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Trastornos de la personalidad
no especificados
Vicente E. Caballo, Cristina López-Gollonet y Rebeca Bautista
Universidad de Granada (España)

12.1. Introducción

Incluimos en este capítulo aquellos trastornos de la personalidad (TT PP) que no se en-
cuentran en la parte “oficial” del DSM-IV-TR (APA, 2000). Es decir, los dos trastornos
aquí incluidos, el trastorno pasivo-agresivo y el trastorno depresivo de la personalidad, es- tán
incluidos en el Apéndice B del DSM-IV-TR. No están claras las razones por las que algunos
de estos trastornos aparecen y desaparecen del apartado oficial de los DSM. Así, por
ejemplo, en el DSM-III-R (APA, 1987) el trastorno pasivo-agresivo de la personali- dad
(TPAP) se encontraba en el grupo C (“ansiosos o temerosos”) de los TT PP, mientras que en
la siguiente edición del DSM (DSM-IV; APA, 1994) fue relegado al Apéndice. El trastorno
depresivo de la personalidad (TDP) ha suscitado importantes controversias y se ha dudado
de su utilidad como entidad diagnóstica por su solapamiento con la distimia (Eje I).
Seguidamente nos detendremos en estos dos trastornos, aunque en general dispo- nemos de
menos información acerca de ellos que sobre los que se han visto en los capítu- los anteriores
y que se encuentran en la sección oficial del DSM-IV-TR. Al final del capí- tulo describiremos
brevemente otros trastornos de la personalidad que, o bien no están incluidos en el Eje II del
DSM-IV-TR (como son los provocados por una enfermedad mé- dica o el consumo de
drogas), o se encuentran en otros apartados distintos a la sección principal de los trastornos
de la personalidad de la CIE-10 (OMS, 1992).

12.2. El trastorno pasivo-agresivo (negativista) de la personalidad

12.2.1. Revisión histórica

Según Perry y Vaillant (1989), el término diagnóstico “pasivo-agresivo” lo emplearon por


primera vez los psiquiatras militares estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial. No
obstante, Millon (1993) señala que las características descriptivas que definen al trastor-

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Parte I: Descripción de los trastornos de la personalidad

no han sido expuestos con un considerable detalle por numerosos clínicos durante casi
un siglo bajo denominaciones diferentes. Así, nombra a Kraepelin (1913), que escribió
sobre individuos con constituciones que les impulsan a considerar difíciles todas las co-
sas y a sentir desagrado en todas las tareas, mostrando un equilibrio emocional muy fluc-
tuante, o a Bleuler (1924), que habla de estas personalidades como sujetos con un esta-
do de ánimo irritable.
El trastorno pasivo-agresivo de la personalidad (TPAP) se incluyó en el DSM-I,
conservándose en el DSM-II, en el DSM-III y en el DSM-III-R. El DSM-IV lo elimi-
nó de la clasificación oficial y lo relegó al Apéndice B, en la sección “Criterios y ejes
propuestos para estudios posteriores”. En la bibliografía psicoanalítica de Estados Uni-
dos, el término “masoquista” abarca la mayoría de las mismas características de perso­
nalidad y se considera que los pacientes pasivo-agresivos muestran una mezcla de ras-
gos orales y anales.

1 2 .2 .2 . Estilo pasivo-agresivo de personalidad: El tipo sin prisas

Las personas con este estilo de personalidad cumplen con sus obligaciones y dedican el resto
del tiempo a buscar la felicidad y las comodidades a las que creen tener derecho. No son
personas que se sometan ante nada ni nadie ni van a permitir que sus valores sean
modificados por los demás. Son sujetos independientes y prefieren moverse bajo sus propios
criterios, limitándose a hacer lo que les toca sin emplear más tiempo y esfuerzo en ello.
Aunque no son percibidos como antipáticos, suelen defender sus derechos y li- bertades
individuales. Frecuentemente pueden ser vistos como holgazanes, ya que valo- ran el
tiempo libre para dedicarlo a lo que más les gusta. Según Oldham y Morris (1995) las
características típicas de este estilo de la personalidad son las siguientes: • •

