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LOS MODELOS PSICODINÁMICOS

1. Modelo topográfico: Elaborado por Freud durante su etapa fundacional.

La mente como una estructura compleja que funciona en niveles diferentes.


Niveles de conciencia:

a) Inconsciente: Nivel más determinante de la conducta, especialmente de la


patológica. En él se almacenan recuerdos e imágenes no accesibles al sujeto
en estado normal de vigilia. Está gobernado por sus propios principios (es
ilógico y atemporal). Los procesos gobernados por el inconsciente son los
procesos primarios.

b) Preconsciente: Media entre el inconsciente y el consciente. Ciertos


contenidos inconscientes pueden traspasar la barrera y entrar en el
preconsciente (sensación de recordar algo molesto o preocupante).

c) Consciente: Parte racional del sujeto, se identifica con el propio Yo. Es


responsable de las actividades cognitivas y de relación con el mundo exterior.

2. Modelo dinámico:

Entiende los fenómenos mentales como fuerzas en conflicto. Los conflictos


surgen de la necesidad de descargar o reducir la tensión generada por las
presiones instintivas sexuales y agresivas, por un lado, y, por otro, por las
demandas construidas para inhibir la expresión consciente de éstos instintos.

Los síntomas comunican simbólicamente el compromiso del que forman parte e


incluyen una gratificación parcial de los instintos (parálisis histérica de un
brazo: compromiso entre el deseo de golpear y la inhibición por temor a
rechazos o represalias).

3. Modelo económico: Se ocupa de la distribución, transformación y gasto de


energía que regula la conducta y la vida psíquica.

Elemento básico del modelo: concepto de la líbido.

El proceso primario corresponde al proceso mediante el cual la energía fluye


libremente y puede descargarse. Está comprometido con el principio del placer.

El proceso secundario consiste en la regulación de la energía que queda


"vinculada" o circula de modo controlado. Corresponde al principio de realidad.

Nociones de catexia y desplazamiento.

4. Modelo genético: Se ocupa del desarrollo de los fenómenos psíquicos y


concibe la formación de la personalidad, a través de unas fases o estadios del
desarrollo psicosexual. El progreso normal de una fase a otra puede alterarse
por defecto o por exceso de gratificación de la actividad básica de cada fase:
Conduce al desarrollo de patrones característicos de personalidad y conducta
en la vida adulta.

Nociones de fijación y regresión.

Fases propuestas por Freud:

1. Fase oral (primer año): La zona erógena (la más sensible de gratificación
libidinal) es la boca. Actividades relacionadas como chupar. La fijación en
éste estadio producirá comportamientos adultos relacionados con
actividades orales (comer, beber, fumar) o con aquellas simbólicamente
equivalentes (coleccionar cosas).
2. Fase anal (segundo año): El centro de gratificación libidinal es la zona
anal y las funciones de expulsión y retención de heces conectadas con
ella. La fijación en éste estadio producirá problemas relacionados con el
defecto o exceso de control de impulsos fisiológicos (eneuresis,
estreñimiento), o de rasgos de conducta simbólicamente equivalentes
(avaricia, despilfarro).
3. Fase fálica o edípica (entre los 3 y 5 años): La zona más gratificante son
los genitales y su estimulación. De la correcta superación de ésta fase,
depende el ajuste a los miembros del sexo opuesto. La fijación en ésta
etapa produce problemas de identidad sexual. La superación, implica la
adopción de las normas y preceptos impuestos por los padres, a través
del proceso de identificación, que constituye el origen del SuperYó.
4. Fase genital: Constituye el estadio psicosexual adulto. Desarrollo de la
capacidad orgásmica y la posibilidad de acompañar las sensaciones
generadas con sentimientos de afecto, ternura, entrega, etc.

5. Modelo estructural: El aparato psíquico se divide en unidades funcionales


que se desarrollan a partir de la maduración biológica y la interacción social:

1. El Ello: Instancia psíquica más antigua tanto filogenética como


ontogenéticamente. Recibe toda su energía de los órganos interiores y no
mantiene contacto directo con el mundo exterior. Se considera la fuente
de energía psíquica y contiene las pulsiones e instintos biológicos
básicos sin socializar. Se rige por el principio del placer. Es inconsciente.
2. El Superyó: Surge del proceso de socialización, por medio de la
internalización de las normas y valores paternos. Su finalidad: adaptación
a los imperativos morales del medio. Puede ser parcialmente
inconsciente (demandas y valores sociales que ase adquirieron en la
primera infancia).
3. El Yó: Se sitúa entre el Ello u el Superyó. Función: Llegar a compromisos
entre ambas, es decir, satisfacer las necesidades emocionales básicas,
pero tomando en cuenta las restricciones necesarias para no entrar en
conflicto grave con las normas existentes. Opera a través del principio de
la realidad y cumple funciones de decisión y de control (Metáfora del
jinete sobre el caballo). Es consciente.
Otros conceptos relacionados

- Principio de la determinación múltiple de la conducta: Establece que un


mismo efecto es resultado de múltiples motivaciones parciales. Es
consecuencia del determinismo psíquico que postula el psicoanálisis y exige no
darse por satisfecho con una sola causa psíquica. Es clave para entender la
utilización de la asociación libre hasta las ocurrencias más absurdas están
determinadas). Toda conducta tiene un significado.

- Principio de la dinámica del conflicto: Juego de fuerzas entre los impulsos


internos (instintivos), que buscan expresión en un medio externo (cultural) que
demanda su inhibición. Los síntomas neuróticos son resultado de un fallo en la
organización defensiva del sujeto: Cuando, ante una situación desfavorable,
una defensa resulta insuficiente, se produce una "solución de compromiso" o
síntoma: Síntoma: Intento de autocuración fallido.

- Mecanismos de defensa:

Represión: El Yó impide que los pensamientos que producen ansiedad entren


en la conciencia. Es el mecanismo más básico, "piedra angular sobre la que
descansa todo el psicoanálisis". Puede ser:

Primaria: Cuando se trata de ideas que provienen del Ello.

Propiamente dicha: Recuerdos vagos que se derivan de la represión primaria.

Desplazamiento: Consiste en sustituir el verdadero deseo de la persona que


provoca ansiedad, por otro que no provoca ansiedad (frecuente en los sueños).

Identificación: Aumentar los sentimientos de valía personal por adopción de


características de alguien a quien se admira.

