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Antonio Tabucchi: Sobre Jorge Luis Borges

[Entrevista con Hinde Pomeraniec, junio de 1996]

—Hinde Pomeraniec: ¿Qué es Borges para usted?

—Antonio Tabucchi: Borges ha devuelto a la literatura su función de ficción, liberándola de


los pesados cometidos que le eran ajenos y que habían terminado por empobrecerla.

—¿Qué significa Borges para la literatura?

—Borges es una fe soberana en la literatura y, al mismo tiempo, paradojalmente, su radical


negación: una solemne lección de escepticismo. Borges adhirió solamente a su inteligencia.

—¿Cuándo lo leyó por primera vez?

—Lo leí en francés, a comienzos de la década del sesenta, cuando fue publicado por Roger
Caillois. Yo estaba en París en aquellos años, como estudiante de francés en la universidad.
El primer cuento que leí fue "El Aleph", y me causó una gran impresión. Años más tarde,
cuando aprendí el español, lo leí en la lengua original.

—¿Y cómo comenzó a leer a Borges? ¿En qué momento de la vida se encontraba
usted?

—Empecé a leer a Borges de muchacho, cuando lo descubrieron los franceses en los años
sesenta. Entonces yo no leía en español ni conocía la lengua. Y como sabe, cuando los
franceses descubren algo, logran imponerlo al mundo. En ese momento, yo estaba en París
y se hablaba mucho de Borges. Me gustan mucho sus poesías. Lo considero un gran poeta,
pero prefiero su prosa, sus cuentos. Todos.

—¿Sería muy aventurado hablar de una especie de linaje integrado por Borges, Ítalo
Calvino y Antonio Tabucchi?

—¿Y por qué no? Los linajes, como le gustaban a Borges, existen en la literatura. Es más,
yo diría que toda la literatura está formada por linajes. Ahora bien, yo puedo considerarme
discípulo de Borges del mismo modo que puedo considerarme discípulo de un escritor
latino de los primeros años después de Cristo. Es lo mismo. Como decía Borges, la
literatura no tiene cronología.

—Se lo preguntaba justamente por aquella idea de Borges de que leyendo a


determinado autor, uno puede leer también a todos los autores que este autor leyó a
su vez.

—Le puedo decir algo. Curiosamente, sin conocerlo, cuando leí a Borges me di cuenta de
que los autores que le gustaban eran los mismos que me habían gustado a mí desde mi
niñez. Me refiero a Kipling, Stevenson, Conrad y Melville. Por lo tanto, pertenecemos a la
misma familia.

—En su artículo, usted hablaba de los textos de Borges que están cerca de la crónica.
¿Podría precisarlo un poquito más?

—Como usted sabe, Borges escribió mucho en base a la crónica. Y a partir de allí tomó
muchas impresiones para sus cuentos. Y curiosamente me parecen los escritos más
contundentes, más interesantes, más profundos porque son más humanos. ¡A veces Borges
es muy abstracto! Pero estos cuentos que recuerdo, por ejemplo, "Emma Zunz" o "El
hombre de la esquina rosada", son cuentos que Borges extrajo de la crónica argentina, de
los periódicos, de cuando él era periodista y considero que de esa manera produjo los
cuentos que más me gustan.

—Tal vez porque allí se ponen más en evidencia todos sus juegos, ¿verdad?

—Sí, claro. Porque está directamente implicado con la realidad que, después él transforma
en una realidad fantástica.

—Usted dice que se puede utilizar a Borges porque él mismo lo autoriza, como si fuera
una especie de derecho que lega a los lectores.
—Borges es una lectura abierta. No es cerrada, no está concluida. Y por eso precisamente
me gusta. Porque queda librada a la imaginación del lector: él deja el espacio para el lector.
Me gustan especialmente los escritores que dejan ese espacio.

—¿Me está diciendo que cuando escribe usted también piensa en eso?

—Bueno, a mí también me gusta tener un cómplice, como decía Baudelaire. Y mi cómplice


es ese lector que puede colmar los vacíos que yo dejé en mis escritos y que él puede llenar
en su imaginación.

—Según su opinión, entre los autores actuales, ¿hay alguno que participe de esos
rasgos?

—Mire, continuar con la lección de Borges es muy difícil. Tal vez sea preciso tomarlo al
revés. Digo al revés en un sentido no sólo literal sino también metafórico. Quiero decir,
tomar sus metáforas como un revés de nuestros sueños, de los hijos del fin del milenio, y
volver a empezar, tal vez de una manera borgeana pero, tal vez, de una manera
completamente nueva.

—Usted dice "borgeana". No es frecuente que el apellido de un escritor pueda generar


un adjetivo, ¿no?

—Ah, claro. Existe un adjetivo "borgeano", un adjetivo "kafkiano", uno "joyceano". Borges
pertenece a los grandes escritores del siglo XX. No hay duda.

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