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LUIS DE TEJEDA

Sta Rosa de Lima

Nace en provincia verde, y espinosa,

tierno cogollo apenas engendrado

entre las Rosas sol es ya del prado,

crepúsculo de olor, mayo de Rosa.

De los llantos del Alba apenas goza,

quando es del dueño singular cuidado

temiendo se le tronche, o rudo arado

o se le aje mano artificiosa.

Mas ya que del cairel desaprisiona

la virgen hoja, previniendo engaños,

la corta, y pone en su guirnalda o zona.

Así esta virgen tierna en verdes años

cortó su Autor y puso en su corona:

¡oh bien anticipados desengaños!

JOSE MARMOL

Ctos del proscrito

Al 25 de mayo de 1849
LUGONES

ALBA

Lánguido nudo de tul

en la bruma se desata,

apunta un claror de plata

y el mundo se pone azul.

Parece que la hermosura,

en su prístina evidencia,

no es más que una transparencia

de aire, rocío y frescura.

Hasta que el rayo oriental

dilata un temblor de oro,

como un guijarro sonoro

en un árbol de cristal.

EL HERMOSO DÍA

Tan jovial está el prado

y el azul tan sereno,

que me he sentido bueno

con todo lo creado…

El sol, desde su asomo,

derramó por mi estancia

el oro y la fragancia

del polen del aromo.

Sentimental el asno,

rebuzna su morriña,

y ayer, como una niña,


floreció ya el durazno.

Tormenta de salmo pluvial

Érase una caverna de agua sombría el cielo;

el trueno, a la distancia, rodaba su peñón;

y una remota brisa de conturbado vuelo,

se acidulaba en tenue frescura de limón.

Como caliente polen exhaló el campo seco

un relente de trébol lo que empezó a llover.

Bajo la lenta sombra, colgada en denso fleco,

se vio el cardal con vívidos azules florecer.

Una fulmínea verga rompió el aire al soslayo;

sobre la tierra atónita cruzó un pavor mortal;

y el firmamento entero se derrumbó en un rayo,

como un inmenso techo de hierro y de cristal.

BALDOMERO FERNANDEZ MORENO

Harto ya de alabar tu piel dorada,

tus externas y muchas perfecciones,

canto al jardín azul de tus pulmones

y a tu tráquea elegante y anillada.

Canto a tu masa intestinal rosada

al bazo, al páncreas, a los epiplones,

al doble filtro gris de tus riñones

y a tu matriz profunda y renovada.


Canto al tuétano dulce de tus huesos,

a la linfa que embebe tus tejidos,

al acre olor orgánico que exhalas.

Quiero gastar tus vísceras a besos,

vivir dentro de ti con mis sentidos...

Yo soy un sapo negro con dos alas.

HÉCTOR PEDRO BLOMBERG

La Pulpera de Santa Lucía

Era rubia y sus ojos celestes

Reflejaban la gloria del día

Y cantaba como una calandria

La pulpera de santa lucía.

Era flor de la vieja parroquia.

¿quién fue el gaucho que no la quería?

Los soldados de cuatro cuarteles

Suspiraban en la pulpería.

Le cantó el payador mazorquero

Con un dulce gemir de vihuelas

En la reja que olía a jazmines,

En el patio que olía a diamelas.

"con el alma te quiero, pulpera,

Y algún día tendrás que ser mía,

Mientras llenan las noches del barrio

Las guitarras de santa lucía".

La llevó un payador de lavalle

Cuando el año cuarenta moría;


Ya no alumbran sus ojos celestes

La parroquia de santa lucía.

No volvieron los trompas de rosas

A cantarle vidalas y cielos.

En la reja de la pulpería

Los jazmines lloraban de celos.

Y volvió el payador mazorquero

A cantar en el patio vacío

La doliente y postrer serenata

Que llevábase el viento del río:

¿dónde estás con tus ojos celestes,

Oh pulpera que no fuiste mía?"

¡cómo lloran por ti las guitarras,

Las guitarras de santa lucía!

La mazorquea de Montserrat

Cumplió quince años la primavera

del año rojo de la ciudad,

y la llamaban "La Mazorquera"

en todo el barrio de Monserrat.