Proyección: Atribución de características propias no reconocidas y que


provocan ansiedad a otra persona.

Formación reactiva: Los pensamientos censurables se reprimen y se expresan


los opuestos.

Sustitución: Reemplazar un objeto libidinoso por otro.

Sublimación: Sustituir un objeto u actividad por otro que posea un valor social o
ético más elevado.

Racionalización: La persona justifica racionalmente los pensamientos o


conductas que producen ansiedad. Introducido por Jones.

Aislamiento: Separar una idea de su emoción. Freud lo introdujo para dar


cuenta del comportamiento psicótico.
Regresión: Retorno a una fase anterior del desarrollo ante situaciones de
estrés.

Psicoanálisis
El Psicoanálisis y las nuevas formulaciones psicoanalíticas: la búsqueda de la
causa inconsciente de la conducta.
El psicoanálisis es una teoría desde la que se consideró que la historia del
individuo, sobre todo los primeros años, es esencial para comprender el
funcionamiento adulto. Para Freud, padre del psicoanálisis, los primeros
conflictos determinan en parte el funcionamiento adulto. El psicoanálisis supuso
una ruptura con la línea dominante, al considerar que para interpretar nuestros
actos hay que considerar un conjunto de mecanismos inconscientes.

Para Freud el psicoanálisis no


constituye una búsqueda científica
imparcial, sino que es un acto
terapéutico cuyo objetivo es modificar
el comportamiento. Posteriormente
añadió que la elaboración y extensión
de la teoría hace que el psicoanálisis
sea, además de una técnica
terapéutica y de una teoría auxiliar de
la patología, una teoría del psiquismo
humano. El carácter general de la
teoría lo reafirmó cuando insistió en la
identidad de los contenidos psíquicos de los individuos neuróticos y sanos: los
primeros fracasan donde los segundos consiguen resolver los conflictos.

Autores como Moscovici (1961) han señalado que visión del ser humano
propuesta por el psicoanálisis forma parte de las representaciones mentales de
las personas.

La teoría psicoanalítica basa su información en tres fuentes de información: la


observación directa, los recuerdos infantiles y las interpretaciones. Sin embargo,
la observación no era suficiente pues chocaba con la actitud que los adultos
tenían respecto a la sexualidad infantil, por esto Freud no comunicó jamás sus
observaciones sobre el comportamiento infantil, a excepción del juego de la
bobina de su nieto y de las observaciones procedentes del análisis del pequeño
Hans.

El niño de la teoría psicoanalítica era una


elaboración teórica basada en las interpretaciones
que hace el psicoanalista de los recuerdos
infantiles; es reconstrucción más que construcción,
lo que plantea numerosos problemas de validez.
Esta situación cambió con los trabajos de autores
como A. Freud, Hartmann, Winnicott, Kris, Erikson, Spitz o Mahler que
introdujeron la observación directa como método para validar, corregir o
completar las reconstrucciones de la teoría psicoanalítica.

Al analizar la concepción del desarrollo de Freud hay autores, como Zukier


(1985) , que afirman que no hay un concepto del desarrollo en él salvo la
compulsión a la repetición; sin embargo, hay otros, como Morss (1996) que
señalan que Freud rompe con un desarrollismo uniforme. A pesar de
planteamientos como los de Zukier, podemos establecer algunas tendencias
generales en la evolución del individuo tal y como lo concibió Freud:

a. La sucesión de las fases del desarrollo de la sexualidad tiene una base


biológica, pero existen múltiples maneras de resolver los conflictos
presentes, tanto las pulsiones del Yo (autoconservación) como diferentes
factores externos pueden jugar un papel decisivo.
b. Estas fases son cualitativamente diferentes, es decir, no presentan
semejanza alguna.
c. La evolución normal puede dar lugar a desvíos, dominados por dos
mecanismos fundamentales, por un lado la fijación de la libido en fases u
objetos anteriores en el desarrollo, y por otro la regresión o tendencia a
volver a las fases no superadas.
d. Los conflictos entre las pulsiones y el Yo constituyen un factor dinámico
de gran importancia tanto en el desarrollo normal como en las
desviaciones patológicas; es la manera de resolverlos lo que determina
una u otra dirección.
e. El proceso de individuación es una larga evolución que va desde una
indiferenciación primitiva, en la que no hay represión diferenciada ni
separación entre acción y percepción (narcisismo primario), a un estado
de diferenciación progresiva (narcisismo secundario) que desemboca en
la elección objetal.

Además, en la concepción del desarrollo de la teoría psicoanalítica hay dos


conceptos que juegan un papel central: la represión y el conflicto psíquico. La
represión es el proceso que tiene lugar cuando una pulsión (de naturaleza sexual
o agresiva) se enfrenta a resistencias del individuo que la privan de su
satisfacción por considerarla peligrosa. Esta pulsión, con sus aspectos
emocionales, perceptivos y representativos, permanece en el inconsciente y es
olvidada. El proceso de oposición entre pulsión y resistencias se traduce en un
conflicto en el que interviene la conciencia. En el caso normal se resuelve del
conflicto cuando la pulsión es apartada y su energía eliminada, pero en otros
casos el Yo reprime el conflicto impidiéndole su realización, la emoción reprimida
que acompaña la pulsión guarda su fuerza energética y el Yo tiene que luchar
de manera permanente contra ella; el elemento reprimido, que se ha vuelto
inconsciente puede buscar soluciones para su realización que darán lugar a los
síntomas neuróticos.

Por otro lado, con respecto al desarrollo sexual, Freud propuso que cualquier
individuo atraviesa una serie de fases en su desarrollo sexual, cada fase se
caracteriza por una zona erógena, zona del cuerpo que produce la satisfacción
de la libido) y el desplazamiento de estas zonas dominantes conlleva la sucesión
de una fase a otra. Cada fase se caracteriza por un tipo de relaciones objetales
y de mecanismos psíquicos que nos indican la evolución de la personalidad del
individuo y de su socialización progresiva. Estas fases reciben el nombre de oral,
anal, fálica, de latencia y genital.

Para entender el concepto de sexualidad de Freud hay que entender que él la


consideró en un sentido amplio, de manera que, como indicó en su libro Tres
ensayos sobre la teoría de la sexualidad, la sexualidad es una función corporal
que persigue la obtención de placer y que no se halla reducida a los órganos
genitales, por esto consideró que los bebés nacen con necesidades sexuales.
Esta idea de considerar la infancia como la sede de complejas pulsiones
sexuales chocó con la imagen de la imagen de la infancia considerada como un
periodo de inocencia y armonía (Martí, 1991) .

