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INFLUENCIA DE LA EVOLUCIÓN Y CULTURA EN PROCESOS PSICOSOCIALES.

La presencia de otros y su influencia ha marcado la evolución del ser humano. Es imprescindible para el
ser humano el vivir en grupo para su correcto desarrollo. La gente en grupos comparte tareas e
información. También nuestra supervivencia y éxito dependen de cómo nos relacionamos con los demás.
La presencia de otros y la vida en grupo han hecho que nuestra mente y conducta evolucionen en una
dirección determinada. La cultura puede entenderse como un conjunto de formas específicas de
adaptación a ambientes físicos y sociales concretos. La cultura se transmite a las siguientes generaciones.
La Influencia de la Evolución.
Los seres humanos somos una especie animal que ha evolucionado a partir de formas anteriores a un
proceso de selección animal. El término «continuidad evolutiva» significa que todas las especies actuales
han evolucionado a partir de especies ancestrales por un proceso de selección natural. Tiraba así por
tierra, la creencia defendida por Lamarck, que evolución es lo mismo que progreso lineal haciendo más
evolucionadas unas especies que otras. La perfección en términos evolutivos sólo puede entenderse como
adaptación al medio y a sus cambios. La especie humana no es la más evolucionada. Todas las especies
evolucionan mediante un proceso de selección natural, cuyo resultado es la supervivencia de las versiones
que mejor se adaptan al medio ambiente.
¿Por qué ha evolucionado el cerebro humano de la forma en que lo ha hecho?
El neocórtex (zona del cerebro encargada de funciones cognitivas complejas) está muy desarrollado. Se
han propuesto dos hipótesis:
Necesidad de hacer frente a exigencias del medio físico. Basada en la inteligencia ecológica, defiende
que fue la necesidad de poder mantener mapas mentales complejos y desarrollar técnicas de obtención de
comida y fabricación de utensilios.
Necesidad de manejar relaciones sociales cada vez más complejas y de coordinarse con otros.
Basada en la inteligencia social, la principal función era mantener el grupo unido.
El psicólogo-etólogo Nicholas Humphrey lo explica así: En una sociedad compleja como las que existen en
los primates, hay beneficios para los individuos tanto por preservar la estructura general del grupo como
por explotar y manipular a los demás miembros. Los primates sociales tienen que ser animales
calculadores siendo capaces pues, de calcular las consecuencias de sus propias acciones y conducta de
otros. Todo esto requiere habilidades intelectuales superiores.
Para comprobar si fueron las demandas ecológicas o las demandas sociales las que provocaron el
aumento del cerebro en nuestra especie, el antropólogo Robin Dunbar comparó el tamaño del cerebro de
varias especies y no tenía ninguna relación. En cambio, sí había correlación entre el tamaño relativo del
neocórtex y tamaño del grupo en que viven los individuos. Formuló así la hipótesis del cerebro social: El
volumen del neocórtex limita la capacidad de procesamiento de información y el número de relaciones
sociales que un individuo puede manejar simultáneamente. Otro resultado fue que, las especies con
periodos de inmadurez más largos (como la humana) tenían un neocórtex mayor. Puesto que, ese periodo
se emplea para aprender y dominar las relaciones sociales, así como aprender a afrontar las demandas
del medio físico a través de la experiencia de otros (mucho menos arriesgado y costoso que por
experiencia propia).
¿Quién es más «apto»? ¿El que mejor compite o el que mejor se coordina con otros?
Existen dos hipótesis: la «inteligencia maquiavélica», necesidad de manipular a otros para obtener
beneficios individuales y «inteligencia social», concede igual importancia a la manipulación y cooperación
para mantener unido al grupo y coordinarse para el logro de metas comunes. Estas dos hipótesis
corresponden a entender la selección natural que se basa en: la supervivencia de individuos hasta que
puedan reproducirse y la reproducción en sí misma. Para que la selección natural actúe debe haber
variabilidad. De ese modo, aquellos rasgos o conductas que favorezcan la propagación genética de una
generación a la siguiente se mantendrán, mientras que los que lo impidan se eliminarán. De ahí que, cada
miembro del grupo intente superar a los demás, manipularlos para lograr sus propios objetivos y competir
con ellos porque el que lo haga mejor que otros será el que sobrevivirá y transmitirá sus genes.
