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Esta ribera miserable

Esa mañana de 1881 contemplé cómo una brigada menor del glorioso ejército chileno

hacía su ingreso a la capital peruana. Uno de mis colegas limeños, al adivinar mis

lágrimas, asióme del hombro y me preguntó:

- ¿Por qué llora, señor Sepúlveda?

Antes de dirigirle la mirada, puesta la vista firme en el azul, el rojo y la estrella solitaria

solo atiné a decirle:

- El inca traidor al fin ha pagado sus culpas.

Sepúlveda Gutiérrez, Juan (1902) Cap. 2: Hic et Nunc en Memorias en Pe Major.

Santiago. Editorial Universitaria.