You are on page 1of 8

COGNICIÓN SOCIAL.

Para poder desenvolvernos en un medio social complejo (grupos humanos), las personas necesitamos
diversos mecanismos que nos permitan resolver problemas que ese medio plantea. La Cognición Social
puede entenderse en dos sentidos: como una corriente dentro de la Psicología Social y como conjunto de
procesos psicológicos que tienen lugar en la mente de las personas. La perspectiva de la Cognición Social
se basa en el supuesto de que la conducta social está mediada cognitivamente. Sostiene que nuestra
interacción con los demás está determinada por lo que pensamos de nosotros mismos, de las demás
personas, de contextos en los que nos encontramos y conductas que tienen lugar en esas situaciones. Los
psicólogos sociales emplean el término cognición social para referirse al conjunto de procesos mediante
los cuales interpretamos, analizamos, recordamos y empleamos la información sobre el mundo social.
Cognición Social y Cognición «No Social».
La investigación en Cognición Social analiza estructuras y procesos cognitivos, aplicándolos a personas en
lugar de a objetos. Es la razón por la que algunos autores han sostenido que, no cabe una distinción entre
cognición social y cognición no social. Sin embargo, las personas y cosas son diferentes en muchos
aspectos. Fiske y Taylor señalan estas diferencias:
-Las personas influyen en los demás de forma intencionada, e intentan controlarlo. Los objetos no.
-Las personas son al mismo tiempo percibidas y perceptoras (juzgamos, pero podemos ser juzgados). Los
objetos, no.
-Las personas se parecen más entre sí que a cualquier objeto y pueden proporcionarnos más información
sobre nosotros mismos que los objetos.
-Las personas pueden ajustar su conducta o aspecto para crear una impresión determinada en el otro,
Idem.
-Es más difícil comprobar la precisión de la cognición sobre otras personas (si son como creemos que son
o no) que sobre objetos.
Para estudiar la cognición social es necesario simplificar la realidad, debido a la complejidad que
caracteriza al ser humano. También ocurre en la investigación sobre cognición no social, pero no implica
tanta distorsión.
Por tanto, hay diferencias entre cognición social y no social y estas diferencias tienen implicaciones para
nuestro funcionamiento en un entorno humano. Sin embargo, Leyens y Dardenne señalan que, toda la
cognición tiene un origen social, puesto que el conocimiento de la realidad, y la forma en que la
procesamos, surgen y se desarrolla de la interacción social (socialización del niño). Incluso, los
mecanismos cognitivos se desarrollarán en un entorno grupal. Además, la cognición es socialmente
compartida entre los miembros de un grupo, sociedad o cultura. Por otra parte, desde la investigación en
Neurociencia Social se surgiere que la cognición social sea la actividad por defecto de nuestro cerebro
cuando está en reposo.
Nuestro cerebro es social por defecto.
En estudios de Neurociencia Social se supuso que la gente espontáneamente dedica su actividad mental a
pensamientos que tienen que ver con otras personas y cuando en un experimento se les pide que piensen
en estímulos sociales, las áreas cerebrales implicadas no necesitan activarse mucho más de lo que ya lo
estaban. Sin embargo, cuando lo que tienen que procesar tiene que ver con objetos, esas áreas
cerebrales deben «desconectarse».
El Estudio de la Cognición en Psicología Social.
La influencia que las personas ejercen en los pensamientos, emociones y conductas de otras personas es
siempre a través de la cognición. Fiske y Taylor comentan que, dentro de la Psicología Social, hay dos
modelos de ser humano «pensante». Según el primero de ellos, las personas somos seres racionales, que
buscamos las causas de la conducta con un enfoque cuasi-científico, sacando conclusiones lo más lógicas
posibles. Este modelo era de carácter normativo, señalaba cómo deberían pensar lógicamente las
personas para encontrar las causas del comportamiento de los demás y todo lo que se apartara de la
norma se consideraba un error y se atribuía a procesos mentales «no racionales». Shelley Taylor
denominó «indigente cognitivo». Dado que nuestra mente tiene una capacidad limitada para procesar la
información, buscamos simplificar todo lo posible las cosas y encontrar soluciones rápidas para salir del
paso. Esto también conlleva a errores. Esta «cognición fría», ajena a todo lo que no fuera puro
razonamiento, dio paso a la «cognición caliente», en la que se tiene en cuenta la influencia de factores
emocionales y motivacionales. Esta relación se explica por conexiones neuronales entre el sistema limbico
y la corteza cerebral. Así surge un tercer modelo de ser humano, «estratega motivado».
