LaVyrle Spencer

JUEGOS DE AZAR

Con amor a Marian Spencer, de quien tanto aprendí sobre el amor.

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ÍNDICE
AGRADECIMIENTOS Capítulo 1Error: Capítulo 2Error: Capítulo 3Error: Capítulo 4Error: Capítulo 5Error: Capítulo 6Error: Capítulo 7Error: Capítulo 8Error: Capítulo 9Error: Capítulo 10 Capítulo 11 Capítulo 12 Capítulo 13 Capítulo 14 Capítulo 15 Capítulo 16 Capítulo 17 Capítulo 18 Capítulo 19 Capítulo 20 Capítulo 21 Capítulo 22 Error: Reference source not Reference source not found Reference source not found Reference source not found Reference source not found Reference source not found Reference source not found Reference source not found Reference source not found Reference source not found Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not found

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RESEÑA BIBLIOGRÁFICA Error: Reference source not found

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AGRADECIMIENTOS
Mi sincero agradecimiento al señor Robert Snow y señora, de la plantación Waverly, en West Point, Mississippi, por prestarme su hermosa mansión del período anterior a la Guerra Civil, con sus fantasmas incluidos, para la creación de este libro.

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LAVYRLE SPENCER

JUEGOS DE AZAR

Capítulo 1
1880 Agatha Downing miró por la ventana de su tienda de sombreros y vio cruzar la calle a una pintura al óleo de tamaño natural, que representaba a una mujer desnuda. Contuvo una exclamación y apretó los puños. ¡Otra vez ese hombre! ¿Qué se le había ocurrido ahora? No era suficiente con que hubiese instalado su negocio de venta de licores y estimulase a hombres honestos a derrochar el dinero ganado con gran esfuerzo en juegos de azar, en la puerta vecina. ¡Ahora, traía cuadros de mujeres desnudas! Horrorizada, apretó una mano contra el corsé con ballenas y observó al alegre grupo de haraganes que iban en dirección a ella. Lanzando exclamaciones entusiastas, se abrieron paso a empujones hacia el Gilded Cage Saloon, la taberna de la Jaula Dorada, cargando sobre los hombros la tela enmarcada. La calle era ancha y lodosa, y les llevó un tiempo cruzar. Antes de que hubiesen llegado a mitad de trayecto, todos los hombres que estaban en la acera se unieron a ellos ululando, lanzando los sombreros al aire, brindando un audaz homenaje a ese desnudo digno de Rubens. Cuanto más se acercaban, Agatha apretaba más el corsé contra sí. La desdichada figura de más de un metro ochenta, tenía los brazos extendidos al cielo, como si quisiera elevarse... de frente, voluptuosa y desnuda como un grajo recién desplumado. Agatha apartó la vista de tan desagradable espectáculo. ¡Por todos los Cielos! Sin duda, todos ellos irían en dirección contraria al cielo. ¡Y, al parecer, querían llevarse a los niños con ellos! Dos pequeños habían visto a los parrandistas y se acercaban corriendo al centro de la calle barrosa para ver mejor el espectáculo. Agatha abrió la puerta de par en par y salió a la acera, cojeando. —¡Perry! ¡Clydel! —les gritó a los chicos de diez años—. ¡Volved a casa enseguida! ¿Me oís? Los dos se acercaron y miraron a la señorita Downing, que señalaba con el dedo hacia el extremo de la calle. —¡Enseguida, dije, o se lo contaré a vuestras madres! Perry White se volvió hacia el amigo Clydell Hottle con expresión desdichada en la cara pecosa: —Es la vieja señorita Downing. —¡Oh, no! —Mi madre le compra sombreros. —Sí, la mía también —se lamentó Clydell. Dirigieron una última mirada curiosa a la dama desnuda del cuadro, se volvieron a desgana y se fueron a casa arrastrando los pies. Mooney Straub, uno de los borrachos del pueblo, alzó la voz entre el populacho y les gritó:
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—¡Esperad a ser mayores, niños! Risas ásperas acompañaron el comentario, y la indignación de Agatha subió de punto. Qué gentuza. No eran más que las diez de la mañana, y Mooney Straub casi no se tenía en pie. Ahí estaba también Charlie Yaeger, que tenía esposa y seis hijos viviendo en una choza sólo digna de los cerdos; y el joven hijo de Cornelia Loretto, Dan, que el vecino contrató como crupier del juego de lotería, cosa que avergonzó mucho a la pobre madre; y el cantinero de aspecto feroz, de cabello blanco, espeso, que sólo le crecía en la mitad izquierda de la cabeza; y el pianista negro de ojos vivaces que parecían no perder detalle; y George Sowers, que años atrás se enriqueció en los yacimientos de oro de Colorado, pero que bebió y perdió en el juego toda su fortuna. Y a la cabeza de todos ellos, el responsable de esparcir semejante plaga en el umbral de Agatha: el hombre al que todos llamaban Scotty. Agatha se instaló en los escalones de entrada a la taberna y esperó que la brigada del ejército de Satán se abriese paso entre el barro primaveral. Cuando llegaron a la barra para atar los caballos, Agatha abrió los brazos: —¡Señor Gandy, protesto! LeMaster Scott Gandy levantó una mano para detener a sus seguidores. —Deteneos aquí, muchachos. Parece que tenemos compañía. Se dio la vuelta lentamente y alzó la vista hacia la mujer que se cernía sobre él como un ángel vengador. Estaba vestida de un gris apagado. La falda de pliegues a la austríaca, enlazada atrás, estaba muy apretada de adelante atrás. El polisón sobresalía hacia arriba como la columna vertebral de un gato erizado. Llevaba el cabello peinado hacia atrás en un severo moño que tenía la apariencia de provocarle un eterno dolor de cabeza. Los únicos toques de color eran las manchas rosadas en las mejillas blancas y tensas. Con una sonrisa en la comisura izquierda de la boca, Gandy se quitó el sombrero Stetson de copa baja con gesto perezoso. —Buenos días, señorita Downing —dijo, arrastrando las palabras con acento sureño, que olía a magnolia. La mujer puso los brazos en jarras: —¡Señor Gandy, esto es un escándalo! El sujeto continuó con el sombrero levantado, sonriendo de costado: —Dije «buenos días», señorita Downing. Aunque una mosca zumbó junto a su nariz, Agatha no movió un párpado. —No son buenos días, señor, y no fingiré que lo son. Gandy volvió a calzarse el sombrero sobre el cabello renegrido, sacó una bota del barro, la sacudió y la apoyó en el escalón más bajo. —Bueno... —pronunció, sacando un puro del bolsillo del chaleco, y guiñando los ojos hacia el cielo azul de Kansas. Luego, miró a Agatha con los ojos entrecerrados—. Salió el sol. Ha dejado de llover. Pronto llegará el ganado. —Mordió la punta del cigarro y la escupió al barro—. Yo llamo a eso un buen día, señora. ¿Y usted? —¡No pensará poner esa... —señaló, indignada, la pintura— ...a esa hermana de Sodoma en la pared de su establecimiento para que todos la
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Por encima del hombro. que «guardia» sonó como «gadia»—. Gandy alzó una ceja: —Si nos permite.. —Lo que me dejaría contenta es que devolviese usted esa pintura al lugar de donde salió. enfureció a la mujer tanto como su actitud caballeresca y el hedor del cigarro. ¡Y usted sabe perfectamente que los chicos lo harán! —¿Quiere que ponga un guardia. no me dejará otra alternativa. negros y penetrantes. verdes y desafiantes. que había bajado uno.. y se irguió más. —Hizo un gesto con el cigarro sobre el hombro—. —Los que se apartan para permitir indecencias de esta clase. pero con un inconfundible tono de amenaza: —No me gustaría maltratar a una mujer delante de sus vecinos pero. La rodilla del hombre dio contra la rígida falda gris. Agatha cerró los orificios de la nariz. lenta y despreocupada. la arrojó por encima del hombro y le sonrió en medio del humo. —Esos niños inocentes ya la vieron. cuando esté adentro. Tras Gandy. Sin abandonar la sonrisa. e impulsó más hacia arriba el polisón. —No puedo permitirlo. la arrimó al puro. Los ojos de ambos se encontraron y sostuvieron las miradas: los de él. Vamos. con pronunciado acento. y lo haré. señorita Downing. llevemos adentro a la señorita. en cualquier momento. —se volvió de nuevo hacia Agatha— .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR vean! El hombre rió. no tiene de qué preocuparse. a Agatha le costó un gran esfuerzo no ceder terreno. sí puedo —replicó con frialdad—. ya no tendrá que volver a verla.. pero lo miró fijo—: ¡Si los comerciantes respetables de este pueblo son demasiado timoratos para oponerse a estos antros de vicio y corrupción que usted y los de su clase nos impusieron. ¿Eso la dejaría contenta? Encendió la cerilla en el poste. si no se aparta. Tras él se levantó ün clamor. —¡Pero no puede colgar ese cuadro! —Oh. —Agitó un dedo ante la nariz del hombre—. las mujeres no! Gandy apretó las palmas contra la rodilla. Si le resulta ofensiva. O mejor todavía. Su manera de hablar. muchachos.y se queda. los -7- . —No haré nada de eso. que la use para hacer fuego. Gandy subió un escalón y se topó con la señorita Downing. El hombre dibujó una sonrisa gallarda. y el sol hizo brillar sus dientes blancos y regulares: —¿Hermana de Sodoma? —Metió la mano en la ajustada chaqueta negra. se palpó los bolsillos del chaleco y sacó una cerilla de madera—.. Las pobres madres estarán horrorizadas. los de ella. se inclinó hacia adelante hasta que el ala del sombrero casi tocó la nariz de la mujer y habló con calma. Gandy recorrió apreciativamente la figura desnuda de la cabeza a los pies: —Ella está aquí. —Como tenía la bota alta del hombre contra su falda. por favor. y los hombres avanzaron. son tan culpables como si las hubiesen cometido ellos mismos. Más aún: cualquiera puede espiar por debajo de esas ridiculas puertas de vaivén. señorita Downing? —El acento sureño fue tan pronunciado. dio una calada honda al cigarro y le propuso: —Impídamelo.

la nariz como guadaña. sujetó el cigarro entre los dientes. Desde la acera opuesta. Con la maleta en la mano. la levantó del escalón y la plantó unos veinte centímetros dentro del lodo. Después de presenciar el altercado al otro lado de la calle. con bandas elásticas en las mangas. aparecía una fina franja de cabello. La boca fina tenía un gesto amargo. emergía la punta de un cigarro apagado. Drusilla Wilson se detuvo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR hombres esperaban con el barro a los tobillos. furiosa. a Gandy. el sujeto levantó el sombrero y le dedicó una sonrisa hechicera: —Buenos días. Pero el barro la chupó más profundamente y aterrizó sobre el polisón con una salpicadura ignominiosa. y las puertas quedaron balanceándose a su espalda. y comprendió que sus clientes más firmes y sus mejores amigos querían ver si retrocedería ante una mujer: eso lo hubiese convertido en el hazmerreír de Proffitt. Subió la escalera de entrada. Fue un placer. Estaba vestido con una camisa de rayas rojas y blancas. Gandy contempló los ojos decididos de Agatha Downing. Agatha gritó. aferró a Agatha de los brazos. El mentón retraído. recordaba al perfil de un mero.. Con aire despreocupado. Y aunque no lo habían educado para faltar el respeto al sexo débil. en lugar de adelantarse. En la calle. Al otro lado de la calle. estaba alisado sobre las sienes y aplastaba las orejas contra la cabeza. sobre unos brazos enormes que tenía cruzados sobre el pecho macizo. y atravesaban las puertas vaivén del Gilded Cage Saloon. Bajo el ala sin adornos de un sombrero cuáquero completamente negro. señora —dijo Gandy. —El nombre de esa mujer. agitó los brazos y trató de sacar los zapatos del lodazal. De la mata roja que rodeaba la boca. la señorita Wilson se volvió hacia un hombre de barba rojiza con mostacho engominado que estaba junto a las puertas vaivén del Hoof and Hora Saloon. Los hombres lanzaron un rugido a modo de aprobación. y las risas burlonas se habían convertido en un silencio expectante. Gandy! —¡No permitas que ninguna falda te detenga! Mientras Agatha miraba. también negro como si la naturaleza aprobara la decisión de darle un aspecto atemorizante. Downing. ¿cuál es. —Como guste. —¡Bienhecho. se limpió las botas en el felpudo de la entrada y siguió al ruidoso grupo adentro. que se sacudía cada vez que reía. los secuaces cargaban a la dama desnuda por los escalones de madera. el dueño de la taberna y el tabernero salieron por sus propias puertas de vaivén para observar el enfrentamiento con expresión divertida. Ese cabello. en Kansas. los ojos que parecían capaces de perforar granito. Tenía la figura y la rigidez de un poste. Irradiaba la clase de severidad que hacía que la gente retrocediera. toda la escena fue observada por una mujer vestida completamente de negro. -8- . por favor? —preguntó Drusilla Wilson. y el labio inferior casi tapaba al superior. esperando a ver quién ganaba. la mujer no le dejaba alternativa.. cuando se la presentaban. con formalidad. Cuando desaparecieron. Perry White y Clydell Hottle se protegían los ojos con la mano.

—¿Y dónde vive? —Ahí mismo. en los peores. —¿Es la dueña? —Sí.? -9- . La mujer alzó una ceja y miró el cartel que lucía en el falso frente del edificio. Drusilla asintió. Drusilla echó un vistazo a la lamentable figura al otro lado de la calle y murmuró: —Perfecto. ¿Qué está haciendo ella aquí? Tom Reese se encogió de hombros. —¿Puedo ayudarla. orgulloso. señor? El sujeto le dedicó una sonrisa de dientes marrones. y deseó ser de la clase de mujer que echa maldiciones. —Se quitó el resto del cigarro y señaló con la punta—. Agatha tenía gran dificultad en levantarse.. con las manos enterradas hasta las muñecas. se sujetó las faldas con la otra.. Pero se dio la vuelta otra vez hacia el hombre de la barba rojiza que aún sonreía contemplando a Agatha que intentaba librarse del barro. —¿Drus. le dolía y no lograba levantar el peso de la mujer. —Ésa es Agatha Downing. no pudo ponerse de pie. ¿Acaso no es eso lo que hace en cada sitio al que va? Eso era lo que hacía Drusilla Wilson ahí. la mujer respondió: —Drusilla Wilson. —Drusilla Wilson —anunció la mujer a modo de presentación. ¿Quién pregunta? Con un breve gesto de la cabeza. rogaba que fuesen Heustis Dyar y el dueño de Gilded Cage los primeros en sufrir el impacto de su llegada. se volvió hacia el cantinero que apoyaba los antebrazos en las puertas vaivén—. y mientras se acercaba a su «hermana» caída en el lodo. Cayó hacia atrás. no podía confiar en ella. encima de la cabeza del hombre: —¿Y es usted el dueño de Hoof y Horn? —Así es —respondió. ¡Eh. —¿Y su nombre.. Una mano enfundada en un guante negro se extendió hacia ella. —Se sacó el cigarro de la boca y dio un paso hacia ella—. —Drus. —¿Y yo cómo sé qué está haciendo aquí? Supongo que crear problemas. espere un momento! —Con el entrecejo fruncido.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Quién? ¿Ella? Riendo otra vez. Alzó la maleta con una mano. Otra vez.. Encima de la sombrerería. Aunque se balanceó hacia adelante. Atascada en el barro frío y pegajoso. deslizando los pulgares bajo los tirantes y proyectándolos hacia afuera—. y caminó por las piedras que cruzaban la calle. la cadera. indicó a Agatha. Sin participar de la diversión. era inútil intentarlo. señorita Downing? Agatha levantó la vista y vio unos fríos ojos grises que se esforzaban por ser simpáticos. En los mejores momentos. encajó otra vez el cigarro en la boca pequeña y respondió: —Heustis Dyar.

—Bueno. —¿Eso significa que sabe quién soy? —Desde luego.. pero alzar la pierna izquierda era difícil y doloroso. sin soltar la baranda. Estar de pie o caminar sobre una superficie plana era tolerable. Drusilla aferró la mano de Agatha y la ayudó a levantarse.. Las escaleras eran lo peor.. emocionada: —Señorita Wilson. señorita Downing. La falda sujeta atrás le hacía la marcha aún más difícil. —Oh. ¿Puedo esperarla mientras se cambia de ropa? —¡Oh.10 - . SOMBRERERA. mientras la ayudaba a subir los escalones. En la pared del fondo del edificio había una escalera de madera que llevaba a los apartamentos de arriba. Si me disculpa. pues.. sin duda! —Agatha indicó un par de sillas en la parte del frente del negocio—. sí. Agatha olvidó que estaba toda sucia y dijo. A mitad de camino. Agatha miró maravillada a la mujer. —Tome mi mano. Cuando llegó al rellano superior. ¿Acaso no la conocen todos? La señorita Wilson se permitió una risita seca. Pasaron juntas por la puerta de la Gilded Cage. aferrándose con tanta fuerza al pasamanos que los nudillos se le ponían blancos. créame... estaba un poco agitada. gracias. no. se manchará el vestido. Agatha hizo una mueca y se apretó la cadera izquierda con una mano. claro. yo. —Me he manchado con cosas peores que lodo.. Dentro. —Vamos. Yo. levántese. Yo vivo arriba.. me siento tan honrada de conocerla. claro. Agatha cruzó el taller y salió por una puerta trasera. excitado. Las dos mujeres caminaron hasta la tienda vecina. metiendo la mano bajo el ruedo.. por cierto. pero Agatha no.. Adentro. —¿Está lastimada? —No.. Un poco de limpio barro de Dios será un alivio. DOWNING. El rellano era compartido por los habitantes de ambos apartamentos. Subió como lo hacía siempre: los dos pies en cada escalón. sólo en mi orgullo. me conoce todo aquel que haya oído la palabra templanza. trabándole los movimientos.. y me atrevería a decir en todos los Estados Unidos y.. Desde cerveza hasta estiércol de caballo... —Pero está cojeando —advirtió Drusilla. Por favor. póngase cómoda mientras me ausento. únicos sonidos que perturbaban la apacible mañana de abril. desató el último par de lazos. Por favor.. Echó un vistazo a la puerta que llevaba a la vivienda de Gandy. ya sonaba el piano y se filtraban risas. —Pero. en cuyo escaparate se leía en brillantes letras doradas: AGATHA N. Se detuvo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Estupefacta. —No es nada. —Me gustaría conversar un rato con usted. la que está en mi humilde tienda. de modo que no tardaré más que un minuto. Agatha se limitó a exhalar con comprensible cólera y reconoció .. realmente. no puedo creer que sea usted. me han arrojado de todo. se inclinó y. en el estado de Kansas.. Tal vez otra mujer se hubiese permitido llorar. El corazón de Agatha latió. después de un momento tan duro como el que ese hombre la había hecho pasar.

por lo menos. Godey y Peterson. El vestido. o lo habían sido. un surtido de gasas y algodones plegados mostraban un prisma completo de colores.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR un gran anhelo de hacerlo morder el polvo. era gris. tallada. Tenía veintiocho botones en el frente. Temía que ni siquiera el jabón de lejía casero de Finn pudiese quitar manchas de lodo tan espesas. Wilson descartó leerlas.11 - . Sobre formas de papier maché. Cerca del escaparate cubierto con una cortina de encaje había un par de sillas de estilo Victoriano de respaldo ovalado. Cuando se volvía hacia la puerta. semejaba más la vitrina de un científico que el exhibidor de una sombrerera. Y sin un lugar donde lavarlo. Cuando Agatha desapareció tras la cortina. Le llevó cierto tiempo quitarse el vestido. y abanicos de plumas de faisán. Margaritas y rosas artificiales hechas con mucho arte se veían en un cesto chato.. Tendría que llevarla enseguida al lavadero de Finn. La ira de Agatha aumentó cuando se quitó el polisón de algodón y las enaguas. el polisón perdió todos sus bultos y quedó tan plano como la pradera de Kansas. pero considerando quién la esperaba abajo. Con él en la mano. Algunos eran calados. A Drusilla Wilson no le llevó más de dos minutos confirmar que la señorita Downing tenía en sus manos un buen negocio. pero estas prendas eran blancas. ocho lazos de cinta atados por dentro para formar el polisón de atrás. botones.. Además. enervante! No tenía idea de lo que le costaría a Agatha en cuestión de tiempo. una selección de frutas de pasta de aspecto tan real que daban ganas de comerlas. otros lisos. Sobre una mesa de caoba. De la pared del fondo colgaban de un cordel plumas de avestruz.. Todos esos miles de puntadas a mano. se exhibía una variedad de sombreros tanto de fieltro como de paja toscana. Drusilla Wilson miró alrededor. y encima. dinero e inconvenientes. cubiertas de barro. Después te preocuparás por eso. Sobre otro mostrador había otra variedad de esclavinas de piel. nidos y huevos. A medida que soltaba cada cinta. las últimas ediciones de las revistas Graham. el fregadero no tenía el tamaño suficiente para lavar una prenda así. la visitante veía a la señorita Downing cojear desde la parte de atrás de la tienda. ¡Ese hombre! ¡Ese sujeto maldito. el corazón le dio un vuelco. Al parecer. Agatha N. La carreta de agua fue esa mañana temprano a llenar el barril. y dedujo que. ¡La propia Drusilla Wilson está esperándote! Abajo. y comprendió que la caída de ese día no era la causa. y prefirió recorrer el establecimiento. el vestido perdía forma. y la mitad que sujetaban la falda en forma de delantal alrededor de las piernas. En una canasta de mimbre. Después. Adornada con un par de cabezas de zorro embalsamadas. eso quedaba descartado. Downing tenía un problema de cadera desde hacía mucho tiempo. libélulas y hasta abejorros se sumaban a la colección. . La tienda era larga y angosta. encaje y adornos. Entre las sillas había una mesa de tres patas. Mariposas. Cuando quedó desatado el último lazo. En las paredes había filas de pulcros compartimientos en los que se veían cintas. pero éste estaba sobre un soporte de madera bajo esas larguísimas escaleras. En un gabinete de cristal había todo un aviario de pájaros. Miró el fregadero seco y el cubo de agua que estaba junto a él.. tapizadas de color orquídea pálido que hacía juego con las cortinas. sonrió al pensar que al fin le habían llegado refuerzos.

Y tampoco comulgaba con esas faldas estilo delantal tan apretadas que marcaban la forma de las caderas femeninas con demasiada nitidez. Más adelante. cuando se hizo sombrerera y se mudó aquí. ni con el corpiño ajustado que revelaba con excesiva crudeza la amplitud de los pechos. yo continué su labor. —Gracias. con sus remilgados lazos a la espalda e innumerables filas de alforzas en el frente. Desde luego. a Proffitt. por eso estoy aquí. —Sólo en el 78 se formaron veintiséis grupos locales de la Unión de Mujeres Cristianas por la Templanza en todo el Estado.. si la consideran la más alta autoridad en la lucha por la causa de la templanza. —¿Cuánto hace que es sombrerera? —Aprendí de mi madre. Pero a la señorita Downing no parecía preocuparle mostrar ambos contornos con escandalosa claridad. no tire el vestido manchado.. Leí mucho sobre usted en los periódicos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR también. ¿no es verdad? Usted fue la única que defendió la virtud. Cuando era niña. el azul que usaba era demasiado colorido y moderno. tan orgullosa. —Oh. Me llegaron noticias de su pueblo. yo vine con ella. comunicación fluida con las mujeres de Proffitt. al menos el ajustado cuello clerical era recatado. — Le oprimió los dedos con firmeza—. Oyó que volvían los pasos irregulares de la dueña del negocio y giró en el mismo momento en que Agatha apartaba las cortinas de terciopelo color lavanda. —Una se acostumbra a esto cuando lucha por nuestra causa. Querida mía. ¡Dios mío!. —Sin aviso previo. es una tienda maravillosa.. estoy tan orgullosa de usted. Sólo hice lo que haría cualquier mujer en la misma situación. —No me importa mucho lo que dicen de mí. ¿se siente mejor? —Mucho mejor. el año pasado. hablaba en serio. Kansas. Lo que más importa es que estamos haciendo progresos.12 - . Agatha se ruborizó de placer ante semejante elogio en boca de una mujer tan famosa como Drusilla Wilson. Para su gusto. las soltó y retrocedió. la señorita Wilson atravesó con agilidad el salón y tomó las manos de Agatha—. ¡He aquí a una mujer a la que quiero luchando a mi lado!». Sin embargo. —Ah. —Eso he leído. no fue nada. —Pero ninguna lo hizo. podría usarlo cuando enfrente al enemigo en la próxima batalla. Yo me dije: «He aquí una mujer que no retrocede ante nada. la ayudaba a coser en casa. cuando dije que era un honor tenerla aquí. Dio otro apretón de simpatía a las manos de Agatha.. lo bajó y los labios finos dibujaron una sonrisa apretada—. La señorita Wilson observó la ropa limpia de Agatha. —Señorita Wilson —declaró con sinceridad—. si bien el borde de encaje que se repetía en las muñecas le daba un aire pecaminoso. maravillosa. Como sea. Si las manchas de lodo no salen. Me dicen que se nos está yendo de las manos. . —Señorita Downing. La mayoría. Cuando murió. Pero si estaban esos dos niños. ¡Pero todavía no hemos terminado! —Levantó el puño.

pero. —Las riñas no son lo único.. Desde que se abrió la taberna al lado. — Agatha entrelazó los dedos y bajó la vista—. el tabernero arroja a los borrachos a la calle.. Yo. La mía es la única. —No —La señorita Wilson alzó las manos enguantadas—. —Bueno. Bueno. junto a él. es peor. como en un budín de dos días. —Dígame. Y también puede oír por sí misma lo que pasa en el local de al lado. .. los ruidos se filtran a la calle y es indecible las cosas que tienen que oír las señoras cuando pasan. —Movió la cabeza con expresión apesadumbrada—. la mayor parte de las mujeres del pueblo estarán en su lista de clientes. en la Mercantile. con auténtica expresión de pesar—.... —Desafortunado pero. los venden hechos.. aun así.. ¿entiende? A las señoras no les agrada pasar por esta acera por temor a que las moleste algún borracho antes de llegar a mi puerta. A varias de ellas las espanta de tal modo la perspectiva de toparse con los esposos en la calle. Señaló con un gesto a la pared que la separaba de la taberna. Ahora. mis motivos para enfrentarme al señor Gandy no fueron estrictamente altruistas. __Vivo decentemente. señorita Wilson. ¿hay otras tiendas de sombreros en Proffitt? —Pues. —Alzó la mirada. por supuesto —añadió con cierto aire de superioridad. Sólo me referí a que está bien establecida aquí y. En su lugar. Pero. —Por decirlo con discreción. Desde que vino ese hombre. No quise entrometerme en sus asuntos financieros. señorita Wilson. —Por favor. Además.. y como ese Gandy no las permite en su local. supongo que es así. Es muy perturbador. no. —Usted vio con sus propios ojos hasta qué punto. es escandaloso. El lenguaje.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Agatha suspiró. al menos así era hasta hace un mes. a través de la cual llegaban los sones ahogados de «Ángel caído.. sin duda. —Debe de ser penoso. La señorita Wilson apretó los labios y alrededor le aparecieron arrugas. Los maridos de algunas de mis clientas frecuentan la taberna más que sus propias casas. en Longhorn Store. en verdad. Y con esas medias puertas. que la sola idea las avergüenza. yo sentiría lo mismo.. no puedo decir que las culpo por vacilar en seguir siendo clientes mías. señorita Downing.. —No me sorprende. llámeme Drusilla. Agatha se tocó las sienes. el señor Halorhan.. —Agatha frunció el entrecejo—. en semejante condición. hay una razón más humillante para evitar la zona. hace un mes. cae en mis brazos». la tienda parece próspera. como le decía. y se hundió en una silla. Surgen peleas espantosas a cualquier hora del día y de la noche. y el señor McDonnell. Pero no hay comparación. —Drusilla. mi negocio comenzó a tener dificultades. Me temo que sus elogios fueron un poco apresurados. cada vez. Tengo que confesarle algo. continúe. pensando en lo que valen aquí los espejos y la cristalería. Yo. Absolutamente escandaloso. sí.. Oh.13 - . fue cojeando hasta el escritorio de tapa corrediza apoyado contra la pared trasera de la izquierda.

Newton. sino el del propio gobernador St. Pero siguieron avanzando hacia los siguientes poblados.14 - .. Agatha. Agatha dirigió al muro de separación una mirada malévola. Proffitt. ¡Es perfecta! —Se apoyó en el escritorio y se inclinó hacia adelante—. —Fue a zancadas hasta el escritorio. presbiteriana. ¡Créame. y puede suceder aquí. lo que es más. Agatha sabía que John P. ¿Metodista? —Presbiteriana. En ese momento. Wilson giró con brusquedad. —¡Once! ¡Ah! —En gesto ofendido. St.. con los brazos en jarras—. También pensé: «Ésta es una mujer digna de ser un general del ejército contra el Brebaje del Diablo». ¿no quieren salir esta noche?» —En el presente... Puedo llamarla Agatha. Cuando la vi enfrentarse a ese hombre.. Drusilla echó la cabeza atrás. Sucedió en Abilene. Hágalo clausurar. Sorprendida. —Ah. ¿verdad? —No esperó la respuesta—. pero Drusilla siguió: —No sólo tendría el apoyo de la Unión Nacional de Mujeres Cristianas por la Templanza. Es cristiana practicante. ¿cuántas tabernas prosperan. ¿podría preguntarle si acostumbra ir a la iglesia? A duras penas. John. pienso pedirle el pulpito a su ministro por unos momentos.! —El domingo.. y apuntó con un dedo al aire. —Y puede volver a serlo. con expresión resuelta—. —Casi toda la música —replicó. —La señorita Wilson indicó con la cabeza hacia la taberna—.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Si no fuera un atrevimiento de mi parte. digamos. la canción que sonaba era «Chicas de Buffalo. Los echaron de Abilene hace años. —Este era un pueblo tan pequeño y pacífico hasta que vinieron. Tiene un incentivo más para luchar por la templanza. Iré al grano. Agatha contuvo la irritación: —¡No tenga la menor duda! —Eso pensé. y ahora. ¿Qué dice? La nariz de Drusilla estaba tan cerca de la suya que Agatha se tumbó contra el respaldo de la silla. ¿eh? Ellsworth. porque su negocio está amenazado. no sólo pensé: «He aquí una mujer capaz de enfrentarse a un hombre». y giró sobre sí misma. tiene la ventaja de ser vecina de uno de los corruptos. Me temo que se equivoca. Conoce a todas las mujeres del pueblo. Nada como un coro de voces que se elevan en plegaria al cielo para llenar de lágrimas los ojos de un borracho. Agatha se tocó el pecho: —¿Un general? ¿Yo? —Si Drusilla Wilson no se lo hubiera impedido con su presencia. no hace falta más para que usted cuente con un ejército regular a su mando! Agatha no estaba muy convencida de desear un ejército. se habría levantado de la silla—. señorita Wi. Y. —No me equivoco. Y los presbiterianos aman su música. se lo aseguro. y será el primero de una larga lista de locales clausurados. en Proffitt? —Once. Wichita. —¡Caramba. John había sido elegido dos años antes gracias a una plataforma que ponía el acento de sus reivindicaciones en la .

T.15 - .. Es un comienzo. Sin embargo. y poco más sobre una organización en semejante escala. Drusilla Wilson no tenía nada de tímida. El Temperance Banner. He viajado casi cinco mil kilómetros. ¿Y podríamos hacerlo aquí? —¿Aquí? —Los ojos de Agatha se dilataron—. Perforó con los ojos a Agatha tal como el alfiler de un coleccionista sujetaría a una mariposa. las cosas estaban en su lugar. un gesto ceremonioso. —Clarksdale —apuntó Agatha—. el Reverendo. Samuel Clarksdale. señorita Wilson. En todas ellas vi que surgían grupos de apoyo a La Causa casi de inmediato. Para mí ya es bastante dirigir mi negocio. ¿quién lo haría? —Mi puerta estará abierta. y se acomodó los guantes—. —Dejó escapar una bocanada de aire entrecortada y se levantó.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR prohibición del alcohol. Crucé el Estado una y otra vez. Afuera. Y quería librarse del ruido y la jarana que traspasaban la pared. Pero cuando miró alrededor. ayudará. —Muy bien. la sorprenderán con su solidez y su apoyo. —Gracias. Tengo que encontrar hotel. —Por favor. ladraba un perro. Y sé lo que digo cuando me refiero a que las mujeres del pueblo nos ayudarán. Resultó evidente cómo Wilson había logrado organizar toda una red de locales de la U. Agatha. —¿Legislación? —Esa palabra aterró a Agatha—. pero no sabía nada más de política. No sé nada de organizar un grupo así.. Agatha quedó inmóvil. pero estaba segura de una cosa: quería devolverle a ese hombre lo que le había hecho esa mañana. pues. —Pero no tengo suficientes sillas y.. —Retrocedió. Luego. —Estaremos de pie. y después recorrer el pueblo para determinar con exactitud los once objetivos de nuestra cruzada.. y no quiero verme involucrada. Agatha tenía muchas dudas. en ocasiones durante horas.. Pasaron un caballo con el jinete tras las cortinas de . Bien. en la calle. nuestro periódico. Un movimiento rápido. en el ala norte de la iglesia.M.C.. si quiere invitarlas a un mitin de organización. ¿En mi tienda? —Sí. y se fue. yo. En cuanto las mujeres se reúnan y vean que no están solas en la lucha contra el alcohol. No puede equivocarse. Lo encontrará en la pequeña casa de madera. —Wilson se refería al periódico estatal creado dos años antes para apoyar las actividades pro-templanza y de apoyo a la legislación contra el alcohol—. como sucede muchas veces a las puertas de los bares. —Yo la ayudaré. Se dio la vuelta y se retorció las manos—. Se sentía como si acabara de atravesarla una tormenta estival. —Drusilla aferró la mano de Agatha y le dio un firme apretón —. El piano tintineaba al otro lado de la pared. Si ella no daba el primer paso. Asistí a cientos de reuniones públicas en escuelas e iglesias de todo Kansas. Quería que su negocio volviese a florecer. Hasta el domingo. Estoy segura de que eso es todo lo que hará falta. Ignoro todo respecto de la política. —Levantó la maleta—. La organización nacional lo hará. —Bien. y estuve en Washington. tengo que visitar al ministro. tendré mucho gusto en presentarle a las mujeres de Cristo Presbiteriano.

dama desnuda? —¿Una dama? Violet. Desde la primera vez que vio a Gandy caminando por la calle con una sonrisa seductora.. Violet? Perry White y Clydell Hottle ya venían corriendo. —otra vez el susurro— . No tenía el tiempo ni la vitalidad para ponerse a la cabeza de la organización local por la templanza.. ¿cómo puede ser una dama? Los ojos de Violet adquirieron un brillo malicioso: —¿Estaba realmente. con la esperanza de ver desde más cerca esa pintura pagana.. Violet se ruborizó. como un mono de organillero —. Aún lo hacía cada vez que le echaba un vistazo. —Pasé por la tienda de Harlorhan a buscar un dedal nuevo. me metí. sí. Pero lo hacía constantemente. Por eso. no. __Y el señor Gandy. Aunque nunca se había casado. Pero organizadora. Era el único rasgo de ella que a Agatha le disgustaba.Tt-tt-tt..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR encaje.. y tendría que haber perdido ese hábito mucho tiempo atrás. —la risita se transformó en un susurro— . en cambio.. —Yo lo encontré debajo del sombrero de paja en que estabas trabajando. Agatha sacó el dedal y lo apoyó con un golpe sobre el mostrador de cristal. Ya era una mujer de cabello blanco como la nieve y con más arrugas que un pergamino. si está desnuda.. Agatha apretó una mano sobre el corazón. Violet se llevó cuatro dedos a los labios. ¿El incidente ya se comentaba en Harlorhan's Mercantile? Qué inquietante. —Las noticias vuelan. Miembro...desnuda? __Como un pájaro desplumado. A Violet.. jamás dejó de desearlo. —Hacer aquí una reunión de templanza. lo he escuchado todo! ¡Tt-tt! —Violet era de esas personas que ríen entre dientes. comenzó a comportarse como una idiota. tt-tt-tt. —¡Agatha. Sabes que ayer perdí el mío. ¿En serio te tiró al barro? Violet no pudo evitarlo: sus ojos. Mientras seguía pensando en el tema. Oí decir que te enfrentaste con el dueño en los escalones mismos de entrada a la taberna. justamente..16 - . —¿En serio es un cuadro de una. chispeaban cada vez que se mencionaba al señor Gandy. exhaló y se dejó caer en la silla. llegó Violet Parsons a trabajar. ¿Cómo tuviste el coraje de intentar detenerlo? —¿Tú qué habrías hecho.. del mismo color que el vestido de Agatha. —¡Cielos! Esa mujer salió de aquí hace menos de quince minutos. Agatha se irguió.. tt-tt-tt. ¿Y de qué otra cosa te enteraste en Harlorhan? —¡Que Drusilla Wilson está en el pueblo y que pasó casi una hora en esta misma tienda! ¿Lo harás? —¿Qué cosa? A Agatha la ofendía la suposición de Violet de que ella sabía todo lo que se hablaba cada mañana en el negocio de Harlorhan. y esto siempre sacaba de quicio a Agatha. ¿y ya te enteraste de eso en Harlorhan? —Bueno. los chismes le encantaban.. ¿lo harás? .

Abrió el mazo de naipes en forma de cola de pavo real. Las noticias volaban en un pueblo tan pequeño. pero bastaron para que Gandy advirtiese que no caminaba normalmente. Sólo entonces comenzaría la verdadera diversión. la propia «Dos Zapatos». eso es todo. invadiesen el pueblo. detrás de él. Pensativo. Pero. una bota en el riel de bronce. lo más probable era que la pequeña benefactora de al lado hiciera sus maletas y se fuese con viento fresco. que querían echarle un vistazo al desnudo. —Dios. se materializó desde la puerta vecina y pasó ante la taberna. —¿Qué pasa? Loretto no alzó la vista. Gandy se puso ceñudo. No fueron más de cinco segundos el tiempo en que la cabeza y los zapatos fueron visibles por encima y por abajo de las puertas batientes. Violet se quedó petrificada y los ojos se le pusieron redondos y azules como bolas. se alzó las faldas y caminó con esfuerzo por el lodo. Si la inquietaba la pintura. Maldijo y la tiró. la sombrerera de boca de miel seguía fastidiándolo. hasta el otro lado.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —No. ¿Y si nos echa? Agatha levantó el mentón en gesto desafiante. El local estaba abarrotado de varones curiosos. —Dan —llamó Gandy. Sin embargo. Cuando llegaron Jubilee y las chicas. Pero antes de que pudiese usarla. Si se lo proponía esa mujer era capaz de convertirse en un estorbo infernal. corrió hacia la puerta y se situó de costado. Agatha se acercó al escritorio. Gandy bajó más sobre los ojos el ala del Stetson y apoyó a los codos en la barra. las chicas la indignarían.17 - . no exactamente. Teniendo en cuenta la hora. Estaba de pie junto a la barra. la vio descender unos escalones. Cinco puertas más allá. sacó un puro del bolsillo del chaleco y encendió la cerilla en el tacón de la bota. Sonrió para sí. confundida. contempló el local de Heustis Dyar. y entonces las preocupaciones de Gandy habrían acabado. había bastante actividad. sedientos. y después lo juntó bruscamente. y se sentó. —No se atreverá. es bastante. y se preguntó cuándo empezaría a llegar el ganado. en lugar de cruzar por las piedras como lo hacían todas las señoras. —Él no hará nada. Pero ya se le había ocurrido a LeMaster Scott Gandy. a la sombra. al otro lado de la calle tranquila. Con una sola como ella bastaba para agitar a todas las habitantes femeninas de un pueblo y que comenzaran a molestar a sus esposos en relación con las horas que pasaban en la taberna. Era demasiado temprano para . La cerilla le quemó los dedos. —Pero eso es lo que se dice. La observó andar por la acera. Empezó a sentir calor en el cuello. aferrándose con fuerza al pasamanos. —Pero es nuestro nuevo patrón. Cuando esos vaqueros bullangueros. el negocio floreció todavía más. —Acepté dejar que la señorita Wilson la haga aquí. el motivo de sus preocupaciones. Oyó el sonido de arrastre que producían los zapatos. escuchando los comentarios atrevidos de los hombres acerca de la pintura.

Gandy sintió que se sonrojaba por primera vez en años. Gandy volvió la cabeza en forma repentina. —En absoluto. Recibes el alquiler. QUE ES LISIADA. Vio que Agatha desaparecía con la ropa sucia en la lavandería de Finn. Las faldas se removían a cada paso de manera antinatural—. Se acercó a espaldas de Gandy. Una polilla gris sobre una roca gris. —Tú no la tiraste al lodo. ya lo creo. se lo envió por medio de una mujer tímida. Scotty. Podía imaginar los titulares: DUEÑO DE TABERNA ARROJA AL LODO A UNA TRABAJADORA POR LA TEMPLANZA. ella estaba sentada ante el escritorio de tapa corrediza y no se levantó de la silla. —Y yo la tiré al lodo. Se sintió como un canalla. —¿Por qué nadie me dijo nada? ¿Cómo demonios podía yo saberlo? —Pensé que lo sabías. Cuando fue al local vecino a presentarse como el nuevo dueño del edificio. Se cayó. ¿Está cojeando? —Sí. patrón? —Esa mujer. . Cojea desde que la conozco. ahora azules. —¡Buen Dios! ¿Yo le hice eso? Gandy parecía espantado. —¿Desde que la conoces? Eso iba de mal en peor. Tiene una pierna lisiada. en la otra manzana. junto a la puerta vaivén.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR juegos de azar. patrón. —¿Qué. —Sí. pero Gandy le había enseñado a mantener los dedos ágiles en todo momento. —Ven aquí. El desayuno y la cena. En lugar de llevarle ella misma el alquiler.18 - . las tendría a todas sobre la cabeza. Gandy se puso ceñudo. apretando un lío de ropa que se parecía sospechosamente al vestido gris que había usado antes. ¡Dios mío! ¿Qué dirían las mujeres de Proffitt? Si era cierto que había una «organizadora» en el pueblo. Era de la clase de mujeres que se confundía con la acera gastada. No recordaba haberla visto las pocas veces que cenó en Paulie. Y tendrían mucho que decir en ese fastidioso periódico que editaban. Va caminando a Paulie dos veces por día con tal regularidad que puedes poner en hora el reloj. Al ver las faldas limpias que llevaba. Loretto acomodó el mazo y se levantó de la silla con el mismo movimiento fluido que tanto admiraba en su patrón. —¡Se cayó después de que yo la empujé al barro! —Lo que digas. Ya hace un mes que tratas de negocios con ella. señor. —Agatha Downing había llegado al otro extremo de la calle y se esforzaba por subir a la acera. Pero Gandy nunca le había prestado atención. que tenía aspecto de haberse tragado una rana. Jamás falla. —¿Una pierna lisiada? —Así es. de voz chillona.

Echaba de menos a los sinsontes. la parte de Gandy estaba dividida por un pasillo con la puerta en el extremo oeste y una ventana en el este. calles lodosas. oscuros y hechiceros como el ébano. con tirabuzones que le llegaban a los hombros. con un suspiro. Estructuras de edificios sin pintar. La taberna y los apartamentos del piso alto ocupaban tres cuartos del edificio mientras que la sombrerería y su correspondiente apartamento. A la derecha. con el grano en el hueco de la mano. Estaba tan enamorado de Delia como la primera vez que la besó. Cintura de violín. se arrodilló. con la mano ahuecada extendida. en Waverley. La piel blanca como la leche.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 2 Esa tarde. Scotty? —bromeaba. de cuclillas en medio de un revuelo de faldas. el suelo de roble basto. enganchó los pulgares en los bolsillos del chaleco y tamborileó. con los otros dedos sobre la seda. Y la madre lo miraba y sonreía al ver la expresión en el rostro del hijo. cuando tenían catorce años. ni aroma de magnolia flotando en la brisa primaveral. caja de seguridad y una pequeña estufa de hierro. A esa hora del día. tratando de tentarlos para que lo comiesen de su mano. La cabeza dorada. ni sinsontes1. de D. distraído. después de las cinco y media. el pecho y el vientre blancos. y los muebles indispensables: un escritorio. Gandy miró por la ventana. y Delia les arrojaba maíz molido a los sinsontes. A la izquierda. Nada más que la pradera. hasta el mismo rellano que Agatha había subido antes. Pero Delia seguía. paciente. La vista de afuera no tenía nada que lo atrajese. siempre seductores. la familia acostumbraba reunirse en la amplia galería de atrás y beber té helado con menta. Podía verla. Además —Delia apoyaba la barbilla en el hombro y miraba a su marido—: no tiene gracia lograr que un pájaro doméstico coma de la mano. Tiró el puro sobre la baranda y entró por su propia puerta. Abajo. con paredes revestidas de madera. con las ventanas sin cortinas. la vivienda de Gandy y la oficina privada. que era un cuarto pequeño y despejado. dos sillas. Observó las dos grandes ventanas. Arriba. Era una habitación fría. se paró y se frotó la nuca. la pared que quedaba sin revestir pintada de un verde pardusco. el cuarto restante. perchero. giró el dial y sacó un fajo de billetes. desnudo. Fue hasta la caja. Ni robles bordeados de musgo. Su canto es muy variado y melodioso (N. una a cada lado de la puerta pero. 1 Pájaro americano de plumaje pardo y con las extremidades de las alas y de la cola. Y los ojos. como siempre. ¿no crees. y después. Scott Gandy salió por la parte trasera de la taberna. —¿Por qué no das de comer a los pavos reales? —le decía el padre. y la pradera. había cuatro habitaciones de igual tamaño. Ivory había dejado de tocar el piano y Jack se había ido a comer. y subió los mismos escalones. Entró en ésta.19 - . una sola ventana que daba al oeste. estaban tapadas por unas cortinas de encaje denso. —Porque los pavos son demasiado audaces.) . Pero nunca le importó quién lo supiera.

En el lavatorio. Dorian Gandy tomaba a la esposa del brazo. En la pared. de Waverley. de piel tan oscura como melaza y pechos grandes como melones. aprendió que a muchas mujeres les agradaba. A la izquierda. Perdido en sus pensamientos. y permitía que la ayudara a levantarse. en su apartamento privado. y dos lámparas de mesa. La pintura representaba una mansión con columnas y un amplio porche frontal. pesadas mesas de caoba. Daba a la . ¿Qué fue lo que desató todos esos recuerdos de Waverley? No era bueno quedar anclado en los viejos tiempos. Pensó tanto tiempo en Waverly que. Salió de la oficina por una segunda puerta. mejor. de palo rosa. las feraces tierras a orillas del Mississippi. Gandy contempló la pradera y parpadeó con fuerza. de la mano. Sacó un cigarro de la caja. Sin Jube. recordándole que ya era hora de cenar. La luz titilante de la lámpara proyectaba una trama de sombras sobre la piel de la mujer. señores —anunciaba. La mirada de Scott se demoró en la pintura mientras dejaba el sombrero sobre el molde. con tres bolas agrisadas engastadas en los cálices castaños que parecían garras. a la derecha. Jubilce y las chicas llegarían en cualquier momento. finalmente. en el gran río Tombigbee. una red de gasa los envolvía en un paraíso íntimo y privado.20 - . colgaba una acuarela tras la cual estaba metida la rama de una planta de algodón. Entonces. una alfombra de fábrica. y muebles sólidos y masculinos. ¡Basta. y el soporte para el sombrero. Había un sofá de cuero con sillas haciendo juego.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Entonces. Pero esa época había pasado para siempre. ¿por qué te castigas? Mientras se secaba la cara. de techos altos. dejó el puro otra vez en el humidificador. —La cena. se olvidó de encender el cigarro y lo palpó. Era sólo una de las cosas tristes qué aprendió después que perdió a Delia. y entró a la sala vecina. donde llevó a la novia y se acostó con ella por primera vez. era mucho más alegre. tan rico y castaño como el suelo del que había brotado la planta de algodón. flanqueado por lozanas enredaderas y con prados en los que se veían dos pavos reales con las colas extendidas. Siempre decía que le gustaban los hombres limpios. distraído. fue hasta la ventana del frente. Hacía casi cuatro semanas que estaba ahí. la vieja y buena Leatrice. una puerta daba al pasillo. Cuanto antes. El estómago le gruñó. Parpadeó de nuevo. usó la jarra y la palangana. Waverley. Entonces. La nostalgia lo abrumó con la fuerza de un golpe. Se quitó el chaleco y la camisa y los arrojó sobre la colcha. Alrededor. y los hombres limpios eran tan poco comunes que podían lograr que una mujer hiciera casi cualquier cosa por ellos. la vida era aburrida. Fue hasta el cuarto contiguo y tiró la chaqueta sobre la cama doble. sin fumarlo. entraban tras los padres de Scott a la casa fresca. Con un profundo suspiro. Gandy! No se vuelve atrás. Recordó la cama de cuatro postes. Eso se lo había enseñado Delia. Se preguntó dónde estaría. Después de Delia. sobre ese mueble. sobre una cómoda. Leatrice se acercaba lentamente a la puerta. se alejó de la ventana hacia el escritorio y echó un vistazo al calendario. estaba el humidificador para guardar los cigarros. Scott se levantaba de la silla y tendía lentamente la mano a Delia. La esposa le dedicaba una sonrisa cargada de promesas para después. Con cortinas color borgoña.

. tomó una camisa limpia del armario. —¿Te traigo refresco de manzana? Está hecho de esta mañana. y usaba los vestidos muy ceñidos. estuvo a punto de sonrojarse. observándole la espalda mientras los dos comían. que cojeaba hacia el restaurante de Paulie para cenar. —De acuerdo. La vio en cuanto entró. Si su madre estuviese viva. entonces.21 - .. Llevaba un sombrero monumental. contemplando la espalda de una mujer vieja y melindrosa? Lo atribuyó a las remembranzas del hogar. y luego al dueño de la taberna. Tenía los hombros angostos. decorado con mariposas y moños que dejaba ver muy poco cabello. La mujer entró en Paulie y desapareció.. Las seis en punto. el torso pequeño. —No. Y cobra también la cena de la señorita Downing. ¿Café? Gandy se palmeó el vientre chato. muy acentuada. Cuando Cy fue a ofrecerle a Agatha el refresco de manzana y a llevarse el plato sucio. ¿Por qué estaba ahí. Estoy lleno. y bajó corriendo las escaleras. Cy. se sentó detrás de ella y oyó que pedía pollo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR calle principal y le proporcionó una vista de algo que. Cy lanzó una mirada a la mujer. pero si Delia estuviese viva. Cuando llegó al restaurante de Paulie. pidió lo mismo. Se educaba a los caballeros de Mississippi para que fuesen mucho más educados de lo que él se había mostrado ese día. lo hizo. Vuelve pronto. —La comida estaba estupenda. Aunque no tenía un motivo lógico para darse prisa. Miró hacia la calle. al menos. —¿Cómo estaba la comida. Scott le hizo una seña. sus dientes daban la impresión de que alguien le había abierto la boca y los había arrojado dentro sin fijarse dónde o en qué dirección caían. Un hombre no olvidaba algo así. tenía todo abotonado y metido en su sitio. Ya me voy. La toalla se detuvo en su mentón. . gracias. los brazos delgados. Por desgracia. y se la puso. para empezar. Scott se lanzó hacia la cama y sacó el reloj del bolsillo del chaleco. La cojera era evidente. Y si Delia estuviese viva. ¿Te refieres a Agatha? —Así es. él no estaría en ese pueblo vaquero dejado de la mano de Dios. Llevaba un vestido del color del cielo nocturno y la parte de arriba del polisón asomaba tras el respaldo de la silla mientras Cyrus Paulie le tomaba el pedido. lo regañaría por su rudeza. Sujetando el chaleco con los dientes. apartó de su mente a Delia y a Waverley: la señorita Agatha Downing. —Scott sacó un dólar de plata del bolsillo del chaleco y la depositó en la palma de Cy—. Otra vez. No tenía sentido recordarle a Gandy que esa misma mañana había tirado en el barro a esa mujer. —No. tomó la chaqueta y el sombrero. Apiló el plato de Scott sobre el de Agatha y exhibió su lamentable colección de tocones. tiró la toalla. —¿De la señorita Downing? —Las cejas de Cy se alzaron tanto que casi llegaron a la raíz del cabello—. Scotty? Cyrus Paulie era un tipo jovial y sonriente. Cy le llevó el plato de pollo a la señorita Downing. Gandy entró. —Bueno. Scotty.. ¿Cómo pudo no advertirla antes? Frunció el ceñó al recordarla cayendo de espaldas en el barro. Cy. el cuello largo. aún acomodándose los faldones de la camisa. gracias. y Gandy. —Cy señaló con el plato sucio—.

¡No lo era! Para demostrarlo. Pero tuvo que renguear como una vieja. . El rostro de Agatha se coloreó. ¿por qué? ¿Para ridiculizarla? Agatha tenía que vérselas con las burlas desde que se cayó de las escaleras. subió trabajosamente las escaleras deseando que. por una vez. —Delicioso. la molestaban y le ponían motes ridículos a la «coja». no aceptaría una invitación de parte de un miserable como él. había una servilleta usada sobre la mesa. —Seguro. donde giró unos segundos hasta que cayó. resonó como un trueno. Dígale al señor Gandy que preferiría morirme de hambre. señor Paulie—afirmó. En medio del silencio. Alzó la cabeza y el sombrero se balanceó. observando cada uno de sus movimientos. Al salir. El hombre no le quitó la vista de encima. y levantó el tazón del refresco. Imaginó que debía de estar riendo entre dientes. Los ojos oscuros estaban clavados en Agatha. cuando llegó arriba golpeó la puerta con tanta fuerza que se cayó un cuadro de la pared del vestíbulo. pero la mujer alzó el mentón y fijó la suya en el picaporte de bronce. Se miraron. y eligió ese momento para hacerlo. en voz lo bastante alta para que Gandy pudiese oírla—. Déle mis felicitaciones a Emma. —Yo puedo pagar mi propia cena.22 - . Había personas capaces de satisfacerse de manera cruel. Se quitó el sombrero de un tirón. —No es necesario. Pero esto.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Al mismo tiempo. —El señor Gandy. Apretó los labios. —Bueno. a los nueve años. señora. los niños se reían. hasta la puerta. Se dio vuelta en la silla y vio al que había sido su ruina de esa mañana sentado en la mesa contigua. señorita Downing? —preguntó. Desde entonces. de pie junto a ella. pero el hombre no las tomó. frotándose la cadera izquierda. Agatha sacó las monedas correspondientes del bolso de mano y detuvo a Cyrus Paulie cuando pasaba junto a su mesa. ¡Qué humillante! Todo el salón lleno de gente que miraba. los ojos le ardieron de humillación. Y aunque no pudiese. como siempre. Agatha dilató los ojos.. sin duda. apoyando los platos contra el largo delantal blanco anudado a la cintura. Ya está pagada. sintiendo las miradas curiosas de los otros comensales que la observaban mientras pasaba junto a Gandy arrastrando los pies. ¿cómo estuvo todo. pudiese golpear los escalones con los pies con toda la ira que sentía. Los adultos tampoco se resistían a echarle una segunda mirada.. esto era bajo. y estaba fumando el cigarro de después de la cena. Agatha se levantó de la silla con toda la dignidad que pudo reunir.. ¡al menos una!. Le dio las monedas. hasta que hizo un gesto cortés con la cabeza. —¿Pagada? ¿Quién la pagó? Pero. Aunque no era una vieja. y lo único que se movía era el humo que ascendía en espiral sobre la cabeza del hombre. Cyrus señaló con la cabeza a la mesa detrás de Agatha. Arrojó dos monedas sobre la mesa. Una dio en el azucarero y rodó al suelo. Pero. Al llegar a la casa. Era evidente que lo estaba haciendo desde hacía un rato.. y se paseó por el apartamento.

cerciórate de hacerlo con un hombre que no se beba todo el dinero que has ahorrado para comprar esos bonitos vestidos. La que tenía los escalones empinados y la escalera angosta. el reloj en forma de banjo. cuando dijo con su voz infantil: —Cuando sea mayor. con el baúl haciendo juego. el sofá de pelo de caballo marrón. y la dejó vacía y desolada. Al colgarla del clavo. la metió en un estante del ropero. en Colorado. la mesa plegable. las luces de Hoof y Horn se derramaban sobre la acera. Fue junto a esa hamaca. Enfrente. la tristeza le tiñó el semblante. el gabinete esquinero con bibelots2. Al contemplar la muestra. atrajo a Agatha hacia el brazo de la mecedora y la besó en la mejilla: —En ese caso. observando cómo su madre bordaba un pétalo perfecto. Empezaba a sonar el piano. justo a la altura de su ventana. La preciada cama Hepplewhite. desde atrás de las puertas de vaivén. lazo bordado. voy a tener hijas y les haré bordados en todos los vestidos. con las fundas para protegerlo tejidas a ganchillo. en la humilde casa de Sedalia. los confines de su mundo.) . ¿Cuántos años tenía cuando su madre le había enseñado a coser? ¿Siete? ¿Ocho? Lo más probable era que hubiese sido antes del accidente. la muestra de bordado que había hecho caer de la pared. taraceado de acebo blanco. hilo. El tintineo de la música. de color marfil. —Bien. leyó las líneas tan familiares: Aguja. mami. aunque no podía ver más allá del tejado que cubría la acera. Un cuarto largo y atestado de los muebles de una vieja solterona. Guardó el sombrero en una caja. y lazada. Se dio la vuelta y contempló el apartamento. Sin duda. Recordaba esa casa con más claridad que todas las que habían habitado. Entonces. pues uno de los recuerdos más antiguos que tenía era el de estar de pie junto a la silla de la madre. Su madre había conseguido en algún sitio una hiedra y la colgó en la ventana de la cocina. siéntate en el taburete y te enseñaré el punto pétalo. pues fue en ella donde eso sucedió. donde el padre presentó el reclamo de los yacimientos de oro. La práctica mejora mi costura.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Llegó un momento en que la cólera cedió. nudo francés. Había anochecido. acompañada de risas. cuidado y fortaleza. Era la única nota alegre de ese lugar lamentable. de D. la puso triste. Gussie? —Te lo prometo. Con un suspiro. Había una vieja hamaca de madera debajo de la planta. la estufa. seguro de que esa vez se haría rico. fue hasta la ventana del frente y miró a la calle. abajo estaría pasando lo mismo. la levantó. Regina Downing dejó a un lado la labor. ¿Me lo prometes. 2 Figura pequeña de adorno (N. Paciencia. Puntada de satén. Tienes que conocerlo para bordar margaritas.23 - . donde Agatha estaba de pie.

Ni el ruido del vapor que siseaba en la pava. que. Fuera cual fuese la razón. conociera a un hombre. Y alguien junto a ella a la hora de dormir. Todas las noches solitarias. Otro ser humano que le contara cómo le había ido ese día. y la tomara de la mano mientras se dormía. era una niña robusta y saludable que. Nada más que las divagaciones de una vieja solterona. colgó la ropa. Tal vez porque fue la primera vez que expresó el deseo de tener hijas. Incluso si. Toc. hasta para ocho. por un milagro. incluyendo la almohadilla de algodón que se ponía sobre la cadera izquierda para que pareciera igual que la derecha. Pero nada de eso pasaría. No era necesario que fuese apuesto. Había tantas cosas que quería. cómo odiaba ese sonido.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR A lo largo de los años. Le bastaba con que fuese sobrio. que liquidó para siempre sus posibilidades de tener alguna vez hijas o un marido que se las diera. la única que ésta le pidió jamás. Se acostó en la oscuridad. Querían a las sanas.. Cerró la puerta con llave.24 - . un viudo quizás. El único otro recuerdo de esa casa fue la noche que sufrió esa caída fatal escaleras abajo. Una cocina donde pudiese cocinar. Tal vez fuese por la promesa que le hizo a su madre. con un jardín donde pudiera plantar flores y verduras. Además. Tic. metidos en la cama. honesto y bondadoso. a esa hora del día. alguien que compartiera y riera con los niños. o de pie ante la tina de lavar. Una casa de verdad. y donde pudiese colgar un columpio de un álamo alto. rico o demasiado afectuoso. el recuerdo no perdió un ápice de nitidez. sobre la cocina. . los hombres no querían mujeres que necesitaban ponerse una almohadilla para parecer simétricas. en la habitación al otro lado del pasillo. empujada por el padre borracho. colgados junto a una camisa de hombre de gran tamaño. iba a la cama y lo escuchaba marcando el paso de los días de su vida. ¿Para qué querría un hombre a una lisiada? En la penumbra del apartamiento solitario. los más largos. Quizá no fuese nada más complejo que el hecho de haber aprendido ese día a hacer el punto pétalo. Ni el olor de la sopa de cebada y cebollas que hervía para la cena. y prestó oídos. Tonterías. Los niños. grandes y pequeños. Se puso el camisón y le dio el tirón nocturno a las pesas del reloj. Alguien que trabajara todo el día y volviese a casa hambriento. alguien que necesitara que le cuidara a los hijos.. relucientes de limpieza. Tic. para seis. le echaría un vistazo y comprendería que no duraría mucho arrodillada en el jardín. y casi habían terminado sus años de concepción. o persiguiendo niños de pies torpes. Ni el tibio sol otoñal que entraba a raudales por la ventana. Toc. La respiración regular de otra persona en el mismo cuarto. En esa imagen. Además. Agatha no sabía por qué se conservaba así. Agatha. Una cuerda para tender a secar la ropa: calcetines blancos como la nieve. Ya tenía treinta y cinco años.le preguntara por el de ella. Tic. trabajaba en un negocio cuyos únicos clientes eran mujeres. Toc. el recuerdo perduró. Señor. se sostenía sobre dos piernas sólidas. con hermosos camisones cosidos a mano por ella misma. que estuvo usando desde entonces. Agatha dejó la muestra colgada y se preparó para irse a dormir. apoyando la barriga en el brazo de la mecedora de la madre. con una gran mesa de roble para cuatro.

Si tuviese las piernas lo bastante fuertes para dar a luz a un niño. cerca de la ventana. ¿Alguna vez te mostré el daguerrotipo de mi padre? Ahora que lo pienso. —¿Lo hizo? Los ojos de Violet se abrieron como platos. están equivocados. fregar calcetines y escuchar las peleas de los niños. ¿cómo hiciste para enterarte tan pronto de algo así? —¡Lo hizo! ¡Ya veo que lo hizo! —Violet se cubrió los labios—. irritada. Violet! —Agatha hizo un nudo. ¿crees que aceptaría que me pagara la cena? ¡La comida se me quedaría en la garganta! —Entonces. —¡Qué vergüenza. Aunque difundían las novedades más rápido que la Western Union. anoche? Agatha estaba sentada a la mesa de trabajo. —¿Quién te lo dijo? Violeta vivía en la pensión de la señora Gilí. Tt-tt. Tiene el cabello más oscuro y los ojos. que en paz descanse. «Sería tan buena madre». Pues si alguna vez tuviese la oportunidad. —Ayer. —Bien. —Dicen que anoche. aunque levantó la vista.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Tic. ya he escuchado suficiente! Te aseguro que la gente comenzará a burlarse si no dejas de hablar de ese hombre. «Y también sería una buena esposa. Después de lo que me hizo ayer por la mañana. cortó el hilo y empezó a enhebrar otra vez—. nunca lo daría por seguro. ¿qué fue lo que pasó? . —¡Violet. con otras seis señoras mayores. Siguió cosiendo. Cuando Violet Parson fue a trabajar a las once de la mañana siguiente. —No.. a cenar. el señor Gandy se parece a papá. pero es mucho más apuesto. En nombre del cielo.25 - . fuiste directamente al restaurante de la señora Gill. pensó. Daría el broche de perlas de mi madre si un hombre como ese me invitara a cenar. Pensó en los miles de mujeres que tenían esposos como los que ella imaginaba y que se quejaban de tener que desmalezar el jardín. Toc. era un misterio cómo lo lograban. Agatha sintió un calor en la nuca. lo último qué escuchó fue el grito del tallador: «¡Cartón!». lo demás sería fácil. caminaste cuatro manzanas para llegar aquí. Tu madre. Protegería lo mío con todo el corazón». cosiendo el forro de seda de color frambuesa a un sombrero Dolly Varden. se horrorizaría si te oyese decir algo semejante. No valoraban lo que tenían. en el restaurante de Cyrus y Emma. Esta mañana. irrumpió en el taller parloteando: —¿Es cierto? ¿De verdad el señor Gandy quiso pagar tu cena.. A mi madre le gustaban los hombres apuestos. y en lugar de la respiración regular de un hombre a su lado. cuando saliste de aquí. Era una convicción que albergaba desde que tenía memoria. no se escandalizaría. Desde abajo llegó la música del piano. te pagó un pollo asado. Tt-tt. de fatigarse en la cocina.

Violet apartó la cortina y se asomó. Violet ignoró la precisión. —Buenos días. sin duda fue al otro extremo de la calle y estuvo con una de las muchachas de vida airada. Scott Gandy alzó el sombrero y le dirigió su más encantadora sonrisa. Si no contestaba. Yo pagué. —Los ojos de Violet destellaron como zafiros—. Ninguna de las «chicas» tenía menos de sesenta.. —Se ofreció. verás cuando se lo diga a las chicas. que se estremecieron cuando suspiró. —Al escuchar que se abría la puerta de la tienda. —Y sospecho que no soy muy bienvenido después de lo que pasó en la calle. levantó el sombrero y me dijo «señora». no lograría que Violet trabajara ese día. —Ninguno. pero le dije. Espera un minuto. Pero aún no llegaron los vaqueros. Violet se interrumpió—. —Bueno.. en términos muy concretos. qué sorpresa. señor Gandy. Te quiero mucho. Agatha se irguió y miró con la boca abierta las cortinas que revoloteaban. —¡Oh! —escuchó Agatha.. todavía no. A Agatha la desconcertó que Violet lo supiera con tanta exactitud. yo no pondría las manos en el fuego por él. Agatha siguió cosiendo. que prefería morir de hambre. pero estás volviéndote senil por vivir con esas mujeres ancianas». Agatha. Sólo treinta y ocho. —Se ofreció a pagar mi comida. En los ojos de Violet apareció una expresión preocupada: —Oh. ¿crees que lo hará? Agatha alzó una ceja y la aguja suspendida en el aire se expresó por ella. al menos no tiene a ninguna trabajando en su local. y en cada ocasión me sonrió. Supongo que no vienen muchos clientes varones. Violet parecía haber chocado con una cerca de postes y haberse dado un golpe que la había dejado tonta. arrastrando las palabras. ¿verdad? —dijo una voz de barítono. todavía no. . Hermosa mañana. Oh... Agatha se dio por vencida. Iré a ver quién es. —Pasé cinco veces delante de él por la acera. Violet. —Me atrevo a decir que lo es. —¿No te parece que estás un poco mayor para ponerte tan acaramelada con un hombre de cuarenta? —No tiene cuarenta.. hay que decirlo. —Bueno. —Después de lo que hizo llevar ayer. —No.26 - . —Las chicas dijeron que el señor Gandy es un. —Y tú. señorita Parsons. «Senil —pensó Agatha—. —No. sesenta y tres. En tono agitado e infantil. Se llevó la mano al pecho y cerró los párpados arrugados. ayer por la mañana. —Después. los tendrás el mes que viene.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Con un suspiro. —Caramba.

Gandy se detuvo junto a la silla y se quitó el sombrero. Eso le recordó a Violet que no debía disculpar la rudeza del hombre con excesiva rapidez. —pensó Violet—. la boca apretada. —Esperaba encontrar a la señorita Downing. Pero fue demasiado tarde. Violet!». ya en tono normal. Y pagué yo misma. advirtió que estaban nariz con nariz. Gandy también se inclinó y murmuró: —Me imagino. «¡No te atrevas. Tenía el rostro tan encendido como la seda que cosía.27 - . Adoptó una expresión contrita. ¿Qué motivo podía tener para observar sus idas y venidas? —Quería hablarle acerca de la otra noche.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR «¡Dulce Salvador. —Si necesita algo del negocio. Estaba sentada con la espalda rígida. —Aún lo está. y se enderezó. Se me ocurrió hablarle en ese momento. —¿En qué puedo ayudarlo. señor Gandy? —preguntó. Sintió como si la aguja se le resbalara de los dedos. y se sonrojó todavía más—. —Ya tomé el desayuno. tiene hoyuelos!. pensó Agatha. encaminándose pausadamente hacia la mujer sentada junto a la mesa de trabajo. con la atención concentrada exclusivamente en las puntadas furiosas que daba al forro del sombrero de fieltro. Esta mañana. —Señor Gandy. señorita Downing. Por primera vez. todavía en voz baja. —Sí. ruborizada. Sígame. asegúrese de que no vuelva a suceder —dijo. Agatha levantó la vista y las miradas se encontraron. no podía permitir que el sinvergüenza saliera impune. pero decidí que sería preferible hacerlo en privado. rara vez tenía ocasión de oler. —Lo prometo. la vi ir a casa de Paulie. Agatha. De súbito. —El señor Gandy vino a verte. señora. al trabajar en una sombrerería y vivir con mujeres. se lo aseguro. Se inclinó hacia adelante y murmuró: —Agatha estaba muy enfadada. Muy poco caballeroso. Este se movió con el ritmo lento de las personas acostumbradas a la humedad y el calor del Sur. —Entonces. Las cortinas se abrieron y Violet entró en el taller seguida del dueño de la casa. Clavó la aguja en el fieltro como si fuese el pellejo del hombre. la señorita Parsons podrá atenderle. Tenían las narices tan juntas que Violet podía verse reflejada en los iris negros. ya sin sonrisa ni hoyuelos. que. Captó un aroma de tabaco fino y colonia. —Fue un acto muy poco digno de un caballero. señorita Parsons? —Está en el taller. No obstante. —No puedo culparla por no querer hablarme. ¿Está. y el corazón de Violet se derritió. Agatha no lo miró ni le respondió. en el restaurante de . ¡Y trae el vestido de Agatha!» Llevaba el vestido gris y las enaguas blancas pulcramente plegados sobre el brazo. vio que tenía el vestido gris y las enaguas blancas en el brazo. Violet se apartó y dejó pasar a Gandy. —Buenos días. al lado de la ventana oeste. no a la señorita Parsons. —Vine a verla a usted.

Pero ella no era Violet. pero siguió pasando la aguja pues no sabía qué hacer. Pocas veces en la vida había visto un rostro tan apuesto. Apartó la vista. lo lamento. ni era una cabeza hueca. La mujer dejó de fingir que cosía y lo miró.? —Hizo una pausa desdeñosa—. Al margen de lo que parezca. Si hay algo estropeado. —¿No es eso? —En absoluto. y la posó sobre la mano que sostenía el sombrero negro contra el muslo. ¿qué está haciendo con mis pertenencias? Scott Gandy tuvo la fortuna de ruborizarse intensamente. se lo aseguro. hágamelo saber y lo repararé. inquieta.. usted tendría que haber tenido el buen tino de irse cuando vio que yo estaba allí. La voz sonaba arrepentida. —Dejó la ropa con cuidado sobre la mesa de trabajo—. —¿Cree que una disculpa basta para excusar un comportamiento tan grosero? —Para nada. me sentí peor todavía. El sombrero era fino: si había algo que conocía. en casa de Paulie.. Agatha bajó el mentón.. pero supuse que al menos podía hacerme cargo de la factura de la lavandería. eso es todo. se aclaró la voz. Mi madre me enseñó muy pronto a respetar a las mujeres. Y dígame. Dan Loretto me sacó del error y. removiéndose bajo esa mirada tan directa. Nervioso. No obstante. en aquel momento yo no sabía que usted tenía dificultades para caminar. resultaba perturbador. ¿Acaso sus amigos de la taberna se rieron cuando les contó que se ofreció a pagarle la cena a la vieja sombrerera solterona de la pierna baldada? —Tiró la labor—. demasiado perturbada para mirarlo a los ojos. señora. cuando lo hizo. La mujer levantó la vista para comprobar si en los ojos se veía lo mismo. ése era un Stetson de paño de castor de copa baja y ala ancha. Las manos de Gandy parecían muy oscuras sobre la tela blanca. Agatha levantó el sombrero y le clavó otra vez la aguja. Soy del Mississippi. —¿Eso es lo que piensa? ¿Que me ofrecí a pagarle la cena para burlarme de usted? Crispó las cejas negras y entre ellas apareció un surco. Quise invitarla a cenar a modo de disculpa. Estaba estropeando la labor. ¿Fue divertido.. señorita Downing. eran los sombreros. no tenía intenciones de empujarla al barro ayer. Agatha no supo si creerle o no. —La otra noche. Si tenía dinero suficiente . y así fue: tanto los ojos como la boca estaban sombríos. señor Gandy? ¿Disfrutó humillándome delante de la gente que conozco? ¿Acaso sus. la vi yendo a la lavandería de Finn con la ropa sucia y pensé que la había lastimado cuando la hice caer. Luego.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Paulie. ni de incomodarla anoche en el restaurante. señorita Downing. Jamás un hombre había tocado las enaguas de Agatha. y que lo hiciera un hombre como ése. Fue inexcusable. —En verdad. Por el aspecto. Le resultó evidente por qué las cabezas huecas como Violet se enamoraban de él. —Sé que no puedo remediar la vergüenza que le causa. ceñuda. Aquí está. engastado en oro. Limpia y pagada.28 - . y estaba demasiado avergonzada para mirarlo. En el meñique brillaba una sortija con un diamante del tamaño de un guisante. la última moda para hombres.

Violet tiene miedo de que nos eche si lo contradigo. —Hizo una pausa. Y aunque Gandy le llevaba unos cuantos centímetros. también lo es colgar algo tan sucio en una pared pública.. señorita Downing. señorita Parsons? Violet se comportó como una perfecta tonta. señora —pronunció con lentitud. y en su semblante apareció la expresión del cazador que ve a la gama a punto de caer en la trampa. juegan y les gustan las mujeres desde que existe este país. sí? El cigarro apenas le tocó los labios cuando Agatha explotó: —¡Ni se le ocurra! ¡Si quiere.. Y si cree que voy a retroceder en cuanto a mis críticas sobre el cuadro lujurioso.. tocándose los labios y sonrojándose como un cerdo escaldado. señor Gandy. Eso no es malo. Y ahora. ¿verdad? Violet respondió: —Tt-tt. se sintió muy alta. puede fumar esa hierba endemoniada en su sucio burdel. Violet braceaba como un molino de viento en un ventarrón. la pintura quedará donde la colgué. —tuvo que esforzarse para no mirar a Violet— . que pagara la factura de la lavandería. —Señor Gandy. y lo que está mal está mal. —Los hombres beben. Lo que está bien está bien. pero Agatha continuó. Pero yo sé cuándo tratan de confundirme con una cháchara inspirada en el propio interés. . y buscó un cigarro en el bolsillo del chaleco. y pronto lo comprobará. Agatha vio cómo Gandy ejercía su seducción sobre la amiga. Agatha hizo algo que rara vez hacía delante de extraños: se puso de pie. —¿Ah. —No sólo pienso contradecirlo sino encontrar a otros que hagan lo mismo. Gandy lo miró y lo metió otra vez en el bolsillo. pero yo no.. —Sí. aunque todos los luchadores por la templanza y ese periódico caigan sobre mi cabeza. que acepté que la primera reunión de Proffitt por la templanza se realice este domingo en la sombrerería. preguntó—: ¿Y cuál es su opinión personal.quizá se dejen convencer por su conversación galante.. eufórica: —También podría decirle. con expresión fría y acusadora. y vender alcohol está mal. Gandy hizo una pausa. y quiere proteger sus intereses aplacándome con disculpas vacías. se equivoca. Ella lo merecía. Disgustada. hágalo. —No tengo intenciones de echarla. pensó. aunque riendo y con un solo hoyuelo. con intenciones de hacerla callar. apoyó las manos sobre el estómago y retrocedió—. Llevada por el entusiasmo. sospecho que se enteró usted de la batalla en este pueblo para gravar la venta de licores.. Y nosotros pensamos que hay que dejarlos divertirse un poco. Se animó a mirarlo directamente en los ojos. si se siente con derecho a echarnos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR para diamantes y Stetson nuevos y pinturas del tamaño de una sábana. pero no en mi sombrerería! Como si se hubiese dado cuenta en ese instante de que tenía el cigarro en la mano. Más aún.29 - . Algunas mujeres. Y dirigiéndose a Violet. —Ya veremos. Cerca de la cortina. Tampoco pienso dejar de vender licores.

. pero en eso también consiste la libre empresa. Cuando la vio por primera vez. señora. y se iba divertido. será mejor que vuelva a trabajar y me prepare para la guerra. La línea de la mandíbula era magnífica. —Señorita Downing. el hombre sonrió.. —Dijo levantando las palmas. por cierto. La señorita Wilson no juega. Marchar. Ante una declaración tan alegre de irresponsabilidad. obstinados. Delgada. ¿es esto un desafío? —¡Es un hecho! —le espetó. Si quiere. Tal vez. Y yo haré todo lo necesario para atraer clientes a la Gilded Cage. se aproximó a . —Lo lamento. Un par de labios muy hermosos. Con tanta bebida y tanta jarana. —Se volvió. pero pienso hacer todo lo que esté a mi alcance para que le cierren el local. le enseñáramos una canción obscena. Observó a la tensa mujer vestida de azul. la tomó por una anciana. agitar banderas. Agatha se enfureció. échenos. lo que a sus luchadoras por la templanza se les ocurra hacer. Está aquí cumpliendo una misión. al pensar en lo horrorizada que estaría si supiera cómo la imaginaba.. —Le parece un juego. «Si le pusiéramos una pluma en el cabello. el modo gallardo en que se caló el Stetson en la cabeza y fijó en ella los risueños ojos. no era vieja. Los ojos verdes como el rocío del mar. —Eso es libre empresa. muy blanca. realmente. Intento ganar honestamente mi dinero para vivir. lo sé. señorita Downing. ¿no es cierto? Pues no lo es. cantar. indignada. —Lo tomaré como un desafío. descubrió que no era nada vieja. ¿no creen. con el cuello alto y apretado y la severa falda con lazos atrás. tendría tan buen aspecto como Jube. Usted hará todo lo que esté a su alcance para cerrarme el local.. —¿Honestamente? ¿Llama honesto a arrebatar a los hombres en las mesas de juego y en el bar el dinero que ganan con tanto esfuerzo? —Yo no los obligo a ir al Gilded Cage. señorita Downing. las señoras ya no quieren acercarse por aquí. —Pero está arruinando mi negocio. Van por su propia voluntad. y esta vez aparecieron hoyuelos idénticos en las mejillas atezadas y un guiño en los ojos de ónix. y dijo con voz aguda: —Lo diré una vez más. El cabello tenía un sorprendente matiz rojizo a contraluz con la ventana detrás. señoras? —Se tocó el ala del sombrero e hizo una reverencia—. Y muchos modales de dama antigua. más joven que el propio Gandy. Agatha comprendió que detestaba ese acento sureño. Buenos días. —En ese caso. señor Gandy.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¡Es indecente! —repuso Agatha. y admitió alegremente—: Ella también intenta que lo cierren. soltáramos unos rizos de cabello. Y más aún. Al observarla mejor. Pearl o Ruby». Contuvo la risa. Gandy había entrado arrepentido a la tienda. —Por supuesto. un poco de carmín a los labios. sin darse la menor prisa en salir. y para eso tengo que estar un paso adelante de los otros sujetos que poseen otras empresas en esta calle. La piel. Para su total consternación. —Lo sé. con buenas formas y un destello de convicción que admiró. Gandy se volvió hacia ella. a su pesar.30 - . Pero.

es un dandi de lengua suelta. ¿Eso significa que hay algo que las chicas no han podido verificar? De pronto. no? —exclamó Agatha. hizo una reverencia y salió. suspirando. Agatha. Es que tengo el corazón débil. La euforia de Violet no cedió: —¡En serio. —Yo. en Proffitt.. compórtate de acuerdo a tu edad! —Lo hago. —Oh. me besó la mano! —repitió. careces de romanticismo. y siento unas terribles palpitaciones. Violet se incorporó. Este lugar hiede a humo de cigarro. También olía a colonia. Recuerdo que mi padre usaba la misma. deja abierta la puerta de adelante. de acuerdo. —Y ofreció pagarte la cena. —¡Violet. Kansas. tomando una de las manos atravesadas por venas azules y llevándosela con lentitud a los labios—. con un aspecto como si acabara de elogiarle la ropa interior—. —¿Ah. —Y vino aquí. LeMaster Scott Gandy se paseaba por la . —Tu padre no dirigía una taberna. Pareció que a Violet se le saltaban los ojos de las órbitas y vio que a Agatha le pasaba lo mismo. Agatha inspiró con más fuerza. Pero con la ayuda de Drasilla Wilson y de las mujeres de Proffitt. Fue un placer. Violet se apoyó a medias sobre la mesa de trabajo. ni lo echaron a patadas de un barco por guardarse cartas bajo la manga. —¡Oh. podría haberse tragado algunos hilos y ahogarse. En cambio. Violet examinó la ropa de Agatha que estaba sobre la mesa y apoyó la mano encima casi con reverencia.. —¿Viste eso.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Violet que seguía junto a la entrada. Kansas —alzó una mano hacia el cielo— ¡le borraré esa sonrisa insoportable de su cara morena! Al otro lado de la pared. lo único que olí fue el tabaco. Violet. Después. con aspereza—. te juro que me parece sentir el perfume de la magnolia aquí mismo. Cuando Violet volvió. especialmente para disculparse por todo. Agatha se enfureció. —¿Te das cuenta? Pagó para que lavaran esto. Agatha inspiró con desdén. —Nadie sabe eso con seguridad acerca del señor Gandy. Señorita Parsons —dijo. Gandy se volvió riendo. por favor! —dijo con brusquedad—. ¿Alguna vez oíste algo tan maravilloso en tu vida? Cuando el señor Gandy habla. «¡Oh.31 - . este Gandy es un manipulador audaz! Sabe reconocer a una vieja gallina embelesada y se aprovecha». Si hubiese inspirado con más fuerza. exagerando el acento sureño: —Usted hará todo lo que esté a su alcance para que me cierren el local. acompaña al señor. se dejó caer en la silla de trabajo y se abanicó con el pañuelo. rezongó: —Oh. Agatha? ¡Me besó la mano! —Tendrías que mirar a ver si no tienes dos orificios iguales.

Y así se trazaron las estrategias de batalla. Entrecerró un ojo contemplando el pezón y el anillo. detrás de la barra. como si hiciera puntería con el cañón de un Winchester. golpeando las puertas con furia. Mordió la punta del cigarro. ¡El hombre que acierte con el nombre de nuestra querida dama de pechos rosados.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR taberna. —Haremos un concurso para ponerle nombre a la mujer del cuadro. la escupió en la escupidera con mortal puntería. —¡Jack. da la señal! —vociferó.32 - . y exhaló la primera bocanada de humo con la misma puntería fatal: pareció destinada a adornar uno de los floridos pezones del desnudo en la pared. tendrá el primer baile con Jubilee cuando llegue! —agregó. .

Cuando terminó el servicio dominical. en la pared de la izquierda.33 - . cuánto me alegro de verla otra vez. ahí de pie. Todavía no anochecía cuando abrió la puerta de la tienda para recibir a Drusilla Wilson.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 3 El domingo. Como siempre. los polisones sujetos con firmeza atrás. En el frente. —Agatha. cediá el pulpito a Drusilla Wilson. eran tan culpables como si le hubiesen puesto la botella en las manos. Unas cuantas hicieron lo mismo con Agatha Downing. PEARL RUBY Dio tiempo a Agatha para leerlo. señorita Wilson. la mujer le dio un firme apretón. ¡No se podía negar que tenía agallas. el reverendo Samuel Clarksdale. y salió ella misma a la acera. Muchas de ellas le estrecharon la mano con sinceridad. que anunciaba: NUEVAS BAUTICE DAMAS EN EL PUEBLO LA PINTURA QUE ESTÁ DETRÁS DE LA BARRA Y GANE EL PRIMER BAILE CON LA SEÑORITA JUBILEE BRIGHT. un cigarro humeante en la boca y un codo apoyado en un cartel doble. Pero antes de entrar. agradeciéndole de antemano haberles ofrecido un lugar de reunión. estaba el maldito sureño. La pintura que colgaba detrás de la barra podía verse desde un ángulo oblicuo. sobre la acera. no lo ayudaran. LA GEMA MÁS BRILLANTE DE LA PRADERA. señorita Downing. algunas con lágrimas en los ojos. Agatha pareció desconcertada. Las puertas de vaivén estaban abiertas. que emitió un mensaje conciso e inspirador: aquellos que se apartaran al ver a un ser querido encadenado a los demonios del alcohol y. —Supongo que ya vio a qué nos enfrentamos. vestido de punta en blanco. sonriente! ¡Le habría encantado quitarle de un golpe el cartel y hacerlo caer despatarrado! —Espera un buen resultado. Drusilla echó una ojeada a la puerta de la taberna. y después alzó el sombrero y esbozó una sonrisa perezosa: —Buenas noches. QUE PRONTO ESTARÁ EN LA GILDED CAGE. de la Iglesia Cristiana Presbiteriana. Agatha se vistió con exagerada elegancia para la reunión con un vestido de cuello rígido. castaño oscuro. Y CON SUS JOYAS. ¿no es así? . sacó el polvo a los mostradores y encendió las lámparas. Como estaba lista mucho antes de las siete. las faldas atadas tan apretadamente que le acortaba los pasos en buena medida. la señorita Wilson recibió los saludos efusivos de las mujeres de la congregación. —Pase. pudiendo hacerlo.

¿Qué le parece ésta? Con un movimiento fluido. Tengo que preparar la bienvenida para cuando el primer rebaño llegue al pueblo. hizo rodar el piano cerca de la puerta. nuestra vecina de al lado. Me alegro de verla otra vez. Ya las imaginaba: prostitutas enfermas. Susan White. Ivory llenando con canciones la calle. mi pianista. Volvió a ponérselo en un ángulo atrevido. se alejó. Ivory Culhane. —Señorita Downing. se volvió hacia el teclado y tocó los primeros acordes de «Pequeña Jarra Marrón». puede ser en cualquier momento. En ese momento. —Genuinas. —Buenas noches. —Dedicó una sonrisa especialmente encantadora a Violet y la delegación de la pensión de la señora Gill—. Señorita Downing. Pearl y Ruby? Estoy segura de que serán unas gemas perfectas. Ivory? —Sí. la mujer alzó una ceja. llenas de piojos. La seguían Evelyn Sowers. emanando encanto sureño del mismo modo que una rata almizclera emanaba almizcle.34 - . un mulato alto. Violet rió entre dientes. dándose la vuelta. señor.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Sin duda. Disfrutarán de la reunión. y también a sus amigas. Ivory se sentó en un taburete de patas en forma de garras. Buenas noches. Agatha se irguió y. Cuando comenzaron a llegar las damas. —¿Es hora de empezar con la música. señorita Parsons. los dos estaban aún ahí. de cabello teñido y lunares falsos. Dirigió una mirada punzante al último y respondió. Buenas noches. con su aire despreocupado y la sonrisa intacta. lo apoyó en el centro del pecho y se inclinó. largirucho. cortante: —¿Qué le parece «Nuestro Dios es una Poderosa Fortaleza»? Los dientes blancos relampaguearon en la cara color de té. una canción compuesta recientemente por los «mojados» para exasperar a los «secos». —Ivory. —Apuesto a que no será tan bueno como el mío. todas las cuales tenían un interés personal en los sucesos de la . señora. Agatha resopló con suavidad. y Gandy. creo que no conoces a la señorita Downing. señoras. señora —decía una y otra vez. Era tan delgado que parecía que una ráfaga de viento podría hacerlo volar. tocándose el ala del sombrero—. Contemplando el cartel. —Se quitó el bombín. como una invitación musical. las tres. en una amplia sonrisa: —Me temo que no la sé. Saludó a cada una de las damas que llegaba. Según lo que sé. Bessie Hottle y Florence Loretto. Gandy aspiró el cigarro. de ojos hundidos y cabello negro crespo. ese alcahuete. —¿Acaso no tiene decencia? ¡Es el día del Señor! —Ninguna en absoluto. señorita? ¡Cómo se atrevían esos dos a comportarse como si no se tratara más que de una velada social! Agatha no tenía el menor deseo de intercambiar banalidades con el dueño de la taberna. se ruborizó y abrió la marcha hasta la puerta vecina. ni con el sujeto cuyo aporreo infernal le impedía dormir todas las noches. y preguntó—: ¿Qué le gustaría escuchar. —¿Jubilee.

T. Drusilla Wilson en persona. los rostros del público adquirían una expresión arrebatada. con fuerza de voluntad. sólo con curiosidad de ver qué hacían «esas fanáticas» cuando se juntaban.35 - . Carolyn Hawes. en reformatorios como los de la isla Ward. —Y las tabernas son los sitios en que se alimentan los gusanos de esta tierra: jugadores. A muchos de vuestros maridos se los subyuga para que abandonen los hogares cada noche. a veces. ¡Por eso. Asistían a la reunión treinta y seis mujeres. saludó en la puerta a cada una que llegaba. y la esperanza en el futuro. o hasta en asilos como el de la isla Blackwell. Addie Anderson. lo encontraban durmiendo en la acera. No debemos destruir el cruel brebaje que vende. Anna Brewster.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Gilded Cage. Vi a la muerte haciendo presa de aquéllos que comenzaron con un solo trago inocente.C. Pero no eludamos nuestro deber cuando se trate de hacer que ese destructor de las almas de los hombres. el tabernero. en la familia. y nymphs du prairie. los domingos a la mañana. ¡No olvidemos que en Wichita. casi todas ansiosas por poner en fuga a los demonios de las bebidas alcohólicas. Su propia ciudad se ha visto mancillada por once de esos chancros. . hasta que quedaron irremisiblemente perdidos. y muchas otras con esposos famosos por la frecuencia con que empinaban el codo.M. todos los sábados a la mañana. Los demonios del alcohol han caído sobre las mujeres. cuyo marido hacía la ronda de todos los salones. algunas. arrebatándoles a sus familias. donde la víctima muere de delirium tremens. defendiendo y orando. antros de vicio que las gentes respetables aborrecen desde lejos. Hasta las que habían ido por curiosidad estaban embelesadas. y limpiaremos Proffitt! ¡Juntas! Al terminar el discurso. en su momento de mayor decadencia. seguida por el discurso de apertura de la señorita Wilson: —Hay cuatro mil guaridas del alcohol esparciendo muerte y enfermedades por todas las clases de la sociedad norteamericana. Era entusiasta. Sobre las tumbas de cuarenta mil ebrios se alza el llanto dolorido de la viuda y el huérfano. El desastre humano causado por el alcohol sólo puede terminar de manera trágica: en el hospital. Lo que logramos lo obtenemos por métodos pacíficos. había casas de mala reputación con no menos de trescientas de esas gatas pintarrajeadas! ¡Trescientas en una sola ciudad! ¡Pero hemos limpiado Wichita. Más bien tenemos que proporcionarles a sus clientes algo más poderoso en que apoyarse: la fe en Dios. tome conciencia de su culpa. También estaban otras. y al que. con la anfitriona a su lado. cuyo esposo estaba obsesionado con las mesas de juego. Annie Macintosh. a sus protectores y proveedores. es muy justo que las mujeres comiencen el trabajo para su destrucción! Mientras Wilson hablaba. Minnie Butler. —La U. estafadores. con un moretón en la mejilla izquierda. ¿Y quién queda. no es militante. sufriendo los efectos de la intemperancia? ¡No otros que las mujeres y los niños! De medio millón de mujeres norteamericanas brota un gemido de angustia y se eleva sobre lo que fuera una tierra dichosa. del público se elevó una sola pregunta: ¿Cómo? La respuesta fue concisa: educando. Jennie Yoast. Yo misma visité esas instituciones. después otro y otro. La reunión se inició con una plegaria. hechizaba.

. y del mismo modo nuestros ahorros. Jenks metió mano en los libros de contabilidad y los manipuló de tal manera que fue capaz de estafarnos sin que Floyd se diera cuenta en qué andaba. Florence.. ¿Quién quiere ser la primera en librarse de su dolor? Las mujeres intercambiaron miradas furtivas. con suavidad: —Está bien. «Floyd.36 - . hiciste lo que creíste mejor. Nosotras lo entendemos. estaba más tiempo borracho que sobrio. Agatha tenía los dientes y las manos apretados. le decía. ya era demasiado tarde. Desnuden el corazón ante sus hermanas. Dan era joven y descubrió que le gustaba el ambiente de la taberna. Intenté disuadirlo. y todos los ojos se posaron en ella. Ahora es el crupier aquí al lado. Fue entonces que Floyd comenzó a beber. Pero cuando mi esposo vivía acostumbraba mandarlo a la taberna a buscar su whisky. tendrá que echarlo. Jenks se había ido. por eso calló. —Todas ustedes. Wilson las presionó: —Recuerden que nosotras somos sus hermanas y no estamos aquí para juzgar sino para apoyar. pero lo había guardado tanto tiempo que ya no podía. Ahora es el momento.. Después. dijo sin rodeos—: Mi esposo. Pero hace un par de años enfermó y tuvo que llamar a alguien para que se encargase de la tienda mientras él estaba en cama..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR La señorita Wilson sabía cuándo sermonear y cuándo detenerse. Así fue como empezó. yo. y era un joven de aspecto agradable. Sin embargo. eran todas falsas. Addie Anderson frotó el hombro de Florence y le dijo. pues sufrieron lo mismo que ustedes. Desde la taberna llegó el grito de: «¡Lotería!». —comenzó. — . Pero para cuando murió. —Florence se cubrió la cara con las manos—. salvo el día en que nos casamos y el cuatro de julio. y trabajar para otro después de haber sido patrón tantos años fue un gran revés para él. estaban impacientes por que llegara este día. con cartas de recomendación. Y en el piano sonaba «Sobre las olas». Estoy tan avergonzada que no puedo mirar de frente a mis amigas.. Se llamaba Jenks. Louis. y ya debemos seis meses en el almacén.. Para ganarlas para la causa. La primera en hablar fue Florence Loretto: —Mi hijo. Cuando lo descubrió. siempre fue un buen muchacho. Lo que Harlorhan le paga se va casi todo en whisky. que las comprenden. y yo. Ya las había entusiasmado. solía ser sobrio como un juez. Aunque Harlorhan se portó bien hace tiempo que le viene advirtiendo a Floyd que si no paga algo de lo que nos estuvimos llevando. le bastaría con unas pocas historias conmovedoras de sus propios labios. Cuando lo criaste.. en sus hogares. Aseguraba que tenía un poco de reumatismo y que los ponches calientes le aliviaban el dolor de las coyunturas. pero Dan. De pequeño. Todas guardaron silencio—. —Dirigiéndose a la señorita Wilson. Él era un hombre adulto.. ¿qué hay de bueno en gastar el poco dinero que nos queda embriagándote todas las noches?». Ya era objeto de la compasión ajena y no tenía ningún deseo de serlo más aún. Pero no me escuchaba. Floyd. pero ninguna se adelantó.. Perdimos el negocio y Floyd fue a trabajar como empleado con Harlorhan. Sus propios recuerdos torturantes regresaron del pasado.. Mi hijo Dan. Treinta y seis mujeres pudorosas esperaron que alguna se atreviera a empezar. Pensó en contarlo todo por fin. de St.

todas las mujeres empezaron a hablar. Se fijó la contribución en veinticinco centavos por semana: el precio de una medida de whisky. que llegaban del otro lado. Ohh. hasta que las voces ahogaron los sones de «Camptown Races». Una vez hecho eso. pero fue inútil. Florence Loretto fue elegida vicepresidenta. teniendo en cuenta que. para ofrecerse como secretaria. si bien algunas historias eran más desdichadas que otras.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR De súbito. se formarán comités para redactar compromisos de abstinencia. Annie Macintosh habló por primera vez. Después de eso. consoló a Addie. tenemos que organizamos. cuánto costaba imprimir panfletos. igual que ella. tienen nuestro cariño y nuestro apoyo pero. Drusilla Wilson le aseguró a Agatha que la organización nacional y The Temperance Banner les harían llegar ayuda e instrucciones. editor de la Proffitt Gazette. Hizo que la situación de Florence Loretto pareciera menos dramática y Florence. Al marcharse. Cuando concluyó la reunión. comenzando en la taberna vecina. Para sorpresa de todas. Kansas. con el objeto de juntar firmas de promesas de abstinencia. —gimió. que podían colocarse en la manga de un hombre reformado—. Sus apuros eran similares.. Annie calló. propaganda y los compromisos. Drusilla Wilson volvió a hacerse cargo de la reunión. también bajo protesta. Y eso significa que debemos convertirnos en la filial local de la Unión de Mujeres Cristianas para la Templanza. Y ella misma se quedaría en el pueblo hasta que hubiesen . como se veían todos los días. pese a sus protestas. Agatha nombró tesorera a Violet. Uno de vuestros primeros objetivos debe ser reunir tantas firmas de compromisos como sea posible. Violet también puso objeciones. que es nacional. Agatha fue elegida primera presidente de la Unión de Mujeres Cristianas por la Templanza de Proffitt. a su vez. para ser eficaces.. Cuando se hizo el silencio. Se formó un comité de compromiso de cuatro para escribir los ejemplares a mano hasta que pudiesen hacerlos imprimir. La señorita Wilson cerró la reunión con la primera canción de templanza: El agua fría es reina El agua fría es señora Y un millar de caras radiantes Ahora sonríen en su seno La cantaron varias veces todas juntas. Uno de los tres integrantes quedó encargado de preguntar a Joseph Zeller. Addie estalló en lágrimas—. Para eso debemos elegir funcionarías. y también nuevos miembros para la organización local. —Hermanas. Aunque Agatha esperaba que Annie Macintosh contara cómo se había hecho el moretón en la mejilla.37 - . todas coincidieron en que había sido una velada inspiradora. Se fijó un recorrido para la noche siguiente. Yo trabajaré junto con ellas para hacer un borrador de la constitución. les resultaría más fácil trabajar juntas. —Mostró distintas variantes. En un cuarto de hora.

subir las escaleras a su manera torpe. Las pupilas de Agatha se dilataron lo suficiente para ver que estaba sentado en una silla con el respaldo apoyado en la pared y las botas cruzadas sobre la baranda. Iremos a cantarlo para sus parroquianos. —¿Y qué cantaron? —Pronto lo sabrá. En cualquier momento llegarán Jubilee y las chicas. —Ah. Dio otra calada al cigarro y el aroma acre del humo llegó hasta ella. ¡Caramba. Agatha cerró la puerta. con gentileza. encomiable. Agatha percibió la burla. ¿En qué se había metido? Por cierto. comenzó a subir la escalera con la cabeza baja.. en algo más grande de lo que pretendía. sí. De hecho.. con el cigarro apretado entre los dientes.. se apoyó contra ella y suspiró. también. con dos pies en cada escalón. —¿Cómo estuvo la reunión? La mujer no veía más que el resplandor del cigarro en la oscuridad. —Ah. No tiene por qué sobresaltarse así. bien. suena maravilloso! —dijo. salió del taller por la puerta de atrás. —Parece que fue inspirador. —¡No me sobresalté! Pero sí se había sobresaltado. Era la primera vez que eso la alegraba. irónica. No sólo organizadora sino presidenta. «el indispensable». no la necesitaremos. —Lo son. —La reunión despertó tanto entusiasmo que a ninguna de nosotras le importó el sonido del piano del señor Culhaneque se filtraba por la pared. una voz la sobresaltó y le hizo alzar la cabeza con brusquedad. en su mitad del rellano. ¿por qué había aceptado que la reunión se hiciera ahí? Con otro suspiro. Qué molesto advertir que él estaba ahí observándola entrar al «indispensable». observándose los pies. Jubilee y las chicas. Cuando salió la última mujer. Treinta y seis si contamos a la señorita Wilson y a mí.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR resuelto todos los inconvenientes organizativos. Después de usarlo. ¿Qué le parece? Scott rió. —Ha sido bastante concurrida. Tosió y subió con esfuerzo los dos últimos escalones. En la oscuridad. cantamos tan alto que lo tapamos. Para empezar. —Treinta y cuatro. —¿Qué está haciendo aquí? —Preguntándole por la reunión. . se apartó de la puerta y apagó las lámparas. Tiene que venir a ver un espectáculo.38 - . salir de él y.. como siempre. La trasera del edificio daba a un sendero que llevaba a un cobertizo y una pequeña construcción a la que llamaba. —Y me eligieron presidenta. Bien. del cartel. El humo del cigarro la irritaba. y tendremos todas las canciones que necesitamos. —Presidenta. Cuando estaba a dos escalones del final. —Para decirle la verdad. señorita Downing. —Yo diría que sí.

sino de otros diez como él. sabiendo que sería en vano si él decidía empujarla. Al ver que no ocurría. Pero si cree que las amenazas me detendrán. El olor la descompuso. segura de que un instante después caería rodando por las escaleras como muchos años atrás. si. Llegó a la puerta. Apretó las palmas de las manos y la frente contra la madera fría. y empezaron a sudarle las manos. Supongamos que yo era un fullero malo que conocía todas las trampas. —Las damas de su club estuvieron especulando acerca de mí. El hombre estaba ahí. señorita Downing. está muy equivocado. Me mantenía las manos ocupadas cuando no jugaba a las cartas. —¿En el lodo? ¡Ya le dije que eso fue un accidente! —Estoy segura de que éste también lo sería. le daré las buenas noches. Con mano temblorosa.. y se preguntó dónde tendría la cabeza cuando permitió que la nombrasen presidenta de una organización destinada. Tenemos asuntos más importantes de qué ocuparnos. Un sujeto de esa calaña sabría cómo manejar a una bandada de gallinas viejas que estuviesen decididas a clausurarle el negocio. Durante diez tensos segundos. Tres mujeres con semejante apariencia no podían pasar . haciéndola retroceder a la escalera. El sonido del paso firme de Agatha. y los tacones de sus botas resonaron con calculada pereza sobre el rellano angosto hasta que se detuvo junto a ella. en la cima de la escalera. y cerró con llave. Y ahora. la silla cayó sobre las cuatro patas. —Por favor —dijo. la desorientación que le provocó rebotar de escalón en escalón.! —Ya me empujó una vez. ominoso. seguido del que arrastraba. Todo el trayecto hasta la puerta.. en el tren de las once y cinco. ¿no es cierto? Se levantó. Cualquiera que me haya visto subir las escaleras sabe que no lo hago con mucha firmeza.39 - . Cuando el hombre dio otra chupada al cigarro. es cierto que lo echaron de los barcos fluviales! Cuando Gandy rió. —¡Entonces. Percibió que no quería dejarla irse pensando tan mal de él. Scott retrocedió y se sacó el cigarro de la boca. ¡Cómo. De inmediato. la piel raspada.. ¿no cree? El miedo le aceleró la circulación. —Un momento. Luego. los ojos se le convirtieron en chispas rojas. no sólo a cerrar el negocio de Scott Gandy. señor Gandy. Se le crisparon los músculos anticipando los fuertes golpes. es injusta conmigo si supone que se me cruzó la idea de empujarla escaleras abajo. Jubilee y sus Gemas llegaron a la mañana siguiente. —Difícil. se aferró a la baranda. en un susurro ahogado—. si tiene la gentileza de dejarme pasar. Sólo servirán para encender más mi celo. el hombre retrocedió. se deslizó dentro. aunque la hostilidad que irradiaba era casi palpable. esperó sentir algo que la agarraba de la nuca y la tiraba por la escalera. Tuvo una sensación de déjà vu. permanecieron ella con la nariz contra el pecho de él. se alternaron sobre el rellano.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Cómo puede fumar esa cosa horrible? —Es un hábito que inicié en los barcos fluviales. se sorprendió. comenzaron los temblores. —Pero supongamos que lo haya sido. No. De inmediato..

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inadvertidas. Era evidente que la llamada Pearl recibió ese nombre por su piel. Era tan clara y luminosa como una perla de mar perfecta. En contraste con ella, los ojos castaños ocupaban buena parte del rostro. Estaban maquillados con kohl, que los agrandaba. Los labios pintados de escarlata relampagueaban como una mancha de vino sobre un mantel blanco. Pero las facciones delicadas se veían realzadas al máximo por el cuello levantado del traje de viaje color fucsia, que dejaba al descubierto buena parte de la garganta y se ceñía al cuerpo como la piel de una fruta. El cabello tenía el tono marrón del azúcar quemada, y lo llevaba recogido en un montón de rizos en lo alto de la cabeza, que empujaban para adelante el sombrero de pastora. —¡Hola, muchachos! —exclamó desde los escalones del tren, y el viejo Wilton Spivey sacó chispas del balasto3, ardiendo por ser el primero en acercarse a ella. Abrió el carro para equipaje, saltó dos travesaños de la vía, chocó con Joe Jessup que venía desde la dirección opuesta, y llegó jadeando al pie de la escalerilla del tren. Wilton estaba desdentado como una rana y más calvo que un picaporte de bronce, pero a Pearl no le importó. Le sonrió, flexionó una muñeca y le extendió la mano. —Era precisamente lo que necesitaba. Un hombrón apuesto, lleno de músculos. Mi nombre es Pearl. ¿Y el tuyo? —Widton Spivey, a shu shervishio, shenora. Con esas encías despojadas, Wilton no tenía muy buena pronunciación, pero los ojos le chispeaban de lasciva delicia. —Bueno, Widton, vamos, cariño. No seas tímido. Wilton la ayudó a bajar, y tras ella apareció Ruby. Ruby era una joven negra bien formada, con la piel del color del café con crema. Tenía el cabello más lacio que cualquier mujer negra que Wilton Spivey hubiese visto. Estirado hacia atrás de la oreja izquierda, caía recto por el hombro derecho, resbaladizo como un salto de agua sobre una roca negra, y terminaba en un rizo como un rompeolas invertido, enlazando el borde del sombrero amarillo canario. Tenía unas magníficas cejas cepilladas hacia arriba, párpados pesados, y labios hinchados como si los hubiese picado una avispa, pintados de un intenso tono magenta. Apoyó los nudillos en las caderas proyectadas hacia adelante, lanzó una pequeña risa que estiró el ajustado vestido amarillo y proclamó en profunda voz de contralto: —Y yo soy Ruby. Joe Jessup tragó saliva y exclamó: —¡Cielos, vaya si lo eres! La risa de Ruby resonó como un trueno rodando por la ladera de una montaña: profundo y voluptuoso. —¿Y cómo te llamaré a ti, cariño? —J... Joe J... Jessup. —Bueno, J... Joe J... Jessup. —Ruby dio un paso al costado y se inclinó hasta que sus pechos quedaron a escasos centímetros de la cara del hombre. Con una uña larga, dejó una línea clara desde la oreja de Joe hasta el centro de su barbilla—. ¿Qué te parece si te llamo J. J.? —B... Bien. L... La llevaré a donde quiera ir, señorita Ruby.
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Capa de grava o de piedra machacada, que se tiende sobre la explanación de los ferrocarriles para asentar y sujetar sobre ella las traviesas. (N. de D.)

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—Se lo agradecería, J. J. Al Gilded Cage Saloon. ¿Sabe dónde está? —Claro. Derecho p... por aquí. Ya había otros cuatro formando fila, esperando turno al pie de la escalerilla del tren. Sobre ellos, como un ángel que descendiera directamente de las perladas puertas del paraíso, apareció la señorita Jubilee Bright y, según lo prometido, era la gema más brillante de la pradera. Si a las otras les quedaban bien los nombres, Jubilee parecía haber nacido para el suyo. ¡Por increíble que pareciera, era toda blanca! El cabello era blanco, no del tono azulado de Violet Parson sino del blanco cegador de la lana de vidrio. Parecía espumar sobre la cabeza como un merengue tentador de diez huevos. Además, estaba vestida toda de blanco inmaculado, desde la copa del alto sombrero de terciopelo con un penacho de plumas hasta las botas de cabrito de tacón alto. El vestido, como el de Pearl y el de Ruby, no tenía polisón atrás sino que se adhería a las curvas generosas desde el hombro a la rodilla, donde se abría en pliegues hechos para poder caminar. Tenía escote en forma de diamante, que revelaba apenas el surco tentador entre los pechos, con un lunar falso que atraía la mirada masculina en esa dirección. Otro lunar adornaba la mejilla izquierda de un rostro tan encantador que no necesitaba adornos. Los asombrosos ojos almendrados, los labios turgentes, la pequeña y hermosa nariz impresionarían a cualquiera. En verdad, era la cara de un ángel. Alzó los brazos y exclamó: —¡Llamadme Jube, muchachos! Se echó hacia adelante con los brazos extendidos, permitiendo que dos caballeros la agarraran y la depositasen en el suelo. Cuando aterrizó, les dejó los brazos en los hombros y les frotó los músculos con aire de aprobación: —Caramba, adoro a los hombres fuertes... y corteses —ronroneó, con voz gatuna—. Ya veo que vamos a llevarnos muy bien. —Les dio sendas palmadas—. ¿De quién estoy colgada aquí? —Mort Pokenny —respondió el sujeto de la izquierda. —Virgil Murray —respondió el de la derecha. —Bueno, Mort, Virgil, quiero presentaros a nuestro amigo Marcus Delahunt. Marcus toca el banjo. Es el peor intérprete de este lado de New Orleans. El último en bajar del tren llevaba el estuche de un banjo y un panamá de paja con una ancha banda negra. En el rostro juvenil una sonrisa feliz revelaba un diente torcido, que no hacía más que añadirle encanto. Los ojos azules, separados en el rostro claro enmarcado por el cabello rubio oscuro. Si bien no era un rostro especialmente masculino con el cutis rosado y las patillas rubias escasas, este detalle se olvidaba al ver la expresión de abierto hedonismo. De pie, con una mano de dedos largos en la barandilla y la otra en el estuche del banjo, sonreía y asentía en silencio. —Marcus no puede decir una palabra, pero oye mejor que un perro dormido, y es más astuto que todos nosotros juntos, así que no quisiera sorprenderos tratándolo como a un tonto. Los hombres lo saludaron pero, de inmediato, volvieron a interesarse en las mujeres. —Muchachos, ¿qué hacéis aquí para divertiros? —preguntó Ruby.
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—No mucho, señorita. Últimamente, esto está un poco aburrido. La muchacha lanzó una risa gutural. —Bueno, nosotras vamos a solucionar eso, ¿no es así, chicas? Jubilee echó un vistazo a la estación y les preguntó a Mort y a Virgil: —¿Visteis al bandido de Gandy por aquí? —Sí, señora, está... —Basta de tanto «señora», Virgil. Llámame Jubilee. —Sí, señora, señorita Jubilee. Scotty está en el Gilded Cage. Jube hizo un gesto con la mano, y fingió un mohín contrariado: —¡Ese hombre es imposible... nunca está cuando se lo necesita! Bueno, vamos a necesitar unos brazos fuertes. Trajimos algunas cosas que tenemos que llevar a la taberna de Gandy. ¿Queréis echarnos una mano, muchachos? Seis varones tropezaron entre sí, empujando para ser los primeros. —¿Dónde está su carro, señor Jessup? —¡Ya llega! Jubilee hizo una seña con el hombro y condujo al grupo hacia el vagón de carga, en la cola del tren. Ya estaban abriendo las puertas corredizas. El jefe de cargas estaba a un costado, mirando hacia adentro y rascándose la cabeza. —Es lo más raro que he visto nunca —comentó—. ¿Qué diablos harán con un montón de basura como éste? —¡Iuujuu! —le gritó Jubilee, agitando la mano. El jefe de cargas alzó la vista y vio al grupo que avanzaba. —¿No hubo problemas? —No —respondió—. Pero, ¿qué demonios van a hacer con esto? Jubilee, Pearl y Ruby y sus ansiosos acompañantes llegaron hasta la puerta abierta del vagón de carga. Llegó Jessup con la carreta. Jube puso los brazos en jarras y le guiñó un ojo al anciano jefe. —¡Ven una noche al Gilded Cage, y lo descubrirás, cariño! —Se dirigió a los otros—: ¡Caballeros, carguemos esta cosa y vayamos a la taberna Gandy! Un rato después, Violet estaba arreglando la parte delantera del negocio cuando miró por la ventana y chilló: —¡Agatha, Agatha, ven aquí! La aludida alzó la cabeza y preguntó: —¿Qué pasa, Violet? —¡Ven aquí! Antes de llegar a la tienda, Agatha oyó la música del banjo que llegaba de afuera. Era un tibio día de primavera y la puerta de la tienda estaba abierta, sujeta por un ladrillo. —¡Mira! —exclamó Violet, señalando a la calle. Agatha se levantó con calma. Otra entrega para la taberna de al lado. Un vistazo le hizo comprender que tendría que ordenarle a Violet cerrar la puerta, pero ella misma sintió curiosidad por la escena de afuera. La carreta de Joe Jessup se acercaba por la calle, cargada de hombres enfervorizados, tres mujeres alegres y la jaula para pájaros más enorme que Agatha hubiese visto jamás. Se alzaba poco menos de dos metros, y
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estaba hecha de un resplandeciente metal dorado que atrapaba el sol del mediodía y lo reflejaba. Colgado del techo en forma de cebolla, pendía un columpio dorado y encaramada a él, una extravagante dama vestida de blanco. Otra, de rosado heliotropo, estaba sentada a la cola de la carreta entre Wilton Spivey y Virgil Murray, los tres balanceando las piernas y siguiendo el ritmo de la música. La tercera mujer, parecida a una abeja con su piel oscura y vestida de amarillo, estaba sentada en el regazo de Joe Jessup, que conducía la carreta. El que tocaba el banjo estaba de pie detrás de ellos, y se movía de un lado al otro al ritmo de la canción. La carreta estaba llena de gente arracimada alrededor de la jaula y, como la Flauta de Hamelín, había atraído a una fila de chicos y jóvenes de ojos brillantes que, abandonando los escritorios y los mostradores, querían participar de la música y echar un vistazo a esas mujeres de vestimentas sorprendentes. Mientras se acercaban por la calle, toda la troupe cantaba alegremente: Chicas de Buffalo, por qué no salen esta noche, Salen esta noche, salen esta noche, Chicas de Buffalo, por qué no salen esta noche, Y bailan bajo la luna. Agatha hizo un gran esfuerzo para criticarlos, pero no pudo. Más bien, se sintió atrapada por la envidia. ¡Ah, ser joven, atractiva, y sin los escrúpulos del pudor...! ¡Poder ir por la calle en una carreta, a pleno día, cantando a voz en cuello hacia el cielo y riendo! ¿No tendría que tener todo el mundo cuando menos un recuerdo semejante en la vida? Pero en la de Agatha no había ninguno. Lo máximo que pudo hacer para participar fue llevar el ritmo de la música con la mano contra el muslo. Pero cuando advirtió lo que estaba haciendo, se detuvo. Cuando el carro pasó delante de la tienda, vio mejor a la mujer de blanco. Era lo más hermoso que había visto jamás. Rostro delicado con ojos rasgados, y la sonrisa del mismo Cupido. Y sabía elegir un buen sombrero. Llevaba uno de moda durante la guerra, de los que llamaban «tres plantas y sótano». Era exquisito: alto pero bien equilibrado, adornado con un costoso airón de plumas. Aunque la mujer se balanceaba en la hamaca, el sombrero se mantenía firme. —Mira ese sombrero blanco —musitó. —Míralos todos —repuso Violet. —Buenos sombreros. —Los mejores. —Los vestidos, también. —Pero mira, Agatha: no llevan polisones. —No. Agatha las envidió por no tener que colgarse tantos kilos de metal todas las mañanas en las caderas. —Pero tienen mucho pecho. Tt-tt.
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—Estoy segura de que son mujeres de la vida. Eso la entristeció. Tanta promesa brillante quedaría en nada. Toda esa belleza juvenil se marchitaría antes de tiempo. La carreta se detuvo delante de la taberna. Mort Pohenny abrió la puerta de la jaula y la mujer de blanco salió. Con los brazos en jarras, gritó hacia las puertas vaivén: —¡Eh, Gandy!, ¿no mandaste a buscar a tres bailarinas a Natchez? El propio Gandy se materializó, rodeado de los empleados, todos saludando, acercándose a las mujeres, estrechando sus manos sobre el costado del carro con las del músico. Pero Agatha sólo veía a la mujer de blanco, en lo alto de la carreta, y al hombre de negro, debajo de ella. Este enganchó una bota en un rayo de la rueda y se echó atrás el sombrero. En medio del barullo, sólo tenían ojos uno para la otra. —Ya era hora de que llegaras, Jube. —Llegué tan pronto como pude. Pero les llevó un mes hacer la maldita jaula. —¿Eso fue todo? Rió y se le formaron los hoyuelos. —No echaste de menos a la vieja Jube, ¿no? Gandy echó la cabeza atrás y rió. —Nunca. Estuve muy atareado instalando el local. Jubilee miró hacia la acera. —¿Dónde está ese pueblo lleno de vaqueros que me prometiste, entre los que podría elegir? —Ya vendrán, Jube, ya vendrán. Volvió la mirada a Gandy y los ojos le brillaron de lujuria e impaciencia. —¿Te quedarás ahí, parado, todo el día, o ayudarás a esta dama a bajar? Sin aviso, se arrojó por el costado, volando con los pies y los brazos en el aire, sin dudar ni un instante de que un par de brazos fuertes estarían listos para recibirla. Lo estaban. En cuanto Gandy la atrapó, estaban besándose audazmente, sin hacer caso de los aullidos y silbidos de alrededor. La muchacha le rodeó los hombros con los brazos y devolvió el beso con total despreocupación por el espectáculo que estaban dando. El beso terminó cuando el sombrero del hombre comenzó a caerse. Jube se lo arrebató de la cabeza y los dos rompieron a reír, mirándose a la cara. La muchacha le encasquetó el sombrero sobre el grueso cabello negro y lo bajó bien hacia adelante. —Y ahora, bájame, dandi rebelde. Ya sabes que tengo que saludar a los demás. Contemplándolos, Agatha sintió una extraña sensación en el estómago, al ver que los ojos negros de Gandy se regodeaban en los bellos ojos pintados de la muchacha y que la sostenía un momento más. Al mirarlos, se adivinaba cuánto disfrutaban estando solos. Entre ellos circulaba una corriente de malicia y placer, que hasta se percibía en el diálogo. ¿Cómo aprendía una mujer a comportarse así con un hombre? Nunca en su vida Agatha había estado en la misma habitación con un hombre sin sentirse enferma de inquietud. Ni conversó con ninguno sin tener que esforzarse por encontrar un tema. Y, por supuesto, saltar por el costado de una carreta constituiría poco menos que un milagro.
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Gandy bajó a Jubilee y saludó a las otras. —Ruby, preciosa, eres un regalo para los ojos. —Le dio un beso en la mejilla—. Y tú, Pearl, antes de que termine la temporada, destrozarás muchos corazones en Proffitt. —También ella recibió un beso en la mejilla. A continuación, apoyó las manos sobre los hombros del joven del banjo y lo miró en los ojos—. Hola, Marcus. Me alego de verte otra vez. —El muchacho sonrió. Hizo un gesto como de pulsar las cuerdas del instrumento y arqueó las cejas—. Es cierto —respondió Gandy—, es bueno para el negocio. Ya habéis provocado agitación en todo el pueblo. Esta noche, se amontonarán en la puerta. Gandy se volvió otra vez hacia Jubilee y se quitó la chaqueta. —Toma. Tenla un minuto. Le guiñó un ojo y Agatha vio que la mujer se llevaba la Chaqueta al pecho y hundía la nariz en el cuello. Pareció un gesto tan íntimo que sintió pudor. No entendía cómo una mujer podía extasiarse así con el olor a cigarro. —Vamos a entrar esto, muchachos. Gandy saltó sobre la carreta y, con ayuda de otros cinco, alzaron la jaula. Agatha vio que el chaleco de satén negro se tensaba sobre los hombros, y los antebrazos se endurecían al alzar el artefacto. Si bien no era demasiado musculoso, tampoco era débil. Pero tenía músculos en todos los lugares donde un hombre debía tenerlos; le bastaban para hacerse cargo de una mujer impulsiva que se arrojaba en sus brazos, o de una irritante que organizaba una unión local por la templanza. Recordó la noche anterior, en la cima de la escalera: ¿habría pensado en empujarla o no? A plena luz del día, viéndolo trabajar al sol, no parecía capaz de algo tan malévolo. Quizá sólo fue su propia imaginación. El grupo sacó la pesada jaula de la carreta, la subió por los escalones de la acera y la entró en la taberna. Los siguieron las mujeres y los curiosos, y en la calle sólo quedaron los niños. Violet y Agatha se metieron otra vez en la tienda, aunque seguían oyendo los alegres parloteos y alguna que otra carcajada. —Así que, ésas son Jubilee y las Gemas. —Qué nombres tan adorables: Jubilee, Ruby, Pearl. Aunque Agatha pensó que eran nombres inventados, se reservó la opinión. —Así que, a fin de cuentas, trajo a las reinas de la noche... —De eso no estamos seguras. —Violet, llevan kohl en los ojos, carmín en los labios, y exhiben los pechos. —Sí —admitió Violet, muy decepcionada—. Tal vez tengas razón. —De súbito, se iluminó—. ¡Pero, claro! —Suspiró, con expresión arrobada—. ¿Qué me dices del modo en que el señor Gandy besó a la llamada Jubilee? —¿No te pareció un poco desvergonzado hacer eso así, en medio de la calle? —Quizás, un poco. Pero aun así estoy celosa. Agatha rió y sintió un impulso de cariño hacia Violet: era tan directa. Y sincera, a su manera. ¿Cómo era posible que no hubiese encontrado a un sinvergüenza joven que la besara en mitad de la calle, en primavera? —Vamos —dijo Agatha ofreciéndole el brazo a modo de invitación—. Vamos a trabajar. Eso nos lo quitará de la cabeza.
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Pero cinco minutos después, ruidos de martillos y serruchos las distrajeron de tal modo que cada tanto echaban una mirada a la pared. —¿Qué crees que estarán haciendo, con tanto ruido? —No lo sé. —Los ojos de Violet chispearon—. ¿Te gustaría que eche un vistazo? —¡Claro que no! —Pero, ¿no sientes curiosidad? —Tal vez, pero ya sabes a dónde llevó la curiosidad al gato. Violet se resignó. —De verdad, Agatha, a veces eres aburrida. Los dedales sonaron al unísono. Empujar, tirar, empujar, tirar. «Es tan horrible como el reloj a la hora de dormir», pensó Agatha. Empujar, tirar. Dos viejas solteronas, cosiendo mientras se les iba la vida. ¡No! ¡Una vieja solterona, y otra no tan vieja! —Hola. Era Gandy, otra vez. Violet tiró el dedal, se llevó la mano al corazón y se sonrojó como un lechón. —¡Oh, mi Dios!—murmuró. —Ve a ver qué quiere ahora. Pero antes de que Violet pudiera moverse, Gandy pasó entre las cortinas lávanda sin sombrero ni chaqueta, y un poco agitado, con las mangas enrolladas hasta los codos. De pie ante ellas, con los pies separados, las manos en la cintura. —Tengo un trabajo urgente para usted, señorita Downing. Agatha alzó una ceja y recorrió con la vista desde el cabello negro revuelto hasta las puntas de las botas lustrosas. —¿Algo de bengalina rosada, quizá? Le quedaría bien con el cabello negro. Scott rió y se pasó los dedos por el pelo, dejándolo erizado. —Eso lo dejaremos para Jube. Lo que yo necesito es mucho más simple. Un gran saco sujeto por una cuerda, y no importa el color ni la tela. Que sea lo bastante grande para cubrir una jaula de un metro ochenta. Pero lo necesito para esta noche. Agatha dejó la labor con forzada paciencia. —Señor Gandy, soy sombrerera, no modista. —Pero tiene todas esas piezas de tela ahí. —Señaló con el pulgar hacia la tienda—. Están a la venta, ¿verdad? —No para hacer fundas para jaulas. —¿Por qué no? —Y no para dueños de tabernas. —Mi dinero vale. Y pago bien. —Lo siento, señor Gandy. Pruebe con el señor Harlorhan. Él vende tela por metros. —La tela no me servirá de nada si no tengo a alguien que la cosa. —Aunque quisiera, no podría hacerla para la noche. —¿Por qué no? Es un trabajo sencillo. —Lo sería si tuviera una máquina de coser pero, como ve, no tengo. Echó una mirada a una propaganda de Singer que colgaba de la pared y los ojos del hombre la siguieron.
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¿Una funda para esa jaula? —Los dueños de tabernas están locos.. —Señorita Downing. tienes que dejar de hacer eso cada vez que ves a ese hombre. —Tt-tt. La seguían Ruby y Pearl. Violet se abanicó la cara arrebolada. Guardó el reloj y frunció el entrecejo. nuestras vecinas. Agatha resopló.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Cuántas manos necesitaría para hacerlo en. señorita Downing. Pero se apresuró a reanudar su tarea. llevando a Jubilee de la muñeca. señorita Parsons —saludó Ruby. ¡Cómo se atrevía a llevar a esas mujeres pintarrajeadas! —Chicas. ¿para qué querrá algo así? —Te aseguro que no tengo idea.. Las sombrereras se ruborizaron otra vez. Y te ruborizaste. ¿verdad? Todas las mujeres saben coser. las joyas de la pradera.. —¡Yo no! —¡Tú también! ¡Agatha. ¿Moza? La palabra le provocó un rápido sonrojo y Agatha supuso que en ese momento ella también parecía un lechón. Jube. No tuvieron tiempo de especular. —sacó un reloj de oro del bolsillo del chaleco— . tesoro. y luego entre sí. Scotty. Pearl y Ruby.cinco horas? —Ya le dije que no trabajo para dueños de tabernas. estas tres criaturas deliciosas son Jubilee. —Contempló las cortinas que el hombre había movido con los hombros—. Agatha y Violet miraron fijamente. —Pero. —Jube. Lo arrojó sobre la mesa y tiró al lado una pila de monedas de oro. —Tú también. Son suyas si hace una funda fruncida por un cordel para las siete de la tarde. Y Agatha se indignó de tal modo que se puso de pie. eres mujer.. Gandy salió a grandes pasos del taller y volvió al instante con una pieza de satén rojo. Agatha y Violet se quedaron con la boca abierta mirando a la entrada. por el amor de Dios. que quedó ondulando. —Nunca me humillaron así.47 - . pues las sorprendió la reaparición de Gandy. —Es una moza obstinada. —A mí me parece adorable. —Me alegro de conocerlas —dijo Pearl. —Son diez.. —Oh. Cuéntelas. Jubilee hizo una reverencia. . quiero presentaros a la señorita Downing y a la señorita Parsons. No intentes entenderlo. pero para sus adentros comenzaba a opinar como Violet. esta vez irrumpiendo por la puerta trasera. —¡Esta no! Los ojos de Agatha iban de una a otra de las dos cosas más brillantes que había en el cuarto: la señorita Jubilee y la pila de monedas de oro. Ese hombre no tiene modales. —Encantada. —Caramba.. Pearl y Ruby la ayudarán a coser. te llamó moza! Tt-tt. vamos. —Violet. Señoras. Gandy la observó un rato. Jamás le habían llamado moza y era desconcertante descubrir que la hacía sentirse aturdida. luego se dio la vuelta y pasó por la cortina. ceñudo.

