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Antología de cultura grecolatina

Alumna: Ornella Denicolai


E-mail: ori_snm@hotmail.com
Nº de registro:VA 0499
Materia: Cultura Grecolatina
Año: 2017/18

Datos de la imágen:
La imágen de portada es un óleo del pintor español José Benlliure Gil, del año 1932.
Elegí esta imagen porque, además de considerar personalmente interesante las
descripciones del inframundo a lo largo de la historia de la literatura, considero que también
es una de las escenas de la Odisea que mayor receptividad y tratamiento ha logrado. Podemos
realizar una comparación entre el descenso al averno tanto de Ulises, como Eneas y Alighieri
(por nombrar sólo tres).
A su vez, es interesante cómo éstas escenas plasman no sólo el concepto de la muerte,
sino también de la trascendencia tanto espiritual como en lo que respecta a la fama. La
muerte, como idea, es igualadora -alejada completamente del concepto judeo cristiano, donde
la muerte no es igualadora respecto a la trascendencia-. Es decir, en el Hades, todas las almas
son iguales, y la trascendencia lograda a partir de la fama y la conducta, sólo obtiene
recompensa en el mundo de los vivos, donde la muerte es el olvido.

Fragmento nº 1
“Desde allí, con dolor en el alma, seguimos bogando hasta dar en la tierra que habitan los
fieros cíclopes, unos seres sin ley. Confiando en los dioses eternos, nada siembran ni plantan,
no labran los campos, mas todo viene de allí a germinar sin labor ni simienza: los trigos, las
cebadas, las vides que dan un licor generoso de sus gajos, nutridos tan sólo por lluvias de
Zeus.
Los cíclopes no tratan en juntas ni saben de normas de justicia; las cumbres habitan de
excelsas montañas, de sus cuevas haciendo mansión; cada cual da la ley a su esposa y sus
hijos sin más y no piensa en los otros.
(...)
Y es que faltan a aquellos cíclopes las naves purpúreas y no tienen varones que hagan los
sólidos buques en que puedan pasar a las muchas ciudades pobladas por humanos, cual
suelen otros hacer que en bajeles atraviesan el mar de país en país…
(...)
“Eres necio, extranjero, o viniste de lejos, pues quieres que yo tema o esquive a los dioses. En
nada se cuidan los cíclopes de Zeus que embraza la égida, en nada de los dioses felices, pues
somos con mucho más fuertes; por rehuir el enojo de aquél no haré yo gracia alguna ni a tus
hombres ni a ti cuando no me lo imponga mi gusto…”
(...) “Mi bajel lo estrelló Posidón (...) y con éstos me pude salvar de la muerte inminente”
Dije así, pero nada repuso su espíritu impío. Dando un salto, sus manos echó sobre dos de
mis hombres, los cogió cual si fueran cachorros, les dio contra el suelo…””
Odisea, IX, 105-130; 273-289

Temática: Encuentro con el otro


Palabras claves: Ulises, Cíclope, Polifemo, extraño
Narrador: El fragmento presenta un narrador intradiegético-homodiegético en 1ra persona.
Es decir, narra en los hechos sucedidos a sí mismo y al grupo de hombres que lo
acompañaba. A su vez, los diálogos reproducidos son de estilo directo.
Tratamiento de la temática en el fragmento: En los fragmentos aquí citados, Ulises relata a
Alcínoo su encuentro con el cíclope. A partir de este encuentro, Ulises establece un “otro”
que va a contribuir a refozar -por la negativa- su propia imágen.
Este “otro”, el cíclope, es descrito despectivamente por nuestro héroe: no labra su tierra y no
tiene leyes, en otras palabras, no atiende a la areté griega. No busca aventuras ni teme a los
dioses. Desde este lugar se configura el pathos del héroe: “un hombre aretéico teme a los
dioses, labra su tierra, posee leyes y es temerario”.
Es decir, en la definición del “otro”, del “bárbaro”, Ulises construye su propia imágen en
consecuencia con el orden social griego. Podríamos, en cierta forma, pensar en una
descripción colonizadora de Ulises para describir a un “otro”. Este “otro” salvaje, es, por su
descripción, colonizable y sacrificable en post de la obediencia y gracia hacia los dioses.

