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MODELO ATÓMICO DE DALTON

Átomo de Dalton

El llamado modelo atómico fue formulado por John Dalton entre 1803 y 1807, surgido en el contexto de
la química y fue el primer modelo atómico con bases científicas.

El modelo permitió aclarar por primera vez por qué las sustancias químicas reaccionaban en
proporciones estequiométricas fijas (Ley de las proporciones constantes), y por qué cuando dos
sustancias reaccionan para formar dos o más compuestos diferentes, entonces las proporciones de estas
relaciones son números enteros (Ley de las proporciones múltiples). Además el modelo aclaraba que aun
existiendo una gran variedad de sustancias diferentes, estas podían ser explicadas en términos de una
cantidad más bien pequeña de constituyentes elementales o elementos. En esencia, el modelo explicaba
la mayor parte de la química de fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX, reduciendo una serie de
hechos complejos a una teoría combinatoria realmente simple.

Postulados de Dalton.

Dalton explicó su teoría formulando una serie de enunciados simples:

1. La materia está formada por partículas muy pequeñas llamadas átomos, que son indivisibles y no
se pueden destruir.
2. Los átomos de un mismo elemento son iguales entre sí, tienen la misma masa y propiedades. Los
átomos de diferentes elementos tienen masas diferentes. Comparando las masas de los
elementos con los del hidrógeno tomado como la unidad propuso el concepto de peso atómico
relativo.
3. Los átomos permanecen sin división, aun cuando se combinen en las reacciones químicas.
4. Los átomos, al combinarse para formar compuestos guardan relaciones simples.
5. Los átomos de elementos diferentes se pueden combinar en proporciones distintas y formar más
de un compuesto.
6. Los compuestos químicos se forman al unirse átomos de dos o más elementos distintos.

Insuficiencias del modelo

La hipótesis de John Dalton, que afirmaba que los elementos en estado gaseoso eran monoatómicos y
que los átomos de los elementos se combinaban en la menor proporción posible para formar átomos de
los compuestos, lo que hoy llamamos moléculas, generó algunas dificultades. Por ejemplo, Dalton pensó
que la fórmula del agua era HO. En consecuencia de esto se realizaron cálculos erróneos sobre la masa y
peso de algunos compuestos básicos.

En 1805, Gay-Lussac y Alexander von Humboldt mostraron que el agua estaba formada por dos
hidrógenos y un oxígeno. En 1811, Amedeo Avogadro concretó la exacta composición del agua,
basándose en lo que hoy se conoce como Ley de Avogadro y la evidencia de la existencia de moléculas
diatómicas homonucleares. No obstante, estos resultados fueron ignorados en su mayor parte hasta
1860. Esto fue, en parte, por la creencia de que los átomos de un elemento no tenían ninguna afinidad
química hacia átomos del mismo elemento. Además, algunos conceptos de la disociación de moléculas
no estaban explicados en la Ley de Avogadro.

En 1860, en el Congreso de Karlsruhe sobre masas y pesos atómicos, Cannizzaro revivió las ideas de
Avogadro y las usó para realizar una tabla periódica de pesos atómicos, que tenían bastante similitud con
los actuales valores. Estos pesos fueron un importante prerrequisito para el descubrimiento de la Tabla
periódica de Dmitri Mendeléyev y Lothar Meyer.

Hasta la segunda mitad del siglo XIX no aparecieron evidencias de que los átomos fueran divisibles o
estuvieran a su vez constituidos por partes más elementales. Por esa razón el modelo de Dalton no fue
cuestionado durante décadas, ya que explicaba adecuadamente los hechos. Si bien el modelo
usualmente nacido para explicar los compuestos químicos y las regularidades estequiométricas, no podía
explicar las regularidades periódicas en las propiedades de los elementos químicos tal como aparecieron
en la tabla periódica de los elementos de Mendeleiev. El modelo de Dalton tampoco podía dar cuenta de
las investigaciones realizadas sobre rayos catódicos que sugirieron que los átomos no eran indivisibles
sino que contenían partículas más pequeñas cargadas eléctricamente.

