo. Ropa. Encendió una cerilla con mano temblorosa y lo sostuvo sobre la cabeza. El arma estaba descargada. cuando habló. ni ninguno de los otros propietarios de tabernas de este pueblo. Vamos. se acercó a la puerta con la llave en la mano. De abajo llegaban los sones de «Pop Goes the Weasel». Esa noche era una de ellas. Chocó con algo y se detuvo. Tal vez Evelyn no temiera a enemigos como Mustard Smith y Jase Macintosh. —Vamos. estiró una mano y abrió más la puerta. —Puede matar a un miembro de la U. estará cargada. —¡Salga. le entrechocaban los dientes. Nada sucedió. demasiado atónita para gritar. La cerilla le quemó los dedos y la tiró. el impacto le sacudió el cuerpo. no le salía aire de las fosas nasales. tropezó con un escalón. el palpitar de su propio corazón. ¡Dios del cielo. estaba débil de emoción y de miedo. hasta que el cañón de la pistola le aplastó la nariz en forma grotesca y. En la oscuridad. Quedó tendida en el suelo. Cristales rotos y sillas volteadas. Mientras subía las escaleras. arrastrando los pies entre objetos duros y blandos. dispáreme. hermanas. pero sus compañeras de la unión lanzaron una exclamación ahogada. golpeó con la punta del pie algo que rodó: era el picaporte. se limitó a reaccionar: ¡impulsó la puerta con todo el peso del cuerpo! Pero en lugar de lastimar a alguien. —La próxima vez. pero ella sí. Smith. como restos después de un tornado. la cama. Vacilante. en tono gutural. a las diez de esa noche. Cuando pudo moverse.T. lagartija resbaladiza.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR mañanas en el espejo! Mustard Smith sacó una Colt 45. Se oprimió la mano contra el corazón que martilleaba y sintió que una garra de miedo le estrujaba el pecho. Apretó hacia adelante. Se incorporó. la matara. le clavase un hacha. Sin alterarse.132 - . —Evelyn se volvió con una sonrisa satisfecha. los espasmos le estremecían los miembros. En treinta segundos. Pero se quedó inmóvil. demasiado petrificada para moverse. Del interior de su pecho. y brotarán miles como yo. y se arrastrarán encima de usted como gusanos sobre una calavera. Dispáreme. se cayó y se lastimó. Había ocasiones en que se sentía hondamente cansada de la batalla por la templanza. Evelyn permaneció impávida ante el aterrador patrón de la taberna. pero no podrá matar a toda la legislatura. Smith apretó el gatillo. perra! —refunfuñó. Se le escapó un breve alarido de miedo. No me asusta ni usted. la marca roja circular del caño —. ¡Al próximo vendedor de estricnina! Cuando Agatha volvió a su apartamento. Ansiosa. qué desastre! Todo había sido revuelto. Con la siguiente. en la punta de la nariz. papeles. lo hizo sin una .

Con un brazo sobre los hombros. —Estoy segura. —¿Hay alguien allá arriba? —Ya n. Alguien irrumpió en su apartamento. s. la llevó a la puerta del fondo. los naipes de Gandy azotaron la mesa. No sabía qué hacer. Arriba.. —Agatha —dijo. sin ceremonias.) .. tambien llamado Bingo o Loto.. Gandy estaba jugando al póquer cerca de la entrada. ¿Por qué no dejaban de castañetearle los dientes? —¿Está segura? Sin aliento.. Que las chicas sigan bailando. asintió. Se colgó del cuello de Gandy con las dos manos. Marcus. esforzándose por andar al paso de las largas zancadas de él.. —Cúbreme. —Al pasar junto al piano. —¡Estamos apuntando con un arma cargada! —gritó Jack—. Iré a buscar a Scotty. —Yo. Agatha parecía un fantasma.. apartamento. Se apretaron contra la pared.. Esta.. Dan Loretto cantaba los números del keno4 en la mesa más cercana a la puerta trasera cuando ella apareció..... Gandy se precipitó por la puerta trasera. con los brazos y las piernas abiertos! 4 El Keno. ordenó en voz baja—: Sigue tocando... arrastrándola de la mano. no. enarbolando el arma. Cenicienta de tan pálida. seguido por Jack y Dan. —Sujétese —le advirtió y. —Espere aquí.. Echó un vistazo a Agatha. Alzó la vista y se levantó de un salto..... revuelto.133 - . Antes de que saliera la última palabra de los labios de Dan.. sí.. Ivory. ba fuera. sobre el paño verde de la mesa. antes de llegar junto a ella—. le ordenó a Jack Hogg—: Trae la pistola y ven conmigo. ¿Está herida? —No. —¿Está usted bien? Temblaba tanto que parecía que se le iba a desarmar el esqueleto. que esperaba cerca del pasillo del fondo. entró en mi a. de D. es un juego de azar que consiste en acertar números.. —Señorita Downing. (N. Ya la había visto subir la escalera y no había tiempo que perder. Pero está todo. muchachos. atraída por la posibilidad de obtener ayuda. a cada lado de la puerta. —¿Cuándo? —No sé. —Hizo chirriar la silla cuando se levantó. mientras Dan y Jack subían de a dos los escalones. irritado por tener que adaptarse al paso de ella. Sin detenerse. ignorando que había dejado dinero en el cuenco. Dan se deslizó tras él y le murmuró en el oído: —Está aquí la señorita Downing. ¿qué le pasa? —Alguien en. Le rodeó con un brazo los hombros trémulos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR idea consciente. no porque fuese lo más prudente sino porque había perdido la capacidad de idear otra cosa. Tú también.. y viró bruscamente hacía la barra. de cara a la puerta vaivén. le aconsejo que se tire boca abajo. ¡Si está ahí. la alzó en brazos—.

—¡Jesús! —exclamó Jack. Se abrazó y levantó hacia él la mirada suplicante de los ojos verdes. la obligó a sentarse. ¡Ahora. se tapó los labios con dedos temblorosos y dijo en voz queda—: Oh.. con la muñeca sobre el respaldo de un banco de jardín. tomándola. Dios —repitió.. Parecía no percatarse de su presencia. se inclinó a levantar una caja de música con la tapa retorcida y un gozne roto. —¿Dónde está la llave? —Con las demás. como si esperase verla aparecer por arte de magia—. Ya se fueron. sobre el rellano—. confundida. —Miró alrededor. se le llenaron los ojos de lágrimas. Sobre la tapa. Jesús. No la traigo aquí. despierta junto a mí. —Me siento más segura aquí dentro. . recuerdo que llegué hasta la cima de la escalera y. estaba pintada una dama de peluca empolvada. Apartó la mirada y. con ustedes. —¿Qué crees que buscaban? —preguntó Dan. Se irguió.134 - . y apoyándole las manos en los hombros.. No sé... A la noche. y los sauces llorones a sus espaldas. —¡Estuvo adentro! ¿Sola? —Ahogó una maldición y la depositó. —Es un lío. —Cálmese. que ya estaban dentro. contemplando la delicada caja de metal en las manos morenas de dedos largos.. Oh.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR En brazos de Gandy. tro. Se acercó a él con su paso quebrado. Agatha dijo desde la entrada: —Supongo que la caja de la tienda.. En medio del silencio. escuchándola un momento y cerrando la tapa. Los ojos dilatados. sin mucha gentileza. Apretó la caja contra el pecho. ¿dónde podrá estar? —¿Anoche las tenía? —Sí. —Era de mi madre —le dijo en voz suave. por primera vez. —pensó—. La caja de música seguía tocando: Bella soñadora. comenzó a sonar una suave canción. siéntese ahí y no se mueva! Gandy se acercó a la entrada. asustados.. Agatha le dijo: —Ya estuve aden. Gandy viró bruscamente para enfrentarla: —Le dije que esperase ahí. Gandy pasó por encima de la tetera quebrada y la tomó en los brazos. Dios. Dan y Jack. Gandy pisó una tetera rota. en un cajón del escritorio. yo.. el picaporte estaba a mis pies. Las estrellas y el rocío te esperan a ti. Alguien hizo un bonito trabajo en este lugar». miraron a Gandy—. las faldas delicadamente onduladas. oh. con la caja de música apretada entre los dos. Agatha —la consoló.. dijo—: ¿Dónde guarda la caja de dinero? —Abajo... encaminándose al dormitorio donde una almohada rasgada había provocado una nevada de plumas que estaban desparramadas por todos lados. giraron y lo miraron. la cierro con llave. cuando me acerqué a la puerta para abrir la cerradura. «¡Dios misericordioso!. enderezó una silla.

—Las encontré. Descubriremos quién fue. .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Gandy lanzó una mirada a Dan. Se dio la vuelta y regresó junto a ella. —Cuando los dos se fueron. Pero lo que sí sé es que ella no puede quedarse aquí esta noche. examinó la escena con los brazos en jarras. se sintió culpable de asediar su vida privada. Le masajeó los hombros. —Revisa el rellano. Miró a Agatha—. no se preocupe. ¿Encontró una nota? ¿Alguna clave? —Sólo llegué hasta la mesa. no sé. ¿qué otra cosa? —No sé. los papeles. —¿Cree que pudo haber sido Collinson? —le preguntó.. el rostro parecía blanco como la leche. no dejó escapar casi nada.. —Abajo no encontré nada. todas las cosas a las que nadie sino ella tenía derecho a acceder. —¿Al lado? —Puede dormir con Jube. la ropa de cama. entró el comisario Ben Cowdry por la puerta. Agatha no pudo creer lo que oía. Sintió una aguda desolación al mirar la ropa. Scotty. —Le entregó las llaves a Agatha y retrocedió un paso—. los ojos entrecerrados. ¿Usted está bien. Dan. señorita Downing? —Sí. —¿Collinson? La idea la aterró más que la perspectiva de que el motivo fuera el robo. —Caminó hacia dentro. Jack.. pero no vieron otra cosa que el desorden dejado por el asaltante. se concentró en Agatha. Scotty revisó el apartamento.. con el picaporte roto. Se mantenía en una postura exageradamente rígida. La llevaremos al lado. En cierto modo. —El dinero sigue abajo. Un hombre muy áspero que. no está segura. Los dos miraron en torno. Sobresaltada. Los ojos registraban con cuidado cada sitio donde iba a poner los pies. —Hogg me contó lo que pasó aquí. por favor. En ese momento.135 - .. usted no está en condiciones emocionales para quedarse sola.. —Y un minuto después—: ¿Usted está bien? Alzó los ojos translúcidos y asintió. A la luz cruda de la lámpara. Dan subió las escaleras e irrumpió por la puerta. lo miró con la boca abierta. Todo está perfectamente cerrado con llave. —Pero. Dan entró con las llaves. Scotty? —Demonios. ¿Qué piensas. en un cajón del escritorio cerrado con llave — intervino Loretto. Cuando se fue. —No creo que buscaran dinero. ¿quieres que revise abajo? —Sí. sin aliento. alzando los tacos de las botas para no pisar los objetos tirados. tú ve a buscar al comisario. sin perder tiempo en amabilidades. Y además. pasando sobre los objetos privados de Agatha. —¿Con Jube? ¡Pero si dormía con él.! —Aquí. frotándole con fuerza el cuello tenso con los pulgares—.

Cuando se detuvo otra vez ante Agatha. todavía asustados. Sobre la pintura parda. no desperdició palabras: —Se me ocurre que hay muchos tipos furiosos con usted por el grupo de la templanza que inició. O cualquiera de sus clientes. La leyó con detenimiento. giró con lentitud y los ojos pequeños examinaban todo bajo el ala del Stetson castaño. Levantó los claros ojos verdes. no lo sé. —Creo que lo encontré. mientras el sheriff revisaba el apartamento casi sin tocar nada. la metió en el bolsillo de la camisa y revisó una vez más el perímetro del apartamento. usted se enteró. estoy seguro.. —¿No le importa si me la llevo? —Por supuesto que no. y vio que las cejas adquirían expresión de abatimiento. la enganchó con un dedo y la apartó de la pared. Jack salió del umbral y el comisario cerró la puerta sin decir una palabra. está en la puerta de arriba del tocador. Agatha se sintió aturdida. se leían las palabras: OJO. La señorita Downing y yo hemos tomado a Willy Collinson bajo nuestra ala. de sólo pensarlo. después de una reunión de templanza. pero tanto Agatha como Gandy sabían que bajo el exterior impasible funcionaba una mente sagaz. Angus Reed. Se dio cuenta de que estaba abrumada. Cuando llegó a la puerta. El comisario. ¿Le parece que puede haber sido uno de ellos? —N. —Se volvió hacia ella—. cualquiera de los dueños de tabernas de Proffitt. y hasta detrás de la pequeña estufa. Lo sorprendió el impulso de protección hacia ella que lo asaltó. Tenía buenos motivos para estar asustada: una mujer sola. Cowdry indicó a Jack que saliera del camino. Gandy le apretó el hombro. —¿La de la bota arrojada por la ventana? —Esa misma. —Agatha. pero sin dejar nada de lado. Gandy permaneció junto a ella. y al viejo no le gusta mucho. —Se levantó a buscarla y se la entregó al comisario con mano trémula—. una vez recibió una visita. con los pies separados. . los muebles. La lista era tan larga que.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Ahá. examinando el papel más tiempo del necesario para entender el contenido. —¿Qué? Con un gesto brusco de la cabeza.. —¿Se le ocurrió algo? —preguntó. Agatha. ¿conservó la nota? —Sí. El comisario la plegó. Nos hizo una visita de la que. —¿Qué dijo? Gandy contó lo sucedido aquel día. TEMPLANZA El comisario parecía frío. las ropas de cama. Podría ser cualquiera: Mustard Smith. El pulso de Agatha se aceleró. La encontré clavada en mi puerta trasera una noche.136 - . raspadas en el revés de la puerta. observando con detenimiento el friso. Gandy intervino: —Antes de esto. —¿Alguna idea? —Una —dijo Gandy—. con un enemigo tan peligroso.

con instrucciones de hacer subir a Jubilee.. Estaba roto. el rostro de Gandy apareció sobre la llama vacilante.. y la oscuridad se cernió sobre ellos. ¿Están aquí? Empezó a abrir la puerta. Agatha oyó raspar la cerilla y. ¿Estará bien? —Sí. Agatha se sintió incómoda con él. —Está bien. Gussie. —Bueno. Fueron hacia la puerta.. Podría ser Mustard Smith. se dirigió a Agatha. Cuando se fue. mientras pasaba junto a la abertura. Ahora..137 - . apague la lámpara. —Jube subirá en un minuto. no me parecería bien entrometerme con Jubilee. y levantó un recipiente para hebillas. —Muy bien. esperó. Pero no quiero que esta noche se preocupe por eso. Juntó las dos partes y las sostuvo un momento. cualquiera de ellos. por favor. y le dio las buenas noches. Nunca la habían acompañado hasta el dormitorio. donde se rizaba el humo de los cigarros. El rostro estaba apesadumbrado. y. Hasta que tenga pruebas concretas. Haga lo que le dije. —Hizo un movimiento hacia el ropero—. que Gandy cerró lo mejor que pudo. Pero si me parece que Jubilee tiene la menor objeción. —Junte lo que necesite para pasar la noche.. Al llegar a la puerta de Jube. Pero la parte de arriba había sido arrasada. —No la dejaré aquí. —Por primera vez esa noche. Gandy mandó a Jack y a Dan abajo. Colocó de nuevo el tubo y volvió junto a ella. Gandy rió y le cedió el paso para que pudiese buscar el camisón y la bata. Agatha le aseguró que lo haría. Por la abertura. después de dejarla pasar. Tengo otra almohada. Didier.. un cono de luz iluminaba el techo. Por eso. manténgame al tanto de cualquier hecho peculiar. Levantó la vista y los ojos de ambos se encontraron. Dingo. Se oían con claridad los sones del piano y del banjo. La jaula dorada estaba baja. Vendrá conmigo. a continuación. Después. Lo hizo. —Pero a mi cama no le pasó nada. Sus ojos la siguieron mientras iba hacia la cómoda. Scott. —Haré que el agente pase una o dos veces por noche por el callejón. Y él nunca había . lo haré yo. volveré derecho aquí. Si usted no junta las cosas. —La tomó del brazo—. y la puerta trampa estaba abierta en medio del pasillo. Reed. Gandy se dirigió a Cowdry: —Tiene razón. sola. Por la mañana vendremos y la ayudaremos a limpiar. —¿Quién pudo hacer algo así? —No sé. en voz chillona y temblorosa.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Podría ser cualquiera —admitió. —El de Jube es el último a la izquierda. ya que insiste. —Lo siento. Casi el único que se podría descartar es Jesús García: no creo qué sepa escribir en inglés. Gandy la abrió y entró sin hacer gala del menor embarazo. Sabía bien dónde estaba la lámpara.. Agatha se detuvo junto a la lámpara y dio una inspección a la habitación que siempre mantenía fastidiosamente pulcra. Agatha echó un vistazo al bar de abajo. y rebuscó con tristeza el cepillo entre los objetos tirados en el suelo. —Como le pareció que iba a llorar otra vez. no es mucho más lo que puedo hacer.. dijo—: Vamos —y la tomó del codo. —Por favor.

De repente. medias dered negras. Scotty dice que echará al último cliente más o menos a medianoche. el tocador estaba repleto de tocados de plumas. por favor. Y ahí estaba Jubilee. cremas. Se abrió la puerta e irrumpió Jubilee. conmigo. —Si prefieres. Jubilee ya estaba quitándose las plumas del cabello. Dentro. —¡Oh. Junto a él. Además. había vestidos de baile. oyó que Jube canturreaba: «Un pájaro en una jaula dorada». y Agatha la imitó con las hebillas. —¡Agatha. esta noche me duelen los pies. dormirás aquí. Jubilee se puso de pie junto a la silla y se quitó el escueto traje de baile. Podríamos prepararnos para ir a la cama. Se dio la vuelta y desapareció antes de que pudiera darle las gracias. y Agatha no pudo contener una sonrisa. El humo del cigarro llegó hasta el biombo. Agatha no pudo contener una sonrisa al ver el cenicero y una cigarrera de metal. Tenía el cigarro entre los dientes y hablaba sin quitárselo. vacilante. La doble ventana estaba abierta y la brisa de verano hacía ondular las cortinas blancas hacia adentro. ese desorden resultaba tranquilizador. para que el ruido no le impida dormir. lo aprecio. —Malditos corsés. Jubilee. no estaba tendida. Las puertas del guardarropa estaban abiertas de par en par. con timidez. Habría sido enervante pasar la noche en medio del desorden de al lado.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR acompañado a una dama para luego marcharse—. Sobre el borde de un biombo de brocado. lociones y maquillajes de varias clases. —Se rascó más fuerte. Scotty acaba de contármelo! ¡Dios mío. rascándose el vientre y los pechos blancos. —Oh. colgaban los numerosos vestidos blancos de Jube. sin otra prenda que los calzones. pero cuando Scotty está decidido. y al levantar la vista vio que Agatha estaba parada. Cerraré un poco más temprano. Si alguien le hubiese dicho que terminaría pasando la noche en el cuarto de ella. no puedes hacerle cambiar de opinión. El cuarto de Jube daba a la calle. —Jube subirá en cuanto termine esta canción. debes tener los nervios de punta! Imagina: ¡que alguien entre así en tu casa! Pero no te preocupes por nada. Pero ahí estaba. que parecía completamente fuera de lugar entre la parafernalia femenina. —Le dije que no tenía por qué hacerlo. dejándose marcas rojas en . El abrazo fue rápido y tranquilizador. después encendía un cigarro y manipulaba cosas sobre la mesa del tocador. Mientras se desvestía. Para su horror. Recordó el día en que vio por primera vez a Jubilee que llegaba en la carreta. Agatha se sintió feliz de tener la compañía parlanchína de Jubilee. puedes usar el biombo. No por mí. como velas hinchadas. Agatha miró alrededor. pensando si no oía pasos en la oscuridad. lo habría tildado de loco. junto a la cama. Salió de atrás del biombo vestida con el camisón de cuello alto y una bata blanca calada. De pie junto al espejo del tocador.138 - . —Ya lo sé. no. Aunque nada estaba ordenado. La cama de bronce. —En verdad. Esta noche. bah! ¿Para qué están los amigos? —Se sentó en una silla y comenzó a soltar los botones de los zapatos con un gancho—. portaligas. oyendo cada crujido del edificio. Me alegró terminar un poco más temprano.

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la piel pálida—. ¿No te parece fastidioso cómo pican cuando te los quitas? Vosotras, ya que estáis luchando por los derechos de las mujeres, podríais hacer una campaña que nos librara para siempre de los corsés. —Se sujetó los pechos llenos con las manos y los levantó, haciendo desaparecer el lunar que tenía en el surco entre ambos—. ¿Te imaginas? —Rió entre dientes, como si estuviese sola—. Andar por la calle con un vestido sin corsé con ballenas. ¿No sería bueno? Giró y Agatha bajó la vista. Nunca había visto a una mujer desnuda, y mucho menos una que exhibiera sin pudor los pechos delante de otra. Jube exhaló el humo y cruzó el cuarto hasta la tumbona. Se recostó, los pechos colgando, y revolvió entre las prendas tiradas hasta encontrar la bata turquesa. Cuando se incorporó para pasarla por los brazos, los pezones rosados parecieron destellar como faros en la habitación. Desbordada, Agatha no supo a dónde mirar. Al parecer, Jube no se daba cuenta. Despreocupada, se ató el cinturón y exclamó con entusiasmo: —¡Agatha, tienes un cabello maravilloso! ¿Puedo cepillártelo? —¿Ce-cepillármelo? Ninguna mujer le había cepillado el cabello desde que murió la madre. —Me encantará. Y te relajará. Ven. —Dejó el cigarro en el cenicero, tomó un cepillo de la mesa del tocador, y dio una palmada sobre el banco bajo que había ante ella—. Siéntate. Agatha no pudo resistirse. Se sentó ante el tocador de Jubilee y dejó que la mimasen. Se sintió maravillosamente bien. Al primer contacto de las cerdas que le masajeaban el cuero cabelludo, unos estremecimientos le recorrieron la nuca y los brazos, y cerró los ojos. —Desde que murió mi madre, nadie me había cepillado el cabello. Y eso fue cuando era niña. —Es tan hermoso y espeso —lo elogió—. El mío es fino y lacio. Siempre deseé tener un pelo como el tuyo. Eres muy afortunada de tener ondas. Yo tengo que ponerme rizadores. —¿No es curioso? —Agatha abrió los ojos—. Yo siempre deseé tener cabello más fino, más lacio y rubio. Jube cepilló todo el largo de los mechones, desde la coronilla hasta la espalda. —¿Crees que hay personas satisfechas con lo que tienen? A Agatha le pareció una pregunta extraña, por provenir de una mujer tan bella como Jubilee. Las miradas de ambas se encontraron en el espejo. —No lo sé. Pero supongo que todos deseamos algo. —Si pudieras pedir cualquier cosa en el mundo, ¿qué desearías? A Agatha siempre le pareció lo más evidente del mundo, y la dejó estupefacta que para Jubilee no lo fuese. Mientras movía el cepillo, distraída, tenía la cabeza rubia ladeada. —Piernas y caderas sanas. La respuesta de Jubilee no fue la que esperaba: no la miró asombrada o acongojada por haber pasado por alto algo tan obvio, sino que adoptó una expresión soñadora, mientras seguía cepillando el pelo de Agatha, y comentó: —Sí, me imagino. Pero, ¿no es curioso? Nunca pensé en ti como lisiada.
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El comentario fue una sorpresa absoluta. Aunque siempre estuvo convencida de que todo el mundo la miraba con lástima, sin saber por qué, le creyó. Nunca tuvo nadie con quien compartir sus sentimientos más íntimos, alguien que los compartiese con ella, y preguntó: —¿Y tú, qué desearías? Jube dejó el cepillo, acomodó el pelo tirante y alto sobre la coronilla de Agatha en forma de nido, sujetándolo con las manos. Entonces la miró otra vez en los ojos y respondió con mucha suavidad: —Una madre que, a veces, me cepillara el cabello. Y un padre que estuviese casado con ella. Por largo rato, se comunicaron sólo con los ojos. Entonces, Agatha se dio la vuelta. —Oh, Jubilee. —Le tomó las manos con cariño—. ¿No crees que somos unas tontas, aquí, deseando lo que nunca tendremos? —No lo creo. ¿Qué mal hay en desear? —Me imagino que ninguno. —Agatha parpadeó varias veces, y emitió un sonido que no llegaba a ser risa—. Acaba de ocurrírseme que, un año atrás, uno de mis deseos hubiese sido tener una amiga... Y ahora creo que encontré varios donde menos lo esperaba. Jubilee, yo... —La emoción le quebró la voz, mientras pensaba las palabras justas para expresar cuánto había llegado a valorar la amistad de Jubilee, Scott, y los otros. Los sentimientos hacia ellos la invadieron sin que lo advirtiese. Sólo en ese momento en que los necesitaba y estaban ahí, con las manos extendidas, pudo reconocer la profundidad de esa amistad—. Cuando digo que agradezco que me hayáis recibido aquí, hablo en serio. Estoy tan contenta de que estés aquí. Estaba muy acongojada por lo que sucedió en mi apartamento, pero ahora me siento mucho mejor. Jube se inclinó y apretó la mejilla contra la de Agatha. —Bueno. Entonces, ¿por qué no nos metemos en la cama? Al parecer, ya terminó el alboroto, de modo que podrás dormir un poco. Scotty dice que mañana iremos y limpiaremos tu casa. —Jubilee apartó las mantas y palmeó las sábanas, junto a ella—. Vamos, ven. Agatha accedió, gustosa. Acomodó la almohada y se sentó contra ella, alzando los brazos para cumplir el último ritual del día. —¿Y ahora qué haces? —Siempre me trenzo el cabello antes de dormir. —¿Para qué? Pensó en una buena razón pero no se le ocurrió ninguna. —Mi madre me enseñó que eso hace una dama todas las noches. —Pero así debes dormir sobre el bulto de la trenza. Para mí, no tiene ningún sentido. Agatha rió: nunca lo había pensado, pero Jubilee tenía razón. —Lo último que haría con mi pelo sería trenzarlo. —Bueno, pero entonces, ¿qué haces? —¿Cómo qué hago? Nada. Duermo con el cabello suelto. —Se pasó el cepillo por su propia cabellera, echó la cabeza atrás y la sacudió—. Es un placer. —Está bien... —Agatha comenzó a deshacer la trenza inconclusa con los dedos—. Lo haré. Sin dejar de cepillarse, Jubilee fue hasta el tocador, se metió el cigarro entre los dientes y fumó mientras se cepillaba.
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—¿Te molesta el cigarro? —Para nada. Agatha supo que era verdad. Por estar cerca de Gandy, había llegado a aficionarse. —Me relaja, ¿sabes? —le explicó Jube—. Cuando termino de bailar, estoy toda tensa. A veces, me cuesta dormirme enseguida. Jube enroscó el dedo alrededor del fino cigarro negro, fue hasta el pie de la cama y se sentó, reclinándose contra el rodapié de bronce, con el cenicero en la falda, todavía cepillándose el cabello rubio. Alguien llamó a la puerta. —Hola, somos nosotros. —Pearl y Ruby entraron, sin esperar permiso —. Nos enteramos de las malas noticias. No te aflijas. Es probable que no vuelva a suceder. Por turno, fueron a apoyar la mejilla contra la de Agatha y a desearle las buenas noches. —Si Jube empieza a roncar, ven conmigo. Cuando se fueron, se oyó otra llamada. —¿Sí? —dijo Jube. —Somos Jack e Ivory. —Bueno, entrad... ya lo hicieron todos. Agatha casi no tuvo tiempo de cubrirse con las mantas hasta el cuello antes de que ellos dos aparecieran. —¿Ya está tranquila, señorita Downing? —preguntó Jack. —Sí, gracias. Jube me cepilló el pelo y me hizo olvidar todas mis angustias. —No cabe duda de que Jube es buena con el cepillo —comentó Ivory. ¿Jube habría cepillado el pelo de Ivory? Antes de que pudiera imaginarse, siquiera, semejante espectáculo, éste dijo: —Bueno, buenas noches, señorita Downing. La veré mañana. —Buenas noches, Ivory. —Buenas noches, pues —dijo Jack. Un instante antes de cerrar la puerta, Jack asomó la cabeza: —Aquí viene alguien más. Desapareció, y Marcus tomó su lugar, con una taza humeante. La sonrisa le indicó a Agatha que era para ella. —Oh, Marcus, qué considerado. —Aceptó la taza—. Mmm... té. Gracias, Marcus, es exactamente lo que necesitaba. Marcus se puso radiante e hizo un gesto como de revolver azúcar y alzó las cejas con gesto interrogante. —No, gracias. Así está bien. —Bebió un sorbo y asintió, en gesto aprobador—. Perfecto. Marcus juntó las manos bajo la oreja y cerró los ojos, indicando dormir. —Sí, después de esto dormiré maravillosamente. Gracias, otra vez, Marcus. Al llegar a la puerta, saludó, y Agatha le devolvió el saludo. Salió y cerró. Agatha sintió que se le desbordaba el corazón, que se le entibiaba por algo más que el té. Pensó que, tal vez, se había apresurado a pronunciar el deseo; quizá, lo que más deseaba en la vida era conservar para siempre este sentimiento, esta maravillosa sensación de familia.
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En amistoso silencio, Agatha bebió y Jubilée fumó. Después de un rato, Agatha comentó: —Qué considerado fue Marcus. El semblante de Jube se suavizó. Dejó de fumar y contempló el humo que subía. —Es un cielo, ¿no? Siempre tiene un gesto amable para todo el mundo. Marcus es el hombre más bondadoso que conocí. Cada vez que estoy enferma me trae té con miel y coñac. Y una vez me dio friegas en la espalda. Fue un placer. —Al principio, me afligía que no pudiera hablar —le confesó Agatha—, pero pronto descubrí que puede hacerse entender mejor que muchas personas con habla. —Seguro. A veces me gustaría... —En el rostro de Jubilee apareció una expresión melancólica. Exhaló una nube de humo y murmuró—: Oh, nada. —Dime, ¿qué te gustaría? —Oh... —Se encogió de hombros y murmuró, tímida—: Que no fuese tan tímido. —¡Caramba, Jubilee! —Agatha levantó las cejas—. ¿Sientes... algo por Marcus? Quiero decir, ¿algo especial? —Creo que sí. Pero, ¿cómo lo sabe una chica, si el hombre nunca le da un indicio? —¿Me lo preguntas a mí? Con la mano extendida sobre el pecho, Agatha rió. —Bueno, tú también eres una chica, ¿no? —No creo. Ya tengo treinta y cinco años. No soy más una chica. —Pero sabes a qué me refiero. En ocasiones, Marcus me mira... bueno, ya sabes, de un modo diferente. Y en el mismo momento en que creo que va a... Golpearon la puerta. —¿Estáis vestidos? —se oyó la voz de Gandy. Jube le murmuró a Agatha: —Después seguiremos conversando. —Y levantando la voz—: Más que vestidos. Pasa. La puerta se abrió lentamente, y Gandy se recostó contra el marco con la corbata floja y la chaqueta colgando del dedo, sobre el hombro. Le habló a Jube, pero mirando a Agatha. —Veo que ya la instalaste. —Por supuesto. Ahora se siente mucho mejor. —Tiene mejor aspecto. —Apartó el hombro del marco y entró, arrojando la chaqueta a los pies de Agatha—. Cuando fue abajo, a buscarme, parecía un fantasma, ¿sabe? —Tomó la taza vacía—. Déme eso. —La dejó a un lado y se sentó junto a la cadera de la mujer, con un brazo del otro lado del cuerpo de Agatha—. Pero recuperó el color. Agatha intentó subir más las mantas, pero el peso del hombre se lo impedía. Sobre el niveo camisón de cuello alto, las mejillas se le pusieron de un rosado intenso. Y el cabello era una gloria, flotando en ricas y espesas ondas que captaban la luz y la reflejaban casi con los matices del vino borgoña. La mirada admirativa del hombre se demoró unos momentos en él, y luego pasó a los transparentes ojos verdes. Eran cautivantes como ningunos que hubiese visto antes, claros como el agua
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del mar. Habían comenzado a perseguirlo por las noches, en la cama, y lo mantenían desvelado como si ella estuviese en el cuarto, observándolo. Dentro del pecho le brotó un calor inesperado, mientras las miradas de los dos permanecían unidas y el peso de Gandy hacía bajar las mantas con que Agatha se cubría los pechos. —Ma-marcus me trajo té —tartamudeó, acalorada por la cercanía, por no estar vestida más que con el camisón, y sentir el calor del cuerpo de él contra la cadera—. Y Jubilee me cepilló el pelo. —Se lo tocó, insegura, como disculpándose—. Y todos los demás vinieron a darme las buenas noches. —¿De modo que ahora podrá dormir? —Oh, sin duda. —Trató de sonreír, pero no pudo hacer otra cosa que abrir los labios, y revelar que su aliento era agitado. Manoseó con las yemas de los dedos los botones del cuello. De inmediato, él le atrapó la mano y la bajó. Se quedaron quietos, con los dedos entrelazados. El corazón de Agatha latía como un pájaro cautivo, pero quería decir muchas cosas—. No sé qué habría hecho sin todos ustedes esta noche —murmuró —. Gracias, Scott. —No hay por qué darlas. —Cediendo a un impulso, la rodeó con los brazos y la estrechó con delicadeza contra el pecho. La retuvo así, sin moverse, por largo, largo rato—. Somos sus amigos. Para eso están los amigos. El corazón le palpitó con fuerza contra él. No tenía otro lugar donde poner las manos que en los omóplatos de Scott. Era consciente de la presencia de Jubilee observándolos desde los pies de la cama, del intenso olor a cigarro en la ropa y la piel de Scott, y del hecho de que sus propios pechos sueltos estaban aplastados contra el pecho masculino: era la primera vez en su vida. —Buenas noches, Gussie —susurró, y le besó el borde de la oreja—. Hasta mañana. —Buenas noches, Scott —pudo decir, en un susurro. Mientras el corazón de Agatha aún le palpitaba con fuerza dentro del pecho, Scott se levantó, tomó la chaqueta y bordeó la cama. Parado detrás de Jubilee, se inclinó sobre el rodapié de bronce. Jubilee alzó el rostro y le sonrió. —Buenas noches, Jube. Se besaron. —Buenas noches, Scotty. La cuidaré bien para ti. Le hizo un guiño a Jube y una sonrisa a Agatha. —Todos lo hacen. Luego, él también se marchó. Cuando apagaron la lámpara y el edificio quedó en silencio, Agatha, tendida junto a la muchacha dormida, se quedó despierta por mucho tiempo, por más tiempo que nunca en su vida. Se sentía confusa, y más consciente de su cuerpo de lo que recordaba haber estado jamás. No sólo de las partes que le dolían, sino de las que no. Se sentía erizada de pies a cabeza. Dentro del pecho, el corazón golpeaba como si una fuerza mística lo hubiese despertado después de dormir todos esos años. ¿Cómo era posible que Scott le hubiese provocado algo semejante... sentado ahí, despreocupado, y tomándola en brazos sin el menor recato? ¡Y ella en camisón! ¡Y Jubilee ahí, al lado!
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Pero en aquel momento, cuando le apoyó las manos en los omóplatos y su corazón se apoyó contra el de él, las preocupaciones de Agatha misma por el recato se esfumaron. Qué bueno fue sentirse apretada contra el cuerpo sólido, abrazada por un minuto. Qué ardiente sintió el rostro y qué insistente el pulso. Cuan plenos y pesados los pechos, cuando los aplastó. Recordó la sensación de tersura de la espalda de la camisa, estirada mientras la abrazaba. Y la barbilla de él contra su sien. Y el hueco del cuello contra su boca. Y el olor... ah, el aroma, tan diferente del propio, mezcla de agua de violetas y almidón.... Con la evocación, llegó el pudor. Pero pertenece a Jubilee, ¿no es cierto? Confundida, Agatha se dio vuelta y se acostó sobre la otra cadera. El mismo refrán le daba vueltas en la mente una y otra vez. ¿Cómo puede ser que Jubilee pertenezca a Scott, si quiere a Marcus? Cuando al fin se durmió, lo hizo profundamente, pero sin respuestas.

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no sólo el consumo de alcohol.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 11 Por la mañana. no sabía bien como comportarse con Scott esa mañana. antes que nos dé un ataque de tanto afligirnos! La mirada de Agatha se posó fugazmente en Scott. léela en voz alta. y la apartó. cuando resulté electo gobernador de Kansas. —¡Oooohhh. la dirección oficial del gobernador John P. —Es una invitación. y Agatha lo mandó a la tienda de Harlorhan. con Willy trepado sobre las botas para ver mejor. Willy se cansó de juntar plumas. Como sabe. Marcus instaló un picaporte nuevo. mientras todos se amontonaban alrededor: Marcus. Agatha abrió con cuidado el sobre y sacó una carta con el sello del Estado en bajo relieve. nerviosa. y cuando apareció Willy lo pusieron a la tarea de recolectar las plumas y meterlas en la funda de la almohada. se le secó la boca. que nos codeamos con lo mejor! Hizo girar los ojos y agitó los dedos como si se le quemaran. Agatha advirtió que se rascaba otra vez y tomó nota mental de hablar con Scott al respecto. prometí a mis votantes hacer todo lo que estuviese en mi poder para desterrar. Hacia las diez y media. y el de la señorita Drusilla Wilson. Con ese fin. asomadas sobre el borde del minúsculo equipo de cocina de Agatha. Regresó con la última edición de The Temperance Banner y un sobre con sello de correo de Topeka. con el codo apoyado en el mango de la escoba. Los ojos de Agatha recorrieron velozmente el papel. De pronto. Scott. y como remitente. el gobernador! —repitió Ruby—. —Bueno. proponiendo ratificar la enmienda de prohibición de nuestra Constitución estatal. ¿qué dice? —quiso saber Ruby. —¡Eh. pero él la trató de un modo tan platónico como siempre. Al despertarse. Estimada Señorita Downing: Como miembro activo del movimiento para prohibir la venta de sustancias tóxicas en el Estado de Kansas.145 - . a ver si le había llegado correo. John. St. fueron a trabajar. Ivory y Jack. las chicas. sino también su venta dentro de las fronteras del Estado. —¡Bueno. Dan. . ¡Caramba. espiando sobre los hombros. el de la señorita Amanda Way. apoyo de todo corazón la legislación reciente enviada a ambas cámaras de la legislatura. tal como habían prometido. es del gobernador! —exclamó. Se aclaró la voz y se humedeció los labios. el representante estatal Alexander Kish me mencionó su nombre. con el destornillador en la mano.

pesadamente. temerosa de encontrarse con los ojos de todos en medio de ese silencio incómodo. contemplando el suelo que acababan de ayudar a limpiar. chico? —Le puso una mano en la cabeza—. Arriba. Agatha alzó la vista. habían aprendido a ocultar sus emociones. De repente. Ruby le preguntó a Agatha: —¿Irás? Agatha levantó la vista con dificultad hacia los ojos de Ruby. Fueron saliendo de a uno. Ruby apartó la vista. trabajaron con celo por esta noble causa. aún apoyado en la escoba. como tales. se diesen otra vez la mano para hacer ahora un esfuerzo más agresivo que nunca. confundido. le extiendo esta invitación a tomar el té en el jardín de rosas de la mansión del gobernador. mirando las caras de los mayores. Finalmente. El rígido papel crujió cuando lo dobló con lentitud y lo metió otra vez en el sobre.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Si aquéllos que. Estaba firmada por el gobernador John P. el ruido de las ruedas de las carretas y de cascos que pasaban por la calle. a las dos en punto de la tarde. Las muchachas permanecieron sentadas. negros e inescrutables. —No sé —respondió. Jack se rascaba la nuca evitando mirarla. y los dedos largos y negros de Ivory tamborileaban un ritmo en el muslo. Pero no era cierto. —¿Qué pasa. y su voz resonó como un trueno. Marcus rascaba con la uña del pulgar una burbuja de pintura seca en el mango del destornillador. Cuando Agatha terminó de leer. En el rostro de Ruby. hasta que sólo quedó Scott. —Está bien. tras la salida de los dos. —Bueno. la enmienda podría y debería ser ratificada por los votantes de Kansas. Willy se dispuso a salir pero estiró el cuello para observar al cariacontecido grupo mientras se alejaba con Dan.146 - . eh? —insistió Willy. en ese momento. Aquí está todo hecho. Pero en el . Se podía oír volar una mosca en la habitación. no se traslucía nada. se dio cuenta de que Ruby era descendiente de varias generaciones de esclavos que. la miraba ceñudo. John en persona. Miró fijamente la carta. el quince de septiembre. pero. Finalmente. el silencio se hizo largo y pesado. Quiso pensar en una respuesta. ¿Vienes abajo y me ayudas a barrer el local? Obediente. será mejor que nos vayamos. el resonar de las herraduras que llegaban al hotel de al lado. hasta ahora. pero lo único que se le ocurrió fue: —Nada. cachorro. Por la ventana abierta entraban los mugidos lejanos de las vacas. St. —¿Qué pasa? —preguntó Willy. nadie dijo una palabra. Sintió un incómodo calor en el rostro y el cuello. Scott. ¿qué les pasa a todos? —Cosas que no entenderías. —¿Qué te parece. Como medio de expresar mi agradecimiento por la tarea de ustedes y para alentar el futuro apoyo al movimiento de prohibición. Dan fue al rescate. y se agachó a recoger un trapo de limpiar. desalentadas.

Y eso fue porque mi madre sabía cómo retenerlo en casa. ¿en serio crees eso? —Mi padre jamás holgazaneó en la taberna. —¿Y cómo sabes todo eso? —Me lo contaron las chicas. por lo tanto.. para aliviar tu culpa? —¡Mi culpa! —El rostro de Scott se ensombreció. —Bueno. que se juega el dinero de los zapatos. Empiezas a hablar como ellas. apretó las manos en el mango de la escoba y echó la cabeza adelante—. —Le apuntó la nariz con el dedo—.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR apartamento de Agatha. sin tener. exasperado. sin darse cuenta de que lo único que necesitarían para hacerlos regresar es un poco de cariño! No podía creer la ceguera empecinada del hombre. ¡Yo no tengo ninguna culpa! ¡Yo aquí manejo un negocio y trato de mantener vivas a ocho . y luego exhaló. El ceño de Scott se profundizó. No todo hombre con un vaso de whisky es como Macintosh. y su mentón adoptó un contorno obstinado.. —Estuviste demasiado tiempo con esas fanáticas. —¿Qué me dices de Annie Macintosh. Scott.147 - . y convierte en brutos a sujetos gentiles. —Eres limpia para discutir. —Tu padre vivía en una plantación. La crispación de Scott fue evidente. Agatha. —Oh. —La verdad duele. señaló a la calle y dijo: —¡Prueba con esas locas cuyas marchas encabezas! —¡No están locas! Tienen una buena causa. Scott? Pero sabes tan bien como yo que el alcohol es adictivo y debilitante. que es donde tendrían que quedarse más hombres. ¿no es así. una causa. —¿Y Alvis Collinson. —Scott —rogó—. con dos costillas rotas y un ojo negro? ¿Tiene ella un motivo? —Annie es otra historia. En el corazón de la mujer se hizo una pequeña fisura. disgustado. tu padre se comportaba como el proveedor y se quedaba en la casa. Hizo una inhalación profunda. ¡Y eso es lo que sois vosotros! La mitad de las mujeres como tú se arrodillan ante todas las puertas vaivén del pueblo y cantan esas malditas canciones tan dignas. ¿qué debo hacer? —¿Me lo preguntas a mí? —Lanzó una carcajada dura y áspera. Empobrece a toda la familia al inhabilitar al hombre para trabajar. ¿eh? —¿Qué es lo que te parece limpio? ¿Llevar a Willy al Cowboy's Rest una vez por mes. hace mucho. —¡Son una banda de esposas insatisfechas que buscan un modo de hacer volver a los esposos a los hogares. —Lo malo es que comienzas a creer en esas generalizaciones. Seguramente no había una taberna en kilómetros a la redonda. siquiera. todo era silencio. del almacén. Scott resopló. La cuestión es que no había tabernas y. Los ojos se endurecieron como si fueran de mármol negro. —¿A quién otro podría preguntarle? En tono colérico. y deja que su hijo duerma en una cama hirviendo de piojos? Scott rechinó los dientes.

Hasta Doc. quedaría en bancarrota. Si se ratifica la enmienda. aunque. Y a la noche.148 - . haciendo trampas a los que solía llamar amigos».. Pero si la prohibición logra regenerar al menos a un tipo como Alvis Collinson. A la mañana. de toda una «familia» equivocada! Pero estaba aprendiendo que uno no siempre elige de quiénes se encariña. Sin embargo. en cierto modo. Se sentía desgarrada. no era su decisión. —¡Entonces. claro. Trasegó otra medida de whisky y se pasó el dorso de la mano por la boca. y todos los que hacen la ley en el país lo comprarán afirmando que es para propósitos medicinales. no me impide dormir por la noche. ¡Ve a la jarana del gobernador! ¡Bebe el té en el jardín de rosas! —Cruzó a zancadas la habitación y le puso en las manos la escoba—. la vida hacía la elección. era lo que uno hacía después con esa elección. pero Yancy Sales venderá lo mismo que yo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR personas! —Lo sé.. todavía se hacía pis en la cama y ahora está ahí sentado. habrá valido la pena la lucha. El nuevo picaporte actuó a la perfección. —pensó—. A veces. la familiaridad de la noche pasada se había hecho pedazos. «¡Sabelotodo inútil!. con su chaqueta negra de fantasía y la corbata de cordón. ve. ¡Pero no esperes que venga corriendo a salvarte la próxima vez que un propietario de taberna ya harto venga a arrasar tu casa! Salió precipitadamente por la puerta y la cerró con tal fuerza que Agatha se encogió. si no ganaba. pero sólo pudo verla tras una cortina de lágrimas. lo conseguirían en otro sitio. Loretto las tenía contra él. las tabernas tendrán que cerrar. y Collinson tenía la impresión de que. nada menos que ayudándole a limpiar la casa. la suerte empeoró. con su cerebro obnubilado. la puerta se cerró y permaneció cerrada. sacaba naipes de la manga. el chico apareció con plumas pegadas a la camisa y admitió que había estado merodeando otra vez por la casa de la entrometida sombrerera. . logró ganar dos de las últimas seis. El día no había sido bueno para Collinson. Si yo no les vendiera whisky. Pero. Lo que provocaba dicha o pena. como todos los demás en esa taberna. Perdió ocho manos seguidas. Hace seis meses. confundida y acongojada de haberse enamorado del hombre equivocado. Se dejó caer en una silla y apoyó la frente en las manos. El corazón le dolía y el pecho también. para luego dar un codazo a Doc. lo llamará bitter. Por su propia voluntad. Contó el dinero: tenía para dos manos más y. una vaca enloquecida le había aplastado la pierna contra una cerca antes de que pudiese sacarla del paso. ¿nunca te surgen dudas respecto de los hombres a los que vendes todo ese alcohol? ¿De las familias que necesitan desesperadamente el dinero que se derrocha en las mesas de juego? Adoptó una expresión de complacencia consigo mismo: —No. ¡que el cielo la amparase. —Puede ser. Agatha! —Agitó una mano hacia la estación—. A la tarde. y el vaquero que estaba al lado se llevó la banca de los últimos tres cuencos. Y valoro lo que haces por todos ellos.

¿Oíste eso. Dan estuvo percibiendo que se formaba una tensión subyacente. —Blackjack —respondió Loretto—. ¿no les molesta si me siento a jugar un par de manos? —dijo con estudiada indiferencia. — Collinson rió con desdén y contempló la muestra rubia que Dan lucía bajo la hermosa nariz—. —Así que a tu madre no le entusiasma que seas croupier aquí — comentó Collinson. y Dan tenía órdenes. —¿Cuál es el juego? —preguntó sacando unos billetes del bolsillo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Eh. —Tengo veintiuno —respondió Loretto con sencillez. mezclando cenizas y trementina en el alimento. Parece un retazo de ese trigo duro que les gusta a los saltamontes. cuando eso ocurriese. Loretto pasó el mazo a la izquierda y Collinson observó. para estar seguro de que todas las manos estaban sobre la mesa cuando se cortara. Pese a todo. El joven tejano vecino de Collinson vio. y un amigo fiel para el desdichado Collinson. y caían en línea como por arte de magia. Acomodó el mazo y alzó dos dedos haciéndole una señal a Jack. que la captó e. Doc? Ya le salió bigote y todo. a mí? Collinson asintió.149 - . Collinson estaría viéndolo. . sino un autodenominado veterinario que viajaba por el país «haciendo nacer» terneros y «desagusanando» cerdos. se mostraría frío como una rana en un macizo de lirios. ¿no te sobra un cigarro? «Doc» Adkins no era doctor en absoluto. —¿Cómo te llaman. Los arqueaba en dirección contraria. a lo cual atribuían la expresión distante de los ojos amarillentos y sus torpes reacciones ante la vida en general. que estaba en la barra. era agradable. —Tu bebida. y que sirvió al instante dos medidas de whisky dobles. Doc. —Collinson codeó a Doc en el brazo con la mano que sostenía el cigarro—. ¿Quién juega? Collinson empujó su penúltimo dólar al centro de la mesa. —Caballeros. que Gandy tomaba una silla que estaba cerca con la bota y la arrimaba a la mesa. Doc encontró un cigarro y se lo entregó al compañero de bebidas. y guiñó a través del humo del cigarro. El negocio no iba muy bien desde que suministró tintura de opio a una de las marranas de Sam Brewster provocándole un sueño eterno en lugar de curarle la enteritis. Se estiró para colocar uno de los tragos ante el croupier y puso el otro ante sí mismo. El novato era bueno pero. tarde o temprano. aliviado. Loretto daba con tal agilidad que los naipes casi no se curvaban. Collinson estaba buscando pelea. —Tiene veintiuno. Jack le hizo una seña a Scotty. inició una conversación aparentemente casual con el vaquero. —Claro que no. fue a servir las bebidas. muchacho? —¿A quién. Mientras lo encendía. Entretanto. se le escaparía un error y. Dan. Mientras se daban las dos primeras rondas de naipes. ¿no? Toda la noche. interrumpiendo una conversación con dos vaqueros. Se decía que Doc Adkins tenía la costumbre de probar él mismo la tintura de opio. el rostro enrojecido de Collinson observó al tallador.

me acuerdo cuando Danny. Doc se tomó su tiempo para pensar. Dame. Enfrentó la mirada beligerante de Collinson y se obligó a relajar cada músculo. No me gustaría jugar con alguien que tuviese reputación de dejar resbalar algún naipe. y maldijo cuando contó veintidós.150 - . pero esperaba acertar doble en esta mano—. y observó cómo Loretto revisaba la carta que había bajado sin despejar el paño verde. —N. —¿Cartas? —le preguntó Loretto a McQuaid. pero lo que más enfureció a Collinson fue no haber podido sorprenderlo. —¿Ahí aprendiste a jugar a los naipes? McQuaid se puso tenso. pues nadie podía ser tan afortunado con tanta frecuencia. Gandy movió una mano sobre los naipes que le quedaban. —En Rocking J. Lanzó una risa tensa. Danny. Los ojos de Collinson se achicaron más aún. Los dientes manchados de Collinson mordieron la punta del cigarro mientras pensaba. el Resbalizo.. con los muchachos. Gandy.. En aquel entonces. aquí presente. Loretto? Trataré de adivinar: aquí. Los abrió y advirtió que el croupier también exhibía un as junto con el naipe bajado.. Loretto le ganó dos veces: un nueve y un cuatro. no era más alto que una lombriz. allá en Galveston. no. Otra vez. Loretto descubrió un siete. ignorando la insinuación de Collinson.. Pasó el cigarro al otro extremo de la boca y clavó los ojos en el croupier mientras hablaba con McQuaid: —Espero que eso no tenga nada que ver con cómo juegas a los naipes. pero trató de disimularlo. y me quebré la clavícula. y el sudor le brotaba de las axilas—. pese a que estaba quebrando una regla fundamental del juego: distraer a McQuaid durante el juego. —Jugué un poco en la barraca.. —Golpeó con los nudillos el cuatro dado vuelta. para tener a mano la pistola escondida. —El muchacho tragó saliva—. . Sí. mientras Collinson seguía interrogándolo: —¿Qué aperos usas para cabalgar? Gandy se abstuvo de intervenir. Uno más —le dijo a Loretto. —Miró con los ojos entrecerrados las mangas negras que le llegaban a Dan hasta los nudillos—. señor. ¡Ese maldito novato no podía ser tan afortunado! Todavía tenía veinte en el otro juego. —¿Y dónde aprendiste tú. Gandy advirtió el leve movimiento de las caderas de Dan bajo la mesa al cruzar el tobillo izquierdo sobre la rodilla derecha. Loretto lanzó ágilmente un naipe en su dirección. Slip McQuaid. ¿Te acuerdas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Slip. Aflójate. señor. indicando que se plantaba en los trece. Doc? —Lo recuerdo —respondió Doc con vaguedad. Prepárate. aunque le llevó cierto tiempo—. usaba mangas cortas. McQuaid tomó una carta y pensó. Me resbalé de una montura húmeda cuando empezaba a cabalgar. —El rey lo derrotó y su temperatura subió un grado. Se enjugó la boca con el borde de un dedo áspero y empujó su último dólar para cubrir la doble apuesta. Mi papá me puso ese apodo. Eso era mejor. El maldito novato tenía que haberlo sacado de la manga. Collinson miró sus naipes: un par de ases.

—Veamos tus cartas. Alvis. Alvis. El cuchillo se hundió en el antebrazo de Gandy. Collinson. y tírelo —dijo Dan. Déjelo. redonda. y usted lo sabe. Gandy se contuvo una vez más. Entretanto.. angustiados. antes de que alguien resulte lastimado —advirtió Gandy. —Quedo yo solo contra la banca. ya lo sabe. no les basta con sacarme el dinero con los naipes que se guardan en la manga. —¡Desgraciado hijo de perra! —El rostro del hombre se contorsionó y sacó un cuchillo—. Está ebrio —trató de razonar Dan. dígalo. —¡Usted también! ¡Le haré un favor a este pueblo librándolo de ustedes dos! ¿Quién quiere ser el primero? —Sea sensato. Comenzó a hacerle señas a Jack. le mandó otro naipe. exhibiendo el arma—. —Vayase a su casa. ¿no? ¿Cuánta suerte tiene que tener un tipo para ganar aquí? —Si tiene algo que decir. El rostro de Collinson se puso purpúreo. Canallas. suspiró. con la palma hacia arriba—. Estoy quebrado. y se fue al mazo: —Estoy fuera. Doc por fin se decidió. hijo de perra. Ya le dije que no quisiera tener que dispararle.. —Déjelo. —¡Al diablo con usted. Con un giro de la muñeca. Cuando Collinson explotara. —¡No tiro nada. El sujeto se volvió hacia él. Collinson se agazapó con la hoja centelleando en la mano. que me roba todo lo que tengo. Doc y McQuaid retrocedieron. más que a ustedes dos! —No creo que valga la pena hacerse matar por cuatro dólares —le aconsejó Gandy—. Gandy. Doc lo miró con ojos miopes. todos los músculos tensos. pero metió la otra sobre el muslo. El local se sumió en el silencio. No quiero tener que dispararle. Hablaremos afuera. Todos los presentes miraban. —No estoy ebrio. —Gandy se le acercó. Alvis. Explotó la pistola y Collinson cayó boca abajo sobre la mesa verde. levantándose—. petimetre inútil. muchacho —lo desafió Collinson. —Démelo. ¡Maldición! Lo conozco de toda la vida. Dan mantuvo una mano sobre la mesa. preparado pero dijo en voz suave como la miel espesa: —No permito peleas aquí adentro. Deje ese cuchillo. mordiendo el cigarro.! Alvis impulsó el brazo atrás y todo el infierno se desató al mismo tiempo. No sé qué demonios te lleva tanto tiempo. —Esto no es por los cuatro dólares.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¡Date prisa! —le espetó Collinson—. y mostró tres cartas que sumaban un veintiuno redondo. también tienen que poner contra mí a la carne de mi carne. Las chicas . —Otro —farfulló.. Dan hizo otro movimiento con la mano que nunca quedó fuera de la vista. y la casa pagará una ronda. ¡No me digas que no ocultas naipes en las mangas! Gandy se levantó lentamente.. sería duro. malditos.151 - . eso es lo que estoy.

¿verdad? Fíjese si puede hacer algo para mantenerlo vivo hasta que llegue el doctor Johnson. Vio a alguien tendido sobre una mesa de juego. y Agatha se apresuró a acercarse. —¡Es su amigo. Adkins! —vociferó Dan. Le brotaban gotas de sudor. Tenía el rostro blanco y los ojos redondos de terror. querido. —Oh.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR chillaron. Miró. con expresión desesperada. Le aflojó la corbata y el botón del cuello y le tocó la garganta con ternura. alrededor del cuerpo inerte de Gandy. Agatha llegaba a la puerta trasera. con la sangre empapándole la camisa. que daban vueltas. a Ivory y a las chicas. dando órdenes a Jack. Él me ayudó. Levantó la cabeza y miró. a Scott tirado sobre una silla con el cuchillo saliéndole del brazo. oh. te dio. antes de que se caiga de la silla.. indecisas. —¿A mí me hablas? —Es veterinario. Gandy gimió y la frente se le perló mientras lo tendían en el suelo de pino sin pulir. Con aire de duda. déjese de lloriquear y actúe como un. —Saca. Dan lo hizo rodar y le buscó el pulso.152 - . Le vendría bien su ayuda.. En medio del súbito silencio. resoplando. apretándose el bíceps derecho. aturdido. Marcus la soltó a desgana. —¡Alguien que vaya corriendo a buscar al doctor Johnson! Se volvió hacia Adkins. Dan y Jack reaccionaron sin demora. ¿Qué quieres que haga? Gandy estaba a punto de desmayarse de dolor. hombre! —Se dio la vuelta hacia Scotty y fue a arrodillarse junto a él. Lo miró de frente y entendió enseguida que estaba tan preocupado por la seguridad de ella como por Scott. moviendo los dedos de la mano ensangrentada. poniéndole las manos fuertes en los brazos y suplicándole con los ojos que hiciera lo que le pedía. acerqúese —le gritó Dan—. impaciente—. y se detuvo junto a la mesa de keno para contemplar la escena. lo —murmuró. Scott esbozó una sonrisa débil. Dan se abalanzó a auxiliarlo y Jube se acercó corriendo. Entró. corriendo hacia él. después de haber oído el disparo. —Acostadlo. Agatha los aferró con fuerza y apretó el dorso de la mano contra el . que había salido de su estupor por primera vez en años. Marcus trató de detenerla. —¡Maldición! De todos modos. miró a Gandy que estaba sentado jadeando. —¡Dios mío! —susurró. todavía agarrándose el brazo inerte. sin fuerzas.. la cara de Dan. —Doc.. —Déjeme pasar —le ordenó con gentileza—. —P. ¡Por el amor de Dios. dudoso. pero yo. —Revisen a Collinson —se apresuró a decir. —Gussie —susurró. a Jubilee. En ese momento.. Agatha se arrodilló junto a él con dificultad. tragó con dificultad y fijó la vista en el cuchillo que sobresalía del brazo de Gandy—. ahora me toca a mí. Pero Gandy los apartó a los dos y se dejó caer en una silla. Scott —murmuró. el rostro crispado de angustia—. Dan levantó la voz.. donde la sangre comenzaba a abrillantar la manga. Gandy hizo una mueca y se aferró el brazo derecho.

buscándola con los ojos—. ¿endiendes? Jack le puso otra vez la botella en la boca al patrón. pero no le cuentes a Agatha que te lo dije. Llegó el comisario Cowdry. Él se la aferró con desesperación.. —Cerciórate de que sea el bueno. ¿Dónde estás. la piel parecía de cera. echó un vistazo al cuchillo y aconsejó—: Sería conveniente que emborracharan a este hombre. Cuanto más ebrio esté. Cowdry interrogó a los parroquianos. —Willy. mientras la sangre se secaba en la mano de Agatha. Scott. Llegó el camillero a llevarse el cadáver de Collinson y se juntaron dos mesas para formar una sala de operaciones de emergencia. fui yo —la corrigió Dan. Tendido en el suelo. Quiero el cancán. con los labios húmedos. Se acercó silenciosa a la mesa. Miró el rostro pálido de Scott. El licor resbaló por la mejilla de Scott y dejó una mancha oscura sobre el tapete verde. Reía flojamente. Jack fue a buscar una botella llena de whisky Newton. muchacho. mientras Jack daba a Scott más whisky del que Agatha imaginó que podría consumir un hombre que se mantuviese consciente.. —Entonces. impresionada—. sin prestar atención al hecho de que su propia mano se manchaba de sangre. el rostro sonrojado. Scott dirigió una sonrisa fatigada al cantinero. con el camisón metido dentro de los pantalones. Marcus. —¡Apártense! —En menos de treinta segundos. le disparó una mirada a Dan: —¿Collinson? —repitió. . Jack. Dan. —¿Gussie? —susurró. Trató de sonreír de costado. mejor. —¡Apártense! —ordenó el doctor Johnson. los tirantes colgando sobre las rodillas. En contraste con el pelo y las cejas oscuras. Dile que lo siento... pero todavía no cerraba los ojos. Parpadeó un par de veces. con la cabeza del herido en el regazo. Tienes que decírselo a Willy. y el cabello rojo erizado. Se arrodilló. El nombre penetró en la mente de Agatha. ¿Él mató a Collinson? —No. —Lanzó una risita de borracho y levantó la cabeza para ver a Ivory.? —Trató de convencer a Collinson de que le diera el cuchillo. Lo lamento. Arrodillada junto a Scott. y le tomó la mano sana. pronunció—: Collinson está muerto. Scotty.153 - . —Tenía el borde de los ojos enrojecido. el doctor Johnson irrumpió empujando las puertas vaivén. Esa cosa es muy buena. impaciente.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR pecho. salvo por el rubor antinatural que le daba el alcohol a las mejillas—.. inspeccionó en silencio el cuerpo de Collinson. que ninguno de dus bautistas. y después los hizo evacuar. el cuchillo que sobresalía de la carne. detrás—.? —Aquí estoy. Llamó a Marcus con un dedo. Con eso bastará. Jubilee estaba sentada en el suelo. organice mi funeral. Y si esdiro la pata. —Uno más. —Escucha —tartajeó—.. Ivory y Jack levantaron a Scott con delicadeza y lo acostaron sobre las mesas. pero en el rostro pálido parecía la sonrisa de un fantasma. En ese preciso momento. Y él se lo clavó. ¿cómo.

Pero cuando el doctor sumergió la aguja en el whisky. . Agatha se quedó el tiempo suficiente para ver cómo el médico sacaba el cuchillo del brazo de Scott. —Te lo prometo. Y todo el que tenga estómago débil. El doctor abrió el maletín negro y comenzó a enhebrar una aguja con un trozo de pelo de caballo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Le acarició el cabello que se pegaba a la frente sudorosa. que se vaya. se escabulló por las puertas vaivén para tragar el aire fresco de la noche y llorar a solas. —Traigan otra botella de whisky —ordenó—. los ojos se le desbordaran y se le oprimiese la garganta.154 - . y lo apartó hacia atrás. cómo el cuerpo se convulsionaba y para oírlo gritar de dolor. También para escuchar cómo el doctor ordenaba: —¡Denle otro trago! Para que el estómago se le retorciera.

Parecía muy pequeño. tan carente de amor. y me golpeé contra el travesaño. intentando no pensar en las otras criaturas vivas que compartían la cama con el niño. por la tarea que debía emprender. Buscó a tientas la mesa. pero el olor era el mismo: una mezcla de moho. preguntándose qué sería de él. ¿qué te ha pasado? —¡Gussie. Agatha le cubrió la mano y le alzó la barbilla para mirarlo a los ojos. con la barbilla contra el pecho. Y por sí misma. sábanas sucias y cuerpos sin lavar.. —No. ni cuando la mujer acercó la lámpara y la dejó en el suelo. ¿verdad? —insistió. aceite de petróleo. tragando el nudo de emociones que tenía en la garganta. trató de no mirar alrededor y fue directamente a donde estaba Willy. pues evitaba mirarla a los ojos y rascaba la ropa de cama con un índice sucio. querido. Aún está en el pueblo. acurrucado formando una pelota. me resbalé cuando estaba trepando a los corrales de ganado. Unió las manos bajo el mentón y rezó en silencio por él. detrás de la oreja—. se incorporó de un salto.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 12 Agatha no había vuelto a la casa de Collinson desde aquella primera vez. El pequeño se acomodó mejor en la almohada sin funda. Willy. Abrió los ojos y Agatha vio que los tenía rojos e hinchados de llorar. con los ojos muy abiertos. encontró cerillas y una lámpara. Era probable que estuviese acostumbrado a que alguien diese vueltas por la cocina encendiendo lámparas en mitad de la noche. los dos estaremos en problemas! Tenía cicatrices a los costados del cuello y una marca roja sobre la oreja. y el mentón tembló en la mano de la mujer. En la almohada sucia. Se quedó largo rato contemplándolo.155 - . la apartó con un movimiento y bajó la vista. No se despertó. Apretó los labios. —¿Willy? —Le tocó la sien. Incluso antes de encender la lámpara supo que no se había producido ninguna mejora. había sangre seca. Se encaramó con vivacidad en el borde de la cama. —Willy.. —Lo hizo él. y Agatha lo llamó de nuevo. tan solo. Pensó: «Los ojos de un niño no deberían estar hinchados».! —Está bien. Comprendió que estaba mintiendo. ¿Él te hizo esto? Cuando trató de tocarle la oreja. Cuando despertó del todo. se sintió . tienes que irte! —La mirada se tornó frenética—. Al ver que se le contraía el cuello en el esfuerzo por contener las lágrimas. Las lágrimas le hicieron arder los ojos. Cuando la encendió. con calma. —¡Gussie! ¿Qué estás haciendo aquí? ¡Si papá te ve. Los ojos de Willy comenzaron a llenarse de lágrimas. ¡Papá te. tan pequeño.

secos. voló contra una pared. —Sabes lo que eso significa. Pero. ¿no es así? La mirada del niño se fijó en las sombras. y vio los de ella desbordando lágrimas. Gussie. Willy logró decirlo sin derrumbarse. un instante. ¡No me importa.. esta noche murió tu padre. —¿Lo balearon? Agatha asintió.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR desgarrada entre dos emociones: el amor por este huérfano abandonado. tú vendrás conmigo a casa. —Encontró plumas en mi camisa y me preguntó de dónde las había sacado y cuando se lo dije me dio unas buenas con la correa de afilar la navaja y dijo que no podía ir más a tu casa ni a la de Scotty. y le dio tiempo a que asimilara la noticia. Lo balearon hace una hora.. y afirmó: —No tomaré más baños. tengo que darte una mala noticia. hizo un ruido raro y luego. cerca del retrete. no m. sin inflexiones.. Los puños aferraron el vestido. tu padre fuese un buen hombre.. lo sepultarán.. en el fondo.. si no quieres que me dé otra vez con la correa. ¡No me importa! —Comenzó a alzar la voz y a golpear el colchón—. Agatha ya no pudo contener las lágrimas. aunque lo entierren ahí afuera. El niño la miró. será mejor que salgas de aquí.. Por eso. donde está tu madre. —¿Eso quiere decir que no vendrá a casa? —Me temo que no. —E. aunque estuvo a punto. no me importa. —No... —¿En serio. está muerto? Agatha le acarició el dorso de las manos delgadas con los pulgares. Los ojos de Willy se agrandaron de perplejidad. Hasta que se arrojó sollozando en brazos de Agatha. Querido. ¿Quieres? —Sí. n.. aturdido. —¿Papi? —Sí. —Una vez tuve un gato que se murió... no se trata de eso. Papá lo pateó. junto al retrete! No me importa. pero en el cementerio. pero le tembló la barbilla—. hasta que el rostro pequeño se transformó en una máscara desafiante: —No me importa que esté muerto —dijo.. como tu madre murió tan joven. es probable que. y la cabeza enmarañada se hundió en el seno de la . irguió los hombros y apretó con fuerza la mano de Willy: —Willy querido. —¿Eso es lo que harán con mi papá? —Claro. mi amigo Joey y yo lo enterramos afuera. esta noche. en la taberna de Scotty. Los músculos se fueron tensando uno a uno. —Willy.156 - .. Inspiró una honda bocanada. me. Los ojos castaños de Willy miraron de frente a Agatha. La boca de Willy se apretó y miró los pliegues del corpiño de Agatha. y una ardiente gratitud de que el padre estuviese muerto y nunca más pudiese volver a lastimarlo. al otro lado del hombro de la mujer. tuvo muchas penas en la vida. Lo dijo en tono neutro. Agatha también. obstinado. Willy alzó los ojos marrones. —Ah.

