LaVyrle Spencer

JUEGOS DE AZAR

Con amor a Marian Spencer, de quien tanto aprendí sobre el amor.

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ÍNDICE
AGRADECIMIENTOS Capítulo 1Error: Capítulo 2Error: Capítulo 3Error: Capítulo 4Error: Capítulo 5Error: Capítulo 6Error: Capítulo 7Error: Capítulo 8Error: Capítulo 9Error: Capítulo 10 Capítulo 11 Capítulo 12 Capítulo 13 Capítulo 14 Capítulo 15 Capítulo 16 Capítulo 17 Capítulo 18 Capítulo 19 Capítulo 20 Capítulo 21 Capítulo 22 Error: Reference source not Reference source not found Reference source not found Reference source not found Reference source not found Reference source not found Reference source not found Reference source not found Reference source not found Reference source not found Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not Error: Reference source not found

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RESEÑA BIBLIOGRÁFICA Error: Reference source not found

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AGRADECIMIENTOS
Mi sincero agradecimiento al señor Robert Snow y señora, de la plantación Waverly, en West Point, Mississippi, por prestarme su hermosa mansión del período anterior a la Guerra Civil, con sus fantasmas incluidos, para la creación de este libro.

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LAVYRLE SPENCER

JUEGOS DE AZAR

Capítulo 1
1880 Agatha Downing miró por la ventana de su tienda de sombreros y vio cruzar la calle a una pintura al óleo de tamaño natural, que representaba a una mujer desnuda. Contuvo una exclamación y apretó los puños. ¡Otra vez ese hombre! ¿Qué se le había ocurrido ahora? No era suficiente con que hubiese instalado su negocio de venta de licores y estimulase a hombres honestos a derrochar el dinero ganado con gran esfuerzo en juegos de azar, en la puerta vecina. ¡Ahora, traía cuadros de mujeres desnudas! Horrorizada, apretó una mano contra el corsé con ballenas y observó al alegre grupo de haraganes que iban en dirección a ella. Lanzando exclamaciones entusiastas, se abrieron paso a empujones hacia el Gilded Cage Saloon, la taberna de la Jaula Dorada, cargando sobre los hombros la tela enmarcada. La calle era ancha y lodosa, y les llevó un tiempo cruzar. Antes de que hubiesen llegado a mitad de trayecto, todos los hombres que estaban en la acera se unieron a ellos ululando, lanzando los sombreros al aire, brindando un audaz homenaje a ese desnudo digno de Rubens. Cuanto más se acercaban, Agatha apretaba más el corsé contra sí. La desdichada figura de más de un metro ochenta, tenía los brazos extendidos al cielo, como si quisiera elevarse... de frente, voluptuosa y desnuda como un grajo recién desplumado. Agatha apartó la vista de tan desagradable espectáculo. ¡Por todos los Cielos! Sin duda, todos ellos irían en dirección contraria al cielo. ¡Y, al parecer, querían llevarse a los niños con ellos! Dos pequeños habían visto a los parrandistas y se acercaban corriendo al centro de la calle barrosa para ver mejor el espectáculo. Agatha abrió la puerta de par en par y salió a la acera, cojeando. —¡Perry! ¡Clydel! —les gritó a los chicos de diez años—. ¡Volved a casa enseguida! ¿Me oís? Los dos se acercaron y miraron a la señorita Downing, que señalaba con el dedo hacia el extremo de la calle. —¡Enseguida, dije, o se lo contaré a vuestras madres! Perry White se volvió hacia el amigo Clydell Hottle con expresión desdichada en la cara pecosa: —Es la vieja señorita Downing. —¡Oh, no! —Mi madre le compra sombreros. —Sí, la mía también —se lamentó Clydell. Dirigieron una última mirada curiosa a la dama desnuda del cuadro, se volvieron a desgana y se fueron a casa arrastrando los pies. Mooney Straub, uno de los borrachos del pueblo, alzó la voz entre el populacho y les gritó:
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—¡Esperad a ser mayores, niños! Risas ásperas acompañaron el comentario, y la indignación de Agatha subió de punto. Qué gentuza. No eran más que las diez de la mañana, y Mooney Straub casi no se tenía en pie. Ahí estaba también Charlie Yaeger, que tenía esposa y seis hijos viviendo en una choza sólo digna de los cerdos; y el joven hijo de Cornelia Loretto, Dan, que el vecino contrató como crupier del juego de lotería, cosa que avergonzó mucho a la pobre madre; y el cantinero de aspecto feroz, de cabello blanco, espeso, que sólo le crecía en la mitad izquierda de la cabeza; y el pianista negro de ojos vivaces que parecían no perder detalle; y George Sowers, que años atrás se enriqueció en los yacimientos de oro de Colorado, pero que bebió y perdió en el juego toda su fortuna. Y a la cabeza de todos ellos, el responsable de esparcir semejante plaga en el umbral de Agatha: el hombre al que todos llamaban Scotty. Agatha se instaló en los escalones de entrada a la taberna y esperó que la brigada del ejército de Satán se abriese paso entre el barro primaveral. Cuando llegaron a la barra para atar los caballos, Agatha abrió los brazos: —¡Señor Gandy, protesto! LeMaster Scott Gandy levantó una mano para detener a sus seguidores. —Deteneos aquí, muchachos. Parece que tenemos compañía. Se dio la vuelta lentamente y alzó la vista hacia la mujer que se cernía sobre él como un ángel vengador. Estaba vestida de un gris apagado. La falda de pliegues a la austríaca, enlazada atrás, estaba muy apretada de adelante atrás. El polisón sobresalía hacia arriba como la columna vertebral de un gato erizado. Llevaba el cabello peinado hacia atrás en un severo moño que tenía la apariencia de provocarle un eterno dolor de cabeza. Los únicos toques de color eran las manchas rosadas en las mejillas blancas y tensas. Con una sonrisa en la comisura izquierda de la boca, Gandy se quitó el sombrero Stetson de copa baja con gesto perezoso. —Buenos días, señorita Downing —dijo, arrastrando las palabras con acento sureño, que olía a magnolia. La mujer puso los brazos en jarras: —¡Señor Gandy, esto es un escándalo! El sujeto continuó con el sombrero levantado, sonriendo de costado: —Dije «buenos días», señorita Downing. Aunque una mosca zumbó junto a su nariz, Agatha no movió un párpado. —No son buenos días, señor, y no fingiré que lo son. Gandy volvió a calzarse el sombrero sobre el cabello renegrido, sacó una bota del barro, la sacudió y la apoyó en el escalón más bajo. —Bueno... —pronunció, sacando un puro del bolsillo del chaleco, y guiñando los ojos hacia el cielo azul de Kansas. Luego, miró a Agatha con los ojos entrecerrados—. Salió el sol. Ha dejado de llover. Pronto llegará el ganado. —Mordió la punta del cigarro y la escupió al barro—. Yo llamo a eso un buen día, señora. ¿Y usted? —¡No pensará poner esa... —señaló, indignada, la pintura— ...a esa hermana de Sodoma en la pared de su establecimiento para que todos la
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y lo haré. las mujeres no! Gandy apretó las palmas contra la rodilla. llevemos adentro a la señorita. —No puedo permitirlo. que la use para hacer fuego. y los hombres avanzaron. se inclinó hacia adelante hasta que el ala del sombrero casi tocó la nariz de la mujer y habló con calma. —Como tenía la bota alta del hombre contra su falda. Por encima del hombro.. ¡Y usted sabe perfectamente que los chicos lo harán! —¿Quiere que ponga un guardia. y el sol hizo brillar sus dientes blancos y regulares: —¿Hermana de Sodoma? —Metió la mano en la ajustada chaqueta negra.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR vean! El hombre rió. cuando esté adentro. Tras él se levantó ün clamor. —Agitó un dedo ante la nariz del hombre—.. Su manera de hablar. que había bajado uno. verdes y desafiantes. —No haré nada de eso. e impulsó más hacia arriba el polisón. ya no tendrá que volver a verla. El hombre dibujó una sonrisa gallarda. Gandy recorrió apreciativamente la figura desnuda de la cabeza a los pies: —Ella está aquí. sí puedo —replicó con frialdad—. que «guardia» sonó como «gadia»—. son tan culpables como si las hubiesen cometido ellos mismos. —¡Pero no puede colgar ese cuadro! —Oh. con pronunciado acento. Las pobres madres estarán horrorizadas..y se queda. Los ojos de ambos se encontraron y sostuvieron las miradas: los de él. la arrimó al puro. si no se aparta. La rodilla del hombre dio contra la rígida falda gris. Más aún: cualquiera puede espiar por debajo de esas ridiculas puertas de vaivén. a Agatha le costó un gran esfuerzo no ceder terreno. se palpó los bolsillos del chaleco y sacó una cerilla de madera—. ¿Eso la dejaría contenta? Encendió la cerilla en el poste. Agatha cerró los orificios de la nariz. muchachos. y se irguió más. negros y penetrantes. —Esos niños inocentes ya la vieron. los de ella. dio una calada honda al cigarro y le propuso: —Impídamelo. enfureció a la mujer tanto como su actitud caballeresca y el hedor del cigarro. pero lo miró fijo—: ¡Si los comerciantes respetables de este pueblo son demasiado timoratos para oponerse a estos antros de vicio y corrupción que usted y los de su clase nos impusieron. los -7- . Gandy alzó una ceja: —Si nos permite. —Lo que me dejaría contenta es que devolviese usted esa pintura al lugar de donde salió. por favor. señorita Downing? —El acento sureño fue tan pronunciado.. —Hizo un gesto con el cigarro sobre el hombro—. Si le resulta ofensiva. Vamos. Tras Gandy. la arrojó por encima del hombro y le sonrió en medio del humo. en cualquier momento. señorita Downing. —se volvió de nuevo hacia Agatha— . O mejor todavía. no me dejará otra alternativa. lenta y despreocupada. Gandy subió un escalón y se topó con la señorita Downing. no tiene de qué preocuparse. Sin abandonar la sonrisa. —Los que se apartan para permitir indecencias de esta clase. pero con un inconfundible tono de amenaza: —No me gustaría maltratar a una mujer delante de sus vecinos pero.

y el labio inferior casi tapaba al superior. Cuando desaparecieron. sujetó el cigarro entre los dientes. los ojos que parecían capaces de perforar granito. aferró a Agatha de los brazos. recordaba al perfil de un mero. se limpió las botas en el felpudo de la entrada y siguió al ruidoso grupo adentro. el dueño de la taberna y el tabernero salieron por sus propias puertas de vaivén para observar el enfrentamiento con expresión divertida. De la mata roja que rodeaba la boca. emergía la punta de un cigarro apagado. con bandas elásticas en las mangas. a Gandy. la nariz como guadaña. en Kansas.. Pero el barro la chupó más profundamente y aterrizó sobre el polisón con una salpicadura ignominiosa. Subió la escalera de entrada. Estaba vestido con una camisa de rayas rojas y blancas. también negro como si la naturaleza aprobara la decisión de darle un aspecto atemorizante. Irradiaba la clase de severidad que hacía que la gente retrocediera. Perry White y Clydell Hottle se protegían los ojos con la mano. —El nombre de esa mujer. -8- . el sujeto levantó el sombrero y le dedicó una sonrisa hechicera: —Buenos días. El mentón retraído. y comprendió que sus clientes más firmes y sus mejores amigos querían ver si retrocedería ante una mujer: eso lo hubiese convertido en el hazmerreír de Proffitt. cuando se la presentaban. estaba alisado sobre las sienes y aplastaba las orejas contra la cabeza.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR hombres esperaban con el barro a los tobillos. los secuaces cargaban a la dama desnuda por los escalones de madera. Fue un placer. Con aire despreocupado. sobre unos brazos enormes que tenía cruzados sobre el pecho macizo. Bajo el ala sin adornos de un sombrero cuáquero completamente negro. señora —dijo Gandy. Drusilla Wilson se detuvo. por favor? —preguntó Drusilla Wilson. furiosa. —¡Bienhecho. esperando a ver quién ganaba. Los hombres lanzaron un rugido a modo de aprobación. ¿cuál es. en lugar de adelantarse. Tenía la figura y la rigidez de un poste. Agatha gritó. Downing. Gandy contempló los ojos decididos de Agatha Downing. Con la maleta en la mano. toda la escena fue observada por una mujer vestida completamente de negro. La boca fina tenía un gesto amargo. y las risas burlonas se habían convertido en un silencio expectante. la levantó del escalón y la plantó unos veinte centímetros dentro del lodo. Y aunque no lo habían educado para faltar el respeto al sexo débil. con formalidad. que se sacudía cada vez que reía. Después de presenciar el altercado al otro lado de la calle. la mujer no le dejaba alternativa. y las puertas quedaron balanceándose a su espalda. Al otro lado de la calle.. aparecía una fina franja de cabello. la señorita Wilson se volvió hacia un hombre de barba rojiza con mostacho engominado que estaba junto a las puertas vaivén del Hoof and Hora Saloon. Ese cabello. Gandy! —¡No permitas que ninguna falda te detenga! Mientras Agatha miraba. agitó los brazos y trató de sacar los zapatos del lodazal. En la calle. Desde la acera opuesta. —Como guste. y atravesaban las puertas vaivén del Gilded Cage Saloon.

—Drusilla Wilson —anunció la mujer a modo de presentación. le dolía y no lograba levantar el peso de la mujer. era inútil intentarlo. Aunque se balanceó hacia adelante.? -9- . —Ésa es Agatha Downing. señor? El sujeto le dedicó una sonrisa de dientes marrones. Alzó la maleta con una mano. ¿Qué está haciendo ella aquí? Tom Reese se encogió de hombros. indicó a Agatha. Cayó hacia atrás. —¿Y yo cómo sé qué está haciendo aquí? Supongo que crear problemas.. —¿Y dónde vive? —Ahí mismo. Sin participar de la diversión. Drusilla echó un vistazo a la lamentable figura al otro lado de la calle y murmuró: —Perfecto.. y mientras se acercaba a su «hermana» caída en el lodo. rogaba que fuesen Heustis Dyar y el dueño de Gilded Cage los primeros en sufrir el impacto de su llegada. la mujer respondió: —Drusilla Wilson.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Quién? ¿Ella? Riendo otra vez. encajó otra vez el cigarro en la boca pequeña y respondió: —Heustis Dyar. —Se sacó el cigarro de la boca y dio un paso hacia ella—. Encima de la sombrerería. Una mano enfundada en un guante negro se extendió hacia ella. Atascada en el barro frío y pegajoso. encima de la cabeza del hombre: —¿Y es usted el dueño de Hoof y Horn? —Así es —respondió. espere un momento! —Con el entrecejo fruncido. se sujetó las faldas con la otra. —¿Y su nombre. —Drus. y caminó por las piedras que cruzaban la calle. ¿Acaso no es eso lo que hace en cada sitio al que va? Eso era lo que hacía Drusilla Wilson ahí. y deseó ser de la clase de mujer que echa maldiciones. —¿Es la dueña? —Sí. no podía confiar en ella.. en los peores. —¿Puedo ayudarla. —Se quitó el resto del cigarro y señaló con la punta—. deslizando los pulgares bajo los tirantes y proyectándolos hacia afuera—. —¿Drus. En los mejores momentos. con las manos enterradas hasta las muñecas. no pudo ponerse de pie. Otra vez. la cadera. se volvió hacia el cantinero que apoyaba los antebrazos en las puertas vaivén—. Drusilla asintió. ¿Quién pregunta? Con un breve gesto de la cabeza. señorita Downing? Agatha levantó la vista y vio unos fríos ojos grises que se esforzaban por ser simpáticos. Pero se dio la vuelta otra vez hacia el hombre de la barba rojiza que aún sonreía contemplando a Agatha que intentaba librarse del barro. orgulloso. Agatha tenía gran dificultad en levantarse. La mujer alzó una ceja y miró el cartel que lucía en el falso frente del edificio.. ¡Eh.

.10 - . me siento tan honrada de conocerla... se manchará el vestido. gracias. Subió como lo hacía siempre: los dos pies en cada escalón. pues. La falda sujeta atrás le hacía la marcha aún más difícil. mientras la ayudaba a subir los escalones. —No es nada. Por favor. Dentro. aferrándose con tanta fuerza al pasamanos que los nudillos se le ponían blancos. Agatha cruzó el taller y salió por una puerta trasera. realmente. trabándole los movimientos. me han arrojado de todo. Agatha miró maravillada a la mujer. por cierto.. Por favor. no. Yo. El corazón de Agatha latió. estaba un poco agitada.. únicos sonidos que perturbaban la apacible mañana de abril. emocionada: —Señorita Wilson. después de un momento tan duro como el que ese hombre la había hecho pasar.. Se detuvo. levántese.. Un poco de limpio barro de Dios será un alivio. En la pared del fondo del edificio había una escalera de madera que llevaba a los apartamentos de arriba.. pero Agatha no.. ¿Puedo esperarla mientras se cambia de ropa? —¡Oh. Las dos mujeres caminaron hasta la tienda vecina. Agatha se limitó a exhalar con comprensible cólera y reconoció . en el estado de Kansas.. excitado. —Vamos. sin soltar la baranda. Cuando llegó al rellano superior.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Estupefacta.. la que está en mi humilde tienda. desató el último par de lazos. Drusilla aferró la mano de Agatha y la ayudó a levantarse. Tal vez otra mujer se hubiese permitido llorar. Estar de pie o caminar sobre una superficie plana era tolerable. El rellano era compartido por los habitantes de ambos apartamentos. Agatha hizo una mueca y se apretó la cadera izquierda con una mano. sin duda! —Agatha indicó un par de sillas en la parte del frente del negocio—. créame. —¿Eso significa que sabe quién soy? —Desde luego. pero alzar la pierna izquierda era difícil y doloroso. Las escaleras eran lo peor. —¿Está lastimada? —No. en cuyo escaparate se leía en brillantes letras doradas: AGATHA N. ya sonaba el piano y se filtraban risas. A mitad de camino. sí. Pasaron juntas por la puerta de la Gilded Cage. claro. Desde cerveza hasta estiércol de caballo.. —Oh. SOMBRERERA. Agatha olvidó que estaba toda sucia y dijo.. Echó un vistazo a la puerta que llevaba a la vivienda de Gandy. Yo vivo arriba. y me atrevería a decir en todos los Estados Unidos y. —Me he manchado con cosas peores que lodo. DOWNING. —Bueno. claro. de modo que no tardaré más que un minuto. metiendo la mano bajo el ruedo. se inclinó y. Adentro... —Pero está cojeando —advirtió Drusilla. —Tome mi mano. sólo en mi orgullo. —Pero. señorita Downing. ¿Acaso no la conocen todos? La señorita Wilson se permitió una risita seca... me conoce todo aquel que haya oído la palabra templanza. no puedo creer que sea usted. yo. —Me gustaría conversar un rato con usted. Si me disculpa.. póngase cómoda mientras me ausento.

Cuando se volvía hacia la puerta. Tendría que llevarla enseguida al lavadero de Finn. Agatha N. Sobre una mesa de caoba. En las paredes había filas de pulcros compartimientos en los que se veían cintas.. una selección de frutas de pasta de aspecto tan real que daban ganas de comerlas. pero estas prendas eran blancas. En un gabinete de cristal había todo un aviario de pájaros. Además. Sobre otro mostrador había otra variedad de esclavinas de piel. y comprendió que la caída de ese día no era la causa. pero éste estaba sobre un soporte de madera bajo esas larguísimas escaleras. De la pared del fondo colgaban de un cordel plumas de avestruz. En una canasta de mimbre. nidos y huevos. encaje y adornos. Cuando Agatha desapareció tras la cortina. tapizadas de color orquídea pálido que hacía juego con las cortinas. Al parecer. sonrió al pensar que al fin le habían llegado refuerzos. tallada. El vestido. Algunos eran calados. dinero e inconvenientes. La carreta de agua fue esa mañana temprano a llenar el barril. Downing tenía un problema de cadera desde hacía mucho tiempo.. La ira de Agatha aumentó cuando se quitó el polisón de algodón y las enaguas. Wilson descartó leerlas. ocho lazos de cinta atados por dentro para formar el polisón de atrás. y la mitad que sujetaban la falda en forma de delantal alrededor de las piernas. Adornada con un par de cabezas de zorro embalsamadas. era gris. A medida que soltaba cada cinta. Después.11 - . Con él en la mano. . semejaba más la vitrina de un científico que el exhibidor de una sombrerera. cubiertas de barro. Drusilla Wilson miró alrededor. el corazón le dio un vuelco. y encima. el polisón perdió todos sus bultos y quedó tan plano como la pradera de Kansas. por lo menos. Todos esos miles de puntadas a mano. el vestido perdía forma. A Drusilla Wilson no le llevó más de dos minutos confirmar que la señorita Downing tenía en sus manos un buen negocio. eso quedaba descartado. las últimas ediciones de las revistas Graham. ¡Ese hombre! ¡Ese sujeto maldito. Entre las sillas había una mesa de tres patas. pero considerando quién la esperaba abajo. la visitante veía a la señorita Downing cojear desde la parte de atrás de la tienda. Después te preocuparás por eso. Mariposas. Le llevó cierto tiempo quitarse el vestido. Cerca del escaparate cubierto con una cortina de encaje había un par de sillas de estilo Victoriano de respaldo ovalado. el fregadero no tenía el tamaño suficiente para lavar una prenda así. Temía que ni siquiera el jabón de lejía casero de Finn pudiese quitar manchas de lodo tan espesas.. Y sin un lugar donde lavarlo. Sobre formas de papier maché. se exhibía una variedad de sombreros tanto de fieltro como de paja toscana. o lo habían sido. otros lisos. Godey y Peterson. enervante! No tenía idea de lo que le costaría a Agatha en cuestión de tiempo. botones. Miró el fregadero seco y el cubo de agua que estaba junto a él. y prefirió recorrer el establecimiento. Cuando quedó desatado el último lazo. ¡La propia Drusilla Wilson está esperándote! Abajo. Tenía veintiocho botones en el frente.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR un gran anhelo de hacerlo morder el polvo. y abanicos de plumas de faisán. un surtido de gasas y algodones plegados mostraban un prisma completo de colores.. y dedujo que. Margaritas y rosas artificiales hechas con mucho arte se veían en un cesto chato. libélulas y hasta abejorros se sumaban a la colección. La tienda era larga y angosta.

. Como sea. —Sin aviso previo. cuando se hizo sombrerera y se mudó aquí. —Una se acostumbra a esto cuando lucha por nuestra causa.. —Gracias. si bien el borde de encaje que se repetía en las muñecas le daba un aire pecaminoso. la ayudaba a coser en casa. —Señorita Wilson —declaró con sinceridad—. —No me importa mucho lo que dicen de mí. La mayoría.12 - . por eso estoy aquí. ¡He aquí a una mujer a la que quiero luchando a mi lado!». yo continué su labor. cuando dije que era un honor tenerla aquí. —Eso he leído. no fue nada. Me dicen que se nos está yendo de las manos. Agatha se ruborizó de placer ante semejante elogio en boca de una mujer tan famosa como Drusilla Wilson. Para su gusto. —Sólo en el 78 se formaron veintiséis grupos locales de la Unión de Mujeres Cristianas por la Templanza en todo el Estado. ni con el corpiño ajustado que revelaba con excesiva crudeza la amplitud de los pechos. La señorita Wilson observó la ropa limpia de Agatha. hablaba en serio. Dio otro apretón de simpatía a las manos de Agatha. —Pero ninguna lo hizo. Pero si estaban esos dos niños. comunicación fluida con las mujeres de Proffitt. si la consideran la más alta autoridad en la lucha por la causa de la templanza. Oyó que volvían los pasos irregulares de la dueña del negocio y giró en el mismo momento en que Agatha apartaba las cortinas de terciopelo color lavanda. — Le oprimió los dedos con firmeza—. yo vine con ella. Me llegaron noticias de su pueblo. al menos el ajustado cuello clerical era recatado. el año pasado. maravillosa. Leí mucho sobre usted en los periódicos. no tire el vestido manchado. el azul que usaba era demasiado colorido y moderno.. —Señorita Downing. tan orgullosa. . Yo me dije: «He aquí una mujer que no retrocede ante nada. —¿Cuánto hace que es sombrerera? —Aprendí de mi madre. Sólo hice lo que haría cualquier mujer en la misma situación. —Oh. lo bajó y los labios finos dibujaron una sonrisa apretada—. ¿se siente mejor? —Mucho mejor. a Proffitt. ¡Pero todavía no hemos terminado! —Levantó el puño. las soltó y retrocedió. —Ah. Si las manchas de lodo no salen. ¿no es verdad? Usted fue la única que defendió la virtud. Desde luego. podría usarlo cuando enfrente al enemigo en la próxima batalla. Kansas. Pero a la señorita Downing no parecía preocuparle mostrar ambos contornos con escandalosa claridad. Lo que más importa es que estamos haciendo progresos. Querida mía. Cuando murió. con sus remilgados lazos a la espalda e innumerables filas de alforzas en el frente. Cuando era niña. es una tienda maravillosa. Y tampoco comulgaba con esas faldas estilo delantal tan apretadas que marcaban la forma de las caderas femeninas con demasiada nitidez.. ¡Dios mío!. Más adelante. la señorita Wilson atravesó con agilidad el salón y tomó las manos de Agatha—. Sin embargo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR también. estoy tan orgullosa de usted.

.. —No —La señorita Wilson alzó las manos enguantadas—. señorita Wilson. ¿entiende? A las señoras no les agrada pasar por esta acera por temor a que las moleste algún borracho antes de llegar a mi puerta. A varias de ellas las espanta de tal modo la perspectiva de toparse con los esposos en la calle. Señaló con un gesto a la pared que la separaba de la taberna. hay una razón más humillante para evitar la zona. Pero no hay comparación. cada vez.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Agatha suspiró. y como ese Gandy no las permite en su local. en verdad. La señorita Wilson apretó los labios y alrededor le aparecieron arrugas. aun así. — Agatha entrelazó los dedos y bajó la vista—. Pero.. —Bueno. señorita Wilson. Los maridos de algunas de mis clientas frecuentan la taberna más que sus propias casas. Ahora. la tienda parece próspera. es escandaloso. —Desafortunado pero. —Usted vio con sus propios ojos hasta qué punto.. la mayor parte de las mujeres del pueblo estarán en su lista de clientes. hace un mes. junto a él. como en un budín de dos días. señorita Downing. sí... —Dígame. ¿hay otras tiendas de sombreros en Proffitt? —Pues. en semejante condición. supongo que es así... Desde que vino ese hombre.. —No me sorprende. No quise entrometerme en sus asuntos financieros. Yo. y el señor McDonnell. La mía es la única. Sólo me referí a que está bien establecida aquí y. En su lugar. Y con esas medias puertas. Desde que se abrió la taberna al lado. Y también puede oír por sí misma lo que pasa en el local de al lado. no. —Drusilla. y se hundió en una silla.. Además. Tengo que confesarle algo. el señor Halorhan. al menos así era hasta hace un mes. Yo. los ruidos se filtran a la calle y es indecible las cosas que tienen que oír las señoras cuando pasan. los venden hechos. no puedo decir que las culpo por vacilar en seguir siendo clientes mías. que la sola idea las avergüenza. en la Mercantile. el tabernero arroja a los borrachos a la calle. El lenguaje. a través de la cual llegaban los sones ahogados de «Ángel caído. en Longhorn Store.13 - . con auténtica expresión de pesar—... —Debe de ser penoso. Es muy perturbador. —Por decirlo con discreción. Agatha se tocó las sienes. —Alzó la mirada. —Por favor. —Movió la cabeza con expresión apesadumbrada—. __Vivo decentemente. como le decía. cae en mis brazos». mis motivos para enfrentarme al señor Gandy no fueron estrictamente altruistas. llámeme Drusilla. es peor. fue cojeando hasta el escritorio de tapa corrediza apoyado contra la pared trasera de la izquierda. pero. Oh.. Surgen peleas espantosas a cualquier hora del día y de la noche. continúe.. Me temo que sus elogios fueron un poco apresurados. —Las riñas no son lo único. pensando en lo que valen aquí los espejos y la cristalería. Bueno. por supuesto —añadió con cierto aire de superioridad. yo sentiría lo mismo. Absolutamente escandaloso. sin duda. —Agatha frunció el entrecejo—. mi negocio comenzó a tener dificultades..

. presbiteriana. Nada como un coro de voces que se elevan en plegaria al cielo para llenar de lágrimas los ojos de un borracho. Agatha se tocó el pecho: —¿Un general? ¿Yo? —Si Drusilla Wilson no se lo hubiera impedido con su presencia. —Fue a zancadas hasta el escritorio. Pero siguieron avanzando hacia los siguientes poblados.. En ese momento. con los brazos en jarras—. —Casi toda la música —replicó. se lo aseguro. señorita Wi.14 - . en Proffitt? —Once.. y giró sobre sí misma. pero Drusilla siguió: —No sólo tendría el apoyo de la Unión Nacional de Mujeres Cristianas por la Templanza. Drusilla echó la cabeza atrás. —Ah. Y los presbiterianos aman su música. Wichita. ¿cuántas tabernas prosperan. ¡Créame. no hace falta más para que usted cuente con un ejército regular a su mando! Agatha no estaba muy convencida de desear un ejército. Es cristiana practicante. —Y puede volver a serlo. También pensé: «Ésta es una mujer digna de ser un general del ejército contra el Brebaje del Diablo». Y. Iré al grano. Hágalo clausurar. pienso pedirle el pulpito a su ministro por unos momentos. Wilson giró con brusquedad. ¿Qué dice? La nariz de Drusilla estaba tan cerca de la suya que Agatha se tumbó contra el respaldo de la silla. Los echaron de Abilene hace años. y ahora.. ¡Es perfecta! —Se apoyó en el escritorio y se inclinó hacia adelante—. digamos. Agatha contuvo la irritación: —¡No tenga la menor duda! —Eso pensé. Cuando la vi enfrentarse a ese hombre. —¡Caramba. y será el primero de una larga lista de locales clausurados. Conoce a todas las mujeres del pueblo. sino el del propio gobernador St.. Sorprendida.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Si no fuera un atrevimiento de mi parte. lo que es más. con expresión resuelta—. ¿no quieren salir esta noche?» —En el presente. ¿Metodista? —Presbiteriana. la canción que sonaba era «Chicas de Buffalo. Me temo que se equivoca. y puede suceder aquí. y apuntó con un dedo al aire. no sólo pensé: «He aquí una mujer capaz de enfrentarse a un hombre». St. tiene la ventaja de ser vecina de uno de los corruptos. —No me equivoco. ¿verdad? —No esperó la respuesta—. —Este era un pueblo tan pequeño y pacífico hasta que vinieron. Tiene un incentivo más para luchar por la templanza.! —El domingo. ¿eh? Ellsworth. porque su negocio está amenazado. John. se habría levantado de la silla—. Agatha. Proffitt. John había sido elegido dos años antes gracias a una plataforma que ponía el acento de sus reivindicaciones en la . Puedo llamarla Agatha.. ¿podría preguntarle si acostumbra ir a la iglesia? A duras penas. Agatha sabía que John P. —La señorita Wilson indicó con la cabeza hacia la taberna—. Sucedió en Abilene. —¡Once! ¡Ah! —En gesto ofendido. Agatha dirigió al muro de separación una mirada malévola. Newton.

. Ignoro todo respecto de la política. —Pero no tengo suficientes sillas y. ¿quién lo haría? —Mi puerta estará abierta. si quiere invitarlas a un mitin de organización. en el ala norte de la iglesia.M. El piano tintineaba al otro lado de la pared. un gesto ceremonioso.. ladraba un perro. —Drusilla aferró la mano de Agatha y le dio un firme apretón —. Asistí a cientos de reuniones públicas en escuelas e iglesias de todo Kansas. No puede equivocarse. Drusilla Wilson no tenía nada de tímida. —Yo la ayudaré. Y quería librarse del ruido y la jarana que traspasaban la pared. Samuel Clarksdale. He viajado casi cinco mil kilómetros. —Por favor. tengo que visitar al ministro. —Muy bien. La organización nacional lo hará. Tengo que encontrar hotel. Se dio la vuelta y se retorció las manos—. el Reverendo. Luego. y después recorrer el pueblo para determinar con exactitud los once objetivos de nuestra cruzada.. Afuera. como sucede muchas veces a las puertas de los bares. Resultó evidente cómo Wilson había logrado organizar toda una red de locales de la U. Pero cuando miró alrededor. Se sentía como si acabara de atravesarla una tormenta estival. Un movimiento rápido. —Estaremos de pie. En cuanto las mujeres se reúnan y vean que no están solas en la lucha contra el alcohol. Agatha quedó inmóvil. pues. y se acomodó los guantes—. Pasaron un caballo con el jinete tras las cortinas de . —Gracias. señorita Wilson. nuestro periódico. —Levantó la maleta—. —Dejó escapar una bocanada de aire entrecortada y se levantó. las cosas estaban en su lugar. Estoy segura de que eso es todo lo que hará falta. y no quiero verme involucrada.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR prohibición del alcohol. Lo encontrará en la pequeña casa de madera. ¿En mi tienda? —Sí. pero no sabía nada más de política. —¿Legislación? —Esa palabra aterró a Agatha—. y estuve en Washington. Si ella no daba el primer paso. Y sé lo que digo cuando me refiero a que las mujeres del pueblo nos ayudarán.C. y se fue. Bien. En todas ellas vi que surgían grupos de apoyo a La Causa casi de inmediato. Es un comienzo.. —Bien.15 - .. Para mí ya es bastante dirigir mi negocio. Perforó con los ojos a Agatha tal como el alfiler de un coleccionista sujetaría a una mariposa. yo. la sorprenderán con su solidez y su apoyo. No sé nada de organizar un grupo así.. Crucé el Estado una y otra vez. —Retrocedió. ¿Y podríamos hacerlo aquí? —¿Aquí? —Los ojos de Agatha se dilataron—. Agatha.T. ayudará. y poco más sobre una organización en semejante escala. pero estaba segura de una cosa: quería devolverle a ese hombre lo que le había hecho esa mañana. Agatha tenía muchas dudas. Quería que su negocio volviese a florecer. tendré mucho gusto en presentarle a las mujeres de Cristo Presbiteriano. El Temperance Banner. Hasta el domingo. en ocasiones durante horas. en la calle. —Wilson se refería al periódico estatal creado dos años antes para apoyar las actividades pro-templanza y de apoyo a la legislación contra el alcohol—. —Clarksdale —apuntó Agatha—. Sin embargo.

Agatha sacó el dedal y lo apoyó con un golpe sobre el mostrador de cristal. Pero organizadora. Era el único rasgo de ella que a Agatha le disgustaba.dama desnuda? —¿Una dama? Violet. Agatha apretó una mano sobre el corazón. Sabes que ayer perdí el mío.. __Y el señor Gandy.. Desde la primera vez que vio a Gandy caminando por la calle con una sonrisa seductora. tt-tt-tt. —otra vez el susurro— . justamente. —Yo lo encontré debajo del sombrero de paja en que estabas trabajando.. ¿cómo puede ser una dama? Los ojos de Violet adquirieron un brillo malicioso: —¿Estaba realmente. Violet se llevó cuatro dedos a los labios.16 - . y tendría que haber perdido ese hábito mucho tiempo atrás. como un mono de organillero —. si está desnuda. ¿En serio te tiró al barro? Violet no pudo evitarlo: sus ojos. los chismes le encantaban. Agatha se irguió.desnuda? __Como un pájaro desplumado. —¡Agatha. me metí.. Aún lo hacía cada vez que le echaba un vistazo. del mismo color que el vestido de Agatha. tt-tt-tt.. y esto siempre sacaba de quicio a Agatha. —¿En serio es un cuadro de una. Oí decir que te enfrentaste con el dueño en los escalones mismos de entrada a la taberna. no. —la risita se transformó en un susurro— . llegó Violet Parsons a trabajar. ¿El incidente ya se comentaba en Harlorhan's Mercantile? Qué inquietante. A Violet. lo he escuchado todo! ¡Tt-tt! —Violet era de esas personas que ríen entre dientes. sí. —Pasé por la tienda de Harlorhan a buscar un dedal nuevo. Por eso. Violet? Perry White y Clydell Hottle ya venían corriendo. exhaló y se dejó caer en la silla. ¿y ya te enteraste de eso en Harlorhan? —Bueno. —Las noticias vuelan. en cambio. Aunque nunca se había casado..Tt-tt-tt. Mientras seguía pensando en el tema. comenzó a comportarse como una idiota. ¿Cómo tuviste el coraje de intentar detenerlo? —¿Tú qué habrías hecho. Miembro. —Hacer aquí una reunión de templanza..... Violet se ruborizó. con la esperanza de ver desde más cerca esa pintura pagana.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR encaje.. jamás dejó de desearlo. No tenía el tiempo ni la vitalidad para ponerse a la cabeza de la organización local por la templanza. Ya era una mujer de cabello blanco como la nieve y con más arrugas que un pergamino. ¿Y de qué otra cosa te enteraste en Harlorhan? —¡Que Drusilla Wilson está en el pueblo y que pasó casi una hora en esta misma tienda! ¿Lo harás? —¿Qué cosa? A Agatha la ofendía la suposición de Violet de que ella sabía todo lo que se hablaba cada mañana en el negocio de Harlorhan. ¿lo harás? . Pero lo hacía constantemente. —¡Cielos! Esa mujer salió de aquí hace menos de quince minutos.... chispeaban cada vez que se mencionaba al señor Gandy.

Abrió el mazo de naipes en forma de cola de pavo real. se materializó desde la puerta vecina y pasó ante la taberna. es bastante. eso es todo. una bota en el riel de bronce. y se sentó. había bastante actividad. —Acepté dejar que la señorita Wilson la haga aquí. —¿Qué pasa? Loretto no alzó la vista. —Dan —llamó Gandy. Pero. —Dios. Maldijo y la tiró. —Pero eso es lo que se dice. no exactamente. Cinco puertas más allá. la propia «Dos Zapatos». Pero antes de que pudiese usarla. que querían echarle un vistazo al desnudo. Gandy bajó más sobre los ojos el ala del Stetson y apoyó a los codos en la barra. lo más probable era que la pequeña benefactora de al lado hiciera sus maletas y se fuese con viento fresco. Si la inquietaba la pintura. hasta el otro lado. Con una sola como ella bastaba para agitar a todas las habitantes femeninas de un pueblo y que comenzaran a molestar a sus esposos en relación con las horas que pasaban en la taberna. Cuando llegaron Jubilee y las chicas. El local estaba abarrotado de varones curiosos. La cerilla le quemó los dedos. No fueron más de cinco segundos el tiempo en que la cabeza y los zapatos fueron visibles por encima y por abajo de las puertas batientes. Gandy se puso ceñudo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —No. confundida. al otro lado de la calle tranquila. La observó andar por la acera. Sin embargo. el negocio floreció todavía más. Cuando esos vaqueros bullangueros. contempló el local de Heustis Dyar. Las noticias volaban en un pueblo tan pequeño. la sombrerera de boca de miel seguía fastidiándolo. Pero ya se le había ocurrido a LeMaster Scott Gandy. corrió hacia la puerta y se situó de costado. Agatha se acercó al escritorio. y después lo juntó bruscamente. el motivo de sus preocupaciones. la vio descender unos escalones. y se preguntó cuándo empezaría a llegar el ganado. invadiesen el pueblo. a la sombra. Sólo entonces comenzaría la verdadera diversión. Teniendo en cuenta la hora. sedientos. Pensativo. Si se lo proponía esa mujer era capaz de convertirse en un estorbo infernal. las chicas la indignarían. aferrándose con fuerza al pasamanos. Empezó a sentir calor en el cuello. ¿Y si nos echa? Agatha levantó el mentón en gesto desafiante. —Pero es nuestro nuevo patrón. Oyó el sonido de arrastre que producían los zapatos. pero bastaron para que Gandy advirtiese que no caminaba normalmente. Estaba de pie junto a la barra. y entonces las preocupaciones de Gandy habrían acabado. Violet se quedó petrificada y los ojos se le pusieron redondos y azules como bolas. Era demasiado temprano para . sacó un puro del bolsillo del chaleco y encendió la cerilla en el tacón de la bota. escuchando los comentarios atrevidos de los hombres acerca de la pintura. detrás de él. en lugar de cruzar por las piedras como lo hacían todas las señoras. —No se atreverá. se alzó las faldas y caminó con esfuerzo por el lodo. —Él no hará nada. Sonrió para sí.17 - .

Gandy sintió que se sonrojaba por primera vez en años. patrón? —Esa mujer. Podía imaginar los titulares: DUEÑO DE TABERNA ARROJA AL LODO A UNA TRABAJADORA POR LA TEMPLANZA.18 - . —¡Buen Dios! ¿Yo le hice eso? Gandy parecía espantado. ahora azules. Gandy se puso ceñudo. en la otra manzana. —Ven aquí. Y tendrían mucho que decir en ese fastidioso periódico que editaban. En lugar de llevarle ella misma el alquiler. ella estaba sentada ante el escritorio de tapa corrediza y no se levantó de la silla. —Sí. ¿Está cojeando? —Sí. Era de la clase de mujeres que se confundía con la acera gastada. QUE ES LISIADA. —¿Desde que la conoces? Eso iba de mal en peor. El desayuno y la cena. —Tú no la tiraste al lodo. —En absoluto. Gandy volvió la cabeza en forma repentina. de voz chillona. Vio que Agatha desaparecía con la ropa sucia en la lavandería de Finn. señor. las tendría a todas sobre la cabeza. Loretto acomodó el mazo y se levantó de la silla con el mismo movimiento fluido que tanto admiraba en su patrón. —¿Una pierna lisiada? —Así es. Las faldas se removían a cada paso de manera antinatural—. Scotty. Tiene una pierna lisiada. —Agatha Downing había llegado al otro extremo de la calle y se esforzaba por subir a la acera. —¿Por qué nadie me dijo nada? ¿Cómo demonios podía yo saberlo? —Pensé que lo sabías. Cojea desde que la conozco. Cuando fue al local vecino a presentarse como el nuevo dueño del edificio. que tenía aspecto de haberse tragado una rana. Se cayó.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR juegos de azar. patrón. Recibes el alquiler. Jamás falla. ya lo creo. No recordaba haberla visto las pocas veces que cenó en Paulie. Va caminando a Paulie dos veces por día con tal regularidad que puedes poner en hora el reloj. —¿Qué. —¡Se cayó después de que yo la empujé al barro! —Lo que digas. apretando un lío de ropa que se parecía sospechosamente al vestido gris que había usado antes. . —Y yo la tiré al lodo. Al ver las faldas limpias que llevaba. Ya hace un mes que tratas de negocios con ella. Se acercó a espaldas de Gandy. Se sintió como un canalla. Pero Gandy nunca le había prestado atención. junto a la puerta vaivén. se lo envió por medio de una mujer tímida. pero Gandy le había enseñado a mantener los dedos ágiles en todo momento. Una polilla gris sobre una roca gris. ¡Dios mío! ¿Qué dirían las mujeres de Proffitt? Si era cierto que había una «organizadora» en el pueblo.

19 - . había cuatro habitaciones de igual tamaño. de D. 1 Pájaro americano de plumaje pardo y con las extremidades de las alas y de la cola. —¿Por qué no das de comer a los pavos reales? —le decía el padre. el pecho y el vientre blancos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 2 Esa tarde. con la mano ahuecada extendida. Gandy miró por la ventana. con los otros dedos sobre la seda. con tirabuzones que le llegaban a los hombros. —Porque los pavos son demasiado audaces. el cuarto restante. y después. Abajo. siempre seductores. Cintura de violín. como siempre. la pared que quedaba sin revestir pintada de un verde pardusco. Entró en ésta. ¿no crees. Pero nunca le importó quién lo supiera.) . Ivory había dejado de tocar el piano y Jack se había ido a comer. La piel blanca como la leche. Podía verla. La vista de afuera no tenía nada que lo atrajese. ni sinsontes1. La taberna y los apartamentos del piso alto ocupaban tres cuartos del edificio mientras que la sombrerería y su correspondiente apartamento. ni aroma de magnolia flotando en la brisa primaveral. La cabeza dorada. Fue hasta la caja. dos sillas. la vivienda de Gandy y la oficina privada. y la pradera. oscuros y hechiceros como el ébano. la parte de Gandy estaba dividida por un pasillo con la puerta en el extremo oeste y una ventana en el este. y subió los mismos escalones. calles lodosas. A esa hora del día. enganchó los pulgares en los bolsillos del chaleco y tamborileó. y los muebles indispensables: un escritorio. Arriba. cuando tenían catorce años. giró el dial y sacó un fajo de billetes. caja de seguridad y una pequeña estufa de hierro. la familia acostumbraba reunirse en la amplia galería de atrás y beber té helado con menta. perchero. una sola ventana que daba al oeste. Estaba tan enamorado de Delia como la primera vez que la besó. después de las cinco y media. se arrodilló. Tiró el puro sobre la baranda y entró por su propia puerta. tratando de tentarlos para que lo comiesen de su mano. una a cada lado de la puerta pero. estaban tapadas por unas cortinas de encaje denso. Y la madre lo miraba y sonreía al ver la expresión en el rostro del hijo. Además —Delia apoyaba la barbilla en el hombro y miraba a su marido—: no tiene gracia lograr que un pájaro doméstico coma de la mano. en Waverley. Su canto es muy variado y melodioso (N. Echaba de menos a los sinsontes. y Delia les arrojaba maíz molido a los sinsontes. distraído. Scott Gandy salió por la parte trasera de la taberna. que era un cuarto pequeño y despejado. Observó las dos grandes ventanas. Ni robles bordeados de musgo. el suelo de roble basto. Nada más que la pradera. Scotty? —bromeaba. con un suspiro. de cuclillas en medio de un revuelo de faldas. con paredes revestidas de madera. hasta el mismo rellano que Agatha había subido antes. A la izquierda. desnudo. Estructuras de edificios sin pintar. A la derecha. Pero Delia seguía. con el grano en el hueco de la mano. paciente. Y los ojos. Era una habitación fría. se paró y se frotó la nuca. con las ventanas sin cortinas.

de la mano. fue hasta la ventana del frente. La luz titilante de la lámpara proyectaba una trama de sombras sobre la piel de la mujer. sobre ese mueble. y el soporte para el sombrero. Waverley. Daba a la . Gandy! No se vuelve atrás. donde llevó a la novia y se acostó con ella por primera vez. ¡Basta. Se preguntó dónde estaría. recordándole que ya era hora de cenar. Dorian Gandy tomaba a la esposa del brazo. Se quitó el chaleco y la camisa y los arrojó sobre la colcha. En la pared. Con un profundo suspiro. distraído. de palo rosa. Salió de la oficina por una segunda puerta.20 - . pesadas mesas de caoba. sin fumarlo. dejó el puro otra vez en el humidificador. una puerta daba al pasillo. Fue hasta el cuarto contiguo y tiró la chaqueta sobre la cama doble. Parpadeó de nuevo. Sacó un cigarro de la caja. Siempre decía que le gustaban los hombres limpios. mejor. finalmente. y los hombres limpios eran tan poco comunes que podían lograr que una mujer hiciera casi cualquier cosa por ellos. Después de Delia. aprendió que a muchas mujeres les agradaba. Eso se lo había enseñado Delia. con tres bolas agrisadas engastadas en los cálices castaños que parecían garras. Era sólo una de las cosas tristes qué aprendió después que perdió a Delia. Pero esa época había pasado para siempre. en su apartamento privado. una alfombra de fábrica.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Entonces. Había un sofá de cuero con sillas haciendo juego. En el lavatorio. La pintura representaba una mansión con columnas y un amplio porche frontal. la vieja y buena Leatrice. la vida era aburrida. colgaba una acuarela tras la cual estaba metida la rama de una planta de algodón. de Waverley. a la derecha. y entró a la sala vecina. Pensó tanto tiempo en Waverly que. Gandy contempló la pradera y parpadeó con fuerza. una red de gasa los envolvía en un paraíso íntimo y privado. Hacía casi cuatro semanas que estaba ahí. A la izquierda. Sin Jube. ¿por qué te castigas? Mientras se secaba la cara. ¿Qué fue lo que desató todos esos recuerdos de Waverley? No era bueno quedar anclado en los viejos tiempos. y dos lámparas de mesa. de techos altos. Scott se levantaba de la silla y tendía lentamente la mano a Delia. Recordó la cama de cuatro postes. de piel tan oscura como melaza y pechos grandes como melones. estaba el humidificador para guardar los cigarros. las feraces tierras a orillas del Mississippi. Alrededor. en el gran río Tombigbee. señores —anunciaba. tan rico y castaño como el suelo del que había brotado la planta de algodón. La nostalgia lo abrumó con la fuerza de un golpe. Jubilce y las chicas llegarían en cualquier momento. La mirada de Scott se demoró en la pintura mientras dejaba el sombrero sobre el molde. Entonces. Entonces. se olvidó de encender el cigarro y lo palpó. Cuanto antes. y permitía que la ayudara a levantarse. era mucho más alegre. flanqueado por lozanas enredaderas y con prados en los que se veían dos pavos reales con las colas extendidas. sobre una cómoda. entraban tras los padres de Scott a la casa fresca. Leatrice se acercaba lentamente a la puerta. se alejó de la ventana hacia el escritorio y echó un vistazo al calendario. y muebles sólidos y masculinos. El estómago le gruñó. usó la jarra y la palangana. Con cortinas color borgoña. —La cena. Perdido en sus pensamientos. La esposa le dedicaba una sonrisa cargada de promesas para después.

tomó una camisa limpia del armario.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR calle principal y le proporcionó una vista de algo que. Aunque no tenía un motivo lógico para darse prisa. muy acentuada. aún acomodándose los faldones de la camisa. —De acuerdo. ¿Por qué estaba ahí. Cy lanzó una mirada a la mujer. tenía todo abotonado y metido en su sitio. observándole la espalda mientras los dos comían. que cojeaba hacia el restaurante de Paulie para cenar. y usaba los vestidos muy ceñidos. Cuando llegó al restaurante de Paulie. y se la puso. lo regañaría por su rudeza. Las seis en punto. Scott se lanzó hacia la cama y sacó el reloj del bolsillo del chaleco. Apiló el plato de Scott sobre el de Agatha y exhibió su lamentable colección de tocones. Si su madre estuviese viva. La mujer entró en Paulie y desapareció. Scotty? Cyrus Paulie era un tipo jovial y sonriente. Gandy entró. ¿Te refieres a Agatha? —Así es. —No. entonces. los brazos delgados. Ya me voy. ¿Café? Gandy se palmeó el vientre chato. Vuelve pronto. y luego al dueño de la taberna. decorado con mariposas y moños que dejaba ver muy poco cabello. La toalla se detuvo en su mentón. La cojera era evidente. . tiró la toalla. Un hombre no olvidaba algo así.. el torso pequeño.21 - . —Bueno.. Estoy lleno. pidió lo mismo. él no estaría en ese pueblo vaquero dejado de la mano de Dios. se sentó detrás de ella y oyó que pedía pollo. y bajó corriendo las escaleras. Y cobra también la cena de la señorita Downing. pero si Delia estuviese viva. —¿Cómo estaba la comida. contemplando la espalda de una mujer vieja y melindrosa? Lo atribuyó a las remembranzas del hogar. el cuello largo. —Cy señaló con el plato sucio—. —No. para empezar. Cuando Cy fue a ofrecerle a Agatha el refresco de manzana y a llevarse el plato sucio. Scotty. sus dientes daban la impresión de que alguien le había abierto la boca y los había arrojado dentro sin fijarse dónde o en qué dirección caían. Cy le llevó el plato de pollo a la señorita Downing. gracias. estuvo a punto de sonrojarse. Tenía los hombros angostos. apartó de su mente a Delia y a Waverley: la señorita Agatha Downing. La vio en cuanto entró. Y si Delia estuviese viva.. ¿Cómo pudo no advertirla antes? Frunció el ceñó al recordarla cayendo de espaldas en el barro. —La comida estaba estupenda. Cy. Otra vez. Cy. al menos. Miró hacia la calle. No tenía sentido recordarle a Gandy que esa misma mañana había tirado en el barro a esa mujer. Por desgracia. Scott le hizo una seña. tomó la chaqueta y el sombrero. gracias. Sujetando el chaleco con los dientes. y Gandy. —¿Te traigo refresco de manzana? Está hecho de esta mañana. Se educaba a los caballeros de Mississippi para que fuesen mucho más educados de lo que él se había mostrado ese día. —Scott sacó un dólar de plata del bolsillo del chaleco y la depositó en la palma de Cy—. Llevaba un vestido del color del cielo nocturno y la parte de arriba del polisón asomaba tras el respaldo de la silla mientras Cyrus Paulie le tomaba el pedido. lo hizo. —¿De la señorita Downing? —Las cejas de Cy se alzaron tanto que casi llegaron a la raíz del cabello—. Llevaba un sombrero monumental..

—Bueno. Y aunque no pudiese. Apretó los labios. ¡al menos una!. Le dio las monedas. Dígale al señor Gandy que preferiría morirme de hambre. El rostro de Agatha se coloreó. —¿Pagada? ¿Quién la pagó? Pero. esto era bajo. pudiese golpear los escalones con los pies con toda la ira que sentía. pero la mujer alzó el mentón y fijó la suya en el picaporte de bronce. hasta la puerta. Era evidente que lo estaba haciendo desde hacía un rato. —Yo puedo pagar mi propia cena.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Al mismo tiempo. Pero esto. Arrojó dos monedas sobre la mesa. apoyando los platos contra el largo delantal blanco anudado a la cintura. —Seguro. no aceptaría una invitación de parte de un miserable como él.. subió trabajosamente las escaleras deseando que. pero el hombre no las tomó. ¡No lo era! Para demostrarlo. en voz lo bastante alta para que Gandy pudiese oírla—. Ya está pagada. los ojos le ardieron de humillación. Había personas capaces de satisfacerse de manera cruel. El hombre no le quitó la vista de encima. Imaginó que debía de estar riendo entre dientes. En medio del silencio. . frotándose la cadera izquierda. Al salir. y estaba fumando el cigarro de después de la cena. Se dio vuelta en la silla y vio al que había sido su ruina de esa mañana sentado en la mesa contigua. sintiendo las miradas curiosas de los otros comensales que la observaban mientras pasaba junto a Gandy arrastrando los pies. —No es necesario. había una servilleta usada sobre la mesa. Agatha dilató los ojos. Pero tuvo que renguear como una vieja. y levantó el tazón del refresco. Los ojos oscuros estaban clavados en Agatha. como siempre. Agatha sacó las monedas correspondientes del bolso de mano y detuvo a Cyrus Paulie cuando pasaba junto a su mesa. Desde entonces. sin duda. donde giró unos segundos hasta que cayó. Déle mis felicitaciones a Emma. la molestaban y le ponían motes ridículos a la «coja». observando cada uno de sus movimientos. de pie junto a ella. los niños se reían. —Delicioso. Una dio en el azucarero y rodó al suelo. Agatha se levantó de la silla con toda la dignidad que pudo reunir. y eligió ese momento para hacerlo. ¿por qué? ¿Para ridiculizarla? Agatha tenía que vérselas con las burlas desde que se cayó de las escaleras. hasta que hizo un gesto cortés con la cabeza. Se miraron. cuando llegó arriba golpeó la puerta con tanta fuerza que se cayó un cuadro de la pared del vestíbulo.. Pero. señor Paulie—afirmó.. resonó como un trueno. —El señor Gandy.22 - . Alzó la cabeza y el sombrero se balanceó. y lo único que se movía era el humo que ascendía en espiral sobre la cabeza del hombre. ¡Qué humillante! Todo el salón lleno de gente que miraba. Se quitó el sombrero de un tirón. a los nueve años. Cyrus señaló con la cabeza a la mesa detrás de Agatha. ¿cómo estuvo todo. Los adultos tampoco se resistían a echarle una segunda mirada. por una vez. señorita Downing? —preguntó. Aunque no era una vieja.. señora. y se paseó por el apartamento. Al llegar a la casa.

lazo bordado. desde atrás de las puertas de vaivén. Sin duda. 2 Figura pequeña de adorno (N.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Llegó un momento en que la cólera cedió. en la humilde casa de Sedalia. taraceado de acebo blanco. Al colgarla del clavo. Guardó el sombrero en una caja. abajo estaría pasando lo mismo. Regina Downing dejó a un lado la labor. mami. Enfrente. El tintineo de la música. de color marfil. Había anochecido. aunque no podía ver más allá del tejado que cubría la acera. ¿Cuántos años tenía cuando su madre le había enseñado a coser? ¿Siete? ¿Ocho? Lo más probable era que hubiese sido antes del accidente. y la dejó vacía y desolada. justo a la altura de su ventana. donde el padre presentó el reclamo de los yacimientos de oro. Paciencia. pues uno de los recuerdos más antiguos que tenía era el de estar de pie junto a la silla de la madre. la levantó. —Bien. de D. seguro de que esa vez se haría rico. siéntate en el taburete y te enseñaré el punto pétalo. hilo. nudo francés. la metió en un estante del ropero. con el baúl haciendo juego. observando cómo su madre bordaba un pétalo perfecto. la muestra de bordado que había hecho caer de la pared. Con un suspiro. La que tenía los escalones empinados y la escalera angosta. la tristeza le tiñó el semblante. La preciada cama Hepplewhite. La práctica mejora mi costura. pues fue en ella donde eso sucedió. el sofá de pelo de caballo marrón. Su madre había conseguido en algún sitio una hiedra y la colgó en la ventana de la cocina. Un cuarto largo y atestado de los muebles de una vieja solterona. acompañada de risas. Empezaba a sonar el piano. Puntada de satén. con las fundas para protegerlo tejidas a ganchillo. cuando dijo con su voz infantil: —Cuando sea mayor. el reloj en forma de banjo.23 - . donde Agatha estaba de pie. voy a tener hijas y les haré bordados en todos los vestidos. atrajo a Agatha hacia el brazo de la mecedora y la besó en la mejilla: —En ese caso. la mesa plegable.) . cuidado y fortaleza. Recordaba esa casa con más claridad que todas las que habían habitado. las luces de Hoof y Horn se derramaban sobre la acera. Entonces. la estufa. ¿Me lo prometes. Era la única nota alegre de ese lugar lamentable. Fue junto a esa hamaca. el gabinete esquinero con bibelots2. en Colorado. la puso triste. leyó las líneas tan familiares: Aguja. cerciórate de hacerlo con un hombre que no se beba todo el dinero que has ahorrado para comprar esos bonitos vestidos. Al contemplar la muestra. y lazada. Se dio la vuelta y contempló el apartamento. Había una vieja hamaca de madera debajo de la planta. fue hasta la ventana del frente y miró a la calle. Tienes que conocerlo para bordar margaritas. los confines de su mundo. Gussie? —Te lo prometo.

un viudo quizás. metidos en la cama. rico o demasiado afectuoso. era una niña robusta y saludable que. honesto y bondadoso. Tonterías. empujada por el padre borracho. grandes y pequeños. se sostenía sobre dos piernas sólidas. . Tal vez porque fue la primera vez que expresó el deseo de tener hijas. Además. colgados junto a una camisa de hombre de gran tamaño. que. Alguien que trabajara todo el día y volviese a casa hambriento. Toc. le echaría un vistazo y comprendería que no duraría mucho arrodillada en el jardín.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR A lo largo de los años. iba a la cama y lo escuchaba marcando el paso de los días de su vida. hasta para ocho. Cerró la puerta con llave.. Toc. y casi habían terminado sus años de concepción. apoyando la barriga en el brazo de la mecedora de la madre. Además. Agatha dejó la muestra colgada y se preparó para irse a dormir. La respiración regular de otra persona en el mismo cuarto. Y alguien junto a ella a la hora de dormir. Los niños. y prestó oídos. Tic. por un milagro. la única que ésta le pidió jamás. conociera a un hombre. trabajaba en un negocio cuyos únicos clientes eran mujeres. Le bastaba con que fuese sobrio.24 - .le preguntara por el de ella. que liquidó para siempre sus posibilidades de tener alguna vez hijas o un marido que se las diera. con hermosos camisones cosidos a mano por ella misma. con un jardín donde pudiera plantar flores y verduras. los hombres no querían mujeres que necesitaban ponerse una almohadilla para parecer simétricas. ¿Para qué querría un hombre a una lisiada? En la penumbra del apartamiento solitario. cómo odiaba ese sonido. Ni el tibio sol otoñal que entraba a raudales por la ventana. los más largos. a esa hora del día. Una cocina donde pudiese cocinar. Tal vez fuese por la promesa que le hizo a su madre. Señor. sobre la cocina. No era necesario que fuese apuesto. Nada más que las divagaciones de una vieja solterona. El único otro recuerdo de esa casa fue la noche que sufrió esa caída fatal escaleras abajo. relucientes de limpieza. Tic. Incluso si.. Una cuerda para tender a secar la ropa: calcetines blancos como la nieve. En esa imagen. Había tantas cosas que quería. alguien que necesitara que le cuidara a los hijos. Ni el ruido del vapor que siseaba en la pava. alguien que compartiera y riera con los niños. Se acostó en la oscuridad. con una gran mesa de roble para cuatro. o persiguiendo niños de pies torpes. Ya tenía treinta y cinco años. el recuerdo perduró. el recuerdo no perdió un ápice de nitidez. o de pie ante la tina de lavar. Querían a las sanas. Todas las noches solitarias. incluyendo la almohadilla de algodón que se ponía sobre la cadera izquierda para que pareciera igual que la derecha. para seis. Ni el olor de la sopa de cebada y cebollas que hervía para la cena. y donde pudiese colgar un columpio de un álamo alto. Agatha. Pero nada de eso pasaría. Fuera cual fuese la razón. colgó la ropa. y la tomara de la mano mientras se dormía. Una casa de verdad. Quizá no fuese nada más complejo que el hecho de haber aprendido ese día a hacer el punto pétalo. Tic. Agatha no sabía por qué se conservaba así. que estuvo usando desde entonces. Toc. Otro ser humano que le contara cómo le había ido ese día. Se puso el camisón y le dio el tirón nocturno a las pesas del reloj. en la habitación al otro lado del pasillo.

se horrorizaría si te oyese decir algo semejante. «Sería tan buena madre». —¿Quién te lo dijo? Violeta vivía en la pensión de la señora Gilí.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Tic. lo demás sería fácil. —¡Violet. Si tuviese las piernas lo bastante fuertes para dar a luz a un niño. a cenar. anoche? Agatha estaba sentada a la mesa de trabajo. el señor Gandy se parece a papá. Desde abajo llegó la música del piano. en el restaurante de Cyrus y Emma. cortó el hilo y empezó a enhebrar otra vez—. aunque levantó la vista. ¿qué fue lo que pasó? . Daría el broche de perlas de mi madre si un hombre como ese me invitara a cenar. Cuando Violet Parson fue a trabajar a las once de la mañana siguiente. Aunque difundían las novedades más rápido que la Western Union. Protegería lo mío con todo el corazón». Esta mañana. cosiendo el forro de seda de color frambuesa a un sombrero Dolly Varden. ¿crees que aceptaría que me pagara la cena? ¡La comida se me quedaría en la garganta! —Entonces. —¡Qué vergüenza. Toc. «Y también sería una buena esposa. Tt-tt. pero es mucho más apuesto. Tt-tt. Era una convicción que albergaba desde que tenía memoria. no se escandalizaría. Violet! —Agatha hizo un nudo. lo último qué escuchó fue el grito del tallador: «¡Cartón!». En nombre del cielo. con otras seis señoras mayores. —No. cuando saliste de aquí. ¿Alguna vez te mostré el daguerrotipo de mi padre? Ahora que lo pienso. Después de lo que me hizo ayer por la mañana. Pensó en los miles de mujeres que tenían esposos como los que ella imaginaba y que se quejaban de tener que desmalezar el jardín..25 - . ya he escuchado suficiente! Te aseguro que la gente comenzará a burlarse si no dejas de hablar de ese hombre. irritada. que en paz descanse. te pagó un pollo asado. A mi madre le gustaban los hombres apuestos. Pues si alguna vez tuviese la oportunidad. y en lugar de la respiración regular de un hombre a su lado. ¿cómo hiciste para enterarte tan pronto de algo así? —¡Lo hizo! ¡Ya veo que lo hizo! —Violet se cubrió los labios—. fuiste directamente al restaurante de la señora Gill. caminaste cuatro manzanas para llegar aquí. —¿Lo hizo? Los ojos de Violet se abrieron como platos. No valoraban lo que tenían. —Dicen que anoche. cerca de la ventana. Agatha sintió un calor en la nuca. están equivocados. irrumpió en el taller parloteando: —¿Es cierto? ¿De verdad el señor Gandy quiso pagar tu cena. —Bien. de fatigarse en la cocina. —Ayer. Siguió cosiendo.. pensó. fregar calcetines y escuchar las peleas de los niños. nunca lo daría por seguro. Tu madre. era un misterio cómo lo lograban. Tiene el cabello más oscuro y los ojos.

ayer por la mañana.. —Se ofreció a pagar mi comida. En los ojos de Violet apareció una expresión preocupada: —Oh. —Ninguno.. señor Gandy. —Y sospecho que no soy muy bienvenido después de lo que pasó en la calle. sesenta y tres. Se llevó la mano al pecho y cerró los párpados arrugados.. Espera un minuto. todavía no. sin duda fue al otro extremo de la calle y estuvo con una de las muchachas de vida airada. Yo pagué.. yo no pondría las manos en el fuego por él. Violet se interrumpió—. los tendrás el mes que viene. Supongo que no vienen muchos clientes varones. Violet ignoró la precisión. ¿crees que lo hará? Agatha alzó una ceja y la aguja suspendida en el aire se expresó por ella. Violet. —¡Oh! —escuchó Agatha. levantó el sombrero y me dijo «señora». Violet parecía haber chocado con una cerca de postes y haberse dado un golpe que la había dejado tonta. —Bueno. Pero aún no llegaron los vaqueros. «Senil —pensó Agatha—. pero estás volviéndote senil por vivir con esas mujeres ancianas». —Me atrevo a decir que lo es. Iré a ver quién es. —Se ofreció. —No.26 - . y en cada ocasión me sonrió. —Y tú. no lograría que Violet trabajara ese día. —¿No te parece que estás un poco mayor para ponerte tan acaramelada con un hombre de cuarenta? —No tiene cuarenta. todavía no. Sólo treinta y ocho. Agatha siguió cosiendo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Con un suspiro. en términos muy concretos. —Después de lo que hizo llevar ayer. Agatha se irguió y miró con la boca abierta las cortinas que revoloteaban. Scott Gandy alzó el sombrero y le dirigió su más encantadora sonrisa. En tono agitado e infantil. verás cuando se lo diga a las chicas. Agatha. —Las chicas dijeron que el señor Gandy es un. Si no contestaba. —Pasé cinco veces delante de él por la acera. Violet apartó la cortina y se asomó. arrastrando las palabras. Agatha se dio por vencida.. A Agatha la desconcertó que Violet lo supiera con tanta exactitud. pero le dije. Ninguna de las «chicas» tenía menos de sesenta. hay que decirlo. qué sorpresa. —Bueno. —Buenos días. . Oh. Te quiero mucho. que prefería morir de hambre. —Al escuchar que se abría la puerta de la tienda.. —No. —Los ojos de Violet destellaron como zafiros—. al menos no tiene a ninguna trabajando en su local. que se estremecieron cuando suspiró. —Después. Hermosa mañana. señorita Parsons. —Caramba. ¿verdad? —dijo una voz de barítono.

pero decidí que sería preferible hacerlo en privado. la señorita Parsons podrá atenderle. y el corazón de Violet se derritió. ya sin sonrisa ni hoyuelos. Violet!». —Señor Gandy. al lado de la ventana oeste. Estaba sentada con la espalda rígida. Tenían las narices tan juntas que Violet podía verse reflejada en los iris negros. ruborizada. en el restaurante de . Esta mañana. al trabajar en una sombrerería y vivir con mujeres. con la atención concentrada exclusivamente en las puntadas furiosas que daba al forro del sombrero de fieltro. Y pagué yo misma. señora. Sintió como si la aguja se le resbalara de los dedos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR «¡Dulce Salvador. Se inclinó hacia adelante y murmuró: —Agatha estaba muy enfadada. Violet se apartó y dejó pasar a Gandy. Se me ocurrió hablarle en ese momento. —Vine a verla a usted. señorita Downing. advirtió que estaban nariz con nariz. «¡No te atrevas. tiene hoyuelos!. Muy poco caballeroso. ¡Y trae el vestido de Agatha!» Llevaba el vestido gris y las enaguas blancas pulcramente plegados sobre el brazo. De súbito. se lo aseguro. señorita Parsons? —Está en el taller. —Entonces. encaminándose pausadamente hacia la mujer sentada junto a la mesa de trabajo. Agatha levantó la vista y las miradas se encontraron. —Aún lo está. —¿En qué puedo ayudarlo. Tenía el rostro tan encendido como la seda que cosía. Pero fue demasiado tarde. pensó Agatha. —Lo prometo. no a la señorita Parsons. no podía permitir que el sinvergüenza saliera impune. ya en tono normal. —Esperaba encontrar a la señorita Downing. Clavó la aguja en el fieltro como si fuese el pellejo del hombre. —Si necesita algo del negocio. Agatha. Adoptó una expresión contrita. rara vez tenía ocasión de oler. —Fue un acto muy poco digno de un caballero. Las cortinas se abrieron y Violet entró en el taller seguida del dueño de la casa. que. —Ya tomé el desayuno.27 - . Eso le recordó a Violet que no debía disculpar la rudeza del hombre con excesiva rapidez. Sígame. señor Gandy? —preguntó. Gandy también se inclinó y murmuró: —Me imagino. la boca apretada. todavía en voz baja. y se sonrojó todavía más—. Captó un aroma de tabaco fino y colonia. ¿Qué motivo podía tener para observar sus idas y venidas? —Quería hablarle acerca de la otra noche. —No puedo culparla por no querer hablarme. —Buenos días. Agatha no lo miró ni le respondió. No obstante. —pensó Violet—. —El señor Gandy vino a verte. asegúrese de que no vuelva a suceder —dijo. Por primera vez. ¿Está. Gandy se detuvo junto a la silla y se quitó el sombrero. —Sí. vio que tenía el vestido gris y las enaguas blancas en el brazo. Este se movió con el ritmo lento de las personas acostumbradas a la humedad y el calor del Sur. y se enderezó. la vi ir a casa de Paulie.

Agatha no supo si creerle o no. ése era un Stetson de paño de castor de copa baja y ala ancha. Jamás un hombre había tocado las enaguas de Agatha. —Dejó la ropa con cuidado sobre la mesa de trabajo—. Limpia y pagada. En el meñique brillaba una sortija con un diamante del tamaño de un guisante. Fue inexcusable. ¿Acaso sus amigos de la taberna se rieron cuando les contó que se ofreció a pagarle la cena a la vieja sombrerera solterona de la pierna baldada? —Tiró la labor—. La mujer dejó de fingir que cosía y lo miró. Apartó la vista. cuando lo hizo. la vi yendo a la lavandería de Finn con la ropa sucia y pensé que la había lastimado cuando la hice caer. y así fue: tanto los ojos como la boca estaban sombríos. resultaba perturbador.. señorita Downing. ceñuda. Mi madre me enseñó muy pronto a respetar a las mujeres. Agatha bajó el mentón. ni era una cabeza hueca. —¿Cree que una disculpa basta para excusar un comportamiento tan grosero? —Para nada. Agatha levantó el sombrero y le clavó otra vez la aguja.. Si tenía dinero suficiente . ni de incomodarla anoche en el restaurante.. —¿No es eso? —En absoluto. La mujer levantó la vista para comprobar si en los ojos se veía lo mismo. señor Gandy? ¿Disfrutó humillándome delante de la gente que conozco? ¿Acaso sus. Le resultó evidente por qué las cabezas huecas como Violet se enamoraban de él.28 - . en aquel momento yo no sabía que usted tenía dificultades para caminar. Quise invitarla a cenar a modo de disculpa. Dan Loretto me sacó del error y. eso es todo. y la posó sobre la mano que sostenía el sombrero negro contra el muslo. engastado en oro. Luego. Pero ella no era Violet. Estaba estropeando la labor. —En verdad. se aclaró la voz. ¿qué está haciendo con mis pertenencias? Scott Gandy tuvo la fortuna de ruborizarse intensamente. No obstante. —¿Eso es lo que piensa? ¿Que me ofrecí a pagarle la cena para burlarme de usted? Crispó las cejas negras y entre ellas apareció un surco. inquieta. pero siguió pasando la aguja pues no sabía qué hacer. —La otra noche. Y dígame. la última moda para hombres. y que lo hiciera un hombre como ése. Soy del Mississippi. Por el aspecto. Nervioso.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Paulie. ¿Fue divertido. me sentí peor todavía.? —Hizo una pausa desdeñosa—.. en casa de Paulie. eran los sombreros. demasiado perturbada para mirarlo a los ojos. removiéndose bajo esa mirada tan directa. Pocas veces en la vida había visto un rostro tan apuesto. Las manos de Gandy parecían muy oscuras sobre la tela blanca. lo lamento. señorita Downing. pero supuse que al menos podía hacerme cargo de la factura de la lavandería. Aquí está. —Sé que no puedo remediar la vergüenza que le causa. La voz sonaba arrepentida. hágamelo saber y lo repararé. y estaba demasiado avergonzada para mirarlo. Si hay algo estropeado. se lo aseguro. no tenía intenciones de empujarla al barro ayer. Al margen de lo que parezca. señora. usted tendría que haber tenido el buen tino de irse cuando vio que yo estaba allí. El sombrero era fino: si había algo que conocía.

sospecho que se enteró usted de la batalla en este pueblo para gravar la venta de licores. y vender alcohol está mal. Disgustada.. Y si cree que voy a retroceder en cuanto a mis críticas sobre el cuadro lujurioso. Y ahora. —Los hombres beben. con intenciones de hacerla callar. hágalo. también lo es colgar algo tan sucio en una pared pública. y pronto lo comprobará. señor Gandy. que acepté que la primera reunión de Proffitt por la templanza se realice este domingo en la sombrerería. Lo que está bien está bien. tocándose los labios y sonrojándose como un cerdo escaldado. —Ya veremos. pero Agatha continuó. con expresión fría y acusadora.. si se siente con derecho a echarnos. —No tengo intenciones de echarla. la pintura quedará donde la colgué. Agatha hizo algo que rara vez hacía delante de extraños: se puso de pie. —Hizo una pausa. señorita Parsons? Violet se comportó como una perfecta tonta. pensó... aunque todos los luchadores por la templanza y ese periódico caigan sobre mi cabeza. juegan y les gustan las mujeres desde que existe este país. se sintió muy alta. que pagara la factura de la lavandería. y en su semblante apareció la expresión del cazador que ve a la gama a punto de caer en la trampa. Algunas mujeres. sí? El cigarro apenas le tocó los labios cuando Agatha explotó: —¡Ni se le ocurra! ¡Si quiere. —tuvo que esforzarse para no mirar a Violet— . Cerca de la cortina. y buscó un cigarro en el bolsillo del chaleco. Gandy hizo una pausa.29 - . Agatha vio cómo Gandy ejercía su seducción sobre la amiga. . señora —pronunció con lentitud. pero no en mi sombrerería! Como si se hubiese dado cuenta en ese instante de que tenía el cigarro en la mano. ¿verdad? Violet respondió: —Tt-tt. Y aunque Gandy le llevaba unos cuantos centímetros. Tampoco pienso dejar de vender licores. puede fumar esa hierba endemoniada en su sucio burdel. Eso no es malo. —Señor Gandy. Y nosotros pensamos que hay que dejarlos divertirse un poco. —¿Ah. Más aún. se equivoca. preguntó—: ¿Y cuál es su opinión personal.. aunque riendo y con un solo hoyuelo. Pero yo sé cuándo tratan de confundirme con una cháchara inspirada en el propio interés. Llevada por el entusiasmo.quizá se dejen convencer por su conversación galante. eufórica: —También podría decirle. apoyó las manos sobre el estómago y retrocedió—. Gandy lo miró y lo metió otra vez en el bolsillo. Violet tiene miedo de que nos eche si lo contradigo. Ella lo merecía.. y lo que está mal está mal.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR para diamantes y Stetson nuevos y pinturas del tamaño de una sábana. y quiere proteger sus intereses aplacándome con disculpas vacías. —Sí. Y dirigiéndose a Violet. —No sólo pienso contradecirlo sino encontrar a otros que hagan lo mismo. Se animó a mirarlo directamente en los ojos. pero yo no. señorita Downing. Violet braceaba como un molino de viento en un ventarrón.

Al observarla mejor. Un par de labios muy hermosos. se aproximó a . Buenos días. cantar. lo que a sus luchadoras por la templanza se les ocurra hacer. —Lo lamento. señorita Downing. ¿no creen. Marchar. no era vieja. —Le parece un juego. y esta vez aparecieron hoyuelos idénticos en las mejillas atezadas y un guiño en los ojos de ónix. Si quiere. Agatha comprendió que detestaba ese acento sureño. un poco de carmín a los labios. sin darse la menor prisa en salir. descubrió que no era nada vieja. Tal vez. Y muchos modales de dama antigua. Contuvo la risa. y admitió alegremente—: Ella también intenta que lo cierren. Está aquí cumpliendo una misión. Observó a la tensa mujer vestida de azul. será mejor que vuelva a trabajar y me prepare para la guerra. señora. —Eso es libre empresa. Pearl o Ruby». con buenas formas y un destello de convicción que admiró. Usted hará todo lo que esté a su alcance para cerrarme el local. Con tanta bebida y tanta jarana. con el cuello alto y apretado y la severa falda con lazos atrás. Van por su propia voluntad. obstinados. soltáramos unos rizos de cabello. la tomó por una anciana. Delgada. agitar banderas. al pensar en lo horrorizada que estaría si supiera cómo la imaginaba. La señorita Wilson no juega. —Lo tomaré como un desafío. y se iba divertido. Gandy había entrado arrepentido a la tienda. —Se volvió. ¿no es cierto? Pues no lo es. —En ese caso. —Señorita Downing. Y yo haré todo lo necesario para atraer clientes a la Gilded Cage. —Lo sé.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¡Es indecente! —repuso Agatha. realmente.. La línea de la mandíbula era magnífica. a su pesar. señorita Downing. más joven que el propio Gandy. Ante una declaración tan alegre de irresponsabilidad. —Por supuesto. —¿Honestamente? ¿Llama honesto a arrebatar a los hombres en las mesas de juego y en el bar el dinero que ganan con tanto esfuerzo? —Yo no los obligo a ir al Gilded Cage.. Gandy se volvió hacia ella. Para su total consternación. lo sé. tendría tan buen aspecto como Jube. échenos. señoras? —Se tocó el ala del sombrero e hizo una reverencia—. señor Gandy. pero pienso hacer todo lo que esté a mi alcance para que le cierren el local. por cierto. el modo gallardo en que se caló el Stetson en la cabeza y fijó en ella los risueños ojos. pero en eso también consiste la libre empresa.. —Dijo levantando las palmas. «Si le pusiéramos una pluma en el cabello.. el hombre sonrió. —Pero está arruinando mi negocio. Pero. Y más aún. ¿es esto un desafío? —¡Es un hecho! —le espetó.30 - . y para eso tengo que estar un paso adelante de los otros sujetos que poseen otras empresas en esta calle. las señoras ya no quieren acercarse por aquí. Intento ganar honestamente mi dinero para vivir. le enseñáramos una canción obscena. Los ojos verdes como el rocío del mar. y dijo con voz aguda: —Lo diré una vez más. indignada. muy blanca. Agatha se enfureció. Cuando la vio por primera vez. La piel. El cabello tenía un sorprendente matiz rojizo a contraluz con la ventana detrás.

podría haberse tragado algunos hilos y ahogarse. Violet se apoyó a medias sobre la mesa de trabajo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Violet que seguía junto a la entrada. con aspereza—. rezongó: —Oh. y siento unas terribles palpitaciones. Agatha inspiró con más fuerza. La euforia de Violet no cedió: —¡En serio. Kansas —alzó una mano hacia el cielo— ¡le borraré esa sonrisa insoportable de su cara morena! Al otro lado de la pared. Cuando Violet volvió. en Proffitt. compórtate de acuerdo a tu edad! —Lo hago. especialmente para disculparse por todo. —Y ofreció pagarte la cena. exagerando el acento sureño: —Usted hará todo lo que esté a su alcance para que me cierren el local. Después. Violet examinó la ropa de Agatha que estaba sobre la mesa y apoyó la mano encima casi con reverencia. suspirando. te juro que me parece sentir el perfume de la magnolia aquí mismo... deja abierta la puerta de adelante. —¿Viste eso.31 - . —Oh. me besó la mano! —repitió. Este lugar hiede a humo de cigarro. —Yo. Agatha se enfureció. por favor! —dijo con brusquedad—. tomando una de las manos atravesadas por venas azules y llevándosela con lentitud a los labios—. LeMaster Scott Gandy se paseaba por la . Violet se incorporó. —¿Ah. —¿Te das cuenta? Pagó para que lavaran esto. acompaña al señor. Recuerdo que mi padre usaba la misma. —Nadie sabe eso con seguridad acerca del señor Gandy. Agatha? ¡Me besó la mano! —Tendrías que mirar a ver si no tienes dos orificios iguales. careces de romanticismo. Violet. Pareció que a Violet se le saltaban los ojos de las órbitas y vio que a Agatha le pasaba lo mismo. Pero con la ayuda de Drasilla Wilson y de las mujeres de Proffitt. de acuerdo. lo único que olí fue el tabaco. se dejó caer en la silla de trabajo y se abanicó con el pañuelo. Gandy se volvió riendo. —¡Violet. hizo una reverencia y salió. ¿Eso significa que hay algo que las chicas no han podido verificar? De pronto. —Tu padre no dirigía una taberna. Kansas. «¡Oh. ni lo echaron a patadas de un barco por guardarse cartas bajo la manga. es un dandi de lengua suelta. este Gandy es un manipulador audaz! Sabe reconocer a una vieja gallina embelesada y se aprovecha». no? —exclamó Agatha. También olía a colonia. ¿Alguna vez oíste algo tan maravilloso en tu vida? Cuando el señor Gandy habla. En cambio. con un aspecto como si acabara de elogiarle la ropa interior—. Fue un placer. Si hubiese inspirado con más fuerza. Es que tengo el corazón débil. —Y vino aquí. —¡Oh. Agatha. Señorita Parsons —dijo. Agatha inspiró con desdén.

—¡Jack. Y así se trazaron las estrategias de batalla. detrás de la barra. . como si hiciera puntería con el cañón de un Winchester. y exhaló la primera bocanada de humo con la misma puntería fatal: pareció destinada a adornar uno de los floridos pezones del desnudo en la pared.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR taberna.32 - . tendrá el primer baile con Jubilee cuando llegue! —agregó. Mordió la punta del cigarro. la escupió en la escupidera con mortal puntería. Entrecerró un ojo contemplando el pezón y el anillo. ¡El hombre que acierte con el nombre de nuestra querida dama de pechos rosados. golpeando las puertas con furia. da la señal! —vociferó. —Haremos un concurso para ponerle nombre a la mujer del cuadro.

los polisones sujetos con firmeza atrás. las faldas atadas tan apretadamente que le acortaba los pasos en buena medida. en la pared de la izquierda. QUE PRONTO ESTARÁ EN LA GILDED CAGE. no lo ayudaran. Cuando terminó el servicio dominical. ¿no es así? . Unas cuantas hicieron lo mismo con Agatha Downing. —Supongo que ya vio a qué nos enfrentamos. señorita Downing. Todavía no anochecía cuando abrió la puerta de la tienda para recibir a Drusilla Wilson. vestido de punta en blanco. que anunciaba: NUEVAS BAUTICE DAMAS EN EL PUEBLO LA PINTURA QUE ESTÁ DETRÁS DE LA BARRA Y GANE EL PRIMER BAILE CON LA SEÑORITA JUBILEE BRIGHT. —Agatha. Drusilla echó una ojeada a la puerta de la taberna. Muchas de ellas le estrecharon la mano con sinceridad. En el frente. un cigarro humeante en la boca y un codo apoyado en un cartel doble.33 - . señorita Wilson. Agatha se vistió con exagerada elegancia para la reunión con un vestido de cuello rígido. que emitió un mensaje conciso e inspirador: aquellos que se apartaran al ver a un ser querido encadenado a los demonios del alcohol y. la señorita Wilson recibió los saludos efusivos de las mujeres de la congregación. —Pase. ahí de pie. Pero antes de entrar. LA GEMA MÁS BRILLANTE DE LA PRADERA. cediá el pulpito a Drusilla Wilson. Las puertas de vaivén estaban abiertas. la mujer le dio un firme apretón. de la Iglesia Cristiana Presbiteriana. estaba el maldito sureño. sonriente! ¡Le habría encantado quitarle de un golpe el cartel y hacerlo caer despatarrado! —Espera un buen resultado. y salió ella misma a la acera. pudiendo hacerlo. ¡No se podía negar que tenía agallas. algunas con lágrimas en los ojos. PEARL RUBY Dio tiempo a Agatha para leerlo. agradeciéndole de antemano haberles ofrecido un lugar de reunión. y después alzó el sombrero y esbozó una sonrisa perezosa: —Buenas noches. cuánto me alegro de verla otra vez. Agatha pareció desconcertada. Como estaba lista mucho antes de las siete. castaño oscuro. Y CON SUS JOYAS. eran tan culpables como si le hubiesen puesto la botella en las manos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 3 El domingo. el reverendo Samuel Clarksdale. sacó el polvo a los mostradores y encendió las lámparas. Como siempre. La pintura que colgaba detrás de la barra podía verse desde un ángulo oblicuo. sobre la acera.

hizo rodar el piano cerca de la puerta. Ivory? —Sí. Cuando comenzaron a llegar las damas. y preguntó—: ¿Qué le gustaría escuchar.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Sin duda. Ya las imaginaba: prostitutas enfermas. ¿Qué le parece ésta? Con un movimiento fluido. Saludó a cada una de las damas que llegaba. —Se quitó el bombín. Me alegro de verla otra vez. dándose la vuelta. los dos estaban aún ahí.34 - . la mujer alzó una ceja. una canción compuesta recientemente por los «mojados» para exasperar a los «secos». señorita Parsons. en una amplia sonrisa: —Me temo que no la sé. y también a sus amigas. Tengo que preparar la bienvenida para cuando el primer rebaño llegue al pueblo. Agatha resopló con suavidad. como una invitación musical. Ivory se sentó en un taburete de patas en forma de garras. se alejó. Gandy aspiró el cigarro. de ojos hundidos y cabello negro crespo. lo apoyó en el centro del pecho y se inclinó. cortante: —¿Qué le parece «Nuestro Dios es una Poderosa Fortaleza»? Los dientes blancos relampaguearon en la cara color de té. tocándose el ala del sombrero—. Ivory Culhane. Agatha se irguió y. —Dedicó una sonrisa especialmente encantadora a Violet y la delegación de la pensión de la señora Gill—. señora. señor. ese alcahuete. señora —decía una y otra vez. La seguían Evelyn Sowers. llenas de piojos. Buenas noches. señorita? ¡Cómo se atrevían esos dos a comportarse como si no se tratara más que de una velada social! Agatha no tenía el menor deseo de intercambiar banalidades con el dueño de la taberna. emanando encanto sureño del mismo modo que una rata almizclera emanaba almizcle. creo que no conoces a la señorita Downing. Señorita Downing. ni con el sujeto cuyo aporreo infernal le impedía dormir todas las noches. de cabello teñido y lunares falsos. puede ser en cualquier momento. nuestra vecina de al lado. —Señorita Downing. Volvió a ponérselo en un ángulo atrevido. todas las cuales tenían un interés personal en los sucesos de la . Violet rió entre dientes. Dirigió una mirada punzante al último y respondió. —¿Es hora de empezar con la música. Disfrutarán de la reunión. —Ivory. Según lo que sé. Bessie Hottle y Florence Loretto. —¿Jubilee. Buenas noches. las tres. con su aire despreocupado y la sonrisa intacta. Ivory llenando con canciones la calle. se volvió hacia el teclado y tocó los primeros acordes de «Pequeña Jarra Marrón». se ruborizó y abrió la marcha hasta la puerta vecina. y Gandy. un mulato alto. —Genuinas. mi pianista. Susan White. señoras. Era tan delgado que parecía que una ráfaga de viento podría hacerlo volar. En ese momento. Contemplando el cartel. largirucho. —¿Acaso no tiene decencia? ¡Es el día del Señor! —Ninguna en absoluto. —Apuesto a que no será tan bueno como el mío. —Buenas noches. Pearl y Ruby? Estoy segura de que serán unas gemas perfectas.

y al que. y limpiaremos Proffitt! ¡Juntas! Al terminar el discurso. Asistían a la reunión treinta y seis mujeres. los rostros del público adquirían una expresión arrebatada. y nymphs du prairie. No debemos destruir el cruel brebaje que vende.T. El desastre humano causado por el alcohol sólo puede terminar de manera trágica: en el hospital. Addie Anderson. el tabernero. Hasta las que habían ido por curiosidad estaban embelesadas. Sobre las tumbas de cuarenta mil ebrios se alza el llanto dolorido de la viuda y el huérfano. sólo con curiosidad de ver qué hacían «esas fanáticas» cuando se juntaban. tome conciencia de su culpa. Más bien tenemos que proporcionarles a sus clientes algo más poderoso en que apoyarse: la fe en Dios. los domingos a la mañana. donde la víctima muere de delirium tremens.C. en su momento de mayor decadencia. y muchas otras con esposos famosos por la frecuencia con que empinaban el codo. Su propia ciudad se ha visto mancillada por once de esos chancros. La reunión se inició con una plegaria. había casas de mala reputación con no menos de trescientas de esas gatas pintarrajeadas! ¡Trescientas en una sola ciudad! ¡Pero hemos limpiado Wichita. lo encontraban durmiendo en la acera. Drusilla Wilson en persona. Era entusiasta. todos los sábados a la mañana.35 - . a veces. es muy justo que las mujeres comiencen el trabajo para su destrucción! Mientras Wilson hablaba. en la familia. estafadores. y la esperanza en el futuro. Lo que logramos lo obtenemos por métodos pacíficos. —Y las tabernas son los sitios en que se alimentan los gusanos de esta tierra: jugadores. Carolyn Hawes. arrebatándoles a sus familias. defendiendo y orando. a sus protectores y proveedores. Vi a la muerte haciendo presa de aquéllos que comenzaron con un solo trago inocente. Annie Macintosh. con la anfitriona a su lado. Anna Brewster. con un moretón en la mejilla izquierda. hechizaba. —La U. sufriendo los efectos de la intemperancia? ¡No otros que las mujeres y los niños! De medio millón de mujeres norteamericanas brota un gemido de angustia y se eleva sobre lo que fuera una tierra dichosa. no es militante. después otro y otro. saludó en la puerta a cada una que llegaba. cuyo esposo estaba obsesionado con las mesas de juego. Minnie Butler. o hasta en asilos como el de la isla Blackwell. ¡Por eso. cuyo marido hacía la ronda de todos los salones. . Yo misma visité esas instituciones. También estaban otras. ¿Y quién queda. del público se elevó una sola pregunta: ¿Cómo? La respuesta fue concisa: educando. A muchos de vuestros maridos se los subyuga para que abandonen los hogares cada noche. Jennie Yoast. hasta que quedaron irremisiblemente perdidos. casi todas ansiosas por poner en fuga a los demonios de las bebidas alcohólicas.M. Los demonios del alcohol han caído sobre las mujeres. seguida por el discurso de apertura de la señorita Wilson: —Hay cuatro mil guaridas del alcohol esparciendo muerte y enfermedades por todas las clases de la sociedad norteamericana. con fuerza de voluntad. ¡No olvidemos que en Wichita. algunas. Pero no eludamos nuestro deber cuando se trate de hacer que ese destructor de las almas de los hombres.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Gilded Cage. en reformatorios como los de la isla Ward. antros de vicio que las gentes respetables aborrecen desde lejos.

«Floyd. Aunque Harlorhan se portó bien hace tiempo que le viene advirtiendo a Floyd que si no paga algo de lo que nos estuvimos llevando. estaba más tiempo borracho que sobrio. le decía. Después.36 - .. Pero cuando mi esposo vivía acostumbraba mandarlo a la taberna a buscar su whisky. Ahora es el crupier aquí al lado. le bastaría con unas pocas historias conmovedoras de sus propios labios. Treinta y seis mujeres pudorosas esperaron que alguna se atreviera a empezar. La primera en hablar fue Florence Loretto: —Mi hijo. Florence. Se llamaba Jenks. Estoy tan avergonzada que no puedo mirar de frente a mis amigas.... yo.. ¿Quién quiere ser la primera en librarse de su dolor? Las mujeres intercambiaron miradas furtivas. salvo el día en que nos casamos y el cuatro de julio. Wilson las presionó: —Recuerden que nosotras somos sus hermanas y no estamos aquí para juzgar sino para apoyar. Sin embargo. pues sufrieron lo mismo que ustedes. —Florence se cubrió la cara con las manos—..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR La señorita Wilson sabía cuándo sermonear y cuándo detenerse. Ya las había entusiasmado. Y en el piano sonaba «Sobre las olas». y era un joven de aspecto agradable. Ahora es el momento. en sus hogares. Addie Anderson frotó el hombro de Florence y le dijo.. siempre fue un buen muchacho. Ya era objeto de la compasión ajena y no tenía ningún deseo de serlo más aún. Desnuden el corazón ante sus hermanas. Pero para cuando murió. — . Perdimos el negocio y Floyd fue a trabajar como empleado con Harlorhan. Fue entonces que Floyd comenzó a beber. Floyd. hiciste lo que creíste mejor. —Todas ustedes. Pero no me escuchaba. Agatha tenía los dientes y las manos apretados. ya era demasiado tarde. tendrá que echarlo. por eso calló. Cuando lo criaste. y yo. ¿qué hay de bueno en gastar el poco dinero que nos queda embriagándote todas las noches?». pero ninguna se adelantó. Para ganarlas para la causa.. con suavidad: —Está bien. Sus propios recuerdos torturantes regresaron del pasado. Así fue como empezó. estaban impacientes por que llegara este día. —Dirigiéndose a la señorita Wilson.. Mi hijo Dan. eran todas falsas. dijo sin rodeos—: Mi esposo. —comenzó. Louis. y del mismo modo nuestros ahorros. pero Dan. Intenté disuadirlo. Jenks se había ido. con cartas de recomendación. Lo que Harlorhan le paga se va casi todo en whisky. Jenks metió mano en los libros de contabilidad y los manipuló de tal manera que fue capaz de estafarnos sin que Floyd se diera cuenta en qué andaba. de St. Pensó en contarlo todo por fin. Desde la taberna llegó el grito de: «¡Lotería!». Todas guardaron silencio—. Dan era joven y descubrió que le gustaba el ambiente de la taberna. Él era un hombre adulto. pero lo había guardado tanto tiempo que ya no podía. y ya debemos seis meses en el almacén.. solía ser sobrio como un juez. Aseguraba que tenía un poco de reumatismo y que los ponches calientes le aliviaban el dolor de las coyunturas. Pero hace un par de años enfermó y tuvo que llamar a alguien para que se encargase de la tienda mientras él estaba en cama. De pequeño. y todos los ojos se posaron en ella. que las comprenden. y trabajar para otro después de haber sido patrón tantos años fue un gran revés para él. Cuando lo descubrió. Nosotras lo entendemos.

Aunque Agatha esperaba que Annie Macintosh contara cómo se había hecho el moretón en la mejilla. para ofrecerse como secretaria. Al marcharse. que podían colocarse en la manga de un hombre reformado—. también bajo protesta. cuánto costaba imprimir panfletos. comenzando en la taberna vecina. Uno de los tres integrantes quedó encargado de preguntar a Joseph Zeller. si bien algunas historias eran más desdichadas que otras. Ohh. igual que ella. Annie calló. que es nacional. teniendo en cuenta que. Y eso significa que debemos convertirnos en la filial local de la Unión de Mujeres Cristianas para la Templanza. Agatha fue elegida primera presidente de la Unión de Mujeres Cristianas por la Templanza de Proffitt.37 - . Hizo que la situación de Florence Loretto pareciera menos dramática y Florence. Para eso debemos elegir funcionarías. Florence Loretto fue elegida vicepresidenta. Annie Macintosh habló por primera vez. todas coincidieron en que había sido una velada inspiradora. les resultaría más fácil trabajar juntas. Se formó un comité de compromiso de cuatro para escribir los ejemplares a mano hasta que pudiesen hacerlos imprimir. Drusilla Wilson volvió a hacerse cargo de la reunión. Kansas. —Mostró distintas variantes. Addie estalló en lágrimas—. —Hermanas. Una vez hecho eso. tenemos que organizamos. Para sorpresa de todas. Sus apuros eran similares. Drusilla Wilson le aseguró a Agatha que la organización nacional y The Temperance Banner les harían llegar ayuda e instrucciones. con el objeto de juntar firmas de promesas de abstinencia.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR De súbito. Cuando se hizo el silencio. En un cuarto de hora. propaganda y los compromisos. para ser eficaces. pero fue inútil. Violet también puso objeciones. Se fijó un recorrido para la noche siguiente. se formarán comités para redactar compromisos de abstinencia. consoló a Addie. editor de la Proffitt Gazette. Yo trabajaré junto con ellas para hacer un borrador de la constitución. Cuando concluyó la reunión. hasta que las voces ahogaron los sones de «Camptown Races». todas las mujeres empezaron a hablar. a su vez. como se veían todos los días. Y ella misma se quedaría en el pueblo hasta que hubiesen .. La señorita Wilson cerró la reunión con la primera canción de templanza: El agua fría es reina El agua fría es señora Y un millar de caras radiantes Ahora sonríen en su seno La cantaron varias veces todas juntas.. Se fijó la contribución en veinticinco centavos por semana: el precio de una medida de whisky. tienen nuestro cariño y nuestro apoyo pero. Después de eso. y también nuevos miembros para la organización local. —gimió. Uno de vuestros primeros objetivos debe ser reunir tantas firmas de compromisos como sea posible. pese a sus protestas. Agatha nombró tesorera a Violet. que llegaban del otro lado.

salió del taller por la puerta de atrás. Jubilee y las chicas. salir de él y. Agatha cerró la puerta. «el indispensable». se apartó de la puerta y apagó las lámparas. —¡No me sobresalté! Pero sí se había sobresaltado. también. Tiene que venir a ver un espectáculo. Era la primera vez que eso la alegraba. sí. Cuando estaba a dos escalones del final. en su mitad del rellano. Cuando salió la última mujer. Qué molesto advertir que él estaba ahí observándola entrar al «indispensable». con dos pies en cada escalón. No tiene por qué sobresaltarse así. cantamos tan alto que lo tapamos. Las pupilas de Agatha se dilataron lo suficiente para ver que estaba sentado en una silla con el respaldo apoyado en la pared y las botas cruzadas sobre la baranda. ¡Caramba. subir las escaleras a su manera torpe. Bien. Después de usarlo. y tendremos todas las canciones que necesitamos. —Para decirle la verdad. como siempre. ¿por qué había aceptado que la reunión se hiciera ahí? Con otro suspiro. encomiable. irónica. suena maravilloso! —dijo. se apoyó contra ella y suspiró. Dio otra calada al cigarro y el aroma acre del humo llegó hasta ella. El humo del cigarro la irritaba. Tosió y subió con esfuerzo los dos últimos escalones. —Ah. Para empezar. De hecho.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR resuelto todos los inconvenientes organizativos. —¿Cómo estuvo la reunión? La mujer no veía más que el resplandor del cigarro en la oscuridad. .38 - . del cartel.. observándose los pies. Agatha percibió la burla. —Ha sido bastante concurrida. —Y me eligieron presidenta.. En la oscuridad. —Ah.. —Yo diría que sí. con el cigarro apretado entre los dientes. —La reunión despertó tanto entusiasmo que a ninguna de nosotras le importó el sonido del piano del señor Culhaneque se filtraba por la pared. —¿Y qué cantaron? —Pronto lo sabrá. —¿Qué está haciendo aquí? —Preguntándole por la reunión. Iremos a cantarlo para sus parroquianos. no la necesitaremos.. ¿En qué se había metido? Por cierto. No sólo organizadora sino presidenta. —Treinta y cuatro. —Presidenta. señorita Downing. En cualquier momento llegarán Jubilee y las chicas. comenzó a subir la escalera con la cabeza baja. bien. en algo más grande de lo que pretendía. ¿Qué le parece? Scott rió. La trasera del edificio daba a un sendero que llevaba a un cobertizo y una pequeña construcción a la que llamaba. Treinta y seis si contamos a la señorita Wilson y a mí. —Parece que fue inspirador. una voz la sobresaltó y le hizo alzar la cabeza con brusquedad. con gentileza. —Lo son.

es injusta conmigo si supone que se me cruzó la idea de empujarla escaleras abajo. en la cima de la escalera. comenzaron los temblores.. haciéndola retroceder a la escalera. —Las damas de su club estuvieron especulando acerca de mí. y empezaron a sudarle las manos. Cualquiera que me haya visto subir las escaleras sabe que no lo hago con mucha firmeza. la piel raspada. Pero si cree que las amenazas me detendrán. Un sujeto de esa calaña sabría cómo manejar a una bandada de gallinas viejas que estuviesen decididas a clausurarle el negocio. si tiene la gentileza de dejarme pasar. Me mantenía las manos ocupadas cuando no jugaba a las cartas. Sólo servirán para encender más mi celo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Cómo puede fumar esa cosa horrible? —Es un hábito que inicié en los barcos fluviales. es cierto que lo echaron de los barcos fluviales! Cuando Gandy rió. De inmediato. en un susurro ahogado—. se sorprendió. ominoso. le daré las buenas noches. no sólo a cerrar el negocio de Scott Gandy. segura de que un instante después caería rodando por las escaleras como muchos años atrás. y se preguntó dónde tendría la cabeza cuando permitió que la nombrasen presidenta de una organización destinada. Y ahora. Supongamos que yo era un fullero malo que conocía todas las trampas. señorita Downing. Percibió que no quería dejarla irse pensando tan mal de él. De inmediato. ¡Cómo.. —Un momento. permanecieron ella con la nariz contra el pecho de él. en el tren de las once y cinco. Luego. esperó sentir algo que la agarraba de la nuca y la tiraba por la escalera. —Difícil. No. El hombre estaba ahí.39 - . ¿no es cierto? Se levantó. Todo el trayecto hasta la puerta. señor Gandy. Llegó a la puerta. —¿En el lodo? ¡Ya le dije que eso fue un accidente! —Estoy segura de que éste también lo sería. Tuvo una sensación de déjà vu.. sabiendo que sería en vano si él decidía empujarla. Apretó las palmas de las manos y la frente contra la madera fría. Con mano temblorosa. si. Se le crisparon los músculos anticipando los fuertes golpes. se deslizó dentro. la silla cayó sobre las cuatro patas. Cuando el hombre dio otra chupada al cigarro. El olor la descompuso. Al ver que no ocurría. el hombre retrocedió. Tres mujeres con semejante apariencia no podían pasar . Durante diez tensos segundos. y los tacones de sus botas resonaron con calculada pereza sobre el rellano angosto hasta que se detuvo junto a ella. sino de otros diez como él. los ojos se le convirtieron en chispas rojas. Jubilee y sus Gemas llegaron a la mañana siguiente. —Pero supongamos que lo haya sido. aunque la hostilidad que irradiaba era casi palpable. se alternaron sobre el rellano. y cerró con llave. seguido del que arrastraba.! —Ya me empujó una vez. se aferró a la baranda. Tenemos asuntos más importantes de qué ocuparnos. está muy equivocado. Scott retrocedió y se sacó el cigarro de la boca. —Por favor —dijo. la desorientación que le provocó rebotar de escalón en escalón. —¡Entonces. El sonido del paso firme de Agatha. ¿no cree? El miedo le aceleró la circulación..

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inadvertidas. Era evidente que la llamada Pearl recibió ese nombre por su piel. Era tan clara y luminosa como una perla de mar perfecta. En contraste con ella, los ojos castaños ocupaban buena parte del rostro. Estaban maquillados con kohl, que los agrandaba. Los labios pintados de escarlata relampagueaban como una mancha de vino sobre un mantel blanco. Pero las facciones delicadas se veían realzadas al máximo por el cuello levantado del traje de viaje color fucsia, que dejaba al descubierto buena parte de la garganta y se ceñía al cuerpo como la piel de una fruta. El cabello tenía el tono marrón del azúcar quemada, y lo llevaba recogido en un montón de rizos en lo alto de la cabeza, que empujaban para adelante el sombrero de pastora. —¡Hola, muchachos! —exclamó desde los escalones del tren, y el viejo Wilton Spivey sacó chispas del balasto3, ardiendo por ser el primero en acercarse a ella. Abrió el carro para equipaje, saltó dos travesaños de la vía, chocó con Joe Jessup que venía desde la dirección opuesta, y llegó jadeando al pie de la escalerilla del tren. Wilton estaba desdentado como una rana y más calvo que un picaporte de bronce, pero a Pearl no le importó. Le sonrió, flexionó una muñeca y le extendió la mano. —Era precisamente lo que necesitaba. Un hombrón apuesto, lleno de músculos. Mi nombre es Pearl. ¿Y el tuyo? —Widton Spivey, a shu shervishio, shenora. Con esas encías despojadas, Wilton no tenía muy buena pronunciación, pero los ojos le chispeaban de lasciva delicia. —Bueno, Widton, vamos, cariño. No seas tímido. Wilton la ayudó a bajar, y tras ella apareció Ruby. Ruby era una joven negra bien formada, con la piel del color del café con crema. Tenía el cabello más lacio que cualquier mujer negra que Wilton Spivey hubiese visto. Estirado hacia atrás de la oreja izquierda, caía recto por el hombro derecho, resbaladizo como un salto de agua sobre una roca negra, y terminaba en un rizo como un rompeolas invertido, enlazando el borde del sombrero amarillo canario. Tenía unas magníficas cejas cepilladas hacia arriba, párpados pesados, y labios hinchados como si los hubiese picado una avispa, pintados de un intenso tono magenta. Apoyó los nudillos en las caderas proyectadas hacia adelante, lanzó una pequeña risa que estiró el ajustado vestido amarillo y proclamó en profunda voz de contralto: —Y yo soy Ruby. Joe Jessup tragó saliva y exclamó: —¡Cielos, vaya si lo eres! La risa de Ruby resonó como un trueno rodando por la ladera de una montaña: profundo y voluptuoso. —¿Y cómo te llamaré a ti, cariño? —J... Joe J... Jessup. —Bueno, J... Joe J... Jessup. —Ruby dio un paso al costado y se inclinó hasta que sus pechos quedaron a escasos centímetros de la cara del hombre. Con una uña larga, dejó una línea clara desde la oreja de Joe hasta el centro de su barbilla—. ¿Qué te parece si te llamo J. J.? —B... Bien. L... La llevaré a donde quiera ir, señorita Ruby.
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Capa de grava o de piedra machacada, que se tiende sobre la explanación de los ferrocarriles para asentar y sujetar sobre ella las traviesas. (N. de D.)