• Protegen su tiempo libre, en el cual hacen lo que les parece buscando la comodi-
dad y la felicidad.
• Dan lo que se espera de ellos, pero nada más.
• No soportan ser explotados e intentan evitar sutilmente aquellas demandas que
les parecen injustas.
• No se obsesionan por el tiempo ni por lo que es urgente.
• No son rebeldes ni desafiantes.
• No trabajan para conseguir éxito ni fama, sino como medio para obtener como-
didades.
• Creen que tienen tanto derecho a que les sonría la suerte como cualquier otra per-
sona.
• Sólo hacen el trabajo que les corresponde, ya que no encuentran el sentido de la
vida en el área laboral.
• Presentan una gran tolerancia al aburrimiento.
• Son lentos, plácidos y buscan siempre el placer.

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Capitulo 12: Trastornos de la personalidad no especificados

Los sujetos cómodos no hacen nada para agradar a sus superiores ni para sobresalir entre
sus compañeros. Evitan caer en la ansiedad inútil y no se ponen nerviosos por ter- minar
alguna tarea a no ser que lo consideren estrictamente necesario. Sienten recelo ha- cia sus
superiores y creen que su jefe va a intentar pedirles más de lo que están dispues- tos a dar
e incluso suelen pensar que quieren explotarlos. El dinero les refuerza menos que el
tiempo libre.
Estos individuos necesitan un compañero que sea conformista, generoso y que no ten-
ga en cuenta el hecho de que su pareja no se va a esforzar por satisfacer sus necesidades.
Pero al pasivo-agresivo le gusta sentirse querido y que sea su compañero el que se ocupe
de las tareas. Los obsesivo-compulsivos no comprenden la forma de ver la vida de los pa-
sivo-agresivos, al igual que los narcisistas, que se niegan a cambiar su estilo de vida para
amoldarse a la de estos sujetos. Con el paranoide pueden formar una buena pareja ya que
comparten la desconfianza en los demás, a lo que hay que añadir que este último equili-
brará la relación al ser más responsable. La pareja con otro pasivo-agresivo puede ser difí-
cil, ya que los dos tienen las mismas necesidades de cuidado y uno de ellos tendrá que ce-
der. No hacen buena pareja con aquellos estilos exigentes en el plano emocional como el
histriónico y el límite. Aunque comparten la búsqueda del placer, el pasivo-agresivo no es-
tá dispuesto a quebrantar las normas de la misma forma que lo hace el antisocial. Con el
dependiente podría llevarse bien, siempre que le preste el apoyo que necesita.

• Cómo relacionarse con un tipo pasivo-agresivo

Hay que aceptar al pasivo-agresivo tal y como es, sin intentar cambiarlo. Es conveniente
valorarlos por sus rasgos positivos, más que lamentarse por aquellos deseables que no po-
seen. Si la otra persona es emprendedora y se rige por otros valores, es aconsejable que pien-
se en la forma de complementarse, en vez de creer que su sistema es mejor. Hay que ser rea-
lista y saber que relacionarse con un pasivo-agresivo supone para la otra persona un mayor sa-
crificio que para estos sujetos. Como los pasivo-agresivos no anticipan las necesidades del
otro es conveniente hacérselas saber sin esperar a que lo haga por su cuenta. Además, no
están dispuestos a hacer cosas con las que no están de acuerdo, por lo que hay que ser prác-
tico y convincente para lograr que termine haciendo lo que el otro pretende. Les cuesta ex-
presar su enfado y para contrarrestarlo dejan para después aquellas cosas que deberían ha-
cer ya. La otra persona puede acompañar al pasivo-agresivo en los momentos en los que hace
las cosas que más le gustan y de esta forma es probable que luego esté dispuesto a com- partir
con el otro sus momentos de ocio. Son muy exigentes a la hora de reclamar cariño, por lo
que es conveniente cuidarlos mucho (Oldham y Morris, 1995).

12.2.3. El trastorno pasivo-agresivo (negativista) de la personalidad: diagnóstico

El DSM-IV-TR (APA, 2000) coloca este trastorno en el Apéndice B: “Criterios y ejes


propuestos para estudios posteriores”. Según este sistema de clasificación, la característi-

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Parte I: Descripción de los trastornos de la personalidad

ca esencial del TPAP es un patrón generalizado de actitudes de oposición (negativistas)


y resistencia pasiva ante las demandas de una adecuada actuación en situaciones sociales y
laborales. Los criterios diagnósticos se muestran en el cuadro 12.1.