Las personas necesitamos dar sentido al mundo social que nos rodea y manejar gran cantidad de
información, cuya elección depende de factores no cognitivos. En ocasiones, si estamos contentos lo que
queremos es ser mentalmente eficientes y formarnos impresiones que nos sirvan pero que nos supongan
poco esfuerzo. Otras veces, necesitamos elaborar juicios mucho más precisos y tomar decisiones evitando
posibles errores. Nuestro sistema cognitivo es flexible, y según cambian nuestros objetivos, nuestro estado
de ánimo, adoptamos estilos de pensamientos diferentes.
Estrategias para manejar la información social y elaborar juicios.
¿Cómo se enfrentan las personas a la gran cantidad de información que reciben del medio?
Nuestros recursos cognitivos son limitados, lo que obliga a las personas a hacer uso de estrategias que les
permitan manejar toda esa información de la forma más eficiente posible. El término «eficiente» se trata de
sacar el máximo partido a la información optimizando los recursos cognitivos que tenemos. Aunque a
veces da lugar a errores, en general es práctica y positiva. Rodríguez y Betancor las agrupan en tres
categorías:
-Estrategias mediante las cuales reducirnos la información que tenemos que procesar (atención selectiva).
-Estrategias mediante las cuales organizamos la información recurriendo a conocimientos que ya tenemos
almacenados (esquemas y ejemplares).
-Estrategias mediante las cuales reducimos procedimientos cognitivos necesarios para procesar la
información y elaborar juicios (heurísticos).
Atención selectiva.
Consiste en fijarnos sólo en aquellos estímulos que capte nuestra atención. Por ejemplo, porque destaca
de forma especial dentro del contexto, o porque resulta incoherente. Pero también puede llamar nuestra
atención debido a factores subjetivos, como nuestras actitudes, estado afectivo o nuestra motivación
(prestamos más atención a estímulos que tienen relación con la meta que perseguimos).
Categorías, esquemas y ejemplares.
Cuando nos acercamos a la realidad social que nos rodea, nuestra mente no es como una tabula rasa,
sino que contamos ya con información que nos ayuda a interpretar lo que vemos y a saber lo que
podemos esperar de las personas y situaciones que nos encontramos. Ese conocimiento previo está
almacenado en representaciones mentales sobre conceptos o categorías de estímulos y sirven para
interpretarlos para tener expectativas sobre ellos. Dos de esas estructuras son los esquemas y ejemplares.
Proceso de categorización.
Las categorías: Conjunto de estímulos que consideramos que tienen algo en común. Las categorías que
estudia la Psicología Social incluyen personas, grupos, roles u ocupaciones, conductas, interacciones,
situaciones y cualquier estímulo que sea relevante para la forma en que pensamos, sentimos y
comportamos con los demás.
El proceso de categorización es automático, se produce nada más percibir el estímulo, y facilita el
procesamiento de la información.
«Principio de acentuación», consiste en resaltar las semejanzas percibidas entre los miembros de una
misma categoría (aumento de semejanzas intracategoriales) y las diferencias entre categorías distintas
(aumento de diferencias intercategoriales), por ejemplo; Un ejecutivo se percibe como más parecido a otro
ejecutivo que como a un ama de casa.
El efecto de homogeneidad relativa del exogrupo. Tendemos a percibir a los miembros del exogrupo
como más semejantes entre sí de lo que percibimos a los miembros del endogrupo. Es decir, al establecer
la distinción «nosotros- ellos», «ellos» nos parecen todos iguales, mientras que «nosotros» tenemos cada
uno nuestros rasgos diferenciadores - heterogeneidad endogrupal-. Aun así, seguimos percibiendo que
tenemos más cosas en común entre nosotros que con ellos, el efecto de homogeneidad relativa no anula
el principio de acentuación. Dicho efecto se produce sobre todo en situaciones de competición entre
grupos. Otro factor que parece provocar la percepción de homogeneidad es el tamaño del endogrupo
respecto al del exogrupo. Los grupos mayoritarios tienden a percibir a los minoritarios como homogéneos y
los grupos minoritarios se perciben a sí mismos como más homogéneos que al exogrupo mayoritario, con
categorización fuerte. Es una estrategia de minorías para proteger su identidad social.
Cuando una categoría se activa, se hace más accesible el conocimiento asociado a dicha categoría. Esa
información se encuentra almacenada en nuestra memoria en forma de esquemas y ejemplares.
Los esquemas sociales: Estructura cognitiva independiente que representa el conocimiento abstracto que
tenemos acerca de un objeto, persona, situación o categoría y que incluye las creencias sobre las
características de esos estímulos y las relaciones que se establecen entre dichas características. Son una
especie de «teorías de andar por casa», sobre cómo funciona el mundo. Por ejemplo, un alumno que
comience a estudiar en la UNED tendrá un esquema mental simple sobre lo que es enseñanza a distancia
que poco a poco irá ampliando.