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—Se lo agradecería, J. J. Al Gilded Cage Saloon. ¿Sabe dónde está? —Claro. Derecho p... por aquí. Ya había otros cuatro formando fila, esperando turno al pie de la escalerilla del tren. Sobre ellos, como un ángel que descendiera directamente de las perladas puertas del paraíso, apareció la señorita Jubilee Bright y, según lo prometido, era la gema más brillante de la pradera. Si a las otras les quedaban bien los nombres, Jubilee parecía haber nacido para el suyo. ¡Por increíble que pareciera, era toda blanca! El cabello era blanco, no del tono azulado de Violet Parson sino del blanco cegador de la lana de vidrio. Parecía espumar sobre la cabeza como un merengue tentador de diez huevos. Además, estaba vestida toda de blanco inmaculado, desde la copa del alto sombrero de terciopelo con un penacho de plumas hasta las botas de cabrito de tacón alto. El vestido, como el de Pearl y el de Ruby, no tenía polisón atrás sino que se adhería a las curvas generosas desde el hombro a la rodilla, donde se abría en pliegues hechos para poder caminar. Tenía escote en forma de diamante, que revelaba apenas el surco tentador entre los pechos, con un lunar falso que atraía la mirada masculina en esa dirección. Otro lunar adornaba la mejilla izquierda de un rostro tan encantador que no necesitaba adornos. Los asombrosos ojos almendrados, los labios turgentes, la pequeña y hermosa nariz impresionarían a cualquiera. En verdad, era la cara de un ángel. Alzó los brazos y exclamó: —¡Llamadme Jube, muchachos! Se echó hacia adelante con los brazos extendidos, permitiendo que dos caballeros la agarraran y la depositasen en el suelo. Cuando aterrizó, les dejó los brazos en los hombros y les frotó los músculos con aire de aprobación: —Caramba, adoro a los hombres fuertes... y corteses —ronroneó, con voz gatuna—. Ya veo que vamos a llevarnos muy bien. —Les dio sendas palmadas—. ¿De quién estoy colgada aquí? —Mort Pokenny —respondió el sujeto de la izquierda. —Virgil Murray —respondió el de la derecha. —Bueno, Mort, Virgil, quiero presentaros a nuestro amigo Marcus Delahunt. Marcus toca el banjo. Es el peor intérprete de este lado de New Orleans. El último en bajar del tren llevaba el estuche de un banjo y un panamá de paja con una ancha banda negra. En el rostro juvenil una sonrisa feliz revelaba un diente torcido, que no hacía más que añadirle encanto. Los ojos azules, separados en el rostro claro enmarcado por el cabello rubio oscuro. Si bien no era un rostro especialmente masculino con el cutis rosado y las patillas rubias escasas, este detalle se olvidaba al ver la expresión de abierto hedonismo. De pie, con una mano de dedos largos en la barandilla y la otra en el estuche del banjo, sonreía y asentía en silencio. —Marcus no puede decir una palabra, pero oye mejor que un perro dormido, y es más astuto que todos nosotros juntos, así que no quisiera sorprenderos tratándolo como a un tonto. Los hombres lo saludaron pero, de inmediato, volvieron a interesarse en las mujeres. —Muchachos, ¿qué hacéis aquí para divertiros? —preguntó Ruby.
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—No mucho, señorita. Últimamente, esto está un poco aburrido. La muchacha lanzó una risa gutural. —Bueno, nosotras vamos a solucionar eso, ¿no es así, chicas? Jubilee echó un vistazo a la estación y les preguntó a Mort y a Virgil: —¿Visteis al bandido de Gandy por aquí? —Sí, señora, está... —Basta de tanto «señora», Virgil. Llámame Jubilee. —Sí, señora, señorita Jubilee. Scotty está en el Gilded Cage. Jube hizo un gesto con la mano, y fingió un mohín contrariado: —¡Ese hombre es imposible... nunca está cuando se lo necesita! Bueno, vamos a necesitar unos brazos fuertes. Trajimos algunas cosas que tenemos que llevar a la taberna de Gandy. ¿Queréis echarnos una mano, muchachos? Seis varones tropezaron entre sí, empujando para ser los primeros. —¿Dónde está su carro, señor Jessup? —¡Ya llega! Jubilee hizo una seña con el hombro y condujo al grupo hacia el vagón de carga, en la cola del tren. Ya estaban abriendo las puertas corredizas. El jefe de cargas estaba a un costado, mirando hacia adentro y rascándose la cabeza. —Es lo más raro que he visto nunca —comentó—. ¿Qué diablos harán con un montón de basura como éste? —¡Iuujuu! —le gritó Jubilee, agitando la mano. El jefe de cargas alzó la vista y vio al grupo que avanzaba. —¿No hubo problemas? —No —respondió—. Pero, ¿qué demonios van a hacer con esto? Jubilee, Pearl y Ruby y sus ansiosos acompañantes llegaron hasta la puerta abierta del vagón de carga. Llegó Jessup con la carreta. Jube puso los brazos en jarras y le guiñó un ojo al anciano jefe. —¡Ven una noche al Gilded Cage, y lo descubrirás, cariño! —Se dirigió a los otros—: ¡Caballeros, carguemos esta cosa y vayamos a la taberna Gandy! Un rato después, Violet estaba arreglando la parte delantera del negocio cuando miró por la ventana y chilló: —¡Agatha, Agatha, ven aquí! La aludida alzó la cabeza y preguntó: —¿Qué pasa, Violet? —¡Ven aquí! Antes de llegar a la tienda, Agatha oyó la música del banjo que llegaba de afuera. Era un tibio día de primavera y la puerta de la tienda estaba abierta, sujeta por un ladrillo. —¡Mira! —exclamó Violet, señalando a la calle. Agatha se levantó con calma. Otra entrega para la taberna de al lado. Un vistazo le hizo comprender que tendría que ordenarle a Violet cerrar la puerta, pero ella misma sintió curiosidad por la escena de afuera. La carreta de Joe Jessup se acercaba por la calle, cargada de hombres enfervorizados, tres mujeres alegres y la jaula para pájaros más enorme que Agatha hubiese visto jamás. Se alzaba poco menos de dos metros, y
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estaba hecha de un resplandeciente metal dorado que atrapaba el sol del mediodía y lo reflejaba. Colgado del techo en forma de cebolla, pendía un columpio dorado y encaramada a él, una extravagante dama vestida de blanco. Otra, de rosado heliotropo, estaba sentada a la cola de la carreta entre Wilton Spivey y Virgil Murray, los tres balanceando las piernas y siguiendo el ritmo de la música. La tercera mujer, parecida a una abeja con su piel oscura y vestida de amarillo, estaba sentada en el regazo de Joe Jessup, que conducía la carreta. El que tocaba el banjo estaba de pie detrás de ellos, y se movía de un lado al otro al ritmo de la canción. La carreta estaba llena de gente arracimada alrededor de la jaula y, como la Flauta de Hamelín, había atraído a una fila de chicos y jóvenes de ojos brillantes que, abandonando los escritorios y los mostradores, querían participar de la música y echar un vistazo a esas mujeres de vestimentas sorprendentes. Mientras se acercaban por la calle, toda la troupe cantaba alegremente: Chicas de Buffalo, por qué no salen esta noche, Salen esta noche, salen esta noche, Chicas de Buffalo, por qué no salen esta noche, Y bailan bajo la luna. Agatha hizo un gran esfuerzo para criticarlos, pero no pudo. Más bien, se sintió atrapada por la envidia. ¡Ah, ser joven, atractiva, y sin los escrúpulos del pudor...! ¡Poder ir por la calle en una carreta, a pleno día, cantando a voz en cuello hacia el cielo y riendo! ¿No tendría que tener todo el mundo cuando menos un recuerdo semejante en la vida? Pero en la de Agatha no había ninguno. Lo máximo que pudo hacer para participar fue llevar el ritmo de la música con la mano contra el muslo. Pero cuando advirtió lo que estaba haciendo, se detuvo. Cuando el carro pasó delante de la tienda, vio mejor a la mujer de blanco. Era lo más hermoso que había visto jamás. Rostro delicado con ojos rasgados, y la sonrisa del mismo Cupido. Y sabía elegir un buen sombrero. Llevaba uno de moda durante la guerra, de los que llamaban «tres plantas y sótano». Era exquisito: alto pero bien equilibrado, adornado con un costoso airón de plumas. Aunque la mujer se balanceaba en la hamaca, el sombrero se mantenía firme. —Mira ese sombrero blanco —musitó. —Míralos todos —repuso Violet. —Buenos sombreros. —Los mejores. —Los vestidos, también. —Pero mira, Agatha: no llevan polisones. —No. Agatha las envidió por no tener que colgarse tantos kilos de metal todas las mañanas en las caderas. —Pero tienen mucho pecho. Tt-tt.
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—Estoy segura de que son mujeres de la vida. Eso la entristeció. Tanta promesa brillante quedaría en nada. Toda esa belleza juvenil se marchitaría antes de tiempo. La carreta se detuvo delante de la taberna. Mort Pohenny abrió la puerta de la jaula y la mujer de blanco salió. Con los brazos en jarras, gritó hacia las puertas vaivén: —¡Eh, Gandy!, ¿no mandaste a buscar a tres bailarinas a Natchez? El propio Gandy se materializó, rodeado de los empleados, todos saludando, acercándose a las mujeres, estrechando sus manos sobre el costado del carro con las del músico. Pero Agatha sólo veía a la mujer de blanco, en lo alto de la carreta, y al hombre de negro, debajo de ella. Este enganchó una bota en un rayo de la rueda y se echó atrás el sombrero. En medio del barullo, sólo tenían ojos uno para la otra. —Ya era hora de que llegaras, Jube. —Llegué tan pronto como pude. Pero les llevó un mes hacer la maldita jaula. —¿Eso fue todo? Rió y se le formaron los hoyuelos. —No echaste de menos a la vieja Jube, ¿no? Gandy echó la cabeza atrás y rió. —Nunca. Estuve muy atareado instalando el local. Jubilee miró hacia la acera. —¿Dónde está ese pueblo lleno de vaqueros que me prometiste, entre los que podría elegir? —Ya vendrán, Jube, ya vendrán. Volvió la mirada a Gandy y los ojos le brillaron de lujuria e impaciencia. —¿Te quedarás ahí, parado, todo el día, o ayudarás a esta dama a bajar? Sin aviso, se arrojó por el costado, volando con los pies y los brazos en el aire, sin dudar ni un instante de que un par de brazos fuertes estarían listos para recibirla. Lo estaban. En cuanto Gandy la atrapó, estaban besándose audazmente, sin hacer caso de los aullidos y silbidos de alrededor. La muchacha le rodeó los hombros con los brazos y devolvió el beso con total despreocupación por el espectáculo que estaban dando. El beso terminó cuando el sombrero del hombre comenzó a caerse. Jube se lo arrebató de la cabeza y los dos rompieron a reír, mirándose a la cara. La muchacha le encasquetó el sombrero sobre el grueso cabello negro y lo bajó bien hacia adelante. —Y ahora, bájame, dandi rebelde. Ya sabes que tengo que saludar a los demás. Contemplándolos, Agatha sintió una extraña sensación en el estómago, al ver que los ojos negros de Gandy se regodeaban en los bellos ojos pintados de la muchacha y que la sostenía un momento más. Al mirarlos, se adivinaba cuánto disfrutaban estando solos. Entre ellos circulaba una corriente de malicia y placer, que hasta se percibía en el diálogo. ¿Cómo aprendía una mujer a comportarse así con un hombre? Nunca en su vida Agatha había estado en la misma habitación con un hombre sin sentirse enferma de inquietud. Ni conversó con ninguno sin tener que esforzarse por encontrar un tema. Y, por supuesto, saltar por el costado de una carreta constituiría poco menos que un milagro.
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Gandy bajó a Jubilee y saludó a las otras. —Ruby, preciosa, eres un regalo para los ojos. —Le dio un beso en la mejilla—. Y tú, Pearl, antes de que termine la temporada, destrozarás muchos corazones en Proffitt. —También ella recibió un beso en la mejilla. A continuación, apoyó las manos sobre los hombros del joven del banjo y lo miró en los ojos—. Hola, Marcus. Me alego de verte otra vez. —El muchacho sonrió. Hizo un gesto como de pulsar las cuerdas del instrumento y arqueó las cejas—. Es cierto —respondió Gandy—, es bueno para el negocio. Ya habéis provocado agitación en todo el pueblo. Esta noche, se amontonarán en la puerta. Gandy se volvió otra vez hacia Jubilee y se quitó la chaqueta. —Toma. Tenla un minuto. Le guiñó un ojo y Agatha vio que la mujer se llevaba la Chaqueta al pecho y hundía la nariz en el cuello. Pareció un gesto tan íntimo que sintió pudor. No entendía cómo una mujer podía extasiarse así con el olor a cigarro. —Vamos a entrar esto, muchachos. Gandy saltó sobre la carreta y, con ayuda de otros cinco, alzaron la jaula. Agatha vio que el chaleco de satén negro se tensaba sobre los hombros, y los antebrazos se endurecían al alzar el artefacto. Si bien no era demasiado musculoso, tampoco era débil. Pero tenía músculos en todos los lugares donde un hombre debía tenerlos; le bastaban para hacerse cargo de una mujer impulsiva que se arrojaba en sus brazos, o de una irritante que organizaba una unión local por la templanza. Recordó la noche anterior, en la cima de la escalera: ¿habría pensado en empujarla o no? A plena luz del día, viéndolo trabajar al sol, no parecía capaz de algo tan malévolo. Quizá sólo fue su propia imaginación. El grupo sacó la pesada jaula de la carreta, la subió por los escalones de la acera y la entró en la taberna. Los siguieron las mujeres y los curiosos, y en la calle sólo quedaron los niños. Violet y Agatha se metieron otra vez en la tienda, aunque seguían oyendo los alegres parloteos y alguna que otra carcajada. —Así que, ésas son Jubilee y las Gemas. —Qué nombres tan adorables: Jubilee, Ruby, Pearl. Aunque Agatha pensó que eran nombres inventados, se reservó la opinión. —Así que, a fin de cuentas, trajo a las reinas de la noche... —De eso no estamos seguras. —Violet, llevan kohl en los ojos, carmín en los labios, y exhiben los pechos. —Sí —admitió Violet, muy decepcionada—. Tal vez tengas razón. —De súbito, se iluminó—. ¡Pero, claro! —Suspiró, con expresión arrobada—. ¿Qué me dices del modo en que el señor Gandy besó a la llamada Jubilee? —¿No te pareció un poco desvergonzado hacer eso así, en medio de la calle? —Quizás, un poco. Pero aun así estoy celosa. Agatha rió y sintió un impulso de cariño hacia Violet: era tan directa. Y sincera, a su manera. ¿Cómo era posible que no hubiese encontrado a un sinvergüenza joven que la besara en mitad de la calle, en primavera? —Vamos —dijo Agatha ofreciéndole el brazo a modo de invitación—. Vamos a trabajar. Eso nos lo quitará de la cabeza.
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Pero cinco minutos después, ruidos de martillos y serruchos las distrajeron de tal modo que cada tanto echaban una mirada a la pared. —¿Qué crees que estarán haciendo, con tanto ruido? —No lo sé. —Los ojos de Violet chispearon—. ¿Te gustaría que eche un vistazo? —¡Claro que no! —Pero, ¿no sientes curiosidad? —Tal vez, pero ya sabes a dónde llevó la curiosidad al gato. Violet se resignó. —De verdad, Agatha, a veces eres aburrida. Los dedales sonaron al unísono. Empujar, tirar, empujar, tirar. «Es tan horrible como el reloj a la hora de dormir», pensó Agatha. Empujar, tirar. Dos viejas solteronas, cosiendo mientras se les iba la vida. ¡No! ¡Una vieja solterona, y otra no tan vieja! —Hola. Era Gandy, otra vez. Violet tiró el dedal, se llevó la mano al corazón y se sonrojó como un lechón. —¡Oh, mi Dios!—murmuró. —Ve a ver qué quiere ahora. Pero antes de que Violet pudiera moverse, Gandy pasó entre las cortinas lávanda sin sombrero ni chaqueta, y un poco agitado, con las mangas enrolladas hasta los codos. De pie ante ellas, con los pies separados, las manos en la cintura. —Tengo un trabajo urgente para usted, señorita Downing. Agatha alzó una ceja y recorrió con la vista desde el cabello negro revuelto hasta las puntas de las botas lustrosas. —¿Algo de bengalina rosada, quizá? Le quedaría bien con el cabello negro. Scott rió y se pasó los dedos por el pelo, dejándolo erizado. —Eso lo dejaremos para Jube. Lo que yo necesito es mucho más simple. Un gran saco sujeto por una cuerda, y no importa el color ni la tela. Que sea lo bastante grande para cubrir una jaula de un metro ochenta. Pero lo necesito para esta noche. Agatha dejó la labor con forzada paciencia. —Señor Gandy, soy sombrerera, no modista. —Pero tiene todas esas piezas de tela ahí. —Señaló con el pulgar hacia la tienda—. Están a la venta, ¿verdad? —No para hacer fundas para jaulas. —¿Por qué no? —Y no para dueños de tabernas. —Mi dinero vale. Y pago bien. —Lo siento, señor Gandy. Pruebe con el señor Harlorhan. Él vende tela por metros. —La tela no me servirá de nada si no tengo a alguien que la cosa. —Aunque quisiera, no podría hacerla para la noche. —¿Por qué no? Es un trabajo sencillo. —Lo sería si tuviera una máquina de coser pero, como ve, no tengo. Echó una mirada a una propaganda de Singer que colgaba de la pared y los ojos del hombre la siguieron.
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¿para qué querrá algo así? —Te aseguro que no tengo idea. tienes que dejar de hacer eso cada vez que ves a ese hombre. estas tres criaturas deliciosas son Jubilee. No intentes entenderlo.. —¡Yo no! —¡Tú también! ¡Agatha. nuestras vecinas. esta vez irrumpiendo por la puerta trasera. Pearl y Ruby la ayudarán a coser. —Es una moza obstinada. Agatha y Violet se quedaron con la boca abierta mirando a la entrada. eres mujer. Pearl y Ruby. —Encantada. .47 - . —Me alegro de conocerlas —dijo Pearl. Y Agatha se indignó de tal modo que se puso de pie. —Jube. las joyas de la pradera. tesoro. Agatha y Violet miraron fijamente.. Cuéntelas. pero para sus adentros comenzaba a opinar como Violet. Lo arrojó sobre la mesa y tiró al lado una pila de monedas de oro. ceñudo.cinco horas? —Ya le dije que no trabajo para dueños de tabernas. —A mí me parece adorable.. No tuvieron tiempo de especular. señorita Downing. Son suyas si hace una funda fruncida por un cordel para las siete de la tarde. —Nunca me humillaron así. La seguían Ruby y Pearl. ¿Moza? La palabra le provocó un rápido sonrojo y Agatha supuso que en ese momento ella también parecía un lechón. —Son diez. Jube. Pero se apresuró a reanudar su tarea. Gandy salió a grandes pasos del taller y volvió al instante con una pieza de satén rojo. Jubilee hizo una reverencia.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Cuántas manos necesitaría para hacerlo en. pues las sorprendió la reaparición de Gandy. ¿verdad? Todas las mujeres saben coser.. —Violet. —Oh. vamos. —Caramba. Violet se abanicó la cara arrebolada. Las sombrereras se ruborizaron otra vez. Ese hombre no tiene modales. Jamás le habían llamado moza y era desconcertante descubrir que la hacía sentirse aturdida. y luego entre sí. ¿Una funda para esa jaula? —Los dueños de tabernas están locos. señorita Parsons —saludó Ruby. Señoras. quiero presentaros a la señorita Downing y a la señorita Parsons. ¡Cómo se atrevía a llevar a esas mujeres pintarrajeadas! —Chicas. —sacó un reloj de oro del bolsillo del chaleco— . Scotty. —Señorita Downing. luego se dio la vuelta y pasó por la cortina.. Guardó el reloj y frunció el entrecejo. Agatha resopló. Gandy la observó un rato. Y te ruborizaste. —Contempló las cortinas que el hombre había movido con los hombros—. —¡Esta no! Los ojos de Agatha iban de una a otra de las dos cosas más brillantes que había en el cuarto: la señorita Jubilee y la pila de monedas de oro. —Tt-tt. —Pero. —Tú también. llevando a Jubilee de la muñeca. te llamó moza! Tt-tt. que quedó ondulando.. por el amor de Dios.

para que nadie las viese. no seas tonta. Si el patrón dice que cosamos. —No cabe duda de que su dinero proviene de los pobres desdichados que frecuentan su estable. ¿cómo anda el negocio últimamente? —No muy. Agatha recuperó la voz: —Yo tampoco. —Estoy de acuerdo con Pearl —dijo Jubilee—. cosiendo para el Gilded Cage Saloon. acercándose más a Agatha—. mejor. Se le hizo agua la boca.. ¡Oh.. Pero alzó de golpe la barbilla cuando Gandy le tocó ligeramente el brazo.. ¿Cuándo vería otra vez semejante cantidad de dinero para pagar el precio de la única cosa que ambicionaba en la vida? Abrió los labios pero no emitió sonido alguno.C. señorita Downing! Era desconcertante que un hombre la tratara así. ¿no lo entiende? —En ese caso.. el precio bajará otros diez dólares. que sintió otra vez el aroma a tabaco. —Pero usted.T. ¿Y el otro . ¿Qué diría la señorita Wilson? ¿Qué.M. a las muchachas.. yo. Su mirada voló al dibujo de la obra maestra del señor Singer con el precio impreso en números en negrita junto al volante.. —Señor Gandy.. —¡Violet. No es nada del otro mundo... a Gandy. —¡Por favor. coseremos.. Agatha. En un minuto más. —Deja de protestar.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Cien dólares. Cuanto antes acepte. Por eso traje a las chicas por la puerta de atrás. Y a las siete de la noche estaré en la Gilded Cage pidiendo firmas para compromisos de abstinencia a los clientes del bar. Cuando se volvió. —Señorita Parsons. Ruby. Mucho —terció Ruby—. La siguiente pregunta fue para Violet. No soy modista.. Agatha bajó la vista. —Ochenta —la interrumpió el hombre. es evidente. Agatha se retorció las manos y miró. con calma. y la pila de monedas. Por fin. impotente. —Pero. Pearl. si añadiéramos un pequeño incentivo. ¿Qué dirían mis compañeras si supieran que hice una cubierta roja para la jaula? —Nadie tiene por qué enterarse —intervino Gandy. quitando otra moneda y guardándola en el bolsillo. —¡Violet. las otras miembros de la unión? La presidenta de la sección local de la U.. es usted despreciable. Él no tiene más que mirar. Cuarenta y nueve dólares.. menos una mujer que no tenía suficiente sentido para darse cuenta de que las estaban sobornando.48 - . pero en cambio sacó una y se la guardó en el bolsillo del chaleco. Soy sombrerera. la mujer pensó que añadiría otra moneda a la pila. —Ya perdimos cinco minutos. —Me crearía un conflicto de intereses..! Pearl se quejaba: —¡Nunca en mi vida cosí nada! —Yo sí. —Agatha —le aconsejó Violet—. cállate! No quería que la forzaran de ese modo. te agradecería que cerraras la boca! —Bueno. Estaba tan cerca. pero todo ese dinero.

con aire culpable. señorita Downing. haced lo que ella diga. —Algo para cubrir la jaula. El hombre la estrechó con la misma firmeza con que lo haría con la de otro hombre. suelto abajo. Atado arriba. Si quitaba dos monedas más. con menos convicción—. —Claro que lo haré. Agatha contempló los maravillosos ojos rasgados de Jubilee y la recordó colgada en el columpio como una paloma nivea. mirando a Agatha sonriente e interrogativo: —Setenta. que desarmaban. Dedos largos y oscuros. La desesperación la aplastó. —Lo haré —aceptó. la halagó. Jube. el sombrero está convirtiéndose en un símbolo de emancipación. Sólo entiendo de sombreros. mientras el carro avanzaba por la calle. —Bien. Pearl.? —¡Violet! Violet ignoró a la patrona y se inclinó. con todas estas discusiones sobre el sufragio femenino. A Agatha se le secó la garganta. Y tiende a empeorar.. confidente. Extendió una mano y tomó otra moneda. y se acercó a Agatha tendiéndole la mano—. la máquina quedaría fuera de su alcance. En cierto modo. Un tintineo.49 - . A decir verdad. Los ojos. Contra su deseo. en voz queda. Fijó la vista en la disminuida pila de monedas. y la pasó a la figura de la máquina de coser. Miró las monedas que quedaban y sintió deseos de estrangular a Violet. Al parecer. La ambición la dominó. Los hoyuelos eran muy marcados. . —Las cosas no van muy bien en la venta de sombreros. —Por empezar. Jube le mostrará.. En las mejillas de Gandy aparecieron los hoyuelos. Use su imaginación. demasiado atractivos. —Sesenta —dijo Gandy. Agatha dejó caer la cabeza. alzó la vista. salpicados de vello crespo. —La mano se acercó otra vez a las monedas. Sólo estad listas para recibir a los clientes a las siete en punto. Entonces. Se sacó el dedal y apoyó la palma sobre esa mano tibia. en tono más suave aún. —¡Basta! —exclamó. Gandy metió un pulgar en la cintura y esperó. no tengo la más remota idea de lo que usted quiere — dijo. El diamante brillando en el meñique. Pero se sintió como si acabara de hacer un pacto con el diablo. hay mujeres que dejaron de usarlos. Muñeca delgada. señorita Downing? Agatha contempló la mano. y las cuatro monedas volvieron con las otras—. Un trato es un trato —dijo. Ruby. hacia Gandy. Agatha giró la cabeza. Tenía unos labios tan perfectos. Uñas limpias.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR día no decías que. La mano de Gandy se movió de nuevo. abierto en un lado para que pueda abrirse la puerta. —Chasqueó la lengua y sacudió la cabeza con expresión apesadumbrada—. ¿para las siete. ¿Por qué le parecía que sólo los canallas estaban tan dotados? —Para las siete —aceptó. ahora que comenzamos con nuestra propia unión por la templanza.

se sentaron todas en círculo y comenzaron a coser los bordes. La misma Agatha manipuló las planchas de hierro. —Usted también.50 - . Mississippi. Era como tú. voy a manchar la seda. resultó evidente que Jubilee y Pearl no habían mentido: eran inútiles con la aguja. Mi mamá trabajaba en la casa grande para la señorita Gandy. Jubilee llevaba las planchas frías a la estufa y traía las calientes. Entretanto. con un cordel en la parte superior para fruncirla. Agatha observó el lamentable trabajo de Pearl. —¿Waverley? —sondeó. ¡Maldición y maldición doble! ¡Soy incapaz de coser. —¿Puedo dejarlo yo también? —rogó Pearl—. Encendió el fuego en la estufa y calentó las planchas para formar un ruedo de una pulgada en todo el perímetro. —¿Quiere decir que nuestro patrón creció en una plantación? La imaginación romántica de Violet se expresó con claridad en sus . —La plantación Waverley. será suficiente ayuda. Si sostienen el satén en la falda y van guiándolo para que no se arrugue. y mi mamá me enseñó a mí. Violet equivocó una puntada al oír mencionar a la joven señora Gandy. De inmediato. por supuesto. Jube. o a la vieja? —La vieja. No pasó mucho tiempo hasta que Jubilee se pinchó el dedo: —¡Ay! —Lo metió en la boca y lo chupó—.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 4 Agatha mandó a Pearl a medir la altura y la circunferencia de la jaula. —¡Mirad a Ruby! —exclamó Jubilee después de un tiempo—. como Ruby es tan habilidosa. Después. Tres dedales chocaron con tres agujas y la tela brillante fue pasando lentamente sobre los regazos. donde creció el señor Gandy. —¿Por qué no se queda sentada? —sugirió Agatha—. ¿dónde aprendiste a coser así? —¿Dónde crees? En Waverley. Estoy haciéndome un lío y ahora. y ella le enseñó a mi mamá a hacer costura fina. mientras Violet y Ruby trabajaban delante de ella marcando el ancho con tiza. No soy mejor que Jube para esto. Por otra parte. Ruby. Ruby tenía dedos ágiles y cuidaba de hacer puntadas uniformes e invisibles. terminaremos con tiempo de sobra. como una cortina para la ventana. además. Las tres rieron de buena gana. La joven era demasiado frivola para coser. En verdad. Era un diseño bastante simple. y las cinco mujeres se pusieron a la tarea de hacer la funda. y Pearl sujetaba la seda que colgaba de la tabla de planchar para que no se arrugara. allá en Columbus. —La negra dirigió a la blanca una mirada significativa—. —¿Te refieres a la joven señora Gandy.

Ese lugar era glorioso. Lucharon en los alrededores. Violet quedó tan atrapada con la historia que tuvieron que recordarle la costura. esperando a que la hicieran andar. ellas ya estaban enterradas dentro de la cerca de hierro negro al otro lado del camino. una enorme y ancha galería. La voz algo áspera de Ruby recordó: —La más hermosa que se haya visto. —Murieron. —Oh. . Por la mente de Agatha cruzó raudo el pensamiento de que otros hombres se habían hecho libertinos por motivos mucho menores. —¿Qué sucedió con Waverley? —Sigue ahí.. Violet sintió tanta curiosidad que se sentó en el borde de la silla. el viejo señor Gandy. Las encontraron en el camino. entre las varas. Cuando el joven señor Gandy volvió. qué tiempos! Claro que eso fue antes de la guerra. era una pena.. Yo. y después de la guerra. pobre hombre —se condolió Violet. Ahora él está muerto. Las dos. Más bien. y una hija? Ruby asintió. señora. y la esposa también. La aguja de Agatha se inmovilizó y miró a Ruby por encima del satén: —¿Tenía esposa. Pero siguió preguntando: —¿Cómo murieron? Ruby alzó un instante la vista. Mi mamá y mi papá eran esclavos del viejo señor Gandy. el patrón. Qué nombre tan romántico. —Si lo supiera. La guerra no pasó por Columbus. lo vio con un cigarro en la boca y un vaso de whisky en la mano.. —Waverley —repitió Violet. —¿Quiere decir que él era el dueño? —El padre. Y el río Tombigbee que los cruzaba. —La joven señora Gandy. Grandes columnas blancas en el frente. volvería. y la pequeña. Pero sólo fue una vez después de la guerra. pero ahí no. y la mula ahí. Antes de la guerra.. Corríamos descalzos por ahí juntos. —¿Fantasmas? Los ojos de Violet se dilataron. Todas las grandes mansiones permanecen intactas. tan extensos que un zorro no podía recorrerlos en una mañana fría. nacimos todos en Waverley. —Sí. soñadora—. Agatha trató de imaginar a Gandy de niño corriendo desnudo con un par de chiquillos negros. Se despertó el interés de Agatha. sin levantar la vista de la costura.51 - . en la mitad del trayecto hacia el pueblo yaciendo boca arriba en la carreta. Por mucho que lo intentó Agatha no pudo contener la curiosidad: —¿Quién es el dueño? —Él. Pero él no llegó a tiempo a la casa para verlas una vez más. pero el cuadro no cuajó. pero nadie lo sabe con certeza. Pero eran unos blancos tan buenos como es posible. Aun así. Ivory y el patrón. pelábamos nueces de pecana.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR ojos. Y campos de algodón alrededor. y sus dedos siguieron moviéndose. A fin de cuentas. nadábamos desnudos en el río. ¡Ah. yo también. Supongo que encontró demasiados fantasmas. entre su mamá y su papá. era joven. pero dejó que Violet hiciera las preguntas.

También Hogg. «gallo». —Mientras continuaba la historia. No. él. Va a explotar. y los pobres estibadores tenían que descargar cientos de toneladas de carga para aligerar el peso cuando el río estaba bajo. en las afueras de Natchez. e Ivory era estibador. eso no es cierto. con las cejas como alas levantadas. Yo soy una negra encopetada. a Natchez. ¡Tengo manzanas y limones que perderán la mitad de su valor si ese desgraciado de Rasmussen llega antes a Omaha!» »De modo que Jack Hogg se puso a ajustarla. —No fui yo la que lo hizo. La mejor. a mí no. sorprendida y rió con su risa de contralto—. y luego volver a cargarlas cuando el capitán volvía tras pasar el primer tramo corriente arriba. ¿Quién? —El joven señor Gandy. —¿Él? —Los ojos de Violet chispearon de interés—. Y a mí y a las chicas ahí. Ruby siguió cosiendo. el joven amo encontró a Ivory trabajando como peón en cubierta. Estábamos todos a bordo un día que el capitán ordenó apretar la válvula para salir de un atascamiento. le decían. maquinista. realista. Lo próximo que supe es que Jack Hogg y casi todos los demás volábamos por el aire como si . Pretendía vivir a mi capricho y llevar una vida fácil hasta que la carroza viniera a buscarme. —Rió otra vez.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Ruby asintió. ¿No es cierto. gallo. con el agua a las rodillas. »Entonces. —Vamos. me fui a la ciudad. y odiando cada minuto de esa vida. Yo estaba haciendo lo que estaba haciendo. Eres una buena mujer. Tenían que cortar leña y sumergirse cuando el barco tropezaba con un tocón. también. Se puso a apostar en los barcos fluviales y se enteró de que Ivory y yo trabajábamos en el Delta Star. señor. el que despacha las bebidas para Gandy. La segunda vez se fue para no volver jamás. Pearl? Pearl dijo: —Escucha a Jube. Ruby cosía sin parar.. El pobre Ivory nunca había recibido latigazos cuando trabajó para el viejo amo Gandy.52 - . cuando la guerra terminó. con cierta amargura—. trabajando en esa jaula flotante. Terminé en los barcos fluviales. señor». los gallos se sumergían. Ya no espero ninguna carroza —concluyó. El capitán insistió: «Aprieta a la hija de perra con fuerza. «Eh. Jack Hogg le dijo: «No puedo hacerlo. que tocaba el banjo y se burlaban de él porque tenía mal la lengua y no podía decir ni una palabra. ¡Mira lo que hiciste por mí! Y por Pearl. —Se marchó a luchar contra los yanquis y cuando volvió no encontró más que a unos pocos negros tratando de arañar unas coles verdes de los campos de algodón agotados. y vio que ese canalla de Gilroy le daba latigazos cada vez que se le antojaba. era maquinista y trabajaba en esa sala de máquinas pestilente. Y yo nunca supe lo bueno que era Waverley hasta que quedé librada a mis propios medios. complaciendo a los señores. Ruby. Fue él. la vista en la labor—. Ruby. Y Marcus. Jubilee se inclinó y apoyó su mejilla blanca contra la negra de Ruby. —Movió la cabeza con pesadumbre—. ¡sin importar que hubiese víboras en el agua! Si el capitán ordenaba sumergirse. como si ella supiera de qué hablaba. —¿Y la llevó con él? —¿A mí? —Ruby levantó la mirada. tendremos que hacer dos viajes con esta carga».. Para sorpresa de Agatha. Cuando dijeron que era libre.

pero dijo que. dijo. su risa era leve y alegre. patrón». A diferencia de la de Ruby. Ni. Y Pearl. Nos dijo que había conseguido amigos: nosotros. «Terminaron los días de navegar por el río. donde el señor Gandy estaba jugando. y el patrón lo sabía. allí irían los vaqueros.. no tendríamos que entretener más a los señores. ¡oh! —Jubilee vio que Agatha bajaba la vista y se sonrojaba—.? Jubilee rió. de modo que caímos directamente al agua. ¡Cuando Pearl empieza a levantarla. es muchísimo mejor bailar y nada más... y nosotras cosemos. no lo creerá. donde está el ferrocarril. Ruby? La negra lanzó su risa gutural. señorita Downing. señorita Downing. pero somos lo más parecido a parientes de sangre. ¿Gandy era el benefactor? ¿Había sacado a esas tres muchachas de una vida de iniquidad? —¿Es decir que no tienen que. Le quedaron feas cicatrices. Tenemos que salir de aquí mientras aún tengamos un sitio a dónde ir». en cuanto se curara atendería el bar. Y agradecemos el cambio. Por eso el señor Gandy dice «cosed». chicas? Las chicas asintieron. tocando en el salón de juegos. conviene colgar la lámpara en algún otro sitio. ¿No son.. ¿no es cierto. ahora sólo somos bailarinas. Ya no tenemos que soportar lenguas con gusto a whisky que nos ahogan. Ni manos grasientas que nos manosean. Scott dice que tiene una voz capaz de avergonzar a un sinsonte. ya no sería más estibador. Espere a escucharla. y acababa de ganar un montón de dinero.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR fuésemos camino a la gloria. Y las cosas están mejor que nunca desde que terminó la guerra. chicas? Somos jóvenes. Pearl y Jubilee—. cargando un poco para llevar abajo.? —Abarcó con la mirada a Ruby. siempre dices lo mismo. »Pero el joven señor Gandy se ocupó de todos nosotros. . aunque en ese terreno Jube nos supera a Ruby y a mí. Pero esperen a ver cómo Pearl levanta la pierna. tesoro? Le tocó a Pearl reír. ¿verdad. —Como dice Jube —agregó Pearl—. ¿verdad. Lindas. Marcus estaba en cubierta. así que los dos estaban bien. Y Jack Hogg no quería estar nunca más cerca de una caldera. Ivory es pianista. Jube y yo.. Durante el relato de Ruby.. y tenía suficiente dinero en la bolsa para abrir una taberna. —Jubilee miró con ojos radiantes a las sombrereras—. Pero Jack estaba junto a la caldera. chicas? Y bastante buenas cantantes. Ivory.. Puede quitarle a un hombre el sombrero de una patada sin despeinarle un solo pelo. pues es capaz de apagarla! ¿No es verdad. Estaba en la leñera. —Oh. Seréis bailarinas.53 - . ¡y que lo diga!. No tenemos familia. Nunca adquirí buenos modales. Si íbamos allí.. Pearl. Las chicas y yo paseábamos por cubierta buscando nuestro próximo cliente. somos buenas bailarinas. Como dijo Ruby. »Dijo que había un solo lugar para hacer dinero rápido: en la cabecera del Chisholm Trail. ¿Y qué creen que le contestamos? «Lo que diga. Trajo a Marcus para tocar el banjo. dijo el patrón. Pearl tiene esa especialidad que ella perfeccionó. Ivory también tuvo suerte. en armonía con sus ojos rasgados. Lo siento. —¿Prostitutas? Ya no... Además. Agatha se asombró cada vez más. —Verdad. ¿no es cierto.

te olvidas de que estamos de visita en esta tienda. estaba menos horrorizada de lo que habría estado una semana antes. Ruby.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Pero fue idea de Ruby. sin que el tipo se dé cuenta. vamos. si el reloj es de oro. —Sí. —¡Oh! ¡Oh. Y cuando sienten el oro tibio. Scott se ha vuelto honrado. Cuando Ruby hace oscilar la cadena del reloj de un tipo fuera de su corpiño. es algo digno de verse. tienes razón! —Pearl se tiñó de un sonrojo tentador—. a los hombres les encanta. —Vamos.. Ruby —insistieron las dos.. El oro se calienta más rápido que la plata con sólo estar contra la piel. Nos alivia saber que no es así. cuéntenlo ustedes. le enseñó a Ruby un pequeño pase de manos y ella lo incorporó a nuestro espectáculo. Ella es siempre la que tiene las mejores ideas. No quise incomodarla. —¡Oh.... Tal vez fuese la gran camaradería o el orgullo despojado de egoísmo que sentían una por otra. Un hombre es capaz de hacer casi cualquier cosa contigo a solas. ¡Bien! —Agatha cortó un hilo y se concentró en el trabajo pues no sabía cómo participar del tema—. —¡Los hombres. Pearl ahuecó una mano alrededor de la boca y respondió en un susurro teatral: —¡Entre los pechos! Violet se tapó la boca: —Tt-tt. Bueno. ¿dónde? —repitió Violet. allá en el barco fluvial.. . —Ahora. Agatha estaba cautivada. —Si les parece que es algo que a dos damas como ellas les gustaría oír. —¿Dónde? —preguntó. —¿Cómo haremos eso? —preguntó Jubilee. Agatha se sonrojó. lo cual no significa que no pueda guardarse una carta en la manga.54 - .. Ruby agitó una palma sonrosada. —Está bien. Y cuando advierte que no lo tiene. tt-tt. —Oh. Sólo falta que pasemos el cordel por el borde superior. Pearl —la interrumpió Jubilee—. Violet y yo teníamos la impresión equivocada de que ustedes harían mucho más que bailar en la Gilded Cage. y habremos terminado. Cuéntales el truco de la desaparición. Puede quitarle a cualquier hombre el reloj y la cadena. pero en público se sonrojará como un tonto ante la menor provocación. tras una puerta cerrada. En especial. si lo desea. —Es asombroso —prosiguió Pearl—. Ese trío tenía algo contagioso. —Bueno. Resultaba infrecuente que tres mujeres con ese oficio pudiesen albergar tan pocos celos entre ellas. señorita Parsons. ansiosa. bah! ¿Qué saben ellos? —Cuéntales. ¿dónde creen que aparece? Contra su voluntad. se me va la lengua. —Cuéntenos. Pearl lo contó. No puedes hablar ante ellas como lo hacemos entre nosotras. y el hombre tiene que sacarla del todo si quiere recuperarla.. A veces. caramba! Sin embargo. ni a usted tampoco. oh. señorita Downing. contemplando la funda.

en todos los años que se conocían. Tendríamos que haberlo advertido.. Y una vez que se adaptó a esa franqueza. ¿cómo saberlo? Sin embargo. pobre chica! ¡Qué espantoso! Varias ideas sacudieron a Agatha al mismo tiempo: hacía años que nadie le decía «chica». Pero los bellos ojos almendrados de Jubilee expresaban preocupación. Agatha contestó con sinceridad: —No. Jubilee miró sin disimulo la falda de Agatha: —¡Oh. le pareció un cambio refrescante en comparación con las miradas de soslayo que solía recibir. —Se acercó a Agatha. ¿No tiene la agudeza suficiente para saber que carece de tacto?» Aunque se sentía perturbada. jamás se había atrevido a formularle esa pregunta. —Hace años que la tengo. Gracias a Dios. un instante de incomodidad. por eso. —¿Se refiere a que nació con eso? «Oh. le sacó los elementos de las manos. —¿Cómo.. Y Jubilee lo hacía con tal falta de embarazo. no me parece justo. Agatha comprendió que Violet también sentía curiosidad. —¡Oh! —Jubilee miró las cosas que tenía en las manos y lanzó una carcajada vibrante—. qué perspicaz es. y como vivo arriba.55 - . a su modo ingenuo. Agatha sintió un golpe de calor. cerró la puerta del gabinete. Señaló. pero. —¡Caramba. Lo peor son las escaleras. Dios. había recuperado la compostura. señorita Jubilee —le advirtió con una sonrisa amarga—.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Agatha se levantó y cojeó hacia el gabinete donde tenía los elementos. —¿Arriba? ¿O sea encima del almacén? .. A Agatha le resultó desconcertante que una mujer supuestamente «mala» expresara en voz alta sus propios pensamientos recurrentes y no pudo evitar sentir simpatía por la impetuosa Jubilee. —No soy una inválida. Ya estoy acostumbrada. —Es bastante sim. —A decir verdad. mientras se preguntaba cómo responder a una observación tan directa. Por extraño que pareciera. me arreglo bastante bien. señorita Downing. hablando de levantar las piernas. y henos aquí.. Jubilee siguió el primer impulso. Jesús. Cuando se dio la vuelta otra vez hacia el grupo. Puedo llevar yo misma la aguja y el cordel. Jubilee no se mostraba entrometida sino compasiva. ¡Claro que no! ¿En qué estoy pensando? Depositó la aguja y el cordel otra vez en las manos de Agatha. nada? Pero. usted renquea! —exclamó Jubilee. —Déjeme ayudarla con eso. que a Agatha se le soltó la lengua.. —No es nada. y los llevó hacia las sillas sin dejar de parlotear—. —¿Cómo sucedió? —Me caí de las escaleras cuando era niña. —pensó Agatha—. ¿Cómo era posible que alguien escapara al encanto de Jubilee Bright? Nunca nadie había enfrentado la cojera de Agatha de modo tan directo. Agatha no pudo seguir enfadada. había llegado a la caja agujereada donde encontró un ovillo de cordel y una aguja gruesa de zurcir..

Yo no tuve madre. ¿Su madre le enseñó muchos trucos de costura? Me refiero a cómo hacer vestidos. Gracias que puedo atarme los cordones de las botas. escuche.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Jubilee dirigió la vista al techo de hojalata. enaguas y otras cosas. y lo paso hacia atrás. Hacía tanto tiempo que Agatha sabía cómo pasar un cordel por una costura. chicas? —Por supuesto —confirmó Pearl—. se concentró otra vez en la tarea de Agatha—. —¿Afortunada? ¿Cuándo fue la última vez que Agatha se consideró afortunada? —Y por tener una madre que le enseñó. —Muchachas. cualquier cosa que podamos hacer por usted. —¿Qué? Agatha se concentró en fruncir la tela sobre el cordel. o correr a buscar algo. Cualquier cosa en que pueda ayudar. Con un repentino cambio de expresión. levantar cosas. —¡Usted sola! ¿Usted hizo eso? —Tomó a Agatha del codo e . mirad eso! A Agatha se le escaparon unas carcajadas. —En cuanto a mí. —Jubilee se volvió hacia las amigas—. seremos vecinas! —Cuando Jubilee sonreía. Es por el lugar en que trabajamos.56 - . Luke cuando era pequeña.. no dude en llamarnos. por ahora. pero siempre tenemos las tardes libres. bajarlas. —A mí jamás se me habría ocurrido algo semejante. —Bueno.. —De súbito. Es decir. Agatha pensó que. desbordando animación y brillo. —¿Cómo lo hará? —quiso saber Jubilee. Viví en el Orfanato de St. —Sí. Pearl y Jubilee. que ya es una tarea mecánica. ¿Qué dirían esas monjas si me vieran ahora? —No había el menor matiz de autocompasión en el comentario de Jubilee. Paso el cordel por el ojo de la aguja. —¡Eso! ¡Lo que está haciendo! ¿Dónde aprendió eso? —Me enseñó mi madre. limítense a estirar el borde superior de la cortina para que pueda pasar el cordel por la costura. ¿Cómo podría Agatha disgustarse con esas tres? Cualquiera hubiese sido el pasado de Ruby. ¿No es así. debieron de requerirla con ansiedad—. sí. yo coso toda mi ropa. —Es tan afortunada de conocer bien un oficio. esbozó una sonrisa maliciosa—. tenían una generosidad intrínseca más profunda que algunos presbiterianos que conocía. que lo daba por hecho. —Lo siento. —¡Por las bolas de fuego. además de sombreros. señora. soy fuerte como un caballo. Contempló los ojos fascinados de Jubilee y sintió una chispa de orgullo por su trabajo. me dijeron que murió cuando yo nací. llame. Pero eso es asombroso. en realidad. —Gracias a todas pero. —Es fácil. y nací recibiendo órdenes —proclamó Ruby—. —¡Entonces. —Hace tanto tiempo que lo hago. en su anterior profesión.. Por la mañana. Nosotras también viviremos arriba así que. La inclinación de los ojos rasgados armonizaba con la de los labios abiertos y le confería un aspecto de juventud y entusiasmo. Los ojos de Jubilee se agrandaron cada vez más mientras sujetaba el borde del satén rojo y observaba el trabajo de Agatha. dormimos hasta tarde. no cabe duda de que tienen un lenguaje pintoresco. era un espectáculo que quitaba el aliento.

—¿Cómo que. en capas —agregó Ruby. Lo siento. —¿Enaguas también? Antes de que pudiese objetar. Como las antiguas crinolinas. —Podría hacerlo. al fin admitió—: Yo también. Sé que puede.? Agatha rió. Las muchachas la ignoraron.. —Pearl.. No es por ofenderla. .. por favor. que era habilidosa con la aguja. Jube esperaba una respuesta. más complicado aún—. pero he estado practicando mi patada alta especialmente para eso. —¿Qué cosa? —insistió Violet.. —Lleva muchos frunces alrededor.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR inspeccionó la forma complicada del corpiño. —¡Usted puede hacerlas! —dijo Jubilee. con entusiasmo—.M.C. No puedo. y convenceré a Gandy de que pague. Hablaron todas al mismo tiempo. exclamó—: ¡Mirad esto..57 - . —¡Por favor. le alzaron el ruedo en la parte de atrás para examinar el polisón que parecía una jaula. y el polisón en cascada. y si hago algo más. pero estoy desilusionada. con ribetes.. Tres bailarinas rechazadas giraron y comprobaron que era cierto. no debe usar ese lenguaje —la regañó Agatha con gentileza. —Agatha vaciló un momento y. dejándose caer en una silla—. —Saben. ¿verdad? —le preguntó Jubilee a Ruby. pliegues y alforzas y. Con la barbilla en la mano. por favor! —dijo Agatha. —Oh. lo que es más. —¿Será posible que lo haga? Ruby inspeccionó minuciosamente la hechura de la ropa de Agatha. Y no puedo bailar el cancán sin esas faldas fruncidas. —¿Dónde podríamos conseguir. piezas cortadas al sesgo. enlazado atrás. —Creo que sí. no tengo máquina de coser. levantando las palmas —. sólo que dentro de la falda.. Me vendría bien el trabajo. —Hacer esas faldas nuevas que queríamos para el baile francés. —¿Faldas nuevas? —¿Baile francés? —El cancán —aclaró Pearl—.? —Oh. y caía desde la cintura hasta los talones en un conjunto de costillas horizontales unidas con tela de algodón blanco. haciendo ademanes—. volviéndose hacia ella. pero supongo que comprenden que no es posible ni aconsejable. Y.. chicas! —Las tres examinaron los detalles del drapeado austríaco de Agatha. Pearl hizo un mohín: —Tal vez no. sintiéndose acosada y halagada al mismo tiempo por el entusiasmo de las muchachas. —¿Qué cosa? —preguntó Agatha. que no pudo decir nada. alguien se enterará. señoras. señorita Agatha. —¿Qué cosa? —repitió Violet. Quedó tan sorprendida. ¿Qué pensarían si la presidenta del grupo local de la U. tocándole el hombro. ¡Ése sí que es un trabajo bien hecho! Lanzaron exclamaciones de entusiasmo. —No puedo. es cierto. hasta la misma Ruby. diga que sí..T. cosiera los trajes para las bailarinas de la taberna? Ya fue bastante malo hacer la funda para la jaula.. maldición —dijo Pearl.

—Estaría bien. Irradiaban comprensión real. suspirando. Trató de imaginarse cómo sería formar parte de una hermandad como la que compartían Jubilee. —¡Son maravillosas! —exclamó Violet. Es lo mismo. Louis o. o. y tocándose las sienes. Se rió y. creo que tenemos que irnos. qué impresionantes —dijo. resentida: —¡Agatha. Difícilmente encontrarían trajes para cancán en un catálogo de tienda de ropa hecha. en ocasiones eres muy aburrida! Y con el mentón levantado. orgullo en los limitados logros de las otras y una asombrosa falta de rivalidad. Agatha sugirió: —Quizá puedan encargar los vestidos a St.? —No. comentó. pero no en el sentido en que lo eran las tres jóvenes bailarinas. —Bueno. Violet. tonterías! Ellas no venden licores. Violet miró hacia la puerta. Acaban de nombrarnos funcionarías de la unión por la templanza. tener amigas tan auténticas como ellas. bueno. olvidó que las jóvenes no eran la clientela más adecuada para la sombrerería. Se había sentido más viva que en años. —Lo siento. Por segunda vez en pocas horas.. por el trabajo apresurado. —Claro —dijo Jubilee.. —Pero no podemos hacernos amigas. ¿Nos llevamos esto? Levantó la seda roja con dos dedos. nunca hubo tanta animación. Jubilee suspiró: —Entonces. No obstante. —¡Oh. háganoslo saber. —Caramba.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Violet empezó: —Pero. se sintió deprimida. Tengo que decir que no. Cuando Pearl abrió la puerta trasera. De pronto.. Agatha pensó en esa extraña tarde.. y disfrutó de su presencia. ¿no podríamos.. Cuando se fueron. Pearl y Ruby. «Sí. se fue de la tienda hasta el otro día. Agatha. No hacen otra cosa que bailar. Violet era su amiga.. vieron cuánto tiempo nos llevó hacer ese ruedo a nosotras cinco. y el señor Gandy ya me pagó. A usted también. Finalmente. Las muchachas quedaron contrariadas. tenían un grupo al que llamaban su . lo son». está fuera de discusión. —A mí me pasó lo mismo —acordó Agatha. Me ahorraría el trabajo de llevarlo. tristes. —pensó Agatha—. —Usted déjenos a nosotras tratar con el señor Gandy. gracias señorita Agatha. Y para hacerlo a mano. Y las muchachas eran divertidas. Además. Salieron en fila. señorita Parsons. Al quedarse sola.58 - . por un tiempo. comprendió lo absurdo de su sugerencia. Violet. Pero lo más asombroso era que les había contado lo del accidente y se sintió maravillosamente bien. ya lo sabes.. dudo de que el señor Gandy esté dispuesto a pagarme el tiempo que llevaría. ahora que el bullicio había acabado. derrumbándose en una silla—. Jubilee. En las faldas fruncidas. Violet cerró la boca. Chicas. Desde que abrió esta tienda. ¿No las oíste? —Pero las danzas de ellas promueven la venta de alcohol.. Y ya no son mujeres de la noche. son metros y metros de tela que hay que dobladillar. Si cambia de idea. aceptación mutua.

es tan divertido estar con ellas. en el mismo lugar donde las había dejado Gandy.. y acomodó las otras cuatro como un dominó sobre la palma de la mano. Y. Agatha se levantó de la silla y vio las monedas de oro haciéndole guiños desde la mesa de trabajo. Al final. La camaradería. ¡Y tres personas para ayudarte! Era un soborno. Envidiable. Cuarenta dólares era mucho dinero. El . y tú lo sabías. Ésas eran mujeres que complacían a hombres por dinero. ¡Eran pesadas! Hasta entonces. Pero mucho. estás tan senil como Violet! Imagina cuánto ganarías haciendo los vestidos de cancán. se calentaban rápido. mientras Gandy y las muchachas colocaban la funda y le arreglaban los pliegues. Dinero tibio. Y esa «familia» estaba encabezada por un apostador del río al que seguían como si fuese el Mesías. está bien. Y él paga bien. Una alegre banda de clientes de la taberna y los empleados del establecimiento se apiñaban alrededor de la jaula dorada. estaba tan triste? Estaba haciéndose tarde. no seas tonta! Pero las muchachas son tan vivaces.. mientras lo hacía deseó ser tan desinhibida como Pearl para poder maldecirse por lo que estaba a punto de hacer. Por un instante. ¿Envidiable? La idea sacudió a Agatha. que si bien no era una familia verdadera. que habían aprendido a sustraer relojes de bolsillo a caballeros desprevenidos. que bailaban en salones donde colgaban cuadros de desnudos en las paredes y sacaban sombreros de las cabezas de los hombres de un puntapié.59 - . igual que con cualquier otro. Cien dólares por menos de tres horas de trabajo. las dejó aparte. Separó seis. me pagó demasiado! ¿Y qué piensas hacer al respecto? Tomó las diez monedas de oro y las sopesó en la palma. Agatha pasó inadvertida. La puerta trasera de la Gilded Cage se abría a un pequeño corredor entre dos cuartos de almacenar cosas. cerró con fuerza la palma de la mano y se dirigió a la puerta trasera. ¡Escúchate! ¡Pronto estarás cosiendo vestidos de cancán! Tengo ganas de intentarlo. ¡Agatha. como habían dicho las chicas. De todos modos. nunca había tenido la oportunidad de comprobar cuánto pesaban diez monedas de diez dólares. paga bien. en la sombra.. ¿Cómo pudo creer por un instante que las envidiaba? Pero si no las envidiaba. pesado. Al principio. ni lo pienses! Pero sí. con máquina de coser o sin ella. sólo alegres conversaciones. ¡Agatha. Agatha los envidió de nuevo. escuchó a su conciencia. ¿Desde cuándo te volviste mercenaria? ¡Oh.. Sería dinero sucio. ¡Agatha. Con dinero de soborno se pueden comprar máquinas de coser. Extraño. Pronto sería hora de prepararse para la reunión de las siete. resultaba mejor porque no estaban vinculados por el parentesco sino por elección.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR «familia». de pronto. Se preguntó cuánto tiempo tardarían en mandarle una máquina de coser desde Boston. ¿por qué. No se escuchaba el banjo ni el piano.

y algo le pasó en la boca del estómago. Levantó el bombín. señorita Downing. miró las monedas: —Un trato es un trato. como algunas personas hacían con ella. Creo que quedamos en sesenta. Agradezco que se haya dado tanta prisa. la mano del hombre pasó por el hueco de la cintura. sacó el brazo de los hombros de Jubilee. Cuando hablaba. ¡Eh. Jubilee hizo un comentario. —Exacto. A Agatha se le secó la boca y sintió un calor en el cuello. se esforzó por no apartar la vista. —Buenas noches.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR modo en que reían y bromeaban entre ellos. Pero como la trató con cortesía. No imaginaba que las personas hicieran cosas así fuera de la alcoba. deteniéndose junto a Agatha. recibiendo elogios por la cubierta roja que había cosido. Una cuerda iba de la punta superior de la jaula a una polea montada en el techo. vio a qué se debían los martillazos. ¿Puedo hablar con el señor Gandy. El barman de las cicatrices en la cara la vio y se apartó del grupo para saludarla. exigió una actitud similar de parte de ella: —Buenas noches. Echó la cabeza hacia adelante mientras se acomodaba las solapas en un gesto sencillo pero. Scotty! Aquí hay una dama que quiere hablar contigo. —Hizo un trabajo espléndido. Se rehízo. Que el cielo la ayudase si alguien acertaba a pasar por la puerta y echaba una mirada dentro. en cambio. señora. —Señor Gandy —respondió. fijando la mirada en el pecho de él. tomó la chaqueta de manera automática del respaldo de una silla. y le oprimió las nalgas sin prisa. por favor? —Por supuesto. y caminó por el pasillo hacia el grupo. Gandy le pasó un brazo por los hombros. a la vez. donde habían instalado una puerta trampa. Se bajó las mangas. Advirtió enseguida que él también se sorprendió de que conociera su nombre. la izquierda. La mitad sana de la cara de Jack Hogg sonrió y. Gandy se apartó del grupo que estaba junto a la jaula. aunque era grotesco. —La funda luce espléndida. muy masculino. —Me pagó de más. Hacían chistes al respecto. la señalaban. y todos rieron. La sorprendió que supiera su nombre. y se la puso mientras caminaba hacia ella. Agatha no estaba habituada a ver cómo los hombres se acomodaban la ropa. Para ser honesta.60 - . —Señorita Downing —la saludó con sencillez. Después. —Sacó las cuatro piezas de oro—. miraban hacia arriba. no puedo aceptar tanto dinero. . cortés. Cuando vio a Agatha. Aceptaré eso. la comisura derecha de la boca iba hacia abajo. no se movía en absoluto. Se miraron y compartieron una diversión privada. De inmediato. —Levantó la voz—. Era justo lo que Scotty quería. señora. señor Hogg. Agatha comprendió la ironía de estar ahí en la taberna con el cuadro de la mujer desnuda. le aparecieron los hoyuelos. —No vine a charlar. aunque es más que justo. Todavía sujetándose las solapas.

¿O sólo tocaba a Jubilee de manera íntima? Volvió del ensueño y lo oyó preguntar: —¿Por qué? —Lo. Usted sabe que es verdad que pago bien —Les expliqué a las muchachas que no tengo máquina de coser. Llevaría demasiado tiempo y las damas de la unión por la templanza no lo verían bien. usted piensa volver aquí y comenzar a estropearme el negocio. ¿sabe. —¿Tiene algo más que decir. señorita Downing? Bajo la perturbadora observación. supo que su corazón estaba latiendo con demasiada prisa. aferrándole la muñeca y apoyando con fuerza las monedas en la palma. es encomiable. de inmediato. Gracias por devolverme el dinero. Los hoyuelos ya no estaban. que Agatha lo miró. No olvide la libre empresa.61 - . —¿Piensa volver dentro de. Ese sujeto era demasiado apuesto. ¿Qué me decía? Una de las cejas del hombre formó un signo de pregunta. su rostro se mantuvo severo. —La respuesta es no. Gandy la soltó: —Disculpe.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Gandy guardó silencio tanto tiempo. lo siento. Agatha bajó la vista. pero la aferró del brazo para detenerla. Podría comprar otro desnudo para la otra pared. Nunca había conocido a un hombre con tal tendencia a la ligereza. De aquí en adelante.. Pero viene a devolverme cuarenta dólares con el argumento de que le pagué demasiado por una labor de costura que usted no quería hacer. entonces —dijo. repitiendo las palabras de antes y . —Necesitará un poco de dinero para hacerme cerrar. —Ya le dije que. pelearé. de entre los pechos de Ruby. —Hasta las siete. El cabello rozaba el cuello blanco. —En menos de una hora. No obstante. señor Gandy. —Está bien —aceptó.. si lo conservara. tome el dinero. Ya acabé de hacer negocios con usted. Mientras lo desafiaba. Los hoyuelos se ahondaron y Agatha se dio la vuelta para irse. Además. ¿Por qué? Volvió a levantar la vista y la bajó más rápido que antes. soy sombrerera no modista. ¿Por qué no lo suma a los fondos por la templanza? Agatha alzó la cabeza de golpe: sonreía como un gato al que acarician. —Eso no es lo que me dijeron cuando la vieron hacer esa funda.. —Por favor. tibio. Estaba contemplándola con la cabeza ladeada. Adoptó un tono tan suave que eso bastó para hacerla ruborizar. sentiría escrúpulos. señor Gandy? —preguntó con aspereza. —Las chicas me contaron que le pidieron que hiciera unos trajes y que usted se negó.? Sacó el reloj y la mujer se concentró en el pulgar que soltaba el cierre. —Alzó un largo índice—. Clavó en la mano una mirada malévola y. y pensó si alguna vez lo habría sacado. —Ah. con una semirreverencia—. se reía de ella. —Usted es una mujer sorprendente. La corbata estaba floja.. La tapa se abrió. —¡Tome! —exigió. Era de oro resplandeciente. —Así es.

¡Y tenía suficiente tela para hacer una tienda de campaña! Se preguntó por qué demonios una mujer se pondría semejante aparato. . en este caso.62 - . Era un apostador. observó la trasera de las faldas de Agatha.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR haciendo una levísima reverencia. Estoy dispuesto a apostar que las monedas de oro de diez dólares no son lo único más convincente que las palabras. si no me equivoco. —pensó—.. Cuando salió. «¡Esa cosita de dedos ágiles!.. mientras sacaba un cigarro del bolsillo. Gandy alzó el mentón y rió: —Estaremos esperándola. Y. vive con muy escasos recursos.. lo será una máquina de coser». infladas y haciendo frufrú. Pondría dinero en eso. Y las puertas estarán abiertas..

En el compromiso decía que el firmante prometía «con ayuda de Dios.63 - . se enfurecieron. El traje negro recién cepillado. la fundadora y presidenta de la Unión Nacional: «Por Dios. Agatha permaneció rígida. creo que no tuve el gusto. Gandy dio un paso hacia la acera y se dirigió a Drusilla. y la Tierra Natal» en la parte de arriba. no tocar. Otras. inquietas bajo la indolente observación. Sólo entonces saludó con el Stetson negro. Éstos tenían el nombre de la organización y el lema. exhalaba un indecente atractivo. llevando los papeles con los compromisos de abstinencia. el diamante chispeando incluso a la media luz del crepúsculo. La mujer echó una mirada a la mano extendida. Agatha deseó que la tierra se la tragase. la atención de Gandy se desvió a otra persona. incluyendo vino. exhibiendo una sonrisa jovial. Los hoyuelos resultaron ser más eficaces que las palabras floridas.. Agatha lo observó desde la sombra. paseó la vista del rostro de una mujer al de otra. Sin prisa. mirando. las manos indolentes en las puertas vaivén.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 5 Las damas de la Unión de Mujeres Cristianas por la Templanza de Proffitt se reunieron en la acera. Qué confianza tenía en sus encantos. Las lámparas de la taberna proyectaban un cono de luz a través de las puertas que mantenía abiertas. . —Señorita Downing —saludó. Desde la copa baja del sombrero negro hasta las puntas resplandecientes de las botas. en el efecto que ejercía sobre el sexo opuesto. poco antes de las siete en punto. la corbata negra de cordón. El resplandor anaranjado sólo iluminaba parte de su rostro. saludaron en silencio con un gesto de la cabeza. Por un momento. Hasta faltaba en sus dedos el cigarro pestilente. había espacios en blanco para el nombre y la fecha. Para su alivio. Varias. —Señorita Wilson. el Hogar. Gandy. señoras. —Buenas noches. Debajo. Algunas. Los ojos oscuros y divertidos de Gandy divisaron a Agatha. el chaleco azul hielo. y que «emplearía todos los recursos honrados para animar a otros a abstenerse». salió a la acera a saludarlas. y apretó las suyas. Caramba. arrastrando las palabras—. Violet rió entre dientes. —Señorita Parsons. miraron vacilantes a Drusilla Wilson. acuñado por Frances Willard. Hasta la pose parecía calculada para subrayar su impactante apariencia: el peso sobre una cadera. cerveza y sidra».. esta noche está muy bella. la chaqueta entreabierta. el cuello blanco inmaculado. degustar o manipular jamás con propósitos de embriaguez ningún licor intoxicante. Parecía recién afeitado. hasta enfrentar los ojos de cada una de ellas. temió que mencionara lo del trabajo de esa tarde: no se fiaba de él. Cuando llegaron las damas.

gritando para hacerse oír sobre el barullo: —Amigos. lo que dio a Gandy una buena idea: mandar a Marcus Delahunt a la acera a tocar el banjo. al tiempo que sacaban sus monedas. llegó un vagabundo llamado Alvis Collinson. Evelyn Sowers sorprendió a todos adelantándose para detenerlo: —Señor Collinson. cantando a todo pulmón. usted debe de tener un tornillo flojo si cree que yo firmaré eso. El óleo atraía a los hombres colgado en la pared. con los capilares rotos. las damas emprendieron a coro: «El agua fría es reina». —Empujó las puertas hacia la pared—. echó la cabeza atrás y rió. se hizo evidente que sus atracciones superaban a las del compromiso de abstinencia. Drusilla Wilson en persona se acercó al trío. —Le daré la mano cuando haya firmado aquí. El paño verde de las mesas de juego tentaba como un oasis en el desierto. El hombre asintió. Era un individuo agrio con la nariz como una seta. A Collinson se lo conocía en el pueblo por su carácter explosivo. Luego. Tenía el párpado izquierdo caído y la nariz abultada de forma desagradable. pasaba la mayor parte del tiempo bebiendo. antes de posar el pie dentro. Las carcajadas taparon el resto de la prédica. La ropa mugrienta desbordaba de secreciones corporales. Cuando llegaron Mooney Straub.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —El señor Gandy. Las mejillas. Cuando pasó junto a Agatha. ¿dónde está su hijo? Collinson se detuvo con la cabeza hacia adelante y los puños . El local comenzó a llenarse rápidamente. Las puertas de la taberna permanecieron abiertas. Cuando trabajaba. Innumerables nudillos le habían deformado la cara.64 - . se volvió y las dejó. para apoyar a este aliado de Satán. Desde adentro llegaba la música del piano y el banjo. mientras que en este papel está. arruinándoles la canción. que perdió a la esposa de pulmonía dos años antes. se abrieron paso hacia las puertas. Gandy recibía en persona a los clientes.. Pasó algo bastante parecido con los siguientes tres intentos de Drusilla de desviar a los parroquianos de Gandy.. envileció el aire con el olor. Espero que tengan más suerte en otro sitio. —¡Y tenemos que ponerle nombre! Entre risotadas. Le tendió el papel del compromiso y una pluma. en la pared. supongo. señorita Wilson. Con una pequeña inclinación. piensen cómo pueden colaborar para su salvación final. —Hoy no. ¡Ahí adentro hay bailarinas! —Y esa figura de la señora desnuda —agregó Mooney. Gandy lo ojeó con frialdad. Con la llegada de los primeros parroquianos a la taberna. —Señora. Y todos esperaban la aparición de Jubilee y las Gemas. Wilton Spivey y Joe Jessup. la música de las dos facciones subió de volumen. Al otro lado de estas puertas está la ruta zigzagueante de la perdición. jugando y peleando. Afuera. Se le rieron en la cara y se apresuraron a entrar. tenían la apariencia de una col roja. creo que tengo la mano ganadora. lo hacía en los corrales de ganado. Cuando no trabajaba. Con tres muchachas bailarinas y esa beldad de blancas piernas ahí.

Potts. Varias de las mujeres lanzaron exclamaciones de horror. Mientras afuera comenzaba la última estrofa. —¡Vuelvan con sus polisones a la cocina. Por encima de las puertas. El robusto boticario fue levantado sobre una mesa. todos alzaron las copas en un brindis por el desnudo. El piano tocó un fortissimo. dentro se alzó un clamor. observando el altercado.. Alvis? ¿Cenó? ¿Quién lo meterá en la cama esta noche? ¡Un niño de cinco años. Mientras cantaban: «Los labios que toquen el whisky nunca tocarán los míos». La canción se perdió en el silencio. ¡Pregúntele al Señor de dónde lo sacará! —gritó. rojo hasta la cabeza casi calva. El fondo musical del banjo y el piano casi no se oía por el clamor de la gente. mientras usted viene aquí todas las noches a curtirse las entrañas? —En primer lugar.65 - . ceñudo. gritando: —¡Por Dierdre. y el jardín de las delicias! Arriba. Rodó un glissando. Se dio la vuelta hacia Evelyn. viejas chismosas? Alvis abarcó a todo el grupo con expresión de odio. ¿qué están haciendo todas ustedes aquí.! —¡Salga de mi camino. Los dedos de Marcus Delahunt habían dejado de pulsar las cuerdas. se abrió la puerta trampa y la jaula encapuchada de rojo descendió por medio de una cuerda de satén rojo. la capacidad de la taberna se colmó. solo. —Tratamos de salvar su alma. Evelyn Sowers? —¿Lo deja en casa. cantemos —intervino Drusilla—. La bota blanca de tacón alto giró en el tobillo bien formado. el corazón de Agatha martilleó de miedo. Lanzó una mirada dentro y vio a Gandy. Alvis Collinson.. precipitándose dentro de la taberna. por haber ganado el concurso de ponerle nombre al cuadro. Los hombres rugieron. —Ese chico necesita un padre. si saben lo que les conviene! —rugió. Una pierna larga asomó entre los pliegues rojos. Agatha vio que Elias Pott recibía palmadas en la espalda y felicitaciones. Pero Evelyn se rehízo y aferró a Collinson por el brazo. Con un gesto de la cabeza. arpía! Le dio un empujón que la hizo tambalearse y golpearse la cabeza contra un poste. y sentado en una silla de respaldo alto. El banjo y el piano tocaron y sostuvieron el mismo acorde. A continuación. En el repentino silencio. y ni un solo individuo había firmado el compromiso.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR apretados. —¡No meta a mi hijo en esto! Evelyn se puso delante: —¿Quién lo cuidó desde que murió su esposa. —Señoras. Alvis Collinson. y de devolverle el padre a su hijo. El músico entró y dejó las puertas balanceándose. hizo entrar a Delahunt. rió y se secó las comisuras de la boca mientras la jaula se cernía sobre él. Una nueva canción. —¿Qué le importa. diciendo: —Cierra las puertas. La pierna se proyectó hacia fuera y la punta de la bota se apoyó en la . aplaudieron y silbaron. Alvin se la sacó de encima.

como un melón en verano. dos cuerpos de vampiresas se deslizaron abajo por la cuerda de satén rojo. —¡Caballeros. Mientras la contemplaba. las palabras.. sin breteles. Los hombres aullaron y ulularon. No podía apartar la vista. rozándolo con los hombros. Y no es porque no deba. y Pott se puso a punto. Enroscó la boa en el cuello de Pott y se le sentó en el regazo con el tacón de una de las botas blancas cruzado sobre la otra rodilla. y de los escasos atuendos de satén negro con lentejuelas. Con ese increíble cabello blanco recogido y una pluma. las palabras acerca del whisky se desvanecieron en los labios de Agatha. Jubilee emergió de la jaula con un vestido que tenía un tajo desde el ruedo hasta la cadera.. más blanca aún. al ritmo de la música. Jubilee le acunaba la cabeza entre los pechos y le hacía cosquillas en la nariz con la boa. resplandeciente de lentejuelas blancas. lentas y cargadas de intención: No es porque no quiera. la parte de arriba. Deslizó la boa hacia uno y otro lado. Pearl y Ruby bajaron de la cuerda entre silbidos y aullidos de lobo que tapaban la canción. la señorita Jubilee Bright! ¡La música creció y los pliegues rojos subieron de golpe hacia el techo! Los hombres enloquecieron: ahí estaba Jubilee.. Ivory Culhane levantó la voz: —¡Caballeros. Jubilee se deslizó en un círculo alrededor de la silla de Pott. toda de blanco.. Ayudándose con las manos. calzadas con botas negras. El Señor sabe que no es porque no puedo. La voz era lasciva. deslumbrante. las gemas de la pradera. cuyo extremo también brillaba de lentejuelas. Detrás del sujeto. que casi no les cubrían el torso. La música cesó. provocativas. . apoyó la punta del pie en la rodilla de Pott y se inclinó hacia delante para acariciarle el mentón con una esponjosa boa blanca. nunca una cara más envidiable que la que estaba cerca de la del hombre. La tenían enroscada en torno y entremedio de las piernas cubiertas de medias de red negras. Agatha nunca había visto una pierna más hermosa que la que se apoyaba en la rodilla de Pott. les presento a la joya de la pradera. y mirándolo. Es sólo porque soy la chica más perezosa del pueblo. la señorita Pearl De Vine y la señorita Ruby Waters! Desde arriba.66 - .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR rodilla izquierda de Elias Pott. Las manos más cercanas las arrebataron del techo de la jaula y las depositaron en el borde de la mesa de tapete verde donde se sentaron... respaldadas contra las piernas de Pott.

—¡Saque su trasero de mi taberna y no vuelva más! Enrojecida hasta las orejas. golpeó el trapo mojado contra el mostrador del bar. Inspiradas por el primer éxito. se secó la boca con el dorso de la mano. el dueño.! —Esta noche no lograremos nada más —afirmó Drusilla Wilson. Si bien las coyunturas inflamadas le impedían saltar sobre la barra. Iremos a la siguiente taberna. el escocés dueño del Branding Iron. un antiguo vaquero de carácter irascible al que llamaban Dingo. . los reformadores siguieron hacia Cattlemen's Crossing. como había hecho Reed. ¿a dónde diablos vas? ¿Acaso no tienes suficiente coraje para enfrentarte a una banda de benefactoras que tendrían que estar en sus casas. y se unió al estribillo de la canción.. se divirtieron tanto que no pusieron objeciones. que les lanzó una retahila de maldiciones en español cuando vio que dos de sus mejores clientes eran avergonzados en público y llevados a casa por las esposas. aparecida en el periódico que hizo circular Drusilla Wilson. Slim Tucker se rió a mandíbula batiente. ¡Tanta piel a la vista! ¡Pero tan saludable y hermosa. Bessie encabezó la veloz retirada. El dueño. Se rumoreaba que Smith usaba la barba negra para esconder una cicatriz de oreja a oreja. un medio mexicano llamado Jesús García.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR No es porque no queremos. le daban una constante irritabilidad.. asustado por la descripción del Asilo para Ebrios de la Isla Blackwell. Mustard Smith. donde habían bajado el precio de las bebidas a veinte centavos. Con una violenta maldición. no podía creer a sus ojos al ver que conducían a Hull hacia la puerta. haciendo volver a Agatha a la realidad—. entraron directamente y consiguieron la primera firma. A continuación. Mirando y escuchando. resistiendo las ganas de mirar sobre el hombro. Salió detrás de un barril. con lo que atrajeron a grandes bebedores. y pateó a Bessie Hottle en el polisón. la de Jed Hull. No es porque no debemos. Agatha se sintió fascinada y repelida a un tiempo. cuidando a los niños? Pero era tarde. Agatha fue con las demás. Es sólo que somos las chicas más perezosas del pueblo. al ver a la banda de mujeres abatirse sobre ellos cantando: «Los labios que toquen el whisky no tocarán los míos». invadieron el Álamo. El Señor sabe que no es porque no podemos. Los dueños de los siguientes tres salones. sacó un revólver de detrás de la barra y les dio treinta segundos para que se fueran. En el Branding Iron Saloon. donde Jennie Yast y Addie Anderson encontraron a sus respectivos maridos y recibieron más ira de parte del dueño. sufría de reumatismo inflamatorio causado por el abuso de la bebida.67 - . Jim Starr les ofreció a cada una un trago por cuenta de la casa. Angus Reed. apartándolos del espectáculo en el Gilded Cage. Se subió a la barra y gritó: —Hull. En el Sugar Loaf Saloon. Y Jeff Diddier bebió un trago doble de bourbon.

—¡Hay más de estos! —vociferó. El local estaba vacío pues había perdido los pocos parroquianos que tenía a causa del espectáculo de enfrente. B. . las risas y la música todavía colmaban la noche. En la taberna de Ernst Bostmeier. Se precipitó hacia la puerta. con los brazos en jarras. Los acordes lejanos del piano y el banjo cubrían cualquier sonido leve que pudiese haber en el cuarto. Permaneció inmóvil. No seas tonta. uno de los clientes que frecuentaba el local de Ernst porque servía gratis huevos encurtidos con cada vaso de cerveza. Examinó el pequeño apartamento: la cama y el guardarropa eran los únicos lugares con espacio suficiente para ocultar a un hombre.68 - . antes aún de encender la lámpara.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Las señoras no se entretuvieron en averiguar si era cierto. obtuvieron la firma del segundo reformado de la noche. Las mujeres pronunciaron una sencilla plegaria por la salvación del alma de Heustis Dyar. Con dificultad. Gussie. MANTÉNGASE LEJOS DE LAS TABERNAS! Estaba escrito en letras mayúsculas. los propietarios. la cerró con llave. Sombras densas. se fueron. ¡Y yo sólo fallo cuando quiero! Las demás visitas a tabernas pasaron sin novedad. con cerrado acento alemán. que no tenían suficientes calcetines sucios para mantenerlas atareadas junto a la tabla de lavar. Harlin. en una hoja de papel blanco. Por alguna razón. esforzándose por oír una respiración. se arrodilló y miró debajo de la cama. Ahí no había nadie. Antes de que pudiese abrir la puerta. Cuando Mustard les ordenó que se fueran. y amas de casa descarriadas. En el Hoof and Horn tuvieron poca fortuna. los ojos echando chispas. Lo único que se oía era la jarana continua de Gilded Cage. El rellano estaba a oscuras. mordisqueaba el cigarro como si fuese un trozo de carne cruda. y se marcharon apaciblemente. Cuando las damas salían del local llevando a rastras al alma que habían salvado. Arrancó la nota rápidamente y una tachuela cayó al piso del rellano y rodó. rozó con los dedos un papel pegado a ella. No perdió tiempo en levantarla sino que abrió la puerta y se metió dentro. En todas. El corazón le dio un vuelco y se dio la vuelta. Sintió escalofríos en el dorso de los brazos. sacudiendo el puño—. un roce. Contuvo el aliento y escuchó. Se sabía que había formado parte de la banda de B. sabía con qué se encontraría: ¡SI SABE LO QUE ES BUENO PARA USTED. y que a tres de ellos los habían colgado de un puente del ferrocarril. Eran pasadas las once cuando Agatha subió los escalones hasta su apartamento. algo. desde el otro extremo de la habitación. la puerta estaba cerrada con llave. con la espalda apoyada contra la puerta. Abajo. Tras ellas. probó el picaporte y se recostó contra ella con un suspiro de alivio. el gruñón alemán arrojó un huevo al hombro de Josephine Gill que erró por escasos milímetros. Dyar. cantineros y parroquianos se limitaban a divertirse con lo que consideraban un hatajo de solteronas malhumoradas.

si era el único superviviente.. Lo pensaste. hasta que la luz de la lámpara le demostró que no había otra cosa que bolas de polvo debajo de la cama. Dan Loretto se fue a la casa. y vi que se molestaba cuando Alvis Collinson empujó a Evelyn. con la mano en el pomo de la puerta.C. T. la gente afirmaba que el reumatismo lo volvía un canalla rabioso cuando se activaba.M. Por el momento. Harlin. Pero Gandy no tiene motivos. si Smith había participado en la banda de B.. en realidad.69 - . Le pareció que ninguno de ellos había tomado en serio a la U. y se detuvo. pedazo de tonta? Bajó las persianas del frente y de atrás. Es un hombre inteligente. pero la sensación inquietante persistió mientras se desvestía y se acostaba. Es demasiado seguro de sí mismo para recurrir a amenazas. caminó de puntillas hasta el armario. Tucker. ¿Lo ves. en el rellano de la escalera? No pensarás que. que saltó a la barra y les gritó. ¿Y Bostmeier.. Podría ser cualquiera de ellos. lo dudaba: sonrió en la oscuridad al recordar el huevo encurtido volando por el aire. Si Bostmeier quisiera amenazar a alguien. Angus Reed. Y si era verdad. Marcus Delahunt lustró el cuello del banjo y lo guardó en el estuche forrado de terciopelo. iba a. ¿Qué estás diciendo? ¿Qué estás diciendo? No.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Sin embargo. Cuando se dio la vuelta. ¿no es así? Pero esta noche se mostró encantador con todas nosotras. Se acercó más. ¿Y qué pasaría con Mustard Smith? Agatha se estremeció y se subió las mantas hasta la barbilla. ¿qué clase de maldad albergaría ese sujeto? Pensó en los otros: Dyar. Me niego a creer semejante cosa de Gandy. el corazón le palpitaba con fuerza. señoras»? El mismo.. y Jubilee observó cómo Gandy cerraba las puertas de calle. Starr. Ruby bostezó. Es propietario de una taberna.. Ese antiguo vaquero reumático. ¿Y García? Fue evidente que ver que las esposas se llevaban a dos de sus clientes regulares lo enfureció. aliviada. el alemán? Por cierta razón. la barba en toda la cara. Se levantó. Volvió a ver el bigote caído. cuando se llevaron a uno de sus clientes. furioso. ¿Gandy. Dingo. La que más se llena en el pueblo. Sólo ropa. ¿Qué esperabas. Ivory Culhane bajó la tapa del piano y Jack Hogg lavó los vasos. los ojos encapotados y la boca torcida. ¿Y lo que pasó la otra noche. B. La pistola. Pearl se estiró.. . cruzó los brazos sobre el pecho. ¿Gandy? Sí. Agatha? ¿Ves lo que pueden unas monedas de oro? La Gilded Cage cerró a medianoche. le sonrió. con sus hoyuelos y su «buenas noches. Didier y los demás. Abrió bruscamente y se sintió. si habían colgado a todos. Gandy. ¿Y Gandy? Tendida de espaldas. lo haría personalmente.

pero se limitó a preguntar: —¿Le diste un beso de mi parte? —No. Ruby y Jubilee: la única familia que tenía. Jack. irás y se lo darás tú mismo. pasó entre las mesas y se acercó a ella: —¿A qué se debe esa sonrisa? La muchacha se encogió de hombros y caminó con él hacia la barra. arreglándoselas solos. Pensó un momento. Jack. —Estoy contenta de haber vuelto. muchachos. mientras instalaba el Gilded Cage y lo ponía en marcha. Jesús. no! Nunca más. o la falta de ella. —A ti también.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR También sonriendo. Dijo que no pasará mucho tiempo hasta que esté tan lindo como Scotty. —Se apoyó con los codos sobre la lustrada superficie de caoba y alzó la barbilla—. Cuando los reunió a todos. dos años atrás. —Todos rieron—. sucedió algo mágico: sintió una unidad espiritual. nunca pensé que os echaría tanto de menos. Eh. —¡Ah. a visitar a las chicas en una guarida en la que solía trabajar —contaba Pearl. Una banda de solitarios que habían sufrido alguna clase de golpe en la vida. ¿Y cómo anduvieron las cosas por aquí? Gandy la observó a ella y a los otros que se habían juntado. Ruby. después de la explosión del barco. Marcus. —Jack se quitó el delantal blanco y lo dejó sobre la barra—.70 - . eso es todo. Jack. cultivando verduras y viviendo en las cabañas. ¿y a mí. y le pareció el doble de largo. semiapoyada en él. y respondió: —Quizás. —Mientras no te sintieras tentada de quedarte —comentó Ivory. lleno de malezas. dijo: —Marcus y yo nos ocupamos de hacer fabricar la jaula e hicimos unos trabajos aquí y allá. Jubilee se estiró sobre la barra. —Y tú. —¿Cómo está? —Se ve descuidado. Ivory. —Fui a New Orleans. Leatrice aún está ahí. —Eh. que no reveló nada de lo que sentía. No todas las cicatrices se veían. pero de todos modos existían. Jubilee. Lo superficial no importaba para nada: el color de la piel. esperando Dios sabe qué. ¿dónde fuiste? —A Waverley. lo abrazó y le dio un beso en la mejilla. algún día. Las novedades provocaron a Gandy una punzada de nostalgia. ¿no es bueno estar todos juntos otra vez? —Se estiró hacia Ivory y le dio un cariñoso abrazo—. a visitar la tumba de mamá. la belleza del rostro. un lazo de amistad que colmaba los vacíos en las vidas de todos ellos. ¿viste al médico en Louisville? —Claro que sí. la cicatriz se puso más brillante. Cuando Jack rió junto con los demás. como las de Jack. Rieron otra vez. Ruby enlazó un brazo con el de Scotty: —¿Para qué quieres una cara así? A mí me parece un poco descolorida. Estuvieron separados durante un mes. Algunos de los viejos todavía están ahí. Lo que importaba era lo que cada uno aportaba al grupo como unidad. qué? —reclamó Jack Hogg. Pearl. cerca de Marcus. Todos se volvieron a Scotty. Si quieres darle un beso a Leatrice. tocando y cantando antes de encontrarnos con las .

Luego. —Ivory alzó una ceja y se volvió a medias hacia el desnudo—. todos estaban de muy buen humor. apoyó las palmas en el alféizar y miró abajo. Era una mujer de asombrosa belleza y la había echado de menos. miró sobre el hombro al hombre que estaba en la puerta: —Me gusta. Quedaban Jubilee y Scotty. Actuamos en un sitio llamado La Sandalia Plateada. afinarlo. ¿no. —Es un hermoso cuarto. Sin prisa. mientras el hombre se apoyaba contra el marco de la puerta. Marcus? —Jubilee se colgó del hombro de Marcus mientras miraba. debajo de la puerta trampa. apartó el hombro del marco de la puerta y cruzó la habitación para arrodillarse ante la mujer. Scott asintió. a Scott—. Ya os pago más de lo que valéis. La muchacha entró en su cuarto y encendió la lámpara. —¿Y qué dices de ti. Las mujeres apartaron la vista y arquearon las cejas con aire de superioridad. Jubilee tiró la boa blanca sobre un sofá rosado de respaldo oval. Era agradable mirarla. Scotty? La voz era serena. asintió e hizo ademanes como de contar billetes. Cuando subieron las escaleras. Se acercó al frente de la ventana. Scotty. Ivory y Jack fueron al primer dormitorio a la izquierda. Y la pobre está muy gorda. —No. no se movió. —Eh. —Una ventana.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR chicas. provocadora. Vistas a la calle. la dejó y tomó un desabotonador. y muchas cosas para arreglar este lugar. Pearl y Ruby compartieron el que estaba encima de la jaula dorada. que ahora estaba en el centro del salón. complacidos. Había que traer el piano hasta aquí. ¿Tendremos que ir enfrente y ofrecer nuestros talentos a uno de las tabernas de ahí? —Haced la prueba —replicó Scott. —¿Qué te parece. y encogiendo los hombros—. Se derrumbó en el sofá y se lo tendió—. ¿no es cierto. Qué día tan largo. Marcus sonrió. ¿vosotros dos estáis presionándome? —preguntó Scotty—. —Se sacó la pluma del cabello. Gracias. —Yo me quedé con el patrón. —¡Uff! —Jubilee giró. — Puso un codo sobre el hombro de Marcus y adoptó una expresión complacida—: Insistieron mucho en que nos quedáramos. Ivory? —preguntó Pearl. contemplando la fila de lámparas de aceite. estirando los brazos hacia el techo. Acomodó la bota blanca en la . ¿Me ayudas con los zapatos. Marcus? Atrajimos multitudes que llenaban el sombrero todas las noches. Los ojos de ambos intercambiaron mensajes. mucho menos de la cabeza de un hombre. Marcus. no —agregó Jubilee—. Pearl dijo: —Con esos muslos. Todos rieron. en Natchez. al de al lado. Se limitó a encogerse de hombros. ¿Qué opináis de ella? Los hombres sonrieron. Ruby? —Tampoco creo que sea capaz de entonar una nota.71 - . Tuve que ayudarlo a elegir el cuadro para la pared. amenazando con el dedo índice la linda nariz rosada de Jubilee como si fuese una pistola. Por unos segundos. no creo que sea capaz de voltear un sombrero de una silla con una patada.

Pero tocaba a todos sin pudor. le besó los dedos de los pies y los frotó con el pulgar. —Te eché de menos. Sólo . —¿Ninguna viuda de Kansas que estuvo sola durante la guerra? Se le formaron los hoyuelos mientras contemplaba los conocidos ojos almendrados y hablaba en tono perezoso: —Las viudas de Kansas no simpatizan con los soldados confederados apostadores. El vestido blanco y los brazos desnudos tenían un aspecto etéreo. el anillo chispeó contra la piel oscura.. mientras viajaban los dos solos. Se levantó y le tendió la mano. tras Scotty. sobre todo. Las madres de Natchez tampoco dejan a sus hijos a merced de las mujeres casquivanas transformadas en bailarinas. —Yo también. la dejó caer. riendo. y alzó la mirada. tomó del borde la bata turquesa y se la echó sobre el hombro.. en el bar. Quitarle las hebillas de ese cabello de nieve y sentirlas caer en sus manos. ¿Y tú? —Tampoco. Esta noche no la necesitarás aquí. hubo veces en que Jubilee lo tocó.72 - . —Trae la lámpara. —¿Quieres venir a mi cuarto? —Intenta mantenerme fuera. En la oscuridad al otro extremo del corredor. Una caricia no significaba para Jube lo mismo que para Marcus. —No. vio a Scott llevar a Jube de la mano hasta la puerta de su alcoba. Pasó con ella junto a un biombo tapizado. —No. le acomodaba la solapa o. Marcus trataba de imaginarlo. Lo besaba en la mejilla cada vez que sentía deseos de hacerlo. Tomó la otra bota y comenzó a desabotonarla. ¿Cómo sería llevarla de la mano? Caminar con ella. Jubilee entrelazó los dedos en el cabello. Scott dejó la segunda bota. recién salida de los brazos de la madre? Le sacó una bota. preguntó: —¿Cómo fueron las cosas en Natchez? ¿Conociste a alguien que te impresionara? Jubilee contempló el cabello grueso y negro. apostador. hasta la cama. sin prisa. Esa noche. Entre las barras de la jaula dorada. le daba un beso en la mejilla. somos de la misma clase. Marcus vio la luz de la lámpara inundando el corredor. —¿Ninguna dulce niña de Kansas. A la luz de la lámpara. mientras pasaba silenciosa. los botones. Y no sospechaba. Desde la primera vez que la vio. sobre la oreja derecha: —Jesús misericordioso. Durante el mes pasado. Jube. siquiera. El cabello de la muchacha brillaba con tal intensidad que parecía capaz de iluminar por sí solo el camino. que instalan tabernas en sus pueblos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR ingle y comenzó a soltar. Sin levantar la vista. una puerta quedó entreabierta. lo que ocurría dentro de él cuando la mano de ella le tomaba el codo. Desde la oscuridad de su propio cuarto. le había pasado el brazo por los hombros. Jubilee contempló las conocidas manos morenas atareadas en algo tan personal. descalza.

Besó la boca que se ofrecía. murmurándole palabras de amor. la sonrisa irónica del patrón. La acostó en la cama murmurando palabras amorosas. Cuántas veces anheló decirle lo bella que era. Scott puso las manos en los costados de los pechos. —Jube. cuando se daba la vuelta para verlo comunicar un mensaje silencioso. Se imaginó a Scotty haciéndolas. Marcus debía recordar de hacer los gestos. Su belleza pálida armonizaba con la apostura morena de Scotty. Cuando se dio la vuelta y le rodeó el cuello con los brazos. con el pecho de ella en su mano. El cuerpo perfecto de ella. la acarició de la manera que mantenía a raya la soledad por un tiempo. Pero entre ellos jamás se pronunció la palabra amor. había que ser capaz de hacer todas esas cosas. la puerta de Scotty se cerró. esas asombrosas ventanas castañas claras. la limpió a ella y se limpió él mismo. Unió los cuerpos con la caricia más íntima.. y durmieron desnudos. Jube pegaba con engrudo cada mañana.. sólo podía pensarlo. merecía el de un hombre también perfecto. Hizo todas las cosas que Marcus Delahunt sólo podía soñar. Pero nadie sabía el tormento oculto de Marcus Delahunt. acostándola en la cama. Quitó una por una todas las hebillas del cabello blanco y esponjoso de Jube. Al contemplar los ojos de Jube. los cabellos de ángel. tenía que tocarla para llamarle la atención. y encontró en ella la suspensión del vacío. y por eso sabía cómo era su piel. Al terminar. y cómo serían los susurros.73 - . La risa brillante. ¿Qué sensación darían? Como si tuviese toda la gloria del mundo en las manos. Todos conocían las costumbres de Jube. Allá en el pasillo. déjame hacerlo —decía Scott. Ningún otro que Marcus conociera merecía a Jube. perdía su propia alma. Lo sintió caer en las manos y lo alisó sobre los hombros lechosos. para todo el mundo. pero lo único que Jube oía eran las notas. pero encerrado en la mudez. ¿Qué hacía primero? Acariciar: la mejilla. diciéndole los miles de cosas que Marcus quería decirle. Y la abrazó estrechamente en la cama grande y blanda. que asomaban al alma de la muchacha. besó el lunar entre ellos que. Jube.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR media hora atrás había besado a Jack. le dijo cuánto la había echado de menos y cuan contento estaba de tenerla otra vez entre sus brazos. . Jube. ¿Qué era lo primero que decía un hombre? Eres hermosa. de las que se libró a puntapiés.. Para amar a una mujer. en el cuarto al otro extremo del pasillo. Muchas veces. Se preguntó si se sentiría el sonido cuando salía de la garganta. Desabotonó el vestido.. tocaba el banjo para ella. En ocasiones. soltó los ganchos del corsé y contempló el cuerpo de piernas largas emerger de entre las enaguas y la ropa interior. Marcus lo imaginó sacando el vestido blanco del cuerpo de Jube. Con frecuencia. Cómo se sentiría la risa cuando era algo más que sacudidas del pecho.

ansiaban tres cosas: un trago. por lo general en ese orden. después de invernar en los burdeles de Memphis.74 - . a veces inmanejable de carne que formaba una corriente roja. haciendo girar los ojos y cargando contra cualquier cosa que se interpusiera en su camino. y el olor? . —Se acabó la paz del verano —se lamentó Agatha cuando el toro líder pasó ante su puerta. blanca y gris de cuero hasta donde alcanzaba la vista. para que pasaran las desagradables bestias con cuernos que tenían dos veces el largo de sus cuerpos. —¡Aquí arriba. rompiendo ventanas con los cuernos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 6 El primer rebaño de cuernos largos de Texas llegó al día siguiente. en segundo. por un camino polvoriento y seco. Desde el extremo distante del pueblo ya se sentía el retumbar de los cuernos. en ocasiones volvían a su naturaleza salvaje e indómita. cambiante. ese barullo. —A mí me parece excitante. Louis y New Orleans. un baño y una mujer. Tanto el ganado como los hombres estaban sucios. grandote! ¡Mira esa barba. Rebeldes y estúpidos. Resignada. vaquero! ¡No te olvides de preguntar por Crystal! —¿Estás cansado de cabalgar. Cansados de la montura. Agatha miró por la ventana de la sombrerería y vio que dos niños cruzaban corriendo la calle: era la última oportunidad que tendrían en bastante tiempo. sedientos. una masa movediza. Proffitt estaba preparado para atender todas esas necesidades. conducidos por hombres que habían estado tres meses sobre la montura. tan ásperos como los cientos de kilómetros de meseta que habían cruzado. solitarios. Betsy! —Ahuecando las manos alrededor de la boca. cariño. Lucy! ¡El Gran Luke está de vuelta! El ganado se desbordaba por la calle de poste a poste. tesoro? —¡Lucy! ¡Pregunta por Lucy! —¡Manténlo al fuego. para aliviar las frustraciones de los fatigados vaqueros de Texas que las traían. agitaban los sombreros. —¡Hola. —¿Excitante? ¿Con todo ese polvo. Llegaron mugiendo. gritó—: No te afeites esa barba. —¿Cómo te llamas. tercos. fatigados del camino. en primer lugar. Las prostitutas ya habían regresado a los prostíbulos del extremo oeste del pueblo. Junto a ella cabalgaban los vaqueros. ¡Me encaaantan las barbas! Los hombres. dijo: —Aquí vienen. castaña. St. La manada pasó por Proffitt de oeste a este. vaquero? La pequeña Delilah tiene algo más blando para que cabalgues. desde las monturas. Las calles desusadamente anchas estaban hechas. e irrumpían por las puertas abiertas de las tabernas. los dientes blancos iluminando las caras sucias. y a veces hasta subía a las aceras. hambrientos y cansados.

Hogg llevaba un delantal blanco almidonado. Saludó con el sombrero. en la Gilded Cage. —Ya lo habrá. que asomaba tras Violet y dijo en tono frío: —Señorita Downing. Scott Gandy y Jack Hogg salieron a la acera a mirar la masa de carne en movimiento.75 - . Muy agradecido. no parecía amenazador en absoluto. el corazón se le contrajo de incertidumbre y lo saludó con sequedad. ¿eh? ¿Viste a esa mujer Downing abriendo la boca cuando Jube salió de la jaula? . —Pero. —¿Crees que ella y esa unión de abstencionistas podrían perjudicarnos? Gandy puso otra vez el pie en el travesaño.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —No hay polvo. Violet. ¿Sería capaz de semejante cosa? Ahí. correr escaleras arriba para clavar la nota en la puerta en cualquier momento. Ese día. Ese barullo me da dolor de cabeza. En ese momento. El sol de la mañana le doraba las botas y los pantalones. Jack Hogg comentó: —Creo que a la señorita Downing no le gustamos. atado alrededor de la cadera. con los hoyuelos adornándole el rostro iluminado por el reflejo coralino del chaleco. Apoyó una bota en el travesano y se inclinó sobre la rodilla. Gandy. sus acostumbrados pantalones negros. mientras ella estaba ausente. ¿cómo está usted? —Tenga cuidado. pero había dejado dentro la chaqueta. Las miradas se toparon un instante. —Por decirlo con delicadeza. Agatha. Agatha. A veces. Y el olor es insoportable. Cuando la puerta se cerró. Violet asomó la cabeza afuera y gritó sobre el estrépito del ganado: —¡Hola. era el que vivía más cerca. —Para serte sincera.. pero la sombra del alero le caía sobre la cabeza y los hombros. —Con Jube y las chicas aquí. anoche. el chaleco era color coral. bajo el sol matinal. —Siguió con la vista a un vaquero que sobresalía del rebaño y revoleaba el sombrero. Sin embargo. Los ojos de Hogg se iluminaron. El hombre rió: —Lo tendré. señor Gandy! Scott giró y bajó el pie. divertidos. —Parece que Jube y las muchachas abrieron los ojos de unos cuantos. y se alzó la comisura sana de su boca. —Señorita Parsons. ¿Sería él? Sin duda. Pasó la mirada a Agatha. a veces no sé qué es lo que te entusiasma. a estos animales se les ocurre visitar las tabernas. no. —Ciérrala. Tenía las mangas enrolladas hasta el codo. y buscó un cigarro en el bolsillo del chaleco. y la noche pasada no le habría sido difícil salir de la taberna.maldiciendo a las bestias—. Esos vaqueros estarán peleándose por un lugar de pie. En cuanto se seque el barro. —Cierra la puerta..

ansiando gastar hasta el último centavo. levanta mucho vapor y puede causar bastantes problemas. luego los almacenes de ropa. recibían el pago de los capataces. algunos. que ofrecía colchones y almohadas verdaderos. camino de los frigoríficos de la ciudad de Kansas. las cajas registradoras de los comerciantes sonaban de manera tan incesante como los martillazos en la herrería de Gottheim. haciendo honor a su nombre. Cuando la población aumentaba de los modestos doscientos a quince mil. impresionada. Primero. y luego otro y otro más. Encajados al costado de las vías del ferrocarril en el límite este del pueblo. pinchaban y empujaban al ganado para mantenerlo en movimiento. Los tres establos para caballos de Proffitt estaban agitados como hormigueros. algunos con Stetson nuevos que les habían costado un tercio de las ganancias.. los corrales se extendían por la pradera como una interminable manta de diseño caprichoso. —Nunca en su vida debe de haber visto tanta piel. los . Gandy dio una pitada profunda y exhaló una nube de humo. La bota de Gandy golpeó sobre el suelo gastado de la acera. —Una mujer como ésa. Se oía el tamborileo de los cascos sobre las rampas de carga desde el amanecer hasta la caída del sol. Gandy rió. visitaban a las Delilah. Se desnudaban. —Puede ser. tomaban Proffitt por asalto. Se anudaban pañuelos nuevos al cuello y salían a la caza de mujeres y whisky. cuero y cuernos. Se tironeó del chaleco. con largas varas. —No puedo decir que la haya visto. Los vaqueros. En la Kansas Outfitters se vendían arneses como para cubrir todo el Estado.76 - . —Quieres decir. donde por unos centavos podían meterse en una bañera repleta de agua caliente. cortando a Proffitt en una masa movediza de cascos. Oliendo a tintura azul y pomada para el pelo. —Deja que yo me ocupe de la señorita Downing. invadían las tabernas. y emergían del baño con pantalones vaqueros azules de Levi Strauss. se deshacían de los mugrientos pantalones con refuerzos de cuero crudo. rígidos de tan nuevos. con expresión un tanto interesada. Pero el lugar más ocupado del pueblo era el Cowboy's Rest. caminaban o saltaban sobre los travesaños de las vías y. o botas nuevas que se habían llevado la mitad. completamente vestidos. —¡Cómo no! Lo disfrutaste tanto como yo. Sólo cuando contaban la última marca y las libretas de apuntes estaban cerradas y guardadas en los bolsillos de los chalecos.. En el Stuben's Tonsorial Parlor. se ponían cómodos y se dejaban hacer el primer corte de pelo y afeitada caliente en tres meses.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Gandy encendió el cigarro y rió. Con cien dólares en el bolsillo. El ganado estuvo pasando y mugiendo todo el día. en cuyos patios se advertía en un cartel: NO SE ADMITEN HOMBRES SIN BAÑAR. Crystal y Lucy. producto del trabajo en el camino. En el Drover's Cottage. y crujientes camisas con canesú y botones de perlas en el pecho. Los trenes llegaban vacíos y se iban llenos. enganchó el cigarro en un dedo y se volvió hacia Jack Hogg. —Me parece que recuerdo haber visto su cara encima de las puertas. a la cabeza de un grupo empecinado en la reforma.

Lucy Hayes. a buscarlos a la oficina de la Gazette.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR cien cuartos estaban ocupados. iba a rogarle que volviera al hogar. Gandy no era nada de eso.C. La historia deprimió a Agatha. y mandó a las mujeres a sus casas.T.77 - . Los once propietarios de las once tabernas observaban cómo se hacían ricos de la noche a la mañana vendiendo whisky Newton a veinticinco centavos el vaso. de América. trató de imaginar a Gandy como una especie de Simon Slade.T. Tenía buenos modales. Cuando aparecieron Jubilee y las chicas. solicitando firmas para el compromiso. se hizo cada vez más irresponsable y pasaba todo el tiempo en el bar donde Mary. La pobre Mary murió. tenía que hacerlo. Cuando estuvieron listos. que Agatha afirmó que era inútil.C. Mientras leía. de T. Escribió dos cartas: una al gobernador John P. Las señoras de la U. se puso a leer el libro que le dio Drusilla Wilson. Luego. hombre de corazón duro y codicioso. había once que prosperaban más que los demás. Alguien gritó: —¡Disparen y caigan hacia atrás! Y los vasos quedaban con el fondo para arriba. víctima de delirium tremens. Agatha mandó a Violet. Pero de todos los negocios del pueblo. agradeciéndole el sólido apoyo al movimiento por la templanza y la prohibición de que se . Pocos días después. descubrieron que era difícil luchar contra la prosperidad. Los próximos días se suspendieron las actividades abstencionistas hasta que Joseph Zeller pudiera imprimir los panfletos. pero no pudo. el estruendo fue tan espantoso y los clientes tan alborotados. Pero no sin las armas adecuadas. era pulcro hasta la exageración y aparentemente generoso. la hija. En Harlorhan y en el almacén Longhorn. formaron una doble fila.M. St. «Diez noches en un bar». se dividieron en pequeños grupos y se dispersaron por las once tabernas. Despojado de ambición. como tesorera oficial de la U. Joe se hizo adicto al alcohol y perdió todo lo que alguna vez poseyó. El grupo de Agatha se dedicó a la Gilded Cage pero les resultó imposible lograr la atención de los vaqueros Estaban demasiado interesados en echarse whisky por la tráquea. a la Primera Dama de Estados Unidos. Cuando la barra estuvo tan repleta que no cabían todos los bebedores al mismo tiempo. Leyó la última edición de The Temperance Banner. Contaba la historia de Joe Morgan. el segundo contingente ocupó su turno apoyado contra la barra. la pobre Mary recibió un golpe en la cabeza con una jarra de cerveza que Slade le arrojó al padre. Aunque fuese difícil luchar contra un hombre tan encantador. En su apartamento. la otra. John. cartones de lotería a veinticinco centavos el juego. La ropa interior enteriza casi caminaba por sí misma. La viuda quedó pobre y sin hija. apoyando la introducción del proyecto de prohibición ante la Legislatura del Estado de Kansas. mal hablado y codicioso. También telegrafió pidiendo al editor más volúmenes de «Diez noches en un bar». La noche siguiente a la llegada del primer rebaño. un sujeto agradable pero de voluntad débil. Escuchando la música y la jarana que llegaban de abajo. Joe también murió.M. que frecuentaba una taberna regenteada por un tal Simon Slade. imaginaba a Slade como un tipo de patillas. y cigarros Lazo Victoria a cinco centavos. Arthur. S. Un día. se vendía tabaco Bull Durham en cantidad suficiente para llenar un granero. y tomó notas en busca de ideas para la organización local.

LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR sirvieran bebidas alcohólicas en la Casa Blanca mientras su esposo. Ahí estaba la vieja yegua soñolienta enganchada al carro verde del ferrocarril. un embalaje de tablas de gran tamaño se erguía contra el fondo del cobertizo y el «imprescindible». y gafas redondas de marco metálico. —En efecto. señorita Downing.. —¿Una entrega? —Sí. Agatha se sintió mucho mejor... Los dientes eran como agujas.. Estaba segura de que pronto vería sus creaciones por las calles. Llevaba una gorra de ferroviario a rayas azul marino y blanco. Violet no encarga las cosas en mi nombre. —¿Y la señorita Violet? ¿Puede ser que lo haya pedido ella? —Casi seguro que no. se burló Agatha.. —Calvin miró sobre el hombro hacia el patio —. ¿sabe? —Pero yo no lo pedí. Pero debe de haber un error. —Controló la boleta de carga—. ¿qué quiere que haga con esto? El ferrocarril lo entrega en destino. Después de eso. —Bueno. Parecía que hubiese puesto la barbilla en un yunque y la hubiese hecho retroceder unos centímetros. tan claro como un molino de viento en la pradera: Agatha Downing. Se sentía impotente ante las nuevas atracciones que había llevado el dueño del Gilded Cage Saloon. —Me temo que sí. Un par de vaqueros encargaron sombreros de paja de ala ancha adornados para sus «madres». Aquí dice. —Una entrega para usted. Sobre el carro. Calvin se sacó la gorra y se rascó la nuca.» no podría menos que conmoverse..78 - . —Qué raro. —Bueno.. —Pero yo no encargué nada a Filadelfía. recordando lo serios que parecían al explicarle para quiénes eran los sombreros. asomó la cabeza. estuviese en el cargo. Unos golpes en la puerta de atrás la sacaron de sus pensamientos. y los labios. Si quiere que lo lleve otra vez a la estación. ¿Acaso creerían que era tan ingenua? Ninguna «madre» usaría un sombrero de paja adornado con cintas de gro que cayeran desde el centro del ala por la espalda. ¿Ve? Examinó el papel que le tendía Calvin. . Hasta aquí llega nuestra responsabilidad. Ansiosa. salió afuera. También los negocios en la sombrerería se habían incrementado un poco. Desde Filadelfía. El corazón de Agatha comenzó a golpear con fuerza. Entonces. bamboleándose en las cabezas de un par de mujeres de principios dudosos. —La tarjeta dice: «Máquina de Coser patentada por Isaac Singer». También las cartas le dieron una fuerte sensación de poder: era la voz del pueblo norteamericano. ¿qué quiere que haga con esto? —¿Sabe qué es? Agatha fue hasta la puerta trasera. Pero los panfletos ayudarían.. —Máquina. Siempre le dio pena la fealdad del pobre Calvin. Rutherford. es un misterio. el mozo de la estación. —¿A mí? Pero. tendré que cobrárselo a usted. Y cualquiera que leyese un ejemplar de «Diez noches. Calvin Looby. Pasaron tres días sin que viese a Gandy. Ésas son las normas. Antes de que pudiese abrir. casi no existían.

Claro. —¿Cuál es el costo exacto de los gastos de envío? Calvin examinó otra vez el papel. había otra posibilidad: la libre empresa. Un nítido sello blanco decía: COMPLETAMENTE PAGADO. Sólo dice dónde entregarlo. señor Looby? Quizá.M.. —Seguro. —Si se lo lleva de vuelta. No seas tonta. tenía el dinero. pero gastarlo era demasiado definitivo. Agatha. lo supo.. Calvin subió al carro. pero estaba vacía. señorita Downing. pero no quería creerlo de él. Encubrimiento. Se volvió hacia Calvin. señorita Downing. El sol del mediodía la había entibiado. Tal vez aún se sintiera culpable por haberla empujado al barro. ¿qué pasará? Atraída contra su voluntad. Desde luego. y después a Calvin. Confundida. empujó y empujó hasta descargar el voluminoso cajón en una carretilla plana con ruedas. Acordar con el enemigo. estaba la factura.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Pero. ¿Subversión? ¿Sería tan cruel como para minar los esfuerzos de Agatha en la U. En el rellano no había nadie. se acercó más a la caja. Agatha tenía el catálogo en la pared desde hacía mucho tiempo. La mujer fue hasta el carro y se estiró para apoyar la mano sobre el costado de la caja. retorciéndose las manos. Si era soborno. Ya se sentía incómoda por haber aceptado la generosa suma que le pagó por la funda roja de la jaula. Gracias a Gandy. insinuándoles a las funcionarias que ella hacía negocios con el enemigo? Era extraño. Miró hacia la ventana de la oficina que daba al patio de atrás.T.. Y si tenía la intención de encubrir sus juegos nocturnos secretos. El cielo sabía en qué medida reviviría su alicaído negocio con una máquina. No se puede dejar un bulto tan grande ocupando lugar en la estación. ¿y si el precio había aumentado mucho? Tomó una rápida decisión. alguien le hizo un regalo. No cabía duda . ¡Cómo saberlo! Agatha miró fijamente el papel.. Encima del envoltorio. Soborno. le resultaba extraño que gastara tanto dinero para lograrlo. Se volvió hacia Calvin. —Aquí no dice. quién. Deseaba esa máquina con una intensidad que no habría creído posible el día anterior.C.. sacó la tapa de madera con un martillo tenaza. —¿Puede entrarla a la tienda. ¿Gandy? ¿Por qué? ¿Por tres vestidos de cancán? Quizá. los papeles estén dentro.79 - . Subversión. Dirigió una mirada a la parte de atrás del edificio. —Lo pondremos en el próximo tren que salga para Filadelfia. En el taller. con la que lo transportó hasta la puerta trasera de la sombrerería. ¿cómo. riéndose de su confusión.? De pronto.. pero era un apostador. ese día se mostró arrepentido. tenía práctica en adoptar cualquier expresión que le conviniera. —En mi opinión. no quería tomar parte en él. pero tuvo la sensación de que estaba en algún lado. —No entiendo. Agatha miró la factura. si abro el embalaje. Pero en esa mente retorcida podía haber otros motivos. Sintió una punzada de ambición.

Cuando Looby se fue. Ese vistazo fue fatal.80 - . y esa persona pagará el gasto de vuelta. La idea la hizo sonreír. Que quisiera sobrepasar a los otros diez propietarios de bares por puro espíritu de contradicción. encontró a Agatha al otro lado de la cortina. señora. Llévela otra vez a la estación. creí que nunca llegarías! —¿Pasa algo malo? —¿Malo? ¡No! —Agatha abrió los brazos y lanzó una sonrisa radiante a los cielos—. —Señor Looby. ¡cómo le transformaba el rostro esa sonrisa! Le sacaba cinco años de encima y le daba la apariencia de la edad real que tenía. —Sí.. en especial con las faldas rojas de cancán. y otra vez a ella. a Gandy se le había despertado el espíritu de competencia ante la perspectiva de hacer todo lo que estuviera en sus manos para llenar la taberna con tantos hombres que estuviesen incómodos. puede llevársela. ¡Que se diera prisa! Cuando entró en la tienda la menuda mujer de cabello blanco. La pintura negra brilló. señor Looby. con las manos bajo la barbilla. Nadie que hubiese cosido tanto tiempo como Agatha podía echar un vistazo a una maravilla del ingenio americano sin codiciarla de manera especial. Después. tenemos un tiempo ideal. déjela. Violet. Violet llegaría en cualquier momento. Agatha no quería formar parte de ellos. Looby la miró. —¿La dejo? —Sí. pero se puso seria enseguida. —Bueno. Y la sonrisa. vuelva a poner la tapa. —¿Es tuya? —Sí. Un vistazo. —¡Espere un minuto! Looby.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR de que Jubilee y las muchachas mantendrían el bar lustroso por el roce de los pantalones. El volante plateado la tentó. Caramba. Los claros ojos verdes estaban iluminados de excitación.? —Le agradezco mucho la entrega. —Lo acompañó hasta la puerta—. ¡Mira! Los ojos de Violet se agrandaron. —Llevó a Violet directamente a la caja de madera—... Quizás. una máquina de coser! ¿De dónde ha salido? —De Filadelfia. impaciente. Agatha miró la hora: eran casi las once. El logo dorado resplandeció. Si se mantiene. Violet nunca lo comprendió hasta el momento. ¿no dijo que. ¡Nada podría ser mejor! —Se volvió hacia el taller—. ¡Hasta estaba hermosa! Cosa curiosa. Sin embargo. —Pensándolo mejor. . Fuesen cuales fueran los motivos. ¿qué hago? —Sólo quiero verla un minuto. luego a la caja. —Como quiera.. —¡Por todos los santos. Te lo mostraré. Puso los clavos y levantó el martillo. frunció el entrecejo. Se sacó la gorra y se rascó la cabeza. —¡Oh. —Pero. Violet no recordaba haber visto nunca a Agatha tan feliz. penetrar en los misterios de la mente femenina estaba más allá de su capacidad. pronto las calles estarán secas. —Creo que sé quién la pidió.

—¿Te imaginas lo distinto que será para el negocio? Si bien no quería admitirlo. pero. y ésta levantó el rostro. Las rosas de las mejillas se intensificaron al pensar en sí misma bajo esa luz. buscando un martillo y un destornillador. —¿Qué cosa? —Sonreír.. El entusiasmo de Agatha era contagioso. Pero Violet tocó con ternura el hombro de Agatha. Las diez monedas de oro del señor Gandy. Estaba tan radiante que Violet no pudo dejar de observarla y sonreír. No tienes idea de lo bonita que te pones así.. —Es cierto. ¿de dónde sacaste el din. Entre las dos. los ojos resplandecientes. Violet! No he tenido tiempo de pensarlo. Como no estaba acostumbrada a recibir elogios. —¿Sabes lo que estás haciendo. podremos hacerlo.? —Se interrumpió y la miró —. ¡Qué día tan glorioso! Pero estaba demasiado excitada para dejar de hacer palanca con el destornillador entre dos tablas de madera. Me duele un poco. —¿Bonita? —Sin la menor duda. Las manos de Agatha se inmovilizaron. —Violet. incómoda. —Vamos a hacer los vestidos de cancán. Le devolví cuatro. —¿Lo que estoy haciendo? —Estás arrodillada. Pero . ¿sabes? Ayúdame con esto. creo que estuviste demasiado tiempo bajo el sol del mediodía. Agatha? Levantó la vista. Agatha? —¡Por Dios. A Violet le costaba creer el súbito cambió en esa mujer que había visto sombría durante años. —Perdió por completo su reserva habitual y se ajetreó como una chica despreocupada.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Por qué no me lo dijiste? —Era una sorpresa. Encontró las herramientas y se dispuso a trabajar—. Comportarte como una joven atolondrada. Voltearemos el frente de la caja y sacaremos directamente la máquina. Violet. Agatha la tocó con ademán reverente. —Seis.. Violet caminó alrededor del embalaje de madera. En los ojos de Violet aparecieron chispas de especulación. Trabajaron juntas para desembalar la máquina de coser y la arrastraron hasta el taller. pero no importa. Vamos. —¿Bonita? ¿Yo? Desde la muerte de la madre. —¿Sabes. —Pero.. ayúdame a sacarla del embalaje. Ven. Agatha miró abajo. ¿no es así. Estaba estupefacta. Si pudieras ver tus ojos ahora: están brillantes como un trébol primaveral bajo el rocío de la mañana. Y tienes rosas en las mejillas que nunca te vi antes. Casi no había ganancias. últimamente estaba preocupada.81 - . nadie le había llamado bonita. querida?: tendrías que hacerlo más a menudo. reanudó el trabajo. mete los dedos aquí y tira.

Probó otra vez. ¿piensas pasarte toda la tarde ahí parada.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR ahora. Tan extravagantes como quieran. y colocaron el hilo en la parte de arriba. En un momento dado. aquí va. Violet? —Lo sé. Se miraron y rieron. pero de nuevo la tela fue hacia atrás. —Bueno. Violet apretó los labios y afirmó: —Ganaste ese dinero. ¡Ay! ¡Retrocedió! Levantó la vista hacia Violet en busca de ayuda. jovencita. De súbito. ¿no? —No sé. Agatha se puso seria. a Agatha le dolía la cadera pero estaba demasiado entusiasmada para notarlo. podemos. Agatha se sentó. Dejemos de lado los sombreros. —Agatha puso los pies en el pedal. ¿Lo gané? —Sin la menor duda. expectantes. Por fin. se miraron. Violet la reemplazó y probó con vivacidad el pedal: otra vez la tela retrocedió. Se levantó de la silla. Cuando enhebraron la aguja y colocaron un trozo de tela bajo el pie. pero ésta se encogió de hombros: —Yo no sé. —¿No es milagroso? Se inclinó sobre el hombro de Violet. y su rostro expresó preocupación: —Estoy haciendo lo correcto.. la máquina dio una puntada para adelante. o vas a enhebrar ese aparato y a ponerlo en marcha? Con ayuda del manual de instrucciones. Las dos rieron hasta quedar sin aliento. La correa zumbaba suavemente arrastrando el mecanismo. —Cuarenta y nueve dólares por una máquina de coser que sólo funciona hacia atrás. dio un impulso y saltó hacia atrás—. rozó casi con afecto el terso gabinete de roble—. la metieron en el compartimiento en forma de bala según el diagrama. Y ahora. más divertido se volvía todo. Agatha exclamó: —¡El manual! Leamos el manual. cargaron la bobina. Violet? Violet sonrió con cariño a la amiga tan cambiada que tenía delante: —Sí. —Prueba tú. El precio de esa tela tendría que elevarse. Casi como si fuese magia. mirando cómo la tela azul se . Al siguiente intento. una atrás.. ¿no? —¿Lo correcto? Realista. ¿no te parece. Prueba otra vez. hermosas puntadas regulares y apretadas aparecieron a una velocidad que aturdía.82 - . El brazo de la aguja seguía una cadencia rítmica. Podemos hacer vestidos. comprendieron que para que la máquina marchara en la dirección correcta tenían que darle un impulso al volante. Hiciste un trabajo urgente que ninguna otra persona en el pueblo podría haber hecho. Tuvo que esforzarse para cederle el lugar a Violet y dejarle probar la máquina por segunda vez. una larga tira de algodón que estaba bajo el pie de la aguja comenzó a avanzar con fluidez. otra adelante. Cuanto más reían. —Probó el bruñido volante de acero. ¿no? —¿En serio lo crees. Y lo hiciste con el mejor satén que se puede conseguir. Al pedalear.

La mujer le hizo señas con un dedo. echó un vistazo a la puerta trasera de la taberna y vio que estaba cerrada. el aire no era mucho más fresco. Dejó la pluma en el soporte y se respaldó en la silla giratoria. dando cartas. —Gracias. pero no estaba segura. —Hola. La puerta de la oficina de Gandy estaba cerrada. Quisiera hablar con el señor Gandy. Su rostro reflejó sorpresa. Se sintió como una de esas personas que espían por las ventanas. Dos a la derecha. El olor de los corrales de ganado ya había llegado al pueblo. pero las voces de los vaqueros creaban un rumor constante. El olor rancio de humo y alcohol viejo la detuvo por un momento. Una ventana en el otro extremo del corredor.83 - . Abrió la puerta y entró. pero oía ruidos dentro. Golpeó con suavidad. Sin duda. Todo en silencio. Ése sería un mejor momento para hablar con él. Quizá pudiera entrar sin ser vista y hacerle una seña de que fuese al pasillo del fondo un momento. —pensó—. escuchando el maravilloso sonido de la maquinaria bien aceitada que funcionaba a una velocidad increíble. señorita Downing. No había música. Escribía. En cuanto apareció a la vista. Nunca había estado en esa parte del edificio. La puerta chirrió cuando la abrió y escudriñó el pasillo a oscuras. ¿Cómo podré agradecértelo?» A las cinco en punto. dirigió una mirada a la ventana de Gandy.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR movía sin tropiezos. Resonaban risas y tintinear de vasos. en una oficina austera.. Subiendo la escalera. Al pasar. inclinado hacia adelante y un cigarro humeaba junto a su codo. la primera puerta a la derecha. Gandy estaba sentado ante un sencillo escritorio de roble. Jack Hogg advirtió su presencia. le puso encima con cuidado la tapa de madera y cerró la tienda. Justo enfrente. —Señor Hogg —lo saludó con la cabeza—.. vio a Dan Loretto en una mesa repleta. —¿Sí? Hizo girar el picaporte y asomó con timidez. Alzó la vista. esa noche habría mucho más. y el hombre se secó las manos y acudió de inmediato. Afuera. qué sorpresa. Al llegar al rellano. Gandy!. Había cuatro puertas a la izquierda. estoy sorprendido. El ruido incesante del ganado y el traquetear de los trenes llegaban por el aire de las últimas horas de la tarde mientras subía las escaleras. Esa manera de entrar tan infantil era tan poco propia de ella. —Caramba. «¡Oh. que daba a la calle. ¡De modo que ahí era donde se guardaba la jaula dorada durante el día! Sonrió ante el ingenio de Gandy. pero el cristal rizado no permitía ver otra cosa que el reflejo del cielo azul claro. —¿Puedo entrar? Sólo la cabeza de Agatha asomaba por la puerta. —Está en la oficina. que Gandy no pudo evitar una sonrisa: . Quizás estuviesen durmiendo tras las puertas en ese momento. —Bueno. Pero apretó las manos y siguió caminando por el corto pasillo buscando a Gandy en el salón principal. Agatha le dio una última caricia a la máquina.

Desde atrás. —Trabajo con vestimenta. —No será muy elegante. ¿no es . Creo que es un poco más espacioso que el de usted. Siguió observando la habitación: la caja de seguridad.. bastante. de pronto. la ventana desnuda que daba a una vista poco interesante del patio trasero y de la pradera. el botón del cuello desabrochado y las mangas de la camisa enrolladas. señorita Downing. Vestía con gusto magnífico ropa de suave elegancia. Se dio la vuelta y lo sorprendió contemplándola. La chaqueta negra colgaba del respaldo de la silla. y entrelazó los dedos sobre el estómago. —No hay problema. La agradable «curva griega» que le daba el corsé invisible a la zona lumbar. —Siéntese. Noto todo lo relacionado con ella. La corbata de cordón estaba floja. estaba el ambiente lujoso que esperaba. curiosa. —Sí. —¿Por qué? —Oh. Pero ese día había algo diferente que él no podía precisar.. Se tomó un momento para apreciar ese semidescuido. Agatha recorrió con la mirada los severos paneles de madera. Quizá por el modo en que se viste. —¿Sí? —Usted vio la propaganda de la máquina de coser en mi taller. —Lo. cruzó un tobillo sobre la rodilla de la otra pierna. esperaba encontrarlo en un ambiente más lujoso. pero cumple sus propósitos. señor Gandy. —¿Qué puedo hacer por usted? —Creo que ya lo hizo. la examinó con mirada más crítica que antes. El elegante drapeado trasero del vestido de tafeta granate. —Así que. Ese día.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Por favor. Y sobre un sofá había una bata de mujer de color verde turquesa. hacia su sala de estar y el dormitorio que había más allá. Gandy alzó una ceja y se le formó un hoyuelo en la mejilla. ¿una puerta abierta? Fijó la vista en ella. era verde intenso. con curiosidad. creí que no lo había notado. la estufa diminuta.. no sé. Esos chalecos de colores brillantes. aquí es donde hace sus negocios. el verde apagado de las paredes.. Agatha comprendió su error después de haber observado demasiado tiempo el apartamento privado de Gandy. ¡Por todos los cielos. era un hombre apuesto! —Es curioso. lo siento. Eran las cinco de la tarde y necesitaba una afeitada. los hombros estrechos. en la sala. el cabello pulcro. los brazos graciosos acentuados por las mangas muy apretadas y el alto cuello clerical. —Gracias. Ahí. Lo miró de frente. se apartó del escritorio.84 - . Gandy se sentó otra vez. divertido por el interés que mostraba. —En cierto modo. mientras la mujer entraba y miraba en torno. el perchero. Se levantó a medias. La redondez atractiva del busto. Gandy la observó. Siempre correcta. más allá.

—¿Y qué espera ganar con eso? —Para empezar. señor Gandy. El color más pálido de las muñecas y los antebrazos.Tiene un tornillo flojo. —Ah —canturreó Agatha. Ese sujeto era un enigma. Cada vez le resultaba más difícil contemplarlo con racionalidad.. — Levantó una ceja—. —No se haga el tonto. El hombre rió y echando la silla atrás. está. —¿Acaso dije que me debiera algo? Agatha sacó cinco monedas de oro y las apiló en una esquina del escritorio. —Sin rodeos. señorita Downing. ¿Cómo dijo Joe Jessup? . el humo que ascendía desde el cenicero que estaba entre los dos.. entrelazó los dedos tras la cabeza. y en el sobre del embalaje dice que ya está pagada. perspicaz—. con los codos en el aire. tres brillantes vestidos rojos de cancán. era feliz y eso la transformaba. los ojos le chispeaban demasiado y los labios se negaron a obedecerle. —Sí. Usted la vio y me leyó la mente. —Creo que la cantidad correcta es de cincuenta dólares. —Abajo hay una máquina de coser flamante. Deshonesto y sincero al mismo tiempo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR así? —¿Sí? —No me eluda. —Felicidades. los tendones tensos de las manos entrelazadas bajo la cabeza. señor Gandy. la bota negra apoyada al descuido sobre la rodilla. con patente de Isaac Singer. Por una vez. La inquietante conciencia de la pose masculina la golpeó como un puñetazo en el estómago. Lo sabe. La carcajada de Agatha los sorprendió a los dos y rieron juntos.. Por más que intentó ser severa. —¿Por qué no? Ambos sabemos que es verdad. La chata polilla gris se había convertido en una brillante mariposa. ¿no? —Lo olvidé. . ¿Y después? —¿Quién sabe? Abandonó el juego y se puso seria: —Estoy comprometida con mi trabajo por la templanza. Gandy advirtió el cambio en el rostro de la mujer: ¡eso era lo diferente en este día! No era el peinado ni la vestimenta: era el estado de ánimo. El hombre rió entre dientes. tres vestidos de cancán. lo sé. —Pero es un soborno. las arrugas en las sisas de la camisa blanca.85 - . Vine a agradecerle que se haya ocupado de encargarla y a pagarle lo que le debo. se encogió de hombros. —Si cree que voy a aceptar una máquina tan costosa del dueño de una taberna. ¿verdad? Bajó los brazos y la contempló en silencio varios segundos. —¿Lo admite? Sonriendo con amabilidad. La sonrisa se hizo descarada..