Fig. 1: Varios átomos y moléculas según John


Dalton, en su libro A New System of Chemical
Philosophy (Nuevo Sistema de Filosofía Química,
1808).
EXPERIMENTOS DE J.J. THOMSON

LA NATURALEZA ELECTRICA DE LA MATERIA

Las primeras claves importantes sobre la naturaleza de la electricidad y de la estructura eléctrica


de los átomos aparecieron en 1833, como resultado de las investigaciones de Faraday sobre la
electrólisis. El contenido de los experimentos de Faraday fue reconocido en 1874 por G. J. Stoney, que
fue el primero en sugerir el nombre de electrón para la partícula eléctrica fundamental.
Sin embargo, hasta 1897 no se encontró ninguna evidencia experimental firme sobre la
existencia y propiedades del electrón. La fuente de información decisiva fue la investigación de la
conductividad eléctrica de los gases a presiones bajas. Los gases son normalmente aislantes eléctricos,
pero cuando se someten a altos voltajes mediante electrodos metálicos, se rompen y se produce la
conducción eléctrica acompañada de emisión de luz. Cuando la presión del gas se reduce a 10 4 atm, la
conducción eléctrica persiste, la luminosidad del gas disminuye y, si los voltajes que intervienen son
suficientemente altos (5000 a 10000 V), el recipiente de vidrio comienza a brillar o fluorescer
tenuemente. Hacia 1890, varios experimentadores demostraron que esta fluorescencia era el resultado
del bombardeo del vidrio por rayos. Los rayos se originan en el cátodo (o electrodo negativo) y se
desplazan en línea recta hasta que chocan con el ánodo (o electrodo positivo) o con las paredes del tubo.
Otros experimentos demostraron que estos rayos catódicos podían ser desviados por un campo
magnético, al igual que un hilo de conducción de una corriente eléctrica puede ser movido por un campo
magnético.

Experimentos de J. J. Thomson

En 1897, J.J. Thomson mostró que cuando esos rayos catódicos eran desviados hacia el electrodo
de un electrómetro, el instrumento medía una carga negativa. Thomson fue el primero en demostrar
que los rayos podían ser desviados por la aplicación de un campo eléctrico, alejándose con esta
desviación del electrodo negativo. Todos estos resultados se encontraron independientemente del gas
presente y del material del tubo de descarga. El propio Thomson da un breve resumen y una valoración
de los resultados:

“Al conducir una carga eléctrica negativa, los rayos catódicos son desviados por una fuerza electrostática
como si estuvieran electrificados negativamente, y son afectados por una fuerza magnética exactamente
igual que si esta fuerza actuara sobre un cuerpo electrificado negativamente que se desplazara en la
trayectoria de los rayos; no puedo evitar llegar a la conclusión de que son cargas de electricidad negativa
transportadas por partículas de materia”.

¿Cuál era la naturaleza de estas partículas? El hecho de que se encontraran con independencia del gas
utilizado en el tubo de descarga daba a entender que no se trataba de un tipo especial de átomo
electrificado, sino de un fragmento universal presente en todos los átomos. En otros experimentos, de
naturaleza electrolítica, se habían obtenido relaciones de carga a masa de varios iones en solución, y
Thomson reconoció que una determinación de la relación carga a masa (e/m) de la partícula de los rayos
catódicos ayudaría a identificar éstas como iones o como algún otro fragmento con carga. En efecto,
calculó e/m por dos métodos distintos.
En su primera determinación, Thomson bombardeó un electrodo con rayos catódicos y midió la
corriente proporcionada al electrodo y el aumento de temperatura producido por el bombardeo. A partir
del aumento de temperatura y de la capacidad calorífica del electrodo, calculó la energía W emitida por
las partículas de rayos catódicos, que consideró igual a la energía cinética de las partículas:

Nmv 2
W (1)
2

Aquí, N es el número de partículas de masa m y de velocidad v que llegan al electrodo durante el


experimento. mv2/2 es la energía cinética de una partícula y Nmv2/2 es la energía cinética total de las
partículas que chocan con el electrodo. La carga total (Q), acumulada en el electrodo durante el
experimento está directamente relacionada con N y e según Q = Ne, donde e que es la carga de cada
partícula. Si se combinan ambas ecuaciones e obtiene:

Q 2e
   (2)
W v2  m 

Como Thomson pudo medir Q y W, para calcular e/m sólo necesitaba medir la velocidad de las
partículas, lo que consiguió midiendo la desviación de éstas por un campo magnético de intensidad
conocida, B. En un campo magnético, las partículas de carga e y masa m que se desplazan con velocidad
v siguen un camino circular de radio r ; la relación entre estas magnitudes es: v = (erB) / m. Combinando
esta ecuación con la (2), se obtiene:

e 2W
 (3)
m r 2 B 2Q

Las magnitudes determinadas experimentalmente están en el segundo miembro de esta


igualdad y la relación carga a masa desconocida está en el primer miembro. Hay que utilizar unidades
coherentes; en el sistema SI, W debe expresarse en joules (J), r en metros (m), Q en coulombs (C) y B en
tesla (T). El valor resultante de e/m les en coulombs por kilogramo (C kg1). El valor experimental de e/m
obtenido por Thomson con sus sencillas mediciones fue 1.2 x 1011 C kg1, aproximadamente. Como es
lógico, él no utilizó estas unidades, pues en aquel tiempo se usaban únicamente unidades cgs. El electrón
está cargado negativamente, pero los valores tabulados de la carga del electrón e se dan siempre en
cantidades positivas.

Cuando se determina por primera vez una magnitud como e/m es imprescindible preguntar si el
experimento realizado mide realmente la magnitud deseada y no otro resultado experimental
inesperado. Una forma de responder a esta pregunta es repetir la determinación por un segundo
método experimental lo más distinto posible del primero. La concordancia de los dos métodos sugiere,
pero no prueba, su validez. En el segundo procedimiento de Thomson para determinar e/m utilizó el
aparato un tubo de rayos catódicos (ver Fig. 1). Un haz de partículas de rayos catódicos pasaba por una
región en la cual se sometía a campos eléctricos y magnéticos. Cualquiera de estos campos, aplicado
aisladamente, podía desviar al rayo de su trayectoria horizontal; pero la dirección de la desviación
magnética era opuesta a la producida por el campo eléctrico. De este modo, si se aplicaba el campo
eléctrico y se mantenía constante, la magnitud del campo magnético se podía regular para devolver el
haz a su trayectoria horizontal original. En estas condiciones, la fuerza del campo magnético que actuaba
sobre las partículas, Bev, era igual a la fuerza debida al campo eléctrico, eE. Así,

E
Bev  eE o v= (3)
B

La velocidad de las partículas se podía calcular a partir de las mediciones de E y B. El segundo


paso del experimento fue eliminar el campo magnético y medir la desviación del rayo producida sólo por
el campo eléctrico. Al pasar las partículas entre las placas, la fuerza eléctrica eE producía una desviación
, que como se ilustra en la Fig. 1 se puede calcular por el método de los triángulos semejantes a partir
del desplazamiento de la mancha observada en el extremo del tubo. La ecuación final para e/m
determinada por este experimento implica el desplazamiento  debido sólo al campo eléctrico y la
longitud de las placas deflectoras l, como se ilustra en la figura. Esta ecuación fue obtenida por Thomson
utilizando la segunda ley de Newton. Su expresión para e/m es

e 2 E
= 2 2 (4)
m l B

Las mediciones de e/m realizadas por Thomson no fueron muy precisas y sólo pudo llegar a la
conclusión de que e/m tenía un valor próximo a 1x1011 C kg1. El valor actual con cinco cifras
significativas, basado en mediciones efectuadas con aparatos mucho más complejos, es de 1.7588 x 1011
C kg1. Finalmente, dado que el valor e/m determinada a partir de los rayos catódicos era una constante
independiente del gas utilizado en el tubo de descarga, estos hechos llevaron a Thomson a la conclusión
de que los rayos catódicos no eran átomos electrificados sino fragmentos corpusculares de átomos;
electrones, en terminología moderna.

