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2 11 DE NOVIEMBRE DEL 2018


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LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES EN LA COLONIZACIÓN

SEIS SIGLOS
de abusos
sexuales
Con una ambiciosa investigación sobre las
imágenes de la historia de la colonización, el
libro ‘Sexe, race et colonies’ (Editorial La
Découverte) –que ha tenido en Francia un gran
eco mediático– abre un pertinente debate sobre
la herencia que ha dejado en las sociedades
actuales un sistema de dominación en el que la
sexualidad jugó un papel clave.

POR EVA CANTÓN

PASCAL
BLANCHARD.
CHRISTELLE
TARAUD.

l pasado deja un ras- cionales –historiadores, antropólo- iconografía muestra que hubo una o colonial «no se pueden considerar

E
tro –y no siempre ho- gos y sociólogos– analiza un total de suerte de depredación sexual a esca- como un asunto privado, individual o
norable– en la me- 1.200 imágenes –grabados, pintu- la mundial en los territorios coloni- grupal, sino como un gran objetivo de
moria colectiva de ras, fotografías, carteles, ilustracio- zados por las potencias imperiales y la dominación tanto del pasado como
los pueblos. Tarde o nes y tarjetas postales– generados en en las prácticas esclavistas de EEUU. del presente». La historia colonial es
temprano reaparece seis siglos de historia colonial, desde un acto de virilidad. Las mujeres se
perpetuando patro- 1490 hasta los procesos de descolo- Mirada sesgada poseen, son objetos de intercambio
nes que imaginábamos desapareci- nización de los años 70. y de rivalidad masculina.
dos. A veces, lo que creíamos secun- Bajo la dirección de Pascal Blan- Las huellas de esa historia, a menu-
dario o anecdótico no lo es tanto y la chard, Nicolas Bancel, Gilles do tabú, son hoy reconocibles en las De Gauguin a Man Ray
historia revela que ciertos fenóme- Boëtsch, Christelle Taraud y Domi- relaciones con las antiguas colonias,
nos han sido esenciales en la crea- nic Thomas, su tesis es que esta vasta los flujos migratorios o los proble- La literatura, la prensa, las artes, la ra-
ción de estereotipos sobre los que re- mas de identidad en las sociedades dio, el cine, el vídeo y la televisión sir-
posan muchos sistemas de domina- multiculturales. La voluminosa vieron para que los imperios colonia-
ción. El relato de los imperios colo- obra sorprende por la rotundidad les construyeran una idea del otro.
niales no escapa a ese principio. El
terreno conquistado lo era también
La historia colonial con la que aborda la violencia y la
fascinación que trasluce la mirada
Los principales artistas del XIX y prin-
cipios del XX beben de esta pasión
a través de los cuerpos y la sexuali- es un acto de sesgada de Occidente sobre el cuer- por las colonias, como Paul Gauguin
dad, un elemento fundamental de po del otro, y reabre el debate sobre y sus Désirs troubles; Auguste Rodin y
las relaciones de poder que, como la virilidad. Las mujeres la superioridad del mundo occiden- sus bailarinas camboyanas; Pablo Pi-
violencia contra las mujeres, está le-
jos de ser cosa del pasado.
son objeto de tal 40 años después de que Edward
Said denunciara en Orientalismos los
casso y sus artes negras, o Man Ray y
su mítica fotografía Negro y blanco.
En Sexe, race et colonies (Sexo, raza y
colonias), publicado recientemente
intercambio y de clichés ideológicos que alimentan
las estrategias del poder.
Las imágenes alimentaron las fan-
tasías sexuales de la metrópoli y co-
en Francia por La Découverte, un rivalidad masculina Sexe, race et colonies defiende que la mercializaron un erotismo y una
grupo de 97 investigadores interna- sexualidad en el contexto esclavista pornografía muy rentables. «Esta in-
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ACHAC

