You are on page 1of 18

Marcelo Gutiérrez Cáceres

Literatura Latinoamericana – 3er año - L y L 2017

Discurso identitario y discurso literario en


América Latina
Fernando Aínsa

1 Desde principios de los años sesenta hasta fines de los noventa, se han multiplicado en
artículos, ensayos, libros, discursos, referencias de todo tipo a la identidad cultural de América
Latina. Se reivindica la identidad en plataformas y programas políticos y la crítica literaria no ha
escapado a la mágica resonancia de sus alusiones implícitas o indirectas y la invoca para todos los
géneros, de la poesía a la narrativa, pasando por el teatro y el propio ensayo.

2 La atención dispensada por la crítica a la configuración de la identidad en el discurso ficcional


lo prueba desde los ángulos más diversos: coloquios, congresos y seminarios, como éste que nos
reúne en la Universidad de Rennes, volúmenes colectivos e individuales consagrados al tema,
donde se han ido echando las bases de una auténtica metodología crítica para la lectura de la
narrativa en la perspectiva de la problemática identitaria.

3 Sin embargo, no por reiteradamente aludido el concepto aparece como mejor definido. Por
el contrario, es como si gracias a su fortuna semántica, un posible sentido original hubiera estallado
en múltiples direcciones, más referidas al contexto de cada uno de sus enunciados que a su posible
significado intrínseco y la noción hubiera ido derivando en acepciones cada vez más diversificadas.

4 En efecto, es posible preguntarse: ¿Qué es, en realidad, la identidad cultural? ; Es algo más
que la adición de dos conceptos, identidad y cultura? ; ¿A qué identidad nos referimos cuando se
insiste en la actualidad del tema? ; ¿Se trata —acaso— de la identidad cultural de los individuos o
se refiere a los grupos sociales, a los pueblos o a las mayorías que los representan en perjuicio de
las minorías o a ambas a la vez, con categorías diferenciadas? ; ¿Cuáles son los conceptos conexos
al de identidad cultural? ; ¿Es lo mismo la identidad cultural nacional que la identidad Latinoamérica
concebida como una unidad? ; ¿Cómo se pasa de la categoría de lo micro a lo macro cultural?

Dificultades metodológicas

5 Las dificultades metodológicas de un estudio sobre el tema empiezan, pues, por un problema
de definiciones y de terminología. Pero, sobre todo, por la ausencia de estas definiciones. En efecto,
al abordar hace unos años el estudio de la identidad cultural en la narrativa hispanoamericana, me
encontré con la sorpresa de que —pese a que el término figuraba en cientos de artículos, ensayos,
libros, discursos, programas de organismos nacionales e internacionales— no se daba en ningún
texto una definición de lo que pudiera entenderse por “identidad cultural”.
Marcelo Gutiérrez Cáceres
Literatura Latinoamericana – 3er año - L y L 2017

6 La noción aparecía siempre sobre-entendida en el contexto de una enunciación de tipo


general y con una gran carga subjetiva, cuando no simplemente retórica. Pero además, las pocas
definiciones existentes variaban considerablemente entre sí. Un estudio como el propuesto tenía
que partir de un principio mucho más modesto.

7 También resultaba claro que un trabajo de este tipo, aunque se centrara en lo literario, debía
ser interdisciplinario, si no quería presentarse como parcial o sectorizado. Si en el origen de la
preocupación sobre la problemática de la identidad bastaban los planteos de los fundadores de lo
que se ha llamado “la tipología nacional de la cultura”, es decir de autores como Juan Bautista Vico
y Herder, hoy en día un estudio completo sobre la identidad cultural tiene que manejar nociones de
filosofía, de antropología cultural, de sociología, de historia y de literatura y no puede prescindir de
los aportes de la psicología y aún del psicoanálisis. En un estudio de este tipo no son ajenas
tampoco ciertas categorías de la ciencia política, especialmente de la historia de las ideas. Por esta
razón, al abordar el tema, un autor como Leopoldo Zea se pregunta:

• 1 Coloquio sobre “Identidad y cultura latinoamericana”,Nuestra América, 8-


México, Mayo- agosto 1983 (...)

¿Esto es filosofía, antropología, es sociología ? O es todo junto. Nos tiene sin cuidado. La filosofía
es especialmente esa preocupación, ese afán de saber y utilizar los métodos que podemos crear y
los que podemos encontrar, los métodos europeos, todos los métodos actuales, incluyendo el
marxismo, todos los métodos necesarios para esclarecer mejor nuestro conocimiento de la realidad
y resolver su problemática1.

8 Es evidente que hoy no podremos dar una respuesta a todas las interrogantes que se
plantean —a las que podrían añadirse muchas otras— sino contribuir a mejor cernir la problemática
suscitada por el tema y establecer algunos de los presupuestos conceptuales que puedan servir de
marco de referencia metodológico para investigaciones futuras sobre lo que podría ser una tipología
de la identidad cultural, tal como aparece reflejada en la literatura.

Las marcas diferenciadoras

9 Desde la perspectiva latinoamericana, aunque el uso del concepto de identidad cultural sea
reciente, la preocupación ontológica que refleja debe insertarse en la historia de un pensamiento
que ha buscado, desde el instante del descubrimiento del Nuevo Mundo, establecer sus signos
propios y las marcas diferenciadoras con Europa.

10 Los primeros signos de la identidad americana no son difíciles de discernir. Porque si, tal
vez exageradamente, decía José Ortega y Gasset que “los conquistadores mismos son ya los
primeros americanos”, es evidente que lo peculiar americano nace para el descubridor con la noción
de Nuevo Mundo, “que se puede llamar nuevo por ser todas sus cosas diferentes de las del nuestro”,
como ya anotaba López de Gomara en su Historia General de las Indias.
Marcelo Gutiérrez Cáceres
Literatura Latinoamericana – 3er año - L y L 2017

• 2 Fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de la Nueva


España, México, 1938, vo l.III(...)

• 3 Juan López de Velasco, Geografía y descripción universal de las Indias,


Madrid, 1894, pag. 37.

11 Esta preocupación por la diferencia está en el origen de la problemática de la identidad


latinoamericana. Ya en el siglo XVI Bernardino de Sahagún, advertía que “los que son naturales
españoles, si no tienen mucho aviso a pocos años andando de su llegada a esta tierra se hacen
otros”2. Poco después, completaba Juan López de Velasco: “No solamente en las cualidades
corporales se mudan pero en las del ánimo suelen seguir las del cuerpo, y mudando él se alteran
también”3.

• 4 José Juan Arrom,Certidumbre de América, Gredos, Madrid, 1971, pag. 17.

12 Fue evidente desde el descubrimiento que a los conquistadores se les planteaban los
problemas de cómo habérselas con la nueva realidad, relación cuyas respuestas implicaban
soluciones de tipo cultural. Es lo que José Juan Arrom ha llamado el ser de la tierra, ese “conjunto
de las nuevas soluciones, ese vivir de una manera diferente en una tierra diferente que crea, por
extensión, un clima social parecido, pero no idéntico, al de la vieja patria lejana”4.