Eran sus ojos negros, traidores,

y lastimaban como un puñal,

y los sargentos restauradores

le dedicaban ese cantar:

"Cuida la vida del que te quiera

porque cien dagas lo buscarán

por tus amores de mazorquera


en la parroquia de Monserrat..."

Bajo el rebozo, rojos, sangrientos,

los labios de ella reían más

y las guitarras de los sargentos

así volvían a suspirar:

"¡Por tus amores degollaría

hasta el porteño más federal!

¡Juan Manuel mismo te adoraría,

oh, Mazorquera de Monserrat!"

Y fue un sargento loco de celos

que hirió una tarde con su puñal,

la daga roja de sus cien duelos,

la Mazorquera de Monserrat.

Llena de sangre, mientras moría,

cayó una estampa de entre su chal,

y en el suspiro de su agonía

el mazorquero creyó escuchar

estas palabras, roncas, llorosas:

"Sólo a ti amaba..." Y al expirar

besó en la estampa la faz de Rosas

la Mazorquera de Monserrat.

PEDRO MIGUEL OBLIGADO

MELANCOLÍA

Es otoño. Estoy solo. Pienso en ti. Caen las hojas…

Vaga la melancolía de una pena que ignoro.

El viento que estremece marchitas congojas,


pasa como un recuerdo por el bosque sonoro.

Es otoño. Parece que un ensueño renuncia,

que un desencanto esparce las efímeras galas…

Una dorada pompa que a la muerte denuncia,

con el follaje mustio forma una lluvia de alas.

Estoy solo. Se siente que el otoño es un viaje…

Hay un alma que llora porque alguien se despide.

Este ocaso de plantas que enrojece el paisaje,

con mi desalentada serenidad coincide.

Pienso en ti, oyendo un canto perdido en lontananza.

Cantan las cosas muertas, la música del vuelo.

Como mi amor caído conserva su esperanza,

la floresta marchita quiere subir al cielo.

Caen las hojas. La selva trágica se derrumba.

Desparrámase un sauce cual generosa fuente.

Las hojas más diversas tienen la misma tumba,

y entremezcladas ruedan en un mismo torrente.

Tú eres como una brisa para mi huerto sonoro.

Mi vida es una rama, a tu paso, deshojas;

y que tendrá a los vientos, un destino que ignoro.

Es otoño. Estoy solo. Pienso en ti. Caen las hojas…

MARÍA ELENA WALSH

¿QUIÉN?

¿Quién pinta, quién pinta

la flor con rocío


y el cielo con tinta?

¿A quién se le pierde

encima del árbol

su pintura verde?

¿Quién mueve, quién mueve

la cola del viento

y la de la nieve?

¿Quién marcha, quién marcha

con gorro de nube,

con capa de escarcha?

CECILIA PISOS

LO QUE DICEN LOS COLORES

Si el enojo

es rojo

y el brillo,

amarillo,

¿quiere decir algo

el marrón

de aquel grillo?

El blanco

de la espuma

al blanco

de la nube

sube.

Y, si la nube

es negra,,
¿es de nube

o de tierra?

Y el color de la risa,

¿cuál es?

El color de la pena

mirado al revés.

CELESTE

El que quiera muy celeste

que le cueste, que le cueste.

(Los demás colores, gratis

en el este y el oeste.)

EDITH VERA

ERAN TRES LAS NIÑAS

Eran tres las niñas:

una era verde,

la otra amarilla

y la otra azul.

La verde siempre tenía

los cabellos llenos de algas

que recogía del mar.

La amarilla, en sus cabellos

traía las mariposas

que rondan el alfalfar.

Y la azul en su cabeza

enredaba el claro cielo

y las canciones del mar.


Eran tres las niñas:

una era verde,

la otra amarilla

y la otra azul.

LUGONES

ALBA

Lánguido nudo de tul

en la bruma se desata,

apunta un claror de plata

y el mundo se pone azul.

Parece que la hermosura,

en su prístina evidencia,

no es más que una transparencia

de aire, rocío y frescura.

