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Nota de concepto TP1: 9 – ver comentarios

Universidad Nacional de La Plata.

Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.

Curso: Literatura Argentina B (2016)

Profesora: Rogers, Geraldine.

Alumno: Moral, Rodrigo.

Legajo: 101492/2.

Carrera: Profesorado en Letras.

Dirección de correo electrónico: rodrigomartinmoral@hotmail.com

Fecha de entrega: 05 de septiembre de 2016.

Trabajo práctico Nº1. Segunda parte.


(Sobre La rosa blindada, de Raúl González Tuñón)

Las relaciones entre literatura e historia nunca han sido sencillas de desentrañar, a causa de su
complejidad, pero siempre han ofrecido un terreno fértil para la reflexión sobre las numerosas
formas en que el arte, y la literatura en particular, crea nuevas sensibilidades y se ajusta a una época
determinada. La vanguardia es un caso paradigmático puesto que propone establecer un vínculo de
tensión con el pasado, con lo “ya dado”. Sería impropio usar el término rechazo ya que, en ciertas
ocasiones, se manifiesta a través de la recuperación de formas tradicionales que son resignificadas a
la luz del espíritu contemporáneo. La tensión remite a la física, a la acción de dos fuerzas contrarias
que se impelen entre sí y ofrece, al menos a simple vista, una mirada más justa sobre este
fenómeno. Sin embargo, hay variables de esta ecuación que por lo general no son tenidas en cuenta.
La más importante es la propiedad reflexiva; es decir, no sólo el arte produce una nueva
sensibilidad, sino que esta también produce arte, alterando sus formas, ajustando su contenido,
transformándolo por entero. Es un doble movimiento, una reciprocidad que halla su fundamento en
las relaciones entre historia y literatura. Concebir estas como unidireccionales es reducir al máximo
una cuestión que, por el contrario, debería ampliarse, analizarse en toda su extensión, incluso en
aquella que franquea los límites de lo imaginable, resultando inabarcable, infinita. Podría pensarse
esta presunta dicotomía entre literatura e historia (incluso en una versión alternativa: entre arte y
política) como la composición de la molécula de ADN, dos hebras que van enredándose y que se
conectan por pequeñas bases (puentes) que favorecen la circulación de la información genética.
Ambas (literatura e historia) conservan la memoria de un origen y van tramándose de modos
diversos con el paso del tiempo.
La obra de Raúl González Tuñón está basada en el diálogo: entre poetas y hombres, entre literatura
e historia, entre arte y política, entre forma y contenido, entre linajes diferenciados (la figura de sus
abuelos: la cara de la militancia y la cara de la imaginación), que provienen de un mismo lugar, de
un origen indeterminado, y que se encaminan a una fusión ineluctable. Son dos fuerzas empeñadas
en reivindicarse por oposición a la otra, que no pretenden sino distanciarse con la excusa de que
ciertas cosas no deben unirse jamás. Mucho ha tenido que ver el aislamiento del objeto estético del
mundo real propio del estructuralismo, creencia que ha hecho más aguda la querella. Pero aun
cuando intente negarse, lo cierto es que son inescindibles los poetas de los hombres, la literatura de
la historia, el arte de la política... Sin dudas, la poesía de González Tuñón no escatima en
subrayados y plantea desde un primer momento esta fusión insólita, este equilibrio entre partes: una
poesía que no sea sólo poesía sino algo más, que sea hombre y también poeta y que vincule su
sensibilidad con los hechos sociales que sacuden el mundo. Su ademán conciliatorio es una muestra
de innegable originalidad tanto en el arte como en la política.
Este enfoque dialógico permite comprender con mayor profundidad a qué se hace referencia cuando
se piensa al poemario La rosa blindada como “poesía de circunstancia”: no es que haya sido
concebida como un repertorio cerrado de versos que hallan su correlato en la historia de las ideas
(socialistas, fundamentalmente) sino que, como todo alumbramiento, da origen a una criatura que a
lo largo de su vida establece relaciones con su entorno. Ciertamente puede leerse la obra a partir de
