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Aztecas o Mexicas

Cuando los europeos llegaron a América se encontraron con una importante


civilización que había conquistado y controlaba gran parte del territorio que hoy
ocupa el centro de México: los aztecas.

Aztecas o mexicas, es el nombre de un pueblo que dominó el centro y sur del actual
México, fundando su capital, Tenochtitlán, a orillas del lago Texcoco. Esta localización
ofrecía óptimas condiciones para el asentamiento humano, con buena provisión de agua,
flora y fauna. Entre los años 1200 y 1520 d.C., se expandieron por gran parte de México
central, desde la costa atlántica hasta la costa pacífica.

Según cuenta la leyenda, su Dios” Huitzilopochtli” les había ordenado construir una
ciudad donde vieran un nopal (cactus) y sobre él, un águila devorando una serpiente. En
este lugar debían levantar un templo en su honor y construir una ciudad, sin olvidarse
nunca de alimentarlo con la sangre de corazones humanos recién sacrificado. Hacia el
año 1325, los aztecas fundaron Tenochtitlán, la ciudad que fue el centro de su
civilización y desde esta isla dominaron cientos de ciudades.

Un grupo de familias o clan constituían una tribu. Entre los Tecnochcas había veinte
clanes o calpullis, en los cuales los jefes de familia elegían un representante (calpullec),
asesorado por un Consejo de Ancianos, (huehuelque). Los representantes de los capulles
formaban el tlatocan, organismo que presidía el gobierno general de Tenochtitlán.

Según los aztecas el mundo fue creado y destruido cuatro veces. Luego fue creado por
los dioses por quinta vez. Ellos hicieron la tierra y la separaron del cielo. Después, el
dios Quetzalcóatl creó a los hombres y a las plantas que los alimentan.
Según los aztecas sólo se vive una vez, y la vida está llena tanto de sufrimiento como de
alegría.
Los dioses aztecas

Las creencias religiosas de los aztecas estaban íntimamente relacionadas con la guerra.
Muchos de sus dioses demandaban sacrificios humanos en reciprocidad a los beneficios
que entregaban a los hombres.

La religión azteca

Los aztecas eran politeístas, lo que significa que creían en muchos dioses. Estos estaban
divididos en dos: los dioses del cielo y de la tierra. Los primeros eran los más antiguos
y entre ellos encontramos a:

• Huitzilopochtli: El más importante, dios del sol y de la guerra. El conquistador del


medio día.
• Tezcatlipoca: dios del cielo nocturno y protector de los jóvenes guerreros.
• Quetzalcóatl: dios del viento y de la fertilidad, la serpiente emplumada, de origen
teotihuacano.
En las divinidades terrestres encontramos a Tháloc, dios tolteca de la lluvia, trueno y
rayo que fue adoptado por los aztecas.

Los aztecas creían que estos dioses se habían ausentados y esperaban su regreso. Las
ceremonias se realizaban en los templos y básicamente consistían en procesiones,
oraciones y sacrificios tanto de humanos como de animales. El sentido era alimentar a
los dioses. La fiesta más importante consagrada a Tezcaliploca era el Toxcalt, en esa
ocasión se le sacrificaba un joven honrado como representación del dios en la tierra.
Las mujeres que morían en el parto compartían el honor de los guerreros.

Los sacrificios humanos

En la creencia azteca, el sol y la luna fueron creados por el sacrificio de dos dioses,
quienes fueron arrojados a una fogata encendida en la antigua ciudad de Teotihuacán,
de la cual salieron convertidos en sol y luna. Por esta razón, los aztecas sentían la
obligación de pagar a los dioses por su sacrificio, entregándoles su alimento –el cuerpo
y sangre humana– para vencer la oscuridad.

