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Materia: Lógica (Turno mañana, primer cuatrimestre de 2018)

Cátedra: Oller
Ficha sobre formalización de argumentos en la lógica de primer orden
Temas: Formalización de argumentos en lógica de primer orden. Principio de reflexión
retrógrada. Criterios de adecuación de formalizaciones. Validez deductiva y forma
lógica. Asimetría entre validez deductiva e invalidez deductiva. Indeterminación de la
formalización
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En la mayor parte de los textos de lógica para humanidades se afirma explícitamente, o


se sugiere mediante ejemplos y/o ejercicios, que una de las utilidades de la lógica
matemática es su aporte a la evaluación de argumentos del lenguaje natural. ¿Cómo se
sugiere o se afirma esto? Se presentan argumentos en un lenguaje natural, el castellano
en nuestro caso, y se los traduce al lenguaje de la lógica de primer orden. Luego a ese
argumento traducido se le aplican los métodos de la lógica de primer orden para
determinar si ese argumento traducido es válido o inválido. Estamos restringiendo la
cuestión a los argumentos deductivos y a la lógica de primer orden que es la que ustedes
van a ver en este curso, es decir, lógica proposicional más lógica de predicados (de
primer orden).

Podemos hacer un diagrama muy sencillo que resume la cuestión y plantea algunos
problemas:

(Formalmente) válido
Argumento en el
Argumento en un lenguaje de un
lenguaje natural sistema lógico
Formalización
(Formalmente) inválido
Según esta concepción, que los libros de textos de lógica para humanidades expresan de
manera más o menos explícita, por un lado nosotros tenemos argumentos en un lenguaje
natural, en castellano, en inglés, en latín (como en el ejemplo del argumento de
Anselmo), y lo que queremos hacer es aplicar los métodos de la lógica matemática a la
evaluación del argumento en el lenguaje natural. Este proceso implica forzosamente un
paso que consiste en la traducción de las oraciones que componen un argumento en un
lenguaje natural a uno de los lenguajes de la lógica. A ese proceso particular de
traducción se lo suele llamar ―formalización‖.

―Formalización‖ en lógica y en matemática tiene distintos significados. Aquí vamos a


usar, como es común, el término formalización en este sentido: como traducción de un
lenguaje natural a un lenguaje formal o, si no se quiere usar el término ―traducción‖, a la
asignación de fórmulas bien formadas de un lenguaje formal a las oraciones de un
lenguaje natural. No necesariamente tiene que ser un lenguaje de la lógica —puede ser,
por ejemplo, la traducción al lenguaje del álgebra de una ecuación enunciada en un
lenguaje natural—, pero son los lenguajes de la lógica los que a nosotros nos interesan.
Nos interesa la traducción de un lenguaje natural al lenguaje de algún sistema de lógica.
Si bien lo que ustedes van a ver en el curso es lo que se suele llamar ―lógica de primer
orden‖ o ―lógica elemental‖ la lógica contiene lenguajes innúmeros e igualmente
sistemas innúmeros. De manera que, como vamos a ver inmediatamente, esto constituye
uno de los problemas que uno tiene que enfrentar cuando hace esta traducción: elegir el
lenguaje de un sistema lógico al cual vamos a traducir el argumento del lenguaje
natural.

Este proceso de formalización no es un procedimiento mecánico. Y, lo que es más, no


está bien claro cuáles son los criterios de adecuación de una traducción de este tipo. Es
un proceso no mecánico que está basado en nuestras intuiciones —o en las intuiciones
de los lógicos que crearon los diferentes lenguajes artificiales de la lógica—. Podemos
establecer una serie de condiciones de adecuación, pero tampoco hay un acuerdo sobre
cuáles son las condiciones de adecuación de una buena traducción. Los criterios
propuestos en la literatura presentan limitaciones y pueden considerarse ideales
regulativos más bien que la formulación de condiciones necesarias y/o suficientes para
declarar adecuada a una formalización1.

Por ejemplo, podríamos proponer un criterio de parsimonia según el cual oraciones de


estructura sintáctica o superficial similar deben traducirse de manera similar. Sin
embargo, la estructura superficial de la oración puede no coincidir con la estructura
lógica. A veces, dos oraciones que tienen la misma estructura superficial tienen distinta
estructura lógica. Y eso nos puede confundir y nos puede llevar a hacer una
formalización incorrecta.

Veamos un ejemplo de este problema, considerando las siguientes dos oraciones:

(1) Juan y Pedro son altos.

(2) Juan y Pedro son hermanos.

A nivel superficial, parecen tener la misma estructura y, sin embargo, su estructura


lógica es diferente. ¿Cómo formalizamos ―Juan y Pedro son altos‖ en lógica de
predicados? Una formalización estándar sería:

(Aj  Ap)

Acá, j y p son letras de individuos, nombres de individuos, y A es una letra de


predicado. Para formalizar la oración, previamente la parafraseamos como ―Juan es alto
y Pedro es alto‖. Podríamos tener la tentación de formalizar ―Juan y Pedro son
hermanos‖ de manera análoga a la anterior. Pero, en cuanto intentamos hacer la
paráfrasis correspondiente, nos damos cuenta de que llegamos a una formalización
incorrecta por lo absurdo de la paráfrasis, que sería: ―Juan es hermano y Pedro es
hermano‖. Nos damos cuenta de que las dos oraciones no tienen la misma estructura
lógica a pesar de que tienen la misma estructura superficial. ¿Y a qué se debe esto? A
que ser hermano es una propiedad relacional, como la propiedad ser mayor que. No
tiene sentido decir ―Juan es mayor que‖, porque se necesita un segundo término de la
relación. En cambio, ser alto es una propiedad atributiva, que sí tiene sentido predicar
de un individuo aisladamente.