—Mañana por la noche. John. más todavía teniendo en cuenta que estamos en su territorio? Gandy se levantó.. ¿cree que puedo negarle el placer. estaremos abajo repartiendo panfletos que hemos hecho imprimir. —Qué irrespetuoso. Le escribí una carta a la Primera Dama. Agatha observó cómo el chaleco de satén se tensaba en la espalda y se preguntó quién de los dos ganaría a la larga. le escribí. agradeciéndole que se haya establecido la Ley Seca en la Casa Blanca. cuando entró con sus huestes invasoras. —Está. tendré que pensar en una nueva forma de atraer clientes. —En ese caso.86 - . —Oh. Olvidé que usted odia estas cosas. —Usted es distinta de lo que me imaginé al principio. y trató de contenerse con un dedo. —No pensé que pudiera. —¿Nada más? —Además. ¿no es cierto? —Después de la máquina de coser. apoyo una bota en el alféizar. perdóneme. la hizo reír. ¿no? —Quizás. caramba. supongo que sí. Otra vez. esta guerra en la que estamos enzarzados. Medio país llamaba así a la Primera dama. ¿no? —Sí. Los rumores acerca del proyecto de enmienda a la Constitución estatal ponían muy nerviosos a los propietarios de bares de Kansas—. El humo se elevó entre los dos antes de que se diera cuenta de lo que hacía. pero nunca le había parecido tan gracioso. —¿La vieja Lucy Limonada? Agatha estalló en carcajadas. cuando lleguen sus parroquianos. tomó el cigarro y dio una honda calada. Nada resulta como lo imaginé. Los ojos claros se suavizaron.. Después de unos momentos. —Como sea. fue a la ventana con el cigarro entre los dientes y subió el bastidor de la ventana. John! —No se mostró tan despreocupado ante esa novedad. ¿qué general le revela sus planes de batalla al enemigo? Agatha sonrió y su rostro se convirtió en el semblante joven y hermoso que Violet había comentado antes. —Yo y muchos más. Qué activas. ¿cómo podíamos oír nada con ese barullo? .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —No hay soborno que pueda hacerme cambiar de opinión. ¿no? Observándola. —¡A St. en cierto modo. —Usted también. Scott permaneció mirando afuera. Caramba. También le escribí al gobernador St. ¿qué nombre le puso el señor Potts a su «Dama del Óleo»? —Me extraña que no lo haya oído la otra noche. le parece divertida. un codo sobre la rodilla y se dio la vuelta para mirarla sobre el hombro. y haciendo circular relatos sobre los azares del destino con que usted comercia. señor Gandy. —Sólo éramos cuatro. fumando y preguntándose lo mismo. La mantiene más seca que el gran Sahara. La austeridad se esfumó. Es decir. —Cuénteme. —No la vi por unos días. —Estuve atareada. pues The Temperance Bannemos insta a los miembros a hacerlo.

LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —El nombre completo es Dierdre en el Jardín de las Delicias. Ah. usted es una digna rival. Era difícil creer esas otras cosas al verlo reclinado en el alféizar de ese modo. —¿Qué más? El corazón le latió con excesiva fuerza y no se detuvo a medir la prudencia ni las consecuencias de lo que iba a decir: —Dígame. —¿Fue usted? —¿Cómo diablos puede preguntar una cosa así? —preguntó. Los latidos se intensificaron más. Agatha levantó el papel y retrocedió. —No abuse de su suerte —le advirtió entre dientes. buen humor y atractivo masculino. Por otra parte. Flexionando la cintura. enfadado. señorita Downing. Metió el cigarro entre los dientes y le arrebató la pluma. desbordando encanto. ese humor y ese atractivo para desviarla de sus buenas intenciones. Estoy segura de que la señora Potts está encantada de que su esposo haya ganado el concurso. ante mi vista? Ceñudo. Gandy respondió con una carcajada franca. Cuando se irguió. —Nos superaron. y se quedó tan cerca del escritorio que Agatha tuvo que apartarlo para mirar. quedarse y qué en un papel. la otra noche no duró mucho en la taberna. No le tendió el papel ni retrocedió. nunca debo perder de vista ese hecho. señor Gandy.. ¿puede hacer una cosa? ¿Puede escribir las palabras bueno. Pero entendía con toda claridad con cuánta desvergüenza aprovechaba ese encanto. en letras mayúsculas. —¿Qué? El corazón de Agatha latió con más fuerza aún.87 - . Casi chocó con él. —¿Satisfecha? . ¿fue usted el que clavó una nota amenazadora en mi puerta. —Delicia. Y cualquiera sea mi opinión personal sobre usted. La mujer resolvió que era hora de dejar de jugar al gato y al ratón. —Ah. Se le crispó la frente y el pie golpeó el piso. El humo del cigarro le quemaba las fosas nasales mientras observaba la escritura. trazó las letras en un trozo de papel. el hombre miró la pluma y luego a la mujer.. —¿Por qué vendo alcohol? —Entre otras cosas. que se mantuvo firme en su sitio. —Qué contrariedad —dijo. pero los hombres le pusieron de sobrenombre Delicia. encima de la oreja. chasqueando la lengua y moviendo la cabeza lentamente. miró en los ojos de Agatha sin hablar. Pero se puso de pie. Debo confesarle que he llegado a admirarla. —Permiso. la otra noche? El buen humor desapareció del semblante de Gandy. La próxima vez que la vea debo recordar felicitarla. y cómo está cambiando lentamente. sacó la pluma del soporte y se la extendió: —Por favor. —Usted es mi enemigo —afirmó con calma—.

que dejó una mancha de tinta en la orden que estaba escribiendo. se dio la vuelta y arrastró los pies hacia la puerta. mientras oía abrirse y cerrarse la puerta de afuera. los apretó contra el mentón y miró ceñudo la pared de la oficina hasta que los pasos que se arrastraban al fin dejaron de entrar por la ventana abierta. —Si me disculpa. —¿Por qué? El semblante se crispó todavía más. la abrió y se detuvo. El corazón traidor le desbordó de remordimientos: —Ya le dije que lo lamentaba. Se sentó y comenzó a escribir de nuevo. ¿Qué diablos quería esa mujer de él? Agatha abrió los ojos y lo enfrentó. pero así es. Gandy permaneció ante ella. Tenía que estar segura. Encerró un puño en el otro. arrojó la pluma. Aunque se ruborizó. Estaba encargando un lote de ron cuando me interrumpió. ¡Maldita arpía! ¿Qué tenía. desgarró el papel en dos y lo tiró. Con el rostro ardiendo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR El alivio le hizo cerrar los párpados y exhalar levemente por la nariz. ¡maldición! Si no toleraba los juramentos. —Buenos días. bullendo de cólera. El hombre se quedó mirándola fijo. —No sé por qué diablos me siento responsable por usted. señorita Downing. —¡Agatha! No creyó que recordara el nombre. —Lo lamento. señor Gandy —afirmó. —¿Y lo está? —le espetó. se mantuvo firme: —Sí. Con una violenta maldición. ¿Qué importaba si lo recordaba? —Quisiera ver la nota. que se le había metido bajo la piel? Agatha dio otro paso hacia la puerta hasta que un ladrido del hombre la detuvo. Lanzó otra maldición. . de espaldas a él. apagó el cigarro con dos movimientos coléricos de la muñeca y se abstuvo de mirarla otra vez. —Gracias por la máquina de coser —dijo en voz queda.88 - . tengo mucho que hacer. ¿por qué no lo regañaba por eso? —Yo puedo cuidarme sola. si aún la tiene. señor Gandy. Gandy alzó la cabeza con brusquedad y miró fijo la espalda. El hombre giró hacia el escritorio. y cerró la puerta al salir.

—¡Se lo ruego. cuando empiecen a temblarte las manos y tu esposa y tus hijos sufran sin. Evelyn Sowers se adelantó varias veces y se interpuso con audacia ante los concurrentes a las tabernas. Cuando se encaminaba a la puerta. Entregaban panfletos a los hombres y seguían solicitando firmas para los compromisos. suplicante. el honor y la salud. . Evelyn había hallado su verdadera vocación. Antes de que entren por esa puerta. rodeó a Evelyn como si fuese una cascabel enroscada. las monedas tintineando.89 - . Con ojos inquietos.. —Se acercaba a un vaquero desprevenido que casi no tenía edad para afeitarse—. no tengo esposa ni hijos —la interrumpió el joven. desplegaba un asombroso talento oratorio que nadie conocía. joven.? —Señora. la cantaban con creciente entusiasmo en cuatro tabernas. y en todos los otros mañana. Pero ya habían entrado. ella se abrazaba al recién descubierto ministerio con creciente fervor.M. Al parecer. ¿No sabes que Satán adopta la forma de una botella de licor? Ten cuidado de que no te engañe y te haga creer otra cosa. Otros cuatro vaqueros se acercaban por la acera vestidos a la última moda.. ¿Pensaste en mañana. Evelyn cayó de rodillas y alzó las manos. —Hermano. —¿Reconocen ustedes el mal en el vil brebaje que vienen a consumir aquí? Arrebata a los hombres las facultades. las espuelas brillantes. sobreponiéndose al ruido del Lucky Horseshoe Saloon. ocúpate ahora de tu futuro. Evelyn intentó detenerlos apelando a sus emociones. Y como no pudo.. mientras las señoras iban pasando por las cuatro tabernas. no entre en ese refugio de machos! ¡El tabernero es el destructor de las almas de los hombres! El muchacho de rostro brillante miró sobre el hombro y se escabulló dentro con una expresión que demostraba más temor por Evelyn que por los peligros que podrían aguardarlo tras las puertas de la taberna.T. indulgencia es pecado! —gritaba.. Los que se dejan llevar al pecado. Y se regodean en el vino. ¿Quién tiene pena? ¿Quién tiene dolores? Los que no se atreven a decir no.. —¡Abstinencia es virtud.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 7 Las damas de la U. Para sorpresa de todos. La noche siguiente.C. aprendieron una canción nueva. Con sus ojos intensos y su gesticulación un tanto dramática. El resto de la noche. y miraban a Evelyn con el mismo temor que el joven vaquero de antes..

Se abrió paso a codazos entre los hombres amontonados. Wilton Spivey! ¡Vete a casa. infelices pecadores! Evelyn arrebató una jarra de cerveza y la sostuvo sobre los pies de Ruggles. Agatha lo intentó. se enorgullecían de la no violencia y la gracia.M. Tom Ruggles! ¡Vayanse todos a sus hogares.M.T. Los ojos llameaban de fervor desusado. el tabernero de rostro colorado respondió sirviéndose un trago doble de centeno y tragándolo ante los ojos de Evelyn. Gandy ignoró la perorata de Evelyn. y afirmó —: Hemos venido en misión moralizadora. las partidas de naipes se detuvieron. Agatha no comulgaba con la exageración histriónica de Evelyn. —¡Eh. el aliado de Lucifer. Animada por otra victoria. vestido totalmente de negro y blanco. se levantaron y se encaminaron hacia la puerta. —¡Bazofia! ¡Nuez vómica! ¡Esto no lo bebería ni un cerdo! A Agatha le ardió la cara.C. Evelyn se volvió más audaz en el hablar y en los gestos. Miles Wendt! ¡Vete a casa. Estaba de pie detrás de la barra. empapado de ron! ¡El traficante de licores ardientes! Ruego al Señor que lo perdone por causar negligencia y bestialidad en los hogares de familias inocentes. arrodillada en la taberna. que se avergonzaron y le firmaron el papel. tuvo que levantarse otra vez. Evelyn estaba enloquecida. Evelyn se volvió con brusquedad hacia él. En medio del súbito silencio. muy enfervorizada. pero se sintió como una tonta.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR condujo sus tropas al interior. señor Gandy. y Evelyn. pero la mujer había tenido éxito con dos clientes de Jim Starr. se topó con la mirada de Gandy y se apresuró a desviarla. En el The Alamo Saloon. Por suerte. señoras. Los miembros de la U. —¡Ah.C. Se alzó un clamor que casi . —Alzando la voz. con sus familias. Cuando sacó un compromiso de abstinencia y le exigió a Didier que lo firmase. fue directamente hasta Jeff Didier. —¡Vete a casa. Gandy habló con su habitual savoir vivre: —Bienvenidas. mírenla! El hombre se levantó de la silla. aporreó con los puños varias mesas. a despertar su conciencia. el local estaba muy concurrido. Jack Butler y Floyd Anderson se avergonzaron tanto al ver a sus respectivas esposas con la fanática Evelyn que se escabulleron por la puerta y desaparecieron. gritó—: ¡La casa invita a beber! Los vaqueros giraron sobre sus talones. Alzó la vista.T. Ivory se dio la vuelta desde su puesto en el piano. alzó las manos y vociferó: —¡Este ejército de ebrios caerá girando en el infierno! Las danzas y cantos se interrumpieron. para encontrarse con otros tres pares de ojos atribulados: los de Jubilee. tras unos minutos de sufrir dolor. sin sombrero. de rodillas en el piso duro de la taberna. llegó a la Gilded Cage. Pearl y Ruby. —Todavía están a tiempo. Dos vaqueros que se habían hartado. Este éxito impulsó a cuatro «hermanas» a arrodillarse junto con ella y a cantar a voz en cuello. Cuando el contingente de la U.90 - .

Delicia sonreía con benevolencia al caos. sintiéndose vacía sin saber por qué. Le dolió. ¿qué estabas haciendo tan cerca de la puerta? ¿Estás bien? —Mi c. como tu papá no está aquí. Gandy encontró el cuello de una botella. en realidad. Ustedes vuelvan a casa con sus esposos. ¡Aaay! ¡Me duele! —Perdóname. golpeaste la c. lo vio sonreír muchas veces para no reconocer la ausencia de alegría en la expresión de ese momento. Tras ella. Jubilee y las Gemas arrancaron a coro con «Champagne.. Fue entonces cuando conoció a Willy Collinson.. quiero a mi p. y Addie y Minnie se inclinaron. Lo que pasaba por una sonrisa era. —Nooo.. —Trató de ver cuan grave era el daño. parecía una persona mordida por un perro rabioso. En mitad del jolgorio. Déjame ver. Cuando llegaron a la salida. el piano y el banjo reanudaron la música. Giró con brusquedad y salió empujando las puertas vaivén. reclamando los tragos gratis. Con las manos cruzadas sobre el pecho y los ojos en blanco. Gandy. —¡Aaaay! —chilló. llenó un vaso con el líquido ambarino. El cabello rubio podría .. los hombres empujaban para llegar a la barra y levantaban las copas. chico. Cuando se fueron. que terminaba con el verso: «Ven conmigo a la parranda». Qui.. miró otra vez a Gandy. y lo levantó.. Después. no!» Le hizo un gesto de saludo tan leve que nadie más lo advirtió. Alrededor. —Bueno.. ¡Aaaay! Agatha se acuclilló para ayudarlo. ¿por qué no me dejas a mí. Mientras las miradas se encontraban. Ya no estaba el brillo divertido que se había acostumbrado a esperar. y los ojos de obsidiana de Gandy la flecharon. Agatha hizo levantar al niño.. sosteniéndose la cabeza y gimiendo—. se volvió para echar una última mirada. los hombres se burlaban. pero el niño se agarró la cabeza y la apartó—. un desnudar de los dientes. Se volvió para alejarse.. Agatha les hizo señas a las otras de que la siguieran a la puerta. Había estado en cuclillas. —Dios mío. Tenía que haber una forma mejor. de rodillas. lanzando exclamaciones de preocupación. a ver si puedo curarte? —Déjame tranquilo.. papá. En la mesa de lotería. pero sólo Addie Anderson y Minnie Butler le hicieron caso. A pesar de la obstinación del niño. Evelyn. cabeza. Nunca hasta entonces lo había visto beber. Con los gritos resonándole en los oídos. —Yo me ocuparé de él.91 - . echó atrás la cabeza y convirtió el saludo en un insulto. «¡No. Los ojos la punzaron como trozos de hielo. Charlie». Desde la pared. Quizá los otros no supieran qué había tras esa superficie encantadora. cabeza —lloriqueó—. oraba por los depravados.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR ensordeció a Agatha. le apartó las manos y lo hizo girar hacia la luz tenue que provenía de la taberna. De pie. Me g. tenía la misma altura que ella arrodillada. espiando debajo de la puerta persiana hacia la taberna cuando la puerta lo golpeó en la frente y lo hizo rodar como una pelota de bolos.

.. y le salió como un ... no era lo bastante mayor para estar vagabundeando por la calle de noche. No tengo hijos propios. Había tenido tan pocas oportunidades de estar con niños. jovencito. Acarició con torpeza el cabello rubio. Ven. Hay que lavarte la frente y ponerte un poco de iodo.. —No volvió a casa del trabajo.. Por fortuna.. el corazón de Agatha se estrujó. n. —¡Cielos. que te lavaré. —Le dirigió una sonrisa bondadosa—. mostrando sus enormes ojos brillantes. pero... Ahí hay cosas que un chico de tu edad no tiene que ver. —Ten cuidado. —Oh —dijo con suavidad—. Podría curarte la cabeza enseguida. —¡No! —Pero vivo ahí al lado. apártate de la puerta mientras hablamos.. p. que no sabía cómo hablarle a uno de. Se incorporó. Te llevaré derecho a casa. —No tengo madre. ¿no es cierto? Willy apoyó la barbilla en el pecho. —En verdad. Se murió. después de una cena caliente. —Así no lo encontrarás. eso es una emergencia.. —Le ofreció la mano en gesto práctico—. Agatha dejó las manos a los lados. no fue. —Bueno. pero el niño se soltó de un tirón. —Ladeó la cabeza—. Por lo menos. —¡Eres muy pequeño para espiar por ahí! —Tengo que encontrar a papi.. —¿Qué te dice con respecto a las emergencias? —No sé lo que son. No sabía.. El pequeño estaba un poco más tranquilo. El mono estaba manchado y era demasiado corto. pues me importa. ¿Cuántos años tienes? —¡Qué te importa! —le contestó. se arrodilló y espió por abajo. trataré de encontrarlo. rodaste como un erizo. Sin dejar de frotarse los ojos. ¿ves? Ésa es mi tienda de sombreros. Tendría que estar metido en la cama tibia. soy una señora muy buena. Willy retrocedió y los ojos se le pusieron redondos como castañas.. —Lo puso de pie sin demasiada gentileza y el niño empezó a moquear otra vez—. —Empezó a temblarle el mentón y se frotó un ojo con los nudillos sucios—. Alguien podría salir y golpearte otra vez. En lugar de obedecerle. y le diré qué te encontré haciendo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR haber estado un poco más limpio. En serio. lo lamento. estás sangrando! Ven. pero no pudo. lo. la nariz arrugada y la boca trémula. tenemos que encontrar a tu padre. ¿cinco años? ¿Seis? Fuera cual fuese la edad. —Que te golpee una puerta en la cabeza. Le corría un chorro de sangre por la frente. Por segunda vez en la noche. El pequeño trató de contener la risa. Le tembló la voz y Agatha se sintió arrasada por la pena. desafiante. Lo vio luchar contra la indecisión. chico. En ese caso. Dijo que esta noche iría a casa. y mi apartamento está encima. pero si los tuviese nunca los golpearía con puertas vaivén.92 - . —Mi papá dice que no tengo que irme con desconocidos. —Si me dices tu apellido —lo instó con suavidad—. con tu madre. alzó la vista inseguro.

sin encontrarlo. pequeña dama? Lo empujó. haciendo fuerza para apartarse. ¿qué es esto? —El vaquero se dio la vuelta con lasitud. —Bueno. Gandy y Jack Hogg servían bebidas. Dan Loretto repartía suerte en el blackjack. ¿Me obligarás a adivinar tu nombre? —Willy. De golpe. apretándola. —Claro que sí. —El hombre alzó las palmas como si Gandy hubiera sacado una pistola—. ¿Qué te parece? —¿Eso haría? Se pone furioso cuando lo persigo. —Pensé que se había ido. sintió una mano que le rozaba el muslo. Búsquelo. —Suéltala. Alguien la empujó de atrás. Alzó la cabeza con brusquedad. tendrías que haberlo dicho. —Eh. —Apartó la mano del hombre del cuerpo de Agatha y la echó atrás—. está bien. pero no pudo. —Dije que la sueltes. y miraba el whisky ambarino que estaba sirviendo en un vaso medidor. Willy Collinson. amigo. ¿Está aquí? —¿Alvis Collinson? —Sí. —Eso está mejor. le apretó el brazo. Tenía la mandíbula tensa y la mirada dura y desafiante. Gandy tomó un Stetson color hueso de encima de la barra y lo .93 - . Se detuvo ante las puertas y miró por encima el jolgorio de ahí dentro. El desconocido pasó una mano por el torso de Agatha. Se soltó de un tirón. Gandy reía de algo que había dicho un cliente. no pierdas su confianza». «Tómalo con calma Gussie. me gusta. yo entraré y veré si encuentro a tu padre y le digo que estás esperándolo para volver a casa. qué? —Collinson. Otra. —¿Willy. Evelyn se había ido. A Agatha le tembló el estómago y parpadeó. Al pasar junto a una mesa redonda llena de hombres. ¿Dónde estabas escondida. asustada. Gandy pasó encima de la barra con tal velocidad que tiró dos vasos al suelo. Cuando se inclinó. compañero —ordenó Gandy. En la mejilla de Gandy se contrajo un músculo. y la risa se esfumó. —Señor Gandy. —Está bien. entendió. le rodeó las caderas con un brazo y la apretó contra el costado. y avanzó hacia la barra. Tú siéntate aquí y yo volveré enseguida. —No quiero soltarla. Agatha entró y se abrió paso entre el gentío buscando a Collinson. Trató de recordar si lo había visto antes. con la vista baja. Ahora. el aliento hedía—. Jubilee y las chicas circulaban conversando con los clientes. Perdió el equilibrio y se aferró de un hombro cubierto de cuero para no caer. Tras la barra. No es una de las chicas. Si era de tu propiedad.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR resoplido. En el rincón cercano. —¿Para qué lo quiere? —¿Está aquí? —Usted vive en Proffitt hace más tiempo que yo. —Estoy buscando al señor Collinson. si te sientas en ese escalón.

Gandy la retuvo por el codo. Tiene el temperamento de un jabalí salvaje. Collinson? —preguntó. Sin una palabra. ¿no? —Vine a buscar a papi. frunció el entrecejo y tiró las cartas. Al ver que se tambaleaba. Pero no la perdió de vista mientras se abría paso entre la muchedumbre.94 - . la resolución de Gandy vaciló. se embolsó el cambio y lanzó a Agatha una mirada rabiosa. te dije que iría a casa cuando estuviese listo. —Iba ganando. Asintió. colérico. Ella sintió que otros ojos la escudriñaban desde todas direcciones y se dio la vuelta para que Gandy no pudiese ver las lágrimas de mortificación. hasta que1 esta arpía vino a fastidiarme para que volviera a mi casa. Collinson alzó la vista. La escuchó. La apartó con brutalidad cuando se levantó de la silla. cuando se detuvo junto a él. pasaba junto a una sorprendida Ruby. Silencioso. y se relajó. —Muchacho. Agatha lo miró en los ojos de expresión disgustada: —No lo irrite. tocó la mano de Ruby y siguió. Se volvió. La soltó. pero vio que recuperaba el equilibrio contra el costado de la mesa. —Collinson está ahí. hombre. y dejó que Agatha lo siguiera.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR empujó contra el vientre del vaquero. Agatha. el hijo de perra apaleaba al niño. dirigió una mirada hacia la puerta. —Ya lo sé. que la detenía para decirle algo. ¡Ahora. tensa y vacilante. si te dije que no te acercaras a la taberna? Levantó al niño de un tirón en el brazo. —¿Cómo se te ocurre venir aquí. Dejé una mano estupenda en la mesa. vete! —¡Jesús. Por un instante. —Agatha. Gandy dio un paso hacia ella. —¿Para qué quiere a Collinson? Lo miró. En la frente le sobresalía una vena y tenía los ojos clavados en Agatha. Collinson se abrió paso a codazos entre la gente. Gandy se paró detrás y le aferró el hombro. hijo. Gandy hizo lo mismo: no confiaba en Collinson. Afuera. sorprendido. —¿Quién es éste? Hola. —La calle está repleta de prostíbulos. estiró el cuerpo hacia el niño. en tono burlón. —¿Ganaste esta noche. las manos sobre los bordes de las puertas. al fondo. Dirijo una taberna decente. Irguió los hombros. si eso es lo que estás buscando. Indicó con la cabeza una mesa en un rincón. Es un poco tarde para que estés en la calle. El vaquero se encasquetó el sombrero. al mismo tiempo que sacaba un cigarro. —Afuera está su hijo esperándolo para volver a la casa. Cuando Agatha se encaminó a la puerta. Encendió el cigarro con calma engañosa. La mujer giró la cabeza. qué susceptible! —En efecto. ¿Cómo es que no estás en casa de la tía . el hombre se puso delante y abrió camino hacia la acera.

nariz con nariz. lo atrapó en los brazos. Me da miedo estar solo. —¡No te metas. Le dio un empellón que lo hizo tambalearse escalones abajo. en la oscuridad. murmurando: —Maldito chico.. muchacho. ¡Willy! El grito angustiado se mezcló con el estrépito que salía de la taberna. Llévalo. no sé. está bien. amenazante. salió a la calle y se puso a correr con el corazón agitado. El otro. Gandy se adelantó y le habló al pequeño.. —Entonces. y no quiso saber nada. a la cama. ¿Escuchaste eso. eh. y no me gusta su casa. y desistió—. y oyó al niño correr llorando en la oscuridad. se soltó y lo empujó hacia atrás. Entra de nuevo. Agatha lo oyó sollozar quedamente. Willy corrió un trecho y se volvió hacia el padre. Collinson. —Lleva al chico a casa. Un pequeño de cinco años no era rival para las piernas largas de Gandy. Willy se dio la vuelta y corrió. —Oh. eh. hacia Willy—. —Yo cubriré tu apuesta. —Tampoco me gusta estar ahí. Pero respondió a su propio corazón oprimido. más corpulento. —Yo cubro mis propias apuestas. Gandy tomó a Collinson del brazo. en voz baja. Collinson giró con brusquedad y se precipitó dentro. cuando era niño. Agatha se dio la vuelta y rogó: —¡Haga algo. —¡Willy.. El chico se abrazó a Gandy y metió la cara en el hueco del cuello. que me va a dar un ataque al hígado. empezó a entender con claridad qué quería de él esa mujer. Disfruta de la partida. Gandy la vio esforzarse. Alcanzó a Willy en menos de doce zancadas y. Gandy! En ese instante. deja de moquear y vete a casa. sacándolo del medio de la calle. Renqueó tras él pero no alcanzó a llegar más que hasta el travesaño para amarrar a los caballos. Es de gallinas tener miedo de la oscuridad. espera! —Agatha bajó con esfuerzo los tres escalones. ¡Y el mocoso no me fastidia cuando estoy divirtiéndome! —Dio un paso. mientras se agarraba la cadera dolorida. —No.. —Ya te dije.. mientras esté ganando. No llores. Recuerdo que. —Apartó a Willy de Agatha y lo impulsó hacia la calle—. Collinson —le aconsejó Gandy. solía creer que oía voces a mi espalda. en las sombras densas. Gandy respondió por él. Gandy! Los dos se enfrentaron. —Willy. chico? Willy se acurrucó contra la falda de Agatha. que ese es tu lugar. —Lo escuchó. vete a casa. Ya. que esas son estupideces. —¡Willy! Tiró el cigarro.95 - . El pequeño los miraba. —Maldito si lo haré. pero no podía correr. Gandy no tenía experiencia en consolar niños y se sentía torpe y ..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Hattie? —No es mi tía. Gandy. Agatha se puso junto a él y le apoyó la mano en el hombro.

LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR asustado. Llevó a Willy con Agatha y se detuvo ante ella. Le acarició el remolino de la coronilla. se sorprendió recordando su juventud en Waverley: sano. —En la breve pausa.. Vio el brillo de las lágrimas en los ojos de la mujer y frotó el brazo delgado de Willy. Los dedos de ambos se rozaron un instante. El chico no pesaba casi nada. Gandy casi no tuvo tiempo de formarse una idea cuando volvió a hablar. la vio subir con dificultad. La mano de Gandy se extendió sobre la camisa arrugada del pequeño. en una oscuridad total. Sin embargo. él recordó los lastimosos esfuerzos de ella por correr tras el niño—. La de Agatha. Apoyó el balde en un banco bajo. no llores más. ¿Podría cargarlo hasta mi casa? Asintió. impotente. Se acurrucó sobre Gandy. —Lo llevaría yo misma si pudiera. —Tráigalo aquí. las uñas. Willy estaba más tranquilo. Pasaron por la sombrerería oscurecida. escuchando los pasos de Agatha arrastrándose y a Willy que lloraba contra su cuello. ¿Podría llenar esto. la frotó para tranquilizarlo. Encenderé una lámpara. Los ojos de Gandy se toparon con los de Agatha y comprendió que estaba . ¿cómo se las arreglaría con un cubo de agua? Cuando volvió. junto al fregadero seco y cuando se volvió vio que Agatha enjugaba los párpados inferiores del pequeño con los pulgares. pero el nudo en la garganta no se deshacía. Tragó saliva un par de veces. el cuello. A Gandy nunca le había llevado tanto tiempo subir. —Le alcanzó un balde esmaltado de blanco—. será el último. bajó. Agatha abrió la puerta y entró primera. pensó en Agatha en lugar de pensar en el chico. Apoyó al niño en la mesa plegadiza más diminuta que hubiese visto.96 - . —¡Shh! ¡Shh! —El tono era suave y tranquilizador—. pequeño. El pelo. salieron por la puerta trasera y subieron la escalera. Cuando subía otra vez con el cubo pesado. el torso flaco que se sacudía al ritmo de los sollozos. —Espere aquí. La mujer acarició la espalda estremecida de Willy. Una lámpara se encendió en mitad de un cuarto de las proporciones de una caja de fósforos. Entonces. pasó una corriente de buenas intenciones y entre los dos tuvieron que contener las ganas de enlazar los dedos y unir esfuerzos para ayudar al niño. sintiéndose fuera de lugar. fuerte y rodeado de todo el amor y la seguridad que un niño necesitaba para crecer feliz. No estás solo. —Si le pido otro favor. sobre la cabeza rubia. La suciedad de Willy era innegable. Los dos conversaban en voz baja. En el rellano. Se dieron la vuelta y se sentaron juntos uno al lado del otro. que miró a Agatha.. Con Willy en brazos. no podía detenerse. Gandy se quedó quieto. pero los brazos flacos se le aferraban al cuello como si él fuese el padre. con Willy en el regazo de Gandy. a todo le hacía falta más que un balde de agua fría. —Willy. aferrándose con fuerza a la baranda. pero. la ropa. Si le resultaba difícil subir con las manos vacías. acomodándose al paso de Agatha. por favor? Corrió escaleras abajo y llenó el balde con agua del barril que estaba bajo los escalones. Gandy se acercó y contempló la cabeza rubia y los hombros angostos. Entretanto.

cosa que hizo alzar la vista y sonreír a Agatha—. Mi padre fue hasta el río y me cargó hasta la casa. y más o menos de la misma forma. estrujarlo y aplicarlo a la frente de Willy. Gandy la vio tomar el frasco de iodo y reanudó el relato. —¿Se te pasó? Gandy rió de nuevo. el caso es que Cleavon y yo corríamos hacia el río a toda velocidad. —Agatha le aplicó el iodo. Willy. nos ocuparemos de ese golpe en tu cabeza. ¿todavía le importaría. Mi amigo Cleavon me sacó del agua y fue gritando a pedir ayuda. y ahí hace mucho calor en mitad del verano. Teníamos a esa vieja dictadora llamada Leatrice. Gandy se apoyó colocando una palma sobre la mesa. pero mucho. de pie. sintiéndose demasiado grande e inútil.. cuando hacía casi treinta y ocho grados. Con indisimulado interés. —Ya sé que duele. en «mitad». Con el rabillo del ojo. insistió—: ¿Qué pasó con tu huevo de ganso? Gandy rió. Nos tiramos de cabeza al agua y yo me golpeé contra una roca y me hice un huevo de ganso en la frente del tamaño de tu puño. —Leatrice me puso un emplasto maloliente de caléndula y me hizo beber té de tilo para el dolor de cabeza. —Dirigiéndose a Agatha. Era en la zona del Mississippi. —Ahora. Leatrice. —¿Cómo es que Leatrice se quedaba en la cocina. los ojos de Gandy se toparon con los de Agatha y se preguntó si sería del Norte o del Sur. —Acentuó «mi». se quedaba en la cocina caldeada. se llamaba. al verla sumergir el paño. gimiendo. Era la cocinera. —Willy gozaba de la bendita ignorancia infantil con respecto a los matices. y le habló: —Me acuerdo de una vez. Bueno. . como pasaba con algunos? —Porque trabajaba para nosotros. dices? Willy asintió con bríos. lo echó sobre el hombro y volcó un poco de agua en la palangana. Por un instante. y Willy apenas se encogió—. Gandy se quedó ahí. Tendré cuidado. Nos tirábamos con ropa y todo. —Agatha sonrió al oír el nombre: Li-a-tris—. hace tanto calor que a veces ni nos deteníamos a quitarnos los pantalones. Cleavon y yo. »Te digo. en cambio. —Volvió la atención al niño—. yo era el que iba a nadar al río en verano. Willy mostró un puño diminuto.. junto a Willy. Mi amigo y yo solíamos nadar ahí en el verano. —¿Cómo? —preguntó Willy. Se dio la vuelta y agarró un trapo de un toallero que estaba en la pared. Tienes puño. Ya no se resistía a la cura y estaba quieto. Donde yo vivía había un río. tal vez un poco más. Era negra como la bola ocho del billar. le aclaró—: Cleavón es el verdadero nombre de Ivory. Quince años después de la guerra. A fin de cuentas. fascinado. ¿no es cierto? Orgulloso. —Además. El Tombigbee. De hecho.. En la época de la que hablo. El niño se echó atrás. me quedé desmayado como una almeja. El agua chapoteó casi hasta el borde cuando la llevó hasta la mesa. Me dijo que no tenía un ápice de sentido común. que yó me creía más astuto que ella. —Ah.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR pensando lo mismo.. mucho más grande.97 - . Leatrice me regañó. cuando yo tenía más o menos tu edad.

98 - .. nadaba ahí. El apartamento tenía la mitad de tamaño que el propio. —¿Qué? —Dije que se le manchó el cuello. —Se le manchó el cuello. de arrancar sus raíces y plantarlas en un sitio nuevo. vivíamos en Colorado. Vinimos aquí y abrió la sombrerería.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Casi por completo. Mientras recorría con la vista la morada. A ti también se te pasará. la de Agatha estaba fija en él. Gandy siempre se había sentido libre de ir y venir según se le antojara. Si fuese por Agatha. tendría una despensa llena de cosas para deleitar a un chico. fue: —¿Te gustarían unas tostadas? Asintió con entusiasmo. atiborraría a Willy hasta que le estallara el estómago. ¿le gusta? Lo miró en los ojos. Gandy miró en su dirección y ella bajó la vista. para recordarme que nunca tengo que zambullirme en el río sin saber qué hay bajo el agua. Si fuese por ella. Después de eso mi padre hizo cavar una piscina y. con la lata entera. cortinas de encaje. Willy preguntó: —¿Todavía te duele? —No. —Se inclinó y se tocó con un dedo el nacimiento del cabello—. desde entonces. y no se imaginaba permaneciendo tanto tiempo en un lugar que no le gustara. Pero lo único que pudo ofrecerle. pero ninguno de los elementos necesarios para cocinar. y tuvo que flexionar las rodillas para hacerlo. No me acuerdo casi nunca. Todavía tengo una pequeña cicatriz aquí. Agatha le observó la raíz del cabello buscando la cicatriz. Cuando murió. Gandy salió de sus meditaciones y advirtió que le hablaba. —Pero. el hombre examinó la vivienda. La pulcritud era casi dolorosa. mi madre quiso empezar de nuevo. —¿Acaso a alguien le gusta lo que la vida le depara? Aquí es donde trabajo. alejarse de los malos recuerdos. y hacerlo olvidar los golpes en la frente y los raspones. Gandy se miró en un pequeño espejo ovalado que había sobre el fregadero. Me quedo. Si bien no consideraba Proffitt como el Jardín del Edén. —Me gustaría tener una cocina —le dijo a Gandy—. Desde que murió mi padre. en las ventanas. Cuando se irguió. Siempre lo deseé. Willy se palpó con vivacidad la herida de la frente y declaró: —Tengo hambre. pensaba quedarse ahí lo suficiente para hacer su agosto. De la pared colgaba una muestra. Desde entonces. . Se frotó el cuello. y el suyo parecía atestado. —Bajó la barbilla pero no pudo ver —. Cuando él estaba. Por primera vez. Había una estufa. —¿Cuánto hace que vive aquí? —Trece años. En el silencio. Un poco de sangre de Willy —le aclaró. Encontró las tostadas con canela y dejó a Willy sentado en el borde de la mesa. el fregadero seco. Los muebles eran viejos y macizos.. igual que muchos otros. y después marcharse. vivo aquí.

. Se apartó de un salto. Gandy observó el techo de hojalata acanalada. Los ojos se encontraron. casi como si los tres constituyesen una familia. —¿Qué cosa? —Lo que estamos haciendo ahora. Permítame. ¿verdad? Gandy miró a Willy y luego a ella. arrepentida de haberse ofrecido. —Llevó la palangana al fregadero y se detuvo frente a él. Lo soltó.. —Sería mejor que se afloje la corbata. ¿sabe? —comentó. Era la primera vez en su vida que tocaba el cuello de un hombre. y Gandy la barbilla. La barba era muy densa y negra. se la quitó y se quedó esperando. ella y sus infernales «secos» molestaban a tus clientes y trataban de hacerlos volver a las casas! Y ahora estás aquí. los ojos chocaron un instante y después se apartaron. y lo que hacíamos una hora atrás. también por primera vez. dejándote malcriar. Era tibio y suave. Casi siempre parecía necesitar una afeitada. Volcó el agua sucia en un cubo de residuos.. Las patillas le cosquillearon el dorso de la mano. —No exactamente. En dosis pequeñas. muchacho? Esta mujer te traerá dificultades. Gandy se dio la vuelta.99 - . —¿Lo haría? «No». .. cerró las puertas y llenó de nuevo la palangana.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Puedo quitársela con un poco de agua fría. preocupándose por la ropa de Gandy? Lo provocó el hecho de tener ahí al niño y al hombre.. claro. en un contacto áspero aunque agradable. con más municiones. ¡Hace una hora. que estaba delante de las puertas—. Tenía el aroma de tabaco pegado a la ropa. Le dio un tirón y la soltó con un dedo. —Ya volverá. —Ah. Levantó otra vez el rostro y enfrentó su mirada—. Agatha levantó las manos. con el mentón al aire. Miró hacia abajo. —Tengo sentimientos contradictorios al respecto.. —Yo también —admitió con suavidad. —Y no porque le haya limpiado el cuello sucio me pasé de su lado. Metió la punta de una toalla limpia detrás del cuello y lo mojó por delante con la mojada. ¿Qué diablos estás haciendo aquí. sintió que él estaba tan incómodo como ella. —Lo sé. —Y el botón del cuello.. ¿Qué trataba de demostrar. —Oh. Los de ella se apartaron. —Es extraño. y Gandy esperaba: —Espere que traiga un poco de agua limpia. Cuando se volvió hacia él con un paño húmedo. sin sacar la vista del techo. disculpe. resultaba muy agradable. Sería preferible que no llevara el argumento demasiado lejos. Bajaron las manos y también el mentón. Esto no lo decidimos nosotros.. Por extraño que pareciera. quiso responder Agatha. Pero la oferta estaba hecha.

y no sé si puedo detenerla. Oh. Willy masticaba. Le habló a Agatha en voz baja: —¿Qué piensa hacer con él? No puede tenerlo aquí. se rascaba la cabeza y balanceaba los pies cruzados. no eran aliados! Tampoco se podía negar que. Ése era el fuerte de Agatha. Agatha tenía algo en mente que necesitaba decir. En la estrecha. —Sí. Miró hacia la mesa. Dejó los paños mojados en el borde del fregadero y se puso de costado a él. tranquila y solitaria habitación. Pero se acercó al niño. —Se volvió. pero no es nuestro problema. Drusilla Wilson me obligó. —¿No? Los ojos se comunicaron por un lapso prolongado e intenso.100 - . Supuso que muchas mañanas lo haría cansada y malhumorada. mostrándole la expresión preocupada—. a Gandy. Ni estoy segura de que sea mi responsabilidad frenarla. pero. Me gustaría no tener que hacerlo.T. —Está bien.. Gandy.C. Pasaré por mi apartamento y me pondré una limpia. de pronto Gandy advirtió con cuánta claridad llegaban desde abajo los sonidos de la música y las voces. —Lo acompañaré a la casa. Ahí abajo está lleno y me necesitan. Está convirtiéndose en una fanática. Agatha y Gandy se miraban. Gandy bajó la mano. —¿Cree que servirá de algo? —No lo sé. Agatha sintió un fugaz pinchazo de arrepentimiento. —Y yo seguiré vendiendo whisky.. esta noche. —Lo sé. Estiró la mano y le oprimió el antebrazo.. ¿Se le ocurre una idea mejor? No se le ocurría. Más aún. —Quiero que sepa que me avergonzó lo que hizo Evelyn Sowers en la taberna. ni tampoco oírse a sí misma responder: —Y yo lamento lo de Evelyn Sowers. se habían hecho amigos. lamento lo del ruido. por misteriosos caminos. temprano. —Miró al chico. Yo no pedí ser presidenta de la U. —No pude quitarle toda la mancha de sangre. No era ningún cruzado. y se le entristeció el semblante—. comiendo tostadas. —Pienso pedirle al reverendo Clarksdale que hable con Alvis Collinson. no quería meterse en los problemas de Willy. con engaños.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Al responderle. mientras él y su banda dormían profundamente al otro lado de la pared. Agatha observó las sombras que proyectaba la lámpara en el cuello abierto de la camisa. No esperaba que dijera algo así. —¿Ya estás más o menos lleno? . Willy seguía sentado en la mesa. ¿Lo eran? ¡Sin duda. Eran enemigos.M. ya sabe. Gandy fue el primero en recobrarse: —Será mejor que vuelva. Se tocó y miró. Los dos tomaron conciencia al mismo tiempo y sonrieron. —Ya lo sé. Agatha abría la tienda a la mañana.. es tan pequeño para quedarse solo. —Escuche.

dejó a Willy en el suelo y se puso de cuclillas ante él—. Agatha esperaba que Gandy los dejara ahí y fuera a su apartamento.. —Dale las buenas noches al señor Gandy. —Llevaremos una para el camino. le dio a Willy otra tostada. Está bien —dijo. Willy dejó de masticar. como crece en la planta? —No. Agatha apretó los dedos en torno de la mano pequeña. manteniendo pacientemente el paso de Agatha. Gandy —dijo con suavidad. —Bueno. la mujer sintió que se le estrujaba el corazón y después. de verdad. Willy miró y sonrió. ahí tengo un poco. Me gusta estar aquí. ¿Alguna vez viste algodón. señor Gandy. el hombre alto de patillas negras los vio irse en la oscuridad. . cuyos ojos reflejaban el mismo pensamiento. Al llegar abajo. —Iré mañana. «Difícil».LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Resplandeciente. — Giró sobre los talones y lo señaló con el largo dedo índice—. Willy se volvió. sin soltarle la mano y lo saludó sobre el hombro: —Buenas noches. Ven a visitarme y te lo mostraré. Te diré una cosa. debe de estar preocupado por ti. Willy echó los brazos al cuello de Gandy y le dio un enorme abrazo. Agatha. y el rostro se le ensombreció. ahí arriba? Es mi oficina. Dejaron la lámpara encendida y salieron al rellano. tomados de la mano. un ramalazo de felicidad. vete a casa y duerme bien. —Buenas noches. Willy negó con la cabeza. Willy. —Buenas noches. Gandy levantó un dedo. Gandy rió e hizo girar al chico hacia Agatha. Un momento después estaba de regreso. Gandy se endureció. quiero decir. Habló con la boca llena de tostadas: —Pero no quiero irme a casa. uniéndolos. Al hacerlo. Con el entrecejo fruncido. Agatha! Se detuvo. En ese caso. —Desapareció en las sombras y entró por la puerta de atrás de la taberna. Así que Alvis Collinson aún estaba dentro. Agatha te acompañará a tu casa. en voz queda. mirando a Agatha. ¿Ves esa ventana. Willy en el medio. saliendo a la luz de la luna—.101 - . —¿En serio? —En serio. Ven a visitarme una tarde de estas. —Ahora. —Buenas noches. pensó. —Tal vez tu papá ya esté en casa. —Un minuto. tapó la lata y lo levantó de la mesa. Impulsivo. Willy volvió junto a Agatha y tomó sin vacilaciones la mano que le tendía.. pero lo que hizo fue agarrar al niño de las axilas: —¡Arriba! —Lo cargó escaleras abajo. Gandy tuvo una súbita ocurrencia: —¡Espere. Por instinto. de la mano.

Le pareció que llevaba el hedor de las sábanas pegado a la nariz en todo el trayecto hasta la casa. . mientras que yo daría mi cadera sana por tener uno como él.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR La casa de Collinson era un chiquero. —Lo harás. —Ahora estarás bien. —¿Te vas. Agatha se arrodilló junto a la cama y le apartó el cabello de la sien. El niño no respondió. Tuvo que contenerse para mantener los ojos secos. Los platos sucios con restos de comida en descomposición. Le asomaron lágrimas a las comisuras de los ojos. Había ropa sucia tirada por todas partes. y apretó los labios. Agatha? —Sí. Willy. ¿verdad?Willy tragó saliva y asintió. Se le resbaló una lágrima por la mejillla. Los luminosos ojos castaños le dijeron que la valentía estaba esfumándose. El piso estaba sucio y una estufa herrumbrada. no te olvides de pasar por mi tienda a saludarme. Tuvo que ignorar el estado de la cama en la que metió a Willy. sintiendo que el corazón le estallaba. por tratar a este niño hermoso como si no desearas que viviera. Debo hacerlo. Agatha se inclinó y lo besó. Alvis Collinson. Que tu alma arda en el infierno. Le tembló la barbilla. ahora que iba a dejarlo solo. viciaban el aire. —Cuando visites al señor Gandy.102 - .

. Los ojos del niño registraron con cuánto cuidado apartó cada pieza cortada. Agatha oía abrirse la puerta trasera y. el niño ya corría hacia la puerta. alzaba la vista a menudo y miraba por la puerta trasera. un momento después. para verlo en cuclillas. sin quitar el molde ni las piedras. Sin embargo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 8 En una semana. tenía pocos conocimientos básicos.103 - . Entró cinco minutos después. Miró en el balde y luego los moldes que faltaban. —Esto es un dedal. ¿ves? —¿Qué es esos? —Qué son esos —le corregía. —¡Yo iré! Antes de que la sonrisa se dibujara en el rostro de Agatha. él estaba junto a su codo preguntando: —¿Qué es eso? ¿Por qué haces eso? ¿Para qué es? La educación del pequeño había sido bastante descuidada. Se dio la vuelta.. —¿Qué vas a hacer con ellas? —Sujetar los moldes mientras corto alrededor. Willy.. cargando orgulloso el balde lleno de piedras sucias. cómo odio dejar de trabajar para salir a buscarlas. excavando con un palo. ese día estaba cortando el primero de los tres vestidos de cancán rojos y negros. Willy se convirtió en visitante habitual de la sombrerería. ¿ves? Desde que tenía la máquina de coser. se había suscrito al periódico de modas Ebenezer Butterick y encargó veinte moldes de papel tisú que entusiasmaron a sus clientes y ya le habían encargado varios vestidos para confeccionar. simples piedras. complacida por el modo en que los ojos se le iluminaban a cada cosa que aprendía. Miró en el balde. el trasero curvado casi en el suelo. Le respondía a todas las preguntas con paciencia. —¿Para qué sirve? —Para empujar la aguja. Oh. para luego responderle—: Piedras. Y si bien todo le despertaba curiosidad. el cabello pegado de un lado. —¿Eh? —Lleva el balde para juntarlas. Willy observaba con atención mientras Agatha cortaba la falda. Sacó las que quedaban y se lo dio. Eligió varias piedras de un balde de hojalata para hacer de pesas sobre el tisú. —Así es. anhelantes los ojos castaños. Con la barbilla en el borde de la alta mesa de trabajo. Mientras continuaba trabajando. —Vas a necesitar más piedras. el mentón en las rodillas. —Willy. —Fingió un ceño preocupado—. Agatha.

agregó con severidad—: Y procura lavarte las manos.. con una barra de zarzaparrilla. Dile que yo dije que lo ganaste. ¿eh? —Antes de entrar. Dice que te diga que lo ané. Sabiendo que raras veces recibía dulces. —Se rascó la cabeza con vigor. a los pies de la mujer. —Y lo hiciste muy bien.104 - . —No alcanzo. para que no ensucien la tela. —¿Quieres una chupada? Apuntó la barra en dirección a Agatha. orgulloso. —Mmmm. Salió afuera y regresó tras unos segundos. —La metió otra vez en la boca y. —¡Aquí están! ¡Lo hicí! —Lo hice —corrigió. donde había secado las piedras. Agatha examinó las piedras con grandes aspavientos. Chupándola. —Polvo de tiza. Agatha rió. Agatha imaginó los ojos brillantes de Willy siguiendo las manos de Violet que buscaba en el cajón del escritorio. y salió a ayudarlo. Es un trabajo pesado: no sé cómo hacíamos antes de que tú anduvieras por aquí. Estaba de regreso en menos de cinco minutos. un minuto después. Un momento después. Violet! Agatha dice que te pila un penique. Todas limpias. con las mejillas arreboladas como manzanas de otoño. y las sequé. la ropa sucia exhibía manchas húmedas. —Zarzaparrilla. Willy se puso radiante. preguntó—: ¿Qué es eso? Apuntó con un dedo regordete. ¿Y qué fue lo que hiciste para ganártelo? —Junté unas piedras y las lavé. pero lo depositó. y pídele a Violet un penique. Giró sobre los talones y se precipitó a través de la abertura de la cortina. —¿Qué es una pinza? —Una costura que une parte de la tela y le da forma al vestido. —Lo hice —repitió. Dios mío! Ve al frente. Mientras se agachaba para juntar agua del profundo barril de madera. y no tuvo corazón para rechazarlo. ¡y secas. —Ah. Se quejaba y resoplaba cargando el balde pesado. moviendo la barra de . como un loro. se oyó golpear la puerta del frente. Cuando volvió. —Tiene razón. comprendió el valor del ofrecimiento. al mismo tiempo.. —¿Qué es marcar? —Así se dice cuando señalo los sitios donde tengo que hacer una pinza. ocupó de nuevo su lugar junto a la mesa de trabajo. —¿Para qué sirve? —Para marcar.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Llévalas otra vez afuera y lávalas. más feliz de lo que recordaba haber estado nunca. —¡Eh. —¿En serio? —fue la respuesta de Violet—. comentó: —Tendremos que conseguir un pequeño taburete para que puedas subirte. excitada. Agatha sonrió al oír la voz aguda.

¿Tienes que hacer pasar la tiza por esos agujeros pequeños? —Exacto. Aunque Agatha habló con el reverendo Clarksdale. Las horas que pasaba ahí se convirtieron en las más luminosas del día tanto para ella como para él.105 - . «La Fe de Nuestros Padres». Willy se rascó la cabeza y masticó lo que le quedaba de la zarzaparrilla. Pero el resto de su persona todavía era una mugre. La noche en que Agatha se instaló en la puerta y leyó en voz alta trozos de «Diez noches en una taberna».T. Y seguro que no. continuaba la tarea en la U. como las agujas del reloj. pero pocos de los clientes de Gandy. menos en aquellos que incluyesen a Evelyn Sowers. —¿Ves? —le dijo al niño. a cambio de cada panfleto que se entregara en el bar. Cuando las damas. clericó de jerez.M. Usaba la misma ropa todos los días. en la Gilded Cage. de inmediato. Era lo bastante innovador para no perder ninguno. Se rascaba la cabeza sin cesar. —¿Alguna vez me dejarás probar a mí? —Hoy no. Cuando dirigió a las señoras en la canción: «Los labios que toquen el whisky no tocarán los míos». acusadora. cada uno de los cuales tenía un significado. le hizo una seña a Ivory que. Sin embargo. colgó un cartel que ofrecía palomitas de maíz gratis. Enrolló la pieza del molde y sacudió la tiza sobrante en el frasco de vidrio. las marcas sucias que dejaron los dedos del chico. Estableció una rutina de visitar cuatro tabernas cada noche. Espolvoreó con cuidado el fino polvo de tiza sobre ellos y lo frotó antes de quitar el molde. la atención que a Willy le faltaba en la casa la encontraba en el taller de Agatha. Gandy. conducidas por Agatha.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR zarzaparrilla en la lengua como si fuese el émbolo en una mantequera. si no te lavas esas manos pegajosas. Las únicas marcas en el papel fino eran agujeros de diferentes tamaños. Se hizo el propósito de participar en cualquier grupo. ¡Y mira el borde de la mesa! Observó. Alvis Collinson no atendía al hijo mejor que antes. suponía. Despedía un olor terrible. Por las noches. El trabajo se había vuelto entretenido. mint julep. dejando una serie de puntos blancos claramente marcados. dirigió a toda su clientela en la versión más vehemente que . timber doodles y blazer azul. La noche que ella distribuyó panfletos titulados: «Ayudemos al vaquero libertino del Oeste». sangría. terminando. puso una lista de las bebidas más nuevas que se podían adquirir en la Gilded Cage: brebajes con nombres misteriosos como ponche de ginebra. —¡Jesús! —¿No es increíble? También ella estaba aún maravillada por los moldes nuevos y la máquina de coser. A partir de ese día. de pie detrás de la barra. A medida que pasaba el tiempo. comenzó a presentarse con las manos más limpias. entró con el acompañamiento al piano. él ofreció un vale por un baño gratis en Cowboy's Rest. Observaba con atención las manos de Agatha—. cantaron el clásico cristiano.C. no sirvió de nada. más hombres firmaban el compromiso de abstinencia.

—Quiero mi vale para un baño gratis. Los hoyuelos. ¡dentro o fuera de la iglesia! Cuando el «Amén» se perdió. dale a la dama un vale para el baño. señorita Downing. Tenía el Stetson bajo. Creo que el aviso dice un panfleto por un vale. esa noche. este levantó una fuente del bar: . Asintió. señorita Downing. —Oh. —Gracias. Ni ella ni Gandy tenían el menor inconveniente para enfrentarse con la más absoluta amabilidad mientras intercambiaban desafíos..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Proffitt escuchó jamás. Pero Agatha había llegado a disfrutar del intento de superarlo. Sonó la registradora y Jack Hogg le entregó un redondel de madera. Gandy anunció que. Agatha le entregó una copia de «Ayudemos al Vaquero Libertino del Oeste». —Aquí tiene. Una noche. —Creo que la mejor hora para ir al Rest es a la mañana temprano. Al pasar junto a Gandy. Si no estoy yo. no cabía duda de que era innovador. se sacó el cigarro y amplió la sonrisa. Levantó el sombrero y sonrió. El chaleco color jengibre estaba inmaculado. Agatha ya no pensó en la mitad lívida de la cara sino en lo apuesto que sería antes de tener las cicatrices. le sonrió a Agatha y anunció: —¡Sardinas gratis en el bar! ¡Vengan todos a buscarlas! Cuando Agatha pasó el tazón de la colecta pidiendo donaciones para el movimiento. intactos. de espaldas a la barra. El hombre tomó el panfleto y lo hojeó: —No pretenderá que lo lea. Se le puso el cuello rojo: en el Estado de Kansas ninguna mujer decente se dejaría sorprender en un lugar como el Cowboy's Rest. ¿qué la trae tan temprano por aquí. con formalidad. Fumaba el cigarro sin tocarlo con los dedos. y ordenó. —Como prefiera. con los codos apoyados. Tengo una camisa rota bajo el brazo que necesitaría unas puntadas de su máquina. por favor —repitió. Scott miró el panfleto. y la miraba acercarse. Pero contestó con gentileza: —Lo tendré en cuenta. la mujer entró en el Gilded Cage y se encaminó directamente a la barra. lo atenderá la señorita Parsons. Se dio la vuelta para marcharse. señor Gandy. antes de que los vaqueros se levanten. señorita Downing? Siempre la llamaba «señorita Downing» cuando había otros cerca. —Por cierto.. —Bueno. —Llévela cuando quiera. señor Gandy. sobre el hombro: —Jack. —Debo suponer que habla en serio. la bolsa del keno se duplicaría.106 - . Gandy adoptó la pose de antes. —Se volvió hacia Jack—. los codos apoyados en la superficie lustrosa. Mi vale. Gandy estaba en la parte más cercana. extendiendo la palma. antes de que se reunieran los parroquianos de Gandy y las luchadoras de Agatha. señor Hogg. —Lo haré. Sí.

Agatha hizo un gran esfuerzo para no mirarla fijo. charlando y riendo. ¿Qué se le ocurrirá a continuación. —¿Qué pasa? ¿No le gustan las sardinas? —¡Qué vergüenza. no lo harás. señorita Downing? Miró la fuente. Pearl y Ruby fueron a probarse los vestidos. —Y palomitas de maíz. pero para un buen fin. Entraron por la puerta trasera con su estilo lánguido. ¿Y usted? Agatha no rió. que les da a los clientes pescados salados como los siete mares? —Ni la más mínima. pero sí una exquisitez. señor Gandy? —No sé. Pero requirió un gran control de sí misma para no hacerlo. se estremeció con violencia y cerró los ojos. gracias. con las batas puestas. pero tomó una de la fuente. —Tal vez lo sea. Paró. Las tres rieron y entraron en la tienda. —La semana que viene traeré ostras frescas. y se la metió en la boca sin vacilar.C. La de Jubilee. que deben de ser iguales. —Espiaré por debajo de la puerta y os veré bailar con ellos puestos.107 - . Hola Violet. El diez por ciento de todo lo que gane con el señor Gandy será para la causa. pero no discutió más. Me gustaría.M. púrpura.T y decirles que estaba haciendo un trabajo para el señor Gandy y sus empleadas. —¿Os probasteis los vestidos nuevos de baile? Ruby pellizcó la nariz de Willy: —Seguro. —Hola. Jubilee. La boca de Evelyn siguió torcida en gesto amargo. Odiaba el pescado. Masticó otra vez y tragó. la de Ruby. La mujer se lamió el aceite de los dedos—. Agatha. Estoy quedándome sin ideas. Willy se apartó de Agatha y corrió hacia ellas. Cómo estás. jovencito. —Supongo que lo llamará libre empresa. verde turquesa. señor Gandy. señor Gandy! ¿Acaso no tiene conciencia. el hombre dejó el plato. ¿Quiere otra? Agatha miró con recelo la fila de pescados resbaladizos. Masticó. La de Pearl era rosada. Agatha decidió que era mejor ser franca con las compañeras de la U. no. —Claro. Con gesto cariñoso. No son tan saladas. Jubilee lo tomó del hombro y lo hizo girar: —Oh. —Levantó una ceja y alzó la fuente—.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Quiere una sardina. . —Riendo. Como saben. —La expresión era totalmente amistosa y triunfal—. nuestros cofres están bastante vacíos. Willy. Evelyn Sowers se crispó y resopló: —¡Haciendo tratos con el enemigo! Agatha esperaba eso. luego a él: los hoyuelos proclamaban que esperaba que rechazara.

Pearl comprobó si Willy la escuchaba. y qué atractivos se veían los tobillos femeninos con ellos. lo haré. con la nariz como una zanahoria! —Ése. Verlos era casi tan divertido como usarlos. Ya lo creo que me ayudó.. Nunca pudo usar zapatos de tacón alto. Sonrió y movió la cabeza. —¿Cómo sabes que no? —Porque iré corriendo a contárselo a Scotty y a Agatha. confiado: —No. El chico alzó los ojos hacia ella: —He ayudado a Agatha a hacer vuestros vestidos. Ruby apoyó un puño en la cadera en una pose de falsa suspicacia: —¡Bueno. se volvió hacia ella. Lo eran. A petición de Agatha. Pearl revolvió el cabello de Willy. Agatha no pudo evitar envidiar a las muchachas cuando se los pusieron y exhibieron sus cinturas de avispa que realzaban los corsés con ballenas en forma de cucharas en el frente. flaco. y ellos no te dejarán. hace tanto calor que tienen que sumergir en baldes con agua los frenos de los caballos para que no les quemen la lengua. —¿No es cierto? —lo corrigió—. Más aún sobre esos cuerpos exquisitos. esperando su turno. ¿qué opináis del viejo Cuatro Dedos Thompson. cuando están en camino..108 - . que asegura que. Más risas. Jubilee y Ruby estaban de pie sobre la mesa de trabajo mientras Agatha y Violet marcaban los ruedos con tiza. Willy no se sintió amenazado.. cuando se queda sin .. imagina eso! —Y Agatha dice que me conseguirá un taburete para que yo pueda ver sobre la mesa y para que alcance hasta el barril de agua. Con el rabillo del ojo. Yo. Pone los pesos sobre los moldes que yo pongo sobre las telas. Pero. Willy Collinson? —Eso dice Agatha. te escaldaré el trasero. —Si te pesco. a veces. ¿eh. Jube se inclinó y apoyó la frente contra la de Willy: —Bonito bribón estás hecho tú. Violet agregó: —Y ayuda a que los frunces no se ricen mientras Agatha y yo los formamos. Agatha se puso a la tarea: —Los vestidos están listos para probar. Agatha? Excitado. —¿Vosotras lo creéis? —Mmm. las tres tenían puestas botas de tacón alto. no. para poder ajustar bien los ruedos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Sí. —Los trajo y los colgó de una barra alta—. —¡No me digas! —¿No'e cierto. Quedarán deslumbrantes. Todos rieron.. Pearl. Pearl haraganeaba en una silla. Con los brazos en jarras. —Rüby adoptó aire pensativo—. —¡Ese alto. —¿Qué pasa con él? —Quiso hacerme creer que. —¿Conocen a ese vaquero llamado Slim McCord? —preguntó Jubilee.

—Bueno.109 - . Willy? Negó con la cabeza. a las cuatro y cuarto. —Soy yo. A Agatha le encantaba tenerlos en la tienda. de pronto. pues debería. —Pa no me hace —lo corrigió. y se rascó la axila. lame el sudor del caballo en la montura? Fascinado. y se apresuró a agregar—: Bueno. Willy no se perdía palabra. y Willy se abalanzó alegremente sobre el regazo de Pearl. Doblado por la cintura. Willy saltó como si. —¡Odio los baños! —afirmó Willy. Dejó el gusano en el suelo y se rascó la cabeza. enfático. y podrás tomarlo gratis. —Tengo que ir a ver cómo cargan las vacas en los vagones de ganado. según Duffield. puedes esperar mal tiempo. en el Cowboy's Rest. Entró y lo vio de cuclillas frente a la caja de seguridad. esta tarde. y se rascaba el cuello. Las chicas siempre llevaban consigo un aire de festividad y. —¡Ah. Tengo un vale. —Pase. Pearl! La muchacha le revolvió el pelo y sonrió. Se escapó. se interesaban por Willy. y se rascó. queda derecha. —Pearl hizo una pausa dramática. observaba al insecto arrastrarse por su bota. y cuando sopla viento calmo. Se enderezó y lo vio arrastrarse de un dedo índice al otro. y miró de soslayo a Willy—. —Sin embargo. Violet. contando un fajo de billetes. Willy? Giró sobre el trasero. Agatha llamó a la puerta de la oficina de Gandy. clavas una cadena en la punta de un poste. El viejo Duffield me preguntó: «¿Sabes cómo averiguar cuándo se levanta viento en Texas?». yo creo que lo necesitas. todo pareció muy aburrido. Adiós. ¿Sabes cómo. para entonces. Hasta luego. —¡Escuchad esto! —exclamó Pearl—. Agatha. . Se puso el gusano en la rodilla y se rascó la ingle. Cuando el último eslabón se suelta. Se puso de pie de inmediato. junto con los otros empleados de la Gilded Cage. —¿Por qué no? —Pa nunca no me hace bañarme. Esa tarde. —¡Un baño! ¡No me daré ningún baño! Agatha y Violet intercambiaron miradas severas. No tienes más que dárselo al señor Kendall. Cuando terminó la prueba y se marcharon. estabas burlándote de mi. Todos rieron. El baño es importante. además.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR sal en la carreta. Willy estaba sentado en el umbral de la puerta trasera jugando con un gusano verde y rascándose. —Creí que estaría probándoles los vestidos a las chicas. trepaba por el marco de la puerta. —¿Te gustaría darte un baño. hubiese recordado algo. sin acordarse del gusano que. —Ya terminamos.

—¿A usted también? —Sí. —Bueno. Como para demostrarlo. destapó el frasco. Había sacado el cigarro por la mitad cuando se dio cuenta de lo que hacía y lo guardó otra vez. —Es un ángel. ¿Cuánto tiempo hacía que no disfrutaba de una barrita de orozuz? —Gracias. Vio que miraba las barras de orozuz y se apresuró a explicar: —No sólo son para él: a mí también me gustan. al comprender la renuencia del hombre a que lo sorprendieran demasiado encariñado con el muchacho. Gandy dio otro mordisco al dulce. pero la boca se le hacía agua. ese Willy es un personaje. arrojó la pila de billetes al escritorio. —Se trata de Willy. Alzó la vista y puso el vale de madera sobre el escritorio. Agatha sonrió. mordió el dulce y se sentó otra vez. —Hizo una pausa elocuente—. —No soy la madre. masticando. siéntese. —Mándelo allá. —No. —Ah. Todos los días. . —Ordéneselo. —¿Willy? —Hiede. distraída.. salvo un alto frasco de vidrio con barras negras de orozuz en un rincón del escritorio. y luego miró fijo a Agatha. —Quisiera cambiarle esto. ¿no es cierto? Los ojos de Agatha siguieron el recorrido de los de Gandy. en la giratoria y. metió la mano en el bolsillo del chaleco. se sirvió una barrita y le ofreció: —Tome una. la blanda barra pegajosa en los dedos. que antes no estaba. Reaparecieron los hoyuelos y una sonrisa burlona: —Me temo que tendrá que ir al Cowboy's Rest para eso.110 - . me imagino. Gandy tapó el frasco. Cuando le sugerí que fuera solo. salió corriendo a ver cómo cargaban el ganado. Todo parecía igual. señor Gandy. —¿Hay algún problema? Con gesto despreocupado. y los ojos se posaron en el frasco. En los labios del hombre jugueteó una sonrisa torcida.. ¿De qué se trata? Se sentó en el borde de una silla de roble. Tenía la negativa en la punta de la lengua. Gandy asintió y rió.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Cuándo estarán listos? —En uno o dos días. —Para Willy —explicó. Agatha mordisqueó la propia y observó. —Sí. Y necesita más un baño que cualquier otro ser humano que yo haya conocido. cosa bastante obvia. con los vestidos no. Gandy. Ahuecó las manos y apoyó el mentón en ellas. sin pensarlo. ni su padre. Gandy le lanzó una mirada fugaz al redondel de madera. —No quiere ir. Aquí no damos baños. Willy dice que el padre no lo hace bañarse. Creo que ha estado visitándolo con regularidad.

se puso ceñudo y dirigió la mirada hacia un rincón del techo y maldijo en voz baja. exasperado. —Espere un minuto.111 - . —Entonces.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Y qué quiere que haga? —Willy iría con usted. —Dejé el vale para pagar el baño. Podría llegar a convertirse en una molestia espantosa. —¿A quién no? Teníamos perros y gatos cuando yo era niño. —No me molesta que venga de vez en cuando. pero no es apropiado. Agatha prosiguió. ¿tuvo piojos alguna vez? —Claro que no. sabe que estar infestado de picaduras no es lo más agradable del mundo. —¡Piojos! Apabullado. ¿no? Dio otro recatado mordisco al orozuz. entonces? Tenía el poder de hacerlo contestar lo que no quería. Agatha —le aconsejó. serena: —Yo lo llevaría. Si necesita un baño.. Yo me ocuparé de eso.. ¿No lo ha notado? —Yo. Las moscas pican y se van. Gandy tiró el suyo sobre el escritorio. —¿Lo picó una mosca. Yo tampoco soy el padre del chico. en gesto de rendición—. usted va bastante a menudo. Se mueven constantemente sobre la persona. ¿no es cierto? Gandy adoptó una expresión colérica. sin rodeos: —Tiene piojos.. —¡Jesús! —farfulló. Las mujeres no vamos a los baños públicos. Agatha se sacudió una pelusa inexistente de la falda y dijo. y alzó las manos. —Se rasca sin cesar. Gandy miró a Agatha.. se dio la vuelta y la señaló con la barra de dulce ablandada—. —Señor Gandy. Agatha habló sin alterarse: —Eso sería lo mejor. —¡Está bien! ¡Está bien! —Cerró los ojos con fuerza. ¡Maldita mujer! ¿Por qué no lo dejaba en paz? Gandy comenzó a pasearse y a mesarse el cabello. —¿Por qué tengo que hacerlo yo? —preguntó. ¡Lo haré! Abrió los ojos. —Gandy se levantó de la silla y se alejó de Agatha lo más que pudo. No conviene que se encariñe conmigo. Y tampoco voy a quedarme siempre en este pueblo. usted lo sabe. cerca de la ventana. —Adora el suelo que usted pisa. pero no pienso atender a ese golfo y llevarlo a todos lados como si fuese mío. —¡Conmigo! Gandy alzó las cejas. habrá que frotarle la cabeza con queroseno. —Tenía un aspecto ridículo en el . sarcástico. disgustado. En el rincón. —Y la ropa necesita una lavada. que se lo dé Collinson. Los piojos se quedan y chupan. De todos modos. —No se mate. Agatha sonrió: —Antes.

Esa maldita empezaba a perturbarlo. Willy proyectó hacia fuera el labio inferior. lo atacó un deseo caprichoso de reír. y el hombre alto y fornido oliendo a cigarro. como un ojo de un mapache. manipula mi conciencia y luego se ríe de mí! —¿Qué le parece tan divertido? Sin dejar de reír. —Me engañaste. era la ideal para ella. En una esquina. —Agatha. El delgado muchachito. junto a los fajos de billetes—. Gandy. no es para tanto. y trató de parecer duro. sin duda. Hacía años que no comía una. Cuando la cola del polisón desapareció. se limpió el orozuz de la boca. arreglado con arte. en cierto modo. Ten cuidado. y una pila de ropa limpia. la piel sin defectos. Willy. ¡Maldita entrometida! Viene aquí. —Bueno. nunca se había fijado mucho en polisones pero. muchacho. ¿cómo iba a ganar? —Es la suerte. la arrebatadora opacidad de los ojos verdes. Gandy. —¡Bah! La ganó el humor. —Se levantó—. no perdieron un ápice de atractivo. dos toallones turcos. con agua caliente que los esperaban. desnúdate. Agatha le sugirió sobre el hombro: —Limpíese la boca. Y creo que Agatha te explicó que no digas más «juegado». estaban en un cuarto que olía a madera húmeda. a Agatha le daban un aspecto elegante. Enfadado. Gandy puso el pan de jabón en el . Perdiste limpiamente una partida de póquer de cuatro naipes.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR escritorio. Los labios contraídos de Gandy estaban rodeados de un anillo negro. se precipitó a su apartamento y se miró en el espejo que había sobre el lavatorio. En el medio del suelo de madera mojada había dos bañeras. Hasta entonces. el brillo sorprendente del cabello caoba rojizo. Repasó uno por uno los atributos físicos: la boca atractiva. y Willy aún no había levantado un dedo para desvestirse. halagadora. Bueno. Se crispó. en una silla de respaldo arqueado. Sólo que en esa mano estaba conmigo. Se observó a sí mismo en el espejo. los altos polisones.. ¿lo sabía? Le miró la boca y rompió en carcajadas. El chaleco de Gandy fue a unirse a la chaqueta. la línea decidida de la barbilla.112 - . —Pero si nunca había juegado. la vestimenta. Pero un instante después. también de madera. un tazón de jabón amarillo suave de lejía. Gracias por la barra de orozuz. y sonrió. Los ojos negros. con esos perturbadores ojos verde claro. El hombre contrajo los puños.. Estaba deliciosa. usted es una condenada fastidiosa. muchacho. con esa expresión furiosa. —No. ¿Qué esperas? Gandy se sacó la chaqueta y la dejó sobre el respaldo de la silla. Se sacó fuera del pantalón los faldones de la camisa sin desabotonarla. —Vamos. siempre formal e impecablemente cortada que. Imagine que el queroseno es esa porquería que usted vende allá abajo. Pensó en silencio unos momentos. y no es de ésas con las que se puede jugar. podrías enamorarte de esa mujer. oliendo a queroseno.

Las botas mismas parecían listas para la basura desde un mes atrás. como cerillas. Está demasiado apretado.. Cuando se las sacó. ya hace casi una hora que no fumo.. se desnudaron. y para evitarlo. Cuando terminaron se miraron cara a cara. Willy se sentó en el suelo y comenzó a sacarse las botas que tenían las puntas curvadas. por lo menos como una mofeta. como una marimba. —No puedo. en gesto de fastidio. Uno al lado del otro.. Las piernas del niño. Las costillas de Willy. Era la segunda vez que Gandy tenía a Willy en sus brazos. el de Gandy. no. La barbilla aplastada. le derritió el corazón. hueles como la guarida de un jabalí salvaje! Willy rió con disimulo. dio otro golpe a Gandy que lo hizo perder el equilibrio. El cabello revuelto le daba la apariencia de una vieja gallina rubia que hubiese recibido demasiados picotazos de las compañeras. escondiendo la barbilla en el pecho y tratando de cubrirse la boca con la muñeca. Después. Aun oliendo a queroseno y a pies sucios. —No —farfulló. el torso de Gandy. las del hombre largas. desátalo. —No me importa. Willy hacia arriba El pene de Willy era como una diminuta bellota rosada. la carcajada de Willy escapó antes de que pudiese ahogarla. duras. —Pues. Gandy hacia abajo. No cabía duda de que Willy tenía un nudo. Alzó la cabeza y dio un empellón con todo el cuerpo contra el pecho de Gandy. junto al chico: —Déjame ver. muchacho. será mejor que te metas en esa bañera y te quites el queroseno. Gandy se apoyó en una rodilla. Gandy le dirigió una sonrisa afectada. y si no quieres salir volando como fuegos artificiales. en este mismo momento! Esta vez. Sin otra prenda puesta que el enterizo hasta la rodilla. Refunfuñó sin levantar la vista. El labio inferior del chico tenía dos veces el largo habitual. Con las caras a escasos milímetros de distancia. La cabeza me arde. estiró un puño a ciegas y lo golpeó en la rodilla. —Al semblante de Willy volvió la expresión angelical—. no tenía otra cosa: los cordones de las botas eran una serie de nudos. —¡Tampoco! —¡Uff! ¡Me quitas el aliento! Si no eres tú. Haciendo pucheros.. llena de hoyuelos: —¡Jesús. como .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR suelo y se sentó para sacarse las botas. me hiciste trampa. me parece que vi a cuatro mofetas hembras arrastrándose hacia la puerta.113 - . Otro golpe. —Teno un nudo. ¿quién puede ser? A Willy le dolía la cara de contener la risa. —Bueno. Gandy lo miró por el rabillo del ojo y rió para sus adentros. Scotty. —¡Por el amor de Dios. En verdad. entonces. Igual. salpicadas de áspero vello negro. Gandy rió y le preguntó: —¿Ya estás listo para meterte en el agua? —Si no hay más remedio. —Muchacho. el olor estuvo a punto de voltear a Gandy.

muchacho.. El mismo Gandy tembló.. piel de gallina y suciedad». ¿me pareceré a ti? —Es probable. Scotty —se oyó. ¿me oíste? —Lo haré —repuso el niño. Tomó un puñado de jabón. puro piel y huesos. —Eres divertido. . ¿dónde escuchaste semejante palabra? —A Ruby. se parecían mucho. también detrás. —¿Ruby? ¿Qué dice? —Dijo que le gustaban los hombres con grandes garrotes. —¿Y si me quedo surdo? N'os bueno que se te meta agua en las orejas. Willy los levantó: —Cuando sea mayor. —¿Tendré un gran garrote? Gandy rió. y como es mi amiga.114 - . pero un elogio tan insignificante de parte de un pequeño lo hizo profundamente feliz. echándose hacia atrás con las manos en las caderas. con los codos hacia el techo. El trasero. si la habría bañado en caso de estar viva. —Willy. Se enjabonó y se enjuagó. para mostrarle al niño cómo se daba un buen baño. —¡Date prisa! —Estoy haciéndolo. de un castaño intenso y largas pestañas. —Se apoyó en una rodilla. ya pasó. Cada una de las vértebras sobresalía como un guijarro en una orilla de la que el agua se retiró. Willy se arrodilló.. Gandy. ¿qué es lo que te crece aquí dentro? Ya es hora de cosechar. pero tendría que haber traído una pala. Ahora. Dobló hacia atrás una oreja de Willy y escudriñó dentro: —Muchacho. Olvídalo. por Dios! «¡Qué facha!. Pensó en su propia hija.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR un saco repleto de avena.. Cuando el cabello quedó limpio. vamos. La cabeza primero. sonrió. siguiendo las indicaciones. en sordina. Miró sonriente la cara que estaba a la altura de su ombligo. cuando metió sus largos miembros en una de las bañeras.. alzó los brazos y curvó los hombros. hizo que se llevaran el agua sucia y trajeran otra limpia. Era extraño. —pensó el hombre—. Los ojos de los dos. quiero gustarle. junto a la bañera—. ¿no crees? Willy gorgoteó. Las manos anchas de Gandy parecían tan oscuras en contraste con la palidez de Willy. apoyó el codo en la rodilla levantada y se dispuso a la tarea. —Métete para calentarte. El chico rió otra vez. mientras Willy se sentaba a lo indio en la otra. toma un baño al menos una vez por semana. Gandy tocó la nariz del niño. se acomodó entre los tobillos mugrientos.. Hubo algo de honda satisfacción en frotar la pequeña cabeza. los antebrazos tan poderosos junto al cuello flaco. disgustado. agradecido. —Si quieres agradar a las damas. de nalgas tan diminutas como hogazas de pan sin leudar. ¡Y el pelo. se aferró al borde de la bañera y se inclinó sobre ella. —Escarba bien esas orejas. —Y no sólo dentro.

con los míos. pero en su caso estaba atemperada por una firme convicción de que el ser humano tenía derecho de vivir como mejor le pareciera. —¿Quién es Gussie? —Agatha.. —¿Gussie? Las manos de Gandy... y dice que yo tamién puedo llamarla así. —Gandy indicó con la cabeza al costado—. los brazos en el borde de la bañera. repartía panfletos y pedía firmas para un compromiso de abstinencia. Claro. Lo encendió. pero. Gandy sólo oyó trozos de lo que Agatha había dicho. El chico estaba doblado hacia adelante. Dice que cuando era pequeña la mamá siempre la llamaba Gussie.. le parecía admirable. admitía que Gandy tenía todo el derecho de hacer su negocio. Ahí en la silla. y disfrutaba cada minuto del baño. Cuando lo pensaba. y holgazaneó contento. echándose distraídamente agua sobre el pecho. Bueno. —Eso es lo que dice Gussie. —¿En serio? —Pantalones y camisa. cantaba. y pensó en ella. —¡Jesús.. No me dijo nada. ¿Gussie? Se respaldó en la bañera. se secó los dedos y sacó un cigarro del bolsillo del chaleco. Gussie. Y el niño. —Creo que quería darte una sorpresa. —Agatha te hizo unos trapos nuevos. Dejó las manos quietas. con las rodillas emergiendo como montañas. —Está bien. se detuvieron. en ocasiones la sorprendía observándolas como si le parecieran las criaturas más maravillosas de la tierra. —Sí. por un lado. y le chorreó el agua por el mentón—. . Aunque fingía que no lo estaba. Moralista hasta la exageración. por otro. Era muy buena con él. —Sí.115 - . Había llegado a esperar impaciente la aparición de Agatha. sacó un brazo largo. Era una pena que no hubiese tenido hijos. ya? —¿Estás seguro de que te frotaste hasta quedar limpio? Willy alzó los codos y revisó fugazmente cada axila. Los habría criado mucho mejor que un réprobo como Collinson. y tratando de adaptar el sobrenombre al rostro.. La cabeza de Willy emergió de golpe. los ojos dilatados de escepticismo. con la barbilla y los labios bajo la superficie del agua. todas las noches. me revisó las orejas y.. Sí. Estaba fascinada por Jubilee y las chicas. claro que hacía la campaña junto con las demás.. Una mujer poco común.. que frotaban el pecho. Los ojos de Willy no se apartaban de la silla y se puso de pie: —¿Puedo salir. igual que los demás propietarios de tabernas del pueblo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Te aseguro que no quedarás surdo.. Sonrió. Lanzó una nube de humo hacia el techo.! —Willy se transfiguró al ver la pila de ropa plegada. Tenía un modo divertido de desafiarlo en lo que se refería a la templanza. Echó una mirada a Willy y rió entre dientes. pero con un respeto subyacente hacia todo aquel que se ganara primero el respeto de ella. Se puso a pensar en otra de las dicotomías de Agatha. en el Gilded Cage. Gussie me revisó las orejas y dijo que.

no veía otra cosa que la ropa nueva que lo aguardaba en la silla. —¡Vamos. Cuando terminó. Estaba hecha de zaraza rayada y las mangas eran demasiado largas. La puerta del frente de Agatha estaba abierta. ve..116 - . —Está bien. Willy ni pensó en la ropa interior. Afuera. Dividió el limpio pelo rubio con cuidado y lo acomodó en un arco perfecto sobre la frente. Scotty. —Primero. la tiró en un charco y se fue en busca de la ropa. —Luces muy elegante. tengo que ir a enseñárselo a Gussie! —No tan rápido. El chico dio unas pasadas rápidas a su cuerpo con la toalla enrollada.. La camisa cerraba por delante con botones de nácar. Los botones impedían que los puños resbalaran por las manos pequeñas de Willy. —Átame. —Sí. me reconocerá. metió lo que sobraba para adentro. Gandy tomó las toallas. ¡Eh. impaciente. ¿Y los zapatos? —Ah. maravillado pero. lo sujetó de los brazos para inspeccionarlo. Los pantalones eran de muselina azul. le arrojó una a Willy y se levantó para usar la otra.. Si no hubiese sido así. al parecer. Ven aquí. Pero. —¿No son preciosos? —Se miró.. Apoyó las nalgas en el borde de la silla y se metió. Espera un minuto. muchacho. y lo sujetó de las caderas. las axilas. Agatha les había pasado un cordón por la cintura para ajustarlos. de pronto. Willy podría haber roto la . con el niño entre las rodillas. Gandy se sentó en la silla de respaldo curvo con un Willy impaciente entre los muslos. —Yo sí. —Date prisa. —Agatha no te reconocerá. métete la camisa dentro y después lo ataremos. Una vez vestido. se soltó de las manos de Gandy—. las orejas. Gandy se puso su propia toalla en el hombro y se acuclilló. Mientras Gandy lo zamarreaba para un lado y para otro secándole la espalda. el muchacho estiraba el cuello hacia la silla como si su cabeza estuviese montada sobre un resorte. Ató el cordón. el hombre tuvo que alargar los pasos para mantenerse junto al chico. Scotty. El día era sereno. con una palmada en el trasero. —Eh. pero espérame.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Un trasero resplandeciente apuntó hacia Gandy y dos talones mojados resonaron sobre el suelo. Sonrió al ver cómo temblaba y se acurrucaba. El chico se apretó la camisa contra el cuerpo con las manos. eso. Willy se tiró al suelo y se puso las botas en los pies desnudos: no había llevado calcetines. apresúrate! Gandy rió para sí y se apresuró. Gandy sonrió y lo soltó. en los pantalones nuevos. no tan rápido. ¡suéltame! —De acuerdo. Willy tironeó y fue hasta Gandy mirándose el vientre. —¿No te parece que tendríamos que peinarte? —Yo no traje peine. Gandy sonrió con disimulo y obedeció. muchacho. lo peinó hacia atrás encima de las orejas y en una pequeña cola en la nuca. Todavía estás chorreando. —Abotóname.

Tampoco huele a jabón.. Convencido. Los ojos castaños de Gandy se posaron en los verde claro. Los de él tenían una expresión que oscilaba entre la broma y la caricia. oliendo a jabón.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR ventana y sacado la puerta de quicio.. ¡y me encantan. Gussie! ¿Dónde estás? Corrió a través de la cortina lavanda cuando Agatha exclamó: —¡Aquí atrás! Gandy lo siguió a tiempo para ver a Willy de pie junto a la silla de Agatha. . Gussie. la habría hecho hace mucho tiempo! —Y me limpié muy bien las orejas. los dos adultos se sintieron embarazados. se palmeó el pecho. De pronto. el niño se dio la vuelta y le hizo un saludo rápido con la mano. luego. —Scotty y yo. junto con ella más había hecho para que esa pequeña alma abandonada se sintiera más feliz y cuidada que nunca en su vida. Agatha los vio alejarse de la mano.. estaba el hombre que. Gracias. Asintió y le apretó los dedos con tanta fuerza que le rebotó en el corazón. lo tomó de la mano y tironeó de él—. mirando.117 - . —Necesita calcetines y ropa interior nueva. Pensé en ir con él a la tienda de Harlorhan y comprársela. incapaz de expresar en palabras lo que le desbordaba el corazón. pero yo no podía abotonarme y él me ayudó. encima de la cabeza de Willy. Gussie! Se le arrojó encima y la abrazó con fervor. Nunca se había sentido tan parecida a una esposa y madre. y negó con la cabeza —. —Sí. el pecho hinchado mientras se inspeccionaba a sí mismo y alardeaba: —¡Mírame. de pie junto a ella. El único Willy que conozco es Willy Collinson.. y la mujer rió y se sonrojó de felicidad. con los labios. Scott Gandy la tomó. pero él no está tan radiante como tú. ¿Ves? —Corrió junto a Gandy. las palabras del chico se atropellaron unas a otras. —Ta'. Willy. se separaba del cuerpo pequeño y delgado en picos almidonados. Gussie. Gandy le soltó la mano y retrocedió. Cerca. ¿No' cierto? Agatha levantó la vista hacia Scott Gandy. ta 'luego. Extendió una mano. bueno. —¡Válgame Dios! ¿A quién tenemos aquí? —Soy yo. con amplitud para que creciera. Gussie. Sintió el corazón colmado. como dijo Scotty. dijo en silencio. Junto a las cortinas.. nosotros nos bañamos y nos lavamos el pelo y el me trujió mi ropa nueva que tú me hiciste y me ató el cordón y. la sostuvo sin apretarla y le sonrió. —¡Eh. —¡Dios mío.. y me restregué todo y él me peinó el cabello... Gussie! ¿No'stoy lindo? Agatha dio una palmada y juntó las manos bajo el mentón. —¿Willy? —Lo observó con expresión de duda. Gandy permaneció en la entrada. la camisa. Casi sin aliento. El niño se apoyaba en su rodilla y la acariciaba. Willy estampó un beso en la boca de Agatha. y le ardieron los ojos de alegría. si hubiese sabido que iba a recibir tanta atención.

en la entrada sólo quedaba el ondular de las cortinas. Cuando alzó la vista. El corazón le palpitaba como una bandada de mariposas revoloteando en el aire.118 - . .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Agatha se ruborizó y bajó la mirada.

frotándose el pie dolorido. justo en la época en que los agentes de tierras comenzaron a desperdiciar esta parte del país dándosela a los extraños. se despertó con los pulgares de los pies palpitando. no sirven cuando las tienes ni tampoco cuando no las tienes. mira! ¡Mira lo que logré! Alvis miró ceñudo hacia la puerta. Malditas sean las mujeres. Cora. Vamos. vaya si se le arrugaba! Esta noche no. Intentó acomodarlo como había hecho Scotty. que viste trajes elegantes cada mañana y camina por la acera hasta su coquetona oficina. y tengo que levantarme y hacer las cosas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 9 Alvis Collinson sufría de gota crónica. hizo una raya al costado y lo peinó chato sobre la coronilla. siempre fastidiándome para que fuera algo mejor. Aparece por este pueblo una vez.... Tras varios intentos. El hermano Jim. como si sus pedos no apestaran. No hay un desayuno caliente esperándome.. se pasó el peine. tuvo el coraje de soltar el cachorro y escaparse. hiciera algo más refinado que conducir vacas. se refería a algo elegante como el Hermano Jim. Alvis. Intentó otra vez. Diablos. incluyendo la gota. Ni camisas limpias para ponerme. todas. como Jefe de Registro de Eventos. en la pared. pero no se formaron los picos a los costados. ¡Maldita seas. Como si una vez que había probado ai Hermano Jim. Y. al fin lo logró bastante bien. porque es tuyo. maldita Cora. que consiguió un trabajo de afeminado. El fino cabello rubio resplandecía de agua. ¡Muchacho. ¡sólo una! Así podré darte una tunda y arrojarte a tu rapaz. La mañana siguiente al baño de Willy. Metió el peine entre las rodillas y probó con las palmas. Ni una mujer que vaya a buscar carbón y caliente el agua. Cuando decía refinado. cómo va a sorprenderse papá! Se bajó de la silla. Era el . Después. ¡Y la nariz de ella también se le arrugaba. por irte y dejarme sin una mujer que me cuide! Los dedos de los pies me palpitan como unas perras en celo. En la cocina. estoy muy cansada. Willy se miraba en un espejo pequeño y turbio que colgaba alto. de izquierda a derecha. dando forma a una onda como una rosquilla leudada. sobre todo. saludando con el sombrero a las mujeres. radiante de orgullo. Con gran esfuerzo. —¡Pa. su propio marido ya no le pareciera bastante. Hermano Jim.119 - . Estoy hartándome de estar atado por esa espina en el costado. dejó el peine sobre la mesa y fue a la puerta del dormitorio. que ni siquiera es mía. Cora no podía mirar a Jim sin que se le saltaran los ojos de las órbitas y se le hincharan los pezones. Y nadie convencerá a Alvis Collinson de que ese rapaz miserable no era hijo de Jim. y fracasó. de puntillas sobre una silla. Tenía tendencia a culpar a Cora de todo. Más de una vez Alvis llegó inesperadamente a casa y pescó a Jim merodeando a Cora.

. Primero... Es ella. Igual que el Hermano Jim. nos dimos un baño y. ya levantado y vestido. Collinson lo miró con ojos entrecerrados.. Revolvió entre las prendas que había tirado junto a la cama la noche anterior. la de la sombrerería.. Chirrió. —¿Ah. tengo. ¡Nadie va a decirme que no visto bastante bien a mi mocoso! ¿entendiste? —A Willy le tembló el labio inferior y se le formó una lágrima en cada ojo—. —¡Ahora.. vestido con un enterizo mugriento con las perneras cortadas por la mitad..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR mocoso. con los puños apretados.. . Collinson se apoyó en una rodilla y sacó a tirones las botas de los pies de Willy. Me lo dieron Gussie y Scotty. ¿eh? —No sé. y me hizo los pantalones nuevos. Por culpa de ella ese maldito sacerdote vino a meter las narices aquí. pero me g. y el niño. —¿Que mire qué? —refunfuñó. Son un re. ¡Y deja de moquear! —No me la quitaré.. enfureciéndolo más aún. y la tapa trasera colgando.. y también me hizo la camisa. —Pero son. ¿Dónde están tus botas viejas? Póntelas. —¿Y quién diablos es Gussie? —Agatha. —¡Esto! —Willy se acarició los bolsillos del pecho—. chico? Los ojos de Willy desbordaron y el pecho se le contrajo en el esfuerzo por no llorar. y también los pantalones y la camisa. eh? ¿No estaba bien vestido para su gusto? —Alvis se puso de pie con esfuerzo —. De pie ante el niño. ¡Es mía! —¡Vamos a ver si no te la quitas! —Collinson atrapó al niño de la parte de atrás del cuello y lo arrojó contra una gastada silla de madera. —La cara de Willy se ensombreció—.. y Scotty me compró botas nuevas como las de él y me llevó a darme un baño en el Cowboy's Rest. Tiene esa máquina de coser nueva que le compró Scotty.. me puso queroseno. trae las viejas! —No'as t. gustan estas. se balanceó en dos patas y cayó con estrépito sobre las cuatro—. trataba de no manifestar su decepción. —¡Yo te compraré botas nuevas! ¿Has entendido. buscando los calcetines—. ¿No te gusta mi ropa nueva? —¡Quítatela! —siseó. Alvis tuvo la sensación de que la gota se le extendía de los dedos de los pies al resto del cuerpo. —¿Cómo es eso de que no'as tienes? —Así. Después. sí? ¿Eso hizo? ¿Y qué derecho tiene a meterse con mi hijo. Gussie me hizo los pantalones y la camisa. ¡Les mostraré a esos altaneros hijos de perra a no meterse en mis asuntos! ¿Dónde están esas botas? ¡Chico... ¿no? —refunfuñó. tenía el rostro deformado de furia—. Scotty.. confundido. —¿Scotty? ¿Te refieres a Gandy? ¿El de la taberna? —Sí.120 - . no'as tengo. regalo de Sc. dije! —Descalzo. La posición le provocó una punzada de dolor que subió por la pierna. pa. Alvis se levantó. —¡Quítatela. ya te dije que dejes de moquear! —Pe..

. El corazón de Agatha todavía golpeaba con fuerza cuando oyó ruido de cristales rotos. Collinson cojeaba. dame lo demás. eso lo explica: Como no tiene cachorros propios. la voz áspera gruñó otra vez: —¿Usted es la que llaman Gussie? Con esfuerzo. de inmediato. a Agatha le palpitó el corazón. Antes de llegar. Bueno. Un pie descalzo se enroscó en el tobillo contrario. Collinson entrecerró los ojos al reconocerla como esa «perra de la templanza» que los últimos tiempos provocaba problemas. cuando Willy fue a buscarlo a la taberna. necesitarás tú un baño para lavarte la sangre! ¿Me oíste. La próxima vez que le murmure cosas al sacerdote. —¡Gandy. saliendo de la casa.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Dónde están? —N. durmiendo. Arrastró los pies hasta las cortinas. sé.. dígale que se meta en sus propios malditos asuntos. Ahora. Las lágrimas calientes mojaron la suave piel blanca del brazo pecoso.121 - . levántate. mi nombre es Agatha Downing. Gandy? . cuando se hizo una bola. Willy se arrojó sobre la cama y libró el llanto contenido. asustado. —Sí. y salió por la puerta. ¿Entendido? —A la perfección. Tiró la camisa y los pantalones sobre el gabinete de las plumas. Corrió a la puerta del frente y vio a Collinson arrojar la segunda bota por la ventana. las separó y. Le lanzó una última mirada ceñuda. se volvió. vas descalzo. también. —Perdiste las botas. las agitó ante las narices de Agatha—. Mi muchacho no necesita su caridad. —Lo más probable es que esté arriba.. —Sosteniendo las botas de Willy en una mano. no s. el pecho delgado palpitándole por contener los sollozos. —Ah. Collinson la miró con dureza y luego se dirigió a la puerta abierta. —Señorita —replicó. deja de meterte! ¡La próxima vez que lo lleves a bañarse al Cowboy's Rest. se deshizo sobre las sábanas inmundas. Minutos después. Los puños de Collinson se contrajeron más e hizo parar a Willy de un tirón. —¡Dónde diablos están todos! Violet todavía no había llegado. —Se pasó de la raya. con dignidad. Agatha no tenía más alternativa que atenderlo. se mete con los de otras personas. rabioso.. La cresta en el brillante cabello rubio que Alvis ni advirtió. Al oír la voz que rugía desde el salón del frente. allá arriba. —¡Maldición del infierno! ¿Cómo puedes perder tus propias botas? Willy lo espió. señora. —Y una cosa más. consígase uno suyo. Agatha se recompuso. —Se puso en marcha otra vez y se detuvo a preguntar—: ¿Dónde diablos está Gandy? Tengo algo que decirle a él. hijo de perra! ¡Yo le compraré las botas a mi propio hijo así que. la misma que había metido las narices en sus asuntos una vez. Tiene a su viejo que lo cuidará.

Se levantó rodando de la cama. a la punta del pasillo. desnudo. y preguntándole: . no quería encariñarse con Willy!— ¿Qué sugiere que hagamos? ¿Ir a casa de Collinson y preguntarle si maltrató al chico? La irritación de Agatha estalló: —Bueno.. y se puso los pantalones negros. Descalzo. Se acostó de espaldas y exclamó: —¡Oh. nerviosa. Él también arrugó el entrecejo. qu'pasa? —farfulló la voz amortiguada de Jube. Nunca lo había visto más que impecablemente vestido. Se le ocurrió que sería bueno. Se apoyó en los codos y guiñó los ojos ante el sol de la mañana que entraba por la ventana. rodando encima de ella. —¿Le parece que Willy estará bien? —No sé. Se sonrojó. exhibiendo por un instante el vello negro bajo los brazos—. La mirada paseó de las mejillas barbudas al pecho desnudo. ¿no es cierto? Lo miró a los ojos.. ya estaba despierto. con el entrecejo arrugado de preocupación.! Jube alzó la cabeza como un perro de la pradera asomando por el agujero...LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Cabezas curiosas asomaron por las puertas en toda la manzana. Agatha estaba en el pasillo. juntando y separando las manos. No estaba muy segura de cuáles eran las reglas de urbanidad al enfrentar el pecho velludo de un hombre descalzo. papamoscas? ¿O quieres que te arroje también una bota en la ventana? Todas las cabezas se metieron adentro. Collinson es un amor. fue hasta el salón y abrió la puerta. —Las botas que le compré ayer a Willy. Gandy se despertó con el primer estrépito. Jesús! —¿Qu. Cerró los ojos y pensó cuánto hacía que no se liaba en una pelea a puñetazos. Dejó caer la cara en la almohada y Gandy.122 - . del lado de Jube. —¿Por qué no? Vea lo que sucede cuando tratamos de hacernos las buenas samaritanas. para empezar. En la puerta sonó un golpe suave. apoyado en la puerta de su tienda Bitters. —¡Qué demonios. Arriba. —¿Qué miras. —Se pasó los dedos por el cabello.. bajó hasta los pies descalzos y... Collinson iba cojeando por el medio de la calle principal. podríamos quedarnos de brazos cruzados. por fin. Gandy recordó a Willy desnudo como el día en que nació. mmm. y miró ceñudo a Yancy Sales. miró la bota caída junto a la cama. —Aunque tal vez no lo crea. mirándolo con esos líquidos ojos castaños. —¿Qué podemos hacer? —¿Hacer? —¡Maldición. —Eh.. Mientras replicaba.. —Lamento molestarlo tan temprano..

el cabello blanco revuelto. Sobre el hombro estremecido de Willy su mirada se topó con la de Gandy. ¿Por qué no podría ser nuestro? ¡Seríamos tan buenos con él. Violet.. ocúpate de la señora Anderton —ordenó Agatha. Parecía impresionado. con los faldones aleteando.. Cuando quedaron solos... puede decirle al señor Gandy que lamento haberlo sacado de la cama. —la apuntó con un dedo.. Violet. —Llévelo a la trastienda. en voz baja. llorando y Gandy. pero dio a Agatha la amarga certeza de las injusticias de este mundo... enfadado. —¡Sh! —murmuró Gandy. Scotty?... no p.. Agatha. ¿seré como tú?». arrodillándose otra vez... Por fin. finalizando con los pies descalzos—.. —Tt-tt.. puedo v. a trabajar. Menos de cinco minutos después.. Levantándose las faldas.. El tono de voz se le agudizó.. llegaron al mismo tiempo a la tienda: la señora de Alphonse Anderton. que se entreabrió cuando levantó los brazos con los puños en ristre y ladeó la cabeza. los entrelazó con los de ella y los llevó a la nuca del niño. —Bueno.. mis p... Agatha sintió que se ahogaba. Él alzó dos dedos. veeerteee.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR «Cuando sea mayor.. Se sentó en el pequeño taburete junto a ellos y le acarició el cabello. Willy hundió la cabeza rubia en el pecho sólido y oscuro del hombre con la camisa blanca a medio abotonar. giró e hizo una salida con toda la dignidad de que fue capaz. aún descalzo... las b.. Éste olvidó el enfado con Agatha...! Fue una idea fugaz... ¡Ah. Agatha separó los dedos de los de Gandy y sacó de un bolsillo oculto entre los pliegues del vestido un pañuelo .. Willy se aferró al cuello del hombre. —Mi p. abrazándolo contra sí. abotonándose la camisa.. —En cuanto se levante. nuevas. —La señora Anderton los examinó con altanería.. Agatha se quedó de pie. Agatha captó una visión del hueco entre los pechos y el costado lo suficiente para comprender que había dormido desnuda. me dijo q.. que. Buenos días. y a ella se le partió el corazón escuchando los sollozos del niño. pantalones.. m. Willy. Agatha! Buenos días.123 - . Usaba la bata turquesa. sintiéndose impotente y desdichada.. —Escuche. y Willy corrió hacia Gandy. —¿Quién es.. camisa n. vino Jubilee arrastrando los pies y se asomó detrás de Gandy bostezando. Este se apoyó en una rodilla y alzó al pequeño lloroso. el niño seguía sollozando y hablando entrecortadamente: —Mi c. v. Willy se calmó. me molestó su... que se incorporó con Willy en brazos... botas n.. —Me quitó l. detrás de una vitrina. tan buenos. Se acercó a Gandy. En ese mismo momento.. dice que n.. nueva y m. para probarse el vestido nuevo.. venir más aquí a... eres tú. Agatha.. papá d. Le tocó el dorso de la mano. —Por favor.

Y lamento haberlo tratado mal. —Los largos dedos morenos peinaron las mechas rubias sobre las orejas—. Tu padre quiere comprarte las cosas él mismo. Cuando lo hicimos nosotros... arriba. Willy. —Y en cuanto a que vengas a visitarnos. Fue un error nuestro. ¿de acuerdo? Y ahora. —Entiendo. En ocasiones. Seguimos siendo amigos. —Ven. lagrimeando. Mientras le enjugaba las mejillas y lo hacía sonarse. sacó el brazo y le dijo: —Willy bajará después. Gussie? —preguntó. supo que se había puesto en riesgo doble: estaba enamorándose del hombre. le pasó un brazo por los hombros y los tres fueron hacia la puerta de atrás. pero dubitativa. con el niño en un brazo. Ofendimos su orgullo al darte ropa nueva y llevarte a bañar. déjame limpiarte la cara. —Se enjugó una lágrima con el pulgar—. Cuando se fueron. nunca lo había llamado así. y hacerlo le dio fuerza y una sensación de comunión con él y con Willy—. ¿qué opinas de una barra de orozuz? Sin alzar el rostro. respondió con poco entusiasmo: —Puede ser. se preguntó qué podrían hacer Gandy o ella para curar el corazón destrozado del pequeño. los ojos y los labios hinchados. de Scotty y mío. Gandy se incorporó. Se volvió. Por un momento. ¿no es así? Willy esbozó la sonrisa esperada. Se puso de puntillas y le besó la mejilla brillante. mientras Willy miraba de uno a otro.124 - . —No. pero a él no le importó. —El orgullo significa sentirse bien contigo mismo. yo también me siento así. los hombros y los brazos que le daban la apariencia de poder vérselas con todos los Alvis Collinson de este mundo. no sé qué podría impedírtelo. Lo dijo en tono casi inaudible. Esperó a que Agatha también se levantase. Agatha se sintió incómoda chocando contra el pecho y la cadera a cada paso que daba. Agatha no se creyó capaz de seguir hablando sin romper a llorar ella misma y miró a Gandy en busca de ayuda. —Hasta entonces. En la puerta.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR perfumado. Willy. sosteniendo a Willy. —Pero tal vez sea conveniente que te metas por la puerta de atrás. quejumbroso. —¿Tú no vienes. y rodeaba el cuello del hombre con un brazo pecoso. —Ah —dijo el niño. Quizás ése fue el momento en que Agatha comprendió por primera vez que estaba enamorándose de Gandy. las mejillas sombreadas por las patillas del día anterior. Nos vemos después. ¿entiendes? ¿Sabes lo que significa el orgullo? Willy se encogió de hombros. esforzándose por no llorar otra vez. pero lo mandaré de vuelta a la hora de la cena y haré que Ivory vaya al restaurante de Paulie y traiga comida de picnic. creyó que le insinuábamos que no te cuidaba bien. pero también del niño. —No debes culpar a tu padre —comenzó—. los ojos de Scott se demoraron en los de Agatha con expresión suave. y te cerciores de no venir cuando tu papá está en la taberna. —Gracias —le dijo con suavidad—. . Lo miró el cabello aún revuelto.

Recordó el pecho desnudo de Gandy. Después de todo el trabajo que se tomó con los vestidos. Pensó en Gandy y en Willy: era una locura involucrarse en las vidas de dos candidatos tan improbables.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Más tarde. los pantalones con el botón de la cintura sin cerrar. Todo el tiempo. A lo lejos. Pero esa noche. Jube le restó importancia con un ademán: —Todavía estaba tan dormida que no sé qué dijiste. A nadie le pareció extraña la pregunta. aulló un coyote. y Agatha aprovechó la oportunidad para disculparse con Jubilee por su brusquedad de esa mañana. El olor a estiércol junto al riel de atar los caballos parecía invadirlo todo.C. mientras abotonaba el corpiño ajustado del vestido de Jubilee.125 - . Los haremos esperar. Agatha. Estaba destinada a que se le rompiera el corazón por los dos. recordaba la manera en que había aparecido a la puerta de Gandy. —¿Irás? —le preguntó Pearl. quería verlos lucirse al compás de la música. las chicas fueron a hacer la prueba final de los vestidos de cancán. y subió las escaleras. pero temió que ya fuese demasiado tarde para apartarlos de sus afectos. Las muchachas se habían acostumbrado a ver a Agatha y sus tropas aparecer en Gilded Cage en uno u otro momento de la noche. si tiene a esta gema resplandeciente?» —¿Esta noche bailarás el cancán? —Esta es la noche—respondió Jubilee—. «Sí. las muchachas reservaron lo mejor para el final.M. abanicándose con un pañuelo de encaje. Llevó una silla de madera al rellano y se sentó a escuchar la música que llegaba de abajo. que giraba ante el espejo de pared. La taberna estaba más atestada que de costumbre. «Gandy ya está destinado. Era una noche tibia. el cabello despeinado. ocultando su desencanto. para que estén muy ansiosos. ¿para qué querría a una como tú. Echó una mirada a Jubilee. Tomó el atajo por la tienda. tibia y desarreglada del sueño.T. pues Collinson había dejado bien en claro que Willy era suyo. hermosa Jubilee. en la acera sin ver ni un atisbo de rojo ni una sola pierna en alto. fieles a su palabra. yo siento lo mismo. Además. —Iré más temprano —respondió. bochornosa para comienzos del verano. y Jube que Gandy era de ella. Siguió el ritmo con los dedos sobre el muslo y trató de imaginarse a Pearl dando su famosa patada alta con los pliegues de tafeta roja susurrando y ondulando alrededor. La radiante. —pensó—. los pies descalzos. más hermosa que muchas mujeres después de haber pasado una hora ante el tocador. . De la puerta trasera abierta de la Gilded Cage llegaba una vivaz canción nueva que no conocía. ese día. Tengo ganas de aullar de soledad». y Agatha les dio las buenas noches a las damas de la U. Lo más probable era que fuese el cancán. —se dijo—. hizo el último viaje al imprescindible. Pero en la segunda función. El diminuto apartamento parecía sofocante.

bailando el cancán abajo. procurando . más una vela con su candelabro y la muestra que estaba en la pared. pero decidida. apoyando la palma en la pared. se sintió como una ladrona. clavos. con sensación de culpa pero. Sintió la madera fresca contra el rostro ardiente. midió cuatro pasos. Se imaginó las piernas alzándose en el aire. y que el bar nunca cerraba. al otro lado del salón. imaginándose las tablas de pino al otro lado. Sigue siendo espiar.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Pensó en Jube. no había nadie. Cerró los ojos y se tambaleó. Si fuese hombre. encontró el lío que había preparado antes. Entró la silla pero. Miraré por este agujero. la hermosísima Jube. No seas tonta. Por favor. que nadie vea el serrín en el suelo de la taberna. y experimentó otra vez la sensación de que los que vivían arriba sabían lo que estaba haciendo. Cómo se vería el cancán y la asaltó una súbita idea que la dejó nerviosa. y se sintió pesada y rígida.126 - . No era más que su conciencia la que parecía observarla desde las sombras. Apretó la cara contra la pared y espió por el agujero. podría sentarme a una mesa y mirar. dejó el bulto sobre la mesa y encendió una vela. Pero no eres un hombre. con Ruby y Pearl. El corazón palpitaba como loco. Puso en ella las cosas que necesitaba. antes de incorporarse con cautela y levantarse de la cama. Permaneció acostada. Tomó el berbiquí. y se acostó en la cama totalmente vestida. Se detenía a menudo y alzaba la vela para ver la profundidad del agujero. Y que pasaba una eternidad hasta que todos los vecinos de al lado se iban a sus cuartos a dormir. Negro total. ¿A quién haré daño? ¿Qué te parecería si alguien espiara desde el otro lado del agujero? Se estremeció ante la idea. El taller de costura estaba silencioso y oscuro. y esto es indigno. Decidida. Echó una mirada atrás. se detuvo y miró hacia el techo. y a nadie le importará. Dejó el taladro y con tres golpes secos colocó el clavo en la pared. Cuando sacó el berbiquí. berbiquí y barrena. los lugares donde había ocasionales nudos en la madera. encontró una de sus enaguas viejas y la extendió sobre la mesa. deberías tener vergüenza. Se dirigió a tientas al taller. Bajó descalza las escaleras sin hacer más ruido que una sombra. por supuesto. Dejó que pasara otra hora después que todo quedó en silencio. Desde el rincón. Colocó el taburete y se subió a él con dificultad. Agatha. Volviendo la atención al paquete. Por fin. En la oscuridad absoluta. te asustas de tu propia conciencia. a esperar. Abrió las enaguas y adentro había un martillo. Le pareció que nunca terminaba el alboroto de abajo. respirando agitada. Es un sitio público. Pero sólo quiero ver bailar a las chicas. Quizá no lo usara del todo. la punta del berbiquí se pasó del otro lado. en ese mismo momento. La levantó para examinar los rincones. en lugar de prepararse para la cama. Se preguntó cómo sería quitarle a un hombre el sombrero de un puntapié. Conteniendo el aliento. Agatha. le pareció que todo el serrín caía de su lado. la barrena y el taburete de Willy y arrastró los pies hasta el muro medianero entre la sombrerería y la taberna. apoyó el berbiquí contra la pared y comenzó a perforar muy lentamente. como si cualquier movimiento fuese a traicionar sus planes. Eres una dama.

Cerca de la madrugada. Luego. el ánimo de Agatha se suavizó pero. Oyó al vaquero del pueblo juntar las vacas de los cobertizos traseros y llevarlas por la calle principal a la pradera. el impulso los llevó en dirección a la tienda. Llevó la mano al bolsillo como para sacar el dinero. apagándolas. apagó la vela y volvió al apartamento. saludó con el sombrero y salió. Oyó pasar al que encendía las lámparas. y al azul claro. cada vez más cerca. por arreglarme la máquina. ¿Tengo que echarle aceite una vez por semana? Asintió. abajo. Oyó un tren traquetear cruzando el pueblo. hasta que pasó bajo su ventana y después. el día fue desastroso. Todo estaba silencioso. —Le estrechó el dorso de las manos—. Marcus. en dirección contraria. y la tomó de la mano. El cencerro amortiguado de la vaca líder que se iba apagando en la distancia. no es nada. Vio el cielo pasar del negro al índigo. ¿puede repetir? Miró alrededor buscando. Funcionaba como nueva. Cuando Gandy fue a disculparse y se ofreció a pagar los daños.. lo trató de una manera espantosa y se fue enfadado. colgó la muestra sobre el agujero y devolvió el taburete de Willy a su sitio. —Gracias. irritada. se durmió. no sólo con él sino con todo el mundo. pero la bobina de la máquina de coser se enredó y el hilo formó un nido al costado de la costura. —No. Le preguntó por señas si tenía aceite. le llevó una camisa con una costura rota. A partir de eso. Maltrató a la pobre Violet y se impacientó con las preguntas de Willy. sintiéndose infantil por su comportamiento. y Marcus colocó aceite en veinte puntos diferentes. —Todas las semanas. y marcó siete días en el calendario. e hizo gestos que no entendió. Sonrió. El joven asintió y sonrió. e imitó con el codo un volante que andaba con fluidez. ilustrando cómo funcionaría la máquina si seguía sus indicaciones. Miró de frente el rostro de Marcus. Delahunt la vio golpear cosas. Marcus. —Lo haré. Marcus Delahunt.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR detectar el menor movimiento. hizo girar en las dos direcciones el volante. y el codo de uno de ellos rompió uno de los paneles de la vidriera. a la hora de la . a pasar el día. como si se la presentara. En Gilded Cage estalló una riña y. La despertó la primera cliente de la mañana golpeando la puerta del negocio. por fin. El mudo. cerrando las portezuelas. —Lo siento. Gracias otra vez. se levantó del taburete y le hizo un ademán florido hacia la máquina.127 - . Soltó el aliento. el coro de aullidos de los coyotes. divisó el calendario que colgaba en la puerta de atrás. Las actividades clandestinas a las tres de la madrugada no eran para el temperamento de Agatha. En instantes. sonrió. Le entregó una lata con una punta larga y angosta. remendó la camisa. barrió con cuidado las virutas de madera y las ocultó bajo unos trapos en el bote de desperdicios. Después de eso. Y gracias. Pero no pudo dormir el resto de la noche. llevándola a él. ceñudo. Tenía los nervios tensos y se sentía como si le hubiese dado dispepsia. le tocó los hombros para calmarla y se sentó a ver de qué se trataba el problema: en la bobina habían quedado atrapadas dos hilachas azules.. pero Agatha lo detuvo. Le señaló la lata de aceite. cuando Jack Hogg echó a los dos rivales a la acera. hasta que.

tápalo! Pero la atrajo como la lámpara de Aladino. Recorrió la fila hasta que los seis Stetson quedaron a los pies de los hombres. y sabes por qué. gritando para ser oído por encima del barullo. y las tres cayeron al suelo con las piernas separadas y los brazos levantados. en vez de comer. Ruby y Jube acomodaron a los vaqueros en una fila. Las muchachas circulaban por la taberna. atrapando manos de seis hombres de rostros radiantes. Agatha quedó tan agitada como las bailarinas. se pavoneaban. Se acercó y puso un ojo en el orificio. Por la pared. girando frente a los hombres alineados. levantaron las faldas sobre los traseros y espiaron al público entre las rodillas. Con botas hasta el tobillo de color ébano. quitó la muestra. Es por ese maldito agujero que perforaste en la pared. ansiosos. Fuiste áspera y desagradable con todo el mundo. Pearl lanzó un pie al aire formando un arco. Chocaron los címbalos. después giraban. rematando con una pose de lo más impúdica en la que las tres separaron las piernas. Aunque Agatha no distinguió las palabras. se agitaban a izquierda y derecha. pero Agatha veía más allá de su audacia. Unas últimas contorsiones impactantes. Los torsos se inclinaban hacia adelante. Las largas piernas formaban pantallazos de red negra por triplicado. Al dar las diez. durmió más de la cuenta y llegó tarde a la reunión de los miembros de la U.C. los agudos silbidos y el golpear de los pies contra el suelo. Los pies apuntaban al cielo. Vio cómo los pechos casi desnudos subían y bajaban bajo los breves corpiños de seda y las . miró todo. ¡Si no lo soportas. todo el día. y alinearon con coquetería los sombreros en las cabezas. pasó los dedos por el maderamen.T. Y allá fue Pearl con las faldas levantadas hasta la cintura. Ruby y Pearl bailando el cancán. oyó el estruendo de los aplausos. Era una danza pícara. Otra vez. las largas piernas flexibles y fuertes. la gracia y la agilidad que ella no poseía desde los nueve años de edad.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR cena. Giró. parecía un diminuto punto de luz. hacían cabriolas. gritaban y sacudían las cabezas. que arrastraron hacia la barra. luego atrás. La conciencia no la dejaba en paz. En mitad de la noche. Le llegaba débilmente a través de los zapatos. para la ronda nocturna. alzó la pierna.128 - . un floreo final de pliegues rojos. haciendo temblar los tocados de plumas. y Jack Hogg fue obligado a actuar como presentador. Jack sacó un par de címbalos e imitó una fanfarria a la que se unieron los instrumentos. y encontraba en las piernas largas la simetría. Jubilee y Ruby se unieron a Pearl para un coro final. El entusiasmo la hizo cerrar el puño y proyectarlo al aire junto con las dos últimas patadas increíbles. Las espléndidas faldas. de negro resplandeciente por fuera y con pliegues rojos por dentro.M. y cayó otro. estaba ansiosa a más no poder. La música se acalló. Con cuidado. arrastró los pies en la oscuridad de la familiar trastienda. a intervalos regulares. El corazón de Agatha palpitó con fuerza. Ahí estaban Jubilee. En medio de su mundo silencioso y solitario. meneaban las pantorrillas y las levantaban. y el primer sombrero cayó al suelo. los dedos percibieron el ritmo de la música que estremecía la pared.

. le pareció el talento más deseable. De pronto. por un rato. hizo lo que jamás había hecho. estás poniéndote chocha. sugestiva y audaz. y abrió los ojos en la oscuridad. reír. Por un momento.. saltar y provocar un alboroto. íntegra y desinhibida. Se dejó deslizar y cayó sobre el taburete de Willy. se sentiría la mujer más dichosa! Se frotó la cadera y el muslo izquierdos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR sienes perladas de transpiración. Por un rato. Era una danza traviesa. El cuerpo se le aflojó contra la pared. contemplándolas. y llena de alegría de vivir. contemplándolas. mirando bailar el cancán por un agujero de la pared. ella también bailó. Agatha. Suspiró. Pero. preguntándose cómo sería sentirse bella. con faldas rojas y negras. se volvió joven. feliz.129 - . Se sintió como si hubiese bailado con ellas. ¡Si pudiera hacerlo. . Agatha cerró los ojos e intentó imaginarse sacándole el sombrero a un hombre de un puntapié. Pero alegre y llena de fervor por la vida.