La teoría psicoanalítica ha sido enjuiciada resaltando los aspectos positivos y


negativos. Bradley (1992) señaló tres inconvenientes en la teoría de Freud:
a. Las dificultades admitidas por Freud para explicar los deseos y el
desarrollo mental de las mujeres (como confesó al final de su vida
consideraba particularmente difícil de entender el desarrollo psicológico
de las niñas). El autor relacionó de una manera arbitraria la masculinidad
y la feminidad con la actividad y la pasividad, además consideró que tanto
varones como mujeres eran bisexuales, sin embargo, la tendencia general
en su pensamiento era considerar a las mujeres como más pasivas y
menos capaces que los hombres, tanto desde una perspectiva intelectual
como moral. Para Bradley, Freud describe la sexualidad infantil
basándose en el desarrollo del niño varón; el control paterno del hijo se
reafirma a partir de la comprensión del hijo de que el padre es capaz de
castrarlo y el niño cree que esto es posible porque como las niñas carecen
de pene ya han sido castradas; en esta descripción del género, la niña va
a rivalizar con el padre por la posesión sexual de la madre, pero las
diferencias anatómicas le obligan a darse cuenta que ya ha sido castrada,
por lo que se enfrenta a la madre por no haberle dado un pene y se vuelve
hacia el padre para que le de uno. La represión de la niña de su deseo de
tener relaciones con su padre es menos fuerte que en el niño ya que la
niña no tiene nada que perder, al tener menos incentivo para identificarse
con el padre carece de un superyo fuerte y como resultado tiene un menor
sentido de la moralidad y la justicia y es menos capaz de pensar
objetivamente.
b. Los defectos en los datos de la observación y en el apoyo lógico a la teoría
freudiana de las pulsiones. Como señaló M. Klein (1928) el complejo de
Edipo tiene lugar mucho antes de lo que Freud había pensado, incluso
durante el primer o segundo año de vida.
c. Las dudas acerca de la relación causal entre los relatos de los pacientes
sobre su infancia y sus neurosis. Ya Freud en 1897 había sospechado
que las descripciones de los adultos de sus sentimientos infantiles podrían
tener más que ver con sus propios deseos y preocupaciones actuales que
con lo que realmente había sucedido en el pasado.
d. Además de estas críticas, también se le ha criticado al psicoanálisis la
tendencia hacia la normalización, es decir, la prescripción normativa de
formas particulares de relación o modelos de cambio. Por último, también
se ha tildado de no ser científica y no preocuparse por la verificación de
hipótesis.
Como autores más significativos, además de S. Freud, dentro de esta teoría
destacamos: Lacan, Erikson, Klein, Mahler y Winnicott.

En primer lugar, Lacan en el artículo titulado: el


estadio del espejo como formador de la función del
yo, tal como se nos revela en la experiencia
psicoanalítica, nos explica como cambian y
maduran los bebés, describiéndolos como
psíquicamente fragmentados. El recién nacido tiene
un conocimiento mínimo del yo, hay una falta clara
de los límites entre su propio cuerpo y el mundo, y este cuerpo es experimentado
como fragmentado y anárquico. La etapa del espejo aparece durante el primer
año de vida, la experiencia del bebé de verse en un espejo es un paso evolutivo
crucial; el reflejarse es en algún sentido reconocido como siendo el yo, pero
también es reconocido como siendo otra cosa que el yo. Además para este autor
el lenguaje se conexiona con el género, la entrada en el mundo del lenguaje
(mundo simbólico) es también una entrada a un mundo dividido en el género de
los sujetos.

En segundo lugar, Erikson con su teoría epigenética estudió el papel de la


realidad social, centrándose en la relación del Yo con las exigencias sociales y
culturales y la evolución a lo largo de todo el ciclo vital (de la infancia a la
senectud). El desarrollo lo describió en una sucesión de ocho estadios cada uno
caracterizado por dos polos opuestos que muestran las nuevas capacidades y
necesidades del Yo en respuesta a ciertas demandas sociales. Los estadios se
caracterizan por un sentimiento de crisis que puede ser vivido como un conflicto
entre tendencias opuestas. Los estadios son los siguientes:

1. Confianza elemental vs. desconfianza.


2. Autonomía vs. vergüenza y duda.
3. Iniciativa vs. culpa.
4. Laboriosidad vs. inferioridad.
5. Identidad vs. confusión de identidad.
6. Intimidad vs. aislamiento.
7. Generatividad vs. estancamiento.
8. 8. Integridad vs. desesperación.
Por último, indicó que cada sociedad satisface cada fase del desarrollo de sus
miembros por medio de instituciones específicas (cuidados parentales, escuela,
maestros, ocupaciones, etc.).

En tercer lugar, señaló que es necesario examinar el mundo interior del individuo
a través de los objetos interiores, fantasmas y mecanismos de defensa. Existen
dos posiciones que definen las relaciones de objeto, no son fases sino formas
de funcionamiento psíquico: la posición esquizoparanoide y la posición
depresiva. En la primera, que se corresponde con el primer trimestre de vida
aunque puede persistir o resurgir en otras fases de la vida, el individuo se
relaciona con objetos parciales, siendo el pecho materno el principal para el
lactante. En la segunda, en la que se toma conciencia del objeto total y único (la
madre), se inicia en el individuo el sentido de la realidad, la comunicación con
los demás o la capacidad para la identificación con el otro.

Por su parte, Mahler, cuyas ideas provienen de las observaciones directas de


niños y niñas normales y psicóticos (autistas), señaló que la evolución de la
relación objetal se lleva a cabo en tres fases. La primera fase es la denominada
autística, durante las dos primeras semanas de vida, y en ella no se hace
distinción entre uno y los demás. En el segundo mes comienza la fase simbiótica
en la que el bebé, confusamente, se hace consciente del hecho de que la
reducción de sus tensiones viene del exterior, en tanto que la tensión se origina
en él. La tercera etapa llamada reacercamiento, hasta el final del segundo año,
se caracteriza por un claro conflicto entre el movimiento que empuja al sujeto a
la exploración del mundo y la creciente atención que demanda a su madre.

