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Poesía española del siglo XX (2): Allí cada uno puede mirarse y puede alegrarse y puede reconocerse.

Cuando, en la tarde caldeada, solo en tu gabinete,


del 27 a la dictadura franquista con los ojos extraños y la interrogación en la boca,
Lengua Castellana y Literatura quieras algo preguntar a tu imagen,
IES Averroes no te busques en el espejo,
en un extinto diálogo en que no te oyes.
Baja, baja despacio y búscate entre los otros.
Allí están todos, y tú entre ellos.
Oh, desnúdate, y fúndete, y reconócete.
Generación del 27
Entra despacio, como el bañista que, temeroso, con mucho amor y
[recelo al agua,
[1] VICENTE ALEIXANDRE: En la plaza
introduce primero sus pies en la espuma,
y siente el agua subirle, y ya se atreve, y casi ya se decide.
Hermoso es, hermosamente humilde y confiante, vivificador y
Y ahora con el agua en la cintura todavía no se confía.
[profundo,
Pero él extiende sus brazos, abre al fin sus dos brazos y se
sentirse bajo el sol, entre los demás, impelido,
[entrega completo.
llevado, conducido, mezclado, rumorosamente arrastrado.
Y allí fuerte se reconoce, y crece y se lanza,
y avanza y levanta espumas, y salta y confía,
No es bueno
y hiende y late en las aguas vivas, y canta, y es joven.
quedarse en la orilla
como el malecón o como el molusco que quiere calcáreamente imitar
Así, entra con los pies desnudos. Entra en el hervor, en la plaza.
[a la roca.
Entra en el torrente que te reclama y allí sé tú mismo.
¡Oh pequeño corazón diminuto, corazón que quiere latir
Sino que es puro y sereno arrasarse en la dicha
para ser él también el unánime corazón que le alcanza!
de fluir y perderse,
encontrándose en el movimiento con que el gran corazón de los
[hombres palpita extendido.

