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“El buen vecino”. Comisionados en dictadura, intendentes en democracias.

El impacto de la última dictadura en el nivel municipal y las fuerzas vivas como


medio de consenso. Las “actitudes y comportamientos sociales” de la “gente
común” 1976-1983

Introducción:

La relación social o el vínculo generado por quienes oficiaron el rol de comisionado


(estos de carácter civil en la última dictadura) para con su comunidad, fue de una
construcción de “antecedentes para un ascenso político” que se impregnaron en la
conciencia del ciudadano común a la hora de emitir un voto en democracia.
Para realizar una comprensión sin la emisión de juicios de valor, analizaremos el
sistema municipal entre los años 1976-1981. Sobre esta base interrogaremos la
participación de los comisionado Javier Calase y Eduardo Mango de la ciudad de
Lincoln.
Nos permitiremos poner de relieve las actitudes sociales bajo las perspectivas del
consenso en un conjunto de problemáticas sociales.
En segundo lugar examinaremos la gestión como comisionado del señor Javier
Calase y el secretario de gobierno Eduardo D. Mango quien ante la renuncia del
intendente asume como comisionado 1979-1981. Finalmente mediante el análisis de
los archivos de la DIPPBA, medios de prensa local nos enfocaran en una idea más
próxima sobre la problemática que se vivenciaba en ese momento con las fuerzas
vivas de la ciudad.
Una aproximación a las actitudes sociales desde “La gente
común” y “el consenso”. Las conclusiones derivadas de varios
autores.