¿Qué diría la señorita Wilson? ¿Qué.C. —¡Por favor. no seas tonta.. —¡Violet. las otras miembros de la unión? La presidenta de la sección local de la U.. Agatha se retorció las manos y miró. Pero alzó de golpe la barbilla cuando Gandy le tocó ligeramente el brazo.. es usted despreciable. —Señor Gandy. Cuanto antes acepte. No soy modista. Estaba tan cerca. Soy sombrerera... En un minuto más. para que nadie las viese. Agatha bajó la vista. si añadiéramos un pequeño incentivo. —Señorita Parsons. impotente.48 - . Agatha recuperó la voz: —Yo tampoco. ¿Cuándo vería otra vez semejante cantidad de dinero para pagar el precio de la única cosa que ambicionaba en la vida? Abrió los labios pero no emitió sonido alguno. Ruby. mejor.! Pearl se quejaba: —¡Nunca en mi vida cosí nada! —Yo sí.. que sintió otra vez el aroma a tabaco. Por eso traje a las chicas por la puerta de atrás. y la pila de monedas. Agatha. ¿no lo entiende? —En ese caso. —No cabe duda de que su dinero proviene de los pobres desdichados que frecuentan su estable. ¿cómo anda el negocio últimamente? —No muy.. señorita Downing! Era desconcertante que un hombre la tratara así. pero en cambio sacó una y se la guardó en el bolsillo del chaleco. a Gandy. te agradecería que cerraras la boca! —Bueno. cállate! No quería que la forzaran de ese modo.. acercándose más a Agatha—. —Agatha —le aconsejó Violet—.. la mujer pensó que añadiría otra moneda a la pila. Su mirada voló al dibujo de la obra maestra del señor Singer con el precio impreso en números en negrita junto al volante. —¡Violet. ¿Y el otro . Pearl. Cuando se volvió.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Cien dólares. es evidente.. Se le hizo agua la boca. —Deja de protestar. cosiendo para el Gilded Cage Saloon. quitando otra moneda y guardándola en el bolsillo. ¡Oh.T. con calma. Cuarenta y nueve dólares. —Ochenta —la interrumpió el hombre.M. menos una mujer que no tenía suficiente sentido para darse cuenta de que las estaban sobornando. Y a las siete de la noche estaré en la Gilded Cage pidiendo firmas para compromisos de abstinencia a los clientes del bar. a las muchachas. Él no tiene más que mirar. Mucho —terció Ruby—.. pero todo ese dinero. yo. —Pero. La siguiente pregunta fue para Violet.. ¿Qué dirían mis compañeras si supieran que hice una cubierta roja para la jaula? —Nadie tiene por qué enterarse —intervino Gandy. —Pero usted. No es nada del otro mundo. Si el patrón dice que cosamos.. —Estoy de acuerdo con Pearl —dijo Jubilee—. coseremos.. el precio bajará otros diez dólares. —Me crearía un conflicto de intereses. —Ya perdimos cinco minutos. Por fin.

Pearl. Se sacó el dedal y apoyó la palma sobre esa mano tibia. —Bien. Atado arriba. ¿Por qué le parecía que sólo los canallas estaban tan dotados? —Para las siete —aceptó. la halagó. Uñas limpias. Jube le mostrará. ¿para las siete. El diamante brillando en el meñique.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR día no decías que.49 - . A Agatha se le secó la garganta.. Use su imaginación. —Chasqueó la lengua y sacudió la cabeza con expresión apesadumbrada—. Un trato es un trato —dijo. —Algo para cubrir la jaula. Un tintineo. —La mano se acercó otra vez a las monedas. mirando a Agatha sonriente e interrogativo: —Setenta. salpicados de vello crespo. y se acercó a Agatha tendiéndole la mano—. la máquina quedaría fuera de su alcance. hacia Gandy. Miró las monedas que quedaban y sintió deseos de estrangular a Violet. La ambición la dominó. —¡Basta! —exclamó. Dedos largos y oscuros. con todas estas discusiones sobre el sufragio femenino. La mano de Gandy se movió de nuevo. que desarmaban. La desesperación la aplastó. El hombre la estrechó con la misma firmeza con que lo haría con la de otro hombre. mientras el carro avanzaba por la calle. —Por empezar. Sólo entiendo de sombreros. señorita Downing. hay mujeres que dejaron de usarlos. Jube. En cierto modo. Agatha contempló los maravillosos ojos rasgados de Jubilee y la recordó colgada en el columpio como una paloma nivea. con menos convicción—. A decir verdad. Si quitaba dos monedas más. y las cuatro monedas volvieron con las otras—. Sólo estad listas para recibir a los clientes a las siete en punto. haced lo que ella diga. —Las cosas no van muy bien en la venta de sombreros. ahora que comenzamos con nuestra propia unión por la templanza. Agatha dejó caer la cabeza. Agatha giró la cabeza. Tenía unos labios tan perfectos. Ruby. señorita Downing? Agatha contempló la mano. en voz queda. alzó la vista. Al parecer. . suelto abajo. —Lo haré —aceptó. demasiado atractivos. no tengo la más remota idea de lo que usted quiere — dijo.? —¡Violet! Violet ignoró a la patrona y se inclinó. el sombrero está convirtiéndose en un símbolo de emancipación. Contra su deseo.. confidente. Entonces. Los hoyuelos eran muy marcados. Fijó la vista en la disminuida pila de monedas. —Claro que lo haré. —Sesenta —dijo Gandy. En las mejillas de Gandy aparecieron los hoyuelos. en tono más suave aún. con aire culpable. Pero se sintió como si acabara de hacer un pacto con el diablo. Muñeca delgada. abierto en un lado para que pueda abrirse la puerta. Y tiende a empeorar. y la pasó a la figura de la máquina de coser. Extendió una mano y tomó otra moneda. Los ojos. Gandy metió un pulgar en la cintura y esperó.

LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 4 Agatha mandó a Pearl a medir la altura y la circunferencia de la jaula. —¿Quiere decir que nuestro patrón creció en una plantación? La imaginación romántica de Violet se expresó con claridad en sus . se sentaron todas en círculo y comenzaron a coser los bordes. allá en Columbus. Estoy haciéndome un lío y ahora. terminaremos con tiempo de sobra. —¿Waverley? —sondeó. No pasó mucho tiempo hasta que Jubilee se pinchó el dedo: —¡Ay! —Lo metió en la boca y lo chupó—. Jube. En verdad. y las cinco mujeres se pusieron a la tarea de hacer la funda. donde creció el señor Gandy. o a la vieja? —La vieja. Ruby. Agatha observó el lamentable trabajo de Pearl. —¡Mirad a Ruby! —exclamó Jubilee después de un tiempo—. Ruby tenía dedos ágiles y cuidaba de hacer puntadas uniformes e invisibles. Entretanto. y Pearl sujetaba la seda que colgaba de la tabla de planchar para que no se arrugara. —¿Por qué no se queda sentada? —sugirió Agatha—. La misma Agatha manipuló las planchas de hierro. Jubilee llevaba las planchas frías a la estufa y traía las calientes. —¿Te refieres a la joven señora Gandy. Después. No soy mejor que Jube para esto. La joven era demasiado frivola para coser. Era un diseño bastante simple. como una cortina para la ventana. —Usted también. mientras Violet y Ruby trabajaban delante de ella marcando el ancho con tiza. además. y mi mamá me enseñó a mí. ¿dónde aprendiste a coser así? —¿Dónde crees? En Waverley. Mississippi. con un cordel en la parte superior para fruncirla. será suficiente ayuda. y ella le enseñó a mi mamá a hacer costura fina. ¡Maldición y maldición doble! ¡Soy incapaz de coser. voy a manchar la seda. —La negra dirigió a la blanca una mirada significativa—.50 - . De inmediato. por supuesto. Mi mamá trabajaba en la casa grande para la señorita Gandy. Las tres rieron de buena gana. como Ruby es tan habilidosa. Violet equivocó una puntada al oír mencionar a la joven señora Gandy. Tres dedales chocaron con tres agujas y la tela brillante fue pasando lentamente sobre los regazos. Era como tú. resultó evidente que Jubilee y Pearl no habían mentido: eran inútiles con la aguja. —¿Puedo dejarlo yo también? —rogó Pearl—. Encendió el fuego en la estufa y calentó las planchas para formar un ruedo de una pulgada en todo el perímetro. Si sostienen el satén en la falda y van guiándolo para que no se arrugue. —La plantación Waverley. Por otra parte.

Todas las grandes mansiones permanecen intactas.. Mi mamá y mi papá eran esclavos del viejo señor Gandy. el viejo señor Gandy. volvería. Las dos. y la esposa también. y después de la guerra. Antes de la guerra. Violet quedó tan atrapada con la historia que tuvieron que recordarle la costura. —Oh..51 - . —¿Quiere decir que él era el dueño? —El padre. lo vio con un cigarro en la boca y un vaso de whisky en la mano. nadábamos desnudos en el río. y la mula ahí. qué tiempos! Claro que eso fue antes de la guerra. pero dejó que Violet hiciera las preguntas. era joven. Qué nombre tan romántico. Ivory y el patrón. pelábamos nueces de pecana. —¿Qué sucedió con Waverley? —Sigue ahí. yo también. —Murieron. y una hija? Ruby asintió. La voz algo áspera de Ruby recordó: —La más hermosa que se haya visto. A fin de cuentas. Por mucho que lo intentó Agatha no pudo contener la curiosidad: —¿Quién es el dueño? —Él. Grandes columnas blancas en el frente. Las encontraron en el camino. Pero siguió preguntando: —¿Cómo murieron? Ruby alzó un instante la vista.. Y el río Tombigbee que los cruzaba. señora. Por la mente de Agatha cruzó raudo el pensamiento de que otros hombres se habían hecho libertinos por motivos mucho menores. entre su mamá y su papá. Lucharon en los alrededores. Se despertó el interés de Agatha. Corríamos descalzos por ahí juntos. Ahora él está muerto. era una pena. Pero eran unos blancos tan buenos como es posible. pero ahí no.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR ojos.. el patrón. Yo. y la pequeña. en la mitad del trayecto hacia el pueblo yaciendo boca arriba en la carreta. —Si lo supiera. Más bien. Aun así. La aguja de Agatha se inmovilizó y miró a Ruby por encima del satén: —¿Tenía esposa. ¡Ah. —La joven señora Gandy. —Waverley —repitió Violet. La guerra no pasó por Columbus. esperando a que la hicieran andar. una enorme y ancha galería. . nacimos todos en Waverley. Supongo que encontró demasiados fantasmas. sin levantar la vista de la costura. soñadora—. pero el cuadro no cuajó. Y campos de algodón alrededor. —¿Fantasmas? Los ojos de Violet se dilataron. ellas ya estaban enterradas dentro de la cerca de hierro negro al otro lado del camino. Violet sintió tanta curiosidad que se sentó en el borde de la silla. y sus dedos siguieron moviéndose. Pero él no llegó a tiempo a la casa para verlas una vez más. tan extensos que un zorro no podía recorrerlos en una mañana fría. Pero sólo fue una vez después de la guerra. entre las varas. pobre hombre —se condolió Violet. —Sí. pero nadie lo sabe con certeza. Ese lugar era glorioso. Agatha trató de imaginar a Gandy de niño corriendo desnudo con un par de chiquillos negros. Cuando el joven señor Gandy volvió.

Va a explotar. señor. trabajando en esa jaula flotante. realista. Para sorpresa de Agatha. Jubilee se inclinó y apoyó su mejilla blanca contra la negra de Ruby. y luego volver a cargarlas cuando el capitán volvía tras pasar el primer tramo corriente arriba. Y a mí y a las chicas ahí. con cierta amargura—. —Rió otra vez. Ruby. »Entonces. La segunda vez se fue para no volver jamás. ¡Mira lo que hiciste por mí! Y por Pearl. «Eh. maquinista. era maquinista y trabajaba en esa sala de máquinas pestilente. los gallos se sumergían. Terminé en los barcos fluviales. —Se marchó a luchar contra los yanquis y cuando volvió no encontró más que a unos pocos negros tratando de arañar unas coles verdes de los campos de algodón agotados. —No fui yo la que lo hizo. El pobre Ivory nunca había recibido latigazos cuando trabajó para el viejo amo Gandy. ¡sin importar que hubiese víboras en el agua! Si el capitán ordenaba sumergirse. Lo próximo que supe es que Jack Hogg y casi todos los demás volábamos por el aire como si . gallo. La mejor. También Hogg.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Ruby asintió. le decían. Y yo nunca supe lo bueno que era Waverley hasta que quedé librada a mis propios medios. —¿Él? —Los ojos de Violet chispearon de interés—. Eres una buena mujer. Pearl? Pearl dijo: —Escucha a Jube. ¡Tengo manzanas y limones que perderán la mitad de su valor si ese desgraciado de Rasmussen llega antes a Omaha!» »De modo que Jack Hogg se puso a ajustarla. y vio que ese canalla de Gilroy le daba latigazos cada vez que se le antojaba. —¿Y la llevó con él? —¿A mí? —Ruby levantó la mirada. Tenían que cortar leña y sumergirse cuando el barco tropezaba con un tocón. —Vamos. como si ella supiera de qué hablaba... también. e Ivory era estibador. con el agua a las rodillas. sorprendida y rió con su risa de contralto—. Se puso a apostar en los barcos fluviales y se enteró de que Ivory y yo trabajábamos en el Delta Star. el joven amo encontró a Ivory trabajando como peón en cubierta. la vista en la labor—. Yo soy una negra encopetada. Yo estaba haciendo lo que estaba haciendo. Jack Hogg le dijo: «No puedo hacerlo. a mí no. —Mientras continuaba la historia. a Natchez. él. El capitán insistió: «Aprieta a la hija de perra con fuerza. Y Marcus. y odiando cada minuto de esa vida. Pretendía vivir a mi capricho y llevar una vida fácil hasta que la carroza viniera a buscarme. Ya no espero ninguna carroza —concluyó. ¿No es cierto. eso no es cierto. Ruby. ¿Quién? —El joven señor Gandy. que tocaba el banjo y se burlaban de él porque tenía mal la lengua y no podía decir ni una palabra. en las afueras de Natchez. cuando la guerra terminó. señor».52 - . «gallo». con las cejas como alas levantadas. Cuando dijeron que era libre. me fui a la ciudad. Ruby cosía sin parar. el que despacha las bebidas para Gandy. No. Fue él. Ruby siguió cosiendo. tendremos que hacer dos viajes con esta carga». Estábamos todos a bordo un día que el capitán ordenó apretar la válvula para salir de un atascamiento. —Movió la cabeza con pesadumbre—. y los pobres estibadores tenían que descargar cientos de toneladas de carga para aligerar el peso cuando el río estaba bajo. complaciendo a los señores.

Como dijo Ruby. Estaba en la leñera. Si íbamos allí. dijo el patrón. Seréis bailarinas. ¿Y qué creen que le contestamos? «Lo que diga. Ivory también tuvo suerte. Las chicas y yo paseábamos por cubierta buscando nuestro próximo cliente. «Terminaron los días de navegar por el río. Pero Jack estaba junto a la caldera. Ivory. pero somos lo más parecido a parientes de sangre. y nosotras cosemos. Espere a escucharla.? Jubilee rió. —Como dice Jube —agregó Pearl—. ya no sería más estibador. »Dijo que había un solo lugar para hacer dinero rápido: en la cabecera del Chisholm Trail. Y las cosas están mejor que nunca desde que terminó la guerra. Ruby? La negra lanzó su risa gutural. Agatha se asombró cada vez más. y el patrón lo sabía. dijo.. Marcus estaba en cubierta.. —Jubilee miró con ojos radiantes a las sombrereras—. ¿No son. siempre dices lo mismo. Durante el relato de Ruby. y tenía suficiente dinero en la bolsa para abrir una taberna. Además. —Verdad. Por eso el señor Gandy dice «cosed». Ya no tenemos que soportar lenguas con gusto a whisky que nos ahogan. en armonía con sus ojos rasgados. Le quedaron feas cicatrices... —¿Prostitutas? Ya no. ¡oh! —Jubilee vio que Agatha bajaba la vista y se sonrojaba—. ¡y que lo diga!. ¿verdad. ¿Gandy era el benefactor? ¿Había sacado a esas tres muchachas de una vida de iniquidad? —¿Es decir que no tienen que. señorita Downing. »Pero el joven señor Gandy se ocupó de todos nosotros. chicas? Y bastante buenas cantantes. Pearl. ¿no es cierto. donde está el ferrocarril. así que los dos estaban bien. Ni manos grasientas que nos manosean. Y agradecemos el cambio. donde el señor Gandy estaba jugando. en cuanto se curara atendería el bar.53 - . es muchísimo mejor bailar y nada más... no tendríamos que entretener más a los señores.. Trajo a Marcus para tocar el banjo.. Nunca adquirí buenos modales. patrón». ¿verdad. conviene colgar la lámpara en algún otro sitio. no lo creerá. chicas? Las chicas asintieron. Jube y yo. Puede quitarle a un hombre el sombrero de una patada sin despeinarle un solo pelo. Ivory es pianista. tesoro? Le tocó a Pearl reír. y acababa de ganar un montón de dinero. somos buenas bailarinas. Tenemos que salir de aquí mientras aún tengamos un sitio a dónde ir». tocando en el salón de juegos. señorita Downing. ¡Cuando Pearl empieza a levantarla. Pero esperen a ver cómo Pearl levanta la pierna. Nos dijo que había conseguido amigos: nosotros. Lindas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR fuésemos camino a la gloria. ahora sólo somos bailarinas. A diferencia de la de Ruby. pues es capaz de apagarla! ¿No es verdad.? —Abarcó con la mirada a Ruby. Y Jack Hogg no quería estar nunca más cerca de una caldera.. No tenemos familia. . chicas? Somos jóvenes. aunque en ese terreno Jube nos supera a Ruby y a mí. pero dijo que. Y Pearl. cargando un poco para llevar abajo. de modo que caímos directamente al agua. allí irían los vaqueros. Lo siento. —Oh. Scott dice que tiene una voz capaz de avergonzar a un sinsonte. Pearl tiene esa especialidad que ella perfeccionó. Ni. ¿no es cierto. su risa era leve y alegre.. Pearl y Jubilee—.

—Está bien. Cuando Ruby hace oscilar la cadena del reloj de un tipo fuera de su corpiño. Nos alivia saber que no es así. —Si les parece que es algo que a dos damas como ellas les gustaría oír. Bueno. oh.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Pero fue idea de Ruby. En especial. Ella es siempre la que tiene las mejores ideas. Ruby —insistieron las dos.54 - .. cuéntenlo ustedes. —¿Dónde? —preguntó. No puedes hablar ante ellas como lo hacemos entre nosotras. estaba menos horrorizada de lo que habría estado una semana antes.. Ese trío tenía algo contagioso. a los hombres les encanta. Y cuando advierte que no lo tiene. —Cuéntenos. contemplando la funda. se me va la lengua. si el reloj es de oro. caramba! Sin embargo. Ruby agitó una palma sonrosada. allá en el barco fluvial. —Ahora. ni a usted tampoco. Violet y yo teníamos la impresión equivocada de que ustedes harían mucho más que bailar en la Gilded Cage. ¡Bien! —Agatha cortó un hilo y se concentró en el trabajo pues no sabía cómo participar del tema—. Pearl —la interrumpió Jubilee—. ansiosa. Agatha estaba cautivada. es algo digno de verse. Resultaba infrecuente que tres mujeres con ese oficio pudiesen albergar tan pocos celos entre ellas. tienes razón! —Pearl se tiñó de un sonrojo tentador—. tt-tt. —¿Cómo haremos eso? —preguntó Jubilee. ¿dónde creen que aparece? Contra su voluntad. Scott se ha vuelto honrado. Tal vez fuese la gran camaradería o el orgullo despojado de egoísmo que sentían una por otra. lo cual no significa que no pueda guardarse una carta en la manga. Un hombre es capaz de hacer casi cualquier cosa contigo a solas. vamos. bah! ¿Qué saben ellos? —Cuéntales.. tras una puerta cerrada. Sólo falta que pasemos el cordel por el borde superior.. No quise incomodarla. —¡Los hombres. A veces. si lo desea. Pearl ahuecó una mano alrededor de la boca y respondió en un susurro teatral: —¡Entre los pechos! Violet se tapó la boca: —Tt-tt. Y cuando sienten el oro tibio. Cuéntales el truco de la desaparición.. y habremos terminado. ¿dónde? —repitió Violet.. sin que el tipo se dé cuenta. Agatha se sonrojó. Puede quitarle a cualquier hombre el reloj y la cadena. El oro se calienta más rápido que la plata con sólo estar contra la piel.. —Vamos. le enseñó a Ruby un pequeño pase de manos y ella lo incorporó a nuestro espectáculo. Pearl lo contó. Ruby. . —Sí. —¡Oh. señorita Parsons.. te olvidas de que estamos de visita en esta tienda. —Es asombroso —prosiguió Pearl—. —¡Oh! ¡Oh. —Oh. señorita Downing. —Bueno. y el hombre tiene que sacarla del todo si quiere recuperarla. pero en público se sonrojará como un tonto ante la menor provocación.

¿No tiene la agudeza suficiente para saber que carece de tacto?» Aunque se sentía perturbada. Señaló. me arreglo bastante bien. y los llevó hacia las sillas sin dejar de parlotear—. —No es nada.55 - . —pensó Agatha—. no me parece justo. le sacó los elementos de las manos. Agatha comprendió que Violet también sentía curiosidad. mientras se preguntaba cómo responder a una observación tan directa. —No soy una inválida. —¿Se refiere a que nació con eso? «Oh. Pero los bellos ojos almendrados de Jubilee expresaban preocupación. qué perspicaz es. Jesús. —¡Caramba. señorita Downing. Y una vez que se adaptó a esa franqueza. pero. y como vivo arriba. —¿Cómo... —¿Arriba? ¿O sea encima del almacén? . —A decir verdad. ¿Cómo era posible que alguien escapara al encanto de Jubilee Bright? Nunca nadie había enfrentado la cojera de Agatha de modo tan directo. cerró la puerta del gabinete. Jubilee siguió el primer impulso. Agatha sintió un golpe de calor.. nada? Pero. —Es bastante sim. —Hace años que la tengo. un instante de incomodidad. hablando de levantar las piernas. usted renquea! —exclamó Jubilee.. —¿Cómo sucedió? —Me caí de las escaleras cuando era niña. —Déjeme ayudarla con eso. en todos los años que se conocían. había llegado a la caja agujereada donde encontró un ovillo de cordel y una aguja gruesa de zurcir. a su modo ingenuo. Y Jubilee lo hacía con tal falta de embarazo. Lo peor son las escaleras.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Agatha se levantó y cojeó hacia el gabinete donde tenía los elementos. Por extraño que pareciera. —Se acercó a Agatha. ¡Claro que no! ¿En qué estoy pensando? Depositó la aguja y el cordel otra vez en las manos de Agatha. señorita Jubilee —le advirtió con una sonrisa amarga—. Jubilee no se mostraba entrometida sino compasiva. Puedo llevar yo misma la aguja y el cordel. ¿cómo saberlo? Sin embargo. pobre chica! ¡Qué espantoso! Varias ideas sacudieron a Agatha al mismo tiempo: hacía años que nadie le decía «chica». Cuando se dio la vuelta otra vez hacia el grupo. Gracias a Dios. —¡Oh! —Jubilee miró las cosas que tenía en las manos y lanzó una carcajada vibrante—. A Agatha le resultó desconcertante que una mujer supuestamente «mala» expresara en voz alta sus propios pensamientos recurrentes y no pudo evitar sentir simpatía por la impetuosa Jubilee. Jubilee miró sin disimulo la falda de Agatha: —¡Oh. jamás se había atrevido a formularle esa pregunta.. Tendríamos que haberlo advertido. Agatha contestó con sinceridad: —No.. Agatha no pudo seguir enfadada. había recuperado la compostura. le pareció un cambio refrescante en comparación con las miradas de soslayo que solía recibir. que a Agatha se le soltó la lengua. y henos aquí. Dios. Ya estoy acostumbrada. por eso.

Pearl y Jubilee. —Muchachas. Yo no tuve madre. chicas? —Por supuesto —confirmó Pearl—. esbozó una sonrisa maliciosa—. dormimos hasta tarde. además de sombreros. —Hace tanto tiempo que lo hago. limítense a estirar el borde superior de la cortina para que pueda pasar el cordel por la costura. yo coso toda mi ropa. Agatha pensó que. Nosotras también viviremos arriba así que. levantar cosas. mirad eso! A Agatha se le escaparon unas carcajadas. —¿Cómo lo hará? —quiso saber Jubilee. bajarlas. Cualquier cosa en que pueda ayudar. sí. en realidad. —Sí.56 - . ¿No es así. Paso el cordel por el ojo de la aguja. ¿Qué dirían esas monjas si me vieran ahora? —No había el menor matiz de autocompasión en el comentario de Jubilee. y lo paso hacia atrás. no cabe duda de que tienen un lenguaje pintoresco. Por la mañana. escuche. —¡Por las bolas de fuego. señora. o correr a buscar algo. —Bueno. tenían una generosidad intrínseca más profunda que algunos presbiterianos que conocía. —Es fácil. Gracias que puedo atarme los cordones de las botas. Con un repentino cambio de expresión. que ya es una tarea mecánica. me dijeron que murió cuando yo nací. —¡Usted sola! ¿Usted hizo eso? —Tomó a Agatha del codo e . se concentró otra vez en la tarea de Agatha—. por ahora. —¡Entonces. Contempló los ojos fascinados de Jubilee y sintió una chispa de orgullo por su trabajo. —De súbito. La inclinación de los ojos rasgados armonizaba con la de los labios abiertos y le confería un aspecto de juventud y entusiasmo.. enaguas y otras cosas. debieron de requerirla con ansiedad—. seremos vecinas! —Cuando Jubilee sonreía. cualquier cosa que podamos hacer por usted. soy fuerte como un caballo. Los ojos de Jubilee se agrandaron cada vez más mientras sujetaba el borde del satén rojo y observaba el trabajo de Agatha. Hacía tanto tiempo que Agatha sabía cómo pasar un cordel por una costura. pero siempre tenemos las tardes libres. llame.. Es por el lugar en que trabajamos. —Gracias a todas pero. que lo daba por hecho. Es decir. —Es tan afortunada de conocer bien un oficio. Pero eso es asombroso. Viví en el Orfanato de St. Luke cuando era pequeña. no dude en llamarnos. —¡Eso! ¡Lo que está haciendo! ¿Dónde aprendió eso? —Me enseñó mi madre. en su anterior profesión. —Jubilee se volvió hacia las amigas—. ¿Cómo podría Agatha disgustarse con esas tres? Cualquiera hubiese sido el pasado de Ruby. —En cuanto a mí.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Jubilee dirigió la vista al techo de hojalata. —¿Qué? Agatha se concentró en fruncir la tela sobre el cordel. —A mí jamás se me habría ocurrido algo semejante. —Lo siento. —¿Afortunada? ¿Cuándo fue la última vez que Agatha se consideró afortunada? —Y por tener una madre que le enseñó.. era un espectáculo que quitaba el aliento. y nací recibiendo órdenes —proclamó Ruby—. desbordando animación y brillo. ¿Su madre le enseñó muchos trucos de costura? Me refiero a cómo hacer vestidos.

—¿Qué cosa? —insistió Violet. sólo que dentro de la falda. —¿Dónde podríamos conseguir. pero supongo que comprenden que no es posible ni aconsejable. que era habilidosa con la aguja. . ¿Qué pensarían si la presidenta del grupo local de la U.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR inspeccionó la forma complicada del corpiño. le alzaron el ruedo en la parte de atrás para examinar el polisón que parecía una jaula. —Hacer esas faldas nuevas que queríamos para el baile francés. con ribetes.. sintiéndose acosada y halagada al mismo tiempo por el entusiasmo de las muchachas... lo que es más. No puedo.57 - .? Agatha rió. Y no puedo bailar el cancán sin esas faldas fruncidas.. Sé que puede. Hablaron todas al mismo tiempo. pero estoy desilusionada. maldición —dijo Pearl. tocándole el hombro. es cierto. —¿Qué cosa? —preguntó Agatha. —¿Enaguas también? Antes de que pudiese objetar.? —Oh. y el polisón en cascada. ¿verdad? —le preguntó Jubilee a Ruby. y caía desde la cintura hasta los talones en un conjunto de costillas horizontales unidas con tela de algodón blanco. —¡Usted puede hacerlas! —dijo Jubilee. —Creo que sí. No es por ofenderla. dejándose caer en una silla—. haciendo ademanes—. —¿Qué cosa? —repitió Violet. y si hago algo más. señoras. Las muchachas la ignoraron. Como las antiguas crinolinas.. —No puedo. ¡Ése sí que es un trabajo bien hecho! Lanzaron exclamaciones de entusiasmo. —Pearl. —Saben.. volviéndose hacia ella. —Oh. Quedó tan sorprendida. —¿Cómo que.T. —Podría hacerlo. pliegues y alforzas y. no debe usar ese lenguaje —la regañó Agatha con gentileza. Me vendría bien el trabajo.. Y. con entusiasmo—. —Agatha vaciló un momento y. enlazado atrás.. levantando las palmas —. por favor! —dijo Agatha. por favor. exclamó—: ¡Mirad esto.M. Lo siento. cosiera los trajes para las bailarinas de la taberna? Ya fue bastante malo hacer la funda para la jaula... hasta la misma Ruby. más complicado aún—. Tres bailarinas rechazadas giraron y comprobaron que era cierto. al fin admitió—: Yo también. Con la barbilla en la mano. diga que sí. piezas cortadas al sesgo. en capas —agregó Ruby. chicas! —Las tres examinaron los detalles del drapeado austríaco de Agatha. no tengo máquina de coser.C. que no pudo decir nada. alguien se enterará. —Lleva muchos frunces alrededor. —¡Por favor. pero he estado practicando mi patada alta especialmente para eso. —¿Faldas nuevas? —¿Baile francés? —El cancán —aclaró Pearl—. —¿Será posible que lo haga? Ruby inspeccionó minuciosamente la hechura de la ropa de Agatha. Pearl hizo un mohín: —Tal vez no. y convenceré a Gandy de que pague. Jube esperaba una respuesta. señorita Agatha.

resentida: —¡Agatha. derrumbándose en una silla—. aceptación mutua. Finalmente.. tonterías! Ellas no venden licores. Y para hacerlo a mano. —Pero no podemos hacernos amigas. orgullo en los limitados logros de las otras y una asombrosa falta de rivalidad. dudo de que el señor Gandy esté dispuesto a pagarme el tiempo que llevaría. Tengo que decir que no. Acaban de nombrarnos funcionarías de la unión por la templanza. qué impresionantes —dijo. por un tiempo. ¿No las oíste? —Pero las danzas de ellas promueven la venta de alcohol.. Violet.. señorita Parsons. ya lo sabes. háganoslo saber. pero no en el sentido en que lo eran las tres jóvenes bailarinas. Se rió y. gracias señorita Agatha. Agatha. Pearl y Ruby. Se había sentido más viva que en años. Louis o. —Caramba. A usted también. Jubilee suspiró: —Entonces. suspirando.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Violet empezó: —Pero. ahora que el bullicio había acabado. en ocasiones eres muy aburrida! Y con el mentón levantado. Difícilmente encontrarían trajes para cancán en un catálogo de tienda de ropa hecha. Cuando Pearl abrió la puerta trasera. «Sí. No obstante. se sintió deprimida. son metros y metros de tela que hay que dobladillar. —Estaría bien. Irradiaban comprensión real. nunca hubo tanta animación. Cuando se fueron. Por segunda vez en pocas horas..? —No. Salieron en fila. por el trabajo apresurado. lo son».. Es lo mismo. comprendió lo absurdo de su sugerencia. Agatha sugirió: —Quizá puedan encargar los vestidos a St. Violet. tristes. y el señor Gandy ya me pagó. Desde que abrió esta tienda. Al quedarse sola. se fue de la tienda hasta el otro día. tener amigas tan auténticas como ellas. Trató de imaginarse cómo sería formar parte de una hermandad como la que compartían Jubilee. está fuera de discusión. Y ya no son mujeres de la noche. —pensó Agatha—. —A mí me pasó lo mismo —acordó Agatha.. bueno. creo que tenemos que irnos. —Lo siento. Las muchachas quedaron contrariadas. olvidó que las jóvenes no eran la clientela más adecuada para la sombrerería. —Bueno.. En las faldas fruncidas. ¿Nos llevamos esto? Levantó la seda roja con dos dedos. Si cambia de idea. vieron cuánto tiempo nos llevó hacer ese ruedo a nosotras cinco. —Usted déjenos a nosotras tratar con el señor Gandy. Chicas. No hacen otra cosa que bailar. tenían un grupo al que llamaban su . comentó. Violet cerró la boca. Me ahorraría el trabajo de llevarlo. Jubilee. o. —¡Oh. Agatha pensó en esa extraña tarde. y disfrutó de su presencia. Además. Violet era su amiga.58 - . ¿no podríamos. Y las muchachas eran divertidas. y tocándose las sienes. De pronto. Pero lo más asombroso era que les había contado lo del accidente y se sintió maravillosamente bien. Violet miró hacia la puerta. —¡Son maravillosas! —exclamó Violet. —Claro —dijo Jubilee..

Agatha los envidió de nuevo. Cien dólares por menos de tres horas de trabajo. y acomodó las otras cuatro como un dominó sobre la palma de la mano.. ni lo pienses! Pero sí. es tan divertido estar con ellas. cerró con fuerza la palma de la mano y se dirigió a la puerta trasera. igual que con cualquier otro. Al final. El . mientras lo hacía deseó ser tan desinhibida como Pearl para poder maldecirse por lo que estaba a punto de hacer. como habían dicho las chicas. ¡Eran pesadas! Hasta entonces. con máquina de coser o sin ella. Se preguntó cuánto tiempo tardarían en mandarle una máquina de coser desde Boston. Al principio. ¿Cómo pudo creer por un instante que las envidiaba? Pero si no las envidiaba. Y. Y esa «familia» estaba encabezada por un apostador del río al que seguían como si fuese el Mesías. está bien. en el mismo lugar donde las había dejado Gandy.. Extraño. estaba tan triste? Estaba haciéndose tarde. Pero mucho. ¡Agatha. ¡Agatha. sólo alegres conversaciones. que si bien no era una familia verdadera.. de pronto. La camaradería. ¿Envidiable? La idea sacudió a Agatha. se calentaban rápido. resultaba mejor porque no estaban vinculados por el parentesco sino por elección.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR «familia». Dinero tibio. nunca había tenido la oportunidad de comprobar cuánto pesaban diez monedas de diez dólares. ¿por qué. Pronto sería hora de prepararse para la reunión de las siete. Con dinero de soborno se pueden comprar máquinas de coser. Cuarenta dólares era mucho dinero. mientras Gandy y las muchachas colocaban la funda y le arreglaban los pliegues. Agatha se levantó de la silla y vio las monedas de oro haciéndole guiños desde la mesa de trabajo. Envidiable. en la sombra. me pagó demasiado! ¿Y qué piensas hacer al respecto? Tomó las diez monedas de oro y las sopesó en la palma. La puerta trasera de la Gilded Cage se abría a un pequeño corredor entre dos cuartos de almacenar cosas. las dejó aparte. Agatha pasó inadvertida. y tú lo sabías. Por un instante. Y él paga bien. De todos modos. ¡Y tres personas para ayudarte! Era un soborno. ¡Agatha.59 - . Una alegre banda de clientes de la taberna y los empleados del establecimiento se apiñaban alrededor de la jaula dorada. No se escuchaba el banjo ni el piano. no seas tonta! Pero las muchachas son tan vivaces. pesado. estás tan senil como Violet! Imagina cuánto ganarías haciendo los vestidos de cancán.. ¿Desde cuándo te volviste mercenaria? ¡Oh. ¡Escúchate! ¡Pronto estarás cosiendo vestidos de cancán! Tengo ganas de intentarlo. paga bien. que bailaban en salones donde colgaban cuadros de desnudos en las paredes y sacaban sombreros de las cabezas de los hombres de un puntapié. Ésas eran mujeres que complacían a hombres por dinero. Separó seis. escuchó a su conciencia. Sería dinero sucio. que habían aprendido a sustraer relojes de bolsillo a caballeros desprevenidos.

Se bajó las mangas. Creo que quedamos en sesenta. Levantó el bombín. Pero como la trató con cortesía. Una cuerda iba de la punta superior de la jaula a una polea montada en el techo. y algo le pasó en la boca del estómago. por favor? —Por supuesto. No imaginaba que las personas hicieran cosas así fuera de la alcoba. le aparecieron los hoyuelos. —No vine a charlar. Cuando vio a Agatha. señora. a la vez. —Buenas noches. Todavía sujetándose las solapas. Agatha comprendió la ironía de estar ahí en la taberna con el cuadro de la mujer desnuda. miró las monedas: —Un trato es un trato. A Agatha se le secó la boca y sintió un calor en el cuello. Hacían chistes al respecto. Se miraron y compartieron una diversión privada. no se movía en absoluto. se esforzó por no apartar la vista. la comisura derecha de la boca iba hacia abajo. no puedo aceptar tanto dinero. y todos rieron. —Señor Gandy —respondió. Echó la cabeza hacia adelante mientras se acomodaba las solapas en un gesto sencillo pero. tomó la chaqueta de manera automática del respaldo de una silla. vio a qué se debían los martillazos. como algunas personas hacían con ella. ¡Eh. Era justo lo que Scotty quería. —Exacto. sacó el brazo de los hombros de Jubilee. aunque era grotesco. La sorprendió que supiera su nombre. El barman de las cicatrices en la cara la vio y se apartó del grupo para saludarla. exigió una actitud similar de parte de ella: —Buenas noches. la señalaban. . Aceptaré eso. Jubilee hizo un comentario. Gandy le pasó un brazo por los hombros. La mitad sana de la cara de Jack Hogg sonrió y. cortés. y se la puso mientras caminaba hacia ella. Se rehízo. Scotty! Aquí hay una dama que quiere hablar contigo.60 - . recibiendo elogios por la cubierta roja que había cosido. Agradezco que se haya dado tanta prisa. miraban hacia arriba. la izquierda. ¿Puedo hablar con el señor Gandy. —Levantó la voz—. Para ser honesta. deteniéndose junto a Agatha. —Me pagó de más. —La funda luce espléndida. Que el cielo la ayudase si alguien acertaba a pasar por la puerta y echaba una mirada dentro. Advirtió enseguida que él también se sorprendió de que conociera su nombre. donde habían instalado una puerta trampa. —Señorita Downing —la saludó con sencillez. en cambio. Agatha no estaba habituada a ver cómo los hombres se acomodaban la ropa. Cuando hablaba.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR modo en que reían y bromeaban entre ellos. Después. la mano del hombre pasó por el hueco de la cintura. —Sacó las cuatro piezas de oro—. De inmediato. señora. y le oprimió las nalgas sin prisa. señorita Downing. y caminó por el pasillo hacia el grupo. aunque es más que justo. muy masculino. Gandy se apartó del grupo que estaba junto a la jaula. señor Hogg. fijando la mirada en el pecho de él. —Hizo un trabajo espléndido.

—¿Piensa volver dentro de. —¿Tiene algo más que decir.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Gandy guardó silencio tanto tiempo. Estaba contemplándola con la cabeza ladeada. señorita Downing? Bajo la perturbadora observación. Clavó en la mano una mirada malévola y. —Está bien —aceptó. El cabello rozaba el cuello blanco. Los hoyuelos se ahondaron y Agatha se dio la vuelta para irse. Gracias por devolverme el dinero. es encomiable. su rostro se mantuvo severo. Usted sabe que es verdad que pago bien —Les expliqué a las muchachas que no tengo máquina de coser. Los hoyuelos ya no estaban. —Ya le dije que. Ese sujeto era demasiado apuesto. y pensó si alguna vez lo habría sacado.. —Usted es una mujer sorprendente. si lo conservara. ¿sabe. Llevaría demasiado tiempo y las damas de la unión por la templanza no lo verían bien. —En menos de una hora.. —Las chicas me contaron que le pidieron que hiciera unos trajes y que usted se negó. —Ah. pelearé. Era de oro resplandeciente. de entre los pechos de Ruby..? Sacó el reloj y la mujer se concentró en el pulgar que soltaba el cierre. sentiría escrúpulos. ¿Qué me decía? Una de las cejas del hombre formó un signo de pregunta. de inmediato. —Así es. que Agatha lo miró.. No olvide la libre empresa. usted piensa volver aquí y comenzar a estropearme el negocio. aferrándole la muñeca y apoyando con fuerza las monedas en la palma. lo siento. tibio. No obstante. —Hasta las siete. La corbata estaba floja. ¿Por qué no lo suma a los fondos por la templanza? Agatha alzó la cabeza de golpe: sonreía como un gato al que acarician. —Necesitará un poco de dinero para hacerme cerrar. Gandy la soltó: —Disculpe. —La respuesta es no. Adoptó un tono tan suave que eso bastó para hacerla ruborizar. Nunca había conocido a un hombre con tal tendencia a la ligereza. Pero viene a devolverme cuarenta dólares con el argumento de que le pagué demasiado por una labor de costura que usted no quería hacer. con una semirreverencia—. supo que su corazón estaba latiendo con demasiada prisa. De aquí en adelante. entonces —dijo. se reía de ella. Agatha bajó la vista. señor Gandy? —preguntó con aspereza. —Por favor. —Alzó un largo índice—. ¿O sólo tocaba a Jubilee de manera íntima? Volvió del ensueño y lo oyó preguntar: —¿Por qué? —Lo.61 - . Mientras lo desafiaba. Además. tome el dinero. señor Gandy. soy sombrerera no modista. ¿Por qué? Volvió a levantar la vista y la bajó más rápido que antes. Podría comprar otro desnudo para la otra pared. —Eso no es lo que me dijeron cuando la vieron hacer esa funda. —¡Tome! —exigió. La tapa se abrió. pero la aferró del brazo para detenerla. Ya acabé de hacer negocios con usted. repitiendo las palabras de antes y .

si no me equivoco. Estoy dispuesto a apostar que las monedas de oro de diez dólares no son lo único más convincente que las palabras.. observó la trasera de las faldas de Agatha. . Era un apostador. lo será una máquina de coser». mientras sacaba un cigarro del bolsillo..62 - . Cuando salió. «¡Esa cosita de dedos ágiles!. —pensó—.. Y. vive con muy escasos recursos. ¡Y tenía suficiente tela para hacer una tienda de campaña! Se preguntó por qué demonios una mujer se pondría semejante aparato. Pondría dinero en eso. infladas y haciendo frufrú. Gandy alzó el mentón y rió: —Estaremos esperándola..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR haciendo una levísima reverencia. en este caso. Y las puertas estarán abiertas.

—Señorita Wilson. El resplandor anaranjado sólo iluminaba parte de su rostro. Éstos tenían el nombre de la organización y el lema. Sin prisa. Para su alivio. Otras. Algunas. paseó la vista del rostro de una mujer al de otra. Agatha lo observó desde la sombra. Desde la copa baja del sombrero negro hasta las puntas resplandecientes de las botas. El traje negro recién cepillado. las manos indolentes en las puertas vaivén. Agatha permaneció rígida. no tocar. Violet rió entre dientes. en el efecto que ejercía sobre el sexo opuesto. se enfurecieron. Por un momento. Las lámparas de la taberna proyectaban un cono de luz a través de las puertas que mantenía abiertas. . llevando los papeles con los compromisos de abstinencia. el diamante chispeando incluso a la media luz del crepúsculo. y apretó las suyas. cerveza y sidra». Varias. salió a la acera a saludarlas. Sólo entonces saludó con el Stetson negro. Debajo. Caramba. el cuello blanco inmaculado. Qué confianza tenía en sus encantos. señoras. En el compromiso decía que el firmante prometía «con ayuda de Dios. degustar o manipular jamás con propósitos de embriaguez ningún licor intoxicante. Los hoyuelos resultaron ser más eficaces que las palabras floridas. hasta enfrentar los ojos de cada una de ellas. La mujer echó una mirada a la mano extendida. Parecía recién afeitado.. Hasta la pose parecía calculada para subrayar su impactante apariencia: el peso sobre una cadera. la corbata negra de cordón. y que «emplearía todos los recursos honrados para animar a otros a abstenerse». esta noche está muy bella. la chaqueta entreabierta. y la Tierra Natal» en la parte de arriba. Hasta faltaba en sus dedos el cigarro pestilente. la atención de Gandy se desvió a otra persona.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 5 Las damas de la Unión de Mujeres Cristianas por la Templanza de Proffitt se reunieron en la acera. miraron vacilantes a Drusilla Wilson. Los ojos oscuros y divertidos de Gandy divisaron a Agatha. el Hogar. creo que no tuve el gusto. —Buenas noches. temió que mencionara lo del trabajo de esa tarde: no se fiaba de él. exhibiendo una sonrisa jovial. Gandy dio un paso hacia la acera y se dirigió a Drusilla. —Señorita Parsons. la fundadora y presidenta de la Unión Nacional: «Por Dios. Agatha deseó que la tierra se la tragase. mirando. Cuando llegaron las damas. acuñado por Frances Willard. poco antes de las siete en punto.. el chaleco azul hielo. arrastrando las palabras—.63 - . exhalaba un indecente atractivo. —Señorita Downing —saludó. saludaron en silencio con un gesto de la cabeza. Gandy. había espacios en blanco para el nombre y la fecha. incluyendo vino. inquietas bajo la indolente observación.

Con tres muchachas bailarinas y esa beldad de blancas piernas ahí. El paño verde de las mesas de juego tentaba como un oasis en el desierto. piensen cómo pueden colaborar para su salvación final. —Señora. creo que tengo la mano ganadora. supongo. Era un individuo agrio con la nariz como una seta. ¡Ahí adentro hay bailarinas! —Y esa figura de la señora desnuda —agregó Mooney. El local comenzó a llenarse rápidamente. se abrieron paso hacia las puertas. —¡Y tenemos que ponerle nombre! Entre risotadas. Espero que tengan más suerte en otro sitio. la música de las dos facciones subió de volumen. Pasó algo bastante parecido con los siguientes tres intentos de Drusilla de desviar a los parroquianos de Gandy. Cuando pasó junto a Agatha. ¿dónde está su hijo? Collinson se detuvo con la cabeza hacia adelante y los puños . envileció el aire con el olor. Gandy recibía en persona a los clientes. lo hacía en los corrales de ganado. Afuera. Al otro lado de estas puertas está la ruta zigzagueante de la perdición. que perdió a la esposa de pulmonía dos años antes.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —El señor Gandy. —Le daré la mano cuando haya firmado aquí. El hombre asintió. las damas emprendieron a coro: «El agua fría es reina». Drusilla Wilson en persona se acercó al trío. Se le rieron en la cara y se apresuraron a entrar. llegó un vagabundo llamado Alvis Collinson.. —Hoy no. mientras que en este papel está. Luego. Gandy lo ojeó con frialdad. en la pared. se hizo evidente que sus atracciones superaban a las del compromiso de abstinencia. cantando a todo pulmón. gritando para hacerse oír sobre el barullo: —Amigos. lo que dio a Gandy una buena idea: mandar a Marcus Delahunt a la acera a tocar el banjo. Cuando llegaron Mooney Straub. La ropa mugrienta desbordaba de secreciones corporales. Cuando no trabajaba. A Collinson se lo conocía en el pueblo por su carácter explosivo. arruinándoles la canción. Desde adentro llegaba la música del piano y el banjo. Las mejillas. tenían la apariencia de una col roja. Evelyn Sowers sorprendió a todos adelantándose para detenerlo: —Señor Collinson. Cuando trabajaba. jugando y peleando. Con la llegada de los primeros parroquianos a la taberna. pasaba la mayor parte del tiempo bebiendo. señorita Wilson. usted debe de tener un tornillo flojo si cree que yo firmaré eso. Wilton Spivey y Joe Jessup. Innumerables nudillos le habían deformado la cara. antes de posar el pie dentro. al tiempo que sacaban sus monedas. Y todos esperaban la aparición de Jubilee y las Gemas.64 - . El óleo atraía a los hombres colgado en la pared. Le tendió el papel del compromiso y una pluma. para apoyar a este aliado de Satán. se volvió y las dejó. echó la cabeza atrás y rió. Con una pequeña inclinación. Las puertas de la taberna permanecieron abiertas. —Empujó las puertas hacia la pared—. con los capilares rotos. Tenía el párpado izquierdo caído y la nariz abultada de forma desagradable. Las carcajadas taparon el resto de la prédica..

¡Pregúntele al Señor de dónde lo sacará! —gritó. Agatha vio que Elias Pott recibía palmadas en la espalda y felicitaciones. aplaudieron y silbaron. El fondo musical del banjo y el piano casi no se oía por el clamor de la gente. —Ese chico necesita un padre. observando el altercado. Varias de las mujeres lanzaron exclamaciones de horror. y ni un solo individuo había firmado el compromiso. cantemos —intervino Drusilla—. Los hombres rugieron. Con un gesto de la cabeza. La pierna se proyectó hacia fuera y la punta de la bota se apoyó en la . Rodó un glissando. Se dio la vuelta hacia Evelyn. por haber ganado el concurso de ponerle nombre al cuadro. —¡No meta a mi hijo en esto! Evelyn se puso delante: —¿Quién lo cuidó desde que murió su esposa. gritando: —¡Por Dierdre. hizo entrar a Delahunt. El banjo y el piano tocaron y sostuvieron el mismo acorde. Mientras cantaban: «Los labios que toquen el whisky nunca tocarán los míos». y sentado en una silla de respaldo alto. El músico entró y dejó las puertas balanceándose. Alvis Collinson.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR apretados. se abrió la puerta trampa y la jaula encapuchada de rojo descendió por medio de una cuerda de satén rojo. el corazón de Agatha martilleó de miedo. rojo hasta la cabeza casi calva. Alvis? ¿Cenó? ¿Quién lo meterá en la cama esta noche? ¡Un niño de cinco años. Evelyn Sowers? —¿Lo deja en casa. La bota blanca de tacón alto giró en el tobillo bien formado. Los dedos de Marcus Delahunt habían dejado de pulsar las cuerdas. La canción se perdió en el silencio. la capacidad de la taberna se colmó.. Potts.. diciendo: —Cierra las puertas. En el repentino silencio. rió y se secó las comisuras de la boca mientras la jaula se cernía sobre él. Una pierna larga asomó entre los pliegues rojos. —Tratamos de salvar su alma. viejas chismosas? Alvis abarcó a todo el grupo con expresión de odio. Pero Evelyn se rehízo y aferró a Collinson por el brazo. —¿Qué le importa. y de devolverle el padre a su hijo. precipitándose dentro de la taberna. —Señoras. arpía! Le dio un empujón que la hizo tambalearse y golpearse la cabeza contra un poste. El robusto boticario fue levantado sobre una mesa. ceñudo. —¡Vuelvan con sus polisones a la cocina. Lanzó una mirada dentro y vio a Gandy.! —¡Salga de mi camino. Una nueva canción. Alvis Collinson. y el jardín de las delicias! Arriba. Mientras afuera comenzaba la última estrofa. Por encima de las puertas. ¿qué están haciendo todas ustedes aquí. Alvin se la sacó de encima. si saben lo que les conviene! —rugió. El piano tocó un fortissimo. mientras usted viene aquí todas las noches a curtirse las entrañas? —En primer lugar. todos alzaron las copas en un brindis por el desnudo. dentro se alzó un clamor. A continuación.65 - . solo.

La voz era lasciva. resplandeciente de lentejuelas blancas.. .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR rodilla izquierda de Elias Pott. Mientras la contemplaba. Es sólo porque soy la chica más perezosa del pueblo.. cuyo extremo también brillaba de lentejuelas. Ayudándose con las manos. El Señor sabe que no es porque no puedo. sin breteles. calzadas con botas negras. Jubilee emergió de la jaula con un vestido que tenía un tajo desde el ruedo hasta la cadera. deslumbrante.. Deslizó la boa hacia uno y otro lado. nunca una cara más envidiable que la que estaba cerca de la del hombre. como un melón en verano. Los hombres aullaron y ulularon. apoyó la punta del pie en la rodilla de Pott y se inclinó hacia delante para acariciarle el mentón con una esponjosa boa blanca. Jubilee se deslizó en un círculo alrededor de la silla de Pott. más blanca aún. las palabras. Con ese increíble cabello blanco recogido y una pluma. las gemas de la pradera. Ivory Culhane levantó la voz: —¡Caballeros.66 - .. La música cesó. Detrás del sujeto. lentas y cargadas de intención: No es porque no quiera. la parte de arriba. y de los escasos atuendos de satén negro con lentejuelas. Pearl y Ruby bajaron de la cuerda entre silbidos y aullidos de lobo que tapaban la canción. Enroscó la boa en el cuello de Pott y se le sentó en el regazo con el tacón de una de las botas blancas cruzado sobre la otra rodilla. Jubilee le acunaba la cabeza entre los pechos y le hacía cosquillas en la nariz con la boa. toda de blanco. las palabras acerca del whisky se desvanecieron en los labios de Agatha. y mirándolo. Agatha nunca había visto una pierna más hermosa que la que se apoyaba en la rodilla de Pott. —¡Caballeros. La tenían enroscada en torno y entremedio de las piernas cubiertas de medias de red negras. dos cuerpos de vampiresas se deslizaron abajo por la cuerda de satén rojo. al ritmo de la música. que casi no les cubrían el torso. No podía apartar la vista. y Pott se puso a punto.. la señorita Jubilee Bright! ¡La música creció y los pliegues rojos subieron de golpe hacia el techo! Los hombres enloquecieron: ahí estaba Jubilee. respaldadas contra las piernas de Pott. la señorita Pearl De Vine y la señorita Ruby Waters! Desde arriba. les presento a la joya de la pradera. Y no es porque no deba. Las manos más cercanas las arrebataron del techo de la jaula y las depositaron en el borde de la mesa de tapete verde donde se sentaron. rozándolo con los hombros. provocativas..

se divirtieron tanto que no pusieron objeciones..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR No es porque no queremos. no podía creer a sus ojos al ver que conducían a Hull hacia la puerta. donde habían bajado el precio de las bebidas a veinte centavos. En el Sugar Loaf Saloon. En el Branding Iron Saloon. ¿a dónde diablos vas? ¿Acaso no tienes suficiente coraje para enfrentarte a una banda de benefactoras que tendrían que estar en sus casas. Agatha fue con las demás. . un medio mexicano llamado Jesús García. Slim Tucker se rió a mandíbula batiente. al ver a la banda de mujeres abatirse sobre ellos cantando: «Los labios que toquen el whisky no tocarán los míos». con lo que atrajeron a grandes bebedores. Los dueños de los siguientes tres salones. Agatha se sintió fascinada y repelida a un tiempo. aparecida en el periódico que hizo circular Drusilla Wilson. le daban una constante irritabilidad. Salió detrás de un barril. haciendo volver a Agatha a la realidad—. resistiendo las ganas de mirar sobre el hombro. golpeó el trapo mojado contra el mostrador del bar. sufría de reumatismo inflamatorio causado por el abuso de la bebida. entraron directamente y consiguieron la primera firma.67 - . donde Jennie Yast y Addie Anderson encontraron a sus respectivos maridos y recibieron más ira de parte del dueño. Se rumoreaba que Smith usaba la barba negra para esconder una cicatriz de oreja a oreja. El Señor sabe que no es porque no podemos. invadieron el Álamo. Con una violenta maldición. Se subió a la barra y gritó: —Hull. el dueño. apartándolos del espectáculo en el Gilded Cage. como había hecho Reed. El dueño. Mustard Smith. Inspiradas por el primer éxito. que les lanzó una retahila de maldiciones en español cuando vio que dos de sus mejores clientes eran avergonzados en público y llevados a casa por las esposas. sacó un revólver de detrás de la barra y les dio treinta segundos para que se fueran. Jim Starr les ofreció a cada una un trago por cuenta de la casa. la de Jed Hull. ¡Tanta piel a la vista! ¡Pero tan saludable y hermosa. y se unió al estribillo de la canción. A continuación. un antiguo vaquero de carácter irascible al que llamaban Dingo. y pateó a Bessie Hottle en el polisón. cuidando a los niños? Pero era tarde. Iremos a la siguiente taberna. asustado por la descripción del Asilo para Ebrios de la Isla Blackwell. Si bien las coyunturas inflamadas le impedían saltar sobre la barra. Mirando y escuchando.! —Esta noche no lograremos nada más —afirmó Drusilla Wilson.. el escocés dueño del Branding Iron. los reformadores siguieron hacia Cattlemen's Crossing. se secó la boca con el dorso de la mano. Es sólo que somos las chicas más perezosas del pueblo. Y Jeff Diddier bebió un trago doble de bourbon. No es porque no debemos. —¡Saque su trasero de mi taberna y no vuelva más! Enrojecida hasta las orejas. Angus Reed. Bessie encabezó la veloz retirada.

y que a tres de ellos los habían colgado de un puente del ferrocarril. Se sabía que había formado parte de la banda de B. cantineros y parroquianos se limitaban a divertirse con lo que consideraban un hatajo de solteronas malhumoradas. que no tenían suficientes calcetines sucios para mantenerlas atareadas junto a la tabla de lavar. con los brazos en jarras. Los acordes lejanos del piano y el banjo cubrían cualquier sonido leve que pudiese haber en el cuarto. Sombras densas. El local estaba vacío pues había perdido los pocos parroquianos que tenía a causa del espectáculo de enfrente. Lo único que se oía era la jarana continua de Gilded Cage. Eran pasadas las once cuando Agatha subió los escalones hasta su apartamento. sabía con qué se encontraría: ¡SI SABE LO QUE ES BUENO PARA USTED. mordisqueaba el cigarro como si fuese un trozo de carne cruda.68 - . B. sacudiendo el puño—. Antes de que pudiese abrir la puerta. Arrancó la nota rápidamente y una tachuela cayó al piso del rellano y rodó. En la taberna de Ernst Bostmeier. se arrodilló y miró debajo de la cama. uno de los clientes que frecuentaba el local de Ernst porque servía gratis huevos encurtidos con cada vaso de cerveza. MANTÉNGASE LEJOS DE LAS TABERNAS! Estaba escrito en letras mayúsculas. Examinó el pequeño apartamento: la cama y el guardarropa eran los únicos lugares con espacio suficiente para ocultar a un hombre. El corazón le dio un vuelco y se dio la vuelta. Con dificultad. Abajo. las risas y la música todavía colmaban la noche. Por alguna razón. desde el otro extremo de la habitación. rozó con los dedos un papel pegado a ella. Sintió escalofríos en el dorso de los brazos. algo. En todas. el gruñón alemán arrojó un huevo al hombro de Josephine Gill que erró por escasos milímetros. los ojos echando chispas. Dyar. ¡Y yo sólo fallo cuando quiero! Las demás visitas a tabernas pasaron sin novedad. la puerta estaba cerrada con llave. —¡Hay más de estos! —vociferó. antes aún de encender la lámpara. . la cerró con llave. Tras ellas. se fueron. en una hoja de papel blanco. con cerrado acento alemán. En el Hoof and Horn tuvieron poca fortuna. Contuvo el aliento y escuchó. Las mujeres pronunciaron una sencilla plegaria por la salvación del alma de Heustis Dyar. Permaneció inmóvil. Se precipitó hacia la puerta. un roce.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Las señoras no se entretuvieron en averiguar si era cierto. obtuvieron la firma del segundo reformado de la noche. con la espalda apoyada contra la puerta. los propietarios. Harlin. esforzándose por oír una respiración. y amas de casa descarriadas. No perdió tiempo en levantarla sino que abrió la puerta y se metió dentro. El rellano estaba a oscuras. Gussie. y se marcharon apaciblemente. Ahí no había nadie. probó el picaporte y se recostó contra ella con un suspiro de alivio. Cuando Mustard les ordenó que se fueran. Cuando las damas salían del local llevando a rastras al alma que habían salvado. No seas tonta.

aliviada.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Sin embargo. Dingo. Dan Loretto se fue a la casa. que saltó a la barra y les gritó. con la mano en el pomo de la puerta. ¿Gandy. Didier y los demás. la gente afirmaba que el reumatismo lo volvía un canalla rabioso cuando se activaba. ¿Qué esperabas. Agatha? ¿Ves lo que pueden unas monedas de oro? La Gilded Cage cerró a medianoche. ¿Lo ves. ¿Y Gandy? Tendida de espaldas. le sonrió. ¿Gandy? Sí. Marcus Delahunt lustró el cuello del banjo y lo guardó en el estuche forrado de terciopelo. si Smith había participado en la banda de B. y Jubilee observó cómo Gandy cerraba las puertas de calle. Ivory Culhane bajó la tapa del piano y Jack Hogg lavó los vasos. pedazo de tonta? Bajó las persianas del frente y de atrás.M. y vi que se molestaba cuando Alvis Collinson empujó a Evelyn. ¿Qué estás diciendo? ¿Qué estás diciendo? No. Si Bostmeier quisiera amenazar a alguien. ¿qué clase de maldad albergaría ese sujeto? Pensó en los otros: Dyar. pero la sensación inquietante persistió mientras se desvestía y se acostaba. Harlin. el corazón le palpitaba con fuerza.C. T. si era el único superviviente. hasta que la luz de la lámpara le demostró que no había otra cosa que bolas de polvo debajo de la cama. ¿Y lo que pasó la otra noche. Abrió bruscamente y se sintió.. Pero Gandy no tiene motivos. Starr. señoras»? El mismo. Cuando se dio la vuelta. en realidad. el alemán? Por cierta razón. La pistola.. Tucker. Me niego a creer semejante cosa de Gandy. Por el momento. Angus Reed... la barba en toda la cara. Sólo ropa. B. Le pareció que ninguno de ellos había tomado en serio a la U. Podría ser cualquiera de ellos. con sus hoyuelos y su «buenas noches.69 - . ¿no es así? Pero esta noche se mostró encantador con todas nosotras.. ¿Y qué pasaría con Mustard Smith? Agatha se estremeció y se subió las mantas hasta la barbilla. . La que más se llena en el pueblo. ¿Y García? Fue evidente que ver que las esposas se llevaban a dos de sus clientes regulares lo enfureció. ¿Y Bostmeier. Es propietario de una taberna. Es demasiado seguro de sí mismo para recurrir a amenazas. Ese antiguo vaquero reumático. Y si era verdad. lo haría personalmente. Es un hombre inteligente. Volvió a ver el bigote caído. Ruby bostezó. iba a. cruzó los brazos sobre el pecho. lo dudaba: sonrió en la oscuridad al recordar el huevo encurtido volando por el aire. cuando se llevaron a uno de sus clientes. si habían colgado a todos. en el rellano de la escalera? No pensarás que. Gandy.. Se acercó más. Lo pensaste. los ojos encapotados y la boca torcida. Pearl se estiró. y se detuvo. furioso. Se levantó. caminó de puntillas hasta el armario.

—Eh. Las novedades provocaron a Gandy una punzada de nostalgia. después de la explosión del barco. Jubilee se estiró sobre la barra. ¿dónde fuiste? —A Waverley. —Todos rieron—. Jesús. eso es todo. —A ti también. algún día. Ruby enlazó un brazo con el de Scotty: —¿Para qué quieres una cara así? A mí me parece un poco descolorida. lleno de malezas. Dijo que no pasará mucho tiempo hasta que esté tan lindo como Scotty. semiapoyada en él.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR También sonriendo. —Mientras no te sintieras tentada de quedarte —comentó Ivory. la belleza del rostro. que no reveló nada de lo que sentía. muchachos. Pearl. —Jack se quitó el delantal blanco y lo dejó sobre la barra—. Si quieres darle un beso a Leatrice. Jack. qué? —reclamó Jack Hogg. sucedió algo mágico: sintió una unidad espiritual. irás y se lo darás tú mismo. pasó entre las mesas y se acercó a ella: —¿A qué se debe esa sonrisa? La muchacha se encogió de hombros y caminó con él hacia la barra. lo abrazó y le dio un beso en la mejilla. Ruby y Jubilee: la única familia que tenía. cerca de Marcus. Cuando los reunió a todos. Una banda de solitarios que habían sufrido alguna clase de golpe en la vida. ¿Y cómo anduvieron las cosas por aquí? Gandy la observó a ella y a los otros que se habían juntado. —¡Ah. —Se apoyó con los codos sobre la lustrada superficie de caoba y alzó la barbilla—. esperando Dios sabe qué. —Fui a New Orleans. Lo que importaba era lo que cada uno aportaba al grupo como unidad. a visitar a las chicas en una guarida en la que solía trabajar —contaba Pearl. como las de Jack. un lazo de amistad que colmaba los vacíos en las vidas de todos ellos. Leatrice aún está ahí. o la falta de ella. —Estoy contenta de haber vuelto. No todas las cicatrices se veían. mientras instalaba el Gilded Cage y lo ponía en marcha. dijo: —Marcus y yo nos ocupamos de hacer fabricar la jaula e hicimos unos trabajos aquí y allá. dos años atrás. ¿viste al médico en Louisville? —Claro que sí. arreglándoselas solos. Algunos de los viejos todavía están ahí. Lo superficial no importaba para nada: el color de la piel. Jack. tocando y cantando antes de encontrarnos con las . y respondió: —Quizás. Eh. Rieron otra vez. ¿no es bueno estar todos juntos otra vez? —Se estiró hacia Ivory y le dio un cariñoso abrazo—. Ruby. pero de todos modos existían. Marcus.70 - . Ivory. —¿Cómo está? —Se ve descuidado. la cicatriz se puso más brillante. Todos se volvieron a Scotty. y le pareció el doble de largo. no! Nunca más. pero se limitó a preguntar: —¿Le diste un beso de mi parte? —No. cultivando verduras y viviendo en las cabañas. Jack. nunca pensé que os echaría tanto de menos. Estuvieron separados durante un mes. Jubilee. ¿y a mí. —Y tú. a visitar la tumba de mamá. Cuando Jack rió junto con los demás. Pensó un momento.

Acomodó la bota blanca en la . afinarlo. Ruby? —Tampoco creo que sea capaz de entonar una nota. Cuando subieron las escaleras. Marcus. que ahora estaba en el centro del salón. debajo de la puerta trampa. —¿Y qué dices de ti. Pearl dijo: —Con esos muslos. Quedaban Jubilee y Scotty.71 - . la dejó y tomó un desabotonador. no —agregó Jubilee—. Todos rieron. no se movió. asintió e hizo ademanes como de contar billetes. mucho menos de la cabeza de un hombre. y encogiendo los hombros—. Scott asintió. Las mujeres apartaron la vista y arquearon las cejas con aire de superioridad. miró sobre el hombro al hombre que estaba en la puerta: —Me gusta. Los ojos de ambos intercambiaron mensajes. —Ivory alzó una ceja y se volvió a medias hacia el desnudo—. Se acercó al frente de la ventana. Se derrumbó en el sofá y se lo tendió—. apartó el hombro del marco de la puerta y cruzó la habitación para arrodillarse ante la mujer. —¿Qué te parece. Y la pobre está muy gorda. —Una ventana. Marcus sonrió. La muchacha entró en su cuarto y encendió la lámpara. a Scott—. ¿no es cierto. en Natchez. Ya os pago más de lo que valéis. Gracias. Vistas a la calle. Luego. Pearl y Ruby compartieron el que estaba encima de la jaula dorada. Marcus? Atrajimos multitudes que llenaban el sombrero todas las noches. ¿no. contemplando la fila de lámparas de aceite. ¿Tendremos que ir enfrente y ofrecer nuestros talentos a uno de las tabernas de ahí? —Haced la prueba —replicó Scott. — Puso un codo sobre el hombro de Marcus y adoptó una expresión complacida—: Insistieron mucho en que nos quedáramos. —Es un hermoso cuarto. al de al lado. Tuve que ayudarlo a elegir el cuadro para la pared. apoyó las palmas en el alféizar y miró abajo. Jubilee tiró la boa blanca sobre un sofá rosado de respaldo oval. Marcus? —Jubilee se colgó del hombro de Marcus mientras miraba. Actuamos en un sitio llamado La Sandalia Plateada. —No. Había que traer el piano hasta aquí. Ivory y Jack fueron al primer dormitorio a la izquierda. —Yo me quedé con el patrón. ¿Me ayudas con los zapatos. provocadora. ¿Qué opináis de ella? Los hombres sonrieron. —¡Uff! —Jubilee giró.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR chicas. Scotty. amenazando con el dedo índice la linda nariz rosada de Jubilee como si fuese una pistola. —Se sacó la pluma del cabello. Era agradable mirarla. Por unos segundos. Scotty? La voz era serena. estirando los brazos hacia el techo. mientras el hombre se apoyaba contra el marco de la puerta. —Eh. complacidos. ¿vosotros dos estáis presionándome? —preguntó Scotty—. todos estaban de muy buen humor. Era una mujer de asombrosa belleza y la había echado de menos. no creo que sea capaz de voltear un sombrero de una silla con una patada. Se limitó a encogerse de hombros. y muchas cosas para arreglar este lugar. Sin prisa. Qué día tan largo. Ivory? —preguntó Pearl.

Marcus trataba de imaginarlo. los botones. sobre todo. somos de la misma clase. mientras pasaba silenciosa. vio a Scott llevar a Jube de la mano hasta la puerta de su alcoba.. —No. riendo. Marcus vio la luz de la lámpara inundando el corredor. Entre las barras de la jaula dorada. Lo besaba en la mejilla cada vez que sentía deseos de hacerlo. preguntó: —¿Cómo fueron las cosas en Natchez? ¿Conociste a alguien que te impresionara? Jubilee contempló el cabello grueso y negro. A la luz de la lámpara. —Trae la lámpara. en el bar. Esa noche. Sin levantar la vista. Jube. Desde la oscuridad de su propio cuarto. —Yo también. tomó del borde la bata turquesa y se la echó sobre el hombro. recién salida de los brazos de la madre? Le sacó una bota. ¿Y tú? —Tampoco. una puerta quedó entreabierta. le besó los dedos de los pies y los frotó con el pulgar. sin prisa. siquiera. apostador. le acomodaba la solapa o.72 - . Esta noche no la necesitarás aquí. Scott dejó la segunda bota. —Te eché de menos. le daba un beso en la mejilla. sobre la oreja derecha: —Jesús misericordioso. —No.. hasta la cama. Se levantó y le tendió la mano. Desde la primera vez que la vio. tras Scotty. —¿Ninguna dulce niña de Kansas. que instalan tabernas en sus pueblos. —¿Quieres venir a mi cuarto? —Intenta mantenerme fuera. El vestido blanco y los brazos desnudos tenían un aspecto etéreo. Pasó con ella junto a un biombo tapizado. El cabello de la muchacha brillaba con tal intensidad que parecía capaz de iluminar por sí solo el camino. hubo veces en que Jubilee lo tocó. Sólo . le había pasado el brazo por los hombros. Las madres de Natchez tampoco dejan a sus hijos a merced de las mujeres casquivanas transformadas en bailarinas. Pero tocaba a todos sin pudor. mientras viajaban los dos solos. Tomó la otra bota y comenzó a desabotonarla. Durante el mes pasado.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR ingle y comenzó a soltar. Jubilee contempló las conocidas manos morenas atareadas en algo tan personal. y alzó la mirada. descalza. Una caricia no significaba para Jube lo mismo que para Marcus. Quitarle las hebillas de ese cabello de nieve y sentirlas caer en sus manos. —¿Ninguna viuda de Kansas que estuvo sola durante la guerra? Se le formaron los hoyuelos mientras contemplaba los conocidos ojos almendrados y hablaba en tono perezoso: —Las viudas de Kansas no simpatizan con los soldados confederados apostadores. En la oscuridad al otro extremo del corredor. el anillo chispeó contra la piel oscura. Y no sospechaba. Jubilee entrelazó los dedos en el cabello. lo que ocurría dentro de él cuando la mano de ella le tomaba el codo. ¿Cómo sería llevarla de la mano? Caminar con ella. la dejó caer.

. acostándola en la cama. Jube pegaba con engrudo cada mañana.. Al terminar. Marcus lo imaginó sacando el vestido blanco del cuerpo de Jube. Cuántas veces anheló decirle lo bella que era. para todo el mundo. Cuando se dio la vuelta y le rodeó el cuello con los brazos. besó el lunar entre ellos que. Hizo todas las cosas que Marcus Delahunt sólo podía soñar. Desabotonó el vestido.. había que ser capaz de hacer todas esas cosas. Unió los cuerpos con la caricia más íntima. El cuerpo perfecto de ella. Pero nadie sabía el tormento oculto de Marcus Delahunt.. Y la abrazó estrechamente en la cama grande y blanda. que asomaban al alma de la muchacha. perdía su propia alma. tocaba el banjo para ella. y durmieron desnudos. Lo sintió caer en las manos y lo alisó sobre los hombros lechosos. merecía el de un hombre también perfecto. soltó los ganchos del corsé y contempló el cuerpo de piernas largas emerger de entre las enaguas y la ropa interior. Pero entre ellos jamás se pronunció la palabra amor. Allá en el pasillo. Cómo se sentiría la risa cuando era algo más que sacudidas del pecho. sólo podía pensarlo. Con frecuencia. y encontró en ella la suspensión del vacío. Quitó una por una todas las hebillas del cabello blanco y esponjoso de Jube. Scott puso las manos en los costados de los pechos.. murmurándole palabras de amor. ¿Qué hacía primero? Acariciar: la mejilla. Para amar a una mujer. ¿Qué sensación darían? Como si tuviese toda la gloria del mundo en las manos. y por eso sabía cómo era su piel. los cabellos de ángel. en el cuarto al otro extremo del pasillo. la sonrisa irónica del patrón. la puerta de Scotty se cerró. Su belleza pálida armonizaba con la apostura morena de Scotty. Ningún otro que Marcus conociera merecía a Jube. Besó la boca que se ofrecía. Muchas veces. En ocasiones. Marcus debía recordar de hacer los gestos. le dijo cuánto la había echado de menos y cuan contento estaba de tenerla otra vez entre sus brazos. pero lo único que Jube oía eran las notas. esas asombrosas ventanas castañas claras. Se preguntó si se sentiría el sonido cuando salía de la garganta. tenía que tocarla para llamarle la atención. Al contemplar los ojos de Jube.73 - . diciéndole los miles de cosas que Marcus quería decirle. pero encerrado en la mudez. Jube. Jube. la limpió a ella y se limpió él mismo. Se imaginó a Scotty haciéndolas. —Jube. ¿Qué era lo primero que decía un hombre? Eres hermosa. La risa brillante. Todos conocían las costumbres de Jube.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR media hora atrás había besado a Jack. y cómo serían los susurros. déjame hacerlo —decía Scott. de las que se libró a puntapiés. cuando se daba la vuelta para verlo comunicar un mensaje silencioso. La acostó en la cama murmurando palabras amorosas. con el pecho de ella en su mano. la acarició de la manera que mantenía a raya la soledad por un tiempo.

sedientos. e irrumpían por las puertas abiertas de las tabernas. St. Resignada. una masa movediza. castaña. desde las monturas. ese barullo. por un camino polvoriento y seco. en ocasiones volvían a su naturaleza salvaje e indómita. Rebeldes y estúpidos. —A mí me parece excitante. tercos. La manada pasó por Proffitt de oeste a este. Llegaron mugiendo. para que pasaran las desagradables bestias con cuernos que tenían dos veces el largo de sus cuerpos. conducidos por hombres que habían estado tres meses sobre la montura. —¿Cómo te llamas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 6 El primer rebaño de cuernos largos de Texas llegó al día siguiente. ansiaban tres cosas: un trago. vaquero? La pequeña Delilah tiene algo más blando para que cabalgues. Louis y New Orleans. —¡Hola. rompiendo ventanas con los cuernos. y a veces hasta subía a las aceras. fatigados del camino. después de invernar en los burdeles de Memphis. en primer lugar. a veces inmanejable de carne que formaba una corriente roja. agitaban los sombreros. vaquero! ¡No te olvides de preguntar por Crystal! —¿Estás cansado de cabalgar. para aliviar las frustraciones de los fatigados vaqueros de Texas que las traían. tan ásperos como los cientos de kilómetros de meseta que habían cruzado. Lucy! ¡El Gran Luke está de vuelta! El ganado se desbordaba por la calle de poste a poste. Tanto el ganado como los hombres estaban sucios. los dientes blancos iluminando las caras sucias. Junto a ella cabalgaban los vaqueros. Cansados de la montura. blanca y gris de cuero hasta donde alcanzaba la vista. Proffitt estaba preparado para atender todas esas necesidades. tesoro? —¡Lucy! ¡Pregunta por Lucy! —¡Manténlo al fuego. por lo general en ese orden. Agatha miró por la ventana de la sombrerería y vio que dos niños cruzaban corriendo la calle: era la última oportunidad que tendrían en bastante tiempo. dijo: —Aquí vienen. un baño y una mujer. Betsy! —Ahuecando las manos alrededor de la boca. hambrientos y cansados. en segundo. Las prostitutas ya habían regresado a los prostíbulos del extremo oeste del pueblo. haciendo girar los ojos y cargando contra cualquier cosa que se interpusiera en su camino.74 - . —¿Excitante? ¿Con todo ese polvo. Desde el extremo distante del pueblo ya se sentía el retumbar de los cuernos. y el olor? . ¡Me encaaantan las barbas! Los hombres. gritó—: No te afeites esa barba. —Se acabó la paz del verano —se lamentó Agatha cuando el toro líder pasó ante su puerta. solitarios. cambiante. cariño. —¡Aquí arriba. grandote! ¡Mira esa barba. Las calles desusadamente anchas estaban hechas.

bajo el sol matinal. correr escaleras arriba para clavar la nota en la puerta en cualquier momento. con los hoyuelos adornándole el rostro iluminado por el reflejo coralino del chaleco. ¿Sería él? Sin duda. —Señorita Parsons. divertidos. —Cierra la puerta. no parecía amenazador en absoluto. en la Gilded Cage. el chaleco era color coral. —Ciérrala. que asomaba tras Violet y dijo en tono frío: —Señorita Downing. pero la sombra del alero le caía sobre la cabeza y los hombros. —Con Jube y las chicas aquí. anoche.75 - . Pasó la mirada a Agatha. ¿eh? ¿Viste a esa mujer Downing abriendo la boca cuando Jube salió de la jaula? . era el que vivía más cerca. —¿Crees que ella y esa unión de abstencionistas podrían perjudicarnos? Gandy puso otra vez el pie en el travesaño. y la noche pasada no le habría sido difícil salir de la taberna. —Parece que Jube y las muchachas abrieron los ojos de unos cuantos.. Ese día. Gandy. atado alrededor de la cadera. Ese barullo me da dolor de cabeza. Jack Hogg comentó: —Creo que a la señorita Downing no le gustamos. Tenía las mangas enrolladas hasta el codo. En ese momento. sus acostumbrados pantalones negros. En cuanto se seque el barro. ¿Sería capaz de semejante cosa? Ahí. Scott Gandy y Jack Hogg salieron a la acera a mirar la masa de carne en movimiento.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —No hay polvo. Y el olor es insoportable. Los ojos de Hogg se iluminaron. el corazón se le contrajo de incertidumbre y lo saludó con sequedad. Sin embargo. Violet asomó la cabeza afuera y gritó sobre el estrépito del ganado: —¡Hola. —Ya lo habrá. y se alzó la comisura sana de su boca. pero había dejado dentro la chaqueta. A veces. El hombre rió: —Lo tendré. a veces no sé qué es lo que te entusiasma.. Saludó con el sombrero. Cuando la puerta se cerró. mientras ella estaba ausente. Apoyó una bota en el travesano y se inclinó sobre la rodilla. Violet. —Por decirlo con delicadeza. señor Gandy! Scott giró y bajó el pie. y buscó un cigarro en el bolsillo del chaleco. Las miradas se toparon un instante. no. Agatha. Agatha. —Siguió con la vista a un vaquero que sobresalía del rebaño y revoleaba el sombrero. ¿cómo está usted? —Tenga cuidado. Hogg llevaba un delantal blanco almidonado. a estos animales se les ocurre visitar las tabernas. —Para serte sincera. Muy agradecido. El sol de la mañana le doraba las botas y los pantalones.maldiciendo a las bestias—. —Pero. Esos vaqueros estarán peleándose por un lugar de pie.

los . con expresión un tanto interesada. ansiando gastar hasta el último centavo. levanta mucho vapor y puede causar bastantes problemas. Gandy dio una pitada profunda y exhaló una nube de humo. Oliendo a tintura azul y pomada para el pelo. Con cien dólares en el bolsillo. que ofrecía colchones y almohadas verdaderos. enganchó el cigarro en un dedo y se volvió hacia Jack Hogg. Sólo cuando contaban la última marca y las libretas de apuntes estaban cerradas y guardadas en los bolsillos de los chalecos. Cuando la población aumentaba de los modestos doscientos a quince mil.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Gandy encendió el cigarro y rió. Se desnudaban. haciendo honor a su nombre. cuero y cuernos.. —Deja que yo me ocupe de la señorita Downing. Se anudaban pañuelos nuevos al cuello y salían a la caza de mujeres y whisky. los corrales se extendían por la pradera como una interminable manta de diseño caprichoso. Encajados al costado de las vías del ferrocarril en el límite este del pueblo. Gandy rió. Los vaqueros. caminaban o saltaban sobre los travesaños de las vías y. La bota de Gandy golpeó sobre el suelo gastado de la acera. Pero el lugar más ocupado del pueblo era el Cowboy's Rest. donde por unos centavos podían meterse en una bañera repleta de agua caliente. con largas varas. algunos con Stetson nuevos que les habían costado un tercio de las ganancias.76 - . invadían las tabernas. se ponían cómodos y se dejaban hacer el primer corte de pelo y afeitada caliente en tres meses. —No puedo decir que la haya visto. impresionada. pinchaban y empujaban al ganado para mantenerlo en movimiento. Primero. y emergían del baño con pantalones vaqueros azules de Levi Strauss. y crujientes camisas con canesú y botones de perlas en el pecho. algunos. se deshacían de los mugrientos pantalones con refuerzos de cuero crudo. luego los almacenes de ropa. camino de los frigoríficos de la ciudad de Kansas. tomaban Proffitt por asalto. y luego otro y otro más. en cuyos patios se advertía en un cartel: NO SE ADMITEN HOMBRES SIN BAÑAR. Los tres establos para caballos de Proffitt estaban agitados como hormigueros. Los trenes llegaban vacíos y se iban llenos. —Una mujer como ésa. El ganado estuvo pasando y mugiendo todo el día. o botas nuevas que se habían llevado la mitad. Se oía el tamborileo de los cascos sobre las rampas de carga desde el amanecer hasta la caída del sol. —Nunca en su vida debe de haber visto tanta piel. recibían el pago de los capataces. producto del trabajo en el camino. cortando a Proffitt en una masa movediza de cascos. —Puede ser. las cajas registradoras de los comerciantes sonaban de manera tan incesante como los martillazos en la herrería de Gottheim. En el Stuben's Tonsorial Parlor. —Me parece que recuerdo haber visto su cara encima de las puertas. En la Kansas Outfitters se vendían arneses como para cubrir todo el Estado. —Quieres decir.. En el Drover's Cottage. rígidos de tan nuevos. completamente vestidos. a la cabeza de un grupo empecinado en la reforma. —¡Cómo no! Lo disfrutaste tanto como yo. Se tironeó del chaleco. Crystal y Lucy. visitaban a las Delilah.

Lucy Hayes. Contaba la historia de Joe Morgan. pero no pudo. solicitando firmas para el compromiso. iba a rogarle que volviera al hogar. También telegrafió pidiendo al editor más volúmenes de «Diez noches en un bar». Escuchando la música y la jarana que llegaban de abajo. Joe se hizo adicto al alcohol y perdió todo lo que alguna vez poseyó. El grupo de Agatha se dedicó a la Gilded Cage pero les resultó imposible lograr la atención de los vaqueros Estaban demasiado interesados en echarse whisky por la tráquea.77 - . había once que prosperaban más que los demás. John. descubrieron que era difícil luchar contra la prosperidad. Aunque fuese difícil luchar contra un hombre tan encantador. Tenía buenos modales. Pero no sin las armas adecuadas. se puso a leer el libro que le dio Drusilla Wilson. Pero de todos los negocios del pueblo. la pobre Mary recibió un golpe en la cabeza con una jarra de cerveza que Slade le arrojó al padre. Un día. un sujeto agradable pero de voluntad débil. La noche siguiente a la llegada del primer rebaño. la otra. se hizo cada vez más irresponsable y pasaba todo el tiempo en el bar donde Mary. y mandó a las mujeres a sus casas. La historia deprimió a Agatha.M.T. apoyando la introducción del proyecto de prohibición ante la Legislatura del Estado de Kansas.C. Agatha mandó a Violet. trató de imaginar a Gandy como una especie de Simon Slade. Cuando estuvieron listos. Arthur. y cigarros Lazo Victoria a cinco centavos. como tesorera oficial de la U. Los próximos días se suspendieron las actividades abstencionistas hasta que Joseph Zeller pudiera imprimir los panfletos. de América. que frecuentaba una taberna regenteada por un tal Simon Slade.T. St. hombre de corazón duro y codicioso. La viuda quedó pobre y sin hija. se dividieron en pequeños grupos y se dispersaron por las once tabernas. «Diez noches en un bar». imaginaba a Slade como un tipo de patillas. En su apartamento.M. La ropa interior enteriza casi caminaba por sí misma. Las señoras de la U. el segundo contingente ocupó su turno apoyado contra la barra. y tomó notas en busca de ideas para la organización local. tenía que hacerlo. Cuando la barra estuvo tan repleta que no cabían todos los bebedores al mismo tiempo. Luego. el estruendo fue tan espantoso y los clientes tan alborotados. cartones de lotería a veinticinco centavos el juego. Leyó la última edición de The Temperance Banner. Gandy no era nada de eso. Mientras leía. Joe también murió. La pobre Mary murió.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR cien cuartos estaban ocupados. S. a buscarlos a la oficina de la Gazette. de T. Alguien gritó: —¡Disparen y caigan hacia atrás! Y los vasos quedaban con el fondo para arriba. formaron una doble fila. se vendía tabaco Bull Durham en cantidad suficiente para llenar un granero. Cuando aparecieron Jubilee y las chicas. a la Primera Dama de Estados Unidos. que Agatha afirmó que era inútil. víctima de delirium tremens. agradeciéndole el sólido apoyo al movimiento por la templanza y la prohibición de que se . Pocos días después. mal hablado y codicioso. era pulcro hasta la exageración y aparentemente generoso. En Harlorhan y en el almacén Longhorn. Despojado de ambición.C. la hija. Escribió dos cartas: una al gobernador John P. Los once propietarios de las once tabernas observaban cómo se hacían ricos de la noche a la mañana vendiendo whisky Newton a veinticinco centavos el vaso.

bamboleándose en las cabezas de un par de mujeres de principios dudosos. Calvin se sacó la gorra y se rascó la nuca. tan claro como un molino de viento en la pradera: Agatha Downing. Los dientes eran como agujas. Sobre el carro. tendré que cobrárselo a usted. recordando lo serios que parecían al explicarle para quiénes eran los sombreros. Entonces. es un misterio. —Qué raro. —Me temo que sí. Y cualquiera que leyese un ejemplar de «Diez noches.. Después de eso. señorita Downing.. Rutherford. El corazón de Agatha comenzó a golpear con fuerza. También las cartas le dieron una fuerte sensación de poder: era la voz del pueblo norteamericano. casi no existían... —Una entrega para usted. Ahí estaba la vieja yegua soñolienta enganchada al carro verde del ferrocarril. Hasta aquí llega nuestra responsabilidad. —Pero yo no encargué nada a Filadelfía. Estaba segura de que pronto vería sus creaciones por las calles. Llevaba una gorra de ferroviario a rayas azul marino y blanco. Siempre le dio pena la fealdad del pobre Calvin. el mozo de la estación. —Bueno. Parecía que hubiese puesto la barbilla en un yunque y la hubiese hecho retroceder unos centímetros. Violet no encarga las cosas en mi nombre. ¿Acaso creerían que era tan ingenua? Ninguna «madre» usaría un sombrero de paja adornado con cintas de gro que cayeran desde el centro del ala por la espalda. Desde Filadelfía. y los labios. Un par de vaqueros encargaron sombreros de paja de ala ancha adornados para sus «madres». También los negocios en la sombrerería se habían incrementado un poco.. se burló Agatha. y gafas redondas de marco metálico.. —Máquina. Unos golpes en la puerta de atrás la sacaron de sus pensamientos. —Controló la boleta de carga—. —Calvin miró sobre el hombro hacia el patio —. Si quiere que lo lleve otra vez a la estación. Antes de que pudiese abrir. Aquí dice. ¿qué quiere que haga con esto? El ferrocarril lo entrega en destino. —En efecto. Se sentía impotente ante las nuevas atracciones que había llevado el dueño del Gilded Cage Saloon. ¿Ve? Examinó el papel que le tendía Calvin. —¿Y la señorita Violet? ¿Puede ser que lo haya pedido ella? —Casi seguro que no. ¿sabe? —Pero yo no lo pedí.. estuviese en el cargo. —Bueno. Ansiosa..» no podría menos que conmoverse. un embalaje de tablas de gran tamaño se erguía contra el fondo del cobertizo y el «imprescindible». Pero los panfletos ayudarían. salió afuera. Pero debe de haber un error.78 - . asomó la cabeza. —¿Una entrega? —Sí. —¿A mí? Pero. Calvin Looby. Ésas son las normas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR sirvieran bebidas alcohólicas en la Casa Blanca mientras su esposo. Agatha se sintió mucho mejor. . ¿qué quiere que haga con esto? —¿Sabe qué es? Agatha fue hasta la puerta trasera. Pasaron tres días sin que viese a Gandy. —La tarjeta dice: «Máquina de Coser patentada por Isaac Singer».

pero estaba vacía. Se volvió hacia Calvin. Agatha tenía el catálogo en la pared desde hacía mucho tiempo. —¿Cuál es el costo exacto de los gastos de envío? Calvin examinó otra vez el papel. Se volvió hacia Calvin. no quería tomar parte en él. —Si se lo lleva de vuelta.. Agatha. Calvin subió al carro. Y si tenía la intención de encubrir sus juegos nocturnos secretos. ¿y si el precio había aumentado mucho? Tomó una rápida decisión. Gracias a Gandy.M. retorciéndose las manos. Confundida. estaba la factura. —Lo pondremos en el próximo tren que salga para Filadelfia. Subversión.? De pronto. había otra posibilidad: la libre empresa. sacó la tapa de madera con un martillo tenaza. pero tuvo la sensación de que estaba en algún lado.. si abro el embalaje. Tal vez aún se sintiera culpable por haberla empujado al barro..C. Desde luego. Deseaba esa máquina con una intensidad que no habría creído posible el día anterior. En el rellano no había nadie. pero no quería creerlo de él. Sintió una punzada de ambición.. Si era soborno. Ya se sentía incómoda por haber aceptado la generosa suma que le pagó por la funda roja de la jaula. Encubrimiento. quién. ¿cómo.79 - . Sólo dice dónde entregarlo. La mujer fue hasta el carro y se estiró para apoyar la mano sobre el costado de la caja. y después a Calvin. El cielo sabía en qué medida reviviría su alicaído negocio con una máquina. —¿Puede entrarla a la tienda. riéndose de su confusión. ese día se mostró arrepentido. los papeles estén dentro. insinuándoles a las funcionarias que ella hacía negocios con el enemigo? Era extraño. —No entiendo. ¿Subversión? ¿Sería tan cruel como para minar los esfuerzos de Agatha en la U. señor Looby? Quizá. —En mi opinión. El sol del mediodía la había entibiado. En el taller. señorita Downing. se acercó más a la caja. Soborno. Un nítido sello blanco decía: COMPLETAMENTE PAGADO.T. —Seguro. alguien le hizo un regalo. ¿qué pasará? Atraída contra su voluntad. No se puede dejar un bulto tan grande ocupando lugar en la estación. Dirigió una mirada a la parte de atrás del edificio. tenía el dinero. No seas tonta. Claro. ¡Cómo saberlo! Agatha miró fijamente el papel.. Acordar con el enemigo. Encima del envoltorio. señorita Downing. Pero en esa mente retorcida podía haber otros motivos. pero era un apostador.. lo supo. Agatha miró la factura. tenía práctica en adoptar cualquier expresión que le conviniera. —Aquí no dice. empujó y empujó hasta descargar el voluminoso cajón en una carretilla plana con ruedas. con la que lo transportó hasta la puerta trasera de la sombrerería. le resultaba extraño que gastara tanto dinero para lograrlo. ¿Gandy? ¿Por qué? ¿Por tres vestidos de cancán? Quizá.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Pero. No cabía duda . Miró hacia la ventana de la oficina que daba al patio de atrás. pero gastarlo era demasiado definitivo.

—Sí. Si se mantiene. Looby la miró. Violet llegaría en cualquier momento.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR de que Jubilee y las muchachas mantendrían el bar lustroso por el roce de los pantalones.. en especial con las faldas rojas de cancán. —¿La dejo? —Sí. una máquina de coser! ¿De dónde ha salido? —De Filadelfia. creí que nunca llegarías! —¿Pasa algo malo? —¿Malo? ¡No! —Agatha abrió los brazos y lanzó una sonrisa radiante a los cielos—. ¡Hasta estaba hermosa! Cosa curiosa. Agatha miró la hora: eran casi las once. —Pensándolo mejor. Fuesen cuales fueran los motivos. ¡Nada podría ser mejor! —Se volvió hacia el taller—. Violet nunca lo comprendió hasta el momento. Caramba. Y la sonrisa. Sin embargo. puede llevársela. —Como quiera. —¡Oh. tenemos un tiempo ideal.. Un vistazo. y esa persona pagará el gasto de vuelta.. El volante plateado la tentó.? —Le agradezco mucho la entrega. a Gandy se le había despertado el espíritu de competencia ante la perspectiva de hacer todo lo que estuviera en sus manos para llenar la taberna con tantos hombres que estuviesen incómodos. con las manos bajo la barbilla. El logo dorado resplandeció. ¡Mira! Los ojos de Violet se agrandaron. vuelva a poner la tapa. Violet. penetrar en los misterios de la mente femenina estaba más allá de su capacidad. ¡Que se diera prisa! Cuando entró en la tienda la menuda mujer de cabello blanco. —¡Por todos los santos. Agatha no quería formar parte de ellos. luego a la caja. déjela. ¡cómo le transformaba el rostro esa sonrisa! Le sacaba cinco años de encima y le daba la apariencia de la edad real que tenía. y otra vez a ella. pero se puso seria enseguida. —¡Espere un minuto! Looby. Que quisiera sobrepasar a los otros diez propietarios de bares por puro espíritu de contradicción. ¿no dijo que. Los claros ojos verdes estaban iluminados de excitación. encontró a Agatha al otro lado de la cortina. Nadie que hubiese cosido tanto tiempo como Agatha podía echar un vistazo a una maravilla del ingenio americano sin codiciarla de manera especial. La pintura negra brilló. Se sacó la gorra y se rascó la cabeza.80 - . La idea la hizo sonreír. impaciente. Llévela otra vez a la estación. —Lo acompañó hasta la puerta—. señor Looby. Puso los clavos y levantó el martillo.. Quizás. señora. ¿qué hago? —Sólo quiero verla un minuto. Te lo mostraré. Violet no recordaba haber visto nunca a Agatha tan feliz. . —Bueno. —Señor Looby. —¿Es tuya? —Sí. pronto las calles estarán secas. —Llevó a Violet directamente a la caja de madera—. Ese vistazo fue fatal. —Pero. —Creo que sé quién la pidió. frunció el entrecejo. Cuando Looby se fue. Después.

Comportarte como una joven atolondrada. Encontró las herramientas y se dispuso a trabajar—. ¿no es así. Casi no había ganancias. Las rosas de las mejillas se intensificaron al pensar en sí misma bajo esa luz. buscando un martillo y un destornillador. ¿de dónde sacaste el din. nadie le había llamado bonita. Trabajaron juntas para desembalar la máquina de coser y la arrastraron hasta el taller. —Perdió por completo su reserva habitual y se ajetreó como una chica despreocupada.81 - .. A Violet le costaba creer el súbito cambió en esa mujer que había visto sombría durante años. Violet! No he tenido tiempo de pensarlo. —¿Sabes. pero. En los ojos de Violet aparecieron chispas de especulación. Y tienes rosas en las mejillas que nunca te vi antes.. Estaba estupefacta. Vamos. Pero Violet tocó con ternura el hombro de Agatha. creo que estuviste demasiado tiempo bajo el sol del mediodía. Agatha la tocó con ademán reverente. ¡Qué día tan glorioso! Pero estaba demasiado excitada para dejar de hacer palanca con el destornillador entre dos tablas de madera. podremos hacerlo. Las diez monedas de oro del señor Gandy. Pero ..? —Se interrumpió y la miró —.. El entusiasmo de Agatha era contagioso. Agatha miró abajo. Agatha? Levantó la vista. Ven. y ésta levantó el rostro. Me duele un poco. Las manos de Agatha se inmovilizaron. Voltearemos el frente de la caja y sacaremos directamente la máquina. —Violet. incómoda. —Es cierto. Violet. querida?: tendrías que hacerlo más a menudo. —¿Lo que estoy haciendo? —Estás arrodillada. últimamente estaba preocupada. —¿Bonita? ¿Yo? Desde la muerte de la madre. Violet caminó alrededor del embalaje de madera. reanudó el trabajo. Le devolví cuatro. —¿Te imaginas lo distinto que será para el negocio? Si bien no quería admitirlo. Agatha? —¡Por Dios. —¿Bonita? —Sin la menor duda. Estaba tan radiante que Violet no pudo dejar de observarla y sonreír. Como no estaba acostumbrada a recibir elogios. —Seis. pero no importa. —Vamos a hacer los vestidos de cancán. mete los dedos aquí y tira. No tienes idea de lo bonita que te pones así. —¿Sabes lo que estás haciendo. ayúdame a sacarla del embalaje. los ojos resplandecientes.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Por qué no me lo dijiste? —Era una sorpresa. Si pudieras ver tus ojos ahora: están brillantes como un trébol primaveral bajo el rocío de la mañana. Entre las dos. —Pero. ¿sabes? Ayúdame con esto. —¿Qué cosa? —Sonreír.

dio un impulso y saltó hacia atrás—. una larga tira de algodón que estaba bajo el pie de la aguja comenzó a avanzar con fluidez. ¿Lo gané? —Sin la menor duda. Hiciste un trabajo urgente que ninguna otra persona en el pueblo podría haber hecho. y su rostro expresó preocupación: —Estoy haciendo lo correcto. ¿no? —¿Lo correcto? Realista. Cuanto más reían. mirando cómo la tela azul se . La correa zumbaba suavemente arrastrando el mecanismo. jovencita. comprendieron que para que la máquina marchara en la dirección correcta tenían que darle un impulso al volante. expectantes. El brazo de la aguja seguía una cadencia rítmica.. —Probó el bruñido volante de acero. Violet? Violet sonrió con cariño a la amiga tan cambiada que tenía delante: —Sí. Probó otra vez. Agatha se puso seria. ¿piensas pasarte toda la tarde ahí parada. ¡Ay! ¡Retrocedió! Levantó la vista hacia Violet en busca de ayuda. podemos. la metieron en el compartimiento en forma de bala según el diagrama. Y ahora. rozó casi con afecto el terso gabinete de roble—. cargaron la bobina. Se levantó de la silla. De súbito. hermosas puntadas regulares y apretadas aparecieron a una velocidad que aturdía. Violet apretó los labios y afirmó: —Ganaste ese dinero. Y lo hiciste con el mejor satén que se puede conseguir.. pero de nuevo la tela fue hacia atrás. Casi como si fuese magia. Violet la reemplazó y probó con vivacidad el pedal: otra vez la tela retrocedió. Violet? —Lo sé. Cuando enhebraron la aguja y colocaron un trozo de tela bajo el pie.82 - . Al siguiente intento. Por fin. —¿No es milagroso? Se inclinó sobre el hombro de Violet. otra adelante. pero ésta se encogió de hombros: —Yo no sé. Dejemos de lado los sombreros. El precio de esa tela tendría que elevarse. Prueba otra vez. aquí va. Al pedalear. —Cuarenta y nueve dólares por una máquina de coser que sólo funciona hacia atrás. Podemos hacer vestidos. En un momento dado. una atrás. —Bueno. ¿no te parece. Las dos rieron hasta quedar sin aliento. más divertido se volvía todo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR ahora. —Agatha puso los pies en el pedal. se miraron. —Prueba tú. o vas a enhebrar ese aparato y a ponerlo en marcha? Con ayuda del manual de instrucciones. a Agatha le dolía la cadera pero estaba demasiado entusiasmada para notarlo. Tan extravagantes como quieran. la máquina dio una puntada para adelante. ¿no? —No sé. y colocaron el hilo en la parte de arriba. Se miraron y rieron. Agatha exclamó: —¡El manual! Leamos el manual. Agatha se sentó. Tuvo que esforzarse para cederle el lugar a Violet y dejarle probar la máquina por segunda vez. ¿no? —¿En serio lo crees.

Todo en silencio. Al pasar. Agatha le dio una última caricia a la máquina. El olor rancio de humo y alcohol viejo la detuvo por un momento. El ruido incesante del ganado y el traquetear de los trenes llegaban por el aire de las últimas horas de la tarde mientras subía las escaleras. Golpeó con suavidad. Quizá pudiera entrar sin ser vista y hacerle una seña de que fuese al pasillo del fondo un momento. La puerta de la oficina de Gandy estaba cerrada. vio a Dan Loretto en una mesa repleta. inclinado hacia adelante y un cigarro humeaba junto a su codo. —Caramba. —¿Sí? Hizo girar el picaporte y asomó con timidez. Afuera.. —pensó—. —Está en la oficina. Abrió la puerta y entró. Quisiera hablar con el señor Gandy. dirigió una mirada a la ventana de Gandy. Esa manera de entrar tan infantil era tan poco propia de ella. —¿Puedo entrar? Sólo la cabeza de Agatha asomaba por la puerta. estoy sorprendido. —Gracias. Una ventana en el otro extremo del corredor. le puso encima con cuidado la tapa de madera y cerró la tienda. escuchando el maravilloso sonido de la maquinaria bien aceitada que funcionaba a una velocidad increíble. Pero apretó las manos y siguió caminando por el corto pasillo buscando a Gandy en el salón principal. pero oía ruidos dentro. señorita Downing. En cuanto apareció a la vista. pero el cristal rizado no permitía ver otra cosa que el reflejo del cielo azul claro. Ése sería un mejor momento para hablar con él. echó un vistazo a la puerta trasera de la taberna y vio que estaba cerrada.. Subiendo la escalera. pero las voces de los vaqueros creaban un rumor constante. —Señor Hogg —lo saludó con la cabeza—. Dos a la derecha. Nunca había estado en esa parte del edificio. Justo enfrente. Había cuatro puertas a la izquierda. el aire no era mucho más fresco. Resonaban risas y tintinear de vasos. la primera puerta a la derecha. Sin duda. Al llegar al rellano. El olor de los corrales de ganado ya había llegado al pueblo. Su rostro reflejó sorpresa. que Gandy no pudo evitar una sonrisa: . Escribía. «¡Oh. Gandy estaba sentado ante un sencillo escritorio de roble. —Hola. ¿Cómo podré agradecértelo?» A las cinco en punto. Se sintió como una de esas personas que espían por las ventanas. La puerta chirrió cuando la abrió y escudriñó el pasillo a oscuras.83 - . esa noche habría mucho más. La mujer le hizo señas con un dedo. pero no estaba segura. Dejó la pluma en el soporte y se respaldó en la silla giratoria. dando cartas. Quizás estuviesen durmiendo tras las puertas en ese momento. que daba a la calle. y el hombre se secó las manos y acudió de inmediato. Gandy!.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR movía sin tropiezos. Jack Hogg advirtió su presencia. qué sorpresa. No había música. —Bueno. Alzó la vista. ¡De modo que ahí era donde se guardaba la jaula dorada durante el día! Sonrió ante el ingenio de Gandy. en una oficina austera.

los brazos graciosos acentuados por las mangas muy apretadas y el alto cuello clerical. —Siéntese. Noto todo lo relacionado con ella. —No será muy elegante. mientras la mujer entraba y miraba en torno. se apartó del escritorio. el perchero. —¿Por qué? —Oh. más allá. Siempre correcta. —No hay problema. ¿una puerta abierta? Fijó la vista en ella. Ese día. no sé. era un hombre apuesto! —Es curioso. y entrelazó los dedos sobre el estómago. La redondez atractiva del busto. Agatha comprendió su error después de haber observado demasiado tiempo el apartamento privado de Gandy. Se tomó un momento para apreciar ese semidescuido. La agradable «curva griega» que le daba el corsé invisible a la zona lumbar. Pero ese día había algo diferente que él no podía precisar. esperaba encontrarlo en un ambiente más lujoso. el cabello pulcro. La chaqueta negra colgaba del respaldo de la silla.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Por favor. la examinó con mirada más crítica que antes. ¡Por todos los cielos. —Gracias. Agatha recorrió con la mirada los severos paneles de madera. creí que no lo había notado. el verde apagado de las paredes. Gandy la observó. en la sala. Quizá por el modo en que se viste.. Se dio la vuelta y lo sorprendió contemplándola. bastante. Eran las cinco de la tarde y necesitaba una afeitada. ¿no es . Creo que es un poco más espacioso que el de usted. Se levantó a medias. El elegante drapeado trasero del vestido de tafeta granate. —Lo. —Sí. era verde intenso.. —¿Qué puedo hacer por usted? —Creo que ya lo hizo. Esos chalecos de colores brillantes. Gandy alzó una ceja y se le formó un hoyuelo en la mejilla. señorita Downing. los hombros estrechos. pero cumple sus propósitos. Desde atrás. Siguió observando la habitación: la caja de seguridad. señor Gandy. divertido por el interés que mostraba. —¿Sí? —Usted vio la propaganda de la máquina de coser en mi taller. curiosa. Y sobre un sofá había una bata de mujer de color verde turquesa. cruzó un tobillo sobre la rodilla de la otra pierna. con curiosidad. —Así que. Lo miró de frente.. Gandy se sentó otra vez. la ventana desnuda que daba a una vista poco interesante del patio trasero y de la pradera. el botón del cuello desabrochado y las mangas de la camisa enrolladas. hacia su sala de estar y el dormitorio que había más allá.84 - .. la estufa diminuta. lo siento. aquí es donde hace sus negocios. estaba el ambiente lujoso que esperaba. —En cierto modo. La corbata de cordón estaba floja. —Trabajo con vestimenta. Vestía con gusto magnífico ropa de suave elegancia. de pronto. Ahí.

¿no? —Lo olvidé. El color más pálido de las muñecas y los antebrazos.Tiene un tornillo flojo. ¿Cómo dijo Joe Jessup? .. —¿Acaso dije que me debiera algo? Agatha sacó cinco monedas de oro y las apiló en una esquina del escritorio. Por más que intentó ser severa. —¿Por qué no? Ambos sabemos que es verdad.. Ese sujeto era un enigma. —Abajo hay una máquina de coser flamante. —¿Y qué espera ganar con eso? —Para empezar. Deshonesto y sincero al mismo tiempo. se encogió de hombros.. —Creo que la cantidad correcta es de cincuenta dólares. con patente de Isaac Singer. tres brillantes vestidos rojos de cancán. —Felicidades. —Pero es un soborno. señor Gandy. La chata polilla gris se había convertido en una brillante mariposa. ¿Y después? —¿Quién sabe? Abandonó el juego y se puso seria: —Estoy comprometida con mi trabajo por la templanza. con los codos en el aire. —¿Lo admite? Sonriendo con amabilidad. señorita Downing. El hombre rió entre dientes. el humo que ascendía desde el cenicero que estaba entre los dos. los ojos le chispeaban demasiado y los labios se negaron a obedecerle. perspicaz—. El hombre rió y echando la silla atrás. La inquietante conciencia de la pose masculina la golpeó como un puñetazo en el estómago. tres vestidos de cancán. . y en el sobre del embalaje dice que ya está pagada. — Levantó una ceja—. Cada vez le resultaba más difícil contemplarlo con racionalidad. —Si cree que voy a aceptar una máquina tan costosa del dueño de una taberna. —Sin rodeos. Vine a agradecerle que se haya ocupado de encargarla y a pagarle lo que le debo. Por una vez. —Ah —canturreó Agatha. señor Gandy.. lo sé. los tendones tensos de las manos entrelazadas bajo la cabeza. Gandy advirtió el cambio en el rostro de la mujer: ¡eso era lo diferente en este día! No era el peinado ni la vestimenta: era el estado de ánimo. —Sí. Usted la vio y me leyó la mente. las arrugas en las sisas de la camisa blanca.85 - . La sonrisa se hizo descarada. la bota negra apoyada al descuido sobre la rodilla.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR así? —¿Sí? —No me eluda. ¿verdad? Bajó los brazos y la contempló en silencio varios segundos. Lo sabe. La carcajada de Agatha los sorprendió a los dos y rieron juntos. era feliz y eso la transformaba. entrelazó los dedos tras la cabeza. está. —No se haga el tonto.