Los esquemas sociales son abstracciones mentales almacenadas en la memoria que presentan un
conocimiento global. Nos ayudan a interpretar la información social que recibimos y guían nuestro
procesamiento de esa información. De ese modo, contribuyen a que resulte mucha más fácil entender el
complejo mundo en el que nos movemos. En Psicología Social se han estudiado:
Esquemas de personas: Conocimiento global y abstracto que tenemos almacenado acera de individuos
concretos (amigo, político), tipos de individuos (intelectual) o grupos (alemanes, personas mayores), de
cómo son esas personas y de cómo se comportan.
Teorías implícitas de la personalidad, son creencias inconscientes de que ciertos rasgos o ciertos
comportamientos van juntos (una persona que es ordenada, supondremos que será disciplinada y
metódica en el trabajo).
Los esquemas sobre personas pertenecientes a ciertos grupos (inmigrantes, feministas) aluden al
concepto de estereotipo.
Esquemas de roles: Contienen información sobre cómo son y cómo se comportan las personas que
ocupan un determinado rol en el grupo o en la sociedad. Nos permite comprender y tener expectativas
sobre las metas y acciones de esos individuos y saber cómo debemos interactuar con ellos. En culturas
colectivistas, los roles son mucho más importantes.
Las culturas individualistas se basan en características personales.
Esquemas de situaciones: Información sobre secuencias típicas de acciones en situaciones concretas.
Indican lo que se espera que ocurra en un determinado lugar o situación. Gracias a este tipo de esquemas
podemos orientarnos en diferentes situaciones y comportarnos de forma apropiada en ellas.
Esquemas del yo: Incluye las ideas más distintivas y centrales que tenemos de nosotros mismos. Cada
persona posee múltiples autoesquemas, uno por cada faceta de su autoconcepto, y son más complejos
que los esquemas de personas. Un alumno de la UNED además de tener un esquema de cómo funciona
esa universidad deberá tenerlo de sus propias capacidades y motivación.
Los esquemas se pueden adquirir a través de los demás (cuando nos cuentan cómo funcionan las cosas)
o por la propia experiencia. Basta con uno o dos casos para que las personas se formen un esquema y lo
apliquen en estímulos similares. A medida que se van encontrando más casos de una categoría, el
esquema se hace más abstracto (menos vinculado a casos concretos), más complejo y abierto a
incorporar excepciones. Los esquemas adquiridos por los demás suele ser menos flexible. Además, los
esquemas se abren de forma espontánea cuando nos encontramos ante estímulos pertenecientes a la
categoría que se refieren, son como un filtro. Una vez activados, éste dirige nuestra atención hacia la
información relevante, nos ayuda a interpretarla y guía a la recuperación de dicha información cuando
queremos recordarla. Permite, además, eliminar información sobrante, completar información y resolver
confusiones que aparezcan. Funcionan de forma automática y preconsciente, por lo que, creemos que lo
que percibimos o recordamos es lo que ocurrió realmente. Tienen, sin embargo, «un lado oscuro».
Muestran un efecto de perseverancia, que los hace difícilmente modificables incluso frente a información
contradictoria. Cuando nos encontramos con información inconsistente con nuestros esquemas, tenemos
que dedicarle más atención. Este caso, existen tres alternativas:
-Resolver la discrepancia confirmando el esquema que ya tenía bien desarrollado y rechazando la
información inconsistente.
-Abandonar el esquema previo juzgándolo inadecuado.
-Incluir la inconsistencia en el esquema considerándola una excepción (creación de subtipo dentro de las
categorías). Los esquemas de roles y los scripts se tratan de estructuras cognitivas compartidas, gracias a
las cuales nos resulta posible comunicarnos con los demás. No resulta agotador tener que explicar
detalladamente todo lo que decimos cuando hablamos con alguien. Eso es lo que ocurriría si no
compartiéramos los esquemas, y causa de muchos malentendidos. Los esquemas también guían nuestra
interacción social con los demás. Profecías autocumplidas; los esquemas que tenemos sobre otras
personas nos hacen generar unas expectativas concretas sobre cómo son o cómo se comportan esas
personas. A su vez, según ello, nos comportamos nosotros. Este fenómeno, es conocido también bajo el
nombre de «efecto Pigmalión». Se mostró en el terreno educativo. Dicho efecto, refleja las consecuencias
que puede tener el uso de esquemas. Resultan de gran utilidad para procesar e interpretar la información,
y para saber lo que podemos esperar de otras personas y de las situaciones en las que nos encontramos.
Pero, pueden producir distorsiones en la comprensión del mundo social. Cuando la información
desconfirma un esquema, este sí cambia, de lo contrario, dejaría de ser útil.
