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Hawansuyo

Poeticas indigenas y originarias

ADELAIDA Y DONA FELIPA EN WANUPATA APUNTES

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1. Africa en el
carnaval
Mexicano.
Marco Polo
Hernandez

LA NARRATIVA DE LA Cuevas
2. Algunas
VIOLENCIA EN EL PERÚ. mentiras y
UNA PRIMERA otros
cuentos.
TIPOLOGÍA, JORGE Daniel
TERÁN MORVELI Gonzales
Rosales
 septiembre 24, 2018  hawansuyo  Jorge
Teran Morvelli, Narrativa, Violencia politica  Deja 3. Amour a
un comentario Mort. Cesar
Moro.
Translated
Jorge Teran Morvelli comparte su
by Frances
tipologia de la narrativa de la
LeFevre
violencia en el Peru, con esta
4. La armonia
importante aclaracion, que deja en
de H. Vida y
claro que tanto la escrita como la oral poesia de
son partes del corpus de la literatura Luis
peruana: Hernandez
5. 10 Aves
“abordamos la literatura escrita. La raras de la
oral, ciertamente, también ha poesia
representado el fenómeno de la peruana.
violencia desde sus propias dinámicas. Luis La hoz
Es este un campo de estudio con el cual 6. Allpa
aún estamos en deuda y adentrarnos Rayku. Una

en él resulta, por el momento, una Experiencia

tarea pendiente. No obstante, valga de teatro


popular.
iniciar este trabajo, justamente, a
Yuyachkani
partir del reconocimiento de esta
7. Allpanchis
división al interior de la literatura
14. 1979. La
peruana.”
agricultura
andina
A lo cual tambien se podria anadir el
8. Allpanchis
corpus musical y sonoro, cuyas
15 la
huellas de testimonio y curacion han agricultura
registrado los estragos de la guerra en andina
todo momento y que se entresusan con 9. Allpanchis
el espacio digital y el del hipertexto. 20. Religion
MIto y
Pero ahora leer el trabajo de Jorge ritual en el
nos permtira ver los diferentes y Peru
complejos angulos humanos y sociales 10. Apocalipsis
de una guerra cuyas secuelas aun de una

estan presentes. Jorge ha compartido noche de

su estudio en Figura Horizonte y Entre verano.