—¿La vieja Lucy Limonada? Agatha estalló en carcajadas. fumando y preguntándose lo mismo. perdóneme. pues The Temperance Bannemos insta a los miembros a hacerlo.86 - . supongo que sí. en cierto modo. agradeciéndole que se haya establecido la Ley Seca en la Casa Blanca. Qué activas. ¿cree que puedo negarle el placer. pero nunca le había parecido tan gracioso. —Sólo éramos cuatro. Caramba. Después de unos momentos. la hizo reír.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —No hay soborno que pueda hacerme cambiar de opinión. más todavía teniendo en cuenta que estamos en su territorio? Gandy se levantó. ¿qué general le revela sus planes de batalla al enemigo? Agatha sonrió y su rostro se convirtió en el semblante joven y hermoso que Violet había comentado antes. Es decir. Otra vez. También le escribí al gobernador St. señor Gandy. La austeridad se esfumó. —¿Nada más? —Además. ¿cómo podíamos oír nada con ese barullo? . Los ojos claros se suavizaron. ¿qué nombre le puso el señor Potts a su «Dama del Óleo»? —Me extraña que no lo haya oído la otra noche. estaremos abajo repartiendo panfletos que hemos hecho imprimir. —¡A St. Agatha observó cómo el chaleco de satén se tensaba en la espalda y se preguntó quién de los dos ganaría a la larga. El humo se elevó entre los dos antes de que se diera cuenta de lo que hacía. —Oh. —Usted también. —No pensé que pudiera. John! —No se mostró tan despreocupado ante esa novedad. —Como sea... Olvidé que usted odia estas cosas. un codo sobre la rodilla y se dio la vuelta para mirarla sobre el hombro. Scott permaneció mirando afuera. —Yo y muchos más. y haciendo circular relatos sobre los azares del destino con que usted comercia. —Cuénteme. La mantiene más seca que el gran Sahara. fue a la ventana con el cigarro entre los dientes y subió el bastidor de la ventana. ¿no? Observándola. caramba. Medio país llamaba así a la Primera dama. ¿no es cierto? —Después de la máquina de coser. —No la vi por unos días. ¿no? —Quizás. cuando entró con sus huestes invasoras. —Usted es distinta de lo que me imaginé al principio. tendré que pensar en una nueva forma de atraer clientes. —En ese caso. apoyo una bota en el alféizar. John. —Está. —Qué irrespetuoso. —Mañana por la noche. cuando lleguen sus parroquianos. esta guerra en la que estamos enzarzados. y trató de contenerse con un dedo. Los rumores acerca del proyecto de enmienda a la Constitución estatal ponían muy nerviosos a los propietarios de bares de Kansas—. le parece divertida. le escribí. —Estuve atareada. tomó el cigarro y dio una honda calada. Nada resulta como lo imaginé. Le escribí una carta a la Primera Dama. ¿no? —Sí.

—Ah.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —El nombre completo es Dierdre en el Jardín de las Delicias. pero los hombres le pusieron de sobrenombre Delicia. ante mi vista? Ceñudo. Debo confesarle que he llegado a admirarla. enfadado. —¿Qué? El corazón de Agatha latió con más fuerza aún. encima de la oreja.87 - . sacó la pluma del soporte y se la extendió: —Por favor. Pero entendía con toda claridad con cuánta desvergüenza aprovechaba ese encanto.. Los latidos se intensificaron más. señorita Downing. Casi chocó con él. —Delicia. usted es una digna rival. señor Gandy. buen humor y atractivo masculino. que se mantuvo firme en su sitio. Cuando se irguió. La mujer resolvió que era hora de dejar de jugar al gato y al ratón. Se le crispó la frente y el pie golpeó el piso. ese humor y ese atractivo para desviarla de sus buenas intenciones. —No abuse de su suerte —le advirtió entre dientes. quedarse y qué en un papel. Gandy respondió con una carcajada franca. el hombre miró la pluma y luego a la mujer. Y cualquiera sea mi opinión personal sobre usted. la otra noche? El buen humor desapareció del semblante de Gandy. y se quedó tan cerca del escritorio que Agatha tuvo que apartarlo para mirar. Flexionando la cintura. Metió el cigarro entre los dientes y le arrebató la pluma. —¿Por qué vendo alcohol? —Entre otras cosas. —Qué contrariedad —dijo. y cómo está cambiando lentamente. —Nos superaron. ¿fue usted el que clavó una nota amenazadora en mi puerta. miró en los ojos de Agatha sin hablar. —Usted es mi enemigo —afirmó con calma—. desbordando encanto. —¿Qué más? El corazón le latió con excesiva fuerza y no se detuvo a medir la prudencia ni las consecuencias de lo que iba a decir: —Dígame. Por otra parte. Estoy segura de que la señora Potts está encantada de que su esposo haya ganado el concurso. Pero se puso de pie. ¿puede hacer una cosa? ¿Puede escribir las palabras bueno. Agatha levantó el papel y retrocedió. chasqueando la lengua y moviendo la cabeza lentamente. Ah. Era difícil creer esas otras cosas al verlo reclinado en el alféizar de ese modo. la otra noche no duró mucho en la taberna. —Permiso. nunca debo perder de vista ese hecho. El humo del cigarro le quemaba las fosas nasales mientras observaba la escritura. en letras mayúsculas. —¿Satisfecha? . La próxima vez que la vea debo recordar felicitarla. —¿Fue usted? —¿Cómo diablos puede preguntar una cosa así? —preguntó.. trazó las letras en un trozo de papel. No le tendió el papel ni retrocedió.

señorita Downing. señor Gandy —afirmó. —Gracias por la máquina de coser —dijo en voz queda.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR El alivio le hizo cerrar los párpados y exhalar levemente por la nariz. —Si me disculpa. Gandy permaneció ante ella. El hombre se quedó mirándola fijo. de espaldas a él. mientras oía abrirse y cerrarse la puerta de afuera. bullendo de cólera. —¡Agatha! No creyó que recordara el nombre. tengo mucho que hacer. apagó el cigarro con dos movimientos coléricos de la muñeca y se abstuvo de mirarla otra vez. ¿por qué no lo regañaba por eso? —Yo puedo cuidarme sola. Se sentó y comenzó a escribir de nuevo. la abrió y se detuvo. Estaba encargando un lote de ron cuando me interrumpió. ¡Maldita arpía! ¿Qué tenía. . —¿Por qué? El semblante se crispó todavía más. El corazón traidor le desbordó de remordimientos: —Ya le dije que lo lamentaba. señor Gandy. ¡maldición! Si no toleraba los juramentos. ¿Qué importaba si lo recordaba? —Quisiera ver la nota. ¿Qué diablos quería esa mujer de él? Agatha abrió los ojos y lo enfrentó. que dejó una mancha de tinta en la orden que estaba escribiendo. El hombre giró hacia el escritorio. —Buenos días. —Lo lamento. se mantuvo firme: —Sí. si aún la tiene. Tenía que estar segura. desgarró el papel en dos y lo tiró. Con una violenta maldición. —No sé por qué diablos me siento responsable por usted. se dio la vuelta y arrastró los pies hacia la puerta. que se le había metido bajo la piel? Agatha dio otro paso hacia la puerta hasta que un ladrido del hombre la detuvo. los apretó contra el mentón y miró ceñudo la pared de la oficina hasta que los pasos que se arrastraban al fin dejaron de entrar por la ventana abierta. Aunque se ruborizó. Con el rostro ardiendo. —¿Y lo está? —le espetó. pero así es. Lanzó otra maldición. Encerró un puño en el otro.88 - . y cerró la puerta al salir. arrojó la pluma. Gandy alzó la cabeza con brusquedad y miró fijo la espalda.

¿No sabes que Satán adopta la forma de una botella de licor? Ten cuidado de que no te engañe y te haga creer otra cosa.. y miraban a Evelyn con el mismo temor que el joven vaquero de antes. ¿Pensaste en mañana. Evelyn intentó detenerlos apelando a sus emociones. suplicante. Otros cuatro vaqueros se acercaban por la acera vestidos a la última moda. —¿Reconocen ustedes el mal en el vil brebaje que vienen a consumir aquí? Arrebata a los hombres las facultades. . las monedas tintineando. Con sus ojos intensos y su gesticulación un tanto dramática.T.. desplegaba un asombroso talento oratorio que nadie conocía.. sobreponiéndose al ruido del Lucky Horseshoe Saloon.. joven. aprendieron una canción nueva. Para sorpresa de todos. Con ojos inquietos. Evelyn Sowers se adelantó varias veces y se interpuso con audacia ante los concurrentes a las tabernas. no entre en ese refugio de machos! ¡El tabernero es el destructor de las almas de los hombres! El muchacho de rostro brillante miró sobre el hombro y se escabulló dentro con una expresión que demostraba más temor por Evelyn que por los peligros que podrían aguardarlo tras las puertas de la taberna. la cantaban con creciente entusiasmo en cuatro tabernas. —Se acercaba a un vaquero desprevenido que casi no tenía edad para afeitarse—.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 7 Las damas de la U. Pero ya habían entrado. ¿Quién tiene pena? ¿Quién tiene dolores? Los que no se atreven a decir no. Cuando se encaminaba a la puerta. rodeó a Evelyn como si fuese una cascabel enroscada.. Y como no pudo. ocúpate ahora de tu futuro. Evelyn cayó de rodillas y alzó las manos. Al parecer. y en todos los otros mañana. Entregaban panfletos a los hombres y seguían solicitando firmas para los compromisos. cuando empiecen a temblarte las manos y tu esposa y tus hijos sufran sin. indulgencia es pecado! —gritaba.M. mientras las señoras iban pasando por las cuatro tabernas. el honor y la salud.C.? —Señora. —¡Se lo ruego.. Y se regodean en el vino. Los que se dejan llevar al pecado. —Hermano. Antes de que entren por esa puerta. La noche siguiente. ella se abrazaba al recién descubierto ministerio con creciente fervor. no tengo esposa ni hijos —la interrumpió el joven. El resto de la noche. las espuelas brillantes.89 - . —¡Abstinencia es virtud. Evelyn había hallado su verdadera vocación.

se topó con la mirada de Gandy y se apresuró a desviarla. Tom Ruggles! ¡Vayanse todos a sus hogares. Los miembros de la U. Agatha no comulgaba con la exageración histriónica de Evelyn. llegó a la Gilded Cage.C.T. Evelyn estaba enloquecida. que se avergonzaron y le firmaron el papel. Dos vaqueros que se habían hartado. —¡Ah. las partidas de naipes se detuvieron. a despertar su conciencia.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR condujo sus tropas al interior.90 - . —¡Vete a casa. alzó las manos y vociferó: —¡Este ejército de ebrios caerá girando en el infierno! Las danzas y cantos se interrumpieron. arrodillada en la taberna. el tabernero de rostro colorado respondió sirviéndose un trago doble de centeno y tragándolo ante los ojos de Evelyn. y afirmó —: Hemos venido en misión moralizadora. Animada por otra victoria. muy enfervorizada. Jack Butler y Floyd Anderson se avergonzaron tanto al ver a sus respectivas esposas con la fanática Evelyn que se escabulleron por la puerta y desaparecieron. mírenla! El hombre se levantó de la silla. Pearl y Ruby. con sus familias. tuvo que levantarse otra vez. el local estaba muy concurrido. el aliado de Lucifer. señoras. Por suerte. se levantaron y se encaminaron hacia la puerta. Se alzó un clamor que casi . fue directamente hasta Jeff Didier. pero la mujer había tenido éxito con dos clientes de Jim Starr.C. Ivory se dio la vuelta desde su puesto en el piano. y Evelyn. Cuando el contingente de la U. Este éxito impulsó a cuatro «hermanas» a arrodillarse junto con ella y a cantar a voz en cuello. sin sombrero. empapado de ron! ¡El traficante de licores ardientes! Ruego al Señor que lo perdone por causar negligencia y bestialidad en los hogares de familias inocentes. En medio del súbito silencio. vestido totalmente de negro y blanco. —¡Bazofia! ¡Nuez vómica! ¡Esto no lo bebería ni un cerdo! A Agatha le ardió la cara. de rodillas en el piso duro de la taberna. Se abrió paso a codazos entre los hombres amontonados. Gandy ignoró la perorata de Evelyn. tras unos minutos de sufrir dolor. Los ojos llameaban de fervor desusado. —Todavía están a tiempo. Alzó la vista. gritó—: ¡La casa invita a beber! Los vaqueros giraron sobre sus talones. Wilton Spivey! ¡Vete a casa.M. Agatha lo intentó. aporreó con los puños varias mesas. infelices pecadores! Evelyn arrebató una jarra de cerveza y la sostuvo sobre los pies de Ruggles. se enorgullecían de la no violencia y la gracia. —Alzando la voz. pero se sintió como una tonta. —¡Eh. Gandy habló con su habitual savoir vivre: —Bienvenidas. En el The Alamo Saloon. Estaba de pie detrás de la barra. Evelyn se volvió más audaz en el hablar y en los gestos. Cuando sacó un compromiso de abstinencia y le exigió a Didier que lo firmase. Evelyn se volvió con brusquedad hacia él. para encontrarse con otros tres pares de ojos atribulados: los de Jubilee. señor Gandy.T.M. Miles Wendt! ¡Vete a casa.

91 - . «¡No. Me g. tenía la misma altura que ella arrodillada.. llenó un vaso con el líquido ambarino. quiero a mi p. ¿por qué no me dejas a mí. y los ojos de obsidiana de Gandy la flecharon. pero sólo Addie Anderson y Minnie Butler le hicieron caso. como tu papá no está aquí. Había estado en cuclillas. lo vio sonreír muchas veces para no reconocer la ausencia de alegría en la expresión de ese momento.. Cuando se fueron. Agatha hizo levantar al niño. Déjame ver. no!» Le hizo un gesto de saludo tan leve que nadie más lo advirtió. Tras ella.. Después. de rodillas. Lo que pasaba por una sonrisa era. que terminaba con el verso: «Ven conmigo a la parranda». parecía una persona mordida por un perro rabioso.. cabeza —lloriqueó—. le apartó las manos y lo hizo girar hacia la luz tenue que provenía de la taberna. Jubilee y las Gemas arrancaron a coro con «Champagne. Desde la pared.. Agatha les hizo señas a las otras de que la siguieran a la puerta. Fue entonces cuando conoció a Willy Collinson. A pesar de la obstinación del niño. cabeza. —Nooo.. Gandy. Los ojos la punzaron como trozos de hielo. Evelyn. Ya no estaba el brillo divertido que se había acostumbrado a esperar. echó atrás la cabeza y convirtió el saludo en un insulto. miró otra vez a Gandy. espiando debajo de la puerta persiana hacia la taberna cuando la puerta lo golpeó en la frente y lo hizo rodar como una pelota de bolos. El cabello rubio podría . sintiéndose vacía sin saber por qué. ¡Aaaay! Agatha se acuclilló para ayudarlo. lanzando exclamaciones de preocupación. En la mesa de lotería. el piano y el banjo reanudaron la música. Con las manos cruzadas sobre el pecho y los ojos en blanco. papá. —Bueno. —Yo me ocuparé de él. Se volvió para alejarse. Quizá los otros no supieran qué había tras esa superficie encantadora. ¡Aaay! ¡Me duele! —Perdóname. se volvió para echar una última mirada. En mitad del jolgorio. Nunca hasta entonces lo había visto beber. reclamando los tragos gratis. oraba por los depravados. y Addie y Minnie se inclinaron. Mientras las miradas se encontraban. un desnudar de los dientes. los hombres se burlaban. golpeaste la c. Qui. Giró con brusquedad y salió empujando las puertas vaivén.. De pie. Alrededor. —Dios mío. Ustedes vuelvan a casa con sus esposos. Delicia sonreía con benevolencia al caos. en realidad. sosteniéndose la cabeza y gimiendo—. pero el niño se agarró la cabeza y la apartó—. —Trató de ver cuan grave era el daño. Charlie». y lo levantó. Cuando llegaron a la salida.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR ensordeció a Agatha. ¿qué estabas haciendo tan cerca de la puerta? ¿Estás bien? —Mi c.. Le dolió. a ver si puedo curarte? —Déjame tranquilo.. los hombres empujaban para llegar a la barra y levantaban las copas. Con los gritos resonándole en los oídos. Gandy encontró el cuello de una botella. —¡Aaaay! —chilló.. Tenía que haber una forma mejor. chico.

¿Cuántos años tienes? —¡Qué te importa! —le contestó. Podría curarte la cabeza enseguida. tenemos que encontrar a tu padre. ¿no es cierto? Willy apoyó la barbilla en el pecho. mostrando sus enormes ojos brillantes.. lo. Por fortuna. eso es una emergencia. jovencito. —Que te golpee una puerta en la cabeza. y le diré qué te encontré haciendo. trataré de encontrarlo. —En verdad. estás sangrando! Ven. —Le ofreció la mano en gesto práctico—. Willy retrocedió y los ojos se le pusieron redondos como castañas. alzó la vista inseguro. lo lamento. El mono estaba manchado y era demasiado corto. Había tenido tan pocas oportunidades de estar con niños.92 - .... pues me importa.. Alguien podría salir y golpearte otra vez. p. y le salió como un . En lugar de obedecerle. En ese caso.. Sin dejar de frotarse los ojos. y mi apartamento está encima. n. se arrodilló y espió por abajo. Le corría un chorro de sangre por la frente. con tu madre. apártate de la puerta mientras hablamos. no fue. —Bueno. Por segunda vez en la noche. Tendría que estar metido en la cama tibia. En serio. Se incorporó. Acarició con torpeza el cabello rubio.. —¿Qué te dice con respecto a las emergencias? —No sé lo que son. pero no pudo. Por lo menos. —¡No! —Pero vivo ahí al lado. El pequeño estaba un poco más tranquilo. El pequeño trató de contener la risa. No tengo hijos propios. Le tembló la voz y Agatha se sintió arrasada por la pena. —¡Eres muy pequeño para espiar por ahí! —Tengo que encontrar a papi. Ahí hay cosas que un chico de tu edad no tiene que ver. No sabía. —Mi papá dice que no tengo que irme con desconocidos.. rodaste como un erizo. —¡Cielos. chico. que no sabía cómo hablarle a uno de. ¿cinco años? ¿Seis? Fuera cual fuese la edad. Se murió. —Lo puso de pie sin demasiada gentileza y el niño empezó a moquear otra vez—.. pero el niño se soltó de un tirón. Te llevaré derecho a casa. Lo vio luchar contra la indecisión. Dijo que esta noche iría a casa. —Oh —dijo con suavidad—.. después de una cena caliente. —No volvió a casa del trabajo. —No tengo madre. no era lo bastante mayor para estar vagabundeando por la calle de noche.. ¿ves? Ésa es mi tienda de sombreros. —Así no lo encontrarás.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR haber estado un poco más limpio. desafiante. —Le dirigió una sonrisa bondadosa—. —Si me dices tu apellido —lo instó con suavidad—. pero. pero si los tuviese nunca los golpearía con puertas vaivén. —Ladeó la cabeza—. Agatha dejó las manos a los lados. la nariz arrugada y la boca trémula. —Ten cuidado.. que te lavaré. Ven... Hay que lavarte la frente y ponerte un poco de iodo. —Empezó a temblarle el mentón y se frotó un ojo con los nudillos sucios—. soy una señora muy buena. el corazón de Agatha se estrujó.

amigo. ¿qué es esto? —El vaquero se dio la vuelta con lasitud. —Eh. si te sientas en ese escalón. Ahora. Gandy y Jack Hogg servían bebidas. entendió. El desconocido pasó una mano por el torso de Agatha. En la mejilla de Gandy se contrajo un músculo. ¿Me obligarás a adivinar tu nombre? —Willy. qué? —Collinson. asustada. A Agatha le tembló el estómago y parpadeó. En el rincón cercano. No es una de las chicas. Evelyn se había ido. Cuando se inclinó. Trató de recordar si lo había visto antes. el aliento hedía—. tendrías que haberlo dicho. Se detuvo ante las puertas y miró por encima el jolgorio de ahí dentro. Se soltó de un tirón. —Pensé que se había ido. Agatha entró y se abrió paso entre el gentío buscando a Collinson. está bien. con la vista baja. Willy Collinson. —El hombre alzó las palmas como si Gandy hubiera sacado una pistola—. compañero —ordenó Gandy. —No quiero soltarla. —Está bien. ¿Qué te parece? —¿Eso haría? Se pone furioso cuando lo persigo. Jubilee y las chicas circulaban conversando con los clientes. Búsquelo. —Suéltala. —Apartó la mano del hombre del cuerpo de Agatha y la echó atrás—. Tenía la mandíbula tensa y la mirada dura y desafiante. le apretó el brazo. Al pasar junto a una mesa redonda llena de hombres. —Claro que sí. y avanzó hacia la barra. yo entraré y veré si encuentro a tu padre y le digo que estás esperándolo para volver a casa. —Eso está mejor. y la risa se esfumó. haciendo fuerza para apartarse. Si era de tu propiedad. apretándola. pero no pudo. no pierdas su confianza».LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR resoplido. ¿Dónde estabas escondida. Tú siéntate aquí y yo volveré enseguida. sin encontrarlo. ¿Está aquí? —¿Alvis Collinson? —Sí. le rodeó las caderas con un brazo y la apretó contra el costado. Alzó la cabeza con brusquedad. Alguien la empujó de atrás. —Estoy buscando al señor Collinson. Dan Loretto repartía suerte en el blackjack. Gandy pasó encima de la barra con tal velocidad que tiró dos vasos al suelo. Gandy reía de algo que había dicho un cliente. Gandy tomó un Stetson color hueso de encima de la barra y lo .93 - . —Dije que la sueltes. Otra. pequeña dama? Lo empujó. —¿Para qué lo quiere? —¿Está aquí? —Usted vive en Proffitt hace más tiempo que yo. —Bueno. —¿Willy. y miraba el whisky ambarino que estaba sirviendo en un vaso medidor. me gusta. Perdió el equilibrio y se aferró de un hombro cubierto de cuero para no caer. De golpe. sintió una mano que le rozaba el muslo. «Tómalo con calma Gussie. —Señor Gandy. Tras la barra.

LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR empujó contra el vientre del vaquero. Gandy se paró detrás y le aferró el hombro. ¿Cómo es que no estás en casa de la tía . Es un poco tarde para que estés en la calle. Asintió. se embolsó el cambio y lanzó a Agatha una mirada rabiosa. ¿no? —Vine a buscar a papi. frunció el entrecejo y tiró las cartas. la resolución de Gandy vaciló. vete! —¡Jesús. y se relajó. Agatha. Por un instante. dirigió una mirada hacia la puerta. te dije que iría a casa cuando estuviese listo. El vaquero se encasquetó el sombrero. estiró el cuerpo hacia el niño. colérico. hasta que1 esta arpía vino a fastidiarme para que volviera a mi casa. La apartó con brutalidad cuando se levantó de la silla. —Iba ganando. ¡Ahora. Gandy hizo lo mismo: no confiaba en Collinson. La soltó. Collinson se abrió paso a codazos entre la gente. Collinson alzó la vista. Gandy dio un paso hacia ella. Irguió los hombros. el hombre se puso delante y abrió camino hacia la acera. Encendió el cigarro con calma engañosa. si eso es lo que estás buscando. en tono burlón. —Agatha. el hijo de perra apaleaba al niño. Gandy la retuvo por el codo. —¿Para qué quiere a Collinson? Lo miró. —Afuera está su hijo esperándolo para volver a la casa. qué susceptible! —En efecto. —La calle está repleta de prostíbulos. —Muchacho. La mujer giró la cabeza. La escuchó. En la frente le sobresalía una vena y tenía los ojos clavados en Agatha. tensa y vacilante. hombre. al fondo. cuando se detuvo junto a él. pero vio que recuperaba el equilibrio contra el costado de la mesa. Agatha lo miró en los ojos de expresión disgustada: —No lo irrite. al mismo tiempo que sacaba un cigarro. Collinson? —preguntó. Dirijo una taberna decente. Indicó con la cabeza una mesa en un rincón.94 - . Sin una palabra. —Collinson está ahí. Afuera. —¿Quién es éste? Hola. si te dije que no te acercaras a la taberna? Levantó al niño de un tirón en el brazo. —¿Ganaste esta noche. las manos sobre los bordes de las puertas. sorprendido. tocó la mano de Ruby y siguió. y dejó que Agatha lo siguiera. Al ver que se tambaleaba. que la detenía para decirle algo. —Ya lo sé. hijo. Silencioso. Cuando Agatha se encaminó a la puerta. Se volvió. Ella sintió que otros ojos la escudriñaban desde todas direcciones y se dio la vuelta para que Gandy no pudiese ver las lágrimas de mortificación. Pero no la perdió de vista mientras se abría paso entre la muchedumbre. —¿Cómo se te ocurre venir aquí. Tiene el temperamento de un jabalí salvaje. pasaba junto a una sorprendida Ruby. Dejé una mano estupenda en la mesa.

Gandy la vio esforzarse. Gandy no tenía experiencia en consolar niños y se sentía torpe y . muchacho. Es de gallinas tener miedo de la oscuridad. —Maldito si lo haré. deja de moquear y vete a casa. se soltó y lo empujó hacia atrás. —Ya te dije. —Apartó a Willy de Agatha y lo impulsó hacia la calle—. murmurando: —Maldito chico. mientras se agarraba la cadera dolorida. Agatha se puso junto a él y le apoyó la mano en el hombro. y desistió—. está bien. Willy se dio la vuelta y corrió. Collinson —le aconsejó Gandy. en la oscuridad. —No. Me da miedo estar solo. Gandy! En ese instante. Pero respondió a su propio corazón oprimido. Gandy tomó a Collinson del brazo. —¡Willy. —Yo cubro mis propias apuestas. Disfruta de la partida. Gandy! Los dos se enfrentaron.. Agatha lo oyó sollozar quedamente. más corpulento. Willy corrió un trecho y se volvió hacia el padre. —¡Willy! Tiró el cigarro. —Tampoco me gusta estar ahí.. El pequeño los miraba. Collinson. que esas son estupideces. chico? Willy se acurrucó contra la falda de Agatha. cuando era niño. en las sombras densas. Gandy se adelantó y le habló al pequeño. pero no podía correr. —Oh.. que ese es tu lugar. espera! —Agatha bajó con esfuerzo los tres escalones. Llévalo. Ya. Le dio un empellón que lo hizo tambalearse escalones abajo. empezó a entender con claridad qué quería de él esa mujer.95 - . solía creer que oía voces a mi espalda. —Yo cubriré tu apuesta. Un pequeño de cinco años no era rival para las piernas largas de Gandy. —¡No te metas. —Lleva al chico a casa. y no quiso saber nada.. eh. El chico se abrazó a Gandy y metió la cara en el hueco del cuello. y oyó al niño correr llorando en la oscuridad. —Lo escuchó. Renqueó tras él pero no alcanzó a llegar más que hasta el travesaño para amarrar a los caballos. que me va a dar un ataque al hígado. ¡Y el mocoso no me fastidia cuando estoy divirtiéndome! —Dio un paso. vete a casa.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Hattie? —No es mi tía. El otro. amenazante. y no me gusta su casa. —Entonces. a la cama.. sacándolo del medio de la calle. Agatha se dio la vuelta y rogó: —¡Haga algo. lo atrapó en los brazos. ¿Escuchaste eso. mientras esté ganando. Gandy. eh.. Gandy respondió por él. nariz con nariz. en voz baja. Entra de nuevo. salió a la calle y se puso a correr con el corazón agitado. Collinson giró con brusquedad y se precipitó dentro. no sé. Recuerdo que. No llores. hacia Willy—. —Willy. Alcanzó a Willy en menos de doce zancadas y. ¡Willy! El grito angustiado se mezcló con el estrépito que salía de la taberna.

impotente. la ropa. —Si le pido otro favor. Una lámpara se encendió en mitad de un cuarto de las proporciones de una caja de fósforos. Llevó a Willy con Agatha y se detuvo ante ella. el torso flaco que se sacudía al ritmo de los sollozos. Apoyó al niño en la mesa plegadiza más diminuta que hubiese visto. sintiéndose fuera de lugar. El pelo. —Willy. El chico no pesaba casi nada. junto al fregadero seco y cuando se volvió vio que Agatha enjugaba los párpados inferiores del pequeño con los pulgares. no llores más. Pasaron por la sombrerería oscurecida. —Tráigalo aquí. Con Willy en brazos. la frotó para tranquilizarlo.96 - . Gandy casi no tuvo tiempo de formarse una idea cuando volvió a hablar. Willy estaba más tranquilo. La de Agatha. Cuando subía otra vez con el cubo pesado. Tragó saliva un par de veces. Entretanto. la vio subir con dificultad. ¿cómo se las arreglaría con un cubo de agua? Cuando volvió. Si le resultaba difícil subir con las manos vacías. ¿Podría cargarlo hasta mi casa? Asintió. que miró a Agatha. Le acarició el remolino de la coronilla. con Willy en el regazo de Gandy. En el rellano. —Lo llevaría yo misma si pudiera. Se dieron la vuelta y se sentaron juntos uno al lado del otro. sobre la cabeza rubia. en una oscuridad total. el cuello.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR asustado. —En la breve pausa. se sorprendió recordando su juventud en Waverley: sano. no podía detenerse. Apoyó el balde en un banco bajo. La mano de Gandy se extendió sobre la camisa arrugada del pequeño. pero los brazos flacos se le aferraban al cuello como si él fuese el padre. —Espere aquí. Entonces. Encenderé una lámpara. acomodándose al paso de Agatha.. escuchando los pasos de Agatha arrastrándose y a Willy que lloraba contra su cuello. bajó. pero. La mujer acarició la espalda estremecida de Willy. —¡Shh! ¡Shh! —El tono era suave y tranquilizador—. a todo le hacía falta más que un balde de agua fría.. las uñas. pasó una corriente de buenas intenciones y entre los dos tuvieron que contener las ganas de enlazar los dedos y unir esfuerzos para ayudar al niño. fuerte y rodeado de todo el amor y la seguridad que un niño necesitaba para crecer feliz. él recordó los lastimosos esfuerzos de ella por correr tras el niño—. pensó en Agatha en lugar de pensar en el chico. pequeño. por favor? Corrió escaleras abajo y llenó el balde con agua del barril que estaba bajo los escalones. Gandy se acercó y contempló la cabeza rubia y los hombros angostos. Los ojos de Gandy se toparon con los de Agatha y comprendió que estaba . Sin embargo. será el último. A Gandy nunca le había llevado tanto tiempo subir. Gandy se quedó quieto. —Le alcanzó un balde esmaltado de blanco—. aferrándose con fuerza a la baranda. ¿Podría llenar esto. No estás solo. Los dedos de ambos se rozaron un instante. salieron por la puerta trasera y subieron la escalera. La suciedad de Willy era innegable. Vio el brillo de las lágrimas en los ojos de la mujer y frotó el brazo delgado de Willy. Los dos conversaban en voz baja. pero el nudo en la garganta no se deshacía. Agatha abrió la puerta y entró primera. Se acurrucó sobre Gandy.

Leatrice. —Dirigiéndose a Agatha.. de pie. en cambio.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR pensando lo mismo. Donde yo vivía había un río. —Ya sé que duele. Mi amigo Cleavon me sacó del agua y fue gritando a pedir ayuda. Gandy se quedó ahí. —Leatrice me puso un emplasto maloliente de caléndula y me hizo beber té de tilo para el dolor de cabeza. —Además. sintiéndose demasiado grande e inútil. Gandy la vio tomar el frasco de iodo y reanudó el relato. A fin de cuentas. Mi amigo y yo solíamos nadar ahí en el verano.97 - . el caso es que Cleavon y yo corríamos hacia el río a toda velocidad.. tal vez un poco más. El Tombigbee. —Acentuó «mi». los ojos de Gandy se toparon con los de Agatha y se preguntó si sería del Norte o del Sur. mucho más grande. Willy mostró un puño diminuto. Teníamos a esa vieja dictadora llamada Leatrice. —¿Se te pasó? Gandy rió de nuevo. Por un instante. Se dio la vuelta y agarró un trapo de un toallero que estaba en la pared. y más o menos de la misma forma. dices? Willy asintió con bríos. —Ahora. Mi padre fue hasta el río y me cargó hasta la casa. Era negra como la bola ocho del billar. »Te digo. lo echó sobre el hombro y volcó un poco de agua en la palangana. —Willy gozaba de la bendita ignorancia infantil con respecto a los matices. que yó me creía más astuto que ella. Tendré cuidado. pero mucho. junto a Willy. Bueno. Ya no se resistía a la cura y estaba quieto. nos ocuparemos de ese golpe en tu cabeza. Quince años después de la guerra. Tienes puño. hace tanto calor que a veces ni nos deteníamos a quitarnos los pantalones. y ahí hace mucho calor en mitad del verano. En la época de la que hablo. y le habló: —Me acuerdo de una vez. Era en la zona del Mississippi.. . yo era el que iba a nadar al río en verano. fascinado. me quedé desmayado como una almeja. Con indisimulado interés. cuando yo tenía más o menos tu edad. y Willy apenas se encogió—. insistió—: ¿Qué pasó con tu huevo de ganso? Gandy rió. De hecho. Willy. —Agatha sonrió al oír el nombre: Li-a-tris—. Era la cocinera. estrujarlo y aplicarlo a la frente de Willy. Nos tiramos de cabeza al agua y yo me golpeé contra una roca y me hice un huevo de ganso en la frente del tamaño de tu puño. cuando hacía casi treinta y ocho grados. Cleavon y yo. —Ah.. al verla sumergir el paño. cosa que hizo alzar la vista y sonreír a Agatha—. Con el rabillo del ojo. —¿Cómo? —preguntó Willy. le aclaró—: Cleavón es el verdadero nombre de Ivory. se llamaba. Gandy se apoyó colocando una palma sobre la mesa. El agua chapoteó casi hasta el borde cuando la llevó hasta la mesa. como pasaba con algunos? —Porque trabajaba para nosotros. —Volvió la atención al niño—. —Agatha le aplicó el iodo. ¿no es cierto? Orgulloso. en «mitad». gimiendo. —¿Cómo es que Leatrice se quedaba en la cocina. El niño se echó atrás. se quedaba en la cocina caldeada. Nos tirábamos con ropa y todo. ¿todavía le importaría. Me dijo que no tenía un ápice de sentido común. Leatrice me regañó.

y tuvo que flexionar las rodillas para hacerlo. —Pero. pero ninguno de los elementos necesarios para cocinar. Se frotó el cuello. mi madre quiso empezar de nuevo. con la lata entera. en las ventanas. —Se inclinó y se tocó con un dedo el nacimiento del cabello—. Gandy siempre se había sentido libre de ir y venir según se le antojara. Si fuese por Agatha. Gandy salió de sus meditaciones y advirtió que le hablaba. De la pared colgaba una muestra. nadaba ahí. tendría una despensa llena de cosas para deleitar a un chico. —¿Qué? —Dije que se le manchó el cuello. desde entonces. El apartamento tenía la mitad de tamaño que el propio.. y después marcharse.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Casi por completo. cortinas de encaje. Cuando se irguió. En el silencio. vivo aquí. alejarse de los malos recuerdos. Si bien no consideraba Proffitt como el Jardín del Edén. Mientras recorría con la vista la morada. y el suyo parecía atestado. —Se le manchó el cuello. Los muebles eran viejos y macizos. pensaba quedarse ahí lo suficiente para hacer su agosto. Después de eso mi padre hizo cavar una piscina y. la de Agatha estaba fija en él. vivíamos en Colorado. Había una estufa. Cuando él estaba. . Encontró las tostadas con canela y dejó a Willy sentado en el borde de la mesa. Agatha le observó la raíz del cabello buscando la cicatriz. Por primera vez. Si fuese por ella. Willy se palpó con vivacidad la herida de la frente y declaró: —Tengo hambre. —Me gustaría tener una cocina —le dijo a Gandy—. La pulcritud era casi dolorosa. ¿le gusta? Lo miró en los ojos. —¿Acaso a alguien le gusta lo que la vida le depara? Aquí es donde trabajo. el hombre examinó la vivienda. igual que muchos otros. el fregadero seco. Vinimos aquí y abrió la sombrerería. Pero lo único que pudo ofrecerle. Willy preguntó: —¿Todavía te duele? —No. Gandy miró en su dirección y ella bajó la vista. y hacerlo olvidar los golpes en la frente y los raspones. para recordarme que nunca tengo que zambullirme en el río sin saber qué hay bajo el agua. atiborraría a Willy hasta que le estallara el estómago. y no se imaginaba permaneciendo tanto tiempo en un lugar que no le gustara. Desde entonces.98 - . Me quedo. Cuando murió.. Un poco de sangre de Willy —le aclaró. A ti también se te pasará. Siempre lo deseé. No me acuerdo casi nunca. —Bajó la barbilla pero no pudo ver —. Gandy se miró en un pequeño espejo ovalado que había sobre el fregadero. Desde que murió mi padre. fue: —¿Te gustarían unas tostadas? Asintió con entusiasmo. de arrancar sus raíces y plantarlas en un sitio nuevo. Todavía tengo una pequeña cicatriz aquí. —¿Cuánto hace que vive aquí? —Trece años.

los ojos chocaron un instante y después se apartaron. cerró las puertas y llenó de nuevo la palangana. sin sacar la vista del techo. Gandy se dio la vuelta. —No exactamente. ¿sabe? —comentó. y lo que hacíamos una hora atrás. —Tengo sentimientos contradictorios al respecto. se la quitó y se quedó esperando. Levantó otra vez el rostro y enfrentó su mirada—. La barba era muy densa y negra. quiso responder Agatha. Era tibio y suave. ella y sus infernales «secos» molestaban a tus clientes y trataban de hacerlos volver a las casas! Y ahora estás aquí. Agatha levantó las manos. —Sería mejor que se afloje la corbata. —Llevó la palangana al fregadero y se detuvo frente a él. —Lo sé. —Ah.. Era la primera vez en su vida que tocaba el cuello de un hombre. ¡Hace una hora. —Y no porque le haya limpiado el cuello sucio me pasé de su lado.. resultaba muy agradable. también por primera vez. Le dio un tirón y la soltó con un dedo. ¿Qué trataba de demostrar. muchacho? Esta mujer te traerá dificultades. Miró hacia abajo. disculpe. Las patillas le cosquillearon el dorso de la mano. Permítame. Cuando se volvió hacia él con un paño húmedo. Gandy observó el techo de hojalata acanalada.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Puedo quitársela con un poco de agua fría. Por extraño que pareciera. y Gandy esperaba: —Espere que traiga un poco de agua limpia. Sería preferible que no llevara el argumento demasiado lejos.. y Gandy la barbilla.. claro. dejándote malcriar. en un contacto áspero aunque agradable. con el mentón al aire. —Es extraño. —Oh. preocupándose por la ropa de Gandy? Lo provocó el hecho de tener ahí al niño y al hombre. En dosis pequeñas. casi como si los tres constituyesen una familia.. —¿Lo haría? «No».. con más municiones. —Y el botón del cuello.. arrepentida de haberse ofrecido. . que estaba delante de las puertas—.99 - . Bajaron las manos y también el mentón. Pero la oferta estaba hecha. ¿verdad? Gandy miró a Willy y luego a ella. Los ojos se encontraron. Lo soltó. Metió la punta de una toalla limpia detrás del cuello y lo mojó por delante con la mojada. —¿Qué cosa? —Lo que estamos haciendo ahora. Esto no lo decidimos nosotros. Casi siempre parecía necesitar una afeitada.. sintió que él estaba tan incómodo como ella. —Ya volverá. Tenía el aroma de tabaco pegado a la ropa. Los de ella se apartaron. —Yo también —admitió con suavidad. Volcó el agua sucia en un cubo de residuos. Se apartó de un salto. ¿Qué diablos estás haciendo aquí.

con engaños. —Escuche. tranquila y solitaria habitación. Ése era el fuerte de Agatha. —Ya lo sé. no eran aliados! Tampoco se podía negar que. Dejó los paños mojados en el borde del fregadero y se puso de costado a él.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Al responderle. ni tampoco oírse a sí misma responder: —Y yo lamento lo de Evelyn Sowers. —No pude quitarle toda la mancha de sangre. —Se volvió. y no sé si puedo detenerla. a Gandy. No esperaba que dijera algo así. Los dos tomaron conciencia al mismo tiempo y sonrieron. de pronto Gandy advirtió con cuánta claridad llegaban desde abajo los sonidos de la música y las voces. Agatha abría la tienda a la mañana. esta noche. Ahí abajo está lleno y me necesitan. por misteriosos caminos. Más aún. pero..C. Está convirtiéndose en una fanática. se habían hecho amigos. ya sabe. Gandy. —Está bien. Agatha y Gandy se miraban. temprano. Pero se acercó al niño. pero no es nuestro problema. —Sí. Se tocó y miró. es tan pequeño para quedarse solo. Willy seguía sentado en la mesa. —Pienso pedirle al reverendo Clarksdale que hable con Alvis Collinson. Supuso que muchas mañanas lo haría cansada y malhumorada. comiendo tostadas. y se le entristeció el semblante—. se rascaba la cabeza y balanceaba los pies cruzados. mostrándole la expresión preocupada—. No era ningún cruzado. —Miró al chico. Drusilla Wilson me obligó. mientras él y su banda dormían profundamente al otro lado de la pared.T. Gandy fue el primero en recobrarse: —Será mejor que vuelva.. —Lo sé.100 - .. Le habló a Agatha en voz baja: —¿Qué piensa hacer con él? No puede tenerlo aquí.M. —¿No? Los ojos se comunicaron por un lapso prolongado e intenso. Eran enemigos. Miró hacia la mesa. —¿Ya estás más o menos lleno? . Oh. —¿Cree que servirá de algo? —No lo sé.. no quería meterse en los problemas de Willy. —Y yo seguiré vendiendo whisky. Ni estoy segura de que sea mi responsabilidad frenarla. Agatha observó las sombras que proyectaba la lámpara en el cuello abierto de la camisa. lamento lo del ruido. Pasaré por mi apartamento y me pondré una limpia. Estiró la mano y le oprimió el antebrazo. Willy masticaba. Agatha sintió un fugaz pinchazo de arrepentimiento. Agatha tenía algo en mente que necesitaba decir. Me gustaría no tener que hacerlo. ¿Lo eran? ¡Sin duda. En la estrecha. Gandy bajó la mano. —Quiero que sepa que me avergonzó lo que hizo Evelyn Sowers en la taberna. ¿Se le ocurre una idea mejor? No se le ocurría. —Lo acompañaré a la casa. Yo no pedí ser presidenta de la U.

Al hacerlo. Dejaron la lámpara encendida y salieron al rellano. Un momento después estaba de regreso. —Buenas noches. Gandy se endureció. señor Gandy. Ven a visitarme una tarde de estas. ¿Alguna vez viste algodón. Willy dejó de masticar. Con el entrecejo fruncido. pero lo que hizo fue agarrar al niño de las axilas: —¡Arriba! —Lo cargó escaleras abajo. manteniendo pacientemente el paso de Agatha. «Difícil». Por instinto. —Llevaremos una para el camino. cuyos ojos reflejaban el mismo pensamiento. Me gusta estar aquí. Al llegar abajo. — Giró sobre los talones y lo señaló con el largo dedo índice—. ¿Ves esa ventana. Habló con la boca llena de tostadas: —Pero no quiero irme a casa. —Desapareció en las sombras y entró por la puerta de atrás de la taberna. Impulsivo. Ven a visitarme y te lo mostraré. Gandy —dijo con suavidad. la mujer sintió que se le estrujaba el corazón y después. como crece en la planta? —No. Willy. Agatha esperaba que Gandy los dejara ahí y fuera a su apartamento. —¿En serio? —En serio.. Willy volvió junto a Agatha y tomó sin vacilaciones la mano que le tendía. ahí tengo un poco. Así que Alvis Collinson aún estaba dentro. de la mano. —Tal vez tu papá ya esté en casa. Te diré una cosa. —Iré mañana. Está bien —dijo. un ramalazo de felicidad. . Agatha. dejó a Willy en el suelo y se puso de cuclillas ante él—. Agatha! Se detuvo. pensó. debe de estar preocupado por ti.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Resplandeciente. Gandy tuvo una súbita ocurrencia: —¡Espere. le dio a Willy otra tostada. —Dale las buenas noches al señor Gandy. Willy negó con la cabeza. —Bueno. mirando a Agatha. En ese caso. Willy echó los brazos al cuello de Gandy y le dio un enorme abrazo. Agatha te acompañará a tu casa. ahí arriba? Es mi oficina. uniéndolos. de verdad. tomados de la mano. —Buenas noches. quiero decir. Willy se volvió. tapó la lata y lo levantó de la mesa. —Buenas noches. Willy miró y sonrió. Gandy rió e hizo girar al chico hacia Agatha. Willy en el medio. —Un minuto. sin soltarle la mano y lo saludó sobre el hombro: —Buenas noches. —Ahora. el hombre alto de patillas negras los vio irse en la oscuridad.. Gandy levantó un dedo. vete a casa y duerme bien.101 - . y el rostro se le ensombreció. en voz queda. Agatha apretó los dedos en torno de la mano pequeña. saliendo a la luz de la luna—.

ahora que iba a dejarlo solo. Le tembló la barbilla. El piso estaba sucio y una estufa herrumbrada. Tuvo que ignorar el estado de la cama en la que metió a Willy. Willy. y apretó los labios.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR La casa de Collinson era un chiquero. Agatha? —Sí. Los platos sucios con restos de comida en descomposición. —Ahora estarás bien. Había ropa sucia tirada por todas partes.102 - . ¿verdad?Willy tragó saliva y asintió. Alvis Collinson. no te olvides de pasar por mi tienda a saludarme. Le asomaron lágrimas a las comisuras de los ojos. por tratar a este niño hermoso como si no desearas que viviera. Le pareció que llevaba el hedor de las sábanas pegado a la nariz en todo el trayecto hasta la casa. Debo hacerlo. viciaban el aire. Agatha se arrodilló junto a la cama y le apartó el cabello de la sien. Tuvo que contenerse para mantener los ojos secos. Que tu alma arda en el infierno. Se le resbaló una lágrima por la mejillla. Los luminosos ojos castaños le dijeron que la valentía estaba esfumándose. —¿Te vas. sintiendo que el corazón le estallaba. —Cuando visites al señor Gandy. mientras que yo daría mi cadera sana por tener uno como él. . El niño no respondió. —Lo harás. Agatha se inclinó y lo besó.

—Esto es un dedal. —Así es. anhelantes los ojos castaños. —¿Eh? —Lleva el balde para juntarlas. —Willy. un momento después. para luego responderle—: Piedras. ¿ves? Desde que tenía la máquina de coser. Se dio la vuelta. —¿Para qué sirve? —Para empujar la aguja. Miró en el balde y luego los moldes que faltaban. Entró cinco minutos después. —Vas a necesitar más piedras. Sacó las que quedaban y se lo dio. Eligió varias piedras de un balde de hojalata para hacer de pesas sobre el tisú. simples piedras. excavando con un palo. se había suscrito al periódico de modas Ebenezer Butterick y encargó veinte moldes de papel tisú que entusiasmaron a sus clientes y ya le habían encargado varios vestidos para confeccionar. Los ojos del niño registraron con cuánto cuidado apartó cada pieza cortada. el niño ya corría hacia la puerta. Mientras continuaba trabajando. el mentón en las rodillas. tenía pocos conocimientos básicos. Sin embargo. Le respondía a todas las preguntas con paciencia. cómo odio dejar de trabajar para salir a buscarlas. Agatha. Agatha oía abrirse la puerta trasera y. —Fingió un ceño preocupado—. Miró en el balde. cargando orgulloso el balde lleno de piedras sucias. ¿ves? —¿Qué es esos? —Qué son esos —le corregía.. Y si bien todo le despertaba curiosidad. él estaba junto a su codo preguntando: —¿Qué es eso? ¿Por qué haces eso? ¿Para qué es? La educación del pequeño había sido bastante descuidada.103 - . el trasero curvado casi en el suelo. Willy. para verlo en cuclillas. Willy observaba con atención mientras Agatha cortaba la falda. el cabello pegado de un lado. alzaba la vista a menudo y miraba por la puerta trasera.. Willy se convirtió en visitante habitual de la sombrerería. ese día estaba cortando el primero de los tres vestidos de cancán rojos y negros. Oh. sin quitar el molde ni las piedras.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 8 En una semana. complacida por el modo en que los ojos se le iluminaban a cada cosa que aprendía. Con la barbilla en el borde de la alta mesa de trabajo. —¿Qué vas a hacer con ellas? —Sujetar los moldes mientras corto alrededor. —¡Yo iré! Antes de que la sonrisa se dibujara en el rostro de Agatha. .

—Se rascó la cabeza con vigor. —¿Para qué sirve? —Para marcar. y las sequé. con una barra de zarzaparrilla. preguntó—: ¿Qué es eso? Apuntó con un dedo regordete. Es un trabajo pesado: no sé cómo hacíamos antes de que tú anduvieras por aquí. —Polvo de tiza. —No alcanzo. y pídele a Violet un penique. —¡Aquí están! ¡Lo hicí! —Lo hice —corrigió. y salió a ayudarlo. orgulloso. Todas limpias. agregó con severidad—: Y procura lavarte las manos. moviendo la barra de . —¡Eh. Willy se puso radiante. donde había secado las piedras. Chupándola. ¡y secas. Dile que yo dije que lo ganaste. —¿Quieres una chupada? Apuntó la barra en dirección a Agatha. —Y lo hiciste muy bien. Agatha imaginó los ojos brillantes de Willy siguiendo las manos de Violet que buscaba en el cajón del escritorio. —Tiene razón. comentó: —Tendremos que conseguir un pequeño taburete para que puedas subirte. ¿Y qué fue lo que hiciste para ganártelo? —Junté unas piedras y las lavé... Agatha examinó las piedras con grandes aspavientos. Sabiendo que raras veces recibía dulces. Mientras se agachaba para juntar agua del profundo barril de madera. pero lo depositó. excitada. y no tuvo corazón para rechazarlo. con las mejillas arreboladas como manzanas de otoño. Salió afuera y regresó tras unos segundos. Dice que te diga que lo ané. comprendió el valor del ofrecimiento. —¿Qué es una pinza? —Una costura que une parte de la tela y le da forma al vestido. un minuto después. ¿eh? —Antes de entrar.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Llévalas otra vez afuera y lávalas.104 - . se oyó golpear la puerta del frente. Cuando volvió. —¿En serio? —fue la respuesta de Violet—. Un momento después. —Ah. al mismo tiempo. —La metió otra vez en la boca y. Agatha sonrió al oír la voz aguda. Dios mío! Ve al frente. —¿Qué es marcar? —Así se dice cuando señalo los sitios donde tengo que hacer una pinza. —Zarzaparrilla. Se quejaba y resoplaba cargando el balde pesado. —Mmmm. la ropa sucia exhibía manchas húmedas. como un loro. a los pies de la mujer. Violet! Agatha dice que te pila un penique. más feliz de lo que recordaba haber estado nunca. ocupó de nuevo su lugar junto a la mesa de trabajo. Estaba de regreso en menos de cinco minutos. Giró sobre los talones y se precipitó a través de la abertura de la cortina. —Lo hice —repitió. Agatha rió. para que no ensucien la tela.

pero pocos de los clientes de Gandy. —¿Ves? —le dijo al niño. conducidas por Agatha. colgó un cartel que ofrecía palomitas de maíz gratis. de inmediato. terminando.M. La noche que ella distribuyó panfletos titulados: «Ayudemos al vaquero libertino del Oeste». le hizo una seña a Ivory que. A medida que pasaba el tiempo. Las horas que pasaba ahí se convirtieron en las más luminosas del día tanto para ella como para él. cada uno de los cuales tenía un significado. Enrolló la pieza del molde y sacudió la tiza sobrante en el frasco de vidrio. Estableció una rutina de visitar cuatro tabernas cada noche. comenzó a presentarse con las manos más limpias. Se hizo el propósito de participar en cualquier grupo. Usaba la misma ropa todos los días. Cuando dirigió a las señoras en la canción: «Los labios que toquen el whisky no tocarán los míos».C. Era lo bastante innovador para no perder ninguno. Alvis Collinson no atendía al hijo mejor que antes. de pie detrás de la barra. él ofreció un vale por un baño gratis en Cowboy's Rest. Se rascaba la cabeza sin cesar. Espolvoreó con cuidado el fino polvo de tiza sobre ellos y lo frotó antes de quitar el molde.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR zarzaparrilla en la lengua como si fuese el émbolo en una mantequera. entró con el acompañamiento al piano. Sin embargo. Las únicas marcas en el papel fino eran agujeros de diferentes tamaños. las marcas sucias que dejaron los dedos del chico. menos en aquellos que incluyesen a Evelyn Sowers. acusadora. «La Fe de Nuestros Padres». Observaba con atención las manos de Agatha—. si no te lavas esas manos pegajosas. puso una lista de las bebidas más nuevas que se podían adquirir en la Gilded Cage: brebajes con nombres misteriosos como ponche de ginebra. clericó de jerez. Pero el resto de su persona todavía era una mugre. —¿Alguna vez me dejarás probar a mí? —Hoy no. más hombres firmaban el compromiso de abstinencia. suponía. La noche en que Agatha se instaló en la puerta y leyó en voz alta trozos de «Diez noches en una taberna». ¿Tienes que hacer pasar la tiza por esos agujeros pequeños? —Exacto. Por las noches. la atención que a Willy le faltaba en la casa la encontraba en el taller de Agatha. continuaba la tarea en la U. mint julep. dejando una serie de puntos blancos claramente marcados. timber doodles y blazer azul. Cuando las damas. dirigió a toda su clientela en la versión más vehemente que . no sirvió de nada. A partir de ese día. Gandy. Aunque Agatha habló con el reverendo Clarksdale. en la Gilded Cage. cantaron el clásico cristiano. Despedía un olor terrible. El trabajo se había vuelto entretenido. Willy se rascó la cabeza y masticó lo que le quedaba de la zarzaparrilla. Y seguro que no. sangría. a cambio de cada panfleto que se entregara en el bar. como las agujas del reloj. —¡Jesús! —¿No es increíble? También ella estaba aún maravillada por los moldes nuevos y la máquina de coser. ¡Y mira el borde de la mesa! Observó.T.105 - .

los codos apoyados en la superficie lustrosa. Levantó el sombrero y sonrió. por favor —repitió. la bolsa del keno se duplicaría. Se le puso el cuello rojo: en el Estado de Kansas ninguna mujer decente se dejaría sorprender en un lugar como el Cowboy's Rest. la mujer entró en el Gilded Cage y se encaminó directamente a la barra. El chaleco color jengibre estaba inmaculado. ¡dentro o fuera de la iglesia! Cuando el «Amén» se perdió. Ni ella ni Gandy tenían el menor inconveniente para enfrentarse con la más absoluta amabilidad mientras intercambiaban desafíos. esa noche. se sacó el cigarro y amplió la sonrisa. —Aquí tiene. Si no estoy yo. antes de que se reunieran los parroquianos de Gandy y las luchadoras de Agatha. Se dio la vuelta para marcharse. ¿qué la trae tan temprano por aquí. —Bueno. dale a la dama un vale para el baño. —Creo que la mejor hora para ir al Rest es a la mañana temprano. —Debo suponer que habla en serio.. Agatha ya no pensó en la mitad lívida de la cara sino en lo apuesto que sería antes de tener las cicatrices. Al pasar junto a Gandy. señorita Downing. Gandy estaba en la parte más cercana. con los codos apoyados. sobre el hombro: —Jack. Pero Agatha había llegado a disfrutar del intento de superarlo. —Por cierto. Mi vale. Creo que el aviso dice un panfleto por un vale. señor Gandy. Pero contestó con gentileza: —Lo tendré en cuenta. —Oh. señor Hogg. Asintió. —Gracias. señorita Downing? Siempre la llamaba «señorita Downing» cuando había otros cerca. Agatha le entregó una copia de «Ayudemos al Vaquero Libertino del Oeste». no cabía duda de que era innovador.106 - . y ordenó. antes de que los vaqueros se levanten. Los hoyuelos. Tengo una camisa rota bajo el brazo que necesitaría unas puntadas de su máquina. Gandy adoptó la pose de antes. El hombre tomó el panfleto y lo hojeó: —No pretenderá que lo lea. le sonrió a Agatha y anunció: —¡Sardinas gratis en el bar! ¡Vengan todos a buscarlas! Cuando Agatha pasó el tazón de la colecta pidiendo donaciones para el movimiento. señorita Downing.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Proffitt escuchó jamás.. —Llévela cuando quiera. y la miraba acercarse. extendiendo la palma. Fumaba el cigarro sin tocarlo con los dedos. señor Gandy. —Se volvió hacia Jack—. intactos. Tenía el Stetson bajo. —Lo haré. con formalidad. —Quiero mi vale para un baño gratis. Sí. —Como prefiera. Scott miró el panfleto. Sonó la registradora y Jack Hogg le entregó un redondel de madera. Gandy anunció que. este levantó una fuente del bar: . Una noche. de espaldas a la barra. lo atenderá la señorita Parsons.

M. Jubilee. luego a él: los hoyuelos proclamaban que esperaba que rechazara. Cómo estás. señorita Downing? Miró la fuente. se estremeció con violencia y cerró los ojos. —Y palomitas de maíz. Entraron por la puerta trasera con su estilo lánguido. nuestros cofres están bastante vacíos. Paró. Estoy quedándome sin ideas. La de Jubilee. ¿Quiere otra? Agatha miró con recelo la fila de pescados resbaladizos. señor Gandy? —No sé. Hola Violet. no. . pero para un buen fin. y se la metió en la boca sin vacilar. Las tres rieron y entraron en la tienda. La boca de Evelyn siguió torcida en gesto amargo.T y decirles que estaba haciendo un trabajo para el señor Gandy y sus empleadas. La mujer se lamió el aceite de los dedos—. —Claro. —La semana que viene traeré ostras frescas. —Espiaré por debajo de la puerta y os veré bailar con ellos puestos. jovencito. que deben de ser iguales. —Tal vez lo sea. Evelyn Sowers se crispó y resopló: —¡Haciendo tratos con el enemigo! Agatha esperaba eso. —Riendo. verde turquesa. no lo harás. —¿Qué pasa? ¿No le gustan las sardinas? —¡Qué vergüenza. Agatha. charlando y riendo.107 - . —Levantó una ceja y alzó la fuente—.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Quiere una sardina. Odiaba el pescado. Masticó. Agatha hizo un gran esfuerzo para no mirarla fijo. la de Ruby. que les da a los clientes pescados salados como los siete mares? —Ni la más mínima. el hombre dejó el plato. Agatha decidió que era mejor ser franca con las compañeras de la U. ¿Qué se le ocurrirá a continuación. Con gesto cariñoso. El diez por ciento de todo lo que gane con el señor Gandy será para la causa. Willy se apartó de Agatha y corrió hacia ellas. pero no discutió más. gracias. No son tan saladas. Jubilee lo tomó del hombro y lo hizo girar: —Oh. Me gustaría. pero sí una exquisitez. Como saben. La de Pearl era rosada. señor Gandy! ¿Acaso no tiene conciencia. Pero requirió un gran control de sí misma para no hacerlo.C. —¿Os probasteis los vestidos nuevos de baile? Ruby pellizcó la nariz de Willy: —Seguro. con las batas puestas. —Supongo que lo llamará libre empresa. —La expresión era totalmente amistosa y triunfal—. señor Gandy. —Hola. Willy. Masticó otra vez y tragó. pero tomó una de la fuente. púrpura. ¿Y usted? Agatha no rió. Pearl y Ruby fueron a probarse los vestidos.

Nunca pudo usar zapatos de tacón alto. las tres tenían puestas botas de tacón alto. —¿No es cierto? —lo corrigió—. Agatha se puso a la tarea: —Los vestidos están listos para probar. Quedarán deslumbrantes. Verlos era casi tan divertido como usarlos. para poder ajustar bien los ruedos. cuando están en camino. Pearl revolvió el cabello de Willy. Ruby apoyó un puño en la cadera en una pose de falsa suspicacia: —¡Bueno. y qué atractivos se veían los tobillos femeninos con ellos. Jube se inclinó y apoyó la frente contra la de Willy: —Bonito bribón estás hecho tú. —¡No me digas! —¿No'e cierto. confiado: —No. Pero. —¿Qué pasa con él? —Quiso hacerme creer que. Willy no se sintió amenazado.108 - . Jubilee y Ruby estaban de pie sobre la mesa de trabajo mientras Agatha y Violet marcaban los ruedos con tiza. que asegura que. se volvió hacia ella. Agatha? Excitado.. esperando su turno. Más risas. —¿Conocen a ese vaquero llamado Slim McCord? —preguntó Jubilee. —¡Ese alto. con la nariz como una zanahoria! —Ése.. —Rüby adoptó aire pensativo—... imagina eso! —Y Agatha dice que me conseguirá un taburete para que yo pueda ver sobre la mesa y para que alcance hasta el barril de agua. Lo eran.. Agatha no pudo evitar envidiar a las muchachas cuando se los pusieron y exhibieron sus cinturas de avispa que realzaban los corsés con ballenas en forma de cucharas en el frente. Sonrió y movió la cabeza. Pearl haraganeaba en una silla. no. Más aún sobre esos cuerpos exquisitos. te escaldaré el trasero. —Los trajo y los colgó de una barra alta—. Pearl. cuando se queda sin . Todos rieron. A petición de Agatha. Ya lo creo que me ayudó. Con el rabillo del ojo. ¿qué opináis del viejo Cuatro Dedos Thompson. —Si te pesco. —¿Vosotras lo creéis? —Mmm. Con los brazos en jarras. y ellos no te dejarán. Pone los pesos sobre los moldes que yo pongo sobre las telas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Sí. Yo. lo haré. Violet agregó: —Y ayuda a que los frunces no se ricen mientras Agatha y yo los formamos. a veces. ¿eh. El chico alzó los ojos hacia ella: —He ayudado a Agatha a hacer vuestros vestidos. Pearl comprobó si Willy la escuchaba. Willy Collinson? —Eso dice Agatha. hace tanto calor que tienen que sumergir en baldes con agua los frenos de los caballos para que no les quemen la lengua. flaco. —¿Cómo sabes que no? —Porque iré corriendo a contárselo a Scotty y a Agatha.

109 - . según Duffield. se interesaban por Willy. Adiós. y se rascó. Se puso el gusano en la rodilla y se rascó la ingle. junto con los otros empleados de la Gilded Cage. —Ya terminamos. Agatha. además. y se apresuró a agregar—: Bueno. Tengo un vale. Hasta luego. y miró de soslayo a Willy—. clavas una cadena en la punta de un poste. en el Cowboy's Rest. Willy saltó como si. —Pa no me hace —lo corrigió. yo creo que lo necesitas. —Tengo que ir a ver cómo cargan las vacas en los vagones de ganado. y Willy se abalanzó alegremente sobre el regazo de Pearl. Willy? Giró sobre el trasero. Entró y lo vio de cuclillas frente a la caja de seguridad. ¿Sabes cómo. contando un fajo de billetes. esta tarde. Violet. —¿Por qué no? —Pa nunca no me hace bañarme.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR sal en la carreta. Agatha llamó a la puerta de la oficina de Gandy. Willy? Negó con la cabeza. lame el sudor del caballo en la montura? Fascinado. —Bueno. —Pearl hizo una pausa dramática. —¿Te gustaría darte un baño. y se rascaba el cuello. de pronto. —¡Escuchad esto! —exclamó Pearl—. enfático. A Agatha le encantaba tenerlos en la tienda. —¡Odio los baños! —afirmó Willy. Se enderezó y lo vio arrastrarse de un dedo índice al otro. pues debería. —¡Un baño! ¡No me daré ningún baño! Agatha y Violet intercambiaron miradas severas. —¡Ah. Willy no se perdía palabra. trepaba por el marco de la puerta. Doblado por la cintura. —Sin embargo. Dejó el gusano en el suelo y se rascó la cabeza. El viejo Duffield me preguntó: «¿Sabes cómo averiguar cuándo se levanta viento en Texas?». Las chicas siempre llevaban consigo un aire de festividad y. observaba al insecto arrastrarse por su bota. . Pearl! La muchacha le revolvió el pelo y sonrió. estabas burlándote de mi. No tienes más que dárselo al señor Kendall. sin acordarse del gusano que. queda derecha. Se escapó. El baño es importante. y se rascó la axila. y podrás tomarlo gratis. Cuando terminó la prueba y se marcharon. Willy estaba sentado en el umbral de la puerta trasera jugando con un gusano verde y rascándose. Se puso de pie de inmediato. a las cuatro y cuarto. para entonces. Todos rieron. puedes esperar mal tiempo. —Soy yo. Esa tarde. —Pase. todo pareció muy aburrido. y cuando sopla viento calmo. hubiese recordado algo. Cuando el último eslabón se suelta. —Creí que estaría probándoles los vestidos a las chicas.

. —¿Willy? —Hiede. al comprender la renuencia del hombre a que lo sorprendieran demasiado encariñado con el muchacho. —Sí. Agatha sonrió. —Bueno. ¿Cuánto tiempo hacía que no disfrutaba de una barrita de orozuz? —Gracias. señor Gandy. Gandy le lanzó una mirada fugaz al redondel de madera. y luego miró fijo a Agatha. Gandy. —Se trata de Willy. con los vestidos no. Gandy dio otro mordisco al dulce. Cuando le sugerí que fuera solo. Reaparecieron los hoyuelos y una sonrisa burlona: —Me temo que tendrá que ir al Cowboy's Rest para eso. . se sirvió una barrita y le ofreció: —Tome una. —Para Willy —explicó. cosa bastante obvia. salvo un alto frasco de vidrio con barras negras de orozuz en un rincón del escritorio. —No quiere ir. sin pensarlo. Vio que miraba las barras de orozuz y se apresuró a explicar: —No sólo son para él: a mí también me gustan. —Quisiera cambiarle esto. En los labios del hombre jugueteó una sonrisa torcida. Todo parecía igual. —No. Agatha mordisqueó la propia y observó. en la giratoria y.110 - . siéntese. —Es un ángel. —Ordéneselo. Alzó la vista y puso el vale de madera sobre el escritorio. —Mándelo allá. Creo que ha estado visitándolo con regularidad. salió corriendo a ver cómo cargaban el ganado. —Hizo una pausa elocuente—. Ahuecó las manos y apoyó el mentón en ellas. Como para demostrarlo. ¿no es cierto? Los ojos de Agatha siguieron el recorrido de los de Gandy.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Cuándo estarán listos? —En uno o dos días. Había sacado el cigarro por la mitad cuando se dio cuenta de lo que hacía y lo guardó otra vez. arrojó la pila de billetes al escritorio. destapó el frasco. Gandy asintió y rió. me imagino. —¿Hay algún problema? Con gesto despreocupado. Gandy tapó el frasco. —Ah. Aquí no damos baños. Tenía la negativa en la punta de la lengua. que antes no estaba. ni su padre. Y necesita más un baño que cualquier otro ser humano que yo haya conocido. —¿A usted también? —Sí. masticando.. distraída. Todos los días. Willy dice que el padre no lo hace bañarse. metió la mano en el bolsillo del chaleco. la blanda barra pegajosa en los dedos. —No soy la madre. y los ojos se posaron en el frasco. mordió el dulce y se sentó otra vez. pero la boca se le hacía agua. ¿De qué se trata? Se sentó en el borde de una silla de roble. ese Willy es un personaje.

. ¿tuvo piojos alguna vez? —Claro que no. disgustado. Agatha prosiguió. cerca de la ventana. serena: —Yo lo llevaría. Las mujeres no vamos a los baños públicos. En el rincón. sin rodeos: —Tiene piojos. Agatha —le aconsejó. habrá que frotarle la cabeza con queroseno. se dio la vuelta y la señaló con la barra de dulce ablandada—. —¿Lo picó una mosca. Gandy tiró el suyo sobre el escritorio. ¿no es cierto? Gandy adoptó una expresión colérica. ¿No lo ha notado? —Yo. Yo tampoco soy el padre del chico. —¿Por qué tengo que hacerlo yo? —preguntó.. Los piojos se quedan y chupan. ¡Lo haré! Abrió los ojos. —Gandy se levantó de la silla y se alejó de Agatha lo más que pudo. que se lo dé Collinson. Las moscas pican y se van. —¡Piojos! Apabullado.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Y qué quiere que haga? —Willy iría con usted. Podría llegar a convertirse en una molestia espantosa. De todos modos. —Tenía un aspecto ridículo en el . —Entonces. entonces? Tenía el poder de hacerlo contestar lo que no quería. —¡Está bien! ¡Está bien! —Cerró los ojos con fuerza. Se mueven constantemente sobre la persona. ¡Maldita mujer! ¿Por qué no lo dejaba en paz? Gandy comenzó a pasearse y a mesarse el cabello. —Espere un minuto. —Señor Gandy. usted lo sabe.111 - . —¿A quién no? Teníamos perros y gatos cuando yo era niño. en gesto de rendición—. —No se mate.. Agatha se sacudió una pelusa inexistente de la falda y dijo. —Adora el suelo que usted pisa. se puso ceñudo y dirigió la mirada hacia un rincón del techo y maldijo en voz baja. No conviene que se encariñe conmigo. usted va bastante a menudo. pero no pienso atender a ese golfo y llevarlo a todos lados como si fuese mío. y alzó las manos. ¿no? Dio otro recatado mordisco al orozuz. —¡Jesús! —farfulló. —Dejé el vale para pagar el baño. Yo me ocuparé de eso.. Agatha habló sin alterarse: —Eso sería lo mejor. sarcástico. —No me molesta que venga de vez en cuando. —Y la ropa necesita una lavada. exasperado. —Se rasca sin cesar. Agatha sonrió: —Antes. Si necesita un baño. Gandy miró a Agatha. pero no es apropiado. sabe que estar infestado de picaduras no es lo más agradable del mundo. —¡Conmigo! Gandy alzó las cejas. Y tampoco voy a quedarme siempre en este pueblo.

muchacho. Gandy.112 - . el brillo sorprendente del cabello caoba rojizo. ¿cómo iba a ganar? —Es la suerte. Gandy. Hasta entonces. —Agatha. Estaba deliciosa. halagadora. manipula mi conciencia y luego se ríe de mí! —¿Qué le parece tan divertido? Sin dejar de reír. junto a los fajos de billetes—. en una silla de respaldo arqueado. —Pero si nunca había juegado. Enfadado. —¡Bah! La ganó el humor. sin duda. usted es una condenada fastidiosa.. Willy. Bueno. la línea decidida de la barbilla. —No. El hombre contrajo los puños. En el medio del suelo de madera mojada había dos bañeras. Perdiste limpiamente una partida de póquer de cuatro naipes. arreglado con arte. ¿lo sabía? Le miró la boca y rompió en carcajadas. Se crispó. Esa maldita empezaba a perturbarlo. un tazón de jabón amarillo suave de lejía. en cierto modo. Sólo que en esa mano estaba conmigo. ¿Qué esperas? Gandy se sacó la chaqueta y la dejó sobre el respaldo de la silla. era la ideal para ella. Pero un instante después. a Agatha le daban un aspecto elegante. Imagine que el queroseno es esa porquería que usted vende allá abajo. se precipitó a su apartamento y se miró en el espejo que había sobre el lavatorio. como un ojo de un mapache. y sonrió. dos toallones turcos. nunca se había fijado mucho en polisones pero. Se sacó fuera del pantalón los faldones de la camisa sin desabotonarla. estaban en un cuarto que olía a madera húmeda. Cuando la cola del polisón desapareció. y Willy aún no había levantado un dedo para desvestirse. lo atacó un deseo caprichoso de reír. no perdieron un ápice de atractivo. podrías enamorarte de esa mujer. con esa expresión furiosa. El chaleco de Gandy fue a unirse a la chaqueta. se limpió el orozuz de la boca. con agua caliente que los esperaban. la piel sin defectos. siempre formal e impecablemente cortada que. —Bueno. En una esquina. muchacho. y trató de parecer duro. desnúdate. oliendo a queroseno. —Se levantó—. no es para tanto. con esos perturbadores ojos verde claro. la arrebatadora opacidad de los ojos verdes. y una pila de ropa limpia. Los ojos negros. Willy proyectó hacia fuera el labio inferior. la vestimenta. Ten cuidado.. Hacía años que no comía una. Gandy puso el pan de jabón en el . Repasó uno por uno los atributos físicos: la boca atractiva. los altos polisones. Gracias por la barra de orozuz. —Vamos. también de madera. Agatha le sugirió sobre el hombro: —Limpíese la boca. y el hombre alto y fornido oliendo a cigarro. Se observó a sí mismo en el espejo. El delgado muchachito. Los labios contraídos de Gandy estaban rodeados de un anillo negro. ¡Maldita entrometida! Viene aquí. —Me engañaste. Pensó en silencio unos momentos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR escritorio. Y creo que Agatha te explicó que no digas más «juegado». y no es de ésas con las que se puede jugar.

Después. como . —Bueno.. La cabeza me arde.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR suelo y se sentó para sacarse las botas. Gandy rió y le preguntó: —¿Ya estás listo para meterte en el agua? —Si no hay más remedio. La barbilla aplastada. salpicadas de áspero vello negro. ya hace casi una hora que no fumo. El cabello revuelto le daba la apariencia de una vieja gallina rubia que hubiese recibido demasiados picotazos de las compañeras. me hiciste trampa. El labio inferior del chico tenía dos veces el largo habitual. Refunfuñó sin levantar la vista. no tenía otra cosa: los cordones de las botas eran una serie de nudos. Las botas mismas parecían listas para la basura desde un mes atrás.. Willy hacia arriba El pene de Willy era como una diminuta bellota rosada. junto al chico: —Déjame ver. duras. y para evitarlo. el torso de Gandy. En verdad. como cerillas. le derritió el corazón. Con las caras a escasos milímetros de distancia. Scotty. Las costillas de Willy. —Pues.. estiró un puño a ciegas y lo golpeó en la rodilla. Gandy hacia abajo. Aun oliendo a queroseno y a pies sucios. me parece que vi a cuatro mofetas hembras arrastrándose hacia la puerta. —No me importa. muchacho. Gandy le dirigió una sonrisa afectada. Cuando se las sacó. Igual. y si no quieres salir volando como fuegos artificiales. el olor estuvo a punto de voltear a Gandy. en este mismo momento! Esta vez. —Teno un nudo. la carcajada de Willy escapó antes de que pudiese ahogarla. —Al semblante de Willy volvió la expresión angelical—. —¡Tampoco! —¡Uff! ¡Me quitas el aliento! Si no eres tú. en gesto de fastidio. como una marimba. Alzó la cabeza y dio un empellón con todo el cuerpo contra el pecho de Gandy. —No puedo. Otro golpe. —No —farfulló. el de Gandy. Gandy lo miró por el rabillo del ojo y rió para sus adentros. Era la segunda vez que Gandy tenía a Willy en sus brazos. escondiendo la barbilla en el pecho y tratando de cubrirse la boca con la muñeca. entonces. se desnudaron. Gandy se apoyó en una rodilla. Está demasiado apretado. Uno al lado del otro. Cuando terminaron se miraron cara a cara.. —Muchacho. llena de hoyuelos: —¡Jesús. dio otro golpe a Gandy que lo hizo perder el equilibrio. Sin otra prenda puesta que el enterizo hasta la rodilla. Las piernas del niño. Willy se sentó en el suelo y comenzó a sacarse las botas que tenían las puntas curvadas. —¡Por el amor de Dios. Haciendo pucheros. hueles como la guarida de un jabalí salvaje! Willy rió con disimulo. No cabía duda de que Willy tenía un nudo. desátalo. ¿quién puede ser? A Willy le dolía la cara de contener la risa. por lo menos como una mofeta. las del hombre largas. no. será mejor que te metas en esa bañera y te quites el queroseno.113 - .

hizo que se llevaran el agua sucia y trajeran otra limpia. vamos. —Métete para calentarte. Miró sonriente la cara que estaba a la altura de su ombligo.. Scotty —se oyó.. —¿Ruby? ¿Qué dice? —Dijo que le gustaban los hombres con grandes garrotes. se parecían mucho. . de un castaño intenso y largas pestañas. —Escarba bien esas orejas. sonrió... también detrás. agradecido. ¿qué es lo que te crece aquí dentro? Ya es hora de cosechar. —Y no sólo dentro. Los ojos de los dos. —Willy. y como es mi amiga. apoyó el codo en la rodilla levantada y se dispuso a la tarea. El chico rió otra vez. Willy se arrodilló. pero tendría que haber traído una pala. toma un baño al menos una vez por semana. Tomó un puñado de jabón. —Eres divertido. —¿Y si me quedo surdo? N'os bueno que se te meta agua en las orejas. junto a la bañera—.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR un saco repleto de avena. cuando metió sus largos miembros en una de las bañeras. con los codos hacia el techo. —pensó el hombre—. siguiendo las indicaciones. echándose hacia atrás con las manos en las caderas.114 - . ¡Y el pelo. quiero gustarle. en sordina. se aferró al borde de la bañera y se inclinó sobre ella. ya pasó. Gandy tocó la nariz del niño. Cada una de las vértebras sobresalía como un guijarro en una orilla de la que el agua se retiró. —Si quieres agradar a las damas. de nalgas tan diminutas como hogazas de pan sin leudar. El trasero. Se enjabonó y se enjuagó. ¿me pareceré a ti? —Es probable. mientras Willy se sentaba a lo indio en la otra. se acomodó entre los tobillos mugrientos.. disgustado. muchacho. pero un elogio tan insignificante de parte de un pequeño lo hizo profundamente feliz. —¿Tendré un gran garrote? Gandy rió. ¿me oíste? —Lo haré —repuso el niño. Las manos anchas de Gandy parecían tan oscuras en contraste con la palidez de Willy. Era extraño. puro piel y huesos. si la habría bañado en caso de estar viva.. alzó los brazos y curvó los hombros. Willy los levantó: —Cuando sea mayor. ¿no crees? Willy gorgoteó. ¿dónde escuchaste semejante palabra? —A Ruby. Pensó en su propia hija. Olvídalo. Hubo algo de honda satisfacción en frotar la pequeña cabeza. —Se apoyó en una rodilla. La cabeza primero. los antebrazos tan poderosos junto al cuello flaco. Dobló hacia atrás una oreja de Willy y escudriñó dentro: —Muchacho. por Dios! «¡Qué facha!. Gandy. El mismo Gandy tembló. Cuando el cabello quedó limpio. para mostrarle al niño cómo se daba un buen baño. Ahora. —¡Date prisa! —Estoy haciéndolo. piel de gallina y suciedad».

—¡Jesús.! —Willy se transfiguró al ver la pila de ropa plegada. Sonrió. Aunque fingía que no lo estaba. y pensó en ella. Gussie. con la barbilla y los labios bajo la superficie del agua. . El chico estaba doblado hacia adelante. Bueno. claro que hacía la campaña junto con las demás. pero con un respeto subyacente hacia todo aquel que se ganara primero el respeto de ella. todas las noches. Una mujer poco común.. admitía que Gandy tenía todo el derecho de hacer su negocio. Sí. pero. Los habría criado mucho mejor que un réprobo como Collinson. Cuando lo pensaba. sacó un brazo largo. —Gandy indicó con la cabeza al costado—. echándose distraídamente agua sobre el pecho.. y holgazaneó contento. Se puso a pensar en otra de las dicotomías de Agatha. Los ojos de Willy no se apartaban de la silla y se puso de pie: —¿Puedo salir. Dejó las manos quietas. La cabeza de Willy emergió de golpe.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Te aseguro que no quedarás surdo. y dice que yo tamién puedo llamarla así.. Era una pena que no hubiese tenido hijos. repartía panfletos y pedía firmas para un compromiso de abstinencia. Ahí en la silla. me revisó las orejas y. y tratando de adaptar el sobrenombre al rostro. pero en su caso estaba atemperada por una firme convicción de que el ser humano tenía derecho de vivir como mejor le pareciera. —Creo que quería darte una sorpresa. —Sí. ¿Gussie? Se respaldó en la bañera. ya? —¿Estás seguro de que te frotaste hasta quedar limpio? Willy alzó los codos y revisó fugazmente cada axila.. Gussie me revisó las orejas y dijo que. —Está bien.. Dice que cuando era pequeña la mamá siempre la llamaba Gussie. Moralista hasta la exageración. los ojos dilatados de escepticismo.. —Sí. Lo encendió. Tenía un modo divertido de desafiarlo en lo que se refería a la templanza. por un lado.. y le chorreó el agua por el mentón—. —Eso es lo que dice Gussie.115 - . —¿Quién es Gussie? —Agatha. en ocasiones la sorprendía observándolas como si le parecieran las criaturas más maravillosas de la tierra. se secó los dedos y sacó un cigarro del bolsillo del chaleco. con los míos. en el Gilded Cage. cantaba... Y el niño. Echó una mirada a Willy y rió entre dientes. Había llegado a esperar impaciente la aparición de Agatha. Era muy buena con él. con las rodillas emergiendo como montañas. Gandy sólo oyó trozos de lo que Agatha había dicho.. por otro. los brazos en el borde de la bañera. se detuvieron. —¿En serio? —Pantalones y camisa. le parecía admirable. Lanzó una nube de humo hacia el techo. igual que los demás propietarios de tabernas del pueblo. Claro. —Agatha te hizo unos trapos nuevos. que frotaban el pecho. No me dijo nada. —¿Gussie? Las manos de Gandy. y disfrutaba cada minuto del baño. Estaba fascinada por Jubilee y las chicas.

Gandy se puso su propia toalla en el hombro y se acuclilló. ¿Y los zapatos? —Ah. las orejas. —¿No son preciosos? —Se miró. Agatha les había pasado un cordón por la cintura para ajustarlos. Los pantalones eran de muselina azul.. —Yo sí.. —¡Vamos. Willy se tiró al suelo y se puso las botas en los pies desnudos: no había llevado calcetines. —¿No te parece que tendríamos que peinarte? —Yo no traje peine. Willy ni pensó en la ropa interior.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Un trasero resplandeciente apuntó hacia Gandy y dos talones mojados resonaron sobre el suelo. Todavía estás chorreando. apresúrate! Gandy rió para sí y se apresuró. —Date prisa. Estaba hecha de zaraza rayada y las mangas eran demasiado largas. Scotty.. se soltó de las manos de Gandy—. Afuera. Willy tironeó y fue hasta Gandy mirándose el vientre. pero espérame. tengo que ir a enseñárselo a Gussie! —No tan rápido. muchacho. Willy podría haber roto la . —Está bien. lo peinó hacia atrás encima de las orejas y en una pequeña cola en la nuca. Los botones impedían que los puños resbalaran por las manos pequeñas de Willy. de pronto. en los pantalones nuevos. Ven aquí. Cuando terminó. me reconocerá. Pero. eso. lo sujetó de los brazos para inspeccionarlo. —Sí. metió lo que sobraba para adentro. la tiró en un charco y se fue en busca de la ropa. Si no hubiese sido así. muchacho. Gandy sonrió y lo soltó. ¡Eh. —Primero. no veía otra cosa que la ropa nueva que lo aguardaba en la silla. Mientras Gandy lo zamarreaba para un lado y para otro secándole la espalda. el muchacho estiraba el cuello hacia la silla como si su cabeza estuviese montada sobre un resorte. con una palmada en el trasero. Espera un minuto. —Luces muy elegante. las axilas. Una vez vestido. La camisa cerraba por delante con botones de nácar. y lo sujetó de las caderas. con el niño entre las rodillas. maravillado pero. —Eh. métete la camisa dentro y después lo ataremos. —Átame. Gandy sonrió con disimulo y obedeció. —Agatha no te reconocerá. no tan rápido. Apoyó las nalgas en el borde de la silla y se metió. le arrojó una a Willy y se levantó para usar la otra. Scotty. Dividió el limpio pelo rubio con cuidado y lo acomodó en un arco perfecto sobre la frente. al parecer. Gandy se sentó en la silla de respaldo curvo con un Willy impaciente entre los muslos. El chico dio unas pasadas rápidas a su cuerpo con la toalla enrollada. El día era sereno. impaciente. ¡suéltame! —De acuerdo. —Abotóname. ve. Sonrió al ver cómo temblaba y se acurrucaba. Gandy tomó las toallas..116 - . El chico se apretó la camisa contra el cuerpo con las manos. La puerta del frente de Agatha estaba abierta. el hombre tuvo que alargar los pasos para mantenerse junto al chico. Ató el cordón.

incapaz de expresar en palabras lo que le desbordaba el corazón. oliendo a jabón. pero él no está tan radiante como tú. Cerca.. encima de la cabeza de Willy. nosotros nos bañamos y nos lavamos el pelo y el me trujió mi ropa nueva que tú me hiciste y me ató el cordón y.. El único Willy que conozco es Willy Collinson. Tampoco huele a jabón. Willy. y le ardieron los ojos de alegría. ¿Ves? —Corrió junto a Gandy. si hubiese sabido que iba a recibir tanta atención. como dijo Scotty. Agatha los vio alejarse de la mano. ¿No' cierto? Agatha levantó la vista hacia Scott Gandy. luego. —Ta'. Casi sin aliento.. Los de él tenían una expresión que oscilaba entre la broma y la caricia. Gussie! ¿No'stoy lindo? Agatha dio una palmada y juntó las manos bajo el mentón. Gussie. Gussie! Se le arrojó encima y la abrazó con fervor. Los ojos castaños de Gandy se posaron en los verde claro. Gandy le soltó la mano y retrocedió.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR ventana y sacado la puerta de quicio. con amplitud para que creciera. y la mujer rió y se sonrojó de felicidad. —Necesita calcetines y ropa interior nueva. dijo en silencio. mirando.117 - . Asintió y le apretó los dedos con tanta fuerza que le rebotó en el corazón. junto con ella más había hecho para que esa pequeña alma abandonada se sintiera más feliz y cuidada que nunca en su vida. . El niño se apoyaba en su rodilla y la acariciaba. —¡Dios mío. la habría hecho hace mucho tiempo! —Y me limpié muy bien las orejas. —¡Eh. Pensé en ir con él a la tienda de Harlorhan y comprársela. el niño se dio la vuelta y le hizo un saludo rápido con la mano.. el pecho hinchado mientras se inspeccionaba a sí mismo y alardeaba: —¡Mírame. los dos adultos se sintieron embarazados.. Convencido. la camisa. pero yo no podía abotonarme y él me ayudó. Gussie. de pie junto a ella. las palabras del chico se atropellaron unas a otras. con los labios. Scott Gandy la tomó. Gussie! ¿Dónde estás? Corrió a través de la cortina lavanda cuando Agatha exclamó: —¡Aquí atrás! Gandy lo siguió a tiempo para ver a Willy de pie junto a la silla de Agatha. lo tomó de la mano y tironeó de él—. se separaba del cuerpo pequeño y delgado en picos almidonados. —¿Willy? —Lo observó con expresión de duda. Gracias. Nunca se había sentido tan parecida a una esposa y madre. Willy estampó un beso en la boca de Agatha. Sintió el corazón colmado.. ta 'luego. bueno. De pronto. —Scotty y yo. se palmeó el pecho. Junto a las cortinas. —¡Válgame Dios! ¿A quién tenemos aquí? —Soy yo. Gandy permaneció en la entrada. Gussie. estaba el hombre que. la sostuvo sin apretarla y le sonrió.. Extendió una mano. y me restregué todo y él me peinó el cabello. ¡y me encantan. y negó con la cabeza —.. —Sí.

en la entrada sólo quedaba el ondular de las cortinas. .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Agatha se ruborizó y bajó la mirada.118 - . El corazón le palpitaba como una bandada de mariposas revoloteando en el aire. Cuando alzó la vista.

¡Maldita seas. se refería a algo elegante como el Hermano Jim. —¡Pa. su propio marido ya no le pareciera bastante. Más de una vez Alvis llegó inesperadamente a casa y pescó a Jim merodeando a Cora. siempre fastidiándome para que fuera algo mejor. El fino cabello rubio resplandecía de agua. vaya si se le arrugaba! Esta noche no. se pasó el peine. ¡Muchacho. Tenía tendencia a culpar a Cora de todo. Tras varios intentos. como si sus pedos no apestaran. maldita Cora. saludando con el sombrero a las mujeres. Malditas sean las mujeres. Diablos. justo en la época en que los agentes de tierras comenzaron a desperdiciar esta parte del país dándosela a los extraños. Como si una vez que había probado ai Hermano Jim. Con gran esfuerzo. que viste trajes elegantes cada mañana y camina por la acera hasta su coquetona oficina. Era el . al fin lo logró bastante bien. Ni camisas limpias para ponerme. Y. Cora. ¡Y la nariz de ella también se le arrugaba.. se despertó con los pulgares de los pies palpitando. No hay un desayuno caliente esperándome. Y nadie convencerá a Alvis Collinson de que ese rapaz miserable no era hijo de Jim. Intentó acomodarlo como había hecho Scotty. La mañana siguiente al baño de Willy. de puntillas sobre una silla. y fracasó.. incluyendo la gota. hiciera algo más refinado que conducir vacas.. Alvis. Willy se miraba en un espejo pequeño y turbio que colgaba alto. tuvo el coraje de soltar el cachorro y escaparse. Cuando decía refinado. sobre todo. y tengo que levantarme y hacer las cosas. de izquierda a derecha. como Jefe de Registro de Eventos. pero no se formaron los picos a los costados. porque es tuyo. Estoy hartándome de estar atado por esa espina en el costado. cómo va a sorprenderse papá! Se bajó de la silla. dejó el peine sobre la mesa y fue a la puerta del dormitorio. Intentó otra vez. que ni siquiera es mía.. estoy muy cansada. Cora no podía mirar a Jim sin que se le saltaran los ojos de las órbitas y se le hincharan los pezones. Aparece por este pueblo una vez. que consiguió un trabajo de afeminado. En la cocina. El hermano Jim. Ni una mujer que vaya a buscar carbón y caliente el agua. radiante de orgullo. mira! ¡Mira lo que logré! Alvis miró ceñudo hacia la puerta. Vamos. todas.119 - . Después. en la pared. hizo una raya al costado y lo peinó chato sobre la coronilla. dando forma a una onda como una rosquilla leudada. Metió el peine entre las rodillas y probó con las palmas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 9 Alvis Collinson sufría de gota crónica. ¡sólo una! Así podré darte una tunda y arrojarte a tu rapaz. frotándose el pie dolorido. Hermano Jim. no sirven cuando las tienes ni tampoco cuando no las tienes. por irte y dejarme sin una mujer que me cuide! Los dedos de los pies me palpitan como unas perras en celo.

—¡Yo te compraré botas nuevas! ¿Has entendido. Gussie me hizo los pantalones y la camisa. se balanceó en dos patas y cayó con estrépito sobre las cuatro—.. . ¡Es mía! —¡Vamos a ver si no te la quitas! —Collinson atrapó al niño de la parte de atrás del cuello y lo arrojó contra una gastada silla de madera. —¿Que mire qué? —refunfuñó.. ¡Y deja de moquear! —No me la quitaré. y también los pantalones y la camisa. y Scotty me compró botas nuevas como las de él y me llevó a darme un baño en el Cowboy's Rest.. —Pero son... chico? Los ojos de Willy desbordaron y el pecho se le contrajo en el esfuerzo por no llorar. ya te dije que dejes de moquear! —Pe. sí? ¿Eso hizo? ¿Y qué derecho tiene a meterse con mi hijo. tenía el rostro deformado de furia—.. La posición le provocó una punzada de dolor que subió por la pierna. y también me hizo la camisa. con los puños apretados. Collinson se apoyó en una rodilla y sacó a tirones las botas de los pies de Willy. Primero. ¡Les mostraré a esos altaneros hijos de perra a no meterse en mis asuntos! ¿Dónde están esas botas? ¡Chico. Son un re. ¿Dónde están tus botas viejas? Póntelas. —¿Cómo es eso de que no'as tienes? —Así. Me lo dieron Gussie y Scotty.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR mocoso. ¡Nadie va a decirme que no visto bastante bien a mi mocoso! ¿entendiste? —A Willy le tembló el labio inferior y se le formó una lágrima en cada ojo—. trataba de no manifestar su decepción. —¡Ahora. y me hizo los pantalones nuevos. Collinson lo miró con ojos entrecerrados. la de la sombrerería. vestido con un enterizo mugriento con las perneras cortadas por la mitad. —¿Ah. —¿Scotty? ¿Te refieres a Gandy? ¿El de la taberna? —Sí. Alvis tuvo la sensación de que la gota se le extendía de los dedos de los pies al resto del cuerpo. gustan estas.. eh? ¿No estaba bien vestido para su gusto? —Alvis se puso de pie con esfuerzo —.. Chirrió. no'as tengo. pero me g. —¡Esto! —Willy se acarició los bolsillos del pecho—.120 - . Alvis se levantó. dije! —Descalzo.. —La cara de Willy se ensombreció—.. trae las viejas! —No'as t. ya levantado y vestido. confundido. tengo. buscando los calcetines—. Tiene esa máquina de coser nueva que le compró Scotty. Scotty. y el niño.. —¿Y quién diablos es Gussie? —Agatha... me puso queroseno. Después. Es ella.. y la tapa trasera colgando. —¡Quítatela. enfureciéndolo más aún.. Igual que el Hermano Jim. De pie ante el niño. nos dimos un baño y. ¿eh? —No sé. pa.. Por culpa de ella ese maldito sacerdote vino a meter las narices aquí. regalo de Sc. Revolvió entre las prendas que había tirado junto a la cama la noche anterior. ¿No te gusta mi ropa nueva? —¡Quítatela! —siseó. ¿no? —refunfuñó.

necesitarás tú un baño para lavarte la sangre! ¿Me oíste. Agatha no tenía más alternativa que atenderlo. vas descalzo. sé. dame lo demás. —¡Dónde diablos están todos! Violet todavía no había llegado. Corrió a la puerta del frente y vio a Collinson arrojar la segunda bota por la ventana. ¿Entendido? —A la perfección.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Dónde están? —N. —Lo más probable es que esté arriba. Un pie descalzo se enroscó en el tobillo contrario. Tiene a su viejo que lo cuidará. se mete con los de otras personas. la misma que había metido las narices en sus asuntos una vez. las agitó ante las narices de Agatha—. Los puños de Collinson se contrajeron más e hizo parar a Willy de un tirón. señora. se volvió. durmiendo. el pecho delgado palpitándole por contener los sollozos. con dignidad. —Se pasó de la raya. Antes de llegar. Al oír la voz que rugía desde el salón del frente. levántate. La cresta en el brillante cabello rubio que Alvis ni advirtió. se deshizo sobre las sábanas inmundas. mi nombre es Agatha Downing.. Bueno.. Arrastró los pies hasta las cortinas. las separó y. —Sosteniendo las botas de Willy en una mano. saliendo de la casa. Collinson entrecerró los ojos al reconocerla como esa «perra de la templanza» que los últimos tiempos provocaba problemas. —¡Maldición del infierno! ¿Cómo puedes perder tus propias botas? Willy lo espió.. Mi muchacho no necesita su caridad. Minutos después. deja de meterte! ¡La próxima vez que lo lleves a bañarse al Cowboy's Rest. rabioso. consígase uno suyo. de inmediato. eso lo explica: Como no tiene cachorros propios. —Y una cosa más. La próxima vez que le murmure cosas al sacerdote. Collinson la miró con dureza y luego se dirigió a la puerta abierta. —Se puso en marcha otra vez y se detuvo a preguntar—: ¿Dónde diablos está Gandy? Tengo algo que decirle a él. Ahora. allá arriba. —Señorita —replicó. Agatha se recompuso. no s. Las lágrimas calientes mojaron la suave piel blanca del brazo pecoso. —Perdiste las botas. Collinson cojeaba. Gandy? . —¡Gandy. también.. Le lanzó una última mirada ceñuda. El corazón de Agatha todavía golpeaba con fuerza cuando oyó ruido de cristales rotos. cuando Willy fue a buscarlo a la taberna. —Sí. asustado. Willy se arrojó sobre la cama y libró el llanto contenido. —Ah. a Agatha le palpitó el corazón. dígale que se meta en sus propios malditos asuntos. Tiró la camisa y los pantalones sobre el gabinete de las plumas. y salió por la puerta. la voz áspera gruñó otra vez: —¿Usted es la que llaman Gussie? Con esfuerzo. hijo de perra! ¡Yo le compraré las botas a mi propio hijo así que.121 - . cuando se hizo una bola.

—Las botas que le compré ayer a Willy. —Se pasó los dedos por el cabello. Se acostó de espaldas y exclamó: —¡Oh. bajó hasta los pies descalzos y.. Collinson iba cojeando por el medio de la calle principal. Gandy se despertó con el primer estrépito. —¿Le parece que Willy estará bien? —No sé.. Nunca lo había visto más que impecablemente vestido. fue hasta el salón y abrió la puerta. mirándolo con esos líquidos ojos castaños. Se le ocurrió que sería bueno.. No estaba muy segura de cuáles eran las reglas de urbanidad al enfrentar el pecho velludo de un hombre descalzo.. Gandy recordó a Willy desnudo como el día en que nació. —Aunque tal vez no lo crea. Descalzo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Cabezas curiosas asomaron por las puertas en toda la manzana.122 - .! Jube alzó la cabeza como un perro de la pradera asomando por el agujero. —Eh. Jesús! —¿Qu. miró la bota caída junto a la cama.. papamoscas? ¿O quieres que te arroje también una bota en la ventana? Todas las cabezas se metieron adentro.. a la punta del pasillo. del lado de Jube.. —¿Qué miras.. para empezar. Dejó caer la cara en la almohada y Gandy. Agatha estaba en el pasillo. podríamos quedarnos de brazos cruzados. ya estaba despierto. Collinson es un amor. ¿no es cierto? Lo miró a los ojos. qu'pasa? —farfulló la voz amortiguada de Jube. En la puerta sonó un golpe suave. Se levantó rodando de la cama. con el entrecejo arrugado de preocupación. juntando y separando las manos. Se apoyó en los codos y guiñó los ojos ante el sol de la mañana que entraba por la ventana. Mientras replicaba. Él también arrugó el entrecejo. mmm. nerviosa. y miró ceñudo a Yancy Sales. —¿Qué podemos hacer? —¿Hacer? —¡Maldición. exhibiendo por un instante el vello negro bajo los brazos—. Cerró los ojos y pensó cuánto hacía que no se liaba en una pelea a puñetazos. La mirada paseó de las mejillas barbudas al pecho desnudo.. y preguntándole: . —¡Qué demonios. por fin. no quería encariñarse con Willy!— ¿Qué sugiere que hagamos? ¿Ir a casa de Collinson y preguntarle si maltrató al chico? La irritación de Agatha estalló: —Bueno. desnudo. Se sonrojó. rodando encima de ella. y se puso los pantalones negros. —Lamento molestarlo tan temprano. Arriba.. —¿Por qué no? Vea lo que sucede cuando tratamos de hacernos las buenas samaritanas. apoyado en la puerta de su tienda Bitters.

. enfadado.. en voz baja.... mis p.. ¿Por qué no podría ser nuestro? ¡Seríamos tan buenos con él.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR «Cuando sea mayor. y Willy corrió hacia Gandy. arrodillándose otra vez. Usaba la bata turquesa. Agatha se quedó de pie... puede decirle al señor Gandy que lamento haberlo sacado de la cama. el niño seguía sollozando y hablando entrecortadamente: —Mi c. abotonándose la camisa. Agatha sintió que se ahogaba.. las b. Agatha separó los dedos de los de Gandy y sacó de un bolsillo oculto entre los pliegues del vestido un pañuelo .. Le tocó el dorso de la mano. Se acercó a Gandy. eres tú... —¿Quién es. papá d. ocúpate de la señora Anderton —ordenó Agatha.. camisa n... Agatha captó una visión del hueco entre los pechos y el costado lo suficiente para comprender que había dormido desnuda. veeerteee.. Se sentó en el pequeño taburete junto a ellos y le acarició el cabello. El tono de voz se le agudizó. Willy hundió la cabeza rubia en el pecho sólido y oscuro del hombre con la camisa blanca a medio abotonar. Violet..123 - .. ¡Ah. pero dio a Agatha la amarga certeza de las injusticias de este mundo... me molestó su. sintiéndose impotente y desdichada. —Bueno. con los faldones aleteando. Willy se aferró al cuello del hombre. giró e hizo una salida con toda la dignidad de que fue capaz.! Fue una idea fugaz. Cuando quedaron solos. Él alzó dos dedos. Scotty?. a trabajar. que. —La señora Anderton los examinó con altanería. Agatha! Buenos días. —En cuanto se levante. vino Jubilee arrastrando los pies y se asomó detrás de Gandy bostezando.. no p.. puedo v. —Por favor. que se incorporó con Willy en brazos.. el cabello blanco revuelto. pantalones. Éste olvidó el enfado con Agatha. —¡Sh! —murmuró Gandy. detrás de una vitrina. para probarse el vestido nuevo... llorando y Gandy.. aún descalzo.... Agatha... finalizando con los pies descalzos—.. —Mi p. me dijo q. abrazándolo contra sí... Willy. v... —Tt-tt. los entrelazó con los de ella y los llevó a la nuca del niño. Parecía impresionado. Buenos días... —Escuche. —Me quitó l. tan buenos. Levantándose las faldas.. Este se apoyó en una rodilla y alzó al pequeño lloroso. Agatha.. Sobre el hombro estremecido de Willy su mirada se topó con la de Gandy.. Por fin. venir más aquí a. botas n. nueva y m. En ese mismo momento. ¿seré como tú?». llegaron al mismo tiempo a la tienda: la señora de Alphonse Anderton... —la apuntó con un dedo. Violet. y a ella se le partió el corazón escuchando los sollozos del niño. m. nuevas.. que se entreabrió cuando levantó los brazos con los puños en ristre y ladeó la cabeza. Willy se calmó.. dice que n. —Llévelo a la trastienda.. Menos de cinco minutos después.

LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR perfumado. Cuando lo hicimos nosotros. —Hasta entonces. arriba. Agatha no se creyó capaz de seguir hablando sin romper a llorar ella misma y miró a Gandy en busca de ayuda. con el niño en un brazo. Lo miró el cabello aún revuelto. ¿entiendes? ¿Sabes lo que significa el orgullo? Willy se encogió de hombros. . las mejillas sombreadas por las patillas del día anterior. Seguimos siendo amigos. nunca lo había llamado así. pero dubitativa. Y lamento haberlo tratado mal. Esperó a que Agatha también se levantase. pero lo mandaré de vuelta a la hora de la cena y haré que Ivory vaya al restaurante de Paulie y traiga comida de picnic. Cuando se fueron. Quizás ése fue el momento en que Agatha comprendió por primera vez que estaba enamorándose de Gandy. pero a él no le importó. —Ven. le pasó un brazo por los hombros y los tres fueron hacia la puerta de atrás. En la puerta. Fue un error nuestro. —Pero tal vez sea conveniente que te metas por la puerta de atrás. ¿qué opinas de una barra de orozuz? Sin alzar el rostro. los ojos y los labios hinchados. pero también del niño. Willy. —El orgullo significa sentirse bien contigo mismo. —Se enjugó una lágrima con el pulgar—. —Gracias —le dijo con suavidad—. —No debes culpar a tu padre —comenzó—. creyó que le insinuábamos que no te cuidaba bien. Se volvió. y hacerlo le dio fuerza y una sensación de comunión con él y con Willy—. lagrimeando. respondió con poco entusiasmo: —Puede ser. los ojos de Scott se demoraron en los de Agatha con expresión suave. sosteniendo a Willy. Tu padre quiere comprarte las cosas él mismo.. y te cerciores de no venir cuando tu papá está en la taberna. —Los largos dedos morenos peinaron las mechas rubias sobre las orejas—. quejumbroso. ¿de acuerdo? Y ahora. Agatha se sintió incómoda chocando contra el pecho y la cadera a cada paso que daba.124 - . se preguntó qué podrían hacer Gandy o ella para curar el corazón destrozado del pequeño. —Entiendo. déjame limpiarte la cara. sacó el brazo y le dijo: —Willy bajará después. y rodeaba el cuello del hombre con un brazo pecoso. esforzándose por no llorar otra vez. Ofendimos su orgullo al darte ropa nueva y llevarte a bañar. Gussie? —preguntó. Lo dijo en tono casi inaudible. Mientras le enjugaba las mejillas y lo hacía sonarse. Gandy se incorporó.. mientras Willy miraba de uno a otro. de Scotty y mío. —No. —Ah —dijo el niño. yo también me siento así. los hombros y los brazos que le daban la apariencia de poder vérselas con todos los Alvis Collinson de este mundo. —¿Tú no vienes. Por un momento. —Y en cuanto a que vengas a visitarnos. En ocasiones. Nos vemos después. supo que se había puesto en riesgo doble: estaba enamorándose del hombre. Se puso de puntillas y le besó la mejilla brillante. Willy. no sé qué podría impedírtelo. ¿no es así? Willy esbozó la sonrisa esperada.

recordaba la manera en que había aparecido a la puerta de Gandy. las chicas fueron a hacer la prueba final de los vestidos de cancán. para que estén muy ansiosos. y Jube que Gandy era de ella. El diminuto apartamento parecía sofocante. Estaba destinada a que se le rompiera el corazón por los dos. A nadie le pareció extraña la pregunta. La radiante.C. Lo más probable era que fuese el cancán. bochornosa para comienzos del verano. las muchachas reservaron lo mejor para el final. —se dijo—. los pantalones con el botón de la cintura sin cerrar. pero temió que ya fuese demasiado tarde para apartarlos de sus afectos. el cabello despeinado. Llevó una silla de madera al rellano y se sentó a escuchar la música que llegaba de abajo. los pies descalzos. Jube le restó importancia con un ademán: —Todavía estaba tan dormida que no sé qué dijiste. Además. El olor a estiércol junto al riel de atar los caballos parecía invadirlo todo. Echó una mirada a Jubilee. más hermosa que muchas mujeres después de haber pasado una hora ante el tocador.125 - . pues Collinson había dejado bien en claro que Willy era suyo. Siguió el ritmo con los dedos sobre el muslo y trató de imaginarse a Pearl dando su famosa patada alta con los pliegues de tafeta roja susurrando y ondulando alrededor. tibia y desarreglada del sueño. y Agatha les dio las buenas noches a las damas de la U. La taberna estaba más atestada que de costumbre. Todo el tiempo. y subió las escaleras.T. hermosa Jubilee. De la puerta trasera abierta de la Gilded Cage llegaba una vivaz canción nueva que no conocía. «Sí. ese día. Era una noche tibia. Agatha. abanicándose con un pañuelo de encaje. fieles a su palabra. Recordó el pecho desnudo de Gandy. si tiene a esta gema resplandeciente?» —¿Esta noche bailarás el cancán? —Esta es la noche—respondió Jubilee—. que giraba ante el espejo de pared. ocultando su desencanto. Pero en la segunda función. mientras abotonaba el corpiño ajustado del vestido de Jubilee. Tomó el atajo por la tienda. ¿para qué querría a una como tú. A lo lejos. Las muchachas se habían acostumbrado a ver a Agatha y sus tropas aparecer en Gilded Cage en uno u otro momento de la noche. . en la acera sin ver ni un atisbo de rojo ni una sola pierna en alto. Los haremos esperar. «Gandy ya está destinado. Pero esa noche.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Más tarde. y Agatha aprovechó la oportunidad para disculparse con Jubilee por su brusquedad de esa mañana. yo siento lo mismo. hizo el último viaje al imprescindible. Pensó en Gandy y en Willy: era una locura involucrarse en las vidas de dos candidatos tan improbables. Después de todo el trabajo que se tomó con los vestidos. aulló un coyote. —pensó—. quería verlos lucirse al compás de la música. —Iré más temprano —respondió.M. —¿Irás? —le preguntó Pearl. Tengo ganas de aullar de soledad».

Le pareció que nunca terminaba el alboroto de abajo. más una vela con su candelabro y la muestra que estaba en la pared. y que el bar nunca cerraba. midió cuatro pasos. ¿A quién haré daño? ¿Qué te parecería si alguien espiara desde el otro lado del agujero? Se estremeció ante la idea. No era más que su conciencia la que parecía observarla desde las sombras. Es un sitio público. Dejó que pasara otra hora después que todo quedó en silencio. la barrena y el taburete de Willy y arrastró los pies hasta el muro medianero entre la sombrerería y la taberna. se detuvo y miró hacia el techo. Puso en ella las cosas que necesitaba. al otro lado del salón. y se acostó en la cama totalmente vestida. Se detenía a menudo y alzaba la vela para ver la profundidad del agujero. y esto es indigno. deberías tener vergüenza. podría sentarme a una mesa y mirar. que nadie vea el serrín en el suelo de la taberna. Bajó descalza las escaleras sin hacer más ruido que una sombra. Agatha. Sintió la madera fresca contra el rostro ardiente. clavos. Pero no eres un hombre. te asustas de tu propia conciencia. dejó el bulto sobre la mesa y encendió una vela. no había nadie. Se imaginó las piernas alzándose en el aire. encontró el lío que había preparado antes. Eres una dama. en lugar de prepararse para la cama. Por favor. Negro total. como si cualquier movimiento fuese a traicionar sus planes. los lugares donde había ocasionales nudos en la madera. Cuando sacó el berbiquí. Apretó la cara contra la pared y espió por el agujero. la punta del berbiquí se pasó del otro lado. El corazón palpitaba como loco. Por fin.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Pensó en Jube. con sensación de culpa pero. procurando . apoyando la palma en la pared. Se preguntó cómo sería quitarle a un hombre el sombrero de un puntapié. Y que pasaba una eternidad hasta que todos los vecinos de al lado se iban a sus cuartos a dormir. Tomó el berbiquí. En la oscuridad absoluta. la hermosísima Jube. Dejó el taladro y con tres golpes secos colocó el clavo en la pared. por supuesto. Decidida. encontró una de sus enaguas viejas y la extendió sobre la mesa. La levantó para examinar los rincones. Permaneció acostada. Desde el rincón. No seas tonta. y experimentó otra vez la sensación de que los que vivían arriba sabían lo que estaba haciendo. Abrió las enaguas y adentro había un martillo. Quizá no lo usara del todo. con Ruby y Pearl. Echó una mirada atrás. Conteniendo el aliento. le pareció que todo el serrín caía de su lado. Colocó el taburete y se subió a él con dificultad. Cómo se vería el cancán y la asaltó una súbita idea que la dejó nerviosa. y a nadie le importará. bailando el cancán abajo. en ese mismo momento. El taller de costura estaba silencioso y oscuro. Agatha.126 - . apoyó el berbiquí contra la pared y comenzó a perforar muy lentamente. se sintió como una ladrona. Miraré por este agujero. antes de incorporarse con cautela y levantarse de la cama. Cerró los ojos y se tambaleó. berbiquí y barrena. Sigue siendo espiar. imaginándose las tablas de pino al otro lado. Se dirigió a tientas al taller. a esperar. respirando agitada. Volviendo la atención al paquete. Entró la silla pero. Pero sólo quiero ver bailar a las chicas. Si fuese hombre. y se sintió pesada y rígida. pero decidida.

a pasar el día. Le señaló la lata de aceite. Le entregó una lata con una punta larga y angosta. apagó la vela y volvió al apartamento. Oyó pasar al que encendía las lámparas. hasta que pasó bajo su ventana y después. ceñudo. hizo girar en las dos direcciones el volante. Todo estaba silencioso. llevándola a él. —Todas las semanas. lo trató de una manera espantosa y se fue enfadado. se durmió. sonrió. Marcus Delahunt..127 - . irritada. Delahunt la vio golpear cosas. La despertó la primera cliente de la mañana golpeando la puerta del negocio. Cuando Gandy fue a disculparse y se ofreció a pagar los daños. hasta que. —Lo siento. En instantes. y Marcus colocó aceite en veinte puntos diferentes. por fin. el día fue desastroso. El cencerro amortiguado de la vaca líder que se iba apagando en la distancia. cada vez más cerca. y al azul claro. El mudo. pero Agatha lo detuvo. saludó con el sombrero y salió. remendó la camisa. barrió con cuidado las virutas de madera y las ocultó bajo unos trapos en el bote de desperdicios. Y gracias. Gracias otra vez. —No. —Lo haré. y marcó siete días en el calendario. no es nada. Tenía los nervios tensos y se sentía como si le hubiese dado dispepsia. cerrando las portezuelas. pero la bobina de la máquina de coser se enredó y el hilo formó un nido al costado de la costura. por arreglarme la máquina. como si se la presentara.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR detectar el menor movimiento. a la hora de la . le llevó una camisa con una costura rota. —Le estrechó el dorso de las manos—. e imitó con el codo un volante que andaba con fluidez. e hizo gestos que no entendió. A partir de eso. Vio el cielo pasar del negro al índigo. y el codo de uno de ellos rompió uno de los paneles de la vidriera. el ánimo de Agatha se suavizó pero. Soltó el aliento. cuando Jack Hogg echó a los dos rivales a la acera. ¿puede repetir? Miró alrededor buscando. apagándolas. Después de eso. —Gracias. Sonrió. no sólo con él sino con todo el mundo. ¿Tengo que echarle aceite una vez por semana? Asintió. colgó la muestra sobre el agujero y devolvió el taburete de Willy a su sitio. en dirección contraria. le tocó los hombros para calmarla y se sentó a ver de qué se trataba el problema: en la bobina habían quedado atrapadas dos hilachas azules. se levantó del taburete y le hizo un ademán florido hacia la máquina. Le preguntó por señas si tenía aceite. sintiéndose infantil por su comportamiento. abajo. En Gilded Cage estalló una riña y. divisó el calendario que colgaba en la puerta de atrás.. Oyó al vaquero del pueblo juntar las vacas de los cobertizos traseros y llevarlas por la calle principal a la pradera. El joven asintió y sonrió. Maltrató a la pobre Violet y se impacientó con las preguntas de Willy. Marcus. ilustrando cómo funcionaría la máquina si seguía sus indicaciones. el impulso los llevó en dirección a la tienda. Oyó un tren traquetear cruzando el pueblo. y la tomó de la mano. Luego. Llevó la mano al bolsillo como para sacar el dinero. Cerca de la madrugada. Marcus. Las actividades clandestinas a las tres de la madrugada no eran para el temperamento de Agatha. Pero no pudo dormir el resto de la noche. el coro de aullidos de los coyotes. Miró de frente el rostro de Marcus. Funcionaba como nueva.

Las largas piernas formaban pantallazos de red negra por triplicado. quitó la muestra. miró todo. durmió más de la cuenta y llegó tarde a la reunión de los miembros de la U. Se acercó y puso un ojo en el orificio. que arrastraron hacia la barra.C. los dedos percibieron el ritmo de la música que estremecía la pared. En mitad de la noche. Pearl lanzó un pie al aire formando un arco. todo el día.T. hacían cabriolas. alzó la pierna. El corazón de Agatha palpitó con fuerza. estaba ansiosa a más no poder. En medio de su mundo silencioso y solitario. gritando para ser oído por encima del barullo. El entusiasmo la hizo cerrar el puño y proyectarlo al aire junto con las dos últimas patadas increíbles. Ahí estaban Jubilee. tápalo! Pero la atrajo como la lámpara de Aladino. gritaban y sacudían las cabezas. Los pies apuntaban al cielo. Chocaron los címbalos. los agudos silbidos y el golpear de los pies contra el suelo.128 - . Era una danza pícara. y el primer sombrero cayó al suelo. Agatha quedó tan agitada como las bailarinas. rematando con una pose de lo más impúdica en la que las tres separaron las piernas. y encontraba en las piernas largas la simetría. Vio cómo los pechos casi desnudos subían y bajaban bajo los breves corpiños de seda y las . y las tres cayeron al suelo con las piernas separadas y los brazos levantados. después giraban. ¡Si no lo soportas. a intervalos regulares. Otra vez. Por la pared. meneaban las pantorrillas y las levantaban. Fuiste áspera y desagradable con todo el mundo. las largas piernas flexibles y fuertes. Los torsos se inclinaban hacia adelante. y sabes por qué. Ruby y Pearl bailando el cancán. la gracia y la agilidad que ella no poseía desde los nueve años de edad. Unas últimas contorsiones impactantes. Las muchachas circulaban por la taberna. un floreo final de pliegues rojos. Jack sacó un par de címbalos e imitó una fanfarria a la que se unieron los instrumentos. haciendo temblar los tocados de plumas. y cayó otro. Con cuidado. La conciencia no la dejaba en paz. luego atrás. La música se acalló. de negro resplandeciente por fuera y con pliegues rojos por dentro. atrapando manos de seis hombres de rostros radiantes. Le llegaba débilmente a través de los zapatos. oyó el estruendo de los aplausos. Jubilee y Ruby se unieron a Pearl para un coro final. y alinearon con coquetería los sombreros en las cabezas. Recorrió la fila hasta que los seis Stetson quedaron a los pies de los hombres. parecía un diminuto punto de luz. ansiosos. arrastró los pies en la oscuridad de la familiar trastienda. Con botas hasta el tobillo de color ébano. Aunque Agatha no distinguió las palabras. se agitaban a izquierda y derecha. levantaron las faldas sobre los traseros y espiaron al público entre las rodillas. pasó los dedos por el maderamen. en vez de comer. Y allá fue Pearl con las faldas levantadas hasta la cintura. Giró. girando frente a los hombres alineados. y Jack Hogg fue obligado a actuar como presentador.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR cena. se pavoneaban.M. para la ronda nocturna. pero Agatha veía más allá de su audacia. Ruby y Jube acomodaron a los vaqueros en una fila. Es por ese maldito agujero que perforaste en la pared. Al dar las diez. Las espléndidas faldas.

con faldas rojas y negras. feliz. Pero alegre y llena de fervor por la vida. hizo lo que jamás había hecho. El cuerpo se le aflojó contra la pared. De pronto.129 - .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR sienes perladas de transpiración. Por un momento.. se sentiría la mujer más dichosa! Se frotó la cadera y el muslo izquierdos. Era una danza traviesa. Se sintió como si hubiese bailado con ellas. estás poniéndote chocha. y abrió los ojos en la oscuridad. mirando bailar el cancán por un agujero de la pared. contemplándolas. Pero. íntegra y desinhibida. contemplándolas. . Por un rato. le pareció el talento más deseable. Suspiró. Agatha. sugestiva y audaz. ¡Si pudiera hacerlo. saltar y provocar un alboroto. Se dejó deslizar y cayó sobre el taburete de Willy.. reír. por un rato. preguntándose cómo sería sentirse bella. ella también bailó. y llena de alegría de vivir. se volvió joven. Agatha cerró los ojos e intentó imaginarse sacándole el sombrero a un hombre de un puntapié.

se convertía en causa de celebración. la hierba del búfalo y el maicillo se tornaron secos como yesca. porque los viernes eran los días habituales de matanza en el Mercado de Carnes de Huffman. y tenían que matarla allí mismo. exclamaba: —Las cadenas de la intoxicación son más pesadas que las que siempre llevaron los hijos de África. la fecha patria. De vez en cuando. no era una dieta tan desequilibrada. Parecía que el único lugar húmedo en kilómetros a la redonda era en la base del molino de viento. Los «mojados». un partidario del licor vociferaba: «¡La taberna es un elemento indispensable en un pueblo de frontera. nadie se atrevía a comprar carne después del lunes. una vaca se quebraba una pata en alguna de sus cuevas. Gandy y Agatha veían menos a Willy. comía con Gandy. el editor del Wichita Tribune abogó en favor de la ratificación de la enmienda de prohibición presentada por el senador George F. A veces.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 10 El verano siguió su curso. llegaban los viajantes vendiendo de todo.130 - . En otra esquina. leche y huevos duros y se consolaba pensando que. Todos los días. y carnearla. Hamlin en febrero de 1879. y el licor mismo resulta un medio de comunicación tan poderoso como la tinta de imprenta!». En la pradera. y firmada por el gobernador en marzo de ese mismo año. con la cinta blanca. De noche. También prosperó una colonia de perros de la pradera que decidió hacer su morada en la calle principal. la ropa. hasta en la comida. En todo el perímetro de Proffitt. que esperaban para presentar reclamos sobre las tierras del gobierno. En tren. Una banda de indios Oto acamparon en el límite sur del pueblo. Con tanto estiércol. la pradera estaba salpicada por las carretas de los inmigrantes. Corría descalzo con una banda de muchachos que merodeaban por la estación vendiendo bizcochos. Un partidario de la templanza. otro. estallaban los relámpagos con falsas promesas. los agentes inmobiliarios alquilaban una gran cantidad de aparejos en los establos de caballos e iban a mostrar las secciones aún no reclamadas a los inmigrantes de ojos ávidos. donde una bomba mantenía lleno el tanque para que bebiera el ganado sediento. El cuatro de julio. los vecinos hicieron una ancha barrera contra incendios. a fin de cuentas. . Hacia el norte. En una esquina. y con esas temperaturas. aumentó la cantidad de moscas. desde medicinas hasta corsés para las señoras. El polvo levantado por el ganado que llegaba se infiltraba en todas partes: las casas. Si esto sucedía entre martes y jueves. los «secos» hicieron un desfile. en el centro de la calle principal. huevos duros y leche a los pasajeros cuando los trenes paraban media hora a cargar agua. pero Agatha sospechaba que la base de su alimentación consistía en bizcochos escamoteados.

dijo—: En cuanto a usted —le espetó a Mustard Smith. apoyando todo el peso sobre Macintosh.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Desde el campo de los mojados. las damas del capítulo Proffitt de la U. Jase. a riesgo de quebrarle las costillas. se desbordaron. y comenzaron a hacerlo los lunes. se oía: —Beber simboliza la igualdad. La asamblea del pueblo organizó un debate a fines de julio entre las fuerzas de la templanza y del licor. arrastrando consigo a Annie. tuvieron un importante motivo para celebrar: George Sowers había firmado el compromiso de abstinencia. lavarle la ropa y limpiar la casa? —Echó a Jase una mirada colérica—. Crecieron demasiado para reunirse en el salón de Agatha. llorando: el esposo. La mañana siguiente a la firma del compromiso. en el edificio de la escuela. que envenena la vida de esta comunidad! — Señaló a Annie y vociferó. el tema de la prohibición iba caldeándose junto con el clima.M. con los puños en las caderas gruesas— ¡pedazo de canalla! ¡Destructor de hogares! ¡Es la causa de la ruina humana que ve ante usted casi todos los días! ¡Me asombra que pueda mirarse todas las . En el bar. Esa misma noche. Annie vivirá con George y conmigo. se acabó.C. Evelyn estaba satisfecha. aliado de Satán empapado de ron! ¡Eres un excremento gangrenoso. La señorita Way fue tan convincente que antes de terminar la velada. y nunca más le pondrás una mano encima. Se dirigió hasta Jase Macintosh. Al día siguiente. para la concurrencia. Por un tiempo. con un rocín de lomo hundido. en general—: ¿Ven lo que le causó esto a una buena esposa que no hizo nada para merecerlo. Existía una sola manera en que podía cumplir la promesa. enfurecidas. le plantó el zapato negro de tacón alto en medio del pecho. La distinguida oradora y predicadora metodista cuáquera Amanda Way fue al pueblo a hablar en nombre de los secos. —Al pasar por la barra. Ese verano. Bueno. le pegaba cada vez que se embriagaba. y les contó la verdad. Eso dio por terminado el período de moderación de Evelyn Sowers. Ahora. Cayó en brazos de las «hermanas». De pie sobre él. la pradera parecía un inmenso osario que esperaba ser cosechado. se vio a George conduciendo hacia el oeste. Como en los quince años que siguieron a la Guerra Civil fueron masacradas setenta y cinco mil de esas criaturas.T. y siseó: —¡Esto fue por Annie. excepto criar los dos hijos de él. Desde el púlpito de la Iglesia Presbiteriana.T.C. se lo vio yendo hacia el este a vender lo recogido a los fabricantes de abonos y de porcelana de hueso de la ciudad de Kansas. se dulcificó. enarboló el puño y le asestó un golpe en el que puso sus ciento trece kilos y que dio a Jase en la mandíbula y lo hizo caer de espaldas de la silla. y era apartarse de la tentación: George se dedicó a juntar huesos de búfalos. el reverendo Clarksdale pedía bendiciones para «todos los nobles actores en el escenario humano de la templanza». rodeada de un muro protector de mujeres frenéticas. Annie Macintosh apareció en la reunión con un ojo negro. las filas de la U.M. A comienzos de agosto. Si bien la venta de los huesos no restauró a George en la posición de barón del oro que una vez tuvo. encabezó la marcha hacia el Sugar Loaf Saloon. el labio cortado y dos costillas rotas. todos los hombres son iguales.131 - . A medida que avanzaba la plenitud del verano. enganchado a una carreta destartalada.