Existen dos vías por las que esa búsqueda del beneficio individual se extiende hacia la ayuda a los
parientes, «selección por parentesco», porque los parientes comparten genes con él, y el «altruismo
recíproco» porque la ayuda a otros individuos se realiza a cambio de la devolución de favor, aumentando
en los 2 casos la «eficacia biológica inclusiva», que es la capacidad de individuos para conseguir que sus
genes estén representados en la siguiente generación.
La supervivencia del «más apto»: Tras la escapada de un tigre, un psicólogo evolucionista huye mientras
que el ingeniero se limita a hacer cálculos acerca de la velocidad del tigre llegando a la conclusión que
será en vano el huir.
Sin embargo, gracias a su formación, el psicólogo evolucionista consideró que el tigre habría parado (para
comer) en cuanto hubiera atrapado a uno de los dos. Como consecuencia, el otro habría sobrevivido, por
ser más rápido que su compañero. Lo decisivo en última instancia no es la lucha contra los peligros del
medio, sino la competición entre individuos.
Selección Multinivel.
La selección natural actúa en varios niveles a la vez, de forma que no sólo se verían beneficiados los
rasgos y conductas que favorecen la reproducción de los individuos y para ello los individuos deben
sobrevivir el tiempo suficiente e implica coordinación con otros. Por tanto, aquellos que no consigan
adaptarse, serán excluidos del grupo y no podrán sobrevivir. Además, los grupos que mejor coordinados
lucharán mejor por los recursos a aquellos cuyos miembros sólo persigan su propio beneficio individual.
La naturaleza dual de las tendencias sociales humanas.
Somos por naturaleza capaces de realizar costosas acciones en favor de los demás por reciprocidad, pero
también podemos reaccionar con agresividad según las circunstancias para obtener determinados fines.
Necesitamos sentirnos aceptados por los demás y formar relaciones con ellos, pero rechazamos a veces a
otros, hasta el punto de excluirlos y condenarles al ostracismo.
Tendemos a favorecer a los miembros de nuestro grupo y a veces discriminamos a los de otros grupos.
Intentamos manipular para que hagan lo que nosotros queremos y nos dejamos influir por otros.
La empatía puede fomentar la conducta de ayuda e inhibir la agresión, pero facilita la manipulación en los
demás. Estas tendencias opuestas han sido útiles para nuestra adaptación al medio social debido a que
nos ha proporcionado flexibilidad para ello.
La influencia de la evolución en procesos psicosociales.
Susan Fiske propone cinco motivos sociales universales, es decir, motivos que impulsan a las personas a
vivir con otros, aunque perjudique nuestros intereses individuales.
1-Pertenencia. Necesidad de implicarse en alguna relación y pertenecer a algún grupo para sobrevivir. La
necesidad de adaptarse a la vida con otros se deriva de la imposibilidad de sobrevivir en aislamiento.
2-Comprensión compartida. Las personas necesitan construir esa realidad de forma que no choque con la
construcción de la realidad de los demás. Sin esa visión común, el grupo no podría sobrevivir.
3-Control. Se refiere a nuestra conducta y resultados. Cuando nos embarcamos en una empresa,
necesitamos creer que lo que hagamos servirá para algo, lograr objetivos y que controlamos el proceso y
situación.
4-Potenciación personal. Necesidad que tenemos de sentirnos especiales, como individuos y como
miembros de un grupo, a la necesidad de aceptarse uno mismo. Implica el interés por desarrollar las
propias capacidades.
5-Confianza. Implica sentirse a gusto con el mundo y tener predisposición a esperar cosas buenas de la
mayoría de la gente. Hace a las personas más adaptables, abiertas y cooperativas en la interacción,
aunque también hipersensibles a la información negativa.
Pero la adaptación al medio social implica desarrollar una serie de capacidades y mecanismos cognitivos
que permitieran a los seres humanos coordinarse entre ellos para sobrevivir.
¿Animal social o animal cultural?