Rodolfo
Canibales
Hinostroza
11. Arguedas y
La narrativa de la violencia en el
el Peru de
Perú. Una primera tipología[1]
hoy.
Carmen
Maria
Jorge Terán Morveli Pinilla
12. Arguedas o
Universidad Nacional Mayor de San la utopia de
Marcos la Lengua.
Alberto
Escobar
Resumen 13. Atuqpa
chupan 2
El presente artículo propone una serie de 14. Aqupampa.
criterios de clasificación para comprender la Pablo
narrativa sobre la violencia política del Landeo
llamado “conflicto armado interno” peruano. Munoz
Los resultados nos permiten corroborar la 15. Bosques.
heterogeneidad de esta literatura que amerita Armando
una acercamiento tanto desde el plano Rojas
contextual como literario; no obstante, esta 16. El Bosque
diversidad, la lectura en clave estética y ética, Almonacid
consideramos, se hace necesaria. Para ello, y otros
hemos recurrido a una serie de categorías que cuentos.
parten de las teorías de la ficción, la Zein
sociocrítica, la semiotica y la narratología. Zorrilla
17. Blues de un
Palabras clave: narrativa peruana, narrativa de Gato Viejo.
la violencia, conflicto armado interno. Oscar
Malaga
1. Introducción
18. Carretera al
purgatorio.
Para los alcances de este trabajo, suponemos
Zein
la necesidad de establecer una serie de
Zorrilla
criterios de clasificación que permitan
19. Canto de
comprender la heterogeneidad presente en la
Pajaro,
narrativa sobre la violencia política[2] en el
primera
periodo denominado “conflicto armado
edicion.
interno”[3]. En este sentido, los criterios
Fredy
propuestos se entrecruzan para comprender
Roncalla
esa totalidad, diversa en su interior,
20. Calendario
heterogénea en su conformación, que se ha
tradicional
denominado narrativa de la violencia política.
peruano.
Renata y
Valga señalar algunas acotaciones a nuestro
Luis
trabajo. En primer lugar, nuestra
Millones
aproximación, inicial por cierto y por ello
compartida para su debate público, no 21. Choquequir
pretende establecer los únicos criterios ao. Gori
válidos para abordar nuestro objeto de Tumi
estudio, pues, en sentido estricto, parte de un Echevarria
enfoque que, como se verá al final de estas 22. Cine
páginas, arriba a la dimensión estética y ética Andino.
de la narrativa de la violencia. En segundo Julio
lugar, nos enfocamos en la narrativa, aunque, Noriega y
seguramente, la tipología ofrecida puede ser, Javier
también, en algunos aspectos extensiva al Morales
estudio de la poesía. Queda esta posibilidad en 23. Contra…
manos de los especialistas del discurso Por si acaso.
poético, cuyas dinámicas, sobre todo en el Hugo
plano literario, no se pueden extrapolar sin Carrillo
una reflexión pormenorizada desde el campo Cavero
de la narración. Por último, abordamos la 24. Contradicci
literatura escrita. La oral, ciertamente, ones en el
también ha representado el fenómeno de la Peru
violencia desde sus propias dinámicas. Es este Colonial.
un campo de estudio con el cual aún estamos Alejandro
en deuda y adentrarnos en él resulta, por el Reyes
momento, una tarea pendiente. No obstante, Flores
valga iniciar este trabajo, justamente, a partir 25. Cronicas
del reconocimiento de esta división al interior perdidas.
de la literatura peruana. Alfredo
Bryce
2. Para una tipología de la narrativa de la Echenique
violencia en el Perú 26. Cosa de
nadie. Luis
2.1. Por lo sostenido, el primer criterio La hoz
operativo distingue LA TECNOLOGÍA DE LA 27. Cuentos
PALABRA a la que se recurre para la cusquenos.
representación del referente del conflicto Johnny
armado interno: el soporte oral y el escritural. Payne
28. Cultura y
globalizacio
2.1.1. La narrativa de la violencia en el soporte n. Carlos
de la literatura oral, se encuentra vinculada a Ivan
su transmisión oral. Las diversas narraciones Degregori y
que ha procesado la violencia a través de este Gonzalo
arte verbal[4] conforman esta literatura. Portocarrer
Narraciones que pueden pensarse como parte o
de una tradición oral, reciente para el caso; los 29. Danzando
relatos asháninkas recopilados y estudiados en
por Durand Guevara (2015) dan cuenta de esta Ayacucho.
producción. Se incluyen, también, dentro de Maria
este arte verbal, aunque complejizados por la Egenia Ulfe
variable jurídica, los testimonios brindados 30. Desborde
ante la CVR por diversos ciudadanos afectados popular y
por la violencia. Valga anotar, sin embargo, crisis del
que esta literatura no se encuentra asociada estado. Jose
necesaria ni exclusivamente a su expresión en Matos Mar
lenguas originarias aborígenes ni a los grupos 31. Desde el
étnicos amazónicos, ni a la sociedad andina. exterior. El
Peru y sus
2.1.2. En el caso de la literatura escrita, esta se estudiosos,
comprende como el conjunto de textos de Luis
carácter ficcional que circulan ya sea a partir Millones y
de manuscritos o impresos que tienen como Takashiro
referente el Conflicto Armado Interno. Kato
Algunos de estos textos son los cuentos “El 32. Las dos
cazador” (1996) de Pilar Dughi y “Ñakay pacha caras del
(El tiempo del dolor)” (1987) de Dante Castro, deseo.
así como las novelas La joven que subió al cielo Carmen
(1988) de Luis Nieto Degregori o El camino de Olle
regreso (2007) de José de Piérola. 33. Elegia Apu
Inka
Cabe señalar que la escritura puede realizarse Atahualpam
en distintas lenguas, más allá que el grueso de an. Odi
esta narrativa, hasta el momento, se haya Gonzales
escrito en castellano. Ejemplo de lo primero 34. Escritos
son las novelas Radio Ciudad Perdida (2007) Mitimaes.
escrita por Daniel Alarcón originalmente en Fredy
inglés y traducida posteriormente al Roncalla
castellano, yAqupampa (2016) de Pablo Landeo 35. Estructuras
publicada únicamente en quechua. andinas del
Poder.
Resta, por supuesto, la posibilidad de los Maria
soporte multimedia entendidos no solo como Rostorowsk
espacio de difusión de textos narrativos en y
formatos digitales (doc o pdf son los más 36. Estructura
comunes) a través de la web, pues esta, en agraria y
última instancia, sigue los patrones del vida rural
discurso escritural, sino, pensamos, en la en una
oportunidad de una narrativa electrónica; region
dígase, con una primacía del hipertexto[5]. andina. Luis
Aún no sabemos de ello en la narrativa que nos Miguel
convoca. Glave,
Maria Isabel
Tal como hemos señalado párrafos arriba, Remy
nuestra aproximación parte del estudio de la 37. La fe andina
narrativa peruana que ha ficcionalizado el en la
referente del conflicto armado interno de fines escritura.
del siglo pasado. Rocio
Quispe
2.2. Para ello, formulamos, en principio, una
Agnoli
división fundamental que permitirá
38. Guitarra
comprender los criterios a establecerse: el
peruana I.
NIVEL CONTEXTUAL y, a su vez,
Javier
complementándose, el NIVEL LITERARIO. En
Molina
tal sentido, consideramos que el texto literario
SalcedoGuit
se comprende, en su real dimensión, a partir
arra
de sus relaciones con la serie social. Por ello,
peruana vl
reparar en los criterios ubicados en el nivel
V. Javier
contextual[6] es paso necesario para
Molina
comprender, a su vez, los criterios ubicados en
Salcedo
el nivel literario, entendiendo, desde luego,
39. Historias de
que este no se agota en lo estético, sino que
Shilico. Blas
comprende un nivel ético[7]. Más aún, en el Puente
caso específico de narrativas que abordan el Baldoceda
procesamiento, desde la ficción, de eventos 40. Harawikuna
traumáticos, pueden comprenderse como /
medios de recuperación del pasado, de jarawinaka.
construcción de la memoria, y dicha dinámica Mauro