Los ejemplares: El conocimiento previo sobre el mundo también puede estar almacenado como
ejemplares. Esos ejemplares pueden ser personas (imagen que tenemos de ella), o aspectos de una
persona (rasgos de personalidad o conductas), o también elementos concretos de una situación. Lo que
hacemos en este caso es almacenar los ejemplares más representativos de una determinada categoría.
Ocurre cuando no tenemos un esquema formado sobre dicha categoría. Cuando utilizamos la información
almacenada en ejemplares, no pensamos en un grupo específico, sino que recurrimos a ejemplos
concretos de este grupo.
El uso de ejemplares aporta flexibilidad a las representaciones mentales, se pueden activar diversos
ejemplares e incluir otros nuevos. Los esquemas, en cambio, se activan completos, no por partes.
Además, los ejemplares representan información sobre la variabilidad dentro de una categoría, algo que el
conocimiento general de los esquemas no permite. Se pueden activar diferentes subconjuntos de
ejemplares en diferentes contextos. Aunque en realidad, las personas utilizan una mezcla de ambos tipos
de representaciones mentales. El conocimiento que proporcionan los esquemas se combina con
información que aportan los ejemplares.
El proceso de inferencia y el empleo de heurísticos.
En nuestra vida diaria tenemos que hacer juicios y tomar decisiones, para la cual la información del medio
es insuficiente. Eso nos obliga a ir más allá de esa escasa información, a hacer inferencias. Por ejemplo, si
tenemos que elegir a un compañero para trabajar, lo que haremos será realizar inferencias, “hay uno que
siempre viene a clase y tiene los temas leídos con antelación’’. Cuando tratamos de buscar la causa del
comportamiento de otra persona, realizamos inferencias a partir de lo que vemos, o nos dicen. También,
cuando vemos por primera vez a alguien, inferimos sus intenciones con su conducta no verbal, y si
queremos formarnos una impresión, inferimos a partir de su aspecto o conducta. Incluso para conocernos
y juzgarnos a nosotros mismos necesitamos recurrir a inferencias. Los psicólogos sociales han planteado
dos perspectivas distintas: una centrada en los pasos que deben seguirse para realizar una inferencia
correcta (perspectiva normativa, científico ingenuo), y la otra interesada en cómo las personas hacen
realmente inferencias (perspectiva del indigente cognitivo, más tarde, estratega motivado).
Científico ingenuo: Las inferencias deben realizarse a través de tres fases sucesivas:
Reunir información. Decidir cuál es relevante para el juicio que tenemos que hacer y cuál no. Cuanto más
detallada sea la información, más correcta será la inferencia. No hay que basarse sólo en una opinión.
Seleccionar. Entre los datos obtenidos, los que más se adecuen al objetivo. No deben ser casos atípicos,
sino representativos extraídos de una muestra grande, y no ser ejemplos extremos dentro de esa muestra.
Elaboración de juicios. Para que la inferencia sea correcta es necesario aplicar una regla de decisión
adecuada, teniendo en cuenta todos los elementos de información seleccionados, dando a cada uno el
peso que le corresponde y combinando esa información para extraer un juicio.
Esto es lo que deberíamos hacer, pero las personas no somos tan sistemáticas. Las demandas de la vida
cotidiana nos obligan a funcionar mentalmente de otra manera, desviándonos de lo normativo.
¿Por qué hay tanta diferencia entre lo que deberíamos hacer y lo que realmente hacemos?
Nuestro sistema cognitivo tiene sus limitaciones, que afectan a la memoria a corto plazo; en cambio,
nuestra memoria a largo plazo es mucho mayor. Partiendo de esa premisa, echamos mano de los
recursos que tenemos y es el conocimiento almacenado en nuestra memoria a largo plazo. De ahí que
nuestras inferencias estén influidas por creencias y teorías, e impiden detectar posibles errores.
Aparte de las limitaciones de nuestro sistema cognitivo, no tenemos ni tiempo no motivación para llevar a
cabo todas las operaciones que exige el modelo normativo, y, lo que realmente hacemos, es sacrificar la
exactitud a cambio de la eficiencia en función de nuestras metas en cada situación. Cuando se trata de
extraer conclusiones, recurrimos a reglas simples que nos permiten hacer inferencias adecuadas sin
sobrecargar nuestro sistema cognitivo. Estas reglas simples se llaman «heurísticos».
Los heurísticos.
Son atajos mentales que utilizamos para simplificar la solución de problemas cognitivos complejos,
transformándolos en operaciones más sencillas.