—Puede matar a un miembro de la U. Con la siguiente. se cayó y se lastimó. pero no podrá matar a toda la legislatura. la cama. adornos. ¡Dios del cielo. De abajo llegaban los sones de «Pop Goes the Weasel». le clavase un hacha. hasta que el cañón de la pistola le aplastó la nariz en forma grotesca y. lo hizo sin una . demasiado atónita para gritar. Smith. golpeó con la punta del pie algo que rodó: era el picaporte. arrastrando los pies entre objetos duros y blandos. los espasmos le estremecían los miembros. pero sus compañeras de la unión lanzaron una exclamación ahogada. No me asusta ni usted.132 - . y el miedo explotándole en todo el cuerpo. Vamos. pero ella sí. qué desastre! Todo había sido revuelto. Se le escapó un breve alarido de miedo. no le salía aire de las fosas nasales. Esperaba que alguien la pateara. ¡Al próximo vendedor de estricnina! Cuando Agatha volvió a su apartamento. Dispáreme. la marca roja circular del caño —. demasiado petrificada para moverse. a las diez de esa noche. encendió la lámpara. tropezó con un escalón. Había ocasiones en que se sentía hondamente cansada de la batalla por la templanza.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR mañanas en el espejo! Mustard Smith sacó una Colt 45. el palpitar de su propio corazón. —Evelyn se volvió con una sonrisa satisfecha. el impacto le sacudió el cuerpo. —¡Salga. como restos después de un tornado. papeles. Se oprimió la mano contra el corazón que martilleaba y sintió que una garra de miedo le estrujaba el pecho. la matara. Sin alterarse. Esa noche era una de ellas. se acercó a la puerta con la llave en la mano.T. lagartija resbaladiza. Encendió una cerilla con mano temblorosa y lo sostuvo sobre la cabeza. ¿Un hombre? No pensó. ni ninguno de los otros propietarios de tabernas de este pueblo. y se arrastrarán encima de usted como gusanos sobre una calavera. Cuando pudo moverse. —Vamos. sintió en las piernas doloridas cada minuto de tensión de las tres horas pasadas. Chocó con algo y se detuvo. Del interior de su pecho. Smith apretó el gatillo. Se incorporó. Nada sucedió.M. estaba débil de emoción y de miedo. cuando habló. tenía los ojos vidriosos. Quedó tendida en el suelo. Apretó hacia adelante. con el dolor atenaceándole la cadera. Estaba abierta. Evelyn permaneció impávida ante el aterrador patrón de la taberna. Tal vez Evelyn no temiera a enemigos como Mustard Smith y Jase Macintosh. Pero se quedó inmóvil. hermanas. o a una docena. dispáreme. —La próxima vez.C. y se abrió paso hasta la mesa. Ropa. perra! —refunfuñó. Mientras subía las escaleras. A Evelyn no se le movió una pestaña. Cristales rotos y sillas volteadas. y apretó el cañón contra la nariz de Evelyn: . y brotarán miles como yo. en la punta de la nariz. estiró una mano y abrió más la puerta. En la oscuridad. El arma estaba descargada. le entrechocaban los dientes. se limitó a reaccionar: ¡impulsó la puerta con todo el peso del cuerpo! Pero en lugar de lastimar a alguien. La cerilla le quemó los dedos y la tiró. estará cargada. Vacilante. Ansiosa. en tono gutural. En treinta segundos.

. de cara a la puerta vaivén. los naipes de Gandy azotaron la mesa. ¿Por qué no dejaban de castañetearle los dientes? —¿Está segura? Sin aliento. y viró bruscamente hacía la barra.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR idea consciente. —¿Hay alguien allá arriba? —Ya n. a cada lado de la puerta. Se colgó del cuello de Gandy con las dos manos. ¿Está herida? —No. mientras Dan y Jack subían de a dos los escalones. —Estoy segura. Gandy estaba jugando al póquer cerca de la entrada.. Arriba. ignorando que había dejado dinero en el cuenco.133 - . ordenó en voz baja—: Sigue tocando. le ordenó a Jack Hogg—: Trae la pistola y ven conmigo. —Hizo chirriar la silla cuando se levantó. Se apretaron contra la pared.. Sin detenerse. Ivory. —Agatha —dijo... la llevó a la puerta del fondo.. que esperaba cerca del pasillo del fondo... tambien llamado Bingo o Loto. enarbolando el arma.. Alzó la vista y se levantó de un salto.. arrastrándola de la mano.. —Sujétese —le advirtió y. s. entró en mi a. la alzó en brazos—... —Yo.. Con un brazo sobre los hombros. sí. de D. le aconsejo que se tire boca abajo. —¡Estamos apuntando con un arma cargada! —gritó Jack—. Alguien irrumpió en su apartamento. Antes de que saliera la última palabra de los labios de Dan. Tú también. Esta. esforzándose por andar al paso de las largas zancadas de él... —Al pasar junto al piano. Agatha parecía un fantasma. antes de llegar junto a ella—. Pero está todo. —¿Está usted bien? Temblaba tanto que parecía que se le iba a desarmar el esqueleto... atraída por la posibilidad de obtener ayuda. es un juego de azar que consiste en acertar números.. no porque fuese lo más prudente sino porque había perdido la capacidad de idear otra cosa. sin ceremonias. —Señorita Downing. Cenicienta de tan pálida. ¿qué le pasa? —Alguien en. apartamento. —Espere aquí.... No sabía qué hacer. sobre el paño verde de la mesa. Marcus. ¡Si está ahí.) . Iré a buscar a Scotty. Le rodeó con un brazo los hombros trémulos. Ya la había visto subir la escalera y no había tiempo que perder. Que las chicas sigan bailando.. asintió. ba fuera. —¿Cuándo? —No sé. (N. muchachos. Echó un vistazo a Agatha. Gandy se precipitó por la puerta trasera. irritado por tener que adaptarse al paso de ella. —Cúbreme. seguido por Jack y Dan. revuelto. Dan se deslizó tras él y le murmuró en el oído: —Está aquí la señorita Downing. no. Dan Loretto cantaba los números del keno4 en la mesa más cercana a la puerta trasera cuando ella apareció. con los brazos y las piernas abiertos! 4 El Keno.

—Es un lío. se tapó los labios con dedos temblorosos y dijo en voz queda—: Oh. —Miró alrededor.. Gandy pisó una tetera rota. dijo—: ¿Dónde guarda la caja de dinero? —Abajo. En medio del silencio. ¿dónde podrá estar? —¿Anoche las tenía? —Sí. el picaporte estaba a mis pies. «¡Dios misericordioso!. Jesús.. —¡Estuvo adentro! ¿Sola? —Ahogó una maldición y la depositó. se le llenaron los ojos de lágrimas.134 - . confundida. con la caja de música apretada entre los dos. Las estrellas y el rocío te esperan a ti. Gandy viró bruscamente para enfrentarla: —Le dije que esperase ahí. Apartó la mirada y. enderezó una silla. Dios —repitió. —¡Jesús! —exclamó Jack.. y apoyándole las manos en los hombros. estaba pintada una dama de peluca empolvada. ¡Ahora. Se abrazó y levantó hacia él la mirada suplicante de los ojos verdes. se inclinó a levantar una caja de música con la tapa retorcida y un gozne roto. La caja de música seguía tocando: Bella soñadora. Parecía no percatarse de su presencia. asustados. y los sauces llorones a sus espaldas. —pensó—. con la muñeca sobre el respaldo de un banco de jardín. Sobre la tapa. Ya se fueron. —Me siento más segura aquí dentro. giraron y lo miraron. que ya estaban dentro. —¿Dónde está la llave? —Con las demás. No la traigo aquí. Dios. por primera vez.. la cierro con llave. despierta junto a mí.. comenzó a sonar una suave canción. las faldas delicadamente onduladas. como si esperase verla aparecer por arte de magia—. Gandy pasó por encima de la tetera quebrada y la tomó en los brazos. A la noche.. Agatha le dijo: —Ya estuve aden. escuchándola un momento y cerrando la tapa. la obligó a sentarse.. con ustedes. oh. Alguien hizo un bonito trabajo en este lugar». tro. —¿Qué crees que buscaban? —preguntó Dan. encaminándose al dormitorio donde una almohada rasgada había provocado una nevada de plumas que estaban desparramadas por todos lados. tomándola. Oh. sin mucha gentileza. miraron a Gandy—. recuerdo que llegué hasta la cima de la escalera y.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR En brazos de Gandy... Apretó la caja contra el pecho. No sé. . Los ojos dilatados.. —Cálmese. yo. cuando me acerqué a la puerta para abrir la cerradura. en un cajón del escritorio.. Dan y Jack. —Era de mi madre —le dijo en voz suave. Se irguió. Agatha dijo desde la entrada: —Supongo que la caja de la tienda. Se acercó a él con su paso quebrado. Agatha —la consoló. siéntese ahí y no se mueva! Gandy se acercó a la entrada. contemplando la delicada caja de metal en las manos morenas de dedos largos.. sobre el rellano—.

—Abajo no encontré nada. —No creo que buscaran dinero. con el picaporte roto. Cuando se fue. Dan subió las escaleras e irrumpió por la puerta. Scotty. ¿qué otra cosa? —No sé. los papeles. Scotty? —Demonios. Descubriremos quién fue. En ese momento. ¿quieres que revise abajo? —Sí. Pero lo que sí sé es que ella no puede quedarse aquí esta noche.. entró el comisario Ben Cowdry por la puerta. los ojos entrecerrados. —Pero. se sintió culpable de asediar su vida privada. A la luz cruda de la lámpara. . ¿Encontró una nota? ¿Alguna clave? —Sólo llegué hasta la mesa. no dejó escapar casi nada. todas las cosas a las que nadie sino ella tenía derecho a acceder.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Gandy lanzó una mirada a Dan. —Las encontré. —¿Al lado? —Puede dormir con Jube.135 - . sin aliento. por favor.! —Aquí. Y además. —¿Con Jube? ¡Pero si dormía con él. Los ojos registraban con cuidado cada sitio donde iba a poner los pies. no sé. Todo está perfectamente cerrado con llave. sin perder tiempo en amabilidades.. pero no vieron otra cosa que el desorden dejado por el asaltante.. —Le entregó las llaves a Agatha y retrocedió un paso—. usted no está en condiciones emocionales para quedarse sola. ¿Usted está bien. señorita Downing? —Sí. —Caminó hacia dentro. lo miró con la boca abierta. Dan. Los dos miraron en torno. Dan entró con las llaves. —Revisa el rellano. no está segura. frotándole con fuerza el cuello tenso con los pulgares—. Jack. —Cuando los dos se fueron. Le masajeó los hombros. tú ve a buscar al comisario. no se preocupe. Se mantenía en una postura exageradamente rígida. en un cajón del escritorio cerrado con llave — intervino Loretto. —Y un minuto después—: ¿Usted está bien? Alzó los ojos translúcidos y asintió. examinó la escena con los brazos en jarras.. —¿Cree que pudo haber sido Collinson? —le preguntó. ¿Qué piensas. Scotty revisó el apartamento. alzando los tacos de las botas para no pisar los objetos tirados. Se dio la vuelta y regresó junto a ella.. Agatha no pudo creer lo que oía. Miró a Agatha—. Sobresaltada. se concentró en Agatha. Sintió una aguda desolación al mirar la ropa. —Hogg me contó lo que pasó aquí. —¿Collinson? La idea la aterró más que la perspectiva de que el motivo fuera el robo. La llevaremos al lado. Un hombre muy áspero que.. —El dinero sigue abajo. pasando sobre los objetos privados de Agatha. En cierto modo. el rostro parecía blanco como la leche. la ropa de cama.

se leían las palabras: OJO. —Agatha. con un enemigo tan peligroso. Cuando llegó a la puerta.136 - .. una vez recibió una visita. —¿No le importa si me la llevo? —Por supuesto que no. examinando el papel más tiempo del necesario para entender el contenido. estoy seguro. El pulso de Agatha se aceleró. usted se enteró. Sobre la pintura parda. las ropas de cama. TEMPLANZA El comisario parecía frío. Gandy intervino: —Antes de esto. cualquiera de los dueños de tabernas de Proffitt. La lista era tan larga que. todavía asustados. Cuando se detuvo otra vez ante Agatha. Tenía buenos motivos para estar asustada: una mujer sola. El comisario. Agatha se sintió aturdida. Agatha. —Se volvió hacia ella—. pero sin dejar nada de lado. con los pies separados. no lo sé. . observando con detenimiento el friso. —¿Qué dijo? Gandy contó lo sucedido aquel día. —¿Qué? Con un gesto brusco de la cabeza. Se dio cuenta de que estaba abrumada. mientras el sheriff revisaba el apartamento casi sin tocar nada.. y hasta detrás de la pequeña estufa. Gandy permaneció junto a ella. —Creo que lo encontré. ¿conservó la nota? —Sí. —¿Alguna idea? —Una —dijo Gandy—. —¿Se le ocurrió algo? —preguntó. O cualquiera de sus clientes. está en la puerta de arriba del tocador. —¿La de la bota arrojada por la ventana? —Esa misma. La señorita Downing y yo hemos tomado a Willy Collinson bajo nuestra ala. Levantó los claros ojos verdes. —Se levantó a buscarla y se la entregó al comisario con mano trémula—. Lo sorprendió el impulso de protección hacia ella que lo asaltó. giró con lentitud y los ojos pequeños examinaban todo bajo el ala del Stetson castaño. y vio que las cejas adquirían expresión de abatimiento. Jack salió del umbral y el comisario cerró la puerta sin decir una palabra. El comisario la plegó.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Ahá. pero tanto Agatha como Gandy sabían que bajo el exterior impasible funcionaba una mente sagaz. Angus Reed. Cowdry indicó a Jack que saliera del camino. no desperdició palabras: —Se me ocurre que hay muchos tipos furiosos con usted por el grupo de la templanza que inició. ¿Le parece que puede haber sido uno de ellos? —N. Podría ser cualquiera: Mustard Smith. La encontré clavada en mi puerta trasera una noche. después de una reunión de templanza. La leyó con detenimiento. Nos hizo una visita de la que. y al viejo no le gusta mucho. de sólo pensarlo. la metió en el bolsillo de la camisa y revisó una vez más el perímetro del apartamento. la enganchó con un dedo y la apartó de la pared. los muebles. raspadas en el revés de la puerta. Gandy le apretó el hombro.

Agatha echó un vistazo al bar de abajo. un cono de luz iluminaba el techo. a continuación. Haga lo que le dije. —¿Quién pudo hacer algo así? —No sé. El rostro estaba apesadumbrado. Gandy mandó a Jack y a Dan abajo.. Reed. ¿Están aquí? Empezó a abrir la puerta. —El de Jube es el último a la izquierda. —Pero a mi cama no le pasó nada. no me parecería bien entrometerme con Jubilee. —La tomó del brazo—. Didier. y rebuscó con tristeza el cepillo entre los objetos tirados en el suelo. —Haré que el agente pase una o dos veces por noche por el callejón. que Gandy cerró lo mejor que pudo.. cualquiera de ellos. Por la abertura. Hasta que tenga pruebas concretas.. y le dio las buenas noches. mientras pasaba junto a la abertura. lo haré yo. —Lo siento.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Podría ser cualquiera —admitió. Dingo. Juntó las dos partes y las sostuvo un momento. Por eso. Se oían con claridad los sones del piano y del banjo. Sus ojos la siguieron mientras iba hacia la cómoda. y. en voz chillona y temblorosa. Después. —Como le pareció que iba a llorar otra vez. donde se rizaba el humo de los cigarros. Pero si me parece que Jubilee tiene la menor objeción. el rostro de Gandy apareció sobre la llama vacilante. Por la mañana vendremos y la ayudaremos a limpiar. Agatha oyó raspar la cerilla y. Y él nunca había . Fueron hacia la puerta. por favor. no es mucho más lo que puedo hacer. Al llegar a la puerta de Jube. Gandy la abrió y entró sin hacer gala del menor embarazo. y levantó un recipiente para hebillas. Ahora. —Por primera vez esa noche. Scott. Colocó de nuevo el tubo y volvió junto a ella. Si usted no junta las cosas. —No la dejaré aquí. Cuando se fue. Podría ser Mustard Smith... —Muy bien. Pero la parte de arriba había sido arrasada. Gandy rió y le cedió el paso para que pudiese buscar el camisón y la bata. apague la lámpara. Agatha se sintió incómoda con él. Lo hizo. Levantó la vista y los ojos de ambos se encontraron.. ya que insiste. Pero no quiero que esta noche se preocupe por eso. volveré derecho aquí.. después de dejarla pasar. Sabía bien dónde estaba la lámpara.137 - . —Hizo un movimiento hacia el ropero—. —Por favor. —Jube subirá en un minuto. sola. Vendrá conmigo. Casi el único que se podría descartar es Jesús García: no creo qué sepa escribir en inglés. ¿Estará bien? —Sí.. Agatha le aseguró que lo haría. —Bueno. Gussie. Estaba roto. y la oscuridad se cernió sobre ellos. Agatha se detuvo junto a la lámpara y dio una inspección a la habitación que siempre mantenía fastidiosamente pulcra. Nunca la habían acompañado hasta el dormitorio. con instrucciones de hacer subir a Jubilee. —Junte lo que necesite para pasar la noche. La jaula dorada estaba baja. Gandy se dirigió a Cowdry: —Tiene razón. Tengo otra almohada. dijo—: Vamos —y la tomó del codo. manténgame al tanto de cualquier hecho peculiar. esperó. y la puerta trampa estaba abierta en medio del pasillo. se dirigió a Agatha. —Está bien.

rascándose el vientre y los pechos blancos. oyendo cada crujido del edificio. Scotty acaba de contármelo! ¡Dios mío. puedes usar el biombo. el tocador estaba repleto de tocados de plumas. De pie junto al espejo del tocador. medias dered negras. —Si prefieres. esta noche me duelen los pies. había vestidos de baile. Las puertas del guardarropa estaban abiertas de par en par. La cama de bronce. Habría sido enervante pasar la noche en medio del desorden de al lado. vacilante. —Jube subirá en cuanto termine esta canción. oyó que Jube canturreaba: «Un pájaro en una jaula dorada». con timidez. Me alegró terminar un poco más temprano. cremas. Pero ahí estaba. que parecía completamente fuera de lugar entre la parafernalia femenina. Cerraré un poco más temprano. —Le dije que no tenía por qué hacerlo. Agatha no pudo contener una sonrisa al ver el cenicero y una cigarrera de metal. Y ahí estaba Jubilee. como velas hinchadas. dejándose marcas rojas en . Agatha miró alrededor. para que el ruido no le impida dormir. después encendía un cigarro y manipulaba cosas sobre la mesa del tocador. Mientras se desvestía. no puedes hacerle cambiar de opinión. —¡Oh. lo habría tildado de loco. El cuarto de Jube daba a la calle. —Ya lo sé. ese desorden resultaba tranquilizador. Agatha se sintió feliz de tener la compañía parlanchína de Jubilee. —Oh. no estaba tendida. Recordó el día en que vio por primera vez a Jubilee que llegaba en la carreta. Salió de atrás del biombo vestida con el camisón de cuello alto y una bata blanca calada. lociones y maquillajes de varias clases. Se abrió la puerta e irrumpió Jubilee.138 - . De repente. Podríamos prepararnos para ir a la cama. —Malditos corsés. Jubilee. conmigo. Scotty dice que echará al último cliente más o menos a medianoche. El abrazo fue rápido y tranquilizador. No por mí. Para su horror. Además. por favor. —Se rascó más fuerte. junto a la cama. sin otra prenda que los calzones. pensando si no oía pasos en la oscuridad. lo aprecio. Junto a él. y Agatha la imitó con las hebillas. Si alguien le hubiese dicho que terminaría pasando la noche en el cuarto de ella. no. Dentro. —En verdad. Sobre el borde de un biombo de brocado. El humo del cigarro llegó hasta el biombo. dormirás aquí. Jubilee se puso de pie junto a la silla y se quitó el escueto traje de baile. Jubilee ya estaba quitándose las plumas del cabello. Tenía el cigarro entre los dientes y hablaba sin quitárselo. portaligas. y al levantar la vista vio que Agatha estaba parada. Esta noche. Se dio la vuelta y desapareció antes de que pudiera darle las gracias. bah! ¿Para qué están los amigos? —Se sentó en una silla y comenzó a soltar los botones de los zapatos con un gancho—. Aunque nada estaba ordenado. pero cuando Scotty está decidido. debes tener los nervios de punta! Imagina: ¡que alguien entre así en tu casa! Pero no te preocupes por nada. —¡Agatha.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR acompañado a una dama para luego marcharse—. La doble ventana estaba abierta y la brisa de verano hacía ondular las cortinas blancas hacia adentro. colgaban los numerosos vestidos blancos de Jube. y Agatha no pudo contener una sonrisa.

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la piel pálida—. ¿No te parece fastidioso cómo pican cuando te los quitas? Vosotras, ya que estáis luchando por los derechos de las mujeres, podríais hacer una campaña que nos librara para siempre de los corsés. —Se sujetó los pechos llenos con las manos y los levantó, haciendo desaparecer el lunar que tenía en el surco entre ambos—. ¿Te imaginas? —Rió entre dientes, como si estuviese sola—. Andar por la calle con un vestido sin corsé con ballenas. ¿No sería bueno? Giró y Agatha bajó la vista. Nunca había visto a una mujer desnuda, y mucho menos una que exhibiera sin pudor los pechos delante de otra. Jube exhaló el humo y cruzó el cuarto hasta la tumbona. Se recostó, los pechos colgando, y revolvió entre las prendas tiradas hasta encontrar la bata turquesa. Cuando se incorporó para pasarla por los brazos, los pezones rosados parecieron destellar como faros en la habitación. Desbordada, Agatha no supo a dónde mirar. Al parecer, Jube no se daba cuenta. Despreocupada, se ató el cinturón y exclamó con entusiasmo: —¡Agatha, tienes un cabello maravilloso! ¿Puedo cepillártelo? —¿Ce-cepillármelo? Ninguna mujer le había cepillado el cabello desde que murió la madre. —Me encantará. Y te relajará. Ven. —Dejó el cigarro en el cenicero, tomó un cepillo de la mesa del tocador, y dio una palmada sobre el banco bajo que había ante ella—. Siéntate. Agatha no pudo resistirse. Se sentó ante el tocador de Jubilee y dejó que la mimasen. Se sintió maravillosamente bien. Al primer contacto de las cerdas que le masajeaban el cuero cabelludo, unos estremecimientos le recorrieron la nuca y los brazos, y cerró los ojos. —Desde que murió mi madre, nadie me había cepillado el cabello. Y eso fue cuando era niña. —Es tan hermoso y espeso —lo elogió—. El mío es fino y lacio. Siempre deseé tener un pelo como el tuyo. Eres muy afortunada de tener ondas. Yo tengo que ponerme rizadores. —¿No es curioso? —Agatha abrió los ojos—. Yo siempre deseé tener cabello más fino, más lacio y rubio. Jube cepilló todo el largo de los mechones, desde la coronilla hasta la espalda. —¿Crees que hay personas satisfechas con lo que tienen? A Agatha le pareció una pregunta extraña, por provenir de una mujer tan bella como Jubilee. Las miradas de ambas se encontraron en el espejo. —No lo sé. Pero supongo que todos deseamos algo. —Si pudieras pedir cualquier cosa en el mundo, ¿qué desearías? A Agatha siempre le pareció lo más evidente del mundo, y la dejó estupefacta que para Jubilee no lo fuese. Mientras movía el cepillo, distraída, tenía la cabeza rubia ladeada. —Piernas y caderas sanas. La respuesta de Jubilee no fue la que esperaba: no la miró asombrada o acongojada por haber pasado por alto algo tan obvio, sino que adoptó una expresión soñadora, mientras seguía cepillando el pelo de Agatha, y comentó: —Sí, me imagino. Pero, ¿no es curioso? Nunca pensé en ti como lisiada.
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El comentario fue una sorpresa absoluta. Aunque siempre estuvo convencida de que todo el mundo la miraba con lástima, sin saber por qué, le creyó. Nunca tuvo nadie con quien compartir sus sentimientos más íntimos, alguien que los compartiese con ella, y preguntó: —¿Y tú, qué desearías? Jube dejó el cepillo, acomodó el pelo tirante y alto sobre la coronilla de Agatha en forma de nido, sujetándolo con las manos. Entonces la miró otra vez en los ojos y respondió con mucha suavidad: —Una madre que, a veces, me cepillara el cabello. Y un padre que estuviese casado con ella. Por largo rato, se comunicaron sólo con los ojos. Entonces, Agatha se dio la vuelta. —Oh, Jubilee. —Le tomó las manos con cariño—. ¿No crees que somos unas tontas, aquí, deseando lo que nunca tendremos? —No lo creo. ¿Qué mal hay en desear? —Me imagino que ninguno. —Agatha parpadeó varias veces, y emitió un sonido que no llegaba a ser risa—. Acaba de ocurrírseme que, un año atrás, uno de mis deseos hubiese sido tener una amiga... Y ahora creo que encontré varios donde menos lo esperaba. Jubilee, yo... —La emoción le quebró la voz, mientras pensaba las palabras justas para expresar cuánto había llegado a valorar la amistad de Jubilee, Scott, y los otros. Los sentimientos hacia ellos la invadieron sin que lo advirtiese. Sólo en ese momento en que los necesitaba y estaban ahí, con las manos extendidas, pudo reconocer la profundidad de esa amistad—. Cuando digo que agradezco que me hayáis recibido aquí, hablo en serio. Estoy tan contenta de que estés aquí. Estaba muy acongojada por lo que sucedió en mi apartamento, pero ahora me siento mucho mejor. Jube se inclinó y apretó la mejilla contra la de Agatha. —Bueno. Entonces, ¿por qué no nos metemos en la cama? Al parecer, ya terminó el alboroto, de modo que podrás dormir un poco. Scotty dice que mañana iremos y limpiaremos tu casa. —Jubilee apartó las mantas y palmeó las sábanas, junto a ella—. Vamos, ven. Agatha accedió, gustosa. Acomodó la almohada y se sentó contra ella, alzando los brazos para cumplir el último ritual del día. —¿Y ahora qué haces? —Siempre me trenzo el cabello antes de dormir. —¿Para qué? Pensó en una buena razón pero no se le ocurrió ninguna. —Mi madre me enseñó que eso hace una dama todas las noches. —Pero así debes dormir sobre el bulto de la trenza. Para mí, no tiene ningún sentido. Agatha rió: nunca lo había pensado, pero Jubilee tenía razón. —Lo último que haría con mi pelo sería trenzarlo. —Bueno, pero entonces, ¿qué haces? —¿Cómo qué hago? Nada. Duermo con el cabello suelto. —Se pasó el cepillo por su propia cabellera, echó la cabeza atrás y la sacudió—. Es un placer. —Está bien... —Agatha comenzó a deshacer la trenza inconclusa con los dedos—. Lo haré. Sin dejar de cepillarse, Jubilee fue hasta el tocador, se metió el cigarro entre los dientes y fumó mientras se cepillaba.
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—¿Te molesta el cigarro? —Para nada. Agatha supo que era verdad. Por estar cerca de Gandy, había llegado a aficionarse. —Me relaja, ¿sabes? —le explicó Jube—. Cuando termino de bailar, estoy toda tensa. A veces, me cuesta dormirme enseguida. Jube enroscó el dedo alrededor del fino cigarro negro, fue hasta el pie de la cama y se sentó, reclinándose contra el rodapié de bronce, con el cenicero en la falda, todavía cepillándose el cabello rubio. Alguien llamó a la puerta. —Hola, somos nosotros. —Pearl y Ruby entraron, sin esperar permiso —. Nos enteramos de las malas noticias. No te aflijas. Es probable que no vuelva a suceder. Por turno, fueron a apoyar la mejilla contra la de Agatha y a desearle las buenas noches. —Si Jube empieza a roncar, ven conmigo. Cuando se fueron, se oyó otra llamada. —¿Sí? —dijo Jube. —Somos Jack e Ivory. —Bueno, entrad... ya lo hicieron todos. Agatha casi no tuvo tiempo de cubrirse con las mantas hasta el cuello antes de que ellos dos aparecieran. —¿Ya está tranquila, señorita Downing? —preguntó Jack. —Sí, gracias. Jube me cepilló el pelo y me hizo olvidar todas mis angustias. —No cabe duda de que Jube es buena con el cepillo —comentó Ivory. ¿Jube habría cepillado el pelo de Ivory? Antes de que pudiera imaginarse, siquiera, semejante espectáculo, éste dijo: —Bueno, buenas noches, señorita Downing. La veré mañana. —Buenas noches, Ivory. —Buenas noches, pues —dijo Jack. Un instante antes de cerrar la puerta, Jack asomó la cabeza: —Aquí viene alguien más. Desapareció, y Marcus tomó su lugar, con una taza humeante. La sonrisa le indicó a Agatha que era para ella. —Oh, Marcus, qué considerado. —Aceptó la taza—. Mmm... té. Gracias, Marcus, es exactamente lo que necesitaba. Marcus se puso radiante e hizo un gesto como de revolver azúcar y alzó las cejas con gesto interrogante. —No, gracias. Así está bien. —Bebió un sorbo y asintió, en gesto aprobador—. Perfecto. Marcus juntó las manos bajo la oreja y cerró los ojos, indicando dormir. —Sí, después de esto dormiré maravillosamente. Gracias, otra vez, Marcus. Al llegar a la puerta, saludó, y Agatha le devolvió el saludo. Salió y cerró. Agatha sintió que se le desbordaba el corazón, que se le entibiaba por algo más que el té. Pensó que, tal vez, se había apresurado a pronunciar el deseo; quizá, lo que más deseaba en la vida era conservar para siempre este sentimiento, esta maravillosa sensación de familia.
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En amistoso silencio, Agatha bebió y Jubilée fumó. Después de un rato, Agatha comentó: —Qué considerado fue Marcus. El semblante de Jube se suavizó. Dejó de fumar y contempló el humo que subía. —Es un cielo, ¿no? Siempre tiene un gesto amable para todo el mundo. Marcus es el hombre más bondadoso que conocí. Cada vez que estoy enferma me trae té con miel y coñac. Y una vez me dio friegas en la espalda. Fue un placer. —Al principio, me afligía que no pudiera hablar —le confesó Agatha—, pero pronto descubrí que puede hacerse entender mejor que muchas personas con habla. —Seguro. A veces me gustaría... —En el rostro de Jubilee apareció una expresión melancólica. Exhaló una nube de humo y murmuró—: Oh, nada. —Dime, ¿qué te gustaría? —Oh... —Se encogió de hombros y murmuró, tímida—: Que no fuese tan tímido. —¡Caramba, Jubilee! —Agatha levantó las cejas—. ¿Sientes... algo por Marcus? Quiero decir, ¿algo especial? —Creo que sí. Pero, ¿cómo lo sabe una chica, si el hombre nunca le da un indicio? —¿Me lo preguntas a mí? Con la mano extendida sobre el pecho, Agatha rió. —Bueno, tú también eres una chica, ¿no? —No creo. Ya tengo treinta y cinco años. No soy más una chica. —Pero sabes a qué me refiero. En ocasiones, Marcus me mira... bueno, ya sabes, de un modo diferente. Y en el mismo momento en que creo que va a... Golpearon la puerta. —¿Estáis vestidos? —se oyó la voz de Gandy. Jube le murmuró a Agatha: —Después seguiremos conversando. —Y levantando la voz—: Más que vestidos. Pasa. La puerta se abrió lentamente, y Gandy se recostó contra el marco con la corbata floja y la chaqueta colgando del dedo, sobre el hombro. Le habló a Jube, pero mirando a Agatha. —Veo que ya la instalaste. —Por supuesto. Ahora se siente mucho mejor. —Tiene mejor aspecto. —Apartó el hombro del marco y entró, arrojando la chaqueta a los pies de Agatha—. Cuando fue abajo, a buscarme, parecía un fantasma, ¿sabe? —Tomó la taza vacía—. Déme eso. —La dejó a un lado y se sentó junto a la cadera de la mujer, con un brazo del otro lado del cuerpo de Agatha—. Pero recuperó el color. Agatha intentó subir más las mantas, pero el peso del hombre se lo impedía. Sobre el niveo camisón de cuello alto, las mejillas se le pusieron de un rosado intenso. Y el cabello era una gloria, flotando en ricas y espesas ondas que captaban la luz y la reflejaban casi con los matices del vino borgoña. La mirada admirativa del hombre se demoró unos momentos en él, y luego pasó a los transparentes ojos verdes. Eran cautivantes como ningunos que hubiese visto antes, claros como el agua
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del mar. Habían comenzado a perseguirlo por las noches, en la cama, y lo mantenían desvelado como si ella estuviese en el cuarto, observándolo. Dentro del pecho le brotó un calor inesperado, mientras las miradas de los dos permanecían unidas y el peso de Gandy hacía bajar las mantas con que Agatha se cubría los pechos. —Ma-marcus me trajo té —tartamudeó, acalorada por la cercanía, por no estar vestida más que con el camisón, y sentir el calor del cuerpo de él contra la cadera—. Y Jubilee me cepilló el pelo. —Se lo tocó, insegura, como disculpándose—. Y todos los demás vinieron a darme las buenas noches. —¿De modo que ahora podrá dormir? —Oh, sin duda. —Trató de sonreír, pero no pudo hacer otra cosa que abrir los labios, y revelar que su aliento era agitado. Manoseó con las yemas de los dedos los botones del cuello. De inmediato, él le atrapó la mano y la bajó. Se quedaron quietos, con los dedos entrelazados. El corazón de Agatha latía como un pájaro cautivo, pero quería decir muchas cosas—. No sé qué habría hecho sin todos ustedes esta noche —murmuró —. Gracias, Scott. —No hay por qué darlas. —Cediendo a un impulso, la rodeó con los brazos y la estrechó con delicadeza contra el pecho. La retuvo así, sin moverse, por largo, largo rato—. Somos sus amigos. Para eso están los amigos. El corazón le palpitó con fuerza contra él. No tenía otro lugar donde poner las manos que en los omóplatos de Scott. Era consciente de la presencia de Jubilee observándolos desde los pies de la cama, del intenso olor a cigarro en la ropa y la piel de Scott, y del hecho de que sus propios pechos sueltos estaban aplastados contra el pecho masculino: era la primera vez en su vida. —Buenas noches, Gussie —susurró, y le besó el borde de la oreja—. Hasta mañana. —Buenas noches, Scott —pudo decir, en un susurro. Mientras el corazón de Agatha aún le palpitaba con fuerza dentro del pecho, Scott se levantó, tomó la chaqueta y bordeó la cama. Parado detrás de Jubilee, se inclinó sobre el rodapié de bronce. Jubilee alzó el rostro y le sonrió. —Buenas noches, Jube. Se besaron. —Buenas noches, Scotty. La cuidaré bien para ti. Le hizo un guiño a Jube y una sonrisa a Agatha. —Todos lo hacen. Luego, él también se marchó. Cuando apagaron la lámpara y el edificio quedó en silencio, Agatha, tendida junto a la muchacha dormida, se quedó despierta por mucho tiempo, por más tiempo que nunca en su vida. Se sentía confusa, y más consciente de su cuerpo de lo que recordaba haber estado jamás. No sólo de las partes que le dolían, sino de las que no. Se sentía erizada de pies a cabeza. Dentro del pecho, el corazón golpeaba como si una fuerza mística lo hubiese despertado después de dormir todos esos años. ¿Cómo era posible que Scott le hubiese provocado algo semejante... sentado ahí, despreocupado, y tomándola en brazos sin el menor recato? ¡Y ella en camisón! ¡Y Jubilee ahí, al lado!
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Pero en aquel momento, cuando le apoyó las manos en los omóplatos y su corazón se apoyó contra el de él, las preocupaciones de Agatha misma por el recato se esfumaron. Qué bueno fue sentirse apretada contra el cuerpo sólido, abrazada por un minuto. Qué ardiente sintió el rostro y qué insistente el pulso. Cuan plenos y pesados los pechos, cuando los aplastó. Recordó la sensación de tersura de la espalda de la camisa, estirada mientras la abrazaba. Y la barbilla de él contra su sien. Y el hueco del cuello contra su boca. Y el olor... ah, el aroma, tan diferente del propio, mezcla de agua de violetas y almidón.... Con la evocación, llegó el pudor. Pero pertenece a Jubilee, ¿no es cierto? Confundida, Agatha se dio vuelta y se acostó sobre la otra cadera. El mismo refrán le daba vueltas en la mente una y otra vez. ¿Cómo puede ser que Jubilee pertenezca a Scott, si quiere a Marcus? Cuando al fin se durmió, lo hizo profundamente, pero sin respuestas.

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Ivory y Jack. el gobernador! —repitió Ruby—.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 11 Por la mañana. prometí a mis votantes hacer todo lo que estuviese en mi poder para desterrar. se le secó la boca. pero él la trató de un modo tan platónico como siempre. Estimada Señorita Downing: Como miembro activo del movimiento para prohibir la venta de sustancias tóxicas en el Estado de Kansas. el de la señorita Amanda Way. léela en voz alta. Agatha advirtió que se rascaba otra vez y tomó nota mental de hablar con Scott al respecto. Scott. mientras todos se amontonaban alrededor: Marcus. Los ojos de Agatha recorrieron velozmente el papel. Marcus instaló un picaporte nuevo. De pronto. tal como habían prometido. Se aclaró la voz y se humedeció los labios. y el de la señorita Drusilla Wilson. . es del gobernador! —exclamó. asomadas sobre el borde del minúsculo equipo de cocina de Agatha. —¡Eh. —¡Oooohhh. espiando sobre los hombros. apoyo de todo corazón la legislación reciente enviada a ambas cámaras de la legislatura. y Agatha lo mandó a la tienda de Harlorhan. ¡Caramba. Regresó con la última edición de The Temperance Banner y un sobre con sello de correo de Topeka. Willy se cansó de juntar plumas. no sólo el consumo de alcohol. St. fueron a trabajar. ¿qué dice? —quiso saber Ruby. —¡Bueno. John. nerviosa. proponiendo ratificar la enmienda de prohibición de nuestra Constitución estatal.145 - . Dan. —Es una invitación. Con ese fin. y la apartó. cuando resulté electo gobernador de Kansas. las chicas. con el destornillador en la mano. no sabía bien como comportarse con Scott esa mañana. —Bueno. a ver si le había llegado correo. antes que nos dé un ataque de tanto afligirnos! La mirada de Agatha se posó fugazmente en Scott. Agatha abrió con cuidado el sobre y sacó una carta con el sello del Estado en bajo relieve. con Willy trepado sobre las botas para ver mejor. con el codo apoyado en el mango de la escoba. el representante estatal Alexander Kish me mencionó su nombre. Hacia las diez y media. la dirección oficial del gobernador John P. y como remitente. y cuando apareció Willy lo pusieron a la tarea de recolectar las plumas y meterlas en la funda de la almohada. que nos codeamos con lo mejor! Hizo girar los ojos y agitó los dedos como si se le quemaran. Al despertarse. Como sabe. sino también su venta dentro de las fronteras del Estado.

chico? —Le puso una mano en la cabeza—. John en persona. Finalmente. el resonar de las herraduras que llegaban al hotel de al lado. De repente. Ruby le preguntó a Agatha: —¿Irás? Agatha levantó la vista con dificultad hacia los ojos de Ruby. Pero no era cierto. el silencio se hizo largo y pesado. en ese momento. Jack se rascaba la nuca evitando mirarla. pero. Por la ventana abierta entraban los mugidos lejanos de las vacas. —Bueno.146 - . negros e inescrutables. ¿qué les pasa a todos? —Cosas que no entenderías. Dan fue al rescate. el quince de septiembre. Scott. —Está bien. Marcus rascaba con la uña del pulgar una burbuja de pintura seca en el mango del destornillador. pero lo único que se le ocurrió fue: —Nada. Ruby apartó la vista. la enmienda podría y debería ser ratificada por los votantes de Kansas. temerosa de encontrarse con los ojos de todos en medio de ese silencio incómodo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Si aquéllos que. —¿Qué pasa? —preguntó Willy. aún apoyado en la escoba. no se traslucía nada. le extiendo esta invitación a tomar el té en el jardín de rosas de la mansión del gobernador. El rígido papel crujió cuando lo dobló con lentitud y lo metió otra vez en el sobre. Las muchachas permanecieron sentadas. St. tras la salida de los dos. confundido. Aquí está todo hecho. Pero en el . Miró fijamente la carta. desalentadas. Fueron saliendo de a uno. nadie dijo una palabra. En el rostro de Ruby. —No sé —respondió. Estaba firmada por el gobernador John P. se dio cuenta de que Ruby era descendiente de varias generaciones de esclavos que. ¿Vienes abajo y me ayudas a barrer el local? Obediente. habían aprendido a ocultar sus emociones. será mejor que nos vayamos. Cuando Agatha terminó de leer. Como medio de expresar mi agradecimiento por la tarea de ustedes y para alentar el futuro apoyo al movimiento de prohibición. pesadamente. Willy se dispuso a salir pero estiró el cuello para observar al cariacontecido grupo mientras se alejaba con Dan. Sintió un incómodo calor en el rostro y el cuello. y se agachó a recoger un trapo de limpiar. el ruido de las ruedas de las carretas y de cascos que pasaban por la calle. la miraba ceñudo. —¿Qué pasa. —¿Qué te parece. a las dos en punto de la tarde. se diesen otra vez la mano para hacer ahora un esfuerzo más agresivo que nunca. Agatha alzó la vista. como tales. eh? —insistió Willy. y los dedos largos y negros de Ivory tamborileaban un ritmo en el muslo. Arriba. contemplando el suelo que acababan de ayudar a limpiar. Se podía oír volar una mosca en la habitación. Quiso pensar en una respuesta. cachorro. Finalmente. hasta que sólo quedó Scott. y su voz resonó como un trueno. hasta ahora. mirando las caras de los mayores. trabajaron con celo por esta noble causa.

¡Yo no tengo ninguna culpa! ¡Yo aquí manejo un negocio y trato de mantener vivas a ocho . —Eres limpia para discutir. disgustado.147 - . Seguramente no había una taberna en kilómetros a la redonda.. que es donde tendrían que quedarse más hombres. La crispación de Scott fue evidente. —Bueno. —Oh. —¿Y cómo sabes todo eso? —Me lo contaron las chicas. exasperado. —Estuviste demasiado tiempo con esas fanáticas. Empiezas a hablar como ellas. —¿Qué me dices de Annie Macintosh. sin tener. No todo hombre con un vaso de whisky es como Macintosh. —La verdad duele. que se juega el dinero de los zapatos. para aliviar tu culpa? —¡Mi culpa! —El rostro de Scott se ensombreció. del almacén. todo era silencio. y convierte en brutos a sujetos gentiles. ¿no es así. En el corazón de la mujer se hizo una pequeña fisura. Y eso fue porque mi madre sabía cómo retenerlo en casa. Hizo una inhalación profunda. con dos costillas rotas y un ojo negro? ¿Tiene ella un motivo? —Annie es otra historia.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR apartamento de Agatha. ¿eh? —¿Qué es lo que te parece limpio? ¿Llevar a Willy al Cowboy's Rest una vez por mes. Los ojos se endurecieron como si fueran de mármol negro. La cuestión es que no había tabernas y. sin darse cuenta de que lo único que necesitarían para hacerlos regresar es un poco de cariño! No podía creer la ceguera empecinada del hombre. ¡Y eso es lo que sois vosotros! La mitad de las mujeres como tú se arrodillan ante todas las puertas vaivén del pueblo y cantan esas malditas canciones tan dignas. señaló a la calle y dijo: —¡Prueba con esas locas cuyas marchas encabezas! —¡No están locas! Tienen una buena causa. —¿A quién otro podría preguntarle? En tono colérico. Scott? Pero sabes tan bien como yo que el alcohol es adictivo y debilitante. —¡Son una banda de esposas insatisfechas que buscan un modo de hacer volver a los esposos a los hogares. —Lo malo es que comienzas a creer en esas generalizaciones. ¿en serio crees eso? —Mi padre jamás holgazaneó en la taberna. y luego exhaló. y su mentón adoptó un contorno obstinado. por lo tanto. —Le apuntó la nariz con el dedo—. —Tu padre vivía en una plantación. —Scott —rogó—. siquiera. —¿Y Alvis Collinson. tu padre se comportaba como el proveedor y se quedaba en la casa. ¿qué debo hacer? —¿Me lo preguntas a mí? —Lanzó una carcajada dura y áspera. y deja que su hijo duerma en una cama hirviendo de piojos? Scott rechinó los dientes. El ceño de Scott se profundizó. apretó las manos en el mango de la escoba y echó la cabeza adelante—. Scott. una causa. Empobrece a toda la familia al inhabilitar al hombre para trabajar. Scott resopló.. hace mucho. Agatha.

ve. la suerte empeoró. la vida hacía la elección. y el vaquero que estaba al lado se llevó la banca de los últimos tres cuencos. Hasta Doc. Pero. Lo que provocaba dicha o pena. sacaba naipes de la manga. no era su decisión. A veces. ¿nunca te surgen dudas respecto de los hombres a los que vendes todo ese alcohol? ¿De las familias que necesitan desesperadamente el dinero que se derrocha en las mesas de juego? Adoptó una expresión de complacencia consigo mismo: —No. Perdió ocho manos seguidas. aunque. pero Yancy Sales venderá lo mismo que yo. «¡Sabelotodo inútil!. A la tarde. Loretto las tenía contra él. con su cerebro obnubilado. y Collinson tenía la impresión de que. Si yo no les vendiera whisky. confundida y acongojada de haberse enamorado del hombre equivocado. Se sentía desgarrada. como todos los demás en esa taberna. —¡Entonces. El nuevo picaporte actuó a la perfección. el chico apareció con plumas pegadas a la camisa y admitió que había estado merodeando otra vez por la casa de la entrometida sombrerera. Se dejó caer en una silla y apoyó la frente en las manos. Por su propia voluntad. habrá valido la pena la lucha. Contó el dinero: tenía para dos manos más y. ¡Ve a la jarana del gobernador! ¡Bebe el té en el jardín de rosas! —Cruzó a zancadas la habitación y le puso en las manos la escoba—. —Puede ser. una vaca enloquecida le había aplastado la pierna contra una cerca antes de que pudiese sacarla del paso. Sin embargo. A la mañana. no me impide dormir por la noche. las tabernas tendrán que cerrar. la familiaridad de la noche pasada se había hecho pedazos. claro. ¡Pero no esperes que venga corriendo a salvarte la próxima vez que un propietario de taberna ya harto venga a arrasar tu casa! Salió precipitadamente por la puerta y la cerró con tal fuerza que Agatha se encogió. Si se ratifica la enmienda. en cierto modo.148 - . Hace seis meses. ¡que el cielo la amparase. haciendo trampas a los que solía llamar amigos». Trasegó otra medida de whisky y se pasó el dorso de la mano por la boca. para luego dar un codazo a Doc. Pero si la prohibición logra regenerar al menos a un tipo como Alvis Collinson. logró ganar dos de las últimas seis. pero sólo pudo verla tras una cortina de lágrimas. El corazón le dolía y el pecho también. Y a la noche. era lo que uno hacía después con esa elección. de toda una «familia» equivocada! Pero estaba aprendiendo que uno no siempre elige de quiénes se encariña. —pensó—.. Y valoro lo que haces por todos ellos. quedaría en bancarrota. la puerta se cerró y permaneció cerrada. El día no había sido bueno para Collinson. . todavía se hacía pis en la cama y ahora está ahí sentado. y todos los que hacen la ley en el país lo comprarán afirmando que es para propósitos medicinales. Agatha! —Agitó una mano hacia la estación—.. nada menos que ayudándole a limpiar la casa. lo llamará bitter.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR personas! —Lo sé. con su chaqueta negra de fantasía y la corbata de cordón. si no ganaba. lo conseguirían en otro sitio.

— Collinson rió con desdén y contempló la muestra rubia que Dan lucía bajo la hermosa nariz—. se le escaparía un error y. y guiñó a través del humo del cigarro. fue a servir las bebidas. Doc. Los arqueaba en dirección contraria. El joven tejano vecino de Collinson vio. —Blackjack —respondió Loretto—.149 - . a lo cual atribuían la expresión distante de los ojos amarillentos y sus torpes reacciones ante la vida en general. Dan estuvo percibiendo que se formaba una tensión subyacente. para estar seguro de que todas las manos estaban sobre la mesa cuando se cortara. Dan. Entretanto. aliviado. y Dan tenía órdenes. —Tu bebida. mezclando cenizas y trementina en el alimento. El negocio no iba muy bien desde que suministró tintura de opio a una de las marranas de Sam Brewster provocándole un sueño eterno en lugar de curarle la enteritis. Mientras se daban las dos primeras rondas de naipes. Parece un retazo de ese trigo duro que les gusta a los saltamontes. Loretto daba con tal agilidad que los naipes casi no se curvaban. —Tengo veintiuno —respondió Loretto con sencillez. —Tiene veintiuno. a mí? Collinson asintió. y un amigo fiel para el desdichado Collinson. ¿Oíste eso. Pese a todo. El novato era bueno pero. —Así que a tu madre no le entusiasma que seas croupier aquí — comentó Collinson. sino un autodenominado veterinario que viajaba por el país «haciendo nacer» terneros y «desagusanando» cerdos. Acomodó el mazo y alzó dos dedos haciéndole una señal a Jack. Se decía que Doc Adkins tenía la costumbre de probar él mismo la tintura de opio. —¿Cuál es el juego? —preguntó sacando unos billetes del bolsillo. Collinson estaría viéndolo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Eh. Se estiró para colocar uno de los tragos ante el croupier y puso el otro ante sí mismo. interrumpiendo una conversación con dos vaqueros. el rostro enrojecido de Collinson observó al tallador. y que sirvió al instante dos medidas de whisky dobles. tarde o temprano. era agradable. —Caballeros. Collinson estaba buscando pelea. Doc? Ya le salió bigote y todo. Jack le hizo una seña a Scotty. que estaba en la barra. inició una conversación aparentemente casual con el vaquero. muchacho? —¿A quién. ¿no les molesta si me siento a jugar un par de manos? —dijo con estudiada indiferencia. Doc encontró un cigarro y se lo entregó al compañero de bebidas. cuando eso ocurriese. Mientras lo encendía. ¿no te sobra un cigarro? «Doc» Adkins no era doctor en absoluto. —¿Cómo te llaman. Loretto pasó el mazo a la izquierda y Collinson observó. se mostraría frío como una rana en un macizo de lirios. y caían en línea como por arte de magia. ¿no? Toda la noche. . —Claro que no. que Gandy tomaba una silla que estaba cerca con la bota y la arrimaba a la mesa. —Collinson codeó a Doc en el brazo con la mano que sostenía el cigarro—. que la captó e. ¿Quién juega? Collinson empujó su penúltimo dólar al centro de la mesa.

allá en Galveston. Gandy advirtió el leve movimiento de las caderas de Dan bajo la mesa al cruzar el tobillo izquierdo sobre la rodilla derecha. En aquel entonces. —El muchacho tragó saliva—. Doc? —Lo recuerdo —respondió Doc con vaguedad. aunque le llevó cierto tiempo—. Gandy. El maldito novato tenía que haberlo sacado de la manga. y me quebré la clavícula. —¿Ahí aprendiste a jugar a los naipes? McQuaid se puso tenso. pues nadie podía ser tan afortunado con tanta frecuencia.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Slip. —En Rocking J. Aflójate. Los abrió y advirtió que el croupier también exhibía un as junto con el naipe bajado. pero esperaba acertar doble en esta mano—. . Pasó el cigarro al otro extremo de la boca y clavó los ojos en el croupier mientras hablaba con McQuaid: —Espero que eso no tenga nada que ver con cómo juegas a los naipes. Sí. Loretto descubrió un siete. pero trató de disimularlo. y maldijo cuando contó veintidós. Loretto le ganó dos veces: un nueve y un cuatro. Me resbalé de una montura húmeda cuando empezaba a cabalgar. ¡Ese maldito novato no podía ser tan afortunado! Todavía tenía veinte en el otro juego. —El rey lo derrotó y su temperatura subió un grado. Loretto lanzó ágilmente un naipe en su dirección. Slip McQuaid. pero lo que más enfureció a Collinson fue no haber podido sorprenderlo. Collinson miró sus naipes: un par de ases. McQuaid tomó una carta y pensó. Enfrentó la mirada beligerante de Collinson y se obligó a relajar cada músculo. y observó cómo Loretto revisaba la carta que había bajado sin despejar el paño verde. Gandy movió una mano sobre los naipes que le quedaban. no. para tener a mano la pistola escondida. pese a que estaba quebrando una regla fundamental del juego: distraer a McQuaid durante el juego. usaba mangas cortas. ¿Te acuerdas. Doc se tomó su tiempo para pensar. —N. mientras Collinson seguía interrogándolo: —¿Qué aperos usas para cabalgar? Gandy se abstuvo de intervenir.. y el sudor le brotaba de las axilas—. Se enjugó la boca con el borde de un dedo áspero y empujó su último dólar para cubrir la doble apuesta. —Golpeó con los nudillos el cuatro dado vuelta. Los dientes manchados de Collinson mordieron la punta del cigarro mientras pensaba. Danny. No me gustaría jugar con alguien que tuviese reputación de dejar resbalar algún naipe. Los ojos de Collinson se achicaron más aún. —Jugué un poco en la barraca. —Miró con los ojos entrecerrados las mangas negras que le llegaban a Dan hasta los nudillos—. señor. Mi papá me puso ese apodo. me acuerdo cuando Danny.. señor...150 - . no era más alto que una lombriz. Prepárate. —¿Cartas? —le preguntó Loretto a McQuaid. Uno más —le dijo a Loretto. —¿Y dónde aprendiste tú. Lanzó una risa tensa. Eso era mejor. indicando que se plantaba en los trece. ignorando la insinuación de Collinson. Dame. el Resbalizo. Loretto? Trataré de adivinar: aquí. con los muchachos. aquí presente. Otra vez..

Doc por fin se decidió. y mostró tres cartas que sumaban un veintiuno redondo. preparado pero dijo en voz suave como la miel espesa: —No permito peleas aquí adentro.! Alvis impulsó el brazo atrás y todo el infierno se desató al mismo tiempo. No sé qué demonios te lleva tanto tiempo. eso es lo que estoy. le mandó otro naipe. El rostro de Collinson se puso purpúreo. y se fue al mazo: —Estoy fuera. —¡No tiro nada. y la casa pagará una ronda. no les basta con sacarme el dinero con los naipes que se guardan en la manga. con la palma hacia arriba—.. Dan hizo otro movimiento con la mano que nunca quedó fuera de la vista. exhibiendo el arma—. Ya le dije que no quisiera tener que dispararle. suspiró. No quiero tener que dispararle. El sujeto se volvió hacia él. —Démelo.. —Vayase a su casa. Las chicas .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¡Date prisa! —le espetó Collinson—. —Gandy se le acercó. redonda.151 - . petimetre inútil. pero metió la otra sobre el muslo. Deje ese cuchillo. —Otro —farfulló. también tienen que poner contra mí a la carne de mi carne. y usted lo sabe. Estoy quebrado. Comenzó a hacerle señas a Jack. y tírelo —dijo Dan. todos los músculos tensos. —No estoy ebrio. —Déjelo. Alvis. Déjelo. mordiendo el cigarro.. El local se sumió en el silencio. Con un giro de la muñeca. —Quedo yo solo contra la banca. muchacho —lo desafió Collinson. antes de que alguien resulte lastimado —advirtió Gandy. Todos los presentes miraban. Entretanto. ya lo sabe. —Esto no es por los cuatro dólares. El cuchillo se hundió en el antebrazo de Gandy. Dan mantuvo una mano sobre la mesa. —¡Usted también! ¡Le haré un favor a este pueblo librándolo de ustedes dos! ¿Quién quiere ser el primero? —Sea sensato. ¡No me digas que no ocultas naipes en las mangas! Gandy se levantó lentamente. dígalo. hijo de perra. Gandy. ¿no? ¿Cuánta suerte tiene que tener un tipo para ganar aquí? —Si tiene algo que decir. más que a ustedes dos! —No creo que valga la pena hacerse matar por cuatro dólares —le aconsejó Gandy—. —Veamos tus cartas. que me roba todo lo que tengo. ¡Maldición! Lo conozco de toda la vida. levantándose—. Collinson. angustiados. Está ebrio —trató de razonar Dan. Alvis.. Alvis. Gandy se contuvo una vez más. —¡Al diablo con usted. Hablaremos afuera. Explotó la pistola y Collinson cayó boca abajo sobre la mesa verde. —¡Desgraciado hijo de perra! —El rostro del hombre se contorsionó y sacó un cuchillo—. Collinson se agazapó con la hoja centelleando en la mano. Cuando Collinson explotara. Canallas. Doc lo miró con ojos miopes. malditos. sería duro. Doc y McQuaid retrocedieron.

miró a Gandy que estaba sentado jadeando. Marcus la soltó a desgana. —Saca. Con aire de duda. —¿A mí me hablas? —Es veterinario. dudoso. —Acostadlo. —¡Maldición! De todos modos. déjese de lloriquear y actúe como un... a Scott tirado sobre una silla con el cuchillo saliéndole del brazo. querido. Entró. —Déjeme pasar —le ordenó con gentileza—. resoplando.. Levantó la cabeza y miró. te dio. oh. Scott esbozó una sonrisa débil. Tenía el rostro blanco y los ojos redondos de terror. Dan levantó la voz. Dan lo hizo rodar y le buscó el pulso. poniéndole las manos fuertes en los brazos y suplicándole con los ojos que hiciera lo que le pedía. a Jubilee. alrededor del cuerpo inerte de Gandy. ¡Por el amor de Dios. Agatha llegaba a la puerta trasera. —¡Alguien que vaya corriendo a buscar al doctor Johnson! Se volvió hacia Adkins. que daban vueltas. acerqúese —le gritó Dan—. —Revisen a Collinson —se apresuró a decir. después de haber oído el disparo. En ese momento. antes de que se caiga de la silla.. a Ivory y a las chicas. —Doc. Agatha se arrodilló junto a él con dificultad. Él me ayudó.152 - . Gandy gimió y la frente se le perló mientras lo tendían en el suelo de pino sin pulir. Dan se abalanzó a auxiliarlo y Jube se acercó corriendo. dando órdenes a Jack. apretándose el bíceps derecho. corriendo hacia él.. y se detuvo junto a la mesa de keno para contemplar la escena. tragó con dificultad y fijó la vista en el cuchillo que sobresalía del brazo de Gandy—. Pero Gandy los apartó a los dos y se dejó caer en una silla. —P. Le brotaban gotas de sudor. que había salido de su estupor por primera vez en años. aturdido. Scott —murmuró. En medio del súbito silencio. moviendo los dedos de la mano ensangrentada. Le vendría bien su ayuda. —¡Es su amigo. Dan y Jack reaccionaron sin demora. el rostro crispado de angustia—. sin fuerzas. ¿verdad? Fíjese si puede hacer algo para mantenerlo vivo hasta que llegue el doctor Johnson. con expresión desesperada. —Oh. Lo miró de frente y entendió enseguida que estaba tan preocupado por la seguridad de ella como por Scott. indecisas. hombre! —Se dio la vuelta hacia Scotty y fue a arrodillarse junto a él.. Marcus trató de detenerla. ahora me toca a mí. Le aflojó la corbata y el botón del cuello y le tocó la garganta con ternura. Gandy hizo una mueca y se aferró el brazo derecho. pero yo. Miró. y Agatha se apresuró a acercarse. —¡Dios mío! —susurró. Agatha los aferró con fuerza y apretó el dorso de la mano contra el . todavía agarrándose el brazo inerte. —Gussie —susurró. Adkins! —vociferó Dan. ¿Qué quieres que haga? Gandy estaba a punto de desmayarse de dolor. con la sangre empapándole la camisa.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR chillaron. Vio a alguien tendido sobre una mesa de juego. impaciente—. lo —murmuró. donde la sangre comenzaba a abrillantar la manga. la cara de Dan.

la piel parecía de cera. le disparó una mirada a Dan: —¿Collinson? —repitió.. echó un vistazo al cuchillo y aconsejó—: Sería conveniente que emborracharan a este hombre. Y si esdiro la pata. —Cerciórate de que sea el bueno. sin prestar atención al hecho de que su propia mano se manchaba de sangre. ¿endiendes? Jack le puso otra vez la botella en la boca al patrón. En contraste con el pelo y las cejas oscuras. Arrodillada junto a Scott. Parpadeó un par de veces. Él se la aferró con desesperación. En ese preciso momento. Dile que lo siento. detrás—. Ivory y Jack levantaron a Scott con delicadeza y lo acostaron sobre las mesas. el doctor Johnson irrumpió empujando las puertas vaivén. con el camisón metido dentro de los pantalones. El licor resbaló por la mejilla de Scott y dejó una mancha oscura sobre el tapete verde. Tienes que decírselo a Willy. —Uno más. Scott. Y él se lo clavó. Quiero el cancán.? —Trató de convencer a Collinson de que le diera el cuchillo. y le tomó la mano sana. Con eso bastará. impaciente. Miró el rostro pálido de Scott. Esa cosa es muy buena.. El nombre penetró en la mente de Agatha. —Entonces. impresionada—. fui yo —la corrigió Dan. con la cabeza del herido en el regazo. Scott dirigió una sonrisa fatigada al cantinero. Dan. Llamó a Marcus con un dedo. Scotty. ¿Él mató a Collinson? —No. pero en el rostro pálido parecía la sonrisa de un fantasma. y el cabello rojo erizado... buscándola con los ojos—. . y después los hizo evacuar. Llegó el camillero a llevarse el cadáver de Collinson y se juntaron dos mesas para formar una sala de operaciones de emergencia. ¿cómo. Jack fue a buscar una botella llena de whisky Newton. mientras la sangre se secaba en la mano de Agatha.. —¡Apártense! —ordenó el doctor Johnson.? —Aquí estoy. el rostro sonrojado. Se arrodilló. pero todavía no cerraba los ojos. el cuchillo que sobresalía de la carne. Jack. —¡Apártense! —En menos de treinta segundos. —Lanzó una risita de borracho y levantó la cabeza para ver a Ivory. Trató de sonreír de costado. Marcus. Lo lamento..153 - . Jubilee estaba sentada en el suelo. —Escucha —tartajeó—. mientras Jack daba a Scott más whisky del que Agatha imaginó que podría consumir un hombre que se mantuviese consciente. mejor. Se acercó silenciosa a la mesa. pronunció—: Collinson está muerto. ¿Dónde estás. organice mi funeral. —Willy. —¿Gussie? —susurró. Cuanto más ebrio esté. inspeccionó en silencio el cuerpo de Collinson. salvo por el rubor antinatural que le daba el alcohol a las mejillas—.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR pecho. Cowdry interrogó a los parroquianos. Llegó el comisario Cowdry. Tendido en el suelo. —Tenía el borde de los ojos enrojecido. que ninguno de dus bautistas. muchacho. los tirantes colgando sobre las rodillas. pero no le cuentes a Agatha que te lo dije. con los labios húmedos. Reía flojamente.

También para escuchar cómo el doctor ordenaba: —¡Denle otro trago! Para que el estómago se le retorciera. —Traigan otra botella de whisky —ordenó—. los ojos se le desbordaran y se le oprimiese la garganta. se escabulló por las puertas vaivén para tragar el aire fresco de la noche y llorar a solas.154 - . —Te lo prometo. Y todo el que tenga estómago débil.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Le acarició el cabello que se pegaba a la frente sudorosa. El doctor abrió el maletín negro y comenzó a enhebrar una aguja con un trozo de pelo de caballo. y lo apartó hacia atrás. Pero cuando el doctor sumergió la aguja en el whisky. . que se vaya. cómo el cuerpo se convulsionaba y para oírlo gritar de dolor. Agatha se quedó el tiempo suficiente para ver cómo el médico sacaba el cuchillo del brazo de Scott.

y me golpeé contra el travesaño.155 - . Se encaramó con vivacidad en el borde de la cama.! —Está bien. —¿Willy? —Le tocó la sien. con los ojos muy abiertos. Cuando la encendió. —No. —Willy. preguntándose qué sería de él. tan pequeño. Y por sí misma. pero el olor era el mismo: una mezcla de moho. con la barbilla contra el pecho. la apartó con un movimiento y bajó la vista. detrás de la oreja—. Abrió los ojos y Agatha vio que los tenía rojos e hinchados de llorar. tan carente de amor. los dos estaremos en problemas! Tenía cicatrices a los costados del cuello y una marca roja sobre la oreja. acurrucado formando una pelota. y Agatha lo llamó de nuevo. Agatha le cubrió la mano y le alzó la barbilla para mirarlo a los ojos. Unió las manos bajo el mentón y rezó en silencio por él. se sintió . Al ver que se le contraía el cuello en el esfuerzo por contener las lágrimas. y el mentón tembló en la mano de la mujer. Cuando despertó del todo. ¿qué te ha pasado? —¡Gussie. con calma. tienes que irte! —La mirada se tornó frenética—.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 12 Agatha no había vuelto a la casa de Collinson desde aquella primera vez. Aún está en el pueblo. Parecía muy pequeño.. sábanas sucias y cuerpos sin lavar.. Apretó los labios. tan solo. Las lágrimas le hicieron arder los ojos. querido. Se quedó largo rato contemplándolo. pues evitaba mirarla a los ojos y rascaba la ropa de cama con un índice sucio. se incorporó de un salto. ni cuando la mujer acercó la lámpara y la dejó en el suelo. ¡Papá te. me resbalé cuando estaba trepando a los corrales de ganado. encontró cerillas y una lámpara. intentando no pensar en las otras criaturas vivas que compartían la cama con el niño. ¿Él te hizo esto? Cuando trató de tocarle la oreja. Buscó a tientas la mesa. trató de no mirar alrededor y fue directamente a donde estaba Willy. —¡Gussie! ¿Qué estás haciendo aquí? ¡Si papá te ve. Era probable que estuviese acostumbrado a que alguien diese vueltas por la cocina encendiendo lámparas en mitad de la noche. había sangre seca. por la tarea que debía emprender. Los ojos de Willy comenzaron a llenarse de lágrimas. Comprendió que estaba mintiendo. ¿verdad? —insistió. tragando el nudo de emociones que tenía en la garganta. —Lo hizo él. Willy. En la almohada sucia. Pensó: «Los ojos de un niño no deberían estar hinchados». Incluso antes de encender la lámpara supo que no se había producido ninguna mejora. No se despertó. aceite de petróleo. El pequeño se acomodó mejor en la almohada sin funda.

tengo que darte una mala noticia. hasta que el rostro pequeño se transformó en una máscara desafiante: —No me importa que esté muerto —dijo. no me importa. pero le tembló la barbilla—. mi amigo Joey y yo lo enterramos afuera. —Una vez tuve un gato que se murió.. —¿En serio... Lo dijo en tono neutro. —Encontró plumas en mi camisa y me preguntó de dónde las había sacado y cuando se lo dije me dio unas buenas con la correa de afilar la navaja y dijo que no podía ir más a tu casa ni a la de Scotty. Agatha ya no pudo contener las lágrimas. sin inflexiones. Agatha también..156 - . Los puños aferraron el vestido. —¿Papi? —Sí. Lo balearon hace una hora. —No. El niño la miró. —Willy. lo sepultarán. hizo un ruido raro y luego. irguió los hombros y apretó con fuerza la mano de Willy: —Willy querido.. ¡No me importa! —Comenzó a alzar la voz y a golpear el colchón—. n. obstinado. Pero. —¿Eso quiere decir que no vendrá a casa? —Me temo que no. aunque lo entierren ahí afuera. donde está tu madre. Willy logró decirlo sin derrumbarse. voló contra una pared. Hasta que se arrojó sollozando en brazos de Agatha. —¿Lo balearon? Agatha asintió. aunque estuvo a punto. ¿no es así? La mirada del niño se fijó en las sombras. y la cabeza enmarañada se hundió en el seno de la . y vio los de ella desbordando lágrimas. Los músculos se fueron tensando uno a uno. es probable que.. en la taberna de Scotty. un instante. secos. Los ojos de Willy se agrandaron de perplejidad. —¿Eso es lo que harán con mi papá? —Claro. pero en el cementerio.. al otro lado del hombro de la mujer... Gussie. en el fondo. como tu madre murió tan joven. Papá lo pateó. será mejor que salgas de aquí. —Sabes lo que eso significa.. esta noche. no m. me. tuvo muchas penas en la vida. Querido. ¡No me importa. y le dio tiempo a que asimilara la noticia. ¿Quieres? —Sí. cerca del retrete.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR desgarrada entre dos emociones: el amor por este huérfano abandonado. y una ardiente gratitud de que el padre estuviese muerto y nunca más pudiese volver a lastimarlo. tu padre fuese un buen hombre. esta noche murió tu padre. Willy alzó los ojos marrones. tú vendrás conmigo a casa. —E. La boca de Willy se apretó y miró los pliegues del corpiño de Agatha.. Inspiró una honda bocanada. y afirmó: —No tomaré más baños. aturdido. no se trata de eso. está muerto? Agatha le acarició el dorso de las manos delgadas con los pulgares.. si no quieres que me dé otra vez con la correa. junto al retrete! No me importa. Los ojos castaños de Willy miraron de frente a Agatha... Por eso. —Ah.

Lo primero que pensó al despertar fue que era el primer varón con el que había dormido. —¿Cómo está? —preguntó. Apareció Ruby con las botas de Willy. sobre una consola. y la sorprendió ver que. —Willy. Después. Ésta extendió una mano sobre la espalda pequeña y la sintió agitarse. y ya sabes cuánto los odia. acunándole la cabeza y estrechándolo contra su propio corazón dolorido—. Mientras esperaba afuera. no muy bien. Se pondrá bien.157 - . en la pared del apartamento. Yo se lo dije. lo encontró acurrucado junto a ella en la cama. Debajo. todo estará bien —dijo. frente a la puerta. dejó que el tiempo girara hacia atrás y se vio a sí misma. Lo entendió profundamente. —¿Sabe lo de su padre? —Sí. Pero ése es fuerte como una mula. ¿cómo?. Fue al apartamento de Gandy y golpeó la puerta con suavidad. el siguiente. valdría la pena el trabajo que le daría sacar los piojos. estaba el humidificador de cigarros y el molde para sombreros de Scott. Está en el Cowboy's Rest. Willy. tranquilizadora. tomando un baño. «Pero. querido. —Más o menos. Encontró los pantalones y la camisa que le había hecho. Pero lloró de un modo que partía el corazón. pero al despertar. ¿verdad? —La última vez que Agatha y Ruby hablaron. que afirmaba lo mismo que Willy acababa de hacer. —Oh. iría a buscarlo con ropa limpia. Era extraño. la mujer negra se apartó con estoico desapego después de que ella leyó la invitación del gobernador a . en un susurro. y dio instrucciones a Kendall de que lo refregase bien por todos lados sin piedad. —pensó—. —Vine a buscar las botas de Willy. pulcramente doblada en el cajón de la cómoda. —Lloró junto con él meciéndolo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR mujer. por la mañana. Willy. —Voy a ver dónde están. pero ver los objetos personales de un hombre para una mujer era como compartir algo íntimo con él. también convertida en una huérfana desafiante. Media hora después. en su apartamento. Apoyó la mejilla sobre la cabeza del niño. Agatha contempló el cuadro que representaba la casa blanca de la plantación. —¿Cómo reaccionó? —Afirmó que no le importaba. Esperaba que le abriese Jubilee. con las pequeñas nalgas tibias contra su cadera enferma. —Me imagino que habrá sido duro decírselo. con el Stetson negro encima. —¿Cómo lo está tomando el pequeño? —Hasta ahora. Simpatizó con él por completo... aparecía Ruby. Lo llevó a casa de Paulie a desayunar y lo observó engullir suficientes tortillas como para techar una escuela. ¿cómo?» Lo acostó en una cama improvisada sobre el suelo. en cambio. —No fue una noche fácil para ninguno de nosotros. lo dejó en el Cowboy's Rest. —Agatha se topó con los ojos negros de Ruby y suavizó el tono—. y se deshiciera discretamente de la ropa sucia. que tenerlo ahí aunque fuese por tan poco tiempo. cuando lo que quería expresar era precisamente lo contrario.

el herido tenía los ojos cerrados. a las cuatro. alzando la palma. ¿qué es esto? —Me di otro baño —rezongó.158 - . —Eso dice. cuando Agatha llamó a la puerta de Gandy. mujer. Serio. Pero.. fingiendo sorpresa. Enderezó los hombros y cambió de tema. señorita Agatha? —¿Cómo está el señor Gandy? —Fastidiado. ¿eh? Los ojos castaños de Gandy se alzaron hacia la mujer que tenía al niño de la mano: se los veía bien juntos. —Señor. de proporciones masculinas. Con un solo vistazo. —Venimo a ver a Scotty. Con un susurro conspirativo. Tenía el pecho desnudo. botas de cuero marrón. tendremos cuidado. Agatha sintió como si se hubiese sacado un enorme peso de encima. —Hola. también azules. y la piel y el vello parecían muy oscuros en contraste con las sábanas blancas. con expresión fastidiada. estrenaba calzoncillos y medias flamantes. Willy estaba de pie a su lado. el brazo envuelto en gasa. Agatha supo cuánto había sufrido desde la noche pasada. Cómo le había dolido. apoyado en un montón de almohadas.. Agatha estiró la mano—: Ruby. le respondió: —En ese caso. llevaba de la mano a un niño con el cabello cuidadosamente partido al costado. —¿Y yo qué dije? Ivory rió entre dientes y le sonrió a Agatha: —¿Cómo está usted. más tarde? —No veo el inconveniente. echó las manos atrás. Cuando entraron. Tenía la sensación de que estaba . Agatha le tironeó de la mano: —Vinimos a ver a Scotty. Tal vez distraiga al patrón de ese brazo herido. —Willy quiere ver a Scott. lo sé. pero no fue necesario. abrió Ivory. Al ver a Willy. ¿Crees que estará bien si lo traigo. de Harlorhan's Mercantile. Scotty —dijo. acostado en una cama de arce rizado. —Gussie dice que no puedo abrazarte ni saltar sobre tu cama. pantalones azules hechos en casa. ¿no te parece que éste es un mundo muy loco y confuso? Ruby no le aceptó la mano. lustrosas con cordones sin nudos. No le gusta mucho estar acostado. Pero ahora. —¿Otro? —Ivory no dejó de poner cara de asombro y de lanzar sonidos de contrariedad. con una onda dorada resplandeciente sobre la frente. ni nada.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR tomar el té. y una camisa de rayas. Scott abrió los ojos y sonrió: —Muchacho —dijo con cariño. lamento que yo. Esa vez. —Bueno. Además de un corte de pelo reciente. Esa tarde..

También hueles bien.159 - . aunque no se soltaba de la mano. sin preámbulos. Sintió el deseo loco de apartar las sábanas e invitar a los dos a tenderse junto a él. pues barrió el suelo del taller y fue a buscar la correspondencia. ¡Después. Agatha habló con vivacidad: —Sí. —Hola. Gandy respondió. Se sentó y plegó las manos sobre el regazo. —He vivido días mejores. ¡Y me dio calzoncillos nuevos! —Con que. a hablar tonterías y a reírse juntos. Scott. Scott le enlazó el brazo sano en la cintura y lo atrajo junto al colchón. evasivo: —Un hombre con el que estaba jugando a los naipes. Willy miraba con expresión suplicante. y preguntó—: ¿A ti también te dispararon? —No. Pero Willy ya está pagándolo. ¿no es cierto? —bromeó Scott. Le soltó la mano y sonrió al verlo cruzar la habitación con desusada solemnidad y acercarse a la cama cuanto podía. tienes un aspecto radiante. —¿F. con él. La caricia de Scott se detuvo. y también las botas. Agatha —dijo en voz queda.. —Ah. Willy. —Claro que puedes. —El tono se volvió más disgustado aún—. —¿Te has enterado de que mi papá ha muerto? —preguntó Willy. —¿Puedo sentarme junto a él? Prometo que no lo voy a tocar para nada. —¿Quién lo hizo? Otra vez. —Acercó una silla y la colocó junto a la cama—. ¿Cómo te sientes? «Confuso». lo sé. miró el vendaje de Scott. —Jovencito. fuiste tú el que le disparó? —No. —Hola. Renuente a desilusionar al niño. yo tuve un pequeño accidente con un cuchillo. —Sí. Tuvimos un día muy atareado. pero Ruby dice que si me palpita es porque no estoy muerto. Willy adelantó el vientre y se lo frotó: —Me dio otra vez los pantalones nuevos y la camisa. no fui yo. ¿eso hizo? Scott dejó vagar la mirada hacia Agatha mientras la mano grande acariciaba la espalda de Willy. hijo. pues Dan también era amigo de Willy. —Willy reflexionó un momento. Willy prosiguió: —¿Estabas presente cuando lo balearon? —Sí. y una sonrisa lánguida le jugueteaba en las comisuras de la boca. me hizo ir a la barbería! —Es molesta. eso hizo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR bien que estuviesen ahí. sin tocarla. —Gussie me hizo tomar otro baño.. Scott lanzó una mirada a Agatha. —¿El cuchillo de papá? . pensó. nada más. flechando a Agatha con su sonrisa llena de hoyuelos.

Éste hizo una mueca y soltó el aliento. Sin embargo. y te lo contaré. —¿Y ahora. Gandy forzó una risa. Willy se encaramó y se sentó junto a Scott. —Diste. De inmediato. le desbordó el corazón de gratitud hacia Scott. —¿Puedo decirle a Charlie y a los otros chicos dónde voy a vivir? — preguntó.. —Pero. refiriéndose a los niños que vendían comida en la estación. cuando Scott se sienta mejor.. Se sentiría profundamente dichoso hasta en una cama improvisada sobre el suelo. —Será mejor que bajes —dijo la mujer. en verdad siento lo de tu papá.. Aunque el brazo le dolía mucho. era con Scott. —Oh. las escobas y todo eso sabes? Instaló ahí una cama pequeña para ti y ahí dormirás desde ahora. y la culpa crispó su rostro infantil: —No quise lastimarte.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Scott se aclaró la voz y se incorporó un poco sobre el codo. muchacho. Scotty! ¿En serio? —Sí. el rostro del muchacho expresó remordimiento. Otro día. La sensatez le dijo que no podía alojar a Willy en forma permanente. ¿De acuerdo? —¡Jesús. Se bajó. cuéntaselo. Willy se descontroló y se precipitó sobre Scott a darle un abrazo fervoroso. Al saberse perdonado. Scotty desechó con esfuerzo las puntadas de dolor que le recorrían el brazo: —No es nada. en el cuarto del fondo. al mismo tiempo. ¿Qué te parece? El semblante de Willy se iluminó: —¡¿En serio?! Agatha sintió una punzada de pena y. Ésa donde guardamos las botellas extra. pero esperaba que la situación se mantuviese incierta por unas noches más. Sólo me diste una punzada.. Scotty. abajo.. a su lado—. —No hay problema. los ojos atentos sobre el rostro oscuro que yacía sobre las almohadas blancas. —Ve. Willy. excitado. si había un lugar en el que al niño le gustaría estar. —Hice que Marcus limpiara la habitación del fondo.. lo olvidé. —¡Willy! Agatha se apresuró a apartarlo. —Palmeó el sitio en la cama. Con vertiginosa rapidez.160 - . el semblante del niño se ensombreció otra vez. a la mañana. con suavidad—. pero no quiero que te aflijas. Willy se iluminó al instante. pero ya casi pasó. qué pasa? . podrás sentarte a su lado. Ven aquí. lo. tendrás que levantarte y ayudar a Dan a amontonar las sillas sobre las mesas mientras barre. Entusiasmado. Y también será tu tarea ver si las escupideras necesitan una limpieza. —¿Y puedo contarles lo del trabajo que me daste? —Diste —lo corrigió Agatha. Scotty. —Pero. Y tendrás que ayudar a Jack con los vasos. —Escucha. señor.

¿Qué te parece? —Pero me llevará Gussie. Agatha le echó un vistazo. —Si empiezas pasado mañana. Willy llevaba un traje flamante. cuando la mejilla áspera. Agatha miraba cada vez más a menudo la palidez insólita de Scott. Al lado. temerosa de que se desmoronara. Scott miró a Agatha. En torno de la tumba de Alvis Collinson. Pero aunque se aferraba. Doc Adkins. comprado en la tienda. la voz sonó incierta y trémula. Alvis pasó mucho tiempo con Hattie y se rumoreaba que los últimos dos de los siete hijos se parecían mucho a Collinson. mucho más grande. Willy se acercó con cuidado y cuando la mano fuerte y morena acercó el cuerpo pequeño contra el pecho amplio del hombre. con cuello alto. Ruby. todavía sentada junto a la cama. Agatha llevaba un vestido negro de bengalina. Y le preguntaré al médico si mañana puedo levantarme. y la ingenuidad del pequeño se le clavó en el corazón como la flecha de un cazador. y . Dan. estará bien. se apoyó sobre el cabello rubio. porque enterrarán a mi padre y tengo que estar en el funeral. una mujer corpulenta y huesuda llamada Hattie Twitchum. —Ven aquí —le indicó con suavidad. estaba Mooney Straub. Estaban presentes todos los empleados de la Gilded Cage: Jack. Ivory.. de una cinta blanca. coronado por un crujiente velo negro. Willy no derramó una lágrima durante la ceremonia. sus ojos claros se posaron en los muy oscuros del hombre. pero esta vez. se estiró hacia el borde de la cama y extendió el brazo sano para recibirlo. En ese instante. sin afeitar. para poder acompañarte en el funeral. que formaba un moño amplio en la parte de atrás del ala. Pearl y Jubilee. evidente incluso bajo la piel tostada. generosas mangas en forma de pata de cordero que se estrechaban en los codos. y un sombrero negro de pastora echado hacia adelante. Ahí estaba el amigo. mereciera. Mareus. Scott y Agatha tenían de la mano a Willy.161 - . padre e hijo. que era una copia en miniatura del atuendo de Gandy: camisa blanca. A medida que avanzaba la ceremonia. Scott sintió un nudo en la garganta. tenía el sombrero en la mano derecha. con cuidado. y una sonrisa compasiva. Pero creo que yo también estaré. Tal como le indicó. tenaz. que lloró ruidosamente durante toda la ceremonia. Gandy tenía un brazo en la manga de la chaqueta. Gandy habló con suavidad. los ojos permanecían secos. y todo lo demás. muchacho. Cuando el reverendo Clarksdale tiró un puñado de tierra sobre el ataúd y recitó: «.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Mañana no puedo ayudar a Dan a barrer. Sin hacer caso del dolor en el brazo. y el otro le colgaba sobre el torso. sobrio por primera vez en la historia conocida. polvo al polvo». probablemente.Ceniza a las cenizas. Tenían toda la apariencia de madre. con mechones rubios que se le enredaban en la barba: —Gussie es una señora muy querida. En un pequeño y apretado grupo.. se reunieron más personas de las que. negro. Desde la muerte de la esposa. a la mano enguantada de Agatha y a la de Scott. mirando a Willy con una lágrima delatora en un ojo. Al comenzar el servicio.

que preguntó por el bienestar de Willy. y se esfumó el llanto estrepitoso de Hattie Twitchum. sin entusiasmo. Le dirigió una sonrisa hechicera. Agatha le rodeó los hombros con el brazo. Y si Marcus está de acuerdo. Haciéndose sombra en los ojos. y Jube sonrió. Podríamos llevarnos comida y hacer un almuerzo campestre. Está doliéndole el brazo.162 - . se lo puso en la cabeza como sí. —Todavía no comiste. Agatha dio las gracias al reverendo Clarksdale. —Scott necesita ir a la casa y acostarse —explicó—. haciendo gestos entre sí mismo. Willy. a Scott. Pero después de un rato. el señor Gandy necesita sentarse. estaba convencida de que Scott se había excedido en sus esfuerzos. ¿podemos ir de picnic? .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR reservaba la izquierda para Willy. pero Agatha resolvió que no le debía ninguna explicación. otra vez. Se recostó en un rincón del asiento. Es una pena devolverlo al establo sin aprovechar lo que costó. Marcus —exclamó Willy—. ¿Que dices si vamos los tres a dar un paseo? Willy se encogió de hombros y miró. luego a Agatha. ¿No te gustaría ir con Marcus y Jube. Scott necesitaba descansar. —Eh. Pero Willy no se mostró tan entusiasta como esperaban. aparecieron Marcus y Jube para ofrecer ambas cosas. —¿Un picnic? —¿Por qué no? —¿Con limonada? —Sí. si es que Emma Paulie preparó. y su propia carreta. Cuando subieron a uno de los coches negros que los aguardaban. Más aún. cuidaremos de él —repuso. señalando hacia la pradera y haciendo ademanes de ir a pasear. Ahora. reverendo Clarksdale. Jube alzó la vista hacia Willy. el niño. la muchacha. si me disculpa. Los verdes ojos saltones del reverendo Clarksdale parecieron sobresalir más aún. Marcus también lo vio. hasta el esfuerzo de sostenerlo en la mano del brazo herido. —Por ahora. —Apuesto a que encontraremos alguna liebre o un perro de la pradera —lo tentó Jube. lo fatigase. y dio un codazo a Jube. Entonces. —¿En plural? —El señor Gandy y yo. un rato? —Creo que sí —respondió. divertirse. Fue a decírselo a Willy. primero. La sugerencia provocó la primera chispa de interés en los ojos castaños. el rostro de Scott ya parecía de cera. —Marcus pagó el coche por todo el día. y se acercó a tomar las riendas. Agatha confirmó que constituían un grupo notable. —Gracias. Era obvio que estaba ansioso de instalarse en su nuevo alojamiento. Ivory lo vio. Jube se tocó el pecho: —¿Yo también? Marcus asintió. Cuando concluyó la última plegaria.

Jube lo miró bajo el ala del sombrero azul: —Lo haré. Jube dijo que no sabía. —Pero yo no lo sé. Pero tenía pollo asado. Era un día despejado. y avanzando por la pradera. la de Willy. Entonces. ¿por qué no dice. Y. La hierba ondulante cantaba una canción sibilante y. desde arriba. sin duda. Sus gráciles movimientos agradan a las muchachas Y mi amor lo arrebató. estaba salpicado de algodonosas nubes blancas. En contraste con el severo azul violáceo del vestido. Un frailecillo se apartó del camino de la carreta y oyeron cómo se perdía su canto desafinado. pero necesito un poco de ayuda. El chico había olvidado por completo la vacilación inicial. Pronto.. una vez yo era feliz. Alrededor. vuela por el aire con gran facilidad. Oh. un águila los observaba al pasar. los dos cantaban a voz en cuello y sus voces resonaban en la pradera infinita. rica y genuina. El cielo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Marcus estuvo de acuerdo. y salteando una que otra palabra. y pastel de calabaza. Acomodó todo en un cesto abierto. Emma Paulie no había hecho limonada. pan fresco. y sentían el sol tibio en las espaldas. Al terminar el último estribillo.163 - . —Ah. y también llevaron una jarra de zarzaparrilla y el banjo de Marcus. junto a su codo. —¡Cántalo otra vez. y en ese momento la contemplaba arrobado. Marcus estaba contento y. Este joven audaz en el trapecio. y en diez minutos estaban los tres ante el restaurante de Paulie en un coche pequeño.. Le enseñó los versos. —Es fácil. pero después señaló un pájaro triguero encaramado en un almez. Giraron la carreta hacia el norte. el cabello tan claro brillaba como una estrella en el cielo nocturno. directamente.. muy azul. cruzando los rieles del ferrocarril Union Pacific.. Escuchando la charla de Jube y Willy. echaba un vistazo a la cabeza rubia del niño. mientras señalaba las nubes y cantaba con voz plena: Oh. Willy preguntó qué era. Kansas se extendía plana como la tapa de una olla. Era la criatura más bella que Dios había creado. dejando atrás carretas de ganado.. el pueblo y el cementerio. Jube! —exigió Willy. pero ahora soy desdichada. y la blanca de Jube en el otro extremo del asiento.. el chico frunció la nariz y preguntó: —¿Qué es arrebató? —Robó. la de Jube. robó? . desafinada. cuando terminó. Era uno de los escasos días que no vestía de blanco. Ese día. de resplandecientes ruedas amarillas y un mullido asiento tapizado de cuero negro. sabía tratar a Willy. cada tanto.

tú y yo. fui tan feliz?».. vamos! Puso el codo junto al del niño y lo hizo balancearse en círculos. Y la curva de esa nariz preciosa. Cómo la reverenciaba. a cada paso. las estrellas flamígeras de los heliotropos. Tenía un carácter tan luminoso como el resto de su persona. Willy. ja. . Comieron en medio de la pradera. Jube interrumpió lo que estaba haciendo y comenzó a acompañar con las palmas. le encantó sonreír a esos ojos almendrados. Les digo que nos divertíamos un montón. Willy rió y. ¿qué te parece si bailamos? Sin perder el paso. ja!. las miradas se encontraron sobre la cabeza de Willy. Se sentía vivo. Jube se levantó. que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por ella. ja. De inmediato. Por unos minutos. pequeña jarrita marrón ¡Ja. y la boca en forma de corazón que siempre parecía sonreír. se acercó a Marcus. las nuevas botas marrones subían más. ja!. dirigiéndose al conductor. en mi vida. tú y yo. Marcus? Si bien Marcus lo ignoraba. y el lunar en la sima entre los pechos. Marcus pensó: «¿Cuándo.164 - . mientras los cuerpos se mecían al compás del carruaje. A ella le gustaba el gin y a mí el ron. ¡Ja. cantando: Mi esposa y yo vivíamos solos En una pequeña cabaña de troncos que era nuestra. a darle lo que estuviese en su poder.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Jube lo pensó un instante y. gritó: —¡No sé! —¡Oh. —¡Toca algo rápido. Marcus se sentó con las piernas cruzadas sobre la hierba y tomó el banjo. El violeta claro de las reina Margarita. Pero ninguna flor silvestre resistía la comparación con la belleza de Jubilee. riendo de las cabriolas del chico. golpeó el suelo con un pie y curvó los hombros para palmotear. y Willy se puso a saltar en círculo alrededor de Marcus. Aunque se esforzó por recordar un momento en que Jubilee hubiese estado malhumorada o enfurruñada.. entre una profusión de flores de fines del verano. Lo hermosa que era. Marcus! Se decidió por «Pequeña Jarrita Marrón». ¿Y tú. y disfrutaba cada instante con ella. Cuánto te amo. Willy se le abalanzó y le rodeó el cuello desde atrás. vibrante. —Eh. le dijo: —Yo no lo sé. Mientras la muchacha tendía la manta y se arrodillaba para sacar la comida. al ritmo de la canción. el amarillo intenso de las varas de San José. todos podemos bailar! —¡Yo no! —¡Tú también. Lo único que arruinaba tanta bendición. era no poder decirle lo que sentía. no lo logró.

Marcus captó el ritmo y rió sin ruido mientras los otros dos. Después. Willy se sentó cerca y comió demasiado pastel y bebió demasiada zarzaparrilla. Marcus mordisqueaba un tallo y contemplaba a Jube a sus anchas.. Estaba más preocupado por la sed. —¡Uh. —No-o. esforzándose por hacer más ruido. y Willy la acompañaba en los estribillos. despreocupados y entusiastas. Nunca me pongo enfermo. Está dura como una piedra. Se le había salido la camisa de los pantalones y le dejaba al aire una porción de estómago. —Te pondrás enfermo —le advirtió. Jubilee guardó los elementos del . y que después la besaba. Jube tocó. Marcus tocó. hundiendo en él la nariz. Cantó cada verso. Willy se dejó caer sobre la hierba. El sol resaltaba el mechón blanco caído. y cayendo luego al suelo. y enjugándose la frente con la mano pequeña. por un rato. qué buen bailarín eres! Willy se levantó riendo. Volvió a eructar. Willy cayó a gatas y Jubilee de espaldas. grasienta. con un brazo sobre la cabeza.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Cuánto te amo. Después de unos minutos. holgazaneando en la áspera hierba amarillenta. Pero no le importaba un ardite. girando y cantando. Imaginó que le quitaba las hebillas restantes y lo dejaba caer sobre los hombros. Marcus dejó el banjo en el estuche. Había dejado el sombrero donde cayó. —¡Quiero zarzaparrilla! —exigió. Ni tampoco zarzaparrilla. Marcus sonrió y Willy rió entre dientes. —Negó con la cabeza.165 - . Qué cuadro formaban. En medio de las carcajadas de todos. —¡Toca mi panza! —Se acercó andando sobre las rodillas—. —¡Espera a que le cuente a Gussie que estuvimos bailando y cantando! Alarmada. —Se supone que debes decir: «discúlpenme» —le recordó. Jube rió. —Pero sería conveniente que no comas más pastel. salvo que quieras meternos en problemas a Marcus y a mí! ¡Una luchadora por la templanza. Apoyado en un codo. y los tres comieron casi toda la comida. más fuerte aún. Willy. lanzó un resonante eructo. resoplando. dándole el aspecto de una tela de araña hilada. peinándolo con los dedos. se escandalizaría si supiera que te enseñamos semejante canción! ¡Prométeme que no se lo contarás! A Willy no lo perturbó la canción. Los cordones de las botas nuevas estaban desatados. de la mano. qué divertido! ¡Vaya. y el alfiler arrastró un mechón de cabello. Jube se incorporó apoyándose en una mano: —¡Willy. Willy lo trajo de vuelta a la tierra. riendo. Estaba tan cerca que las faldas le rozaban los tobillos cruzados. como Agatha. sin aliento. pequeña jarrita marrón. —¡Uf! La boca le brillaba. giraban alocados hasta que las cabezas se echaron hacia atrás y a Jube se le cayó el sombrero. panza arriba. no te atrevas. en amplias sacudidas—.. —Descúlpenme.

La taberna quedaría cerrada hasta la noche. Willy lanzó unas risitas y se puso a gatas. procurando más atención. ¿cómo creer a un niño que dice que una gallina tiene el mismo aspecto que una tetera? Willy se incorporó para contemplar otra vez el cielo. a mí me parece. —Puede ser. contentos. Pero. ¿No parece una gallina con la panza sucia? Jube la observó. —¿Cómo es que tú eres tan hermosa. encima de ella haciendo muecas. —Una tetera. contemplando los blancos retazos esponjosos. se acomodó. Una hebilla resbaló y cayó en la hierba. con la cabeza hacia atrás. Una mariposa monarca pasó volando y se posó en un arbusto. Willy Collinson. nada más. roncaba suavemente. y terminó con la cabeza sobre el vientre de Jube. no. Se le ocurrió estirar la mano y tocarle la garganta con las yemas de los dedos. —Qué chico tan halagador eres. sobre el suelo virgen. La brisa revoloteaba sobre ellos y hacía aparecer y desaparecer de la visión las briznas de avena silvestre. Para mí. y otras mujeres no? —preguntó Willy. . sintiendo que el corazón le latía con firmeza dentro del pecho. ¿no? —¿Ves ésa? —señaló el chico—.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR picnic. En alguna parte.. —Parece una gallina. —¿Son blandas las nubes? —preguntó Willy después de un rato. Los dedos del niño se aflojaron. —Jubilee se apoyó en los codos para mirarlas—. que parecía devolverle los latidos. El lugar apropiado para la cabeza de la muchacha era el de Marcus. es una tetera. —Pues. y holgazanearon. con una mueca absurda de los labios y las cejas. —Le aplastó la nariz con la punta de un dedo—. Marcus tenía los dedos entrelazados bajo la cabeza. que no protestó cuando ella se acomodó mejor. abrió las palmas y. una gallina de la pradera sumó su cloqueo entrecortado al zumbido de las chicharras. Lo parecen. apoyados uno en otro como troncos apilados. más bromas. sólo rozar.. oyendo el bullir de la vida a su alrededor. El niño se abalanzó sobre el torso de la muchacha y la hizo caer de espaldas. En lugar de moverse.. Tal vez sea una tetera con el asa rota. —Una tetera.. —Una gallina. Permanecieron acostados sobre la gruesa hierba de la pradera. rozarle.166 - . —No lo sé. y se quedaron sentados. —No. donde quedó agitando las alas.. Tampoco. en poco tiempo. gozando del peso de la cabeza de Jube sobre el estómago. mirando las nubes con los ojos entrecerrados.. Jube levantó la cabeza y lo tocó con un dedo del pie. No había prisa por regresar. el rostro al sol. y golpearse la cabeza contra la cadera de Marcus. el sol cálido los bañaba desde arriba. La tierra tibia los acunaba desde abajo.

Los labios se movieron. Oh. Pero eres de Scotty. Y lo colmó de embeleso. . la mejilla sobre el vientre de Marcus. ¿Cómo era posible que a Jube le gustara un beso de Marcus. y respondió diciendo el de él. pero no emitió ningún sonido. Y por ese día.. Alzó la de él y la vio observándolo. «Jube. ¿no?». hizo algo increíble: estiró la mano y tocó la garganta de él con las yemas de los dedos. se conformó con un único consuelo. Jube. —pensó—. el sol atrapado en la textura sedosa y rica.167 - . sintió en los dedos. por primera vez. perfecta y apacible. Y aunque Marcus oía perfectamente previrió mover los labios.. como él. después de haber conocido a un hombre así? Por lo tanto. Pero la muchacha lo vio pronunciar su nombre. qué cosas te diría si pudiese. Le hizo retumbar el corazón como un trueno de verano. Le tocó levemente el pelo. Entonces. Marcus. por ese día dorado. con tanta suavidad como si fuesen las alas de una mariposa monarca. Jube. nada más.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Pero antes de que pudiese hacerlo. era suficiente. la cabeza se movió. Hizo crecer dentro de él una loca y temeraria esperanza. Qué cosas haría. Sonrió con dulzura. Marcus imaginaba que un hombre como Scotty sabía todo lo necesario acerca del modo de besar y complacer a una mujer. en vez de besarla.

encontró los pantalones en la oscuridad. Scott pensó si no sería algo que él había hecho. ¿eres tú? Agatha se irguió en la silla y se envolvió mejor en la bata. Agitado.. ella volvía a su mitad de la cama y le apoyaba la pierna tibia encima. Los miembros desnudos eran tan blancos como las sábanas en las que yacía.168 - . La perspectiva del matrimonio debía provocar un ramalazo de ansiedad. Entre ellos. Había dos clases diferentes de amor. Jube le contestó: —Es el calor. ¿Casarse con Jube? No. tendido junto a ella. Sin embargo. Aunque era una relación cómoda. y por mucho que Gandy empujara para apartar a Jube. y el que sentía por Jube no era para casarse con ella. Tanteando.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 13 Por ser septiembre. —¿Quieres que lo dejemos. lo abotonó hasta arriba. . se apartó. tomó un cigarro y una cerilla. Quizá quería casarse. y salió del apartamento. Se sentó. para contemplarla en la oscuridad.. Ni el menor soplo de aire entraba en el apartamento. encontró el humidificador. Cuando abrió la puerta que daba al rellano. Las sábanas parecían pegajosas. pero Scott no sabía bien qué. Y entusiasta. Se había mezclado con su vida del mismo modo absoluto en que se mezclaba con las sábanas. no. está bien —respondió. En esos momentos. Además. Esa noche lo habían hecho. como cuando estuvo comprometido con Delia. Jube estaba dispuesta. lo sobresaltó un movimiento en rincón opuesto. prosiguió—: Me gustaría que alguna vez lo hiciéramos cuando no sea la una de la madrugada y yo no esté tan cansada de bailar. Jube? No es obligatorio. pero cuando le preguntó qué pasaba. los brazos hacia arriba. no lo creía. y cuando hacían el amor. flexionó la rodilla y la apretó otra vez contra él. menos el último botón. Se dio la vuelta. antes no importaba que fuese la una de la madrugada o la una de la tarde. las cosas no iban bien. Dormía con él con menos frecuencia. —No. O algo que no había hecho. Algo se había estropeado. provocándole un espasmo de dolor en el hombro. y esperaba que él sacara a colación el tema. Ni el cabello blanco se distinguía. se los puso. Ya hacía una hora que no se callaban. y fue hasta la sala de estar. Jube se dio la vuelta y le sacudió el brazo. no era el tipo de vínculo que Scott quisiera conservar para siempre. Y cuando se le acercó. —Gussie. tenía la impresión de que no siempre lo deseaba. estoy encantada. después de dos días de lluvia. Le dolía el brazo y los malditos coyotes no dejaban de aullar. Cara abajo. Pero en este caso no era así. con demasiada precipitación. el clima fue insoportablemente caluroso y húmedo. Empujó otra vez la pierna de Jube.

así es como sucede con la mayoría de las cosas malas: te conquistan. no podía dormir con este calor. La comparó con Jube. a pesar de su edad. —Se interrumpió. Por lo general.. —¿No es curioso? —comentó la mujer—. Fue sólo una observación.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Sí. Arriba.. a veces. Cuando empiezan. El cabello de Agatha. con las piernas muy separadas. Scott rió.. Scott. una rodilla levantada.. las estrellas guiñaban pero había luna nueva y no iluminaba demasiado. siempre lo había atraído. claro que no. Mientras aspiraba el cigarro. cambió de tema y preguntó—: ¿Te molesta si fumo? —No. Se acercó hasta la cima de la escalera y. También es tu rellano. Se preguntó qué haría si él se acercaba y lo tocaba. en realidad. Solía detestar el olor del cigarro. Scott miró hacia atrás sobre el hombro y vio que la mujer sentada en una dura silla de cocina puesta en un rincón. —Yo tampoco. —No te pongas nerviosa.! —Eh. —Tienes un aspecto muy diferente con el pelo suelto. bueno. y que no era un tema muy apropiado de conversación entre un hombre descalzo y una mujer. —Para alivio de Agatha. Más accesible. —lo reprendió. ¡Enseñarle póquer a un pequeño de cinco años. Cuando me quedé con Jubilee.169 - . me dijo que. —¡Vaya con el pequeño cuentero! —En serio.. en absoluto. Se afligió. el rostro se le encendió de anaranjado por un instante. —Sí. Agatha enlazó los pies descalzos e intentó esconderlos bajo la bata. el humo. lo sujetó sin darse cuenta. Yo. Scott rió y lanzó otra nube de humo. echando la cabeza atrás. A lo lejos. Agatha. —Willy me contó que le enseñaste a jugar un póquer de cinco naipes. —A mí. como para ocultar la melena libre. dirigió la mirada hacia la pradera. La mujer. al estar .. al ahuecar la mano. al comprender que iba a revelar un hábito nocturno muy personal. —Y estoy convencida de que cada día se torna más astuto. acre pero agradablemente masculino. El hombre salió sin hacer ruido y cerró la puerta. La piel parecía pálida contra el cielo nocturno. sobre la cama. lustroso y de color intenso. Vio que él también estaba descalzo.. flotaba hacia ella. como avergonzada. desnuda.. y sin camisa. Me han hecho compañía. no me disgustan. y aunque resultaba cómico. el otro pie en el suelo... pero ha llegado a gustarme. no tuvo ganas de reír. a las tres de la mañana—. indulgente—. el muchacho es astuto. tendría que haberlo trenzado. Sacudió la cerilla... se sostenía el cuello de la bata y era la imagen misma de la virtud amenazada. —¿Te molesta si te acompaño? —No.. despatarrada. no saben cómo detenerse. —Malditos coyotes. ladraban los coyotes y Agatha olvidó sus pudores. la arrojó abajo y dio una chupada honda. Encendió la cerilla en la madera y. con la espalda contra la pared. —Yo. el cabello necesita soltarse y entonces yo. Fue hasta el lado opuesto del rellano y se sentó sobre la baranda.

con un matiz de humor en la voz. y creo que. —Y ya que estás. con una especie de suspiro al final. —Bueno. —Lo único que se movía en el balcón era el humo que ascendía en espiral.. marcando las palabras. yo soy mucho más que una luchadora . los ojos de ambos se encontraron—. —Recuerdo algo de esa noche. la cabeza vuelta hacia ella. Que abrí los ojos y tú estabas arrodillada junto a mí. Así reían las mujeres sureñas: la madre de Gandy reía así. Para mí. confesó: —Tuvimos una sola partida con apuestas altas. Por fin. tan atractivo a la luz de las estrellas. El corazón de Agatha cambió de ritmo. para ti. Pregúntales a Jube y a Marcus. le preguntó: —¿Y cómo explicas que. y también Delia. pregúntale al muchacho por qué le enseñé a jugar un póquer de cinco. señorita Downing. mientras te tenga a ti para mantenerlo en la buena senda. últimamente.. Me dijiste «querido». apoyó el codo en la rodilla y dijo.170 - . Le tocó reír a Agatha. el brazo flojamente apoyado en la rodilla. y perdió. gracias. a bañarse. —No simplifiques tanto. después de que yo llene su cabeza impresionable con mis hábitos perversos. acariciándome la cara. de pronto se ponga a cantar el estribillo de «Pequeña Jarrita Marrón»? —Oh. apoyado con languidez en la baranda. el propietario de una taberna. en medio del silencio. —Es que me resultó extraño.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR contigo. y yo. —Y lo bastante entretenido para que yo agradezca que Alvis Collinson no haya logrado liquidarte. y comprendió cuan pocas veces la había oído. —Scott Gandy. Nunca había conocido a un hombre que la hiciera olvidar sus faltas con tanta rapidez como Scott. —¿Y? El hombre rió entre dientes: —Y tuvo que acompañarme al Cowboy's Rest. —Estará bien. debo decir en tu favor que eres un hombre de recursos. —Lo haré —prometió. probablemente correría lo más rápido posible de vuelta a Jubilee. La carcajada sonó suave y femenina. Sonriendo. Se sacó el cigarro de la boca. descalzo y con el pecho descubierto. Scott examinó la punta del cigarro en la oscuridad. —Estaba muy asustada. y giró la cabeza hacia ella. eres mucho más que el propietario de una taberna. —Le apuntó con la brasa del cigarro—. pues tú eres una luchadora por la abstinencia. con la línea de los pantalones negros que acentuaba la masculinidad de la pose? Si lo supiera. Hasta los coyotes callaron y. Sintió que le ardían las mejillas pero fue incapaz de apartar el rostro de la mirada de él. —¿Por qué no me ahorras tiempo y me lo dices tú mismo? Vio que la brasa del cigarro se avivaba mientras reflexionaba. no. ¿Sabría qué sucedía dentro de ella cada vez que lo miraba? ¿Sabría el aspecto que tenía. Scott. No me endosarás eso.

¿por qué no dejas que otras mujeres peleen por la causa? —Con un ademán del brazo.171 - . Marcus y. y trabajaba en él hasta que demostraba no tener nada. las rodillas separadas. una invitación impresa. como las del gobernador? Agatha se levantó de la silla. pero esa noche no estaba preparada. Scott permaneció sentado en el escalón.. El corazón le golpeó con tanta fuerza que lo sintió en los oídos. Agatha exhaló un suspiro trémulo. —Yo también lo creo —repuso en voz baja—.. Ruby. sin que me arranques la cabeza de un mordisco? —¡Ven! —exclamó. —Scott Gandy. un sudor frío. observó la pose que manifestaba cólera: la cabeza vuelta en dirección contraria. ¿Qué más quieres. pues mi padre sufría de la fiebre del oro. pero no dijo nada—.. Arrastró los pies descalzos por las tablas sin pulir de la terraza y se acomodó en el primer escalón. Me resulta muy difícil hablarte mientras vas a zancadas de un lado a otro. Entonces. —Scott.. La había llevado consigo mucho tiempo. Por favor. bajo la bata y el camisón. —¿Seguro? Le lanzó una mirada colérica sobre el hombro. Ni siquiera cuando Annie Macintosh contó llorando su lamentable historia. ceñudo un instante y se derrumbó en el primer escalón. beligerante.. bueno. La herida era demasiado honda. los hombros caídos. —Siéntate. en ocasiones. Al menos tienen motivos. actúas como si tuvieras la edad de Willy.. el cigarro apretado entre los dientes. dándole la espalda. sintió sobre la piel. algunas. —Scott resopló. —¡No! ¡Maldición! No. en realidad. Él reclamaba un posible filón. agitado. creo que nos hemos hecho amigos. se detuvo y gesticuló con el cigarro—. Mirando de soslayo. como si desearas que hubiese todavía castigos para las mujeres recalcitrantes. y comenzó: —Cuando yo era niña. Es una circunstancia desafortunada que. No estaba segura de poder decírselo. pero nunca mucho tiempo en la misma casa. a Jubilee. la irritación tan evidente que le dio miedo acercarse. De pronto. Scott. Agatha pudo imitarla. lo tenía dentro desde los nueve años. Acortó el paso. Por un extraño giro del destino. —Al llegar junto a la silla de ella. Sintió como si le hubiese arrojado agua fría a la cara.. abarcó al resto del mundo—. lo más lejos que pudo. se ajustó el cinturón y se manoseó el cuello. ¿Por qué tú? Quiero decir. empacábamos todo y nos íbamos al próximo . ¿no? Eso significaría que os perdería a ti. los hombros gachos. El licor afectó sus vidas. ¿Puedo acercarme y sentarme a tu lado. vivíamos en Colorado. Debió adivinar que llegaría el momento en que tendrían que hablar más a fondo del tema. conteniéndose con esfuerzo—. también te cierren a ti. Por eso no entiendo cómo puedes ir al té del gobernador. Pearl. no crees que yo quiera hacer cerrar la Gilded Cage. la miró. si por la prohibición cierran a otros. y guardado con demasiado celo y no podía compartirla con facilidad. Saltó de la baranda y comenzó a pasearse. creí que lo sabías. a fin de cuentas. —Dije que vengas —repitió.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR por la abstinencia. Y todos os convertisteis en mis amigos. y conversar sobre la prohibición. a todos vosotros.. compréndelo.

en realidad no era mal hombre. en lugar de pasar la vida entera como un «campesino bruto». las casas empezaron a ser cada vez más viejas. Pero le parecía preferible excavar buscando oro en lugar de nabos. mi madre. Oí un grito ahogado y corrí escaleras arriba. las maldiciones de mi padre. —Era uno de cuatro hermanos. Se estremeció y se rodeó con los brazos. frente a la ventana. Cuando yo tenía nueve años. Me encantaba esa hiedra. el padre había muerto dejándoles partes iguales de una granja en Missouri. Estaban en la parte superior de la escalera. poco.. en un catre. encontró el metal mientras que la mina de mi padre resultó ser estéril una vez más. con la pretensión infantil de proteger a mi madre.. como siempre hacía. Se volvió malo. mi madre tenía una mecedora. Gandy irguió los hombros y se volvió a medias. y las primeras casas no fueron del todo malas: todavía quedaba algo del dinero obtenido con la división de la granja. Cuando estaba sobrio. abstraída. »Era muy trabajadora. »Esa noche. y más fuerte a medida que la desilusión aumentaba.. Lo amenazó con abandonarlo. con la uña—. pero a esa edad uno no piensa. y sobrio.. superponía los faldones de la bata sobre las rodillas y los alisaba una y otra vez. —Empezó a culpar a mi madre por sus propios fracasos. desilusionado.. yo dormía en la cocina. bueno. eligió el peor. Pero cuando estaba ebrio. Lo único que hizo fue cambiar un trabajo de pala y pico por otro. —Una sonrisa melancólica le curvó los labios—. enfadado. comenzaba a beber. Scott percibió que quería decir algo más sobre la madre. Siempre estaba seguro de que iba a dar con el filón que lo hiciera rico. como de costumbre. Levantó el rostro y fijó la mirada en el horizonte invisible.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR pueblo. antes de que fuésemos a ese pueblo. sólo que se engañaba a sí mismo. A los pies de mi cama. tiraba cosas.. en una pequeña casa lamentable con un dormitorio en el piso alto. distraída. Recuerdo que estaba acostada en mi catre y los oía pelear arriba.. que reclamó un territorio donde buscar oro cerca de la ciudad Oro. a la casa siguiente. Su amigo Dennis. peleando. —Unió las manos y se abrazó las rodillas—. lleno de corrientes de aire. cautivado por la voz meliflua y la mirada directa. Cada vez que nos mudábamos intentaba hacer del sitio un hogar. tuvo la posibilidad de elegir entre dos y. pero en ese momento se concentró en la historia del padre. Sé que fue una tontería. al siguiente reclamo inútil. estaba muy borracho: maldecía. Mi madre también estaba enfadada y lo acusaba de beberse el poco dinero que teníamos mientras teníamos que vivir en una casa indigna de ratones.. reacciona. nos mudamos a Sedalia. frías.. —Él llegó una noche borracho. estaba dichoso. —Rió con risa suave y triste—. pero en esta ocasión se dirigió arriba a empacar.172 - . Scott la observaba mientras Agatha. igual que mi padre. Pero a medida que continuaba y no aparecía nada. y se lo dejaba a mi madre.. como él decía. donde no había siquiera un dormitorio para mí. Los golpes sordos en el suelo. . —Las palabras fueron perdiéndose y dio vuelta la cara. y sobre ella colgaba una hiedra. Cuando tenía uno nuevo. Pero cuando se acabó. Mi padre prefirió vender su parte a los hermanos y marchar al oeste. y para mí. Al principio. Decía que eso era trabajo de mujeres. Al parecer. Acarició la baranda de madera y la golpeó.

caí hacia atrás por la escalera. se meció revelando las emociones más profundas que ocultaba—. Gussie. Pero no soportaba que te enfadaras conmigo por lo que tengo que hacer.. lo siento —murmuró con voz quebrada. Gussie. Me lo gritó una y otra vez y. —se apretó las rodillas y tragó saliva— .. comprensivo. el cigarro le supo mal y lo tiró. de hombros estrechos. sin poder mirarlo en los ojos: —Mi cojera. menos la palabra más dolorosa. Le apretó la cara contra el hueco de su propio cuello y sintió que las lágrimas de Agatha le corrían por el pecho desnudo. Era menuda. Yo era adolescente. mi madre lo abandonó y vinimos a parar aquí... en una quietud total. Nada. Nunca lo deseé. Gussie. Quería calmarla. Ni a las mujeres de la U..C. en tono bajo. Contemplándole el perfil que le daba una apariencia tan compuesta. —Le dije a mi madre que no me importaba nada que hubiese muerto.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR No recuerdo mucho de esos momentos. Una asfixiante sensación de inutilidad. —Sí. Recuerdo el día en que mi madre me dijo que mi padre había muerto: se cayó de una mula y rodó por la falda de una montaña. no te enfades conmigo nunca más. —Oh. Asintió.. Y ahora. así no —pensó—. —Se deslizó por el escalón y la tomó entre los brazos. donde abrió la sombrerería. pero. Después de eso. Y odio por el hombre que le había causado el daño. . para siempre. pues no podía hacer nada para remediarlo. tuve.. en la esperanza de que dejara de pegar a mi madre.algo le pasó a mi cadera. amado.M. Agatha se dejó abrazar y empezó a llorar.. Scott sintió de nuevo la culpa por aquel día en que la empujó y la hizo caer en el barro. No había perdido mucho tiempo imaginando cómo sería crecer en otra clase de ambiente hasta que llegó a Proffitt y se topó con Willy. Aceptó el abrazo pasivamente y esa misma pasividad le desgarró a Scott el corazón como un cuchillo oxidado—. Seguro.. Nunca se lo conté a nadie. Por favor. empezó a dar puñetazos al colchón y a llorar entre mis brazos. Le acarició el cabello y se lo apartó del rostro. Igual que Willy la noche en que murió su padre. con Agatha.T. Dios. Pero lo irónico es que logré lo que quería: que dejaran de pelear. En aquel momento. —Vio que luchaba contra las lágrimas por primera vezdesde que empezó a relatar la historia—. —No quiero que me compadezcas. Por la mente de Scott pasaron. Scott. Tuvo valor para decir todo. ¡A manos de su propio padre!» De súbito.173 - . interrumpiendo los angustiosos movimientos. Pero Agatha prosiguió con la misma voz serena.. y cuando él me sacudió para librarse de mí. lo dijiste. sólo que aferré el brazo de mi padre. y se acomodaba a la perfección bajo la barbilla del hombre.. ven aquí. El corazón de Gandy empezó a golpear como si él mismo estuviese cayendo Con ella por las escaleras. fugaces. por fin. «Oh. y sabiéndolo siempre.. sin ruido. —Dejó que la mirada se perdiera en la distancia—. Encontraron el cuerpo varias semanas después. imágenes de su propia infancia superpuestas a las de ella. detener esos recuerdos que debían de ser torturantes. —El tono se hizo ligero. sin advertirlo. Pero podía pronunciar la palabra: —¿Cojera? —preguntó. Por eso nunca te lo conté hasta ahora. —Algo. —No lo dije en ese sentido.

mi animosa vecina. preocupado por ella. Representaba la seguridad.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR En los últimos tiempos. tres cosas de las que Agatha había carecido en la vida. Para mí significa mucho saber que soy el primero en quien confías. —Gracias por contármelo. los demás tampoco. Había contado todo sin ruborizarse. —En realidad. Te dejé hecho un desastre. —Agatha bajó el mentón. la protección. no estoy enfadado contigo. Y lo que dije antes es verdad. no tengo intenciones de convertirlo en una costumbre. Cuando digo que lo siento. entre los brazos de él. absorbiendo el consuelo ofrecido. Y ahí. Y cuando la mano le acomodó la cabeza contra él. Tú estás casi desnudo y yo. pero no es decente. el pulso le latió en la garganta y comprendió que él estaba tan perturbado como ella por esa fugaz intimidad. Agatha también rió y se secó los párpados con el dorso de las manos. Y tengo que esforzarme para olvidar que existen miles de Willy en el mundo sin nadie que los ayude a salir de una situación que no merecen. —¿Entiendes por qué tengo que ir a Topeka? —Sí. deja eso y escúchame. Vio que los ojos del hombre eran sólo sombras. Scott le aferró la muñeca: —Gussie. Quiso quedarse así para siempre. regular del corazón repercutía en su sien. La recompensa fue una pequeña carcajada de simpatía: —Yo también. después de haber llorado entre sus brazos. El latido firme. La piel desnuda estaba resbalosa por las lágrimas. —¿Acaso me quejé? —No. en ropa de dormir. pero en ese momento sintió que enrojecía. no quiero decir que me apena tu cojera. Apeló al sentido del humor y le dijo: —Detesto que discutamos. —Y jamás había llorado sobre el pecho de un hombre. Fue desconcertante mirarlo en los ojos. Cada vez que miro a Willy. la fuerza. se preguntó cómo lo sentiría bajo los dedos. Los dedos de Scott se movían al azar sobre el cabello de Asatha. comenzó a curarse esa antigua herida. casi no lo advirtió. y eso despertó el atractivo sexual que sentía hacia él. sé que tienes razón. La noche los cobijaba. Era duro y tibio y olía a cigarro. Pasó los brazos por los costados. Como tú no sientes compasión por ti misma. la mantuvo estirada y empezó a secarle el pecho. Pero llegó el momento en que interfirió el pudor. Tomó conciencia de que Scott estaba desnudo de la cintura para arriba y que ella sólo tenía ropa de dormir. Ésa es una de las cosas que admiro de ti. y después la levantó. Sujetó el borde de una manga. Por cierto. contemplándole el rostro largo rato. De pronto. Se apartó y lo miró. Pero en ese momento. extendió las manos sobre la espalda desnuda y lo estrechó. Hace mucho que no pienso en ti más que como Agatha.174 - . Scott le tomó las manos sin apretarlas. Agatha cerró los ojos y descansó apoyada en él. a la que no puedo considerar una lisiada porque es como . bajó la mirada. lo aceptó agradecida. Él le acarició los nudillos con los pulgares—. con la mejilla apretada contra la mata áspera del pecho.

miró el cielo nocturno y concluyó. Soy tu amiga. —En la última edición de The Temperance Banner. se apoyó en la baranda y la examinó bajo las cejas unos minutos: —¿Qué probabilidades hay de que la ley pase? Agatha sintió alivio de que pudiesen discutir el tema sin rencor. y apoyó el mentón en los pulgares. se quedaban a dormir y nosotros. que creyó que no quería contarle nada. por fin. ¿No puedes hablarme de ello? Vio que luchaba contra un torbellino interior hasta que. dejó caer las manos entre las rodillas y dijo: —Mi esposa se llamaba Delia. Agatha no pudo evitar una sonrisa. robábamos tortas de melaza de la cocina y . recogíamos uvas silvestres. los gallineros. Un coyote aulló. emocionado—: . y pareció el acompañamiento adecuado para las sombrías reflexiones de ambos. Por último. Pero ese margen se estrecha constantemente.cuanto yo podía desear. Haré las maletas y me iré de Kansas. —¿A dónde irías? —No sé.. jugábamos con los niños negros. continuaría. ¿Qué otra cosa podría hacer? Agatha sintió un flechazo de temor ante la idea.175 - .. Scott. Explorábamos el río.. —Gandy inspiró una honda bocanada. —Déjame ayudarte —sugirió con suavidad—. Permaneció callado tanto tiempo. teníamos todo el lugar a nuestra disposición. fuera lo que fuese lo que tenía dentro. por encima del tejado del imprescindible—. distraído. a menudo. —Se interrumpió. no te pongas hostil otra vez. yo la conocía de toda la vida. pero aún sin levantar la vista de las manos unidas de los dos. vivías ahí con tu esposa y tu hija. ¿Qué sabes tú de Waverley? —Por favor. lanzó un hondo suspiro. le dan un cuarenta por ciento de posibilidades —respondió.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR una espina en mi costado. los días de hacer queso. cambió de posición. Delia y yo. En ocasiones. y sumergíamos las manos en la cera derretida de la lechería. otra vez. ¿Qué harías si se aprobase? —¿Qué voy a hacer? —Apoyó los codos en las rodillas y giró el rostro hacia Agatha—. con sinceridad—. Era. admitió: —No sé por dónde empezar. debía de serle tan difícil revelarlo como a ella su propia historia. y menos en el tuyo. escuchando los coyotes. llevaba con él a Delia y a la madre. —El padre era un comerciante de algodón que iba periódicamente a nuestra plantación y. Por eso. Cuando pudiese. Y cómo corríamos. —¿Y qué me dices respecto de Waverley? —¿Waverley? —Scott se crispó—. se mesó el cabello y dejó vagar la mirada. Antes de la guerra. aunque fuesen miembros de facciones opuestas. La miró con el entrecejo muy fruncido. y Agatha percibió su sorpresa por lo mucho que ella sabía. Agatha esperó. —No es mi intención ser una espina en el costado de nadie.. sabiendo que. Al fin. —Retiró las manos con delicadeza y preguntó—: ¿Qué piensas hacer conmigo? Antes de responder. Agatha se limitó a esperar. el sitio donde se desmotaba el algodón.

