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Mitología Griega 9: Leyendas Griegas

1.
Cibeles y Atis
2. Orfeo
3. Aristeo
4. Erisictón y Mestra
5. Midas y Sileno
6. Polifemo y Galatea
7. Pigmalión
8. Clitia y Leucótoe
9. Dafnis
10. Baucis y Filemón
11. Alfeo y Aretusa
12. Hero y Leandro
13. Píramo y Tisbe
14. Psique
15. Ilitía
16. Reco
17. Safo y Faón
18. Íbico
19. El Oráculo de Delfos
20. Creso
21. El nudo gordiano
22. Jano y Cardea
23. Pico y Circe
24. Fauno y Bona Dea
25. Vertumno y Pomona
26. Lamia
27. El Fénix

CUESTIÓN 174.
Cibeles y Atis
Cibeles era el nombre latino de una diosa nativa de Frigia, en Asia Menor. Era una diosa de la naturaleza y de la fertilidad venerada
en Roma como la Gran Madre, un poder muy antiguo y extensamente adorado, tierno y amoroso, cuya fecundidad es inagotable,
comparable, en mayor medida, con la fertilidad de una mujer.
Cibeles surgió originariamente del suelo, y era bisexual; fue amamantada por panteras y otros animales salvajes, hasta que finalmente
fue hallada por el pastor Meon y su esposa Dindime, quienes la criaron como si se tratase de su propia hija. Viendo la condición
hermafrodita de Cibeles, Meon y Dindime invocaron a los dioses, y éstos, con método quirúrgico, la redujeron a la condición de
hembra. De la parte cortada nació un almendro de extraordinaria belleza; Nana, hija del río Sangario, tomó una flor y se la puso en
medio de los pechos; la flor desapareció, y Nana se encontró con que había quedado encinta. Así nació Atis, pero al ser fue
abandonado por su madre, un macho cabrío se las arregló para cuidar de él. Cibeles amó a Atis, y era en extremo celosa; mientras
Atis estaba preparándose para casarse con una ninfa del Sangario, de la cual se había enamorado, Cibeles lo enloqueció, y entonces
él se castró y murió desangrado. La diosa se arrepintió de su crueldad, y Zeus, accediendo a su ruego, hizo que el cuerpo de Atis
jamás decayese, y que el dedo meñique continuara moviéndose y sus cabellos creciendo. En homenaje a Atis, Cibeles estableció
un grupo de sacerdotes eunucos, los coribantes ("giradores"), que descendían de Coribante, hijo, sin padre, de Perséfone; los
coribantes conducían a los adoradores de la diosa en ritos orgiásticos acompañados por gritos salvajes y una frenética música de
flautas, tambores y címbalos.
CUESTIÓN 175.
Orfeo
Calíope, la musa de la poesía heroica, tuvo dos amores, uno era Eagro, rey de Tracia, y el otro fue Apolo. Ambos se acostaron con
ella, y el fruto de su unión fue Orfeo; Eagro le dio la vida, y Apolo sus maravillosos dones. Desde muy pequeño, Orfeo fue un devoto
seguidor de Dionisio, como correspondía a un buen tracio, adepto a la magia y a toda suerte de sabiduría; cuando alcanzó la edad
adulta, recibió la lira de Apolo y llegó a ser un músico tan excelente que no tuvo rival entre los mortales. De todos era conocido su
"dulce canto", que acompañado por la lira encantaba no sólo a los hombres, sino también a los árboles y las rocas que le seguían para
escucharle, amansaba las fieras y hasta los ríos cesaban de correr, en respuesta a sus melodías.

Después de terminar su aventura en la expedición de los Argonautas, Orfeo se enamoró de la hermosa dríade Eurídice, pero su vida
conyugal sería muy breve. En las bodas de Orfeo y Eurídice hubo pronósticos infaustos acerca de su futuro juntos; Himeneo fue
invitado para derramar sus bendiciones sobre los novios, y acudió con sus antorchas características; pero entonces el humo de las
antorchas se extendió entre los asistentes y provocó lágrimas en sus ojos. En efecto, unos días después cuando Eurídice paseaba por
el campo en compañía de otras ninfas, Aristeo, hijo de Apolo, quiso obligarla que le prestara atención a sus galanteos amorosos, y
ella, al huir de él, fue mordida por una víbora en el talón, a causa de cuya mordedura falleció.

Abrumado por el dolor, Orfeo decidió rescatarla, y para ello descendió al reino de Hades, escapando de todos los peligros gracias a su
música, llegando incólume hasta la presencia de los reyes del mundo subterráneo. Decidido, se paró frente a ellos y con su música
conmovió hasta tal extremo a todas las sombras y al propio Hades y a Perséfone, que le fue concedido lo que pedía; Eurídice podía
regresar con él al mundo de los vivos tomada de la mano de Orfeo, con la condición de que él no volviera la cabeza hacia atrás para
mirarla hasta que hubieran llegado al mundo superior. Los esposos partieron en silencio, pero Orfeo, al no oír los pasos de Eurídice
tras de sí, no pudo dominar su ansiedad, y cuando alcanzó la luz del día quebrantó la condición mirando hacia atrás, por lo que
Eurídice se desvaneció para siempre en la región de los muertos. Pese a los ruegos y llantos de Orfeo, esta vez los dioses infernales
se mostraron inflexibles, y sus peticiones fueron denegadas.
Desesperado por la pérdida de Eurídice, Orfeo quedó inconsolable, y decidió alejarse de todas las mujeres, rodeándose sólo de
muchachos (inventando así el amor homosexual). Finalmente, terminó renunciando a toda compañía humana, y anduvo errante y
solitario en los montes de Tracia, tocando su música para las rocas, los árboles y los ríos. Afrodita, enojada, le lanzó una maldición, la
cual se cumplió cuando un violento grupo de jóvenes tracias que trataron de conquistar su amor, cautivadas por la música de Orfeo,
muy encolerizadas debido a que las despreciaba, se arrojaron sobre él durante una orgía dionisíaca y lo despedazaron. Arrojaron su
cabeza cortada y su lira al río Hebro, y aún ésta continuó llamando a Eurídice hasta que llegó finalmente a la costa de Lesbos, donde
las Musas la sepultaron; y sobre la tumba nunca dejó de cantar un ruiseñor. Aquellas mujeres fueron marcadas con tatuajes como
castigo y señal de infamia por sus maridos, y de ahí procede la costumbre de que todas las mujeres tracias estuvieran tatuadas. Zeus
tomó la lira de Orfeo y la elevó al firmamento, haciendo de ella la constelación Lira.
CUESTIÓN 176.
Aristeo
Aristeo fue el fruto de los amores de Apolo y de la ninfa Cirene, hija de Hipseo (el hijo del río Peneo) y de una náyade, Creúsa, hija de
Gea. Cirene era una cazadora y cuando Apolo la vio por vez primera, ella estaba luchando cuerpo a cuerpo, con una mano y
sin armas, con un león. Su admiración por el valor de la joven convirtióse en amor apasionado, y arrebatándola se la llevó en su carro
dorado desde el monte Pelión hasta el distrito de África que lleva su nombre. Allí llegó a ser la madre de Aristeo, dios rural, inventor de
varios trabajos y pasatiempos campesinos, tales como la apicultura, el cultivo del olivo y la caza de presas pequeñas. Fue instruido por
su padre en las artes de la curación y la profecía; las Musas lo educaron y con ellas recorrió muchas regiones compartiendo
su conocimiento y curando los enfermos. Dedicado a sus labores fue cuando concibió una violenta pasión por Eurídice, mujer de
Orfeo, y la persiguió para seducirla, y ella, al tratar de huir, piso una serpiente venenosa, cuya mordedura la mató. La hermana de
Eurídice, Drias, junto con otras ninfas, se vengaron de Aristeo causando la muerte a todas sus abejas; éste entonces recurrió a su
madre, en demanda de consejo. Cirene a su vez lo remitió a Proteo, el cual, cuando Aristeo se las hubo arreglado para apresarle, le
explicó cómo solucionar sus trastornos. Así, las ninfas fueron apaciguadas con el sacrificio de un buey, de cuyas osamentas surgieron
nuevos enjambres de abejas.
CUESTIÓN 177.
Erisictón y Mestra
Erisictón, hijo de Triopas o Mirmidón, de Tesalia, necesitaba madera para construir una nueva sala o palacio. Por tal motivo, se le
ocurrió talar los árboles de un bosquecillo consagrado a Deméter, a pesar de que la propia diosa, asumiendo la figura de su
sacerdotisa, le había advertido contra tal acto de impiedad (todo árbol tenía su hamadríade, es decir, su ninfa protectora, que moría si
le cortaban el árbol en que vivía). Al ver que no quería hacerle caso, la diosa ordenó que prosiguiera con su obra, porque tendría
necesidad de una sala para banquetes. A partir de aquel momento, Erisictón viose atacado por un hambre insaciable, y fue
adelgazando a pesar de que comía constantemente. Así fue como quedó reducido a la condición de mendigo, y se vio en la necesidad
de vivir de las ganancias que le reportaba su hija Mestra, la cual tenía la facultad de cambiar de forma. Mestra era vendida bajo la
forma de caballo, vaca, cerdo, y otros animales degranja; luego recobraba su apariencia humana, lograba escapar y volvía junto a su
padre, y éste volvía a venderla en la forma de otro animal. Finalmente, Mestra fue vendida y devorada como un animal de granja.
Desde entonces, fue tal el hambre de Erisictón, que terminó devorándose a sí mismo.
CUESTIÓN 178.
Midas y Sileno

Midas, rey de Frigia, en Asia Menor, capturó a Sileno en una fuente cerca de Macedonia. Lo consiguió mezclando vino en las aguas de
la fuente, y emborrachando así a Sileno; al ser llevado ante la presencia de Midas, habló sobre la vanidad de las riquezas mundanas, y
dijo al rey que el mejor destino para el hombre es el de no nacer en absoluto, y el segundo en importancia es morir lo más rápidamente
después de haber nacido. No conforme con aquellas palabras, Midas dejó marchar a Sileno. Poco después, Sileno regresó a la fuente
donde había sido capturado y bebió del agua hasta emborracharse; los sirvientes de Midas lo encontraron vagando en el pueblo, lo
llevaron ante el rey, y éste, después de alojarlo hasta que le pase su embriaguez, lo devolvió a Dionisio. Como recompensa a su
hospitalidad, Dionisio concedió a Midas la satisfacción de un deseo, y el pidió la facultad de transformar en oro todo cuanto tocase.
Pero pronto lamentó su elección porque hasta su comida y su bebida se convertían también en oro. Para liberarse del encantamiento,
Midas recibió el consejo de Dionisio de lavarse en las aguas del río Pactolo; así quedó liberado de su aciago poder, pero las arenas
del río se convirtieron en oro.
CUESTIÓN 179.
Polifemo y Galatea
Polifemo, el cíclope hijo de Poseidón, se enamoró de Galatea, una de las nereidas, hijas de Nereo. Polifemo trataba de conquistar su
favor con cantos de amor y otros métodos sugeridos por su harto escasa inteligencia. La alegre y burlona ninfa no correspondió a su
amor; lo provocaba y ridiculizaba, alentando sus esperanzas con palabras amables, pero rechazándolo. Aunque su actitud frente al
pesar amoroso del cíclope se hizo menos áspera, Polifemo nunca pudo obtener sus favores. Galatea se enamoró de un príncipe joven
y hermoso llamado Acis, hijo de otra ninfa; se amaron en secreto, desconfiando de la cólera de Polifemo, hasta que un día el cíclope
oyó como Acis entonaba una canción amorosa dedicada a Galatea, y, en un arranque de celos, aplastó a su rival bajo una enorme
roca; en respuesta a sus gritos en demanda de ayuda, Galatea lo convirtió en un río que luego llevó el nombre de Acis. Finalmente,
Galatea fue complaciente con Polifemo y le dio un hijo llamado Gálates o Galas; pero el dolor por la muerte de Acis no le abandonó
hasta que quedó convertida en una fuente.

CUESTIÓN 180.
Pigmalión
Pigmalión, rey de Chipre, renegaba de las mujeres y decidió no casarse nunca, pues a todas les encontraba algún defecto. Así,
prefería pasar el tiempo absorto en el oficio de la escultura, que era su pasión, hasta que un día encontró un pedazo de marfil
excepcionalmente hermoso; desde entonces, pasó varios días y noches esculpiendo en él una estatua que representaba la imagen de
Afrodita, cuya figura a él le parecía la de una mujer ideal. Una vez terminado su trabajo, Pigmalión se enamoró de aquella estatua, y le
dio el nombre de Galatea; vivía desconsolado porque la trataba como a un ser vivo, pero aquella escultura se mantenía inanimada y
no podía responder a sus manifestaciones de cariño. Un día que se celebraba en Chipre un festival en honor de Afrodita, Pigmalión se
acercó a la diosa y le pidió que le diese una esposa que tuviera la más posible semejanza con la estatua. Afrodita, se dirigió al taller de
Pigmalión, y quedando encantada con el parecido que la imagen tenía con ella misma, hizo algo mejor, le dio vida a la estatua misma.
Pigmalión se casó enseguida con Galatea y tuvieron un hijo, Pafo, que fue el que dio nombre a la isla de Afrodita.
CUESTIÓN 181.
Clitia y Leucótoe
Clitia, hija de Océano, se enamoró de Helio y lo espiaba diariamente desde que salía de su palacio, por la mañana, hasta que llegaba
al oeste por la tarde. Así atrajo la atención de Helios y se convirtió en su amante. No obstante, las aficiones amorosas de Helio se
dirigieron después hacia Leucótoe, hija de Órcamo, rey de Babilonia. Debido a que el padre de Leucótoe la tenía demasiado vigilada,
Helio asumió la figura de la madre de la joven, Eurínome, para lograr acceder a sus aposentos y seducirla. Celosa por lo ocurrido,
Clitia contó el hecho a Órcamo, quien enterró viva a Leucótoe. Helio intentó devolverle la vida pero no pudo, así que la transformó en
la planta de incienso. Después, Helio abandonó a Clitia, resentido por su traición. Inconsolable, Clitia se retiró al desierto, y estuvo
nueve días sin comer, viendo continuamente pasar a Helio por el cielo. Finalmente los dioses, apiadados de ella, la convirtieron en
el girasol o heliotropo, en cuya figura aún sigue contemplando a su amado.

CUESTIÓN 182.
Dafnis
Dafnis era un pastor siciliano, nacido de la unión de Hermes con una ninfa. Desde muy joven, no quiso saber nada del amor, hasta que
Afrodita lo castigó inspirándole un anhelo insaciable por la ninfa Pimplea. Ésta correspondió a su amor, pero fue raptada por Litierses,
rey de Frigia; para rescatarla, Dafnis le propuso a Litierses una competición en la siega. Dafnis perdió el desafío y estaba a punto de
ser decapitado por el rey cuando apareció Heracles y mató a Litierses. Juntos de nuevo, Dafnis y Pimplea fueron felices un tiempo,
pero él rompió el voto de fidelidad que le había hecho, engañándola con la pastora Cloe; entonces Pimplea se vengó dejándole ciego.
Dafnis pasó el breve resto de su vida componiendo tristes endechas sobre su propia desdichada suerte, y este fue el origen de las
canciones y poemas pastoriles. Hermes lo llevó al cielo e hizo que en lugar donde había muerto, naciera una fuente.

CUESTIÓN 183.
Baucis y Filemón
Baucis y Filemón eran una pareja de ancianos de Frigia, que eran extremadamente pobres. Cuando Zeus y Hermes, disfrazados de
vagabundos, recorrieron Frigia, habían buscado posada en vano por la zona, pues sus pobladores no conocían la hospitalidad, y sólo
fueron amistosamente acogidos por Baucis y Filemón, en su humilde cabaña. Entonces, Zeus decidió inundar toda la región de Frigia,
para castigar a sus hostiles habitantes, pero salvó a Baucis y a Filemón. Como recompensa a su bondad, los dioses le otorgaron un
templo maravilloso en lugar de su pobre cabaña, y ellos fueron convertidos en sacerdotes para cuidarlo mientras vivieran. Pero el
deseo más ardiente que Baucis y Filemón pidieron a los dioses, fue el de morir juntos en el mismo momento. Así, años más tarde,
cuando ellos llegaron a una edad muy avanzada, Filemón se transformó en roble y Baucis en un tilo, que crecieron de un solo tronco, y
por tanto permanecieron eternamente entrelazados.

CUESTIÓN 184.
Alfeo y Aretusa
Aretusa era una náyade del bosque siciliano de Siracusa, y una de las ninfas favoritas de Artemisa. Un día, mientras se estaba
bañando en una corriente que pertenecía a Alfeo, el dios-río de Élide, éste apareció y le declaró su amor. Aretusa huyó y Artemisa la
convirtió en una corriente de agua y le concedió el poder de fluir bajo el océano hasta llegar a la isla de Ortigia, donde la diosa la
transformó en una fuente. Pero Alfeo la persiguió por el fondo del mar donde él mismo se convirtió en un río cuyas aguas se unieron
con las de la fuente.
CUESTIÓN 185.
Hero y Leandro
En Sestos, un pueblo en el Helesponto (actual Dardanelos), habitaba una bella sacerdotisa de Afrodita, llamada Hero. Ella era amada
por Leandro, un joven que vivía en Abidos, un pueblo en la orilla opuesta del mar. No podían casarse porque Hero había hecho un
voto de castidad, a pesar de lo cual, como ella le correspondía, Leandro nadaba todas las noches el canal que unía Asia y Europa,
guiado por una antorcha, hasta la torre donde se hallaba confinada Hero. Una noche tormentosa un fuerte viento apagó la luz y
Leandro se ahogó; su cuerpo fue arrastrado hasta la costa bajo la torre de Hero. Desesperada, ella se arrojó al mar para morir al igual
que él.

CUESTIÓN 186.
Píramo y Tisbe
Píramo y Tisbe eran dos jóvenes, cuyos padres habitaban casas vecinas en Babilonia; desde niños se enamoraron, pero sus padres
les prohibieron casarse. Sin embargo, los amantes mantenían susurrantes conversaciones a través de una grieta del muro que separa
sus casas; finalmente decidieron encontrarse en las afueras de la ciudad, en la tumba de Nino, bajo una morera blanca. Fueron allá
durante la noche. Tisbe, que llegó primero, huyó espantada porque vio venir una leona que merodeaba por los alrededores, y llevaba
las fauces ensangrentadas de su última caza. Al escapar, la doncella perdió el velo, que la leona desgarró con su boca manchada
de sangre. Cuando llegó Píramo más tarde, y encontró el velo, lo reconoció y al punto temió lo peor. No pudiendo soportar la idea de
creer muerta a Tisbe, se clavó su espada por el costado. Luego volvió Tisbe, lo encontró muerto y ella también se suicidó con la
misma espada. La sangre de ambos regó las raíces del moral, y por ello su fruto blanco, fue rojo en lo sucesivo.
CUESTIÓN 187.
Psique
El rey de Numidia tenía tres hijas, la más joven de las cuales, llamada Psique (Alma), era tan hermosa que Venus tuvo celos de ella y
envió a Cupido para que la hiciera enamorar del hombre más feo del mundo. Pero el propio Cupido se enamoró de ella y persuadió a
Apolo para que convenza al padre de la joven que la vista como novia y la abandone en lo alto de una montaña. Desde allí, por
mediación del Viento del Oeste, Cupido la trasladó a un palacio encantado, construido en un valle escondido, y allí la visitaba, pero
siempre en la oscuridad. Al cabo de algún tiempo, Psique le pidió que permitiera la visita de sus hermanas, y Cupido accedió, aunque
de mala gana. Ellas se pusieron locas de celos, sobre todo cuando descubrieron que Psique no había visto jamás a su misterioso
esposo; entonces le dijeron que se trataba de un monstruo antropófago, y le dieron una linterna para descubrirlo y un cuchillo para
matarlo. Aguardando a que Cupido se hubiera dormido, Psique encendió la luz sobre él, pero una gota de aceite cayó sobre su
hombre y le despertó. Entonces Cupido la abandonó, reprendiéndola por su desobediencia.