amerita considerar tanto los elementos Mamani
referenciales, a nivel literario, como el Macedo y
contexto social y las dinámicas propias del Alan Ever
campo intelectual literario. Mamani
41. Hawansuyo
2.2.1. NIVEL CONTEXTUAL. En este nivel, ukun
abordaremos la cronología, el enunciador, el words.
circuito de difusión y la institucionalidad. Fredy
Roncalla
2.2.1.1. Un primer criterio en este nivel es el 42. Las huellas
del momento de la publicación en relación al del puma.
evento histórico de la violencia; dígase, se Cronwell
considera la CRONOLOGÍA de los textos a Jara
partir de su publicación antes,durante o 43. El Huayno
después del Conflicto Armado Interno (1980- con Arpa.
1992)[8]. Este primer criterio, al ser temporal, Claude
no ofrece, en principio, mayor dificultad al Ferrier
considerar el durante (1980-1992) o después 44. Inca
(1992 – al presente), pues bajo esta Civilization
segmentación ingresarían todos aquellos in Cusco. R
textos publicados en estos períodos que Tom
articulen sus mundos representados a partir Zuidema
de la referencia, directa o no, al mencionado 45. Informales
conflicto. En el caso del durante, el cuento nuevos
“Vísperas” de Luis Nieto Degregori (1989), en el rostros en la
después, la novela de Óscar Colchado vieja Lima.
LucioRosa Cuchillo (1997), ejemplifican lo Cesar
sostenido. No obstante, la segmentación no Franco
resulta tan sencilla cuando pensamos en el 46. Kay Pacha.
antes. ¿Cómo puede haber un texto anterior al Rosalind
periodo mencionado que haga referencia a él, Gow,
al estallido, propiamente hablando, de la Bernabe
violencia en nuestro país? Tendría que Condori
pensarse en una especie de rol profético de los 47. Kaypi
escritores que ingresaran a esta etapa; en aqhaypi,
términos literarios, estos escritores hubieran por aqui por
tenido que realizar una prolepsis narrativa al alla. Elvira
hablar de una violencia política que aún no Espejo
estallaba. Ciertamente, esta posibilidad 48. Kopunke
resulta poco viable. Para evitar la aporía, filu.
consideramos como textos publicados en el Serpientes
periodo anterior al inicio del conflicto armado de agua.
a aquellos que hicieron referencia al contexto Roxana
de violencia estructural del país antes de los Miranda
ochenta. Ahora, este mismo criterio resulta Rupailaf
amplio, pues bajo él puede ingresar mucha 49. La felicidad
literatura. Habría que pensar en de hallar la
circunscribirlo al contexto que se felicidad.
correspondiera con la imagen de la sociedad Daniel
peruana que, desde la propia reflexión de los Gonzales
ideólogos de Sendero Luminoso, explicaba sus Rosales
contradicciones: una sociedad de corte 50. Libro del sol
semifeudal y semicolonial. (Análisis de la y otros
sociedad peruana que, ciertamente, no poemas.
coincidía con la realidad peruana, más Josemari
vinculada a una incompleta modernización Recalde
capitalista). En tal sentido, la literatura del 51. Literaturas
antes, tendría que vincularse a los textos regionales.
publicados o escritos que representaran Narrativa
mundos con esta característica. Pensamos en Huaracina
el texto emblemático de este segmento, Los reciente.
ilegítimos (1980)[9] de Hildebrando Pérez Jorge Teran
Huarancca. Morvelli
52. Maestra
2.2.1.2. Al criterio anterior, se suma el de la vida
ubicación del ENUNCIADOR en relación al
conflicto armado a partir de su cercanía – segunda
lejanía con este. A partir de dicho criterio, se epoca #1
puede establecer la siguiente división: 53. Maestra
vida 2.
2.2.1.2.1. Enunciadores involucrados Numero
directamente en el conflicto: En este caso, se dedicado a
subdivide el ítem, en principio, en dos. a) Juan
Enunciadores que pertenecieron o pertenecen Ramirez
a las Fuerzas del Estado (Fuerzas Armadas o Ruiz
Fuerzas Policiales) o a los grupos 54. Las Mellizas
subversivos[10], los que se enfrentaron de Huaguil.
directamente a través de la denominada Zein
guerra sucia. Pensamos, verbigracia, para el Zorrilla
caso, en autores como Fernando Cueto (ex- 55. El mestizo
policía) y Samuel Cavero (ex-militar); en la otra de los andes
margen, se encuentran, entre otros, los y su
integrantes del Grupo Literario Nueva destino.
Crónica, al igual que Elena Iparraguirre, Zein
segunda al mando de Sendero Luminoso, Zorrilla
además de los poetas senderistas Edith Lagos 56. Musica
y Jovaldo. popular
tradicional
2.2.1.2.2. Enunciadores que pertenecen a la del Valle del
sociedad civil[11]. En tal sentido, consideramos Chili.
a los civiles involucrados en el conflicto. Marcela
Consideramos a) los Enunciadores que fueron Cornejo
víctimas[12] directas del conflicto armado Diaz
interno. Pensamos tanto en aquellos 57. Narrativas
peruanos, tanto de áreas urbanas y rurales, problematic
que se vieron afectados directamente por la as. Los
violencia. Ciertamente, el grado de violencia Inkas bajo
fue mayor en los espacios rurales. En este la pluma
caso, pensamos en la serie de testimonios que espanola.
diversas víctimas del conflicto rindieron ante Lydia Fossa
la Comisión de la Verdad y Reconciliación. 58. Noches de
Además, se incluyen aquellos b) Enunciadores Adrenalina.
que, si bien no fueron víctimas directas de esta Carmen
violencia, vivieron los efectos de la misma, Olle
dígase, el estado de tensión que se vivió a 59. Nosotros los
diversos niveles en la sociedad peruana. En humanos.
este último segmento ingresa, posiblemente, Carmen
la mayoría de los escritores peruanos. En Esclante,
general, cubre un amplio espectro de nuestra Ricardo
narrativa de este periodo; no obstante, como Valderrama
se observará más adelante, necesita 60. La Novena
complementarse con otros criterios ya Maravilla.
emparentados manifiestamente con la Juan de
literatura. Los ejemplos, por ello son, hasta Espinoza
este momento de nuestra aproximación, Medrano
también, diversos. Incluimos, para tal efecto, a 61. Un otono
modo de muestra, a autores como Guillermo azul. Gloria
Niño de Guzmán, Jaime Bayly, Óscar Colchado, Mendoza
Julián Pérez, Sócrates Zuzunaga, Percy Borda
Galindo, Augusto Higa, entre otros. 62. La otra
literatura
Es posible comprender, también, a partir de peruana.
estos primeros dos subcriterios, la escritura Edmundo
en las siguientes generaciones. Los estudios Bendezu
sobre memoria han considerado estos efectos 63. Obra
en lo que se denomina, en principio, como una Poetica
segunda generación; una generación de la Completa.
post-violencia. Consideramos que esta LUis
literatura se está escribiendo recién o está por Hernandez
escribirse. Por el momento, consideramos Camarero
textos de carácter autobiográfico; verbigracia: 64. Pais de
Juan Carlos Agüero, autor de Los rendidos Jauja.
(2015). Claramente, se encuentran acá, Edgardo
también, los escritores más jóvenes, nacidos Rivera
después de 1992 y que, en su literatura, hacen Martinez
referencia directa o indirecta al conflicto 65. Poeticas y
armado interno. utopias en
la poesia de
2.2.1.2.3. Asumiendo que los autores incluidos Cesar
en los ítems anteriores son Enunciadores Vallejo.
peruanos, se puede sumar el criterio de los Pedro
Enunciadores de otras nacionalidades. Granados
Pensamos en escritores extranjeros que han 66. Puruchuco.
escrito sobre la violencia en el Perú. El caso Jose Casals,
más notorio es el de Nicholas Shakespeare y su Jorge
novela The Dancer Upstairs / Pasos de Baile Eduardo
(1995). Historia que tuvo, también, una Eielson
adaptación cinematográfica el 2003. 67. El regreso
de lo
2.2.1.3. CIRCUITOS DE DIFUSIÓN. En este indigena.