Parecía que el único lugar húmedo en kilómetros a la redonda era en la base del molino de viento. y firmada por el gobernador en marzo de ese mismo año. los vecinos hicieron una ancha barrera contra incendios. el editor del Wichita Tribune abogó en favor de la ratificación de la enmienda de prohibición presentada por el senador George F. con la cinta blanca. En la pradera. . huevos duros y leche a los pasajeros cuando los trenes paraban media hora a cargar agua. la pradera estaba salpicada por las carretas de los inmigrantes. la ropa. los «secos» hicieron un desfile. un partidario del licor vociferaba: «¡La taberna es un elemento indispensable en un pueblo de frontera. Un partidario de la templanza. hasta en la comida. El cuatro de julio. desde medicinas hasta corsés para las señoras. Si esto sucedía entre martes y jueves. También prosperó una colonia de perros de la pradera que decidió hacer su morada en la calle principal. los agentes inmobiliarios alquilaban una gran cantidad de aparejos en los establos de caballos e iban a mostrar las secciones aún no reclamadas a los inmigrantes de ojos ávidos. De vez en cuando. aumentó la cantidad de moscas. A veces. En una esquina. estallaban los relámpagos con falsas promesas. y tenían que matarla allí mismo. la fecha patria. llegaban los viajantes vendiendo de todo. se convertía en causa de celebración. Una banda de indios Oto acamparon en el límite sur del pueblo. y con esas temperaturas. El polvo levantado por el ganado que llegaba se infiltraba en todas partes: las casas. De noche. Gandy y Agatha veían menos a Willy. Hacia el norte. que esperaban para presentar reclamos sobre las tierras del gobierno. no era una dieta tan desequilibrada. y el licor mismo resulta un medio de comunicación tan poderoso como la tinta de imprenta!». Corría descalzo con una banda de muchachos que merodeaban por la estación vendiendo bizcochos. nadie se atrevía a comprar carne después del lunes. donde una bomba mantenía lleno el tanque para que bebiera el ganado sediento. En tren. en el centro de la calle principal. Los «mojados». En todo el perímetro de Proffitt. a fin de cuentas. la hierba del búfalo y el maicillo se tornaron secos como yesca. una vaca se quebraba una pata en alguna de sus cuevas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 10 El verano siguió su curso. y carnearla. leche y huevos duros y se consolaba pensando que. Hamlin en febrero de 1879. otro. pero Agatha sospechaba que la base de su alimentación consistía en bizcochos escamoteados. comía con Gandy. exclamaba: —Las cadenas de la intoxicación son más pesadas que las que siempre llevaron los hijos de África.130 - . porque los viernes eran los días habituales de matanza en el Mercado de Carnes de Huffman. En otra esquina. Todos los días. Con tanto estiércol.

el tema de la prohibición iba caldeándose junto con el clima. Se dirigió hasta Jase Macintosh. Cayó en brazos de las «hermanas». excepto criar los dos hijos de él. La asamblea del pueblo organizó un debate a fines de julio entre las fuerzas de la templanza y del licor. Crecieron demasiado para reunirse en el salón de Agatha. para la concurrencia. la pradera parecía un inmenso osario que esperaba ser cosechado. apoyando todo el peso sobre Macintosh. La señorita Way fue tan convincente que antes de terminar la velada. encabezó la marcha hacia el Sugar Loaf Saloon. y siseó: —¡Esto fue por Annie. y era apartarse de la tentación: George se dedicó a juntar huesos de búfalos.131 - . Ese verano.T. con un rocín de lomo hundido. el labio cortado y dos costillas rotas. lavarle la ropa y limpiar la casa? —Echó a Jase una mirada colérica—. aliado de Satán empapado de ron! ¡Eres un excremento gangrenoso. y nunca más le pondrás una mano encima. Al día siguiente. Existía una sola manera en que podía cumplir la promesa. Annie vivirá con George y conmigo. Bueno. le pegaba cada vez que se embriagaba.M. arrastrando consigo a Annie.C. La distinguida oradora y predicadora metodista cuáquera Amanda Way fue al pueblo a hablar en nombre de los secos. rodeada de un muro protector de mujeres frenéticas. se vio a George conduciendo hacia el oeste. y les contó la verdad. Por un tiempo. enganchado a una carreta destartalada. con los puños en las caderas gruesas— ¡pedazo de canalla! ¡Destructor de hogares! ¡Es la causa de la ruina humana que ve ante usted casi todos los días! ¡Me asombra que pueda mirarse todas las . —Al pasar por la barra. Desde el púlpito de la Iglesia Presbiteriana. en general—: ¿Ven lo que le causó esto a una buena esposa que no hizo nada para merecerlo.M. llorando: el esposo. Si bien la venta de los huesos no restauró a George en la posición de barón del oro que una vez tuvo. se desbordaron.T. La mañana siguiente a la firma del compromiso. Eso dio por terminado el período de moderación de Evelyn Sowers. en el edificio de la escuela. le plantó el zapato negro de tacón alto en medio del pecho. se oía: —Beber simboliza la igualdad. se acabó. las filas de la U. Annie Macintosh apareció en la reunión con un ojo negro. A medida que avanzaba la plenitud del verano. En el bar. se dulcificó. el reverendo Clarksdale pedía bendiciones para «todos los nobles actores en el escenario humano de la templanza». todos los hombres son iguales. se lo vio yendo hacia el este a vender lo recogido a los fabricantes de abonos y de porcelana de hueso de la ciudad de Kansas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Desde el campo de los mojados. Esa misma noche. y comenzaron a hacerlo los lunes. Como en los quince años que siguieron a la Guerra Civil fueron masacradas setenta y cinco mil de esas criaturas. A comienzos de agosto. Jase. Evelyn estaba satisfecha.C. enarboló el puño y le asestó un golpe en el que puso sus ciento trece kilos y que dio a Jase en la mandíbula y lo hizo caer de espaldas de la silla. que envenena la vida de esta comunidad! — Señaló a Annie y vociferó. De pie sobre él. dijo—: En cuanto a usted —le espetó a Mustard Smith. a riesgo de quebrarle las costillas. las damas del capítulo Proffitt de la U. enfurecidas. Ahora. tuvieron un importante motivo para celebrar: George Sowers había firmado el compromiso de abstinencia.

Mientras subía las escaleras.T. hermanas. Vamos. ni ninguno de los otros propietarios de tabernas de este pueblo. pero no podrá matar a toda la legislatura. Esperaba que alguien la pateara. los espasmos le estremecían los miembros. Ansiosa. en tono gutural. y se arrastrarán encima de usted como gusanos sobre una calavera. el impacto le sacudió el cuerpo. le clavase un hacha. se cayó y se lastimó. —Evelyn se volvió con una sonrisa satisfecha. estaba débil de emoción y de miedo. la cama.C. Smith. Con la siguiente. estiró una mano y abrió más la puerta. encendió la lámpara. Evelyn permaneció impávida ante el aterrador patrón de la taberna. Ropa. y se abrió paso hasta la mesa. Esa noche era una de ellas. ¡Al próximo vendedor de estricnina! Cuando Agatha volvió a su apartamento. Smith apretó el gatillo. y brotarán miles como yo. —La próxima vez. ¿Un hombre? No pensó. le entrechocaban los dientes. a las diez de esa noche. tenía los ojos vidriosos. Había ocasiones en que se sentía hondamente cansada de la batalla por la templanza. Se oprimió la mano contra el corazón que martilleaba y sintió que una garra de miedo le estrujaba el pecho. qué desastre! Todo había sido revuelto. lagartija resbaladiza. A Evelyn no se le movió una pestaña. se acercó a la puerta con la llave en la mano. Quedó tendida en el suelo. ¡Dios del cielo. dispáreme. Del interior de su pecho. arrastrando los pies entre objetos duros y blandos.M. lo hizo sin una . El arma estaba descargada. Cristales rotos y sillas volteadas. golpeó con la punta del pie algo que rodó: era el picaporte. la marca roja circular del caño —. no le salía aire de las fosas nasales. —Puede matar a un miembro de la U. Chocó con algo y se detuvo. No me asusta ni usted. la matara. Nada sucedió. Estaba abierta. Encendió una cerilla con mano temblorosa y lo sostuvo sobre la cabeza. Sin alterarse. Apretó hacia adelante. hasta que el cañón de la pistola le aplastó la nariz en forma grotesca y. Dispáreme. Cuando pudo moverse. De abajo llegaban los sones de «Pop Goes the Weasel». Vacilante. papeles. el palpitar de su propio corazón. adornos. como restos después de un tornado. cuando habló.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR mañanas en el espejo! Mustard Smith sacó una Colt 45. Tal vez Evelyn no temiera a enemigos como Mustard Smith y Jase Macintosh. —Vamos. Pero se quedó inmóvil.132 - . y el miedo explotándole en todo el cuerpo. demasiado petrificada para moverse. Se le escapó un breve alarido de miedo. y apretó el cañón contra la nariz de Evelyn: . en la punta de la nariz. sintió en las piernas doloridas cada minuto de tensión de las tres horas pasadas. En treinta segundos. pero ella sí. demasiado atónita para gritar. En la oscuridad. estará cargada. La cerilla le quemó los dedos y la tiró. con el dolor atenaceándole la cadera. se limitó a reaccionar: ¡impulsó la puerta con todo el peso del cuerpo! Pero en lugar de lastimar a alguien. perra! —refunfuñó. Se incorporó. —¡Salga. tropezó con un escalón. pero sus compañeras de la unión lanzaron una exclamación ahogada. o a una docena.

Dan se deslizó tras él y le murmuró en el oído: —Está aquí la señorita Downing. revuelto. no porque fuese lo más prudente sino porque había perdido la capacidad de idear otra cosa. los naipes de Gandy azotaron la mesa. Cenicienta de tan pálida.. sin ceremonias. Arriba. Marcus. No sabía qué hacer.133 - . Echó un vistazo a Agatha. —Hizo chirriar la silla cuando se levantó. Gandy se precipitó por la puerta trasera. ¡Si está ahí. Alzó la vista y se levantó de un salto. —Sujétese —le advirtió y. Tú también. con los brazos y las piernas abiertos! 4 El Keno. —Yo. esforzándose por andar al paso de las largas zancadas de él.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR idea consciente. de cara a la puerta vaivén.. —¿Está usted bien? Temblaba tanto que parecía que se le iba a desarmar el esqueleto.. Sin detenerse. ¿qué le pasa? —Alguien en. (N. —¡Estamos apuntando con un arma cargada! —gritó Jack—. Iré a buscar a Scotty. sí. le ordenó a Jack Hogg—: Trae la pistola y ven conmigo.. ba fuera. y viró bruscamente hacía la barra... mientras Dan y Jack subían de a dos los escalones. tambien llamado Bingo o Loto. Ivory. Gandy estaba jugando al póquer cerca de la entrada. —Estoy segura. es un juego de azar que consiste en acertar números..) . Con un brazo sobre los hombros. entró en mi a. Se colgó del cuello de Gandy con las dos manos. —Espere aquí. la alzó en brazos—.. ordenó en voz baja—: Sigue tocando... de D.. Dan Loretto cantaba los números del keno4 en la mesa más cercana a la puerta trasera cuando ella apareció. Le rodeó con un brazo los hombros trémulos. a cada lado de la puerta. asintió. Se apretaron contra la pared. que esperaba cerca del pasillo del fondo... enarbolando el arma.. Antes de que saliera la última palabra de los labios de Dan. atraída por la posibilidad de obtener ayuda. Ya la había visto subir la escalera y no había tiempo que perder... sobre el paño verde de la mesa. —Cúbreme. no. la llevó a la puerta del fondo. —Al pasar junto al piano. antes de llegar junto a ella—.. —Agatha —dijo. Alguien irrumpió en su apartamento... seguido por Jack y Dan. apartamento. Agatha parecía un fantasma. —¿Hay alguien allá arriba? —Ya n.. Pero está todo.. Que las chicas sigan bailando. ignorando que había dejado dinero en el cuenco. arrastrándola de la mano. irritado por tener que adaptarse al paso de ella. ¿Está herida? —No. le aconsejo que se tire boca abajo. ¿Por qué no dejaban de castañetearle los dientes? —¿Está segura? Sin aliento. —Señorita Downing. s.. Esta. —¿Cuándo? —No sé. muchachos..

giraron y lo miraron. sobre el rellano—. Sobre la tapa. el picaporte estaba a mis pies. en un cajón del escritorio. Oh. dijo—: ¿Dónde guarda la caja de dinero? —Abajo. con la muñeca sobre el respaldo de un banco de jardín. Las estrellas y el rocío te esperan a ti. Apretó la caja contra el pecho. yo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR En brazos de Gandy. como si esperase verla aparecer por arte de magia—. —pensó—. La caja de música seguía tocando: Bella soñadora. tomándola. «¡Dios misericordioso!.. siéntese ahí y no se mueva! Gandy se acercó a la entrada. ... —Es un lío. Parecía no percatarse de su presencia. asustados. Agatha le dijo: —Ya estuve aden. Apartó la mirada y.. Gandy pisó una tetera rota. se inclinó a levantar una caja de música con la tapa retorcida y un gozne roto.. con ustedes. Jesús. la obligó a sentarse. comenzó a sonar una suave canción. con la caja de música apretada entre los dos. Gandy viró bruscamente para enfrentarla: —Le dije que esperase ahí.. Gandy pasó por encima de la tetera quebrada y la tomó en los brazos. escuchándola un momento y cerrando la tapa.. En medio del silencio.. estaba pintada una dama de peluca empolvada. —¡Jesús! —exclamó Jack. recuerdo que llegué hasta la cima de la escalera y. —¿Qué crees que buscaban? —preguntó Dan. Se abrazó y levantó hacia él la mirada suplicante de los ojos verdes. No sé. ¿dónde podrá estar? —¿Anoche las tenía? —Sí. —Me siento más segura aquí dentro. cuando me acerqué a la puerta para abrir la cerradura. —¿Dónde está la llave? —Con las demás. Dios —repitió. Se acercó a él con su paso quebrado. despierta junto a mí. Dan y Jack.. oh. A la noche. se le llenaron los ojos de lágrimas. por primera vez.. confundida.. Alguien hizo un bonito trabajo en este lugar». Se irguió. las faldas delicadamente onduladas. y apoyándole las manos en los hombros. se tapó los labios con dedos temblorosos y dijo en voz queda—: Oh. Dios. que ya estaban dentro. la cierro con llave. miraron a Gandy—. No la traigo aquí. —Cálmese. Los ojos dilatados. —¡Estuvo adentro! ¿Sola? —Ahogó una maldición y la depositó. Agatha dijo desde la entrada: —Supongo que la caja de la tienda. Ya se fueron. enderezó una silla..134 - . —Era de mi madre —le dijo en voz suave. tro. —Miró alrededor. sin mucha gentileza. y los sauces llorones a sus espaldas. ¡Ahora. Agatha —la consoló. contemplando la delicada caja de metal en las manos morenas de dedos largos. encaminándose al dormitorio donde una almohada rasgada había provocado una nevada de plumas que estaban desparramadas por todos lados.

señorita Downing? —Sí.. sin aliento. Sobresaltada.135 - .. Sintió una aguda desolación al mirar la ropa. ¿quieres que revise abajo? —Sí. —Revisa el rellano. Y además. pero no vieron otra cosa que el desorden dejado por el asaltante.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Gandy lanzó una mirada a Dan. Agatha no pudo creer lo que oía. alzando los tacos de las botas para no pisar los objetos tirados. ¿Encontró una nota? ¿Alguna clave? —Sólo llegué hasta la mesa. Se dio la vuelta y regresó junto a ella. . no se preocupe. Los dos miraron en torno. ¿Qué piensas. Dan. en un cajón del escritorio cerrado con llave — intervino Loretto. Un hombre muy áspero que. los papeles. todas las cosas a las que nadie sino ella tenía derecho a acceder. ¿Usted está bien. —¿Al lado? —Puede dormir con Jube. Jack. Pero lo que sí sé es que ella no puede quedarse aquí esta noche. —Le entregó las llaves a Agatha y retrocedió un paso—. —¿Con Jube? ¡Pero si dormía con él. —Las encontré. En cierto modo. Todo está perfectamente cerrado con llave.. no dejó escapar casi nada. Scotty revisó el apartamento. Scotty? —Demonios. Cuando se fue. Dan entró con las llaves. —Abajo no encontré nada. —Cuando los dos se fueron. por favor. —¿Collinson? La idea la aterró más que la perspectiva de que el motivo fuera el robo.. Le masajeó los hombros.. examinó la escena con los brazos en jarras. usted no está en condiciones emocionales para quedarse sola. La llevaremos al lado. no sé. Scotty. sin perder tiempo en amabilidades. entró el comisario Ben Cowdry por la puerta. Dan subió las escaleras e irrumpió por la puerta. se concentró en Agatha. ¿qué otra cosa? —No sé. pasando sobre los objetos privados de Agatha. En ese momento. —Pero. Se mantenía en una postura exageradamente rígida. lo miró con la boca abierta. el rostro parecía blanco como la leche. con el picaporte roto. frotándole con fuerza el cuello tenso con los pulgares—. Los ojos registraban con cuidado cada sitio donde iba a poner los pies. —Hogg me contó lo que pasó aquí. los ojos entrecerrados.. Descubriremos quién fue. no está segura. —Caminó hacia dentro. la ropa de cama. —Y un minuto después—: ¿Usted está bien? Alzó los ojos translúcidos y asintió. —No creo que buscaran dinero. —¿Cree que pudo haber sido Collinson? —le preguntó. Miró a Agatha—. se sintió culpable de asediar su vida privada. tú ve a buscar al comisario. —El dinero sigue abajo. A la luz cruda de la lámpara.! —Aquí.

Lo sorprendió el impulso de protección hacia ella que lo asaltó.136 - . La señorita Downing y yo hemos tomado a Willy Collinson bajo nuestra ala. Gandy intervino: —Antes de esto. —Se volvió hacia ella—. usted se enteró. después de una reunión de templanza.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Ahá. . —Agatha. El pulso de Agatha se aceleró. —¿Qué? Con un gesto brusco de la cabeza. —Se levantó a buscarla y se la entregó al comisario con mano trémula—. con los pies separados. está en la puerta de arriba del tocador. TEMPLANZA El comisario parecía frío. raspadas en el revés de la puerta. con un enemigo tan peligroso. Tenía buenos motivos para estar asustada: una mujer sola. Sobre la pintura parda. pero sin dejar nada de lado. la enganchó con un dedo y la apartó de la pared.. cualquiera de los dueños de tabernas de Proffitt. Jack salió del umbral y el comisario cerró la puerta sin decir una palabra. giró con lentitud y los ojos pequeños examinaban todo bajo el ala del Stetson castaño.. Se dio cuenta de que estaba abrumada. examinando el papel más tiempo del necesario para entender el contenido. pero tanto Agatha como Gandy sabían que bajo el exterior impasible funcionaba una mente sagaz. Cuando se detuvo otra vez ante Agatha. todavía asustados. ¿Le parece que puede haber sido uno de ellos? —N. —¿Se le ocurrió algo? —preguntó. Cuando llegó a la puerta. estoy seguro. Gandy le apretó el hombro. —¿La de la bota arrojada por la ventana? —Esa misma. no desperdició palabras: —Se me ocurre que hay muchos tipos furiosos con usted por el grupo de la templanza que inició. O cualquiera de sus clientes. La encontré clavada en mi puerta trasera una noche. mientras el sheriff revisaba el apartamento casi sin tocar nada. los muebles. El comisario. La leyó con detenimiento. ¿conservó la nota? —Sí. Angus Reed. Agatha se sintió aturdida. se leían las palabras: OJO. El comisario la plegó. —Creo que lo encontré. la metió en el bolsillo de la camisa y revisó una vez más el perímetro del apartamento. observando con detenimiento el friso. las ropas de cama. y hasta detrás de la pequeña estufa. Levantó los claros ojos verdes. no lo sé. La lista era tan larga que. Gandy permaneció junto a ella. —¿Alguna idea? —Una —dijo Gandy—. de sólo pensarlo. —¿No le importa si me la llevo? —Por supuesto que no. y al viejo no le gusta mucho. una vez recibió una visita. Cowdry indicó a Jack que saliera del camino. Agatha. Podría ser cualquiera: Mustard Smith. —¿Qué dijo? Gandy contó lo sucedido aquel día. y vio que las cejas adquirían expresión de abatimiento. Nos hizo una visita de la que.

un cono de luz iluminaba el techo. Agatha oyó raspar la cerilla y. Dingo. por favor. ¿Estará bien? —Sí. en voz chillona y temblorosa. —Haré que el agente pase una o dos veces por noche por el callejón. Por la mañana vendremos y la ayudaremos a limpiar. Reed. Pero si me parece que Jubilee tiene la menor objeción. —Pero a mi cama no le pasó nada. Lo hizo. Agatha se detuvo junto a la lámpara y dio una inspección a la habitación que siempre mantenía fastidiosamente pulcra. y levantó un recipiente para hebillas. ya que insiste. Agatha le aseguró que lo haría.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Podría ser cualquiera —admitió. Vendrá conmigo. volveré derecho aquí. se dirigió a Agatha.. —No la dejaré aquí. no me parecería bien entrometerme con Jubilee. —Jube subirá en un minuto.137 - . Didier. Fueron hacia la puerta.. —El de Jube es el último a la izquierda. y la puerta trampa estaba abierta en medio del pasillo. Por eso. —Muy bien. el rostro de Gandy apareció sobre la llama vacilante. Y él nunca había . apague la lámpara. —Está bien. Agatha echó un vistazo al bar de abajo. y. y le dio las buenas noches. Pero no quiero que esta noche se preocupe por eso. Sabía bien dónde estaba la lámpara. Gandy la abrió y entró sin hacer gala del menor embarazo.. Al llegar a la puerta de Jube. Estaba roto. El rostro estaba apesadumbrado. y rebuscó con tristeza el cepillo entre los objetos tirados en el suelo. —La tomó del brazo—. Gandy mandó a Jack y a Dan abajo. —Lo siento. Gandy rió y le cedió el paso para que pudiese buscar el camisón y la bata. —Hizo un movimiento hacia el ropero—. La jaula dorada estaba baja. Gandy se dirigió a Cowdry: —Tiene razón. Podría ser Mustard Smith. con instrucciones de hacer subir a Jubilee. dijo—: Vamos —y la tomó del codo. Agatha se sintió incómoda con él. esperó.. Hasta que tenga pruebas concretas. Por la abertura. Sus ojos la siguieron mientras iba hacia la cómoda. Se oían con claridad los sones del piano y del banjo. —Por primera vez esa noche. Gussie. mientras pasaba junto a la abertura. Después. a continuación. que Gandy cerró lo mejor que pudo. ¿Están aquí? Empezó a abrir la puerta.. lo haré yo. y la oscuridad se cernió sobre ellos. Casi el único que se podría descartar es Jesús García: no creo qué sepa escribir en inglés. Cuando se fue.. Pero la parte de arriba había sido arrasada. sola.. —Bueno. cualquiera de ellos. —Junte lo que necesite para pasar la noche.. —Como le pareció que iba a llorar otra vez. —Por favor. —¿Quién pudo hacer algo así? —No sé. Scott. Tengo otra almohada. Si usted no junta las cosas. Colocó de nuevo el tubo y volvió junto a ella. Nunca la habían acompañado hasta el dormitorio. Juntó las dos partes y las sostuvo un momento. Haga lo que le dije. después de dejarla pasar. manténgame al tanto de cualquier hecho peculiar. Levantó la vista y los ojos de ambos se encontraron. no es mucho más lo que puedo hacer. donde se rizaba el humo de los cigarros. Ahora.

portaligas. Jubilee. —Ya lo sé. Jubilee ya estaba quitándose las plumas del cabello.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR acompañado a una dama para luego marcharse—. pensando si no oía pasos en la oscuridad. por favor. puedes usar el biombo. Scotty dice que echará al último cliente más o menos a medianoche. Tenía el cigarro entre los dientes y hablaba sin quitárselo. —Oh. —¡Oh. Mientras se desvestía. —Malditos corsés. Para su horror. Esta noche. Habría sido enervante pasar la noche en medio del desorden de al lado. esta noche me duelen los pies. Aunque nada estaba ordenado. y Agatha la imitó con las hebillas. —Le dije que no tenía por qué hacerlo. debes tener los nervios de punta! Imagina: ¡que alguien entre así en tu casa! Pero no te preocupes por nada. no. Cerraré un poco más temprano. y al levantar la vista vio que Agatha estaba parada. Agatha miró alrededor. De repente. Agatha no pudo contener una sonrisa al ver el cenicero y una cigarrera de metal. ese desorden resultaba tranquilizador. Salió de atrás del biombo vestida con el camisón de cuello alto y una bata blanca calada. La doble ventana estaba abierta y la brisa de verano hacía ondular las cortinas blancas hacia adentro. Agatha se sintió feliz de tener la compañía parlanchína de Jubilee. dejándose marcas rojas en . y Agatha no pudo contener una sonrisa. no estaba tendida. Se abrió la puerta e irrumpió Jubilee. no puedes hacerle cambiar de opinión. junto a la cama. El humo del cigarro llegó hasta el biombo. Se dio la vuelta y desapareció antes de que pudiera darle las gracias. La cama de bronce. —Se rascó más fuerte. Las puertas del guardarropa estaban abiertas de par en par. que parecía completamente fuera de lugar entre la parafernalia femenina. Scotty acaba de contármelo! ¡Dios mío. lo habría tildado de loco. con timidez. Jubilee se puso de pie junto a la silla y se quitó el escueto traje de baile. pero cuando Scotty está decidido. —Si prefieres. cremas. Dentro. como velas hinchadas. oyendo cada crujido del edificio. vacilante. oyó que Jube canturreaba: «Un pájaro en una jaula dorada». No por mí. había vestidos de baile. medias dered negras. El abrazo fue rápido y tranquilizador. El cuarto de Jube daba a la calle. rascándose el vientre y los pechos blancos. lo aprecio. para que el ruido no le impida dormir. bah! ¿Para qué están los amigos? —Se sentó en una silla y comenzó a soltar los botones de los zapatos con un gancho—. lociones y maquillajes de varias clases. Recordó el día en que vio por primera vez a Jubilee que llegaba en la carreta. Podríamos prepararnos para ir a la cama. Si alguien le hubiese dicho que terminaría pasando la noche en el cuarto de ella. —En verdad. —¡Agatha. dormirás aquí. Me alegró terminar un poco más temprano. Pero ahí estaba. De pie junto al espejo del tocador. Sobre el borde de un biombo de brocado. Junto a él. después encendía un cigarro y manipulaba cosas sobre la mesa del tocador.138 - . colgaban los numerosos vestidos blancos de Jube. conmigo. sin otra prenda que los calzones. —Jube subirá en cuanto termine esta canción. Además. Y ahí estaba Jubilee. el tocador estaba repleto de tocados de plumas.

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la piel pálida—. ¿No te parece fastidioso cómo pican cuando te los quitas? Vosotras, ya que estáis luchando por los derechos de las mujeres, podríais hacer una campaña que nos librara para siempre de los corsés. —Se sujetó los pechos llenos con las manos y los levantó, haciendo desaparecer el lunar que tenía en el surco entre ambos—. ¿Te imaginas? —Rió entre dientes, como si estuviese sola—. Andar por la calle con un vestido sin corsé con ballenas. ¿No sería bueno? Giró y Agatha bajó la vista. Nunca había visto a una mujer desnuda, y mucho menos una que exhibiera sin pudor los pechos delante de otra. Jube exhaló el humo y cruzó el cuarto hasta la tumbona. Se recostó, los pechos colgando, y revolvió entre las prendas tiradas hasta encontrar la bata turquesa. Cuando se incorporó para pasarla por los brazos, los pezones rosados parecieron destellar como faros en la habitación. Desbordada, Agatha no supo a dónde mirar. Al parecer, Jube no se daba cuenta. Despreocupada, se ató el cinturón y exclamó con entusiasmo: —¡Agatha, tienes un cabello maravilloso! ¿Puedo cepillártelo? —¿Ce-cepillármelo? Ninguna mujer le había cepillado el cabello desde que murió la madre. —Me encantará. Y te relajará. Ven. —Dejó el cigarro en el cenicero, tomó un cepillo de la mesa del tocador, y dio una palmada sobre el banco bajo que había ante ella—. Siéntate. Agatha no pudo resistirse. Se sentó ante el tocador de Jubilee y dejó que la mimasen. Se sintió maravillosamente bien. Al primer contacto de las cerdas que le masajeaban el cuero cabelludo, unos estremecimientos le recorrieron la nuca y los brazos, y cerró los ojos. —Desde que murió mi madre, nadie me había cepillado el cabello. Y eso fue cuando era niña. —Es tan hermoso y espeso —lo elogió—. El mío es fino y lacio. Siempre deseé tener un pelo como el tuyo. Eres muy afortunada de tener ondas. Yo tengo que ponerme rizadores. —¿No es curioso? —Agatha abrió los ojos—. Yo siempre deseé tener cabello más fino, más lacio y rubio. Jube cepilló todo el largo de los mechones, desde la coronilla hasta la espalda. —¿Crees que hay personas satisfechas con lo que tienen? A Agatha le pareció una pregunta extraña, por provenir de una mujer tan bella como Jubilee. Las miradas de ambas se encontraron en el espejo. —No lo sé. Pero supongo que todos deseamos algo. —Si pudieras pedir cualquier cosa en el mundo, ¿qué desearías? A Agatha siempre le pareció lo más evidente del mundo, y la dejó estupefacta que para Jubilee no lo fuese. Mientras movía el cepillo, distraída, tenía la cabeza rubia ladeada. —Piernas y caderas sanas. La respuesta de Jubilee no fue la que esperaba: no la miró asombrada o acongojada por haber pasado por alto algo tan obvio, sino que adoptó una expresión soñadora, mientras seguía cepillando el pelo de Agatha, y comentó: —Sí, me imagino. Pero, ¿no es curioso? Nunca pensé en ti como lisiada.
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El comentario fue una sorpresa absoluta. Aunque siempre estuvo convencida de que todo el mundo la miraba con lástima, sin saber por qué, le creyó. Nunca tuvo nadie con quien compartir sus sentimientos más íntimos, alguien que los compartiese con ella, y preguntó: —¿Y tú, qué desearías? Jube dejó el cepillo, acomodó el pelo tirante y alto sobre la coronilla de Agatha en forma de nido, sujetándolo con las manos. Entonces la miró otra vez en los ojos y respondió con mucha suavidad: —Una madre que, a veces, me cepillara el cabello. Y un padre que estuviese casado con ella. Por largo rato, se comunicaron sólo con los ojos. Entonces, Agatha se dio la vuelta. —Oh, Jubilee. —Le tomó las manos con cariño—. ¿No crees que somos unas tontas, aquí, deseando lo que nunca tendremos? —No lo creo. ¿Qué mal hay en desear? —Me imagino que ninguno. —Agatha parpadeó varias veces, y emitió un sonido que no llegaba a ser risa—. Acaba de ocurrírseme que, un año atrás, uno de mis deseos hubiese sido tener una amiga... Y ahora creo que encontré varios donde menos lo esperaba. Jubilee, yo... —La emoción le quebró la voz, mientras pensaba las palabras justas para expresar cuánto había llegado a valorar la amistad de Jubilee, Scott, y los otros. Los sentimientos hacia ellos la invadieron sin que lo advirtiese. Sólo en ese momento en que los necesitaba y estaban ahí, con las manos extendidas, pudo reconocer la profundidad de esa amistad—. Cuando digo que agradezco que me hayáis recibido aquí, hablo en serio. Estoy tan contenta de que estés aquí. Estaba muy acongojada por lo que sucedió en mi apartamento, pero ahora me siento mucho mejor. Jube se inclinó y apretó la mejilla contra la de Agatha. —Bueno. Entonces, ¿por qué no nos metemos en la cama? Al parecer, ya terminó el alboroto, de modo que podrás dormir un poco. Scotty dice que mañana iremos y limpiaremos tu casa. —Jubilee apartó las mantas y palmeó las sábanas, junto a ella—. Vamos, ven. Agatha accedió, gustosa. Acomodó la almohada y se sentó contra ella, alzando los brazos para cumplir el último ritual del día. —¿Y ahora qué haces? —Siempre me trenzo el cabello antes de dormir. —¿Para qué? Pensó en una buena razón pero no se le ocurrió ninguna. —Mi madre me enseñó que eso hace una dama todas las noches. —Pero así debes dormir sobre el bulto de la trenza. Para mí, no tiene ningún sentido. Agatha rió: nunca lo había pensado, pero Jubilee tenía razón. —Lo último que haría con mi pelo sería trenzarlo. —Bueno, pero entonces, ¿qué haces? —¿Cómo qué hago? Nada. Duermo con el cabello suelto. —Se pasó el cepillo por su propia cabellera, echó la cabeza atrás y la sacudió—. Es un placer. —Está bien... —Agatha comenzó a deshacer la trenza inconclusa con los dedos—. Lo haré. Sin dejar de cepillarse, Jubilee fue hasta el tocador, se metió el cigarro entre los dientes y fumó mientras se cepillaba.
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—¿Te molesta el cigarro? —Para nada. Agatha supo que era verdad. Por estar cerca de Gandy, había llegado a aficionarse. —Me relaja, ¿sabes? —le explicó Jube—. Cuando termino de bailar, estoy toda tensa. A veces, me cuesta dormirme enseguida. Jube enroscó el dedo alrededor del fino cigarro negro, fue hasta el pie de la cama y se sentó, reclinándose contra el rodapié de bronce, con el cenicero en la falda, todavía cepillándose el cabello rubio. Alguien llamó a la puerta. —Hola, somos nosotros. —Pearl y Ruby entraron, sin esperar permiso —. Nos enteramos de las malas noticias. No te aflijas. Es probable que no vuelva a suceder. Por turno, fueron a apoyar la mejilla contra la de Agatha y a desearle las buenas noches. —Si Jube empieza a roncar, ven conmigo. Cuando se fueron, se oyó otra llamada. —¿Sí? —dijo Jube. —Somos Jack e Ivory. —Bueno, entrad... ya lo hicieron todos. Agatha casi no tuvo tiempo de cubrirse con las mantas hasta el cuello antes de que ellos dos aparecieran. —¿Ya está tranquila, señorita Downing? —preguntó Jack. —Sí, gracias. Jube me cepilló el pelo y me hizo olvidar todas mis angustias. —No cabe duda de que Jube es buena con el cepillo —comentó Ivory. ¿Jube habría cepillado el pelo de Ivory? Antes de que pudiera imaginarse, siquiera, semejante espectáculo, éste dijo: —Bueno, buenas noches, señorita Downing. La veré mañana. —Buenas noches, Ivory. —Buenas noches, pues —dijo Jack. Un instante antes de cerrar la puerta, Jack asomó la cabeza: —Aquí viene alguien más. Desapareció, y Marcus tomó su lugar, con una taza humeante. La sonrisa le indicó a Agatha que era para ella. —Oh, Marcus, qué considerado. —Aceptó la taza—. Mmm... té. Gracias, Marcus, es exactamente lo que necesitaba. Marcus se puso radiante e hizo un gesto como de revolver azúcar y alzó las cejas con gesto interrogante. —No, gracias. Así está bien. —Bebió un sorbo y asintió, en gesto aprobador—. Perfecto. Marcus juntó las manos bajo la oreja y cerró los ojos, indicando dormir. —Sí, después de esto dormiré maravillosamente. Gracias, otra vez, Marcus. Al llegar a la puerta, saludó, y Agatha le devolvió el saludo. Salió y cerró. Agatha sintió que se le desbordaba el corazón, que se le entibiaba por algo más que el té. Pensó que, tal vez, se había apresurado a pronunciar el deseo; quizá, lo que más deseaba en la vida era conservar para siempre este sentimiento, esta maravillosa sensación de familia.
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En amistoso silencio, Agatha bebió y Jubilée fumó. Después de un rato, Agatha comentó: —Qué considerado fue Marcus. El semblante de Jube se suavizó. Dejó de fumar y contempló el humo que subía. —Es un cielo, ¿no? Siempre tiene un gesto amable para todo el mundo. Marcus es el hombre más bondadoso que conocí. Cada vez que estoy enferma me trae té con miel y coñac. Y una vez me dio friegas en la espalda. Fue un placer. —Al principio, me afligía que no pudiera hablar —le confesó Agatha—, pero pronto descubrí que puede hacerse entender mejor que muchas personas con habla. —Seguro. A veces me gustaría... —En el rostro de Jubilee apareció una expresión melancólica. Exhaló una nube de humo y murmuró—: Oh, nada. —Dime, ¿qué te gustaría? —Oh... —Se encogió de hombros y murmuró, tímida—: Que no fuese tan tímido. —¡Caramba, Jubilee! —Agatha levantó las cejas—. ¿Sientes... algo por Marcus? Quiero decir, ¿algo especial? —Creo que sí. Pero, ¿cómo lo sabe una chica, si el hombre nunca le da un indicio? —¿Me lo preguntas a mí? Con la mano extendida sobre el pecho, Agatha rió. —Bueno, tú también eres una chica, ¿no? —No creo. Ya tengo treinta y cinco años. No soy más una chica. —Pero sabes a qué me refiero. En ocasiones, Marcus me mira... bueno, ya sabes, de un modo diferente. Y en el mismo momento en que creo que va a... Golpearon la puerta. —¿Estáis vestidos? —se oyó la voz de Gandy. Jube le murmuró a Agatha: —Después seguiremos conversando. —Y levantando la voz—: Más que vestidos. Pasa. La puerta se abrió lentamente, y Gandy se recostó contra el marco con la corbata floja y la chaqueta colgando del dedo, sobre el hombro. Le habló a Jube, pero mirando a Agatha. —Veo que ya la instalaste. —Por supuesto. Ahora se siente mucho mejor. —Tiene mejor aspecto. —Apartó el hombro del marco y entró, arrojando la chaqueta a los pies de Agatha—. Cuando fue abajo, a buscarme, parecía un fantasma, ¿sabe? —Tomó la taza vacía—. Déme eso. —La dejó a un lado y se sentó junto a la cadera de la mujer, con un brazo del otro lado del cuerpo de Agatha—. Pero recuperó el color. Agatha intentó subir más las mantas, pero el peso del hombre se lo impedía. Sobre el niveo camisón de cuello alto, las mejillas se le pusieron de un rosado intenso. Y el cabello era una gloria, flotando en ricas y espesas ondas que captaban la luz y la reflejaban casi con los matices del vino borgoña. La mirada admirativa del hombre se demoró unos momentos en él, y luego pasó a los transparentes ojos verdes. Eran cautivantes como ningunos que hubiese visto antes, claros como el agua
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del mar. Habían comenzado a perseguirlo por las noches, en la cama, y lo mantenían desvelado como si ella estuviese en el cuarto, observándolo. Dentro del pecho le brotó un calor inesperado, mientras las miradas de los dos permanecían unidas y el peso de Gandy hacía bajar las mantas con que Agatha se cubría los pechos. —Ma-marcus me trajo té —tartamudeó, acalorada por la cercanía, por no estar vestida más que con el camisón, y sentir el calor del cuerpo de él contra la cadera—. Y Jubilee me cepilló el pelo. —Se lo tocó, insegura, como disculpándose—. Y todos los demás vinieron a darme las buenas noches. —¿De modo que ahora podrá dormir? —Oh, sin duda. —Trató de sonreír, pero no pudo hacer otra cosa que abrir los labios, y revelar que su aliento era agitado. Manoseó con las yemas de los dedos los botones del cuello. De inmediato, él le atrapó la mano y la bajó. Se quedaron quietos, con los dedos entrelazados. El corazón de Agatha latía como un pájaro cautivo, pero quería decir muchas cosas—. No sé qué habría hecho sin todos ustedes esta noche —murmuró —. Gracias, Scott. —No hay por qué darlas. —Cediendo a un impulso, la rodeó con los brazos y la estrechó con delicadeza contra el pecho. La retuvo así, sin moverse, por largo, largo rato—. Somos sus amigos. Para eso están los amigos. El corazón le palpitó con fuerza contra él. No tenía otro lugar donde poner las manos que en los omóplatos de Scott. Era consciente de la presencia de Jubilee observándolos desde los pies de la cama, del intenso olor a cigarro en la ropa y la piel de Scott, y del hecho de que sus propios pechos sueltos estaban aplastados contra el pecho masculino: era la primera vez en su vida. —Buenas noches, Gussie —susurró, y le besó el borde de la oreja—. Hasta mañana. —Buenas noches, Scott —pudo decir, en un susurro. Mientras el corazón de Agatha aún le palpitaba con fuerza dentro del pecho, Scott se levantó, tomó la chaqueta y bordeó la cama. Parado detrás de Jubilee, se inclinó sobre el rodapié de bronce. Jubilee alzó el rostro y le sonrió. —Buenas noches, Jube. Se besaron. —Buenas noches, Scotty. La cuidaré bien para ti. Le hizo un guiño a Jube y una sonrisa a Agatha. —Todos lo hacen. Luego, él también se marchó. Cuando apagaron la lámpara y el edificio quedó en silencio, Agatha, tendida junto a la muchacha dormida, se quedó despierta por mucho tiempo, por más tiempo que nunca en su vida. Se sentía confusa, y más consciente de su cuerpo de lo que recordaba haber estado jamás. No sólo de las partes que le dolían, sino de las que no. Se sentía erizada de pies a cabeza. Dentro del pecho, el corazón golpeaba como si una fuerza mística lo hubiese despertado después de dormir todos esos años. ¿Cómo era posible que Scott le hubiese provocado algo semejante... sentado ahí, despreocupado, y tomándola en brazos sin el menor recato? ¡Y ella en camisón! ¡Y Jubilee ahí, al lado!
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Pero en aquel momento, cuando le apoyó las manos en los omóplatos y su corazón se apoyó contra el de él, las preocupaciones de Agatha misma por el recato se esfumaron. Qué bueno fue sentirse apretada contra el cuerpo sólido, abrazada por un minuto. Qué ardiente sintió el rostro y qué insistente el pulso. Cuan plenos y pesados los pechos, cuando los aplastó. Recordó la sensación de tersura de la espalda de la camisa, estirada mientras la abrazaba. Y la barbilla de él contra su sien. Y el hueco del cuello contra su boca. Y el olor... ah, el aroma, tan diferente del propio, mezcla de agua de violetas y almidón.... Con la evocación, llegó el pudor. Pero pertenece a Jubilee, ¿no es cierto? Confundida, Agatha se dio vuelta y se acostó sobre la otra cadera. El mismo refrán le daba vueltas en la mente una y otra vez. ¿Cómo puede ser que Jubilee pertenezca a Scott, si quiere a Marcus? Cuando al fin se durmió, lo hizo profundamente, pero sin respuestas.

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—¡Oooohhh. ¡Caramba. se le secó la boca. Se aclaró la voz y se humedeció los labios. con el destornillador en la mano. apoyo de todo corazón la legislación reciente enviada a ambas cámaras de la legislatura. Como sabe. —Bueno. y como remitente. prometí a mis votantes hacer todo lo que estuviese en mi poder para desterrar. Regresó con la última edición de The Temperance Banner y un sobre con sello de correo de Topeka. Agatha advirtió que se rascaba otra vez y tomó nota mental de hablar con Scott al respecto. Willy se cansó de juntar plumas. espiando sobre los hombros. a ver si le había llegado correo. asomadas sobre el borde del minúsculo equipo de cocina de Agatha. Ivory y Jack. proponiendo ratificar la enmienda de prohibición de nuestra Constitución estatal. —¡Bueno. y cuando apareció Willy lo pusieron a la tarea de recolectar las plumas y meterlas en la funda de la almohada. el representante estatal Alexander Kish me mencionó su nombre. sino también su venta dentro de las fronteras del Estado. es del gobernador! —exclamó. Marcus instaló un picaporte nuevo. Los ojos de Agatha recorrieron velozmente el papel. De pronto.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 11 Por la mañana. cuando resulté electo gobernador de Kansas. John. pero él la trató de un modo tan platónico como siempre. con Willy trepado sobre las botas para ver mejor. y Agatha lo mandó a la tienda de Harlorhan. —¡Eh. Con ese fin. que nos codeamos con lo mejor! Hizo girar los ojos y agitó los dedos como si se le quemaran. Dan. antes que nos dé un ataque de tanto afligirnos! La mirada de Agatha se posó fugazmente en Scott. Al despertarse. ¿qué dice? —quiso saber Ruby. —Es una invitación. la dirección oficial del gobernador John P. las chicas. tal como habían prometido. Estimada Señorita Downing: Como miembro activo del movimiento para prohibir la venta de sustancias tóxicas en el Estado de Kansas. fueron a trabajar. léela en voz alta. Agatha abrió con cuidado el sobre y sacó una carta con el sello del Estado en bajo relieve. . mientras todos se amontonaban alrededor: Marcus.145 - . Hacia las diez y media. Scott. con el codo apoyado en el mango de la escoba. no sabía bien como comportarse con Scott esa mañana. St. y la apartó. el gobernador! —repitió Ruby—. el de la señorita Amanda Way. nerviosa. y el de la señorita Drusilla Wilson. no sólo el consumo de alcohol.

pesadamente. negros e inescrutables. ¿Vienes abajo y me ayudas a barrer el local? Obediente. Estaba firmada por el gobernador John P. desalentadas. De repente. Quiso pensar en una respuesta. temerosa de encontrarse con los ojos de todos en medio de ese silencio incómodo. St. el ruido de las ruedas de las carretas y de cascos que pasaban por la calle. Dan fue al rescate. nadie dijo una palabra.146 - . el quince de septiembre. Arriba. Sintió un incómodo calor en el rostro y el cuello. la enmienda podría y debería ser ratificada por los votantes de Kansas. la miraba ceñudo. —Está bien. —¿Qué pasa? —preguntó Willy. el silencio se hizo largo y pesado. Agatha alzó la vista. Willy se dispuso a salir pero estiró el cuello para observar al cariacontecido grupo mientras se alejaba con Dan. pero lo único que se le ocurrió fue: —Nada. y se agachó a recoger un trapo de limpiar. chico? —Le puso una mano en la cabeza—. tras la salida de los dos. Como medio de expresar mi agradecimiento por la tarea de ustedes y para alentar el futuro apoyo al movimiento de prohibición. se dio cuenta de que Ruby era descendiente de varias generaciones de esclavos que. Por la ventana abierta entraban los mugidos lejanos de las vacas. en ese momento. habían aprendido a ocultar sus emociones.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Si aquéllos que. —¿Qué te parece. Las muchachas permanecieron sentadas. se diesen otra vez la mano para hacer ahora un esfuerzo más agresivo que nunca. Fueron saliendo de a uno. y los dedos largos y negros de Ivory tamborileaban un ritmo en el muslo. ¿qué les pasa a todos? —Cosas que no entenderías. El rígido papel crujió cuando lo dobló con lentitud y lo metió otra vez en el sobre. Jack se rascaba la nuca evitando mirarla. cachorro. John en persona. Aquí está todo hecho. no se traslucía nada. hasta que sólo quedó Scott. Pero no era cierto. trabajaron con celo por esta noble causa. le extiendo esta invitación a tomar el té en el jardín de rosas de la mansión del gobernador. confundido. Se podía oír volar una mosca en la habitación. Pero en el . como tales. mirando las caras de los mayores. eh? —insistió Willy. pero. Miró fijamente la carta. Cuando Agatha terminó de leer. Ruby apartó la vista. En el rostro de Ruby. será mejor que nos vayamos. —Bueno. contemplando el suelo que acababan de ayudar a limpiar. Finalmente. hasta ahora. Ruby le preguntó a Agatha: —¿Irás? Agatha levantó la vista con dificultad hacia los ojos de Ruby. y su voz resonó como un trueno. a las dos en punto de la tarde. —¿Qué pasa. —No sé —respondió. Scott. Finalmente. el resonar de las herraduras que llegaban al hotel de al lado. aún apoyado en la escoba. Marcus rascaba con la uña del pulgar una burbuja de pintura seca en el mango del destornillador.

una causa. No todo hombre con un vaso de whisky es como Macintosh. —Le apuntó la nariz con el dedo—. Scott. que se juega el dinero de los zapatos. todo era silencio. sin darse cuenta de que lo único que necesitarían para hacerlos regresar es un poco de cariño! No podía creer la ceguera empecinada del hombre. exasperado. —Bueno.. Scott resopló. sin tener. Empobrece a toda la familia al inhabilitar al hombre para trabajar. Hizo una inhalación profunda. En el corazón de la mujer se hizo una pequeña fisura. Seguramente no había una taberna en kilómetros a la redonda. —Lo malo es que comienzas a creer en esas generalizaciones. disgustado. y su mentón adoptó un contorno obstinado. hace mucho. Agatha. y luego exhaló.147 - . —Oh. siquiera. ¿qué debo hacer? —¿Me lo preguntas a mí? —Lanzó una carcajada dura y áspera. —Eres limpia para discutir. por lo tanto. ¿no es así. —¿A quién otro podría preguntarle? En tono colérico. —Estuviste demasiado tiempo con esas fanáticas. del almacén. —Scott —rogó—. Empiezas a hablar como ellas. que es donde tendrían que quedarse más hombres. Y eso fue porque mi madre sabía cómo retenerlo en casa. y convierte en brutos a sujetos gentiles. ¡Y eso es lo que sois vosotros! La mitad de las mujeres como tú se arrodillan ante todas las puertas vaivén del pueblo y cantan esas malditas canciones tan dignas. —Tu padre vivía en una plantación. ¿eh? —¿Qué es lo que te parece limpio? ¿Llevar a Willy al Cowboy's Rest una vez por mes. —¡Son una banda de esposas insatisfechas que buscan un modo de hacer volver a los esposos a los hogares. con dos costillas rotas y un ojo negro? ¿Tiene ella un motivo? —Annie es otra historia. La cuestión es que no había tabernas y. —La verdad duele. apretó las manos en el mango de la escoba y echó la cabeza adelante—. y deja que su hijo duerma en una cama hirviendo de piojos? Scott rechinó los dientes.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR apartamento de Agatha. ¿en serio crees eso? —Mi padre jamás holgazaneó en la taberna. para aliviar tu culpa? —¡Mi culpa! —El rostro de Scott se ensombreció. ¡Yo no tengo ninguna culpa! ¡Yo aquí manejo un negocio y trato de mantener vivas a ocho . —¿Y cómo sabes todo eso? —Me lo contaron las chicas.. Los ojos se endurecieron como si fueran de mármol negro. La crispación de Scott fue evidente. —¿Y Alvis Collinson. —¿Qué me dices de Annie Macintosh. tu padre se comportaba como el proveedor y se quedaba en la casa. Scott? Pero sabes tan bien como yo que el alcohol es adictivo y debilitante. señaló a la calle y dijo: —¡Prueba con esas locas cuyas marchas encabezas! —¡No están locas! Tienen una buena causa. El ceño de Scott se profundizó.

Si se ratifica la enmienda. Hasta Doc. ¡Pero no esperes que venga corriendo a salvarte la próxima vez que un propietario de taberna ya harto venga a arrasar tu casa! Salió precipitadamente por la puerta y la cerró con tal fuerza que Agatha se encogió. A la tarde. A la mañana. lo conseguirían en otro sitio. Y a la noche. Hace seis meses.. en cierto modo. y Collinson tenía la impresión de que. ve. El día no había sido bueno para Collinson. A veces. y todos los que hacen la ley en el país lo comprarán afirmando que es para propósitos medicinales. El corazón le dolía y el pecho también.. pero sólo pudo verla tras una cortina de lágrimas. una vaca enloquecida le había aplastado la pierna contra una cerca antes de que pudiese sacarla del paso. «¡Sabelotodo inútil!. Se dejó caer en una silla y apoyó la frente en las manos. Perdió ocho manos seguidas. Trasegó otra medida de whisky y se pasó el dorso de la mano por la boca. . todavía se hacía pis en la cama y ahora está ahí sentado. Se sentía desgarrada. Pero si la prohibición logra regenerar al menos a un tipo como Alvis Collinson. no me impide dormir por la noche. el chico apareció con plumas pegadas a la camisa y admitió que había estado merodeando otra vez por la casa de la entrometida sombrerera. y el vaquero que estaba al lado se llevó la banca de los últimos tres cuencos. Por su propia voluntad. lo llamará bitter. Loretto las tenía contra él. como todos los demás en esa taberna. nada menos que ayudándole a limpiar la casa.148 - . Contó el dinero: tenía para dos manos más y. era lo que uno hacía después con esa elección. quedaría en bancarrota. la puerta se cerró y permaneció cerrada.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR personas! —Lo sé. con su cerebro obnubilado. de toda una «familia» equivocada! Pero estaba aprendiendo que uno no siempre elige de quiénes se encariña. claro. sacaba naipes de la manga. ¡que el cielo la amparase. aunque. Pero. las tabernas tendrán que cerrar. la familiaridad de la noche pasada se había hecho pedazos. con su chaqueta negra de fantasía y la corbata de cordón. haciendo trampas a los que solía llamar amigos». no era su decisión. confundida y acongojada de haberse enamorado del hombre equivocado. habrá valido la pena la lucha. Lo que provocaba dicha o pena. Sin embargo. la suerte empeoró. la vida hacía la elección. El nuevo picaporte actuó a la perfección. ¿nunca te surgen dudas respecto de los hombres a los que vendes todo ese alcohol? ¿De las familias que necesitan desesperadamente el dinero que se derrocha en las mesas de juego? Adoptó una expresión de complacencia consigo mismo: —No. pero Yancy Sales venderá lo mismo que yo. Agatha! —Agitó una mano hacia la estación—. logró ganar dos de las últimas seis. —¡Entonces. Y valoro lo que haces por todos ellos. —pensó—. —Puede ser. ¡Ve a la jarana del gobernador! ¡Bebe el té en el jardín de rosas! —Cruzó a zancadas la habitación y le puso en las manos la escoba—. para luego dar un codazo a Doc. Si yo no les vendiera whisky. si no ganaba.

¿no te sobra un cigarro? «Doc» Adkins no era doctor en absoluto. a mí? Collinson asintió. ¿no les molesta si me siento a jugar un par de manos? —dijo con estudiada indiferencia. —¿Cuál es el juego? —preguntó sacando unos billetes del bolsillo. mezclando cenizas y trementina en el alimento. El joven tejano vecino de Collinson vio. Collinson estaría viéndolo. y que sirvió al instante dos medidas de whisky dobles. que Gandy tomaba una silla que estaba cerca con la bota y la arrimaba a la mesa. El negocio no iba muy bien desde que suministró tintura de opio a una de las marranas de Sam Brewster provocándole un sueño eterno en lugar de curarle la enteritis. —Collinson codeó a Doc en el brazo con la mano que sostenía el cigarro—. Doc? Ya le salió bigote y todo. ¿Quién juega? Collinson empujó su penúltimo dólar al centro de la mesa. Collinson estaba buscando pelea.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Eh. inició una conversación aparentemente casual con el vaquero. aliviado.149 - . para estar seguro de que todas las manos estaban sobre la mesa cuando se cortara. se mostraría frío como una rana en un macizo de lirios. El novato era bueno pero. a lo cual atribuían la expresión distante de los ojos amarillentos y sus torpes reacciones ante la vida en general. Jack le hizo una seña a Scotty. que estaba en la barra. Dan. Los arqueaba en dirección contraria. — Collinson rió con desdén y contempló la muestra rubia que Dan lucía bajo la hermosa nariz—. era agradable. —¿Cómo te llaman. interrumpiendo una conversación con dos vaqueros. Doc. cuando eso ocurriese. fue a servir las bebidas. y un amigo fiel para el desdichado Collinson. el rostro enrojecido de Collinson observó al tallador. Entretanto. que la captó e. —Tu bebida. Mientras lo encendía. Acomodó el mazo y alzó dos dedos haciéndole una señal a Jack. y guiñó a través del humo del cigarro. Se estiró para colocar uno de los tragos ante el croupier y puso el otro ante sí mismo. —Caballeros. —Blackjack —respondió Loretto—. —Claro que no. . ¿no? Toda la noche. muchacho? —¿A quién. Loretto pasó el mazo a la izquierda y Collinson observó. —Tiene veintiuno. Parece un retazo de ese trigo duro que les gusta a los saltamontes. tarde o temprano. y caían en línea como por arte de magia. Loretto daba con tal agilidad que los naipes casi no se curvaban. se le escaparía un error y. y Dan tenía órdenes. ¿Oíste eso. Mientras se daban las dos primeras rondas de naipes. Se decía que Doc Adkins tenía la costumbre de probar él mismo la tintura de opio. sino un autodenominado veterinario que viajaba por el país «haciendo nacer» terneros y «desagusanando» cerdos. Pese a todo. Doc encontró un cigarro y se lo entregó al compañero de bebidas. —Así que a tu madre no le entusiasma que seas croupier aquí — comentó Collinson. Dan estuvo percibiendo que se formaba una tensión subyacente. —Tengo veintiuno —respondió Loretto con sencillez.

Enfrentó la mirada beligerante de Collinson y se obligó a relajar cada músculo. Gandy movió una mano sobre los naipes que le quedaban. Aflójate. mientras Collinson seguía interrogándolo: —¿Qué aperos usas para cabalgar? Gandy se abstuvo de intervenir. y el sudor le brotaba de las axilas—. Los dientes manchados de Collinson mordieron la punta del cigarro mientras pensaba. Otra vez. pero trató de disimularlo. —El muchacho tragó saliva—. allá en Galveston. Los ojos de Collinson se achicaron más aún. señor. Me resbalé de una montura húmeda cuando empezaba a cabalgar. aunque le llevó cierto tiempo—. Se enjugó la boca con el borde de un dedo áspero y empujó su último dólar para cubrir la doble apuesta. —Miró con los ojos entrecerrados las mangas negras que le llegaban a Dan hasta los nudillos—. pero esperaba acertar doble en esta mano—. No me gustaría jugar con alguien que tuviese reputación de dejar resbalar algún naipe. —N. ignorando la insinuación de Collinson. Sí. pese a que estaba quebrando una regla fundamental del juego: distraer a McQuaid durante el juego. Danny.. el Resbalizo. Gandy advirtió el leve movimiento de las caderas de Dan bajo la mesa al cruzar el tobillo izquierdo sobre la rodilla derecha. Eso era mejor. Loretto le ganó dos veces: un nueve y un cuatro. —¿Ahí aprendiste a jugar a los naipes? McQuaid se puso tenso. —¿Cartas? —le preguntó Loretto a McQuaid. pues nadie podía ser tan afortunado con tanta frecuencia. indicando que se plantaba en los trece. —¿Y dónde aprendiste tú. con los muchachos. McQuaid tomó una carta y pensó. Prepárate. y observó cómo Loretto revisaba la carta que había bajado sin despejar el paño verde. Mi papá me puso ese apodo.. usaba mangas cortas.150 - . . Slip McQuaid.. Doc se tomó su tiempo para pensar. no era más alto que una lombriz. —Jugué un poco en la barraca. no. Loretto? Trataré de adivinar: aquí. El maldito novato tenía que haberlo sacado de la manga. Collinson miró sus naipes: un par de ases. —El rey lo derrotó y su temperatura subió un grado. —Golpeó con los nudillos el cuatro dado vuelta. Lanzó una risa tensa. Dame. Loretto lanzó ágilmente un naipe en su dirección. Pasó el cigarro al otro extremo de la boca y clavó los ojos en el croupier mientras hablaba con McQuaid: —Espero que eso no tenga nada que ver con cómo juegas a los naipes. me acuerdo cuando Danny. ¡Ese maldito novato no podía ser tan afortunado! Todavía tenía veinte en el otro juego. ¿Te acuerdas. En aquel entonces. señor... aquí presente. para tener a mano la pistola escondida. Los abrió y advirtió que el croupier también exhibía un as junto con el naipe bajado. Doc? —Lo recuerdo —respondió Doc con vaguedad. Loretto descubrió un siete. Uno más —le dijo a Loretto. y maldijo cuando contó veintidós. Gandy. pero lo que más enfureció a Collinson fue no haber podido sorprenderlo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Slip. —En Rocking J. y me quebré la clavícula.

—¡Desgraciado hijo de perra! —El rostro del hombre se contorsionó y sacó un cuchillo—. El local se sumió en el silencio. Doc y McQuaid retrocedieron. le mandó otro naipe. levantándose—..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¡Date prisa! —le espetó Collinson—. Cuando Collinson explotara. Gandy. malditos. mordiendo el cigarro. y se fue al mazo: —Estoy fuera.. Alvis. eso es lo que estoy. petimetre inútil. Deje ese cuchillo. —Quedo yo solo contra la banca. Dan hizo otro movimiento con la mano que nunca quedó fuera de la vista. El cuchillo se hundió en el antebrazo de Gandy.. redonda. angustiados. No sé qué demonios te lleva tanto tiempo. ya lo sabe. dígalo. Alvis. y la casa pagará una ronda. Ya le dije que no quisiera tener que dispararle. Doc lo miró con ojos miopes. Está ebrio —trató de razonar Dan. —¡Usted también! ¡Le haré un favor a este pueblo librándolo de ustedes dos! ¿Quién quiere ser el primero? —Sea sensato. Dan mantuvo una mano sobre la mesa. Estoy quebrado. sería duro.151 - . —¡Al diablo con usted. suspiró. Con un giro de la muñeca. —Esto no es por los cuatro dólares. Entretanto. —Veamos tus cartas. Alvis. hijo de perra. —Déjelo. Collinson. ¡No me digas que no ocultas naipes en las mangas! Gandy se levantó lentamente. Déjelo. no les basta con sacarme el dinero con los naipes que se guardan en la manga. Todos los presentes miraban. pero metió la otra sobre el muslo. Gandy se contuvo una vez más. —¡No tiro nada. No quiero tener que dispararle. exhibiendo el arma—. Collinson se agazapó con la hoja centelleando en la mano. todos los músculos tensos. El rostro de Collinson se puso purpúreo. y tírelo —dijo Dan. con la palma hacia arriba—. muchacho —lo desafió Collinson. Comenzó a hacerle señas a Jack. Canallas. y mostró tres cartas que sumaban un veintiuno redondo. preparado pero dijo en voz suave como la miel espesa: —No permito peleas aquí adentro. ¡Maldición! Lo conozco de toda la vida. —Démelo. —Vayase a su casa. antes de que alguien resulte lastimado —advirtió Gandy. y usted lo sabe.. —Otro —farfulló. Hablaremos afuera. Explotó la pistola y Collinson cayó boca abajo sobre la mesa verde. ¿no? ¿Cuánta suerte tiene que tener un tipo para ganar aquí? —Si tiene algo que decir. más que a ustedes dos! —No creo que valga la pena hacerse matar por cuatro dólares —le aconsejó Gandy—. —Gandy se le acercó. Doc por fin se decidió. El sujeto se volvió hacia él. Las chicas . que me roba todo lo que tengo. también tienen que poner contra mí a la carne de mi carne. —No estoy ebrio.! Alvis impulsó el brazo atrás y todo el infierno se desató al mismo tiempo.

Dan se abalanzó a auxiliarlo y Jube se acercó corriendo. después de haber oído el disparo. —Saca. —P. —Déjeme pasar —le ordenó con gentileza—. —Doc. Levantó la cabeza y miró. Pero Gandy los apartó a los dos y se dejó caer en una silla. poniéndole las manos fuertes en los brazos y suplicándole con los ojos que hiciera lo que le pedía. hombre! —Se dio la vuelta hacia Scotty y fue a arrodillarse junto a él. acerqúese —le gritó Dan—. Miró. —¡Alguien que vaya corriendo a buscar al doctor Johnson! Se volvió hacia Adkins. Gandy hizo una mueca y se aferró el brazo derecho. Le vendría bien su ayuda... Lo miró de frente y entendió enseguida que estaba tan preocupado por la seguridad de ella como por Scott. con expresión desesperada. Gandy gimió y la frente se le perló mientras lo tendían en el suelo de pino sin pulir. miró a Gandy que estaba sentado jadeando. ¡Por el amor de Dios. Vio a alguien tendido sobre una mesa de juego. dudoso. Entró. ¿Qué quieres que haga? Gandy estaba a punto de desmayarse de dolor. moviendo los dedos de la mano ensangrentada.152 - . querido. déjese de lloriquear y actúe como un. antes de que se caiga de la silla. Agatha llegaba a la puerta trasera. con la sangre empapándole la camisa. —Gussie —susurró. a Ivory y a las chicas. —¿A mí me hablas? —Es veterinario. pero yo. Con aire de duda. ¿verdad? Fíjese si puede hacer algo para mantenerlo vivo hasta que llegue el doctor Johnson. Le aflojó la corbata y el botón del cuello y le tocó la garganta con ternura. la cara de Dan. Agatha los aferró con fuerza y apretó el dorso de la mano contra el .. —¡Es su amigo. que había salido de su estupor por primera vez en años. Dan y Jack reaccionaron sin demora. Tenía el rostro blanco y los ojos redondos de terror. ahora me toca a mí. —Acostadlo. y Agatha se apresuró a acercarse. Le brotaban gotas de sudor. Dan levantó la voz. Dan lo hizo rodar y le buscó el pulso. oh. En ese momento. todavía agarrándose el brazo inerte. dando órdenes a Jack. Marcus la soltó a desgana. —Revisen a Collinson —se apresuró a decir. que daban vueltas. indecisas. tragó con dificultad y fijó la vista en el cuchillo que sobresalía del brazo de Gandy—.. En medio del súbito silencio. Scott —murmuró. Él me ayudó. alrededor del cuerpo inerte de Gandy. Scott esbozó una sonrisa débil. resoplando. —Oh. sin fuerzas. y se detuvo junto a la mesa de keno para contemplar la escena.. apretándose el bíceps derecho. corriendo hacia él. Adkins! —vociferó Dan. te dio. —¡Maldición! De todos modos. impaciente—. el rostro crispado de angustia—. aturdido. lo —murmuró. —¡Dios mío! —susurró. a Jubilee.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR chillaron. Marcus trató de detenerla. Agatha se arrodilló junto a él con dificultad. donde la sangre comenzaba a abrillantar la manga.. a Scott tirado sobre una silla con el cuchillo saliéndole del brazo.

detrás—. —¡Apártense! —En menos de treinta segundos.. Arrodillada junto a Scott. buscándola con los ojos—. ¿Dónde estás. el doctor Johnson irrumpió empujando las puertas vaivén. Jack. Scotty. con la cabeza del herido en el regazo. Llamó a Marcus con un dedo. —Uno más. organice mi funeral. Reía flojamente. Cowdry interrogó a los parroquianos. Llegó el camillero a llevarse el cadáver de Collinson y se juntaron dos mesas para formar una sala de operaciones de emergencia. que ninguno de dus bautistas.. —¡Apártense! —ordenó el doctor Johnson. —Tenía el borde de los ojos enrojecido. la piel parecía de cera. —Entonces. Miró el rostro pálido de Scott. Jack fue a buscar una botella llena de whisky Newton. los tirantes colgando sobre las rodillas. —Cerciórate de que sea el bueno.. Se arrodilló. impaciente. Scott dirigió una sonrisa fatigada al cantinero. y le tomó la mano sana. mientras la sangre se secaba en la mano de Agatha. Dile que lo siento. sin prestar atención al hecho de que su propia mano se manchaba de sangre. el cuchillo que sobresalía de la carne. Scott. echó un vistazo al cuchillo y aconsejó—: Sería conveniente que emborracharan a este hombre. ¿cómo. Lo lamento. Jubilee estaba sentada en el suelo. y después los hizo evacuar. Parpadeó un par de veces. —¿Gussie? —susurró. pronunció—: Collinson está muerto. impresionada—. pero no le cuentes a Agatha que te lo dije. Llegó el comisario Cowdry. Él se la aferró con desesperación.153 - . El nombre penetró en la mente de Agatha. En ese preciso momento. Tendido en el suelo. Con eso bastará... con el camisón metido dentro de los pantalones.. inspeccionó en silencio el cuerpo de Collinson.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR pecho.? —Trató de convencer a Collinson de que le diera el cuchillo. Cuanto más ebrio esté. fui yo —la corrigió Dan. pero todavía no cerraba los ojos. —Lanzó una risita de borracho y levantó la cabeza para ver a Ivory. En contraste con el pelo y las cejas oscuras. Y él se lo clavó. con los labios húmedos. Y si esdiro la pata. ¿Él mató a Collinson? —No. muchacho. Quiero el cancán. mejor. ¿endiendes? Jack le puso otra vez la botella en la boca al patrón. Trató de sonreír de costado. Dan.? —Aquí estoy. salvo por el rubor antinatural que le daba el alcohol a las mejillas—. Se acercó silenciosa a la mesa. le disparó una mirada a Dan: —¿Collinson? —repitió. —Escucha —tartajeó—. el rostro sonrojado. El licor resbaló por la mejilla de Scott y dejó una mancha oscura sobre el tapete verde. Esa cosa es muy buena. Tienes que decírselo a Willy. —Willy. Ivory y Jack levantaron a Scott con delicadeza y lo acostaron sobre las mesas. y el cabello rojo erizado. . Marcus. pero en el rostro pálido parecía la sonrisa de un fantasma. mientras Jack daba a Scott más whisky del que Agatha imaginó que podría consumir un hombre que se mantuviese consciente.

Y todo el que tenga estómago débil. . que se vaya. cómo el cuerpo se convulsionaba y para oírlo gritar de dolor. Agatha se quedó el tiempo suficiente para ver cómo el médico sacaba el cuchillo del brazo de Scott. los ojos se le desbordaran y se le oprimiese la garganta. —Te lo prometo. Pero cuando el doctor sumergió la aguja en el whisky.154 - . El doctor abrió el maletín negro y comenzó a enhebrar una aguja con un trozo de pelo de caballo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Le acarició el cabello que se pegaba a la frente sudorosa. y lo apartó hacia atrás. —Traigan otra botella de whisky —ordenó—. se escabulló por las puertas vaivén para tragar el aire fresco de la noche y llorar a solas. También para escuchar cómo el doctor ordenaba: —¡Denle otro trago! Para que el estómago se le retorciera.

con los ojos muy abiertos. tienes que irte! —La mirada se tornó frenética—. por la tarea que debía emprender. tan solo. Y por sí misma. Agatha le cubrió la mano y le alzó la barbilla para mirarlo a los ojos. tan pequeño.155 - . Aún está en el pueblo. intentando no pensar en las otras criaturas vivas que compartían la cama con el niño. los dos estaremos en problemas! Tenía cicatrices a los costados del cuello y una marca roja sobre la oreja. Se encaramó con vivacidad en el borde de la cama. —No. ¿qué te ha pasado? —¡Gussie.. sábanas sucias y cuerpos sin lavar. Los ojos de Willy comenzaron a llenarse de lágrimas. Al ver que se le contraía el cuello en el esfuerzo por contener las lágrimas. ¿verdad? —insistió. detrás de la oreja—. Parecía muy pequeño. En la almohada sucia.! —Está bien. —¿Willy? —Le tocó la sien. había sangre seca. Cuando la encendió. Abrió los ojos y Agatha vio que los tenía rojos e hinchados de llorar. y Agatha lo llamó de nuevo. Comprendió que estaba mintiendo. la apartó con un movimiento y bajó la vista. Las lágrimas le hicieron arder los ojos. pero el olor era el mismo: una mezcla de moho. Unió las manos bajo el mentón y rezó en silencio por él. encontró cerillas y una lámpara. me resbalé cuando estaba trepando a los corrales de ganado. trató de no mirar alrededor y fue directamente a donde estaba Willy. No se despertó. Pensó: «Los ojos de un niño no deberían estar hinchados». preguntándose qué sería de él. —Lo hizo él. Buscó a tientas la mesa.. El pequeño se acomodó mejor en la almohada sin funda. Incluso antes de encender la lámpara supo que no se había producido ninguna mejora. y el mentón tembló en la mano de la mujer. ¿Él te hizo esto? Cuando trató de tocarle la oreja. Se quedó largo rato contemplándolo. querido. —¡Gussie! ¿Qué estás haciendo aquí? ¡Si papá te ve. Era probable que estuviese acostumbrado a que alguien diese vueltas por la cocina encendiendo lámparas en mitad de la noche. aceite de petróleo. se sintió . acurrucado formando una pelota. ni cuando la mujer acercó la lámpara y la dejó en el suelo. —Willy. Cuando despertó del todo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 12 Agatha no había vuelto a la casa de Collinson desde aquella primera vez. con la barbilla contra el pecho. ¡Papá te. se incorporó de un salto. Willy. con calma. tan carente de amor. pues evitaba mirarla a los ojos y rascaba la ropa de cama con un índice sucio. y me golpeé contra el travesaño. Apretó los labios. tragando el nudo de emociones que tenía en la garganta.

cerca del retrete. no me importa. como tu madre murió tan joven. —¿Papi? —Sí. Inspiró una honda bocanada. y una ardiente gratitud de que el padre estuviese muerto y nunca más pudiese volver a lastimarlo. La boca de Willy se apretó y miró los pliegues del corpiño de Agatha. —¿Lo balearon? Agatha asintió. no m. en el fondo. Lo balearon hace una hora. Los músculos se fueron tensando uno a uno. esta noche..156 - . tú vendrás conmigo a casa.. al otro lado del hombro de la mujer.. aunque lo entierren ahí afuera. junto al retrete! No me importa... hasta que el rostro pequeño se transformó en una máscara desafiante: —No me importa que esté muerto —dijo. —Ah. Agatha ya no pudo contener las lágrimas. pero le tembló la barbilla—. Willy logró decirlo sin derrumbarse. en la taberna de Scotty.. El niño la miró. lo sepultarán. Lo dijo en tono neutro. irguió los hombros y apretó con fuerza la mano de Willy: —Willy querido. Agatha también.. esta noche murió tu padre.. —¿Eso quiere decir que no vendrá a casa? —Me temo que no. está muerto? Agatha le acarició el dorso de las manos delgadas con los pulgares. ¡No me importa. es probable que. —Willy... ¿no es así? La mirada del niño se fijó en las sombras. n. ¿Quieres? —Sí. hizo un ruido raro y luego. Por eso. será mejor que salgas de aquí. no se trata de eso.. Pero. y vio los de ella desbordando lágrimas. aturdido. Hasta que se arrojó sollozando en brazos de Agatha. voló contra una pared.. —E. y afirmó: —No tomaré más baños. mi amigo Joey y yo lo enterramos afuera. Los ojos castaños de Willy miraron de frente a Agatha. —Sabes lo que eso significa. obstinado. un instante. —¿Eso es lo que harán con mi papá? —Claro. —¿En serio.. pero en el cementerio. y le dio tiempo a que asimilara la noticia. tu padre fuese un buen hombre. Los ojos de Willy se agrandaron de perplejidad. tengo que darte una mala noticia. aunque estuvo a punto. Querido. ¡No me importa! —Comenzó a alzar la voz y a golpear el colchón—. donde está tu madre. —Encontró plumas en mi camisa y me preguntó de dónde las había sacado y cuando se lo dije me dio unas buenas con la correa de afilar la navaja y dijo que no podía ir más a tu casa ni a la de Scotty.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR desgarrada entre dos emociones: el amor por este huérfano abandonado. Los puños aferraron el vestido. Willy alzó los ojos marrones. tuvo muchas penas en la vida. secos. Papá lo pateó. me. —Una vez tuve un gato que se murió. —No. y la cabeza enmarañada se hundió en el seno de la . sin inflexiones. si no quieres que me dé otra vez con la correa. Gussie..

Lo llevó a casa de Paulie a desayunar y lo observó engullir suficientes tortillas como para techar una escuela. Agatha contempló el cuadro que representaba la casa blanca de la plantación. querido. pero ver los objetos personales de un hombre para una mujer era como compartir algo íntimo con él. y se deshiciera discretamente de la ropa sucia. y ya sabes cuánto los odia. no muy bien.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR mujer. Ésta extendió una mano sobre la espalda pequeña y la sintió agitarse. —Voy a ver dónde están. Está en el Cowboy's Rest. valdría la pena el trabajo que le daría sacar los piojos. que tenerlo ahí aunque fuese por tan poco tiempo. ¿cómo?. en la pared del apartamento. Fue al apartamento de Gandy y golpeó la puerta con suavidad. Debajo. en un susurro. Después.. y la sorprendió ver que. cuando lo que quería expresar era precisamente lo contrario. Lo entendió profundamente. —Lloró junto con él meciéndolo. en su apartamento. Pero lloró de un modo que partía el corazón. Encontró los pantalones y la camisa que le había hecho. lo dejó en el Cowboy's Rest. ¿verdad? —La última vez que Agatha y Ruby hablaron. con las pequeñas nalgas tibias contra su cadera enferma. —Agatha se topó con los ojos negros de Ruby y suavizó el tono—. acunándole la cabeza y estrechándolo contra su propio corazón dolorido—. frente a la puerta. Media hora después. Era extraño. —No fue una noche fácil para ninguno de nosotros. en cambio.. tomando un baño. también convertida en una huérfana desafiante. —Me imagino que habrá sido duro decírselo. dejó que el tiempo girara hacia atrás y se vio a sí misma. Se pondrá bien. Lo primero que pensó al despertar fue que era el primer varón con el que había dormido. estaba el humidificador de cigarros y el molde para sombreros de Scott.157 - . que afirmaba lo mismo que Willy acababa de hacer. Willy. todo estará bien —dijo. —¿Cómo está? —preguntó. por la mañana. con el Stetson negro encima. Esperaba que le abriese Jubilee. —pensó—. —Willy. Pero ése es fuerte como una mula. ¿cómo?» Lo acostó en una cama improvisada sobre el suelo. Apoyó la mejilla sobre la cabeza del niño. —¿Cómo lo está tomando el pequeño? —Hasta ahora. —¿Cómo reaccionó? —Afirmó que no le importaba. —Más o menos. Yo se lo dije. Mientras esperaba afuera. pulcramente doblada en el cajón de la cómoda. lo encontró acurrucado junto a ella en la cama. la mujer negra se apartó con estoico desapego después de que ella leyó la invitación del gobernador a . tranquilizadora. «Pero. —Oh. Simpatizó con él por completo. iría a buscarlo con ropa limpia. —¿Sabe lo de su padre? —Sí. Willy. Apareció Ruby con las botas de Willy. aparecía Ruby. sobre una consola. —Vine a buscar las botas de Willy. el siguiente. y dio instrucciones a Kendall de que lo refregase bien por todos lados sin piedad. pero al despertar.

¿qué es esto? —Me di otro baño —rezongó. estrenaba calzoncillos y medias flamantes. Pero. ¿no te parece que éste es un mundo muy loco y confuso? Ruby no le aceptó la mano. de Harlorhan's Mercantile. Esa tarde. tendremos cuidado. Serio. Cuando entraron. Tal vez distraiga al patrón de ese brazo herido. botas de cuero marrón. de proporciones masculinas. pantalones azules hechos en casa. y la piel y el vello parecían muy oscuros en contraste con las sábanas blancas. Esa vez. ni nada. a las cuatro. —¿Y yo qué dije? Ivory rió entre dientes y le sonrió a Agatha: —¿Cómo está usted. Tenía el pecho desnudo. Agatha estiró la mano—: Ruby. lo sé. Willy estaba de pie a su lado. Tenía la sensación de que estaba .. con expresión fastidiada. Cómo le había dolido.. mujer. echó las manos atrás. y una camisa de rayas. —Eso dice. Además de un corte de pelo reciente. más tarde? —No veo el inconveniente. —Willy quiere ver a Scott. Agatha le tironeó de la mano: —Vinimos a ver a Scotty. No le gusta mucho estar acostado. ¿Crees que estará bien si lo traigo. con una onda dorada resplandeciente sobre la frente. apoyado en un montón de almohadas. Enderezó los hombros y cambió de tema. —Gussie dice que no puedo abrazarte ni saltar sobre tu cama. llevaba de la mano a un niño con el cabello cuidadosamente partido al costado. —Venimo a ver a Scotty. Agatha supo cuánto había sufrido desde la noche pasada. Con un solo vistazo. ¿eh? Los ojos castaños de Gandy se alzaron hacia la mujer que tenía al niño de la mano: se los veía bien juntos. —Señor. alzando la palma. —Bueno. lamento que yo. cuando Agatha llamó a la puerta de Gandy. el brazo envuelto en gasa. también azules. Con un susurro conspirativo. Scotty —dijo.. Agatha sintió como si se hubiese sacado un enorme peso de encima. acostado en una cama de arce rizado. Scott abrió los ojos y sonrió: —Muchacho —dijo con cariño. el herido tenía los ojos cerrados. Al ver a Willy. señorita Agatha? —¿Cómo está el señor Gandy? —Fastidiado. Pero ahora. —¿Otro? —Ivory no dejó de poner cara de asombro y de lanzar sonidos de contrariedad. fingiendo sorpresa. pero no fue necesario.158 - . lustrosas con cordones sin nudos. le respondió: —En ese caso. abrió Ivory.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR tomar el té. —Hola.

flechando a Agatha con su sonrisa llena de hoyuelos. tienes un aspecto radiante. ¡Y me dio calzoncillos nuevos! —Con que. no fui yo. Tuvimos un día muy atareado. Scott lanzó una mirada a Agatha. —El tono se volvió más disgustado aún—. nada más. —Ah. me hizo ir a la barbería! —Es molesta. yo tuve un pequeño accidente con un cuchillo. Le soltó la mano y sonrió al verlo cruzar la habitación con desusada solemnidad y acercarse a la cama cuanto podía.159 - . miró el vendaje de Scott. Willy. Willy prosiguió: —¿Estabas presente cuando lo balearon? —Sí. Se sentó y plegó las manos sobre el regazo. Agatha —dijo en voz queda. y una sonrisa lánguida le jugueteaba en las comisuras de la boca. Scott le enlazó el brazo sano en la cintura y lo atrajo junto al colchón. —Hola. Sintió el deseo loco de apartar las sábanas e invitar a los dos a tenderse junto a él. —Hola. —He vivido días mejores.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR bien que estuviesen ahí. —¿Te has enterado de que mi papá ha muerto? —preguntó Willy. hijo. Pero Willy ya está pagándolo. —Gussie me hizo tomar otro baño. sin tocarla. Renuente a desilusionar al niño. sin preámbulos. —Claro que puedes. Agatha habló con vivacidad: —Sí. —¿Puedo sentarme junto a él? Prometo que no lo voy a tocar para nada. —¿F. —Sí. lo sé. evasivo: —Un hombre con el que estaba jugando a los naipes. —Willy reflexionó un momento. También hueles bien. a hablar tonterías y a reírse juntos. fuiste tú el que le disparó? —No. Scott.. ¿eso hizo? Scott dejó vagar la mirada hacia Agatha mientras la mano grande acariciaba la espalda de Willy. pensó. Gandy respondió. y también las botas. Willy adelantó el vientre y se lo frotó: —Me dio otra vez los pantalones nuevos y la camisa. —Acercó una silla y la colocó junto a la cama—. Willy miraba con expresión suplicante. ¿no es cierto? —bromeó Scott. —¿Quién lo hizo? Otra vez. —Jovencito. pero Ruby dice que si me palpita es porque no estoy muerto. ¡Después. La caricia de Scott se detuvo. ¿Cómo te sientes? «Confuso».. con él. y preguntó—: ¿A ti también te dispararon? —No. pues barrió el suelo del taller y fue a buscar la correspondencia. pues Dan también era amigo de Willy. eso hizo. —¿El cuchillo de papá? . aunque no se soltaba de la mano.

en el cuarto del fondo. Scotty! ¿En serio? —Sí. a la mañana.. qué pasa? . —Hice que Marcus limpiara la habitación del fondo. Gandy forzó una risa. Sin embargo. Scotty desechó con esfuerzo las puntadas de dolor que le recorrían el brazo: —No es nada. Se bajó. Otro día. le desbordó el corazón de gratitud hacia Scott. Entusiasmado. Y también será tu tarea ver si las escupideras necesitan una limpieza.. Aunque el brazo le dolía mucho. —Ve. excitado. Scotty. Éste hizo una mueca y soltó el aliento. lo olvidé. Con vertiginosa rapidez. con suavidad—. y te lo contaré. pero esperaba que la situación se mantuviese incierta por unas noches más. —¡Willy! Agatha se apresuró a apartarlo. —Oh. a su lado—. Sólo me diste una punzada. Scotty. De inmediato. —¿Puedo decirle a Charlie y a los otros chicos dónde voy a vivir? — preguntó. Al saberse perdonado. era con Scott. las escobas y todo eso sabes? Instaló ahí una cama pequeña para ti y ahí dormirás desde ahora. La sensatez le dijo que no podía alojar a Willy en forma permanente. —Pero. podrás sentarte a su lado. —No hay problema.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Scott se aclaró la voz y se incorporó un poco sobre el codo. y la culpa crispó su rostro infantil: —No quise lastimarte..160 - . los ojos atentos sobre el rostro oscuro que yacía sobre las almohadas blancas.. Willy se encaramó y se sentó junto a Scott. muchacho. en verdad siento lo de tu papá. tendrás que levantarte y ayudar a Dan a amontonar las sillas sobre las mesas mientras barre. el rostro del muchacho expresó remordimiento. Willy se descontroló y se precipitó sobre Scott a darle un abrazo fervoroso. Ésa donde guardamos las botellas extra. —Será mejor que bajes —dijo la mujer. el semblante del niño se ensombreció otra vez. señor. —Pero. al mismo tiempo. Willy. pero no quiero que te aflijas. ¿De acuerdo? —¡Jesús. —Palmeó el sitio en la cama. ¿Qué te parece? El semblante de Willy se iluminó: —¡¿En serio?! Agatha sintió una punzada de pena y. —Escucha.. lo. pero ya casi pasó. Willy se iluminó al instante.. si había un lugar en el que al niño le gustaría estar. Ven aquí. abajo. cuando Scott se sienta mejor. Se sentiría profundamente dichoso hasta en una cama improvisada sobre el suelo. —¿Y puedo contarles lo del trabajo que me daste? —Diste —lo corrigió Agatha. refiriéndose a los niños que vendían comida en la estación. cuéntaselo. —¿Y ahora. Y tendrás que ayudar a Jack con los vasos. —Diste.

Gandy habló con suavidad. tenía el sombrero en la mano derecha. Dan. Agatha llevaba un vestido negro de bengalina. Ahí estaba el amigo. de una cinta blanca. estaba Mooney Straub. Y le preguntaré al médico si mañana puedo levantarme. Cuando el reverendo Clarksdale tiró un puñado de tierra sobre el ataúd y recitó: «. temerosa de que se desmoronara. todavía sentada junto a la cama. tenaz. Alvis pasó mucho tiempo con Hattie y se rumoreaba que los últimos dos de los siete hijos se parecían mucho a Collinson. y el otro le colgaba sobre el torso. una mujer corpulenta y huesuda llamada Hattie Twitchum. Mareus. la voz sonó incierta y trémula. Willy no derramó una lágrima durante la ceremonia. Agatha le echó un vistazo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Mañana no puedo ayudar a Dan a barrer.. mirando a Willy con una lágrima delatora en un ojo. muchacho. Tenían toda la apariencia de madre.. estará bien. ¿Qué te parece? —Pero me llevará Gussie. —Ven aquí —le indicó con suavidad. Gandy tenía un brazo en la manga de la chaqueta. los ojos permanecían secos. se apoyó sobre el cabello rubio. Scott sintió un nudo en la garganta. Pero creo que yo también estaré. En ese instante. que era una copia en miniatura del atuendo de Gandy: camisa blanca. Doc Adkins. negro. En torno de la tumba de Alvis Collinson. con cuello alto. a la mano enguantada de Agatha y a la de Scott. A medida que avanzaba la ceremonia. que lloró ruidosamente durante toda la ceremonia. Ivory. probablemente. Willy llevaba un traje flamante. con cuidado. que formaba un moño amplio en la parte de atrás del ala. se estiró hacia el borde de la cama y extendió el brazo sano para recibirlo. y una sonrisa compasiva. polvo al polvo». sus ojos claros se posaron en los muy oscuros del hombre. Scott miró a Agatha. sobrio por primera vez en la historia conocida. y . mucho más grande. para poder acompañarte en el funeral. se reunieron más personas de las que. Ruby. En un pequeño y apretado grupo. cuando la mejilla áspera. evidente incluso bajo la piel tostada. y todo lo demás. y la ingenuidad del pequeño se le clavó en el corazón como la flecha de un cazador. y un sombrero negro de pastora echado hacia adelante. —Si empiezas pasado mañana. porque enterrarán a mi padre y tengo que estar en el funeral. con mechones rubios que se le enredaban en la barba: —Gussie es una señora muy querida.161 - . mereciera. Tal como le indicó. Estaban presentes todos los empleados de la Gilded Cage: Jack. Willy se acercó con cuidado y cuando la mano fuerte y morena acercó el cuerpo pequeño contra el pecho amplio del hombre. Scott y Agatha tenían de la mano a Willy. coronado por un crujiente velo negro. padre e hijo. Sin hacer caso del dolor en el brazo. Desde la muerte de la esposa. pero esta vez. Al comenzar el servicio. Agatha miraba cada vez más a menudo la palidez insólita de Scott.Ceniza a las cenizas. Pearl y Jubilee. sin afeitar. Pero aunque se aferraba. Al lado. generosas mangas en forma de pata de cordero que se estrechaban en los codos. comprado en la tienda.

—Eh. Le dirigió una sonrisa hechicera. La sugerencia provocó la primera chispa de interés en los ojos castaños. Jube alzó la vista hacia Willy. Scott necesitaba descansar. ¿podemos ir de picnic? . la muchacha. señalando hacia la pradera y haciendo ademanes de ir a pasear. —Scott necesita ir a la casa y acostarse —explicó—. y su propia carreta. Jube se tocó el pecho: —¿Yo también? Marcus asintió. cuidaremos de él —repuso. sin entusiasmo. el señor Gandy necesita sentarse. el rostro de Scott ya parecía de cera. pero Agatha resolvió que no le debía ninguna explicación. y se esfumó el llanto estrepitoso de Hattie Twitchum. Marcus —exclamó Willy—. estaba convencida de que Scott se había excedido en sus esfuerzos. Pero Willy no se mostró tan entusiasta como esperaban. Es una pena devolverlo al establo sin aprovechar lo que costó. Marcus también lo vio. que preguntó por el bienestar de Willy. Agatha dio las gracias al reverendo Clarksdale. un rato? —Creo que sí —respondió.162 - . se lo puso en la cabeza como sí. —¿En plural? —El señor Gandy y yo. y Jube sonrió. Entonces. a Scott. y se acercó a tomar las riendas. lo fatigase. —Apuesto a que encontraremos alguna liebre o un perro de la pradera —lo tentó Jube. Podríamos llevarnos comida y hacer un almuerzo campestre. Willy. y dio un codazo a Jube.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR reservaba la izquierda para Willy. —Gracias. Y si Marcus está de acuerdo. Agatha confirmó que constituían un grupo notable. Fue a decírselo a Willy. primero. reverendo Clarksdale. Pero después de un rato. —Todavía no comiste. Los verdes ojos saltones del reverendo Clarksdale parecieron sobresalir más aún. hasta el esfuerzo de sostenerlo en la mano del brazo herido. Cuando subieron a uno de los coches negros que los aguardaban. Más aún. Haciéndose sombra en los ojos. —Marcus pagó el coche por todo el día. otra vez. —Por ahora. ¿Que dices si vamos los tres a dar un paseo? Willy se encogió de hombros y miró. Ivory lo vio. Ahora. Era obvio que estaba ansioso de instalarse en su nuevo alojamiento. si es que Emma Paulie preparó. ¿No te gustaría ir con Marcus y Jube. aparecieron Marcus y Jube para ofrecer ambas cosas. haciendo gestos entre sí mismo. Se recostó en un rincón del asiento. divertirse. si me disculpa. el niño. Cuando concluyó la última plegaria. Agatha le rodeó los hombros con el brazo. Está doliéndole el brazo. —¿Un picnic? —¿Por qué no? —¿Con limonada? —Sí. luego a Agatha.

Escuchando la charla de Jube y Willy. —Es fácil. Le enseñó los versos. robó? . pero necesito un poco de ayuda. cruzando los rieles del ferrocarril Union Pacific. Alrededor. rica y genuina. y pastel de calabaza. pero ahora soy desdichada. mientras señalaba las nubes y cantaba con voz plena: Oh. Jube dijo que no sabía. el cabello tan claro brillaba como una estrella en el cielo nocturno. desafinada. Jube lo miró bajo el ala del sombrero azul: —Lo haré. La hierba ondulante cantaba una canción sibilante y.. la de Willy. y avanzando por la pradera. Oh. Era uno de los escasos días que no vestía de blanco. Sus gráciles movimientos agradan a las muchachas Y mi amor lo arrebató. cuando terminó. Jube! —exigió Willy. desde arriba. el chico frunció la nariz y preguntó: —¿Qué es arrebató? —Robó. una vez yo era feliz. El chico había olvidado por completo la vacilación inicial. Marcus estaba contento y.. Al terminar el último estribillo. ¿por qué no dice.. Pero tenía pollo asado. un águila los observaba al pasar. directamente. y la blanca de Jube en el otro extremo del asiento. el pueblo y el cementerio. de resplandecientes ruedas amarillas y un mullido asiento tapizado de cuero negro. Kansas se extendía plana como la tapa de una olla. —Ah. pero después señaló un pájaro triguero encaramado en un almez. Giraron la carreta hacia el norte. Y. —¡Cántalo otra vez.163 - . y también llevaron una jarra de zarzaparrilla y el banjo de Marcus. Emma Paulie no había hecho limonada. cada tanto. sabía tratar a Willy. sin duda. Era un día despejado. Un frailecillo se apartó del camino de la carreta y oyeron cómo se perdía su canto desafinado. En contraste con el severo azul violáceo del vestido. Pronto. Era la criatura más bella que Dios había creado. la de Jube. Acomodó todo en un cesto abierto.. estaba salpicado de algodonosas nubes blancas. Ese día. —Pero yo no lo sé. y en ese momento la contemplaba arrobado. dejando atrás carretas de ganado. pan fresco. los dos cantaban a voz en cuello y sus voces resonaban en la pradera infinita. El cielo.. y sentían el sol tibio en las espaldas. Este joven audaz en el trapecio. vuela por el aire con gran facilidad.. y salteando una que otra palabra.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Marcus estuvo de acuerdo. Willy preguntó qué era. junto a su codo. Entonces. y en diez minutos estaban los tres ante el restaurante de Paulie en un coche pequeño. echaba un vistazo a la cabeza rubia del niño. muy azul.

Jube se levantó. Por unos minutos. en mi vida. y disfrutaba cada instante con ella. ja!. a cada paso. Willy rió y. no lo logró. a darle lo que estuviese en su poder. Pero ninguna flor silvestre resistía la comparación con la belleza de Jubilee. el amarillo intenso de las varas de San José. y Willy se puso a saltar en círculo alrededor de Marcus. ja!. A ella le gustaba el gin y a mí el ron. Comieron en medio de la pradera. entre una profusión de flores de fines del verano. Lo hermosa que era. mientras los cuerpos se mecían al compás del carruaje. dirigiéndose al conductor. Marcus! Se decidió por «Pequeña Jarrita Marrón». al ritmo de la canción. ja. todos podemos bailar! —¡Yo no! —¡Tú también. Lo único que arruinaba tanta bendición. Marcus? Si bien Marcus lo ignoraba. Se sentía vivo. Tenía un carácter tan luminoso como el resto de su persona. le encantó sonreír a esos ojos almendrados. y la boca en forma de corazón que siempre parecía sonreír. Cómo la reverenciaba. era no poder decirle lo que sentía. . tú y yo. vamos! Puso el codo junto al del niño y lo hizo balancearse en círculos. —¡Toca algo rápido. Marcus se sentó con las piernas cruzadas sobre la hierba y tomó el banjo. las nuevas botas marrones subían más. Les digo que nos divertíamos un montón. Willy.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Jube lo pensó un instante y. gritó: —¡No sé! —¡Oh. y el lunar en la sima entre los pechos.164 - . Willy se le abalanzó y le rodeó el cuello desde atrás. Marcus pensó: «¿Cuándo. Jube interrumpió lo que estaba haciendo y comenzó a acompañar con las palmas. pequeña jarrita marrón ¡Ja. De inmediato. Mientras la muchacha tendía la manta y se arrodillaba para sacar la comida. Y la curva de esa nariz preciosa. ¿qué te parece si bailamos? Sin perder el paso. le dijo: —Yo no lo sé. Aunque se esforzó por recordar un momento en que Jubilee hubiese estado malhumorada o enfurruñada. riendo de las cabriolas del chico.. ¡Ja. —Eh. El violeta claro de las reina Margarita. tú y yo. Cuánto te amo. que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por ella. fui tan feliz?». ¿Y tú. vibrante.. las miradas se encontraron sobre la cabeza de Willy. golpeó el suelo con un pie y curvó los hombros para palmotear. se acercó a Marcus. cantando: Mi esposa y yo vivíamos solos En una pequeña cabaña de troncos que era nuestra. ja. las estrellas flamígeras de los heliotropos.

—Pero sería conveniente que no comas más pastel. panza arriba. Los cordones de las botas nuevas estaban desatados. Willy se dejó caer sobre la hierba. y Willy la acompañaba en los estribillos. riendo. Jube se incorporó apoyándose en una mano: —¡Willy. girando y cantando. giraban alocados hasta que las cabezas se echaron hacia atrás y a Jube se le cayó el sombrero. Jubilee guardó los elementos del . —¡Toca mi panza! —Se acercó andando sobre las rodillas—. Estaba más preocupado por la sed. despreocupados y entusiastas. Marcus dejó el banjo en el estuche. Cantó cada verso. —Descúlpenme. Marcus tocó. —¡Uh.. en amplias sacudidas—. —No-o. Marcus captó el ritmo y rió sin ruido mientras los otros dos. Pero no le importaba un ardite. se escandalizaría si supiera que te enseñamos semejante canción! ¡Prométeme que no se lo contarás! A Willy no lo perturbó la canción. Jube tocó. Willy. —Se supone que debes decir: «discúlpenme» —le recordó. no te atrevas. y que después la besaba. Está dura como una piedra. qué buen bailarín eres! Willy se levantó riendo. holgazaneando en la áspera hierba amarillenta. y enjugándose la frente con la mano pequeña.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Cuánto te amo. En medio de las carcajadas de todos. —¡Quiero zarzaparrilla! —exigió. El sol resaltaba el mechón blanco caído. Willy cayó a gatas y Jubilee de espaldas. peinándolo con los dedos. Ni tampoco zarzaparrilla. —¡Uf! La boca le brillaba. Marcus mordisqueaba un tallo y contemplaba a Jube a sus anchas. y cayendo luego al suelo. pequeña jarrita marrón. sin aliento. lanzó un resonante eructo. Después de unos minutos. y los tres comieron casi toda la comida. y el alfiler arrastró un mechón de cabello. dándole el aspecto de una tela de araña hilada. resoplando. Apoyado en un codo. esforzándose por hacer más ruido. qué divertido! ¡Vaya. por un rato. salvo que quieras meternos en problemas a Marcus y a mí! ¡Una luchadora por la templanza. Willy lo trajo de vuelta a la tierra. Jube rió. Nunca me pongo enfermo. hundiendo en él la nariz. Qué cuadro formaban.. Marcus sonrió y Willy rió entre dientes. más fuerte aún. Había dejado el sombrero donde cayó. Imaginó que le quitaba las hebillas restantes y lo dejaba caer sobre los hombros. —¡Espera a que le cuente a Gussie que estuvimos bailando y cantando! Alarmada. Volvió a eructar. Se le había salido la camisa de los pantalones y le dejaba al aire una porción de estómago. grasienta. Después. con un brazo sobre la cabeza. —Te pondrás enfermo —le advirtió. —Negó con la cabeza. Willy se sentó cerca y comió demasiado pastel y bebió demasiada zarzaparrilla. como Agatha.165 - . de la mano. Estaba tan cerca que las faldas le rozaban los tobillos cruzados.

procurando más atención. encima de ella haciendo muecas. Marcus tenía los dedos entrelazados bajo la cabeza. es una tetera. Tampoco. —¿Cómo es que tú eres tan hermosa. La brisa revoloteaba sobre ellos y hacía aparecer y desaparecer de la visión las briznas de avena silvestre. La tierra tibia los acunaba desde abajo. y golpearse la cabeza contra la cadera de Marcus. —Le aplastó la nariz con la punta de un dedo—.. nada más. —Puede ser. el rostro al sol. sobre el suelo virgen.. apoyados uno en otro como troncos apilados. donde quedó agitando las alas. —Una tetera. sintiendo que el corazón le latía con firmeza dentro del pecho.. Se le ocurrió estirar la mano y tocarle la garganta con las yemas de los dedos. ¿no? —¿Ves ésa? —señaló el chico—. Para mí. y terminó con la cabeza sobre el vientre de Jube. —¿Son blandas las nubes? —preguntó Willy después de un rato. En alguna parte. Una mariposa monarca pasó volando y se posó en un arbusto. Los dedos del niño se aflojaron. En lugar de moverse. El lugar apropiado para la cabeza de la muchacha era el de Marcus. una gallina de la pradera sumó su cloqueo entrecortado al zumbido de las chicharras. rozarle. —No lo sé. contemplando los blancos retazos esponjosos. oyendo el bullir de la vida a su alrededor. La taberna quedaría cerrada hasta la noche. —Jubilee se apoyó en los codos para mirarlas—. en poco tiempo. el sol cálido los bañaba desde arriba. a mí me parece.. —Pues. roncaba suavemente. Pero. se acomodó.166 - . —Qué chico tan halagador eres. Una hebilla resbaló y cayó en la hierba. Permanecieron acostados sobre la gruesa hierba de la pradera.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR picnic. Tal vez sea una tetera con el asa rota. —Una gallina. más bromas.. —Una tetera. ¿cómo creer a un niño que dice que una gallina tiene el mismo aspecto que una tetera? Willy se incorporó para contemplar otra vez el cielo. Willy Collinson. contentos. Lo parecen. abrió las palmas y. que no protestó cuando ella se acomodó mejor. que parecía devolverle los latidos. y holgazanearon.. y se quedaron sentados. gozando del peso de la cabeza de Jube sobre el estómago. . Jube levantó la cabeza y lo tocó con un dedo del pie. con la cabeza hacia atrás. —Parece una gallina. Willy lanzó unas risitas y se puso a gatas. no. —No. y otras mujeres no? —preguntó Willy. mirando las nubes con los ojos entrecerrados. ¿No parece una gallina con la panza sucia? Jube la observó. No había prisa por regresar. con una mueca absurda de los labios y las cejas. sólo rozar. El niño se abalanzó sobre el torso de la muchacha y la hizo caer de espaldas.

Marcus. como él. Pero la muchacha lo vio pronunciar su nombre. Marcus imaginaba que un hombre como Scotty sabía todo lo necesario acerca del modo de besar y complacer a una mujer. pero no emitió ningún sonido. —pensó—. Pero eres de Scotty. con tanta suavidad como si fuesen las alas de una mariposa monarca. Hizo crecer dentro de él una loca y temeraria esperanza. en vez de besarla. Los labios se movieron. ¿Cómo era posible que a Jube le gustara un beso de Marcus. Y por ese día. Oh. Qué cosas haría. Jube. Entonces. nada más. por primera vez. era suficiente. Y aunque Marcus oía perfectamente previrió mover los labios. se conformó con un único consuelo. el sol atrapado en la textura sedosa y rica. qué cosas te diría si pudiese. «Jube. la mejilla sobre el vientre de Marcus. Le tocó levemente el pelo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Pero antes de que pudiese hacerlo. Le hizo retumbar el corazón como un trueno de verano. perfecta y apacible. la cabeza se movió. hizo algo increíble: estiró la mano y tocó la garganta de él con las yemas de los dedos. por ese día dorado. Sonrió con dulzura. Alzó la de él y la vio observándolo. Jube.. después de haber conocido a un hombre así? Por lo tanto. ¿no?». sintió en los dedos.167 - . y respondió diciendo el de él. Y lo colmó de embeleso.. .

O algo que no había hecho. provocándole un espasmo de dolor en el hombro. ella volvía a su mitad de la cama y le apoyaba la pierna tibia encima. y salió del apartamento. el clima fue insoportablemente caluroso y húmedo. y esperaba que él sacara a colación el tema.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 13 Por ser septiembre. tomó un cigarro y una cerilla. Jube le contestó: —Es el calor. . Jube? No es obligatorio. Empujó otra vez la pierna de Jube.168 - . lo abotonó hasta arriba.. lo sobresaltó un movimiento en rincón opuesto. se los puso. Aunque era una relación cómoda. Jube estaba dispuesta.. Además. prosiguió—: Me gustaría que alguna vez lo hiciéramos cuando no sea la una de la madrugada y yo no esté tan cansada de bailar. Sin embargo. —Gussie. con demasiada precipitación. no era el tipo de vínculo que Scott quisiera conservar para siempre. tendido junto a ella. los brazos hacia arriba. —¿Quieres que lo dejemos. antes no importaba que fuese la una de la madrugada o la una de la tarde. menos el último botón. Las sábanas parecían pegajosas. Había dos clases diferentes de amor. y fue hasta la sala de estar. Dormía con él con menos frecuencia. estoy encantada. Agitado. y cuando hacían el amor. está bien —respondió. pero Scott no sabía bien qué. para contemplarla en la oscuridad. Cara abajo. se apartó. las cosas no iban bien. no lo creía. Se había mezclado con su vida del mismo modo absoluto en que se mezclaba con las sábanas. Pero en este caso no era así. Ni el menor soplo de aire entraba en el apartamento. flexionó la rodilla y la apretó otra vez contra él. Scott pensó si no sería algo que él había hecho. Y entusiasta. Algo se había estropeado. Los miembros desnudos eran tan blancos como las sábanas en las que yacía. tenía la impresión de que no siempre lo deseaba. no. Entre ellos. Le dolía el brazo y los malditos coyotes no dejaban de aullar. Jube se dio la vuelta y le sacudió el brazo. Esa noche lo habían hecho. Ni el cabello blanco se distinguía. después de dos días de lluvia. Quizá quería casarse. Y cuando se le acercó. como cuando estuvo comprometido con Delia. —No. y por mucho que Gandy empujara para apartar a Jube. Tanteando. Se dio la vuelta. Ya hacía una hora que no se callaban. encontró el humidificador. Cuando abrió la puerta que daba al rellano. y el que sentía por Jube no era para casarse con ella. Se sentó. pero cuando le preguntó qué pasaba. La perspectiva del matrimonio debía provocar un ramalazo de ansiedad. En esos momentos. encontró los pantalones en la oscuridad. ¿Casarse con Jube? No. ¿eres tú? Agatha se irguió en la silla y se envolvió mejor en la bata.

—A mí. —Para alivio de Agatha. Encendió la cerilla en la madera y. con las piernas muy separadas.. —¿No es curioso? —comentó la mujer—. y sin camisa. como avergonzada... El hombre salió sin hacer ruido y cerró la puerta. el muchacho es astuto. sobre la cama. a las tres de la mañana—. Se acercó hasta la cima de la escalera y. Cuando me quedé con Jubilee. También es tu rellano. no me disgustan. Yo. —lo reprendió.. se sostenía el cuello de la bata y era la imagen misma de la virtud amenazada. Sacudió la cerilla. Mientras aspiraba el cigarro. —¿Te molesta si te acompaño? —No.. pero ha llegado a gustarme. —¡Vaya con el pequeño cuentero! —En serio. una rodilla levantada. siempre lo había atraído. las estrellas guiñaban pero había luna nueva y no iluminaba demasiado.. Scott. El cabello de Agatha. Scott rió y lanzó otra nube de humo. —Yo tampoco. no saben cómo detenerse. —No te pongas nerviosa. a veces. A lo lejos. me dijo que. al estar . Fue sólo una observación. La piel parecía pálida contra el cielo nocturno.. indulgente—. Solía detestar el olor del cigarro. a pesar de su edad. no tuvo ganas de reír. —Malditos coyotes. Vio que él también estaba descalzo. —Y estoy convencida de que cada día se torna más astuto. Agatha enlazó los pies descalzos e intentó esconderlos bajo la bata. —Yo. bueno. el cabello necesita soltarse y entonces yo. dirigió la mirada hacia la pradera. Cuando empiezan. claro que no. con la espalda contra la pared. desnuda. el otro pie en el suelo. —Tienes un aspecto muy diferente con el pelo suelto. Se afligió. y que no era un tema muy apropiado de conversación entre un hombre descalzo y una mujer.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Sí.. —Se interrumpió. al comprender que iba a revelar un hábito nocturno muy personal.. Agatha. la arrojó abajo y dio una chupada honda. despatarrada. —Willy me contó que le enseñaste a jugar un póquer de cinco naipes. La comparó con Jube. Por lo general.. acre pero agradablemente masculino. Scott miró hacia atrás sobre el hombro y vio que la mujer sentada en una dura silla de cocina puesta en un rincón.! —Eh. lustroso y de color intenso. —Sí. ¡Enseñarle póquer a un pequeño de cinco años. no podía dormir con este calor. La mujer. echando la cabeza atrás. cambió de tema y preguntó—: ¿Te molesta si fumo? —No. Se preguntó qué haría si él se acercaba y lo tocaba.. Me han hecho compañía. en realidad. lo sujetó sin darse cuenta. tendría que haberlo trenzado.. y aunque resultaba cómico. ladraban los coyotes y Agatha olvidó sus pudores. Fue hasta el lado opuesto del rellano y se sentó sobre la baranda. el humo. Más accesible. Arriba.169 - . flotaba hacia ella.. al ahuecar la mano. Scott rió. en absoluto. así es como sucede con la mayoría de las cosas malas: te conquistan. como para ocultar la melena libre. el rostro se le encendió de anaranjado por un instante.

—Le apuntó con la brasa del cigarro—. Scott examinó la punta del cigarro en la oscuridad. —Lo único que se movía en el balcón era el humo que ascendía en espiral. El corazón de Agatha cambió de ritmo. No me endosarás eso.. —Lo haré —prometió. —Bueno. Hasta los coyotes callaron y. le preguntó: —¿Y cómo explicas que. de pronto se ponga a cantar el estribillo de «Pequeña Jarrita Marrón»? —Oh. ¿Sabría qué sucedía dentro de ella cada vez que lo miraba? ¿Sabría el aspecto que tenía. para ti. probablemente correría lo más rápido posible de vuelta a Jubilee. y yo. Sonriendo. Que abrí los ojos y tú estabas arrodillada junto a mí. señorita Downing. —¿Por qué no me ahorras tiempo y me lo dices tú mismo? Vio que la brasa del cigarro se avivaba mientras reflexionaba. Pregúntales a Jube y a Marcus. Así reían las mujeres sureñas: la madre de Gandy reía así. últimamente. a bañarse. tan atractivo a la luz de las estrellas. —Es que me resultó extraño. —Y ya que estás. La carcajada sonó suave y femenina. descalzo y con el pecho descubierto. Para mí. y comprendió cuan pocas veces la había oído. —Y lo bastante entretenido para que yo agradezca que Alvis Collinson no haya logrado liquidarte. y giró la cabeza hacia ella. yo soy mucho más que una luchadora . acariciándome la cara. Se sacó el cigarro de la boca. con la línea de los pantalones negros que acentuaba la masculinidad de la pose? Si lo supiera. el propietario de una taberna. Por fin. apoyado con languidez en la baranda. no. —Estará bien. debo decir en tu favor que eres un hombre de recursos. —Estaba muy asustada. y también Delia. Le tocó reír a Agatha. marcando las palabras. pues tú eres una luchadora por la abstinencia. con una especie de suspiro al final. con un matiz de humor en la voz.. —Recuerdo algo de esa noche. eres mucho más que el propietario de una taberna. Scott. el brazo flojamente apoyado en la rodilla.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR contigo. mientras te tenga a ti para mantenerlo en la buena senda. los ojos de ambos se encontraron—. confesó: —Tuvimos una sola partida con apuestas altas. en medio del silencio. —No simplifiques tanto. —¿Y? El hombre rió entre dientes: —Y tuvo que acompañarme al Cowboy's Rest. gracias. pregúntale al muchacho por qué le enseñé a jugar un póquer de cinco. —Scott Gandy. y perdió. Nunca había conocido a un hombre que la hiciera olvidar sus faltas con tanta rapidez como Scott. la cabeza vuelta hacia ella. Sintió que le ardían las mejillas pero fue incapaz de apartar el rostro de la mirada de él. después de que yo llene su cabeza impresionable con mis hábitos perversos.170 - . y creo que. apoyó el codo en la rodilla y dijo. Me dijiste «querido».

bajo la bata y el camisón. dándole la espalda.. Es una circunstancia desafortunada que. Scott permaneció sentado en el escalón. si por la prohibición cierran a otros. Por favor. ¿no? Eso significaría que os perdería a ti. El corazón le golpeó con tanta fuerza que lo sintió en los oídos. Él reclamaba un posible filón. una invitación impresa. —Scott Gandy. vivíamos en Colorado. sin que me arranques la cabeza de un mordisco? —¡Ven! —exclamó.171 - . ¿por qué no dejas que otras mujeres peleen por la causa? —Con un ademán del brazo. Por un extraño giro del destino. Al menos tienen motivos. a todos vosotros. y conversar sobre la prohibición.. Entonces. Pearl. en realidad. —Dije que vengas —repitió.. el cigarro apretado entre los dientes.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR por la abstinencia. Arrastró los pies descalzos por las tablas sin pulir de la terraza y se acomodó en el primer escalón. beligerante. Por eso no entiendo cómo puedes ir al té del gobernador. —Scott. los hombros caídos. algunas. y guardado con demasiado celo y no podía compartirla con facilidad. —¡No! ¡Maldición! No. a Jubilee. también te cierren a ti. Acortó el paso... empacábamos todo y nos íbamos al próximo . como si desearas que hubiese todavía castigos para las mujeres recalcitrantes. ¿Qué más quieres. Ruby. agitado. pero no dijo nada—. ¿Por qué tú? Quiero decir. ceñudo un instante y se derrumbó en el primer escalón. El licor afectó sus vidas. la miró. Me resulta muy difícil hablarte mientras vas a zancadas de un lado a otro. lo más lejos que pudo. —Al llegar junto a la silla de ella. y comenzó: —Cuando yo era niña. Saltó de la baranda y comenzó a pasearse. Debió adivinar que llegaría el momento en que tendrían que hablar más a fondo del tema.. Agatha pudo imitarla. compréndelo. —Siéntate.. pero nunca mucho tiempo en la misma casa. creí que lo sabías. se detuvo y gesticuló con el cigarro—. Y todos os convertisteis en mis amigos. la irritación tan evidente que le dio miedo acercarse. —Yo también lo creo —repuso en voz baja—.. No estaba segura de poder decírselo. un sudor frío. De pronto. los hombros gachos. Scott. pero esa noche no estaba preparada. bueno. conteniéndose con esfuerzo—. observó la pose que manifestaba cólera: la cabeza vuelta en dirección contraria. Mirando de soslayo. ¿Puedo acercarme y sentarme a tu lado. como las del gobernador? Agatha se levantó de la silla. abarcó al resto del mundo—. pues mi padre sufría de la fiebre del oro. en ocasiones. Ni siquiera cuando Annie Macintosh contó llorando su lamentable historia. La había llevado consigo mucho tiempo. actúas como si tuvieras la edad de Willy. La herida era demasiado honda. a fin de cuentas. Marcus y. Agatha exhaló un suspiro trémulo. Sintió como si le hubiese arrojado agua fría a la cara. —¿Seguro? Le lanzó una mirada colérica sobre el hombro. sintió sobre la piel. se ajustó el cinturón y se manoseó el cuello. creo que nos hemos hecho amigos. lo tenía dentro desde los nueve años. las rodillas separadas. no crees que yo quiera hacer cerrar la Gilded Cage. y trabajaba en él hasta que demostraba no tener nada. —Scott resopló.

poco. a la casa siguiente. Se estremeció y se rodeó con los brazos. —Las palabras fueron perdiéndose y dio vuelta la cara. con la uña—. Pero le parecía preferible excavar buscando oro en lugar de nabos. al siguiente reclamo inútil.. Gandy irguió los hombros y se volvió a medias. que reclamó un territorio donde buscar oro cerca de la ciudad Oro. desilusionado. Decía que eso era trabajo de mujeres. reacciona. como de costumbre. Scott percibió que quería decir algo más sobre la madre. con la pretensión infantil de proteger a mi madre. A los pies de mi cama. lleno de corrientes de aire. nos mudamos a Sedalia. y se lo dejaba a mi madre. Mi padre prefirió vender su parte a los hermanos y marchar al oeste. . Cuando estaba sobrio. Se volvió malo. en lugar de pasar la vida entera como un «campesino bruto». Cuando tenía uno nuevo. tiraba cosas. estaba muy borracho: maldecía. Lo único que hizo fue cambiar un trabajo de pala y pico por otro. Acarició la baranda de madera y la golpeó. en una pequeña casa lamentable con un dormitorio en el piso alto. Lo amenazó con abandonarlo. Pero a medida que continuaba y no aparecía nada. estaba dichoso. Pero cuando se acabó. —Una sonrisa melancólica le curvó los labios—. Recuerdo que estaba acostada en mi catre y los oía pelear arriba. Levantó el rostro y fijó la mirada en el horizonte invisible. »Era muy trabajadora.. mi madre tenía una mecedora. Pero cuando estaba ebrio. encontró el metal mientras que la mina de mi padre resultó ser estéril una vez más. Oí un grito ahogado y corrí escaleras arriba. yo dormía en la cocina. tuvo la posibilidad de elegir entre dos y. como siempre hacía. eligió el peor..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR pueblo.. —Empezó a culpar a mi madre por sus propios fracasos. antes de que fuésemos a ese pueblo.. —Él llegó una noche borracho. Estaban en la parte superior de la escalera. —Rió con risa suave y triste—. superponía los faldones de la bata sobre las rodillas y los alisaba una y otra vez. Cada vez que nos mudábamos intentaba hacer del sitio un hogar. mi madre. frente a la ventana. pero en esta ocasión se dirigió arriba a empacar. las maldiciones de mi padre. frías. abstraída. bueno. Mi madre también estaba enfadada y lo acusaba de beberse el poco dinero que teníamos mientras teníamos que vivir en una casa indigna de ratones.172 - . pero en ese momento se concentró en la historia del padre. y sobrio. Su amigo Dennis. peleando. y más fuerte a medida que la desilusión aumentaba... Scott la observaba mientras Agatha. y las primeras casas no fueron del todo malas: todavía quedaba algo del dinero obtenido con la división de la granja. enfadado. Los golpes sordos en el suelo. como él decía.. igual que mi padre. —Unió las manos y se abrazó las rodillas—. y para mí. —Era uno de cuatro hermanos. Sé que fue una tontería. las casas empezaron a ser cada vez más viejas. Me encantaba esa hiedra. pero a esa edad uno no piensa. en un catre. sólo que se engañaba a sí mismo. el padre había muerto dejándoles partes iguales de una granja en Missouri.. y sobre ella colgaba una hiedra. cautivado por la voz meliflua y la mirada directa. comenzaba a beber. en realidad no era mal hombre.. Al principio. Siempre estaba seguro de que iba a dar con el filón que lo hiciera rico. distraída. Al parecer. »Esa noche. donde no había siquiera un dormitorio para mí. Cuando yo tenía nueve años.