Como ese que vive ahí, ignoro en qué piso,


[2] PEDRO SALINAS
y le he visto bajar por unas escaleras
y adentrarse valientemente entre la multitud y perderse.
Ayer te besé en los labios.
La gran masa pasaba. Pero era reconocible el diminuto corazón
Te besé en los labios. Densos,
[afluido.
rojos. Fue un beso tan corto,
Allí, ¿quién lo reconocería? Allí con esperanza, con resolución o
que duró más que un relámpago,
[con fe, con temeroso denuedo,
que un milagro, más. El tiempo
con silenciosa humildad, allí él también
después de dártelo
transcurría.
no lo quise para nada ya,
para nada
Era una gran plaza abierta, y había olor de existencia.
lo había querido antes.
Un olor a gran sol descubierto, a viento rizándolo,
Se empezó, se acabó en él.
un gran viento que sobre las cabezas pasaba su mano,
su gran mano que rozaba las frentes unidas y las reconfortaba.
Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Y era el serpear que se movía
Los pongo
como un único ser, no sé si desvalido, no sé si poderoso,
no en tu boca, no, ya no...
pero existente y perceptible, pero cubridor de la tierra.
-¿Adónde se me ha escapado?-.
Los pongo Si yo pudiera mocito,
en el beso que te di este trato se cerraba.
ayer, en las bocas juntas Pero yo ya no soy yo.
del beso que se besaron. Ni mi casa es ya mi casa.
Y dura este beso más 35 Compadre, quiero morir
que el silencio, que la luz. decentemente en mi cama.
Porque ya no es una carne De acero, si puede ser,
ni una boca lo que beso, con las sábanas de holanda.
que se escapa, que me huye. ¿No ves la herida que tengo
No. 40 desde el pecho a la garganta?
Te estoy besando más lejos. Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
[3] FEDERICO GARCÍA LORCA: Romance sonámbulo 45 Pero yo ya no soy yo.
Ni mi casa es ya mi casa.
Verde que te quiero verde. Dejadme subir al menos
Verde viento. Verdes ramas. hasta las altas barandas,
El barco sobre la mar ¡dejadme subir!, dejadme
y el caballo en la montaña. 50 hasta las verdes barandas.
5 Con la sombra en la cintura Barandales de la luna
ella sueña en su baranda, Por donde retumba el agua.
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata. Ya suben los dos compadres
Verde que te quiero verde. 55 hacia las altas barandas.
10 Bajo la luna gitana, Dejando un rostro de sangre.
las cosas la están mirando Dejando un rastro de lágrimas.
y ella no puede mirarlas. Temblando en los tejados
farolillos de hojalata.
Verde que te quiero verde. 60 Mil panderos de cristal,
Grandes estrellas de escarcha Herían la madrugada.
15 vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba. Verde que te quiero verde,
La higuera frota su viento Verde viento, verdes ramas.
con la lija de sus ramas, Los dos compadres subieron.
y el monte, gato garduño. 65 El largo viento, dejaba
20 eriza sus pitas agrias. En la boca un raro gusto
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde? De hiel, de menta y albahaca.
Ella sigue en su baranda ¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
Verde carne, pelo verde, ¿Dónde está tu niña amarga?
soñando en la mar amarga. 70 ¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuantas veces te esperara
25 Compadre, quiero cambiar cara fresca, negro pelo,
mi caballo por su casa, en esta verde baranda!
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
30 desde los puertos de Cabra.
75 Sobre el rostro del aljibe debía gritar desnudo entre las columnas,
Se mecía la gitana. y ponerse una inyección para adquirir la lepra
Verde carne, pelo verde, y llorar un llanto tan terrible
con ojos de fría plata. que disolviera sus anillos y sus teléfonos de diamante.
Un carámbano de luna Pero el hombre vestido de blanco
80 La sostiene sobre el agua. ignora el misterio de la espiga,
La noche se puso íntima ignora el gemido de la parturienta,
como una pequeña plaza. ignora que Cristo puede dar agua todavía,
Guardias civiles borrachos ignora que la moneda quema el beso de prodigio
en la puerta golpeaban. y da la sangre del cordero al pico idiota del faisán.
85 Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas. Los maestros enseñan a los niños
El barco sobre la mar. una luz maravillosa que viene del monte;
Y el caballo en la montaña. pero lo que llega es una reunión de cloacas
donde gritan las oscuras ninfas del cólera.
Los maestros señalan con devoción las enormes cúpulas sahumadas;
pero debajo de las estatuas no hay amor,
no hay amor bajo los ojos de cristal definitivo.
[4] FEDERICO GARCÍA LORCA: Grito hacia Roma El amor está en las carnes desgarradas por la sed,
en la choza diminuta que lucha con la inundación;
Desde la torre del Crysler Building el amor está en los fosos donde luchan las sierpes del hambre,
en el triste mar que mece los cadáveres de las gaviotas
Manzanas levemente heridas y en el oscurísimo beso punzante debajo de las almohadas.
por los finos espadines de plata,
nubes rasgadas por una mano de coral Pero el viejo de las manos traslucidas
que lleva en el dorso una almendra de fuego, dirá: amor, amor, amor,
peces de arsénico como tiburones, aclamado por millones de moribundos;
tiburones como gotas de llanto para cegar una multitud, dirá: amor, amor, amor,
rosas que hieren entre el tisú estremecido de ternura;
y agujas instaladas en los caños de la sangre, dirá: paz, paz, paz,
mundos enemigos y amores cubiertos de gusanos entre el tirite de cuchillos y melones de dinamita;
caerán sobre ti. Caerán sobre la gran cúpula dirá: amor, amor, amor,
que untan de aceite las lenguas militares hasta que se le pongan de plata los labios.
donde un hombre se orina en una deslumbrante paloma
y escupe carbón machacado Mientras tanto, mientras tanto, ¡ay!, mientras tanto,
rodeado de miles de campanillas. los negros que sacan las escupideras,
los muchachos que tiemblan bajo el terror pálido de los
Porque ya no hay quien reparta el pan ni el vino, [directores,
ni quien cultive hierbas en la boca del muerto, las mujeres ahogadas en aceites minerales,
ni quien abra los linos del reposo, la muchedumbre de martillo, de violín o de nube,
ni quien llore por las heridas de los elefantes. ha de gritar aunque le estrellen los sesos en el muro,
No hay más que un millón de herreros ha de gritar frente a las cúpulas,
forjando cadenas para los niños que han de venir. ha de gritar loca de fuego,
No hay más que un millón de carpinteros ha de gritar loca de nieve,
que hacen ataúdes sin cruz. ha de gritar con la cabeza llena de excremento,
No hay más que un gentío de lamentos ha de gritar como todas las noches juntas,
que se abren las ropas en espera de la bala. ha de gritar con voz tan desgarrada
El hombre que desprecia la paloma debía hablar, hasta que las ciudades tiemblen como niñas
y rompan las prisiones del aceite y la música, Mas en esas astillas vagabundas que se consumen sin fuego,
porque queremos el pan nuestro de cada día, en esas ausencias hundidas que sufren los muebles
flor de aliso y perenne ternura desgranada, desvencijados,
porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra no a mucha distancia de los nombres y signos que se
que da sus frutos para todos. enfrían en las paredes.
Buscad, buscadlos:
debajo de la gota de cera que sepulta la palabra de un libro
o la firma de uno de esos rincones de cartas
[5] FEDERICO GARCÍA LORCA: El poeta pide a su amor que le escriba que trae rodando el polvo.
Cerca del casco perdido de una botella,
Amor de mis entrañas, viva muerte, de una suela extraviada en la nieve,
en vano espero tu palabra escrita de una navaja de afeitar abandonada al borde de un
y pienso, con la flor que se marchita, precipicio.
que si vivo sin mí quiero perderte.