criterio atiende a los circuitos de difusión de Valerie
esta narrativa. Robin
Azavedo y
2.2.1.3.1. En principio, hay que pensar en Carmen
aquella literatura que se despliega al interior Salazar-
del mercado literario. Este, en principio, se Solier
define por su autonomía a partir la 68. Reportaje al
constitución de un circuito de producción – Peru
distribución– recepción; por lo tanto, se anonimo.
vincula con un circuito de librerías y de una Sonia
crítica, sobre todo, periodística, tanto a través Goldemberg
de medios impresos, audiovisuales (programas 69. Resurreccio
radiales o televisivos) y multimediales (v.gr. n de los
páginas web, cuentas de Facebook, canales en MUertos.
Youtube, etc.). Para el caso que nos convoca, y Gamaliel
atendiendo al contexto, se entiende como un Churata
mercado, si bien no oficial ni homogéneo (las 70. Revelacion
ferias de libros y las editoriales, en la senda
independientes, por ejemplo, dinamizan este del
mercado), cuando menos autorizado por las manzanar:
instituciones culturales y estatales; en otras Homenaje a
palabras, goza de un marco de legalidad. En Juan
tal medida, sus vínculos con el campo literario Ramirez
peruano son fluidos, pues los escritores que se
integran al mercado literario se suponen Ruiz. Fredy
especializados o con deseos de serlo. Campo Roncalla
este que, como veremos en el siguiente 71. Revista
apartado, resulta, también un criterio andina. La
clasificatorio. invencion
del
2.2.1.3.2. A partir de este primer apartado, se catolicismo
entiende el circuito de difusión semi-ilegal o andino
ilegal en el que circulan los textos literarios 72. Reasons for
(ciertamente lo literario tiene acá otra writing
valoración y funcionalidad) escritos por poetry.
autores vinculados a los grupos Eduardo
subversivos[13]. En este circuito, que no Chirinos
constituye propiamente un mercado literario, Translated
pues no posee el soporte institucional by G R Racz
reconocido por el Estado, ni se integra al 73. Taita
campo literario peruano, apela a otros canales: Shanti.
la circulación clandestina o a los intersticios Sergio
del marco legal. En el estado actual de la cosa, Quijada
se suman los medios de difusión electrónicos, Jara
por medio de los cuales se puede acceder a la 74. El taller del
narrativa de este tenor. Señalemos algunos traspatio.
ejemplos: los poemas de Jovaldo escritos en la Zein
Isla Penal El Frontón, desde donde circularon Zorrilla
clandestinamente hacia el exterior, o el 75. La tarde de
conjunto de cuentos Camino de Ayrabamba y toros. Oscar
otros relatos (2008) publicación del Grupo Colchado
Literario Nueva Crónica; además de los Lucio
poemas de Edith Lagos a los que se puede 76. El Tercer
acceder en la web. Cabe señalar, dado el domingo.
carácter clandestino de algunos de estos Juan
textos, pueden ser manuscritos o impresos. Alberto
Osorio
2.2.1.4. INSTITUCIONALIDAD. Consideramos, 77. Tres
en esta sección, la narrativa que se practica al reflexiones
amparo de un marco institucional establecido sobre el
o que pretende establecerse, en pugna directa, mundo
cuando menos simbólicamente, con el andino.
anterior[14]. Bouysse
Cassagne,
2.2.1.4.1. En tal sentido, partimos de Harris,
considerar el marco institucional del campo Platt,
literario peruano[15]. Nuestro campo literario Cereceda
se entiende heterogéneo, pues en él se pueden 78. El Quechua
hallar ubicaciones céntricas y periféricas, a en debate.
partir del posicionamiento de los distintos Juan Carlos
agentes (una división maniquea pero Godenzzi
sintomática es la de escritores criollos y 79. El quechua
andinos, por ejemplo) pero sigue una misma y la historia
dinámica: la de valorar la obra a partir de su social
nivel, sobre todo estético. Campo que se andina.
pretende independiente, autónomo, pero que Alfredo
se rige no solo por la variable cultural, sino por Torero
las dinámicas sociales y económicas que 80. Quechua
configuran un capital simbólico que permite para las
establecer relaciones de dominación al ciencias
interior de nuestro campo literario. No medicas.
obstante, a pesar de las diversas posiciones, en Isabel
principio, el campo es uno y los involucrados Galvez
luchan por mantener su estatus u ocupar Astorayme
mejores lugares. Valga recordar, que en esta 81. El Quinto
lectura, el paradigma representacional que ha Suyo. Ulla
dominado, cuando menos hasta el momento, Berg
la escritura narrativa, es el realista, a partir del 82. Urqukunaq
cual se construye el canon literario peruano. qapariynin /
En ese sentido, la institución literaria Alarido de
peruana, a pesar de su debilidad, canoniza a las
los escritores; en tal sentido, aunque el campo montana.
sea heterogéneo, se mueve a partir de una Washing
dinámica que engloba a la totalidad –o casi– de ton Cordova
los escritores que se pretenden profesionales. 83. Valle
Desde esta perspectiva, los textos narrativos Sagrado /
escritos al amparo del campo literario, por Almas en
autores que se desenvuelven en su interior, Pena. Odi
son parte de esta institucionalidad. La Gonzales
ejemplificación resulta innecesaria, pues 84. Vocavulario
involucra, prácticamente, el íntegro de los y quechua
autores que han escrito sobre la violencia en utilizado
los criterios ya mencionados, sobre todo el de por el
“enunciadores”, con excepción de los Cronista
miembros de los grupos subversivos que indio Felipe
pertenecen, veremos, al siguiente acápite. Huaman
Poma de
2.2.1.4.2. Es difícil nominar esta segunda Ayala.
opción, pues sigue, propiamente, el paradigma Guillermo
estético que define al campo literario Ludena
moderno, ni su supuesta autonomía cultural. 85. Wancho
Se comprende más como la posibilidad de una Lima. Jose
nueva institucionalidad que defina las Luis Ayala
dinámicas del campo literario peruano. 86. Villamanta
Asumámosla de esta manera para fines ayllucunap
clasificatorios. Estamos pensando, para el caso punta
en la función que se le otorga a la literatura causai.
dentro de los objetivos de Sendero Antonio
Luminoso[16]. Así, esta no se valora en su Males
función estética sino en su función social o,
más exactamente, en su dimensión histórica.
La literatura, en todo caso, contribuye a la
lucha de clases, y, por lo tanto, al acceso al
poder. A raíz de esto, la escritura literaria de
los autores adscritos a esta perspectiva, se guía
por las premisas expuestas; para el caso,
aquellos que fueron militantes del PCP-SL.
Como se ha mencionado, no estamos ante una
institución, sino ante la posibilidad de una que
con otra dinámica supone el fin de la anterior.
Superba
2.2.2. NIVEL LITERARIO. Como pretendemos
haber dejado claro, la comprensión de la
producción literaria denominada literatura de
AUTORES Y
la violencia –específicamente la narrativa para
nuestro trabajo– amerita, en primer lugar, el
TEMAS
estudio del nivel contextual para, en seguida,
Elegir categor
abordar el nivel literario. Al ser el referente un
evento traumático, comporta una relación
fluida, para su estudio, entre la serie social y la
serie literaria. Este referente, como sabemos,
se representa a través de la literatura. Las
teorías de la ficción han explicado estos
vínculos para explicar las relaciones entre el
mundo representado y el referente fáctico[17].
Esta narrativa representa, en tal sentido,
sucesos vinculados con el Conflicto Armado
Interno (1980-1992); dígase, en el que se
enfrentaron el Estado peruano y los grupos
subversivos denominados Sendero Luminoso
(SL) y Movimiento Revolucionario Túpac
Amaru (MRTA).

