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Aprender comunicación no verbal - Montse Urpi

Este libro nos plantea una reflexión para crear espacio más comunicativos, propicios y coherentes
desde el autocontrol, la empatía, la capacidad de observación de nuestro entorno y el de los
demás. Popularmente se castiga más a quien no tiene palabras que al que habla mucho pero no
dice ni hace nada, se le da más importancia al habla que el cuerpo.

Algunos instrumentos que forman parte de la comunicación son: practicar el silencio para
descubrir ese gran abanico de significados que le circundan, observar con más atención todo lo
que sucede a nuestro rededor, mejorar la capacidad de comprensión, por medio de aprendizaje y
la predisposición auditiva, desarrollar y ampliar la posibilidad de empatía despertando nuestros
sentidos.

Es necesario conocer nuestra propia actitud, así como la predisposición de nuestros interlocutores.

Para comunicar debe haber una intención previa de hacerlo, más allá de las palabras que
determinan nuestro propio lenguaje.

No siempre que hablamos comunicamos.

Debemos practicar el silencio cuando el entorno ruidoso

el silencio nos ayuda a ordenar nuestro pensamiento

descubrir espacios silenciosos que nos acerquen a otros sonidos y percepciones.

El silencio marca el principio y el final de una conversación, nos permite recoger información y
asimilarla, y también elaborarla de forma conveniente para transmitirla según el momento y el
interlocutor. Necesitamos el silencio para comprender, para interpretar, para escuchar, para
responder, para enfatizar, para saber cómo se desarrollan las relaciones dentro de un grupo de
personas, y para observar cómo se crean y cómo se desarrollan los roles que cada uno asume.

Tipos de silencio:

silencio prudente: cuando se sabe callar oportunamente, según el momento y los lugares en que
nos encontremos en sociedad, y según la consideración que debamos tener con las personas con
quienes nos vemos obligados a tratar y a convivir.

Silencio artificioso: cuando uno solamente Cassia para sorprender, bien desconcertando a quienes
declaran sus sentimientos sin darles a conocer los nuestros, bien aprovechando lo que hemos oído
y observado sin haber querido responder de otro modo que a través de maneras engañosas.

Silencio complaciente: consiste no sólo en aplicarse en escuchar sin contradecir a quienes se trata
de agradar, sino también en darles muestras del placer que sentimos con su conversación o con su
conducta, de modo que todo (las miradas los gestos etc.) supla la falta de la palabra para
aplaudirles.
Silencio burlón: es una reserva maliciosa y afectada para no interrumpir en las cosas carentes de
sentido o de consideradas, las tonterías que oímos decir con las que vamos a hacer.

El silencio inteligente: cuando en el rostro de una persona se percibe cierto talante abierto,
agradable, animado e idóneo para reflejar, sin la ayuda de la palabra, los sentimientos que se
quieren dar a conocer.

El silencio estúpido: es por el contrario, aquel que inmoviliza la lengua e insensibiliza el espíritu, la
persona parece sumida en una profunda taciturnidad que no significa nada.

El silencio aprobatorio: consiste en el consentimiento que uno da a lo que oye, bien


contentándose con prestar una atención favorable, que pone de relieve la importancia que le
atribuimos, bien testimoniando mediante algunos signos externos que lo consideramos razonable
y que lo aprobamos.

El silencio de desprecio: es no dignarse a responder a quienes nos hablan, a los que esperan que
opinemos sobre el tema, mirando tanto con frialdad como con orgullo todo lo que viene de su
parte.

El silencio del humor: es aquel cuyas pasiones sólo se animan según la disposición o la agitación
del humor que en la persona domina y del que depende la situación de su ánimo y el
funcionamiento de los sentidos.

El silencio diplomático es el de aquella persona prudente que se reserva y se comporta con


circunspección, que jamás se abre del todo, que no dice todo lo que piensa, que no siempre
explica su conducta y sus designios y que, sin traicionar los derechos de la verdad, no siempre
responde claramente para no dejarse descubrir.

Vea ejercicios en la página 22

rompiendo el silencio: es una decisión de manifestar, consciente o inconscientemente, alguna


cosa, es decir algo de forma voluntaria a través de la palabra, o expontánea e intuitivamente
desde la gesticulación y la participación de nuestro rostro. Otra forma de romper el silencio puede
ser a través de la predisposición a contar con más entorno, la posibilidad de diferenciar los ruidos
más cercanos abrir una ventana y permitir que el ruido contraste con el silencio del interior
observando diferentes sonidos, como el motor de un coche, el trueno de una tormenta, la música
estridente de un vecino. También se puede romper el silencio simbólico, es decir, el que obliga
desde su propia incomodidad a pronunciarse, a definir situaciones que no sabemos cómo afrontar,
porque posiblemente nos resulta un tanto incómodo pedir o definir alguna característica propia de
una persona o relación cercana. Es muy común guardarse el dolor para uno mismo cuanto más
grande es el sufrimiento, más nos cerramos. Cuando alguien nos confiesa su pena o
desesperación, usualmente pensamos que deberíamos y nos sentimos obligados a hacer
desaparecer el dolor. Pero como no sabemos cómo hacerlo, preferimos callar. En estos casos el
silencio no nos protege. La trágica ironía es que agrandamos el dolor al no compartirlo, ni permitir
que otros lo hagan.
Tememos perder la consideración de los demás si anotamos la voz. Muchos no denuncian algo por
miedo a perder sus privilegios, y hasta ciertas organizaciones casan con respecto a determinadas
políticas públicas por miedo a perder sus subsidios. Ante historias trágicas olorosas optamos por el
silencio sin entender que, cuando las personas las explican, lo que hacen es auto curarse, ya que el
acto de compartir con alguien es una de las formas más efectivas de aliviar el dolor. El silencio no
es la ausencia de acción, es otra forma de acción, y como tal tienen sus consecuencias.

Capítulo 2: Descubrir el silencio para utilizar bien la palabra

cuando habla, es saber conducir su discurso sin disiparse, de forma que pertenece menos a sí
mismo y un poco más a los demás.

La clave para avanzar en la conversación: desarrollar el sentido de la observación, de la escucha


activa y potenciar la empatía, la práctica del silencio nos lleva a un estado de relajación al dominio
de nuestras emociones. La persona buscan simultáneamente lo mismo realizando secciones: la de
expresar y la de interpretar. Una de las habilidades emocionales más importantes es la de percibir
correctamente los sentimientos, tanto nosotros mismos como los demás. Si me interpretamos los
propios sentimientos, reaccionamos de una manera que no nos permite obtener lo que deseamos.

En ocasiones, la atención se pierda lo largo de la conversación, ya que ciertos mecanismos nos


llevan a pensar en la respuesta que queremos pronunciar, mientras que la persona que hace la
exposición no ha concluido todavía. En otras el contenido de la conversación no despierta interés y
la atención se desvía

Capitulo 3: el paralenguaje

el para lenguaje es todo lo que acompaña al lenguaje o bien lo complementa. El silencio forma
parte del lenguaje. Utilizarlo bien requiere de autocontrol. A más alteración emocional, más
espacios de silencio necesitamos para poder regular de forma equitativa el estado anímico,
suponiendo que cada uno sabe hacer una lectura de sí mismo. Si percibe que las personas con las
que se relaciona a menudo expresan descontento ante sus palabras, escuche emociones.

La percepción