¿cómo?. Ésta extendió una mano sobre la espalda pequeña y la sintió agitarse. Willy. ¿verdad? —La última vez que Agatha y Ruby hablaron. y la sorprendió ver que. la mujer negra se apartó con estoico desapego después de que ella leyó la invitación del gobernador a . Yo se lo dije. Debajo. y se deshiciera discretamente de la ropa sucia.157 - . por la mañana. Después. tranquilizadora. —¿Cómo está? —preguntó. Apareció Ruby con las botas de Willy. —Vine a buscar las botas de Willy. en cambio. Apoyó la mejilla sobre la cabeza del niño. —Me imagino que habrá sido duro decírselo. Está en el Cowboy's Rest. Simpatizó con él por completo. que tenerlo ahí aunque fuese por tan poco tiempo. frente a la puerta. ¿cómo?» Lo acostó en una cama improvisada sobre el suelo. —Lloró junto con él meciéndolo.. Pero lloró de un modo que partía el corazón. pero al despertar. que afirmaba lo mismo que Willy acababa de hacer. el siguiente. todo estará bien —dijo. Pero ése es fuerte como una mula. tomando un baño. «Pero. no muy bien. —¿Sabe lo de su padre? —Sí. con las pequeñas nalgas tibias contra su cadera enferma. —Oh. Media hora después. lo encontró acurrucado junto a ella en la cama. pero ver los objetos personales de un hombre para una mujer era como compartir algo íntimo con él. acunándole la cabeza y estrechándolo contra su propio corazón dolorido—.. dejó que el tiempo girara hacia atrás y se vio a sí misma. en la pared del apartamento. también convertida en una huérfana desafiante. estaba el humidificador de cigarros y el molde para sombreros de Scott. querido. iría a buscarlo con ropa limpia. —Agatha se topó con los ojos negros de Ruby y suavizó el tono—. —¿Cómo reaccionó? —Afirmó que no le importaba. —Willy. Esperaba que le abriese Jubilee. —pensó—. Lo llevó a casa de Paulie a desayunar y lo observó engullir suficientes tortillas como para techar una escuela. —Más o menos. valdría la pena el trabajo que le daría sacar los piojos. —No fue una noche fácil para ninguno de nosotros. en su apartamento. Lo entendió profundamente. con el Stetson negro encima. pulcramente doblada en el cajón de la cómoda. Lo primero que pensó al despertar fue que era el primer varón con el que había dormido. Agatha contempló el cuadro que representaba la casa blanca de la plantación. sobre una consola. —¿Cómo lo está tomando el pequeño? —Hasta ahora. y ya sabes cuánto los odia. Mientras esperaba afuera. aparecía Ruby. —Voy a ver dónde están. Encontró los pantalones y la camisa que le había hecho. y dio instrucciones a Kendall de que lo refregase bien por todos lados sin piedad. cuando lo que quería expresar era precisamente lo contrario.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR mujer. Se pondrá bien. Willy. Era extraño. en un susurro. lo dejó en el Cowboy's Rest. Fue al apartamento de Gandy y golpeó la puerta con suavidad.

alzando la palma. acostado en una cama de arce rizado. Tal vez distraiga al patrón de ese brazo herido. Agatha sintió como si se hubiese sacado un enorme peso de encima. Pero. ¿eh? Los ojos castaños de Gandy se alzaron hacia la mujer que tenía al niño de la mano: se los veía bien juntos. No le gusta mucho estar acostado. mujer.. señorita Agatha? —¿Cómo está el señor Gandy? —Fastidiado. —Willy quiere ver a Scott. Esa vez. Cuando entraron. lamento que yo. con una onda dorada resplandeciente sobre la frente.. también azules. Agatha le tironeó de la mano: —Vinimos a ver a Scotty. Tenía el pecho desnudo. tendremos cuidado. —¿Otro? —Ivory no dejó de poner cara de asombro y de lanzar sonidos de contrariedad. botas de cuero marrón. Agatha estiró la mano—: Ruby. de proporciones masculinas. ¿no te parece que éste es un mundo muy loco y confuso? Ruby no le aceptó la mano. lo sé.158 - . ¿Crees que estará bien si lo traigo. y la piel y el vello parecían muy oscuros en contraste con las sábanas blancas. Scotty —dijo. y una camisa de rayas. abrió Ivory. —Señor. —Hola. apoyado en un montón de almohadas. —Eso dice. Con un susurro conspirativo. el herido tenía los ojos cerrados. echó las manos atrás. pero no fue necesario. Además de un corte de pelo reciente. —Venimo a ver a Scotty. ¿qué es esto? —Me di otro baño —rezongó.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR tomar el té. estrenaba calzoncillos y medias flamantes.. —Gussie dice que no puedo abrazarte ni saltar sobre tu cama. —Bueno. llevaba de la mano a un niño con el cabello cuidadosamente partido al costado. Al ver a Willy. Serio. el brazo envuelto en gasa. Scott abrió los ojos y sonrió: —Muchacho —dijo con cariño. Pero ahora. cuando Agatha llamó a la puerta de Gandy. Cómo le había dolido. Con un solo vistazo. —¿Y yo qué dije? Ivory rió entre dientes y le sonrió a Agatha: —¿Cómo está usted. fingiendo sorpresa. Enderezó los hombros y cambió de tema. Willy estaba de pie a su lado. Agatha supo cuánto había sufrido desde la noche pasada. lustrosas con cordones sin nudos. Tenía la sensación de que estaba . a las cuatro. pantalones azules hechos en casa. ni nada. Esa tarde. le respondió: —En ese caso. más tarde? —No veo el inconveniente. de Harlorhan's Mercantile. con expresión fastidiada.

y una sonrisa lánguida le jugueteaba en las comisuras de la boca. Le soltó la mano y sonrió al verlo cruzar la habitación con desusada solemnidad y acercarse a la cama cuanto podía. pensó. miró el vendaje de Scott. Agatha —dijo en voz queda. fuiste tú el que le disparó? —No. lo sé. —Hola. —Jovencito. —Hola. Gandy respondió. Willy miraba con expresión suplicante. —¿Te has enterado de que mi papá ha muerto? —preguntó Willy. ¿eso hizo? Scott dejó vagar la mirada hacia Agatha mientras la mano grande acariciaba la espalda de Willy. ¡Y me dio calzoncillos nuevos! —Con que. —Sí. ¿Cómo te sientes? «Confuso». —El tono se volvió más disgustado aún—. ¿no es cierto? —bromeó Scott. —Ah. Tuvimos un día muy atareado. no fui yo.. La caricia de Scott se detuvo. —Willy reflexionó un momento. Sintió el deseo loco de apartar las sábanas e invitar a los dos a tenderse junto a él. tienes un aspecto radiante. y preguntó—: ¿A ti también te dispararon? —No. —Acercó una silla y la colocó junto a la cama—.. aunque no se soltaba de la mano. Scott le enlazó el brazo sano en la cintura y lo atrajo junto al colchón. eso hizo. sin tocarla. —He vivido días mejores. nada más.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR bien que estuviesen ahí. Willy. Se sentó y plegó las manos sobre el regazo. pues barrió el suelo del taller y fue a buscar la correspondencia. —¿El cuchillo de papá? . pero Ruby dice que si me palpita es porque no estoy muerto. También hueles bien. Scott. Willy adelantó el vientre y se lo frotó: —Me dio otra vez los pantalones nuevos y la camisa. —¿Quién lo hizo? Otra vez. Renuente a desilusionar al niño. ¡Después. sin preámbulos. flechando a Agatha con su sonrisa llena de hoyuelos. hijo.159 - . Agatha habló con vivacidad: —Sí. yo tuve un pequeño accidente con un cuchillo. pues Dan también era amigo de Willy. me hizo ir a la barbería! —Es molesta. a hablar tonterías y a reírse juntos. Scott lanzó una mirada a Agatha. —Claro que puedes. y también las botas. —¿F. evasivo: —Un hombre con el que estaba jugando a los naipes. Willy prosiguió: —¿Estabas presente cuando lo balearon? —Sí. con él. —Gussie me hizo tomar otro baño. Pero Willy ya está pagándolo. —¿Puedo sentarme junto a él? Prometo que no lo voy a tocar para nada.

lo. —¿Y ahora. Otro día. —No hay problema. y te lo contaré. —Hice que Marcus limpiara la habitación del fondo. Scotty desechó con esfuerzo las puntadas de dolor que le recorrían el brazo: —No es nada. Entusiasmado. —Ve.. era con Scott. muchacho. si había un lugar en el que al niño le gustaría estar. el semblante del niño se ensombreció otra vez. La sensatez le dijo que no podía alojar a Willy en forma permanente. lo olvidé. Se sentiría profundamente dichoso hasta en una cama improvisada sobre el suelo. ¿De acuerdo? —¡Jesús. Al saberse perdonado. señor. Ésa donde guardamos las botellas extra. refiriéndose a los niños que vendían comida en la estación. Se bajó. al mismo tiempo. Y tendrás que ayudar a Jack con los vasos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Scott se aclaró la voz y se incorporó un poco sobre el codo. pero ya casi pasó. Willy se encaramó y se sentó junto a Scott. —Diste. Scotty. —¿Y puedo contarles lo del trabajo que me daste? —Diste —lo corrigió Agatha. —Oh. podrás sentarte a su lado. el rostro del muchacho expresó remordimiento. cuando Scott se sienta mejor. en verdad siento lo de tu papá. Gandy forzó una risa. a la mañana. Y también será tu tarea ver si las escupideras necesitan una limpieza. abajo. —¡Willy! Agatha se apresuró a apartarlo. Willy se descontroló y se precipitó sobre Scott a darle un abrazo fervoroso. Sin embargo. en el cuarto del fondo. pero esperaba que la situación se mantuviese incierta por unas noches más. ¿Qué te parece? El semblante de Willy se iluminó: —¡¿En serio?! Agatha sintió una punzada de pena y... a su lado—. —Pero. Scotty! ¿En serio? —Sí. Ven aquí. con suavidad—. tendrás que levantarte y ayudar a Dan a amontonar las sillas sobre las mesas mientras barre. y la culpa crispó su rostro infantil: —No quise lastimarte. Willy. —Palmeó el sitio en la cama. le desbordó el corazón de gratitud hacia Scott.. —Pero. —Será mejor que bajes —dijo la mujer. los ojos atentos sobre el rostro oscuro que yacía sobre las almohadas blancas. Con vertiginosa rapidez. excitado. Scotty.. las escobas y todo eso sabes? Instaló ahí una cama pequeña para ti y ahí dormirás desde ahora. pero no quiero que te aflijas. Aunque el brazo le dolía mucho. —Escucha.. cuéntaselo. —¿Puedo decirle a Charlie y a los otros chicos dónde voy a vivir? — preguntó. qué pasa? . De inmediato. Willy se iluminó al instante. Éste hizo una mueca y soltó el aliento. Sólo me diste una punzada.160 - .

Cuando el reverendo Clarksdale tiró un puñado de tierra sobre el ataúd y recitó: «. Al lado. probablemente. —Ven aquí —le indicó con suavidad. y . padre e hijo. los ojos permanecían secos. que era una copia en miniatura del atuendo de Gandy: camisa blanca. En torno de la tumba de Alvis Collinson. comprado en la tienda.161 - . Pearl y Jubilee. Willy se acercó con cuidado y cuando la mano fuerte y morena acercó el cuerpo pequeño contra el pecho amplio del hombre. muchacho. coronado por un crujiente velo negro. polvo al polvo». sus ojos claros se posaron en los muy oscuros del hombre. Sin hacer caso del dolor en el brazo.Ceniza a las cenizas. tenaz. con cuidado. a la mano enguantada de Agatha y a la de Scott. Ruby. la voz sonó incierta y trémula. Agatha miraba cada vez más a menudo la palidez insólita de Scott.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Mañana no puedo ayudar a Dan a barrer. y todo lo demás. mereciera. generosas mangas en forma de pata de cordero que se estrechaban en los codos. Estaban presentes todos los empleados de la Gilded Cage: Jack. todavía sentada junto a la cama. Pero creo que yo también estaré. y el otro le colgaba sobre el torso. se apoyó sobre el cabello rubio. Agatha le echó un vistazo. y una sonrisa compasiva. de una cinta blanca. Gandy tenía un brazo en la manga de la chaqueta. se estiró hacia el borde de la cama y extendió el brazo sano para recibirlo. Alvis pasó mucho tiempo con Hattie y se rumoreaba que los últimos dos de los siete hijos se parecían mucho a Collinson. Willy llevaba un traje flamante. tenía el sombrero en la mano derecha. —Si empiezas pasado mañana. Willy no derramó una lágrima durante la ceremonia. Agatha llevaba un vestido negro de bengalina. con cuello alto. temerosa de que se desmoronara.. Pero aunque se aferraba. En un pequeño y apretado grupo. Tenían toda la apariencia de madre. que lloró ruidosamente durante toda la ceremonia. Scott miró a Agatha. ¿Qué te parece? —Pero me llevará Gussie.. A medida que avanzaba la ceremonia. En ese instante. Dan. negro. mucho más grande. sobrio por primera vez en la historia conocida. para poder acompañarte en el funeral. Gandy habló con suavidad. Scott sintió un nudo en la garganta. mirando a Willy con una lágrima delatora en un ojo. Doc Adkins. Y le preguntaré al médico si mañana puedo levantarme. y un sombrero negro de pastora echado hacia adelante. se reunieron más personas de las que. cuando la mejilla áspera. y la ingenuidad del pequeño se le clavó en el corazón como la flecha de un cazador. porque enterrarán a mi padre y tengo que estar en el funeral. Al comenzar el servicio. estaba Mooney Straub. Tal como le indicó. una mujer corpulenta y huesuda llamada Hattie Twitchum. con mechones rubios que se le enredaban en la barba: —Gussie es una señora muy querida. Ivory. Scott y Agatha tenían de la mano a Willy. que formaba un moño amplio en la parte de atrás del ala. evidente incluso bajo la piel tostada. Desde la muerte de la esposa. pero esta vez. Mareus. sin afeitar. estará bien. Ahí estaba el amigo.

Scott necesitaba descansar. —Apuesto a que encontraremos alguna liebre o un perro de la pradera —lo tentó Jube. Marcus también lo vio. —Scott necesita ir a la casa y acostarse —explicó—. Podríamos llevarnos comida y hacer un almuerzo campestre. el rostro de Scott ya parecía de cera. el señor Gandy necesita sentarse. —Por ahora. y Jube sonrió. ¿podemos ir de picnic? . Ivory lo vio. y se acercó a tomar las riendas. Fue a decírselo a Willy. Jube se tocó el pecho: —¿Yo también? Marcus asintió. un rato? —Creo que sí —respondió. a Scott. Era obvio que estaba ansioso de instalarse en su nuevo alojamiento. el niño. y su propia carreta. —Todavía no comiste. sin entusiasmo. Willy. Agatha confirmó que constituían un grupo notable. Es una pena devolverlo al establo sin aprovechar lo que costó. pero Agatha resolvió que no le debía ninguna explicación. luego a Agatha. y dio un codazo a Jube. divertirse. —¿En plural? —El señor Gandy y yo. Jube alzó la vista hacia Willy. Entonces. si me disculpa. se lo puso en la cabeza como sí. Agatha le rodeó los hombros con el brazo. que preguntó por el bienestar de Willy. Le dirigió una sonrisa hechicera. hasta el esfuerzo de sostenerlo en la mano del brazo herido. ¿Que dices si vamos los tres a dar un paseo? Willy se encogió de hombros y miró. —¿Un picnic? —¿Por qué no? —¿Con limonada? —Sí. otra vez. Pero después de un rato. Haciéndose sombra en los ojos. y se esfumó el llanto estrepitoso de Hattie Twitchum. aparecieron Marcus y Jube para ofrecer ambas cosas. Pero Willy no se mostró tan entusiasta como esperaban. cuidaremos de él —repuso. Cuando concluyó la última plegaria.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR reservaba la izquierda para Willy. Y si Marcus está de acuerdo. señalando hacia la pradera y haciendo ademanes de ir a pasear. Se recostó en un rincón del asiento.162 - . —Gracias. estaba convencida de que Scott se había excedido en sus esfuerzos. Ahora. reverendo Clarksdale. lo fatigase. Más aún. haciendo gestos entre sí mismo. Está doliéndole el brazo. Agatha dio las gracias al reverendo Clarksdale. —Eh. la muchacha. Cuando subieron a uno de los coches negros que los aguardaban. si es que Emma Paulie preparó. Los verdes ojos saltones del reverendo Clarksdale parecieron sobresalir más aún. Marcus —exclamó Willy—. —Marcus pagó el coche por todo el día. primero. La sugerencia provocó la primera chispa de interés en los ojos castaños. ¿No te gustaría ir con Marcus y Jube.

y sentían el sol tibio en las espaldas. Sus gráciles movimientos agradan a las muchachas Y mi amor lo arrebató. Este joven audaz en el trapecio. pan fresco. de resplandecientes ruedas amarillas y un mullido asiento tapizado de cuero negro. Acomodó todo en un cesto abierto. Pero tenía pollo asado. Jube lo miró bajo el ala del sombrero azul: —Lo haré. Era uno de los escasos días que no vestía de blanco. pero después señaló un pájaro triguero encaramado en un almez.. Oh.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Marcus estuvo de acuerdo. pero ahora soy desdichada. Alrededor. Ese día. —Es fácil.. Kansas se extendía plana como la tapa de una olla. y pastel de calabaza.. Y. y avanzando por la pradera. muy azul. —Pero yo no lo sé. —¡Cántalo otra vez. cada tanto.. y en ese momento la contemplaba arrobado.163 - . sin duda. El cielo. desde arriba. directamente. Jube! —exigió Willy. y también llevaron una jarra de zarzaparrilla y el banjo de Marcus. cruzando los rieles del ferrocarril Union Pacific. un águila los observaba al pasar. dejando atrás carretas de ganado. la de Willy. el cabello tan claro brillaba como una estrella en el cielo nocturno. y la blanca de Jube en el otro extremo del asiento. Entonces. Pronto. una vez yo era feliz. Era un día despejado. el chico frunció la nariz y preguntó: —¿Qué es arrebató? —Robó. junto a su codo.. Escuchando la charla de Jube y Willy. Al terminar el último estribillo. sabía tratar a Willy. estaba salpicado de algodonosas nubes blancas. Le enseñó los versos. Marcus estaba contento y. el pueblo y el cementerio. cuando terminó. mientras señalaba las nubes y cantaba con voz plena: Oh. Un frailecillo se apartó del camino de la carreta y oyeron cómo se perdía su canto desafinado. desafinada. los dos cantaban a voz en cuello y sus voces resonaban en la pradera infinita. vuela por el aire con gran facilidad. En contraste con el severo azul violáceo del vestido. El chico había olvidado por completo la vacilación inicial. —Ah. robó? . Willy preguntó qué era. pero necesito un poco de ayuda. rica y genuina. Era la criatura más bella que Dios había creado. Emma Paulie no había hecho limonada. y en diez minutos estaban los tres ante el restaurante de Paulie en un coche pequeño. La hierba ondulante cantaba una canción sibilante y.. echaba un vistazo a la cabeza rubia del niño. la de Jube. Jube dijo que no sabía. y salteando una que otra palabra. ¿por qué no dice. Giraron la carreta hacia el norte.

Jube se levantó. pequeña jarrita marrón ¡Ja. las miradas se encontraron sobre la cabeza de Willy. ja!. El violeta claro de las reina Margarita. ja!. que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por ella. Lo hermosa que era. era no poder decirle lo que sentía. ja.. A ella le gustaba el gin y a mí el ron. dirigiéndose al conductor. Jube interrumpió lo que estaba haciendo y comenzó a acompañar con las palmas. a cada paso. golpeó el suelo con un pie y curvó los hombros para palmotear. Marcus? Si bien Marcus lo ignoraba. vibrante. en mi vida. Cómo la reverenciaba. Pero ninguna flor silvestre resistía la comparación con la belleza de Jubilee. y disfrutaba cada instante con ella. las estrellas flamígeras de los heliotropos. Willy. Willy se le abalanzó y le rodeó el cuello desde atrás. todos podemos bailar! —¡Yo no! —¡Tú también. ja.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Jube lo pensó un instante y. Comieron en medio de la pradera. fui tan feliz?». ¡Ja. cantando: Mi esposa y yo vivíamos solos En una pequeña cabaña de troncos que era nuestra. Willy rió y. le encantó sonreír a esos ojos almendrados. le dijo: —Yo no lo sé. Mientras la muchacha tendía la manta y se arrodillaba para sacar la comida. Marcus! Se decidió por «Pequeña Jarrita Marrón». Por unos minutos. Tenía un carácter tan luminoso como el resto de su persona. se acercó a Marcus. Marcus se sentó con las piernas cruzadas sobre la hierba y tomó el banjo. al ritmo de la canción. Aunque se esforzó por recordar un momento en que Jubilee hubiese estado malhumorada o enfurruñada. y Willy se puso a saltar en círculo alrededor de Marcus. Marcus pensó: «¿Cuándo. Y la curva de esa nariz preciosa. —Eh. Cuánto te amo. y la boca en forma de corazón que siempre parecía sonreír. ¿Y tú. riendo de las cabriolas del chico. . las nuevas botas marrones subían más. ¿qué te parece si bailamos? Sin perder el paso. vamos! Puso el codo junto al del niño y lo hizo balancearse en círculos. a darle lo que estuviese en su poder. entre una profusión de flores de fines del verano.164 - . Se sentía vivo. tú y yo. —¡Toca algo rápido. Lo único que arruinaba tanta bendición. Les digo que nos divertíamos un montón. no lo logró. gritó: —¡No sé! —¡Oh. De inmediato. tú y yo.. el amarillo intenso de las varas de San José. mientras los cuerpos se mecían al compás del carruaje. y el lunar en la sima entre los pechos.

—¡Toca mi panza! —Se acercó andando sobre las rodillas—. dándole el aspecto de una tela de araña hilada. no te atrevas. —Descúlpenme. —¡Espera a que le cuente a Gussie que estuvimos bailando y cantando! Alarmada. Willy se sentó cerca y comió demasiado pastel y bebió demasiada zarzaparrilla. Volvió a eructar. grasienta. Willy cayó a gatas y Jubilee de espaldas. Marcus dejó el banjo en el estuche. —No-o. se escandalizaría si supiera que te enseñamos semejante canción! ¡Prométeme que no se lo contarás! A Willy no lo perturbó la canción. Jube rió. Imaginó que le quitaba las hebillas restantes y lo dejaba caer sobre los hombros. como Agatha. Marcus tocó. de la mano.165 - . Willy lo trajo de vuelta a la tierra. despreocupados y entusiastas. y enjugándose la frente con la mano pequeña. salvo que quieras meternos en problemas a Marcus y a mí! ¡Una luchadora por la templanza. Está dura como una piedra. con un brazo sobre la cabeza. peinándolo con los dedos. Después. lanzó un resonante eructo. qué divertido! ¡Vaya. en amplias sacudidas—. Marcus captó el ritmo y rió sin ruido mientras los otros dos. Apoyado en un codo. por un rato. y que después la besaba. resoplando. Willy se dejó caer sobre la hierba. y los tres comieron casi toda la comida. girando y cantando. Marcus mordisqueaba un tallo y contemplaba a Jube a sus anchas. sin aliento. esforzándose por hacer más ruido. riendo. —Negó con la cabeza. Jube tocó. Cantó cada verso. Jube se incorporó apoyándose en una mano: —¡Willy. Ni tampoco zarzaparrilla. hundiendo en él la nariz. qué buen bailarín eres! Willy se levantó riendo. Marcus sonrió y Willy rió entre dientes. Los cordones de las botas nuevas estaban desatados. Estaba más preocupado por la sed. —¡Uh. Nunca me pongo enfermo.. Willy. —¡Quiero zarzaparrilla! —exigió. y Willy la acompañaba en los estribillos. y el alfiler arrastró un mechón de cabello. panza arriba. —Te pondrás enfermo —le advirtió. pequeña jarrita marrón. giraban alocados hasta que las cabezas se echaron hacia atrás y a Jube se le cayó el sombrero.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Cuánto te amo. y cayendo luego al suelo. Se le había salido la camisa de los pantalones y le dejaba al aire una porción de estómago. —Se supone que debes decir: «discúlpenme» —le recordó. Jubilee guardó los elementos del . Qué cuadro formaban. Pero no le importaba un ardite. holgazaneando en la áspera hierba amarillenta. Estaba tan cerca que las faldas le rozaban los tobillos cruzados. —Pero sería conveniente que no comas más pastel.. —¡Uf! La boca le brillaba. El sol resaltaba el mechón blanco caído. En medio de las carcajadas de todos. Había dejado el sombrero donde cayó. más fuerte aún. Después de unos minutos.

¿No parece una gallina con la panza sucia? Jube la observó.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR picnic. contentos. Marcus tenía los dedos entrelazados bajo la cabeza. oyendo el bullir de la vida a su alrededor. Willy Collinson. —No lo sé. Los dedos del niño se aflojaron.. Pero. Para mí. El lugar apropiado para la cabeza de la muchacha era el de Marcus. abrió las palmas y. La taberna quedaría cerrada hasta la noche. con la cabeza hacia atrás. —Le aplastó la nariz con la punta de un dedo—. donde quedó agitando las alas. el sol cálido los bañaba desde arriba. Se le ocurrió estirar la mano y tocarle la garganta con las yemas de los dedos. con una mueca absurda de los labios y las cejas. y golpearse la cabeza contra la cadera de Marcus. —Puede ser. Willy lanzó unas risitas y se puso a gatas. y se quedaron sentados. —Pues. —Jubilee se apoyó en los codos para mirarlas—. nada más. una gallina de la pradera sumó su cloqueo entrecortado al zumbido de las chicharras. sólo rozar. Permanecieron acostados sobre la gruesa hierba de la pradera.. el rostro al sol. —No. en poco tiempo.. es una tetera. Una mariposa monarca pasó volando y se posó en un arbusto. —Una tetera. Jube levantó la cabeza y lo tocó con un dedo del pie. —¿Cómo es que tú eres tan hermosa.. La brisa revoloteaba sobre ellos y hacía aparecer y desaparecer de la visión las briznas de avena silvestre. sintiendo que el corazón le latía con firmeza dentro del pecho. y otras mujeres no? —preguntó Willy.. a mí me parece. ¿no? —¿Ves ésa? —señaló el chico—. —¿Son blandas las nubes? —preguntó Willy después de un rato. —Qué chico tan halagador eres.166 - . que parecía devolverle los latidos. más bromas. . En alguna parte. no. —Parece una gallina. encima de ella haciendo muecas. y holgazanearon. procurando más atención. La tierra tibia los acunaba desde abajo. ¿cómo creer a un niño que dice que una gallina tiene el mismo aspecto que una tetera? Willy se incorporó para contemplar otra vez el cielo. El niño se abalanzó sobre el torso de la muchacha y la hizo caer de espaldas. En lugar de moverse. mirando las nubes con los ojos entrecerrados. roncaba suavemente. No había prisa por regresar. —Una gallina. contemplando los blancos retazos esponjosos. se acomodó. que no protestó cuando ella se acomodó mejor. sobre el suelo virgen. Tal vez sea una tetera con el asa rota. Una hebilla resbaló y cayó en la hierba. Lo parecen. gozando del peso de la cabeza de Jube sobre el estómago. apoyados uno en otro como troncos apilados. rozarle.. —Una tetera. y terminó con la cabeza sobre el vientre de Jube. Tampoco.

con tanta suavidad como si fuesen las alas de una mariposa monarca. pero no emitió ningún sonido. Pero la muchacha lo vio pronunciar su nombre. se conformó con un único consuelo. y respondió diciendo el de él. hizo algo increíble: estiró la mano y tocó la garganta de él con las yemas de los dedos. Le hizo retumbar el corazón como un trueno de verano. ¿no?». la cabeza se movió. Alzó la de él y la vio observándolo. nada más. Entonces. qué cosas te diría si pudiese. por ese día dorado. Y aunque Marcus oía perfectamente previrió mover los labios. Y lo colmó de embeleso. ¿Cómo era posible que a Jube le gustara un beso de Marcus.. —pensó—. Hizo crecer dentro de él una loca y temeraria esperanza. en vez de besarla. sintió en los dedos. después de haber conocido a un hombre así? Por lo tanto. Jube. como él. Le tocó levemente el pelo. «Jube. Marcus imaginaba que un hombre como Scotty sabía todo lo necesario acerca del modo de besar y complacer a una mujer. era suficiente. Pero eres de Scotty.. Y por ese día. la mejilla sobre el vientre de Marcus. el sol atrapado en la textura sedosa y rica. Marcus. perfecta y apacible.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Pero antes de que pudiese hacerlo. Qué cosas haría. por primera vez. Oh. . Los labios se movieron.167 - . Jube. Sonrió con dulzura.

las cosas no iban bien. En esos momentos. y esperaba que él sacara a colación el tema. tenía la impresión de que no siempre lo deseaba. Jube estaba dispuesta. se los puso. provocándole un espasmo de dolor en el hombro. Aunque era una relación cómoda. Esa noche lo habían hecho. encontró el humidificador. —Gussie. Además. lo sobresaltó un movimiento en rincón opuesto. Ni el menor soplo de aire entraba en el apartamento. La perspectiva del matrimonio debía provocar un ramalazo de ansiedad. tomó un cigarro y una cerilla. . y el que sentía por Jube no era para casarse con ella. Se sentó. después de dos días de lluvia. no. estoy encantada. Entre ellos. flexionó la rodilla y la apretó otra vez contra él. Y cuando se le acercó. Jube? No es obligatorio. Jube se dio la vuelta y le sacudió el brazo. ¿Casarse con Jube? No. Agitado. Cuando abrió la puerta que daba al rellano. está bien —respondió. tendido junto a ella. con demasiada precipitación. Algo se había estropeado. no era el tipo de vínculo que Scott quisiera conservar para siempre. pero Scott no sabía bien qué. los brazos hacia arriba. el clima fue insoportablemente caluroso y húmedo. para contemplarla en la oscuridad. se apartó. antes no importaba que fuese la una de la madrugada o la una de la tarde.. —No. como cuando estuvo comprometido con Delia. y salió del apartamento. Sin embargo. Las sábanas parecían pegajosas. Empujó otra vez la pierna de Jube. prosiguió—: Me gustaría que alguna vez lo hiciéramos cuando no sea la una de la madrugada y yo no esté tan cansada de bailar. y fue hasta la sala de estar.. ¿eres tú? Agatha se irguió en la silla y se envolvió mejor en la bata. Cara abajo. Ni el cabello blanco se distinguía. Se había mezclado con su vida del mismo modo absoluto en que se mezclaba con las sábanas. Jube le contestó: —Es el calor. Ya hacía una hora que no se callaban. encontró los pantalones en la oscuridad. O algo que no había hecho. Quizá quería casarse. ella volvía a su mitad de la cama y le apoyaba la pierna tibia encima. Dormía con él con menos frecuencia. Y entusiasta.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 13 Por ser septiembre. no lo creía. Tanteando. menos el último botón. Los miembros desnudos eran tan blancos como las sábanas en las que yacía. Pero en este caso no era así. Se dio la vuelta. y por mucho que Gandy empujara para apartar a Jube. y cuando hacían el amor. pero cuando le preguntó qué pasaba. Le dolía el brazo y los malditos coyotes no dejaban de aullar. Había dos clases diferentes de amor. lo abotonó hasta arriba. Scott pensó si no sería algo que él había hecho.168 - . —¿Quieres que lo dejemos.

el otro pie en el suelo. dirigió la mirada hacia la pradera. y aunque resultaba cómico.. como para ocultar la melena libre. —¡Vaya con el pequeño cuentero! —En serio. Más accesible. una rodilla levantada.. —¿No es curioso? —comentó la mujer—. no podía dormir con este calor. claro que no. El hombre salió sin hacer ruido y cerró la puerta. flotaba hacia ella. —Y estoy convencida de que cada día se torna más astuto. no tuvo ganas de reír. me dijo que. con las piernas muy separadas. —Tienes un aspecto muy diferente con el pelo suelto. no saben cómo detenerse. Scott rió. La piel parecía pálida contra el cielo nocturno. —Yo. siempre lo había atraído.. a pesar de su edad. se sostenía el cuello de la bata y era la imagen misma de la virtud amenazada. acre pero agradablemente masculino. al ahuecar la mano. Se acercó hasta la cima de la escalera y. —¿Te molesta si te acompaño? —No. bueno. Fue hasta el lado opuesto del rellano y se sentó sobre la baranda. sobre la cama.. desnuda. Arriba. la arrojó abajo y dio una chupada honda. a veces.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Sí. La mujer. —Willy me contó que le enseñaste a jugar un póquer de cinco naipes. y que no era un tema muy apropiado de conversación entre un hombre descalzo y una mujer. como avergonzada. —lo reprendió. echando la cabeza atrás. —Se interrumpió. tendría que haberlo trenzado. Se preguntó qué haría si él se acercaba y lo tocaba.169 - .. ladraban los coyotes y Agatha olvidó sus pudores. así es como sucede con la mayoría de las cosas malas: te conquistan. indulgente—. —Yo tampoco. —Sí. no me disgustan. —No te pongas nerviosa. Scott rió y lanzó otra nube de humo. Vio que él también estaba descalzo. Sacudió la cerilla. y sin camisa. Cuando me quedé con Jubilee. Scott. Scott miró hacia atrás sobre el hombro y vio que la mujer sentada en una dura silla de cocina puesta en un rincón. Agatha enlazó los pies descalzos e intentó esconderlos bajo la bata. al estar . Por lo general.! —Eh. el cabello necesita soltarse y entonces yo. lustroso y de color intenso. las estrellas guiñaban pero había luna nueva y no iluminaba demasiado. El cabello de Agatha. —A mí. —Para alivio de Agatha. También es tu rellano.. despatarrada. Agatha.. pero ha llegado a gustarme. con la espalda contra la pared. Cuando empiezan. Encendió la cerilla en la madera y. en realidad. La comparó con Jube. el rostro se le encendió de anaranjado por un instante... ¡Enseñarle póquer a un pequeño de cinco años. Mientras aspiraba el cigarro.. Yo.. el muchacho es astuto. a las tres de la mañana—. cambió de tema y preguntó—: ¿Te molesta si fumo? —No. en absoluto. lo sujetó sin darse cuenta. —Malditos coyotes. al comprender que iba a revelar un hábito nocturno muy personal. Me han hecho compañía.. Solía detestar el olor del cigarro. A lo lejos. Fue sólo una observación. el humo. Se afligió..

. Se sacó el cigarro de la boca. con un matiz de humor en la voz. tan atractivo a la luz de las estrellas. Me dijiste «querido». pregúntale al muchacho por qué le enseñé a jugar un póquer de cinco. con la línea de los pantalones negros que acentuaba la masculinidad de la pose? Si lo supiera. —Y lo bastante entretenido para que yo agradezca que Alvis Collinson no haya logrado liquidarte. La carcajada sonó suave y femenina. —Scott Gandy. —Lo haré —prometió. No me endosarás eso. Que abrí los ojos y tú estabas arrodillada junto a mí. —Bueno. Para mí. le preguntó: —¿Y cómo explicas que. yo soy mucho más que una luchadora . para ti. Sonriendo. Hasta los coyotes callaron y. —Y ya que estás. —Estará bien. de pronto se ponga a cantar el estribillo de «Pequeña Jarrita Marrón»? —Oh. el brazo flojamente apoyado en la rodilla. la cabeza vuelta hacia ella. Pregúntales a Jube y a Marcus. en medio del silencio. apoyó el codo en la rodilla y dijo. Scott examinó la punta del cigarro en la oscuridad. debo decir en tu favor que eres un hombre de recursos. Scott. mientras te tenga a ti para mantenerlo en la buena senda. Así reían las mujeres sureñas: la madre de Gandy reía así. —¿Y? El hombre rió entre dientes: —Y tuvo que acompañarme al Cowboy's Rest. señorita Downing. Sintió que le ardían las mejillas pero fue incapaz de apartar el rostro de la mirada de él. y yo. Por fin. confesó: —Tuvimos una sola partida con apuestas altas. ¿Sabría qué sucedía dentro de ella cada vez que lo miraba? ¿Sabría el aspecto que tenía. —Le apuntó con la brasa del cigarro—. —Lo único que se movía en el balcón era el humo que ascendía en espiral. y perdió. no. probablemente correría lo más rápido posible de vuelta a Jubilee. los ojos de ambos se encontraron—. y comprendió cuan pocas veces la había oído. eres mucho más que el propietario de una taberna. y también Delia. últimamente. acariciándome la cara. con una especie de suspiro al final. descalzo y con el pecho descubierto. apoyado con languidez en la baranda. marcando las palabras. después de que yo llene su cabeza impresionable con mis hábitos perversos..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR contigo. —Estaba muy asustada. Le tocó reír a Agatha. gracias. Nunca había conocido a un hombre que la hiciera olvidar sus faltas con tanta rapidez como Scott. y giró la cabeza hacia ella. —Es que me resultó extraño. y creo que. —Recuerdo algo de esa noche. el propietario de una taberna. pues tú eres una luchadora por la abstinencia. a bañarse. —¿Por qué no me ahorras tiempo y me lo dices tú mismo? Vio que la brasa del cigarro se avivaba mientras reflexionaba. —No simplifiques tanto.170 - . El corazón de Agatha cambió de ritmo.

Entonces. Scott. No estaba segura de poder decírselo. —Yo también lo creo —repuso en voz baja—. Ni siquiera cuando Annie Macintosh contó llorando su lamentable historia. abarcó al resto del mundo—.171 - . ¿Qué más quieres. —Siéntate. ¿por qué no dejas que otras mujeres peleen por la causa? —Con un ademán del brazo. Agatha pudo imitarla. se ajustó el cinturón y se manoseó el cuello. beligerante.. —Dije que vengas —repitió. sin que me arranques la cabeza de un mordisco? —¡Ven! —exclamó. como las del gobernador? Agatha se levantó de la silla. empacábamos todo y nos íbamos al próximo . Saltó de la baranda y comenzó a pasearse. Y todos os convertisteis en mis amigos. Él reclamaba un posible filón. y comenzó: —Cuando yo era niña. —Scott. se detuvo y gesticuló con el cigarro—. pues mi padre sufría de la fiebre del oro. Acortó el paso. ceñudo un instante y se derrumbó en el primer escalón. Por eso no entiendo cómo puedes ir al té del gobernador. Sintió como si le hubiese arrojado agua fría a la cara. ¿no? Eso significaría que os perdería a ti.. Agatha exhaló un suspiro trémulo. Scott permaneció sentado en el escalón. —¿Seguro? Le lanzó una mirada colérica sobre el hombro. ¿Puedo acercarme y sentarme a tu lado. y guardado con demasiado celo y no podía compartirla con facilidad. Al menos tienen motivos. Por un extraño giro del destino. agitado. las rodillas separadas. si por la prohibición cierran a otros. —Scott resopló. la irritación tan evidente que le dio miedo acercarse. un sudor frío. también te cierren a ti. una invitación impresa.. —Al llegar junto a la silla de ella. De pronto.. conteniéndose con esfuerzo—. el cigarro apretado entre los dientes. creí que lo sabías. lo más lejos que pudo. y trabajaba en él hasta que demostraba no tener nada. como si desearas que hubiese todavía castigos para las mujeres recalcitrantes. Arrastró los pies descalzos por las tablas sin pulir de la terraza y se acomodó en el primer escalón. pero nunca mucho tiempo en la misma casa. Marcus y. Mirando de soslayo. algunas. a Jubilee.. Por favor. a todos vosotros. ¿Por qué tú? Quiero decir. no crees que yo quiera hacer cerrar la Gilded Cage. lo tenía dentro desde los nueve años. Debió adivinar que llegaría el momento en que tendrían que hablar más a fondo del tema. pero esa noche no estaba preparada.. y conversar sobre la prohibición. —Scott Gandy. en ocasiones. la miró. los hombros caídos. Es una circunstancia desafortunada que. Me resulta muy difícil hablarte mientras vas a zancadas de un lado a otro. actúas como si tuvieras la edad de Willy. Pearl. El corazón le golpeó con tanta fuerza que lo sintió en los oídos. La había llevado consigo mucho tiempo. creo que nos hemos hecho amigos. sintió sobre la piel.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR por la abstinencia. vivíamos en Colorado. El licor afectó sus vidas. a fin de cuentas. bajo la bata y el camisón. dándole la espalda. bueno.. Ruby. en realidad. —¡No! ¡Maldición! No. La herida era demasiado honda.. pero no dijo nada—. los hombros gachos. observó la pose que manifestaba cólera: la cabeza vuelta en dirección contraria. compréndelo.

»Era muy trabajadora. estaba dichoso. tuvo la posibilidad de elegir entre dos y. a la casa siguiente. en lugar de pasar la vida entera como un «campesino bruto». nos mudamos a Sedalia.. —Él llegó una noche borracho.. en un catre. en realidad no era mal hombre. al siguiente reclamo inútil..172 - . Me encantaba esa hiedra. Se estremeció y se rodeó con los brazos. pero en esta ocasión se dirigió arriba a empacar. distraída.. enfadado. mi madre. y más fuerte a medida que la desilusión aumentaba.. reacciona. Al principio. eligió el peor. —Rió con risa suave y triste—. Al parecer. abstraída. Siempre estaba seguro de que iba a dar con el filón que lo hiciera rico. Su amigo Dennis. frías. Levantó el rostro y fijó la mirada en el horizonte invisible. como de costumbre. el padre había muerto dejándoles partes iguales de una granja en Missouri. Cuando tenía uno nuevo. mi madre tenía una mecedora. y se lo dejaba a mi madre. como siempre hacía. que reclamó un territorio donde buscar oro cerca de la ciudad Oro. —Unió las manos y se abrazó las rodillas—. Oí un grito ahogado y corrí escaleras arriba. y para mí. Cuando yo tenía nueve años.. —Las palabras fueron perdiéndose y dio vuelta la cara. Pero le parecía preferible excavar buscando oro en lugar de nabos. bueno. desilusionado. igual que mi padre. Acarició la baranda de madera y la golpeó. pero a esa edad uno no piensa. lleno de corrientes de aire. Scott la observaba mientras Agatha.. cautivado por la voz meliflua y la mirada directa. Recuerdo que estaba acostada en mi catre y los oía pelear arriba. Se volvió malo. superponía los faldones de la bata sobre las rodillas y los alisaba una y otra vez. sólo que se engañaba a sí mismo. Decía que eso era trabajo de mujeres. Sé que fue una tontería. encontró el metal mientras que la mina de mi padre resultó ser estéril una vez más. Mi padre prefirió vender su parte a los hermanos y marchar al oeste. »Esa noche. Gandy irguió los hombros y se volvió a medias. pero en ese momento se concentró en la historia del padre. Lo único que hizo fue cambiar un trabajo de pala y pico por otro. —Una sonrisa melancólica le curvó los labios—. las casas empezaron a ser cada vez más viejas. como él decía. Pero cuando estaba ebrio. Los golpes sordos en el suelo. en una pequeña casa lamentable con un dormitorio en el piso alto. Cuando estaba sobrio.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR pueblo. A los pies de mi cama. Estaban en la parte superior de la escalera. peleando. Lo amenazó con abandonarlo. las maldiciones de mi padre. y las primeras casas no fueron del todo malas: todavía quedaba algo del dinero obtenido con la división de la granja. Mi madre también estaba enfadada y lo acusaba de beberse el poco dinero que teníamos mientras teníamos que vivir en una casa indigna de ratones. comenzaba a beber.. tiraba cosas.. —Empezó a culpar a mi madre por sus propios fracasos.. y sobrio. donde no había siquiera un dormitorio para mí. Pero cuando se acabó. . poco. Scott percibió que quería decir algo más sobre la madre. —Era uno de cuatro hermanos. Pero a medida que continuaba y no aparecía nada. Cada vez que nos mudábamos intentaba hacer del sitio un hogar. con la uña—. antes de que fuésemos a ese pueblo. con la pretensión infantil de proteger a mi madre. estaba muy borracho: maldecía. y sobre ella colgaba una hiedra. frente a la ventana. yo dormía en la cocina.

Por la mente de Scott pasaron.. lo dijiste. Y odio por el hombre que le había causado el daño. caí hacia atrás por la escalera. pero.T. Nunca se lo conté a nadie.. detener esos recuerdos que debían de ser torturantes. y se acomodaba a la perfección bajo la barbilla del hombre. mi madre lo abandonó y vinimos a parar aquí. Scott sintió de nuevo la culpa por aquel día en que la empujó y la hizo caer en el barro. Pero lo irónico es que logré lo que quería: que dejaran de pelear. Le acarició el cabello y se lo apartó del rostro. ven aquí. —No quiero que me compadezcas. Una asfixiante sensación de inutilidad.M. Por favor. —Sí. Le apretó la cara contra el hueco de su propio cuello y sintió que las lágrimas de Agatha le corrían por el pecho desnudo. comprensivo. el cigarro le supo mal y lo tiró. —Dejó que la mirada se perdiera en la distancia—. Pero Agatha prosiguió con la misma voz serena. pues no podía hacer nada para remediarlo. sin poder mirarlo en los ojos: —Mi cojera. sólo que aferré el brazo de mi padre. fugaces. tuve.algo le pasó a mi cadera. —se apretó las rodillas y tragó saliva— . Contemplándole el perfil que le daba una apariencia tan compuesta. Seguro. Igual que Willy la noche en que murió su padre. Pero podía pronunciar la palabra: —¿Cojera? —preguntó. Me lo gritó una y otra vez y.. En aquel momento. ¡A manos de su propio padre!» De súbito.. Nada. lo siento —murmuró con voz quebrada. Agatha se dejó abrazar y empezó a llorar. interrumpiendo los angustiosos movimientos. se meció revelando las emociones más profundas que ocultaba—. Era menuda.. Gussie. no te enfades conmigo nunca más. sin ruido.. Scott. por fin. El corazón de Gandy empezó a golpear como si él mismo estuviese cayendo Con ella por las escaleras. Dios. sin advertirlo. No había perdido mucho tiempo imaginando cómo sería crecer en otra clase de ambiente hasta que llegó a Proffitt y se topó con Willy. y cuando él me sacudió para librarse de mí. Ni a las mujeres de la U. en la esperanza de que dejara de pegar a mi madre. —El tono se hizo ligero. «Oh. en una quietud total... —No lo dije en ese sentido..173 - . así no —pensó—. Quería calmarla. empezó a dar puñetazos al colchón y a llorar entre mis brazos. Yo era adolescente.C. Después de eso.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR No recuerdo mucho de esos momentos. Encontraron el cuerpo varias semanas después. Y ahora. . con Agatha. —Oh. —Vio que luchaba contra las lágrimas por primera vezdesde que empezó a relatar la historia—. Pero no soportaba que te enfadaras conmigo por lo que tengo que hacer.. Nunca lo deseé. Gussie.. Gussie. y sabiéndolo siempre. para siempre. en tono bajo. amado. Aceptó el abrazo pasivamente y esa misma pasividad le desgarró a Scott el corazón como un cuchillo oxidado—. Asintió. —Se deslizó por el escalón y la tomó entre los brazos. Recuerdo el día en que mi madre me dijo que mi padre había muerto: se cayó de una mula y rodó por la falda de una montaña.. menos la palabra más dolorosa. donde abrió la sombrerería. imágenes de su propia infancia superpuestas a las de ella. —Algo. de hombros estrechos. —Le dije a mi madre que no me importaba nada que hubiese muerto. Tuvo valor para decir todo. Por eso nunca te lo conté hasta ahora.

pero no es decente. entre los brazos de él. Vio que los ojos del hombre eran sólo sombras. se preguntó cómo lo sentiría bajo los dedos. contemplándole el rostro largo rato. Y ahí. Pasó los brazos por los costados. —Agatha bajó el mentón. Cada vez que miro a Willy. y eso despertó el atractivo sexual que sentía hacia él. Y cuando la mano le acomodó la cabeza contra él. Agatha cerró los ojos y descansó apoyada en él. Como tú no sientes compasión por ti misma. Scott le aferró la muñeca: —Gussie. después de haber llorado entre sus brazos. Sujetó el borde de una manga. Tomó conciencia de que Scott estaba desnudo de la cintura para arriba y que ella sólo tenía ropa de dormir. mi animosa vecina. regular del corazón repercutía en su sien.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR En los últimos tiempos. con la mejilla apretada contra la mata áspera del pecho. Era duro y tibio y olía a cigarro. —¿Acaso me quejé? —No. Pero llegó el momento en que interfirió el pudor. lo aceptó agradecida. Se apartó y lo miró. El latido firme. Scott le tomó las manos sin apretarlas. —¿Entiendes por qué tengo que ir a Topeka? —Sí. casi no lo advirtió. el pulso le latió en la garganta y comprendió que él estaba tan perturbado como ella por esa fugaz intimidad. Él le acarició los nudillos con los pulgares—. Te dejé hecho un desastre. y después la levantó. Apeló al sentido del humor y le dijo: —Detesto que discutamos. los demás tampoco. no quiero decir que me apena tu cojera. La noche los cobijaba. Quiso quedarse así para siempre. comenzó a curarse esa antigua herida. —Y jamás había llorado sobre el pecho de un hombre. —En realidad. bajó la mirada. tres cosas de las que Agatha había carecido en la vida. a la que no puedo considerar una lisiada porque es como . Había contado todo sin ruborizarse. Y tengo que esforzarme para olvidar que existen miles de Willy en el mundo sin nadie que los ayude a salir de una situación que no merecen. Hace mucho que no pienso en ti más que como Agatha. pero en ese momento sintió que enrojecía. Tú estás casi desnudo y yo. absorbiendo el consuelo ofrecido. La recompensa fue una pequeña carcajada de simpatía: —Yo también. De pronto. Por cierto. Los dedos de Scott se movían al azar sobre el cabello de Asatha. Fue desconcertante mirarlo en los ojos. la protección. deja eso y escúchame. preocupado por ella. La piel desnuda estaba resbalosa por las lágrimas. Ésa es una de las cosas que admiro de ti. Agatha también rió y se secó los párpados con el dorso de las manos. extendió las manos sobre la espalda desnuda y lo estrechó. Cuando digo que lo siento. en ropa de dormir. Para mí significa mucho saber que soy el primero en quien confías. Y lo que dije antes es verdad. —Gracias por contármelo. Pero en ese momento. sé que tienes razón. no tengo intenciones de convertirlo en una costumbre. la mantuvo estirada y empezó a secarle el pecho. no estoy enfadado contigo. la fuerza.174 - . Representaba la seguridad.

y pareció el acompañamiento adecuado para las sombrías reflexiones de ambos. Antes de la guerra. distraído. con sinceridad—. jugábamos con los niños negros. recogíamos uvas silvestres. yo la conocía de toda la vida. Era. Soy tu amiga. —¿Y qué me dices respecto de Waverley? —¿Waverley? —Scott se crispó—. se quedaban a dormir y nosotros. Al fin. —Déjame ayudarte —sugirió con suavidad—. ¿Qué harías si se aprobase? —¿Qué voy a hacer? —Apoyó los codos en las rodillas y giró el rostro hacia Agatha—. —¿A dónde irías? —No sé. escuchando los coyotes. robábamos tortas de melaza de la cocina y . los días de hacer queso. se apoyó en la baranda y la examinó bajo las cejas unos minutos: —¿Qué probabilidades hay de que la ley pase? Agatha sintió alivio de que pudiesen discutir el tema sin rencor. —El padre era un comerciante de algodón que iba periódicamente a nuestra plantación y. Haré las maletas y me iré de Kansas. ¿No puedes hablarme de ello? Vio que luchaba contra un torbellino interior hasta que. Pero ese margen se estrecha constantemente. Por eso.. —Retiró las manos con delicadeza y preguntó—: ¿Qué piensas hacer conmigo? Antes de responder.. cambió de posición. Cuando pudiese. por encima del tejado del imprescindible—. emocionado—: . Agatha se limitó a esperar. los gallineros. Y cómo corríamos. otra vez. y menos en el tuyo. debía de serle tan difícil revelarlo como a ella su propia historia. vivías ahí con tu esposa y tu hija. La miró con el entrecejo muy fruncido. y apoyó el mentón en los pulgares. continuaría. ¿Qué otra cosa podría hacer? Agatha sintió un flechazo de temor ante la idea. ¿Qué sabes tú de Waverley? —Por favor. no te pongas hostil otra vez. llevaba con él a Delia y a la madre. En ocasiones. el sitio donde se desmotaba el algodón. lanzó un hondo suspiro. aunque fuesen miembros de facciones opuestas. Por último. Explorábamos el río. teníamos todo el lugar a nuestra disposición.. dejó caer las manos entre las rodillas y dijo: —Mi esposa se llamaba Delia. miró el cielo nocturno y concluyó. a menudo. admitió: —No sé por dónde empezar. —Gandy inspiró una honda bocanada.cuanto yo podía desear. sabiendo que. por fin. Agatha esperó. se mesó el cabello y dejó vagar la mirada. y Agatha percibió su sorpresa por lo mucho que ella sabía..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR una espina en mi costado. pero aún sin levantar la vista de las manos unidas de los dos. y sumergíamos las manos en la cera derretida de la lechería. le dan un cuarenta por ciento de posibilidades —respondió. —No es mi intención ser una espina en el costado de nadie. Permaneció callado tanto tiempo. Un coyote aulló. Delia y yo. Agatha no pudo evitar una sonrisa. que creyó que no quería contarle nada. fuera lo que fuese lo que tenía dentro. Scott. —En la última edición de The Temperance Banner. —Se interrumpió.175 - .

y hasta una balsa. Tengo la sensación de que.majestuoso. huertas. —Tanto.. con escaleras gemelas curvas que ascendían poco menos de veinte metros hasta un observatorio con ventanas en los ocho lados.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR corríamos. También lo sabían nuestros padres. galpón para botes. las habitaciones que se extienden a cada lado de una rotonda central o. Siempre me recordó a un águila orgullosa que extiende las alas sobre los pichones. Waverley mantenía a mil doscientas personas y contaba con todos los elementos para ser autosuficiente. seis hectáreas de ..176 - . Y la casa. Era. »Nos casamos en Waverley. entonces era algo especial. Después de casarnos. Aunque de nosotros. Pero el padre interrumpió todo eso antes de que ella dejara de lado las trenzas y mi voz empezara a cambiar. las alas de la casa. Los dos murieron en la misma batalla. Ah. con los demás. en realidad. Se echó hacia atrás y contempló las estrellas. Todavía puedo ver a mi papá paseando todas las mañanas por el pasadizo que pasaba junto a esas ventanas. establos. Se interrumpió. —No muy atentamente. durante la guerra. vigilando sus dominios. —Cuéntame —lo animó—. con la cabeza levantada. —Hizo una pausa. horno de ladrillos.. teníamos más de mil doscientas hectáreas de algodón. la rotonda misma. en lugar de hacerlo en Waverley. ansioso—. —Reflexionó unos minuto y fue evidente que se esforzaba por continuar el hilo de la narración con situaciones más dichosas—. Además. en lo que mi madre llamaba «la alcoba nupcial». salvajes como ciervos. —Otra vez. ¿sabes. Teníamos fábrica de hielo. ferretería. Es hermoso. a Delia siempre le gustó. aserradero. era una impresionante entrada en forma de octógono. decorada con hojas de yeso. jardines. curtiduría. viñedos.. Todos varones. Delia y yo fuimos a vivir a Waverley. Y la cabeza del águila. Mamá insistió en que la construyesen cuando se hizo el recibidor: era una habitación con arcadas. Los sepultaron cerca de Vicksburg. ya viste el cuadro. Cuéntamelo todo. molino harinero.. la cúpula. buscando las palabras— . Waverley es única. como la llamaba mamá. el fantasma de una sonrisa—. Los campos de algodón se extendían hasta donde daba la vista. y mi madre declaró que ahí serían bautizados y se casarían todos sus hijos antes de que a ella se la llevaran en su ataúd. —¿Tanto? Agatha estaba impresionada. —Se inclinó hacia adelante. —Era más que hermoso.. y lo aprobaban. —Bueno... todos la llamaban la mansión. Gussie? En aquella época. vigilante. —¿Tenías dos hermanos? —Rafael y Nash. desmotadora de algodón. No hay otra casa como esa en todo el Sur. El cuadro no le hace justicia. obsérvalo bien. y Agatha le preguntó: —¿Cuántos de sus hijos fueron bautizados ahí? —Tres. desde aquel momento. perrera. —Vi el cuadro en tu sala de estar. dos nunca fueron a esa alcoba en sus ataúdes. alimentos y cereal. yo supe que querría casarme con Delia. —La próxima vez que vayas a mi apartamento. —La evocación le provocó una suave sonrisa—. En su plenitud. Me gustaría que lo hubieses visto. Las alas del águila son.

y comenzó: —Delia era como Jube. —¿Tenía salón de baile? —En el piso principal de la rotonda. no existía lugar más cálido. Reflexionó unos momentos. —Oh. entusiasta—: En invierno. y le costaba imaginar el lujo de las lámparas de gas. Luego. Siempre feliz. que pasaba por caños hasta dentro de la casa. nunca pedía más de lo que tenía.177 - . en el extremo del sendero había una piscina de ladrillos y mármol. orgullosa con sus pilares. alimentadas con nuestra propia fábrica de gas. Está hecho de corazón de pino virgen. —¿Teníais fábrica de gas propia? —Se obtenía por combustión de leña de pino.. Agatha jamás había oído algo semejante. de . cada vez que. más alto—: Pero te interrumpí. De pronto. subía las escaleras. debe de ser maravilloso.. —El interior de la casa siempre estaba fresco —continuó Scott—. Te encantará. molduras de cemento en los techos. y tiene las escaleras gemelas a ambos lados. la vieja déspota que mandaba en ese lugar. ¿Cómo es? —¡Nunca nadaste! Negó con la cabeza. Y había más de setecientos candelabros de caoba muy esbeltos que bordeaban la escalera y sobresalían de las galerías. Cada mañana. y habló en voz alta y entusiasta—: Pero nadar también debe de ser sensacional. Scott.. Ella y yo solíamos ir por la noche a refrescarnos. —Miró hacia las estrellas. sí. Es la mayor sensación de libertad posible. Estabas contándome cómo era Waverley. A Delia le encantaba. que se encendían al contacto de un dedo. tengo que llevarte. Leatrice. —Alguna vez.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR jardines. se interrumpió. reinando sobre el verde lozano que la rodeaba. —Waverley. y eso era gas de resina. cuando el tiempo era caluroso. ah. —Lo que más me gustaría. carraspeó y se sentó más erguido. —Lo miró otra vez de frente. Nunca supe qué había en mí que la hacía tan dichosa pero. —La que le contaste a Willy la primera noche que lo encontramos. —Prosiguió. Aunque fuese una vez. Y por si no hacía suficiente fresco. apartó la vista. cornisas de bronce en todas las ventanas. —Habíame de Delia. y recuerdo muchos otros que se hicieron cuando yo era niño y joven.. —La única en todo el norte del Mississippi. —Ni bailé. es bailar. Agatha pudo imaginar Waverley tal como Scott la describía. —En el centro del hall de entrada hay una lámpara que cuelga desde lo alto de la cúpula. como si fueran las que sostenían la lámpara—. Ahí se hizo el baile de bodas de Delia y mío. cuando se encendían los hogares. —Nunca nadé. —¿Te gustaría? Incómoda. Y luces laterales de cristal veneciano alrededor de la puerta principal. —Me encantaría —dijo en tono quedo. ni monté a caballo. abría todas esas ventanas y la corriente era capaz de arrancarte el pelo. Y además teníamos lámparas de gas. y espejos en el salón de baile. con techo para proteger del sol a las damas. pero no pudo mentir.

ya habían desaparecido. Regresé para el funeral de papá en 1864. Al regresar.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR cualquier modo. Agatha buscó palabras de consuelo. Unos pocos se quedaron. todo. quién sabe a dónde. el Sur era pobre y la gente estaba desesperada. Pero. la carreta de Delia fue asaltada en el camino. Si hacía años que estaba muerta. Y cuando nació Justine. capaz de levantarle a uno el ánimo con más velocidad de lo que un camaleón trepa un poste. Las vi a ella y a Delia una sola vez. cultivando verduras y viviendo en las viejas casas. tal como lo soñó mi madre. ya no está. Bautizamos a Justine en la alcoba nupcial. Tenía cabello rubio y ojos almendrados y esa risa contagiosa. dormí en el cuarto de Justine y. Todo lo demás estaba: la desmotadora. —Carraspeó—. la curtiduría. —¿Piensas que tendrías que ir? Gandy miró adelante y. a algunos los mataron en la guerra. quizás en el mismo campo de batalla que a mis hermanos. y le apoyó la mano en el brazo. tus heridas eran recientes. ¿No sabes cómo murieron? —No. ¿cómo era posible? El corazón de Agatha se contrajo por él.178 - . y prefirió permanecer callada y acariciarle el brazo. La casa vacía pero. Tuve que irme. quizá fue tu propia voz lo que oíste. y deseó. Scott sacudió la cabeza. y dejar que la pena lo hiciera decir las palabras más amargas que hasta el momento había contenido. ¿por qué tenían que matar también a la niña? ¿Qué clase de persona hace algo semejante? Agatha no pudo hacer otra cosa que frotarle el brazo. al parecer. después de unirme al regimiento Columbus y marchamos hacia el Norte. era exactamente igual a Delia. pero con el cabello negro como el mío. —La otra vez. me pareció oír su voz pidiendo ayuda. la fábrica de gas. Quien fuese. pero el cuadro que le pintó era tan sombrío que no podía borrarse con meras palabras. daba gracias de que los dos sintiéramos lo mismo respecto del otro. ¿Sabes qué. —¿Y desde entonces no has vuelto? Negó otra vez con la cabeza. respondió: —No lo sé. todo parece igual. —Me quedé allí tres noches y no pude soportar más. —Rió con amargura—. Por lo tanto. . Tal vez fueron ladrones. no obtuvo demasiado pues Delia era tan pobre como la mayoría en aquellos tiempos. Me dijeron que. Le tocó a Agatha consolarlo. Fue el mismo momento en que Lincoln juró el cargo. Gussie? —Movió la cabeza lentamente—. Pero para cuando volví para siempre. Se pasó los dedos por el cabello y se apretó la cabeza. encontrar palabras para consolarlo. durante la noche. tras un largo silencio. como para ahuyentar el recuerdo. Otros se fueron. En aquella época. Quizás ahora sea más fácil. No pude. los soldados encontraban pobreza donde antes hubo riqueza. como si esperase que llegaran los fantasmas a habitarla otra vez. —Scott. No pude dormir en el dorrhitorio que compartí con Delia. —No pude quedarme. dentro. una vez más. —Ruby me contó lo que pasó con ellas poco después de que llegó aquí. Pero los esclavos se habían dispersado. —Tragó con dificultad y se aclaró la voz—. —¿Sabes lo que es regresar y encontrar todo cambiado? La gente que amabas.

e hizo ademán de levantarse. Cuando te vi por primera vez. pensé: «He aquí un hombre sin problemas. sin conciencia. en ese sentido. y apoyó la barbilla en el hombro. Nunca. Llegaste a Proffitt con tu ropa hecha por un sastre. De pronto. Preferiría no verlo así. Pienso que merece que su legítimo dueño regrese. Pero es probable que. veo que estaba equivocada. pensé que tenías el mundo bajo los pies. se le ocurrió que ella lo considerase apuesto o perfecto.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Creo que nunca será más fácil. al este del pueblo. En los corrales de ganado. cambió de actitud quebrando la sensación de intimidad. y apoyó las palmas en el suelo—. es algo que te debes a ti mismo. con las muñecas cruzadas sobre la rodilla sana y la otra pierna estirada delante. con dinero suficiente para comprar el edificio y abrir un negocio destinado a hacerte rico en poco tiempo y. si vuelves. Sí.. —Pero. y al oírla decirlo sintió el corazón ingrávido. sin moral». Y Waverley es tu herencia. Creo que es hora de que entremos e intentemos dormir un poco. —¡Bueno! —Se estiró. en voz alta—. y me parece que está allá.179 - . El repaso lo hizo volver del pasado. como un par de gatos esperando la crema de la mañana. Giró para observarla y vio que contemplaba el cielo que iba iluminándose. tú dices que la casa está tal como la dejaste. en el caso de Agatha. —¿No es raro? —reflexionó Agatha. Las enredaderas se pueden podar y los campos. . y ahora es un verdadero tesoro. —Ahora —respondió. —¿Y ahora? —preguntó. Waverley es tu hogar. Los coyotes dieron por terminado el concierto nocturno pues se aproximaba el amanecer. Hace tanto tiempo que estoy sentada en este escalón. tus fantasmas puedan descansar. era pensativo en lugar de tímido. —Gran herencia. lo entiendo». Se ratifique o no la enmienda de prohibición. Scott. —pensó. —Tendrías que pensar en regresar. Muchas mansiones como esa fueron incendiadas durante la guerra. Lanzó una sola carcajada áspera. abrumada—. —¿No queda nadie que conozcas? —Ruby dice que la vieja Leatrice todavía está allá. Con enredaderas invadiendo el porche delantero y los campos desiertos. repasando lo que habían compartido esa noche. que ya no sé si mi única cadera buena volverá a funcionar. ¿No existe un modo en que puedas hacerlo resurgir? —Harían falta mil doscientas personas para dejar Waverley otra vez como antes. observando tu cuerpo perfecto y sano. se oyeron los primeros ruidos inquietos. «Mil doscientas personas. La Osa Mayor comenzó a palidecer. Lo hizo recordar un gesto que había visto hacer a Delia innumerables veces pero. te odié. volver a sembrar. esperándote. y tu rostro apuesto. Agatha se encogió de hombros sin cambiar la pose. hasta el momento. —Quizá no.. Nadie lo ama como tú. Permanecieron en silencio largo rato. antes de que suba el sol y nos sorprenda aquí encaramados. Suspiró. Por eso. mirándolo de frente—.

Gandy. Jube estaba durmiendo en su cama. de modo que debes cerciorarte de que. el domingo. Pero también percibió el matiz de confusión que cada uno de esos sentimientos traía consigo. llevó a ese mismo niño a la iglesia. espera. Sé que no fue fácil para ti. ¿verdad? —No. por breves instantes. Enfadado. y la falta de esperanzas de la situación. Scott suponía que sentía por ella algo más que amistad. Gandy dormía con una mujer con la que no estaba casado. los últimos tiempos. no es la clase de mujer para tomar a la ligera. estés bien seguro de lo que haces. —Para ti tampoco. Él le enseñó a un niño a jugar a un póquer de cinco cartas el sábado. No tenían nada semejante. Era un hombre sin defectos físicos. se dio la vuelta.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Se tambaleó al tratar de levantarse. apoyó las manos en el torso y se acercó lentamente a la mujer. . pero la moral de Agatha no permitiría semejante arreglo. ¿De qué serviría que aceptara la vacilante invitación que dejaban traslucir las palabras de Scott? Era una mujer con el cuerpo vencido: no quería tener el corazón en el mismo estado. Incluso si. el más perfecto que hubiese conocido. si el pueblo adoptaba la enmienda de prohibición. mientras que el cuerpo de Agatha dejaba mucho que desear. Cuando cerró la puerta sin ruido. Al observarla cruzar el rellano vio que la cojera era más pronunciada. pensando en besarla. retrocediendo a las sombras. lo más importante. —Gussie. ¿qué crees que significa eso? Comprender que. y él estaba ante la puerta de Agatha. al abordarla. —Buenas noches.180 - . Pero. Fue hasta su puerta. entró y luego se volvió: —¿Scott? —¿Qué? —Gracias a ti también. deteniéndose a un solo paso. Gandy se cruzó de brazos. —Ve a la cama. ¿qué podría resultar? Era dueño de una taberna. mientras que ella. pronto se marcharía de Kansas para siempre. y ella llevaba en el brazo la banda blanca de la templanza. ¿Qué demonios intentaba demostrar? Tenía razón: en ese mismo instante. Scott se quedó mirándola con las manos aún metidas bajo los brazos. Scott —dijo en voz suave. —Gussie. cada vez decía con más frecuencia cosas por el estilo. y Scott la sujetó del codo para ayudarla. y en cambio ella no conquistó jamás ni a uno solo. Jube debe de estar preguntándose qué te pasó. Era lo bastante buen mozo para conquistar a cualquier mujer a la que mirase por segunda vez. por contarme todo eso. Hasta en la sombra era evidente su distracción. le provocó un impacto: preguntas que revelaban un cambio en sus sentimientos hacia ella.

según sus propias palabras. eligió un tafetán de intenso color melón para las enaguas. Godey's dictaminaba que no se debía hacer ningún vestido de una sola tela y. Agatha y Violet rieron al unísono.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 14 Si a alguien le pareció extraño que uno de los dueños de tabernas de la zona fuese a la estación de tren a despedir a la sombrerera. el hijo de Collinson. con costuras anaranjadas y remaches de cobre: «¡como usan los vaqueros!». Así dice Scotty que le dicen los vaqueros. La chaqueta tenía. llegado el momento. —¿Cuánto tiempo estarás ausente. Pegados a las piernas. —¿Qué cosa? —Un aro de barril. enroscado en un moño francés en la nuca. estaba deslumbrante. Las botas castañas ya tenían cientos de arañazos. estaba en la estación para despedir a Agatha. en pico por delante remataba atrás en una cascada de pliegues. con sus pantalones de vaquero ajustados. pero tenía las uñas limpias. y se lo veía saludable y robusto. con expresión . También. cuando entró corriendo en la tienda para mostrarle a Agatha cómo le quedaban. mangas dolman. sin tirantes! —¡Sin tirantes! Lo hizo dar una vuelta para admirarlo como era debido. —¡Y además. Para ese verano. que iba a asistir a un té en apoyo a la templanza. Se hizo un vestido nuevo para la ocasión. nadie dijo una palabra. animosa. En el cuello. ofrecido por el gobernador. y el atuendo se completaba con un sombrero aguilón ladeado. que le gustó desde que la conoció. y una faya de seda más rígida para la sobrefalda ajustada: en forma de pañuelo. por su parte.181 - . había subido de peso y ya no se rascaba. La boca atractiva. y la línea fina del mentón. los claros ojos verdes de pestañas espesas y oscuras. estaba con ellos y todos sabían que estaba bajo la protección de ambos. de color índigo. —¡No! Porque son como un aro de barril. el reciente huérfano. A fin de cuentas. Agatha. se ondulaba un jabot de encaje de seda color marfil. no estaba tan ansiosa por irse. Gussie? Willy le sostenía las manos y la miraba hacia arriba. Willy llevaba puesta su más preciada posesión: un par de pantalones Levi-Strauss flamantes. de color melón y rojizo. si bien sospechaba que ahora. y llevaba cuello y bordes de terciopelo marrón.. por lo tanto. ¿ves? En ese momento.. la piel de melocotón. que formaba una especie de ojiva sobre su rostro. Scott Gandy la veía despedirse de Willy y admiraba no sólo su vestido sino la manera en que los colores complementaban los reflejos rojizos del cabello. una espléndida creación de faya color mandarina. que sonreía.

. En la mente de Agatha relampagueó el recibimiento que Scott le hizo a Jubilee el día que había llegado: la audaz caricia en las nalgas. Forzó una sonrisa. antes de que cualquiera de los dos . Scott se agachó para levantar el pequeño bolso de Agatha y se lo entregó. ¿lo prometes? Willy hizo una mueca de disgusto y arrastró los pies. El abrazo de la noche anterior. —No te preocupes por nada de aquí. vio en ellos la preocupación y se preguntó a qué se debería. —Bajó la vista y miró la mano del niño—. —Adiós. el beso delante de medio pueblo. le preguntaré a Scott. El pulgar del hombre acarició un instante los nudillos enguantados. —Tocó la punta de la nariz del niño. fue compartir una simpatía. para suavizar la advertencia—. Scott y Willy se sonrieron.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR angelical. Scott lo había peinado con especial cuidado y había empleado. y luego los soltó. —Cuando vuelva. Recordó a dónde iba y por qué. mientras el pequeño mantenía el equilibrio estirándose sobre las puntas de los pies. tendría que despedirse de Willy para siempre. Gussie. Lo estrechó contra el pecho lo mejor que pudo. Le abrió los brazos. Se inclinó hacia adelante con esas faldas que le dificultaban los movimientos. La mujer miró los ojos oscuros del hombre: por un momento. fue una cosa. «Pero hacerlo a plena luz del día. se regañó. Pensamos ir a cenar al restaurante de Emma esta noche. ¿no es así. y Gandy percibió cuánto había llegado a querer al niño. cariño. como sacándose de encima deliberadamente lo que lo molestaba. Por un breve lapso vacilaron. —Bueno. —Lo haré. Scott..182 - .. Willy retrocedió y metió la mano en la de Scott. las uñas y las orejas esta noche. y la admiró. Pero en ese momento. —Uf. y el pelo brillaba en el sol. en la estación. ya tengo que subir. Y yo cuidaré de Willy. Agatha lo sabía tan bien como él. Por un instante. por primera vez. —Una noche. pollo y pastelitos de fruta. —Adiós. y Willy la besó en plena boca. forzosamente. lo prometo. Apresuró a darse la vuelta. uno de los dos. —Adiós. —Y los dientes. muchacho? —Sí. —Cuídate. La mujer se incorporó. Haz lo que te dije y ayuda a Violet a barrer antes de cerrar. por la clase de compromiso que se requería para hacerlo. —No me preocuparé. sus pestañas le abanicaron las mejillas. Esa mañana. Si la ley salía. Scott retrocedió y comprendió lo tonta que había sido en pensarlo. Pórtate bien y nos veremos mañana por la noche. unas gotas de aceite de la India. Gandy contempló las manos enguantadas que arreglaban el cuello de la camisa de Willy y le quitaban algo de la mejilla. pensando los dos en un abrazo de despedida. es otra bien distinta». en la escalera. antes de acostarte..

se sentía una traidora hacia esos dos seres que la habían despedido en la estación. en lugar de ponerla ceñuda la hizo sonreír con melancolía. sacó un cigarro del bolsillo. el hombre alto y cordial y el niño rubio. con los ministros bautistas. Cercos de ligustro cuidadosamente recortados delimitaban los senderos de grava. El tren empezó a moverse y los dos levantaron la cabeza y la saludaron agitando las manos: eran las dos personas más importantes en su vida. «Lo próximo que hará. Se palmeó la chaqueta y Agatha supo que estaba bromeando con el niño. Entonces. y realizó consultas con conocidas figuras del movimiento por la templanza. muy de élite.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR cediera a la tentación. solícito. mientras explicaba la forma adoptada por la U. Casi tuvo ganas de que la prohibición fracasara. Willy también comenzó a buscar.183 - . y sacó una cerilla de madera. Tejos majestuosos. mientras aprendía métodos nuevos para conquistar votos y difundir la propaganda contra el alcohol. salmón. Hizo tres intentos y falló. Scott llevaba un traje marrón claro. Scott se puso el cigarro entre los dientes. se inclinó hacia Willy. Sin embargo. metido a la fuerza en un cuello blanco de palomita y corbata Oxford negra. encajaba a la perfección en la reunión. dichoso.M. Amanda Way y otras líderes famosas cuyas . las mujeres de polisón bebían el té de tazas para café. Le dijo algo a Willy. con sus galas a la moda. Scott acomodó la cerilla en los dedos de Willy y le enseñó cómo hacerlo. Agatha. La vez siguiente. perfumaban el aire con su fragancia inimitable. Hizo una reverencia sobre la mano de cada una de las damas presentes. Los crisantemos formaban retazos amarillos y bronce en los cruces de los senderos. que asintió con entusiasmo. es enseñarle a fumar al chico». Después. El corbatín castaño se levantaba con la brisa y se acomodaba otra vez sobre la camisa blanca. El gobernador tenía un especial aire de decoro. se sometería la prohibición a la decisión de los votantes de Kansas. erectos y uniformes como las picas verdes de una cerca. sintió que el amor por ellos florecía dentro de sí. Sentadas en bancos de hierro pintados de blanco. pensó. Desde la ventanilla. o quizás a los dos. local en el combate contra el ron.T. entre rosales repletos de flores. mientras dignatarios de vestimenta formal. este alzó una rodilla y raspó la cerilla contra el muslo de los nuevos y rígidos pantalones de denim. Estaban Drusilla Wilson. sacudiendo los bigotes.C. En menos de dos meses. El jardín de la mansión del gobernador estaba diseñado en macizos en forma de diamante. pronto podría perder a uno de ellos. encendía el puro. No obstante. Rojas. Apoyó la cabeza en el asiento y cerró lentamente los ojos. Era una escena muy pomposa. Pero la perspectiva. blancas y rosadas. con las manos cruzadas a la espalda comentaban la situación política. vio a Scott y a Willy. su porte regio y sus modales impecables. Le ardieron los párpados y se le formó un nudo en la garganta. y castaños de la India aquí y allá proveían oasis de sombra en puntos estratégicos de ese diseño tan formal. custodiaban los límites. Contemplando a los dos. conversó. encendió y el niño sostuvo mientras Scotl. y un Stetson de copa baja haciendo juego.

pero a pocos metros se detuvo y desando el camino. y se preguntó si. podrían ser unas tijeras. El interior era polvoriento y aromático. Compartiendo el encuentro con ellas. los humidificadores de tulipanero. Pasó ante una tabaquería y se detuvo. Se instaló en la habitación decorada con buen gusto. ni lo sería nunca aunque. Se paró ante la vitrina y admiró las pipas de cerezo. . y las cajas de cigarros. —Buenos días.184 - .. el fervor por la causa mientras que. Siguió andando con paso decidido. es un hombre soltero. No sabía nada de marcas y al darse cuenta de que se había traicionado. Se imaginó a Scott Gandy junto a ella. la mano enlazada en el hueco del codo de él. —Sí. creo que tengo justo lo que buscaba. cenó en el elegante comedor. Su marido. tan diferentes de los familiares olores a tintura. vio su propio reflejo en el cristal. almidón y aceite de máquina. Agatha. por un momento. se había enfriado considerablemente. —Ah. Eres una mujer soltera. salió de compras y encontró una armónica para Willy y un broche de marfil tallado para Violet. pero hubiera preferido estar en su estrecho apartamento. se preguntó: «¿Qué esposa no conocería la marca favorita del marido?». no servirá. pero con ganas de estar sentada en un duro escalón de madera mirando las estrellas. al regresar. A la mañana. y deseó estar en el restaurante de Cyrus y Emma Paulie. Pasó un caballo arrastrando un coche sobre los adoquines y el traqueteo la sacó del ensueño. Alquiló carruaje y conductor para que la llevase de vuelta al hotel. tendría el valor de dárselas. iluminada por el sol matinal de un tibio día de otoño. de empapelado tramado y cortinas adornadas con borlas. No. Al levantar la mirada. ardiente. —¿Quiere algo para su marido? Al sonreír. era divertido imaginarlo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR fotografías Agatha había visto en el Banner. no sobre Scott Gandy. Era una idea peligrosamente provocativa. No sería correcto. En cambio. de fragancias intensas y masculinas. Salió de la tabaquería con unas minúsculas tijeras de oro de punta roma en un estuche plano de cuero. comiendo pollo y pasteles con Willy y Scott. él con el Stetson de copa baja y el crujiente traje color gamo. se sintió fuera de lugar pues por las venas de estas mujeres corría. —Buenos días. oyendo aullar a los coyotes y disfrutando el aroma del cigarro de un hombre. señora —la saludó el dueño. Entró en la tienda. los bigotes manubrio y las mejillas sonrosadas del hombre se elevaron. en las de ella. pensó que era muy probable que el 2 de noviembre cayese la guillotina. y deseó recuperar una parte de ese entusiasmo. escuchando el piano y el banjo filtrarse por el suelo. Recordó el entusiasmo que sintió el día en que recibió la invitación a este evento. caminando juntos hacia el mercado. Se tendió en la cama forrada de cotí y rellena de plumas de ganso. Scott Gandy no era su marido.. ella con el gracioso vestido y el sombrero en pico. sino sobre sí misma.