PORTADAS. El sema-
nario ‘Voilà’ quería
atraer a sus lectores
anunciando un reporta-
je sobre Bousbir, el ba-
rrio amurallado de Ca-
sablanca, con una sen-
sual odalisca. Al lado, el
cómic para adultos ‘Le
sud’. Abajo, la revista es-
tadounidense ‘Spicy ad-
ventures stories’.

mensa producción se convierte en un cito francés llega a Argel en 1830, curso teórico muy moralista de re- Oporto–, ese modelo se rompe al fi-
auténtico género que irriga Occidente una de las primeras cosas que crea chazo a la libertad sexual pero, por jarse la llamada color line. Las muje-
y aproxima a la metrópoli estos paraí- son los burdeles. Las mujeres jóve- otro, cierra los ojos ante las prácticas res blancas defienden sus derechos y
sos sexuales que se supone que son nes necesitaban el permiso de los de ultramar, que se conciben como exigen la expulsión de las primeras
los espacios colonizados». Los coordi- servicios de higiene franceses para el reposo del guerrero. Esta doble familias, marginándolas. Habrá una
nadores de la obra, Pascal Blanchard ejercer la prostitución. En el caso de moral también se da en los imperios esposa legítima para la reproduc-
y Christelle Taraud, han respondido los japoneses, su sistema fue el más coloniales del siglo XIX que prohí- ción y una categoría de mujeres ca-
telefónicamente a las preguntas de brutal de todo el sudeste asiático. ben la mezcla interracial mientras, da vez más próximas a la prostitu-
EL PERIÓDICO DE CATALUNYA. paralelamente, organizan la prosti- ción. Hay un rechazo social hacia las
— ¿Cuál fue el papel de la Iglesia? tución. Se admite el principio de primeras esposas con el objetivo de
— ¿Actuaron todos los imperios de la — P. B.: Fue particularmente paradóji- una segunda esposa y se autoriza tá- estigmatizarlas e impedir que sus hi-
misma manera? co, porque, por un lado, tiene un dis- citamente la relación sexual. Esa jos se consideran legítimos. Hay una
— Pascal Blanchard: No. Cada uno de- ambigüedad, ese juego de ida y vuel- doble sociedad, una doble moral y
sarrolló una matriz y unas prácticas ta entre el discurso oficial y la prácti- una doble familia. Los hombres te-
específicas. En los primeros conquis- ca real, es lo que se ve en el libro. nían una en la casa colonial y otra en
tadores portugueses y españoles en
América hay una verdadera fascina-
«Los hombres — ¿Qué cambia cuando a mediados
la plantación o en los barrios pobres
de la ciudad.
ción por el cuerpo del otro que se re- tenían una familia del siglo XIX la mujer blanca llega a — P. B.: Un segundo elemento impor-
fleja en grabados y pinturas. Los bri- tante es que tocar a la mujer blanca
‘oficial’ y otra en la
las colonias?
tánicos tienen una parte moralista y — Christelle Taraud: Si antes la sexua- se convierte en una prohibición ab-
prohíben a los oficiales casarse con
mujeres indias, mientras que italia-
plantación o en los lidad mixta estaba tolerada e inclu-
so las esposas y los hijos eran recono-
soluta porque está ligado a la supe-
rioridad racial. Su cuerpo es puro y
nos o portugueses promueven el
mestizaje. Los franceses y los holan-
barrios pobres», dice cidos como tales –por ejemplo, en
las primeras fases de la colonización
no puede ser tocado por el hombre
indígena.
deses, por ejemplo, organizaron Christelle Taraud portuguesa los exploradores lleva-
bien la prostitución. Cuando el Ejér- ban a sus hijos mestizos a Lisboa y — ¿En el espacio colonial estaba
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LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES EN LA COLONIZACIÓN