Psique procedió a ir en su búsqueda, procurando vengarse de sus hermanas, a quienes asesinó mientras dormían con el mismo
cuchillo que le habían entregado. Después de mucho recorrer, llegó a la morada de Venus, la cual la recibió con aspereza y le obligó a
efectuar tareas imposibles; primero, separar los diferentes granos mezclados en un montón, luego ir a buscar a una montaña
inaccesible un cascarón de huevo de dragón, finalmente descender al Hades y traer una cantidad de belleza de Proserpina. Las
primeras tareas fueron realizadas con la inesperada ayuda de unas hormigas y de un águila; la tercera, siguiendo los buenos consejos
que le dio una torre desde la cual Psique pensaba arrojarse, desesperada, quedó prácticamente realizada cuando, habiendo casi
regresado al mundo superior, tuvo la curiosidad de examinar el supuesto gorro de belleza que llevaba. Sin embargo, no contenía
belleza, sino un sueño mortal, que enseguida le sobrevino. Ahora intervino Cupido en persona, después de haber obtenido por fin el
consentimiento de Júpiter para que se casara, y Psique fue resucitada y unida a él.
CUESTIÓN 188.
Ilitía
Ilitía, la diosa del nacimiento, tenía su equivalente romano en Lucina. En Olimpia, en cierta ocasión, se temía un ataque de parte de los
arcadios. Al acercarse contra ellos los eleáticos en orden de batalla, de pronto surgió Ilitía con un niño en brazos, diciendo que era hijo
suyo, y que en sueños se le había dicho que lo entregara a los eleáticos en calidad de aliado para la defensa de su territorio. Los jefes
eleáticos pusieron al niño a la vanguardia de su ejército, y al avanzar los arcadios, el infante al instante se transformó en una
serpiente. Esto hizo que los invasores, llenos de pánico, retrocedieran, y los eleáticos fueron en su persecución. La serpiente
desapareció bajo tierra, y en aquel lugar erigióse un templo donde se tributaron al niño honores divinos con el nombre de Sosípolis
("Salvador del Estado") y también a Ilitía, puesto que ella le "había traído al mundo".

CUESTIÓN 189.
Reco
En la ciudad de Cnido habitaba cierto Reco, quien se dedicaba al oficio de comerciante. Un día que viajó a Nínive vio un roble que
estaba en peligro de caer y ordenó a sus esclavos que lo apuntalasen. La dríade del árbol se le apareció, le dio las gracias por haberle
salvado la vida y le dijo que formulara un deseo y ella se lo cumpliría. Él le pidió sus favores sexuales, y ella se lo prometió, y le indicó
que una abeja iría a decirle cuándo había de visitarla. Pero cuando vino la abeja, Reco estaba enfrascado en un juego de damas y le
habló con rudeza; entonces la ofendida ninfa lo dejó ciego.

CUESTIÓN 190.
Safo y Faón
La isla de Léucade fue famosa por su promontorio desde el cual se precipitaban al mar los amantes desventurados; la leyenda dio
inicio cuando Afrodita, que lloraba por la muerte de su amado Adonis, hizo el salto de Léucade y así pudo aliviar su sufrimiento. La
poeta lírica Safo, nacida en la isla de Lesbos, sería una de las pocas mujeres que imitaron el salto de la diosa, tras ser rechazada por
el joven marino Faón. Éste, también era oriundo de Lesbos, y cierto día transportó caritativamente en su barca a Afrodita, disfrazada
de anciana, y por ello la diosa hizo de él el más hermoso de los hombres; entre todas las mujeres de Lesbos, fue Safo la que más se
empeñó en conquistar su amor, pero él la rechazó de la manera más cruel. Entonces Safo, desesperada, decidió renunciar a toda
compañía masculina y enseñó el arte de la poesía a un grupo de mujeres jóvenes, con las que mantuvo una estrecha relación, y por
las que sentía un amor lujurioso; de ahí proceden los términos lesbianismo y safismo, que aluden a la homosexualidad femenina.
Finalmente, Safo, solitaria, fue a Léucade y se arrojó desde el acantilado; los habitantes de Lesbos le tributaron honores divinos,
y Platón se referiría a ella como la "décima musa".
CUESTIÓN 191.
Íbico
Íbico, nacido en Regio (Calabria), fue un poeta que llevó una vida errante y pasó algún tiempo en la corte del tirano de Samos
Polícrates. Fue asesinado durante un asalto a manos de un grupo de ladrones en los alrededores de Corinto, y pidió a una bandada de
grullas que vengara su muerte. Poco después, en el teatro de Corinto, uno de los ladrones exclamó al ver una bandada de grullas:
"¡Cuidado con los vengadores de Íbico!". De este modo el ladrón se delató y las grullas de Íbico se convirtieron desde entonces en un
símbolo de justicia poética.
CUESTIÓN 192.
El Oráculo de Delfos
Después de asesinar a Pitón, Apolo se posesionó del oráculo que el monstruo guardaba en Delfos. En este santuario, la sacerdotisa
de Apolo se llamó Pitia, honrando así la memoria del monstruo profético. La Pitia interpretaba la voluntad del dios y predecía el futuro.
Pero el consultante, antes de recibir las palabras del oráculo, debía antes purificarse en la fuente de Castalia, cuyas aguas cantarinas
estaban también inspiradas por Apolo.
Apolo tuvo que defender su oráculo de Heracles, el cual una vez que fue despreciado por la Pitia, se enojó tanto que quiso saquear el
templo y fundar un oráculo en otro lugar. Apolo llegó en defensa de su oráculo y luchó contra Heracles; pero Zeus intervino en la
disputa poniéndose entre sus dos hijos y puso paz.

Los dos principales rasgos del oráculo de Delfos eran el ónfalo y el trípode. El primero significa "punto central" y marcaba el punto
medio de la superficie terrestre, que fue marcado por dos águilas (las aves de Zeus) y dos cisnes o cuervos (las aves de Apolo); estas
aves fueron enviadas desde extremos opuestos de la tierra y se juntaron en aquel mismo sitio. El ónfalo es el asiento del propio Apolo
cuando reside en el oráculo. El trípode era el asiento de la misma profecía. En él se sentaba la Pitia o Pitonisa, la profetisa que daba
los oráculos. Estando su cuerpo levantado sobre el suelo, la sagrada influencia de Apolo, en forma de vapor que salía por la una
hendedura del suelo, podía pasar por debajo y penetrar dentro de ella. La Pitonisa era originariamente una joven virgen, pero
habiéndola violado un impío malvado, en lo sucesivo sólo mujeres ancianas desempeñaban estas funciones.
La primera Pitonisa célebre fue Sibila, nacida en la ciudad de Eritras, y posteriormente criada en la aldea de Marpeso, en el territorio
de Troya. Sibila se granjeó el favor de Apolo, a cuyo servicio se hallaba grandemente consagrada, y él la inspiraba para que diese
profecías infalibles, aunque algo enigmáticas. Después de su muerte, Sibila fue tomado como un nombre común, y surgió toda una
serie de sibilas, quienes generalmente vivían en grutas o cerca de corrientes de agua. Además de la original del Helesponto (es decir,
la de Marpeso), hubo la de Persia, la de Libia, la de Delfos (una hermana del mismo Apolo), la de Cimeria, la de Eritras (llamada
Herófila), la de Samos (llamada Femónoe), la de Cumas (Deífoba o Amaltea, la autora de los famosos oráculos sibilinos de Roma), la
de Frigia (otra vez la de Marpeso) y la de Tibur (llamada Albunea). Las profecías de las sibilas usualmente estaban escritas en versos
hexámetros, en un lenguaje muy enigmático y oscuro, de suerte que si el sentido aparente de la profecía resultase falso, la sibila podía
refugiarse siempre detrás de otra interpretación.
Se cuenta que el último oráculo de Apolo en Delfos fue pronunciado bajo el mandato del emperador Juliano el Apóstata, que intentó
revigorizar el culto a los dioses antiguos en pleno siglo VI, ante el pujante cristianismo. Fue todo en vano, los dioses paganos ya
estaban destinados a extinguirse. Y el último mensaje del oráculo dijo: "Dile al emperador que el labrado salón ha caído al suelo; Febo
no tendrá por más tiempo su escudo ni su profético laurel, ni su fuente locuaz; el agua del discurso se ha secado".
CUESTIÓN 193.
Creso

Creso fue el último rey de Lidia. Expandió sus dominios a través de conquistas que incluyeron todas las ciudades griegas en la costa
de Asia Menor, obteniendo una gran cantidad de botines, que hicieron famosa su fortuna. Según la leyenda, el sabio ateniense Solón
visitó una vez la capital lidia, Sardis, y Creso le preguntó si el poseedor de tales riquezas no podría ser considerado como el más feliz
de los mortales. Solón respondió: "No le llames feliz antes de su muerte". Después de los once primeros años de su reinado, Ciro II el
Grande, rey de Persia, dirigió su ejército contra Lidia, penetrando hasta Sardis. Entonces Creso acudió al oráculo de Delfos, donde le
preguntó a la Pitia si debía franquear el río Halis y atacar con sus tropas a Ciro. La respuesta fue típicamente ambigua: la Pitia
respondió que si cruzaba el río Halis un gran imperio se derrumbaría. Creso entendió que se refería al imperio persa y, animado por el
oráculo, se lanzó al ataque. Sin embargo, la respuesta se refería al imperio de Lidia. Creso perdió la batalla; cuando fue capturado y
hecho prisionero, le pidió al victorioso Ciro que enviara sus grilletes a Delfos. Después, Creso fue condenado a muerte, y cuando
estaba a punto de ser quemado vivo por Ciro, llamó con gritos a Solón, recordando las palabras del sabio. Ciro fue informado del
significado de ello, y se impresionó tanto que ordenó que se apagara la hoguera. El fuego ardía tan vivamente que su orden no podía
cumplirse, pero Apolo, al que veneraba Creso, intercedió con una tormenta que apagó las llamas. Creso entonces fue puesto
en libertad y honrado por los persas.
CUESTIÓN 194.
El nudo gordiano
Gordias era un campesino frigio que se convirtió en rey porque entró el primero en un pueblo y cumplía con las condiciones del
oráculo, según el cual los habitantes debían elegir como gobernante a la primera persona que entrara en la plaza pública en un carro
sobre el cual esté posado un cuervo. En agradecimiento, Gordias dedicó su carro a Zeus y lo colocó en el bosquecillo del templo,
atando la lanza del carro al yugo con una cuerda. El nudo era tan complicado que nadie podía desatarlo. Se decía que quien fuera
capaz de desatar el difícil nudo se convertiría en el gobernador de Asia. Muchos lo intentaron, pero en vano. Según la leyenda,
cuando Alejandro Magno (uno de los líderes militares más importantes del mundo antiguo) llegó a Frigia, en el 333 a.C., fue incapaz de
desatar el nudo gordiano, así que sacó su espada y lo cortó de un tajo. Esa noche hubo una tormenta de rayos que simbolizó, según
Alejandro, que Zeus estaba de acuerdo con la solución.

CUESTIÓN 195.
Jano y Cardea
En el Lacio había una ninfa llamada Cardea, que había engañado a muchos ansiosos pretendientes invitándoles a que fueran delante
de ella a una cueva y echando luego a correr, tan pronto como ellos habían vuelto la espalda. Jano, el dios romano de las puertas, se
enamoró de ella, y puesto que con sus dos caras podía mirar hacia atrás, el truco de la ninfa, naturalmente, falló. Para indemnizarla
por haberle quitado la virginidad, Jano le concedió a el privilegio de amparar y defender las puertas de las casas romanas. Cardea
utilizó este poder para ahuyentar a ciertos seres nocturnos parecidos a vampiros, conocidos con el nombre de Striges, a petición del
rey albano Procas.
.CUESTIÓN 196.
Pico y Circe
Pico, el sagrado picamaderos de Marte (el Ares griego), inicialmente fue un hombre que estaba felizmente casado con la ninfa Canens
(la Cantora), hija de Jano y Venilia, y vivían en la isla de Eea. Cierta ocasión la hechicera Circe, hija de Helio, se le insinuó, pero él
rechazó sus pretensiones amorosas. Para vengarse, Circe lo convirtió en un picamaderos; Canens, después de mucho tiempo de
infructuosas pesquisas, fue languideciendo hasta convertirse en una voz sin cuerpo, en el lugar que posteriormente fue llamado, en
su memoria, Canens.
CUESTIÓN 197.
Fauno y Bona Dea
El hijo de Pico y Canens fue Fauno ("el favorable"; asimilado al dios griego Pan), el dios de los campos y selvas; hablaba con la gente
a través de los sonidos del bosque y en las pesadillas. Recorrió el Lacio, enseñando a su pueblo cómo cultivar y criar ganado. Su hija
fue Bona Dea, que la tuvo de la ninfa Damia, y era famosa por su castidad; Fauno concibió una insana pasión por ella y trató de
seducirla emborrachándola. Al ver que ni así conseguía nada de ella, la golpeó con varas de mirto; finalmente se transformó en
serpiente y de esta forma pudo satisfacer sus deseos, introduciéndose él en el órgano sexual de su hija; una vez que Fauno recuperó
su forma original, Bona Dea lo golpeó con el codo, y por ello él la apaleó hasta dejarla muerta. Por ello, el vino y el mirto fueron
evitados en el ritual de Bona Dea, y para conmemorar su castidad, ningún hombre podía hallarse presente.
CUESTIÓN 198.
Vertumno y Pomona

Pomona, diosa romana de los frutos (pomas, especialmente frutos de árboles como las manzanas o las peras), cuidaba de sus
jardines y árboles frutales con gran esmero, y sólo se dedicaba a ellos, con su hoz de podar; reducía los bosques salvajes a jardines
ordenados. Pomona era muy recatada, aunque su belleza era causa de que fuera cortejada por toda clase de dioses; pero ella a todos
los rechazaba. Especialmente vivía enamorado de ella Vertumno, deidad de las estaciones, que se acercaba a ella bajo cualquier
excusa y disfraz: ora se convertía en pastor, ora en agricultor, hasta que finalmente asumió la de una mujer anciana. Con este disfraz
defendió su propia causa con tanta elocuencia, que cuando volvió a su propia forma, Pomona estaba completamente dispuesta a
escucharlo, y se avino a tomarlo por esposo.
CUESTIÓN 199.
Lamia
Lamia, hija de Poseidón y de Libia, fue una hermosa mujer, amante de Zeus. Su esposa Hera, celosa, la castigó y cada vez que Lamia
daba a luz un hijo, Hera le daba muerte ocultamente. No contenta con ello, Hera condenó a Lamia a no poder cerrar sus ojos, de modo
que estuviera siempre obsesionada con la imagen de sus hijos muertos. Zeus le otorgó el don de poder extraerse los ojos para así
descansar, y volver a ponérselos luego. Transida de dolor, Lamia se refugió en una cueva y se convirtió en un monstruo con el cuerpo
de una serpiente y los pechos y la cabeza de una mujer, y cuyo hedor era insoportable. Lamia sentía envidia de las otras madres y por
ello robaba y devoraba a los niños por la noche.
CUESTIÓN 200.
El Fénix
Originario de la lejana Etiopía, era el ave Fénix y se relaciona con el culto del Sol. De enorme tamaño, tenía el aspecto de águila, con
un plumaje tan colorido, nunca visto en ningún otro animal; se decía que podía vivir una larga vida, de quinientos a doce mil años. Pero
al ser único en su especie, cuando sentía que llegaba el fin de su vida, preparaba una pira con plantas especiales y le prendía fuego.
De las cenizas renacía el nuevo Fénix.

Leer más: http://www.monografias.com/trabajos99/mitologia-griega-9-leyendas-griegas/mitologia-griega-9-leyendas-


griegas.shtml#ixzz5Cy8SFYsN
El mito de Electra

 CARMEN MÁRQUEZ

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El mito de Electra cuenta la historia de la hija de Agamenón, rey de Micenas, y su esposa, la


reina Clitemnestra, hermana de Helena de Troya. Agamenón y Clitemnestra tenían además otro hijo
más joven, Orestes, y otra hija de nombre Ifigenia. Ifigenia, según cuenta Homero en la Iliada, fue
sacrificada por su propio padre a cambio de protección en su camino hacia Troya.

Tras la huida de Helena con Paris, Agamenón se embarcó rumbo a Troya y allí permaneció asediando
la ciudad hasta que finalmente se pudo hacer con ella tras colar dentro el famoso Caballo de Troya.
Diez años duró el asedio. Mientras la reina Clitemnestra fue seducida por el ambicioso Egisto y se
convirtieron en amantes.

Pero el rey volvió y tomó posesión de su casa y de su reino. En cuanto tuvieron


ocasión, Egisto asesinó a sangre fría a Agamenón para eliminarlo como obstáculo en su camino hacia
el poder. Clitemnestra fue su cómplice. Electra fue testigo y en su interior comenzó a crecer el odio
hacia Egisto, pero sobre todo hacia su propia madre por haberle arrebatado a su padre.

Desde ese momento Electra no vivió sino esperando el momento en que pudiera vengar la muerte
de Agamenón. Protegió a su hermano pequeño enviándolo lejos, al monte Parnaso, bajo la protección
del rey Estrofio, hasta que tuviera edad suficiente como para reclamar el trono y ejecutar su venganza.

El día llegó, unos años después, cuando Orestes volvió ya convertido en adulto y consiguió colarse en
el palacio real tras haber hecho creer a todos que había muerto. Su objetivo era acabar con Egisto
y Clitemnestra y reclamar su lugar como sucesor legítimo de su padre. Así lo hizo, pero la visión de
su madre muerta con su puñal en el pecho lo empujó hacia un estado de locura que lo hizo huir y,
según cuentan algunos autores clásicos, refugiarse en el templo del Oráculo de Delfos atormentado
por las Furias.
Cuentan las distintas versiones de este mito que Orestes fue perdonado por los propios dioses ya que
su venganza fue el punto final de la injusticia cometida contra los hermanos.

Un tiempo después Electra contrajo matrimonio con Pílades, hijo del rey Estrofio y amigo de confianza
de Orestes durante su niñez en el exilio.

Aspidochelone, el mito de la isla viviente

 JAIME MARQUEZ

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La Aspidochelone, también conocida como la Tortuga Escudo, es un animal legendario procedente


de la mitología griega y predecesora de otros muchos mitos de gigantescas bestias marinas, dando
lugar también a numerosas leyendas sobre islas que desaparecen y aparecen a voluntad.

A la Aspidochelone se la describe como una gigantesca tortuga marina, de un tamaño tan colosal
que su caparazón puede ser confundido con una isla cuando este ser se encuentra durmiendo y
permanece completamente quieto. Algunos relatos van mas allá y se cuenta como su caparazón está
recubierto de especies vegetales, pudiendo ser confundida fácilmente con una isla exótica, aunque
otras versiones la describen como un gigantesco pez al que llaman Fastitocalon.