Remarcado, el carácter representacional de


los eventos, pero manifiesta su relación con el
referente, abordaremos, en esta sección, el
tiempo en el texto, el referente, así como el
tratamiento del mismo.

2.2.2.1. Un primer criterio del nivel literario


resulta el TIEMPO DEL TEXTO,
específicamente el tiempo de la historia. En tal
sentido, nos interesa el tiempo que se articula
en torno a la anécdota central de la diégesis (el
Conflicto Armado Interno)[18]. De más está
decir que estos tiempos se pueden diversificar
en la narración a través de saltos al pasado
(raccontos) o al futuro (prolepsis) que
pertenecen ya el tiempo del discurso. Es decir,
partimos de considerar un presente, un aquí-
ahora, que se articula en torno a un a) antes, b)
durante o c) después del referente del
Conflicto Armado Interno[19], desde el que se
proyecta el racconto o la prolepsis. Pasemos a
la ejemplificación. El mundo representado en
la novela de Samuel Cavero, Un rincón para los
muertos (1987) se ubica en un aquí-ahora
anterior al inicio del conflicto armado el cual
se ambienta en la zona sur andina,
específicamente en Ayacucho. Lo mismo
ocurre con el grueso de los cuentos de Los
ilegítimos (1980) de Hildebrando Pérez H. Por
otro lado, novelas como Rosa Cuchillo (1997) y
El cerco de Lima (2013) de Óscar Colchado, o
Ese camino existe (2012) de Fernando Cueto,
establecen el aquí-ahora en el contexto de la
también llamada guerra interna. Criba (2014)
de Julián Pérez, soporta gran parte de su
relato en un momento ulterior al conflicto, su
aquí-ahora se ubica en Ayacucho, en un
periodo que se puede catalogar de
posguerra[20]. También, en esta
temporalidad, se desarrollan los eventos de
novelas como La hora azul (2005) de Alonso
Cueto y Un lugar llamado Oreja de Perro
(2008) de Iván Thays, entre otras.

2.2.2.2. Se ha de considerar el registro del


texto a partir de la alusión directa o indirecta
del REFERENTE a partir de uno de estos tipos.
En otras palabras, nos enfocamos no en el
nivel de la historia, sino en el discurso, para
usar la terminología narratológica. Dígase,
cómo se nos relata la historia (discurso). Desde
esta perspectiva, incluimos las siguientes
formas de representar el conflicto: a) Desde un
paradigma realista. En esta narrativa dicho
conflicto es, isotópicamente, el evento central,
el eje temático alrededor del que se articulan
el desarrollo de la diégesis. Se presenta desde
la clave de un mundo natural[21]. Pensamos en
textos como Lituma en los Andes (1993) de
Mario Vargas Llosa o Generación Cochebomba
(2007) de Martín Ruiz Roldán. Cabe también la
posibilidad que la mención, desde este
paradigma, no sea elemento central, isotópico,
pero sí se aluda a él a lo largo de estos relatos.
En este caso, libros de cuentos como Una
mujer no hace un verano (1996) de Guillermo
Niño de Guzmán donde se incluyen viñetas
alusivas a la violencia, o la mención esporádica
al contexto de la violencia en novelas como No
se lo digas a nadie (1994) de Jaime Bayly o Al
final de la calle de Óscar Malca (1993), grafican
esta opción. De esta manera, en estos relatos
se remite, tangencialmente, al contexto de la
violencia. Se incluyen también, en esta línea,
los textos que, bajo un paradigma realista, no
hacen referencia directa a los eventos (lugares,
fechas, actores), pero sí recrean un espacio-
tiempo de similares características al
referente ya señalado; de tal forma que se
puede asociar a este. La novela Radio Ciudad
Perdida (2007) de Daniel Alarcón es ejemplo
de ello. b) Es pertinente, también, tomar en
cuenta una narrativa que construye mundos
híbridos, en los que el dominio natural convive
con el dominio sobrenatural, entendido este
desde una clave mítica. Podemos considerar
esta narrativa bajo el rótulo de realismo
mítico[22]. En él, los eventos asociados a la
guerra interna se presentan bajo una
focalización que privilegia la cosmovisión
andina, de carácter mítica. La narrativa de
Colchado es, una vez más, muestra de esta
tendencia. Pensamos en el cuento “La casa del
cerro «El Pino»” (2012)[23] o la novela Rosa
Cuchillo. Finalmente, observamos c) aquella
narrativa de corte alegórico que da cuenta del
referente de la violencia política de los años
ochenta del siglo pasado. En otras palabras, ya
sea mencionando el evento u obviándolo el
texto alegoriza el referente[24]. Pensamos en
la novela Adiós Ayacucho (1986) de Julio
Ortega, o “El viaje hacia el mar” (1995) de Elena
Iparraguirre.

