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APORTE DE LA MORAL Y DE LA ÉTICA

DE AGUSTÍN DE HIPONA Y SÓCRATES

AGUSTÍN DE HIPONA

La ética agustiniana, aunque inspirada directamente por los ideales morales del
cristianismo, aceptará elementos procedentes del platonismo y del estoicismo, que
encontramos también en otros aspectos de su pensamiento. Así, compartirá con ellos la
conquista de la felicidad como el objetivo o fin último de la conducta humana; este fin será
inalcanzable en esta vida, dado el carácter trascendente de la naturaleza humana, dotada
de un alma inmortal, por lo que sólo podrá ser alcanzado en la otra vida.

Moral: El hombre está en el mal porque ha pecado, porque antepone lo sensible a Dios,
heredando el pecado original. Si el hombre ha pecado y es culpable sólo es posible si es
libre; si estuviese obligado a actuar de un modo determinado no podría considerarse
responsable de sus acciones. El hombre tiene una voluntad débil. Esta voluntad, en
cuanto capacidad de elección es entendida como libre albedrío, capacidad de decidir
libremente. Esa capacidad de elegir se encuentra deteriorada en el hombre, que se inclina
en favor del mal más que del bien. Por eso es muy difícil obrar el bien y difícil también
atribuirle responsabilidad moral.

SÓCRATES

La ética de Sócrates es racionalista. En ella encontramos: una concepción del bien (como
felicidad del almas) lo bueno (como lo útil a la felicidad) la tesis de la virtud como
conocimiento vicio como ignorancia (el que obra mal es porque ignora el bien; por tanto,
nadie hace el mal voluntariamente) la tesis de origen sofista de que la virtud puede ser
transmitida o enseñada.

El propósito central de la actividad de Sócrates es moral (sus preguntas se referían


siempre a los valores morales): la perfección del individuo. Esta perfección consiste para
Sócrates en la autarquía o autodominio. Aquí se constituye el ideal clásico del sabio
moral: el héroe no es aquel que vence sobre los demás, sino el que vence sobre uno
mismo. El sabio es el que -ordenándose conforme a su inteligencia- se domina a sí
mismo; lo cual significa que hay algo en uno mismo -las pasiones- que debe ser dominado
o sometido, y cuyo desgobierno acarrea la infelicidad, la imperfección o el mal moral. Para
este propósito moral se precisa de un conocimiento distinto de las especulaciones sobre
el origen de la realidad natural

La moral y que la virtud debe anteponerse a las riquezas y placeres, que ni siquiera
merecen el nombre de bienes en comparación de aquélla; que no solamente debemos
honrar el Bien, sino que debe ser el principio y el inspirador de nuestras palabras, así
como de nuestros consejos y resoluciones; que el hombre debe abstenerse de hacer mal
a otro hombre, aun en el caso de haber recibido injurias y daños graves de su prójimo; y
finalmente, que el Bien hace las veces de ley para los sabios, es decir, para los hombres
virtuosos, así como los necios o viciosos no tienen más ley que el deleite