Pero podía pronunciar la palabra: —¿Cojera? —preguntó.. sin advertirlo. Ni a las mujeres de la U.173 - . y cuando él me sacudió para librarse de mí. en la esperanza de que dejara de pegar a mi madre. Recuerdo el día en que mi madre me dijo que mi padre había muerto: se cayó de una mula y rodó por la falda de una montaña.. menos la palabra más dolorosa. ¡A manos de su propio padre!» De súbito. Le acarició el cabello y se lo apartó del rostro. amado.. interrumpiendo los angustiosos movimientos. Pero lo irónico es que logré lo que quería: que dejaran de pelear. Nada. Nunca se lo conté a nadie.M.C. de hombros estrechos. en una quietud total. —se apretó las rodillas y tragó saliva— . —No lo dije en ese sentido. No había perdido mucho tiempo imaginando cómo sería crecer en otra clase de ambiente hasta que llegó a Proffitt y se topó con Willy. y sabiéndolo siempre. fugaces. «Oh. Quería calmarla. Encontraron el cuerpo varias semanas después. Una asfixiante sensación de inutilidad.. Asintió. en tono bajo. Gussie. lo siento —murmuró con voz quebrada. Igual que Willy la noche en que murió su padre.. —Le dije a mi madre que no me importaba nada que hubiese muerto. Era menuda. Después de eso. —Sí. Por favor.. el cigarro le supo mal y lo tiró. así no —pensó—.T. sólo que aferré el brazo de mi padre.. Pero no soportaba que te enfadaras conmigo por lo que tengo que hacer. Le apretó la cara contra el hueco de su propio cuello y sintió que las lágrimas de Agatha le corrían por el pecho desnudo. Agatha se dejó abrazar y empezó a llorar. Aceptó el abrazo pasivamente y esa misma pasividad le desgarró a Scott el corazón como un cuchillo oxidado—. mi madre lo abandonó y vinimos a parar aquí. ven aquí. pues no podía hacer nada para remediarlo. —Algo. Nunca lo deseé. Y ahora. —No quiero que me compadezcas. imágenes de su propia infancia superpuestas a las de ella. Y odio por el hombre que le había causado el daño.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR No recuerdo mucho de esos momentos.. para siempre. Scott sintió de nuevo la culpa por aquel día en que la empujó y la hizo caer en el barro. —Se deslizó por el escalón y la tomó entre los brazos.algo le pasó a mi cadera. Gussie. comprensivo. . no te enfades conmigo nunca más... por fin. y se acomodaba a la perfección bajo la barbilla del hombre. lo dijiste. Por eso nunca te lo conté hasta ahora. El corazón de Gandy empezó a golpear como si él mismo estuviese cayendo Con ella por las escaleras. sin ruido.. —Vio que luchaba contra las lágrimas por primera vezdesde que empezó a relatar la historia—. sin poder mirarlo en los ojos: —Mi cojera. Contemplándole el perfil que le daba una apariencia tan compuesta. tuve. detener esos recuerdos que debían de ser torturantes. Seguro. —Oh. Me lo gritó una y otra vez y. —El tono se hizo ligero. En aquel momento. empezó a dar puñetazos al colchón y a llorar entre mis brazos. Pero Agatha prosiguió con la misma voz serena. Dios. —Dejó que la mirada se perdiera en la distancia—. Gussie. pero. Tuvo valor para decir todo. Scott. se meció revelando las emociones más profundas que ocultaba—. con Agatha. caí hacia atrás por la escalera.. Yo era adolescente. Por la mente de Scott pasaron. donde abrió la sombrerería.

LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR En los últimos tiempos. —Agatha bajó el mentón. Los dedos de Scott se movían al azar sobre el cabello de Asatha. Por cierto. —¿Entiendes por qué tengo que ir a Topeka? —Sí. —¿Acaso me quejé? —No. Había contado todo sin ruborizarse. Ésa es una de las cosas que admiro de ti. Tomó conciencia de que Scott estaba desnudo de la cintura para arriba y que ella sólo tenía ropa de dormir. Scott le tomó las manos sin apretarlas. a la que no puedo considerar una lisiada porque es como . Y cuando la mano le acomodó la cabeza contra él. De pronto. regular del corazón repercutía en su sien. Pero en ese momento. y después la levantó. Y tengo que esforzarme para olvidar que existen miles de Willy en el mundo sin nadie que los ayude a salir de una situación que no merecen. entre los brazos de él. los demás tampoco. La recompensa fue una pequeña carcajada de simpatía: —Yo también. después de haber llorado entre sus brazos. Sujetó el borde de una manga. Se apartó y lo miró. pero en ese momento sintió que enrojecía. Agatha también rió y se secó los párpados con el dorso de las manos. Era duro y tibio y olía a cigarro. Pero llegó el momento en que interfirió el pudor. Cuando digo que lo siento. —Gracias por contármelo. en ropa de dormir. Agatha cerró los ojos y descansó apoyada en él. Como tú no sientes compasión por ti misma. Para mí significa mucho saber que soy el primero en quien confías. Pasó los brazos por los costados. y eso despertó el atractivo sexual que sentía hacia él. casi no lo advirtió. Hace mucho que no pienso en ti más que como Agatha. se preguntó cómo lo sentiría bajo los dedos. Y ahí. Te dejé hecho un desastre. la protección. Scott le aferró la muñeca: —Gussie. —Y jamás había llorado sobre el pecho de un hombre.174 - . —En realidad. Quiso quedarse así para siempre. lo aceptó agradecida. mi animosa vecina. no estoy enfadado contigo. tres cosas de las que Agatha había carecido en la vida. extendió las manos sobre la espalda desnuda y lo estrechó. Cada vez que miro a Willy. no quiero decir que me apena tu cojera. Él le acarició los nudillos con los pulgares—. La noche los cobijaba. Tú estás casi desnudo y yo. preocupado por ella. Apeló al sentido del humor y le dijo: —Detesto que discutamos. comenzó a curarse esa antigua herida. Fue desconcertante mirarlo en los ojos. pero no es decente. sé que tienes razón. la mantuvo estirada y empezó a secarle el pecho. absorbiendo el consuelo ofrecido. con la mejilla apretada contra la mata áspera del pecho. deja eso y escúchame. Y lo que dije antes es verdad. bajó la mirada. el pulso le latió en la garganta y comprendió que él estaba tan perturbado como ella por esa fugaz intimidad. contemplándole el rostro largo rato. la fuerza. no tengo intenciones de convertirlo en una costumbre. Representaba la seguridad. Vio que los ojos del hombre eran sólo sombras. El latido firme. La piel desnuda estaba resbalosa por las lágrimas.

Haré las maletas y me iré de Kansas. Permaneció callado tanto tiempo. por fin. Por último. Antes de la guerra. Delia y yo. con sinceridad—. Soy tu amiga. Scott. jugábamos con los niños negros. Y cómo corríamos. teníamos todo el lugar a nuestra disposición. Agatha no pudo evitar una sonrisa. y sumergíamos las manos en la cera derretida de la lechería. llevaba con él a Delia y a la madre. y menos en el tuyo. ¿No puedes hablarme de ello? Vio que luchaba contra un torbellino interior hasta que. admitió: —No sé por dónde empezar. —El padre era un comerciante de algodón que iba periódicamente a nuestra plantación y. no te pongas hostil otra vez. Cuando pudiese. a menudo. y Agatha percibió su sorpresa por lo mucho que ella sabía. los días de hacer queso. le dan un cuarenta por ciento de posibilidades —respondió. —Gandy inspiró una honda bocanada. En ocasiones. continuaría. Era... fuera lo que fuese lo que tenía dentro. los gallineros. otra vez. y apoyó el mentón en los pulgares. emocionado—: . —Déjame ayudarte —sugirió con suavidad—.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR una espina en mi costado. Un coyote aulló. miró el cielo nocturno y concluyó. yo la conocía de toda la vida. Agatha se limitó a esperar. se quedaban a dormir y nosotros. —En la última edición de The Temperance Banner. —¿A dónde irías? —No sé. —Retiró las manos con delicadeza y preguntó—: ¿Qué piensas hacer conmigo? Antes de responder.175 - . escuchando los coyotes. distraído. La miró con el entrecejo muy fruncido. dejó caer las manos entre las rodillas y dijo: —Mi esposa se llamaba Delia. —Se interrumpió. Explorábamos el río. Por eso. se apoyó en la baranda y la examinó bajo las cejas unos minutos: —¿Qué probabilidades hay de que la ley pase? Agatha sintió alivio de que pudiesen discutir el tema sin rencor. robábamos tortas de melaza de la cocina y . —¿Y qué me dices respecto de Waverley? —¿Waverley? —Scott se crispó—. que creyó que no quería contarle nada. el sitio donde se desmotaba el algodón. ¿Qué harías si se aprobase? —¿Qué voy a hacer? —Apoyó los codos en las rodillas y giró el rostro hacia Agatha—. recogíamos uvas silvestres.cuanto yo podía desear. cambió de posición. y pareció el acompañamiento adecuado para las sombrías reflexiones de ambos.. —No es mi intención ser una espina en el costado de nadie. debía de serle tan difícil revelarlo como a ella su propia historia. vivías ahí con tu esposa y tu hija. ¿Qué sabes tú de Waverley? —Por favor. Al fin. sabiendo que. por encima del tejado del imprescindible—. lanzó un hondo suspiro. ¿Qué otra cosa podría hacer? Agatha sintió un flechazo de temor ante la idea. aunque fuesen miembros de facciones opuestas. pero aún sin levantar la vista de las manos unidas de los dos. Agatha esperó.. Pero ese margen se estrecha constantemente. se mesó el cabello y dejó vagar la mirada.

curtiduría. durante la guerra. —La evocación le provocó una suave sonrisa—.176 - . El cuadro no le hace justicia. Teníamos fábrica de hielo. molino harinero. en lo que mi madre llamaba «la alcoba nupcial». horno de ladrillos. las alas de la casa. desde aquel momento. alimentos y cereal. viñedos. Ah. Además. yo supe que querría casarme con Delia. galpón para botes. ya viste el cuadro. decorada con hojas de yeso. Pero el padre interrumpió todo eso antes de que ella dejara de lado las trenzas y mi voz empezara a cambiar. la cúpula. Delia y yo fuimos a vivir a Waverley. huertas. Me gustaría que lo hubieses visto. buscando las palabras— .. las habitaciones que se extienden a cada lado de una rotonda central o. —Se inclinó hacia adelante. entonces era algo especial. Se echó hacia atrás y contempló las estrellas. perrera. dos nunca fueron a esa alcoba en sus ataúdes.. Se interrumpió. Todos varones. —Era más que hermoso. No hay otra casa como esa en todo el Sur. teníamos más de mil doscientas hectáreas de algodón. Todavía puedo ver a mi papá paseando todas las mañanas por el pasadizo que pasaba junto a esas ventanas. »Nos casamos en Waverley. —¿Tenías dos hermanos? —Rafael y Nash. Y la cabeza del águila. ¿sabes. —Otra vez. Es hermoso. seis hectáreas de . Waverley es única. Era. —Hizo una pausa. y hasta una balsa. ferretería. —Tanto. Cuéntamelo todo.. —Bueno. como la llamaba mamá. Después de casarnos. vigilante. También lo sabían nuestros padres. —Vi el cuadro en tu sala de estar. Tengo la sensación de que.majestuoso. desmotadora de algodón. el fantasma de una sonrisa—. Waverley mantenía a mil doscientas personas y contaba con todos los elementos para ser autosuficiente. Los sepultaron cerca de Vicksburg.. ansioso—. Los campos de algodón se extendían hasta donde daba la vista. con escaleras gemelas curvas que ascendían poco menos de veinte metros hasta un observatorio con ventanas en los ocho lados.. Aunque de nosotros. obsérvalo bien. con la cabeza levantada. establos. —No muy atentamente. —Cuéntame —lo animó—. Siempre me recordó a un águila orgullosa que extiende las alas sobre los pichones. Las alas del águila son. Gussie? En aquella época. aserradero. en realidad. y lo aprobaban. jardines. y mi madre declaró que ahí serían bautizados y se casarían todos sus hijos antes de que a ella se la llevaran en su ataúd.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR corríamos... Los dos murieron en la misma batalla. era una impresionante entrada en forma de octógono. la rotonda misma. a Delia siempre le gustó. Y la casa. con los demás. en lugar de hacerlo en Waverley.. vigilando sus dominios. Mamá insistió en que la construyesen cuando se hizo el recibidor: era una habitación con arcadas. todos la llamaban la mansión. y Agatha le preguntó: —¿Cuántos de sus hijos fueron bautizados ahí? —Tres. —Reflexionó unos minuto y fue evidente que se esforzaba por continuar el hilo de la narración con situaciones más dichosas—. —La próxima vez que vayas a mi apartamento. En su plenitud. salvajes como ciervos. —¿Tanto? Agatha estaba impresionada.

—En el centro del hall de entrada hay una lámpara que cuelga desde lo alto de la cúpula.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR jardines. pero no pudo mentir. —Nunca nadé. en el extremo del sendero había una piscina de ladrillos y mármol. Y luces laterales de cristal veneciano alrededor de la puerta principal. subía las escaleras. Te encantará. apartó la vista.. Reflexionó unos momentos. como si fueran las que sostenían la lámpara—. es bailar. Y además teníamos lámparas de gas. y habló en voz alta y entusiasta—: Pero nadar también debe de ser sensacional. y tiene las escaleras gemelas a ambos lados.. reinando sobre el verde lozano que la rodeaba. —Waverley. Nunca supe qué había en mí que la hacía tan dichosa pero. y comenzó: —Delia era como Jube. y eso era gas de resina. —¿Tenía salón de baile? —En el piso principal de la rotonda. que pasaba por caños hasta dentro de la casa. Luego. que se encendían al contacto de un dedo.177 - . cornisas de bronce en todas las ventanas. Estabas contándome cómo era Waverley. abría todas esas ventanas y la corriente era capaz de arrancarte el pelo. Ella y yo solíamos ir por la noche a refrescarnos. Agatha jamás había oído algo semejante. con techo para proteger del sol a las damas. —Alguna vez. —Lo miró otra vez de frente. —Ni bailé. —Oh. alimentadas con nuestra propia fábrica de gas. y le costaba imaginar el lujo de las lámparas de gas. debe de ser maravilloso. A Delia le encantaba. De pronto. tengo que llevarte. Agatha pudo imaginar Waverley tal como Scott la describía. —La única en todo el norte del Mississippi.. molduras de cemento en los techos. —La que le contaste a Willy la primera noche que lo encontramos. Scott. Siempre feliz. Y había más de setecientos candelabros de caoba muy esbeltos que bordeaban la escalera y sobresalían de las galerías. Ahí se hizo el baile de bodas de Delia y mío. —El interior de la casa siempre estaba fresco —continuó Scott—. —Miró hacia las estrellas. carraspeó y se sentó más erguido. Y por si no hacía suficiente fresco. —¿Teníais fábrica de gas propia? —Se obtenía por combustión de leña de pino. de . cuando el tiempo era caluroso.. —Me encantaría —dijo en tono quedo. ni monté a caballo. cada vez que. Cada mañana. sí. ah. —Lo que más me gustaría. ¿Cómo es? —¡Nunca nadaste! Negó con la cabeza. entusiasta—: En invierno. y recuerdo muchos otros que se hicieron cuando yo era niño y joven. orgullosa con sus pilares. —Prosiguió. Aunque fuese una vez. y espejos en el salón de baile. —Habíame de Delia. —¿Te gustaría? Incómoda. Leatrice. no existía lugar más cálido. la vieja déspota que mandaba en ese lugar. nunca pedía más de lo que tenía. cuando se encendían los hogares. Está hecho de corazón de pino virgen. Es la mayor sensación de libertad posible. más alto—: Pero te interrumpí. se interrumpió.

178 - . Scott sacudió la cabeza. encontrar palabras para consolarlo. Por lo tanto. Si hacía años que estaba muerta. —Rió con amargura—. —¿Piensas que tendrías que ir? Gandy miró adelante y. —¿Y desde entonces no has vuelto? Negó otra vez con la cabeza. Le tocó a Agatha consolarlo. —Tragó con dificultad y se aclaró la voz—. todo. era exactamente igual a Delia. al parecer. los soldados encontraban pobreza donde antes hubo riqueza. daba gracias de que los dos sintiéramos lo mismo respecto del otro. Agatha buscó palabras de consuelo. Quizás ahora sea más fácil. me pareció oír su voz pidiendo ayuda. la fábrica de gas. En aquella época. —Me quedé allí tres noches y no pude soportar más. ¿cómo era posible? El corazón de Agatha se contrajo por él. ¿por qué tenían que matar también a la niña? ¿Qué clase de persona hace algo semejante? Agatha no pudo hacer otra cosa que frotarle el brazo. Otros se fueron. quién sabe a dónde. no obtuvo demasiado pues Delia era tan pobre como la mayoría en aquellos tiempos. Tuve que irme. ya no está. Tal vez fueron ladrones. ¿No sabes cómo murieron? —No. —¿Sabes lo que es regresar y encontrar todo cambiado? La gente que amabas. —Ruby me contó lo que pasó con ellas poco después de que llegó aquí. Pero los esclavos se habían dispersado. como para ahuyentar el recuerdo. La casa vacía pero. capaz de levantarle a uno el ánimo con más velocidad de lo que un camaleón trepa un poste. y deseó. como si esperase que llegaran los fantasmas a habitarla otra vez.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR cualquier modo. —Scott. pero con el cabello negro como el mío. tras un largo silencio. Al regresar. dormí en el cuarto de Justine y. Las vi a ella y a Delia una sola vez. Quien fuese. respondió: —No lo sé. Bautizamos a Justine en la alcoba nupcial. una vez más. Fue el mismo momento en que Lincoln juró el cargo. No pude dormir en el dorrhitorio que compartí con Delia. y le apoyó la mano en el brazo. Y cuando nació Justine. —La otra vez. Regresé para el funeral de papá en 1864. Tenía cabello rubio y ojos almendrados y esa risa contagiosa. ya habían desaparecido. No pude. pero el cuadro que le pintó era tan sombrío que no podía borrarse con meras palabras. quizá fue tu propia voz lo que oíste. la carreta de Delia fue asaltada en el camino. cultivando verduras y viviendo en las viejas casas. quizás en el mismo campo de batalla que a mis hermanos. Pero para cuando volví para siempre. el Sur era pobre y la gente estaba desesperada. Se pasó los dedos por el cabello y se apretó la cabeza. a algunos los mataron en la guerra. —Carraspeó—. todo parece igual. Todo lo demás estaba: la desmotadora. después de unirme al regimiento Columbus y marchamos hacia el Norte. Me dijeron que. tus heridas eran recientes. . la curtiduría. Pero. Gussie? —Movió la cabeza lentamente—. Unos pocos se quedaron. tal como lo soñó mi madre. y dejar que la pena lo hiciera decir las palabras más amargas que hasta el momento había contenido. durante la noche. —No pude quedarme. y prefirió permanecer callada y acariciarle el brazo. ¿Sabes qué. dentro.

—¿No es raro? —reflexionó Agatha. —¡Bueno! —Se estiró. —Tendrías que pensar en regresar. Preferiría no verlo así. Se ratifique o no la enmienda de prohibición. sin moral». se oyeron los primeros ruidos inquietos. te odié. ¿No existe un modo en que puedas hacerlo resurgir? —Harían falta mil doscientas personas para dejar Waverley otra vez como antes. Los coyotes dieron por terminado el concierto nocturno pues se aproximaba el amanecer. lo entiendo». hasta el momento. esperándote. Las enredaderas se pueden podar y los campos. con las muñecas cruzadas sobre la rodilla sana y la otra pierna estirada delante. y apoyó las palmas en el suelo—. Nadie lo ama como tú. y ahora es un verdadero tesoro. y al oírla decirlo sintió el corazón ingrávido. —¿No queda nadie que conozcas? —Ruby dice que la vieja Leatrice todavía está allá. Permanecieron en silencio largo rato. en el caso de Agatha. veo que estaba equivocada. «Mil doscientas personas. al este del pueblo. y tu rostro apuesto. —Pero. tú dices que la casa está tal como la dejaste. pensé que tenías el mundo bajo los pies. si vuelves. Hace tanto tiempo que estoy sentada en este escalón. —Quizá no. —¿Y ahora? —preguntó. Llegaste a Proffitt con tu ropa hecha por un sastre. es algo que te debes a ti mismo. en ese sentido.. Pienso que merece que su legítimo dueño regrese. —pensó. e hizo ademán de levantarse. Scott. Lo hizo recordar un gesto que había visto hacer a Delia innumerables veces pero. Muchas mansiones como esa fueron incendiadas durante la guerra.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Creo que nunca será más fácil. Cuando te vi por primera vez. Lanzó una sola carcajada áspera. Creo que es hora de que entremos e intentemos dormir un poco. Con enredaderas invadiendo el porche delantero y los campos desiertos. Giró para observarla y vio que contemplaba el cielo que iba iluminándose. Y Waverley es tu herencia. Agatha se encogió de hombros sin cambiar la pose. —Gran herencia. mirándolo de frente—. volver a sembrar. que ya no sé si mi única cadera buena volverá a funcionar. Nunca. Sí. abrumada—. como un par de gatos esperando la crema de la mañana.179 - . y me parece que está allá. La Osa Mayor comenzó a palidecer. en voz alta—. y apoyó la barbilla en el hombro. Waverley es tu hogar. cambió de actitud quebrando la sensación de intimidad. se le ocurrió que ella lo considerase apuesto o perfecto. De pronto.. repasando lo que habían compartido esa noche. pensé: «He aquí un hombre sin problemas. . —Ahora —respondió. sin conciencia. era pensativo en lugar de tímido. Por eso. Pero es probable que. con dinero suficiente para comprar el edificio y abrir un negocio destinado a hacerte rico en poco tiempo y. tus fantasmas puedan descansar. Suspiró. El repaso lo hizo volver del pasado. antes de que suba el sol y nos sorprenda aquí encaramados. observando tu cuerpo perfecto y sano. En los corrales de ganado.

si el pueblo adoptaba la enmienda de prohibición. llevó a ese mismo niño a la iglesia. —Ve a la cama.180 - . lo más importante. se dio la vuelta. Jube debe de estar preguntándose qué te pasó. Incluso si. Él le enseñó a un niño a jugar a un póquer de cinco cartas el sábado. Al observarla cruzar el rellano vio que la cojera era más pronunciada. ¿De qué serviría que aceptara la vacilante invitación que dejaban traslucir las palabras de Scott? Era una mujer con el cuerpo vencido: no quería tener el corazón en el mismo estado. Jube estaba durmiendo en su cama. Era lo bastante buen mozo para conquistar a cualquier mujer a la que mirase por segunda vez. y Scott la sujetó del codo para ayudarla. el domingo. Gandy se cruzó de brazos. apoyó las manos en el torso y se acercó lentamente a la mujer. No tenían nada semejante. Pero. Gandy. ¿verdad? —No. deteniéndose a un solo paso. cada vez decía con más frecuencia cosas por el estilo. mientras que el cuerpo de Agatha dejaba mucho que desear. Cuando cerró la puerta sin ruido. retrocediendo a las sombras. entró y luego se volvió: —¿Scott? —¿Qué? —Gracias a ti también. de modo que debes cerciorarte de que. Scott se quedó mirándola con las manos aún metidas bajo los brazos. le provocó un impacto: preguntas que revelaban un cambio en sus sentimientos hacia ella. —Para ti tampoco. por breves instantes. los últimos tiempos. Gandy dormía con una mujer con la que no estaba casado. Hasta en la sombra era evidente su distracción. mientras que ella. no es la clase de mujer para tomar a la ligera. por contarme todo eso. —Gussie. ¿qué crees que significa eso? Comprender que. Pero también percibió el matiz de confusión que cada uno de esos sentimientos traía consigo. Enfadado. ¿qué podría resultar? Era dueño de una taberna. y la falta de esperanzas de la situación.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Se tambaleó al tratar de levantarse. al abordarla. estés bien seguro de lo que haces. y ella llevaba en el brazo la banda blanca de la templanza. Era un hombre sin defectos físicos. y él estaba ante la puerta de Agatha. ¿Qué demonios intentaba demostrar? Tenía razón: en ese mismo instante. Scott suponía que sentía por ella algo más que amistad. pensando en besarla. —Gussie. espera. Sé que no fue fácil para ti. Scott —dijo en voz suave. el más perfecto que hubiese conocido. Fue hasta su puerta. . y en cambio ella no conquistó jamás ni a uno solo. pronto se marcharía de Kansas para siempre. pero la moral de Agatha no permitiría semejante arreglo. —Buenas noches.

nadie dijo una palabra. estaba con ellos y todos sabían que estaba bajo la protección de ambos. los claros ojos verdes de pestañas espesas y oscuras. se ondulaba un jabot de encaje de seda color marfil. animosa. Así dice Scotty que le dicen los vaqueros. La boca atractiva. —¡No! Porque son como un aro de barril. según sus propias palabras.181 - . En el cuello. mangas dolman. no estaba tan ansiosa por irse. Las botas castañas ya tenían cientos de arañazos. y la línea fina del mentón. el reciente huérfano.. y una faya de seda más rígida para la sobrefalda ajustada: en forma de pañuelo. La chaqueta tenía. —¿Qué cosa? —Un aro de barril. ofrecido por el gobernador.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 14 Si a alguien le pareció extraño que uno de los dueños de tabernas de la zona fuese a la estación de tren a despedir a la sombrerera. —¡Y además. cuando entró corriendo en la tienda para mostrarle a Agatha cómo le quedaban. con sus pantalones de vaquero ajustados. eligió un tafetán de intenso color melón para las enaguas. en pico por delante remataba atrás en una cascada de pliegues. Scott Gandy la veía despedirse de Willy y admiraba no sólo su vestido sino la manera en que los colores complementaban los reflejos rojizos del cabello. que sonreía. llegado el momento. y llevaba cuello y bordes de terciopelo marrón. Para ese verano. También. Pegados a las piernas. estaba en la estación para despedir a Agatha. había subido de peso y ya no se rascaba. y se lo veía saludable y robusto. por su parte. de color índigo. sin tirantes! —¡Sin tirantes! Lo hizo dar una vuelta para admirarlo como era debido. Agatha. con expresión . por lo tanto. Se hizo un vestido nuevo para la ocasión. que le gustó desde que la conoció. si bien sospechaba que ahora. que formaba una especie de ojiva sobre su rostro. y el atuendo se completaba con un sombrero aguilón ladeado. una espléndida creación de faya color mandarina.. —¿Cuánto tiempo estarás ausente. pero tenía las uñas limpias. estaba deslumbrante. de color melón y rojizo. enroscado en un moño francés en la nuca. que iba a asistir a un té en apoyo a la templanza. Willy llevaba puesta su más preciada posesión: un par de pantalones Levi-Strauss flamantes. ¿ves? En ese momento. A fin de cuentas. Godey's dictaminaba que no se debía hacer ningún vestido de una sola tela y. Gussie? Willy le sostenía las manos y la miraba hacia arriba. la piel de melocotón. el hijo de Collinson. con costuras anaranjadas y remaches de cobre: «¡como usan los vaqueros!». Agatha y Violet rieron al unísono.

las uñas y las orejas esta noche. Por un instante. mientras el pequeño mantenía el equilibrio estirándose sobre las puntas de los pies. Si la ley salía. y Willy la besó en plena boca. Agatha lo sabía tan bien como él. —Tocó la punta de la nariz del niño... uno de los dos. se regañó. ¿no es así. Apresuró a darse la vuelta. el beso delante de medio pueblo. Willy retrocedió y metió la mano en la de Scott. fue una cosa. —Cuando vuelva. antes de acostarte. —Adiós. pollo y pastelitos de fruta. sus pestañas le abanicaron las mejillas. fue compartir una simpatía. le preguntaré a Scott. —No me preocuparé.. cariño. Scott y Willy se sonrieron. El pulgar del hombre acarició un instante los nudillos enguantados.. Gandy contempló las manos enguantadas que arreglaban el cuello de la camisa de Willy y le quitaban algo de la mejilla. antes de que cualquiera de los dos . —Lo haré.182 - . —Bajó la vista y miró la mano del niño—. Scott lo había peinado con especial cuidado y había empleado. El abrazo de la noche anterior. vio en ellos la preocupación y se preguntó a qué se debería. Gussie. Scott. Por un breve lapso vacilaron. Lo estrechó contra el pecho lo mejor que pudo. —Cuídate. es otra bien distinta». en la escalera. —Adiós. y el pelo brillaba en el sol. Pórtate bien y nos veremos mañana por la noche. La mujer se incorporó. pensando los dos en un abrazo de despedida. Haz lo que te dije y ayuda a Violet a barrer antes de cerrar. —Una noche. —Uf. por primera vez. Y yo cuidaré de Willy. En la mente de Agatha relampagueó el recibimiento que Scott le hizo a Jubilee el día que había llegado: la audaz caricia en las nalgas. Scott retrocedió y comprendió lo tonta que había sido en pensarlo. como sacándose de encima deliberadamente lo que lo molestaba. lo prometo. Se inclinó hacia adelante con esas faldas que le dificultaban los movimientos. —Adiós. y la admiró. Forzó una sonrisa. tendría que despedirse de Willy para siempre. para suavizar la advertencia—. —Bueno. La mujer miró los ojos oscuros del hombre: por un momento. por la clase de compromiso que se requería para hacerlo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR angelical. muchacho? —Sí. y luego los soltó. ¿lo prometes? Willy hizo una mueca de disgusto y arrastró los pies. —No te preocupes por nada de aquí. ya tengo que subir. y Gandy percibió cuánto había llegado a querer al niño. forzosamente. Scott se agachó para levantar el pequeño bolso de Agatha y se lo entregó. Esa mañana. «Pero hacerlo a plena luz del día. Le abrió los brazos. en la estación. unas gotas de aceite de la India. —Y los dientes. Pensamos ir a cenar al restaurante de Emma esta noche. Recordó a dónde iba y por qué. Pero en ese momento.

Scott acomodó la cerilla en los dedos de Willy y le enseñó cómo hacerlo. Desde la ventanilla. El corbatín castaño se levantaba con la brisa y se acomodaba otra vez sobre la camisa blanca. Rojas. Le ardieron los párpados y se le formó un nudo en la garganta. Tejos majestuosos. El jardín de la mansión del gobernador estaba diseñado en macizos en forma de diamante. En menos de dos meses. y sacó una cerilla de madera. con los ministros bautistas. que asintió con entusiasmo. encendió y el niño sostuvo mientras Scotl. conversó. salmón. Apoyó la cabeza en el asiento y cerró lentamente los ojos. Willy también comenzó a buscar. vio a Scott y a Willy. y castaños de la India aquí y allá proveían oasis de sombra en puntos estratégicos de ese diseño tan formal. Le dijo algo a Willy. pensó. encajaba a la perfección en la reunión. «Lo próximo que hará. Sentadas en bancos de hierro pintados de blanco. Hizo tres intentos y falló. Amanda Way y otras líderes famosas cuyas . No obstante. metido a la fuerza en un cuello blanco de palomita y corbata Oxford negra. muy de élite.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR cediera a la tentación. y realizó consultas con conocidas figuras del movimiento por la templanza.183 - . Entonces. con sus galas a la moda. Cercos de ligustro cuidadosamente recortados delimitaban los senderos de grava. se inclinó hacia Willy. Después. se sentía una traidora hacia esos dos seres que la habían despedido en la estación. Scott llevaba un traje marrón claro. se sometería la prohibición a la decisión de los votantes de Kansas.M. este alzó una rodilla y raspó la cerilla contra el muslo de los nuevos y rígidos pantalones de denim. encendía el puro. su porte regio y sus modales impecables. Hizo una reverencia sobre la mano de cada una de las damas presentes. o quizás a los dos. local en el combate contra el ron. dichoso. mientras dignatarios de vestimenta formal. pronto podría perder a uno de ellos. mientras explicaba la forma adoptada por la U. perfumaban el aire con su fragancia inimitable. erectos y uniformes como las picas verdes de una cerca. sacudiendo los bigotes. con las manos cruzadas a la espalda comentaban la situación política. Agatha. Se palmeó la chaqueta y Agatha supo que estaba bromeando con el niño. Contemplando a los dos.T. y un Stetson de copa baja haciendo juego. Pero la perspectiva. El tren empezó a moverse y los dos levantaron la cabeza y la saludaron agitando las manos: eran las dos personas más importantes en su vida. El gobernador tenía un especial aire de decoro. Los crisantemos formaban retazos amarillos y bronce en los cruces de los senderos. las mujeres de polisón bebían el té de tazas para café. entre rosales repletos de flores. sintió que el amor por ellos florecía dentro de sí. Scott se puso el cigarro entre los dientes. Sin embargo. solícito. sacó un cigarro del bolsillo. Casi tuvo ganas de que la prohibición fracasara. es enseñarle a fumar al chico». blancas y rosadas.C. Era una escena muy pomposa. custodiaban los límites. en lugar de ponerla ceñuda la hizo sonreír con melancolía. Estaban Drusilla Wilson. el hombre alto y cordial y el niño rubio. La vez siguiente. mientras aprendía métodos nuevos para conquistar votos y difundir la propaganda contra el alcohol.

escuchando el piano y el banjo filtrarse por el suelo. tan diferentes de los familiares olores a tintura. No sería correcto. de fragancias intensas y masculinas. Al levantar la mirada. —Buenos días. y deseó estar en el restaurante de Cyrus y Emma Paulie. pero con ganas de estar sentada en un duro escalón de madera mirando las estrellas. Eres una mujer soltera. no servirá. Pasó un caballo arrastrando un coche sobre los adoquines y el traqueteo la sacó del ensueño. se había enfriado considerablemente. Pasó ante una tabaquería y se detuvo. ardiente. Recordó el entusiasmo que sintió el día en que recibió la invitación a este evento. pero a pocos metros se detuvo y desando el camino. se preguntó: «¿Qué esposa no conocería la marca favorita del marido?». él con el Stetson de copa baja y el crujiente traje color gamo. al regresar. Entró en la tienda. Se imaginó a Scott Gandy junto a ella. y deseó recuperar una parte de ese entusiasmo. —Buenos días. vio su propio reflejo en el cristal. oyendo aullar a los coyotes y disfrutando el aroma del cigarro de un hombre. el fervor por la causa mientras que. se sintió fuera de lugar pues por las venas de estas mujeres corría. . señora —la saludó el dueño. no sobre Scott Gandy.184 - . almidón y aceite de máquina. sino sobre sí misma. pensó que era muy probable que el 2 de noviembre cayese la guillotina. —Sí. caminando juntos hacia el mercado. pero hubiera preferido estar en su estrecho apartamento. Era una idea peligrosamente provocativa. y se preguntó si. ella con el gracioso vestido y el sombrero en pico. iluminada por el sol matinal de un tibio día de otoño. No sabía nada de marcas y al darse cuenta de que se había traicionado. ni lo sería nunca aunque. salió de compras y encontró una armónica para Willy y un broche de marfil tallado para Violet. —¿Quiere algo para su marido? Al sonreír. Scott Gandy no era su marido. tendría el valor de dárselas. Salió de la tabaquería con unas minúsculas tijeras de oro de punta roma en un estuche plano de cuero. los humidificadores de tulipanero.. Se tendió en la cama forrada de cotí y rellena de plumas de ganso. A la mañana. es un hombre soltero. los bigotes manubrio y las mejillas sonrosadas del hombre se elevaron. Se paró ante la vitrina y admiró las pipas de cerezo. —Ah.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR fotografías Agatha había visto en el Banner. Se instaló en la habitación decorada con buen gusto. Siguió andando con paso decidido. la mano enlazada en el hueco del codo de él. en las de ella. de empapelado tramado y cortinas adornadas con borlas. creo que tengo justo lo que buscaba. El interior era polvoriento y aromático. comiendo pollo y pasteles con Willy y Scott. y las cajas de cigarros. podrían ser unas tijeras. Alquiló carruaje y conductor para que la llevase de vuelta al hotel. por un momento. cenó en el elegante comedor. En cambio. Agatha. era divertido imaginarlo.. No. Su marido. Compartiendo el encuentro con ellas.

seguiré el impulso de mi corazón.. pero tengo que regresar para vigilarlo. Pero se acomodó el sombrero y revisó el peinado. Aquel día. Pero sí estaba Willy.. El chico se rascó la cabeza casi sin darse cuenta y se dejó el cabello erizado como tallos de melcocha secos. Pero él me regaló una máquina Singer de coser. y que. vamos. ¡y durmió conmigo anoche y no rodé encima de él ni lo aplasté. Agatha rió: —¡Púrpura y bl. Se dijo que era totalmente ridículo estar desilusionada por su ausencia. y yo fui allí y estaba este.! —Y era el que más me gustaba. más o menos. ¿de qué me sirvió? Por una vez.. ¡Date prisa! Está en la taberna. tuvo que hacer un esfuerzo para no observar la estación en la esperanza de que Scott llegara tarde. —Violet dice que la señorita Gill tenía una carnada en la casa de pensión y que si no se deshacía de ellos pronto habría que ahogarlos. Comparado con eso. ni nada! ¡Ya vas a ver. y.. a pesar de sí misma. Agatha se apeó y el muchacho fue corriendo hacia ella. El corazón le dijo que no tenía que buscar a Gandy entre el gentío. —Le puse ese nombre. Moose? —rió Agatha.. pero a mí me parece púrpura con manchas blancas donde salen los bigotes. de día.. y Jack está cuidándomelo. Scotty dice que es gris. Qué raro en ti. —¡A que no sabes. bueno. siempre que duerma conmigo por las noches para que no se meta entre los pies de la gente en la taberna. Gussie! ¡Es el gato más hermoso que hayas veído jamás! —Visto. —Bueno. —¿M.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Qué poco propio de ti. vete al diablo! Fui una remilgada toda mi vida. —¿Y Moose es de color púrpura? Agatha se preguntó cómo pudo pasar un día sin Willy para iluminarlo.185 - . esperó que la falda no estuviese demasiado arrugada y escudriñó la estación. martillando con ansiedad mientras el tren entraba en la estación de Proffitt.. Willy levantó el bolso y salió corriendo.. Agatha. —Sí. No estaba. todavía rígido con sus pantalones azules. el corazón la llevó de vuelta al hogar. Agatha. y le pegunté si podía quedármelo y me dijo que sí. porque es el más grande de todos. entonces lo truje a casa de Scotty y Scotty dice que puedo. agitando la mano y saltando con brío. Moose puede cazar ratones en la despensa. Gussie! —¿Qué? —¡Teno un gato! —¡Un gato! Aunque le dirigió una sonrisa radiante. no tenía que esperar que estuviese ahí. Willy parloteaba a toda velocidad. parado sobre un banco en la acera de la estación. que es púrpura y blanco. . ¡Oh. ¿qué son unas pequeñas tijeras? Estás justificándote. No tuvo más remedio que «darse prisa».

por primera vez en su vida. los hombros flacos levantados. Aferraba el asa con las dos manos. se paseaba un adorable gatito de ocho semanas de edad. lo golpeó en las rodillas y lo hizo caer encima. Doc Adkins. Virgil Murray. Jube. y una expresión que pasó. le dijo que también se alegraba de que hubiese regresado.186 - . Willy soltó el bolso y aferró a Agatha de la mano. Willy repitió el juego varias veces. —Moose está aquí. Jack y Scott. riendo entre dientes. Gussie? —Los ojos de Willy resplandecían de orgullo—. ¿No es precioso? Agatha se fijó en la bola de pelusa gris y blanca: —Es adorable. Sólo tuvo ojos para Scott. hociqueó la espuma. Willy se acomodó sentado encima de la barra con las piernas cruzadas. Pero no se detuvo a quejarse. fijó los ojos en los de Scott. Willy! Yo puedo llevarlo. demasiado temprano. Rieron. riendo. no debes. —¡Ha vuelto Gussie! ¡La truje a ver a Moose! Todas las cabezas giraron hacia la puerta. y observó desde atrás de ella. Marcus apoyó una mano en el hombro de Jube. —¡Ven. por el rostro de él. pero Agatha casi no la vio. Jack se sirvió una cerveza y la bebió a sorbos. Todos observaron a Moose.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¡Espera. que olfateó la cerveza del jarro de Doc y dio un delicado lengüetazo. pensó. vestido con un traje negro y chaleco color ámbar. con la vista clavada en la pieza de oro que giraba. había sólo unos pocos parroquianos. al tiempo que corría tras Willy. fugaz. Marcus. Moose se dispuso al ataque. En una ocasión. La atención . forcejeando alegremente para cargarlo. Estaba detrás de la barra con Jack. mientras Agatha cojeaba tratando de seguirlo y sintiendo que lo amaba más a cada minuto que pasaba. Tras él. Estaban todos reunidos junto a la barra: Mooney Straub. ponía los codos encima de una barra. La llevó directamente por las puertas vaivén al Gilded Case. ¿eh?». Jube se desplazó para dejarle sitio a Agatha que. hasta que el gato avanzó con cautela y volteó la moneda con la garra. Gussie! Mientras Willy la arrastraba. Perdió equilibrio y rodó a los pies del animal. Entre ellos. Se levantó de un salto y corrió. El bolso era más grande que Willy. Marcus sacó una moneda del bolsillo y la hizo girar sobre el bar. conversando apoyados en los codos. Agatha levantó la mirada y vio que Scott la contemplaba. meneó la cabeza y estornudó. con expresiones absortas. se sacudió la pata. el bolso se balanceó para atrás. después cruzó hasta la jarra de cerveza de Mooney. Tuvo la impresión de haber estado ausente una semana. excesivamente apuesto. arqueó el lomo y siseó. sobre el mostrador del bar. —¡No-o! Scott dice que yo tengo que llevártelo. Pisó un charco. Qué figura. Marcus alzó a Willy y lo sentó en el borde de la barra. —¿Lo ves. —Oh. como siempre. no. De inmediato. «Con que eso dijo. divirtiéndonos —le dijo Jube. para diversión general. Ya es bastante para una cosa tan pequeña como tú. Como era media tarde. Dierdre se exhibía en su jardín de las delicias. mientras el gato los entretenía a todos. que retrocedió. pero Doc apartó la jarra.

La moneda zumbaba al girar.. la mirada del hombre bajó a la boca y Agatha sintió que ardía con una conciencia de su físico más intensa de la que hubiese percibido jamás. Pero algo pasó entre los dos. dándole un golpe suave en la rodilla. Los ojos de Scott expresaban sentimientos hacia ella. —¡Iré a enseñársela a Marcus! Tomó a Moose y fue hacia la puerta. gracias. —Dame media hora. menos personal? Y por algún motivo. Pensó en Violet pero dudó: ¿no le daría un aire menos. Estaba segura de que la había echado de menos. al menos audible. mucho antes de que pasaran los treinta minutos. —¡Jesús. Agatha tomó una decisión repentina: —¡Espera! Impaciente. mientras Willy insistía con el instrumento. La mirada era firme. pero ni Scott ni Agatha los oyeron. —Yo te diré cuando pase la media hora. pero está en la maleta. Cuando los ojos de Scott la convocaron. Se olvidó del gato y le dirigió una mirada brillante: —¿Para mí? —Sí. —Se me ocurrió que Marcus podría enseñarte a tocarla bien. —Tengo que ir a relevar a Violet. Gussie! No hacía falta mucho para iluminar los ojos de Willy e impulsarlo a dar un abrazo y un beso. que afirmaba ser la «madrina» de Moose. además del banjo. los ojos. después que haya desempacado. ¿no sería esa la causa de que no fuese a buscarla a la estación? Si estaba tan confundido respecto de esos sentimientos como la misma Agatha. se hizo cargo del animal y lo acarició. Ven más tarde. ¿cómo era posible? Le resultaba increíble. algo más poderoso que lo que podía oírse. muchacho. Sin embargo. ¿Podrías llevárselo? . Dio un soplido a la armónica. —¡Pero no sé la hora! Scott rió y apoyó una mano en el hombro del chico. después de la significativa mirada que intercambió con Gandy. Violet. Agatha advirtió que ella y Scott no habían intercambiado una sola palabra. Agatha tuvo la sensación de que todo el cuerpo le latía. Como Agatha imaginó. Que Dios me ayude: lo amo. Pero. le preguntó: —¿Cuánto tiempo te llevará? Agatha sonrió con indulgencia. el niño volvió. —También compré algo para Scott. era natural que extremase la precaución mientras los exploraba.. Tiene talento para la música y estoy segura de que es capaz de tocar otros instrumentos. a tal punto que se lo colocó de inmediato en el cuello. Tampoco sonrieron. Los presentes rieron otra vez. supo que se ruborizaba y recurrió a Willy. apareció Willy. Al levantar la maleta para irse.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR de todos los demás estaba concentrada en el gato.187 - . y Moose se arqueó. tan negros como el ala del sombrero. A Violet le encantó el broche de marfil. si era cierto. había perdido el coraje de entregarle el regalo personalmente. Ven más tarde: tengo algo para ti. Como si le hubiese leído la mente. Cuando ya se iba.

tengo entendido que fue a Topeka. Se le ocurrió que. Los maestros comenzaron a sermonear en sus clases acerca de ingerir bebidas tóxicas y los niños. —Señorita Downing. de fuentes inesperadas. y atrajo un caudal inesperado de propaganda en favor de la reforma constitucional. Le dio el paquete y Willy salió disparando hacia la puerta. Zeller mencionó el motivo de su visita. señorita Parsons. en la Gazette. inspiradas por Gandy. La Gazette misma publicaba un editorial destacando que la templanza surgía como el tema principal que unía a las mujeres en todo el país. a su vez. aunque fuese real. votaran por la ratificación de la enmienda constitucional que lo prohibía. ¿verdad? El hombre se quedó casi media hora. Y tal vez lo fuese. e iniciar así la locura alcohólica. Pero mientras se esforzaba por hallar una respuesta que no la comprometiera. ¿cómo están? Intercambiaron las banalidades de costumbre y. y Agatha no pudo hacer otra cosa que contestar. en noviembre. Quizá fue sólo su imaginación esa mirada provocativa de vibrante intensidad. —No es cosa de todos los días que un ciudadano de Proffitt se codee con el gobernador. Agatha recordó la época en que solían irritarla las risitas disimuladas de Violet. ¿no es cierto. también la consideraría una cabeza hueca. El inspector de escuelas anunció un concurso de ensayos sobre el tema: el ganador recibiría una . Agatha? Zeller sonrió.188 - . estaba equivocada. Desde el pulpito de la Iglesia Cristiana Presbiteriana. llevaban la advertencia a sus respectivos hogares. haciéndole una pregunta tras otra. el reverendo Clarksdale instó a sus feligreses a votar por la prohibición. Si esperaba que Violet se encargara de darle un regalo a Scott. Y. Le sonsacó cada uno de los movimientos innovadores para aumentar la conciencia pública con respecto a los peligros del alcohol. «Oh. La ayudante estaba demasiado fascinada con ese hombre para mantener la sensatez en ese aspecto. por lo tanto. no». Violet exclamó. motivo que impulsó a la gente a mezclar cerveza en el agua. con el gato subido al hombro. y muchos de ellos fastidiaban a los padres no sólo para que dejaran de beber alcohol sino para que. Sólo un par de tijeras para los cigarros. en el presente ella misma se sentía así cada vez qué estaba cerca de él. —No le diré qué es hasta que abra el paquete. impresionado. aduciendo que ya no existía el riesgo de cólera. Pero a cada respuesta que daba se sentía más traidora. Qué cabeza hueca le parecía. pensó Agatha. —Señorita Downing. interrumpió la introspección. Recibió una invitación impresa a un té que daba el gobernador en el rosedal. si la gente lo supiera. a reunirse con el gobernador. Agatha sonrió y lo miró desaparecer. por fin. al entrar en la tienda por la puerta principal. ¿Qué es? —Una insignificancia. ¿cómo podía adivinar qué pensamientos bullían en la cabeza de Scott? Joseph Zeller. la necesidad de un «agente purificador» era cosa del pasado.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Claro. orgullosa: —Ya lo creo que fue. El artículo apareció en primera plana. Sin embargo.

. Agatha estaba mortificada.... e invitó a participar a los miembros de ambas fracciones. Mustard Smith discutía a gritos con Eyelyn Sowers. siquiera. —De camino a la Iglesia. La Sociedad Literaria de Proffitt anunció una serie de debates abiertos en sus reuniones semanales. volverá a. cruzado sobre el pecho y las costillas y la alzó hacia atrás.. Permaneció inmóvil como un cadáver mirando. Le sudaron las manos. El pánico la invadió... aferrando la almohada v balanceándola hacia atrás con toda la fuerza posible. tratando de ver quién estaba junto a su hombro. —Gussie está haciéndome unas camisas más abrigadas para. Se le tensaron los músculos. —Yo y Scotty fuimos. sólo lo veía de paso o a través del agujero en la pared.. —A Gussie y Violet les encargaron. ayer Gussie y yo. No era que tuviese pesadillas. En medio de todo ese furor..189 - . —Scotty y Jube se reconciliaron. y miraba a Evelyn como un toro furioso que se dispusiera a embestir. . Marcus y Scotty tuvieron que mover el piano. pero no le mandó una sola palabra de agradecimiento. ni acusó recibo. asmática. Dios! ¿Qué hago? ¿Dónde está el objeto pesado que tengo más cerca? ¿Podré alcanzarlo más rápido de lo que el intruso me atrape a mí? ¿Qué hago primero. Corría el mes de octubre. Saltando de uno a otro.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR medalla de bronce y su nombre se inscribiría en una placa conmemorativa que enviaría la propia Lucy Limonada en persona. daba entusiastas informes en uno y otro lado del edificio de Gandy. Desde que regresó de Topeka. La respiración jadeante era real. aunque ya estaba a medias levantada. —Pearl dice que si pasa la prohibición. Venía de al lado de la cama. Faltaba menos de un mes para el día de las elecciones. la taberna cerraba más temprano. entrando y saliendo. pero con todo Agatha dormía mal... —Como perdí a Moose. gritar o saltar? Hizo las dos cosas a un tiempo. El otro brazo del sujeto la aferró. Desde ese punto ventajoso lo vio usar por primera vez la tijera de oro.. pero le parecía que los debates de la Sociedad Literaria de Proffitt se realizaban dentro de su cabeza. Pero nunca tocó al intruso: se la arrebató y la tiró.. sibilante. En sus sueños.. Había refrescado. Willy se convirtió en el único vínculo entre los dos. Ya las moscas no molestaban de noche... —Scotty y Jube discutieron. y al comprender que perdía comenzaba a jadear. Pesada.. ¡Oh. —Gussie dice que. Agatha se despertó de golpe. Agatha y Scott se evitaban... llevando consigo su fervor característico. —Violet dice que Gussie está de mal humor. —Scotty dice que... Daba la sensación de que el aire silbaba entre sus dientes entrando y saliendo. por las noches. Era humillante haber hecho un regalo a un hombre por primera vez en la vida y no recibir ni las gracias. la actividad de los conductores de ganado mermó casi hasta interrumpirse.. El grito de Agatha quedó interrumpido por la mano incrustada sobre la boca.

. Apuesto a que nunca lo hizo.. del lado izquierdo. Un dolor agudo provocado por la punta del cuchillo le dio la sensación de que la hoja ya le había atravesado el ojo. desesperada. somos once a los que no nos gusta. —Tenga cuidado. porque tengo un gran corazón. ayúdame! ¡Comisario Cowdry. Gritó de nuevo. —Creyó que se le saltarían los ojos de las órbitas—. pero las palabras salieron como gemidos ahogados contra la mano sudorosa. señora. se equivoca. Sintió que la punta del cuchillo le penetraba en la carne y gritó bajo la mano. salada del sujeto. Oyó su propia voz que gemía. sin querer. y el hombre le apretó la cara con tanta fuerza que creyó que le había roto la mandíbula. «¡Scott. Violet. Contuvo las ansias de gritar otra vez. Bueno. apretaba los muslos. Organizó. pero no me hizo caso —siseó. ¿Está cortándole? Estaba cortándola. hermana!. ¿Entendió? La apretó más fuerte. ¡Y deshaga esa sociedad por la templanza! ¿Entendió? Asintió. ¿entendió? Diga a las demás mujeres que terminen con sus malditos debates. se echará atrás. y oró en los umbrales de las tabernas.. La presión pasó a los pechos. frenéticos. sentía que le explotarían las venas. Pero le daré una última oportunidad. aquí. pero se le cerraron los ojos y las lágrimas brotaron por las comisuras de los ojos—.. —Si cree que tengo miedo de matarla. y el sujeto se flexionaba contra la cadera de ella.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Se lo advertí. y sintió que algo tibio le resbalaba por el cuello. Intentó suplicar. ¿sabe? Quizá tenga una manera mejor de lograr que se porte bien. Aquí tengo algo que la obligará a escucharme aunque no quiera. al pasar del pánico a la semiinconsciencia. fue a gimotearle al gobernador hasta que logró que este maldito Estado explotase en un solo clamor. sermoneó. a cada exhalación aterrada. renga? Bueno.190 - . Los gemidos sé aceleraron. ¿no. Después. señora. A cada latido. —¡Eh. con gestos enloquecidos. esta noche no tengo tiempo. ¿qué es esto que siento? —La hoja se apartó y la mano se cerró sobre un pecho—. pues ese . —Ahora. Agatha siguió hipando. Un instante después. Si tironeaba. Dígale a esa predicadora melosa que cierre la boca. alguien! ¡Por favoooor!» —Usted es la que empezó con esa basura de la prohibición. hermana. Para ser una lisiada. —No veo bien en la oscuridad. Por los orificios dilatados de la nariz le entró olor a cigarro y a sudor. clavándole las uñas en el brazo que sostenía el cuchillo. sintió que le metía el camisón entre las piernas. no está nada mal. el cuchillo podía clavársele en el ojo. Ahora me escuchará. ¿sabe? Rió con malicia. en este pueblo. Dejó de clavarle las uñas. en el oído de Agatha—. Una organizadora muerta sería de lo más eficaz para ponerles paños fríos a todas las reformadoras de por aquí. y algo la pinchó bajo la mandíbula. en lugar de matarla. Los dientes le cortaron el labio y sintió el sabor de la sangre. ¿eh? —Deslizó una mano por el vientre de Agatha y lanzó una carcajada perversa mientras ella.

Gussie. le aplastó la cara contra el colchón.. —Un ho. tranquila. Un .. —S. el pecho agitado. La empujó hacia arriba y pasó por el alféizar al dormitorio de Scott. sujetándola con las manos y los codos. desgarrado.. La hizo caer a gatas sobre la cama. c. No. a. —Ahora estarás bien. f.. Temblaba con tal violencia que Scott le oyó castañetear los dientes.. fue.. y poniéndole una mano en la nuca. Abrió los ojos. cu.... Usaré esto... Así. cu. preguntándose si Jube había hablado en sueños. por la angosta cornisa que había detrás del falso frente de la tienda. como un perro fatigado. Sintió contra el pecho los movimientos bruscos del torso de la mujer... más difícil le resultaba la palabra—. —Ahora.191 - . que estaba abierta unos centímetros. hombre f. ho...... Rodó para mirar sobre el hombro y vio una figura de blanco a los pies de la cama.. me —rogó—. demasiado aturdida para comprender que también pertenecía al cuarto de Jube. cuarto y te.. se quedará así cinco minutos.. seguía jadeando con bocanadas breves. ho. S. Scott Gandy emergió de un profundo sueño al oír el susurro.. Por la ventana. De pie en la oscuridad... Cu... S.. Llorando.... sólo pudo tartamudear.... p…p…por. Los temblores le recorrieron todo el cuerpo y respiraba como si estuviese debatiéndose en aguas profundas.. vamos. pero entonces oyó otra vez el gemido quebrado. La sujetó de los hombros y sintió que su propio corazón se aceleraba de miedo. saltó de la cama.. una mano en la nuca. —S.. Lo único que supo fue que el hombre salió por la puerta y que sólo había otra manera de salir del apartamento. otra vez. siguió hasta la próxima y golpeó otra vez. Aun así. Pero si no hace lo que le digo. ho..... Todavía alterada por la impresión. Golpeó. Scott. S.. hasta la primera ventana que encontró...LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR maldito comisario entrometido anda por el callejón. Un hombre. gimiendo. Estás a salvo. fue a mi c. sintió la cadera como si estuviese rompiéndosele otra vez.. Scott la atrajo hacia él y la abrazó con firmeza.. f... Scott. u.. Si pasaron cinco minutos o cinco horas. se tambaleó junto a la pared hasta la próxima ventana.. —Un hombre f... hombre.. con el camisón aún metido entre las piernas.. pero era la ventana del pasillo. a.. ayuda.. Desesperada... Di una palabra por vez. Y no me importa para nada que pueda rodearme con las piernas o no. ¿entendido? De rodillas sobre la cama como un musulmán de cara a la Meca. Por ahí salió Agatha. pero Jube no salió.. desnudo como estaba.. insuficientes. S... —¡Agatha! ¿Qué ha pasado? —U.. estaba llorando.. un.tenía un cu.. El primer impulso fue ir a buscar la pistola... sangrando sobre las sábanas.. —Despacio. —Cálmate. no estaba en condiciones de saberlo... cu. Se arrastró hasta la siguiente y la aporreó con el puño.. trató de controlarse después de haber pasado por la experiencia más terrible que había tenido que enfrentar hasta el momento.. volveré. respira hondo. —Cuanto más lo intentaba. favor. —¿Qué hombre? —Un ho... h. Scott..

.. mientras acostaba a Agatha en la cama tibia.. ¡Trae al doctor Johnson! Jube salió de la cama y encontró la bata camino de la puerta.é —respondió. —¿Quién te hizo esto? Sin abrir los ojos.. Jack irrumpió en la habitación.. cortante. —¿Qué quería? —La pro. Tal vez sea algo peor. vio enseguida la sangre sobre el camisón blanco.. —¡Ahora. Scott le apretó el hombro a través de las mantas.. soñolienta: —¿Amor? ¿Qué pasa? Gandy no le hizo caso. —¿Está bien? —La hirieron con un cuchillo. Gandy habló en tono duro. La tapó hasta el cuello y se sentó al lado.sangrando —gimió. Tembló con tal violencia que el resto de la palabra se perdió. Agatha cruzó los brazos sobre el pecho... desorientada.. lo s..no... cerró los ojos y se estremeció.. Revisó el cuerpo pero no encontró más desgarros en el camisón. tartamudeó: —N.c..hibición en las ta. negó enfáticamente con la cabeza. sin otro atuendo que los pantalones.. ¿qué tenía. —¡Levántate..no s. ¡Despierta a los hombres y corre a buscar al doctor! —¿Eh? —farfulló.... —Tengo m. y giró la cara..mucho f. vestido con su traje de dormir de una pieza.frío..ta.. e insistió: —Gussie..creo qu. —El jadeo se hizo más rápido contra la oreja de Scott. las lágrimas brotaron tras los párpados cerrados. como si apelase a toda su energía vocal. —C.. —¿Te hizo daño de alguna otra manera? La única respuesta fue que Agatha se acurrucó más.. hasta que al fin explotó—: ¡Cuchillo! —¡Dulce Jesús! ¿Estás bien? A Scott le pareció que cada uno de sus propios latidos era una explosión. Ve a echar una mirada atrás.192 - .. sintiendo que el miedo daba paso a la furia.s. Cuando encendió la lámpara. aterrados. con los ojos apretados.sé. entre hipos. La tomó en los brazos en el preciso instante en que a Agatha se le doblaban las rodillas... Jube! Agatha está herida.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR hombre fue a tu cuarto y tenía un.. Sin soltarla. cu. —N. ¿lo hizo? Mordiéndose los labios. se echó hacia atrás y se inclinó hasta que pudo verle los ojos inmensos.. —Alguien atacó a Agatha. Fue presa del terror mientras buscaba la herida y la encontraba bajo la mandíbula.... Jube se despertó y preguntó. . Llegaron Marcus e Ivory. avergonzada. Gussie? —Cu.. Jube! —vociferó—. —¡Manda a Jack aquí! —ordenó..que estoy san.

Todavía estás sangrando. ¡Juro por Dios que las pagará! Agatha abrió los ojos y suplicó: —¡No. Ivory. se recuperará sin inconvenientes.. los ojos de la herida se llenaron de pavor. Mojó generosamente un aposito de gasa con tintura de árnica. —No me dejes. —¡Shh! —El hombre no me. Por favor. —Jack. hablaremos de eso después.193 - . empujándola hacia abajo por los hombros. por favor —dijo Gandy. Jack desapareció sin decir una palabra. aconsejó: —Esta noche. y la mandíbula se le tensó. Gandy miró a Agatha. Las lágrimas corrían en arroyuelos de plata por las sienes.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Jack rechinó los dientes. El médico limpió la herida con salmuera y afirmó que no haría falta coser. por favor. sentirá un poco de dolor. y fuerte! Gandy cruzó a zancadas el cuarto. El doctor Johnson se lavó las manos en el lavabo que usaba Gandy para afeitarse y. Ruby. y Scott las secó con los pulgares. Le metió la mano bajo las mantas y la arropó otra vez. —Marcus. es peligroso. gracias por ir a ver. tus sábanas. creo que será mejor que hable con él esta misma . —Por favor. mientras se los abotonaba con gestos furiosos. Tal vez una medida de whisky lo atenúe. Pearl y Jube espiaban ansiosas en la puerta.. —No lo haré —le prometió. Gussie. Los hombres informaron que no encontraron a nadie en el callejón ni en el apartamento de Agatha. y salió corriendo mientras los otros hombres le pisaban los talones. —¡Vamos! —ordenó. Al ver que llegaba el doctor Johnson y ocupaba el lugar de Scott en el borde de la cama. acariciándole el cabello. como agua verde y profunda.. ¿no es cierto? — Se levantó de un salto—. acomodó las mantas bajo la barbilla y quiso saber: —Te puso encima algo más que la hoja del cuchillo. —No importa. sin sacar la vista del rostro pálido de Agatha.. los ojos llenos de lágrimas que los hacían parecer transparentes. y las pagará. —Pero. Después.. la vista fija en los ojos enormes. por favor. se los puso y se volvió otra vez de cara a ella. —Después. Si uno de vosotros quiere ir a buscar al comisario. fuera de eso. —Scott —murmuró... desenfocados. ve abajo a buscar una botella. Se tragó los epítetos que pugnaban por escapársele y se acercó de prisa a la cama. pero Scott los sujetó antes de que pudiese hacerlo.. se sentó junto a ella callado. Tendrá escalofríos hasta que pase la impresión pero. agarró los pantalones de un manotón.. no te muevas hasta que llegue el doctor Johnson. —Acuéstate otra vez.. lo aplicó a la herida y lo sujetó con una tira alrededor de la cabeza. apartándoselo de la frente una y otra vez. Entretanto. no. Quiso tocarse la herida con los dedos. mientras las secaba. ¡Maldito sea! Descubriré quién es ese hijo de perra.

ninguno más. cerró los ojos. Al pasar junto a la repisa. necesitaré que me firme unos papeles relacionados con el ataque.194 - . y respondía con lucidez. Levantó la mirada con incertidumbre. . Cuando el comisario salió. Éste se apartó de la esquina del guardarropa en que estaba apoyado y avanzó. haciendo muecas al moverse los músculos del cuello. Se sentó con esfuerzo. repitiendo las amenazas del atacante. Aferrando el vaso con fuerza. Si sigues a ese ritmo. pero le dolía la herida. —No. al parecer. se estremeció. Destapó la botella. —No debería estar aquí. y Scott se inclinó hacia la pila de almohadas que tenía detrás. Chicas. Arde. además de la herida de cuchillo. —Ordenes del médico —dijo en tono suave. ¿Puedes incorporarte? —Sí. Jube. —Ya te lo dije. Agatha se echó atrás. Estiró. sirvió tres dedos y dejó la botella en la mesa de noche—. Jube se demoró un momento cuando las otras se fueron. las manos delicadas. lo levantó y lo bebió en cuatro tragos. —¡Uh! —Gandy le apartó la mano—. los ojos angustiados se posaron en los de Scott. —Gandy se dirigió a las mujeres—. lo atraparemos. en tu dormitorio. —Le sostuvo el vaso y ella lo miró fijo—. Llegará en cualquier momento. —Toma. pronto verás perros de la pradera rosados.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR noche. Se levantó y se ajustó el cinturón donde llevaba las pistolas. ¿Te molestaría ir a tu propio cuarto lo que queda de la noche? La muchacha le besó el mentón: —Por supuesto que no. —Está bien. Scott era el único en el cuarto mientras Ben Cowdry la interrogaba. con una rodilla levantada. Vendré a verla por la mañana. Scott tomó la botella de whisky y un vaso. y sujetó el vaso con las yemas de los dedos. Yo ya le pregunté. suspirando. —¿Qué puedes esperar del propietario de una taberna? Agatha hizo un valeroso esfuerzo por sonreír. Pero cuando Cowdry le preguntó si le había hecho otro daño. No se preocupe. pero te ayudará. prepárate. mientras iba hacia la cama y se sentaba en el borde. Me pidió que no la dejase. La mirada de Cowdry pasó de uno a otra y volvió al hombre. ¿Alguna vez lo probaste? —No. abrió los ojos y la boca y le tendió el vaso para que le sirviera más. vacilante. Gandy rió. Gandy le tomó la barbilla con ternura: —Lo siento. Ben. Cuando esté mejor. —Entonces. Gandy cerró la puerta de la sala y volvió al dormitorio. Agatha se había calmado en cierta medida. No tan rápido. señorita Downing. Los ojos redondos y asustados de Agatha estaban clavados en la entrada. tenía una barriga prominente y voz áspera. como aguardándolo. —Bien. recordando que olía a cigarro y que. Yo me quedaré con ella. volved a la cama.

Lo bebió a sorbos. Con delicadeza. las cejas bien delineadas y los labios oscuros. Todavía tengo el estómago revuelto. distraída. Puedo ir a mi apartamento. vació el vaso. Si el whisky me ayuda. le quitó el vaso de los dedos tensos y lo apoyó. a través de las mantas. —Y Jube tuvo que irse. pero se acurrucó bajo las mantas. pero rodeó con los dedos el vaso y la mano de Agatha. sin mirar al hombre. Después.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Me duele. —Tú me importas —le dijo en un murmullo ronco—. Lo hizo. Con la mano abierta en la espalda de Agatha sintió. De a sorbos pequeños. y estaban oscuros por la emoción. levantando las mantas y acomodando las almohadas mientras Agatha se deslizaba otra vez en la tibia seguridad de la cama de él. —Acuéstate —le ordenó. aunque Gandy la miró. se secó la comisura de la boca con el dorso de la mano. —Abre los ojos. —No tan rápido. Sólo. no duerme siempre aquí. Scott le sonrió. Tragó saliva y sintió un dolor terrible. sólo. le dio la mitad y cuando ella lo levantó como para tragarlo de una vez.. Con ese último sorbo. Y me amenazó con volver y hacerme algo peor si no combatía el interés de la gente en la ratificación de la enmienda. Al hablar.. —No me hizo lo que tú piensas. Y aún no estoy segura de no caerme a pedazos. vio que en los ojos de Scott se leía la preocupación. tomó la botella otra vez. Los ojos de ambos se encontraron y se sostuvieron la mirada.195 - . y levantó la bebida como para protegerse.. los ojos castaños intensos. —Pero es demasiado tarde para poder hacer algo al respecto. Frotó el hueco entre los omóplatos y contempló el rostro ruborizado. Te quedarás aquí. y contempló la mirada fija en ella. ¿Entiendes eso? No movió un músculo durante un lapso largo y cargado de emociones y contempló los angustiados ojos verdes hasta que ella también tragó saliva. bajó el vaso y lo sostuvo con ambas manos. —Te dejé la cama hecha un desastre. El whisky había comenzado a relajarla. lo hizo con voz trémula y con más lágrimas colgando de los párpados. dudoso. Alzó el vaso y.. —No me opongo. Cuando Scott tragó. —No. se tendió al lado y la hizo girar de cara hacia él. que me hizo sentir sucia. Gussie. beberé otra ración. se lo impidió. —Me manoseó —murmuró— de un modo desagradable. . Tendió la mano al vaso vacío. tocó las sábanas y el camisón ensangrentados. De cualquier modo. hasta la coronilla. la manzana de Adán bajó y subió. —¿Qué te hizo. —Está bien. Gussie? Necesito saberlo. Al levantar la mirada. La tapó hasta el cuello. con los brazos cruzados sobre el pecho en gesto protector. —Ya me siento mejor. que se estremecía de nuevo. En esta ocasión. vio de cerca las pestañas negras y espesas. Agatha tomó conciencia de la rodilla que le rozaba el muslo. Luego.

Luego. —Ya es suficiente —susurró. No obstante. con suaves mordiscos. vio el pulso que latía con rapidez en las sienes. vacilante. Aunque no sabía a dónde llevaría. la lengua de Agatha le supo lejanamente a coñac. Bajo la mano de Scott. mirándose a los ojos. a buscar al comisario y al médico y darle un par de vasos de whisky. con el movimiento lento de la cabeza: Gussie. le apretó el hombro y. sólo para tocar la unión de los labios. Inclinándose sobre ella. se negaban a cerrarse. Primero. Agatha abrió los ojos y respiró de nuevo. deseando poder borrar la agresión que había sufrido. como él. La rozó con ligereza. En el instante del contacto. Cuando la acarició con la suya. y eso le bastó. dejó los labios cerrados. —Lo siento —dijo Scott en voz suave. . Sintió una extraña opresión en el corazón: era más inocente de lo que había imaginado. Gussie. con la lengua.196 - . bajó la boca hasta posarla en la de Agatha. pero aunque ella alzó la cara hacia él.. El hombre trató de leer lo que veía en esos ojos. le buscó la mirada un momento largo y ardiente. Scott percibió el placer y el sobresalto de la primera intimidad elemental. los labios quietos. esperando el primer contacto fugaz dentro de su boca. Los ojos inmensos. proyectó la lengua. Con las mejillas apoyadas en las almohadas. abrió más los labios y contuvo otra vez el aliento. se lo dijo con los labios. como probando su capacidad para hacerlo. ábrete a mí. conteniendo el aliento. no tengas miedo. como instándola a hacer lo mismo. pero supo que la asustaría. y Scott vio que el alcohol comenzaba a hacerle efecto. contenta. Entonces. la hizo acostar de espaldas.. y no merecía sufrir otra vez a manos de alguien que reverenciaba el alcohol. Había ocasiones en que estaba seguro de que ella también lo pensaba. una pequeña abertura. Le miró los labios. No supo que estaba conteniendo el aliento hasta que el beso se prolongó y lo sintió vibrar en la mejilla. diestros. Levantó la cabeza lo suficiente para eludir la nariz y la besó como el pincel de un artista que deseara retratarla. Gandy se acostó otra vez y la observó. con delicadeza. Se apoyó en un codo. el temblor cesó. En gesto intuitivo. y fue trazando pequeños círculos. mandar a los hombres a revisar la calle. los ojos cerrados. Pensó pedirle que abriese los labios. Agatha permaneció inmóvil como si lo fuera. pero comprendió que era demasiado tímida para dejarlo ver.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Lo sé. Lo entendió. buscó el deseo. una vez. Percibió el momento en que Agatha captó el mensaje y aflojó el abrazo esperando.. —¿Sí? No le pareció suficiente enfurecerse. Luego. comprendió: Agatha no sabía cómo proceder. Agatha parpadeó.. la lengua encontró su camino entre los labios: Ábrete más. permanecieron acostados. toques húmedos. con suma lentitud. lo que le pasó por la mente hacía mucho merodeaba por ella. esperando: el beso se convirtió en una invitación. pura. estaba convencido de que hacía mucho que pensaban en ello y que esa curiosidad tenía que ser satisfecha.. De súbito. Era una mujer buena.. tan claros.

más prolongado pero sin prisa. . Fue levantando la cabeza de a poco. Yo lo sabía antes de besarte. para luego contemplarle el rostro. las manos presas sobre el pecho. más hondo. Cuando tenía ocho años. Emergieron de entre las mantas y se apoyaron con levedad sobre la piel desnuda. Tú eres mucho mejor en esto que él. Le costó creer que nunca hasta entonces un hombre se hubiese sentido atraído.. ¿Así? Él. Separó la boca de la de ella y le apoyó los labios en la frente. Scott le sonrió. bebiendo whisky y besándolo. sea lo que fuera a lo que lleguemos tú y yo. Agatha comprendió con mucha claridad a dónde llegarían. —Agatha tragó saliva pero no dijo nada—. De pronto. Scott levantó la cabeza. Le besó la barbilla y le dijo con ternura: —Gracias. —Debe de haberte extrañado que nunca te agradecí lo de las tijeras.197 - . Trazó con los pulgares leves círculos en las sienes y vio con mayor claridad lo que ya había visto: atrayentes ojos verdes. —Gussie. Agatha abrió los ojos. Scott rió y la besó otra vez. entre los dos. Él tenía diez. Contempló su rostro. en el patio trasero de un chico vecino que me prometió dejarme jugar en la hamaca si yo lo dejaba besarme. labios suaves que instabana besar. los dos juntos. Lo intentó cautelosa. una nariz recta y fina. Saberlo le dolió más que la punta del cuchillo del atacante. y procuró que el beso siguiera siendo suave. —Con que.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Hubo una primera respuesta tímida. exhibiendo sus famosos hoyuelos. mientras los dedos de Agatha seguían acariciándolo. le sostuvo las mejillas entre las palmas y la obligó a mirarla en los ojos: —¿Me oíste? Tragó saliva y respondió: —Te oí. Seguía tapada hasta el cuello. —¿Te gustó? —Nada me gustó tanto desde que me regalaste la nueva Singer. apenas abiertas. Sintió cómo iba creciendo en ella la maravilla ante la sensación tibia. respondió: Así. y supo que no sería ahí en Proffitt. —¿Nunca lo habías hecho? —Sí. —Debo de estar un tanto ebria —dijo— para estar acostada en la cama de un hombre. una vez. pero embelesada y dispuesta. más prolongado. todo en un conjunto fascinante. recuerda que no tuve intenciones de herirte con esto. y se separó con un toque de la boca abierta. ¿Fue así? —Sí. debajo de los omóplatos. reservada. —No eres una mujer para tomar esto con ligereza. dejándola explorar la boca a su antojo. así se hace —murmuró. Kansas.. a su vez. Sintió las manos que se removían y les dio espacio para que estuviesen libres. La luz de la lámpara daba a las puntas de las pestañas un rojizo intenso y proyectaba sombras tentadoras a los lados de la nariz y la boca. sedosa. Eres el primer hombre al que hice un regalo.

Tal vez fuese lo más cerca que llegara jamás del acto verdadero. Ese día lo pensé. Después. donde la piel suave había florecido como una rosa en verano.. a tu lado? La mirada de Agatha voló hacia él.. —¿Puedo quedarme aquí? ¿Sobre las mantas. Hacía tanto que no veía sonrojarse a una mujer. No es por eso que lo hice. —Puedes confiar en mí. Sintió el peso de él casi apretándole los pechos.. el resto de su vida. —¿Y por qué? —No lo sé. —Adquirió una expresión afligida—. Pero no quiero que creas que me aprovecho de ti cuando estás ebria de tu primer whisky. escuchó la respiración y sintió que le agitaba el cabello sobre la oreja. Gussie. de cara a ella. Y se preguntó cómo sería poder compartir la cama así. Recorrió con un dedo la línea de la mejilla. y que la habitación se convertía en un seguro refugio penumbroso. ¿Tú lo sabes? —¿Para consolarme? Contemplándole los ojos. para consolarte. Apartó la mirada. —Lo sé. Gussie. y ya esta noche te tomaron una vez por sorpresa. . Vio que se apartaba rodando para bajar la mecha de la lámpara.198 - .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Por qué no fuiste a decírmelo antes? —Porque esta es la primera vez que me decido a hacer esto. Y para decirte que las tijeras están en mi bolsillo del pecho desde que Willy me las trajo. quédate —susurró. —Sí. Son hermosas. Te ruborizaste —le informó. Lo sintió rodar otra vez hacia ella y acomodarse de costado. Los de color verde claro a los de castaño profundo.. Scott eligió la salida más fácil: —Sí. —Vio que la timidez se instalaba en el semblante de Agatha—.

—Le dirás a Violet que pronto bajaré.. y por fin recordó—: Control.. frotándose la nariz. cayó en un sopor. Cuídame a Moose. casi con los pies en el aire—. Un fuerte susurro la despertó. con los tobillos a los costados. Nunca en mi vida fui haragana. pero se detuvo junto al marco y dio la vuelta. —¡Con que estás aquí. Sólo al llegar un amanecer grisáceo que comenzaba a desteñir el cielo nocturno. Vio enseguida el vendaje manchado de sangre seca y exclamó en tono de horrorizado respeto: —Jesús. —Oh. a los dos. Gussie. tiró a Moose sobre la cama y se subió para sentarse al lado de Agatha. con Moose en brazos. Tú me pones contenta. Willy también rió al verlo. Aun así. Ven aquí. seco y sarcástico. El niño resplandeció.. cuando Willy salió. Willy. Moose caminó sobre las mantas con la proverbial delicadeza de los gatos. —Se interrumpió. en su pose familiar. haciéndola reír y rodar a un costado. Gussie. Afuera. ¿eso te hizo ese hombre? La mujer se acurrucó de costado y le acarició la rodilla: —Me pondré bien. No podía quitar la vista de la herida. pues estar acostada junto a un hombre dormido no se lo permitía. ¡Jesús!. —¡Oh! ¡Lo olvidé! —Saltó de la cama y corrió hacia la puerta. con. que entraba por la puerta como un vendaval. llovía y retumbaba el trueno. así hoy podrás descansar. —Eh.. Me asustó más de lo que me lastimó. Ruby levantó una ceja con la mirada fija en la puerta. Willy. y se acercó corriendo. ¿Scotty sabe que tienes a esa criatura en la cama? —Sí. Moose te pondrá contenta.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 15 Fiel a su palabra. Gussie. y Willy estaba sentado en la puerta de la sala.. ¿estás despierta? Giró la cabeza y abrió los ojos: Scott se había ido.. llevando en la mano un plato tapado—. olfateó el labio de Agatha y le hizo cosquillas con los bigotes. El chico sonrió.199 - . Agatha durmió poco. Violet dice que te diga que todo está bajo con. pequeño sinvergüenza! —Era Ruby. Moose ha conseguido que Agatha esté feliz de nuevo. La muchacha rió a su modo. . y no pienso empezar a serlo ahora. —Truje a Moose para verte. —Pero. confundido. —Lo que está haciendo Moose es impedir que un joven que yo conozco ayude a barrer allá abajo. —Yo y Violet cuidaremos de la tienda. Scott no defraudó la confianza depositada en él en toda la noche. Se pone en el paso cuando barremos. —Hola.

que si pongo las manos sobre la basura que te hizo eso. estando cerca cuando tenía dificultades. Scott. sintiendo en la yema de los dedos la madera pulida por infinidad de roces de los dedos de Scott. surgían cosas que las recordaban en anécdotas escandalosas o en el lenguaje picante como el que Ruby acababa de usar. la asaltó esa sensación de intimidad. Se lo demostraron de innumerables maneras. Una vez más. —Depositó el plato sin la menor formalidad—. vio que estaba jugando con la comida. lamiendo el plato. Lo sé. Qué milagro. más punzante que la primera cuando comprendió que los días compartidos estaban contados. come. ahora que acababa de encontrarlos? Moose vino a olfatearla. se le arrasaron los ojos en lágrimas. cruzándolo con los mismos bríos con que lo hacía Willy en el presente. galopando por la región entre árboles de magnolia.200 - . echó un vistazo a la chaqueta tirada sobre una silla tapizada. Tocó el cuello usado que había rodeado la garganta fuerte y morena. Agatha sonreía y pensaba: «Oh. cobijándola cuando tenía miedo. Tocó el humidificador de palo de rosa. Intentó pasar sin ser vista. Se lo imaginó como un joven casándose con una bella mujer rubia. Agatha no pudo menos que reír del pintoresco lenguaje de Ruby. Ruby. mimándola después. Scotty dice que me ocupe de que lo comas todo. no permitas que la enmienda se convierta en ley». que regresaba para oír la voz de la hija muerta que lo perseguía en sueños. pero Scott estaba sentado al escritorio . —Tendrías que verlo cuando va a la casa de baños. Acariciando la cabeza pequeña del gato. la mano levantada sobre la cabeza en ademán de saludo. —Esta mañana. En los últimos seis meses había aprendido a querer a toda la «familia» de Gandy y ellos. Es lo que debes hacer. le arrancaré las pelotas y las picaré para dárselas de comer a los cerdos. a ti también te amo».LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Acaso alguna vez ese chico hará algo despacio? Agatha rió. Contempló el amplio portal rodeado de luces en el que se veía a Scott de niño. Yo. Se lo imaginó como marido flamante. un periódico viejo. en cierto lugar del interior. el cuello de una camisa junto al portacigarros. vio que la puerta de la oficina que daba al pasillo estaba abierta. Al salir del apartamento. cada tanto. que se va a la guerra sin ganas. ya sin apetito. tienes huevos y sémola. la esposa llorosa con la hija de ambos en brazos. se puso pensativa. De repente. un cenicero lleno junto a ella. Se detuvo en la sala. en una habitación con alcoba nupcial. De golpe. Mientras comía el desayuno y cuando Ruby salió. Había ocasiones en que olvidaba las vidas anteriores de las muchachas pero. rogó: «Dios querido. Era algo serio. dándose la vuelta para dar una última mirada a la familia. le retribuían el sentimiento. la puerta que comunicaba la sala con la oficina de Scott estaba cerrada. a vez. Emma dice que no hay prisa en devolverle el plato. Agatha dejó el tenedor y le dio los restos. Lo imaginó como un soldado vencido de la Confederación. Era una verdad innegable. ¿Y si los perdía. pero mientras contemplaba al animalito sobre su propio regazo. Cuando Agatha se levantó. Ahora. Volverás.

—No es necesario. —Me siento mucho mejor. todo puede cambiar. Renuente. —Entonces. sin evocar la impresión de ser besada por primera vez. dijo. soltó la pluma. los ojos nublados por la preocupación. Bastó el transcurso de una noche para que todo cambiase. a un costado. La camisa blanca sin el cuello. la lluvia azotaba el cristal desnudo de la ventana y corría en arroyuelos. la lámpara estaba encendida y lanzaba reflejo de llamas sobre la piel oscura del rostro y. Sobre el escritorio. Mirando afuera a través de las gotas de lluvia. —Vamos. —¿Cómo te encuentras esta mañana? El aspecto de ese hombre le paralizó el corazón. se levantó de un salto de la silla y fue hacia la ventana como había hecho la vez anterior que hablaron. Agatha ya no podía mirar ese dedo sin recordarlo alzándole la barbilla. pensó cómo responder. —Agatha —la llamó.. con esfuerzo—: No sé qué hubiese hecho sin vosotros. Desaseado. sin afeitar. sin acordarse de la textura áspera del vello masculino bajo los dedos.. De pronto. Volvió hacia ella el semblante preocupado y siguió. Scott.. Fuiste. giró con brusquedad y . Y gracias por el desayuno. no fue más que un beso. Ni mirarlo sin anhelar. Scott. Te mandaré el dinero con Willy.. no seas tonto. pero sólo sentía un temor que le atenaceaba el corazón. Para Agatha la posesividad era un sentimiento nuevo. después del 2 de noviembre. volvió a la puerta abierta y se quedó en el pasillo. las mangas enrolladas hasta la mitad del brazo. consciente del camisón ensangrentado y los pies descalzos. Gracias.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR y alzó la vista. jamás lo habría hecho.. Era una mentira flagrante: se sentía desdichada ante la perspectiva de perderlo. ¿Cómo se respondía cuando el corazón estaba destrozándose? Apeló a una reserva oculta de fuerza que no sospechó que poseía. sin entrar. Tampoco la cuña de piel en la garganta. abierta adelante. sostenía una pluma con el dedo. tenso: —Agatha. Mientras se oía el eco del trueno. Entre las cejas de Scott—se formaron dos pliegues. despeinado: nunca lo había visto así. La observó. sin desear más. También la concupiscencia. —Está bien.. lo que pasó anoche. Exhaló un hondo suspiro.. —Gracias. como si Agatha le hubiese discutido: —Tú y yo somos muy diferentes. Yo. es verdad. de forma esculpida... —Hice que Pearl cambiara tus sábanas y llevara las sucias al lavadero de Finn. Ya no podía contemplar los labios plenos. yo. —Sí. Tragó y siguió. En lugar del cigarro. No completó la idea. —Y. fuisteis todos muy buenos conmigo. mientras Agatha trataba de recuperar el equilibrio. Con cuánta rapidez asumían el control después que una mujer probaba el sabor de un hombre. lo sé. —Balbuceó y sintió un nudo en la garganta. —Sí. a la luz desgarrada de un relámpago.201 - ..

pero ni ella ni Agatha podían concentrarse. Un ramalazo de esperanza estremecedora. Pero cuatro de ellos afirmaron no saber escribir y. se fue y lo dejó mirando por la ventana. trayendo copos de nieve tan sutiles que sólo podían sentirse. Los vaqueros se habían marchado. al mismo tiempo. Agatha cuidó del niño y de la tienda. y hablaron menos.T. aislada del mundo. y soplaba un viento frío del noroeste. Agatha se reprochó el pésimo criterio con que había elegido semejante regalo. Pero si estaba insinuando lo que Agatha creía. El comisario Cowdry les pidió a todos los taberneros de Proffitt que escribiesen la palabra templanza. pues el agudo sonido le hacía rechinar los nervios. los surcos se habían congelado y formaban unas irregularidades que casi destrozaban las enormes calesas que llegaban al pueblo en una corriente continua. cinco escribieron la palabra con el mismo error ortográfico que en la nota. cosa que le pareció muy divertida hasta que él mismo lo padeció. Fue el peor enfermo que Agatha hubiera podido imaginar. Para muchos habitantes de Kansas fue una noche larga y agitada. Willy decía que Pearl lo llamaba «el paso rápido de Kansas». donde se recibían los votos. la evitó todo lo posible y. que hasta en ese momento. ¡Scott!. llevando a los votantes de las afueras. asfixiante. cuando no podía. se sentaba en el fondo del taller. animaban a los votantes masculinos que pasaban a erradicar para siempre el alcohol. Violet había vuelto al trabajo. y como Violet también tuvo que guardar cama. bajo la punzante aguanieve. vivificante. de los que quedaban. ni sus vecinas. uno tras otro. iluminado por la lámpara. Hubo una epidemia de catarro estomacal y todos enfermaron. El 2 de noviembre fue un día triste. Trataba de no pensar en la decisión de los votantes en todo Kansas. y las calles se convirtieron en un pantano. se quedó en la casa aprovechando el catarro como pretexto. El cielo tenía el color de la plata empañada. y los de la planta alta de la Sombrerería Downing y del Gilded Cage Saloon no eran la excepción..C. Cosieron poco. Las tabernas estaban cerradas. Nadie sabía en qué momento exacto del día siguiente se transmitirían las noticias por telégrafo. Lo que más hicieron fue mirar el reloj y escuchar el sonido desolado e isócrono del péndulo. Ella fue la siguiente víctima. Willy aprendió a tocar «¡Oh. . Mientras octubre se gastaba y aguardaban el día de las elecciones.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR enganchó las manos en el borde donde se juntaban la parte superior e inferior de la ventana. a Jack o a Pearl. en esa mañana lluviosa no volvió a tocarse el tema. ¿qué estás diciendo? Estaba demasiado confundida para seguir allí. La oficina del comisario. El clima siguió siendo malo. la trataba con la misma amabilidad amistosa que a Ruby. por momentos.M. la recorrió. esperando descubrir quién había dejado la nota en la puerta de Agatha. En las calles. era el centro del ajetreo Agatha eludía las ventanas y. y aunque se recobró a tiempo para ir al lugar de la votación a repartir folletos de último momento con las demás miembros de la U. Ni los cuatro hombres de al lado que cruzaban la calle acribillada de surcos hasta la acera opuesta para emitir sus votos. Bajó la cabeza y se quedó mirando el suelo. Susana!» en la armónica y.202 - . pero no verse. los corrales estaban vacíos.

recordando los buenos modales. De cara a la pared. Scott. Se caló el sombrero y demoró mucho tiempo en acomodar el ala—.203 - . Por una vez. —Tenemos que tomar alguna decisión con respecto a Willy. aunque ni el hombre ni la mujer junto al escritorio escucharon esa palabra. en vez de tomarla tamborileó el ala del sombrero que tenía en la suya. Levantó la vista al rostro solemne y preguntó. en voz baja pero firme. Agatha palideció. Podemos hablar de eso otro día. tratando de controlar las lágrimas que se le agolpaban en los ojos. no lanzó sus risas tontas. y apartó la mirada. Trató de decir que sí. serio. Scott se dirigió hasta donde estaba Agatha silencioso. —Bueno. saludó a Violet. —Buenos días. señor Gandy. Se tapó la boca y volvió la cara hacia la pared.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Cuando Scott abrió la puerta del frente. —Kansas es estado seco. pero sintió como si tuviese un corcho en la garganta. y las miradas de ambos permanecieron unidas. se inclinó hacia él apoyando la mano cerca del borde del escritorio. —Oh. Los ojos carentes de expresión se fijaron en los de Agatha: —¿Pensaste en ello? No pudo soportar discutir fríamente una situación que desgarraría el corazón de uno de los dos. —Pasó —repitió Violet. quería acercarse y consolarla. La garganta se le contrajo en espasmos. y le costó respirar. había comenzado el ruido de celebración de la victoria. Sin darse cuenta. —dijo Scott. con el corazón martilleando tan dolorosamente como sabía que estaría el de ella. apartó las cortinas de encaje y miró afuera. Agatha ahogó una exclamación y se llevó los dedos a los labios. que se incorporó. Moose jugaba con un carrete de madera. vacía de expresión. poco después de mediodía. Pero junto a ese escritorio un hombre y una mujer agonizaban en silencio. Aunque la mirada de Scott se posó en la mano. Agatha estaba sentada ante su escritorio y Violet limpiaba los estantes de cristal de los exhibidores. Luego. la de él. para así consolarse. Los ojos de Gandy hallaron a Agatha de inmediato. Aunque él también estaba desolado. Scott tampoco pudo soportar verla. pero no pudo. Agatha tragó saliva. y se aclaró la voz. —Buenos días. Agatha asintió. Afuera. casi en un susurro: —¿Qué fue? —Se aprobó —respondió. En alguna parte del almacén. —¡Oh. distraída. Las miradas se encontraron otra vez.. la de ella. no! Sintió como si el cuerpo se hubiese vaciado de sangre. cerró la puerta con deliberada lentitud pero.. Agatha sintió la piel tirante hasta en el cráneo. Scott vio que le palpitaba el pecho y los hombros empezaban a sacudírsele. con el sombrero en la mano como si estuviese en un velatorio. señorita Violet. acongojada. Era una ironía que quisiera hacer una cosa semejante con la mujer que había . Violet fue hasta el escaparate.

Pero como no creía en lugares comunes. y salió de prisa de la tienda. Violet se acercó al escritorio.. no se resolverá. —¿Wi. todavía no era ley ni lo sería. V.... perfumado de lavanda.. Willy. —Aunque nunca fue madre. En los ojos de Violet. pero se le quebró la voz... al darse la vuelta. por eso... Me. lastimaba también un poco el propio. vio a Agatha con el rostro vuelto hacia la pared. el impulso lo acercó a ella. Por un instante.. ¡Aunque hacía seis horas que se sabía. Hice.. no podía haber sido más maternal si Agatha hubiese sido su propia hija—. —Gussie. con voz gutural.mejor que vayas a decírselo..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR luchado activamente para que tuviese que cerrar y lo había logrado. no se le ocurrió mucho para decirle a esa mujer con el corazón destrozado que. —Oh... y repitió—: ¡Oh. Agatha no hizo más que mover la cabeza contra el vestido de Violet. Sin vacilaciones. de Scott G.. querida! —exclamó.. sintiéndose acongojada. Para Violet. entre los dientes romos y amarillentos. querida. bueno. Vio que Agatha se esforzaba por contener las lágrimas y se sintió desdichado.que dijo sobre W. imperdonable. me enamoré..204 - .Violet —gimió. se extendió sobre el cabello de Agatha. preguntó—: ¿Lo sabe? Agatha negó con la cabeza. —Ya oíste lo q. del color de la nuez moscada.. murmurando: —Bueno.. —Querida.. Willy lo sabe? —Todavía no —respondió. al menos él aprovecharía el tiempo. algo. Gandy. No hiciste nada imperdonable en toda tu vida... —S. muchacha. dejarlo ir. Tocó el hombro de la amiga.. era la primera vez que recordara verlo salir sin saludarla con amabilidad. —Oh. soltó la cortina y permaneció en el resplandor junto al escaparate. Uno de nosotros tendrá que de. No lo pudo soportar más. tapándose la boca y la nariz con un pañuelo. hasta entonces. Cuando la puerta se cerró. —No seas tonta. —Será me. Heustis Dyar pasaba el cigarro de un lado a otro. Todo se resolverá. Violet la sostuvo con firmeza y le palmeó la espalda. —dijo. ¡Cómo detestaba ver irse a ese encantador señor Gandy! Cuando cerraran las tabernas. Los hombros se le estremecían. —No. surcada de venas azules.. im. hasta que llegaran los documentos oficiales que la convirtiesen en ley! Por Dios que.. apareció una expresión de asombro y angustia... Ésta giró de pronto en la silla y se abrazó apretadamente a la otra. fijos en el cabello de Agatha. sí. . hundiendo la cara en el pecho de Violet.. m. ¿qué entretenimiento quedaría en ese pequeño pueblo miserable? Oyó un sollozo y. —¡Oh. La mano de Violet. querida! —Tras una pausa. lo hice..

en la acera de enfrente. acaso. pero todo el alcohol consumido le disminuyó la velocidad de reacción e hizo que su equilibrio fuese precario. hijo de perra! ¡Atacando a mujeres indefensas em mitad de la noche! Aunque Dyar pesaba unos cuántos kilos más que Marcus: este tenía . Marcus fue el último en pescar el catarro pero. Afuera. Nunca en su vida deseó tanto tener voz. Dyar.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Llenó otra vez el vaso y lo vació. Sin hacer caso del estómago dolorido. calculando el momento exacto de moverse. Dyar giró sobre los talones. Cuando abría la puerta del retrete y salía. ya estaba advertida. y se aplastó contra la pared. ¡Qué derecho tiene. Esperó para ver que el sujeto que estaba en la puerta de Agatha echaba una mirada furtiva sobre el hombro y se inclinaba sobre la cerradura. Se apresuró a sujetar la puerta para que no golpeara. la primavera pasada. lo hizo como un galgo: con un salto. Tensando la mandíbula. Dyar mordisqueó la cera de las hebras colgantes de su bigote rojo. cuántos tragos había que vender para ganar dinero suficiente para comprar un caballo? Había tenido paciencia mientras observaba esa sombrerería. contempló la ventana estrecha del apartamento de enfrente. Dio de lleno en el pecho de Dyar con los dos pies. —¿Qué derecho tienen? —exclamaba un borracho en la barra. y oyó que el cuchillo caía abajo. Le dejó un sendero tibio en la tráquea. ¿Qué derecho tenían a quitarle a un hombre su medio de vida? Él era un comerciante honesto. Cuando Marcus se movió. subiendo de a dos escalones. que era la responsable de todo esto. cuchillo en mano. salió del camino y se dirigió a la fila de edificios que había entre la puerta trasera y la esquina. tratando de sostenerse de manera decente. hizo una mueca y se pasó la mano por la barriga. Bueno. En menos de tres minutos. pero no para pedir ayuda sino para gritar de furia: ¡Eras tú. miserable! ¡Ruin.205 - . arrojándose al ataque con todo el cuerpo. Todos rieron en el bar. Tuvo la suficiente consideración para advertir a la sombrerera coja. Más que paciencia. con el alcohol. abandonando la comedia de que iba al retrete. fue muy fuerte. soltó un tremendo eructo y dijo en voz lo bastante alta para que todos lo oyesen: —Me gustaría beber más si no tuviese que dejar de hacerlo ahora mismo para orinar. ¿Sabían. subía las escaleras de la casa de Agatha. pasaba más tiempo corriendo al retrete del patio de atrás que tocando el banjo. a oscuras. Ella y sus secuaces habían chillado. sin otra arma que su propia furia. Agatha Downing. ¡Maldita diarrea! En los últimos días. perra entrometida! ¡Qué derecho tiene! Apoyó el vaso con un golpe. esperó. donde los secos se iniciaron. cuando lo tuvo. y Tom Reese llenó de nuevo el vaso de Heustis mientras este salía por la puerta del fondo. vio un movimiento en la cima de la escalera. con lengua estropajosa—. ¿Acaso nosotros no tenemos derechos. también? Dyar bebió otro trago y le pareció que la pregunta le quemaba dentro. Mientras se abotonaba los pantalones y se colocaba los tirantes en los hombros delgados. Marcus voló por el rellano. Con mirada dura. orado y abucheado hasta que lograron lo que se proponían.

Dyar alcanzó a Marcus en el estómago dolorido haciéndolo doblarse. Una rabia pura. y la ventaja de la sorpresa y la sobriedad. muchacho. el joven olvidó el dolor de la mano y se concentró en la sensación de la bata de seda que le rozaba el hombro. Por un momento. —Marcus. se arrodilló del otro lado. —¡Marcus. Marcus estaba sentado. —¿Te lastimaste la mano? Asintió. preocupada por él. Se levantó. compasiva. Arriba. también en ropa de dormir. Ivory y Jack salían corriendo por la puerta. que se interrumpió cuando chocó contra la tierra endurecida de abajo. El mudo sintió que la rabia explotaba dentro de él. pero el dolor le recorrió el brazo y soltó un siseo entre dientes. El rugido que no podía emitir se transformó en poderío. ¿qué pasó? —¿Quién gritó? —¿Estás herido? Otros salieron por la puerta del apartamento. Marcus estaba sentado en medio del suelo. bajó las escaleras y se acuclilló junto a —¿Éste es el que estaba molestando a Gussie? —Así parece. deseoso de poder gemir. Todos parlotearon al mismo tiempo. Marcus le dio un puñetazo que le echó atrás con tal violencia la cabeza roja que le crujió las articulación del cuello. recordó que Dyar aún estaba tendido en el callejón. —Parece que sí. sobre Marcus. Marcus trató de encogerse de hombros. Agatha. tirado? Scott e Ivory bajaron corriendo y gritaron desde abajo: —¡Es Heustis Dyar! —Debe de haber intentado irrumpir en mi apartamento —dedujo Agatha—.206 - . En devolución. bajó la cabeza y fue a la carga como un toro. lo hizo y salió victorioso. y siguió con una fuerte bofetada en la cabeza. Willy se levantó. Aunque tuviese la mano quebrada. —¿Agatha está bien? —le preguntó Scott a Ivory. podía haberte matado. después el grito. Oí el forcejeo. soñoliento de la muchacha. Era el que menos capaz le parecía de lidiar con un sujeto del tamaño de Dyar y. —¿Qué pasa aquí? —¡Marcus! ¡Oh. Jubilee pasó la palma suave por el brazo de Marcus. —Se lo merecía —afirmó el niño.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR la razón de su lado. Jube se inclinó. las piernas cruzadas. Dio a Dyar en la barriga y lo hizo caer limpiamente por encima de la baranda. Marcus. en el centro del rellano. gloriosa. meciéndose y apretando la mano derecha contra la barriga. El grandote lanzó un grito breve. Marcus! —¿Quién está ahí. lo atrapaste!. Lanzó una mirada preocupada . y cuando salí. el olor tibio. Cuando Dyar pudo pararse. sin embargo. en el rellano. Jack encontró el cuchillo y lo levantó. Si bien lo deleitaron la cercanía y la atención de Jubilee. —Oh. era un precio escaso por el consuelo de tener a Jube ahí. En el mismo momento en que la llave de Agatha giraba en la cerradura.

.. Lo más probable es que regrese a Mississippi. El viejo Heustis parecía un fuego artificial hasta que cayó. . En su cuarto. —¿Cómo es posible que alguien quiera hacerle daño a Gussie? — preguntó. —Veremos. le dio las buenas noches y se escapó. Quizá tú podrías hacer lo mismo. —No sé. —Y también al comisario —agregó Jack. distraído. mientras el comisario Cowdry se llevaba a Dyar a la cárcel. muchacho. parecía decir su expresión sombría. No te preocupes por eso. Lo ayudaron a levantarse. La diversión acabó. —murmuró Ruby. Resultó que Marcus se había roto un hueso de la mano derecha. al hacer acostar a Willy. palmeándose la boca.207 - . que se apoyó de costado con la cabeza en la almohada. bueno. —Pero. tuvo que morderse la mejilla para no sonreír cuando el niño afirmó: —Yo oí casi todo. ¿podrías trabajar como herrero o algo así? El papá de Eddie repara arneses.—Pedazo de basura. ¡splat! —Vamos. Cuando el doctor Johnson lo hubo entablillado con un bloque de madera sujeto con una tira de gasa. —Heustis Dyar deseará que lo único que tuviese roto fuera la mano diestra —señaló con ironía el doctor Johnson. capturando a Moose y acostándose otra vez sobre la almohada.. Scott respondió: —Vivo. Gandy casi esperaba que Moose bostezara. Scott. Ruby preguntó: —¿Cómo está Dyar? Desde abajo. a dormir. Agatha le prometió a Marcus hacerle gratis un atuendo de su elección. —Es por lo de la prohibición. Tendremos que llamar otra vez al médico. lo llevaron adentro. y se unió a las mujeres que atendían a Marcus. antes de que pudiese reaccionar. como una persona..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR hacia la baranda e hizo un gesto con la cabeza que significaba: «¿qué le pasó a Dyar?». —¿Qué harás tú cuando ya no puedas vender no más whisky? —Más —lo corrigió Gandy. ¿me oyes? Tenemos tiempo para decidir. encendieron lámparas. en cuanto se sintiera lo bastante repuesto para ir al taller a probarse. ¿no? —Creo que sí. —Está bien. casi sin advertir que había copiado la costumbre de Agatha de corregir al chico. Apoyó un instante la mano en la cabeza de Willy—. Marcus extendió la diestra mano izquierda como pulsando las cuerdas de un banjo invisible: Al menos. hijo. que seguía observando el cuchillo. Marcus recibió un beso de Jube: un roce leve de los labios que lo sobresaltó pero. no es la mano de rasguear. y así podrías quedarte aquí. y revisaron para ver la gravedad del daño. inocente. pero hecho puré. Gandy tapó a Willy y lo arropó hasta la barbilla. En agradecimiento. Todavía faltan meses para que la ley sea efectiva. El gato estaba tan acostumbrado a dormir con Willy.

No la tenía. sintió el peso de la responsabilidad hacia ellos y no le agradó. Entonces. Evocó a Agatha.. pues el aumento de los negocios en los meses de transporte de ganado ya habían pasado. ¿Qué os parecen unas breves vacaciones? Nadie dijo nada. ¡Maldición! ¿Acaso no eran capaces de pensar por sí mismos? ¿Siempre lo considerarían el salvador.208 - . —Olvidaste darme un beso de buenas noches. ¿por qué se sentía culpable al pedir un poco de tiempo a solas. A duras penas. Tuvo que hacer un esfuerzo para hacer acostar otra vez al niño y taparlo. De súbito. Pero. —Necesitaré un poco de tiempo a solas para que se me ocurra una solución. —¿Y ahora. —Lo haré. Entre el presente y el tiempo en que la ley se hiciera efectiva. Luego. a mediados de noviembre. La Gilded Cage apenas daba para sostener a ocho personas. muchacho —logró decir. —Pero. cuando pensaba en dejarlo. Scott trató de controlar sus emociones. qué quiero hacer. y apretó los labios sobre la cabeza rubia de pelo corto.. Siete rostros lúgubres lo contemplaron. el rostro vuelto hacia la pared. para decidir cuándo cerrar el Gilded Cage y a dónde ir..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Scott empezó a levantarse. que se apartaran de él por un breve lapso? —Bueno.. Scotty. . En ese momento. reducida a sus doscientos pobladores originales. Scotty. elegiré un lugar a donde podáis cablegrafiarme y yo os contestaré y os diré dónde nos instalaremos y cuándo. en el mejor de los casos los negocios disminuirían junto con la población de Proffitt. pero la perspectiva de besarlo por última vez le desgarró las entrañas. Siguieron callados. lo estrechó fuerte unos momentos contra su propio corazón galopante. el que los llevaría sanos y salvos. después. o algo así. ¡Dulce Jesús! ¡Qué decisión lo esperaba! —Yo también te quiero. A dónde quiero ir. expectantes. Se imaginó apartando a Willy de ella. Gandy sintió que un puño gigante le oprimía el corazón. y no se creyó capaz. imaginaba los ojos castaños llenos de lágrimas como sabía que sucedería. qué? —Te quiero. donde el clima es más cálido. inexpresivos. al siguiente puerto rentable? Pero el hecho fue que él también se sintió rechazado. Al inclinarse para rozar los labios de Willy. y trate de ordenar mis ideas. todos se quedaron mirando a Gandy. Quizá vaya al Sur. El hombre alto y delgado se sentó en el borde del estrecho catre. la garganta contraída. Sin embargo. sólo será hasta principios de año. Al llegar a la cuestión de dónde ir después. esperando una respuesta. Scott Gandy y sus empleados celebraron una reunión una mañana. duerme. y era importante que reservara un capital suficiente para que pudiesen empezar de nuevo en otro sitio. Se decidió que no tenía sentido quedarse más tiempo allí. y para mantener la voz serena: —Ahora. tampoco se sentía capaz.

«¡No. con más aspereza de la que pretendía. sin ponértela? —Pero está abajo. Al echar un vistazo al papel. confundido. —¿Y el niño? —preguntó Jack. trabajando con la máquina de coser. A fin de cuentas. la expresión de Willy se tornó contrita. El chico se apoyó en los costados de las botas y metió los puños en los bolsillos de la nueva chaqueta abrigada que Scott le compró. ¿por qué se habrá puesto tan gruñón. Cuando se marchó. has estado. Gussie. ¿Por qué no vas. Scott se sentó pesadamente y se quedó mirando la nieve por la ventana. —¿Y qué hace allí? ¡Estamos en invierno. y el volante dejó de girar. todos. y le pidió a Willy que se la llevase y aguardara respuesta. ni de que Agatha estuviese en esa situación. Yo pondré en venta el edificio de inmediato. —Mientras Agatha leía el mensaje. sencillamente. —Entonces. y hablas con ella? —Porque estoy ocupado. Quedó a cargo de Scotty fingir entusiasmo. Le entregó la nota. en mi cuarto. Al verse regañado sin motivo por su héroe. Scotty —respondió Ivory. Willy encontró a Agatha en el taller. Scotty —respondió. —Dice que espere la respuesta. ¿Cuántas veces tengo que decirte que no corras por las escaleras con este frío. —Hola. Nos parece bien. ¿no os parece bien? Murmuraron su acuerdo. Willy. ¿vas a llevar esa nota o no? —exigió.. El traqueteo rítmico de la máquina se interrumpió. pensó—. . —Dio una palmada sobre el paño verde de la mesa y se incorporó—. Scott me dice que te dé esto. —Claro. ¡Todavía no!» —Gracias. escribió una nota para Agatha. Sin saber bien por qué. pero la tristeza no se disipó.209 - . —Pero al percibir su propia falta de entusiasmo. Gandy fue arriba. —Y ponte la chaqueta nueva. Pero ya no podían evitarla. yendo hacia la puerta. Willy protestó—: Jesús. pero más aún.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Qué opináis? —De acuerdo. —¡No 'stás ocupado! ¡Qué diablos. sumiso. abrumado por la culpa de haber tratado mal a Willy. Scott logró ocultar la angustia que le provocaba el tema de Willy. salid. sin énfasis—. —Agatha y yo aún tenemos que hablar de eso. No tiene sentido quedarse más tiempo en este pequeño pueblo vaquero. forzó una falsa alegría—: Eh. no!. Willy contempló la nota que le tendía. estamos de acuerdo. cuando estéis listos y hayáis empacado. No se quedará solo. no tenía la culpa de que hubiera que cerrar la taberna. Agatha sintió que la asaltaba un presentimiento.! —¡Creí que Agatha te enseñó a decir «estás»! Y bien.. Pero no os preocupéis. Willy echó una mirada a Scotty con ojos brillantes. Todo lo contrario: el niño tenía dos personas que lo querían y que habían pospuesto la discusión todo lo posible. a la oficina. —Pero es una tontería. —Me la pondré antes de subir otra vez. Abajo. muchacho! Mortificado.

al fin. ni toda la preparación mental del mundo podía disminuir el dolor. Scott giró en la silla y sintió un espasmo en el corazón. me habla como si estuviese furioso. —No hice nada malo —lo corrigió—.. Exhalando un suspiro hondo y trémulo. Rodeó la esquina del escritorio y se detuvo cerca. No llego. —Ven aquí. Ella misma no dormía de noche y se angustiaba de día. Willy llegó hasta la puerta de la oficina de Scott. —Sí. ¿Puedes venir esta noche a la taberna. —¿Que sí? —Sí. Estoy segura de que Scotty no tiene intenciones de gruñirte. Obstinado. Había llegado el momento que sabía inevitable. —¿Por qué? Willy se había quemado ya esa mañana. muchacho —le ordenó con suavidad. Tiene muchas preocupaciones desde que salió la enmienda. Scott le tendió una mano. —Ven aquí. —Más cerca. Scott Cauteloso. No obstante. se apoderó de ella una corriente de temor. y una vez le parecía suficiente. Acarició el costado de la cabeza del chico y le indicó con suavidad: —Dile a Scotty que sí. querido? —¿Por qué. Se acercó a desgana. En ocasiones. y yo nunca no hice nada malo. Scotty está tan gruñón? —¿Gruñón? ¿En serio? —Bueno. mirando la mano que esperaba. últimamente. releyó el mensaje: Querida Agatha: Tenemos que hablar. Willy se mantuvo en sus trece pero. ..210 - . —¿Eso es todo? —Eso es todo. palma hacia arriba. Al ver que se iba sin nada de su proverbial entusiasmo. pero no más. Proyectó el mentón en gesto beligerante. a Agatha se quedó mirando la puerta trasera y trató de imaginarse la vida sin Willy entrando y saliendo. con el entrecejo fruncido. ¿Qué decías. —Discúlpame. Entendía bien por qué Scott estaba de mal humor. las personas mayores nos ponemos así. después de cerrar? A esa hora no nos molestarán. bueno. Salió del ensimismamiento al oír a Willy llamarla por su nombre. puso la mano regordeta en la de Scott más larga. Sólo que sí. —Gussie dice que sí.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR últimamente? Mientras terminaba de leer el mensaje.

. lo sabes. cuando ambos corazones se habían apaciguado. —Entonces. Quiero que nos quedemos aquí. y le provocaban piel de gallina en todo el cuerpo. Pero sintió una punzada de culpa al preguntarle a Willy por sus deseos. Scott cerró los ojos un momento. Sellaron la paz. No era eso lo que pretendía. —No.. nevaba. En la pequeña estufa de hierro ardía un fuego acogedor. Afuera. romper el dulce contento que habían hallado juntos. ¿Podemos ser amigos otra vez? —Creo que sí. el chico se acurrucó contra el pecho del hombre. —No tengo excusas. juntos.Con evidente alivio. —No estaba enfadado contigo. en voz ronca. Willy. ¿Tú estarías ahí? —Sí. Scott apoyó una bota en un cajón abierto y meció con indolencia la silla giratoria hasta que el resorte emitió un ruido débil. muchacho. ¿verdad? —preguntó. —Me gusta la nieve —contestó Willy. ¿por qué me gritabas? —preguntó Willy. —Muchacho. ¿no es cierto? —Acercó al niño. —¿Gussie también? Los dedos de Scott y la silla se aquietaron un segundo. la mejilla contra el chaleco del hombre. La cabeza rubia de Willy cabía a la perfección bajo el mentón de Scott.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Lo lamento. adormilado. —¿Sabes lo que es una plantación? —No estoy seguro. . en gesto de confianza. disfrutando la sensación de las uñas de Scott que le rascaban suavemente la cabeza. Pero en ese instante no tenía valor. Si fuese tan simple. Odiaba moverse. —Es como una granja grande. ¿Crees que te gustaría vivir en una granja? —No.211 - . quejoso. Tras largo rato. lo alzó sobre el regazo y echó la silla atrás. —Entonces. Te hice sentir mal. sintiendo el peso tranquilizador del niño sobre sí. y hasta esa presión le resultaba grata. como si eso pudiera resolver la elección en contra de Agatha. Las piernas cortas se balanceaban contra las más largas. y recomenzaron el ritmo hipnótico. el hombre preguntó: —¿Alguna vez pensaste en vivir en otro sitio? —¿Dónde? Willy no se movió. no quiero ir a ninguna granja. Acarició con los dedos el fino cabello rubio y lo alisó hacia la nuca una y otra vez. El cuerpo pequeño con la gruesa chaqueta de lana se sentía tibio y agradable. una mano apoyada. Hice mal. sobre el pecho del hombre. Comprendió que era el momento perfecto para decirle a Willy que la Gilded Case cerraría pronto y que todos ellos tendrían que marcharse del pueblo. —En un sitio donde no haya nieve. eso es todo. y pensó que sería mejor si él y Gussie le daban la noticia juntos.

los dos te amamos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Como no respondió. el cuello flaco oculto en la áspera chaqueta de lana que casi le llegaba a las orejas. la boca suave y vulnerable. la cabeza floja contra el pecho de Scott. ¿Podrás creerlo cuando esto termine?» . —pensó. lo acostó en el sofá y se quedó contemplándolo un momento: las largas pestañas oscuras contra las mejillas sonrosadas. lo llevó a la sala. lo levantó. melancólico—. Con delicadeza. bajó la barbilla y lo miró: estaba profundamente dormido. «Muchacho.212 - .

señorita Downing —remarcó. Acomodó el mazo y lo apoyó con fuerza junto a la botella. La única lámpara encendida en el local era una de kerosén. similar a aquella en la que Gandy estaba sentado. Flip. Flip. —Llenó de nuevo el vaso y alargó la botella hacia Agatha—. Agatha se detuvo al final del pasillo. La mujer avanzó hasta el borde del círculo de luz y se detuvo con las manos en el respaldo de la gastada silla del capitán. dejándolos en la sombra por completo. Derramaba una débil mancha de luz sobre la coronilla y confería a los ojos un brillo de obsidiana. —¡Matarratas! —De ninguna manera. Scott le echó una mirada. —¿Que quería. Ninguno de los dos quería sostener esta conversación. La disculpa no expresaba ni un atisbo de contrición. olió el contenido. estuviste bebiendo. gracias —replicó. —Oh. Dos más en el sombrero. —Pase. Flip. ¿Me acompañas? —No. sin levantarse. —Querías hablarme. Para esta conversación. lo siento. Oh. Agatha se sentó a la derecha. El hombre dirigió una mirada torcida a la botella. Estaba sentado ante una de las mesas de tapete verde. el codo apoyado en el borde de la mesa junto a una botella de whisky y una copa vacía. que seguían volando hacia el sombrero. Está dormido. tensa por los modales arrogantes. en una silla cercana. sacó las cartas y se caló el familiar sombrero de copa baja sobre los ojos. no te preocupes por el niño. Agatha echó un vistazo a los naipes. hizo una mueca de disgusto y la dejó. Con una sonrisa fría. elegí el mejor. ahumada. Agatha lanzó una mirada cautelosa a la puerta cerrada de Willy—. . Flip.213 - . un pie cruzado sobre la rodilla del otro. Cinco seguidos dieron en el blanco. desusados de Scott. Entre uno y otro naipe. —Así parece. se estiró para levantar el Stetson de la silla. dices? —remarcó con amargura—. en una postura suelta. que pendía sobre la mesa.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 16 Scott era el único que estaba en la taberna cuando Agatha entró por la puerta de atrás. ¿no crees? —Scott. cortante. en voz tan baja que casi no llegó a destino. —Siéntate —la invitó. poco después de la medianoche. con gesto enérgico. Arrojaba mecánicamente los naipes dentro del Stetson vuelto hacia arriba. ¿no? Agatha arrebató la botella.

Scott soltó el aliento largamente retenido. ¿no es así? Esa noche. junto con la botella. mientras que ella estaba ahí. acerca de dejar descansar a los fantasmas. Cuanto antes nos marchemos. La aparente firmeza abandonó a Agatha en un segundo. y los labios se apretaron.. Al principio. qué haré. —Tan pronto. en esta ocasión. Scott —le ordenó—. Agatha estiró la mano por la mesa y le apretó con dulzura el antebrazo: —Bien. Lo olvidé. No tiene sentido que nos quedemos sin ganar un centavo. —Si me hiciste venir aquí para hablar de Willy. salvo Dan. ¿entiendes? —Los ojos claros relampaguearon. arrastrado. —dijo. Decidió quedarse y vivir de nuevo con la madre.214 - . o subiré a mi casa ahora mismo. Sentados ahí. ablandada. —Aunque no sé qué encontraré allá.. Pensé que tal vez te quedarías igual. habré cerrado la Gilded Cage.. ¿para qué postergarlo? —Pero yo esperaba que. pero el vaso se detuvo a mitad de camino hacia los labios. Ahora bien —agregó con calma—. decididos—. —Apoyó la botella de golpe—. La grosería con que se armó el hombre. los abandonaron a ambos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Oh. . quedaron indefensos. no lo hayas aprendido. Scott se sintió infantil apelando a esas actitudes. La respuesta a nuestro dilema no la encontraremos en el fondo de una botella de centeno fermentado.. —Sí. con respecto a Willy. De pronto. De cualquier modo. —Estuve pensando mucho en lo que me dijiste. al menos por ahora. Agatha no puso objeciones. pero al fin lo dejó y lo empujó hacia el extremo más lejano de la mesa. Nos vamos todos. era muy marcado. La animosidad de los dos se había evaporado como si nunca hubiese existido. el tozudo recato que defendió a la mujer. y llegué a la conclusión de que tienes razón. a estas alturas. El codo estaba flexíonado. claro que no. bajo el círculo de luz. Lo discutiremos sensatamente. Scott pensó en beberlo de un trago.. distraído y. pensó que estaba ebrio pero comprendió que estaba por completo sobrio. no creas que vas a amedrentarme enrostrándome la botella. El hombre apoyó los codos en la mesa y trazó círculos con el fondo del vaso sobre el paño verde. —Gracias —dijo Agatha. y eso hacía que la actitud desafiante fuese más desagradable aún. —Déjalo. mejor. Me sorprende que. serena. el acento sureño. y los otros están de acuerdo conmigo. inconmovible.. con el único propósito de apaciguar la intensa frustración que esa mujer le provocaba siempre. tengo que ir. sin rencor y sin alcohol. No caeré. —Todos nosotros lo conversamos. y le informó: —Para el primero de diciembre. Se puso rígida y alzó la barbilla.. hasta después de Navidad. o nada. Regresaré a Waverley. sosteniendo con firmeza la mirada del otro. dispuesta a discutir con él en términos de igualdad—.. —¿Cuándo te vas? Scott levantó el vaso que había llenado y le dio un sorbo. tendríamos que cerrar así que. Vosotras no tocáis esto.