13 Estos “seres mudados”, estos otros, alimentaron durante el período colonial, la famosa
discusión sobre los “españoles americanos” y llevarían al sucesivo acento que se puso en América
en lo criollo, lo indígena, lo hispánico, lo europeo o sobre el mestizaje cultural, para resaltar las
características primordiales de una identidad que se consideraba al mismo tiempo única y diversa,
pero en todo caso diferente al resto del mundo.

14 A partir de la Independencia y a todo lo largo del siglo XIX, el proceso de diferenciación se


agudiza. Se empieza a hablar del ser americano, de la idea de América, de la americanidad, de la
conciencia nacional, de expresión u originalidad americana. Las nociones de idiosincrasia, de
autoctonía y de peculiaridad se suceden para referirse a una preocupación planteada tanto a nivel
nacional (cuando no nacionalista) como continental.

15 Un examen de la historia americana desde esta perspectiva, permite rastrear una


terminología que ha insistido en “reivindicar nuestro pasado”, “fomentar valores propios”, “buscar la
autenticidad”, “combatir las ideas foráneas”, “evitar la alienación”, “ser fieles a nosotros mismos” y,
más recientemente, denunciando la deculturación provocada por la alienación, cuando no el
imperialismo cultural.

Unidad y diversidad

16 Pero esta identidad no es única ni una, porque hablar de identidad en América Latina no
supone hablar de igual o uniforme para un continente esencialmente diverso, abierto a influencias
Marcelo Gutiérrez Cáceres
Literatura Latinoamericana – 3er año - L y L 2017

e intercambios. Minorías, expresiones variadas, cuando no antagónicas, integran también una


identidad que está hecha tanto de la unidad que evidencia frente a otras culturas, como de la
diversidad que es capaz de mantener en su interior. Como ha señalado el filósofo Mario Sambarino
:

• 5 Sambarino, Identidad, tradición, autenticidad (Tres problemas de América


Latina), p. 65.

Que América Latina sea única, en tanto no existe otra América Latina sino solamente ésta, no quiere
decir que sea una, en el sentido de que existe unidad en ella. La desunión no excluye la identidad.
La diversidad, tampoco5.

17 La identidad americana no es, en ningún caso, una identidad “consigo misma”, como puede
ser la de un objeto inanimado en relación a su propia naturaleza. Tampoco identidad es lo mismo
que idéntico, de uno, único, igualo uniforme. Identidad, unicidad, unidad, son nociones que
pertenecen a planos diversos.

18 Pero más allá de toda diferencia, algo hay en común como lo reconocería expresivamente
José Martí en el momento de la lucha por la independencia de Cuba:

• 6 José Martí, Autores americanos aborígenes, en Obras Completas,


Volumen Vlll, La Habana

• p. 336-337.

Se viene de padre de Valencia y de madre de Canarias y se siente correr por las venas la sangre
enardecida de Tamanaco y Paramaconi y se ve como propia la que vertieron por las breñas del
cerro del Calvario, pecho a pecho con los gonzalos de férrea armadura, los desnudos y heroicos
caracas6.

Distingos y términos conexos

19 Antes de proseguir es necesario distinguir la noción de identidad de otros términos conexos,


territorio semántico tangencial que necesita también de precisiones, en la medida que puede
aparecerse en algún caso como componente de la identidad cultural:

• Autenticidad : Lo original, lo valedero ; lo verdadero, lo fidedigno ; lo legítimo, autorizado ;


lo genuino, lo que tiene valor. Autenticidad es también sinónimo de cabal, de autoría (por ej. en un
cuadro).

• Autoctonía : Lo originario de la región en que se encuentra ; lo valioso es lo propio (forma


de etnocentrismo). Lo nativo, folklórico, “lonuestro”, popular. A contrario sensu debe rechazarse lo
foráneo. La autoctonía pone énfasis en la “Voz de la sangre”, en el “Misticismo de la tierra”.


Marcelo Gutiérrez Cáceres
Literatura Latinoamericana – 3er año - L y L 2017

o 7 Simón Rodríguez,Inventamos o erramos,Caracas : Monte Ávila, 1980, p. 9

Originalidad : Algo que existe “desde antes”, ab origine, en las fuentes. Utilizada en la teología
medieval cristiana, la antropología cristiana traslada esta cualidad de Dios al individuo, quién ha
sido creado a imagen y semejanza del demiurgo. La originalidad es el problema de autodefinición
del hombre, el problema de descubrir cierta identidad entre el hombre y la idea de su creador. En
nombre del anhelo de originalidad al que todos se adhieren, Simón Rodríguez se pregunta en 1828
: ¿ Dónde iremos a buscar modelos..... ? La América española es orijinal=orijinales han de ser sus
Instituciones i su Gobierno - i orijinales los medios de fundar uno i otro o Inventamos o Erramos......7.

Ser “original” se convertirá en una consigna : “Inventamos o erramos”.

• Exclusividad nacional : No es lo mismo que idiosincrasia, ya que el planteo de la


exclusividad nacional es fundamentalmente reductor y es utilizado por un discurso identitario
acerbamente nacionalista.

• 8 George A.Vos,International Encyclopedia of the Social Sciences. Vol.14, USA, 2001.

Carácter nacional : Está integrado por registros, aseveraciones, estereotipos y repeticiones modales
y ha sido definido como : “Las características perdurables de la personalidad y los estilos peculiares
de vida que se encuentran en las poblaciones de estados nacionales particulares”8.El carácter
nacional, combina dos criterios : la personalidad básica, que es un producto histórico y la
personalidad modal, como constatación empírica de la repetición y frecuencia de ciertas actitudes,
medidas con las técnicas de las ciencias sociales. El ensayista chileno Hernán Godoy habla del
ethos nacional.

• Otra terminología utilizada : Idiosincrasia ; Peculiaridad ; Singularidad ; Especificidad. Según


las épocas se ha hablado del ser nacional, del destino, del alma del pueblo, del genio, de la
expresión, el espíritu, conciencia o estilo nacional o de nuestro estilo de vida.

20 La noción de identidad cultural engloba, pues, una gran diversidad de expresiones, lo que
plantea el problema de los regionalismos culturales y del necesario equilibrio —generalmente
expresado en tensiones internas— entre la unidad y la diversidad, la particularidad y la
universalidad.

Identidad y narrativa

21 Los planteos sobre la identidad cultural latinoamericana, muchas veces presentados en


forma simplificada en el discurso político o en el ensayo, se han reflejado de un modo mucho más
complejo en la literatura. La narrativa asume la problemática de la identidad en toda su complejidad
y polivalencia, porque tolera más fácilmente que otros géneros las contradicciones y la ambigüedad
que son propios de la realidad. Es así como en la literatura se verbalizan y simbolizan hechos y
Marcelo Gutiérrez Cáceres
Literatura Latinoamericana – 3er año - L y L 2017

problemas que no siempre se han podido expresar libremente en el ensayo, en general más
dependiente del modelo ideológico al que aparece referido.