—Bueno. en lugar de hacerlo en Waverley. Todavía puedo ver a mi papá paseando todas las mañanas por el pasadizo que pasaba junto a esas ventanas. viñedos. huertas. —Cuéntame —lo animó—. Todos varones. la cúpula. El cuadro no le hace justicia. y mi madre declaró que ahí serían bautizados y se casarían todos sus hijos antes de que a ella se la llevaran en su ataúd. ¿sabes. Se echó hacia atrás y contempló las estrellas. perrera. seis hectáreas de . —¿Tanto? Agatha estaba impresionada. aserradero. Waverley es única.. Gussie? En aquella época. salvajes como ciervos. yo supe que querría casarme con Delia. —¿Tenías dos hermanos? —Rafael y Nash. Los campos de algodón se extendían hasta donde daba la vista.. Mamá insistió en que la construyesen cuando se hizo el recibidor: era una habitación con arcadas. —No muy atentamente. dos nunca fueron a esa alcoba en sus ataúdes... —Tanto. Siempre me recordó a un águila orgullosa que extiende las alas sobre los pichones. —Reflexionó unos minuto y fue evidente que se esforzaba por continuar el hilo de la narración con situaciones más dichosas—. alimentos y cereal. con escaleras gemelas curvas que ascendían poco menos de veinte metros hasta un observatorio con ventanas en los ocho lados. Los sepultaron cerca de Vicksburg. galpón para botes.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR corríamos. entonces era algo especial. Y la casa. ferretería.. la rotonda misma. horno de ladrillos. curtiduría. con los demás. era una impresionante entrada en forma de octógono. No hay otra casa como esa en todo el Sur. molino harinero.. Me gustaría que lo hubieses visto. —La próxima vez que vayas a mi apartamento. —Se inclinó hacia adelante. las alas de la casa. establos. obsérvalo bien. Pero el padre interrumpió todo eso antes de que ella dejara de lado las trenzas y mi voz empezara a cambiar. Cuéntamelo todo. el fantasma de una sonrisa—. en lo que mi madre llamaba «la alcoba nupcial». Los dos murieron en la misma batalla. teníamos más de mil doscientas hectáreas de algodón. —La evocación le provocó una suave sonrisa—. Además. Después de casarnos. Es hermoso. las habitaciones que se extienden a cada lado de una rotonda central o. En su plenitud. desde aquel momento. y hasta una balsa.. Era. vigilando sus dominios. durante la guerra. con la cabeza levantada. Delia y yo fuimos a vivir a Waverley. en realidad. decorada con hojas de yeso. y Agatha le preguntó: —¿Cuántos de sus hijos fueron bautizados ahí? —Tres. Waverley mantenía a mil doscientas personas y contaba con todos los elementos para ser autosuficiente. vigilante. Aunque de nosotros. ya viste el cuadro. —Otra vez..176 - . Las alas del águila son. a Delia siempre le gustó. Y la cabeza del águila.majestuoso. Ah. jardines. ansioso—. como la llamaba mamá. También lo sabían nuestros padres. Se interrumpió. Teníamos fábrica de hielo. »Nos casamos en Waverley. desmotadora de algodón. y lo aprobaban. Tengo la sensación de que. buscando las palabras— . —Era más que hermoso. —Hizo una pausa. —Vi el cuadro en tu sala de estar. todos la llamaban la mansión.

A Delia le encantaba. y comenzó: —Delia era como Jube. ah. tengo que llevarte. Siempre feliz. —Miró hacia las estrellas. Está hecho de corazón de pino virgen. Cada mañana. De pronto. Es la mayor sensación de libertad posible.. Agatha pudo imaginar Waverley tal como Scott la describía. se interrumpió. con techo para proteger del sol a las damas. cuando se encendían los hogares. no existía lugar más cálido. y le costaba imaginar el lujo de las lámparas de gas.. y recuerdo muchos otros que se hicieron cuando yo era niño y joven.177 - . Agatha jamás había oído algo semejante.. como si fueran las que sostenían la lámpara—. —Ni bailé. ¿Cómo es? —¡Nunca nadaste! Negó con la cabeza. Luego. y habló en voz alta y entusiasta—: Pero nadar también debe de ser sensacional. pero no pudo mentir. —El interior de la casa siempre estaba fresco —continuó Scott—. —¿Tenía salón de baile? —En el piso principal de la rotonda. Nunca supe qué había en mí que la hacía tan dichosa pero. y espejos en el salón de baile. reinando sobre el verde lozano que la rodeaba. alimentadas con nuestra propia fábrica de gas. Y luces laterales de cristal veneciano alrededor de la puerta principal. —Habíame de Delia. —Waverley. subía las escaleras. —Lo que más me gustaría. —Alguna vez. Leatrice. sí. —Prosiguió. —La que le contaste a Willy la primera noche que lo encontramos. apartó la vista. —Nunca nadé. molduras de cemento en los techos. —¿Te gustaría? Incómoda. más alto—: Pero te interrumpí. cornisas de bronce en todas las ventanas. —En el centro del hall de entrada hay una lámpara que cuelga desde lo alto de la cúpula. cuando el tiempo era caluroso. la vieja déspota que mandaba en ese lugar. carraspeó y se sentó más erguido. Estabas contándome cómo era Waverley. cada vez que. Y por si no hacía suficiente fresco. Y además teníamos lámparas de gas. Ella y yo solíamos ir por la noche a refrescarnos. Te encantará. —Me encantaría —dijo en tono quedo. y tiene las escaleras gemelas a ambos lados. abría todas esas ventanas y la corriente era capaz de arrancarte el pelo. nunca pedía más de lo que tenía. —¿Teníais fábrica de gas propia? —Se obtenía por combustión de leña de pino. entusiasta—: En invierno. Reflexionó unos momentos. y eso era gas de resina. en el extremo del sendero había una piscina de ladrillos y mármol.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR jardines. —La única en todo el norte del Mississippi. debe de ser maravilloso. Y había más de setecientos candelabros de caoba muy esbeltos que bordeaban la escalera y sobresalían de las galerías. es bailar. —Lo miró otra vez de frente. orgullosa con sus pilares. ni monté a caballo. Scott.. Aunque fuese una vez. que pasaba por caños hasta dentro de la casa. —Oh. que se encendían al contacto de un dedo. Ahí se hizo el baile de bodas de Delia y mío. de .

¿No sabes cómo murieron? —No. . al parecer. después de unirme al regimiento Columbus y marchamos hacia el Norte. ¿Sabes qué. —Rió con amargura—. pero el cuadro que le pintó era tan sombrío que no podía borrarse con meras palabras. —La otra vez. Bautizamos a Justine en la alcoba nupcial. Agatha buscó palabras de consuelo. —¿Piensas que tendrías que ir? Gandy miró adelante y. la fábrica de gas. ¿cómo era posible? El corazón de Agatha se contrajo por él. —¿Sabes lo que es regresar y encontrar todo cambiado? La gente que amabas. Quien fuese. La casa vacía pero. ya no está. —Me quedé allí tres noches y no pude soportar más. dentro. Quizás ahora sea más fácil. Otros se fueron. tal como lo soñó mi madre. cultivando verduras y viviendo en las viejas casas. como si esperase que llegaran los fantasmas a habitarla otra vez. Tenía cabello rubio y ojos almendrados y esa risa contagiosa. Todo lo demás estaba: la desmotadora. Se pasó los dedos por el cabello y se apretó la cabeza. me pareció oír su voz pidiendo ayuda. como para ahuyentar el recuerdo. era exactamente igual a Delia. Gussie? —Movió la cabeza lentamente—. Al regresar. quizás en el mismo campo de batalla que a mis hermanos. Las vi a ella y a Delia una sola vez. No pude dormir en el dorrhitorio que compartí con Delia. encontrar palabras para consolarlo. los soldados encontraban pobreza donde antes hubo riqueza. Scott sacudió la cabeza. Y cuando nació Justine. Pero. durante la noche. Le tocó a Agatha consolarlo. y deseó. —¿Y desde entonces no has vuelto? Negó otra vez con la cabeza. la carreta de Delia fue asaltada en el camino. capaz de levantarle a uno el ánimo con más velocidad de lo que un camaleón trepa un poste. tras un largo silencio. la curtiduría. Tuve que irme. ya habían desaparecido. y dejar que la pena lo hiciera decir las palabras más amargas que hasta el momento había contenido. todo parece igual.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR cualquier modo. pero con el cabello negro como el mío. respondió: —No lo sé. quizá fue tu propia voz lo que oíste. —Carraspeó—. Pero los esclavos se habían dispersado. todo. Regresé para el funeral de papá en 1864. Me dijeron que. Unos pocos se quedaron. dormí en el cuarto de Justine y. y prefirió permanecer callada y acariciarle el brazo. Tal vez fueron ladrones. daba gracias de que los dos sintiéramos lo mismo respecto del otro. Por lo tanto. no obtuvo demasiado pues Delia era tan pobre como la mayoría en aquellos tiempos. —Ruby me contó lo que pasó con ellas poco después de que llegó aquí. ¿por qué tenían que matar también a la niña? ¿Qué clase de persona hace algo semejante? Agatha no pudo hacer otra cosa que frotarle el brazo. —No pude quedarme. quién sabe a dónde. Pero para cuando volví para siempre. el Sur era pobre y la gente estaba desesperada. tus heridas eran recientes. una vez más. No pude. —Tragó con dificultad y se aclaró la voz—. a algunos los mataron en la guerra. Si hacía años que estaba muerta. —Scott. y le apoyó la mano en el brazo. En aquella época.178 - . Fue el mismo momento en que Lincoln juró el cargo.

al este del pueblo. y ahora es un verdadero tesoro.. con las muñecas cruzadas sobre la rodilla sana y la otra pierna estirada delante. en voz alta—. Lo hizo recordar un gesto que había visto hacer a Delia innumerables veces pero. —Tendrías que pensar en regresar. observando tu cuerpo perfecto y sano. sin moral». —¿Y ahora? —preguntó. pensé que tenías el mundo bajo los pies. antes de que suba el sol y nos sorprenda aquí encaramados. Suspiró.. Cuando te vi por primera vez. En los corrales de ganado. El repaso lo hizo volver del pasado. —Ahora —respondió. Muchas mansiones como esa fueron incendiadas durante la guerra. se le ocurrió que ella lo considerase apuesto o perfecto. y tu rostro apuesto. que ya no sé si mi única cadera buena volverá a funcionar. hasta el momento. Hace tanto tiempo que estoy sentada en este escalón. Con enredaderas invadiendo el porche delantero y los campos desiertos. mirándolo de frente—. Por eso. sin conciencia. Lanzó una sola carcajada áspera. —¿No es raro? —reflexionó Agatha. es algo que te debes a ti mismo. e hizo ademán de levantarse. repasando lo que habían compartido esa noche. De pronto. con dinero suficiente para comprar el edificio y abrir un negocio destinado a hacerte rico en poco tiempo y. esperándote. lo entiendo». era pensativo en lugar de tímido.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Creo que nunca será más fácil. —Gran herencia. y al oírla decirlo sintió el corazón ingrávido. cambió de actitud quebrando la sensación de intimidad. Llegaste a Proffitt con tu ropa hecha por un sastre. Y Waverley es tu herencia. —pensó. Scott. Se ratifique o no la enmienda de prohibición. y me parece que está allá. —Pero. abrumada—. volver a sembrar. en el caso de Agatha. —¿No queda nadie que conozcas? —Ruby dice que la vieja Leatrice todavía está allá. —Quizá no. tus fantasmas puedan descansar. . Giró para observarla y vio que contemplaba el cielo que iba iluminándose. —¡Bueno! —Se estiró. se oyeron los primeros ruidos inquietos. tú dices que la casa está tal como la dejaste. Preferiría no verlo así. Nunca. y apoyó la barbilla en el hombro. Creo que es hora de que entremos e intentemos dormir un poco. La Osa Mayor comenzó a palidecer. en ese sentido. y apoyó las palmas en el suelo—. Pero es probable que.179 - . Pienso que merece que su legítimo dueño regrese. ¿No existe un modo en que puedas hacerlo resurgir? —Harían falta mil doscientas personas para dejar Waverley otra vez como antes. si vuelves. pensé: «He aquí un hombre sin problemas. Las enredaderas se pueden podar y los campos. Waverley es tu hogar. Agatha se encogió de hombros sin cambiar la pose. como un par de gatos esperando la crema de la mañana. Los coyotes dieron por terminado el concierto nocturno pues se aproximaba el amanecer. Sí. Nadie lo ama como tú. veo que estaba equivocada. Permanecieron en silencio largo rato. «Mil doscientas personas. te odié.

Cuando cerró la puerta sin ruido. Jube estaba durmiendo en su cama. no es la clase de mujer para tomar a la ligera. cada vez decía con más frecuencia cosas por el estilo. y en cambio ella no conquistó jamás ni a uno solo. entró y luego se volvió: —¿Scott? —¿Qué? —Gracias a ti también. llevó a ese mismo niño a la iglesia. Jube debe de estar preguntándose qué te pasó. Él le enseñó a un niño a jugar a un póquer de cinco cartas el sábado.180 - . Pero. el más perfecto que hubiese conocido. —Ve a la cama. los últimos tiempos. Incluso si. y Scott la sujetó del codo para ayudarla. Scott —dijo en voz suave. pronto se marcharía de Kansas para siempre. ¿De qué serviría que aceptara la vacilante invitación que dejaban traslucir las palabras de Scott? Era una mujer con el cuerpo vencido: no quería tener el corazón en el mismo estado. Scott suponía que sentía por ella algo más que amistad. estés bien seguro de lo que haces.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Se tambaleó al tratar de levantarse. Gandy. espera. Gandy dormía con una mujer con la que no estaba casado. No tenían nada semejante. Hasta en la sombra era evidente su distracción. Pero también percibió el matiz de confusión que cada uno de esos sentimientos traía consigo. de modo que debes cerciorarte de que. —Para ti tampoco. Sé que no fue fácil para ti. mientras que el cuerpo de Agatha dejaba mucho que desear. Era un hombre sin defectos físicos. ¿Qué demonios intentaba demostrar? Tenía razón: en ese mismo instante. —Buenas noches. Enfadado. Scott se quedó mirándola con las manos aún metidas bajo los brazos. ¿qué crees que significa eso? Comprender que. por breves instantes. ¿verdad? —No. . apoyó las manos en el torso y se acercó lentamente a la mujer. deteniéndose a un solo paso. el domingo. y ella llevaba en el brazo la banda blanca de la templanza. Fue hasta su puerta. pensando en besarla. pero la moral de Agatha no permitiría semejante arreglo. retrocediendo a las sombras. y él estaba ante la puerta de Agatha. lo más importante. se dio la vuelta. mientras que ella. le provocó un impacto: preguntas que revelaban un cambio en sus sentimientos hacia ella. y la falta de esperanzas de la situación. al abordarla. Gandy se cruzó de brazos. ¿qué podría resultar? Era dueño de una taberna. —Gussie. Al observarla cruzar el rellano vio que la cojera era más pronunciada. por contarme todo eso. —Gussie. si el pueblo adoptaba la enmienda de prohibición. Era lo bastante buen mozo para conquistar a cualquier mujer a la que mirase por segunda vez.

por su parte. —¿Cuánto tiempo estarás ausente. Así dice Scotty que le dicen los vaqueros. el hijo de Collinson. —¡No! Porque son como un aro de barril. Godey's dictaminaba que no se debía hacer ningún vestido de una sola tela y. y una faya de seda más rígida para la sobrefalda ajustada: en forma de pañuelo. con costuras anaranjadas y remaches de cobre: «¡como usan los vaqueros!». que sonreía. Se hizo un vestido nuevo para la ocasión. Gussie? Willy le sostenía las manos y la miraba hacia arriba. eligió un tafetán de intenso color melón para las enaguas. enroscado en un moño francés en la nuca. En el cuello. una espléndida creación de faya color mandarina. y el atuendo se completaba con un sombrero aguilón ladeado. pero tenía las uñas limpias.. que le gustó desde que la conoció. estaba en la estación para despedir a Agatha. si bien sospechaba que ahora. animosa. en pico por delante remataba atrás en una cascada de pliegues. Willy llevaba puesta su más preciada posesión: un par de pantalones Levi-Strauss flamantes. según sus propias palabras. había subido de peso y ya no se rascaba. cuando entró corriendo en la tienda para mostrarle a Agatha cómo le quedaban. Scott Gandy la veía despedirse de Willy y admiraba no sólo su vestido sino la manera en que los colores complementaban los reflejos rojizos del cabello. con expresión . y se lo veía saludable y robusto. —¡Y además. la piel de melocotón. sin tirantes! —¡Sin tirantes! Lo hizo dar una vuelta para admirarlo como era debido. de color melón y rojizo. el reciente huérfano. se ondulaba un jabot de encaje de seda color marfil. ofrecido por el gobernador. por lo tanto. y llevaba cuello y bordes de terciopelo marrón. con sus pantalones de vaquero ajustados. y la línea fina del mentón. ¿ves? En ese momento. los claros ojos verdes de pestañas espesas y oscuras. Las botas castañas ya tenían cientos de arañazos. Agatha. Para ese verano.. que formaba una especie de ojiva sobre su rostro. mangas dolman.181 - . no estaba tan ansiosa por irse. La boca atractiva. También. Pegados a las piernas. nadie dijo una palabra. estaba con ellos y todos sabían que estaba bajo la protección de ambos. de color índigo. A fin de cuentas. Agatha y Violet rieron al unísono.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 14 Si a alguien le pareció extraño que uno de los dueños de tabernas de la zona fuese a la estación de tren a despedir a la sombrerera. que iba a asistir a un té en apoyo a la templanza. La chaqueta tenía. estaba deslumbrante. llegado el momento. —¿Qué cosa? —Un aro de barril.

uno de los dos. para suavizar la advertencia—. —Cuídate. lo prometo. fue una cosa. —Una noche. Scott. las uñas y las orejas esta noche. Pensamos ir a cenar al restaurante de Emma esta noche.. Haz lo que te dije y ayuda a Violet a barrer antes de cerrar. Y yo cuidaré de Willy. Esa mañana. Gussie. vio en ellos la preocupación y se preguntó a qué se debería.. El pulgar del hombre acarició un instante los nudillos enguantados. Recordó a dónde iba y por qué. —Bueno.182 - . Willy retrocedió y metió la mano en la de Scott. En la mente de Agatha relampagueó el recibimiento que Scott le hizo a Jubilee el día que había llegado: la audaz caricia en las nalgas. Scott retrocedió y comprendió lo tonta que había sido en pensarlo. Scott se agachó para levantar el pequeño bolso de Agatha y se lo entregó. antes de que cualquiera de los dos . en la escalera. Pero en ese momento. «Pero hacerlo a plena luz del día. Gandy contempló las manos enguantadas que arreglaban el cuello de la camisa de Willy y le quitaban algo de la mejilla. muchacho? —Sí. —No te preocupes por nada de aquí. Pórtate bien y nos veremos mañana por la noche. se regañó. —Adiós. le preguntaré a Scott. Se inclinó hacia adelante con esas faldas que le dificultaban los movimientos. ya tengo que subir. Scott y Willy se sonrieron. en la estación. La mujer se incorporó. —Adiós. como sacándose de encima deliberadamente lo que lo molestaba. —Adiós. forzosamente.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR angelical. Agatha lo sabía tan bien como él. —Lo haré. por la clase de compromiso que se requería para hacerlo. antes de acostarte. pollo y pastelitos de fruta. Le abrió los brazos. Por un breve lapso vacilaron. —Bajó la vista y miró la mano del niño—. cariño. mientras el pequeño mantenía el equilibrio estirándose sobre las puntas de los pies.. y el pelo brillaba en el sol. fue compartir una simpatía. y Willy la besó en plena boca. Si la ley salía. es otra bien distinta». y luego los soltó. y Gandy percibió cuánto había llegado a querer al niño. y la admiró. —Y los dientes. por primera vez. sus pestañas le abanicaron las mejillas. La mujer miró los ojos oscuros del hombre: por un momento. Lo estrechó contra el pecho lo mejor que pudo. tendría que despedirse de Willy para siempre. ¿lo prometes? Willy hizo una mueca de disgusto y arrastró los pies. Forzó una sonrisa. Scott lo había peinado con especial cuidado y había empleado. ¿no es así. Por un instante. —Uf.. —Tocó la punta de la nariz del niño. unas gotas de aceite de la India. El abrazo de la noche anterior. pensando los dos en un abrazo de despedida. —No me preocuparé. —Cuando vuelva. el beso delante de medio pueblo. Apresuró a darse la vuelta.

M. Hizo una reverencia sobre la mano de cada una de las damas presentes. Sin embargo. vio a Scott y a Willy. Scott acomodó la cerilla en los dedos de Willy y le enseñó cómo hacerlo. con sus galas a la moda. encendía el puro. Rojas. y un Stetson de copa baja haciendo juego. Le dijo algo a Willy. La vez siguiente. encendió y el niño sostuvo mientras Scotl. se sometería la prohibición a la decisión de los votantes de Kansas. muy de élite. Hizo tres intentos y falló. pensó. conversó. sintió que el amor por ellos florecía dentro de sí. y castaños de la India aquí y allá proveían oasis de sombra en puntos estratégicos de ese diseño tan formal. Entonces. que asintió con entusiasmo. mientras aprendía métodos nuevos para conquistar votos y difundir la propaganda contra el alcohol. El corbatín castaño se levantaba con la brisa y se acomodaba otra vez sobre la camisa blanca. Tejos majestuosos. Le ardieron los párpados y se le formó un nudo en la garganta. dichoso. Casi tuvo ganas de que la prohibición fracasara. mientras explicaba la forma adoptada por la U. «Lo próximo que hará. Willy también comenzó a buscar. en lugar de ponerla ceñuda la hizo sonreír con melancolía. Pero la perspectiva. pronto podría perder a uno de ellos. Apoyó la cabeza en el asiento y cerró lentamente los ojos. metido a la fuerza en un cuello blanco de palomita y corbata Oxford negra. con los ministros bautistas. las mujeres de polisón bebían el té de tazas para café.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR cediera a la tentación. con las manos cruzadas a la espalda comentaban la situación política. Contemplando a los dos. En menos de dos meses. y sacó una cerilla de madera. sacó un cigarro del bolsillo.183 - . El jardín de la mansión del gobernador estaba diseñado en macizos en forma de diamante. salmón. su porte regio y sus modales impecables.C. blancas y rosadas. mientras dignatarios de vestimenta formal. se sentía una traidora hacia esos dos seres que la habían despedido en la estación. Sentadas en bancos de hierro pintados de blanco. el hombre alto y cordial y el niño rubio. El gobernador tenía un especial aire de decoro. custodiaban los límites. local en el combate contra el ron. solícito. No obstante. Desde la ventanilla. sacudiendo los bigotes. Cercos de ligustro cuidadosamente recortados delimitaban los senderos de grava. Amanda Way y otras líderes famosas cuyas . Era una escena muy pomposa. Después. Se palmeó la chaqueta y Agatha supo que estaba bromeando con el niño. Estaban Drusilla Wilson. o quizás a los dos. es enseñarle a fumar al chico». El tren empezó a moverse y los dos levantaron la cabeza y la saludaron agitando las manos: eran las dos personas más importantes en su vida. Agatha. este alzó una rodilla y raspó la cerilla contra el muslo de los nuevos y rígidos pantalones de denim. entre rosales repletos de flores. Scott llevaba un traje marrón claro. Scott se puso el cigarro entre los dientes. perfumaban el aire con su fragancia inimitable. y realizó consultas con conocidas figuras del movimiento por la templanza. Los crisantemos formaban retazos amarillos y bronce en los cruces de los senderos. encajaba a la perfección en la reunión. erectos y uniformes como las picas verdes de una cerca. se inclinó hacia Willy.T.

Pasó ante una tabaquería y se detuvo. los humidificadores de tulipanero. Su marido. Alquiló carruaje y conductor para que la llevase de vuelta al hotel. A la mañana. No. salió de compras y encontró una armónica para Willy y un broche de marfil tallado para Violet. pensó que era muy probable que el 2 de noviembre cayese la guillotina. cenó en el elegante comedor. Pasó un caballo arrastrando un coche sobre los adoquines y el traqueteo la sacó del ensueño. oyendo aullar a los coyotes y disfrutando el aroma del cigarro de un hombre. Eres una mujer soltera. Entró en la tienda. Siguió andando con paso decidido. se preguntó: «¿Qué esposa no conocería la marca favorita del marido?». —Sí. es un hombre soltero. Al levantar la mirada. Era una idea peligrosamente provocativa. caminando juntos hacia el mercado. señora —la saludó el dueño. —Buenos días. —¿Quiere algo para su marido? Al sonreír. Agatha. se había enfriado considerablemente. Se tendió en la cama forrada de cotí y rellena de plumas de ganso. —Ah. El interior era polvoriento y aromático. ardiente. ella con el gracioso vestido y el sombrero en pico. por un momento. creo que tengo justo lo que buscaba. no sobre Scott Gandy. podrían ser unas tijeras. Salió de la tabaquería con unas minúsculas tijeras de oro de punta roma en un estuche plano de cuero. se sintió fuera de lugar pues por las venas de estas mujeres corría. y se preguntó si. . Compartiendo el encuentro con ellas. al regresar. Se paró ante la vitrina y admiró las pipas de cerezo. En cambio.184 - . Recordó el entusiasmo que sintió el día en que recibió la invitación a este evento. era divertido imaginarlo.. Se imaginó a Scott Gandy junto a ella. —Buenos días. No sabía nada de marcas y al darse cuenta de que se había traicionado. sino sobre sí misma. de fragancias intensas y masculinas. en las de ella. ni lo sería nunca aunque. Se instaló en la habitación decorada con buen gusto. almidón y aceite de máquina. no servirá. No sería correcto. pero hubiera preferido estar en su estrecho apartamento. pero con ganas de estar sentada en un duro escalón de madera mirando las estrellas. y deseó recuperar una parte de ese entusiasmo. iluminada por el sol matinal de un tibio día de otoño. y las cajas de cigarros. la mano enlazada en el hueco del codo de él.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR fotografías Agatha había visto en el Banner. tendría el valor de dárselas. el fervor por la causa mientras que. tan diferentes de los familiares olores a tintura. vio su propio reflejo en el cristal. comiendo pollo y pasteles con Willy y Scott. los bigotes manubrio y las mejillas sonrosadas del hombre se elevaron. de empapelado tramado y cortinas adornadas con borlas. él con el Stetson de copa baja y el crujiente traje color gamo. escuchando el piano y el banjo filtrarse por el suelo.. y deseó estar en el restaurante de Cyrus y Emma Paulie. Scott Gandy no era su marido. pero a pocos metros se detuvo y desando el camino.

¡Date prisa! Está en la taberna. no tenía que esperar que estuviese ahí. ¿de qué me sirvió? Por una vez.. —Sí.. que es púrpura y blanco.. Gussie! ¡Es el gato más hermoso que hayas veído jamás! —Visto. vete al diablo! Fui una remilgada toda mi vida. ¡Oh. y. agitando la mano y saltando con brío.. Moose? —rió Agatha. No tuvo más remedio que «darse prisa».. pero a mí me parece púrpura con manchas blancas donde salen los bigotes. ¡y durmió conmigo anoche y no rodé encima de él ni lo aplasté. —¿M. a pesar de sí misma.. Agatha. Gussie! —¿Qué? —¡Teno un gato! —¡Un gato! Aunque le dirigió una sonrisa radiante. todavía rígido con sus pantalones azules. Scotty dice que es gris. y que.185 - . el corazón la llevó de vuelta al hogar. Qué raro en ti. . Pero se acomodó el sombrero y revisó el peinado. ni nada! ¡Ya vas a ver. —Le puse ese nombre. Aquel día. porque es el más grande de todos. entonces lo truje a casa de Scotty y Scotty dice que puedo. —Bueno. ¿qué son unas pequeñas tijeras? Estás justificándote. —¿Y Moose es de color púrpura? Agatha se preguntó cómo pudo pasar un día sin Willy para iluminarlo. siempre que duerma conmigo por las noches para que no se meta entre los pies de la gente en la taberna. Agatha. Comparado con eso. y Jack está cuidándomelo. parado sobre un banco en la acera de la estación.. Pero sí estaba Willy. martillando con ansiedad mientras el tren entraba en la estación de Proffitt. más o menos. Pero él me regaló una máquina Singer de coser. Willy levantó el bolso y salió corriendo. —Violet dice que la señorita Gill tenía una carnada en la casa de pensión y que si no se deshacía de ellos pronto habría que ahogarlos. pero tengo que regresar para vigilarlo. Willy parloteaba a toda velocidad. bueno. Agatha rió: —¡Púrpura y bl. esperó que la falda no estuviese demasiado arrugada y escudriñó la estación. vamos. de día. Agatha se apeó y el muchacho fue corriendo hacia ella. y le pegunté si podía quedármelo y me dijo que sí. tuvo que hacer un esfuerzo para no observar la estación en la esperanza de que Scott llegara tarde. El corazón le dijo que no tenía que buscar a Gandy entre el gentío.! —Y era el que más me gustaba. —¡A que no sabes. Moose puede cazar ratones en la despensa.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Qué poco propio de ti. Se dijo que era totalmente ridículo estar desilusionada por su ausencia. El chico se rascó la cabeza casi sin darse cuenta y se dejó el cabello erizado como tallos de melcocha secos. No estaba. seguiré el impulso de mi corazón.. y yo fui allí y estaba este.

pero Agatha casi no la vio. ponía los codos encima de una barra. no. que olfateó la cerveza del jarro de Doc y dio un delicado lengüetazo. —¡Ha vuelto Gussie! ¡La truje a ver a Moose! Todas las cabezas giraron hacia la puerta. Tras él. —¡Ven. mientras el gato los entretenía a todos. Willy se acomodó sentado encima de la barra con las piernas cruzadas. Estaba detrás de la barra con Jack. Marcus. fugaz. demasiado temprano. De inmediato. En una ocasión. al tiempo que corría tras Willy. se paseaba un adorable gatito de ocho semanas de edad. forcejeando alegremente para cargarlo. por el rostro de él.186 - . Doc Adkins. —¡No-o! Scott dice que yo tengo que llevártelo. Marcus sacó una moneda del bolsillo y la hizo girar sobre el bar. divirtiéndonos —le dijo Jube. «Con que eso dijo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¡Espera. Se levantó de un salto y corrió. no debes. Virgil Murray. Qué figura. Jube. Perdió equilibrio y rodó a los pies del animal. Entre ellos. hasta que el gato avanzó con cautela y volteó la moneda con la garra. pero Doc apartó la jarra. Willy soltó el bolso y aferró a Agatha de la mano. ¿eh?». Dierdre se exhibía en su jardín de las delicias. el bolso se balanceó para atrás. Sólo tuvo ojos para Scott. —Oh. Agatha levantó la mirada y vio que Scott la contemplaba. —Moose está aquí. con la vista clavada en la pieza de oro que giraba. pensó. Jack se sirvió una cerveza y la bebió a sorbos. lo golpeó en las rodillas y lo hizo caer encima. Marcus apoyó una mano en el hombro de Jube. Marcus alzó a Willy y lo sentó en el borde de la barra. Pisó un charco. había sólo unos pocos parroquianos. Willy! Yo puedo llevarlo. La llevó directamente por las puertas vaivén al Gilded Case. sobre el mostrador del bar. Pero no se detuvo a quejarse. hociqueó la espuma. conversando apoyados en los codos. mientras Agatha cojeaba tratando de seguirlo y sintiendo que lo amaba más a cada minuto que pasaba. Ya es bastante para una cosa tan pequeña como tú. y una expresión que pasó. riendo. —¿Lo ves. Aferraba el asa con las dos manos. Estaban todos reunidos junto a la barra: Mooney Straub. Jube se desplazó para dejarle sitio a Agatha que. y observó desde atrás de ella. Willy repitió el juego varias veces. vestido con un traje negro y chaleco color ámbar. después cruzó hasta la jarra de cerveza de Mooney. Todos observaron a Moose. fijó los ojos en los de Scott. arqueó el lomo y siseó. los hombros flacos levantados. para diversión general. Tuvo la impresión de haber estado ausente una semana. se sacudió la pata. Gussie! Mientras Willy la arrastraba. como siempre. La atención . le dijo que también se alegraba de que hubiese regresado. por primera vez en su vida. que retrocedió. El bolso era más grande que Willy. Jack y Scott. Gussie? —Los ojos de Willy resplandecían de orgullo—. meneó la cabeza y estornudó. excesivamente apuesto. ¿No es precioso? Agatha se fijó en la bola de pelusa gris y blanca: —Es adorable. Moose se dispuso al ataque. riendo entre dientes. Como era media tarde. Rieron. con expresiones absortas.

mientras Willy insistía con el instrumento. los ojos. que afirmaba ser la «madrina» de Moose. Cuando ya se iba. menos personal? Y por algún motivo. si era cierto. —Se me ocurrió que Marcus podría enseñarte a tocarla bien. Gussie! No hacía falta mucho para iluminar los ojos de Willy e impulsarlo a dar un abrazo y un beso. Los ojos de Scott expresaban sentimientos hacia ella. ¿no sería esa la causa de que no fuese a buscarla a la estación? Si estaba tan confundido respecto de esos sentimientos como la misma Agatha. Estaba segura de que la había echado de menos. —También compré algo para Scott. Agatha advirtió que ella y Scott no habían intercambiado una sola palabra. además del banjo. había perdido el coraje de entregarle el regalo personalmente. la mirada del hombre bajó a la boca y Agatha sintió que ardía con una conciencia de su físico más intensa de la que hubiese percibido jamás. muchacho. y Moose se arqueó. era natural que extremase la precaución mientras los exploraba.187 - . A Violet le encantó el broche de marfil. Los presentes rieron otra vez. pero está en la maleta. La mirada era firme. —Tengo que ir a relevar a Violet. Agatha tomó una decisión repentina: —¡Espera! Impaciente. Agatha tuvo la sensación de que todo el cuerpo le latía. tan negros como el ala del sombrero. Ven más tarde: tengo algo para ti. se hizo cargo del animal y lo acarició. —¡Pero no sé la hora! Scott rió y apoyó una mano en el hombro del chico. después que haya desempacado. a tal punto que se lo colocó de inmediato en el cuello. algo más poderoso que lo que podía oírse. gracias. —¡Jesús.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR de todos los demás estaba concentrada en el gato. Cuando los ojos de Scott la convocaron. ¿cómo era posible? Le resultaba increíble. Tiene talento para la música y estoy segura de que es capaz de tocar otros instrumentos. pero ni Scott ni Agatha los oyeron. le preguntó: —¿Cuánto tiempo te llevará? Agatha sonrió con indulgencia. —Dame media hora. ¿Podrías llevárselo? . apareció Willy. Como si le hubiese leído la mente. Que Dios me ayude: lo amo. Ven más tarde. dándole un golpe suave en la rodilla. La moneda zumbaba al girar.. al menos audible. Dio un soplido a la armónica. Sin embargo. Se olvidó del gato y le dirigió una mirada brillante: —¿Para mí? —Sí. el niño volvió. Tampoco sonrieron. Pensó en Violet pero dudó: ¿no le daría un aire menos. —¡Iré a enseñársela a Marcus! Tomó a Moose y fue hacia la puerta. después de la significativa mirada que intercambió con Gandy. Pero. Como Agatha imaginó. supo que se ruborizaba y recurrió a Willy.. Al levantar la maleta para irse. Violet. Pero algo pasó entre los dos. —Yo te diré cuando pase la media hora. mucho antes de que pasaran los treinta minutos.

motivo que impulsó a la gente a mezclar cerveza en el agua. de fuentes inesperadas. Pero a cada respuesta que daba se sentía más traidora. ¿no es cierto. El artículo apareció en primera plana. a su vez.188 - . —Señorita Downing. si la gente lo supiera. Desde el pulpito de la Iglesia Cristiana Presbiteriana. ¿cómo están? Intercambiaron las banalidades de costumbre y. y muchos de ellos fastidiaban a los padres no sólo para que dejaran de beber alcohol sino para que. haciéndole una pregunta tras otra. en noviembre. también la consideraría una cabeza hueca. —Señorita Downing. la necesidad de un «agente purificador» era cosa del pasado. e iniciar así la locura alcohólica. La Gazette misma publicaba un editorial destacando que la templanza surgía como el tema principal que unía a las mujeres en todo el país. «Oh. no». inspiradas por Gandy. La ayudante estaba demasiado fascinada con ese hombre para mantener la sensatez en ese aspecto. Si esperaba que Violet se encargara de darle un regalo a Scott. y Agatha no pudo hacer otra cosa que contestar. señorita Parsons. votaran por la ratificación de la enmienda constitucional que lo prohibía. ¿verdad? El hombre se quedó casi media hora. al entrar en la tienda por la puerta principal. aunque fuese real. El inspector de escuelas anunció un concurso de ensayos sobre el tema: el ganador recibiría una . ¿cómo podía adivinar qué pensamientos bullían en la cabeza de Scott? Joseph Zeller. —No es cosa de todos los días que un ciudadano de Proffitt se codee con el gobernador. Quizá fue sólo su imaginación esa mirada provocativa de vibrante intensidad. Agatha recordó la época en que solían irritarla las risitas disimuladas de Violet. Se le ocurrió que. llevaban la advertencia a sus respectivos hogares. y atrajo un caudal inesperado de propaganda en favor de la reforma constitucional. Los maestros comenzaron a sermonear en sus clases acerca de ingerir bebidas tóxicas y los niños. tengo entendido que fue a Topeka. en el presente ella misma se sentía así cada vez qué estaba cerca de él. aduciendo que ya no existía el riesgo de cólera. Sin embargo. impresionado. el reverendo Clarksdale instó a sus feligreses a votar por la prohibición. a reunirse con el gobernador. Y. estaba equivocada. interrumpió la introspección. con el gato subido al hombro. Le sonsacó cada uno de los movimientos innovadores para aumentar la conciencia pública con respecto a los peligros del alcohol. Pero mientras se esforzaba por hallar una respuesta que no la comprometiera. orgullosa: —Ya lo creo que fue. Y tal vez lo fuese. Agatha sonrió y lo miró desaparecer. Agatha? Zeller sonrió. Zeller mencionó el motivo de su visita. por lo tanto. pensó Agatha. por fin. en la Gazette. Recibió una invitación impresa a un té que daba el gobernador en el rosedal. Le dio el paquete y Willy salió disparando hacia la puerta. Sólo un par de tijeras para los cigarros. —No le diré qué es hasta que abra el paquete. Qué cabeza hueca le parecía. ¿Qué es? —Una insignificancia.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Claro. Violet exclamó.

—Gussie está haciéndome unas camisas más abrigadas para. —Violet dice que Gussie está de mal humor.. la taberna cerraba más temprano. La Sociedad Literaria de Proffitt anunció una serie de debates abiertos en sus reuniones semanales. —Gussie dice que. Ya las moscas no molestaban de noche.. ayer Gussie y yo. En medio de todo ese furor.189 - . entrando y saliendo... El otro brazo del sujeto la aferró... daba entusiastas informes en uno y otro lado del edificio de Gandy. Permaneció inmóvil como un cadáver mirando. siquiera. aferrando la almohada v balanceándola hacia atrás con toda la fuerza posible. tratando de ver quién estaba junto a su hombro.. Era humillante haber hecho un regalo a un hombre por primera vez en la vida y no recibir ni las gracias. Agatha se despertó de golpe. La respiración jadeante era real. —A Gussie y Violet les encargaron. pero no le mandó una sola palabra de agradecimiento. llevando consigo su fervor característico. pero con todo Agatha dormía mal.... —De camino a la Iglesia. y miraba a Evelyn como un toro furioso que se dispusiera a embestir. Marcus y Scotty tuvieron que mover el piano. sólo lo veía de paso o a través del agujero en la pared. —Como perdí a Moose. aunque ya estaba a medias levantada. —Scotty y Jube se reconciliaron. Había refrescado.. No era que tuviese pesadillas. El grito de Agatha quedó interrumpido por la mano incrustada sobre la boca. sibilante. e invitó a participar a los miembros de ambas fracciones. . por las noches.. ni acusó recibo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR medalla de bronce y su nombre se inscribiría en una placa conmemorativa que enviaría la propia Lucy Limonada en persona. asmática. Dios! ¿Qué hago? ¿Dónde está el objeto pesado que tengo más cerca? ¿Podré alcanzarlo más rápido de lo que el intruso me atrape a mí? ¿Qué hago primero. Pero nunca tocó al intruso: se la arrebató y la tiró.. En sus sueños.. Le sudaron las manos. Agatha y Scott se evitaban.. Pesada. Agatha estaba mortificada.. pero le parecía que los debates de la Sociedad Literaria de Proffitt se realizaban dentro de su cabeza. Daba la sensación de que el aire silbaba entre sus dientes entrando y saliendo. ¡Oh. Willy se convirtió en el único vínculo entre los dos... Desde ese punto ventajoso lo vio usar por primera vez la tijera de oro. volverá a.. Desde que regresó de Topeka. —Scotty dice que. Venía de al lado de la cama.. Faltaba menos de un mes para el día de las elecciones. Mustard Smith discutía a gritos con Eyelyn Sowers. Se le tensaron los músculos. —Pearl dice que si pasa la prohibición. Saltando de uno a otro. gritar o saltar? Hizo las dos cosas a un tiempo.. la actividad de los conductores de ganado mermó casi hasta interrumpirse. y al comprender que perdía comenzaba a jadear. El pánico la invadió. —Yo y Scotty fuimos. Corría el mes de octubre. —Scotty y Jube discutieron. cruzado sobre el pecho y las costillas y la alzó hacia atrás..

¿Entendió? La apretó más fuerte. señora. ¿sabe? Quizá tenga una manera mejor de lograr que se porte bien. pero no me hizo caso —siseó. ayúdame! ¡Comisario Cowdry. renga? Bueno. en el oído de Agatha—. —Tenga cuidado. pero las palabras salieron como gemidos ahogados contra la mano sudorosa. ¡Y deshaga esa sociedad por la templanza! ¿Entendió? Asintió. Oyó su propia voz que gemía. Para ser una lisiada. Intentó suplicar. sin querer. La presión pasó a los pechos. apretaba los muslos. alguien! ¡Por favoooor!» —Usted es la que empezó con esa basura de la prohibición. pero se le cerraron los ojos y las lágrimas brotaron por las comisuras de los ojos—. ¿eh? —Deslizó una mano por el vientre de Agatha y lanzó una carcajada perversa mientras ella. Agatha siguió hipando. ¿Está cortándole? Estaba cortándola. Sintió que la punta del cuchillo le penetraba en la carne y gritó bajo la mano. del lado izquierdo. y algo la pinchó bajo la mandíbula. hermana!. «¡Scott. Después. Dígale a esa predicadora melosa que cierre la boca. el cuchillo podía clavársele en el ojo. con gestos enloquecidos. pues ese . Violet. Apuesto a que nunca lo hizo. Los dientes le cortaron el labio y sintió el sabor de la sangre. se echará atrás. en lugar de matarla. Si tironeaba. A cada latido. Aquí tengo algo que la obligará a escucharme aunque no quiera. Gritó de nuevo. Dejó de clavarle las uñas. esta noche no tengo tiempo. Por los orificios dilatados de la nariz le entró olor a cigarro y a sudor. clavándole las uñas en el brazo que sostenía el cuchillo.. y el sujeto se flexionaba contra la cadera de ella. se equivoca. hermana. salada del sujeto. fue a gimotearle al gobernador hasta que logró que este maldito Estado explotase en un solo clamor. ¿qué es esto que siento? —La hoja se apartó y la mano se cerró sobre un pecho—. Un instante después. Un dolor agudo provocado por la punta del cuchillo le dio la sensación de que la hoja ya le había atravesado el ojo. —¡Eh. en este pueblo. Contuvo las ansias de gritar otra vez. no está nada mal. sentía que le explotarían las venas. sintió que le metía el camisón entre las piernas. ¿entendió? Diga a las demás mujeres que terminen con sus malditos debates. Bueno. Una organizadora muerta sería de lo más eficaz para ponerles paños fríos a todas las reformadoras de por aquí. y oró en los umbrales de las tabernas. Ahora me escuchará. frenéticos. y sintió que algo tibio le resbalaba por el cuello. desesperada. Organizó.. Los gemidos sé aceleraron. somos once a los que no nos gusta. Pero le daré una última oportunidad. a cada exhalación aterrada. sermoneó. señora. ¿sabe? Rió con malicia.. y el hombre le apretó la cara con tanta fuerza que creyó que le había roto la mandíbula. porque tengo un gran corazón.190 - . —No veo bien en la oscuridad. —Creyó que se le saltarían los ojos de las órbitas—. ¿no. al pasar del pánico a la semiinconsciencia. —Ahora.. aquí. —Si cree que tengo miedo de matarla.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Se lo advertí.

sujetándola con las manos y los codos. —¿Qué hombre? —Un ho. cu... Todavía alterada por la impresión. cu. Así. se tambaleó junto a la pared hasta la próxima ventana.. vamos. por la angosta cornisa que había detrás del falso frente de la tienda.. S... —Un hombre f. demasiado aturdida para comprender que también pertenecía al cuarto de Jube.. favor.. ¿entendido? De rodillas sobre la cama como un musulmán de cara a la Meca... con el camisón aún metido entre las piernas... S. como un perro fatigado.. f.. Se arrastró hasta la siguiente y la aporreó con el puño.. hasta la primera ventana que encontró.. ho. —S.. hombre f. que estaba abierta unos centímetros. S.. sangrando sobre las sábanas. trató de controlarse después de haber pasado por la experiencia más terrible que había tenido que enfrentar hasta el momento. Un .. Sintió contra el pecho los movimientos bruscos del torso de la mujer. h..... —Ahora. desgarrado. estaba llorando... —Cálmate.. respira hondo. una mano en la nuca. a. Usaré esto. Si pasaron cinco minutos o cinco horas.. preguntándose si Jube había hablado en sueños. u...tenía un cu. cu. Golpeó. a. tranquila... cuarto y te.. ayuda. Scott la atrajo hacia él y la abrazó con firmeza.. Y no me importa para nada que pueda rodearme con las piernas o no.. Temblaba con tal violencia que Scott le oyó castañetear los dientes. Un hombre... S. —Despacio. volveré.... La sujetó de los hombros y sintió que su propio corazón se aceleraba de miedo.. —¡Agatha! ¿Qué ha pasado? —U. De pie en la oscuridad. —Ahora estarás bien.. ho. Lo único que supo fue que el hombre salió por la puerta y que sólo había otra manera de salir del apartamento. un. Scott Gandy emergió de un profundo sueño al oír el susurro.. Por la ventana..... fue a mi c. Gussie........ Rodó para mirar sobre el hombro y vio una figura de blanco a los pies de la cama.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR maldito comisario entrometido anda por el callejón. c. Cu. Los temblores le recorrieron todo el cuerpo y respiraba como si estuviese debatiéndose en aguas profundas. Abrió los ojos. —Cuanto más lo intentaba. y poniéndole una mano en la nuca. más difícil le resultaba la palabra—... seguía jadeando con bocanadas breves. siguió hasta la próxima y golpeó otra vez. Di una palabra por vez. No..... Scott. El primer impulso fue ir a buscar la pistola. sintió la cadera como si estuviese rompiéndosele otra vez. insuficientes. Llorando.191 - . pero entonces oyó otra vez el gemido quebrado. gimiendo. me —rogó—.. fue. Estás a salvo. el pecho agitado. ho... Desesperada. La hizo caer a gatas sobre la cama. —S. Por ahí salió Agatha.. Scott... p…p…por.. le aplastó la cara contra el colchón. —Un ho. pero Jube no salió. Pero si no hace lo que le digo. saltó de la cama. hombre.. desnudo como estaba. no estaba en condiciones de saberlo.. se quedará así cinco minutos. La empujó hacia arriba y pasó por el alféizar al dormitorio de Scott..... pero era la ventana del pasillo... sólo pudo tartamudear. otra vez. f. Scott. Aun así.

Tembló con tal violencia que el resto de la palabra se perdió.. tartamudeó: —N. entre hipos...... ¿lo hizo? Mordiéndose los labios. aterrados.. —Alguien atacó a Agatha.que estoy san.s.. como si apelase a toda su energía vocal. —N... sintiendo que el miedo daba paso a la furia. —¡Ahora... Revisó el cuerpo pero no encontró más desgarros en el camisón. desorientada..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR hombre fue a tu cuarto y tenía un. Sin soltarla.c.. Cuando encendió la lámpara. Gandy habló en tono duro.sangrando —gimió.. Jube! Agatha está herida. Jack irrumpió en la habitación.no s.creo qu.é —respondió. —¡Levántate.hibición en las ta. las lágrimas brotaron tras los párpados cerrados. Agatha cruzó los brazos sobre el pecho. lo s.. se echó hacia atrás y se inclinó hasta que pudo verle los ojos inmensos. Llegaron Marcus e Ivory. Jube! —vociferó—. e insistió: —Gussie. Tal vez sea algo peor. sin otro atuendo que los pantalones. ¿qué tenía... —C... cortante. Ve a echar una mirada atrás.. cerró los ojos y se estremeció. con los ojos apretados. hasta que al fin explotó—: ¡Cuchillo! —¡Dulce Jesús! ¿Estás bien? A Scott le pareció que cada uno de sus propios latidos era una explosión. Fue presa del terror mientras buscaba la herida y la encontraba bajo la mandíbula. Gussie? —Cu. —¿Está bien? —La hirieron con un cuchillo.. y giró la cara.sé. —¿Te hizo daño de alguna otra manera? La única respuesta fue que Agatha se acurrucó más.no.. La tomó en los brazos en el preciso instante en que a Agatha se le doblaban las rodillas... cu.. .frío. soñolienta: —¿Amor? ¿Qué pasa? Gandy no le hizo caso.. mientras acostaba a Agatha en la cama tibia. negó enfáticamente con la cabeza.. ¡Despierta a los hombres y corre a buscar al doctor! —¿Eh? —farfulló. —Tengo m... vestido con su traje de dormir de una pieza... —El jadeo se hizo más rápido contra la oreja de Scott. ¡Trae al doctor Johnson! Jube salió de la cama y encontró la bata camino de la puerta..mucho f. avergonzada.. —¿Quién te hizo esto? Sin abrir los ojos. Jube se despertó y preguntó. Scott le apretó el hombro a través de las mantas.192 - . —¡Manda a Jack aquí! —ordenó. —¿Qué quería? —La pro. vio enseguida la sangre sobre el camisón blanco.ta.. La tapó hasta el cuello y se sentó al lado..

. agarró los pantalones de un manotón. Mojó generosamente un aposito de gasa con tintura de árnica. Al ver que llegaba el doctor Johnson y ocupaba el lugar de Scott en el borde de la cama. Gandy miró a Agatha. tus sábanas.... no. —No me dejes. la vista fija en los ojos enormes. Tendrá escalofríos hasta que pase la impresión pero. Tal vez una medida de whisky lo atenúe. Todavía estás sangrando. —No lo haré —le prometió. se recuperará sin inconvenientes. Pearl y Jube espiaban ansiosas en la puerta. El médico limpió la herida con salmuera y afirmó que no haría falta coser. apartándoselo de la frente una y otra vez. hablaremos de eso después. los ojos de la herida se llenaron de pavor. Jack desapareció sin decir una palabra. gracias por ir a ver.. Si uno de vosotros quiere ir a buscar al comisario. ve abajo a buscar una botella. por favor. Le metió la mano bajo las mantas y la arropó otra vez. —Scott —murmuró. acariciándole el cabello. Quiso tocarse la herida con los dedos. —Por favor. Ivory. aconsejó: —Esta noche. acomodó las mantas bajo la barbilla y quiso saber: —Te puso encima algo más que la hoja del cuchillo. ¡Juro por Dios que las pagará! Agatha abrió los ojos y suplicó: —¡No. por favor. El doctor Johnson se lavó las manos en el lavabo que usaba Gandy para afeitarse y.193 - . sentirá un poco de dolor. y salió corriendo mientras los otros hombres le pisaban los talones. Ruby. ¡Maldito sea! Descubriré quién es ese hijo de perra. desenfocados. se los puso y se volvió otra vez de cara a ella. —Pero. empujándola hacia abajo por los hombros. creo que será mejor que hable con él esta misma .. —¡Shh! —El hombre no me. fuera de eso. mientras se los abotonaba con gestos furiosos.. lo aplicó a la herida y lo sujetó con una tira alrededor de la cabeza. —Después. se sentó junto a ella callado.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Jack rechinó los dientes. como agua verde y profunda. los ojos llenos de lágrimas que los hacían parecer transparentes. —¡Vamos! —ordenó. Entretanto. Después. Los hombres informaron que no encontraron a nadie en el callejón ni en el apartamento de Agatha. —Marcus. por favor —dijo Gandy.. y Scott las secó con los pulgares. —Jack. Gussie. —No importa.. —Acuéstate otra vez. y fuerte! Gandy cruzó a zancadas el cuarto. pero Scott los sujetó antes de que pudiese hacerlo. y las pagará. Las lágrimas corrían en arroyuelos de plata por las sienes. no te muevas hasta que llegue el doctor Johnson. y la mandíbula se le tensó. es peligroso. mientras las secaba. Por favor.. sin sacar la vista del rostro pálido de Agatha. ¿no es cierto? — Se levantó de un salto—. Se tragó los epítetos que pugnaban por escapársele y se acercó de prisa a la cama.

Cuando el comisario salió. vacilante. Aferrando el vaso con fuerza. —Le sostuvo el vaso y ella lo miró fijo—. y sujetó el vaso con las yemas de los dedos. prepárate. Arde. Yo ya le pregunté. —Bien. No tan rápido. necesitaré que me firme unos papeles relacionados con el ataque. ninguno más. Cuando esté mejor. volved a la cama. al parecer. —Ya te lo dije. Estiró. —Ordenes del médico —dijo en tono suave. Gandy rió. se estremeció. Gandy cerró la puerta de la sala y volvió al dormitorio. La mirada de Cowdry pasó de uno a otra y volvió al hombre. ¿Alguna vez lo probaste? —No. en tu dormitorio. tenía una barriga prominente y voz áspera. y Scott se inclinó hacia la pila de almohadas que tenía detrás. además de la herida de cuchillo. señorita Downing. pero le dolía la herida. Chicas. Levantó la mirada con incertidumbre. Al pasar junto a la repisa. Jube se demoró un momento cuando las otras se fueron. Agatha se había calmado en cierta medida. pero te ayudará. repitiendo las amenazas del atacante. —Gandy se dirigió a las mujeres—. Yo me quedaré con ella. los ojos angustiados se posaron en los de Scott. —Toma. recordando que olía a cigarro y que. —Está bien. Jube. Agatha se echó atrás. y respondía con lucidez. Scott tomó la botella de whisky y un vaso. Si sigues a ese ritmo. Vendré a verla por la mañana. Se levantó y se ajustó el cinturón donde llevaba las pistolas. con una rodilla levantada. —¡Uh! —Gandy le apartó la mano—. abrió los ojos y la boca y le tendió el vaso para que le sirviera más. —No. —Entonces.194 - . Éste se apartó de la esquina del guardarropa en que estaba apoyado y avanzó. —¿Qué puedes esperar del propietario de una taberna? Agatha hizo un valeroso esfuerzo por sonreír. No se preocupe. cerró los ojos. —No debería estar aquí. Se sentó con esfuerzo. suspirando. haciendo muecas al moverse los músculos del cuello. pronto verás perros de la pradera rosados. sirvió tres dedos y dejó la botella en la mesa de noche—. . Gandy le tomó la barbilla con ternura: —Lo siento. lo atraparemos. como aguardándolo. mientras iba hacia la cama y se sentaba en el borde. Scott era el único en el cuarto mientras Ben Cowdry la interrogaba. ¿Puedes incorporarte? —Sí. lo levantó y lo bebió en cuatro tragos. Pero cuando Cowdry le preguntó si le había hecho otro daño. Llegará en cualquier momento. Ben. Los ojos redondos y asustados de Agatha estaban clavados en la entrada. Me pidió que no la dejase. Destapó la botella.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR noche. las manos delicadas. ¿Te molestaría ir a tu propio cuarto lo que queda de la noche? La muchacha le besó el mentón: —Por supuesto que no.

Te quedarás aquí. y estaban oscuros por la emoción. Después. Y aún no estoy segura de no caerme a pedazos. —No me opongo...LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Me duele. no duerme siempre aquí. que se estremecía de nuevo. Agatha tomó conciencia de la rodilla que le rozaba el muslo. —Ya me siento mejor. dudoso. De cualquier modo. y contempló la mirada fija en ella. —Está bien. En esta ocasión. —Y Jube tuvo que irse. a través de las mantas. Tendió la mano al vaso vacío. los ojos castaños intensos. Lo bebió a sorbos. —Tú me importas —le dijo en un murmullo ronco—. De a sorbos pequeños. bajó el vaso y lo sostuvo con ambas manos. tomó la botella otra vez. Si el whisky me ayuda. El whisky había comenzado a relajarla. La tapó hasta el cuello. Los ojos de ambos se encontraron y se sostuvieron la mirada. le quitó el vaso de los dedos tensos y lo apoyó. tocó las sábanas y el camisón ensangrentados. Cuando Scott tragó. distraída. Con ese último sorbo. Con delicadeza. vio de cerca las pestañas negras y espesas. Y me amenazó con volver y hacerme algo peor si no combatía el interés de la gente en la ratificación de la enmienda. —Abre los ojos.195 - . se lo impidió. Tragó saliva y sintió un dolor terrible. Con la mano abierta en la espalda de Agatha sintió. Luego. las cejas bien delineadas y los labios oscuros. vació el vaso. —Pero es demasiado tarde para poder hacer algo al respecto. lo hizo con voz trémula y con más lágrimas colgando de los párpados. y levantó la bebida como para protegerse. Frotó el hueco entre los omóplatos y contempló el rostro ruborizado. Lo hizo. sólo. Todavía tengo el estómago revuelto. Gussie? Necesito saberlo. —Me manoseó —murmuró— de un modo desagradable. —No tan rápido. —Acuéstate —le ordenó. Al hablar. Puedo ir a mi apartamento. pero rodeó con los dedos el vaso y la mano de Agatha. —No.. se secó la comisura de la boca con el dorso de la mano. vio que en los ojos de Scott se leía la preocupación. levantando las mantas y acomodando las almohadas mientras Agatha se deslizaba otra vez en la tibia seguridad de la cama de él. ¿Entiendes eso? No movió un músculo durante un lapso largo y cargado de emociones y contempló los angustiados ojos verdes hasta que ella también tragó saliva. sin mirar al hombre.. Sólo. . —Te dejé la cama hecha un desastre. se tendió al lado y la hizo girar de cara hacia él. pero se acurrucó bajo las mantas. con los brazos cruzados sobre el pecho en gesto protector. aunque Gandy la miró. Al levantar la mirada. —No me hizo lo que tú piensas. —¿Qué te hizo. Gussie. le dio la mitad y cuando ella lo levantó como para tragarlo de una vez. Scott le sonrió. Alzó el vaso y. la manzana de Adán bajó y subió. beberé otra ración. que me hizo sentir sucia. hasta la coronilla.

Agatha abrió los ojos y respiró de nuevo. una vez. Agatha permaneció inmóvil como si lo fuera. los ojos cerrados. mirándose a los ojos. deseando poder borrar la agresión que había sufrido. la hizo acostar de espaldas. con delicadeza. De súbito. .. con la lengua. Entonces. conteniendo el aliento. la lengua de Agatha le supo lejanamente a coñac. Levantó la cabeza lo suficiente para eludir la nariz y la besó como el pincel de un artista que deseara retratarla. Scott percibió el placer y el sobresalto de la primera intimidad elemental. a buscar al comisario y al médico y darle un par de vasos de whisky. mandar a los hombres a revisar la calle. proyectó la lengua. Gandy se acostó otra vez y la observó. pero aunque ella alzó la cara hacia él. sólo para tocar la unión de los labios. pero supo que la asustaría. y no merecía sufrir otra vez a manos de alguien que reverenciaba el alcohol. Lo entendió. —¿Sí? No le pareció suficiente enfurecerse. Le miró los labios. estaba convencido de que hacía mucho que pensaban en ello y que esa curiosidad tenía que ser satisfecha. vio el pulso que latía con rapidez en las sienes. Los ojos inmensos. bajó la boca hasta posarla en la de Agatha. Con las mejillas apoyadas en las almohadas. buscó el deseo. —Lo siento —dijo Scott en voz suave. la lengua encontró su camino entre los labios: Ábrete más. esperando el primer contacto fugaz dentro de su boca. se lo dijo con los labios. Bajo la mano de Scott. pero comprendió que era demasiado tímida para dejarlo ver. Luego. Luego. La rozó con ligereza. con el movimiento lento de la cabeza: Gussie. Se apoyó en un codo. diestros. No supo que estaba conteniendo el aliento hasta que el beso se prolongó y lo sintió vibrar en la mejilla. y eso le bastó. una pequeña abertura. No obstante. como probando su capacidad para hacerlo. dejó los labios cerrados. con suma lentitud. Sintió una extraña opresión en el corazón: era más inocente de lo que había imaginado. y fue trazando pequeños círculos. pura. con suaves mordiscos. tan claros. le apretó el hombro y. vacilante. Cuando la acarició con la suya. Primero. abrió más los labios y contuvo otra vez el aliento. Agatha parpadeó. En gesto intuitivo.196 - . se negaban a cerrarse. ábrete a mí. toques húmedos. comprendió: Agatha no sabía cómo proceder. esperando: el beso se convirtió en una invitación. el temblor cesó. Había ocasiones en que estaba seguro de que ella también lo pensaba. Inclinándose sobre ella. y Scott vio que el alcohol comenzaba a hacerle efecto. Aunque no sabía a dónde llevaría. los labios quietos. contenta. Gussie. Pensó pedirle que abriese los labios. le buscó la mirada un momento largo y ardiente.. lo que le pasó por la mente hacía mucho merodeaba por ella.. El hombre trató de leer lo que veía en esos ojos. como instándola a hacer lo mismo. Era una mujer buena. como él.. —Ya es suficiente —susurró. Percibió el momento en que Agatha captó el mensaje y aflojó el abrazo esperando. no tengas miedo.. En el instante del contacto.. permanecieron acostados.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Lo sé.

pero embelesada y dispuesta. una vez. —Debe de haberte extrañado que nunca te agradecí lo de las tijeras. las manos presas sobre el pecho. los dos juntos. Scott rió y la besó otra vez. Tú eres mucho mejor en esto que él. Lo intentó cautelosa. Le besó la barbilla y le dijo con ternura: —Gracias. sedosa. así se hace —murmuró. Separó la boca de la de ella y le apoyó los labios en la frente. Contempló su rostro. todo en un conjunto fascinante. una nariz recta y fina. y procuró que el beso siguiera siendo suave. Cuando tenía ocho años. La luz de la lámpara daba a las puntas de las pestañas un rojizo intenso y proyectaba sombras tentadoras a los lados de la nariz y la boca. Trazó con los pulgares leves círculos en las sienes y vio con mayor claridad lo que ya había visto: atrayentes ojos verdes. exhibiendo sus famosos hoyuelos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Hubo una primera respuesta tímida. Seguía tapada hasta el cuello.. Agatha comprendió con mucha claridad a dónde llegarían. Sintió las manos que se removían y les dio espacio para que estuviesen libres. Agatha abrió los ojos. ¿Así? Él. —¿Te gustó? —Nada me gustó tanto desde que me regalaste la nueva Singer. recuerda que no tuve intenciones de herirte con esto. Scott le sonrió. y supo que no sería ahí en Proffitt. —Agatha tragó saliva pero no dijo nada—. De pronto. respondió: Así. Él tenía diez. más prolongado. entre los dos. . debajo de los omóplatos. —No eres una mujer para tomar esto con ligereza. dejándola explorar la boca a su antojo. —Gussie. reservada. para luego contemplarle el rostro. —¿Nunca lo habías hecho? —Sí. más prolongado pero sin prisa. bebiendo whisky y besándolo. a su vez.. Eres el primer hombre al que hice un regalo. Emergieron de entre las mantas y se apoyaron con levedad sobre la piel desnuda. apenas abiertas. labios suaves que instabana besar. Scott levantó la cabeza. le sostuvo las mejillas entre las palmas y la obligó a mirarla en los ojos: —¿Me oíste? Tragó saliva y respondió: —Te oí. Saberlo le dolió más que la punta del cuchillo del atacante.197 - . —Con que. mientras los dedos de Agatha seguían acariciándolo. Fue levantando la cabeza de a poco. Kansas. Yo lo sabía antes de besarte. en el patio trasero de un chico vecino que me prometió dejarme jugar en la hamaca si yo lo dejaba besarme. Le costó creer que nunca hasta entonces un hombre se hubiese sentido atraído. sea lo que fuera a lo que lleguemos tú y yo. más hondo. y se separó con un toque de la boca abierta. ¿Fue así? —Sí. —Debo de estar un tanto ebria —dijo— para estar acostada en la cama de un hombre. Sintió cómo iba creciendo en ella la maravilla ante la sensación tibia.

Apartó la mirada. . Y se preguntó cómo sería poder compartir la cama así. para consolarte. el resto de su vida. —¿Y por qué? —No lo sé. de cara a ella. Gussie. Tal vez fuese lo más cerca que llegara jamás del acto verdadero. a tu lado? La mirada de Agatha voló hacia él. Te ruborizaste —le informó. —Vio que la timidez se instalaba en el semblante de Agatha—. Sintió el peso de él casi apretándole los pechos. —Lo sé. ¿Tú lo sabes? —¿Para consolarme? Contemplándole los ojos. Scott eligió la salida más fácil: —Sí. Son hermosas. Lo sintió rodar otra vez hacia ella y acomodarse de costado.. Después. Y para decirte que las tijeras están en mi bolsillo del pecho desde que Willy me las trajo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Por qué no fuiste a decírmelo antes? —Porque esta es la primera vez que me decido a hacer esto. —Sí. Pero no quiero que creas que me aprovecho de ti cuando estás ebria de tu primer whisky. y que la habitación se convertía en un seguro refugio penumbroso.198 - . donde la piel suave había florecido como una rosa en verano. No es por eso que lo hice. Gussie. Recorrió con un dedo la línea de la mejilla. quédate —susurró. Hacía tanto que no veía sonrojarse a una mujer. Los de color verde claro a los de castaño profundo. escuchó la respiración y sintió que le agitaba el cabello sobre la oreja. —¿Puedo quedarme aquí? ¿Sobre las mantas. y ya esta noche te tomaron una vez por sorpresa.. —Puedes confiar en mí. Vio que se apartaba rodando para bajar la mecha de la lámpara.. —Adquirió una expresión afligida—.. Ese día lo pensé.

199 - . Aun así. —Eh. pues estar acostada junto a un hombre dormido no se lo permitía. Willy. Violet dice que te diga que todo está bajo con. Moose ha conseguido que Agatha esté feliz de nuevo.. Se pone en el paso cuando barremos. así hoy podrás descansar. El chico sonrió. Gussie. Afuera. haciéndola reír y rodar a un costado. y no pienso empezar a serlo ahora. —Truje a Moose para verte. y por fin recordó—: Control. Tú me pones contenta. confundido. con los tobillos a los costados. —Yo y Violet cuidaremos de la tienda. Gussie. ¿eso te hizo ese hombre? La mujer se acurrucó de costado y le acarició la rodilla: —Me pondré bien. Me asustó más de lo que me lastimó. ¿Scotty sabe que tienes a esa criatura en la cama? —Sí. Scott no defraudó la confianza depositada en él en toda la noche. —Hola. Ruby levantó una ceja con la mirada fija en la puerta. Nunca en mi vida fui haragana. . tiró a Moose sobre la cama y se subió para sentarse al lado de Agatha.. cayó en un sopor. —Oh. con. con Moose en brazos. —Le dirás a Violet que pronto bajaré. seco y sarcástico.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 15 Fiel a su palabra. Un fuerte susurro la despertó. Willy. llovía y retumbaba el trueno. —¡Oh! ¡Lo olvidé! —Saltó de la cama y corrió hacia la puerta. pero se detuvo junto al marco y dio la vuelta. Vio enseguida el vendaje manchado de sangre seca y exclamó en tono de horrorizado respeto: —Jesús. El niño resplandeció. Gussie. que entraba por la puerta como un vendaval. Cuídame a Moose.. y Willy estaba sentado en la puerta de la sala. Agatha durmió poco. —Se interrumpió. frotándose la nariz. pequeño sinvergüenza! —Era Ruby. ¡Jesús!.. Moose te pondrá contenta. cuando Willy salió. La muchacha rió a su modo.. Moose caminó sobre las mantas con la proverbial delicadeza de los gatos. Willy también rió al verlo. en su pose familiar. casi con los pies en el aire—. olfateó el labio de Agatha y le hizo cosquillas con los bigotes. —Pero. —Lo que está haciendo Moose es impedir que un joven que yo conozco ayude a barrer allá abajo.. y se acercó corriendo. ¿estás despierta? Giró la cabeza y abrió los ojos: Scott se había ido. No podía quitar la vista de la herida. Ven aquí. —¡Con que estás aquí. Sólo al llegar un amanecer grisáceo que comenzaba a desteñir el cielo nocturno. llevando en la mano un plato tapado—. a los dos.

echó un vistazo a la chaqueta tirada sobre una silla tapizada. De golpe. Contempló el amplio portal rodeado de luces en el que se veía a Scott de niño. la asaltó esa sensación de intimidad. come. que regresaba para oír la voz de la hija muerta que lo perseguía en sueños. Tocó el humidificador de palo de rosa. Yo. Tocó el cuello usado que había rodeado la garganta fuerte y morena. galopando por la región entre árboles de magnolia. que si pongo las manos sobre la basura que te hizo eso. Cuando Agatha se levantó. que se va a la guerra sin ganas. Una vez más. —Depositó el plato sin la menor formalidad—. Qué milagro. Se lo imaginó como un joven casándose con una bella mujer rubia. Acariciando la cabeza pequeña del gato. un cenicero lleno junto a ella. el cuello de una camisa junto al portacigarros. un periódico viejo. no permitas que la enmienda se convierta en ley». mimándola después. se puso pensativa. Ruby. a vez. estando cerca cuando tenía dificultades. Se detuvo en la sala. Es lo que debes hacer. en cierto lugar del interior. Era algo serio. Se lo imaginó como marido flamante. cobijándola cuando tenía miedo. se le arrasaron los ojos en lágrimas. Volverás. en una habitación con alcoba nupcial. tienes huevos y sémola. Agatha sonreía y pensaba: «Oh. rogó: «Dios querido. ahora que acababa de encontrarlos? Moose vino a olfatearla. pero Scott estaba sentado al escritorio . En los últimos seis meses había aprendido a querer a toda la «familia» de Gandy y ellos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Acaso alguna vez ese chico hará algo despacio? Agatha rió. —Esta mañana. Era una verdad innegable. sintiendo en la yema de los dedos la madera pulida por infinidad de roces de los dedos de Scott. ¿Y si los perdía. Emma dice que no hay prisa en devolverle el plato. la esposa llorosa con la hija de ambos en brazos. Lo imaginó como un soldado vencido de la Confederación. De repente. ya sin apetito. Lo sé. Agatha no pudo menos que reír del pintoresco lenguaje de Ruby.200 - . Se lo demostraron de innumerables maneras. Intentó pasar sin ser vista. más punzante que la primera cuando comprendió que los días compartidos estaban contados. lamiendo el plato. le retribuían el sentimiento. Scott. surgían cosas que las recordaban en anécdotas escandalosas o en el lenguaje picante como el que Ruby acababa de usar. —Tendrías que verlo cuando va a la casa de baños. dándose la vuelta para dar una última mirada a la familia. a ti también te amo». Scotty dice que me ocupe de que lo comas todo. Había ocasiones en que olvidaba las vidas anteriores de las muchachas pero. vio que estaba jugando con la comida. la mano levantada sobre la cabeza en ademán de saludo. Al salir del apartamento. Mientras comía el desayuno y cuando Ruby salió. pero mientras contemplaba al animalito sobre su propio regazo. cruzándolo con los mismos bríos con que lo hacía Willy en el presente. cada tanto. Ahora. la puerta que comunicaba la sala con la oficina de Scott estaba cerrada. Agatha dejó el tenedor y le dio los restos. vio que la puerta de la oficina que daba al pasillo estaba abierta. le arrancaré las pelotas y las picaré para dárselas de comer a los cerdos.

lo sé. Para Agatha la posesividad era un sentimiento nuevo. todo puede cambiar. Entre las cejas de Scott—se formaron dos pliegues. Con cuánta rapidez asumían el control después que una mujer probaba el sabor de un hombre. sin evocar la impresión de ser besada por primera vez. Mirando afuera a través de las gotas de lluvia. Sobre el escritorio. En lugar del cigarro.. —Balbuceó y sintió un nudo en la garganta. sin desear más. dijo. —Hice que Pearl cambiara tus sábanas y llevara las sucias al lavadero de Finn.. mientras Agatha trataba de recuperar el equilibrio. giró con brusquedad y . Te mandaré el dinero con Willy. Exhaló un hondo suspiro. los ojos nublados por la preocupación. Fuiste. como si Agatha le hubiese discutido: —Tú y yo somos muy diferentes. Ni mirarlo sin anhelar. la lámpara estaba encendida y lanzaba reflejo de llamas sobre la piel oscura del rostro y. soltó la pluma. a la luz desgarrada de un relámpago. pero sólo sentía un temor que le atenaceaba el corazón.. —Entonces. Scott. de forma esculpida. Renuente. —Sí. la lluvia azotaba el cristal desnudo de la ventana y corría en arroyuelos. —No es necesario. —Está bien. Agatha ya no podía mirar ese dedo sin recordarlo alzándole la barbilla. sin acordarse de la textura áspera del vello masculino bajo los dedos.. con esfuerzo—: No sé qué hubiese hecho sin vosotros. Yo. no fue más que un beso.. Era una mentira flagrante: se sentía desdichada ante la perspectiva de perderlo. —Vamos. a un costado. —Sí. sin afeitar. despeinado: nunca lo había visto así. Mientras se oía el eco del trueno.. jamás lo habría hecho. —¿Cómo te encuentras esta mañana? El aspecto de ese hombre le paralizó el corazón. Desaseado.. consciente del camisón ensangrentado y los pies descalzos. pensó cómo responder. —Gracias. se levantó de un salto de la silla y fue hacia la ventana como había hecho la vez anterior que hablaron. —Agatha —la llamó.201 - . lo que pasó anoche. Y gracias por el desayuno. La observó. —Y. Bastó el transcurso de una noche para que todo cambiase. sostenía una pluma con el dedo. abierta adelante. sin entrar.. las mangas enrolladas hasta la mitad del brazo. Gracias. tenso: —Agatha. no seas tonto. Tragó y siguió. Scott. ¿Cómo se respondía cuando el corazón estaba destrozándose? Apeló a una reserva oculta de fuerza que no sospechó que poseía. También la concupiscencia. después del 2 de noviembre. La camisa blanca sin el cuello. De pronto. fuisteis todos muy buenos conmigo. volvió a la puerta abierta y se quedó en el pasillo. No completó la idea.. Tampoco la cuña de piel en la garganta.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR y alzó la vista. es verdad. —Me siento mucho mejor. Ya no podía contemplar los labios plenos.. Volvió hacia ella el semblante preocupado y siguió. yo.

uno tras otro. Agatha cuidó del niño y de la tienda. Nadie sabía en qué momento exacto del día siguiente se transmitirían las noticias por telégrafo. Para muchos habitantes de Kansas fue una noche larga y agitada. Ella fue la siguiente víctima. iluminado por la lámpara. se quedó en la casa aprovechando el catarro como pretexto. Pero cuatro de ellos afirmaron no saber escribir y. que hasta en ese momento.202 - . y aunque se recobró a tiempo para ir al lugar de la votación a repartir folletos de último momento con las demás miembros de la U. en esa mañana lluviosa no volvió a tocarse el tema.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR enganchó las manos en el borde donde se juntaban la parte superior e inferior de la ventana. cinco escribieron la palabra con el mismo error ortográfico que en la nota.C. donde se recibían los votos. a Jack o a Pearl. El clima siguió siendo malo. Mientras octubre se gastaba y aguardaban el día de las elecciones. Trataba de no pensar en la decisión de los votantes en todo Kansas.T. Violet había vuelto al trabajo. al mismo tiempo.M. El 2 de noviembre fue un día triste. los surcos se habían congelado y formaban unas irregularidades que casi destrozaban las enormes calesas que llegaban al pueblo en una corriente continua. se fue y lo dejó mirando por la ventana. cuando no podía. se sentaba en el fondo del taller. de los que quedaban. El comisario Cowdry les pidió a todos los taberneros de Proffitt que escribiesen la palabra templanza. Willy aprendió a tocar «¡Oh. y los de la planta alta de la Sombrerería Downing y del Gilded Cage Saloon no eran la excepción. la trataba con la misma amabilidad amistosa que a Ruby. Bajó la cabeza y se quedó mirando el suelo. Pero si estaba insinuando lo que Agatha creía. animaban a los votantes masculinos que pasaban a erradicar para siempre el alcohol. aislada del mundo. La oficina del comisario. Ni los cuatro hombres de al lado que cruzaban la calle acribillada de surcos hasta la acera opuesta para emitir sus votos. pero ni ella ni Agatha podían concentrarse. En las calles. y las calles se convirtieron en un pantano. Fue el peor enfermo que Agatha hubiera podido imaginar. ni sus vecinas. esperando descubrir quién había dejado la nota en la puerta de Agatha. asfixiante. Los vaqueros se habían marchado. trayendo copos de nieve tan sutiles que sólo podían sentirse. El cielo tenía el color de la plata empañada. bajo la punzante aguanieve. pero no verse. ¿qué estás diciendo? Estaba demasiado confundida para seguir allí. la recorrió. pues el agudo sonido le hacía rechinar los nervios. . Susana!» en la armónica y. llevando a los votantes de las afueras.. Cosieron poco. la evitó todo lo posible y. Las tabernas estaban cerradas. cosa que le pareció muy divertida hasta que él mismo lo padeció. Un ramalazo de esperanza estremecedora. por momentos. ¡Scott!. los corrales estaban vacíos. y como Violet también tuvo que guardar cama. y soplaba un viento frío del noroeste. y hablaron menos. era el centro del ajetreo Agatha eludía las ventanas y. Agatha se reprochó el pésimo criterio con que había elegido semejante regalo. Hubo una epidemia de catarro estomacal y todos enfermaron. Willy decía que Pearl lo llamaba «el paso rápido de Kansas». vivificante. Lo que más hicieron fue mirar el reloj y escuchar el sonido desolado e isócrono del péndulo.

Agatha asintió. —dijo Scott. señor Gandy. y las miradas de ambos permanecieron unidas. Por una vez. En alguna parte del almacén. Scott. serio. —Buenos días. Se tapó la boca y volvió la cara hacia la pared. se inclinó hacia él apoyando la mano cerca del borde del escritorio. cerró la puerta con deliberada lentitud pero. Scott se dirigió hasta donde estaba Agatha silencioso. en voz baja pero firme. no! Sintió como si el cuerpo se hubiese vaciado de sangre. para así consolarse. —Oh. Los ojos carentes de expresión se fijaron en los de Agatha: —¿Pensaste en ello? No pudo soportar discutir fríamente una situación que desgarraría el corazón de uno de los dos. había comenzado el ruido de celebración de la victoria. —Pasó —repitió Violet. Agatha tragó saliva. y apartó la mirada. Podemos hablar de eso otro día.. Era una ironía que quisiera hacer una cosa semejante con la mujer que había . Moose jugaba con un carrete de madera. Luego. Agatha ahogó una exclamación y se llevó los dedos a los labios. aunque ni el hombre ni la mujer junto al escritorio escucharon esa palabra. apartó las cortinas de encaje y miró afuera. Se caló el sombrero y demoró mucho tiempo en acomodar el ala—. Trató de decir que sí. Afuera. quería acercarse y consolarla. La garganta se le contrajo en espasmos. la de ella. la de él. poco después de mediodía. —¡Oh. —Kansas es estado seco. distraída. acongojada. con el sombrero en la mano como si estuviese en un velatorio. no lanzó sus risas tontas. en vez de tomarla tamborileó el ala del sombrero que tenía en la suya. señorita Violet. Agatha palideció. Scott vio que le palpitaba el pecho y los hombros empezaban a sacudírsele. Violet fue hasta el escaparate. que se incorporó. recordando los buenos modales.203 - . y le costó respirar. Aunque él también estaba desolado. casi en un susurro: —¿Qué fue? —Se aprobó —respondió.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Cuando Scott abrió la puerta del frente. Scott tampoco pudo soportar verla. Sin darse cuenta. Levantó la vista al rostro solemne y preguntó. tratando de controlar las lágrimas que se le agolpaban en los ojos. y se aclaró la voz. —Bueno. pero no pudo. De cara a la pared. vacía de expresión. —Buenos días. saludó a Violet. Aunque la mirada de Scott se posó en la mano. Los ojos de Gandy hallaron a Agatha de inmediato. con el corazón martilleando tan dolorosamente como sabía que estaría el de ella. pero sintió como si tuviese un corcho en la garganta. Las miradas se encontraron otra vez.. Agatha estaba sentada ante su escritorio y Violet limpiaba los estantes de cristal de los exhibidores. Pero junto a ese escritorio un hombre y una mujer agonizaban en silencio. Agatha sintió la piel tirante hasta en el cráneo. —Tenemos que tomar alguna decisión con respecto a Willy.

por eso. vio a Agatha con el rostro vuelto hacia la pared.. perfumado de lavanda. Todo se resolverá. no podía haber sido más maternal si Agatha hubiese sido su propia hija—.Violet —gimió. m. V. Sin vacilaciones.204 - ... —Gussie. Gandy... era la primera vez que recordara verlo salir sin saludarla con amabilidad. imperdonable.. Violet se acercó al escritorio. querida! —Tras una pausa. con voz gutural. no se le ocurrió mucho para decirle a esa mujer con el corazón destrozado que.mejor que vayas a decírselo. hasta que llegaran los documentos oficiales que la convirtiesen en ley! Por Dios que.. al darse la vuelta. murmurando: —Bueno. —Será me.. ¿qué entretenimiento quedaría en ese pequeño pueblo miserable? Oyó un sollozo y. Vio que Agatha se esforzaba por contener las lágrimas y se sintió desdichado. algo. Para Violet.. ¡Cómo detestaba ver irse a ese encantador señor Gandy! Cuando cerraran las tabernas. lo hice.... pero se le quebró la voz.. Violet la sostuvo con firmeza y le palmeó la espalda... sintiéndose acongojada. —Ya oíste lo q. querida. al menos él aprovecharía el tiempo. Hice.. querida! —exclamó. Tocó el hombro de la amiga.. sí. —¡Oh. lastimaba también un poco el propio. Agatha no hizo más que mover la cabeza contra el vestido de Violet.. En los ojos de Violet.. muchacha. se extendió sobre el cabello de Agatha. —Oh... La mano de Violet. y repitió—: ¡Oh. —¿Wi. ¡Aunque hacía seis horas que se sabía.. entre los dientes romos y amarillentos. Pero como no creía en lugares comunes. fijos en el cabello de Agatha. hasta entonces. No lo pudo soportar más. todavía no era ley ni lo sería. preguntó—: ¿Lo sabe? Agatha negó con la cabeza. y salió de prisa de la tienda. Willy lo sabe? —Todavía no —respondió. —S. bueno. Uno de nosotros tendrá que de. de Scott G. Cuando la puerta se cerró.... Por un instante.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR luchado activamente para que tuviese que cerrar y lo había logrado. —Querida. Ésta giró de pronto en la silla y se abrazó apretadamente a la otra. el impulso lo acercó a ella. . apareció una expresión de asombro y angustia. surcada de venas azules. hundiendo la cara en el pecho de Violet. —No. Los hombros se le estremecían. no se resolverá. Me. No hiciste nada imperdonable en toda tu vida... me enamoré. Heustis Dyar pasaba el cigarro de un lado a otro.que dijo sobre W. —Oh.. —dijo.. —No seas tonta. im. tapándose la boca y la nariz con un pañuelo. Willy. dejarlo ir. del color de la nuez moscada. soltó la cortina y permaneció en el resplandor junto al escaparate. —Aunque nunca fue madre.

cuando lo tuvo. perra entrometida! ¡Qué derecho tiene! Apoyó el vaso con un golpe. Cuando abría la puerta del retrete y salía. Sin hacer caso del estómago dolorido. —¿Qué derecho tienen? —exclamaba un borracho en la barra. abandonando la comedia de que iba al retrete. orado y abucheado hasta que lograron lo que se proponían. Dio de lleno en el pecho de Dyar con los dos pies. ¿Sabían. Con mirada dura. tratando de sostenerse de manera decente. ¡Qué derecho tiene. calculando el momento exacto de moverse. y Tom Reese llenó de nuevo el vaso de Heustis mientras este salía por la puerta del fondo. ¿Acaso nosotros no tenemos derechos. ¡Maldita diarrea! En los últimos días. sin otra arma que su propia furia. cuchillo en mano. Tensando la mandíbula. cuántos tragos había que vender para ganar dinero suficiente para comprar un caballo? Había tenido paciencia mientras observaba esa sombrerería. subía las escaleras de la casa de Agatha. pero todo el alcohol consumido le disminuyó la velocidad de reacción e hizo que su equilibrio fuese precario. lo hizo como un galgo: con un salto.205 - . Mientras se abotonaba los pantalones y se colocaba los tirantes en los hombros delgados. Cuando Marcus se movió. Todos rieron en el bar. Nunca en su vida deseó tanto tener voz. pasaba más tiempo corriendo al retrete del patio de atrás que tocando el banjo. la primavera pasada. Marcus fue el último en pescar el catarro pero. con lengua estropajosa—. con el alcohol. miserable! ¡Ruin.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Llenó otra vez el vaso y lo vació. Bueno. ya estaba advertida. Le dejó un sendero tibio en la tráquea. Más que paciencia. Tuvo la suficiente consideración para advertir a la sombrerera coja. ¿Qué derecho tenían a quitarle a un hombre su medio de vida? Él era un comerciante honesto. subiendo de a dos escalones. hijo de perra! ¡Atacando a mujeres indefensas em mitad de la noche! Aunque Dyar pesaba unos cuántos kilos más que Marcus: este tenía . fue muy fuerte. que era la responsable de todo esto. y oyó que el cuchillo caía abajo. también? Dyar bebió otro trago y le pareció que la pregunta le quemaba dentro. Ella y sus secuaces habían chillado. Esperó para ver que el sujeto que estaba en la puerta de Agatha echaba una mirada furtiva sobre el hombro y se inclinaba sobre la cerradura. a oscuras. en la acera de enfrente. acaso. contempló la ventana estrecha del apartamento de enfrente. Se apresuró a sujetar la puerta para que no golpeara. Afuera. Dyar giró sobre los talones. y se aplastó contra la pared. soltó un tremendo eructo y dijo en voz lo bastante alta para que todos lo oyesen: —Me gustaría beber más si no tuviese que dejar de hacerlo ahora mismo para orinar. Agatha Downing. Dyar mordisqueó la cera de las hebras colgantes de su bigote rojo. arrojándose al ataque con todo el cuerpo. esperó. Marcus voló por el rellano. vio un movimiento en la cima de la escalera. pero no para pedir ayuda sino para gritar de furia: ¡Eras tú. En menos de tres minutos. donde los secos se iniciaron. hizo una mueca y se pasó la mano por la barriga. Dyar. salió del camino y se dirigió a la fila de edificios que había entre la puerta trasera y la esquina.

lo atrapaste!. compasiva. Willy se levantó. —Oh. Dio a Dyar en la barriga y lo hizo caer limpiamente por encima de la baranda. Era el que menos capaz le parecía de lidiar con un sujeto del tamaño de Dyar y. El mudo sintió que la rabia explotaba dentro de él. Agatha. Cuando Dyar pudo pararse. en el centro del rellano. —¿Qué pasa aquí? —¡Marcus! ¡Oh. Jube se inclinó. lo hizo y salió victorioso. en el rellano. En devolución. preocupada por él. pero el dolor le recorrió el brazo y soltó un siseo entre dientes. muchacho. Todos parlotearon al mismo tiempo.206 - . Por un momento. Marcus le dio un puñetazo que le echó atrás con tal violencia la cabeza roja que le crujió las articulación del cuello. soñoliento de la muchacha. después el grito. meciéndose y apretando la mano derecha contra la barriga. —¿Te lastimaste la mano? Asintió. era un precio escaso por el consuelo de tener a Jube ahí. Marcus. —Parece que sí. Jack encontró el cuchillo y lo levantó. bajó la cabeza y fue a la carga como un toro. sin embargo. que se interrumpió cuando chocó contra la tierra endurecida de abajo. Una rabia pura. el olor tibio. podía haberte matado. las piernas cruzadas. sobre Marcus. Marcus estaba sentado en medio del suelo. Se levantó. Marcus! —¿Quién está ahí. Ivory y Jack salían corriendo por la puerta. recordó que Dyar aún estaba tendido en el callejón. Marcus trató de encogerse de hombros. y cuando salí. —¿Agatha está bien? —le preguntó Scott a Ivory. Dyar alcanzó a Marcus en el estómago dolorido haciéndolo doblarse. —Se lo merecía —afirmó el niño. El rugido que no podía emitir se transformó en poderío. Lanzó una mirada preocupada . Si bien lo deleitaron la cercanía y la atención de Jubilee. En el mismo momento en que la llave de Agatha giraba en la cerradura. deseoso de poder gemir. Arriba. y la ventaja de la sorpresa y la sobriedad. ¿qué pasó? —¿Quién gritó? —¿Estás herido? Otros salieron por la puerta del apartamento. también en ropa de dormir. —¡Marcus. bajó las escaleras y se acuclilló junto a —¿Éste es el que estaba molestando a Gussie? —Así parece. Aunque tuviese la mano quebrada. gloriosa. Marcus estaba sentado. —Marcus. El grandote lanzó un grito breve.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR la razón de su lado. tirado? Scott e Ivory bajaron corriendo y gritaron desde abajo: —¡Es Heustis Dyar! —Debe de haber intentado irrumpir en mi apartamento —dedujo Agatha—. Jubilee pasó la palma suave por el brazo de Marcus. se arrodilló del otro lado. y siguió con una fuerte bofetada en la cabeza. el joven olvidó el dolor de la mano y se concentró en la sensación de la bata de seda que le rozaba el hombro. Oí el forcejeo.

—Pero.. Apoyó un instante la mano en la cabeza de Willy—. a dormir. distraído. palmeándose la boca. antes de que pudiese reaccionar. y se unió a las mujeres que atendían a Marcus. que se apoyó de costado con la cabeza en la almohada. ¿no? —Creo que sí. ¿podrías trabajar como herrero o algo así? El papá de Eddie repara arneses. La diversión acabó. capturando a Moose y acostándose otra vez sobre la almohada. como una persona. ¡splat! —Vamos.. Marcus recibió un beso de Jube: un roce leve de los labios que lo sobresaltó pero. no es la mano de rasguear. —No sé. ¿me oyes? Tenemos tiempo para decidir. hijo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR hacia la baranda e hizo un gesto con la cabeza que significaba: «¿qué le pasó a Dyar?». mientras el comisario Cowdry se llevaba a Dyar a la cárcel. —Es por lo de la prohibición. que seguía observando el cuchillo.207 - . lo llevaron adentro. —¿Cómo es posible que alguien quiera hacerle daño a Gussie? — preguntó. y revisaron para ver la gravedad del daño. —Heustis Dyar deseará que lo único que tuviese roto fuera la mano diestra —señaló con ironía el doctor Johnson. Quizá tú podrías hacer lo mismo. —¿Qué harás tú cuando ya no puedas vender no más whisky? —Más —lo corrigió Gandy. —Está bien. El viejo Heustis parecía un fuego artificial hasta que cayó. . y así podrías quedarte aquí. En su cuarto. Marcus extendió la diestra mano izquierda como pulsando las cuerdas de un banjo invisible: Al menos. Lo ayudaron a levantarse. muchacho. inocente. Todavía faltan meses para que la ley sea efectiva. No te preocupes por eso. Agatha le prometió a Marcus hacerle gratis un atuendo de su elección.. En agradecimiento. —Y también al comisario —agregó Jack. encendieron lámparas. El gato estaba tan acostumbrado a dormir con Willy. Lo más probable es que regrese a Mississippi. en cuanto se sintiera lo bastante repuesto para ir al taller a probarse. Gandy casi esperaba que Moose bostezara. —murmuró Ruby. Ruby preguntó: —¿Cómo está Dyar? Desde abajo. casi sin advertir que había copiado la costumbre de Agatha de corregir al chico. tuvo que morderse la mejilla para no sonreír cuando el niño afirmó: —Yo oí casi todo. bueno. Resultó que Marcus se había roto un hueso de la mano derecha. Cuando el doctor Johnson lo hubo entablillado con un bloque de madera sujeto con una tira de gasa. Gandy tapó a Willy y lo arropó hasta la barbilla. pero hecho puré. parecía decir su expresión sombría..—Pedazo de basura. le dio las buenas noches y se escapó. Scott. al hacer acostar a Willy. Scott respondió: —Vivo. —Veremos. Tendremos que llamar otra vez al médico.

No la tenía. Entre el presente y el tiempo en que la ley se hiciera efectiva. esperando una respuesta. Entonces. Tuvo que hacer un esfuerzo para hacer acostar otra vez al niño y taparlo. qué? —Te quiero.. Quizá vaya al Sur. Scott Gandy y sus empleados celebraron una reunión una mañana. Se decidió que no tenía sentido quedarse más tiempo allí. sintió el peso de la responsabilidad hacia ellos y no le agradó. Evocó a Agatha. todos se quedaron mirando a Gandy. . o algo así. y apretó los labios sobre la cabeza rubia de pelo corto.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Scott empezó a levantarse. cuando pensaba en dejarlo. —Pero. Pero. De súbito. en el mejor de los casos los negocios disminuirían junto con la población de Proffitt. Al llegar a la cuestión de dónde ir después. Siete rostros lúgubres lo contemplaron. Scott trató de controlar sus emociones. Sin embargo. después. A dónde quiero ir. la garganta contraída. al siguiente puerto rentable? Pero el hecho fue que él también se sintió rechazado. Luego. —Olvidaste darme un beso de buenas noches. ¡Dulce Jesús! ¡Qué decisión lo esperaba! —Yo también te quiero. lo estrechó fuerte unos momentos contra su propio corazón galopante. para decidir cuándo cerrar el Gilded Cage y a dónde ir. ¿Qué os parecen unas breves vacaciones? Nadie dijo nada. duerme. el que los llevaría sanos y salvos. muchacho —logró decir. y no se creyó capaz. ¡Maldición! ¿Acaso no eran capaces de pensar por sí mismos? ¿Siempre lo considerarían el salvador. pues el aumento de los negocios en los meses de transporte de ganado ya habían pasado. y para mantener la voz serena: —Ahora. elegiré un lugar a donde podáis cablegrafiarme y yo os contestaré y os diré dónde nos instalaremos y cuándo. imaginaba los ojos castaños llenos de lágrimas como sabía que sucedería. inexpresivos. Scotty. ¿por qué se sentía culpable al pedir un poco de tiempo a solas. que se apartaran de él por un breve lapso? —Bueno. reducida a sus doscientos pobladores originales. sólo será hasta principios de año. y trate de ordenar mis ideas. En ese momento. pero la perspectiva de besarlo por última vez le desgarró las entrañas. A duras penas.. Gandy sintió que un puño gigante le oprimía el corazón. donde el clima es más cálido. —Necesitaré un poco de tiempo a solas para que se me ocurra una solución. Scotty. qué quiero hacer. Siguieron callados. La Gilded Cage apenas daba para sostener a ocho personas. tampoco se sentía capaz.. a mediados de noviembre. y era importante que reservara un capital suficiente para que pudiesen empezar de nuevo en otro sitio.208 - . el rostro vuelto hacia la pared. Al inclinarse para rozar los labios de Willy. expectantes. —Lo haré.. Se imaginó apartando a Willy de ella. —¿Y ahora. El hombre alto y delgado se sentó en el borde del estrecho catre.

Willy protestó—: Jesús. trabajando con la máquina de coser. has estado. —Dio una palmada sobre el paño verde de la mesa y se incorporó—. El chico se apoyó en los costados de las botas y metió los puños en los bolsillos de la nueva chaqueta abrigada que Scott le compró. cuando estéis listos y hayáis empacado. muchacho! Mortificado. abrumado por la culpa de haber tratado mal a Willy. Scott logró ocultar la angustia que le provocaba el tema de Willy. No se quedará solo. salid. El traqueteo rítmico de la máquina se interrumpió. —¿Y el niño? —preguntó Jack. no!. ¿vas a llevar esa nota o no? —exigió. yendo hacia la puerta.. ¿Por qué no vas. sencillamente. Sin saber bien por qué. Scotty —respondió Ivory. Willy contempló la nota que le tendía. Yo pondré en venta el edificio de inmediato. ¡Todavía no!» —Gracias. y le pidió a Willy que se la llevase y aguardara respuesta.209 - . ¿por qué se habrá puesto tan gruñón. Pero ya no podían evitarla. —Claro. ni de que Agatha estuviese en esa situación. no tenía la culpa de que hubiera que cerrar la taberna. —¡No 'stás ocupado! ¡Qué diablos. pensó—. —Pero al percibir su propia falta de entusiasmo. .! —¡Creí que Agatha te enseñó a decir «estás»! Y bien. —Pero es una tontería. Agatha sintió que la asaltaba un presentimiento. Abajo. —Agatha y yo aún tenemos que hablar de eso. Al echar un vistazo al papel. —Dice que espere la respuesta. sumiso. Al verse regañado sin motivo por su héroe. —Y ponte la chaqueta nueva. —Hola. la expresión de Willy se tornó contrita.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Qué opináis? —De acuerdo. Cuando se marchó. ¿no os parece bien? Murmuraron su acuerdo. con más aspereza de la que pretendía. Nos parece bien. No tiene sentido quedarse más tiempo en este pequeño pueblo vaquero. Willy. pero la tristeza no se disipó. Scott se sentó pesadamente y se quedó mirando la nieve por la ventana. pero más aún. Quedó a cargo de Scotty fingir entusiasmo. ¿Cuántas veces tengo que decirte que no corras por las escaleras con este frío. forzó una falsa alegría—: Eh. a la oficina. «¡No. Todo lo contrario: el niño tenía dos personas que lo querían y que habían pospuesto la discusión todo lo posible. todos. Le entregó la nota. Willy echó una mirada a Scotty con ojos brillantes.. Scotty —respondió. sin énfasis—. A fin de cuentas. Willy encontró a Agatha en el taller. Gussie. sin ponértela? —Pero está abajo. —Me la pondré antes de subir otra vez. en mi cuarto. —Mientras Agatha leía el mensaje. confundido. y el volante dejó de girar. —¿Y qué hace allí? ¡Estamos en invierno. —Entonces. Scott me dice que te dé esto. y hablas con ella? —Porque estoy ocupado. estamos de acuerdo. escribió una nota para Agatha. Gandy fue arriba. Pero no os preocupéis.

puso la mano regordeta en la de Scott más larga. . con el entrecejo fruncido. —Ven aquí. —¿Que sí? —Sí. y una vez le parecía suficiente. —Gussie dice que sí. Scott Cauteloso. a Agatha se quedó mirando la puerta trasera y trató de imaginarse la vida sin Willy entrando y saliendo. al fin. y yo nunca no hice nada malo. muchacho —le ordenó con suavidad. —¿Por qué? Willy se había quemado ya esa mañana. se apoderó de ella una corriente de temor.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR últimamente? Mientras terminaba de leer el mensaje. —¿Eso es todo? —Eso es todo. ¿Qué decías. Sólo que sí. Entendía bien por qué Scott estaba de mal humor. me habla como si estuviese furioso.. mirando la mano que esperaba. Había llegado el momento que sabía inevitable. Estoy segura de que Scotty no tiene intenciones de gruñirte. Scotty está tan gruñón? —¿Gruñón? ¿En serio? —Bueno. Rodeó la esquina del escritorio y se detuvo cerca. —No hice nada malo —lo corrigió—. Scott giró en la silla y sintió un espasmo en el corazón. No obstante. últimamente. En ocasiones. Obstinado. Exhalando un suspiro hondo y trémulo. Acarició el costado de la cabeza del chico y le indicó con suavidad: —Dile a Scotty que sí. palma hacia arriba. ¿Puedes venir esta noche a la taberna.210 - . Tiene muchas preocupaciones desde que salió la enmienda. Salió del ensimismamiento al oír a Willy llamarla por su nombre. Proyectó el mentón en gesto beligerante. —Más cerca. No llego. las personas mayores nos ponemos así. bueno. Se acercó a desgana. Scott le tendió una mano. releyó el mensaje: Querida Agatha: Tenemos que hablar. querido? —¿Por qué. Ella misma no dormía de noche y se angustiaba de día. pero no más. ni toda la preparación mental del mundo podía disminuir el dolor. —Ven aquí. —Discúlpame. Willy se mantuvo en sus trece pero. Al ver que se iba sin nada de su proverbial entusiasmo.. después de cerrar? A esa hora no nos molestarán. Willy llegó hasta la puerta de la oficina de Scott. —Sí.

—Me gusta la nieve —contestó Willy. nevaba.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Lo lamento. —Muchacho. el chico se acurrucó contra el pecho del hombre. romper el dulce contento que habían hallado juntos. ¿Crees que te gustaría vivir en una granja? —No.. y recomenzaron el ritmo hipnótico. adormilado. En la pequeña estufa de hierro ardía un fuego acogedor. Las piernas cortas se balanceaban contra las más largas. Odiaba moverse. —No. —Entonces. ¿Podemos ser amigos otra vez? —Creo que sí. Quiero que nos quedemos aquí. y hasta esa presión le resultaba grata. muchacho. como si eso pudiera resolver la elección en contra de Agatha. y le provocaban piel de gallina en todo el cuerpo. Scott cerró los ojos un momento. Acarició con los dedos el fino cabello rubio y lo alisó hacia la nuca una y otra vez. una mano apoyada. disfrutando la sensación de las uñas de Scott que le rascaban suavemente la cabeza. —¿Sabes lo que es una plantación? —No estoy seguro. ¿Tú estarías ahí? —Sí. —No tengo excusas. El cuerpo pequeño con la gruesa chaqueta de lana se sentía tibio y agradable. no quiero ir a ninguna granja. —Es como una granja grande. lo alzó sobre el regazo y echó la silla atrás..211 - . en gesto de confianza. No era eso lo que pretendía. Te hice sentir mal. Hice mal. lo sabes. Pero en ese instante no tenía valor. Willy. Afuera. en voz ronca. eso es todo. la mejilla contra el chaleco del hombre.Con evidente alivio. cuando ambos corazones se habían apaciguado. el hombre preguntó: —¿Alguna vez pensaste en vivir en otro sitio? —¿Dónde? Willy no se movió. ¿no es cierto? —Acercó al niño. Tras largo rato. ¿por qué me gritabas? —preguntó Willy. —En un sitio donde no haya nieve. ¿verdad? —preguntó. y pensó que sería mejor si él y Gussie le daban la noticia juntos. juntos. Scott apoyó una bota en un cajón abierto y meció con indolencia la silla giratoria hasta que el resorte emitió un ruido débil. Sellaron la paz. sintiendo el peso tranquilizador del niño sobre sí. —¿Gussie también? Los dedos de Scott y la silla se aquietaron un segundo. —No estaba enfadado contigo. —Entonces. quejoso. sobre el pecho del hombre. Si fuese tan simple. La cabeza rubia de Willy cabía a la perfección bajo el mentón de Scott. . Comprendió que era el momento perfecto para decirle a Willy que la Gilded Case cerraría pronto y que todos ellos tendrían que marcharse del pueblo. Pero sintió una punzada de culpa al preguntarle a Willy por sus deseos.

los dos te amamos. lo acostó en el sofá y se quedó contemplándolo un momento: las largas pestañas oscuras contra las mejillas sonrosadas. lo levantó. bajó la barbilla y lo miró: estaba profundamente dormido.212 - . —pensó. melancólico—. «Muchacho. ¿Podrás creerlo cuando esto termine?» . la boca suave y vulnerable. Con delicadeza. el cuello flaco oculto en la áspera chaqueta de lana que casi le llegaba a las orejas. lo llevó a la sala.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Como no respondió. la cabeza floja contra el pecho de Scott.

tensa por los modales arrogantes. Agatha echó un vistazo a los naipes. ahumada. con gesto enérgico. sin levantarse. Derramaba una débil mancha de luz sobre la coronilla y confería a los ojos un brillo de obsidiana. Cinco seguidos dieron en el blanco. Está dormido.213 - . elegí el mejor. —Llenó de nuevo el vaso y alargó la botella hacia Agatha—. un pie cruzado sobre la rodilla del otro. La única lámpara encendida en el local era una de kerosén. —Siéntate —la invitó. dices? —remarcó con amargura—. cortante. Flip. ¿no crees? —Scott. Oh. Agatha se sentó a la derecha. Agatha lanzó una mirada cautelosa a la puerta cerrada de Willy—. desusados de Scott. El hombre dirigió una mirada torcida a la botella. Dos más en el sombrero. hizo una mueca de disgusto y la dejó.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 16 Scott era el único que estaba en la taberna cuando Agatha entró por la puerta de atrás. Estaba sentado ante una de las mesas de tapete verde. el codo apoyado en el borde de la mesa junto a una botella de whisky y una copa vacía. estuviste bebiendo. olió el contenido. —Querías hablarme. Ninguno de los dos quería sostener esta conversación. poco después de la medianoche. Para esta conversación. —¡Matarratas! —De ninguna manera. no te preocupes por el niño. Flip. Flip. similar a aquella en la que Gandy estaba sentado. La disculpa no expresaba ni un atisbo de contrición. en voz tan baja que casi no llegó a destino. ¿no? Agatha arrebató la botella. que seguían volando hacia el sombrero. —Así parece. ¿Me acompañas? —No. Acomodó el mazo y lo apoyó con fuerza junto a la botella. —¿Que quería. se estiró para levantar el Stetson de la silla. dejándolos en la sombra por completo. La mujer avanzó hasta el borde del círculo de luz y se detuvo con las manos en el respaldo de la gastada silla del capitán. —Pase. . que pendía sobre la mesa. señorita Downing —remarcó. gracias —replicó. Con una sonrisa fría. sacó las cartas y se caló el familiar sombrero de copa baja sobre los ojos. —Oh. Arrojaba mecánicamente los naipes dentro del Stetson vuelto hacia arriba. Agatha se detuvo al final del pasillo. Entre uno y otro naipe. en una postura suelta. en una silla cercana. Flip. lo siento. Scott le echó una mirada.

Agatha estiró la mano por la mesa y le apretó con dulzura el antebrazo: —Bien... —Tan pronto. el acento sureño.. claro que no. —Estuve pensando mucho en lo que me dijiste. Pensé que tal vez te quedarías igual. La grosería con que se armó el hombre. mejor. habré cerrado la Gilded Cage. y le informó: —Para el primero de diciembre. Lo olvidé. no lo hayas aprendido. con el único propósito de apaciguar la intensa frustración que esa mujer le provocaba siempre.. Sentados ahí. Scott —le ordenó—. No tiene sentido que nos quedemos sin ganar un centavo. pero el vaso se detuvo a mitad de camino hacia los labios. pero al fin lo dejó y lo empujó hacia el extremo más lejano de la mesa. con respecto a Willy. ¿no es así? Esa noche. inconmovible. —¿Cuándo te vas? Scott levantó el vaso que había llenado y le dio un sorbo. Scott pensó en beberlo de un trago. quedaron indefensos. . —Gracias —dijo Agatha. los abandonaron a ambos.. La respuesta a nuestro dilema no la encontraremos en el fondo de una botella de centeno fermentado. ¿entiendes? —Los ojos claros relampaguearon. No caeré. —dijo. decididos—. —Apoyó la botella de golpe—. Regresaré a Waverley. Ahora bien —agregó con calma—. el tozudo recato que defendió a la mujer. Cuanto antes nos marchemos. El hombre apoyó los codos en la mesa y trazó círculos con el fondo del vaso sobre el paño verde. De cualquier modo. bajo el círculo de luz. Decidió quedarse y vivir de nuevo con la madre. acerca de dejar descansar a los fantasmas. tendríamos que cerrar así que. o nada. y eso hacía que la actitud desafiante fuese más desagradable aún. La animosidad de los dos se había evaporado como si nunca hubiese existido. arrastrado. Al principio. ¿para qué postergarlo? —Pero yo esperaba que. mientras que ella estaba ahí. y llegué a la conclusión de que tienes razón. El codo estaba flexíonado. dispuesta a discutir con él en términos de igualdad—. Scott soltó el aliento largamente retenido. qué haré.. al menos por ahora. junto con la botella. Me sorprende que. pensó que estaba ebrio pero comprendió que estaba por completo sobrio. tengo que ir. sosteniendo con firmeza la mirada del otro. serena. hasta después de Navidad. sin rencor y sin alcohol. La aparente firmeza abandonó a Agatha en un segundo. Lo discutiremos sensatamente. —Todos nosotros lo conversamos. y los otros están de acuerdo conmigo. o subiré a mi casa ahora mismo. a estas alturas. Agatha no puso objeciones. —Si me hiciste venir aquí para hablar de Willy...214 - . salvo Dan. Se puso rígida y alzó la barbilla. ablandada. Nos vamos todos. De pronto. era muy marcado. Scott se sintió infantil apelando a esas actitudes. en esta ocasión. Vosotras no tocáis esto.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Oh. y los labios se apretaron. —Déjalo. —Sí. —Aunque no sé qué encontraré allá. distraído y. no creas que vas a amedrentarme enrostrándome la botella.