Pese a que no se trata de una criatura agresiva la mitología la presenta como peligrosa, pero
simplemente debido a su colosal envergadura y su apariencia de “tierra firme”, hablándose en
numerosas leyendas de incautos marineros que tras desembarcar sobre su lomo creen hallarse en
alguna isla desierta. La tragedia llega cuando la Aspidochelone se sumerge bajo las aguas, llevando
a sus “inquilinos” a una muerte segura en las profundidades.

En la mítica narración de Simbad el Marino, perteneciente a “Las mil y una noches“, se nos cuenta
como Simbad y sus marineros decidieron desembarcar y acampar en una pequeña isla que no
constaba en los mapas, despertando en mitad de la noche sacudidos por un violento terremoto. Con
horror el intrépido marinero contempló como la isla se revelaba como una gran bestia marina, que se
hundía bajo sus pies llevándose a muchos de sus marineros al abismo y logrando sobrevivir por muy
poco.

El mito irlandés de San Brandán (recopilado de una serie de manuscritos de los siglos X y XI) y su
viaje en busca del Jardín del Edén habla de las peripecias de este abad de Clonfert durante el siglo
VI. Él y su tripulación de 14 monjes navegaron sin rumbo fijo durante 7 años, en el transcurso de los
cuales desembarcaron en una extraña isla en la que no crecía ninguna planta. Cuando decidieron
encender un fuego para cocinar un cordero la isla comenzó a estremecerse pero en esta ocasión no
se hundió. El pez-isla conocido como Jasconius fue quien guió al monje hasta su soñado destino en
el Jardín del Edén y fue renombrado posteriormente como la “Isla de San Brandán“.

Urania, la Musa griega de la Astronomía

 JAIME MARQUEZ

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En tiempos de la Antigua Grecia todas las inquietudes y aspectos de la vida intelectual de sus
ciudadanos se consideraban apadrinadas por unas divinidades conocidas como Musas, las cuales
formaban un singular coro en el Monte Parnaso bajo la dirección de Apolo, dios de la música entre
otras cosas y al que se suele representar con una lira en sus manos. Poesía, danza, comedia o mímica
tenían su propia Musa, así como Urania fue la designada para ser la inspiradora y protectora de la
Poesía Astronómica, para convertirse con el tiempo en la Musa de la Astronomía.

En aquellos tiempos la Astronomía y la Astrología eran una misma disciplina, y quizá una prueba de
su importancia en la Antigua Grecia sea el hecho de que tengan su propia divinidad. A Urania se le
atribuye el haber inspirado en los hombres la curiosidad por las estrellas, el ansia de preguntarse el
por qué de las cosas y también posee la habilidad de leer el futuro en los astros, la cual derivaría en
las previsiones astrológicas tan comunes hoy en día.

Algunos la consideran como la hija de Urano, surgida de su padre sin necesidad de una figura materna,
y otros sostienen que es hija de Mnemósine y el todopoderoso Zeus. Urania es la más joven de todas
las musas y se le atribuye un hijo, llamado Lino, nacido de su relación con Apolo.

En la mayor parte de sus representaciones aparece sosteniendo un compás en una de sus manos con
el que mide un globo terrestre, portando en su cabeza una diadema coronada de estrellas, estrellas
que también adornan su manto. También se suelen encontrar a sus pies una serie de instrumentos de
medida, representando la importancia de las matemáticas en la ciencia.

¿Quién fué Aracne, la bordadora de Hipepa?

 JAIME MARQUEZ

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Aracne, hija de Idmón de Colofón, se había labrado una reputación como hábil bordadora y tejedora
en su ciudad, Hipepa. Además, su padre también era conocido por su habilidad para teñir de púrpura
las lanas procedentes de Tiro. Pero quiso la desgracia que Aracne, al ser a menudo colmada de
alabanzas y cumplidos, llegase a presumir de poseer una habilidad mayor que la de la propia Minerva,
que además de ser la diosa de la sabiduría y la guerra, también lo era de la artesanía.

Pese a que Minerva se sintió profundamente ofendida, ofreció a Aracne una posibilidad para
arrepentirse de sus palabras. Habiendo tomado la forma de una anciana, Minerva advirtió a la joven y
presuntuosa bordadora que no era bueno ofender a los dioses, y mucho menos menospreciar su
poder. Lejos de amilanarse, Aracne se rió de la anciana y le dijo que podría vencer a los dioses en una
competición de bordado, a lo que Minerva aceptó con gusto tras quitarse su falsa apariencia.
Mientras la diosa Minerva había tejido un hermoso tapiz en el que representaba su victoria
sobre Poseidón, Aracne realizó una magnífica obra de arte en el que contaba historias sobre los
dioses. Pero no cualquier historia, sino que mostraba en 22 partes todas las infidelidades cometidas
por los dioses, y en las cuales habían utilizado las formas de animales para engañar a los mortales.
Minerva se vio obligada a admitir que era una obra de arte impresionante, realmente a su altura, pero
se sintió ofendida por el tema elegido para el tapiz, así que destruyó la obra y golpeó a Aracne por su
osadía.

Y he aquí que el mito tiene dos finales diferentes, según la fuente de la que se extraiga. Por una parte,
tenemos la huida y posterior suicidio de la joven bordadora, que no fue capaz de superar la humillación
y el castigo de Minerva. Por otra, en la versión de Ovidio se nos muestra a minerva transformando
el telar de Aracne en una gran tela de araña, y a la muchacha convertida en una araña como castigo
por su insolencia.

La leyenda de Aracne bien podría ser una analogía sobre el descubrimiento del arte de tejer,
posiblemente inspirado en las arañas y sus magníficas telas, además de ofrecernos otra versión de la
historia del maestro que es superado por el alumno, cosa que parece no gustar a ningún maestro.

Los Psicopompos, guías hacia el más allá

 MIRIAM MARTI

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El término “Psicopompo” viene del griego psychopompós, que se compone de psyche “alma”, y
pompós “el que conduce o guía”. Un ser que custodia el viaje de las almas que abandonan el mundo
de los vivos.

A pesar de que la mayoría de los mitos y tradiciones no recogen este nombre para estos personajes,
lo cierto es que la similitud de diversos seres en ellas es asombrosa. En ocasiones, estarán
representados por imágenes angelicales y en muchas otras por seres bastante tétricos. De esta forma,
en la mitología nórdica nos encontraríamos con las Valkirias; los celtas tendrían a Anku y
posteriormente a Morrigan; por todos es sabido que los egipcios adoraban a Horus; asimismo los
griegos contarían con la figura de Caronte.

Estos son sólo unos pocos ejemplos de la gran cantidad de figuras mitológicas y religiosas que estarían
cerca de la definición de Psicopompos.

La forma de estos Psicopompos variará dependiendo de la cultura. Es posible por tanto encontrarse
con animales, espíritus, ángeles, demonios e incluso dioses que se encargarán de este viaje final. Esta
figura ha sido también llevada en ocasiones a la literatura y el cine. En este punto podríamos hacer
referencia al mítico El cuervo de Edgar Allan Poe.

En muchas culturas primitivas, esta función es tomada por el chamán. Durante esta misión, además
de conducir su alma a través de la muerte, también será el encargado de introducirla nuevamente en
un alma recién nacida.

Dicho chaman entra en una especie de trance. En ese momento ayudará al alma del difunto a salir del
cuerpo para conducirla a un lugar seguro. Y en su trabajo estará acompañado por una serie de
ayudantes de otra realidad, normalmente animales como perros, chacales, leones, ciervos, cuervos o
delfines, entre muchos otros.

Helios, el dios Sol

 SARAY GARCÍA

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Dentro de la mitología griega, Helios era la divinidad asociada con el Sol. Algunos de los eruditos de
la época, como Hesíodo, decían de él que era hijo de Hiperión y Tea, ambos titanes, y hermano de
la diosa Selene, la personificación de la luna, y de Eos, la aurora. No obstante, otros como el
poeta Homero alude a él de modo frecuente aludiendo a él como Hiperión o, simplemente,
como Titán.

Por lo general, es representado como una divinidad de gran belleza coronado con una brillante aureola
del sol; Asimismo, guiaba todos los días por el cielo un carro hasta llegar al Océano que rodeaba la
tierra, que recorría por la noche para volver a aparecer por éste al día siguiente.

En lo que respecta al carro, cabe decir que fue precisamente Homero quien primero dijo que era tirado
por “toros solares”, para posteriormente ser Píndaro quien escribiera que, en realidad, eran caballos
que expulsaban fuego por sus bocas. Estos corceles recibieron, en consecuencia, los nombres
de “Flegonte” (Ardiente), Aetón (Resplandeciente), Pirois(Ígneo) y Éoo (Amanecer).

A este respecto, la leyenda más conocida sobre Helios es la que narra la historia de Faetón, su hijo,
que intentó llevar el carro de su padre por todo el cielo hasta que acabó perdiendo el control de la
conducción y terminó por incendiar la Tierra.

Otra de las historias más conocidas que le tienen como protagonista es la que lo asocia con el epíteto
de Panoptes, “el que todo lo ve”, aludiendo al episodio que tuvo lugar entre Afrodita y Ares, quienes
se acostaban a escondidas del marido de la primera, Hefesto.

Helios, como dios que todo lo puede ver, los descubrió y no tardó en contárselo a este quien castigó
a los amantes inmovilizándolos en unas redes tan finas que eran del todo imperceptibles.

La leyenda de Sémele y Zeus

 SARAY GARCÍA

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Dentro de la tradición tebana, Sémele era hija de Cadmo, rey de Tebas, y Harmonía. Elegida por
Zeus como amante, de este engendró a Dionisos en uno de sus encuentros furtivos. La esposa del
dios, Hera, celosa por los encuentros de su esposo con Sémele, le sugirió a esta bajo la forma de la
vieja Béroe (quien fuera la nodriza de la muchacha) que dejara su relación con Zeus pero, al no lograr
su propósito, decidió que lo mejor sería castigar a la joven amante.

A este respecto Hera le dijo que, en verdad, estaba siendo engañada pues su verdadero amante no
era Zeus, sino un hombre normal y corriente que se hacía pasar por la divinidad aprovechándose para
ello de su ingenuidad. Ante esto, y si quería estar segura, debería de pedirle que este le diera alguna
prueba de su poder e inmortalidad.

Dicho esto, Sémele no dudó en ir a pedirle a Zeus que le demostrara todo su poder y, este, feliz porque
a esas alturas ella ya estaba embarazada, le prometió que le daría todo cuanto ella deseara. Ella,
perseguida por las palabras de Hera, le imploró que se le apareciera en todo su esplendor y, aunque
el dios trató de persuadirla para que pidiera otra cosa, no encontró el modo de convencerla.

Siendo esto imposible, y al parecer como ella le pedía Zeus en toda su magnificencia, los rayos que
este desprendía acabaron por abrasar a Sémele. El niño que esta estaba gestando fue arrancado de
su vientre por Hermes, cosiéndolo al muslo de Zeus y es por ello por lo que, cuando el bebé nació, se
le bautizó como Dioniso (“el dos veces nacido”).

Cuenta la leyenda que, posteriormente, fue precisamente Dioniso quien la rescató del Hades, siendo
a partir de entonces adorada como Tione (“la ardiente), diosa del matrimonio.

El mito de la Titanomaquia

 SARAY GARCÍA

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Dentro de la mitología griega, se conoce como “Titanomaquia” (también llamada “Guerra de los
Titanes”) a la serie de batallas que se libraron a lo largo de diez largos años entre las dos razas de
dioses que existían con anterioridad a la aparición de la raza humana. En este sentido se enfrentaron,
por un lado, los titanes cuya base se encontraba en el monte Otris y, por el otro, los dioses Olímpicos,
que serían los que posteriormente llegarían a reinar desde su morada: el monte Olimpo.

De todos los poemas que circulaban en la antigua Grecia sobre este mítico episodio, tan sólo ha
llegado hasta nosotros el que aparece en la “Teogonía” de Hesíodo. También tenemos constancia
de que un poema épico (hoy en día desaparecido) atribuido a un personaje también de carácter
legendario y que llevaba por título “Titanomaquia” relataba las aventuras que se sucedieron a lo largo
del conflicto.

Se dice que la guerra comenzó cuando el titán de más corta edad, Cronos, derrocó a su propio padre
Urano (el máximo gobernante del Universo) con la ayuda inestimable de su madre Gea. Crono
castraría a su padre, se apoderaría de su trono y liberaría a sus hermanos, los Titanes, que habían
sido encerrados por su progenitor en el Tártaro.

A este respecto, es importante resaltar cómo esta tradición de mitos en los que una raza de dioses se
enfrenta a otra dominante es bastante común en la historia mitológica que existe tanto
en Europa como en los países del Próximo Oriente. El resultado de dichas guerras a veces difiere:
unas veces los rebeldes pierden y son condenados y, en otras ocasiones, son estos los que consiguen
hacerse con el poder o ser añadidos al panteón existente.

Algunos ejemplos de ello podemos encontrarlos en la mitología escandinava, von las guerras entre
los Vanir y los Aesir, o también en el poema épico babilonio Enuma Elish o incluso la mitología
hitita con los fragmentos ugaritas que nos relatan un cruento conflicto generacional en la narración el
“Reino del Cielo”.

Clío, musa de la Historia

 SARAY GARCÍA

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Dentro de los personajes que jalonan la mitología griega, una de las nueve musas (hijas, según la
tradición más aceptada, de Zeus, rey de los Olímpicos y Mnemósine, diosa vinculada a la memoria)
recibe el nombre de Clío y a ella les son atribuidas las artes de la Historia y de la poesía heroica.
Aunque ninguna de ellas, ni siquiera en conjunto, tiene un ciclo legendario propio, sí que sabemos
algunas cosas de ellas.

Por ejemplo, se sabe que Clío fue madre de Jacinto gracias a una relación que esta mantuvo con el
rey de Macedonia, Piero. Algunas fuentes indican, asimismo, que fue ella la progenitora de Himeneo.
Suele ser representada como una muchacha joven que está coronada con una diadema de laurales y,
de mismo modo, portando una trompeta en su mano derecha mientras que en la izquierda sujeta un
libro escrito por Tucídides (historiador y militar ateniense). A todo este atrezzo a menudo se le suele
añadir un globo terráqueo sobre el que se sienta y el Tiempo suele aparecer junto a ella.

Todo esto parece indicar un mensaje claro: que la Historia compete a todas las épocas y a todos los
lugares del mundo. Asimismo, algunas de sus representaciones en forma de estatuas portan una
guitarra en una de sus manos y un plectro en la otra: esto es debido a que también se le atribuye a
esta musa la invención de estos instrumentos musicales (a este respecto no podemos tampoco
olvidar que las musas eran las diosas inspiradoras de la música, la poesía, las artes y las ciencias).

En imágenes mucho más antiguas que tenemos de ella la hacían llevar un rollo de papiro y, a sus pies,
situaban la correspondiente capsa (nombre que se le daba a la caja para guardar los mencionados
rollos).

Las Sibilas, profetisas de la antigüedad

 SARAY GARCÍA

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Uno de los personajes más conocidos tanto de la mitología griega como de la romana es la Sibila, la
cual también está presente en otras tradiciones religiosas, como pudieran ser la cristiana o la judía.

Célebre profetisa, la gran parte de las veces sus oráculos eran inspirados por el dios Apolo, lo que
provocaba que fuese considerada como alguien capaz de conocer y descifrar el futuro. Era consultada
por todo tipo de gentes, incluso por guerreros y monarcas.

Por lo que respecta a sus orígenes, algunas tradiciones señalan que fue la hija de Neso y del
troyano Dárdano quien poseía el don de la profecía, lo que la confería en aquella época una gran fama
como fiable adivina. Su nombre, Sibila, fue extendido desde entonces a todas aquellas mujeres que
se dedicaban al mismo arte. Sin embargo, otras leyendas afirman que fue una de las hijas de Zeus,
esta vez fruto de su relación con Lamia, una de las descendientes del dios Poseidón, la que poseía
tal capacidad por lo que de esto se deduciría que el don es de origen divino.

Se dice, además, que vivían en las grutas o en las proximidades de cualquier corriente de agua.
Sus profecías siempre eran expresadas cuando la sibila se encontraba en un estado de trance y
siempre manifestadas bajo la forma de hexámetros griegos, por lo que eran transmitidas por escrito.

No obstante, los escritores griegos tan sólo nos han dejado constancia de una sibila; todo apunta a
que sea Herófila, por ser esta quien anunció la Guerra de Troya. Sin embargo, con los años fueron
apareciendo otras y la lista que tenemos en estos momentos está conformada por diez:

 Sibila de Samos
 Sibila Herófila de Troya
 Sibila del Helesponto
 Sibila frigia
 Sibila cimeria
 Sibila délfica
 Sibila de Cumas, la más importante en la mitología romana.
 Sibila libia
 Sibila tiburtina
 Sibila babilónica o pérsica

El mito de Ifigenia

 SARAY GARCÍA

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Dentro de la ingente mitología griega, Ifigenia era una de las hijas del rey Agamenón, famoso por su
participación en la célebre Guerra de Troya, y de la reina Clitemnestra.

Con respecto a ella cuenta la leyenda que, después de que el monarca hubiese matado a un ciervo
sagrado que se encontraba, a su vez, en una arboleda también sacra, la diosa Artemisa decidió
castigarle haciendo los vientos provenientes de Áulide se detuviesen y provocasen que, de camino a
Troya, la flota del rey quedase totalmente inmóvil en medio del mar.

Ante tal situación decidieron consultar a Calcas, un adivino, quien les dijo que la única manera de
calmar la ira de Artemisa era sacrificando a la propia Ifigenia. Algunas de las versiones que se han
escrito sobre el mito, aseguran que Agamenón así lo hizo; sin embargo, lo cierto es que la mayoría de
ellas y el relato más extendido afirman que, en el último momento, Artemisa se arrepintió y la sustituyó
en el último minuto por una cierva (a veces se dice que, en realidad, era una corza) y transportó a la
muchacha a Táurica, una localidad de Crimea.

Allí hizo de ella una de sus sacerdotisas cuya principal función era la de sacrificar a los extranjeros
que se acercasen a modo de sacrificio para la diosa.
Otro de los mitos que circulaban en torno a la figura de Ifigenia es el que la sitúa dentro de la leyenda
propia de su hermano Orestes, y donde también aparece íntimamente relacionada con Artemisa. Esto
ha hecho que algunos estudiosos crean que, con bastante probabilidad, Ifigenia fuese en un principio
también una diosa de la caza, culto que más tarde sería asumido por la deidad de Artemisa.

En este sentido, tenemos noticias de Ifigenia en las crónicas griegas desde los siglos VII-VI a.d.C.

Belerofonte y la Quimera

 SARAY GARCÍA

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Quien más, quién menos, ha oído hablar alguna vez de Pegaso (el caballo alado de la mitología
griega) y de Quimera, el monstruo horrendo que vagaba por Asia Menorengullendo a cualquier tipo
de animales y atemorizando a la población.

Pues bien, el nexo común que existe entre ambos personajes mitológicos hay que buscarlo en el héroe
griego Belerofonte, hijo del rey Glauco de Corinto (hay que decir que otras tradiciones le sitúan
como descendiente de Poseidón) y de Eurímede.