Existen distintos tipos:
Heurístico de representatividad: Lo empleamos para hacer inferencias sobre la probabilidad de que un
estímulo (persona) pertenezca a una determinada categoría, basándonos en su semejanza con otros
elementos típicos de dicha categoría y pasando por alto otro tipo de información. ¿Con qué probabilidad
una persona X es miembro de la categoría Y?: cuanto más similar sea X a los miembros típicos de la
categoría Y, más probable será que pertenezca a dicha categoría. Los juicios e inferencias realizados
empleando el heurístico de representatividad suelen ser correcto. Sin embargo, cuando hacemos uso de
este heurístico, los datos pueden ser escasos y engañosos dando lugar al error denominado falacia de la
conjunción (estimar que la probabilidad de que dos o más eventos o características se den conjuntamente
es mayor que la probabilidad que ocurra cada uno de ellos por separado). Como afirman Fiske y Taylor:
identificar a las personas como miembros de categorías, o asignar significados a las acciones, es
fundamental para toda inferencia social. La pregunta « ¿qué es?» debe contestarse antes de emprender
cualquier otra tarea cognitiva.
Heurístico de accesibilidad o disponibilidad: Se utiliza para estimar la posibilidad de un suceso, la
frecuencia de una categoría o la asociación entre dos fenómenos.
La estimación se basa en la facilidad o rapidez con la que vienen a nuestra mente ejemplos específicos de
ese suceso, categoría o asociación, es decir, en su accesibilidad: si se nos ocurren muchos casos de ese
suceso o categoría, será porque es frecuente o probable. Este heurístico funciona y cuando es fácil de
encontrar casos de un determinado fenómeno es porque realmente hay muchos. Sin embargo, hay otras
razones que explican la mayor accesibilidad, como haber procesado un caso recientemente por propia
experiencia. Además, muchos de los contenidos y estructuras cognitivas utilizados son aquellos
relacionados con nuestro yo o identidad. El denominado efecto del falso consenso, consiste en creer que
la propia conducta es la normal en una determinada situación, y que los demás actúen como tal. Sin
embargo, también puede llevar a cometer errores. (Por ejemplo, una persona que argumenta que fumar no
es tan dañino basándose en que su abuelo vivió hasta los 100 y fumaba mucho, pasando por alto que
puede ser un caso atípico)
Algunos errores que cometemos al aplicar el heurístico de disponibilidad. El error del muestreo, consiste
en basar las inferencias y juicios en muestras reducidas y sesgadas o en casos extremos de la muestra.
La Correlación ilusoria o sobreestimación del grado en que están relacionados dos sucesos o dos
características. Lo que está disponible y se recuerda de forma más fácil es una fuerte asociación entre
sucesos o atributos, que lleva a sobreestimar la frecuencia con la que ocurre dicha asociación
(estereotipos). El sesgo de positividad, es la tendencia a prestar más atención a la información positiva
que a la negativa, tanto en relación con uno mismo como en los demás. Está relacionado con el motivo
social básico de confianza.
Heurístico de anclaje y ajuste. Se emplea en situaciones de incertidumbre, para reducir la ambigüedad,
tomando como referencia un punto de partida -ancla- que después ajustamos para llegar a la conclusión
final. El problema es que las personas utilizan el «ancla», pero luego no hacen los ajustes suficientes o
apropiados. Por ejemplo, cuando se trata de atribuir actitudes a alguien, aunque sepamos que hace lo que
hace o dice lo que dice, no tenemos en cuenta las circunstancias. El «ancla» más clara para estimar o
juzgar la conducta social de los demás somos nosotros mismos y nuestro ambiente social. Así se explica,
el efecto del falso consenso. Dicho heurístico se utiliza en situaciones sociales, funcionando a modo de
hipótesis de trabajo para comprender la realidad. Cuando podemos, unos usamos a nosotros mismos, si
esto no nos sirve, nos basamos en la conducta o características de otras personas, en detalles irrelevantes
de la situación.
Heurístico de simulación: Tendencia de las personas a estimar la probabilidad de que un suceso ocurra en
el futuro o haya ocurrido en el pasado basándose en la imaginación, «simularlo» mentalmente. Aunque
está relacionado con el heurístico de accesibilidad, la diferencia es que el heurístico de simulación se basa
en la facilidad con la que podemos imaginar o reproducir mentalmente un suceso que no ha tenido lugar.
Se utiliza para predecir hechos futuros e inferir la causa de un suceso que ya ha ocurrido.
El «pensamiento contrafáctico». Consiste en buscar alternativas a hechos o circunstancias pasadas o
presentes. Nos planteamos lo que podría haber ocurrido sí. Este tipo de simulación explica la frustración,
la indignación o dolor que produce la pérdida «por poco» de algo, o la experiencia de algún suceso
dramático. ¿Qué efecto tiene imaginar que las cosas podrían haber ocurrido de otra manera? Pues,
depende. El pensamiento contrafáctico puede adoptar dos formas: imaginar alternativas que son mejores
que las actuales (pensamiento contrafáctico al alza), o simular mentalmente alternativas peores que las
presentes (pensamiento contrafáctico a la baja). Esta respuesta proporciona costes o beneficios. Puede
tener efectos de cara al futuro. Puede aumentar nuestra motivación para hacerlo mejor la próxima vez -
aprender de nuestros errores.