Otra vez. y se concentró de nuevo en el vaso—. Un chico necesita una madre más que ninguna otra cosa. se me sentó encima un rato y charlamos.. pero los sentía fijos en ella. y supuso que fijaba la mirada en la mano. sobre las iíllas sonrosadas. . al fin. —No —respondió con voz desmayada—.215 - . a los costados. ¿Y tú? —Sí.. juntos. mientras se preguntaban cómo seguir. —Entonces. —Esta mañana. —Pensé y pensé. lo regañé sin ningún motivo. que quería que nos quedáramos todos aquí. Agatha murmuró: —¿Qué es justo? Por supuesto. discutimos. no podemos pedirle a un niño de cinco años que adopte semejante decisión. —Sí. pero no encuentro solución. —Levantó la vista. nosotros. y ella es la primera que conoció. Todos los pequeños necesitan un padre. y los brazos. Yo soy demasiado estricta con él. Luego. Entonces. pensó él. bueno. —Podríamos preguntarle a Willy —sugirió. ¿Qué hará sin Gussie?. Para ser sincero. en postura militar. y le dije que no. no hubo respuesta. jugueteando con el vaso. después que lo mandé a llevarte la nota. Ella le enseña todo el tiempo. De inmediato. sobre la plantación. la boca. —dijo. ¿qué propones? —preguntó la mujer. Willy dijo que no. Pero nos reconciliamos... exhalando un suspiro nervioso—. El silencio se alargó—. Quiere tanto a Scott. caída en gesto resignado. —El ala del sombrero bajó un poco. y le dije que sí. Aún con la vista fija. cuando volvió a mi oficina. Entonces.. Primero. la retiró y la puso en el regazo. la línea fina de la mandíbula y el fascinante cabello recogido con matices rojizos que brillaban hasta bajo la luz tenue de la lámpara.. ¿Tú lo quieres? No podía verle los ojos. preguntó si tú estarías. constreñidos en el rígido tafetán granate del recatado vestido de cuello alto. —No —repitió Gandy—. pero sin beber. preguntó si yo también estaría. permaneció sentada mirándose las manos juntas sobre el regazo. pensó. —Pero no es justo obligarlo a elegir. silencio. Los dedos se crisparon con más fuerza sobre el regazo. —Yo ya lo pensé. Tenemos que tomar una decisión respecto de Willy. estoy convencida. La justicia era algo en que ninguno de los dos pensó antes en una situación de tal vulnerabilidad. pero la de Agatha se posó sobre el paño verde de la mesa—. —Le lanzó una mirada fugaz y sumisa.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Es lo que debes hacer. ¿no te parece? Hizo girar el licor una y otra vez. El hombre se aclaró la voz y se sentó más erguido. La mirada de Gandy se demoró en las pestañas y las sombras alargadas que proyectaban. los pechos. no sería justo. Le pedí que pensara si le gustaría vivir allá. que en ese caso no quería ir a ningún lado. La mujer no se movió. Scott es su ídolo.

. Waverley debe de ser un lugar espléndido para que se críe un niño. ¿quién lo cuidará como tú? ¿Quién lo mantendrá en la buena senda? Con sonrisa dolorida. Lo haces ir a la iglesia y cuidar los modales. Yo tengo una sola. . Se quedó sin ideas. todo era silencio. eres una persona muy honorable. y.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Yo soy demasiado complaciente con él. y volver a casa con las pantorrillas raspadas. no. En el cuarto del fondo. yo no lo noté. lo obtiene de ti. —Te establecerás en Waverley. con tanto aire puro y sin vaqueros ordinarios alrededor. —No tanto como tú. —Pero. Scott reflexionó con los dedos cruzados sobre el estómago. un chico dormía mientras Agatha y Scott decidían su destino. —Para eso hay escuelas. revolcarse juntos en el barro. No replicó de inmediato. —Willy estará bien. Estoy segura. Yo no sé siquiera dónde me estableceré de modo permanente. Durante un minuto. sería dolorosa para los tres. —Ser fastidiosa puede convertirse en un mal hábito si se hace con fanatismo. Si hasta habla pon acento sureño. No sería justo alejarla de todo lo que le resulta familiar. observándola. inquietándola. Y. creo que me vuelvo fanática. —Todos las tenemos. —Y espacio. Le tocó a Agatha observarlo. Y puedes enseñarle.. es tu derecho de nacimiento. Vacilante.. Los niños necesitan. Una corriente invernal se coló por el suelo. —Pero tú serías mejor ejemplo. Fuera cual fuese la decisión. en ocasiones. Alrededor. y sería un lugar maravilloso para criar a un niño. Ya comenzaste a hacerlo al corregirlo constantemente y obligarlo a mantener las uñas y las orejas limpias. ansiosa—. Si Waverley tiene tantas habitaciones. no serás demasiado fastidiosa con él. —Cerca. —Gran parte. —Tenemos que valorar honestamente cuál de los dos hogares será mejor para él. Scott Gandy. —Tú no.. últimamente. Tenía una última carta de triunfo. Me temo que yo no tendría paciencia para eso. Bajo esa apariencia. abrió las manos y luego las dejó —Si entiendes todo eso. y Agatha sintió que sus ojos la escudriñaban. —Se echó hacia adelante. —Los niños también necesitan un ejemplo masculino. respondió: —Te subestimas. Tiene mucho temple. trepar a los árboles y. Debes hacerlo. Tú lo harás. La mano le temblaba y dejó los ojos mientras alzaba el vaso y bebía.216 - . Sólo entonces miró a Scott.. y no tendríamos intimidad ni él ni yo. Agatha tomó el vaso de la mano de Scott.. —En mi mente no hay dudas: el tuyo. —Pero yo también tengo malas costumbres. que podría dormir en una diferente cada noche. Al menos. Al jugarla. Tanto espacio. y hubiera deseado poder verle los ojos. su voz se tornó más suave.

estamos como al principio. —Así parece. ¡Zzzt! ¡Zzzt!—. . Las miras y lloras. Apoyado contra el respaldo. Por un momento.217 - . —Una sola mano —prosiguió Scott—. ¿no es una pena que uno de nosotros tenga que vivir en Mississippi y el otro. —Bastaría con que me telegrafiaras. —Tengo una sugerencia —dijo en un tono bajo que. en otro momento.. Willy... ¿quién estaría presente para atraparla? Era una mujer grande. Cuando habló. —Sé lo que quisiste decir. advirtió lo que había dicho y temió que la interpretara mal—: No quise decir. buscó las palabras para disimular la incomodidad del momento: —¿Cómo lo decidimos? No podemos preguntarle a Willy. una adulta. Agatha dijo: —Así que. lo hizo con tono melancólico. en Kansas? —De repente. Scott. —¿Qué dices. La generosidad la conmovió hondamente: —Significa mucho para ti. Pero no sé cómo lo tomarás... habría resultado seductor. no entiendo. Ruborizada. Sintió calor en el cuello y bajó la vista. y tendrías todo el dinero que necesitaras. en otras circunstancias. Agatha suspiró y fijó la vista en un rincón oscuro del salón. Agatha se sintió como la noche que había perforado el agujero en la pared. La mirada de Agatha cayó sobre el mazo de naipes. Gussie? Sintió el corazón en la garganta.. Por fin. decidido por una partida de naipes? —¿Por qué no? —Pero yo. como si encontrara algo prohibido y fuese a quedar descubierta en cuanto empezara. ¡Zzzt! ¡Zzzt! Antes de saber qué era. incluso con la máquina de coser. A duras penas puedo mantenerme yo y pagar el salario de Violet. El único músculo que se movía en el cuerpo de Scott era el pulgar que seguía repasando el borde del mazo. Entre los ojos de Agatha apareció un pliegue de confusión: —N. por la apuesta más alta. —No más que para ti. rígido código de ética.... —De cinco. Pero. nunca jugué. —¿El futuro de W. un padre perfecto. contemplaba la batalla de la mujer contra su propio.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR intencionada: —No estoy segura de poder tenerlo. oyó el ruido: la uña del pulgar de Scott repasaba el borde de los naipes sobre el paño verde. se sintieron atrapados en lo irónico de la situación: dos personas que amaban tanto a Willy que trataban de convencer al otro de que se lo quedara. y no podemos llegar a una conclusión acerca de quién es mejor padre. —Una madre perfecta. y no recibía mandatos de nadie más que de sí misma. Sin empate..

y Gandy la miró con indisimulada admiración. Lo miró como si hubiese insinuado que se quitaran la ropa alternativamente. da. después los acomodó con pulcritud y los puso en línea. Scott alzó los hombros. Cinco cartas: una a mí. ¿Qué opinas? Agatha tragó e intentó sondear la sombra que echaba el ala del sombrero. —Pero yo. dadas las circunstancias. Le apareció un hoyuelo en la mejilla izquierda. el anillo relampagueó y Agatha recordó el día que llegó al pueblo: qué lejos estuvo de sospechar que esa llegada la conduciría hasta una mesa de póquer compartida con él. —¿Qué? Levantó la mirada. guardar las tijeras y encender el cigarro. Agatha lo observaba. si aún desconfías de mí. también? Gandy sonrió torcido.218 - .. en la primera. Miró el mazo azul y blanco. —¿Estás segura. leyó. Los ojos claros y sinceros se clavaron en los fríos ojos marrones con mirada inflexible. dos pares. —Cuando jugaste con Willy y la apuesta era una excursión al Cowboy's Rest. Apoyó de un golpe las cartas ante ella. hasta me acostumbré al humo de tu cigarro. en un salón mal iluminado. Lo vio manipular los naipes con económicos movimientos de los dedos largos y fuertes. fascinada. Los naipes eran difíciles de leer pues no tenían números. del más alto al más bajo. —Puedes dar. —Muy bien. también. flux.. par. pero Agatha se concentró mientras le explicaba los valores de las manos de póquer. Scott se respaldó y sacó un cigarro del bolsillo del chaleco azul hielo y las tijeras de oro con las que le rebanó la punta. ¿Por qué no jugar al póquer. Explícame las reglas. —Entonces. habría hecho un comentario mordaz pero. —¿Qué? —Que te quites el sombrero para que pueda verte los ojos. la siguiente a ti cara arriba. acomodó el mazo y comenzó a mezclar. lo recordaré. Los recitó de corrido. Son simples. Escuchó el crujir brusco de los bordes al mezclar. Gussie? —Ya hice todo lo que se hace en esta taberna: vi mujeres bailando el cancán. —Adoptó un aire práctico—. ¿hiciste trampa? Levantó las cejas. En el dedo. —No. —Mézclalas. se lo quitó lentamente y lo dejó sobre la mesa. Si la apuesta no hubiera sido tan alta. a la perfección. escalera. las bajó con esfuerzo y apoyó otra vez los hombros en el respaldo. —No. bebí whisky de centeno. Tras una larga pausa.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Te explicaré las reglas del juego. haciéndola saltar. . —¿Quieres que lo anote? —No. Samuel Han. a medianoche. reacomodando los naipes para ilustrarlo: flux real (todos del mismo palo). ¡Maldición! ¡Vaya con la jugadora! Dio vuelta el mazo. —Quítate el sombrero. flor.

Los ojos claros se toparon con los oscuros a uno y otro lado de la mesa. Aferró el borde de la mesa. Gussie —dijo con calma—. pues no confiaba en la firmeza de su voz. El de Agatha tenía una dama coronada y un corazón rojo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Nunca apuesto sin tener uno en la mano —explicó. yo. cojeó veloz hacia la puerta trasera para no echarse a llorar delante de él. Quitándose el puro de la boca. espera! Levantándose la falda. La fatalidad eligió por ellos. Antes de dar vuelta el último. y como Agatha se movió con mucha rapidez. El licor se desbordó del vaso y formó una mancha oscura en el paño verde.. Cuando se hubo marchado. y en cambio. sin deslizarla. Con un gesto silencioso. Más bien. sobre la mesa no había nada promisorio. Abrió los oíos. se balanceó contra el borde de la mesa. La silla chirrió al ser empujada atrás. pero para cuando tenían cuatro cada uno. En medio del silencio. Las sentía extrañas en las manos. no habrá resentimientos —dijo el hombre. Era un dos. Pero en los ojos de Gandy no brilló ninguna chispa de triunfo. —Gussie. fuerte. teniendo en cuenta el desastre que eran capaces de acarrearle. parecían desolados. La mujer tomó las cartas como si fuese a salir un escorpión de entre ellas. contempló la figura que había en el dorso y le pareció que oscilaba ante sus ojos. tratando de convencerse de que había sido una mano limpia: ella misma la dio. El tercero de Gandy fue otro tres. —Adelante. Scott permaneció en la penumbra silenciosa de la taberna fría. y lanzando una violenta maldición. resbalosas y nuevas. temblaba como si sufriese de paludismo. tragó saliva. —Sea lo que fuere.. Scott cerró los ojos y exhaló un suave soplido por la nariz. Da. Agatha dio la vuelta el último naipe: un siete de espadas sin nada que lo superase. Tendió la mano. Gandy también se levantó.. Obediente. —Reina de corazones —explicó Scott—.219 - . Inspirando una bocanada honda y conteniéndola. Scott aguardaba con la misma calma que si estuviera esperando el postre.. y aun así. Le dio la primera. ¡Willy es tuyo! Se incorporó. atónita. Con manos trémulas. pero ninguno de los dos lo notó. Los contempló. la . y vio a Agatha cenicienta. El par de tres de Scott superaba a su par de dos. el humo flotó hasta la nariz de Agatha. El corazón le latió en la garganta. Agatha dio vuelta la última carta. cubrió el dorso de la de ella y la oprimió fuerte. Vence a mi tres. golpeado por la ironía de haber ganado a Willy con la peor mano que le hubiese tocado jamás. lo dio vuelta: tenía tres tréboles negros. la mujer asintió. —¡Gussie. —Tres —anunció Scott. y el humo del cigarro se elevó entre ellos. —Ah. le recordó: —Cara arriba. Yo perdí limpiamente. Agatha. no tan amenazadoras como podría suponerse. No pronuncies ninguna frase noble. —¡No! —Sacó la mano de un tirón—.

.. —Supongo que sí —farfulló. se echó hacia adelante. y le habló. —Sé que se sentirá mal. y se apretó la cabeza. muchacho. o algo así? —No. A Scott se le hizo un nudo en la garganta. embelesado. Se aclaró la voz y cerró con torpeza el último botón de la ropa de dormir de Willy.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR volteó. ¿Qué pasó con la mesa? —No te preocupes. Se sentirá mal si me voy sin ella. Se irguió como si le hubiesen disparado. ¿Te gusta? —¿Quiere decir que viviré contigo para siempre. —Viajaremos en tren. —Oí un ruido —respondió Willy—. —Pero quiero que venga con nosotros. Se derrumbó en una silla. Cristo! Se le iluminó la cara. El desánimo del chico reflejaba de tal modo el de Gandy que. Pero. pero no es posible. estoy bien. —¿Qué haces levantado? —preguntó con brusquedad. las manos extendidas. Escucha. hijo. Scotty? ¿Tienes diarrea otra vez. lo golpeó como un puñetazo en el plexo solar. siempre? —Así es. ¡Dios misericordioso! ¿Cómo fue capaz de quitarle al niño? No tenía a nadie en el mundo. —No. El cristal se hizo astillas. Willy se apartó y lo miró. haciendo caer sillas y naipes. pensó... que volaron por el salón. Como tiene su negocio aquí.. ¿Te gustaría? Willy se encogió de hombros y fijó la vista en la solapa.220 - . ¿Estás bien. Nunca antes fui en tren. sobre la áspera ropa interior que usaba cuando hacía frío —. —No se te ve bien. —Tengo algo que decirte. Se llama Waverley y es donde yo viví cuando tenía tu edad. ceñudo: —Pero es nuestra amiga. Pareces enfermo. Willy. iremos. gorgoteando su contenido sobre el suelo de tablas. y de pronto se encontró sobre el regazo de Scott. hasta que alguien le tocó levemente la muñeca. siempre. desconsolado. La botella rodó contra la pata de la mesa y se detuvo. —¿Crees que te agradará eso? —¡Claro. ¿Recuerdas que te pregunté sobre la plantación. —Alzó la cabeza. —Ya lo sé. Permaneció así. cuando lo tomó de los hombros. ¡A nadie! «Y yo tengo tanto». Scott lo rodeó con los brazos.. Un día de estos cerraré la taberna y regresaré. —¡Hurra! —exclamó. ¿Gussie irá con nosotros? Scott esperaba la pregunta y. aun así. Al oírlo. Willy se acercó arrastrando los pies. Para siempre. no irá. si te gustaría vivir allí? Bueno. y lo estrechó contra el pecho. aferró una de las solapas de Scott y lo miró en los ojos—. se sintió peor. fue para consolarlos a los dos. Jesús! —Los ojos del niño expresaban deleite y brillaban como un par de pecanas del Sur—. Gussie vive aquí. —La mano larga de Scott subió y bajó por la espalda de Willy. ven aquí. se quedará. Mississippi está lejos. pero te llevaré conmigo. de vez en cuando podrás volver en el tren a visitarla. —¡En tren. . sentado.

te lo prometo. Scott apoyó una mano en la cabeza rubia. —Es tarde. Scott lo estrechó otra vez contra el pecho. hijo. y concluyó: —Se sentirá mejor cuando le diga eso. —Pero. Les diría a todos que empacaran al día siguiente y. Willy se corrigió: —Quise decir. —En serio. —Forzó un tono alegre—. —Sí. Era esperar demasiado que un pequeño de cinco años aceptara tantas pérdidas con estoicismo. Quizá le gustaría tener a Moose para hacerle compañía. ¿No crees que tendríamos que dormir un poco? —Creo que sí —respondió Willy. —Pero. ¿no'cierto? Esto era duro. Willy pensó un instante.. ésa del cuadro que está en la sala. habrá lugar de sobra para ti. rápido. ¿podré volver a visitar a Gussie? —Sí. al otro.221 - . estaba empañado por una nota de tristeza. Pernoctaremos en un coche dormitorio. ¡Trepan tan alto en las encinas que hay junto al agua. Ya verás las enredaderas de uva silvestre de las que puedes colgarte en el bosque. Pero estaba pensando. ella te retendría aquí. La necesitaba mucho. Interpretando mal la vacilación de Scott. el padre. hijo. Agatha nos echará de menos. y un animal no puede dormir ahí.. tendrían que estar preparados para irse. que no se puede ver la punta! —¿En serio? Si bien Willy recuperó una parte del entusiasmo. ¿no es cierto? La influencia de Agatha. y la culpabilidad de Scott por haber recibido la mano ganadora se renovó. ¿sabes? Ya no dormirás más en la despensa... Se le agotó el falso entusiasmo y permaneció largo rato con la mejilla sobre el pelo del niño. Y hay un río donde puedes pescar. Y habrá miles de cosas para ver y para hacer. En Waverley. Comprendió que lo mejor para todos sería hacer un corte limpio. En el último medio año había perdido mucho.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Escucha. aunque amemos a las personas. Scott también lo esperaba. pero no supo qué responder. Los ojos de Willy comenzaron a llenarse de lágrimas. Primero. y tendrás un cuarto para ti solo en la mansión. tienes razón.. Si pudiera. tenemos que abandonarlas. a veces. melancólico. pero sería muy duro por lo pequeño del lugar en que vive. conseguiremos otro gato — prometió Scott—. Y no te olvides de que Agatha te ama. y hasta al gato. Tomó a Willy de los brazos y lo acarició subiendo y bajando las manos. ¿Puedo subir . Scott se levantó con Willy en el brazo y se estiró para alcanzar la lámpara—. Willy. mirando el suelo. —Sería incómodo en el tren. —Me llevaré a Moose. que luchó por contener. Eso no significa que las olvidemos ni que no vayamos a verlas nunca más.. ahora a Agatha. estoy seguro. ¿Hacemos trato? Willy se encogió de hombros y dejó caer el mentón. —En cuanto lleguemos a Waverley. —Oh.

Yo me di cuenta.222 - . —Entró en el cuarto de Willy y lo arropó. pero yo tengo que seguir haciendo vestidos y sombreros para las señoras de Proffitt. A la mañana siguiente.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR contigo? —pidió el chico. —¿Marcus? ¡De modo que eso era lo que andaba mal! —¿Jube y Marcus y todos los demás irán a Waverley con nosotros? — Distraído. El pedaleo se interrumpió bruscamente. le dijo: —Tengo que irme con Scotty en el tren. y voy a vivir con él en Mississippi y dice que tú no puedes ir con nosotros. Gussie? Pedaleó como si su cuerpo extrajera la vida de la aguja brillante. —Creo que esta noche Jube duerme conmigo —respondió. ¿Irán? —insistió. Ahora. dirigir el movimiento de la tela le impedía quebrarse. Pero tenía sentido. comprendiendo que el niño empezaba a sentir curiosidad. como esperaba. a dormir. —Besa a Marcus. En cierto modo. todavía con la cabeza en otra parte—. Willy estaba en su taburete junto a la máquina de coser de Agatha. —Oh. —Está bien. —Scotty dice que puedo venir en tren. —Era el premio consuelo aunque. Agatha siguió cosiendo. cuando vienen los vaqueros? —Sí. antes aún de que preguntase—: ¿Cómo es que duerme contigo y besa a Marcus? —¿Qué? Una línea de consternación apareció entre las cejas de Gandy. —No lo sé. duerme. pero estoy segura de que volveré a verte. Sólo las que tenemos para ordeñar. . Y ahora. todo tenía sentido. —¿Qué? —¿Hay vacas en el Mississippi? —¿Te refieres a las que se ven aquí. Scott se inclinó y lo besó pero. Pero cuando llegó a la habitación. —La decepción del chico fue evidente. ¿no es así? —Pero yo le dije que te sentirías mal. a mitad de camino. qué bueno saberlo. lo detuvo la voz de Willy. Agatha tomó la mano de Willy. Scotty. sin poder contenerse. con Moose en brazos. Scott demoró en responder—. ¿No vas a sentirte mal. Y el día que fuimos al picnic. muchacho. y antes de que te des cuenta será de mañana. Scott se detuvo en la puerta de la despensa. La ley de prohibición obliga a cerrar la taberna. Con su característica franqueza infantil. Scott se sintió un poco mejor al dejar a Willy. Tendremos mucho que hacer para prepararnos. los pensamientos pasaron de Willy a Jube. La vi la noche en que se lastimó la mano. —No. —¿Eso dijo? Oh. —De acuerdo. casi lo hicieron. —Eh. —Claro que sí. Ahora. Era la primera señal concreta de entusiasmo que mostró desde que supo que Agatha no iría con ellos. No estaba en su cama.

corre a comprarte la vara de zarzaparrilla. Gussie. querido. querido. Escúchame. —Ah. —Pero allá hace calor. pero fue un alivio que Willy saliera corriendo otra vez y ella pudiera enjugarse las lágrimas en privado. —Scotty dice que hay enredaderas para columpiarse. —Pues... Con un esfuerzo.. Tengo cosas que hacer. Se inclinó a levantar un retazo del suelo. —Nunca tuve una con cuello desmontable. haz que Willy hable de otra cosa. —No tengo que molestarla cuando está ocupada —le confió. tengo mucho que hacer. por supuesto. Si te lo llevaras.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR en ese momento. Entregaré el mensaje cuando la cliente se vaya. con una cliente. para que te lleves. —Se aclaró la voz y volvió al trabajo—. todo lo que este chico merece. Willy. —¿Puedes hacerla blanca. pues las lágrimas le borroneaban la aguja. no me hagas esto! —Bl. Cuando la cliente salió. Dios.blanca. reanudó el trabajo —.. todo se estremecía. Quería cortar y coser una camisa para ti. —Por supuesto que sí. Violet apartó las cortinas lavanda y entró en .. también lo llamaré Moose. también. —¡Caramba! ¿Qué te parece? Sí. —No siempre. mañana la. Violet le dirigió una sonrisa temblorosa. ¿Cuánto tiempo seguiría aumentando el dolor. Seguramente. de lana.223 - . señor. hasta que al fin se apaciguara? Poco después del mediodía. —Muy bien. Agatha apoyó los codos en la máquina y se cubrió la cara con las manos. no valía demasiado. claro. Pasó la mirada de su mano a los ojos acuosos de Violet.. y la recibió Violet. secándose los ojos con disimulo antes de enfrentar a Willy y rascar a Moose bajo el mentón. ¿Te lo quedarás? Por favor. pero ella estaba ocupada adelante. —Pero. Haz que este día pase volando. ¿quién cazaría los ratones? —Scotty dice que cuándo lleguemos podré tener otro gato. Cuando la puerta se cerró de un golpe. con el cuello desmontable. y sacó una moneda del bolsillo. —¿Qué? —Dice que no puedo llevar a Moose. es una buena elección. Tenía muy poco que hacer. Estoy haciéndote un par de pantalones abrigados. Willy apareció con una nota para Agatha. Ahora. Me encantará tener a Moose. —¡Todo esto! ¡Gracias! —Date prisa. y que me comprará un caballo que yo pueda montar. Déjame pasarlo sin derrumbarme delante de él. la tendrás. como la de Scotty? ¡Por favor. Dentro de ella. —¡Iré a decirle a Scotty! Saltó del taburete y salió corriendo. Pero tuvo que dejar de coser otra vez.

Agatha. caramba. —Hace un rato. observando los ojos de Agatha mientras leía el mensaje en voz alta: Querida Gussie: Willy y yo reclamamos el placer de tu compañía. por algún motivo. Violet permaneció al lado. tienes. —Sí —dijo en voz queda. esa noche: Scott. blanda y arrugada. yo también estoy aquí. jamás terminaré esa camisa para Willy a tiempo. Agatha levantó los ojos tristes que se encontraron con los de Violet. Willy trajo esto para ti. retorciéndose las manos. —Buenas noches —dijo Gandy. Siempre quiso decírselo pero. Estaban todos vestidos con sus mejores galas cuando Agatha fue a abrir la puerta a las seis. —¿Tan apuesto como Scotty? La mujer contempló el rostro del hombre que no olvidaría mientras le . se inclinó. y la nueva chaqueta de invierno.224 - . con el traje dominguero que se había puesto para el funeral del padre. le tomó las mejillas y lo besó. Los ojos de los dos se encontraron. Violet agitó una mano. con suavidad. Si no pongo manos a la obra —dijo con brusquedad—. De inmediato. nunca encontró el momento adecuado. Willy. para cenar esta noche en el restaurante de Paulie. Gussie. Pasaremos por tu casa a buscarte. Agatha apretó su mejilla firme contra la de Violet. tienes que dejar que yo cierre esta noche. con el traje color ciervo y un grueso sobretodo que no le conocía. —Bueno. cuando Agatha abrió la puerta. Con cariño. Las dos se sentían desdichadas. y subir a vestirte. Willy y Scott Violet parpadeaba. —Ya lo creo. dejando de lado todo fingimiento. a las seis en punto. Tenía un cabello demasiado hermoso para cubrirlo con nidos de pájaros y plumas. y no intentaron ocultarlo. Violet la abrazó con fuerza un instante.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR el salón del frente.. con el vestido púrpura y melón que había usado en el té del gobernador. orgulloso y alzó la vista. y las dos mujeres se miraron. cosa que agradó a Scott. ¿no es amable? Agatha dobló sin alterarse la nota y la metió otra vez en el sobre. heridas. ¡Y qué apuesto! Sonrió. Agatha miró el sobre y reconoció la escritura de Scott con una sola palabra: «Gussie».. hasta que Willy reclamó: —Eh. —Gracias —dijo. aunque no se puso el sombrero. y luego Agatha retrocedió y se secó los ojos como si la irritara que ocurriese tan frecuentemente los últimos tiempos—. —Bueno.

permíteme —le pidió en voz suave. La cena fue una representación que. en un susurro. y respondió en tono mucho más sereno que el de la pregunta: —Sí. el lugar y la situación. si Willy le hacía la pregunta. «sí». lo habría dicho de otra forma. Contemplaba a Agatha. —Por favor. Ella y Scott conversaron. Agatha comió poco. ¿qué podía hacer sino responderla con sinceridad? Si hubiese podido elegir el momento. «una enredadera salvaje». el aroma.225 - . pero Scott la sostuvo con firmeza del codo libre. Scott soltó a Agatha y retrocedió.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR quedara aliento. rozándole la oreja con los labios—. A desgana. Siempre quiso decírselo. —Gracias. pero no supo bien de qué. y se ruborizaba por el esfuerzo de contener jas emociones. Se volvió.. más que cualquier mujer que hubiese conocido hasta entonces. las lágrimas tan cerca de la superficie de los ojos que parecían del matiz de una hoja de magnolia bajo la lluvia de primavera. No se le ocurrió qué decir mientras llegaban abajo y él deslizó la mano hasta la de ella. Willy parloteó con infantil entusiasmo e hizo interminables preguntas a Scott: —¿Dónde dormirá mi nuevo gato? ¿Qué es la uva silvestre? ¿Hay víboras allá? Scott respondía sucintamente: «en la cocina». Agatha se dio la vuelta. Willy bajó corriendo las escaleras a riesgo de romperse el cuello. chocó con el brazo de él. Al girar. En la acera. No esperaba que Gandy estuviese tan cerca cuando se apartó del guardarropa con la prenda en la mano. pero por lo menos ya lo sabía. ¿Cómo no lo había notado antes? ¿Por qué le llevó tanto tiempo? Y era toda una dama. No obstante. sintiéndose inquieto. pero la cerró otra vez con un tenue suspiro. Tenía la respiración agitada. —susurró. y Gandy le puso la capa de terciopelo marrón sobre los hombros. la tomó otra vez del codo. a medias excitado y culpable. cediéndole el paso. cerrando los ojos. Scott percibió lo cerca que estaba de quebrarse. —A ver. después. Era adorable. —Debo tomar mi capa. tan próximas a desbordar. sumergida en emociones dulces y amargas a la vez. Le temblaban los dedos y la voz. tengo hambre! —exclamó Willy desde la entrada—. Tu cabello es demasiado encantador para cubrirlo. pero no prestaba toda su atención a Willy. —Scott. —¡Eh. Scott abrió la boca. su corazón dio un salto. La sujetó con fuerza hasta que llegaron al final del callejón. y después le apretó los brazos y la atrajo de espaldas hacia sí. los hombros anchos enfundados en el abrigo. el atractivo abrumador del rostro. Tan apuesto como Scotty. Agatha se aferró a la baranda. Vamos. Agatha no recordó con claridad. pero se contenía por ser una mujer soltera. El latir de su pulso pareció agitar hasta el aire en torno. agitado. con tan increíble delicadeza que cada movimiento de las manos y las mandíbulas parecía más una danza que los banales actos de levantar la comida y masticar. Ante la proximidad. pero se obligó a reír en beneficio de Willy cada vez que los . no te pongas la caperuza —le pidió.. quitándole la capa de la mano.

—Ven conmigo. sobre la cama. Sintió el frío en la médula de los huesos. Gandy sacó el reloj de bolsillo: —Es tarde —comentó. Agatha sintió que Scott se arrodillaba junto a ella. y. no podía mirar a Gandy en los ojos... ah. Acostaremos juntos a Willy. Y el roce fugaz de sus labios preciosos. Decidí que no: es mejor. Nunca había estado ahí. —Mañana vendrás con nosotros hasta el tren. La tienda estará abierta. Le martilleó el corazón. Ella las colgó con cuidado para que estuviesen listas a la mañana. ¿no te acuerdas? —Ah. también. mientras Moose aparecía y saltaba. los olores desagradables que lo penetraban. —Escucha. Lo desvistió hasta dejarlo con la ropa interior de lana y fue entregándole a Agatha cada prenda. como saboreando el aroma por última vez.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR comentarios del chico lo requerían. ¡Ah. y lo miró a los ojos. mi amor. —Bueno. y comparado el suelo de madera manchado. Gussie. Pero se dejó la caperuza baja cuando regresaban lentamente a sus respectivas moradas. mientras él fumaba. Se le oprimió la garganta. en especial en la cadera izquierda. Agatha abrió los ojos. Te llevaré a . tienes razón... oscura. —Buenas noches. lo sorprendió observándola y ocultó el rostro tras la taza de café. y sonrió al verlo saltar sobre el catre. disimulado por la capa. —Sí. con lo que sería en Waverley: ventanas luminosas. Seguía sin mirarlo. sí. pese a que este deseó que lo hiciera durante toda la comida. era un triste resto de la alegría pasada. Apoyó un brazo en la cintura de la mujer y el otro en la barriga de Willy. Y una vez. Bajo el brazo izquierdo. con la tapa del calzón momentáneamente visible. —Buenas noches..226 - . cerró esos ojos y exhaló un profundo suspiro dilatando los orificios de la nariz. Scott miró la mano que apoyaba sobre el corazón. Luego. Era suficiente con el espantoso cubículo de Willy. muchacho —dijo. una cama alta y.. Agatha se alegró de no poder ver bien a la luz difusa de la lámpara. casi seguramente. —Pero quiero que vengas. cuando se arrodilló para abrazar a Willy que la esperaba con los brazos abiertos. Al acercarse a las escaleras. ¿verdad? Tiene que cuidar de él. un hogar en cada dormitorio. La taberna estaba silenciosa. ese olor a chicuelo! Nunca olvidaría el olor de Willy. mi amor. que el muslo se apretaba contra los pliegues de su falda. —Willy acercó más el gato a sí—. forzando una sonrisa—. Al parecer. pero no pudo decir que no. del pequeño al que había llegado a amar. el hombre sintió el temblor de Agatha. y se preguntó si latiría tan de prisa como el propio. ¿no es cierto? Le acarició el cabello de la sien con el pulgar y deslizó una mirada larga y amorosa sobre esos ojos castaños que le destrozaban el corazón: —No. temblando. no te habrás olvidado de Moose. no levantó los luminosos ojos verdes ni una vez. Hasta que llegó el café y Scott sacó un puro y las tijeras de oro. se dirigió hacia ellas pero Scott la retuvo con fuerza del codo.

No me lo pidas. me despediré aquí. Las manos de Scott la sujetaron. su hombro rozó el pecho de la mujer. ¡No pienso avergonzarme en público! Con dificultad.. Agatha se sorbió y se secó los ojos. —¿De qué serviría? —No sé. y la guiaron. Subieron la escalera. —No me correspondía.. Gussie? —le preguntó.. te e. y tú lo sabes. buenas noches —gorjeó. se le enredó el tacón en el polisón y sintió una punzada de dolor en la cadera mientras forcejeaba con torpeza para ponerse de pie.. y tomó el codo de Agatha.. date la vuelta y mírame. ¿de acuerdo? Sólo pudo responder asintiendo con la cabeza. Oh.. Scott dijo lo que estaba atormentándolo todo el tiempo que duró la despedida: —Willy tendría que quedarse aquí. —Pero. Tampoco ahora tendría que hacerlo. echaré mucho de menos.. Por fin. Scott. en un susurro áspero. firmes. Oh. Scott.? —La miró. —Por favor. —¿En serio. —Bueno.. —Lo siento. lo lamento. lentamente. de una oreja a otra—. Cuando se incorporó. Agatha se soltó y se volvió a medias: —No es sólo el chico.. Scott. Era demasiado pequeño para comprender todas las consecuencias de las últimas veces. Scott. muchacho —dijo Scott. inseguro de poder hablar si lo intentaba. demorando los labios en la mejilla tibia. prefiero que no. Es que. Le oprimió los codos con ferocidad. ¿Es verdad? . no llores... —No. Así ya es bastante terrible. Es que. sujetándola de los brazos—.. Al parecer. Agatha lo besó. Yo soy la mujer.. Gussie.. por Dios. Agatha se detuvo ante la puerta y miró sin ver el picaporte. —La hizo girar del codo. en voz espesa. en tono maravillado..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Moose un poco antes de irnos. Gussie —rogó. —Giró la cabeza de repente—. No llores —suplicó—. a desgana. Nunca dijiste nada. Scott también y. —Que duermas bien. contigo. pero ella no levantó la vista—. sujetándola y recorriéndola con la vista desde el cabello hasta la barbilla. la voz le salió baja y ronca: —¿Puedo entrar un momento? Agatha levantó la cara. contando los segundos fugaces hasta llegar al rellano de madera.. de los finales. —Gracias por la cena. la mano de Scott sujetándole el brazo. —No. Una vez apagada la lámpara. al inclinarse para hacerlo. ceñudo. detrás.227 - .. —¿Es verdad que mañana no irás a la estación? —No puedo. últimamente no puedo evitarlo. Gandy se quedó cerca. Agatha percibió la sorpresa del otro en el tenso silencio que siguió hasta que la atrajo con tal brusquedad hacia él que la caperuza de la capa le golpeó la oreja: —Pero ¿por qué no. caminaron en la oscuridad hasta la puerta trasera de la taberna.

detente. —¿Por qué? —¡Déjame ir! —gritó. excitar. teñidos por la conciencia de que. La boca abierta de él pareció repercutir en lo más hondo de su ser. —Si es cierto que me quieres. de pronto se quedó quieto. que enlazó en la cintura. para sus adentros rogaba que se detuviera. Se golpeó la cabeza contra la pared. Este era voraz y condenado. antes de que le estallase el corazón. Los labios persiguieron los de ella. hasta que echó la cabeza atrás. escudriñaron los de ella.. Liberó su boca. Abrió la suya y las lenguas se fundieron en una danza gloriosa. jadeante. La capa se retorció y se le enredó en los pies y le atrapó un brazo. alejándose de él y acercándose a la puerta. Los ojos. pero Agatha dio vuelta la cara para eludir otros besos que le quitaban la razón. un tren lo separaría de ella para siempre. Agatha sintió el florecer de la pasión como un delicado espasmo en las entrañas. en un susurro feroz. No llegaba al suelo. Estás haciéndolo más duro —dijo. Negó con la cabeza. palpando las costillas bajo la jaula de acero y encajes. La boca del hombre ahogó la protesta. la hizo girar y la levantó. se abatió sobre los suaves labios abiertos que amenazaban la cordura. —Logró soltar el brazo. El codo atrapado se clavó en las costillas de él. el rechazo y la excitación luchaban en el interior de ambos. Los pies le colgaban a treinta y cinco centímetros del suelo. en un susurro desgarrado. En el cuerpo de Agatha sucedieron cosas deliciosas. Scott recorrió el interior de la boca de Agatha con la lengua. a la mañana siguiente. —¡Espera. La bajó. emitiendo un suave sonido gutural. si yo. Le dolió el brazo atrapado. rogó en silencio que la librara de esa tortura. Era muy diferente del otro beso que habían compartido. tambaleante. para obligarlo a quedarse quieto—. nuevas. —Por favor. no —dijo. Se miraron a los ojos. —Lo siento. Aun mientras despertaba en ella el más hondo de los anhelos. explorar. —Bájame —rogó. y la insistencia de la lengua provocó en ella una respuesta involuntaria. y se aflojó contra la mujer. Aunque su propia garganta emitía sonidos de pasión. La de ella no pudo hacer otra cosa que acoplarse. Con el cuerpo apoyado en el de ella. Gussie. —Déjame quedarme. bajo la capa. y encontró el cuello del hombre. estremecedora. la apretó contra la pared. No pensaba hacerlo. soltando las manos.228 - . desesperado. El otro se debatió en busca de algo a qué aferrarse. sólo sombras. —Lo siento —dijo. con vehemencia: —No. Pensaba acompañarte hasta . junto con el niño al que amaba. giró y.. y le tomó el rostro con las manos. y cubrió los labios de ella con los suyos. Lo sacudió un temblor de remordimiento. La atrajo unos milímetros más hacia él. rica.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Déjame —rogó. Gussie! En el mismo instante en que tendía la mano hacia el picaporte. —Scott.

hasta que al fin. resultó ser como un ensayo para la dura prueba de las despedidas del día siguiente. Sigo siendo.. pues. Tras la tercera llamada no respondida. —Se apartó. Promete —repitió — que mandarás a Willy. la cabeza de Agatha acurrucada bajo su mentón. —Lo silenció con un dedo en los labios—. fueron los labios de Agatha los que lo silenciaron a él antes de que pudiese pronunciar una mentira. En el interior. Y yo vendré con. . pero en cuanto la dejara olvidaría todo lo sucedido esa noche.229 - .. Vino el último. —¡Jesús. La separación parecía terrible. apretando los pechos contra él. Le arrojó los brazos al cuello y lo besó una vez.. —¿Por qué no me dejas decirlo? —Lo dirías porque te doy lástima. Le sacó las manos del torso. las puso sobre la capa y la estrechó con ternura contra el pecho. —Gussie. En esta ocasión.. —Lo prometo. Bajaron uno tras otro. Simplemente. lo lamentaré toda la vida. No es necesario. Otra vez. No es suficiente. ¿Prometido? Scott le tomó la mano por el dorso y la quitó de su boca. se apoyó en la puerta y escuchó: —Gussie —la llamó con suavidad. había desaparecido dejándolo desdichado. Agatha se mordió el labio Golpeó con suavidad.. Sigue siendo impropio. —¡Adiós. Me haría la vida sin ti más insoportable.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR la puerta. se apoyó contra la pared y sostuvo a Agatha. sintiendo los brazos que la rodeaban. confundido. apartándose. la mujer. hizo girar a los dos. Scott! —murmuró. —¡Shh! —No quiero separarte de Willy. voy a echarte de menos! La mujer apoyó la sien contra el pecho de él y trató de deshacer el nudo de amor que tenía en la garganta.. Pero tengo que decirte algo.. —No quiero irme —dijo. la posó en la barbilla de Scott y le miró los labios mientras decía—: Te amo. Scott. cuida a Willy y mándalo de visita en cuanto puedas. —S. cuando cesó el estrépito y los golpes de maletas y canastos en el local vecino. vestía el traje dominguero y apretaba a Moose contra el hombro. tal como había soñado hacerlo sosteniéndole la cabeza.. el que asomó la cabeza por la puerta fue Willy. Con un movimiento repentino. Agatha hizo girar la llave en la cerradura. se irguió sobre sus propios pies. sin ocultar nada. En lo que dura un relámpago. en voz ronca. los dos cuerpos pegados en toda su longitud. si no lo hago. y cada separación era más dura que la anterior. —Levantó la mano enguantada. No. y apoyó las palmas sobre el chaleco de él—.. por fin oyó los pasos que se alejaban.. Esa noche. —Lo sé. mirando las estrellas.

Violet. se detuvo. Le hace daño. Rió. que era mucha. Scott se acomodó en el asiento. Escudriñó. ¿por qué Agatha no viene? —Porque no quería llorar delante de todos. con la mano sobre el picaporte—. elevando en el aire el agudo silbido y transportándolo a lo largo de las vías. Te echaré terriblemente de menos. Gussie... Si bien sabía que era inútil.mi madre—dijo.. Afuera. a último momento. y salió corriendo.. Pero Proffitt le había dado a Agatha y. Nunca imaginó que le dolería tanto abandonarlo.. preguntó: —Pero. Oh. antiguos clientes que querían saludar a Jube y a las chicas por última vez. —Scotty dice que te diga que escribirá. como un lúgubre acompañamiento de la partida de ese lugar al que siempre consideró un sombrío pueblo vaquero. Detestaba dejar a Agatha así. —Tú también tienes que escribirme.. —La mujer se inclinó y recibió un beso rápido. Inseguro. Cuida bien a Moose y no le des leche. y se fortaleció contra las emociones que no podía evitar: —Lo sé. la mayoría. por cierto. —Todavía triste. y miró en silencio por la ventanilla. se detuvo con las manos a la espalda y se encogió de hombros: —Bueno. y el niño fue hacia ella rodeándole el cuello con un brazo.quisiera que. Scotty dice que tengo que recordar que me amas. y se volvió. Willy giró hacia Violet que esperaba con las lágrimas corriéndole por las mejillas.. Lamento que no puedas quedarte conmigo. Casi se nos hace tarde. Vio que el guardia levantaba la escalera portátil y desaparecía dentro del tren. En el entrecejo se le formó un pliegue profundo. Lloró cuando le di a Moose.230 - . esperando que. Lo apretó con fuerza contra el pecho y le aseguró: —Yo también. tenemos que irnos. querido. la muchedumbre. llevándose el recuerdo de sus lágrimas cuando corrió a encerrarse en el apartamento solitario. Agatha apoyó el rostro contra el pelaje tibio del animal pero no pudo pronunciar una palabra. mientras Scott acomodaba el equipaje. Se dio vuelta en la silla giratoria ante la máquina.. Willy corrió hacia la puerta. ahogándose. de modo casi inconsciente examinó a la gente que había ido a despedir a los pasajeros.. en cuanto aprendas a hacerlo. dejarla le dolía. apretando con fuerza al gato en el otro. Agatha cambiara de idea—. triste. Los dos lloraban—. esperanzado. En el compartimiento del tren. que fueses m. No te amaría más si lo fuese.. —Ah. nos veremos. —Yo también te amo. el viento azotaba los costados del tren alejando el humo de la locomotora. —No se la daré. Willy siguió mirando la bulliciosa estación. En . —Qui. claro que te amo. tomando el gato del hombro del chico. —Lo sé. —Adiós. —Es cierto.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Gussie. —Ven aquí. —Le sujetó la cara con las manos. Adiós Moose —dijo.

. Nunca en su vida. Willy lloraba en silencio.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR el mismo instante en que el tren arrancaba.. subiendo a Willy a su rodilla y señalando—. pues llegó segundos antes de que el tren comenzara a moverse. Y mientras examinaba las ventanillas que se escapaban. con la otra.231 - . la vio. saludó. —¡Ahí está! —exclamó. —¡Adiós. ¡Ahí. fue evidente que no tenía idea de en cuál estarían. —¡Gussie! —Willy apoyó una mano contra el vidrio frío.. . saludó.. Gussie! No pudo haberlos visto a bordo. fervoroso. hasta que las ventanillas terminaron de pasar y se perdieron de vista. las manos cruzadas sobre el pecho. Gandy había visto una figura más solitaria. cerró los ojos y tragó saliva para no hacer lo mismo.. Y Gandy apoyó la cabeza atrás. Pero cuando una ráfaga de viento le agitó el ruedo de la capa y la abrió. detrás de los otros! ¿La ves? Con la capa marrón. y saludó. Llevaba la capa de terciopelo castaño con la caperuza puesta. bajó la caperuza y saludó. Estaba apartada de los demás..

Lo que sentía. sonrió en la oscuridad: Jube y Marcus.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 17 En la familia adoptiva de Gandy nadie se sentía más huérfano que Willy. no iba a vivir en Waverley? ¿Y qué clase de vida llevaría vagabundeando contigo y tu grupo. ¿Y Willy? Le prometiste cosas que no estás seguro de poder darle. eres un tonto por ir allá. Pero a la noche. tendido de espaldas tras las cortinillas corridas. ¿Cómo vivirían? ¿Qué harían? ¿De dónde saldría el dinero? Para empezar. Marcus parecía estar dormido. en ese momento Scott. furioso. ¿Por qué él y Jube nunca llegaron a hablar de cómo estaba deteriorándose la historia amorosa entre ambos? Porque. Durante el viaje. de reconocimiento de sí misma y se le colorearon las mejillas. Según lo que recordaba. No se veían más rastros de nieve. se aproximaba la Navidad. Levantó la pesada cortina de fieltro. No se sentaban juntos muy a menudo. era alivio. Jube vio a Scott en el pasillo y le lanzó una sonrisa fugaz. Más tarde. caminando por el pasillo. en cambio. ¿no le encantaría que la vida renaciera entre sus muros? Estás soñando.232 - . pensó cómo se distribuirían en Waverley para dormir. los encontró sentados juntos. pues lo único que lograrás será evocar cómo era. era la primera vez que la veía ruborizarse. Esperaba que Jube y Marcus encontraran en el otro al compañero perfecto. casados. cuando Willy y él ya estaban acostados en sus literas. tras haber viajado muchas horas. herido. No tenían seres queridos ni hogar. Era el momento perfecto para la ruptura. se removió buscando una posición más cómoda. Gandy necesitaba estirar las piernas y. Pasó mucho tiempo pensando en ella y Marcus. Gandy. y Scott vio poco a Jube. ¿No sería grandioso? Imaginándolo. Fue una situación de conveniencia para ambos. . a fin de cuentas. Quizá pudiese celebrarse la boda en la alcoba nupcial. se dividieron en pequeños grupos para compartir asientos y literas. Si hubiese sido otra cosa. El tren marchaba en dirección al sudoeste. se habría sentido celoso. Jube pasaba la mayor parte del tiempo con Ruby y Pearl. y cualquier lugar que hubiesen elegido sería en contra de sus deseos. una muñeca bajo la cabeza. pero el traqueteo y el balanceo del tren no lo dejaban dormir. y Scott vio en ese rostro una expresión que jamás le dedicó a él mismo. A la vieja mansión. ¿Qué pensaría si le dijeses que. jamás fue una historia de amor. la sujetó con la trencilla de seda y contempló cómo escapaba el paisaje de campo bajo el débil brillo de la luna invernal. abriendo una taberna tras otra por todo el país? Inquieto. Jube tenía la cabeza apoyada en el respaldo. Ya fuese que Marcus y Jube se hubieran declarado lo que sentían. recordando lo dicho por Willy. pero el rostro vuelto hacia él. no sería justo que ella siguiera compartiendo la cama de Scott. No puedes retener al grupo allá. Por acuerdo tácito. fueron todos juntos a Waverley. soñar con lo que nunca será. en realidad.

La tarde del segundo día. se sacó la pipa de la boca y dijo. bajando la escalera. Los viejos silos estaban aún ahí como lenguas curvas. Agatha sola. ¿Missouri? ¿Arkansas? No estaba seguro. Lloró cuando le di a Moose. refiriéndose a Waverley—. ¿no es cierto? —Seguro. Hiciste lo que tenías que hacer. excepto algunos de los antiguos esclavos que antes . —Al percatarse de que Willy escuchaba. los presentó a todos. Nadie anda por ahí. El comentario desató un torrente de preguntas: —¿Está muy lejos? ¿Cuánto falta para que lleguemos? ¿Podré pescar en el río en cuanto lleguemos? ¿De qué color será mi caballo? El entusiasmo del chico. que transportaban todo más rápido. Teníamos nuestros propios almacenes. —Me alegra verte otra vez. la taberna abandonada. Ya tienes bastante con la preocupación de poner en orden tu vida. —Bueno. que había sido un floreciente centro de comercio del algodón sobre el río Tombigbee. Se arreglará bien. levantándose por la mañana. en Waverley. pero con patillas blancas. arrastrando las palabras: —Bueno. ¿Volviste para quedarte? —Todavía no lo sé. agregó—: Eso espero. Con las manos apoyadas en los hombros de Willy. con el gato de Willy. Olvídala. Pero ya la planicie de la pradera había dejado paso a las suaves colinas que se hinchaban y rodaban como un mar a medianoche. aunque hace mucho tiempo que nadie me llama así. blancas serpientes de agua reflejaban la luna.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR A los costados de las vías. sí. aún está allí —dijo Sheed. y los barcos fluviales llegaban directamente a nuestro muelle para cargar. me gustaba observar a los esclavos cargar el algodón en los barcos. esperando para soltar las balas de algodón desde los almacenes vacíos por el río hasta los barcos que morían de muerte lenta junto a las vías férreas. decidir cómo abastecer a esta familia de ocho personas que tienes. sin tener a Willy para irrumpir por la puerta y romper la monotonía de su vida. el tren dejó a Gandy y compañía en la ciudad de Columbus. terminando con el niño. Recordó Proffitt. señor Sheed. Gandy. —¿Aquí? —A veces. muchacho. Pero por mucho que repitiese estos pensamientos. como a ti te gusta ver a los vaqueros cargar a las vacas en el tren. en Mississippi. hizo reír a Scott. Miró a Scott bajo los arrugados párpados entrecerrados. Compraron provisiones en un almacén de Sheed's Mercantil. arriba. Agatha estuvo sola mucho tiempo. Traje a mis amigos a conocer mi viejo hogar. enfrentar otra vez a los fantasmas de Waverley.233 - . El viejo Franklin Sheed parecía una muñeca de esas que se hacen con manzanas marchitas. LeMaster Gandy. no podía sacársela de la cabeza. reflejo del que él mismo sentía a medida que se aproximaban a Waverley. más barato y más seguro. y los árboles demarcaban el paisaje como hitos. antes de la guerra. Se le hizo un grueso nudo en el pecho al imaginarla acurrucada. —Cuando yo era niño —le contó a Willy—. Más a menudo. bendita sea mi alma.

«Algún día se meterá en problemas». —No. Y a los bizcochos de melaza más sabrosos en toda la región de este lado de la línea Mason-Dixon. le dio una punzada de nostalgia. Se asombrarán de verte después de tantos años. y recordó que.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR trabajaban para tu papá. la última vez que la vio era mucho más alta. Éstos son mis amigos. a Willy y otra vez a Scott. No sé por qué: estoy seca como una pasa. —Lo recuerdo. —Yo contemplaba la cara de este muchacho.234 - . Pero antes de que Gandy pudiese responder. —La sonrisa no se desvaneció. Miró a Jube. que le vendía cigarros al padre de Scott. Y yo miraba lo que quedaba en el plato y me prometía que. y echó un vistazo de soslayo a Jube. viviendo entre extraños a los que poco les importaba su pasado ni su futuro en cuanto se separaba de ellos. La risa de la anciana colmó la tienda como el cloqueo de una pava vieja. —Señorita Mae Ellen —la saludó el propietario—. ¿no? —No. —Así que. su herencia. Sus raíces estaban ahí. Todavía están allí. con las manos en el pomo del bastón. ¿se acuerda del hijo de Dorian y Selena Gandy? La anciana bajó la cabeza y escudriñó a Scott un buen rato. pensaba. Pero nunca me dejó agarrar más de dos. Como los otros curioseaban por el local. La gente lo recordaba. —¿Qué habrá sido de todo eso. y pensaba que era demasiado apuesto para su propio bien. —No olvides tus modales. te casaste otra vez. señora. Tanto tiempo estuvo vagabundeando. muchacho. Y ahí estaba el viejo Franklin Sheed. y sus ojos tenían expresión burlona—. señorita Bayles. Señorita Bayles. estrechándole la mano—. —¡Ja! —resopló la mujer. y algodón a la madre para los pañales de sus hermanos y de él mismo. desde que tu gente falleció? — preguntó Franklin en voz alta. eran su pueblo. —LeMaster. —Encantado de conocerlo. que estaba cerca. Willy extendió la mano. ¿Fue así? Los hoyuelos de Scott obraron su magia habitual. señora. Sonrió a la arrugada mujer. y después hacia Willy—. —Hizo un gesto hacia Jube. ¿O es que él era más bajo? —Solía convidarte a duraznos cuando tu mamá iba a visitarme a Oakleigh. ¿eh? —Lo examinó con aire imperioso. —Clavó otra vez en Scott su mirada maliciosa—. señorita Bayles. —Con que Willy. que regresar al sitio donde se recordaba su nombre. algún día. Golpeteó con el bastón contra el suelo. que yo sepa. me desquitaría. ¿no? —Así es. una octogenaria prieta de sombrero gris deshilachado entró renqueando con un bastón negro de ciprés. Algo bueno pasó dentro de Scott al estrechar la mano de Franklin. manteniendo alejados a los intrusos. y no le convido a un chico a más que dos . Jubilee Bright y Willy Collinson. no se molestó en presentarlos.

Entonces. en ese breve lapso entre estaciones. a él sí te encantará conocerlo. alisada por años de soportar el paso de carros tirados por mulas. harina. Yo también la recuerdo bien a ella. El aroma de la tierra era húmedo y fecundo. los últimos metros. a . con el tono de los capullos de glicina. A. Saludos a Leatrice. — Señaló a Scott con el pulgar—. muy diferente del olor polvoriento de Kansas. vivo en el pueblo. —Lo haré. con mi hija Leta. y mientras partían para Waverley atravesando el paisaje familiar del Mississippi. y no quieren dejar confusiones. Ni se lo oía moverse ni se olía al ganado. y yo os presentaré. Aunque el cielo estaba claro. otra vez. Por un momento.. —Aquí empiezan las tierras de Waverley —dijo. La revelación de la señorita Bayles le recordó que Waverley no era la única gran mansión que la guerra dejó abandonada. Mientras seguían andando. Ya recorrían el último kilómetro. LeMaster. Pasaron ante Oakleigh. J. La recuerdo muy bien.235 - . Que este sinvergüenza te traiga un día. que lo acompañaron mientras compraban maíz molido grueso. en los ojos de Willy apareció una expresión incrédula. y cuando la anciana terminó sus compras.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR galletas por vez. para varios días. y sostuvo las riendas flojas. Pero a mi nieto. con el sombrero. con rígido orgullo. —Hay una cosa que tienes que aprender de una vez. hasta convertirse en un polvo fino. Las cimas de los pinos acariciaban el cielo del atardecer como el pincel de un pintor sobre una tela. Las viejas arrugadas no dicen cosas en broma. pues no saben cuándo caerán muertas. —¿En serio? Pinchó a Willy con el bastón en el hombro. jamón. Scott la saludó. Mientras lo hacía. pocos de los cuales habían sido sembrados los últimos quince años. delante. contando con cuidado el dinero que sacó de un talego de cuero que luego cerró—. entre las rodillas. El giro de la conversación puso paños fríos sobre el tema. a Scott lo reconocieron por su nombre y lo saludaron con entusiasmo. Ahora. Scott dejó que hiciera sus compras antes que él. los sentidos de Gandy se extasiaron con el dulce trino melodioso del sinsonte desde un matorral. En dirección al noroeste. que sólo parecía un manchón blanco al extremo de un largo prado. nogales y pinos. —Déle mis saludos a Leta. La sensación grata permaneció dentro de él mientras alquilaban coches en el establo donde. Todos rieron. tocino: alimento suficiente para una familia de ocho personas. corrieron entre apretados grupos de robles. señorita Bayles? —Oakleigh está vacío —respondió. preguntó: —¿Sigue viviendo en Oakleigh. —¿Todo esto? Scott se limitó a sonreír. la brisa era un poco fresca. Los carruajes andaban sobre un camino de grava. cortés. Scott se vio transportado al pasado. En cambio. medio ahogado bajo malezas y enredaderas de uva silvestre. que luego se abrían hacia vastas extensiones de campos de algodón vacíos. muchacho. La mención de Leatrice reavivó las expectativas de Scott. y el olor de la vegetación que se pudría.

Scott disminuyó la marcha del carro. Jube y Marcus. en el asiento de atrás. El intenso olor gatuno de los gomeros era hostil. Y mi esposa y nuestra pequeña hija.es Waverley. apareció una cerca de hierro negra y. pues durante muchos años sólo los podaron los ciervos salvajes.236 - . La puerta en sí misma no se movió. el corazón de Gandy dio un salto. en dirección opuesta a la casa de baños— . En los buenos tiempos. y los cuidó con amor toda su vida. Si los viese en semejante condición. señalando una estructura de madera. —¿Quién? —preguntó Willy. la vegetación asfixiante daba un toque amenazador a la llegada de los viajeros. y confinado por los preciosos árboles de boj de su madre. que estaba al lado. la que dominaba el patio del frente desde que tenía memoria. El hijo de Selena se arañó la cara con los arbustos descuidados mientras se abría paso entre ellos hacia la entrada principal. enlazando las riendas en el puntal del látigo. En las sombras de la caída de la tarde. a la derecha. al igual que Oakleigh. —¡Hurra! Excitado. —Es la casa de baños.. levantó la vista y sus ojos miraron en la misma dirección que Scott. Willy. Pero. como si advirtiese a los mortales de que no se acercaran. estirando el cuello para observar al pasar la lápida de piedra gris. la que tenía el brazo más extenso de todo el Estado de Mississippi. Selena Gandy se sentiría acongojada. se lo mantenía meticulosamente pero en ese momento. —¿Y qué es eso? —preguntó. haciéndolo inextricable. abriéndose paso entre la vegetación descuidada durante quince años hasta llegar a la imponente magnolia. Los había traído desde Georgia cuando era una esposa joven. su sangre se alborotó. por el sendero. Willy se incorporó del asiento y Scott lo hizo sentarse otra vez. la decepción de Scott se duplicó. levantó la vista. —Esperad aquí —ordenó Gandy. —¿Tuya? Otra vez. —Después podrás verla. Gandy tuvo que frenar al caballo después de haber andado menos de la cuarta parte de su extensión. —Prosiguió. a medida que se acercaban. se veía entre enredaderas retorcidas. —Giró a la izquierda. —¿Tenías una niña? —Se llamaba Justine... matorrales. aunque. —¿Hay alguien enterrado aquí? —preguntó el chico. sin alterarse—: Y esto. . Hacía tiempo que habían perdido su perfección geométrica.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR la derecha. dejándolos en un estado grotesco y deforme. está la piscina. Dentro. igual que el enrejado de hierro del balcón y las luces laterales de cristal veneciano color rubí que flanqueaban la puerta del frente. Fue solo. cedros y gomeros que habían invadido el largo prado. —Mi mamá y mi papá. Los escalones de mármol estaban intactos. Ante la vista de la mansión. al verlo invadido de enredaderas. giraron para echarle un vistazo al cementerio.. —Mi familia.

. hasta las cabañas de los esclavos. sintió el olor del humo de la leña de Leatrice. ¿estás ahí? Sólo le respondió el silencio y el tabletear del pico de un náiaro carpintero. a chicharrones. Sonrió y esperó. con una sonrisa ladeada. los establos. —Abre la puerta y lo verás. Más allá. Scott sintió otra punzada de nostalgia. en alguna parte de la densa vegetación que había a sus espaldas. Golpeó y llamó: —¡Leatrice! —¿Quién es? —dijo una voz que parecía la flatulencia de un caballo hinchado. Al verlos. las imágenes eran vagas. aunque sus brazos sólo abarcaban dos tercios del contorno de la mujer. Tenía una voz sin par entre los humanos. de dos plantas de altura. Déjame echarte un vistazo. la fábrica de hielo octogonal.237 - . y siempre se burló del familiar Scott—. —Se le dilataron los ojos—. alguien lleno de arrogancia. regresó a casa por fin. insertadas en las ventanas. alabando a los cielos—. traslúcidas. y su abrazo era capaz de quebrarle los huesos. en el fondo. como si las viera a través de un cristal de color borravino. —¿Quién.. pesados. La puerta se abrió y apareció. —¡Mi pequeño volvió a casa! —se regocijó. Olía a humo de leña.. Entró y la levantó. —Seguro. con una apariencia que prometía durar para siempre. apoyando un codo en el marco de la puerta. derramando lágrimas. Las dos entradas eran idénticas. La única diferencia era un par de segundas columnas más bajas que custodiaban la del frente. hechos de madera extraída del pantano de los cipreses cerca del río. Lo único que pudo distinguir fueron las liras talladas en madera. La puerta de atrás no lo acogió de manera más hospitalaria que la otra. así recordaba a sus padres. a la que los esclavos doblaron y arquearon para darle la forma de abanico estilizado a los respaldos.. con columnas dóricas idénticas delimitando porches retirados. Sentados en esos bancos bois d'arc. ¿Eres tú. —¿Qué clase de bienvenida es ésa? —bromeó.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Se protegió los ojos con una mano e intentó escudriñar el interior. Mucho antes de llegar. como en Lemaster de los demás. ¡Bendita sea mi alma! ¡Eres tú! —Soy yo. siguió un sendero que exhibía señales de uso reciente. y un par de bancos negros de madera a cada costado de la del fondo. amo? —Jamás agregaba la partícula respetuosa. los jardines. igual que el árbol. un bajo retumbante . Eran sólidos. y a saco de verduras. mientras Delia daba de comer a los pavos reales. la piel áspera y negra como su vozarrón. casi tan grande como la magnolia centenaria del frente. la curtiembre. con el rostro pegado a la madera basta de la puerta. Señor. Golpeó la puerta y gritó: —¿Hay alguien aquí? Leatrice. pero la puerta daba al sur y la luz del crepúsculo que entraba por las ventanas que rodeaban la puerta norte del vestíbulo de entrada era escasa. hasta la vieja cocina. —Retrocedió y lo aferró de las orejas—. Con la casa a sus espaldas. mucho antes de que Scott naciera. señor.? ¡Señor de la piedad!.

y luego lo hizo volverse de frente a ella—. Bueno. en voz tenue—. Vine sólo a ver cómo estaba el lugar. El cabello plateado le coronaba la cabeza como si fuera musgo. por mucho que lo intentara. —No vine solo. . después de lo que cocinaba en los viejos tiempos. ¿También trajiste a casa a esa Ruby? —Sí. —Siéntate. al final. una vez. y nadie sabía qué mezclas le metía dentro. Nunca me fui. sin mirar atrás—.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR imposible de emitirse con suavidad. —Te quedarás —dijo. —De modo que. —¿Ése es modo de tratar al muchacho que recogía moras silvestres para ti y cortaba rosas del jardín de su madre? La risa de Leatrice hizo que las vigas del techo amenazaran con caerse. Scott se frotó el costado de la cabeza y sonrió. de inmediato—. Es muy haragán. Y será mejor que empiece a poner un poco de carne sobre tus huesos. con aire de superioridad—. Además. —Quince años —evocó el anciano. aferrando una mano huesuda entre las suyas. ¿Acaso no te enseñé a respetar a los mayores? Mose y yo cuidamos de la propiedad mientras tú andabas vagabundeando por ahí. —¿Mose está aquí? Gandy miró sobre el hombro de la negra con expresión de alegre sorpresa. ¡Mose! —llamó. ¿Qué estuviste comiendo. la vieja Leatrice te engordará en menos que canta un gallo. —Cuida la lengua. —Claro que está —dijo el anciano negro que salió de las sombras y cruzó el suelo de madera con su paso artrítico—. lameollas? —Tomándolo de los hombros. pues la columna vertebral ya no se estiraba por completo. ése. Será como alimentar a ocho mosquitos. como si fuera indiscutible. muchacho. Me quedé aquí. Tengo pan de maíz caliente y guisantes ojo negro. —Quizá no me quede —aclaró Scott. Ya era hora de que regresaras. Gandy no se movió. Scott paseó la mirada de Mose a Leatrice. Y a Ivory también. —Mose —dijo Scott con cariño. ¿Te parece que podrías servir jamón y bizcochos para ocho si yo traigo el jamón y las guarniciones? —¿Ocho? —Leatrice rezongó y se alejó como si la pregunta le pareciera absurda—. muchacho.238 - . le dañó la laringe. —Se dio la vuelta. Mose era tan delgado como Leatrice gorda. Mose soltó la mano de Scott y se sostuvo la espalda. flaco como rodilla de gorrión. y desde entonces sólo fue capaz de emitir ese sonido rechinante que nadie olvidaba después de haberlo oído. lo hizo girar para inspeccionarlo con toda minuciosidad. Había fumado pipa de mazorca toda la vida. yo no lo acepto. se inclinaba un poco a la izquierda y adelante. Ven a ver quién está aquí. —Tal como pensé —dictaminó—. Pero me hace compañía. Alguna de ellas. que es el lugar al que pertenezco. os habéis juntado. Leatrice le asestó un manotón no muy suave en la cabeza.

Gandy sonrió. Pero Leatrice no se acerca donde hay espíritus. —Cruzó los brazos sobre los pechos del tamaño de melones. por lo que se puede ver con esta luz. seguido por los demás. Mose también lo oyó. —La llave está aquí. ¿Un fantasma? Leatrice le tomó la palma y depositó en ella las llaves. Sin embargo. el viejo Mose no entrará ahí! —¿Qué estás diciendo? Por supuesto que entrarás ahí. —Leatrice la sacó de entre sus amplios pechos—. los ojos dilatados. sarcástica—: Caramba. y lanzó un grito. y. Leatrice es cocinera. —¿Yo? —Sí. Se sacó la correa de cuero por la cabeza y se la dio al viejo. y no tenía nada de supersticioso. ceñudo. Gandy presenciaba la discusión con el entrecejo arrugado. Pero era Jack. —Los dejé esperándome en el prado. —¡Un fantasma! —Así es. Mose os abrirá. ve! Mose retrocedió. —Es una belleza —afirmó Jack—. señor! Mientras desandaba el camino hacia la casa munido de varias velas de sebo. temeroso. —¡Ve ya! —le ordenó la negra. también es sólida.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —A Ivory también. A Gandy se le tensó el cuello. —¿Qué es lo que está pasando? —preguntó Scott. —¡No. Leatrice hace bizcochos. Mose movió la cabeza. El azote de la lengua de Leatrice era justo lo que necesitaba para hacerlo sentir que estaba otra vez en el hogar. Tienes que abrirles al joven señor y a los amigos. ¿Por qué crees que no entró nadie todos estos años? No sólo dos viejos negros que revisaron las puertas desde afuera. y dio una sacudida obstinada con la cabeza—. Entonces. Yo lo oí. Pronto estaremos cultivando algodón. No pude entrar en la casa grande. Desechó la idea. —Entremos. y retrocedió más. . —Leatrice levantó una ceja y agregó. dio la vuelta a la esquina de la casa y se tropezó con algo blando. —Ve a abrir tú mismo. él también lo había oído.239 - . pero dijo: —Pero eso es ridículo. La conservé en lugar seguro. ¡Nooo. fijos en la llave. que merodeaba por el sótano de la vieja mansión. ¿era verdad? ¿Sería Justine? ¿Estaría buscando a la madre y al padre en los altos cuartos vacíos de Waverley? ¿O sería el producto de imaginaciones demasiado activas? Sabía lo supersticiosos que eran los negros. señor. jamón. Está ahí. cansados de esperar en los coches. Scott recordó con toda claridad la voz de niña que había oído en la casa. eso quiere decir que somos cuatro. Jadeó. llorando. Leatrice les traerá el jamón y los bizcochos hasta la puerta de atrás. ¡Ahora. —En la casa hay un fantasma. lo oirás enseguida. no más. sacudiendo la cabeza. Pero Mose la contempló como si tuviese ocho patas. todavía tibias de estar entre sus pechos. Si entras. tú. al terminar la guerra.

acostado en su cama de la infancia. Gandy lanzó una risa ahogada y se puso de costado. los espejos gigantes que repetían la luz titilante de las velas. cuando hacían los arreglos para dormir. Cerró los ojos y la imaginó cosiendo en la máquina. —Es más agradable que en la despensa. uno era el que compartió con Delia.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Cuando metió la llave en la puerta del frente de Waverley. el pueblo vacío. —Acércate aquí. a Pearl y a Jube en el otro. Un murmullo confuso fue lo último que escuchó: en pocos minutos. en cambio. Willy se puso de espaldas y acomodó el trasero contra la barriga de Scott. Tiene un caballo que se mece. la escalera doble que se curvaba hacia abajo como dos brazos abiertos. aliviado de no tener que dormir en la familiar cama de palo rosa sin Delia. que casi no conocieron cuando eran hijos de esclavos. Quitaron juntos las mantas polvorientas. Si bien Gandy trató de convencerlos de que serían bien recibidos si querían dormir ahí. cuya mano pequeña aferraba con fuerza. Después. Los suelos de pino sureño. se sacaron la ropa interior y se acostaron entre ellas. y el del ala noroeste al que siempre se llamó el cuarto de los niños. y comieron la cena preparada por Leatrice. Olía a desuso y a polvo. Pero en cuanto entró. —¿Eh? —Tengo frío. y luego descendió. las espigas talladas a mano que flanqueaban las escaleras y desaparecían en la penumbra. condujo a Willy al cuarto de los niños. Scott. Gandy instaló a Marcus y a Jack en uno de los cuatro dormitorios grandes de la segunda planta. se evaporó todo pensamiento referido a fantasmas. —Scotty. pues. pero sólo Ivory y Ruby pudieron verla cuando fue a llevar la comida caliente. allá arriba. Daba la sensación de que Willy tenía el doble de costillas y la mitad de grasa que el resto de las personas. Encendieron el fuego en el amplio comedor de la planta baja. Ivory y Ruby afirmaron que estarían más cómodos lejos de la gran casa. y restaban él y Willy. vuelto a Kansas por el último comentario del chico. Después de inspeccionarlos. Scott. —Ése —indicó el chico—. la elegante lámpara de bronce que colgaba unos dieciocho metros desde lo alto: todo parecía esperar para que lo lustrasen y estar otra vez en uso. por la puerta trasera. que hizo eco en el mirador. permaneció horas sintiendo los latidos del niño bajo la palma.240 - . el hombre no pudo evitar evocar el gruñido de Leatrice diciendo «mosquito». —Bienvenidos a Waverley —dijo en voz queda. Scott descubrió que sentía alivio de estar con otras siete personas. De los dos dormitorios que quedaban. Con la vela apagada. en especial con Willy. la voz de Willy parecía más infantil que nunca en la enorme habitación. pero nada había cambiado. dejó que Willy eligiese. estaba dormido. con el taburete de Willy vacío . Incluso iluminada sólo por dos velas. Pensó en Gussie. cuatro plantas más arriba. escuchándolo respirar con regularidad. Al rodearlo con un brazo. como si la mansión misma le respondiera. fue más eficaz la influencia de Leatrice y Mose para que resolviesen quedarse fuera. la taberna más vacía aún. la maciza rotonda le dio la bienvenida.

Deslizando la vista por la cadena de la inmensa araña. y desde el cual se divisaba la entrada de abajo y los campos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR junto a ella. mientras la besaba. Vio el cabello recogido con pulcritud en la nuca. los días de lluvia. Intentó acostumbrarse a ella. cojeando por la calle para ir a cenar sola al restaurante de Paulie. «Qué antojadizo soy. que empezaba cada día observando sus dominios desde el punto de mira que él mismo había diseñado. Qué extraño que la imaginara bailando. pero era difícil. estaría guardada la ropa de Delia. entre árboles gigantes de magnolias. En cambio aquí. —se reprochó—. Y si quería darse a conocer. Abrió una puerta. entibiado por el cuerpo pequeño de Willy. no podría haber un momento más oportuno. baúles y restos del pasado. Ese punto lo atraía de manera irresistible a seguir los pasos del padre. bajo el tejado principal. Gandy se durmió profundamente. Si hubiese un fantasma. pinos y glicinas trepadoras. que las guiaban en los giros del vals. y a los caballeros de frac. con todas esas filas superpuestas de pliegues en la trasera. En el tren. y permaneció unos minutos acostado. pero en ese momento cerró la puerta y subió el último tramo de escaleras hasta el estrecho pasadizo protegido por una baranda. cuyas cuatro puertas cerradas daban a un inmenso ático sin ventanas. Gandy ya se sentía embrujado por Agatha. sin duda no podía elegir un lugar mejor. la oscuridad era total. que la luz de gas iluminaba cuando ella se deslizaba por el suelo de pino. En Kansas había lámparas de la calle. Pero la imagen que ardió con más intensidad fue la que nunca hubiese imaginado pero recordaba: Gussie con el camisón manchado de sangre.241 - . recordando el pasado. el mismo Scott. repleto de muebles. que rodeaba toda la rotonda octogonal. sentada en el último escalón bajo el viento invernal. se levantó. es en vano». Abrió los ojos como si quisiera convertir el recuerdo en realidad. contemplaban el colorido abanico de faldas de las damas. en alguna parte. incapaz de resistir la tentación de echar un vistazo al interior polvoriento. A su alrededor todo era oscuridad. Y finalmente. Después que llegaban todos los invitados. y era donde Scott solía jugar con tus hermanos. envuelta en la capa mientras la nieve caía sobre la caperuza. Lo que tenía que resolver en ese momento era cómo hacer para que la propiedad . en Waverley. Siempre lo llamaban el cuarto del baúl. recordó las noches en que se abrían las puertas de los recibidores y esa zona se transformaba en un vasto e impresionante salón de baile. la luna iluminaba el paisaje. Se despertó temprano. Sin hacer ruido. y donde se aislaba a cada miembro de la familia que enfermaba. acostada en la cama de él. Ahí. pero que no podía. si la propia Agatha le contó que era algo que ansiaba hacer. A fin de cuentas. Y además. Tuvo una súbita visión del aspecto que tendría el vestido granate de Agatha desde arriba. el padre. Ninguno habló. ¿Qué le podía importar un fantasma más? Pero no apareció ninguno. se vistió y subió las escaleras hasta la tercera planta. que irradiaba el mismo matiz de luminosidad que el tafetán del vestido. afuera. Algún día lo revisaría. y supuso que también la de los padres. Rafe y Nash salían subrepticiamente de las camas y desde ahí arriba en la sombra de la rotonda.

visible allá lejos. contemplando las evidencias del descuido en que había caído ese imperio perdido que ahora era su herencia. Las voces resonaban como campanas en un valle. ¿no tendrías que poner plantas? Parecía tan simple que hizo reír a Gandy. pues aún no sabía cómo hacer para mantener a los que ya estaban. Alzó la vista. prodigó su abundancia a fuerza del trabajo de mil manos negras. —Pero no sé qué hacer con todo esto. no sin esfuerzo.. en aquellos tiempos. sube y te lo mostraré. invadida de malezas. formando un gran prado verde que bajaba en una curva abrupta hacia el río Tombigbee. había un abra entre los árboles. Entre la casa y el río solía pastar el ganado bovino y ovino. ahora yacía desolada. no. Triste y moroso.. y vio que la plantación Waverley se extendía en la distancia. aunque hablaban casi en susurros. la tapa del calzón apareciendo entre los balaustres del balcón. —¿Qué miras? —Ven. y fue hacia las ventanas que. . los bosques y los campos se extendían hasta el infinito y lo único que producían era una embrollada cosecha de enredaderas de kudzú.. al llegar al último escalón—. —¡Uf! —exclamó. ¿Qué pasa aquí arriba? Scott levantó a Willy y lo sostuvo en un brazo. Sería una franca estupidez traer a otra persona. a diez personas: tenía que incluir también a Leatrice y a Mose. en otro tiempo. ¿Cómo harían diez personas solas para ponerla en condiciones de rendir? La melancólica reflexión fue interrumpida por una voz que llamaba suavemente desde abajo: —Scotty. Pero la tierra que. de pie en la entrada del dormitorio. —Así que ya te levantaste. chispeaban y ahora estaban cubiertas de polvo. Todo eso. si no se limpiaba. en las otras tres direcciones. Suspiró. se autoabastecía hacia el Este. mientras iba lentamente de una ventana a otra—. Quitó una con los dedos y se le quedó pegada. Y. recorrió los ocho lados de la rotonda tal como hacía el padre cada mañana. después del desayuno. Cuando llegó al pasadizo. llegaría un momento en que se transformaría en un bosque. dos suelos más abajo. La otrora ininterrumpida alfombra verde de la hierba estaba salpicada de arbustos y. del lado opuesto de la rotonda. observando su feudo que. —Si es una granja. tenía los dedos de los pies cubiertos de polvo. pero ya no había nada.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR produjese lo suficiente para sostener a ocho.242 - . junto con una cáscara seca de yeso. —Waverley. —¡Oh!. —Hizo un ademán. Contempló a Willy subir por la impresionante escalera produciendo un suave ruido con los pies desnudos. con telarañas en los rincones. en otros tiempos.. —¿Qué estás haciendo ahí arriba? —Mirando. Se sacudió para librarse de ella y miró alrededor. Era el pequeño.

se refería a la casa.. donde estaban guardadas esas faldas con miriñaque y esos fraques cola de golondrina. La haremos revivir. Willy se rascó la cabeza y miró por la ventana polvorienta —Gussie dice que yo soy afortunado de poder verlo. al mismo tiempo. —No había ninguno. cuando le conté de Waverley. la voz y los pasos retumbaron en la rotonda... —Te presentaré a Leatrice —le dijo Scott a Willy mientras cruzaban el patio—. va. pequeño. —¿A dónde vamos? —preguntó Willy. y no se me ocurría usar la casa para ganar dinero. Cabezas soñolientas asomaron por las puertas en la planta alta. una noche. ¿verdad? —Yo no escuché nenguno. al salón de baile que estaba abajo. pero estaba demasiado excitado para mostrárselo en ese momento—. La llamó un. pues nunca vio una plantación. es buena. —¿Valorarla? —Sí.. a las puertas que daban a la escalera más grandiosa de este lado de la línea Mason Dixon. pagarán un rescate regio para verlas y disfrutarlas. fuera de eso. —¿O sea que piensas venderla.. una forma de vida. ¿Por qué te sonríes? —La casa. estampó un sonoro beso en la mejilla del chico. Pero yo estaba muy concentrado soñando con plantar algodón. no es otra cosa que un tesoro nacional! Al llegar al nivel de los dormitorios. Ésa es la solución. salía como una tromba por la puerta trasera. decepcionado. aún con Willy en brazos. Scotty? Pero Scott quedó prendido de lo que había dicho antes no de la pregunta. —La casa.. Willy. Scotty? —preguntó Willy. Scott fue golpeando las puertas.. y que tengo que aprender a va. Dice que le gustaría verla un día. y era tan obvia que la pasé por alto.. ¿Qué significa eso. todos! ¡Jack! ¡Marcus! ¡Jube! ¡Pearl! ¡Levantaos! ¡Tenemos que poner este lugar en condiciones! Cuando bajaba corriendo la sección curva de la escalera que llevaba a la entrada principal. —¿A la casa? Willy estiró el cuello hacia el vértice de la cúpula que estaba encima de ellos. Jamás.. Dice que n 'uay. esos yanquis que quemaron casi todas las mansiones como Waverley. sin aminorar el paso. ¿Anoche escuchaste a algún espectro en la casa? —¿Espectros? El niño dilató los ojos y. y en el presente. Gussie me dijo lo mismo que a ti el verano pasado. ¡Lo que ves a tu alrededor. rió. . Scott lanzó una mirada a las ventanas que lo rodeaban. vociferando: —¡Arriba! ¡Ya ha amanecido en el pantano! ¡Vamos. —¡Eso es! —exclamó Gandy.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Hace falta mucha gente para plantar todo eso.243 - . Murmuró casi para sí: —No se refería a la tierra. que no hay más como ésta... mientras Scott. muchacho mío. —¿Venderla? —Cuando llegaron a la altura del cuarto del baúl. a valorarla. Ella cree en espectros pero.. mientras las botas negras de Scott repercutían en los escalones—.

Minutos después. Lo miró. lustrar la casa. —¡No. Eso le dirás a Leatrice. insistió: —Imagínate este sitio otra vez lleno de gente. cuando le presentaran al pequeño. Ha visto niños con menos ropa. Que yo sepa. ¿por qué? —Porque la necesitamos aquí. para organizar a estos holgazanes. —Díselo. tenemos que limpiar. limpiar los campos de malezas y también los edificios externos. Willy se apegó a Leatrice como una garrapata a un pellejo tibio. El término hizo que los labios de Leatrice se aflojaran un poco: —Siempre fuiste un zalamero —refunfuñó... ¡Si hubiese comandado ella las tropas de la confederación.. Era lógico: Leatrice necesitaba a alguien de quién ocuparse. deja que Leatrice te eche un vistazo —el vínculo quedó sellado. Y el hecho de que. ¿Qué dices. chico. Pero el trabajo que realizaban y la velocidad con que lo hacían era tan lamentable que. y hacer que levanten el polvo. estuviese vestido sólo con los calzones.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Ninguno. Pero. no muy al pie de la letra. la negra se mostró menos entusiasta. Para entonces. cariño? ¿Me ayudarás? —Tengo que pensar en un exorcismo —fue su respuesta. cuando llegue el momento. habían desayunado y obedecían. música en el salón de baile. la vieja cocina humeando y el aroma de los pasteles de guisantes saliendo de los hornos. nadie puede hacer eso mejor que Leatrice. cuando Leatrice dio un vistazo al equipo de limpieza que sacaba elementos de casa al patio para ventilarlos. Pensar le llevó a Leatrice exactamente cuatro horas y media. todos los dormitorios ocupados. cariño. las tropas de Gandy ya estaban levantadas. Parecía una unión concertada en el cielo. habríamos tenido un resultado muy diferente! —¡Pero. Aunque Willy se lo dijo. Primero. ¿quién los hará moverse? Toda la banda está acostumbrada a dormir hasta mediodía.. ceñuda.244 - . apareció ante la puerta trasera. las ineficaces órdenes. Te necesito. todavía estoy en ropa interior! —No importa. ¿entendido? —Pero. la negra apretó los labios y adoptó una expresión terca. ya se nos ocurrirá algo. con una bolsa de asafétida colgando del cuello. Pero en lo que se refería al mandato de Scott. Desde el momento en que le ordenó: —Ven aquí. lo hizo más entrañable aún para ella. por el rabillo del ojo: —¿Y quién cocinará? Eso amilanó a Scott. —Pero. encerar. —No se puede quitar el polvo a las alfombras si se dejan en el suelo . no! Leatrice no entra. —Bueno. no sé. —No pondré un pie en ninguna casa encantada. Scotty. farfulló una protesta contra los zalameros y levantó las manos. Willy. Al ver que se ablandaba. y el chico necesitaba a alguien que se ocupase de él.

Huele a orín de gato. Desde ese momento. Cuando uno llega arriba. pero retrocedió al instante. ¡Tienen que sacarlas afuera y golpearlas! Cualquier tonto sabe que no se empieza de abajo y se va subiendo. .245 - . con los brazos en jarras—. mujer! ¿Qué tienes en ese saquillo? —preguntó. —¡Nada de insolencias. en tono imperioso. la planta baja está tan sucia como cuando empezó. y le hizo una reverencia burlona. muchacho! Es asafétida. casi haciendo arcadas—. —¡Por Dios. Gandy rió. de pie junto a la puerta del lado de adentro. Se acercó Gandy y le dio un abrazo de agradecimiento. deja a un lado los melindres de cómo huelo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —afirmó. el renacer rápido y eficiente de Waverley quedó asegurado. mantiene a los espectros alejados de Leatrice. Si quieres que les enseñe a limpiar a estos blancos lamentables.

algunas. se lavaron y volvieron a . Las tropas de Gandy comenzaron en la rotonda. todas las caras familiares aparecieron ante la puerta trasera de Waverley: todas negras. se lustró cada centímetro de adorno de bronce. en una voz que retumbaba como un trueno y que hacía que el más empecinado haragán irguiese la espalda y se pusiera en movimiento. como ordenó Leatrice. o frotada y lustrada. Una por una. limpiar. Cada pieza del amoblamiento fue aireada y golpeada. las mujeres se ajetreaban en el interior. dieron forma a las azaleas que se habían vuelto salvajes. Por cierto que daba órdenes. llegó Zach.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 18 Convertir Waverley en un hotel de turismo donde los norteños pudiesen tener una idea de cómo era una plantación en funcionamiento era una empresa ambiciosa. reparar y arreglar. Lo único que hacía falta era quitar el polvo.246 - . Se ventiló y sacudió cada uno de los cortinados. con expresiones que manifestaban claramente lo ansiosos que estaban de echar una mano y ver florecer otra vez la plantación. se rasquetearon a mano. y la pusieron a llenar la tina de hierro negro del patio y comenzar la pesada tarea de lavar las mantas y ropa de cama polvorientas. Caleb. Zach se puso a trabajar encargándose de revisar y reparar los arneses. que encargó cuatro escaleras nuevas y se subió a una de ellas para ocuparse del lugar más alto. donde habían hecho su guarida los animales silvestres. hijo de un mozo de establo que había enseñado a Scott todo lo que sabía. se enceraron los suelos. Primero. se lustraron las ventanas. las camelias. Llegó una mujer negra llamada Bertrissa. al igual que las liras decorativas que sostenían las luces laterales. Se pintaron los revestimientos interiores de madera. De todos modos. Su esposo. Luego llegaron Beau y su esposa Clarice. se lavaron y enceraron las espigas de adorno. y que obedecieron sin chistar cuando Leatrice les dijo que podían empezar por limpiar una zona para agrandar la vieja huerta. aceitar. Al tiempo que los hombres bullían en el exterior de Waverley. limpiando los viejos carruajes y el establo mismo. que sonrió con timidez al ser presentada a LeMaster Gandy. La dirigía Gandy en persona. se dedicaron a poner en condiciones el patio y el gran prado del frente. jamás habrían podido encarar semejante tarea si no hubiese sido por el fenómeno que comenzó la segunda mañana. y fueron trabajando hacia abajo. Siguió la reparación de todas las construcciones externas y una limpieza a fondo de sus interiores. se había oxidado el metal y la madera estaba combada. Un par de hermanos llamados Andrew y Abraham encabezaron un grupo que limpió el prado largo y que. En el jardín ornamental podaron los árboles de boj. la rotonda. Pero todos los elementos esenciales estaban presentes. encerar. Se sacaron todas las porcelanas del gabinete empotrado. cuando terminaron. Se colgaron y azotaron las alfombras. se convirtió en integrante del equipo que pintaba la mansión.

los registró en los libros. y envió cartas personales de invitación a cada uno de ellos. Destinó a oficina la misma habitación de la planta baja que el padre empleo para idéntico propósito. Sobre el suelo de pino barnizado había una alfombra oriental con un dibujo de color rosa claro sobre fondo verde hielo. más apta para entretener a los norteños que pagarían mucho dinero por fingir. cubiertas de colgaduras de jacquard verde mar. el mes de las camelias. de optimismo indoblegable. que daban al cuarto el color de la vegetación en las épocas en que el verdor escaseaba. Hizo un viaje a Memphis para conseguir una lista de los cien industriales más ricos del país. se sacó el puro de la boca y fue a buscar a Willy. Mientras los equipos seguían trabajando. se barrieron las chimeneas. Pero en ese momento estaban cerradas. También había otro asunto que resolver. anunciando para marzo. y que se abrían de abajo arriba para formar una corriente de aire fresco en la época de calor. decorado con esculturas similares a las molduras que adornaban la parte superior de las paredes. como el techo. con los demás sentados en las escaleras como público.247 - . Fue un día feliz aquél en que Scott compró un libro de reservas forrado en suntuoso cuero verde. Ivory llevó un contingente que incluía a Willy a los bosques a buscar leña de pino para encender. Evocaba al padre sentado tras el escritorio de caoba atendiendo los asuntos de la plantación. El día en que recibió los primeros depósitos por adelantado. mantenía la habitación acogedora. tal como él hacía en el presente. sino un juego de muebles de caoba tallados: cómoda de patas altas con flancos sobresalientes. A Scott Gandy le encantaba la oficina. Marcus tocó el banjo y Willy la armónica. El hogar. hicieron una pequeña celebración. bromeando que pronto tendrían que dejar de lado el audaz cancán y dedicarse a la mazurca. Scott redactó un anuncio para enviar a los periódicos del Norte. alegre. y que estaba detrás del recibidor principal. recibió dinero para reservas de varios de ellos que aseguraban que sus esposas estarían sobremanera agradecidas de escapar a los rigores del clima del norte y acortar el invierno pasando sus últimas semanas en el clima moderado que Gandy describía en el anuncio. La idea dio resultado: en el término de dos semanas. y una variedad de sillones de orejas tapizados de cuero gris pardusco. No había bibliotecas cubriéndolas. y un libro mayor donde asentó el primer ingreso que hizo Waverley en más de dieciocho años. Era un cuarto luminoso. y se pulieron los morrillos hasta que los pomos de bronce resplandecían. escritorio de tapa plana.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR guardarse sobre carpetas de lino limpias. con su revestimiento decorativo de hierro. Con la pluma en la mano y el libro mayor ante sí. durante una o dos semanas. más aún. Se blanquearon los armarios. con ventanas en aguilón que iban del techo al suelo. secretaire. El mismo Scott revisó las tuberías de gas y puso otra vez en funcionamiento los quemadores. . cuando las ventanas de la rotonda estaban abiertas. aunque las ascuas casi no ardiesen. Los muros eran de yeso blanco. la apertura de la plantación Waverley al público. Las muchachas bailaron en el salón de baile. tenía una sensación de continuidad pero. que pertenecían a la élite de los plantadores del sur. y la noche que encendieron las bocas de la gran lámpara por primera vez.

¿cómo? Buscó en los otros cuartos de arriba. como si proviniese de ahí. —Ayúuuudame. encontró a Leatrice en la cocina. pero era una tarde tranquila y. donde esperaba encontrar caballos de tiro y un pony para el chico. —¿Dónde está Willy? —preguntó. estaba arrugada ahora. no había nadie. que estaba fuera de la casa. pero al día siguiente. a liar leña. como si hubiese debido ayudar. . —¿Willy? Scott giró con brusquedad pero a sus espaldas. suplicante a sus espaldas. mientras recorrían los cobertizos inspeccionando los caballos—. pero no estaba haciendo la siesta. —¿Cuánto hace que se fueron? —Salieron al terminar el desayuno —respondió. Oyó otra vez el suave gemido. distraído. Escuchó otra vez. igual que los de la planta baja. cuando llevó a Zach y a Willy al mercado de ganado. —Willy. dejando a Scott con la certeza de que estaba de nuevo solo en la habitación. Recorrió la casa a zancadas llamándolo. Se quedó mirando el contorno de un cuerpo pequeño. que compartía con Willy. Scott estaba seguro de que eran las de Justine. no respondió. limpiando. y se detuvo junto a la cama de baldaquino hecho a ganchillo. Scott no le contó a nadie de su encuentro con el fantasma. no era la figura de Willy.248 - . el único que lo miraba. sin interés.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR resuelto a cumplir la promesa que le hizo al niño antes de partir de Kansas: comprarle un caballo. brillaba y reflejaba el ojo fijo del caballo de juguete. —¿Dónde están las mujeres? —En las cabañas. Al final. La presencia desapareció tan súbitamente como había aparecido. a la entrada del cuarto. Subió los escalones de a dos y se precipitó en el cuarto de los niños. Se sintió culpable e impotente. Entonces lo oyó: el suave gemido de una voz infantil y una sola palabra que era más un suspiro que un grito: —Ayúdame. no lograba concentrarse en los asuntos que tenía que atender. Se dio la vuelta y miró fijamente la cama: la manta. —Se fue con los hombres. encerado hacía poco tiempo. ¿estás ahí? Pero no era la voz de Willy. pero no le causó temor ni sensación de fatalidad sino un fuerte deseo de aliviar cualquier pena que expresara. ni en ningún otro lado. si había alguien. pero estaban todos vacíos. —Willy —preguntó. en tono despreocupado. que un instante atrás estaba lisa. —¿A dónde? —A alguna parte de los bosques. —¡Willy! —llamó. sentada en una mecedora pelando guisantes secos con Clarice y Bertrissa. inmediatamente después del desayuno? —Sí. Pero. El suelo. ¿fuiste al bosque ayer. sin quitar la vista de la leve depresión. tenue. Esperó.

Scott experimentó el primer instante de temor. Scott echó un vistazo a los cristales de las ventanas: una cortina de agua los bañaba. nadie. mira ese! Ése es el que quiero. no porque la casa pudiese estar embrujada pues. Eso significaba que la huella en la cama no era del cuerpo de Willy. y Zach dice que cazaremos un pavo salvaje para la cena de Navidad. Al pasar ante la puerta del dormitorio. ¿De quién. oyó a Willy hablando con alguien. Justine? —Ahá. —Willy. Gussie vendrá para Navidad. —Ya lo sé. . Retrocedió y miró dentro. abrevando a los caballos. llevándole a Major golosinas que sacaba de la casa. bombardeándolo a preguntas. Scotty —lo saludó. al final de la jornada. ¿no?. los tobillos hacia afuera. Willy estaba sentado en el suelo. echando una mirada sobre el hombro antes de colocar otro bloque en la torre. —¿Con quién estabas hablando? —Con Justine —respondió. y una yegua. era un hombre razonable que no creía en fantasmas. Ella tiene a mi gato. Willy. construyendo una torre de bloques. Susanna!» —¿Justine? —Ahá. al parecer. se acuclilló junto a Willy y apoyó los codos en las rodillas. Scotty. —. sino porque. —Se llamará Major —afirmó Willy. donde antes vivía yo. pegado como una garrapata a los pantalones de Zach. Se llama Moose. hola. Pero le gusta estar aquí. Entró en la habitación. haciéndolo girar en círculos en el medio del corral con una cuerda larga.. Sheba. oscureciendo todo lo que había más allá. como le había enseñado Zach. ¿con quién estás hablando? Curioso. tranquilo. También adquirió un equipo de caballos de tiro pintos y dos de montar: un potro llamado Prince. Scott espió dentro. Es agradable. —Justine está muerta. compró el ruano para el niño. —¿Mi hija.249 - . conversando con. Confiaba por completo en el criterio de Zach y. ¿Puedo quedarme con ese. Scott casi había olvidado el incidente del cuarto de los niños hasta un día en que se dirigía al cuarto del baúl a revisar la ropa que pensaba exhumar.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Y regresaste a la casa antes de la cena? —No. Viene a jugar conmigo a veces.. —Ah. se hizo frecuente ver a Willy rondando por los establos. A veces. viene a visitarme. —¿Leatrice hizo tu cama antes de que te fueras? —No. cuando llueve y tengo que quedarme adentro. entonces? —¡Oh.y Gussie vive en Kansas. y luego canturreó un trozo de «¡Oh. A partir de entonces. a fin de cuentas. Willy creía que éste era mortal.. Scotty? ¿Puedo? El entusiasmo de Willy y la aprobación de Zach hacia un potro ruano de un año acabaron con las especulaciones de Gandy y lo obligaron a devolver la atención a la tarea de elegir caballos para Waverley..

250 - . la respuesta es no. Todavía hay mucho que hacer. La torre se derrumbó. Estuve allí con Andrew y Abraham cuando cortaron la hierba y lo limpiaron. Willy! Scott se dio la vuelta y salió del cuarto ceñudo.. Gandy buscó una respuesta. pero luego se puso pensativo: —Si no te molesta. también. —Pero. . —Lo sé —respondió Willy. —Sólo viene a este cuarto. ¡En verdad. hijo. lo disimuló y prosiguió: —Entonces. —Y otra cosa. —¿Le dijiste a Leatrice que hablabas con Justine? Willy lanzó una carcajada musical como el resonar de un pandero: —Leatrice pondría los ojos en blanco y saldría corriendo como si hubiese una víbora suelta. —¡Me mentiste! ¡Dijiste que podía venir! —¡Basta. ¿por qué no? —Porque. Aunque esto era una novedad para Gandy. El sentido común le indicaba que no podía ser Justine. decepcionados. fastidiado por la insistencia del niño. —Lo siento. sabes que Justine está enterrada ahí. Willy no daba señales de estar preocupado por que le creyese la experiencia. eso es todo.. Además. Y estamos ocupados preparando todo para los invitados. Willy. alegre. —Pero dijiste. —Si está enterrada allá. que en ese momento no necesitaba. —Pero.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Scott miró alrededor. hasta que estén listas las cabañas. ¿no? Scott sonrió. hijo. —¿Te acuerdas del pequeño cementerio que está al otro lado del camino? —preguntó Scott. no puede venir aquí a jugar contigo. desconcertado. —Scott se levantó y contempló la coronilla del niño—. porque era de ella. —Está bien. el chico era lo bastante inteligente para comprender que un cuarto con un caballo mecedora era para niños. —No vendrá. Porque si la veía otra vez. No es más que tu imaginación. Porque si Willy volvía a verla. Ya tiene bastante con organizar esta casa. no se lo cuentes a Leatrice. por qué no! Porque Agatha representaba para Scott una complicación en la vida. habría más lágrimas y penas cuando se separasen. la casa está repleta. —Claro. Willy volteó la torre con un manotón enfadado. ¿Quién te dijo que Gussie vendría para Navidad? —Tú dijiste que podría verla alguna vez. la despedida sería más dolorosa que la primera. canturreando feliz. ¿por qué no? Cuando Willy alzó hacia él los ojos castaños. ya tenía suficiente con aceptar la idea de que la casa era visitada por un fantasma. y Willy comenzó a construirla de nuevo. Willy. —Pero no vendrá para Navidad. Si bien Scott nunca se lo había dicho.

¿verdad? Cerró los ojos. sólo interrumpido por la respiración regular de Willy. cuando intentó abrirlos. difícil de identificar. —Justine. ayudarla. ¿verdad? Se hizo el silencio. El cuarto se llenó de un perfume floral. Sólo el sonido penoso. Se incorporó y se inclinó sobre Willy.. se escuchó un sollozo. No vio sombras ni figuras pálidas.. hija mía. suplicante. el lloriqueo de una niña que rogaba otra vez: —Ayúuudamee. —suplicó una voz lastimera. las ventanas y la puerta de la galería estaban cerradas. de algún modo? Cerró los ojos. la respiración regular como el golpe de un metrónomo. pero el perfume permaneció.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Sin embargo. Alguien gemía con sollozos tristes.251 - . inquieto perplejo. Abrió los ojos: el cuarto estaba sumido en la oscuridad total.. como si alguien pasara una mano buscando el borde. Willy se removió. ¿acaso no lo habría manifestado.. Pero el chico estaba de costado.. ¿eres tú? El sonido cesó.. Un movimiento en la manta. ¿Qué otra persona podía ser? Y si hubiese tenido intenciones de hacerles algún daño. le pareció que tenía los ojos como pegados con cera.. y la imaginó como una hermosa niña rubia. llevándose consigo el perfume y la presencia.. . estiró una mano y tocó: nada. Scott se apoyó en las manos y escudriñó en las sombras. —¿Quién está ahí? El gemido se acercó. resopló y se dio la vuelta. a Scott lo despertó de un sueño inquieto la sensación de una voz en la oscuridad. Scott sintió que la presencia no tenía intenciones claras. Scott se recostó. cuánto te quisimos y te amamos. y miró hacia el techo en medio de la negrura absoluta. La presencia se había ido. las manos relajadas en el sueño. —¿Justine? Era invierno. más cerca. Scott se enderezó. Al principio. Una vez más. mirando a los lados. Lo recuerdas. Tenía que ayudarla. tres noches después. subió las mantas hasta las axilas. como si quisiera apartarla para meterse debajo. —Ayúuudamee. de este mundo nebuloso. infantiles. pero abandonado ya todo escepticismo. —Es porque estamos en tu cama. Justine.. —¿Justine? —susurró. Otra vez.. El sollozo creció. —¿Justine? A su lado. pero nada se movió. Intentó penetrar la oscuridad con la mirada. sobre su pecho. sintió el roce suave de un aliento en la mejilla y se quedó paralizado.. pero los abrió por un instante. a la deriva. Scott se despertó como si lo hubiese atravesado un rayo.. pero una brisa suave como un suspiro atravesó el cuarto. salir de ese estado ambiguo. sólo una inquietud que él ansiaba calmar.

pero no tengo tiempo de llevarte a Kansas en tren. Willy recibió un regalo de Gussie: un ganso relleno hecho a mano de suave franela blanca. La casa resplandecía de cera de abejas y bullía de vida. Cuatro días antes de Navidad. también. y eres demasiado pequeño para ir solo. que había dejado caer al suelo. muchacho. «A Scott. como en los viejos tiempos. como si fuese lo único que hacía falta para cumplir sus deseos. cerró la puerta de un golpe con tanta fuerza que hizo balancear la lámpara que colgaba de una cadena.252 - . Hasta el momento. La leyó. y ardía el fuego en todos los hogares. —¿Qué demonios le sucede? —murmuró Gandy. ni pudo sofocar. proyectando el labio hacia afuera y golpeando con el pie—. —Pero la echo de menos —se quejaba. La mansión estaba adornada con muérdago y acebo. Otra vez. —Ya lo sé. y deséales feliz Navidad. si sólo hace un mes que la viste! —No me importa. —¡Dijiste que podía! —se obstinó. Scott se impacientó. con el pico anaranjado de fieltro y los ojos bordados. Zach había cazado un pavo salvaje y Leatrice estaba preparándolo con relleno de castañas y todas las guarniciones. de modo que tienes que terminar. A Scott. Scott echó una mirada ceñuda a la puerta y se agachó a recoger la nota de Agatha. también». pues estaba de regreso en Waverley. Esto le provocó una furia que no entendió. ¡Por el amor de Dios. —Estás malinterpretando mis palabras. Scott estaba convencido de que podía hacerlo a voluntad. al tiempo que Willy insistía cada vez más para que Agatha estuviese en Waverley para esas fiestas. Pero Scott pasó esas fiestas desasosegado y amargado. que terminaron con una discusión entre los dos y con el chico que se alejaba llorando. con un breve agregado en el que decía: Dales a todos saludos de mi parte. tirado en un sillón de cuero en el vestíbulo del frente. Era sólo para Willy. Nunca dije que podrías ir cuando quisieras. pero conmigo no resultará.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR A medida que se aproximaba la Navidad. —Muchacho. Willy reanudó las exigencias. no sé por qué crees que puedes andar dando patadas y haciendo pucheros para conseguir lo que deseas. molesto. Scott olvidó momentáneamente al fantasma. Dijiste que podría ir a verla cuando quisiera. La Navidad de 1880 tendría que haber sido una de las más felices de su vida. ¡Quiero ver a Gussie! Adoptó su expresión más repugnante y unas lágrimas enormes bajaron de los párpados. como si para ella fuese nada más que algo que recordaba al pasar. sorbiendo ponche de huevo y . ¿me oyes? Willy salió corriendo de la oficina. el pequeño fastidioso nunca había sido tan exigente. Willy.

Cuando Scott se enteró. Todo era perfecto. cuando trató de arreglar uno. Cualquier habitante de la casa que lo mirase torcido. lo estropeó por completo. J. la nieve revoloteaba. Todos lo malcriaban de una manera abominable. lo llevó al pueblo a conocer al nieto de Mae Ellen Bayles. Willy se puso cada día más travieso y exigente. y cuando Scott se cruzaba con él. de vez en cuando. reemplazados. que las muchachas podían usar para dar un aire genuino cuando bailaran en el salón. Willy salió corriendo. por andar tanto tiempo cerca de Leatrice e imitar sus modales. pero a menos que alguien lo llevase todos los días al pueblo. por fin Scott y las mujeres se pusieron a revisar la colección de ropa del ático. La fábrica estaba abarrotada de hielo. menos el mismo Scott. Hasta la vieja balsa chirriante había sido arreglada. le retorcería el pescuezo. y una mujer sin un alma para acompañarla pasaba la fiesta sola en un apartamento pequeño.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR contemplando. El modo de hablar del niño se había vuelto deplorable y. se ponía áspero.253 - . A. como toque final. ante los huéspedes que pagaban. triste y oscuro. Les gritaba a los hombres y miraba de mal modo a las mujeres. Pero los dos niños no se llevaban bien. que no siempre cuidaban su lenguaje como debían cuando lo tenían cerca. y proporcionaban leche y manteca. Y. Sacaron de allí una auténtica mina de oro en vestidos. Como Scott supuso que un amigo ayudaría a que el niño estuviese mejor. en las cuadras había caballos suficientes para hacer el recorrido hacia y desde la estación de trenes. con el propósito de llevar a los huéspedes al otro lado del río para hacer un picnic en la otra orilla. y se impacientó más aún con Willy. la alcoba nupcial. traído desde el pueblo a donde había llegado en un vagón de carga. ¿verdad? Y sin embargo. y le dijo a Leatrice que si no se quitaba ese «saquillo maloliente». Iba de aquí para allá taconeando sobre los suelos de madera dura. ¡Estaba convirtiéndose en un chiquillo malcriado! Tal vez. irrumpió en el vestíbulo de abajo que también se usaba como . y un par de vacas blanquinegras mantenían corta la hierba del prado. recibía una mala contestación. o las dos cosas. Pero ninguno de ellos cubría los pechos generosos de Jube y. Dos docenas de gallinas rojas Rhode Island picoteaban en un corral cercado. las chicas arruinaron otro vestido. Entonces. insoportable. donde el viento aullaba. cuando era necesario. En febrero. Culpaba de su malhumor a Willy. Estaba malhumorado. abatido. conservado en serrín. y pasaba más tiempo conversando con «Justine». su mente volvía a una vieja construcción de madera en una helada calle de barro de Kansas. no había modo de que recibiera las lecciones. En enero había cumplido seis años y tendría que ir a la escuela. Los equipos habían sido aceitados y. En enero. se le escapaba una profanidad aprendida de las chicas. Todo.. y también para que los huéspedes cabalgasen por placer. El ahumadero lanzaba un lento flujo de humo de nogal. diciendo que Leatrice le haría la cama y recogería la ropa. como para advertir a todos que se apartasen de su camino. sarcástico. Lloraba por Agatha casi todas las noches. Tenía junto a él a todos los que amaba. y nadie estaba dispuesto a enseñarle siquiera a ocuparse de sus cosas. Cuando Srott se lo ordenó. un día. Scott había hallado un par de pavos reales para adornar el prado verde esmeralda. Los comentarios sarcásticos de Scott duraron varios días Los establos estaban inmaculados..