Aunque su verdadero nombre era Hipónoo o Leofontes, se lo cambió al matar por accidente a un
tirano corintio que se llamaba Belero (Belerofonte quiere decir “asesino de Belero”). Tras este
desafortunado incidente, Belerofonte huye a Tirinto con la esperanza de purificarse; allí, es acogido
como huésped en la corte del rey Preto, donde su mujer se enamora a primera vista de Belerofonte y
se le insinúa un buen número de veces.

Belerofonte rechaza todas las propuestas y Estenebea, que así es como se llamaba, ofendida, le
acusa de intentar violarla. Preto, por no violar las sagradas leyes de hospitalidad, decide enviarle a la
corte de su suegro con una carta donde le explica lo que ha pasado y da orden de que lo mate. El
padre de Estebenea, el rey Lóbates, recibe el encargo y decide enviarlo a combatir con la Quimera,
esperando que ésta le diera muerte.

Antes de partir, sin embargo, nuestro héroe fue a consultar sobre esta difícil empresa al
adivino Poliido, quien le aconsejó que para ello capturase a Pegaso. Fue la diosa Ateneaquien le
brindó una brida de oro para que pudiese domar al caballo.

Montando a Pegaso y estando bien armado, Belerofonte emprendió su viaje. Cuando se encontró con
la Quimera, comenzó a volar sobre ella y a lanzarle flechas, para acabar hundiendo la punta de su
lanza en su cara. Con el fuego que emanaba de sus fauces, el plomo con el que estaba hecha la punta
se fundió, y corrió por su garganta, lo que acabó por darle muerte.

De este modo, Belerofonte había conseguido dos de las hazañas más difíciles que recoge
la mitología griega.

Laocoonte, sacerdote de Apolo en Troya

 SARAY GARCÍA

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El conjunto escultórico del Laocoonte (o Laoconte) es de sobra conocido por todos los amantes de la
Historia del Arte. Sin embargo, pocos conocen la leyenda que rodea a este personaje, que fue
sacerdote de Apolo Timbreo en Troya y que desempeñó un importante papel en los
acontecimientos que se sucedieron durante la conocida guerra entre griegos y troyanos.

Casado con Antiopa y padre de dos hijos, Virgilio cuenta en su relato de la “Eneida” cómo después
de que los aqueos hubieran simulado su retirada, los troyanos se encontraron con un gran
caballo construido en madera a las puertas de la ciudad de Ilión.
Cuando Laocoonte ve semejante escena, pronuncia su ya famosa frase “Timeo Danaos et dona
ferentis” (“Desconfío de los dánaos (griegos) incluso cuando traen regalos”), intentando advertir de
este modo a los troyanos de que podrían llegar a ser víctimas de un engaño; es por ello por lo que
sugirió a las tropas troyanas prenderle fuego, aunque no obtuvo una respuesta alentadora por su parte:
éstos decidieron no creerle y, por lo tanto, no le hicieron caso.

Sin embargo, y ante la negativa de los troyanos de escuchar sus consejos, el sacerdote obró con
imprudencia: comenzó a lanzar palos envueltos en llamas para tratar por su cuenta de prender fuego
al caballo de madera. La historia cuenta que, en ese preciso instante, Poseidón envió a dos
grandes serpientes que emergieron de las aguas e intentaron devorar a sus dos hijos; angustiado,
Laocoonte se lanzó a luchar desesperadamente contra los reptiles, resultando finalmente también
devorado.

La explicación que proporciona Virgilio acerca de este episodio, trata de demostrar que la brutal
condena que sufrió el sacerdote se debe a la profanación que implica tratar de destruir un regalo a la
deidad, razón por la cual tampoco nadie le creyó cuando intentó advertir de sus sospechas.

No obstante, existen otras tradiciones que afirman que Laocoonte había roto el juramento a Apolo al
casarse y tener hijos, o que también podría haber profanado la imagen de Febo, al unirse en himeneo
delante de la imagen.

Oto y Efialtes, gigantes hijos de Poseidón

 JUDITH MÁRQUEZ

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En el principio de los tiempos la diosa de la Tierra, Gaia, y el dios del Cielo, Urano, eran sólo uno.
De esta unión nacieron los bosques, los prados, los ríos, los lagos, los mares y todas las formas de
vida animales tanto de terrestres como marinos.

Cuentan que llegó un momento en el que Urano temió que alguno de sus hijos los Titanesacabaran
derrocándolo, arrebatándole el poder sobre el Universo. Así que el dios del Cielo decidió no dejarlos
salir del vientre de su madre, Gea.

La Madre Tierra, presa de un gran dolor por no poder dar a luz a su prole, se las apañó para salvar de
ese destino a Cronos, al que encargó castrar a su padre con una enorme hoz.

Una vez que Cronos llevó a cabo el mandato de Gea, Cielo y Tierra se separaron, las criaturas
encerradas salieron de las entrañas de su madre y Cronos se casó con Rhea, una de sus hermanas.
Así fue como comenzó la Era de los Titanes.

Pero, lo que son las cosas, Cronos resultó ser tan paranoico como su progenitor Urano, y terminó
tragándose a cada uno de sus hijos nada más nacer, no fuera que le ocurriera lo mismo que a su
padre.

Rhea, que acababa de tener a su hijo Zeus y ante esta situación, fue rápidamente a pedir consejo a
su suegra y madre Gaia. Esta le dijo que le diera una piedra envuelta en mantas de bebé para que,
creyendo que era el niño, se lo tragara.

Cuando Zeus creció, los temores de su padre se hicieron realidad. El futuro dios del Olimpo liberó sus
hermanos dándole a Cronos un bebedizo para que los expulsara de su interior, y juntos lucharon contra
él, quitándole el poder y estableciendo un nuevo orden en el Universo.

Gaia apoyó a su nieto Zeus (ella fue la que le proporcionó la pócima) en su lucha contra Cronos, con
la promesa del dios del Olimpo de que, una vez tuviera el poder, liberaría a aquellos hijos que aún
permanecían en las entrañas de su madre, donde los había enterrado Urano. Pero Zeus no fue leal a
su palabra y a Gaia se le llenó de rencor su corazón.

Pero lo de las profecías no acaba aquí. Había aún otra más. En ella se desvelaba que nacerían dos
gigantes invencibles e inmortales a quien ningún dios podría vencer. Estos eran los hermanos Oto y
Efialtes, hijos de Poseidón, dios de los Océanos. Gaia vio en ellos la oportunidad de vengarse de
Zeus y un día les sugirió a los hermanos, muy sutilmente, que dos jóvenes tan apuestos, fuertes y
encima inmortales, no tenían por qué aguantar estar bajo las órdenes de Zeus.

Con el ego por las nubes y convencidos de su superioridad gracias a Gaia, Oto y Efialtes fueron
apilando una montaña encima de otra hasta llegar a la altura del Olimpo. Desde allí empezó el asedio
al hogar de los dioses.

Tras una dura batalla, el Olimpo quedó bajo el poder de los hermanos. Los dioses del Olimpo daban
todo por perdido, incluso la esperanza. Pero la suerte cambiaría a su favor.

Durante una pausa en la batalla, Oto y Efialtes se encapricharon de las diosas Hera y Artemisa.
Obviamente ellas no estaban por la labor y rechazaban cualquier proposición de los hermanos.

En esto que, sin esperarlo, Artemisa se acercó a Oto y le dijo que si liberaba a Ares -al que habían
encerrado en un frasco de cobre durante trece meses-, cedería a sus deseos. Por supuesto Oto estuvo
de acuerdo.Pero su hermano Efialtes no. Así que comenzaron una acalorada discusión y Artemisa
aprovechó la ocasión para convertirse en ciervo y plantarse en frente de los hermanos. Cuando estos
vieron al ciervo, cogieron sus lanzas dispuestos a cazarlo. Los movimientos y saltos de Artemisa eran
tan precisos y calculados que, cuando Oto y Efialtes lanzaron sus lanzas, se mataron el uno al otro.

Artemisa, gracias a su inteligencia, salvó al Olimpo entero, dejando patente una antigua y sabia
premisa: más vale maña que fuerza ( y si la maña es femenina… ¡mejor!).

Atlas y los pilares de la Tierra

 JUDITH MÁRQUEZ

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Atlas, el más fuerte de los Titanes, era hijo de Jápeto y Clímene, titán y ninfa
respectivamente. Prometeo, su hermano, fue castigado por los dioses por haberles robado el fuego y
llevárselo a los hombres. Su otro hermano, Epitemeo, se casó con la curiosa e imprudente Pandora,
la responsable de abrir la caja que contenía todos los males de la humanidad. El tercero, Menecio,
murió por un rayo de Zeus y acabó en el Tártaro, el infierno de la Antigüedad.

Cuando los Titanes se rebelaron contra Zeus, fue Atlas quien los lideró, posicionándose a favor
de Cronos. Por otra parte, Prometeo y Epimeteo se aliaron con el enemigo. Esta guerra duró diez
largos años, al final de los cuales los Titanes fueron derrotados y desterrados al Tártaro. Todos menos
Atlas, para el que Zeus, que tenía mente retorcida, preparó una castigo ejemplar: cargar con la bóveda
celeste para toda la eternidad y ser responsable del correcto movimiento de las estrellas.

Atlas aparece en varias historias. Una de ellas fue la de su encuentro con Hércules.
Sabéis que para ser un dios y alcanzar la inmortalidad, Hércules debía llevar a cabo doce tareas.
Una de ellas era la de conseguir las manzanas doradas para Eristeo, las cuales se encontraban en
el jardín de las Hespérides. Como Atlas era el padre de las criaturas, el famoso héroe pensó que
éste podría ayudarle. Así que hizo un trato con el Titán: Hércules sustituiría a Atlas sosteniendo el
firmamento un par de horitas de nada para que el gigante fuera en busca de las manzanas.

Atlas regresó puntual con las dichosas manzanas, pero viendo que Hércules sostenía divinamente el
cielo, pensó que era la ocasión de tomarse unas largas vacaciones y darse de baja en su pesado
trabajo. Y, claro, trató de engañar al héroe diciéndole que él mismo llevaría las manzanas a Euristeo si
le dejaba irse unos mesecitos de nada.

Pero Hércules se dio cuenta de la faena y le pidió cortésmente a Atlas que antes le ayudara a ponerse
alguna especie de soporte en la cabeza porque le dolían las cervicales. Atlasestuvo de acuerdo,
porque sabía lo fastidioso que era aquello para la espalda. Así que dejó las manzanas en el suelo y le
sostuvo un segundo el firmamento para que pudiera ponerse cómodo. Hércules aprovechó la ocasión,
cogió las manzanas y se largó de allí, no sin antes darle las gracias a Atlas por el favor concedido,
porque era muy educado.

También cuentan que, en uno de sus viajes, Perseo se encontró con el Titán y le pidió ayuda, pero
éste se la negó. Perseo, muy molesto por el desplante, sacó entonces la cabeza de la Medusa, que
era todo menos guapa, y se la enseñó a Atlas, quien inmediatamente se convirtió en una gran
montaña, lo que hoy se conoce como el Monte Atlas, sobre el cual descansan el cielo y las estrellas.

Antes de ser condenado por Zeus, Atlas llevó una vida social muy fructífera. Tuvo varias esposas con
las que tuvo a las Hespérides, las Pléyades y las Hyades, y un hijo llamado Hyas, que murió tras
ser atacado por un león, que fue colocado en el cielo por los dioses dando origen a la constelación de
Acuario. Por su parte, el malvado león, también fue a para allí, justo en la parte opuesta dando lugar
a la constelación de Leo. Las Pléyades y las Hyades tuvieron el mismo destino.

Algunos de los familiares de Atlas fueron destacados personajes de la mitología griega: Pirra, hija de
su hermano Epimeteo y su esposa Pandora, fue la esposa de Deucalión, y juntos se encargaron de
repoblar la tierra una vez finalizado el diluvio. Hermes, padre del dios Pan, fue el mensajero de los
dioses y Psicopompo (guiaba a los muertos en su camino al inframundo), era su nieto.

Así que, amigos míos, cuando miréis hacia arriba, y aunque no veáis nada a causa de la
contaminación lumínica, acordaos de que gracias a Atlas el cielo no cae sobre nuestras mortales y, a
veces, locas cabezas.

El mito de Atalanta e Hipómenes

 JOSE MANUEL VARGAS

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¿Conocéis la historia de Atalanta, la mujer cazadora de la mitología griega?. Curiosamente suele ser
siempre representada por una mujer atlética, bella y corpulenta. Muchos dicen que podría ser
considerada como un modelo de mujer para la sociedad moderna, aunque yo no estoy muy de acuerdo
con esta idea. Aunque si conocemos su historia tal vez cambiaríamos de opinión.

Hija de Atamante y Temisto, a su padre no pareció gustarle demasiado el haber tenido una niña en
vez de un varón, ya que nada más nacer la abandonó en el monte Partenio. La diosa de la
caza, Artemisa, vio el hecho y mandó a una osa para que amamantara y cuidara a la recién nacida
junto a sus crías, hasta que más tarde fue encontraba por unos cazadores quienes educaron
a Atalanta como uno de los suyos.

Desde su adolescencia consiguió tal destreza con el manejo de las armas, que podía mandar una
lanza más lejos y más precisa que cualquier otro cazador. Era tremendamente hábil con el arco y las
flechas, mucho más que la mayoría de los demás cazadores.

Un día, mientras estaba cazando, dos centauros quisieron violarla. Sin embargo la joven,
deshaciéndose de ellos, tomó el arco y dos flechas y acabó con ellos. Su fama de cazadora y luchadora
le llevó a navegar con Jasón y los Argonautas y a ganar la carrera organizada en los juegos fúnebres
por la muerte de Peleo, el padre de Aquiles.

Era lógico que, después de todas estas aventuras, su fama se extendiera por toda Grecia. Sin
embargo, todos los pretendientes que intentaron tomarla como esposa chocaban contra el hecho de
que Atalanta estaba consagrada a Artemisa, por lo que debía permanecer virgen. La propia Atalanta
dijo que quien quisiera ser su esposo debía vencerle en una carrera, pero si ella ganaba mataría a su
oponente.

Así fueron muriendo todos sus pretendientes, pues no le ganaban en carrera, hasta que
apareció Hipómenes. No es que Hipómenes fuera más rápido que Atalanta, pero quizás sí más
inteligente. Provisto de unas manzanas de oro del Jardín de las Hespérides que le había
dado Afrodita, cada vez que en la carrera Atalanta parecía adelantar a Hipómenes, éste dejaba caer
una manzana al suelo.

Atalanta, admirada por la belleza de las manzanas, se paraba para recogerlas, lo que propició que
Hipómenes pudiera ganar la carrera y se casara con la joven. Sin embargo, hay algunas versiones
que cuentan que, después de la boda, Hipónemes ofreció sacrificios a Zeus y no a Afrodita, cosa que
enfureció a la diosa del amor.

Hay otra versión que narra que al llegar al santuario de Zeus, Hipómenes y Atalanta se entregaron uno
al otro, cosa que irritó a Zeus, quien convirtió a la pareja de enamorados en dos leones como castigo
por su sacrilegio. Algunos dicen que estos dos leones son los que tiran del carro de la Diosa Cibeles.

El mito de Perséfone, diosa de la primavera

 JOSE MANUEL VARGAS

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Hablemos hoy del mito de Perséfone. Esta bella joven era hija de Zeus y de Deméter, diosa de la
fertilidad, el trigo y las cosechas. Nada hacía presagiar que esta sencilla chica fuera a convertirse en
parte integrante del ciclo de las estaciones.

Cuenta la mitología griega que un día Perséfone estaba tranquilamente recogiendo flores en
compañía de sus amigas las ninfas y de las hermanas de su padre, Artemisa y Atenea. Cuando, de
pronto, justo en el instante en el que se iba a hacer con un lirio, la tierra se abrió con una enorme
grieta, de la que emergió Hades, hermano de Zeus y dios del Inframundo, llevándose consigo a
Perséfone.

Los mitos griegos siempre han sido muy suspicaces a la hora de valorar que el rapto de la joven se
llevó a cabo con la complicidad de Zeus, sobre todo por el hecho de que allí también estuvieran sus
hermanas y no pasara nada. Sin embargo, su madre Deméter, comenzó a vagar triste en busca de su
hija, y al ser la diosa de la cosecha, la tierra se volvió estéril con la pena de la divinidad.

Tuvo que ser que se le ablandara el corazón al “bueno” de Zeus, quien, viendo así a su mujer, optó
por pedirle a Hades que devolviera a la joven. Sin embargo Hades, listo como pocos, no en vano es
señor de los Infiernos, le había dado de comer a Perséfone un grano de granada, y todo aquel que
probara un bocado de cualquier cosa en el Inframundo, quedaba para siempre obligado a permanecer
allí.

Zeus quiso que este tinglado se resolviera de alguna manera, pues no podía ver a su mujer Deméter
penar de esa manera por la tierra, dejando estéril todo lo que estuviera a su paso. Y he aquí que
acordó con Hades que Perséfone pasara parte del año con él en los Infiernos, y parte en la tierra con
su madre Deméter.

Tuvo que convenirle el plan también a Hades, que aceptó, y desde entonces Perséfone pasa una parte
del año con su madre Deméter sobre la tierra, y otro tanto del año en el Infierno con Hades.

Este es el origen de la primavera para la mitología griega. El tiempo que Perséfone pasa en la tierra
es tiempo de alegría para las flores, que renacen y se abren con esplendor y vivos colores. Sin
embargo, cuando Perséfone vuelve al Hades, se entristecen y se cubren con la nieve y el frío del
invierno.

Hay que decir también que Perséfone es, para los latinos, Proserpina.

El mito del talón de Aquiles

 ALAN PÉREZ

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El niño va a ser hermoso, el más hermoso de todos los griegos. El niño va a ser el más rápido, va a
ser un guerrero heroico, será varios libros y muchas más películas. Es hijo del rey Peleo y la ninfa
Tetis, ambos mortales. Poseidón y Zeus debaten largamente sobre este nacimiento, este niño será
más grande que su padre, será hijo de dioses, será inmortal.

Tetis es acaso vanidosa. Sostiene al niño de su tobillo y lo sumerge en el río Estigia, quiere que su
hijo sea inmortal o tal vez no sea más que un bautismo; en ambos casos Tetis quiere que Aquiles sea
hijo de dios. Se supone que los dioses van a protegerlo. Tetis sumerge al niño para hacerlo
invulnerable pero la mano que sujeta el tobillo está marcando su muerte.

Quizás Tetis debería haberlo soltado y tal vez Aquiles hubiese muerto para nosotros pero no para ella.
La inmortalidad que quiso en el niño era para ella pero se lo ha entregado a los dioses. Y los dioses
son despiadados, entienden de todo menos de flaquezas.

Aquiles es inmortal pero persigue la muerte a cada instante. Aquiles es el más rápido de todos los
griegos y esquiva la muerte en cada batalla. Aquiles es inmortal pero lleva un escudo, es inmortal pero
una flecha envenenada en su talón y Aquiles se muere. Aquiles no existe. Aquiles es
inmortal pero murió en la guerra de Troya. Aquiles está muerto pero arde Troya.

Conocemos el mito pero no la realidad. Los que mueren viven pero la verdad es olvido. Tetis llora
desconsolada, el rey en silencioso luto pierde la mirada en un trágico bufón. Ningún padre debería
enterrar a su hijo. Tetis mira sus manos mojadas y levanta la vista al cielo, maldice a los dioses en
nombre de los que bendijo a su hijo. La historia no puede volver a escribirse.

