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PROPUESTA DE LECTURA Y ANÁLISIS DE UN POEMA DEL SIGLO DE ORO

Poema XVII del cuaderno de trabajo


Lengua Castellana y Literatura
IES AVERROES
POEMA

Amor constante más allá de la muerte

Cerrar podrá mis ojos la postrera


sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no de esotra parte en la ribera


dejará la memoria en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,


venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas, que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejarán, no su cuidado;


serán cenizas, mas tendrán sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

FRANCISCO DE QUEVEDO
COMENTARIO
El poema que nos disponemos a comentar, obra de uno de los escritores
más relevantes de las letras áureas, Francisco de Quevedo, reúne buena
parte de las obsesiones temáticas y formales del movimiento cultural que
denominamos Barroco.

INTRODUCCIÓN Y CONTEXTUALIZACIÓN: aquí es donde, en al


menos 2/3 de una página, debéis condensar los marcos
socio-histórico, ideológico y literario del movimiento
barroco: características generales de la época, del
movimiento literario correspondiente y, si lo creéis
oportuno, algún dato relevante del perfil biográfico
del autor.

ANÁLISIS DEL CONTENIDO: en este segundo apartado nos detenemos en


resumir con nuestras palabras (nada de copiar y pegar) el mensaje
del poema; en delimitar el tema o los temas centrales (el
(des)amor, el paso del tiempo, la muerte…); en identificar, si
los hubiera, tópicos literarios o lugares comunes (carpe diem,
tempus fugit, beatus ille, etc.); y, si estamos en racha, en
reconocer la estructura interna del texto (en cuántas partes
podemos dividirlo, desde el punto de vista temático).

Una vez situado el texto en su contexto, detengámonos en su mensaje. El


propio título del poema apunta a los dos ejes temáticos, el amor y la
muerte, y condensa la idea central: la convicción del sujeto poético de
que la pasión amorosa puede trascender la extinción de la vida y
sobrevivir al acabamiento de nuestro cuerpo. Así, a modo de resumen,
podría decirse que el yo lírico, a pesar de la certeza de que la muerte
(“postrera sombra”) pondrá fin a su vida, liberando el alma de la
prisión de un cuerpo que devendrá sombra, confía en la naturaleza eterna
e incorruptible de la memoria de su amor.
El poema, si bien comparte con otros muchos textos del Barroco el
tópico de la obsesión por una muerte inexorable que parece conducir a
la nada, se muestra esperanzado en la trascendencia del sentimiento
amoroso, que ha de ser indeleble. Otros lugares comunes son, de una
parte, la referencia al tránsito al más allá como río que ha de cruzarse
(piénsese en la laguna Estigia de la mitología clásica y el barquero
Caronte, responsable de acompañar a las almas a la orilla del otro
mundo) o la dualidad alma (inmortal) y cuerpo (prisión caduca) tan
recurrente en el pensamiento religioso de la época.

Y, para dar por finalizado el análisis del contenido, en cuanto a la


estructura o disposición interna del mensaje, pueden apreciarse dos
partes bien definidas: los dos cuartetos, en los que el sujeto poético
asegura que la memoria de su amor sabrá desafiar los designios y normas
de la muerte; y una segunda, los tercetos, en los que el sujeto
enamorado, reducido a alma, venas y sangre (o fluidos, el llamado
“humor”) afirma que seguirá dando testimonio de su pasión a pesar de su
desintegración (“cenizas” y “polvo”).

ANÁLISIS DE LA FORMA. Como veréis, en esta parte del comentario


podemos abordar distintos aspectos:
- ¿a qué género literario pertenece el texto? Al lírico o poético,
evidentemente. Y lo explicamos.
- ¿a qué subgénero?: canción (temática amorosa), oda (asunto serio y
tono reflexivo), elegía (llanto por la pérdida), etc.
- métrica del poema: tipo de composición (soneto, romance, letrilla),
estrofa y verso, rima asonante o consonante.
- recursos literarios más significativos, es decir, de qué modo logra
el poeta que el lenguaje de su texto llame nuestra atención y se aleje
de la lengua cotidiana: repeticiones, paralelismos, juego de
contrarios, metáforas, comparaciones, etc.

De todos estos asuntos, los que deben preocuparos para el examen son
los tres primeros, y sólo de manera muy sintética. Me interesa más la
comprensión lectora que la autopsia formal del poema.

Pasemos del fondo a la forma, para demostrar cómo este mensaje tiene su
reflejo en los planos textual, métrico y estilístico. Dado que el texto
aborda la expresión subjetiva del universo íntimo y emotivo de un yo
ficticio a través de un lenguaje que busca, de una parte, sugerir ritmo
y musicalidad y, de otra, sorprender al oyente/lector con un uso
desacostumbrado y sorprendente de las palabras, puede afirmarse que nos
encontramos ante un ejemplo del denominado género lírico o poético. En
el seno de este género pueden distinguirse distintos subgéneros o
subclases, siendo la canción el que corresponde a este poema de Quevedo,
puesto que es la representación de un amor radical el eje del mensaje,
como ya apuntamos más arriba. Por otra parte, predominan las modalidades
descriptiva y argumentativo-reflexiva en un poema que adopta un tono
predictivo (obsérvese el uso insistente del futuro imperfecto de
indicativo).