Cuadro 12.1. Criterios diagnósticos del DSM-IV-TR (APA, 2000)


para el trastorno pasivo-agresivo de la personalidad.

A) Patrón generalizado de actitudes de oposi- La CIE-10 incluye este trastorno en el apar-


ción y resistencia pasiva ante las demandas tado de "Otros trastornos específicos de la per-
que exigen un rendim iento adecuado, que sonalidad", pero sin criterios diagnósticos.
se inicia al principio de la edad adulta y se
refleja en una gran variedad de contextos,
tal y como lo indican cuatro (o más) de los
siguientes síntomas:

1. M uestran una resistencia pasiva a satisfacer


los requerim ientos de las tareas laborales y
sociales diarias.
2. Se quejan de ser incomprendidos y menos-
preciados por los demás.
3. Son resentidos y discutidores.
4. M uestran desprecio y emiten críticas poco
razonables hacia la autoridad.
5. M anifiestan envidia y resentim iento hacia
quienes son, aparentemente, más afortuna-
dos que ellos.
6. Expresan quejas constantes y exageradas de
su desgracia.
7. Alternan entre las amenazas hostiles y el arre-
pentimiento.

B) El patrón comportamental no aparece ex-


clusivamente en el transcurso de episodios
depresivos mayores y no se explica mejor
por la presencia de un trastorno distímico.

12.2.4. Características clínicas

Lo más característico de este trastorno de la personalidad es la tendencia de estos indivi- duos


a llevar la contraria, a no complacer a los demás, a estar malhumorados, a ser pesi- mistas y
a estar frecuentemente quejándose. Desalientan a cualquiera, desmoralizándolo con
facilidad, y sus conductas están dirigidas, en muchas ocasiones, a obstaculizar los es- fuerzos
y placeres de quienes les rodean (Millon y Everly, 1994). De hecho, se puede con-

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Capítulo 12: Trastornos de la personalidad no especificados

siderar que estos sujetos expresan pasivamente una serie de agresiones encubiertas (APA,
1980). Los cuadros 12.2, 12.3, 12.4, 12.5 y 12.6 muestran los rasgos conductuales, cog-
nitivos, emocionales y fisiológicos que caracterizan al TPAP.
La característica principal de los individuos con TPAP es su carácter obstinado y opo-
sicionista que manifiestan hacia los demás. Cuando no están de acuerdo con algo desenca-
denan una resistencia pasiva que puede comenzar demostrando una ineficiencia totalmen-
te intencionada en aquellas tareas que no quieren realizar. Pueden llegar a volverse
forzosamente olvidadizos ante una cita o reunión que no les interesa, pero muestran una
sumisión aparente sin negarse abiertamente a realizar aquello con lo que no están de acuer-
do. Este tipo de comportamientos, junto con las quejas que continuamente verbalizan, de-
muestran la falta de conductas cooperativas que les caracteriza, sobre todo en el campo la-
boral. Frecuentemente se les puede ver siendo críticos e incluso cínicos con aquello que los
demás han conseguido y que realmente ellos desean. Las relaciones laborales e interperso-
nales suelen ser conflictivas. El individuo desarrolla relaciones de hostilidad encubierta, pe-
ro de dependencia al mismo tiempo, y generalmente carece de habilidades sociales, espe-
cialmente en lo que se refiere a las figuras de autoridad (Perry y Flannery, 1982; Prout y Platt,
1983). No es capaz de hacer preguntas sobre lo que se espera de él y puede ponerse muy
nervioso cuando se le fuerza a que haga las cosas satisfactoriamente. Los demás deben hacer
muchas veces las tareas del sujeto con un TPAP y asumir sus responsabilidades.
El estilo cognitivo de los sujetos con un TPAP se pone de manifiesto en las caracte-
rísticas que se muestran en el cuadro 12.3. Presentan un tipo de cogniciones tan ambi- valentes
que pueden llegar a pensar en la solución de un problema tan pronto como han encontrado
razones para echarse para atrás. Por esta razón es común que estos sujetos ter- minen
reaccionando improvisadamente en función de la situación que se les presente en última
instancia. Les caracteriza también la pérdida del control cognitivo debido a esas disonancias.
Son capaces de pensar de cierta forma según sus sentimientos y actuar de manera contraria a
ellos. Pueden llegar a descalificarse a sí mismos y acto seguido inver- tir su discurso y
empezar a quejarse de los demás. Son, además, bastante susceptibles, por lo que es fácil
que se sientan ofendidos por los comentarios de otra persona. Son indivi- duos muy
inseguros tanto con respecto a sí mismos como hacia los sentimientos y la fi- delidad de sus
más allegados, por lo que temen en muchas ocasiones comprometerse tan- to en temas
personales como laborales. El individuo con un TPAP cree que la expresión directa de sí
mismo no producirá consecuencias favorables y espera que los demás lo ig- noren, lo frustren
o incluso lo castiguen. Cada fracaso refuerza una actitud de resenti- miento. Teniendo en
cuenta esta actitud resentida, le es difícil creer que intentar algo nuevo le producirá
consecuencias beneficiosas. El tratar de frustrar los planes de los de- más o conseguir su
venganza sirven como sustitutos para la búsqueda del éxito. Esto pro- duce la creencia de que
es importante resistirse a los demás. Presentan una serie de pen- samientos automáticos
negativos que reflejan algunas distorsiones cognitivas (Beck y Freeman, 1990), producto a
su vez de un puñado de esquemas básicos, tal como puede verse en el cuadro 12.4.
El sujeto con un TPAP/no manifiesta la ira directamente, sino que sueleponer ma-
lacarayenfadarse. Es posible que los demás no sepan por qué está molesto, ya que.no