Hasta que el rayo oriental

dilata un temblor de oro,

como un guijarro sonoro

en un árbol de cristal.

EL HERMOSO DÍA

Tan jovial está el prado

y el azul tan sereno,

que me he sentido bueno

con todo lo creado…

El sol, desde su asomo,

derramó por mi estancia

el oro y la fragancia
del polen del aromo.

Sentimental el asno,

rebuzna su morriña,

y ayer, como una niña,

floreció ya el durazno.

NALE ROXLO

RONDA

Sueño. Los sueños se dan la mano,

y en torno mío danzan su ronda.

La luna se alza blanca y redonda

sobre el oscuro bosque lejano.

Las ranas verdes en el pantano,

cantan; su canto llena la honda

quietud. Suspira lejos la fronda.

…Luna lejana, campo en verano.

Sueño. Los sueños se dan la mano.

ELSA BORNEMANN

MI COLOR

Tengo un color vestido de azul.

Su traje no es seda, ni raso, ni tul.

Mi color es suave como una manzana,

pero no es de fruta, de paja ni lana.

Se duerme en mi mano o en mi bolsillo

y si está contento, canta como un grillo.

Si tú eres mi amigo te daré un poquito


envuelto en un beso, dentro de un trapito.

RUTH KAUFMANN

¿DE QUÉ COLOR ES SU RÍO?

El camionero me mira

toma un trago

no dice nada.

¿De qué color es su río?

Nada.

¿No lo sabe?

¿Qué es el color? dice

el camionero.

¡El color es el color!

rojo verde azul

amarillo

mi dedo

detrás de las manzanas

la remera el limón

como si fuera necesario.

¿Crees que el color

está en las cosas

o en la luz?

¿o en los ojos que miran

las cosas tocadas

por la luz?

¿qué color tienen los ojos

de tu madre?
Me muerdo una uña

lo miro

no digo nada

odio perder

pero no puedo decir gris

ni verde ni marrón.

El color del río

me dice el camionero

es un problema para los ojos

no encuentras palabras

ni ideas

con qué llamarlo.

Como gurí criado frente al río

siempre creí

que todas las cosas valiosas

son así como es el agua

difíciles de ver

casi imposibles de nombrar.

ALFONSINA STORNI

El divino amor

Te ando buscando, amor que nunca llegas;

te ando buscando, amor que te mezquinas.

Me aguzo por saber si me adivinas;

me doblo por saber si te me entregas.

Las tempestades mías, andariegas,

se han aquietado sobre un haz de espinas;


sangran mis carnes gotas purpurinas

porque a salvarte, oh niño, te me niegas.

Mira que estoy de pie sobre los leños,

que a veces bastan unos pocos sueños

para encender la llama que me pierde

Sálvame, amor, y con tus manos puras

trueca este fuego en límpidas dulzuras

y haz de mis leños una rama verde.

Tu me quieres blanca

Tú me quieres alba,

me quieres de espumas,

me quieres de nácar.

Que sea azucena

Ssbre todas, casta.

De perfume tenue.

Corola cerrada .

Ni un rayo de luna

filtrado me haya.

Ni una margarita

se diga mi hermana.

Tú me quieres nívea,

tú me quieres blanca,

tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas

las copas a mano,

de frutos y mieles
los labios morados.

Tú que en el banquete

cubierto de pámpanos

dejaste las carnes

festejando a Baco.

Tú que en los jardines

negros del Engaño

vestido de rojo

corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto

conservas intacto

no sé todavía

por cuáles milagros,

me pretendes blanca

(Dios te lo perdone),

me pretendes casta

(Dios te lo perdone),

¡me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,

vete a la montaña;

límpiate la boca;

vive en las cabañas;

toca con las manos

la tierra mojada;

alimenta el cuerpo

con raíz amarga;


bebe de las rocas;

duerme sobre escarcha;

renueva tejidos

con salitre y agua:

Habla con los pájaros

y lévate al alba.

Y cuando las carnes

te sean tornadas,

y cuando hayas puesto

en ellas el alma

que por las alcobas

se quedó enredada,

entonces, buen hombre,

preténdeme blanca,

preténdeme nívea,

preténdeme casta.

