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El

CORAZÓN
del

Evangelio

Y Explica que el Evangelio es de Dios Y

Y Enseña en que consiste el Evangelio verdadero Y

Y Enfatiza los aspectos más importantes del Evangelio Y

Y Exhorta a que el Evangelio sea abrazado de todo corazón Y


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El predicar el Evangelio es predicar a Cristo. La palabra “evangelio”
significa buenas nuevas. El Evangelio abarca todo lo relacionado con
las buenas nuevas de la persona, vida y obra del Señor Jesucristo.

Aunque el Evangelio abarca todo lo relacionado con Cristo Jesús, se


centra en la muerte y resurrección de Él; es decir, estos dos aspectos
de Cristo forman el corazón del Evangelio. “Además os declaro,
hermanos, el Evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis,
en el cual también perseveráis...Porque primeramente os he enseñado
lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados,
conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer
día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a
los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez”
(1Corintios 15:1-4). La prueba indiscutible de la muerte de Cristo fue su
sepultura (Mateo 12:39-40). La prueba indiscutible de su resurrección
fue su aparición corporal a mucho mas de 500 testigos (Hechos 1:3). El
libro de Romanos manifiesta los dos aspectos principales del Evangelio:
“... el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado
para nuestra justificación” (Romanos 4:25).

El Evangelio no se entiende claramente hoy en día. El Evangelio ha


sido rebajado y mezclado con la religión, con obras humanas, con el
bautismo, y con la justicia propia como una manera para salvarse de
la ira venidera. El hombre pecador solamente es salvo mediante el
Evangelio verdadero sin tomar en cuenta todas las añadiduras humanas.
Hallamos en las Escrituras que:

• El Evangelio es eterno (Apocalipsis 14:6).


• El Evangelio es único (Gálatas 1:6-9).
• El Evangelio es poderoso (Romanos 1:16-17).
• El Evangelio es por gracia1 (Hechos 20:24).
• El Evangelio es la verdad (Efesios 1:13).
• El Evangelio es de Dios (Romanos 1:1)
• El Evangelio es para salvación (Efesios 1:13).
• El Evangelio trae paz (Efesios 6:15).
• El Evangelio trae esperanza (Colosenses 1:23).
Por el Evangelio--la muerte y resurrección de Cristo--el santísimo Dios
eterno, el Aborrecedor de todo pecado, el Purísimo de ojos que no puede
ver el mal, el Juez absolutamente justo que exige la muerte como el
único pago del pecado, fue apaciguado2 por la muerte sangrienta de
su amado Hijo en la cruz del Calvario. Para poder salvar al hombre
pecador y culpable era necesario que Cristo muriera. Solamente por
su muerte pudo satisfacer la justicia divina y hacer que Dios perdone al
pecador todos sus pecados, declarando al culpable como justo delante
de Él mediante la fe. Cristo murió para satisfacer las demandas de la
santidad y justicia de su Padres.

A la vez Cristo murió por los pecadores para redimirlos3 de sus


iniquidades y transgresiones. Es importante que conozcas el Evangelio
y que lo abraces como tu única esperanza de vida eterna. No hay dos
evangelios. Hay uno solo que ha sido dado por Dios y debe ser creído
y recibido por tí. Estudia diligentemente los puntos más basicos del
Evangelio de la gracia de Dios hasta que se te hayan grabado y aun más
importante hasta que sean la convicción y deleite de tu corazón.