OLIVIER AUGER

OLIVIER AUGER

CARTULINAS. Dos atractivas muchachas vietnamitas (de Ton-


kin, en la época), en una postal. A la derecha, otra tarjeta, en este
caso con la imagen de un africano bien dotado. Arriba, ilustra-
ción de una tableta de chocolate que refleja las atrocidades co-
metidas por turcos y kurdos contra el pueblo armenio en el Im-
perio Otomano, a finales del siglo XIX.

todo permitido? der su impacto en el debate sobre la tante porque, cuando vemos una
— P. B.: Los límites a la domina- sexualidad y las relaciones interra- imagen violenta, nos damos cuenta
ción masculina –y había pocos– no «No existía la idea ciales, especialmente en sociedades enseguida de que es violenta, pero
existían. Para quienes iban a las colo-
nias aquello era un paraíso sexual y
de violación; el mestizas. cuando se trata de una violencia sis-
témica no vemos el problema.
lo sabían. Había una doble amorali- blanco tenía derecho — ¿Qué rastro ha dejado la historia co- — P.B.: Todos los mercados actuales
dad. Allí no era condenable ser un lonial en el presente? del turismo sexual están en los paí-
pedófilo, como el pintor Gauguin. El a poseer el cuerpo — C. T.: Hay varios espacios donde se ses del sur (Haití, Senegal, Kenia, Ma-
concepto de violación no existía por-
que se consideraba que el hombre de la mujer», afirma observa la reproducción de estos este-
reotipos. El primero, en el llamado
rruecos, Tailandia, Filipinas). Con al-
guna evolución, el mapa es el mismo
blanco tenía derecho a poseer el
cuerpo de la mujer, como podía usar
Pascal Blanchard mercado matrimonial globalizado;
es decir hombres –y no solo blancos
que el de las antiguas colonias. Países
que eran encrucijadas militares, Yi-
el del hombre como fuerza de traba- occidentales– de países ricos que bus- buti, por ejemplo, en el imperio oto-
jo. No hubo un sistema organizado can mujeres en función de clichés de mano, o Kenia para los ingleses y Se-
de violación, pero sí de prostitución. la época colonial. Por ejemplo, a las negal para Francia. Marruecos era el
Si ves los carteles militares espa- magrebís se las representa como las- inmenso burdel del imperio colonial
ñoles, portugueses, alemanes y fran- civas, a las negras con una sexualidad francés, como Tailandia y Filipinas, y
ceses para reclutar soldados siempre salvaje y a las asiáticas sumisas. Cuba, una etapa en el viaje de los ma-
hay lo mismo: paisaje, aventura, cac- El segundo es el turismo sexual y rines norteamericanos.
tus, cocoteros y una mujer con los el tercero es la industria pornográfi- Las construcciones simbólicas del
pechos descubiertos. ca. Pero el árbol no deja ver el bos- Estado colonial se ven también en la
Los grandes pintores orientalis- que porque el estereotipo de la do- producción pornográfica en la web.
tas del XIX y los africanistas del prin- minación masculina nos influye in- La fantasía del hombre negro y la
cipio del XX o el cine colonial ofre- dividual y colectivamente a través mujer rubia perdura en la cultura
cen una visión exótica del cuerpo de del cine, las exposiciones, la publici- capitalista. En Francia, las jóvenes
la mujer. Hoy empezamos a enten- dad, los libros, el cómic... Es inquie- con velo eran las más demandadas
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en internet, y en los países musul-


manes, unos de los mayores consu-
midores de pornografía, la imagen
de la mujer blanca tomada por los
árabes, asiáticos o africanos.