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Parte I: Descripción de los trastornos de la personalidad

Cuadro 12.2. Aspectos conductuales característicos del TPAP

• Tienen reacciones impredecibles, impulsivas y negativas hacia los otros.


• Frecuentemente son obstinados y groseros. V
• No se muestran cooperadores con los demás.
• M antienen conductas oposicionistas.
• Se resisten a las demandas para que funcionen de forma adecuada.
• Verbalizan quejas continuamente.
• Emiten críticas frecuentes hacia la autoridad, pero no de forma directa.
• Suelen inducir culpa en los demás.
• Se hacen las víctimas.
• M uestran una ineficiencia intencional en algunas tareas.
• Dejan las cosas "para mañana".
• Siempre encuentran excusas para las demoras.
• Poco asertivos, no expresan directamente sus necesidades y opiniones, especialm ente ante fi-
guras con autoridad.
• Expresan envidia y resentimiento hacia los demás.

Cuadro 12.3. Aspectos cognitivos característicos del TPAP.


• Ambivalencia e inconsistencia cognitiva.
• Pérdida del control cognitivo.
• Disonancias cognitivas frecuentes.
• Envidian la buena suerte de los demás.
• Temen comprometerse.
• Son dependientes y olvidadizos.
• Están inseguros con respecto a su propia competencia.
• Dudan de la fidelidad de los demás.
• Son susceptibles, resentidos, desconfiados.

expresa las razones por las que se enfada. Se frusta fácilmente y puede abandonar la si-
tuación que no le gusta sin que nadie se entere. Puede cambiar de estado de ánimo rápi-
damente, alternando momentos de pesimismo, cuando todo lo ve de forma negativa, y
momentos de optimismo, cuando la percepción de la situación se vuelve más positiva
(véase en el cuadro 12.5 un resumen de algunos aspectos emocionales).
Los sujetos con un TPAP pueden tener problemas psicosomáticos debido a que re-
primen la expresión de sus emociones. Aunque hace falta más investigación sobre este te-
ma, puede ser un área de interés (véase el cuadro 12.6).
El comportamiento pasivo-agresivo suele producir irritación, ira y frustración en los
demás. Las citas anuladas, la desaparición transitoria, los olvidos “oportunos” constitu-
yen situaciones que causan importantes molestias en las personas del entorno del sujeto
con un TPAP. Es difícil trabajar con ellos en equipo porque siguen su ritmo sin impor-
tarles mucho el resto de sus compañeros. Es frecuente que una tarea de equipo esté ter-
minada excepto en la parte que le corresponde al inviduo pasivo-agresivo. Pero lo más

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Capitulo 12: Trastornos de la personalidad no especificados

Cuadro 12.4. Esquemas, distorsiones y pensamientos desadaptativos


característicos del TPAP.