Y por último, para Winnicott habría esencialmente dos estadios: el de la


dependencia absoluta, cuyo fin es que el proceso de desarrollo no sea turbado
y el de la dependencia relativa en el que el lactante comienza a ser consciente
de su dependencia. Además propuso el concepto de objeto transaccional.

EVOLUCIÓN DEL MOVIMIENTO PSICOANALÍTICO Y PRINCIPALES


DISIDENCIAS
Dos movimientos disidentes fundamentales en la corriente psicoanalítica. Los de
Adler y Jung. Adler se separa de la ortodoxia desde 1911. Destaca la importancia
del yo y sus funciones; rechaza la teoría sexual de las neurosis y se muestra
como un finalista frente al causalismo freudiano. Dice que el sentimiento de
inferioridad es universal en el hombre. Primero lo concibe en el terreno de
inferioridad orgánica, ante la cual existen dos alternativas: la de sustituir esa
disfunción valiéndose de otro órgano o la de tratar de superar esa insuficiencia.
Hay una actitud de sacar de esa inferioridad un sentimiento de superioridad. Más
adelante en el tiempo, ya no necesita para su teoría que exista un órgano inferior.
El niño, en quien es obligado el sentimiento de inferioridad, se siente inferior por
su pequeñez o por su desamparo, favorecido por una educación mal orientada,
ya en el sentido del excesivo cuidado o de la severidad extrema. Necesita
entonces, por lo que él llama la función rectora, ampliar el sentimiento del yo, ser
un hombre completo, para dominar el sentimiento de inferioridad que o puede
dominarse o si fracasa puede dar la neurosis. Para Adler, Varón es símbolo de
poder y los esfuerzos para lograrlo son esfuerzos masculinos. Hay una tendencia
general por perseguir un ideal masculino que se traduce en la “protesta viril”, que
está justamente más acentuado en los inferiores, es decir, en la mujer y en el
débil. El elemento dinamizante no es ya el sexo sino la búsqueda del poder.
El sentimiento de inferioridad actúa de dos modos; o bien por la evasión en la
enfermedad como modo de llamar la atención o como modo de eludir un deber,
o bien por la lucha más abierta por el poder. Las adquisiciones debidas a Adler
son: en un primer grupo de hechos, que el impulso sexual no es la causa de las
neurosis, sino que es la pugna entre dos personas por adquirir el dominio sobre
la otra; que el complejo de Edipo es el intento del niño por subyugar a la madre
y vencer en su conflicto con el padre y que la perturbación sexual, en lugar de
producir la neurosis, es la forma como ella se manifiesta. Un segundo hecho
adquirido es el de que aplicó el psicoanálisis al estudio de la personalidad entera.
Un tercer elemento, en el orden de las adquisiciones, es el de que lo que se llama
constitución orgánica es en gran parte producto del intento de adaptación del
individuo; y un cuarto punto es el reconocimiento que hace Adler de los valores
culturales. El sentimiento de inferioridad femenino es fundamentalmente un
producto del ambiente.

MECANISMOS DE DEFENSA

Mecanismos de Defensa
DICIEMBRE 2, 2016 / MUPSIQUE / COMENTARIOS DESACTIVADOSEN
MECANISMOS DE DEFENSA

Los mecanismos de defensa son estrategias psicológicas

inconscientescreadas por el aparato psíquico para proteger nuestra mente de


la ansiedad, miedos, deseos y presiones sociales a las que nos vemos

expuestos en el mundo real.

También se denominan mecanismos de defensa del Yo, pues su aparición se

debe a la mediación que realiza el Yo sobre las exigencias morales del

Superyo y las exigencias impulsivas del Ello. El Yo se ve presionado por

ambas fuerzas y precisa válvulas de escape para liberar el contenido reprimido

de manera sutil.

Una persona sana utiliza diferentes mecanismos de defensa a lo largo de su

vida, pero cuando el uso persistente de alguno de ellos afecta negativamente

a su salud física y/o mental es cuando hablamos de mecanismo de defensa

patológico.

DESCRIPCIÓN DE LOS PRINCIPALES MECANISMOS DE DEFENSA:

· Represión: el Yo impide que los pensamientos, recuerdos y/o sentimientos

inaceptables sean conscientes. Es el mecanismo de defensa básico porque para

que ocurra cualquier otro debe de darse éste primero.

· Proyección: atribuimos a otra persona características propias, porque las

consideramos inaceptables y reconocerlas dañarían nuestra auto-imagen. Por

ejemplo, cuando le damos a una persona lo que necesitamos nosotros mismos,

como un consejo.

· Introyección: al contrario de la proyección, nos atribuimos características de

los otros a nosotros mismos.

· Formación reactiva: los pensamiento o impulsos inaceptables se reprimen y

se expresan a través de los opuestos. Por ejemplo, una persona deprimida que

se muestra eufórica ante sí mima y los demás.

· Somatización: se manifiestan síntomas físicos cuyas causas son conflictos

emocionales.

· Racionalización: se tiende a dar una explicación lógica a los sentimientos,

pensamientos y/o conductas que provocan angustia.


· Anulación: la persona elimina cualquier pensamiento, sentimiento o acto,

como si no hubiera ocurrido.

· Desplazamiento: aparece cuando resulta intolerable expresar un sentimiento

hacia la persona que lo provoca y se desvía dicho afecto hacia otro objeto que

lo sustituya. Por ejemplo, una persona enfadada con su pareja que dirige su ira

hacia el árbitro del partido de fútbol.

· Regresión: ante una situación que la persona no puede resolver, retrocede a

una etapa de la vida en la que las condiciones eran más sencillas y repite

comportamientos propios de aquella época. Se vuelve patológica cuando se

hace estable y no permite que la persona avance en su proceso de desarrollo.

· Negación: expresar de manera negativa un deseo o pensamiento.

· Sublimación: consiste en canalizar los deseos inconscientes hacia objetos

socialmente aceptados y valorados, como el arte, la ciencia, la espiritualidad, etc.

· Humor: utilizar el humor, la ironía y/o el sarcasmo para hacer frente a los

problemas. Tanto el humor como la sublimación, son considerados mecanismos

de defensa maduros.

LA PSICOLOGÍA INDIVIDUAL DE ADLER, CARL JUNG.