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salón de costura, y las regañó: —¡Maldición! ¿Cuántos vestidos creéis que puedo sacar de ese ático? ¡Si Agatha estuviese aquí, no habría hecho semejante destrozo con éste! Fue Jube la encargada de espetarle lo que todas pensaban. —¡Bueno, pues, si Agatha puede hacerlo mejor, trae a Agatha! Es lo que tienes metido bajo la piel desde que salimos de Kansas, ¿no es cierto? El semblante de Gandy cambió repentinamente. Dio la impresión de que se le aguzaban los pómulos, se le afinaba la boca, y los ojos se volvían mortíferos, como estoques. Apuntó con un dedo a la nariz de Jube. —¡Será mejor que tengas cuidado con lo que dices, Jube! —refunfuñó. —Bueno, ¿no es verdad? Con los brazos en jarras, le acercó la cara. Gandy apretó la mandíbula, y se le contrajo un músculo de la mejilla izquierda. —Sabes que puedo echarte de aquí —le advirtió, en voz destemplada. —¡Ah, claro, y eso resolvería tu problema! Gandy se volvió bruscamente hacia la puerta. —¡No sé de qué diablos estás hablando! —¡Estoy hablando de la señorita Agatha Downing! —Tomándolo del codo, lo hizo volverse otra vez—. Desde que la dejaste, estás hecho una fiera, y cada vez es peor. Gandy echó la cabeza atrás y soltó una risotada amarga. —¡Agatha Downing! ¡Ja! —Miró, furioso, a Jube, y espetó—: ¡Estás loca! Agatha Downing, ¿esa... esa pequeña sombrerera remilgada? —Pero, por supuesto, eres demasiado cabeza dura para admitirlo. Se soltó de un tirón. —¿Desde cuando soy cabeza dura, Jubilee Bright? —¡Desde que yo soy costurera, LeMaster Scott Gandy! —Pateó el vestido que estaba tirado en el suelo, y se volvió hacia él con mirada combativa—. ¿Sabes?, estuvimos despellejándonos vivos trabajando, refregando suelos, encerando... ¿quieres saber cuántos husos hay en esa condenada baranda? —Hizo un ademán hacia el pasillo—. ¡Setecientos dieciocho! ¡Lo sabemos, porque nosotros fuimos quienes los aceitamos! Tus antiguos esclavos vinieron a ayudar, magnífico, pues la ayuda nos vino bien, e hicimos lo que se nos ordenó, y las cabañas están habitables otra vez. Y pelamos cebollas cuando Leatrice nos lo indica, y lavamos la ropa de cama cuando lo ordena, y lustramos los bronces. Y ahora, a Ivory se le ocurrió la absurda idea de que todos nosotros plantemos algodón en uno de los campos para esta primavera, sólo para darle un toque de preguerra a la propiedad. Bueno, hice todo eso, y quizá termine plantando algodón también. ¡Pero no sé un comino de costura, LeMaster Gandy! —Lo pinchó en el pecho—. ¡Y sería conveniente que lo recuerdes! —Giró, le dio otra violenta patada al vestido y cayó en un sofá que estaba cerca. Apoyándose en los codos, enganchó un pie detrás de la rodilla y proyectó los pechos hacia adelante—. Soy una ex prostituta, Gandy. A veces, creo que lo olvidas. Estoy acostumbrada a trabajar en posición reclinada, con ropas que no llevan tanto trabajo como éstas. —Con la voz convertida en un murmullo sedoso, continuó—: Yo lo usaré, mi amor, pero será mejor que consigas a otra persona para que me lo arregle. Y si esa persona es Agatha Downing, mejor. Tal vez logre endulzarte un poco el carácter. Ruby estaba sentada en una silla, con las piernas cruzadas, un pie
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balanceándose, una ceja más levantada que la otra. Pearl también estaba sentada, indolente, sin prestarle atención al vestido que estaba cosiendo cuando entró Scott. Nunca había visto a tres ex prostitutas más tercas. Eran más difíciles de tratar que una sequía de diez años. Echando una mirada al vestido que Pearl había dejado, comprendió que podría con ellas mientras se mantuviesen juntas. Ahogando una maldición, salió del cuarto. Era un día de fines de febrero, y la primavera había enviado sus heraldos. Zach parecía un herrador de caballos tan bueno como el padre, y les enseñaba, no sólo a Willy sino también a Marcus, todo lo que sabía sobre los caballos, Marcus había descubierto que le encantaba trabajar con los animales. Igual que él, no podían hablar pero, de todos modos, se hacían entender. Ese día, la pequeña Sheba de dos años estaba ansiosa por salir y pateaba con las patas de atrás. El par de juiciosos animales de tiro parpadeaban, perezosos, en el sol que entraba por la ventana cuando les llevaba agua. Y Prince, el inquieto potro de Scott, bueno... tenía otra clase de ideas. Su vigor estaba en ascenso, las fosas nasales dilatadas. Las orejas erguidas y la cola castaña arqueada, al oír el relincho de Cinnamon, la yegua que Scott acababa de comprar, que cabriolaba por la pista al aire libre, y sacudía la cabeza, invitándolo. Zach había dicho a las cuatro en punto, en cuanto Scott regresara del pueblo, a donde había llevado al niño de visita, mientras él controlaba el precio de la semilla de algodón. Ya no falta mucho, Prince, pensó Marcus, deseando poder decirle al potro impaciente, que ya tenía el falo medio distendido y le colgaba, grueso como el brazo de un hombre. —Marcus. Se sobresaltó, y giró hacia la puerta. Ahí estaba Jube, en la luz, con un vestido azul tan sencillo como el de cualquier doncella. El cabello platinado estaba recogido en un nudo flojo y un chal tejido le rodeaba los hombros. Hizo un ademán de saludo y corrió hacia ella, con la esperanza de detenerla en ese extremo del cobertizo, lejos de Prince con su resplandeciente miembro expuesto. —Estaba buscándote. Tenía la expresión seria cuando Marcus se paró delante cortándole el paso. Estaba hermosa, con mechones sueltos en las sienes y esa boca suave. El corazón se le aceleró, y la adoró en silencio. —¿Podemos hablar? —preguntó la muchacha. Le encantaba que dijera cosas como esa, como si él no fuese diferente de otros hombres. Asintió, y Jube, tomándolo del brazo, comenzó a pasearse con él junto a los pesebres, con la vista baja. —Ayer tuve una pelea con Scott. —Marcus se detuvo, frunció el entrecejo, interrogante, y agitó la mano, para llamarle la atención. Prosiguió con calma—. Nunca habíamos peleado, pero ésta estuvo cocinándose durante mucho tiempo. Estalló a causa de un vestido que estropeé tratando de arreglarlo. Sin embargo, no fue por eso en realidad. Fue con respecto a Agatha. —Ante la expresión asombrada del joven, rió
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con suavidad y luego prosiguió el paseo, tomándolo del brazo—. Sí, esa Agatha. Yo creo que está enamorado de ella, pero no puede admitirlo, y por eso está volviéndonos locos a todos. ¿Notaste lo gruñón que está últimamente? ¿Y cómo nos trata? Bueno, por mi parte, ya me harté. Le dije, en términos bastante poco dignos de una dama, que no estaba acostumbrada a trabajar tan duro como nos pide que lo hagamos. Le dije que tendría que traerla aquí y que, así, tal vez, se volviese más tratable. Marcus oprimió el brazo de Jube. Señaló hacia Kansas y después, adonde estaban ellos. —Sí, aquí. —Levantó el rostro y le apoyó las manos en los codos—. Marcus, nunca me lo preguntaste, pero yo voy a decírtelo. Se trata de Scott y de mí. Fue desde antes de que nos fuéramos de Kansas. Para ti, ¿es importante? Marcus tragó saliva, sintió que enrojecía y el corazón comenzó a golpear con fuerza. —Yo creo que eres demasiado honrado como para tomar ninguna iniciativa conmigo mientras pienses que Scott tiene algún derecho. —Una vez pronunciadas las palabras, le dio pudor. Las mejillas le ardieron y, moviendo los hombros, se dirigió sin advertirlo hacia el pesebre de Prince —. Oh, Marcus, sé que no me corresponde decirlo, pero si espero hasta que... El muchacho se abalanzó y la tomó del codo antes de que pudiese mirar dentro del pesebre. Jube giró la cabeza y los ojos se encontraron. La apretó con más fuerza y sacudió la cabeza: era una orden. —¿No? —pronunció Jube—. ¿No lo digo? Pero, ¿por qué? Uno de los dos tiene que decirlo. Los ojos de Marcus volaron de ella al pesebre, y otra vez hacia Jube. Negó con la cabeza con más firmeza, sin saber cómo hacerle entender que no eran las palabras de Jube lo que objetaba. —¿Qué? —Miró atrás sobre el hombro y obtuvo una clara imagen del pesebre y del potro que aguardaba en él—. ¡Oh! —exclamó, dilatando los ojos. Prince retrocedió y pateó, y el miembro se sacudió, lujurioso. Jube y Marcus quedaron paralizados, en una situación tan incómoda que tuvieron la sensación de que el aire se agitaba alrededor de ellos, levantando las motas de polvo que giraban en los rayos oblicuos de luz dentro del establo. Entonces, Zach habló desde la puerta y se separaron de un salto. —Será mejor que os alejéis del pesebre. Los caballos en ese estado son peligrosos cuando huelen a la hembra en celo. De pronto, Scott siguió a Zach doblando la esquina y entró en el establo a paso vivo, sin duda con la mente en los asuntos que tenía por delante. —Mejor déjalo salir, Zach. No tiene sentido dejar que el potro tire abajo el pesebre. Marcus, Jube —agregó, como al pasar—, si queréis mirar, es preferible que lo hagáis desde fuera, del otro lado de la cerca de la pista. Cuando salga, tendrá prisa. Marcus y Jube salieron y se detuvieron junto a una cerca blanqueada, alejados de los demás, que también habían salido de la casa para mirar. El potro excitado, Prince, salió trotando por la rampa de piedra hacia el corral con la cola arqueada como un sauce mecido por el viento, la poderosa
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cabeza alta, las fosas nasales dilatadas. Se detuvo a buena distancia de Cinnamon, las patas delanteras clavadas, los ojos turbulentos. La yegua y el potro se enfrentaron, inmóviles, durante lo que parecieron minutos. Él dio un resoplido. Ella se volvió. Corno si estuviese furioso por su indiferencia, Prince levantó la cabeza y lanzó un relincho largo y fuerte y sacudió la cabeza hasta que la melena se revolvió. El relincho hizo que Willy, sentado sobre la cerca, con Scott detrás rodeándolo con el brazo, preguntase: —¿Por qué hace eso, Scotty? —Está llamándola. Ahora se aparearán, obsérvalos. Así es como se forman los potrillos en el útero de la yegua. Por el momento, todo hacía pensar que nada se formaría en ninguna parte. Cinnamon se mantenía ajena. En el extremo más lejano del corral, hacía cabriolas para un lado y otro, hasta donde la cerca se lo permitía. Cada vez que se volvía, se lanzaba adelante y se dejaba caer de tal modo que la melena revoloteaba. Altiva, pero inquieta al mismo tiempo, mantenía lejos a Prince corriendo en una y otra dirección, junto a la cerca. Prince resopló, pateó la tierra blanda, agitó la cabeza majestuosa y, con ella, el falo también majestuoso. Cinnamon le volvió grupas, la cola enarcada exhibiendo los genitales inflamados, que ya brillaban. El aroma llegó al potro, fuerte y cálido, y le latieron las fosas nasales y se le estremeció la piel. Dio seis pasos, hasta que ella hizo un gesto de advertencia hacia él. Cuando el potro se detuvo, el órgano distendido se hundió, como si estuviese montado sobre resortes. La yegua se movió hacia la izquierda. Él también. Se movió hacia la derecha. La bloqueó otra vez y se aproximó, imperioso, como el señor a su dama. Cinnamon no quiso saber nada y, con un brusco resoplido y una arremetida, lo rodeó, le mordió el flanco y se alejó corriendo. Al oírlo quejarse, se volvió y los dos se miraron desde puntos opuestos del corral, erguidos y armoniosos, la piel oscura brillando al sol poniente, las colas quietas. Un par de moscardones azules revolotearon juntos sobre la pista, como si quisieran enseñarles lo que debían hacer. Nuevamente, Prince avanzó, ahora con cautela, de a un paso por vez. En esta ocasión, la yegua relinchó levantando la nariz en el aire, esperando, esperando, hasta que él se le acercó, olfateándole los cuartos traseros. Bajó la cabeza y ella se quedó quieta para que su aroma llegara a la nariz de él. Luego, se dio la vuelta y lo mordió de nuevo, para después apartarse. Los espectadores sintieron que la tensión llegaba a su punto culminante. Todas las palmas apoyadas sobre la cerca estaban húmedas, todas las espaldas, rígidas. Igual que en la naturaleza humana, había un punto a partir del cual la hembra ya no podía provocar más, sin hacer que la excitación del macho llegara a un nivel insoportable. Cuando rodeó de nuevo a Cinnamon, la erección de Prince había alcanzado proporciones sorprendentes y se dispuso a atacar. Basta de toda esta excitación de alto vuelo, señora, parecían decir sus movimientos. Llegó la hora. Avanzó indomable, dominante, y la encerró en una esquina. Después de todo el juego de evasivas que desplegó, la rendición de Cinnamon fue asombrosamente dócil. Se quedó inmóvil como la tierra misma, y lo único
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que movía eran los ojos, siguiendo a Prince en la iniciativa final. Las narices aterciopeladas casi se tocaron. Los vellos ásperos se agitaron cuando se bramaron uno a otro. Después, Prince trotó alrededor hasta quedar detrás de la yegua, retrocedió una vez, mientras ella lo esperaba, dócil. El miembro halló el resbaladizo objetivo y las potentes patas delanteras la flanquearon, mientras se hundía hasta la ingle. En el momento del impacto, la yegua lanzó un alto relincho retumbante que pareció sacudir los árboles del huerto y estremecer la piel de todos los humanos que lo oyeron. El acoplamiento tuvo algo de majestuoso y primario. Marcus y Jube lo sintieron, y quedaron deliciosamente excitados. Estaban con los antebrazos apoyados en la cerca, los codos tocándose, y contemplaban al potro que montaba y a la yegua que relinchaba ante ellos. Nunca se habían sentido tan conscientes uno del otro. En la vida de Jube, hubo innumerables ocasiones en que se requería excitación, pero nunca la vivió de manera tan intensa como la que la invadía en ese momento. En la de Marcus, hubo pocas ocasiones, pero se sintió del mismo modo. Cuando Prince percibió el aroma de Cinnamon, él sintió el de Jube. Desde el punto en que se tocaban los codos, parecía surgir una corriente que los recorría hasta las extremidades. La deseaba con una fuerza tan primaria como la de Prince. Pero, si la abordaba en ese momento, ¿no pensaría que era sólo la excitación provocada por el espectáculo de los animales? Si pudiera decirle: No es por ellos, Jube, es porque te amé desde antes de que tú lo supieras. Si pudiese decirle: Te quiero para solaz del corazón tanto como del cuerpo, y porque creo que eres la única capaz de brindármelo. Si pudiese decir: Jube, Jube, te amo más de lo que ningún hombre te ha amado jamás, y puedo imaginarlos a todos, a todos los que te dieron placer antes y, sin duda, mejor que yo. Pero no podía decir nada de eso pues tenía el corazón encerrado en un cuerpo sin voz, y sólo podía estar junto a la mujer que amaba, y palpitar. La semilla de Prince estaba sembrada. Salió de Cinnamon brillante, mojado, dejando vestigios del acople en la grupa resplandeciente de la yegua. Pearl se apartó de la cerca y fue caminando con Leatrice, hacia la casa. Jack se dirigió hacia la pila de leña. Gandy levantó a Willy y se lo llevó, respondiendo preguntas. Uno por uno, se fueron todos, hasta que sólo quedaron Jube y Marcus. Entre ellos se hizo un silencio tenso. —Te ayudaré con lo que estabas haciendo en el cobertizo —se ofreció Jubilee. Se volvió, y fue caminando hacia el establo, preguntándose si al fin Marcus tomaría la iniciativa, y el joven la siguió. Había manifestado con tanta claridad como el cielo azul que tenían sobre sus cabezas que lo quería en todos los sentidos de la palabra, pero era tímido y, sin duda, lo hacía vacilar el pasado de Jubilee. Mientras caminaba junto a él, lo lamentó. Existían maneras audaces de acariciar a un hombre, de provocarlo. Y ella las conocía todas. Pero precisamente por eso no quería emplearlas con Marcus. Si se unían, quería que fuese por amor, no sólo por lujuria. Y que fuese él el que diese el primer paso.
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El cobertizo estaba en silencio. Lo único que se movía eran las motas de polvo en el pasadizo entre los pesebres. Olía a cuero, a heno y a la plácida fecundidad que parecía haber penetrado la madera, aún años después de que se hubiesen ido los caballos. Jube se detuvo en el pasillo, y Marcus detrás de ella. Contempló el mentón caído, las finas hebras del cabello angelical atrapadas por el cuello del vestido azul, la deformación del chal tejido que Jube estiraba con los puños apretados. En las vigas del techo, un par de golondrinas de alas azules y pechos color albaricoque revoloteaban construyendo un nido de barro. —Marcus. —La voz de Jubilee sonó suave, dolorida—. ¿Es porque fui prostituta? ¿Eso era lo que pensaba? Oh, se había afligido creyendo que eso le importaba... La hizo girar tomándola de los hombros y sacudió las manos delante de los ojos de Jube, negando apasionadamente con la cabeza. No, Jube, no. Es porque... porque... El anhelo físico no era nada comparado con el que sentía por poder decir lo que sentía: Porque te amo. Cuando se lo dijo, lo hizo con movimientos duros, musculares, forzados por la ira concentrada que le provocaba la incapacidad que le tocó en suerte. Se tocó el pecho, se golpeó el corazón con el puño, y tocó el de ella con la yema del dedo: Te amo. Hizo gestos alocados, como si quisiera borrar todo lo que habían visto en el corral... no aquello, esto. Volvió a gesticular: Yo... te... amo. Se arrojó en sus brazos tan abruptamente, que lo hizo retroceder un paso. Poniéndose de puntillas, lo besó apoyando todo el cuerpo contra el de Marcus, aunque los brazos del joven la atrajeron hacia él, como deseaba hacía mucho tiempo. Y la lengua que no podía hablar dijo poemas al recorrer el interior de la boca de ella. Y las manos, convertidas en las transmisoras de sus mensajes, transmitieron el más importante de todos aferrándola contra su corazón palpitante, acariciándole la espalda, la cintura, la cabeza. Jube se apartó, y le rodeó las mejillas con las manos, mirándolo con ojos intensos y oscuros. —Marcus, Marcus, yo también te amo. ¿Por qué esperaste tanto para decirlo? Te amo desde aquel día del picnic quizá desde antes. Marcus deseó poder reír, conocer el alivio embriagador de ese sonido contra el pelo sedoso de ella. Como no podía, la besó. Una y otra y otra vez... un rimero de besos impacientes que le decían todo lo que sentía. Y mientras se besaban, le apoyó una mano en el pecho adorándola, acariciándola. Las de ella le acariciaron el cabello, la espalda, la cintura. Marcus se topó con los botones del cuello, los desabrochó y metió una mano deslizándola sobre la piel tersa. Las de Jube bajaron por la espalda, hasta que los cuerpos de los dos comenzaron a moverse uno contra otro. ¡Me ama!, se maravilló la muchacha. En verdad, Marcus me ama. ¡Ella me ama!, se regocijó él. Jube, en verdad me ama. Pero no quería poseerla en el establo, como si ellos también fuesen animales en celo. Jubilee merecía algo mejor, y lo mismo Marcus, después de haber esperado tanto tiempo. Aferrándola de los hombros, la apartó de él. Igual que Prince, tenía las fosas nasales dilatadas, los ojos turbulentos. Como Cinnamon, Jube se mostraba dócil, expectante, los labios entreabiertos, el aliento
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fue comprado. le demostró cuánto la valoraba. a fin de cuentas. la sombra. y se topó con una sonrisa burlona en el semblante de la muchacha. tus pechos. y Gandy se retiró al interior de la oficina. sin dificultad.. tu piel. y antes de que terminase. por algún milagro lo había ganado.. había accedido. la hizo cruzar la hierba pisoteada que cubría el camino entre el cobertizo y el patio. —Raspaste la cera del suelo —dijo en voz suave—.260 - . y la arrastró hacia la puerta. Marcus tironeando a Jube tras él. Pero el chirrido resonó en toda la casa. La llevó hasta la cama victoriana y cayó con ella sobre los suaves cobertores. su hermosa e inaccesible Jube. Subieron los escalones de atrás. también. labios hermosos. Pero lo usó con tal habilidad. Su mirada atónita siguió a la pareja cuyos pasos resonaban al subir la magnífica escalera.. Marcus llevó a Jube directamente a su propio dormitorio. y esto. el lunar que hay en medio de ellos. sus ojos elocuentes. Él habló con sus manos voraces. A grandes pasos. le abotonó el vestido.. La hizo entrar y.. Con el cuerpo de Marcus tendido junto a ella. que compartía con Jack. su boca que la idolatraba. pasar junto a los gastados rieles que unían los edificios exteriores. Su Jube. esto. Arriba. La hizo girar. Marcus señaló un pesebre vacío y cortó el aire con la mano: aquí no. cerró la puerta y sonrió para sí. acomodó dos hebillas sueltas en el cabello. a la que. Lo arrastró hasta delante de la puerta como si fuera de juguete. Con cada caricia. a menudo fingió pasión.? La pregunta se desvaneció antes de terminar. Los demás hombres disponían de las palabras. así no.. sacar los faldones de los pantalones y después. cruzaron la galería y entraron en el amplio vestíbulo. su mano encontró el pecho. que Jube oyó su voz en cada lánguida caricia. Marcus. jadeando. que podían emplear para seducir y provocar. Jube miró a Scott sobre el hombro y se ruborizó hasta la raíz del cabello.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR escapándose de entre ellos en rachas breves y duras. Pero éste. La única clase de amor que Marcus conoció. mi bella Jube. Se volvió. Cuando quedaron desnudos. cuello suave. Scotty salió de la oficina leyendo una carta: —Oh. antes de que pudiese adivinarle las intenciones.. tu nariz adorable. ¡Cuánto amo tu cabello. donde los pasos de los dos hicieran eco cuando subían las escaleras. la adoró cabalmente. a los jardines ornamentales y los inflados pavos reales. ¿te molestaría. desaparecieron tras un giro de la escalera. Jube. Jube. tus pestañas oscuras. usaba sólo su cuerpo. sosteniéndola con firmeza de la mano. Leatrice nos hará pasarla otra vez.. estaba apretándola contra el colchón. Jube! En el pasado. pero con Marcus no fue . tus ojos. que levantaron la cabeza como si los observaran al pasar. ahhh. Con el primer beso. volcando en él las palabras de los dos que sólo uno podía pronunciar. nada se había perdido. A continuación. Jube supo que en el trayecto entre el cobertizo y esa habitación. cruzar la habitación para levantarla. Como él no las tenía. Ella murmuraba en su oído. tu estómago tan blanco. La respuesta del hombre consistió en soltar dos botones de la camisa. aferró un enorme armario que parecía requerir una fuerza enorme para moverlo.

las moscas en el aire. apartó la pantalla de la chimenea. y. Se apartó. antes de que bajaran a cenar. gozosa. el cabello rubio revuelto. sí. —¿Si me casaría contigo? —leyó. Por fin.. ¿qué estás haciendo? ¡Leatrice te arrancará la cabeza! .casarte conmigo?» Miró la pregunta.? Marcus se arrodilló en medio de la cama sobre la palabra «casarte». sobre la mesa de refectorio que había entre las ventanas. ¿y el sacerdote. oh. Frenético... me casaré contigo. Tenía que preguntárselo en ese momento. —¿Cuándo? Escribió sobre la sábana. Excitado. y se abrazaron. y el olor de pescado frito subía desde el comedor. . el vestido. fue tan inevitable como el acoplamiento de las golondrinas en las vigas.. Pero dentro de dos semanas. rieron mirándose en los ojos. impaciente. La expresión de sus ojos hizo martillear el corazón de la muchacha. preguntándose si una alegría tan inmensa no sería fatal. quitó las mantas y escribió sobre la arrugada sábana de abajo: «¿Quieres. rodeándole el cuello con los brazos—. el. hasta que aplastó su boca contra la de ella con la misma autoridad que empleó para llevarla escaleras arriba. Jack trató de abrir la puerta y se alejó. Marcus. tan impresionada que los ojos parecían salírsele de la cara. —Marcus. Sí. aferrándola con los ojos con tanta fuerza como las manos que le apretaban los codos. Por favor. los ojos azules brillantes.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR necesario. atónita. y creo que me encantará. descansaron con las frentes sudorosas pegadas. —¡Sí! —pronunció ella. en los bolsillos de la chaqueta que se había sacado. por primera vez. Marcus saltó de la cama tan bruscamente que Jube gritó y se abrazó. después de que llegaron a la cresta de la ola y pasaron más allá. La besó otra vez.. Nunca he sido novia de nadie. la fiesta de bodas. frente a él. la aferró de los brazos y tironeó de ella hasta que quedó también de rodillas. en un acto de amor. en los cajones.. con dureza al principio.. No podían separarse y seguir cada uno su camino como si eso significara poco más que la saciedad de un impulso animal. buscó lápiz y papel en el armario. Marcus. y la voz retumbante de Leatrice les advirtió que se les hacía tarde para la cena.. Y cuando se cernió sobre ella y unió los cuerpos con un sólo impulso fluido. Entonces. Lo que sentía por él convirtió el acto. encontró un pedazo de carbón. después con suavidad. Marcus asintió. Marcus supo que no eran como Prince y Cinnamon. tres cuartos de hora antes. rezongando. los caballos en el corral. Cuando acabó. empujó a Jube al otro lado de de la cama. y subrayó con énfasis: «¡Ahora!» —Pero.261 - .

soy tan feliz.. Todos los ojos se volvieron hacia Gandy. sin aliento en la puerta del comedor. Seis cabezas se levantaron sorprendidas. —Bueno. Todos los demás se ruborizaron y prestaron súbita atención a las migas que había sobre el mantel. miró de frente a Gandy y anunció: —Marcus y yo vamos a casarnos. . Estrechó la mano de Marcus y le palmeó la espalda. Lentamente. al tiempo que Jube iba recibiendo abrazos de todos. la tensión que reinaba en el comedor se disipó. —Y yo lo estoy por ti. esperando su reacción. Cuando llegó a los ojos y se le formaron los hoyuelos. Jube miró a Gandy a los ojos y le provocó una de las mayores tormentas emocionales de su vida. Se detuvo al verlos apresurándose y parándose. Scott. —Oh. —Dentro de dos semanas —se apresuró a agregar Jube. y ahora era Jube.262 - .. marcando las palabras. Agarrándole la mano. Gandy apoyó la taza. Scott pasó un brazo por la cintura de Jube: —Insisto en que se pronuncien los votos en la alcoba nupcial —le dijo. Scott levantó la vista de la taza de café y se encontró con los ojos de Jube. al afirmar: —Y yo insisto en invitar a Agatha a la boda. ya era hora —dijo. Leatrice iba alrededor de la mesa recogiendo platos. Cuando terminaron las felicitaciones.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Llegaron tan tarde a la cena que se había acabado el pescado frito. las caras resplandecientes de alegría. Marcus llevaba la delantera. Jube se le arrojó en los brazos. ceñuda. una sonrisa le estiró las mejillas. Antes.

Veía a todos acabar el día en medio de esas bendiciones y lamentaba saber que nunca las tendría. los padres daban gracias por el alimento. si tenía suerte. Luego. En lo que se refería al tiempo cronológico. cuando los tenderos bajaban las persianas. encendía la lámpara y. a vece. de vez en cuando. lo miraba sólo cinco veces antes de que se hiciera la hora de ir a cenar al restaurante de Paulie. regresaba a casa con sobras para Moose y lo observaba comer. Entonces.s con fortuna. A la hora de dormir. Antes de la llegada de Scott. ese invierno. Willy. a veces. un hombre en una mesa cercana encendía un cigarro después de cenar. veía que la pantalla necesitaba una limpieza. estaba condenada a un eterno dolor. subía. cuando hacía buen tiempo. llegaron ellos trayendo consigo música. ah. su soledad fue apacible. Agatha miraba a lo lejos y fingía.. manipulaba las pesas del reloj y. con buena suerte. de eso estaba segura. se acostaba: era .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 19 Oh. tenía suficientes mechones sueltos como para justificar tener que rehacerlo. cuando ya no podía posponerlo más. pero nunca de manera tan despiadada. Se tanteaba el peinado perfecto y. enroscarse formando una bola y dormirse contento. se cepillaba el cabello. La rutina tenía dientes y talones. los niños derramaban leche y las madres regañaban. si era afortunada. esas presencias duraron lo que un relámpago. Había aprendido a aceptar el hecho de que su vida no sería más que una sucesión infinita de días invariables. cuánta monotonía. a veces. experimentó en esos pocos días más vitalidad emocional concentrada que en el resto de su existencia. Pero en lo que concernía a la vida. Cuando se marcharon. disconformidad y risas. Antes había estado sola. ese invierno interminable en que la soledad aniquilaba a Agatha todos los días. Miraba el reloj después de cada artículo y.263 - . las mujeres tendían la mesa. sin nadie con quién conversar pero.. Al haberlos perdido. un niño se sentaba en una mesa vecina y la miraba sobre el respaldo de la silla. la conformidad. Saludaba a Violet. Y la carencia de amor. después lavarse. unos pocos meses en un mar de años y años de soledad. Bebía la taza del café que señalaba el fin de la cena. y a veces. y toda la familia adoptiva de Gandy. la desgarraba. y que sus cénits y nadires oscilarían en tan mínima medida que casi no se distinguirían entre sí. la hora de las sombras largas y las lámparas encendidas. se ponía el camisón que había usado la noche que durmió en la cama de Scott. esa hora del día entre la ocupación y la preocupación. Se sentaba a leer The Temperance Banner y. Lo peor era el crepúsculo. y la progenie se reunía en cocinas donde ardía fuego. si tenía suerte. A aceptar la blandura. el orden. Nunca volvería a reconciliarse con ella. Y por unos momentos fugaces. Iba cojeando al restaurante de Paulie a comer su cena sola. confusión. algún artículo le interesaba.

sola en una taberna abandonada. las sillas estaban dadas vuelta sobre las mesas y la barra. Recordó la última noche. Donde Jube. y el olor rancio de la cerveza vieja. Pero el recuerdo se le clavó en el corazón. y un hombre con un cigarro entre los dientes. nostálgica. Pearl y Ruby revoleaban los pliegues de tafetán y levantaban los tacones con notable sincronización. afirmó que nunca podrían quitar de ahí el olor a whisky. Las imágenes se desvanecieron. Entró por la puerta trasera de la taberna y se quedó quieta. y volantes rojos alrededor de medias de red negras. salen esta noche. Quedaban los armazones en que se apoyaban los barriles. mientras el péndulo se balanceaba en la oscuridad. observando como la luz alumbraba el pasillo hasta el cuarto donde había dormido Willy. sólo angustia y el comienzo de una desdicha mayor. El sonido enmudeció. Agatha ladeó la cabeza y escuchó. Pero el piano no estaba. Aquí no hay nada para ti. Pero el niño no estaba. El catre ya no estaba. Agatha. y de fondo. La luz de la linterna proyectaba sombras caprichosas que trepaban por las paredes y caían entre las mesas mientras Agatha se movía entre ellas. una canción alegre que flotó en la noche con la tenue resonancia de un clavicordio. escuchando el tintineo del piano y el rasgueo del banjo. una vez. las tontas divagaciones de una mujer melancólica. Chicas de Buffalo. ni Dierdre y su Jardín de las Delicias. Una noche en que sus inquietos recuerdos se negaban a disiparse. empuñando la llave que Scott le había dejado. Ve a la cama. Salen esta noche. Después. para mostrársela a una persona interesada en alquilarla como almacén para productos secos. Pero cuando la esposa del hombre levantó la nariz y olfateó. y tampoco los vestigios de su presencia. cuando ella y Scott lo llevaron a acostarse. el eco débil de risas y pies golpeando sobre el suelo de madera. se levantó de la cama y bajó. un hombre había apretado su cuerpo y un niño apoyado su cabeza. y se fueron sin mirar siquiera la despensa. y Agatha se detuvo alzando la linterna para escudriñar los rincones. No era más que la imaginación de Agatha. tal vez. y él la besó. y dormía con un gato manchado. Sonrió y giró hacia el lugar donde había estado el piano.264 - . un Stetson de copa baja.. pero el jolgorio de abajo había concluido para siempre. En el salón principal. . quizás..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR una vieja doncella que envejecía. el inefable resabio de humo de cigarro. y un niño pequeño espiando desde abajo de una puerta vaivén. nunca más volvió a la taberna. Algo crujió. La mayoría de las noches permanecía despierta. Agatha se preguntó si vendrían otros inquilinos nuevos que. llegó el tintineo lejano de la música. Como a través de un largo túnel. Ahí perduraba el olor del whisky y. temblando con su camisón sobre el que. Ahora los reconocía: eran un piano y un banjo que tocaban juntos. sosteniendo la lámpara en alto. excepto una de día. y prefirió salir de la despensa. por qué no salen esta noche. Cerraba los ojos y veía largas piernas elevándose hacia el techo.

qué le regalaría a Violet para Navidad. Excepto en la de enero. hambrienta de amor. hacía el cheque y escribía la dirección en el sobre con más cuidado que ninguna otra de las cosas que hacía en esa época. y el cabello azulado estremeciéndose. ¿quién iría otra vez a ese desolado pueblo vaquero? Ahora que las tabernas estaban cerradas. Cada vez que pagaba el alquiler. La que trajo el telegrama fue Violet. sin ellos y la prosperidad pasajera que traían. con un frío punzante que le aumentaba el dolor de la cadera. Enero. bastante modesta. con esa curiosa risa que parecía un resoplido. Por mucho que se hubiese quejado antes.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR iluminaran su vida con nuevas amistades. Ni ruido.. si la echarían de menos. y las manos venosas agitándose en el aire. por cierto. Violet. Estaba llena de cháchara intrascendente acerca de lo grande que estaba Moose. dejándola tan pardusca y desdichada como la vida de Agatha. dónde vivían él y Scott. distracciones. lo único que se escuchaba en la sombrerería. Entonces. Y. ni desorden ni barullo. los echaría mucho de menos. fue confeccionar el ganso relleno para Willy y enviárselo. la vivacidad que acarrearían los animales y sus conductores no se haría presente. y Agatha tenía que esforzarse por salir de una honda lasitud que la saturaba cada vez más a medida que se arrastraba el invierno. Al llegar la primavera.. cómo sería Waverley. temerosa de parecer una solterona desesperada. Febrero. esa parte podía descartarse. y un informe de cualquier posible comprador que hubiese visitado el edificio. —¡Agatha! ¡Oh. La Navidad era una ocasión para sufrir. ni los vaqueros mismos. Pero cuando quedaba sola en la tienda. Diciembre. que fue cuando aparecieron la mujer que olfateaba y su marido. precisamente lo que era. aparecía Moose. No daba indicios de la abrumadora soledad y tuvo cuidado de no preguntar cómo estaba Scott ni enviarle ningún mensaje personal. Los vaqueros y su desorden formaban parte de su vida tanto como la sombrerería. cómo se le colgaba del ruedo del vestido con las uñas. y si volvería a verlos alguna vez. Pero. se le refregaba contra los tobillos y hacía: «Mrrr. Había palabras efusivas que ansiaba derramar. .. con ventiscas que soplaban desde Nebraska y ensuciaban la nieve de tierra. pero se contenía. con la insoportable Navidad. junto con la primera carta. a menudo se sorprendía con las manos quietas.». y lo bello que estaba el tejado de la Iglesia Cristiana Presbiteriana cubierto de nieve. otra vez. Pero. contemplando el taburete de Willy y se preguntaba si habría crecido tanto como para no necesitarla. tan intrincado que parecía un bordado sobre la funda de una almohada.. y también. Pasaba los días ayudándose por medio de una alegría falsa que desaparecía en cuanto Violet le daba la espalda. La única alegría de Agatha. trazando cada letra como si fuese un grabado en cobre. Agatha! ¿Dónde estás? Tt-tt.265 - . y a nadie le importaría. en ocasiones. igual que Agatha y su tienda. con los ojos azules iluminados como picos de gas. las temporadas cambiarían y el pueblo se marchitaría. Pero en la carta sólo decía que le enviaba el alquiler mensual de veinticinco dólares.

¿cómo lo sabes? —¿Cómo? ¡Lo dice aquí. en un segundo intento.. Scott Gandy. —Y bueno. Agatha.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Aquí estoy. —Tt-tt. cuando alguien me llamó desde atrás. Yo venía a trabajar. —¿De quién. se quedó mirando fijo el papel. Del señor Gandy por supuesto.. ¿Acaso no voy a la sombrerería todos los días. Y. en cambio. Tt-tt. ¿no? Y te pide que. ¡Tienes un telegrama! ¡De él! Tt-tt. hasta que Violet dijo: —Tt-tt. de la estación. Tt-tt. —Tt-tt.. ¿va usted a la sombrerería?» Y yo le dije: «Sí. Te mandó un billete de ida. Los ojos de Agatha se posaron en el boleto. Cada vez que leía la palabra stop. como de costumbre. Se rió y me entregó este pasaje para White Springs. por supuesto. y me.. —Le falló la voz—.266 - . a las nueve en punto de la mañana?» Y el señor Looby me dijo. ¿Para quién es el telegrama? Era asombroso lo firme que estaba esa mano mientras que. Agatha! —Cerró de un golpe la puerta que daba a la calle. La persiana se levantó y se enroscó en el cilindro. sentía el resto del cuerpo como si tuviese una fractura y estuviera desintegrándose. Así se llama. el señor Looby me contó lo que decía. —Un pasaje. pero ella no lo advirtió—. se cubrió los labios con los dedos y contuvo el aliento. Junto al escritorio. ¿No es maravilloso? Agatha se quedó mirando fijamente la hoja de papel amarillo que Violet tenía en la mano. —Bueno. Aturdida. Violet? A estas alturas.. a Agatha le temblaban las manos y el corazón le retumbaba en el pecho. claro como un cobertizo incendiado contra el cielo nocturno!: L. WHITE SPRINGS.. Florida..dijo.. —¡Violet! —Se levantó de un salto y extendió la mano—. y Violet depositó el billete sobre los dedos temblorosos: un . mucho menos hablar. ¿El señor Gandy? —logró decir... EL 10 DE MARZO STOP INCLUYO BILLETE STOP JUBE Y MARCUS COMPROMETIDOS STOP SALUDOS STOP SCOTT GANDY STOP. —¿Un telegrama? ¿De quién? Agatha creyó que se quedaba sin respiración. —Del sen. de todos modos. sólo estaba doblado en dos. Tt-tt. y la excitación la obligó a dejarse caer en la silla mientras leía: TENGO UNA PROPOSICIÓN PARA TI STOP LA DISCUTIREMOS EN TERRITORIO NEUTRAL STOP ENCONTRÉMONOS EN EL HOTEL TELFORD. me di la vuelta y ahí estaba ese joven. —Pero. el corazón parecía detenérsele. FLORIDA. el señor Looby.. «Señorita Parsons. Violet? —. —¡Oh. no tienes por qué gritarme. Pero tendió una mano rígida. Violet tuvo el buen tino de adoptar un aire contrito y entregarle el telegrama. —¿De quién. Agatha casi no podía respirar. Ya sabes que no todos los días recibimos un telegrama. Al leer hotel. Ese señor Gandy es un picaro..

Y ahora. —Oh. y los ojos azules le chispearon de malicia... chica.. la fractura se ensanchaba... Violet. —alzó la vista.. no seas tonta. Cuando un hombre así está esperándote en el cuarto de un hotel. Gracias. ¿Por qué me pide que vaya allí? Ahora fue Violet la que se cubrió los labios. Al comprenderlo.. Agatha quedó estupefacta. Violet.. tienes razón. una proposición puede querer decir muchas cosas. . muévete. querida mía. —¡Una palabra más. ¿Por qué allí? —Acabas de leerlo: territorio neutral. Revisa tus vestidos y tus enaguas. —En ese caso. Tt-tt.. tt-tt. y abandono el trabajo. —Se apretó con una mano el corazón que le martilleaba y miró alrededor. Pon ese billete en lugar seguro y ve arriba ya mismo. caramba. Violet le palmeó el hombro y la apartó de un empujón. ¿para qué te quedas aquí. Violet» pero. y usa vinagre en el enjuague. junto a la sien—: Tienes una magnífica veta rebelde que siempre admiré. Pero. —¡Agatha! Aunque era vieja. ¡Por Dios. como tratando de recordar dónde estaba—. Scott no lo dice. —No. sentada? Pasado mañana es diez.267 - . alzó la mirada hacia Violet—. —Oh. Hacerme. en voz débil—. Eso realza los matices rojizos de tu pelo. por qué ni por cuánto tiempo ¡Mete todos los vestidos que puedas en el baúl y estáte en ese tren cuando arranque mañana! —Pero.. —Vamos. —La tomó de la mano y la hizo levantarse de la silla—.. —Vete arriba. imagínate! —¿Crees que verás a Willy? —No sé.? y estaba haciendo un vestido para. cariñosamente... Agatha! —Pero. y le dijo. Jubilee y Marcus comprometidos para casarse. y si tienes algo sucio será conveniente que lo llevemos de inmediato a la lavandería Finn. en esta ocasión. ¿realmente crees que puedo hacer algo semejante? —Desde luego que puedes. lo dijo con tanta claridad como si estuviese en código Morse: para hacerte una proposición. —Oh. caramba.. —¿White Springs? —Estremecida.. —Agatha tendría que horrorizarse de su propia falta de coherencia si advirtiese la cantidad de veces que dijo «Oh.. distraída hacia Violet— ¿cómo puedo estar lista para irme pasado mañana. ¿por qué el billete es de ida sólo? Agatha lo miró y sintió que. Agatha Downing. —Pero. y mucho menos del hotel Telford.. Violet. y cómo puedo dejar la tienda por tiempo indefinido.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR trozo de cartón blanco con tinta negra que parecía danzar ante la vista confusa de Agatha al tratar de leer las palabras Proffitt y White Springs. —¡Tonterías! —le espetó Violet—. pero nunca oí hablar siquiera de White Springs.. y cerciórate de llevar suficiente ropa interior limpia. dentro de ella. no te preguntes cómo. corazón mío. —Bueno. en Florida. Agatha se sonrojó y se turbó: —Oh.. abrazó a la amiga con apariencia de pájaro. ahora. Violet podía ser bastante irascible.. no lo sé —respondió.

flanqueaba los rieles un agua negra en la que se reflejaban los cipreses. más verde se veía la tierra por la ventanilla del tren. ¿Estaría ahí. Más allá de los llanos. Cambió de tren en Atlanta. los rieles giraban y corrían entre barrancos cubiertos de vegetación y varias veces creyó ver caídas de agua a lo lejos. Observó cómo cambiaba el paisaje del castaño al blanco. Fíjese también en las flores blancas. entre los dedos. Allí. en la estación? ¿Qué tendría puesto? ¿Estaría Willy con él? ¿Qué le diría Agatha? ¿Qué le dice una mujer al hombre al que le confesó su amor.. pero ni pretendió dormir. para dejarlas escapar. únicas. Los pinos cedieron lugar a los robles de agua y a los robles perennes. Cerca de Chattanooga. Florida. señora. Y en Kansas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Le había alquilado un compartimiento en un coche dormitorio. salvo algún matorral de chopos y almeces. No obstante. se acercaba más a Scott. Sepultó el pensamiento en lo más recóndito de su mente y se entregó a la alegría infantil del descubrimiento. Después apareció Georgia. Prestó atención y. había vuelto grupas y desaparecido en la espesura. los tulipaneros florecen temprano. White Springs. erguidos. tan alto sobre el cañón. y las ruedas retumbantes la acercaban cada vez más a Scott. Recordó el clima semiárido de Colorado. y el follaje se hizo tan espeso que daba la impresión de que ninguna criatura pudiera vivir en él. y sus álamos. Las meras palabras le aceleraban los latidos del corazón. señora. lo haré —respondió. agitada. y más pinos de los que era capaz de imaginar. pero del que no obtuvo una respuesta similar? El guardia recorrió el pasillo anunciando: —Próxima parada. La noche que pasó ahí casi no cerró los ojos. Pero lo que más lo aceleraba era que a cada kilómetro que pasaba. por temor de que fuese una propuesta que tuviera que rechazar.268 - . el verde más lozano que hubiese visto jamás. al verde. al ver otro. a un encuentro cuyo resultado no se atrevía a imaginar. y antes de que su mente lo registrara. con sus pinos de piñones. o no les interesaba. Magnolias. grandes. se tocó el sombrero y le dijo a Agatha—: Que disfrute de los tulipaneros. No podía olvidar durmiendo una expectativa tan rebosante. con la tierra roja como orín de diez años. Tulipaneros. Cruzaron el río Tennessee sobre un viaducto majestuoso. Algo pasó. —Sí. que le pareció estar mirando la tierra desde el cielo. algo que podría describir como una bola verde con copos de color rosado intenso. Y cuanto más al sur llegaba el tren. lanzó una exclamación de deleite y buscó alguien con quien compartirlo. siquiera. Al ver musgo español por primera vez. fugaz. —Se detuvo un momento. asombrada de poder hablar. pero los demás estaban dormitando.. en Kansas no se veía mucho verdor. gruesos y furtivos. . vio un ciervo en una loma color esmeralda. pero fue demasiado rápido para reconocerlo. Estamos a punto de cruzar la frontera de Florida. aunque llenaba todos los paisajes un verdadero océano de hierba azulada. Musgo español. sobre árboles de extenso follaje verde: esas son magnolias. Las horas como éstas eran demasiado preciosas. Al dejar atrás los Appalaches. pero la tierra misma era seca. tuvo tiempo de preguntarle a un guardia qué era: —Un tulipanero. la tierra comenzó a hacerse llana.

en un asiento de cuerno negro cuarteado. —El Telford. tratando de absorberlo todo. Una mujer en silla de ruedas con respaldo de caña cruzó la calle tras ellos.) ¿Tendría que haberme puesto el azul? (¡El azul! Era un vestido de lechera. La desilusión se convirtió en alivio. Una banda de hombres risueños con equipos de pesca caminaban hacia ellos con cestas de pesca colgadas de los hombros mediante correas. al bajar del tren descubrió que Scott no había ido a esperarla. Todos tenían la apariencia de estar divirtiéndose. eres tan remilgada! ¿Por qué no tratas de imitar un poco a Violet?) Después de tanto preocuparse. sin más prisa que el conductor. Pero había líneas de coches de plaza para trasladar a los pasajeros y a sus equipajes de la estación a los hoteles. Agatha miraba ambos lados. cruzando las calles y las galerías de los hoteles. pues lo tenía puesto desde que salió de su casa.) Si me saluda con un beso. —Yo. era la única que lo advertía. —¿A dónde? —El hotel Telford.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR El tren empezó a moverse lentamente. Agatha. Con tranquilidad. Un grupo de hombres montados con armas al hombro y codornices colgando de las monturas.. comparado con el que se había hecho para el té del gobernador. se apeó. —¿Señora? Se volvió a medias como si no pudiese girar más. pero en los pies cambiados. por senderos sombreados que parecían ir en una sola dirección.! ¡Tantos hoteles! ¡Tanta gente! Le hizo señas a un conductor negro que se incorporó y la saludó con el amplio sombrero de paja. —¿Señor? —le dijo al conductor.269 - .. En el aire había un olor desagradable pero. y la yegua blanca echó a andar con un clip-clop de los cascos sobre las calles arenosas. —Buenas tardes. ¿Qué hay en este lugar? —Salt's d'agua min'ral —respondió. y sintió que la inundaba una mezcla de preocupaciones tontas: ¿Tengo el sombrero derecho? (Pero no tenía sombrero: no lo llevaba. Elegantes damas y caballeros paseaban por todos lados.. iba por la calle. Se sentó detrás del conductor. en atención a los deseos de él..) ¿El vestido estará arrugado? (Desde luego. acomodó el baúl y la caja de sombreros de Agatha en el compartimiento. ¿dónde pondré las manos? (Si la saludaba con un beso. detrás de una jauría de galgos.SE ALQUILAN PERROS. Tenía el cuello entrecruzado de surcos tan profundos como para plantar semillas. ¡Tantos coches. Tenía las piernas arqueadas y los labios protuberantes. y otra vez en desilusión. nunca estuve aquí. al parecer. Usaba sandalias de fieltro marrón. —¿Cómo dijo? . y se acercó arrastrando los pies al costado del coche. con palabras tan abreviadas que Agatha arrugó el entrecejo. ¡sería afortunada si recordaba que tenía manos!) ¿Tendré que preguntarle antes que nada para que me hizo venir? (¡Oh. si fuese de tierra en lugar de piel. El coche pasó ante un cartel en que se leía: CLUB DE CAZA . empujada por un hombre robusto con sombrero de castor. —Buenas tardes. muy bien. estaba arrugado.

—¿C. —Vent'c'nco cent'vos. —Según creo. la tarifa. Se dio la vuelta con brusquedad y.. Scott le soltó las manos y buscó en el bolsillo. El hombre tenía una apariencia tropical. el aliento trabajoso dentro del cuello alto del vestido que se había hecho para el té del gobernador.. Aquí viene la gente rica. Gandy supo cuánto la había echado de menos. —Ah. agua mineral. Veinticinco centavos. —Scott —fue lo único que se le ocurrió decir. señora —repitió.270 - . —Lamento no haber estado cuando llegó el tren. sonriéndole con esos ojos castaños. la cabeza le daba vueltas y se sentía extrañamente débil. con un traje de nanquín tan claro como un hueso blanqueado. señora —anunció el viejo. y el cochero hizo dos reverencias. fue a retirar el baúl y la sombrerera del portaequipajes y los llevó al bullicioso vestíbulo. apartándose del asiento del conductor con artrítica lentitud. y las estrechó con fuerza mientras se sonreían con alegría franca y audaz. se volvió hacia Agatha y le tomó otra vez las . Y que el corazón le latía como un tambor. —Ah. Gussie. pero no sabía bien cuál abordarías. se detuvieron ante un impresionante edificio blanco de tres plantas con una profunda galería al frente. señora —dijo al volver. ¿no? —Sí. porque le faltaba el aliento. —Hola. Y los pechos parecían pletóricos.. —No le entiendo. Tomé un coche. el rostro agradable. Nunca en su vida había experimentado una reacción tan explosiva al oír una voz humana. algunos a descansar. un sombrero de paja de ala curva haciendo juego. Se van tan sanos como un pelo de rana.. la sonrisa especial. Entonces. otros a meterse en las aguas. blanca y color triso. moviendo el sombrero de paja a izquierda y derecha. —Está bien. De modo que eso era lo que olía a huevos podridos. un par de hoyuelos. las cejas y el nuevo bigote. Pagó el doble de lo que costaba el viaje. y una banda negra que repetía el color del cabello largo hasta el cuello. Y que no usaba sombrero. como si se rascara las sienes con él. —Telford. señor. señora.cómo? Una familiar voz de bajo dijo junto a su oído. —No importa. Al instante. donde damas y caballeros sentados en sillas de mimbre bebían de vasos altos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Saltos de agua mineral. Llevaba un chaleco ajustado en el torso. que el cabello era tan hermoso como siempre. —Vent'c'nco cent'vos. señora. ahí estaba. Aguas curativas. una boca tan conocida y maravillosa.. algunos a divertirse. A los tres minutos. sujeta por un alfiler con una sola perla. Con los mismos gestos pausados. la tarifa es de veinticinco centavos. Rió y se concentró de nuevo en guiar el vehículo. y un bigote totalmente desconocido. remarcando las palabras. Al recordar que el cochero esperaba. Le tomó las manos enguantadas con las suyas.. En la garganta llevaba una chalina de seda rayada. sobre una tintineante cadena de oro de reloj que unía los dos bolsillos.

LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR manos. —Gracias al cielo. Supongo que todavía no te registraste. y los dos rieron. Siguieron contemplándose. no puedo decir lo mismo de ti. Pero lo alegraba que le gustase. nosotros dos solos. eh. siempre encantadora. El bullicio de alrededor retrocedió.271 - . y el bigote negro podía satisfacer exigencias militares. Era una mentira evidente: el resto de la cara resplandecía. Le gustó de inmediato. El ensimismamiento mutuo continuó por un tiempo desusadamente largo. Otra vez. Scott le apretó con fuerza los dedos: —Estás maravillosa —le dijo. recién afeitada. y se regocijaron con el reencuentro. Sin sombrero.. y después la levantó y se topó con la sonrisa. Me puse perezoso y dejé de afeitarme un tiempo. Agatha también rió: ¿cómo controlarse cuando el corazón estaba tan dichoso? De pronto. —Lo hizo durante largo rato. —Déjame mirarte. no cambió nada —dijo Scott. como si la copa de su alegría simplemente desbordara. ¿Hagámoslo? Mientras la acompañaba al escritorio. hasta que las mejillas de Agatha se sonrosaron—. con el corazón liviano. —No. Las miradas se enlazaron otra vez. gracias. que no estaba ni siquiera en la misma planta que el de él. los dedos se entrelazaron y estrecharon. le pareció imposible seguir mirándolo a los ojos. —Más bien apuntaba a parecer refinado. se quedaron mirándose. mujeres y hombres con niños a la rastra. . A pesar de todo. Parados entre botones y cocheros. A su vez. ignorando el ajetreo del hotel que proseguía alrededor de ellos. —No. Pero le dieron un cuarto privado. un poco avergonzada. hasta que Scott comprendió. esto! —Se tocó un instante el bigote y le tomó de nuevo la mano—. la ambigüedad de Scott la dejó presa de una palpitante incertidumbre. el tuyo en el segundo y así. —Yo llegué ayer —le explicó—.. —¿Qué? ¡Ah.. y tomaba la llave. Scott había dicho la verdad: estaban solos los dos. mientras las manos unidas colgaban entre los dos. ella le aseguró: —En cambio. El mío está en el tercero. y el aroma a cigarro que lo definía y que sería capaz de identificar entre miles. alzando las de ella hasta que las palmas se tocaron. Scott cambió las manos de posición. y un trío de cazadores de codornices que se abrían paso hacia la cocina con la cena sin desplumar en la mano. sólo tendrás que subir un piso. —¿Está Willy aquí? Miró alrededor. —Quizá deba decir pícaramente refinado —concluyó. con pesada baranda de roble. —Bueno. —Tú también. la soltó y se aclaró la voz. Y Gandy rió. —Hagámoslo. Ella inclinó la cabeza y rió. —Muy picaro —aprobó. la veía firmar. Y qué piso: escalones de ancho triple..

luego más escaleras con un suntuoso alfombrado escarlata. tiró la llave y observó cómo Agatha contemplaba el cuarto por segunda vez. frente a Scott. el cuenco de cristal con dibujo de rosas rojas y blancas. la cama con el cubrecama rosado tejido. de ninguna manera. Scott. Se inclinó para meter la llave en la cerradura. señora. —¿Quién lo sabrá? Surgió la pregunta tácita: ¿Quién se enterará de lo que hagamos en este cuarto.) . —¿Y los otros. el vaso para beber. el chaleco que ajustaba a él como a ella sus guantes en las 5 Tablero horizontal adosado a una pared (N. con los guantes puestos. Pero no preguntó cuándo. decorada con un dibujo de telaraña. Aún no. de D. Estamos transformando Waverley en un hotel de descanso. se detuvieron al llegar a los del hombre. Los ojos de Agatha. La sonrisa dio paso a una expresión que provocó en Gandy el deseo de dejar su lugar a los pies de la cama tomarla en los brazos y sentir su boca moviéndose sobre la de ella. —¿Por qué? —No sería correcto. —Espera hasta que conozcas Waverley —replicó. Giró lentamente. y la manta plegada con pulcritud sobre el rodapié. verdes como las hojas del helecho traspasadas por la luz del sol. disfrutando de su sonrisa. —Es impresionante. y luego. —¡Ohhh. de su placer. La hizo pasar con un leve toque en el codo. Al terminar la contemplación del cuarto. —También están ahí. y fue pasando la vista por el helecho cribado como un encaje. y a los lados. ¡Oh. recatada. sea lo que sea? Por un momento. Juntó las manos. Su habitación. un gran helecho sobre un pedestal. el empapelado sedoso con ramilletes de pimpollos de rosa entrelazados. Agatha comprendió que lo más arrebatador que había ahí era Scott Gandy.272 - . con los nudillos de los pulgares sobre la clavícula. Jube y los demás? La puerta se abrió. Scott! —Giró en círculo mirando. Agatha olvidó todo lo demás. Pero se quedó donde estaba. lámparas de gas sostenidas por ménsulas5 dobles. con la espita de bronce. tocó las sobrecortinas rosadas. El sitio más hermoso que conozco.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR un rellano con una enorme ventana ovalada. La mujer se acercó a una de las dos ventanas iguales que daban a la calle. puesto sobre un trípode. caramba! —¿Te gusta? —¿Que si me gusta? ¡Es magnífico! Scott enganchó un codo en uno de los postes de bronce de la cama. —¿Todavía vives ahí? —Sí. Se sintió flotar por las escaleras. En cuanto posó los pies en la espesa alfombra Aubusson. —No puedo permitir. La expectativa era demasiado embriagadora. hacia abajo—. las cortinas austríacas que había debajo. el recipiente de agua haciendo juego. la perspectiva los atrajo a los dos. con su traje tropical de buen corte. que pagues esto Permaneció quieta.

273 - . ésta recorría el perímetro de la habitación. y mucho menos floté en él.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR manos temblorosas. Los latidos de su corazón eran desacompasados. ¿por qué el Telford en White Springs? Gandy soltó el aliento y sonrió otra vez. —Los baúles. Los ojos negros no se apartaron de los de ella. que atraía con insistencia su mirada hacia la boca de él. y cuando esas burbujas te tocan sientes como si estuvieses flotando en champaña. —¿Por qué? —Dejó de pasearse y lo enfrentó. Le dio una propina al botones. ¿por qué aquí? Si Waverley es un hotel. que cerró la puerta al salir. —En ocasiones. los cólicos. Cuando empezó. Agatha. —El cuarto ya está pagado. eres demasiado rígida contigo misma. Al mirarlo en los . —Pero es una invitación. Y ese nuevo bigote. Se encargan de que tengas. Gussie. caspa y sordera. De primera magnitud significa que el salto da más de mil doscientos hectolitros de agua por hora. cuando un botones habló desde la entrada. Decepcionado. —¿En serio? —dijo. y no en él.. —Sí. Quiero decir. —Le levantó la barbilla con la punta de la llave y la obligó a mirarlo—. Gandy rodeó la cama y se detuvo ante ella. No es un simple hoyo en un valle de Kansas. Pensé que sería bueno para ti. a propósito. También serio. —Indicó el recipiente con su espita y el vaso que había al lado—. No había dado más que un paso hacia la mujer. hace que los ciegos vean y los baldados caminen. Scott se apartó del poste con toda parsimonia. catarros. Cura la gota. Ah. Gussie. Pero la interrupción quebró el encanto. desde la punta de la cama en diagonal a él—. Hay gente por todos lados. Y quería tener la oportunidad de hablar contigo. Tú —repuso. el cretinismo. Cuando Gandy volvió la atención hacia Agatha. una buena cantidad en la habitación. ¿Me hiciste venir desde tan lejos sólo para que pueda ir a nadar? —No te sorprendas tanto. Éntrelos. —Entonces. Además. Procura beber toda el agua que puedas mientras estés aquí. callos. te lo reembolsaré. En Waverley no hay intimidad. y los intensos ojos negros posados en los de ella mirando bajo el ala del fino sombrero tejido de plantador. entonces. de agua mineral? —¡Nadar! —Se oprimió el pecho—. bien. seria. Y afirman que produce toda clase de milagros en tu cuerpo. —Tiene exactamente el mismo aspecto que el agua de la cascada. pero sabe mucho peor.. ¿Qué mejor lugar para aprender que en un lugar de primera magnitud. bajando la vista. en serio. Agatha rió. a solas. como si estuviese haciéndolo en ese momento: —Pero si yo nunca vi champaña. el bocio. en todo momento. Póngalos aquí. a propósito: —Porque me acordé de que dijiste que nunca habías nadado. cuidando de posar la vista en las cosas. Agatha sonreía pero las últimas tres palabras sonaron como si las hubiese repetido en voz más alta. —Yo lo sabré. Gandy giró y fingió un tono indiferente: —Ah. Sintió la llave fría y aguda. la constipación.

Se sentó en el borde de la cama. ¿en media hora? —Estaré lista. Las señoras se bañan en las horas pares. dos veces por día. cada vez que estuvimos juntos. ¿qué puedo decir? —Bien. Todavía hay tiempo. lo rechazaría. Pero White Springs es neutral. La sombrerería era tuya. nosotros? —¿Acaso no lo somos? —Lo éramos. Te daré tiempo para desempacar. Me pareció que era el lugar ideal para que nos encontrásemos dos pendencieros como nosotros.. pero creí que nos habíamos hecho amigos. de todos modos. los latidos del corazón adquirieron un ritmo que le provocó dolor en el pecho. —Y. —Se consiguen en la casa de baños. las unió. Como amigo. y se preguntó por qué la había hecho venir aquí. Pero. y yo te acompañaré a la casa de baños o. —Yo también. Comprendí que todos los sitios donde estuvimos. como preparándose para irse—. por intensos que fueran sus sentimientos hacia Gandy. fue en el territorio de alguien. Por eso mantuvo el humor superficial. excepto para los padres con niños. —Retrocedió un poco más—. —Se tironeó del chaleco. Cuando le tomó la muñeca.274 - . dobló los dedos sobre ella y retrocedió. —¿Pendencieros.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR ojos. soltándole la mano. Digamos. ¿Qué te parece? —No tengo traje de baño. tal como lo fue durante la Guerra Civil. En ese momento. tomaremos un coche de alquiler. Al cerrar la puerta. —En ese caso. y supo que si la hubiese llevado ahí para seducirla. Gussie —dijo con sencillez. Después. ni ella de él. Agatha se apretó las mejillas con las manos: estaban calientes como piedras al sol. Scott supo que quería ser mucho más que amigo. vendré a buscarte. Waverley es mi territorio. Fue hasta la puerta abierta pero se detuvo antes de salir y se dio vuelta para miraría. En cambio estaba ahí en ese refugio privado donde no respondían ante nadie más que ante sí mismos. Cuando se hubo ido. sintió el peso de la ética como algo indeseado que le oprimía los centros vitales. si prefieres. entonces. comprendió con claridad que no soportaría una relación ilícita. La taberna era mía. ¿qué? . Abrió las manos. Pero el hombre no hizo más que depositar la llave en la palma enguantada. pero también que cada vez que se insinuaba la posibilidad. Entonces. y recuperó la sonrisa. por supuesto. para colgar tus cosas. después se tendió de espaldas. —Miró el reloj de bolsillo—. —Amigos.. apoyó los dedos al costado del pecho izquierdo. Scott permaneció con los dedos en el pomo varios segundos. No era un revolcón fugaz en una cama alquilada lo que quería de ella. si no era eso. —Me alegro de verte otra vez. Waverley también es mío. quería invitarte a las aguas de White Springs. si sabía que no resultaría. los varones en las impares. ella se ponía nerviosa. mirando sin ver la alfombra escarlata del pasillo. donde el corazón golpeaba con violenta insistencia que se volvía cada vez más difícil de aquietar. Yo ya las tomé esta mañana. pues no están permitidos los baños conjuntos. pero pensé que te gustaría tomar un baño antes de cenar.

es que está construido en forma de octógono. parece un gran hotel. Treinta minutos más tarde. Este lugar es maravilloso. ¿qué opinas? Le sonrió y se sintió orgullosa de ir de su brazo. Admirada. como el mirador de Waverley. al ver que las mujeres lo miraban por segunda. y hasta les sonrió con simpatía a las otras mujeres cuyos acompañantes. ¿qué es eso? —Esa es la casa de baños. el codo de él le rozaba el costado del pecho. con gran formalidad. —¿A pie o en coche? —le preguntó. que le reverberaba hasta las puntas de los pies. bananeros. se elevaba majestuoso como una rosquilla octogonal. Tras el deprimente invierno de Kansas. donde el tejado continuo sombreaba bancos blancos. —Sin embargo. el edificio de la cascada. azaleas. y me mandaron aquí a recuperarme. En el paisaje que lo rodeaba había más camelias. la mano de Agatha tomada del codo de Scott. desde donde se podía mirar. Éstos estaban conectados por una galería en el nivel superior. Agatha preguntó: —¡Oh. y Agatha se asombró una vez más del lozano verdor que había por todas partes.275 - . —¿Qué son ésas? —dijo. Scott condujo a Agatha ante una auxiliar. había vestidores para cambiarse. Al entrar. bordeando una acera de madera que iba hasta la puerta principal. —¿Vas a decirme que nunca viste una camelia? —Empiezo a pensar que hay muchas cosas que no conozco. A veces. tres a cada lado. . En seis caras del octógono. por Dios!. por apuestos que fuesen. cuando llegaron a la galería del hotel. y en el hueco burbujeaban las aguas blancas de la cascada del río Suwannee. En pocos minutos se acercaron a una impresionante estructura de ocho lados. por tercera vez. echó a andar por el pasillo y resolvió que el tiempo respondería la pregunta. descendían juntos la gran escalera. —Uno de los motivos por los cuales siempre me gustó —comentó Scott—. —Le dirigió de soslayo una sonrisa con hoyuelos—. ¿Cómo lo encontraste? —En la guerra me hirieron. Estuve viajando dos días. Fingió que eran enamorados. Le encantó la sensación.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Inspiró una honda bocanada de aire. no se podían comparar con Scott Gandy. y los soldados de ambos bandos podían venir aquí a recuperarse de las heridas de guerra sin miedo. Los pájaros cantaban y las flores se balanceaban. la temperatura tibia resultaba maravillosa. Le dirigió una mirada sobresaltada: —¿Te hirieron? —White Springs fue declarado territorio neutral. que le respondió: —Caminemos. una mujer joven de cabello negro como el carbón y una nariz como un cucharón con salsa. El pabellón de tres plantas de madera blanqueada. Era una tarde tan hermosa. con celosías en la base y tejas negras. Un sitio bastante apropiado para que se encuentren un comerciante de whisky y una luchadora por la templanza. señalando un arbusto cargado de capullos rosados que se parecían mucho a las rosas.

jugueteaban con sus miembros y se le metían dentro del traje de baño para cosquillearle la piel. «¡Dios mío.. que utilizó la misma Betsy. que se sujetaba en los muslos. Unos estremecimiento le recorrieron el dorso de las piernas. Y recuerde que. P.. De pronto. Era muy parecido a la excitación. y se puso de espaldas. por fin. hasta un elevador movido por medio de un sistema de poleas y cuerdas. no era el tratamiento regio que recibió.. —Cuando te acostumbras. Aunque le resultaba extraño moverse dentro de una piscina completamente vestida. Por el modo en que tiraba de los cables.. Cualquiera fuese el que esperaba. Sígame. que le provocaban alivio en los músculos. Cuando salió cambiada. Que lo disfrutes. —Volveré dentro de una hora. Allí salieron del elevador a una galería exterior con baranda. —Es vivificante —repuso la mujer. pero está t.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Es la primera vez que viene —le dijo a la chica—. señora. Agatha bajó la vista: a su alrededor. Una que estaba cerca de Agatha le dedicó una sonrisa.da. . esto es una locura!». la llevaré al cuarto para cambiarse. Hasta el cuello (castañeteándole los dientes). donde una amplia abertura daba a la cascada misma.fría. estará esperándola un baño caliente adentro. Hasta los muslos (estirándose lo más posible). —Pero. —Sin du. descalza. y una cofia de algodón blanco. que sobresalía encima de las cascadas. daba la impresión de que costaba mucho esfuerzo. La palabra «frío» casi quedaba escasa para el primer contacto de Agatha al meterse en el agua.. y la congelará hasta la médula de los huesos. una prenda para la parte de arriba. Sin poder hacer otra cosa. pero Agatha supuso que los bíceps de la chica eran más anchos aún que la nariz.. Betsy la condujo al centro del edificio. como pequeños peces curiosos. Pero antes de que tuviese tiempo para más que un vistazo breve. e hizo bajar a las dos a la planta baja y. En los rincones del edificio octogonal el olor era espantoso.276 - . subían burbujas diminutas. y fueron estallando en una serie de explosiones sin fin. La sedaba.tan f.. es maravilloso —dijo la desconocida.. pensó. y le pareció que se le erizaba el cabello. Betsy la acompañó otra vez al montacargas. a las cascadas mismas. —Todo el año está helada. Pero se veían las cabezas de otras mujeres balanceándose sobre el agua. de lana. cuando termine aquí. Cuando entraron le dio a Agatha un par de calzones tejidos. y por ella fueron hasta los vestuarios. pero el borboteo del agua era tentador. Le hacía cosquillas. Hasta la cintura (quedándose sin aliento). —Me llamo Betsy —le informó la muchacha de la nariz aplastada cuando Scott se hubo ido—. la correspondió con otra mucho menos convencida. y no se notó que estuviese agitada.. Hasta las rodillas (abrazándose). Pero.. la llevó en dirección contraria. pero en unos minutos se acostumbrará.. Agatha quedaba en manos de una extraña. Déle el tratamiento completo. Le tocaron todos sus sitios íntimos. lo hizo. Sintió que la risa le bullía en la garganta cuando las burbujas.. Que lo disfrute. Llevó a Agatha al tercer piso. como suspendida sobre el agua.

probó dar un pequeño salto. en el centro de la columna vertebral y entre los pechos. las nalgas. era exactamente igual a los demás. los brazos. Scott la esperaba en la entrada principal.. pero sentirse así era casi tan bueno como poder. —¿Cómo estuvo? —le preguntó cuando se acercó. empleando los brazos. hondamente satisfecho por la euforia de ella. llegó a entender la sensualidad de un modo vivo. Las friegas minerales fueron más restauradoras que cualquier cosa que Agatha hubiese imaginado. Sonriente. Las burbujas constantes creaban una efervescencia permanente. Estiró los dedos y vio los bolsones de aire que se formaban entre ellos. Se sintió como si ella misma se hubiese convertido en champaña: burbujeante. ¿Cómo era posible que provocase tantas sensaciones a la vez? Levantó un brazo cerca de la superficie y observó cómo las burbujas trepaban a él sonando como si en el salón contiguo estuviesen friendo carne. Se sentía flexible. natural. hasta que golpeó la puerta y le ordenó que se secara y se preparase para el masaje. durante varios segundos. miró alrededor y no vio a nadie que le prestara especial atención. se puso de espaldas levantando los pies y. la relajaba. De súbito. los hombros. en el agua. le dijo a Agatha que se tendiera boca abajo en un banco de listones de madera. Betsy llegó demasiado pronto a buscarla para acompañarla al cuarto de baño privado donde la esperaba una bañera de metal con agua caliente. Una vez vestida. ágil. y la sorprendió la inesperada flotabilidad de su cuerpo. flotó libre de las restricciones de la gravedad. Las propiedades de flotabilidad los igualaban. Nunca en la vida se sintió flotar. todo fue masajeado con igual experiencia y habilidad. Betsy la dejó disfrutar del agua mineral caliente unos diez minutos.. Scott. En esos momentos. comprendió con grata sorpresa que ahí. Claro que aún cojeaba. Se movió otra vez. y la sensación le produjo euforia. blancas. Imitando a la mujer amistosa.277 - . con una de las toallas debajo y la otra cubriéndola de la cintura para abajo. casi bebible. fue extraordinario! ¡Me siento renovada! La tomó del brazo y rió. Cerró los ojos. y espesas toallas turcas. El cuello.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR al mismo tiempo. ¡Era la gloria perfecta! Cuando bajó los pies de nuevo hasta el fondo. Un rato después. también advirtió que los dientes ya no le entrechocaban. Agatha percibió que cierto milagro se había producido en su cuerpo. . mientras unas manos diestras trabajaban con sus músculos de tal modo que la hacían sentir como si flotara sobre una alfombra mágica. cuando se acostumbró a la novedad de las burbujas. cuando entró en el montacargas. y profundamente vivificada ¡Como si fuese capaz de caminar kilómetros sin cansarse. deliciosa. Respiró hondo y dejó que esas sensaciones ocuparan el lugar de todas las preocupaciones mundanas. Cuando entró otra vez. saltar a la cuerda! Desde luego que no podía. corno si pudiese saltar cercas. correr subiendo las escaleras. No necesitaba haber visto champaña para imaginarse flotando en él. y sintiéndose mágicamente libre e ingrávida. —¡Oh. Cerró los ojos y se dejó hundir en la sensación del movimiento en la cara interna de los muslos. y el vello de los brazos ya no estaba erizado. las piernas. pero había desaparecido todo vestigio de dolor.

. ¿Podré venir otra vez. burbujeando como las propias aguas. . con un enorme copete de crema batida. La especialidad son las codornices. como si la hora en el baño medicinal le hubiese aguzado en gran medida el apetito. Y mucha agua mineral para beber. —Pero. con manteles almidonados y vajilla de plata verdadera.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Era un placer ver a Agatha. le apretó el codo y luego puso la mano de ella en el pliegue de su codo.! —En la frente de la mujer aparecieron arrugas de consternación—. mañana? Gandy rió. Te llevaré de regreso al hotel y te atiborraré de pechuga de codorniz salteada en manteca con setas negras y salsa de nuez. Lo hizo con gran placer. El comedor del Telford era elegante. Scott. Brinqué. y el hecho de que no fuera así lo fascinaba más que cualquier estúpida simulación que hubiese mostrado. una porción de tarta Selva Negra. esperaba verla comer con la melindrosa afectación de casi todas las mujeres modernas. —¡No me duele nada! ¡Y mira! Me siento como si pudiera volver caminando a Kansas. por lo general tan reservada. Otra vez se le ocurrió besarla. Reflexionó sobre los motivos que lo impulsaron a llevarla ahí. los mechones escapaban del peinado y formaban diminutos tirabuzones detrás de las orejas. —Yo sí. —Pero. Pero. y salté como todos los demás. —Pero. para ser sincero consigo mismo. pero estás muy repetitiva.. brinqué! No necesité más que un pequeño impulso con un pie. sobre el hombro hacia la casa de baños—. flotando como un corcho. Y White Springs es famoso por tener algunas de las mejores cocinas del Sur.. pero.278 - . ¡podía flotar. ¿No es muy caro? —Deja que yo me preocupe por eso. Gussie. —Miró. La luz de las lámparas lo encendía y proyectaba sombras en el cuello y los hombros del vestido verde esmeralda. Pero en el agua. las pestañas sombreaban los ojos claros.. —¿Tienes hambre? —Pero. a medida que se secaba. ¡De verdad. nostálgica. y así será. Le brillaban los labios al morder la perdiz enmantecada.. —No quisiera criticarte.. nunca en mi vida me sentí tan libre de preocupaciones. —¿Cómo podría negártelo? —¡Oh. y a aprovechar todos los beneficios físicos que le brindarían.. se limpiaba cuidadosamente con la servilleta y bajaba los ojos. entonces yo la observé y traté de imitarla. quería invitarla a tomar las aguas. ¿Sabes cuántas veces dijiste pero? Estás aquí como invitada mía.. fue sensacional. era celestial! ¡En verdad floté! Había una mujer que me sonrió y me dijo algo amable... De manera parecida. y arroz con azafrán humeante. Oh. pero cada vez que alzaba la vista y lo sorprendía mirándola. No quiero escuchar otra palabra al respecto. Tenía las puntas del cabello mojadas y. En efecto. Disfrutó verla comer las perdices con setas negras y los otros platos que sugirió. A Gandy le complacía poder invitar a Agatha a una cena elegante en un lugar así. Por algún motivo. —Y después. Era un mundo de diferencia con el restaurante de Cyrus y Emma Paulie.

quería meterte el dinero por el gaznate. si sucedía. que tenía con ella un contacto íntimo. tan arrogante y seguro. Del único que no aprende malas costumbres es de Marcus. Le surgió un recuerdo. —Así es. Agatha dio un bocado.. —Willy no es el mismo chico que era cuando partimos de Proffitt. a veces. y cuando se va con los hombres al bosque es difícil imaginar a qué clase de conversaciones está expuesto. —Sí.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR había otra clase de experiencias físicas que quería brindarle. Después. y una nana negra con una boca tan atrevida como un ganso furioso.. Dio un mordisco a una tierna y suculenta perdiz y paseó la vista de los pechos plenos al torso esbelto de su compañera de mesa. En mi opinión. —Se me ocurre que tenías buenos motivos. tres ex prostitutas. y lo reemplazó la preocupación. El talante alegre de la mujer se esfumó.. después de cortarlo con unas diminutas tijeras de oro. Cuando no le hago caso. —¿Avergonzado. Te digo.279 - ... Mientras encendía el cigarro. Cuando sucediera. —cerró el puño en el aire— . señora. cómo te odiaba. un tabernero. Oh. Scott bebió un sorbo de agua mineral. ¿cómo está Willy? Las cejas de Scott se unieron. —Y tú eras tan remilgada y correcta que yo me sentí avergonzado como el demonio por haberte hecho caer en el barro. a veces. —Veo que todavía las tienes. —Dime —dijo Agatha.. pidió una taza de café y encendió un cigarro. y dejó la servilleta. pasa por etapas en que habla con el mismo lenguaje de albañal que ellas. —No creí que fueras capaz de avergonzarte de nada. Gussie. y se inclinó hacia adelante. se sumergió en el aroma picante y lo disfrutó una vez más... No era la clase de mujer a la que uno compromete bajo la falsa excusa de «llevarla a tomar las aguas». Dejó de masticar. Leatrice lo consiente constantemente. Y tan irritante con tu tendencia a bromear. .. un estibador. Scott se respaldó en la silla en una postura negligente y rió. Un jugador de barco fluvial. Agatha observaba cómo los labios y el bigote adoptaban la forma de él. se enfurruña o se pone contestador. La mujer se limpió los labios por última vez. se sentiría obligado a hacer lo que debía. —Recuerdo el día en que el óleo ese de Dierdre llegó a Proffitt. cambiando bruscamente de tema—. alzó la vista y lo vio admirando sus atributos femeninos.. —¿Qué le pasa? —Está convirtiéndose en un verdadero pillo. cuando me contesta.quisiera ponerlo sobre mi rodilla y curtirle el trasero. claro como un reflejo sobre aguas tranquilas. Pagaste mi cena en el restaurante de Paulie y yo me puse tan furiosa contigo que quería. golpeando distraído el cenicero con el puro. está demasiado tiempo en contacto con la gente indebida. Incluso se volvió exigente conmigo. tú? Alzó las cejas. Gandy apartó el plato de postre. Las chicas lo malcrían de una manera espantosa y. Siempre me pareciste tan. La tensión zumbó alrededor de los dos el resto de la comida.

—Eres sorprendente. En lugar de expresar estupefacción. Y si eres el padre. Pero la oigo con la misma claridad que cualquier otra voz humana. Gussie. pero en el dormitorio que compartimos Willy y yo. será cada vez peor. —¿A Willy? —No. —Casi sin advertirlo. pero Willy es tan insoportable que A. atónito. al reconocer en esa frase la clase de padre que era: como el que ella hubiese deseado para sí misma.. parece que está embrujado. el cenicero. al contrario.. —Mi padre era minero. —Gussie. ceñudo. Pide ayuda. Scott. —Está bien. J. y en varias ocasiones he visto su silueta donde ella . y la expresión de Scott se ablandó. —Eso es bastante común. afligida—. Sólo la escucho en el dormitorio noroeste de la segunda planta.. A. Nunca podré levantarle la mano a ese chico. y no hay nada más desagradable que un niño caprichoso. eh.. No hay personas más supersticiosas que los . Justine. no lo invitó más. y sacudió el cigarro más de lo necesario. Tú sí. de lo contrario. —¿Y es con ella que habla Willy? —Sí. —¿Te asusta? Lo pensó un instante. Comprendió que tenía razón y movió la cabeza. —No puedo. —No. estiró la mano sobre la mesa y la apoyó sobre la de ella. desesperanzado. —Creo que porque tuvo suficiente de eso con su padre. J. ¿qué tiene de malo? Al parecer. sabiendo que nadie había estado ahí para arrugarla. —¿Por qué no? ¿Por quién? —Creo que se trata de mi hija. o quien sea. Parte del problema es que no hay ningún chico de su edad para jugar. el que llamamos el cuarto de los niños. Pero.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Por qué no lo haces? El puño se aflojó. —¿Quién es? Gandy miró. —En ese caso. vas a pensar que estoy loco. La mirada era oscura.280 - .. —Pero hay que reprender a Willy cuando lo merece pues. ¿Tú no? —Si no fuera esta amiga en particular. Lo llevé un par de veces al pueblo a pasar la tarde con un niño de su edad.. no es culpa de él. No me cabe duda de que sabrá reconocer la diferencia. no me preocuparía. Gussie.. no creo que quiera hacerles daño ni a ti ni a nadie cercano a ti. se había acostado sobre la cama. tienes un fantasma amistoso. Agatha no se inmutó. yo también la oí. bueno. La mujer sintió que un nudo de amor se expandía en su pecho. Bayles. —Pero Alvis Collinson nunca lo amó.. a decir verdad.. es caprichoso. Miró a Gussie como si la viera bajo una luz distinta. Yo lo hacía con frecuencia de pequeña. Y empezó a hablar con una amiga imaginaria. Agatha preguntó seria: —¿Por quién? —¿Me crees? —preguntó.

LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR mineros. Eso te convierte en algo muy superior a una gobernanta. pero después de haber hablado contigo tan poco tiempo comprendo que mi criterio no es para nada tan apto como el tuyo. yo lo dejaría hablar con ella todo lo que quisiera. me siento tan aliviado. y es un trayecto de dieciséis kilómetros. —Entonces. ¿seré la gobernanta? —¿Por qué suena como una palabra tan fría? Significas tanto para Willy como si fueras su verdadera madre. Si oyen caer. No la quería como amante ni como esposa. Ya no tendría que preocuparse más por eso.281 - . —Le dije a Willy que era imposible que hubiese visto a Justine y hablado con ella. en particular después de un derrumbe. deseándote todo el resto de mi vida? . Gussie. Retiró los dedos de los de Scott y juntó las manos en el regazo. y ella ya usa un saco de asafétida maloliente en el cuello para espantar a los espectros. Yo no tengo tiempo de hacer ese viaje dos veces por día.. —Lo es. —Seguía sujetándole la mano. pero tenía miedo de comentárselo a cualquiera en Waverley. Dime que lo harás. pero la más cercana está en Columbus.. por cierto no hay nadie en Waverley preparado como para ser su tutor. El alivio de que aceptara su historia fue tan grande que se sintió culpable de haber intentado disuadir a Willy. y. sólo de ida. con los dedos enlazados. Tú podrías hacer todo eso. los latidos de Agatha se aceleraron. Me parece que fue un error de mi parte. lo superará con el tiempo. Gussie. jamás querrá entrar otra vez en la mansión. Y muchos jurarían que tienen razón. empezó a influir en Willy. aunque sólo sea un guijarro. De modo que ésa era la proposición. Intenté hacer las cosas bien con él.. Alguien para controlar lo que aprende de las chicas y de Leatrice. ¿Qué mal puede hacerle? Si no es más que una creación de su imaginación. Si no. para que la casa funcione con fluidez. En este momento. Gussie. Si descubre que en verdad hay uno. Lo cual nos lleva a otro punto. —Esa Leatrice me recuerda a Ruby. Ni perder un solo momento más imaginando que la llevó a ese sitio para pedirle que se casara con él. las palmas hacia abajo—. Pensé que si lo hacía podía llegar a oídos de Leatrice. Necesita tu sentido firme y confiable de lo que está bien y lo que está mal. La imagen de Willy llorando por ella al acostarse hizo brotar en su pecho un impulso de amor maternal. —Es por eso que te traje aquí. la necesito. ¿verdad? —Ah. como dice. no está más trastornado que tú. Estos últimos meses he estado muy preocupado. —Tal vez. Y alguien capaz de decirle que no y sostenerlo. y hasta de mí. Gussi si vinieras a Waverley. en un pozo profundo. Willy ya tiene seis años.. Y aunque es muy rebelde. Pero. Empieza a imitar su carácter mandón y su mala gramática. Al diablo con la estúpida interpretación de que la había hecho ir ahí para algo tan tentador como la seducción.. Llora por ti cuando se va a acostar. sino como gobernanta de Willy. Tendría que ir a la escuela. y en Navidad armó un gran alboroto porque no te llevé a Waverley ni lo mandé a él a Proffitt. lo atribuyen a fantasmas. aunque no bastó para disipar su decepción. Necesita una maestra. como ya te he dicho. ¿Y vivir en tu casa.. te necesita más que a nadie. En tu lugar. lecciones cotidianas. Antes de que Scott prosiguiera.

sería duro para ti dejar a Violet. ¿lo harás? Tal vez fuese virgen. ¿qué otra cosa puedes hacer con ese museo de nidos de pájaros y mariposas. claro. Sí. —Cada vez que te acercabas a Violet ella deseaba tener cuarenta años menos. Es sólo cuestión de tiempo. en los momentos de lucidez comprendía que entre ellos existía una innegable atracción física que crecía a cada hora que pasaban juntos. —¿Por qué no? De todos modos. y dejarla sería muy triste. Tendría que preguntarle qué intenciones abrigaba en ese sentido. debía de considerar innecesario el amor en lo que se refería a la convivencia. Pero había unas vibraciones inconfundibles entre ella y Scott Gandy. Scott dijo: —Yo creo que Violet sería la primera en insistirte para que aceptaras. —Al exigir que te llevara a Waverley lo más rápido posible para empezar su vestido de bodas. debería preguntárselo. Sin embargo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Cuándo quieres que vaya? Ansioso. Y las fábricas de la costa Este que confeccionan ropa.. tengo un negocio. —Levantó una ceja—. a su debido tiempo. ¿Me equivoco? Como si estuviese ahí.. por cierto. No puedo dejarlo y marcharme.. vio a la pequeña mujer sonrojándose cuando él se inclinaba sobre la mano surcada de venas azules y la rozaba con los labios.282 - . Tú misma me dijiste que pronto los sombreros serán cosa del pasado. tampoco amaba a Jube. aunque no había dicho que la amaba. pero. oía el suspiro cuando se hundía en la silla y se abanicaba la cara enrojecida con un pañuelo perfumado de lavanda. Violet. —¿Todo el negocio? —Bueno. si estás de acuerdo. aunque débil. simplemente. —Pero. Ella y Marcus piensan casarse el último sábado de marzo. Sí. y ese enorme escritorio de tapa enrollable? Hasta podrías dejarle los muebles de tu apartamento. Jube me sacó la decisión de las manos. y esos gabinetes llenos de cintas. Después de todo. se echó adelante. —Gandy hizo una pausa y recordó los chispeantes ojos azules de la pequeña mujer arrugada—. y dijo que quiere que asistas a la boda ¿Qué dices? Se sintió obligada a ofrecer cierta resistencia. eso. Se había convertido en una verdadera amiga. ¿cómo aborda una mujer un tema como ese con un hombre que ni la besó después de cinco meses de separación? Una mujer . Te aseguro que tenemos todos los que queremos en Waverley. A menos que le dejes todo el negocio a ella. están condenando el oficio de modista al mismo destino. encajes. —¿Y Violet? —Ah. ¿Cómo podría esperar una opinión objetiva de alguien así? Gandy rió.. —Entonces. ¿no? Ahora que Jube se iba a casar con Marcus. en la amante? Un hombre como Scott no pasaría mucho tiempo sin mujer y. Y según las emociones del momento. hasta inocente. podía creer en ellas o no. ¿No crees que sería un cambio agradable para Violet tener un lugar propio en lugar de un cuarto minúsculo en la pensión de la señora Gill? Pensar en Violet frenó a Agatha. está languideciendo lentamente. Agatha escuchó las risitas de Violet ante la súbita aparición de Scott en la tienda. ¿estaba ella destinada a convertirse.

Nunca lo olvidaré. —Lo haré. Cuando la acompañó hasta la puerta. al terminar la miró a los ojos. Le había dado el amor de ella hacia él. White Springs siempre estuvo ahí para que tú lo tomaras. Pero cuando. Hasta que estuvieron en la estación de trenes y se despidió otra vez de ella. con la lengua diciéndole adiós dentro de la boca. Y Agatha descubrió que eso era casi tan bueno como si le correspondiese. tendrá que comprársela. Si quiere una. no se despidió con el beso que ella esperaba sino con un firme apretón de manos que sellaba el pacto entre los dos. Con una condición.. a los dedos enguantados que descansaban sobre el pecho de él. algo que significaba más de lo que en realidad era. —¿Cuál? —Que dejaré todo a Violet. mientras se quedaron a disfrutar del manantial. y le dio un beso húmedo. —Muy bien. Cuando la apartó y la miró a los ojos. y ambos lo sabían. con más dulzura esta vez. Al fin.. —Yo no te di nada. Pero no era así. y lo soltó de una vez. dijo: —Adiós. aspiró una bocanada trémula. Pero una mujer decente no hace esas preguntas. Cuando lo hizo. la tentación fue demasiado grande y la atrajo hacia él. Y gracias por darme la posibilidad de nadar en White Springs. y que sólo su falta de experiencia la hacía creer que había algo especial entre ella y Scott. ¿Por qué esperaste tres días para hacerlo?. La mía es un regalo tuyo y creo que es lo más adecuado para llevar a Waverley para hacer el vestido de Jube. Agatha tuvo la espantosa sensación de que los hombres y las mujeres se besaban así en todo el mundo en momentos similares. ¿Qué habría en las estaciones de tren que sumía sus corazones en la desolación aún antes de que se dijeran adiós? Un instante antes de que abordase. menos mi máquina de coser. y aunque la relación se volvió más amistosa que nunca en lo relacionado con la conversación y la mutua compañía. En cambio. Considera pagado el transporte. contuvo el aire un momento. voluptuoso.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR como Agatha Downing no lo hacía. en ningún momento de esos dos días en White Springs él hizo el menor avance hacia ella. aunque no le hubiese dado el suyo propio. quiso preguntar. La llevó a los baños dos veces por día los dos que siguieron. la tomó de los brazos y la besó en la boca. . haciéndola sentir las rodillas flojas y el corazón a punto de estallar como un cañón. Agatha sintió que estaba resuelto a que el beso fuese breve y amistoso. Le había dado más que cualquier otro ser humano.283 - .

la muestra cuidadosamente guardada entre capas de ropa. nada más.. En el camino de regreso a Proffitt. cuando ya tenía las cosas empacadas. y el amor del niño significaba para ella casi tanto como el de Scott. una apuesta. y le dolió. Agatha miró en torno y se encontró con los ojos de Violet. No obstante. y ese rostro era el de ella misma. que quería casarse con ella y hacer que Willy fuese de ellos para siempre. ¿Alguna vez lo comprendería él? Ah. Era como si alguien devolviese una mirada desde el inconsciente. dio las instrucciones finales relacionadas con el estado de los libros contables de la tienda. El purgatorio contra el cielo. Y. estaba maravillada porque Agatha había ganado un lugar en el hogar de LeMaster Scott Gandy. tal como predijo Scott. Ya antes había apostado contra Scott Gandy y perdió. en un baúl (había donado los sombreros viejos a Violet) revisó el apartamento a la caza de toda posesión personal significativa. el hombre cuya sonrisa la hizo ruborizarse y reír tontamente tantas veces. Porque en Waverley también estaba Willy. Sin embargo. quería compartir la vida con él.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 20 El balanceo del tren creaba un ánimo que la llevaba a la introspección: el paisaje que se movía cada vez más rápido. el apartamento de Agatha le parecía una casa lujosa de veraneo. Pero el amor era algo contagioso y una persona inteligente apostaría todas las veces. lo quería. principalmente porque la amiga estaba embelesada con su nueva condición de mujer de negocios. Dejar a Violet fue menos doloroso de lo que Agatha había imaginado. mientras que afuera el verde se transformaba en negro. hasta convertirse en una mancha verde a lo lejos. y un rostro miraba al pasajero. y vaya si era una apuesta.. porque no lo sabía. Vivir en esa casa. exigiendo un examen. Y Agatha Downing era una dama inteligente. después de haber vivido en un cuarto de la pensión de la señora Gill. Así era cómo tenía que ser. Porque vivir en la casa de Scott Gandy nada más que como la gobernanta era condenarse al purgatorio eterno. a último momento. Además. Lo amaba. ¿Y qué se podía decir de las oportunidades para el cielo? Todo lo que había deseado. ¿sería realmente preferible a quedarse sola en Proffitt? Sí. él no mencionó ni amor ni matrimonio. . el penetrante silbato que viajaba en el viento como un suspiro fantasmal. el retumbar incesante del metal chocando con otro metal y que subía desde abajo hasta que se convertía en algo tan propio como los latidos del corazón. reservarse sus sentimientos. que un día Scott la mirara en los ojos y le dijese que la amaba.284 - . Agatha pasó las horas pensando en la apuesta que iba a hacer. pero era un riesgo. pero como esposa.

—Tú también. eres escandalosa —dijo. Alzó la vista hasta la ventana del apartamento. Como estará el señor Gandy esperándote en el otro extremo de la línea. dentro de nueve semanas habrá una nueva carnada de gatitos en la pensión. aquí.285 - . —Violet. El comentario nostálgico que hizo adentro se debía a su cariño por Violet. riendo con los ojos húmedos. —Hizo una pausa y miró alrededor—. ¡Y. Agatha soltó libremente el llanto. Fue la experiencia más maravillosa de mi vida. — Agitó un índice torcido bajo la nariz de la amiga—.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Pasamos muchas horas juntas. ¡Y ahora. y dale a ese apuesto Gandy un beso en la mejilla. te contaré un secreto que no le conté a nadie hasta ahora. no sea que el tren llegue temprano. con mucha probabilidad. Violet le había dado en qué pensar! Lo pensó en las pocas horas de vigilia que quedaron durante el largo . —Y dales saludos de mi parte. Agatha esbozó una sonrisa triste. y ahora será mejor que os llevemos a vosotros dos a la estación. lanzó un quejido de protesta—. Tt-tt. Tt-tt. otra vez. eran lágrimas de alegría. allá arriba. Se abrazaron fuerte. le prometió: —Lo recordaré. Fue un lugar solitario todos los años que vivió allí. Violet. Los ojos de ambas se encontraron y supieron que. Como sea. con su espíritu indoblegable. —Sí. —Querida. —Fuiste una amiga auténtica. qué te parece! Me habría gustado verla. Pero cuando ella y Violet se despidieron junto al tren humeante. a las dos las asaltó un súbito y agudo dolor. Agatha cerró la puerta de la tienda por última vez. chica! ¡Rápido! Por eso fue fácil partir: Violet la ayudó. en cierto modo. ¿no es cierto? —Ya lo creo. tú llévale a Moose a Willy. Pero también reímos mucho. y dile que es de Violet. ¡Recuérdalo. el pelo todo apelmazado. ¡El animal de la señora Gill se fue por tres días. y marcharse era un placer. desde el interior de una cesta para aves. es verdad. Y no pierdo la esperanza de que el señor Gandy se ilumine y te tome como amante. Ninguna mujer tendría que perdérsela. ¿Estás segura de que no te importa que me lleve al gato? —Desde luego que estoy segura. y Josephine no sabrá qué hacer con ellos cuando empiecen a trepar por las cortinas y a afilarse las garras en los muebles. por cierto. cuando tenía veintiún años. Sólo cuando estuvo a unos ochocientos metros de camino. Bueno. Una vez. no quisiera que lo pierdas. sería la última vez que se veían. giró para echar una última mirada a la cortina verde que había levantado todas las mañanas y bajado todas las tardes durante más años de los que quería recordar. que quiso hacerlo cada vez que él entró en la tienda. Pero al darle la espalda al edificio no sintió ni una fugaz punzada de remordimientos. —Moose. si no como esposa. No. la semana pasada y volvió apestando a dicha paradisíaca. Pero. tuve un amante. Hemos dado infinidad de puntadas entre estas paredes. si se presenta la ocasión! Todavía riendo con los ojos llorosos. que es con quien debe estar. sube a ese tren. y cojeando.

LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR viaje al Sur. —Oh. preguntándose quién habría sido el amante. Scotty! ¡Trujo a Moose! —Trajo a Moose —lo corrigió Scott. Entretanto. —Seis. saludando con la mano. escudriñando las ventanas que pasaban raudas... Cerró los ojos para contener las lágrimas de felicidad. Willy. —¡Gussie. —Ya veo que llegué justo a tiempo para encaminar tu educación por donde tiene que ir. el tiempo frío por el tibio. Se besaron: sabía a zarzaparrilla. y aunque nunca había estado en Columbus. y el guardia le dio de comer. Willy la atrapó por las mejillas exigiendo atención exclusiva. ¡Moose! ¿Oíste eso. ¿Cuánto habría durado el romance? ¿Por qué no se casaron? ¿Qué fue lo que la convirtió en la experiencia más maravillosa de la vida? Agatha solía pensar que sólo las malas mujeres se unían con hombres fuera del matrimonio. y está preñada! —¡No me digas! —Scotty me dejó ver cómo la preñaban. —Vas a ver mi yegua. creo que sí. de pie sobre la plataforma de guijarros rojos de la estación. sonrientes. Le apartó el cabello y le sujetó el rostro. Gussie. aguda y dulce. mientras se producía la ya conocida transformación fuera de la ventanilla del tren. teniendo en cuenta que tienes cinco años. Era una buena mujer cristiana. Willy derramó ruidosos besos sobre Agatha que caían en cualquier parte. Gussie! —gritó. Está en una cesta para aves en el vagón del equipaje. Cuando se apeó. la sensación de bienvenida era fuerte.. La idea le dio vueltas en la cabeza. dejaba atrás el invierno cambiándolo por la primavera. jubilosos. Cumplí años. Mississippi. —¡Cumpliste años! Y yo me lo perdí. estaban al pie de la escalerilla. —¡A Moose! ¿En serio? —En serio. y si se habría topado con él a lo largo de los años. Willy encaramado al brazo de Scott. Reales. Cumpliré más el año próximo.286 - .. sin cansarse de contemplar las mejillas pecosas y los preciosos ojos castaños. Cuando Agatha le sonrió. pero Violet no tenía nada de mala. Vayamos a buscar a Moose. Zach está esperando con los carros. Hasta que fueron algo más que imágenes. te eché de menos. hasta la máquina de coser y a Moose. ¿Es verdad. arrojándose hacia ella. . La abrazó e hizo caer el sombrero que usaba sólo porque tenía tantos que no le cabían en la sombrerera. danzaban ante los ojos de Agatha imágenes de Scott y de Willy. El corazón de Agatha se hinchó al ver a sus dos amores. —Scott dice que te quedarás para siempre. mientras ella y Willy se abrazaban. Scott. —¡Jesús! —se alegró—. Traje todas mis pertenencias. —No importa. evocando a Violet. alzando un dedo para señalar: «¡Ahí está!». Compuso una expresión de exagerada pena. el barro por las flores. Los dos. Scott lo agarró con la mano libre. ¡Se llama Cinnamon. —Bueno. es verdad? Agatha le sonrió a Scott.

Se puso de puntillas. Apresurado. —¿Tuviste problemas para arreglar las cosas en Kansas? —Todo salió perfecto. Estiró la mano para acomodarlo. de súbito. De modo que trajiste la máquina de coser. pero están todos en casa. y éste era el lugar más apropiado para llevarlos.287 - . —Hola. ¿Alguno de los otros vino al pueblo contigo? —No. la sujetó con el brazo. Sintió que tenía todo lo que necesitaría o querría en el mundo al ver el reencuentro entre Willy y Moose: cara a cara. —Creí que habías abandonado los sombreros. La sensación de prisa se disipó. Cuando Agatha quiso apartarse. A desgana. otra vez —dijo ella. Y ahora. cedió. Estaba encantada. —¿Esta vez? —En la otra ocasión estaba demasiado excitada para dormir. ¿Y de tu parte? Tuvo la presencia de ánimo de besarlo jocosamente en la otra mejilla. Ve a decirle a Zach que acerque la carreta al vagón de equipajes. me hallaba demasiado agotada para no hacerlo. ¿Quién es Zach? —Hijo de uno de nuestros antiguos esclavos. Conservé mis preferidos. No necesitaba nada. —Ése es de mi parte. dejando a Gandy y a Agatha frente a frente. Siempre estás mejor sin sombrero. lo . las miradas se toparon y se sostuvieron. No querría hacer un vestido de novia sin ella. —Es mucho pedir para una mujer que los usó toda su vida. —Sintió tal tentación de tocarlo que. Sin barreras entre ellos. ¿Cómo fue el viaje? —Agradable. ¿Necesitas algo de aquí antes de irnos a Waverley? Es una hora de camino y no venimos todos los días. —¿Le dejaste la sombrerería a Violet? —Sí. Ésta. —Hola. Esta vez. vamos —interrumpió Willy—. Me parece que no —decidió. —Eh. Me pidió que te dijera que quiso hacerlo cada vez que entrabas en la sombrerería.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Willy saltó de los brazos de Scott al suelo de adoquines y salió corriendo. está bien. Le apoyó en la espalda la mano que sostenía el sombrero al mismo tiempo que bajaba la cabeza para darle el gusto. Es muy hábil con los caballos. —Por supuesto. esperando. dame mi sombrero. en verdad dormí. patillas con pecas. Zach está esperando. en son de broma. pero Gandy lo hizo por ella. y contempló el resultado con ojo crítico. Scott prestó atención al niño. —Mmm. Éste es de parte de Violet. y nosotros iremos para allá. Se lo puso en la cabeza. —Está bien. vosotros. —Ése es de Violet. y está enseñándole a Marcus el oficio de cuidador y herrador. al otro extremo. Gandy tomó a Agatha del brazo y caminaron por los adoquines hacia el vagón de equipajes. Gracias por la estupenda ubicación. y se lo quitó—. Le aparecieron los hoyuelos en las mejillas y la voz se hizo más queda. le enlazó un brazo en el cuello y lo besó en la mejilla—. el gato colgando en el aire frente al niño que lo sostenía.

Jack vio el carro y corrió cruzando los campos. más majestuoso de lo que la acuarela de Scott fue capaz de representarlo. agitada. y Gandy le dijo: —Aquí. Pasaron por Oakleigh. nubes blancas. Moose! ¡Jesús. perfecto caballero. engalanada con tantas flores.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR besaba. Scott y Moose subieron a un coche con muelles negros y arrancaron hacia el nuevo hogar de Agatha. radiante incluso con un vestido de algodón gastado. con sus imponentes magnolias en el frente y los bojes. algodonosas. y le dijo que ahí iba Leatrice los domingos. Después. Después apareció Jube. En los charcos junto al camino. Permaneció inmóvil. Waverley. Scott sonrió al verla. no le creas una palabra. Agatha pasó de Pearl a Ivory. Waverley. y se hubiesen despedazado sobre la hierba. desbordante de orgullo por el aspecto de la casa. se abrió de par en par la puerta principal y se oyeron hurras y todos corrieron hacia el vehículo con los brazos levantados. con la mano apretada contra el corazón tumultuoso. sonriendo. Pasaron ante una pequeña iglesia blanca en medio de un conjunto de pinos. Ante el cementerio. vociferando a todo pulmón: —¡Llegaron! ¡Llegaron! Y antes de que el coche se detuviera. que se levantó en una destartalada carreta cargada con la cesta vacía. Marcus. pulcramente recortados.. riendo. la máquina de coser y todo el equipaje de Agatha. es donde yo nací. Y cornejos. desde antes de la guerra. le contó que ahí estaba enterrada Justine. —¿No es maravilloso? Si él te dice lo contrario. su magnífica rotonda y sus bancos de hierro forjado que semejaban una labor de encaje. con los ojos cerrados y decía: —¡Eh. de éste a Ruby.288 - . como siempre. incluyendo el sombrero que Gandy lanzó por el aire a último momento. lustrosa como una perla en medio de los prados de esmeralda. ella. prevalecía el olor del Sur.. Lo contempló. —¿Te gusta? La respuesta fue como había esperado. fecundo. Giraron hacia el prado. Willy. A Agatha ya le encantaba. florecían los junquillos en grupos tan extensos que parecía que hubiesen caído trozos de sol a la tierra. y todos la abrazaron. Glicinas. Luego llegó Jack resoplando por la carrera a través del patio. lo apretaba con demasiada fuerza. y se le aceleraron los latidos del corazón: al fin estaba ahí. haciéndola girar en círculo. J. Como en Florida. con sus altos pilares. Más grande. —¡Jube. felicidades! Las dos mujeres se apartaron un poco y se miraron. En el camino vio por primera vez pimpollos rojos: nubes de heliotropos. Jube aferró a Marcus del brazo y tiró de él haciéndolo adelantarse. nubes de púrpura puro. muda. sonrió a Agatha pero se . y Willy le contó que ahí vivían la abuela y la madre de A. ¡Al bajar la mirada. rico. desde la curtiembre. te extrañé! Agatha fue presentada a Zach. Luego. húmedo. vio a los pavos reales en el prado! —¡Oh! —exclamó.

pero tengo la sensación de que. y lo seguían Jube y las chicas con otras piezas del equipaje. y nada bueno. ¿no es así? Agatha rió. —¡Felicidades. Convivir con este muchacho fue peor que hacerlo con un oso salvaje. Mientras se metían dentro. hay alguien que lo necesita. Scott tomó a Agatha del codo y la acompañó hasta los escalones de mármol. como una reina sobre la plataforma. menos ella sonrieron y rieron. —Señaló a Gandy con el pulgar—. —Bueno. la mujer hedía como una mofeta. —¿A dónde llevo estas cosas? —preguntó Jack. —Oí hablar mucho de usted. Jack y Marcus subieron la máquina de coser. A Gandy se le enrojeció el cuello y se miró los pies. arrastrando la sombrerera. Cuando el barullo del recibimiento cedió un poco. —Es mío. —Leatrice —dijo—. A decir verdad. Agatha. Agatha acomodó los pétalos del sombrero y miró a Gandy con expresión provocativa. una mujer con la forma de un búfalo de agua. oí decir que usted gobierna con mano de hierro. abrazaron a Agatha o la besaron en la mejilla. a veces. Leatrice. Haremos el vestido de la novia en menos que canta un gallo. muchacho? —preguntó Leatrice. Quizás ahora obtengamos de este sujeto algo más que gruñidos. pero el amo de Waverley emitió la primera orden: nada de sombreros para mí. por lo tanto. Por cortesía. —Al salón de la derecha —respondió Gandy. me gustaría presentarte a Agatha Downing. —¿Y dónde voy con esto? . Marcus! Estoy muy contenta por vosotros. con un saco de cuero colgando del cuello por medio de una correa. que no podía ser otra que Leatrice. —¡Ja! —Leatrice reacomodó las manos cruzadas sobre su panza de barril—. —Apuesto a que sí. Leatrice esperó. Había otra persona que esperaba en los escalones del frente con las manos cruzadas sobre la barriga protuberante. —Sí. menos Leatrice hablaban al mismo tiempo. y no sé por qué la conservo. Llegó Zach con el equipaje y los hombres comenzaron a descargarlo. el último con el sombrero de Agatha con flores rosadas encasquetado en la cabeza. Pero yo estuve más tiempo bajo el agua que ella lejos de Waverley y. —De modo que aquí estás. —¿De dónde sacaste ese sombrero.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR quedó atrás. está aceitada y lista para funcionar. Leatrice habló con una voz como la de una locomotora con dificultades para dar la marcha atrás. El joven hizo ademanes como de verter aceite e hizo un gesto interrogante con la ceja. Agatha se abstuvo de mirarlo. Se acercó Willy. al fin. Todos. Agatha se lo arrebató. Todos menos Leatrice. mujer de Kansas. Y yo sé quién. como le advirtió Gandy. y los hombres entraron. Es caprichosa e irrazonable. Todos. casi tan grande como él. Zach e Ivory los siguieron con un baúl. La recién llegada le dio un impulsivo abrazo. ésta es Leatrice.289 - . supongo que se quedará. a que le presentaran a la viajera.

al otro lado del lustroso suelo de pino. también semejantes. Scott llevó a Agatha a trasponer el portal más ancho y alto que ella hubiese visto jamás. un hueco en la pared. la elegante araña de bronce.. se les imponía. Agatha tenía la sensación de que si uno necesitaba refugio. que parecían las costillas de un ser monstruoso. Sin duda. y los husos. pero éste es la cosa más fea que he visto nunca. los setecientos dieciocho. y tendió las manos con gesto lento y reverente.. realmente no me lo explico. mostrando dos recibidores idénticos a cada lado y las escaleras iguales que descendían desde lo alto. con un toque desafiante. los fijó en la bizarra creación. Es un misterio para mí por qué una mujer con un cabello como el tuyo querría cubrirlo con flores rosadas de calabaza y cerezas. —La alcoba nupcial —anunció. Era majestuosa. las ventanas. Jube no. con puertas corredizas abiertas. —Alzó los ojos hacia el alto techo .. la espiral de red. Dejaron a Leatrice en los escalones del frente. Qué hermosa. Pero esa dominación estaba atemperada por cierto aire de protección. ganó para siempre el corazón de la negra. Por otra parte. Desde el principio tuvo esa impresión: que Waverley tenía vida propia. y el racimo de cerezas en medio de un grupo de hojas verdes. —Jube está fascinada. casi por casualidad. una gran chimenea y. Miró arriba y lo que vio era tal como lo había imaginado: El techo en forma de cúpula. —Señor.290 - . rodeado por un decorado de yeso. —No. Ahora que he regresado. constituyendo un gracioso marco para las puertas de atrás. imponentes. —Me encanta —afirmó—. distinta de sus habitantes. con el pestilente saco de asafétida en el cuello y el sombrero rosado en la cabeza. —¿Esto? ¿Para mí? —Si no le molesta que esté un poco usado. te mostraré la casa. ¿Cómo pudiste estar lejos de aquí tantos años? —No lo sé —respondió Scott—. a la izquierda.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Gandy miró con disgusto el sombrero con sus rosadas flores de calabaza. ¿cree que podría aprovechar un sombrero rosado un poco usado? Leatrice dilató los ojos. —Muéstrame lo demás. las pasarelas. —Preparada para ser usada otra vez —comentó Agatha—. Agatha. suspiró y.. al preguntar: —Leatrice. a la izquierda de la entrada. me refiero a la casa. Agatha cesó de manosear los pétalos de seda. sus proporciones empequeñecían a sus moradores. La llevó a la sala del frente. las puertas que daban a las habitaciones del suelo alto. y lo protegerían de todo peligro. Amplia y luminosa. no tenía más que dar un paso entre las escaleras gemelas y estas lo estrecharían como dos brazos fuertes. una bella habitación con cuatro ventanas altas. como si se sintiera superior por haber sobrevivido a la guerra. Poseía dignidad. Gandy le sonrió a Agatha y dijo: —Vamos. —No te ofendas. y entraron en la gran rotonda donde se detuvo un momento para recuperar el aliento. debe de estar contenta.

donde tocó una nota que quedó vibrando en el aire—. los restos de uno en un cenicero de pie. Tiene. Personalidad. Había una elegante cama con . —Y ésta es tu habitación —le dijo Gandy.291 - .. una con una vista al sur. Quería agradecérselo. el sendero de entrada. a las siete. —Quería que estuvieras en el suelo principal. —Te mostraré el comedor —dijo. Era demasiado. y compartimos la mesa con los huéspedes. para que no tuvieses que subir las escaleras con frecuencia. con gabinetes empotrados para guardar la porcelana. pero con una rareza: un armario con espacio para entrar. sobre ella. —Pensé que yo era el único que todavía lo creía. presencia. Era una habitación idéntica a la primera sala. Ven. predominaba. La máquina de coser y los baúles ya estaban instalados en la amplia habitación. con el libro mayor abierto sobre el escritorio. el suelo estaba desnudo y reluciente. Bajo la mesa. el respaldo de un airoso sofá. un tintero de cristal. a cigarro. lo sorprendió observándola. Ésta es siempre formal. otra araña de gas.. los bojes y. Al levantar la mirada. pasó al piano. por fin.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —. cuero y tinta. —Quizá mire desde su tumba. poseía un aspecto de habitación en la que se vivía. Los atardeceres de Agatha ya no serían solitarios. Todo brillaba: las cuatro ventanas. el humidificador. sin la alcoba. y una pluma con punta de metal que parecía aguardar para ponerse a trabajar una vez más. y dé su aprobación al modo en que hiciste revivir la casa. en la plantación. sin duda lleno de cigarros. girando para abrir la marcha por el pasillo.. Era mucho más personal que la sala del frente. Mi madre también. el río. te mostraré mi habitación preferida. pasó las yemas por la superficie encerada de una mesa Pembroke.. —Oh. —Va muy bien contigo. y la cena. pero ya la llevaba hacia la otra sala de adelante. Tenía el corazón rebosante. y aunque no sonreía se lo veía tan complacido de que ella estuviese ahí como Agatha se sentía de estar. Scott Gandy le daría otra cosa más: ese inefable sentido de familia que cundía en torno de la mesa de la cena más que en ningún otro lado. ¿no es así? —Caminó alrededor de una silla Chippendale de patas palmeadas. usaremos ese rincón como salón de clase para Willy. —El desayuno es a las ocho.! Lo que quiero decir es que me sobraría la mitad del espacio. El olor de Scott. y se sentía abrumada. También a Agatha la oficina de Scott la conquistó a primera vista. Por las ventanas bajas del frente vieron los árboles de boj que la madre de Gandy había llevado desde Georgia. hacia los jardines de adelante. —¿Y Willy? —Willy también. —Quizá sí. ¡Pero. que estaba cerca de la silla junto al escritorio. el almuerzo al mediodía. nunca más. —¿Para mí? —Entró—. Si estás de acuerdo. al otro lado del camino. Entonces. pero es tan grande. más grande que cualquier despensa que Agatha hubiese visto. al este. y los pasos de los dos resonaron mientras caminaban por el cuarto. estoy más que de acuerdo.. cediéndole el paso. También el comedor era inmenso. una maciza mesa rectangular y..

—Lo siento. —Esbozó una sonrisa que venía del corazón—.. —¿Ya hay huéspedes? . llegaron ayer de Massachusetts. Señor y señora Van Hoef.292 - . Agatha encontró la mirada de Scott en el cristal. Había pensado. Vestían ropa de montar. Tironeó. Scott. los huéspedes se sentirán como si fueran de la familia. Delante del espejo de pie. para darte sensación de intimidad. —A Agatha le explicó—: Robert y su esposa. Gussie. No gozarás de mucha intimidad. tan grandes como éste. Agatha murmuró una respuesta cortés. —Ah. mirando sobre el hombro. una pequeña cómoda doble con cajones también en la parte superior. a Agatha la sorprendió cruzarse con una pareja de mediana edad que bajaba. Por supuesto. irrumpió Willy por la puerta. No es tan deseable. —¿Puedes subir sin problema? —Nada sería capaz de detenerme —contestó. —Es un día perfecto para cabalgar. y no se me ocurre cómo podrías hacerlo desde las cabañas de esclavos. sin nadie que fuese a golpearme la puerta e interrumpirme o molestarme. Además. dejaré las puertas abiertas mientras trabaje aquí. y tomó a Agatha de la mano. salvo a la noche. Gussie. que podrían rendir dinero si se usaran para los huéspedes. y una mesa de biblioteca sobre la que había un gran ramo de forsitias doradas.. —Hola. Mientras subían. ¿van a los establos? —Así es —dijo el hombre. Son nuestros primeros huéspedes oficiales. podrías tener las puertas abiertas mientras trabajas aquí. Así. preguntándose si tendría noción de lo que significaba para una mujer como ella tener un cuarto semejante en una casa como esa. un poco más angosta. Gussie. El lugar más hermoso en el que he vivido. Al instante. —Ven a ver mi cuarto. hay otros tres cuartos de huéspedes arriba. —Hola —la saludó la mujer. No imaginas lo espantoso que fue. un espejo de pie de un metro y medio de alto. Gandy dio unos pasos hacia el interior de la habitación y se detuvo junto a la cama. Gandy subió corriendo. De pronto. me gustaría presentarles a Agatha Downing. impaciente. Durante el día. y Scott los siguió y se quedó al pie de la escalera de la derecha. señor y señora Van Hoef. Se dio vuelta con lentitud. —Ya he tenido intimidad.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR colgaduras de brocado blanco. viendo cómo subían. Debra Sue. Durante muchos años viví en ese apartamento oscuro y pequeño. Aunque me provoca algo de culpa quedarme con una de las habitaciones más encantadoras de la casa. y el matrimonio siguió su camino. —Estoy contento de que estés aquí. una silla tapizada en tela de flores coloridas. —Pero esto es más de lo que yo esperaba. —Tu responsabilidad es cuidar de Willy. montado sobre puntales giratorios. la más flamante de los residentes permanentes de Waverley.

Cuando salieron del cuarto de los niños y continuaron hacia la puerta del próximo del de huéspedes. ¿verdad? Me gustaría que me cuentes al respecto. —Porque una vez me dijiste algo. contándole de cada cosa que. si te vuelvo a ver haciendo eso otra vez. y otra vez a Agatha —. Cuando me marché de Kansas. Scott? Es en ese cuarto donde Justine suele visitar a Willy. Cuando Agatha llegó hasta ellos. Oyeron que los pasos del niño aminoraban y se lo imaginaron mirando hacia arriba. el caballo mecedora. Nadie se enfada. vuelve aquí! —gritó Scott. la vista a los establos.. Un día. ¿recuerdas? —No se acordaba.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Van Hoef dirige una harinera. ¿entendido? Willy se enfurruñó. —¡Date prisa. —¡No quiero! ¡Tú sola puedes mirar mi tonto cuarto! —¡Willy. Gussie? —No. . y Scott hizo una inspección breve. estaba furiosa. mejor. Puedes decirle a Pearl que te lo dije yo. pero Agatha lo tomó del brazo y negó con la cabeza. ¿qué tal si me muestras tu cuarto? A Willy le pareció que lo mejor era tomarse revancha. Willy se había adelantado y estaba inclinado sobre la baranda de la pasarela. ¿Sabes por qué está aquí. —¡Willy! ¡Bájate! Las risas burlonas del niño rebotaron en la enorme cúpula. Cristo. Scott iba tras él. tal vez no lo habría hecho jamás. quítalo de allí. y prosiguió—. ¡Qué diablos. —¡He dicho que te bajes. —Scott. —No tengo miedo. —Se encaminó hacia la puerta—. Pearl me anseñó a deslizarme por la baranda! —¿Qué? —Me anseñó.. comprendí el potencial que había en este sitio. Las palabras llegaron con perfecta claridad por la rotonda: —¿Por qué no me lo muestras tú. Entonces. exhibiéndose. Si no hubiese sido porque insististe en que volviera. y recordé tus palabras. pero si es encantador. de abajo arriba.. Todo lo hicisteis tú y los demás. Gussie! Agatha levantó la cabeza y contuvo el aliento.293 - . Oh. Willy siguió bajando la escalera. y lo vieron ocultarse más allá de la escalera curva.. balanceándose sobre la barriga. cuando estábamos hablando de Waverley.. Sólo le llevó unos segundos sacarlo de la baranda y depositarlo en el suelo. Te referiste a él como un tesoro nacional. no tenía idea de cómo haría para que Waverley fuese productivo otra vez. Todos. Y ahora. Recorrieron la habitación. en el suelo bajo. supieron que Willy estaba escuchando. —Enseñó. —Bueno. ansioso. y se lo considera uno de los cinco hombres más ricos de Massachusetts. y lo he dicho en serio! Willy se creía gracioso balanceándose en la balaustrada. no sé por qué te pones así. estaba seguro. Quería darte las gracias por instarme a regresar. —Jovencito. Willy estaría impaciente por mostrarle a Gussie: los juguetes. Y ésta fue la última vez que lo hiciste. te haré lustrar los husos uno por uno. estaba mirando por la ventana de la rotonda —miró hacia allí. —Pero yo no hice nada.

—De todos modos. junto a ella. con los ojos fijos en la cúpula octogonal que remataba la mansión como una corona resplandeciente sobre la cabeza de un monarca. —se paró en la entrada del dormitorio que estaba sobre el salón principal— . En el centro de la cabecera. No le agradaba en absoluto presenciarlo.. pero son muchos escalones. entre ellas. —Señaló el que estaba frente al de Willy—. —Señaló el cuarto este. ¿Todavía la añoraba? —¿No lo usas para ti? —No. formando parte del intrincado tallado. y un dibujo de bambú color albaricoque. similar al de las colgaduras de la cama. Jube y Marcus están arreglando el viejo mirador y se mudarán allí después de casarse. —Ah. con los dedos apoyados sobre el borde de la ventana. Subieron el último tramo de escalera que los llevó.. pero mejoramos una por una las cabañas de los esclavos. El dormitorio principal estaba decorado con el mismo tono de azul hielo del chaleco que Gandy usaba ese día. Agatha. Lo usaron mis padres. Y mañana llegarán huéspedes de Nueva York y les daremos ese cuarto. Así puedo alquilar éste. Una alfombra hecha a mano de un azul más intenso con un dibujo de color herrumbre en el borde cubría el centro del suelo original de pino. Sin saber por qué. A los postes de las esquinas estaban sujetas ondas de tul blanco y. se tambaleó. —¿Te gustaría contemplar la vista desde arriba? —preguntó. Es grandiosa. Delia.. abajo. Comparto el cuarto de Willy. después Delia y yo. al parecer sin inmutarse de cederles su cama a los extraños—. al fin. a la pasarela. —¿Ves ese campo. unos lazos también azul hielo. su perdida Delia. Tenía la sensación de que sería una profanación que entraran extraños en la gran cama Mallard. Y ahí. En las ventanas.294 - . quiero verla. El bronce y los hierros relucían. —Tú naciste aquí. —Sí.es el dormitorio principal. Los Van Hoef se instalaron aquí. —¿Vendrán pronto huéspedes que ocupen esta habitación? —La semana que viene. ahí? Lo señaló. armonizando con la araña. Agatha dudó en trasponer el umbral. su impaciencia por mostrarle todas sus posesiones.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Al principio. El dibujo se repetía en un par de sillas Chippendale enfrentadas. de palo rosa. al frente —. La chimenea estaba hecha de mármol de Carrara con un guardafuego de hierro forjado. donde había sido concebido el heredero de Waverley. con postes tallados a mano. una escalerilla portátil de tres escalones para subirse. Un tocador haciendo juego ocupaba casi toda una pared. ante las idénticas ventanas del frente y. se extendía la herencia de Scott. —Es impresionante. usamos todas las habitaciones de arriba para nosotros. con sus globos de cristal trabajados al agua fuerte. cuando reabrimos Waverley.. Vio que alzaba la barbilla. había una mesa con tapa de mármol. dominaba el espacio. Una alta cama con baldaquino. para que cada uno tuviese una casa propia. Percibió su orgullo. . y dejaba el resto expuesto. Y este. había un óvalo convexo firmado por Prudent Mallard.

Si quieres transformarte en un caballero cuando seas mayor. —No será tan elegante como la de White Springs. pasaron por los jardines ornamentales y el prado. Por eso está aquí Gussie. tendrás problemas. Deja de dar excusas. pero en medio del verano es un alivio después de un día caluroso. lo suficiente para que los huéspedes tengan una impresión de cómo era antes.295 - . alumbrado por pequeñas ventanas. en un extremo. al otro lado del camino. La piscina misma estaba hecha de ladrillo rojo y. —Y estarás preparado a la hora que te indique. No sucede por sí mismo. —¿Es fría? —Helada. ¿Entendido? —¿Y tú? —¿Yo? Oh. —¿De dónde proviene el agua? —De pozos artesianos. —Hemos plantado un poco de algodón. o al pueblo con las chicas... sentado en el último escalón. Gandy se dio la vuelta. Llegaron a la zona de la piscina y después a una construcción de madera pintada de blanco entre robles y nogales. y escúchame.. hacia el sendero de coches. ¿Quieres verla? —¡Me encantaría! Al llegar al suelo principal. tendrás que aprender. pienso llenarla de caballos. Agatha recordó la sensación de ingravidez. un tramo de anchos escalones de mármol para entrar. a veces tal vez te las dé yo. Pero antes de que hagas planes para ir con Zach a los establos. Tenía razón. —¿Y ves esa construcción al otro lado del camino? —Ahá. tienes que preguntar a Gussie si está de acuerdo. estaba fresco y umbroso. como hoy en la baranda. . —Ivory dice que va a enseñarme a nadar —anunció Willy. ¿Quieres venir con nosotros? Como seguía enfurruñado.. o al bosque con Jack. bueno. —¡Está bien! ¡Iré! Scott y Gussie intercambiaron una sonrisa disimulada. Scott rió. tocó el codo de Agatha y le indicó la puerta principal. Andando por el sendero de grava.. Y si te da una orden y no la obedeces. los tres juntos. hacía pucheros. A medida que pueda. se toparon con Willy que. Dentro. —¡Lecciones! Pero yo iba a. y ser inteligente y agradar a los demás. Les aclaré bien a todos que hay una sola persona que te dará órdenes: es Gussie. —Huele mucho mejor que White Springs. Gandy dijo: —Willy. —Ésa es la piscina. ¿Y ves esa pradera que baja hasta el río? —Miraron hacia el este—. —Vamos a ver la piscina.. y. hasta llegar a un punto desde el que miraban al sur. tócala. —¿Cómo podré estar listo si todavía no sé la hora? —Ésa será tu primera lección. mañana comenzarás a tomar lecciones con Gussie. y le encantó la idea de poder experimentarla cada vez que quisiera.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Sí. Fueron recorriendo la pasarela.

al anochecer. del pequeño. bautista. Oh.. la iglesia... lo que te parezca mejor. pensaba no darle más de tres horas de clase por día. Agatha miró a Gandy sobre la mesa. Reservaremos tiempo todos los días para las lecciones de natación. quieres decir? —Bueno.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿A nadar en serio? —preguntó Agatha—. antes de que construyeran la piscina. Si bien Gandy había dicho que Agatha sería la única encargada.. Por eso conseguía el trabajo de revisar los daños bajo el agua cuando era changador en los barcos fluviales. Esa noche. ¿no sólo a chapotear sino a nadar bien? ¿Con la cabeza en el agua? Scott respondió por él. —¿Y la pequeña iglesia blanca por la que pasamos cuando vinimos? —Es de los negros. no puedes descuidar la educación espiritual del niño. tres horas pueden ser como dos días para un adulto. —No asistió. Agatha preguntó si no había inconveniente en que Willy durmiese hasta más tarde y comenzara las clases a las diez. Scott. y de formar parte de la camaradería que reinaba en torno de la mesa. comenzó entre Agatha y Scott una cooperación inconsciente en lo que se refería a Willy. del hombre. —Entonces. Willy estará en buenas manos. —¿Tres horas? ¿Nada más? —se asombró Scott. no es que no quiera que vaya. Poco a poco. Willy estuvo asistiendo. Es un nadador resistente. se consultaban mutuamente cada asunto que concernía de manera directa a la crianza o el bienestar del chico. Quiero decir. casados o no». —Su semblante expresó decepción. sorprendido con la guardia baja. eh. Gussie. se acercó a él y le preguntó: —¿Qué me dices respecto de ir mañana a la iglesia? —¿La iglesia? —repitió. Tal como en la época de Kansas. sí. El sábado. cosa que hizo encogerse al hombre—. de niños.296 - . Agatha mandó a Willy a lavarse de nuevo las manos pues la primera vez no estaban demasiado limpias y. y no tenía sentido hacerlo levantar exageradamente temprano: al comienzo. pues estaría ocupada en otras tareas hasta esa hora. —¿De los negros? ¿Bautista. De ese modo. —¿Eso significa que estás de acuerdo en que le enseñe a Willy? —Totalmente. Gandy reforzó la orden con una sola exclamación: —¡Willy! El niño fue rezongando pero volvió con los nudillos inmaculados. es que la iglesia más cercana está en Columbus. Y gozó del momento. Mientras esté con Ivory. aumentaré el tiempo. pero para los negros. . —Ivory y yo solíamos ir a nadar juntos al río. está bien. como se quejó. —Para un chico de seis años. resultó diferente. para la cena. —Sí. A la mañana siguiente. y pensó: «Somos mejores padres que la mayoría. —Bueno. —Está bien. ¿no es verdad? Gandy carraspeó: —Bueno.

amplió la tarea y le asignó la de guiar en una gira por los establos y los campos a cada contingente que llegaba. Al comprenderlo. se adaptó y dejó que él se ocupara de corregir el error. no te echarán. firme. Leatrice. Gandy advirtió que Agatha se ruborizaba y le echaba una mirada fugaz. ¡Pero es de ellos! —¿Me echarán? —No. Era capaz de hablar con cualquiera. a Gandy la propuesta le resultó tentadora. era la imagen de la gentileza que los invitados habían imaginado al hacer las reservas para la mansión Waverley. pero rezará con nosotros. La primera vez que sucedió. Mose. no entiendes. Y para su sorpresa. se ocupó de presentarlos. La próxima vez tienes que venir con nosotros. Del mismo modo que había cautivado su corazón cuando lo conoció. las uñas lustradas y recortadas en forma de óvalos perfectos. —¿Lo habéis pasado bien? —preguntó. Willy siempre recibía propina. fueron mujeres como ella las que lograron que todo el Estado de Kansas apoyara la prohibición. de Kansas. Era placentero saber que estaba ahí. Era lógico que muchos de ellos los considerasen marido y mujer. el cabello siempre impecablemente peinado. Agatha y Willy fueron a la iglesia con Leatrice. A fin de cuentas. Gandy no se sorprendió de que Agatha se adaptara. Agatha encargó a Marcus que le fabricase una alcancía en forma de banjo. saliendo del cuarto. con las cuerdas sobre la ranura. En realidad. conocido o no. el pequeño que adoptó el amo. —Pero. en la galería norte. Emanaba un aire aristocrático que a las otras chicas les faltaba. reuniéndose con Gandy en el vestíbulo para abrir juntos la puerta principal y darles la bienvenida a todos los que se apeaban del coche. A partir de entonces. estaba esperándolos sentado en uno de los bancos de bois d'arc. usando el llamativo sombrero rosado. Con sus finos vestidos. —Éste es Willy. Zach.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Van Leatrice y Ruby? —Leatrice sí. y se dirigiesen a ellos como «el señor y la señora Gandy«. entonces le diré a Leatrice que Willy y yo iremos con ella. —Qué raro. —Bueno. Pero después. y la señorita Agatha Downing. Willy conquistaba a ricos industriales y a sus esposas minutos después de que hubiesen puesto los pies en la mansión. —¿Acaso no le rezamos al mismo Dios? ¿Qué importa si es bautista o presbiteriana? —No importa. orgullosa. Es que los blancos y los negros no se mezclan en la iglesia. ¿No crees que sería el lugar ideal para que lo hiciéramos? Así. Gussie. . levantándose cuando Agatha subió los escalones. Agatha se hizo un hábito de saludarlos cuando llegaban. Cuando regresaron.297 - . Agatha dio a Willy la responsabilidad de acompañar a cada recién llegado a la habitación correspondiente. Se acostumbró a levantar la vista desde el escritorio de la oficina para ver a Gussie trabajando en su habitación. Bertrissa y Caleb. —Es una iglesia pequeña y encantadora. Ruby no. pues comprendió que el encanto del niño en sí mismo ayudaría a que la gente volviera. Es presbiteriana. Los huéspedes la adoraban. confiable.