"Soy autosuficiente, pero Ambivalencia de pensamiento Dependencia paradójica


necesito que los otros me ayuden
a alcanzar mis objetivos."

"El único modo de seguir Pensamiento dicotòmico Estar en su derecho


respentándome a mí mismo
es afirmarme de modo indirecto."

"Las figuras de autoridad son Etiqueta global Estar en su derecho


intrusivas, exigentes, Rebeldía enmascarada
entrometidas y controladoras."

"Tengo que resistir la dominación Ambivalencia de pensamiento Dependencia paradójica


de las personas con autoridad,
pero al mismo tiempo conservar
su aprobación y aceptación."

"Ser controlado o dominado Baja tolerancia a la frustración Superioridad


por los demás es intolerable."

"Debo hacer las cosas a mi Afirmaciones de "debería" Superioridad


manera." Rebeldía enmascarada

"Establecer plazos, satisfacer Personalización Superioridad


los requerim ientos y adaptarse a
los demás son golpes directos
a mi orgullo y mi autosuficiencia."

"Sé lo que es mejor para mí Idealización extrema Superioridad


y nadie tiene que decirme lo
que debo hacer."

"Todas las reglas son arbitrarias Sobregeneralización Rebeldía enmascarada


y me asfixian."

"Todos son demasiado exigentes." Sobregeneralización Rebeldía enmascarada

"Tengo derecho a desobedecer a Idealización extrema Estar en su derecho


las personas si no me apetece hacer
lo que me piden."
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Parte I: Descripción de los trastornos de la personalidad

Cuadro 12.5. Aspectos emocionales característicos del TPAP.

• M uestran baja tolerancia a la frustración.


• Son Impacientes e irritables.
• Se ofenden fácilmente.
• Son inestables, con rápidos cambios de humor.
• Son intranquilos y volubles en sus sentimientos.
• No expresan la ira ni la irritación directamente.
• Están desilusionados y desanimados la mayor parte del tiempo, pesimistas.

Cuadro 12.6. Aspectos fisiológicos y médicos del TPAP.


• Problemas psicosomáticos por la falta de expresión directa de las emociones.
• Problemas dermatológicos.

Cuadro 12.7. Posible impacto sobre el entorno.

• Las relaciones íntimas raramente son tranquilas y fluidas.


• Provocan en los demás reacciones negativas.
• Boicotean de forma indirecta la tarea que no quieren realizar.
• Funcionan mal en el trabajo en equipo.
• Con frecuencia otras personas tienen que realizar el trabajo que ellos no han hecho.
• La gente no suele fiarse de ellos.

Cuadro 12.8. Visión y estrategias interpersonales


de los sujetos con un TPAP.

Visión de uno mismo


• Autosuficiente, independiente, incomprendido, sin suerte, despreciado.
• Vulnerable ai control, a las interferencias.

Visión de los demás


• Intrusos, exigentes, interfirientes, afortunados.
• Controladores, dominantes.

Estrategia principal
• Resistencia pasiva, sumisión aparente.
• Evade, rodea las reglas, obstruye el esfuerzo de los demás.

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Capítulo 12: Trastornos de la personalidad no especificados

irritante con frecuencia es que a éste no le importa, ya que no piensa “someterse” al rit-
mo de los demás y seguir los plazos impuestos por otros (véase en el cuadro 12.7 algu-
nos aspectos del impacto sobre el entorno del TPAP).
El cuadro 12.8 muestra un breve resumen acerca de cómo se ven a sí mismos, la vi- sión
que tienen de los demás y las estrategias que frecuentemente utilizan en sus relacio- nes
interpersonales los sujetos con TPAP.