.. —Sí. Comparado con eso. Moose? —rió Agatha. bueno.. —¿M.. Pero sí estaba Willy. no tenía que esperar que estuviese ahí. vete al diablo! Fui una remilgada toda mi vida. ni nada! ¡Ya vas a ver. martillando con ansiedad mientras el tren entraba en la estación de Proffitt.185 - . El corazón le dijo que no tenía que buscar a Gandy entre el gentío. ¡Date prisa! Está en la taberna. y Jack está cuidándomelo. El chico se rascó la cabeza casi sin darse cuenta y se dejó el cabello erizado como tallos de melcocha secos. ¡Oh. a pesar de sí misma. pero a mí me parece púrpura con manchas blancas donde salen los bigotes. Agatha. . Pero él me regaló una máquina Singer de coser. —¡A que no sabes. Willy levantó el bolso y salió corriendo. Agatha se apeó y el muchacho fue corriendo hacia ella. —¿Y Moose es de color púrpura? Agatha se preguntó cómo pudo pasar un día sin Willy para iluminarlo. seguiré el impulso de mi corazón. más o menos. —Bueno. parado sobre un banco en la acera de la estación. Willy parloteaba a toda velocidad. Scotty dice que es gris. Agatha. —Le puse ese nombre. y. Gussie! —¿Qué? —¡Teno un gato! —¡Un gato! Aunque le dirigió una sonrisa radiante. No tuvo más remedio que «darse prisa». ¿qué son unas pequeñas tijeras? Estás justificándote. el corazón la llevó de vuelta al hogar. Aquel día. todavía rígido con sus pantalones azules. Gussie! ¡Es el gato más hermoso que hayas veído jamás! —Visto. porque es el más grande de todos.. Moose puede cazar ratones en la despensa. ¡y durmió conmigo anoche y no rodé encima de él ni lo aplasté. pero tengo que regresar para vigilarlo. entonces lo truje a casa de Scotty y Scotty dice que puedo. y yo fui allí y estaba este.! —Y era el que más me gustaba. y le pegunté si podía quedármelo y me dijo que sí. —Violet dice que la señorita Gill tenía una carnada en la casa de pensión y que si no se deshacía de ellos pronto habría que ahogarlos. No estaba. ¿de qué me sirvió? Por una vez. y que. tuvo que hacer un esfuerzo para no observar la estación en la esperanza de que Scott llegara tarde. Qué raro en ti. siempre que duerma conmigo por las noches para que no se meta entre los pies de la gente en la taberna. Agatha rió: —¡Púrpura y bl. que es púrpura y blanco. vamos. Pero se acomodó el sombrero y revisó el peinado.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Qué poco propio de ti. Se dijo que era totalmente ridículo estar desilusionada por su ausencia. esperó que la falda no estuviese demasiado arrugada y escudriñó la estación.... agitando la mano y saltando con brío. de día.

hociqueó la espuma. Pisó un charco. Doc Adkins. después cruzó hasta la jarra de cerveza de Mooney. Willy repitió el juego varias veces. —¡Ven. Dierdre se exhibía en su jardín de las delicias. Willy soltó el bolso y aferró a Agatha de la mano. Agatha levantó la mirada y vio que Scott la contemplaba. arqueó el lomo y siseó. La atención . Willy! Yo puedo llevarlo. los hombros flacos levantados. Jack y Scott. mientras el gato los entretenía a todos. le dijo que también se alegraba de que hubiese regresado. ¿No es precioso? Agatha se fijó en la bola de pelusa gris y blanca: —Es adorable. Jack se sirvió una cerveza y la bebió a sorbos. Marcus sacó una moneda del bolsillo y la hizo girar sobre el bar. riendo entre dientes. Se levantó de un salto y corrió. Marcus apoyó una mano en el hombro de Jube. Como era media tarde. En una ocasión. Virgil Murray. meneó la cabeza y estornudó. Moose se dispuso al ataque. Todos observaron a Moose. demasiado temprano. —Moose está aquí. Perdió equilibrio y rodó a los pies del animal. al tiempo que corría tras Willy. para diversión general. ¿eh?». hasta que el gato avanzó con cautela y volteó la moneda con la garra. no. «Con que eso dijo. Jube. mientras Agatha cojeaba tratando de seguirlo y sintiendo que lo amaba más a cada minuto que pasaba. con la vista clavada en la pieza de oro que giraba. conversando apoyados en los codos. Rieron. Marcus.186 - . se sacudió la pata. Marcus alzó a Willy y lo sentó en el borde de la barra. fugaz. Willy se acomodó sentado encima de la barra con las piernas cruzadas. fijó los ojos en los de Scott. Gussie? —Los ojos de Willy resplandecían de orgullo—. —¿Lo ves. que retrocedió. vestido con un traje negro y chaleco color ámbar. forcejeando alegremente para cargarlo. Qué figura. había sólo unos pocos parroquianos. Sólo tuvo ojos para Scott. pero Agatha casi no la vio. divirtiéndonos —le dijo Jube. sobre el mostrador del bar. y una expresión que pasó. pensó. por primera vez en su vida. Gussie! Mientras Willy la arrastraba. como siempre. —¡No-o! Scott dice que yo tengo que llevártelo. lo golpeó en las rodillas y lo hizo caer encima. por el rostro de él. De inmediato. Tras él. no debes. pero Doc apartó la jarra. Jube se desplazó para dejarle sitio a Agatha que. —Oh. Entre ellos. El bolso era más grande que Willy. con expresiones absortas. y observó desde atrás de ella.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¡Espera. Aferraba el asa con las dos manos. Estaba detrás de la barra con Jack. el bolso se balanceó para atrás. La llevó directamente por las puertas vaivén al Gilded Case. ponía los codos encima de una barra. Tuvo la impresión de haber estado ausente una semana. Estaban todos reunidos junto a la barra: Mooney Straub. —¡Ha vuelto Gussie! ¡La truje a ver a Moose! Todas las cabezas giraron hacia la puerta. se paseaba un adorable gatito de ocho semanas de edad. excesivamente apuesto. riendo. que olfateó la cerveza del jarro de Doc y dio un delicado lengüetazo. Pero no se detuvo a quejarse. Ya es bastante para una cosa tan pequeña como tú.

—Yo te diré cuando pase la media hora. le preguntó: —¿Cuánto tiempo te llevará? Agatha sonrió con indulgencia. gracias. Cuando ya se iba. Cuando los ojos de Scott la convocaron. Gussie! No hacía falta mucho para iluminar los ojos de Willy e impulsarlo a dar un abrazo y un beso. Que Dios me ayude: lo amo. Estaba segura de que la había echado de menos. si era cierto. pero ni Scott ni Agatha los oyeron. Tiene talento para la música y estoy segura de que es capaz de tocar otros instrumentos. Pero algo pasó entre los dos. —Dame media hora. Pensó en Violet pero dudó: ¿no le daría un aire menos. mucho antes de que pasaran los treinta minutos. —¡Pero no sé la hora! Scott rió y apoyó una mano en el hombro del chico. —También compré algo para Scott. Ven más tarde. mientras Willy insistía con el instrumento. La moneda zumbaba al girar. supo que se ruborizaba y recurrió a Willy. dándole un golpe suave en la rodilla. Sin embargo. Como Agatha imaginó. después que haya desempacado. y Moose se arqueó. muchacho. Los presentes rieron otra vez.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR de todos los demás estaba concentrada en el gato. pero está en la maleta. Ven más tarde: tengo algo para ti. Violet. —¡Iré a enseñársela a Marcus! Tomó a Moose y fue hacia la puerta. Como si le hubiese leído la mente. Agatha advirtió que ella y Scott no habían intercambiado una sola palabra. ¿cómo era posible? Le resultaba increíble. a tal punto que se lo colocó de inmediato en el cuello. Los ojos de Scott expresaban sentimientos hacia ella. tan negros como el ala del sombrero. los ojos. además del banjo. se hizo cargo del animal y lo acarició.. ¿no sería esa la causa de que no fuese a buscarla a la estación? Si estaba tan confundido respecto de esos sentimientos como la misma Agatha. el niño volvió. A Violet le encantó el broche de marfil. La mirada era firme. Dio un soplido a la armónica. que afirmaba ser la «madrina» de Moose. Al levantar la maleta para irse. Agatha tomó una decisión repentina: —¡Espera! Impaciente.. era natural que extremase la precaución mientras los exploraba. después de la significativa mirada que intercambió con Gandy. —Tengo que ir a relevar a Violet. apareció Willy. al menos audible. —Se me ocurrió que Marcus podría enseñarte a tocarla bien. algo más poderoso que lo que podía oírse. había perdido el coraje de entregarle el regalo personalmente. la mirada del hombre bajó a la boca y Agatha sintió que ardía con una conciencia de su físico más intensa de la que hubiese percibido jamás. menos personal? Y por algún motivo.187 - . Se olvidó del gato y le dirigió una mirada brillante: —¿Para mí? —Sí. ¿Podrías llevárselo? . Agatha tuvo la sensación de que todo el cuerpo le latía. —¡Jesús. Tampoco sonrieron. Pero.

Desde el pulpito de la Iglesia Cristiana Presbiteriana. señorita Parsons. a reunirse con el gobernador. Zeller mencionó el motivo de su visita. ¿Qué es? —Una insignificancia. en la Gazette. —Señorita Downing. Violet exclamó. ¿cómo están? Intercambiaron las banalidades de costumbre y. en el presente ella misma se sentía así cada vez qué estaba cerca de él. ¿verdad? El hombre se quedó casi media hora. y atrajo un caudal inesperado de propaganda en favor de la reforma constitucional. pensó Agatha. al entrar en la tienda por la puerta principal. Sólo un par de tijeras para los cigarros. por lo tanto. Agatha? Zeller sonrió. —No le diré qué es hasta que abra el paquete. ¿cómo podía adivinar qué pensamientos bullían en la cabeza de Scott? Joseph Zeller. aduciendo que ya no existía el riesgo de cólera. Los maestros comenzaron a sermonear en sus clases acerca de ingerir bebidas tóxicas y los niños. en noviembre. llevaban la advertencia a sus respectivos hogares. Agatha recordó la época en que solían irritarla las risitas disimuladas de Violet. Le sonsacó cada uno de los movimientos innovadores para aumentar la conciencia pública con respecto a los peligros del alcohol. Sin embargo. —No es cosa de todos los días que un ciudadano de Proffitt se codee con el gobernador. Le dio el paquete y Willy salió disparando hacia la puerta. El artículo apareció en primera plana.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Claro. y muchos de ellos fastidiaban a los padres no sólo para que dejaran de beber alcohol sino para que. por fin. —Señorita Downing. Se le ocurrió que. a su vez. interrumpió la introspección. Quizá fue sólo su imaginación esa mirada provocativa de vibrante intensidad. Si esperaba que Violet se encargara de darle un regalo a Scott. haciéndole una pregunta tras otra. Y. e iniciar así la locura alcohólica. de fuentes inesperadas. La Gazette misma publicaba un editorial destacando que la templanza surgía como el tema principal que unía a las mujeres en todo el país. aunque fuese real. votaran por la ratificación de la enmienda constitucional que lo prohibía. si la gente lo supiera. Pero a cada respuesta que daba se sentía más traidora. también la consideraría una cabeza hueca. Y tal vez lo fuese. con el gato subido al hombro. Pero mientras se esforzaba por hallar una respuesta que no la comprometiera. impresionado. La ayudante estaba demasiado fascinada con ese hombre para mantener la sensatez en ese aspecto. tengo entendido que fue a Topeka. Agatha sonrió y lo miró desaparecer. «Oh. ¿no es cierto. el reverendo Clarksdale instó a sus feligreses a votar por la prohibición. orgullosa: —Ya lo creo que fue. motivo que impulsó a la gente a mezclar cerveza en el agua. Qué cabeza hueca le parecía. inspiradas por Gandy. El inspector de escuelas anunció un concurso de ensayos sobre el tema: el ganador recibiría una . y Agatha no pudo hacer otra cosa que contestar. estaba equivocada.188 - . no». la necesidad de un «agente purificador» era cosa del pasado. Recibió una invitación impresa a un té que daba el gobernador en el rosedal.

Pesada. —A Gussie y Violet les encargaron. El pánico la invadió. siquiera.. . llevando consigo su fervor característico. Ya las moscas no molestaban de noche. Mustard Smith discutía a gritos con Eyelyn Sowers.. pero le parecía que los debates de la Sociedad Literaria de Proffitt se realizaban dentro de su cabeza. ni acusó recibo. Era humillante haber hecho un regalo a un hombre por primera vez en la vida y no recibir ni las gracias. Venía de al lado de la cama. sibilante. pero con todo Agatha dormía mal. Daba la sensación de que el aire silbaba entre sus dientes entrando y saliendo.. —Yo y Scotty fuimos. Saltando de uno a otro. sólo lo veía de paso o a través del agujero en la pared. Le sudaron las manos. El grito de Agatha quedó interrumpido por la mano incrustada sobre la boca. No era que tuviese pesadillas. daba entusiastas informes en uno y otro lado del edificio de Gandy. En sus sueños.... gritar o saltar? Hizo las dos cosas a un tiempo. y miraba a Evelyn como un toro furioso que se dispusiera a embestir.. Desde ese punto ventajoso lo vio usar por primera vez la tijera de oro.. Pero nunca tocó al intruso: se la arrebató y la tiró. ayer Gussie y yo. —De camino a la Iglesia. tratando de ver quién estaba junto a su hombro. Faltaba menos de un mes para el día de las elecciones. e invitó a participar a los miembros de ambas fracciones. Corría el mes de octubre. entrando y saliendo. Agatha estaba mortificada. El otro brazo del sujeto la aferró.189 - .. cruzado sobre el pecho y las costillas y la alzó hacia atrás. por las noches.. Agatha y Scott se evitaban.. La Sociedad Literaria de Proffitt anunció una serie de debates abiertos en sus reuniones semanales. Permaneció inmóvil como un cadáver mirando. Willy se convirtió en el único vínculo entre los dos. En medio de todo ese furor. Se le tensaron los músculos.. la taberna cerraba más temprano.. La respiración jadeante era real. —Pearl dice que si pasa la prohibición.. —Como perdí a Moose.. volverá a.. —Scotty dice que. Marcus y Scotty tuvieron que mover el piano.. pero no le mandó una sola palabra de agradecimiento. ¡Oh... aferrando la almohada v balanceándola hacia atrás con toda la fuerza posible. Dios! ¿Qué hago? ¿Dónde está el objeto pesado que tengo más cerca? ¿Podré alcanzarlo más rápido de lo que el intruso me atrape a mí? ¿Qué hago primero. —Gussie dice que. Agatha se despertó de golpe. aunque ya estaba a medias levantada.. asmática. —Scotty y Jube se reconciliaron. Había refrescado. —Gussie está haciéndome unas camisas más abrigadas para. —Violet dice que Gussie está de mal humor.. la actividad de los conductores de ganado mermó casi hasta interrumpirse..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR medalla de bronce y su nombre se inscribiría en una placa conmemorativa que enviaría la propia Lucy Limonada en persona. Desde que regresó de Topeka. —Scotty y Jube discutieron. y al comprender que perdía comenzaba a jadear.

190 - . Si tironeaba. ¿entendió? Diga a las demás mujeres que terminen con sus malditos debates. alguien! ¡Por favoooor!» —Usted es la que empezó con esa basura de la prohibición. Gritó de nuevo. Por los orificios dilatados de la nariz le entró olor a cigarro y a sudor. —Si cree que tengo miedo de matarla. renga? Bueno. frenéticos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Se lo advertí. desesperada. A cada latido. en el oído de Agatha—. ¿qué es esto que siento? —La hoja se apartó y la mano se cerró sobre un pecho—. La presión pasó a los pechos. Agatha siguió hipando. Organizó. Una organizadora muerta sería de lo más eficaz para ponerles paños fríos a todas las reformadoras de por aquí. —¡Eh. apretaba los muslos. Después. con gestos enloquecidos. ayúdame! ¡Comisario Cowdry. Sintió que la punta del cuchillo le penetraba en la carne y gritó bajo la mano. «¡Scott. Oyó su propia voz que gemía. señora. se echará atrás. sintió que le metía el camisón entre las piernas. y algo la pinchó bajo la mandíbula. hermana!. esta noche no tengo tiempo.. y sintió que algo tibio le resbalaba por el cuello. sin querer. porque tengo un gran corazón. Los gemidos sé aceleraron. Intentó suplicar.. Los dientes le cortaron el labio y sintió el sabor de la sangre. —Tenga cuidado. el cuchillo podía clavársele en el ojo. Para ser una lisiada. en este pueblo. salada del sujeto. del lado izquierdo. Un dolor agudo provocado por la punta del cuchillo le dio la sensación de que la hoja ya le había atravesado el ojo. sermoneó. Apuesto a que nunca lo hizo. se equivoca. Violet. en lugar de matarla. hermana. ¿Está cortándole? Estaba cortándola. —Ahora. ¿Entendió? La apretó más fuerte. somos once a los que no nos gusta.. pero se le cerraron los ojos y las lágrimas brotaron por las comisuras de los ojos—. al pasar del pánico a la semiinconsciencia. Ahora me escuchará. no está nada mal. y oró en los umbrales de las tabernas. pero las palabras salieron como gemidos ahogados contra la mano sudorosa. Un instante después. y el sujeto se flexionaba contra la cadera de ella. señora. Aquí tengo algo que la obligará a escucharme aunque no quiera. Pero le daré una última oportunidad. ¿no. pero no me hizo caso —siseó. Dejó de clavarle las uñas. y el hombre le apretó la cara con tanta fuerza que creyó que le había roto la mandíbula. ¿sabe? Rió con malicia. a cada exhalación aterrada. ¿eh? —Deslizó una mano por el vientre de Agatha y lanzó una carcajada perversa mientras ella. fue a gimotearle al gobernador hasta que logró que este maldito Estado explotase en un solo clamor. pues ese . clavándole las uñas en el brazo que sostenía el cuchillo. —Creyó que se le saltarían los ojos de las órbitas—. aquí. Bueno. ¿sabe? Quizá tenga una manera mejor de lograr que se porte bien. Contuvo las ansias de gritar otra vez. Dígale a esa predicadora melosa que cierre la boca.. sentía que le explotarían las venas. —No veo bien en la oscuridad. ¡Y deshaga esa sociedad por la templanza! ¿Entendió? Asintió.

Gussie. S.. Aun así.. —Cuanto más lo intentaba... Usaré esto.. cu.. Scott... el pecho agitado.... De pie en la oscuridad. sangrando sobre las sábanas. a. tranquila. La sujetó de los hombros y sintió que su propio corazón se aceleraba de miedo. desnudo como estaba. pero entonces oyó otra vez el gemido quebrado. cu.. f. —Despacio.... Se arrastró hasta la siguiente y la aporreó con el puño. Desesperada.. hasta la primera ventana que encontró.. ayuda. Di una palabra por vez. Un . Scott la atrajo hacia él y la abrazó con firmeza. Rodó para mirar sobre el hombro y vio una figura de blanco a los pies de la cama. hombre f. con el camisón aún metido entre las piernas.. Todavía alterada por la impresión... c. volveré. estaba llorando. siguió hasta la próxima y golpeó otra vez. Los temblores le recorrieron todo el cuerpo y respiraba como si estuviese debatiéndose en aguas profundas.. Scott Gandy emergió de un profundo sueño al oír el susurro. sintió la cadera como si estuviese rompiéndosele otra vez. Pero si no hace lo que le digo. —Un hombre f.. seguía jadeando con bocanadas breves. hombre. ho. me —rogó—.. por la angosta cornisa que había detrás del falso frente de la tienda. gimiendo.. y poniéndole una mano en la nuca. Abrió los ojos. —¿Qué hombre? —Un ho. trató de controlarse después de haber pasado por la experiencia más terrible que había tenido que enfrentar hasta el momento.. Golpeó.. —S. respira hondo.. se tambaleó junto a la pared hasta la próxima ventana...tenía un cu. como un perro fatigado. saltó de la cama... demasiado aturdida para comprender que también pertenecía al cuarto de Jube. La hizo caer a gatas sobre la cama... fue...... que estaba abierta unos centímetros.. otra vez.. —Un ho. le aplastó la cara contra el colchón.. pero era la ventana del pasillo. un.. Por ahí salió Agatha. No. cu.... —Ahora. Estás a salvo. —Ahora estarás bien. a. ho... Y no me importa para nada que pueda rodearme con las piernas o no. sólo pudo tartamudear.. favor. h.. desgarrado. no estaba en condiciones de saberlo. Llorando.. Scott. pero Jube no salió.. ho. vamos.... más difícil le resultaba la palabra—. Si pasaron cinco minutos o cinco horas. insuficientes. —S. S.191 - . S. ¿entendido? De rodillas sobre la cama como un musulmán de cara a la Meca. sujetándola con las manos y los codos. Un hombre... se quedará así cinco minutos. Lo único que supo fue que el hombre salió por la puerta y que sólo había otra manera de salir del apartamento. u..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR maldito comisario entrometido anda por el callejón.. Cu. fue a mi c. preguntándose si Jube había hablado en sueños. La empujó hacia arriba y pasó por el alféizar al dormitorio de Scott. Scott.... Por la ventana.. —Cálmate. Temblaba con tal violencia que Scott le oyó castañetear los dientes..... El primer impulso fue ir a buscar la pistola. Sintió contra el pecho los movimientos bruscos del torso de la mujer. Así.... f.. cuarto y te. una mano en la nuca.. S... p…p…por. —¡Agatha! ¿Qué ha pasado? —U..

—¡Manda a Jack aquí! —ordenó... se echó hacia atrás y se inclinó hasta que pudo verle los ojos inmensos.. mientras acostaba a Agatha en la cama tibia. las lágrimas brotaron tras los párpados cerrados. —Alguien atacó a Agatha...no.. y giró la cara. ¿lo hizo? Mordiéndose los labios.. con los ojos apretados.... cu. soñolienta: —¿Amor? ¿Qué pasa? Gandy no le hizo caso. Jack irrumpió en la habitación. —El jadeo se hizo más rápido contra la oreja de Scott... —N.. Agatha cruzó los brazos sobre el pecho.que estoy san.mucho f. Scott le apretó el hombro a través de las mantas. Tal vez sea algo peor. vio enseguida la sangre sobre el camisón blanco. —¡Ahora.creo qu. Jube se despertó y preguntó.. Ve a echar una mirada atrás. —¿Quién te hizo esto? Sin abrir los ojos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR hombre fue a tu cuarto y tenía un.192 - . Jube! —vociferó—... —Tengo m.. ¿qué tenía.. aterrados.hibición en las ta... cortante..c. Cuando encendió la lámpara. sintiendo que el miedo daba paso a la furia. La tomó en los brazos en el preciso instante en que a Agatha se le doblaban las rodillas. La tapó hasta el cuello y se sentó al lado.. vestido con su traje de dormir de una pieza. —¡Levántate.. ¡Trae al doctor Johnson! Jube salió de la cama y encontró la bata camino de la puerta.. negó enfáticamente con la cabeza.sangrando —gimió.ta. hasta que al fin explotó—: ¡Cuchillo! —¡Dulce Jesús! ¿Estás bien? A Scott le pareció que cada uno de sus propios latidos era una explosión. desorientada.... —C.. Tembló con tal violencia que el resto de la palabra se perdió. Revisó el cuerpo pero no encontró más desgarros en el camisón. avergonzada.. —¿Te hizo daño de alguna otra manera? La única respuesta fue que Agatha se acurrucó más. como si apelase a toda su energía vocal. Gussie? —Cu.. lo s. cerró los ojos y se estremeció. entre hipos. .s..frío. Fue presa del terror mientras buscaba la herida y la encontraba bajo la mandíbula.. tartamudeó: —N. —¿Está bien? —La hirieron con un cuchillo.. Sin soltarla.. —¿Qué quería? —La pro..no s.é —respondió. Gandy habló en tono duro. e insistió: —Gussie. Jube! Agatha está herida.. sin otro atuendo que los pantalones.sé. Llegaron Marcus e Ivory. ¡Despierta a los hombres y corre a buscar al doctor! —¿Eh? —farfulló.

193 - . —Después. Ruby. acariciándole el cabello. Le metió la mano bajo las mantas y la arropó otra vez. acomodó las mantas bajo la barbilla y quiso saber: —Te puso encima algo más que la hoja del cuchillo. no. Todavía estás sangrando.. y la mandíbula se le tensó. Al ver que llegaba el doctor Johnson y ocupaba el lugar de Scott en el borde de la cama. tus sábanas. gracias por ir a ver..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Jack rechinó los dientes. Gussie. Jack desapareció sin decir una palabra. sentirá un poco de dolor. —¡Vamos! —ordenó. es peligroso. mientras las secaba. se recuperará sin inconvenientes. ¡Juro por Dios que las pagará! Agatha abrió los ojos y suplicó: —¡No. Las lágrimas corrían en arroyuelos de plata por las sienes. —Marcus. El médico limpió la herida con salmuera y afirmó que no haría falta coser. Después. —No importa. empujándola hacia abajo por los hombros. y las pagará. creo que será mejor que hable con él esta misma . agarró los pantalones de un manotón. desenfocados. Tendrá escalofríos hasta que pase la impresión pero. hablaremos de eso después.. lo aplicó a la herida y lo sujetó con una tira alrededor de la cabeza. sin sacar la vista del rostro pálido de Agatha. por favor —dijo Gandy. Mojó generosamente un aposito de gasa con tintura de árnica. Quiso tocarse la herida con los dedos. como agua verde y profunda. mientras se los abotonaba con gestos furiosos.. Entretanto. —Scott —murmuró. —Por favor. ¿no es cierto? — Se levantó de un salto—.. El doctor Johnson se lavó las manos en el lavabo que usaba Gandy para afeitarse y. ¡Maldito sea! Descubriré quién es ese hijo de perra. la vista fija en los ojos enormes. fuera de eso.. —No me dejes. Pearl y Jube espiaban ansiosas en la puerta. Los hombres informaron que no encontraron a nadie en el callejón ni en el apartamento de Agatha. Ivory. por favor... —Jack. por favor. aconsejó: —Esta noche. —¡Shh! —El hombre no me. y fuerte! Gandy cruzó a zancadas el cuarto. Tal vez una medida de whisky lo atenúe. Se tragó los epítetos que pugnaban por escapársele y se acercó de prisa a la cama. no te muevas hasta que llegue el doctor Johnson. se los puso y se volvió otra vez de cara a ella. —Pero.. Gandy miró a Agatha. ve abajo a buscar una botella. Por favor. apartándoselo de la frente una y otra vez. los ojos de la herida se llenaron de pavor. y salió corriendo mientras los otros hombres le pisaban los talones. Si uno de vosotros quiere ir a buscar al comisario. —Acuéstate otra vez. los ojos llenos de lágrimas que los hacían parecer transparentes. y Scott las secó con los pulgares.. —No lo haré —le prometió. se sentó junto a ella callado. pero Scott los sujetó antes de que pudiese hacerlo.

volved a la cama. con una rodilla levantada. Llegará en cualquier momento. Destapó la botella. Vendré a verla por la mañana. ¿Alguna vez lo probaste? —No. Cuando esté mejor. señorita Downing. mientras iba hacia la cama y se sentaba en el borde. Gandy le tomó la barbilla con ternura: —Lo siento. . Cuando el comisario salió. prepárate. además de la herida de cuchillo. —No. lo levantó y lo bebió en cuatro tragos. Si sigues a ese ritmo. y Scott se inclinó hacia la pila de almohadas que tenía detrás. repitiendo las amenazas del atacante. en tu dormitorio. y sujetó el vaso con las yemas de los dedos. pero te ayudará. Estiró. las manos delicadas. necesitaré que me firme unos papeles relacionados con el ataque. Al pasar junto a la repisa. Se sentó con esfuerzo. pero le dolía la herida. Scott tomó la botella de whisky y un vaso. —Entonces. Agatha se echó atrás. haciendo muecas al moverse los músculos del cuello. Me pidió que no la dejase.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR noche. Yo ya le pregunté. ¿Puedes incorporarte? —Sí. lo atraparemos. suspirando. Los ojos redondos y asustados de Agatha estaban clavados en la entrada. y respondía con lucidez. Jube se demoró un momento cuando las otras se fueron. —Toma. Aferrando el vaso con fuerza. Arde. Se levantó y se ajustó el cinturón donde llevaba las pistolas. Pero cuando Cowdry le preguntó si le había hecho otro daño. recordando que olía a cigarro y que. Chicas. Yo me quedaré con ella. —No debería estar aquí. Levantó la mirada con incertidumbre. abrió los ojos y la boca y le tendió el vaso para que le sirviera más. tenía una barriga prominente y voz áspera. ¿Te molestaría ir a tu propio cuarto lo que queda de la noche? La muchacha le besó el mentón: —Por supuesto que no. al parecer. Gandy rió. —¿Qué puedes esperar del propietario de una taberna? Agatha hizo un valeroso esfuerzo por sonreír. —Ordenes del médico —dijo en tono suave. La mirada de Cowdry pasó de uno a otra y volvió al hombre. cerró los ojos. No se preocupe. —¡Uh! —Gandy le apartó la mano—. vacilante. sirvió tres dedos y dejó la botella en la mesa de noche—. pronto verás perros de la pradera rosados. —Gandy se dirigió a las mujeres—. Gandy cerró la puerta de la sala y volvió al dormitorio. —Está bien. Éste se apartó de la esquina del guardarropa en que estaba apoyado y avanzó. Agatha se había calmado en cierta medida. —Bien. No tan rápido. ninguno más. Scott era el único en el cuarto mientras Ben Cowdry la interrogaba. Ben.194 - . Jube. —Le sostuvo el vaso y ella lo miró fijo—. los ojos angustiados se posaron en los de Scott. se estremeció. —Ya te lo dije. como aguardándolo.

—Abre los ojos. levantando las mantas y acomodando las almohadas mientras Agatha se deslizaba otra vez en la tibia seguridad de la cama de él. se lo impidió. Después. —Me manoseó —murmuró— de un modo desagradable. dudoso. De a sorbos pequeños. Cuando Scott tragó. Al levantar la mirada. Los ojos de ambos se encontraron y se sostuvieron la mirada. Agatha tomó conciencia de la rodilla que le rozaba el muslo. y contempló la mirada fija en ella. —Tú me importas —le dijo en un murmullo ronco—. aunque Gandy la miró. los ojos castaños intensos. Tendió la mano al vaso vacío. Luego.195 - .. pero se acurrucó bajo las mantas. Y aún no estoy segura de no caerme a pedazos. que se estremecía de nuevo. Alzó el vaso y. las cejas bien delineadas y los labios oscuros. —Ya me siento mejor. —No tan rápido. Puedo ir a mi apartamento. En esta ocasión. Gussie. bajó el vaso y lo sostuvo con ambas manos. Todavía tengo el estómago revuelto. beberé otra ración. Gussie? Necesito saberlo. Al hablar. Lo bebió a sorbos. Con ese último sorbo. Frotó el hueco entre los omóplatos y contempló el rostro ruborizado. Si el whisky me ayuda. . —Te dejé la cama hecha un desastre. y estaban oscuros por la emoción. pero rodeó con los dedos el vaso y la mano de Agatha. vació el vaso. La tapó hasta el cuello. vio que en los ojos de Scott se leía la preocupación. sin mirar al hombre. tocó las sábanas y el camisón ensangrentados. —Y Jube tuvo que irse.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Me duele. Con delicadeza. Con la mano abierta en la espalda de Agatha sintió. no duerme siempre aquí. De cualquier modo. Lo hizo. —Acuéstate —le ordenó. Sólo... hasta la coronilla. se tendió al lado y la hizo girar de cara hacia él. Scott le sonrió. le quitó el vaso de los dedos tensos y lo apoyó. distraída. —No me hizo lo que tú piensas.. con los brazos cruzados sobre el pecho en gesto protector. Tragó saliva y sintió un dolor terrible. —Pero es demasiado tarde para poder hacer algo al respecto. —Está bien. Te quedarás aquí. —No. a través de las mantas. vio de cerca las pestañas negras y espesas. —¿Qué te hizo. ¿Entiendes eso? No movió un músculo durante un lapso largo y cargado de emociones y contempló los angustiados ojos verdes hasta que ella también tragó saliva. le dio la mitad y cuando ella lo levantó como para tragarlo de una vez. que me hizo sentir sucia. —No me opongo. tomó la botella otra vez. Y me amenazó con volver y hacerme algo peor si no combatía el interés de la gente en la ratificación de la enmienda. El whisky había comenzado a relajarla. se secó la comisura de la boca con el dorso de la mano. la manzana de Adán bajó y subió. sólo. y levantó la bebida como para protegerse. lo hizo con voz trémula y con más lágrimas colgando de los párpados.

Agatha permaneció inmóvil como si lo fuera. Agatha abrió los ojos y respiró de nuevo. como él. se negaban a cerrarse. lo que le pasó por la mente hacía mucho merodeaba por ella. proyectó la lengua. dejó los labios cerrados. la lengua encontró su camino entre los labios: Ábrete más. contenta. los ojos cerrados. De súbito. —Lo siento —dijo Scott en voz suave. esperando: el beso se convirtió en una invitación. Primero. con suma lentitud. como instándola a hacer lo mismo. la lengua de Agatha le supo lejanamente a coñac. buscó el deseo. bajó la boca hasta posarla en la de Agatha. Le miró los labios. esperando el primer contacto fugaz dentro de su boca. Gussie. sólo para tocar la unión de los labios. mirándose a los ojos. se lo dijo con los labios.. Cuando la acarició con la suya. pero supo que la asustaría. —¿Sí? No le pareció suficiente enfurecerse..196 - . el temblor cesó. diestros. Luego. Se apoyó en un codo. pura. con la lengua. una pequeña abertura. los labios quietos. Bajo la mano de Scott. Era una mujer buena. Sintió una extraña opresión en el corazón: era más inocente de lo que había imaginado. permanecieron acostados. En el instante del contacto. Inclinándose sobre ella. abrió más los labios y contuvo otra vez el aliento. como probando su capacidad para hacerlo. le buscó la mirada un momento largo y ardiente. con delicadeza. Con las mejillas apoyadas en las almohadas. y no merecía sufrir otra vez a manos de alguien que reverenciaba el alcohol. comprendió: Agatha no sabía cómo proceder. Agatha parpadeó. La rozó con ligereza. mandar a los hombres a revisar la calle. pero aunque ella alzó la cara hacia él. deseando poder borrar la agresión que había sufrido. Había ocasiones en que estaba seguro de que ella también lo pensaba. no tengas miedo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Lo sé. Aunque no sabía a dónde llevaría. pero comprendió que era demasiado tímida para dejarlo ver. Los ojos inmensos. le apretó el hombro y. No supo que estaba conteniendo el aliento hasta que el beso se prolongó y lo sintió vibrar en la mejilla. Scott percibió el placer y el sobresalto de la primera intimidad elemental. Luego. Entonces. tan claros. vacilante. Percibió el momento en que Agatha captó el mensaje y aflojó el abrazo esperando. y fue trazando pequeños círculos. una vez. estaba convencido de que hacía mucho que pensaban en ello y que esa curiosidad tenía que ser satisfecha.. con el movimiento lento de la cabeza: Gussie. No obstante. a buscar al comisario y al médico y darle un par de vasos de whisky. toques húmedos.. conteniendo el aliento. Lo entendió.. Pensó pedirle que abriese los labios. Levantó la cabeza lo suficiente para eludir la nariz y la besó como el pincel de un artista que deseara retratarla. ábrete a mí. —Ya es suficiente —susurró. vio el pulso que latía con rapidez en las sienes.. la hizo acostar de espaldas. con suaves mordiscos. y Scott vio que el alcohol comenzaba a hacerle efecto. En gesto intuitivo. Gandy se acostó otra vez y la observó. El hombre trató de leer lo que veía en esos ojos. . y eso le bastó.

pero embelesada y dispuesta. Scott le sonrió. para luego contemplarle el rostro. todo en un conjunto fascinante. De pronto. —Debo de estar un tanto ebria —dijo— para estar acostada en la cama de un hombre. —¿Nunca lo habías hecho? —Sí. Tú eres mucho mejor en esto que él. —Gussie. Seguía tapada hasta el cuello. Agatha abrió los ojos. Agatha comprendió con mucha claridad a dónde llegarían. a su vez. reservada. Fue levantando la cabeza de a poco. Eres el primer hombre al que hice un regalo. Kansas. sea lo que fuera a lo que lleguemos tú y yo. —Con que. una vez. Le besó la barbilla y le dijo con ternura: —Gracias. —¿Te gustó? —Nada me gustó tanto desde que me regalaste la nueva Singer. los dos juntos. Yo lo sabía antes de besarte. . Separó la boca de la de ella y le apoyó los labios en la frente. Emergieron de entre las mantas y se apoyaron con levedad sobre la piel desnuda. más hondo. y procuró que el beso siguiera siendo suave. sedosa. las manos presas sobre el pecho. Scott levantó la cabeza. ¿Fue así? —Sí. así se hace —murmuró. respondió: Así. Lo intentó cautelosa. ¿Así? Él. en el patio trasero de un chico vecino que me prometió dejarme jugar en la hamaca si yo lo dejaba besarme. mientras los dedos de Agatha seguían acariciándolo. bebiendo whisky y besándolo. Le costó creer que nunca hasta entonces un hombre se hubiese sentido atraído. La luz de la lámpara daba a las puntas de las pestañas un rojizo intenso y proyectaba sombras tentadoras a los lados de la nariz y la boca. labios suaves que instabana besar. recuerda que no tuve intenciones de herirte con esto. Sintió las manos que se removían y les dio espacio para que estuviesen libres. le sostuvo las mejillas entre las palmas y la obligó a mirarla en los ojos: —¿Me oíste? Tragó saliva y respondió: —Te oí. Scott rió y la besó otra vez. Saberlo le dolió más que la punta del cuchillo del atacante. —No eres una mujer para tomar esto con ligereza. —Debe de haberte extrañado que nunca te agradecí lo de las tijeras.. apenas abiertas. más prolongado. Contempló su rostro. exhibiendo sus famosos hoyuelos. Sintió cómo iba creciendo en ella la maravilla ante la sensación tibia. y supo que no sería ahí en Proffitt. más prolongado pero sin prisa.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Hubo una primera respuesta tímida.197 - . Trazó con los pulgares leves círculos en las sienes y vio con mayor claridad lo que ya había visto: atrayentes ojos verdes. entre los dos. debajo de los omóplatos.. dejándola explorar la boca a su antojo. —Agatha tragó saliva pero no dijo nada—. Él tenía diez. una nariz recta y fina. y se separó con un toque de la boca abierta. Cuando tenía ocho años.

Gussie. Te ruborizaste —le informó. —Lo sé. Los de color verde claro a los de castaño profundo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Por qué no fuiste a decírmelo antes? —Porque esta es la primera vez que me decido a hacer esto. Tal vez fuese lo más cerca que llegara jamás del acto verdadero. escuchó la respiración y sintió que le agitaba el cabello sobre la oreja. Ese día lo pensé. Scott eligió la salida más fácil: —Sí. Y se preguntó cómo sería poder compartir la cama así. No es por eso que lo hice. y que la habitación se convertía en un seguro refugio penumbroso. Y para decirte que las tijeras están en mi bolsillo del pecho desde que Willy me las trajo. Apartó la mirada... —Vio que la timidez se instalaba en el semblante de Agatha—. —¿Y por qué? —No lo sé. de cara a ella. —Puedes confiar en mí. el resto de su vida. Después. Son hermosas. y ya esta noche te tomaron una vez por sorpresa. . Lo sintió rodar otra vez hacia ella y acomodarse de costado..198 - . Gussie.. Vio que se apartaba rodando para bajar la mecha de la lámpara. —Adquirió una expresión afligida—. —¿Puedo quedarme aquí? ¿Sobre las mantas. Hacía tanto que no veía sonrojarse a una mujer. a tu lado? La mirada de Agatha voló hacia él. quédate —susurró. Recorrió con un dedo la línea de la mejilla. para consolarte. ¿Tú lo sabes? —¿Para consolarme? Contemplándole los ojos. Pero no quiero que creas que me aprovecho de ti cuando estás ebria de tu primer whisky. Sintió el peso de él casi apretándole los pechos. donde la piel suave había florecido como una rosa en verano. —Sí.

Tú me pones contenta. confundido. —Oh. olfateó el labio de Agatha y le hizo cosquillas con los bigotes. ¡Jesús!. con Moose en brazos.199 - . llevando en la mano un plato tapado—. ¿eso te hizo ese hombre? La mujer se acurrucó de costado y le acarició la rodilla: —Me pondré bien. . Gussie. a los dos. y no pienso empezar a serlo ahora. haciéndola reír y rodar a un costado. —Hola. —¡Oh! ¡Lo olvidé! —Saltó de la cama y corrió hacia la puerta. pues estar acostada junto a un hombre dormido no se lo permitía. Cuídame a Moose. Ven aquí. y por fin recordó—: Control. —¡Con que estás aquí. y Willy estaba sentado en la puerta de la sala. Un fuerte susurro la despertó. —Eh. Willy también rió al verlo. —Se interrumpió. seco y sarcástico. pero se detuvo junto al marco y dio la vuelta.. —Yo y Violet cuidaremos de la tienda. Aun así. ¿estás despierta? Giró la cabeza y abrió los ojos: Scott se había ido. Willy. Me asustó más de lo que me lastimó.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 15 Fiel a su palabra. Agatha durmió poco. El niño resplandeció. Moose te pondrá contenta.. pequeño sinvergüenza! —Era Ruby. Gussie. Sólo al llegar un amanecer grisáceo que comenzaba a desteñir el cielo nocturno. No podía quitar la vista de la herida.. La muchacha rió a su modo. El chico sonrió. llovía y retumbaba el trueno. Moose caminó sobre las mantas con la proverbial delicadeza de los gatos. con. —Lo que está haciendo Moose es impedir que un joven que yo conozco ayude a barrer allá abajo. con los tobillos a los costados.. cuando Willy salió. —Pero. Se pone en el paso cuando barremos. Willy. cayó en un sopor. en su pose familiar. Afuera. y se acercó corriendo. ¿Scotty sabe que tienes a esa criatura en la cama? —Sí. Vio enseguida el vendaje manchado de sangre seca y exclamó en tono de horrorizado respeto: —Jesús. Nunca en mi vida fui haragana. Ruby levantó una ceja con la mirada fija en la puerta. Moose ha conseguido que Agatha esté feliz de nuevo. —Le dirás a Violet que pronto bajaré.. —Truje a Moose para verte. tiró a Moose sobre la cama y se subió para sentarse al lado de Agatha.. que entraba por la puerta como un vendaval. Scott no defraudó la confianza depositada en él en toda la noche. Gussie. así hoy podrás descansar. Violet dice que te diga que todo está bajo con. casi con los pies en el aire—. frotándose la nariz.

Scott. Era una verdad innegable. a vez. cruzándolo con los mismos bríos con que lo hacía Willy en el presente. que si pongo las manos sobre la basura que te hizo eso. Ahora. en cierto lugar del interior. —Tendrías que verlo cuando va a la casa de baños. que se va a la guerra sin ganas. Cuando Agatha se levantó. Se lo imaginó como marido flamante. pero Scott estaba sentado al escritorio . Acariciando la cabeza pequeña del gato. Había ocasiones en que olvidaba las vidas anteriores de las muchachas pero. Agatha sonreía y pensaba: «Oh. Mientras comía el desayuno y cuando Ruby salió. Agatha dejó el tenedor y le dio los restos. —Depositó el plato sin la menor formalidad—. Al salir del apartamento. Se detuvo en la sala. ya sin apetito. más punzante que la primera cuando comprendió que los días compartidos estaban contados. Era algo serio. la puerta que comunicaba la sala con la oficina de Scott estaba cerrada. Qué milagro. Yo. estando cerca cuando tenía dificultades. se le arrasaron los ojos en lágrimas. ahora que acababa de encontrarlos? Moose vino a olfatearla. Scotty dice que me ocupe de que lo comas todo. ¿Y si los perdía. cobijándola cuando tenía miedo. vio que la puerta de la oficina que daba al pasillo estaba abierta. rogó: «Dios querido. come. Lo sé. Ruby. le retribuían el sentimiento. Es lo que debes hacer. la asaltó esa sensación de intimidad. echó un vistazo a la chaqueta tirada sobre una silla tapizada. galopando por la región entre árboles de magnolia. a ti también te amo». mimándola después. De repente. Intentó pasar sin ser vista. Tocó el cuello usado que había rodeado la garganta fuerte y morena. en una habitación con alcoba nupcial. tienes huevos y sémola. Volverás. Se lo demostraron de innumerables maneras. surgían cosas que las recordaban en anécdotas escandalosas o en el lenguaje picante como el que Ruby acababa de usar.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Acaso alguna vez ese chico hará algo despacio? Agatha rió. Emma dice que no hay prisa en devolverle el plato. Tocó el humidificador de palo de rosa. En los últimos seis meses había aprendido a querer a toda la «familia» de Gandy y ellos. la esposa llorosa con la hija de ambos en brazos. no permitas que la enmienda se convierta en ley». Lo imaginó como un soldado vencido de la Confederación. Contempló el amplio portal rodeado de luces en el que se veía a Scott de niño. Se lo imaginó como un joven casándose con una bella mujer rubia. sintiendo en la yema de los dedos la madera pulida por infinidad de roces de los dedos de Scott. dándose la vuelta para dar una última mirada a la familia. vio que estaba jugando con la comida.200 - . Una vez más. se puso pensativa. pero mientras contemplaba al animalito sobre su propio regazo. le arrancaré las pelotas y las picaré para dárselas de comer a los cerdos. un cenicero lleno junto a ella. lamiendo el plato. cada tanto. que regresaba para oír la voz de la hija muerta que lo perseguía en sueños. el cuello de una camisa junto al portacigarros. Agatha no pudo menos que reír del pintoresco lenguaje de Ruby. un periódico viejo. —Esta mañana. De golpe. la mano levantada sobre la cabeza en ademán de saludo.

se levantó de un salto de la silla y fue hacia la ventana como había hecho la vez anterior que hablaron. pensó cómo responder. Y gracias por el desayuno. sin afeitar.. —Gracias. Para Agatha la posesividad era un sentimiento nuevo. ¿Cómo se respondía cuando el corazón estaba destrozándose? Apeló a una reserva oculta de fuerza que no sospechó que poseía. Scott. fuisteis todos muy buenos conmigo. Sobre el escritorio. como si Agatha le hubiese discutido: —Tú y yo somos muy diferentes. No completó la idea. Scott.201 - . Tragó y siguió. sin entrar. tenso: —Agatha. Tampoco la cuña de piel en la garganta. a un costado. —Sí. También la concupiscencia. La camisa blanca sin el cuello. yo. no seas tonto. —Entonces. con esfuerzo—: No sé qué hubiese hecho sin vosotros. —Sí. Gracias. —Vamos.. Ni mirarlo sin anhelar. Renuente. Volvió hacia ella el semblante preocupado y siguió. a la luz desgarrada de un relámpago.. lo que pasó anoche. no fue más que un beso. sostenía una pluma con el dedo. —No es necesario. —Balbuceó y sintió un nudo en la garganta. giró con brusquedad y . De pronto. Mientras se oía el eco del trueno. sin acordarse de la textura áspera del vello masculino bajo los dedos.. Desaseado.. de forma esculpida. La observó..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR y alzó la vista. —Está bien. los ojos nublados por la preocupación.. sin desear más. Entre las cejas de Scott—se formaron dos pliegues. las mangas enrolladas hasta la mitad del brazo. todo puede cambiar. —Hice que Pearl cambiara tus sábanas y llevara las sucias al lavadero de Finn. Mirando afuera a través de las gotas de lluvia.. consciente del camisón ensangrentado y los pies descalzos. Bastó el transcurso de una noche para que todo cambiase. Agatha ya no podía mirar ese dedo sin recordarlo alzándole la barbilla. —Me siento mucho mejor. Yo. es verdad. dijo. despeinado: nunca lo había visto así. sin evocar la impresión de ser besada por primera vez. la lámpara estaba encendida y lanzaba reflejo de llamas sobre la piel oscura del rostro y.. Exhaló un hondo suspiro. Fuiste. lo sé. soltó la pluma. pero sólo sentía un temor que le atenaceaba el corazón. En lugar del cigarro. después del 2 de noviembre. Te mandaré el dinero con Willy. abierta adelante. volvió a la puerta abierta y se quedó en el pasillo. jamás lo habría hecho. Ya no podía contemplar los labios plenos.. —¿Cómo te encuentras esta mañana? El aspecto de ese hombre le paralizó el corazón. Con cuánta rapidez asumían el control después que una mujer probaba el sabor de un hombre. —Agatha —la llamó. —Y. mientras Agatha trataba de recuperar el equilibrio. Era una mentira flagrante: se sentía desdichada ante la perspectiva de perderlo. la lluvia azotaba el cristal desnudo de la ventana y corría en arroyuelos.

a Jack o a Pearl. Pero si estaba insinuando lo que Agatha creía. Para muchos habitantes de Kansas fue una noche larga y agitada. los surcos se habían congelado y formaban unas irregularidades que casi destrozaban las enormes calesas que llegaban al pueblo en una corriente continua. El comisario Cowdry les pidió a todos los taberneros de Proffitt que escribiesen la palabra templanza. Willy aprendió a tocar «¡Oh. vivificante. cosa que le pareció muy divertida hasta que él mismo lo padeció. Agatha se reprochó el pésimo criterio con que había elegido semejante regalo.202 - . El clima siguió siendo malo.C. y aunque se recobró a tiempo para ir al lugar de la votación a repartir folletos de último momento con las demás miembros de la U. pero no verse. Violet había vuelto al trabajo. al mismo tiempo.. Ni los cuatro hombres de al lado que cruzaban la calle acribillada de surcos hasta la acera opuesta para emitir sus votos. Pero cuatro de ellos afirmaron no saber escribir y. los corrales estaban vacíos. cinco escribieron la palabra con el mismo error ortográfico que en la nota. se fue y lo dejó mirando por la ventana. ¿qué estás diciendo? Estaba demasiado confundida para seguir allí. trayendo copos de nieve tan sutiles que sólo podían sentirse. pues el agudo sonido le hacía rechinar los nervios. Cosieron poco. Bajó la cabeza y se quedó mirando el suelo. Nadie sabía en qué momento exacto del día siguiente se transmitirían las noticias por telégrafo.M. .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR enganchó las manos en el borde donde se juntaban la parte superior e inferior de la ventana. El 2 de noviembre fue un día triste. cuando no podía. era el centro del ajetreo Agatha eludía las ventanas y. ¡Scott!. la recorrió. pero ni ella ni Agatha podían concentrarse. Mientras octubre se gastaba y aguardaban el día de las elecciones. asfixiante. llevando a los votantes de las afueras. Agatha cuidó del niño y de la tienda. Un ramalazo de esperanza estremecedora. bajo la punzante aguanieve. donde se recibían los votos. en esa mañana lluviosa no volvió a tocarse el tema. aislada del mundo. la trataba con la misma amabilidad amistosa que a Ruby. Lo que más hicieron fue mirar el reloj y escuchar el sonido desolado e isócrono del péndulo. ni sus vecinas. iluminado por la lámpara. esperando descubrir quién había dejado la nota en la puerta de Agatha. Trataba de no pensar en la decisión de los votantes en todo Kansas. y los de la planta alta de la Sombrerería Downing y del Gilded Cage Saloon no eran la excepción. y hablaron menos. y las calles se convirtieron en un pantano.T. Ella fue la siguiente víctima. Hubo una epidemia de catarro estomacal y todos enfermaron. El cielo tenía el color de la plata empañada. por momentos. se quedó en la casa aprovechando el catarro como pretexto. la evitó todo lo posible y. Los vaqueros se habían marchado. y soplaba un viento frío del noroeste. que hasta en ese momento. animaban a los votantes masculinos que pasaban a erradicar para siempre el alcohol. Susana!» en la armónica y. Las tabernas estaban cerradas. de los que quedaban. uno tras otro. Fue el peor enfermo que Agatha hubiera podido imaginar. En las calles. y como Violet también tuvo que guardar cama. La oficina del comisario. se sentaba en el fondo del taller. Willy decía que Pearl lo llamaba «el paso rápido de Kansas».

Los ojos de Gandy hallaron a Agatha de inmediato. quería acercarse y consolarla. y le costó respirar. acongojada. Era una ironía que quisiera hacer una cosa semejante con la mujer que había . Se caló el sombrero y demoró mucho tiempo en acomodar el ala—. en voz baja pero firme. Agatha asintió. Levantó la vista al rostro solemne y preguntó. y apartó la mirada. Scott vio que le palpitaba el pecho y los hombros empezaban a sacudírsele. poco después de mediodía. En alguna parte del almacén. Scott. saludó a Violet. en vez de tomarla tamborileó el ala del sombrero que tenía en la suya. se inclinó hacia él apoyando la mano cerca del borde del escritorio. pero sintió como si tuviese un corcho en la garganta. Agatha estaba sentada ante su escritorio y Violet limpiaba los estantes de cristal de los exhibidores. no! Sintió como si el cuerpo se hubiese vaciado de sangre. vacía de expresión. señorita Violet. y las miradas de ambos permanecieron unidas. recordando los buenos modales. Scott tampoco pudo soportar verla. —Tenemos que tomar alguna decisión con respecto a Willy.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Cuando Scott abrió la puerta del frente. pero no pudo. y se aclaró la voz. Pero junto a ese escritorio un hombre y una mujer agonizaban en silencio. con el corazón martilleando tan dolorosamente como sabía que estaría el de ella. Las miradas se encontraron otra vez. no lanzó sus risas tontas. Los ojos carentes de expresión se fijaron en los de Agatha: —¿Pensaste en ello? No pudo soportar discutir fríamente una situación que desgarraría el corazón de uno de los dos. apartó las cortinas de encaje y miró afuera. con el sombrero en la mano como si estuviese en un velatorio. Agatha tragó saliva. Por una vez. Agatha palideció. —¡Oh. Moose jugaba con un carrete de madera. —Buenos días. Agatha sintió la piel tirante hasta en el cráneo. serio. para así consolarse.. Luego. cerró la puerta con deliberada lentitud pero. la de ella..203 - . la de él. Aunque la mirada de Scott se posó en la mano. —Buenos días. señor Gandy. —Oh. Agatha ahogó una exclamación y se llevó los dedos a los labios. tratando de controlar las lágrimas que se le agolpaban en los ojos. Sin darse cuenta. —Pasó —repitió Violet. Aunque él también estaba desolado. —dijo Scott. que se incorporó. Se tapó la boca y volvió la cara hacia la pared. había comenzado el ruido de celebración de la victoria. aunque ni el hombre ni la mujer junto al escritorio escucharon esa palabra. La garganta se le contrajo en espasmos. Violet fue hasta el escaparate. distraída. De cara a la pared. Afuera. casi en un susurro: —¿Qué fue? —Se aprobó —respondió. Scott se dirigió hasta donde estaba Agatha silencioso. —Kansas es estado seco. —Bueno. Podemos hablar de eso otro día. Trató de decir que sí.

querida. hundiendo la cara en el pecho de Violet. —Querida. algo. se extendió sobre el cabello de Agatha.. Agatha no hizo más que mover la cabeza contra el vestido de Violet. todavía no era ley ni lo sería. del color de la nuez moscada.. hasta que llegaran los documentos oficiales que la convirtiesen en ley! Por Dios que. En los ojos de Violet.. V. lastimaba también un poco el propio.... muchacha. La mano de Violet. —Gussie. querida! —exclamó.. era la primera vez que recordara verlo salir sin saludarla con amabilidad. ¡Cómo detestaba ver irse a ese encantador señor Gandy! Cuando cerraran las tabernas. Por un instante. lo hice. —dijo. —No.. —¡Oh... Para Violet. apareció una expresión de asombro y angustia. surcada de venas azules. Vio que Agatha se esforzaba por contener las lágrimas y se sintió desdichado. Tocó el hombro de la amiga. al menos él aprovecharía el tiempo. tapándose la boca y la nariz con un pañuelo. no se le ocurrió mucho para decirle a esa mujer con el corazón destrozado que. el impulso lo acercó a ella. dejarlo ir. No hiciste nada imperdonable en toda tu vida. entre los dientes romos y amarillentos.. hasta entonces. de Scott G. con voz gutural... me enamoré. por eso. —S. Pero como no creía en lugares comunes. im.que dijo sobre W. no se resolverá.Violet —gimió. vio a Agatha con el rostro vuelto hacia la pared.. —Aunque nunca fue madre. —Ya oíste lo q. al darse la vuelta.. Me. soltó la cortina y permaneció en el resplandor junto al escaparate. ¡Aunque hacía seis horas que se sabía. —No seas tonta. Gandy.mejor que vayas a decírselo.... Ésta giró de pronto en la silla y se abrazó apretadamente a la otra.. Uno de nosotros tendrá que de. No lo pudo soportar más. .. y salió de prisa de la tienda. Sin vacilaciones.. Hice. Los hombros se le estremecían. Violet la sostuvo con firmeza y le palmeó la espalda. Willy lo sabe? —Todavía no —respondió. Cuando la puerta se cerró. pero se le quebró la voz.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR luchado activamente para que tuviese que cerrar y lo había logrado. no podía haber sido más maternal si Agatha hubiese sido su propia hija—. fijos en el cabello de Agatha.. bueno. murmurando: —Bueno. —¿Wi. Willy... Heustis Dyar pasaba el cigarro de un lado a otro. sintiéndose acongojada. ¿qué entretenimiento quedaría en ese pequeño pueblo miserable? Oyó un sollozo y. perfumado de lavanda. Violet se acercó al escritorio. —Oh. Todo se resolverá.. imperdonable. m. —Oh. —Será me.. y repitió—: ¡Oh. querida! —Tras una pausa. sí.204 - .... preguntó—: ¿Lo sabe? Agatha negó con la cabeza.

Más que paciencia. sin otra arma que su propia furia. Marcus voló por el rellano. Todos rieron en el bar. salió del camino y se dirigió a la fila de edificios que había entre la puerta trasera y la esquina. esperó. en la acera de enfrente. también? Dyar bebió otro trago y le pareció que la pregunta le quemaba dentro. fue muy fuerte. hizo una mueca y se pasó la mano por la barriga. ¡Qué derecho tiene.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Llenó otra vez el vaso y lo vació. y se aplastó contra la pared. Se apresuró a sujetar la puerta para que no golpeara. acaso. pero todo el alcohol consumido le disminuyó la velocidad de reacción e hizo que su equilibrio fuese precario. —¿Qué derecho tienen? —exclamaba un borracho en la barra. Esperó para ver que el sujeto que estaba en la puerta de Agatha echaba una mirada furtiva sobre el hombro y se inclinaba sobre la cerradura. con lengua estropajosa—. pasaba más tiempo corriendo al retrete del patio de atrás que tocando el banjo. que era la responsable de todo esto. hijo de perra! ¡Atacando a mujeres indefensas em mitad de la noche! Aunque Dyar pesaba unos cuántos kilos más que Marcus: este tenía . Ella y sus secuaces habían chillado. Marcus fue el último en pescar el catarro pero. Bueno. perra entrometida! ¡Qué derecho tiene! Apoyó el vaso con un golpe. Con mirada dura. soltó un tremendo eructo y dijo en voz lo bastante alta para que todos lo oyesen: —Me gustaría beber más si no tuviese que dejar de hacerlo ahora mismo para orinar. y oyó que el cuchillo caía abajo. contempló la ventana estrecha del apartamento de enfrente. orado y abucheado hasta que lograron lo que se proponían.205 - . cuántos tragos había que vender para ganar dinero suficiente para comprar un caballo? Había tenido paciencia mientras observaba esa sombrerería. cuando lo tuvo. ¡Maldita diarrea! En los últimos días. Cuando abría la puerta del retrete y salía. Agatha Downing. arrojándose al ataque con todo el cuerpo. lo hizo como un galgo: con un salto. Tensando la mandíbula. ¿Sabían. cuchillo en mano. subía las escaleras de la casa de Agatha. tratando de sostenerse de manera decente. ya estaba advertida. Dio de lleno en el pecho de Dyar con los dos pies. miserable! ¡Ruin. Le dejó un sendero tibio en la tráquea. vio un movimiento en la cima de la escalera. donde los secos se iniciaron. abandonando la comedia de que iba al retrete. Sin hacer caso del estómago dolorido. Mientras se abotonaba los pantalones y se colocaba los tirantes en los hombros delgados. Afuera. con el alcohol. pero no para pedir ayuda sino para gritar de furia: ¡Eras tú. En menos de tres minutos. Nunca en su vida deseó tanto tener voz. subiendo de a dos escalones. y Tom Reese llenó de nuevo el vaso de Heustis mientras este salía por la puerta del fondo. ¿Qué derecho tenían a quitarle a un hombre su medio de vida? Él era un comerciante honesto. la primavera pasada. a oscuras. Dyar mordisqueó la cera de las hebras colgantes de su bigote rojo. Dyar. Tuvo la suficiente consideración para advertir a la sombrerera coja. Dyar giró sobre los talones. Cuando Marcus se movió. calculando el momento exacto de moverse. ¿Acaso nosotros no tenemos derechos.

El mudo sintió que la rabia explotaba dentro de él. Marcus estaba sentado. —¡Marcus. Dyar alcanzó a Marcus en el estómago dolorido haciéndolo doblarse. Marcus le dio un puñetazo que le echó atrás con tal violencia la cabeza roja que le crujió las articulación del cuello. podía haberte matado. —¿Qué pasa aquí? —¡Marcus! ¡Oh. y cuando salí. recordó que Dyar aún estaba tendido en el callejón. Marcus! —¿Quién está ahí. Dio a Dyar en la barriga y lo hizo caer limpiamente por encima de la baranda. soñoliento de la muchacha. sobre Marcus. Jubilee pasó la palma suave por el brazo de Marcus.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR la razón de su lado. y siguió con una fuerte bofetada en la cabeza. Jack encontró el cuchillo y lo levantó. también en ropa de dormir. Cuando Dyar pudo pararse. las piernas cruzadas. En el mismo momento en que la llave de Agatha giraba en la cerradura. Jube se inclinó. Una rabia pura. Era el que menos capaz le parecía de lidiar con un sujeto del tamaño de Dyar y. meciéndose y apretando la mano derecha contra la barriga. era un precio escaso por el consuelo de tener a Jube ahí. después el grito. preocupada por él. que se interrumpió cuando chocó contra la tierra endurecida de abajo. se arrodilló del otro lado. —¿Te lastimaste la mano? Asintió. Oí el forcejeo. El rugido que no podía emitir se transformó en poderío. —Se lo merecía —afirmó el niño. Agatha. deseoso de poder gemir. Lanzó una mirada preocupada . Marcus estaba sentado en medio del suelo. lo hizo y salió victorioso. en el centro del rellano. —¿Agatha está bien? —le preguntó Scott a Ivory. Se levantó. el joven olvidó el dolor de la mano y se concentró en la sensación de la bata de seda que le rozaba el hombro. Marcus. Por un momento. Willy se levantó.206 - . tirado? Scott e Ivory bajaron corriendo y gritaron desde abajo: —¡Es Heustis Dyar! —Debe de haber intentado irrumpir en mi apartamento —dedujo Agatha—. el olor tibio. bajó la cabeza y fue a la carga como un toro. Todos parlotearon al mismo tiempo. pero el dolor le recorrió el brazo y soltó un siseo entre dientes. bajó las escaleras y se acuclilló junto a —¿Éste es el que estaba molestando a Gussie? —Así parece. En devolución. lo atrapaste!. Ivory y Jack salían corriendo por la puerta. muchacho. Si bien lo deleitaron la cercanía y la atención de Jubilee. —Marcus. gloriosa. compasiva. El grandote lanzó un grito breve. en el rellano. Aunque tuviese la mano quebrada. Marcus trató de encogerse de hombros. —Oh. y la ventaja de la sorpresa y la sobriedad. sin embargo. Arriba. ¿qué pasó? —¿Quién gritó? —¿Estás herido? Otros salieron por la puerta del apartamento. —Parece que sí.

—¿Qué harás tú cuando ya no puedas vender no más whisky? —Más —lo corrigió Gandy. —Heustis Dyar deseará que lo único que tuviese roto fuera la mano diestra —señaló con ironía el doctor Johnson. no es la mano de rasguear. le dio las buenas noches y se escapó. pero hecho puré.. —Y también al comisario —agregó Jack. como una persona. Scott respondió: —Vivo. —Está bien. encendieron lámparas. Gandy tapó a Willy y lo arropó hasta la barbilla. ¿no? —Creo que sí. capturando a Moose y acostándose otra vez sobre la almohada. casi sin advertir que había copiado la costumbre de Agatha de corregir al chico. tuvo que morderse la mejilla para no sonreír cuando el niño afirmó: —Yo oí casi todo. En su cuarto. a dormir. Marcus recibió un beso de Jube: un roce leve de los labios que lo sobresaltó pero. La diversión acabó. —¿Cómo es posible que alguien quiera hacerle daño a Gussie? — preguntó. Resultó que Marcus se había roto un hueso de la mano derecha. Gandy casi esperaba que Moose bostezara. Lo ayudaron a levantarse. Cuando el doctor Johnson lo hubo entablillado con un bloque de madera sujeto con una tira de gasa. lo llevaron adentro. mientras el comisario Cowdry se llevaba a Dyar a la cárcel. Agatha le prometió a Marcus hacerle gratis un atuendo de su elección. Lo más probable es que regrese a Mississippi. que seguía observando el cuchillo. Tendremos que llamar otra vez al médico. distraído. parecía decir su expresión sombría. antes de que pudiese reaccionar.. —murmuró Ruby. —Veremos. Todavía faltan meses para que la ley sea efectiva. En agradecimiento.207 - . muchacho. . al hacer acostar a Willy. Ruby preguntó: —¿Cómo está Dyar? Desde abajo. hijo. y se unió a las mujeres que atendían a Marcus. Marcus extendió la diestra mano izquierda como pulsando las cuerdas de un banjo invisible: Al menos. El viejo Heustis parecía un fuego artificial hasta que cayó. bueno. No te preocupes por eso. inocente. Scott.. que se apoyó de costado con la cabeza en la almohada. y revisaron para ver la gravedad del daño. —Es por lo de la prohibición. —No sé.—Pedazo de basura. —Pero.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR hacia la baranda e hizo un gesto con la cabeza que significaba: «¿qué le pasó a Dyar?». ¿me oyes? Tenemos tiempo para decidir.. palmeándose la boca. en cuanto se sintiera lo bastante repuesto para ir al taller a probarse. ¡splat! —Vamos. El gato estaba tan acostumbrado a dormir con Willy. y así podrías quedarte aquí. Quizá tú podrías hacer lo mismo. ¿podrías trabajar como herrero o algo así? El papá de Eddie repara arneses. Apoyó un instante la mano en la cabeza de Willy—.

Siete rostros lúgubres lo contemplaron. No la tenía. Al inclinarse para rozar los labios de Willy. Se decidió que no tenía sentido quedarse más tiempo allí. después. y era importante que reservara un capital suficiente para que pudiesen empezar de nuevo en otro sitio. donde el clima es más cálido. qué quiero hacer. Scotty.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Scott empezó a levantarse. . Evocó a Agatha. o algo así. inexpresivos. y para mantener la voz serena: —Ahora... Gandy sintió que un puño gigante le oprimía el corazón. y no se creyó capaz. y trate de ordenar mis ideas. La Gilded Cage apenas daba para sostener a ocho personas. El hombre alto y delgado se sentó en el borde del estrecho catre. cuando pensaba en dejarlo. —¿Y ahora. reducida a sus doscientos pobladores originales. De súbito. Scott Gandy y sus empleados celebraron una reunión una mañana. pero la perspectiva de besarlo por última vez le desgarró las entrañas. para decidir cuándo cerrar el Gilded Cage y a dónde ir. —Olvidaste darme un beso de buenas noches. Sin embargo. expectantes. imaginaba los ojos castaños llenos de lágrimas como sabía que sucedería. elegiré un lugar a donde podáis cablegrafiarme y yo os contestaré y os diré dónde nos instalaremos y cuándo. ¿Qué os parecen unas breves vacaciones? Nadie dijo nada. Siguieron callados. sólo será hasta principios de año. ¡Maldición! ¿Acaso no eran capaces de pensar por sí mismos? ¿Siempre lo considerarían el salvador. ¡Dulce Jesús! ¡Qué decisión lo esperaba! —Yo también te quiero. la garganta contraída. el que los llevaría sanos y salvos. que se apartaran de él por un breve lapso? —Bueno. duerme. —Lo haré. el rostro vuelto hacia la pared. al siguiente puerto rentable? Pero el hecho fue que él también se sintió rechazado. muchacho —logró decir. sintió el peso de la responsabilidad hacia ellos y no le agradó. pues el aumento de los negocios en los meses de transporte de ganado ya habían pasado. esperando una respuesta. Luego. Scott trató de controlar sus emociones. Quizá vaya al Sur. Al llegar a la cuestión de dónde ir después.208 - . tampoco se sentía capaz. ¿por qué se sentía culpable al pedir un poco de tiempo a solas. Entre el presente y el tiempo en que la ley se hiciera efectiva. todos se quedaron mirando a Gandy. A duras penas. lo estrechó fuerte unos momentos contra su propio corazón galopante. —Necesitaré un poco de tiempo a solas para que se me ocurra una solución.. —Pero. y apretó los labios sobre la cabeza rubia de pelo corto. Tuvo que hacer un esfuerzo para hacer acostar otra vez al niño y taparlo.. qué? —Te quiero. a mediados de noviembre. Scotty. Se imaginó apartando a Willy de ella. En ese momento. Entonces. Pero. A dónde quiero ir. en el mejor de los casos los negocios disminuirían junto con la población de Proffitt.

pero la tristeza no se disipó. Scott me dice que te dé esto. Gandy fue arriba. confundido. —¿Y el niño? —preguntó Jack..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Qué opináis? —De acuerdo. ¿Por qué no vas. Pero no os preocupéis. Sin saber bien por qué. El chico se apoyó en los costados de las botas y metió los puños en los bolsillos de la nueva chaqueta abrigada que Scott le compró. Yo pondré en venta el edificio de inmediato. Abajo. ¿no os parece bien? Murmuraron su acuerdo. —Pero al percibir su propia falta de entusiasmo. todos. sin énfasis—. sencillamente. Agatha sintió que la asaltaba un presentimiento. Nos parece bien. Willy. —Claro. «¡No. Todo lo contrario: el niño tenía dos personas que lo querían y que habían pospuesto la discusión todo lo posible. la expresión de Willy se tornó contrita. y hablas con ella? —Porque estoy ocupado. Scott logró ocultar la angustia que le provocaba el tema de Willy. Cuando se marchó. Quedó a cargo de Scotty fingir entusiasmo. ¿vas a llevar esa nota o no? —exigió. abrumado por la culpa de haber tratado mal a Willy. Willy protestó—: Jesús. Willy echó una mirada a Scotty con ojos brillantes. ¿por qué se habrá puesto tan gruñón. escribió una nota para Agatha.209 - . —¿Y qué hace allí? ¡Estamos en invierno. Scotty —respondió. sumiso. trabajando con la máquina de coser. yendo hacia la puerta. Al echar un vistazo al papel. A fin de cuentas. muchacho! Mortificado. y le pidió a Willy que se la llevase y aguardara respuesta. —Mientras Agatha leía el mensaje. —Me la pondré antes de subir otra vez. ni de que Agatha estuviese en esa situación. Scott se sentó pesadamente y se quedó mirando la nieve por la ventana. —Hola. Al verse regañado sin motivo por su héroe. en mi cuarto. forzó una falsa alegría—: Eh. Le entregó la nota. El traqueteo rítmico de la máquina se interrumpió. Willy contempló la nota que le tendía. salid. con más aspereza de la que pretendía. Scotty —respondió Ivory. —Pero es una tontería. Gussie. No se quedará solo. ¿Cuántas veces tengo que decirte que no corras por las escaleras con este frío. —Dice que espere la respuesta.. —Y ponte la chaqueta nueva. pensó—. has estado. —Dio una palmada sobre el paño verde de la mesa y se incorporó—. Willy encontró a Agatha en el taller. pero más aún. ¡Todavía no!» —Gracias. cuando estéis listos y hayáis empacado. no!. No tiene sentido quedarse más tiempo en este pequeño pueblo vaquero.! —¡Creí que Agatha te enseñó a decir «estás»! Y bien. no tenía la culpa de que hubiera que cerrar la taberna. Pero ya no podían evitarla. a la oficina. . —Agatha y yo aún tenemos que hablar de eso. y el volante dejó de girar. —¡No 'stás ocupado! ¡Qué diablos. estamos de acuerdo. —Entonces. sin ponértela? —Pero está abajo.

mirando la mano que esperaba. Sólo que sí. y una vez le parecía suficiente. Salió del ensimismamiento al oír a Willy llamarla por su nombre.210 - . Scotty está tan gruñón? —¿Gruñón? ¿En serio? —Bueno. Willy llegó hasta la puerta de la oficina de Scott. Ella misma no dormía de noche y se angustiaba de día. —Ven aquí.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR últimamente? Mientras terminaba de leer el mensaje. —No hice nada malo —lo corrigió—. al fin. Exhalando un suspiro hondo y trémulo. ¿Qué decías.. querido? —¿Por qué. —Sí. —Más cerca. En ocasiones. las personas mayores nos ponemos así. palma hacia arriba. bueno. Scott giró en la silla y sintió un espasmo en el corazón. —Gussie dice que sí. Proyectó el mentón en gesto beligerante.. —¿Que sí? —Sí. a Agatha se quedó mirando la puerta trasera y trató de imaginarse la vida sin Willy entrando y saliendo. —Discúlpame. me habla como si estuviese furioso. Obstinado. Acarició el costado de la cabeza del chico y le indicó con suavidad: —Dile a Scotty que sí. Entendía bien por qué Scott estaba de mal humor. pero no más. ¿Puedes venir esta noche a la taberna. Willy se mantuvo en sus trece pero. ni toda la preparación mental del mundo podía disminuir el dolor. Tiene muchas preocupaciones desde que salió la enmienda. No obstante. Scott le tendió una mano. últimamente. . releyó el mensaje: Querida Agatha: Tenemos que hablar. Estoy segura de que Scotty no tiene intenciones de gruñirte. Scott Cauteloso. —¿Por qué? Willy se había quemado ya esa mañana. después de cerrar? A esa hora no nos molestarán. Rodeó la esquina del escritorio y se detuvo cerca. No llego. Había llegado el momento que sabía inevitable. —Ven aquí. Se acercó a desgana. puso la mano regordeta en la de Scott más larga. Al ver que se iba sin nada de su proverbial entusiasmo. —¿Eso es todo? —Eso es todo. se apoderó de ella una corriente de temor. con el entrecejo fruncido. muchacho —le ordenó con suavidad. y yo nunca no hice nada malo.

sobre el pecho del hombre.. Si fuese tan simple. Willy. Acarició con los dedos el fino cabello rubio y lo alisó hacia la nuca una y otra vez. quejoso. —No.211 - . —Me gusta la nieve —contestó Willy. el hombre preguntó: —¿Alguna vez pensaste en vivir en otro sitio? —¿Dónde? Willy no se movió. disfrutando la sensación de las uñas de Scott que le rascaban suavemente la cabeza. ¿Tú estarías ahí? —Sí. adormilado. Te hice sentir mal. la mejilla contra el chaleco del hombre. Pero en ese instante no tenía valor. Scott cerró los ojos un momento. lo sabes. La cabeza rubia de Willy cabía a la perfección bajo el mentón de Scott. como si eso pudiera resolver la elección en contra de Agatha. En la pequeña estufa de hierro ardía un fuego acogedor.. ¿verdad? —preguntó. —Entonces. muchacho. y recomenzaron el ritmo hipnótico. ¿por qué me gritabas? —preguntó Willy.Con evidente alivio. —No tengo excusas. —Entonces. Pero sintió una punzada de culpa al preguntarle a Willy por sus deseos. Hice mal. romper el dulce contento que habían hallado juntos. en voz ronca. en gesto de confianza. Tras largo rato. ¿no es cierto? —Acercó al niño. Sellaron la paz. Odiaba moverse. ¿Crees que te gustaría vivir en una granja? —No. —Es como una granja grande. . ¿Podemos ser amigos otra vez? —Creo que sí. —En un sitio donde no haya nieve. Las piernas cortas se balanceaban contra las más largas. y hasta esa presión le resultaba grata. Scott apoyó una bota en un cajón abierto y meció con indolencia la silla giratoria hasta que el resorte emitió un ruido débil.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Lo lamento. Afuera. juntos. el chico se acurrucó contra el pecho del hombre. Comprendió que era el momento perfecto para decirle a Willy que la Gilded Case cerraría pronto y que todos ellos tendrían que marcharse del pueblo. No era eso lo que pretendía. Quiero que nos quedemos aquí. El cuerpo pequeño con la gruesa chaqueta de lana se sentía tibio y agradable. no quiero ir a ninguna granja. una mano apoyada. —Muchacho. nevaba. lo alzó sobre el regazo y echó la silla atrás. y pensó que sería mejor si él y Gussie le daban la noticia juntos. y le provocaban piel de gallina en todo el cuerpo. sintiendo el peso tranquilizador del niño sobre sí. eso es todo. —No estaba enfadado contigo. cuando ambos corazones se habían apaciguado. —¿Gussie también? Los dedos de Scott y la silla se aquietaron un segundo. —¿Sabes lo que es una plantación? —No estoy seguro.

LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Como no respondió. —pensó. lo acostó en el sofá y se quedó contemplándolo un momento: las largas pestañas oscuras contra las mejillas sonrosadas. los dos te amamos.212 - . «Muchacho. lo levantó. la boca suave y vulnerable. bajó la barbilla y lo miró: estaba profundamente dormido. lo llevó a la sala. ¿Podrás creerlo cuando esto termine?» . Con delicadeza. la cabeza floja contra el pecho de Scott. melancólico—. el cuello flaco oculto en la áspera chaqueta de lana que casi le llegaba a las orejas.

elegí el mejor.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 16 Scott era el único que estaba en la taberna cuando Agatha entró por la puerta de atrás. poco después de la medianoche. cortante. Agatha lanzó una mirada cautelosa a la puerta cerrada de Willy—. Con una sonrisa fría. tensa por los modales arrogantes. que seguían volando hacia el sombrero. La mujer avanzó hasta el borde del círculo de luz y se detuvo con las manos en el respaldo de la gastada silla del capitán. sacó las cartas y se caló el familiar sombrero de copa baja sobre los ojos. Para esta conversación. estuviste bebiendo. Derramaba una débil mancha de luz sobre la coronilla y confería a los ojos un brillo de obsidiana. desusados de Scott. Scott le echó una mirada. —Querías hablarme. señorita Downing —remarcó. dejándolos en la sombra por completo. en una silla cercana. Flip. ¿no? Agatha arrebató la botella. que pendía sobre la mesa. lo siento. —Pase. hizo una mueca de disgusto y la dejó. en voz tan baja que casi no llegó a destino. dices? —remarcó con amargura—. La disculpa no expresaba ni un atisbo de contrición. Oh. Agatha echó un vistazo a los naipes. similar a aquella en la que Gandy estaba sentado. Acomodó el mazo y lo apoyó con fuerza junto a la botella. —¿Que quería. —Llenó de nuevo el vaso y alargó la botella hacia Agatha—. Dos más en el sombrero. Flip. gracias —replicó. el codo apoyado en el borde de la mesa junto a una botella de whisky y una copa vacía. ahumada. —Así parece. Agatha se detuvo al final del pasillo. con gesto enérgico. Flip. en una postura suelta. La única lámpara encendida en el local era una de kerosén. no te preocupes por el niño. Estaba sentado ante una de las mesas de tapete verde. olió el contenido. Arrojaba mecánicamente los naipes dentro del Stetson vuelto hacia arriba. se estiró para levantar el Stetson de la silla. —Siéntate —la invitó. Está dormido. Cinco seguidos dieron en el blanco.213 - . —¡Matarratas! —De ninguna manera. Ninguno de los dos quería sostener esta conversación. Flip. El hombre dirigió una mirada torcida a la botella. Agatha se sentó a la derecha. Entre uno y otro naipe. un pie cruzado sobre la rodilla del otro. . —Oh. ¿Me acompañas? —No. sin levantarse. ¿no crees? —Scott.

dispuesta a discutir con él en términos de igualdad—. Agatha estiró la mano por la mesa y le apretó con dulzura el antebrazo: —Bien. qué haré. ¿no es así? Esa noche. pero al fin lo dejó y lo empujó hacia el extremo más lejano de la mesa. y los labios se apretaron. era muy marcado. con respecto a Willy. —Si me hiciste venir aquí para hablar de Willy. —dijo. —Déjalo. ¿entiendes? —Los ojos claros relampaguearon. El codo estaba flexíonado.. distraído y. No tiene sentido que nos quedemos sin ganar un centavo. a estas alturas. Lo discutiremos sensatamente. Lo olvidé. sosteniendo con firmeza la mirada del otro. ¿para qué postergarlo? —Pero yo esperaba que. . el tozudo recato que defendió a la mujer. salvo Dan. sin rencor y sin alcohol. No caeré. al menos por ahora.. mejor. los abandonaron a ambos. o nada. junto con la botella. o subiré a mi casa ahora mismo. Se puso rígida y alzó la barbilla. La aparente firmeza abandonó a Agatha en un segundo. arrastrado. quedaron indefensos. decididos—. Decidió quedarse y vivir de nuevo con la madre. El hombre apoyó los codos en la mesa y trazó círculos con el fondo del vaso sobre el paño verde. La animosidad de los dos se había evaporado como si nunca hubiese existido. Cuanto antes nos marchemos. De cualquier modo. Scott soltó el aliento largamente retenido. —Todos nosotros lo conversamos. De pronto.. inconmovible.. —Sí.. Agatha no puso objeciones. y eso hacía que la actitud desafiante fuese más desagradable aún. y los otros están de acuerdo conmigo. Al principio. pensó que estaba ebrio pero comprendió que estaba por completo sobrio. pero el vaso se detuvo a mitad de camino hacia los labios. tengo que ir. Vosotras no tocáis esto. Nos vamos todos. Ahora bien —agregó con calma—. —Apoyó la botella de golpe—.. en esta ocasión. —Gracias —dijo Agatha... y llegué a la conclusión de que tienes razón. no creas que vas a amedrentarme enrostrándome la botella. La respuesta a nuestro dilema no la encontraremos en el fondo de una botella de centeno fermentado. —¿Cuándo te vas? Scott levantó el vaso que había llenado y le dio un sorbo. —Tan pronto. Regresaré a Waverley. Me sorprende que. ablandada. Sentados ahí.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Oh. Scott pensó en beberlo de un trago. Pensé que tal vez te quedarías igual. —Aunque no sé qué encontraré allá. acerca de dejar descansar a los fantasmas. serena.214 - . La grosería con que se armó el hombre. habré cerrado la Gilded Cage. claro que no. tendríamos que cerrar así que. hasta después de Navidad. Scott se sintió infantil apelando a esas actitudes. y le informó: —Para el primero de diciembre. Scott —le ordenó—. bajo el círculo de luz. no lo hayas aprendido. —Estuve pensando mucho en lo que me dijiste. mientras que ella estaba ahí. el acento sureño. con el único propósito de apaciguar la intensa frustración que esa mujer le provocaba siempre.

¿no te parece? Hizo girar el licor una y otra vez. y supuso que fijaba la mirada en la mano. Le pedí que pensara si le gustaría vivir allá. que quería que nos quedáramos todos aquí. El silencio se alargó—. Un chico necesita una madre más que ninguna otra cosa. pero los sentía fijos en ella. —Podríamos preguntarle a Willy —sugirió. La justicia era algo en que ninguno de los dos pensó antes en una situación de tal vulnerabilidad. nosotros. Todos los pequeños necesitan un padre. se me sentó encima un rato y charlamos. constreñidos en el rígido tafetán granate del recatado vestido de cuello alto. cuando volvió a mi oficina. pensó. —Entonces. ¿qué propones? —preguntó la mujer. exhalando un suspiro nervioso—.. Pero nos reconciliamos. al fin. ¿Tú lo quieres? No podía verle los ojos. —Sí. —No —respondió con voz desmayada—. pero la de Agatha se posó sobre el paño verde de la mesa—. La mirada de Gandy se demoró en las pestañas y las sombras alargadas que proyectaban. La mujer no se movió. Primero. y se concentró de nuevo en el vaso—. no hubo respuesta. caída en gesto resignado.. después que lo mandé a llevarte la nota. pero no encuentro solución. Entonces. El hombre se aclaró la voz y se sentó más erguido. que en ese caso no quería ir a ningún lado.. De inmediato. jugueteando con el vaso. Entonces. Los dedos se crisparon con más fuerza sobre el regazo. Luego. ¿Qué hará sin Gussie?. mientras se preguntaban cómo seguir. pensó él. —El ala del sombrero bajó un poco. bueno. —Esta mañana. preguntó si tú estarías. —Yo ya lo pensé. la retiró y la puso en el regazo. juntos. y los brazos. —Pensé y pensé. la boca. Yo soy demasiado estricta con él. pero sin beber.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Es lo que debes hacer. sobre la plantación. . en postura militar. permaneció sentada mirándose las manos juntas sobre el regazo. —No —repitió Gandy—... los pechos. y ella es la primera que conoció. Para ser sincero. Willy dijo que no. —Pero no es justo obligarlo a elegir. la línea fina de la mandíbula y el fascinante cabello recogido con matices rojizos que brillaban hasta bajo la luz tenue de la lámpara. no podemos pedirle a un niño de cinco años que adopte semejante decisión. a los costados. y le dije que no. ¿Y tú? —Sí. discutimos. Ella le enseña todo el tiempo. Aún con la vista fija. estoy convencida. no sería justo. Quiere tanto a Scott. preguntó si yo también estaría. —Levantó la vista.. lo regañé sin ningún motivo. Scott es su ídolo.215 - . y le dije que sí. —dijo. Otra vez. silencio. sobre las iíllas sonrosadas. Tenemos que tomar una decisión respecto de Willy. Agatha murmuró: —¿Qué es justo? Por supuesto. —Le lanzó una mirada fugaz y sumisa.

no. Fuera cual fuese la decisión. respondió: —Te subestimas. últimamente. Si hasta habla pon acento sureño. Si Waverley tiene tantas habitaciones. observándola. trepar a los árboles y. revolcarse juntos en el barro. Estoy segura. . ansiosa—. con tanto aire puro y sin vaqueros ordinarios alrededor. No replicó de inmediato. lo obtiene de ti. —Gran parte. Le tocó a Agatha observarlo. —Tú no.. —Tenemos que valorar honestamente cuál de los dos hogares será mejor para él. —Te establecerás en Waverley. —Pero yo también tengo malas costumbres. —Y espacio. Debes hacerlo.. Bajo esa apariencia. abrió las manos y luego las dejó —Si entiendes todo eso.. —Cerca. Waverley debe de ser un lugar espléndido para que se críe un niño. Yo tengo una sola. inquietándola. Al jugarla.. Sólo entonces miró a Scott. —Pero tú serías mejor ejemplo. No sería justo alejarla de todo lo que le resulta familiar. su voz se tornó más suave. Durante un minuto. yo no lo noté. —Los niños también necesitan un ejemplo masculino. Scott reflexionó con los dedos cruzados sobre el estómago. Me temo que yo no tendría paciencia para eso. En el cuarto del fondo. —Willy estará bien. —Todos las tenemos. Una corriente invernal se coló por el suelo. —Ser fastidiosa puede convertirse en un mal hábito si se hace con fanatismo. Tú lo harás. en ocasiones. Y. ¿quién lo cuidará como tú? ¿Quién lo mantendrá en la buena senda? Con sonrisa dolorida. Se quedó sin ideas. Al menos. sería dolorosa para los tres.. creo que me vuelvo fanática.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Yo soy demasiado complaciente con él.. y. y volver a casa con las pantorrillas raspadas. y hubiera deseado poder verle los ojos. —Para eso hay escuelas. Yo no sé siquiera dónde me estableceré de modo permanente. Y puedes enseñarle. Los niños necesitan. Tanto espacio.216 - . Alrededor. La mano le temblaba y dejó los ojos mientras alzaba el vaso y bebía. —En mi mente no hay dudas: el tuyo. es tu derecho de nacimiento. —No tanto como tú. Lo haces ir a la iglesia y cuidar los modales. un chico dormía mientras Agatha y Scott decidían su destino. todo era silencio. y no tendríamos intimidad ni él ni yo. Ya comenzaste a hacerlo al corregirlo constantemente y obligarlo a mantener las uñas y las orejas limpias. y sería un lugar maravilloso para criar a un niño. Tenía una última carta de triunfo. Scott Gandy. no serás demasiado fastidiosa con él. Vacilante. que podría dormir en una diferente cada noche. Agatha tomó el vaso de la mano de Scott. eres una persona muy honorable. —Pero. —Se echó hacia adelante. Tiene mucho temple. y Agatha sintió que sus ojos la escudriñaban.

Gussie? Sintió el corazón en la garganta. —Sé lo que quisiste decir.. Agatha se sintió como la noche que había perforado el agujero en la pared. —Una madre perfecta. una adulta.. —Una sola mano —prosiguió Scott—. La generosidad la conmovió hondamente: —Significa mucho para ti. nunca jugué.. Pero.217 - . ¡Zzzt! ¡Zzzt! Antes de saber qué era.. por la apuesta más alta. en otras circunstancias. un padre perfecto. rígido código de ética. decidido por una partida de naipes? —¿Por qué no? —Pero yo. —Así parece. —Tengo una sugerencia —dijo en un tono bajo que.. Por fin. en Kansas? —De repente. El único músculo que se movía en el cuerpo de Scott era el pulgar que seguía repasando el borde del mazo. estamos como al principio. ¿quién estaría presente para atraparla? Era una mujer grande... Por un momento. buscó las palabras para disimular la incomodidad del momento: —¿Cómo lo decidimos? No podemos preguntarle a Willy. no entiendo. Entre los ojos de Agatha apareció un pliegue de confusión: —N. se sintieron atrapados en lo irónico de la situación: dos personas que amaban tanto a Willy que trataban de convencer al otro de que se lo quedara. Cuando habló. A duras penas puedo mantenerme yo y pagar el salario de Violet. Apoyado contra el respaldo. incluso con la máquina de coser. —No más que para ti.. Agatha dijo: —Así que.. . ¿no es una pena que uno de nosotros tenga que vivir en Mississippi y el otro. Las miras y lloras. advirtió lo que había dicho y temió que la interpretara mal—: No quise decir. lo hizo con tono melancólico. Sin empate. oyó el ruido: la uña del pulgar de Scott repasaba el borde de los naipes sobre el paño verde. y no podemos llegar a una conclusión acerca de quién es mejor padre. —¿Qué dices.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR intencionada: —No estoy segura de poder tenerlo. y tendrías todo el dinero que necesitaras. Sintió calor en el cuello y bajó la vista. Ruborizada. —De cinco. Scott.. contemplaba la batalla de la mujer contra su propio. habría resultado seductor. en otro momento. Pero no sé cómo lo tomarás. La mirada de Agatha cayó sobre el mazo de naipes. como si encontrara algo prohibido y fuese a quedar descubierta en cuanto empezara. —Bastaría con que me telegrafiaras. Agatha suspiró y fijó la vista en un rincón oscuro del salón. —¿El futuro de W. Willy. ¡Zzzt! ¡Zzzt!—. y no recibía mandatos de nadie más que de sí misma.

habría hecho un comentario mordaz pero. . fascinada.218 - . —Muy bien. guardar las tijeras y encender el cigarro. después los acomodó con pulcritud y los puso en línea. —No. ¿Por qué no jugar al póquer. —No. las bajó con esfuerzo y apoyó otra vez los hombros en el respaldo. ¡Maldición! ¡Vaya con la jugadora! Dio vuelta el mazo. Scott alzó los hombros. —¿Quieres que lo anote? —No. acomodó el mazo y comenzó a mezclar. —Pero yo. par. ¿hiciste trampa? Levantó las cejas. y Gandy la miró con indisimulada admiración. Si la apuesta no hubiera sido tan alta.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Te explicaré las reglas del juego. —Mézclalas. pero Agatha se concentró mientras le explicaba los valores de las manos de póquer. en un salón mal iluminado. Tras una larga pausa. a la perfección. Gussie? —Ya hice todo lo que se hace en esta taberna: vi mujeres bailando el cancán. en la primera. —¿Estás segura. lo recordaré. bebí whisky de centeno. Cinco cartas: una a mí. —Adoptó un aire práctico—. Los recitó de corrido. la siguiente a ti cara arriba. leyó. también. Samuel Han. Scott se respaldó y sacó un cigarro del bolsillo del chaleco azul hielo y las tijeras de oro con las que le rebanó la punta. se lo quitó lentamente y lo dejó sobre la mesa. —Entonces. da. —Cuando jugaste con Willy y la apuesta era una excursión al Cowboy's Rest. Agatha lo observaba. Lo miró como si hubiese insinuado que se quitaran la ropa alternativamente. hasta me acostumbré al humo de tu cigarro. el anillo relampagueó y Agatha recordó el día que llegó al pueblo: qué lejos estuvo de sospechar que esa llegada la conduciría hasta una mesa de póquer compartida con él. —Puedes dar. Explícame las reglas. a medianoche. Le apareció un hoyuelo en la mejilla izquierda. Son simples. flux. Miró el mazo azul y blanco. también? Gandy sonrió torcido.. —¿Qué? —Que te quites el sombrero para que pueda verte los ojos. reacomodando los naipes para ilustrarlo: flux real (todos del mismo palo). Lo vio manipular los naipes con económicos movimientos de los dedos largos y fuertes. escalera. haciéndola saltar. si aún desconfías de mí. ¿Qué opinas? Agatha tragó e intentó sondear la sombra que echaba el ala del sombrero. —¿Qué? Levantó la mirada. —Quítate el sombrero. dadas las circunstancias. flor. Los naipes eran difíciles de leer pues no tenían números. En el dedo. del más alto al más bajo. dos pares.. Escuchó el crujir brusco de los bordes al mezclar. Los ojos claros y sinceros se clavaron en los fríos ojos marrones con mirada inflexible. Apoyó de un golpe las cartas ante ella.

y lanzando una violenta maldición. resbalosas y nuevas. Quitándose el puro de la boca. se balanceó contra el borde de la mesa. —Adelante. tragó saliva. Antes de dar vuelta el último. le recordó: —Cara arriba. Abrió los oíos. —Tres —anunció Scott. atónita... el humo flotó hasta la nariz de Agatha. —¡Gussie. pero para cuando tenían cuatro cada uno. y el humo del cigarro se elevó entre ellos. Los ojos claros se toparon con los oscuros a uno y otro lado de la mesa. y aun así. Inspirando una bocanada honda y conteniéndola. pues no confiaba en la firmeza de su voz. Aferró el borde de la mesa. Scott aguardaba con la misma calma que si estuviera esperando el postre. Gandy también se levantó. y como Agatha se movió con mucha rapidez. Scott permaneció en la penumbra silenciosa de la taberna fría. Vence a mi tres. Gussie —dijo con calma—. sobre la mesa no había nada promisorio. No pronuncies ninguna frase noble. Tendió la mano. El de Agatha tenía una dama coronada y un corazón rojo.. El corazón le latió en la garganta. pero ninguno de los dos lo notó.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Nunca apuesto sin tener uno en la mano —explicó. —Reina de corazones —explicó Scott—. Agatha dio la vuelta el último naipe: un siete de espadas sin nada que lo superase. sin deslizarla. —Ah. tratando de convencerse de que había sido una mano limpia: ella misma la dio. Scott cerró los ojos y exhaló un suave soplido por la nariz. no habrá resentimientos —dijo el hombre. En medio del silencio. teniendo en cuenta el desastre que eran capaces de acarrearle. Agatha. La fatalidad eligió por ellos. Con manos trémulas. Las sentía extrañas en las manos. Cuando se hubo marchado. contempló la figura que había en el dorso y le pareció que oscilaba ante sus ojos. El par de tres de Scott superaba a su par de dos. La mujer tomó las cartas como si fuese a salir un escorpión de entre ellas. Era un dos. golpeado por la ironía de haber ganado a Willy con la peor mano que le hubiese tocado jamás. ¡Willy es tuyo! Se incorporó. la . Los contempló. —¡No! —Sacó la mano de un tirón—. —Gussie. Obediente. El tercero de Gandy fue otro tres. cubrió el dorso de la de ella y la oprimió fuerte.219 - . la mujer asintió. temblaba como si sufriese de paludismo. Agatha dio vuelta la última carta.. La silla chirrió al ser empujada atrás. fuerte. Más bien. Da. cojeó veloz hacia la puerta trasera para no echarse a llorar delante de él. El licor se desbordó del vaso y formó una mancha oscura en el paño verde. Con un gesto silencioso. lo dio vuelta: tenía tres tréboles negros. —Sea lo que fuere. Yo perdí limpiamente. y en cambio. espera! Levantándose la falda. parecían desolados. y vio a Agatha cenicienta. Le dio la primera. no tan amenazadoras como podría suponerse. yo. Pero en los ojos de Gandy no brilló ninguna chispa de triunfo.

o algo así? —No. —Viajaremos en tren. estoy bien. Se llama Waverley y es donde yo viví cuando tenía tu edad. ¿Gussie irá con nosotros? Scott esperaba la pregunta y. Willy se acercó arrastrando los pies. ¿Estás bien.. Scott lo rodeó con los brazos. Willy se apartó y lo miró. .. las manos extendidas.. gorgoteando su contenido sobre el suelo de tablas. —Tengo algo que decirte. sobre la áspera ropa interior que usaba cuando hacía frío —. ven aquí. siempre. Para siempre. —¡En tren. Como tiene su negocio aquí. pero te llevaré conmigo. no irá. se sintió peor. de vez en cuando podrás volver en el tren a visitarla. sentado. Un día de estos cerraré la taberna y regresaré. A Scott se le hizo un nudo en la garganta. —Alzó la cabeza. El cristal se hizo astillas.. cuando lo tomó de los hombros. si te gustaría vivir allí? Bueno. ¡A nadie! «Y yo tengo tanto». Escucha. hijo. —Sé que se sentirá mal. Jesús! —Los ojos del niño expresaban deleite y brillaban como un par de pecanas del Sur—. Se derrumbó en una silla. Se sentirá mal si me voy sin ella. lo golpeó como un puñetazo en el plexo solar. Se aclaró la voz y cerró con torpeza el último botón de la ropa de dormir de Willy. ¿Qué pasó con la mesa? —No te preocupes. Pareces enfermo. La botella rodó contra la pata de la mesa y se detuvo. ¡Dios misericordioso! ¿Cómo fue capaz de quitarle al niño? No tenía a nadie en el mundo. —¿Crees que te agradará eso? —¡Claro. se echó hacia adelante. Gussie vive aquí. Mississippi está lejos. siempre? —Así es.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR volteó. muchacho. aferró una de las solapas de Scott y lo miró en los ojos—. —¿Qué haces levantado? —preguntó con brusquedad. Al oírlo.220 - . —No. Pero. aun así. que volaron por el salón. —¡Hurra! —exclamó.. —Ya lo sé. ¿Te gusta? —¿Quiere decir que viviré contigo para siempre. ceñudo: —Pero es nuestra amiga. ¿Recuerdas que te pregunté sobre la plantación. pensó.. Cristo! Se le iluminó la cara. Scotty? ¿Tienes diarrea otra vez. —Supongo que sí —farfulló. —No se te ve bien. El desánimo del chico reflejaba de tal modo el de Gandy que. embelesado. haciendo caer sillas y naipes. Permaneció así. pero no es posible. y se apretó la cabeza. Se irguió como si le hubiesen disparado. desconsolado. iremos. Willy. y de pronto se encontró sobre el regazo de Scott. —Oí un ruido —respondió Willy—. hasta que alguien le tocó levemente la muñeca. se quedará. fue para consolarlos a los dos. —La mano larga de Scott subió y bajó por la espalda de Willy. —Pero quiero que venga con nosotros. ¿Te gustaría? Willy se encogió de hombros y fijó la vista en la solapa. y le habló. y lo estrechó contra el pecho. Nunca antes fui en tren.

. ¿no'cierto? Esto era duro. estaba empañado por una nota de tristeza. que no se puede ver la punta! —¿En serio? Si bien Willy recuperó una parte del entusiasmo. Eso no significa que las olvidemos ni que no vayamos a verlas nunca más. hijo. rápido. Quizá le gustaría tener a Moose para hacerle compañía. Era esperar demasiado que un pequeño de cinco años aceptara tantas pérdidas con estoicismo.. Pero estaba pensando. ¿no es cierto? La influencia de Agatha. Y hay un río donde puedes pescar. Les diría a todos que empacaran al día siguiente y. Los ojos de Willy comenzaron a llenarse de lágrimas. ahora a Agatha. que luchó por contener. y la culpabilidad de Scott por haber recibido la mano ganadora se renovó. Tomó a Willy de los brazos y lo acarició subiendo y bajando las manos. —En serio. Ya verás las enredaderas de uva silvestre de las que puedes colgarte en el bosque.. Se le agotó el falso entusiasmo y permaneció largo rato con la mejilla sobre el pelo del niño. —Sí. Interpretando mal la vacilación de Scott. conseguiremos otro gato — prometió Scott—. tendrían que estar preparados para irse. pero no supo qué responder. ésa del cuadro que está en la sala. Pernoctaremos en un coche dormitorio. Scott lo estrechó otra vez contra el pecho. melancólico. pero sería muy duro por lo pequeño del lugar en que vive. y hasta al gato. estoy seguro. Agatha nos echará de menos.. ¿sabes? Ya no dormirás más en la despensa. te lo prometo. —Pero. y un animal no puede dormir ahí. a veces. —Es tarde. —Oh. Y no te olvides de que Agatha te ama. ¿Hacemos trato? Willy se encogió de hombros y dejó caer el mentón. La necesitaba mucho. habrá lugar de sobra para ti. y concluyó: —Se sentirá mejor cuando le diga eso. Scott se levantó con Willy en el brazo y se estiró para alcanzar la lámpara—. ¿podré volver a visitar a Gussie? —Sí. hijo. En el último medio año había perdido mucho. mirando el suelo. Comprendió que lo mejor para todos sería hacer un corte limpio. —Me llevaré a Moose. y tendrás un cuarto para ti solo en la mansión. tienes razón. Primero. aunque amemos a las personas. —Sería incómodo en el tren.. —Pero. —Forzó un tono alegre—. —En cuanto lleguemos a Waverley. Willy. En Waverley. ¿Puedo subir . Willy pensó un instante. ¡Trepan tan alto en las encinas que hay junto al agua. al otro. Scott también lo esperaba. ¿No crees que tendríamos que dormir un poco? —Creo que sí —respondió Willy.. ella te retendría aquí. tenemos que abandonarlas. Willy se corrigió: —Quise decir.221 - .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Escucha. Si pudiera. el padre. Y habrá miles de cosas para ver y para hacer. Scott apoyó una mano en la cabeza rubia.

En cierto modo. a dormir. Pero tenía sentido. —Entró en el cuarto de Willy y lo arropó. —Está bien. dirigir el movimiento de la tela le impedía quebrarse. lo detuvo la voz de Willy. Gussie? Pedaleó como si su cuerpo extrajera la vida de la aguja brillante. Pero cuando llegó a la habitación. Agatha tomó la mano de Willy. —¿Eso dijo? Oh. todo tenía sentido. —Claro que sí. a mitad de camino. La ley de prohibición obliga a cerrar la taberna.222 - . Con su característica franqueza infantil. Y ahora. No estaba en su cama. Scott demoró en responder—. El pedaleo se interrumpió bruscamente. pero yo tengo que seguir haciendo vestidos y sombreros para las señoras de Proffitt. Willy estaba en su taburete junto a la máquina de coser de Agatha. todavía con la cabeza en otra parte—. pero estoy segura de que volveré a verte.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR contigo? —pidió el chico. sin poder contenerse. los pensamientos pasaron de Willy a Jube. —No lo sé. y voy a vivir con él en Mississippi y dice que tú no puedes ir con nosotros. Scott se inclinó y lo besó pero. Era la primera señal concreta de entusiasmo que mostró desde que supo que Agatha no iría con ellos. Scott se detuvo en la puerta de la despensa. —¿Marcus? ¡De modo que eso era lo que andaba mal! —¿Jube y Marcus y todos los demás irán a Waverley con nosotros? — Distraído. Sólo las que tenemos para ordeñar. Scotty. casi lo hicieron. como esperaba. comprendiendo que el niño empezaba a sentir curiosidad. qué bueno saberlo. —No. —Creo que esta noche Jube duerme conmigo —respondió. —Eh. —Scotty dice que puedo venir en tren. —¿Qué? —¿Hay vacas en el Mississippi? —¿Te refieres a las que se ven aquí. La vi la noche en que se lastimó la mano. —Era el premio consuelo aunque. —Oh. ¿No vas a sentirte mal. muchacho. con Moose en brazos. cuando vienen los vaqueros? —Sí. y antes de que te des cuenta será de mañana. ¿Irán? —insistió. Ahora. Y el día que fuimos al picnic. —Besa a Marcus. Scott se sintió un poco mejor al dejar a Willy. antes aún de que preguntase—: ¿Cómo es que duerme contigo y besa a Marcus? —¿Qué? Una línea de consternación apareció entre las cejas de Gandy. —De acuerdo. le dijo: —Tengo que irme con Scotty en el tren. Ahora. —La decepción del chico fue evidente. Yo me di cuenta. A la mañana siguiente. . Tendremos mucho que hacer para prepararnos. ¿no es así? —Pero yo le dije que te sentirías mal. Agatha siguió cosiendo. duerme.

pues las lágrimas le borroneaban la aguja. —¡Iré a decirle a Scotty! Saltó del taburete y salió corriendo. —¿Puedes hacerla blanca. —Por supuesto que sí. y la recibió Violet.. como la de Scotty? ¡Por favor. Déjame pasarlo sin derrumbarme delante de él. no valía demasiado. y sacó una moneda del bolsillo. querido. con el cuello desmontable. Estoy haciéndote un par de pantalones abrigados. es una buena elección.223 - . Si te lo llevaras. —¡Todo esto! ¡Gracias! —Date prisa. Dentro de ella. hasta que al fin se apaciguara? Poco después del mediodía. —Scotty dice que hay enredaderas para columpiarse. —¡Caramba! ¿Qué te parece? Sí. Seguramente.. corre a comprarte la vara de zarzaparrilla. Willy apareció con una nota para Agatha. Agatha apoyó los codos en la máquina y se cubrió la cara con las manos. —No tengo que molestarla cuando está ocupada —le confió. con una cliente. Quería cortar y coser una camisa para ti. Cuando la puerta se cerró de un golpe. y que me comprará un caballo que yo pueda montar. para que te lleves. Pero tuvo que dejar de coser otra vez.. —Nunca tuve una con cuello desmontable. —Ah. querido. —Pues.. la tendrás.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR en ese momento. —Se aclaró la voz y volvió al trabajo—. también. todo lo que este chico merece. de lana. señor. mañana la.. Cuando la cliente salió. —¿Qué? —Dice que no puedo llevar a Moose. claro. Tenía muy poco que hacer. por supuesto. pero fue un alivio que Willy saliera corriendo otra vez y ella pudiera enjugarse las lágrimas en privado.. secándose los ojos con disimulo antes de enfrentar a Willy y rascar a Moose bajo el mentón. ¿Te lo quedarás? Por favor. reanudó el trabajo —. tengo mucho que hacer. —No siempre. Escúchame. Haz que este día pase volando. pero ella estaba ocupada adelante. Violet apartó las cortinas lavanda y entró en . ¿Cuánto tiempo seguiría aumentando el dolor. Willy.blanca. Entregaré el mensaje cuando la cliente se vaya. —Pero allá hace calor. no me hagas esto! —Bl. Tengo cosas que hacer. Con un esfuerzo. todo se estremecía. ¿quién cazaría los ratones? —Scotty dice que cuándo lleguemos podré tener otro gato. Pasó la mirada de su mano a los ojos acuosos de Violet. Dios. Me encantará tener a Moose. Ahora. también lo llamaré Moose. —Muy bien. —Pero. Gussie. Se inclinó a levantar un retazo del suelo. Violet le dirigió una sonrisa temblorosa. haz que Willy hable de otra cosa.

Agatha levantó los ojos tristes que se encontraron con los de Violet. orgulloso y alzó la vista. blanda y arrugada. Violet permaneció al lado. Agatha miró el sobre y reconoció la escritura de Scott con una sola palabra: «Gussie».224 - . aunque no se puso el sombrero. por algún motivo. heridas. y luego Agatha retrocedió y se secó los ojos como si la irritara que ocurriese tan frecuentemente los últimos tiempos—. tienes. con suavidad. con el traje color ciervo y un grueso sobretodo que no le conocía. —Buenas noches —dijo Gandy. cuando Agatha abrió la puerta. Agatha. Pasaremos por tu casa a buscarte. le tomó las mejillas y lo besó. dejando de lado todo fingimiento. y no intentaron ocultarlo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR el salón del frente. Gussie. —Sí —dijo en voz queda. observando los ojos de Agatha mientras leía el mensaje en voz alta: Querida Gussie: Willy y yo reclamamos el placer de tu compañía. Violet agitó una mano. Los ojos de los dos se encontraron. se inclinó. De inmediato. jamás terminaré esa camisa para Willy a tiempo. a las seis en punto. y las dos mujeres se miraron. tienes que dejar que yo cierre esta noche. Siempre quiso decírselo pero. con el vestido púrpura y melón que había usado en el té del gobernador.. retorciéndose las manos. —Bueno. —Gracias —dijo. para cenar esta noche en el restaurante de Paulie. Violet la abrazó con fuerza un instante. ¿no es amable? Agatha dobló sin alterarse la nota y la metió otra vez en el sobre. yo también estoy aquí. Willy. Willy trajo esto para ti. Estaban todos vestidos con sus mejores galas cuando Agatha fue a abrir la puerta a las seis. ¡Y qué apuesto! Sonrió. caramba. con el traje dominguero que se había puesto para el funeral del padre. Tenía un cabello demasiado hermoso para cubrirlo con nidos de pájaros y plumas. Si no pongo manos a la obra —dijo con brusquedad—. cosa que agradó a Scott. —Bueno. Con cariño. nunca encontró el momento adecuado. y la nueva chaqueta de invierno. Agatha apretó su mejilla firme contra la de Violet. —Ya lo creo. Willy y Scott Violet parpadeaba. esa noche: Scott.. y subir a vestirte. hasta que Willy reclamó: —Eh. Las dos se sentían desdichadas. —¿Tan apuesto como Scotty? La mujer contempló el rostro del hombre que no olvidaría mientras le . —Hace un rato.

Siempre quiso decírselo. Agatha no recordó con claridad. Agatha se aferró a la baranda. Vamos. «sí». Tu cabello es demasiado encantador para cubrirlo. y Gandy le puso la capa de terciopelo marrón sobre los hombros. Scott soltó a Agatha y retrocedió. pero no prestaba toda su atención a Willy. En la acera. y respondió en tono mucho más sereno que el de la pregunta: —Sí. los hombros anchos enfundados en el abrigo. no te pongas la caperuza —le pidió. pero la cerró otra vez con un tenue suspiro. El latir de su pulso pareció agitar hasta el aire en torno. y después le apretó los brazos y la atrajo de espaldas hacia sí. pero se obligó a reír en beneficio de Willy cada vez que los . a medias excitado y culpable. Contemplaba a Agatha. Ella y Scott conversaron. el aroma. —Debo tomar mi capa. A desgana. «una enredadera salvaje». No esperaba que Gandy estuviese tan cerca cuando se apartó del guardarropa con la prenda en la mano. —Por favor. el atractivo abrumador del rostro. en un susurro. las lágrimas tan cerca de la superficie de los ojos que parecían del matiz de una hoja de magnolia bajo la lluvia de primavera. Scott percibió lo cerca que estaba de quebrarse. permíteme —le pidió en voz suave. quitándole la capa de la mano.. rozándole la oreja con los labios—. lo habría dicho de otra forma. cediéndole el paso. Le temblaban los dedos y la voz.225 - . ¿Cómo no lo había notado antes? ¿Por qué le llevó tanto tiempo? Y era toda una dama. Agatha comió poco. No obstante. La cena fue una representación que. después. agitado. —Gracias. Ante la proximidad. chocó con el brazo de él. Era adorable. sumergida en emociones dulces y amargas a la vez. tengo hambre! —exclamó Willy desde la entrada—. No se le ocurrió qué decir mientras llegaban abajo y él deslizó la mano hasta la de ella. —susurró. la tomó otra vez del codo. —A ver. Agatha se dio la vuelta. ¿qué podía hacer sino responderla con sinceridad? Si hubiese podido elegir el momento. Scott abrió la boca. Willy parloteó con infantil entusiasmo e hizo interminables preguntas a Scott: —¿Dónde dormirá mi nuevo gato? ¿Qué es la uva silvestre? ¿Hay víboras allá? Scott respondía sucintamente: «en la cocina». tan próximas a desbordar. Tenía la respiración agitada. pero se contenía por ser una mujer soltera. pero no supo bien de qué.. cerrando los ojos. Willy bajó corriendo las escaleras a riesgo de romperse el cuello. Al girar. y se ruborizaba por el esfuerzo de contener jas emociones. —Scott. con tan increíble delicadeza que cada movimiento de las manos y las mandíbulas parecía más una danza que los banales actos de levantar la comida y masticar. más que cualquier mujer que hubiese conocido hasta entonces. su corazón dio un salto.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR quedara aliento. Tan apuesto como Scotty. pero Scott la sostuvo con firmeza del codo libre. Se volvió. si Willy le hacía la pregunta. pero por lo menos ya lo sabía. el lugar y la situación. sintiéndose inquieto. La sujetó con fuerza hasta que llegaron al final del callejón. —¡Eh.

los olores desagradables que lo penetraban. Agatha se alegró de no poder ver bien a la luz difusa de la lámpara. mientras él fumaba. y comparado el suelo de madera manchado. Era suficiente con el espantoso cubículo de Willy. Bajo el brazo izquierdo. casi seguramente. un hogar en cada dormitorio. Sintió el frío en la médula de los huesos. lo sorprendió observándola y ocultó el rostro tras la taza de café. ese olor a chicuelo! Nunca olvidaría el olor de Willy. ¿no te acuerdas? —Ah. La tienda estará abierta. —Escucha. que el muslo se apretaba contra los pliegues de su falda. Acostaremos juntos a Willy. pero no pudo decir que no. Pero se dejó la caperuza baja cuando regresaban lentamente a sus respectivas moradas. cerró esos ojos y exhaló un profundo suspiro dilatando los orificios de la nariz. Apoyó un brazo en la cintura de la mujer y el otro en la barriga de Willy. como saboreando el aroma por última vez. no levantó los luminosos ojos verdes ni una vez. del pequeño al que había llegado a amar. con lo que sería en Waverley: ventanas luminosas. Al parecer. ¿verdad? Tiene que cuidar de él. Nunca había estado ahí. no podía mirar a Gandy en los ojos. Seguía sin mirarlo. Y el roce fugaz de sus labios preciosos. oscura. Lo desvistió hasta dejarlo con la ropa interior de lana y fue entregándole a Agatha cada prenda. ¿no es cierto? Le acarició el cabello de la sien con el pulgar y deslizó una mirada larga y amorosa sobre esos ojos castaños que le destrozaban el corazón: —No. y sonrió al verlo saltar sobre el catre. el hombre sintió el temblor de Agatha. temblando. también. se dirigió hacia ellas pero Scott la retuvo con fuerza del codo. disimulado por la capa. Hasta que llegó el café y Scott sacó un puro y las tijeras de oro. y lo miró a los ojos.. Agatha sintió que Scott se arrodillaba junto a ella. sí. Agatha abrió los ojos. ¡Ah. y. Y una vez. mi amor. ah. mientras Moose aparecía y saltaba. —Ven conmigo. Gandy sacó el reloj de bolsillo: —Es tarde —comentó. pese a que este deseó que lo hiciera durante toda la comida. una cama alta y. —Willy acercó más el gato a sí—. Te llevaré a . con la tapa del calzón momentáneamente visible. muchacho —dijo. —Mañana vendrás con nosotros hasta el tren. Ella las colgó con cuidado para que estuviesen listas a la mañana... Al acercarse a las escaleras. —Pero quiero que vengas. Luego. en especial en la cadera izquierda. no te habrás olvidado de Moose.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR comentarios del chico lo requerían. Scott miró la mano que apoyaba sobre el corazón. Gussie.226 - . cuando se arrodilló para abrazar a Willy que la esperaba con los brazos abiertos. La taberna estaba silenciosa. sobre la cama. Le martilleó el corazón. Se le oprimió la garganta. forzando una sonrisa—. mi amor.. —Buenas noches. —Bueno. —Buenas noches... —Sí. era un triste resto de la alegría pasada. tienes razón. y se preguntó si latiría tan de prisa como el propio. Decidí que no: es mejor.

la mano de Scott sujetándole el brazo. Agatha se detuvo ante la puerta y miró sin ver el picaporte. Era demasiado pequeño para comprender todas las consecuencias de las últimas veces.? —La miró.. su hombro rozó el pecho de la mujer. contando los segundos fugaces hasta llegar al rellano de madera. ¿Es verdad? . ceñudo. Scott. Scott también y. y tú lo sabes. muchacho —dijo Scott. No me lo pidas. Oh. Una vez apagada la lámpara. Le oprimió los codos con ferocidad.. Subieron la escalera. Así ya es bastante terrible. Por fin.227 - .. Gussie.. —No me correspondía. firmes. sujetándola de los brazos—. —¿De qué serviría? —No sé. detrás.. Yo soy la mujer. —¿En serio. —¿Es verdad que mañana no irás a la estación? —No puedo. —Que duermas bien.. Es que. de los finales. Nunca dijiste nada. Gussie? —le preguntó. y la guiaron. en voz espesa.. me despediré aquí. Scott. —La hizo girar del codo. te e. contigo. Cuando se incorporó.. inseguro de poder hablar si lo intentaba. demorando los labios en la mejilla tibia. por Dios. Agatha lo besó. —Pero... Las manos de Scott la sujetaron. —No. —Bueno. en un susurro áspero. —Gracias por la cena. no llores.. a desgana. Gandy se quedó cerca. al inclinarse para hacerlo.. echaré mucho de menos. Oh. pero ella no levantó la vista—.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Moose un poco antes de irnos. Tampoco ahora tendría que hacerlo. Es que.. No llores —suplicó—. Al parecer.. y tomó el codo de Agatha. Agatha se sorbió y se secó los ojos. Gussie —rogó. date la vuelta y mírame. —No. prefiero que no. Scott. Scott. ¿de acuerdo? Sólo pudo responder asintiendo con la cabeza. sujetándola y recorriéndola con la vista desde el cabello hasta la barbilla. se le enredó el tacón en el polisón y sintió una punzada de dolor en la cadera mientras forcejeaba con torpeza para ponerse de pie. últimamente no puedo evitarlo. ¡No pienso avergonzarme en público! Con dificultad. —Por favor. en tono maravillado. la voz le salió baja y ronca: —¿Puedo entrar un momento? Agatha levantó la cara. Agatha percibió la sorpresa del otro en el tenso silencio que siguió hasta que la atrajo con tal brusquedad hacia él que la caperuza de la capa le golpeó la oreja: —Pero ¿por qué no.. lo lamento. —Lo siento. —Giró la cabeza de repente—.. caminaron en la oscuridad hasta la puerta trasera de la taberna. de una oreja a otra—. Agatha se soltó y se volvió a medias: —No es sólo el chico. Scott dijo lo que estaba atormentándolo todo el tiempo que duró la despedida: —Willy tendría que quedarse aquí. lentamente.. buenas noches —gorjeó.

No llegaba al suelo. el rechazo y la excitación luchaban en el interior de ambos. La atrajo unos milímetros más hacia él. rogó en silencio que la librara de esa tortura. Pensaba acompañarte hasta .. —¿Por qué? —¡Déjame ir! —gritó. y encontró el cuello del hombre. soltando las manos. Con el cuerpo apoyado en el de ella. —Si es cierto que me quieres. emitiendo un suave sonido gutural. teñidos por la conciencia de que. jadeante. La bajó. se abatió sobre los suaves labios abiertos que amenazaban la cordura. —Déjame quedarme. no —dijo. Scott recorrió el interior de la boca de Agatha con la lengua. El codo atrapado se clavó en las costillas de él. La boca del hombre ahogó la protesta. La boca abierta de él pareció repercutir en lo más hondo de su ser. —Lo siento —dijo. de pronto se quedó quieto.. antes de que le estallase el corazón. si yo. a la mañana siguiente. para sus adentros rogaba que se detuviera. estremecedora. la hizo girar y la levantó. El otro se debatió en busca de algo a qué aferrarse. y se aflojó contra la mujer. en un susurro desgarrado. Aunque su propia garganta emitía sonidos de pasión. la apretó contra la pared. detente. Gussie. sólo sombras. —Por favor. —Logró soltar el brazo. Abrió la suya y las lenguas se fundieron en una danza gloriosa. tambaleante. Le dolió el brazo atrapado. hasta que echó la cabeza atrás. —Bájame —rogó. —¡Espera. rica. En el cuerpo de Agatha sucedieron cosas deliciosas. con vehemencia: —No. Los ojos. —Scott. Liberó su boca.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Déjame —rogó. La capa se retorció y se le enredó en los pies y le atrapó un brazo. escudriñaron los de ella. y le tomó el rostro con las manos. explorar. que enlazó en la cintura. junto con el niño al que amaba. y la insistencia de la lengua provocó en ella una respuesta involuntaria. excitar. Aun mientras despertaba en ella el más hondo de los anhelos. Este era voraz y condenado. Agatha sintió el florecer de la pasión como un delicado espasmo en las entrañas. Se miraron a los ojos.228 - . Era muy diferente del otro beso que habían compartido. Los pies le colgaban a treinta y cinco centímetros del suelo. y cubrió los labios de ella con los suyos. bajo la capa. Gussie! En el mismo instante en que tendía la mano hacia el picaporte. Lo sacudió un temblor de remordimiento. giró y. un tren lo separaría de ella para siempre. La de ella no pudo hacer otra cosa que acoplarse. para obligarlo a quedarse quieto—. Los labios persiguieron los de ella. pero Agatha dio vuelta la cara para eludir otros besos que le quitaban la razón. alejándose de él y acercándose a la puerta. nuevas. —Lo siento. Se golpeó la cabeza contra la pared. palpando las costillas bajo la jaula de acero y encajes. desesperado. Negó con la cabeza. Estás haciéndolo más duro —dijo. No pensaba hacerlo. en un susurro feroz.

el que asomó la cabeza por la puerta fue Willy. Promete —repitió — que mandarás a Willy. fueron los labios de Agatha los que lo silenciaron a él antes de que pudiese pronunciar una mentira. La separación parecía terrible. por fin oyó los pasos que se alejaban.. hizo girar a los dos. y apoyó las palmas sobre el chaleco de él—. pero en cuanto la dejara olvidaría todo lo sucedido esa noche. la mujer. Pero tengo que decirte algo. las puso sobre la capa y la estrechó con ternura contra el pecho. si no lo hago. cuando cesó el estrépito y los golpes de maletas y canastos en el local vecino. No es suficiente. Agatha hizo girar la llave en la cerradura... apretando los pechos contra él. No es necesario. Simplemente. —Gussie. En esta ocasión. No. Le sacó las manos del torso. —Levantó la mano enguantada. se apoyó contra la pared y sostuvo a Agatha. ¿Prometido? Scott le tomó la mano por el dorso y la quitó de su boca. los dos cuerpos pegados en toda su longitud.229 - .. se irguió sobre sus propios pies. Scott! —murmuró. mirando las estrellas. Esa noche. —Lo sé.. hasta que al fin. —Lo silenció con un dedo en los labios—. —¡Jesús. confundido. vestía el traje dominguero y apretaba a Moose contra el hombro. —S. En el interior. la cabeza de Agatha acurrucada bajo su mentón. Sigo siendo. Agatha se mordió el labio Golpeó con suavidad. resultó ser como un ensayo para la dura prueba de las despedidas del día siguiente. se apoyó en la puerta y escuchó: —Gussie —la llamó con suavidad.. Vino el último.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR la puerta. Con un movimiento repentino. Bajaron uno tras otro.. la posó en la barbilla de Scott y le miró los labios mientras decía—: Te amo. tal como había soñado hacerlo sosteniéndole la cabeza. pues.. sin ocultar nada. . Tras la tercera llamada no respondida. Y yo vendré con. sintiendo los brazos que la rodeaban.. había desaparecido dejándolo desdichado. —¡Adiós. Scott. —No quiero irme —dijo. —¿Por qué no me dejas decirlo? —Lo dirías porque te doy lástima.. en voz ronca. apartándose. —Lo prometo. —Se apartó. Otra vez. y cada separación era más dura que la anterior. voy a echarte de menos! La mujer apoyó la sien contra el pecho de él y trató de deshacer el nudo de amor que tenía en la garganta. Me haría la vida sin ti más insoportable. lo lamentaré toda la vida. Sigue siendo impropio. Le arrojó los brazos al cuello y lo besó una vez. cuida a Willy y mándalo de visita en cuanto puedas. En lo que dura un relámpago. —¡Shh! —No quiero separarte de Willy.

Willy corrió hacia la puerta. que fueses m. Te echaré terriblemente de menos. apretando con fuerza al gato en el otro.230 - . No te amaría más si lo fuese.. En . Adiós Moose —dijo. Si bien sabía que era inútil. y salió corriendo. Se dio vuelta en la silla giratoria ante la máquina. y se volvió. y miró en silencio por la ventanilla. antiguos clientes que querían saludar a Jube y a las chicas por última vez. querido. elevando en el aire el agudo silbido y transportándolo a lo largo de las vías. se detuvo con las manos a la espalda y se encogió de hombros: —Bueno. —Tú también tienes que escribirme. de modo casi inconsciente examinó a la gente que había ido a despedir a los pasajeros.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Gussie..quisiera que. Cuida bien a Moose y no le des leche. por cierto. —La mujer se inclinó y recibió un beso rápido.. Agatha cambiara de idea—. Willy siguió mirando la bulliciosa estación. —Todavía triste. Pero Proffitt le había dado a Agatha y. —No se la daré. ahogándose. Afuera. Agatha apoyó el rostro contra el pelaje tibio del animal pero no pudo pronunciar una palabra. Rió. esperanzado. Lloró cuando le di a Moose. —Adiós. con la mano sobre el picaporte—.. Inseguro. Nunca imaginó que le dolería tanto abandonarlo. Detestaba dejar a Agatha así. Casi se nos hace tarde. —Scotty dice que te diga que escribirá. en cuanto aprendas a hacerlo. Lamento que no puedas quedarte conmigo. Willy giró hacia Violet que esperaba con las lágrimas corriéndole por las mejillas. dejarla le dolía. tomando el gato del hombro del chico.. preguntó: —Pero.. Escudriñó. se detuvo.. Le hace daño. a último momento. que era mucha. —Ah.. Violet. En el compartimiento del tren. el viento azotaba los costados del tren alejando el humo de la locomotora. Vio que el guardia levantaba la escalera portátil y desaparecía dentro del tren. y se fortaleció contra las emociones que no podía evitar: —Lo sé. Gussie. la mayoría. Oh. nos veremos. Scotty dice que tengo que recordar que me amas. —Qui. Lo apretó con fuerza contra el pecho y le aseguró: —Yo también. —Es cierto. esperando que.. —Le sujetó la cara con las manos. mientras Scott acomodaba el equipaje. llevándose el recuerdo de sus lágrimas cuando corrió a encerrarse en el apartamento solitario. la muchedumbre. y el niño fue hacia ella rodeándole el cuello con un brazo.mi madre—dijo. En el entrecejo se le formó un pliegue profundo. claro que te amo. —Lo sé. como un lúgubre acompañamiento de la partida de ese lugar al que siempre consideró un sombrío pueblo vaquero. —Ven aquí. —Yo también te amo. Scott se acomodó en el asiento. triste. ¿por qué Agatha no viene? —Porque no quería llorar delante de todos.. Los dos lloraban—. tenemos que irnos.

Estaba apartada de los demás. fue evidente que no tenía idea de en cuál estarían. la vio. fervoroso.. Y mientras examinaba las ventanillas que se escapaban. saludó. Nunca en su vida. —¡Gussie! —Willy apoyó una mano contra el vidrio frío.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR el mismo instante en que el tren arrancaba. bajó la caperuza y saludó. ¡Ahí. subiendo a Willy a su rodilla y señalando—.. cerró los ojos y tragó saliva para no hacer lo mismo.231 - . Llevaba la capa de terciopelo castaño con la caperuza puesta. Pero cuando una ráfaga de viento le agitó el ruedo de la capa y la abrió. detrás de los otros! ¿La ves? Con la capa marrón.. las manos cruzadas sobre el pecho. —¡Adiós. saludó. Gandy había visto una figura más solitaria. pues llegó segundos antes de que el tren comenzara a moverse. . y saludó.. hasta que las ventanillas terminaron de pasar y se perdieron de vista. Gussie! No pudo haberlos visto a bordo. —¡Ahí está! —exclamó.. Y Gandy apoyó la cabeza atrás.. con la otra. Willy lloraba en silencio.

era la primera vez que la veía ruborizarse. fueron todos juntos a Waverley. No se veían más rastros de nieve. Era el momento perfecto para la ruptura. y cualquier lugar que hubiesen elegido sería en contra de sus deseos. Gandy necesitaba estirar las piernas y. Jube pasaba la mayor parte del tiempo con Ruby y Pearl. ¿Cómo vivirían? ¿Qué harían? ¿De dónde saldría el dinero? Para empezar. Marcus parecía estar dormido. pues lo único que lograrás será evocar cómo era. furioso. No tenían seres queridos ni hogar. se removió buscando una posición más cómoda. a fin de cuentas. Jube tenía la cabeza apoyada en el respaldo. recordando lo dicho por Willy. de reconocimiento de sí misma y se le colorearon las mejillas. Esperaba que Jube y Marcus encontraran en el otro al compañero perfecto. Durante el viaje. Si hubiese sido otra cosa. se aproximaba la Navidad. caminando por el pasillo. tras haber viajado muchas horas. ¿Por qué él y Jube nunca llegaron a hablar de cómo estaba deteriorándose la historia amorosa entre ambos? Porque. en realidad. Por acuerdo tácito. tendido de espaldas tras las cortinillas corridas. casados. herido. abriendo una taberna tras otra por todo el país? Inquieto. en ese momento Scott. sonrió en la oscuridad: Jube y Marcus. se habría sentido celoso. A la vieja mansión. pensó cómo se distribuirían en Waverley para dormir. los encontró sentados juntos. ¿Y Willy? Le prometiste cosas que no estás seguro de poder darle. El tren marchaba en dirección al sudoeste. y Scott vio en ese rostro una expresión que jamás le dedicó a él mismo. Pero a la noche. Quizá pudiese celebrarse la boda en la alcoba nupcial. no iba a vivir en Waverley? ¿Y qué clase de vida llevaría vagabundeando contigo y tu grupo. en cambio. pero el rostro vuelto hacia él.232 - . se dividieron en pequeños grupos para compartir asientos y literas. era alivio. Jube vio a Scott en el pasillo y le lanzó una sonrisa fugaz. . No puedes retener al grupo allá. y Scott vio poco a Jube. Según lo que recordaba. ¿Qué pensaría si le dijeses que. cuando Willy y él ya estaban acostados en sus literas. la sujetó con la trencilla de seda y contempló cómo escapaba el paisaje de campo bajo el débil brillo de la luna invernal. Pasó mucho tiempo pensando en ella y Marcus. eres un tonto por ir allá. jamás fue una historia de amor. Lo que sentía. Ya fuese que Marcus y Jube se hubieran declarado lo que sentían. no sería justo que ella siguiera compartiendo la cama de Scott. Levantó la pesada cortina de fieltro. Gandy. soñar con lo que nunca será. No se sentaban juntos muy a menudo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 17 En la familia adoptiva de Gandy nadie se sentía más huérfano que Willy. Más tarde. ¿no le encantaría que la vida renaciera entre sus muros? Estás soñando. ¿No sería grandioso? Imaginándolo. pero el traqueteo y el balanceo del tren no lo dejaban dormir. una muñeca bajo la cabeza. Fue una situación de conveniencia para ambos.

Se le hizo un grueso nudo en el pecho al imaginarla acurrucada. aunque hace mucho tiempo que nadie me llama así. Pero por mucho que repitiese estos pensamientos. Más a menudo. Recordó Proffitt.233 - . sin tener a Willy para irrumpir por la puerta y romper la monotonía de su vida. Miró a Scott bajo los arrugados párpados entrecerrados. en Mississippi. el tren dejó a Gandy y compañía en la ciudad de Columbus. se sacó la pipa de la boca y dijo. bendita sea mi alma. antes de la guerra. Agatha estuvo sola mucho tiempo. sí. enfrentar otra vez a los fantasmas de Waverley. Nadie anda por ahí. Los viejos silos estaban aún ahí como lenguas curvas. Olvídala. y los árboles demarcaban el paisaje como hitos. esperando para soltar las balas de algodón desde los almacenes vacíos por el río hasta los barcos que morían de muerte lenta junto a las vías férreas. la taberna abandonada. señor Sheed. como a ti te gusta ver a los vaqueros cargar a las vacas en el tren. blancas serpientes de agua reflejaban la luna. muchacho. bajando la escalera. Ya tienes bastante con la preocupación de poner en orden tu vida. Con las manos apoyadas en los hombros de Willy. Pero ya la planicie de la pradera había dejado paso a las suaves colinas que se hinchaban y rodaban como un mar a medianoche. La tarde del segundo día. ¿Volviste para quedarte? —Todavía no lo sé. los presentó a todos. aún está allí —dijo Sheed. ¿Missouri? ¿Arkansas? No estaba seguro. Hiciste lo que tenías que hacer. me gustaba observar a los esclavos cargar el algodón en los barcos. Lloró cuando le di a Moose. terminando con el niño. —Me alegra verte otra vez. El comentario desató un torrente de preguntas: —¿Está muy lejos? ¿Cuánto falta para que lleguemos? ¿Podré pescar en el río en cuanto lleguemos? ¿De qué color será mi caballo? El entusiasmo del chico. —Bueno. más barato y más seguro. Traje a mis amigos a conocer mi viejo hogar. con el gato de Willy. que había sido un floreciente centro de comercio del algodón sobre el río Tombigbee. Compraron provisiones en un almacén de Sheed's Mercantil.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR A los costados de las vías. arriba. no podía sacársela de la cabeza. levantándose por la mañana. que transportaban todo más rápido. —Al percatarse de que Willy escuchaba. reflejo del que él mismo sentía a medida que se aproximaban a Waverley. decidir cómo abastecer a esta familia de ocho personas que tienes. Se arreglará bien. Teníamos nuestros propios almacenes. —¿Aquí? —A veces. —Cuando yo era niño —le contó a Willy—. agregó—: Eso espero. excepto algunos de los antiguos esclavos que antes . El viejo Franklin Sheed parecía una muñeca de esas que se hacen con manzanas marchitas. refiriéndose a Waverley—. en Waverley. pero con patillas blancas. LeMaster Gandy. y los barcos fluviales llegaban directamente a nuestro muelle para cargar. ¿no es cierto? —Seguro. Agatha sola. arrastrando las palabras: —Bueno. Gandy. hizo reír a Scott.

¿se acuerda del hijo de Dorian y Selena Gandy? La anciana bajó la cabeza y escudriñó a Scott un buen rato. —No olvides tus modales. y sus ojos tenían expresión burlona—. eran su pueblo. Señorita Bayles. que le vendía cigarros al padre de Scott. ¿no? —No. señora. —Señorita Mae Ellen —la saludó el propietario—. No sé por qué: estoy seca como una pasa. —¿Qué habrá sido de todo eso. Golpeteó con el bastón contra el suelo. ¿Fue así? Los hoyuelos de Scott obraron su magia habitual. Willy extendió la mano. Y yo miraba lo que quedaba en el plato y me prometía que. y echó un vistazo de soslayo a Jube.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR trabajaban para tu papá. muchacho. Sus raíces estaban ahí. y no le convido a un chico a más que dos . —La sonrisa no se desvaneció. La risa de la anciana colmó la tienda como el cloqueo de una pava vieja. Éstos son mis amigos. ¿no? —Así es. —Así que. Sonrió a la arrugada mujer. señorita Bayles. y algodón a la madre para los pañales de sus hermanos y de él mismo. desde que tu gente falleció? — preguntó Franklin en voz alta. —Hizo un gesto hacia Jube. —LeMaster. —Clavó otra vez en Scott su mirada maliciosa—. que regresar al sitio donde se recordaba su nombre. a Willy y otra vez a Scott. una octogenaria prieta de sombrero gris deshilachado entró renqueando con un bastón negro de ciprés. —Lo recuerdo. Tanto tiempo estuvo vagabundeando. que estaba cerca. con las manos en el pomo del bastón. señorita Bayles. Algo bueno pasó dentro de Scott al estrechar la mano de Franklin. Como los otros curioseaban por el local. —Encantado de conocerlo. viviendo entre extraños a los que poco les importaba su pasado ni su futuro en cuanto se separaba de ellos. y recordó que. señora. ¿eh? —Lo examinó con aire imperioso. —Con que Willy. Pero antes de que Gandy pudiese responder. Y ahí estaba el viejo Franklin Sheed. y después hacia Willy—. Jubilee Bright y Willy Collinson. —Yo contemplaba la cara de este muchacho. manteniendo alejados a los intrusos. Pero nunca me dejó agarrar más de dos. ¿O es que él era más bajo? —Solía convidarte a duraznos cuando tu mamá iba a visitarme a Oakleigh. Todavía están allí. te casaste otra vez. algún día.234 - . la última vez que la vio era mucho más alta. estrechándole la mano—. no se molestó en presentarlos. Se asombrarán de verte después de tantos años. La gente lo recordaba. le dio una punzada de nostalgia. «Algún día se meterá en problemas». —¡Ja! —resopló la mujer. Miró a Jube. su herencia. —No. Y a los bizcochos de melaza más sabrosos en toda la región de este lado de la línea Mason-Dixon. me desquitaría. y pensaba que era demasiado apuesto para su propio bien. que yo sepa. pensaba.

Yo también la recuerdo bien a ella. Scott se vio transportado al pasado. la brisa era un poco fresca. los últimos metros. vivo en el pueblo. En cambio. El aroma de la tierra era húmedo y fecundo. El giro de la conversación puso paños fríos sobre el tema. los sentidos de Gandy se extasiaron con el dulce trino melodioso del sinsonte desde un matorral. —Déle mis saludos a Leta. Pero a mi nieto. señorita Bayles? —Oakleigh está vacío —respondió. Entonces. —Lo haré. Los carruajes andaban sobre un camino de grava. —Hay una cosa que tienes que aprender de una vez. muy diferente del olor polvoriento de Kansas. Que este sinvergüenza te traiga un día. entre las rodillas. a Scott lo reconocieron por su nombre y lo saludaron con entusiasmo. delante. Scott dejó que hiciera sus compras antes que él. Mientras seguían andando. J. Ahora. La mención de Leatrice reavivó las expectativas de Scott. y yo os presentaré. muchacho. con el sombrero. y sostuvo las riendas flojas. harina. que luego se abrían hacia vastas extensiones de campos de algodón vacíos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR galletas por vez. Ya recorrían el último kilómetro. Todos rieron. —¿En serio? Pinchó a Willy con el bastón en el hombro. corrieron entre apretados grupos de robles. hasta convertirse en un polvo fino. jamón. La recuerdo muy bien. Ni se lo oía moverse ni se olía al ganado. otra vez. con rígido orgullo. Las viejas arrugadas no dicen cosas en broma. A. que lo acompañaron mientras compraban maíz molido grueso. a . y el olor de la vegetación que se pudría. —Aquí empiezan las tierras de Waverley —dijo. La sensación grata permaneció dentro de él mientras alquilaban coches en el establo donde. a él sí te encantará conocerlo. en ese breve lapso entre estaciones. Mientras lo hacía. Saludos a Leatrice. Por un momento. en los ojos de Willy apareció una expresión incrédula. para varios días. preguntó: —¿Sigue viviendo en Oakleigh. y no quieren dejar confusiones. medio ahogado bajo malezas y enredaderas de uva silvestre. tocino: alimento suficiente para una familia de ocho personas. Las cimas de los pinos acariciaban el cielo del atardecer como el pincel de un pintor sobre una tela. contando con cuidado el dinero que sacó de un talego de cuero que luego cerró—. Aunque el cielo estaba claro. con mi hija Leta. y cuando la anciana terminó sus compras. LeMaster. alisada por años de soportar el paso de carros tirados por mulas. que sólo parecía un manchón blanco al extremo de un largo prado.235 - . Pasaron ante Oakleigh. cortés.. con el tono de los capullos de glicina. y mientras partían para Waverley atravesando el paisaje familiar del Mississippi. — Señaló a Scott con el pulgar—. pocos de los cuales habían sido sembrados los últimos quince años. En dirección al noroeste. La revelación de la señorita Bayles le recordó que Waverley no era la única gran mansión que la guerra dejó abandonada. nogales y pinos. Scott la saludó. pues no saben cuándo caerán muertas. —¿Todo esto? Scott se limitó a sonreír.

se lo mantenía meticulosamente pero en ese momento. Hacía tiempo que habían perdido su perfección geométrica. estirando el cuello para observar al pasar la lápida de piedra gris. la que tenía el brazo más extenso de todo el Estado de Mississippi. En los buenos tiempos. se veía entre enredaderas retorcidas. que estaba al lado.. en el asiento de atrás. Si los viese en semejante condición. Jube y Marcus. la decepción de Scott se duplicó. —¿Tuya? Otra vez. —Mi mamá y mi papá. a medida que se acercaban. —Giró a la izquierda.. aunque. sin alterarse—: Y esto. —¿Tenías una niña? —Se llamaba Justine. Gandy tuvo que frenar al caballo después de haber andado menos de la cuarta parte de su extensión. dejándolos en un estado grotesco y deforme. Los escalones de mármol estaban intactos. —Es la casa de baños. Ante la vista de la mansión. —¿Y qué es eso? —preguntó. está la piscina. Pero. —Mi familia.. en dirección opuesta a la casa de baños— . al verlo invadido de enredaderas. pues durante muchos años sólo los podaron los ciervos salvajes.236 - . . —Prosiguió. El hijo de Selena se arañó la cara con los arbustos descuidados mientras se abría paso entre ellos hacia la entrada principal.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR la derecha. Willy se incorporó del asiento y Scott lo hizo sentarse otra vez. —Después podrás verla. abriéndose paso entre la vegetación descuidada durante quince años hasta llegar a la imponente magnolia.es Waverley. apareció una cerca de hierro negra y. la que dominaba el patio del frente desde que tenía memoria. —¿Quién? —preguntó Willy. giraron para echarle un vistazo al cementerio. La puerta en sí misma no se movió. señalando una estructura de madera.. cedros y gomeros que habían invadido el largo prado. su sangre se alborotó. Willy. Dentro. levantó la vista. matorrales. enlazando las riendas en el puntal del látigo. Selena Gandy se sentiría acongojada. haciéndolo inextricable. levantó la vista y sus ojos miraron en la misma dirección que Scott. Scott disminuyó la marcha del carro. —Esperad aquí —ordenó Gandy. Y mi esposa y nuestra pequeña hija. En las sombras de la caída de la tarde. El intenso olor gatuno de los gomeros era hostil. el corazón de Gandy dio un salto. la vegetación asfixiante daba un toque amenazador a la llegada de los viajeros. y los cuidó con amor toda su vida. como si advirtiese a los mortales de que no se acercaran. a la derecha. Fue solo. Los había traído desde Georgia cuando era una esposa joven. igual que el enrejado de hierro del balcón y las luces laterales de cristal veneciano color rubí que flanqueaban la puerta del frente. al igual que Oakleigh. y confinado por los preciosos árboles de boj de su madre. —¿Hay alguien enterrado aquí? —preguntó el chico. —¡Hurra! Excitado. por el sendero.