El aire es inmortal. La piedra inerte


ni conoce la sombra ni la evita. [7] RAFAEL ALBERTI: Hace falta estar ciego
corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte. Hace falta estar ciego,
tener como metidas en los ojos raspaduras de vidrio,
Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas, cal viva,
tigre y paloma, sobre tu cintura arena hirviendo,
en duelo de mordiscos y azucenas. para no ver la luz que salta en nuestros actos,
que ilumina por dentro nuestra lengua,
Llena, pues, de palabras mi locura nuestra diaria palabra.
o déjame vivir en mi serena Hace falta querer morir sin estela de gloria y alegría,
noche del alma para siempre oscura. sin participación de los himnos futuros,
sin recuerdo en los hombres que juzguen el pasado sombrío de la
Tierra.
Hace falta querer ya en vida ser pasado,
[6] RAFAEL ALBERTI: Los ángeles muertos obstáculo sangriento,
cosa muerta,
Buscad, buscadlos: seco olvido.
en el insomnio de las cañerías olvidadas,
en los cauces interrumpidos por el silencio de las basuras.
No lejos de los charcos incapaces de guardar una nube, [8] LUIS CERNUDA: Unos cuerpos son como flores
unos ojos perdidos,
una sortija rota Unos cuerpos son como flores,
o una estrella pisoteada. Otros como puñales,
Porque yo los he visto: Otros como cintas de agua;
en esos escombros momentáneos que aparecen en las Pero todos, temprano o tarde,
neblinas. Serán quemaduras que en otro cuerpo se agranden,
Porque yo los he tocado: Convirtiendo por virtud del fuego a una piedra en un hombre.
en el destierro de un ladrillo difunto,
venido a la nada desde una torre o un carro. Pero el hombre se agita en todas direcciones,
Nunca más allá de las chimeneas que se derrumban Sueña con libertades, compite con el viento,
ni de esas hojas tenaces que se estampan en los zapatos. Hasta que un día la quemadura se borra,
En todo esto. Volviendo a ser piedra en el camino de nadie.
[10] LUIS CERNUDA: Despedida
Yo, que no soy piedra, sino camino
Que cruzan al pasar los pies desnudos, Muchachos
Muero de amor por todos ellos; Que nunca fuisteis compañeros de mi vida,
Les doy mi cuerpo para que lo pisen, Adiós.
Aunque les lleve a una ambición o a una nube, Muchachos
Sin que ninguno comprenda Que no seréis nunca compañeros de mi vida,
Que ambiciones o nubes Adiós.
No valen un amor que se entrega. El tiempo de una vida nos separa
Infranqueable:
A un lado la juventud libre y risueña;
[9] LUIS CERNUDA: Si el hombre pudiera decir lo que ama A otro la vejez humillante e inhóspita.
De joven no sabía
Si el hombre pudiera decir lo que ama, Ver la hermosura, codiciarla, poseerla;
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo De viejo la he aprendido
como una nube en la luz; Y veo a la hermosura, mas la codicio inútilmente.
si como muros que se derrumban, Mano de viejo mancha
para saludar la verdad erguida en medio, El cuerpo juvenil si intenta acariciarlo.
pudiera derrumbar su cuerpo, Con solitaria dignidad el viejo debe
dejando sólo la verdad de su amor, Pasar de largo junto a la tentación tardía.
la verdad de sí mismo, Frescos y codiciables son los labios besados,
que no se llama gloria, fortuna o ambición, Labios nunca besados más codiciables y frescos aparecen.
sino amor o deseo, ¿Qué remedio, amigos? ¿Qué remedio?
yo sería aquel que imaginaba; Bien lo sé: no lo hay.
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos Qué dulce hubiera sido
proclama ante los hombres la verdad ignorada, En vuestra compañía vivir un tiempo:
la verdad de su amor verdadero. Bañarse juntos en aguas de una playa caliente.
Compartir bebida y alimento en una mesa.
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien Sonreír, conversar, pasarse
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío; Mirando cerca, en vuestros ojos, esa luz y esa música.
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina Seguid, seguid así, tan descuidadamente,
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera, Atrayendo al amor, atrayendo al deseo,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu No cuidéis de la herida que la hermosura vuestra y vuestra gracia
como leños perdidos que el mar anega o levanta abren.
libremente, con la libertad del amor, En este transeúnte inmune en apariencia a ellas.
la única libertad que me exalta, Adiós, adiós, manojos de gracias y donaires,
la única libertad por que muero. Que yo pronto he de irme, confiado,
Adonde, anudado el roto hilo, diga y haga
Tú justificas mi existencia: Lo que aquí falta, lo que a tiempo decir y hacer aquí no supe.
si no te conozco, no he vivido; Adiós, adiós, compañeros imposibles.
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido. Que ya tan sólo aprendo
A morir, deseando
Veros de nuevo, hermosos igualmente
En alguna otra vida.
Miguel Hernández Volverás a mi huerto y a mi higuera,
por los altos andamios de las flores
[11] Elegía a Ramón Sijé pajareará tu alma colmenera