IREMOS A LA MONTAÑA

A la montaña,

nos vamos ya,

a la montaña

para jugar.

En sus laderas

el árbol crece,

brilla el arroyo,

la flor se mece.

Qué lindo el aire,


qué bello el sol,

azul el cielo

se siente a Dios.

Vivan mis valles,

los Calchaquíes

y mis montañas

que al sol se ríen.

Está la tarde

de terciopelo,

malva en la piedra,

rosa en los cielos.

A la montaña

formemos ronda,

ronda de niños,

ronda redonda.

FIJMAN

El Otro

Tarde de invierno.

Se desperezan mis angustias

como los gatos;

se despiertan, se acuestan;

abren sus ojos turbios

y grises;

abren sus dedos finos

de humedad y silencios detallados.


Bien dormía mi ser como los niños,

y encendieron sus velas los absurdos!

Ahora el Otro está despierto;

se pasea a lo largo de mi gris corredor,

y suspira en mis agujeros,

y toca en mis paredes viejas

un sucio desaliento frío.

¡La esperanza juega a las cartas

con los absurdos!

Terminan la partida

tirándose pantuflas.

Es muy larga la noche del corazón.

ALDEA

Mi blanca soledad-

aldea abandonada.

Revuelo de perezas

sobre la torre de un anhelo

que tañe sus horizontes.

Pintadas negras de la desolación.

Yunques abandonados y puentes solariegos.

Se ha sentado el dolor como un cacique

en el banquillo de mi corazón.

Las lluvias estancadas de mis sueños

se han cubierto de musgo.


En el horno apagado del silencio

mis frutos maduraron

estérilmente.

Perdí mi itinerario en el desierto.

¡Hospedería triste de mi vida

en donde sólo se aposentó el azar!

En una pradería de cansancios

balan estrellas mis ovejas grises.

Lugarón sin destino;

las calles andariegas

beatas de mi ser

son manos

contemplativas

que van perdiendo soles...

VÍSPERAS

Toque de vísperas de fiestas.

Presentimientos.

Mi corazón es blanco de ternura.

¡Solemnidad!

Hablamos en voz baja.

Un árbol canta como un niño

piadoso

todo blanco de estrellas.

Mi corazón es blanco de ternura.


VICENTE BARBIERI

RESUMEN DEL BOSQUE

CADA hoja que cae es un metal

que se posa en la esfera y se resuelve

en substancias eternas.

Y puede ser Otoño, o Primavera,

o accidentes de Invierno en las cortezas.

El Verano es feliz en sus incendios

y cruel con las maderas, -con los sándalos

tallados a puñales y a rocíos.

El bosque —lumbre mágica� respira

sus resinas gloriosas, y en el viento

lo nocturno pasea en los perfumes

que hieren los costados virginales.

Sus herrajes se forjan en rumores

de líquidos virtuales, en salados

tronos de su quietud: ¡qué claros dioses

resuelven su fragancia, húmeda espuela!

Su elemento, su duro ministerio

brota del estupor hondo y geológico

como una lámpara de hierro frío

�como mil lámparas: diamantes fríos�,


y vuelca sobre tierras espectrales

cabelleras de horror, infausta heráldica

de tallados escudos memorables,

¡oh Bosque, terso liquen!

Arde el elemental árbol de Apolo

�laurel y flechas rotas� con sus lágrimas

de antig�edad heroica.

¡Qué lentitud, las hojas,

y su fiel expresión diurna y nocturna!

Cuando madura en sombras

apenas un murmullo manifiesta

su total pesadez. Quiero nombrarlo

en especiales hojas, en labrados

corazones y lianas armoniosas,

cuando las manos suben por los troncos

hacia un altar de limos pensativos,

sacerdote mortal, musgo sabroso.

Yo amo el bosque, ¡qué ausente de mis ojos

aquí sobre la piedra mal labrada,

y qué feliz en esta sangre abierta

que mueve mis raíces!


¿Con qué podré igualarte, majestad,

si no es con el misterio y los jardines

del mar, que nunca he visto?