— El libro ha recibido duras críticas. Se


La América violada
le reprocha haber caído en la trampa
de la fascinación y se cuestiona el uso
Las violencias contra las mujeres despuntaron en el ‘modus operandi’ con el que se
de las imágenes. ejecutó la conquista y la colonización americana. Su legado envenenado llega hasta hoy.
— C. T.: Cuando la dominación pasa
masivamente por las imágenes hay
que mostrarlas y abrir un debate so-
bre lo que representan en el pasado
y su peso en el presente. Rechazo la
crítica de que estas imágenes perte-
necen a una comunidad particular,
porque se trata de una historia co-
mún, la de los colonizados y la de
los colonizadores. La violencia es
compartida, así que debemos traba-
jar juntos para no reproducir los
mecanismos que han producido la
segregación.
— P. B.: Es normal que la gente se ha-
ga preguntas. Eso forma parte del
debate científico e intelectual, por-
que es un tema contemporáneo que
afecta a lo emocional.

«La violencia, el
acoso y el maltrato
están relacionados
con la dominación MEMORIA DE LA CONQUISTA. Uno de los trabajos que evocan la conquista y en los que se mezclan violencia, religión y sexualidad.
sexual», asegura
Christelle Taraud ron a los otros trato de residuo. Ahí va y sexual. «Mucho antes de la era del im-
POR NÚRIA MARRÓN una de Michele de Cuneo, amigo y perialismo victoriano, África y Améri-
compañero de Colón en su segunda ca se habían convertido en una especie
ías atrás, Pablo Ca- zona que porque tales atrocidades expedición. «Estando yo en la barca