Fragmento nº 2
“En el piso de arriba fue a herir aquel canto divino a la hija de Icario, discreta Penélope: al
punto descendió su estancia tomando la larga escalera, mas no sola, seguíanla de cerca dos
sirvientas…” Odisea, I, 228-231.
“Oye, en fin, la respuesta que dan los galanes y tenla bien grabada en tu mente y contigo las
gentes aqueas: haz salir del palacio a tu madre y ordena que tome por esposo al que quiera su
padre y agrade a ella misma; quizá piense seguir afligiendo a los nobles argivos recordando
consigo los donde que debe a Atenea, su pericia en preciosas labores, talento y astucias. Éstos
son en verdad como no se recuerdan aquellas grandes hembras del tiempo que fue, las de
hermosos cabellos, una Alcmena, una Tiro o Micena la bien coronada, pues ninguna del
ingenio mostró que Penélope muestra en sus trazas…” Odisea, II, 111-122
“...Circe, la rica en venenos…” Odisea, X, 276
“Mas te voy a explicar las maléficas trazas de Circe. Un mal tósigo hará de ti, lo pondrá en la
comida, mas con todo no habrá de hechizarte. (...) cuando Circe te mande correr manejando
su vara fuerte y larga, tú saca del flanco tu agudo cuchillo y le saltas encima, a tu vez, como
ansiando su muerte. Al momento verás que asustada te invita a que yazgas a su lado: no
habrás de rehusar aquel lecho divino por que suelte a los tuyos y a ti te agasaje en sus
casas…” Odisea, X, 289-298
Temática: La mujer en la épica
Palabras claves: Penélope, Telemaquia, Ulises, Circe
Narrador: Extradiegético-héterodiegético, con introducción de diálogos estilo directo. En
otras palabras, el narrador cuenta un relato del cual él no forma parte.
Tratamiento de la temática en el fragmento: A partir de los fragmentos seleccionados
podemos establecer una oposición respecto a la configuración del personaje femenino en la
épica. Por un lado tenemos a Penélope, mujer llena de virtudes, amada por los dioses y que
trasciende como aquella mujer que se ha mantenido fiel a su marido engañando a sus
pretendientes y desoyendo las leyes que establecen que debía volver a la casa de su padre
para que éste le eligiera un nuevo marido. Es en esta tenacidad por preservar su imagen como
mujer de un sólo, es en el sacrificio donde reside la areté de la mujer épica.
Por otro lado se encuentra Circe, una mujer que seduce y engaña a los hombres y los
mantiene cautivos. Intercambia favores por placeres sexuales, es decir, a diferencia de
Penélope, Circe hace uso de su cuerpo y de su goce. No debemos olvidar que Circe es una
diosa, este tipo de comportamientos sólo son pensados en dicho contexto, ya que ninguna
mujer mortal podría darse el lujo de semejantes comportamientos sin, por ellos, merecer pena
alguna. Quizás, el atribuir estos comportamientos a una diosa, podríamos leerlo como una
estrategia del autor para alejar la conducta indeseada y atribuirla a un ser que no puede ser
juzgado por las leyes de los hombres, como forma de visibilización de las conductas
indeseadas.
Si realizamos un seguimiento de las mujeres nombradas en la Odisea, podemos observar que
las mortales, las mujeres griegas que están de alguna forma vinculadas con hombres heroicos
(Penélope, la nodriza, Helena), no poseen ninguna falta, por el contrario, parecería que la
areté de los hombres las alcanza a ellas, por lo que deben responder con virtuosismo al
comportamiento de los hombres. Por el contrario, las diosas son las que realizan los actos
reprochables, a excepción de Atenea, quien se mantiene virtuosa y benevolente respecto a los
mortales.

Fragmento nº 3
“Replicándole Ulises, el héroe paciente, le dijo: “No soy dios, bien de cierto, ¿por qué a los
eternos me igualas? Soy tu padre, aquel padre al que lloras ha tiempo sufriendo pesadumbres
sin fin, soportando violencias ajenas”
Tal diciéndole, al hijo besó y una lágrima a tierra sus mejillas dejaron caer, una lágrima en
tanto contenida…
“No, no eres Ulises, mi padre, que un dios me alucina para hacerme en seguida llorar con
mayor desconsuelo. (...)”
(...)
“Mal, Telémaco, está que a tu padre venido a su casa de ese modo le extrañes, con tal
estupor; bien de cierto que ningún otro Ulises habrá de llegar a estas tierras, pues no hay otro
que yo, que, sufriendo mil males y errando largamente, al vigésimo año regreso a la patria…”
(...)
Esto dijo y volvióse a sentar, mas Telémaco entonces se abrazó dolorido a su padre dejando ir
su llanto. Levantóse en los dos vehementísimo afán de sollozos y lloraban a gritos, sin pausa,
a manera de aves…
“Padre mío, ¿en qué nave los hombres del mar te trajeron a las playas de Ítaca? ¿En dónde
decíanse nacidos? Por tu pie, bien se deja entender, no has llegado a esta tierra.”
Odisea, XVI, 186- 224
Temática: Anagnórisis. (Reconocimiento de Ulises)
Palabras claves: Ulises, Telémaco, puerquero, reconocimiento
Narrador: Extradiegético-héterodiegético, con introducción de diálogos estilo directo. En
otras palabras, el narrador cuenta un relato del cual él no forma parte.
Tratamiento de la temática en el fragmento: En los fragmentos seleccionados podemos
reconocer el momento de la anagnórisis, es decir, el reconocimiento, el conocimiento de
aquello que estaba oculto. Ulises se mantenía oculto para su hijo, hasta que, por gracia de los
dioses, le revela su identidad a Telémaco. Este momento narrativo es interesante por diversos
motivos. Primero, es el momento en que la Odisea y la Telemaquia se unen en una misma
narración; segundo, es el fin del viaje de ambos héroes y tercero, Telémaco ha concluido su
búsqueda, no tanto del padre, sino de sí mismo, en la figura del padre se ha encontrado como
hijo de Ulises.