Imaginar sucesos futuros hipotéticos hace que nos parezcan más probables. Cuanto más fácil nos resulte
imaginarnos a nosotros mismos, llevando a cabo o negándonos a hacer alguna conducta, más
expectativas tendremos de comportarnos así.
¿Pueden los sesgos ser adaptativos? Si nuestra mente es tan imperfecta como para hacernos cometer
tantos errores, ¿cómo hemos podido llegar hasta aquí sin morir en el intento? La respuesta quizá esté en
la distinción entre perfección y eficacia. La perspectiva evolucionista parte de la premisa de que,
necesitamos que nuestros juicios interpersonales sean válidos como para habernos permitido sobrevivir y
reproducirnos. Y, se diferencia de la perspectiva de la Psicología Social, más interesada en detectar y
analizar los sesgos y errores. Los evolucionistas consideran que la existencia de esos errores y sesgos no
se debe a defectos de diseño, sino que dicha estrategia nos ayuda a actuar de forma coordinada con los
demás y asegurar nuestra supervivencia y propagación de genes. Los sesgos son útiles porque nos
impiden incurrir en errores más graves. La selección natural habría favorecido un sesgo hacia los errores
menos costosos. Esto lo propone la «teoría del manejo del error», Haselton y Buss.
Podemos cometer dos tipos de errores: sobreestimación o subestimación.
Según los psicólogos sociales evolucionistas, el ser humano ha llegado hasta aquí por ser «eficaz» no por
ser «perfecto».
Diferencias culturales en los sesgos optimistas. Itziar Fernández Sedano. Hay personas que piensan que a
ellas les va a ocurrir todo lo bueno (optimismo ilusorio) y que, no les van a suceder acontecimientos
negativos (ilusión de invulnerabilidad). Estos sesgos cognitivos se denominan ilusiones porque se desvían
de la realidad.
Según Javaloy, las personas deprimidas no presentan ilusiones, tienden a mostrar una visión realista.
Mientras, las personas con una depresión más severas poseen sesgos hacia lo negativo.
Ahora bien, ¿los sesgos optimistas se producen con la misma intensidad en todas las culturas? Hubo
investigaciones y los resultados mostraron que, ante la perspectiva de vivir un hecho positivo o de sufrir un
suceso negativo, los canadienses percibían que tenían más probabilidades de vivenciar hechos positivos y
menos de sufrir hechos negativos. En cambio, los japoneses no mostraron estos sesgos optimistas. Los
colectivistas asiáticos tienden a percibirse como más similares entre ellos, y un individuo no cree ser mejor
que la media de capacidades, ni en oportunidades. Estas cogniciones pueden estar influyendo en la
ausencia de sesgos optimistas. Por otra parte, las colectivas, tienden a percibir los hechos como menos
controlables.
Procesos cognitivos automáticos y controlados.
En nuestra vida cotidiana realizamos numerosas actividades y reaccionamos ante diversas situaciones de
forma automática y sin ser conscientes de ello. Para que una respuesta llegue a ser automática, es
necesario que la información se haya procesado de forma repetida. Si lo aplicamos al terreno social, el
procesamiento automático de la información que recibimos sobre distintas personas o grupos puede tener
efectos tanto en las creencias como en el comportamiento. Se ha encontrado que algunos rasgos físicos
pueden activar el estereotipo negativo que se tiene sobre un grupo (Pratto y Bargh, 1991). Puede verse
afectado por esa activación automática de los esquemas, también el comportamiento. Se ha demostrado
con el estereotipo de las personas mayores. Se activaba esta categoría a través de frases desordenadas
que contenían palabras relacionadas con la vejez y los participantes debían ordenar, se observó que se
les había activado la categoría y caminaban más lentamente. En un principio se consideró que los
procesos automáticos y controlados eran opuestos e incompatibles entre sí, y que se diferenciaban en «los
cuatro jinetes de la automaticidad»:
-La consciencia.
-La intencionalidad.
-El control.
-La eficacia.
En primer lugar, los procesos automáticos se producen sin que las personas sean conscientes de ello. En
segundo lugar, no son intencionados. En tercer lugar, puede resultar difícil o imposible evitar o interrumpir
ciertos procesos una vez activados. Finalmente, son eficaces en términos de coste-beneficio (requieren
pocos recursos cognitivos). Frente a los procesos automáticos, los procesos controlados se producen con
consciencia y mayor esfuerzo cognitivo (más lento que el automático).
Procesos preconscientes.