¿Cómo podemos formalizar adecuadamente ―Juan y Pedro son hermanos‖? Mediante


una letra de predicados relacional. Entonces, ponemos:
1
Ver por ejemplo Peregrin, J & Svoboda, V. (2013) ―Criteria for logical formalization‖. Synthese, 190: 2897–2924.
Hjp,

donde H es una letra de predicado relacional y j y p son nombres de individuos, como


antes. La estructura lógica de esta última oración difiere de la estructura de la primera, a
pesar de que la estructura superficial es, aparentemente, la misma.

Veamos otro ejemplo de este problema:

(3) Hume es un filósofo escocés.

Esta oración dice que hay un individuo, Hume, que tiene simultáneamente dos
propiedades, la de ser filósofo y la de ser escocés. La formalización en lógica de
predicados refleja esta intuición: estoy predicando de un individuo, de Hume, que es,
simultáneamente, filósofo y escocés.

¿Cómo se realiza la paráfrasis previa a la formalización? De la siguiente manera:


―Hume es filósofo y Hume es escocés‖. La formalización es sencilla:

(Fh  Eh)

Ahora, veamos otra oración:

(4) Hiroshi es un japonés alto.

Parece tener la misma estructura superficial que la oración (3). ¿Cómo formalizamos la
oración (4)? Para formalizarla, primero tenemos que pasar por una paráfrasis que la
acerque a la estructura que va a tener en el lenguaje de la lógica de predicados. La
paráfrasis ―Hiroshi es japonés y Hiroshi es alto‖ sería adecuada si la estructura lógica de
(4) fuese la misma que la estructura lógica de la oración (3). Sin embargo, no lo es
porque, cuando yo digo que Hiroshi es un japonés alto, no estoy diciendo que Hiroshi
tiene la propiedad de ser alto sin más sino que estoy diciendo que Hiroshi tiene la
propiedad de ser alto qua o en tanto que japonés. Supongamos que tengo una pulga
amaestrada, Tweetie. Y digo:

(5) Tweetie es una pulga grande.

Ahora bien, una pulga grande, ¿es grande sin más, está dentro de las cosas grandes sin
más? No, es grande en tanto que pulga, qua pulga.
Separar ―japonés‖ de ―alto‖ me puede llevar a una conclusión desacertada, a una
contradicción explícita, si lo hacemos con la siguiente oración:

(6) Hiroshi es un japonés alto, pero un basquetbolista bajo.

En castellano, uno puede afirmar sin contradicción que Hiroshi es un japonés alto, pero
un basquetbolista bajo. Sin embargo, si traduzco (6) de la siguiente manera:

(Jh  Ah  Bh  B'h),

donde h es Hiroshi, J es ser japonés, A es ser alto, B es ser basquetbolista y B' es ser
bajo, podemos inferir una contradicción. ¿Por qué está mal esta formalización? Porque
puedo concluir que Hiroshi es al mismo tiempo alto y bajo. En efecto, se sigue, por
eliminación de la conjunción, que Hiroshi es alto y es bajo al mismo tiempo:

Es decir, se sigue una contradicción. Sin embargo, en castellano la oración (6) no parece
entrañar ninguna contradicción. Para hacer más explícita la contradicción, uno tendría
que señalar que alguien es alto si y sólo si no es bajo. Sobreentendiendo ese
bicondicional, uno puede concluir una contradicción explícita:

(Ah  Ah)

La utilización de la lógica formal para evaluar argumentos presupone ciertas intuiciones


lingüísticas sobre las relaciones inferenciales entre las oraciones del lenguaje natural
que estamos traduciendo. Alguien que sea ciego a estas intuiciones no va a poder hacer
el proceso de traducción adecuadamente. Podemos ayudar a las intuiciones con el
método que empleamos en el caso del argumento sobre Hiroshi. Si nosotros hacemos
una traducción de una oración castellana que, en castellano, no parece entrañar una
contradicción y, sin embargo, esa traducción nos permite inferir una contradicción,
entonces, prima facie, debemos desconfiar de esa traducción.
Como en estos casos no podemos separar los sustantivos de los adjetivos, dado que eso
lleva a consecuencias indeseables, tomamos es ―japonés alto‖ y ―basquetbolista bajo‖
como predicados únicos. Lo que nos queda es:

(Kh  Lh)

Para traducir ―japonés alto‖ usamos la letra K y para ―basquetbolista bajo‖ la letra L.

Otro tipo de problema que presenta el proceso de formalización es el de la elección del


lenguaje de la lógica al cual traducir un argumento del lenguaje natural. Tenemos un
argumento del lenguaje natural y tenemos que preguntarnos a qué lenguaje de la lógica
lo tenemos que traducir para que quede de manifiesto la estructura inferencial del
argumento. Por ejemplo, si yo afirmo ―Es obligatorio pagar impuestos‖, de esto se sigue
que ―Está permitido pagar impuestos‖. De lo obligatorio se sigue lo permitido. Pero
para revelar la estructura inferencial de ese argumento necesito un lenguaje más rico
que este lenguaje que el de la lógica de primer orden. Necesito un lenguaje que
contenga como constantes lógicas, además de las que ustedes ven, operadores deónticos
como ―es obligatorio que‖, ―está permitido que‖, ―está prohibido que‖. De otra manera,
si yo lo intento analizar en el lenguaje de la lógica proposicional, no voy a poder revelar
la estructura inferencial del argumento en lenguaje natural que hace que ese argumento
sea un argumento deductivamente válido. De manera que esta es la razón por la cual en
el cuadro de la derecha del esquema que resume el proceso de formalización aparece la
leyenda ―Argumento en el lenguaje de un sistema lógico‖.