La tragedia griega no se termina. Tetis moja con lágrimas el talón que antes mantuvo seco con su
mano, el hombre más rápido de Grecia ya no se mueve. Alguien pide una señal de los dioses pero los
dioses sólo saben escuchar la gloria.

El mito de Argos, los ojos del pavo real

 VIRGINIA VENTOSO

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El mito de Argo procede de la mitología griega y ha llegado a nosotros mediante la forma latinizada
Argos. Algunas fuentes indican que este imponente ser poseía cuatro ojos, dos que miraban hacia
adelante y dos que lo hacían hacia atrás; otras sostienen que tenía múltiples órganos visuales
dispersos por todo su cuerpo; y la versión más popular afirma que la cantidad exacta de ojos eran cien,
pero no era sólo esto lo que lo hacía único, sino que mientras dormía la mitad de esos ojos
permanecían despiertos lo cual le otorgaba la facultad de poder verlo todo.

Obedecía las órdenes de la diosa Hera, para quien era el vigía perfecto. De todas las tareas
encomendadas, dos fueron las que más han trascendido: terminar con la Equidna, monstruo con
cuerpo de mujer y cola de serpiente devorador de transeúntes, y controlar a la sacerdotisa en la
que Zeus, marido de Hera, había puesto toda su atención. La vigilancia de Argos era tan perfecta que
el dios no podía acercarse a la deseada Io. Naturalmente, esto lo enfureció tanto que Zeus ordenó a
Hermes que terminara de una vez por todas con el perfecto centinela y la vida de este llegó
efectivamente a su fin.

¿Cómo fue asesinado Argos?

Existen distintas versiones sobre el mismo hecho. En algunas, Hermes lo ejecuta con varias pedradas.
Personalmente creo que esta es la menos creíble. En otras, Hermes, por la noche, mientras Argos
descansaba. habría dormido a los ojos que permanecían en estado de alerta utilizando la flauta
de Pan o su propia vara. Una vez que Argos se encontraba totalmente inmerso en un sueño inducido,
lo asesinó decapitándolo.

Hera al enterarse de que su esposo se encontraba detrás de la muerte de su más fiel guardián decidió
vengarlo y vengarse castigando a la joven doncella Io. Luego, se acercó al cadáver de Argos, arrancó
todos sus ojos y los depositó en el plumaje del pavo real para que todos los que lo vieran desplegarlo
recordaran al fiel sirviente, ahora inmortal, y el injusto final que el destino le tenía reservado.
Por cierto, el cuadro que ilustra este texto es de Rubens. Podemos observar en él una de las escenas
de la mitología que más conmovió al artista, el momento en el que Hera con dedicación y con ayuda
de un cortejo, deposita ojo por ojo de su leal asistente en las plumas de un pavo real.

El mito de Cástor y Pólux, los Dioscuros

 JAVIER GOMEZ

 24 COMENTARIOS

Cástor y Pólux, de Peter Paul Rubens

Plutarco dijo un día de los Dioscuros que “no navegan con los hombres, no comparten sus peligros,
pero aparecen en el cielo y son sus salvadores”, y es que probablemente, como Cástor y Pólux, no
hay hermanos más bien avenidos ni que figuren con más leyendas después de muertos que en vida.

Mito de Cástor y Pólux

Fueron hermanos gemelos, nacidos de la misma madre, Leda, pero de distinto padre. Cuenta la
leyenda que Leda yació en la misma noche con su esposo Tindáreo, rey de Esparta, de quien engendró
a Cástor y Clitemnestra, y con Zeus, con quien creó a Pólux y Helena, lo que confirió al segundo de
los hermanos su carácter inmortal.

Ambos nacieron de dos huevos que puso Leda, y es por eso que a los Dioscuros se les representa
frecuentemente como a dos bellos jóvenes desnudos que lucen un yelmo en forma de cáscara de
huevo y con una estrella adornándola.. Y puede también que sea esa fuerte unión hermana, junto con
su disparidad de carácteres las que los hicieron identificarlos con la Constelación de Géminis,
constituida en la realidad de dos estrellas que brillan sobre todas las demás.
Sea como sea, los Dioscuros siempre han velado por los navegantes y han sido honrados tanto en
la mitología griega como en la mitología romana.

Volviendo a su historia, cuenta ésta sus enfrentamientos con los mesenios. Eran los reyes de Mesenia
hijos de Afareo, hermano de Tindáreo, padre de Cástor, y por tanto, primos de los gemelos. En uno de
esos enfrentamientos, en el monte Taigeto, el héroe Cástor, el mortal de los dos gemelos, cayó
mortalmente herido. Roto de dolor Pólux, el inmortal, pidió a su padre Zeus la venia de que Cástor
pasara un dia en el Olimpo, para luego él visitarlo en el Hades. Y así se hizo.

Su leyenda se perpetuó después de su muerte, acrecentándose. Dicen que en futuras luchas entre
mesenios y espartanos, se aparecieron los Dioscuros decantando la batalla del lado espartano; como
también se cuenta que en la batalla de Egospótamos, contra los atenienses, un ejército muy inferior
de espartanos fue capaz de derrotarlos con la ayuda de ambos hermanos.

Castor y Polux: su relación con Helena de Troya

Pero es su leyenda más popular la que los liga a la futura Helena de Troya, la misma que más adelante
raptara Paris, ocasionando la Guerra de Troya. Helena había sido raptada en esta ocasión por Teseo,
rey ateniense. Puesta bajo la custodia de su madre, Etra, Teseo y su amigo Piritoo se dirigieron a los
infiernos para raptar también a Perséfone, pues ambos habían jurado casarse con hijas de dioses. Sin
embargo, aquel momento lo aprovecharon Cástor y Pólux para, con un ejército, asaltar el reino de
Teseo en su ausencia. Recuperaron a helena, capturaron a Etra, madre de Teseo, y echaron del trono
a su hijo, colocando como nuevo rey a Menesteo.

Su importancia y la creencia en su salvaguardia llegó a ser tan importante que en Esparta el culto a
los Dioscuros se popularizó, adoptándose incluso en el oráculo de Delfos, y pasando de ahí a la
legendaria Roma. Allí se les consagró un templo en el Foro, y era desde sus escalinatas desde donde
los senadores se dirigían al pueblo.

LEYENDAS GRIEGAS RELATOS DE HÉROES Y


DIOSES
LA PROFECÍA DEL ORÁCULO AL REY: El
rey Acrisio reinaba en Argos. Hace de
ello muchos, muchos años. Como no
tenía ningún hijo varón, sino una sola
hija llamada Danae, consultó el oráculo
sobre lo que debía hacer para tener
descendencia masculina.
El oráculo le respondió: «No esperes ya
ningún hijo más, pero un nieto te
matará y preso de pánico por su vida y
su reino, encerró a su hija Danae en una
sólida estancia subterránea construida
de piedra.
Pero el más poderoso de los dioses,
Zeus, bajó a la Tierra en forma de una niebla de oro y llegó hasta ella. Danae recogió
aquella fina lluvia de oro con su manto, y de ella apareció el dios supremo que se posó
con ella. De esta unión con Zeus nació un niño, ,que ella llamó Perseo. Pero un buen día,
el rey Acrisio escuchó la vocecita un niño que estaba jugando. Ordenó que abriesen
inmediatamente aquella estancia, hasta entonces siempre cerrada, y que madre e hijo
compareciesen ante él.
Acrisio no podía dar crédito a lo que su hija decía, que el padre del niño era el propio Zeus.
Temiendo constantemente que se cumpliese el oráculo, encerró esta vez a madre e hijo
en un gran arcón de madera, ordenando seguidamente que fuese arrojado al mar. La gran
caja de madera flotó y navegó a la deriva, sin rumbo fijo, era un juguete de las olas. La
madre, temerosa y con lágrimas en los ojos, abrazaba con fuerza a su querido y
desamparado hijo, mientras sollozaba..
EL ABANDONO DE PERSEO: En qué desamparo te encuentras, querido hijo, sin que sepas
lo que te ocurre. Tú duermes aún el tranquilo sueño de un niño de pecho y apoyas
tranquilamente tu querida carita contra mi cuerpo. Duerme, duerme mi niño, sigue
durmiendo. Y tú, Zeus, padre de esta criatura, procura salvarnos, aparta de nosotros esta
desgracia, al menos de nuestro hijo. Azotada por el viento y el oleaje, la caja prosiguió su
viaje a la deriva hasta llegar cerca de una playa de la isla de Serifos, donde el pescador
Dictis ordenaba precisamente sus redes. Éste lanzó inmediatamente una gran red al agua
y pescó la gran caja de madera.

La arrastró fuera del agua, mientras las olas, con sus crestas de blanca espuma, seguían
golpeando la caja. Danae, al principio, se asustó, pero el niño Perseo obsequió al pescador
con su risa, contagiosa y sincera, una demostración de su ascendencia divina. Pero en la
isla de Serifos gobernaba como rey Polidectes, hermano gemelo de Dictis. Unos hermanos
desiguales, el uno era muy bondadoso, poseía un collar de oro; el otro, el rey, era
tenebroso y malévolo.
SU IMPOSIBLE MISIÓN: Sin dudar, acogió a los dos náufragos y crió
al pequeño Perseo en su palacio. Tanto la madre como el hijo eran
buenos para realizar todos los trabajos que les ordenaba, sin
olvidar que Polidectes se había enamorado de Danae. De esta
forma fueron transcurriendo los años. Perseo se había convertido
en un esbelto y robusto joven. Y el rey seguía con una idea fija en
su cabeza: quería casarse con Danae. Pero como que tanto ella
como su hijo Perseo estaban en contra de estos esponsales, el
señor de la isla no tuvo más salida que engañar a Perseo,
ordenándole que fuese en busca de la cabeza de la terrible
Gorgona Medusa. Perseo ignoraba que las tres Gorgonas: Esteno,
Euriale y Medusa, eran unos monstruos terroríficos; poseían alas,
unos dientes poderosos y en la cabeza serpientes en lugar de
cabellos. Su mirada era tan terrible y espantosa que aquel que las contemplaba quedaba
inmediatamente petrificado.
Excepto Medusa, las otras dos eran inmortales y vivían en el límite más lejano del mundo,
alejadas de todo, en los insondables abismos de noche y de la muerte. Por este motivo,
Polidectes estaba convencido de que Perseo no sobreviviría jamás a esa misión. Pero
Perseo, hijo de Zeus, era muy amado y muy valioso para los dioses, y Zeus había
escuchado en sufrimiento las insistentes súplicas de la madre, mientras a la deriva en alta
mar, y no las había olvidado. El joven de corazón valiente, emprendió el largo viaje para
enfrentarse a las aventuras que le esperaban. Llegó al lugar donde moraban las hermanas
de las Gorgonas, que habían nacido como mujeres muy ancianas; eran las guardianas de
las Gorgonas y sólo ellas conocían el camino que conducía hasta ellas.
El valeroso joven les robó el diente y el ojo -las tres sólo poseían un único ojo que
utilizaban alternativamente-, que sólo devolvió cuando le indicaron el camino que debía
seguir. Pero el camino le conducía primero a las ninfas y éstas entregaron tres objetos a
Perseo, con los que podría cumplir su misión: unos zapatos con alas, con los que podía
volar por los aires, una bolsa mágica para la cabeza de la Gorgona, y un yelmo que lo
haría invisible.
LA LUCHA CONTRA LAS GORGONAS: Tan pronto se lo colocaba, era invisible para
todos. La diosa Atenea le entregó además un espejo metálico intensamente brillante.
Perseo se sujetó los zapatos alados y dejó que el viento lo transportase hasta el fin del
mundo, allí donde habitaban los monstruos con las serpientes en la cabeza. las montañas
eran allí altísimas, tanto que parecían acariciar el cielo, y Perseo divisó unas figuras
petrificadas que permanecían inmóviles en medio de aquel paraje: un león que huía, que
parecía mirar al vacío con sus fauces abiertas, una persona ésta también en plena huida,
también convertida en piedra.
A la izquierda y derecha del camino había animales, personas
jóvenes y adultas, niños, como cincelados por un escultor que
pretendiese representar el pavor. Todos ellos habían sido las
inocentes víctimas de las Gorgonas; con sólo mirarlas habían
quedado petrificadas. Perseo se aproximó cautelosamente,
internándose más y más en las profundidades de una cueva; por
precaución sujetó bien delante de su rostro el espejo que Atenea le
habla entregado, porque sólo reflejada en el espejo podía mirar a
Medusa si no deseaba, también él, verse convertido en piedra.
Percibió desde lejos una voz ronca y luego los silbidos de los
colúbridos; esperó hasta que llegase la noche y las Gorgonas se
hubiesen dormido; luego, con suma cautela, se aproximó cada vez
más a ellas hasta descubrir en el espejo la imagen de la Medusa.
Desenvainé rápidamente su espada y con un fuerte golpe le separó
la cabeza del tronco la cabeza rodó por el suelo. Su rostro, convenido
en una horrenda caricatura, miraba fijamente al vacío. Pero de la
sangre que broté del tronco de la Gorgona surgió, envuelto en tempestuosas nubes, el
caballo alado Pegaso.
El héroe introdujo la cabeza de la Medusa en la bolsa mágica. Pero apenas había finalizado
su trabajo cuando las otras dos Gorgonas, sus hermanas inmortales, se despertaron y
desearon vengar inmediatamente la muerte de su hermana. Perseo se cubrió rápidamente
con el yelmo mágico, ahora era invisible para aquellos dos monstruos. Con sus zapatos
alados ascendió y emprendió el vuelo; de esta forma consiguió salvarse de aquellos
malignos y vengativos espíritus, las tormentosas ráfagas de viento zarandeaban a Perseo
en el aire, de forma que al llegar la noche decidió pisar nuevamente tierra. Pero había
descendido en el territorio del poderoso gigante Atlas. Éste poseía numerosos rebaños de
ganado y grandes huertos en los que crecía un árbol con ramas de oro, hojas de oro y
manzanas de oro. Perseo había confiado que el gigante lo acogería bien, ofreciéndole la
hospitalidad deseada, pero el gigante estaba terriblemente enojado, deseaba darle muerte
porque, según un oráculo, sólo había venido para robarle su oro. Perseo extrajo entonces
de su bolsa mágica la cabeza de la Medusa y se la mostró al gigante. Atlas quedó
inmediatamente petrificado convertido en una gigantesca montaña de piedra.

PERSEO SALVA Y SE ENAMORA DE ANDRÓMEDA: A la mañana siguiente y con el viento


en calma, el héroe ascendió de nuevo hacia el cielo y voló por encima de muchos países
y montañas hasta llegar al país de Cefeo, en la lejana Etiopía. A los pies de un altísimo
acantilado rocoso pudo ver a una hermosa muchacha encadenada a las rocas. De no ser
por el viento que agitaba suavemente sus trenzas, habría podido creer que se trataba de
la preciosa obra maestra de un gran escultor. Su corazón empezó a palpitar con fuerza,
el héroe se había enamorado apasionadamente. Descendió entonces hasta casi pisar la
tierra, diciéndole a la preciosa muchacha: «Quién eres tú? ¿Qué trágico destino quiere
que permanezcas encadenada?
La bella prisionera lloraba Y sollozaba, pero finalmente
confió en el joven Y relató al héroe su infortunio: «Me
llamo Andrómeda Y soy la hija del rey de este país. Mi
madre se pavonea y afirma que es más hermosa que
todas las ninfas. Por este motivo, Poseidón, el dios de
los mares y protector de las ninfas, se enfureció
terriblemente, tanto que produjo una gigantesca marea
y envió además un terrible monstruo marino pata que
nos destruyese a todos. Según el oráculo, mi padre me
ha encadenado en este lugar para que sirva de comida
al monstruo, sólo así podrá salvarse mi país.
Mientras pronunciaba estas palabras el suave ritmo de
las olas fue transformándose paulatinamente en un
salvaje fragor, las olas se encrespaban cada vez más
para, al golpearse unas contra otras, partiéndose en
dos. De repente, del fondo de los mares surgió un
monstruo horrendo. Era tan gigantesco que con su
cuerpo cubría toda la superficie del mar. i-iormrii.:idos por los gritos desesperados de la
doncella, sus p:tIwn acudieron inmediatamente con el ánimo de salvarla, pero resultaba
imposible prestarle ayuda.
Sin embargo, Perseo se propuso salvar a la bella muchacha, siempre y cuando sus padres
se la concediesen como esposa. Los padres aceptaron la proposición, además de pro-
meterle un reino. El monstruo se había ido aproximando cada vez más a la costa, quería
su víctima. Pero Perseo, gracias a sus zapatos alados, ascendió, rápido como una saeta,
hacia las nubes; el monstruo sólo podía ver ahora su sombra reflejada sobre la superficie
del agua y con rabia, echando espuma por la boca, se arrojó sobre la sombra. Mas Perseo
descendió ahora vertiginosamente, sentándose sobre la espalda del terrible monstruo,
que seguía vociferando con verdadera furia. Perseo sujetó con fuerza su cabeza, que tan
pronto extraía del mar como la sumergía de nuevo en las oscuras olas. El monstruo
intentaba morder a Perseo, pero el héroe desenvainó su espada y la introdujo más y más
en el escamoso cuerpo del monstruo, hasta que éste se desangró y se hundió hasta lo
más profundo del mar.
PERSEO ESPOSA A ANDRÓMEDA: El héroe fue recibido entonces en la playa con grandes
demostraciones de júbilo, además de ser acogido y saludado con gran alegría por los
padres de Andrómeda; le habían prometido que sería su yerno. Inmediatamente después
se celebraron los esponsales. Pero no se habían cumplido aún todas las desventuras y
aventuras del héroe. Fineo, hermano del rey Cefeo, interrumpió furiosamente la fiesta de
la boda; exigía que Andrómeda fuese su esposa, a él le había sido prometida. Pero Perseo
no podía imponerse a las salvajes acometidas de las bandas criminales de su rival que,
asesinando, irrumpieron violentamente en la fiesta.
El héroe regresó entonces a la playa. Fue a buscar la cabeza de la Medusa. Regresó a la
sangrienta fiesta y dijo a todos los presentes que quien fuese aún su amigo ocultase
inmediatamente su rostro. Quienes no lo hicieran se convertirían inmediatamente en
piedra tan pronto contemplasen la faz de la Gorgona. Sólo Fineo logró sobrevivir, e imploró
al héroe que le perdonase la vida. Pero Perseo le respondió: «No temas, yo no te mataré
con mi arma, pero sí deseo que seas eterno», y le mostró la cabeza de la Medusa. Los
aún suplicantes brazos de Fineo, las lágrimas que brotaban de sus ojos, todo quedó
petrificado, allí sólo quedó la solidificada, la pétrea imagen del que suplicaba.
EL REGRESO A SU ISLA NATAL JUNTO A SU MADRE: Poco tiempo después, Perseo y
su joven esposa regresaron a la isla de Serifos, donde su madre, que no había dejado de
sollozar, seguía esperándolo en el templo; Polidectes pretendía, una y otra vez, aunque
siempre en vano, que fuese su esposa, aunque fuera por la fuerza. Pero el héroe vengador
le mostró a Polidectes la cabeza de la Medusa y el rey quedó inmediatamente petrificado.
Perseo entregó el reino al pescador Dictis, hermano del rey, por haber cuidado y atendido
en todo instante a su querida madre. Devolvió a Hermes los zapatos alados y el saco
mágico, y a Atenea le regaló la cabeza de la Medusa. Después de cumplir con estas
obligaciones, Perseo, junto con su esposa y su madre emprendió el camino hacia el lugar
del que hacia tantos años habían partido: a Argos, donde aún gobernaba el rey Acrisio,
su abuelo. No se había cumplido aún el oráculo del destino. Por temor al viejo oráculo,
Acrisio huyó del país y cedió el trono a su nieto.