En términos generales para entender el funcionamiento de las actitudes sociales,


debemos entrelazarlo con las diferentes concepciones acerca del consenso social en
plena dictadura militar Argentina 1976-1983.
La interpretación de Saz, (2004) desde su perspectiva analiza y desarrolla la
formulación del término consenso. En tal caso interpreta esta idea de que la utilización
del término tiende a minimizar las características represivas de las dictaduras
contemporáneas.
Trataremos de indagar las diferentes concepciones empleadas para esta categoría de
análisis.
De modo similar, Canelo, (2016) aborda la categoría “consenso antisubversivo” bajo la
concepción sobre la naturaleza de la “guerra” en la que participaron las fuerzas
armadas. Suponiendo una idea de “guerra total” articulada en una “contraposición”
entre una fuerza armada y un “enemigo subversivo”; pero que involucraba a toda la
sociedad Argentina en sí.
En segundo lugar, el “consenso antisubversivo” como una aceptación de los métodos
“excepcionales” empleados para formar esta “guerra”, métodos de características
criminales, los cuales fueron concebidos como verdaderos “actos de servicio
sacrificiales” por lo cual las fuerzas armadas le entregaban como ofrenda a la sociedad
Argentina, y en tercer lugar “el consenso antisubversivo” construido de una legitimidad
“heroica”.
Al comparar estas evidencias, Saz, (2004) formula que el proceso buscaba controlar
pero al mismo tiempo intentaba promover el consenso social mediante la participación
civil.
De hecho los regímenes dictatoriales, aun cuando se valieron de una fuerte aplicación
de represión como medio de control, deben su existencia y que para Saz la
perdurabilidad era debido al apoyo y consentimiento, más o menos activa de varios
sectores de la población civil.
Queremos con ello significar la legitimación social mediante un voto, en democracia a
partir de 1983, y la forma de consenso previo en dictadura, mediante un actor social,
“la gente común”.
Al interpretar lo propuesto por Quiroga, (2014) y Sirlin, (2006) hay sin embargo que
retrotraerse a la visión de la junta militar. El aprovechamiento de diferentes sucesos
de carácter local-cultural para generar consenso social, la gestación de la guerra de
Malvinas a modo de ejemplo provoca un parangón alguno como forma mediante por la
cual aquellos ciudadanos enfrentados al régimen, consensuaban un “tregua” para
unirse a una causa común, “la defensa de la soberanía nacional”. Por lo tanto se debe
estudiar más a fondo esas actitudes sociales en su conjunto para comprender así, la
“idea del consenso”.
Para el análisis de Canelo, (2016) el gobierno de la junta militar se enfocaba en
controlar pero al mismo tiempo intentaba mediar el consenso social promoviendo la
participación de los argentinos.
Según Águila, (2008) la Interpretación de las políticas municipales y las prácticas de
los funcionarios en sus discursos y expresiones permiten una construcción de ese
ciudadano “comparativamente” para ocupar un rol destinado a mediar entre lo local y
el poder de la junta militar que intervinieron conscientemente para un posible, “en
algunos casos puntuales”, mediadores sociales como nexos para un consenso social.
Las actitudes sociales albergan una multiplicidad de dimensiones que llegan al
conceso y como consecuencia la legitimación de la última dictadura militar Argentina
1976.1983.
Lvovich, (2008) desde la perspectiva de Romero, (2001) coincide en señalar que la
dictadura militar instaurada en Argentina en 1976, pudo consumarse debido a que se
articuló con una larga tradición de autoritarismo y de negación de los derechos del
adversario político, cuyo elemento reorganizó y llevó a sus extremos. Lvovich, en este
sentido sostiene que en un primer momento, una significativa mayoría de la sociedad
apoyó el golpe de estado, considerando como una salida a la crisis económica, al
derrumbe institucional y a la violencia política que caracterizaron a los meses previos a
la intervención militar.
Contrastando, Quiroga, (2014) sustenta, que solo una parte relevante de la población
manifestó, “pasiva y silenciosamente, su creencia en que la necesidad de recuperar un
orden social dañado sólo se podría encontrar en el marco de la dominación militar”.
Como consecuencia el régimen militar no tuvo el propósito de la conquista de una
nueva forma de legitimación sino en la crisis de legitimidad del régimen civil
precedente, y en la previa existencia de un sistema político que combinó en su
funcionamiento a los gobiernos civiles con los militares.
Quiroga, es concluyente en ese periodo a dimensionar la idea de que la intervención
militar fue legitimada por la totalidad de las formaciones políticas mediante el
reconocimiento del papel de las FFAA en la lucha contra “la subversión”.