La idea, entonces, es que una vez hecho este proceso de traducción que llamamos
―formalización‖ obtenemos un argumento traducido en el lenguaje de algún sistema de
lógica; por ejemplo, en el lenguaje de un sistema de lógica proposicional clásica.
Entonces, como lo que tenemos ahora es un argumento en ese sistema, podemos
aplicarle los métodos que ese sistema nos proporciona para evaluar argumentos
expresados en el lenguaje de ese sistema.

Aplicando esos instrumentos entonces vamos a fundamentar la conclusión según la cual


el argumento traducido es o bien formalmente válido o bien formalmente inválido.
Decimos que el argumento es formalmente válido o formalmente inválido porque se
supone que la (in)validez del argumento depende de la forma lógica del mismo.
Recuerden, además, que estamos limitando esta cuestión a los argumentos deductivos y
los sistemas de lógica que vamos a considerar son sistemas de lógica deductiva. Ahora
bien, uno podría preguntarse, una vez que llegamos a la conclusión de que el argumento
en su traducción a un lenguaje de la lógica es formalmente válido, qué sucede con el
argumento original en un lenguaje natural: ¿es válido o inválido?

Un argumento del lenguaje natural puede ser válido o inválido. Efectivamente nosotros
hemos analizado, reconstruido, argumentos en el lenguaje natural y discutido su validez
o invalidez. Por ejemplo, vimos el argumento de Popper en contra del historicismo y lo
evaluamos. Recuerden que en ese ejemplo nunca pasamos a un lenguaje formal, lo
analizamos en el lenguaje natural y discutimos su pretensión inferencial deductiva y
señalamos que para que fuera exitosa debíamos agregar alguna premisa. Agregada esa
premisa teníamos un argumento deductivo en el cual esa pretensión deductiva era
exitosa, aunque podía cuestionarse la verdad de la premisa agregada. Uno puede
discutir, y de hecho se ha discutido durante 2500 años, la validez o invalidez de
argumentos en el lenguaje natural. La aparición de la lógica matemática y su éxito en la
tarea de formalizar el razonamiento matemático llevó a pensar que era posible expandir
el campo de aplicación de la lógica matemática a argumentos que no son argumentos
matemáticos. La idea es que si bien uno puede evaluar argumentos del lenguaje natural
y calificarlos de válidos o inválidos, parece que la lógica matemática puede ayudarnos
en esa tarea. No es que no la podamos llevar a cabo sin la lógica matemática sino que
ésta puede ayudarnos proporcionándonos métodos matemáticamente precisos. Por
ejemplo, parece una ventaja decidir si un argumento proposicional es válido realizando
una tabla de verdad, ya que se trata de un proceso mecánico, algorítmico.

Ahora la pregunta es: ¿esto qué tiene que ver con el argumento original? El argumento
traducido al lenguaje de un sistema de lógica es formalmente válido. ―¿Y qué?‖ me
pueden decir con su escepticismo juvenil y alocado. ¿Cómo se relaciona la validez del
argumento formalizado con la del argumento del lenguaje natural?

Vamos a ver un ejemplo de este proceso que les estoy explicando. Supónganse que se
les presenta un argumento en el lenguaje natural:
Si la neurosis obsesiva es una dolencia hereditaria, entonces
el número de neuróticos obsesivos con antecedentes
familiares de esa dolencia será significativamente mayor que
el número de neuróticos obsesivos sin antecedentes
familiares. No es el caso que el número de neuróticos
obsesivos con antecedentes familiares de neurosis obsesiva
sea significativamente mayor que el número de neuróticos
obsesivos sin antecedentes familiares de esa dolencia. Por lo
tanto, la neurosis obsesiva no es una dolencia hereditaria.

Ahora bien ¿este argumento del lenguaje natural es válido o inválido? Si quiero aplicar
los métodos de la lógica matemática para evaluar ese argumento lo primero que tengo
que hacer es traducirlo a algún lenguaje de la lógica matemática. Existen muchos
lenguajes de la lógica matemática, de manera que eso no es un problema trivial. Pero en
este caso bastará con traducirlo al lenguaje de la lógica proposicional. El lenguaje de la
lógica proposicional revelará de manera adecuada la estructura inferencial del
argumento. Su formalización es muy sencilla: (p → q) es ―Si la neurosis obsesiva es
una condición hereditaria, entonces el número de neuróticos obsesivos con antecedentes
familiares de esa dolencia será significativamente mayor que el número de neuróticos
obsesivos sin antecedentes familiares.‖ Es decir que p traduce ―La neurosis obsesiva es
una condición hereditaria‖, q traduce el consecuente ―El número de neuróticos
obsesivos con antecedentes familiares de esa dolencia será significativamente mayor
que el número de neuróticos obsesivos sin antecedentes familiares de esa dolencia‖. La
segunda premisa afirma ―No es el caso que el número de neuróticos obsesivos con
antecedentes familiares de neurosis obsesiva sea significativamente mayor que el
número de neuróticos obsesivos sin antecedentes familiares de esa dolencia.‖ La
conclusión afirma que ―No es cierto que la neurosis obsesiva sea una condición
hereditaria‖.