Yo quiero ser llorando el hortelano de angelicales ceras y labores.


de la tierra que ocupas y estercolas, Volverás al arrullo de las rejas
compañero del alma tan temprano. de los enamorados labradores.

Alimentando lluvias, caracolas, Alegrarás la sombra de mis cejas


y órganos mi dolor sin instrumentos, y tu sangre se irá a cada lado,
a las desalentadas amapolas disputando tu novia y las abejas.

daré tu corazón por alimento. Tu corazón, ya terciopelo ajado,


Tanto dolor se agrupa en mi costado, llama a un campo de almendras espumosas,
que por doler, me duele hasta el aliento. mi avariciosa voz de enamorado.

Un manotazo duro, un golpe helado, A las aladas almas de las rosas


un hachazo invisible y homicida, del almendro de nata te requiero,
un empujón brutal te ha derribado. que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida. [12] Canción del poeta soldado

Ando sobre rastrojos de difuntos, He poblado tu vientre de amor y sementera,


y sin calor de nadie y sin consuelo voy he prolongado el eco de sangre a que respondo
de mi corazón a mis asuntos. y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.
Temprano levantó la muerte el vuelo, Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
temprano madrugó la madrugada, esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
temprano está rodando por el suelo. tus pechos locos crecen hasta mí dando saltos
de cierva concebida.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta, Ya me parece que eres un cristal delicado,
no perdono a la tierra ni a la nada. temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
En mis manos levanto una tormenta fuera como el cerezo.
de piedras, rayos y hachas estridentes,
sedienta de catástrofes y hambrienta. Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Quiero escarbar la tierra con los dientes, Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
quiero apartar la tierra parte a parte ansiado por el plomo.
a dentelladas secas y calientes.
Sobre los ataúdes feroces en acecho,
Quiero mirar la tierra hasta encontrarte sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
y besarte la noble calavera te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
y desamordazarte y regresarte. hasta en el polvo, esposa.
Cuando junto a los campos de combate te piensa [mundo.
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura, Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
te acercas hacia mí como una boca inmensa ¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
de hambrienta dentadura. las tristes azucenas letales de tus noches?

