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Arquitectura y medio ambiente

07/05/2019

Food Inc.
Para muchos no es un secreto que el sistema que se vive hoy en día fue diseñado por
grandes compañías o personalidades cuyos intereses tienen más voz y voto que el
bienestar común. Y la mejor parte de todo es que creemos que no estamos envueltos
en dicho sistema, o que nosotros somos la excepción o que si vivimos así es por
decisión propia, pero no es así, todos hemos sido manipulados por esa imagen del
granjero americano en que cría sus animales al aire libre en verdes granjas, con lindos
graneros rojos, una vez más, no es así, terminamos pagando precios bajos por comida
sin saber que estamos pagando unos mucho más alto.

Quizás una de las ventajas poco conocidas o poco reflexionadas sobre vivir en un país
del tercer mundo, es la falta de industrialización en comparación con las grandes
potencias que controlan el planeta. Aquí en nuestro país es más fácil poder encontrar
ganado que comen pasto libremente, granjeros que no le inyectan hormonas a sus
pollos o alguna familia que se dedique a la producción de ajo sin alteraciones químicas.
Pero, aun así, no estamos del todo a salvo, seguimos siendo parte de un sistema del
cual no fuimos consultado, y de un sistema que realmente lo que hace es manipularnos
y llamarnos a la mentalidad de uniformidad y producción rápida en serie.

Uno de los ejemplos más simples que podemos ver en nuestro país sobre la
monopolización de la industria y la manipulación de las marcas hacia nosotros, es la
marca Bravo. Antes al ir a este supermercado encontrábamos todo tipo de productos
de todo tipo de marcas, si has ido en los últimos meses, se puede ver la gran cantidad
de productos de dicha marca que hay en el supermercado, y todos pensamos ”oh que
bien, una marca más barata que hace lo mismo que la marca más cara” pero aun así,
hay cosas que preferimos comprarlas de la marca que ya conocemos, ya sea por
ignorancia, desconfianza o porque nos gusta tener opciones o porque nos gustaba
esperar el especial de la leche Parmalat a 42 pesos.

Pero ¿qué queda hacer cuando mágicamente el supermercado tira su marca de leche
que siempre cuesta 42 pesos y la Parmalat más nunca la vuelven a poner a 42 pesos?
Pues manipulación del consumo. Y eso es uno de los no se cuantos ejemplos de como
las marcas juegan con nosotros.