La estructura inferencial de este argumento en particular es muy sencilla y queda


revelada por este argumento en el lenguaje de la lógica proposicional.

(p → q)
q
p
A su vez, este argumento es una instancia de una forma argumental que ya vimos que se
llama modus (tollendo) tollens.

Modus tollendo tollens


(φ → ψ)
ψ
φ

La elucidación del concepto de forma lógica tiene un papel central en la comprensión


del proceso de formalización y, sin embargo, es una noción cuyo esclarecimiento
presenta notorias dificultades. Así, por ejemplo, podemos preguntarnos qué tipo de
entidad es la forma lógica, si la forma lógica de una oración o de un argumento del
lenguaje natural es el resultado de un descubrimiento o −al menos parcialmente− el
producto de una construcción, o si la forma lógica de una oración o de un argumento en
un determinado lenguaje de la lógica es única. La noción intuitiva de forma lógica que
suele aparecer en los textos de lógica −sobre todo en aquellos textos introductorios
destinados a estudiantes de Humanidades− identifica la forma lógica de una fórmula de
un lenguaje de la lógica con un esquema. Un esquema es una oración del
correspondiente metalenguaje que contiene variables metalingüísticas libres y una
fórmula se considera una instancia de una forma lógica si se puede obtener a partir del
esquema correspondiente mediante la sustitución uniforme de sus variables
metalingüísticas por fórmulas del lenguaje. De acuerdo a la convención adoptada en el
texto de Gamut, las letras griegas minúsculas son variables metalógicas de enunciado o
de fórmula que nombran en el metalenguaje a fórmulas del lenguaje de cualquier grado
de complejidad.

Ese argumento en particular es un caso de esa forma argumental porque puede


obtenerse sustituyendo uniformemente —es decir, en todas sus apariciones—  por p y
 por q. Esta forma argumental es válida. ¿Cómo pueden saber si es válida? Pueden
hacer una tabla de verdad y, si en la tabla de verdad toda vez que ambas premisas
reciben el valor de verdad verdadero la conclusión también recibe el valor de verdad
verdadero, la forma argumental es válida. Eso quiere decir que esta forma de
argumentar trasmite necesariamente verdad de premisas a conclusión, es decir, que es
una forma de argumentar deductivamente aceptable. No va a suceder nunca que las
premisas sean verdaderas y la conclusión falsa.

Revisemos todo el proceso. Teníamos el argumento del lenguaje natural sobre la


neurosis obsesiva, hicimos el proceso de formalización, elegimos uno de los lenguajes
más simples que podíamos elegir, que es el de la lógica proposicional. Utilizamos el
método de las tablas de verdad para descubrir que el argumento traducido es válido. La
utilidad de estos procedimientos de evaluación se pone de relieve cuando tomamos
argumentos más complejos en los que nuestras intuiciones no nos son de mucha ayuda.
La pregunta que nos hacíamos ahora es: ¿esto qué nos dice sobre el argumento en
lenguaje natural, el argumento del cual partimos? Suponemos que nos permite concluir
que el argumento en lenguaje natural también es válido.

Esta esperanza que tenemos cuando aplicamos este procedimiento es, como les decía,
que la validez o invalidez formal se refleje en la validez o invalidez del argumento en
lenguaje natural. A esto un autor canadiense, John Woods2, lo llama ―el principio de
reflexión retrógrada‖. Es decir, uno tiene la esperanza de que las propiedades formales
de los argumentos se reflejen retrógradamente, hacia atrás, en la validez o invalidez del
argumento en el lenguaje natural. Como se verá, el principio de reflexión retrograda no
es verdadero y vamos a ver por qué no lo es.

El principio de reflexión retrograda no es verdadero, no es cierto que necesariamente las


propiedades lógicas de un argumento traducido a un lenguaje formal se reflejen en las
propiedades lógicas de un argumento en lenguaje natural del cual ese otro argumento es
traducción, aun suponiendo que uno hizo bien la traducción. Veamos un ejemplo de
Gerald Massey3, un autor que a principios de los años 80 recordó esta cuestión de que
el principio de reflexión retrógrada no es verdadero, a pesar de lo que sugieren los libros
de texto que a veces descuidadamente dan a entender que sí lo es. Massey argumentó
que la invalidez formal no tiene esta propiedad de reflexión retrógrada: tengo un
argumento en un lenguaje natural, lo traduzco, y resulta que es formalmente inválido, de
acuerdo con esa traducción. Dicha invalidez no se refleja necesariamente en el

2
Ver, por ejemplo, ―How philosophical is informal logic?‖, Informal Logic, 20, 139–167.
3
Massey, Gerald J. (1981). ―The Fallacy behind Fallacies‖. Midwest Studies in Philosophy 6 (1):489-500.
argumento original, no puedo afirmar con certeza que el argumento original es inválido.
Hay una asimetría entre validez e invalidez: si bien esta propiedad lógica de los
argumentos, que es la validez formal, se refleja retrógradamente en la validez de los
argumentos originales del lenguaje natural, no sucede lo mismo con la invalidez formal.