Scott sintió otra punzada de nostalgia. La puerta se abrió y apareció. Golpeó y llamó: —¡Leatrice! —¿Quién es? —dijo una voz que parecía la flatulencia de un caballo hinchado. con una apariencia que prometía durar para siempre. pero la puerta daba al sur y la luz del crepúsculo que entraba por las ventanas que rodeaban la puerta norte del vestíbulo de entrada era escasa. traslúcidas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Se protegió los ojos con una mano e intentó escudriñar el interior. en alguna parte de la densa vegetación que había a sus espaldas. hasta las cabañas de los esclavos. siguió un sendero que exhibía señales de uso reciente. amo? —Jamás agregaba la partícula respetuosa. —Abre la puerta y lo verás. las imágenes eran vagas.. los establos. Al verlos. Señor. ¿estás ahí? Sólo le respondió el silencio y el tabletear del pico de un náiaro carpintero. los jardines. casi tan grande como la magnolia centenaria del frente. —Retrocedió y lo aferró de las orejas—. alabando a los cielos—. Mucho antes de llegar. Más allá. Eran sólidos. —¿Qué clase de bienvenida es ésa? —bromeó. Sonrió y esperó. La única diferencia era un par de segundas columnas más bajas que custodiaban la del frente. —¡Mi pequeño volvió a casa! —se regocijó. como en Lemaster de los demás.237 - . ¡Bendita sea mi alma! ¡Eres tú! —Soy yo. —¿Quién. La puerta de atrás no lo acogió de manera más hospitalaria que la otra. como si las viera a través de un cristal de color borravino. con una sonrisa ladeada. —Se le dilataron los ojos—. a la que los esclavos doblaron y arquearon para darle la forma de abanico estilizado a los respaldos. insertadas en las ventanas. a chicharrones. Déjame echarte un vistazo.. un bajo retumbante . y su abrazo era capaz de quebrarle los huesos. Olía a humo de leña. Con la casa a sus espaldas. alguien lleno de arrogancia.. mucho antes de que Scott naciera. Lo único que pudo distinguir fueron las liras talladas en madera. y a saco de verduras. igual que el árbol. pesados. Las dos entradas eran idénticas. señor. Entró y la levantó. regresó a casa por fin. Sentados en esos bancos bois d'arc. ¿Eres tú. hasta la vieja cocina. sintió el olor del humo de la leña de Leatrice. de dos plantas de altura. y siempre se burló del familiar Scott—. hechos de madera extraída del pantano de los cipreses cerca del río. la piel áspera y negra como su vozarrón. la curtiembre. apoyando un codo en el marco de la puerta.. mientras Delia daba de comer a los pavos reales. Tenía una voz sin par entre los humanos. Golpeó la puerta y gritó: —¿Hay alguien aquí? Leatrice. en el fondo. con columnas dóricas idénticas delimitando porches retirados. con el rostro pegado a la madera basta de la puerta.? ¡Señor de la piedad!. derramando lágrimas. aunque sus brazos sólo abarcaban dos tercios del contorno de la mujer. —Seguro. y un par de bancos negros de madera a cada costado de la del fondo. así recordaba a sus padres. la fábrica de hielo octogonal.

en voz tenue—. Me quedé aquí. Scott paseó la mirada de Mose a Leatrice. Pero me hace compañía. Además. la vieja Leatrice te engordará en menos que canta un gallo. flaco como rodilla de gorrión. lo hizo girar para inspeccionarlo con toda minuciosidad. aferrando una mano huesuda entre las suyas. Había fumado pipa de mazorca toda la vida. que es el lugar al que pertenezco. como si fuera indiscutible. Mose era tan delgado como Leatrice gorda. Vine sólo a ver cómo estaba el lugar. sin mirar atrás—. Y será mejor que empiece a poner un poco de carne sobre tus huesos. con aire de superioridad—. muchacho. Es muy haragán. Mose soltó la mano de Scott y se sostuvo la espalda. —Claro que está —dijo el anciano negro que salió de las sombras y cruzó el suelo de madera con su paso artrítico—. pues la columna vertebral ya no se estiraba por completo. al final. Leatrice le asestó un manotón no muy suave en la cabeza. —No vine solo. ¿Qué estuviste comiendo. Bueno. y luego lo hizo volverse de frente a ella—. —Cuida la lengua. —De modo que. se inclinaba un poco a la izquierda y adelante. —Mose —dijo Scott con cariño. yo no lo acepto. de inmediato—. lameollas? —Tomándolo de los hombros. ¿También trajiste a casa a esa Ruby? —Sí. —¿Ése es modo de tratar al muchacho que recogía moras silvestres para ti y cortaba rosas del jardín de su madre? La risa de Leatrice hizo que las vigas del techo amenazaran con caerse. —Te quedarás —dijo. y desde entonces sólo fue capaz de emitir ese sonido rechinante que nadie olvidaba después de haberlo oído. Scott se frotó el costado de la cabeza y sonrió. Y a Ivory también. Ven a ver quién está aquí.238 - . después de lo que cocinaba en los viejos tiempos. . —Se dio la vuelta. Nunca me fui. Alguna de ellas. Gandy no se movió. —Quince años —evocó el anciano. Ya era hora de que regresaras. —Tal como pensé —dictaminó—. una vez. ¿Te parece que podrías servir jamón y bizcochos para ocho si yo traigo el jamón y las guarniciones? —¿Ocho? —Leatrice rezongó y se alejó como si la pregunta le pareciera absurda—.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR imposible de emitirse con suavidad. —Quizá no me quede —aclaró Scott. Será como alimentar a ocho mosquitos. os habéis juntado. —Siéntate. —¿Mose está aquí? Gandy miró sobre el hombro de la negra con expresión de alegre sorpresa. ése. por mucho que lo intentara. ¡Mose! —llamó. Tengo pan de maíz caliente y guisantes ojo negro. ¿Acaso no te enseñé a respetar a los mayores? Mose y yo cuidamos de la propiedad mientras tú andabas vagabundeando por ahí. muchacho. El cabello plateado le coronaba la cabeza como si fuera musgo. y nadie sabía qué mezclas le metía dentro. le dañó la laringe.

—¡Un fantasma! —Así es. ¿Un fantasma? Leatrice le tomó la palma y depositó en ella las llaves. —Entremos. sacudiendo la cabeza. —¡Ve ya! —le ordenó la negra. Gandy presenciaba la discusión con el entrecejo arrugado. Scott recordó con toda claridad la voz de niña que había oído en la casa. y dio una sacudida obstinada con la cabeza—. los ojos dilatados. ¿Por qué crees que no entró nadie todos estos años? No sólo dos viejos negros que revisaron las puertas desde afuera. Pero Leatrice no se acerca donde hay espíritus. —¿Yo? —Sí.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —A Ivory también. Leatrice hace bizcochos. . por lo que se puede ver con esta luz. Leatrice les traerá el jamón y los bizcochos hasta la puerta de atrás.239 - . dio la vuelta a la esquina de la casa y se tropezó con algo blando. cansados de esperar en los coches. ¡Ahora. todavía tibias de estar entre sus pechos. al terminar la guerra. también es sólida. el viejo Mose no entrará ahí! —¿Qué estás diciendo? Por supuesto que entrarás ahí. ¿era verdad? ¿Sería Justine? ¿Estaría buscando a la madre y al padre en los altos cuartos vacíos de Waverley? ¿O sería el producto de imaginaciones demasiado activas? Sabía lo supersticiosos que eran los negros. ceñudo. que merodeaba por el sótano de la vieja mansión. no más. La conservé en lugar seguro. señor. Desechó la idea. ¡Nooo. Yo lo oí. y retrocedió más. A Gandy se le tensó el cuello. y no tenía nada de supersticioso. y lanzó un grito. seguido por los demás. Entonces. jamón. —En la casa hay un fantasma. Mose también lo oyó. pero dijo: —Pero eso es ridículo. —¡No. Mose os abrirá. Leatrice es cocinera. señor! Mientras desandaba el camino hacia la casa munido de varias velas de sebo. —La llave está aquí. ve! Mose retrocedió. Se sacó la correa de cuero por la cabeza y se la dio al viejo. Pero Mose la contempló como si tuviese ocho patas. El azote de la lengua de Leatrice era justo lo que necesitaba para hacerlo sentir que estaba otra vez en el hogar. tú. Mose movió la cabeza. Está ahí. Tienes que abrirles al joven señor y a los amigos. —Los dejé esperándome en el prado. —¿Qué es lo que está pasando? —preguntó Scott. temeroso. No pude entrar en la casa grande. —Es una belleza —afirmó Jack—. —Ve a abrir tú mismo. Pero era Jack. eso quiere decir que somos cuatro. él también lo había oído. sarcástica—: Caramba. Pronto estaremos cultivando algodón. —Cruzó los brazos sobre los pechos del tamaño de melones. Gandy sonrió. Jadeó. llorando. Sin embargo. y. —Leatrice levantó una ceja y agregó. Si entras. fijos en la llave. lo oirás enseguida. —Leatrice la sacó de entre sus amplios pechos—.

uno era el que compartió con Delia. cuatro plantas más arriba. dejó que Willy eligiese. —Ése —indicó el chico—. aliviado de no tener que dormir en la familiar cama de palo rosa sin Delia. vuelto a Kansas por el último comentario del chico. Con la vela apagada. y comieron la cena preparada por Leatrice. Cerró los ojos y la imaginó cosiendo en la máquina. en cambio. Gandy lanzó una risa ahogada y se puso de costado. Gandy instaló a Marcus y a Jack en uno de los cuatro dormitorios grandes de la segunda planta. que casi no conocieron cuando eran hijos de esclavos. Pero en cuanto entró. Los suelos de pino sureño. Scott descubrió que sentía alivio de estar con otras siete personas. pero nada había cambiado. —Es más agradable que en la despensa. la escalera doble que se curvaba hacia abajo como dos brazos abiertos. la voz de Willy parecía más infantil que nunca en la enorme habitación. Ivory y Ruby afirmaron que estarían más cómodos lejos de la gran casa. por la puerta trasera. cuando hacían los arreglos para dormir. Scott. en especial con Willy.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Cuando metió la llave en la puerta del frente de Waverley. se sacaron la ropa interior y se acostaron entre ellas. a Pearl y a Jube en el otro. Scott. Encendieron el fuego en el amplio comedor de la planta baja. De los dos dormitorios que quedaban. como si la mansión misma le respondiera. estaba dormido. Daba la sensación de que Willy tenía el doble de costillas y la mitad de grasa que el resto de las personas. —Scotty. fue más eficaz la influencia de Leatrice y Mose para que resolviesen quedarse fuera. cuya mano pequeña aferraba con fuerza. Al rodearlo con un brazo. Willy se puso de espaldas y acomodó el trasero contra la barriga de Scott. Olía a desuso y a polvo. con el taburete de Willy vacío . —Bienvenidos a Waverley —dijo en voz queda. y restaban él y Willy. el pueblo vacío. allá arriba. el hombre no pudo evitar evocar el gruñido de Leatrice diciendo «mosquito». pues. pero sólo Ivory y Ruby pudieron verla cuando fue a llevar la comida caliente. la taberna más vacía aún. Si bien Gandy trató de convencerlos de que serían bien recibidos si querían dormir ahí. Quitaron juntos las mantas polvorientas. las espigas talladas a mano que flanqueaban las escaleras y desaparecían en la penumbra. Después de inspeccionarlos. que hizo eco en el mirador. Incluso iluminada sólo por dos velas. los espejos gigantes que repetían la luz titilante de las velas. permaneció horas sintiendo los latidos del niño bajo la palma. condujo a Willy al cuarto de los niños. la elegante lámpara de bronce que colgaba unos dieciocho metros desde lo alto: todo parecía esperar para que lo lustrasen y estar otra vez en uso. —¿Eh? —Tengo frío. y luego descendió. —Acércate aquí. Tiene un caballo que se mece. escuchándolo respirar con regularidad. se evaporó todo pensamiento referido a fantasmas. acostado en su cama de la infancia. Pensó en Gussie. Después. la maciza rotonda le dio la bienvenida. Un murmullo confuso fue lo último que escuchó: en pocos minutos.240 - . y el del ala noroeste al que siempre se llamó el cuarto de los niños.

y donde se aislaba a cada miembro de la familia que enfermaba. incapaz de resistir la tentación de echar un vistazo al interior polvoriento. sin duda no podía elegir un lugar mejor.241 - . y desde el cual se divisaba la entrada de abajo y los campos. que las guiaban en los giros del vals. «Qué antojadizo soy. Y finalmente. sentada en el último escalón bajo el viento invernal. que irradiaba el mismo matiz de luminosidad que el tafetán del vestido. que empezaba cada día observando sus dominios desde el punto de mira que él mismo había diseñado. A su alrededor todo era oscuridad. si la propia Agatha le contó que era algo que ansiaba hacer. bajo el tejado principal. Si hubiese un fantasma. pero era difícil. Qué extraño que la imaginara bailando. Gandy ya se sentía embrujado por Agatha. estaría guardada la ropa de Delia. la oscuridad era total. mientras la besaba. Se despertó temprano. pero que no podía. se vistió y subió las escaleras hasta la tercera planta. en alguna parte. los días de lluvia. el padre. se levantó. En el tren. Deslizando la vista por la cadena de la inmensa araña. Y además. ¿Qué le podía importar un fantasma más? Pero no apareció ninguno. es en vano». y era donde Scott solía jugar con tus hermanos. A fin de cuentas. Gandy se durmió profundamente. Pero la imagen que ardió con más intensidad fue la que nunca hubiese imaginado pero recordaba: Gussie con el camisón manchado de sangre. cojeando por la calle para ir a cenar sola al restaurante de Paulie. En cambio aquí. Abrió una puerta. Intentó acostumbrarse a ella. acostada en la cama de él. envuelta en la capa mientras la nieve caía sobre la caperuza. cuyas cuatro puertas cerradas daban a un inmenso ático sin ventanas. Ese punto lo atraía de manera irresistible a seguir los pasos del padre. Siempre lo llamaban el cuarto del baúl. la luna iluminaba el paisaje. recordó las noches en que se abrían las puertas de los recibidores y esa zona se transformaba en un vasto e impresionante salón de baile. —se reprochó—. Vio el cabello recogido con pulcritud en la nuca. contemplaban el colorido abanico de faldas de las damas. entibiado por el cuerpo pequeño de Willy.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR junto a ella. afuera. pero en ese momento cerró la puerta y subió el último tramo de escaleras hasta el estrecho pasadizo protegido por una baranda. Abrió los ojos como si quisiera convertir el recuerdo en realidad. Lo que tenía que resolver en ese momento era cómo hacer para que la propiedad . Ahí. Después que llegaban todos los invitados. Sin hacer ruido. recordando el pasado. pinos y glicinas trepadoras. baúles y restos del pasado. que rodeaba toda la rotonda octogonal. En Kansas había lámparas de la calle. Rafe y Nash salían subrepticiamente de las camas y desde ahí arriba en la sombra de la rotonda. repleto de muebles. que la luz de gas iluminaba cuando ella se deslizaba por el suelo de pino. no podría haber un momento más oportuno. y permaneció unos minutos acostado. entre árboles gigantes de magnolias. y a los caballeros de frac. Y si quería darse a conocer. en Waverley. Tuvo una súbita visión del aspecto que tendría el vestido granate de Agatha desde arriba. y supuso que también la de los padres. Ninguno habló. el mismo Scott. con todas esas filas superpuestas de pliegues en la trasera. Algún día lo revisaría.

. Y. —Así que ya te levantaste. no sin esfuerzo. no. Sería una franca estupidez traer a otra persona. Pero la tierra que. La otrora ininterrumpida alfombra verde de la hierba estaba salpicada de arbustos y. mientras iba lentamente de una ventana a otra—. chispeaban y ahora estaban cubiertas de polvo. Alzó la vista. de pie en la entrada del dormitorio. —¿Qué miras? —Ven.. en otros tiempos. visible allá lejos. Contempló a Willy subir por la impresionante escalera produciendo un suave ruido con los pies desnudos. formando un gran prado verde que bajaba en una curva abrupta hacia el río Tombigbee. llegaría un momento en que se transformaría en un bosque. —¿Qué estás haciendo ahí arriba? —Mirando. prodigó su abundancia a fuerza del trabajo de mil manos negras. —¡Uf! —exclamó. recorrió los ocho lados de la rotonda tal como hacía el padre cada mañana. junto con una cáscara seca de yeso. a diez personas: tenía que incluir también a Leatrice y a Mose. Suspiró. pues aún no sabía cómo hacer para mantener a los que ya estaban. había un abra entre los árboles. —Hizo un ademán. Se sacudió para librarse de ella y miró alrededor. Todo eso. —Waverley. pero ya no había nada. ¿Qué pasa aquí arriba? Scott levantó a Willy y lo sostuvo en un brazo. del lado opuesto de la rotonda. después del desayuno. al llegar al último escalón—. observando su feudo que.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR produjese lo suficiente para sostener a ocho. aunque hablaban casi en susurros. —¡Oh!. invadida de malezas. contemplando las evidencias del descuido en que había caído ese imperio perdido que ahora era su herencia. la tapa del calzón apareciendo entre los balaustres del balcón. Entre la casa y el río solía pastar el ganado bovino y ovino.. en las otras tres direcciones. ahora yacía desolada. Triste y moroso. —Si es una granja. ¿Cómo harían diez personas solas para ponerla en condiciones de rendir? La melancólica reflexión fue interrumpida por una voz que llamaba suavemente desde abajo: —Scotty. y fue hacia las ventanas que. en aquellos tiempos. sube y te lo mostraré. Cuando llegó al pasadizo. tenía los dedos de los pies cubiertos de polvo. si no se limpiaba. en otro tiempo. dos suelos más abajo. se autoabastecía hacia el Este. . Quitó una con los dedos y se le quedó pegada. —Pero no sé qué hacer con todo esto.242 - . con telarañas en los rincones. y vio que la plantación Waverley se extendía en la distancia. los bosques y los campos se extendían hasta el infinito y lo único que producían era una embrollada cosecha de enredaderas de kudzú.. ¿no tendrías que poner plantas? Parecía tan simple que hizo reír a Gandy. Era el pequeño. Las voces resonaban como campanas en un valle.

y era tan obvia que la pasé por alto.. ¡Lo que ves a tu alrededor. Scott lanzó una mirada a las ventanas que lo rodeaban. —¿Valorarla? —Sí. cuando le conté de Waverley. rió.. Willy.243 - . Ésa es la solución. Pero yo estaba muy concentrado soñando con plantar algodón. muchacho mío.. —La casa. no es otra cosa que un tesoro nacional! Al llegar al nivel de los dormitorios. estampó un sonoro beso en la mejilla del chico. —¡Eso es! —exclamó Gandy. —Te presentaré a Leatrice —le dijo Scott a Willy mientras cruzaban el patio—. Ella cree en espectros pero. una forma de vida. es buena. que no hay más como ésta. pero estaba demasiado excitado para mostrárselo en ese momento—. —¿O sea que piensas venderla. fuera de eso. al mismo tiempo.. una noche. Cabezas soñolientas asomaron por las puertas en la planta alta. pues nunca vio una plantación.. esos yanquis que quemaron casi todas las mansiones como Waverley. Gussie me dijo lo mismo que a ti el verano pasado. Scott fue golpeando las puertas.. La llamó un. al salón de baile que estaba abajo. —¿A la casa? Willy estiró el cuello hacia el vértice de la cúpula que estaba encima de ellos. aún con Willy en brazos. Murmuró casi para sí: —No se refería a la tierra. Dice que n 'uay. —¿A dónde vamos? —preguntó Willy. pagarán un rescate regio para verlas y disfrutarlas. y que tengo que aprender a va. salía como una tromba por la puerta trasera. donde estaban guardadas esas faldas con miriñaque y esos fraques cola de golondrina.. a valorarla. Dice que le gustaría verla un día. mientras Scott. .. Scotty? —preguntó Willy. mientras las botas negras de Scott repercutían en los escalones—. y en el presente. —¿Venderla? —Cuando llegaron a la altura del cuarto del baúl. Scotty? Pero Scott quedó prendido de lo que había dicho antes no de la pregunta. a las puertas que daban a la escalera más grandiosa de este lado de la línea Mason Dixon.. decepcionado.. ¿verdad? —Yo no escuché nenguno.. ¿Anoche escuchaste a algún espectro en la casa? —¿Espectros? El niño dilató los ojos y.. sin aminorar el paso. —No había ninguno.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Hace falta mucha gente para plantar todo eso. ¿Qué significa eso. pequeño. Willy se rascó la cabeza y miró por la ventana polvorienta —Gussie dice que yo soy afortunado de poder verlo. vociferando: —¡Arriba! ¡Ya ha amanecido en el pantano! ¡Vamos. se refería a la casa. la voz y los pasos retumbaron en la rotonda. va. todos! ¡Jack! ¡Marcus! ¡Jube! ¡Pearl! ¡Levantaos! ¡Tenemos que poner este lugar en condiciones! Cuando bajaba corriendo la sección curva de la escalera que llevaba a la entrada principal. Jamás. ¿Por qué te sonríes? —La casa. y no se me ocurría usar la casa para ganar dinero. La haremos revivir.

¿por qué? —Porque la necesitamos aquí. —Díselo. la negra se mostró menos entusiasta. cuando Leatrice dio un vistazo al equipo de limpieza que sacaba elementos de casa al patio para ventilarlos. encerar. Eso le dirás a Leatrice. —No pondré un pie en ninguna casa encantada. Parecía una unión concertada en el cielo. no sé. —Pero. insistió: —Imagínate este sitio otra vez lleno de gente. ¿Qué dices. El término hizo que los labios de Leatrice se aflojaran un poco: —Siempre fuiste un zalamero —refunfuñó. Desde el momento en que le ordenó: —Ven aquí. nadie puede hacer eso mejor que Leatrice. todos los dormitorios ocupados. Pensar le llevó a Leatrice exactamente cuatro horas y media. chico. y el chico necesitaba a alguien que se ocupase de él. Era lógico: Leatrice necesitaba a alguien de quién ocuparse. tenemos que limpiar. con una bolsa de asafétida colgando del cuello. —No se puede quitar el polvo a las alfombras si se dejan en el suelo . lo hizo más entrañable aún para ella. Ha visto niños con menos ropa. habían desayunado y obedecían. ¿quién los hará moverse? Toda la banda está acostumbrada a dormir hasta mediodía. ya se nos ocurrirá algo.. Scotty. ceñuda. Pero el trabajo que realizaban y la velocidad con que lo hacían era tan lamentable que. música en el salón de baile. ¡Si hubiese comandado ella las tropas de la confederación. no muy al pie de la letra. Willy. —Bueno. Te necesito. cariño.. Que yo sepa. farfulló una protesta contra los zalameros y levantó las manos. Lo miró. ¿entendido? —Pero. Aunque Willy se lo dijo. la negra apretó los labios y adoptó una expresión terca. limpiar los campos de malezas y también los edificios externos. la vieja cocina humeando y el aroma de los pasteles de guisantes saliendo de los hornos. Pero en lo que se refería al mandato de Scott. Al ver que se ablandaba. Y el hecho de que. por el rabillo del ojo: —¿Y quién cocinará? Eso amilanó a Scott. habríamos tenido un resultado muy diferente! —¡Pero.. no! Leatrice no entra.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Ninguno. para organizar a estos holgazanes. y hacer que levanten el polvo. Willy se apegó a Leatrice como una garrapata a un pellejo tibio. —¡No. Pero. deja que Leatrice te eche un vistazo —el vínculo quedó sellado. todavía estoy en ropa interior! —No importa. lustrar la casa. las ineficaces órdenes. apareció ante la puerta trasera. cuando le presentaran al pequeño. las tropas de Gandy ya estaban levantadas. Primero. Para entonces. estuviese vestido sólo con los calzones. Minutos después..244 - . cariño? ¿Me ayudarás? —Tengo que pensar en un exorcismo —fue su respuesta. cuando llegue el momento.

y le hizo una reverencia burlona. mantiene a los espectros alejados de Leatrice. casi haciendo arcadas—.245 - . Huele a orín de gato. Gandy rió. ¡Tienen que sacarlas afuera y golpearlas! Cualquier tonto sabe que no se empieza de abajo y se va subiendo. en tono imperioso. de pie junto a la puerta del lado de adentro. Si quieres que les enseñe a limpiar a estos blancos lamentables. con los brazos en jarras—. —¡Nada de insolencias. mujer! ¿Qué tienes en ese saquillo? —preguntó. Cuando uno llega arriba. Se acercó Gandy y le dio un abrazo de agradecimiento. deja a un lado los melindres de cómo huelo. el renacer rápido y eficiente de Waverley quedó asegurado. la planta baja está tan sucia como cuando empezó. —¡Por Dios. Desde ese momento. muchacho! Es asafétida. pero retrocedió al instante. .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —afirmó.

se lustró cada centímetro de adorno de bronce. dieron forma a las azaleas que se habían vuelto salvajes. Cada pieza del amoblamiento fue aireada y golpeada. o frotada y lustrada.246 - . Pero todos los elementos esenciales estaban presentes. jamás habrían podido encarar semejante tarea si no hubiese sido por el fenómeno que comenzó la segunda mañana. Se sacaron todas las porcelanas del gabinete empotrado. aceitar. Se pintaron los revestimientos interiores de madera. las camelias. se rasquetearon a mano. al igual que las liras decorativas que sostenían las luces laterales. y que obedecieron sin chistar cuando Leatrice les dijo que podían empezar por limpiar una zona para agrandar la vieja huerta. Al tiempo que los hombres bullían en el exterior de Waverley. y la pusieron a llenar la tina de hierro negro del patio y comenzar la pesada tarea de lavar las mantas y ropa de cama polvorientas. Luego llegaron Beau y su esposa Clarice. Su esposo. Siguió la reparación de todas las construcciones externas y una limpieza a fondo de sus interiores. Una por una. las mujeres se ajetreaban en el interior. la rotonda. encerar. Un par de hermanos llamados Andrew y Abraham encabezaron un grupo que limpió el prado largo y que. En el jardín ornamental podaron los árboles de boj. De todos modos. como ordenó Leatrice. reparar y arreglar. Por cierto que daba órdenes. Lo único que hacía falta era quitar el polvo. limpiando los viejos carruajes y el establo mismo. Zach se puso a trabajar encargándose de revisar y reparar los arneses. donde habían hecho su guarida los animales silvestres. Se colgaron y azotaron las alfombras. se convirtió en integrante del equipo que pintaba la mansión. Caleb. algunas. Llegó una mujer negra llamada Bertrissa.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 18 Convertir Waverley en un hotel de turismo donde los norteños pudiesen tener una idea de cómo era una plantación en funcionamiento era una empresa ambiciosa. se lavaron y enceraron las espigas de adorno. en una voz que retumbaba como un trueno y que hacía que el más empecinado haragán irguiese la espalda y se pusiera en movimiento. limpiar. se había oxidado el metal y la madera estaba combada. Las tropas de Gandy comenzaron en la rotonda. se dedicaron a poner en condiciones el patio y el gran prado del frente. y fueron trabajando hacia abajo. La dirigía Gandy en persona. hijo de un mozo de establo que había enseñado a Scott todo lo que sabía. llegó Zach. que sonrió con timidez al ser presentada a LeMaster Gandy. que encargó cuatro escaleras nuevas y se subió a una de ellas para ocuparse del lugar más alto. todas las caras familiares aparecieron ante la puerta trasera de Waverley: todas negras. Se ventiló y sacudió cada uno de los cortinados. con expresiones que manifestaban claramente lo ansiosos que estaban de echar una mano y ver florecer otra vez la plantación. se enceraron los suelos. Primero. cuando terminaron. se lustraron las ventanas. se lavaron y volvieron a .

. como el techo. tal como él hacía en el presente. aunque las ascuas casi no ardiesen. secretaire. más apta para entretener a los norteños que pagarían mucho dinero por fingir. hicieron una pequeña celebración. con su revestimiento decorativo de hierro. la apertura de la plantación Waverley al público. El hogar. recibió dinero para reservas de varios de ellos que aseguraban que sus esposas estarían sobremanera agradecidas de escapar a los rigores del clima del norte y acortar el invierno pasando sus últimas semanas en el clima moderado que Gandy describía en el anuncio. Sobre el suelo de pino barnizado había una alfombra oriental con un dibujo de color rosa claro sobre fondo verde hielo.247 - . Se blanquearon los armarios. los registró en los libros. durante una o dos semanas. sino un juego de muebles de caoba tallados: cómoda de patas altas con flancos sobresalientes. El día en que recibió los primeros depósitos por adelantado. Ivory llevó un contingente que incluía a Willy a los bosques a buscar leña de pino para encender. Scott redactó un anuncio para enviar a los periódicos del Norte. cubiertas de colgaduras de jacquard verde mar. Mientras los equipos seguían trabajando. mantenía la habitación acogedora.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR guardarse sobre carpetas de lino limpias. A Scott Gandy le encantaba la oficina. Pero en ese momento estaban cerradas. y se pulieron los morrillos hasta que los pomos de bronce resplandecían. y un libro mayor donde asentó el primer ingreso que hizo Waverley en más de dieciocho años. alegre. escritorio de tapa plana. cuando las ventanas de la rotonda estaban abiertas. Con la pluma en la mano y el libro mayor ante sí. Destinó a oficina la misma habitación de la planta baja que el padre empleo para idéntico propósito. La idea dio resultado: en el término de dos semanas. y la noche que encendieron las bocas de la gran lámpara por primera vez. anunciando para marzo. No había bibliotecas cubriéndolas. de optimismo indoblegable. bromeando que pronto tendrían que dejar de lado el audaz cancán y dedicarse a la mazurca. que daban al cuarto el color de la vegetación en las épocas en que el verdor escaseaba. También había otro asunto que resolver. y envió cartas personales de invitación a cada uno de ellos. Hizo un viaje a Memphis para conseguir una lista de los cien industriales más ricos del país. y que estaba detrás del recibidor principal. que pertenecían a la élite de los plantadores del sur. Las muchachas bailaron en el salón de baile. Evocaba al padre sentado tras el escritorio de caoba atendiendo los asuntos de la plantación. con ventanas en aguilón que iban del techo al suelo. decorado con esculturas similares a las molduras que adornaban la parte superior de las paredes. el mes de las camelias. Fue un día feliz aquél en que Scott compró un libro de reservas forrado en suntuoso cuero verde. y que se abrían de abajo arriba para formar una corriente de aire fresco en la época de calor. Marcus tocó el banjo y Willy la armónica. tenía una sensación de continuidad pero. más aún. se sacó el puro de la boca y fue a buscar a Willy. El mismo Scott revisó las tuberías de gas y puso otra vez en funcionamiento los quemadores. y una variedad de sillones de orejas tapizados de cuero gris pardusco. Era un cuarto luminoso. se barrieron las chimeneas. Los muros eran de yeso blanco. con los demás sentados en las escaleras como público.

que un instante atrás estaba lisa. tenue. no era la figura de Willy. —¿Willy? Scott giró con brusquedad pero a sus espaldas. como si hubiese debido ayudar. limpiando. pero no le causó temor ni sensación de fatalidad sino un fuerte deseo de aliviar cualquier pena que expresara. donde esperaba encontrar caballos de tiro y un pony para el chico. dejando a Scott con la certeza de que estaba de nuevo solo en la habitación. suplicante a sus espaldas. no había nadie. —Willy. cuando llevó a Zach y a Willy al mercado de ganado. sin quitar la vista de la leve depresión. encerado hacía poco tiempo. —Se fue con los hombres. si había alguien. inmediatamente después del desayuno? —Sí. Escuchó otra vez. Subió los escalones de a dos y se precipitó en el cuarto de los niños. —¡Willy! —llamó. Oyó otra vez el suave gemido. pero no estaba haciendo la siesta. como si proviniese de ahí. Recorrió la casa a zancadas llamándolo. igual que los de la planta baja. —¿Dónde está Willy? —preguntó. Se sintió culpable e impotente. a liar leña. —Ayúuuudame. —¿Dónde están las mujeres? —En las cabañas. ¿fuiste al bosque ayer. el único que lo miraba. Scott no le contó a nadie de su encuentro con el fantasma. y se detuvo junto a la cama de baldaquino hecho a ganchillo. pero al día siguiente. mientras recorrían los cobertizos inspeccionando los caballos—. Se dio la vuelta y miró fijamente la cama: la manta. distraído. a la entrada del cuarto. Esperó. . brillaba y reflejaba el ojo fijo del caballo de juguete. ¿estás ahí? Pero no era la voz de Willy. Al final. El suelo. pero estaban todos vacíos. que compartía con Willy. sin interés. ¿cómo? Buscó en los otros cuartos de arriba. no respondió. ni en ningún otro lado. Scott estaba seguro de que eran las de Justine. —¿A dónde? —A alguna parte de los bosques. —Willy —preguntó. Entonces lo oyó: el suave gemido de una voz infantil y una sola palabra que era más un suspiro que un grito: —Ayúdame. estaba arrugada ahora. no lograba concentrarse en los asuntos que tenía que atender. que estaba fuera de la casa. Se quedó mirando el contorno de un cuerpo pequeño. en tono despreocupado. Pero. pero era una tarde tranquila y.248 - . encontró a Leatrice en la cocina. —¿Cuánto hace que se fueron? —Salieron al terminar el desayuno —respondió. La presencia desapareció tan súbitamente como había aparecido. sentada en una mecedora pelando guisantes secos con Clarice y Bertrissa.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR resuelto a cumplir la promesa que le hizo al niño antes de partir de Kansas: comprarle un caballo.

—. ¿con quién estás hablando? Curioso. Justine? —Ahá. Scott espió dentro. Willy estaba sentado en el suelo. abrevando a los caballos. haciéndolo girar en círculos en el medio del corral con una cuerda larga. cuando llueve y tengo que quedarme adentro. . nadie. era un hombre razonable que no creía en fantasmas.. Eso significaba que la huella en la cama no era del cuerpo de Willy. Scotty.. Scott experimentó el primer instante de temor. donde antes vivía yo.249 - . —Ya lo sé. mira ese! Ése es el que quiero. Willy. los tobillos hacia afuera. —Se llamará Major —afirmó Willy. Al pasar ante la puerta del dormitorio. pegado como una garrapata a los pantalones de Zach. viene a visitarme. y Zach dice que cazaremos un pavo salvaje para la cena de Navidad. oscureciendo todo lo que había más allá. —Willy.y Gussie vive en Kansas. —¿Mi hija. Scotty? ¿Puedo? El entusiasmo de Willy y la aprobación de Zach hacia un potro ruano de un año acabaron con las especulaciones de Gandy y lo obligaron a devolver la atención a la tarea de elegir caballos para Waverley. a fin de cuentas. ¿De quién. Se llama Moose. —¿Leatrice hizo tu cama antes de que te fueras? —No.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Y regresaste a la casa antes de la cena? —No. A veces. se hizo frecuente ver a Willy rondando por los establos. entonces? —¡Oh. echando una mirada sobre el hombro antes de colocar otro bloque en la torre. como le había enseñado Zach. También adquirió un equipo de caballos de tiro pintos y dos de montar: un potro llamado Prince. construyendo una torre de bloques. Confiaba por completo en el criterio de Zach y. Viene a jugar conmigo a veces. Scotty —lo saludó. A partir de entonces. compró el ruano para el niño. sino porque. Pero le gusta estar aquí. al parecer. Willy creía que éste era mortal. Scott casi había olvidado el incidente del cuarto de los niños hasta un día en que se dirigía al cuarto del baúl a revisar la ropa que pensaba exhumar. y una yegua. Sheba. bombardeándolo a preguntas. no porque la casa pudiese estar embrujada pues. Susanna!» —¿Justine? —Ahá. Ella tiene a mi gato. y luego canturreó un trozo de «¡Oh. tranquilo. oyó a Willy hablando con alguien. ¿Puedo quedarme con ese. se acuclilló junto a Willy y apoyó los codos en las rodillas. llevándole a Major golosinas que sacaba de la casa. Entró en la habitación. Es agradable.. Scott echó un vistazo a los cristales de las ventanas: una cortina de agua los bañaba. conversando con. —Justine está muerta. ¿no?. hola. Gussie vendrá para Navidad. —Ah. al final de la jornada.. —¿Con quién estabas hablando? —Con Justine —respondió. Retrocedió y miró dentro.

no puede venir aquí a jugar contigo. La torre se derrumbó. hijo. hijo. pero luego se puso pensativo: —Si no te molesta. ¿por qué no? —Porque. Ya tiene bastante con organizar esta casa. Si bien Scott nunca se lo había dicho. la respuesta es no. —Si está enterrada allá. ¿no? Scott sonrió. —Pero. —Está bien. —¡Me mentiste! ¡Dijiste que podía venir! —¡Basta. el chico era lo bastante inteligente para comprender que un cuarto con un caballo mecedora era para niños. la despedida sería más dolorosa que la primera. Willy. —Pero. que en ese momento no necesitaba. Aunque esto era una novedad para Gandy. decepcionados. . —Lo sé —respondió Willy. Porque si la veía otra vez. hasta que estén listas las cabañas. —¿Le dijiste a Leatrice que hablabas con Justine? Willy lanzó una carcajada musical como el resonar de un pandero: —Leatrice pondría los ojos en blanco y saldría corriendo como si hubiese una víbora suelta.250 - . —No vendrá. no se lo cuentes a Leatrice.. —¿Te acuerdas del pequeño cementerio que está al otro lado del camino? —preguntó Scott. eso es todo. por qué no! Porque Agatha representaba para Scott una complicación en la vida. —Claro. No es más que tu imaginación. —Sólo viene a este cuarto. —Lo siento. Willy volteó la torre con un manotón enfadado. —Y otra cosa. El sentido común le indicaba que no podía ser Justine. —Scott se levantó y contempló la coronilla del niño—. ¿Quién te dijo que Gussie vendría para Navidad? —Tú dijiste que podría verla alguna vez. fastidiado por la insistencia del niño. canturreando feliz. ¿por qué no? Cuando Willy alzó hacia él los ojos castaños. porque era de ella. desconcertado. —Pero dijiste. Gandy buscó una respuesta. Además. ¡En verdad. lo disimuló y prosiguió: —Entonces. Willy no daba señales de estar preocupado por que le creyese la experiencia. Willy. Y estamos ocupados preparando todo para los invitados. la casa está repleta.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Scott miró alrededor. —Pero no vendrá para Navidad.. alegre. también. ya tenía suficiente con aceptar la idea de que la casa era visitada por un fantasma. Estuve allí con Andrew y Abraham cuando cortaron la hierba y lo limpiaron. habría más lágrimas y penas cuando se separasen. Todavía hay mucho que hacer. Willy! Scott se dio la vuelta y salió del cuarto ceñudo. Porque si Willy volvía a verla. y Willy comenzó a construirla de nuevo. sabes que Justine está enterrada ahí.

Scott se apoyó en las manos y escudriñó en las sombras. más cerca. El sollozo creció. pero los abrió por un instante. el lloriqueo de una niña que rogaba otra vez: —Ayúuudamee. ¿verdad? Cerró los ojos. Un movimiento en la manta. pero una brisa suave como un suspiro atravesó el cuarto. Abrió los ojos: el cuarto estaba sumido en la oscuridad total. sobre su pecho. tres noches después. —¿Justine? —susurró. como si quisiera apartarla para meterse debajo. Al principio. —¿Quién está ahí? El gemido se acercó. ¿acaso no lo habría manifestado. mirando a los lados.. Alguien gemía con sollozos tristes. a Scott lo despertó de un sueño inquieto la sensación de una voz en la oscuridad. —¿Justine? Era invierno. ¿Qué otra persona podía ser? Y si hubiese tenido intenciones de hacerles algún daño.. de algún modo? Cerró los ojos. —Es porque estamos en tu cama. pero abandonado ya todo escepticismo.. sólo una inquietud que él ansiaba calmar. ¿eres tú? El sonido cesó. Scott se despertó como si lo hubiese atravesado un rayo. y la imaginó como una hermosa niña rubia... —Ayúuudamee.. estiró una mano y tocó: nada. difícil de identificar. Tenía que ayudarla. cuando intentó abrirlos. ayudarla. Scott se recostó.. la respiración regular como el golpe de un metrónomo. Pero el chico estaba de costado. Scott sintió que la presencia no tenía intenciones claras. sólo interrumpido por la respiración regular de Willy. suplicante. resopló y se dio la vuelta.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Sin embargo. a la deriva. Scott se enderezó. y miró hacia el techo en medio de la negrura absoluta. sintió el roce suave de un aliento en la mejilla y se quedó paralizado. pero nada se movió. infantiles. Se incorporó y se inclinó sobre Willy.. Otra vez. llevándose consigo el perfume y la presencia. Willy se removió. —suplicó una voz lastimera. ¿verdad? Se hizo el silencio. . le pareció que tenía los ojos como pegados con cera.. La presencia se había ido. No vio sombras ni figuras pálidas. pero el perfume permaneció.. las ventanas y la puerta de la galería estaban cerradas. —Justine. hija mía.. Intentó penetrar la oscuridad con la mirada. Una vez más. como si alguien pasara una mano buscando el borde. inquieto perplejo. se escuchó un sollozo.. —¿Justine? A su lado.251 - . Sólo el sonido penoso. las manos relajadas en el sueño. Lo recuerdas. de este mundo nebuloso. cuánto te quisimos y te amamos. salir de ese estado ambiguo. El cuarto se llenó de un perfume floral. subió las mantas hasta las axilas. Justine.

Scott olvidó momentáneamente al fantasma. también». —¡Dijiste que podía! —se obstinó. el pequeño fastidioso nunca había sido tan exigente. sorbiendo ponche de huevo y . y deséales feliz Navidad. —Ya lo sé. «A Scott. y eres demasiado pequeño para ir solo. que terminaron con una discusión entre los dos y con el chico que se alejaba llorando. Scott echó una mirada ceñuda a la puerta y se agachó a recoger la nota de Agatha. La Navidad de 1880 tendría que haber sido una de las más felices de su vida. Nunca dije que podrías ir cuando quisieras. como si para ella fuese nada más que algo que recordaba al pasar. al tiempo que Willy insistía cada vez más para que Agatha estuviese en Waverley para esas fiestas. proyectando el labio hacia afuera y golpeando con el pie—. pero no tengo tiempo de llevarte a Kansas en tren.252 - . Willy reanudó las exigencias. —Pero la echo de menos —se quejaba. Zach había cazado un pavo salvaje y Leatrice estaba preparándolo con relleno de castañas y todas las guarniciones. molesto. ¿me oyes? Willy salió corriendo de la oficina. ¡Por el amor de Dios. de modo que tienes que terminar. también. con el pico anaranjado de fieltro y los ojos bordados. Pero Scott pasó esas fiestas desasosegado y amargado. Hasta el momento. Esto le provocó una furia que no entendió. La casa resplandecía de cera de abejas y bullía de vida. como en los viejos tiempos. Scott se impacientó. A Scott. pues estaba de regreso en Waverley. que había dejado caer al suelo. pero conmigo no resultará. Willy. Era sólo para Willy. ni pudo sofocar.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR A medida que se aproximaba la Navidad. —Muchacho. y ardía el fuego en todos los hogares. cerró la puerta de un golpe con tanta fuerza que hizo balancear la lámpara que colgaba de una cadena. —¿Qué demonios le sucede? —murmuró Gandy. ¡Quiero ver a Gussie! Adoptó su expresión más repugnante y unas lágrimas enormes bajaron de los párpados. tirado en un sillón de cuero en el vestíbulo del frente. La leyó. Dijiste que podría ir a verla cuando quisiera. Otra vez. como si fuese lo único que hacía falta para cumplir sus deseos. Scott estaba convencido de que podía hacerlo a voluntad. Willy recibió un regalo de Gussie: un ganso relleno hecho a mano de suave franela blanca. Cuatro días antes de Navidad. muchacho. —Estás malinterpretando mis palabras. La mansión estaba adornada con muérdago y acebo. con un breve agregado en el que decía: Dales a todos saludos de mi parte. si sólo hace un mes que la viste! —No me importa. no sé por qué crees que puedes andar dando patadas y haciendo pucheros para conseguir lo que deseas.

El modo de hablar del niño se había vuelto deplorable y. Entonces. cuando era necesario. donde el viento aullaba. y se impacientó más aún con Willy. Lloraba por Agatha casi todas las noches. la nieve revoloteaba. o las dos cosas. pero a menos que alguien lo llevase todos los días al pueblo. Dos docenas de gallinas rojas Rhode Island picoteaban en un corral cercado. y le dijo a Leatrice que si no se quitaba ese «saquillo maloliente». En febrero. por fin Scott y las mujeres se pusieron a revisar la colección de ropa del ático. lo estropeó por completo. irrumpió en el vestíbulo de abajo que también se usaba como . ante los huéspedes que pagaban. Como Scott supuso que un amigo ayudaría a que el niño estuviese mejor. se ponía áspero. Los comentarios sarcásticos de Scott duraron varios días Los establos estaban inmaculados.. ¿verdad? Y sin embargo. diciendo que Leatrice le haría la cama y recogería la ropa. triste y oscuro. se le escapaba una profanidad aprendida de las chicas. y proporcionaban leche y manteca. Scott había hallado un par de pavos reales para adornar el prado verde esmeralda. que no siempre cuidaban su lenguaje como debían cuando lo tenían cerca. recibía una mala contestación. Cuando Srott se lo ordenó. Les gritaba a los hombres y miraba de mal modo a las mujeres. Pero los dos niños no se llevaban bien. en las cuadras había caballos suficientes para hacer el recorrido hacia y desde la estación de trenes. insoportable. Willy se puso cada día más travieso y exigente. abatido. En enero había cumplido seis años y tendría que ir a la escuela. Pero ninguno de ellos cubría los pechos generosos de Jube y. lo llevó al pueblo a conocer al nieto de Mae Ellen Bayles. En enero. reemplazados. y un par de vacas blanquinegras mantenían corta la hierba del prado. menos el mismo Scott. que las muchachas podían usar para dar un aire genuino cuando bailaran en el salón.. sarcástico. Todo era perfecto. Iba de aquí para allá taconeando sobre los suelos de madera dura. le retorcería el pescuezo. y una mujer sin un alma para acompañarla pasaba la fiesta sola en un apartamento pequeño. como para advertir a todos que se apartasen de su camino. y nadie estaba dispuesto a enseñarle siquiera a ocuparse de sus cosas. y cuando Scott se cruzaba con él. y también para que los huéspedes cabalgasen por placer. Todo.253 - . de vez en cuando. Los equipos habían sido aceitados y. Todos lo malcriaban de una manera abominable. Cuando Scott se enteró. la alcoba nupcial. traído desde el pueblo a donde había llegado en un vagón de carga.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR contemplando. como toque final. El ahumadero lanzaba un lento flujo de humo de nogal. Estaba malhumorado. J. Sacaron de allí una auténtica mina de oro en vestidos. las chicas arruinaron otro vestido. con el propósito de llevar a los huéspedes al otro lado del río para hacer un picnic en la otra orilla. La fábrica estaba abarrotada de hielo. Cualquier habitante de la casa que lo mirase torcido. conservado en serrín. un día. A. Tenía junto a él a todos los que amaba. su mente volvía a una vieja construcción de madera en una helada calle de barro de Kansas. no había modo de que recibiera las lecciones. ¡Estaba convirtiéndose en un chiquillo malcriado! Tal vez. y pasaba más tiempo conversando con «Justine». Culpaba de su malhumor a Willy. Y. cuando trató de arreglar uno. por andar tanto tiempo cerca de Leatrice e imitar sus modales. Willy salió corriendo. Hasta la vieja balsa chirriante había sido arreglada.

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salón de costura, y las regañó: —¡Maldición! ¿Cuántos vestidos creéis que puedo sacar de ese ático? ¡Si Agatha estuviese aquí, no habría hecho semejante destrozo con éste! Fue Jube la encargada de espetarle lo que todas pensaban. —¡Bueno, pues, si Agatha puede hacerlo mejor, trae a Agatha! Es lo que tienes metido bajo la piel desde que salimos de Kansas, ¿no es cierto? El semblante de Gandy cambió repentinamente. Dio la impresión de que se le aguzaban los pómulos, se le afinaba la boca, y los ojos se volvían mortíferos, como estoques. Apuntó con un dedo a la nariz de Jube. —¡Será mejor que tengas cuidado con lo que dices, Jube! —refunfuñó. —Bueno, ¿no es verdad? Con los brazos en jarras, le acercó la cara. Gandy apretó la mandíbula, y se le contrajo un músculo de la mejilla izquierda. —Sabes que puedo echarte de aquí —le advirtió, en voz destemplada. —¡Ah, claro, y eso resolvería tu problema! Gandy se volvió bruscamente hacia la puerta. —¡No sé de qué diablos estás hablando! —¡Estoy hablando de la señorita Agatha Downing! —Tomándolo del codo, lo hizo volverse otra vez—. Desde que la dejaste, estás hecho una fiera, y cada vez es peor. Gandy echó la cabeza atrás y soltó una risotada amarga. —¡Agatha Downing! ¡Ja! —Miró, furioso, a Jube, y espetó—: ¡Estás loca! Agatha Downing, ¿esa... esa pequeña sombrerera remilgada? —Pero, por supuesto, eres demasiado cabeza dura para admitirlo. Se soltó de un tirón. —¿Desde cuando soy cabeza dura, Jubilee Bright? —¡Desde que yo soy costurera, LeMaster Scott Gandy! —Pateó el vestido que estaba tirado en el suelo, y se volvió hacia él con mirada combativa—. ¿Sabes?, estuvimos despellejándonos vivos trabajando, refregando suelos, encerando... ¿quieres saber cuántos husos hay en esa condenada baranda? —Hizo un ademán hacia el pasillo—. ¡Setecientos dieciocho! ¡Lo sabemos, porque nosotros fuimos quienes los aceitamos! Tus antiguos esclavos vinieron a ayudar, magnífico, pues la ayuda nos vino bien, e hicimos lo que se nos ordenó, y las cabañas están habitables otra vez. Y pelamos cebollas cuando Leatrice nos lo indica, y lavamos la ropa de cama cuando lo ordena, y lustramos los bronces. Y ahora, a Ivory se le ocurrió la absurda idea de que todos nosotros plantemos algodón en uno de los campos para esta primavera, sólo para darle un toque de preguerra a la propiedad. Bueno, hice todo eso, y quizá termine plantando algodón también. ¡Pero no sé un comino de costura, LeMaster Gandy! —Lo pinchó en el pecho—. ¡Y sería conveniente que lo recuerdes! —Giró, le dio otra violenta patada al vestido y cayó en un sofá que estaba cerca. Apoyándose en los codos, enganchó un pie detrás de la rodilla y proyectó los pechos hacia adelante—. Soy una ex prostituta, Gandy. A veces, creo que lo olvidas. Estoy acostumbrada a trabajar en posición reclinada, con ropas que no llevan tanto trabajo como éstas. —Con la voz convertida en un murmullo sedoso, continuó—: Yo lo usaré, mi amor, pero será mejor que consigas a otra persona para que me lo arregle. Y si esa persona es Agatha Downing, mejor. Tal vez logre endulzarte un poco el carácter. Ruby estaba sentada en una silla, con las piernas cruzadas, un pie
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balanceándose, una ceja más levantada que la otra. Pearl también estaba sentada, indolente, sin prestarle atención al vestido que estaba cosiendo cuando entró Scott. Nunca había visto a tres ex prostitutas más tercas. Eran más difíciles de tratar que una sequía de diez años. Echando una mirada al vestido que Pearl había dejado, comprendió que podría con ellas mientras se mantuviesen juntas. Ahogando una maldición, salió del cuarto. Era un día de fines de febrero, y la primavera había enviado sus heraldos. Zach parecía un herrador de caballos tan bueno como el padre, y les enseñaba, no sólo a Willy sino también a Marcus, todo lo que sabía sobre los caballos, Marcus había descubierto que le encantaba trabajar con los animales. Igual que él, no podían hablar pero, de todos modos, se hacían entender. Ese día, la pequeña Sheba de dos años estaba ansiosa por salir y pateaba con las patas de atrás. El par de juiciosos animales de tiro parpadeaban, perezosos, en el sol que entraba por la ventana cuando les llevaba agua. Y Prince, el inquieto potro de Scott, bueno... tenía otra clase de ideas. Su vigor estaba en ascenso, las fosas nasales dilatadas. Las orejas erguidas y la cola castaña arqueada, al oír el relincho de Cinnamon, la yegua que Scott acababa de comprar, que cabriolaba por la pista al aire libre, y sacudía la cabeza, invitándolo. Zach había dicho a las cuatro en punto, en cuanto Scott regresara del pueblo, a donde había llevado al niño de visita, mientras él controlaba el precio de la semilla de algodón. Ya no falta mucho, Prince, pensó Marcus, deseando poder decirle al potro impaciente, que ya tenía el falo medio distendido y le colgaba, grueso como el brazo de un hombre. —Marcus. Se sobresaltó, y giró hacia la puerta. Ahí estaba Jube, en la luz, con un vestido azul tan sencillo como el de cualquier doncella. El cabello platinado estaba recogido en un nudo flojo y un chal tejido le rodeaba los hombros. Hizo un ademán de saludo y corrió hacia ella, con la esperanza de detenerla en ese extremo del cobertizo, lejos de Prince con su resplandeciente miembro expuesto. —Estaba buscándote. Tenía la expresión seria cuando Marcus se paró delante cortándole el paso. Estaba hermosa, con mechones sueltos en las sienes y esa boca suave. El corazón se le aceleró, y la adoró en silencio. —¿Podemos hablar? —preguntó la muchacha. Le encantaba que dijera cosas como esa, como si él no fuese diferente de otros hombres. Asintió, y Jube, tomándolo del brazo, comenzó a pasearse con él junto a los pesebres, con la vista baja. —Ayer tuve una pelea con Scott. —Marcus se detuvo, frunció el entrecejo, interrogante, y agitó la mano, para llamarle la atención. Prosiguió con calma—. Nunca habíamos peleado, pero ésta estuvo cocinándose durante mucho tiempo. Estalló a causa de un vestido que estropeé tratando de arreglarlo. Sin embargo, no fue por eso en realidad. Fue con respecto a Agatha. —Ante la expresión asombrada del joven, rió
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con suavidad y luego prosiguió el paseo, tomándolo del brazo—. Sí, esa Agatha. Yo creo que está enamorado de ella, pero no puede admitirlo, y por eso está volviéndonos locos a todos. ¿Notaste lo gruñón que está últimamente? ¿Y cómo nos trata? Bueno, por mi parte, ya me harté. Le dije, en términos bastante poco dignos de una dama, que no estaba acostumbrada a trabajar tan duro como nos pide que lo hagamos. Le dije que tendría que traerla aquí y que, así, tal vez, se volviese más tratable. Marcus oprimió el brazo de Jube. Señaló hacia Kansas y después, adonde estaban ellos. —Sí, aquí. —Levantó el rostro y le apoyó las manos en los codos—. Marcus, nunca me lo preguntaste, pero yo voy a decírtelo. Se trata de Scott y de mí. Fue desde antes de que nos fuéramos de Kansas. Para ti, ¿es importante? Marcus tragó saliva, sintió que enrojecía y el corazón comenzó a golpear con fuerza. —Yo creo que eres demasiado honrado como para tomar ninguna iniciativa conmigo mientras pienses que Scott tiene algún derecho. —Una vez pronunciadas las palabras, le dio pudor. Las mejillas le ardieron y, moviendo los hombros, se dirigió sin advertirlo hacia el pesebre de Prince —. Oh, Marcus, sé que no me corresponde decirlo, pero si espero hasta que... El muchacho se abalanzó y la tomó del codo antes de que pudiese mirar dentro del pesebre. Jube giró la cabeza y los ojos se encontraron. La apretó con más fuerza y sacudió la cabeza: era una orden. —¿No? —pronunció Jube—. ¿No lo digo? Pero, ¿por qué? Uno de los dos tiene que decirlo. Los ojos de Marcus volaron de ella al pesebre, y otra vez hacia Jube. Negó con la cabeza con más firmeza, sin saber cómo hacerle entender que no eran las palabras de Jube lo que objetaba. —¿Qué? —Miró atrás sobre el hombro y obtuvo una clara imagen del pesebre y del potro que aguardaba en él—. ¡Oh! —exclamó, dilatando los ojos. Prince retrocedió y pateó, y el miembro se sacudió, lujurioso. Jube y Marcus quedaron paralizados, en una situación tan incómoda que tuvieron la sensación de que el aire se agitaba alrededor de ellos, levantando las motas de polvo que giraban en los rayos oblicuos de luz dentro del establo. Entonces, Zach habló desde la puerta y se separaron de un salto. —Será mejor que os alejéis del pesebre. Los caballos en ese estado son peligrosos cuando huelen a la hembra en celo. De pronto, Scott siguió a Zach doblando la esquina y entró en el establo a paso vivo, sin duda con la mente en los asuntos que tenía por delante. —Mejor déjalo salir, Zach. No tiene sentido dejar que el potro tire abajo el pesebre. Marcus, Jube —agregó, como al pasar—, si queréis mirar, es preferible que lo hagáis desde fuera, del otro lado de la cerca de la pista. Cuando salga, tendrá prisa. Marcus y Jube salieron y se detuvieron junto a una cerca blanqueada, alejados de los demás, que también habían salido de la casa para mirar. El potro excitado, Prince, salió trotando por la rampa de piedra hacia el corral con la cola arqueada como un sauce mecido por el viento, la poderosa
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cabeza alta, las fosas nasales dilatadas. Se detuvo a buena distancia de Cinnamon, las patas delanteras clavadas, los ojos turbulentos. La yegua y el potro se enfrentaron, inmóviles, durante lo que parecieron minutos. Él dio un resoplido. Ella se volvió. Corno si estuviese furioso por su indiferencia, Prince levantó la cabeza y lanzó un relincho largo y fuerte y sacudió la cabeza hasta que la melena se revolvió. El relincho hizo que Willy, sentado sobre la cerca, con Scott detrás rodeándolo con el brazo, preguntase: —¿Por qué hace eso, Scotty? —Está llamándola. Ahora se aparearán, obsérvalos. Así es como se forman los potrillos en el útero de la yegua. Por el momento, todo hacía pensar que nada se formaría en ninguna parte. Cinnamon se mantenía ajena. En el extremo más lejano del corral, hacía cabriolas para un lado y otro, hasta donde la cerca se lo permitía. Cada vez que se volvía, se lanzaba adelante y se dejaba caer de tal modo que la melena revoloteaba. Altiva, pero inquieta al mismo tiempo, mantenía lejos a Prince corriendo en una y otra dirección, junto a la cerca. Prince resopló, pateó la tierra blanda, agitó la cabeza majestuosa y, con ella, el falo también majestuoso. Cinnamon le volvió grupas, la cola enarcada exhibiendo los genitales inflamados, que ya brillaban. El aroma llegó al potro, fuerte y cálido, y le latieron las fosas nasales y se le estremeció la piel. Dio seis pasos, hasta que ella hizo un gesto de advertencia hacia él. Cuando el potro se detuvo, el órgano distendido se hundió, como si estuviese montado sobre resortes. La yegua se movió hacia la izquierda. Él también. Se movió hacia la derecha. La bloqueó otra vez y se aproximó, imperioso, como el señor a su dama. Cinnamon no quiso saber nada y, con un brusco resoplido y una arremetida, lo rodeó, le mordió el flanco y se alejó corriendo. Al oírlo quejarse, se volvió y los dos se miraron desde puntos opuestos del corral, erguidos y armoniosos, la piel oscura brillando al sol poniente, las colas quietas. Un par de moscardones azules revolotearon juntos sobre la pista, como si quisieran enseñarles lo que debían hacer. Nuevamente, Prince avanzó, ahora con cautela, de a un paso por vez. En esta ocasión, la yegua relinchó levantando la nariz en el aire, esperando, esperando, hasta que él se le acercó, olfateándole los cuartos traseros. Bajó la cabeza y ella se quedó quieta para que su aroma llegara a la nariz de él. Luego, se dio la vuelta y lo mordió de nuevo, para después apartarse. Los espectadores sintieron que la tensión llegaba a su punto culminante. Todas las palmas apoyadas sobre la cerca estaban húmedas, todas las espaldas, rígidas. Igual que en la naturaleza humana, había un punto a partir del cual la hembra ya no podía provocar más, sin hacer que la excitación del macho llegara a un nivel insoportable. Cuando rodeó de nuevo a Cinnamon, la erección de Prince había alcanzado proporciones sorprendentes y se dispuso a atacar. Basta de toda esta excitación de alto vuelo, señora, parecían decir sus movimientos. Llegó la hora. Avanzó indomable, dominante, y la encerró en una esquina. Después de todo el juego de evasivas que desplegó, la rendición de Cinnamon fue asombrosamente dócil. Se quedó inmóvil como la tierra misma, y lo único
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que movía eran los ojos, siguiendo a Prince en la iniciativa final. Las narices aterciopeladas casi se tocaron. Los vellos ásperos se agitaron cuando se bramaron uno a otro. Después, Prince trotó alrededor hasta quedar detrás de la yegua, retrocedió una vez, mientras ella lo esperaba, dócil. El miembro halló el resbaladizo objetivo y las potentes patas delanteras la flanquearon, mientras se hundía hasta la ingle. En el momento del impacto, la yegua lanzó un alto relincho retumbante que pareció sacudir los árboles del huerto y estremecer la piel de todos los humanos que lo oyeron. El acoplamiento tuvo algo de majestuoso y primario. Marcus y Jube lo sintieron, y quedaron deliciosamente excitados. Estaban con los antebrazos apoyados en la cerca, los codos tocándose, y contemplaban al potro que montaba y a la yegua que relinchaba ante ellos. Nunca se habían sentido tan conscientes uno del otro. En la vida de Jube, hubo innumerables ocasiones en que se requería excitación, pero nunca la vivió de manera tan intensa como la que la invadía en ese momento. En la de Marcus, hubo pocas ocasiones, pero se sintió del mismo modo. Cuando Prince percibió el aroma de Cinnamon, él sintió el de Jube. Desde el punto en que se tocaban los codos, parecía surgir una corriente que los recorría hasta las extremidades. La deseaba con una fuerza tan primaria como la de Prince. Pero, si la abordaba en ese momento, ¿no pensaría que era sólo la excitación provocada por el espectáculo de los animales? Si pudiera decirle: No es por ellos, Jube, es porque te amé desde antes de que tú lo supieras. Si pudiese decirle: Te quiero para solaz del corazón tanto como del cuerpo, y porque creo que eres la única capaz de brindármelo. Si pudiese decir: Jube, Jube, te amo más de lo que ningún hombre te ha amado jamás, y puedo imaginarlos a todos, a todos los que te dieron placer antes y, sin duda, mejor que yo. Pero no podía decir nada de eso pues tenía el corazón encerrado en un cuerpo sin voz, y sólo podía estar junto a la mujer que amaba, y palpitar. La semilla de Prince estaba sembrada. Salió de Cinnamon brillante, mojado, dejando vestigios del acople en la grupa resplandeciente de la yegua. Pearl se apartó de la cerca y fue caminando con Leatrice, hacia la casa. Jack se dirigió hacia la pila de leña. Gandy levantó a Willy y se lo llevó, respondiendo preguntas. Uno por uno, se fueron todos, hasta que sólo quedaron Jube y Marcus. Entre ellos se hizo un silencio tenso. —Te ayudaré con lo que estabas haciendo en el cobertizo —se ofreció Jubilee. Se volvió, y fue caminando hacia el establo, preguntándose si al fin Marcus tomaría la iniciativa, y el joven la siguió. Había manifestado con tanta claridad como el cielo azul que tenían sobre sus cabezas que lo quería en todos los sentidos de la palabra, pero era tímido y, sin duda, lo hacía vacilar el pasado de Jubilee. Mientras caminaba junto a él, lo lamentó. Existían maneras audaces de acariciar a un hombre, de provocarlo. Y ella las conocía todas. Pero precisamente por eso no quería emplearlas con Marcus. Si se unían, quería que fuese por amor, no sólo por lujuria. Y que fuese él el que diese el primer paso.
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El cobertizo estaba en silencio. Lo único que se movía eran las motas de polvo en el pasadizo entre los pesebres. Olía a cuero, a heno y a la plácida fecundidad que parecía haber penetrado la madera, aún años después de que se hubiesen ido los caballos. Jube se detuvo en el pasillo, y Marcus detrás de ella. Contempló el mentón caído, las finas hebras del cabello angelical atrapadas por el cuello del vestido azul, la deformación del chal tejido que Jube estiraba con los puños apretados. En las vigas del techo, un par de golondrinas de alas azules y pechos color albaricoque revoloteaban construyendo un nido de barro. —Marcus. —La voz de Jubilee sonó suave, dolorida—. ¿Es porque fui prostituta? ¿Eso era lo que pensaba? Oh, se había afligido creyendo que eso le importaba... La hizo girar tomándola de los hombros y sacudió las manos delante de los ojos de Jube, negando apasionadamente con la cabeza. No, Jube, no. Es porque... porque... El anhelo físico no era nada comparado con el que sentía por poder decir lo que sentía: Porque te amo. Cuando se lo dijo, lo hizo con movimientos duros, musculares, forzados por la ira concentrada que le provocaba la incapacidad que le tocó en suerte. Se tocó el pecho, se golpeó el corazón con el puño, y tocó el de ella con la yema del dedo: Te amo. Hizo gestos alocados, como si quisiera borrar todo lo que habían visto en el corral... no aquello, esto. Volvió a gesticular: Yo... te... amo. Se arrojó en sus brazos tan abruptamente, que lo hizo retroceder un paso. Poniéndose de puntillas, lo besó apoyando todo el cuerpo contra el de Marcus, aunque los brazos del joven la atrajeron hacia él, como deseaba hacía mucho tiempo. Y la lengua que no podía hablar dijo poemas al recorrer el interior de la boca de ella. Y las manos, convertidas en las transmisoras de sus mensajes, transmitieron el más importante de todos aferrándola contra su corazón palpitante, acariciándole la espalda, la cintura, la cabeza. Jube se apartó, y le rodeó las mejillas con las manos, mirándolo con ojos intensos y oscuros. —Marcus, Marcus, yo también te amo. ¿Por qué esperaste tanto para decirlo? Te amo desde aquel día del picnic quizá desde antes. Marcus deseó poder reír, conocer el alivio embriagador de ese sonido contra el pelo sedoso de ella. Como no podía, la besó. Una y otra y otra vez... un rimero de besos impacientes que le decían todo lo que sentía. Y mientras se besaban, le apoyó una mano en el pecho adorándola, acariciándola. Las de ella le acariciaron el cabello, la espalda, la cintura. Marcus se topó con los botones del cuello, los desabrochó y metió una mano deslizándola sobre la piel tersa. Las de Jube bajaron por la espalda, hasta que los cuerpos de los dos comenzaron a moverse uno contra otro. ¡Me ama!, se maravilló la muchacha. En verdad, Marcus me ama. ¡Ella me ama!, se regocijó él. Jube, en verdad me ama. Pero no quería poseerla en el establo, como si ellos también fuesen animales en celo. Jubilee merecía algo mejor, y lo mismo Marcus, después de haber esperado tanto tiempo. Aferrándola de los hombros, la apartó de él. Igual que Prince, tenía las fosas nasales dilatadas, los ojos turbulentos. Como Cinnamon, Jube se mostraba dócil, expectante, los labios entreabiertos, el aliento
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cruzar la habitación para levantarla. desaparecieron tras un giro de la escalera.. Lo arrastró hasta delante de la puerta como si fuera de juguete. Jube. pasar junto a los gastados rieles que unían los edificios exteriores. y Gandy se retiró al interior de la oficina. Marcus. tus pechos. cerró la puerta y sonrió para sí. que Jube oyó su voz en cada lánguida caricia. que compartía con Jack.. sin dificultad. a los jardines ornamentales y los inflados pavos reales.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR escapándose de entre ellos en rachas breves y duras. su mano encontró el pecho. labios hermosos. Su Jube.. Jube miró a Scott sobre el hombro y se ruborizó hasta la raíz del cabello.? La pregunta se desvaneció antes de terminar. tu estómago tan blanco. que levantaron la cabeza como si los observaran al pasar. La respuesta del hombre consistió en soltar dos botones de la camisa. tu nariz adorable.. así no. estaba apretándola contra el colchón. Él habló con sus manos voraces. le abotonó el vestido. Marcus señaló un pesebre vacío y cortó el aire con la mano: aquí no. jadeando. esto. Con el primer beso. su hermosa e inaccesible Jube. donde los pasos de los dos hicieran eco cuando subían las escaleras. Jube! En el pasado. Su mirada atónita siguió a la pareja cuyos pasos resonaban al subir la magnífica escalera.. a fin de cuentas. acomodó dos hebillas sueltas en el cabello. Los demás hombres disponían de las palabras. Subieron los escalones de atrás. el lunar que hay en medio de ellos. mi bella Jube. su boca que la idolatraba. pero con Marcus no fue . la adoró cabalmente. A grandes pasos. cuello suave. aferró un enorme armario que parecía requerir una fuerza enorme para moverlo. ahhh. Leatrice nos hará pasarla otra vez. y antes de que terminase. Jube. Cuando quedaron desnudos. a menudo fingió pasión. sus ojos elocuentes. ¡Cuánto amo tu cabello. —Raspaste la cera del suelo —dijo en voz suave—. Marcus llevó a Jube directamente a su propio dormitorio. ¿te molestaría. Pero lo usó con tal habilidad. por algún milagro lo había ganado. que podían emplear para seducir y provocar. Arriba. y se topó con una sonrisa burlona en el semblante de la muchacha. nada se había perdido. sacar los faldones de los pantalones y después. Pero el chirrido resonó en toda la casa. y esto. la hizo cruzar la hierba pisoteada que cubría el camino entre el cobertizo y el patio. La llevó hasta la cama victoriana y cayó con ella sobre los suaves cobertores. y la arrastró hacia la puerta. había accedido. Con cada caricia.. A continuación. tus ojos. La hizo girar. tus pestañas oscuras. tu piel. a la que. Como él no las tenía. Jube supo que en el trayecto entre el cobertizo y esa habitación. Se volvió. fue comprado. cruzaron la galería y entraron en el amplio vestíbulo. Pero éste. antes de que pudiese adivinarle las intenciones. la sombra. sosteniéndola con firmeza de la mano.260 - . La hizo entrar y. también.. usaba sólo su cuerpo.. le demostró cuánto la valoraba. Scotty salió de la oficina leyendo una carta: —Oh. Con el cuerpo de Marcus tendido junto a ella. Marcus tironeando a Jube tras él. volcando en él las palabras de los dos que sólo uno podía pronunciar. Ella murmuraba en su oído. La única clase de amor que Marcus conoció.

. Por fin. después de que llegaron a la cresta de la ola y pasaron más allá. los ojos azules brillantes. sí. Marcus supo que no eran como Prince y Cinnamon. empujó a Jube al otro lado de de la cama. —¡Sí! —pronunció ella. rieron mirándose en los ojos. rezongando. fue tan inevitable como el acoplamiento de las golondrinas en las vigas.261 - . —Marcus. encontró un pedazo de carbón.. preguntándose si una alegría tan inmensa no sería fatal. en los bolsillos de la chaqueta que se había sacado.. los caballos en el corral. Marcus. ¿qué estás haciendo? ¡Leatrice te arrancará la cabeza! . ¿y el sacerdote. buscó lápiz y papel en el armario. Se apartó. y creo que me encantará. y la voz retumbante de Leatrice les advirtió que se les hacía tarde para la cena.? Marcus se arrodilló en medio de la cama sobre la palabra «casarte». y.. en un acto de amor. el cabello rubio revuelto. por primera vez. sobre la mesa de refectorio que había entre las ventanas. . y el olor de pescado frito subía desde el comedor. apartó la pantalla de la chimenea. frente a él.. Por favor. la aferró de los brazos y tironeó de ella hasta que quedó también de rodillas. oh. descansaron con las frentes sudorosas pegadas. Cuando acabó. Tenía que preguntárselo en ese momento. me casaré contigo. Marcus asintió. —¿Cuándo? Escribió sobre la sábana.. aferrándola con los ojos con tanta fuerza como las manos que le apretaban los codos. La besó otra vez. gozosa. Marcus saltó de la cama tan bruscamente que Jube gritó y se abrazó. rodeándole el cuello con los brazos—. y subrayó con énfasis: «¡Ahora!» —Pero. las moscas en el aire. Excitado. en los cajones. —¿Si me casaría contigo? —leyó. Marcus. Sí. Pero dentro de dos semanas. antes de que bajaran a cenar. Y cuando se cernió sobre ella y unió los cuerpos con un sólo impulso fluido.casarte conmigo?» Miró la pregunta. el vestido.. La expresión de sus ojos hizo martillear el corazón de la muchacha. impaciente. Frenético.. atónita. Nunca he sido novia de nadie. con dureza al principio. tan impresionada que los ojos parecían salírsele de la cara. después con suavidad. Jack trató de abrir la puerta y se alejó. tres cuartos de hora antes. hasta que aplastó su boca contra la de ella con la misma autoridad que empleó para llevarla escaleras arriba. Lo que sentía por él convirtió el acto. la fiesta de bodas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR necesario. No podían separarse y seguir cada uno su camino como si eso significara poco más que la saciedad de un impulso animal. Entonces. quitó las mantas y escribió sobre la arrugada sábana de abajo: «¿Quieres. el. y se abrazaron.

Todos los ojos se volvieron hacia Gandy. —Dentro de dos semanas —se apresuró a agregar Jube. esperando su reacción. . Scott. Jube miró a Gandy a los ojos y le provocó una de las mayores tormentas emocionales de su vida. Se detuvo al verlos apresurándose y parándose. Todos los demás se ruborizaron y prestaron súbita atención a las migas que había sobre el mantel. Gandy apoyó la taza.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Llegaron tan tarde a la cena que se había acabado el pescado frito. Seis cabezas se levantaron sorprendidas. Estrechó la mano de Marcus y le palmeó la espalda.. —Y yo lo estoy por ti. —Oh. Antes. Marcus llevaba la delantera. Scott levantó la vista de la taza de café y se encontró con los ojos de Jube. la tensión que reinaba en el comedor se disipó. Cuando terminaron las felicitaciones. al afirmar: —Y yo insisto en invitar a Agatha a la boda. Lentamente. —Bueno. y ahora era Jube. Agarrándole la mano. marcando las palabras. sin aliento en la puerta del comedor. Leatrice iba alrededor de la mesa recogiendo platos. las caras resplandecientes de alegría.. una sonrisa le estiró las mejillas. ceñuda. Jube se le arrojó en los brazos.262 - . al tiempo que Jube iba recibiendo abrazos de todos. ya era hora —dijo. miró de frente a Gandy y anunció: —Marcus y yo vamos a casarnos. Scott pasó un brazo por la cintura de Jube: —Insisto en que se pronuncien los votos en la alcoba nupcial —le dijo. Cuando llegó a los ojos y se le formaron los hoyuelos. soy tan feliz.