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:


aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo, [14] Mujer con alcuza / DÁMASO ALONSO (poesía existencial)
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo. ¿Adónde va esa mujer,
arrastrándose por la acera,
Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado, ahora que ya es casi de noche,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras, con la alcuza en la mano?
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras. Acercaos: no nos ve.
Yo no sé qué es más gris,
Es preciso matar para seguir viviendo. si el acero frío de sus ojos,
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano. si el gris desvaído de ese chal
Y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo con el que se envuelve el cuello y la cabeza,
cosida por tu mano. o si el paisaje desolado de su alma.

Tus piernas implacables al parto van derechas, Va despacio, arrastrando los pies,
y tu implacable boca de labios indomables, desgastando suela, desgastando losa,
y ante mi soledad de explosiones y brechas pero llevada
recorres un camino de besos implacables. por un terror
oscuro, por una voluntad
Para el hijo será la paz que estoy forjando. de esquivar algo horrible.
Y al fin en un océano de irremediables huesos,
tu corazón y el mío naufragarán, quedando Sí, estamos equivocados.
una mujer y un hombre gastados por los besos. Esta mujer no avanza por la acera
de esta ciudad,
esta mujer va por un campo yerto,
[13] Insomnio / DÁMASO ALONSO (poesía existencial) entre zanjas abiertas, zanjas antiguas, zanjas recientes,
y tristes caballones,
Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres de humana dimensión, de tierra removida,
(según las últimas estadísticas). de tierra
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo que ya no cabe en el hoyo de donde se sacó,
en este nicho en el que hace 45 años que me pudro, entre abismales pozos sombríos,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, y turbias simas súbitas,
o fluir blandamente la luz de la luna. llenas de barro y agua fangosa y sudarios harapientos del color de
Y paso largas horas gimiendo como el huracán, la desesperanza.
ladrando como un perro enfurecido,
fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca Oh sí, la conozco.
[amarilla Esta mujer yo la conozco: ha venido en un tren,
Y paso largas horas preguntándole a Dios, en un tren muy largo;
preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma, ha viajado durante muchos días
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad y durante muchas noches:
[de Madrid unas veces nevaba y hacía mucho frío,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el otras veces lucía el sol y remejía el viento
arbustos juveniles Y por fin se ha dormido,
en los campos en donde incesantemente estallan extrañas flores sí, ha dormitado en la sombra,
encendidas. arrullada por un fondo de lejanas conversaciones,
Y ella ha viajado y ha viajado, por gritos ahogados y empañadas risas,
mareada por el ruido de la conversación, como de gentes que hablaran a través de mantas bien espesas,
por el traqueteo de las ruedas sólo rasgadas de improviso
y por el humo, por el olor a nicotina rancia. por lloros de niños que se despiertan mojados a la media noche,
¡Oh!: o por cortantes chillidos de mozas a las que en los túneles les
noches y días, pellizcan las nalgas,
días y noches, ... aún mareada por el humo del tabaco.
noches y días,
días y noches, Y ha viajado noches y días,
y muchos, muchos días, sí, muchos días,
y muchas, muchas noches. y muchas noches.
Siempre parando en estaciones diferentes,
Pero el horrible tren ha ido parando siempre con un ansia turbia, de bajar ella también, de quedarse
en tantas estaciones diferentes, ella también,
que ella no sabe con exactitud ni cómo se llamaban, ay,
ni los sitios, para siempre partir de nuevo con el alma desgarrada,
ni las épocas. para siempre dormitar de nuevo en trayectos inacabables.

Ella ... No ha sabido cómo.