El psicólogo social Roy Baumeister ha propuesto sustituir el apelativo de «animal social» por el de «animal
cultural», argumentando que hay muchas otras especies sociales pero la cultura ha alcanzado un nivel de
complejidad mucho mayor que en otras y hemos llegado a depender de ella para sobrevivir. Su
planteamiento considera la capacidad para la cultura como parte de la naturaleza humana. El
razonamiento comienza con un hecho empírico: el cerebro humano constituye sólo el 2% de la masa
corporal, pero consume un 20% de las calorías que ingiere una persona media, o sea, se trata de un
órgano costoso de mantener, razón por la que otras especies no tienen un desarrollo cerebral mayor (la
selección natural eliminaría cualquier rasgo que perjudicara la supervivencia y reproducción). Si la ingesta
es menor y todo el aporte calórico es consumido por el cerebro, el organismo morirá de inanición. La
conclusión es que esas capacidades y cultura favorecen la supervivencia y reproducción de individuos.
¿Qué ventajas ofrece la cultura?
Progreso acumulativo, gracias al almacenamiento del conocimiento adquirido por individuos o grupos en la
mente colectiva.
División del trabajo, diferenciación de roles y especialización. A medida que las personas se especializan y
se convierten en expertas, desempeñan mejor el rol que les corresponde.
Posibilidad de cooperar con muchas más personas, y beneficiarse recíprocamente.
Cuestión «naturaleza/cultura». La parte correspondiente a la naturaleza está dominada por psicólogos
evolucionistas, ponen énfasis en las semejanzas entre nuestra especie y las demás, recurriendo al
concepto de «eficacia biológica inclusiva». En el lado de la cultura, los psicólogos culturales se han
centrado en las diferencias que existen entre diversas culturas. Baumeister prefiere centrarse en las
diferencias que nos distinguen de otras especies en las capacidades y procesos sociocognitivos.
La Influencia de la Cultura.
La influencia de la situación implica una reacción que se produce a través de la percepción que tienen las
personas y la interpretación que hacen de ella. Las circunstancias que rodean a la persona influyen en sus
pensamientos, emociones y comportamientos. La clave está fuera de las personas y en ellas mismas. Lo
que somos y no somos es el resultado de nuestras interacciones con el ambiente físico y social en el que
nos encontramos. Ahora bien, ¿qué herramientas manejamos para dar sentido al mundo que nos rodea?
Según Thomas y Znaniecki el factor clave es la cultura.
La cultura como estrategia de adaptación al medio.
Harry Triandis señala tres aspectos:
-La cultura surge de la interacción adaptativa entre seres humanos y ambientes físicos y sociales.
-La cultura consiste en elementos compartidos.
-La cultura es trasmitida de unos a otros, ya sea de padres e hijos, entre iguales o por parte de
instituciones sociales (colegio, entre otras).
A partir de estos aspectos, la cultura podría definirse como el patrón de prácticas y significados
compartidos y transmitidos que interactúan entre sí, influyendo en las respuestas de un grupo humano a
su ambiente durante generaciones. Esta definición presupone una serie de mecanismos y procesos
psicológicos básicos que comparten todos los seres humanos, gracias a los cuales pueden dar significado
a lo que les rodea y a sí mismos y desarrollar una visión del mundo. Las personas necesitan adaptarse a
las condiciones específicas de su medio ambiente introduciendo problemas. Afortunadamente, los seres
humanos no necesitan «reinventar la rueda», ni crear soluciones, ya que, como animales sociales,
sobreviven gracias a la cooperación del grupo. Los grupos crean soluciones.
Clima, disponibilidad de recursos, densidad de población y cultura. Dichos conceptos son aspectos que
condicionan la vida de personas pertenecientes de climas fríos desarrollando un carácter individualista
mientras que, en climas tropicales, refuerza la cooperación grupal.
Especificidad de la cultura humana.
Las especies sociales, podrían desarrollar una cultura como estrategia para afrontar las demandas del
ambiente. De hecho, los primates tuvieron formas culturales rudimentarias. O también, culturas diferentes
en una misma especie que habita zonas distintas, como es el caso del chimpancé. Por tanto, no somos la
única especie con capacidad para la cultura. Pero sí que las culturas del ser humano son diferentes y se
debe a una serie de habilidades cognitivas. Por ejemplo, el lenguaje verbal es singularmente humano y
nos permite expresar nuestras intenciones, traducir símbolos y comunicarnos con personas de otros
lugares e incluso de otras épocas (escritura). Otra habilidad consiste en innovar a partir de
descubrimientos. Este efecto de mejora continua sin retrocesos, se ha denominado «efecto trinquete». Por
otra parte, los seres humanos acumulan conocimientos y los distribuyen por todo el mundo. Si retomamos
la concepción de cultura como conjunto de soluciones ideadas por un grupo al problema de cómo
sobrevivir en un medio ambiente concreto, ante contextos que plantean demandas y problemas diferentes,
las soluciones también deberán diferir de unos grupos a otros. Estas diferencias pueden ser: los elementos
objetivos o explícitos de la cultura (ropa, utensilios) y los elementos subjetivos o implícitos (forma de
expresarnos, percibir). Influyen en los aspectos psicológicos y dimensiones de variabilidad cultural.