—Yo ya lo pensé. Agatha murmuró: —¿Qué es justo? Por supuesto. —Le lanzó una mirada fugaz y sumisa. El hombre se aclaró la voz y se sentó más erguido. La mujer no se movió. ¿Qué hará sin Gussie?. . ¿Tú lo quieres? No podía verle los ojos. nosotros.. sobre la plantación. Scott es su ídolo. Entonces. la boca. La mirada de Gandy se demoró en las pestañas y las sombras alargadas que proyectaban. y ella es la primera que conoció. —Pensé y pensé. jugueteando con el vaso. silencio. pero la de Agatha se posó sobre el paño verde de la mesa—. Entonces. caída en gesto resignado. que quería que nos quedáramos todos aquí. no hubo respuesta.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Es lo que debes hacer. ¿Y tú? —Sí. —dijo.. Willy dijo que no. en postura militar. Quiere tanto a Scott. preguntó si tú estarías. Ella le enseña todo el tiempo. se me sentó encima un rato y charlamos. Tenemos que tomar una decisión respecto de Willy. —El ala del sombrero bajó un poco. los pechos. —Podríamos preguntarle a Willy —sugirió. pero no encuentro solución. estoy convencida. que en ese caso no quería ir a ningún lado. —No —repitió Gandy—. Le pedí que pensara si le gustaría vivir allá. discutimos. —Entonces. y se concentró de nuevo en el vaso—. Para ser sincero. pero los sentía fijos en ella. —Levantó la vista.. preguntó si yo también estaría. sobre las iíllas sonrosadas. Aún con la vista fija. Luego. constreñidos en el rígido tafetán granate del recatado vestido de cuello alto. y supuso que fijaba la mirada en la mano. El silencio se alargó—. lo regañé sin ningún motivo. pensó él. Un chico necesita una madre más que ninguna otra cosa. Pero nos reconciliamos. La justicia era algo en que ninguno de los dos pensó antes en una situación de tal vulnerabilidad. no sería justo. y le dije que no. la línea fina de la mandíbula y el fascinante cabello recogido con matices rojizos que brillaban hasta bajo la luz tenue de la lámpara.215 - . a los costados. no podemos pedirle a un niño de cinco años que adopte semejante decisión. cuando volvió a mi oficina. y le dije que sí. Primero.. juntos. Yo soy demasiado estricta con él. permaneció sentada mirándose las manos juntas sobre el regazo. Otra vez. —Sí. la retiró y la puso en el regazo. al fin. ¿qué propones? —preguntó la mujer. De inmediato. Todos los pequeños necesitan un padre. ¿no te parece? Hizo girar el licor una y otra vez. después que lo mandé a llevarte la nota. pensó. Los dedos se crisparon con más fuerza sobre el regazo. bueno. exhalando un suspiro nervioso—.. mientras se preguntaban cómo seguir. pero sin beber.. —Esta mañana. —Pero no es justo obligarlo a elegir. y los brazos. —No —respondió con voz desmayada—.

LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Yo soy demasiado complaciente con él. —Los niños también necesitan un ejemplo masculino. —Pero. todo era silencio. ansiosa—. Ya comenzaste a hacerlo al corregirlo constantemente y obligarlo a mantener las uñas y las orejas limpias. que podría dormir en una diferente cada noche. —Gran parte. Si hasta habla pon acento sureño. Si Waverley tiene tantas habitaciones. Le tocó a Agatha observarlo. —En mi mente no hay dudas: el tuyo. —Tenemos que valorar honestamente cuál de los dos hogares será mejor para él. Yo tengo una sola. Yo no sé siquiera dónde me estableceré de modo permanente. En el cuarto del fondo. no. Y puedes enseñarle. yo no lo noté. con tanto aire puro y sin vaqueros ordinarios alrededor. su voz se tornó más suave. No replicó de inmediato. Debes hacerlo. —Pero tú serías mejor ejemplo. Se quedó sin ideas.. —Cerca. no serás demasiado fastidiosa con él. No sería justo alejarla de todo lo que le resulta familiar. y volver a casa con las pantorrillas raspadas.216 - . trepar a los árboles y. —Te establecerás en Waverley. Vacilante. Lo haces ir a la iglesia y cuidar los modales. respondió: —Te subestimas. Scott Gandy. lo obtiene de ti. —Willy estará bien. —Y espacio. Sólo entonces miró a Scott.. Los niños necesitan.. en ocasiones. creo que me vuelvo fanática. . Me temo que yo no tendría paciencia para eso. Al jugarla. —Todos las tenemos. ¿quién lo cuidará como tú? ¿Quién lo mantendrá en la buena senda? Con sonrisa dolorida. Estoy segura. Tú lo harás. Waverley debe de ser un lugar espléndido para que se críe un niño. observándola. y no tendríamos intimidad ni él ni yo. Fuera cual fuese la decisión. Tenía una última carta de triunfo. Una corriente invernal se coló por el suelo. revolcarse juntos en el barro... Agatha tomó el vaso de la mano de Scott. eres una persona muy honorable. Y. abrió las manos y luego las dejó —Si entiendes todo eso. y Agatha sintió que sus ojos la escudriñaban. sería dolorosa para los tres. La mano le temblaba y dejó los ojos mientras alzaba el vaso y bebía. y hubiera deseado poder verle los ojos. Tiene mucho temple. Durante un minuto. es tu derecho de nacimiento. Scott reflexionó con los dedos cruzados sobre el estómago. Tanto espacio. —Para eso hay escuelas. Alrededor. —Ser fastidiosa puede convertirse en un mal hábito si se hace con fanatismo. y.. Bajo esa apariencia. un chico dormía mientras Agatha y Scott decidían su destino. —Tú no. y sería un lugar maravilloso para criar a un niño. últimamente. —No tanto como tú. —Pero yo también tengo malas costumbres. inquietándola. —Se echó hacia adelante. Al menos.

nunca jugué. estamos como al principio. —Así parece. advirtió lo que había dicho y temió que la interpretara mal—: No quise decir. La generosidad la conmovió hondamente: —Significa mucho para ti.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR intencionada: —No estoy segura de poder tenerlo. A duras penas puedo mantenerme yo y pagar el salario de Violet. buscó las palabras para disimular la incomodidad del momento: —¿Cómo lo decidimos? No podemos preguntarle a Willy. . Willy. un padre perfecto. Entre los ojos de Agatha apareció un pliegue de confusión: —N. Agatha dijo: —Así que. y no recibía mandatos de nadie más que de sí misma.. rígido código de ética. en Kansas? —De repente. Agatha se sintió como la noche que había perforado el agujero en la pared. Ruborizada. se sintieron atrapados en lo irónico de la situación: dos personas que amaban tanto a Willy que trataban de convencer al otro de que se lo quedara. Apoyado contra el respaldo. Por fin. —Tengo una sugerencia —dijo en un tono bajo que. lo hizo con tono melancólico.. como si encontrara algo prohibido y fuese a quedar descubierta en cuanto empezara. El único músculo que se movía en el cuerpo de Scott era el pulgar que seguía repasando el borde del mazo. en otro momento. ¿quién estaría presente para atraparla? Era una mujer grande. —Sé lo que quisiste decir. —¿El futuro de W. —De cinco.. por la apuesta más alta.. Gussie? Sintió el corazón en la garganta.. contemplaba la batalla de la mujer contra su propio. decidido por una partida de naipes? —¿Por qué no? —Pero yo.. —Bastaría con que me telegrafiaras. y tendrías todo el dinero que necesitaras.. —¿Qué dices. y no podemos llegar a una conclusión acerca de quién es mejor padre. La mirada de Agatha cayó sobre el mazo de naipes. —Una madre perfecta.. ¿no es una pena que uno de nosotros tenga que vivir en Mississippi y el otro. Scott. —Una sola mano —prosiguió Scott—. oyó el ruido: la uña del pulgar de Scott repasaba el borde de los naipes sobre el paño verde. Pero. no entiendo.. ¡Zzzt! ¡Zzzt!—. Sin empate. una adulta. Pero no sé cómo lo tomarás. —No más que para ti. habría resultado seductor. Por un momento. en otras circunstancias.. Cuando habló. Agatha suspiró y fijó la vista en un rincón oscuro del salón. ¡Zzzt! ¡Zzzt! Antes de saber qué era. Sintió calor en el cuello y bajó la vista. Las miras y lloras. incluso con la máquina de coser.217 - .

a medianoche. escalera. a la perfección. —Quítate el sombrero. la siguiente a ti cara arriba. Agatha lo observaba. ¿hiciste trampa? Levantó las cejas. se lo quitó lentamente y lo dejó sobre la mesa. en la primera. —¿Quieres que lo anote? —No. habría hecho un comentario mordaz pero. Lo miró como si hubiese insinuado que se quitaran la ropa alternativamente. Los recitó de corrido. —Mézclalas. ¿Qué opinas? Agatha tragó e intentó sondear la sombra que echaba el ala del sombrero. Apoyó de un golpe las cartas ante ella. fascinada. Son simples. —¿Qué? —Que te quites el sombrero para que pueda verte los ojos. ¿Por qué no jugar al póquer. después los acomodó con pulcritud y los puso en línea.218 - . —No.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Te explicaré las reglas del juego. ¡Maldición! ¡Vaya con la jugadora! Dio vuelta el mazo. hasta me acostumbré al humo de tu cigarro. Cinco cartas: una a mí. —Adoptó un aire práctico—. —No. Miró el mazo azul y blanco. Samuel Han. del más alto al más bajo. dadas las circunstancias. Scott alzó los hombros. da. reacomodando los naipes para ilustrarlo: flux real (todos del mismo palo). Le apareció un hoyuelo en la mejilla izquierda. —¿Qué? Levantó la mirada. —Pero yo. Gussie? —Ya hice todo lo que se hace en esta taberna: vi mujeres bailando el cancán. si aún desconfías de mí. Scott se respaldó y sacó un cigarro del bolsillo del chaleco azul hielo y las tijeras de oro con las que le rebanó la punta. pero Agatha se concentró mientras le explicaba los valores de las manos de póquer. bebí whisky de centeno. Los naipes eran difíciles de leer pues no tenían números. las bajó con esfuerzo y apoyó otra vez los hombros en el respaldo. Si la apuesta no hubiera sido tan alta. Escuchó el crujir brusco de los bordes al mezclar. Tras una larga pausa. lo recordaré. también. Los ojos claros y sinceros se clavaron en los fríos ojos marrones con mirada inflexible. par. leyó. En el dedo. dos pares. también? Gandy sonrió torcido.. flor. —Cuando jugaste con Willy y la apuesta era una excursión al Cowboy's Rest. guardar las tijeras y encender el cigarro. —Puedes dar. —Muy bien. y Gandy la miró con indisimulada admiración. flux. Lo vio manipular los naipes con económicos movimientos de los dedos largos y fuertes. —¿Estás segura. Explícame las reglas. el anillo relampagueó y Agatha recordó el día que llegó al pueblo: qué lejos estuvo de sospechar que esa llegada la conduciría hasta una mesa de póquer compartida con él.. haciéndola saltar. . en un salón mal iluminado. acomodó el mazo y comenzó a mezclar. —Entonces.

pero ninguno de los dos lo notó. resbalosas y nuevas. atónita. El de Agatha tenía una dama coronada y un corazón rojo. Yo perdí limpiamente. y como Agatha se movió con mucha rapidez. —¡Gussie. Scott aguardaba con la misma calma que si estuviera esperando el postre. La mujer tomó las cartas como si fuese a salir un escorpión de entre ellas. Las sentía extrañas en las manos. cubrió el dorso de la de ella y la oprimió fuerte. Cuando se hubo marchado. Inspirando una bocanada honda y conteniéndola. y el humo del cigarro se elevó entre ellos. la mujer asintió. Agatha dio la vuelta el último naipe: un siete de espadas sin nada que lo superase. Aferró el borde de la mesa. Scott permaneció en la penumbra silenciosa de la taberna fría. —Reina de corazones —explicó Scott—. Era un dos.. —Sea lo que fuere. —Ah. El licor se desbordó del vaso y formó una mancha oscura en el paño verde. Gandy también se levantó. —Tres —anunció Scott.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Nunca apuesto sin tener uno en la mano —explicó. Tendió la mano. Más bien. ¡Willy es tuyo! Se incorporó.. Quitándose el puro de la boca. Agatha dio vuelta la última carta. La fatalidad eligió por ellos. se balanceó contra el borde de la mesa. pues no confiaba en la firmeza de su voz. contempló la figura que había en el dorso y le pareció que oscilaba ante sus ojos. temblaba como si sufriese de paludismo.. Le dio la primera. Vence a mi tres. Obediente. espera! Levantándose la falda. Abrió los oíos. Los contempló. —Gussie. No pronuncies ninguna frase noble. sin deslizarla. no habrá resentimientos —dijo el hombre. La silla chirrió al ser empujada atrás. y en cambio. y vio a Agatha cenicienta. el humo flotó hasta la nariz de Agatha. Antes de dar vuelta el último. y aun así. Los ojos claros se toparon con los oscuros a uno y otro lado de la mesa. —¡No! —Sacó la mano de un tirón—. cojeó veloz hacia la puerta trasera para no echarse a llorar delante de él. El par de tres de Scott superaba a su par de dos. parecían desolados.219 - . le recordó: —Cara arriba. golpeado por la ironía de haber ganado a Willy con la peor mano que le hubiese tocado jamás. sobre la mesa no había nada promisorio. Da. y lanzando una violenta maldición. no tan amenazadoras como podría suponerse. Con manos trémulas. Gussie —dijo con calma—. teniendo en cuenta el desastre que eran capaces de acarrearle. lo dio vuelta: tenía tres tréboles negros. fuerte. En medio del silencio. Con un gesto silencioso. —Adelante. El tercero de Gandy fue otro tres. El corazón le latió en la garganta. Pero en los ojos de Gandy no brilló ninguna chispa de triunfo. pero para cuando tenían cuatro cada uno. Agatha.. yo. la . tratando de convencerse de que había sido una mano limpia: ella misma la dio. tragó saliva. Scott cerró los ojos y exhaló un suave soplido por la nariz.

Escucha. Pareces enfermo. y se apretó la cabeza. . y lo estrechó contra el pecho. cuando lo tomó de los hombros. muchacho. desconsolado. Para siempre. pero te llevaré conmigo. Mississippi está lejos. sentado.. las manos extendidas. —¡Hurra! —exclamó. aun así. Jesús! —Los ojos del niño expresaban deleite y brillaban como un par de pecanas del Sur—. —No se te ve bien.. o algo así? —No. —Oí un ruido —respondió Willy—. —¿Qué haces levantado? —preguntó con brusquedad.. ven aquí. iremos. hijo. —Viajaremos en tren. siempre? —Así es. Se aclaró la voz y cerró con torpeza el último botón de la ropa de dormir de Willy. ¡Dios misericordioso! ¿Cómo fue capaz de quitarle al niño? No tenía a nadie en el mundo. pensó. El desánimo del chico reflejaba de tal modo el de Gandy que. —No. ¿Gussie irá con nosotros? Scott esperaba la pregunta y. —¡En tren. y de pronto se encontró sobre el regazo de Scott. ¡A nadie! «Y yo tengo tanto». Pero. hasta que alguien le tocó levemente la muñeca.. embelesado. ceñudo: —Pero es nuestra amiga. que volaron por el salón. —La mano larga de Scott subió y bajó por la espalda de Willy. Willy. ¿Recuerdas que te pregunté sobre la plantación.. Willy se acercó arrastrando los pies.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR volteó. Willy se apartó y lo miró. —Supongo que sí —farfulló. —Pero quiero que venga con nosotros. Se llama Waverley y es donde yo viví cuando tenía tu edad.. Como tiene su negocio aquí. estoy bien. Cristo! Se le iluminó la cara. Scotty? ¿Tienes diarrea otra vez. se sintió peor. haciendo caer sillas y naipes. La botella rodó contra la pata de la mesa y se detuvo. Se sentirá mal si me voy sin ella. siempre. —Ya lo sé. —Tengo algo que decirte. Se irguió como si le hubiesen disparado. A Scott se le hizo un nudo en la garganta. se echó hacia adelante. —Sé que se sentirá mal. Scott lo rodeó con los brazos. sobre la áspera ropa interior que usaba cuando hacía frío —. Se derrumbó en una silla. ¿Qué pasó con la mesa? —No te preocupes. pero no es posible. Al oírlo. —Alzó la cabeza. se quedará. Nunca antes fui en tren. lo golpeó como un puñetazo en el plexo solar. no irá. aferró una de las solapas de Scott y lo miró en los ojos—.220 - . fue para consolarlos a los dos. gorgoteando su contenido sobre el suelo de tablas. y le habló. ¿Te gusta? —¿Quiere decir que viviré contigo para siempre. ¿Te gustaría? Willy se encogió de hombros y fijó la vista en la solapa. —¿Crees que te agradará eso? —¡Claro. ¿Estás bien. si te gustaría vivir allí? Bueno. Permaneció así. Gussie vive aquí. Un día de estos cerraré la taberna y regresaré. de vez en cuando podrás volver en el tren a visitarla. El cristal se hizo astillas.

y la culpabilidad de Scott por haber recibido la mano ganadora se renovó. —Me llevaré a Moose. ella te retendría aquí. Y hay un río donde puedes pescar. —Pero. a veces. Scott se levantó con Willy en el brazo y se estiró para alcanzar la lámpara—. aunque amemos a las personas. Pero estaba pensando. conseguiremos otro gato — prometió Scott—. Y no te olvides de que Agatha te ama. ¿No crees que tendríamos que dormir un poco? —Creo que sí —respondió Willy. Les diría a todos que empacaran al día siguiente y. Willy. —En serio. el padre. ¿no'cierto? Esto era duro. Pernoctaremos en un coche dormitorio. y un animal no puede dormir ahí. hijo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Escucha. Eso no significa que las olvidemos ni que no vayamos a verlas nunca más. ¿Hacemos trato? Willy se encogió de hombros y dejó caer el mentón. —Es tarde. Los ojos de Willy comenzaron a llenarse de lágrimas. ¿podré volver a visitar a Gussie? —Sí... Scott también lo esperaba. Y habrá miles de cosas para ver y para hacer. Scott lo estrechó otra vez contra el pecho. Scott apoyó una mano en la cabeza rubia. ¿no es cierto? La influencia de Agatha. melancólico. —Forzó un tono alegre—. Willy se corrigió: —Quise decir. —Oh. —Pero. estaba empañado por una nota de tristeza. La necesitaba mucho. pero sería muy duro por lo pequeño del lugar en que vive. ¡Trepan tan alto en las encinas que hay junto al agua. tenemos que abandonarlas. te lo prometo. Comprendió que lo mejor para todos sería hacer un corte limpio. —En cuanto lleguemos a Waverley. ahora a Agatha. tienes razón. y hasta al gato. Si pudiera. Quizá le gustaría tener a Moose para hacerle compañía. ¿sabes? Ya no dormirás más en la despensa. estoy seguro. tendrían que estar preparados para irse. Willy pensó un instante. Interpretando mal la vacilación de Scott.. pero no supo qué responder. Era esperar demasiado que un pequeño de cinco años aceptara tantas pérdidas con estoicismo. al otro. que luchó por contener. y tendrás un cuarto para ti solo en la mansión. En Waverley. y concluyó: —Se sentirá mejor cuando le diga eso. que no se puede ver la punta! —¿En serio? Si bien Willy recuperó una parte del entusiasmo... —Sí. ¿Puedo subir . Ya verás las enredaderas de uva silvestre de las que puedes colgarte en el bosque. habrá lugar de sobra para ti. En el último medio año había perdido mucho. hijo. —Sería incómodo en el tren. Se le agotó el falso entusiasmo y permaneció largo rato con la mejilla sobre el pelo del niño. ésa del cuadro que está en la sala.. Primero. Agatha nos echará de menos.221 - . mirando el suelo. rápido. Tomó a Willy de los brazos y lo acarició subiendo y bajando las manos.

Gussie? Pedaleó como si su cuerpo extrajera la vida de la aguja brillante. Ahora. Scotty. —Scotty dice que puedo venir en tren. y voy a vivir con él en Mississippi y dice que tú no puedes ir con nosotros. —¿Eso dijo? Oh. Scott demoró en responder—. y antes de que te des cuenta será de mañana. comprendiendo que el niño empezaba a sentir curiosidad. ¿no es así? —Pero yo le dije que te sentirías mal. —La decepción del chico fue evidente. —Entró en el cuarto de Willy y lo arropó. Pero cuando llegó a la habitación. todo tenía sentido. —Claro que sí. —Oh. —Está bien. Yo me di cuenta. cuando vienen los vaqueros? —Sí. lo detuvo la voz de Willy. Scott se sintió un poco mejor al dejar a Willy. —¿Qué? —¿Hay vacas en el Mississippi? —¿Te refieres a las que se ven aquí. qué bueno saberlo. pero estoy segura de que volveré a verte. Sólo las que tenemos para ordeñar. —Besa a Marcus. a mitad de camino. . ¿Irán? —insistió.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR contigo? —pidió el chico. Scott se inclinó y lo besó pero. El pedaleo se interrumpió bruscamente. pero yo tengo que seguir haciendo vestidos y sombreros para las señoras de Proffitt. Pero tenía sentido. En cierto modo. —Era el premio consuelo aunque. le dijo: —Tengo que irme con Scotty en el tren. A la mañana siguiente. ¿No vas a sentirte mal. Con su característica franqueza infantil. Agatha tomó la mano de Willy. muchacho. —Eh. Ahora. —Creo que esta noche Jube duerme conmigo —respondió. antes aún de que preguntase—: ¿Cómo es que duerme contigo y besa a Marcus? —¿Qué? Una línea de consternación apareció entre las cejas de Gandy. sin poder contenerse. No estaba en su cama. Y ahora. La ley de prohibición obliga a cerrar la taberna. —No lo sé. —No. dirigir el movimiento de la tela le impedía quebrarse. —¿Marcus? ¡De modo que eso era lo que andaba mal! —¿Jube y Marcus y todos los demás irán a Waverley con nosotros? — Distraído. los pensamientos pasaron de Willy a Jube. casi lo hicieron. —De acuerdo. Tendremos mucho que hacer para prepararnos. Y el día que fuimos al picnic. a dormir. Era la primera señal concreta de entusiasmo que mostró desde que supo que Agatha no iría con ellos. todavía con la cabeza en otra parte—. Agatha siguió cosiendo. Scott se detuvo en la puerta de la despensa.222 - . Willy estaba en su taburete junto a la máquina de coser de Agatha. como esperaba. con Moose en brazos. La vi la noche en que se lastimó la mano. duerme.

Déjame pasarlo sin derrumbarme delante de él. —Nunca tuve una con cuello desmontable. Tenía muy poco que hacer. Quería cortar y coser una camisa para ti. secándose los ojos con disimulo antes de enfrentar a Willy y rascar a Moose bajo el mentón. Pero tuvo que dejar de coser otra vez. Escúchame. no valía demasiado. y que me comprará un caballo que yo pueda montar.. —¡Caramba! ¿Qué te parece? Sí. Tengo cosas que hacer. también. Violet le dirigió una sonrisa temblorosa. —Pero allá hace calor. Willy apareció con una nota para Agatha. —Pero. Con un esfuerzo. Me encantará tener a Moose. —¿Puedes hacerla blanca. Willy.223 - .. la tendrás. es una buena elección. todo lo que este chico merece. también lo llamaré Moose. mañana la. reanudó el trabajo —. —Ah.. pero fue un alivio que Willy saliera corriendo otra vez y ella pudiera enjugarse las lágrimas en privado. Ahora. Gussie. para que te lleves. por supuesto. Cuando la puerta se cerró de un golpe. —No siempre. Dentro de ella. pues las lágrimas le borroneaban la aguja. querido. de lana. ¿Te lo quedarás? Por favor. ¿Cuánto tiempo seguiría aumentando el dolor. corre a comprarte la vara de zarzaparrilla. haz que Willy hable de otra cosa. —Por supuesto que sí. Agatha apoyó los codos en la máquina y se cubrió la cara con las manos..blanca. querido. Dios. y sacó una moneda del bolsillo. Se inclinó a levantar un retazo del suelo. Seguramente. —¡Iré a decirle a Scotty! Saltó del taburete y salió corriendo. no me hagas esto! —Bl. Estoy haciéndote un par de pantalones abrigados. hasta que al fin se apaciguara? Poco después del mediodía. como la de Scotty? ¡Por favor. —Se aclaró la voz y volvió al trabajo—. Violet apartó las cortinas lavanda y entró en .. —Scotty dice que hay enredaderas para columpiarse.. Cuando la cliente salió. pero ella estaba ocupada adelante. ¿quién cazaría los ratones? —Scotty dice que cuándo lleguemos podré tener otro gato. Entregaré el mensaje cuando la cliente se vaya. Pasó la mirada de su mano a los ojos acuosos de Violet. Si te lo llevaras. con una cliente. —Pues. —¡Todo esto! ¡Gracias! —Date prisa. y la recibió Violet. todo se estremecía. Haz que este día pase volando. —¿Qué? —Dice que no puedo llevar a Moose.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR en ese momento. tengo mucho que hacer. —No tengo que molestarla cuando está ocupada —le confió. con el cuello desmontable. señor. claro. —Muy bien.

Si no pongo manos a la obra —dijo con brusquedad—. jamás terminaré esa camisa para Willy a tiempo. Pasaremos por tu casa a buscarte. —Bueno. se inclinó. Willy. Willy y Scott Violet parpadeaba. Los ojos de los dos se encontraron. a las seis en punto. con el vestido púrpura y melón que había usado en el té del gobernador. —Gracias —dijo. —Buenas noches —dijo Gandy. observando los ojos de Agatha mientras leía el mensaje en voz alta: Querida Gussie: Willy y yo reclamamos el placer de tu compañía. —Sí —dijo en voz queda. —Ya lo creo. heridas.. ¡Y qué apuesto! Sonrió. De inmediato. —Bueno. Agatha levantó los ojos tristes que se encontraron con los de Violet. —¿Tan apuesto como Scotty? La mujer contempló el rostro del hombre que no olvidaría mientras le . por algún motivo. Agatha apretó su mejilla firme contra la de Violet. Estaban todos vestidos con sus mejores galas cuando Agatha fue a abrir la puerta a las seis. para cenar esta noche en el restaurante de Paulie. caramba. Con cariño. blanda y arrugada. cuando Agatha abrió la puerta. ¿no es amable? Agatha dobló sin alterarse la nota y la metió otra vez en el sobre. aunque no se puso el sombrero. dejando de lado todo fingimiento. y no intentaron ocultarlo. tienes. Agatha. Tenía un cabello demasiado hermoso para cubrirlo con nidos de pájaros y plumas. Agatha miró el sobre y reconoció la escritura de Scott con una sola palabra: «Gussie». nunca encontró el momento adecuado. le tomó las mejillas y lo besó. hasta que Willy reclamó: —Eh. Las dos se sentían desdichadas. Violet la abrazó con fuerza un instante. yo también estoy aquí. Violet permaneció al lado.. Gussie. Violet agitó una mano. Willy trajo esto para ti. retorciéndose las manos. tienes que dejar que yo cierre esta noche. Siempre quiso decírselo pero.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR el salón del frente. —Hace un rato. y luego Agatha retrocedió y se secó los ojos como si la irritara que ocurriese tan frecuentemente los últimos tiempos—. y la nueva chaqueta de invierno. con el traje dominguero que se había puesto para el funeral del padre. cosa que agradó a Scott.224 - . con el traje color ciervo y un grueso sobretodo que no le conocía. esa noche: Scott. y subir a vestirte. con suavidad. y las dos mujeres se miraron. orgulloso y alzó la vista.

no te pongas la caperuza —le pidió. —Por favor. y después le apretó los brazos y la atrajo de espaldas hacia sí. agitado. el lugar y la situación. —Gracias.. —¡Eh. después. cediéndole el paso. Scott abrió la boca. Scott percibió lo cerca que estaba de quebrarse. rozándole la oreja con los labios—. las lágrimas tan cerca de la superficie de los ojos que parecían del matiz de una hoja de magnolia bajo la lluvia de primavera. Tan apuesto como Scotty. Agatha no recordó con claridad. Ella y Scott conversaron. Agatha se dio la vuelta. más que cualquier mujer que hubiese conocido hasta entonces. Agatha se aferró a la baranda. pero no supo bien de qué. Vamos. y Gandy le puso la capa de terciopelo marrón sobre los hombros. Scott soltó a Agatha y retrocedió. pero se obligó a reír en beneficio de Willy cada vez que los . No obstante. —Debo tomar mi capa. ¿qué podía hacer sino responderla con sinceridad? Si hubiese podido elegir el momento. Tenía la respiración agitada. tan próximas a desbordar. tengo hambre! —exclamó Willy desde la entrada—. Al girar. —Scott. la tomó otra vez del codo. No se le ocurrió qué decir mientras llegaban abajo y él deslizó la mano hasta la de ella. —susurró.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR quedara aliento. Tu cabello es demasiado encantador para cubrirlo. Siempre quiso decírselo. La sujetó con fuerza hasta que llegaron al final del callejón. —A ver. sintiéndose inquieto. los hombros anchos enfundados en el abrigo. En la acera. permíteme —le pidió en voz suave.225 - . pero la cerró otra vez con un tenue suspiro. el aroma. chocó con el brazo de él. pero por lo menos ya lo sabía. en un susurro. Contemplaba a Agatha.. Willy parloteó con infantil entusiasmo e hizo interminables preguntas a Scott: —¿Dónde dormirá mi nuevo gato? ¿Qué es la uva silvestre? ¿Hay víboras allá? Scott respondía sucintamente: «en la cocina». el atractivo abrumador del rostro. «una enredadera salvaje». ¿Cómo no lo había notado antes? ¿Por qué le llevó tanto tiempo? Y era toda una dama. y se ruborizaba por el esfuerzo de contener jas emociones. Agatha comió poco. El latir de su pulso pareció agitar hasta el aire en torno. su corazón dio un salto. y respondió en tono mucho más sereno que el de la pregunta: —Sí. «sí». Le temblaban los dedos y la voz. quitándole la capa de la mano. No esperaba que Gandy estuviese tan cerca cuando se apartó del guardarropa con la prenda en la mano. lo habría dicho de otra forma. a medias excitado y culpable. pero Scott la sostuvo con firmeza del codo libre. La cena fue una representación que. si Willy le hacía la pregunta. A desgana. Willy bajó corriendo las escaleras a riesgo de romperse el cuello. con tan increíble delicadeza que cada movimiento de las manos y las mandíbulas parecía más una danza que los banales actos de levantar la comida y masticar. Era adorable. cerrando los ojos. Se volvió. pero no prestaba toda su atención a Willy. pero se contenía por ser una mujer soltera. Ante la proximidad. sumergida en emociones dulces y amargas a la vez.

¿verdad? Tiene que cuidar de él. con lo que sería en Waverley: ventanas luminosas. Hasta que llegó el café y Scott sacó un puro y las tijeras de oro. Y una vez. forzando una sonrisa—. ese olor a chicuelo! Nunca olvidaría el olor de Willy. sobre la cama. un hogar en cada dormitorio. no te habrás olvidado de Moose. Nunca había estado ahí. temblando. Sintió el frío en la médula de los huesos. —Pero quiero que vengas. sí. Era suficiente con el espantoso cubículo de Willy. Ella las colgó con cuidado para que estuviesen listas a la mañana. ¡Ah. en especial en la cadera izquierda. y sonrió al verlo saltar sobre el catre. Decidí que no: es mejor. Bajo el brazo izquierdo. Te llevaré a . y se preguntó si latiría tan de prisa como el propio. mientras él fumaba. —Buenas noches. casi seguramente. Y el roce fugaz de sus labios preciosos. no levantó los luminosos ojos verdes ni una vez. el hombre sintió el temblor de Agatha. lo sorprendió observándola y ocultó el rostro tras la taza de café. ¿no es cierto? Le acarició el cabello de la sien con el pulgar y deslizó una mirada larga y amorosa sobre esos ojos castaños que le destrozaban el corazón: —No. también.. mientras Moose aparecía y saltaba. Agatha se alegró de no poder ver bien a la luz difusa de la lámpara. —Willy acercó más el gato a sí—. Al acercarse a las escaleras.. y lo miró a los ojos. tienes razón. una cama alta y. mi amor. no podía mirar a Gandy en los ojos. se dirigió hacia ellas pero Scott la retuvo con fuerza del codo. y comparado el suelo de madera manchado. La taberna estaba silenciosa. disimulado por la capa. Acostaremos juntos a Willy. era un triste resto de la alegría pasada. Al parecer. como saboreando el aroma por última vez. ¿no te acuerdas? —Ah. y. oscura. —Mañana vendrás con nosotros hasta el tren. —Bueno. Se le oprimió la garganta. La tienda estará abierta. Apoyó un brazo en la cintura de la mujer y el otro en la barriga de Willy. Scott miró la mano que apoyaba sobre el corazón. cuando se arrodilló para abrazar a Willy que la esperaba con los brazos abiertos. Luego.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR comentarios del chico lo requerían. Agatha sintió que Scott se arrodillaba junto a ella. los olores desagradables que lo penetraban. que el muslo se apretaba contra los pliegues de su falda. Seguía sin mirarlo.. pero no pudo decir que no.. con la tapa del calzón momentáneamente visible. Pero se dejó la caperuza baja cuando regresaban lentamente a sus respectivas moradas.. Gussie. mi amor. —Buenas noches. del pequeño al que había llegado a amar. muchacho —dijo. ah. cerró esos ojos y exhaló un profundo suspiro dilatando los orificios de la nariz. Gandy sacó el reloj de bolsillo: —Es tarde —comentó.226 - .. Le martilleó el corazón. pese a que este deseó que lo hiciera durante toda la comida. —Escucha. —Ven conmigo. Lo desvistió hasta dejarlo con la ropa interior de lana y fue entregándole a Agatha cada prenda. —Sí. Agatha abrió los ojos.

Una vez apagada la lámpara. muchacho —dijo Scott. Oh. en voz espesa.. No me lo pidas. lo lamento.. —No. Por fin.. y tú lo sabes. últimamente no puedo evitarlo..? —La miró. ¡No pienso avergonzarme en público! Con dificultad. Le oprimió los codos con ferocidad. contigo.. en tono maravillado. Las manos de Scott la sujetaron. Cuando se incorporó.. caminaron en la oscuridad hasta la puerta trasera de la taberna. —Bueno.. —¿Es verdad que mañana no irás a la estación? —No puedo. buenas noches —gorjeó.227 - . —No me correspondía. Scott. —¿En serio. Gussie —rogó. Nunca dijiste nada.. se le enredó el tacón en el polisón y sintió una punzada de dolor en la cadera mientras forcejeaba con torpeza para ponerse de pie. No llores —suplicó—. ¿Es verdad? . de los finales. ¿de acuerdo? Sólo pudo responder asintiendo con la cabeza. Al parecer.. Era demasiado pequeño para comprender todas las consecuencias de las últimas veces... —La hizo girar del codo. en un susurro áspero.. Gussie? —le preguntó. Agatha lo besó. de una oreja a otra—. Scott. —Gracias por la cena. Scott también y. Gussie. Yo soy la mujer. y la guiaron. pero ella no levantó la vista—. a desgana. echaré mucho de menos. Agatha se sorbió y se secó los ojos. —Lo siento. no llores. Es que. —¿De qué serviría? —No sé.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Moose un poco antes de irnos. Oh. —Que duermas bien.. Scott dijo lo que estaba atormentándolo todo el tiempo que duró la despedida: —Willy tendría que quedarse aquí. Scott. Agatha percibió la sorpresa del otro en el tenso silencio que siguió hasta que la atrajo con tal brusquedad hacia él que la caperuza de la capa le golpeó la oreja: —Pero ¿por qué no. sujetándola y recorriéndola con la vista desde el cabello hasta la barbilla. lentamente. al inclinarse para hacerlo.. firmes... Subieron la escalera. y tomó el codo de Agatha. sujetándola de los brazos—.. inseguro de poder hablar si lo intentaba. prefiero que no. date la vuelta y mírame. la mano de Scott sujetándole el brazo. me despediré aquí. detrás. —Pero. —No. contando los segundos fugaces hasta llegar al rellano de madera. por Dios. demorando los labios en la mejilla tibia. Scott. Es que. su hombro rozó el pecho de la mujer. Gandy se quedó cerca. Agatha se detuvo ante la puerta y miró sin ver el picaporte. Tampoco ahora tendría que hacerlo. ceñudo. te e. Agatha se soltó y se volvió a medias: —No es sólo el chico. la voz le salió baja y ronca: —¿Puedo entrar un momento? Agatha levantó la cara. Así ya es bastante terrible. —Por favor. —Giró la cabeza de repente—.

nuevas. Estás haciéndolo más duro —dijo. si yo. en un susurro feroz. El codo atrapado se clavó en las costillas de él. la apretó contra la pared.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Déjame —rogó. No pensaba hacerlo. —Déjame quedarme. Aunque su propia garganta emitía sonidos de pasión. bajo la capa.. Agatha sintió el florecer de la pasión como un delicado espasmo en las entrañas. —Por favor. antes de que le estallase el corazón. explorar. Era muy diferente del otro beso que habían compartido. pero Agatha dio vuelta la cara para eludir otros besos que le quitaban la razón. giró y. Lo sacudió un temblor de remordimiento. En el cuerpo de Agatha sucedieron cosas deliciosas.. Gussie. detente. excitar. junto con el niño al que amaba. La atrajo unos milímetros más hacia él. palpando las costillas bajo la jaula de acero y encajes. escudriñaron los de ella. Scott recorrió el interior de la boca de Agatha con la lengua. teñidos por la conciencia de que. de pronto se quedó quieto. Se miraron a los ojos. Este era voraz y condenado. Los ojos. —Lo siento —dijo. y se aflojó contra la mujer. para sus adentros rogaba que se detuviera. Se golpeó la cabeza contra la pared. que enlazó en la cintura. La de ella no pudo hacer otra cosa que acoplarse. No llegaba al suelo. —Scott. —Si es cierto que me quieres. estremecedora. —Bájame —rogó. Abrió la suya y las lenguas se fundieron en una danza gloriosa. y encontró el cuello del hombre. La capa se retorció y se le enredó en los pies y le atrapó un brazo. la hizo girar y la levantó. La boca abierta de él pareció repercutir en lo más hondo de su ser. Los labios persiguieron los de ella. Le dolió el brazo atrapado. y le tomó el rostro con las manos. para obligarlo a quedarse quieto—.228 - . y la insistencia de la lengua provocó en ella una respuesta involuntaria. Con el cuerpo apoyado en el de ella. El otro se debatió en busca de algo a qué aferrarse. el rechazo y la excitación luchaban en el interior de ambos. tambaleante. desesperado. —¿Por qué? —¡Déjame ir! —gritó. Los pies le colgaban a treinta y cinco centímetros del suelo. emitiendo un suave sonido gutural. —Lo siento. y cubrió los labios de ella con los suyos. —¡Espera. rica. jadeante. no —dijo. sólo sombras. Negó con la cabeza. con vehemencia: —No. rogó en silencio que la librara de esa tortura. Liberó su boca. en un susurro desgarrado. hasta que echó la cabeza atrás. soltando las manos. La bajó. Gussie! En el mismo instante en que tendía la mano hacia el picaporte. Aun mientras despertaba en ella el más hondo de los anhelos. un tren lo separaría de ella para siempre. —Logró soltar el brazo. Pensaba acompañarte hasta . alejándose de él y acercándose a la puerta. a la mañana siguiente. La boca del hombre ahogó la protesta. se abatió sobre los suaves labios abiertos que amenazaban la cordura.

—Lo silenció con un dedo en los labios—. No.. pero en cuanto la dejara olvidaría todo lo sucedido esa noche. la mujer. resultó ser como un ensayo para la dura prueba de las despedidas del día siguiente.. Agatha se mordió el labio Golpeó con suavidad. . —Lo sé.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR la puerta. cuando cesó el estrépito y los golpes de maletas y canastos en el local vecino. —¡Shh! —No quiero separarte de Willy. Bajaron uno tras otro. el que asomó la cabeza por la puerta fue Willy. los dos cuerpos pegados en toda su longitud. voy a echarte de menos! La mujer apoyó la sien contra el pecho de él y trató de deshacer el nudo de amor que tenía en la garganta.. Simplemente.229 - . Promete —repitió — que mandarás a Willy.. si no lo hago. Otra vez. las puso sobre la capa y la estrechó con ternura contra el pecho. lo lamentaré toda la vida. —No quiero irme —dijo. —S. hizo girar a los dos. Vino el último. En esta ocasión. mirando las estrellas. —Se apartó. apartándose. En el interior. se apoyó en la puerta y escuchó: —Gussie —la llamó con suavidad. Y yo vendré con. —Gussie. sintiendo los brazos que la rodeaban. Agatha hizo girar la llave en la cerradura. La separación parecía terrible. Pero tengo que decirte algo. No es suficiente. Sigue siendo impropio. se irguió sobre sus propios pies.. confundido. No es necesario. cuida a Willy y mándalo de visita en cuanto puedas. —Lo prometo.. —¡Adiós. Scott! —murmuró. fueron los labios de Agatha los que lo silenciaron a él antes de que pudiese pronunciar una mentira. Le sacó las manos del torso. hasta que al fin. —¡Jesús. tal como había soñado hacerlo sosteniéndole la cabeza. Scott.. se apoyó contra la pared y sostuvo a Agatha. Con un movimiento repentino. sin ocultar nada. en voz ronca. En lo que dura un relámpago... Tras la tercera llamada no respondida. Me haría la vida sin ti más insoportable. vestía el traje dominguero y apretaba a Moose contra el hombro. —Levantó la mano enguantada. había desaparecido dejándolo desdichado. y cada separación era más dura que la anterior. por fin oyó los pasos que se alejaban. la cabeza de Agatha acurrucada bajo su mentón. y apoyó las palmas sobre el chaleco de él—. apretando los pechos contra él.. Le arrojó los brazos al cuello y lo besó una vez. Sigo siendo. ¿Prometido? Scott le tomó la mano por el dorso y la quitó de su boca. pues. Esa noche. —¿Por qué no me dejas decirlo? —Lo dirías porque te doy lástima. la posó en la barbilla de Scott y le miró los labios mientras decía—: Te amo.

Violet.mi madre—dijo. apretando con fuerza al gato en el otro. Te echaré terriblemente de menos.. Afuera. dejarla le dolía. —Es cierto. Willy corrió hacia la puerta. la mayoría. En .. Los dos lloraban—.230 - . —Scotty dice que te diga que escribirá. y el niño fue hacia ella rodeándole el cuello con un brazo.. que fueses m. En el compartimiento del tren.. elevando en el aire el agudo silbido y transportándolo a lo largo de las vías.. —Lo sé. y se fortaleció contra las emociones que no podía evitar: —Lo sé. tenemos que irnos. preguntó: —Pero. Agatha cambiara de idea—. No te amaría más si lo fuese. claro que te amo. Lamento que no puedas quedarte conmigo. Scotty dice que tengo que recordar que me amas.. en cuanto aprendas a hacerlo. Agatha apoyó el rostro contra el pelaje tibio del animal pero no pudo pronunciar una palabra.. de modo casi inconsciente examinó a la gente que había ido a despedir a los pasajeros. tomando el gato del hombro del chico. Se dio vuelta en la silla giratoria ante la máquina. y salió corriendo. Nunca imaginó que le dolería tanto abandonarlo. Escudriñó. mientras Scott acomodaba el equipaje. Willy giró hacia Violet que esperaba con las lágrimas corriéndole por las mejillas. por cierto. Adiós Moose —dijo. esperando que. se detuvo. antiguos clientes que querían saludar a Jube y a las chicas por última vez. Si bien sabía que era inútil. con la mano sobre el picaporte—. Casi se nos hace tarde. y se volvió. —Todavía triste. ahogándose.. se detuvo con las manos a la espalda y se encogió de hombros: —Bueno.. —Tú también tienes que escribirme. —No se la daré. Gussie. —Ven aquí. Inseguro. —Yo también te amo. Cuida bien a Moose y no le des leche. Willy siguió mirando la bulliciosa estación. Le hace daño. —Adiós. y miró en silencio por la ventanilla. triste.. Lo apretó con fuerza contra el pecho y le aseguró: —Yo también. como un lúgubre acompañamiento de la partida de ese lugar al que siempre consideró un sombrío pueblo vaquero. En el entrecejo se le formó un pliegue profundo. Lloró cuando le di a Moose. ¿por qué Agatha no viene? —Porque no quería llorar delante de todos. Oh. nos veremos. —La mujer se inclinó y recibió un beso rápido.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Gussie. el viento azotaba los costados del tren alejando el humo de la locomotora. —Le sujetó la cara con las manos. que era mucha. Rió. —Qui. Scott se acomodó en el asiento. —Ah.quisiera que. la muchedumbre. Detestaba dejar a Agatha así. llevándose el recuerdo de sus lágrimas cuando corrió a encerrarse en el apartamento solitario. a último momento. esperanzado. Pero Proffitt le había dado a Agatha y. Vio que el guardia levantaba la escalera portátil y desaparecía dentro del tren. querido.

Gussie! No pudo haberlos visto a bordo. Willy lloraba en silencio.. Nunca en su vida. detrás de los otros! ¿La ves? Con la capa marrón.. y saludó..231 - . cerró los ojos y tragó saliva para no hacer lo mismo... saludó.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR el mismo instante en que el tren arrancaba. hasta que las ventanillas terminaron de pasar y se perdieron de vista. —¡Adiós. Pero cuando una ráfaga de viento le agitó el ruedo de la capa y la abrió. bajó la caperuza y saludó. las manos cruzadas sobre el pecho. —¡Gussie! —Willy apoyó una mano contra el vidrio frío. ¡Ahí. Y mientras examinaba las ventanillas que se escapaban. . Estaba apartada de los demás. fervoroso. pues llegó segundos antes de que el tren comenzara a moverse. saludó. fue evidente que no tenía idea de en cuál estarían. Gandy había visto una figura más solitaria. Y Gandy apoyó la cabeza atrás. la vio. Llevaba la capa de terciopelo castaño con la caperuza puesta. —¡Ahí está! —exclamó.. con la otra. subiendo a Willy a su rodilla y señalando—.

la sujetó con la trencilla de seda y contempló cómo escapaba el paisaje de campo bajo el débil brillo de la luna invernal. se aproximaba la Navidad.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 17 En la familia adoptiva de Gandy nadie se sentía más huérfano que Willy. Jube tenía la cabeza apoyada en el respaldo. No se veían más rastros de nieve. furioso. Marcus parecía estar dormido. pues lo único que lograrás será evocar cómo era. pero el rostro vuelto hacia él. se removió buscando una posición más cómoda. caminando por el pasillo. en ese momento Scott. Más tarde. casados. A la vieja mansión. Pasó mucho tiempo pensando en ella y Marcus. jamás fue una historia de amor. Esperaba que Jube y Marcus encontraran en el otro al compañero perfecto. una muñeca bajo la cabeza. abriendo una taberna tras otra por todo el país? Inquieto. Jube pasaba la mayor parte del tiempo con Ruby y Pearl. ¿Qué pensaría si le dijeses que. y Scott vio poco a Jube. Jube vio a Scott en el pasillo y le lanzó una sonrisa fugaz. cuando Willy y él ya estaban acostados en sus literas. y Scott vio en ese rostro una expresión que jamás le dedicó a él mismo. ¿Cómo vivirían? ¿Qué harían? ¿De dónde saldría el dinero? Para empezar. eres un tonto por ir allá. Era el momento perfecto para la ruptura. ¿No sería grandioso? Imaginándolo. Durante el viaje. Gandy. Fue una situación de conveniencia para ambos. Gandy necesitaba estirar las piernas y. Pero a la noche. . Si hubiese sido otra cosa. no iba a vivir en Waverley? ¿Y qué clase de vida llevaría vagabundeando contigo y tu grupo. Quizá pudiese celebrarse la boda en la alcoba nupcial. ¿Y Willy? Le prometiste cosas que no estás seguro de poder darle. No se sentaban juntos muy a menudo. en realidad. los encontró sentados juntos. ¿no le encantaría que la vida renaciera entre sus muros? Estás soñando. El tren marchaba en dirección al sudoeste. recordando lo dicho por Willy. de reconocimiento de sí misma y se le colorearon las mejillas. Ya fuese que Marcus y Jube se hubieran declarado lo que sentían. ¿Por qué él y Jube nunca llegaron a hablar de cómo estaba deteriorándose la historia amorosa entre ambos? Porque. herido. en cambio. fueron todos juntos a Waverley. tras haber viajado muchas horas. y cualquier lugar que hubiesen elegido sería en contra de sus deseos. se habría sentido celoso. sonrió en la oscuridad: Jube y Marcus. era alivio. tendido de espaldas tras las cortinillas corridas. Según lo que recordaba. Por acuerdo tácito. a fin de cuentas. soñar con lo que nunca será. era la primera vez que la veía ruborizarse. pero el traqueteo y el balanceo del tren no lo dejaban dormir. No tenían seres queridos ni hogar. No puedes retener al grupo allá. pensó cómo se distribuirían en Waverley para dormir. se dividieron en pequeños grupos para compartir asientos y literas. Lo que sentía. no sería justo que ella siguiera compartiendo la cama de Scott.232 - . Levantó la pesada cortina de fieltro.

Traje a mis amigos a conocer mi viejo hogar. decidir cómo abastecer a esta familia de ocho personas que tienes. ¿Volviste para quedarte? —Todavía no lo sé. Teníamos nuestros propios almacenes. agregó—: Eso espero. El comentario desató un torrente de preguntas: —¿Está muy lejos? ¿Cuánto falta para que lleguemos? ¿Podré pescar en el río en cuanto lleguemos? ¿De qué color será mi caballo? El entusiasmo del chico. ¿Missouri? ¿Arkansas? No estaba seguro. la taberna abandonada. Recordó Proffitt. Se arreglará bien. Con las manos apoyadas en los hombros de Willy. aunque hace mucho tiempo que nadie me llama así. como a ti te gusta ver a los vaqueros cargar a las vacas en el tren. Ya tienes bastante con la preocupación de poner en orden tu vida. que había sido un floreciente centro de comercio del algodón sobre el río Tombigbee. enfrentar otra vez a los fantasmas de Waverley. Miró a Scott bajo los arrugados párpados entrecerrados. Agatha estuvo sola mucho tiempo. Compraron provisiones en un almacén de Sheed's Mercantil. antes de la guerra. me gustaba observar a los esclavos cargar el algodón en los barcos. —Al percatarse de que Willy escuchaba. que transportaban todo más rápido. Agatha sola. arriba. ¿no es cierto? —Seguro. arrastrando las palabras: —Bueno. Nadie anda por ahí. Gandy. —¿Aquí? —A veces. los presentó a todos. muchacho. —Bueno. y los barcos fluviales llegaban directamente a nuestro muelle para cargar. levantándose por la mañana. Pero ya la planicie de la pradera había dejado paso a las suaves colinas que se hinchaban y rodaban como un mar a medianoche. —Me alegra verte otra vez. Los viejos silos estaban aún ahí como lenguas curvas. en Waverley. refiriéndose a Waverley—.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR A los costados de las vías. reflejo del que él mismo sentía a medida que se aproximaban a Waverley. pero con patillas blancas. se sacó la pipa de la boca y dijo. en Mississippi.233 - . El viejo Franklin Sheed parecía una muñeca de esas que se hacen con manzanas marchitas. terminando con el niño. más barato y más seguro. LeMaster Gandy. Se le hizo un grueso nudo en el pecho al imaginarla acurrucada. esperando para soltar las balas de algodón desde los almacenes vacíos por el río hasta los barcos que morían de muerte lenta junto a las vías férreas. La tarde del segundo día. Más a menudo. sí. bendita sea mi alma. no podía sacársela de la cabeza. aún está allí —dijo Sheed. señor Sheed. blancas serpientes de agua reflejaban la luna. excepto algunos de los antiguos esclavos que antes . —Cuando yo era niño —le contó a Willy—. Pero por mucho que repitiese estos pensamientos. el tren dejó a Gandy y compañía en la ciudad de Columbus. Lloró cuando le di a Moose. bajando la escalera. hizo reír a Scott. con el gato de Willy. Olvídala. sin tener a Willy para irrumpir por la puerta y romper la monotonía de su vida. Hiciste lo que tenías que hacer. y los árboles demarcaban el paisaje como hitos.

Y a los bizcochos de melaza más sabrosos en toda la región de este lado de la línea Mason-Dixon. —¡Ja! —resopló la mujer.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR trabajaban para tu papá. muchacho. —Clavó otra vez en Scott su mirada maliciosa—. —Encantado de conocerlo. señora. —Con que Willy. con las manos en el pomo del bastón. Sus raíces estaban ahí. La gente lo recordaba. Señorita Bayles. le dio una punzada de nostalgia. y recordó que. que le vendía cigarros al padre de Scott. —No. viviendo entre extraños a los que poco les importaba su pasado ni su futuro en cuanto se separaba de ellos. que regresar al sitio donde se recordaba su nombre. desde que tu gente falleció? — preguntó Franklin en voz alta. y echó un vistazo de soslayo a Jube. —La sonrisa no se desvaneció. ¿no? —Así es. Todavía están allí. ¿no? —No. Se asombrarán de verte después de tantos años. Como los otros curioseaban por el local. Jubilee Bright y Willy Collinson. —¿Qué habrá sido de todo eso. señora. algún día. —LeMaster. ¿se acuerda del hijo de Dorian y Selena Gandy? La anciana bajó la cabeza y escudriñó a Scott un buen rato. una octogenaria prieta de sombrero gris deshilachado entró renqueando con un bastón negro de ciprés. a Willy y otra vez a Scott. y sus ojos tenían expresión burlona—. Algo bueno pasó dentro de Scott al estrechar la mano de Franklin. —Así que. y no le convido a un chico a más que dos .234 - . Pero antes de que Gandy pudiese responder. Pero nunca me dejó agarrar más de dos. ¿Fue así? Los hoyuelos de Scott obraron su magia habitual. —Lo recuerdo. pensaba. estrechándole la mano—. que yo sepa. La risa de la anciana colmó la tienda como el cloqueo de una pava vieja. Golpeteó con el bastón contra el suelo. y después hacia Willy—. no se molestó en presentarlos. me desquitaría. —No olvides tus modales. ¿O es que él era más bajo? —Solía convidarte a duraznos cuando tu mamá iba a visitarme a Oakleigh. que estaba cerca. Tanto tiempo estuvo vagabundeando. te casaste otra vez. «Algún día se meterá en problemas». Willy extendió la mano. —Hizo un gesto hacia Jube. ¿eh? —Lo examinó con aire imperioso. su herencia. y pensaba que era demasiado apuesto para su propio bien. —Yo contemplaba la cara de este muchacho. manteniendo alejados a los intrusos. Y yo miraba lo que quedaba en el plato y me prometía que. señorita Bayles. Sonrió a la arrugada mujer. Éstos son mis amigos. —Señorita Mae Ellen —la saludó el propietario—. la última vez que la vio era mucho más alta. Miró a Jube. eran su pueblo. y algodón a la madre para los pañales de sus hermanos y de él mismo. Y ahí estaba el viejo Franklin Sheed. No sé por qué: estoy seca como una pasa. señorita Bayles.

y el olor de la vegetación que se pudría. corrieron entre apretados grupos de robles. con rígido orgullo. cortés. Todos rieron. los últimos metros. J. a Scott lo reconocieron por su nombre y lo saludaron con entusiasmo. con el sombrero. delante.. que lo acompañaron mientras compraban maíz molido grueso. y yo os presentaré. El giro de la conversación puso paños fríos sobre el tema. y cuando la anciana terminó sus compras. pocos de los cuales habían sido sembrados los últimos quince años. a . vivo en el pueblo. a él sí te encantará conocerlo. —Lo haré. Ni se lo oía moverse ni se olía al ganado. En dirección al noroeste. otra vez. en ese breve lapso entre estaciones. que sólo parecía un manchón blanco al extremo de un largo prado. La revelación de la señorita Bayles le recordó que Waverley no era la única gran mansión que la guerra dejó abandonada. —Déle mis saludos a Leta. El aroma de la tierra era húmedo y fecundo. —¿En serio? Pinchó a Willy con el bastón en el hombro. entre las rodillas. La sensación grata permaneció dentro de él mientras alquilaban coches en el establo donde. Pero a mi nieto. La mención de Leatrice reavivó las expectativas de Scott. jamón. Aunque el cielo estaba claro. hasta convertirse en un polvo fino. En cambio. la brisa era un poco fresca. alisada por años de soportar el paso de carros tirados por mulas. medio ahogado bajo malezas y enredaderas de uva silvestre. que luego se abrían hacia vastas extensiones de campos de algodón vacíos. y sostuvo las riendas flojas. muy diferente del olor polvoriento de Kansas. —¿Todo esto? Scott se limitó a sonreír. con mi hija Leta. Ya recorrían el último kilómetro. contando con cuidado el dinero que sacó de un talego de cuero que luego cerró—. señorita Bayles? —Oakleigh está vacío —respondió. Mientras seguían andando. Que este sinvergüenza te traiga un día. Scott dejó que hiciera sus compras antes que él.235 - . Scott la saludó. pues no saben cuándo caerán muertas. nogales y pinos. Las viejas arrugadas no dicen cosas en broma. A.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR galletas por vez. con el tono de los capullos de glicina. —Hay una cosa que tienes que aprender de una vez. para varios días. Ahora. los sentidos de Gandy se extasiaron con el dulce trino melodioso del sinsonte desde un matorral. tocino: alimento suficiente para una familia de ocho personas. Saludos a Leatrice. Scott se vio transportado al pasado. Entonces. en los ojos de Willy apareció una expresión incrédula. Por un momento. LeMaster. Mientras lo hacía. Los carruajes andaban sobre un camino de grava. Yo también la recuerdo bien a ella. Pasaron ante Oakleigh. Las cimas de los pinos acariciaban el cielo del atardecer como el pincel de un pintor sobre una tela. preguntó: —¿Sigue viviendo en Oakleigh. — Señaló a Scott con el pulgar—. muchacho. La recuerdo muy bien. y no quieren dejar confusiones. y mientras partían para Waverley atravesando el paisaje familiar del Mississippi. —Aquí empiezan las tierras de Waverley —dijo. harina.

y confinado por los preciosos árboles de boj de su madre. Ante la vista de la mansión. Si los viese en semejante condición. a medida que se acercaban. —¿Quién? —preguntó Willy.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR la derecha. Y mi esposa y nuestra pequeña hija. —Mi familia. el corazón de Gandy dio un salto. señalando una estructura de madera. levantó la vista y sus ojos miraron en la misma dirección que Scott. sin alterarse—: Y esto.. abriéndose paso entre la vegetación descuidada durante quince años hasta llegar a la imponente magnolia. por el sendero. como si advirtiese a los mortales de que no se acercaran. El intenso olor gatuno de los gomeros era hostil. se lo mantenía meticulosamente pero en ese momento. la decepción de Scott se duplicó. aunque. igual que el enrejado de hierro del balcón y las luces laterales de cristal veneciano color rubí que flanqueaban la puerta del frente. Gandy tuvo que frenar al caballo después de haber andado menos de la cuarta parte de su extensión. —¿Tuya? Otra vez. —Esperad aquí —ordenó Gandy. —¡Hurra! Excitado. la que tenía el brazo más extenso de todo el Estado de Mississippi. —¿Y qué es eso? —preguntó. En las sombras de la caída de la tarde. Willy se incorporó del asiento y Scott lo hizo sentarse otra vez. Jube y Marcus. en dirección opuesta a la casa de baños— .. matorrales.. apareció una cerca de hierro negra y. la vegetación asfixiante daba un toque amenazador a la llegada de los viajeros. Hacía tiempo que habían perdido su perfección geométrica. haciéndolo inextricable. —¿Tenías una niña? —Se llamaba Justine. —Prosiguió. pues durante muchos años sólo los podaron los ciervos salvajes. al igual que Oakleigh. dejándolos en un estado grotesco y deforme. que estaba al lado.es Waverley. la que dominaba el patio del frente desde que tenía memoria. cedros y gomeros que habían invadido el largo prado. . Selena Gandy se sentiría acongojada.. a la derecha. Pero. enlazando las riendas en el puntal del látigo. Willy. Los había traído desde Georgia cuando era una esposa joven. en el asiento de atrás. —Mi mamá y mi papá. —Giró a la izquierda. —¿Hay alguien enterrado aquí? —preguntó el chico. levantó la vista. Los escalones de mármol estaban intactos. —Es la casa de baños. y los cuidó con amor toda su vida. Scott disminuyó la marcha del carro. El hijo de Selena se arañó la cara con los arbustos descuidados mientras se abría paso entre ellos hacia la entrada principal. —Después podrás verla. su sangre se alborotó. La puerta en sí misma no se movió. se veía entre enredaderas retorcidas. Dentro. estirando el cuello para observar al pasar la lápida de piedra gris. giraron para echarle un vistazo al cementerio. En los buenos tiempos.236 - . al verlo invadido de enredaderas. está la piscina. Fue solo.

a la que los esclavos doblaron y arquearon para darle la forma de abanico estilizado a los respaldos. La puerta de atrás no lo acogió de manera más hospitalaria que la otra. Tenía una voz sin par entre los humanos. con el rostro pegado a la madera basta de la puerta. Scott sintió otra punzada de nostalgia. Mucho antes de llegar. Al verlos. Eran sólidos. Entró y la levantó. derramando lágrimas. Golpeó la puerta y gritó: —¿Hay alguien aquí? Leatrice. en alguna parte de la densa vegetación que había a sus espaldas. igual que el árbol. mucho antes de que Scott naciera. La puerta se abrió y apareció. —¿Qué clase de bienvenida es ésa? —bromeó. así recordaba a sus padres. señor. Más allá. y un par de bancos negros de madera a cada costado de la del fondo. como si las viera a través de un cristal de color borravino. —¡Mi pequeño volvió a casa! —se regocijó. un bajo retumbante . —Retrocedió y lo aferró de las orejas—. las imágenes eran vagas. de dos plantas de altura. ¿estás ahí? Sólo le respondió el silencio y el tabletear del pico de un náiaro carpintero.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Se protegió los ojos con una mano e intentó escudriñar el interior. alabando a los cielos—. con una apariencia que prometía durar para siempre.237 - . aunque sus brazos sólo abarcaban dos tercios del contorno de la mujer. Sonrió y esperó. mientras Delia daba de comer a los pavos reales. los jardines. y a saco de verduras. sintió el olor del humo de la leña de Leatrice. amo? —Jamás agregaba la partícula respetuosa. con columnas dóricas idénticas delimitando porches retirados. los establos.. —Seguro. Lo único que pudo distinguir fueron las liras talladas en madera.. casi tan grande como la magnolia centenaria del frente. hasta las cabañas de los esclavos. —¿Quién.. alguien lleno de arrogancia. la piel áspera y negra como su vozarrón. —Se le dilataron los ojos—. en el fondo. —Abre la puerta y lo verás. y siempre se burló del familiar Scott—. a chicharrones. Golpeó y llamó: —¡Leatrice! —¿Quién es? —dijo una voz que parecía la flatulencia de un caballo hinchado.? ¡Señor de la piedad!. la curtiembre. Sentados en esos bancos bois d'arc. pesados. Con la casa a sus espaldas.. la fábrica de hielo octogonal. insertadas en las ventanas. con una sonrisa ladeada. Señor. Las dos entradas eran idénticas. hechos de madera extraída del pantano de los cipreses cerca del río. y su abrazo era capaz de quebrarle los huesos. como en Lemaster de los demás. La única diferencia era un par de segundas columnas más bajas que custodiaban la del frente. siguió un sendero que exhibía señales de uso reciente. hasta la vieja cocina. ¿Eres tú. traslúcidas. Olía a humo de leña. ¡Bendita sea mi alma! ¡Eres tú! —Soy yo. regresó a casa por fin. apoyando un codo en el marco de la puerta. Déjame echarte un vistazo. pero la puerta daba al sur y la luz del crepúsculo que entraba por las ventanas que rodeaban la puerta norte del vestíbulo de entrada era escasa.

y nadie sabía qué mezclas le metía dentro. al final. aferrando una mano huesuda entre las suyas. Me quedé aquí. Además. Scott paseó la mirada de Mose a Leatrice. y luego lo hizo volverse de frente a ella—. —No vine solo. Nunca me fui. El cabello plateado le coronaba la cabeza como si fuera musgo. de inmediato—. ¿Acaso no te enseñé a respetar a los mayores? Mose y yo cuidamos de la propiedad mientras tú andabas vagabundeando por ahí. que es el lugar al que pertenezco. Es muy haragán. Ven a ver quién está aquí. le dañó la laringe. Bueno. Leatrice le asestó un manotón no muy suave en la cabeza. después de lo que cocinaba en los viejos tiempos. . Será como alimentar a ocho mosquitos. lo hizo girar para inspeccionarlo con toda minuciosidad. en voz tenue—. lameollas? —Tomándolo de los hombros. —¿Ése es modo de tratar al muchacho que recogía moras silvestres para ti y cortaba rosas del jardín de su madre? La risa de Leatrice hizo que las vigas del techo amenazaran con caerse. yo no lo acepto. con aire de superioridad—. ¿También trajiste a casa a esa Ruby? —Sí. —Se dio la vuelta.238 - . ¡Mose! —llamó. ¿Qué estuviste comiendo. —Quince años —evocó el anciano. —Mose —dijo Scott con cariño. ¿Te parece que podrías servir jamón y bizcochos para ocho si yo traigo el jamón y las guarniciones? —¿Ocho? —Leatrice rezongó y se alejó como si la pregunta le pareciera absurda—. muchacho. os habéis juntado. —Quizá no me quede —aclaró Scott. Mose soltó la mano de Scott y se sostuvo la espalda. Mose era tan delgado como Leatrice gorda. y desde entonces sólo fue capaz de emitir ese sonido rechinante que nadie olvidaba después de haberlo oído. Y será mejor que empiece a poner un poco de carne sobre tus huesos. Scott se frotó el costado de la cabeza y sonrió. Alguna de ellas. —Te quedarás —dijo. la vieja Leatrice te engordará en menos que canta un gallo. como si fuera indiscutible. —De modo que. —Siéntate. por mucho que lo intentara. Vine sólo a ver cómo estaba el lugar. —¿Mose está aquí? Gandy miró sobre el hombro de la negra con expresión de alegre sorpresa. se inclinaba un poco a la izquierda y adelante. Ya era hora de que regresaras. Tengo pan de maíz caliente y guisantes ojo negro. Había fumado pipa de mazorca toda la vida. —Cuida la lengua. una vez. sin mirar atrás—. Y a Ivory también. muchacho. pues la columna vertebral ya no se estiraba por completo. —Tal como pensé —dictaminó—. ése. —Claro que está —dijo el anciano negro que salió de las sombras y cruzó el suelo de madera con su paso artrítico—.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR imposible de emitirse con suavidad. Gandy no se movió. flaco como rodilla de gorrión. Pero me hace compañía.

todavía tibias de estar entre sus pechos. señor! Mientras desandaba el camino hacia la casa munido de varias velas de sebo. Mose os abrirá. —La llave está aquí. —Entremos. que merodeaba por el sótano de la vieja mansión. Leatrice es cocinera. Yo lo oí. Mose movió la cabeza. Pero era Jack. por lo que se puede ver con esta luz. Entonces. —Leatrice la sacó de entre sus amplios pechos—. —¿Yo? —Sí. ve! Mose retrocedió. Scott recordó con toda claridad la voz de niña que había oído en la casa. señor. No pude entrar en la casa grande. sarcástica—: Caramba. no más. . Sin embargo. Desechó la idea. Pronto estaremos cultivando algodón. lo oirás enseguida. —Ve a abrir tú mismo. tú. pero dijo: —Pero eso es ridículo. ¡Ahora.239 - . al terminar la guerra. los ojos dilatados. seguido por los demás. Si entras. sacudiendo la cabeza. eso quiere decir que somos cuatro. Gandy sonrió. Pero Mose la contempló como si tuviese ocho patas. ceñudo. ¿Un fantasma? Leatrice le tomó la palma y depositó en ella las llaves. —Los dejé esperándome en el prado. él también lo había oído. dio la vuelta a la esquina de la casa y se tropezó con algo blando. fijos en la llave. Pero Leatrice no se acerca donde hay espíritus. y lanzó un grito. Jadeó. ¿era verdad? ¿Sería Justine? ¿Estaría buscando a la madre y al padre en los altos cuartos vacíos de Waverley? ¿O sería el producto de imaginaciones demasiado activas? Sabía lo supersticiosos que eran los negros. y retrocedió más. —¿Qué es lo que está pasando? —preguntó Scott. cansados de esperar en los coches. Mose también lo oyó. —Cruzó los brazos sobre los pechos del tamaño de melones. —¡Un fantasma! —Así es. —Es una belleza —afirmó Jack—. ¡Nooo. Leatrice hace bizcochos. Tienes que abrirles al joven señor y a los amigos. y. Se sacó la correa de cuero por la cabeza y se la dio al viejo. jamón.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —A Ivory también. y dio una sacudida obstinada con la cabeza—. llorando. temeroso. —¡No. —Leatrice levantó una ceja y agregó. La conservé en lugar seguro. A Gandy se le tensó el cuello. el viejo Mose no entrará ahí! —¿Qué estás diciendo? Por supuesto que entrarás ahí. —En la casa hay un fantasma. Gandy presenciaba la discusión con el entrecejo arrugado. también es sólida. ¿Por qué crees que no entró nadie todos estos años? No sólo dos viejos negros que revisaron las puertas desde afuera. El azote de la lengua de Leatrice era justo lo que necesitaba para hacerlo sentir que estaba otra vez en el hogar. Está ahí. Leatrice les traerá el jamón y los bizcochos hasta la puerta de atrás. y no tenía nada de supersticioso. —¡Ve ya! —le ordenó la negra.

que hizo eco en el mirador. Incluso iluminada sólo por dos velas. y el del ala noroeste al que siempre se llamó el cuarto de los niños. Gandy lanzó una risa ahogada y se puso de costado. la maciza rotonda le dio la bienvenida. Olía a desuso y a polvo. Daba la sensación de que Willy tenía el doble de costillas y la mitad de grasa que el resto de las personas. por la puerta trasera. que casi no conocieron cuando eran hijos de esclavos. fue más eficaz la influencia de Leatrice y Mose para que resolviesen quedarse fuera. en cambio. los espejos gigantes que repetían la luz titilante de las velas. el pueblo vacío. como si la mansión misma le respondiera.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Cuando metió la llave en la puerta del frente de Waverley. Después de inspeccionarlos. pues. Con la vela apagada. acostado en su cama de la infancia. Los suelos de pino sureño. Quitaron juntos las mantas polvorientas. el hombre no pudo evitar evocar el gruñido de Leatrice diciendo «mosquito». a Pearl y a Jube en el otro. la escalera doble que se curvaba hacia abajo como dos brazos abiertos. Pensó en Gussie. pero sólo Ivory y Ruby pudieron verla cuando fue a llevar la comida caliente. —Acércate aquí. uno era el que compartió con Delia. Scott. Ivory y Ruby afirmaron que estarían más cómodos lejos de la gran casa. escuchándolo respirar con regularidad. la elegante lámpara de bronce que colgaba unos dieciocho metros desde lo alto: todo parecía esperar para que lo lustrasen y estar otra vez en uso. dejó que Willy eligiese. Después. cuando hacían los arreglos para dormir. —¿Eh? —Tengo frío. estaba dormido. Scott descubrió que sentía alivio de estar con otras siete personas. —Ése —indicó el chico—. las espigas talladas a mano que flanqueaban las escaleras y desaparecían en la penumbra. cuatro plantas más arriba. condujo a Willy al cuarto de los niños. cuya mano pequeña aferraba con fuerza. Cerró los ojos y la imaginó cosiendo en la máquina. se evaporó todo pensamiento referido a fantasmas. la voz de Willy parecía más infantil que nunca en la enorme habitación. Al rodearlo con un brazo. —Scotty. Si bien Gandy trató de convencerlos de que serían bien recibidos si querían dormir ahí. y luego descendió. y restaban él y Willy. Un murmullo confuso fue lo último que escuchó: en pocos minutos. Willy se puso de espaldas y acomodó el trasero contra la barriga de Scott. De los dos dormitorios que quedaban. —Es más agradable que en la despensa. allá arriba. Encendieron el fuego en el amplio comedor de la planta baja. Scott. permaneció horas sintiendo los latidos del niño bajo la palma. en especial con Willy. con el taburete de Willy vacío . y comieron la cena preparada por Leatrice. Gandy instaló a Marcus y a Jack en uno de los cuatro dormitorios grandes de la segunda planta. pero nada había cambiado.240 - . la taberna más vacía aún. Pero en cuanto entró. se sacaron la ropa interior y se acostaron entre ellas. Tiene un caballo que se mece. vuelto a Kansas por el último comentario del chico. —Bienvenidos a Waverley —dijo en voz queda. aliviado de no tener que dormir en la familiar cama de palo rosa sin Delia.

no podría haber un momento más oportuno. cojeando por la calle para ir a cenar sola al restaurante de Paulie. ¿Qué le podía importar un fantasma más? Pero no apareció ninguno. bajo el tejado principal. cuyas cuatro puertas cerradas daban a un inmenso ático sin ventanas. que la luz de gas iluminaba cuando ella se deslizaba por el suelo de pino. la luna iluminaba el paisaje. Deslizando la vista por la cadena de la inmensa araña. pero en ese momento cerró la puerta y subió el último tramo de escaleras hasta el estrecho pasadizo protegido por una baranda. que irradiaba el mismo matiz de luminosidad que el tafetán del vestido. pero era difícil. En cambio aquí. Pero la imagen que ardió con más intensidad fue la que nunca hubiese imaginado pero recordaba: Gussie con el camisón manchado de sangre. y permaneció unos minutos acostado. En el tren. recordó las noches en que se abrían las puertas de los recibidores y esa zona se transformaba en un vasto e impresionante salón de baile. A su alrededor todo era oscuridad. estaría guardada la ropa de Delia. pero que no podía. entibiado por el cuerpo pequeño de Willy. sin duda no podía elegir un lugar mejor. y supuso que también la de los padres. Y si quería darse a conocer. y era donde Scott solía jugar con tus hermanos. que rodeaba toda la rotonda octogonal. Gandy ya se sentía embrujado por Agatha. En Kansas había lámparas de la calle. sentada en el último escalón bajo el viento invernal. Sin hacer ruido. envuelta en la capa mientras la nieve caía sobre la caperuza. y desde el cual se divisaba la entrada de abajo y los campos. y donde se aislaba a cada miembro de la familia que enfermaba. Ahí. incapaz de resistir la tentación de echar un vistazo al interior polvoriento. Después que llegaban todos los invitados. se levantó. en alguna parte. —se reprochó—. baúles y restos del pasado. Ninguno habló. que las guiaban en los giros del vals. el padre. repleto de muebles. con todas esas filas superpuestas de pliegues en la trasera. Rafe y Nash salían subrepticiamente de las camas y desde ahí arriba en la sombra de la rotonda.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR junto a ella. Y finalmente. entre árboles gigantes de magnolias. «Qué antojadizo soy. el mismo Scott. Vio el cabello recogido con pulcritud en la nuca. Abrió los ojos como si quisiera convertir el recuerdo en realidad. acostada en la cama de él. mientras la besaba. se vistió y subió las escaleras hasta la tercera planta. Gandy se durmió profundamente. Lo que tenía que resolver en ese momento era cómo hacer para que la propiedad . Si hubiese un fantasma. Y además. pinos y glicinas trepadoras. que empezaba cada día observando sus dominios desde el punto de mira que él mismo había diseñado. si la propia Agatha le contó que era algo que ansiaba hacer. Tuvo una súbita visión del aspecto que tendría el vestido granate de Agatha desde arriba. Intentó acostumbrarse a ella. A fin de cuentas.241 - . recordando el pasado. y a los caballeros de frac. contemplaban el colorido abanico de faldas de las damas. afuera. Se despertó temprano. los días de lluvia. Algún día lo revisaría. Ese punto lo atraía de manera irresistible a seguir los pasos del padre. Siempre lo llamaban el cuarto del baúl. es en vano». Qué extraño que la imaginara bailando. Abrió una puerta. en Waverley. la oscuridad era total.

—Waverley. Triste y moroso. llegaría un momento en que se transformaría en un bosque. a diez personas: tenía que incluir también a Leatrice y a Mose. Todo eso. del lado opuesto de la rotonda.. prodigó su abundancia a fuerza del trabajo de mil manos negras. ¿no tendrías que poner plantas? Parecía tan simple que hizo reír a Gandy. pues aún no sabía cómo hacer para mantener a los que ya estaban. invadida de malezas. . La otrora ininterrumpida alfombra verde de la hierba estaba salpicada de arbustos y. pero ya no había nada. de pie en la entrada del dormitorio. chispeaban y ahora estaban cubiertas de polvo. Alzó la vista. había un abra entre los árboles. en otros tiempos. en aquellos tiempos. Era el pequeño. sube y te lo mostraré. observando su feudo que. Se sacudió para librarse de ella y miró alrededor. no sin esfuerzo. con telarañas en los rincones. no. junto con una cáscara seca de yeso. —Hizo un ademán. los bosques y los campos se extendían hasta el infinito y lo único que producían era una embrollada cosecha de enredaderas de kudzú. mientras iba lentamente de una ventana a otra—. —Así que ya te levantaste. Entre la casa y el río solía pastar el ganado bovino y ovino.. aunque hablaban casi en susurros. —¡Uf! —exclamó. ahora yacía desolada.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR produjese lo suficiente para sostener a ocho. la tapa del calzón apareciendo entre los balaustres del balcón. y fue hacia las ventanas que.. Sería una franca estupidez traer a otra persona. visible allá lejos. Suspiró. —¿Qué miras? —Ven. contemplando las evidencias del descuido en que había caído ese imperio perdido que ahora era su herencia.242 - .. Quitó una con los dedos y se le quedó pegada. dos suelos más abajo. ¿Cómo harían diez personas solas para ponerla en condiciones de rendir? La melancólica reflexión fue interrumpida por una voz que llamaba suavemente desde abajo: —Scotty. Cuando llegó al pasadizo. —¡Oh!. se autoabastecía hacia el Este. —Si es una granja. ¿Qué pasa aquí arriba? Scott levantó a Willy y lo sostuvo en un brazo. después del desayuno. Y. en otro tiempo. —Pero no sé qué hacer con todo esto. en las otras tres direcciones. formando un gran prado verde que bajaba en una curva abrupta hacia el río Tombigbee. Las voces resonaban como campanas en un valle. Contempló a Willy subir por la impresionante escalera produciendo un suave ruido con los pies desnudos. si no se limpiaba. Pero la tierra que. —¿Qué estás haciendo ahí arriba? —Mirando. y vio que la plantación Waverley se extendía en la distancia. tenía los dedos de los pies cubiertos de polvo. al llegar al último escalón—. recorrió los ocho lados de la rotonda tal como hacía el padre cada mañana.

Dice que n 'uay. —La casa. todos! ¡Jack! ¡Marcus! ¡Jube! ¡Pearl! ¡Levantaos! ¡Tenemos que poner este lugar en condiciones! Cuando bajaba corriendo la sección curva de la escalera que llevaba a la entrada principal. —¡Eso es! —exclamó Gandy. Scott fue golpeando las puertas. ¿Qué significa eso.. ¡Lo que ves a tu alrededor. Ella cree en espectros pero. va. —¿Valorarla? —Sí. y que tengo que aprender a va.. vociferando: —¡Arriba! ¡Ya ha amanecido en el pantano! ¡Vamos. Scott lanzó una mirada a las ventanas que lo rodeaban. es buena. mientras las botas negras de Scott repercutían en los escalones—. y en el presente. pero estaba demasiado excitado para mostrárselo en ese momento—. muchacho mío. Willy. se refería a la casa. decepcionado. una noche.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Hace falta mucha gente para plantar todo eso. Jamás.. una forma de vida. rió. ¿Anoche escuchaste a algún espectro en la casa? —¿Espectros? El niño dilató los ojos y. —¿O sea que piensas venderla. cuando le conté de Waverley. Cabezas soñolientas asomaron por las puertas en la planta alta. La haremos revivir. Murmuró casi para sí: —No se refería a la tierra.. a las puertas que daban a la escalera más grandiosa de este lado de la línea Mason Dixon.. aún con Willy en brazos. y era tan obvia que la pasé por alto. pues nunca vio una plantación. Pero yo estaba muy concentrado soñando con plantar algodón. mientras Scott. la voz y los pasos retumbaron en la rotonda. pagarán un rescate regio para verlas y disfrutarlas. —¿A dónde vamos? —preguntó Willy.. donde estaban guardadas esas faldas con miriñaque y esos fraques cola de golondrina. —Te presentaré a Leatrice —le dijo Scott a Willy mientras cruzaban el patio—.243 - .. Ésa es la solución. La llamó un. salía como una tromba por la puerta trasera. Scotty? —preguntó Willy.. —No había ninguno. que no hay más como ésta. a valorarla. —¿A la casa? Willy estiró el cuello hacia el vértice de la cúpula que estaba encima de ellos. Dice que le gustaría verla un día.. ¿verdad? —Yo no escuché nenguno. esos yanquis que quemaron casi todas las mansiones como Waverley. sin aminorar el paso.. —¿Venderla? —Cuando llegaron a la altura del cuarto del baúl.. Gussie me dijo lo mismo que a ti el verano pasado. ¿Por qué te sonríes? —La casa.. al salón de baile que estaba abajo. . Willy se rascó la cabeza y miró por la ventana polvorienta —Gussie dice que yo soy afortunado de poder verlo. no es otra cosa que un tesoro nacional! Al llegar al nivel de los dormitorios. al mismo tiempo. fuera de eso. estampó un sonoro beso en la mejilla del chico. y no se me ocurría usar la casa para ganar dinero. pequeño. Scotty? Pero Scott quedó prendido de lo que había dicho antes no de la pregunta.

Era lógico: Leatrice necesitaba a alguien de quién ocuparse. habían desayunado y obedecían. Pero el trabajo que realizaban y la velocidad con que lo hacían era tan lamentable que. cuando llegue el momento. tenemos que limpiar. las tropas de Gandy ya estaban levantadas. encerar. la negra apretó los labios y adoptó una expresión terca. habríamos tenido un resultado muy diferente! —¡Pero. cuando le presentaran al pequeño. Lo miró. deja que Leatrice te eche un vistazo —el vínculo quedó sellado. no! Leatrice no entra. insistió: —Imagínate este sitio otra vez lleno de gente. las ineficaces órdenes. Al ver que se ablandaba. ¿quién los hará moverse? Toda la banda está acostumbrada a dormir hasta mediodía. nadie puede hacer eso mejor que Leatrice. lustrar la casa. para organizar a estos holgazanes. Primero. cariño? ¿Me ayudarás? —Tengo que pensar en un exorcismo —fue su respuesta. por el rabillo del ojo: —¿Y quién cocinará? Eso amilanó a Scott. —Bueno. música en el salón de baile. El término hizo que los labios de Leatrice se aflojaran un poco: —Siempre fuiste un zalamero —refunfuñó. —¡No. Desde el momento en que le ordenó: —Ven aquí. la negra se mostró menos entusiasta. y hacer que levanten el polvo.. apareció ante la puerta trasera. y el chico necesitaba a alguien que se ocupase de él. Pero en lo que se refería al mandato de Scott. no sé. con una bolsa de asafétida colgando del cuello. Pero. Scotty..244 - . ¿Qué dices. Ha visto niños con menos ropa. —Pero. Para entonces. Eso le dirás a Leatrice. ¿por qué? —Porque la necesitamos aquí. ya se nos ocurrirá algo. estuviese vestido sólo con los calzones. chico. Minutos después. Willy.. Pensar le llevó a Leatrice exactamente cuatro horas y media. Parecía una unión concertada en el cielo. Willy se apegó a Leatrice como una garrapata a un pellejo tibio. Te necesito.. Aunque Willy se lo dijo. ceñuda. ¡Si hubiese comandado ella las tropas de la confederación. limpiar los campos de malezas y también los edificios externos. Y el hecho de que. la vieja cocina humeando y el aroma de los pasteles de guisantes saliendo de los hornos. ¿entendido? —Pero. farfulló una protesta contra los zalameros y levantó las manos. cariño. todos los dormitorios ocupados. no muy al pie de la letra. cuando Leatrice dio un vistazo al equipo de limpieza que sacaba elementos de casa al patio para ventilarlos. —Díselo. Que yo sepa. todavía estoy en ropa interior! —No importa. —No pondré un pie en ninguna casa encantada. —No se puede quitar el polvo a las alfombras si se dejan en el suelo . lo hizo más entrañable aún para ella.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Ninguno.

casi haciendo arcadas—. muchacho! Es asafétida. y le hizo una reverencia burlona. Si quieres que les enseñe a limpiar a estos blancos lamentables. ¡Tienen que sacarlas afuera y golpearlas! Cualquier tonto sabe que no se empieza de abajo y se va subiendo. —¡Por Dios. con los brazos en jarras—. Gandy rió. pero retrocedió al instante. Cuando uno llega arriba. Se acercó Gandy y le dio un abrazo de agradecimiento. Desde ese momento. Huele a orín de gato. —¡Nada de insolencias. de pie junto a la puerta del lado de adentro. en tono imperioso. la planta baja está tan sucia como cuando empezó.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —afirmó. el renacer rápido y eficiente de Waverley quedó asegurado. mujer! ¿Qué tienes en ese saquillo? —preguntó. deja a un lado los melindres de cómo huelo. .245 - . mantiene a los espectros alejados de Leatrice.

llegó Zach. se rasquetearon a mano. Se colgaron y azotaron las alfombras. Las tropas de Gandy comenzaron en la rotonda. cuando terminaron. las camelias. Su esposo. como ordenó Leatrice. Llegó una mujer negra llamada Bertrissa. se enceraron los suelos. hijo de un mozo de establo que había enseñado a Scott todo lo que sabía. En el jardín ornamental podaron los árboles de boj. y la pusieron a llenar la tina de hierro negro del patio y comenzar la pesada tarea de lavar las mantas y ropa de cama polvorientas. limpiando los viejos carruajes y el establo mismo. reparar y arreglar. Pero todos los elementos esenciales estaban presentes. Por cierto que daba órdenes. Se ventiló y sacudió cada uno de los cortinados. se lustró cada centímetro de adorno de bronce. dieron forma a las azaleas que se habían vuelto salvajes. se convirtió en integrante del equipo que pintaba la mansión. Lo único que hacía falta era quitar el polvo. que sonrió con timidez al ser presentada a LeMaster Gandy. que encargó cuatro escaleras nuevas y se subió a una de ellas para ocuparse del lugar más alto. se dedicaron a poner en condiciones el patio y el gran prado del frente. Primero. y fueron trabajando hacia abajo. se lustraron las ventanas. la rotonda. aceitar. se lavaron y enceraron las espigas de adorno.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 18 Convertir Waverley en un hotel de turismo donde los norteños pudiesen tener una idea de cómo era una plantación en funcionamiento era una empresa ambiciosa. las mujeres se ajetreaban en el interior. Caleb. Al tiempo que los hombres bullían en el exterior de Waverley. se lavaron y volvieron a . Luego llegaron Beau y su esposa Clarice. todas las caras familiares aparecieron ante la puerta trasera de Waverley: todas negras. Se pintaron los revestimientos interiores de madera. al igual que las liras decorativas que sostenían las luces laterales. De todos modos. algunas. jamás habrían podido encarar semejante tarea si no hubiese sido por el fenómeno que comenzó la segunda mañana.246 - . Siguió la reparación de todas las construcciones externas y una limpieza a fondo de sus interiores. limpiar. con expresiones que manifestaban claramente lo ansiosos que estaban de echar una mano y ver florecer otra vez la plantación. Cada pieza del amoblamiento fue aireada y golpeada. en una voz que retumbaba como un trueno y que hacía que el más empecinado haragán irguiese la espalda y se pusiera en movimiento. Se sacaron todas las porcelanas del gabinete empotrado. encerar. La dirigía Gandy en persona. Zach se puso a trabajar encargándose de revisar y reparar los arneses. donde habían hecho su guarida los animales silvestres. y que obedecieron sin chistar cuando Leatrice les dijo que podían empezar por limpiar una zona para agrandar la vieja huerta. Una por una. Un par de hermanos llamados Andrew y Abraham encabezaron un grupo que limpió el prado largo y que. se había oxidado el metal y la madera estaba combada. o frotada y lustrada.

tenía una sensación de continuidad pero. Evocaba al padre sentado tras el escritorio de caoba atendiendo los asuntos de la plantación. y que se abrían de abajo arriba para formar una corriente de aire fresco en la época de calor. Marcus tocó el banjo y Willy la armónica. También había otro asunto que resolver. la apertura de la plantación Waverley al público. tal como él hacía en el presente. Hizo un viaje a Memphis para conseguir una lista de los cien industriales más ricos del país. de optimismo indoblegable. Destinó a oficina la misma habitación de la planta baja que el padre empleo para idéntico propósito. Se blanquearon los armarios. Los muros eran de yeso blanco. Ivory llevó un contingente que incluía a Willy a los bosques a buscar leña de pino para encender. y un libro mayor donde asentó el primer ingreso que hizo Waverley en más de dieciocho años. Mientras los equipos seguían trabajando. alegre. Las muchachas bailaron en el salón de baile. secretaire. La idea dio resultado: en el término de dos semanas. recibió dinero para reservas de varios de ellos que aseguraban que sus esposas estarían sobremanera agradecidas de escapar a los rigores del clima del norte y acortar el invierno pasando sus últimas semanas en el clima moderado que Gandy describía en el anuncio. con los demás sentados en las escaleras como público. escritorio de tapa plana. cubiertas de colgaduras de jacquard verde mar. sino un juego de muebles de caoba tallados: cómoda de patas altas con flancos sobresalientes. decorado con esculturas similares a las molduras que adornaban la parte superior de las paredes.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR guardarse sobre carpetas de lino limpias. Scott redactó un anuncio para enviar a los periódicos del Norte. aunque las ascuas casi no ardiesen. y se pulieron los morrillos hasta que los pomos de bronce resplandecían. más aún. cuando las ventanas de la rotonda estaban abiertas. Era un cuarto luminoso. y una variedad de sillones de orejas tapizados de cuero gris pardusco. El día en que recibió los primeros depósitos por adelantado. El hogar. más apta para entretener a los norteños que pagarían mucho dinero por fingir. No había bibliotecas cubriéndolas. el mes de las camelias. Pero en ese momento estaban cerradas. .247 - . y la noche que encendieron las bocas de la gran lámpara por primera vez. El mismo Scott revisó las tuberías de gas y puso otra vez en funcionamiento los quemadores. A Scott Gandy le encantaba la oficina. bromeando que pronto tendrían que dejar de lado el audaz cancán y dedicarse a la mazurca. y envió cartas personales de invitación a cada uno de ellos. los registró en los libros. anunciando para marzo. y que estaba detrás del recibidor principal. que daban al cuarto el color de la vegetación en las épocas en que el verdor escaseaba. durante una o dos semanas. Fue un día feliz aquél en que Scott compró un libro de reservas forrado en suntuoso cuero verde. como el techo. mantenía la habitación acogedora. Con la pluma en la mano y el libro mayor ante sí. con su revestimiento decorativo de hierro. se barrieron las chimeneas. con ventanas en aguilón que iban del techo al suelo. Sobre el suelo de pino barnizado había una alfombra oriental con un dibujo de color rosa claro sobre fondo verde hielo. se sacó el puro de la boca y fue a buscar a Willy. que pertenecían a la élite de los plantadores del sur. hicieron una pequeña celebración.

suplicante a sus espaldas. Recorrió la casa a zancadas llamándolo. brillaba y reflejaba el ojo fijo del caballo de juguete. cuando llevó a Zach y a Willy al mercado de ganado. —¿Cuánto hace que se fueron? —Salieron al terminar el desayuno —respondió. pero al día siguiente. Esperó. ¿cómo? Buscó en los otros cuartos de arriba. Scott estaba seguro de que eran las de Justine. que compartía con Willy. en tono despreocupado. estaba arrugada ahora. . igual que los de la planta baja. Entonces lo oyó: el suave gemido de una voz infantil y una sola palabra que era más un suspiro que un grito: —Ayúdame. Se dio la vuelta y miró fijamente la cama: la manta. pero era una tarde tranquila y. no lograba concentrarse en los asuntos que tenía que atender. Pero. pero no estaba haciendo la siesta. no había nadie. —¿Dónde están las mujeres? —En las cabañas. —¿Willy? Scott giró con brusquedad pero a sus espaldas. Scott no le contó a nadie de su encuentro con el fantasma. Al final. pero estaban todos vacíos. —Willy —preguntó. sin interés. ni en ningún otro lado. que un instante atrás estaba lisa. si había alguien. La presencia desapareció tan súbitamente como había aparecido. como si hubiese debido ayudar. —¡Willy! —llamó. sentada en una mecedora pelando guisantes secos con Clarice y Bertrissa. Escuchó otra vez. y se detuvo junto a la cama de baldaquino hecho a ganchillo. donde esperaba encontrar caballos de tiro y un pony para el chico. ¿fuiste al bosque ayer. sin quitar la vista de la leve depresión. no respondió. —Ayúuuudame. limpiando. a liar leña. Se sintió culpable e impotente. tenue. Oyó otra vez el suave gemido. encontró a Leatrice en la cocina. pero no le causó temor ni sensación de fatalidad sino un fuerte deseo de aliviar cualquier pena que expresara. —Se fue con los hombres. —¿Dónde está Willy? —preguntó. El suelo. dejando a Scott con la certeza de que estaba de nuevo solo en la habitación. distraído. inmediatamente después del desayuno? —Sí. que estaba fuera de la casa. Se quedó mirando el contorno de un cuerpo pequeño. como si proviniese de ahí. —¿A dónde? —A alguna parte de los bosques. mientras recorrían los cobertizos inspeccionando los caballos—. el único que lo miraba.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR resuelto a cumplir la promesa que le hizo al niño antes de partir de Kansas: comprarle un caballo. ¿estás ahí? Pero no era la voz de Willy. no era la figura de Willy. encerado hacía poco tiempo.248 - . Subió los escalones de a dos y se precipitó en el cuarto de los niños. —Willy. a la entrada del cuarto.

construyendo una torre de bloques. —Se llamará Major —afirmó Willy. nadie. —Ah. sino porque. oyó a Willy hablando con alguien. —¿Mi hija. Ella tiene a mi gato. —. Se llama Moose. Scotty —lo saludó. pegado como una garrapata a los pantalones de Zach. se acuclilló junto a Willy y apoyó los codos en las rodillas. Scott espió dentro. Retrocedió y miró dentro. Eso significaba que la huella en la cama no era del cuerpo de Willy. —Justine está muerta. conversando con.. Scotty? ¿Puedo? El entusiasmo de Willy y la aprobación de Zach hacia un potro ruano de un año acabaron con las especulaciones de Gandy y lo obligaron a devolver la atención a la tarea de elegir caballos para Waverley.249 - . al parecer. Scott experimentó el primer instante de temor. También adquirió un equipo de caballos de tiro pintos y dos de montar: un potro llamado Prince. A partir de entonces. —¿Con quién estabas hablando? —Con Justine —respondió. compró el ruano para el niño. Willy.. ¿De quién.. Willy estaba sentado en el suelo. Pero le gusta estar aquí. y luego canturreó un trozo de «¡Oh. ¿con quién estás hablando? Curioso. Viene a jugar conmigo a veces. entonces? —¡Oh. llevándole a Major golosinas que sacaba de la casa. Willy creía que éste era mortal. donde antes vivía yo. y una yegua. Gussie vendrá para Navidad. ¿Puedo quedarme con ese. Confiaba por completo en el criterio de Zach y. al final de la jornada. no porque la casa pudiese estar embrujada pues. a fin de cuentas. hola. haciéndolo girar en círculos en el medio del corral con una cuerda larga. mira ese! Ése es el que quiero. Scott casi había olvidado el incidente del cuarto de los niños hasta un día en que se dirigía al cuarto del baúl a revisar la ropa que pensaba exhumar. como le había enseñado Zach. ¿no?. bombardeándolo a preguntas. Al pasar ante la puerta del dormitorio. Es agradable.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Y regresaste a la casa antes de la cena? —No. tranquilo. Sheba. se hizo frecuente ver a Willy rondando por los establos. —¿Leatrice hizo tu cama antes de que te fueras? —No. Justine? —Ahá.. abrevando a los caballos.y Gussie vive en Kansas. Scotty. Scott echó un vistazo a los cristales de las ventanas: una cortina de agua los bañaba. cuando llueve y tengo que quedarme adentro. —Willy. . viene a visitarme. oscureciendo todo lo que había más allá. Entró en la habitación. y Zach dice que cazaremos un pavo salvaje para la cena de Navidad. los tobillos hacia afuera. Susanna!» —¿Justine? —Ahá. era un hombre razonable que no creía en fantasmas. —Ya lo sé. A veces. echando una mirada sobre el hombro antes de colocar otro bloque en la torre.

Gandy buscó una respuesta. la respuesta es no. Willy! Scott se dio la vuelta y salió del cuarto ceñudo. —No vendrá.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Scott miró alrededor. no se lo cuentes a Leatrice. —Pero. Y estamos ocupados preparando todo para los invitados. —¡Me mentiste! ¡Dijiste que podía venir! —¡Basta. Ya tiene bastante con organizar esta casa.250 - . Porque si la veía otra vez. —¿Le dijiste a Leatrice que hablabas con Justine? Willy lanzó una carcajada musical como el resonar de un pandero: —Leatrice pondría los ojos en blanco y saldría corriendo como si hubiese una víbora suelta. ¿por qué no? Cuando Willy alzó hacia él los ojos castaños. —Lo siento. eso es todo. habría más lágrimas y penas cuando se separasen. ¿por qué no? —Porque. pero luego se puso pensativo: —Si no te molesta. hijo. La torre se derrumbó. la casa está repleta. —Lo sé —respondió Willy. ¡En verdad. por qué no! Porque Agatha representaba para Scott una complicación en la vida. canturreando feliz. la despedida sería más dolorosa que la primera. ¿Quién te dijo que Gussie vendría para Navidad? —Tú dijiste que podría verla alguna vez. Todavía hay mucho que hacer. decepcionados. —Scott se levantó y contempló la coronilla del niño—. porque era de ella. El sentido común le indicaba que no podía ser Justine. desconcertado. Si bien Scott nunca se lo había dicho. Estuve allí con Andrew y Abraham cuando cortaron la hierba y lo limpiaron. que en ese momento no necesitaba. —Pero dijiste. —Si está enterrada allá. —Pero. también. hasta que estén listas las cabañas. Willy. hijo. Además. Willy volteó la torre con un manotón enfadado. lo disimuló y prosiguió: —Entonces.. sabes que Justine está enterrada ahí. Porque si Willy volvía a verla. Willy no daba señales de estar preocupado por que le creyese la experiencia. —Y otra cosa. Willy. fastidiado por la insistencia del niño. —Pero no vendrá para Navidad. Aunque esto era una novedad para Gandy. ya tenía suficiente con aceptar la idea de que la casa era visitada por un fantasma. alegre. y Willy comenzó a construirla de nuevo. —Está bien. —Claro. no puede venir aquí a jugar contigo. —Sólo viene a este cuarto. —¿Te acuerdas del pequeño cementerio que está al otro lado del camino? —preguntó Scott. el chico era lo bastante inteligente para comprender que un cuarto con un caballo mecedora era para niños. No es más que tu imaginación.. . ¿no? Scott sonrió.

cuánto te quisimos y te amamos. de algún modo? Cerró los ojos. Abrió los ojos: el cuarto estaba sumido en la oscuridad total. sólo una inquietud que él ansiaba calmar. inquieto perplejo. llevándose consigo el perfume y la presencia. estiró una mano y tocó: nada. Una vez más.251 - . —Ayúuudamee. la respiración regular como el golpe de un metrónomo. —¿Justine? Era invierno. pero los abrió por un instante. más cerca. y la imaginó como una hermosa niña rubia. hija mía. a la deriva... Tenía que ayudarla.. Se incorporó y se inclinó sobre Willy.. a Scott lo despertó de un sueño inquieto la sensación de una voz en la oscuridad. ¿acaso no lo habría manifestado. Scott se despertó como si lo hubiese atravesado un rayo. el lloriqueo de una niña que rogaba otra vez: —Ayúuudamee. y miró hacia el techo en medio de la negrura absoluta. Scott se recostó. Scott se apoyó en las manos y escudriñó en las sombras. resopló y se dio la vuelta. pero abandonado ya todo escepticismo. Willy se removió. —Es porque estamos en tu cama. No vio sombras ni figuras pálidas. Justine. —¿Justine? A su lado. sólo interrumpido por la respiración regular de Willy.. Lo recuerdas. ¿eres tú? El sonido cesó. pero el perfume permaneció. como si alguien pasara una mano buscando el borde. infantiles. se escuchó un sollozo. Otra vez. las ventanas y la puerta de la galería estaban cerradas. ¿Qué otra persona podía ser? Y si hubiese tenido intenciones de hacerles algún daño.. ¿verdad? Cerró los ojos. Alguien gemía con sollozos tristes. ayudarla. pero nada se movió. El sollozo creció. Scott sintió que la presencia no tenía intenciones claras. Un movimiento en la manta. —Justine. Intentó penetrar la oscuridad con la mirada. como si quisiera apartarla para meterse debajo.. salir de ese estado ambiguo. difícil de identificar.. sobre su pecho.. subió las mantas hasta las axilas.. las manos relajadas en el sueño. —¿Justine? —susurró. tres noches después. Scott se enderezó. sintió el roce suave de un aliento en la mejilla y se quedó paralizado. le pareció que tenía los ojos como pegados con cera. pero una brisa suave como un suspiro atravesó el cuarto. —¿Quién está ahí? El gemido se acercó.. —suplicó una voz lastimera. Al principio.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Sin embargo. . suplicante. de este mundo nebuloso.. cuando intentó abrirlos. El cuarto se llenó de un perfume floral. Sólo el sonido penoso. La presencia se había ido. Pero el chico estaba de costado. ¿verdad? Se hizo el silencio. mirando a los lados.

tirado en un sillón de cuero en el vestíbulo del frente. y eres demasiado pequeño para ir solo. muchacho. con el pico anaranjado de fieltro y los ojos bordados. pues estaba de regreso en Waverley. Hasta el momento. Esto le provocó una furia que no entendió. que había dejado caer al suelo. como si fuese lo único que hacía falta para cumplir sus deseos. Dijiste que podría ir a verla cuando quisiera. La mansión estaba adornada con muérdago y acebo. como si para ella fuese nada más que algo que recordaba al pasar. —¿Qué demonios le sucede? —murmuró Gandy. ni pudo sofocar. —Ya lo sé. si sólo hace un mes que la viste! —No me importa. Scott estaba convencido de que podía hacerlo a voluntad. proyectando el labio hacia afuera y golpeando con el pie—. —Muchacho. Willy reanudó las exigencias. y deséales feliz Navidad. Scott se impacientó. cerró la puerta de un golpe con tanta fuerza que hizo balancear la lámpara que colgaba de una cadena. Willy. pero conmigo no resultará. y ardía el fuego en todos los hogares. no sé por qué crees que puedes andar dando patadas y haciendo pucheros para conseguir lo que deseas. —Pero la echo de menos —se quejaba. «A Scott. Otra vez. sorbiendo ponche de huevo y . Era sólo para Willy. Cuatro días antes de Navidad. molesto. ¡Por el amor de Dios. A Scott. también.252 - . Pero Scott pasó esas fiestas desasosegado y amargado. —¡Dijiste que podía! —se obstinó. —Estás malinterpretando mis palabras. La casa resplandecía de cera de abejas y bullía de vida. La leyó. pero no tengo tiempo de llevarte a Kansas en tren. ¿me oyes? Willy salió corriendo de la oficina. Willy recibió un regalo de Gussie: un ganso relleno hecho a mano de suave franela blanca. Scott echó una mirada ceñuda a la puerta y se agachó a recoger la nota de Agatha.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR A medida que se aproximaba la Navidad. con un breve agregado en el que decía: Dales a todos saludos de mi parte. La Navidad de 1880 tendría que haber sido una de las más felices de su vida. Scott olvidó momentáneamente al fantasma. también». al tiempo que Willy insistía cada vez más para que Agatha estuviese en Waverley para esas fiestas. ¡Quiero ver a Gussie! Adoptó su expresión más repugnante y unas lágrimas enormes bajaron de los párpados. Nunca dije que podrías ir cuando quisieras. Zach había cazado un pavo salvaje y Leatrice estaba preparándolo con relleno de castañas y todas las guarniciones. como en los viejos tiempos. de modo que tienes que terminar. que terminaron con una discusión entre los dos y con el chico que se alejaba llorando. el pequeño fastidioso nunca había sido tan exigente.

Cuando Srott se lo ordenó. Y. y se impacientó más aún con Willy. Culpaba de su malhumor a Willy. Sacaron de allí una auténtica mina de oro en vestidos. lo estropeó por completo. Cuando Scott se enteró.. J. A. Willy salió corriendo. un día.. triste y oscuro. Pero ninguno de ellos cubría los pechos generosos de Jube y.253 - . conservado en serrín. En enero. no había modo de que recibiera las lecciones. Iba de aquí para allá taconeando sobre los suelos de madera dura. que las muchachas podían usar para dar un aire genuino cuando bailaran en el salón. Pero los dos niños no se llevaban bien. recibía una mala contestación. con el propósito de llevar a los huéspedes al otro lado del río para hacer un picnic en la otra orilla. Cualquier habitante de la casa que lo mirase torcido. Hasta la vieja balsa chirriante había sido arreglada. y le dijo a Leatrice que si no se quitaba ese «saquillo maloliente». y un par de vacas blanquinegras mantenían corta la hierba del prado. la nieve revoloteaba. cuando era necesario. ¿verdad? Y sin embargo. se le escapaba una profanidad aprendida de las chicas. Scott había hallado un par de pavos reales para adornar el prado verde esmeralda. y nadie estaba dispuesto a enseñarle siquiera a ocuparse de sus cosas. traído desde el pueblo a donde había llegado en un vagón de carga. en las cuadras había caballos suficientes para hacer el recorrido hacia y desde la estación de trenes. reemplazados.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR contemplando. y proporcionaban leche y manteca. se ponía áspero. por fin Scott y las mujeres se pusieron a revisar la colección de ropa del ático. diciendo que Leatrice le haría la cama y recogería la ropa. su mente volvía a una vieja construcción de madera en una helada calle de barro de Kansas. La fábrica estaba abarrotada de hielo. Lloraba por Agatha casi todas las noches. Como Scott supuso que un amigo ayudaría a que el niño estuviese mejor. cuando trató de arreglar uno. y pasaba más tiempo conversando con «Justine». sarcástico. la alcoba nupcial. En enero había cumplido seis años y tendría que ir a la escuela. y también para que los huéspedes cabalgasen por placer. menos el mismo Scott. de vez en cuando. las chicas arruinaron otro vestido. El ahumadero lanzaba un lento flujo de humo de nogal. Los comentarios sarcásticos de Scott duraron varios días Los establos estaban inmaculados. insoportable. lo llevó al pueblo a conocer al nieto de Mae Ellen Bayles. como para advertir a todos que se apartasen de su camino. Todo. y cuando Scott se cruzaba con él. pero a menos que alguien lo llevase todos los días al pueblo. abatido. En febrero. Todo era perfecto. Estaba malhumorado. Willy se puso cada día más travieso y exigente. Los equipos habían sido aceitados y. le retorcería el pescuezo. ante los huéspedes que pagaban. Todos lo malcriaban de una manera abominable. Dos docenas de gallinas rojas Rhode Island picoteaban en un corral cercado. donde el viento aullaba. Entonces. que no siempre cuidaban su lenguaje como debían cuando lo tenían cerca. como toque final. Les gritaba a los hombres y miraba de mal modo a las mujeres. o las dos cosas. por andar tanto tiempo cerca de Leatrice e imitar sus modales. Tenía junto a él a todos los que amaba. y una mujer sin un alma para acompañarla pasaba la fiesta sola en un apartamento pequeño. ¡Estaba convirtiéndose en un chiquillo malcriado! Tal vez. El modo de hablar del niño se había vuelto deplorable y. irrumpió en el vestíbulo de abajo que también se usaba como .

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salón de costura, y las regañó: —¡Maldición! ¿Cuántos vestidos creéis que puedo sacar de ese ático? ¡Si Agatha estuviese aquí, no habría hecho semejante destrozo con éste! Fue Jube la encargada de espetarle lo que todas pensaban. —¡Bueno, pues, si Agatha puede hacerlo mejor, trae a Agatha! Es lo que tienes metido bajo la piel desde que salimos de Kansas, ¿no es cierto? El semblante de Gandy cambió repentinamente. Dio la impresión de que se le aguzaban los pómulos, se le afinaba la boca, y los ojos se volvían mortíferos, como estoques. Apuntó con un dedo a la nariz de Jube. —¡Será mejor que tengas cuidado con lo que dices, Jube! —refunfuñó. —Bueno, ¿no es verdad? Con los brazos en jarras, le acercó la cara. Gandy apretó la mandíbula, y se le contrajo un músculo de la mejilla izquierda. —Sabes que puedo echarte de aquí —le advirtió, en voz destemplada. —¡Ah, claro, y eso resolvería tu problema! Gandy se volvió bruscamente hacia la puerta. —¡No sé de qué diablos estás hablando! —¡Estoy hablando de la señorita Agatha Downing! —Tomándolo del codo, lo hizo volverse otra vez—. Desde que la dejaste, estás hecho una fiera, y cada vez es peor. Gandy echó la cabeza atrás y soltó una risotada amarga. —¡Agatha Downing! ¡Ja! —Miró, furioso, a Jube, y espetó—: ¡Estás loca! Agatha Downing, ¿esa... esa pequeña sombrerera remilgada? —Pero, por supuesto, eres demasiado cabeza dura para admitirlo. Se soltó de un tirón. —¿Desde cuando soy cabeza dura, Jubilee Bright? —¡Desde que yo soy costurera, LeMaster Scott Gandy! —Pateó el vestido que estaba tirado en el suelo, y se volvió hacia él con mirada combativa—. ¿Sabes?, estuvimos despellejándonos vivos trabajando, refregando suelos, encerando... ¿quieres saber cuántos husos hay en esa condenada baranda? —Hizo un ademán hacia el pasillo—. ¡Setecientos dieciocho! ¡Lo sabemos, porque nosotros fuimos quienes los aceitamos! Tus antiguos esclavos vinieron a ayudar, magnífico, pues la ayuda nos vino bien, e hicimos lo que se nos ordenó, y las cabañas están habitables otra vez. Y pelamos cebollas cuando Leatrice nos lo indica, y lavamos la ropa de cama cuando lo ordena, y lustramos los bronces. Y ahora, a Ivory se le ocurrió la absurda idea de que todos nosotros plantemos algodón en uno de los campos para esta primavera, sólo para darle un toque de preguerra a la propiedad. Bueno, hice todo eso, y quizá termine plantando algodón también. ¡Pero no sé un comino de costura, LeMaster Gandy! —Lo pinchó en el pecho—. ¡Y sería conveniente que lo recuerdes! —Giró, le dio otra violenta patada al vestido y cayó en un sofá que estaba cerca. Apoyándose en los codos, enganchó un pie detrás de la rodilla y proyectó los pechos hacia adelante—. Soy una ex prostituta, Gandy. A veces, creo que lo olvidas. Estoy acostumbrada a trabajar en posición reclinada, con ropas que no llevan tanto trabajo como éstas. —Con la voz convertida en un murmullo sedoso, continuó—: Yo lo usaré, mi amor, pero será mejor que consigas a otra persona para que me lo arregle. Y si esa persona es Agatha Downing, mejor. Tal vez logre endulzarte un poco el carácter. Ruby estaba sentada en una silla, con las piernas cruzadas, un pie
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balanceándose, una ceja más levantada que la otra. Pearl también estaba sentada, indolente, sin prestarle atención al vestido que estaba cosiendo cuando entró Scott. Nunca había visto a tres ex prostitutas más tercas. Eran más difíciles de tratar que una sequía de diez años. Echando una mirada al vestido que Pearl había dejado, comprendió que podría con ellas mientras se mantuviesen juntas. Ahogando una maldición, salió del cuarto. Era un día de fines de febrero, y la primavera había enviado sus heraldos. Zach parecía un herrador de caballos tan bueno como el padre, y les enseñaba, no sólo a Willy sino también a Marcus, todo lo que sabía sobre los caballos, Marcus había descubierto que le encantaba trabajar con los animales. Igual que él, no podían hablar pero, de todos modos, se hacían entender. Ese día, la pequeña Sheba de dos años estaba ansiosa por salir y pateaba con las patas de atrás. El par de juiciosos animales de tiro parpadeaban, perezosos, en el sol que entraba por la ventana cuando les llevaba agua. Y Prince, el inquieto potro de Scott, bueno... tenía otra clase de ideas. Su vigor estaba en ascenso, las fosas nasales dilatadas. Las orejas erguidas y la cola castaña arqueada, al oír el relincho de Cinnamon, la yegua que Scott acababa de comprar, que cabriolaba por la pista al aire libre, y sacudía la cabeza, invitándolo. Zach había dicho a las cuatro en punto, en cuanto Scott regresara del pueblo, a donde había llevado al niño de visita, mientras él controlaba el precio de la semilla de algodón. Ya no falta mucho, Prince, pensó Marcus, deseando poder decirle al potro impaciente, que ya tenía el falo medio distendido y le colgaba, grueso como el brazo de un hombre. —Marcus. Se sobresaltó, y giró hacia la puerta. Ahí estaba Jube, en la luz, con un vestido azul tan sencillo como el de cualquier doncella. El cabello platinado estaba recogido en un nudo flojo y un chal tejido le rodeaba los hombros. Hizo un ademán de saludo y corrió hacia ella, con la esperanza de detenerla en ese extremo del cobertizo, lejos de Prince con su resplandeciente miembro expuesto. —Estaba buscándote. Tenía la expresión seria cuando Marcus se paró delante cortándole el paso. Estaba hermosa, con mechones sueltos en las sienes y esa boca suave. El corazón se le aceleró, y la adoró en silencio. —¿Podemos hablar? —preguntó la muchacha. Le encantaba que dijera cosas como esa, como si él no fuese diferente de otros hombres. Asintió, y Jube, tomándolo del brazo, comenzó a pasearse con él junto a los pesebres, con la vista baja. —Ayer tuve una pelea con Scott. —Marcus se detuvo, frunció el entrecejo, interrogante, y agitó la mano, para llamarle la atención. Prosiguió con calma—. Nunca habíamos peleado, pero ésta estuvo cocinándose durante mucho tiempo. Estalló a causa de un vestido que estropeé tratando de arreglarlo. Sin embargo, no fue por eso en realidad. Fue con respecto a Agatha. —Ante la expresión asombrada del joven, rió
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con suavidad y luego prosiguió el paseo, tomándolo del brazo—. Sí, esa Agatha. Yo creo que está enamorado de ella, pero no puede admitirlo, y por eso está volviéndonos locos a todos. ¿Notaste lo gruñón que está últimamente? ¿Y cómo nos trata? Bueno, por mi parte, ya me harté. Le dije, en términos bastante poco dignos de una dama, que no estaba acostumbrada a trabajar tan duro como nos pide que lo hagamos. Le dije que tendría que traerla aquí y que, así, tal vez, se volviese más tratable. Marcus oprimió el brazo de Jube. Señaló hacia Kansas y después, adonde estaban ellos. —Sí, aquí. —Levantó el rostro y le apoyó las manos en los codos—. Marcus, nunca me lo preguntaste, pero yo voy a decírtelo. Se trata de Scott y de mí. Fue desde antes de que nos fuéramos de Kansas. Para ti, ¿es importante? Marcus tragó saliva, sintió que enrojecía y el corazón comenzó a golpear con fuerza. —Yo creo que eres demasiado honrado como para tomar ninguna iniciativa conmigo mientras pienses que Scott tiene algún derecho. —Una vez pronunciadas las palabras, le dio pudor. Las mejillas le ardieron y, moviendo los hombros, se dirigió sin advertirlo hacia el pesebre de Prince —. Oh, Marcus, sé que no me corresponde decirlo, pero si espero hasta que... El muchacho se abalanzó y la tomó del codo antes de que pudiese mirar dentro del pesebre. Jube giró la cabeza y los ojos se encontraron. La apretó con más fuerza y sacudió la cabeza: era una orden. —¿No? —pronunció Jube—. ¿No lo digo? Pero, ¿por qué? Uno de los dos tiene que decirlo. Los ojos de Marcus volaron de ella al pesebre, y otra vez hacia Jube. Negó con la cabeza con más firmeza, sin saber cómo hacerle entender que no eran las palabras de Jube lo que objetaba. —¿Qué? —Miró atrás sobre el hombro y obtuvo una clara imagen del pesebre y del potro que aguardaba en él—. ¡Oh! —exclamó, dilatando los ojos. Prince retrocedió y pateó, y el miembro se sacudió, lujurioso. Jube y Marcus quedaron paralizados, en una situación tan incómoda que tuvieron la sensación de que el aire se agitaba alrededor de ellos, levantando las motas de polvo que giraban en los rayos oblicuos de luz dentro del establo. Entonces, Zach habló desde la puerta y se separaron de un salto. —Será mejor que os alejéis del pesebre. Los caballos en ese estado son peligrosos cuando huelen a la hembra en celo. De pronto, Scott siguió a Zach doblando la esquina y entró en el establo a paso vivo, sin duda con la mente en los asuntos que tenía por delante. —Mejor déjalo salir, Zach. No tiene sentido dejar que el potro tire abajo el pesebre. Marcus, Jube —agregó, como al pasar—, si queréis mirar, es preferible que lo hagáis desde fuera, del otro lado de la cerca de la pista. Cuando salga, tendrá prisa. Marcus y Jube salieron y se detuvieron junto a una cerca blanqueada, alejados de los demás, que también habían salido de la casa para mirar. El potro excitado, Prince, salió trotando por la rampa de piedra hacia el corral con la cola arqueada como un sauce mecido por el viento, la poderosa
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cabeza alta, las fosas nasales dilatadas. Se detuvo a buena distancia de Cinnamon, las patas delanteras clavadas, los ojos turbulentos. La yegua y el potro se enfrentaron, inmóviles, durante lo que parecieron minutos. Él dio un resoplido. Ella se volvió. Corno si estuviese furioso por su indiferencia, Prince levantó la cabeza y lanzó un relincho largo y fuerte y sacudió la cabeza hasta que la melena se revolvió. El relincho hizo que Willy, sentado sobre la cerca, con Scott detrás rodeándolo con el brazo, preguntase: —¿Por qué hace eso, Scotty? —Está llamándola. Ahora se aparearán, obsérvalos. Así es como se forman los potrillos en el útero de la yegua. Por el momento, todo hacía pensar que nada se formaría en ninguna parte. Cinnamon se mantenía ajena. En el extremo más lejano del corral, hacía cabriolas para un lado y otro, hasta donde la cerca se lo permitía. Cada vez que se volvía, se lanzaba adelante y se dejaba caer de tal modo que la melena revoloteaba. Altiva, pero inquieta al mismo tiempo, mantenía lejos a Prince corriendo en una y otra dirección, junto a la cerca. Prince resopló, pateó la tierra blanda, agitó la cabeza majestuosa y, con ella, el falo también majestuoso. Cinnamon le volvió grupas, la cola enarcada exhibiendo los genitales inflamados, que ya brillaban. El aroma llegó al potro, fuerte y cálido, y le latieron las fosas nasales y se le estremeció la piel. Dio seis pasos, hasta que ella hizo un gesto de advertencia hacia él. Cuando el potro se detuvo, el órgano distendido se hundió, como si estuviese montado sobre resortes. La yegua se movió hacia la izquierda. Él también. Se movió hacia la derecha. La bloqueó otra vez y se aproximó, imperioso, como el señor a su dama. Cinnamon no quiso saber nada y, con un brusco resoplido y una arremetida, lo rodeó, le mordió el flanco y se alejó corriendo. Al oírlo quejarse, se volvió y los dos se miraron desde puntos opuestos del corral, erguidos y armoniosos, la piel oscura brillando al sol poniente, las colas quietas. Un par de moscardones azules revolotearon juntos sobre la pista, como si quisieran enseñarles lo que debían hacer. Nuevamente, Prince avanzó, ahora con cautela, de a un paso por vez. En esta ocasión, la yegua relinchó levantando la nariz en el aire, esperando, esperando, hasta que él se le acercó, olfateándole los cuartos traseros. Bajó la cabeza y ella se quedó quieta para que su aroma llegara a la nariz de él. Luego, se dio la vuelta y lo mordió de nuevo, para después apartarse. Los espectadores sintieron que la tensión llegaba a su punto culminante. Todas las palmas apoyadas sobre la cerca estaban húmedas, todas las espaldas, rígidas. Igual que en la naturaleza humana, había un punto a partir del cual la hembra ya no podía provocar más, sin hacer que la excitación del macho llegara a un nivel insoportable. Cuando rodeó de nuevo a Cinnamon, la erección de Prince había alcanzado proporciones sorprendentes y se dispuso a atacar. Basta de toda esta excitación de alto vuelo, señora, parecían decir sus movimientos. Llegó la hora. Avanzó indomable, dominante, y la encerró en una esquina. Después de todo el juego de evasivas que desplegó, la rendición de Cinnamon fue asombrosamente dócil. Se quedó inmóvil como la tierra misma, y lo único
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que movía eran los ojos, siguiendo a Prince en la iniciativa final. Las narices aterciopeladas casi se tocaron. Los vellos ásperos se agitaron cuando se bramaron uno a otro. Después, Prince trotó alrededor hasta quedar detrás de la yegua, retrocedió una vez, mientras ella lo esperaba, dócil. El miembro halló el resbaladizo objetivo y las potentes patas delanteras la flanquearon, mientras se hundía hasta la ingle. En el momento del impacto, la yegua lanzó un alto relincho retumbante que pareció sacudir los árboles del huerto y estremecer la piel de todos los humanos que lo oyeron. El acoplamiento tuvo algo de majestuoso y primario. Marcus y Jube lo sintieron, y quedaron deliciosamente excitados. Estaban con los antebrazos apoyados en la cerca, los codos tocándose, y contemplaban al potro que montaba y a la yegua que relinchaba ante ellos. Nunca se habían sentido tan conscientes uno del otro. En la vida de Jube, hubo innumerables ocasiones en que se requería excitación, pero nunca la vivió de manera tan intensa como la que la invadía en ese momento. En la de Marcus, hubo pocas ocasiones, pero se sintió del mismo modo. Cuando Prince percibió el aroma de Cinnamon, él sintió el de Jube. Desde el punto en que se tocaban los codos, parecía surgir una corriente que los recorría hasta las extremidades. La deseaba con una fuerza tan primaria como la de Prince. Pero, si la abordaba en ese momento, ¿no pensaría que era sólo la excitación provocada por el espectáculo de los animales? Si pudiera decirle: No es por ellos, Jube, es porque te amé desde antes de que tú lo supieras. Si pudiese decirle: Te quiero para solaz del corazón tanto como del cuerpo, y porque creo que eres la única capaz de brindármelo. Si pudiese decir: Jube, Jube, te amo más de lo que ningún hombre te ha amado jamás, y puedo imaginarlos a todos, a todos los que te dieron placer antes y, sin duda, mejor que yo. Pero no podía decir nada de eso pues tenía el corazón encerrado en un cuerpo sin voz, y sólo podía estar junto a la mujer que amaba, y palpitar. La semilla de Prince estaba sembrada. Salió de Cinnamon brillante, mojado, dejando vestigios del acople en la grupa resplandeciente de la yegua. Pearl se apartó de la cerca y fue caminando con Leatrice, hacia la casa. Jack se dirigió hacia la pila de leña. Gandy levantó a Willy y se lo llevó, respondiendo preguntas. Uno por uno, se fueron todos, hasta que sólo quedaron Jube y Marcus. Entre ellos se hizo un silencio tenso. —Te ayudaré con lo que estabas haciendo en el cobertizo —se ofreció Jubilee. Se volvió, y fue caminando hacia el establo, preguntándose si al fin Marcus tomaría la iniciativa, y el joven la siguió. Había manifestado con tanta claridad como el cielo azul que tenían sobre sus cabezas que lo quería en todos los sentidos de la palabra, pero era tímido y, sin duda, lo hacía vacilar el pasado de Jubilee. Mientras caminaba junto a él, lo lamentó. Existían maneras audaces de acariciar a un hombre, de provocarlo. Y ella las conocía todas. Pero precisamente por eso no quería emplearlas con Marcus. Si se unían, quería que fuese por amor, no sólo por lujuria. Y que fuese él el que diese el primer paso.
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El cobertizo estaba en silencio. Lo único que se movía eran las motas de polvo en el pasadizo entre los pesebres. Olía a cuero, a heno y a la plácida fecundidad que parecía haber penetrado la madera, aún años después de que se hubiesen ido los caballos. Jube se detuvo en el pasillo, y Marcus detrás de ella. Contempló el mentón caído, las finas hebras del cabello angelical atrapadas por el cuello del vestido azul, la deformación del chal tejido que Jube estiraba con los puños apretados. En las vigas del techo, un par de golondrinas de alas azules y pechos color albaricoque revoloteaban construyendo un nido de barro. —Marcus. —La voz de Jubilee sonó suave, dolorida—. ¿Es porque fui prostituta? ¿Eso era lo que pensaba? Oh, se había afligido creyendo que eso le importaba... La hizo girar tomándola de los hombros y sacudió las manos delante de los ojos de Jube, negando apasionadamente con la cabeza. No, Jube, no. Es porque... porque... El anhelo físico no era nada comparado con el que sentía por poder decir lo que sentía: Porque te amo. Cuando se lo dijo, lo hizo con movimientos duros, musculares, forzados por la ira concentrada que le provocaba la incapacidad que le tocó en suerte. Se tocó el pecho, se golpeó el corazón con el puño, y tocó el de ella con la yema del dedo: Te amo. Hizo gestos alocados, como si quisiera borrar todo lo que habían visto en el corral... no aquello, esto. Volvió a gesticular: Yo... te... amo. Se arrojó en sus brazos tan abruptamente, que lo hizo retroceder un paso. Poniéndose de puntillas, lo besó apoyando todo el cuerpo contra el de Marcus, aunque los brazos del joven la atrajeron hacia él, como deseaba hacía mucho tiempo. Y la lengua que no podía hablar dijo poemas al recorrer el interior de la boca de ella. Y las manos, convertidas en las transmisoras de sus mensajes, transmitieron el más importante de todos aferrándola contra su corazón palpitante, acariciándole la espalda, la cintura, la cabeza. Jube se apartó, y le rodeó las mejillas con las manos, mirándolo con ojos intensos y oscuros. —Marcus, Marcus, yo también te amo. ¿Por qué esperaste tanto para decirlo? Te amo desde aquel día del picnic quizá desde antes. Marcus deseó poder reír, conocer el alivio embriagador de ese sonido contra el pelo sedoso de ella. Como no podía, la besó. Una y otra y otra vez... un rimero de besos impacientes que le decían todo lo que sentía. Y mientras se besaban, le apoyó una mano en el pecho adorándola, acariciándola. Las de ella le acariciaron el cabello, la espalda, la cintura. Marcus se topó con los botones del cuello, los desabrochó y metió una mano deslizándola sobre la piel tersa. Las de Jube bajaron por la espalda, hasta que los cuerpos de los dos comenzaron a moverse uno contra otro. ¡Me ama!, se maravilló la muchacha. En verdad, Marcus me ama. ¡Ella me ama!, se regocijó él. Jube, en verdad me ama. Pero no quería poseerla en el establo, como si ellos también fuesen animales en celo. Jubilee merecía algo mejor, y lo mismo Marcus, después de haber esperado tanto tiempo. Aferrándola de los hombros, la apartó de él. Igual que Prince, tenía las fosas nasales dilatadas, los ojos turbulentos. Como Cinnamon, Jube se mostraba dócil, expectante, los labios entreabiertos, el aliento
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Subieron los escalones de atrás. a los jardines ornamentales y los inflados pavos reales. Como él no las tenía. y Gandy se retiró al interior de la oficina. A grandes pasos. Leatrice nos hará pasarla otra vez. también. La hizo entrar y. que compartía con Jack.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR escapándose de entre ellos en rachas breves y duras. Jube! En el pasado. —Raspaste la cera del suelo —dijo en voz suave—. tu nariz adorable. Marcus señaló un pesebre vacío y cortó el aire con la mano: aquí no. y esto. y antes de que terminase. Jube supo que en el trayecto entre el cobertizo y esa habitación. Jube. había accedido. antes de que pudiese adivinarle las intenciones. a la que. nada se había perdido. así no. y la arrastró hacia la puerta. Jube. Los demás hombres disponían de las palabras. Jube miró a Scott sobre el hombro y se ruborizó hasta la raíz del cabello. su boca que la idolatraba. su hermosa e inaccesible Jube. sosteniéndola con firmeza de la mano. La respuesta del hombre consistió en soltar dos botones de la camisa. tu estómago tan blanco. Scotty salió de la oficina leyendo una carta: —Oh. le abotonó el vestido. pasar junto a los gastados rieles que unían los edificios exteriores. ¿te molestaría. Pero éste. acomodó dos hebillas sueltas en el cabello. desaparecieron tras un giro de la escalera. Cuando quedaron desnudos. donde los pasos de los dos hicieran eco cuando subían las escaleras. usaba sólo su cuerpo. por algún milagro lo había ganado..? La pregunta se desvaneció antes de terminar. A continuación. sus ojos elocuentes. La hizo girar. sin dificultad. la adoró cabalmente. cuello suave. Arriba. Lo arrastró hasta delante de la puerta como si fuera de juguete.. que podían emplear para seducir y provocar.260 - . y se topó con una sonrisa burlona en el semblante de la muchacha. Se volvió. la sombra. a fin de cuentas. su mano encontró el pecho. ahhh. tus pechos. esto. La única clase de amor que Marcus conoció. pero con Marcus no fue . el lunar que hay en medio de ellos. tu piel. le demostró cuánto la valoraba.. ¡Cuánto amo tu cabello. Su mirada atónita siguió a la pareja cuyos pasos resonaban al subir la magnífica escalera.. que Jube oyó su voz en cada lánguida caricia. Él habló con sus manos voraces. Pero lo usó con tal habilidad. jadeando. Pero el chirrido resonó en toda la casa. Con cada caricia. La llevó hasta la cama victoriana y cayó con ella sobre los suaves cobertores.. cruzar la habitación para levantarla. fue comprado. que levantaron la cabeza como si los observaran al pasar. Marcus llevó a Jube directamente a su propio dormitorio. Con el primer beso. labios hermosos. tus pestañas oscuras. la hizo cruzar la hierba pisoteada que cubría el camino entre el cobertizo y el patio. cerró la puerta y sonrió para sí. volcando en él las palabras de los dos que sólo uno podía pronunciar. Ella murmuraba en su oído. tus ojos.. cruzaron la galería y entraron en el amplio vestíbulo. a menudo fingió pasión. aferró un enorme armario que parecía requerir una fuerza enorme para moverlo.. Marcus. Con el cuerpo de Marcus tendido junto a ella. estaba apretándola contra el colchón.. mi bella Jube. Su Jube. Marcus tironeando a Jube tras él. sacar los faldones de los pantalones y después.