Las personas usadas en estos rituales, eran prisioneros de guerra, esclavos comprados
para este fin e incluso existieron voluntarios, ya que una muerte así aseguraba una feliz
vida eterna. También realizaban las llamadas “Guerras Floridas” con el fin de hacer
prisioneros para el sacrificio. El sentido de la ofrenda de seres humanos y animales
era alimentar a las deidades solares para asegurar la continuidad de su aparición cada
día y con ello la permanencia de la vida humana, animal y vegetal sobre la tierra.

En resumen Entre los dioses que formaban parte de la vida diaria encontramos
a Huitzilopochti, (dios del sol) Coyolxauqui, (dios de la luna) que según la mitología
azteca era asesinada por su hermano el dios del sol, Thaloc (dios de la lluvia)
y Quetzalcoalt, inventor de la escritura y el calendario.
Cómo vivían los aztecas

La agricultura y el comercio

Los aztecas, en un principio, basaban su subsistencia en la caza y la recolección. Pero al


instalarse en el lago Texcoco, tuvieron que aprender a cultivar el maíz y otros productos,
los cuales se convirtieron en la base económica de su imperio. Para esto, y considerando
que vivían en una isla, desarrollaron un sofisticado sistema que permitía generar
superficies de cultivo: las chinampas. Estas se construían a partir de unas balsas de
madera que flotaban en el lago, las cuales eran rellenadas con barro y ramas. Para
anclarlas al fondo, se plantaban arboles de rápido crecimiento que llegaban al fondo y
echaban raíces. Los productos cultivados incluían maíz, porotos, ají, calabazas,
pimientos y tomates. Entre cada chinampa quedaba un espacio, por donde navegaban las
canoas con sus productos. Algunas de estas se siguen utilizando aun hoy.

Otra faceta muy desarrollada por los aztecas fue el “comercio exterior” que permitió
la obtención de recursos exóticos y valiosos que servían como objetos de lujo y prestigio
para las clases más altas. De este modo, los comerciantes lograron acumular sus propias
riquezas, lo que les otorgó bastante poder, hasta llegar a ocupar cargos importantes
dentro del imperio. El comercio jugó también un papel fundamental en la formación e
integración del imperio.

Para las actividades comerciales se estableció un medio de cambio estandarizado: las


semillas de cacao, que eran usadas como dinero. Los valores más altos eran reemplazados
por mantas de algodón o cañas de plumas rellenas de oro.
La organización social de la población azteca

Los aztecas pasaron rápidamente de una sociedad igualitaria, a una altamente


estratificada. El núcleo de organización social, llamado calpulli, era una especie de clan
que reunía a todas las personas que descendían de un antepasado mitológico común. En
un mismo calpulli existían distintas clases, algunas más poderosas que otras, y estaban
bajo el mando de un jefe que repartía las tierras agrícolas que les correspondían para
el cultivo.

1. La clase dirigente era la nobleza, que a través del tiempo fue aumentando su poder,
separándose cada vez más del ciudadano común. A la cabeza del Imperio se encontraba
el tlatoani (“el que habla” en lengua nahuatl), quien era elegido por un consejo y tenía en
sus manos el poder político, religioso, económico y militar. Después del gobernante y su
familia, estaban los guerreros –quienes tenían un gran prestigio–, los sacerdotes y
funcionarios civiles.

2. Los mercaderes, quienes fueron enriqueciéndose con la venta de objetos de lujo y


de prestigio como el jade, el cacao, las plumas de aves exóticas, el oro, entre otras
cosas, ocupaban un lugar de importancia. No estaban regulados por el estado y hacían
largos viajes para vender y comprar productos. Además de abastecer a la nobleza de
objetos valiosos, actuaban como espías y eran los primeros en entrar a los nuevos
territorios.

3. Pequeños comerciantes y
artesanos, disfrutaban, en general, de
algunos privilegios que no tenían los
ciudadanos ni campesinos comunes. No
tenían que trabajar en la construcción
de obras públicas ni servir a la
nobleza, sino que desarrollaron oficios
independientes y tributaban con los
productos que manufacturaban. Los
artesanos eran muy valorados por la
nobleza, que les pagaba altas sumas
por sus productos. La mayoría no era
de origen azteca, sino tolteca,
portando la rica tradición teotihuacana.