Esta tipología, que se ofrece diversa, puede


cruzar registros en un mismo texto. Además,
cabe señalar que las narrativas que han
explorado el referente en cuestión han sido
diversas, han partido de diversas poéticas.

2.2.2.3. El último criterio considerado resulta


el TRATAMIENTO DEL REFERENTE. Acá
estamos pensando en el tratamiento desde
una variable ética[25] a partir de la disposición
de elementos textuales, específicamente a
partir del nudo, la crisis que articula la
historia. Si bien la narrativa es diversa, en el
caso peruano, la ficción ha seguido, sobre
todo, dos derroteros. Así, existiría:

1) una narrativa que desde la fructífera


percepción de la literatura como acto estético
y ético, de memoria, construye sus mundos
ficcionales desde enfoques que, ya partiendo
de búsquedas individuales o colectivas, se
constituyen en intentos de comprender el
fenómeno de la violencia en nuestro país
desde una perspectiva literaria. En ese
sentido, podemos apreciar una subdivisión, en
el que a) la crisis individual se genera por el
conflicto armado o este la exacerba. Es decir,
se entiende el conflicto personal en función
del conflicto armado interno, pues influye
directamente en aquel. Desde esta(s) crisis
personal(es), se aborda la visión de la crisis
que atraviesa la sociedad. Quien ha explorado
esta línea constantemente es Julián Pérez en
novelas como Retablo (2004) y Criba (2014).
Novelas como Kymper (2014) de Miguel
Gutiérrez o Ese camino existe(2012) de
Fernando Cueto ejemplifican también esta
línea. A su vez, se aprecia b) una narrativa en la
que el eje central resulta la crisis social de
carácter colectivo; al interior de la cual, las
crisis personales, si es que existen, se definen,
en principio y medularmente, por la
pertenencia a un modo de pensar propio de
una sociedad tradicional, por oposición a un
mundo moderno. Se explora la dimensión de
los conflictos desde esta clave. Pensamos en
las novelas La noche y sus aullidos (2011) de
Sócrates Zuzunaga y Rosa Cuchillo(1997) de
Óscar Colchado. Ambas líneas (a y b),
manifiestan una búsqueda intensa por
comprender el fenómeno desde una
perspectiva literaria.
Por otro lado, 2) existe una narrativa que ha
abordado el texto desde un afán estético, que
paradójicamente resulta más un deseo que un
logro, pero, eventualmente, ha reclamado una
dimensión ética; no obstante, como se
apreciará enseguida, no existe una
preocupación por el tratamiento del conflicto,
pues este no resulta eje central, sino accesorio.
De esta manera, el conjunto de esta narrativa –
diversa en sus géneros pero común en su
tratamiento del conflicto– se enfoca en el
tratamiento de personajes inmersos en
búsquedas individuales de corte
existencialista (moderno / posmoderno),
donde la violencia política es mero elemento
decorativo o en el mejor de los casos elemento
tangencial. Las crisis mencionadas anteceden
a o no se comprenden en función al conflicto.
Es más, la representación del conflicto armado
interno se despliega en función a la crisis
existencial, por lo que queda la sensación que
esta pudo ambientarse en cualquier otro
mundo y no hubiera habido gran cambio.
Pensamos, verbigracia, en los siguientes casos:
La sangre de la aurora (2013) de Claudia
Salazar y Abril rojo (2006) de Santiago
Roncagliolo. La ruta que siguen estas novelas,
en general, resulta particularmente estrecha.
Habría que preguntarse el porqué de su éxito
en el mercado nacional e internacional, lo
cual, posiblemente, resulte síntoma de una
percepción aproblemática del referente
tratado.

3. Conclusiones y reflexiones de salida


3.1. Como se aprecia, los criterios señalados en
esta propuesta de tipología no son
excluyentes, pues dada la complejidad de la
narrativa de la violencia, una obra define su
ubicación al interior de dicha narrativa por
una suma de características. A ello habría que
sumar otros factores que no se han
desarrollado en este trabajo, pues
consideramos que los señalados se hacen
extensivos a –sino la totalidad– un porcentaje
mayor de los textos narrativos publicados en
torno de la violencia política de las décadas
finales del siglo XX. No obstante, se señalan
aquellos factores en este apartado: las
distintas narrativas que existen en nuestro
país y que se asocian a sectores culturales,
tales como la narrativa andina, la afroperuana,
la nisei, entre otras, además de la que se
pretende urbana y/o cosmopolita. Y que se
asocian, también, indistintamente, dado el
desarrollo actual de los intereses de sus
enunciadores, a una serie de géneros (novela
histórica, novela negra, novela existencial,
etc.), para los que se apela a técnicas tanto
modernas como decimonónicas que no se han
tocado en este trabajo, debido a la diversidad
de sus posibilidades que no permite establecer
una división operativa sino, a lo más, un
inventario.