PSICOLOGÍA INDIVIDUAL

La teoría de la Psicología Individual fue propuesta como una alternativa al


pensamiento de Freud. Su tesis, proporcionó ideas de sumo interés y
relevancia (Martorell, 2002).
Adler construyó un modelo teórico en el cual el ser humano no aparece como
victima de los instintos y conflictos del pasado, y por lo tanto, no esta
predestinado por las experiencias de la niñez (Schultz, 2002).
Una de las principales diferencias entre dicha teoría y el Psicoanálisis clásico,
radica en que este último estudia al individuo desde un punto de vista analítico,
es decir, intenta desglosar la personalidad en los subsistemas que la
componen, usando el patrón estructuralista, mientras que, en la tesis propuesta
por Adler, se busca estudiar a la persona como una entidad ontológica, que no
puede ser comprendida sino en su totalidad. En este sentido, se asemeja
mucho al enfoque de la Gestalt (Brennan, 1999).
Otra de las discrepancias entre Freud y Adler fue, que el primero sigue para
sus explicaciones un enfoque causalista, mientras que el otro sostiene un
enfoque finalista o teleológico (organización de lo actual en torno a un objetivo
futuro). (Martorell, 2002).
La Psicología Individual, llamada así porque se centra en la individualidad de
cada persona, y niega la universalidad de las metas y los motivos biológicos,
considera a cada ser humano sobre todo como un ser social cuya personalidad
ha tomado forma a partir de las interacciones y los ambientes sociales únicos
en que se ha visto envuelto (Schultz, 2002).
Pozzuto (citado por Cloninger, 2003), señala que la teoría de Adler ofrece
perspectivas sobre la psicohistoria y la psicobiografía que, más que el
Psicoanálisis, reconocen la influencia mutua del individuo y la sociedad.
Además, pone énfasis en la lucha consciente de los individuos por mejorar sus
vidas, ofreciendo conceptos que permiten comprender a la gente que, a través
de un arduo trabajo, tiene éxito, y haciendo responsables a su vez, de sus
propios fracasos a quienes no hacen el esfuerzo necesario para superar las
adversidades.
Adler postula en su teoría una sola pulsión o fuerza motivacional subyacente a
todas nuestras conductas. Con el tiempo, este instinto básico fue llamado Afán
de Perfeccionismo, el cual constituye ese deseo de desarrollar al máximo
nuestros potenciales con el fin de llegar cada vez más cerca de nuestro ideal
(Boeree,2005).
Según Cloninger y otros (2003), “El motivo fundamental de la teoría de Adler es
el esfuerzo sin fin para moverse a una mejor manera de vivir. La lucha toma
diferentes formas para diferentes personas y parece imposible para algunos,
los que se resignan a la derrota”. (p. 110). Es decir, Todo el sistema teórico
desarrollado por Adler, descansa en la premisa de que la mente humana tiende
a luchar por la superioridad y por alcanzar la perfección.
La psicología analítica

Conocida también como psicología profunda, la psicología analítica es el


nombre con que se conoce a la teoría psicológica de Carl Gustav Jung.

Estas teorías, elaboradas por Jung hacia 1913, parte de la existencia de un


inconsciente “colectivo” en la psique de cada individuo, de manera que
nuestra consciencia (la parte de nuestra mente a la que, por decirlo de alguna
manera, tenemos acceso) no tiene que vérselas únicamente con nuestro
inconsciente “personal” (donde se acumulan nuestros complejos), sino todos
los contenidos transpersonales que moran en nuestro interior. Jung
denominaría a estos contenidos, arquetipos; y a la relación del Yo consciente
con el inconsciente colectivo la denominó autorrealización psíquica.

Para Jung, la psicología era la ciencia de la conciencia, y su fin, lograr la


“autorrealización” del paciente

El análisis de Jung busca, básicamente, crear un diálogo ente el


consciente y el inconsciente. Usa como instrumento la imaginación activa y
la interpretación de los sueños, que, al vincular la consciencia con el
inconsciente, permitían la transformación psíquica y, por lo tanto, la curación
del paciente. El principal objeto del método de Jung era lograr una
autorrealización, el despliegue de lo que él denominaba el “sí-mismo” como
articulación de los diferentes arquetipos, siendo la energía que explica esta
dinámica la libido: el interés que expresa el sujeto hacia los diversos objetos
(en lugar de ser una simple energía de índole sexual, como defendía Freud)

De esta manera, nuestro yo consciente se situaría en el centro, como la


frontera entre lo exterior (espacial) y lo interior (psíquico). Nuestra mente es por
lo tanto un sistema dinámico compuesto por varias piezas relacionadas, que
serían:

1. Por un lado, el Yo, que mantiene la actividad entre los contenidos


psíquicos. Es decir, la parte de nuestra mente que naturalmente
usamos.
2. Por otro, el inconsciente personal, que es el lugar intermedio en el
que se acumula toda la información que captamos, pero que no
está disponible para nosotros de manera consciente. Aquí su
acumulan los complejos reprimidos, la información que creemos
olvidada y todos los datos de nuestros sentidos que nos llegan de
manera inconsciente.
3. Por último, Jung defiende la existencia de un inconsciente
colectivo, con contenidos que no son adquiridos de manera
personal, sino que son una especie de herencia de la
humanidad, formada a partir de su historia anterior y que se proyecta
de diferentes maneras, como por ejemplos los mitos y las leyendas.

Para Jung la psicología era la ciencia de la conciencia, y pese a sus logros, no


estaba entre sus objetivos el crear una nueva teoría, sino el desarrollar
una serie de conceptos con los que resolver problemas clínicos. Su obra
representa una visión pionera en lo referente a la psicología humana y, dado lo
complejo del tema y su análisis, no podemos menos que agradecer a Herder la
publicación de este manga, que pone al alcance de todos los públicos algunas
de las teorías más fascinantes de Jung y que tantísimo han influido en nuestra
visión actual de la mente humana.

El proceso terapéutico

EL PROCESO DE LA TERAPIA
Las personas suelen buscar terapia cuando tienen un problema y no están
siendo efectivos en resolverlo y conseguir lo que necesitan de su entorno.

El objetivo de la terapia es conseguir una situación deseada, diferente y mejor


cambiando lo que sea necesario para lograrlo de modo que la persona
aumente su capacidad para resolver los problemas y por tanto para satisfacer
adecuadamente sus necesidades en su relación consigo misma y con el
entorno (modelo de persona sana y efectiva).