CRISTO EL SACRIFICIO ACEPTABLE--El Señor


Jesucristo debe ser reconocido como el sacrificio aceptable
porque era sin mancha y sin defecto. Ya que era necesario
que el sacrificio fuese perfecto, entonces tendría que ser divino; es decir
Dios mismo tendría que hacerse sacrificio para redimir3 al hombre.
Por esta razón Dios se hizo hombre y nació en un pesebre humilde en
Belén. Isaías el profeta manifestó que Cristo “nunca hizo maldad, ni
hubo engaño en su boca” (Isaías 53:9). El escritor del libro de Hebreos
declaró que Cristo “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero
sin pecado” (Hebreos 4:15). También dijo: “Porque tal sumo sacerdote
nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores,
y hecho más sublime que los cielos” (Hebreos 7:26). El apóstol Pedro
aclaró: “El cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca” (1Pedro
2:22). Agregó el apóstol Juan, diciendo: “Y sabéis que Él apareció
para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en Él” (1Juan 3:5).
CRISTO EL SACRIFICIO VOLUNTARIO--El sacrificio
voluntario de Dios de dar a su Hijo y de su Hijo de ofrecer
su cuerpo como sacrificio sobre la cruz resaltan dos cosas
de alta importancia: el amor de Dios y también su gracia1.
Si el sacrificio del Padre y del Hijo fue voluntario, entonces pudieron
haber elegido no hacer el sacrificio y no habría ninguna salvación
para el hombre pecador y condenado. Sin el sacrificio voluntario por
parte de Dios, nos hubiéramos encontrado en la misma desesperanza
y condenación segura de Lucero (el diablo) y de los ángeles caídos
(los demonios). La disposición voluntaria de dar a su Hijo como
sacrificio, muestra que Dios es el Dios de toda gracia1 (1Pedro 5:10).
La disposición del Hijo de dar su vida en la cruenta cruz declara que la
salvación es por gracia1 divina y no por decisión humana (Juan 10:15-18).

El sacrificio voluntario del Padre y del Hijo resalta también el amor


de Dios. De voluntad propia Cristo fue sacrificado. De deseo propio
Cristo se sujetó a las intenciones malvadas del hombre y a la vez a la
ira castigadora de su Padre. “Yo soy el buen pastor; el buen pastor
su vida da por las ovejas” (Juan 10:11). “Por eso me ama el Padre,
porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar” (Juan 10:17).
“Nadie me la quita, sino que yo de mi mismo la pongo. Tengo poder
para ponerla , y tengo poder para volverla a tomar” (Juan 10:18).
“Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y
sacrificio a Dios en olor fragante” (Efesios 5:2). “Quien se dio a sí
mismo por nosotros para redimirnos3 de toda iniquidad y purificar
para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tito 2:14). La
prueba más clara del amor desinteresado y verdadero es poner la vida
por otro (1Juan 3:16). Cristo voluntariamente puso su vida por sus
amigos en la cruz del Calvario (Juan 15:13). Por su sacrificio demostró
el gran amor incondicional e inexplicable para con un pueblo que
solamente merece el castigo eterno en el lago de fuego del infierno por
sus muchas rebeliones contra los mandamientos de Dios.

CRISTO EL SACRIFICIO SUSTITUTIVO--El sacrificio


de Cristo fue ofrecido en lugar de un pueblo particular. Cristo
fue el sustituto4 de un pueblo definido. Cristo no murió en
general por todos, sino murió en particular por un pueblo
determinado por Dios. El sacrificio particular y sustitutivo4 de Cristo
se comprueba con el ejemplo pleno del sumo sacerdote del Antiguo
Testamento cada vez que se celebraba el día de expiación5 en el décimo
día del séptimo mes del calendario judio (Levítico 23:26-32). En la
celebración anual del día de expiación5, el sumo sacerdote entraba
sustitutivamente4 en el tabernáculo, y posteriormente en el templo, por
el pueblo de Israel para expiar5 simbólicamente el pecado del mismo.
Vemos la naturaleza sustitutiva4 de la obra mediadora del sumo
sacerdote--un prototipo (prefigura) del Señor Jesucristo que vendría
para hacer un sacrificio una vez para siempre (Hebreos 9:24-28)--al
contemplar por quien actuaba en su obra sacerdotal en el tabernáculo.
Dios ordenó que el sumo sacerdote se vistiera de un efod. El efod era
una vestidura sagrada usada por el sumo sacerdote en el cumplimiento
de su servicio del tabernáculo. Había una piedra de ónice sobre cada
hombrera grabada con los nombres de las doce tribus de Israel--seis
nombres sobre un hombro y seis sobre el otro (Exodo 28:6-12). Además
unido al efod por cadenas de oro puro había un pectoral con 12 piedras
preciosas, cada una llevaba el nombre de una de las doce tribus de
Israel (Exodo 28:15-21).