3.2. Cabe señalar que el tópico de la violencia


política en la literatura peruana se vincula al
ejercicio de la memoria, y resulta de
fundamental prioridad en una sociedad que
quiere mirar al futuro sin olvidar el pasado,
aprendiendo de él. En tal medida, el análisis de
los mundos representados es el punto de
partida para debatir en torno a los proyectos
que animan estas prácticas discursivas.
Proyectos que no pueden comprenderse solo
en su dimensión estética. Por ello, el último
acápite de nuestro trabajo apunta a la
discusión de la variable ética en la narrativa
peruana que ha ficcionalizado el referente en
cuestión. El referente resulta no solo
traumático, sino delicado, en tanto la cercanía
del evento y la particular sensibilidad que
despierta reclama, pensamos, el tratamiento
responsable del tema. ¿En qué consiste
exactamente esta responsabilidad? Esta es
una pregunta abierta, que amerita una
respuesta argumentada que esperamos
emprender a la brevedad posible.

—–

NOTAS

[1] El presente artículo es parte de una


investigación mayor que gira en torno al
enfoque ético-literario en la narrativa de la
violencia. Investigación que constituye el eje
central de nuestra tesis doctoral en curso.

[2] Nieburg define a la violencia política como


el conjunto “de los actos de desorganización y
destrucción y las lesiones cuyo objetivo,
elección de blancos o víctimas, circunstancia,
ejecución y/o efectos adquieren un significado
político, es decir, tienden a modificar el
comportamiento ajeno en una situación de
negociación con repercusiones en el sistema
social” (En: Braud, 2006: 16).

[3] El Informe Final de La Comisión de la


Verdad y Reconciliación (CVR de aquí en
adelante) otorga el rango de Conflicto Armado
Interno al enfrentamiento entre el Estado
peruano, por un lado, y los grupos subversivos
Partido Comunista del Perú – Sendero
Luminoso (PCP-SL) y Movimiento
Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), por
otro. Se entiende que los segundos, al no ser
gubernamentales, no tienen el estatus de
beligerantes.

[4] Hacemos nuestra la propuesta de Edmundo


Bendezú (2003 [1980]) quien, para evitar la
discusión, a veces bizantina, en torno al uso
del término literatura para las narraciones
orales, apela a la categoría “arte verbal”,
considerar más bien termino arte verbal, la
existencia de discursos de variada extensión
que los miembros de una sociedad valoran
positivamente, al interior de la cual se repiten
periódicamente. Bajo esta premisa toda
sociedad que produzca este verbal puede
considerarse poseedora de una literatura, más
allá de su soporte estrictamente escritural. En
el sentido este arte verbal en el caso quechua,
que es del que parte Bendezú, se entiende
conformado por textos que se han compuesto
originalmente en forma oral, transmitidos de
esta manera, sin una finalidad estrictamente
literaria, en el sentido letrado, sino como parte
de actividades sociales, verbigracia, religiosas,
familiares, agrícolas, etc.
[5] Landow (2009) define al hipertexto como:
“un texto compuesto por fragmentos de texto
[…] y por los enlaces electrónicos que los
conectan entre sí” (25). Asociada a la
hipermedia, esta tecnología puede aplicarse a
la literatura, ser su soporte. En tal medida,
existirían tres formas de textos digitales: el
hipertexto académico, la hiperpoesía y la
hiperficción (o hipernarrativa). Para el caso,
pensamos en la última de ellas.

[6] Partimos de considerar la literatura, el


texto literario para el caso, al interior de un
sistema comunicativo; en tal sentido, su
semiosis no se agota en el nivel intraliterario,
sino que exige detenerse en elementos
extraliterarios. Por ello, los niveles de lectura a
los que hace referencia la semiótica son
pertinentes. De esta manera, se hace necesaria
una lectura que parta de un enfoque
inmanente y se complemente con un
trascendente. En el caso de la narrativa de la
violencia, esta necesidad es un imperativo.

[7] Los enfoques en torno a la ética en la


literatura han partido, recurrentemente, de la
filosofía. No obstante, las aproximaciones
desde la disciplina literaria han explorado,
también, este espinoso tema. Pensamos en el
abordaje de Derek Attridge (2011), quien, bajo
el magisterio de Levinas, considera la
singularidad de la literatura en torno a la
relación con lo Otro a partir de diversas
dinámicas como la creación, la originalidad y
la inventividad.
[8] ¿Por qué consideramos este periodo? Son
los años que van del inicio de la llamada
Guerra Popular con la ya conocida quema de
ánforas en Chuschi en mayo de 1980, hasta la
captura de la cúpula del PCP-Sendero
Luminoso, incluyendo al líder de la
agrupación, Abimael Guzmán Reynoso
(“Camarada Gonzalo”). Se corresponde con las
primeras cuatro etapas de la violencia
señaladas por la CVR: 1. El inicio de la
violencia armada (mayo 1980-diciembre 1982).
2. La militarización del conflicto (enero 1983-
junio 1986). 3. El despliegue nacional de la
violencia (junio 1986-marzo 1989). 4. La crisis
extrema: ofensiva subversiva y contraofensiva
estatal (marzo 1989-setiembre de 1992). La
quinta, que se inicia tras la captura del líder
senderista se extiende hasta el 2000 y se
define por el declive de la acción subversiva.

[9] Este sigue siendo, por el momento, el caso


más evidente de este periodo. Libro que ganó
en 1975 el primer premio del concurso “José
María Arguedas” organizado por la Asociación
Universitaria Nisei del Perú, aunque fue
publicado tardíamente, tras cinco años.

[10] Cabe señalar que en esta sección se


consideran asimismo como participantes
directos del conflicto a los sectores andinos
(comunidades indígenas sobre todo) que
participaron activamente en determinados
momentos del conflicto, aunque por intereses
que no involucraron, necesariamente,
sumarse a la ideología de las huestes
enfrentadas.
[11] Si bien el concepto “sociedad civil” remite,
actualmente, a la participación ciudadana a
nivel político, retenemos de él la referencia a
una sociedad conformada por todos aquellos
considerados ciudadanos, extensivo al total de
los peruanos, cuando menos legalmente, en el
periodo mencionado. y que se entiende
externa al aparato gubernamental y, se colige,
a los grupos subversivos.