22 En ese sentido, puede afirmarse sin exagerar que la ficción literaria ha ido más allá que
cualquier tratado de antropología o estudio sociológico en la definición de la identidad. Los datos
estadísticos y las informaciones objetivas resultan muchas veces secundarios frente al poder
evocador de las imágenes y las sugerencias de una metáfora.

• 9 José Ángel Valente,Cuadernos Hispanoamericanos, 55, Madrid, 1954.

23 Son el cuento y la novela —bautizada con solemnidad “género de la emancipación”9— los


que completan eficazmente el trabajo de estudiosos de otras disciplinas, como ensayistas y
filósofos, contribuyendo en forma activa a la búsqueda y definición de los signos propios y
específicos de lo que se entiende por “identidad americana”. Porque en la ficción se condensan y
cristalizan los arquetipos, símbolos e indicios de la especificidad del continente con una variedad y
“polisemia” mayor que la de otros discursos, como pueden serlo el político, sobre todo cuando es
reductor o maniqueo, o el sociológico y antropológico, en general más dependiente de modelos
teóricos o ideológicos “importados”.

24 Por otra parte, la simbolización ha permitido la modificación del punto de vista con que
habitualmente se han analizado los problemas americanos, nuevo ángulo de aproximación que no
altera en forma sustancial la naturaleza de los hechos o la problemática abordada, pero sí la del
discurso o la forma con que se los representa estéticamente. Basta recordar como ejemplo la
problemática de la identidad del indio en los países andinos y las sucesivas respuestas que le ha
dado la narrativa : de las páginas de Clorinda Matto de Turner a las de José María Arguedas. Es la
identidad desgarrada, dividida o dolorida de América la que surge con singular fuerza de muchas
páginas de ficción. Del mismo modo es en algunas novelas donde se anuncian con mayor eficacia
los grandes ejes en que se coagulan y vertebran los principios identitarios americanos.

• 10 Entre la Bibliografía sobre el tema puede señalarse Identidad y literatura


en los países hispanoame (...)

25 Gracias al esfuerzo de comprensión imaginativa que ha propiciado la ficción se ha podido,


en otros casos, sintetizar la esencia de una cultura y ha sido posible ir estableciendo la que puede
ser una visión integral de la identidad. En este sentido, la crítica literaria ha ido estructurando una
metodología para la lectura de la ficción desde la perspectiva de la problemática de la identidad10.

26 “La literatura es una respuesta a las preguntas sobre sí misma que se hace la sociedad” —
ha recordado Octavio Paz— al subrayar la intrincada complejidad de las relaciones entre identidad
y literatura en Hispanoamérica :

• 11 Octavio Paz, Tiempo nublado, Barcelona : Seix Barral, 1983, p. 161.


Marcelo Gutiérrez Cáceres
Literatura Latinoamericana – 3er año - L y L 2017

La relación entre sociedad y literatura no es la de causa y efecto. El vínculo entre una y otra es, a
un tiempo, necesario, contradictorio e imprevisible. La literatura expresa a la sociedad ; al
expresarla, la cambia, la contradice o la niega. Al retratarla, la inventa ; al inventarla, la revela11.

27 De ahí la indisoluble unión con que aparecen muchas veces identificados pueblos y obras
literarias. Basta pensar en las novelas que se consideran “clásicos hispanoamericanos”, verdaderas
epopeyas nacionales u obras representativas de una sociedad con las cuales se identifica la cultura
de un país.

• 12 Ezequiel Martínez Estrada, “Los hombres y los libros”, ensayo incluído en


En torno a Kafka y otros (...)

28 Son “los libros que hacen los pueblos” —como gustaba decir Ezequiel Martínez Estrada12—
para referirse a la “paternidad inversa”: el libro que hace al pueblo que lo escribió y cuyo ejemplo
paradigmático sería La Biblia. La imagen de pueblos y naciones europeas se ha forjado a través de
grandes textos que han permitido la cristalización de una idea y una representación de la identidad
nacional a partir de obras como La Ilíada, La Eneida, el poema de El Mio Cid, La Canción de Rolando
o As Luisiadas, proceso que se prolonga en muchas de las novelas históricas del romanticismo y
realistas del Siglo XIX. Tal es el caso en Europa de La Comedia humana de Balzac, de muchas
novelas de Zola y de la narrativa rusa de Gogol, Tolstoi y Dostoievski. Los ejemplos pueden repetirse
con las grandes epopeyas nacionales de Asia, cuyos elementos identificatorios son fundadores de
una identidad regional. Basta pensar en el radio de acción del poema épico Ramayana, pero los
ejemplos se multiplican en la literatura contemporánea de Japón, China y la India.

29 No otra cosa ha sucedido en América.

30 Si se piensa —por citar un ejemplo— en la representación de la identidad del Paraguay, se


puede observar cómo su “lectura ficcional”, a partir de la obra de un autor como Augusto Roa Bastos,
ha dado al Paraguay un espesor y una densidad cultural “inéditas”, aunque esa riqueza ya existiera
en la propia realidad. Pareciera como si la identidad cultural se hubiera enriquecido gracias a la
narrativa, aunque el autor de Hijo de hombre y deYo, el Supremo no haya hecho otra cosa que
develar mitos, símbolos y una diversidad cultural que el discurso antropológico, sociológico o político
no había percibido en su rica complejidad.

31 En el Perú difícilmente puede imaginarse la identidad andina sin la representación literaria


forjada por El mundo es ancho y ajeno de Ciro Alegría o Todas las sangres y Los ríos profundos de
José María Arguedas, como el Brasil rural expresa su identidad con Gracialiano Ramos y João
Guimarães Rosa, la Guatemala indígena con Miguel Ángel Asturias, las Misiones con los cuentos
de Horacio Quiroga, Venezuela con la obra novelística de Rómulo Gallegos. Del mismo modo, la
representación del mundo gauchesco pasa inevitablemente por el arquetipo creado por el poema
Martín Fierro de José Hernández y el Don Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes.
Marcelo Gutiérrez Cáceres
Literatura Latinoamericana – 3er año - L y L 2017

32 Algo similar sucede con las novelas históricas que, a fines del siglo XIX y principios del XX,
resaltan, mejor que un estudio historiográfico, las modalidades de formación de las naciones
hispanoamericanas. El proceso debe ser examinado ahora en su contexto y desde una adecuada
perspectiva. El esfuerzo intelectual que se cumplió en ese período era no sólo para fundar una
nación con los jirones y los despojos heredados del pasado, sino para crear un país viable y
realmente independiente, echando las bases de un estado capaz de funcionar en el contexto
internacional.

33 El rastreo de los orígenes independientes y constitutivos del estado moderno aparece en el


ciclo de novelas históricas del uruguayo Eduardo Acevedo Díaz y del argentino Manuel Gálvez y en
la visión entre épica y testimonial de las novelas sobre la revolución mexicana, cuya contribución a
la conciencia de la “mexicanidad” contemporánea es indiscutible.

