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Cada vez somos más conscientes de la importancia de la alimentación para

nuestra salud y bienestar. Aquello que ingerimos pasa a formar parte de nuestro
organismo en forma de energía, vitaminas, proteínas, azúcares para nuestro
cerebro o nutrientes para nuestra piel. En definitiva, el alimento es responsable en
una gran medida de nuestra salud, nuestra apariencia y nuestro humor.

Sin embargo, aun siendo conscientes de lo fundamental que es nuestra dieta para
nuestra vida, desconocemos cómo obtener los nutrientes que necesitamos. No
tenemos que ser expertos nutricionistas, pero si es necesario tener algunas
nociones básicas sobre alimentación.

A esto le sumamos que en nuestro día a día no logramos dedicarle el tiempo


necesario a nuestra dieta y la preparación de nuestros alimentos y por ello
tenemos algunas carencias que debemos suplir. La nutricosmética 180 the
concept, nació con la intención de poder administrar aquellos nutrientes que no son
fáciles de obtener y que son fundamentales para que nuestro cuerpo pueda
cumplir con una serie de funciones fundamentales para que nuestra apariencia
sea más saludable, y por ende más hermosa.
Cuando oímos hablar de nutrientes, alimentación, vitaminas, proteínas o hidratos,
muchas veces parece que se tratara de un idioma complejo que dificilmente
lograremos dominar en aras de nuestra salud, sin embargo, en líneas generales
no es tan complicado, basta con entender algunas diferencias.

LAS VITAMINAS

A comienzos de este siglo se fragua el concepto de vitamina para describir una


serie de sustancias fundamentales para nuestro organismo que éste no puede
fabricar. La falta de éstas produce una serie de enfermedades que solo pueden
ser curadas ingiriendo alimentos que las contengan.

Las vitaminas son nutrientes reguladores que en cantidades muy pequeñas son
capaces de desempeñar funciones y reacciones metabólicas indispensables para
nuestro organismo.
Las vitaminas que se encuentran en los alimentos son muy sensibles a la
oxidación con el oxígeno del aire, y en presencia de agua sufren transformaciones.
Las menos resistentes son la C y la B1. Para tratar de preservarlas se deben tener
en cuenta una serie de gestos:

– El tiempo transcurrido desde la recolección de la verdura (cada día pierde


parte de su contenido vitamínico)

– Cocinarlas con poca agua y el menor tiempo posible, además de trtar de


reutilizar el agua de la cocción para caldos y sopas.

– Los zumos pierden un 50% de vitaminas a los 10 min de temperatura


ambiente.

– La sal durante la cocción hac que la salida de vitaminas sea mayor y la


temperatura de ebullición aumente.

– La luz acelera la oxidación

– La presencia de aditivos destruye en su totalidad la vitamina B1.

Vamos a mostraros a grandes rasgos los tipos de vitaminas: liposolubles e


hidrosolubles y cómo actúan.

Vitaminas liposolubles: Las vitaminas liposolubles son la A, D, E, K y F. Se


disuelven en grasas y aceites. Los tejidos adiposos y el hígado son los lugares
donde se almacenan. Éstas vitaminas tienden a permanecer en los tejidos de
nuestro cuerpo a lo largo del tiempo lo cual deriva en que si se consumen en
exceso pueden resultar tóxicas. Se absorben en el intestino delgado y se eliminan
por las heces.
Algunos alimentos que contienen estas vitaminas:

Vitaminas A: Se obtiene a través del caroteno de la zanahoria, brócoli, calabaza,


espinacas y col.
Vitaminas D: Se encuentra en alimentos como la yema de huevo, hígado y atún y
también se fabrica cuando los esteroles llegan a la piel y ésta se beneficia de la
radiación solar.

Vitaminas E: Se encuentra en verduras de hoja verde, yema de huevo, germen de


trigo, hígado y aceites vegetales.

Vitaminas K: se encuentra en todas las verduras de hoja verde, yema de huevo,


aceite de soja, soja e hígado

Vitaminas hidrosolubles: Son las del complejo B y la vitamina C. Éste grupo de


vitaminas se disuelven en agua y no en lípidos o grasas, por ello se eliminan a
través de la orina. Es necesario consumirlas con mucha frecuencia ya que su
eliminación es frecuente y no permanecen en neutro organismo.
Vitaminas C (ácido ascórbico): Presente en cítricos, algunas verduras y algunas
carnes.

Vitaminas B1 (tiamina): Se encuentra en Carnes, vísceras, cereales integrales y


legumbres.

Pertenecen a este grupo las vitaminas A, D, E y K.

Las vitaminas liposolubles, debido a su capacidad para disolverse en la grasa,


se almacenan en el tejido graso del organismo. Gracias a esta capacidad, se
absorben fácilmente en el intestino y desde la sangre van a la grasa del
cuerpo humano donde pueden almacenarse durante mucho tiempo. De esta
forma, aunque el aporte de estas vitaminas sea insuficiente, el cuerpo puede
contar con estos depósitos durante un tiempo más o menos largo hasta que
se agoten definitivamente. Además del tejido graso, las vitaminas A y D se
almacenan en el hígado donde sus reservas pueden llegar a durar hasta
meses. Esto no ocurre, sin embargo, con los depósitos de vitamina K que se
agotan relativamente rápido en unos días por lo que su déficit se manifiesta
antes que el de las otras vitaminas liposolubles.

Por otro lado, esta capacidad para almacenarse en la grasa durante largos
periodos de tiempo es también la responsable de que estas vitaminas puedan
acumularse hasta niveles tóxicos para el organismo al no eliminarse, lo cual
es peligroso para la salud. En concreto, el cuerpo humano es
especialmente sensible al acúmulo excesivo de vitamina A y D. Por todo
esto, lo recomendable sería consumir las cantidades justas y necesarias de
vitaminas liposolubles para evitar tanto problemas por su deficiencia como por
su toxicidad.

Las principales fuentes de estas vitaminas y las consecuencias de su


consumo excesivo o insuficiente son:

Vitamina A: Se encuentra en la leche, la yema de huevo y ciertas


verduras. Consumida en exceso puede ser causa de dolor de cabeza,
alteraciones en la piel… El aporte insuficiente de esta vitamina provoca
en los casos más graves ceguera nocturna y lesiones en el globo ocular.

Vitamina D: Presente en la leche y en el huevo entre otros. Es


imprescindible la luz solar para su activación. El déficit es causa de
raquitismo y osteomalacia; mientras que un abuso de la misma puede
provocar el depósito de calcio en diferentes órganos.