Claramente el sumo sacerdote actuó a favor de los doce nombres


escritos en sus hombreras y también los escritos en su pectoral. La obra
mediadora del sumo sacerdote no fue general por todas las naciones,
sino fue particular a favor del pueblo de Israel. Él obró sustitutivamente4
a favor de un pueblo particular señalado por Dios. El sumo sacerdote
no era libre para hacer el sacrificio santo por quien él quisiera, sino por
aquellos a quienes Dios determinó que fueran beneficiarios. Dios fijó
por quien actuaba el sumo sacerdote. Dios señaló por quienes se había
de hacer el sacrificio expiatorio5 cada año en el día de expiación5. Dios
estableció a quienes serían los beneficiarios de la muerte sustitutiva4
del cordero y de la aplicación de su sangre.

En la misma manera, el Señor Jesucristo como el sumo sacerdote


efectuó su obra mediadora y redentora3 en la cruz del Calvario por un
pueblo particular determinado de antemano por Dios Padre. Cristo
vino no para hacer su propia voluntad, sino la de su Padre. Cristo
no murió caprichosamente por quienes Él quisiera, sino por aquellos
escogidos por Dios Padre. Dios el Padre estableció a quienes serían
los beneficiarios de la muerte de su amado Hijo y el derramamiento de
su sangre. Así Cristo murió sustitutivamente4 por un pueblo particular
y determinado por su Padre.

Además vemos la naturaleza sustitutiva4 en el sacrificio ofrecido por


el sumo sacerdote cada año en el día de expiación5. Ya que el pueblo
presentaba dos machos cabríos, el sumo sacerdote realizaba por sí solo
la obra mediadora. Un macho cabrío tenía que morir para declarar
proféticamente el aspecto expiatorio5 de la muerte de Cristo. El carnero
vivo representaba el segundo aspecto de la obra redentora3 de Cristo
que Él quitaría el pecado de la presencia de Dios para siempre. Según
Levítico 16:16-34, tanto el sacrificio expiatorio5 como el carnero dejado
suelto vivo en el desierto se hacían por “las impurezas de los hijos de
Israel, de sus rebeliones, y de todos sus pecados” (16:16), por “las
inmundicias de los hijos de Israel” (16:19), por “las iniquidades de
los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados” (16:21),
“por sí y por el pueblo” (16:24), “por vosotros....y todos vuestros
pecados delante de Jehová” (16:30), “por los sacerdotes y por todo
el pueblo de la congregación” (16:33), y “por todos los pecados de
Israel” (16:34).

El sacrificio del día de expiación5 y el carnero suelto en el desierto


eran obras efectuadas no a favor del mundo en general, sino en
particular por el pueblo de Israel. El sacrificio del día de expiación5
se efectuó por un pueblo particular, por unos pecados particulares,
por unas rebeliones particulares, y por unas iniquidades particulares.
Asimismo la muerte de Cristo y su sacrificio redentor3 en la cruz no se
llevó a cabo por todos en forma general, sino por un pueblo particular
y definido. Cristo murió sustitutivamente4 por todo aquel que habría
de creer (Juan 3:16). Cristo murió sustitutivamente4 por todo aquel
que vendría a Él (Juan 6:37-39). Cristo murió sustitutivamente4 por
todos los que serían las ovejas de su rebaño (Juan 10:11,14-15). Cristo
murió sustitutivamente4 por su pueblo (Mateo 1:21; Isaías 53:6,8,11,12).
Cristo murió sustitutivamente4 por sus hermanos (Hebreos 2:9-12,17).
Cristo murió sustitutivamente4 por todos los que el Padre le dio a su
Hijo amado en el pacto de gracia desde la eternidad pasada (Hebreos
2:13-17; Juan 10:27-29, 17:2). Una vez para siempre por el sacrificio
de sí mismo, Cristo pagó y quitó todos los pecados de todo su pueblo
en todo el mundo a través de todos los tiempos (Hebreos 10:10-14,
9:11-12,28, 7:23-28).