Se sentaba a leer The Temperance Banner y. si tenía suerte. Y por unos momentos fugaces. Al haberlos perdido. Luego. cuando ya no podía posponerlo más. Se tanteaba el peinado perfecto y. Y la carencia de amor.s con fortuna. confusión. un niño se sentaba en una mesa vecina y la miraba sobre el respaldo de la silla. Antes de la llegada de Scott. con buena suerte. los niños derramaban leche y las madres regañaban. cuando hacía buen tiempo. encendía la lámpara y. se cepillaba el cabello. Lo peor era el crepúsculo. las mujeres tendían la mesa. En lo que se refería al tiempo cronológico. A la hora de dormir. La rutina tenía dientes y talones. cuánta monotonía. Entonces. los padres daban gracias por el alimento. si era afortunada. ese invierno. Pero en lo que concernía a la vida. algún artículo le interesaba. ese invierno interminable en que la soledad aniquilaba a Agatha todos los días. tenía suficientes mechones sueltos como para justificar tener que rehacerlo. un hombre en una mesa cercana encendía un cigarro después de cenar. y toda la familia adoptiva de Gandy. Iba cojeando al restaurante de Paulie a comer su cena sola. manipulaba las pesas del reloj y. la hora de las sombras largas y las lámparas encendidas. esa hora del día entre la ocupación y la preocupación. enroscarse formando una bola y dormirse contento. subía. lo miraba sólo cinco veces antes de que se hiciera la hora de ir a cenar al restaurante de Paulie. ah. y la progenie se reunía en cocinas donde ardía fuego. disconformidad y risas.263 - .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 19 Oh. regresaba a casa con sobras para Moose y lo observaba comer. Saludaba a Violet. cuando los tenderos bajaban las persianas. se acostaba: era . Antes había estado sola. unos pocos meses en un mar de años y años de soledad. y a veces. de eso estaba segura. Veía a todos acabar el día en medio de esas bendiciones y lamentaba saber que nunca las tendría. Había aprendido a aceptar el hecho de que su vida no sería más que una sucesión infinita de días invariables. de vez en cuando. se ponía el camisón que había usado la noche que durmió en la cama de Scott. si tenía suerte. Bebía la taza del café que señalaba el fin de la cena. a vece. la desgarraba. llegaron ellos trayendo consigo música.. A aceptar la blandura. a veces. Nunca volvería a reconciliarse con ella. la conformidad. experimentó en esos pocos días más vitalidad emocional concentrada que en el resto de su existencia. Miraba el reloj después de cada artículo y. esas presencias duraron lo que un relámpago. estaba condenada a un eterno dolor. Willy. a veces. el orden. pero nunca de manera tan despiadada. sin nadie con quién conversar pero.. y que sus cénits y nadires oscilarían en tan mínima medida que casi no se distinguirían entre sí. su soledad fue apacible. después lavarse. Agatha miraba a lo lejos y fingía. veía que la pantalla necesitaba una limpieza. Cuando se marcharon.

Agatha se preguntó si vendrían otros inquilinos nuevos que. y prefirió salir de la despensa. Agatha.264 - . y él la besó. Pearl y Ruby revoleaban los pliegues de tafetán y levantaban los tacones con notable sincronización. mientras el péndulo se balanceaba en la oscuridad.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR una vieja doncella que envejecía. Como a través de un largo túnel.. Algo crujió. quizás. . Pero cuando la esposa del hombre levantó la nariz y olfateó. En el salón principal. y de fondo. una canción alegre que flotó en la noche con la tenue resonancia de un clavicordio. El catre ya no estaba. Sonrió y giró hacia el lugar donde había estado el piano. y dormía con un gato manchado. empuñando la llave que Scott le había dejado. Ve a la cama. El sonido enmudeció. Pero el piano no estaba. un Stetson de copa baja. llegó el tintineo lejano de la música. pero el jolgorio de abajo había concluido para siempre. escuchando el tintineo del piano y el rasgueo del banjo. Ahora los reconocía: eran un piano y un banjo que tocaban juntos. sosteniendo la lámpara en alto. y volantes rojos alrededor de medias de red negras. Quedaban los armazones en que se apoyaban los barriles. y tampoco los vestigios de su presencia. No era más que la imaginación de Agatha. tal vez. Después. un hombre había apretado su cuerpo y un niño apoyado su cabeza. ni Dierdre y su Jardín de las Delicias. Recordó la última noche. nunca más volvió a la taberna. Una noche en que sus inquietos recuerdos se negaban a disiparse. y Agatha se detuvo alzando la linterna para escudriñar los rincones. y un hombre con un cigarro entre los dientes. temblando con su camisón sobre el que. Pero el niño no estaba. las tontas divagaciones de una mujer melancólica. Aquí no hay nada para ti. La mayoría de las noches permanecía despierta. Agatha ladeó la cabeza y escuchó. cuando ella y Scott lo llevaron a acostarse. sólo angustia y el comienzo de una desdicha mayor. por qué no salen esta noche. Ahí perduraba el olor del whisky y. observando como la luz alumbraba el pasillo hasta el cuarto donde había dormido Willy. Chicas de Buffalo. el inefable resabio de humo de cigarro. para mostrársela a una persona interesada en alquilarla como almacén para productos secos. salen esta noche. y un niño pequeño espiando desde abajo de una puerta vaivén. y el olor rancio de la cerveza vieja. Donde Jube. afirmó que nunca podrían quitar de ahí el olor a whisky. se levantó de la cama y bajó. Cerraba los ojos y veía largas piernas elevándose hacia el techo.. Las imágenes se desvanecieron. y se fueron sin mirar siquiera la despensa. nostálgica. Pero el recuerdo se le clavó en el corazón. el eco débil de risas y pies golpeando sobre el suelo de madera. una vez. excepto una de día. Entró por la puerta trasera de la taberna y se quedó quieta. las sillas estaban dadas vuelta sobre las mesas y la barra. Salen esta noche. La luz de la linterna proyectaba sombras caprichosas que trepaban por las paredes y caían entre las mesas mientras Agatha se movía entre ellas. sola en una taberna abandonada.

Estaba llena de cháchara intrascendente acerca de lo grande que estaba Moose. con ventiscas que soplaban desde Nebraska y ensuciaban la nieve de tierra. con la insoportable Navidad. y un informe de cualquier posible comprador que hubiese visitado el edificio.». sin ellos y la prosperidad pasajera que traían. . dejándola tan pardusca y desdichada como la vida de Agatha. qué le regalaría a Violet para Navidad. Pero en la carta sólo decía que le enviaba el alquiler mensual de veinticinco dólares. Y. y Agatha tenía que esforzarse por salir de una honda lasitud que la saturaba cada vez más a medida que se arrastraba el invierno.. las temporadas cambiarían y el pueblo se marchitaría. contemplando el taburete de Willy y se preguntaba si habría crecido tanto como para no necesitarla. igual que Agatha y su tienda. tan intrincado que parecía un bordado sobre la funda de una almohada. No daba indicios de la abrumadora soledad y tuvo cuidado de no preguntar cómo estaba Scott ni enviarle ningún mensaje personal. junto con la primera carta. dónde vivían él y Scott. otra vez. a menudo se sorprendía con las manos quietas.. la vivacidad que acarrearían los animales y sus conductores no se haría presente. hambrienta de amor. aparecía Moose. y lo bello que estaba el tejado de la Iglesia Cristiana Presbiteriana cubierto de nieve. Pero. La que trajo el telegrama fue Violet. Excepto en la de enero. Cada vez que pagaba el alquiler. si la echarían de menos. pero se contenía. temerosa de parecer una solterona desesperada. bastante modesta. Pasaba los días ayudándose por medio de una alegría falsa que desaparecía en cuanto Violet le daba la espalda. se le refregaba contra los tobillos y hacía: «Mrrr. distracciones. Enero. ¿quién iría otra vez a ese desolado pueblo vaquero? Ahora que las tabernas estaban cerradas. cómo se le colgaba del ruedo del vestido con las uñas. por cierto. Febrero. con los ojos azules iluminados como picos de gas. ni desorden ni barullo. esa parte podía descartarse. La única alegría de Agatha. Entonces. precisamente lo que era. ni los vaqueros mismos. Por mucho que se hubiese quejado antes. Había palabras efusivas que ansiaba derramar. trazando cada letra como si fuese un grabado en cobre.265 - . con esa curiosa risa que parecía un resoplido. Diciembre. cómo sería Waverley. que fue cuando aparecieron la mujer que olfateaba y su marido. —¡Agatha! ¡Oh. Al llegar la primavera. y también. La Navidad era una ocasión para sufrir. Pero. y las manos venosas agitándose en el aire.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR iluminaran su vida con nuevas amistades. Violet. Ni ruido.. fue confeccionar el ganso relleno para Willy y enviárselo. y a nadie le importaría. y el cabello azulado estremeciéndose. en ocasiones. Pero cuando quedaba sola en la tienda.. Los vaqueros y su desorden formaban parte de su vida tanto como la sombrerería. los echaría mucho de menos. y si volvería a verlos alguna vez. hacía el cheque y escribía la dirección en el sobre con más cuidado que ninguna otra de las cosas que hacía en esa época. lo único que se escuchaba en la sombrerería. Agatha! ¿Dónde estás? Tt-tt. con un frío punzante que le aumentaba el dolor de la cadera.

en cambio.266 - . —Bueno. ¡Tienes un telegrama! ¡De él! Tt-tt. Del señor Gandy por supuesto. ¿No es maravilloso? Agatha se quedó mirando fijamente la hoja de papel amarillo que Violet tenía en la mano. pero ella no lo advirtió—. y la excitación la obligó a dejarse caer en la silla mientras leía: TENGO UNA PROPOSICIÓN PARA TI STOP LA DISCUTIREMOS EN TERRITORIO NEUTRAL STOP ENCONTRÉMONOS EN EL HOTEL TELFORD. sólo estaba doblado en dos. no tienes por qué gritarme. Violet? —. —¿De quién.. EL 10 DE MARZO STOP INCLUYO BILLETE STOP JUBE Y MARCUS COMPROMETIDOS STOP SALUDOS STOP SCOTT GANDY STOP. Aturdida. Violet? A estas alturas. —Un pasaje. el señor Looby me contó lo que decía. ¿no? Y te pide que. Florida. como de costumbre.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Aquí estoy. sentía el resto del cuerpo como si tuviese una fractura y estuviera desintegrándose. «Señorita Parsons. FLORIDA.. —¿De quién. mucho menos hablar. el corazón parecía detenérsele. Agatha. Y. ¿cómo lo sabes? —¿Cómo? ¡Lo dice aquí. Agatha! —Cerró de un golpe la puerta que daba a la calle. se quedó mirando fijo el papel. —Y bueno. Ese señor Gandy es un picaro... hasta que Violet dijo: —Tt-tt. Tt-tt.. ¿Acaso no voy a la sombrerería todos los días. de todos modos. a las nueve en punto de la mañana?» Y el señor Looby me dijo. Violet tuvo el buen tino de adoptar un aire contrito y entregarle el telegrama. ¿va usted a la sombrerería?» Y yo le dije: «Sí..dijo. Junto al escritorio.. Así se llama. ¿El señor Gandy? —logró decir. —Del sen. Al leer hotel. en un segundo intento.. Se rió y me entregó este pasaje para White Springs. Los ojos de Agatha se posaron en el boleto. Tt-tt. Tt-tt. —¡Violet! —Se levantó de un salto y extendió la mano—.. de la estación. WHITE SPRINGS. cuando alguien me llamó desde atrás. y me. —¿Un telegrama? ¿De quién? Agatha creyó que se quedaba sin respiración. por supuesto. Yo venía a trabajar.. —Tt-tt. se cubrió los labios con los dedos y contuvo el aliento. y Violet depositó el billete sobre los dedos temblorosos: un .. —Le falló la voz—. me di la vuelta y ahí estaba ese joven. Te mandó un billete de ida. La persiana se levantó y se enroscó en el cilindro. Cada vez que leía la palabra stop. ¿Para quién es el telegrama? Era asombroso lo firme que estaba esa mano mientras que. Scott Gandy. Ya sabes que no todos los días recibimos un telegrama. a Agatha le temblaban las manos y el corazón le retumbaba en el pecho. —Tt-tt. Agatha casi no podía respirar. —Pero. Pero tendió una mano rígida. el señor Looby.. —¡Oh. claro como un cobertizo incendiado contra el cielo nocturno!: L.

en Florida. Agatha se sonrojó y se turbó: —Oh. Agatha Downing.. distraída hacia Violet— ¿cómo puedo estar lista para irme pasado mañana. Cuando un hombre así está esperándote en el cuarto de un hotel. ¡Por Dios.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR trozo de cartón blanco con tinta negra que parecía danzar ante la vista confusa de Agatha al tratar de leer las palabras Proffitt y White Springs. ¿por qué el billete es de ida sólo? Agatha lo miró y sintió que. corazón mío.. junto a la sien—: Tienes una magnífica veta rebelde que siempre admiré.. no seas tonta. Jubilee y Marcus comprometidos para casarse. Pon ese billete en lugar seguro y ve arriba ya mismo. Pero. —Se apretó con una mano el corazón que le martilleaba y miró alrededor. —Oh. —¿White Springs? —Estremecida.. cariñosamente. y usa vinagre en el enjuague. —alzó la vista. y los ojos azules le chispearon de malicia. —Oh. Violet. abrazó a la amiga con apariencia de pájaro. ¿Por qué me pide que vaya allí? Ahora fue Violet la que se cubrió los labios. Violet le palmeó el hombro y la apartó de un empujón. tienes razón. ¿Por qué allí? —Acabas de leerlo: territorio neutral.. una proposición puede querer decir muchas cosas. sentada? Pasado mañana es diez. Revisa tus vestidos y tus enaguas. —¡Tonterías! —le espetó Violet—. Violet» pero. Violet. tt-tt. Hacerme. en esta ocasión.. ¿para qué te quedas aquí.. caramba..267 - . y cerciórate de llevar suficiente ropa interior limpia. Scott no lo dice.. —La tomó de la mano y la hizo levantarse de la silla—.. —No.. Violet. por qué ni por cuánto tiempo ¡Mete todos los vestidos que puedas en el baúl y estáte en ese tren cuando arranque mañana! —Pero. la fractura se ensanchaba... dentro de ella. y si tienes algo sucio será conveniente que lo llevemos de inmediato a la lavandería Finn.. muévete.. Al comprenderlo. y mucho menos del hotel Telford. Gracias. —Bueno. Agatha! —Pero. . imagínate! —¿Crees que verás a Willy? —No sé. Violet podía ser bastante irascible. —Oh. y cómo puedo dejar la tienda por tiempo indefinido.. pero nunca oí hablar siquiera de White Springs. —Vamos. y abandono el trabajo. ¿realmente crees que puedo hacer algo semejante? —Desde luego que puedes. —¡Una palabra más. alzó la mirada hacia Violet—.? y estaba haciendo un vestido para. Eso realza los matices rojizos de tu pelo. en voz débil—. caramba. y le dijo. no te preguntes cómo. lo dijo con tanta claridad como si estuviese en código Morse: para hacerte una proposición. —Pero. chica.. querida mía.. Agatha quedó estupefacta. Tt-tt.. como tratando de recordar dónde estaba—. —Agatha tendría que horrorizarse de su propia falta de coherencia si advirtiese la cantidad de veces que dijo «Oh. —En ese caso.. Y ahora. —¡Agatha! Aunque era vieja. ahora. no lo sé —respondió. —Vete arriba.

la tierra comenzó a hacerse llana. señora. pero los demás estaban dormitando. al ver otro. pero fue demasiado rápido para reconocerlo. Cerca de Chattanooga. Observó cómo cambiaba el paisaje del castaño al blanco. en Kansas no se veía mucho verdor. Y cuanto más al sur llegaba el tren. y el follaje se hizo tan espeso que daba la impresión de que ninguna criatura pudiera vivir en él. Fíjese también en las flores blancas. los rieles giraban y corrían entre barrancos cubiertos de vegetación y varias veces creyó ver caídas de agua a lo lejos. —Se detuvo un momento. sobre árboles de extenso follaje verde: esas son magnolias. No obstante. Las horas como éstas eran demasiado preciosas. los tulipaneros florecen temprano. pero la tierra misma era seca.. Allí. en la estación? ¿Qué tendría puesto? ¿Estaría Willy con él? ¿Qué le diría Agatha? ¿Qué le dice una mujer al hombre al que le confesó su amor. el verde más lozano que hubiese visto jamás. Cruzaron el río Tennessee sobre un viaducto majestuoso. aunque llenaba todos los paisajes un verdadero océano de hierba azulada.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Le había alquilado un compartimiento en un coche dormitorio. Magnolias. Prestó atención y. Recordó el clima semiárido de Colorado. Más allá de los llanos. pero ni pretendió dormir. lo haré —respondió. con la tierra roja como orín de diez años. o no les interesaba.268 - . Los pinos cedieron lugar a los robles de agua y a los robles perennes. erguidos. para dejarlas escapar. Al ver musgo español por primera vez. Tulipaneros. vio un ciervo en una loma color esmeralda. La noche que pasó ahí casi no cerró los ojos. Las meras palabras le aceleraban los latidos del corazón. y las ruedas retumbantes la acercaban cada vez más a Scott. señora. . había vuelto grupas y desaparecido en la espesura. Pero lo que más lo aceleraba era que a cada kilómetro que pasaba. Florida. White Springs. asombrada de poder hablar. No podía olvidar durmiendo una expectativa tan rebosante. pero del que no obtuvo una respuesta similar? El guardia recorrió el pasillo anunciando: —Próxima parada. al verde. Y en Kansas. por temor de que fuese una propuesta que tuviera que rechazar. con sus pinos de piñones. más verde se veía la tierra por la ventanilla del tren. salvo algún matorral de chopos y almeces. y sus álamos. lanzó una exclamación de deleite y buscó alguien con quien compartirlo. Sepultó el pensamiento en lo más recóndito de su mente y se entregó a la alegría infantil del descubrimiento. y más pinos de los que era capaz de imaginar.. grandes. tuvo tiempo de preguntarle a un guardia qué era: —Un tulipanero. se acercaba más a Scott. flanqueaba los rieles un agua negra en la que se reflejaban los cipreses. Estamos a punto de cruzar la frontera de Florida. y antes de que su mente lo registrara. que le pareció estar mirando la tierra desde el cielo. únicas. Al dejar atrás los Appalaches. Después apareció Georgia. Algo pasó. tan alto sobre el cañón. a un encuentro cuyo resultado no se atrevía a imaginar. siquiera. gruesos y furtivos. Musgo español. ¿Estaría ahí. fugaz. se tocó el sombrero y le dijo a Agatha—: Que disfrute de los tulipaneros. entre los dedos. Cambió de tren en Atlanta. algo que podría describir como una bola verde con copos de color rosado intenso. agitada. —Sí.

. —¿Cómo dijo? . iba por la calle. Agatha. ¿dónde pondré las manos? (Si la saludaba con un beso. pues lo tenía puesto desde que salió de su casa.. Con tranquilidad. y otra vez en desilusión. ¡Tantos coches. La desilusión se convirtió en alivio. pero en los pies cambiados. por senderos sombreados que parecían ir en una sola dirección. y se acercó arrastrando los pies al costado del coche. Agatha miraba ambos lados. Tenía las piernas arqueadas y los labios protuberantes. El coche pasó ante un cartel en que se leía: CLUB DE CAZA . —El Telford. acomodó el baúl y la caja de sombreros de Agatha en el compartimiento. si fuese de tierra en lugar de piel. nunca estuve aquí. al parecer. era la única que lo advertía. ¿Qué hay en este lugar? —Salt's d'agua min'ral —respondió. En el aire había un olor desagradable pero.) ¿El vestido estará arrugado? (Desde luego. detrás de una jauría de galgos. Usaba sandalias de fieltro marrón. en atención a los deseos de él. comparado con el que se había hecho para el té del gobernador. Tenía el cuello entrecruzado de surcos tan profundos como para plantar semillas. Se sentó detrás del conductor. —¿A dónde? —El hotel Telford. Elegantes damas y caballeros paseaban por todos lados. Una mujer en silla de ruedas con respaldo de caña cruzó la calle tras ellos. —Buenas tardes. y sintió que la inundaba una mezcla de preocupaciones tontas: ¿Tengo el sombrero derecho? (Pero no tenía sombrero: no lo llevaba. se apeó. tratando de absorberlo todo. —Yo. —Buenas tardes.269 - .) Si me saluda con un beso. en un asiento de cuerno negro cuarteado. eres tan remilgada! ¿Por qué no tratas de imitar un poco a Violet?) Después de tanto preocuparse. con palabras tan abreviadas que Agatha arrugó el entrecejo. —¿Señor? —le dijo al conductor. estaba arrugado. empujada por un hombre robusto con sombrero de castor. al bajar del tren descubrió que Scott no había ido a esperarla. —¿Señora? Se volvió a medias como si no pudiese girar más. sin más prisa que el conductor. Todos tenían la apariencia de estar divirtiéndose. ¡sería afortunada si recordaba que tenía manos!) ¿Tendré que preguntarle antes que nada para que me hizo venir? (¡Oh.) ¿Tendría que haberme puesto el azul? (¡El azul! Era un vestido de lechera. muy bien. y la yegua blanca echó a andar con un clip-clop de los cascos sobre las calles arenosas.SE ALQUILAN PERROS. Pero había líneas de coches de plaza para trasladar a los pasajeros y a sus equipajes de la estación a los hoteles. cruzando las calles y las galerías de los hoteles.! ¡Tantos hoteles! ¡Tanta gente! Le hizo señas a un conductor negro que se incorporó y la saludó con el amplio sombrero de paja.. Una banda de hombres risueños con equipos de pesca caminaban hacia ellos con cestas de pesca colgadas de los hombros mediante correas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR El tren empezó a moverse lentamente. Un grupo de hombres montados con armas al hombro y codornices colgando de las monturas..

Y que el corazón le latía como un tambor. otros a meterse en las aguas.270 - . ¿no? —Sí. el rostro agradable. Rió y se concentró de nuevo en guiar el vehículo. con un traje de nanquín tan claro como un hueso blanqueado.. Veinticinco centavos. Y que no usaba sombrero. señora —repitió. Al instante. y una banda negra que repetía el color del cabello largo hasta el cuello. En la garganta llevaba una chalina de seda rayada. remarcando las palabras. Gussie. moviendo el sombrero de paja a izquierda y derecha. —No le entiendo. Llevaba un chaleco ajustado en el torso. la tarifa. —Está bien. —¿C. —Hola. Nunca en su vida había experimentado una reacción tan explosiva al oír una voz humana. —Vent'c'nco cent'vos. que el cabello era tan hermoso como siempre.. —Telford. y las estrechó con fuerza mientras se sonreían con alegría franca y audaz. algunos a descansar. fue a retirar el baúl y la sombrerera del portaequipajes y los llevó al bullicioso vestíbulo. donde damas y caballeros sentados en sillas de mimbre bebían de vasos altos. —Ah. Aguas curativas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Saltos de agua mineral. Con los mismos gestos pausados. señor. porque le faltaba el aliento. señora —dijo al volver. apartándose del asiento del conductor con artrítica lentitud. Y los pechos parecían pletóricos. Al recordar que el cochero esperaba. De modo que eso era lo que olía a huevos podridos. un sombrero de paja de ala curva haciendo juego. y el cochero hizo dos reverencias. una boca tan conocida y maravillosa. pero no sabía bien cuál abordarías. la sonrisa especial. algunos a divertirse. y un bigote totalmente desconocido. la cabeza le daba vueltas y se sentía extrañamente débil. señora —anunció el viejo. Pagó el doble de lo que costaba el viaje. —Vent'c'nco cent'vos.. el aliento trabajoso dentro del cuello alto del vestido que se había hecho para el té del gobernador. —Según creo..cómo? Una familiar voz de bajo dijo junto a su oído. sujeta por un alfiler con una sola perla. Le tomó las manos enguantadas con las suyas. Gandy supo cuánto la había echado de menos. A los tres minutos. sobre una tintineante cadena de oro de reloj que unía los dos bolsillos. Entonces. Se van tan sanos como un pelo de rana. blanca y color triso.. ahí estaba. señora. agua mineral.. un par de hoyuelos. El hombre tenía una apariencia tropical. sonriéndole con esos ojos castaños. —Lamento no haber estado cuando llegó el tren. Se dio la vuelta con brusquedad y. Scott le soltó las manos y buscó en el bolsillo. —No importa. se volvió hacia Agatha y le tomó otra vez las . señora. —Scott —fue lo único que se le ocurrió decir. como si se rascara las sienes con él. —Ah. Aquí viene la gente rica. las cejas y el nuevo bigote. Tomé un coche. se detuvieron ante un impresionante edificio blanco de tres plantas con una profunda galería al frente. la tarifa es de veinticinco centavos.

—No. eh. como si la copa de su alegría simplemente desbordara. Sin sombrero. la veía firmar. gracias. —Yo llegué ayer —le explicó—. la soltó y se aclaró la voz. —Tú también. ella le aseguró: —En cambio. no cambió nada —dijo Scott. Y Gandy rió. esto! —Se tocó un instante el bigote y le tomó de nuevo la mano—. —Muy picaro —aprobó. recién afeitada. y se regocijaron con el reencuentro. y tomaba la llave. con pesada baranda de roble. con el corazón liviano. Ella inclinó la cabeza y rió. hasta que las mejillas de Agatha se sonrosaron—. Scott le apretó con fuerza los dedos: —Estás maravillosa —le dijo. mujeres y hombres con niños a la rastra. Pero le dieron un cuarto privado.. A pesar de todo. —Quizá deba decir pícaramente refinado —concluyó. y los dos rieron. ignorando el ajetreo del hotel que proseguía alrededor de ellos. Y qué piso: escalones de ancho triple. Pero lo alegraba que le gustase. Scott cambió las manos de posición. —Lo hizo durante largo rato. El bullicio de alrededor retrocedió. alzando las de ella hasta que las palmas se tocaron. Las miradas se enlazaron otra vez.. se quedaron mirándose. —Déjame mirarte. que no estaba ni siquiera en la misma planta que el de él. —¿Qué? ¡Ah. y el aroma a cigarro que lo definía y que sería capaz de identificar entre miles. y después la levantó y se topó con la sonrisa. A su vez. no puedo decir lo mismo de ti. el tuyo en el segundo y así. . El mío está en el tercero. y el bigote negro podía satisfacer exigencias militares. Le gustó de inmediato. sólo tendrás que subir un piso.. Era una mentira evidente: el resto de la cara resplandecía. —Más bien apuntaba a parecer refinado. —Bueno. Me puse perezoso y dejé de afeitarme un tiempo. y un trío de cazadores de codornices que se abrían paso hacia la cocina con la cena sin desplumar en la mano. —Gracias al cielo. —¿Está Willy aquí? Miró alrededor.. los dedos se entrelazaron y estrecharon. El ensimismamiento mutuo continuó por un tiempo desusadamente largo. Otra vez. Parados entre botones y cocheros. Agatha también rió: ¿cómo controlarse cuando el corazón estaba tan dichoso? De pronto. hasta que Scott comprendió. mientras las manos unidas colgaban entre los dos. Scott había dicho la verdad: estaban solos los dos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR manos. siempre encantadora. ¿Hagámoslo? Mientras la acompañaba al escritorio. —Hagámoslo. Supongo que todavía no te registraste. le pareció imposible seguir mirándolo a los ojos. la ambigüedad de Scott la dejó presa de una palpitante incertidumbre. nosotros dos solos. Siguieron contemplándose. un poco avergonzada. —No.271 - .

¡Oh. La hizo pasar con un leve toque en el codo. —¡Ohhh. Aún no. de D. puesto sobre un trípode. el vaso para beber. sea lo que sea? Por un momento. —Espera hasta que conozcas Waverley —replicó.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR un rellano con una enorme ventana ovalada. de su placer. con su traje tropical de buen corte. que pagues esto Permaneció quieta. un gran helecho sobre un pedestal. luego más escaleras con un suntuoso alfombrado escarlata. Pero no preguntó cuándo. recatada. Agatha olvidó todo lo demás. frente a Scott. Al terminar la contemplación del cuarto. —¿Por qué? —No sería correcto. con los nudillos de los pulgares sobre la clavícula. —¿Y los otros. caramba! —¿Te gusta? —¿Que si me gusta? ¡Es magnífico! Scott enganchó un codo en uno de los postes de bronce de la cama. el cuenco de cristal con dibujo de rosas rojas y blancas. y fue pasando la vista por el helecho cribado como un encaje. Se sintió flotar por las escaleras. tiró la llave y observó cómo Agatha contemplaba el cuarto por segunda vez. las cortinas austríacas que había debajo. Scott. el recipiente de agua haciendo juego. Jube y los demás? La puerta se abrió. hacia abajo—. Se inclinó para meter la llave en la cerradura. Giró lentamente. Estamos transformando Waverley en un hotel de descanso. con los guantes puestos. La sonrisa dio paso a una expresión que provocó en Gandy el deseo de dejar su lugar a los pies de la cama tomarla en los brazos y sentir su boca moviéndose sobre la de ella. y la manta plegada con pulcritud sobre el rodapié. con la espita de bronce. la cama con el cubrecama rosado tejido. verdes como las hojas del helecho traspasadas por la luz del sol.272 - . Pero se quedó donde estaba. —¿Todavía vives ahí? —Sí. En cuanto posó los pies en la espesa alfombra Aubusson. decorada con un dibujo de telaraña. el empapelado sedoso con ramilletes de pimpollos de rosa entrelazados. tocó las sobrecortinas rosadas. —También están ahí. El sitio más hermoso que conozco. Su habitación. —Es impresionante. el chaleco que ajustaba a él como a ella sus guantes en las 5 Tablero horizontal adosado a una pared (N. se detuvieron al llegar a los del hombre. Scott! —Giró en círculo mirando. señora. la perspectiva los atrajo a los dos. La mujer se acercó a una de las dos ventanas iguales que daban a la calle. lámparas de gas sostenidas por ménsulas5 dobles. —No puedo permitir. Agatha comprendió que lo más arrebatador que había ahí era Scott Gandy.) . Los ojos de Agatha. disfrutando de su sonrisa. de ninguna manera. y a los lados. y luego. Juntó las manos. —¿Quién lo sabrá? Surgió la pregunta tácita: ¿Quién se enterará de lo que hagamos en este cuarto. La expectativa era demasiado embriagadora.

Quiero decir.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR manos temblorosas. Agatha rió. el bocio. —Indicó el recipiente con su espita y el vaso que había al lado—. ¿por qué el Telford en White Springs? Gandy soltó el aliento y sonrió otra vez. Gandy rodeó la cama y se detuvo ante ella. seria. —Le levantó la barbilla con la punta de la llave y la obligó a mirarlo—. y cuando esas burbujas te tocan sientes como si estuvieses flotando en champaña. que cerró la puerta al salir. callos. Cuando Gandy volvió la atención hacia Agatha. en todo momento. —En ocasiones. —¿En serio? —dijo. y no en él. que atraía con insistencia su mirada hacia la boca de él. entonces. Agatha. Agatha sonreía pero las últimas tres palabras sonaron como si las hubiese repetido en voz más alta. y mucho menos floté en él. Gandy giró y fingió un tono indiferente: —Ah. Scott se apartó del poste con toda parsimonia. cuando un botones habló desde la entrada. Pensé que sería bueno para ti. Sintió la llave fría y aguda. pero sabe mucho peor. —Los baúles. Ah. También serio. Cura la gota. Póngalos aquí. una buena cantidad en la habitación. Le dio una propina al botones. Gussie. Cuando empezó. ¿Qué mejor lugar para aprender que en un lugar de primera magnitud. —¿Por qué? —Dejó de pasearse y lo enfrentó. hace que los ciegos vean y los baldados caminen. Decepcionado. y los intensos ojos negros posados en los de ella mirando bajo el ala del fino sombrero tejido de plantador. catarros. No es un simple hoyo en un valle de Kansas. —Pero es una invitación. Se encargan de que tengas. bien. —Entonces. ésta recorría el perímetro de la habitación. Tú —repuso. Procura beber toda el agua que puedas mientras estés aquí. Los latidos de su corazón eran desacompasados. a solas. cuidando de posar la vista en las cosas. De primera magnitud significa que el salto da más de mil doscientos hectolitros de agua por hora.. —Sí. caspa y sordera. Además. los cólicos. ¿Me hiciste venir desde tan lejos sólo para que pueda ir a nadar? —No te sorprendas tanto. en serio. Gussie. bajando la vista. Y quería tener la oportunidad de hablar contigo. de agua mineral? —¡Nadar! —Se oprimió el pecho—. Pero la interrupción quebró el encanto.. el cretinismo. Y afirman que produce toda clase de milagros en tu cuerpo. como si estuviese haciéndolo en ese momento: —Pero si yo nunca vi champaña. —Yo lo sabré. Éntrelos. —Tiene exactamente el mismo aspecto que el agua de la cascada. a propósito: —Porque me acordé de que dijiste que nunca habías nadado. No había dado más que un paso hacia la mujer.273 - . —El cuarto ya está pagado. ¿por qué aquí? Si Waverley es un hotel. Y ese nuevo bigote. eres demasiado rígida contigo misma. Hay gente por todos lados. te lo reembolsaré. En Waverley no hay intimidad. Al mirarlo en los . Los ojos negros no se apartaron de los de ella. a propósito. la constipación. desde la punta de la cama en diagonal a él—.

dos veces por día. las unió. y yo te acompañaré a la casa de baños o. —¿Pendencieros. —Se consiguen en la casa de baños. Te daré tiempo para desempacar. —Yo también. pues no están permitidos los baños conjuntos. comprendió con claridad que no soportaría una relación ilícita. tomaremos un coche de alquiler. Pero. los varones en las impares. —Me alegro de verte otra vez. mirando sin ver la alfombra escarlata del pasillo. como preparándose para irse—. Waverley es mi territorio. pero creí que nos habíamos hecho amigos. Cuando le tomó la muñeca. ella se ponía nerviosa. Todavía hay tiempo.. pero también que cada vez que se insinuaba la posibilidad. Después. Comprendí que todos los sitios donde estuvimos. Waverley también es mío. Pero el hombre no hizo más que depositar la llave en la palma enguantada. ¿qué? .274 - . Abrió las manos. soltándole la mano. En ese momento. entonces. apoyó los dedos al costado del pecho izquierdo. La taberna era mía. Cuando se hubo ido. y se preguntó por qué la había hecho venir aquí. La sombrerería era tuya. lo rechazaría. Gussie —dijo con sencillez. dobló los dedos sobre ella y retrocedió. para colgar tus cosas. En cambio estaba ahí en ese refugio privado donde no respondían ante nadie más que ante sí mismos. Me pareció que era el lugar ideal para que nos encontrásemos dos pendencieros como nosotros. los latidos del corazón adquirieron un ritmo que le provocó dolor en el pecho. después se tendió de espaldas. excepto para los padres con niños. —Amigos. si no era eso. sintió el peso de la ética como algo indeseado que le oprimía los centros vitales. Como amigo. de todos modos. Scott supo que quería ser mucho más que amigo. Agatha se apretó las mejillas con las manos: estaban calientes como piedras al sol. Scott permaneció con los dedos en el pomo varios segundos. Entonces. Las señoras se bañan en las horas pares.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR ojos. Se sentó en el borde de la cama. —Retrocedió un poco más—. si prefieres. —Se tironeó del chaleco. donde el corazón golpeaba con violenta insistencia que se volvía cada vez más difícil de aquietar. Digamos. Yo ya las tomé esta mañana. —Miró el reloj de bolsillo—. ¿qué puedo decir? —Bien. y supo que si la hubiese llevado ahí para seducirla. vendré a buscarte. fue en el territorio de alguien. —Y. si sabía que no resultaría. y recuperó la sonrisa. Pero White Springs es neutral. ¿en media hora? —Estaré lista. cada vez que estuvimos juntos. No era un revolcón fugaz en una cama alquilada lo que quería de ella. por intensos que fueran sus sentimientos hacia Gandy. pero pensé que te gustaría tomar un baño antes de cenar. —En ese caso. Fue hasta la puerta abierta pero se detuvo antes de salir y se dio vuelta para miraría. por supuesto. quería invitarte a las aguas de White Springs.. ni ella de él. Por eso mantuvo el humor superficial. Al cerrar la puerta. tal como lo fue durante la Guerra Civil. nosotros? —¿Acaso no lo somos? —Lo éramos. ¿Qué te parece? —No tengo traje de baño.

Treinta minutos más tarde. con gran formalidad. echó a andar por el pasillo y resolvió que el tiempo respondería la pregunta. la temperatura tibia resultaba maravillosa. al ver que las mujeres lo miraban por segunda. . como el mirador de Waverley. por tercera vez. —Uno de los motivos por los cuales siempre me gustó —comentó Scott—. azaleas. una mujer joven de cabello negro como el carbón y una nariz como un cucharón con salsa. y hasta les sonrió con simpatía a las otras mujeres cuyos acompañantes. El pabellón de tres plantas de madera blanqueada. tres a cada lado. y en el hueco burbujeaban las aguas blancas de la cascada del río Suwannee. no se podían comparar con Scott Gandy. ¿Cómo lo encontraste? —En la guerra me hirieron. se elevaba majestuoso como una rosquilla octogonal. Fingió que eran enamorados.275 - . Éstos estaban conectados por una galería en el nivel superior. Scott condujo a Agatha ante una auxiliar. cuando llegaron a la galería del hotel. por apuestos que fuesen. Este lugar es maravilloso. Tras el deprimente invierno de Kansas. bordeando una acera de madera que iba hasta la puerta principal. es que está construido en forma de octógono. Admirada. el edificio de la cascada. En el paisaje que lo rodeaba había más camelias. Agatha preguntó: —¡Oh. ¿qué es eso? —Esa es la casa de baños. A veces. Le encantó la sensación. desde donde se podía mirar. señalando un arbusto cargado de capullos rosados que se parecían mucho a las rosas. Estuve viajando dos días. ¿qué opinas? Le sonrió y se sintió orgullosa de ir de su brazo. y los soldados de ambos bandos podían venir aquí a recuperarse de las heridas de guerra sin miedo. parece un gran hotel. había vestidores para cambiarse. Un sitio bastante apropiado para que se encuentren un comerciante de whisky y una luchadora por la templanza. —Sin embargo. —Le dirigió de soslayo una sonrisa con hoyuelos—. y me mandaron aquí a recuperarme. donde el tejado continuo sombreaba bancos blancos. En seis caras del octógono. Los pájaros cantaban y las flores se balanceaban. el codo de él le rozaba el costado del pecho.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Inspiró una honda bocanada de aire. —¿Qué son ésas? —dijo. Al entrar. y Agatha se asombró una vez más del lozano verdor que había por todas partes. con celosías en la base y tejas negras. Era una tarde tan hermosa. la mano de Agatha tomada del codo de Scott. Le dirigió una mirada sobresaltada: —¿Te hirieron? —White Springs fue declarado territorio neutral. que le respondió: —Caminemos. En pocos minutos se acercaron a una impresionante estructura de ocho lados. que le reverberaba hasta las puntas de los pies. por Dios!. —¿Vas a decirme que nunca viste una camelia? —Empiezo a pensar que hay muchas cosas que no conozco. —¿A pie o en coche? —le preguntó. descendían juntos la gran escalera. bananeros.

—Volveré dentro de una hora. Sin poder hacer otra cosa. y una cofia de algodón blanco. Betsy la condujo al centro del edificio. hasta un elevador movido por medio de un sistema de poleas y cuerdas. Unos estremecimiento le recorrieron el dorso de las piernas. —Me llamo Betsy —le informó la muchacha de la nariz aplastada cuando Scott se hubo ido—. por fin. . Déle el tratamiento completo. La palabra «frío» casi quedaba escasa para el primer contacto de Agatha al meterse en el agua. Cuando salió cambiada. como suspendida sobre el agua. Pero se veían las cabezas de otras mujeres balanceándose sobre el agua. Por el modo en que tiraba de los cables. y no se notó que estuviese agitada.da. lo hizo.. es maravilloso —dijo la desconocida. Hasta los muslos (estirándose lo más posible). La sedaba. Cualquiera fuese el que esperaba. e hizo bajar a las dos a la planta baja y. y fueron estallando en una serie de explosiones sin fin. no era el tratamiento regio que recibió. Sígame.. Sintió que la risa le bullía en la garganta cuando las burbujas. pero Agatha supuso que los bíceps de la chica eran más anchos aún que la nariz. daba la impresión de que costaba mucho esfuerzo. pero en unos minutos se acostumbrará. señora. —Sin du.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Es la primera vez que viene —le dijo a la chica—. jugueteaban con sus miembros y se le metían dentro del traje de baño para cosquillearle la piel. Una que estaba cerca de Agatha le dedicó una sonrisa. a las cascadas mismas. una prenda para la parte de arriba. y la congelará hasta la médula de los huesos. de lana. pero está t. Allí salieron del elevador a una galería exterior con baranda.. Hasta la cintura (quedándose sin aliento).. y le pareció que se le erizaba el cabello. En los rincones del edificio octogonal el olor era espantoso. De pronto. Betsy la acompañó otra vez al montacargas. Agatha quedaba en manos de una extraña.. descalza. Hasta las rodillas (abrazándose). Cuando entraron le dio a Agatha un par de calzones tejidos... la correspondió con otra mucho menos convencida. Era muy parecido a la excitación. donde una amplia abertura daba a la cascada misma.. Llevó a Agatha al tercer piso.fría. como pequeños peces curiosos. subían burbujas diminutas.. cuando termine aquí. que utilizó la misma Betsy. pero el borboteo del agua era tentador. —Pero. Pero. —Todo el año está helada. la llevó en dirección contraria. y por ella fueron hasta los vestuarios. que le provocaban alivio en los músculos. Le hacía cosquillas.. Aunque le resultaba extraño moverse dentro de una piscina completamente vestida.. la llevaré al cuarto para cambiarse. estará esperándola un baño caliente adentro. «¡Dios mío. que se sujetaba en los muslos. Agatha bajó la vista: a su alrededor. Y recuerde que. Pero antes de que tuviese tiempo para más que un vistazo breve. que sobresalía encima de las cascadas. Le tocaron todos sus sitios íntimos.276 - . Que lo disfrutes. —Cuando te acostumbras. esto es una locura!». —Es vivificante —repuso la mujer. Que lo disfrute. pensó. y se puso de espaldas. Hasta el cuello (castañeteándole los dientes). P..tan f.

Las burbujas constantes creaban una efervescencia permanente. Agatha percibió que cierto milagro se había producido en su cuerpo. ¡Era la gloria perfecta! Cuando bajó los pies de nuevo hasta el fondo. —¡Oh.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR al mismo tiempo. —¿Cómo estuvo? —le preguntó cuando se acercó. Se movió otra vez. y sintiéndose mágicamente libre e ingrávida. Scott la esperaba en la entrada principal. Las friegas minerales fueron más restauradoras que cualquier cosa que Agatha hubiese imaginado. Las propiedades de flotabilidad los igualaban. Respiró hondo y dejó que esas sensaciones ocuparan el lugar de todas las preocupaciones mundanas. Nunca en la vida se sintió flotar. era exactamente igual a los demás. en el agua. Se sintió como si ella misma se hubiese convertido en champaña: burbujeante. y la sorprendió la inesperada flotabilidad de su cuerpo. cuando entró en el montacargas. No necesitaba haber visto champaña para imaginarse flotando en él. Imitando a la mujer amistosa. Un rato después.. De súbito. se puso de espaldas levantando los pies y. casi bebible. Sonriente. Cerró los ojos y se dejó hundir en la sensación del movimiento en la cara interna de los muslos. todo fue masajeado con igual experiencia y habilidad. probó dar un pequeño salto. en el centro de la columna vertebral y entre los pechos. las piernas. pero sentirse así era casi tan bueno como poder. los hombros. ágil. saltar a la cuerda! Desde luego que no podía. pero había desaparecido todo vestigio de dolor. durante varios segundos. y espesas toallas turcas. fue extraordinario! ¡Me siento renovada! La tomó del brazo y rió. . Se sentía flexible. natural.. las nalgas. deliciosa. empleando los brazos. blancas. flotó libre de las restricciones de la gravedad. también advirtió que los dientes ya no le entrechocaban. con una de las toallas debajo y la otra cubriéndola de la cintura para abajo. la relajaba. y el vello de los brazos ya no estaba erizado. miró alrededor y no vio a nadie que le prestara especial atención. los brazos. mientras unas manos diestras trabajaban con sus músculos de tal modo que la hacían sentir como si flotara sobre una alfombra mágica. Claro que aún cojeaba. Betsy llegó demasiado pronto a buscarla para acompañarla al cuarto de baño privado donde la esperaba una bañera de metal con agua caliente. Betsy la dejó disfrutar del agua mineral caliente unos diez minutos. En esos momentos. cuando se acostumbró a la novedad de las burbujas. comprendió con grata sorpresa que ahí. le dijo a Agatha que se tendiera boca abajo en un banco de listones de madera. hondamente satisfecho por la euforia de ella.277 - . Scott. Una vez vestida. corno si pudiese saltar cercas. El cuello. Cuando entró otra vez. ¿Cómo era posible que provocase tantas sensaciones a la vez? Levantó un brazo cerca de la superficie y observó cómo las burbujas trepaban a él sonando como si en el salón contiguo estuviesen friendo carne. correr subiendo las escaleras. y profundamente vivificada ¡Como si fuese capaz de caminar kilómetros sin cansarse. hasta que golpeó la puerta y le ordenó que se secara y se preparase para el masaje. Estiró los dedos y vio los bolsones de aire que se formaban entre ellos. Cerró los ojos. llegó a entender la sensualidad de un modo vivo. y la sensación le produjo euforia.

¿No es muy caro? —Deja que yo me preocupe por eso. era celestial! ¡En verdad floté! Había una mujer que me sonrió y me dijo algo amable. sobre el hombro hacia la casa de baños—. —¿Tienes hambre? —Pero. por lo general tan reservada... Gussie. A Gandy le complacía poder invitar a Agatha a una cena elegante en un lugar así. De manera parecida. —No quisiera criticarte. —Pero. La especialidad son las codornices. con manteles almidonados y vajilla de plata verdadera. Otra vez se le ocurrió besarla... —¡No me duele nada! ¡Y mira! Me siento como si pudiera volver caminando a Kansas. —Yo sí.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Era un placer ver a Agatha. entonces yo la observé y traté de imitarla. se limpiaba cuidadosamente con la servilleta y bajaba los ojos. pero. nostálgica. nunca en mi vida me sentí tan libre de preocupaciones. Disfrutó verla comer las perdices con setas negras y los otros platos que sugirió. y salté como todos los demás. fue sensacional. para ser sincero consigo mismo. y arroz con azafrán humeante. Le brillaban los labios al morder la perdiz enmantecada. —Y después. Pero en el agua. Por algún motivo. En efecto. Reflexionó sobre los motivos que lo impulsaron a llevarla ahí. No quiero escuchar otra palabra al respecto. ¡podía flotar. Lo hizo con gran placer. brinqué! No necesité más que un pequeño impulso con un pie. Oh. una porción de tarta Selva Negra. pero cada vez que alzaba la vista y lo sorprendía mirándola. El comedor del Telford era elegante.. pero estás muy repetitiva. —Miró. a medida que se secaba. con un enorme copete de crema batida.! —En la frente de la mujer aparecieron arrugas de consternación—.. Tenía las puntas del cabello mojadas y. Y mucha agua mineral para beber. flotando como un corcho. —¿Cómo podría negártelo? —¡Oh. los mechones escapaban del peinado y formaban diminutos tirabuzones detrás de las orejas. La luz de las lámparas lo encendía y proyectaba sombras en el cuello y los hombros del vestido verde esmeralda. —Pero. las pestañas sombreaban los ojos claros. ¿Sabes cuántas veces dijiste pero? Estás aquí como invitada mía. le apretó el codo y luego puso la mano de ella en el pliegue de su codo. y el hecho de que no fuera así lo fascinaba más que cualquier estúpida simulación que hubiese mostrado. Era un mundo de diferencia con el restaurante de Cyrus y Emma Paulie. —Pero. quería invitarla a tomar las aguas. Te llevaré de regreso al hotel y te atiborraré de pechuga de codorniz salteada en manteca con setas negras y salsa de nuez. ¡De verdad. Pero. burbujeando como las propias aguas. . ¿Podré venir otra vez. Brinqué.. Scott... y así será. y a aprovechar todos los beneficios físicos que le brindarían. como si la hora en el baño medicinal le hubiese aguzado en gran medida el apetito. Y White Springs es famoso por tener algunas de las mejores cocinas del Sur. esperaba verla comer con la melindrosa afectación de casi todas las mujeres modernas.278 - .. mañana? Gandy rió.

Agatha dio un bocado.. un tabernero. se enfurruña o se pone contestador. La tensión zumbó alrededor de los dos el resto de la comida. —Willy no es el mismo chico que era cuando partimos de Proffitt. ¿cómo está Willy? Las cejas de Scott se unieron. y se inclinó hacia adelante. En mi opinión. Gussie. Oh. Pagaste mi cena en el restaurante de Paulie y yo me puse tan furiosa contigo que quería. pidió una taza de café y encendió un cigarro. si sucedía. tres ex prostitutas. que tenía con ella un contacto íntimo. Y tan irritante con tu tendencia a bromear. Un jugador de barco fluvial. tú? Alzó las cejas. Siempre me pareciste tan. Dejó de masticar.. —Y tú eras tan remilgada y correcta que yo me sentí avergonzado como el demonio por haberte hecho caer en el barro. Te digo. —Así es. —cerró el puño en el aire— .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR había otra clase de experiencias físicas que quería brindarle.. . Después. Dio un mordisco a una tierna y suculenta perdiz y paseó la vista de los pechos plenos al torso esbelto de su compañera de mesa. cuando me contesta. tan arrogante y seguro. a veces. y una nana negra con una boca tan atrevida como un ganso furioso. y cuando se va con los hombres al bosque es difícil imaginar a qué clase de conversaciones está expuesto. cambiando bruscamente de tema—. —No creí que fueras capaz de avergonzarte de nada. está demasiado tiempo en contacto con la gente indebida. La mujer se limpió los labios por última vez. Agatha observaba cómo los labios y el bigote adoptaban la forma de él. Scott se respaldó en la silla en una postura negligente y rió. alzó la vista y lo vio admirando sus atributos femeninos. Cuando no le hago caso. Leatrice lo consiente constantemente. después de cortarlo con unas diminutas tijeras de oro. —Sí. a veces. se sumergió en el aroma picante y lo disfrutó una vez más. claro como un reflejo sobre aguas tranquilas. se sentiría obligado a hacer lo que debía. —Recuerdo el día en que el óleo ese de Dierdre llegó a Proffitt. Cuando sucediera. un estibador. No era la clase de mujer a la que uno compromete bajo la falsa excusa de «llevarla a tomar las aguas». —¿Qué le pasa? —Está convirtiéndose en un verdadero pillo. —Se me ocurre que tenías buenos motivos. y lo reemplazó la preocupación. Las chicas lo malcrían de una manera espantosa y.quisiera ponerlo sobre mi rodilla y curtirle el trasero. —¿Avergonzado. señora. pasa por etapas en que habla con el mismo lenguaje de albañal que ellas. Scott bebió un sorbo de agua mineral. golpeando distraído el cenicero con el puro.279 - ... cómo te odiaba. Mientras encendía el cigarro. y dejó la servilleta. Del único que no aprende malas costumbres es de Marcus. El talante alegre de la mujer se esfumó. —Dime —dijo Agatha.. Gandy apartó el plato de postre. Incluso se volvió exigente conmigo.... —Veo que todavía las tienes. Le surgió un recuerdo. quería meterte el dinero por el gaznate..

. no creo que quiera hacerles daño ni a ti ni a nadie cercano a ti. No me cabe duda de que sabrá reconocer la diferencia. —¿Quién es? Gandy miró.. Miró a Gussie como si la viera bajo una luz distinta. y sacudió el cigarro más de lo necesario. no es culpa de él. —En ese caso.. ¿qué tiene de malo? Al parecer. no me preocuparía. En lugar de expresar estupefacción. ceñudo. Pide ayuda. afligida—.. Nunca podré levantarle la mano a ese chico.. Agatha no se inmutó. —Está bien. Pero. y en varias ocasiones he visto su silueta donde ella . será cada vez peor. pero Willy es tan insoportable que A. parece que está embrujado. —Eres sorprendente.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Por qué no lo haces? El puño se aflojó. Tú sí. Comprendió que tenía razón y movió la cabeza.. —¿A Willy? —No. J. Y si eres el padre. a decir verdad. Lo llevé un par de veces al pueblo a pasar la tarde con un niño de su edad. pero en el dormitorio que compartimos Willy y yo. —¿Te asusta? Lo pensó un instante.. sabiendo que nadie había estado ahí para arrugarla. A.. —¿Por qué no? ¿Por quién? —Creo que se trata de mi hija. —Creo que porque tuvo suficiente de eso con su padre. yo también la oí. Pero la oigo con la misma claridad que cualquier otra voz humana. Gussie. —No puedo. es caprichoso. —No. Gussie. estiró la mano sobre la mesa y la apoyó sobre la de ella. —Eso es bastante común. Justine. al reconocer en esa frase la clase de padre que era: como el que ella hubiese deseado para sí misma. atónito. La mujer sintió que un nudo de amor se expandía en su pecho. —Mi padre era minero. Scott. eh. Y empezó a hablar con una amiga imaginaria. J. —Pero hay que reprender a Willy cuando lo merece pues. bueno. Parte del problema es que no hay ningún chico de su edad para jugar. el cenicero. desesperanzado. vas a pensar que estoy loco. el que llamamos el cuarto de los niños. y la expresión de Scott se ablandó. no lo invitó más. o quien sea. al contrario. —Casi sin advertirlo. La mirada era oscura. Sólo la escucho en el dormitorio noroeste de la segunda planta.280 - . y no hay nada más desagradable que un niño caprichoso. de lo contrario.. Agatha preguntó seria: —¿Por quién? —¿Me crees? —preguntó. se había acostado sobre la cama. Bayles. tienes un fantasma amistoso. —Gussie. Yo lo hacía con frecuencia de pequeña. ¿Tú no? —Si no fuera esta amiga en particular. —Pero Alvis Collinson nunca lo amó. No hay personas más supersticiosas que los . —¿Y es con ella que habla Willy? —Sí.

deseándote todo el resto de mi vida? . Retiró los dedos de los de Scott y juntó las manos en el regazo.. lo superará con el tiempo. Gussie. ¿verdad? —Ah. Si oyen caer. aunque sólo sea un guijarro. sólo de ida. jamás querrá entrar otra vez en la mansión.. Llora por ti cuando se va a acostar. en un pozo profundo. la necesito. Necesita tu sentido firme y confiable de lo que está bien y lo que está mal. en particular después de un derrumbe. Y muchos jurarían que tienen razón. No la quería como amante ni como esposa. y hasta de mí. Si descubre que en verdad hay uno. Ni perder un solo momento más imaginando que la llevó a ese sitio para pedirle que se casara con él. pero tenía miedo de comentárselo a cualquiera en Waverley. las palmas hacia abajo—. —Tal vez. para que la casa funcione con fluidez. me siento tan aliviado. ¿seré la gobernanta? —¿Por qué suena como una palabra tan fría? Significas tanto para Willy como si fueras su verdadera madre. los latidos de Agatha se aceleraron. como dice.281 - . ¿Qué mal puede hacerle? Si no es más que una creación de su imaginación. Si no. Alguien para controlar lo que aprende de las chicas y de Leatrice. Tendría que ir a la escuela. Y aunque es muy rebelde. Antes de que Scott prosiguiera. por cierto no hay nadie en Waverley preparado como para ser su tutor. ¿Y vivir en tu casa. pero la más cercana está en Columbus. Intenté hacer las cosas bien con él. —Entonces. Necesita una maestra. Gussie. te necesita más que a nadie. El alivio de que aceptara su historia fue tan grande que se sintió culpable de haber intentado disuadir a Willy. Willy ya tiene seis años...LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR mineros. —Es por eso que te traje aquí. como ya te he dicho.. empezó a influir en Willy. con los dedos enlazados. lecciones cotidianas. Estos últimos meses he estado muy preocupado. —Le dije a Willy que era imposible que hubiese visto a Justine y hablado con ella. y en Navidad armó un gran alboroto porque no te llevé a Waverley ni lo mandé a él a Proffitt. Y alguien capaz de decirle que no y sostenerlo. Lo cual nos lleva a otro punto. Al diablo con la estúpida interpretación de que la había hecho ir ahí para algo tan tentador como la seducción. —Lo es. Gussie. y. En tu lugar. Dime que lo harás. yo lo dejaría hablar con ella todo lo que quisiera. pero después de haber hablado contigo tan poco tiempo comprendo que mi criterio no es para nada tan apto como el tuyo. Empieza a imitar su carácter mandón y su mala gramática. Me parece que fue un error de mi parte. Pensé que si lo hacía podía llegar a oídos de Leatrice. y ella ya usa un saco de asafétida maloliente en el cuello para espantar a los espectros. sino como gobernanta de Willy.. Tú podrías hacer todo eso. —Esa Leatrice me recuerda a Ruby. Ya no tendría que preocuparse más por eso. y es un trayecto de dieciséis kilómetros. De modo que ésa era la proposición. La imagen de Willy llorando por ella al acostarse hizo brotar en su pecho un impulso de amor maternal. —Seguía sujetándole la mano. aunque no bastó para disipar su decepción. En este momento. lo atribuyen a fantasmas. Pero. Yo no tengo tiempo de hacer ese viaje dos veces por día. Gussi si vinieras a Waverley. no está más trastornado que tú. Eso te convierte en algo muy superior a una gobernanta.

debería preguntárselo.. Después de todo. aunque no había dicho que la amaba. podía creer en ellas o no.. Sí. ¿lo harás? Tal vez fuese virgen. —Levantó una ceja—. ¿Cómo podría esperar una opinión objetiva de alguien así? Gandy rió. Y las fábricas de la costa Este que confeccionan ropa. claro. a su debido tiempo. sería duro para ti dejar a Violet. ¿qué otra cosa puedes hacer con ese museo de nidos de pájaros y mariposas. —¿Todo el negocio? —Bueno. Scott dijo: —Yo creo que Violet sería la primera en insistirte para que aceptaras. No puedo dejarlo y marcharme. ¿estaba ella destinada a convertirse. pero. —Al exigir que te llevara a Waverley lo más rápido posible para empezar su vestido de bodas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Cuándo quieres que vaya? Ansioso. y dejarla sería muy triste. Tú misma me dijiste que pronto los sombreros serán cosa del pasado.. hasta inocente. vio a la pequeña mujer sonrojándose cuando él se inclinaba sobre la mano surcada de venas azules y la rozaba con los labios. se echó adelante. simplemente. Se había convertido en una verdadera amiga. Sin embargo.. Sí. encajes. ¿No crees que sería un cambio agradable para Violet tener un lugar propio en lugar de un cuarto minúsculo en la pensión de la señora Gill? Pensar en Violet frenó a Agatha. —¿Y Violet? —Ah. Te aseguro que tenemos todos los que queremos en Waverley. está languideciendo lentamente. Agatha escuchó las risitas de Violet ante la súbita aparición de Scott en la tienda. tengo un negocio. A menos que le dejes todo el negocio a ella. y esos gabinetes llenos de cintas. Es sólo cuestión de tiempo. aunque débil. —Entonces. si estás de acuerdo. tampoco amaba a Jube. ¿no? Ahora que Jube se iba a casar con Marcus. ¿Me equivoco? Como si estuviese ahí. y dijo que quiere que asistas a la boda ¿Qué dices? Se sintió obligada a ofrecer cierta resistencia. eso. Ella y Marcus piensan casarse el último sábado de marzo. debía de considerar innecesario el amor en lo que se refería a la convivencia. por cierto. —Pero. ¿cómo aborda una mujer un tema como ese con un hombre que ni la besó después de cinco meses de separación? Una mujer .282 - . Tendría que preguntarle qué intenciones abrigaba en ese sentido. —Cada vez que te acercabas a Violet ella deseaba tener cuarenta años menos. Violet. en la amante? Un hombre como Scott no pasaría mucho tiempo sin mujer y. Jube me sacó la decisión de las manos. están condenando el oficio de modista al mismo destino. en los momentos de lucidez comprendía que entre ellos existía una innegable atracción física que crecía a cada hora que pasaban juntos. Pero había unas vibraciones inconfundibles entre ella y Scott Gandy. —¿Por qué no? De todos modos. Y según las emociones del momento. —Gandy hizo una pausa y recordó los chispeantes ojos azules de la pequeña mujer arrugada—. oía el suspiro cuando se hundía en la silla y se abanicaba la cara enrojecida con un pañuelo perfumado de lavanda. y ese enorme escritorio de tapa enrollable? Hasta podrías dejarle los muebles de tu apartamento.

Y Agatha descubrió que eso era casi tan bueno como si le correspondiese. aunque no le hubiese dado el suyo propio. y ambos lo sabían. —Lo haré. contuvo el aire un momento. dijo: —Adiós. Le había dado el amor de ella hacia él. con la lengua diciéndole adiós dentro de la boca.283 - . no se despidió con el beso que ella esperaba sino con un firme apretón de manos que sellaba el pacto entre los dos. Cuando lo hizo. a los dedos enguantados que descansaban sobre el pecho de él. en ningún momento de esos dos días en White Springs él hizo el menor avance hacia ella. Pero cuando. Nunca lo olvidaré. Con una condición. La llevó a los baños dos veces por día los dos que siguieron. Si quiere una. Le había dado más que cualquier otro ser humano. aspiró una bocanada trémula. Hasta que estuvieron en la estación de trenes y se despidió otra vez de ella. Agatha sintió que estaba resuelto a que el beso fuese breve y amistoso. tendrá que comprársela. y le dio un beso húmedo. y lo soltó de una vez. voluptuoso. ¿Por qué esperaste tres días para hacerlo?. haciéndola sentir las rodillas flojas y el corazón a punto de estallar como un cañón. Pero no era así. Agatha tuvo la espantosa sensación de que los hombres y las mujeres se besaban así en todo el mundo en momentos similares. la tentación fue demasiado grande y la atrajo hacia él. algo que significaba más de lo que en realidad era. al terminar la miró a los ojos. La mía es un regalo tuyo y creo que es lo más adecuado para llevar a Waverley para hacer el vestido de Jube. . y que sólo su falta de experiencia la hacía creer que había algo especial entre ella y Scott. Cuando la apartó y la miró a los ojos. —¿Cuál? —Que dejaré todo a Violet. White Springs siempre estuvo ahí para que tú lo tomaras. —Yo no te di nada. Y gracias por darme la posibilidad de nadar en White Springs. ¿Qué habría en las estaciones de tren que sumía sus corazones en la desolación aún antes de que se dijeran adiós? Un instante antes de que abordase. Considera pagado el transporte.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR como Agatha Downing no lo hacía. —Muy bien. mientras se quedaron a disfrutar del manantial. y aunque la relación se volvió más amistosa que nunca en lo relacionado con la conversación y la mutua compañía. Cuando la acompañó hasta la puerta. En cambio. con más dulzura esta vez. quiso preguntar.. Pero una mujer decente no hace esas preguntas. la tomó de los brazos y la besó en la boca. Al fin. menos mi máquina de coser..

. Y Agatha Downing era una dama inteligente. Así era cómo tenía que ser. él no mencionó ni amor ni matrimonio. Además. en un baúl (había donado los sombreros viejos a Violet) revisó el apartamento a la caza de toda posesión personal significativa. Vivir en esa casa. Agatha miró en torno y se encontró con los ojos de Violet.284 - . Ya antes había apostado contra Scott Gandy y perdió. ¿Y qué se podía decir de las oportunidades para el cielo? Todo lo que había deseado. No obstante. Era como si alguien devolviese una mirada desde el inconsciente. Dejar a Violet fue menos doloroso de lo que Agatha había imaginado..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 20 El balanceo del tren creaba un ánimo que la llevaba a la introspección: el paisaje que se movía cada vez más rápido. principalmente porque la amiga estaba embelesada con su nueva condición de mujer de negocios. En el camino de regreso a Proffitt. nada más. el apartamento de Agatha le parecía una casa lujosa de veraneo. Y. el penetrante silbato que viajaba en el viento como un suspiro fantasmal. una apuesta. exigiendo un examen. mientras que afuera el verde se transformaba en negro. Porque vivir en la casa de Scott Gandy nada más que como la gobernanta era condenarse al purgatorio eterno. Agatha pasó las horas pensando en la apuesta que iba a hacer. el retumbar incesante del metal chocando con otro metal y que subía desde abajo hasta que se convertía en algo tan propio como los latidos del corazón. Sin embargo. quería compartir la vida con él. dio las instrucciones finales relacionadas con el estado de los libros contables de la tienda. y un rostro miraba al pasajero. Pero el amor era algo contagioso y una persona inteligente apostaría todas las veces. pero era un riesgo. porque no lo sabía. El purgatorio contra el cielo. y vaya si era una apuesta.. después de haber vivido en un cuarto de la pensión de la señora Gill. la muestra cuidadosamente guardada entre capas de ropa. a último momento. ¿Alguna vez lo comprendería él? Ah. tal como predijo Scott. lo quería. Porque en Waverley también estaba Willy. que un día Scott la mirara en los ojos y le dijese que la amaba. ¿sería realmente preferible a quedarse sola en Proffitt? Sí. el hombre cuya sonrisa la hizo ruborizarse y reír tontamente tantas veces. y ese rostro era el de ella misma. Lo amaba. pero como esposa. reservarse sus sentimientos. cuando ya tenía las cosas empacadas. y el amor del niño significaba para ella casi tanto como el de Scott. y le dolió. hasta convertirse en una mancha verde a lo lejos. que quería casarse con ella y hacer que Willy fuese de ellos para siempre. estaba maravillada porque Agatha había ganado un lugar en el hogar de LeMaster Scott Gandy.

sería la última vez que se veían. si se presenta la ocasión! Todavía riendo con los ojos llorosos. Sólo cuando estuvo a unos ochocientos metros de camino. eran lágrimas de alegría. te contaré un secreto que no le conté a nadie hasta ahora. giró para echar una última mirada a la cortina verde que había levantado todas las mañanas y bajado todas las tardes durante más años de los que quería recordar. Violet. —Moose. Como estará el señor Gandy esperándote en el otro extremo de la línea. riendo con los ojos húmedos. Tt-tt. y dile que es de Violet. —Fuiste una amiga auténtica. Pero al darle la espalda al edificio no sintió ni una fugaz punzada de remordimientos. Fue la experiencia más maravillosa de mi vida. tuve un amante. —Sí. lanzó un quejido de protesta—. con su espíritu indoblegable. le prometió: —Lo recordaré. que quiso hacerlo cada vez que él entró en la tienda. Los ojos de ambas se encontraron y supieron que. No. Agatha soltó libremente el llanto. y cojeando. y ahora será mejor que os llevemos a vosotros dos a la estación. no sea que el tren llegue temprano. cuando tenía veintiún años. en cierto modo. con mucha probabilidad. sube a ese tren. allá arriba. por cierto. —Hizo una pausa y miró alrededor—. Hemos dado infinidad de puntadas entre estas paredes. dentro de nueve semanas habrá una nueva carnada de gatitos en la pensión. Tt-tt. ¡Recuérdalo. El comentario nostálgico que hizo adentro se debía a su cariño por Violet.285 - . Pero. que es con quien debe estar. Violet le había dado en qué pensar! Lo pensó en las pocas horas de vigilia que quedaron durante el largo . chica! ¡Rápido! Por eso fue fácil partir: Violet la ayudó. es verdad. Bueno. Agatha cerró la puerta de la tienda por última vez. aquí. Agatha esbozó una sonrisa triste. y Josephine no sabrá qué hacer con ellos cuando empiecen a trepar por las cortinas y a afilarse las garras en los muebles. y dale a ese apuesto Gandy un beso en la mejilla. no quisiera que lo pierdas. — Agitó un índice torcido bajo la nariz de la amiga—. Una vez. ¡El animal de la señora Gill se fue por tres días. tú llévale a Moose a Willy. Y no pierdo la esperanza de que el señor Gandy se ilumine y te tome como amante. otra vez. —Querida. Alzó la vista hasta la ventana del apartamento. Fue un lugar solitario todos los años que vivió allí. Ninguna mujer tendría que perdérsela. el pelo todo apelmazado. —Violet. desde el interior de una cesta para aves. Como sea. la semana pasada y volvió apestando a dicha paradisíaca. y marcharse era un placer. —Tú también. —Y dales saludos de mi parte. ¿Estás segura de que no te importa que me lleve al gato? —Desde luego que estoy segura. si no como esposa. Se abrazaron fuerte. ¿no es cierto? —Ya lo creo. qué te parece! Me habría gustado verla. eres escandalosa —dijo. Pero también reímos mucho. Pero cuando ella y Violet se despidieron junto al tren humeante. ¡Y ahora. a las dos las asaltó un súbito y agudo dolor.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Pasamos muchas horas juntas. ¡Y.

y el guardia le dio de comer. Los dos.. saludando con la mano. la sensación de bienvenida era fuerte. es verdad? Agatha le sonrió a Scott. Willy la atrapó por las mejillas exigiendo atención exclusiva. Scott.. ¿Cuánto habría durado el romance? ¿Por qué no se casaron? ¿Qué fue lo que la convirtió en la experiencia más maravillosa de la vida? Agatha solía pensar que sólo las malas mujeres se unían con hombres fuera del matrimonio. Scotty! ¡Trujo a Moose! —Trajo a Moose —lo corrigió Scott. La abrazó e hizo caer el sombrero que usaba sólo porque tenía tantos que no le cabían en la sombrerera. teniendo en cuenta que tienes cinco años. Gussie. Cumplí años. estaban al pie de la escalerilla. ¡Moose! ¿Oíste eso. Willy encaramado al brazo de Scott. escudriñando las ventanas que pasaban raudas. mientras se producía la ya conocida transformación fuera de la ventanilla del tren. —Bueno. . Gussie! —gritó. Se besaron: sabía a zarzaparrilla. y está preñada! —¡No me digas! —Scotty me dejó ver cómo la preñaban. aguda y dulce. El corazón de Agatha se hinchó al ver a sus dos amores. La idea le dio vueltas en la cabeza. y si se habría topado con él a lo largo de los años. —¡A Moose! ¿En serio? —En serio. sonrientes. —Ya veo que llegué justo a tiempo para encaminar tu educación por donde tiene que ir. alzando un dedo para señalar: «¡Ahí está!». Willy. Cumpliré más el año próximo. Era una buena mujer cristiana.286 - . —Seis. mientras ella y Willy se abrazaban. Cuando Agatha le sonrió. y aunque nunca había estado en Columbus. Reales. el tiempo frío por el tibio. arrojándose hacia ella. el barro por las flores. sin cansarse de contemplar las mejillas pecosas y los preciosos ojos castaños. Compuso una expresión de exagerada pena. Vayamos a buscar a Moose. Scott lo agarró con la mano libre. —No importa. Mississippi.. Entretanto. —¡Gussie. Cuando se apeó. ¿Es verdad. jubilosos. Hasta que fueron algo más que imágenes. Zach está esperando con los carros. dejaba atrás el invierno cambiándolo por la primavera. —Oh. danzaban ante los ojos de Agatha imágenes de Scott y de Willy.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR viaje al Sur. —Scott dice que te quedarás para siempre. Traje todas mis pertenencias.. preguntándose quién habría sido el amante. Willy derramó ruidosos besos sobre Agatha que caían en cualquier parte. pero Violet no tenía nada de mala. de pie sobre la plataforma de guijarros rojos de la estación. evocando a Violet. —¡Jesús! —se alegró—. ¡Se llama Cinnamon. Le apartó el cabello y le sujetó el rostro. Está en una cesta para aves en el vagón del equipaje. —¡Cumpliste años! Y yo me lo perdí. te eché de menos. hasta la máquina de coser y a Moose. Cerró los ojos para contener las lágrimas de felicidad. —Vas a ver mi yegua. creo que sí.

Le apoyó en la espalda la mano que sostenía el sombrero al mismo tiempo que bajaba la cabeza para darle el gusto. lo . ¿Y de tu parte? Tuvo la presencia de ánimo de besarlo jocosamente en la otra mejilla. me hallaba demasiado agotada para no hacerlo. de súbito. vamos —interrumpió Willy—. Se lo puso en la cabeza. Y ahora. las miradas se toparon y se sostuvieron. Esta vez. La sensación de prisa se disipó. le enlazó un brazo en el cuello y lo besó en la mejilla—. Ésta. —¿Tuviste problemas para arreglar las cosas en Kansas? —Todo salió perfecto. —Ése es de Violet. —Está bien. otra vez —dijo ella. Es muy hábil con los caballos. —Mmm. Le aparecieron los hoyuelos en las mejillas y la voz se hizo más queda. ¿Alguno de los otros vino al pueblo contigo? —No. A desgana. la sujetó con el brazo. Gandy tomó a Agatha del brazo y caminaron por los adoquines hacia el vagón de equipajes.287 - . —Creí que habías abandonado los sombreros. Estiró la mano para acomodarlo. Cuando Agatha quiso apartarse. Me parece que no —decidió. —Hola. Éste es de parte de Violet.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Willy saltó de los brazos de Scott al suelo de adoquines y salió corriendo. esperando. —¿Esta vez? —En la otra ocasión estaba demasiado excitada para dormir. y se lo quitó—. ¿Quién es Zach? —Hijo de uno de nuestros antiguos esclavos. pero Gandy lo hizo por ella. patillas con pecas. Me pidió que te dijera que quiso hacerlo cada vez que entrabas en la sombrerería. Ve a decirle a Zach que acerque la carreta al vagón de equipajes. Gracias por la estupenda ubicación. Apresurado. —Ése es de mi parte. dame mi sombrero. el gato colgando en el aire frente al niño que lo sostenía. —Eh. No necesitaba nada. No querría hacer un vestido de novia sin ella. Sintió que tenía todo lo que necesitaría o querría en el mundo al ver el reencuentro entre Willy y Moose: cara a cara. está bien. y está enseñándole a Marcus el oficio de cuidador y herrador. en son de broma. De modo que trajiste la máquina de coser. vosotros. —Es mucho pedir para una mujer que los usó toda su vida. ¿Cómo fue el viaje? —Agradable. cedió. ¿Necesitas algo de aquí antes de irnos a Waverley? Es una hora de camino y no venimos todos los días. en verdad dormí. Estaba encantada. y éste era el lugar más apropiado para llevarlos. —Hola. Scott prestó atención al niño. dejando a Gandy y a Agatha frente a frente. pero están todos en casa. al otro extremo. y contempló el resultado con ojo crítico. —Por supuesto. Zach está esperando. Se puso de puntillas. —Sintió tal tentación de tocarlo que. y nosotros iremos para allá. —¿Le dejaste la sombrerería a Violet? —Sí. Conservé mis preferidos. Siempre estás mejor sin sombrero. Sin barreras entre ellos.