El ejemplo de Massey es el siguiente. Supónganse que ustedes tienen el siguiente


argumento:

Si algo fue creado por Dios, entonces todo fue creado por Dios.
Todo fue creado por Dios.
Por lo tanto, algo fue creado por Dios.

Vamos a realizar el procedimiento que hemos visto. A este argumento queremos


aplicarle los métodos de la lógica matemática para ver si es válido o no. Entonces
tenemos que llevar a cabo un proceso de traducción. Acá se plantea el problema que ya
habíamos mencionado, ¿a qué lenguaje de la lógica lo vamos a traducir?

Vamos a intentar formalizarlo en el lenguaje de la lógica proposicional, justamente para


mostrar que la traducción al lenguaje de la lógica proposicional no es satisfactoria. q
será ―Todo fue creado por Dios‖ y p será ―Algo fue creado por Dios‖. Entonces nos
queda:

(p → q)
q
p

¿Qué les va a indicar la tabla de verdad? Que es un argumento proposicional inválido.


La asignación de valores de verdad que muestra esta invalidez es la que asigna 0 —o
f— a p y 1 —o v— a q:

(p → q) (v)
q (v)
p (f)
Un condicional con consecuente verdadero y antecedente falso es verdadero. De manera
que tenemos las dos premisas verdaderas y conclusión falsa. Este argumento es una
instancia de una falacia formal, la llamada ―falacia de afirmación del consecuente‖.

Falacia de afirmación del


consecuente
(φ → ψ)
ψ
φ

¿Qué es una falacia, de acuerdo a la definición tradicional de falacia? Es un mal


argumento pero que convence. Es decir, en la definición tradicional de falacia aparece
un elemento retórico: es un argumento que retóricamente consigue su objetivo de
convencer a la audiencia aunque no sea un buen argumento.

Entonces aquí hemos obtenido el diagnóstico de que el argumento en el lenguaje de la


lógica proposicional es formalmente inválido. Entonces, si el principio de reflexión
retrograda fuese verdadero, ¿qué tendría que suceder? Que el argumento en el lenguaje
natural fuese inválido. Pero resulta que este argumento es válido en el lenguaje natural.
¿Por qué? Porque si todo fue creado por Dios, algo fue creado por Dios. La conclusión
se sigue directamente de la segunda premisa sin que necesitemos de la primera premisa
para realizar esa inferencia válida. Entonces, el argumento es válido, intuitivamente.
¿Por qué? Porque nunca va a suceder que las dos premisas sean verdaderas y la
conclusión falsa, ya que si las dos premisas son verdaderas lo será la segunda y si la
segunda premisa es verdadera también es verdadera la conclusión. En este caso el valor
de verdad de la primera premisa resulta irrelevante para la validez del argumento.
Porque, por la definición del concepto intuitivo de validez deductiva para que el
argumento tenga esta propiedad debe darse que sea imposible que las dos premisas sean
verdaderas y la conclusión falsa.

Entonces, se ve en este ejemplo que el principio de reflexión retrograda no es verdadero.


Es decir que uno puede formalizar un argumento del lenguaje natural en un lenguaje de
un sistema lógico, por ejemplo el de la lógica proposicional, que el argumento traducido
sea formalmente inválido y que sin embargo el argumento original sea válido. Esto
refuta el principio de reflexión retrógrada. ¿Esto quiere decir que no vamos a encontrar
ningún lenguaje de la lógica en el cual este argumento resulte válido? No
necesariamente. En nuestro ejemplo, para que resulte válido el argumento tenemos que
traducirlo al lenguaje de la lógica de predicados de primer orden. En este lenguaje
además de las constantes lógicas que ustedes tienen en la lógica proposicional se
introducen nuevas constantes lógicas y también nuevos signos no lógicos.

Entonces, para que el argumento formalizado resulte válido tenemos que traducir este
argumento en lenguaje natural al lenguaje de la lógica de predicados de primer orden,
dado que la validez del argumento en el lenguaje natural no puede ser reflejada en la
traducción a la lógica proposicional. Veamos cómo sería esa formalización. Usaremos
el símbolo , que vamos a llamar ―cuantificador existencial‖, y leeremos ∃xCdx ―existe
alguna entidad x —x se suele llamar ―variable de individuo‖— tal que Dios creó a esa
entidad‖. Vamos a utilizar una d minúscula para traducir ―Dios‖. Este tipo de signos, a
los que se suele llamar ―constantes de individuo‖, son la contraparte en este lenguaje
formal de los nombres propios en lenguajes naturales, o de expresiones que funcionan
como nombres propios. Tenemos una letra mayúscula C que es un predicado diádico y
que tiene dos lugares para llenar con letras de individuo, lugares que indicamos con una
rayita. C va a traducir ―— creó —‖.

Entonces la premisa es ―Si hay alguna entidad tal que Dios creó a esa entidad, entonces
para toda entidad se da que Dios la creó‖:

(∃xCdx → ∀xCdx)

La segunda premisa es ―Para toda entidad se da que fue creada por Dios‖:

∀xCdx

La conclusión es ―Hay por lo menos una entidad tal que Dios creó a esa entidad‖:

∃xCdx
Entonces, el argumento traducido al lenguaje de la lógica de predicados resulta ser:

(xCdx → xCdx)
xCdx
xCdx

Entonces hemos traducido el mismo argumento a un lenguaje más potente que el de la


lógica proposicional, que es el de la lógica de predicados. Ahora nos preguntamos
nuevamente, ¿es este argumento formalmente válido? La respuesta es que sí porque es
una instancia de una forma argumental válida que es la siguiente: Si existe por lo menos
una x para la cual se da φ, entonces para todo x se da φ. Para todo x se da φ. Por lo
tanto, existe por lo menos una x para la cual se da φ. Recuerden que las letras griegas
minúsculas representan variables metalógicas de enunciado o de fórmula.