CRISTO EL SACRIFICIO CARGADO--Dios en su


santidad y justicia exigió que los pecados del pueblo escogido
por Dios fueran expiados5 y castigados. Por lo tanto era
necesario que Cristo llevara en sí mismo los pecados (1Pedro
2:24). En la cruz del Calvario los pecados del pueblo por quienes Cristo
murió fueron cargados en Él por Jehová Padre (Isaías 53:6,8). Todo
pecado tenía que ser tratado. Todo pecado tenía que ser expiado5. Todo
pecado tenía que ser pagado. Todo pecado tenía que ser castigado. Dios
no pudo pasar por alto ningún pecado de su pueblo que salvaría.

Entonces allí en la cruenta cruz, Dios le atribuyó a su Hijo todos los


malvados pecados de su pueblo, desde los del primer pecador redimido
en el libro de Génesis hasta los del último pecador que habrá de ser salvo
antes que venga el fin del mundo. Todos los pecados de todo su pueblo,
sin excepción alguna, fueron puestos en Cristo: todos los pensamientos
impíos, todas las palabras perversas, todas las intenciones diabólicas,
todos los planes malvados, y todos los hechos rebeldes y depravados6.
De hecho la Biblia declara que Cristo fue hecho pecado por su pueblo
(2Corintios 5:21; Romanos 8:3). El Señor Jesucristo inocentemente
llevó nuestros dolores, nuestras rebeliones, y finalmente nuestro castigo
(Isaías 53:4-5). Cristo fue el Portador de todos los pecados de todo su
pueblo en la cruz del Calvario.

CRISTO EL SACRIFICIO PENAL--Habiendo sido


cargado por Dios el Padre de todos los pecados de todo
su pueblo, fue necesario que el juicio divino cayera sobre
Cristo para redimirlos3. El castigo del pecado tenía que ser
pagado antes que el pueblo pecador fuese redimido3. ¿Cuál es la paga
del pecado? La respuesta bíblica es la muerte (Gálatas 3:10; Romanos
6:23; Ezequiel 18:4,20; Deuteronomio 27:26). Todo pecado, sea grande
o insignificante ante los ojos del hombre, tiene que ser pagado con la
muerte. “La paga del pecado es la muerte” (Romanos 6:23). “El
alma que pecare, ésa morirá” (Ezequiel 18:4). Esa es la razón porque
fue necesario que Cristo padeciera y muriera (Lucas 24:46). Cristo
tuvo que morir para redimir3 a su pueblo. Cristo tuvo que efectuar un
rescate, es decir, hacer un pago penal7 demandado por la justicia de
Dios (Gálatas 4:4-5). Dios envió a su Hijo Cristo Jesús para defender
y hacer valer su justicia y santidad mediante su muerte en la cruz del
Calvario (Romanos 3:24-26).

Cristo fue hecho una propiciación8 por el Padre (Romanos 3:25; 1Juan
4:10). Como una propiciación8, Cristo fue un sacrificio provisto
por Dios y castigado por Él mismo para aplacar9 la justicia divina
y apaciguar2 su ira contra los pecadores. Gracias a Dios, Cristo
fue nuestro sacrificio penal7 en la cruz del Calvario ya que el Padre
derramó sobre su propio Hijo todo su enojo, furor, castigo, e ira contra
nuestros pecados, haciéndole pagar lo que merecíamos pagar nosotros.
Cristo fue hecho una maldición por su pueblo. Esto significa que el
Padre maldijo a su Hijo en la cruz para que no tuviera que maldecir
eternamente a los creyentes verdaderos en Cristo con el lago que arde
con fuego y azufre (Gálatas 3:13). El gran peso del pecado fue puesto
sobre Cristo, y debido al mismo, Dios el Padre juzgó a su Hijo amado
por causa de nuestras maldades. Tan grandes fueron la congoja10 y
agonía de Cristo que manifestó verbalmente en la cruenta cruz: “Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Marcos 15:34).
Cristo fue hecho un sacrificio penal7 para satisfacer la justicia perfecta
de Dios y al mismo tiempo expiar5 todos los pecados de su pueblo. El
apóstol Pablo explicó el sacrifico penal7 de Cristo, diciendo: “...a fin
de que Dios sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús”
(Romanos 3:26).