Fragmento nº 4
“Besó a su hija el padre de los hombres y los dioses, sonriéndose con aquel apacible
semblante con que serena el cielo y las tempestades, y en seguida le habló así: <Depón el
miedo, ¡oh Citerea!; invariables perseveran para ti los hados de los tuyos. Verás la ciudad y
las murallas prometidas de Lavinio, y levantarás hasta las estrellas del cielo al magnánimo
Eneas; no he cambiado la resolución. Mas, pues te aqueja este cuidado, voy a descubrirte,
tomándolos desde muy atrás, los arcanos del porvenir. Tu Eneas sostendrá en Italia grandes
guerras, y domará inviernos antes de que reine en el Lacio y logre sojuzgar a los rútulos. Y el
niño Ascanio, que ahora lleva el sobrenombre de Iluo (Ilo se llamaba mientras existió el reino
de Ilión), llenará con su imperio treinta años largos, un mes tras otro, y trasladará la capital de
su reino de Lavinio a Alba Longa, que guarnecerá con gran fuerza. Allí reinará por espacio de
trescientos años el linaje de Héctor, hasta que la reina sacerdotisa Ilia, fecunda por el dios
Marte, pariere de un parto dos hijos. Luego Rómulo, engalanado con la roja piel de la loba, su
nodriza, dominará aquella gente y levantará las murallas de la ciudad de Marte, y dará su
nombre a los romanos.”
La Eneida, Libro I, 254-277
Temática: El héroe y su destino.
Palabras claves: Venus, Eneas, Júpiter, destino
Narrador: Extradiegético-héterodiegético, con introducción de diálogos estilo directo.
Tratamiento de la temática en el fragmento: En el fragmento anterior, Júpiter asegura a
Venus que, sin importar los obstáculos que Juno ponga a Eneas, éste logrará llegar a su
destino, ya que es él -Júpiter- quien determina lo destino de los mortales. Para los romanos (al
igual que para los griegos) el destino era algo inalterable, sostenían que ellos eran simples
instrumentos de la voluntad de los dioses. Por lo que todo lo que aconteciera en la tierra, las
batallas ganadas, las cosechas, etc, pertenece a un plan de los dioses y que los mortales
simplemente ejecutan.

Fragmento nº 5
“ < Ana, hermana mía, ¿qué desvelos son estos que me suspenden y aterran? ¿Quién es ese
nuevo huésped que ha entrado en nuestra morada? ¡Qué gallarda presencia la suya! ¡ Cuán
valiente, cuán generoso y esforzado! Creo en verdad, y no es vana ilusión, que es del linaje de
los dioses. (...) Si no llevase en mi ánimo la firme e inmutable resolución de no unirme a
hombre alguno con el lazo conyugal desde que la muerte dejó cruelmente burlado mi primero
amor (...) acaso sucumbiría a esta sola flaqueza. (...) reconozco los vestigios del antiguo
fuego; pero quiero que se abran para mí los abismos de la tierra, o padre omnipotente me
lance con su rayo a la mansión de las sombras, de las pálidas sombras del Érebo y a la
profunda noche, ¡oh pudor!, antes de que yo te viole o de que infrinja tus leyes.>”
Eneida, IV, 9-26