Dentro del análisis de las “actitudes sociales” y el “consenso general de la sociedad”,
Palermo y Novara, (2003) determinan que en el ascenso al poder los militares, se dio
en la “conveniencia de establecer claras distancias frente a la sociedad, a la que
percibían carente de miras o aspiraciones de largo aliento y globalmente enferma”.
Asimismo Lvovich, (2008) realiza un análisis del consenso social, afirma que se han
estudiado la población desde otras latitudes y en situaciones históricas distintas bajo
sistemas dictatoriales, en tal sentido afirma que la historiografía sobre las dictaduras
Europeas del siglo XX, coincide en marcar “…que en dichos regímenes se aplicaron
políticas específicas para mantener sus apoyos originales e incluso ampliarlos,
alcanzando a sectores originalmente considerados hostiles…”
Dentro del análisis de la aceptación, Saz (2004) aborda la conflictividad del “consenso”
en sí mismo. En lo relativo al problema de la indefinición del término plantea que este
debe ser remitido al tipo de régimen que se beneficia, o lo intenta. El segundo aspecto
que se plantea es que no todas las dictaduras conciben del mismo modo la relación
con sus ciudadanos. Por lo tanto, desde la perspectiva de Saz, comprenderíamos el
paradigma que se genera a la hora de apelar al consenso en el periodo 1976-1983.
No obstante Lvovich, (2004) identifica una serie de entidades civiles participes del
proceso, recorre, desde empresas hasta lo más profundo del clero católico. Asegura
que la intervención militar fue legitimada por la mayoría de los partidos políticos,
indaga el rol de los dirigentes públicos, las actitudes de ciertos agentes sociales y
aborda el concepto de consenso para poder comprender esas características de la
sociedad o parte de ella que justificaron el aberrante accionar de los militares.
Es importante destacar la crítica que realiza Gabriela Águila (2008) respecto a la
historiografía Argentina, en este sentido afirma que la mayoría de los abordajes son
realizados desde una perspectiva nacional, en sus palabras citamos:
“(…) la historia del pasado reciente ha estado desde sus inicios
formateada por grandes interpretaciones de tipo macroanalíticas
(sea por la vía de las perspectivas provistas por la sociología o la
politología, tanto como por la vía de los estudios sobre la
memoria), que deben ser confrontadas, puestas en tensión y
complejizadas con estudios más densos sobre casos y espacios
locales y regionales.” (Águila, 2015: 94).
Es importante destacar el análisis realizado por Rodríguez, L (2009), en relación con la
descentralización municipal, durante el Proceso en el que sugiere una colaboración y
aprobación de parte de la sociedad civil otorgándole un voto de confianza al nuevo
sistema de gobierno, la autora estudia a los actores políticos, y la aplicación efectiva
de algunos gobiernos municipales del conurbano y de la provincia de Buenos Aires.
Desde este origen se centrará en la política de municipalización, de funciones y
servicios que diseñó el primer gobernador de la provincia de Buenos Aires. Los
discursos que la avalaban y la opinión de los observadores locales. Señala que esta
medida se sentó en un programa más general de reducción del aparato estatal
sostenido por el ministro de Economía, José Martínez de Hoz (1976- 1981), cuyos
principios eran la “subsidiariedad del Estado”, la “descentralización” y la “privatización”.
Observa que, en algunos distritos, la “municipalización” careció del impacto que los
propios funcionarios le atribuían. Un segundo punto para profundizar su investigación,
abordara las derivaciones que tuvo la política de selección de intendentes en 1981. En
su investigación destaca el caso del partido de Florencio Varela, donde unos 12.000
vecinos dirigen una nota al gobernador recordándole que oportunamente se solicitó
que se designara como intendente al señor Juan Carlos Fonrouge en un acto de
reparación y estricta justicia, así como de reivindicación cívica”. Fonrouge había sido
intendente peronista entre mayo de 1973 y marzo de 1976. Solo un 10 % de los
municipios de Buenos Aires fueron gobernados por militares o agentes de la fuerza.
En la región se destaca la investigación de Zapata, M (2010) cuando analiza la
relación entre la política municipal y el ámbito cultural local indagando sobre COART
(Cooperativa de arte y trabajo) y sus integrantes en el municipio de Junín. Partiendo
del supuesto de que el “Proceso de Reorganización Nacional” reservó a los municipios
un rol fundamental con el fin de propiciar una política de disciplinamiento a nivel micro-
social y consensuar su proyecto, mostrara que, en el caso de Junín, a pesar de haber
sido en esa época una ciudad eminentemente ferroviaria y con fuerte poder de
