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Mi Abuela Y El Alzheimer

Voy a contar la historia de mi abuela Pilar. Mi abuela Pilar, cuando ella todavía estaba

bien, era divertida, trabajadora, no paraba de hacer cosas. Si estaba aquí, en

Valladolid, siempre estaba realizando labores, le gustaba la costura, hacer punto,

ganchillo.

Yo recuerdo que siempre tenía una labor en sus manos. También tenía tiempo para

salir a pasear con sus amigas y algunos días venía a casa a cuidarnos a mi hermana y a

mí cuando mis padres trabajaban.

Cuando estábamos en el pueblo, le encantaba salir al patio a cavar su tierra, todo el

día estaba quitando hierbas del patio, partía leña, por la mañana, si había llovido, salía

a por caracoles. En fin una abuela todo terreno.

Cuando estaba con nosotros, nos cantaba canciones de su juventud y muchas

poesías antiguas y algunas de ellas nos las aprendimos. Al principio de oírlas me

parecían raras porque aparecían palabras que nunca había oído, pero me gustaban.

Sin embargo fue todo desapareciendo. Ella ya no quería salir, las labores cada vez

eran menos, ya no le preocupaba si en el patio había tierra o no. Algo estaba pasando

llegó un momento en que ya no conocía, ni salía ni quería hablar, solo quería estar

con su cabeza entre sus manos, callada.


Al final se fue a una residencia, íbamos a verla. Al principio muy bien, volvió a hablar

más, hacía deberes “como en el cole", me decía. Solíamos a pasear con ella, nos

contaba cosas de la residencia, ”de sus amigos” como decía ella. Poco a poco dejo ya

de andar y ya tenía que ir en silla de ruedas. A mí me gustaba mucho llevarla con la

silla, me subía en sus rodillas y le gustaba. Otras veces la hacíamos enfadar un poco

porque la llevábamos deprisa. Pero llegó un día que mi madre fue a verla, como de

costumbre y no la conoció, decía que no era su hija que era su hermana.

A mí me extrañaba todo, porque ella solo se acordaba de las cosas de hace muchos,

muchos años. Era como si hubiera vuelto a su niñez, preguntaba por su madre y por

gente que ya no estaban, pero de nosotros no lograba acordarse.

Ya no preguntaba por nosotras ni por nadie, pero había una cosa que nunca, nunca se

se le olvidó y era que tenía en la casa del pueblo, en el patio, un romero y un laurel

plantados, que los plantó ella. Y era verdad y allí siguen, eso siempre lo recordaba.

Ese, el laurel de mi abuela

A final era como si fuera una niña pequeña pero grande a la vez. Ya la vestían y le

daban de comer porque llegó un momento en que se la olvidaba cómo se hacía.

Hace un año que ella falleció, pero me acuerdo de sus canciones, poemas y refranes.

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