—Tiene sólo seis años. le enseñó a contar dólares y centavos. incómoda. procurando que tuviera cantidades similares de ambas cosas. Cuando Zach recortaba cascos de caballos o los herraba. cuando fuera mayor. para que al crecer fuese trabajador. sobre todo. la cantidad y el nombre de la persona que se la había dado. le enseñó el valor del ahorro. pero también capaz de divertirse. y Marcus. el chico aprendía los nombres de las herramientas. Un día. las chicas se escabullían hacia la piscina de ladrillos e iban a nadar sin otra cosa más que los calzones. Cuando Agatha cortó el vestido de boda de Jube. que no le fastidiaba ahorrar. y a Jube y Marcus. vio luces que titilaban en dirección de la piscina. aunque sí sabía los números y podía anotarlos él mismo. Agatha le hizo un libro de contabilidad en miniatura y le enseñó a ingresar cada propina que recibía. —Y aprendió junto conmigo que así es cómo opera la naturaleza para procrear. Fue la primera vez que no recibió su apoyo. le enseñó a usar la cinta de medir. —Y vio a Jube y Marcus. ¿Acaso eso no es también una lección? Demasiado avergonzada para mirarlo en la cara más tiempo. Agatha le pedía que le mostrase a Willy cómo lo hacía. cómo se había topado con Jube y Marcus cerca de la vieja curtiembre. el modo de ajustar la herradura.) Le explicó que. Trató de imaginar cómo sería experimentar esa paradisíaca levedad sin otra prenda que una fina ropa interior de algodón. y a sumar. Agatha misma le enseñó que jugar era la recompensa por trabajar. ¿Qué clase de enseñanza es ésa para un niño de seis años? —Están enamorados. mandaba a Willy con él para que aprendiera. Las tres horas diarias de trabajo formal con Willy no eran el único tiempo invertido en su educación. Y que. Pasó varias noches preguntándose qué habría visto Willy cuando los caballos se aparearon. le preguntó si era cierto . Gussie. Le contó cómo Prince y Cinnamon se mordisquearon y fingieron indiferencia antes de que el potro montara a la yegua con su gran pene que colgaba casi hasta el suelo. en ocasiones. acalorada y. Si Leatrice pelaba bagres. (Hasta que aprendiese a escribir. en lugar de explicárselo. Y también. poco antes de la boda. Willy también le enseñó cosas a ella. y cómo el joven levantó el vestido de la muchacha hasta la cintura y que ésta reía y corcoveaba como un potro cerril. Pero. le mostró cómo aceitar la máquina de coser. Las imágenes que bullían en su mente la dejaron desasosegada. sin duda reemplazaría a Scott en el manejo de Waverley. A Agatha la escandalizó la cantidad de cosas atrevidas que Willy había presenciado en ese lugar mientras andaba sin que nadie lo educase. aceptó escribir ella misma los nombres. al levantarse para abrir la ventana. como lo hacía él.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR de modo que sonaran cada vez que metía una moneda. Si alguno de los hombres iba a pescar. el ángulo apropiado del casco. cuando estaba probándole el vestido a Jube. huyó de la oficina. No veo nada de malo en que presencie cómo se aparean los caballos. Se le enseñaban modales siempre que la ocasión lo exigiera. —Son cosas naturales. y que tendría que aprender cómo llevar los libros. Al mismo tiempo. con la fecha. Estaba tan encantado cada vez que echaba una moneda.298 - . a petición de Agatha. y le habló a Scott al respecto.

Sin duda. fantasmales.. no era propio de una dama. Y a descansar en el agua tomando una gran bocanada de aire. Las chicas nadaban de un modo rudimentario. Jube dijo que sí. como si flotara sobre una nube en el cielo. Terminó demasiado pronto. Luego. y todos los huéspedes regulares de la mansión Waverley (a esa altura. se quitó la bata y bajó los escalones de mármol como una diosa de ébano desnuda. Y a sumergirse no muy hondo y emerger con la nariz por delante. paradisíacos. subía a la superficie y quedaba ahí. estaba helada. que gorgoteaba un poco. Agatha fue mucho más lenta para mojarse. todo estuvo listo y el ministro de la Iglesia Bautista de Leatrice aceptó celebrar la ceremonia. las dos se aliaron para vengarse de Jube y pronto las tres jugueteaban como niñas. sin más ropa que una delgada ropa interior bajo el camisón. en una dorada tarde de principios de abril: la familia de Gandy. se acostumbró a la temperatura como le había pasado en White Springs. con bata y todo. Llevaba puesta una combinación de algodón: una prenda sin mangas que se abotonaba en un hombro y en la ingle. y combinaba calzones y enagua en una sola prenda. y Agatha le pidió si podía ir con ellas la próxima vez. deslizándose por el camino como cuatro espectros. Fueron esa misma noche.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR que las chicas iban a nadar después del anochecer. Entre tanto. Le enseñaron a ponerse de espaldas. Se repitieron la ingravidez y el placer que recordaba. las tres habitaciones estaban ocupadas). y todos los antiguos esclavos que habían regresado parar ayudar a que la propiedad floreciera otra vez. Jube las salpicó. más frío y suave en el borde de la piscina. inocente—: ¿Alguna está asustada? Ruby la empujó. Llegaron a la casa de la piscina riendo entre dientes y encontraron el camino a tientas en la oscuridad. —Dos gritos agudos resonaron. seguida por Pearl.299 - . agitar los pies y usar las manos como si fuesen aletas de pescado. no. Se reunieron en la sala del frente. no estamos asustadas! ¡Acércate. así puedo tomarme la revancha! Ruby rió. una cerilla aplicada a la lámpara simple proyectó una tenue luz anaranjada sobre un rincón del gran recinto. Jube bromeó: —Miremos si hay mocasines de agua. Tal como Gandy había dicho. preguntó. Pero. y protestaron. El salón brindaba un marco espléndido para . en las paredes y la superficie del agua. los preparativos para la boda avanzaban. por fin. luego tocaron el mármol. estaba fresco. pero Agatha se prometió que volvería sin demora. Jube se volvió. Pero cuando se metió.. y desatando el nudo del cinturón. reteniéndola y sintiendo que subía. los camisones como manchones blancos bajo las magnolias gigantes. y que la cabaña del mirador estuviese habitable. la tierra húmeda se les pegaba a los pies. Y cómo soplar por la nariz para que no se le llenara de agua. Después. pero Agatha había hecho tan pocas cosas prohibidas en su vida que era un placer romper las reglas por una vez. andar descalza de noche. —¡Caramba. Llevó más tiempo del que pensaba terminar el vestido de Jube.

.. Él también deseaba eso. El reverendo Clarence T. El chico pasó la vista a Scott: —Bueno. estaba junto a Marcus que lucía elegante de gris. en toda la habitación. y cuan poca disfrutó desde aquel entonces. como tu fiel esposa. os declaro marido y mujer. y a la larga. Pero en cuanto abría la boca. Scott vio que Gussie sacaba un pañuelo de la manga. Tenían el futuro por delante. toda vestida de blanco. comprometiéndose a compartir el futuro. La mujer se inclinó hacia él. —Sí. y Gandy dijo: —Yo. hacía olvidar todo lo demás. y la túnica colgaba de su cuerpo flaco como una bandera en un día sin viento. corto de aliento. dejando de lado a todos los demás. a la pareja de novios. El ministro preguntó quién sería testigo de la unión. evocando el día en que él y Delia oyeron las mismas palabras en la misma alcoba. Jube sostenía un ramillete de azaleas blancas unidas por una sencilla cinta de satén blanco. Se habían colocado enormes ramos de azaleas rosadas sobre el piano y las mesas. La voz de bajo profundo resonaba como un tambor en la selva. le murmuró algo al oído. Marcus asintió y. Scott estaba abstraído contemplando a . benevolente.300 - . ¿Por qué llora? Pero no obtuvo respuesta. extendido como un camino dorado por el que sólo hacía falta que avanzaran de la mano. En la alcoba nupcial Jube. en la enfermedad y en la salud. ¿quieres por esposa a Jubilee Ann Bright. Usaba unas gafas redondas y no podía quedarse quieto ni cuando hablaba. El sacerdote le repitió la pregunta a Jube. Scott vio que Gussie se enjugaba los ojos. Ellos también estaban radiantes de felicidad. Marcus la tenía de la manO libre. con el rabillo del ojo. hasta que la muerte os separe? Responde asintiendo. «Queridos bienamados. Era un hombre delgado y alto.) El ministro preguntó: —Tú. para tenerla y sostenerla desde hoy en adelante. y el chico se calmó. Willy se removía. tanto afuera como adentro. Envidiaba a Marcus y Jube. mientras Ruby y Pearl entonaban «Dulce es el florecer primaveral del amor». el sacerdote accedió.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR la pareja nupcial. con el sol entrando oblicuo por las altas ventanas que daban al oeste y los arbustos de azalea repletos de flores. Entre él y Agatha. Pearl y Ruby dijeron a dúo: —Nosotras. su color. Ivory tocaba el piano. Marcus Charles Delahunt. Qué breve fue esa felicidad. en lo bueno y en lo malo. hacia la felicidad eterna. Oliver se adelantó y sonrió. y aseguró que no podía elegir entre las dos. Abrió la Biblia y la ceremonia comenzó. —En presencia de estos testigos. radiantes de amor. está llorando.» Gandy estaba cerca. como ahora Jube y Marcus. (Jube había insistido en tener dos testigos mujeres. quiero —respondió en voz baja. en la riqueza y en la pobreza. Willy miró a Gussie y murmuró: —¿Por qué lloras? Gandy le apretó el hombro. y con el poder que me confiere Dios.

Y absorto en el súbito palpitar enloquecido de su propio corazón.301 - . ¡Tendríamos que ser Gussie.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Agatha secarse los ojos. de perfil a él. de pronto. observando el juego del sol dorado sobre las brillantes ondas cobrizas de su pelo. la curva de la mandíbula. La convicción lo golpeó con tanta brusquedad como si. Willy y yo! . la lozanía de los labios que cubría a medias con el pañuelo. la vieja magnolia se hubiese caído sobre el tejado: Tendríamos que ser nosotros los que estuviésemos en esa alcoba.

La «familia» no era más que una lamentable troupe de descontentos que buscaban raíces. Ahora. Cuando se retiraban a la gran mesa del comedor y compartían la comida conversando alegremente. con la familia sustituta que lo rodeaba. en la vejez. estupefacto al comprender que Agatha Downing había conquistado su corazón. Y a menos que se equivocase. tratando de reemplazar la felicidad genuina de la vida familiar por la alegría ficticia de la vida nocturna. llenándose las fosas nasales con ese fresco aroma. ¿Y qué pasaba con él y Gussie? ¿Cuándo Scott fue más dichoso que cuando ella llegó a Waverley? ¿Quién había hecho más por hacerlo regresar a los valores en que lo habían educado? Tenerla ahí. completaba el cuadro que Scott tenía de Waverley redivivo. criar una hornada de hijos de ambos. sentarse en los bancos de la galería mientras los nietos daban maíz a los pavos reales. como madre de Willy. Las noches en que todos se reunían en la galería trasera y bebían mint juleps. Pero. que harían travesuras en los prados de los pavos reales. y verla sorber la sopa desde un rincón del comedor con los modales impecables que tanto admiraba. Jube y Marcus habían hallado los suyos uno en otro. constancia. Y ahora que estaba allí no quería que se fuera jamás. ¿cómo podía permanecer indiferente ante alguien que le había brindado tanta felicidad? Antes de Agatha. pronto Ivory y Ruby harían lo mismo. ver prosperar el negocio y compartir el éxito con ella. Cuando se encendían los picos de gas de iluminación y la casa resplandecía con una luz suave. y parecía que se deslizaban por el aire. objetivos en la vida. con una sucesión de barcos fluviales y tabernas donde apostaba y vendía whisky. cuando las muchachas cruzaban el prado con las faldas armadas de miriñaque. un corazón que había permanecido indiferente después de Delia. . Las noches. Sólo a partir de la llegada de Agatha fue tal como lo había imaginado. mientras Willy daba de comer a los pavos y los huéspedes se sentaban en los bancos de bois d'arc oliendo el césped recién cortado. quería contemplar el magnífico cabello caoba. y llenarían los cuartos hasta que estuviese obligado a agregar un ala a la casa. Scott vivía sin rumbo buscando conformarse con un romance insatisfactorio con Jube. quería estar seguro de que se acostaría con ella y se levantaría con ella. guiado siempre por los dos.302 - . influencia serena sobre las chicas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 21 Estuvo dos días pensando. LeMaster Scott Gandy quería a Agatha Downing por esposa. comprendía lo superficial de esa dicha. Quería ver crecer a Willy hasta que se convirtiera en un joven brillante y honesto. no había Willy ni Waverley. en retrospectiva. verlo encanecer al mismo tiempo que el suyo y. Lo que más le gustaba a Agatha era el anochecer. anfitriona de los huéspedes.

Empezó balanceándose. Pero los demás siguieron bailando como si no se percatasen de que. La hizo ponerse de pie y enlazó los dedos de ambos con firmeza mientras la acompañaba hasta la rotonda. Muy amable. donde otras tres parejas giraban con lentitud. —Para guardar las apariencias. se tambaleó y tuvo que aferrarse a la mano del compañero para no caer.. Agatha alzó la vista hacia la rotonda y le ardieron las mejillas. —Lo haremos muy lentamente. uno fluido a la derecha. Nadie espera que demuestres nada: limítate a disfrutarlo. ya sabes que no puedo bailar.303 - . Te aseguro que no te dolerá. levantó la vista. Gandy daba un paso cada tres de los otros bailarines. Se sentía muy torpe de frente a él. aquí. No recordaba haberse sentido tan avergonzada en toda su vida. Y Agatha levantaba la vista del bordado.. Scott dio un pequeño paso y Agatha se movió tarde. —Levantó la otra mano en la suya—. Y la otra. Scott rió y le atrapó la mano: —No acepto una negativa.. que cantaban canciones pastorales. aunque Agatha no quería levantar la cara. descubriendo que le resultaba mucho más fácil moverse en esa dirección. En ocasiones. —No. De .. y la araña proyectaba una luz ambarina sobre los hombros y las faldas siseaban con un sonido que parecía la hierba crecida agitada por el viento estival. Y cuando. —Confía en mí. —¿Cómo lo sabes? ¿Alguna vez lo intentaste? —Pero sabes. se le enfrió el rostro. Scott y los otros hombres sacaban a las damas a bailar el vals. ella le correspondió con una sonrisa vacilante.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Después. con las mejillas como tomates maduros y las manos no acostumbradas a la posición del vals. De todos modos. poco después de la boda. Marcus con el banjo y las muchachas. Relájate. Como él le sonreía. mientras Willy se sentaba en el tercer escalón. sonriéndole. tocaba la armónica y marcaba el ritmo con el pie bajo la serena interpretación de Ivory. Scott se detuvo ante ella y le hizo una profunda reverencia: —Señorita Downing. Scott. Ven. Scott—susurró. —Por favor. Con esfuerzo. hacían música en el salón: Ivory al piano. —Le arrebató el bastidor y lo dejó sobre el sofá—. premiosa—. abandonaba las manos sobre el regazo y se perdía en el encanto de las elegantes parejas que siempre despertaban una sensación de nostalgia en su pecho. Agatha siguió el paciente balanceo del hombre: daba un paso torpe hacia la izquierda. Entonces. había una inválida. —Yo. he bailado tanto que tengo los pies destrozados. —Una aquí —le indicó. ¿me concedería esta pieza? El corazón se le estremeció y sintió calor en el cuello. entre ellos. señor.. fingiendo un tono afectado y usando el bastidor de bordar como abanico —. Gandy dio un paso hacia el otro lado y ella lo adivinó. No se parecía mucho a un vals. Hasta que. poniéndole la mano izquierda sobre su propio hombro—.. al fin. pero no importaba. decidió seguirle el juego. una tarde. bailaban con los invitados sobre el lustroso suelo de pino de la gran rotonda. La sostenía con firmeza y seguridad.

Saboreó esos momentos dichosos. de amor. —pensó Agatha—. encima de la oreja derecha. La mano izquierda de Scott seguía en la cintura de la mujer. —Willy dio vuelta a la mano y Agatha apoyó la suya en ella. Agatha fue hasta el vestidor. vio cómo plegaba con pulcritud los pantalones. —¿Necesitáis ayuda por aquí? . Cuando el niño iba a acostarse. poder brincar por la pista de baile riendo y echándose atrás. ante quien podía admitir su propia fragilidad y hasta qué punto la afectaba emocionalmente. Encontró la camisa de noche y preparó una camisa y un calzón limpios para el día siguiente. los ojos oscuros. como le había enseñado. el juego de la luz ambarina sobre el rostro del hombre. quebrando la cintura. y se lo pasó por el pelo. la mano pequeña y húmeda en la suya. como solía hacer. pasó el pulgar por las cerdas. mientras veía la araña girar y girar encima de ellos. Y era así con todo el mundo. le había brindado los regalos de nadar y bailar. alegres. «Así tendría que ser. Y que Scott fuese más allá de su torpeza y le hubiese obsequiado con algo más valioso que todas las coronas con piedras preciosas del mundo. —¡Gussie. juicioso y honesto. Y sabiéndolo.304 - . La impresionó saber que él era tan bello por dentro como por fuera. con aire complacido. Era una de esas raras personas que juzgaban a la gente por lo que sabían de ella y no por lo que veían. y así bailaron los tres. los tres juntos». los almacenó para conservarlos en la memoria y sacarlos luego para revivirlos: la tibieza de la mano de Scott en su espalda. Era la primera persona con la que Agatha podía relajarse por completo. cualquiera puede. Un hombre tan hermoso merecía una mujer perfecta. levantó el cepillo para el pelo. —¿Te parece que yo podría? —Si yo puedo. No importaba que tuviese que aferrarse al hombro y a la mano del compañero con un poco más de fuerza que las otras. Agatha subió con Willy. inclinando la cabeza. era el único momento del día en que subía las escaleras. hasta donde lo permitía el rodete francés. —Dale tu mano izquierda a Gussie —le indicó—. vagando entre las cosas de Scott. y Scott. Esperaba que la gente lo aceptara como era. Era benévolo. No se ponía un sombrero para complacer a una persona y otro para complacer a otra. Mientras se ponía la ropa de dormir. Deseó con fervor ser graciosa y estar sana para él. Los ojos. Cuando la danza terminó. pero de felicidad en lugar de vergüenza. dos libertades que jamás había esperado conocer. generoso. No. no importó que en realidad no estuviese valseando. con la palma hacia arriba. Lo único que importaba era que estaba sobre una pista de baile por primera vez en la vida. Scott se inclinó y lo levantó. la risa feliz de Willy. Él lo esperaba y ella lo disfrutaba. los hoyuelos cuando sonreía. no sabía que podías bailar! —exclamó Willy. Willy riendo. la firmeza del hombro bajo su mano.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR súbito. desde su lugar en el escalón. El corazón le desbordó de gratitud. Canturreando la melodía que habían bailado. Agatha le sonrió con las mejillas encendidas. —Yo tampoco. porque eso era lo que él hacía. Agatha resplandeciente. El chico bajó de prisa el escalón y se abrió paso entre las otras faldas armadas de miriñaque.

Scott siempre estaba en la oficina cuando ella pasaba ante la puerta. Querrás. jovencito. Bueno. —Querrá. muchacho. Pero esa noche. arrodillándose junto a Scott y tendiendo los brazos a Agatha. mientras Scott se desabotonaba lentamente la camisa y la sacaba fuera de los pantalones. acomodaba la red alrededor de la cama y apagaba la luz. —Buenas noches. Por lo general. Tenía la costumbre de irse a su propio cuarto en cuanto cumplía con todos esos rituales. —Buenas noches —respondía él. fumando un puro o jugueteando con la pluma. Se reunirían en la gran cama con baldaquino en la que él había sido concebido. La incomodidad le provocó a Agatha pequeños estremecimientos en la parte de atrás de las piernas. le mullía la almohada.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Soltó el cepillo con ruido y se dio vuelta hacia la puerta. ¿no es cierto. sin dejar de sonreír. Entonces. y ahora. Recorrió lánguidamente con la mirada desde el rostro ruboroso hasta el cepillo. —Primero un beso —exigió. Gussie? La observó. y él diría: —Al fin —y harían juntos lo que.305 - . Scott apareció en el cuarto de Willy y acomodó la red en el otro lado de la cama. ¿eh? —¿Podemos hacerlo otra vez mañana por la noche? —Si Gussie quiere. —¡Me gusta bailar! Scott rió y le revolvió el cabello. le daba el beso de las buenas noches. éste bajaba corriendo hasta la oficina. ninguna mujer debía perderse. Scott . Agatha solía gritarle asomada a la baranda: —¿Qué estás haciendo ahí abajo? Y Willy subía arrastrando los pies. lo sorprendía mirándola. Una vez allí. —Buenas noches —decía. con aire de perseguido. interponiéndose entre los dos. se pondría un fino camisón con encaje en la parte superior y. La conciencia de sí se agudizó. y al rostro otra vez. que cuando terminaran de darle las buenas noches Scott la tomaría de la mano y la llevaría. Willy se arrojó entre sus brazos y le dio un beso entusiasta. acuéstate. —Desde luego. Se inclinó para recibir el beso y el abrazo de costumbre. con el peso sobre una cadera. La pierna de Agatha chocó con la rodilla de Scott y las faldas cubrieron el pantalón. —Te gusta. Y las puertas se corrían con un leve topetazo. Y cuando se daba la vuelta para cerrar la puerta. la invadió una fantasía tan vital como el aire: que Willy era de los dos. —Se atareó con Willy—. al mirar en torno hallaría los ojos oscuros siguiendo cada uno de sus movimientos. Nunca había subido mientras hacía acostar a Willy. Al ver a Scott correr la cortina. por la pasarela elevada. Scott se recostó en el marco de la puerta. bebía un último sorbo de agua y demoraba lo más posible la hora de acostarse. se soltaría el cabello y lo alisaría con el cepillo que compartían. Willy se tiró hacia atrás y los dos adultos se incorporaron. al dormitorio principal. le daba un beso de buenas noches. Pero lo que sucedió fue que bajaron la escalera curva. luego la rodeó y se sentó en el borde. Los hoyuelos eran tan marcados como las tachuelas del tapizado de una silla. según Violet.

mucho. Agatha lanzó una risa suave. —¿Tú duermes cuando te acuestas tan temprano? —A veces. y permaneció ahí como una tonta. —Sí. —¿Y qué haces? —Leo. a menos de un metro. Agatha se detuvo y al mirar lo encontró parado en la puerta de la oficina. —¿Te molesta si bebo una copa de coñac? —En absoluto. —Oh —dijo Agatha. mientras recorría la habitación observando los muebles. —Siéntate. —No es necesario que me lo agradezcas: eras la persona lógica. mientras Gandy llenaba un vaso e iba a sentarse en una silla de cuero. aludiendo al primer tema que se le ocurrió. O coso. Cuando se acomodó. viene aquí cuando estoy trabajando y lee en voz alta. —Es brillante. Gussie. ¿Cuántas veces ansió hacerlo otra vez? —Me encantará. un juego de pipas de barro dentro de uno de los gabinetes con puertas de cristal.. Olió el tabaco antes de darse la vuelta. Pero cuando las puertas se corrieron a unos centímetros del otro.. sobre mi hombro. aun cuando oscurece. Gandy retrocedió para cederle el paso a la oficina y. la iluminación es tan buena que es un placer hacerlo. aprende rápido.. no siempre. bueno. Eligió para hacerlo un sillón de respaldo con orejas de color verde espuma. el retrato de los padres en una pared.306 - . Y al llegar a la oficina Scott se volvió. —A mí me resulta difícil dormir si me acuesto antes de las once. —¿Te molesta? —¿Que si me molesta? ¿Qué la llevaría a hacer semejante pregunta? Por mucho que lo hubiese pensado. se interrumpió. Como hacían en los escalones. —Es decir. preguntándose si podría verle latir el pulso desde el otro lado. oyendo a los coyotes. —Le gusta alardear.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR adaptándose al paso de ella. Oyó detrás de sí el humidificador que se cerraba. se aflojó el nudo de la corbata y desabrochó el botón del cuello. ¿no? Gandy también rió. Aquí. Creo que le resulta provechoso saber a quién obedecer. —¿Qué? —inquirió. Agatha sintió la mirada en la espalda. raspar una cerilla. —Sí. Marcus y Jube están felices —dijo la mujer. —¿Te gustaría venir un rato a mi oficina? Podríamos conversar. Agatha fue hacia su propio dormitorio. —Pensaba darte las gracias por concederme autoridad sobre él. —Veo a Willy mucho mejor desde que estás tú. —¿Tienes sueño? —En absoluto. contemplándola otra vez. . tendría que haberse mordido la lengua. como Jube era.. Ya no había nada más que decir al respecto. Incómoda. —Al parecer.

Al pasar ante la oficina de Scott. de Colorado Springs y su esposa. pero seguían comportándose como recién casados. Jesse DuFrayne dijo: —Salimos a dar un paseo. lo hiciste. Le dije a Jess que tenemos que regresar el año próximo. O tal vez prefieras cabalgar. Agatha pensó: «Si Scott fuese mío. El matrimonio volvió de la mutua contemplación a la realidad con visible esfuerzo. —Olvídalo. —Sí —contestó Gandy. Scott terminó la bebida y apagó el cigarro. mientras la pareja subía la escalera con las manos juntas... no sé muy bien lo que quieres decir.. yo también tendría que irme a la cama —Agatha se movió . Ya nadie más entraría por el foyer esa noche. no bailé. —Bueno. ¿Qué es? —Jazmín —respondió Agatha.. Después. —¿Considerado? —Le dirigió una mirada firme—. el señor DuFrayne. Cuando los pasos dejaron de sonar arriba. —Buenas noches —dijeron Scott y Agatha a dúo. —Tampoco creíste poder bailar y. distraído. las cejas marcándole una expresión confusa. Se abrió la puerta del frente y entraron los huéspedes. Pensó en ello como algo que él le daba. varios segundos. aunque fue muy considerado de tu parte fingir lo contrario. no he pasado por ahí. Esperaban su primer hijo. —Deberías hacer una caminata hasta allí. —Deberías intentarlo. Los dos sabían que los DuFrayne eran los últimos que estaban despiertos. Hablaremos de temas más seguros. lo trataría tal como trata la señora DuFrayne a su esposo». —Y hay un aroma dulcísimo en el aire —agregó Abigail DuFrayne—. quiero decir. no algo que disfrutaba. El algodón. en mi vida.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Mi amante. apartó la vista y revolvió la ceniza en el cenicero. como si el resto del mundo se hubiese esfumado. ¿Acaso no se te ocurrió que yo quería bailar contigo? No. y tú lo sabes tanto como yo. la oficina quedó en silencio. y Gussie sintió una punzada de celos al ver que el esposo le apoyaba la mano en el cuello y ella le sonreía mirándolo a los ojos. —Este lugar es paradisíaco—repuso la señora DuFrayne—. pero él bebió un sorbo de whisky.. —Bueno. no se le ocurrió. Es una noche hermosa. entonces. buenas noches. ¿A ti te molesta? —¡A mí! Le dirigió una mirada repentina.. sin embargo. y Abigail dijo: —Bueno. —En realidad. Sonrió sobre el hombro al esposo. y ahora es la esposa de Marcus? Para nada. ¿te molesta? —No. —No creo que pueda. un barón de los ferrocarriles.307 - . Gandy la observó. ¿Cabalgaste alguna vez desde que estás aquí? —Nunca cabalgué. ¿Viste el algodón? ¡Ya me llega a las rodillas! —No.

Gussie —murmuró. Se levantó con aire despreocupado.. tirante. aunque él los cerró y se demoró rozándole la piel con el bigote. Parada entre las puertas corredizas. despertó excitada. la terrible humedad le hacía brotar sudor de la frente. y el más intenso todavía de volver a pedir más. se inclinó hacia adelante y. expectante. ya que Agatha.308 - . El único otro lugar en que la tocaba eran las rodillas. un mechón irritante se le caía sobre el mentón. como si fuera a recordarle que había que comprar una lista de productos. donde sus piernas aplastaban la falda. sentador. Se sintió mareada y apoyó la espalda contra la puerta. ¿Era así como empezaba el noviazgo? ¿O la seducción? ¿Y acaso le importaba cuál de las dos fuese? A la mañana siguiente. el matiz cobrizo del cabello y la tersura de la piel. se enjuagó con vinagre y. pasó por el mismo ritual. Al manotear hacia un costado para alejarlas. se puso el vestido verde que acentuaba la claridad de los ojos. iría al pueblo. con un aire tal de desapego: Espera un minuto. Como había llovido durante la noche. la expresión de los dos era intensa. —¡Dos semanas! ¡En Kentucky! El universo se tornó azul y vacío. se puso un sencillo vestido de tartán gris con cuello blanco. El sol era feroz. y tuvo que acostarse desanimada y afligida. se enganchó los botones de la muñeca en el pelo y desarmó la pulcra torzada francesa tras lo cual. Hay algo más. pues al llegar al comedor supo que Scott había partido al amanecer y no volvería por dos semanas. Esos catorce días parecieron interminables. se metió en su cuarto.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR hacia el borde de la silla. La noche del decimotercero.. para luego levantarse y acompañarla hasta la puerta. cerró las puertas y dejó que crecieran las oleadas de emoción. zumbando. la miró a los ojos. se lavó el cabello. Después. porque ella y Willy estudiarían hierbas en el jardín mientras las juntaban para Leatrice. Durante todo el recorrido de la rotonda contuvo el anhelo de tocarse los labios. Hay algo más. la besó con indolencia. el decimocuarto lo peinó alto. y se vistió con infinito cuidado. Encerrándola entre los codos. . inútilmente. Estaba comprando caballos en Kentucky. la oscuridad de las pestañas. pensando qué le habría dado para hacer algo semejante. apoyando las manos en los brazos de la silla. tocándole los labios con la lengua que sabía a humo. deteniéndola cuando comenzaba a levantarse—. se dio la vuelta y lo contempló maravillada. El beso fue moroso pero tierno. —Espera un minuto —le dijo. se detuvo delante de la silla. Pero él no regresó. —Que duermas bien. a la que de inmediato acudían las moscas. Agatha se sorprendió tanto que dejó los ojos abiertos. El día decimoquinto. Cada vez que se abría la puerta del frente. Agatha se olvidó el sombrero. de todos modos. sin hablar. Alzó el rostro hacia el techo y exhaló una breve carcajada silenciosa. El día decimosexto. sentía que el corazón le daba un golpe en la garganta y el pulso adquiría un ritmo enloquecido. y la dejó aturdida.

el jardín estaba del lado opuesto que la casa. puso un dedo flexionado bajo el mentón de la mujer y le sacó la tierra con el pulgar. el cabello desordenado. siempre a paso tranquilo. Levantó la vista y. —Te eché de menos —dijo. Agatha se sonrojó. tensa y asustada. pegajoso. sentada en una silla baja «de desmalezar». —¿Estuviste contándolos? —Sí. Estamos estudiando las hierbas. así fue como la encontró Gandy. una mancha de tierra en la barbilla y una cesta plana sobre el regazo. de todos modos. en medio de la sombra verde de las magnolias silvestres que abundaban cerca del Tombigbee. —Sí.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Por supuesto. aunque sin apartar la mirada de Agatha. sin preámbulos. en Kansas. Gandy había pasado una mañana despejando con guadaña los senderos por donde se cabalgaba. y salían a cabalgar todos los días. Scott la subió y fue caminando junto a Pansy alrededor de la pista. fugaz. ¿Pueden esperar las hierbas? —Asintió. la angélica. y deseó sumergirse en la piscina y no salir hasta tener el aspecto que tenía dos días antes. le dio un beso leve. El hombre alto frotó con afecto la cabeza del niño. Junio fue tórrido. —Con que hierbas. —Has tardado dos días más. ven. Llegó el momento en que tomó las riendas y guió al animal por sí misma. —Hola —pudo decir. y por eso no supo que había regresado hasta que la sombra de Scott cayó sobré ella. al lado del de Scott. —¡Hola. Scott se apoyó en una rodilla. —¿A mí? —susurró. levantando una mano para protegerse los ojos—. enseñándole a Agatha a relajarse y a disfrutar del paso tranquilo del animal. bajo la sombra de los pecaneros. los brazos en jarras y una rodilla adelantada. ¿eh? —Sí. pero los besos fugaces no se repitieron. sintió que el sudor le corría por los costados. Había olvidado lo rápido que crecían en . Estaba preocupada. entre las hileras de albahaca y consuelda. atontada. y Agatha siguió preguntándose con qué objeto la cortejaba. Has vuelto. por los lindes de los campos de algodón sin usar. —Hola. mientras el pulgar del hombre seguía acariciándole el mentón—. pues se ponía rígida. La yegua más tranquila que pude encontrar. ante la vista y los oídos de Willy. donde los caballos agachaban las cabezas para beber. —Te traje algo —le dijo Scott en voz queda. manchas oscuras de sudor en las axilas. Y así fue como le dio el tercer regalo de las tres cosas inaccesibles que Agatha había mencionado tanto tiempo atrás. Pero. con el vestido verde y el cabello brillante y recogido en lo alto. rodeados los dos del aroma del eneldo. Scotty! —intervino Willy—. y te encantará. Sin soltarla. la saxifragia y la menta que brotaban mezclados de la tierra humeante. en el rellano. sintió el conocido terremoto en el pecho. Terminó mayo y empezó junio. Del camino de entrada de coches. al verlo erguido ante ella. En ese caso. Tienes que conocerla. Se llama Pansy.309 - . Era malísima para cabalgar.

y la larga línea de humedad en el centro de la espalda. Olvidó que sus propias manos estaban congelándose. se puso a chupar su propio trozo de hielo. y Agatha captó el olor de la transpiración. Scott se quitó el hielo de la boca. nunca lo había visto tan sucio. En los bosques. y tampoco la cara. camino a la fábrica de hielo. No tenía las manos muy limpias. el hombre salió. Bajando cinco escalones. y salió a la luz cegadora del mediodía. El sudor le corría por el centro de la espalda. Dejó a Prince en el abrevadero y. —Ten. entró en una construcción de piedra. Agatha le devolvió la sonrisa bajo su propio sombrero sencillo de paja. donde caían las gotas de hielo derretido. hace calor. En el transcurso del año que lo conocía. —De repente. y olía a serrín húmedo. chocó con Agatha y casi la hizo caer. Le sonrió bajo el ala del sombrero más mugriento que le había visto usar. Quitó una parte con la bota polvorienta. se limpió con el dorso de la mano y . fácil de chupar. Llevaba puesto un polvoriento sombrero de ala ancha. —Ahora estás en el Sur. mientras se le derretía entre los dedos. los claros ojos fijos en el erizado vello negro del pecho. clavó la pica en el marco de la puerta y la cerró. cuando se dio la vuelta para bajar de nuevo los escalones. Las manos de Scott no estaban más limpias que antes. Te he cortado uno bien puntiagudo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR verano las enredaderas de kudzú. y aún no eran las once.310 - . Agatha vio los anillos de humedad bajo los brazos de la camisa blanca suelta. eran tenaces obstáculos para los pies si no se las cortaba con regularidad. —Disculpa. Dentro estaba oscuro y fresco. mitad de hombre. mitad de caballo. Montado en Prince. en el marco de la puerta. —No miraste. miró el termómetro: ya hacía treinta y tres grados. y arrancó un piquete para hielo del marco de madera de la puerta. Toma. La sujetó para que no se cayera. Sin ceremonias. —Gussie. sacó un pañuelo del bolsillo y se secó el cuello. Caramba. con el mango de la guadaña sobre los muslos. Estaba surcada de sudor. que quedó vibrando. ten esto mientras yo busco más. Después. Es de esperar que haga calor. Para ser junio. picó un trozo agudo de hielo. Oyó los golpes sordos y rítmicos de la pica sobre el hielo. hacía un calor espantoso. tenía polvo en las arrugas de las comisuras de los ojos. formándole arroyuelos de barro en las manos. ¿Estás bien? —Sí. Cuando arrancó el picahielo de la puerta. no te vi. Agatha lo observaba fascinada. Tenía los pantalones pegados a las piernas. —¿Viniste a buscar lo mismo que yo acabo de tomar? —Necesitaba algo. donde por lo general quedaban olvidadas. Intercambiaron los trozos. le puso el trozo de hielo en las manos—. volvió a cubrirlo de serrín del mismo modo. chupando el hielo. Se tironeó del vestido como si quisiera arrancárselo del pecho. y eso le daba una sensación de intimidad que provocaba extrañas sensaciones en su interior. Clavó el picahielo. Eran capaces de estrangular un jardín entero en pocos días. con la banda empapada en transpiración. Cuando terminó de subir.

demasiado impaciente para esperar que Mose hablara. lo recordó. —¡Por Dios. haciendo reír a Scott. sonriente. encendió el cigarro y pensó en la noche en que adoptó la misma postura en el pequeño y lamentable rellano que compartía con . —Dime de qué se trata. fumando la pipa y pelando maíz. Vinieron del cementerio. —Esta vez. Llevaban una luz y buscaban gente para hundirla en el agua. Como la casa está repleta. A su lado. iré a ver si Leatrice tiene té frío. se fueron a la casa de baños. A la noche siguiente. —Quizá se muden. Retrocedió. Cuéntale. ¿no? —Porque uso mi asafétida. No tienen forma. —Eso es ridículo. —También aseguraste que había fantasmas en la casa. Las sábanas parecían húmedas y el mosquitero impedía el paso del aire. Fue descalzo hasta la galería de arriba. Dio un único lengüetazo frío a los labios de la mujer. ¿Noviazgo o seducción? Fuera cual fuese. escucha —dijo Gandy. —Bueno. es agradable. en mitad de la noche. Scott se levantó. mujer. Te veo a la hora de la cena. También oí unas risas fuertes. —Lo siento —dijo. te morirás de un ataque al corazón! —Un ataque al corazón no me asusta ni la mitad de lo que Mose acaba de contarme. por eso. Luces titilando por ahí abajo. pero desde que entras ahí no volviste a verlos. Mose. Era posible. no coincidía con las ideas preconcebidas de Agatha. Willy estaba inquieto. —Yo los vi. como al pasar—.311 - . Ahí dentro debía de hacer cerca de cuarenta grados. se sacó el hielo y le quitó una brizna de serrín. Los vi flotando como la neblina. —¡En la piscina! —Mose los vio. Y la dejó ahí. y encontró un puro en el bolsillo del chaleco. Apoyó un pie en la baranda. se puso los pantalones. eso fue. Agatha lamió otra vez y sonrió. —Mose los vio. Pero con ese arreglo dejaban libres más dormitorios para los huéspedes. pero la perspectiva de un beso inesperado le aceleraba la sangre cada vez que lo veía. —¿De qué habla? —Yo los vi. El tiempo caluroso proseguía. y deseó tener un cuarto para él solo. Hacía tiempo ya que Gandy no era testigo de ninguna manifestación de los espíritus en la mansión. —Un poco de serrín no hace mal a nadie. Gandy encontró a Leatrice en la cocina con Mose. Mose no abrió la boca. cuando todos en la casa duermen.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR le dijo: —Adelante. hay fantasmas en la piscina —afirmó Leatrice. como chillidos de búhos. atónita. sacó serrín y escupió. blancos y movedizos. Le estampó un beso con menos premeditación que en las dos ocasiones previas. Dio una lamida. como no podía dormir.

¿quién te oiría si pidieras auxilio? —No pensé que te enfadarías. las ranas emitían toda una escala de notas. ¿Espectros? Tal vez Mose y Leatrice tenían razón otra vez. Gussie. maldijo el pegote y siguió adelante. O podría darte un calambre y. se dirigía al otro extremo de la piscina con movimientos lentos y fluidos. es una idea bastante tonta. inmóvil. Se oyó el grito amortiguado de un búho y levantó la cabeza. pero puso los brazos en jarras. los pies separados. podría haber serpientes en el agua! —Irritado. Y no me gusta que estés aquí. Parecía que alguien estuviese nadando. En un periquete. La luz era firme. Esperó hasta que estuviese casi junto a él antes de hablar. cuando aullan los coyotes. Una mujer. Agosto o septiembre. De todos modos. . Se acercó a hurtadillas al edificio. Sobre los escalones de mármol había una lámpara. el rostro ceñudo. hizo pie y lo miró con la boca abierta. empuñando la pistola en la mano derecha. aunque parecía tanto tiempo atrás. éste es nuestro fantasma. pisó un caracol. Scott se quedó tenso. Bajó el volumen. —¡Yo! ¿Qué rayos haces tú aquí. La mano que llevaba el arma se relajó y respiró con más calma. El aire estaba denso. señaló el arma—. un arma en la mano. —¡No estoy enfadado! —Estás gritando. Afuera no estaba más fresco que adentro. No se oían voces ni ninguna otra clase de movimientos. En el otro extremo. sola. bajó las escaleras. Bajó el pie de la baranda y se sacó el cigarro de la boca. En el río. Sólo cuando buscaba la pistola en el cajón del escritorio. —¡Scott! ¿Qué estás haciendo aquí? Cruzó los brazos sobre el pecho y se metió bajo el agua. —Pues. que sintió fría contra los hombros desnudos. sólo un blando chapoteo. —¿No debería estar aquí? —¡Por todos los diablos. emergió asomando primero la nariz.312 - . vestida sólo con una combinación. se sacó el agua del rostro y nadó en dirección al hombre. la mujer se sumergió. sólo había pasado poco más de un año. entonces. Alguien estaba nadando. en silencio. Ya podía verla emergiendo por la ventana de la casa de baños. Aguzó el oído. se aferró al borde con los dedos de los pies. en mitad de la noche? Agatha sacó una mano del agua para alisarse el pelo. con la espalda contra la pared exterior. sin otra prenda encima que los pantalones negros.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Agatha en Proffitt. Señor. desde el pitido agudo de las arbóreas hasta el ladrido bajo de las ranas toro. el semblante era diabólico. y aguardó. de espaldas. se dio cuenta de que no le serviría de mucho contra un fantasma. —Así que. Agatha giró velozmente. Cara abajo. En el extremo distante del sendero titiló una luz. Había sido en agosto. Se acercó a ella. la tomó: no podía saber con qué podría toparse en la casa de la piscina. Caminando descalzo por la hierba húmeda. y no se había percatado de su presencia. Se aflojó y apareció en el vano iluminado. Iluminado desde abajo.

están los huéspedes y como no tenemos trajes de baño apropiados. No está bien que estés aquí. Pero los siguientes diez minutos que compartieron la piscina. Antes de que pudiese protestar. Estaba chapoteando boca abajo. Gandy esbozó una semisonrisa. —Te dije que no tengo la ropa apropiada. pero las piernas eran una mancha difusa. Pero como vengo a nadar con regularidad. Si regresas a la casa. Dio una limpia zambullida y salió tres metros más allá. —¡Las chicas! Debí imaginar que estaban detrás de esto. Scott. ya te he visto en camisón.. —Y hacía tanto calor que no podía dormir. —Tengo una idea mejor. dices? ¿Cuánto hace? —Poco después que llegué a Waverley. —¿Y bien? —Nosotras.. entiendo. le dijo: —Ven. lo que me hizo salir a la galería?» —El agua tan fría. —Me enseñaron a nadar. absorto en el placer físico del ejercicio. —Oh. lo agitó. no estoy molesto contigo porque uses la piscina. ¿Qué te parece si me meto yo? Es una noche calurosa. pero no se movió mientras él iba hacia el extremo de la piscina con enérgicas brazadas. se interrumpió. ¿no te produce dolor en la cadera? —A veces. y yo tampoco podía dormir. —Por favor. En la tercera pasada. —Ah. «Yo tampoco. por eso. creo que me hace bien. Me vendría bien un chapuzón. Ocupaba un costado de la piscina. vengo con las chicas. Arrancó otra vez y la dejó atrás. yo saldré. Dio la vuelta y se dirigió hacia ella. se aferró el cuello de la ropa. sino porque la usas de noche. En ocasiones.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —No siempre vengo sola. y eso no es seguro. —¿Con regularidad. Scott. ¿No fue eso. y apartó la vista.313 - . —¡Scott! Pero no le hizo caso. —¿Y por qué de noche? ¿Por qué no lo haces de día? Cruzó los brazos con más fuerza.. —Ya veo. —pensó Scott—. dejó el arma y bajó chapoteando los escalones. y Agatha decidió que sería correcto que ella usara el otro. acaso. Se ablandó un tanto. por el contraste. sólo dejó asomar la cabeza. Scott metió un pie en el agua. y en las vigas de madera del techo los reflejos de la linterna danzaban como luciérnagas. Sintiéndose culpable. Cuando acabo de meterme. demonios. cuando la cabeza del hombre .. Se interrumpió otra vez y lo miró. —De día. —Gussie. El agua le chorreaba del pelo con un goteo amplificado. pasando sin detenerse. —¡Aaaah! Agatha rió. Scott escudriñó bajo el agua. lanzando una exclamación.

Te acompañaré de vuelta a la casa. se ponía la bata sobre la piel todavía húmeda y la ropa interior empapada. puedes usar esto antes de que me seque el cabello. Los pies descalzos sonaban como sordos golpes de tambor en el suelo hueco de la galería. temblorosa. —Te daré la espalda. —Gracias. Lo hizo. entonces. inclinándose desde la cintura. —¿Ya es suficiente? —preguntó. Scott dijo: —Leatrice cree que eres un fantasma. Le contó a Leatrice que ese sitio estaba encantado. Pero podríamos reservar un tiempo durante el día para que tú y las chicas tuvierais la piscina para vosotras solas. Scott. como la de una tortuga. subió los escalones y la depositó arriba. —Sí. Enseguida Agatha se avergonzó e. sonriendo. mientras se pasaba la toalla por la piel desnuda y le daba un rápido repaso a la cabeza. con el coro de ranas como acompañamiento. Gandy recorrió una vez más el cuerpo de la mujer con la mirada. Pensó. convirtiéndolo en una tenue cinta gris. y luego se posó en la pistola y la lámpara. y salió la primera. —¿Podríamos? —¿Por qué no? Es mucho más sensato que hacerlo de noche. . dejándose el pelo erizado como púas. Miró sobre el hombro y aceptó la toalla. De los jardines llegaba el perfume de las plantas que florecían de noche. Ya tengo frío. —Sal.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR emergió junto a ella. La tomó de la muñeca y comenzó a sacarla del agua. Una delgada tajada de luna iluminaba el camino. entraron otra vez en la luz pálida de la luna. divertida: «No cabe duda de que los hombres son menos delicados que nosotras en su arreglo personal». La mujer retrocedió y se aferró otra vez el cuello. Echó un solo vistazo y le exhibió una sonrisa de aprobación antes de poner cara de circunstancias. —Toma.314 - . Agatha levantó la vista y las vio iluminadas por la lámpara. envuelta en telas blancas que se transparentaron en cuanto salió del agua. En el trayecto hacia la casa. en cambio. se quitó el agua con las manos. Mose vio la lámpara en la casa de baños y debe de haberos oído reír. Al pasar entre los bojes. La ancha puerta del frente se abrió en silencio sobre los goznes aceitados. —¿Sabes cuántas veces dijiste mi nombre desde que te descubrí aquí? —¡Suéltame! En vez de hacerle caso. Desde abajo de las arqueadas ramas de la magnolia. ¿Oyes esas ranas? Hicieron el resto del camino en silencio. la enroscó y sujetó la punta en el cuello. mientras Agatha se precipitaba a secarse la cara y los brazos. la levantó. —¿Ahora ya no podré ir de noche? —Me temo que no. —¿Lista? Asintió. se envolvió la cabeza en la toalla. Se enderezó. Observó disimuladamente. —¡Scott! Siguió tirando.

Al terminar.. puso las manos en los hombros de Scott. despejado. Gussie. —Buenas noches. No me tengas miedo. mirándolas como maravillada. La mirada de ella la siguió. —murmuró. y que sus propios pantalones se le pegaban y formaban un charco que resbalaba por el suelo encerado hasta unirse al de ella. —pensó—. enormes. como Santa Juana. para darle tiempo de adaptarse. Vio que tragaba saliva y la atracción que lo acercaba a ella fue demasiado intensa para resistirse. que bañó los rostros de los dos de un intenso color albaricoque. Scott advirtió que la bata estaba mojada en todo punto en que tocaba la prenda interior. Pero no hubo señal. de pronto. «Dame una señal. el rostro se veía adorable. Agatha alzó la vista. Se detuvieron junto a ella. Estaba mortalmente asustada. Abrió los ojos y se encontró con los de él. y se miraron a los ojos. Scott bajó la cabeza para besarla. Los tocó con la lengua y ella respondió con timidez: fue un beso suave de comienzo y expectativa. esperando que el verdugo encienda la hoguera». Resbaló la mirada hasta el hueco del cuello de Agatha..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Entraron en la imponente rotonda que lo tragaba todo. Enmarcado por la toalla blanca enroscada como un turbante. Ninguno de los dos se movió. —Fue divertido —susurró la mujer. y un agua tibia le goteaba entre las piernas. respirando como si. sumergirse en ella. donde el pulso latía más rápido que lo normal. pero el resto se perdió. y encontró los labios abiertos. buenas noches —dijo. más largo. Scott permaneció inmóvil. Un reguero de agua goteaba desde el cabello revuelto de la mujer hasta la clavícula del hombre. aún fríos del agua. y encontraron correspondencia. —¿Me tienes miedo? —susurró—. de expresión incierta. igual que el suyo. que la actitud defensiva obedecía a una vida orientada por severos preceptos morales. formando un charco en el suelo. incapaz de soñar con una excusa para retenerlo un poco más. —Bueno. La tomó de las muñecas y las apartó de los pechos. y lo miraba con ojos claros y transparentes como gemas verdes. los antebrazos apoyados en él. Agatha giró y levantó la cara. con los ojos cerrados. —¿En serio? —replicó. Una de las puertas de Agatha estaba abierta. con movimientos deliberados. Para demostrarlo. levantando la lámpara. se puso de puntillas y le dio otro beso. Agatha retorció con lentitud las muñecas hasta que él la soltó y entonces. Se irguió. Le apoyó los codos en el pecho. Agatha sentía que el corazón le latía en la muñeca. descendiendo hasta la mata de vello áspero del pecho. se quedó como estaba. con los brazos cruzados sobre el pecho. y comprendió que en situaciones como la presente se desconcertaba. interrogantes. murmuró: . Deseó hacer lo mismo: pegarse. Contempló los ojos de Agatha. —Tendría que. salvo un pequeño círculo de la luz escasa de la lámpara que Scott aún sostenía. —No. Con voz insegura. el fuego hubiese consumido todo el oxígeno alrededor de ella. Estás ahí.315 - .

Scott. Agatha cerró los ojos otra vez y dilató las fosas nasales.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Lo que te dije la última noche en Kansas era verdad. Agatha levantó los brazos. también contraído de frío y lo entibió. —Entonces. he esperado tanto para oír eso. para percibir la sensación exquisita de la piel fresca y los músculos tensos. Scott hundió una mano en el pelo húmedo. otra en otro. —Oh. La prenda mojada cayó por su propio peso. Abrió los ojos y pasó las yemas de los dedos por el labio inferior del hombre. se estremeció de nuevo. también es verdad para mí.. Las manos oprimieron los hombros.. El cinturón cayó al suelo. Al sentir el traspaso de calor. —Te amo. Quizá desde antes.316 - . Gussie. dejando un solo pecho al descubierto. pura. —Por favor. —Sí. —¿Y por qué esperaste tanto para decírmelo? —No sabía qué querrías primero: que te lo dijese o te lo demostrara. al recordar las palabras de Violet. como si subiera colina arriba. Le entibió la . brazos que estrechaban y aliento agitado. Pero no debes decirlo a menos que estés seguro. y la pistola. junto a la toalla. Dentro de la ropa mojada. halló el otro pecho. Gussie. Buscó el cinturón y. —Lo sé. un deseo desbordante de impaciencia y urgencia de recuperar el tiempo perdido. —Yo podría calentarte. perlado de agua. En cuanto lo tocó. y halló los botones del hombro. —Lo estoy. A un beso siguió otro. Eres tan diferente. Scott.. como absorbiendo sus palabras. Con la mano ahuecada alrededor. —Te amo. La expresión de la mujer se tornó dolorida. apretando la mano contra la ropa mojada. Ahora. Lo sé desde el día de la boda. contraído. una vez en un ángulo. echó la cabeza atrás y la toalla se soltó. La acarició hasta que comenzó a respirar otra vez. por favor. Agatha no se resistió. y Scott abrió la bata y metió la mano dentro. Agatha contuvo el aliento. todo lenguas invasoras. mientras que las de ella se posaron sobre los omóplatos. el abrazo fue inmediato. y con un solo movimiento quedaron en la oscuridad. oh. dilo.. —rogó en voz queda—. Le sostuvo las mejillas: —Entonces. le llenó la palma y lo sintió aún frío. Se agachó. Toda mi vida solitaria. Scott le rodeó la cintura con un brazo y acercó tanto los dos cuerpos que el agua de sus pantalones se filtró por la bata y resbaló por los muslos de ella. el beso impetuoso... la clase de mujer a la que un hombre corteja durante un tiempo. también por la reacción que le provocó en el estómago. dímelo otra vez. Eres bella. Cuando se incorporó.. cada vez más ardiente. para cerciorarme de que no estoy soñando. deja la lámpara. especial. al tiempo que hallaba el pecho con el pezón frío y erecto. —Estás fría —murmuró contra la frente. —¿Debo dejarte? La besó. La mujer se estremeció.. Y demuéstramelo.

eso ya acabó. y aun así las susurró. pasó la mano por la espalda. es así como sucede. de vacío. —Cuando te fuiste de Kansas.. no en el lecho conyugal sino en un pasillo. como reiterando la promesa. Las palabras resultaban pálidas. —Pero tú tenías a Jube. pero cuando te fuiste pensé que hasta entonces no había conocido el verdadero significado de la palabra. pero no pude hacer otra cosa. —Si no amas a una persona. Pero así fue. —Scott. y las manos del hombre la acariciaron con más urgencia. le tocó el pelo húmedo como hacía él con el de ella. las caricias se hicieron más tiernas. asombrada de lo poco culpable que se sentía de permitirle caricias tan íntimas. y sientes por primera vez el cuerpo turgente de un hombre apretado contra el tuyo». A último momento. Agatha se apretó más contra él. —¿En serio? Yo creí que era la única que me sentía así: angustiada. Gussie. —pensó Agatha—. y no habría sido peor si hubieses muerto. Ignorante pero ansiosa. apretándole las mejillas y mezclando su aliento con el de Scott. igual te sientes solo. —¿Por qué? —Porque te marchabas. no. se elevó hacia él. —No. y eras el primer hombre con el que me hubiese acostado y supe que no habría otro. Se besaron otra vez. no. me resultó difícil contenerme de hacer esto. como para borrar el recuerdo de su mente. Para mí. enferma de nostalgia. No quería hacerlo. y tus rodillas se convierten en puré y tu piel en ascuas. De modo que. —Era preferible a vivir sin ti. siguió las indicaciones de su lengua y de sus labios. —No. y se preguntó si le alcanzaría una vida para hacerle entender lo que significaba para ella. —¡Calla! Mi amor. .317 - . El estómago húmedo con el suyo. Siempre estuve sola. Solíamos hablar de ello. —¿Nunca la amaste? —Nunca.. lamentábamos no tener sentimientos más profundos uno hacia otro. —No te lo habría permitido. no eras la única. No tenías que estar solo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR boca con la lengua. Dentro de la bata abierta. —Me pregunté muchas veces por qué te dejaba. Nunca. quise llorar pero no pude porque mi pena era demasiado honda. «Tan veloz. —Pensé en morirme —susurró—. las nalgas frías. aceptó los besos. Los pechos se entibiaron. Pero sufría todos los días. en el hueco de una puerta. Tan violenta la transición de deseo a desenfreno. —Aquella noche en que nos besamos en el rellano. la sola idea me angustiaba. Le dio besos rápidos. —Pero yo no quería dejarte. Perdí toda esperanza de sentir alguna vez esto contigo. Le besó el mentón y sintió que la mandíbula se movía cuando habló en voz baja y ronca. Los muslos con los de él. deseé haberlo hecho. A veces.

Luego me dijo que esperaba que el señor Gandy viese la luz y me tomara como amante. en su voz no quedaban vestigios de burla. Te invito a mi cuarto y. Se marchitaría de vergüenza cuando la luz brillara sobre su cara encendida. Gussie. Agitada. se apresuró a seguir: —Pero. —¿Violet? Aunque no le veía la expresión en la oscuridad. Que fue la experiencia más maravillosa de su vida y que ninguna mujer debería perdérsela. Agatha se echó atrás y lo detuvo —Debo decirte algo. aprenderé. Scott Gandy! Sintió que las manos de él le sujetaban los antebrazos y la apartaban de él.. y no tuvo otra alternativa que cubrirse rápidamente y enfrentar al hombre que acababa de acariciar su piel . por favor. La obedeció. en la cama donde fuiste concebido y donde naciste. —Pero incluso hablaste de concebir niños. a mí. se lanzó otra vez al ataque—. me gustaría pedirte. Aunque no podía verlos. o sea. en el caso de que me quieras para algo más que amante. Scott. si no por esposa... la rodeó con los brazos y unió las manos al final de la columna.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¡Shh! La besó.. En la oscuridad. —Por cierto que no. ¿esto es una proposición? Se crispó un poco. Sólo expreso mis deseos antes de que sea demasiado tarde.. pido respetuosamente que demoremos esto hasta que tenga ocasión de formularle unas preguntas personales y femeninas a Leatrice... haré todo lo que. tuvo un amante. —Bueno.. me parece una proposición. Me imagino qué a eso conduce todo esto. —Qué audaz. que dejemos esto hasta que podamos hacerlo en el dormitorio principal.. y. Violet.. aferrándole las caderas. —Sintió que la risa crecía en el pecho del hombre. Agatha. Y si no existe la más remota posibilidad. supo que habían aparecido los hoyuelos. detente y escúchame. y quiero que sepas que si me quieres sólo como amante acepto. bueno. Con movimientos suaves. Violet me dijo algo que no se me va de la cabeza desde entonces. porque estoy segura de que ella debe saber cómo evitar el embarazo. señorita Downing. no. —Por favor. Me confesó que de joven.. ¿No deberíamos encender la luz para esto? —¡No te atrevas. Pero se encendió. Cuando volvió a hablar.318 - . —Cuando me iba de Proffitt. Scott. sin duda. pues voy a encender otra vez la lámpara. percibió su asombro. porque no quiero concebir a ninguno de tus hijos en otro lugar de esta casa que no sea esa cama. —Rozó el vello del pecho con las yemas de los dedos—.. deslizó la mano por la cadera hacia adelante por el estómago.. —Abotónate todo lo que haga falta y ata todo lo necesario. con todo respeto. le alzó la barbilla y la besó. pero lanzando un suspiro trémulo. Por favor.. y el rostro le ardió cada vez más. Ahora estaba segura de que el pecho de Scott se sacudía de risa silenciosa. las manos de ella sobre su pecho. —Sí.

Agatha abrió la boca pero no emitió palabra. con la boca pegada a los labios de él.. —Iba a decírtelo. ¿quieres casarte conmigo? —le preguntó. por Willy.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR desnuda y húmeda en la oscuridad. pero nunca creí que sucedería. y de paso. eres horrible. si te pones fastidiosa. por ti y por mí. la sostuvo a distancia suficiente para poder contemplarle los ojos. se las arreglaron bastante bien. —White Springs. Le rodeó el cuello con el brazo libre: —Inténtalo. aunque la noche de bodas en Waverley esté bien. con todos nuestros seres queridos como testigos? ¿Tal como lo soñaron mis padres.. —Eh. y cuántas veces me esmeré con el peinado y con los vestidos porque sabía que iba a estar contigo. S. Lo abrazó otra vez. completamente serio. Gussie.. con Willy dándonos su aprobación. Le sostuvo las manos y la miró de lleno en la cara. —¿Eh? —Tenemos algo que decirte. Pero se abrazó a su cuello. sí. con los pies de ella sobre los de él. Toma. Se incorporó y se frotó los ojos con los nudillos. Luego. Cuando se apartaron. Con creciente excitación. Se besaron. Oh. Sin hacer caso de las ropas mojadas. ¿no? ¿Qué clase de ejemplo sería para él? —Oh. —Sí. mientras él proseguía—. ten esto —y la alzó en brazos—. De todos modos. Willy. Y hacía tanto que deseaba esto. despierta. —Di que sí.. Para mí estás muy bien —le dijo. tengo intenciones de que pasemos la luna de miel en White Springs. llorando—. que es como debe ser porque ya somos una familia? Agatha se cubrió los labios con tres dedos y los ojos se le desbordaron. se sentaron en el borde de la cama de Willy y lo despertaron. Scott. —Agatha Downing. Scott —tartamudeó otra vez. —Oh.. —Lo besó con fuerza en el cuello—. mientras se dirigía hacia la imponente escalera—. sólo para que Willy tuviese compañeros de juego. —Bueno. tal vez cambie de idea. la mujer rió y se tapó el cabello con las manos. ¡Y eliges un momento como éste para pedírmelo: debo de estar horrible! El hombre rió.. —murmuró. Si bien subir la escalera besándose al mismo tiempo no garantizaba un avance muy continuado. con sencillez. Si supieras cuántas veces imaginé esta escena. —Scott Gandy. —Ah. de pie en el charco de los dos. —Le pasó la lámpara—. donde podamos tener un poco de intimidad. Willy abrió los ojos hinchados y se frotó la cara. ¿En la alcoba nupcial. . pidiendo semejante cosa a una mujer mojada y desarreglada. el cabello de Agatha aplastado contra el cráneo y el de él secándose erizado. no pensarías que iba a permitirte concebir a mis hijos bastardos en el dormitorio de la planta baja. Te amo tanto. despertaremos a Willy y se lo diremos. Agatha.319 - .

se escabulleron del dormitorio dejando la puerta entreabierta. ¡Jesús! ¿En serio? Se le iluminó el rostro tal como lo suponían. y se puso de rodillas para abrazar a Agatha. ¿nos darás un poco de tiempo para lograrlo. como un burro. enseguida! Agatha comprendió que estaba descontrolándose. ¿sabes? —Lo sé. Scotty? Quiero un hermano. o tenemos que tenerlo enseguida? Willy rió y se puso a hacer tonterías. Ahora. —¡Una mamá y un papá de verdad! —Repentinamente. —Lo pensó un momento. ¿Y tú? —Si todos resultaran como Willy. —Si Scott está de acuerdo. es hora de volver a dormir. —Le mordisqueó los labios. —Gussie y yo vamos a casarnos. que era la que estaba más cerca. —¡Enseguida. —Sí. se rieron y lo hicieron acostar de nuevo. Me gusta hacerlo. Scott y Agatha rieron. —¿Podremos. —Está bien. —Quiero empezar a trabajar para tener a ese niño ahora mismo. —No hace falta que me lleves. Las chicas son estúpidas. Willy. Al llegar al cuarto de Agatha. así seremos tu mamá y tu papá. lo sabes. Willy abrió los ojos. quejoso.320 - . yo también. —¿Sí? —¿Qué te parece? —¿Casarse de verdad? Agatha resplandeció: —De verdad. pateó hacia arriba. yo también. y Willy golpeó con los talones sobre el colchón. apoyando una mano a cada lado de la cabeza de ella. Gandy abrió más la puerta con el pie. —Un hermano. —¡Cristo! —se entusiasmó. ¿qué te parecerían diecisiete? .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Qué? —preguntó. retrocedió—. ¡Eh. rió y le lanzó una mirada fugaz al hombre que estaba detrás. y dijo—: ¿Podremos tener otros niños? Agatha se sonrió. Gandy aceptó: —Está bien. —¿Estás segura de que quieres uno? —Quizá más de uno. estás mojada! —Estuvimos nadando. En la oscuridad. mañana por la mañana podrás celebrarlo. ¿eh? ¿Y qué opinas de una hermana? —No quiero hermanas. y le lamió la oreja—. Scott alzó a Agatha en brazos y comenzó a bajar las escaleras. De súbito. Una vez que lo besaron y recibieron abrazos gigantescos. comprendió del todo y una sonrisa maliciosa comenzó a formársele—. Pero. la voz fue un íntimo murmullo. Con las manos sobre la cama. Apoyó la cabeza en el hueco del cuello y gozó de ser llevada. la entró de costado y la tendió sobre la cama. un hermano. —Ah. —¿Y así seréis mi mamá y mi papá? —Exacto —afirmó Agatha—.

no. una pizca de lo ocurrido. maravillada de que fuesen él y ella.. —Te amo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Agatha rió y se apretó el estómago con las manos. . —Yo también te amo. y Scott la besó despacio. Agatha cruzó los brazos sobre los pechos. qué buena sensación. —Y todas las mañanas del resto de nuestras vidas. —Nos veremos mañana. y que.. y seré la mejor esposa que pudieras desear.321 - . incrédula. Scott. Lo estrechó contra ella con súbita vehemencia. hasta que los dos sintieron que la decisión se debilitaba. La besó otra vez. se regocijó. Dios mío. espera y verás. El ánimo juguetón se esfumó. «¡La señora de LeMaster Scott Gandy!». —Oh. Gussie. después de todo. custodiándolo con ferocidad para que no se le escapara un matiz. La besó en la frente y salió de la habitación. los puños apretados. por favor. los finales felices de los cuentos se hicieran realidad. Cuando se fue.

de hombros angostos. recogido en lo alto de la cabeza. y mangas oruga. complacida: —¡Estás encantadora! Estaban en el dormitorio principal. Agatha se acercó a la ventana del frente. arriba. y abotonó los veintidós botones forrados de la espalda. Cuando se fue. Abajo. Reflejaba a una novia de grueso cabello bruñido. era tolerable. con cuello alto. Dentro de la mansión. tengo que ir a buscar las magnolias. la mujer de cabello azulado rió resoplando. La expresión de dicha total le daba un resplandor casi etéreo. aunque debo confesar que estoy un poco celosa. donde esa noche compartiría el alto lecho de palo rosa con el hombre que amaba. —Ya sé. me alegra que seas tú. estaban entrando los invitados. Agatha apretó las mejillas de Violet y rió: —Oh. —apuntó con un dedo a la novia — . Violet juntó las manos y aspiró.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 22 Se casarían la tarde del 15 de julio. y las de la rotonda.. y suelta atrás. Aún le costaba creer que estuviese sucediendo. Tt-tt. Agatha se apretó con una mano el corazón que latía acelerado. se preparaba la comida. La falda era lisa en el frente. Sostuvo el vestido mientras Agatha se vestía. Waverley se cubrió de vapor. había llegado el ministro.. no tenía más que mover el dedo meñique y yo vendría corriendo. y los grandes prados estaban adornados con toldos azules. —Es perfecto. Una de las invitadas a la boda era Violet Parsons. Pero le dije a él. si se me permite decirlo. Enviaré a Willy por ellas. con las puertas de la galería y las ventanas guillotina abiertas abajo. con ondas profundas que formaban la cola. cintura esbelta. —Estoy muy contenta de que estés aquí. Y ahora.que si no resultaba. fruncidas desde el hombro hasta la muñeca.. ya que no soy yo la que se casa con ese apuesto señor Gandy. No obstante. Llegó una semana antes para ayudar a Agatha a confeccionar el vestido de novia y mientras esta se lo ponía. torso ajustado. rebosando de alegría. Cuando salió el sol. El terreno estaba lleno de coches. que ella estuviera en el dormitorio principal de Waverley. y la alcoba nupcial estaba decorada con ramos de azucenas amarillas y hiedra inglesa. —Creo que es el más bello que hiciste jamás. Agatha giró y apretó la mejilla contra la de Violet. Violet. —Yo también. eres irreemplazable. ante el espejo de pie que habían traído de abajo. y ojos claros de largas pestañas. Tt-tt. Estaba hecho en fina seda del tono exacto de las cerosas magnolias.. un día que empezó con densa lluvia matinal.322 - . —Me siento encantadora —admitió. que su ropa estaba en la .

La tensión se aflojó. y recibió las flores. —¡Y estás preciosa! ¡Espera a que Scotty te vea! Agatha lo tomó de las mejillas y le estampó un beso en la nariz. lo será para siempre. miró alrededor—. —¿Es porque voy a casarme con tu padre? ¿Es por eso? —Hizo una pausa. los coches seguían llegando. Lo que ella fue para él. junto a la de él. —El llanto se hizo más bajo pero continuó—. con los invitados para tan importante ocasión. —Gracias. Y ahí afuera. Violet y yo cortamos las mejores que pudimos encontrar. Es un día demasiado feliz para lágrimas. ¿eres tú? El llanto cesó de inmediato. Se hizo silencio. Justine. no llores. Empezó otra vez. —Cuando sus pensamientos volvieron a la boda. hueles bien! —¿Sí? Rió. que olía a flores. Agatha estiró una mano: —Estoy aquí. —¡Eh. Agatha se dio la vuelta hacia el espejo y se prendió una de las magnolias en la nuca. ¿De dónde vienen todos ellos? —De Columbus. Debes creerme que no pretendo ocupar el lugar de tu madre en su corazón. Se inclinó para besarlo. —¿Justine? Miró en círculo alrededor. Tienes que creer eso. Gussie. pero inconfundiblemente real e inquietante. Mientras los contemplaba escuchó tras ella el sonido: el sollozo suave de una niña. excepto un suave suspiro. En ese momento. donde el aroma del tabaco de Scott se mezclaba con el de su propio perfume. No había nadie. Willy. Espero que. y colgada en el armario. Por favor. del mismo modo. —Sé que ya conociste a Willy. su euforia aumentó—. y si puedo te ayudaré. en esta ocasión más quedo. Justine. Pero cuando bajó la mano al costado. . Agatha permaneció serena.323 - . Nada tocó la mano de Agatha. irrumpió Willy con dos magnolias. —¿Últimamente te dije que te quiero? El chico rió y corrió hacia la ventana. casi como si esperara esa visita en un día tan fasto. me aceptes a mí. —Justine. Agatha guardó silencio. que sería así por el resto de sus vidas. y lo aceptaste. —Toma. El cambio no pudo ser más evidente si hubiese cesado de tronar. —Violet me dijo que te diga que ya es la hora. experimentó una gran tranquilidad. en el cuarto reinó la paz. pero el sonido continuaba.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR cómoda. —¿Viste cuántos carruajes? —Los vi. miró alrededor pero la presencia se había desvanecido por completo. pero estaba sola en el cuarto. Scotty conoce a todos allí. pero al extender la mano sintió una presencia con tanta claridad como si fuese visible. Se volvió. Cuando se incorporó.

sin duda hecha por Scott. por las escaleras gemelas que los conducían abajo donde formaban una curva como los arcos incompletos de un corazón. Willy le ofreció el codo a Gussie y la escoltó a la cima de la escalera oeste. Willy sonrió y fueron hacía la puerta. Al mirar al niño que tanto ella como su inminente marido querían tanto. hasta que al fin. todo vestido de marfil. convencida de que el destino los había reunido pensando en esto. caminar con él hasta la alcoba nupcial y unir tu vida a la de él. Agatha aspiró una bocanada de aire. —Entreabrió la puerta y espió—. señora. Agatha le acomodó el cuello y le preguntó: —Recuerdas qué hacer. el reverendo Oliver de la pequeña iglesia bautista cercana los esperaba preguntando: —¿Quién entrega a esta mujer? —y cómo Willy respondió: . Y luego. los dos de marfil resplandeciente. en el extremo opuesto del balcón. pero en ese primer momento los novios no vieron a nadie más que al otro. Debajo. ahuecando los dedos. Recordaba con claridad la primera vez que lo había peinado así. Pero ni las profundas inspiraciones ni la música bastaban para calmar los nervios que le crispaban el estómago. —Vamos. y Scott llevó a Willy otra vez a la sombrerería. Al comprenderlo. Él. Antes de abrirla. mirándose uno a otro con sonrisas deslumbrantes. extendió la mano libre. Entonces. Se contemplaron uno al otro con el pulso acelerado y un nudo en el estómago. Hora de salir y encontrarte con tu novio.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Agatha retrocedió y se apretó una mano sobre el corazón. estaba esperando. cuando los dos volvían de los baños. Fue hacia la entrada y su mirada se topó con los ojos de su prometido. Con su ramo nupcial. Willy se acercó a ella. la retuvo para serenarse. Scott le respondió con un guiño. sólo circundado por la baranda. con la conocida onda sobre la frente. Ella estaba radiante. de cómo el ministro negro. Gandy le correspondió. ¿verdad? —Sí. y una sensación de expectativa que aligeraba el corazón. el rostro se le iluminó con una suave luz. y no estar sola nunca más. con el vestido de cola de un blanco ceroso y una simple flor en el cabello. y Agatha sonrió. los invitados levantaron las miradas ansiosas. vestido con la ropa nueva que le había hecho. Vamos. una única magnolia. Se hablaría durante años de ese descenso: la novia y el novio. registrando el momento para llevarlo siempre en los corazones. frente a la puerta del cuarto de los niños. mientras que Scotty subía a la del este. de cómo llegaron al pie y se encontraron en el centro del suelo de la rotonda como si completaran el contorno de ese corazón. Las miradas de los dos se encontraron a través de casi diez metros de espacio abierto. esperando a echar el primer vistazo a la novia.324 - . Es hora. está esperando. el murmullo de voces que llegaba de abajo los hizo volver a la realidad. cerró un instante los ojos y oyó la melodía del piano de Ivory que ascendía. se sintió bendecida. la miró. le envió un minúsculo saludo secreto. tenía el cabello peinado con brillantina. En efecto. a Willy que. quitaba el aliento con los pantalones ahusados y la chaqueta de gala que resaltaban la negrura del cabello y el bigote.

el pulgar de Scott no dejó de acariciar sus dedos. Vio sus lágrimas en el borde de los párpados y se sintió conmovido hasta los rincones más recónditos del corazón. y las manos húmedas. Aunque la habitación estaba llena de invitados. El corazón de la mujer se desbordó de un amor tan intenso que le provocó un dulce dolor en el pecho..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Yo —y luego. con gran seriedad.. LeMaster Scott Gandy... con su voz impecable. encontró la de Agatha entre los pliegues de satén marfil a la altura de la cadera. Pero los intensos ojos oscuros no se apartaron jamás de los de Agatha mientras pronunciaba los votos. y cruzaron juntos la gran rotonda.. te tomo a ti. —.. Sosteniendo la mano de Agatha y escuchando la voz suave y temblorosa. Agatha casi no lo advirtió cuando soltó el brazo de Scott y adoptó una pose formal a su lado. Jube cantó: «Amor Maravilloso». Entonces se pusieron frente a frente. te tomo a ti. —. duplicando su alegría. todo. LeMaster Scott Gandy. comprendió que no era la única conmovida. Agatha Downing. Hablarían de cómo el novio tomó la mano de la novia y la puso en el hueco de su codo.. y al advertir que las mejillas de Scott estaban sonrosadas. pasaron las amplias puertas de la sala hasta la alcoba nupcial adornada con canastas de fragantes azucenas amarillas y hiedra inglesa. La voz. las recompensas de la constancia. se tomaron de las manos para que todos lo vieran.hasta que la muerte nos separe.325 - . pienso cumplir esta promesa de pasar el resto de mi vida agradeciéndote lo que hiciste por mí. Scott se sacó el diamante del meñique y lo puso en la mano de . más grave que de costumbre. traicionaba la hondura de su emoción.. y se le ocurrió que era un milagro que una mujer como ella hubiese llegado a su vida apática en el preciso momento en que la necesitaba para llenarla otra vez de sentido. con un ligero temblor. Scott descruzó las manos. y recibía un beso de cada uno. Agatha Noreen Downing. El reverendo Oliver pronunció un discurso acerca de lo que era necesario para que un matrimonio fructificara. —El anillo —pidió el ministro por lo bajo. del valor del perdón. entregaba su futura madre al futuro padre. Mientras. y Agatha sintió el codo de Scott bien apretado contra el suyo. Scott. la virtud y el alcance del amor. Gussie. y se la estrechó fuerte. antes de ti no había nada. supo que estaba a punto de llorar.. Le oprimió los dedos delicados. pensó en concebir a los hijos de él y la invadió una explosión de esperanza tan profunda que la hizo tambalearse. cristalina y los versos colmaron el corazón de Agatha con tanta abundancia como el perfume de las azucenas llegaba a su nariz. Toda una vida no tiene días suficientes para derramar sobre ti todo el amor que siento.. Habló de los niños con los que podría ser bendecida la unión. —Yo.. —Queridos bienamados.hasta que la muerte nos separe. de la importancia de la entrega de sí mismo.. y ahora lo tengo todo. Miró por el rabillo del ojo y encontró la mirada del esposo fija en su rostro. Y le tocó el turno a Agatha: —Yo.

conversando con un hombre delgado de . Entre los invitados había muchos que Agatha tenía que conocer. haciéndoles comprender que tenían que seguir cumpliendo con sus deberes de anfitriones. Bastaba con ver los ojos húmedos de casi todas las mujeres. y libró a los invitados del encantamiento en el que estaban sumidos. su hija. Una hora después se toparon en la entrada de la sala del frente. y se le iluminó el rostro con una sonrisa relampagueante acompañada de hoyuelos. Se sirvió un banquete de bodas estilo buffet. Leta y A. Pero los invitados los descubrieron y los separaron. tuvo que gritarlo. Por siempre jamás. en verdad. la rodeó con los brazos y le murmuró al oído: —Te amo. el resto del día apenas se vieron. la siguiente ocasión en que vio a Scott estaba bajo uno de los toldos azules fumando un puro. otros en los bancos. y los labios se tocaron. los unía para siempre. y sólo tuvieron tiempo de intercambiar una mirada cariñosa antes de que los interrumpieran Mae Ellen Bayles. y el voto quedó sellado dentro de sus corazones. y Scott atrapó a Agatha unos instantes junto a una curva de la escalera. la levantó del suelo y apretó el cuerpo con suavidad contra el propio. por extraño que parezca. paseaba por los jardines o entraba a recorrer la casa.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Gussie. los labios rozándose. En la rotonda comenzó el baile. lo vio pasar por su nudillo. Fascinada. y comprendió que. Entonces se les acercó Willy pidiendo besos. le hizo ponerle los brazos al cuello. Scott se irguió. Al terminar el beso. Pronto los separó la multitud que se acercaba a felicitarlos y. tan feliz como los novios mismos. —¡Yo también te amo! Como el piano arrancó con una música exultante y los murmullos de los invitados subieron de volumen. —Y ahora. El novio puso la mano de la novia en el hueco del brazo. En una página donde ya había varias anotaciones. El calor era pesado y se sirvió ponche de champaña como refresco. que a esa altura se había convertido en amigo de Willy. Entonces. Scott escribió: 15 de julio de 1881 LeMaster Scott Gandy se casó con Agatha Noreen Downing La besó de nuevo. Marido y esposa. y los dos se acercaron a una mesa lustrosa donde estaba abierta la Biblia de la familia. La sonrisa dichosa de Agatha le respondió. esta vez con fuerza. brusquedad y fervor. sentir cómo se mezclaban los alientos y la trascendencia del instante se instalaba en las almas de los dos. Scott se irguió lo suficiente para contemplar los luminosos ojos verdes. las miradas se encontraron sobre las manos entrelazadas. y muchos con los que Scott reanudaba el contacto. Mae Ellen reclamó la atención de Agatha y. Los niños perseguían a los pavos reales y daban de comer pastel helado a los caballos. Algunos se sentaban en los escalones de la rotonda. le apretó un poco los nudillos. J.326 - . y la gente se diseminaba por los prados. La cabeza oscura se inclinó sobre la cobriza. os declaro marido y mujer.

—Un poco. con una mueca de fatiga. por favor? Tenemos que esperar que el reverendo Oliver nos traiga el certificado de matrimonio para firmar.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR traje a rayas. . Veía que Gussie enderezaba la espalda y se apretaba la cadera izquierda. Al acercarse. Y yo contigo. Agatha se sintió acalorada y cansada. Sonriente. y Scott cerró la puerta. respondía la de Agatha. ¿nos disculpan. la mirada preocupada fija en la novia. decía la expresión sufrida de Scott. el marido se acercó lentamente. llevó a Gussie hacia los escalones de mármol. donde tres hombres fumaban y conversaban. —Pero ya tenemos certificado de matrimonio —le recordó Gussie. —Creo que lo busca su esposa. el calor aumentaba. cuando las miradas se encontraron. Siempre me duele hacia el final del día. señora Northgood? —pidió.327 - . —No es nada. inclinando la cabeza hacia la señora Northgood. y caminó sobre la hierba en dirección a Gussie para brindarle el alivio que tanto necesitaba. se le escapó un suspiro y lanzó una mirada furtiva al esposo. al tiempo que se volvía para escuchar algo que decía el interlocutor. cruzaron la rotonda y entraron en la oficina. Violet bebió demasiado ponche de champaña y coqueteó desvergonzadamente con un robusto comerciante llamado Monroe Hixby. la encontró de pie en el centro de la oficina. —Cuando se volvió. no tuvo más remedio que ser cortés. —Vi que te frotabas la cadera. no hubo sonrisas. Quiero estar a solas contigo. —Estás cansada. La señora Northgood parloteaba acerca del costo de los calefactores domésticos en Boston. la tomó del codo con aire posesivo. A medida que avanzaba el día. Scott frunció el entrecejo y. la alzó en los brazos y la apoyó en un sillón de cuero de respaldo alto. el peso sobre una pierna. Sin aviso previo. Levantó la vista como si hubiese percibido la mirada de Agatha y. Pero como un par de muchachas en edad casadera prorrumpieron en exclamaciones maravilladas ante el diamante de Agatha y le hicieron preguntas referidas al vestido de novia. Los tres se disculparon y salieron a la rotonda. Mientras departía con uno de los huéspedes regulares de Waverley. Desearía que se fueran todos —dijo sin rodeos. Agatha también hubiese querido escaparse al huerto de la vid para conseguir unos besos robados y estar un poco de tiempo a solas con el novio. con los pies sobre el brazo del sillón. impaciente. esta vez. interrumpió la cháchara tocándole el codo: —¿Me disculpa. —No es muy amable de nuestra parte. Rodeó a la sorprendida mujer. —Caballeros. Esbozó una sonrisa burlona y se le formó un hoyuelo. Con los brazos a los lados. señor Northgood. Scott. en invierno. Sin disculparse. —Ya sé. Willy fue a chismorrear que los había visto besándose bajo la vid. y la brisa se aquietaba. la mujer le enlazó los brazos al cuello mientras él se acomodaba respaldándose. pero Scott casi no la escuchaba. y ahora apoyas el peso en el otro pie. señal indudable de cansancio—. el señor Northgood. y cruzaba un tobillo sobre la rodilla de la otra pierna. cuando la mujer se detuvo para tomar aliento. Lo vio al otro lado del prado. y otro al que le salían pelos grises de las orejas.

siguiendo el movimiento con la vista. lo hizo serio. La sangre. salteó el labio inferior. de modo que me casé con una mujer que tiene secretos para mí. Scott separó los hombros del respaldo del sillón y la acomodó sobre sus piernas. en nuestra habitación. Scott metió la mano entre esa parte y los pliegues sueltos. —A ver. Cuando habló. el hombre sacó la mano de abajo de las rodillas y le acarició el pecho encerrado en estrechos confines de seda marfil. Más abajo. La besó una vez más. en voz baja: —Señora Gandy. Alguien llamó a la puerta: . bajó por la nariz a la boca. ¿qué otras cosas no sé de ti? La recién casada echó la cabeza atrás. —Ah. que le recorrían el rostro. —¿Por qué no lo supe antes? Agatha jugueteó con un mechón del pelo de él. contenido por la ajustada falda de satén. Su carne cambió de forma y él la acarició con el pulgar. plano y duro. Agatha Noreen Gandy. que no dejaba sitio para la exploración. contra las curvas tibias. —O sea que ahora me crees. adoptó aire pensativo. provocándole cambios de forma. por la cadera. —Una mujer sin secretos es como acertijo con respuesta: no hay nada que adivinar. mojándole los labios.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Así que. me muero por besarte todo el día. ¿no es cierto? Pienso que estaba ahí. y un retumbo de impaciencia les recorrió los cuerpos. sintiendo que su centro duro presionaba saliéndole al encuentro. ¿eh? Con ademanes lánguidos. El beso se tornó insaciable. puede ser. con la mano todavía en el pecho. los músculos parecieron prestar atención. —Así es. la piel. presenciando nuestro intercambio de votos. se aflojó el nudo de la corbata. y entrelazó los dedos en la nuca del esposo: —Hoy me visitó Justine. El aliento de Agatha se aceleró contra la mejilla del esposo. El corazón de la mujer se agitó cuando satisfizo su deseo. Agatha Noreen. dime. encontró una cinta. —Siempre te creí. Agatha se acercó más y soltó la trasera del vestido como invitándolo. así como ese día había cambiado la vida de Agatha. pasando la mano por el torso hacia abajo. el estómago.328 - . —Ojalá pudieras. en la sala. tironeó de ella y deslizó la mano dentro. —¿En serio? —Poco antes de la boda. El amor absoluto que sentía por ella se reflejó en los ojos. —¿Quieres que los eche? —susurró contra la boca de ella. sintiendo que la lengua de ella hacía lo mismo con los de él. Las lenguas se unieron en lascivo complemento. Los corazones dieron un vuelco de impaciencia. Creo que hice las paces con ella. —De vez en cuando. uniendo su boca a la de ella al tiempo que ella estrechaba más los brazos en el cuello. Pasó la yema de un dedo por la línea de nacimiento del cabello. a la sugerencia de feminidad entre las piernas. Y que lo aprobó. donde otra vez lo desvió la forma ajustada del vestido. en la parte de atrás de uno de los muslos.

. Se levantó y la abrazó. La negra lo apartó de inmediato. ya están camino de lograrlo. Buscó la mano de Agatha y la acercó a su costado. elegiste una buena.329 - . Leatrice. —No. señor. desde ya. —En efecto. Y ahora. ven aquí y deja que Leatrice te dé un abrazo antes de que empiece a echar sal sobre los pisos. —Gracias. —Miren quién me llama cariño. señor —admitió Scott. y se recogerían al día siguiente. como debe ser. —Bueno. semejante cachorro. —¡Ah. Y. pero queremos que sepa cuánto apreciamos que celebrara el servicio en nuestra casa. Le aseguro que fue un placer. —¿Queréis que apague los picos de gas de aquí adentro? —preguntó Leatrice entrando en la rotonda. eh. —Esbozó una sonrisa benigna y agregó—: Y. No es mucho. les deseo una vida de felicidad. en especial tratándose de un día tan caluroso. recordó que el servicio era gratuito. . donde Scott y Gussie estaban sentados en el último escalón. —Estrechó la mano del reverendo Oliver—. no podía abarcarla con los brazos. El cuenco de ponche del comedor estaba vacío. una vez más. —El ministro metió un dedo dentro del cuello clerical—. muchacha. y le dio una fingida bofetada. Quizás ahora Waverley tenga algunos chicuelos. así puedo terminar con estas reconvenciones y descansar mis pies. Ven aquí. En mi opinión. Ahora tú. perdió al esposo entre los invitados. se levantaron de un salto. Tu mamá y tu papá estarían contentos. —Fue un placer. —Entonces se volvió hacia Agatha—. entrelazando los dedos. Los juanetes están matándome. muchos años. —El reverendo Oliver abrió y asomó la cabeza—. bueno. cariño. cada uno a su habitación. otra vez. No correspondía que lo dijera antes. Ve a acostarte. Gracias. Sintiéndose culpables. Hace calor.. Se inclinó sobre el escritorio y abrió el cajón del centro desde el otro costado—. A la larga Willy se desplomó y Scott lo llevó al cuarto en la planta alta.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Señor y señora Gandy. ¿no? Pienso que mi esposa y yo nos despediremos y nos iremos a casa. Y aunque era alto.. los rostros encendidos. amo. buscó una excusa plausible y de pronto. pero ahora que tienes señora otra vez.. Hace muchos años que no nacen niños entre estas paredes. Alguien me dijo que me necesitaban aquí. se habían ido todos y los huéspedes. Quería entregarle esto. yo lo haré. Ya habían pasado las once de la noche cuando vieron las luces del último coche parpadear alejándose por el camino. Por fin. —Ya lo creo. acabando así la breve escapada. Scott dejó a Agatha para acompañarlo hasta la puerta y. —Pero se acercó arrastrando los pies—. sí! —Desesperado. Fue el turno de Agatha de hundirse en el esponjoso abrazo de Leatrice. No tengo oportunidades frecuentes de celebrar una boda en un ambiente como este. —El sacerdote guardó el sobre en el bolsillo—. sin duda.. sería hora de que tuvieras un poco de sensatez. —Sacó un sobre—. Los restos de la celebración estaban esparcidos por la sala del frente y en los últimos escalones de la escalera doble. Sí. pero la meció con amor y besó el cabello ensortijado..

pero los sencillos también tienen su encanto. recorriendo la habitación con la mirada. En la habitación. Por fin. y cuando terminó le sonrió con calidez al rostro alzado hacia él. Eres mía. Dios.. —Me da la impresión de que alguien estuvo aquí y nos preparó varias sorpresas. regocijado—. —No estás soñando. siguieron mirándose. con las recomendaciones finales de Leatrice y su mensaje subyacente que atraía sus mentes hacia la enorme cama de palo de rosa. —Espera aquí —susurró Scott. Será un buen padre. ¿Quién otra que la querida Violet? Había abierto la cama y soltado el . Scott y Agatha se miraron y rieron. le dio uno más húmedo. apartó a Agatha y se fue arrastrando los pies hacia la puerta. La dejó ahí. las llamas de los picos parpadeaban con suavidad. —Violet —murmuró Agatha con cariño. —A mí me gustan todos. Con ese último consejo. La apoyó en el suelo. —¿Es verdad que las esposas pueden besar a los esposos cada vez que lo desean? —Cada vez que lo deseen.330 - . Cuando se fue. que finalizó con gran succión. la risa se desvaneció y permanecieron en silencio. dejando crecer poco a poco la atracción sexual. cerró la puerta con el talón y volvieron a besarse. pero aún demorándose. —Y tened muchos chicos. y la alzó en brazos para llevarla arriba. me gustaban los besos más comprometidos. disfrutando al saber que ya estaban libres para expresarse su amor del modo que desearan. —No. dócil. ¿me oyes? —Lo prometo. ¿no? En respuesta. La respiración de los dos había adquirido un ritmo errático. mientras iba a apagar los picos. le dio un beso leve en la boca. —Yo tampoco. La encontró de nuevo en la oscuridad.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Yo amo a este muchacho —dijo la voz ronca en el oído de la novia —. La llevó dentro. solos. Serás buena con él. demoraron saboreando los minutos de deleite. mientras apoyaba las manos a los costados de los pechos. le pasó un brazo por los hombros y la hizo girar hacia la habitación. Dime que no estoy soñando. de pie. Scott rió. refunfuñando acerca de los juanetes. que resultaba milagroso para alguien que durante tanto tiempo no tuvo a nadie. y el pulso les latía en los sitios más extraños de sus cuerpos. acompañadas de un débil siseo. no puedo creerlo. —Señora Gandy —dijo. Scott levantó la cabeza y se miraron en los ojos. La dejó besarlo. —En general. creo que es usted el que es mío. Le tomó las manos y las sostuvo sin apretar: —Y me siento feliz de serlo. se besaron con hondo entrelazar de lenguas. La luz de las llamas parecía quedar atrapada en los iris oscuros de él y en los verdes de ella. Sencillamente para ejercer el derecho. Con toda la ropa puesta. señor Gandy.. Entonces. cerca.

Lo miró con el corazón latiéndole en el cuello. Agatha lo respetó más aún. Como al descuido. Como buena romántica que era. pero como no lo hizo. —Hoy hizo tanto calor. Al terminar. en la angosta cinta azul que se transformaría en un moño. pensando en la almohadilla de la cadera. —¿Juntos? —Por supuesto.. Podemos ir y volver en un periquete. que abanicó inútilmente con las alas. y agradeció el alivio temporal. preparó con pulcritud el camisón nuevo de Agatha. fue hacia las flores y por último hacia la red blanca. levantó el rostro. Scott les echó una breve mirada y luego retrocedió. Creo que nunca lamentaremos empezar con la de ir a nadar un rato antes de acostarnos. —¿Te gustaría ir a nadar? —¿A nadar? Lo miró. y por una de ellas entró revoloteando una polilla blanca para inspeccionar un cepillo de mujer y un recipiente para pelos sobre el tocador. Ni a una polilla se le permitiría molestar a los dos acostados ahí. El suave resplandor de las lámparas de gas inundaba la habitación. Las ventanas estaban levantadas para dejar pasar el aire nocturno. —¿Quieres ponértelo ahora? —le preguntó con sencillez. este. Aunque con las mejillas ruborizadas. se quitó la chaqueta. se lo sacó por los brazos. primero. y tendió los dedos . Pero Agatha sabía que la costumbre que le importaba no era la que mencionaba sino la que iniciaba a sus espaldas en ese mismo momento. Agatha era plenamente consciente de que la combinación de algodón dejaba traslucir en forma vaga los pezones. desde donde perfumaba toda la habitación. ¿sabes? Agatha levantó la vista pero la bajó enseguida. —¿Hay algo que te gustaría hacer? —le preguntó en voz baja. No tienes que pedirlo. en mi lugar. Scott podría haberla rechazado.? —Miró la jarra y la palangana—. la hizo girar y empezó a soltarle los botones que sujetaban los pliegues de la cola—. Creo que me gustaría lavarme. Evocó con ansia el agua fresca y clara.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR mosquitero de los postes. teniéndole la mano mientras sacaba los pies de la prenda. le besó el hombro.. Como si fuese lo más natural. ¿No podríamos. y todo el tiempo deseaba estar aquí... Y todo eso se lo debían a Violet. Había subido uno de los canastos de azucenas de la sala y lo puso en la cómoda junto a la cama. las flores le daban la bienvenida y también las sombras blandas de la red. donde se manifestaba la cariñosa labor en el corpiño. esperando—. la rodeó y puso la sobrefalda sobre una de las sillas azules. la tiró encima del vestido y volvió a acercarse. Después de apoyarlo también en la silla. —La tomó de los brazos. la hizo girar. —No demoraríamos mucho.. que proyectaban sombras enrejadas sobre las sábanas niveas y almidonadas.331 - .. Porque supo que entendía las formas del amor en sus más variadas apariencias. bajo los pechos virginales de la novia. Esta noche. estableceremos costumbres que quizá conservemos toda la vida. en mayor medida que ninguna persona que hubiese conocido. —Insistió en confeccionar ella misma el camisón —le contó Agatha—. volvió y se dispuso a desabotonar la espalda del vestido.

—En un instante. una es más baja que la otra y yo.. —¿De esto se trata? ¿De esta minúscula almohadilla de guata que siento aquí? Veamos. Para hacer gala de coraje. Agatha alzó la vista y se rió otra vez. El paso siguiente me toca a mí.. mis caderas.. si bien a Scott no le molestó. cariño —dijo.. ¿no es cierto? Mucho antes de que terminara. las caderas se balancearon hacia ella. . Cuando tironeó de los faldones de la camisa.. arrojó la camisa. maldito sea. medio desvestida ante el novio. —¿Te da vergüenza? No seas tímida. le aferró la mano.. torcida. soy. uso una almohadilla en una.. comprendió después. pero no las alejó del botón. Sólo una vez en la vida había tartamudeado y fue después del ataque en Proffitt. se suponía que no debía decirlo en mi noche de bodas. Después de desabotonar el chaleco. Terriblemente preocupada. y estaban llenos de arrugas. hacerlo otra vez. —Scott Gandy. incómodo.. te amo.. mientras que Agatha lo hacía con los del pecho.. —Me temo que no soy muy buena para esto. Los faldones conservaban la tibieza del cuerpo.? Oh. Mirarlos le resultó un gesto tan íntimo como contemplar la carne que los había entibiado y le hizo galopar el corazón. Lo único que logró fue que se ruborizara más aún. ¿te imaginas lo que... nerviosa. que cayó cerca de la silla.332 - ... Dejó las manos quietas.. Era desconcertante.. Le puso las manos en las caderas y apretó. Meto la mano ahí. conocí a una mujer que se ponía una de éstas en el corpiño. Pero cuando el hombre estiró la mano hacia el botón de la cintura de la enagua. no te aflijas más. Le rodeó el cuello con los brazos. flexionó las rodillas y se inclinó para examinarla—. Agatha estaba riéndose. pero Scott se limitó a sonreírle y la dejó seguir forcejeando. —Scott. y la saco con una bola de algodón en lugar de un pecho.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR temblorosos hacia el chaleco del esposo.. Mi deformidad. —Sácamela —le ordenó con suavidad—.. retorciéndose las manos sin advertirlo. y. Él mismo se ocupó de los botones de los puños. tú sí. yo. Pero Scott abordó el problema de manera directa.. incluyéndome a mí.. tocándole la mejilla... Una vez. señora mía. Frunció las cejas. —Bueno. —Sí. nunca te disculparás. la enagua yacía a los pies y el secreto estaba expuesto.. La sujetó de las caderas. Cuando la camisa quedó abierta hasta la cintura. —Te advierto que. Y puedes estar segura de que nada complace más a un hombre que una mujer ruborizada. se puso detrás y se lo quitó. La cuestión es que nadie es perfecto.. Los pantalones eran ajustados. en situaciones como ésta. y. con demasiada formalidad. Estaba tan preocupada por eso. Le levantó la barbilla: —Quiero que me prometas que. —¿Que eres qué? —Torcida. Se rió.

¡Como si ella quisiera perder el tiempo más que él. el rico perfume de las azucenas amarillas. ¿Los pies? ¿Todo esto provocaba en el interior de una mujer que le acariciaran los pies? Al volver a mirarlo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —No. —Quítate las medias para no mojártelas.. lo sorprendió pasando la mirada de los parches oscuros en los pechos hasta los ojos de la esposa. puso el pie de la mujer en la ingle.333 - . bajó otra vez la mirada hasta la costura de los pantalones. mientras Agatha se preguntaba qué se exigía de una mujer en un momento así. Cada vez que usaba el gancho. Se dedicó sin disimulo a disfrutar del espectáculo de verla enrollar la seda por las piernas y quitársela. Hicieron el trayecto de prisa bajo las sombras de las magnolias.. sacudiendo la cabeza y salpicando encima del agua. Se bañaron a hurtadillas. —Scott. después de lo que había estado haciéndole en el dormitorio. hasta una cicatriz en el izquierdo. Contra su voluntad. Scott se quitó los pantalones y quedó ante ella con los calzones tejidos de algodón. Le sacó un zapato y lo dejó con cuidado. Lo oyó sumergirse y salir. y apoyó los codos en las rodillas.. por la cinta blanca del sendero de coches. Al levantar la vista. el colchón alto y espeso. aún acuclillado. pero él la contemplaba con aparente calma. la tenue red. giraron . y luego a los brazos acordonados de tendones. Entonces. dedicó la atención al otro pie. las entrañas se le licuaron. Pero antes de que pudiese resolver si tenía que mirar o volverse. Entonces. y Agatha no pudo evitar contemplar fijamente el insólito cuadro. usó un insólito tono sedoso: —Tienes unos pies muy bellos. Tú no te avergüenzas de tus pies. —La llevó hasta la escalerilla portátil junto a la cama—.. Sintió que le ardía la cara. ¿lo sabías? Agatha contempló su pie envuelto en la media blanca de seda entre los dedos morenos del hombre y no se le ocurrió una sola palabra. Ven acá y siéntate. hasta media pierna. —¿Quieres que vuelva a buscarla? Era una pregunta tonta. nos olvidamos la linterna. cambiando bruscamente de talante—. Tomó el tacón en la mano. ¿verdad? —¿De mis pies? —Porque voy a sacarte los zapatos.! Nadaron en la oscuridad. —Me agrada verte hacerlo —reflexionó. La oyó nadar con esfuerzo hasta el extremo de la piscina y la siguió. el pie se iba hacia él. —¿Alguien te sacó alguna vez los zapatos? —N. tomando con firmeza el pie embutido en la media de seda y masajeándolo. vamos a nadar. Le besó la parte interna del pie. sumergiéndose en el agua helada sin pensar en los posibles peligros. no lo soy. Ven. sobre la hierba húmeda hasta la casa de baños. no.. Esperó a que terminara y luego se levantó y alargó la mano hacia el botón de la cintura. Sintió que le subía un calor por el cuerpo y se le enloqueció la imaginación. Al hablar. Tomó un desabotonador de la cómoda y se acuclilló ante ella sin otra vestimenta que los arrugados pantalones color marfil.. cruzando el camino. le quitó el zapato. vio que sonreía. pensando en el suave resplandor de los picos de gas en el dormitorio. Le tomó la mano.

El agua les chorreaba por las narices.. Los labios estaban fríos. —No. —¿Qué era lo que estabas haciendo allá. el lugar íntimo entre las piernas.334 - .. Y ahí.. excitado.. Agatha se apartó. hermosa.. no pudo expresarlo. y corrieron en la noche de ébano hacia la gran casa blanca que los recibió de nuevo en su seno.. salvaje.. El agua sedosa que los unía como un lazo líquido. El brazo izquierdo la sujetó debajo de los omóplatos.. por la espalda de ella. Un rápido repaso con la toalla. donde se torció y quedó colgando.. acarició el cuerpo frío y trémulo a través del algodón mojado: los pechos. en el dormitorio.. y las pieles húmedas se deslizaron con movimientos sinuosos.. sujetándolo de dos puñados de pelo. Scott a la cabeza todo el tiempo. Las largas horas de ese día cumplían su objetivo.. —Percibió la seducción en el tono—. estoy enamorado. te quiero. los .. Dos cuerpos excitados. apretando el cuerpo turgente contra el de ella. No me digas que no lo sabes. Scott Gandy? —Tú lo sabes.. practicando una danza de acoplamiento con mi esposa. diciendo luego: —Dilo. Fue una revelación para ella comprender que la necesidad de acoplarse no tenía que quedar reservada a las camas de palo de rosa con baldaquinos. Incluso a través de la tela mojada y fría. arrojando una delgada cinta amarilla sobre los husos del balcón mientras él la llevaba otra vez arriba. Cuando retrocedió fue sin remilgos. sólo con que la agonía de esperar se pudiese acabar. impaciente. un beso impaciente. completa. —Gussie. a la que estos rituales le encantan pero es demasiado tímida para admitirlo. mientras la mano libre del hombre merodeaba por todos lados. eres perverso. Ya era bueno sentir sus manos sobre ella. Gussie. la sacó de la piscina.. —Scott. Las lámparas de gas los esperaban. —Amo tus manos. por los brazos curvos de la escalera. pero las lenguas calientes. Seré muy bueno contigo. Cuéntame que te provocó. me siento. las caderas y. Así como no pudo evitar que el rubor le encendiera las mejillas. la hizo jadear y tapó el sonido con su boca. sobre mí. cómo un cuerpo provocado podía satisfacerse con un resbaladizo y frío escalón de mármol. sin aliento...LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR juntos y nadaron un largo hasta los escalones de mármol. la puso de pie y la acercó en un solo movimiento. privados durante demasiado tiempo. Sosteniendo los pechos en las manos ahuecadas. en las bocas. las mejillas. la atrapó por el brazo mojado. Estaba esperándola cuando llegó. no soy perverso.. La besó. Agatha no tuvo ocasión de timideces. Te mostraré cada paso antes de hacerlo. en una negrura tan absoluta como el espacio. resbaladizo y la atrajo hacia él. di lo que estás sintiendo. por primera vez. y sábanas meticulosamente limpias. pues su esposo no lo permitió. Los brazos esbeltos de la mujer le rodearon el cuello. Sin una palabra. para soltar los botones de los hombros y bajar la ropa interior mojada hasta las caderas. Gussie. robándole un beso caliente... los elevó. Cuando se cerró la puerta del dormitorio. los labios y los brazos pegados. por el bigote. Agatha apoyó las manos sobre la espalda esbelta. y sobre el brazo de él. mientras él le ponía la mano en sus propias partes íntimas.

con movimientos ora lentos. Te amo. ora rápidos. Le puso el camisón para cubrirla. lo primero que le había gustado. dubitativos. estaba penumbroso. la llevó hasta la cama. La torpeza que esperaba no apareció por ningún lado.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR contempló. ¿no te parece? La levantó. Zarcillos de sensaciones bajaban por su cuerpo y se adueñó de una gama completa de ellas. viendo que los claros ojos parpadeaban. Scott dedicó largo rato a contemplarle el rostro. Tendríamos que llevarnos bien. Mientras volvía. y lo calentó con la lengua. impúdico. No sólo es un hombre hermoso. Entonces. tomó en la boca uno de los pezones frío y erguido. fue hasta la cama. el pecho. los adoró. Gentil y paciente con su novia ignorante y virginal». la frente ancha. con un roce de las yemas sobre el cabello. una mujer muy hermosa. Agatha le tocó las manos. La acarició otra vez. y el bigote cosquilleaba mientras jugaba el mismo juego excitante con los dientes. En ellos vio Scott que estaba maravillada de su propio despertar sensual. esbelto.335 - . sea divertido. me lo dirías? —No hay motivo. ante cada contacto. la línea de la mandíbula. —Levanta los brazos —le indicó. Sin esperar respuesta. con movimientos deliberados. La esposa lo contemplaba desnudo. Gussie. para aprender.. lo atrapó suavemente entre los dientes.. atrapó la recalcitrante prenda de algodón y terminó de quitársela. creo. Se apoyó en una rodilla. —¿Si lo tuvieras. tal vez. y el . Aguardó. el estómago. tironeó con los labios. apartó el mosquitero y tomó el camisón. —Mírate. Agatha cerró los ojos. Agatha comprendió que estaba dándole tiempo para ambientarse. Agatha levantó la cabeza y abrió los ojos. —No. —Creo que eres un hombre muy hermoso. íntimo. Le tomó la mano y apretó los labios sobre la sortija de bodas. —Y tú. después ajustó la cinta azul bajo los pechos y se tomó el trabajo de hacer una lazada. ah. la acostó sobre el alto colchón y se tendió junto a ella. Scott entibió el otro pecho como había hecho con el primero. se quitó los calzones mojados y los apartó con el pie. ¿Quieres ponerte el camisón? Tendré que sacártelo pero. sino también gentil. con los ojos cerrados. y pensaba: «He recibido una doble bendición. se incorporó. Pero le tembló la voz y no bajó la mirada. cada nueva meseta de pasión que le provocaba. La mirada de la esposa se clavó en su rostro. para observar. Sentirse tan amada la libró de todo. —¿Tienes miedo? —le preguntó. La mujer echó la cabeza atrás. observando con lentitud los ojos verdes. la lengua. Bajo el baldaquino. Le besó los huecos entre las costillas. contuvo el aliento. menos lo bueno que era estar de pie ante un hombre que la recorría con los labios. Cuando terminó. —Piensa que no deberíamos desilusionar a Violet.

sin duda.. —¿Te imaginabas mis manos mientras estábamos separados? —Siempre. Así las imaginaba cuando estuvimos separados. —Descríbemelas. sí. las polillas continuaban su danza mientras que. rio se movió. lascivos. Sintió que le quitaba el camisón por la cabeza con mucha más impaciencia que cuando se lo puso. Scott. Scott. tocándola con una incitación que pronto se convertiría en plenitud. la tomó en los brazos. —Ohhh. le resultó inesperada. natural. con lágrimas en los ojos y los . —Scott. Claro. los pechos. No descuidó ninguna parte del cuerpo: primero el cabello. Al otro lado del mosquitero. por ignorancia. con dedos largos. germinó. deslizando las manos con levedad sobre los muslos. emergen de una muñeca angosta. Después. Las orejas.. Y cuando lo tocó. Estoy viéndolas detrás de los párpados mientras me tocas. —dijo después. mordiéndola con suavidad.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR perfume de las azucenas flotaba sobre sus cabezas. un hombre como él.. oh. Dentro de Agatha fue primavera: un capullo se hinchó... Las conozco tan bien. mojando la tela y a ella. Le tomó la mano y la guió. dándole besos con la textura del bordado de Violet. Ah. como si quisiera memorizar el exterior antes de sumergirse más a fondo. provocándole un ronroneo gutural. tus manos.. Sólo la superficie. y exploró la piel debajo del camisón. Permaneció inmóvil como el dial de un reloj de sol mientras el mundo giraba. en que la lengua la invitaba a una danza. —Tócame —le dijo Scott—. pero. caliente y flexible. Fue un descubrimiento: lo halló firme. los ojos oscuros se clavaban en los verdes claros. los labios: besos cálidos. sosteniendo una mano de póquer. —¿Y esto? Contuvo el aliento y se movió para acomodarse. revolviendo el pelo de Willy. Encendiendo un puro. Fácil.. el cuello. adentro.. —Manos bellas. Soltó la cinta azul que hacía tan poco había atado. y la hizo gritar su nombre sin saberlo cuando llegaba a la cima que. luego. la atrajo hacia él de manera que los dos cuerpos quedaran unidos en toda su extensión. hasta que los mechones quedaron extendidos como un charco de cobre alrededor. mientras creaba otra vez con las manos la misma magia que en la piscina. Scott tenía un modo especial de hacer las cosas. ¿cómo podía sentirse incómoda con un hombre como él? Ah. solía pensar en tus manos y pensaba cómo sería que hicieran esto.. el estómago. los pechos. una muñeca que sale de un puño blanco que asoma bajo la chaqueta negra. Rodó hacia ella y se apartó. Se quedaron acostados sin otra cosa que el tiempo para explorarse. —¿Te gusta? —Oh.. no tengas miedo. en mi apartamento. la besó lánguidamente. acariciándolos primero con los pétalos de la magnolia. Agatha había esperado pasar por momentos de incomodidad. quitándole la magnolia y apoyándola sobre el pecho mientras sacaba las hebillas. el suficiente vello negro para hacerlas increíblemente masculinas. la clavícula. Cuando iba a acostarme. mientras la tocaba otra vez en su parte más íntima. y al primer contacto la respiración se escuchó agitada en la quietud del cuarto. perfectos. floreció.336 - .

a continuación.. mientras él permanecía dentro. —Se echó atrás para mirarle la cara —. cayeron de costado saciados. la maravilla.. la novedad. Las polillas se golpeaban contra la red.. con las sombras del mosquitero dándole una extraña textura a las pieles. otra vez los embates que los llevaban a los dos con impulsos como de seda. Pero las palabras resultaban insuficientes ante emociones tan inmensas. enlazó una pierna sobre las de ella y acomodó los dos cuerpos como los pétalos estrujados de la magnolia que había quedado aplastada debajo de los dos. Después. lo sé. y Agatha le pasó las yemas por la espalda. lo rodeó con los brazos y lo besó. con ansias desesperadas de explicar lo que sentía. —Sí. alguien con quien compartir la mesa a la hora de la . fascinada.. la aprobación.. Los movimientos ágiles. —¿Estás bien? —preguntó al fin. Se había olvidado de la cadera. permitiéndole que se adaptara. —Yo creí que sólo existía para la procreación. instantes antes de que él se estremeciera. sucedió el milagro: ya no era virgen. Todo lo que siguió fue hermoso. los cambios de posición. cerrando con fuerza los ojos. —No creo que lo sepas. Y antes de que el beso acabara. —Violet te contó. —No con la suficiente elocuencia. saboreando el momento. las pausas para admirarse y observarse de cerca. tocándose los rostros como si fuese por primera vez. —¿Qué cosa? No sabía muy bien cómo expresar lo que sentía: la maravilla. —murmuró... restableciendo en ella otra vez el maravilloso embrujo del deseo que hizo saltar los límites por segunda vez. y sus sombras bailoteaban sobre los miembros enlazados de los novios. tocándole la frente.. Scott.337 - . Exhaló un suspiro largo y satisfecho. —¿Y la cadera? —También.. El cuerpo de Scott se unió al de Agatha con la misma facilidad y la misma gracia de todo lo anterior. La atrajo hacia su pecho. los músculos tensos. —Bienvenido. mi amor. y acometiese. —Gussie. No sabes de los años que viví sola y anhelé las cosas más simples. mostrando los dientes. Ella sintió la presencia y susurró una única palabra contra la sien de él. los murmullos.. —De esto se trata. La risa de Scott sonó como un trueno bajo la oreja. la incredulidad. Descansó dentro de ella sin moverse.. —Nadie me contó nunca —le dijo Agatha. —Sí. Permanecieron tendidos quietos. Gussie.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR estremecimientos que la habían sacudido iban calmándose. y jugueteó con el fino cabello cobrizo de la nuca. Por eso.. ¿No te parece maravilloso? No encontró manera de expresar todo lo que sentía. al fin estaba completa. el descubrimiento. Scott. el pómulo.

¿crees que no me diste ninguno? Se acurrucó de nuevo contra él. esta noche. Tú eres la que hizo posible que Willy estuviese en mi vida. cerró los ojos. buscando las palabras. pensando lo cerca que había estado de perderlo—. y cuando los labios se separaron. —Le besó los labios. Pero el corazón de la mujer necesitaba manifestarse. —No. —Fijó la vista en los ojos de Agatha otra vez. sin saber qué.338 - . pues no podía contener todo lo que había recibido. No importaba quién lo dijera. y ahora. hermosa como una magnolia. Me diste tanto... pues era una verdad absoluta. Me sentí como si hubiese renacido. Scott.. la casa otra vez llena de gente. Pero esto. Quiero decirlo.. —Y como si Willy no fuese bastante. —Le tocó los labios—. —Tocó la cicatriz del brazo en forma de cuña. no fueron nada comparados con Willy. Gussie. —No es así. Y Willy ahí contigo... ¿no lo entiendes? Yo estaba pegada a la tierra hasta que tú me los brindaste y me hiciste sentir que era como todos.. una palabra amable. —Gussie. Scott le cubrió los labios con el índice. Scott la besó. recorrió el contorno de los labios con los dedos y luego los dejó junto a la boca de Scott—. — Mientras hablaba. Siento. una cuerda donde tender ropa de niño.. Tú.. cuando comprendo que será nuestro para siempre. bailar. esto. Le apoyó el mentón en la cabeza. yo. No te imaginas lo vacío que me sentía. buscando mi lugar en el mundo.. pero no hay nada que pueda darte. y escuchar algo. además del tictac del reloj.. Pienso que si no te hubiese conocido seguiría vagando. me diste una familia.... fue como si. Fue demasiado grande para describirlo. Regalos que no pueden comprarse.. —¿Y qué me dices de mí? ¿Qué obtengo yo con este matrimonio? Déjame decirte algo. una tras otra. Déjame terminar.. después en las tabernas.. y. compensarte. y todos los que amo esperándonos abajo. con los suyos temblorosos—. Anduve sin rumbo durante mucho tiempo. Cuando te vi salir del dormitorio con Willy. cabalgar. . tú fuiste... Nunca podré agradecerte lo suficiente por Willy y. y la que me hizo prestar atención a lo que tenía con Jube. la miró a los ojos con expresión seria. —Te amo —replicó el otro. Más de lo que hubiese imaginado. Nadar. en ocasiones. que no era más que una imitación de lo que tenemos tú y yo.. Me brindaste todo eso. la mejilla sobre el pecho duro... sintiendo que una sola palabra más le haría estallar el corazón rebosante. Todos estos años aposté en los barcos fluviales. otra voz humana. algo que no tuve en toda mi vida. con ese vestido blanco. Hablas de regalos.. con la mejilla de ella en su palma—. Me liberaron.. Vagando. todavía se me llenan los ojos de lágrimas. Aun así.. recordando la noche en que recibió esa herida. Quiero demostrarte mi gratitud. buscando. son cosas que jamás esperé vivir. —Te amo —dijo uno de los dos. Tú eres la que me hizo entender que tenía que regresar aquí para poder ser feliz otra vez. —¿Qué? —No lo sé.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR cena. oh.. Se le llenaron los ojos de lágrimas y se ahogó con las palabras.

. pero se lo devolvieron en la carne. y lo aceptaron.. Scott Gandy plantó dentro de su esposa el regalo más maravilloso de todos. los labios se encontraron. —Para siempre —repitió Agatha. en los pliegues blandos y furtivos de la noche. lo vio desaparecer. Y mientras alrededor Waverley extendía sus alas protectoras.339 - .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Para siempre. *** . y Willy dormía al otro lado del pasillo. Las sombras se lo robaron. Scott se levantó para apagar las luces. El anhelo retornó. La mujer contempló las sombras enrejadas del mosquitero sobre la piel del hombre. lo nutrieron e hicieron el amor una vez más. L. firme y tibia. En la oscuridad. y los fantasmas del pasado se mezclaban con las promesas del futuro. y el ciervo se alimentaba de las hojas de boj.

Nació en 1943 y comenzó trabajando como profesora. pero su pasión por la novela le hizo volcarse por entero en su trabajo como escritora. Lavyrle Spencer es una de las más prestigiosas escritoras de novela romántica. Scot. pero eso no le ha impedido luchar por una vida mejor. Un accidente ocurrido durante la infancia la ha dejado lisiado.UU. oculta tras su vida de libertinaje un corazón destrozado y un espíritu apasionado. LaVyrle Spencer Título original: The Gamble Edición original: Jove Books Traducción: Ana Mazía © 1998 Ediciones B Argentina s. *** © 1984.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR RESEÑA BIBLIOGRÁFICA LAVYRLE SPENCER Vive en Plymouth. Publicó su primera novela en 1979 y desde entonces ha cosechado éxito tras éxito. dueño de una taberna en la que el juego y el alcohol son el pan de cada día. capaz de albergar una increíble grandeza. Minnesota. Diseño de tapa: Verónica López ISBN 950-15-1919-8 . JUEGOS DE AZAR Agatha es una joven sombrerera que vive marcada por una vida sombría y sin amor. EE.340 - . dentro del género histórico o contemporaneo.. Las circunstancias la han llevado a convertirse en adalid de la moral y defensora de la Ley Seca.a.