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EL ARTE, MEDIO DE ORDENAMIENTO ARMÓNICO ENTRE LOS VIEJOS

ELEMENTOS Y LOS NUEVOS.

Luis Miguel Alzate Rúa

C.C. 1.017.216.042

Como esencialista en filosofía, estoy comprometido con el punto de vista de que el arte es
eternamente el mismo: […] No veo cómo uno puede hacer filosofía del arte -o del período
filosófico- sin esta dimensión de esencialismo. Pero como historicista estoy también
comprometido con el punto de vista de que lo que es una obra de arte en un tiempo puede
no serlo en otro […] (Danto, 1999, pág. 117)

El arte ha atravesado distintas transformaciones en su recorrido histórico, éstas han


determinado sus límites definitorios para cada sociedad y época. En el recorrido del
territorio de lo artístico se han considerado distintas concepciones, unas más amplificadoras
de sus lindes que otras, las cuales han delimitado hasta dónde puede ser considerado el arte
y cuáles son los límites conceptuales que lo definen. Por esto es necesario pensar qué es en
sí mismo el arte, o para al menos tener un acercamiento a su concepto si se pretende poder
establecerlo más allá de su carácter móvil, hallar su fin o función, antes de reflexionar algo
sobre la relación de sus movimientos y su propia fundamentación.

Empero, para la formación de una idea del arte, acerca de lo que éste trata o hacia lo
que se dirige, se decide, como la directriz de este escrito y tomando con una mano las ideas
de los autores a mencionar y con otra las propias reflexiones sobre el arte, el interrogante:
¿el Fin del arte, planteado tanto por Arthur C. Danto como por Hans Belting, es un
verdadero Fin del arte o es de nuevo cambio de su espacio y sus fronteras? (Danto, 1999,
pág. 25) Danto se refiere al Fin del arte como un acontecimiento sucedido después de lo
que hasta ahora había sido insertado en la consciencia colectiva como arte (ideas que aún
en tiempos de hoy para la gran mayoría todavía perduran) definiéndolo como aquello que
debe de ser bello o que por lo menos ha de excitar los sentidos y que además puede (o
debe) llevar un contenido que lo fundamente. Esto era promovido por los llamados
vanguardias (Danto, 1999, pág. 93) los cuales propendían a una especie de progreso o
avance con tendencia a lo infinito del cultivo, a lo perfecto y lo absoluto. En esta época
además se reflexiona acerca de si el arte tenía un límite, o ya se había llegado al fin con su
agotamiento (Danto, 1999, pág. 68).

El arte está llamado a desvelar la verdad en forma de configuración artística sensible, a


representar aquella oposición reconciliada, y tiene por tanto su fin último en sí, en esta
representación y este desvelamiento mismos. Pues otros fines, como la instrucción, la
purificación, la mejora, el enriquecimiento, el afán de fama y honores, no tienen nada que
ver con la obra de arte como tal ni determinan el concepto de ésta. (Hegel, 1998, pág. 44)

Es así como Hegel planteó que, en realidad el arte no tendría que tener una cualidad que lo
definiera moralmente, ni de otro tipo de especie de cualificación, sino simplemente
presentarlo como aquel que tiene ésa capacidad de representar en el mundo sensible la
verdad por medio de la confluencia de las incongruencias de la vida. Y más aún, pensaba
Hegel que las manifestaciones de ese espíritu saldrían del humano mismo, pudiendo incluso
ponerlas por encima de la creación divina de la naturaleza gracias a la formación que eleva
lo orgánico a lo aórgico (Hegel, 1998, pág. 52, 74)

“Cada obra de arte sigue siendo algo así como lo que antes era una cosa, en cuya existencia
el orden destella en su totalidad, quedando atestiguado; por su contenido, tal vez no sea un
orden que pueda juntarse con las representaciones de orden nuestras que, antaño, unían
cosas familiares dentro de un mundo familiar; pero sí hay en ellas una aplicación vigorosa y
siempre renovada de una energía que ordena espiritualmente” (Gadamer, 2011, pág. 92).

Es así como el arte prescinde de la multiplicidad de diferencias que abordan a la historia de


la humanidad en sus distintas épocas y sus diferencias de contenidos posibles que caben en
el universo, enmarcando la vida humana dentro de la historia del Espíritu. El arte establece
su propio orden desde el cual otorga con su energía espiritual nuevos sentidos a la
experiencia. No es posible hablar de un fin del arte como algo definitivo, sólo como se
venía reconociendo anteriormente, como un cambio en la concepción y fundamentación de
su concepto.

El fin del arte, entonces, representa un tender hacia la perfección del arte mismo como su
esencia interna que se realiza en el espectador, o en el artista por medio de la creación de
nuevos elementos, o de reorganización de los antiguos, ante los cuales se puede sentir
fascinado el espíritu, identificando en la obra misma aquellas ideas que les configura desde
la interpretación de la obra misma de arte, desde lo particular a lo universal, fundamentando
el orden que se hace juego en el intérprete-artista. (Gadamer, 2011, pág. 93)

Bibliografía

Danto, A. (1999). Después del Fin del Arte. Buenos Aires: Paidós.

Gadamer, H. G. (2011). Estética y Hermenéutica. Madrid: Tecnos.

Hegel, G. W. (1998). Lecciones sobre la Estética. España: Akal.