4. El pueblo era la principal fuerza productiva. Se dedicaban a la agricultura, a la


construcción de obras públicas y debían entrar al ejército cuando se les indicara. A
cambio recibían –al cumplir la mayoría de edad– un terreno para cultivar y tenían
derecho a una vivienda familiar.

5. Los tlatlacotín eran una especie de esclavos, en general mujeres y niños cautivos
de las guerras, delincuentes o personas que se vendían a sí mismas. Su vida estaba al
servicio de un amo, pero podían recuperar su libertad si pagaban su precio y tenían
ciertos derechos, como la propiedad y el tener familia.
La caída del imperio azteca

Sólo en 1518 los españoles, a través de Juan de Grijalva, al mando de cuatro navíos,
entablaron relaciones con las provincias del imperio azteca. El recibimiento de los indios
fue amistoso y entregaron a los europeos diversos objetos de oro. Durante el encuentro,
pronunciaron muchas veces la palabra México, cuyo significado ignoraban los
conquistadores.

Comienzo de la caída

Fue en lo que sería la futura Veracruz donde Cortés comenzó a darse cuenta de la
inmensidad y la riqueza del imperio azteca. Allí recibió la visita de los mexicas, de la
provincia de Cuetlaxtlán. En nombre del emperador Moctezuma, le regalaron víveres,
magníficos vestidos de gala en algodón y plumas, y joyas de oro, y le pidieron que no
ingresara a territorio azteca.

Según la tradición mexica, funestos presagios (iluminaciones del cielo, incendios


inexplicables) anunciaron una terrible catástrofe. Muy religiosos, Moctezuma y sus
consejeros quedaron muy impresionados por el hecho de que el año uno-junco (para
ellos), es decir, 1519, coincidiera con la fecha que, al presentarse cada 52 años, podía
significar el retorno de la Serpiente de Plumas, según el mito de Quetzalcóatl. Y, para
ellos, Cortés era el dios que regresaba.

Entretanto, Cortés se alió con ciertos pueblos que odiaban mortalmente a los mexicas,
como los totonecas y, sobre todo, los tlaxcaltecas. Desde entonces, la conquista se
convirtió en una empresa fundamentalmente hispano-tlaxcalteca.

Llegados a Tenochtitlán, y después de varias peticiones a Cortés para que este no


entrara a la ciudad, Moctezuma los recibió junto a altos dignatarios, entre ellos el rey
de Texcoco. Esto ocurrió en noviembre de 1519.

Causas de la derrota

Para muchos de sus contemporáneos, la derrota brutal de un pueblo antes invencible


podría parecer una catástrofe o un milagro. Sin embargo, existen causas precisas que
pueden explicar perfectamente este desenlace.

Primero, están las militares: frente a armas como los arcabuces y artillería, además de
los caballos, los aztecas nada podían hacer con su rudimentario armamento.

Pero, sobre todo, los mexicas y españoles no hacían la misma guerra. Los primeros la
consideraban como una forma de proveerse de prisioneros para sacrificar a sus dioses,
por lo que perdían tiempo capturándolos. Pero los españoles hacían la guerra total,
matando a los aztecas en grandes cantidades. Su objetivo era destruir la religión
aborigen en beneficio de la propia, que consideraban la única verdadera, y el estado
azteca en beneficio de su soberano, Carlos V.

Sin embargo, el factor religioso, al cual se unió la epidemia de viruela, fue también
importante. El convencimiento de Moctezuma de que tenía ante sí a Quetzalcóatl de
regreso, le indujo a entregar todo el peso de su autoridad soberana. Y cuando trataron
de reaccionar, ya era demasiado tarde.