Se sitúan en el punto más extremo de automacidad. Tienen lugar fuera de la conciencia, pero afecta no
obstante a la elaboración de juicios y a la conducta. Un ejemplo es la percepción subliminal, la que ocurre
cuando la información nos llega por debajo del umbral de la conciencia y, aunque la procesamos, ni
siquiera recordamos haberla visto.
La influencia de la percepción subliminal es probable cuando:
-Los estímulos subliminales son social o personalmente relevantes.
-Cuando no hay otros estímulos supraliminales que se opongan a ellos.
-Cuando se presentan antes del estímulo que hay que juzgar.
-Las personas pensamos y nos comportamos de forma preconsciente hacia otros continuamente,
juzgándolos en términos de rasgos, estereotipos o reaccionando de forma instintiva nada más verlos.
Procesos postconscientes.
Se tiene conciencia de que se ha percibido y procesado la información, pero no se es consciente de su
influencia en juicios y respuestas posteriores. Un ejemplo es la influencia que tiene el estado de ánimo en
nuestros juicios y nuestra conducta hacia los demás.
Procesamiento dependiente de metas.
No es automático en la medida en que requiere un control intencionado inicial en función de las metas y
motivaciones. Sin embargo, una vez iniciado, las personas pierden el control sobre el proceso. Existen:
Las inferencias que hacemos espontáneamente sobre los rasgos de los demás. Las personas tendemos a
inferir rasgos de personalidad en los demás a partir de la observación de su comportamiento. Se realizan
automáticamente, y son más probables cuando queremos formarnos una impresión sobre otra persona.
Hay aspectos controlados, motivados por nuestras metas (observación del comportamiento de nuestro
compañero), y aspectos automáticos, que escapan nuestro control (rasgos de la personalidad del
compañero).
La dificultad para suprimir los pensamientos no deseados. Se refiere a los esfuerzos por mantener
ciertos pensamientos lejos de nuestra conciencia. Por ejemplo, ¿cuántas veces pensamos en comida
cuando estamos a dieta? Cuando las personas tratamos de no pensar en algo, se produce todo lo
contrario. Esto se explica por un proceso de vigilancia automático, que busca que muestras de los
pensamientos no deseados (imágenes de comida).
También existe un proceso operativo más consciente y controlado, que trata de suprimir esos
pensamientos no deseados, sustituyéndolos por imágenes mentales alternativas. Si el sistema no está
sobrecargado de información, dicha sustitución será fácil. Existe el efecto rebote, los pensamientos que
pretendemos evitar, aparecen con más fuerza al intentar suprimirlos.
Las ruminaciones. Son pensamientos conscientes que las personas dirigimos a un objeto dado durante
un periodo prolongado como resultado de alguna meta frustrada. Cuando no se puede conseguir algo que
se desea, esa frustración puede llevar a un nuevo intento de lograr la meta, a pensar en formas
alternativas de conseguir el objetivo. Pueden acabar provocando depresión.
Procesos controlados.
Son conscientes e intencionados, susceptibles de control de principio a fin por parte de la persona. Son los
procesos que ponemos en marcha cuando tenemos que tomar alguna decisión importante o hacer una
elección difícil, pero también cuando estudiamos y cuando buscamos la solución a algún problema
complejo. Son necesarios dos procesos: uno deliberativo, en el que la persona considera las opciones que
tiene y sopesa toda la información a favor y en contra de cada una; y otro, la implementación de la
decisión tomada. No siempre se dan los dos procesos. A veces nos quedamos en la primera fase y no
pasamos de ahí (propósitos que luego no cumplimos).
La relación entre el estado de ánimo y la cognición.
Cuando estamos de buen humor y tenemos un estado de ánimo optimista percibimos a las personas de
modo más favorable e interpretamos lo que ocurre de manera positiva. Por el contrario, nos lleva a ver el
entorno social de manera negativa. La manera en que nos sentimos moldea y contribuye a conformar
cómo pensamos. La «cognición caliente» es, en este apartado, la relación que se establece entre el
estado afectivo -lo que sentimos o nuestro estado anímico- y la cognición -forma en la que procesamos la
información social.
La influencia del estado de ánimo sobre la cognición.
Las emociones pueden influir de diversas formas en el procesamiento de la información. El estado de
ánimo influye en los juicios sociales que se hagan sobre uno mismo y los demás, e forma que se van a
elaborar juicios más positivos cuando se tiene estado de ánimo positivo y juicios negativos con estado de
ánimo negativo. Nuestro estado de ánimo influye tanto en la forma en la que percibimos e interpretamos
los estímulos, como en la forma en la que recordamos hechos pasados y, los sesgos que cometemos en
cada uno de esos procesos. Es lo que se denomina efecto de congruencia con el estado de ánimo.