D
de pornotrópico para la imaginación
— ¿El estudio puede alimentar el de- sado se descolgó «se consideraran una conducta puni- tomé una cambala bellísima que me europea, una fantástica linterna mágica
bate sobre la relación hombre-mujer con que «la hispa- ble, ya que, como se demostró a lo lar- regaló el señor almirante [Colón]. de la mente en la proyectaban sus mie-
como lo ha hecho el movimiento #Me nidad fue la etapa go del juicio, casi nadie fue procesa- Cuando quise poner en ejecución mi dos y deseos reprimidos», escribía la
Too? más brillante de la do» por los delitos de lesa humani- deseo, ella se opuso y se defendió con pensadora Anne McClintock. Y aque-
— C. T.: Lo creo firmemente. Además humanidad», pala- dad que se cometieron en América, las uñas (...) Eché mano de una soga y lla imaginería protoporno con la que
de historiadora, soy militante femi- bras que escupie- mantiene el historiador Esteban Mi- le di una tunda que no os podéis ima- se narró la conquista y el genocidio
nista desde hace 30 años y estoy con- ron sobre la historia de barbarie con ra Caballos. ginar los gritos que profería. Final- permitió dos cosas: propagar una es-
vencida de que una obra como esta la que se ejecutó la conquista y la co- mente nos pusimos tan de acuerdo pecie de El Dorado sexual para atraer
aporta su grano de arena a la crítica lonización de América, perfectamen- Memoria racializada que solo os diré que parecía entrena- a jóvenes al continente y, a la vez, le-
sobre la violencia del sistema de do- te documentada incluso en las cróni- da en una escuela de rameras». gitimar a las nacientes naciones eu-
minación en las sociedades patriar- cas de los invasores. Ya saben: perros Ahí está, si no, la memoria femenina Cabe decir que los españoles de- ropeas como castas, católicas y, sobre
cales. Afecta a todas las mujeres, mastines adiestrados para devorar a y racializada de la conquista y la co- sembarcaron en América con un con- todo, civilizadas, frente al supuesto
aunque no a todas por igual. Algu- humanos; matanzas metódicas; lonización, que de un tiempo a esta junto de ideas misóginas y delirantes salvajismo indígena.
nas sufren una doble pena porque ajusticiamientos públicos, y ampu- parte está volviendo con furia. Muje- que bullían en Europa y que acaba-
son pobres, sufren discriminación taciones ejemplarizantes de manos, res esclavizadas que eran violadas ron desencadenando la caza de bru- Patriarcado de alta intensidad
por su pertenencia a una raza o a narices y pechos. Pero si un hecho ca- para, una vez embarazadas, vender- jas y marcando la modernidad. Las
una minoría o por su confesión reli- racterizó el modus operandi fue el uso las a mejor precio. Harenes forzosos mujeres, según recogía el cronista La antropóloga Rita Segato mantie-
giosa. En este momento, grandes es- sistemático de las violaciones y las que podían llegar a estar formados Juan Rodríguez Freyle, eran «sabandi- ne que, con la llegada de los conquis-
cándalos como el acoso sexual, la violencias contra las mujeres, con las por hasta 20 nativas –«las tienen en jas», «víboras, cabezas de pecado y des- tadores, «se pasó de un patriarcado de
violencia doméstica, el maltrato y la que los conquistadores –apenas un hierros y las azotan y trasquilan para trucción del paraíso», escribió el hom- baja intensidad a uno de alta» a medi-
violación están íntimamente rela- puñado frente a millones de nati- que hagan su voluntad, y como todos bre en un arrebato de odio florido. Si da que se fue instalando la idea del
cionados con la dominación sexual. vos– convirtieron los cuerpos feme- son de la misma opinión, se tapa y di- las damas blancas inspiraban tal ad- «macho violento y viril» construida
El núcleo de la dominación patriar- ninos en territorios arrasables con el simula todo», denunciaba el religio- jetivación, imaginarán el trato que, a con la imagen del colonizador. Una
cal es la sexualidad. fin de propagar el terror. «Si no, los in- so Luis Morales–. Bebés arrancados su juicio, merecían todas aquellas na- dominación que se arrastra hasta
dios se alzarían y se rebelarían, y los de la teta de la madre y arrojados tivas retratadas en crónicas y graba- hoy y que anida tanto en los exclui-
El epílogo que no están alzados no vendrían a ser- contra las piedras. Y miles de viola- dos como mujeres libidinosas que an- dos del sistema que sienten que en
vir ni a dar la obediencia que deben». ciones, algunas de ellas documenta- daban desnudas, con sus «pechos er- casa siempre tienen a alguien a
Las 544 páginas que contiene el libro Estas palabras, recién salidas del das con banalidad y pulso forense guidos» y sus «cuerpos en los que no quien aplastar, como tras esa fosa co-
se cierran con una reflexión en el siglo XVI, las soltó en sede judicial y por «los blancos de sangre pura que se había nada defectuoso». mún de cadáveres de mujeres –po-
epílogo de la escritora marroquí Lei- en su descargo un depredador gadi- situaron –mantiene el investigador Aquello, pues, no iba solo de do- bres y de ascendencia indígena– vio-
la Slimani, premio Goncourt 2016 tano llamado Lázaro Fonte, que fue Gerardo León Guerrero– en la cúspi- minación territorial y económica, lentadas de forma extrema y que sir-
por Canción dulce y autora de Sexo y acusado de robar esmeraldas, de per- de de la jerarquía social» y dispensa- también iba de dominación corporal ven a las mafias para exhibir su po-
mentiras. La vida sexual en Marruecos petrar masacres y de violar incluso a der y su listón de bestialidad ante sus
(2017): «No se debería hablar del ve- niñas a las que ataba, entre gritos y pares y el Estado. «La violación colo-
lo, de Trump, del turismo sexual en
los países del sur, del gran reemplazo,
llantos, ante la inacción de sus com-
pinches. Adivinarán que la causa
«Cuando ella se resistió, eché nial perpetrada por los señores blancos
a mujeres indígenas y negras, y la mez-
de la violencia policial hacia los ne-
gros, de los migrantes o del día de Año
principal contra este coronel Kurtz
de El corazón de las tinieblas fue la del
mano de una soga y le di una cla resultante, está en el origen de todas
las construcciones sobre nuestra identi-
Nuevo en Colonia sin haber leído el robo, y que acabó denunciado más tunda», escribió un amigo de Colón dad nacional», asegura la filósofa afro-
texto precedente». H por enemistad con la autoridad de la brasileña Sueli Carneiro. H