CRISTO EL SACRIFICIO EFICAZ--El sacrificio de


Cristo fue eficaz. En otras palabras, Cristo alcanzó todos
los propósitos divinos sin fallar, por lo que hizo en la cruz
del Calvario. La expresión del Nuevo Testamento señala
que nuestra salvación ya se efectuó en un tiempo pasado, a saber en la
cruz del Calvario. Fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su
Hijo (Romanos 5:10; Efesios 2:14-16). Él hizo nuestra paz mediante
la sangre de su cruz (Colosenses 1:20). Fuimos librados del temor
y de las garras de la muerte por la muerte de Cristo (Hebreos 2:14-
15). Fuimos librados porque se dio a sí mismo por nuestros pecados
(Gálatas 1:4). Nuestros pecados fueron quitados de en medio una vez
para siempre por el sacrificio de Cristo (Hebreos 9:26,28). Ya fuimos
comprados para Dios por el derramamiento de la sangre de Cristo en
la cruz del Calvario (1Corintios 6:20).

La eficacia de la muerte de Cristo se ve en las mismas palabras del


Redentor: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí
viene, no le echo fuera. Porque he descendido del cielo, no para
hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la
voluntad del Padre, el que me envió:” (Juan 6:37-39). “Y yo les doy
vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi
mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las
puede arrebatar de la mano de mi Padre” (Juan 10:28-29). “Cuando
estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los
que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo
de perdición, para que la Escritura se cumpliese” (Juan 17:12). La
eficacia de la muerte de Cristo es que cumplió todo lo que le exigió su
Padre y además disfrutará todos los beneficios obtenidos por su muerte
(Isaías 53:11-12). Todos por los cuales Cristo murió serán últimamente
convertidos a Él mediante el arrepentimiento para Dios y la fe en el
Señor Jesucristo.

CRISTO EL SACRIFICIO APROBADO--En cuanto al


sacrificio de Cristo, ¿fue aceptado por su Padre? ¿Fue satisfecho
Dios con la muerte sangrienta de su Hijo? ¿Se alcanzaron
todos los propósitos determinados por Dios en la muerte de
su Hijo? Y la respuesta indiscutible y enfática es: ¡“Mil veces, Sí”!

Pero, ¿cómo podemos nosotros hoy en día tener la plena y completa


seguridad que Dios el Padre se complació con el sacrificio de Cristo
Jesús? Había muchos que dudaban de Cristo, de su misión, y de
su plan de redención3. Sin embargo en el tercer día después de su
muerte, siendo el primero de la semana (el domingo), Dios el Padre
manifestó abiertamente que lo que Cristo hizo en la cruz del Calvario
fue totalmente agradable a Él, resucitándole de entre los muertos sin
que jamás volviera a morir. Ya que Dios Padre resucitó a su Hijo muerto
se entiende claramente que su muerte fue enteramente aceptada y aprobada
por Él (Hechos 2:22-36, 3:13-15; 1Pedro 2:21; Romanos 6:4,9). Cristo y su
sacrificio han sido divinamente aprobados por su resurrección de entre los
muertos y por su ascención a la gloria para sentarse a la diestra de Dios (Isaías
52:13). Dios el Padre se contentó con su sacrificio. Cristo de verdad es el
camino, la verdad, y la vida, y nadie puede ir al Padre sino por Él (Juan 14:6).

Cristo es el único sacrificio agradable y provisto por Dios para la salvación


de los pecadores. Si tú no vienes al Padre por medio de Él, no llegarás. Si
tienes tu confianza puesta en algo que no sea la obra redentora3 y terminada
del Señor Jesucristo, no hallarás entrada a la presencia de Dios. Dios manda
que te arrepientas (Hechos 17:30). Ven a Cristo ahora mismo. Él recibe a
todos los que vienen a Él en arrepentimiento y fe......confiando en su obra
redentora3 en la cruz y no en tus propias obras religiosas.
--Hno. Berto Craft
GLOSARIO