PERSEO MATA A SU PADRE: Pero en cierta ocasión, Perseo llegó al país al que su abuelo
había huido, El héroe había sido invitado a unos solemnes funerales, participando luego
en una competición deportiva. Al lanzar el disco, éste, mal dirigido por el viento, golpeó
con fuerza al abuelo y lo mató. De esta forma se cumplía el destino predicho por e]
oráculo. Perseo sepultó con toda solemnidad a su abuelo y como vacilaba en aceptar la
herencia del abuelo, por él involuntariamente asesinado, entregó el reino a un familiar
suyo; mas este familiar, a cambio, le hizo nuevamente entrega de todo su reino.
Otro ejemplo de fuerza y valor es también el del héroe ateniense por excelencia, Teseo. Era
éste hijo de Egeo, rey de Atenas, y de Etra. Según la tradición, se casó primero con la
amazona Hipólita, de la que tuvo un hijo, Hipólito. Más tarde se casó con Fedra, mujer
que, según el mito, se enamoró de su hijastro, Hipólito, sin que éste le correspondiera.
Estos amores acabaron trágicamente. Se dice que en casi todas sus hazañas Teseo trataba
de emular a Heracles. Igual que él mató fieras, como el terrible toro de Maratón.
Sin embargo, sus dos gestas más conocidas son la destrucción del Minotauro y su bajada
a los Infiernos. Respecto a la primera, Teseo llegó a Creta donde penetró en el Laberinto,
palacio de muchos pasillos y habitaciones en donde habitaba el Minotauro, monstruo mitad
hombre, mitad toro, que se alimentaba de carne humana. En su empresa contó con la
ayuda de la joven Ariadna, hija del rey de Creta Minos, la cual le dio un hilo de lana con
el que pudo encontrar la salida de aquel recinto. En la segunda de sus gestas bajó al
mundo de los muertos con otro héroe, Pirí-too, con la intención de raptar a Prosérpina, la
esposa de Hades. Habiendo sido capturados por el rey infernal, Heracles consiguió rescatar
a Teseo.
El último de nuestros héroes es Jasón, hijo de Esón, rey de Yolcos. Se cuenta que éste
perdió el trono a manos de Pellas, tío de Jasón, quien para recuperarlo fue obligado por
su tío a emprender un viaje a la Cólquide, donde se encontraba el famoso vellocino de
oro. Era ésta la piel dorada de un carnero con poderes mágicos. Para organizar la
expedición Jasón no dudó en convocar a los principales héroes griegos del momento,
quienes viajaron en la nave Argos, de ahí el nombre de Argonautas con el que se les
conoce. En su empresa también le ayudó Medea, hija del rey de la Cólquide, que conocía
las artes de la magia. Tras conseguir el vellocino, recuperó el trono de Yolcos y se casó
con Medea. Esta, en la tradición mítica, acabó convirtiéndose en el prototipo de la mujer
celosa y vengativa, capaz de los peores crímenes por retener al hombre al que amaba.
Fuente Consultada: Relatos de la Antigüedad.

AQUILES Y ULISES HÉROES DE LA GUERRA DE


TROYA
INICIO DE LA GUERRA DE TROYA
Esparta ataca a Troya: El ultraje que el príncipe troyano había inferido al honor de los
aqueos reunió en seguida en el palacio de Menelao a todoslos grandes guerreros de
Grecia, ávidos de venganza. Decidieron reunir una armada tal que ni siquiera una
parecida hubiese surcado alguna vez los mares, y marcharon contra Troya para arrancar
a Paris el tesoro mal adquirido. Para ello, los príncipes se convocaron en el puerto de
Aulis, ciudad de Beocia, empeñándose en coadyuvar en la empresa con hombres y
dinero.
Poco después, la playa de Aulis era un hormiguero de hombres armados; decenas de
naves ancladas en la rada aguardaban el viento favorable para partir. Estaban todos: el
viejo Néstor; Agamenón, elegido jefe de la expedición; Menelao; el Áyax Telamón, rey
de Salamina; Ulises, rey de Ítaca; Aquiles con sus mirmidones. La armada contaba con
120.000 hombres y 1.186 naves.
A solicitud de los dos soberanos ofendidos —ya que Menelao era hermano de Agamenón,
rey de Micenas, y el más poderoso de los reyés de Grecia—, se reunieron en una especie
de confederación todos los jefes de las ciudades, todos los pueblos del centro, del sur y
de las islas, a las órdenes de los más valientes generales, y fue dispuesta la movilización
general, preparándose para la guerra.
Se habían hecho presentes, además, el Áyax Oileo, jefe de cuarenta naves procedentes
de Lócride; Idomeneo, hijo de Deucalión, llegado de Creta con ochenta naves; el grande
e impetuoso Diómedes, de Argos, y, también, Patroclo, amigo de Aquiles. Todos estaban
animados por un justificado ardor guerrero contra las gentes de Tróade, y habían
decidido vengar la grave ofensa infligida a Menelao y a toda Grecia.
Ulises, el más astuto y pacífico de los reyes aquéos, fingió estar loco para no participar
en la guerra, y se puso a arar la ‘playa de Ítaca, sembrando en ella sal. Pero cuando los
emisarios de Agamenón, poco convencidos de su gesto de demencia, quisieron poner
delante del arado a su hijito Telémaco, desistió de la comedia y se resignó a partir.
Aquiles, el más joven y más valiente de los aqueos, había sido escondido por su madre,
la diosa Tetis, entre las mujeres del palacio de Esciros, vestido con indumentos
femeninos. Pero Ulises, advirtiendo el subterfugio, se presentó en aquella mansión
vestido de mercader ambulante y ofreció a las doncellas joyas y ricos vestidos. Mientras
las mujeres examinaban con viva admiración su mercadería, Ulises extrajo de su bolsa,
como al descuido, una espada filosa y un brillante yelmo de bronce. En seguida, la más
alta de las jóvenes, que hasta entonces había quedado apartada del grupo, asió con
fuerza aquellas armas y empezó a manearlas con viril seguridad; Aquiles, así
descubierto, no pudo ya dejar de partir para Aulis.
La flota estaba anclada aún, porque los vientos eran desfavorables. El adivino Calcas
había declarado que el tiempo sólo cambiaría si la ‘hija de Agamenón, Ifigenia, era
sacrificada sobre el ara de Artemis. Un sentimiento de desolación había embargado a los
jefes aqueos, ya que ninguno osaba proponer al padre el horrendo sacrificio. Al cabo, el
mismo Agamenón impartió la orden; entre las lágrimas e imploraciones de todo el
ejército, la desdichada niña fue llevada al altar, frente a las olas; allí Calcas esperaba
con el brazo en alto, armado de un cuchillo.
Todos apartaron la mirada para no ver la irreparable acción, pero, en el momento mismo
en que iba a ser consumado el sacrificio, fueron sacudidos por un grito de estupor del
sacerdote. Ifigenia había desaparecido y, en su lugar, como por obra de magia, había
una cierva blanca, el símbolo de Artemis.. El puñal se abatió centelleante y un soplo
inmenso recorrió el cielo: las velas de las naves se extendieron con estrépito y se
hincharon. ¡Era el viento favorable!.
En la bahía de Aulis sólo se oían gritos de júbilo; desaparecieron las tiendas; los
hombres se aglomeraban en los puentes de los barcos, apresurándose para subir a
bordo; cortaron amarras y levaron anclas, y, una tras otra, las bellas naves aqueas
zarparon hacia alta mar.
Después de algunos días, en una mañana resplandeciente de sol, la alarma corrió por las
calles y las plazas de Troya. La gente se volcó sobre las altas murallas de la ciudad y vio
el horizonte cubrirse de velas: una flota poderosa se acercaba.
Se reunieron los jefes, salieron por las puertas los soldados y se dio la orden de combate
en la playa, bajo el mando de Héctor, el mayor de los hijos de Príamo. Las naves
aqueas, ya muy cerca, enrollaban las velas y parecían vacilar. Una vez más, Calcas
había pronunciado un lúgubre vaticinio: el primero que pisara tierra firme sería muerto.
Ya los troyanos esgrimían sus armas animándose unos a otros, cuando se vio saltar al
agua a un joven guerrero.

En medio del silencio general, Protesilao, rey de una parte de Tesalia, se levantó y corrió
hacia la playa, alcanzando tierra firme justamente delante del carruaje de Héctor. La
espada del héroe troyano silbó fulmínea, y el joven rey cayó en la arena dorada,
regándola con la primera sangre aquea.
Pero ya, con intenso fragor de armas y de gritas, todo el ejército griego se lanzaba
contra los defensores, los que, batiéndose en retirada, se refugiaron tras el seguro
baluarte de las murallas.
Así se inició el prolongado sitio de Troya. Ya durante un anterior sacrificio a Apolo, de
debajo del ara salió una serpiente que subió a un plátano cercano para devorar un nido
de nueve pájaros, y luego fue transformada en piedra. El adivino Calcas interpretó el
acontecimiento en el sentido de que la guerra de Troya duraría diez años, como en
efecto sucedió.

INFLUENCIA DE LOS MITOS EN LA SOCIEDAD


Para hacernos una idea más exacta, el mito debería entenderse de manera general como
una leyenda o un relato que cuenta hechos que, aunque no se pueda demostrar que
ocurrieran, la tradición los considera verídicos. Así, cuando los griegos decían que al
hombre lo había creado un personaje llamado Prometeo a partir del barro y a imagen y
semejanza de los dioses, nadie podía demostrar que eso hubiese sido así, pero existía el
firme convencimiento de que, en efecto, así había ocurrido.
Normalmente, como les sucede a las leyendas, los mitos se transmitían oralmente, como
relatos, de padres a hijos, de generación en generación, y los hechos que contaban
solían situarse en una época muy antigua, en muchos casos cercana a los orígenes del
mundo.
Normalmente, los protagonistas de estos relatos eran dioses o personajes divinizados,
como los héroes. Estos eran para los antiguos griegos y romanos seres nacidos de un
mortal y de un dios, o que alguno de sus antepasado fue un dios; además tenían una
fuerza sobrehumana pero a diferencia de los dioses, no eran inmortales. Por tanto, si el
mito debe identificarse en cierta medida con la leyenda, la mitología sería el conjunto de
leyendas o mitos.
SU INFLUENCIA: A pesar de los miles de años transcurridos desde la aparición del
hombre sobre la Tierra, en el mundo contemporáneo casi todas las personas conservan
–dentro de su conformación psicocultural– y practican distintas conductas y hábitos que
representan la adhesión a mitos antiquísimos. La persistencia del elemento mítico en las
sociedades actuales adopta formas nuevas o modificadas que, en último análisis,
responden a los objetos de adoración, o bien fuentes inspiradoras de temor para el
hombre, que sustentaban los pueblos de casi todas las latitudes y culturas de la
antigüedad.
La literatura infantil, con su serie de personajes clásicos,
también manifiesta la supervivencia de tradiciones milenarias:
en el cuento de Caperucita Roja, por ejemplo, es fácil identificar
la fábula del terrible lobo Fenrir que traga al Sol en la mitología
escandinava. Por otra parte, la superstición expresada en el
temor a la rotura de espejos es un recuerdo de la magia
simpática, perteneciente a los cazadores prehistóricos, en la cual
el espejo roto muestra la figura partida y ésta equivale al
original destrozado, vale decir muerto.

Las leyendas populares conforman un amplio muestrario en el


que se repiten figuras y situaciones que evocan antiguos pasajes
mitológicos. De esta manera, la princesa buena y bella simboliza
el renacimiento de la vida en primavera; su pareja es el príncipe azul, encarnación del
Sol, que la despierta de su sueño mágico, al igual que el astro rey reaviva a la
naturaleza después del invierno.
Las hadas protectoras son claras versiones de las divinidades femeninas benéficas; el
anciano bondadoso y sabio, padre o rey, es un reflejo del Ser Supremo; e! niño
ingenioso y valiente, que triunfa en los mayores apuros pese a su debilidad, simboliza al
héroe, el ideal de la humanidad que lucha contra las fuerzas hostiles del mundo.
Y tampoco faltan las figuras diabólicas -ogro, bruja o gigante-que representan potencias
amenazadoras. Como una reliquia de la adoración a los árboles -dendolatria- figura en
primer lugar la creencia en el Árbol de la Vida, presente en numerosas historias.
También los animales, reales o fantásticos, tienen diversos significados: el dragón, el
cielo tempestuoso; la serpiente gigantesca, las fuerzas de la Tierra, y si es marina, las
tormentas del océano. Asimismo, el monstruo de siete cabezas, ya existente en la
mitología griega, y el cabal/o negro, que representa e! terror de la noche y del Diablo.
El buceo profundo en el interior de la psiquis humana, en especial a partir del moderno
psicoanálisis y sus técnicas de investigación, ha aportado materiales altamente
reveladores sobre la estructura de los mitos y la actuación práctica de éstos por parte de
los individuos, sobre todo en aquellos enfermos menta/es con ciertas características, como
los neuróticos agudos, paranoicos y esquizofrénicos. En ellos, más que en el común de las
gentes, aparecen con gran intensidad los mitos histórico-cultura/es básicos de la
humanidad, tales como el complejo de Edipo y el de Electra.

La riqueza de elementos contenidos en estas historias ilustra sobre los momentos clave
por los que, de cualquier manera, atraviesan todos los hombres en su evolución, y su
simbología implica naturalmente la referencia a las fuerzas centrales que animan la vida
humana en sociedad: las figuras del padre y la madre que son, también, las de las
divinidades supremas masculinas y femeninas, tanto en su versión pagana como
vinculadas a los distintos credos religiosos.
Los mecanismos mitológicos operan a nivel del inconsciente colectivo e individual y su
forma de realización se representa en los sueños del común de las personas e, incluso, en
buena parte de sus actos cotidianos.
Éstos trasuntan la existencia, al interior de la personalidad humana, de un sistema
productor de conceptos mitológicos en la mente, hecho que se ha comprobado hasta en
sujetos carentes de la más elemental cultura.
El eminente investigador Carl Jung echó luz sobre estas cuestiones y brindó un enfoque
renovador al afirmar la existencia de los “arquetipos”, es decir, conceptos y símbolos de
la humanidad considerada como un conjunto que no muere, aunque sí se renueva, y de
la que cada persona recibe ideas y cosmovisiones que son la herencia de los
antepasados. Este legado cultural adquiere la forma y la fuerza de un atavismo,
verdadero determinante que llega al presente desde el más obscuro y remoto pasado
del hombre.
En la actualidad, y particularmente en el presente siglo, nuevas ideas cargadas de
simbologías se han ido introduciendo en la vida y en la mente de los individuos; en tal
sentido colaboraron y continúan haciéndolo los modernos medios de comunicación
masivos.
Así se convierten en mitos modernos el poder, el dinero, la felicidad, los prejuicios
raciales, o personajes como Superman y e! agente secreto 007. Aparatos y máquinas
producto de la era tecnológica en que vive el mundo sirven a estos nuevos héroes en los
que palpita la aspiración al superhombre, común a las mitologías antiguas en las que,
por ejemplo, el her-. moso mancebo conductor de caballos de fuego simboliza el deseo
humano de dominar el Sol.

10 Mitos y leyendas griegas y romanas del


origen de ciudades antiguas
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Administrador | Mitología(link is external) | 11/06/2016 - 13:44

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A lo largo de la Historia de la Humanidad, todos los pueblos se han preguntado de una forma u otra por sus
orígenes más remotos. La cuestión "de dónde venimos" ha estado presente en la configuración de la identidad de
todas las comunidades y naciones. En el caso de los ciudades y pueblos más antiguos, la historia de sus orígenes
se pierde en lo más remoto de los tiempos, pues nacieron en un momento en el que cual la escritura aún no había
aparecido y todas las tradiciones se transmitían de forma oral de generación en generación. Por ese motivo, el
origen de numerosas ciudades forma parte más del mito que de la verdadera Historia. Muchos pueblos, además,
aprovecharon el desconocimiento sobre sus propios orígenes para introducir en las historias de su fundación todo
tipo de leyendas heroicas llenas de grandes gestas, batallas y gloria. De este modo, trataron de dar lustre a su
presente inventando un pasado glorioso. Aunque historiadores y arqueólogos han desmentido gran parte de estos
mitos fundacionales, las leyendas sobre la fundación de las ciudades antiguas resultan muy interesantes para
entender cómo veían su pasado estos pueblos y cómo interpretaban su presente.

En este artículo recogemos algunos de los principales mitos y leyendas griegas y romanas sobre la fundación de
ciudades.