En cuanto a la estructura externa o métrica del poema, éste se


dispone en cuatro estrofas de versos endecasílabos y rima consonante. Es
fácilmente reconocible la arquitectura del soneto, la composición
-importada de Italia- más querida de los Siglos de Oro: dos cuartetos y
dos tercetos cuya rima obedece a la secuencia ABBA ABBA CDC DCD. Y si,
finalmente, nos detenemos en el tratamiento del lenguaje, podemos
destacar los siguientes recursos como los más significativos:
• El hipérbaton, desorden sintáctico del orden convencional del
enunciado (sujeto-predicado), muy habitual en los siglos XVI y
XVII, ya que de una parte se imitaba la disposición sintáctica del
latín, lengua de referencia, y de otra parte se trataba de
sorprender al lector con una organización oracional muy diferente
de la comunicación convencional. El primer cuarteto es un ejemplo
más que claro.
• Las metáforas (relación de semejanza que se establece entre un
elemento real y otro figurado) de la muerte como sombra y como río
o ribera, generándose además una antítesis (oposición de términos
antagónicos) con “blanco día” en el primero de los casos.
• Precisamente las antítesis son recurrentes en el poema, porque el
mensaje se asienta en la oposición muerte-amor: “llama / agua
fría”y “perder el respeto a ley severa”.
• El paralelismo sintáctico o repetición de esquemas gramaticales,
que es un instrumento de cohesión, es decir, ayuda a que el poema
sea visto como una unidad solidaria, así como de producción de
ritmo interno más allá de la rima final de verso: “cerrar podrá...
y podrá desatar”, las oraciones de relativo o adjetivas en el
primer terceto (“alma a quien / venas que / médulas que”), la
construcción “serán cenizas... polvo serán”, o las adversativas
finales “mas.. mas”.
• Otro elemento generador de cohesión textual es el políptoton, la
repetición de la misma palabra con distintos morfemas flexivos:
“dejará / dejarán”, “ardía / ardido”).
• Por último, puede señalarse la reducción metonímica (la parte por
el todo) del sujeto poético a alma, venas y médulas, así como la
presencia más que visible de palabras vinculadas al campo
semántico de lo fogoso (“ardía”, “llama”, “fuego”, “ardido”,
“cenizas”).

VALORACIÓN CRÍTICA Y CONEXIÓN CON LA ACTUALIDAD. Junto con la


introducción / contextualización y el análisis del contenido, esta es
la parte más importante del comentario, una vieja conocida vuestra.
Una vez que hemos determinado los elementos temáticos (mensaje) y
formales (tipo de poema y uso especial del lenguaje) del texto, queda:

-Valorar nuestra experiencia lectora, con honestidad y con argumentos:


qué nos ha parecido el poema, qué elementos han facilitado nuestra
lectura, y qué otros han supuesto un obstáculo.
-Establecer un vínculo entre el tema o temas del poema (la mayoría
tocan obsesiones que aún hoy siguen siendo las nuestras: amor, muerte,
fugacidad del tiempo, el sentido de la vida, la búsqueda -y pérdida-
de la felicidad) y nuestro tiempo presente, demostrando que un texto
clásico sigue emocionándonos e inspirándonos siglos después.

Desgranados los valores temáticos y formales del poema, llegamos a la


parte crucial del análisis: la valoración crítica del mensaje y su
posible actualidad o vigencia. Resulta obvio señalar que amor y
muerte continúan siendo hoy, en 2017, obsesiones del ser humano, aunque
es cierto también que las vivencias de uno y otra han cambiado
radicalmente. Si el amor se presenta en este y otros poemas leídos en
clase como un sentimiento exacerbado, siempre extremo, que parece anular
el mundo, y generalmente insatisfecho, bien por el rechazo de la amada,
bien por su temprana muerte, en la actualidad parece haberse consolidado
la idea de que el amor no es uno, sino múltiple, de modo que el fracaso
o la no correspondencia no significa el fin de nuestra historia
amatoria, sino el cierre de un capítulo y la apertura optimista de otro.
En tiempos del llamado poliamor, el código sentimental de la literatura
barroca parece pura arqueología. Ahora bien: ¿y si esa aparente
liberalidad con la que se afrontan los afectos hoy en día no fuese sino
una huida hacia delante, una manera de maquillar la incapacidad
contemporánea de trenzar compromisos firmes y duraderos?

Lo mismo podríamos decir de nuestra relación con la muerte. De una


parte, no convivimos con ella como antaño, porque la esperanza de vida
es otra, afortunadamente, y porque nuestra sociedad, que se cree
eternamente joven, se ha blindado contra cualquier signo que nos
recuerde que somos seres finitos. Un buen ejemplo es el traslado del
rito de velar a los difuntos a tanatorios asépticos y neutrales que, por
lo general, se encuentran en el extrarradio de las ciudades. De otra
parte, y en este aspecto sí que somos algo neobarrocos, la idea de un
más allá feliz y ubérrimo también está en crisis en un occidente
laicizado. El temor de que tras nuestra existencia terrenal sólo nos
espere la nada explica la obsesión por prolongar la vida hasta límites
insospechados o el renacer de sectas y cultos religiosos de todo pelaje.

En cualquier caso, lo que propone el poema de Quevedo es de una vigencia


absoluta: ¿podemos sobrevivirnos de algún modo, que eso que llamamos
nuestra identidad perviva más allá de nuestros límites vitales? Como los
medios de comunicación insisten en subrayar a diario, la tecnología ya
está en ello: se predice que para finales de este siglo simbiontes de
humano y máquina podrán garantizar que algo de nosotros (nuestra
memoria, nuestros afectos, nuestro intelecto, incluso nuestro aspecto
físico) pueda sucedernos. Pero, y esta es la cuestión clave, ¿por qué
querer seguir aquí, sea como sea? Porque, ¿dónde reside lo valioso de
cada vida, de cada una de nuestras vidas: en el absurdo de creernos
infinitos o, por el contrario, en el disfrute de cada minuto de un
regalo que sabemos finito y frágil?