recuerda sólo Su sueño era cada vez más profundo,
que en todas hacía frío, iba cesando,
que en todas estaba oscuro, casi habían cesado por fin los ruidos a su alrededor:
y que al partir, al arrancar el tren sólo alguna vez una risa como un puñal que brilla un instante en
ha comprendido siempre las sombras,
cuán bestial es el topetazo de la injusticia absoluta, algún chillido como un limón agrio que pone amarilla un momento la
ha sentido siempre noche.
una tristeza que era como un ciempiés monstruoso que le colgara de Y luego nada.
la mejilla, Sólo la velocidad,
como si con el arrancar del tren le arrancaran el alma, sólo el traqueteo de maderas y hierro
como si con el arrancar del tren le arrancaran innumerables del tren,
margaritas, blancas cual su alegría infantil en la fiesta del sólo el ruido del tren.
pueblo,
como si le arrancaran los días azules, el gozo de amar a Dios y Y esta mujer se ha despertado en la noche,
esa voluntad de minutos en sucesión que llamamos vivir. y estaba sola,
Pero las lúgubres estaciones se alejaban, y ha mirado a su alrededor,
y ella se asomaba frenética a las ventanillas, y estaba sola,
gritando y retorciéndose, y ha comenzado a correr por los pasillos del tren,
sólo de un vagón a otro,
para ver alejarse en la infinita llanura y estaba sola,
eso, una solitaria estación, y ha buscado al revisor, a los mozos del tren,
un lugar a algún empleado,
señalado en las tres dimensiones del gran espacio cósmico a algún mendigo que viajara oculto bajo un asiento,
por una cruz y estaba sola,
bajo las estrellas. y ha gritado en la oscuridad,
y estaba sola,
y ha preguntado en la oscuridad, ¿O es que como esos almendros
y estaba sola, y ha preguntado que en el verano estuvieron cargados de demasiada fruta,
quién conducía, conserva aún en el invierno el tierno vicio,
quién movía aquel horrible tren. guarda aún el dulce álabe
Y no le ha contestado nadie, de la cargazón y de la compañía,
porque estaba sola, en sus tristes ramas desnudas, donde ya ni se posan los pájaros?
porque estaba sola.
Y ha seguido días y días,
loca, frenética, [15] Retrato de un poeta / RICARDO MOLINA (Cántico)
en el enorme tren vacío, Oscura era tu vida en aquel pueblo.
donde no va nadie, Lo conocías todo, el muro, la calleja,
que no conduce nadie. el viejo Ayuntamiento, destartalado y húmedo,
la fuente, la estación, la sacristía.
... Y esa es la terrible,
la estúpida fuerza sin pupilas, La tuya debió ser juventud de ojos grises,
que aún hace que esa mujer capa con vueltas rojas, paseos a caballo,
avance y avance por la acera, novia en Doña Mencía o en Lucena,
desgastando la suela de sus viejos zapatones, versos de amor y de contrabandistas.
desgastando las losas,
entre zanjas abiertas a un lado y otro, Al repasar los viejos caminos de las viñas
entre caballones de tierra, no pensabas en nada ni veías siquiera
de dos metros de longitud, los lagares, los pobres arrieros,
con ese tamaño preciso la Ermita de la Virgen en las cumbres.
de nuestra ternura de cuerpos humanos.
Ah, por eso esa mujer avanza (en la mano, como el atributo de una Tan hondo sentimiento invadía tu alma
semidiosa, su alcuza), que no acertaste nunca a decirlo en poesía.
abriendo con amor el aire, abriéndolo con delicadeza exquisita, ¿Qué dirá la belleza solitaria del lirio?
como si caminara surcando un trigal en granazón, Por la flor más humilde la palabra es vencida.
sí, como si fuera surcando un mar de cruces, o un bosque de
cruces, o una nebulosa de cruces, Sufrimiento adorable de sentir cómo es bella
de cercanas cruces, la tierra en que nacimos y no poder cantarla
de cruces lejanas. a no ser una noche de primavera triste
con la guitarra oscura de vinos y nostalgias.
Ella,
en este crepúsculo que cada vez se ensombrece más, Mientras otros en las ciudades, aplaudidos
