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¿CON QUÉ PROTOTIPO DE CRIMINAL OPERA LA CRIMINOLOGÍA?

La criminología se ocupa del delito, pero al delito le interesa también otras


ciencias, disciplinas y ramas del saber: la filosofía, la sociología, el derecho
penal, etc. Por eso no se debe delimitar el concepto de delito que utiliza la
criminología, por dos razones: porque no existe un concepto único, univoco,
pacifico, del delito y porque la autonomía científica de la criminología debe
permitir a esta la determinación de su propio objeto, sin someterse a las
definiciones del delito que procedan de otros ámbitos.

Existen, en efecto, numerosas y muy diversas nociones de delito. El Derecho


Penal, por ejemplo, se sirve de un concepto formal y normativo, impuesto por
exigencias ineludibles de legalidad y seguridad jurídica: el delito es toda
conducta prevista en la ley penal y solo aquélla que la ley pena con un castigo.
La Filosofía y la Ética acuden a otras pautas e instancias más allá del Derecho
positivo: el orden moral, el natural, la razón, etc.

Es necesario saber, a través de la historia, cuáles han sido los diferentes


paradigmas que han sustentado los distintos criminólogos para estudiar al
criminal. Los centros de interés de las investigaciones se desplazan
prioritariamente hacia la conducta delictiva misma, la víctima y el control social.
Pero más significativo es la imagen que se profesa del hombre delincuente: con
que prototipo de criminal se opera en la criminología, porque son muchas y
controvertidas las concepciones que se sustentan en el delito y el delincuente.
Cuatro respuestas son paradigmáticas, entre las cuales explicaremos al
respecto.

1. EL MUNDO CLÁSICO: EL LIBRE ALBEDRÍO

La crítica a esta perspectiva es que se asume en la Edad Antigua, donde se


concibe al crimen más como un misterio que como una realidad, y que no puede
explicarse sino por la voluntad de un “mal”. El Mundo Clásico partió de una
imagen sublime, ideal, del ser humano como centro del universo, como dueño y
señor absoluto de sí mismo, de sus actos. El Dogma de la Libertad hace iguales
a todos los hombres y fundamenta la responsabilidad: el absurdo
comportamiento delictivo solo puede comprenderse como consecuencia del mal
uso de la libertad en una concreta situación, no a pulsiones internas ni a
influencias externas. El crimen, pues, hunde sus raíces en un profundo misterio
o enigma. Para los Clásicos, el delincuente es un pecador que optó por el mal,
pudiendo y debiendo haber respetado la ley.

Según esta visión, el ser humano es el centro de la creación, dueño y


responsable de sus actos; de igual manera, la libertad, según este esquema,
hace iguales a todos los hombres, por ello, no hay diferencias entre el hombre
delincuente y el no delincuente, ya que cada uno de ellos “utilizó de manera
distinta su libertad en una situación determinada”. No se debe a influencias
externas ni internas, el criminal es un pecador que optó por el mal camino.

Existe algo muy importante en la escuela clásica que se recoge de sus autores:
la defensa de las garantías individuales y su reacción contra la arbitrariedad y
los abusos de poder. Se reconocen como representantes destacados de la
escuela clásica del derecho penal, además de Cesare Beccaria.
Se ha afirmado que gracias a la Escuela Clásica se pudo terminar con la barbarie
y la injusticia que el derecho penal representaba, procuró la humanización por
medio del respeto a la ley, del reconocimiento a las garantías individuales y de
la limitación al poder absoluto del Estado.

Los postulados de la escuela clásica:

 El delito no es un ente de hecho, sino un ente jurídico, una relación


contradictoria entre hacer del hombre y la ley.

 El Derecho Penal tiende un fin de tutela; la pena es un medio de tutela


jurídica, que tiende al restablecimiento del orden público alterado por el
delito y tiene el carácter de un mal, equivalente al que el delincuente ha
causado; su límite lo da la equidad, ya que no debe ir más allá de las
necesidades tutelares para no ser abusiva; en consecuencia, la pena
debe ser proporcionada al delito, cierta, conocida, segura y justa.
 Se busca uno, que el conjunto de los ciudadanos tenga bastantes motivos
para no delinquir porque los males son muchos, y segundo, que los que
lo han hecho anteriormente, cuenten con la experiencia del castigo para
no volver a cometer ningún delito. La doctrina penal denomina el primero
de estos propósitos prevención general y el segundo prevención especial
sobre el delincuente.
 La responsabilidad se sustenta en el libre albedrío y la impunidad moral,
teniendo el hombre libertad para decidirse en la elección del bien y del
mal, que tal es la noción de albedrío, por el último, y por ello ha de ser
castigado.
 Todos los seres humanos tienen, por principio, las capacidades
suficientes para decidir sobre sus actos, incluido los delictivos