34 En buena parte debido a estas influencias, pero también por el hecho que el romanticismo
de la época tiene un carácter nacionalista que conviene a las incipientes repúblicas americanas, las
primeras expresiones literarias del continente combinan novela histórica y romanticismo. Basta citar
como ejemplo Francisco (1832) de Anselmo Suárez Romero, Sab (1841) de Gertrudis Gómez de
Avellaneda, las obras de José Milla y Vidaure (“Salomé Gil”), Durante la Reconquista de Alberto
Blest Gana y la visión de lo tradicional cubano cristalizada en Cecilia Valdés de Cirilo Villaverde.

35 Todos estos autores propician un conocimiento sensible y cabal de la identidad de pueblos


y naciones, tanto en el área rural, como en la urbana. Para esta última, basta recordar el carácter
fundacional de la identidad urbana de ciudades como México, Buenos Aires y Lima en novelas como
La región más transparente de Carlos Fuentes o Adán Buenosayres de Leopoldo Marechal y en la
narrativa de tema “limeño” de Julio Ramón Ribeyro.

36 Sin embargo, el proceso se detiene ahí.

La crisis de la identidad

37 En las últimas décadas se ha acumulado tanta retórica y lugares comunes sobre la identidad,
sobre su importancia, los rasgos que definen su tipología –étnicos, objetos “patrimoniales”, historia,
rituales, símbolos y costumbres – y sobre la idea de “ser nacional” en la que se reconocen los
habitantes de un territorio, que la crisis actual del concepto en el marco de la sociedad globalizada
en la que estamos inmersos, no nos sorprende.

38 Vivimos, es cierto, una crisis por la pérdida de los tradicionales referentes telúrico-biológicos
de la identidad y el desmoronamiento del metaconcepto que la unificaba alrededor de las nociones
de territorio, pueblo, nación, país, comunidad, raíces. Pero creemos que, más que un obstáculo
aniquilador, ello constituye un apasionante desafío a la imaginación y un nuevo punto de partida
para el estudio de una noción que es más un “quehacer” que la gestión de un “patrimonio
territorializado”. Hay que indagar en esa dirección, transgrediendo fronteras, no condescendiendo
Marcelo Gutiérrez Cáceres
Literatura Latinoamericana – 3er año - L y L 2017

pasivamente con el saber ya dado sobre el tema y repitiendo argumentos que parecen simples
consignas, sino produciendo horizontes y aportando nuevas ideas que pueden experimentarse. De
otro modo, la reflexión intelectual se limitaría al repliegue defensivo y a un refugiarse en los
derivativos ilusorios de la nación, la confesionalidad o la tribu.

39 Lo distintivo, lo que nos identifica ya no es sinónimo de homogeneidad y no coincide


necesariamente con los límites de un territorio determinado. Menos aún puede reivindicarse como
una colección de textos, objetos a conservar, raíces definidas, ritos y símbolos fijados de una vez
para siempre, cuando no convertidos en estereotipos repetidos sin cuestionarlos.

40 La progresiva desaparición de barreras fronterizas en varias regiones del mundo, la


generalización de las comunicaciones y los cambios radicales de las formas de producción y
circulación de los productos culturales a los que se identificaba como “nacionales”, han conducido
a este proceso en que se reconoce una cierta postmodernidad. Todo sistema identitario —es decir
el conjunto de tradiciones culturales, sociales o históricas al que una comunidad pertenece y a cuyo
destino está uncida para lo mejor y lo peor— ya no puede pretenderse orgánicamente cerrado. Es
inevitablemente “poroso” y puede llegar a tener una relación “osmótica” con otros grupos o sistemas
que lo impregnan, lo oprimen o lo favorecen.

41 Ahora la interacción y la tensión a partir de la diferencia, la apertura a los temas de la


alteridad, la marginalidad, la exclusión, el descentramiento y la desorientación han marcado la crisis
de la ontología de la pertenencia en la que vivimos y han llevado a la reformulación de la noción de
“comunidad” y de “patrimonio”. Lo extranjero penetra las fronteras políticas y económicas, “hibridiza”
los reductos culturales de la identidad, mezcla costumbres y comportamientos. El “otro” ya no está
fuera de los límites del país, sino que puede estar en una misma ciudad y puede ser el vecino del
edificio en que se vive. Nuevas fronteras (lo que metafóricamente podrían ser “fronteras
asimétricas”) se instalan en el interior de países y ciudades y se desdibujan en la multiplicación de
los circuitos de circulación de personas, ideas y costumbres que las relacionan entre sí.

• 13 Etienne Balibar y Immanuel Wallerstein en Race, nation, classe. Les identités ambiguës
(París, Edi (...)

42 Sin embargo, estos cambios no se producen sin dificultades. Generan “ansiedad e


insatisfacción”13 y producen una descolocación (“dis-locación”) que unos —los dueños
tradicionales del “territorio” identitario— perciben como una “invasión” y otros —minorías de todo
tipo, excluidos y extranjeros— sienten como un desplazamiento hacia la marginalidad a la que son
relegados. De ahí que buena parte del discurso identitario, especialmente en las grandes urbes,
oponga el del patrimonio amenazado que protegen unos, al discurso desde la marginalidad que
reivindican otros : inmigrantes, jóvenes, integrantes de minorías, desocupados o carentes de
domicilio fijo. Un discurso que ha convertido en simbólicamente centrales a figuras socialmente
periféricas.
Marcelo Gutiérrez Cáceres
Literatura Latinoamericana – 3er año - L y L 2017

43 Una geografía alternativa de la pertenencia se impone en gran parte del mundo. El trazado
de esta nueva cartografía, basada en los flujos segmentados y combinados que atraviesan y
redibujan las fronteras existentes, se va dando a partir de tres procesos paralelos e
interdependientes en curso :

• 14 Renato Rosaldo,Ideology, Place and People without Culture,Standford : University of


Standford, 19 (...)

44 En primer lugar, el surgimiento de verdaderas culturas “diaspóricas”, resultado de los flujos


de circulación cultural suscitados por las emigraciones de los países en vías de desarrollo hacia los
más desarrollados. Esta “implosión del Tercer Mundo en el Primero”14 ha conducido al desarrollo
de sociedades multiculturales. El fenómeno de las inmigraciones masivas con sus secuelas
sociofamiliares y culturales ha ido dando una mayor complejidad al debate de la identidad y ha
incorporado nuevos problemas a su discusión. Integración, melting-pot, inserción, aculturación,
“deculturación”, entre tantos otros, son temas focales de un debate que está lejos de concluirse. En
todo caso, anima visiones polarizadas : el del temor de la pérdida de la identidad “adquirida” por un
lado y el de la “bendición” que supone la inyección de “vida, de energía y de cultura” que saludan
otros.

45 En segundo lugar, hay que destacar la importancia creciente de las figuras del éxodo y el
exilio, la exaltación de la “condición nómada”, las nociones de desarraigo y del “fugitivo cultural”
como componentes de la identidad en el marco de los procesos de globalización.

