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Antonio Madinaveitia y Tabuyo

(1890-1974)

Miguel López Pérez y Mar Rey Bueno


Historia de la Farmacia. Facultad de Farmacia. U.C.M.

“Un hombre a quien nada... ni el fugaz triunfo político de sus ideas,


ni la ulterior y sangrienta derrota de unos y otras,
logró apartar de la tarea que reduplicativamente acabo de nombrar: hacer ciencia”
PEDRO LAÍN ENTRALGO

A principios de este año, una vez recibida la concesión de la ayuda del Ministerio de
Cultura, Educación y Deporte que facilitaba la realización de este seminario sobre
“Españoles en el exilio”, recibimos la honrosa aunque suicida tarea de presentar una
comunicación sobre Madinaveitia. Honrosa, porque nos permitía trabajar al lado de un
maestro a quién, hasta ese momento, sólo habíamos leído y admirado: el Profesor José
Luis Abellán. Suicida, porque ninguno de nosotros dos sabíamos una sola palabra del
exilio científico, más allá de las cuatro generalidades propias de cualquier ciudadano
medianamente informado de la historia de su país. Más que suicida, creo que sería
apropiado denominar esta actividad nuestra como osada y temeraria. ¿Qué hacían dos
becarios postdoctorales, especializados en la Edad Moderna, hablando al lado de
eminentes expertos en la materia a tratar? Aún hoy seguimos haciéndonos la misma
pregunta, y sólo podemos agradecer a Javier Puerto y a José Luis Abellán el haber
contado con nosotros. Antes de entrar en materia, sólo nos queda pedir disculpas ante
los posibles errores que, a ciencia cierta, cometeremos, pues sólo somos recién llegados
a un tema apasionante pero en extremo complejo, como es el exilio científico de 1939.

ETAPA ESPAÑOLA (1890-1939)

El hijo de Don Juan Madinaveitia

De todos los científicos que partieron hacia destinos europeos o americanos en la


primera mitad del año 1939 vamos a centrarnos en un personaje que, si bien destacó con
luz propia en el ejercicio de su disciplina, no ha sido merecedor, hasta el momento
actual, de ningún estudio monográfico. La búsqueda de datos relacionados con sus
vivencias personales y profesionales deben rastrearse en el quehacer de otros científicos
ilustres, maestros y compañeros suyos, que despuntaron en el desarrollo de las ciencias
experimentales durante las tres primeras décadas del siglo XX.
Su nombre, Antonio Madinaveitia y Tabuyo, nos remite de inmediato a una figura de
extraordinario calado dentro de la llamada Edad de Plata de la ciencia española, el
médico guipuzcoano Juan Madinaveitia y Ortiz de Zárate (Oñate, 1861-Barcelona,
1937). Representante destacado de la medicina española durante el primer tercio del
siglo XX, el doctor Madinaveitia compaginó el ejercicio médico en el Hospital
Provincial de Madrid con la docencia en la Facultad de Medicina madrileña. Perteneció
a la llamada Generación del 98 científica, que comprendió, entre otros, a Ramón y

1
Cajal, Olóriz y Sañudo. Su labor docente tuvo una gran trascendencia y fue de los que
crearon en este país la Gastroenterología como especialidad.
Fue el doctor Madinaveitia un decidido defensor de las ideas izquierdistas, aunque
nunca se afilió a partido político alguno. Próximo a la ideología anarquista, cuenta de él
Federico Urales, padre de la futura ministra de Sanidad anarquista Federica Montseny,
la siguiente anécdota:

"La duquesa tal (no recuerdo el título), clienta mía, se puso enfermas hace
día y no quiso que se llamara a su médico hereje [el hereje era
Madinaveitia, por sus intervenciones de marcado corte anarquista en el
Ateneo de Madrid], pero el médico que fue llamado en mi lugar, no dio con
la dolencia de mi clienta y al ver ésta que cada día estaba peor, exclamó:
«Que se vaya, que se vaya en busca del hereje Madinaveitia, que, aunque
hereje, es el único que entiende mi mal»"1

Casado con Dolores Tabuyo, el matrimonio tuvo cinco hijos: Antonio, Carmen, Juan
Manuel, José y Luis. Juan Madinaveitia influyó poderosamente en la educación de sus
hijos quienes, pese a las ideas de su padre, estaban bautizados. Formados todos en la
Institución Libre de Enseñanza, se decantaron por las disciplinas sanitarias: Juan
Manuel y José se hicieron médicos como su padre, influidos por la temprana muerte de
su hermano Luis, a los trece años, víctima de una epidemia de tifus, y que sentía una
vocación médica clarísima. Por su parte, Antonio optó por la Farmacia, primero, y la
Química, después.