se inclina, como tenor de moda, recogían el triunfo,
va curvada como un signo de interrogación, tú, lento por la luna, a tu casa volvías
con la espina dorsal arqueada desde la reja del amor nocturno.
sobre el suelo.
¿Es que se asoma por el marco de su propio cuerpo de madera, El alba despertaba corrales y sembrados.
como si se asomara por la ventanilla La mañana encendía su fresco vocerío
de un tren, de racimos, semillas, animales.
al ver alejarse la estación anónima Camino de la fuente pasaban las muchachas.
en que se debía haber quedado?
¿Es que le pesan, es que le cuelgan del cerebro Y tu conocimiento era amor y caricia
sus recuerdos de tierra en putrefacción, que rozaba las cosas por medio a despertarlas
y se le tensan tirantes cables invisibles de su encanto letárgico como conversaciones
desde sus tumbas diseminadas? de otoño en el crepúsculo durmiente de las parras.
[16] Elegía / PABLO GARCÍA BAENA (Cántico) Llegarás entre el grito del sioux y las hachas
antes de que la rubia heroína sea raptada:
Me envuelvo en tu recuerdo date prisa, tú puedes impedirlo. O quizás
como en nieblas secretas que me apartan del mundo. en el mismo momento en que el puñal levanta
En la calle sonrío al amigo que pasa, las joyas de la ira y la sangre grasienta
y nadie, de los asesinatos resbala gorda y tibia,
nunca nadie como cárdena larva aún dudosa
adivinó mi muerte bajo aquella sonrisa entre sopor y vida, goteando
ni el frío sin consuelo de mis ojos que ciegan por el rojo peluche de las localidades.
pidiendo de los tuyos más desdén, Ven ahora. Un lago clausurado de altos
más veneno. árboles verdes, altos ministriles, que pulsa
Ahora que la tarde se derrumba en las sombras, la capilla sagrada de los vientos
y que el libro de versos resbala por mis manos, nos llama; o el ciclamen vivo de las praderas
ahora que la lluvia llora por los cristales por donde el loco corazón galopa
de mi ventana, oyendo al histrión que declama las viejas
y llanto va a caer de mis ojos, palabras, sin creerlas, del amor y los celos:
antes de que una mano encienda la dorada «Pagamos un precio muy elevado por aquella felicidad»;
llama de mi quinqué, o bien: «Ahora soy yo quien necesita luz».
dime si tú no sueñas en tu balcón, ahora y más tarde: «Tuve miedo de ir demasiado lejos»,
que la lluvia nos une a los dos con sus lágrimas, en tanto que el malvís, entre los azafranes
o si sobre el teclado de tu piano oscuro del technicolor, vuela como una gema alada.
agoniza Chopin Ah, llega pronto junto a mí y vence
bajo tus manos trémulas. cuando la espada abate damascenas lorigas
Nunca sabrás el loco deseo que me tortura y el gentil faraute con su larga trompeta
de cautivar tus labios bajo mi boca ávida, pasea la palestra de draperías pesadas
y sentir el latido de tu sien en mi mano junto al escaño gótico de Sir Walter Scott.
aprisionada como un pájaro aterido. Vence con tu áureo nombre, oh Rey Midas;
Pero no sabrás nunca nada de mi deseo. conviérteme en monedas de oro para pagar tus besos,
Nada de cuando pienso desgarrar con mis dientes en el vino de oro que quema entre tus labios,
los azules canales de tus venas en los guantes de oro con los cuales tonsuras
y juntos el capuz abacial de rojos tulipanes.
morirnos desangrados, confundidas las sangres. Vendrás. Alguna vez estarás a mi lado
Pero estamos ajenos. en la tenue penumbra de la noche ya eterna.
Yo sigo en mi ventana, Sentado en la caliza de astral anfiteatro
y tú soñando en otro mientras Chopin suspira, te esperaré. Tal ciego que recobra la luz,
ahora que aún no arde en mi quinqué la luz me buscarás. Tus hijos estarán en su palco
y que a los dos nos une la lluvia con sus lágrimas. de congelado yeso, divertidos, mirando
increíbles proezas de cowboys celestiales,
y yo, ya sabes dónde: impares, fila 13.
[17] Palacio del cinematógrafo / PABLO GARCÍA BAENA (Cántico)