(xφ → xφ)
xφ
xφ

Es necesario señalar que el argumento es también una instancia de la forma inválida


Falacia de afirmación del consecuente. En efecto, el argumento puede obtenerse a partir
de aquel esquema sustituyendo uniformemente —es decir, en todas sus apariciones— φ
por xCdx y  por xCdx. Sin embargo, un análisis más profundo de la estructura del
argumento reveló que también es una instancia de una forma argumental válida y, por lo
tanto, es válido.

Alguien podría observar que en su traducción a la lógica de predicados el argumento


tiene tres premisas y, sin embargo, inferimos la conclusión de la segunda premisa
solamente. No necesitamos de la primera premisa para decretar la validez del
argumento. Para comprender que esto no es ilegítimo tenemos que recordar que el
razonamiento deductivo tiene una propiedad que se suele llamar ―monotonía‖. La
relación de consecuencia deductiva —tanto la relación de consecuencia semántica como
la relación de consecuencia sintáctica— es monótona:

Si {φ1, …, φn}⊢ , entonces {φ1, …, φn, φn+1}⊢ 


Si {φ1, …, φn} ⊨ , entonces {φ1, …, φn, φn+1} ⊨ 

¿Qué quiere decir eso? Si yo tengo un conjunto de premisas {φ1, …, φn} y de


{φ1, …, φn} se sigue ψ, entonces ψ se sigue de cualquier súperconjunto del conjunto de
las premisas originales. Es decir que si yo agrego nuevas premisas al conjunto, lo que se
seguía del conjunto original se sigue siguiendo del conjunto ampliado. Ahora le agrego
una premisa más, φn+1, al conjunto original {φ1, …, φn}. Como ψ se seguía del conjunto
original, ψ se sigue del conjunto {φ1, …, φn, φn+1}. Esto se llama técnicamente
―propiedad de monotonía de la relación de consecuencia deductiva‖. Dicho de otra
manera, inferir deductivamente es nunca tener que retractarse de las conclusiones
obtenidas. Es decir, que nueva información bajo la forma de nuevas premisas no me
puede hacer caer las conclusiones obtenidas con anterioridad, si uno razona
deductivamente.

También podemos comprobar que la conclusión se sigue de las premisas del argumento
derivándola en la lógica de predicados. Vamos a suponer que tenemos a nuestra
disposición esta regla derivada (válida), que es una de las reglas de descenso
cuantificacional:

xφ
xφ

Entonces la primera línea de la derivación se justifica porque es una premisa. Después,


el que la use o no la use en la derivación no tiene importancia, de acuerdo a la
definición de ―derivación‖ que se utilizamos en lógica clásica. La línea 2 se justifica
porque es una premisa. Para obtener la fórmula de la línea 3 vamos a usar esa regla
derivada que llamamos ―regla de descenso cuantificacional‖ porque va de lo más
(todos) a lo menos (algunos). Observen que no quedó ninguna línea de la derivación sin
justificar.
1. (∃xCdx → ∀xCdx) (premisa)
2. ∀xCdx (premisa)
3. ∃xCdx De 2 x RDC

Lo que hicimos es evidenciar que cuando yo tengo que traducir un argumento del
lenguaje natural a un lenguaje formal de un sistema lógico tengo que realizar una
decisión que es a qué lenguaje de cual sistema lógico lo traduzco. Eso presupone cierta
intuición que supuestamente los métodos de la lógica matemática nos permiten evitar.
Es decir, los métodos que nos proporciona la lógica matemática parecen no necesitar de
la intuición. Sin embargo, para realizar el proceso de traducción adecuadamente vamos
a necesitar de la intuición acerca de qué depende la validez del argumento.

En el caso de nuestro ejemplo, en lógica proposicional lo que tenemos es un argumento


inválido que instancia una falacia, la falacia de afirmación del consecuente. Entonces
decimos el argumento formalizado en el lenguaje de la lógica proposicional es
formalmente inválido. Si el principio de reflexión retrograda fuese verdadero el
argumento original sería inválido. Pero no lo es. Lo que hacemos, entonces, es
formalizarlo en un lenguaje más potente. Lo formalizamos en el lenguaje de la lógica de
predicados. El resultado es que tenemos un argumento traducido que resulta
formalmente válido.

Ahora bien, el argumento traducido al lenguaje de la lógica de predicados también es


una instancia de la falacia de afirmación del consecuente. ¿Por qué es válido entonces?
Para contestar a esta pregunta debemos apelar a dos principios sobre los que llama la
atención Massey: toda instancia de una forma argumental válida es válida, pero no toda
instancia de una forma argumental inválida es inválida. Mientras que la validez formal
de un argumento del lenguaje natural se desprende de la existencia de al menos una
forma válida en algún sistema lógico de la que el argumento sea una instancia, mostrar
que no es válido requiere establecer que no hay ninguna forma válida en ningún sistema
lógico de la cual el argumento sea una instancia. El argumento en castellano que
tomamos como ejemplo no es un argumento falaz porque, si bien instancia una forma
proposicional inválida, la de la falacia de afirmación del consecuente, también instancia
una forma válida de la lógica de predicados. Por lo tanto, pareciera que la lógica no
puede proporcionar argumentos concluyentes —sino sólo argumentos revisables— de
que un mal argumento del lenguaje natural es malo.