Forgas, el estado emocional influye en procesos cognitivos a través de dos mecanismos:
Afectando a la atención y la codificación de la información procedente del medio y a la activación de
categorías y esquemas. Se pone en marcha cuando percibimos información del medio y necesitamos
interpretarla recurriendo al conocimiento que tenemos almacenado.
Sirviendo de pista informativa para inferir nuestro juicio sobre un determinado estimulo. Lo hace cuando
empleados heurísticos para hacer inferencias.
Lo normal es recordar información positiva cuando estamos de ánimo positivo, y además, es más fuerte
que los del estado negativo, excepto en el caso de personas con depresión crónica, que recuerdan
sucesos negativos. La información que provoca reacciones afectivas se puede procesar de forma diferente
y ser por lo tanto más difícil de ignorar. En ese sentido, la información se puede convertir en una fuente de
contaminación mental.
La influencia de la cognición sobre el estado afectivo.
Schachter sugería su teoría de los dos factores de la emoción. En ocasiones nos resulta difícil identificar
nuestras emociones. Si sentimos cierta activación antes de un examen inferimos que es ansiedad, no
miedo. Las estructuras cognitivas tienen impacto en las emociones. Los esquemas basados en
experiencias anteriores pueden incluir una etiqueta emocional. Cuando se activa un esquema se aplica
ese componente afectivo, que puede influir en la forma en que nos sentimos hacia el estímulo que ha
activado el esquema. Otro ejemplo lo constituye el pensamiento retrospectivo, con el que la gente trata de
disminuir el impacto de sucesos negativos o frustrantes a través de cogniciones. La estrategia consiste en
reducir las probabilidades de éxito convenciéndonos de que era imposible que aquello saliera bien. Puede
hacer que los resultados negativos parezcan inevitables y menos estresantes.
El papel de la motivación en la Cognición Social.
Desde el enfoque de la «cognición caliente» se considera al ser humano como un «estratega motivado».
Puesto que nuestros recursos atencionales son limitados, debemos elegir a qué atendemos, y esa
elección es motivacional. La motivación no sólo afecta a los procesos de atención, está presente en todas
las fases del procesamiento cognitivo (codificación, almacenamiento y recuperación de información de
memoria, e integración de esa información y formación de juicios). La motivación puede ejercer sus
efectos tanto en la dirección como en la intensidad del procesamiento.
Esos efectos están, sin embargo, limitados por nuestra capacidad para justificarlos de acuerdo con nuestra
compresión de la realidad. Un concepto fundamental es el de las metas. Las metas influyen en qué
creencias y reglas aplicamos al hacer juicios y también en cuánto tiempo y esfuerzo dedicamos a hacerlos.
Personas con diferentes metas pueden llegar a hacer juicios distintos. Kruglanski propone una clasificación
de las metas según su efecto en la cognición: metas de precisión y metas de dirección. Las primeras nos
motivan para llegar a la conclusión más acertada posible, para lo cual invertimos mayor esfuerzo al hacer
juicios, nuestro razonamiento se vuelve más complejo y elaborado. Este tipo de razonamiento está
motivado por el deseo o necesidad de evitar cometer errores. Pero muchas veces lo que queremos, es
llegar a la conclusión que más nos conviene y aquí estás las metas de dirección, sesgan la selección de
creencias y reglas a las que accedemos cuando razonamos (favoreciendo aquellas que apoyan lo que
queremos) e influyen en el esfuerzo que invertimos al hacer juicios. Por mucho que nos convenga una
conclusión, sólo la obtendremos si podemos justificarla.
Los motivos sociales básicos relacionados con la cognición social.
El motivo de control se refiere a la necesidad que tenemos de sentirnos competentes, y que exista una
relación entre nuestros pensamientos y nuestra conducta dirigida a una meta y los resultados obtenidos.
Este motivo es tan fuerte en nosotros que con frecuencia sobreestimamos el control que tenemos sobre
los resultados de nuestras acciones. Según Taylor y Brown, llegamos a conclusiones que nos convienen, y
las ilusiones optimistas a que da lugar, contribuyen a nuestra felicidad y bienestar general. Además, nos
hacen sentir capaces y persistir en tareas difíciles, incluso ante un fracaso inicial. Las ilusiones optimistas
pueden ser beneficiosas cuando se refieren a juicios globales, pero pueden ser peligrosas cuando se
emplean como guía de conductas y decisiones. El motivo de confianza nos lleva a esperar cosas buenas
de la mayoría de la gente. Como no es muy adaptativo mantener un estado de máxima alerta
continuamente, utilizamos los sesgos de positividad, tratando de ver el lado positivo de las personas o
justificar algunos resultados negativos. Si percibimos señales de peligro que formen una impresión
negativa, entrarán en juego los sesgos de negatividad a la hora de interpretar cualquier información por
muy positiva que sea.