• 15 Eugenio Dittborn, “entrevista aeropostal” con Sean Subitt, Art from Latin America. La cita
transcul (...)

46 El mundo contemporáneo agudiza la condición apátrida del ser humano —condición de la


que ya hablaba Hegel al referirse al que vive fuera de la “tribu” o nación que lo protege— marcado
por ese afán relativista y cosmopolita del laicismo humanista que se inaugura con el Siglo de las
Luces. Varios ejemplos actuales lo evidencian. Entre otros, el del “artista migratorio”, convertido en
uno de los múltiples enlaces transculturales de un mundo colocado bajo el signo del nomadismo
planetario. Numerosos intelectuales y artistas exploran la diversidad material y cultural al
incorporarse a otras colectividades para intercambiar ideas y experiencias estéticas. Ello permite –
como propone el pintor chileno Eugenio Dittborn– superar “los sacrosantos emblemas de identidad,
verdaderos distintivos estereotipados de nosotros como víctimas exóticas” y forjar una mirada
“múltiple, politeísta y módica”, gracias a la cual se puede abrir el proceso de una interacción crítica
con la tradición entendida como memoria de un pasado histórico que debe ser revisitado en
permanencia15.

47 En tercer lugar, esta mirada múltiple está estimulada en forma provocativa por circuitos y
redes interculturales de todo tipo. Con la globalización de los mercados y los progresos de la
comunicación, individuos y pueblos viven en una coexistencia permanente, en un presente
Marcelo Gutiérrez Cáceres
Literatura Latinoamericana – 3er año - L y L 2017

simultáneo en el cual no hay fronteras. Una cultura basada en la comunicación instantánea refleja
el evento, el acontecimiento, el momento vivido fuera de los referentes espaciales y temporales que
han jalonado el devenir histórico. En la intimidad de la pantalla de ordenadores y gracias a los webb-
online, del Internet, se desarrolla una cultura del ciberespacio, cuyo territorio de relaciones es
interactivo y fundador de verdaderas comunidades virtuales transnacionales, donde en una especie
de “club mundial” de la realidad virtual se vive tanto en la realidad-real como en la ilusión de una
nueva dimensión de la expresión identitaria, tanto informativa como creativa o lúdica. Verdaderas
“redes de conversación” se constituyen en forma horizontal, desplazando el orden jerárquico vertical
de antaño. Como afirma José Joaquín Brunner, la horizontalidad ha generado una arquitectura
interactiva del saber más compleja que en el pasado. Si bien la información disponible es cada vez
mayor, una crisis de estabilidad afecta las certidumbres del conocimiento. El saber limitado del
pasado era más claro y ordenado que la masa de información actual cuyas pistas se embrollan en
la confusión de sus múltiples accesos.

Las lealtades múltiples

• 16 Daniel Sibony, “Tous malades de l’exil”, Liberation, París, 30 enero 1997, se refiere al
riesgo de (...)

48 Ello genera las “lealtades múltiples” en que se divide (y a veces se desgarra) la identidad
contemporánea. Esta noción ha ido ganando un espacio que no es siempre fácil de aceptar, donde
vivir “en medio”, en la “grieta de dos mundos” —lo que Daniel Sibony llama el juego de distancias
del entre-deux identités16o Salah Stetie “l’homme du double pays”—es parte de un nuevo repertorio
de referentes donde una parte de la identidad se renegocia y se reconstruye en permanencia a partir
de una perspectiva multifocal. Así puede explicarse el cada vez más importante fenómeno de la
doble nacionalidad, al que irónicamente podríamos llamar “bigamia” de Patrias, “bipatrismo” que
caracteriza la situación de buena parte de exiliados e inmigrantes. Tener doble pasaporte no es
simplemente una comodidad para cruzar fronteras, sino un documento que traduce una situación
de hecho en que parte de una identidad ha cedido su espacio a un territorio de adopción.

• 17 Ticio Escobar, Art from Latin America. La cita transcultural,o.c. p. 56.

49 Es bueno recordar con Ticio Escobar que “lamentablemente, hoy debemos ridiculizar utopías
que a veces fueron fecundas”, que “la cultura es ingrata” y “necesita profanar sus mitos para
renovarlos”, para lo cual “el bricolage, este paciente proceso que busca reorganizar identidades
nuevas con desechos y reliquias” propio de toda cultura, debería permitir en América Latina
“recalcar afinidades, buscar consensos, integrar problemas comunes, imaginar proyectos conjuntos
y, hasta, por razones de conveniencia epistemológica o política, presentar un contorno solo cuando
pareciera útil para fortalecer posiciones o proteger nuestros recién nacidos mitos”17.

50 Nada mejor que la literatura para lograrlo.


Marcelo Gutiérrez Cáceres
Literatura Latinoamericana – 3er año - L y L 2017

Palabras nómadas

• 18 Eduardo García Aguilar, “Licuadora, diásporas, éxodos, globos”, Palabra nómada, París
: Vericuetos, (...)

51 Basta examinar la narrativa latinoamericana contemporánea hecha de viajes de ida y vuelta,


de aprendizajes, exilios, desarraigos, pero también de una secreta nostalgia por el mundo de los
orígenes perdido. Por eso, el colombiano Eduardo García Aguilar se pregunta: “¿dónde queda el
extranjero ?” tras tantas fusiones y mestizajes, viajes, ausencias y retornos : “¿En la patria
abandonada o en las patrias adquiridas a fuerza del éxodo ? ¿Quién es más extranjero: el nativo
que retorna a deambular por sus parajes nativos o el forastero que agota el asfalto de nuevas y
luminosas metrópolis del Viejo y del Nuevo Mundo ?”18.

• 19 Juan Gabriel Vásquez, “Guerra contra el cliché”,Babelia, El País, 24/11/2007, p. 19.

52 En resumen, como afirma otro colombiano, Juan Gabriel Vásquez: “la literatura
latinoamericana actual es hoy como la naturaleza según Pascal : una esfera cuyo centro está en
todas partes y su circunferencia en ninguna”19. En todo caso se trata de evitar ser latinoamericano
como se espera que debe ser para satisfacer el imaginario europeo: lejos de los tópicos y clichés
con que siempre se lo ha caracterizado. En su esfuerzo por destruir esos tópicos, Vásquez recorre
los espacios y lugares de París por donde han pasado Joyce, Scott Fitzgerald, Hemingway o
Gertrude Stein para empaparse literal y literariamente de su atmósfera. Todos los relatosLos
amantes de Todos los Santos (2008), al que define como “libro europeo de un escritor colombiano”,
se desarrollan en Bélgica y Francia, donde vive, porque escribe “sobre lo que conoce”. Colombia,
su patria de origen, es “una tierra desconocida llena de misterio”.

• 20 Kenneth White, El testamento de Ovidio,Bolonia : Il Pomerio,1997, p. 15.

• 21 George Steiner,Extraterritorial,Barcelona : Barral, l973, p. 10.