12.2.5. Epidemiología y curso

No existen datos fiables sobre la prevalencia del TPAP, especialmente teniendo en cuen-
ta los vaivenes de su clasificación en los sucesivos DSM. Algunos investigadores han en-
contrado una prevalencia en muestras clínicas que va desde el 2% (Dahl, 1986) y el 5%
(Standage y Ladha) hasta el 8% (Morey, 1988b). Otros autores han encontrado tasas de
prevalencia más elevadas, que van desde el 10% (Alnaes y Torgerson, 1988) hasta el 19%
(Zanarini et al., 1987). El curso de este trastorno no parece muy optimista (Kaplan et al.,
1994), aunque apenas si existen datos sobre este aspecto.

12.2.6. Diagnóstico diferencial y comorbilidad

En el trastorno negativista desafiante hay un patrón similar de actitudes de oposición y


problemas con figuras de autoridad, pero este trastorno se diagnostica en niños y ado-
lescentes y el TPAP en adultos. No parece existir una relación entre la manifestación del
trastorno negativista desafiante en la adolescencia y la presencia del TPAP en la edad
adulta. Sí que parece haber una cierta relación entre este trastorno de la personalidad y
los trastornos del estado de ánimo. Sin embargo, no se debe hacer el diagnóstico de TPAP
si los síntomas se explican mejor por un trastorno distímico o sólo aparecen en el trans- curso
de episodios depresivos mayores.
Hay que diferenciar también al TPAP de los trastornos de la personalidad histrióni-
co, límite y por dependencia.
Small, Small, Alig y Moore (1970) realizaron un estudio de seguimiento durante on-
ce años sobre 100 pacientes pasivo-agresivos. Al principio, el 30% padecía un síndrome
depresivo asociado y el 18% sufría de alcoholismo. Durante el período de seguimiento,
el 79% de la muestra tenía, de un modo relativamente constante, problemas interperso- nales,
irritabilidad, depresión y quejas somáticas. Sólo el 44% tenía un trabajo a tiempo completo o
era ama de casa.

12.2.7. Etiología

Millón y Everly (1994) proponen una serie de factores de tipo ambiental que parecen es-
tar asociados al desarrollo del TPAP:

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Parte I: Descripción de los trastornos de la personalidad

A) Inestabilidad parental

Es probable que los padres de niños que terminan desarrollando un TPAP pasen rá-
pidamente del amor a la hostilidad con sus hijos y del cariño al rechazo. El resultado de
estos patrones erráticos de conducta puede ser el conflicto que se les genera a los niños co-
mo la confianza frente a la desconfianza, la seguridad frente a las dudas o iniciativa fren-
te a la culpa. Cualquier juicio de sí mismo también está lleno de valoraciones contradic- torias,
donde cada conducta suele tener su lado positivo y negativo, y no saben qué manera de actuar
es la apropiada. Todo ello genera cambios de comportamiento impredecibles y cualquier
provocación puede dar como resultado la reacción explosiva de estos sujetos. La cadena de
acontecimientos que da lugar a este tipo de aprendizaje es la siguiente:

• El niño imita la conducta variable de los padres.


• No aprende conductas apropiadas para cada situación.
• Interioriza una serie de mensajes y actitudes conflictivos.
• Como resultado tiene un sentimiento general de frustración y ambigüedad que se
mantiene al no ser capaz de predecir las consecuencias de su conducta.
• Aumenta la probabilidad de que el niño presente una conducta impulsiva y emo-
cional explosiva.

B) Escisión familiar

Cuando los padres están en conflicto permanente los niños sufren tanto la amenaza
de la escisión familiar como la tensión constante que se vive diariamente. Al intentar
adoptar un papel de moderadores, los niños van cambiando de un punto de vista a otro,
lo que puede presentarse de forma habitual hasta convertirse en un estilo de conducta
ambivalente.

C) Rivalidad entre hermanos

El hecho de tener un nuevo hermano pequeño supone el reparto del afecto de los pa- dres,
lo que puede dar lugar al resentimiento y a la rivalidad entre hermanos. El mayor aprende que
no es adecuado mostrar estos sentimientos negativos hacia su hermano y es probable que
sean disimulados a la hora de expresar estos sentimientos e incluso de abu- sar físicamente
de él en presencia de los padres. Aprenden a odiarlo vengativamente.