[12] En sentido extenso, si bien se puede


entender que la sociedad peruana en general
resultó “víctima” de este periodo, para el caso
se considera a aquellos sectores civiles que se
vieron afectados directamente por la
violencia, pues sufrieron los efectos de los
enfrentamientos armados. Para el caso, según
la CVR, la población andina de matriz indígena
fue la que cargó el peso de la mortandad.

[13] Existe una posibilidad intermedia, la de


aquellos autores que simpatizaron o
simpatizan con los grupos subversivos, pero
cuya militancia, en muchos casos no asumida
explícitamente, les permite circular en el
mercado literario reseñado líneas arriba.

[14] Valga anotar que, también, podemos


comprender este criterio a partir del lugar de
enunciación. Queda esta vía por explorar.

[15] Concepto caro a Pierre Bourdieu (2002),


valga su explicación en detalle. A partir de la
variable poder se conforman campos, en los
que agentes se posicionan a partir de
relaciones establecidas sobre la base de
objetos que poseen distintas formas de capital
(social, económico, simbólico y cultural). En el
campo literario, en principio, se comprende
alrededor del capital cultural. Este campo se
caracteriza por la búsqueda de autonomía con
respecto a otros campos, sobre la base de la
dimensión estética. Situación que, muy a
pesar de lo ansiado, se complementa con el
capital económico y social, que conllevan a la
acumulación de capital simbólico. En tal
sentido, los agentes entran en conflicto, en
lucha por la apropiación del capital simbólico,
lo que implica que determinados agentes
ocupan posiciones de dominación; es decir, se
establecen relaciones de poder, jerárquicas al
interior del campo literario determinadas por
el habitus de los diversos agentes. Campo que
ciertamente es móvil, dada su poca cohesión
institucional.

[16] En este caso, consideramos, sobre todo, a


Sendero Luminoso, pues tuvo escritores entre
sus filas que compartieron la percepción
acerca de la literatura que acá se reseña. En el
caso del MRTA, se sabe de escritores
vinculados a dicho grupo subversivo, pero que
no asumieron su militancia o, en todo caso,
esta no ha quedado del todo demostrada.

[17] Una de las entradas más esclaracedoras es


la de Benjamin Harshaw (1997), quien
reflexiona sobre este punto a partir de la
categoría Marco de Referencia (MR), el que
define como cualquier continuo de dos o mas
referentes sobre los que se puede hablar. El
Campo de Referencia es un universo mucho
más amplio en el que se integran muchos
(MRs), que se entrecruzan y se relaciones de
diversas maneras. En el caso los textos
verbales, estos poseen, en principio, un
Campo de Referencia Interno (CRI), dígase, los
referentes interrelacionados que constituyen
un mundo representado, de carácter textual,
de organización semántica, constituido por el
lenguaje. Puede referirse a sí mismo, a través
de referentes exclusivos del textos, o como
suele ser la dominante, referirse a eventos
externos, a campos externos al CRI. Estos
referentes conforman, entonces, el Campo de
Referencia Externo (CRE), pues existen
relaciones con el mundo real, tal es el caso de
referencias directas o solo evocadas al tiempo
y el espacio, la historia, alguna teoría
filosófica, ideologías, etc. que existen en el
mundo fáctico.

[18] Como se aprecia, basamos este apartado


en los aportes de la narratología, que establece
los niveles del texto narrativo en tanto historia
(el qué) y discurso (el cómo). Para el caso, nos
enfocamos en el nivel de la historia. Para las
referencias narratológicas, consultar Gennette
(1989), Chatman (1990), Bal (1990), Reis y López
(1995) y Martínez y Scheffel (2011).

[19] En sentido estricto, esta es una


segmentación que no resiste, exactamente, la
división narratológica, pues los tiempos
señalados se vinculan con cada texto
independientemente; no obstante, nuestro
enfoque considera una historia común que
define al íntegro de esta narrativa: el conflicto
armado interno (1980-1992). Resta, por
supuesto, la justificación detallada de esta
propuesta.

[20] A esta última ubicación espacio-temporal


de la ficción, vinculada al Informe de la
Comisión de la Verdad y Reconciliación,
también se la ha denominado literatura Post-
CVR, específicamente novela peruana Post-
CVR; . Quien propuso inicialmente este
acercamiento es el crítico literario Paolo de
Lima (2006).

[21] Dolezel (1999) al pensar la construcción de


los mundos posibles en la narrativa moderna,
entiende, básicamente, que estos mundos
imaginarios se caracterizan por la existencia
de dos dominios en su interior, el natural y el
sobrenatural, los cuales establecen distintas
relaciones en los textos ficcionales, definiendo
el tipo de mundo específico: mitológicos,
híbridos y visible / invisible.

[22] Debo esta idea a la conversa con Edith


Pérez Orozco, reconocida especialista en la
obra de Óscar Colchado Lucio.

[23] El cuento aparece como parte de un


conjunto de cuentos en 2013, pero antes
circula en revistas, a poco de haber obtenido el
Premio Internacional de Cuento “Juan Rulfo”
en 2002.

[24] La alegoría, en sentido estricto, remite a


un sentido figurado, alegórico (el relevante
para el texto) a partir de un plano literal, a
través de imágenes o metáforas. En el caso,
latinoamericano, ha demostrado ser un medio
para ficcionalizar eventos traumáticos.
Pensamos en la reflexión de Avelar (2000) que
considera la alegoría no en su clave abstracta
sino como inscripción de una materialidad.
Alegoría esta que se enlaza con el duelo en un
mundo entendido como capitalista.

[25] La relación entre ética y literatura, y es


objeto de una investigación nuestra de mayor
alcance. Valga, no obstante, establecer algunos
parámetros. Como sostiene López de la Vieja
(2003), existe una literatura que representa
eventos traumáticos para una sociedad, la cual
se puede –y de cierta manera se debe- leer en
clave ética, pues dicha literatura se
comprende por una necesidad de procesar
estos eventos a partir del ejercicio de la
memoria. En tal sentido, ofrece una
representación sobre el referente que reclama
una aproximación responsable, pues la
literatura, a diferencia de la historia, puede
acceder a aquellos momentos traumáticos a
partir, ciertamente, de la ficción.

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Salamanca: Colegio de España.

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