2. EL POSITIVISMO CRIMINOLÓGICO

El alcance y consolidación de la Criminología como disciplina empírica, científica,


se encuentra estrechamente unida al positivismo criminológico y en particular, a
la Escuela Positiva italiana, que surge a mediados del siglo XIX como reacción
a la Escuela clásica, por tanto, el positivismo criminológico representa el
momento científico. Su creador fue Ezequiel Cesare Lombroso.
Se dice que esta ideología fue la madre del derecho penal positivo, tomó como
propios el método inductivo experimental de las ciencias naturales, en especial
de la medicina y lo utilizó para llegar a establecer las causas del delito, como
consecuencia lógica atacó al hombre como causa fundamental del mismo. Los
representantes más destacados ·de la Escuela Positiva italiana fueron Ezequiel
Cesare Lombroso, Enrico Ferri y Rafael Garófalo,
El nacimiento del positivismo criminológico dio paso a una nueva era, basada
en el método científico; esta nueva etapa aunaba distintas visiones, desde lo
antropológico hasta lo sociológico, pasando por la psicología, la biología, o la
psiquiatría, pero todas estas formadas con un único propósito, crear una base
rigurosa de conocimientos basado en el método empírico, la robustez científica
y superar la anterior etapa carente de todos estos procedimientos. Los
positivistas entienden que la esencia del crimen no se agota en la violación de la
norma jurídica, esforzándose por elaborar un concepto natural del delito, de base
sociológica como sinónimo de comportamiento anti social de agresión a las
condiciones esenciales de la convivencia.
Esa pseudociencia coloca en el centro de la escena penal al delincuente
como fenómeno patológico, elabora irreflexivas teorías en las cuales afirma que
el delincuente posee una predisposición anatómica al delito. Estos postulados
llevan a los seguidores de estas ideas a admitir la existencia de un delincuente
nato por malformaciones físicas y atavismos psicosociales. El determinismo
impregna los postulados de estas teorías, el hombre delincuente no puede
escapar a las leyes de la naturaleza que guían su comportamiento, que lo
llevarán indefectiblemente al crimen. Llevadas a su máxima expresión, estas
teorías nos llevan a la creencia de que el delincuente podría ser identificado
dentro de la comunidad incluso antes de haber cometido delito alguno, tan solo
por sus rasgos y características morfológicas.
El Positivismo, destronaría al hombre, privándole de su centro y de su reinado,
al negar el libérrimo control del mismo sobre sus actos y su protagonismo en el
mundo natural, en el universo y en la historia. El hombre, según Ferri no es el
rey de la Creación, como la tierra no es el centro del universo, sino una
combinación transitoria, una combinación química que puede lanzar rayos de
locura y de criminalidad. El Positivismo Criminológico inserta el comportamiento
del individuo en la dinámica de causas y efectos que rige el mundo natural o el
mundo social: en una cadena de estímulos y respuestas, determinantes internos
(biológicos) o externos (sociales), explican su conducta; el infractor es un
prisionero de su propia patología (determinismo biológico) o de procesos
causales ajenos al mismo (determinismo social): un esclavo de su herencia,
encerrado en sí, incomunicado de los demás, que mira al pasado y sabe,
fatalmente escrito, su futuro: un animal salvaje y peligroso.

Dentro de los postulados fundamentales del Positivismo Criminológico


encontramos:

1. El hecho decisivo principal de la escuela criminal positiva se caracteriza


especialmente por el método científico. El método, según el positivismo,
el pensamiento científico debe descansar en la experiencia y la
observación, mediante el uso del método inductivo, pues de lo contrario
las conclusiones no pueden ser consideradas exactas.
2. El delito es un hecho de la naturaleza y como tal debe estudiarse, mas no
como un ente abstracto, ni jurídico, sino como un ente real, actual y
existente. La criminalidad no es solamente la lesión de bienes o intereses
o desobediencia a la ley, sino una acción excepcional de agresión a
condiciones fundamentales de la vida social.
3. Determinismo. “El libre albedrio no existe” así de tajante. La escuela
positivista es netamente determinista, es decir: una serie de
circunstancias físicas o de circunstancias sociales llevarían al hombre a
delinquir. Si estas circunstancias no se dieran, el hombre no delinquiría.
“La psicología positivista justifica que el pretendido libre albedrio es una
pura ilusión subjetiva” (Ferri)
4. El método es inductivo – experimental Se parte de la observación de los
datos particulares y de ellos se llega a una proposición general que
comprende todos los fenómenos que estén relacionados o sean
semejantes. En el método experimental se rechaza lo abstracto para
conceder carácter científico sólo a aquello obtenido de la observación y la
experiencia, por lo cual no hay a priori sino sólo a posteriori

3. LA FILOSOFÍA CORRECCIONALISTA

Aparece en Alemania con una de las tendencias que se formulan sobre la pena
en la primera mitad del siglo xix. La partida del nacimiento de la escuela
correccionalista es un opúsculo de Roeder Comentatio, donde el autor afirma
que la pena no es un mal, sino un bien y que, por tanto, no existe el deber de
cumplirla, sino el derecho de exigirla. La escuela correccionalista es un cuerpo
orgánico de conocimientos relativos a la defensa del interno a través de su
corrección tutela y protección para que no vuelva a comer delitos.