Fundación de Roma
El mito de la fundación de Roma es sin duda uno de los más conocidos del acervo mitológico de la Antigüedad. A
pesar de ser en apariencia sencillo, el mito de Rómulo y Remo se construyó a lo largo de muchos siglos, a lo largo
de los cuales los romanos fueron incorporando unos elementos y suprimiendo otros dependiendo de sus
necesidades de cada momento. No debemos olvidar que, a través del linaje del que provenía Rómulo, los romanos
se hacían descender de la casa real troyana, con lo que esto conllevaba de prestigio de cara al mundo griego. Al
mismo tiempo, incluían en su ascendencia a los dioses Venus y Marte, apuntalando ya la grandeza de una estirpe
que estaba llamada a conquistar el Mediterráneo.
Varias generaciones después de que Iulo Ascanio, hijo de Eneas, fundara la ciudad de Alba Longa, llegaron al
trono dos hermanos que debían compartir el poder: Númitor y Amulio. Amulio deseaba todo el poder para si mismo,
y tras apartar a su hermano del trono por la fuerza obligó a la única hija de éste, Rea Silvia, a que se convirtiera en
vestal, un tipo de sacerdotisa caracterizada por el compromiso de permanecer vírgenes durante toda su vida. De
este modo, Amulio se aseguraba que la estirpe de su hermano moría con Rea Silvia, y ningún descendiente podría
reclamar el trono que deseaba para él. Sin embargo, el dios Marte se quedó prendado de la belleza de Rea Silvia, y
violó a la joven, dejándola encinta de dos gemelos: Rómulo y Remo. Cuando nacieron los niños, Amulio, furioso,
ordenó que los dos nietos de su hermano fueran expuestos en una cesta en el río Tíber para que se ahogaran y
murieran. Los sirvientes del rey obedecieron, pero el río bajaba crecido y depositó la cesta a mucha distancia de los
territorios de Alba Loga, a los pies del monte Palatino, entre las raíces de una higuera. La suerte o el destino
marcaron así el lugar en el que sería fundada Roma.
Rómulo y Remo, hambrientos, comenzaron a llorar, atrayendo la atención de una loba que acababa de tener una
cama de lobeznos. El animal se apiadó de la suerte de las criaturas y les alimentó con su leche. Una parte de la
tradición afirma que un pájaro carpintero, animal consagrado al dios Marte, contribuyó a llevar alimentos a los
pequeños. De este modo, Rómulo y Remo consiguieron burlar a la muerte segura a la que Amulio les había
condenado.
Poco tiempo después, un pastor llamado Faustulo, que apacentaba sus rebaños en la región, escuchó el llanto de
los niños, los recogió y se los entregó a su esposa para que los criara. Los gemelos crecieron entonces como hijos
de este matrimonio de pastores, en un entorno agreste y salvaje, entablando relación con los jóvenes de los
alrededores. Al llegar a la mayoría de edad, Faustulo, que sospechaba que los muchachos eran de linaje regio, les
confesó a éstos su verdadero origen. Rómulo y Remo, deseosos de vengar a su abuelo, parten Alba Longa con un
nutrido grupo de pastores, y tras infiltrarse en la ciudad, atacan el palacio del rey y consiguen darle muerte.
Númitor, ya anciano, reconoció a sus dos nietos, y fue repuesto por ellos en el trono de Alba Longa.
Rómulo y Remo sintieron entonces deseos de fundar su propia ciudad en el lugar donde la loba les había
encontrado de niños. Se presentó, sin embargo, un problema. ¿Quién de los dos debía convertirse en el nuevo rey
y figurar como el fundador de la nueva ciudad? Los dos gemelos estuvieron de acuerdo en dejar la decisión en
manos de los dioses. Cada uno de ellos eligió un lugar desde el que observar los cielos para que Júpiter les enviara
una señal. Rómulo tomó como sede el monte Palatino; Remo, a su vez, se instaló en el Aventino. Aunque Remo
fue el primero en ver un augurio, seis buitres volando por el cielo, Rómulo vio el doble de aves poco después.
Sin que la disputa se resolviera, Rómulo se dispuso a trazar el pomerium de la nueva ciudad. El ritual de fundación
consistía en que un arado tirado por bueyes recorría el trazado de la futura muralla, levantándose la reja sólo en
aquellos lugares en los que se levantarán las puertas. De esta manera simbólica se creaba un montón de tierra,
que representaba la futura muralla, y un pequeño surco, que representaba el futuro foso. Al tiempo que se realizaba
este ritual, se pronunciaban hechizos y se hacían sacrificios para que los dioses protegieran los límites de la nueva
ciudad. Desde el momento en el que se concluía el ritual, se consideraba un sacrilegio cruzar el pomerium excepto
por los lugares marcados para las puertas, pues sólo un enemigo de la ciudad haría tal cosa. Remo, para burlarse
de Rómulo y de sus solemnes rituales, decidió saltar el pomerium, cometiendo un sacrilegio. Rómulo actuó en
consecuencia y ejecutó a su propio hermano para expiar el sacrilegio. De este modo, Rómulo se quedó como único
rey de la nueva ciudad, a la que en su honor puso el nombre de Roma.
Muchos años después, cuando Roma ya había crecido y se había convertido en una ciudad poderosa en la región,
Rómulo falleció sin dejar descendencia. Los romanos creían que el fundador de su ciudad había sido elevado a los
cielos por los dioses, que le convirtieron en uno de ellos con el nombre de Quirino.
Fundación de Alba Longa

Tras la guerra contra los rútulos y la victoria de troyanos y latinos alcanzada al matar en combate Eneas a Turno,
los héroes teucros decidieron fundar una nueva ciudad a la que pusieron el nombre de Lavinium en honor a
Lavinia, la hija del rey Latino que había contraído matrimonio con Eneas. La nueva ciudad prosperó rápidamente,
hasta el punto de que, treinta años después de su fundación, Ascanio, hijo de Eneas y la troyana Creusa, decidió
fundar una nueva urbe en la que troyanos, latinos y sus descendientes pudieran asentarse. Las fuentes son
confusas acerca del motivo por el que Ascanio decidió partir de Lavinium. Es probable que, al ser él hijo de la
primera esposa de Eneas y no formar parte de la estirpe del rey Latino, decidiera, una vez muerto su padre, crear
su propia dinastía al margen de Lavinium. El lugar elegido para fundar la nueva ciudad fueron los llamados Montes
Albanos, unas colinas suaves de origen volcánico abundantes en lagos y fuentes de agua. El nombre de la ciudad
fundada por Ascanio fue Alba Longa.
Alba Longa prosperó bajo el mando de Ascanio y sus sucesores. El escritor Dionisio de Halicarnaso, que escribió
su obra en tiempos de Augusto, nos ha legado una lista de reyes albanos que sin duda fue una creación tardía que
buscaba entroncar a Rómulo, fundador de Roma, con el hijo de Eneas, de forma que Roma pudiera convertirse en
la heredera espiritual de la grandeza de Troya. El mismo Julio César había fomentado la creencia de que su familia
, la gens Iulia, descendía en línea directa de Iulo Ascanio, que era a su vez nieto de la diosa Venus. El mismo
Augusto, hijo adoptivo de César, fijó esas leyendas para establecerse como el heredero de Eneas. Ante todas
estas manipulaciones tardías, resulta muy difícil establecer qué hay de real y qué hay de mítico en los relatos
acerca de la historia de Alba Longa.
La arqueología, en esta ocasión, apenas puede ayudarnos, pues los investigadores aún no se han puesto de
acuerdo en la localización exacta de esta ciudad tan importante para la fundación de Roma. En tiempos del rey
Tulo Hostilio, Roma y Alba Longa entraron en guerra. Según las fuentes literarias, para evitar desperdiciar la vida
de numerosos ciudadanos, ambas ciudades decidieron que fueran dos parejas de tres hermanos, los Horacios y los
Curiacios, los que se enfrentaran en nombre de sus pueblos. Uno de los hermanos Horacio quedó en pie el último,
dando la victoria a Roma. Alba Longa fue destruida hasta los cimientos, y su población obligada a trasladarse a
Roma, a las tierras del monte Celio. A medida que Roma fue creciendo en los siglos posteriores, las tierras de la
antigua ciudad de Alba Longa fueron llenándose de villas señoriales a las afueras de la ciudad, y la localización
excata de la ciudad fundada por Ascanio se perdió para siempre. El enfrentamiento entre Roma y Alba Longa,
engrandecido por las fuentes tardías, fue seguramente una lucha entre dos comunidades pujantes de mediano
tamaño por la hegemonía en el área del Lacio. Roma triunfó y se convirtió en la potencia que dominaba la región,
cayendo Alba en el olvido. Si se conservó su nombre en la leyenda fue únicamente por su presencia en el mito que
permitía a los romanos entroncar con Eneas y la casa real troyana.

Fundación de Cartago

Aunque no se trata de una ciudad griega o romana, sino fenicia, los orígenes míticos de Cartago están unidos de
forma inseparable con los de la fundación de Roma. No sabemos bien cómo surgió la leyenda de la fundación de
Cartago, ni si fueron los propios cartagineses quienes la concibieron y fue una leyenda surgida en el ámbito cultural
griego. Los arqueólogos e historiadores han constatado que Cartago, llamada Qart Hadast o "Ciudad Nueva", fue
una fundación de los fenicios de Tiro que, presionados por el creciente poder de los asirios, se lanzaron a crear
colonias en el Mediterráneo. La ciudad de Cartago, cuyas ruinas se encuentran en la actual Túnez, fue fundada en
un enclave privilegiado, con un magnífico puerto natural que daba refugio a los barcos mercantes y con tierras
fértiles a su alrededor. Cartago estaba además situada muy cerca de las ricas ciudades griegas de la Magna
Grecia, y tenía a su alcance la fértil isla de Sicilia. Una situación que, sumada al carácter emprendedor de los
fenicios, no tardó en convertir este urbe en una potencia del Mediterráneo Occidental.
Por desgracia, no sabemos qué era lo que los cartagineses contaban acerca de la fundación de su ciudad. La
destrucción total de esta magnífica urbe a manos de Escipión Emiliano en la Tercera Guerra Púnica se saldó con la
quema de todos los archivos y documentos que los cartagineses podían guardar en sus bibliotecas. La literatura de
Cartago murió, y junto a ella todas sus tradiciones y su historiografía. Roma se encargó de que Cartago fuera
destruida tanto física como espiritualmente, y la misma sal que echaron sobre el territorio de la ciudad para
convertirla en un erial, lo echaron en la historia de esta urbe gracias a la propaganda. Nada quedó de las
tradiciones cartaginesas.
Lo que sabemos acerca de la fundación de Cartago ha llegado hasta nosotros por fuentes griegas y latinas,
especialmente la "Eneida" del poeta Virgilio, que vivió en tiempos de Augusto. Nada de lo narrado por Virgilio fue
inventado por él: el poeta se limitó a recoger una tradición muy antigua que explicaba tanto el origen de Cartago
como su visceral enemistad con Roma. Por desgracia, hemos perdido también las obras literarias anteriores a
Virgilio que hacen referencia a esta leyenda, por lo que no sabemos qué fue añadido por el poeta y qué
corresponde con la tradición más antigua. De cualquier modo, lo que los versos de Virgilio nos cuentan no es el
mito fundacional de Cartago tal y como lo veían los cartagineses, sino tal y como lo veían e interpretaban los
romanos.
Según la tradición recogida por Virgilio, Cartago fue fundada por un grupo de fenicios de la ciudad de Tiro, un dato
que la arqueología ha podido constatar. En la ciudad de Tiro gobernaba el rey Matán I, también llamado Belo en
algunas fuentes, que tenía tres hijos: Pigmalión, el primogénito y heredero al trono; Dido, también conocida como
Elisa, y la pequeña Ana. Como era habitual en las ciudades orientales, el poder del rey de Tiro estaba limitado por
el de algunos sacerdotes, siendo Siqueo, sacerdote de Melkart, el más poderoso. Una vez Pigmalión llegó al trono,
codiciando las riquezas de Siqueo, forzó a su hermana Dido a casarse con él, con el objetivo de que ésta le
revelara el paradero de los tesoros del dios Melkart. Sintiéndose utilizada, Dido engañó a su hermano acerca del
lugar en el que este tesoro estaba oculto, pero no pudo evitar que su esposo Siqueo fuera asesinado. Para escapar
de la ira de Pigmalión, Dido escapó de Tiro llevándose los tesoros de Melkart y un cortejo de hombres y mujeres
fieles entre los que estaba su hermana Ana.
Para huir de la cólera de Pigmalión, Dido y sus hombres navegaron hacia occidente durante varios días, hasta que
llegaron a una tierra que parecía acogedora y fértil. El lugar estaba sin embargo habitado por los gétulos, cuyo rey,
Jarbas, no deseaba recibir una comunidad de extranjeros. Para burlarse de la reina Dido, le dijo que le entregaría
tanta tierra como ella misma fuese capaz de abarcar con una piel de buey. Dido decidió aprovecharse de la
insolencia del monarca: cortó la piel del buey en tiras muy finas, y con ella logró abarcar un gran perímetro de
tierra, suficiente para fundar una nueva ciudad. Jarbas, que había jurado entregar la tierra a los tirios, tuvo que
mantener su promesa y resignarse a que éstos se instalaran en el lugar. La ciudad recibió el nombre de Qart
Hadast, que en la lengua tiria significa "Ciudad Nueva". Para aquellos hombres y mujeres salidos de las tierras
fenicias, Cartago significava un nuevo comienzo.
La recién fundada Cartago no tardó en prosperar y en convertirse en una rica comunidad de comerciantes y
agricultores. Años después de la fundación, llegó hasta sus costas un grupo de exiliados troyanos que, tras la
destrucción de su patria a manos de los aqueos, habían escapado de la muerte capitaneados por el héroe Eneas.
Dido decidió dar acogida a los recién llegados, que se instalaron en la ciudad de Cartago. La reina quedó prendada
de los encantos del héroe Eneas, y no dudó en confesarle su amor. Sin embargo, Eneas tenía otro destino: partir a
Italia y sembrar la estirpe que siglos después daría lugar a la fundación de Roma. Tras reponer sus fuerzas y
arreglar sus naves, Eneas y los troyanos partieron de Cartago. Despechada, Dido erigió una enorme pira y le
prendió fuego para arrojarse a ella tras atravesarse el pecho con una espada. Antes de morir, la reina de Cartago
juró odio eterno a los descendientes de Eneas, un odios que se extendería hasta la Roma y la Cartago de las
Guerras Púnicas.
Fundación de Alejandría

Aunque la fundación de Alejandría es presentada en las fuentes como un hecho histórico y sin duda alguna muchos
de sus elementos son reales, hay muchos datos acerca del nacimiento de esta ciudad que caen de lleno en el
campo de las leyendas. Alejandría fue una de las ciudades más poderosas, prósperas y célebres de la Antigüedad
desde su misma fundación. Capital del reino helenístico de los Ptolomeos, Alejandría se convirtió en la capital
cultural de todo el mediterráneo. Sabios de todos los rincones del mundo conocido acudían a esta ciudad, atraídos
por su ambiente liberal y por las posibilidades que les brindaba la Gran Biblioteca, la institución que reunía todos
los libros escritos en la Antigüedad. Su enclave envidiable, frente a la isla de Faros, y su cercanía con el fértil valle
del Nilo, hicieron de Alejandría una ciudad de ricos comerciantes y artesanos. A pesar de estar en tierra de Egipto,
Alejandría fue siempre una ciudad griega. De hecho, cuando griegos y latinos hablaban de esta ciudad se referían
a Alejandría "junto a Egipto" y no a Alejandría "en Egipto".

En el año 332 a.C., Alejandro magno, rey de Macedonia, tras haber derrotado a los persas en diversas batallas,
entró en Egipto como nuevo señor de esta tierra. El país del Nilo había pertenecido durante varias generaciones al
Imperio Persa, por lo que Alejandro lo reclamó como parte de su nuevo Imperio. Aunque en Egipto existían algunas
colonias griegas desde siglos atrás, sus habitantes apenas se habían mezclado con la población local, que seguían
viviendo como en tiempos de los faraones y considerando a sus soberanos como dioses. Alejandro quedó
fascinado con Egipto, sus monumentos y la antigüedad de su historia, hasta el punto que decidió fundar en esta
tierra la que sería la mayor de todas las ciudades patrocinadas por él.
Según cuenta el escritor Plutarco en su "Vida de Alejandro", el rey decidió el emplazamiento de la nueva ciudad
después de tener un sueño en el que un anciano de larga barba blanca le recitaba un pasaje de la Odisea de
Homero en el que se habla de la isla de Faros. Al despertarse, Alejandro pidió que le llevaran al lugar de la costa
que estaba frente a la citada isla, y se dio cuenta de que estaba ante el emplazamiento perfecto para levantar la
que sería la nueva capital de Egipto. Deseoso de marcar el territorio de la nueva ciudad, ordenó que le dieran algún
material con el que trazar el futuro recorrido de la muralla, pero los sirvientes sólo pudieron encontrar varios sacos
de harina. El rey no desistió de su plan, y trazó los límites de la futura Alejandría con harina. De inmediato, todo tipo
de aves salieron de las marismas para picotear el polvo blanco. Alejandro quedó aterrado al interpretar aquello
como un mal augurio, pero el adivino Aristandro, que viajaba con él, le sacó de su error, afirmando que aquélla era
una señal de los dioses que querían indicar la riqueza y prosperidad que la ciudad alcanzaría tras su fundación.

Alejandro no pudo ver la ciudad construida, pues partió poco tiempo después para culminar sus campañas contra
Darío, rey de los persas. La muerte le sorprendió en Babilonia años después, pero Ptolomeo, uno de sus
generales, decidido a crear un reino en el que instaurar su propia dinastía, partió hacia Egipto llevando consigo el
cuerpo del rey. De este modo, Alejandro Magno regresó a Alejandría, la ciudad que acogería su tumba durante
siglos.

Fundación de Tebas
La actual ciudad de Θήβα, antigua Θῆβαι, es una modesta ciudad griega, cuyas excavaciones arqueológicas han
desvelado los restos del palacio micénico más antiguo conocido hasta ahora: ni más ni menos que del siglo XV
a.C.. Su fundación es, según la mitología, responsabilidad directa del fenicio Cadmo quien, además de levantar la
ciudad, habría traído el alfabeto fenicio de su lugar de origen.

Cadmo era hijo de Agénor, nieto de Poseidón, y hermano de Fénix, Cílix y Europa. Cuando el enamoramiento del
lascivo Zeus hizo que, convertido en toro, raptara a la inocente Europa, Agénor, rey en la zona sur de la región que
conocemos como Fenicia, mandó a sus hijos y a la madre de éstos en busca de su querida hija, advirtiéndoles de
que su fracaso implicaría el destierro.

La comitiva partió hacia el norte y, a medida que sus miembros iban viendo truncadas sus esperanzas, iban
abandonando y, el grupo, menguando. De esta manera, Fénix fundó, en primer lugar, Fenicia y Cílix abandonó en el
lugar en el que se construiría Cilicia. Pero Cadmo resistía, puesto que tenía la intención de consultar al oráculo de
Delfos. Una vez que llegó a la ciudad y pudo consultar al oráculo sobre su porvenir, éste le sugirió que buscara una
vaca en cuya cabeza viera la señal de la luna, que la siguiera y que residiera por siempre en el lugar en el que ésta
se posara, puesto que ése sería su nuevo hogar.
Ante estas misteriosas palabras, Cadmo siguió su camino con resignación, hasta que avistó al animal que coincidía
con la descripción dada, de modo que siguió a la bestia hasta que ésta se posó. En ese lugar fue fundada Cadmea,
primer nombre de la ciudad que más tarde sería llamada Tebas.
Tiempo más tarde nacería Layo, descendiente de Cadmo, y de éste Edipo. Edipo de Tebas fue abandonado por su
padre por miedo a la resolución del oráculo de Apolo, el mismo que consultara varias generaciones antes también
su bisabuelo Cadmo. El oráculo le había prometido parricidio e incesto para el hijo que engendrara. El resultado es
bien conocido. Tras la realización del oráculo, Edipo se arrancaría los ojos y perpetuaría la maldición que sobre su
estirpe cayera en el pasado. Pero dejemos que una parte de la historia nos la cuenten en forma de mítica leyenda
los maestros argentinos, Les Luthiers, con los siguientes versos:

Te irás con mi hijo, no quiero que crezca,


haz tu que perezca como te parezca.
Cumplida la orden, el muy desdichado,
con los pies atados, quedose colgado.
Edipo salvose y a Layo matolo,
peleándolo él solo al cielo enviolo.
Semanas más tarde, a Tebas avanza,
resolver alcanza cierta adivinanza.
La Esfinge de Tebas, al ser derrotada,
se ofusca, se enfada y se hace pomada.
Y sin darse cuenta, casado él está,
con quien saben ya, ¡su propia mamá!
Fundación de Atenas

La capital de la democracia no podía tener un origen menos prestigioso que aquel sistema político que legó.
Dioses, héroes y reyes míticos construyeron de un pueblo, o varios según las leyendas, la ciudad que hasta hoy ha
llegado, la que se convirtió en cuna de la cultura y ejemplo para el resto de ciudades de Grecia, alcanzando su
cénit en el siglo V a.C. Se pierde en el inicio de los tiempos el fundador de la polis por excelencia. Incluso pudo no
ser una solo persona, se dice que fueron varias aldeas que por motivos estratégicos, económincos y militares se
unieron bajo el nombre de Atenas, de aquí el uso del plural para su denominación. Lo que su nombre sí indica es
que Atenea es su diosa tutelar, la que vela porque la ciudad prospere y esté segura.