53 Estas “figuras de afuera” —como las llama Kenneth White para ampliar la idea política del
exilio y la reductora imagen botánica del enraizamiento y el desarraigo20— se inscriben en la
condición que George Steiner define como extraterritorialidad y la pluralidad lingüística que la
acompaña, “carencia de hogar” que caracteriza la obra de grandes escritores como Nabokov,
Borges y Beckett21 y que reivindican ahora con orgullo los escritores latinoamericanos que han
hecho del “afuera” su patria literaria.

• 22 Arturo Arias, Sopa de caracol, Guatemala ciudad : Alfaguara, 2002, p. 11.

• 23 Jorge Franco,Paraíso travel, Bogotá : Seix-Barral, 2001, p. 33.

• 24 Idem, p. 242.
Marcelo Gutiérrez Cáceres
Literatura Latinoamericana – 3er año - L y L 2017

54 Basta pensar en quienes viven por decisión propia o forzados por las circunstancias en
Madrid, Barcelona, París, Berlín (pienso en Luis Fayad), Nueva York o Los Ángeles, pero también
en México DF, como ha decidido Fernando Vallejo, aunque sea para despotricar contra su tierra de
origen en esa ambigua relación de amor–odio que caracteriza la obra de muchos escritores que
“han decidido hacer sus maletas”. El guatemalteco Arturo Arias lo confiesa con tono abatido: “Uno
se cansa de amar a este maldito país aun cuando se programe para odiarlo. Dependiendo de que
lo sueñe o viva en él es un desvencijado paraíso o una embotada prisión armada con espinas de
rosales”22. Otros, como Marlon Cruz —el protagonista deParaíso travel (2001) del colombiano
Jorge Franco— guiado por “ese amor pesimista que siempre le ha tenido a la vida”, trata de huir del
“mierdero” local para evitar estar “jodidos” como todo el mundo. Las triquiñuelas para poder entrar
en Estados Unidos, son capítulos de la saga de un inmigrante ilegal perdido en la ciudad
desconocida y hostil tras una esquina que parece idéntica a la otra. La novela no es otra que la
crónica de una jadeante búsqueda del amor extraviado en esa esquina : “hasta la meta, hasta donde
acaba la búsqueda o donde la película dice fin, hasta donde terminan la fatiga y el cansancio”23.
Convencido de que el regreso a Colombia es imposible, ya que “nadie vuelve para olvidar”, asume
con resignación “el dolor y la incertidumbre de ser colombiano” y comprende que no se puede
cambiar de patria, porque “la patria es cualquier lugar donde está el afecto”24.

En el centro de la nada

55 Hoy, la literatura no se valora en función exclusiva de la nación a la que pertenece el autor,


dada esa “pérdida del mapa” (Paz Soldán) de los referentes, lo que supone una ruptura de un
modelo de escritor y una recomposición de su papel en la sociedad. Ya no hay necesidad de pedir
cuentas por el aporte a la literatura nacional, esa imposición de representar a un país. Existe, por el
contrario, una “geografía alternativa de la pertenencia”, noción que iremos desarrollando a
continuación.

• 25 Carlos Liscano, El camino a Ítaca,Montevideo, 1994, p. 5

• 26 Idem, p. 22

56 El uruguayo Carlos Liscano ha demostrado que la trashumancia, la inquietud del viajero,


exilado o emigrante, no puede procurar ningún alivio al que busca un cambio de domicilio y de país.
“Uno es así, aún no ha llegado y ya quiere marcharse, como si las cosas fueran a mejorar porque
uno cambie de lugar”25, se dice al inicio de El camino a Ítaca (1994), una novela-saga sobre las
aventuras tan patéticas como humorísticas del “meteco” Vladimir, entre Estocolmo y Barcelona y
con alusiones a un país sudamericano que estuvo sometido a una dictadura, Uruguay. Con un cierto
cinismo protector, sin mucha autoestima, Vladimir, apenas llega a un lugar siente la necesidad de
irse a otro : “Vale decir, estaba en lo mío, movimiento perpetuo, siempre tratando de ver qué hay
del otro lado de la montaña. Ya sentía cosquillas bajo los pies”26.

• 27 Idem, p. 18
Marcelo Gutiérrez Cáceres
Literatura Latinoamericana – 3er año - L y L 2017

57 Pese a que comprueba que siempre “uno viaja consigo mismo a todas partes, es el que es,
en Siberia o en la Luna. Esto no tiene arreglo. Después que se nace nada tiene arreglo, uno ya es
el que va a ser, mierda o cielo para toda la vida”27— no deja de evadirse a un espacio onírico, una
cabaña al modo de la que imagina en Alaska Eladio Linacero en El pozo,aunque deba convivir
lidiando con la picardía de otros inmigrantes indocumentados, jerarquizados para explotarse
mutuamente y se conforme con ser “extranjero en todas partes” y a ejercer los más bajos
menesteres para sobrevivir : lavaplatos, repartidor de periódicos, envasador de mejunjes en una
fábrica de “cosméticos” de mala muerte, regenteada por un compatriota explotador.

• 28 Idem, p. 93

• 29 Idem, p. 270

58 Excluido del sistema, Vladimir encuentra una lógica en la rigidez administrativa de un


hospital psiquiátrico. Allí comprueba que “yo no sé si cuando uno está loco dice de verdad lo que
siente o también hace como todo el mundo, se inventa mentiras para sostener alguna forma de vida
social”28. En todo caso, viviendo bajo el orden reglamentario sospecha que es posible una forma
de la felicidad. “La felicidad no existe, pero uno puede inventársela —se dice, aunque no esté muy
convencido— No, no, la felicidad era la búsqueda, había que seguir, arriesgar. La felicidad no estaba
en resignarse, en no buscar más, en encontrar una rutina posible y a ella atenerse”29. La alternativa
no puede ser más antinómica : seguir buscando o resignándose a una rutina programada.

59 Estos viajeros pueden ser personajes a quienes el azar sumerge en una inesperada
aventura, como narra con tono irónico y divertido Santiago Gamboa en Los impostores (2002).
Suárez Salcedo, colombiano de 42 años que reside en París desde hace casi veinte y trabaja en
Radio France International viaja a China en misión periodística ; el sinólogo alemán Gisbert Klauss,
profesor de cultura china en la Universidad de Hamburgo lo hace tras sus investigaciones filológicas
; el peruano Nelson Chouchén Otálora, nieto de un inmigrante chino, recalado en la universidad
norteamericana de Austin y viviendo sin la nostalgia del “malhadado país”, busca datos biográficos
para escribir una novela sobre la inmigración china en Perú : los tres coinciden en Pekín. El viaje
inicialmente con propósitos diferentes de cada uno de ellos se va entrelazando alrededor de una
rocambolesca búsqueda de un manuscrito perdido de una secta católica china sumida en la
clandestinidad. El manuscrito termina siendo falsificado, merced a minuciosas copias y los
protagonistas convertidos en tres impostores dueños, cada uno de ellos, de una verdad diferente.

El canon disperso

• 30 Abelardo Sánchez León, El tartamudo,Lima : Alfaguara, 2002, p. 168

• 31 Sánchez León, o.c.,p. 203.