Fig. 1: Representación esquemática del tubo de rayos catódicos empleado por Thomson para la determinación de
la relación e/m con un campo eléctrico perpendicular a los rayos catódicos y un campo magnético externo. Los
símbolos N y S denotan los polos Norte y Sur del imán.
EXPERIMENTOS DE MILLIKAN

Las mediciones dela relación carga a masa (e/m) realizadas por Thomson a partir de sus
observaciones realizadas en un tubo de rayos catódicos no fueron muy precisas y, sólo pudo llegar a la
conclusión de que e/m tenía un valor próximo a 1x1011 C kg1. El valor actual con cinco cifras
significativas, basado en mediciones efectuadas con aparatos mucho más complejos, es de 1.7588 x 1011
C kg1. Finalmente, dado que el valor e/m determinada a partir de los rayos catódicos era una constante
independiente del gas utilizado en el tubo de rayos catódicos, estos hechos llevaron a Thomson a la
conclusión de que los rayos catódicos no eran átomos electrificados sino fragmentos corpusculares de
átomos; electrones, en terminología moderna.

La demostración definitiva de que la electricidad estaba formada por partículas se debió al


famoso experimento de la gota de aceite de R. A. Millikan. Utilizando un aparato como el ilustrado en la
Fig. 1. Millikan demostró que todas las cargas eléctricas son múltiplos de una unidad elemental definida,
cuyo valor es 1.6 x 1019 colulombs (C). El aparato de Robert Millikan incorpora un par de placas
metálicas paralelas horizontales. Al aplicar una diferencia de potencial entre las placas, se crea un campo
eléctrico uniforme en el espacio entre ellas. Se utilizó un anillo de material aislante para mantener las
placas separadas. Cuatro agujeros se cortaron en el anillo, tres para la iluminación con una luz brillante, y
otra para permitir la visualización a través de un microscopio.

Fig. 1: (a) Aparato empleado por Millikan y (b) Diagrama esquemático del experimento de Millikan de la gota de
aceite.

(a) (b)

Así, para realizar el experimento se dejan caer gotas esféricas de aceite del atomizador a la
cámara de observación, donde se cargan por colisión con iones gaseosos producidos por la acción de los
rayos X sobre el aire. Una gota de aceite cargada se reconoce por su respuesta a un campo eléctrico, y su
movimiento se observa al microscopio. Así, cuando el interruptor que alimenta las placas paralelas se
encuentra en “off” el campo eléctrico y su carga sobre las placas es cero. Bajo estas condiciones, la gota
de aceite que cae bajo la acción de la gravedad adquiere velocidad constante. Esta VELOCIDAD FINAL,
como se la llama, es alcanzada por la gota antes de entrar en el campo visual y tiene un valor tal que el
tirón hacia abajo de la FG = mg, (Fig. 2), es igualado exactamente por la fuerza hacia arriba de la
resistencia del aire, FR. La velocidad de la gota se puede establecer usando un cronómetro para medir el
tiempo requerido por la gota para descender la distancia entre dos líneas transversales de la retícula de
la figura. Esto es independiente que ella haya sido cargada debido a los rayos X.

Fig. 2: (a) Fuerzas involucradas en el descenso de la gota de aceite y (b) observación a través del visor del
microscopio.

(a) (b)

Al acercarse la gota a la placa del fondo, si el interruptor se pone “ON” estas placas se cargan con
cargas de distinto signo. La gota que tiene carga negativa producto de los rayos X, como se ve en la
figura, soportará una fuerza electrostática hacia arriba FE que la impulsa a subir. La gota se moverá con
una velocidad constante si FE es mayor que FG pero igual a la suma de FG y l de a fuerza de
rozamiento. Usando otra vez el cronómetro, esta vez para medir la velocidad de subida, se puede
calcular la fuerza ascendente. Conociendo el voltaje entre las placas y la fuerza, podemos calcular la
carga sobre la gota.

Cuando la gota se acerca a la placa de arriba, nuevamente el interruptor se pone en “OFF”. En


estas condiciones la gota cae nuevamente sometida a la acción de la gravedad. Al acercarse al fondo se
invierte de nuevo el proceso y se hace subir y bajar varias veces a una misma gota, midiéndose la
velocidad de bajada y subida (espacios /tiempos). Por medidas directas obtenemos la velocidad y por
cálculos matemáticos obtenemos la masa y la carga de la gota.

