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Primero que todo, me gustaría agradecer a Edna por su bondad y su apoyo durante el año que

pasé en Nueva York (de 2014 a 2015). También me gustaría agradecerle por su profundo
conocimiento del Taubman Approach y por su capacidad de guiarme a través del proceso de
aprendizaje.

Mi nombre es Antonin, tengo 25 años y soy de un pequeño pueblo en la parte francesa de


Suiza llamado La Chaux-de-Fonds. Comencé a tocar el piano a la edad de 5 años. En el 2009,
justo después de terminar el colegio, decidí que quería estudiar piano jazz en la Universidad.
Pasé dos años en Alemania en una escuela privada de música para prepararme para los
exámenes de admisión en Lucerna.

Después de algunos meses de practicar más de lo que lo que había practicado durante la
primaria y la secundaria, empecé a sentir dolor en mis antebrazos y mucha tensión en mis
manos y hombros. Al principio, mi profesor me dijo que era normal porque estaba tocando
más tiempo y mi cuerpo debía ajustarse. De manera que continué practicando, lo que hizo que
mi dolor empeorara. Vi a un doctor, que me dio un claro diagnóstico: Tenía tendinitis en
ambos brazos, y debía parar de tocar el piano por dos meses.

Lleno de esperanza de que mi problema se hubiera resuelto después de dos meses, volví a
tocar, pero tan pronto como comencé, el dolor volvió. Le pregunté a mi profesor de piano y
trató de ayudarme, pero sin resultados. Pasé los siguientes 3 años buscando algo o alguien que
pudiera ayudarme a recuperarme de forma que pudiera volver a tocar el piano sin dolor.

Fui a muchas consultas, fisioterapeutas, masajistas, doctores, incluso psicoterapeutas. Algunos


de ellos ayudaron un poco, y otros empeoraron la situación. Pero ninguno de ellos pudo
realmente decirme qué era lo que estaba haciendo mal o pudo ayudarme a mejorar mi
condición.

En el 2011, fui admitido para estudiar Jazz en la Universidad de Música de Lucerna, con dolor,
pero motivado. Allí, tampoco mi profesor de piano pudo ayudarme. Prontamente, después de
comenzar mis estudios, tuve que volver a parar de tocar. Seguía viendo a diferentes personas
para tratar de encontrar una solución. No podía tocar por más de media hora al día sin sentir
dolor nuevamente.

Lentamente, perdí la alegría y el placer de tocar el piano. Cada experiencia en el teclado estaba
asociada con el dolor. Todavía tenía la esperanza de encontrar ayuda en algún lugar, pero
después de mi segundo año en Lucerna, casi toda mi motivación se había agotado. Decidí
tomarme todo un semestre de descanso. A este punto, mi incertidumbre de si algún día podría
tocar el piano sin dolor se expandió a otros aspectos de mi vida. Me sentía perdido, sin saber
qué hacer y pensando en retirarme de la música para dedicarme a otra cosa. Después de ver a
muchas personas diferentes y escuchar muchas opiniones diferentes, quería poder encontrar
respuestas por mí mismo. ¿Amaba yo la música lo suficiente como para sostenerme? ¿Valía la
pena seguir buscando ayuda? ¿Eran la música y el piano lo suficientemente importantes como
para seguir pasando dificultades? ¿Qué quería yo para mi vida?

Entre otras cosas, comencé a darme cuenta de que mis problemas me ayudaban a ver más
claramente. Quise pasar algún tiempo solo para tener tiempo de encontrar respuestas, fui al
valle Ladakh en los Himalaya por un mes. Allí pasé tiempo cuestionándome a mí mismo.
Después de un tiempo, y gracias a la vida, encontré la respuesta. Al final de mi viaje, me sentía
confiado de mí mismo y con la decisión de seguir estudiando y tocar música. Sintiéndome
claro, retorné a Lucerna.
Buscando un día en internet, escribí “técnica del piano” en YouTube. Encontré un documental
acerca del trabajo de Dorothy Taubman calle “The Choreography of the Hands”. Le escribí a
Edna Golandsky, quien me sugirió que debería ver a un profesor en Berlín quien estaba
familiarizado con el Taubman Approach y que probablemente podría ayudarme. Durante el
siguiente semestre, viajé a Berrín cada dos semanas para ver clases. Sentí que había
encontrado algo que era de mucha ayuda. Después de ese semestre, sentí una necesidad de
un conocimiento más profundo de la técnica Taubman. Me sentía mejor, pero muchas cosas
no estaban mejorando y el dolor seguía allí. Decidí que debería estudiar con Edna, y que iría a
New York a estudiar con ella durante un año. Ella estuvo de acuerdo, así que fui.

En New York, comencé un estudio muy preciso. Durante este periodo de mi práctica, aprendí a
tener paciencia y a confiar que una corta pero sustanciosa cantidad de trabajo puede ser
mucho más eficiente que largas pero distraídas horas de estudio. Aprender nuevas maneras de
moverme requería mucha atención. Tan pronto como empezaba a fatigarme, veía como los
viejos hábitos volvían a aparecer.

La situación comenzó a mejorar francamente. Estaba comenzando a sentirme más confiado en


el hecho de que, en el futuro próximo, podría tocar el piano sin ningún dolor. Cada vez que
tenía una pregunta o una duda, Edna me respondía con una clara respuesta y me daba las
instrucciones precisas que yo necesitaba trabajar.

Al mismo tiempo, sintiendo problemas con las tensiones, fue a ver un masajista. Esto fue de
gran ayuda porque me mostraba una manera de moverme más libremente. Después de cada
visita, sentía mi cuerpo renovado, una gran combinación con lo que estaba aprendiendo en el
piano.

Las cosas iban mejorando y después de unos dos meses, comencé a aprender una pieza de
música clásica. Ser capaz de llevar lo que estaba aprendiendo a la música escrita se sentía
como un gran paso. En este punto, ya no tenía ningún dolor y tocar se sentía cada vez mejor.
Rápidamente, pasamos al jazz. Bajo la guía de Edna, tocar se sentía mucho más fácil y mis
dedos, mis manos y mis antebrazos, sentían seguros en las teclas.

El año pasó y las cosas siguieron mejorando. Feliz de tener una oportunidad para asegurar
todos estos avances, me inscribí en el Simposio de Verano del Instituto Golandsky en la
Universidad de Princeton. Fue una experiencia inolvidable. En un hermoso campus, gente de
todo el mundo se reunía para asistir a conferencias, masterclasses, conciertos y clases
privadas. Era asombroso encontrar tanta gente que practicaba y/o enseñaba la Técnica
Taubman. En un corto tiempo hice un gran progreso y mi técnica del piano se volvió mucho
más consciente y fluída. También me di cuenta de que mi caso no era aislado. Había muchas
otras personas que se enfrentaban a las mismas dificultades, las mismas incertidumbres, y que
habían sido también capaces de sobreponerse a ellas con la ayuda del Taubman Approach.

En agosto del 2015, lleno de nuevo conocimiento y libre de dolor, regresé a Suiza. He pasado el
último año siendo capaz de asistir a todos los cursos de mi universidad, sintiéndome bien
practicando el piano libremente por mí mismo, aprendiendo música y haciendo conciertos.

Hasta el día de hoy, siento mucha gratitud por mi experiencia con el Taubman Approach. Fue
la solución a mis problemas con el piano. Edna ha sido un apoyo maravilloso a lo largo de todo
el proceso. Me siento con muchas ganas de seguir aprendiendo, y me siento muy motivado
por el hecho de saber que mi técnica puede llegar a ser mucho más fácil y fluida.

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