El bosque es bien pensante: eternidades

como el rumor del agua en la cabaña:

su ciencia virginal, ¡oh primitivo!,

es el grave caer de la manzana

sobre el misterio.

Su armonioso conjunto es tan exacto

y tan enumerado del origen.

Sus estaciones cumplen los colores

dramáticos y tiernos y livianos,

y en el hilo del agua se distrae

Artemisa fugaz, arco de música:

Es el comienzo, la substancia impar

que le da densidad y laberinto.

Aquí se entrega el ser a los olvidos

más puros y callados�

como los dioses, dicen, en la piedra.

Su vestidura primordial es tiempo

medido por el paso y por la forma,


y la mano levanta la corola

�oh, copa de corteza�

hasta la altura de los ojos neutros

con que miran los ángeles fructuosos.

Los ángeles que el liquen elaboran:

cuando van a caer, nace el rocío.

Allí comienzan cosas y terminan,

¡oh sombras ejemplares!,

con un rumor eterno de cenizas.

Se endurecen las hojas de las lanzas

y las puntas de escudo y de laurel,

y hacia un vaso mortal bajan las sierpes.

Cuando muere algún ruido, nace en otro

un leve amor de flauta en el Otoño:

desciende su marea de hojas muertas

y álzase un vaho virginal y tibio.

Y se puebla lo diurno y lo nocturno

de cosas del horror y del encanto

cuando se incendia el bosque: Dios lo mira

volver a su sabor y su resumen.

Yo digo: estoy cansada de la lluvia...


JULIA PRILUTZKY FARNY

Yo digo: estoy cansada de la lluvia,

de la neblina, de la bruma incierta.

Quiero volver al sol y estar contigo

simplemente, en la arena.

Comienzo a odiar el gris, me estorba el humo

y sé que la ceniza es harapienta.

Quiero mares de añil, y no estos ríos

hechos como de lodo y de miseria.

cansada de llevar el duelo

de todas las penumbras, y las nieblas;

quiero un cielo con nubes en retazos

y una noche de estrellas.

Ah, no sentir temor de ser la llama:

no, ni de arder, ni de quemarse en ella.

Toda la vida fue un interrogante

sin eco ni respuesta,

todas las horas fueron lejanías:

hoy quiero ser por fin, una presencia.

Este amor que se va, que se me pierde...

Este amor que se va, que se me pierde,

esta oscura certeza de vacío:

mi corazón, mi corazón ya es mío


sin nada que le implore ni recuerde.

De pronto, vuelve a ser un fruto verde

sin madurez, ni aroma en el rocío:

ay del que quiere apresurar su estío,

ay de aquél que lo besa o que lo muerde.

Yo sé que algo persiste, todavía.

Pero no existen ya ni la alegría

ni la embriaguez radiante ni la lumbre

ardiendo en la mirada y en los labios.

Ni exaltación ni búsqueda ni agravios:

apenas una cálida costumbre.

Este sabor de lágrimas

Gris y más gris. No estás, y yo estoy triste

de una tristeza apenas explicable

con palabras, y de una imperturbable

soledad, que por ti nace y existe.

Siempre de gris, mi corazón se viste:

polvo y humo, ceniza abominable,

y la envolvente bruma irrenunciable

que estaba ayer. Y hoy. Y que persiste.


Gris a mí alrededor. Contra mi mano

la nube espesa se va abriendo en vano

porque el fuego que soy, no está encendido

y hay niebla en lo que miro y lo que toco.

Ah, yo no sé... Tal vez te odio un poco

porque está gris, y llueve, y no has venido.

Porque la tarde es gris y todos hablan...

Porque la tarde es gris y todos hablan

yo escucho dilatarse un gran silencio.

Las gentes van juntando más palabras:

yo no sé de sus voces ni sus ecos.

Los árboles se alejan lentamente

entre la tibia niebla del paseo

mientras las frases caen como gotas

y apenas van cambiando los acentos.

Porque la tarde se va haciendo noche

los murmullos son más, los ruidos menos

y los pájaros se hunden en la sombra:

aún los oigo cantar; ya no los veo.

Tanto sonido inútil, derramado,


si dos palabras bastan hoy: te quiero.

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