D) Variabilidad aprendida

El hecho de comportarse, por un lado, de manera dependiente y, por otro, de forma


autónoma, hace que obtengan refuerzo ya que, por una parte, los demás le prestarán aten-
Capítulo 12: Trastornos de la personalidad no especificados

ción cuando parezca indefenso y, por la otra, el hecho de descargar sutilmente su rabia y
su resentimiento les hará tener sus necesidades satisfechas y parecer, al mismo tiempo,
una persona cívica.
Desde el modelo conductual se ve al comportamiento pasivo-agresivo como “la ex­
presión de la ira en interacciones sociales de formas verbales y no verbales desadaptativas
que no conducen a una solución del problema de modo recompensante” (Perry y Flan-
nery, 1982, p. 166). De este modo, el fracaso para aprender la conducta asertiva apro-
piada es el principal factor etiológico para explicar la agresión pasiva. Algunas hipótesis
conductuales para explicar las causas de la conducta no asertiva son las siguientes (Perry
y Flanery, 1982):

1. El individuo pasivo-agresivo no ha aprendido nunca las respuestas asertivas apro-


piadas.
2. La ansiedad excesiva evita o inhibe las reacciones asertivas.
3. El castigo anticipado por mostrar un comportamiento asertivo disminuye la pro-
babilidad de que un individuo reaccione de manera asertiva en una determinada
situación social.

Millón y Everly (1985) alegan que el TPAP se autoperpetúa por medio del refuerzo
positivo de su comportamiento dubitativo. Estos individuos se quedan en el camino del
medio, ya que acumulan los beneficios de ser pasivos y dependientes y también los de
expresar sus necesidades de independencia y autonomía. Ambas conductas son reforza-
das y de ahí la autoperpetuación de la indecisión.

1 2 .2 .8 . Evaluación

En la evaluación del TPAP se pueden utilizar entrevistas y cuestionarios dirigidos a la


evaluación de los trastornos de la personalidad en general. Con respecto a aspectos con-
cretos de la entrevista con estos sujetos, Sperry (1995) y Othmer y Othmer (1996) se-
ñalan que entrevistarlos puede ser muy frustrante y poco reforzante. Estos pacientes man-
tendrán el contacto terapéutico en tanto en cuanto el clínico esté de acuerdo con ellos.
Son reticentes a las demandas que se les hacen, a las cuales se resisten con lentitud y mal
humor. Si se sienten desafiados es probable que den rienda suelta a su ira, respondien-
do con monosílabos, llegando a ser muy hostiles y, probablemente, se pierda la relación
si es que se había establecido el vínculo terapéutico, el cual sólo se puede volver a recu-
perar si el clínico adopta el punto de vista del paciente. Si el entrevistador empatiza con
el resentimiento hacia las demandas que presentan los pasivo-agresivos, puede que coo-
peren y le permitan que explore su trastorno. Quizá en el momento de la entrevista los
pacientes parezcan no presentar ningún trastorno y estar emocionalmente bien adapta-
dos, hasta que empiezan a relatar situaciones en las que se les ha demandado hacer al-
guna tarea, por lo que no es difícil olvidarse de que hay un trastorno de personalidad en
la base.

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Parte I: Descripción de los trastornos de la personalidad

1 2 .2 .9 . Tratamiento

Perry y Flannery (1982) seleccionaron el entrenamiento en asertividad para el tratamiento de los