Cuando el campo eléctrico es cero, la gota está sometida solamente a la fuerza de la gravedad y
cae; debido a la resistencia del aire, la gota no se acelera continuamente en su caída, sino que alcanza
una velocidad constante dada por:

mg Fuerza de gravitación
v  (1)
6 r resistencia debida a la viscosidad del aire
donde g es la aceleración de la gravedad, m y r son la masa y el radio de la gota, y  es la viscosidad del
aire. Esta ecuación, junto con la expresión:

m
densidad, d  (2)
4  r3
3

que relaciona la densidad de la gota de aceite con su masa y su radio, permite calcular m y r a partir de la
velocidad y la densidad medidas. Si la misma gota contiene una cantidad de carga q, y se somete a un
campo E, actúa sobre ella una fuerza eléctrica ascendente de magnitud qE. Debido a la acción de la
gravedad, la fuerza neta sobre la gota es qE  mg, de modo que su velocidad en dirección ascendente
es:

qE  mg
v'  (3)
6 r

Puesto que v' y E se pueden medir y mg,  y r son conocidos, se puede calcular q. Millikan
descubrió que q era siempre un múltiplo entero de 1.60 x 1019 C. Este resultado demuestra que la
electricidad está constituida por partículas y que la unidad fundamental de carga es e = 1.60 x 1019 C. La
suposición de que esta unidad fundamental es igual a la carga del electrón, junto con el valor medido de
e/m (el electrón está cargado negativamente, pero los valores tabulados de la carga del electrón e se dan
siempre en cantidades positivas.) da 9.1 x 1031 kg para la masa del electrón.

El experimento de Millikan se ha analizado en detalle porque muestran cómo se pueden


determinar cantidades fundamentales importantísimas con aparatos relativamente sencillos y con las
leyes más elementales de la física. Estos dos experimentos se encuentran entre los más importantes de
la ciencia física.
EXPERIMENTOS DE DISPERCIÓN DE RUTHERFORD

El experimento de dispersión de partículas , que es tal vez el experimento más influyente de los
utilizados en el desarrollo de la teoría de la estructura atómica, se ilustra esquemáticamente en la Fig. 1.

Fig. 1: (a) Diseño experimental de Rutherford para medir la dispersión de las partículas  mediante una lámina de
otro y (b) esquema amplificado de las trayectorias de las partículas  al atravesar o ser desviadas por los núcleos.

Un delgado haz paralelo de partículas  incide sobre una lámina metálica de oro (de 104 átomos
de espesor), y la distribución angular de las partículas dispersadas se obtiene contando los destellos
luminosos que se producen sobre una pantalla circular recubierta de sulfuro de cinc (ZnS). El importante
resultado cualitativo del experimento es que mientras la mayoría de las partículas a atraviesan la lámina
sin desviarse, o se desvían solamente en pequeños ángulos, unas cuantas partículas se dispersan en
ángulos grandes, hasta de 180°.

Cuando se realizó por primera vez el experimento, Rutherford sabía que las partículas  eran
átomos de helio doblemente ionizados de masa atómica 4; además, sus velocidades habían sido medidas
por el método de la desviación magnética. En consecuencia, Rutherford sabía que la energía cinética de
las partículas a era muy grande y comprendió que para producir una desviación grande de una partícula
tan energética, el átomo debía ser el asiento de una enorme fuerza eléctrica. También era evidente que
esta fuerza debía ser ejercida por un cuerpo de masa considerable, para que un cuerpo ligero como el
electrón fuera arrastrado por la pesada partícula . Finalmente, el hecho de que solamente unas pocas
partículas a experimentaran grandes desviaciones sugería que la gran fuerza eléctrica estaba confinada
en regiones muy pequeñas del espacio que no eran alcanzadas por la mayoría de las partículas . En
otras palabras, en lugar de ser una esfera de masa y densidad de carga uniformes, como había propuesto
Thomson, el átomo era altamente no uniforme. Aunque los electrones podían ocupar el volumen
asociado con la dimensión del átomo de 108 cm, la electricidad positiva tenía que estar concentrada en
un núcleo muy pequeño, pero pesado.