• 32 Idem, p. 205.
Marcelo Gutiérrez Cáceres
Literatura Latinoamericana – 3er año - L y L 2017

60 Vistos estos ejemplos, una primera comprobación se impone : el canon actual de la literatura
latinoamericana está disperso y aunque ciudades como París sigan siendo su escenario por
excelencia, ahora personajes y autores trashumantes se muevan con desenfado en un
cosmopolitismo que carece del prestigio que pudo tener en el pasado. Las aventuras y desventuras
actuales del latinoamericano en la “ciudad luz” son más prosaicas. El pícaro proxeneta peruano,
protagonista de El tartamudo (2002) de Abelardo Sánchez León, no sabe por qué viaja a París en
1974: “No sé a qué vengo…Ya veré. Nunca se sabe lo que pasará”30, se dice despreocupado, para
descubrir que la morada ideal del trashumante es un cuarto de hotel o un cuartucho como la Laura
de Futoransky. Vivir en un cuarto de hotel, someramente equipado como “un dormitorio vacío; una
cama, un ropero y un espejo” y un baño al final del corredor, le “evita rendir cuentas a la gente. El
cuarto de un hotel rompe con el pasado —se dice— No hay nada tuyo. No acumulas. Es un eterno
presente”31. Por su parte, las chambres de bonne en las que se enclaustran árabes, españoles,
portugueses, latinoamericanos, “como si sus encierros fueran unos sollozos interminables en los
largos fines de semana” procuran un refugio perfecto: “Allí duermen, comen, se masturban y se
aburren”32

61 Sin embargo, la novela más representativa de la inmigración en París es El síndrome de


Ulises (2005) de Santiago Gamboa que recoge en su título el nombre del mal que padecen los
inmigrantes en la soledad de un país desconocido, incubado en los ghettos y barriadas en donde
se hacinan los ilegales o de aquellos que corren el riesgo de pasar a serlo. El París de Gamboa no
es el luminoso de turistas y estudiantes y menos la “fiesta” de Hemingway o Fitzgerald y su época
o la ligera y entretenida de Alfredo Bryce Echenique. Está más cerca del París desaforado y precario
de Henry Miller o al de una desoladora novela de otro colombiano, Eduardo Caballero Calderón, El
buen salvaje (Premio Nadal, 1965). Con Gamboa estamos en la ciudad subterránea y gris de los
emigrantes, no sólo latinos, sino asiáticos y europeos del Este, de todos aquellos que habiendo
perdido toda esperanza en su propio país arriesgan la ilegalidad.

62 En el París muy concreto de las banlieues y en los sótanos de los restaurantes toman forma
los personajes de la resignación, aquellos que no tienen tiempo de pensar en sus males porque
otros más pobres, más enfermos, más desvalidos o en general más desamparados dependen de
ellos. Están ahí Jung el triste, Susi la gran chef de platos enlatados con arvejas, Saskia la rumana,
o el polaco Lazlo, protector, teórico del cuerpo caliente y cazador de patos del Sena. Son sabios en
sus desgracias, saben hace mucho tiempo que hacer preguntas no resuelve nada, en cambio beber,
el sacrosanto trago de los desposeídos, ayuda.

63 El París de la superficie, el París-capital-del-mundo emerge a ratos, en los destellos de Paula


el hada madrina y musa libertina, en los consejos del grave Kadhim, en las apariciones de la
tentadora Victoria, o en los fugaces Goytisolo y Ribeyro, especímenes de la Literatura de los
consagrados en París, como pudo ser Julio Cortázar. Ulises no es ya el hombre aventurero de la
ciudad que describe Joyce, es el ser humano que trata de tocar las puertas de los países
Marcelo Gutiérrez Cáceres
Literatura Latinoamericana – 3er año - L y L 2017

desarrollados. Su nombre —Ulises— no es el de un viajero épico, sino el de una enfermedad


diagnosticada con pesar en los hospitales del primer mundo.

• 33 Silvia Larrañaga, El meollo, Montevideo, 2008, p. 53.

64 Porque el París que seducía hasta no hace mucho, ahora enferma. Silvia Larrañaga en El
meollo (2008) lo convierte en pesadillesco escenario donde se multiplican los signos de una
violencia arbitraria sin identificar. Acosada por la ciudad, la protagonista desarrolla una obsesionada
manía persecutoria que se exacerba con las consultas que hace a una terapeuta, suerte de
psicoanalista que busca desentrañar el núcleo —el meollo— de su desazón, obligándola a escribir
una confesión personal que no es otra cosa que el hilo inicial de una novela, la propia novela que
se está leyendo. En ella, el exilio de la protagonista se prolonga en el de su lengua para descubrir
que pese a haberse creído integrada, ahora de nuevo el exilio la agarrota: “la ciudad me expulsa,
no la reconozco” —confiesa consternada— ya que no es posible ser de alguna parte, cuando ese
“sitio se va modificando, pierde los atributos que lo caracterizaban y en suma nos traiciona para
transformarse en otra cosa”33. Descubre así que “ser de alguna parte no tiene sentido. Es sólo un
acto de voluntad, como cualquier otro”. La ciudad ha cambiado, no tiene nada que ver con la que
creyó identificarse cuando llegó hace veinte años: esa ciudad la ha abandonado.

Participar en la cultura

65 Frente al tradicional fenómeno de escritores latinoamericanos acusados en el pasado de ser


desarraigados, rastacueros, trasplantados —tal como se calificaba a fines del siglo XIX y principios
del XX a quienes habían “hecho sus maletas”— lo que resulta ahora novedoso es la nueva
aculturación creada. Las limitadas posibilidades de participación en las sociedades europeas que
acogían exiliados y emigrantes en el pasado, se han transformado en la integración positiva que
caracteriza la vida actual de muchos artistas en el seno de las grandes capitales. Intelectuales y
artistas provenientes de las llamadas “zonas periféricas o marginales” del planeta, se exilian o
simplemente emigran no para mimetizarse con otras culturas, sino para proyectar su voz propia
desde un ámbito que consideran más propicio.

66 Desde esta perspectiva la literatura latinoamericana ya no se percibe como una


manifestación valiosa de “una región en vías de desarrollo” que merece ingresar con un capítulo
propio en la literatura occidental, sino como parte del pluralismo multipolar a través del cual se
expresa el mundo contemporáneo, esos nuevos centros que genera la propia periferia. Esta visión
unitaria de lo múltiple no es ajena al anhelo de un nuevo humanismo y sus indicios se adivinan en
muchas expresiones culturales.

67 En un mundo que, al haber perdido su centralidad, ha estallado en las múltiples direcciones


que les proponen grupos e individuos de todos los horizontes, la expresión pluricultural se da con
más facilidad porque encuentra menos resistencias. Editoriales, revistas y hasta diarios en los
idiomas de las colectividades que viven en ellas, galerías de arte y una rica y variada actividad
Marcelo Gutiérrez Cáceres
Literatura Latinoamericana – 3er año - L y L 2017

cultural forman parte del nuevo universalismo elaborado a partir de la suma de particularismos. En
este quehacer fuera de fronteras se reconocen las diferencias y se propicia un intercambio, cuyas
consecuencias apenas se empiezan a percibir ahora, a partir de este mestizaje cultural a nivel de
capital europea o de gran ciudad americana.