Massey da otro ejemplo que es más impresionante, relativo a la formalización de la


modificación de los verbos de acción. Supongan que yo digo:

Juan está cantando en el patio de Puan a medianoche

Tenemos un verbo de acción, cantar, que está modificado por un complemento de lugar
(en el patio de Puan) y un complemento de tiempo (a medianoche). ¿Cómo se formaliza
esta oración en lógica de predicados, según las convenciones que ustedes van a ver en el
texto de Gamut? Se formaliza como una relación entre un individuo, Juan, un lugar, el
patio de Puan, y un tiempo, la medianoche. Es un predicado relacional de tres lugares de
argumento: un lugar de argumento está llenado por ―Juan‖, otro por ―el patio de Puan‖ y
otro por ―la medianoche‖. Entonces, tendríamos esta formalización: Cantando(Juan, el
patio de Puan, la medianoche):

Cjpm

Es una relación triádica entre Juan, el patio de Puan, y la medianoche. Es un predicado


relacional de tres lugares de argumento, de tres lugares que hay que llenar:
Canta___en___a___. Ahora bien, en castellano, ¿Qué permite inferir Juan está
cantando en el patio de Puan a medianoche? Que Juan está cantando. Si Juan está
cantando en el patio de Puan a medianoche, Juan está cantando. Pero, ¿qué sucede? Que
Juan está cantando, según la convención usual, se tiene que formalizar como un
predicado monádico, de esta manera:

C´j

Pero, en lógica de predicados, de Cjpm no se sigue C´j. Sin embargo, en castellano, es


muy intuitivo que de Juan está cantando en el patio de Puan a medianoche se infiere
Juan está cantando. No obstante, en las reglas que supone este ejercicio de
formalización, cada modificador del verbo agrega un lugar de argumento. Si yo
modifico el verbo con un complemento de lugar, tengo que agregar un lugar de
argumento. Si lo modifico con un complemento temporal, agrego un lugar de
argumento. Esa es la regla heurística: cada modificador del verbo agrega un lugar de
argumento.
¿Cuál es el problema con esto? Que me encuentro con que de Juan está cantando en el
patio de Puan a medianoche, no se sigue, en lógica de predicados de primer orden y
según esta propuesta de formalización, Juan está cantando. Es decir, hay una
disonancia entre el veredicto de la lógica y nuestras intuiciones acerca de lo que se
infiere y no se infiere en el lenguaje natural.

Los lógicos no encontraron una manera de preservar esta inferencia del lenguaje natural
en primer orden hasta que, en 1967, a un filósofo estadounidense, Donald Davidson4, se
le ocurrió una manera de hacerlo en lógica de primer orden. La teoría de Davidson, en
este artículo famoso que se llama ―La forma lógica de las oraciones de acción‖, parte de
considerar que, en estos casos, lo que tenemos es un lugar de argumento oculto que
tiene que ser ocupado por acontecimientos o eventos. Y los acontecimientos son
entidades espacio-temporales. Si uno adopta esa perspectiva, si adiciona a su ontología
entidades espacio-temporales de un tipo particular, los acontecimientos o eventos,
entonces uno puede ofrecer una formalización adecuada de esta oración en primer orden
que respete las intuiciones respecto de las relaciones inferenciales entre oraciones de
acción en el lenguaje natural.

¿Cuál es la solución de Davidson? No es muy complicada, pero vamos a empezar por el


caso más sencillo, que es Juan está cantando. La lectura de Davidson de esta oración
es: Existe un acontecimiento e (vamos a usar e como variable acontecimiento o evento)
tal que ese acontecimiento e es un canto de Juan:

eCej

Entonces, la oración Juan está cantando en el patio de Puan a medianoche tendría la


siguiente estructura: existe un acontecimiento e, e, tal que ese acontecimiento e es un
canto de Juan, Cej, y ese acontecimiento e tiene lugar en el patio de Puan, Eep, y ese
acontecimiento e sucede a medianoche, Aem:

e(Cej  Eep  Aem)

Ponemos los paréntesis porque necesitamos que el cuantificador existencial cuantifique


todas las apariciones de esta variable e. Esto quiere decir que hay por lo menos un
acontecimiento, una entidad espacio-temporal, que es una instancia de canto de Juan y

4 Davidson, D. (1967) "La forma lógica de las oraciones de acción" en Donald Davidson. Ensayos sobre
acciones y sucesos. Barcelona, UNAM - Crítica, 1995, pp.133-187.
ese acontecimiento tiene lugar en el patio de Puan y ese acontecimiento tiene lugar a
medianoche.

Fíjense que no salimos del lenguaje de la lógica de primer orden. Y fíjense que de
e(Cej  Eep  Aem) sí se sigue eCej. Es decir, de existe un acontecimiento e, tal que
ese acontecimiento e es un canto de Juan, y ese acontecimiento e tiene lugar en el patio
de Puan, y ese acontecimiento e sucede a medianoche, se sigue que existe un
acontecimiento e tal que ese acontecimiento e es un canto de Juan:

Este esquema argumental es válido en lógica de predicados. Otra instancia de esta forma
argumental que ilustra esta manera válida de inferir es: Existe un individuo que habla
inglés, lee francés y comprende chino mandarín. Por lo tanto, existe un individuo que
habla inglés.