Suponiendo que la fuerza que actuaba entre el núcleo y una partícula a estaba dada por la ley de
Coulomb, Rutherford demostró que la trayectoria de la partícula a desviada por un átomo debía ser una
hipérbola. Como se ilustra en la Fig. 2, el ángulo de desviación , que es el ángulo externo entre las
asíntotas de la hipérbola, depende del error de puntería o parámetro de impacto b. El análisis
matemático muestra que

zZe2
tan 12   (1)
4 o mv 2b

donde z y Z son los números atómicos de las partículas  y del núcleo, e es la magnitud de la carga
electrónica y m y v son la masa y la velocidad de la partícula . Se observa así que cuando b = 0,  = 180°,
que es justo lo que se espera de un choque frontal. En un experimento de dispersión dado que z, Z, m y v
son constantes, y como se utiliza un haz de partículas a relativamente ancho, se dan todos los valores de
b, y la dispersión se ve desde todos los ángulos.

Fig. 2: Trayectoria de una partícula  que pasa cerca de un núcleo de carga Ze. La partícula a tiene velocidad v,
masa m, carga ze y el parámetro de impacto o error de puntería b.

Las partículas a procedentes de una fuente chocan contra una hoja delgada que contiene los
núcleos con todos los valores posibles de b. Antes de poder interpretar los datos de dispersión,
Rutherford tuvo que promediar la ecuación (1) sobre todos los valores posibles para b y tener en cuenta
la geometría del aparato. Después de hacer esto, observó que la dispersión real seguía muy bien la
fórmula teórica. Esta fórmula suponía que la partícula  positiva y el núcleo positivo se repelían
recíprocamente siguiendo la ley de Coulomb para cargas puntuales, y la concordancia entre la teoría y la
experimentación confirmó esa suposición. Además de confirmar el uso de la ley de Coulomb, Rutherford
también logró medir aproximadamente Z, el número atómico del núcleo dispersor. Rutherford encontró
que para el núcleo de oro, Z = 100±20, que está razonablemente de acuerdo con el número atómico
conocido del oro, que es 79.

A partir de las mediciones de la dispersión, se puede obtener una estimación para el radio de un
núcleo típico. Cuando una partícula a se desvía 180° es que ha chocado de frente con un núcleo. En un
choque de este tipo, la partícula a se acerca a un núcleo de, por ejemplo, un átomo de cobre hasta que la
máxima energía potencial coulómbica de repulsión se hace igual a la energía cinética inicial de la
partícula . Estas dos energías son:
James Chadwick y el Neutrón
Universidad de Manchester – 1907
—Usted tendrá la oportunidad de tener un futuro brillante aquí, ¿conoce a Rutherford?
—Sí… sí, claro que lo conozco, es un gran científico.
—En el segundo año podrá disfrutar de algunas de sus clases magistrales y, si se aplica lo suficiente
en sus estudios, podrá formar parte de sus experimentos. En esta universidad tenemos uno de los
mejores laboratorios del país y tendrá todas las oportunidades que necesita. Señor Chadwick, aquí
le espera un futuro brillante, espero poder verle por los pasillos en unos días.
—Pero… yo he venido a estudiar matemáticas —musitó el tímido Chadwick, aunque él era el único
que permanecía en la habitación, dado que el profesor ya se había despedido con un cálido
apretón de manos. James recogió su abrigo mientras pensaba en lo que le había dicho el
profesor—. Quizás estoy equivocado, tendría grandes posibilidades aquí en Manchester estudiando
física y siempre podría volver a las matemáticas.

A los 16 años de edad, Chadwick estaba dispuesto a iniciar su carrera universitaria como un
brillante estudiante de matemática aplicada, pero el destino en forma de un profesor despistado
lo llevó al mundo de la física. En Manchester, Chadwick tuvo sus primeros encuentros con
Rutherford y conoció a Hans Geiger. También se interesó por los experimentos que Geiger y
Marsden estaban llevando a cabo y que desembocaron en el descubrimiento del núcleo
atómico. Una vez finalizada la carrera, Chadwick tenía una recomendación del propio Ernest
Rutherford bajo el brazo y la intención de investigar sobre radiactividad. Su destino fue Berlín,
donde lo esperaba Hans Geiger.