¿y el sacerdote. sobre la mesa de refectorio que había entre las ventanas. antes de que bajaran a cenar. Excitado. gozosa. rieron mirándose en los ojos. quitó las mantas y escribió sobre la arrugada sábana de abajo: «¿Quieres. y el olor de pescado frito subía desde el comedor. después de que llegaron a la cresta de la ola y pasaron más allá. apartó la pantalla de la chimenea. No podían separarse y seguir cada uno su camino como si eso significara poco más que la saciedad de un impulso animal. buscó lápiz y papel en el armario. Por favor. Tenía que preguntárselo en ese momento. Se apartó. en los bolsillos de la chaqueta que se había sacado. Nunca he sido novia de nadie. y subrayó con énfasis: «¡Ahora!» —Pero. y. Sí. Entonces. los caballos en el corral. Cuando acabó. Frenético. hasta que aplastó su boca contra la de ella con la misma autoridad que empleó para llevarla escaleras arriba. La besó otra vez. y se abrazaron. —¡Sí! —pronunció ella. me casaré contigo.? Marcus se arrodilló en medio de la cama sobre la palabra «casarte». —¿Si me casaría contigo? —leyó. rezongando. empujó a Jube al otro lado de de la cama. . La expresión de sus ojos hizo martillear el corazón de la muchacha. oh... atónita... por primera vez.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR necesario. Marcus saltó de la cama tan bruscamente que Jube gritó y se abrazó. en los cajones.. el. y la voz retumbante de Leatrice les advirtió que se les hacía tarde para la cena. las moscas en el aire. tres cuartos de hora antes. aferrándola con los ojos con tanta fuerza como las manos que le apretaban los codos. Marcus supo que no eran como Prince y Cinnamon. tan impresionada que los ojos parecían salírsele de la cara. Por fin.261 - . y creo que me encantará..casarte conmigo?» Miró la pregunta. —¿Cuándo? Escribió sobre la sábana. Marcus.. la aferró de los brazos y tironeó de ella hasta que quedó también de rodillas. preguntándose si una alegría tan inmensa no sería fatal. con dureza al principio. fue tan inevitable como el acoplamiento de las golondrinas en las vigas. encontró un pedazo de carbón. Y cuando se cernió sobre ella y unió los cuerpos con un sólo impulso fluido. en un acto de amor. Pero dentro de dos semanas. la fiesta de bodas. el vestido. frente a él. Jack trató de abrir la puerta y se alejó.. descansaron con las frentes sudorosas pegadas. después con suavidad. Marcus. rodeándole el cuello con los brazos—. impaciente. el cabello rubio revuelto. ¿qué estás haciendo? ¡Leatrice te arrancará la cabeza! . —Marcus. Marcus asintió. Lo que sentía por él convirtió el acto. sí. los ojos azules brillantes.

miró de frente a Gandy y anunció: —Marcus y yo vamos a casarnos. . Gandy apoyó la taza. al afirmar: —Y yo insisto en invitar a Agatha a la boda. Estrechó la mano de Marcus y le palmeó la espalda. y ahora era Jube. Marcus llevaba la delantera. —Y yo lo estoy por ti.. Agarrándole la mano. sin aliento en la puerta del comedor. Todos los demás se ruborizaron y prestaron súbita atención a las migas que había sobre el mantel. Cuando terminaron las felicitaciones.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Llegaron tan tarde a la cena que se había acabado el pescado frito. Jube miró a Gandy a los ojos y le provocó una de las mayores tormentas emocionales de su vida.262 - . Scott levantó la vista de la taza de café y se encontró con los ojos de Jube. —Bueno. Todos los ojos se volvieron hacia Gandy. Jube se le arrojó en los brazos. Cuando llegó a los ojos y se le formaron los hoyuelos. Leatrice iba alrededor de la mesa recogiendo platos. Antes. —Dentro de dos semanas —se apresuró a agregar Jube. al tiempo que Jube iba recibiendo abrazos de todos. ya era hora —dijo. soy tan feliz. ceñuda. Lentamente.. Seis cabezas se levantaron sorprendidas. Scott. Scott pasó un brazo por la cintura de Jube: —Insisto en que se pronuncien los votos en la alcoba nupcial —le dijo. marcando las palabras. la tensión que reinaba en el comedor se disipó. las caras resplandecientes de alegría. —Oh. esperando su reacción. Se detuvo al verlos apresurándose y parándose. una sonrisa le estiró las mejillas.

lo miraba sólo cinco veces antes de que se hiciera la hora de ir a cenar al restaurante de Paulie. Y la carencia de amor. de eso estaba segura. un hombre en una mesa cercana encendía un cigarro después de cenar. Iba cojeando al restaurante de Paulie a comer su cena sola. Entonces. un niño se sentaba en una mesa vecina y la miraba sobre el respaldo de la silla. con buena suerte. experimentó en esos pocos días más vitalidad emocional concentrada que en el resto de su existencia. Miraba el reloj después de cada artículo y. cuando los tenderos bajaban las persianas. algún artículo le interesaba. enroscarse formando una bola y dormirse contento. encendía la lámpara y. A la hora de dormir. estaba condenada a un eterno dolor. Bebía la taza del café que señalaba el fin de la cena. Al haberlos perdido. Willy. la conformidad. La rutina tenía dientes y talones. ah. esas presencias duraron lo que un relámpago. Se tanteaba el peinado perfecto y. si tenía suerte. Y por unos momentos fugaces. cuando hacía buen tiempo. después lavarse. veía que la pantalla necesitaba una limpieza. esa hora del día entre la ocupación y la preocupación. tenía suficientes mechones sueltos como para justificar tener que rehacerlo. Nunca volvería a reconciliarse con ella. su soledad fue apacible. sin nadie con quién conversar pero. confusión. los padres daban gracias por el alimento. a vece. y que sus cénits y nadires oscilarían en tan mínima medida que casi no se distinguirían entre sí. Lo peor era el crepúsculo. subía. la desgarraba. si era afortunada. unos pocos meses en un mar de años y años de soledad.. Cuando se marcharon. Había aprendido a aceptar el hecho de que su vida no sería más que una sucesión infinita de días invariables. Saludaba a Violet. se ponía el camisón que había usado la noche que durmió en la cama de Scott. se cepillaba el cabello.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 19 Oh. Antes de la llegada de Scott. si tenía suerte. pero nunca de manera tan despiadada. llegaron ellos trayendo consigo música. las mujeres tendían la mesa. Antes había estado sola. disconformidad y risas. manipulaba las pesas del reloj y. y a veces. ese invierno.263 - . Pero en lo que concernía a la vida.s con fortuna. la hora de las sombras largas y las lámparas encendidas. Veía a todos acabar el día en medio de esas bendiciones y lamentaba saber que nunca las tendría. cuánta monotonía. se acostaba: era . de vez en cuando. En lo que se refería al tiempo cronológico. Agatha miraba a lo lejos y fingía. Se sentaba a leer The Temperance Banner y. y la progenie se reunía en cocinas donde ardía fuego.. ese invierno interminable en que la soledad aniquilaba a Agatha todos los días. A aceptar la blandura. a veces. el orden. cuando ya no podía posponerlo más. regresaba a casa con sobras para Moose y lo observaba comer. y toda la familia adoptiva de Gandy. los niños derramaban leche y las madres regañaban. a veces. Luego.

. Ve a la cama. observando como la luz alumbraba el pasillo hasta el cuarto donde había dormido Willy. Pero el piano no estaba. Ahí perduraba el olor del whisky y. mientras el péndulo se balanceaba en la oscuridad. Quedaban los armazones en que se apoyaban los barriles. Una noche en que sus inquietos recuerdos se negaban a disiparse. y un niño pequeño espiando desde abajo de una puerta vaivén. y volantes rojos alrededor de medias de red negras. No era más que la imaginación de Agatha. sosteniendo la lámpara en alto. Donde Jube. ni Dierdre y su Jardín de las Delicias. una vez. para mostrársela a una persona interesada en alquilarla como almacén para productos secos. pero el jolgorio de abajo había concluido para siempre. Ahora los reconocía: eran un piano y un banjo que tocaban juntos. Entró por la puerta trasera de la taberna y se quedó quieta. Pero cuando la esposa del hombre levantó la nariz y olfateó. Pero el niño no estaba. tal vez. Pero el recuerdo se le clavó en el corazón. y de fondo. Las imágenes se desvanecieron. afirmó que nunca podrían quitar de ahí el olor a whisky. Recordó la última noche. Sonrió y giró hacia el lugar donde había estado el piano. nunca más volvió a la taberna. En el salón principal. Agatha ladeó la cabeza y escuchó. el inefable resabio de humo de cigarro. Después. Cerraba los ojos y veía largas piernas elevándose hacia el techo. Agatha se preguntó si vendrían otros inquilinos nuevos que. El catre ya no estaba. por qué no salen esta noche. y él la besó. salen esta noche. sola en una taberna abandonada. y tampoco los vestigios de su presencia. Algo crujió. un Stetson de copa baja..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR una vieja doncella que envejecía. temblando con su camisón sobre el que. y prefirió salir de la despensa. y el olor rancio de la cerveza vieja. La mayoría de las noches permanecía despierta. y se fueron sin mirar siquiera la despensa.264 - . cuando ella y Scott lo llevaron a acostarse. y un hombre con un cigarro entre los dientes. un hombre había apretado su cuerpo y un niño apoyado su cabeza. las sillas estaban dadas vuelta sobre las mesas y la barra. Chicas de Buffalo. quizás. escuchando el tintineo del piano y el rasgueo del banjo. El sonido enmudeció. nostálgica. las tontas divagaciones de una mujer melancólica. se levantó de la cama y bajó. sólo angustia y el comienzo de una desdicha mayor. . Aquí no hay nada para ti. Agatha. Pearl y Ruby revoleaban los pliegues de tafetán y levantaban los tacones con notable sincronización. Salen esta noche. una canción alegre que flotó en la noche con la tenue resonancia de un clavicordio. y dormía con un gato manchado. Como a través de un largo túnel. y Agatha se detuvo alzando la linterna para escudriñar los rincones. La luz de la linterna proyectaba sombras caprichosas que trepaban por las paredes y caían entre las mesas mientras Agatha se movía entre ellas. empuñando la llave que Scott le había dejado. llegó el tintineo lejano de la música. el eco débil de risas y pies golpeando sobre el suelo de madera. excepto una de día.

—¡Agatha! ¡Oh.265 - .. y un informe de cualquier posible comprador que hubiese visitado el edificio. La Navidad era una ocasión para sufrir. Estaba llena de cháchara intrascendente acerca de lo grande que estaba Moose. y Agatha tenía que esforzarse por salir de una honda lasitud que la saturaba cada vez más a medida que se arrastraba el invierno. La única alegría de Agatha. Pero cuando quedaba sola en la tienda. en ocasiones. esa parte podía descartarse. con esa curiosa risa que parecía un resoplido. Diciembre. bastante modesta. distracciones. precisamente lo que era. ni los vaqueros mismos.. Y. lo único que se escuchaba en la sombrerería. por cierto. pero se contenía. y el cabello azulado estremeciéndose. Los vaqueros y su desorden formaban parte de su vida tanto como la sombrerería. si la echarían de menos. Enero. aparecía Moose. Pero. con un frío punzante que le aumentaba el dolor de la cadera. con los ojos azules iluminados como picos de gas. Entonces. dejándola tan pardusca y desdichada como la vida de Agatha.. ni desorden ni barullo. y a nadie le importaría. las temporadas cambiarían y el pueblo se marchitaría. fue confeccionar el ganso relleno para Willy y enviárselo. Agatha! ¿Dónde estás? Tt-tt. y lo bello que estaba el tejado de la Iglesia Cristiana Presbiteriana cubierto de nieve. Había palabras efusivas que ansiaba derramar. y las manos venosas agitándose en el aire. los echaría mucho de menos. temerosa de parecer una solterona desesperada. que fue cuando aparecieron la mujer que olfateaba y su marido. hacía el cheque y escribía la dirección en el sobre con más cuidado que ninguna otra de las cosas que hacía en esa época. Excepto en la de enero. Pero en la carta sólo decía que le enviaba el alquiler mensual de veinticinco dólares. . hambrienta de amor. dónde vivían él y Scott. Por mucho que se hubiese quejado antes. sin ellos y la prosperidad pasajera que traían. La que trajo el telegrama fue Violet. Pasaba los días ayudándose por medio de una alegría falsa que desaparecía en cuanto Violet le daba la espalda. Al llegar la primavera. Ni ruido. cómo se le colgaba del ruedo del vestido con las uñas. y también. se le refregaba contra los tobillos y hacía: «Mrrr. Pero. otra vez. y si volvería a verlos alguna vez. cómo sería Waverley. tan intrincado que parecía un bordado sobre la funda de una almohada. a menudo se sorprendía con las manos quietas. qué le regalaría a Violet para Navidad.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR iluminaran su vida con nuevas amistades. con ventiscas que soplaban desde Nebraska y ensuciaban la nieve de tierra. ¿quién iría otra vez a ese desolado pueblo vaquero? Ahora que las tabernas estaban cerradas. Febrero.».. contemplando el taburete de Willy y se preguntaba si habría crecido tanto como para no necesitarla. la vivacidad que acarrearían los animales y sus conductores no se haría presente. junto con la primera carta. trazando cada letra como si fuese un grabado en cobre. igual que Agatha y su tienda. con la insoportable Navidad. No daba indicios de la abrumadora soledad y tuvo cuidado de no preguntar cómo estaba Scott ni enviarle ningún mensaje personal. Violet. Cada vez que pagaba el alquiler.

¿cómo lo sabes? —¿Cómo? ¡Lo dice aquí. —¡Violet! —Se levantó de un salto y extendió la mano—. Del señor Gandy por supuesto. el señor Looby me contó lo que decía. Los ojos de Agatha se posaron en el boleto. ¿no? Y te pide que. por supuesto. Agatha. La persiana se levantó y se enroscó en el cilindro..266 - . —Tt-tt.. ¿Para quién es el telegrama? Era asombroso lo firme que estaba esa mano mientras que. —Del sen.. Yo venía a trabajar. —¿De quién.. a Agatha le temblaban las manos y el corazón le retumbaba en el pecho. Cada vez que leía la palabra stop. como de costumbre. el corazón parecía detenérsele. Violet? A estas alturas. Tt-tt. ¿No es maravilloso? Agatha se quedó mirando fijamente la hoja de papel amarillo que Violet tenía en la mano. FLORIDA. de todos modos. WHITE SPRINGS. —Le falló la voz—. Se rió y me entregó este pasaje para White Springs. Aturdida. cuando alguien me llamó desde atrás. a las nueve en punto de la mañana?» Y el señor Looby me dijo. ¿El señor Gandy? —logró decir. Junto al escritorio. Violet tuvo el buen tino de adoptar un aire contrito y entregarle el telegrama.. Al leer hotel. —¿Un telegrama? ¿De quién? Agatha creyó que se quedaba sin respiración. ¡Tienes un telegrama! ¡De él! Tt-tt. —¡Oh.. «Señorita Parsons.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Aquí estoy. claro como un cobertizo incendiado contra el cielo nocturno!: L. y me.. Tt-tt. ¿Acaso no voy a la sombrerería todos los días. —Pero. hasta que Violet dijo: —Tt-tt. pero ella no lo advirtió—. sentía el resto del cuerpo como si tuviese una fractura y estuviera desintegrándose. Así se llama.. —Un pasaje.dijo. Ya sabes que no todos los días recibimos un telegrama. en un segundo intento. sólo estaba doblado en dos. se cubrió los labios con los dedos y contuvo el aliento. Agatha casi no podía respirar.. y Violet depositó el billete sobre los dedos temblorosos: un . Violet? —. y la excitación la obligó a dejarse caer en la silla mientras leía: TENGO UNA PROPOSICIÓN PARA TI STOP LA DISCUTIREMOS EN TERRITORIO NEUTRAL STOP ENCONTRÉMONOS EN EL HOTEL TELFORD. Agatha! —Cerró de un golpe la puerta que daba a la calle... de la estación. Pero tendió una mano rígida. —¿De quién. Scott Gandy. —Y bueno. no tienes por qué gritarme.. me di la vuelta y ahí estaba ese joven. Tt-tt. Te mandó un billete de ida. mucho menos hablar. Ese señor Gandy es un picaro. se quedó mirando fijo el papel. —Bueno. —Tt-tt. Florida. el señor Looby. EL 10 DE MARZO STOP INCLUYO BILLETE STOP JUBE Y MARCUS COMPROMETIDOS STOP SALUDOS STOP SCOTT GANDY STOP. Y. ¿va usted a la sombrerería?» Y yo le dije: «Sí. en cambio.

por qué ni por cuánto tiempo ¡Mete todos los vestidos que puedas en el baúl y estáte en ese tren cuando arranque mañana! —Pero.. ¿por qué el billete es de ida sólo? Agatha lo miró y sintió que.. Violet. y mucho menos del hotel Telford. Y ahora. Jubilee y Marcus comprometidos para casarse.. Violet.. no lo sé —respondió.. y los ojos azules le chispearon de malicia. —¡Una palabra más.. Eso realza los matices rojizos de tu pelo. —En ese caso. —¿White Springs? —Estremecida.. —La tomó de la mano y la hizo levantarse de la silla—. Violet le palmeó el hombro y la apartó de un empujón. caramba. Scott no lo dice. Revisa tus vestidos y tus enaguas.. Violet podía ser bastante irascible.267 - . imagínate! —¿Crees que verás a Willy? —No sé. ¡Por Dios. Hacerme. lo dijo con tanta claridad como si estuviese en código Morse: para hacerte una proposición. no te preguntes cómo. Cuando un hombre así está esperándote en el cuarto de un hotel.. y abandono el trabajo. —Agatha tendría que horrorizarse de su propia falta de coherencia si advirtiese la cantidad de veces que dijo «Oh. en Florida. caramba. no seas tonta.? y estaba haciendo un vestido para. —Vete arriba. Pon ese billete en lugar seguro y ve arriba ya mismo. tt-tt. alzó la mirada hacia Violet—.. como tratando de recordar dónde estaba—. —Bueno. Pero. Tt-tt. distraída hacia Violet— ¿cómo puedo estar lista para irme pasado mañana. y cómo puedo dejar la tienda por tiempo indefinido.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR trozo de cartón blanco con tinta negra que parecía danzar ante la vista confusa de Agatha al tratar de leer las palabras Proffitt y White Springs.. Agatha Downing... una proposición puede querer decir muchas cosas. Agatha se sonrojó y se turbó: —Oh. ¿Por qué me pide que vaya allí? Ahora fue Violet la que se cubrió los labios. ¿realmente crees que puedo hacer algo semejante? —Desde luego que puedes.. y cerciórate de llevar suficiente ropa interior limpia. —Oh. —Se apretó con una mano el corazón que le martilleaba y miró alrededor. —Oh. —Vamos. y le dijo. Gracias. Violet» pero. . corazón mío. tienes razón. Agatha! —Pero. Agatha quedó estupefacta. —¡Tonterías! —le espetó Violet—.. ¿Por qué allí? —Acabas de leerlo: territorio neutral. junto a la sien—: Tienes una magnífica veta rebelde que siempre admiré. sentada? Pasado mañana es diez. querida mía. Violet. Al comprenderlo. la fractura se ensanchaba. —No. y si tienes algo sucio será conveniente que lo llevemos de inmediato a la lavandería Finn. dentro de ella. cariñosamente. —¡Agatha! Aunque era vieja. —Pero. chica. —alzó la vista. ¿para qué te quedas aquí. pero nunca oí hablar siquiera de White Springs. —Oh.. abrazó a la amiga con apariencia de pájaro. ahora.. y usa vinagre en el enjuague. en esta ocasión. muévete.. en voz débil—...

Observó cómo cambiaba el paisaje del castaño al blanco. No obstante. tuvo tiempo de preguntarle a un guardia qué era: —Un tulipanero. al verde.. Las horas como éstas eran demasiado preciosas. y el follaje se hizo tan espeso que daba la impresión de que ninguna criatura pudiera vivir en él. o no les interesaba. tan alto sobre el cañón. algo que podría describir como una bola verde con copos de color rosado intenso. vio un ciervo en una loma color esmeralda. con sus pinos de piñones. entre los dedos. Florida.. Estamos a punto de cruzar la frontera de Florida. pero los demás estaban dormitando. pero la tierra misma era seca. únicas. que le pareció estar mirando la tierra desde el cielo. y más pinos de los que era capaz de imaginar. siquiera. con la tierra roja como orín de diez años. los tulipaneros florecen temprano. Y cuanto más al sur llegaba el tren. Fíjese también en las flores blancas. Tulipaneros. Al dejar atrás los Appalaches. Las meras palabras le aceleraban los latidos del corazón. había vuelto grupas y desaparecido en la espesura. La noche que pasó ahí casi no cerró los ojos. sobre árboles de extenso follaje verde: esas son magnolias. el verde más lozano que hubiese visto jamás. gruesos y furtivos. Prestó atención y. Allí. los rieles giraban y corrían entre barrancos cubiertos de vegetación y varias veces creyó ver caídas de agua a lo lejos. Al ver musgo español por primera vez. ¿Estaría ahí. para dejarlas escapar. pero ni pretendió dormir. No podía olvidar durmiendo una expectativa tan rebosante. Y en Kansas. Pero lo que más lo aceleraba era que a cada kilómetro que pasaba. erguidos. lo haré —respondió. señora. y las ruedas retumbantes la acercaban cada vez más a Scott. Recordó el clima semiárido de Colorado. asombrada de poder hablar. aunque llenaba todos los paisajes un verdadero océano de hierba azulada. se tocó el sombrero y le dijo a Agatha—: Que disfrute de los tulipaneros. Algo pasó. —Se detuvo un momento. la tierra comenzó a hacerse llana. Los pinos cedieron lugar a los robles de agua y a los robles perennes. .268 - . agitada. Musgo español. por temor de que fuese una propuesta que tuviera que rechazar. Sepultó el pensamiento en lo más recóndito de su mente y se entregó a la alegría infantil del descubrimiento. Cerca de Chattanooga. —Sí. en la estación? ¿Qué tendría puesto? ¿Estaría Willy con él? ¿Qué le diría Agatha? ¿Qué le dice una mujer al hombre al que le confesó su amor. lanzó una exclamación de deleite y buscó alguien con quien compartirlo. pero del que no obtuvo una respuesta similar? El guardia recorrió el pasillo anunciando: —Próxima parada. White Springs. señora. salvo algún matorral de chopos y almeces. Después apareció Georgia. pero fue demasiado rápido para reconocerlo. y sus álamos. flanqueaba los rieles un agua negra en la que se reflejaban los cipreses. en Kansas no se veía mucho verdor. más verde se veía la tierra por la ventanilla del tren. al ver otro. a un encuentro cuyo resultado no se atrevía a imaginar. Cruzaron el río Tennessee sobre un viaducto majestuoso. grandes. se acercaba más a Scott. Más allá de los llanos. Magnolias. fugaz. y antes de que su mente lo registrara. Cambió de tren en Atlanta.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Le había alquilado un compartimiento en un coche dormitorio.

—El Telford. pues lo tenía puesto desde que salió de su casa. ¿dónde pondré las manos? (Si la saludaba con un beso... —Buenas tardes. Una banda de hombres risueños con equipos de pesca caminaban hacia ellos con cestas de pesca colgadas de los hombros mediante correas. por senderos sombreados que parecían ir en una sola dirección. Con tranquilidad. Elegantes damas y caballeros paseaban por todos lados.269 - . y otra vez en desilusión. ¡Tantos coches. tratando de absorberlo todo. ¿Qué hay en este lugar? —Salt's d'agua min'ral —respondió. —¿A dónde? —El hotel Telford. y sintió que la inundaba una mezcla de preocupaciones tontas: ¿Tengo el sombrero derecho? (Pero no tenía sombrero: no lo llevaba. en un asiento de cuerno negro cuarteado. Todos tenían la apariencia de estar divirtiéndose. Tenía el cuello entrecruzado de surcos tan profundos como para plantar semillas.) Si me saluda con un beso. al parecer. empujada por un hombre robusto con sombrero de castor. cruzando las calles y las galerías de los hoteles. Se sentó detrás del conductor. nunca estuve aquí. acomodó el baúl y la caja de sombreros de Agatha en el compartimiento. detrás de una jauría de galgos.) ¿El vestido estará arrugado? (Desde luego. —Yo. sin más prisa que el conductor. —¿Señor? —le dijo al conductor. —¿Cómo dijo? . muy bien.. iba por la calle. en atención a los deseos de él. eres tan remilgada! ¿Por qué no tratas de imitar un poco a Violet?) Después de tanto preocuparse. ¡sería afortunada si recordaba que tenía manos!) ¿Tendré que preguntarle antes que nada para que me hizo venir? (¡Oh. Un grupo de hombres montados con armas al hombro y codornices colgando de las monturas. era la única que lo advertía. se apeó. —Buenas tardes. La desilusión se convirtió en alivio. si fuese de tierra en lugar de piel. al bajar del tren descubrió que Scott no había ido a esperarla. El coche pasó ante un cartel en que se leía: CLUB DE CAZA .! ¡Tantos hoteles! ¡Tanta gente! Le hizo señas a un conductor negro que se incorporó y la saludó con el amplio sombrero de paja. con palabras tan abreviadas que Agatha arrugó el entrecejo..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR El tren empezó a moverse lentamente.) ¿Tendría que haberme puesto el azul? (¡El azul! Era un vestido de lechera. y se acercó arrastrando los pies al costado del coche. Una mujer en silla de ruedas con respaldo de caña cruzó la calle tras ellos. estaba arrugado. Tenía las piernas arqueadas y los labios protuberantes. —¿Señora? Se volvió a medias como si no pudiese girar más. pero en los pies cambiados. Pero había líneas de coches de plaza para trasladar a los pasajeros y a sus equipajes de la estación a los hoteles. y la yegua blanca echó a andar con un clip-clop de los cascos sobre las calles arenosas. Agatha. Agatha miraba ambos lados.SE ALQUILAN PERROS. Usaba sandalias de fieltro marrón. comparado con el que se había hecho para el té del gobernador. En el aire había un olor desagradable pero.

Y que no usaba sombrero. la tarifa. Nunca en su vida había experimentado una reacción tan explosiva al oír una voz humana. —Lamento no haber estado cuando llegó el tren. —Ah. Llevaba un chaleco ajustado en el torso. el rostro agradable. El hombre tenía una apariencia tropical. Y los pechos parecían pletóricos. Y que el corazón le latía como un tambor. A los tres minutos. Pagó el doble de lo que costaba el viaje. otros a meterse en las aguas. Aguas curativas. señora. el aliento trabajoso dentro del cuello alto del vestido que se había hecho para el té del gobernador.. porque le faltaba el aliento. ahí estaba. blanca y color triso. sonriéndole con esos ojos castaños.. ¿no? —Sí. donde damas y caballeros sentados en sillas de mimbre bebían de vasos altos. señora —anunció el viejo. algunos a divertirse.. se detuvieron ante un impresionante edificio blanco de tres plantas con una profunda galería al frente. Gussie. y una banda negra que repetía el color del cabello largo hasta el cuello. fue a retirar el baúl y la sombrerera del portaequipajes y los llevó al bullicioso vestíbulo. Rió y se concentró de nuevo en guiar el vehículo. sobre una tintineante cadena de oro de reloj que unía los dos bolsillos. —Telford. Entonces. Tomé un coche. —Ah. Scott le soltó las manos y buscó en el bolsillo. y el cochero hizo dos reverencias. Con los mismos gestos pausados. Al instante.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Saltos de agua mineral.. Al recordar que el cochero esperaba. —No importa. —Según creo. que el cabello era tan hermoso como siempre. —Hola. una boca tan conocida y maravillosa. —Vent'c'nco cent'vos. Aquí viene la gente rica. como si se rascara las sienes con él. De modo que eso era lo que olía a huevos podridos. la cabeza le daba vueltas y se sentía extrañamente débil. sujeta por un alfiler con una sola perla. apartándose del asiento del conductor con artrítica lentitud.. remarcando las palabras. las cejas y el nuevo bigote. se volvió hacia Agatha y le tomó otra vez las . y un bigote totalmente desconocido. En la garganta llevaba una chalina de seda rayada. pero no sabía bien cuál abordarías. señora —dijo al volver. —¿C. señora —repitió. algunos a descansar. agua mineral. Se dio la vuelta con brusquedad y. —Está bien. Se van tan sanos como un pelo de rana. señor.cómo? Una familiar voz de bajo dijo junto a su oído. Gandy supo cuánto la había echado de menos. y las estrechó con fuerza mientras se sonreían con alegría franca y audaz.270 - . señora. Le tomó las manos enguantadas con las suyas. moviendo el sombrero de paja a izquierda y derecha. —Vent'c'nco cent'vos. la tarifa es de veinticinco centavos. un par de hoyuelos.. Veinticinco centavos. —Scott —fue lo único que se le ocurrió decir. la sonrisa especial. con un traje de nanquín tan claro como un hueso blanqueado. un sombrero de paja de ala curva haciendo juego. —No le entiendo.

Parados entre botones y cocheros. Era una mentira evidente: el resto de la cara resplandecía. El ensimismamiento mutuo continuó por un tiempo desusadamente largo. y tomaba la llave. con pesada baranda de roble. Scott le apretó con fuerza los dedos: —Estás maravillosa —le dijo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR manos. y el aroma a cigarro que lo definía y que sería capaz de identificar entre miles. eh. sólo tendrás que subir un piso. —Bueno. El bullicio de alrededor retrocedió. Y Gandy rió. A su vez. El mío está en el tercero. hasta que las mejillas de Agatha se sonrosaron—. —Tú también. Siguieron contemplándose. se quedaron mirándose. —¿Qué? ¡Ah. ¿Hagámoslo? Mientras la acompañaba al escritorio. siempre encantadora.271 - . —No. ella le aseguró: —En cambio. —Quizá deba decir pícaramente refinado —concluyó. recién afeitada. nosotros dos solos. . —Hagámoslo. la ambigüedad de Scott la dejó presa de una palpitante incertidumbre. no puedo decir lo mismo de ti. A pesar de todo. —Gracias al cielo. los dedos se entrelazaron y estrecharon. Me puse perezoso y dejé de afeitarme un tiempo. mientras las manos unidas colgaban entre los dos. —Déjame mirarte. hasta que Scott comprendió. alzando las de ella hasta que las palmas se tocaron. Y qué piso: escalones de ancho triple. y un trío de cazadores de codornices que se abrían paso hacia la cocina con la cena sin desplumar en la mano. esto! —Se tocó un instante el bigote y le tomó de nuevo la mano—. y los dos rieron. le pareció imposible seguir mirándolo a los ojos. Scott había dicho la verdad: estaban solos los dos. gracias. ignorando el ajetreo del hotel que proseguía alrededor de ellos. Sin sombrero. Scott cambió las manos de posición. Ella inclinó la cabeza y rió. y el bigote negro podía satisfacer exigencias militares.. —No. —Más bien apuntaba a parecer refinado. —¿Está Willy aquí? Miró alrededor.. mujeres y hombres con niños a la rastra. Agatha también rió: ¿cómo controlarse cuando el corazón estaba tan dichoso? De pronto. con el corazón liviano. la soltó y se aclaró la voz. Las miradas se enlazaron otra vez. y después la levantó y se topó con la sonrisa. el tuyo en el segundo y así. Otra vez. —Yo llegué ayer —le explicó—. la veía firmar. como si la copa de su alegría simplemente desbordara. no cambió nada —dijo Scott. un poco avergonzada. y se regocijaron con el reencuentro.. que no estaba ni siquiera en la misma planta que el de él. Pero lo alegraba que le gustase. —Lo hizo durante largo rato. Pero le dieron un cuarto privado. Supongo que todavía no te registraste. Le gustó de inmediato. —Muy picaro —aprobó..

frente a Scott. el cuenco de cristal con dibujo de rosas rojas y blancas. Aún no. verdes como las hojas del helecho traspasadas por la luz del sol. de D. La mujer se acercó a una de las dos ventanas iguales que daban a la calle. que pagues esto Permaneció quieta. la perspectiva los atrajo a los dos. de su placer. las cortinas austríacas que había debajo. Los ojos de Agatha. —¡Ohhh. —Espera hasta que conozcas Waverley —replicó. —No puedo permitir. disfrutando de su sonrisa. lámparas de gas sostenidas por ménsulas5 dobles. Se sintió flotar por las escaleras.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR un rellano con una enorme ventana ovalada. —Es impresionante. tocó las sobrecortinas rosadas. Jube y los demás? La puerta se abrió. luego más escaleras con un suntuoso alfombrado escarlata. —También están ahí. con los guantes puestos. y fue pasando la vista por el helecho cribado como un encaje. El sitio más hermoso que conozco. decorada con un dibujo de telaraña. Agatha olvidó todo lo demás. Juntó las manos. Scott! —Giró en círculo mirando. se detuvieron al llegar a los del hombre. Su habitación. de ninguna manera. y la manta plegada con pulcritud sobre el rodapié. hacia abajo—. la cama con el cubrecama rosado tejido. La hizo pasar con un leve toque en el codo. —¿Y los otros. puesto sobre un trípode. Al terminar la contemplación del cuarto. En cuanto posó los pies en la espesa alfombra Aubusson. Giró lentamente. Agatha comprendió que lo más arrebatador que había ahí era Scott Gandy. Pero no preguntó cuándo. el chaleco que ajustaba a él como a ella sus guantes en las 5 Tablero horizontal adosado a una pared (N. caramba! —¿Te gusta? —¿Que si me gusta? ¡Es magnífico! Scott enganchó un codo en uno de los postes de bronce de la cama. Se inclinó para meter la llave en la cerradura. Pero se quedó donde estaba. —¿Quién lo sabrá? Surgió la pregunta tácita: ¿Quién se enterará de lo que hagamos en este cuarto. Estamos transformando Waverley en un hotel de descanso. con la espita de bronce. recatada. La expectativa era demasiado embriagadora. con su traje tropical de buen corte. señora. Scott. —¿Por qué? —No sería correcto. La sonrisa dio paso a una expresión que provocó en Gandy el deseo de dejar su lugar a los pies de la cama tomarla en los brazos y sentir su boca moviéndose sobre la de ella. el empapelado sedoso con ramilletes de pimpollos de rosa entrelazados. —¿Todavía vives ahí? —Sí. con los nudillos de los pulgares sobre la clavícula. y a los lados.) . y luego. un gran helecho sobre un pedestal. sea lo que sea? Por un momento. ¡Oh. tiró la llave y observó cómo Agatha contemplaba el cuarto por segunda vez. el recipiente de agua haciendo juego. el vaso para beber.272 - .

callos. No había dado más que un paso hacia la mujer. —Los baúles. —El cuarto ya está pagado. a propósito: —Porque me acordé de que dijiste que nunca habías nadado. Ah. eres demasiado rígida contigo misma. te lo reembolsaré. —Indicó el recipiente con su espita y el vaso que había al lado—. el cretinismo. —Pero es una invitación. Éntrelos. Scott se apartó del poste con toda parsimonia. Y afirman que produce toda clase de milagros en tu cuerpo. Y quería tener la oportunidad de hablar contigo. Le dio una propina al botones.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR manos temblorosas. —Entonces. De primera magnitud significa que el salto da más de mil doscientos hectolitros de agua por hora. Tú —repuso. que cerró la puerta al salir. Cuando Gandy volvió la atención hacia Agatha. Pero la interrupción quebró el encanto. una buena cantidad en la habitación. a propósito. —¿Por qué? —Dejó de pasearse y lo enfrentó. En Waverley no hay intimidad. Agatha. También serio. caspa y sordera. los cólicos. Agatha sonreía pero las últimas tres palabras sonaron como si las hubiese repetido en voz más alta. No es un simple hoyo en un valle de Kansas. —Yo lo sabré. Al mirarlo en los . ¿Qué mejor lugar para aprender que en un lugar de primera magnitud. Quiero decir. Hay gente por todos lados. —En ocasiones. Los ojos negros no se apartaron de los de ella. Los latidos de su corazón eran desacompasados. ¿por qué el Telford en White Springs? Gandy soltó el aliento y sonrió otra vez. en todo momento. y mucho menos floté en él. ésta recorría el perímetro de la habitación. hace que los ciegos vean y los baldados caminen.273 - . —¿En serio? —dijo. Pensé que sería bueno para ti. Póngalos aquí. —Tiene exactamente el mismo aspecto que el agua de la cascada. desde la punta de la cama en diagonal a él—. cuando un botones habló desde la entrada. Se encargan de que tengas. a solas.. Agatha rió. seria. Gandy giró y fingió un tono indiferente: —Ah. de agua mineral? —¡Nadar! —Se oprimió el pecho—. —Sí. bajando la vista. entonces. y cuando esas burbujas te tocan sientes como si estuvieses flotando en champaña. bien. Cuando empezó. Gandy rodeó la cama y se detuvo ante ella. Además. como si estuviese haciéndolo en ese momento: —Pero si yo nunca vi champaña. Decepcionado. Gussie. Procura beber toda el agua que puedas mientras estés aquí. pero sabe mucho peor. cuidando de posar la vista en las cosas. y no en él. que atraía con insistencia su mirada hacia la boca de él. Gussie. el bocio. Y ese nuevo bigote. Cura la gota.. ¿por qué aquí? Si Waverley es un hotel. catarros. y los intensos ojos negros posados en los de ella mirando bajo el ala del fino sombrero tejido de plantador. —Le levantó la barbilla con la punta de la llave y la obligó a mirarlo—. en serio. Sintió la llave fría y aguda. ¿Me hiciste venir desde tan lejos sólo para que pueda ir a nadar? —No te sorprendas tanto. la constipación.

Entonces. —Me alegro de verte otra vez. Fue hasta la puerta abierta pero se detuvo antes de salir y se dio vuelta para miraría. Las señoras se bañan en las horas pares. Comprendí que todos los sitios donde estuvimos. Se sentó en el borde de la cama. ella se ponía nerviosa. —Miró el reloj de bolsillo—. fue en el territorio de alguien. cada vez que estuvimos juntos. ¿qué puedo decir? —Bien. pero también que cada vez que se insinuaba la posibilidad. entonces. —Se tironeó del chaleco. las unió. dos veces por día. quería invitarte a las aguas de White Springs. Todavía hay tiempo. En cambio estaba ahí en ese refugio privado donde no respondían ante nadie más que ante sí mismos. mirando sin ver la alfombra escarlata del pasillo. ¿qué? . Como amigo. La taberna era mía. —Amigos. Abrió las manos. vendré a buscarte. de todos modos. Gussie —dijo con sencillez. Cuando le tomó la muñeca. y recuperó la sonrisa. tal como lo fue durante la Guerra Civil. —En ese caso. pero pensé que te gustaría tomar un baño antes de cenar. para colgar tus cosas. La sombrerería era tuya. Agatha se apretó las mejillas con las manos: estaban calientes como piedras al sol. excepto para los padres con niños. tomaremos un coche de alquiler. pero creí que nos habíamos hecho amigos. Me pareció que era el lugar ideal para que nos encontrásemos dos pendencieros como nosotros. ni ella de él. —Se consiguen en la casa de baños. ¿en media hora? —Estaré lista. soltándole la mano. los varones en las impares. comprendió con claridad que no soportaría una relación ilícita. y se preguntó por qué la había hecho venir aquí. Yo ya las tomé esta mañana. No era un revolcón fugaz en una cama alquilada lo que quería de ella. Pero el hombre no hizo más que depositar la llave en la palma enguantada. Pero. sintió el peso de la ética como algo indeseado que le oprimía los centros vitales.274 - . ¿Qué te parece? —No tengo traje de baño. Waverley también es mío. y supo que si la hubiese llevado ahí para seducirla. Te daré tiempo para desempacar. Al cerrar la puerta. —Yo también. Cuando se hubo ido. como preparándose para irse—. lo rechazaría. y yo te acompañaré a la casa de baños o. Digamos. Por eso mantuvo el humor superficial. En ese momento. los latidos del corazón adquirieron un ritmo que le provocó dolor en el pecho. por intensos que fueran sus sentimientos hacia Gandy. Pero White Springs es neutral. —Retrocedió un poco más—. donde el corazón golpeaba con violenta insistencia que se volvía cada vez más difícil de aquietar. si no era eso. Scott supo que quería ser mucho más que amigo. —¿Pendencieros. Después. nosotros? —¿Acaso no lo somos? —Lo éramos. apoyó los dedos al costado del pecho izquierdo. pues no están permitidos los baños conjuntos. si sabía que no resultaría.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR ojos.. Scott permaneció con los dedos en el pomo varios segundos. por supuesto. —Y. Waverley es mi territorio.. dobló los dedos sobre ella y retrocedió. después se tendió de espaldas. si prefieres.

y me mandaron aquí a recuperarme. y hasta les sonrió con simpatía a las otras mujeres cuyos acompañantes.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Inspiró una honda bocanada de aire. Era una tarde tan hermosa. por Dios!. cuando llegaron a la galería del hotel. desde donde se podía mirar. parece un gran hotel. ¿Cómo lo encontraste? —En la guerra me hirieron. como el mirador de Waverley. Le dirigió una mirada sobresaltada: —¿Te hirieron? —White Springs fue declarado territorio neutral. Al entrar. bordeando una acera de madera que iba hasta la puerta principal. había vestidores para cambiarse. Este lugar es maravilloso. En el paisaje que lo rodeaba había más camelias. Éstos estaban conectados por una galería en el nivel superior. la mano de Agatha tomada del codo de Scott. se elevaba majestuoso como una rosquilla octogonal. Estuve viajando dos días. Admirada. En pocos minutos se acercaron a una impresionante estructura de ocho lados. por apuestos que fuesen. echó a andar por el pasillo y resolvió que el tiempo respondería la pregunta. —Sin embargo.275 - . la temperatura tibia resultaba maravillosa. donde el tejado continuo sombreaba bancos blancos. azaleas. Fingió que eran enamorados. que le respondió: —Caminemos. bananeros. —Uno de los motivos por los cuales siempre me gustó —comentó Scott—. El pabellón de tres plantas de madera blanqueada. no se podían comparar con Scott Gandy. descendían juntos la gran escalera. y los soldados de ambos bandos podían venir aquí a recuperarse de las heridas de guerra sin miedo. ¿qué es eso? —Esa es la casa de baños. Treinta minutos más tarde. una mujer joven de cabello negro como el carbón y una nariz como un cucharón con salsa. por tercera vez. tres a cada lado. Le encantó la sensación. Scott condujo a Agatha ante una auxiliar. ¿qué opinas? Le sonrió y se sintió orgullosa de ir de su brazo. Agatha preguntó: —¡Oh. Un sitio bastante apropiado para que se encuentren un comerciante de whisky y una luchadora por la templanza. el edificio de la cascada. el codo de él le rozaba el costado del pecho. A veces. al ver que las mujeres lo miraban por segunda. con gran formalidad. —¿A pie o en coche? —le preguntó. En seis caras del octógono. —¿Vas a decirme que nunca viste una camelia? —Empiezo a pensar que hay muchas cosas que no conozco. Tras el deprimente invierno de Kansas. con celosías en la base y tejas negras. es que está construido en forma de octógono. Los pájaros cantaban y las flores se balanceaban. —¿Qué son ésas? —dijo. y en el hueco burbujeaban las aguas blancas de la cascada del río Suwannee. —Le dirigió de soslayo una sonrisa con hoyuelos—. . señalando un arbusto cargado de capullos rosados que se parecían mucho a las rosas. y Agatha se asombró una vez más del lozano verdor que había por todas partes. que le reverberaba hasta las puntas de los pies.

La palabra «frío» casi quedaba escasa para el primer contacto de Agatha al meterse en el agua. subían burbujas diminutas. De pronto. Cuando entraron le dio a Agatha un par de calzones tejidos. Agatha quedaba en manos de una extraña. Era muy parecido a la excitación. donde una amplia abertura daba a la cascada misma.. que utilizó la misma Betsy. la correspondió con otra mucho menos convencida. Unos estremecimiento le recorrieron el dorso de las piernas. Aunque le resultaba extraño moverse dentro de una piscina completamente vestida.da. Que lo disfrutes. y se puso de espaldas... cuando termine aquí. no era el tratamiento regio que recibió. Sígame. señora.fría. y una cofia de algodón blanco.. —Todo el año está helada. y por ella fueron hasta los vestuarios. y no se notó que estuviese agitada. y fueron estallando en una serie de explosiones sin fin.tan f. como suspendida sobre el agua. —Pero. una prenda para la parte de arriba. Pero. hasta un elevador movido por medio de un sistema de poleas y cuerdas. que se sujetaba en los muslos. En los rincones del edificio octogonal el olor era espantoso. Allí salieron del elevador a una galería exterior con baranda. y la congelará hasta la médula de los huesos. Por el modo en que tiraba de los cables. es maravilloso —dijo la desconocida. Pero antes de que tuviese tiempo para más que un vistazo breve. Cualquiera fuese el que esperaba.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Es la primera vez que viene —le dijo a la chica—. La sedaba. Llevó a Agatha al tercer piso. por fin. e hizo bajar a las dos a la planta baja y. Una que estaba cerca de Agatha le dedicó una sonrisa. Betsy la condujo al centro del edificio... la llevó en dirección contraria. . Le tocaron todos sus sitios íntimos. Hasta los muslos (estirándose lo más posible). —Sin du.276 - . esto es una locura!». P. Y recuerde que. pero está t. Agatha bajó la vista: a su alrededor. Le hacía cosquillas. Hasta las rodillas (abrazándose). Pero se veían las cabezas de otras mujeres balanceándose sobre el agua. jugueteaban con sus miembros y se le metían dentro del traje de baño para cosquillearle la piel. y le pareció que se le erizaba el cabello. estará esperándola un baño caliente adentro. como pequeños peces curiosos. pensó. lo hizo. pero Agatha supuso que los bíceps de la chica eran más anchos aún que la nariz. la llevaré al cuarto para cambiarse. daba la impresión de que costaba mucho esfuerzo. Que lo disfrute. «¡Dios mío.. Cuando salió cambiada. Hasta la cintura (quedándose sin aliento). Sin poder hacer otra cosa. pero el borboteo del agua era tentador. —Me llamo Betsy —le informó la muchacha de la nariz aplastada cuando Scott se hubo ido—. de lana. —Cuando te acostumbras. que sobresalía encima de las cascadas.. Hasta el cuello (castañeteándole los dientes).. descalza... Déle el tratamiento completo. pero en unos minutos se acostumbrará. —Volveré dentro de una hora. Betsy la acompañó otra vez al montacargas. que le provocaban alivio en los músculos. —Es vivificante —repuso la mujer. Sintió que la risa le bullía en la garganta cuando las burbujas.. a las cascadas mismas.

corno si pudiese saltar cercas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR al mismo tiempo. y el vello de los brazos ya no estaba erizado. Las friegas minerales fueron más restauradoras que cualquier cosa que Agatha hubiese imaginado. la relajaba. y la sorprendió la inesperada flotabilidad de su cuerpo. en el agua. En esos momentos. deliciosa. mientras unas manos diestras trabajaban con sus músculos de tal modo que la hacían sentir como si flotara sobre una alfombra mágica. Betsy la dejó disfrutar del agua mineral caliente unos diez minutos. era exactamente igual a los demás. . todo fue masajeado con igual experiencia y habilidad. Una vez vestida. De súbito. natural. los hombros. fue extraordinario! ¡Me siento renovada! La tomó del brazo y rió. Claro que aún cojeaba. blancas. Nunca en la vida se sintió flotar. Se sentía flexible. casi bebible. Cerró los ojos. Imitando a la mujer amistosa. las piernas. Un rato después. y profundamente vivificada ¡Como si fuese capaz de caminar kilómetros sin cansarse. —¡Oh. durante varios segundos. comprendió con grata sorpresa que ahí. Las burbujas constantes creaban una efervescencia permanente. y la sensación le produjo euforia. —¿Cómo estuvo? —le preguntó cuando se acercó. le dijo a Agatha que se tendiera boca abajo en un banco de listones de madera. los brazos. llegó a entender la sensualidad de un modo vivo. Las propiedades de flotabilidad los igualaban. ágil.. pero había desaparecido todo vestigio de dolor. cuando se acostumbró a la novedad de las burbujas. saltar a la cuerda! Desde luego que no podía. correr subiendo las escaleras. Se sintió como si ella misma se hubiese convertido en champaña: burbujeante. ¿Cómo era posible que provocase tantas sensaciones a la vez? Levantó un brazo cerca de la superficie y observó cómo las burbujas trepaban a él sonando como si en el salón contiguo estuviesen friendo carne. cuando entró en el montacargas. Sonriente. hondamente satisfecho por la euforia de ella. Estiró los dedos y vio los bolsones de aire que se formaban entre ellos. No necesitaba haber visto champaña para imaginarse flotando en él. Cerró los ojos y se dejó hundir en la sensación del movimiento en la cara interna de los muslos. se puso de espaldas levantando los pies y. también advirtió que los dientes ya no le entrechocaban. y sintiéndose mágicamente libre e ingrávida. Agatha percibió que cierto milagro se había producido en su cuerpo. flotó libre de las restricciones de la gravedad. pero sentirse así era casi tan bueno como poder. Scott. probó dar un pequeño salto. las nalgas. Scott la esperaba en la entrada principal. con una de las toallas debajo y la otra cubriéndola de la cintura para abajo. Se movió otra vez.277 - . en el centro de la columna vertebral y entre los pechos. empleando los brazos. Cuando entró otra vez. hasta que golpeó la puerta y le ordenó que se secara y se preparase para el masaje. El cuello.. Betsy llegó demasiado pronto a buscarla para acompañarla al cuarto de baño privado donde la esperaba una bañera de metal con agua caliente. miró alrededor y no vio a nadie que le prestara especial atención. y espesas toallas turcas. Respiró hondo y dejó que esas sensaciones ocuparan el lugar de todas las preocupaciones mundanas. ¡Era la gloria perfecta! Cuando bajó los pies de nuevo hasta el fondo.

Pero. Disfrutó verla comer las perdices con setas negras y los otros platos que sugirió. —¡No me duele nada! ¡Y mira! Me siento como si pudiera volver caminando a Kansas. las pestañas sombreaban los ojos claros. Lo hizo con gran placer.. le apretó el codo y luego puso la mano de ella en el pliegue de su codo. De manera parecida. —Pero. —Pero. pero. Y White Springs es famoso por tener algunas de las mejores cocinas del Sur. ¿No es muy caro? —Deja que yo me preocupe por eso. Brinqué. —Pero. En efecto.. fue sensacional. esperaba verla comer con la melindrosa afectación de casi todas las mujeres modernas. como si la hora en el baño medicinal le hubiese aguzado en gran medida el apetito. ¡De verdad. brinqué! No necesité más que un pequeño impulso con un pie. Otra vez se le ocurrió besarla.278 - . Tenía las puntas del cabello mojadas y. con manteles almidonados y vajilla de plata verdadera. a medida que se secaba. y así será.. ¿Podré venir otra vez. Reflexionó sobre los motivos que lo impulsaron a llevarla ahí. ¿Sabes cuántas veces dijiste pero? Estás aquí como invitada mía. y a aprovechar todos los beneficios físicos que le brindarían. quería invitarla a tomar las aguas.. y el hecho de que no fuera así lo fascinaba más que cualquier estúpida simulación que hubiese mostrado. mañana? Gandy rió. Te llevaré de regreso al hotel y te atiborraré de pechuga de codorniz salteada en manteca con setas negras y salsa de nuez. con un enorme copete de crema batida.. nostálgica. y arroz con azafrán humeante.! —En la frente de la mujer aparecieron arrugas de consternación—. para ser sincero consigo mismo. Por algún motivo. y salté como todos los demás. Le brillaban los labios al morder la perdiz enmantecada. El comedor del Telford era elegante. burbujeando como las propias aguas... .. sobre el hombro hacia la casa de baños—.. se limpiaba cuidadosamente con la servilleta y bajaba los ojos. pero estás muy repetitiva. A Gandy le complacía poder invitar a Agatha a una cena elegante en un lugar así. una porción de tarta Selva Negra. por lo general tan reservada. los mechones escapaban del peinado y formaban diminutos tirabuzones detrás de las orejas. —Y después. Era un mundo de diferencia con el restaurante de Cyrus y Emma Paulie.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Era un placer ver a Agatha. No quiero escuchar otra palabra al respecto. —Miró. Oh. flotando como un corcho. Gussie.. ¡podía flotar. Pero en el agua. Y mucha agua mineral para beber. entonces yo la observé y traté de imitarla. —¿Cómo podría negártelo? —¡Oh. era celestial! ¡En verdad floté! Había una mujer que me sonrió y me dijo algo amable. nunca en mi vida me sentí tan libre de preocupaciones. —Yo sí. La especialidad son las codornices. pero cada vez que alzaba la vista y lo sorprendía mirándola. —¿Tienes hambre? —Pero. La luz de las lámparas lo encendía y proyectaba sombras en el cuello y los hombros del vestido verde esmeralda. Scott. —No quisiera criticarte.

Y tan irritante con tu tendencia a bromear.. —Recuerdo el día en que el óleo ese de Dierdre llegó a Proffitt. Mientras encendía el cigarro. El talante alegre de la mujer se esfumó. —¿Qué le pasa? —Está convirtiéndose en un verdadero pillo. tú? Alzó las cejas.. Incluso se volvió exigente conmigo. Te digo. —Se me ocurre que tenías buenos motivos. cuando me contesta. a veces. pasa por etapas en que habla con el mismo lenguaje de albañal que ellas. tan arrogante y seguro. En mi opinión. cambiando bruscamente de tema—. se enfurruña o se pone contestador. un estibador. después de cortarlo con unas diminutas tijeras de oro.. Dio un mordisco a una tierna y suculenta perdiz y paseó la vista de los pechos plenos al torso esbelto de su compañera de mesa. Agatha dio un bocado.. Siempre me pareciste tan. Agatha observaba cómo los labios y el bigote adoptaban la forma de él.. —Dime —dijo Agatha. si sucedía. cómo te odiaba. claro como un reflejo sobre aguas tranquilas. La tensión zumbó alrededor de los dos el resto de la comida. pidió una taza de café y encendió un cigarro. Cuando no le hago caso. y lo reemplazó la preocupación. está demasiado tiempo en contacto con la gente indebida. . —Así es. —cerró el puño en el aire— . y se inclinó hacia adelante. —Y tú eras tan remilgada y correcta que yo me sentí avergonzado como el demonio por haberte hecho caer en el barro.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR había otra clase de experiencias físicas que quería brindarle. señora. Pagaste mi cena en el restaurante de Paulie y yo me puse tan furiosa contigo que quería. —Veo que todavía las tienes. se sentiría obligado a hacer lo que debía. Del único que no aprende malas costumbres es de Marcus. La mujer se limpió los labios por última vez. —No creí que fueras capaz de avergonzarte de nada. Dejó de masticar.. Scott se respaldó en la silla en una postura negligente y rió. golpeando distraído el cenicero con el puro. Un jugador de barco fluvial. y una nana negra con una boca tan atrevida como un ganso furioso.279 - . tres ex prostitutas. se sumergió en el aroma picante y lo disfrutó una vez más.. que tenía con ella un contacto íntimo. un tabernero. Gussie. Las chicas lo malcrían de una manera espantosa y. —Willy no es el mismo chico que era cuando partimos de Proffitt. quería meterte el dinero por el gaznate. ¿cómo está Willy? Las cejas de Scott se unieron. Gandy apartó el plato de postre. a veces. —Sí. Le surgió un recuerdo. Scott bebió un sorbo de agua mineral. Después. —¿Avergonzado. y dejó la servilleta. No era la clase de mujer a la que uno compromete bajo la falsa excusa de «llevarla a tomar las aguas»... alzó la vista y lo vio admirando sus atributos femeninos. Leatrice lo consiente constantemente. Oh.. y cuando se va con los hombres al bosque es difícil imaginar a qué clase de conversaciones está expuesto. Cuando sucediera.quisiera ponerlo sobre mi rodilla y curtirle el trasero.

Pide ayuda. —¿Y es con ella que habla Willy? —Sí. Tú sí. es caprichoso. La mirada era oscura. A. desesperanzado. al contrario. el que llamamos el cuarto de los niños. —¿Quién es? Gandy miró.280 - . Sólo la escucho en el dormitorio noroeste de la segunda planta.. Y empezó a hablar con una amiga imaginaria.. No me cabe duda de que sabrá reconocer la diferencia. se había acostado sobre la cama. y la expresión de Scott se ablandó. ¿Tú no? —Si no fuera esta amiga en particular. —Está bien. Pero. estiró la mano sobre la mesa y la apoyó sobre la de ella. —Eso es bastante común. —Pero hay que reprender a Willy cuando lo merece pues. tienes un fantasma amistoso. al reconocer en esa frase la clase de padre que era: como el que ella hubiese deseado para sí misma. Agatha no se inmutó. —¿A Willy? —No. Yo lo hacía con frecuencia de pequeña. J. pero Willy es tan insoportable que A. —Gussie. y en varias ocasiones he visto su silueta donde ella . Miró a Gussie como si la viera bajo una luz distinta. J. vas a pensar que estoy loco. yo también la oí. Justine. Gussie... Bayles. y no hay nada más desagradable que un niño caprichoso. Y si eres el padre. —Pero Alvis Collinson nunca lo amó. —En ese caso. No hay personas más supersticiosas que los . no me preocuparía. afligida—. —No puedo. a decir verdad. Lo llevé un par de veces al pueblo a pasar la tarde con un niño de su edad. —No. o quien sea. Pero la oigo con la misma claridad que cualquier otra voz humana. —Creo que porque tuvo suficiente de eso con su padre.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Por qué no lo haces? El puño se aflojó. no lo invitó más. La mujer sintió que un nudo de amor se expandía en su pecho. —Eres sorprendente. de lo contrario. Comprendió que tenía razón y movió la cabeza. el cenicero. pero en el dormitorio que compartimos Willy y yo. bueno. Scott. —Casi sin advertirlo. parece que está embrujado. eh. ¿qué tiene de malo? Al parecer. Nunca podré levantarle la mano a ese chico. —¿Te asusta? Lo pensó un instante. Parte del problema es que no hay ningún chico de su edad para jugar.... ceñudo.. no creo que quiera hacerles daño ni a ti ni a nadie cercano a ti. —Mi padre era minero. sabiendo que nadie había estado ahí para arrugarla. atónito.. será cada vez peor. Agatha preguntó seria: —¿Por quién? —¿Me crees? —preguntó. En lugar de expresar estupefacción. y sacudió el cigarro más de lo necesario. no es culpa de él. Gussie. —¿Por qué no? ¿Por quién? —Creo que se trata de mi hija.

para que la casa funcione con fluidez. Ya no tendría que preocuparse más por eso. me siento tan aliviado. en particular después de un derrumbe. Y muchos jurarían que tienen razón. Necesita una maestra.. ¿Y vivir en tu casa. —Esa Leatrice me recuerda a Ruby. deseándote todo el resto de mi vida? . pero tenía miedo de comentárselo a cualquiera en Waverley. Alguien para controlar lo que aprende de las chicas y de Leatrice. como ya te he dicho. la necesito. las palmas hacia abajo—. Me parece que fue un error de mi parte. yo lo dejaría hablar con ella todo lo que quisiera. Llora por ti cuando se va a acostar. ¿verdad? —Ah. empezó a influir en Willy. Al diablo con la estúpida interpretación de que la había hecho ir ahí para algo tan tentador como la seducción. En tu lugar. lo atribuyen a fantasmas. Y aunque es muy rebelde.281 - . Estos últimos meses he estado muy preocupado. y en Navidad armó un gran alboroto porque no te llevé a Waverley ni lo mandé a él a Proffitt. Gussie. pero la más cercana está en Columbus. y hasta de mí.. Empieza a imitar su carácter mandón y su mala gramática. Pero. Si descubre que en verdad hay uno. Gussie. No la quería como amante ni como esposa. Si no. Retiró los dedos de los de Scott y juntó las manos en el regazo. Eso te convierte en algo muy superior a una gobernanta.. sólo de ida. Si oyen caer. —Le dije a Willy que era imposible que hubiese visto a Justine y hablado con ella. sino como gobernanta de Willy. y ella ya usa un saco de asafétida maloliente en el cuello para espantar a los espectros. —Es por eso que te traje aquí. Intenté hacer las cosas bien con él. aunque no bastó para disipar su decepción. ¿seré la gobernanta? —¿Por qué suena como una palabra tan fría? Significas tanto para Willy como si fueras su verdadera madre.. por cierto no hay nadie en Waverley preparado como para ser su tutor. los latidos de Agatha se aceleraron. te necesita más que a nadie. Gussie. lo superará con el tiempo. Gussi si vinieras a Waverley. El alivio de que aceptara su historia fue tan grande que se sintió culpable de haber intentado disuadir a Willy. y es un trayecto de dieciséis kilómetros. Antes de que Scott prosiguiera. Lo cual nos lleva a otro punto. Necesita tu sentido firme y confiable de lo que está bien y lo que está mal. Willy ya tiene seis años. no está más trastornado que tú. La imagen de Willy llorando por ella al acostarse hizo brotar en su pecho un impulso de amor maternal. pero después de haber hablado contigo tan poco tiempo comprendo que mi criterio no es para nada tan apto como el tuyo. ¿Qué mal puede hacerle? Si no es más que una creación de su imaginación. De modo que ésa era la proposición.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR mineros. Dime que lo harás. —Lo es. Tendría que ir a la escuela. con los dedos enlazados. lecciones cotidianas. jamás querrá entrar otra vez en la mansión. —Seguía sujetándole la mano. —Entonces. Pensé que si lo hacía podía llegar a oídos de Leatrice. —Tal vez. Yo no tengo tiempo de hacer ese viaje dos veces por día. aunque sólo sea un guijarro. Tú podrías hacer todo eso. como dice. Y alguien capaz de decirle que no y sostenerlo. En este momento. en un pozo profundo. y.. Ni perder un solo momento más imaginando que la llevó a ese sitio para pedirle que se casara con él..

Jube me sacó la decisión de las manos. si estás de acuerdo. Sí.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Cuándo quieres que vaya? Ansioso. Se había convertido en una verdadera amiga. —Cada vez que te acercabas a Violet ella deseaba tener cuarenta años menos. —Gandy hizo una pausa y recordó los chispeantes ojos azules de la pequeña mujer arrugada—. ¿cómo aborda una mujer un tema como ese con un hombre que ni la besó después de cinco meses de separación? Una mujer . aunque no había dicho que la amaba. oía el suspiro cuando se hundía en la silla y se abanicaba la cara enrojecida con un pañuelo perfumado de lavanda. claro. ¿No crees que sería un cambio agradable para Violet tener un lugar propio en lugar de un cuarto minúsculo en la pensión de la señora Gill? Pensar en Violet frenó a Agatha. en los momentos de lucidez comprendía que entre ellos existía una innegable atracción física que crecía a cada hora que pasaban juntos. Tú misma me dijiste que pronto los sombreros serán cosa del pasado. Es sólo cuestión de tiempo. ¿estaba ella destinada a convertirse. ¿qué otra cosa puedes hacer con ese museo de nidos de pájaros y mariposas. Scott dijo: —Yo creo que Violet sería la primera en insistirte para que aceptaras. simplemente.. ¿lo harás? Tal vez fuese virgen.. por cierto. A menos que le dejes todo el negocio a ella. a su debido tiempo.. y ese enorme escritorio de tapa enrollable? Hasta podrías dejarle los muebles de tu apartamento. en la amante? Un hombre como Scott no pasaría mucho tiempo sin mujer y. y esos gabinetes llenos de cintas. vio a la pequeña mujer sonrojándose cuando él se inclinaba sobre la mano surcada de venas azules y la rozaba con los labios. debería preguntárselo. —¿Y Violet? —Ah. —Levantó una ceja—. Agatha escuchó las risitas de Violet ante la súbita aparición de Scott en la tienda. sería duro para ti dejar a Violet. y dijo que quiere que asistas a la boda ¿Qué dices? Se sintió obligada a ofrecer cierta resistencia. tengo un negocio. —Al exigir que te llevara a Waverley lo más rápido posible para empezar su vestido de bodas. podía creer en ellas o no. y dejarla sería muy triste. Después de todo. Tendría que preguntarle qué intenciones abrigaba en ese sentido. Y según las emociones del momento. —Entonces. Pero había unas vibraciones inconfundibles entre ella y Scott Gandy. encajes. Sin embargo. está languideciendo lentamente. Violet. Te aseguro que tenemos todos los que queremos en Waverley. hasta inocente. Sí. —¿Por qué no? De todos modos. ¿Cómo podría esperar una opinión objetiva de alguien así? Gandy rió. No puedo dejarlo y marcharme. debía de considerar innecesario el amor en lo que se refería a la convivencia. —Pero. —¿Todo el negocio? —Bueno. eso.282 - .. ¿no? Ahora que Jube se iba a casar con Marcus. tampoco amaba a Jube. se echó adelante. Ella y Marcus piensan casarse el último sábado de marzo. aunque débil. ¿Me equivoco? Como si estuviese ahí. Y las fábricas de la costa Este que confeccionan ropa. están condenando el oficio de modista al mismo destino. pero.

.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR como Agatha Downing no lo hacía. tendrá que comprársela. Cuando la acompañó hasta la puerta. y lo soltó de una vez. con la lengua diciéndole adiós dentro de la boca. haciéndola sentir las rodillas flojas y el corazón a punto de estallar como un cañón. aspiró una bocanada trémula. al terminar la miró a los ojos.283 - . y ambos lo sabían. Y Agatha descubrió que eso era casi tan bueno como si le correspondiese.. En cambio. Le había dado más que cualquier otro ser humano. quiso preguntar. . con más dulzura esta vez. Nunca lo olvidaré. La mía es un regalo tuyo y creo que es lo más adecuado para llevar a Waverley para hacer el vestido de Jube. mientras se quedaron a disfrutar del manantial. a los dedos enguantados que descansaban sobre el pecho de él. Le había dado el amor de ella hacia él. ¿Por qué esperaste tres días para hacerlo?. —Yo no te di nada. Con una condición. —Muy bien. voluptuoso. Si quiere una. y le dio un beso húmedo. y aunque la relación se volvió más amistosa que nunca en lo relacionado con la conversación y la mutua compañía. y que sólo su falta de experiencia la hacía creer que había algo especial entre ella y Scott. aunque no le hubiese dado el suyo propio. la tentación fue demasiado grande y la atrajo hacia él. Agatha sintió que estaba resuelto a que el beso fuese breve y amistoso. no se despidió con el beso que ella esperaba sino con un firme apretón de manos que sellaba el pacto entre los dos. Y gracias por darme la posibilidad de nadar en White Springs. Pero no era así. Considera pagado el transporte. Pero una mujer decente no hace esas preguntas. dijo: —Adiós. La llevó a los baños dos veces por día los dos que siguieron. en ningún momento de esos dos días en White Springs él hizo el menor avance hacia ella. Agatha tuvo la espantosa sensación de que los hombres y las mujeres se besaban así en todo el mundo en momentos similares. White Springs siempre estuvo ahí para que tú lo tomaras. Pero cuando. Al fin. Hasta que estuvieron en la estación de trenes y se despidió otra vez de ella. —Lo haré. —¿Cuál? —Que dejaré todo a Violet. Cuando lo hizo. menos mi máquina de coser. la tomó de los brazos y la besó en la boca. Cuando la apartó y la miró a los ojos. algo que significaba más de lo que en realidad era. contuvo el aire un momento. ¿Qué habría en las estaciones de tren que sumía sus corazones en la desolación aún antes de que se dijeran adiós? Un instante antes de que abordase.

dio las instrucciones finales relacionadas con el estado de los libros contables de la tienda. hasta convertirse en una mancha verde a lo lejos. Pero el amor era algo contagioso y una persona inteligente apostaría todas las veces. Era como si alguien devolviese una mirada desde el inconsciente. No obstante. Ya antes había apostado contra Scott Gandy y perdió. quería compartir la vida con él. él no mencionó ni amor ni matrimonio. en un baúl (había donado los sombreros viejos a Violet) revisó el apartamento a la caza de toda posesión personal significativa. el apartamento de Agatha le parecía una casa lujosa de veraneo. Agatha miró en torno y se encontró con los ojos de Violet. después de haber vivido en un cuarto de la pensión de la señora Gill.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 20 El balanceo del tren creaba un ánimo que la llevaba a la introspección: el paisaje que se movía cada vez más rápido. a último momento.. lo quería. Además. ¿Alguna vez lo comprendería él? Ah. Sin embargo.284 - . . el retumbar incesante del metal chocando con otro metal y que subía desde abajo hasta que se convertía en algo tan propio como los latidos del corazón. Lo amaba. cuando ya tenía las cosas empacadas. porque no lo sabía. tal como predijo Scott. y un rostro miraba al pasajero. que un día Scott la mirara en los ojos y le dijese que la amaba. el penetrante silbato que viajaba en el viento como un suspiro fantasmal. Porque vivir en la casa de Scott Gandy nada más que como la gobernanta era condenarse al purgatorio eterno. pero era un riesgo. ¿sería realmente preferible a quedarse sola en Proffitt? Sí. estaba maravillada porque Agatha había ganado un lugar en el hogar de LeMaster Scott Gandy. y ese rostro era el de ella misma. el hombre cuya sonrisa la hizo ruborizarse y reír tontamente tantas veces. Porque en Waverley también estaba Willy. una apuesta. En el camino de regreso a Proffitt. Dejar a Violet fue menos doloroso de lo que Agatha había imaginado. y el amor del niño significaba para ella casi tanto como el de Scott. ¿Y qué se podía decir de las oportunidades para el cielo? Todo lo que había deseado. Agatha pasó las horas pensando en la apuesta que iba a hacer. mientras que afuera el verde se transformaba en negro. que quería casarse con ella y hacer que Willy fuese de ellos para siempre. pero como esposa. El purgatorio contra el cielo. principalmente porque la amiga estaba embelesada con su nueva condición de mujer de negocios.. y le dolió. y vaya si era una apuesta. la muestra cuidadosamente guardada entre capas de ropa. Así era cómo tenía que ser. Y Agatha Downing era una dama inteligente. nada más. reservarse sus sentimientos. Vivir en esa casa. exigiendo un examen. Y.

Y no pierdo la esperanza de que el señor Gandy se ilumine y te tome como amante. —Querida. Agatha cerró la puerta de la tienda por última vez. —Hizo una pausa y miró alrededor—. con mucha probabilidad. chica! ¡Rápido! Por eso fue fácil partir: Violet la ayudó. giró para echar una última mirada a la cortina verde que había levantado todas las mañanas y bajado todas las tardes durante más años de los que quería recordar. y ahora será mejor que os llevemos a vosotros dos a la estación. —Sí. Fue la experiencia más maravillosa de mi vida. Violet. Agatha soltó libremente el llanto. Una vez. y dale a ese apuesto Gandy un beso en la mejilla. —Y dales saludos de mi parte. te contaré un secreto que no le conté a nadie hasta ahora. si no como esposa. a las dos las asaltó un súbito y agudo dolor. Bueno. —Fuiste una amiga auténtica. tú llévale a Moose a Willy. Fue un lugar solitario todos los años que vivió allí. con su espíritu indoblegable. Tt-tt. Tt-tt. —Violet. y cojeando. lanzó un quejido de protesta—. ¡Y. Pero también reímos mucho. Los ojos de ambas se encontraron y supieron que. el pelo todo apelmazado. que quiso hacerlo cada vez que él entró en la tienda. aquí. desde el interior de una cesta para aves. si se presenta la ocasión! Todavía riendo con los ojos llorosos. No. Se abrazaron fuerte. en cierto modo. dentro de nueve semanas habrá una nueva carnada de gatitos en la pensión. sube a ese tren. Como estará el señor Gandy esperándote en el otro extremo de la línea. la semana pasada y volvió apestando a dicha paradisíaca. por cierto. Como sea. Pero al darle la espalda al edificio no sintió ni una fugaz punzada de remordimientos. y marcharse era un placer. Alzó la vista hasta la ventana del apartamento. eres escandalosa —dijo. Ninguna mujer tendría que perdérsela. y Josephine no sabrá qué hacer con ellos cuando empiecen a trepar por las cortinas y a afilarse las garras en los muebles. allá arriba. ¡Y ahora. Hemos dado infinidad de puntadas entre estas paredes. no sea que el tren llegue temprano. Agatha esbozó una sonrisa triste. —Tú también. no quisiera que lo pierdas. — Agitó un índice torcido bajo la nariz de la amiga—. es verdad. El comentario nostálgico que hizo adentro se debía a su cariño por Violet. eran lágrimas de alegría.285 - . y dile que es de Violet. ¿Estás segura de que no te importa que me lleve al gato? —Desde luego que estoy segura. Pero. qué te parece! Me habría gustado verla. riendo con los ojos húmedos. ¡Recuérdalo. cuando tenía veintiún años. otra vez. Sólo cuando estuvo a unos ochocientos metros de camino. le prometió: —Lo recordaré. que es con quien debe estar. tuve un amante. sería la última vez que se veían. Violet le había dado en qué pensar! Lo pensó en las pocas horas de vigilia que quedaron durante el largo . ¡El animal de la señora Gill se fue por tres días. —Moose. ¿no es cierto? —Ya lo creo. Pero cuando ella y Violet se despidieron junto al tren humeante.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Pasamos muchas horas juntas.

—Bueno. —Ya veo que llegué justo a tiempo para encaminar tu educación por donde tiene que ir. Cumpliré más el año próximo. ¿Es verdad. Cuando se apeó. el barro por las flores. te eché de menos. Gussie. —No importa. Era una buena mujer cristiana. Mississippi. La abrazó e hizo caer el sombrero que usaba sólo porque tenía tantos que no le cabían en la sombrerera. Zach está esperando con los carros. Los dos. Hasta que fueron algo más que imágenes. Compuso una expresión de exagerada pena. danzaban ante los ojos de Agatha imágenes de Scott y de Willy.286 - . Entretanto... Gussie! —gritó. y está preñada! —¡No me digas! —Scotty me dejó ver cómo la preñaban. y aunque nunca había estado en Columbus.. Reales. creo que sí. la sensación de bienvenida era fuerte. —¡Jesús! —se alegró—. Le apartó el cabello y le sujetó el rostro. —Vas a ver mi yegua.. sin cansarse de contemplar las mejillas pecosas y los preciosos ojos castaños. el tiempo frío por el tibio. ¡Se llama Cinnamon. es verdad? Agatha le sonrió a Scott. saludando con la mano. —Oh. Scotty! ¡Trujo a Moose! —Trajo a Moose —lo corrigió Scott. El corazón de Agatha se hinchó al ver a sus dos amores. dejaba atrás el invierno cambiándolo por la primavera. —¡A Moose! ¿En serio? —En serio. Cumplí años. Willy la atrapó por las mejillas exigiendo atención exclusiva. jubilosos. y si se habría topado con él a lo largo de los años. Está en una cesta para aves en el vagón del equipaje. alzando un dedo para señalar: «¡Ahí está!». evocando a Violet. y el guardia le dio de comer. Scott lo agarró con la mano libre. Vayamos a buscar a Moose. La idea le dio vueltas en la cabeza. Willy derramó ruidosos besos sobre Agatha que caían en cualquier parte. —¡Gussie. escudriñando las ventanas que pasaban raudas. teniendo en cuenta que tienes cinco años. Cerró los ojos para contener las lágrimas de felicidad. estaban al pie de la escalerilla. pero Violet no tenía nada de mala. mientras se producía la ya conocida transformación fuera de la ventanilla del tren. Se besaron: sabía a zarzaparrilla. Scott. arrojándose hacia ella. aguda y dulce. —Seis. de pie sobre la plataforma de guijarros rojos de la estación. . Cuando Agatha le sonrió. ¡Moose! ¿Oíste eso. Willy. Traje todas mis pertenencias. mientras ella y Willy se abrazaban. sonrientes. hasta la máquina de coser y a Moose. Willy encaramado al brazo de Scott.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR viaje al Sur. preguntándose quién habría sido el amante. ¿Cuánto habría durado el romance? ¿Por qué no se casaron? ¿Qué fue lo que la convirtió en la experiencia más maravillosa de la vida? Agatha solía pensar que sólo las malas mujeres se unían con hombres fuera del matrimonio. —¡Cumpliste años! Y yo me lo perdí. —Scott dice que te quedarás para siempre.

¿Necesitas algo de aquí antes de irnos a Waverley? Es una hora de camino y no venimos todos los días. —Mmm. me hallaba demasiado agotada para no hacerlo. ¿Y de tu parte? Tuvo la presencia de ánimo de besarlo jocosamente en la otra mejilla.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Willy saltó de los brazos de Scott al suelo de adoquines y salió corriendo. Estiró la mano para acomodarlo. —Es mucho pedir para una mujer que los usó toda su vida. Apresurado. Le aparecieron los hoyuelos en las mejillas y la voz se hizo más queda. al otro extremo. las miradas se toparon y se sostuvieron. Esta vez. en verdad dormí. otra vez —dijo ella. dame mi sombrero. pero están todos en casa. De modo que trajiste la máquina de coser. y está enseñándole a Marcus el oficio de cuidador y herrador. le enlazó un brazo en el cuello y lo besó en la mejilla—. —Ése es de Violet. —¿Le dejaste la sombrerería a Violet? —Sí. lo . Me pidió que te dijera que quiso hacerlo cada vez que entrabas en la sombrerería. Siempre estás mejor sin sombrero. ¿Cómo fue el viaje? —Agradable. vamos —interrumpió Willy—. y éste era el lugar más apropiado para llevarlos. Ve a decirle a Zach que acerque la carreta al vagón de equipajes. —Eh. Estaba encantada. ¿Alguno de los otros vino al pueblo contigo? —No. la sujetó con el brazo.287 - . No querría hacer un vestido de novia sin ella. y nosotros iremos para allá. pero Gandy lo hizo por ella. Gracias por la estupenda ubicación. Gandy tomó a Agatha del brazo y caminaron por los adoquines hacia el vagón de equipajes. y se lo quitó—. —Creí que habías abandonado los sombreros. Éste es de parte de Violet. Sintió que tenía todo lo que necesitaría o querría en el mundo al ver el reencuentro entre Willy y Moose: cara a cara. —Hola. patillas con pecas. —¿Esta vez? —En la otra ocasión estaba demasiado excitada para dormir. Es muy hábil con los caballos. Se lo puso en la cabeza. Cuando Agatha quiso apartarse. No necesitaba nada. de súbito. está bien. y contempló el resultado con ojo crítico. ¿Quién es Zach? —Hijo de uno de nuestros antiguos esclavos. —Sintió tal tentación de tocarlo que. —¿Tuviste problemas para arreglar las cosas en Kansas? —Todo salió perfecto. —Hola. Ésta. A desgana. Se puso de puntillas. Y ahora. Zach está esperando. el gato colgando en el aire frente al niño que lo sostenía. La sensación de prisa se disipó. cedió. en son de broma. —Ése es de mi parte. Le apoyó en la espalda la mano que sostenía el sombrero al mismo tiempo que bajaba la cabeza para darle el gusto. Me parece que no —decidió. Scott prestó atención al niño. Sin barreras entre ellos. vosotros. Conservé mis preferidos. —Está bien. dejando a Gandy y a Agatha frente a frente. —Por supuesto. esperando.

Permaneció inmóvil. con los ojos cerrados y decía: —¡Eh. sonrió a Agatha pero se . más majestuoso de lo que la acuarela de Scott fue capaz de representarlo. vociferando a todo pulmón: —¡Llegaron! ¡Llegaron! Y antes de que el coche se detuviera. Glicinas. se abrió de par en par la puerta principal y se oyeron hurras y todos corrieron hacia el vehículo con los brazos levantados. ¡Al bajar la mirada. Luego llegó Jack resoplando por la carrera a través del patio. sonriendo. agitada. haciéndola girar en círculo.. desde antes de la guerra. Jack vio el carro y corrió cruzando los campos. húmedo. radiante incluso con un vestido de algodón gastado. nubes de púrpura puro. nubes blancas. Agatha pasó de Pearl a Ivory. desbordante de orgullo por el aspecto de la casa. Ante el cementerio. fecundo. perfecto caballero. incluyendo el sombrero que Gandy lanzó por el aire a último momento. rico. con sus imponentes magnolias en el frente y los bojes. En el camino vio por primera vez pimpollos rojos: nubes de heliotropos. y Gandy le dijo: —Aquí. te extrañé! Agatha fue presentada a Zach. Lo contempló.288 - . Después. lustrosa como una perla en medio de los prados de esmeralda. Pasaron por Oakleigh. lo apretaba con demasiada fuerza. ella. riendo. engalanada con tantas flores. y se hubiesen despedazado sobre la hierba. que se levantó en una destartalada carreta cargada con la cesta vacía. vio a los pavos reales en el prado! —¡Oh! —exclamó. le contó que ahí estaba enterrada Justine. prevalecía el olor del Sur. Pasaron ante una pequeña iglesia blanca en medio de un conjunto de pinos. Willy. de éste a Ruby. no le creas una palabra. Waverley. Giraron hacia el prado.. con la mano apretada contra el corazón tumultuoso. A Agatha ya le encantaba. Como en Florida. su magnífica rotonda y sus bancos de hierro forjado que semejaban una labor de encaje. —¡Jube. —¿No es maravilloso? Si él te dice lo contrario. Y cornejos. con sus altos pilares. la máquina de coser y todo el equipaje de Agatha.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR besaba. algodonosas. Scott sonrió al verla. Scott y Moose subieron a un coche con muelles negros y arrancaron hacia el nuevo hogar de Agatha. y le dijo que ahí iba Leatrice los domingos. En los charcos junto al camino. como siempre. desde la curtiembre. muda. Moose! ¡Jesús. y Willy le contó que ahí vivían la abuela y la madre de A. y se le aceleraron los latidos del corazón: al fin estaba ahí. Más grande. y todos la abrazaron. Waverley. Después apareció Jube. pulcramente recortados. —¿Te gusta? La respuesta fue como había esperado. Luego. florecían los junquillos en grupos tan extensos que parecía que hubiesen caído trozos de sol a la tierra. es donde yo nací. Jube aferró a Marcus del brazo y tiró de él haciéndolo adelantarse. Marcus. J. felicidades! Las dos mujeres se apartaron un poco y se miraron.

Jack y Marcus subieron la máquina de coser. Agatha se abstuvo de mirarlo. como le advirtió Gandy. Por cortesía. me gustaría presentarte a Agatha Downing. al fin. La recién llegada le dio un impulsivo abrazo. a que le presentaran a la viajera. —Apuesto a que sí. Pero yo estuve más tiempo bajo el agua que ella lejos de Waverley y. Cuando el barullo del recibimiento cedió un poco. —Bueno. como una reina sobre la plataforma. Agatha se lo arrebató. hay alguien que lo necesita. una mujer con la forma de un búfalo de agua. Todos. —De modo que aquí estás. Quizás ahora obtengamos de este sujeto algo más que gruñidos. Leatrice esperó. que no podía ser otra que Leatrice. está aceitada y lista para funcionar. A Gandy se le enrojeció el cuello y se miró los pies. —Leatrice —dijo—. Agatha. y no sé por qué la conservo. Había otra persona que esperaba en los escalones del frente con las manos cruzadas sobre la barriga protuberante. abrazaron a Agatha o la besaron en la mejilla. Leatrice habló con una voz como la de una locomotora con dificultades para dar la marcha atrás. a veces. y nada bueno. A decir verdad. casi tan grande como él. menos Leatrice hablaban al mismo tiempo. Leatrice. —¿De dónde sacaste ese sombrero. Zach e Ivory los siguieron con un baúl. Convivir con este muchacho fue peor que hacerlo con un oso salvaje. Scott tomó a Agatha del codo y la acompañó hasta los escalones de mármol. Llegó Zach con el equipaje y los hombres comenzaron a descargarlo.289 - . ¿no es así? Agatha rió. la mujer hedía como una mofeta. oí decir que usted gobierna con mano de hierro. Marcus! Estoy muy contenta por vosotros. —Es mío. menos ella sonrieron y rieron. mujer de Kansas. con un saco de cuero colgando del cuello por medio de una correa. Y yo sé quién. y los hombres entraron. —Oí hablar mucho de usted. —¡Ja! —Leatrice reacomodó las manos cruzadas sobre su panza de barril—. pero tengo la sensación de que. —¡Felicidades. muchacho? —preguntó Leatrice. y lo seguían Jube y las chicas con otras piezas del equipaje. —Sí. —¿Y dónde voy con esto? . Mientras se metían dentro.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR quedó atrás. El joven hizo ademanes como de verter aceite e hizo un gesto interrogante con la ceja. por lo tanto. Agatha acomodó los pétalos del sombrero y miró a Gandy con expresión provocativa. —¿A dónde llevo estas cosas? —preguntó Jack. ésta es Leatrice. Es caprichosa e irrazonable. Haremos el vestido de la novia en menos que canta un gallo. Se acercó Willy. —Al salón de la derecha —respondió Gandy. —Señaló a Gandy con el pulgar—. Todos. supongo que se quedará. Todos menos Leatrice. pero el amo de Waverley emitió la primera orden: nada de sombreros para mí. arrastrando la sombrerera. el último con el sombrero de Agatha con flores rosadas encasquetado en la cabeza.

distinta de sus habitantes. Miró arriba y lo que vio era tal como lo había imaginado: El techo en forma de cúpula. a la izquierda de la entrada. a la izquierda. —Alzó los ojos hacia el alto techo . las pasarelas. Es un misterio para mí por qué una mujer con un cabello como el tuyo querría cubrirlo con flores rosadas de calabaza y cerezas. la espiral de red. Desde el principio tuvo esa impresión: que Waverley tenía vida propia. te mostraré la casa. constituyendo un gracioso marco para las puertas de atrás. Ahora que he regresado. ¿Cómo pudiste estar lejos de aquí tantos años? —No lo sé —respondió Scott—. un hueco en la pared. Amplia y luminosa. suspiró y. Scott llevó a Agatha a trasponer el portal más ancho y alto que ella hubiese visto jamás. —Jube está fascinada. y el racimo de cerezas en medio de un grupo de hojas verdes.. y los husos. los fijó en la bizarra creación. Poseía dignidad. Era majestuosa. una gran chimenea y. las puertas que daban a las habitaciones del suelo alto. los setecientos dieciocho. Sin duda.. casi por casualidad. pero éste es la cosa más fea que he visto nunca. rodeado por un decorado de yeso. también semejantes. —No. Jube no. con el pestilente saco de asafétida en el cuello y el sombrero rosado en la cabeza. se les imponía. y lo protegerían de todo peligro. —¿Esto? ¿Para mí? —Si no le molesta que esté un poco usado.. Agatha tenía la sensación de que si uno necesitaba refugio. —Señor. la elegante araña de bronce. —Muéstrame lo demás.290 - . Qué hermosa. Pero esa dominación estaba atemperada por cierto aire de protección. al otro lado del lustroso suelo de pino. y tendió las manos con gesto lento y reverente. debe de estar contenta. no tenía más que dar un paso entre las escaleras gemelas y estas lo estrecharían como dos brazos fuertes. Gandy le sonrió a Agatha y dijo: —Vamos. —Preparada para ser usada otra vez —comentó Agatha—. como si se sintiera superior por haber sobrevivido a la guerra. una bella habitación con cuatro ventanas altas. —Me encanta —afirmó—. ¿cree que podría aprovechar un sombrero rosado un poco usado? Leatrice dilató los ojos. Por otra parte. imponentes.. al preguntar: —Leatrice. con puertas corredizas abiertas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Gandy miró con disgusto el sombrero con sus rosadas flores de calabaza. realmente no me lo explico. que parecían las costillas de un ser monstruoso. ganó para siempre el corazón de la negra. —No te ofendas. y entraron en la gran rotonda donde se detuvo un momento para recuperar el aliento. Agatha. La llevó a la sala del frente. mostrando dos recibidores idénticos a cada lado y las escaleras iguales que descendían desde lo alto. —La alcoba nupcial —anunció. sus proporciones empequeñecían a sus moradores. las ventanas. con un toque desafiante. me refiero a la casa. Dejaron a Leatrice en los escalones del frente. Agatha cesó de manosear los pétalos de seda.

y los pasos de los dos resonaron mientras caminaban por el cuarto. otra araña de gas. a las siete. Tiene. Quería agradecérselo. el humidificador. con gabinetes empotrados para guardar la porcelana. Al levantar la mirada. te mostraré mi habitación preferida... —¿Para mí? —Entró—. por fin. —¿Y Willy? —Willy también. un tintero de cristal. —Y ésta es tu habitación —le dijo Gandy.291 - . poseía un aspecto de habitación en la que se vivía. pasó al piano. al otro lado del camino. sin la alcoba. —Quizá mire desde su tumba. el almuerzo al mediodía. Por las ventanas bajas del frente vieron los árboles de boj que la madre de Gandy había llevado desde Georgia. —Oh.! Lo que quiero decir es que me sobraría la mitad del espacio. los bojes y. pero es tan grande. al este. y aunque no sonreía se lo veía tan complacido de que ella estuviese ahí como Agatha se sentía de estar. —Quizá sí. También el comedor era inmenso. girando para abrir la marcha por el pasillo. Bajo la mesa. Era mucho más personal que la sala del frente. a cigarro. —Quería que estuvieras en el suelo principal. usaremos ese rincón como salón de clase para Willy. sin duda lleno de cigarros. —Pensé que yo era el único que todavía lo creía. ¿no es así? —Caminó alrededor de una silla Chippendale de patas palmeadas. La máquina de coser y los baúles ya estaban instalados en la amplia habitación. El olor de Scott. pasó las yemas por la superficie encerada de una mesa Pembroke. sobre ella.. Scott Gandy le daría otra cosa más: ese inefable sentido de familia que cundía en torno de la mesa de la cena más que en ningún otro lado. el río. presencia. más grande que cualquier despensa que Agatha hubiese visto. con el libro mayor abierto sobre el escritorio. Personalidad. Mi madre también. Había una elegante cama con . —Te mostraré el comedor —dijo. una con una vista al sur. nunca más. —El desayuno es a las ocho. cuero y tinta. para que no tuvieses que subir las escaleras con frecuencia. —Va muy bien contigo. y se sentía abrumada. los restos de uno en un cenicero de pie. Ven. hacia los jardines de adelante. estoy más que de acuerdo.. el respaldo de un airoso sofá. el suelo estaba desnudo y reluciente. que estaba cerca de la silla junto al escritorio.. donde tocó una nota que quedó vibrando en el aire—. el sendero de entrada. ¡Pero. Era demasiado. Entonces. predominaba. También a Agatha la oficina de Scott la conquistó a primera vista. Tenía el corazón rebosante. una maciza mesa rectangular y. y la cena.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —. lo sorprendió observándola.. Los atardeceres de Agatha ya no serían solitarios. y compartimos la mesa con los huéspedes. Ésta es siempre formal. Era una habitación idéntica a la primera sala. Si estás de acuerdo. pero con una rareza: un armario con espacio para entrar. y una pluma con punta de metal que parecía aguardar para ponerse a trabajar una vez más. en la plantación. cediéndole el paso. pero ya la llevaba hacia la otra sala de adelante. Todo brillaba: las cuatro ventanas. y dé su aprobación al modo en que hiciste revivir la casa.

Gandy subió corriendo. Tironeó. Son nuestros primeros huéspedes oficiales. Por supuesto.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR colgaduras de brocado blanco. El lugar más hermoso en el que he vivido. Había pensado. salvo a la noche. sin nadie que fuese a golpearme la puerta e interrumpirme o molestarme. —Ven a ver mi cuarto. hay otros tres cuartos de huéspedes arriba. viendo cómo subían. Durante el día. —Tu responsabilidad es cuidar de Willy. una pequeña cómoda doble con cajones también en la parte superior. llegaron ayer de Massachusetts. —Lo siento. —¿Ya hay huéspedes? . y tomó a Agatha de la mano. Debra Sue. No es tan deseable. —A Agatha le explicó—: Robert y su esposa. —Esbozó una sonrisa que venía del corazón—. Se dio vuelta con lentitud. irrumpió Willy por la puerta. y una mesa de biblioteca sobre la que había un gran ramo de forsitias doradas. Gussie.. me gustaría presentarles a Agatha Downing. No imaginas lo espantoso que fue. y el matrimonio siguió su camino. tan grandes como éste. —Hola. los huéspedes se sentirán como si fueran de la familia. Vestían ropa de montar. —Pero esto es más de lo que yo esperaba. Gandy dio unos pasos hacia el interior de la habitación y se detuvo junto a la cama. Durante muchos años viví en ese apartamento oscuro y pequeño. ¿van a los establos? —Así es —dijo el hombre. —Ah. Así. que podrían rendir dinero si se usaran para los huéspedes. Gussie. mirando sobre el hombro. Delante del espejo de pie. podrías tener las puertas abiertas mientras trabajas aquí. Gussie. la más flamante de los residentes permanentes de Waverley. No gozarás de mucha intimidad. dejaré las puertas abiertas mientras trabaje aquí. Señor y señora Van Hoef. —Hola —la saludó la mujer. —Ya he tenido intimidad. y Scott los siguió y se quedó al pie de la escalera de la derecha. y no se me ocurre cómo podrías hacerlo desde las cabañas de esclavos. Al instante. —¿Puedes subir sin problema? —Nada sería capaz de detenerme —contestó. Aunque me provoca algo de culpa quedarme con una de las habitaciones más encantadoras de la casa. señor y señora Van Hoef. un espejo de pie de un metro y medio de alto. De pronto.292 - . impaciente. —Es un día perfecto para cabalgar. Agatha murmuró una respuesta cortés. a Agatha la sorprendió cruzarse con una pareja de mediana edad que bajaba. Scott. Agatha encontró la mirada de Scott en el cristal. preguntándose si tendría noción de lo que significaba para una mujer como ella tener un cuarto semejante en una casa como esa. Mientras subían. montado sobre puntales giratorios. para darte sensación de intimidad. —Estoy contento de que estés aquí.. Además. un poco más angosta. una silla tapizada en tela de flores coloridas.

estaba seguro. —No tengo miedo. ¿qué tal si me muestras tu cuarto? A Willy le pareció que lo mejor era tomarse revancha. —¡No quiero! ¡Tú sola puedes mirar mi tonto cuarto! —¡Willy. —Jovencito. Pearl me anseñó a deslizarme por la baranda! —¿Qué? —Me anseñó. —¡He dicho que te bajes. ansioso. supieron que Willy estaba escuchando.. pero si es encantador. ¿Sabes por qué está aquí. exhibiéndose. Cuando salieron del cuarto de los niños y continuaron hacia la puerta del próximo del de huéspedes. y lo vieron ocultarse más allá de la escalera curva. —Porque una vez me dijiste algo. tal vez no lo habría hecho jamás. Te referiste a él como un tesoro nacional. Un día. Y ésta fue la última vez que lo hiciste.. ¡Qué diablos. pero Agatha lo tomó del brazo y negó con la cabeza. Willy se había adelantado y estaba inclinado sobre la baranda de la pasarela. Nadie se enfada. —Scott. Entonces. de abajo arriba. Cristo. Las palabras llegaron con perfecta claridad por la rotonda: —¿Por qué no me lo muestras tú. Sólo le llevó unos segundos sacarlo de la baranda y depositarlo en el suelo. y recordé tus palabras. Willy estaría impaciente por mostrarle a Gussie: los juguetes. ¿verdad? Me gustaría que me cuentes al respecto.. mejor. Todos. Todo lo hicisteis tú y los demás. Oh. —Pero yo no hice nada. vuelve aquí! —gritó Scott. cuando estábamos hablando de Waverley. la vista a los establos. no sé por qué te pones así. y otra vez a Agatha —. ¿entendido? Willy se enfurruñó. Oyeron que los pasos del niño aminoraban y se lo imaginaron mirando hacia arriba. Y ahora. Cuando me marché de Kansas. —Se encaminó hacia la puerta—. estaba mirando por la ventana de la rotonda —miró hacia allí. Recorrieron la habitación. —¡Date prisa. y lo he dicho en serio! Willy se creía gracioso balanceándose en la balaustrada. y prosiguió—.. si te vuelvo a ver haciendo eso otra vez. no tenía idea de cómo haría para que Waverley fuese productivo otra vez. estaba furiosa. Si no hubiese sido porque insististe en que volviera. —¡Willy! ¡Bájate! Las risas burlonas del niño rebotaron en la enorme cúpula. contándole de cada cosa que. Gussie! Agatha levantó la cabeza y contuvo el aliento. Gussie? —No. Scott iba tras él. balanceándose sobre la barriga. Willy siguió bajando la escalera.. ¿recuerdas? —No se acordaba. —Enseñó.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Van Hoef dirige una harinera. te haré lustrar los husos uno por uno. y se lo considera uno de los cinco hombres más ricos de Massachusetts. Puedes decirle a Pearl que te lo dije yo. . quítalo de allí. —Bueno. Scott? Es en ese cuarto donde Justine suele visitar a Willy. Quería darte las gracias por instarme a regresar. comprendí el potencial que había en este sitio. Cuando Agatha llegó hasta ellos. y Scott hizo una inspección breve.293 - . el caballo mecedora. en el suelo bajo.

El dibujo se repetía en un par de sillas Chippendale enfrentadas. Y mañana llegarán huéspedes de Nueva York y les daremos ese cuarto. Y este.. ¿Todavía la añoraba? —¿No lo usas para ti? —No. Y ahí.. Lo usaron mis padres. usamos todas las habitaciones de arriba para nosotros. —De todos modos. a la pasarela. cuando reabrimos Waverley. —se paró en la entrada del dormitorio que estaba sobre el salón principal— . —¿Te gustaría contemplar la vista desde arriba? —preguntó. similar al de las colgaduras de la cama. —Señaló el cuarto este. —Sí. al parecer sin inmutarse de cederles su cama a los extraños—. Tenía la sensación de que sería una profanación que entraran extraños en la gran cama Mallard. Una alfombra hecha a mano de un azul más intenso con un dibujo de color herrumbre en el borde cubría el centro del suelo original de pino.. En las ventanas. Delia. Una alta cama con baldaquino.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Al principio. armonizando con la araña. El bronce y los hierros relucían. Vio que alzaba la barbilla. En el centro de la cabecera. quiero verla.. La chimenea estaba hecha de mármol de Carrara con un guardafuego de hierro forjado. —Ah. unos lazos también azul hielo.es el dormitorio principal. —Tú naciste aquí. ante las idénticas ventanas del frente y. con sus globos de cristal trabajados al agua fuerte. al frente —. su perdida Delia. Jube y Marcus están arreglando el viejo mirador y se mudarán allí después de casarse. se tambaleó. Comparto el cuarto de Willy. Subieron el último tramo de escalera que los llevó. donde había sido concebido el heredero de Waverley. con los ojos fijos en la cúpula octogonal que remataba la mansión como una corona resplandeciente sobre la cabeza de un monarca. Agatha dudó en trasponer el umbral. junto a ella. Un tocador haciendo juego ocupaba casi toda una pared. para que cada uno tuviese una casa propia. con los dedos apoyados sobre el borde de la ventana. El dormitorio principal estaba decorado con el mismo tono de azul hielo del chaleco que Gandy usaba ese día. al fin. después Delia y yo. . formando parte del intrincado tallado. una escalerilla portátil de tres escalones para subirse. Agatha. —¿Ves ese campo. pero son muchos escalones. su impaciencia por mostrarle todas sus posesiones. —Señaló el que estaba frente al de Willy—. con postes tallados a mano. se extendía la herencia de Scott. Percibió su orgullo. había una mesa con tapa de mármol. dominaba el espacio. Sin saber por qué. —¿Vendrán pronto huéspedes que ocupen esta habitación? —La semana que viene. y dejaba el resto expuesto. había un óvalo convexo firmado por Prudent Mallard. abajo. de palo rosa. Es grandiosa. entre ellas. A los postes de las esquinas estaban sujetas ondas de tul blanco y. pero mejoramos una por una las cabañas de los esclavos. Así puedo alquilar éste. y un dibujo de bambú color albaricoque. ahí? Lo señaló. Los Van Hoef se instalaron aquí. —Es impresionante. No le agradaba en absoluto presenciarlo.294 - .

—¡Está bien! ¡Iré! Scott y Gussie intercambiaron una sonrisa disimulada. alumbrado por pequeñas ventanas. tócala. tendrás problemas. ¿Quieres verla? —¡Me encantaría! Al llegar al suelo principal. ¿Quieres venir con nosotros? Como seguía enfurruñado. pero en medio del verano es un alivio después de un día caluroso. lo suficiente para que los huéspedes tengan una impresión de cómo era antes. mañana comenzarás a tomar lecciones con Gussie. sentado en el último escalón. —¿Y ves esa construcción al otro lado del camino? —Ahá. —Vamos a ver la piscina.295 - . Andando por el sendero de grava. se toparon con Willy que. —¿Es fría? —Helada. bueno. a veces tal vez te las dé yo. Llegaron a la zona de la piscina y después a una construcción de madera pintada de blanco entre robles y nogales. La piscina misma estaba hecha de ladrillo rojo y.. tienes que preguntar a Gussie si está de acuerdo. ¿Entendido? —¿Y tú? —¿Yo? Oh. —Hemos plantado un poco de algodón.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Sí. Tenía razón. Si quieres transformarte en un caballero cuando seas mayor... y le encantó la idea de poder experimentarla cada vez que quisiera. pienso llenarla de caballos. tendrás que aprender. —Ésa es la piscina. —Y estarás preparado a la hora que te indique.. o al pueblo con las chicas. No sucede por sí mismo. tocó el codo de Agatha y le indicó la puerta principal. —No será tan elegante como la de White Springs. . y ser inteligente y agradar a los demás. Dentro. o al bosque con Jack. Fueron recorriendo la pasarela. como hoy en la baranda. en un extremo. un tramo de anchos escalones de mármol para entrar. —¿Cómo podré estar listo si todavía no sé la hora? —Ésa será tu primera lección. —¿De dónde proviene el agua? —De pozos artesianos. Por eso está aquí Gussie. Gandy dijo: —Willy. pasaron por los jardines ornamentales y el prado. y escúchame. —Huele mucho mejor que White Springs. A medida que pueda. Scott rió. —Ivory dice que va a enseñarme a nadar —anunció Willy. Pero antes de que hagas planes para ir con Zach a los establos. estaba fresco y umbroso. hacía pucheros. y. Y si te da una orden y no la obedeces. ¿Y ves esa pradera que baja hasta el río? —Miraron hacia el este—. hasta llegar a un punto desde el que miraban al sur. Gandy se dio la vuelta.. los tres juntos. Deja de dar excusas. Agatha recordó la sensación de ingravidez. Les aclaré bien a todos que hay una sola persona que te dará órdenes: es Gussie. al otro lado del camino. —¡Lecciones! Pero yo iba a. hacia el sendero de coches..

es que la iglesia más cercana está en Columbus. resultó diferente. y de formar parte de la camaradería que reinaba en torno de la mesa. Agatha mandó a Willy a lavarse de nuevo las manos pues la primera vez no estaban demasiado limpias y. tres horas pueden ser como dos días para un adulto. Tal como en la época de Kansas. Reservaremos tiempo todos los días para las lecciones de natación. —Para un chico de seis años. —Su semblante expresó decepción. casados o no». Agatha miró a Gandy sobre la mesa.. aumentaré el tiempo. Por eso conseguía el trabajo de revisar los daños bajo el agua cuando era changador en los barcos fluviales. Si bien Gandy había dicho que Agatha sería la única encargada. Willy estará en buenas manos. —¿De los negros? ¿Bautista. pensaba no darle más de tres horas de clase por día. no es que no quiera que vaya.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿A nadar en serio? —preguntó Agatha—. —¿Tres horas? ¿Nada más? —se asombró Scott. Quiero decir. comenzó entre Agatha y Scott una cooperación inconsciente en lo que se refería a Willy. al anochecer. de niños. Es un nadador resistente. . no puedes descuidar la educación espiritual del niño. ¿no sólo a chapotear sino a nadar bien? ¿Con la cabeza en el agua? Scott respondió por él. De ese modo. Mientras esté con Ivory. Willy estuvo asistiendo. del pequeño. pues estaría ocupada en otras tareas hasta esa hora. cosa que hizo encogerse al hombre—. El sábado. antes de que construyeran la piscina... Oh.296 - . —Está bien.. A la mañana siguiente. como se quejó. Agatha preguntó si no había inconveniente en que Willy durmiese hasta más tarde y comenzara las clases a las diez. —Bueno. del hombre. pero para los negros. sorprendido con la guardia baja. y no tenía sentido hacerlo levantar exageradamente temprano: al comienzo. lo que te parezca mejor. Esa noche. —No asistió. Gandy reforzó la orden con una sola exclamación: —¡Willy! El niño fue rezongando pero volvió con los nudillos inmaculados. eh. quieres decir? —Bueno. Poco a poco. se acercó a él y le preguntó: —¿Qué me dices respecto de ir mañana a la iglesia? —¿La iglesia? —repitió. y pensó: «Somos mejores padres que la mayoría. —Sí. la iglesia. —Ivory y yo solíamos ir a nadar juntos al río. sí. Gussie. Y gozó del momento. ¿no es verdad? Gandy carraspeó: —Bueno. para la cena. —¿Eso significa que estás de acuerdo en que le enseñe a Willy? —Totalmente. está bien. Scott. bautista. —¿Y la pequeña iglesia blanca por la que pasamos cuando vinimos? —Es de los negros. —Entonces. se consultaban mutuamente cada asunto que concernía de manera directa a la crianza o el bienestar del chico.

Emanaba un aire aristocrático que a las otras chicas les faltaba. Los huéspedes la adoraban. no te echarán. era la imagen de la gentileza que los invitados habían imaginado al hacer las reservas para la mansión Waverley. saliendo del cuarto. pero rezará con nosotros. ¿No crees que sería el lugar ideal para que lo hiciéramos? Así. estaba esperándolos sentado en uno de los bancos de bois d'arc. y se dirigiesen a ellos como «el señor y la señora Gandy«. Gandy no se sorprendió de que Agatha se adaptara. A partir de entonces. Agatha se hizo un hábito de saludarlos cuando llegaban. Willy conquistaba a ricos industriales y a sus esposas minutos después de que hubiesen puesto los pies en la mansión. entonces le diré a Leatrice que Willy y yo iremos con ella. —Pero. Zach. a Gandy la propuesta le resultó tentadora. Gandy advirtió que Agatha se ruborizaba y le echaba una mirada fugaz. Mose.297 - . Era capaz de hablar con cualquiera. Gussie. —¿Lo habéis pasado bien? —preguntó. Es presbiteriana. las uñas lustradas y recortadas en forma de óvalos perfectos. La primera vez que sucedió. . Es que los blancos y los negros no se mezclan en la iglesia. en la galería norte. conocido o no. de Kansas. A fin de cuentas. Se acostumbró a levantar la vista desde el escritorio de la oficina para ver a Gussie trabajando en su habitación. levantándose cuando Agatha subió los escalones. En realidad.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Van Leatrice y Ruby? —Leatrice sí. el cabello siempre impecablemente peinado. amplió la tarea y le asignó la de guiar en una gira por los establos y los campos a cada contingente que llegaba. —¿Acaso no le rezamos al mismo Dios? ¿Qué importa si es bautista o presbiteriana? —No importa. ¡Pero es de ellos! —¿Me echarán? —No. Cuando regresaron. Era lógico que muchos de ellos los considerasen marido y mujer. Con sus finos vestidos. no entiendes. Agatha encargó a Marcus que le fabricase una alcancía en forma de banjo. Del mismo modo que había cautivado su corazón cuando lo conoció. con las cuerdas sobre la ranura. —Qué raro. y la señorita Agatha Downing. Agatha y Willy fueron a la iglesia con Leatrice. se adaptó y dejó que él se ocupara de corregir el error. firme. Agatha dio a Willy la responsabilidad de acompañar a cada recién llegado a la habitación correspondiente. La próxima vez tienes que venir con nosotros. fueron mujeres como ella las que lograron que todo el Estado de Kansas apoyara la prohibición. se ocupó de presentarlos. usando el llamativo sombrero rosado. confiable. Ruby no. pues comprendió que el encanto del niño en sí mismo ayudaría a que la gente volviera. Era placentero saber que estaba ahí. Al comprenderlo. Bertrissa y Caleb. Pero después. Willy siempre recibía propina. Leatrice. —Es una iglesia pequeña y encantadora. reuniéndose con Gandy en el vestíbulo para abrir juntos la puerta principal y darles la bienvenida a todos los que se apeaban del coche. —Éste es Willy. Y para su sorpresa. orgullosa. el pequeño que adoptó el amo. —Bueno.