pacientes con un trastorno pasivo-agresivo de la personalidad basándose en la fal- ta de autoexpresión
directa de estos sujetos y en la utilización de una forma de autoex- presión indirecta (y a menudo
hostil). La bibliografía sobre el entrenamiento en habili- dades sociales ha incluido la conducta pasivo-
agresiva como uno de los objetivos de aplicación de esta técnica (Caballo, 1997a).
Por su parte, Beck y Freeman (1990) plantean el establecimiento de un vinculo de
colaboración desde el mismo inicio del tratamiento, algo esencial para que pueda tener lugar el
progreso terapéutico con los sujetos con TPAP. Puesto que estos individuos de- safían a la autoridad, es
importante que se den cuenta de que ellos son los que eligen ac- tivamente durante la terapia. El
terapeuta les tiene que animar para que escojan temas de discusión en las sesiones o que planteen
conjuntamente “experimentos” para com- probar la precisión de los pensamientos automáticos, en vez
de intentar interpretar o cuestionar estos pensamientos. Una segunda estrategia consiste en ayudar a estos
indivi- duos a que se den más cuenta de las cogniciones que influyen en su comportamiento dis- funcional
y en sus emociones negativas. Esta estrategia es básica para la terapia cogniti- va e incluye un
análisis y una reestructuración de los esquemas básicos desadaptativos sobre pasividad, autonomía,
resistencia y boicoteo. Otra estrategia incluye el fomentar las conductas asertivas y prosociales. Para
algunas personas, esto implicará el entrena- miento en habilidades sociales. Aunque el objetivo básico
para estos individuos es utili- zar formas más adaptativas para manejar la ira y el resentimiento,
desde una perspectiva de la terapia cognitiva, el entrenamiento en asertividad solo es insuficiente. Para
los in- dividuos pasivo-agresivos es necesario que reconozcan su comportamiento pasivo-agre- sivo
y sus consecuencias. Sólo entonces será posible explorar otras opciones para mane- jar las emociones
negativas y para abordar los miedos y las expectativas que bloquean las respuestas adaptativas.
Trastorno pasivo-agresivo de la personalidad

Los individuos con este trastorno de la personalidad tienen un estilo contestatario, que pretende
desmentir el hecho de que quieren obtener el reconocimiento y el apoyo de figuras de
autoridad. El principal problema es un conflicto entre el deseo de conseguir las ventajas que
otorgan las autoridades, por una parte, y por la otra el deseo de conservar la autonomía. En
consecuencia, tratan de mantener la relación siendo pasivos y sumisos, pero como sienten una
pérdida de autonomía se sublevan contra la autoridad.

Concepción de sí mismos: Pueden percibirse como autosuficientes pero expuestos a abusos por
parte de otros. (No obstante, se sienten atraídos por las figuras y organizaciones fuertes, porque
anhelan aprobación y apoyo sociales. Por lo tanto, suelen padecer un conflicto entre el deseo
de apego y el miedo al abuso.)

Concepción de los demás: Ven a los demás —específicamente a las figuras de autoridad— como
intrusivos, exigentes, entrometidos, controladores y dominantes, pero al mismo tiempo capaces
de

aprobar, aceptar y cuidar.

Creencias: Las creencias nucleares tienen que ver con nociones tales como: "Ser controlado por
otros es intolerable", "Tengo que hacer las cosas a mi manera" o "Merezco aprobación por todo
lo que he hecho".

Sus conflictos se expresan en creencias como "Tengo que proteger mi identidad". (Los pacientes
límite [borderline] a menudo ponen de manifiesto el mismo tipo de conflicto). La creencia

condicional toma la forma de "Si sigo las reglas, pierdo mi libertad de acción". Las creencias
instrumentales giran en torno de posponer la acción que la autoridad espera, o de una
obediencia superficial, pero no sustantiva.

Amenaza: Las principales amenazas o miedos giran en torno de la pérdida de la aprobación y la


reducción de la autonomía.

Estrategia: La principal estrategia consiste en fortificar la autonomía mediante la oposición


tortuosa a las figuras de autoridad, mientras se les corteja ostensiblemente para obtener su
favor.

Estos individuos tratan de eludir o violar las reglas con engaños, en un espíritu de desafío
encubierto. Son a menudo subversivos, en el sentido de que no realizan el trabajo a tiempo, no

asisten a clase, etcétera —en última instancia, conductas autodestructivas—. Pero


superficialmente,

por su necesidad de aprobación, puede parecer que son obedientes y que cultivan el favor de
las autoridades. A menudo tienen una fuerte tendencia a la pasividad. Tienden a seguir la línea
que supone menor esfuerzo; suelen evitar situaciones competitivas y les interesan más las
empresas solitarias.

Afecto: Su principal afecto es la cólera no expresada, que se asocia con la rebelión contra las
reglas dictadas por la autoridad. Este afecto, que es consciente, alterna con la ansiedad cuando

prevén represalias y se sienten amenazados con un "corte de víveres".