—¡Jube. fecundo. J. y le dijo que ahí iba Leatrice los domingos. vio a los pavos reales en el prado! —¡Oh! —exclamó.288 - . riendo. Moose! ¡Jesús. —¿No es maravilloso? Si él te dice lo contrario. En los charcos junto al camino. Jack vio el carro y corrió cruzando los campos. Waverley. nubes de púrpura puro. En el camino vio por primera vez pimpollos rojos: nubes de heliotropos. Jube aferró a Marcus del brazo y tiró de él haciéndolo adelantarse. que se levantó en una destartalada carreta cargada con la cesta vacía. es donde yo nací. como siempre. con sus altos pilares. Luego llegó Jack resoplando por la carrera a través del patio. se abrió de par en par la puerta principal y se oyeron hurras y todos corrieron hacia el vehículo con los brazos levantados. con sus imponentes magnolias en el frente y los bojes. le contó que ahí estaba enterrada Justine. de éste a Ruby. Permaneció inmóvil. Giraron hacia el prado. húmedo. Pasaron por Oakleigh. Glicinas.. pulcramente recortados. Ante el cementerio. engalanada con tantas flores. rico. y Gandy le dijo: —Aquí. lustrosa como una perla en medio de los prados de esmeralda. te extrañé! Agatha fue presentada a Zach. Agatha pasó de Pearl a Ivory. nubes blancas. con los ojos cerrados y decía: —¡Eh. y todos la abrazaron. más majestuoso de lo que la acuarela de Scott fue capaz de representarlo. su magnífica rotonda y sus bancos de hierro forjado que semejaban una labor de encaje. Lo contempló. desde la curtiembre. ¡Al bajar la mirada. Marcus. sonrió a Agatha pero se .. Luego. y Willy le contó que ahí vivían la abuela y la madre de A.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR besaba. Como en Florida. Willy. perfecto caballero. Y cornejos. Después. Más grande. Scott sonrió al verla. Scott y Moose subieron a un coche con muelles negros y arrancaron hacia el nuevo hogar de Agatha. desde antes de la guerra. con la mano apretada contra el corazón tumultuoso. Waverley. no le creas una palabra. —¿Te gusta? La respuesta fue como había esperado. ella. prevalecía el olor del Sur. florecían los junquillos en grupos tan extensos que parecía que hubiesen caído trozos de sol a la tierra. algodonosas. A Agatha ya le encantaba. radiante incluso con un vestido de algodón gastado. agitada. vociferando a todo pulmón: —¡Llegaron! ¡Llegaron! Y antes de que el coche se detuviera. la máquina de coser y todo el equipaje de Agatha. haciéndola girar en círculo. Pasaron ante una pequeña iglesia blanca en medio de un conjunto de pinos. Después apareció Jube. incluyendo el sombrero que Gandy lanzó por el aire a último momento. y se hubiesen despedazado sobre la hierba. muda. y se le aceleraron los latidos del corazón: al fin estaba ahí. sonriendo. desbordante de orgullo por el aspecto de la casa. felicidades! Las dos mujeres se apartaron un poco y se miraron. lo apretaba con demasiada fuerza.

—Leatrice —dijo—. El joven hizo ademanes como de verter aceite e hizo un gesto interrogante con la ceja. Cuando el barullo del recibimiento cedió un poco. pero tengo la sensación de que. Se acercó Willy. por lo tanto. y lo seguían Jube y las chicas con otras piezas del equipaje. con un saco de cuero colgando del cuello por medio de una correa. Había otra persona que esperaba en los escalones del frente con las manos cruzadas sobre la barriga protuberante. el último con el sombrero de Agatha con flores rosadas encasquetado en la cabeza. Y yo sé quién. Marcus! Estoy muy contenta por vosotros. —¿A dónde llevo estas cosas? —preguntó Jack. —Apuesto a que sí. —Al salón de la derecha —respondió Gandy. abrazaron a Agatha o la besaron en la mejilla. una mujer con la forma de un búfalo de agua. Convivir con este muchacho fue peor que hacerlo con un oso salvaje. Quizás ahora obtengamos de este sujeto algo más que gruñidos. Scott tomó a Agatha del codo y la acompañó hasta los escalones de mármol. —¿Y dónde voy con esto? . está aceitada y lista para funcionar. a que le presentaran a la viajera. La recién llegada le dio un impulsivo abrazo. Agatha se lo arrebató. —¡Felicidades. Agatha acomodó los pétalos del sombrero y miró a Gandy con expresión provocativa. mujer de Kansas. Por cortesía. supongo que se quedará.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR quedó atrás. a veces. Haremos el vestido de la novia en menos que canta un gallo. que no podía ser otra que Leatrice. —¿De dónde sacaste ese sombrero. al fin. Es caprichosa e irrazonable. Leatrice habló con una voz como la de una locomotora con dificultades para dar la marcha atrás. Leatrice esperó. A Gandy se le enrojeció el cuello y se miró los pies. como le advirtió Gandy. —Señaló a Gandy con el pulgar—. arrastrando la sombrerera. como una reina sobre la plataforma. —¡Ja! —Leatrice reacomodó las manos cruzadas sobre su panza de barril—. —Bueno. Todos. —Es mío. hay alguien que lo necesita. muchacho? —preguntó Leatrice. ésta es Leatrice. menos ella sonrieron y rieron. Mientras se metían dentro. Agatha se abstuvo de mirarlo. Todos. me gustaría presentarte a Agatha Downing. —De modo que aquí estás. A decir verdad. —Oí hablar mucho de usted. Jack y Marcus subieron la máquina de coser. casi tan grande como él. ¿no es así? Agatha rió. oí decir que usted gobierna con mano de hierro. Leatrice. y los hombres entraron. Llegó Zach con el equipaje y los hombres comenzaron a descargarlo. Todos menos Leatrice. Pero yo estuve más tiempo bajo el agua que ella lejos de Waverley y. Zach e Ivory los siguieron con un baúl. menos Leatrice hablaban al mismo tiempo. y nada bueno.289 - . —Sí. la mujer hedía como una mofeta. y no sé por qué la conservo. pero el amo de Waverley emitió la primera orden: nada de sombreros para mí. Agatha.

los setecientos dieciocho. una gran chimenea y. y entraron en la gran rotonda donde se detuvo un momento para recuperar el aliento. una bella habitación con cuatro ventanas altas. Amplia y luminosa. la espiral de red. al otro lado del lustroso suelo de pino. imponentes. Por otra parte. al preguntar: —Leatrice. Gandy le sonrió a Agatha y dijo: —Vamos. no tenía más que dar un paso entre las escaleras gemelas y estas lo estrecharían como dos brazos fuertes. Poseía dignidad. Jube no. Scott llevó a Agatha a trasponer el portal más ancho y alto que ella hubiese visto jamás. suspiró y. pero éste es la cosa más fea que he visto nunca. a la izquierda. Es un misterio para mí por qué una mujer con un cabello como el tuyo querría cubrirlo con flores rosadas de calabaza y cerezas. las puertas que daban a las habitaciones del suelo alto. Desde el principio tuvo esa impresión: que Waverley tenía vida propia. un hueco en la pared. la elegante araña de bronce. con puertas corredizas abiertas. ¿Cómo pudiste estar lejos de aquí tantos años? —No lo sé —respondió Scott—. Ahora que he regresado. constituyendo un gracioso marco para las puertas de atrás. las ventanas. sus proporciones empequeñecían a sus moradores. con el pestilente saco de asafétida en el cuello y el sombrero rosado en la cabeza. —No te ofendas. —Preparada para ser usada otra vez —comentó Agatha—. Qué hermosa. —Alzó los ojos hacia el alto techo . te mostraré la casa. también semejantes. a la izquierda de la entrada. —Muéstrame lo demás. mostrando dos recibidores idénticos a cada lado y las escaleras iguales que descendían desde lo alto. —Señor... ¿cree que podría aprovechar un sombrero rosado un poco usado? Leatrice dilató los ojos. —No.290 - . ganó para siempre el corazón de la negra. Agatha.. que parecían las costillas de un ser monstruoso. y tendió las manos con gesto lento y reverente. se les imponía. Dejaron a Leatrice en los escalones del frente. distinta de sus habitantes. Pero esa dominación estaba atemperada por cierto aire de protección. y lo protegerían de todo peligro. los fijó en la bizarra creación.. Sin duda. realmente no me lo explico. Agatha cesó de manosear los pétalos de seda.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Gandy miró con disgusto el sombrero con sus rosadas flores de calabaza. como si se sintiera superior por haber sobrevivido a la guerra. rodeado por un decorado de yeso. La llevó a la sala del frente. —¿Esto? ¿Para mí? —Si no le molesta que esté un poco usado. —La alcoba nupcial —anunció. las pasarelas. —Me encanta —afirmó—. y los husos. —Jube está fascinada. me refiero a la casa. debe de estar contenta. y el racimo de cerezas en medio de un grupo de hojas verdes. casi por casualidad. Agatha tenía la sensación de que si uno necesitaba refugio. Miró arriba y lo que vio era tal como lo había imaginado: El techo en forma de cúpula. Era majestuosa. con un toque desafiante.

Tiene.. al este. a cigarro. nunca más. —¿Para mí? —Entró—. Quería agradecérselo. el suelo estaba desnudo y reluciente. —Quería que estuvieras en el suelo principal.. sin la alcoba. el sendero de entrada. pero con una rareza: un armario con espacio para entrar. los restos de uno en un cenicero de pie. Al levantar la mirada. Mi madre también.! Lo que quiero decir es que me sobraría la mitad del espacio.. —¿Y Willy? —Willy también. los bojes y. el humidificador. en la plantación. y aunque no sonreía se lo veía tan complacido de que ella estuviese ahí como Agatha se sentía de estar. —Te mostraré el comedor —dijo.. —Pensé que yo era el único que todavía lo creía. Por las ventanas bajas del frente vieron los árboles de boj que la madre de Gandy había llevado desde Georgia. una con una vista al sur. el almuerzo al mediodía. presencia. por fin. pasó al piano. ¡Pero. el río. te mostraré mi habitación preferida. Tenía el corazón rebosante. Todo brillaba: las cuatro ventanas. —Va muy bien contigo. y una pluma con punta de metal que parecía aguardar para ponerse a trabajar una vez más. girando para abrir la marcha por el pasillo. Los atardeceres de Agatha ya no serían solitarios. —El desayuno es a las ocho.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —. Ven. —Y ésta es tu habitación —le dijo Gandy. con el libro mayor abierto sobre el escritorio.291 - . con gabinetes empotrados para guardar la porcelana. pero ya la llevaba hacia la otra sala de adelante. y se sentía abrumada. sin duda lleno de cigarros. más grande que cualquier despensa que Agatha hubiese visto. pasó las yemas por la superficie encerada de una mesa Pembroke. sobre ella. otra araña de gas. y dé su aprobación al modo en que hiciste revivir la casa. lo sorprendió observándola. El olor de Scott. cediéndole el paso. Personalidad. Si estás de acuerdo. Había una elegante cama con . al otro lado del camino. poseía un aspecto de habitación en la que se vivía. Era una habitación idéntica a la primera sala.. y los pasos de los dos resonaron mientras caminaban por el cuarto. Bajo la mesa. hacia los jardines de adelante. —Oh. donde tocó una nota que quedó vibrando en el aire—. Entonces. cuero y tinta.. ¿no es así? —Caminó alrededor de una silla Chippendale de patas palmeadas. También a Agatha la oficina de Scott la conquistó a primera vista. una maciza mesa rectangular y. y compartimos la mesa con los huéspedes. Era mucho más personal que la sala del frente. La máquina de coser y los baúles ya estaban instalados en la amplia habitación. un tintero de cristal. que estaba cerca de la silla junto al escritorio. —Quizá sí. También el comedor era inmenso. Ésta es siempre formal. Scott Gandy le daría otra cosa más: ese inefable sentido de familia que cundía en torno de la mesa de la cena más que en ningún otro lado. —Quizá mire desde su tumba. y la cena. Era demasiado. pero es tan grande. estoy más que de acuerdo. usaremos ese rincón como salón de clase para Willy. predominaba. a las siete. el respaldo de un airoso sofá. para que no tuvieses que subir las escaleras con frecuencia.

—Hola —la saludó la mujer.. Son nuestros primeros huéspedes oficiales. —Ya he tenido intimidad. Así. Había pensado. una silla tapizada en tela de flores coloridas. que podrían rendir dinero si se usaran para los huéspedes. Agatha encontró la mirada de Scott en el cristal. montado sobre puntales giratorios. la más flamante de los residentes permanentes de Waverley. sin nadie que fuese a golpearme la puerta e interrumpirme o molestarme. un poco más angosta. Delante del espejo de pie. —Tu responsabilidad es cuidar de Willy. podrías tener las puertas abiertas mientras trabajas aquí. Gandy dio unos pasos hacia el interior de la habitación y se detuvo junto a la cama. —¿Puedes subir sin problema? —Nada sería capaz de detenerme —contestó. ¿van a los establos? —Así es —dijo el hombre. Al instante. Agatha murmuró una respuesta cortés. Gussie. mirando sobre el hombro. Gandy subió corriendo. Vestían ropa de montar. Mientras subían. me gustaría presentarles a Agatha Downing. —Pero esto es más de lo que yo esperaba. —Ven a ver mi cuarto. los huéspedes se sentirán como si fueran de la familia. Tironeó. —Estoy contento de que estés aquí. irrumpió Willy por la puerta. un espejo de pie de un metro y medio de alto. y Scott los siguió y se quedó al pie de la escalera de la derecha. Gussie. señor y señora Van Hoef. De pronto. —Es un día perfecto para cabalgar. —A Agatha le explicó—: Robert y su esposa. una pequeña cómoda doble con cajones también en la parte superior. Aunque me provoca algo de culpa quedarme con una de las habitaciones más encantadoras de la casa. preguntándose si tendría noción de lo que significaba para una mujer como ella tener un cuarto semejante en una casa como esa. —Hola.292 - . y tomó a Agatha de la mano. Por supuesto. No es tan deseable. Además. salvo a la noche. Se dio vuelta con lentitud. —Lo siento. El lugar más hermoso en el que he vivido. a Agatha la sorprendió cruzarse con una pareja de mediana edad que bajaba. —Esbozó una sonrisa que venía del corazón—. Durante el día.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR colgaduras de brocado blanco. y no se me ocurre cómo podrías hacerlo desde las cabañas de esclavos. impaciente. —¿Ya hay huéspedes? .. tan grandes como éste. viendo cómo subían. para darte sensación de intimidad. Durante muchos años viví en ese apartamento oscuro y pequeño. y el matrimonio siguió su camino. dejaré las puertas abiertas mientras trabaje aquí. y una mesa de biblioteca sobre la que había un gran ramo de forsitias doradas. Gussie. llegaron ayer de Massachusetts. Scott. Debra Sue. —Ah. No imaginas lo espantoso que fue. No gozarás de mucha intimidad. Señor y señora Van Hoef. hay otros tres cuartos de huéspedes arriba.

Entonces. pero Agatha lo tomó del brazo y negó con la cabeza. Y ésta fue la última vez que lo hiciste. Willy estaría impaciente por mostrarle a Gussie: los juguetes. y lo he dicho en serio! Willy se creía gracioso balanceándose en la balaustrada. Todo lo hicisteis tú y los demás. vuelve aquí! —gritó Scott. y lo vieron ocultarse más allá de la escalera curva. en el suelo bajo. Scott? Es en ese cuarto donde Justine suele visitar a Willy. —No tengo miedo. Cristo. Cuando salieron del cuarto de los niños y continuaron hacia la puerta del próximo del de huéspedes. no sé por qué te pones así. no tenía idea de cómo haría para que Waverley fuese productivo otra vez. Nadie se enfada. supieron que Willy estaba escuchando. . Willy siguió bajando la escalera. Gussie! Agatha levantó la cabeza y contuvo el aliento. exhibiéndose. Cuando Agatha llegó hasta ellos. pero si es encantador. —¡No quiero! ¡Tú sola puedes mirar mi tonto cuarto! —¡Willy.. ¡Qué diablos. Puedes decirle a Pearl que te lo dije yo. quítalo de allí. Scott iba tras él. Gussie? —No.. Oh. —Scott. Todos. —Jovencito. estaba seguro. Willy se había adelantado y estaba inclinado sobre la baranda de la pasarela. —Pero yo no hice nada. Cuando me marché de Kansas. estaba furiosa.. Sólo le llevó unos segundos sacarlo de la baranda y depositarlo en el suelo. ¿Sabes por qué está aquí. —¡He dicho que te bajes.293 - . balanceándose sobre la barriga. comprendí el potencial que había en este sitio.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Van Hoef dirige una harinera. cuando estábamos hablando de Waverley. Y ahora. —Porque una vez me dijiste algo. y Scott hizo una inspección breve. la vista a los establos. ¿entendido? Willy se enfurruñó. —Se encaminó hacia la puerta—. Te referiste a él como un tesoro nacional. te haré lustrar los husos uno por uno. Si no hubiese sido porque insististe en que volviera. y prosiguió—. contándole de cada cosa que. y se lo considera uno de los cinco hombres más ricos de Massachusetts. Oyeron que los pasos del niño aminoraban y se lo imaginaron mirando hacia arriba... —¡Date prisa. Un día. el caballo mecedora. Las palabras llegaron con perfecta claridad por la rotonda: —¿Por qué no me lo muestras tú. estaba mirando por la ventana de la rotonda —miró hacia allí. tal vez no lo habría hecho jamás. Pearl me anseñó a deslizarme por la baranda! —¿Qué? —Me anseñó. ansioso. ¿verdad? Me gustaría que me cuentes al respecto. si te vuelvo a ver haciendo eso otra vez. y otra vez a Agatha —. mejor. y recordé tus palabras. —Bueno. —¡Willy! ¡Bájate! Las risas burlonas del niño rebotaron en la enorme cúpula. de abajo arriba. Quería darte las gracias por instarme a regresar. —Enseñó. ¿qué tal si me muestras tu cuarto? A Willy le pareció que lo mejor era tomarse revancha. ¿recuerdas? —No se acordaba. Recorrieron la habitación.

—se paró en la entrada del dormitorio que estaba sobre el salón principal— . A los postes de las esquinas estaban sujetas ondas de tul blanco y.. —¿Ves ese campo. y un dibujo de bambú color albaricoque. donde había sido concebido el heredero de Waverley. al frente —. Lo usaron mis padres. La chimenea estaba hecha de mármol de Carrara con un guardafuego de hierro forjado. Los Van Hoef se instalaron aquí. —Sí. ante las idénticas ventanas del frente y. El dormitorio principal estaba decorado con el mismo tono de azul hielo del chaleco que Gandy usaba ese día. había una mesa con tapa de mármol. Agatha. pero mejoramos una por una las cabañas de los esclavos. —Señaló el que estaba frente al de Willy—. con los dedos apoyados sobre el borde de la ventana.. quiero verla. —De todos modos. —Ah. Es grandiosa. con postes tallados a mano. Una alfombra hecha a mano de un azul más intenso con un dibujo de color herrumbre en el borde cubría el centro del suelo original de pino. Agatha dudó en trasponer el umbral. Y este. Así puedo alquilar éste. después Delia y yo.es el dormitorio principal. El dibujo se repetía en un par de sillas Chippendale enfrentadas. —¿Vendrán pronto huéspedes que ocupen esta habitación? —La semana que viene. Y ahí. unos lazos también azul hielo. Vio que alzaba la barbilla. Subieron el último tramo de escalera que los llevó. al parecer sin inmutarse de cederles su cama a los extraños—. su impaciencia por mostrarle todas sus posesiones. y dejaba el resto expuesto. su perdida Delia. Delia. Un tocador haciendo juego ocupaba casi toda una pared. No le agradaba en absoluto presenciarlo. En las ventanas. El bronce y los hierros relucían. con los ojos fijos en la cúpula octogonal que remataba la mansión como una corona resplandeciente sobre la cabeza de un monarca. con sus globos de cristal trabajados al agua fuerte. había un óvalo convexo firmado por Prudent Mallard. de palo rosa. al fin. —Señaló el cuarto este. Sin saber por qué. dominaba el espacio. Tenía la sensación de que sería una profanación que entraran extraños en la gran cama Mallard. Comparto el cuarto de Willy. Percibió su orgullo. En el centro de la cabecera.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Al principio. entre ellas. —¿Te gustaría contemplar la vista desde arriba? —preguntó. Una alta cama con baldaquino. Jube y Marcus están arreglando el viejo mirador y se mudarán allí después de casarse. se tambaleó.. armonizando con la araña. formando parte del intrincado tallado. . pero son muchos escalones. a la pasarela. se extendía la herencia de Scott. —Tú naciste aquí. similar al de las colgaduras de la cama.294 - . una escalerilla portátil de tres escalones para subirse. abajo. para que cada uno tuviese una casa propia. —Es impresionante. usamos todas las habitaciones de arriba para nosotros. cuando reabrimos Waverley. junto a ella. Y mañana llegarán huéspedes de Nueva York y les daremos ese cuarto. ahí? Lo señaló. ¿Todavía la añoraba? —¿No lo usas para ti? —No..

bueno. —Huele mucho mejor que White Springs. Llegaron a la zona de la piscina y después a una construcción de madera pintada de blanco entre robles y nogales. tendrás problemas.. —¡Lecciones! Pero yo iba a. sentado en el último escalón. Pero antes de que hagas planes para ir con Zach a los establos. Por eso está aquí Gussie. No sucede por sí mismo. Tenía razón. tócala. —Y estarás preparado a la hora que te indique. al otro lado del camino. estaba fresco y umbroso. tocó el codo de Agatha y le indicó la puerta principal. ¿Entendido? —¿Y tú? —¿Yo? Oh. —¿De dónde proviene el agua? —De pozos artesianos. tienes que preguntar a Gussie si está de acuerdo. —Hemos plantado un poco de algodón. —¿Cómo podré estar listo si todavía no sé la hora? —Ésa será tu primera lección. hacía pucheros. alumbrado por pequeñas ventanas. —¿Y ves esa construcción al otro lado del camino? —Ahá.. Si quieres transformarte en un caballero cuando seas mayor. Agatha recordó la sensación de ingravidez. ¿Y ves esa pradera que baja hasta el río? —Miraron hacia el este—. y le encantó la idea de poder experimentarla cada vez que quisiera. Y si te da una orden y no la obedeces. pasaron por los jardines ornamentales y el prado. —¡Está bien! ¡Iré! Scott y Gussie intercambiaron una sonrisa disimulada. lo suficiente para que los huéspedes tengan una impresión de cómo era antes. se toparon con Willy que. —Ésa es la piscina. Gandy dijo: —Willy. y. Gandy se dio la vuelta. o al pueblo con las chicas. —Vamos a ver la piscina. mañana comenzarás a tomar lecciones con Gussie. ¿Quieres verla? —¡Me encantaría! Al llegar al suelo principal. Fueron recorriendo la pasarela. los tres juntos. Les aclaré bien a todos que hay una sola persona que te dará órdenes: es Gussie.. Scott rió. y escúchame. como hoy en la baranda. ¿Quieres venir con nosotros? Como seguía enfurruñado. pero en medio del verano es un alivio después de un día caluroso. y ser inteligente y agradar a los demás.295 - . pienso llenarla de caballos.. un tramo de anchos escalones de mármol para entrar. .. o al bosque con Jack. en un extremo. hasta llegar a un punto desde el que miraban al sur. La piscina misma estaba hecha de ladrillo rojo y. tendrás que aprender. hacia el sendero de coches. Dentro. A medida que pueda. —¿Es fría? —Helada. —Ivory dice que va a enseñarme a nadar —anunció Willy. Deja de dar excusas. a veces tal vez te las dé yo. Andando por el sendero de grava. —No será tan elegante como la de White Springs..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Sí.

lo que te parezca mejor. Agatha miró a Gandy sobre la mesa. ¿no sólo a chapotear sino a nadar bien? ¿Con la cabeza en el agua? Scott respondió por él. la iglesia.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿A nadar en serio? —preguntó Agatha—. —Para un chico de seis años. Gandy reforzó la orden con una sola exclamación: —¡Willy! El niño fue rezongando pero volvió con los nudillos inmaculados. resultó diferente. Willy estará en buenas manos. y de formar parte de la camaradería que reinaba en torno de la mesa. pensaba no darle más de tres horas de clase por día. —Sí. Por eso conseguía el trabajo de revisar los daños bajo el agua cuando era changador en los barcos fluviales. pero para los negros. Scott. Tal como en la época de Kansas. se acercó a él y le preguntó: —¿Qué me dices respecto de ir mañana a la iglesia? —¿La iglesia? —repitió. quieres decir? —Bueno. no es que no quiera que vaya.. eh. . —Está bien. de niños. —¿De los negros? ¿Bautista.296 - . casados o no». Esa noche. y no tenía sentido hacerlo levantar exageradamente temprano: al comienzo. Oh. Es un nadador resistente. para la cena.. —¿Tres horas? ¿Nada más? —se asombró Scott. Gussie. Poco a poco. del hombre. sorprendido con la guardia baja. está bien. —¿Y la pequeña iglesia blanca por la que pasamos cuando vinimos? —Es de los negros. —Bueno. comenzó entre Agatha y Scott una cooperación inconsciente en lo que se refería a Willy. del pequeño. bautista. Si bien Gandy había dicho que Agatha sería la única encargada. antes de que construyeran la piscina. Agatha preguntó si no había inconveniente en que Willy durmiese hasta más tarde y comenzara las clases a las diez. se consultaban mutuamente cada asunto que concernía de manera directa a la crianza o el bienestar del chico. no puedes descuidar la educación espiritual del niño. —Ivory y yo solíamos ir a nadar juntos al río. De ese modo. El sábado. Reservaremos tiempo todos los días para las lecciones de natación. Quiero decir. al anochecer. pues estaría ocupada en otras tareas hasta esa hora.. es que la iglesia más cercana está en Columbus. —Entonces. Agatha mandó a Willy a lavarse de nuevo las manos pues la primera vez no estaban demasiado limpias y. y pensó: «Somos mejores padres que la mayoría. Mientras esté con Ivory. —¿Eso significa que estás de acuerdo en que le enseñe a Willy? —Totalmente. A la mañana siguiente. —Su semblante expresó decepción. Willy estuvo asistiendo. cosa que hizo encogerse al hombre—. —No asistió. Y gozó del momento. aumentaré el tiempo. como se quejó. tres horas pueden ser como dos días para un adulto. sí.. ¿no es verdad? Gandy carraspeó: —Bueno.

Willy siempre recibía propina. Leatrice. —¿Acaso no le rezamos al mismo Dios? ¿Qué importa si es bautista o presbiteriana? —No importa. firme. Pero después. las uñas lustradas y recortadas en forma de óvalos perfectos. Gussie. Era capaz de hablar con cualquiera. a Gandy la propuesta le resultó tentadora. estaba esperándolos sentado en uno de los bancos de bois d'arc. A fin de cuentas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Van Leatrice y Ruby? —Leatrice sí. pero rezará con nosotros. usando el llamativo sombrero rosado. Es presbiteriana. Agatha y Willy fueron a la iglesia con Leatrice. conocido o no. el cabello siempre impecablemente peinado. —Bueno. Al comprenderlo. Era placentero saber que estaba ahí. se adaptó y dejó que él se ocupara de corregir el error. A partir de entonces. La primera vez que sucedió. en la galería norte. Mose. orgullosa. pues comprendió que el encanto del niño en sí mismo ayudaría a que la gente volviera. el pequeño que adoptó el amo. se ocupó de presentarlos. Gandy no se sorprendió de que Agatha se adaptara. —Qué raro. levantándose cuando Agatha subió los escalones. —¿Lo habéis pasado bien? —preguntó. era la imagen de la gentileza que los invitados habían imaginado al hacer las reservas para la mansión Waverley. Es que los blancos y los negros no se mezclan en la iglesia. Y para su sorpresa. de Kansas. fueron mujeres como ella las que lograron que todo el Estado de Kansas apoyara la prohibición. ¡Pero es de ellos! —¿Me echarán? —No. —Éste es Willy. no entiendes. Del mismo modo que había cautivado su corazón cuando lo conoció. Gandy advirtió que Agatha se ruborizaba y le echaba una mirada fugaz. ¿No crees que sería el lugar ideal para que lo hiciéramos? Así. Ruby no. En realidad. La próxima vez tienes que venir con nosotros. —Pero. Los huéspedes la adoraban. Cuando regresaron. Agatha encargó a Marcus que le fabricase una alcancía en forma de banjo. reuniéndose con Gandy en el vestíbulo para abrir juntos la puerta principal y darles la bienvenida a todos los que se apeaban del coche. Bertrissa y Caleb. confiable. Zach. Era lógico que muchos de ellos los considerasen marido y mujer. Willy conquistaba a ricos industriales y a sus esposas minutos después de que hubiesen puesto los pies en la mansión. Emanaba un aire aristocrático que a las otras chicas les faltaba. y se dirigiesen a ellos como «el señor y la señora Gandy«. Agatha se hizo un hábito de saludarlos cuando llegaban. Se acostumbró a levantar la vista desde el escritorio de la oficina para ver a Gussie trabajando en su habitación. Con sus finos vestidos. entonces le diré a Leatrice que Willy y yo iremos con ella. amplió la tarea y le asignó la de guiar en una gira por los establos y los campos a cada contingente que llegaba. y la señorita Agatha Downing. —Es una iglesia pequeña y encantadora. . Agatha dio a Willy la responsabilidad de acompañar a cada recién llegado a la habitación correspondiente. no te echarán. con las cuerdas sobre la ranura.297 - . saliendo del cuarto.

aunque sí sabía los números y podía anotarlos él mismo. que no le fastidiaba ahorrar. el chico aprendía los nombres de las herramientas. y cómo el joven levantó el vestido de la muchacha hasta la cintura y que ésta reía y corcoveaba como un potro cerril. las chicas se escabullían hacia la piscina de ladrillos e iban a nadar sin otra cosa más que los calzones.) Le explicó que. Las imágenes que bullían en su mente la dejaron desasosegada. Las tres horas diarias de trabajo formal con Willy no eran el único tiempo invertido en su educación. sin duda reemplazaría a Scott en el manejo de Waverley. el modo de ajustar la herradura. con la fecha. le enseñó a usar la cinta de medir. al levantarse para abrir la ventana.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR de modo que sonaran cada vez que metía una moneda. Willy también le enseñó cosas a ella. ¿Acaso eso no es también una lección? Demasiado avergonzada para mirarlo en la cara más tiempo. mandaba a Willy con él para que aprendiera. —Son cosas naturales. Fue la primera vez que no recibió su apoyo. le enseñó a contar dólares y centavos. Si alguno de los hombres iba a pescar. y a sumar. le enseñó el valor del ahorro. A Agatha la escandalizó la cantidad de cosas atrevidas que Willy había presenciado en ese lugar mientras andaba sin que nadie lo educase. pero también capaz de divertirse. huyó de la oficina. Estaba tan encantado cada vez que echaba una moneda. Agatha le hizo un libro de contabilidad en miniatura y le enseñó a ingresar cada propina que recibía. Pasó varias noches preguntándose qué habría visto Willy cuando los caballos se aparearon. ¿Qué clase de enseñanza es ésa para un niño de seis años? —Están enamorados. —Y aprendió junto conmigo que así es cómo opera la naturaleza para procrear. No veo nada de malo en que presencie cómo se aparean los caballos. Trató de imaginar cómo sería experimentar esa paradisíaca levedad sin otra prenda que una fina ropa interior de algodón. (Hasta que aprendiese a escribir. y a Jube y Marcus. el ángulo apropiado del casco. Si Leatrice pelaba bagres. sobre todo. y le habló a Scott al respecto. cuando fuera mayor. Gussie. Le contó cómo Prince y Cinnamon se mordisquearon y fingieron indiferencia antes de que el potro montara a la yegua con su gran pene que colgaba casi hasta el suelo. Se le enseñaban modales siempre que la ocasión lo exigiera. la cantidad y el nombre de la persona que se la había dado. vio luces que titilaban en dirección de la piscina.298 - . le preguntó si era cierto . incómoda. y que tendría que aprender cómo llevar los libros. acalorada y. para que al crecer fuese trabajador. como lo hacía él. cómo se había topado con Jube y Marcus cerca de la vieja curtiembre. poco antes de la boda. en lugar de explicárselo. a petición de Agatha. en ocasiones. cuando estaba probándole el vestido a Jube. Al mismo tiempo. Y también. Un día. Y que. —Tiene sólo seis años. y Marcus. le mostró cómo aceitar la máquina de coser. procurando que tuviera cantidades similares de ambas cosas. Agatha misma le enseñó que jugar era la recompensa por trabajar. Agatha le pedía que le mostrase a Willy cómo lo hacía. Cuando Zach recortaba cascos de caballos o los herraba. Cuando Agatha cortó el vestido de boda de Jube. aceptó escribir ella misma los nombres. —Y vio a Jube y Marcus. Pero.

agitar los pies y usar las manos como si fuesen aletas de pescado. Y a descansar en el agua tomando una gran bocanada de aire. y todos los antiguos esclavos que habían regresado parar ayudar a que la propiedad floreciera otra vez. una cerilla aplicada a la lámpara simple proyectó una tenue luz anaranjada sobre un rincón del gran recinto. las tres habitaciones estaban ocupadas). pero Agatha se prometió que volvería sin demora. Se reunieron en la sala del frente. y todos los huéspedes regulares de la mansión Waverley (a esa altura. Después. más frío y suave en el borde de la piscina. —Dos gritos agudos resonaron. y desatando el nudo del cinturón. Fueron esa misma noche. subía a la superficie y quedaba ahí. Llevó más tiempo del que pensaba terminar el vestido de Jube. no estamos asustadas! ¡Acércate. no. El salón brindaba un marco espléndido para .299 - . se quitó la bata y bajó los escalones de mármol como una diosa de ébano desnuda. paradisíacos. Terminó demasiado pronto. se acostumbró a la temperatura como le había pasado en White Springs. Pero cuando se metió. pero Agatha había hecho tan pocas cosas prohibidas en su vida que era un placer romper las reglas por una vez. —¡Caramba. que gorgoteaba un poco. las dos se aliaron para vengarse de Jube y pronto las tres jugueteaban como niñas. Se repitieron la ingravidez y el placer que recordaba. reteniéndola y sintiendo que subía. Y cómo soplar por la nariz para que no se le llenara de agua. Jube se volvió. sin más ropa que una delgada ropa interior bajo el camisón.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR que las chicas iban a nadar después del anochecer. preguntó.. deslizándose por el camino como cuatro espectros. por fin. Llegaron a la casa de la piscina riendo entre dientes y encontraron el camino a tientas en la oscuridad. Agatha fue mucho más lenta para mojarse. Y a sumergirse no muy hondo y emerger con la nariz por delante. Jube bromeó: —Miremos si hay mocasines de agua. luego tocaron el mármol. inocente—: ¿Alguna está asustada? Ruby la empujó. como si flotara sobre una nube en el cielo. fantasmales. la tierra húmeda se les pegaba a los pies. Luego. Llevaba puesta una combinación de algodón: una prenda sin mangas que se abotonaba en un hombro y en la ingle.. así puedo tomarme la revancha! Ruby rió. todo estuvo listo y el ministro de la Iglesia Bautista de Leatrice aceptó celebrar la ceremonia. andar descalza de noche. Pero. y Agatha le pidió si podía ir con ellas la próxima vez. con bata y todo. los preparativos para la boda avanzaban. Tal como Gandy había dicho. en una dorada tarde de principios de abril: la familia de Gandy. y que la cabaña del mirador estuviese habitable. los camisones como manchones blancos bajo las magnolias gigantes. no era propio de una dama. Sin duda. y combinaba calzones y enagua en una sola prenda. Le enseñaron a ponerse de espaldas. Las chicas nadaban de un modo rudimentario. y protestaron. en las paredes y la superficie del agua. Jube dijo que sí. Jube las salpicó. estaba helada. estaba fresco. Entre tanto. seguida por Pearl.

Willy se removía. El ministro preguntó quién sería testigo de la unión. Usaba unas gafas redondas y no podía quedarse quieto ni cuando hablaba. y el chico se calmó. Marcus asintió y. Ellos también estaban radiantes de felicidad. le murmuró algo al oído. estaba junto a Marcus que lucía elegante de gris. quiero —respondió en voz baja. hacia la felicidad eterna. Qué breve fue esa felicidad. os declaro marido y mujer.. Ivory tocaba el piano. ¿quieres por esposa a Jubilee Ann Bright. y Gandy dijo: —Yo. extendido como un camino dorado por el que sólo hacía falta que avanzaran de la mano.) El ministro preguntó: —Tú. con el sol entrando oblicuo por las altas ventanas que daban al oeste y los arbustos de azalea repletos de flores. su color. Pero en cuanto abría la boca. y la túnica colgaba de su cuerpo flaco como una bandera en un día sin viento.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR la pareja nupcial. «Queridos bienamados. en lo bueno y en lo malo. En la alcoba nupcial Jube. tanto afuera como adentro. Entre él y Agatha. Scott vio que Gussie sacaba un pañuelo de la manga. hasta que la muerte os separe? Responde asintiendo.300 - . Se habían colocado enormes ramos de azaleas rosadas sobre el piano y las mesas. en la riqueza y en la pobreza. Marcus la tenía de la manO libre. —Sí. La mujer se inclinó hacia él. comprometiéndose a compartir el futuro. Pearl y Ruby dijeron a dúo: —Nosotras. con el rabillo del ojo. evocando el día en que él y Delia oyeron las mismas palabras en la misma alcoba. el sacerdote accedió. para tenerla y sostenerla desde hoy en adelante. (Jube había insistido en tener dos testigos mujeres. está llorando. y con el poder que me confiere Dios. radiantes de amor. como tu fiel esposa. en toda la habitación. La voz de bajo profundo resonaba como un tambor en la selva. Willy miró a Gussie y murmuró: —¿Por qué lloras? Gandy le apretó el hombro. toda vestida de blanco.. hacía olvidar todo lo demás. Oliver se adelantó y sonrió. Jube sostenía un ramillete de azaleas blancas unidas por una sencilla cinta de satén blanco. ¿Por qué llora? Pero no obtuvo respuesta. y a la larga. Era un hombre delgado y alto. en la enfermedad y en la salud. como ahora Jube y Marcus. Tenían el futuro por delante. corto de aliento. y cuan poca disfrutó desde aquel entonces. Marcus Charles Delahunt. Scott vio que Gussie se enjugaba los ojos. El reverendo Clarence T. El sacerdote le repitió la pregunta a Jube. Scott estaba abstraído contemplando a . dejando de lado a todos los demás. —En presencia de estos testigos. mientras Ruby y Pearl entonaban «Dulce es el florecer primaveral del amor». y aseguró que no podía elegir entre las dos. Envidiaba a Marcus y Jube. benevolente. Él también deseaba eso. El chico pasó la vista a Scott: —Bueno. Abrió la Biblia y la ceremonia comenzó. a la pareja de novios.» Gandy estaba cerca.

Willy y yo! . la vieja magnolia se hubiese caído sobre el tejado: Tendríamos que ser nosotros los que estuviésemos en esa alcoba. la curva de la mandíbula. observando el juego del sol dorado sobre las brillantes ondas cobrizas de su pelo.301 - . ¡Tendríamos que ser Gussie. La convicción lo golpeó con tanta brusquedad como si. Y absorto en el súbito palpitar enloquecido de su propio corazón. la lozanía de los labios que cubría a medias con el pañuelo. de pronto.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Agatha secarse los ojos. de perfil a él.

ver prosperar el negocio y compartir el éxito con ella. mientras Willy daba de comer a los pavos y los huéspedes se sentaban en los bancos de bois d'arc oliendo el césped recién cortado. cuando las muchachas cruzaban el prado con las faldas armadas de miriñaque. Y a menos que se equivocase. y llenarían los cuartos hasta que estuviese obligado a agregar un ala a la casa. Cuando se retiraban a la gran mesa del comedor y compartían la comida conversando alegremente. quería estar seguro de que se acostaría con ella y se levantaría con ella. tratando de reemplazar la felicidad genuina de la vida familiar por la alegría ficticia de la vida nocturna. influencia serena sobre las chicas. LeMaster Scott Gandy quería a Agatha Downing por esposa. en la vejez. quería contemplar el magnífico cabello caoba. ¿Y qué pasaba con él y Gussie? ¿Cuándo Scott fue más dichoso que cuando ella llegó a Waverley? ¿Quién había hecho más por hacerlo regresar a los valores en que lo habían educado? Tenerla ahí. estupefacto al comprender que Agatha Downing había conquistado su corazón. con una sucesión de barcos fluviales y tabernas donde apostaba y vendía whisky. constancia. que harían travesuras en los prados de los pavos reales. Las noches. Pero. como madre de Willy. Ahora. Las noches en que todos se reunían en la galería trasera y bebían mint juleps. anfitriona de los huéspedes. Lo que más le gustaba a Agatha era el anochecer. Y ahora que estaba allí no quería que se fuera jamás. criar una hornada de hijos de ambos. pronto Ivory y Ruby harían lo mismo. guiado siempre por los dos. objetivos en la vida.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 21 Estuvo dos días pensando. sentarse en los bancos de la galería mientras los nietos daban maíz a los pavos reales. un corazón que había permanecido indiferente después de Delia. Cuando se encendían los picos de gas de iluminación y la casa resplandecía con una luz suave. completaba el cuadro que Scott tenía de Waverley redivivo. comprendía lo superficial de esa dicha. verlo encanecer al mismo tiempo que el suyo y. no había Willy ni Waverley. ¿cómo podía permanecer indiferente ante alguien que le había brindado tanta felicidad? Antes de Agatha. Quería ver crecer a Willy hasta que se convirtiera en un joven brillante y honesto. . Scott vivía sin rumbo buscando conformarse con un romance insatisfactorio con Jube. y verla sorber la sopa desde un rincón del comedor con los modales impecables que tanto admiraba. llenándose las fosas nasales con ese fresco aroma. Jube y Marcus habían hallado los suyos uno en otro. en retrospectiva.302 - . La «familia» no era más que una lamentable troupe de descontentos que buscaban raíces. y parecía que se deslizaban por el aire. Sólo a partir de la llegada de Agatha fue tal como lo había imaginado. con la familia sustituta que lo rodeaba.

Marcus con el banjo y las muchachas. No recordaba haberse sentido tan avergonzada en toda su vida. —Lo haremos muy lentamente. se le enfrió el rostro. ella le correspondió con una sonrisa vacilante. fingiendo un tono afectado y usando el bastidor de bordar como abanico —. Como él le sonreía. Empezó balanceándose. Agatha siguió el paciente balanceo del hombre: daba un paso torpe hacia la izquierda. una tarde. con las mejillas como tomates maduros y las manos no acostumbradas a la posición del vals. poco después de la boda.. Muy amable. De . Y Agatha levantaba la vista del bordado. Te aseguro que no te dolerá. La sostenía con firmeza y seguridad.. Ven. que cantaban canciones pastorales. No se parecía mucho a un vals. decidió seguirle el juego. había una inválida. Scott se detuvo ante ella y le hizo una profunda reverencia: —Señorita Downing.. entre ellos. —Para guardar las apariencias. Se sentía muy torpe de frente a él. sonriéndole. donde otras tres parejas giraban con lentitud. ¿me concedería esta pieza? El corazón se le estremeció y sintió calor en el cuello. —Le arrebató el bastidor y lo dejó sobre el sofá—.303 - . señor. Gandy dio un paso hacia el otro lado y ella lo adivinó. levantó la vista. pero no importaba. ya sabes que no puedo bailar.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Después. se tambaleó y tuvo que aferrarse a la mano del compañero para no caer.. —Levantó la otra mano en la suya—. premiosa—. Scott dio un pequeño paso y Agatha se movió tarde. Y la otra. he bailado tanto que tengo los pies destrozados. Scott y los otros hombres sacaban a las damas a bailar el vals. mientras Willy se sentaba en el tercer escalón. Y cuando. aquí. Gandy daba un paso cada tres de los otros bailarines. tocaba la armónica y marcaba el ritmo con el pie bajo la serena interpretación de Ivory. bailaban con los invitados sobre el lustroso suelo de pino de la gran rotonda. —No. poniéndole la mano izquierda sobre su propio hombro—. abandonaba las manos sobre el regazo y se perdía en el encanto de las elegantes parejas que siempre despertaban una sensación de nostalgia en su pecho.. —Yo. al fin. —Por favor. Scott—susurró. y la araña proyectaba una luz ambarina sobre los hombros y las faldas siseaban con un sonido que parecía la hierba crecida agitada por el viento estival. Con esfuerzo. aunque Agatha no quería levantar la cara. —Una aquí —le indicó. descubriendo que le resultaba mucho más fácil moverse en esa dirección. uno fluido a la derecha.. —¿Cómo lo sabes? ¿Alguna vez lo intentaste? —Pero sabes. —Confía en mí. En ocasiones. Nadie espera que demuestres nada: limítate a disfrutarlo. De todos modos. Scott rió y le atrapó la mano: —No acepto una negativa. Agatha alzó la vista hacia la rotonda y le ardieron las mejillas. Entonces. hacían música en el salón: Ivory al piano. La hizo ponerse de pie y enlazó los dedos de ambos con firmeza mientras la acompañaba hasta la rotonda. Scott. Hasta que. Pero los demás siguieron bailando como si no se percatasen de que. Relájate.

—Willy dio vuelta a la mano y Agatha apoyó la suya en ella. Los ojos. pasó el pulgar por las cerdas. —¡Gussie. juicioso y honesto. La mano izquierda de Scott seguía en la cintura de la mujer. y así bailaron los tres. generoso. hasta donde lo permitía el rodete francés. le había brindado los regalos de nadar y bailar. los almacenó para conservarlos en la memoria y sacarlos luego para revivirlos: la tibieza de la mano de Scott en su espalda. ante quien podía admitir su propia fragilidad y hasta qué punto la afectaba emocionalmente. encima de la oreja derecha. Canturreando la melodía que habían bailado. poder brincar por la pista de baile riendo y echándose atrás. levantó el cepillo para el pelo. —Yo tampoco. Willy riendo. mientras veía la araña girar y girar encima de ellos. Saboreó esos momentos dichosos. Él lo esperaba y ella lo disfrutaba. Scott se inclinó y lo levantó. Deseó con fervor ser graciosa y estar sana para él.304 - . como solía hacer. con la palma hacia arriba. dos libertades que jamás había esperado conocer. la firmeza del hombro bajo su mano. Era benévolo. Mientras se ponía la ropa de dormir. El corazón le desbordó de gratitud. no importó que en realidad no estuviese valseando. El chico bajó de prisa el escalón y se abrió paso entre las otras faldas armadas de miriñaque. vagando entre las cosas de Scott. Lo único que importaba era que estaba sobre una pista de baile por primera vez en la vida. y Scott. Y era así con todo el mundo. Encontró la camisa de noche y preparó una camisa y un calzón limpios para el día siguiente. No. La impresionó saber que él era tan bello por dentro como por fuera. vio cómo plegaba con pulcritud los pantalones. era el único momento del día en que subía las escaleras. Agatha subió con Willy. la mano pequeña y húmeda en la suya. Y que Scott fuese más allá de su torpeza y le hubiese obsequiado con algo más valioso que todas las coronas con piedras preciosas del mundo. —pensó Agatha—. Esperaba que la gente lo aceptara como era. Agatha resplandeciente. cualquiera puede. porque eso era lo que él hacía. los ojos oscuros. los tres juntos». pero de felicidad en lugar de vergüenza. de amor. inclinando la cabeza. los hoyuelos cuando sonreía.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR súbito. el juego de la luz ambarina sobre el rostro del hombre. No importaba que tuviese que aferrarse al hombro y a la mano del compañero con un poco más de fuerza que las otras. y se lo pasó por el pelo. Agatha fue hasta el vestidor. Agatha le sonrió con las mejillas encendidas. Era la primera persona con la que Agatha podía relajarse por completo. alegres. No se ponía un sombrero para complacer a una persona y otro para complacer a otra. como le había enseñado. Y sabiéndolo. la risa feliz de Willy. no sabía que podías bailar! —exclamó Willy. Era una de esas raras personas que juzgaban a la gente por lo que sabían de ella y no por lo que veían. Un hombre tan hermoso merecía una mujer perfecta. Cuando el niño iba a acostarse. —Dale tu mano izquierda a Gussie —le indicó—. desde su lugar en el escalón. «Así tendría que ser. —¿Necesitáis ayuda por aquí? . quebrando la cintura. con aire complacido. Cuando la danza terminó. —¿Te parece que yo podría? —Si yo puedo.

bebía un último sorbo de agua y demoraba lo más posible la hora de acostarse. La conciencia de sí se agudizó. Se reunirían en la gran cama con baldaquino en la que él había sido concebido. —Desde luego. —Se atareó con Willy—. arrodillándose junto a Scott y tendiendo los brazos a Agatha. acomodaba la red alrededor de la cama y apagaba la luz. Recorrió lánguidamente con la mirada desde el rostro ruboroso hasta el cepillo. jovencito. con aire de perseguido. que cuando terminaran de darle las buenas noches Scott la tomaría de la mano y la llevaría. Scott apareció en el cuarto de Willy y acomodó la red en el otro lado de la cama. acuéstate. Una vez allí. y él diría: —Al fin —y harían juntos lo que. —¡Me gusta bailar! Scott rió y le revolvió el cabello. fumando un puro o jugueteando con la pluma. Al ver a Scott correr la cortina. mientras Scott se desabotonaba lentamente la camisa y la sacaba fuera de los pantalones. luego la rodeó y se sentó en el borde. Scott siempre estaba en la oficina cuando ella pasaba ante la puerta. le daba el beso de las buenas noches. —Querrá. con el peso sobre una cadera. —Buenas noches. lo sorprendía mirándola. —Buenas noches —decía. según Violet. por la pasarela elevada. Willy se arrojó entre sus brazos y le dio un beso entusiasta. muchacho. Se inclinó para recibir el beso y el abrazo de costumbre. le daba un beso de buenas noches. Bueno.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Soltó el cepillo con ruido y se dio vuelta hacia la puerta. al mirar en torno hallaría los ojos oscuros siguiendo cada uno de sus movimientos. Y cuando se daba la vuelta para cerrar la puerta. se pondría un fino camisón con encaje en la parte superior y. se soltaría el cabello y lo alisaría con el cepillo que compartían. interponiéndose entre los dos. Querrás. le mullía la almohada.305 - . —Buenas noches —respondía él. la invadió una fantasía tan vital como el aire: que Willy era de los dos. Scott . La incomodidad le provocó a Agatha pequeños estremecimientos en la parte de atrás de las piernas. Tenía la costumbre de irse a su propio cuarto en cuanto cumplía con todos esos rituales. y ahora. Pero esa noche. Agatha solía gritarle asomada a la baranda: —¿Qué estás haciendo ahí abajo? Y Willy subía arrastrando los pies. ¿no es cierto. ninguna mujer debía perderse. éste bajaba corriendo hasta la oficina. Pero lo que sucedió fue que bajaron la escalera curva. Entonces. —Primero un beso —exigió. y al rostro otra vez. La pierna de Agatha chocó con la rodilla de Scott y las faldas cubrieron el pantalón. Nunca había subido mientras hacía acostar a Willy. Willy se tiró hacia atrás y los dos adultos se incorporaron. Por lo general. sin dejar de sonreír. al dormitorio principal. Scott se recostó en el marco de la puerta. Gussie? La observó. —Te gusta. Los hoyuelos eran tan marcados como las tachuelas del tapizado de una silla. ¿eh? —¿Podemos hacerlo otra vez mañana por la noche? —Si Gussie quiere. Y las puertas se corrían con un leve topetazo.

—¿Tú duermes cuando te acuestas tan temprano? —A veces.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR adaptándose al paso de ella. sobre mi hombro. tendría que haberse mordido la lengua. —No es necesario que me lo agradezcas: eras la persona lógica. mientras Gandy llenaba un vaso e iba a sentarse en una silla de cuero. a menos de un metro. —Es decir.. —Sí. —Es brillante. Incómoda. Marcus y Jube están felices —dijo la mujer. —¿Te molesta si bebo una copa de coñac? —En absoluto. Pero cuando las puertas se corrieron a unos centímetros del otro.. un juego de pipas de barro dentro de uno de los gabinetes con puertas de cristal. —Oh —dijo Agatha. el retrato de los padres en una pared. Ya no había nada más que decir al respecto. Cuando se acomodó. —Al parecer. Eligió para hacerlo un sillón de respaldo con orejas de color verde espuma. Gussie. Como hacían en los escalones. y permaneció ahí como una tonta. aun cuando oscurece. Y al llegar a la oficina Scott se volvió. —¿Te gustaría venir un rato a mi oficina? Podríamos conversar. aprende rápido. —A mí me resulta difícil dormir si me acuesto antes de las once. . mientras recorría la habitación observando los muebles. Olió el tabaco antes de darse la vuelta.. —Pensaba darte las gracias por concederme autoridad sobre él. —¿Tienes sueño? —En absoluto. la iluminación es tan buena que es un placer hacerlo. Creo que le resulta provechoso saber a quién obedecer. ¿Cuántas veces ansió hacerlo otra vez? —Me encantará. se interrumpió. viene aquí cuando estoy trabajando y lee en voz alta. contemplándola otra vez. bueno. no siempre. —Veo a Willy mucho mejor desde que estás tú.. oyendo a los coyotes. aludiendo al primer tema que se le ocurrió. Oyó detrás de sí el humidificador que se cerraba. raspar una cerilla. —¿Qué? —inquirió. se aflojó el nudo de la corbata y desabrochó el botón del cuello. —Sí. —Siéntate. Agatha sintió la mirada en la espalda. preguntándose si podría verle latir el pulso desde el otro lado. ¿no? Gandy también rió. como Jube era. Agatha se detuvo y al mirar lo encontró parado en la puerta de la oficina. Aquí. Agatha lanzó una risa suave. Agatha fue hacia su propio dormitorio. —¿Te molesta? —¿Que si me molesta? ¿Qué la llevaría a hacer semejante pregunta? Por mucho que lo hubiese pensado. O coso. —Le gusta alardear. Gandy retrocedió para cederle el paso a la oficina y. —¿Y qué haces? —Leo. mucho.306 - .

Jesse DuFrayne dijo: —Salimos a dar un paseo. —Bueno. no se le ocurrió.. Esperaban su primer hijo. —Deberías hacer una caminata hasta allí. no sé muy bien lo que quieres decir. pero seguían comportándose como recién casados. Hablaremos de temas más seguros. quiero decir. —Y hay un aroma dulcísimo en el aire —agregó Abigail DuFrayne—. Pensó en ello como algo que él le daba... no bailé.307 - . ¿Qué es? —Jazmín —respondió Agatha. buenas noches. ¿A ti te molesta? —¡A mí! Le dirigió una mirada repentina. pero él bebió un sorbo de whisky. ¿Acaso no se te ocurrió que yo quería bailar contigo? No. —Bueno. El matrimonio volvió de la mutua contemplación a la realidad con visible esfuerzo. O tal vez prefieras cabalgar.. y ahora es la esposa de Marcus? Para nada. —Deberías intentarlo. las cejas marcándole una expresión confusa. Ya nadie más entraría por el foyer esa noche. —Sí —contestó Gandy. en mi vida. y Gussie sintió una punzada de celos al ver que el esposo le apoyaba la mano en el cuello y ella le sonreía mirándolo a los ojos. Sonrió sobre el hombro al esposo. Los dos sabían que los DuFrayne eran los últimos que estaban despiertos.. ¿Viste el algodón? ¡Ya me llega a las rodillas! —No. —¿Considerado? —Le dirigió una mirada firme—. el señor DuFrayne. Le dije a Jess que tenemos que regresar el año próximo. El algodón. un barón de los ferrocarriles. de Colorado Springs y su esposa. Después. lo hiciste. —No creo que pueda. Agatha pensó: «Si Scott fuese mío. la oficina quedó en silencio. —Buenas noches —dijeron Scott y Agatha a dúo. Es una noche hermosa. entonces. varios segundos. Se abrió la puerta del frente y entraron los huéspedes. —Olvídalo. sin embargo. ¿Cabalgaste alguna vez desde que estás aquí? —Nunca cabalgué. —En realidad. como si el resto del mundo se hubiese esfumado. no algo que disfrutaba. no he pasado por ahí. Cuando los pasos dejaron de sonar arriba. aunque fue muy considerado de tu parte fingir lo contrario. Scott terminó la bebida y apagó el cigarro.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Mi amante. yo también tendría que irme a la cama —Agatha se movió .. ¿te molesta? —No. lo trataría tal como trata la señora DuFrayne a su esposo». —Tampoco creíste poder bailar y. —Este lugar es paradisíaco—repuso la señora DuFrayne—. y Abigail dijo: —Bueno. mientras la pareja subía la escalera con las manos juntas. y tú lo sabes tanto como yo. Al pasar ante la oficina de Scott. distraído. Gandy la observó. apartó la vista y revolvió la ceniza en el cenicero.

de todos modos. —Espera un minuto —le dijo. sentía que el corazón le daba un golpe en la garganta y el pulso adquiría un ritmo enloquecido. la expresión de los dos era intensa.308 - . Estaba comprando caballos en Kentucky. Durante todo el recorrido de la rotonda contuvo el anhelo de tocarse los labios. El día decimoquinto. iría al pueblo. El beso fue moroso pero tierno. Hay algo más. el matiz cobrizo del cabello y la tersura de la piel. y se vistió con infinito cuidado. ¿Era así como empezaba el noviazgo? ¿O la seducción? ¿Y acaso le importaba cuál de las dos fuese? A la mañana siguiente. Alzó el rostro hacia el techo y exhaló una breve carcajada silenciosa. se inclinó hacia adelante y. ya que Agatha.. sentador. se dio la vuelta y lo contempló maravillada. expectante. se puso el vestido verde que acentuaba la claridad de los ojos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR hacia el borde de la silla. El día decimosexto. deteniéndola cuando comenzaba a levantarse—. zumbando. pensando qué le habría dado para hacer algo semejante. y la dejó aturdida. Agatha se olvidó el sombrero. —¡Dos semanas! ¡En Kentucky! El universo se tornó azul y vacío. y el más intenso todavía de volver a pedir más. aunque él los cerró y se demoró rozándole la piel con el bigote. Cada vez que se abría la puerta del frente. Como había llovido durante la noche. apoyando las manos en los brazos de la silla. El sol era feroz. inútilmente. Encerrándola entre los codos. se enjuagó con vinagre y. un mechón irritante se le caía sobre el mentón. . El único otro lugar en que la tocaba eran las rodillas. Al manotear hacia un costado para alejarlas. Gussie —murmuró. como si fuera a recordarle que había que comprar una lista de productos. para luego levantarse y acompañarla hasta la puerta.. tirante. —Que duermas bien. Pero él no regresó. tocándole los labios con la lengua que sabía a humo. Agatha se sorprendió tanto que dejó los ojos abiertos. Se sintió mareada y apoyó la espalda contra la puerta. el decimocuarto lo peinó alto. La noche del decimotercero. con un aire tal de desapego: Espera un minuto. donde sus piernas aplastaban la falda. despertó excitada. Esos catorce días parecieron interminables. Parada entre las puertas corredizas. y tuvo que acostarse desanimada y afligida. Hay algo más. pasó por el mismo ritual. Después. pues al llegar al comedor supo que Scott había partido al amanecer y no volvería por dos semanas. sin hablar. la terrible humedad le hacía brotar sudor de la frente. se lavó el cabello. la besó con indolencia. la miró a los ojos. Se levantó con aire despreocupado. a la que de inmediato acudían las moscas. se detuvo delante de la silla. se puso un sencillo vestido de tartán gris con cuello blanco. se metió en su cuarto. se enganchó los botones de la muñeca en el pelo y desarmó la pulcra torzada francesa tras lo cual. porque ella y Willy estudiarían hierbas en el jardín mientras las juntaban para Leatrice. la oscuridad de las pestañas. cerró las puertas y dejó que crecieran las oleadas de emoción.

el jardín estaba del lado opuesto que la casa. rodeados los dos del aroma del eneldo. al verlo erguido ante ella. ven. Agatha se sonrojó. —¿A mí? —susurró. Scott la subió y fue caminando junto a Pansy alrededor de la pista. —Te traje algo —le dijo Scott en voz queda. en el rellano. pues se ponía rígida. sintió el conocido terremoto en el pecho. Llegó el momento en que tomó las riendas y guió al animal por sí misma. —¿Estuviste contándolos? —Sí. —Sí. los brazos en jarras y una rodilla adelantada. Levantó la vista y. Y así fue como le dio el tercer regalo de las tres cosas inaccesibles que Agatha había mencionado tanto tiempo atrás. sintió que el sudor le corría por los costados. Se llama Pansy. y te encantará. Estamos estudiando las hierbas. ¿eh? —Sí. Gandy había pasado una mañana despejando con guadaña los senderos por donde se cabalgaba. atontada. así fue como la encontró Gandy. le dio un beso leve. —Hola. manchas oscuras de sudor en las axilas. tensa y asustada. Tienes que conocerla. y por eso no supo que había regresado hasta que la sombra de Scott cayó sobré ella. El hombre alto frotó con afecto la cabeza del niño. —Te eché de menos —dijo. —¡Hola. una mancha de tierra en la barbilla y una cesta plana sobre el regazo. mientras el pulgar del hombre seguía acariciándole el mentón—. sentada en una silla baja «de desmalezar». ¿Pueden esperar las hierbas? —Asintió. siempre a paso tranquilo. y salían a cabalgar todos los días. Scotty! —intervino Willy—. al lado del de Scott. Scott se apoyó en una rodilla. Era malísima para cabalgar. —Hola —pudo decir. Estaba preocupada. entre las hileras de albahaca y consuelda. por los lindes de los campos de algodón sin usar. Había olvidado lo rápido que crecían en . el cabello desordenado. Terminó mayo y empezó junio. —Con que hierbas. puso un dedo flexionado bajo el mentón de la mujer y le sacó la tierra con el pulgar. La yegua más tranquila que pude encontrar. Pero. En ese caso. sin preámbulos. de todos modos. —Has tardado dos días más. pegajoso. Has vuelto. y Agatha siguió preguntándose con qué objeto la cortejaba. la angélica.309 - . Junio fue tórrido. aunque sin apartar la mirada de Agatha. Sin soltarla. Del camino de entrada de coches. la saxifragia y la menta que brotaban mezclados de la tierra humeante. pero los besos fugaces no se repitieron. y deseó sumergirse en la piscina y no salir hasta tener el aspecto que tenía dos días antes.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Por supuesto. fugaz. bajo la sombra de los pecaneros. en Kansas. en medio de la sombra verde de las magnolias silvestres que abundaban cerca del Tombigbee. levantando una mano para protegerse los ojos—. enseñándole a Agatha a relajarse y a disfrutar del paso tranquilo del animal. donde los caballos agachaban las cabezas para beber. con el vestido verde y el cabello brillante y recogido en lo alto. ante la vista y los oídos de Willy.

y Agatha captó el olor de la transpiración. mitad de caballo. Le sonrió bajo el ala del sombrero más mugriento que le había visto usar. hacía un calor espantoso. Olvidó que sus propias manos estaban congelándose. y arrancó un piquete para hielo del marco de madera de la puerta. chocó con Agatha y casi la hizo caer. donde caían las gotas de hielo derretido. cuando se dio la vuelta para bajar de nuevo los escalones. Oyó los golpes sordos y rítmicos de la pica sobre el hielo. Se tironeó del vestido como si quisiera arrancárselo del pecho. La sujetó para que no se cayera. Dejó a Prince en el abrevadero y. mientras se le derretía entre los dedos. el hombre salió. nunca lo había visto tan sucio. En los bosques. Te he cortado uno bien puntiagudo. mitad de hombre. Clavó el picahielo. no te vi. chupando el hielo. Las manos de Scott no estaban más limpias que antes. le puso el trozo de hielo en las manos—. tenía polvo en las arrugas de las comisuras de los ojos. miró el termómetro: ya hacía treinta y tres grados. Intercambiaron los trozos. Sin ceremonias. —Gussie. Quitó una parte con la bota polvorienta. y eso le daba una sensación de intimidad que provocaba extrañas sensaciones en su interior. —Disculpa. Agatha le devolvió la sonrisa bajo su propio sombrero sencillo de paja. Bajando cinco escalones. Scott se quitó el hielo de la boca. Agatha vio los anillos de humedad bajo los brazos de la camisa blanca suelta. —No miraste. y tampoco la cara. con el mango de la guadaña sobre los muslos. donde por lo general quedaban olvidadas. Cuando terminó de subir. volvió a cubrirlo de serrín del mismo modo. —¿Viniste a buscar lo mismo que yo acabo de tomar? —Necesitaba algo. No tenía las manos muy limpias. se puso a chupar su propio trozo de hielo. Toma. los claros ojos fijos en el erizado vello negro del pecho. entró en una construcción de piedra. Es de esperar que haga calor. y aún no eran las once. clavó la pica en el marco de la puerta y la cerró. en el marco de la puerta. que quedó vibrando. con la banda empapada en transpiración. Dentro estaba oscuro y fresco. —Ten. picó un trozo agudo de hielo. hace calor. ¿Estás bien? —Sí. Estaba surcada de sudor. Cuando arrancó el picahielo de la puerta. Eran capaces de estrangular un jardín entero en pocos días. y salió a la luz cegadora del mediodía. Para ser junio. Agatha lo observaba fascinada. —Ahora estás en el Sur. se limpió con el dorso de la mano y . —De repente. sacó un pañuelo del bolsillo y se secó el cuello. Tenía los pantalones pegados a las piernas. formándole arroyuelos de barro en las manos. y olía a serrín húmedo. Caramba. Llevaba puesto un polvoriento sombrero de ala ancha. camino a la fábrica de hielo. Después.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR verano las enredaderas de kudzú.310 - . eran tenaces obstáculos para los pies si no se las cortaba con regularidad. En el transcurso del año que lo conocía. ten esto mientras yo busco más. El sudor le corría por el centro de la espalda. fácil de chupar. y la larga línea de humedad en el centro de la espalda. Montado en Prince.

Apoyó un pie en la baranda. También oí unas risas fuertes. lo recordó. El tiempo caluroso proseguía. se puso los pantalones.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR le dijo: —Adelante. sonriente. eso fue. Mose. escucha —dijo Gandy. Como la casa está repleta. —Bueno. pero desde que entras ahí no volviste a verlos. ¿no? —Porque uso mi asafétida. como no podía dormir. fumando la pipa y pelando maíz. Te veo a la hora de la cena. te morirás de un ataque al corazón! —Un ataque al corazón no me asusta ni la mitad de lo que Mose acaba de contarme. Los vi flotando como la neblina. Hacía tiempo ya que Gandy no era testigo de ninguna manifestación de los espíritus en la mansión. haciendo reír a Scott. —¡Por Dios. Llevaban una luz y buscaban gente para hundirla en el agua. no coincidía con las ideas preconcebidas de Agatha. atónita. Luces titilando por ahí abajo. —Lo siento —dijo. Pero con ese arreglo dejaban libres más dormitorios para los huéspedes. Vinieron del cementerio. —Yo los vi. cuando todos en la casa duermen. Willy estaba inquieto. —También aseguraste que había fantasmas en la casa. —Dime de qué se trata. —¡En la piscina! —Mose los vio. Ahí dentro debía de hacer cerca de cuarenta grados. hay fantasmas en la piscina —afirmó Leatrice. como chillidos de búhos. Scott se levantó. mujer. Agatha lamió otra vez y sonrió. ¿Noviazgo o seducción? Fuera cual fuese. Dio una lamida. Dio un único lengüetazo frío a los labios de la mujer. iré a ver si Leatrice tiene té frío. —Quizá se muden. No tienen forma. Mose no abrió la boca. pero la perspectiva de un beso inesperado le aceleraba la sangre cada vez que lo veía. se sacó el hielo y le quitó una brizna de serrín. sacó serrín y escupió. Le estampó un beso con menos premeditación que en las dos ocasiones previas.311 - . Gandy encontró a Leatrice en la cocina con Mose. y deseó tener un cuarto para él solo. como al pasar—. se fueron a la casa de baños. —Esta vez. y encontró un puro en el bolsillo del chaleco. blancos y movedizos. A la noche siguiente. —¿De qué habla? —Yo los vi. Retrocedió. Cuéntale. por eso. Y la dejó ahí. —Un poco de serrín no hace mal a nadie. demasiado impaciente para esperar que Mose hablara. Fue descalzo hasta la galería de arriba. —Mose los vio. Era posible. es agradable. en mitad de la noche. Las sábanas parecían húmedas y el mosquitero impedía el paso del aire. —Eso es ridículo. encendió el cigarro y pensó en la noche en que adoptó la misma postura en el pequeño y lamentable rellano que compartía con . A su lado.

vestida sólo con una combinación. que sintió fría contra los hombros desnudos. un arma en la mano. —Así que. Sólo cuando buscaba la pistola en el cajón del escritorio. aunque parecía tanto tiempo atrás. desde el pitido agudo de las arbóreas hasta el ladrido bajo de las ranas toro. y no se había percatado de su presencia. Y no me gusta que estés aquí. Se acercó a ella. Bajó el volumen. se sacó el agua del rostro y nadó en dirección al hombre. —Pues. con la espalda contra la pared exterior. Había sido en agosto. O podría darte un calambre y. Esperó hasta que estuviese casi junto a él antes de hablar. la tomó: no podía saber con qué podría toparse en la casa de la piscina. —¡Scott! ¿Qué estás haciendo aquí? Cruzó los brazos sobre el pecho y se metió bajo el agua. sólo había pasado poco más de un año. La mano que llevaba el arma se relajó y respiró con más calma. se aferró al borde con los dedos de los pies.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Agatha en Proffitt. —¡No estoy enfadado! —Estás gritando. —¿No debería estar aquí? —¡Por todos los diablos. de espaldas. se dio cuenta de que no le serviría de mucho contra un fantasma. Agatha giró velozmente. El aire estaba denso. Scott se quedó tenso. Una mujer.312 - . sola. Sobre los escalones de mármol había una lámpara. ¿quién te oiría si pidieras auxilio? —No pensé que te enfadarías. los pies separados. Gussie. Se acercó a hurtadillas al edificio. pisó un caracol. En un periquete. Ya podía verla emergiendo por la ventana de la casa de baños. Agosto o septiembre. bajó las escaleras. Bajó el pie de la baranda y se sacó el cigarro de la boca. . En el río. En el extremo distante del sendero titiló una luz. y aguardó. Señor. ¿Espectros? Tal vez Mose y Leatrice tenían razón otra vez. es una idea bastante tonta. éste es nuestro fantasma. —¡Yo! ¿Qué rayos haces tú aquí. el semblante era diabólico. Aguzó el oído. En el otro extremo. sólo un blando chapoteo. Se oyó el grito amortiguado de un búho y levantó la cabeza. inmóvil. Caminando descalzo por la hierba húmeda. entonces. la mujer se sumergió. Se aflojó y apareció en el vano iluminado. en mitad de la noche? Agatha sacó una mano del agua para alisarse el pelo. La luz era firme. sin otra prenda encima que los pantalones negros. se dirigía al otro extremo de la piscina con movimientos lentos y fluidos. hizo pie y lo miró con la boca abierta. De todos modos. Alguien estaba nadando. el rostro ceñudo. señaló el arma—. en silencio. emergió asomando primero la nariz. No se oían voces ni ninguna otra clase de movimientos. maldijo el pegote y siguió adelante. podría haber serpientes en el agua! —Irritado. Parecía que alguien estuviese nadando. Iluminado desde abajo. cuando aullan los coyotes. empuñando la pistola en la mano derecha. Afuera no estaba más fresco que adentro. Cara abajo. las ranas emitían toda una escala de notas. pero puso los brazos en jarras.

—Te dije que no tengo la ropa apropiada. —¡Scott! Pero no le hizo caso.. ¿Qué te parece si me meto yo? Es una noche calurosa. entiendo. En la tercera pasada. lanzando una exclamación. Si regresas a la casa. pero no se movió mientras él iba hacia el extremo de la piscina con enérgicas brazadas.313 - . Ocupaba un costado de la piscina. creo que me hace bien. —¿Con regularidad. Antes de que pudiese protestar. Cuando acabo de meterme. sólo dejó asomar la cabeza. «Yo tampoco. no estoy molesto contigo porque uses la piscina. Scott metió un pie en el agua. —Oh. —¡Aaaah! Agatha rió.. Scott escudriñó bajo el agua. ¿No fue eso. yo saldré. Scott. Dio la vuelta y se dirigió hacia ella. —pensó Scott—. En ocasiones.. y eso no es seguro. por el contraste. Se ablandó un tanto. ya te he visto en camisón. le dijo: —Ven. —Por favor. dices? ¿Cuánto hace? —Poco después que llegué a Waverley. —¿Y bien? —Nosotras. Dio una limpia zambullida y salió tres metros más allá. Arrancó otra vez y la dejó atrás. dejó el arma y bajó chapoteando los escalones.. Estaba chapoteando boca abajo. —¡Las chicas! Debí imaginar que estaban detrás de esto. absorto en el placer físico del ejercicio. Me vendría bien un chapuzón. se interrumpió. se aferró el cuello de la ropa. lo agitó. pasando sin detenerse. demonios. —Ah. —Me enseñaron a nadar. vengo con las chicas. No está bien que estés aquí. —Ya veo. —¿Y por qué de noche? ¿Por qué no lo haces de día? Cruzó los brazos con más fuerza. están los huéspedes y como no tenemos trajes de baño apropiados. Pero los siguientes diez minutos que compartieron la piscina. Pero como vengo a nadar con regularidad. lo que me hizo salir a la galería?» —El agua tan fría. y apartó la vista. sino porque la usas de noche. Gandy esbozó una semisonrisa. cuando la cabeza del hombre . pero las piernas eran una mancha difusa. y Agatha decidió que sería correcto que ella usara el otro. —Y hacía tanto calor que no podía dormir. Scott. —Tengo una idea mejor. y en las vigas de madera del techo los reflejos de la linterna danzaban como luciérnagas. —De día. y yo tampoco podía dormir. Se interrumpió otra vez y lo miró.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —No siempre vengo sola. por eso. —Gussie. acaso. ¿no te produce dolor en la cadera? —A veces. Sintiéndose culpable. El agua le chorreaba del pelo con un goteo amplificado.