sindicalización, la vigilancia y su correlato la represión, se abocaron mayoritariamente
a un sector del ámbito cultural, COART.
Por otra parte Lvovich, (2010) identifica en su artículo cómo el gobierno militar otorga
una importancia central a la estrategia de ampliar sus bases de sustentación y de
generación de consenso a partir de los municipios. Desde la perspectiva local del
conurbano bonaerense, determinara alguna de sus manifestaciones. Aporta datos
puntales sobre las actitudes sociales durante el proceso militar desde la construcción
del consenso social que data desde 1976 hasta 1983.
La indagación de Rodríguez, (2010) nos direcciona a la descentralización educativa y
el rol de ciertos funcionarios en la Provincia de Buenos Aires durante la última
dictadura, como resultado de su investigación, dentro de ese mismo orden de ideas
buscará analizar cierta descentralización educativa, y regional, parte de la base de que
los funcionarios del gobierno dictatorial afirmaban que entre 1973 y 1976 el estado fue
dominado por el desorden, la solución estaba en generan una administración
descentralizada y desburocratizada. Estudiará la ley de municipalización, en términos
generales, en esta perspectiva analiza la cuestión de género, la mayoría de los
funcionarios, eran mujeres que venían trabajando desde antes de la dictadura como
inspectoras regionales y siguieron en dichos puestos aun en democracia,
Bajo el análisis de las intervenciones y reglamentaciones municipales, Canese (2011),
evalúa los sentidos que adquirieron esas aplicaciones reglamentarias en ciertos
lineamientos políticos. Desde tal perspectiva con diferentes autores caracteriza una
idea de la política de urbanización y descentralización del poder y el impacto que
genero la dictadura en la ciudad y el proceso a nivel municipal.
Ballester, G (2013) dentro del análisis del asociativismo y poder local, estudia el
funcionamiento de la sociedad en la dictadura, generando una mirada interna del
colectivo social nuevamente desde las llamadas actitudes sociales. Tomará el caso
biográfico de Enrique Cervo, quien fue secretario de la asociación y secretario del
gobierno municipal durante el proceso. El caso del municipio de General Sarmiento, la
autora llega a analizar la gran influencia directa que tenían las políticas nacionales, y
con qué nivel de independencia contaba el municipio. El caso particular del señor
Cervo ejemplifica aquí dos cuestiones. La primera es que su participación en una
asociación local, el TCA, lo habilitó a ocupar un cargo de poder (bastante importante
dentro de la escala local). Él mismo destaca que los vínculos de amistad que tenía con
Orlando Mussano son los que le habilitaron su llegada a la municipalidad. La segunda
cuestión relevante es que el haber sido funcionario de un gobierno de facto no ha
alterado su vínculo con la asociación italiana Fraternidad y Unión. Luego de 1981,
Cervo continuó ejerciendo distintos cargos dentro de la comisión directiva (siempre
elegido por sus pares), hasta llegar a mediados de la década del 90 a ser presidente
honorario de la institución.
En términos generales Canelo, (2015) examina la jerarquía que alcanzó el nivel
municipal dentro del Plan Político de la última dictadura mediante el estudio de
documentos secretos, reservados y públicos, originados por las más altas esferas
del poder militar enfocara el trabajo donde muestra que el municipio fue un eslabón
fundamental del Plan Político del régimen: como herramienta política del control
territorial y poblacional “capilar” característico de la dictadura; como espacio facultado
para la participación de una “ciudadanía municipal”, a­política y de alcance local,
identifica elementos comunes y diferencias entre la experiencia de
municipalización de la dictadura chilena y el caso argentino.
Durante el periodo dictatorial (1976-1983) es importante destacar la participación
exclusiva de la sociedad, la cual apela al consenso en democracia para legítima
ciertos actores sociales. Se puede pretender comprender el accionar de la sociedad
como un ente colectivo en su conjunto donde migran recuerdos de esas gestiones de
gobiernos municipales, en el caso de la ciudad de Lincoln, en el periodo de 1979-1981
se matiza una gran actividad de obras públicas en el distrito, bajo la conducción de
Eduardo D Mango. Es importante destacar que entre 1979-1981 un periodo de relativa
calma si comparamos la ciudad de Lincoln con otros distritos, por ejemplo, Morón,
Junín, Olavarría, La Plata por nombrar casos puntuales donde se aplicó el terrorismo
de estado de manera violenta y sistemática. ¿Podría ser el camino para demostrar
porque muchas figuras que aparecieron en gobiernos de facto siendo personas de la
política local que antes o después también acceden al cargo por el voto del pueblo?