Resumiendo: estos dos principios claves que nos recuerda Massey son: (i) toda instancia
de una forma argumental deductiva válida es válida, pero (ii) no toda instancia de una
forma argumental deductiva inválida es inválida. ¿Qué tiene que ver esto con lo que
estamos viendo? Que podemos hacer una traducción correcta de un argumento en
castellano a un lenguaje de la lógica; que esta traducción nos dé como veredicto que el
argumento formalizado es inválido, pero que, sin embargo, el argumento original en el
lenguaje natural no sea inválido. Y es posible que, con un poco de ingenio, podamos
encontrar otra forma argumental, de la cual pueda decirse que el argumento original
(también) es una instancia, que sea válida. Vimos dos casos en los que esto puede
suceder. En el primer caso sucedió porque hicimos una formalización en el lenguaje de
la lógica proposicional que no revela una estructura inferencial suficientemente
profunda como para evidenciar la validez del argumento. En cambio, cuando lo
formalizamos en el lenguaje de la lógica de predicados, sí se revela la validez del
argumento. El segundo caso es el que ilustra el problema de la modificación del verbo y
la solución del Davidson: puede ser que ningún lógico haya sido lo suficientemente
perspicaz como para encontrar dentro de un mismo lenguaje una manera ingeniosa de
formalizar, por ejemplo, la modificación de los verbos de acción de manera tal de
preservar la validez intuitiva de ciertas inferencias. En la manera de formalizar la
modificación de los verbos que ustedes van a ver en el libro de Gamut, por ejemplo en
el ejercicio 1c del capítulo 3, esta validez intuitiva no queda preservada. Además,
¿cuántos lenguajes y sistemas de la lógica hay, potencialmente? Infinitos. Entonces, el
hecho de que no haya encontrado una formalización del argumento original del lenguaje
natural en ninguno de los lenguajes de los sistemas lógicos conocidos no quiere decir
que, en el futuro, alguien no conciba un sistema lógico ―sensato‖, en cuyo lenguaje
pueda formalizarse este argumento, de manera tal que resulte formalmente válido.

Esas dificultades que plantea la formalización de argumentos del lenguaje natural en los
lenguajes de la lógica matemática generan lo que ha sido llamado el problema de la
indeterminación de la formalización y este problema hace que la aplicación de la lógica
matemática a la evaluación de argumentos del lenguaje ordinario y de las disciplinas
especiales haya sido cuestionada por algunxs autorxs.

ACTIVIDAD 9

La formalización es el procedimiento que consiste en traducir


enunciados de un lenguaje natural a fórmulas de un lenguaje artificial
con el propósito de evaluar argumentos que usan esos enunciados,
dejando al descubierto las ambigüedades en ellos, o revelando su
"verdadera forma lógica". El procedimiento es informal, ya que las
reglas para llevarlo a cabo nunca se explicitan completamente. Uno
debe usar su comprensión intuitiva del contenido y la estructura de los
enunciados dados. Una formalización adecuada debe producir una
fórmula que tenga las mismas condiciones de verdad que el enunciado
dado, pero más allá de esto, los criterios de adecuación no están
claros. Todo lo que se puede decir es que la "estructura relevante" del
enunciado dado debería reflejarse en su contraparte formalizada.
(Thomason, R. & R. C. Stalnaker (1973) “A semantic theory of adverbs”, Linguistic
Inquiry, 4, p. 196)

a) ¿Cumple la formalización de Juan es alto y Maureen pelirroja como


(p  q) con el criterio de adecuación subrayado en el texto?
b) ¿Cumple la formalización de Pedro llegó a su casa y se sacó los zapatos
como (p  q) con el criterio de adecuación subrayado en el texto?
c) Discuta la siguiente afirmación:
“El criterio que pide que las condiciones de verdad de la oración formalizada
sean las mismas que las de la oración a formalizar es problemático, si se lo
considera como un criterio que establece una condición suficiente para la
corrección de una formalización, porque implica que cualquier formalización
lógicamente equivalente a una formalización correcta es correcta.”

ACTIVIDAD 10

La lógica puede utilizarse para la representación del conocimiento y la solución


de problemas. Considere, por ejemplo, la siguiente cuestión: ¿Es posible
colorear los vértices de un triángulo con solamente dos colores —rojo y
verde— de modo que los vértices adyacentes tengan colores diferentes?

Represente la información contenida en el planteo del problema en el lenguaje


de la lógica proposicional de acuerdo al siguiente diccionario:

p: El vértice 1 es rojo.
q: El vértice 1 es verde.
r: El vértice 2 es rojo.
s: El vértice 2 es verde.
t: El vértice 3 es rojo.
u: El vértice 3 es verde

Compruebe utilizando el método de las tablas de verdad que el conjunto de


fórmulas proposicionales que traducen la información contenida en el planteo
del problema es insatisfacible —es decir, que no hay ninguna valuación que
verifique simultáneamente todas las fórmulas del conjunto—. ¿Qué se puede
concluir de esto respecto a la cuestión planteada?
Nota:
Es posible construir la tabla de verdad usando el programa del lado del servidor
disponible en http://turner.faculty.swau.edu/mathematics/materialslibrary/truth/ o
bajando el programa Java disponible en
https://sourceforge.net/projects/logiccalculator/ .

https://uba.academia.edu/CarlosOller