La filosofía correccionalista asume una reflexión completamente diferente a las


expuestas anteriormente porque es pedagógica, es decir, ve en el criminal a un
ser inferior, presupone que el delincuente es minusválido, incapaz de dirigir su
vida como también a si mismo (libremente) cuya débil voluntad requiere eficaz y
desinteresada intervención tutelar del estado. El delincuente aparece ante el
sistema como un menor de edad, desvalido.

Esta postura es menos criticable por el hecho que no aísla ni bloquea al


delincuente, pero toma la ruta totalmente opuesta al hacerlo dependiente del
Sistema cual discapacitado, generando así un Estado paternalista, sin asumir la
verdadera función rehabilitadora.

Sus postulados fundamentales:


1.El derecho: no se basa en el poder sino en la necesidad, el Estado por el
supremo interés del derecho debe proporcionar a su miembro lo necesario para
ayudaros en su cumplimiento de su fin racional humano. Debe ayudar a quien
es incapaz de gobernarse a sí mismo

2. El delito se comete porque el hombre y su mente se contradicen y por la


personalidad psíquica del delincuente. Unas de las discapacidades más
evidentes del criminal es que es incapaz de una vida jurídica libre a causa de un
defecto de voluntad, esta anomalía se muestra con el delito. El delincuente es
por ello miembro de la sociedad que está necesitado de ella.
3. El estado debe proporcionársela haciéndolo de dos formas: de modo negativo:
restringiendo su libertad exterior con el fin de apartarlo de cuantos elementos
que puedan influir en hacerle perseverar en su degradación; y de modo positivo
protegiendo el desarrollo de su libertad hasta corregir su voluntad viciosa. Lo
más característico de esta tendencia es que la corrección o enmienda del
delincuente de propugna como fin único y exclusivo de la pena.

4. Los procedimientos que pueden emplearse para la corrección del culpable por
su importancia son; la educación hasta que haya formado la nueva naturaleza;
el alejamiento de todo aquello que del exterior ayuda al mal y evita el bien; y por
último la formación de las convicciones del individuo para que desista de su
inclinación injusta confiando en los esfuerzos de el mismo.

4. LA FILOSOFÍA MARXISTA

La entrada de Marx en el mundo de la criminología, se traduce en una toma de


consideración del contexto social global en el estudio de la delincuencia, en el
análisis de la norma, su aplicación y funcionamiento del sistema penal. El
marxismo, por último, responsabiliza del crimen a determinadas estructuras
económicas, de suerte que el infractor deviene mera víctima inocente y fungible
de aquéllas: la culpable es la sociedad.

Este paradigma refleja una parte de la realidad porque es cierto que el


delincuente se ve influido por la estructura económica, más aún si ésta no es
equitativa; sin embargo, no solo este factor explica las fuentes de
comportamiento del criminal actual.

Marx trata de relacionar las teorías que incluyen a la economía, o el


etiquetamiento, así como las teorías en las que el estado deja de responder por
el bienestar de sus habitantes. A esto se relaciona una teoría sobre la
criminalidad tratando de basarse en las diferencias de clases sociales, como las
que menciona Karl, en estas trata de relacionarse la economía, tratando lo
material como lo esencial para este mundo actual, donde se preocupa más por
la producción y menos por el bienestar del proletariado, a esto las personas que
no reacción hacía esta opresión buscan medios diferentes para mantenerse al
margen de la vida social.
Algunos optan por unirse a la delincuencia buscando así el bienestar que no
obtuvieron por las jornadas largas de trabajo y un poco paga. Entrando en la
contraparte en donde el positivismo no opina lo misma que los marxistas, pues
si bien es cierto que la clase proletariado, tiene pocas oportunidades, no es cien
por ciento comprobable que a situación económica sea la razón por la cual
delinquen las personas, tanto del proletariado como de las clases medias.
Para Marx el delincuente no constituye un ser libre, ni el delito el resultado de la
libre voluntad. En el mundo capitalista el delito no es sino la manifestación
aislada del individuo en pugna con las condiciones de opresión y, en
consecuencia, la imposición de una pena convierte al delincuente,
irremediablemente, en un esclavo de la justicia, una justicia de clase. Su
concepción desplaza la delincuencia al ámbito integrado por los trabajadores
improductivos, no organizados, al que designa como lumpen-proletariado. La
actividad delictiva es, en definitiva, la expresión de la falsa conciencia
individualista