Dimensiones de variabilidad cultural.
Tenemos tendencia a ver nuestra cultura como algo «natural». Por eso cuando viajamos estamos
desorientados. Para el viajero, la diversidad en la conducta humana contrasta con la uniformidad del
comportamiento animal. Por ejemplo, los gatos se comportan igual aquí que en el otro extremo del mundo.
Ahora bien, ¿por qué ciertas conductas que en principio parecen universales a veces nos hacen cuestionar
si nuestro comportamiento es correcto o no? El enfoque más importante para los psicólogos sociales
interesados en la variabilidad cultural es el que trata de identificar y describir las culturas situándolas en
dimensiones que permitan medirlas y compararlas entre sí. Estas dimensiones son agrupaciones de
elementos subjetivos (valores, creencias, actitudes) compartidos por los miembros de cada contexto
cultural. Geert Hofstede fue pionero en la identificación de dimensiones culturales, distinguió:
Individualismo-colectivismo. Significado que el grupo tiene para el individuo, para su forma de verse a sí
mismo, comportarse y entender el mundo.
Distancia jerárquica. Refleja el grado en que las personas con menos poder dentro de la sociedad
esperan y aceptan que el poder se distribuya de forma desigual.
Masculinidad-feminidad. Las sociedades y culturas masculinas son aquellas en las que los roles de género
están diferenciados: los hombres deben de ser duros y centrados en el éxito material, mientras las mujeres
deben ser modestas, cariñosas y centrarse en la calidad de vida. Las sociedades y culturas femeninas son
aquellas en las que tanto hombres como mujeres deben ser modestos, cariñosos y centrados en la calidad
de vida.
Evitación de la incertidumbre. Grado en que la gente en una cultura o sociedad se siente amenazada
por las situaciones ambiguas o por miedo a lo desconocido, y evitan mediante códigos, creencias escritas
y reglas que regulen la conducta en cada momento.
Orientación temporal. Forma de plantearse la vida en relación con el tiempo, según se tenga orientación a
corto o largo plazo. Las personas con orientación a corto plazo estarán centradas en el consumo
inmediato, tanto de recursos como de tiempo, viven para el presente. Las personas con orientación a largo
plazo miran más hacia el futuro, valoran más el ahorro y la perseverancia.
Son problemas y según Inkeless y Levinson, deben afrontar todos los seres humanos:
La relación del individuo con el grupo.
Relación con la autoridad.
Relación entre mujeres y hombres.
Control sobre lo desconocido y relación con el tiempo.
La cultura define la identidad de un grupo del mismo modo que la personalidad delimita la identidad del
individuo. La cultura sería una programación mental colectiva.
Individualismo-colectivismo.
Hofstede propone una dimensión que trata de reflejar la relación entre el individuo y el grupo en las
distintas culturas. Queda definida en independencia emocional de grupos, organizaciones y otros
colectivos. Sin embargo, más tarde, amplia la definición: el individualismo representa a culturas en las que
los vínculos entre los individuos son laxos, y se espera que cada cual cuide sólo de sí mismo y de su
familia. De forma opuesta, el colectivismo representa a culturas en las que las personas desde que nacen
se integran en endogrupos fuertes y cohesivos, que a lo largo de su vida le dan protección a cambio de
una lealtad incondicional. Además, elaboró un estudio llevado a cabo en las delegaciones de la
multinacional IMB en 72 países. Su análisis se centró en las respuestas de los empleados de cada país a
preguntas sobre las metas que más valoraban en el trabajo. Llegó a una puntuación media que permite
situar a cada nación en un continuo entre el polo individualista y su opuesto. Según los datos, las culturas
industrializadas de occidente valoran el individualismo, mientras que las culturas asiáticas y países
latinoamericanos valoran el colectivismo.