Gracia: El favor amoroso de Dios dado libre y soberanamente a indignos pecadores quienes merecen
1

ser castigados eternamente por su rebeldía contra Dios y sus mandamientos. La gracia obra eficazmente
llamando al pecador a Cristo en arrepentimiento y fe, perdonando y justificándolo delante de Dios,
guardándolo en prueba y tentación, obrando en él una santidad Cristo-céntrica, y finalmente llevándolo
a la presencia eterna de Dios. Esta gracia ha sido dada a hombres malos sin que Dios tomara en cuenta
lo bueno o lo malo que ellos sean o hagan conforme a la buena voluntad de Dios.
Apaciguar: Poner en paz; aquietar; pacificar.
2

Redención: El rescate y liberación del pecador de la esclavitud del pecado y del castigo de la ley
3

divina mediante el sacrificio de Cristo y el derramamiento de su sangre con tal de que el rescatado sirva
voluntariamente a su Señor y Salvador Jesucristo.
Sustituir: Poner a alguien o algo en lugar de otra persona.
4

Expiación: El acto de borrar los pecados por medio del sacrificio de Cristo. Por su sacrificio, Dios
5

el ofendido, quedó enteramente satisfecho y la ofensa fue permanentemente cancelada y removida.


Depravado:
6
Desde la planta de su pie hasta su cabeza el hombre pecador está totalmente
corrompido, impío, sin santidad ni justicia. El pecado ha pervertido al hombre en sus pensamientos, en
sus sentimientos, y aun en su voluntad. Él está muerto para con Dios en sus delitos y pecados.
Penal: En la cruz, el Señor Jesucristo fue sujeto a un castigo especificado y demandado por la ley
7

divina, no por sus propias culpas sino por las del pueblo por quien murió.
Propiciación: Cristo fue sacrificado en la cruz para pacificar la ira divina y en el mismo instante
8

hacer que Dios sea muy bondadoso para con su pueblo redimido.
Aplacar: Tranquilizar; pacificar; apaciguar; mitigar.
9

Congoja: Desmayo, fatiga, angustia y aflicción del alma.


10
El Evangelio NO es:
• Invitar a Cristo que entre en tu corazón.
• Dios ayudando a los que se ayudan.
• Aceptar a Cristo como tu Salvador personal.
• Entregarle a Cristo tu corazón.
• Hacer una decisión por Cristo.
• Repetir la oración del pecador.
• Pedir a Dios que te perdone.
• Dar a Dios tu vida o cualquier otra cosa.
• Pasar al frente del templo después de un mensaje evangelístico.
• Alzar tu mano en respuesta a una invitación del predicador.
• Hablar en lenguas manifestando tu llenura del Espíritu Santo.
• Recibir la sanidad del cuerpo físico.
• Someterte al bautismo en agua.
• Invocar el nombre del Señor.
• Ser bautizado en el Espíritu Santo.
• Guardar los mandamientos de Dios.
• Santificar el séptimo día.
• Unirte con una iglesia evangélica u organización religiosa.
• Leer y estudiar la Palabra de Dios.
Si estás confiando en cualquiera de estas cosas
para ir al cielo, tu confianza está mal puesta.
¡No te engañes! Necesitas ser salvo creyendo
en el Evangelio verdadero de Dios.
Este mensaje te llegó por la voluntad de Dios mediante el Ministerio Gracia Abundante.
Nuestro ministerio está bajo la autoridad de una iglesia local ubicada en la calle 2a
Privada de la Noria #114, Colonia Centro, de la ciudad de Oaxaca. Nuestros cultos
públicos se llevan a cabo los martes y jueves a partir de las 7:00 P.M., y los domingos a
partir de las 11:00 A.M. terminando aproximadamente a las 4:00 P.M. Nuestros cultos
son ordenados conforme a la norma de la Palabra de Dios para la gloria del Único digno
de recibir toda la honra y gloria. Deseamos que nuestras reuniones siempre den la
preeminencia al Señor Jesucristo y no al hombre. Procuramos estudiar la Palabra de
Dios mediante la manifestación del verdadero Evangelio y una sana exposición de las
Escrituras. Se le invita cordialmente a todo aquel que quiera aprender de la Palabra de
Dios y de seguir en pos del Señor Jesús que nos acompañe.
Impreso en Oaxaca, México