El caso de Lincoln y sus comisionados. 1976-1983

En varios años la investigación sobre el pasado reciente llevo a la historiografía más


actual a proyectar una serie de investigaciones de nivel nacional, y regional. Escasas
son las investigaciones que se puedan establecer sobre historia local para el caso de
la ciudad de Lincoln. Por ende sobre las bases de las ideas expuestas, a continuación
analizaremos los gobiernos municipales de la Ciudad de Lincoln en los periodos de
1976-1983 y 1991-1997. En este caso es necesario que estos periodos, se
identifiquen en dos procesos: “dictatoriales” y “democráticos”, en el sentido del
respecto a la aplicación de la constitución. El primero como termino de identificación
del último golpe militar del 24 de marzo de 1976 hasta el 10 de diciembre de 1983
cuando asumió la presidencia Raúl Alfonsín dando inicio al segundo proceso, la
democracia en sí misma, que perdura hasta el momento, siendo esta la más larga en
todo el proceso de formación de nuestro país y el inicio de lucha por la verdad y la
memoria.
El partido de Lincoln, durante el periodo del proceso, tuvo tres comisionados civiles:

En 1976 ante esta nueva modalidad de gobierno se encontraba en sus funciones de


intendente electo democráticamente, en 1973, el Señor Enrique Manarvino
representante del partido Intransigente.1 En relación con las implicaciones anteriores,
es depuesto por el nuevo jerarca Rafael Javier Calace el 19 de Mayo de 1976. Un
comisionado con muchas contrariedades para la postura política de la junta militar. En
el sentido de fomentar la descentralización de los municipios, se puede denotar una
falange que irrumpe en la gestión de Calace.

1
Enrique Menarvino adjudico 6.868 votos contra 4.433 del partido Radical
Podríamos resumir a continuación los dos años del periodo de Calase (1976-1978).
Precisemos antes que nada las improntas que van con un descontento de la sociedad
linqueña, desde instituciones como la sociedad rural y el centro de empleados de
comercio, hasta los medios de prensa local2.

En primer término el descontento social por falta de las mejoras de infraestructuras y la


presión del gobierno aludiendo que dese el gobierno provincial se brindaba el apoyo
económico necesario para las mejoras del mismo. En segundo término una nota
publicada en el medio grafico La Voz de Lincoln se plantea entonces un problema de
dialogo, entre este sector y el Intendente Calase “…estamos convencidos de que, de
existir el dialogo, muchos problemas, que tal vez escapen a su conocimiento podrían
ser solucionados…”3 desde esta perspectiva, el centro de empleados de comercio
advertían al Intendente de una posible solución de haber un dialogo de por medio

2
Diario La Voz de Lincoln. Viernes 19 de Mayo de 1978.
3
Nota del Centro de comercio publicada en el diario local La Voz de Lincoln, quienes suscriben y
plantean un individualismo de parte del jefe comunal para con los comercio.
entre ambas partes. En atención a la problemática expuesta en el artículo publicado,
las quejas siguen aún más profundamente cuestionando el manejo del gasto público,
ante el aporte tributario de los comerciantes, quienes exigen una explicación lógica del
destino de ese dinero.

En atención a la problemática expuesta, la DIPPBA4 realiza una serie de


investigaciones, que resumiremos bajo los siguientes planteos:

En el memorando policial5, es necesariamente un informe sobre lo que sucedía en ese


momento en Lincoln. Esta idea de las fuerzas vivas, en contra del poder local. La
indagación por parte de la DIPPA frente al planteo del posible relevamiento del
intendente. Bajo esta perspectiva, esos rumores se dan bajo el contexto de allegados
personales de Calase, quien manifestara la posibilidad de renunciar al cargo de
intendente. La mesura de quienes redactan el informe, donde se remarca el apoyo del
gobierno provincial en general hacia los municipios. En este sentido es incomprensible
para estos, el malestar social.

4
Análisis abordado desde los documentos secretos de la policía bonaerense.
5
Memorando D.T.J n° 486- Asunto: Cumpl/men. Sec. “A”.n° 304
Por otra parte en el informe afirman que el gobierno de la provincia brinda un amplio
apoyo a los municipios, donde detallan y dejan en claro la creacion de una politica
economica que permite el desarrollo y el bienestar de cada ´pueblo, según lo
manifestado en el memorando militar.

Para agregar algo a lo anterior quienes informan a la DIPPA formulan cierta


preocupación expuesta en los medio de prensa y demás sectores populares, lo que
deriva en una investigación ardua y evaluativa, llevando a la renuncia de Calase que
permite el ascenso político de Eduardo mango en el año 1979 como comisionado,
quien en la gestión anterior era secretario de Gobierno.
En este memorando, la investigación es amplia, pero destaca un punto fundamental, el
distanciamiento entre “gobernantes y gobernados”, algo que preocupaba al gobierno
de turno. Desde esta perspectiva, la influencia de asociaciones civiles es de menester
importancia para la ardua decisión para sostener en el poder al “vecino de buena
conducta” que ejerciera de intendente.