• 34 Wolfgang von Einsiedel, Kindlers Literatur Lexicon. Introducción al Tomo VII, 1972.

68 Lo importante es la nueva relación establecida entre la cultura identificada tradicionalmente


con lo central, con una expresión como lo es la latinoamericana, situada tradicionalmente en la
periferia. En este sentido, hablar de la narrativa latinoamericana en un contexto universal no supone
en ningún momento que estemos festejando el ingreso de una literatura periférica en el exclusivo
“club” de la literatura occidental. Tampoco se trata de encontrar un nuevo “punto de referencia fijo y
unificador para todas las partes del mundo”34, al modo de la propuesta de la Weltliteratur que hizo
Goethe. Lo que se trata es de hallar nuevas modalidades en el trato recíproco entre las culturas a
nivel mundial.

• 35 Gustav Siebenmann, “El concepto deWeltliterature y la nueva literatura


latinoamericana”,Ensayos (...)

69 La apuesta crítica debe concentrarse en el intento por establecer un consenso acerca de los
términos viables para un trato igualitario entre culturas. Este consenso empieza por un auténtico
diálogo, intercambio y participación de las diferentes manifestaciones de estas zonas, capaces de
arrojar una nueva luz sobre las literaturas otrora centrales, lo que Gustav Siebenmann, sin
pedantería germánica, llama Partnershaft, suerte de “partenariado” edificado sobre bases de
igualdad35.

70 Sin embargo, la norma es lo excéntrico, la centralidad de lo excéntrico, la falsa periferia del


sistema, lo que es una paradoja según Damián Tabarovsky(1967), autor de La expectativa,
Autobiografía médica : “Esta otra literatura, la más radical, la más desafiante, ocupa una posición
cada vez más central en el mercado”. Por ello, se pregunta “¿ Se puede ser excéntrico y central a
la vez ?”. Con ironía, el malogrado —y recientemente fallecido—Héctor Libertella proclamaba: “Si
Argentina es un país periférico en el mundo, su escritor más periférico será entonces centralmente
argentino. A mí me ha costado mucho sostener esta paradoja… ¡Cuánto más marginal, más central
!”.

71 En eso estamos.

Haut de page

Notes

1 Coloquio sobre “Identidad y cultura latinoamericana”, Nuestra América, 8- México, Mayo- agosto 1983, Intervención de
Leopoldo Zea, p. 131.
2 Fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de la Nueva España, México, 1938, vol.III, pag. 82.
3 Juan López de Velasco, Geografía y descripción universal de las Indias, Madrid, 1894, pag. 37.
Marcelo Gutiérrez Cáceres
Literatura Latinoamericana – 3er año - L y L 2017

4 José Juan Arrom, Certidumbre de América, Gredos, Madrid, 1971, pag. 17.
5 Sambarino, Identidad, tradición, autenticidad (Tres problemas de América Latina), p. 65.
6 José Martí, Autores americanos aborígenes, en Obras Completas, Volumen Vlll, La Habana, p. 336-337.
7 Simón Rodríguez, Inventamos o erramos, Caracas : Monte Ávila, 1980, p. 9
8 George A.Vos, International Encyclopedia of the Social Sciences. Vol.14, USA, 2001.
9 José Ángel Valente, Cuadernos Hispanoamericanos, 55, Madrid, 1954.
10 Entre la Bibliografía sobre el tema puede señalarse Identidad y literatura en los países hispanoamericanos (Solar,
Buenos Aires, l984), obra colectiva coordinada por Paul Verdevoye ; Identidad cultural de Iberoamérica en su literatura,
Actas del XXII Congreso del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, celebrado en París-UNESCO en Junio
de 1983. También Identidad cultural en América Latina, Culturas (Unesco, 1986) y Fernando Aínsa, Identidad cutural de
Iberoamérica en su narrativa, Madrid, Gredos, 1986.
11 Octavio Paz, Tiempo nublado, Barcelona : Seix Barral, 1983, p. 161.
12 Ezequiel Martínez Estrada, “Los hombres y los libros”, ensayo incluído en En torno a Kafka y otros ensayos, Barcelona
: Seix-Barral, 1967, p. 160.
13 Etienne Balibar y Immanuel Wallerstein en Race, nation, classe. Les identités ambiguës (París, Editions la Découverte,
1990) hablan de la ansiedad e insatisfacción que ha generado la nueva “categoría” de inmigración, en tanto que sustitutiva
de la noción de raza y factor de desagregación de la “conciencia de clase”.
14 Renato Rosaldo, Ideology, Place and People without Culture, Standford : University of Standford, 1990, p. 9.
15 Eugenio Dittborn, “entrevista aeropostal” con Sean Subitt, Art from Latin America. La cita transcultural, Sydney,
Australia : Nelly Richard (Ed.), Museum of Contemporary Art, p. 211.
16 Daniel Sibony, “Tous malades de l’exil”, Liberation, París, 30 enero 1997, se refiere al riesgo de querer encerrar a toda
costa a emigrantes y exiliados en los tópicos de su identidad de origen, en una “autenticidad” de la que no deberían salir
y a la que deben retornar cuando tienen “problemas”.
17 Ticio Escobar, Art from Latin America. La cita transcultural,o.c. p. 56.
18 Eduardo García Aguilar, “Licuadora, diásporas, éxodos, globos”, Palabra nómada, París : Vericuetos, 20, 2006, p. 20.
19 Juan Gabriel Vásquez, “Guerra contra el cliché”, Babelia, El País, 24/11/2007, p. 19.
20 Kenneth White, El testamento de Ovidio, Bolonia : Il Pomerio, 1997, p. 15.
21 George Steiner, Extraterritorial, Barcelona : Barral, l973, p. 10.
22 Arturo Arias, Sopa de caracol, Guatemala ciudad : Alfaguara, 2002, p. 11.
23 Jorge Franco, Paraíso travel, Bogotá : Seix-Barral, 2001, p. 33.
24 Idem, p. 242.
25 Carlos Liscano, El camino a Ítaca, Montevideo, 1994, p. 5
26 Idem, p. 22
27 Idem, p. 18
28 Idem, p. 93
29 Idem, p. 270
30 Abelardo Sánchez León, El tartamudo, Lima : Alfaguara, 2002, p. 168
31 Sánchez León, o.c.,p. 203.
32 Idem, p. 205.
33 Silvia Larrañaga, El meollo, Montevideo, 2008, p. 53.
34 Wolfgang von Einsiedel, Kindlers Literatur Lexicon. Introducción al Tomo VII, 1972.
35 Gustav Siebenmann, “El concepto de Weltliterature y la nueva literatura latinoamericana”, Ensayos de literatura
hispanoamericana, Madrid :Taurus, 1988.
Haut de page

You might also like