Diferencias entre culturas individuales y colectivistas en ideología, valores y conducta social. Una de las
diferencias entre ambos tipos de cultura reside en la representación social del yo: las culturas
individualistas enfatizan una concepción del individuo como autónomo e independiente. Además,
-tienen menos contacto físico y
-conducta social menos diferenciada entre endogrupo y exogrupo. Las culturas colectivistas mantienen
una representación de las personas centrada en las relaciones con otros, conectadas al contexto social y
dependientes. Y ellos,
-tienen contacto físico más profundizado y
-hay más diferencia de contacto con miembros del endogrupo y exogrupo. Ante la pregunta « ¿Quién soy
yo?» los individualistas suelen concebirse y percibirse a sí mismo en términos de rasgos personales («soy
una persona amistosa»), los colectivistas se perciben y se definen en términos del grupo al que
pertenecen («soy hijo de X»). Entre individualistas es frecuente el sesgo de egocentrismo: los éxitos se
explican por causas internas estables (capacidad) y los fracasos por causas externas inestables (la mala
suerte, situación). Los colectivistas suelen incurrir en el sesgo de modestia, atribuyen sus éxitos a causas
externas (situación propicia) y fracasos a causas internas. Otra consecuencia son los juicios. Los
colectivistas se muestran más rápidos de prejuzgar a las personas por sus grupos de pertenencia. Los
individualistas prejuzgan el atractivo físico, logros personales.
La Influencia de la Evolución y la Cultura en la Interpretación del Contexto.
La atribución de significados, cuando es compartida por los miembros de una misma cultura, es la base de
la conducta normativa, que vendrían a ser el comportamiento que en cada cultura se espera que las
personas realicen cuando se enfrentan a un problema o situación. David Matsumoto propone un modelo.
En él se refleja la influencia que tienen las variables propias de la naturaleza humana (producto de nuestra
evolución) y las variables relativas a la cultura en el significado que damos al contexto situacional. Según
Matsumoto, los procesos mentales y las conductas sociales de las personas ocurren en un contexto
situacional particular, con una historia evolutiva y cultura. Esos procesos dependen del contexto en que
nos encontremos. No reaccionaremos igual cuando alguien se nos acerca mucho en un contexto de
aglomeración, que, si lo hace en una plaza solitaria, o según su aspecto físico también.
Es la interpretación que hacemos lo que influye que depende de factores culturales y mecanismos
psicológicos resultantes de nuestra evolución como especie. En algunos contextos situacionales la
conducta puede estar determinada por los mecanismos psicológicos universales, mientras que en otros la
cultura juega un papel prioritario.
Las interacciones.
Somos animales culturales y la supervivencia requiere coordinación social, la cultura atribuye significado a
la interacción y la regula para esta coordinación. Sin coordinación se produciría el caos social. Pero,
somos también seres individuales egoístas. Esto implica que debe haber un equilibrio entre las dos
esferas. La social o pública y la individual o privada. Necesitamos a los demás y mantener un grado de
privacidad para sentirnos bien. Existen dos mecanismos para la regulación:
La territorialidad que es un patrón de conductas y actitudes sostenido por una persona o grupo, basado en
la idea de control percibido, intencionado o real, de un espacio físico definible, un objeto o una idea, y que
puede conllevar su ocupación habitual, su defensa, personalización y señalización. En el caso humano
adquiere una naturaleza simbólica. Por ejemplo, la forma de señalizar los límites de un territorio (una
chaqueta ocupando un sitio). Se consideran territorios los espacios intelectuales e ideológicos
(académicos defendiendo su propio campo frente al «intrusismo» de otras disciplinas). Además, los seres
humanos protegemos nuestra privacidad manteniendo un espacio personal. Existen territorios:
-en función de significado que tengan para sus ocupantes,
-grado de controlabilidad que permitan
-tiempo que puedan ser ocupados.
El mantenimiento del espacio personal. Zona que rodea a la persona y que se mueve con ella, cuya
invasión provoca malestar. Cambia en función de la persona, situación y cultura. Edward Hall definió
cuatro tipos de distancia interpersonal (íntima, personal, social y pública).
Distancia interpersonal y cultural. Cada cultura ruge una distancia normativa específica. Hall estableció
una diferencia entre culturas de alto y bajo contacto. Las culturas de Oriente próximo, latinoamericanas, se
caracterizan por un mayor contacto. Las culturas anglosajonas y Europa del norte definen una mayor
distancia interpersonal. Las ciudades europeas se han trasformado en “ciudades escritas”.