Con frecuencia las personas, aceptando su definición de la situación, se


dedican a localizar la causa de su inefectividad para resolver problemas en el
entorno exterior (“Si no fuera por…”) o en alguna inadecuación constitucional y
por tanto inmutable de sí mismo (“Simplemente no puedo… Hay algo malo en
mi”) o en ambas cosas.

En la terapia, la relación entre terapeuta y cliente o entre el cliente y el grupo se


estructuran de modo que se espera de todos que interactúen (realicen
transacciones) de modo que se ajusten a la definición de persona sana y
efectiva.

Cuando la persona no actúa de esa manera…

– se le ayuda a reconocer el hecho,

– se le estimula a considerar lo que está consiguiendo actuando de la forma en


que lo hace (la función de su comportamiento),

– se espera de ella que cambie su comportamiento de acuerdo con el modelo


de persona saludable y efectiva.
Psicoterapia psicoanalítica: técnica y proceso terapéutico

No habría riesgo en señalar que la gran mayoría de los tratamientos psicoterapeúticos son
tratamientos de psicoterapia psicoanalítica. Una de las razones fundamentales es la amplitud de
indicaciones y la flexibilidad de las reglas técnicas. La psicoterapia psicoanalítica se ha ido
desarrollando de forma continua, contribuyendo, en parte, al progreso de la teoría
psicoanalítica. Desde el punto de vista asistencial el número de pacientes que se pueden
beneficiar de este tipo de tratamiento es considerablemente mayor que en el caso del
psicoanálisis. Condiciones técnicas: encuadre Aunque las reglas técnicas en la
psicoterapia psicoanalítica son menos estrictas que en el psicoanálisis, no, por ello,
dejan de tener una gran importancia. En principio, el número de sesiones habitualmente
no suele pasar de dos y su duración, como en el psicoanálisis, es de 45 a 50 minutos.
Algunos autores manejan el número de sesiones, e incluso su duración, para modular la
intensidad de los fenómenos transferenciales. Se considera –sobre todo desde los
trabajos de Alexander (13) sobre la “Experiencia emocional correctiva”– que, en
ocasiones, los aumentos del número de sesiones fijan al paciente al tratamiento,
mientras que en otras circunstancias, como ante el peligro de la utilización de la terapia
con fines de beneficio secundario, deben ser disminuidas. La utilización del diván es
motivo de controversia para algunos autores. En cualquier caso el paciente tumbado y
el analista detrás es la imagen clásica del psicoanálisis, pero desde un punto de vista
técnico la utilización del diván no implica la regresión inevitable del paciente. De
cualquier manera no hay que olvidar que la utilización del diván se debió a la comodidad
que Freud necesitaba para no ser escudriñado por los pacientes. La comodidad continúa
siendo una necesidad de los analistas de la que se benefician los pacientes. La
comunicación entre paciente y terapeuta debe quedar a la espontaneidad y libertad de
aquel mientras que la posición de este debe centrarse en la focalización de los distintos
conflictos. El silencio prolongado del terapeuta no tiene justificación sistemática en esta
modalidad terapéutica. Proceso terapéutico: etapas en el curso del tratamiento
Primeras entrevistas Las primeras entrevistas son de una gran importancia en la
psicoterapia dinámica, tanto desde el punto de vista diagnóstico como por ser en estos
primeros momentos donde el tratamiento se inicia y donde el paciente toma contacto
por vez primera con este tipo de tratamiento. Para algunos autores las primeras
entrevistas marcan el futuro del tratamiento. La primera entrevista psicoterapéutica
marca una diferencia esencial con la consulta médica y tal diferencia debe ser captada
por el paciente. No será una consulta donde el terapeuta pregunte y el paciente
responda. El paciente debe ser estimulado a contar su historia con la menor
participación, en lo posible del terapeuta. Una adecuada entrevista, además, permite
que la indicación del tipo de psicoterapia –psicoanálisis, psicoanálisis analítico o
psicoterapia de apoyo– sea posible. La poca participación del terapeuta o mejor dicho,
una actitud de neutralidad tiene como objetivo fundamental crear las condiciones
adecuadas para que los fenómenos transferencia-contratransferencia puedan ser
observados desde un principio. Dichos fenómenos junto a la historia que va relatando
el paciente deben permitir una intervención, no interpretativa del terapeuta, pero que
sí capte alguno de los conflictos más básicos del paciente y que, en una entrevista bien
estructurada, deben surgir (14). Para algunos autores la entrevista puede ser dirigida,
esto es, con preguntas e intervenciones encaminadas a lograr un diagnóstico y un tipo
determinado de relación desde el primer momento. Una segunda entrevista –ya dirigida
activamente por el terapeuta– conocimiento de aspectos psicopatológicos, biográficos,
etc. y en cualquier caso para fijar las condiciones del tratamiento: indicación del
tratamiento, número de sesiones, etc. Un número mayor de entrevistas no suelen ser
recomendables porque estabilizan una comunicación, preguntas, respuestas, que
dificultarán el paso a un modelo psicoterapéutico. La fase inicial del tratamiento La fase
inicial del tratamiento no se agota con las primeras entrevistas sino que es
precisamente, a partir de ellas, como debe comenzar el tratamiento. El comienzo de un
tratamiento en la psicoterapia analítica tiene, al menos, que centrarse en los siguientes
aspectos: 1. Permitir el desarrollo, o la aparición, de aspectos transferenciales básicos.
2. Delimitación de las áreas de conflicto y de los conflictos responsables de la
psicopatología del paciente. 3. “Aprendizaje” por parte del paciente del modelo
convencional psicoterapéutico. El “aprendizaje” se realiza a partir de las intervenciones
del terapeuta interpretación, confrontación, etc.) y en ningún caso transmitiendo un
conocimiento teórico en forma de “clases”. TRATADO DE PSIQUIATRÍA 742
TRATAMIENTOS PSICOLÓGICOS (I). TERAPÉUTICA DE ORIENTACIÓN PSICODINÁMICA 4.
En cualquier caso el paciente debería moverse, en esta primera fase, dentro de su
realidad psíquica y en contacto con todas las manifestaciones de la misma (sueños,
impulsos, transferencias, lapsus, etc.). Debería diferenciar claramente los conflictos
psíquicos de los problemas reales. La fase media del tratamiento Esta fase es difícil de