una realidad que nadie pretendería recusar bajo ningún punto de vista (carecería totalmente de
sentido adoptar una actitud semejante), pero sí cabría añadir un número indeterminado de lecturas
posibles que irán elaborándose desde el momento en que sea editada, y que no son sino modos de
interpretación fuertemente influenciados por las coordenadas espaciotemporales en que son leídos
los poemas. Podría afirmarse que la “poesía de circunstancia” lucha por dilatar la escena
interpretativa y lo hace bajo el nombre de una voluntad de supervivencia: en el espacio
(universalidad) y en el tiempo (eternidad). La obra de Tuñón no es una estructura cerrada sino un
“testimonio lírico” de una historia que, a través de la literatura, es revisada constantemente, se
resiste al inexorable paso del tiempo, al olvido, y promueve una reflexión sobre el pasado, sobre la
actualidad y sobre el porvenir.
El poema titulado “El cementerio patagónico”, uno de los primeros que componen la sección “Otros
poemas del mundo” (lo que ratifica esta tentativa de universalismo: desde Asturias al resto del
globo) retoma un episodio violento, traumático, de la historia argentina en aquel entonces reciente:
la Patagonia trágica y la represión de los huelguistas en Santa Cruz en 1922. Lo hace sin perder de
vista lo estético y sin renunciar a lo político, demostrando que es posible lograr un punto medio
entre ambos, la armonía entre sonoridad y alegato, entre metáfora e ideología, entre forma y
contenido. Ofrece un testimonio que va “localizándose” verso a verso, que se mueve desde cierta
abstracción poética hacia una realidad in situ: al escribir Santa Cruz, re-escribe (como ejercicio de
estilo) una historia que muchos conocen, la historia del trauma que aun no sana y que, en aquel
entonces, alimentada por los acontecimientos que sacudían al mundo en el momento en que era
editada La rosa blindada (1936, 1962), habilitaba otras formas de vivir la poesía, de sentirla en la
carne, de anclarla en un interés latente por la revolución y en el ímpetu que guíaba el avance de la
clase obrera y la consolidación de gobiernos socialistas en el poder, a lo largo y ancho del mundo.
Con la cadencia de una canción de protesta, “El cementerio patagónico” no habla exclusivamente
de un territorio delimitado políticamente sino más bien de un sentimiento generalizado de protesta
que ha resonado en diferentes países tanto antes como después y, seguramente, también de manera
simultánea. De ahí que la estrategia de localización que lleva adelante su autor no cierre la
interpretación, pues lo que subyace bajo estos versos no es solamente un suceso histórico, sino un
sentimiento comunitario que permite, en cada escena de lectura, reactualizar el poema y
resemantizar los versos en función de la realidad histórica que vive el lector, de su sensibilidad
como individuo y como miembro de una clase y de una sociedad.
Resulta curioso que el poemario no haya sido reeditado en más de medio siglo. Las razones no son
claras pero puede pensarse que obedecen al declive del socialismo: en Hispanoamérica, por
ejemplo, ningún hecho tuvo la relevancia del ascenso del comunismo en Cuba (1959),
acontecimiento clave que seguramente haya motivado su segunda y última edición en 1962. A nivel
mundial, la disolución de la URSS y el ocaso de la Guerra Fría trajeron aparejada una oleada de
gobiernos de derecha tanto en el Viejo Continente como en el Tercer Mundo. Cuesta imaginar un
escenario más desalentador para una lectura “a tono” del poemario, sobre todo por la merma de la
relevancia de la cuestión obrera. Sin embargo, tampoco puede decirse que el interés haya
desaparecido por completo. En el siglo XXI, la calle como espacio de disputa y manifiestación va
ganando gran parte del terreno que le fuera vedado en la década del noventa y las revueltas de las
clases trabajadoras siguen teniendo lugar en la actualidad. Tal vez las editoriales no consideren que
amerite una reedición, pero aun pervive La rosa blindada, como poemario y como símbolo de la
promesa de una literatura, y más específicamente de una poesía, que se mantenga intacta y siempre
accesible para el pueblo: arte e ideología a prueba de balas.