“... arde la desventurada Dido y vaga furiosa por toda la ciudad; cual incauta cierva herida en
los bosques de Creta por la flecha que un cazador le dejó clavada sin saberlo, huye por las
selvas y los montes dicteos, llevando hincada en el costado la letal saeta. A veces conduce a
Eneas consigo a las murallas y ostenta las riquezas sidonias y las comenzadas obras de la
ciudad; empiezan a hablarle y se para a la mitad del discurso; otras veces, al caer la tarde, le
brinda con nuevos festines, y quiere, en su demencia, oír segunda vez los desastres de Troya,
y segunda vez se queda pendiente de los labios del narrador. Luego, cuando ya se han
separado, y oscura también la luna oculta su luz, y los astros que van declinando convidan al
sueño, gime de verse sola en su desierta morada y se tiende en el lecho antes ocupado por
Eneas.”
Eneida, IV, 69-82

“... los torrentes se derrumbaban de los montes. Dido y el caudillo troyano llegan a la misma
cueva; la Tierra la primera, y prónuba Juno, dan la señal; brillaron los relámpagos y se
inflamó el éter, cómplice de aquel himeneo, y en las más altas cumbres prorrumpieron las
ninfas en grandes alaridos. Fue aquel día el primer origen de la muerte de Dido y el principio
de sus desventuras, pues desde entonces nada le importa de su decoro y de su fama, ya no
oculta su amor, antes le da el nombre de conyugal enlace, y con este pretexto disfraza su
culpa.”
Eneida, IV, 163-172

Temática: La mujer en la épica


Palabras claves: Dido, Eneas, muerte
Narrador: Extradiegético-heterodiegético, con introducción de diálogos estilo directo.
Tratamiento de la temática en el fragmento: Podemos realizar una comparación entre Dido
y Penélope. A lo largo de su relato, Dido sufre por sentirse débil y teme no poder cumplir su
promesa de castidad ante la muerte de su marido, teme violar su pudor. Pero Dido, a
diferencia de Penélope, no cuenta con la gracia de las diosas que la engañan para que viole su
promesa y sucumba ante el deseo. Esto trae en Dido desesperación, un comportamiento
errático que es descrito como locura, hasta que finalmente se realiza el deseo de las diosas.
Lo que sigue al cumplimiento de un capricho divino es la desgracia, Dido prefiere inmolarse
antes de ver roto su corazón y corrompida su fama. Esta historia pretende, como objetivo
último, dar sentido al odio entre romanos y cartagineses: por culpa de una mujer.
Nuevamente la mujer como causa de los males y desencuentros en la historia.
La mujer en la épica es una mujer sumisa, atenta a los deseos ajenos, aún si ello implica la
anulación del propio goce y de la propia vida. La mala mujer, la de conducta reprochable, las
diosas, son caprichosas, dueñas de su propio destino y del placer de sus cuerpos. Sólo existen
dos mujeres en la épica: la buena mujer (la mortal sumisa) y la mala mujer (la diosa
caprichosa).

Fragmento nº 6
“Baja entonces corriendo el encumbrado alcázar, seguido de gran multitud, el fogoso
Laocoonte, el cual desde lejos, “¡Oh miserables ciudadanos! -empezó a gritarles- ¿qué
increíble locura es ésta? ¿Pensáis que se han alejado los enemigos y os parece que puede estar
exento de fraude don alguno de los dánaos? ¿Así conocéis a Ulises? O en esa armazón de
madera hay gente aquiva oculta, o se ha fabricado en daño de nuestros muros, con objeto de
explorar nuestras moradas y dominar desde su altura la ciudad, o algún otro engaño esconde.
¡Troyanos, no creáis en el caballo! Sea de él lo que fuere, temo a los griegos hasta en sus
dones”.”
La Eneida, Libro II, 39-50
Temática: Encuentro con el otro
Palabras claves: troyanos - romanos- caballo de Troya
Narrador: El fragmento presenta un narrador intradiegético-homodiegético en 1ra persona.
Es decir, narra en los hechos sucedidos a sí mismo. A su vez, los diálogos reproducidos son
de estilo directo.
Tratamiento de la temática en el fragmento: Al igual que Ulises define el hombre ideal
griego a partir de la descripción peyorativa del “otro”, Eneas define, a partir de este
fragmento el ideal del héroe troyano, posteriormente romano. Los griegos son traidores,
mentirosos, impíos e irrespetuosos; por la negativa, entonces, se construye el ideal romano
como un hombre leal, piadoso, honesto y respetuoso. Ambos relatos -La Odisea y La Eneida-
construyen una identidad común, un pasado heroico y un modelo de héroe que se define a
partir de la otredad y que será reafirmada a partir de sus actos de heroicidad.