Ya tengo frío. —¿Sabes cuántas veces dijiste mi nombre desde que te descubrí aquí? —¡Suéltame! En vez de hacerle caso. —Sí. con el coro de ranas como acompañamiento. —¿Podríamos? —¿Por qué no? Es mucho más sensato que hacerlo de noche. se quitó el agua con las manos. Te acompañaré de vuelta a la casa. la levantó. sonriendo. divertida: «No cabe duda de que los hombres son menos delicados que nosotras en su arreglo personal». —Gracias. Scott dijo: —Leatrice cree que eres un fantasma. —Te daré la espalda. Pero podríamos reservar un tiempo durante el día para que tú y las chicas tuvierais la piscina para vosotras solas. Se enderezó. se ponía la bata sobre la piel todavía húmeda y la ropa interior empapada. Miró sobre el hombro y aceptó la toalla. inclinándose desde la cintura. En el trayecto hacia la casa. Mose vio la lámpara en la casa de baños y debe de haberos oído reír. . —¿Lista? Asintió. envuelta en telas blancas que se transparentaron en cuanto salió del agua. —Sal. entonces. Una delgada tajada de luna iluminaba el camino. La tomó de la muñeca y comenzó a sacarla del agua.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR emergió junto a ella. dejándose el pelo erizado como púas. entraron otra vez en la luz pálida de la luna. puedes usar esto antes de que me seque el cabello. mientras Agatha se precipitaba a secarse la cara y los brazos.314 - . Pensó. ¿Oyes esas ranas? Hicieron el resto del camino en silencio. —¿Ahora ya no podré ir de noche? —Me temo que no. Los pies descalzos sonaban como sordos golpes de tambor en el suelo hueco de la galería. en cambio. Echó un solo vistazo y le exhibió una sonrisa de aprobación antes de poner cara de circunstancias. Al pasar entre los bojes. De los jardines llegaba el perfume de las plantas que florecían de noche. se envolvió la cabeza en la toalla. Scott. mientras se pasaba la toalla por la piel desnuda y le daba un rápido repaso a la cabeza. Le contó a Leatrice que ese sitio estaba encantado. Agatha levantó la vista y las vio iluminadas por la lámpara. Desde abajo de las arqueadas ramas de la magnolia. subió los escalones y la depositó arriba. —¿Ya es suficiente? —preguntó. Observó disimuladamente. temblorosa. La mujer retrocedió y se aferró otra vez el cuello. —Toma. —¡Scott! Siguió tirando. y salió la primera. la enroscó y sujetó la punta en el cuello. y luego se posó en la pistola y la lámpara. como la de una tortuga. La ancha puerta del frente se abrió en silencio sobre los goznes aceitados. convirtiéndolo en una tenue cinta gris. Gandy recorrió una vez más el cuerpo de la mujer con la mirada. Lo hizo. Enseguida Agatha se avergonzó e.

Agatha giró y levantó la cara. Agatha retorció con lentitud las muñecas hasta que él la soltó y entonces.315 - . más largo. Vio que tragaba saliva y la atracción que lo acercaba a ella fue demasiado intensa para resistirse.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Entraron en la imponente rotonda que lo tragaba todo. de expresión incierta. incapaz de soñar con una excusa para retenerlo un poco más. donde el pulso latía más rápido que lo normal. los antebrazos apoyados en él. el fuego hubiese consumido todo el oxígeno alrededor de ella. Abrió los ojos y se encontró con los de él. Estaba mortalmente asustada. levantando la lámpara. se puso de puntillas y le dio otro beso. sumergirse en ella. Scott permaneció inmóvil. —No. descendiendo hasta la mata de vello áspero del pecho. Enmarcado por la toalla blanca enroscada como un turbante. y comprendió que en situaciones como la presente se desconcertaba. Resbaló la mirada hasta el hueco del cuello de Agatha. No me tengas miedo. Estás ahí. interrogantes. Una de las puertas de Agatha estaba abierta. —Buenas noches.. puso las manos en los hombros de Scott. —pensó—. Scott advirtió que la bata estaba mojada en todo punto en que tocaba la prenda interior. Se irguió. Con voz insegura. y se miraron a los ojos. Agatha sentía que el corazón le latía en la muñeca. que la actitud defensiva obedecía a una vida orientada por severos preceptos morales. que bañó los rostros de los dos de un intenso color albaricoque. con los brazos cruzados sobre el pecho. Le apoyó los codos en el pecho. aún fríos del agua. y un agua tibia le goteaba entre las piernas. el rostro se veía adorable. esperando que el verdugo encienda la hoguera». buenas noches —dijo. Scott bajó la cabeza para besarla. Pero no hubo señal. para darle tiempo de adaptarse. «Dame una señal. con los ojos cerrados. salvo un pequeño círculo de la luz escasa de la lámpara que Scott aún sostenía. —Bueno. —Fue divertido —susurró la mujer. Agatha alzó la vista. respirando como si. Deseó hacer lo mismo: pegarse. murmuró: . La mirada de ella la siguió. y encontraron correspondencia. formando un charco en el suelo. Contempló los ojos de Agatha. Se detuvieron junto a ella. Ninguno de los dos se movió. como Santa Juana. La tomó de las muñecas y las apartó de los pechos. enormes. Para demostrarlo.. Un reguero de agua goteaba desde el cabello revuelto de la mujer hasta la clavícula del hombre. —¿En serio? —replicó. igual que el suyo. —murmuró. y encontró los labios abiertos. mirándolas como maravillada. y lo miraba con ojos claros y transparentes como gemas verdes. Al terminar. —Tendría que. de pronto. con movimientos deliberados. Los tocó con la lengua y ella respondió con timidez: fue un beso suave de comienzo y expectativa. se quedó como estaba. y que sus propios pantalones se le pegaban y formaban un charco que resbalaba por el suelo encerado hasta unirse al de ella. despejado. —¿Me tienes miedo? —susurró—. Gussie. pero el resto se perdió.

En cuanto lo tocó. Las manos oprimieron los hombros. La expresión de la mujer se tornó dolorida. la clase de mujer a la que un hombre corteja durante un tiempo. oh. Se agachó. también es verdad para mí. para percibir la sensación exquisita de la piel fresca y los músculos tensos. Le entibió la . La acarició hasta que comenzó a respirar otra vez. —Oh. también por la reacción que le provocó en el estómago. Con la mano ahuecada alrededor. para cerciorarme de que no estoy soñando.. Abrió los ojos y pasó las yemas de los dedos por el labio inferior del hombre. echó la cabeza atrás y la toalla se soltó. Ahora. Eres tan diferente. el abrazo fue inmediato. Al sentir el traspaso de calor.316 - . Agatha levantó los brazos. A un beso siguió otro. he esperado tanto para oír eso. el beso impetuoso. Scott. apretando la mano contra la ropa mojada. Agatha cerró los ojos otra vez y dilató las fosas nasales.. y la pistola. —¿Y por qué esperaste tanto para decírmelo? —No sabía qué querrías primero: que te lo dijese o te lo demostrara. Buscó el cinturón y. como absorbiendo sus palabras. Agatha no se resistió. mientras que las de ella se posaron sobre los omóplatos. dilo. —Estás fría —murmuró contra la frente. cada vez más ardiente. Agatha contuvo el aliento.. Cuando se incorporó.. perlado de agua.. Gussie. junto a la toalla. le llenó la palma y lo sintió aún frío. Scott le rodeó la cintura con un brazo y acercó tanto los dos cuerpos que el agua de sus pantalones se filtró por la bata y resbaló por los muslos de ella. y Scott abrió la bata y metió la mano dentro. Pero no debes decirlo a menos que estés seguro. un deseo desbordante de impaciencia y urgencia de recuperar el tiempo perdido. y con un solo movimiento quedaron en la oscuridad. Y demuéstramelo. —Por favor. al recordar las palabras de Violet. contraído. pura. se estremeció de nuevo. todo lenguas invasoras.. Toda mi vida solitaria. —Lo sé. halló el otro pecho. como si subiera colina arriba. Scott. especial.. La mujer se estremeció. —Sí. Lo sé desde el día de la boda. —Te amo. también contraído de frío y lo entibió. Scott hundió una mano en el pelo húmedo. por favor. y halló los botones del hombro. El cinturón cayó al suelo. Gussie. —Entonces. dímelo otra vez.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Lo que te dije la última noche en Kansas era verdad. —Yo podría calentarte. Le sostuvo las mejillas: —Entonces. Eres bella. —¿Debo dejarte? La besó. —Te amo. —Lo estoy. otra en otro. brazos que estrechaban y aliento agitado.. al tiempo que hallaba el pecho con el pezón frío y erecto. Dentro de la ropa mojada. deja la lámpara. Quizá desde antes. La prenda mojada cayó por su propio peso. —rogó en voz queda—. una vez en un ángulo. dejando un solo pecho al descubierto.

—Pero tú tenías a Jube. —¿Por qué? —Porque te marchabas.. Ignorante pero ansiosa. Para mí. Siempre estuve sola. quise llorar pero no pude porque mi pena era demasiado honda.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR boca con la lengua. igual te sientes solo. No tenías que estar solo. —No te lo habría permitido. y aun así las susurró. —Pensé en morirme —susurró—. —Me pregunté muchas veces por qué te dejaba. Nunca. asombrada de lo poco culpable que se sentía de permitirle caricias tan íntimas. enferma de nostalgia. —pensó Agatha—. «Tan veloz. no en el lecho conyugal sino en un pasillo. Los muslos con los de él. se elevó hacia él. de vacío. —Si no amas a una persona. pero no pude hacer otra cosa. en el hueco de una puerta. siguió las indicaciones de su lengua y de sus labios. —No. me resultó difícil contenerme de hacer esto. como para borrar el recuerdo de su mente. Los pechos se entibiaron. apretándole las mejillas y mezclando su aliento con el de Scott. —Aquella noche en que nos besamos en el rellano. A veces. como reiterando la promesa. y no habría sido peor si hubieses muerto. —¡Calla! Mi amor. —¿En serio? Yo creí que era la única que me sentía así: angustiada. Dentro de la bata abierta. no. eso ya acabó. Le besó el mentón y sintió que la mandíbula se movía cuando habló en voz baja y ronca. las caricias se hicieron más tiernas. y se preguntó si le alcanzaría una vida para hacerle entender lo que significaba para ella. Pero sufría todos los días. A último momento. es así como sucede. las nalgas frías.317 - . Pero así fue. Solíamos hablar de ello. Tan violenta la transición de deseo a desenfreno. —No. El estómago húmedo con el suyo. y eras el primer hombre con el que me hubiese acostado y supe que no habría otro. pero cuando te fuiste pensé que hasta entonces no había conocido el verdadero significado de la palabra. la sola idea me angustiaba. Le dio besos rápidos. lamentábamos no tener sentimientos más profundos uno hacia otro. Las palabras resultaban pálidas. y tus rodillas se convierten en puré y tu piel en ascuas. Se besaron otra vez. y las manos del hombre la acariciaron con más urgencia. —Era preferible a vivir sin ti. no eras la única. —¿Nunca la amaste? —Nunca. no. —Cuando te fuiste de Kansas. . le tocó el pelo húmedo como hacía él con el de ella. No quería hacerlo. y sientes por primera vez el cuerpo turgente de un hombre apretado contra el tuyo». —Pero yo no quería dejarte.. —Scott. Perdí toda esperanza de sentir alguna vez esto contigo. Agatha se apretó más contra él. De modo que. Gussie. aceptó los besos. deseé haberlo hecho. pasó la mano por la espalda.

en el caso de que me quieras para algo más que amante. se lanzó otra vez al ataque—. tuvo un amante. —Pero incluso hablaste de concebir niños. detente y escúchame. —Bueno. Gussie. —Por favor. deslizó la mano por la cadera hacia adelante por el estómago. se apresuró a seguir: —Pero. Luego me dijo que esperaba que el señor Gandy viese la luz y me tomara como amante. no... por favor. En la oscuridad. con todo respeto. Con movimientos suaves.. haré todo lo que. que dejemos esto hasta que podamos hacerlo en el dormitorio principal.. y. —Rozó el vello del pecho con las yemas de los dedos—. ¿No deberíamos encender la luz para esto? —¡No te atrevas.. Scott Gandy! Sintió que las manos de él le sujetaban los antebrazos y la apartaban de él. La obedeció. pues voy a encender otra vez la lámpara. Agitada.. Me imagino qué a eso conduce todo esto. le alzó la barbilla y la besó. o sea. Sólo expreso mis deseos antes de que sea demasiado tarde.. bueno. —¿Violet? Aunque no le veía la expresión en la oscuridad. —Qué audaz. las manos de ella sobre su pecho.318 - . Me confesó que de joven. pido respetuosamente que demoremos esto hasta que tenga ocasión de formularle unas preguntas personales y femeninas a Leatrice. y no tuvo otra alternativa que cubrirse rápidamente y enfrentar al hombre que acababa de acariciar su piel .. en su voz no quedaban vestigios de burla. Ahora estaba segura de que el pecho de Scott se sacudía de risa silenciosa. y el rostro le ardió cada vez más. señorita Downing. pero lanzando un suspiro trémulo. Scott.. en la cama donde fuiste concebido y donde naciste. ¿esto es una proposición? Se crispó un poco. Te invito a mi cuarto y. Se marchitaría de vergüenza cuando la luz brillara sobre su cara encendida. Agatha se echó atrás y lo detuvo —Debo decirte algo. porque no quiero concebir a ninguno de tus hijos en otro lugar de esta casa que no sea esa cama.. a mí. Y si no existe la más remota posibilidad. —Sí. porque estoy segura de que ella debe saber cómo evitar el embarazo. Violet. Violet me dijo algo que no se me va de la cabeza desde entonces. supo que habían aparecido los hoyuelos. Scott. Por favor.. Aunque no podía verlos. si no por esposa. y quiero que sepas que si me quieres sólo como amante acepto.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¡Shh! La besó.. percibió su asombro. Agatha. aferrándole las caderas.. —Por cierto que no. aprenderé. Que fue la experiencia más maravillosa de su vida y que ninguna mujer debería perdérsela. —Cuando me iba de Proffitt. Cuando volvió a hablar. sin duda.. —Abotónate todo lo que haga falta y ata todo lo necesario. —Sintió que la risa crecía en el pecho del hombre. me gustaría pedirte. la rodeó con los brazos y unió las manos al final de la columna. Pero se encendió. me parece una proposición.

se sentaron en el borde de la cama de Willy y lo despertaron. —Sí. y cuántas veces me esmeré con el peinado y con los vestidos porque sabía que iba a estar contigo.. Le sostuvo las manos y la miró de lleno en la cara. Pero se abrazó a su cuello. Si supieras cuántas veces imaginé esta escena. y de paso. —murmuró. donde podamos tener un poco de intimidad. —Le pasó la lámpara—. pidiendo semejante cosa a una mujer mojada y desarreglada. Scott. ¿En la alcoba nupcial. Sin hacer caso de las ropas mojadas.. con Willy dándonos su aprobación. ten esto —y la alzó en brazos—. Con creciente excitación. tengo intenciones de que pasemos la luna de miel en White Springs.. —White Springs.. con los pies de ella sobre los de él. se las arreglaron bastante bien. si te pones fastidiosa. aunque la noche de bodas en Waverley esté bien. Para mí estás muy bien —le dijo. Toma. Willy.. —Ah.319 - . Agatha. —Bueno. —Oh. por Willy. —Agatha Downing. despertaremos a Willy y se lo diremos. Se besaron. S. . pero nunca creí que sucedería. —Eh. con la boca pegada a los labios de él. Lo abrazó otra vez. Le rodeó el cuello con el brazo libre: —Inténtalo.. sólo para que Willy tuviese compañeros de juego. no pensarías que iba a permitirte concebir a mis hijos bastardos en el dormitorio de la planta baja. —Scott Gandy. —Iba a decírtelo. Cuando se apartaron. Willy abrió los ojos hinchados y se frotó la cara. Te amo tanto. sí. eres horrible. tal vez cambie de idea. Gussie. que es como debe ser porque ya somos una familia? Agatha se cubrió los labios con tres dedos y los ojos se le desbordaron. Si bien subir la escalera besándose al mismo tiempo no garantizaba un avance muy continuado. Y hacía tanto que deseaba esto. con todos nuestros seres queridos como testigos? ¿Tal como lo soñaron mis padres. con sencillez. De todos modos. —¿Eh? —Tenemos algo que decirte. la sostuvo a distancia suficiente para poder contemplarle los ojos. por ti y por mí. Oh. Luego. ¿no? ¿Qué clase de ejemplo sería para él? —Oh. de pie en el charco de los dos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR desnuda y húmeda en la oscuridad. Se incorporó y se frotó los ojos con los nudillos. la mujer rió y se tapó el cabello con las manos. llorando—. ¿quieres casarte conmigo? —le preguntó. Agatha abrió la boca pero no emitió palabra. mientras se dirigía hacia la imponente escalera—. completamente serio. —Di que sí. —Lo besó con fuerza en el cuello—. el cabello de Agatha aplastado contra el cráneo y el de él secándose erizado. Scott —tartamudeó otra vez. ¡Y eliges un momento como éste para pedírmelo: debo de estar horrible! El hombre rió. mientras él proseguía—. despierta.

un hermano. Una vez que lo besaron y recibieron abrazos gigantescos. —¿Y así seréis mi mamá y mi papá? —Exacto —afirmó Agatha—. yo también. —Un hermano. quejoso. y Willy golpeó con los talones sobre el colchón. y dijo—: ¿Podremos tener otros niños? Agatha se sonrió. mañana por la mañana podrás celebrarlo. Pero. y se puso de rodillas para abrazar a Agatha. se rieron y lo hicieron acostar de nuevo. así seremos tu mamá y tu papá. ¡Jesús! ¿En serio? Se le iluminó el rostro tal como lo suponían. Ahora. —Ah. Las chicas son estúpidas. ¿sabes? —Lo sé. la entró de costado y la tendió sobre la cama. Willy abrió los ojos. En la oscuridad. ¿Y tú? —Si todos resultaran como Willy. como un burro. o tenemos que tenerlo enseguida? Willy rió y se puso a hacer tonterías. —¡Una mamá y un papá de verdad! —Repentinamente.320 - . —Sí. —¡Cristo! —se entusiasmó. Scotty? Quiero un hermano. Scott alzó a Agatha en brazos y comenzó a bajar las escaleras. ¡Eh. Gandy aceptó: —Está bien. —Quiero empezar a trabajar para tener a ese niño ahora mismo. Al llegar al cuarto de Agatha. Con las manos sobre la cama. retrocedió—. pateó hacia arriba. —Lo pensó un momento. enseguida! Agatha comprendió que estaba descontrolándose. Gandy abrió más la puerta con el pie. —¿Sí? —¿Qué te parece? —¿Casarse de verdad? Agatha resplandeció: —De verdad. ¿eh? ¿Y qué opinas de una hermana? —No quiero hermanas. Apoyó la cabeza en el hueco del cuello y gozó de ser llevada. —Le mordisqueó los labios. que era la que estaba más cerca. apoyando una mano a cada lado de la cabeza de ella. —No hace falta que me lleves. ¿nos darás un poco de tiempo para lograrlo. es hora de volver a dormir. y le lamió la oreja—. De súbito. yo también. —¿Podremos. —¿Estás segura de que quieres uno? —Quizá más de uno. —Está bien. —Si Scott está de acuerdo. ¿qué te parecerían diecisiete? . la voz fue un íntimo murmullo. comprendió del todo y una sonrisa maliciosa comenzó a formársele—. Willy. se escabulleron del dormitorio dejando la puerta entreabierta. Scott y Agatha rieron. Me gusta hacerlo. —¡Enseguida. lo sabes. estás mojada! —Estuvimos nadando.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Qué? —preguntó. rió y le lanzó una mirada fugaz al hombre que estaba detrás. —Gussie y yo vamos a casarnos.

—Oh. Cuando se fue. Dios mío. —Nos veremos mañana.. La besó otra vez. hasta que los dos sintieron que la decisión se debilitaba. después de todo. La besó en la frente y salió de la habitación. maravillada de que fuesen él y ella. una pizca de lo ocurrido. «¡La señora de LeMaster Scott Gandy!». no. se regocijó.321 - . Lo estrechó contra ella con súbita vehemencia. por favor. y Scott la besó despacio.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Agatha rió y se apretó el estómago con las manos. los puños apretados. custodiándolo con ferocidad para que no se le escapara un matiz. —Yo también te amo. El ánimo juguetón se esfumó. —Te amo. . qué buena sensación. incrédula. y seré la mejor esposa que pudieras desear. Agatha cruzó los brazos sobre los pechos. Gussie. Scott. y que. los finales felices de los cuentos se hicieran realidad. —Y todas las mañanas del resto de nuestras vidas. espera y verás..

Cuando se fue. No obstante. Tt-tt. Abajo. tengo que ir a buscar las magnolias. Agatha giró y apretó la mejilla contra la de Violet. donde esa noche compartiría el alto lecho de palo rosa con el hombre que amaba.. un día que empezó con densa lluvia matinal. Agatha se apretó con una mano el corazón que latía acelerado. Y ahora. Llegó una semana antes para ayudar a Agatha a confeccionar el vestido de novia y mientras esta se lo ponía. complacida: —¡Estás encantadora! Estaban en el dormitorio principal. con las puertas de la galería y las ventanas guillotina abiertas abajo. arriba. y mangas oruga. Cuando salió el sol. —Estoy muy contenta de que estés aquí. Sostuvo el vestido mientras Agatha se vestía. de hombros angostos. con cuello alto.. que su ropa estaba en la . Agatha se acercó a la ventana del frente. recogido en lo alto de la cabeza. que ella estuviera en el dormitorio principal de Waverley. Aún le costaba creer que estuviese sucediendo. El terreno estaba lleno de coches. ya que no soy yo la que se casa con ese apuesto señor Gandy. y las de la rotonda. Agatha apretó las mejillas de Violet y rió: —Oh. si se me permite decirlo. me alegra que seas tú. Estaba hecho en fina seda del tono exacto de las cerosas magnolias. cintura esbelta.. Una de las invitadas a la boda era Violet Parsons.. aunque debo confesar que estoy un poco celosa. rebosando de alegría. La falda era lisa en el frente. ante el espejo de pie que habían traído de abajo. y los grandes prados estaban adornados con toldos azules. —Es perfecto. fruncidas desde el hombro hasta la muñeca. había llegado el ministro. la mujer de cabello azulado rió resoplando. Violet. y ojos claros de largas pestañas. no tenía más que mover el dedo meñique y yo vendría corriendo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 22 Se casarían la tarde del 15 de julio. y suelta atrás. Reflejaba a una novia de grueso cabello bruñido. Violet juntó las manos y aspiró.322 - . era tolerable. torso ajustado. se preparaba la comida. Dentro de la mansión. Pero le dije a él. y la alcoba nupcial estaba decorada con ramos de azucenas amarillas y hiedra inglesa. —Yo también. con ondas profundas que formaban la cola. —Creo que es el más bello que hiciste jamás. Enviaré a Willy por ellas. —apuntó con un dedo a la novia — . Waverley se cubrió de vapor.que si no resultaba. eres irreemplazable. Tt-tt. —Ya sé. —Me siento encantadora —admitió. estaban entrando los invitados. La expresión de dicha total le daba un resplandor casi etéreo. y abotonó los veintidós botones forrados de la espalda.

Se inclinó para besarlo. irrumpió Willy con dos magnolias. No había nadie. Pero cuando bajó la mano al costado. con los invitados para tan importante ocasión. Lo que ella fue para él. —¿Viste cuántos carruajes? —Los vi. que sería así por el resto de sus vidas. Se hizo silencio. Cuando se incorporó. Tienes que creer eso. no llores. excepto un suave suspiro. Gussie. y lo aceptaste. ¿eres tú? El llanto cesó de inmediato. en esta ocasión más quedo. miró alrededor—. casi como si esperara esa visita en un día tan fasto. Agatha se dio la vuelta hacia el espejo y se prendió una de las magnolias en la nuca. . los coches seguían llegando. pero estaba sola en el cuarto. Y ahí afuera. Empezó otra vez. Willy. Mientras los contemplaba escuchó tras ella el sonido: el sollozo suave de una niña. donde el aroma del tabaco de Scott se mezclaba con el de su propio perfume. experimentó una gran tranquilidad. —¿Últimamente te dije que te quiero? El chico rió y corrió hacia la ventana. —Violet me dijo que te diga que ya es la hora. del mismo modo. miró alrededor pero la presencia se había desvanecido por completo. Justine. En ese momento. Es un día demasiado feliz para lágrimas. pero al extender la mano sintió una presencia con tanta claridad como si fuese visible. —¡Eh. y colgada en el armario. Se volvió. Agatha permaneció serena. lo será para siempre. —Sé que ya conociste a Willy. —¿Justine? Miró en círculo alrededor.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR cómoda. Nada tocó la mano de Agatha. —Cuando sus pensamientos volvieron a la boda. Justine. —¿Es porque voy a casarme con tu padre? ¿Es por eso? —Hizo una pausa. —Justine. La tensión se aflojó. pero inconfundiblemente real e inquietante. —Gracias.323 - . Debes creerme que no pretendo ocupar el lugar de tu madre en su corazón. y recibió las flores. hueles bien! —¿Sí? Rió. Por favor. —El llanto se hizo más bajo pero continuó—. ¿De dónde vienen todos ellos? —De Columbus. Espero que. junto a la de él. —Toma. y si puedo te ayudaré. que olía a flores. Violet y yo cortamos las mejores que pudimos encontrar. El cambio no pudo ser más evidente si hubiese cesado de tronar. —¡Y estás preciosa! ¡Espera a que Scotty te vea! Agatha lo tomó de las mejillas y le estampó un beso en la nariz. en el cuarto reinó la paz. su euforia aumentó—. Agatha estiró una mano: —Estoy aquí. pero el sonido continuaba. me aceptes a mí. Agatha guardó silencio. Scotty conoce a todos allí.

Antes de abrirla. Agatha le acomodó el cuello y le preguntó: —Recuerdas qué hacer. Hora de salir y encontrarte con tu novio. pero en ese primer momento los novios no vieron a nadie más que al otro. sin duda hecha por Scott. con la conocida onda sobre la frente. —Entreabrió la puerta y espió—.324 - . Se hablaría durante años de ese descenso: la novia y el novio. tenía el cabello peinado con brillantina. Es hora. Al mirar al niño que tanto ella como su inminente marido querían tanto. Willy le ofreció el codo a Gussie y la escoltó a la cima de la escalera oeste. —Vamos. mirándose uno a otro con sonrisas deslumbrantes. todo vestido de marfil. Él. Entonces. Y luego. En efecto. Willy sonrió y fueron hacía la puerta. registrando el momento para llevarlo siempre en los corazones. mientras que Scotty subía a la del este. Gandy le correspondió. los invitados levantaron las miradas ansiosas. de cómo el ministro negro. señora. Se contemplaron uno al otro con el pulso acelerado y un nudo en el estómago. frente a la puerta del cuarto de los niños. Las miradas de los dos se encontraron a través de casi diez metros de espacio abierto. Al comprenderlo. en el extremo opuesto del balcón. Willy se acercó a ella. con el vestido de cola de un blanco ceroso y una simple flor en el cabello. y Scott llevó a Willy otra vez a la sombrerería. una única magnolia. sólo circundado por la baranda. Debajo. Fue hacia la entrada y su mirada se topó con los ojos de su prometido. la miró. le envió un minúsculo saludo secreto. Con su ramo nupcial. vestido con la ropa nueva que le había hecho. el murmullo de voces que llegaba de abajo los hizo volver a la realidad. a Willy que. cerró un instante los ojos y oyó la melodía del piano de Ivory que ascendía. convencida de que el destino los había reunido pensando en esto. quitaba el aliento con los pantalones ahusados y la chaqueta de gala que resaltaban la negrura del cabello y el bigote. el rostro se le iluminó con una suave luz. ¿verdad? —Sí. Ella estaba radiante. esperando a echar el primer vistazo a la novia. Pero ni las profundas inspiraciones ni la música bastaban para calmar los nervios que le crispaban el estómago. extendió la mano libre. por las escaleras gemelas que los conducían abajo donde formaban una curva como los arcos incompletos de un corazón.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Agatha retrocedió y se apretó una mano sobre el corazón. Scott le respondió con un guiño. Agatha aspiró una bocanada de aire. y no estar sola nunca más. y Agatha sonrió. cuando los dos volvían de los baños. estaba esperando. de cómo llegaron al pie y se encontraron en el centro del suelo de la rotonda como si completaran el contorno de ese corazón. el reverendo Oliver de la pequeña iglesia bautista cercana los esperaba preguntando: —¿Quién entrega a esta mujer? —y cómo Willy respondió: . la retuvo para serenarse. Recordaba con claridad la primera vez que lo había peinado así. Vamos. hasta que al fin. y una sensación de expectativa que aligeraba el corazón. los dos de marfil resplandeciente. está esperando. se sintió bendecida. ahuecando los dedos. caminar con él hasta la alcoba nupcial y unir tu vida a la de él.

La voz. con su voz impecable. pasaron las amplias puertas de la sala hasta la alcoba nupcial adornada con canastas de fragantes azucenas amarillas y hiedra inglesa. —.hasta que la muerte nos separe. cristalina y los versos colmaron el corazón de Agatha con tanta abundancia como el perfume de las azucenas llegaba a su nariz. de la importancia de la entrega de sí mismo.. Aunque la habitación estaba llena de invitados. y Agatha sintió el codo de Scott bien apretado contra el suyo. El reverendo Oliver pronunció un discurso acerca de lo que era necesario para que un matrimonio fructificara.. Habló de los niños con los que podría ser bendecida la unión. pensó en concebir a los hijos de él y la invadió una explosión de esperanza tan profunda que la hizo tambalearse. Pero los intensos ojos oscuros no se apartaron jamás de los de Agatha mientras pronunciaba los votos. Scott. —El anillo —pidió el ministro por lo bajo.. y ahora lo tengo todo. la virtud y el alcance del amor. se tomaron de las manos para que todos lo vieran.. te tomo a ti. Jube cantó: «Amor Maravilloso». Toda una vida no tiene días suficientes para derramar sobre ti todo el amor que siento. comprendió que no era la única conmovida. duplicando su alegría. Miró por el rabillo del ojo y encontró la mirada del esposo fija en su rostro.. Le oprimió los dedos delicados. el pulgar de Scott no dejó de acariciar sus dedos.. Mientras. LeMaster Scott Gandy. te tomo a ti..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Yo —y luego. todo.. pienso cumplir esta promesa de pasar el resto de mi vida agradeciéndote lo que hiciste por mí. supo que estaba a punto de llorar. con gran seriedad. y recibía un beso de cada uno. Agatha casi no lo advirtió cuando soltó el brazo de Scott y adoptó una pose formal a su lado. más grave que de costumbre. y se la estrechó fuerte. —Yo. con un ligero temblor. Y le tocó el turno a Agatha: —Yo. Scott se sacó el diamante del meñique y lo puso en la mano de . Vio sus lágrimas en el borde de los párpados y se sintió conmovido hasta los rincones más recónditos del corazón..hasta que la muerte nos separe. del valor del perdón. Sosteniendo la mano de Agatha y escuchando la voz suave y temblorosa.325 - . y las manos húmedas. y se le ocurrió que era un milagro que una mujer como ella hubiese llegado a su vida apática en el preciso momento en que la necesitaba para llenarla otra vez de sentido.. —Queridos bienamados. Agatha Downing. LeMaster Scott Gandy. Scott descruzó las manos. Entonces se pusieron frente a frente. —. y al advertir que las mejillas de Scott estaban sonrosadas. las recompensas de la constancia.. Hablarían de cómo el novio tomó la mano de la novia y la puso en el hueco de su codo. Agatha Noreen Downing. antes de ti no había nada. El corazón de la mujer se desbordó de un amor tan intenso que le provocó un dulce dolor en el pecho. Gussie. y cruzaron juntos la gran rotonda. traicionaba la hondura de su emoción.. encontró la de Agatha entre los pliegues de satén marfil a la altura de la cadera. entregaba su futura madre al futuro padre.

Una hora después se toparon en la entrada de la sala del frente. Pero los invitados los descubrieron y los separaron. Marido y esposa. Fascinada. Entonces se les acercó Willy pidiendo besos. El calor era pesado y se sirvió ponche de champaña como refresco. Los niños perseguían a los pavos reales y daban de comer pastel helado a los caballos. La sonrisa dichosa de Agatha le respondió. Scott se irguió. lo vio pasar por su nudillo. Scott se irguió lo suficiente para contemplar los luminosos ojos verdes. os declaro marido y mujer. —Y ahora. y libró a los invitados del encantamiento en el que estaban sumidos. y muchos con los que Scott reanudaba el contacto. y comprendió que. y el voto quedó sellado dentro de sus corazones. su hija. el resto del día apenas se vieron. otros en los bancos. esta vez con fuerza. paseaba por los jardines o entraba a recorrer la casa. tan feliz como los novios mismos. las miradas se encontraron sobre las manos entrelazadas. Pronto los separó la multitud que se acercaba a felicitarlos y. brusquedad y fervor. y sólo tuvieron tiempo de intercambiar una mirada cariñosa antes de que los interrumpieran Mae Ellen Bayles. y se le iluminó el rostro con una sonrisa relampagueante acompañada de hoyuelos. Bastaba con ver los ojos húmedos de casi todas las mujeres.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Gussie. Leta y A. sentir cómo se mezclaban los alientos y la trascendencia del instante se instalaba en las almas de los dos. haciéndoles comprender que tenían que seguir cumpliendo con sus deberes de anfitriones. En la rotonda comenzó el baile. Mae Ellen reclamó la atención de Agatha y. tuvo que gritarlo. los unía para siempre. Al terminar el beso. Se sirvió un banquete de bodas estilo buffet. Entre los invitados había muchos que Agatha tenía que conocer. la siguiente ocasión en que vio a Scott estaba bajo uno de los toldos azules fumando un puro. El novio puso la mano de la novia en el hueco del brazo. los labios rozándose. Entonces. por extraño que parezca. en verdad. Por siempre jamás. la levantó del suelo y apretó el cuerpo con suavidad contra el propio. Algunos se sentaban en los escalones de la rotonda.326 - . Scott escribió: 15 de julio de 1881 LeMaster Scott Gandy se casó con Agatha Noreen Downing La besó de nuevo. la rodeó con los brazos y le murmuró al oído: —Te amo. —¡Yo también te amo! Como el piano arrancó con una música exultante y los murmullos de los invitados subieron de volumen. le apretó un poco los nudillos. y la gente se diseminaba por los prados. J. le hizo ponerle los brazos al cuello. conversando con un hombre delgado de . y los dos se acercaron a una mesa lustrosa donde estaba abierta la Biblia de la familia. En una página donde ya había varias anotaciones. La cabeza oscura se inclinó sobre la cobriza. y los labios se tocaron. que a esa altura se había convertido en amigo de Willy. y Scott atrapó a Agatha unos instantes junto a una curva de la escalera.

se le escapó un suspiro y lanzó una mirada furtiva al esposo. y cruzaba un tobillo sobre la rodilla de la otra pierna. Rodeó a la sorprendida mujer. Desearía que se fueran todos —dijo sin rodeos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR traje a rayas. el señor Northgood. Esbozó una sonrisa burlona y se le formó un hoyuelo. no hubo sonrisas. Scott. respondía la de Agatha. el calor aumentaba. —No es nada. con los pies sobre el brazo del sillón. Quiero estar a solas contigo. en invierno. —Ya sé. cuando las miradas se encontraron. cruzaron la rotonda y entraron en la oficina. Lo vio al otro lado del prado. Veía que Gussie enderezaba la espalda y se apretaba la cadera izquierda. Siempre me duele hacia el final del día. Sin disculparse. —Un poco. decía la expresión sufrida de Scott. inclinando la cabeza hacia la señora Northgood. señor Northgood. no tuvo más remedio que ser cortés. Y yo contigo. Sin aviso previo. Los tres se disculparon y salieron a la rotonda. —Estás cansada. señora Northgood? —pidió. Violet bebió demasiado ponche de champaña y coqueteó desvergonzadamente con un robusto comerciante llamado Monroe Hixby. Levantó la vista como si hubiese percibido la mirada de Agatha y. señal indudable de cansancio—. —Pero ya tenemos certificado de matrimonio —le recordó Gussie. esta vez. llevó a Gussie hacia los escalones de mármol. —Vi que te frotabas la cadera. Pero como un par de muchachas en edad casadera prorrumpieron en exclamaciones maravilladas ante el diamante de Agatha y le hicieron preguntas referidas al vestido de novia. La señora Northgood parloteaba acerca del costo de los calefactores domésticos en Boston. . el peso sobre una pierna. el marido se acercó lentamente. y caminó sobre la hierba en dirección a Gussie para brindarle el alivio que tanto necesitaba. —Creo que lo busca su esposa. y otro al que le salían pelos grises de las orejas. —Cuando se volvió. impaciente. —Caballeros. con una mueca de fatiga. la encontró de pie en el centro de la oficina.327 - . y la brisa se aquietaba. ¿nos disculpan. —No es muy amable de nuestra parte. al tiempo que se volvía para escuchar algo que decía el interlocutor. Agatha se sintió acalorada y cansada. Willy fue a chismorrear que los había visto besándose bajo la vid. la mujer le enlazó los brazos al cuello mientras él se acomodaba respaldándose. Agatha también hubiese querido escaparse al huerto de la vid para conseguir unos besos robados y estar un poco de tiempo a solas con el novio. interrumpió la cháchara tocándole el codo: —¿Me disculpa. donde tres hombres fumaban y conversaban. pero Scott casi no la escuchaba. Con los brazos a los lados. la tomó del codo con aire posesivo. Al acercarse. la mirada preocupada fija en la novia. Sonriente. y Scott cerró la puerta. la alzó en los brazos y la apoyó en un sillón de cuero de respaldo alto. Scott frunció el entrecejo y. Mientras departía con uno de los huéspedes regulares de Waverley. por favor? Tenemos que esperar que el reverendo Oliver nos traiga el certificado de matrimonio para firmar. A medida que avanzaba el día. y ahora apoyas el peso en el otro pie. cuando la mujer se detuvo para tomar aliento.

por la cadera. a la sugerencia de feminidad entre las piernas. Cuando habló. —Ojalá pudieras. Alguien llamó a la puerta: . así como ese día había cambiado la vida de Agatha. —Ah. La besó una vez más. dime. en nuestra habitación. que no dejaba sitio para la exploración. —¿Quieres que los eche? —susurró contra la boca de ella. —¿Por qué no lo supe antes? Agatha jugueteó con un mechón del pelo de él. de modo que me casé con una mujer que tiene secretos para mí. El aliento de Agatha se aceleró contra la mejilla del esposo. El amor absoluto que sentía por ella se reflejó en los ojos. siguiendo el movimiento con la vista.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Así que. se aflojó el nudo de la corbata. en voz baja: —Señora Gandy. ¿qué otras cosas no sé de ti? La recién casada echó la cabeza atrás. puede ser. la piel. Y que lo aprobó. el estómago. en la parte de atrás de uno de los muslos. que le recorrían el rostro. Los corazones dieron un vuelco de impaciencia. presenciando nuestro intercambio de votos. encontró una cinta. Creo que hice las paces con ella. Pasó la yema de un dedo por la línea de nacimiento del cabello. plano y duro. El beso se tornó insaciable. —Siempre te creí. El corazón de la mujer se agitó cuando satisfizo su deseo. Agatha se acercó más y soltó la trasera del vestido como invitándolo. con la mano todavía en el pecho. La sangre. adoptó aire pensativo. ¿no es cierto? Pienso que estaba ahí. Scott separó los hombros del respaldo del sillón y la acomodó sobre sus piernas.328 - . —¿En serio? —Poco antes de la boda. Más abajo. mojándole los labios. bajó por la nariz a la boca. y entrelazó los dedos en la nuca del esposo: —Hoy me visitó Justine. —De vez en cuando. pasando la mano por el torso hacia abajo. Agatha Noreen Gandy. sintiendo que la lengua de ella hacía lo mismo con los de él. contra las curvas tibias. provocándole cambios de forma. —A ver. ¿eh? Con ademanes lánguidos. contenido por la ajustada falda de satén. lo hizo serio. —Así es. donde otra vez lo desvió la forma ajustada del vestido. los músculos parecieron prestar atención. y un retumbo de impaciencia les recorrió los cuerpos. Agatha Noreen. me muero por besarte todo el día. Scott metió la mano entre esa parte y los pliegues sueltos. sintiendo que su centro duro presionaba saliéndole al encuentro. el hombre sacó la mano de abajo de las rodillas y le acarició el pecho encerrado en estrechos confines de seda marfil. —Una mujer sin secretos es como acertijo con respuesta: no hay nada que adivinar. Su carne cambió de forma y él la acarició con el pulgar. en la sala. —O sea que ahora me crees. tironeó de ella y deslizó la mano dentro. uniendo su boca a la de ella al tiempo que ella estrechaba más los brazos en el cuello. salteó el labio inferior. Las lenguas se unieron en lascivo complemento.

entrelazando los dedos. —Esbozó una sonrisa benigna y agregó—: Y. Sí. No es mucho. así puedo terminar con estas reconvenciones y descansar mis pies. Ven aquí. En mi opinión. recordó que el servicio era gratuito. Le aseguro que fue un placer. —Fue un placer.. Ve a acostarte. La negra lo apartó de inmediato. Quería entregarle esto. y le dio una fingida bofetada. —En efecto. —Ya lo creo. desde ya. sí! —Desesperado. perdió al esposo entre los invitados. no podía abarcarla con los brazos. Sintiéndose culpables. acabando así la breve escapada. muchos años. Fue el turno de Agatha de hundirse en el esponjoso abrazo de Leatrice. sería hora de que tuvieras un poco de sensatez. Y. como debe ser. amo. pero la meció con amor y besó el cabello ensortijado. buscó una excusa plausible y de pronto. pero queremos que sepa cuánto apreciamos que celebrara el servicio en nuestra casa.. semejante cachorro. se levantaron de un salto.. yo lo haré. señor. Scott dejó a Agatha para acompañarlo hasta la puerta y. cada uno a su habitación.. Buscó la mano de Agatha y la acercó a su costado. Ahora tú. —¡Ah. les deseo una vida de felicidad. Y ahora. señor —admitió Scott. —El reverendo Oliver abrió y asomó la cabeza—. ven aquí y deja que Leatrice te dé un abrazo antes de que empiece a echar sal sobre los pisos. —Estrechó la mano del reverendo Oliver—. —Miren quién me llama cariño. muchacha. cariño. —No. Quizás ahora Waverley tenga algunos chicuelos. Alguien me dijo que me necesitaban aquí. A la larga Willy se desplomó y Scott lo llevó al cuarto en la planta alta. Hace calor. eh. —El ministro metió un dedo dentro del cuello clerical—. El cuenco de ponche del comedor estaba vacío.. pero ahora que tienes señora otra vez. ¿no? Pienso que mi esposa y yo nos despediremos y nos iremos a casa. bueno. una vez más. —Gracias. Hace muchos años que no nacen niños entre estas paredes. Los juanetes están matándome. Ya habían pasado las once de la noche cuando vieron las luces del último coche parpadear alejándose por el camino. Y aunque era alto.329 - . donde Scott y Gussie estaban sentados en el último escalón. Por fin. en especial tratándose de un día tan caluroso. los rostros encendidos. —Bueno. sin duda.. Gracias. —Entonces se volvió hacia Agatha—. ya están camino de lograrlo. elegiste una buena.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Señor y señora Gandy. Tu mamá y tu papá estarían contentos. y se recogerían al día siguiente. Se levantó y la abrazó. Leatrice. No tengo oportunidades frecuentes de celebrar una boda en un ambiente como este. se habían ido todos y los huéspedes. —Pero se acercó arrastrando los pies—. Se inclinó sobre el escritorio y abrió el cajón del centro desde el otro costado—. No correspondía que lo dijera antes. —El sacerdote guardó el sobre en el bolsillo—. —Sacó un sobre—. . Los restos de la celebración estaban esparcidos por la sala del frente y en los últimos escalones de la escalera doble. otra vez. —¿Queréis que apague los picos de gas de aquí adentro? —preguntó Leatrice entrando en la rotonda.

disfrutando al saber que ya estaban libres para expresarse su amor del modo que desearan. y la alzó en brazos para llevarla arriba. Le tomó las manos y las sostuvo sin apretar: —Y me siento feliz de serlo. acompañadas de un débil siseo. Con toda la ropa puesta. Entonces. Por fin. la risa se desvaneció y permanecieron en silencio. La luz de las llamas parecía quedar atrapada en los iris oscuros de él y en los verdes de ella. recorriendo la habitación con la mirada. señor Gandy. La apoyó en el suelo. —Señora Gandy —dijo. mientras apoyaba las manos a los costados de los pechos. creo que es usted el que es mío. En la habitación. —Y tened muchos chicos. —A mí me gustan todos. La dejó ahí. le dio uno más húmedo. La dejó besarlo. La encontró de nuevo en la oscuridad. regocijado—. ¿no? En respuesta. de pie. Sencillamente para ejercer el derecho. las llamas de los picos parpadeaban con suavidad. Scott y Agatha se miraron y rieron. —¿Es verdad que las esposas pueden besar a los esposos cada vez que lo desean? —Cada vez que lo deseen. dejando crecer poco a poco la atracción sexual. con las recomendaciones finales de Leatrice y su mensaje subyacente que atraía sus mentes hacia la enorme cama de palo de rosa. —Violet —murmuró Agatha con cariño. le pasó un brazo por los hombros y la hizo girar hacia la habitación. —Yo tampoco.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Yo amo a este muchacho —dijo la voz ronca en el oído de la novia —. y el pulso les latía en los sitios más extraños de sus cuerpos. ¿Quién otra que la querida Violet? Había abierto la cama y soltado el . Scott levantó la cabeza y se miraron en los ojos. Cuando se fue. que finalizó con gran succión. ¿me oyes? —Lo prometo.330 - . Eres mía.. —Espera aquí —susurró Scott. Dios. Será un buen padre. pero los sencillos también tienen su encanto. —No. apartó a Agatha y se fue arrastrando los pies hacia la puerta. La llevó dentro. dócil. —No estás soñando. me gustaban los besos más comprometidos. solos. —En general. que resultaba milagroso para alguien que durante tanto tiempo no tuvo a nadie. cerca.. no puedo creerlo. siguieron mirándose. mientras iba a apagar los picos. le dio un beso leve en la boca. y cuando terminó le sonrió con calidez al rostro alzado hacia él. La respiración de los dos había adquirido un ritmo errático. Dime que no estoy soñando. Serás buena con él. se besaron con hondo entrelazar de lenguas. —Me da la impresión de que alguien estuvo aquí y nos preparó varias sorpresas. cerró la puerta con el talón y volvieron a besarse. demoraron saboreando los minutos de deleite. refunfuñando acerca de los juanetes. Con ese último consejo. Scott rió. pero aún demorándose.

Creo que nunca lamentaremos empezar con la de ir a nadar un rato antes de acostarnos. teniéndole la mano mientras sacaba los pies de la prenda. la rodeó y puso la sobrefalda sobre una de las sillas azules. Pero Agatha sabía que la costumbre que le importaba no era la que mencionaba sino la que iniciaba a sus espaldas en ese mismo momento.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR mosquitero de los postes. se lo sacó por los brazos. pensando en la almohadilla de la cadera... Porque supo que entendía las formas del amor en sus más variadas apariencias. Creo que me gustaría lavarme. Podemos ir y volver en un periquete. Como buena romántica que era. Como si fuese lo más natural.331 - . Al terminar. —La tomó de los brazos. la hizo girar. que proyectaban sombras enrejadas sobre las sábanas niveas y almidonadas. y tendió los dedos . —No demoraríamos mucho.. Las ventanas estaban levantadas para dejar pasar el aire nocturno. —¿Hay algo que te gustaría hacer? —le preguntó en voz baja. fue hacia las flores y por último hacia la red blanca. pero como no lo hizo. en mi lugar. en mayor medida que ninguna persona que hubiese conocido. desde donde perfumaba toda la habitación. ¿No podríamos. ¿sabes? Agatha levantó la vista pero la bajó enseguida. donde se manifestaba la cariñosa labor en el corpiño. Ni a una polilla se le permitiría molestar a los dos acostados ahí. preparó con pulcritud el camisón nuevo de Agatha. las flores le daban la bienvenida y también las sombras blandas de la red. volvió y se dispuso a desabotonar la espalda del vestido. Scott podría haberla rechazado. la hizo girar y empezó a soltarle los botones que sujetaban los pliegues de la cola—. bajo los pechos virginales de la novia. —Hoy hizo tanto calor. —¿Juntos? —Por supuesto. Evocó con ansia el agua fresca y clara. Lo miró con el corazón latiéndole en el cuello. que abanicó inútilmente con las alas. —Insistió en confeccionar ella misma el camisón —le contó Agatha—. levantó el rostro.. Había subido uno de los canastos de azucenas de la sala y lo puso en la cómoda junto a la cama. y por una de ellas entró revoloteando una polilla blanca para inspeccionar un cepillo de mujer y un recipiente para pelos sobre el tocador. primero. Agatha era plenamente consciente de que la combinación de algodón dejaba traslucir en forma vaga los pezones. este. No tienes que pedirlo. la tiró encima del vestido y volvió a acercarse. en la angosta cinta azul que se transformaría en un moño. esperando—. estableceremos costumbres que quizá conservemos toda la vida. Scott les echó una breve mirada y luego retrocedió. El suave resplandor de las lámparas de gas inundaba la habitación. y todo el tiempo deseaba estar aquí. se quitó la chaqueta.. Y todo eso se lo debían a Violet. —¿Quieres ponértelo ahora? —le preguntó con sencillez. Esta noche. Como al descuido. y agradeció el alivio temporal. Después de apoyarlo también en la silla. —¿Te gustaría ir a nadar? —¿A nadar? Lo miró. Aunque con las mejillas ruborizadas.? —Miró la jarra y la palangana—.. le besó el hombro. Agatha lo respetó más aún.

uso una almohadilla en una. flexionó las rodillas y se inclinó para examinarla—. —¿Que eres qué? —Torcida. Agatha estaba riéndose. hacerlo otra vez. —Te advierto que. Le puso las manos en las caderas y apretó. Pero cuando el hombre estiró la mano hacia el botón de la cintura de la enagua. y estaban llenos de arrugas. Se rió. mis caderas. Lo único que logró fue que se ruborizara más aún... La cuestión es que nadie es perfecto.. Y puedes estar segura de que nada complace más a un hombre que una mujer ruborizada. señora mía. las caderas se balancearon hacia ella. —Me temo que no soy muy buena para esto. se puso detrás y se lo quitó. Los pantalones eran ajustados.... —Sácamela —le ordenó con suavidad—. medio desvestida ante el novio.332 - ... pero no las alejó del botón. Dejó las manos quietas. conocí a una mujer que se ponía una de éstas en el corpiño.. Meto la mano ahí. Cuando la camisa quedó abierta hasta la cintura. tocándole la mejilla. si bien a Scott no le molestó. en situaciones como ésta.. ¿no es cierto? Mucho antes de que terminara. pero Scott se limitó a sonreírle y la dejó seguir forcejeando. Le levantó la barbilla: —Quiero que me prometas que. torcida. —Sí. ¿te imaginas lo que. Mi deformidad. —Bueno. Mirarlos le resultó un gesto tan íntimo como contemplar la carne que los había entibiado y le hizo galopar el corazón. . Terriblemente preocupada. arrojó la camisa. y. Él mismo se ocupó de los botones de los puños. soy. —¿Te da vergüenza? No seas tímida.? Oh. nunca te disculparás. —En un instante. maldito sea. Sólo una vez en la vida había tartamudeado y fue después del ataque en Proffitt. Pero Scott abordó el problema de manera directa. Estaba tan preocupada por eso. Cuando tironeó de los faldones de la camisa.. Frunció las cejas. incluyéndome a mí. no te aflijas más. comprendió después. cariño —dijo.. y... retorciéndose las manos sin advertirlo. que cayó cerca de la silla.. La sujetó de las caderas. —Scott Gandy.. —Scott. y la saco con una bola de algodón en lugar de un pecho.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR temblorosos hacia el chaleco del esposo. nerviosa. Después de desabotonar el chaleco. mientras que Agatha lo hacía con los del pecho. te amo. una es más baja que la otra y yo.. —¿De esto se trata? ¿De esta minúscula almohadilla de guata que siento aquí? Veamos. El paso siguiente me toca a mí.. le aferró la mano... Era desconcertante. con demasiada formalidad. la enagua yacía a los pies y el secreto estaba expuesto.. incómodo. tú sí. Para hacer gala de coraje. yo.. Una vez.. Le rodeó el cuello con los brazos. Los faldones conservaban la tibieza del cuerpo.. se suponía que no debía decirlo en mi noche de bodas. Agatha alzó la vista y se rió otra vez.

Scott se quitó los pantalones y quedó ante ella con los calzones tejidos de algodón.. Se bañaron a hurtadillas. vamos a nadar. Contra su voluntad. no lo soy. dedicó la atención al otro pie. ¡Como si ella quisiera perder el tiempo más que él. y apoyó los codos en las rodillas. Tú no te avergüenzas de tus pies. lo sorprendió pasando la mirada de los parches oscuros en los pechos hasta los ojos de la esposa. Al levantar la vista. sobre la hierba húmeda hasta la casa de baños. Cada vez que usaba el gancho. Le tomó la mano.. y luego a los brazos acordonados de tendones. bajó otra vez la mirada hasta la costura de los pantalones. Se dedicó sin disimulo a disfrutar del espectáculo de verla enrollar la seda por las piernas y quitársela. Pero antes de que pudiese resolver si tenía que mirar o volverse. tomando con firmeza el pie embutido en la media de seda y masajeándolo. cruzando el camino. Sintió que le subía un calor por el cuerpo y se le enloqueció la imaginación. ¿lo sabías? Agatha contempló su pie envuelto en la media blanca de seda entre los dedos morenos del hombre y no se le ocurrió una sola palabra.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —No. Tomó el tacón en la mano. y Agatha no pudo evitar contemplar fijamente el insólito cuadro. después de lo que había estado haciéndole en el dormitorio. —Quítate las medias para no mojártelas. sacudiendo la cabeza y salpicando encima del agua. le quitó el zapato.333 - . —La llevó hasta la escalerilla portátil junto a la cama—. por la cinta blanca del sendero de coches. Entonces. giraron . puso el pie de la mujer en la ingle. Ven.. Tomó un desabotonador de la cómoda y se acuclilló ante ella sin otra vestimenta que los arrugados pantalones color marfil. hasta una cicatriz en el izquierdo. —¿Alguien te sacó alguna vez los zapatos? —N.. sumergiéndose en el agua helada sin pensar en los posibles peligros. Le sacó un zapato y lo dejó con cuidado. Ven acá y siéntate.. Al hablar. Entonces. mientras Agatha se preguntaba qué se exigía de una mujer en un momento así. —¿Quieres que vuelva a buscarla? Era una pregunta tonta. La oyó nadar con esfuerzo hasta el extremo de la piscina y la siguió. el rico perfume de las azucenas amarillas. ¿verdad? —¿De mis pies? —Porque voy a sacarte los zapatos. no. la tenue red. usó un insólito tono sedoso: —Tienes unos pies muy bellos. vio que sonreía. pensando en el suave resplandor de los picos de gas en el dormitorio. Hicieron el trayecto de prisa bajo las sombras de las magnolias.! Nadaron en la oscuridad. el colchón alto y espeso.. hasta media pierna. Le besó la parte interna del pie. aún acuclillado. Esperó a que terminara y luego se levantó y alargó la mano hacia el botón de la cintura. cambiando bruscamente de talante—. el pie se iba hacia él. —Me agrada verte hacerlo —reflexionó. Lo oyó sumergirse y salir. pero él la contemplaba con aparente calma. nos olvidamos la linterna. —Scott. ¿Los pies? ¿Todo esto provocaba en el interior de una mujer que le acariciaran los pies? Al volver a mirarlo. las entrañas se le licuaron. Sintió que le ardía la cara.

Sin una palabra.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR juntos y nadaron un largo hasta los escalones de mármol... resbaladizo y la atrajo hacia él. Las largas horas de ese día cumplían su objetivo. las mejillas. Seré muy bueno contigo. y sábanas meticulosamente limpias. sólo con que la agonía de esperar se pudiese acabar. Los brazos esbeltos de la mujer le rodearon el cuello.. —Gussie.. a la que estos rituales le encantan pero es demasiado tímida para admitirlo. acarició el cuerpo frío y trémulo a través del algodón mojado: los pechos. pero las lenguas calientes. la puso de pie y la acercó en un solo movimiento. pues su esposo no lo permitió. no soy perverso. —Scott.. la atrapó por el brazo mojado. Scott a la cabeza todo el tiempo. —No. sobre mí. por los brazos curvos de la escalera. y corrieron en la noche de ébano hacia la gran casa blanca que los recibió de nuevo en su seno.. El agua les chorreaba por las narices. Agatha se apartó. la sacó de la piscina. Fue una revelación para ella comprender que la necesidad de acoplarse no tenía que quedar reservada a las camas de palo de rosa con baldaquinos. arrojando una delgada cinta amarilla sobre los husos del balcón mientras él la llevaba otra vez arriba. —¿Qué era lo que estabas haciendo allá. La besó. apretando el cuerpo turgente contra el de ella. No me digas que no lo sabes. y sobre el brazo de él. el lugar íntimo entre las piernas. El agua sedosa que los unía como un lazo líquido. en el dormitorio. eres perverso. Cuando se cerró la puerta del dormitorio. practicando una danza de acoplamiento con mi esposa. Así como no pudo evitar que el rubor le encendiera las mejillas. estoy enamorado. en una negrura tan absoluta como el espacio. en las bocas. los labios y los brazos pegados.. Ya era bueno sentir sus manos sobre ella. diciendo luego: —Dilo.. por primera vez. sujetándolo de dos puñados de pelo. Sosteniendo los pechos en las manos ahuecadas.. los ... hermosa. Agatha apoyó las manos sobre la espalda esbelta. —Percibió la seducción en el tono—. cómo un cuerpo provocado podía satisfacerse con un resbaladizo y frío escalón de mármol. Un rápido repaso con la toalla... Cuéntame que te provocó... mientras la mano libre del hombre merodeaba por todos lados. donde se torció y quedó colgando. Las lámparas de gas los esperaban. —Amo tus manos.. Gussie. te quiero. y las pieles húmedas se deslizaron con movimientos sinuosos. di lo que estás sintiendo.. las caderas y. Cuando retrocedió fue sin remilgos.. Te mostraré cada paso antes de hacerlo. por la espalda de ella. El brazo izquierdo la sujetó debajo de los omóplatos. Los labios estaban fríos. mientras él le ponía la mano en sus propias partes íntimas. privados durante demasiado tiempo. Scott Gandy? —Tú lo sabes. Agatha no tuvo ocasión de timideces. completa. la hizo jadear y tapó el sonido con su boca. Y ahí. Incluso a través de la tela mojada y fría. Estaba esperándola cuando llegó. un beso impaciente. impaciente. Gussie. sin aliento. excitado. los elevó. no pudo expresarlo. Dos cuerpos excitados. salvaje.. robándole un beso caliente.. me siento.334 - . por el bigote. para soltar los botones de los hombros y bajar la ropa interior mojada hasta las caderas.

y el . lo primero que le había gustado. con un roce de las yemas sobre el cabello. la frente ancha. —Piensa que no deberíamos desilusionar a Violet. la acostó sobre el alto colchón y se tendió junto a ella. ora rápidos. ¿Quieres ponerte el camisón? Tendré que sacártelo pero. —¿Tienes miedo? —le preguntó. lo atrapó suavemente entre los dientes. Scott dedicó largo rato a contemplarle el rostro. el pecho. ante cada contacto. Cuando terminó. ah. y el bigote cosquilleaba mientras jugaba el mismo juego excitante con los dientes. después ajustó la cinta azul bajo los pechos y se tomó el trabajo de hacer una lazada. —Y tú. sino también gentil. creo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR contempló. Bajo el baldaquino. me lo dirías? —No hay motivo. los adoró. contuvo el aliento. Agatha cerró los ojos. cada nueva meseta de pasión que le provocaba. Agatha le tocó las manos. Sentirse tan amada la libró de todo. La mirada de la esposa se clavó en su rostro. —¿Si lo tuvieras. menos lo bueno que era estar de pie ante un hombre que la recorría con los labios. y pensaba: «He recibido una doble bendición. una mujer muy hermosa. para observar. para aprender.. viendo que los claros ojos parpadeaban. el estómago. No sólo es un hombre hermoso. tironeó con los labios. ¿no te parece? La levantó. Se apoyó en una rodilla. la lengua. Zarcillos de sensaciones bajaban por su cuerpo y se adueñó de una gama completa de ellas. estaba penumbroso. Aguardó. Entonces. Le tomó la mano y apretó los labios sobre la sortija de bodas. la línea de la mandíbula. la llevó hasta la cama. Pero le tembló la voz y no bajó la mirada. y lo calentó con la lengua. La mujer echó la cabeza atrás. Agatha levantó la cabeza y abrió los ojos. —Creo que eres un hombre muy hermoso. impúdico. En ellos vio Scott que estaba maravillada de su propio despertar sensual. con movimientos deliberados. —No. La esposa lo contemplaba desnudo. tomó en la boca uno de los pezones frío y erguido. con movimientos ora lentos. tal vez. Gentil y paciente con su novia ignorante y virginal». —Mírate. Gussie. esbelto. —Levanta los brazos —le indicó. La torpeza que esperaba no apareció por ningún lado. con los ojos cerrados. Le puso el camisón para cubrirla. apartó el mosquitero y tomó el camisón. Scott entibió el otro pecho como había hecho con el primero.335 - . observando con lentitud los ojos verdes. sea divertido. Sin esperar respuesta. se quitó los calzones mojados y los apartó con el pie. Agatha comprendió que estaba dándole tiempo para ambientarse. atrapó la recalcitrante prenda de algodón y terminó de quitársela. íntimo. Mientras volvía. Te amo. fue hasta la cama. Tendríamos que llevarnos bien.. se incorporó. Le besó los huecos entre las costillas. La acarició otra vez. dubitativos.

Scott. perfectos. los pechos.. Encendiendo un puro. Soltó la cinta azul que hacía tan poco había atado.. Así las imaginaba cuando estuvimos separados. hasta que los mechones quedaron extendidos como un charco de cobre alrededor. Fue un descubrimiento: lo halló firme. —¿Te gusta? —Oh. floreció. revolviendo el pelo de Willy. mientras la tocaba otra vez en su parte más íntima. Agatha había esperado pasar por momentos de incomodidad. rio se movió. en mi apartamento. —dijo después. —¿Te imaginabas mis manos mientras estábamos separados? —Siempre. lascivos. Las orejas. caliente y flexible. tocándola con una incitación que pronto se convertiría en plenitud. y al primer contacto la respiración se escuchó agitada en la quietud del cuarto. provocándole un ronroneo gutural. quitándole la magnolia y apoyándola sobre el pecho mientras sacaba las hebillas. sosteniendo una mano de póquer. Permaneció inmóvil como el dial de un reloj de sol mientras el mundo giraba. adentro. —Ohhh. Rodó hacia ella y se apartó.. la atrajo hacia él de manera que los dos cuerpos quedaran unidos en toda su extensión. Y cuando lo tocó.. —Descríbemelas. el cuello.336 - . Scott. —Tócame —le dijo Scott—.. luego. Al otro lado del mosquitero. mojando la tela y a ella. tus manos. solía pensar en tus manos y pensaba cómo sería que hicieran esto. ¿cómo podía sentirse incómoda con un hombre como él? Ah. la clavícula. como si quisiera memorizar el exterior antes de sumergirse más a fondo. con lágrimas en los ojos y los . y exploró la piel debajo del camisón. la tomó en los brazos. Fácil.. el suficiente vello negro para hacerlas increíblemente masculinas. los labios: besos cálidos. con dedos largos. el estómago. y la hizo gritar su nombre sin saberlo cuando llegaba a la cima que. Le tomó la mano y la guió. por ignorancia. Se quedaron acostados sin otra cosa que el tiempo para explorarse. —¿Y esto? Contuvo el aliento y se movió para acomodarse. —Scott. emergen de una muñeca angosta. mordiéndola con suavidad. Después.. Claro. la besó lánguidamente. Dentro de Agatha fue primavera: un capullo se hinchó. Sintió que le quitaba el camisón por la cabeza con mucha más impaciencia que cuando se lo puso. los pechos. Las conozco tan bien. dándole besos con la textura del bordado de Violet. acariciándolos primero con los pétalos de la magnolia. las polillas continuaban su danza mientras que. Ah. germinó. los ojos oscuros se clavaban en los verdes claros. —Manos bellas. Sólo la superficie. Estoy viéndolas detrás de los párpados mientras me tocas. no tengas miedo. natural. una muñeca que sale de un puño blanco que asoma bajo la chaqueta negra. un hombre como él.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR perfume de las azucenas flotaba sobre sus cabezas... mientras creaba otra vez con las manos la misma magia que en la piscina. en que la lengua la invitaba a una danza. Cuando iba a acostarme. pero. deslizando las manos con levedad sobre los muslos.. sí. le resultó inesperada. oh. No descuidó ninguna parte del cuerpo: primero el cabello. Scott tenía un modo especial de hacer las cosas. sin duda.

. el pómulo. con ansias desesperadas de explicar lo que sentía. mostrando los dientes. sucedió el milagro: ya no era virgen. cerrando con fuerza los ojos.. —De esto se trata. —Sí. tocándole la frente. lo rodeó con los brazos y lo besó. cayeron de costado saciados. instantes antes de que él se estremeciera. Los movimientos ágiles.. otra vez los embates que los llevaban a los dos con impulsos como de seda. Scott. y sus sombras bailoteaban sobre los miembros enlazados de los novios. enlazó una pierna sobre las de ella y acomodó los dos cuerpos como los pétalos estrujados de la magnolia que había quedado aplastada debajo de los dos.. ¿No te parece maravilloso? No encontró manera de expresar todo lo que sentía. al fin estaba completa. La atrajo hacia su pecho. Después. —murmuró. Ella sintió la presencia y susurró una única palabra contra la sien de él. No sabes de los años que viví sola y anhelé las cosas más simples. las pausas para admirarse y observarse de cerca. tocándose los rostros como si fuese por primera vez.. a continuación. saboreando el momento. mientras él permanecía dentro. la incredulidad. la aprobación. Y antes de que el beso acabara. —¿Estás bien? —preguntó al fin.. —¿Y la cadera? —También. lo sé. y Agatha le pasó las yemas por la espalda. —No creo que lo sepas. El cuerpo de Scott se unió al de Agatha con la misma facilidad y la misma gracia de todo lo anterior. Permanecieron tendidos quietos. restableciendo en ella otra vez el maravilloso embrujo del deseo que hizo saltar los límites por segunda vez. la maravilla. —Se echó atrás para mirarle la cara —. el descubrimiento. con las sombras del mosquitero dándole una extraña textura a las pieles. —Gussie. Descansó dentro de ella sin moverse.. fascinada. —Sí. los músculos tensos. —Violet te contó. —¿Qué cosa? No sabía muy bien cómo expresar lo que sentía: la maravilla.. Gussie. Todo lo que siguió fue hermoso. —Yo creí que sólo existía para la procreación. Las polillas se golpeaban contra la red. Scott.337 - . los murmullos. mi amor. La risa de Scott sonó como un trueno bajo la oreja. —No con la suficiente elocuencia.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR estremecimientos que la habían sacudido iban calmándose. y jugueteó con el fino cabello cobrizo de la nuca.. Exhaló un suspiro largo y satisfecho.. la novedad. Se había olvidado de la cadera. Pero las palabras resultaban insuficientes ante emociones tan inmensas. alguien con quien compartir la mesa a la hora de la . —Nadie me contó nunca —le dijo Agatha. Por eso. —Bienvenido. y acometiese.. los cambios de posición.. permitiéndole que se adaptara.

—Tocó la cicatriz del brazo en forma de cuña. Me liberaron. ¿crees que no me diste ninguno? Se acurrucó de nuevo contra él. Aun así. algo que no tuve en toda mi vida.. Regalos que no pueden comprarse.. con ese vestido blanco. una cuerda donde tender ropa de niño. no fueron nada comparados con Willy. Tú. Hablas de regalos. en ocasiones. Scott le cubrió los labios con el índice. No te imaginas lo vacío que me sentía. Scott la besó. —¿Y qué me dices de mí? ¿Qué obtengo yo con este matrimonio? Déjame decirte algo. Nunca podré agradecerte lo suficiente por Willy y. Quiero demostrarte mi gratitud. —No. buscando. la miró a los ojos con expresión seria. me diste una familia. Se le llenaron los ojos de lágrimas y se ahogó con las palabras. —Te amo —replicó el otro. compensarte.. Fue demasiado grande para describirlo.. y cuando los labios se separaron. Cuando te vi salir del dormitorio con Willy.. Más de lo que hubiese imaginado. — Mientras hablaba. Gussie. bailar. ¿no lo entiendes? Yo estaba pegada a la tierra hasta que tú me los brindaste y me hiciste sentir que era como todos... —¿Qué? —No lo sé. con los suyos temblorosos—. y escuchar algo. .. Todos estos años aposté en los barcos fluviales. oh... después en las tabernas.. Vagando. Me sentí como si hubiese renacido. —Gussie. Pero el corazón de la mujer necesitaba manifestarse..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR cena. recordando la noche en que recibió esa herida. son cosas que jamás esperé vivir. buscando las palabras. —Fijó la vista en los ojos de Agatha otra vez.338 - . una tras otra. sin saber qué. Le apoyó el mentón en la cabeza. Tú eres la que hizo posible que Willy estuviese en mi vida. cuando comprendo que será nuestro para siempre. cabalgar. pensando lo cerca que había estado de perderlo—. Scott. Nadar. —Le tocó los labios—. Pienso que si no te hubiese conocido seguiría vagando. fue como si.. con la mejilla de ella en su palma—. cerró los ojos. Déjame terminar.. buscando mi lugar en el mundo. —Te amo —dijo uno de los dos.. Tú eres la que me hizo entender que tenía que regresar aquí para poder ser feliz otra vez. —Y como si Willy no fuese bastante. esto. Pero esto. Anduve sin rumbo durante mucho tiempo... que no era más que una imitación de lo que tenemos tú y yo. Y Willy ahí contigo.... y la que me hizo prestar atención a lo que tenía con Jube... y ahora.. —No es así. una palabra amable. otra voz humana. pues no podía contener todo lo que había recibido. todavía se me llenan los ojos de lágrimas. y. Me brindaste todo eso.. tú fuiste.. recorrió el contorno de los labios con los dedos y luego los dejó junto a la boca de Scott—. Siento. hermosa como una magnolia. la casa otra vez llena de gente.. esta noche. No importaba quién lo dijera. además del tictac del reloj. —Le besó los labios. pues era una verdad absoluta. sintiendo que una sola palabra más le haría estallar el corazón rebosante. la mejilla sobre el pecho duro. pero no hay nada que pueda darte. Quiero decirlo. yo. y todos los que amo esperándonos abajo. Me diste tanto.

lo vio desaparecer. y los fantasmas del pasado se mezclaban con las promesas del futuro. y el ciervo se alimentaba de las hojas de boj. El anhelo retornó. en los pliegues blandos y furtivos de la noche. firme y tibia. L.. y Willy dormía al otro lado del pasillo. Scott Gandy plantó dentro de su esposa el regalo más maravilloso de todos. lo nutrieron e hicieron el amor una vez más. y lo aceptaron. *** . Y mientras alrededor Waverley extendía sus alas protectoras..339 - . Las sombras se lo robaron. pero se lo devolvieron en la carne. La mujer contempló las sombras enrejadas del mosquitero sobre la piel del hombre. los labios se encontraron. En la oscuridad. Scott se levantó para apagar las luces.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Para siempre. —Para siempre —repitió Agatha.

Las circunstancias la han llevado a convertirse en adalid de la moral y defensora de la Ley Seca. Lavyrle Spencer es una de las más prestigiosas escritoras de novela romántica. JUEGOS DE AZAR Agatha es una joven sombrerera que vive marcada por una vida sombría y sin amor. pero eso no le ha impedido luchar por una vida mejor. Minnesota. pero su pasión por la novela le hizo volcarse por entero en su trabajo como escritora. Scot. LaVyrle Spencer Título original: The Gamble Edición original: Jove Books Traducción: Ana Mazía © 1998 Ediciones B Argentina s. oculta tras su vida de libertinaje un corazón destrozado y un espíritu apasionado..a. capaz de albergar una increíble grandeza.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR RESEÑA BIBLIOGRÁFICA LAVYRLE SPENCER Vive en Plymouth. Publicó su primera novela en 1979 y desde entonces ha cosechado éxito tras éxito. dentro del género histórico o contemporaneo.UU.340 - . EE. Nació en 1943 y comenzó trabajando como profesora. dueño de una taberna en la que el juego y el alcohol son el pan de cada día. Diseño de tapa: Verónica López ISBN 950-15-1919-8 . *** © 1984. Un accidente ocurrido durante la infancia la ha dejado lisiado.

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