Fue durante el reinado de Cécrope, al que se considera primer rey de Atenas, cuando los atenienses eligieron al
dios que tomarían como patrón. Como Poseidón y Atenea querían ser la divinidad particular de la ciudad, elevaron
a Zeus sus diferencias. Este, para evitar meterse en problemas, dejó en manos de los atenienses la decisión,
serían ellos quienes votaran por su dios tutelar. Poseidón, para convencer a la población de Atenas, clavó su
tridente en la tierra de la que surgió una fuente de agua salada; Atenea, por su parte, plantó un olivo. Los
atenienses dirimieron la disputa votando por Atenea adoptando así el nombre de la diosa de la sabiduría.

Cécrope fue un ser mítico hijo de Gea mitad hombre mitad serpiente. Llegó al trono tras casarse con la hija de
Acteo, tercer rey del Ática. En sus 50 años de reinado dotó a Atenas de Santuarios, de un ceso, de viñas y los
conocimientos para cultivarlas; también dividió la polis en doce barrios y enseñó a los atenienses a sacrificar
animales para los dioses, apartándolos de los sacrificios humanos. Él fijó los cimientos de Atenas e inició el camino
que la llevaría ser la capital de Grecia. El trono de Atenas fue heredado por Cránao, quien fue destronado por su
yerno Anfictión. Durante casi tres siglos, diferentes reyes míticos alcanzaron el poder, entre los que cabe destacar
a Egeo, rey que daría nombre al mar que baña la costa este de Grecia y a su sucesor Teseo, el héroe que
conseguiría acabar con el Minotauro.
El término usado para denominar a los reyes de Atenas era Βασιλεύς, Codro fue el último al que se le nombró de
esta manera como honor por su sacrificio durante la guerra con los dorios que irrumpieron en Grecia. Llegó a oídos
de Codro el oráculo que decía que si él vivía, los dorios capturarían Atenas. Los dorios, quienes también conocían
el augurio, se cuidaron mucho de intentar tomar la ciudad asegurando la vida del rey. Pero Codro, en un acto de
valentía salió de la ciudad disfrazado de mendigo, se cruzó con dos enemigos con los que comenzó una reyerta,
Codro mató a uno de los enemigos, pero el otro le quitó la vida salvando de esta manera a la ciudad de Atenas.
Debido a su sacrificio se decretó en Atenas que Codro sería el último denominado con el nombre de Βασιλεύς. Los
gobernantes de Grecia fueron llamados desde entonces con el apelativo de arcontes.

Fundación de Itálica

Itálica, en la actual Santiponce, provincia de Sevilla, fue una de las principales ciudades del sur de la Península
Ibérica durante los últimos años de la República romana y el Imperio. Tal fue la prosperidad alcanzada por este
núcleo urbano que de sus élites municipales salieron dos de los mejores emperadores que Roma tuvo jamás:
Marco Ulpio Trajano y Publio Elio Adriano. Todavía hoy, Itálica es una muestra del esplendor de la cultura romana
en Hispania, un yacimiento visitado por miles de personas cada año que acuden a él atraídas por la belleza de
sus domiy de su magníficamente conservado anfiteatro.
La fundación de Itálica está ligada a la figura del general Publio Cornelio Escipión el Africano, el vencedor de Aníbal
en la Segunda Guerra Púnica. Tras los duros combates que Escipión había mantenido contra las tropas de los
cartagineses en la Península Ibérica, que se habían salado con la salida de Aníbal hacia los Pirineos, muchos de
sus soldados habían recibido heridas o habían quedado mutilados, por lo que el general ya no podía hacer uso de
ellos en sus futuras campañas. Estos soldados eran en su mayoría originarios de diversos puntos de Italia, pero no
sentían ningún deseo de regresar a una tierra que estaba a punto de verse asolada por la guerra. Por este motivo,
suplicaron al general que les permitiera permanecer en Hispania después de que se les hubieran repartido tierras
para su cultivo. Es muy probable que algunos de estos soldados, tras varios años de campaña en esta zona,
hubieran tomado como esposas a mujeres indígenas, motivo por el cual preferían permanecer con sus nuevas
familias antes de regresar a Italia. Escipión escuchó su petición y decidió concederles las tierras que demandaban
en la fértil zona que bañaba el río Baetis, el actual Guadalquivir. Es probable que en el lugar donde se
establecieron los veteranos ya existiera una pequeña ciudad turdetana cuyo nombre se ha perdido por no recogerlo
las fuentes literarias. De este modo, en el año 206 a.C., el general Escipión repartió tierras, trazó los límites de la
nueva ciudad y permitió que sus soldados veteranos empezaran una nueva vida como colonos en la tierra de
Hispania. En honor del origen itálico de estos veteranos, la nueva ciudad recibió el nombre de Itálica.

Itálica es destacada por las fuentes antiguas como la primera colonia que los romanos fundaron fuera se la propia
Italia. La fundación de colonias había sido el medio por el que Roma había asentado su poder en toda la Península
de Italia, concediendo a los colonos diversos estatutos de ciudadanía, bien la ciudadanía romana plena, bien la
ciudadanía latina, que constituía un nivel intermedio de derechos ciudadanos. Los especialistas creen que Itálica
fue fundada en un principio con una concesión de ciudadanía latina, posiblemente porque la mayor parte de los
veteranos que se asentaron en ella no eran tampoco ciudadanos romanos. Un siglo y medio después de su
fundación, Julio César premió a la ciudad de Itálica con la ciudadanía romana completa por haber mantenido la
fidelidad a su causa frente a las tropas de los hijos de Pompeyo.
Fundación de Augusta Emérita

La ciudad de Mérida, heredera de la antigua Augusta Emérita, es en la actualidad una de las localidades de toda la
Península ibérica que mejor ha sabido conservar y sacar partido a su patrimonio clásico. Con su teatro que se llena
de pública cada año para celebrar el Festival de Teatro Clásico de Mérida, su casas romanas, su anfiteatro y su
enorme circo, Mérida es uno de los grandes valores de la Cultura Clásica en España. ¿Cuál es el origen de esta
ciudad?

Después de conseguir someter a las últimas tribus del norte de Hispania, los indómitos astures y cántabros,
el princeps Augusto decidió recompensar a los hombres que tan duramente habían combatido en sus legiones y que
le habían permitido declarar la paz en todo el Imperio. La Legión V Alauda y la Legión X Gemina fueron
recompensadas con tierras en las fértiles llanuras de la Lusitania, en un punto intermedio de la llamada Vía de la
Plata que unía el norte de la Península con las ciudades del sur, en la Bética. Para organizar el asentamiento de
estos veteranos de guerra se creó una nueva ciudad, que recibió precisamente el nombre de Emérita para
reconocer la labor de estos curtidos soldados eméritos ya retirados. Su nombre completo fue Colonia Iulia Augusta
Emerita, siguiendo la costumbre iniciada por Julio César de poner su nombre a las ciudades que fundaba en las
provincias. El nombre de la ciudad pasó a la historia con el más sencillo de Augusta Emérita, que con el paso de
los siglos y la evolución fonética del latín vulgar al castellano, se convirtió en Mérida. Es muy probable que la nueva
ciudad se levantara sobre una pequeña población indígena, o incluso romana, y que los veteranos tuvieran que
mezclarse con los habitantes previos en esta urbe.
La ciudad se construyó siguiendo modelos hipodámicos, con largas calles que se cortaban en ángulo recto. La
munificencia de Augusto le permitió dotarse desde muy pronto de todo tipo de edificios públicos, muchos de los
cuales se conservan en la actualidad. El teatro, por ejemplo, fue patrocinado por el mismísimo Marco Vipsanio
Agripa, mano derecha de Augusto y principal promotor de sus éxitos militares. Posteriormente recibió la atención y
los favores de otros miembros de la casa imperial, como los jóvenes nietos del príncipe, que a cambio fueron
honrados con inscripciones en zonas muy visibles del edificio. Otros monumentos, como el anfiteatro, consiguieron
albergar a miles de espectadores que acudían a contemplar las luchas entre gladiadores o las cacerías de fieras
exóticas. El circo fue construido ya después de la muerte de Augusto, posiblemente en tiempos de su sucesor,
Tiberio.

Augusta Emérita se convirtió después de su fundación en la capital de la nueva provincia de Lusitania, que formaba
parte junto con la Bética de la antigua Hispania Ulterior que Augusto dividió para facilitar su gobierno. Desde
entonces, Emérita fue prosperando a lo largo de los siglos, hasta conocer una notable decadencia en época
medieval.

Fundación de Tarento

La ciudad de Tarento es hoy una hermosa urbe en la costa de la región de Apulia en la que convive la modernidad
con la más pura tradición de la Italia del sur. Su situación envidiable, en pleno golfo de Tarento, la convierten en un
excelente puerto marinero, al tiempo que atrae a numerosos turistas cada año. Tarento es además una de las
ciudades italianas con una tradición legendaria más curiosa, pues su historia la entronca de forma directa con la
antigua Esparta.

Tarento , según las fuentes literarias, fue fundada en el año 706 a.C., es decir, en pleno momento de auge de la
colonización griega en el sur de la Península Itálica. Las ciudades griegas de la Hélade, presionadas por el
aumento de población, habían decidido solucionar los problemas sociales que de esta situación se derivaban
fomentando la marcha de parte de sus ciudadanos a nuevas tierras en las que se establecían nuevas ciudades
totalmente independientes. Los colonos que llegaron al sur de Italia se encontraron con una tierra fértil en la que
rápidamente prosperaron como agricultores y comerciantes. Tal fue la afluencia de ciudadanos griegos a esta
región y tal la prosperidad de las nuevas ciudades que pronta esta zona del Mediterráneo pasó a conocerse como
la Magna Grecia.

La principal característica que diferencia a Tarento de otras colonias de la región es que la metrópolis de la que
procedían sus primeros habitantes era nada más y nada menos que la ciudad de Esparta, la que con el paso de los
siglos se convertiría en la polis más poderosa de toda la Hélade debido a la potencia de su ejército de tierra.
Aunque hoy los arqueólogos e historiadores están matizando esta tradición, las fuentes nos cuentan que el carácter
belicoso y austero de los espartanos les llevó desde los mismos orígenes de la ciudad a no desarrollar la artesanía
o el comercio, sino que se centraron en el cultivo de la tierra y el fortalecimiento de sus guerreros. Del mismo modo,
Esparta se quedó al margen de la fundación de colonias que sí protagonizaron otras muchas ciudades en época
Arcaica. Con una excepción: la ciudad de Tarento.

Para explicar el porqué de esta fundación por parte de una polis como Esparta que rechazaba el comercio y todas
las actividades relacionadas con él, la tradición relacionó el origen de Tarento con una curiosa historia que tuvo
lugar en tiempos de la Primera Guerra Mesenia. En este conflicto, los ciudadanos de Esparta tuvieron que hacer
frente a la rebelión de los mesenios, una población que vivía sometida a ellos, y hasta que consiguieron controlar la
revuelta pasaron varios meses durante los cuales estuvieron ausentes de sus casas. Cuando regresaron, muchas
de sus mujeres estaban embarazadas, y sobre ellas cayó la sospecha de que habían cometido adulterio con
periocos, hombres libres de Esparta que no gozaban de todos los derechos de ciudadanía. Cuando los niños
nacieron, conservaron el estigma de la sospecha de su origen bastardo, y fueron rechazados por la férrea y cerrada
sociedad espartana. Hasta tal punto llegó este rechazo que, una vez adultos, trataron de levantarse contra los
aristócratas espartanos, pero fracasaron en el intento y fueron condenados al destierro. Con Falanto, un noble del
que también se sospechaba que podía ser un hijo bastardo, como líder del grupo, partieron a buscar nuevas tierras,
y las encontraron en el hoy llamado golfo de Tarento, lugar en el que fundaron la nueva ciudad.

Con el paso del tiempo, y como era habitual en las colonias griegas, Falanto fue considerado un héroe, y recibió
culto en numerosos templos como si de una divinidad se tratara. La devoción por el fundador de a ciudad fue tal
que su figura se confundió con la de Taras, un dios local del que se decía que era hijo de Poseidón y cuyo nombre
había dado origen al topónimo de la ciudad.
Fundación de Constantinopla

La que llegara a convertirse en la ciudad más grande, poblada, dinámica y rica de la Edad Media comenzó su
andadura como una pequeña colonia de Mégara que según la mitología fue fundada por el héroe Bizas, hijo de una
ninfa y nieto del dio Poseidón. Su posición estratégica en el paso del Bósforo les permitió crecer como una ciudad
volcada hacia el comercio, que recibía mercancías de toda Grecia y Oriente. Pero además, Bizancio estaba
rodeada de tierras muy fértiles y ricas que les permitieron convertirse en grandes exportadores de trigo. Con el
paso de los siglos, Bizancio se convirtió en una pieza clave en la política oriental, tanto de las polis arcaicas y
clásicas como de los reinos helenísticos que dominaron la región hasta la llegada de las legiones de Roma.

Ya con Bizancio convertida en una gran ciudad bajo el poder de los emperadores romanos, el centro del poder
político y económico fue desplazándose hacia un Oriente cada vez más rico y abandonando un Occidente
decadente en el la vida urbana comenzaba a languidecer. Fue en el 324 d.C., cuando el emperador Constantino,
después de derrotar a su rival Licinio, decidió emprender una profunda reforma de las estructuras imperiales que
las adecuara a la nueva realidad social y económica. Para dar mayor peso a un Oriente que era el principal motor
del Imperio, Constantino decidió construir allí una nueva ciudad que ejerciera el papel que había cumplido Roma en
el pasado. Una nueva capital para el Imperio, construida a mayor gloria de su emperador. Nació así el proyecto de
Constantinopla, que, pro expreso deseo de Constantino, se levantó sobre la antigua ciudad de Bizancio. De este
modo, se aprovecharía su inmejorable puerto natural, al tiempo que las feraces llanuras de los alrededores
aseguraban un aporte de grano para una población creciente.

Constantino decidió seguir el modelo de Roma, y dividió la nueva ciudad en catorce regiones, que acogerían todo
tipo de templos, viviendas, edificios públicos y espacios de ocio. Para llevar a cabo las obras se desplazaron a
Bizancio varias decenas de miles de esclavos, muchos de ellos godos y otros bárbaros del norte. La ciudad creció y
se fue embelleciendo a lo largo de los diez años que duraron las obras. Para dotarla de monumentos, Constantino
ordenó saquear numerosas ciudad orientales como Éfeso, Alejandría e incluso la misma Atenas, que tuvieron que
aceptar las órdenes del emperador. Existe una gran polémica en torno a las leyendas que dicen que Constantino
ordenó destruir los antiguos templos paganos y construir las primeras iglesias cristianas tras su conversión a esta
religión. Todavía hoy es objeto de debate hasta qué punto el emperador fue un converso o sólo asumió el
cristianismo como un mecanismo de propaganda para afianzar su poder frente a otros aspirantes al trono.

En el año 330 d.C., a pesar de que quedaba mucho por hacer, las obras se dieron por finalizadas para que el
emperador pudiera dar paso a la inauguración oficial de su nueva capital. Constantino llevó a cabo numerosos
rituales, y decretó unas jornadas de fiesta que duraron cuarenta días. A pesar de que el emperador tuvo que viajar
por las provincias durante toda su vida, siempre mantuvo Constantinopla como su punto de referencia, y tras su
muerte fue enterrado allí en un panteón. La ciudad, que contaba con algo menos de treinta mil habitantes cuando
Constantino decidió convertirla en capital, llegó en algo menos de un siglo a tener más de medio millón de
habitantes. De este modo, Constantinopla se convirtió no ya en la ciudad más grande del Imperio, sino en la más
grande de todo el mundo, rango que ocuparía durante muchos siglos.

31 Frases Grandes de Charles Spurgeon: El príncipe de


los predicadores
Septiembre 7, 2013 by Josué Barrios

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photo credit: nklajn

Charles Spurgeon, también conocido como el príncipe de los predicadores, es uno de los predicadores que más
han influenciado mi fe. De hecho, el primer devocional que leí fue escrito por él.

Siempre que leo una frase que me gusta mucho, la anoto en uno de mis cuadernos. A lo largo del tiempo, he
recopilado muchas frases de Charles Spurgeon y hoy quiero compartir 30 de esas frases contigo. Son frases que
me han servido y enseñado muchísimo.

Espero que estas frases te animen a leer sus sermones (puedes conseguir muchos de ellos en Internet), y sobre
todo, te animen a ver la grandeza que hay en Cristo.
 Nunca, nunca estamos en peligro de ser tan orgulloso como cuando creemos que somos humildes.
 Si un hombre es capaz de predicar sermones sin Cristo, no te hagas daño a ti mismo escuchándolo.
 Nadie puede hacer tanto daño a la iglesia de Dios como el hombre que está dentro de sus paredes, pero
no dentro de su vida.
 La moralidad puede mantenerte fuera de la cárcel pero solo la sangre de Jesús puede mantenerte fuera
del infierno.
 Antes de que se ponga el sol, piensa en algún acto que lleve a la conversión de alguna persona y
ejecútalo con todas tus fuerzas.
 Discernimiento no es saber la diferencia entre lo bueno y lo malo. Es saber la diferencia entre lo bueno y
lo casi bueno.
 No fuiste salvo que vayas al cielo solo. Fuiste salvado para que lleves a otras personas allí contigo.
 No existe un pecado que el cristiano no pueda vencer si descansa en Dios para hacerlo.
 Cada vez que escuche a un hombre que se alabe diciendo que es santo, recuerde que un buen perfume no
necesita anunciarse.
 Donde la Biblia hace silencio, tú también has silencio.
 Las ovejas pueden caer en el lodo; pero sólo los cerdos se revuelcan en él.
 El cristiano es el hombre más contento en el mundo, pero es el menos contento con el mundo.
 Creer en la idea de un Dios es una cosa, pero creerle a Dios es otra muy diferente.
 Mientras más conozcas a Cristo, menos estarás satisfecho con vistas superficiales de Él.
 Yo peco como un hombre pero Él perdona como un Dios.
 Una vida sin oración es una vida sin Cristo.
 Nadie está tan seguro como aquel quien Dios guarda; nadie está en tal peligro como aquel que se guarda
a sí mismo.
 La sinceridad hace a la menor de las personas más valiosa que el hipócrita más talentoso.
 Cuando yo deje de predicar la salvación por fe en Jesús, ponganme en un manicomio, porque pueden
estar seguros que mi mente se ha ido.
 El orgullo es la red del diablo con la que él atrapa más peces que con ninguna otra, exceptuando la
procrastinación.
 Tú puedes ser omnipotente si sabes cómo orar, omnipotente en todas las cosas que glorifican a Dios.
 ¿No hay Cristo en tu sermón, caballero? Entonces vete a casa y nunca prediques de nuevo hasta que
tengas algo que valga la pena oír.
 Si no tienes la intención de servir a Cristo, por lo menos salte del camino y deja que los demás le sirvan.
 No es su permanencia en Cristo lo que lo salva, sino la permanencia de Él en usted.
 Llegará un día en que en lugar de pastores alimentando a las ovejas habrá payasos entreteniendo a las
cabras.
 Si un hombre piensa mal de ti, no te enojes con él porque tú eres peor de lo que él piensa.
 El que no sirve a Dios en donde se encuentra, no servirá a Dios en ninguna otra parte.
 Una Biblia que se cae en pedazos usualmente pertenece a una persona que no lo está.
 Quien le sirve a Dios por dinero, es capaz de servirle al diablo por un mejor salario.
 Los sermones deberían estar llenos de la Biblia. Nuestras propias palabras son meras bolitas de papel
comparadas con el disparo de rifle de la Palabra.