Por lo pronto, cabe mencionar que mucho de lo supuesto en este informe es derivado
de un tercero.

Nos permitimos poner de relieve, como la sociedad estaba vigilada en todos sus
aspectos, esto nos da un panorama de lo vivido en esos primeros años de la dictadura
militar. La preocupante situación de pueblo dividido, conlleva a brindar indicios de una
conflictiva convivencia política que data de los años previo al golpe de 1976

Para ejemplificar en resumidas palabras, el núcleo central del informe, detalla en


varios puntos problemáticas de infraestructura, desde abandono de la construcción del
parque industrial, hasta problemáticas edilicia a eso se le suma el cuestionamiento de
11.000.000 de pesos para infraestructura que según el informe no se ven reflejadas en
la comuna.

Podríamos deducir que quienes incitan a la elaboración de este memorando, son


actores sociales de sectores como la sociedad rural o quizás el centro de comercio de
Lincoln entre otros.

La idea que subyace a este planteo, es ver de qué manera cierto asociativismo local,
o sectores burgueses de la sociedad influyo a la aprobación de cada comisionado, y
una mirada desde arriba para evitar que las fuerzas vivas, se transformaran en fuerzas
de choque.

Para concluir, depuesto Calase y junto con este hecho la asunción de Mango,
finalizada su gestión de dos años, corroboramos en otro informe de la DIPPBA, a
diferencia de Calase, Mango en su gestión concluye y mejora (según la impronta de
estos sujetos quienes vigilaban he investigaban el accionar civil) en lo cuestionado en
el periodo de 1976-1978. Es importante subrayar y destacar que Eduardo Mango fue
secretario de gobierno en el primer perdió.

De esta manera se pone de manifiesto porque muchas figuras que aparecieron en


gobiernos de facto siendo personas de la política local que antes o después también
acceden al cargo por el voto del pueblo.

1879 el gobierno de Mango

El 02 de Febrero de 1979 Eduardo Mango asume como Intendente. Es considerado


por los militares un ciudadano que goza de buen concepto y apto para ejercer su
mandato.

Las únicas evidencia que hasta el momento pudimos rastrear de mango, en la política,
fueron con su puesto de secretario de gobierno. Antes de la dictadura no hay indicios
de alguna actividad militante.

Según informes de la DIPPBA en los dos años de gestión de Eduardo mango, parece
haber proyectado y terminado todo lo que iniciado el año 1976 no se habría cumplido.

Eduardo mango, vecino común, docente y político, al finalizar su cargo temporario de 2


años. La DIPPBA eleva un memorando, con un balance de su gestión.
En este informe se detallan las obras realizadas, en ejecución y proyectadas. Como se
puede observar, aquello cuestionado en la gestión de Calase, en este periodo se
concluyen.
A modo de conclusión.

Si bien es común de cada Municipio ostentar con la existencia de aficionados a la


historia, la realidad a la hora de abordar conceptos, tal es el caso de, “Actitudes
sociales” dentro de este marco, la búsqueda de evidencia es considerablemente
efímera y hasta inexistente en la mayoría de los casos de historia local.

En consecuencia entre la última dictadura militar con sus accionares y mecanismos


de torturas desaparición y aplicación del terrorismo de estado, denotan un vacío en la
producción de estos textos, a nivel local, pero que están de manifiesto en los trabajos
dedicados al nivel nación.

Queremos con ello significar la legitimación social mediante un voto, en democracia a


partir de 1983, y la forma de consenso previo en dictadura. Hay sin embargo que
retrotraerse a la visión de la junta militar, el aprovechamiento de diferentes sucesos
de carácter local-cultural para generar consenso social.

El razonamiento inductivo nos permitirá avanzar en futuras investigaciones para


comprender las actitudes sociales bajo la idea de aprobación social en un gobierno
democrático a quienes en dictadura de una u otra forma fueran participes y ante esa
participación avalaran, legitimaran y/o apoyara lo que los militares denominaron “La
reorganización Nacional”.
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