Siempre se pasaban con el peine cuando hacían la foto oficial


de la entrega del Nobel, pero la verdad es que a Chadwick lo
sacan con planta de actor de cine negro.
Europa se encontraba en una situación convulsa y Chadwick
fue llamado como oficial en la reserva del ejercito británico,
pero decidió quedarse en Berlín. La Gran Guerra estalló y
James no tuvo tiempo de salir de Alemania. La autoridades
alemanas lo detuvieron acusándolo de espionaje y acabó
junto a otras cinco personas en una cuadra. Fueron cuatro
años en los que el frío y el hambre debilitaron su salud.
El final de la Primera Guerra Mundial significó la liberación
de Chadwick y su regreso a Inglaterra. Rutherford había
ocupado el puesto de Thomson en el laboratorio Cavendish y
decidió contar con James para su nuevo equipo. Fue una
época en la que se sucedieron importantes experimentos,
llegando a realizar los primeros procesos de fusión de
partículas provocados por el hombre. Pero no todo eran
alegrías, Rutherford estaba convencido de la existencia de una partícula neutra que formaba
parte del núcleo: el neutrón. En efecto era un concepto que ya rondaba la cabeza de Ernst
Rutherford desde hacía muchos años, pero se resistía a todos los experimentos. Su falta de carga
eléctrica hacía inservible la cámara de niebla y, a pesar de los innumerables intentos —algunos de
ellos bastante locos y desesperados—, no había forma de encontrarlo.
Puede resultar extraño en los tiempos en los que vivimos ver a Rutherford describiendo el neutrón
como la unión de un protón y un electrón. Sin embargo, hay que tener en cuenta que en la época
en la que se realizaban estos experimentos se consideraba que los bloques constituyentes de la
materia eran:
- el electrón
- el protón (un átomo de hidrógeno desprovisto de su electrón)
- la partícula alfa (un átomo de helio desprovisto de sus dos electrones)
- el fotón
Al ser el fotón una partícula neutra pero sin masa, lo lógico era pensar que el neutrón debía estar
formado por la combinación de un protón y un electrón, de forma que tuviera masa y careciera de
carga. Tampoco iba tan desencaminado el neozelandés, ya que pasados bastantes años se
descubrió que el neutrón estaba formado por dos quarks down con una carga -1/3 y un quark up
con una carga eléctrica +2/3.

La pista que completó el puzzle


Cavendish 1931
Ern levantó la vista del artículo. James estaba exultante.
—¡Son neutrones, Ern! ¡Son neutrones! La radiación gamma no puede producir esos efectos.
—Tenemos que repetir el experimento, James, lo antes posible.
—Vamos a encontrarlo, Ern, vamos a encontrarlo.

La pista que necesitaba Chadwick llegó de la mano del matrimonio Joliet-Curie. El experimento
consistía de dos elementos: por un lado una fuente y por otro un detector. La fuente, se trataba
de un disco con polonio que se enfrentaba a un disco de berilio que era más grande que el
primero. El detector era una cámara de ionización. La parte variable del experimento era la forma
de conectar ambos dispositivos. Además de colocarlos separados por una capa de cera parafina,
Chadwick y sus colegas utilizaron también distintos tipos de metales y gases con el fin de ver las
distintas respuestas que producían lo que suponían que serían neutrones al golpear las capas
intermedias. Otra configuración del experimento que usaron fue sustituir la cámara de ionización
por una cámara de niebla, de forma que podían observar los caminos seguidos por los protones y
calcular su velocidad.
Pero, ¿qué es lo que estaba sucediendo exactamente?
En este esquema pueden verse los distintos
componentes del experimento y las
radiaciones y partículas que se producían:
A. Disco que contenía el polonio.
B. Disco en el que se situaba el berilio, su
tamaño era más grande que el del polonio.
Había dos razones: al ser más grande podía
capturar más radiación alfa proveniente del
disco y además era mucho más barato.
C. Capa de material situada entre el
detector y la fuente. Normalmente se usaba cera de parafina, pero se probó con distintos
materiales. Esta capa se aumentaba o se disminuía de tamaño para ver cómo variaban los
resultados en el detector.