delimitar. El propio Freud señalaba en su metáfora con el ajedrez que se pueden señalar
características de apertura y características de finalización del tratamiento, pero lo que
ocurre en medio, a lo largo del tratamiento o del juego es difícil de determinar no
obstante se pueden señalar dos niveles de fenómenos centrales en esta etapa: los que
tienen que ver con el reconocimiento de conflictos y causas de los mismos, esto es el
insight, y los procesos elaborativos posteriores. En la actualidad, tanto en la práctica
psicoanalítica como en la psicoterapia se discuten cuales son los factores curativos o de
cambio. Si el cambio se debe al tipo de relación que se establece con el terapeuta. La
relación con el terapeuta –evidentemente se refiere a la relación terapéutica, no de otro
tipo– es un factor esencial en las modificaciones que una psicoterapia pretenda lograr.
El propio Freud señala la conveniencia de que cualquier tipo de interpretación no debe
ser realizada hasta que la relación con el paciente no sea suficientemente positiva
(transferencia positiva). Actividad interpretativa y modelo de vinculación serán, por
tanto, los dos campos donde se desarrolle la terapia y especialmente en esta fase media
del tratamiento. Fase final del tratamiento ¿Cuándo debe terminarse una psicoterapia?
La respuesta más sencilla sería, cuando el paciente se haya curado. Pero no siempre
coinciden curación y terminación del tratamiento. En principio el criterio de curación
debería diferenciarse en criterios generales, y criterios específicos para un paciente
concreto, en cualquier caso una cura sintomática debería ser un criterio razonable,
aunque en ocasiones no se pueda lograr. Un tratamiento de psicoterapia no debe ser
indefinido por lo que algunos criterios de terminación se deben adoptar. Se pueden
dividir en dos grupos los criterios de terminación: criterios negativos y criterios positivos.
a) Criterios negativos de terminación de una psicoterapia: 1. Cuando el tratamiento
sostenga una situación social claramente injusta (beneficios económicos, prolongación
indefinida de baja laboral, etc.). 2. Evolución transferencial imposible de resolver y, en
cualquier caso, que vaya en detrimento de la salud mental del paciente. 3. Cuando la
evolución del tratamiento aconseje el cambio de técnica. Ya sea hacia un tratamiento
exclusivamente farmacológico o hacia otro tipo de psicoterapia (psicoanálisis,
psicoterapia de apoyo). 4. Circunstancias externas que impidan la continuación del
tratamiento (cambio geográfico, problemas económicos, etc.). b) Criterios positivos de
terminación de tratamiento: Una psicoterapia psicoanalítica por definición y por
limitaciones técnicas no puede pretender un cambio estructural tal y como pretende un
tratamiento psicoanalítico. Sin embargo, los efectos terapéuticos de la psicoterapia
analítica no deben ser desdeñados, ni en su profundidad, ni en su persistencia: 1.
Modificaciones significativas en la sintomatología que trajeron al paciente y que en un
tiempo prudencial indican su desaparición. 2. Reconocimiento por parte del paciente de
aspectos suficientes de su realidad psíquica. 3. Capacidad de autoanálisis, a partir de una
identificación instrumental con el terapeuta. En el final del tratamiento suelen ser
frecuentes la aparición de lo que en el tratamiento psicoanalítico se denominan
indicadores y fenómenos. Los indicadores en tanto lo son de la “disolución” del vínculo
transferencial van a estar muy mitigados en la psicología analítica. Sin embargo, los
fenómenos del fin de tratamiento, –reactivación de la sintomatología y fenómenos de
pérdida de objeto– sí suelen estar presentes y son responsables de la prolongación
indefinida de muchos tratamiento. Indicaciones y contraindicaciones de la psicoterapia
psicoanalítica Si tenemos en cuenta que la creencia básica de la técnica de la
Psicoterapia analítica es que la expresión verbal de pensamientos y sentimientos, en las
condiciones adecuadas, consigue manejos racionales y no, necesariamente deben ser
actuados los pensamientos o los sentimientos, nos encontraríamos con la primera
indicación y contraindicación: la reactivación de situaciones conflictivas en aquellos
pacientes con una estructura psicológica capaz de tolerar la tensión que un tratamiento
de esta índole conlleva. Así pues, la indicación y contraindicación no va a depender tanto
del cuadro clínico que presente el paciente sino de la estructura psicológica del mismo.
No obstante, algunos autores, como Kernberg, consideran, por ejemplo, a los pacientes
antisociales como contraindicación absoluta de la psicoterapia analítica. Se tendrá en
cuenta que la psicoterapia analítica puede ser practicada exclusivamente, o junto, a
tra743 tamientos psicofarmacológicos, lo cual aumenta considerablemente su campo
de aplicación. PSICOTERAPIA DE APOYO INTRODUCCIÓN Se suele considerar,
erróneamente que la psicoterapia de apoyo, es la práctica psicoterapéutica más sencilla
de realizar y que, por tanto, no requiere un manejo técnico concreto y puede ser ejercida
por cualquier estudiante, tanto en el medio hospitalario como en la práctica privada.
Quizá sea esta la razón por lo que la bibliografía sobre esta técnica sea tan escasa. Los
trabajos de Schilder (1938) pasan por ser los primeros en señalar técnicas de apoyo,
aunque no podríamos decir que, ya en este autor se encuentra una definición clara e
individualizada de la psicoterapia de apoyo. Este autor definió actitudes como la
sugestión, brindar consejo, apelar a la fuerza de voluntad, etc., como prácticas
necesarias en el ejercicio de la psicoterapia. Se suele definir la psicoterapia de apoyo
como un método de tratamiento psicológico en que el terapeuta se convierte en sostén
emocional ante los conflictos del paciente, que desde esta posición sugestiva interviene
para su resolución. Es un tratamiento cuya indicación queda muy desdibujada: desde
adultos jóvenes, adolescentes, pacientes muy graves con rigidez de defensa, o a otros
en que las condiciones culturales o sociales no les permite otro tipo de psicoterapia.
También se prescribe como terapia complementaria para pacientes con tratamiento
psicofarmacológico. De cualquier manera la psicoterapia de apoyo se centra, como el
psicoanálisis o la psicoterapia psicoanalítica en torno a dos conceptos básicos: el
conflicto psíquico y la transferencia. La realidad psíquica del sujeto e, incluso, el conflicto