Otro aspecto es la diferenciación entre endogrupo y exogrupo. A lo largo de la evolución el endogrupo ha
beneficiado a sus miembros mediante la coordinación y cooperación. En cambio, los exogrupos ponían
suponer una amenaza para el propio grupo. Las culturas individualistas favorecen la pertenencia del
individuo a más endogrupos, y menor apego a cada uno, que se traduce en una menor conformidad,
menos confianza en identificación con el grupo y menos diferenciación entre la relación con endogrupos y
exogrupos. En cambio, las culturas colectivistas favorecen un mayor compromiso del individuo con el
grupo fomentándose la armonía y cohesión.
Por último, hay que hacer hincapié sobre el establecimiento y mantenimiento de una jerarquía. Todos los
grupos sociales requieren jerarquía para funcionar eficazmente (una jerarquía basada en el liderazgo). Un
grupo sin líderes es disfuncional, como lo es un grupo sólo con líderes. Los roles sociales dentro de las
jerarquías tienen que estar definidos para que los grupos funcionen. Hofstede propuso la «distancia
jerárquica» que se refiere a las diferencias culturales. Las culturas con alta distancia jerárquica favorecen
una mayor diferenciación entre los miembros del grupo según su estatus, y utilizan rasgos individuales fijos
(edad, antigüedad) como criterios para determinar la posición de cada uno en la jerarquía. En cambio, las
culturas con baja distancia jerárquica son bastantes igualitarias y se basan en criterios relacionados con la
función que cada miembro tiene que desempeñar.
La situación.
Diferentes situaciones se asocian con significados distintos, e influyen sobre la mente y conducta social.
Por ejemplo, las personas controlan su comportamiento más cuando están en público que cuando están
solas y puede deberse a la creencia de que los otros pueden hacer juicios tanto positivos como negativos
con efecto en nuestro futuro sobre nosotros y nuestro grupo. La gente vigila lo que hace porque le
preocupa cómo va a ser juzgada por los demás. Además, las situaciones difieren en cuanto al grado de
incertidumbre que producen respecto a cómo puedan pensar, sentir o actuar los demás. Esa incertidumbre
nos provoca ansiedad. En sociedades con alta evitación de incertidumbre se busca seguridad mediante
normas. Al contrario, son más permisivas.
Relaciones entre Evolución y Cultura: Universalidad y Diversidad.
La capacidad para la cultura tiene su origen en la evolución biológica. La cultura moldea esas capacidades
para que adopten expresiones concretas. La cultura no sería posible sin una serie de capacidades
psicológicas que los seres humanos poseemos, (imitación) y la comunicación. Pero hacen falta también
mecanismos que permitan difundirlos entre los miembros de una sociedad y transmitirlos de generación en
generación.
Estos mecanismos tienen que ver con la cognición social, la motivación social y la interacción social. Ahora
bien, en relación con esto, queremos plantear dos errores frecuentes en Psicología:
Universalidad. Considerar que los resultados obtenidos en una muestra concreta de un país determinado
permiten hacer inferencias sobre la mente y conducta humana en general.
Diversidad. Llegar a pensar en la existencia de fenómenos independientes, cuando en realidad se trata de
uno solo bajo diferentes formas.
Un ejemplo seria, un caso de búsqueda de autoestima positiva en Estados Unidos. Según estos estudios,
las personas estamos motivadas para buscar una visión positiva de nosotros mismos, aireando nuestros
logros y ocultando nuestros fallos. Se consideró pues, que era generalizable a todos los seres humanos.
Sin embargo, los mismos estudios en otras regiones no obtuvieron los mismos resultados, lo que llevó a
pensar que la búsqueda de autoestima positiva es una motivación característica de las culturas
individualistas, mientras que en las colectivistas predomina el perfeccionamiento personal. De ahí que para
un estadounidense sea más estimulante que le elogien por sus éxitos y para un japonés lo sea más que le
critiquen los fallos. Ahora bien, en un nivel de abstracción es posible una motivación universal que engloba
la búsqueda de autoestima y autoperfeccionamiento. Seria «ser un buen miembro dentro de su cultura»,
ya sea como individuo como integrante de un grupo. Susan Fiske lo denomina «motivo de potenciación
personal».