Impares. Fila 13. Butaca 3. Te espero [18] Miro, ansiosamente miro / JUAN BERNIER (Cántico)
como siempre. Tú sabes que estoy aquí. Te espero.
A través de un oscuro bosque de ilusionismo Miro, ansiosamente miro
llegarás, si traído por el haz nigromántico como si fuera a escapar de mi pupila devoradora
o por el sueño triste de mis ojos el oro lánguido y el brillante ébano plasmado de los cabellos,
donde alientas, oh lámpara temblorosa en el cuévano su onda esculpida en luz, su miel estriada,
profundo de la noche, amor, amor ya mío. su blonda exhalación curvilínea.
Miro, ansiosamente miro Miro, ansiosamente miro
los que son un muerto mar de azabaches oscuros hasta que los ojos se duermen en el aéreo nimbo de perfume, que
y los que vuelan como jirones desgarrados de ámbar y seda, [rodea las cabezas de estatua;
los que parecen pasados por el amarillento cedazo del otoño, como ante una aspiración violenta de flores invisibles,
¡ay! los miro como aquellos otros de roja escarcha coralígena en el espejo de las pupilas se empaña en éxtasis de sueño
[el níveo lago de las frentes ante este olor de una nuca donde mi beso no se atreve a pararse
o los que son como una ruina de plata oxidada o una veta de plomo o este adivinado lirio o de nelumbo en cualquier ángel que pasa
[recién abierta, y mi alma se enciende en una borrachera deslumbrante
los miro como aquellos blancos, enteramente blancos, cuyo color porque la belleza es un hálito que cada ser derramada
[antiguo es una interrogación sin respuesta… de los cabellos, los vestidos, las joyas ardientes o el olor de
[los cuerpos
y yo siempre
Miro, ansiosamente miro miro, ansiosamente miro.
cómo se abrazan las telas al calor de los cuerpos,
cómo se escurren entre la carne;
cómo se desgajan y flotan para volver a acariciar los senos de
[las vírgenes APÉNDICE 1: CÓMO LEER UN POEMA
en una orgía de indefinible tacto los vestidos que tienen el
[color de ojos, I. Un poema es una invitación a romper con la tiranía de la
las sedas verde alga o de una afloración burbujeante de perlas urgencia: es un alto en el camino que debe leerse
[amarillas, pausadamente, varias veces, saboreando palabras e imágenes,
los jerseys que ciñen los talles con una atracción de deseo sin prisas.
[coloreada II. Un poema es un reto: es un texto que hablo desde lo íntimo,
que se hunde un instante sobre la lana roja de los pechos desde lo privado, pero con un lenguaje especial, distinto.
o se recrea perverso entre el escándalo decadente de las fibras ¿Por qué? Porque los poetas piensan que las cosas
[amarillas. importantes deben ser dichas con un lenguaje nuevo. Sólo
Miro, ansiosamente miro así las recordaremos.
el oscuro azul que estrecha la piel tibia y rosada de los
[adolescentes
III. Un poema es una confidencia: el yo del poema comparte
contigo como lector/a una confesión, casi en voz baja.
o el negro, ese negro que mata la sangre de los rostros pálidos
Escucha la voz del poema como la de un/a amigo/a que te
y recoge una secreta voluptuosidad en la violada sombra atrayente
aconseja o desnuda su intimidad.
[de los ojos.
IV. Tenemos la costumbre de psicoanalizar los poemas, no de
Miro, ansiosamente miro leerlos. Una cosa es que las imágenes del texto puedan
en el pétalo almendrado y tierno de los cuellos, tener varias lecturas, y otra que inventemos muertes
el oro que descansa sobre el estuche de carne, violentas de amadas o tendencias suicidas del poeta.
en los cuellos donde un lirio blanco parece desmayarse Recuerda: toda interpretación debe estar apoyada en
tal vez un solo rubí hiere como un ascua de destellos cambiantes elementos del texto.
desde un pálido carmín hasta el más oscuro vidrio de sangre V. Primer paso: leer el poema repetidas veces, diccionario en
o tal vez, como pequeños trozos roquizos de una tierra de dioses mano, hasta que sepa ver con claridad de qué trata. Una
los diamantes hacen restallar su coágulo de luz trémula y helada. estrategia: sigue las palabras que se repiten (amor,
¡Oh! miro, ansiosamente miro muerte, odio, naturaleza), los campos semánticos en los que
las joyas que sienten el latir de las venas se insiste.
las esmeraldas como escamas de un reptil durmiente entre los
[senos, VI. Segundo paso: una vez que sabemos (o sospechamos) de qué va
los topacios, los ónices, los brillantes engastados en el platino el poema, podemos observar cómo se desarrolla ese tema. Al
[agónico de los dedos… igual que las narraciones, los poemas presentan una
organización interna.
VII. Tercer paso: si hemos captado el mensaje, sabremos
identificar primero e interpretar después los recursos
estilísticos del poema, es decir, esos mecanismos de los
que se sirve el escritor para impactarnos y sorprendernos
(metáforas, símiles, antítesis, paralelismos, repeticiones
léxicas...). Piensa que esas figuras no tienen sólo una
función ornamental: están ahí para que el poema sea eficaz
y quede grabado en nuestra memoria.
VIII. Y ahora sí: una lectura final del poema, esta vez sin zonas
oscuras, nos permitirá comprobar que nos hemos ganado la
confianza del sujeto poético. Su mensaje, su verdad, ya son
nuestros.

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