psíquico continúa siendo el objetivo central de la psicoterapia de apoyo. Si no fuera así,
y se concibiera el conflicto como algo exterior, debido a la realidad externa, no nos
encontraríamos en el campo de la psicoterapia, sino en el del asesoramiento, ayuda
psicológica, etc. En cuanto a la transferencia recordaríamos que es la actualización sobre
la figura del terapeuta de la realidad psíquica. La psicoterapia de apoyo tiene en cuenta
la transferencia en tanto en cuanto es un fenómeno universal; y lo tiene en cuenta para
conocer cuál va a ser presumiblemente la actitud que el paciente va a adoptar en el
tratamiento y, por tanto tomar las medidas adecuadas. El concebir la transferencia en
este aspecto amplio permite elaborar estrategias que de otra manera serían imposibles.
Por tanto la transferencia no va a ser intensificada en la psicoterapia de apoyo, no va a
ser interpretada (aunque en ocasiones sí debe ser señalada) pero si va a ser tenida en
cuenta como fenómeno universal. La contratransferencia, también en un sentido amplio
debe ser igualmente tenido en cuenta. La psicoterapia de apoyo necesita para su
realización un vínculo con el terapeuta que le permita ejercer la sugestión. El terapeuta
necesita ser reconocido por el paciente ocupando un lugar de autoridad desde donde
poder ejercer el tratamiento. Este lugar debe ser conquistado o al menos reconocido y
sobre todo no debe ser confundido sistemáticamente con el del ideal del Yo. En el
ejercicio de la psicoterapia de apoyo no siempre la figura idealizada del terapeuta es
más eficaz en sus intervenciones, ni la actitud humana y paterna es garantía de eficacia
terapéutica. Es por todo ello que consideramos el interjuego transferencia-
contratransferencia como un elemento central en la práctica de esta modalidad
terapéutica y, en ningún caso, una modalidad de rango inferior que cualquiera puede
practicar. CONDICIONES TÉCNICAS Y OBJETIVOS DE LA PSICOTERAPIA DE APOYO El
encuadre psicoanalítico, es decir, el conjunto de reglas que hacen posible un
tratamiento psicoterapéutico tiene en la psicoterapia de apoyo indicaciones menos
estrictas que en el tratamiento psicoanalítico clásico. En principio, el número de sesiones
no tiene porqué ser elevado, ni responder a una frecuencia fija. Lo habitual suele ser
una sesión semanal o quincenal. Una posibilidad que se contempla en la psicoterapia de
apoyo es manejar el número de sesiones en función de la situación transferencial para
intensificarla, aumentando su número, o disminuirla, reduciéndolo. El espacio físico
donde se realiza la terapia de apoyo debe ser constante aunque las hospitalizaciones u
otras circunstancias obliguen a cambios de lugar inevitables. En cualquier caso y, dado
que este tipo de psicoterapia está muy cerca a una relación real con el paciente, se debe
evitar al máximo el poder transmitir una imagen del “todo vale” en el ejercicio práctico.
En este sentido, los contactos extraterapéuticos deben evitarse como en cualquier
tratamiento de psicoterapia. Dado que en la psicoterapia de apoyo se trabaja con
material consciente-preconsciente el modelo de comunicación se moverá entre la
asociación libre del psicoanálisis clásico y la comunicación social. La asociación libre, ni
es posible, ni es deseable en un encuadre como el de la psicoterapia de apoyo, pero
tampoco la comunicación social debe fomentarse. El paciente debe tener la idea de que
realiza una tarea activa y con una finalidad concreta, que gira en torno a sus conflictos
en la vida real, como expresión de su organización psíquica, objetivo de la terapia.
TRATADO DE PSIQUIATRÍA 744 TRATAMIENTOS PSICOLÓGICOS (I). TERAPÉUTICA DE
ORIENTACIÓN PSICODINÁMICA Por tanto, el terapeuta y el paciente, deben tener en
cuenta que el encuentro terapéutico tiene unas reglas y unos objetivos concretos y no
produce efectos curativos sin más. Un problema adicional, en la psicoterapia de apoyo
es la ganancia secundaria que tiene a perpetuar el tratamiento cuando las ayudas
sociales –pensiones, subvenciones, etc.– están presentes. Las intervenciones del
terapeuta, en principio pueden ser todas las que habitualmente se realizan en el
tratamiento psicoanalítico, pero predominando, de forma casi exclusiva la sugestión,
abreacción y consejo. 1. Sugestión. Se pretende influir en el paciente y producir cambios
por el prestigio y autoridad que posee el terapeuta. 2. Abreacción. Facilita al paciente la
descarga emocional de sus afectos a través de la verbalización, etc. Se suele emplear en
trastornos emocionales cronificados. 3. Consejo. El problema de como aconsejar y sobre
qué aconsejar es un tema debatido en la psicoterapia de apoyo. En principio podríamos
decir que no es labor del terapeuta aconsejar al paciente sobre toma de decisiones que
tienen que ver con su vida real. La función del terapeuta gira en torno a mostrar al
paciente cómo su conducta repetitiva expresa actitudes defensivas patológicas que
debe cambiar. Luego, los consejos son en torno a cambios de actitud psicológica y no de
conducta sobre la realidad. Suele ser clásica la situación del paciente ambivalente que
no puede decidir por miedo a equivocarse. La labor del terapeuta no consiste en decirle
que decisión debe tomar, sino en mostrarle ese mecanismo por el cual el paciente no se
enfrenta a la ansiedad depresiva que la renuncia implica. El consejo desde la sugestión
pretende que el paciente elija, pero la elección como aspecto de la realidad es asunto
suyo. INDICACIONES Y CONTRAINDICACIONES DE LA PSICOTERAPIA DE APOYO Se
indicará cuando, pacientes con buena estructura yoica, no puedan realizar un
tratamiento más radical –psicoanálisis o psicoterapia analítica– por razones psicológicas
(falta de deseo...) o sociales (económicas, de tiempo, etc.). No obstante debería evitarse
indicar la psicoterapia de apoyo desde posiciones negativas como las indicadas.
Evidentemente esta modalidad de indicación es legítima, pero se debería,
primeramente, determinar qué características son las necesarias para indicar una
psicoterapia de apoyo. En la actualidad sin embargo, sigue siendo esta modalidad de
indicación la que prevalece. No obstante, parece que hay unanimidad en considerar la
indicación más precisa para la intervención en crisis y para los pacientes límites, pero no
así para los antisociales que tenderían, según algunos autores, una contraindicación
absoluta de las psicoterapias dinámicas.