Detector. El detector normalmente era una cámara de ionización, pero también se usaron
cámaras de niebla para visualizar la trayectoria de los protones.
Y lo que ocurría era lo siguiente:
1. El polonio emite radiación alfa, consistente en átomos de helio desprovistos de sus
electrones.
2. Los átomos de helio se adentran en el disco de berilio y algunos de ellos chocan con un
núcleo de berilio. El choque provoca una reacción que transforma el núcleo de berilio en
carbono y desprende un neutrón (la letra K indica energía cinética):

Be9 + He4 + K α = C12+ n1 + K de C12 + K de n1

Los neutrones despedidos por el berilio llegan a la capa de parafina y unos pocos chocan contra los
átomos de hidrógeno presentes, haciendo que estos sean despedidos, el resto atraviesan la capa
de parafina y continúan su camino.
Las distintas configuraciones usadas en el experimento empezaron a dar las pistas que necesitaba
Chadwick:
- La velocidad con los que los protones eran despedidos de los distintos materiales era
imposible obtenerla a partir de radiación gamma.
- El grosor de la capa de material que se situaba entre los dispositivos experimentales no hacía
variar drásticamente los resultados, los neutrones solo interaccionaban con núcleos atómicos
cuando prácticamente se producía una colisión directa. La falta de carga del neutrón hacía
que esta fuera la única interacción posible.
Chadwick pudo asegurar que las reacciones que estaban ocurriendo en el experimento no se
debían a la radiación gamma, sino a un nuevo tipo de partícula con una masa cercana a la del
protón y sin carga eléctrica. Solo faltaba confirmar la masa de esa nueva partícula. Para ello el
disco de Berilio fue sustituido por uno que contenía boro.

¿Por qué cambiar el berilio por boro? Ya se conocía la masa de un átomo de boro, mientras que no
se conocía el del berilio. Aunque se producía un número de protones mucho menor cuando se
usaba boro, tenían el dato que les faltaba para cercar la masa de la nueva partícula.

Masa de B11 + masa de He4 + K de α = Masa de N14 + masa de n1 + K de N14 + K de n1.

Esta igualdad debía producirse para que se cumpliera la ley de la conservación de la energía: la
masa de un átomo de boro, más la masa de una párticula alfa, más la energía cinética de esta
última tienen que ser iguales a la masa del nitrógeno producido, más la masa del neutrón y la
energía cinética de ambos.
Los resultados confirmaron las sospechas: el neutrón tenía una masa similar al protón y una carga
neutra.
—Por favor, dadme cloroformo y dejadme dormir un día entero.
James Chadwick a sus compañeros de laboratorio después de presentar los resultados finales

Curiosidades de la ciencia
En 1935, James Chadwick recibió el Premio Nobel de Física por el descubrimiento del neutrón. El
mismo año, el matrimonio Joliot-Curie recibió el Premio Nobel de Química por su investigación y
descubrimiento de nuevos elementos radiactivos.
Aunque Chadwick quiso que Rutherford apareciera en los artículos sobre el descubrimiento del
neutrón, este se negó ya que consideró que el mérito debía ser para James. Este comportamiento
no era ni mucho menos novedoso, en su momento tampoco dejó que Geiger y Marsden le
incluyeran en el artículo que describió el experimento que a la postre llevó al descubrimiento del
núcleo atómico.
Energía cinética de la partícula:   12 m v 2

zZe 2
Repulsión coulómbica máxima 
4 o rmin

Combinando estas dos expresiones y despejando rmin, se obtiene

zZe2
rmin  (2)
2 o m v 2

Para las partículas  obtenidas en la desintegración del 226Ra, se tiene que z = 2, v = 1.6x107 m s1, así

4.0 x103 kg mol 1


m   6.6 x1027 kg
NA

Para un núcleo dispersor de Cu, Z = 29. En el sistema de unidades SI, o, = 8.854 x 1022 C2 J1 m1.
Sustituyendo estos valores en la ecuación (2), resulta que rmin = 1.6 x 1014 m = 1.6 x 1012 cm.

Como las partículas pueden llegar hasta una distancia próxima a 1012 cm del núcleo y aún
dispersarse según la ley de Coulomb, el núcleo mismo debe ser menor que 1012 cm. Otros experimentos
con partículas a más rápidas y núcleos más ligeros (Z más pequeños, rmin más pequeños) muestran que
la ley de dispersión de Coulomb no es obedecida si las partículas  se acercan al núcleo hasta una
distancia menor que 0.8 x1012 cm; de hecho, esto implica que la carga positiva del núcleo ocupa una
esfera de un radio aproximado 1012 cm. Así, el experimento dispersor de las partículas  no sólo
proporciona una indicación cualitativa de la existencia del núcleo, sino que también proporciona
mediciones cuantitativas de la carga y el tamaño nucleares.