Fue la primera vez que no recibió su apoyo. como lo hacía él. Y también. Le contó cómo Prince y Cinnamon se mordisquearon y fingieron indiferencia antes de que el potro montara a la yegua con su gran pene que colgaba casi hasta el suelo. ¿Acaso eso no es también una lección? Demasiado avergonzada para mirarlo en la cara más tiempo.298 - . Pasó varias noches preguntándose qué habría visto Willy cuando los caballos se aparearon. que no le fastidiaba ahorrar. Un día. incómoda. Si alguno de los hombres iba a pescar. Si Leatrice pelaba bagres. Las imágenes que bullían en su mente la dejaron desasosegada. y a Jube y Marcus. Y que. las chicas se escabullían hacia la piscina de ladrillos e iban a nadar sin otra cosa más que los calzones. Estaba tan encantado cada vez que echaba una moneda. Cuando Zach recortaba cascos de caballos o los herraba. mandaba a Willy con él para que aprendiera. cuando fuera mayor. Gussie. Al mismo tiempo. en lugar de explicárselo. el ángulo apropiado del casco. No veo nada de malo en que presencie cómo se aparean los caballos. aceptó escribir ella misma los nombres. (Hasta que aprendiese a escribir. poco antes de la boda. le enseñó el valor del ahorro. sobre todo. cuando estaba probándole el vestido a Jube. le preguntó si era cierto . —Y vio a Jube y Marcus.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR de modo que sonaran cada vez que metía una moneda. y le habló a Scott al respecto. cómo se había topado con Jube y Marcus cerca de la vieja curtiembre. Se le enseñaban modales siempre que la ocasión lo exigiera. le enseñó a usar la cinta de medir. con la fecha. la cantidad y el nombre de la persona que se la había dado. Agatha le pedía que le mostrase a Willy cómo lo hacía. a petición de Agatha. —Son cosas naturales. Pero. vio luces que titilaban en dirección de la piscina. y que tendría que aprender cómo llevar los libros. y cómo el joven levantó el vestido de la muchacha hasta la cintura y que ésta reía y corcoveaba como un potro cerril. le enseñó a contar dólares y centavos. para que al crecer fuese trabajador. Cuando Agatha cortó el vestido de boda de Jube. Las tres horas diarias de trabajo formal con Willy no eran el único tiempo invertido en su educación. en ocasiones. huyó de la oficina. al levantarse para abrir la ventana. le mostró cómo aceitar la máquina de coser.) Le explicó que. —Tiene sólo seis años. A Agatha la escandalizó la cantidad de cosas atrevidas que Willy había presenciado en ese lugar mientras andaba sin que nadie lo educase. Agatha misma le enseñó que jugar era la recompensa por trabajar. ¿Qué clase de enseñanza es ésa para un niño de seis años? —Están enamorados. pero también capaz de divertirse. acalorada y. sin duda reemplazaría a Scott en el manejo de Waverley. —Y aprendió junto conmigo que así es cómo opera la naturaleza para procrear. el chico aprendía los nombres de las herramientas. y Marcus. procurando que tuviera cantidades similares de ambas cosas. el modo de ajustar la herradura. Trató de imaginar cómo sería experimentar esa paradisíaca levedad sin otra prenda que una fina ropa interior de algodón. aunque sí sabía los números y podía anotarlos él mismo. y a sumar. Agatha le hizo un libro de contabilidad en miniatura y le enseñó a ingresar cada propina que recibía. Willy también le enseñó cosas a ella.

y Agatha le pidió si podía ir con ellas la próxima vez. como si flotara sobre una nube en el cielo. los preparativos para la boda avanzaban. y que la cabaña del mirador estuviese habitable. sin más ropa que una delgada ropa interior bajo el camisón. Llevó más tiempo del que pensaba terminar el vestido de Jube. pero Agatha se prometió que volvería sin demora. Luego. y protestaron. y desatando el nudo del cinturón. Y a descansar en el agua tomando una gran bocanada de aire. Jube dijo que sí. y combinaba calzones y enagua en una sola prenda. Tal como Gandy había dicho. Fueron esa misma noche. fantasmales. más frío y suave en el borde de la piscina. Terminó demasiado pronto. las dos se aliaron para vengarse de Jube y pronto las tres jugueteaban como niñas. estaba helada. las tres habitaciones estaban ocupadas). una cerilla aplicada a la lámpara simple proyectó una tenue luz anaranjada sobre un rincón del gran recinto. no era propio de una dama. seguida por Pearl. pero Agatha había hecho tan pocas cosas prohibidas en su vida que era un placer romper las reglas por una vez. todo estuvo listo y el ministro de la Iglesia Bautista de Leatrice aceptó celebrar la ceremonia. se quitó la bata y bajó los escalones de mármol como una diosa de ébano desnuda. con bata y todo. El salón brindaba un marco espléndido para . Se reunieron en la sala del frente. no. por fin. paradisíacos. Llegaron a la casa de la piscina riendo entre dientes y encontraron el camino a tientas en la oscuridad. Entre tanto. y todos los huéspedes regulares de la mansión Waverley (a esa altura. —¡Caramba. Las chicas nadaban de un modo rudimentario.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR que las chicas iban a nadar después del anochecer. andar descalza de noche. Le enseñaron a ponerse de espaldas. Agatha fue mucho más lenta para mojarse. y todos los antiguos esclavos que habían regresado parar ayudar a que la propiedad floreciera otra vez. Se repitieron la ingravidez y el placer que recordaba. inocente—: ¿Alguna está asustada? Ruby la empujó. que gorgoteaba un poco. Pero cuando se metió. Pero. Jube las salpicó. se acostumbró a la temperatura como le había pasado en White Springs.. preguntó.. luego tocaron el mármol. Y cómo soplar por la nariz para que no se le llenara de agua. en una dorada tarde de principios de abril: la familia de Gandy. Jube se volvió. Jube bromeó: —Miremos si hay mocasines de agua. Después. —Dos gritos agudos resonaron. deslizándose por el camino como cuatro espectros. estaba fresco. reteniéndola y sintiendo que subía. los camisones como manchones blancos bajo las magnolias gigantes. Sin duda. en las paredes y la superficie del agua. la tierra húmeda se les pegaba a los pies. Y a sumergirse no muy hondo y emerger con la nariz por delante.299 - . así puedo tomarme la revancha! Ruby rió. agitar los pies y usar las manos como si fuesen aletas de pescado. subía a la superficie y quedaba ahí. no estamos asustadas! ¡Acércate. Llevaba puesta una combinación de algodón: una prenda sin mangas que se abotonaba en un hombro y en la ingle.

y Gandy dijo: —Yo. en la riqueza y en la pobreza. La voz de bajo profundo resonaba como un tambor en la selva. «Queridos bienamados.» Gandy estaba cerca. Pero en cuanto abría la boca. Ellos también estaban radiantes de felicidad. benevolente. Willy miró a Gussie y murmuró: —¿Por qué lloras? Gandy le apretó el hombro. el sacerdote accedió. Tenían el futuro por delante. Abrió la Biblia y la ceremonia comenzó.) El ministro preguntó: —Tú.. a la pareja de novios. El reverendo Clarence T. Se habían colocado enormes ramos de azaleas rosadas sobre el piano y las mesas. en la enfermedad y en la salud.300 - . hacía olvidar todo lo demás. Scott estaba abstraído contemplando a . ¿quieres por esposa a Jubilee Ann Bright. y el chico se calmó. ¿Por qué llora? Pero no obtuvo respuesta. Era un hombre delgado y alto. radiantes de amor. tanto afuera como adentro. Oliver se adelantó y sonrió. —Sí. en lo bueno y en lo malo. El sacerdote le repitió la pregunta a Jube.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR la pareja nupcial. Qué breve fue esa felicidad. En la alcoba nupcial Jube. Scott vio que Gussie sacaba un pañuelo de la manga. comprometiéndose a compartir el futuro. extendido como un camino dorado por el que sólo hacía falta que avanzaran de la mano. Usaba unas gafas redondas y no podía quedarse quieto ni cuando hablaba. y cuan poca disfrutó desde aquel entonces. toda vestida de blanco. Ivory tocaba el piano. evocando el día en que él y Delia oyeron las mismas palabras en la misma alcoba. Marcus Charles Delahunt. con el sol entrando oblicuo por las altas ventanas que daban al oeste y los arbustos de azalea repletos de flores. dejando de lado a todos los demás. (Jube había insistido en tener dos testigos mujeres. su color. Envidiaba a Marcus y Jube. en toda la habitación. hacia la felicidad eterna. quiero —respondió en voz baja. La mujer se inclinó hacia él. El ministro preguntó quién sería testigo de la unión. y aseguró que no podía elegir entre las dos. Marcus la tenía de la manO libre. como tu fiel esposa. y la túnica colgaba de su cuerpo flaco como una bandera en un día sin viento. corto de aliento. con el rabillo del ojo. para tenerla y sostenerla desde hoy en adelante. os declaro marido y mujer. como ahora Jube y Marcus.. El chico pasó la vista a Scott: —Bueno. hasta que la muerte os separe? Responde asintiendo. y a la larga. estaba junto a Marcus que lucía elegante de gris. —En presencia de estos testigos. Scott vio que Gussie se enjugaba los ojos. le murmuró algo al oído. está llorando. Jube sostenía un ramillete de azaleas blancas unidas por una sencilla cinta de satén blanco. Él también deseaba eso. y con el poder que me confiere Dios. Willy se removía. Pearl y Ruby dijeron a dúo: —Nosotras. Marcus asintió y. mientras Ruby y Pearl entonaban «Dulce es el florecer primaveral del amor». Entre él y Agatha.

de pronto. de perfil a él. la curva de la mandíbula. observando el juego del sol dorado sobre las brillantes ondas cobrizas de su pelo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Agatha secarse los ojos.301 - . Willy y yo! . Y absorto en el súbito palpitar enloquecido de su propio corazón. la vieja magnolia se hubiese caído sobre el tejado: Tendríamos que ser nosotros los que estuviésemos en esa alcoba. La convicción lo golpeó con tanta brusquedad como si. la lozanía de los labios que cubría a medias con el pañuelo. ¡Tendríamos que ser Gussie.

tratando de reemplazar la felicidad genuina de la vida familiar por la alegría ficticia de la vida nocturna. llenándose las fosas nasales con ese fresco aroma. influencia serena sobre las chicas. mientras Willy daba de comer a los pavos y los huéspedes se sentaban en los bancos de bois d'arc oliendo el césped recién cortado. Ahora. ¿Y qué pasaba con él y Gussie? ¿Cuándo Scott fue más dichoso que cuando ella llegó a Waverley? ¿Quién había hecho más por hacerlo regresar a los valores en que lo habían educado? Tenerla ahí. Cuando se retiraban a la gran mesa del comedor y compartían la comida conversando alegremente. LeMaster Scott Gandy quería a Agatha Downing por esposa. Scott vivía sin rumbo buscando conformarse con un romance insatisfactorio con Jube. como madre de Willy. Cuando se encendían los picos de gas de iluminación y la casa resplandecía con una luz suave. quería estar seguro de que se acostaría con ella y se levantaría con ella. Pero. sentarse en los bancos de la galería mientras los nietos daban maíz a los pavos reales. en retrospectiva. objetivos en la vida. ¿cómo podía permanecer indiferente ante alguien que le había brindado tanta felicidad? Antes de Agatha. Jube y Marcus habían hallado los suyos uno en otro. con la familia sustituta que lo rodeaba. en la vejez. cuando las muchachas cruzaban el prado con las faldas armadas de miriñaque. con una sucesión de barcos fluviales y tabernas donde apostaba y vendía whisky. criar una hornada de hijos de ambos. Y ahora que estaba allí no quería que se fuera jamás. completaba el cuadro que Scott tenía de Waverley redivivo. y parecía que se deslizaban por el aire. Lo que más le gustaba a Agatha era el anochecer. Las noches en que todos se reunían en la galería trasera y bebían mint juleps. guiado siempre por los dos. y verla sorber la sopa desde un rincón del comedor con los modales impecables que tanto admiraba. que harían travesuras en los prados de los pavos reales. La «familia» no era más que una lamentable troupe de descontentos que buscaban raíces. estupefacto al comprender que Agatha Downing había conquistado su corazón. constancia. Y a menos que se equivocase. Sólo a partir de la llegada de Agatha fue tal como lo había imaginado. y llenarían los cuartos hasta que estuviese obligado a agregar un ala a la casa. verlo encanecer al mismo tiempo que el suyo y.302 - . un corazón que había permanecido indiferente después de Delia. no había Willy ni Waverley. quería contemplar el magnífico cabello caoba. anfitriona de los huéspedes. ver prosperar el negocio y compartir el éxito con ella. Las noches. comprendía lo superficial de esa dicha. pronto Ivory y Ruby harían lo mismo. . Quería ver crecer a Willy hasta que se convirtiera en un joven brillante y honesto.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 21 Estuvo dos días pensando.

poniéndole la mano izquierda sobre su propio hombro—. levantó la vista.. Scott.. En ocasiones. se tambaleó y tuvo que aferrarse a la mano del compañero para no caer. Como él le sonreía. fingiendo un tono afectado y usando el bastidor de bordar como abanico —. con las mejillas como tomates maduros y las manos no acostumbradas a la posición del vals. una tarde. —Yo. Se sentía muy torpe de frente a él. ¿me concedería esta pieza? El corazón se le estremeció y sintió calor en el cuello. Empezó balanceándose. Y cuando.303 - . Relájate. Scott rió y le atrapó la mano: —No acepto una negativa. De . había una inválida. No se parecía mucho a un vals.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Después. descubriendo que le resultaba mucho más fácil moverse en esa dirección. pero no importaba. Scott—susurró. Agatha alzó la vista hacia la rotonda y le ardieron las mejillas. Agatha siguió el paciente balanceo del hombre: daba un paso torpe hacia la izquierda.. Y la otra. señor. poco después de la boda. sonriéndole. —Lo haremos muy lentamente. La hizo ponerse de pie y enlazó los dedos de ambos con firmeza mientras la acompañaba hasta la rotonda. Scott y los otros hombres sacaban a las damas a bailar el vals.. No recordaba haberse sentido tan avergonzada en toda su vida. aquí. —Una aquí —le indicó. se le enfrió el rostro. bailaban con los invitados sobre el lustroso suelo de pino de la gran rotonda. donde otras tres parejas giraban con lentitud. tocaba la armónica y marcaba el ritmo con el pie bajo la serena interpretación de Ivory. mientras Willy se sentaba en el tercer escalón. he bailado tanto que tengo los pies destrozados. Scott dio un pequeño paso y Agatha se movió tarde. —Confía en mí. Ven. Pero los demás siguieron bailando como si no se percatasen de que. Hasta que. Muy amable. abandonaba las manos sobre el regazo y se perdía en el encanto de las elegantes parejas que siempre despertaban una sensación de nostalgia en su pecho. —Para guardar las apariencias. que cantaban canciones pastorales. —¿Cómo lo sabes? ¿Alguna vez lo intentaste? —Pero sabes. —Levantó la otra mano en la suya—. —Le arrebató el bastidor y lo dejó sobre el sofá—. Gandy dio un paso hacia el otro lado y ella lo adivinó. y la araña proyectaba una luz ambarina sobre los hombros y las faldas siseaban con un sonido que parecía la hierba crecida agitada por el viento estival.. hacían música en el salón: Ivory al piano. De todos modos. Te aseguro que no te dolerá. Con esfuerzo. —Por favor. al fin. decidió seguirle el juego. —No. entre ellos. aunque Agatha no quería levantar la cara.. ella le correspondió con una sonrisa vacilante. Entonces. ya sabes que no puedo bailar. La sostenía con firmeza y seguridad. Gandy daba un paso cada tres de los otros bailarines. Nadie espera que demuestres nada: limítate a disfrutarlo. uno fluido a la derecha. Y Agatha levantaba la vista del bordado. Marcus con el banjo y las muchachas. Scott se detuvo ante ella y le hizo una profunda reverencia: —Señorita Downing. premiosa—.

La mano izquierda de Scott seguía en la cintura de la mujer. la firmeza del hombro bajo su mano. ante quien podía admitir su propia fragilidad y hasta qué punto la afectaba emocionalmente. pero de felicidad en lugar de vergüenza. —¿Necesitáis ayuda por aquí? . Agatha fue hasta el vestidor. porque eso era lo que él hacía. los tres juntos». Era la primera persona con la que Agatha podía relajarse por completo. no sabía que podías bailar! —exclamó Willy. «Así tendría que ser. alegres. La impresionó saber que él era tan bello por dentro como por fuera. pasó el pulgar por las cerdas. poder brincar por la pista de baile riendo y echándose atrás. Cuando la danza terminó. Willy riendo. cualquiera puede. la mano pequeña y húmeda en la suya. No importaba que tuviese que aferrarse al hombro y a la mano del compañero con un poco más de fuerza que las otras. —Willy dio vuelta a la mano y Agatha apoyó la suya en ella. y Scott. Scott se inclinó y lo levantó. levantó el cepillo para el pelo. los ojos oscuros. Encontró la camisa de noche y preparó una camisa y un calzón limpios para el día siguiente. vagando entre las cosas de Scott. el juego de la luz ambarina sobre el rostro del hombre. Agatha le sonrió con las mejillas encendidas. No. —Yo tampoco. El corazón le desbordó de gratitud. —¿Te parece que yo podría? —Si yo puedo. y se lo pasó por el pelo. Los ojos. vio cómo plegaba con pulcritud los pantalones. no importó que en realidad no estuviese valseando. Agatha resplandeciente. Y que Scott fuese más allá de su torpeza y le hubiese obsequiado con algo más valioso que todas las coronas con piedras preciosas del mundo. los hoyuelos cuando sonreía. Cuando el niño iba a acostarse.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR súbito. mientras veía la araña girar y girar encima de ellos. desde su lugar en el escalón. de amor. Y sabiéndolo. le había brindado los regalos de nadar y bailar. la risa feliz de Willy. Lo único que importaba era que estaba sobre una pista de baile por primera vez en la vida. hasta donde lo permitía el rodete francés. Mientras se ponía la ropa de dormir. Y era así con todo el mundo. Era una de esas raras personas que juzgaban a la gente por lo que sabían de ella y no por lo que veían. inclinando la cabeza. juicioso y honesto. los almacenó para conservarlos en la memoria y sacarlos luego para revivirlos: la tibieza de la mano de Scott en su espalda. encima de la oreja derecha. —Dale tu mano izquierda a Gussie —le indicó—. era el único momento del día en que subía las escaleras. No se ponía un sombrero para complacer a una persona y otro para complacer a otra. Deseó con fervor ser graciosa y estar sana para él. Canturreando la melodía que habían bailado. como le había enseñado. —¡Gussie. Él lo esperaba y ella lo disfrutaba. Saboreó esos momentos dichosos.304 - . —pensó Agatha—. Esperaba que la gente lo aceptara como era. con aire complacido. quebrando la cintura. generoso. como solía hacer. y así bailaron los tres. El chico bajó de prisa el escalón y se abrió paso entre las otras faldas armadas de miriñaque. Era benévolo. Agatha subió con Willy. con la palma hacia arriba. dos libertades que jamás había esperado conocer. Un hombre tan hermoso merecía una mujer perfecta.

luego la rodeó y se sentó en el borde. ninguna mujer debía perderse. fumando un puro o jugueteando con la pluma. por la pasarela elevada. Se inclinó para recibir el beso y el abrazo de costumbre. Al ver a Scott correr la cortina. mientras Scott se desabotonaba lentamente la camisa y la sacaba fuera de los pantalones.305 - . —Buenas noches —respondía él. y al rostro otra vez. —Primero un beso —exigió. —Se atareó con Willy—. Pero lo que sucedió fue que bajaron la escalera curva. con aire de perseguido. La conciencia de sí se agudizó. con el peso sobre una cadera. interponiéndose entre los dos. éste bajaba corriendo hasta la oficina. Willy se arrojó entre sus brazos y le dio un beso entusiasta. —Buenas noches —decía. —Buenas noches. —Te gusta. ¿eh? —¿Podemos hacerlo otra vez mañana por la noche? —Si Gussie quiere. muchacho. se pondría un fino camisón con encaje en la parte superior y. Los hoyuelos eran tan marcados como las tachuelas del tapizado de una silla. Agatha solía gritarle asomada a la baranda: —¿Qué estás haciendo ahí abajo? Y Willy subía arrastrando los pies. Entonces. —Desde luego. Y las puertas se corrían con un leve topetazo. Una vez allí. Tenía la costumbre de irse a su propio cuarto en cuanto cumplía con todos esos rituales. Scott siempre estaba en la oficina cuando ella pasaba ante la puerta. Bueno. —Querrá.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Soltó el cepillo con ruido y se dio vuelta hacia la puerta. que cuando terminaran de darle las buenas noches Scott la tomaría de la mano y la llevaría. jovencito. Se reunirían en la gran cama con baldaquino en la que él había sido concebido. según Violet. le daba el beso de las buenas noches. Scott . Scott se recostó en el marco de la puerta. al dormitorio principal. acuéstate. sin dejar de sonreír. bebía un último sorbo de agua y demoraba lo más posible la hora de acostarse. y él diría: —Al fin —y harían juntos lo que. le mullía la almohada. la invadió una fantasía tan vital como el aire: que Willy era de los dos. —¡Me gusta bailar! Scott rió y le revolvió el cabello. Recorrió lánguidamente con la mirada desde el rostro ruboroso hasta el cepillo. Y cuando se daba la vuelta para cerrar la puerta. Por lo general. le daba un beso de buenas noches. se soltaría el cabello y lo alisaría con el cepillo que compartían. lo sorprendía mirándola. Nunca había subido mientras hacía acostar a Willy. ¿no es cierto. Querrás. Pero esa noche. Willy se tiró hacia atrás y los dos adultos se incorporaron. La incomodidad le provocó a Agatha pequeños estremecimientos en la parte de atrás de las piernas. al mirar en torno hallaría los ojos oscuros siguiendo cada uno de sus movimientos. Scott apareció en el cuarto de Willy y acomodó la red en el otro lado de la cama. Gussie? La observó. La pierna de Agatha chocó con la rodilla de Scott y las faldas cubrieron el pantalón. arrodillándose junto a Scott y tendiendo los brazos a Agatha. y ahora. acomodaba la red alrededor de la cama y apagaba la luz.

—¿Qué? —inquirió. Oyó detrás de sí el humidificador que se cerraba. —Oh —dijo Agatha. ¿Cuántas veces ansió hacerlo otra vez? —Me encantará. se interrumpió. Agatha se detuvo y al mirar lo encontró parado en la puerta de la oficina. —Siéntate. aun cuando oscurece. —¿Te molesta si bebo una copa de coñac? —En absoluto. aludiendo al primer tema que se le ocurrió. un juego de pipas de barro dentro de uno de los gabinetes con puertas de cristal. —Veo a Willy mucho mejor desde que estás tú. contemplándola otra vez. Marcus y Jube están felices —dijo la mujer. mucho. —Le gusta alardear. Olió el tabaco antes de darse la vuelta. —¿Tú duermes cuando te acuestas tan temprano? —A veces. Aquí. —A mí me resulta difícil dormir si me acuesto antes de las once. —Al parecer. Ya no había nada más que decir al respecto. Agatha lanzó una risa suave. la iluminación es tan buena que es un placer hacerlo. —Es decir. Agatha sintió la mirada en la espalda. bueno.. Agatha fue hacia su propio dormitorio. —¿Tienes sueño? —En absoluto. no siempre. como Jube era. Como hacían en los escalones. —Sí.. mientras Gandy llenaba un vaso e iba a sentarse en una silla de cuero. ¿no? Gandy también rió. —Sí. sobre mi hombro. a menos de un metro. Eligió para hacerlo un sillón de respaldo con orejas de color verde espuma. preguntándose si podría verle latir el pulso desde el otro lado.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR adaptándose al paso de ella. y permaneció ahí como una tonta. mientras recorría la habitación observando los muebles. tendría que haberse mordido la lengua. —No es necesario que me lo agradezcas: eras la persona lógica. Gandy retrocedió para cederle el paso a la oficina y. —¿Te gustaría venir un rato a mi oficina? Podríamos conversar. aprende rápido. —Es brillante. se aflojó el nudo de la corbata y desabrochó el botón del cuello. —Pensaba darte las gracias por concederme autoridad sobre él.306 - . oyendo a los coyotes.. el retrato de los padres en una pared. viene aquí cuando estoy trabajando y lee en voz alta.. Pero cuando las puertas se corrieron a unos centímetros del otro. raspar una cerilla. Creo que le resulta provechoso saber a quién obedecer. . Incómoda. Y al llegar a la oficina Scott se volvió. Cuando se acomodó. Gussie. O coso. —¿Y qué haces? —Leo. —¿Te molesta? —¿Que si me molesta? ¿Qué la llevaría a hacer semejante pregunta? Por mucho que lo hubiese pensado.

. no sé muy bien lo que quieres decir. El algodón. ¿te molesta? —No.... —Olvídalo. yo también tendría que irme a la cama —Agatha se movió . —Deberías intentarlo. entonces. apartó la vista y revolvió la ceniza en el cenicero. Gandy la observó. Después. Se abrió la puerta del frente y entraron los huéspedes. Agatha pensó: «Si Scott fuese mío. ¿Acaso no se te ocurrió que yo quería bailar contigo? No. ¿Viste el algodón? ¡Ya me llega a las rodillas! —No. —En realidad. O tal vez prefieras cabalgar. Jesse DuFrayne dijo: —Salimos a dar un paseo. —Buenas noches —dijeron Scott y Agatha a dúo. no he pasado por ahí. no se le ocurrió. —No creo que pueda. y Abigail dijo: —Bueno. las cejas marcándole una expresión confusa. sin embargo. —Bueno. Le dije a Jess que tenemos que regresar el año próximo. —Y hay un aroma dulcísimo en el aire —agregó Abigail DuFrayne—. Es una noche hermosa. varios segundos. en mi vida. como si el resto del mundo se hubiese esfumado. —Este lugar es paradisíaco—repuso la señora DuFrayne—. mientras la pareja subía la escalera con las manos juntas. Pensó en ello como algo que él le daba. el señor DuFrayne. —Deberías hacer una caminata hasta allí. aunque fue muy considerado de tu parte fingir lo contrario. no algo que disfrutaba. pero seguían comportándose como recién casados. Los dos sabían que los DuFrayne eran los últimos que estaban despiertos.. pero él bebió un sorbo de whisky. Scott terminó la bebida y apagó el cigarro. El matrimonio volvió de la mutua contemplación a la realidad con visible esfuerzo. y Gussie sintió una punzada de celos al ver que el esposo le apoyaba la mano en el cuello y ella le sonreía mirándolo a los ojos. quiero decir. no bailé. —Bueno. Cuando los pasos dejaron de sonar arriba. ¿Cabalgaste alguna vez desde que estás aquí? —Nunca cabalgué. Sonrió sobre el hombro al esposo. y tú lo sabes tanto como yo. ¿A ti te molesta? —¡A mí! Le dirigió una mirada repentina. Hablaremos de temas más seguros. un barón de los ferrocarriles. de Colorado Springs y su esposa. buenas noches. Al pasar ante la oficina de Scott.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Mi amante. Ya nadie más entraría por el foyer esa noche.307 - . ¿Qué es? —Jazmín —respondió Agatha. distraído.. —Tampoco creíste poder bailar y. lo hiciste. la oficina quedó en silencio. lo trataría tal como trata la señora DuFrayne a su esposo». y ahora es la esposa de Marcus? Para nada. Esperaban su primer hijo. —Sí —contestó Gandy. —¿Considerado? —Le dirigió una mirada firme—.

se lavó el cabello. Como había llovido durante la noche. —¡Dos semanas! ¡En Kentucky! El universo se tornó azul y vacío. como si fuera a recordarle que había que comprar una lista de productos. apoyando las manos en los brazos de la silla. se puso un sencillo vestido de tartán gris con cuello blanco. se enjuagó con vinagre y. El sol era feroz. pensando qué le habría dado para hacer algo semejante.. pasó por el mismo ritual. Hay algo más. la miró a los ojos. Se sintió mareada y apoyó la espalda contra la puerta. se metió en su cuarto.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR hacia el borde de la silla. Agatha se sorprendió tanto que dejó los ojos abiertos. y se vistió con infinito cuidado. Al manotear hacia un costado para alejarlas. Hay algo más. expectante. iría al pueblo. la expresión de los dos era intensa. . El beso fue moroso pero tierno. ¿Era así como empezaba el noviazgo? ¿O la seducción? ¿Y acaso le importaba cuál de las dos fuese? A la mañana siguiente. se inclinó hacia adelante y. y tuvo que acostarse desanimada y afligida. El único otro lugar en que la tocaba eran las rodillas. porque ella y Willy estudiarían hierbas en el jardín mientras las juntaban para Leatrice. Se levantó con aire despreocupado. a la que de inmediato acudían las moscas. Agatha se olvidó el sombrero. la besó con indolencia. Esos catorce días parecieron interminables. y la dejó aturdida. Estaba comprando caballos en Kentucky. donde sus piernas aplastaban la falda. tirante. Encerrándola entre los codos. Durante todo el recorrido de la rotonda contuvo el anhelo de tocarse los labios. el decimocuarto lo peinó alto. —Espera un minuto —le dijo. de todos modos. sentador. La noche del decimotercero. —Que duermas bien. se enganchó los botones de la muñeca en el pelo y desarmó la pulcra torzada francesa tras lo cual. cerró las puertas y dejó que crecieran las oleadas de emoción. y el más intenso todavía de volver a pedir más. despertó excitada. aunque él los cerró y se demoró rozándole la piel con el bigote. Después. con un aire tal de desapego: Espera un minuto. ya que Agatha. El día decimosexto. se dio la vuelta y lo contempló maravillada. el matiz cobrizo del cabello y la tersura de la piel. se detuvo delante de la silla. sin hablar. Pero él no regresó. tocándole los labios con la lengua que sabía a humo. Alzó el rostro hacia el techo y exhaló una breve carcajada silenciosa. Gussie —murmuró. para luego levantarse y acompañarla hasta la puerta. zumbando. Cada vez que se abría la puerta del frente.. deteniéndola cuando comenzaba a levantarse—. pues al llegar al comedor supo que Scott había partido al amanecer y no volvería por dos semanas. un mechón irritante se le caía sobre el mentón. El día decimoquinto. se puso el vestido verde que acentuaba la claridad de los ojos. la oscuridad de las pestañas.308 - . la terrible humedad le hacía brotar sudor de la frente. Parada entre las puertas corredizas. inútilmente. sentía que el corazón le daba un golpe en la garganta y el pulso adquiría un ritmo enloquecido.

Había olvidado lo rápido que crecían en .309 - . sintió el conocido terremoto en el pecho. por los lindes de los campos de algodón sin usar. Junio fue tórrido. Era malísima para cabalgar. entre las hileras de albahaca y consuelda. y Agatha siguió preguntándose con qué objeto la cortejaba. Del camino de entrada de coches. al lado del de Scott. Se llama Pansy. Y así fue como le dio el tercer regalo de las tres cosas inaccesibles que Agatha había mencionado tanto tiempo atrás. ven. ¿eh? —Sí. y te encantará. le dio un beso leve. —¡Hola. fugaz. —Sí. la angélica. atontada. Scotty! —intervino Willy—. —Con que hierbas. el jardín estaba del lado opuesto que la casa. así fue como la encontró Gandy. ¿Pueden esperar las hierbas? —Asintió. —Te traje algo —le dijo Scott en voz queda. El hombre alto frotó con afecto la cabeza del niño. Agatha se sonrojó. manchas oscuras de sudor en las axilas. Scott la subió y fue caminando junto a Pansy alrededor de la pista. —Te eché de menos —dijo. levantando una mano para protegerse los ojos—. mientras el pulgar del hombre seguía acariciándole el mentón—. Llegó el momento en que tomó las riendas y guió al animal por sí misma. La yegua más tranquila que pude encontrar. con el vestido verde y el cabello brillante y recogido en lo alto. pegajoso. siempre a paso tranquilo. Pero. y por eso no supo que había regresado hasta que la sombra de Scott cayó sobré ella. puso un dedo flexionado bajo el mentón de la mujer y le sacó la tierra con el pulgar. Has vuelto. los brazos en jarras y una rodilla adelantada. tensa y asustada. —Hola. sentada en una silla baja «de desmalezar». la saxifragia y la menta que brotaban mezclados de la tierra humeante. En ese caso. y salían a cabalgar todos los días. aunque sin apartar la mirada de Agatha. pero los besos fugaces no se repitieron. bajo la sombra de los pecaneros. el cabello desordenado. en Kansas. en medio de la sombra verde de las magnolias silvestres que abundaban cerca del Tombigbee. Scott se apoyó en una rodilla. Terminó mayo y empezó junio. pues se ponía rígida. Tienes que conocerla. una mancha de tierra en la barbilla y una cesta plana sobre el regazo. Estamos estudiando las hierbas. Levantó la vista y. —Has tardado dos días más. Sin soltarla. donde los caballos agachaban las cabezas para beber. rodeados los dos del aroma del eneldo. —¿Estuviste contándolos? —Sí. enseñándole a Agatha a relajarse y a disfrutar del paso tranquilo del animal. Gandy había pasado una mañana despejando con guadaña los senderos por donde se cabalgaba. sintió que el sudor le corría por los costados. —¿A mí? —susurró. al verlo erguido ante ella. en el rellano. Estaba preocupada. sin preámbulos. —Hola —pudo decir. y deseó sumergirse en la piscina y no salir hasta tener el aspecto que tenía dos días antes. ante la vista y los oídos de Willy. de todos modos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Por supuesto.

camino a la fábrica de hielo. se puso a chupar su propio trozo de hielo. Agatha le devolvió la sonrisa bajo su propio sombrero sencillo de paja. Estaba surcada de sudor. y eso le daba una sensación de intimidad que provocaba extrañas sensaciones en su interior. Las manos de Scott no estaban más limpias que antes. Llevaba puesto un polvoriento sombrero de ala ancha. picó un trozo agudo de hielo. Te he cortado uno bien puntiagudo. le puso el trozo de hielo en las manos—. Cuando terminó de subir. y salió a la luz cegadora del mediodía. Dentro estaba oscuro y fresco. mitad de caballo.310 - . eran tenaces obstáculos para los pies si no se las cortaba con regularidad. Bajando cinco escalones. hace calor. y tampoco la cara. El sudor le corría por el centro de la espalda. sacó un pañuelo del bolsillo y se secó el cuello. Después. con la banda empapada en transpiración. con el mango de la guadaña sobre los muslos. y aún no eran las once. Dejó a Prince en el abrevadero y. entró en una construcción de piedra. formándole arroyuelos de barro en las manos. Toma. y olía a serrín húmedo. Olvidó que sus propias manos estaban congelándose. —Ahora estás en el Sur. En el transcurso del año que lo conocía. Montado en Prince. se limpió con el dorso de la mano y . volvió a cubrirlo de serrín del mismo modo. donde por lo general quedaban olvidadas. fácil de chupar. tenía polvo en las arrugas de las comisuras de los ojos. nunca lo había visto tan sucio. —¿Viniste a buscar lo mismo que yo acabo de tomar? —Necesitaba algo. Agatha vio los anillos de humedad bajo los brazos de la camisa blanca suelta. no te vi. los claros ojos fijos en el erizado vello negro del pecho. No tenía las manos muy limpias. Oyó los golpes sordos y rítmicos de la pica sobre el hielo. Clavó el picahielo. Es de esperar que haga calor. Tenía los pantalones pegados a las piernas. —Ten. —De repente. Para ser junio. que quedó vibrando. mitad de hombre. y Agatha captó el olor de la transpiración. La sujetó para que no se cayera. Intercambiaron los trozos. En los bosques. Cuando arrancó el picahielo de la puerta. el hombre salió. Sin ceremonias. donde caían las gotas de hielo derretido. chupando el hielo. cuando se dio la vuelta para bajar de nuevo los escalones. —No miraste. Le sonrió bajo el ala del sombrero más mugriento que le había visto usar. Eran capaces de estrangular un jardín entero en pocos días. —Disculpa. chocó con Agatha y casi la hizo caer. ¿Estás bien? —Sí. clavó la pica en el marco de la puerta y la cerró. Agatha lo observaba fascinada. Se tironeó del vestido como si quisiera arrancárselo del pecho. miró el termómetro: ya hacía treinta y tres grados. Caramba. y la larga línea de humedad en el centro de la espalda. Scott se quitó el hielo de la boca. —Gussie. mientras se le derretía entre los dedos. ten esto mientras yo busco más. hacía un calor espantoso. y arrancó un piquete para hielo del marco de madera de la puerta.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR verano las enredaderas de kudzú. Quitó una parte con la bota polvorienta. en el marco de la puerta.

se sacó el hielo y le quitó una brizna de serrín. —Yo los vi. Retrocedió. Dio una lamida. ¿no? —Porque uso mi asafétida. por eso. Hacía tiempo ya que Gandy no era testigo de ninguna manifestación de los espíritus en la mansión. —Bueno. pero la perspectiva de un beso inesperado le aceleraba la sangre cada vez que lo veía. Ahí dentro debía de hacer cerca de cuarenta grados. Apoyó un pie en la baranda. Las sábanas parecían húmedas y el mosquitero impedía el paso del aire. haciendo reír a Scott. encendió el cigarro y pensó en la noche en que adoptó la misma postura en el pequeño y lamentable rellano que compartía con . y encontró un puro en el bolsillo del chaleco. Mose.311 - . Te veo a la hora de la cena. Scott se levantó. lo recordó. iré a ver si Leatrice tiene té frío. —Mose los vio. No tienen forma. Willy estaba inquieto. como chillidos de búhos. te morirás de un ataque al corazón! —Un ataque al corazón no me asusta ni la mitad de lo que Mose acaba de contarme. Fue descalzo hasta la galería de arriba. También oí unas risas fuertes. eso fue. se puso los pantalones. pero desde que entras ahí no volviste a verlos. Agatha lamió otra vez y sonrió. Cuéntale. atónita. —También aseguraste que había fantasmas en la casa. —Lo siento —dijo. blancos y movedizos. A su lado. —Quizá se muden. ¿Noviazgo o seducción? Fuera cual fuese. —¿De qué habla? —Yo los vi. Llevaban una luz y buscaban gente para hundirla en el agua. —Esta vez. —Eso es ridículo. Mose no abrió la boca. fumando la pipa y pelando maíz. Le estampó un beso con menos premeditación que en las dos ocasiones previas. Vinieron del cementerio. Los vi flotando como la neblina. en mitad de la noche. —¡Por Dios. sacó serrín y escupió. demasiado impaciente para esperar que Mose hablara. no coincidía con las ideas preconcebidas de Agatha. Dio un único lengüetazo frío a los labios de la mujer. es agradable. Pero con ese arreglo dejaban libres más dormitorios para los huéspedes. Y la dejó ahí. como no podía dormir. Luces titilando por ahí abajo. cuando todos en la casa duermen. mujer. —Un poco de serrín no hace mal a nadie. como al pasar—. A la noche siguiente. —Dime de qué se trata. y deseó tener un cuarto para él solo. Gandy encontró a Leatrice en la cocina con Mose. —¡En la piscina! —Mose los vio.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR le dijo: —Adelante. Era posible. hay fantasmas en la piscina —afirmó Leatrice. El tiempo caluroso proseguía. Como la casa está repleta. se fueron a la casa de baños. escucha —dijo Gandy. sonriente.

las ranas emitían toda una escala de notas. bajó las escaleras. entonces. maldijo el pegote y siguió adelante. Señor. podría haber serpientes en el agua! —Irritado. —¡Yo! ¿Qué rayos haces tú aquí. En el río. que sintió fría contra los hombros desnudos. Sobre los escalones de mármol había una lámpara. Iluminado desde abajo. emergió asomando primero la nariz. en silencio. de espaldas. ¿quién te oiría si pidieras auxilio? —No pensé que te enfadarías. Alguien estaba nadando. No se oían voces ni ninguna otra clase de movimientos. sin otra prenda encima que los pantalones negros. La mano que llevaba el arma se relajó y respiró con más calma. Caminando descalzo por la hierba húmeda. la mujer se sumergió. —Pues. sola. —¿No debería estar aquí? —¡Por todos los diablos. Había sido en agosto. vestida sólo con una combinación. Agatha giró velozmente. —Así que. con la espalda contra la pared exterior. pero puso los brazos en jarras. Bajó el pie de la baranda y se sacó el cigarro de la boca. O podría darte un calambre y. La luz era firme. Se acercó a hurtadillas al edificio. Y no me gusta que estés aquí. —¡Scott! ¿Qué estás haciendo aquí? Cruzó los brazos sobre el pecho y se metió bajo el agua. Se aflojó y apareció en el vano iluminado. y aguardó. se dirigía al otro extremo de la piscina con movimientos lentos y fluidos. un arma en la mano. señaló el arma—. Se oyó el grito amortiguado de un búho y levantó la cabeza. sólo había pasado poco más de un año. Se acercó a ella. Parecía que alguien estuviese nadando. Scott se quedó tenso. el rostro ceñudo. el semblante era diabólico. inmóvil. se dio cuenta de que no le serviría de mucho contra un fantasma. se aferró al borde con los dedos de los pies. En el extremo distante del sendero titiló una luz. cuando aullan los coyotes. éste es nuestro fantasma. Afuera no estaba más fresco que adentro. empuñando la pistola en la mano derecha. El aire estaba denso. ¿Espectros? Tal vez Mose y Leatrice tenían razón otra vez. —¡No estoy enfadado! —Estás gritando. Una mujer. aunque parecía tanto tiempo atrás. Gussie. Bajó el volumen. desde el pitido agudo de las arbóreas hasta el ladrido bajo de las ranas toro. En un periquete. se sacó el agua del rostro y nadó en dirección al hombre. De todos modos. la tomó: no podía saber con qué podría toparse en la casa de la piscina.312 - . Agosto o septiembre. sólo un blando chapoteo. Sólo cuando buscaba la pistola en el cajón del escritorio. en mitad de la noche? Agatha sacó una mano del agua para alisarse el pelo. Ya podía verla emergiendo por la ventana de la casa de baños. Aguzó el oído. Esperó hasta que estuviese casi junto a él antes de hablar. y no se había percatado de su presencia. En el otro extremo. hizo pie y lo miró con la boca abierta. es una idea bastante tonta. .LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Agatha en Proffitt. Cara abajo. pisó un caracol. los pies separados.

se aferró el cuello de la ropa. creo que me hace bien. pero no se movió mientras él iba hacia el extremo de la piscina con enérgicas brazadas. dejó el arma y bajó chapoteando los escalones. por eso. lo agitó.. —Me enseñaron a nadar. —Ah. sino porque la usas de noche. No está bien que estés aquí. En la tercera pasada. En ocasiones. —¡Las chicas! Debí imaginar que estaban detrás de esto. yo saldré. ¿Qué te parece si me meto yo? Es una noche calurosa. —pensó Scott—. —¿Y bien? —Nosotras. pasando sin detenerse. no estoy molesto contigo porque uses la piscina. —Gussie. pero las piernas eran una mancha difusa. Dio la vuelta y se dirigió hacia ella. ¿no te produce dolor en la cadera? —A veces. —Oh.. Scott. —Ya veo. —¡Scott! Pero no le hizo caso. Scott. El agua le chorreaba del pelo con un goteo amplificado. Cuando acabo de meterme. —¿Y por qué de noche? ¿Por qué no lo haces de día? Cruzó los brazos con más fuerza. y en las vigas de madera del techo los reflejos de la linterna danzaban como luciérnagas. Estaba chapoteando boca abajo. sólo dejó asomar la cabeza. acaso.. Gandy esbozó una semisonrisa. se interrumpió. están los huéspedes y como no tenemos trajes de baño apropiados. Pero los siguientes diez minutos que compartieron la piscina. Sintiéndose culpable. y apartó la vista. —Y hacía tanto calor que no podía dormir. Dio una limpia zambullida y salió tres metros más allá. Pero como vengo a nadar con regularidad. y Agatha decidió que sería correcto que ella usara el otro. —Por favor. y yo tampoco podía dormir. vengo con las chicas. ¿No fue eso.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —No siempre vengo sola. lo que me hizo salir a la galería?» —El agua tan fría. —Tengo una idea mejor.313 - . absorto en el placer físico del ejercicio. Me vendría bien un chapuzón. Scott escudriñó bajo el agua. cuando la cabeza del hombre . le dijo: —Ven. «Yo tampoco. Se interrumpió otra vez y lo miró. Scott metió un pie en el agua. —De día. por el contraste. Si regresas a la casa. —¿Con regularidad. —Te dije que no tengo la ropa apropiada. Antes de que pudiese protestar.. entiendo. y eso no es seguro. —¡Aaaah! Agatha rió. Ocupaba un costado de la piscina. demonios. lanzando una exclamación. Se ablandó un tanto. Arrancó otra vez y la dejó atrás. dices? ¿Cuánto hace? —Poco después que llegué a Waverley. ya te he visto en camisón.

Una delgada tajada de luna iluminaba el camino. —Gracias. Enseguida Agatha se avergonzó e.314 - . se quitó el agua con las manos. como la de una tortuga. En el trayecto hacia la casa. La ancha puerta del frente se abrió en silencio sobre los goznes aceitados. divertida: «No cabe duda de que los hombres son menos delicados que nosotras en su arreglo personal». . entonces. —Sí. dejándose el pelo erizado como púas. —¿Ya es suficiente? —preguntó. y salió la primera. Te acompañaré de vuelta a la casa. la enroscó y sujetó la punta en el cuello. Gandy recorrió una vez más el cuerpo de la mujer con la mirada. Pero podríamos reservar un tiempo durante el día para que tú y las chicas tuvierais la piscina para vosotras solas. —¿Lista? Asintió. Desde abajo de las arqueadas ramas de la magnolia. —Te daré la espalda. entraron otra vez en la luz pálida de la luna. —¿Sabes cuántas veces dijiste mi nombre desde que te descubrí aquí? —¡Suéltame! En vez de hacerle caso. Observó disimuladamente. Agatha levantó la vista y las vio iluminadas por la lámpara. Lo hizo. Ya tengo frío. —¿Podríamos? —¿Por qué no? Es mucho más sensato que hacerlo de noche. con el coro de ranas como acompañamiento. mientras se pasaba la toalla por la piel desnuda y le daba un rápido repaso a la cabeza. mientras Agatha se precipitaba a secarse la cara y los brazos. Le contó a Leatrice que ese sitio estaba encantado. subió los escalones y la depositó arriba. en cambio. temblorosa. ¿Oyes esas ranas? Hicieron el resto del camino en silencio. —Toma. Los pies descalzos sonaban como sordos golpes de tambor en el suelo hueco de la galería.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR emergió junto a ella. Echó un solo vistazo y le exhibió una sonrisa de aprobación antes de poner cara de circunstancias. convirtiéndolo en una tenue cinta gris. Miró sobre el hombro y aceptó la toalla. la levantó. —¿Ahora ya no podré ir de noche? —Me temo que no. —¡Scott! Siguió tirando. sonriendo. puedes usar esto antes de que me seque el cabello. Scott. La tomó de la muñeca y comenzó a sacarla del agua. inclinándose desde la cintura. De los jardines llegaba el perfume de las plantas que florecían de noche. envuelta en telas blancas que se transparentaron en cuanto salió del agua. Se enderezó. se ponía la bata sobre la piel todavía húmeda y la ropa interior empapada. La mujer retrocedió y se aferró otra vez el cuello. —Sal. se envolvió la cabeza en la toalla. y luego se posó en la pistola y la lámpara. Scott dijo: —Leatrice cree que eres un fantasma. Pensó. Mose vio la lámpara en la casa de baños y debe de haberos oído reír. Al pasar entre los bojes.

levantando la lámpara. pero el resto se perdió. con los ojos cerrados. Los tocó con la lengua y ella respondió con timidez: fue un beso suave de comienzo y expectativa. incapaz de soñar con una excusa para retenerlo un poco más. Al terminar. La tomó de las muñecas y las apartó de los pechos. Pero no hubo señal. —Tendría que. de expresión incierta. y lo miraba con ojos claros y transparentes como gemas verdes. más largo. Scott bajó la cabeza para besarla. respirando como si. que bañó los rostros de los dos de un intenso color albaricoque. La mirada de ella la siguió. Le apoyó los codos en el pecho. y encontraron correspondencia.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Entraron en la imponente rotonda que lo tragaba todo. murmuró: . Enmarcado por la toalla blanca enroscada como un turbante. Agatha sentía que el corazón le latía en la muñeca. —Fue divertido —susurró la mujer. que la actitud defensiva obedecía a una vida orientada por severos preceptos morales. y que sus propios pantalones se le pegaban y formaban un charco que resbalaba por el suelo encerado hasta unirse al de ella. y un agua tibia le goteaba entre las piernas. «Dame una señal. Con voz insegura. se quedó como estaba. Se irguió. y se miraron a los ojos. Gussie. Agatha giró y levantó la cara. Se detuvieron junto a ella. mirándolas como maravillada. —Buenas noches. enormes. puso las manos en los hombros de Scott. No me tengas miedo. esperando que el verdugo encienda la hoguera». Scott advirtió que la bata estaba mojada en todo punto en que tocaba la prenda interior. el rostro se veía adorable..315 - . Vio que tragaba saliva y la atracción que lo acercaba a ella fue demasiado intensa para resistirse. Estaba mortalmente asustada. Scott permaneció inmóvil. salvo un pequeño círculo de la luz escasa de la lámpara que Scott aún sostenía. donde el pulso latía más rápido que lo normal. Resbaló la mirada hasta el hueco del cuello de Agatha. buenas noches —dijo. Una de las puertas de Agatha estaba abierta. los antebrazos apoyados en él. —¿Me tienes miedo? —susurró—. —Bueno.. formando un charco en el suelo. —pensó—. como Santa Juana. despejado. —No. igual que el suyo. se puso de puntillas y le dio otro beso. Abrió los ojos y se encontró con los de él. Contempló los ojos de Agatha. aún fríos del agua. descendiendo hasta la mata de vello áspero del pecho. Estás ahí. con movimientos deliberados. Para demostrarlo. sumergirse en ella. Ninguno de los dos se movió. Deseó hacer lo mismo: pegarse. con los brazos cruzados sobre el pecho. —¿En serio? —replicó. y encontró los labios abiertos. y comprendió que en situaciones como la presente se desconcertaba. de pronto. Agatha alzó la vista. Agatha retorció con lentitud las muñecas hasta que él la soltó y entonces. interrogantes. el fuego hubiese consumido todo el oxígeno alrededor de ella. —murmuró. para darle tiempo de adaptarse. Un reguero de agua goteaba desde el cabello revuelto de la mujer hasta la clavícula del hombre.

otra en otro. Eres bella. pura. y con un solo movimiento quedaron en la oscuridad. para percibir la sensación exquisita de la piel fresca y los músculos tensos. como si subiera colina arriba. Le entibió la . dímelo otra vez. especial.. —Lo sé. La expresión de la mujer se tornó dolorida. Toda mi vida solitaria. —Te amo. Agatha no se resistió. Scott hundió una mano en el pelo húmedo. En cuanto lo tocó. El cinturón cayó al suelo. Y demuéstramelo. —Sí. Abrió los ojos y pasó las yemas de los dedos por el labio inferior del hombre. Buscó el cinturón y. —Te amo.. La acarició hasta que comenzó a respirar otra vez. la clase de mujer a la que un hombre corteja durante un tiempo. también contraído de frío y lo entibió. Scott. Agatha cerró los ojos otra vez y dilató las fosas nasales. y halló los botones del hombro. al recordar las palabras de Violet. dejando un solo pecho al descubierto. apretando la mano contra la ropa mojada. dilo. Lo sé desde el día de la boda. Gussie. —Yo podría calentarte. Agatha levantó los brazos. y Scott abrió la bata y metió la mano dentro. cada vez más ardiente. contraído.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Lo que te dije la última noche en Kansas era verdad.. —Oh. Scott. junto a la toalla. como absorbiendo sus palabras. el beso impetuoso. —Por favor. —¿Debo dejarte? La besó. Cuando se incorporó. por favor.. se estremeció de nuevo. Gussie. Ahora.. le llenó la palma y lo sintió aún frío. una vez en un ángulo. Eres tan diferente. al tiempo que hallaba el pecho con el pezón frío y erecto. perlado de agua.. —¿Y por qué esperaste tanto para decírmelo? —No sabía qué querrías primero: que te lo dijese o te lo demostrara. —Entonces. Al sentir el traspaso de calor. Scott le rodeó la cintura con un brazo y acercó tanto los dos cuerpos que el agua de sus pantalones se filtró por la bata y resbaló por los muslos de ella. A un beso siguió otro. también por la reacción que le provocó en el estómago. mientras que las de ella se posaron sobre los omóplatos. y la pistola. La mujer se estremeció. —Lo estoy.. el abrazo fue inmediato. halló el otro pecho. La prenda mojada cayó por su propio peso. he esperado tanto para oír eso. para cerciorarme de que no estoy soñando. Agatha contuvo el aliento.316 - .. Pero no debes decirlo a menos que estés seguro. deja la lámpara. brazos que estrechaban y aliento agitado. oh. —rogó en voz queda—. Quizá desde antes. todo lenguas invasoras. echó la cabeza atrás y la toalla se soltó. —Estás fría —murmuró contra la frente. también es verdad para mí. Con la mano ahuecada alrededor. Se agachó. Las manos oprimieron los hombros. Dentro de la ropa mojada. un deseo desbordante de impaciencia y urgencia de recuperar el tiempo perdido. Le sostuvo las mejillas: —Entonces.

pero cuando te fuiste pensé que hasta entonces no había conocido el verdadero significado de la palabra. no. Siempre estuve sola. Le dio besos rápidos. —Aquella noche en que nos besamos en el rellano. —¿Nunca la amaste? —Nunca. Agatha se apretó más contra él. A veces. Gussie. Ignorante pero ansiosa. Las palabras resultaban pálidas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR boca con la lengua. es así como sucede. y aun así las susurró. pasó la mano por la espalda. de vacío. Se besaron otra vez. Perdí toda esperanza de sentir alguna vez esto contigo. siguió las indicaciones de su lengua y de sus labios.317 - . Pero así fue. aceptó los besos. —No te lo habría permitido. —Pero tú tenías a Jube. —¡Calla! Mi amor. deseé haberlo hecho. las nalgas frías. —¿En serio? Yo creí que era la única que me sentía así: angustiada. pero no pude hacer otra cosa. lamentábamos no tener sentimientos más profundos uno hacia otro. no en el lecho conyugal sino en un pasillo. se elevó hacia él. —Me pregunté muchas veces por qué te dejaba. no eras la única. El estómago húmedo con el suyo. le tocó el pelo húmedo como hacía él con el de ella. y eras el primer hombre con el que me hubiese acostado y supe que no habría otro. —Pensé en morirme —susurró—. igual te sientes solo. Solíamos hablar de ello. Le besó el mentón y sintió que la mandíbula se movía cuando habló en voz baja y ronca. De modo que. —Era preferible a vivir sin ti. apretándole las mejillas y mezclando su aliento con el de Scott. y sientes por primera vez el cuerpo turgente de un hombre apretado contra el tuyo». —Scott. la sola idea me angustiaba. No tenías que estar solo. enferma de nostalgia. en el hueco de una puerta. Nunca. y tus rodillas se convierten en puré y tu piel en ascuas.. Los pechos se entibiaron. —¿Por qué? —Porque te marchabas. y se preguntó si le alcanzaría una vida para hacerle entender lo que significaba para ella. como reiterando la promesa. —Si no amas a una persona. eso ya acabó. «Tan veloz. Los muslos con los de él. No quería hacerlo. y las manos del hombre la acariciaron con más urgencia. quise llorar pero no pude porque mi pena era demasiado honda. . —No. no. —Pero yo no quería dejarte. asombrada de lo poco culpable que se sentía de permitirle caricias tan íntimas. como para borrar el recuerdo de su mente. me resultó difícil contenerme de hacer esto. Tan violenta la transición de deseo a desenfreno. —pensó Agatha—. —Cuando te fuiste de Kansas. las caricias se hicieron más tiernas. y no habría sido peor si hubieses muerto. Dentro de la bata abierta. Pero sufría todos los días. A último momento.. Para mí. —No.

Luego me dijo que esperaba que el señor Gandy viese la luz y me tomara como amante. no. Cuando volvió a hablar... o sea. en su voz no quedaban vestigios de burla. Scott. pues voy a encender otra vez la lámpara. y el rostro le ardió cada vez más. y no tuvo otra alternativa que cubrirse rápidamente y enfrentar al hombre que acababa de acariciar su piel . Agatha. Gussie. —Por favor. Me confesó que de joven. —Sí. —Abotónate todo lo que haga falta y ata todo lo necesario. con todo respeto. ¿esto es una proposición? Se crispó un poco. En la oscuridad. en la cama donde fuiste concebido y donde naciste.. —Cuando me iba de Proffitt. ¿No deberíamos encender la luz para esto? —¡No te atrevas. —Sintió que la risa crecía en el pecho del hombre.318 - . le alzó la barbilla y la besó. Te invito a mi cuarto y.. Pero se encendió. aferrándole las caderas. Scott Gandy! Sintió que las manos de él le sujetaban los antebrazos y la apartaban de él. Con movimientos suaves. percibió su asombro.. Aunque no podía verlos. Violet.. se apresuró a seguir: —Pero. Scott. y. pido respetuosamente que demoremos esto hasta que tenga ocasión de formularle unas preguntas personales y femeninas a Leatrice.. en el caso de que me quieras para algo más que amante. Se marchitaría de vergüenza cuando la luz brillara sobre su cara encendida. si no por esposa. me gustaría pedirte. Me imagino qué a eso conduce todo esto.. deslizó la mano por la cadera hacia adelante por el estómago. Violet me dijo algo que no se me va de la cabeza desde entonces. tuvo un amante. me parece una proposición. bueno. —¿Violet? Aunque no le veía la expresión en la oscuridad.. La obedeció. —Qué audaz. supo que habían aparecido los hoyuelos. aprenderé. que dejemos esto hasta que podamos hacerlo en el dormitorio principal.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¡Shh! La besó. la rodeó con los brazos y unió las manos al final de la columna. porque no quiero concebir a ninguno de tus hijos en otro lugar de esta casa que no sea esa cama. Sólo expreso mis deseos antes de que sea demasiado tarde.. las manos de ella sobre su pecho. por favor.. Y si no existe la más remota posibilidad. —Por cierto que no. Ahora estaba segura de que el pecho de Scott se sacudía de risa silenciosa. a mí. detente y escúchame. pero lanzando un suspiro trémulo. —Bueno. sin duda. Por favor. Que fue la experiencia más maravillosa de su vida y que ninguna mujer debería perdérsela. —Rozó el vello del pecho con las yemas de los dedos—. Agitada.. se lanzó otra vez al ataque—. —Pero incluso hablaste de concebir niños.. haré todo lo que.. y quiero que sepas que si me quieres sólo como amante acepto. Agatha se echó atrás y lo detuvo —Debo decirte algo. señorita Downing. porque estoy segura de que ella debe saber cómo evitar el embarazo.

por Willy. pero nunca creí que sucedería. —Agatha Downing. ¿En la alcoba nupcial. por ti y por mí. Con creciente excitación. si te pones fastidiosa. Te amo tanto. Gussie. despierta. completamente serio. sólo para que Willy tuviese compañeros de juego. De todos modos. con la boca pegada a los labios de él. Para mí estás muy bien —le dijo. —Oh. Si supieras cuántas veces imaginé esta escena. Y hacía tanto que deseaba esto. —Le pasó la lámpara—. eres horrible. mientras se dirigía hacia la imponente escalera—. ¿quieres casarte conmigo? —le preguntó. ¿no? ¿Qué clase de ejemplo sería para él? —Oh.. con los pies de ella sobre los de él. se las arreglaron bastante bien. Luego. —White Springs. tengo intenciones de que pasemos la luna de miel en White Springs. mientras él proseguía—. Scott. y de paso. Le rodeó el cuello con el brazo libre: —Inténtalo. que es como debe ser porque ya somos una familia? Agatha se cubrió los labios con tres dedos y los ojos se le desbordaron. —Scott Gandy. Agatha. la mujer rió y se tapó el cabello con las manos. Cuando se apartaron. Le sostuvo las manos y la miró de lleno en la cara. —¿Eh? —Tenemos algo que decirte. se sentaron en el borde de la cama de Willy y lo despertaron. donde podamos tener un poco de intimidad. despertaremos a Willy y se lo diremos. S. —Lo besó con fuerza en el cuello—. Se incorporó y se frotó los ojos con los nudillos. con sencillez. —Eh. Agatha abrió la boca pero no emitió palabra.319 - . Toma. sí. de pie en el charco de los dos. tal vez cambie de idea. la sostuvo a distancia suficiente para poder contemplarle los ojos. Sin hacer caso de las ropas mojadas. el cabello de Agatha aplastado contra el cráneo y el de él secándose erizado. con todos nuestros seres queridos como testigos? ¿Tal como lo soñaron mis padres. Si bien subir la escalera besándose al mismo tiempo no garantizaba un avance muy continuado. —Di que sí... aunque la noche de bodas en Waverley esté bien. ten esto —y la alzó en brazos—. Pero se abrazó a su cuello. —murmuró. pidiendo semejante cosa a una mujer mojada y desarreglada. llorando—.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR desnuda y húmeda en la oscuridad. Se besaron. Oh.. no pensarías que iba a permitirte concebir a mis hijos bastardos en el dormitorio de la planta baja.. Lo abrazó otra vez. —Iba a decírtelo. ¡Y eliges un momento como éste para pedírmelo: debo de estar horrible! El hombre rió. . —Sí. Willy.. Scott —tartamudeó otra vez. y cuántas veces me esmeré con el peinado y con los vestidos porque sabía que iba a estar contigo. con Willy dándonos su aprobación. Willy abrió los ojos hinchados y se frotó la cara. —Bueno. —Ah.

320 - . Willy abrió los ojos. Scott alzó a Agatha en brazos y comenzó a bajar las escaleras. un hermano. —¿Podremos. la entró de costado y la tendió sobre la cama. mañana por la mañana podrás celebrarlo. ¿eh? ¿Y qué opinas de una hermana? —No quiero hermanas. es hora de volver a dormir. estás mojada! —Estuvimos nadando. Me gusta hacerlo. Las chicas son estúpidas. apoyando una mano a cada lado de la cabeza de ella. —Si Scott está de acuerdo. se escabulleron del dormitorio dejando la puerta entreabierta. Gandy abrió más la puerta con el pie. y Willy golpeó con los talones sobre el colchón. Una vez que lo besaron y recibieron abrazos gigantescos. así seremos tu mamá y tu papá. —Está bien. como un burro. —¡Una mamá y un papá de verdad! —Repentinamente. ¡Eh. —Le mordisqueó los labios. —Un hermano. yo también. la voz fue un íntimo murmullo. —Sí. ¿nos darás un poco de tiempo para lograrlo. —¡Enseguida. —¿Y así seréis mi mamá y mi papá? —Exacto —afirmó Agatha—. lo sabes. —Lo pensó un momento. quejoso. —Gussie y yo vamos a casarnos. En la oscuridad. —¿Estás segura de que quieres uno? —Quizá más de uno.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —¿Qué? —preguntó. De súbito. Apoyó la cabeza en el hueco del cuello y gozó de ser llevada. comprendió del todo y una sonrisa maliciosa comenzó a formársele—. ¿qué te parecerían diecisiete? . Gandy aceptó: —Está bien. enseguida! Agatha comprendió que estaba descontrolándose. y se puso de rodillas para abrazar a Agatha. ¿sabes? —Lo sé. —¿Sí? —¿Qué te parece? —¿Casarse de verdad? Agatha resplandeció: —De verdad. o tenemos que tenerlo enseguida? Willy rió y se puso a hacer tonterías. —Quiero empezar a trabajar para tener a ese niño ahora mismo. rió y le lanzó una mirada fugaz al hombre que estaba detrás. yo también. y dijo—: ¿Podremos tener otros niños? Agatha se sonrió. Willy. Scott y Agatha rieron. —No hace falta que me lleves. Pero. ¿Y tú? —Si todos resultaran como Willy. pateó hacia arriba. que era la que estaba más cerca. —Ah. se rieron y lo hicieron acostar de nuevo. Scotty? Quiero un hermano. Al llegar al cuarto de Agatha. Ahora. Con las manos sobre la cama. y le lamió la oreja—. retrocedió—. ¡Jesús! ¿En serio? Se le iluminó el rostro tal como lo suponían. —¡Cristo! —se entusiasmó.

—Oh. no.. —Te amo. espera y verás. y Scott la besó despacio. «¡La señora de LeMaster Scott Gandy!». Agatha cruzó los brazos sobre los pechos. hasta que los dos sintieron que la decisión se debilitaba. —Nos veremos mañana. los finales felices de los cuentos se hicieran realidad. La besó otra vez.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Agatha rió y se apretó el estómago con las manos. y seré la mejor esposa que pudieras desear. los puños apretados.. Scott. qué buena sensación. por favor. —Yo también te amo. —Y todas las mañanas del resto de nuestras vidas. custodiándolo con ferocidad para que no se le escapara un matiz. incrédula. Dios mío. se regocijó. Lo estrechó contra ella con súbita vehemencia. La besó en la frente y salió de la habitación. después de todo.321 - . El ánimo juguetón se esfumó. . Cuando se fue. Gussie. maravillada de que fuesen él y ella. una pizca de lo ocurrido. y que.

recogido en lo alto de la cabeza. Agatha apretó las mejillas de Violet y rió: —Oh. si se me permite decirlo. Sostuvo el vestido mientras Agatha se vestía. Cuando salió el sol. que su ropa estaba en la . había llegado el ministro. y suelta atrás. —Ya sé. No obstante.. Violet juntó las manos y aspiró.que si no resultaba. Una de las invitadas a la boda era Violet Parsons. Dentro de la mansión. Pero le dije a él. se preparaba la comida. torso ajustado. El terreno estaba lleno de coches. Cuando se fue.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Capítulo 22 Se casarían la tarde del 15 de julio. cintura esbelta. y abotonó los veintidós botones forrados de la espalda. y la alcoba nupcial estaba decorada con ramos de azucenas amarillas y hiedra inglesa. era tolerable. fruncidas desde el hombro hasta la muñeca. arriba. —apuntó con un dedo a la novia — . de hombros angostos. Aún le costaba creer que estuviese sucediendo. aunque debo confesar que estoy un poco celosa. Tt-tt. que ella estuviera en el dormitorio principal de Waverley. con ondas profundas que formaban la cola. Tt-tt. Estaba hecho en fina seda del tono exacto de las cerosas magnolias. eres irreemplazable. con cuello alto. complacida: —¡Estás encantadora! Estaban en el dormitorio principal. ante el espejo de pie que habían traído de abajo. —Es perfecto. tengo que ir a buscar las magnolias. ya que no soy yo la que se casa con ese apuesto señor Gandy. y ojos claros de largas pestañas.. —Yo también. rebosando de alegría. Y ahora. Abajo. —Me siento encantadora —admitió.322 - . Enviaré a Willy por ellas. no tenía más que mover el dedo meñique y yo vendría corriendo.. y las de la rotonda. Agatha se apretó con una mano el corazón que latía acelerado. y los grandes prados estaban adornados con toldos azules. Violet. y mangas oruga. —Creo que es el más bello que hiciste jamás. donde esa noche compartiría el alto lecho de palo rosa con el hombre que amaba. Agatha se acercó a la ventana del frente. me alegra que seas tú. Waverley se cubrió de vapor. con las puertas de la galería y las ventanas guillotina abiertas abajo. Reflejaba a una novia de grueso cabello bruñido. La expresión de dicha total le daba un resplandor casi etéreo. Llegó una semana antes para ayudar a Agatha a confeccionar el vestido de novia y mientras esta se lo ponía. —Estoy muy contenta de que estés aquí. la mujer de cabello azulado rió resoplando. estaban entrando los invitados.. un día que empezó con densa lluvia matinal. Agatha giró y apretó la mejilla contra la de Violet. La falda era lisa en el frente.

Mientras los contemplaba escuchó tras ella el sonido: el sollozo suave de una niña. Violet y yo cortamos las mejores que pudimos encontrar. me aceptes a mí. Es un día demasiado feliz para lágrimas. Se volvió. Tienes que creer eso. con los invitados para tan importante ocasión. —Justine. no llores. del mismo modo. En ese momento. miró alrededor—. lo será para siempre. los coches seguían llegando. —¿Es porque voy a casarme con tu padre? ¿Es por eso? —Hizo una pausa. Se inclinó para besarlo. que olía a flores. donde el aroma del tabaco de Scott se mezclaba con el de su propio perfume. pero estaba sola en el cuarto. y recibió las flores. excepto un suave suspiro. —¿Viste cuántos carruajes? —Los vi. —¿Últimamente te dije que te quiero? El chico rió y corrió hacia la ventana. pero inconfundiblemente real e inquietante. —Gracias. El cambio no pudo ser más evidente si hubiese cesado de tronar. y colgada en el armario. Debes creerme que no pretendo ocupar el lugar de tu madre en su corazón. Justine. pero el sonido continuaba. Scotty conoce a todos allí. —¿Justine? Miró en círculo alrededor. —Toma. —Sé que ya conociste a Willy. en esta ocasión más quedo. que sería así por el resto de sus vidas.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR cómoda. Agatha permaneció serena. Willy. Por favor. experimentó una gran tranquilidad. Pero cuando bajó la mano al costado. Gussie. —¡Eh. pero al extender la mano sintió una presencia con tanta claridad como si fuese visible. su euforia aumentó—. Se hizo silencio. —Cuando sus pensamientos volvieron a la boda. . hueles bien! —¿Sí? Rió. en el cuarto reinó la paz. Justine. junto a la de él. y lo aceptaste. Agatha estiró una mano: —Estoy aquí. y si puedo te ayudaré. Agatha se dio la vuelta hacia el espejo y se prendió una de las magnolias en la nuca. —El llanto se hizo más bajo pero continuó—. ¿De dónde vienen todos ellos? —De Columbus. Cuando se incorporó. —Violet me dijo que te diga que ya es la hora. Nada tocó la mano de Agatha. Espero que. No había nadie. irrumpió Willy con dos magnolias. Empezó otra vez. casi como si esperara esa visita en un día tan fasto. Lo que ella fue para él. —¡Y estás preciosa! ¡Espera a que Scotty te vea! Agatha lo tomó de las mejillas y le estampó un beso en la nariz. Y ahí afuera. Agatha guardó silencio. La tensión se aflojó. miró alrededor pero la presencia se había desvanecido por completo.323 - . ¿eres tú? El llanto cesó de inmediato.

Él. una única magnolia. ¿verdad? —Sí. caminar con él hasta la alcoba nupcial y unir tu vida a la de él. Con su ramo nupcial. a Willy que. extendió la mano libre. mirándose uno a otro con sonrisas deslumbrantes. de cómo llegaron al pie y se encontraron en el centro del suelo de la rotonda como si completaran el contorno de ese corazón. Willy se acercó a ella. la miró. En efecto. Entonces. Agatha le acomodó el cuello y le preguntó: —Recuerdas qué hacer. de cómo el ministro negro. ahuecando los dedos. Willy le ofreció el codo a Gussie y la escoltó a la cima de la escalera oeste. quitaba el aliento con los pantalones ahusados y la chaqueta de gala que resaltaban la negrura del cabello y el bigote. Es hora. Vamos. le envió un minúsculo saludo secreto. Al comprenderlo. estaba esperando. por las escaleras gemelas que los conducían abajo donde formaban una curva como los arcos incompletos de un corazón. sólo circundado por la baranda. todo vestido de marfil. Pero ni las profundas inspiraciones ni la música bastaban para calmar los nervios que le crispaban el estómago.324 - . Y luego. y una sensación de expectativa que aligeraba el corazón. está esperando. el murmullo de voces que llegaba de abajo los hizo volver a la realidad. Hora de salir y encontrarte con tu novio. y no estar sola nunca más. con el vestido de cola de un blanco ceroso y una simple flor en el cabello. Scott le respondió con un guiño.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Agatha retrocedió y se apretó una mano sobre el corazón. los invitados levantaron las miradas ansiosas. —Vamos. cerró un instante los ojos y oyó la melodía del piano de Ivory que ascendía. Recordaba con claridad la primera vez que lo había peinado así. señora. Fue hacia la entrada y su mirada se topó con los ojos de su prometido. la retuvo para serenarse. se sintió bendecida. y Scott llevó a Willy otra vez a la sombrerería. el rostro se le iluminó con una suave luz. Ella estaba radiante. y Agatha sonrió. convencida de que el destino los había reunido pensando en esto. mientras que Scotty subía a la del este. sin duda hecha por Scott. Agatha aspiró una bocanada de aire. —Entreabrió la puerta y espió—. registrando el momento para llevarlo siempre en los corazones. Se hablaría durante años de ese descenso: la novia y el novio. el reverendo Oliver de la pequeña iglesia bautista cercana los esperaba preguntando: —¿Quién entrega a esta mujer? —y cómo Willy respondió: . Se contemplaron uno al otro con el pulso acelerado y un nudo en el estómago. Gandy le correspondió. esperando a echar el primer vistazo a la novia. Antes de abrirla. pero en ese primer momento los novios no vieron a nadie más que al otro. vestido con la ropa nueva que le había hecho. frente a la puerta del cuarto de los niños. Al mirar al niño que tanto ella como su inminente marido querían tanto. cuando los dos volvían de los baños. con la conocida onda sobre la frente. tenía el cabello peinado con brillantina. los dos de marfil resplandeciente. hasta que al fin. Willy sonrió y fueron hacía la puerta. Las miradas de los dos se encontraron a través de casi diez metros de espacio abierto. Debajo. en el extremo opuesto del balcón.

Scott se sacó el diamante del meñique y lo puso en la mano de . LeMaster Scott Gandy.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Yo —y luego. entregaba su futura madre al futuro padre. con un ligero temblor. Habló de los niños con los que podría ser bendecida la unión. supo que estaba a punto de llorar. y cruzaron juntos la gran rotonda. todo. Agatha casi no lo advirtió cuando soltó el brazo de Scott y adoptó una pose formal a su lado. —El anillo —pidió el ministro por lo bajo. Toda una vida no tiene días suficientes para derramar sobre ti todo el amor que siento.hasta que la muerte nos separe. Agatha Noreen Downing. y las manos húmedas. y ahora lo tengo todo. pasaron las amplias puertas de la sala hasta la alcoba nupcial adornada con canastas de fragantes azucenas amarillas y hiedra inglesa. Sosteniendo la mano de Agatha y escuchando la voz suave y temblorosa. más grave que de costumbre.. Jube cantó: «Amor Maravilloso». antes de ti no había nada. El corazón de la mujer se desbordó de un amor tan intenso que le provocó un dulce dolor en el pecho.. el pulgar de Scott no dejó de acariciar sus dedos. de la importancia de la entrega de sí mismo. comprendió que no era la única conmovida. Y le tocó el turno a Agatha: —Yo. y recibía un beso de cada uno. El reverendo Oliver pronunció un discurso acerca de lo que era necesario para que un matrimonio fructificara.. con gran seriedad.. la virtud y el alcance del amor. pensó en concebir a los hijos de él y la invadió una explosión de esperanza tan profunda que la hizo tambalearse.. —.. te tomo a ti. y se le ocurrió que era un milagro que una mujer como ella hubiese llegado a su vida apática en el preciso momento en que la necesitaba para llenarla otra vez de sentido... pienso cumplir esta promesa de pasar el resto de mi vida agradeciéndote lo que hiciste por mí. se tomaron de las manos para que todos lo vieran.. —. cristalina y los versos colmaron el corazón de Agatha con tanta abundancia como el perfume de las azucenas llegaba a su nariz. Entonces se pusieron frente a frente. del valor del perdón. Scott descruzó las manos. Mientras.. y al advertir que las mejillas de Scott estaban sonrosadas. Miró por el rabillo del ojo y encontró la mirada del esposo fija en su rostro. te tomo a ti. encontró la de Agatha entre los pliegues de satén marfil a la altura de la cadera. Gussie. y se la estrechó fuerte. Pero los intensos ojos oscuros no se apartaron jamás de los de Agatha mientras pronunciaba los votos..325 - . LeMaster Scott Gandy. duplicando su alegría. Hablarían de cómo el novio tomó la mano de la novia y la puso en el hueco de su codo. traicionaba la hondura de su emoción. las recompensas de la constancia. —Queridos bienamados. Vio sus lágrimas en el borde de los párpados y se sintió conmovido hasta los rincones más recónditos del corazón. Scott. Agatha Downing. Aunque la habitación estaba llena de invitados. y Agatha sintió el codo de Scott bien apretado contra el suyo. Le oprimió los dedos delicados. —Yo.hasta que la muerte nos separe. La voz.. con su voz impecable.

Mae Ellen reclamó la atención de Agatha y. El calor era pesado y se sirvió ponche de champaña como refresco. y se le iluminó el rostro con una sonrisa relampagueante acompañada de hoyuelos. Scott escribió: 15 de julio de 1881 LeMaster Scott Gandy se casó con Agatha Noreen Downing La besó de nuevo. brusquedad y fervor. Se sirvió un banquete de bodas estilo buffet. os declaro marido y mujer. Marido y esposa. y Scott atrapó a Agatha unos instantes junto a una curva de la escalera.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR Gussie. haciéndoles comprender que tenían que seguir cumpliendo con sus deberes de anfitriones. y muchos con los que Scott reanudaba el contacto. tan feliz como los novios mismos. El novio puso la mano de la novia en el hueco del brazo. la rodeó con los brazos y le murmuró al oído: —Te amo. su hija. le hizo ponerle los brazos al cuello. la siguiente ocasión en que vio a Scott estaba bajo uno de los toldos azules fumando un puro. Bastaba con ver los ojos húmedos de casi todas las mujeres. otros en los bancos. Entonces. sentir cómo se mezclaban los alientos y la trascendencia del instante se instalaba en las almas de los dos. el resto del día apenas se vieron. lo vio pasar por su nudillo. Una hora después se toparon en la entrada de la sala del frente. Entre los invitados había muchos que Agatha tenía que conocer. por extraño que parezca. y la gente se diseminaba por los prados. Los niños perseguían a los pavos reales y daban de comer pastel helado a los caballos. La sonrisa dichosa de Agatha le respondió. Scott se irguió. La cabeza oscura se inclinó sobre la cobriza. Algunos se sentaban en los escalones de la rotonda. conversando con un hombre delgado de .326 - . las miradas se encontraron sobre las manos entrelazadas. los unía para siempre. Pero los invitados los descubrieron y los separaron. que a esa altura se había convertido en amigo de Willy. —¡Yo también te amo! Como el piano arrancó con una música exultante y los murmullos de los invitados subieron de volumen. y los labios se tocaron. Scott se irguió lo suficiente para contemplar los luminosos ojos verdes. tuvo que gritarlo. y libró a los invitados del encantamiento en el que estaban sumidos. la levantó del suelo y apretó el cuerpo con suavidad contra el propio. Al terminar el beso. esta vez con fuerza. Leta y A. y comprendió que. —Y ahora. Fascinada. y el voto quedó sellado dentro de sus corazones. En la rotonda comenzó el baile. y sólo tuvieron tiempo de intercambiar una mirada cariñosa antes de que los interrumpieran Mae Ellen Bayles. Por siempre jamás. Pronto los separó la multitud que se acercaba a felicitarlos y. paseaba por los jardines o entraba a recorrer la casa. en verdad. los labios rozándose. y los dos se acercaron a una mesa lustrosa donde estaba abierta la Biblia de la familia. En una página donde ya había varias anotaciones. Entonces se les acercó Willy pidiendo besos. le apretó un poco los nudillos. J.

Al acercarse. interrumpió la cháchara tocándole el codo: —¿Me disculpa. Sonriente. Scott. la tomó del codo con aire posesivo. respondía la de Agatha. el marido se acercó lentamente. Sin aviso previo. Los tres se disculparon y salieron a la rotonda. Con los brazos a los lados. señal indudable de cansancio—. el peso sobre una pierna. señora Northgood? —pidió. el señor Northgood. —No es nada. y caminó sobre la hierba en dirección a Gussie para brindarle el alivio que tanto necesitaba. decía la expresión sufrida de Scott. —No es muy amable de nuestra parte. pero Scott casi no la escuchaba. Sin disculparse. la mujer le enlazó los brazos al cuello mientras él se acomodaba respaldándose. —Caballeros. cuando las miradas se encontraron.327 - . no tuvo más remedio que ser cortés. la encontró de pie en el centro de la oficina. Willy fue a chismorrear que los había visto besándose bajo la vid. Rodeó a la sorprendida mujer. ¿nos disculpan. señor Northgood. —Ya sé. La señora Northgood parloteaba acerca del costo de los calefactores domésticos en Boston. Agatha también hubiese querido escaparse al huerto de la vid para conseguir unos besos robados y estar un poco de tiempo a solas con el novio. con los pies sobre el brazo del sillón. la alzó en los brazos y la apoyó en un sillón de cuero de respaldo alto. Siempre me duele hacia el final del día. y cruzaba un tobillo sobre la rodilla de la otra pierna. con una mueca de fatiga. esta vez. Desearía que se fueran todos —dijo sin rodeos. donde tres hombres fumaban y conversaban. al tiempo que se volvía para escuchar algo que decía el interlocutor. A medida que avanzaba el día.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR traje a rayas. y Scott cerró la puerta. —Vi que te frotabas la cadera. Levantó la vista como si hubiese percibido la mirada de Agatha y. el calor aumentaba. Violet bebió demasiado ponche de champaña y coqueteó desvergonzadamente con un robusto comerciante llamado Monroe Hixby. Pero como un par de muchachas en edad casadera prorrumpieron en exclamaciones maravilladas ante el diamante de Agatha y le hicieron preguntas referidas al vestido de novia. Scott frunció el entrecejo y. —Creo que lo busca su esposa. impaciente. en invierno. Agatha se sintió acalorada y cansada. y ahora apoyas el peso en el otro pie. Quiero estar a solas contigo. Veía que Gussie enderezaba la espalda y se apretaba la cadera izquierda. Esbozó una sonrisa burlona y se le formó un hoyuelo. se le escapó un suspiro y lanzó una mirada furtiva al esposo. inclinando la cabeza hacia la señora Northgood. —Estás cansada. cuando la mujer se detuvo para tomar aliento. Mientras departía con uno de los huéspedes regulares de Waverley. Y yo contigo. no hubo sonrisas. —Un poco. y otro al que le salían pelos grises de las orejas. llevó a Gussie hacia los escalones de mármol. por favor? Tenemos que esperar que el reverendo Oliver nos traiga el certificado de matrimonio para firmar. —Pero ya tenemos certificado de matrimonio —le recordó Gussie. . cruzaron la rotonda y entraron en la oficina. Lo vio al otro lado del prado. la mirada preocupada fija en la novia. —Cuando se volvió. y la brisa se aquietaba.

Los corazones dieron un vuelco de impaciencia. que no dejaba sitio para la exploración. —Así es. —Ah. de modo que me casé con una mujer que tiene secretos para mí. por la cadera. siguiendo el movimiento con la vista. así como ese día había cambiado la vida de Agatha. dime. —O sea que ahora me crees. —Ojalá pudieras. me muero por besarte todo el día. Agatha Noreen Gandy. El beso se tornó insaciable. Su carne cambió de forma y él la acarició con el pulgar. —¿En serio? —Poco antes de la boda. —A ver. que le recorrían el rostro. a la sugerencia de feminidad entre las piernas. el hombre sacó la mano de abajo de las rodillas y le acarició el pecho encerrado en estrechos confines de seda marfil. —Siempre te creí. en la parte de atrás de uno de los muslos. plano y duro. bajó por la nariz a la boca. uniendo su boca a la de ella al tiempo que ella estrechaba más los brazos en el cuello. Las lenguas se unieron en lascivo complemento. adoptó aire pensativo. ¿no es cierto? Pienso que estaba ahí. ¿eh? Con ademanes lánguidos. en la sala. tironeó de ella y deslizó la mano dentro. presenciando nuestro intercambio de votos. —De vez en cuando. —¿Quieres que los eche? —susurró contra la boca de ella. Cuando habló. Creo que hice las paces con ella. el estómago. El amor absoluto que sentía por ella se reflejó en los ojos. pasando la mano por el torso hacia abajo. ¿qué otras cosas no sé de ti? La recién casada echó la cabeza atrás. Scott separó los hombros del respaldo del sillón y la acomodó sobre sus piernas. contra las curvas tibias. —Una mujer sin secretos es como acertijo con respuesta: no hay nada que adivinar. en nuestra habitación. contenido por la ajustada falda de satén. El aliento de Agatha se aceleró contra la mejilla del esposo. sintiendo que su centro duro presionaba saliéndole al encuentro. y entrelazó los dedos en la nuca del esposo: —Hoy me visitó Justine. Más abajo. La sangre. Agatha Noreen. con la mano todavía en el pecho. Scott metió la mano entre esa parte y los pliegues sueltos.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Así que. provocándole cambios de forma. sintiendo que la lengua de ella hacía lo mismo con los de él. los músculos parecieron prestar atención. la piel. Y que lo aprobó. Pasó la yema de un dedo por la línea de nacimiento del cabello. encontró una cinta. La besó una vez más. Agatha se acercó más y soltó la trasera del vestido como invitándolo. se aflojó el nudo de la corbata. —¿Por qué no lo supe antes? Agatha jugueteó con un mechón del pelo de él.328 - . donde otra vez lo desvió la forma ajustada del vestido. mojándole los labios. lo hizo serio. Alguien llamó a la puerta: . puede ser. El corazón de la mujer se agitó cuando satisfizo su deseo. y un retumbo de impaciencia les recorrió los cuerpos. salteó el labio inferior. en voz baja: —Señora Gandy.

.. Ve a acostarte. Gracias. Y aunque era alto. buscó una excusa plausible y de pronto. y se recogerían al día siguiente. —Pero se acercó arrastrando los pies—. desde ya. pero queremos que sepa cuánto apreciamos que celebrara el servicio en nuestra casa.. muchos años. eh. Por fin. —Bueno. —¿Queréis que apague los picos de gas de aquí adentro? —preguntó Leatrice entrando en la rotonda. ven aquí y deja que Leatrice te dé un abrazo antes de que empiece a echar sal sobre los pisos. —El ministro metió un dedo dentro del cuello clerical—. ya están camino de lograrlo. Tu mamá y tu papá estarían contentos. —Ya lo creo. Fue el turno de Agatha de hundirse en el esponjoso abrazo de Leatrice. Ven aquí. El cuenco de ponche del comedor estaba vacío. Se levantó y la abrazó. pero la meció con amor y besó el cabello ensortijado. Le aseguro que fue un placer. bueno. —Gracias. —El reverendo Oliver abrió y asomó la cabeza—. entrelazando los dedos. —En efecto. acabando así la breve escapada. no podía abarcarla con los brazos. pero ahora que tienes señora otra vez. —Miren quién me llama cariño. —Entonces se volvió hacia Agatha—.. No correspondía que lo dijera antes. señor. En mi opinión. sí! —Desesperado. cariño. Ahora tú. muchacha. La negra lo apartó de inmediato. —Estrechó la mano del reverendo Oliver—. sin duda. Se inclinó sobre el escritorio y abrió el cajón del centro desde el otro costado—. Alguien me dijo que me necesitaban aquí. —El sacerdote guardó el sobre en el bolsillo—. señor —admitió Scott. Leatrice. los rostros encendidos. —¡Ah. —Esbozó una sonrisa benigna y agregó—: Y. A la larga Willy se desplomó y Scott lo llevó al cuarto en la planta alta. y le dio una fingida bofetada. Los juanetes están matándome. Sí. Sintiéndose culpables. así puedo terminar con estas reconvenciones y descansar mis pies. —No. una vez más.. donde Scott y Gussie estaban sentados en el último escalón. Los restos de la celebración estaban esparcidos por la sala del frente y en los últimos escalones de la escalera doble. se levantaron de un salto. Scott dejó a Agatha para acompañarlo hasta la puerta y. No es mucho. yo lo haré. Hace calor. sería hora de que tuvieras un poco de sensatez. otra vez. amo. Ya habían pasado las once de la noche cuando vieron las luces del último coche parpadear alejándose por el camino...LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Señor y señora Gandy. les deseo una vida de felicidad. Quería entregarle esto. Quizás ahora Waverley tenga algunos chicuelos. en especial tratándose de un día tan caluroso. elegiste una buena. Buscó la mano de Agatha y la acercó a su costado.329 - . perdió al esposo entre los invitados. como debe ser. se habían ido todos y los huéspedes. Hace muchos años que no nacen niños entre estas paredes. No tengo oportunidades frecuentes de celebrar una boda en un ambiente como este. —Sacó un sobre—. recordó que el servicio era gratuito. —Fue un placer. semejante cachorro. ¿no? Pienso que mi esposa y yo nos despediremos y nos iremos a casa. Y ahora. Y. cada uno a su habitación.

Scott levantó la cabeza y se miraron en los ojos. le dio un beso leve en la boca. Eres mía. Con toda la ropa puesta. La luz de las llamas parecía quedar atrapada en los iris oscuros de él y en los verdes de ella. Con ese último consejo. apartó a Agatha y se fue arrastrando los pies hacia la puerta. —Yo tampoco. La dejó besarlo. —¿Es verdad que las esposas pueden besar a los esposos cada vez que lo desean? —Cada vez que lo deseen. refunfuñando acerca de los juanetes. que resultaba milagroso para alguien que durante tanto tiempo no tuvo a nadie. Entonces. las llamas de los picos parpadeaban con suavidad. ¿Quién otra que la querida Violet? Había abierto la cama y soltado el . disfrutando al saber que ya estaban libres para expresarse su amor del modo que desearan. Cuando se fue. La apoyó en el suelo. Serás buena con él.330 - . siguieron mirándose. —Y tened muchos chicos. —Señora Gandy —dijo.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Yo amo a este muchacho —dijo la voz ronca en el oído de la novia —. regocijado—. se besaron con hondo entrelazar de lenguas. señor Gandy. demoraron saboreando los minutos de deleite. Scott y Agatha se miraron y rieron. y el pulso les latía en los sitios más extraños de sus cuerpos. —En general. —Violet —murmuró Agatha con cariño. La dejó ahí. con las recomendaciones finales de Leatrice y su mensaje subyacente que atraía sus mentes hacia la enorme cama de palo de rosa. y cuando terminó le sonrió con calidez al rostro alzado hacia él. dejando crecer poco a poco la atracción sexual.. creo que es usted el que es mío. que finalizó con gran succión. de pie. La llevó dentro. mientras iba a apagar los picos. mientras apoyaba las manos a los costados de los pechos. —Me da la impresión de que alguien estuvo aquí y nos preparó varias sorpresas.. dócil. acompañadas de un débil siseo. —Espera aquí —susurró Scott. —A mí me gustan todos. Será un buen padre. cerca. Dime que no estoy soñando. recorriendo la habitación con la mirada. ¿no? En respuesta. ¿me oyes? —Lo prometo. —No. —No estás soñando. y la alzó en brazos para llevarla arriba. pero aún demorándose. cerró la puerta con el talón y volvieron a besarse. La encontró de nuevo en la oscuridad. La respiración de los dos había adquirido un ritmo errático. Scott rió. pero los sencillos también tienen su encanto. Dios. me gustaban los besos más comprometidos. solos. Por fin. En la habitación. no puedo creerlo. le pasó un brazo por los hombros y la hizo girar hacia la habitación. le dio uno más húmedo. Le tomó las manos y las sostuvo sin apretar: —Y me siento feliz de serlo. Sencillamente para ejercer el derecho. la risa se desvaneció y permanecieron en silencio.

—¿Hay algo que te gustaría hacer? —le preguntó en voz baja. Creo que nunca lamentaremos empezar con la de ir a nadar un rato antes de acostarnos.. levantó el rostro. Había subido uno de los canastos de azucenas de la sala y lo puso en la cómoda junto a la cama. fue hacia las flores y por último hacia la red blanca. Scott les echó una breve mirada y luego retrocedió. Las ventanas estaban levantadas para dejar pasar el aire nocturno. Al terminar. que abanicó inútilmente con las alas..? —Miró la jarra y la palangana—. y tendió los dedos . la rodeó y puso la sobrefalda sobre una de las sillas azules. Esta noche.. Podemos ir y volver en un periquete. bajo los pechos virginales de la novia. Como al descuido. —¿Quieres ponértelo ahora? —le preguntó con sencillez.. pero como no lo hizo. Evocó con ansia el agua fresca y clara. Y todo eso se lo debían a Violet. teniéndole la mano mientras sacaba los pies de la prenda. estableceremos costumbres que quizá conservemos toda la vida. en la angosta cinta azul que se transformaría en un moño. se lo sacó por los brazos. ¿No podríamos. —¿Juntos? —Por supuesto. Lo miró con el corazón latiéndole en el cuello. —No demoraríamos mucho. pensando en la almohadilla de la cadera.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR mosquitero de los postes. Después de apoyarlo también en la silla.. se quitó la chaqueta. donde se manifestaba la cariñosa labor en el corpiño. Porque supo que entendía las formas del amor en sus más variadas apariencias. —¿Te gustaría ir a nadar? —¿A nadar? Lo miró. —La tomó de los brazos. preparó con pulcritud el camisón nuevo de Agatha. desde donde perfumaba toda la habitación. y todo el tiempo deseaba estar aquí. que proyectaban sombras enrejadas sobre las sábanas niveas y almidonadas. —Insistió en confeccionar ella misma el camisón —le contó Agatha—. la hizo girar y empezó a soltarle los botones que sujetaban los pliegues de la cola—. Aunque con las mejillas ruborizadas. y por una de ellas entró revoloteando una polilla blanca para inspeccionar un cepillo de mujer y un recipiente para pelos sobre el tocador.. Scott podría haberla rechazado. la tiró encima del vestido y volvió a acercarse.331 - . primero. en mayor medida que ninguna persona que hubiese conocido. Como si fuese lo más natural. Agatha lo respetó más aún. le besó el hombro. la hizo girar. en mi lugar. El suave resplandor de las lámparas de gas inundaba la habitación. Creo que me gustaría lavarme. No tienes que pedirlo. Pero Agatha sabía que la costumbre que le importaba no era la que mencionaba sino la que iniciaba a sus espaldas en ese mismo momento. las flores le daban la bienvenida y también las sombras blandas de la red. Ni a una polilla se le permitiría molestar a los dos acostados ahí. volvió y se dispuso a desabotonar la espalda del vestido. ¿sabes? Agatha levantó la vista pero la bajó enseguida. —Hoy hizo tanto calor. y agradeció el alivio temporal. este. esperando—. Como buena romántica que era. Agatha era plenamente consciente de que la combinación de algodón dejaba traslucir en forma vaga los pezones.

conocí a una mujer que se ponía una de éstas en el corpiño... —Me temo que no soy muy buena para esto.332 - . cariño —dijo. Después de desabotonar el chaleco. maldito sea.... nunca te disculparás. y estaban llenos de arrugas. incómodo. Dejó las manos quietas. la enagua yacía a los pies y el secreto estaba expuesto. arrojó la camisa. no te aflijas más.... —Scott Gandy. Le levantó la barbilla: —Quiero que me prometas que. pero no las alejó del botón. flexionó las rodillas y se inclinó para examinarla—.. Una vez.. incluyéndome a mí. Lo único que logró fue que se ruborizara más aún. nerviosa. hacerlo otra vez. Agatha alzó la vista y se rió otra vez.. yo.. torcida. Le puso las manos en las caderas y apretó... Cuando la camisa quedó abierta hasta la cintura.. en situaciones como ésta. —¿De esto se trata? ¿De esta minúscula almohadilla de guata que siento aquí? Veamos. Estaba tan preocupada por eso. Sólo una vez en la vida había tartamudeado y fue después del ataque en Proffitt. Meto la mano ahí. —¿Que eres qué? —Torcida. Y puedes estar segura de que nada complace más a un hombre que una mujer ruborizada.. se puso detrás y se lo quitó. Frunció las cejas. mientras que Agatha lo hacía con los del pecho. y.. Le rodeó el cuello con los brazos. —Sácamela —le ordenó con suavidad—. . que cayó cerca de la silla. se suponía que no debía decirlo en mi noche de bodas. las caderas se balancearon hacia ella.? Oh.. con demasiada formalidad. pero Scott se limitó a sonreírle y la dejó seguir forcejeando. uso una almohadilla en una. y. Se rió. comprendió después. —Sí. ¿no es cierto? Mucho antes de que terminara. —En un instante. —¿Te da vergüenza? No seas tímida. ¿te imaginas lo que. tocándole la mejilla. Terriblemente preocupada.. —Bueno. señora mía. Pero Scott abordó el problema de manera directa. medio desvestida ante el novio.. La cuestión es que nadie es perfecto. retorciéndose las manos sin advertirlo. Mi deformidad. Cuando tironeó de los faldones de la camisa. si bien a Scott no le molestó..LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR temblorosos hacia el chaleco del esposo.. Para hacer gala de coraje. una es más baja que la otra y yo. te amo. El paso siguiente me toca a mí. Los pantalones eran ajustados.. soy. Era desconcertante. Mirarlos le resultó un gesto tan íntimo como contemplar la carne que los había entibiado y le hizo galopar el corazón. Pero cuando el hombre estiró la mano hacia el botón de la cintura de la enagua. —Te advierto que. mis caderas. Los faldones conservaban la tibieza del cuerpo.. tú sí. —Scott. le aferró la mano. La sujetó de las caderas. y la saco con una bola de algodón en lugar de un pecho. Agatha estaba riéndose. Él mismo se ocupó de los botones de los puños.

Sintió que le ardía la cara. Tú no te avergüenzas de tus pies. dedicó la atención al otro pie. aún acuclillado. Cada vez que usaba el gancho. por la cinta blanca del sendero de coches. mientras Agatha se preguntaba qué se exigía de una mujer en un momento así. hasta una cicatriz en el izquierdo. vamos a nadar. Le besó la parte interna del pie. sumergiéndose en el agua helada sin pensar en los posibles peligros. La oyó nadar con esfuerzo hasta el extremo de la piscina y la siguió. —La llevó hasta la escalerilla portátil junto a la cama—. Le tomó la mano. y Agatha no pudo evitar contemplar fijamente el insólito cuadro. bajó otra vez la mirada hasta la costura de los pantalones.333 - . Sintió que le subía un calor por el cuerpo y se le enloqueció la imaginación. ¿lo sabías? Agatha contempló su pie envuelto en la media blanca de seda entre los dedos morenos del hombre y no se le ocurrió una sola palabra. pero él la contemplaba con aparente calma. Pero antes de que pudiese resolver si tenía que mirar o volverse. la tenue red. sacudiendo la cabeza y salpicando encima del agua. le quitó el zapato. después de lo que había estado haciéndole en el dormitorio.. —¿Quieres que vuelva a buscarla? Era una pregunta tonta.. Entonces. Entonces. el pie se iba hacia él. ¡Como si ella quisiera perder el tiempo más que él. Se dedicó sin disimulo a disfrutar del espectáculo de verla enrollar la seda por las piernas y quitársela. Esperó a que terminara y luego se levantó y alargó la mano hacia el botón de la cintura.! Nadaron en la oscuridad. Se bañaron a hurtadillas. —Scott. usó un insólito tono sedoso: —Tienes unos pies muy bellos. Tomó un desabotonador de la cómoda y se acuclilló ante ella sin otra vestimenta que los arrugados pantalones color marfil. vio que sonreía.. tomando con firmeza el pie embutido en la media de seda y masajeándolo. y apoyó los codos en las rodillas. el colchón alto y espeso. —Me agrada verte hacerlo —reflexionó. cruzando el camino. Contra su voluntad. ¿verdad? —¿De mis pies? —Porque voy a sacarte los zapatos. lo sorprendió pasando la mirada de los parches oscuros en los pechos hasta los ojos de la esposa. Le sacó un zapato y lo dejó con cuidado. hasta media pierna.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —No. Lo oyó sumergirse y salir. y luego a los brazos acordonados de tendones. Ven. cambiando bruscamente de talante—. Hicieron el trayecto de prisa bajo las sombras de las magnolias. —¿Alguien te sacó alguna vez los zapatos? —N. las entrañas se le licuaron. sobre la hierba húmeda hasta la casa de baños.. ¿Los pies? ¿Todo esto provocaba en el interior de una mujer que le acariciaran los pies? Al volver a mirarlo. puso el pie de la mujer en la ingle. el rico perfume de las azucenas amarillas. Al hablar. giraron . Scott se quitó los pantalones y quedó ante ella con los calzones tejidos de algodón. Tomó el tacón en la mano. —Quítate las medias para no mojártelas. no lo soy. Ven acá y siéntate. nos olvidamos la linterna. no. pensando en el suave resplandor de los picos de gas en el dormitorio. Al levantar la vista...

Las largas horas de ese día cumplían su objetivo. para soltar los botones de los hombros y bajar la ropa interior mojada hasta las caderas. Scott Gandy? —Tú lo sabes. —Amo tus manos. mientras él le ponía la mano en sus propias partes íntimas. pero las lenguas calientes.334 - . Un rápido repaso con la toalla. pues su esposo no lo permitió. y las pieles húmedas se deslizaron con movimientos sinuosos. Así como no pudo evitar que el rubor le encendiera las mejillas. Sosteniendo los pechos en las manos ahuecadas. Agatha no tuvo ocasión de timideces. por el bigote. Los brazos esbeltos de la mujer le rodearon el cuello. impaciente. por los brazos curvos de la escalera. por primera vez. hermosa. cómo un cuerpo provocado podía satisfacerse con un resbaladizo y frío escalón de mármol. la atrapó por el brazo mojado. Los labios estaban fríos. —Scott. El agua les chorreaba por las narices. arrojando una delgada cinta amarilla sobre los husos del balcón mientras él la llevaba otra vez arriba.. las mejillas. practicando una danza de acoplamiento con mi esposa.. —¿Qué era lo que estabas haciendo allá. Sin una palabra. estoy enamorado.. resbaladizo y la atrajo hacia él. La besó. di lo que estás sintiendo. apretando el cuerpo turgente contra el de ella. Gussie. en una negrura tan absoluta como el espacio.. las caderas y. Te mostraré cada paso antes de hacerlo. completa.. robándole un beso caliente.. el lugar íntimo entre las piernas. sobre mí. la sacó de la piscina. Cuéntame que te provocó. eres perverso. Seré muy bueno contigo. los elevó. mientras la mano libre del hombre merodeaba por todos lados. Dos cuerpos excitados. acarició el cuerpo frío y trémulo a través del algodón mojado: los pechos. —No. El agua sedosa que los unía como un lazo líquido.. salvaje. me siento. un beso impaciente. y sábanas meticulosamente limpias. y sobre el brazo de él.... a la que estos rituales le encantan pero es demasiado tímida para admitirlo. Gussie. te quiero... —Gussie. Las lámparas de gas los esperaban... Cuando retrocedió fue sin remilgos. por la espalda de ella. los labios y los brazos pegados. en las bocas. no pudo expresarlo. sujetándolo de dos puñados de pelo. los . Scott a la cabeza todo el tiempo. El brazo izquierdo la sujetó debajo de los omóplatos. diciendo luego: —Dilo. Y ahí. y corrieron en la noche de ébano hacia la gran casa blanca que los recibió de nuevo en su seno. Incluso a través de la tela mojada y fría. Fue una revelación para ella comprender que la necesidad de acoplarse no tenía que quedar reservada a las camas de palo de rosa con baldaquinos. sin aliento. donde se torció y quedó colgando. Estaba esperándola cuando llegó. sólo con que la agonía de esperar se pudiese acabar.. en el dormitorio. no soy perverso. Agatha se apartó. Ya era bueno sentir sus manos sobre ella. la puso de pie y la acercó en un solo movimiento.... No me digas que no lo sabes.. Agatha apoyó las manos sobre la espalda esbelta. excitado.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR juntos y nadaron un largo hasta los escalones de mármol. —Percibió la seducción en el tono—.. Cuando se cerró la puerta del dormitorio. privados durante demasiado tiempo. la hizo jadear y tapó el sonido con su boca.

LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR contempló. íntimo. viendo que los claros ojos parpadeaban. Gussie.335 - . ¿no te parece? La levantó. Agatha cerró los ojos. creo. Entonces. Zarcillos de sensaciones bajaban por su cuerpo y se adueñó de una gama completa de ellas. Mientras volvía. Cuando terminó. para aprender. La torpeza que esperaba no apareció por ningún lado. con los ojos cerrados.. —No. La esposa lo contemplaba desnudo.. tironeó con los labios. Scott dedicó largo rato a contemplarle el rostro. —¿Tienes miedo? —le preguntó. una mujer muy hermosa. Te amo. Sentirse tan amada la libró de todo. cada nueva meseta de pasión que le provocaba. observando con lentitud los ojos verdes. y el bigote cosquilleaba mientras jugaba el mismo juego excitante con los dientes. Se apoyó en una rodilla. con un roce de las yemas sobre el cabello. la línea de la mandíbula. el pecho. Aguardó. la frente ancha. Bajo el baldaquino. Le besó los huecos entre las costillas. se quitó los calzones mojados y los apartó con el pie. contuvo el aliento. después ajustó la cinta azul bajo los pechos y se tomó el trabajo de hacer una lazada. menos lo bueno que era estar de pie ante un hombre que la recorría con los labios. dubitativos. No sólo es un hombre hermoso. Le puso el camisón para cubrirla. —Creo que eres un hombre muy hermoso. el estómago. ante cada contacto. La mujer echó la cabeza atrás. Pero le tembló la voz y no bajó la mirada. —Levanta los brazos —le indicó. para observar. los adoró. Sin esperar respuesta. fue hasta la cama. la acostó sobre el alto colchón y se tendió junto a ella. se incorporó. sea divertido. y pensaba: «He recibido una doble bendición. con movimientos ora lentos. tomó en la boca uno de los pezones frío y erguido. tal vez. Tendríamos que llevarnos bien. y lo calentó con la lengua. esbelto. ora rápidos. lo primero que le había gustado. La mirada de la esposa se clavó en su rostro. Agatha le tocó las manos. —Piensa que no deberíamos desilusionar a Violet. con movimientos deliberados. la lengua. apartó el mosquitero y tomó el camisón. atrapó la recalcitrante prenda de algodón y terminó de quitársela. ¿Quieres ponerte el camisón? Tendré que sacártelo pero. —Mírate. la llevó hasta la cama. sino también gentil. impúdico. La acarició otra vez. estaba penumbroso. Agatha levantó la cabeza y abrió los ojos. Gentil y paciente con su novia ignorante y virginal». me lo dirías? —No hay motivo. Agatha comprendió que estaba dándole tiempo para ambientarse. y el . —¿Si lo tuvieras. —Y tú. Le tomó la mano y apretó los labios sobre la sortija de bodas. En ellos vio Scott que estaba maravillada de su propio despertar sensual. Scott entibió el otro pecho como había hecho con el primero. ah. lo atrapó suavemente entre los dientes.

Soltó la cinta azul que hacía tan poco había atado. Scott. —dijo después. —Descríbemelas.. Al otro lado del mosquitero. provocándole un ronroneo gutural. no tengas miedo.. —Scott. en que la lengua la invitaba a una danza. No descuidó ninguna parte del cuerpo: primero el cabello.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR perfume de las azucenas flotaba sobre sus cabezas. las polillas continuaban su danza mientras que. Las orejas. una muñeca que sale de un puño blanco que asoma bajo la chaqueta negra. sin duda. los pechos. los ojos oscuros se clavaban en los verdes claros.. la clavícula. Rodó hacia ella y se apartó. pero. Permaneció inmóvil como el dial de un reloj de sol mientras el mundo giraba. Ah. deslizando las manos con levedad sobre los muslos. dándole besos con la textura del bordado de Violet. sí. Scott tenía un modo especial de hacer las cosas. Sintió que le quitaba el camisón por la cabeza con mucha más impaciencia que cuando se lo puso. —Ohhh. Agatha había esperado pasar por momentos de incomodidad.. emergen de una muñeca angosta. oh. —Manos bellas. quitándole la magnolia y apoyándola sobre el pecho mientras sacaba las hebillas. sosteniendo una mano de póquer. germinó. un hombre como él. Estoy viéndolas detrás de los párpados mientras me tocas. Cuando iba a acostarme. le resultó inesperada. la tomó en los brazos. los pechos. los labios: besos cálidos. por ignorancia. Las conozco tan bien. rio se movió. mientras creaba otra vez con las manos la misma magia que en la piscina. como si quisiera memorizar el exterior antes de sumergirse más a fondo. Después. Fue un descubrimiento: lo halló firme. Fácil. con lágrimas en los ojos y los ... perfectos. Encendiendo un puro. lascivos. y exploró la piel debajo del camisón. mientras la tocaba otra vez en su parte más íntima. y la hizo gritar su nombre sin saberlo cuando llegaba a la cima que. caliente y flexible. tus manos. Así las imaginaba cuando estuvimos separados. hasta que los mechones quedaron extendidos como un charco de cobre alrededor. natural.336 - . mordiéndola con suavidad. mojando la tela y a ella. Sólo la superficie. con dedos largos.. Y cuando lo tocó. el cuello. y al primer contacto la respiración se escuchó agitada en la quietud del cuarto. luego. adentro. floreció.. el estómago. acariciándolos primero con los pétalos de la magnolia. la besó lánguidamente. el suficiente vello negro para hacerlas increíblemente masculinas. Le tomó la mano y la guió. Claro. —¿Te imaginabas mis manos mientras estábamos separados? —Siempre. —¿Te gusta? —Oh. —¿Y esto? Contuvo el aliento y se movió para acomodarse. solía pensar en tus manos y pensaba cómo sería que hicieran esto. Se quedaron acostados sin otra cosa que el tiempo para explorarse. ¿cómo podía sentirse incómoda con un hombre como él? Ah. revolviendo el pelo de Willy. tocándola con una incitación que pronto se convertiría en plenitud. Scott. la atrajo hacia él de manera que los dos cuerpos quedaran unidos en toda su extensión... Dentro de Agatha fue primavera: un capullo se hinchó. —Tócame —le dijo Scott—. en mi apartamento.

Las polillas se golpeaban contra la red. —Nadie me contó nunca —le dijo Agatha. La atrajo hacia su pecho. —Gussie. el descubrimiento.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR estremecimientos que la habían sacudido iban calmándose. y Agatha le pasó las yemas por la espalda.. mostrando los dientes. —Bienvenido. Todo lo que siguió fue hermoso. —Sí. la maravilla. la aprobación. mientras él permanecía dentro. ¿No te parece maravilloso? No encontró manera de expresar todo lo que sentía. —¿Qué cosa? No sabía muy bien cómo expresar lo que sentía: la maravilla. —No con la suficiente elocuencia.. con las sombras del mosquitero dándole una extraña textura a las pieles. Ella sintió la presencia y susurró una única palabra contra la sien de él. fascinada. y jugueteó con el fino cabello cobrizo de la nuca. —Violet te contó. Descansó dentro de ella sin moverse.. Permanecieron tendidos quietos. cayeron de costado saciados..337 - . permitiéndole que se adaptara.. y sus sombras bailoteaban sobre los miembros enlazados de los novios. al fin estaba completa. mi amor. Por eso... restableciendo en ella otra vez el maravilloso embrujo del deseo que hizo saltar los límites por segunda vez. Pero las palabras resultaban insuficientes ante emociones tan inmensas... la novedad. La risa de Scott sonó como un trueno bajo la oreja. enlazó una pierna sobre las de ella y acomodó los dos cuerpos como los pétalos estrujados de la magnolia que había quedado aplastada debajo de los dos. saboreando el momento. y acometiese.. sucedió el milagro: ya no era virgen. a continuación. cerrando con fuerza los ojos. el pómulo. Se había olvidado de la cadera. con ansias desesperadas de explicar lo que sentía. —murmuró. —De esto se trata. Y antes de que el beso acabara. los músculos tensos. —No creo que lo sepas. —¿Y la cadera? —También. alguien con quien compartir la mesa a la hora de la . los murmullos. lo sé. —Se echó atrás para mirarle la cara —. Scott. los cambios de posición. tocándole la frente.. la incredulidad. —¿Estás bien? —preguntó al fin. lo rodeó con los brazos y lo besó.. El cuerpo de Scott se unió al de Agatha con la misma facilidad y la misma gracia de todo lo anterior. Después. —Sí. Los movimientos ágiles. instantes antes de que él se estremeciera. otra vez los embates que los llevaban a los dos con impulsos como de seda. Scott. Exhaló un suspiro largo y satisfecho. tocándose los rostros como si fuese por primera vez. las pausas para admirarse y observarse de cerca. —Yo creí que sólo existía para la procreación. No sabes de los años que viví sola y anhelé las cosas más simples. Gussie.

todavía se me llenan los ojos de lágrimas.. me diste una familia. la miró a los ojos con expresión seria. —Y como si Willy no fuese bastante. —Tocó la cicatriz del brazo en forma de cuña.... ¿no lo entiendes? Yo estaba pegada a la tierra hasta que tú me los brindaste y me hiciste sentir que era como todos. cabalgar. —No. y ahora. y escuchar algo. bailar. Gussie.. algo que no tuve en toda mi vida. —Te amo —replicó el otro. Tú eres la que me hizo entender que tenía que regresar aquí para poder ser feliz otra vez.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR cena. además del tictac del reloj.. —Fijó la vista en los ojos de Agatha otra vez. pensando lo cerca que había estado de perderlo—. pues no podía contener todo lo que había recibido. —No es así. Tú eres la que hizo posible que Willy estuviese en mi vida. Vagando. Me diste tanto... recorrió el contorno de los labios con los dedos y luego los dejó junto a la boca de Scott—.338 - .. cerró los ojos. una palabra amable. esto. Scott la besó.. pues era una verdad absoluta. y cuando los labios se separaron... Se le llenaron los ojos de lágrimas y se ahogó con las palabras. una tras otra. buscando.. No importaba quién lo dijera. sin saber qué. Me liberaron. Déjame terminar. Nadar. Nunca podré agradecerte lo suficiente por Willy y. sintiendo que una sola palabra más le haría estallar el corazón rebosante. Tú. la mejilla sobre el pecho duro... y. no fueron nada comparados con Willy.. Pero esto. Fue demasiado grande para describirlo. en ocasiones. Aun así. No te imaginas lo vacío que me sentía.. que no era más que una imitación de lo que tenemos tú y yo. . —Te amo —dijo uno de los dos. tú fuiste. Hablas de regalos. pero no hay nada que pueda darte. Todos estos años aposté en los barcos fluviales. —¿Qué? —No lo sé. recordando la noche en que recibió esa herida.. Scott le cubrió los labios con el índice. —Le besó los labios.. y la que me hizo prestar atención a lo que tenía con Jube. buscando mi lugar en el mundo. yo. —¿Y qué me dices de mí? ¿Qué obtengo yo con este matrimonio? Déjame decirte algo. cuando comprendo que será nuestro para siempre. —Gussie. Anduve sin rumbo durante mucho tiempo. con ese vestido blanco. oh. compensarte. Siento. Quiero demostrarte mi gratitud. Y Willy ahí contigo.. fue como si.. Pero el corazón de la mujer necesitaba manifestarse. hermosa como una magnolia. —Le tocó los labios—. Pienso que si no te hubiese conocido seguiría vagando. Le apoyó el mentón en la cabeza. Regalos que no pueden comprarse. Cuando te vi salir del dormitorio con Willy.. Quiero decirlo. ¿crees que no me diste ninguno? Se acurrucó de nuevo contra él. la casa otra vez llena de gente.. después en las tabernas. una cuerda donde tender ropa de niño. Scott. buscando las palabras. esta noche. Me sentí como si hubiese renacido... son cosas que jamás esperé vivir. con la mejilla de ella en su palma—.. otra voz humana. — Mientras hablaba. Me brindaste todo eso. y todos los que amo esperándonos abajo. con los suyos temblorosos—. Más de lo que hubiese imaginado.

y lo aceptaron. La mujer contempló las sombras enrejadas del mosquitero sobre la piel del hombre. los labios se encontraron. En la oscuridad. firme y tibia. Las sombras se lo robaron. lo vio desaparecer. *** . El anhelo retornó.. pero se lo devolvieron en la carne. Scott Gandy plantó dentro de su esposa el regalo más maravilloso de todos. y el ciervo se alimentaba de las hojas de boj. Scott se levantó para apagar las luces. en los pliegues blandos y furtivos de la noche. lo nutrieron e hicieron el amor una vez más.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR —Para siempre. L.339 - . —Para siempre —repitió Agatha. Y mientras alrededor Waverley extendía sus alas protectoras.. y Willy dormía al otro lado del pasillo. y los fantasmas del pasado se mezclaban con las promesas del futuro.

pero su pasión por la novela le hizo volcarse por entero en su trabajo como escritora. Publicó su primera novela en 1979 y desde entonces ha cosechado éxito tras éxito. capaz de albergar una increíble grandeza.LAVYRLE SPENCER JUEGOS DE AZAR RESEÑA BIBLIOGRÁFICA LAVYRLE SPENCER Vive en Plymouth. dueño de una taberna en la que el juego y el alcohol son el pan de cada día. LaVyrle Spencer Título original: The Gamble Edición original: Jove Books Traducción: Ana Mazía © 1998 Ediciones B Argentina s. oculta tras su vida de libertinaje un corazón destrozado y un espíritu apasionado. JUEGOS DE AZAR Agatha es una joven sombrerera que vive marcada por una vida sombría y sin amor. *** © 1984.340 - . Lavyrle Spencer es una de las más prestigiosas escritoras de novela romántica. Las circunstancias la han llevado a convertirse en adalid de la moral y defensora de la Ley Seca. Nació en 1943 y comenzó trabajando como profesora.UU. pero eso no le ha impedido luchar por una vida mejor. Scot. EE. Diseño de tapa: Verónica López ISBN 950-15-1919-8 .. Un accidente ocurrido durante la infancia la ha dejado lisiado.a. dentro del género histórico o contemporaneo. Minnesota.

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