Años de formación. El Laboratorio de Química de la Residencia de Estudiantes

El 31 de octubre de 1890 nacía en Madrid Antonio Madinaveitia y Tabuyo. Estudió


enseñanza secundaria en el Instituto del Cardenal Cisneros, graduándose de Bachiller en
1906. Cinco años después se licenciaba en Farmacia por la Facultad de Farmacia de la
Universidad de Barcelona, doctorándose en 1913 por la Facultad de Farmacia de la
Universidad de Madrid con la tesis doctoral Los fermentos oxidantes2. Fue pensionado
por la Junta para la Ampliación de Estudios para trabajar con el gran maestro Richard
Willstätter, judío alemán ganador del Premio Nobel de Química en 1915. Con él
estudió en Zurich y Berlín, desde donde publicó una breve comunicación sobre el
estudio de las grasas3, así como algunos trabajos sobre el estudio de la técnica de
hidrogenación catalítica, recién introducida en los laboratorios químicos4. Madinaveitia
1
ZULAICA ARISTI, Daniel (1985), Vida y obra del Dr. Madinaveitia, Zarautz, Diputación Foral de
Guipúzcoa, p. 101.
2
Madrid, Imp. Bernardo Rodríguez, 1913. Compuesta por 51 páginas, comenzaba con una serie de
consideraciones sobre las reacciones energéticas y acciones catalíticas. Pasaba, a continuación, al estudio
de los fermentos, explicando sus características y estableciendo su división. Estudiaba, después, los
fermentos oxidantes, especialmente la catalasa, explicando detalladamente sus propiedades y obtención a
partir de la sangre y del tejido hepático, y las peroxidasas, de las que estudiaba su obtención y acción
peroxidante de la hemoglobina y de la hematina. Por último, condensaba el estudio y lo aplicaba a la
farmacia. ROLDÁN GUERRERO, Rafael (1958-1963), "Antonio Madinaveitia y Tabuyo", en:
Diccionario biográfico y bibliográfico de autores farmacéuticos españoles, Madrid, 4 vols., 3, pp. 168-
173.
3
MADINAVEITIA Y TABUYO, Antonio (1910), "Análisis de las grasas", Anales de la Sociedad
Española de Física y Química, 8, p. 153.
4
En 1912 publicó "Uniones dobles", Anales de la Sociedad Española de Física y Química, 10, p. 381,
donde analizaba la hidrogenación catalítica comparada de uniones dobles en compuestos aromáticos, con
negro de platino o de paladio y platino coloidal; al año siguiente veía la luz "Sobre la hidrogenación
catalítica por los metales muy divididos", Anales de la Sociedad Española de Física y Química, 11, p.

2
mantuvo siempre una estrecha relación con su maestro, a la vez que inculcó a todos sus
alumnos un gran respeto y simpatía por este químico que, ocupando la cátedra en la
Universidad de Munich, fue la primera víctima del antisemitismo alemán (1927)5.
De vuelta a España, y antes de ser Catedrático de Química Orgánica en la Facultad de
Farmacia de la Universidad de Madrid, Madinaveitia trabajó en el laboratorio de
Química Biológica de José Rodríguez Carracido, uno de los adelantados de las
ciencias experimentales españolas de principios del siglo XX. Química Orgánica y
Química Biológica eran disciplinas afines, de difícil separación en el período señalado.
Las cátedras de Química Orgánica estaban dotadas en las facultades de Farmacia y de
Ciencias desde la reforma universitaria de mediados del siglo XIX; por su parte, la
primera cátedra de Química Biológica se creó en 1886 para la Facultad de Farmacia de
Madrid, con carácter multidisciplinar, pues atendía a los doctorados de Farmacia,
Medicina y Química6. Fruto de la colaboración de Madinaveitia con Rodríguez
Carracido son los trabajos dedicados a la síntesis de compuestos de posible actividad
farmacológica y la iniciación a la química de productos naturales. Entre los primeros se
encuentra la síntesis de una alcalamina con claras propiedades anestésicas7; entre los
segundos, destaca el estudio químico y farmacológico de la salicarina8.
Madinaveitia compaginó sus colaboraciones con Rodríguez Carracido con la dirección
del Laboratorio de Química de la Residencia de Estudiantes de Madrid, establecido a
partir de 1916. Aunque la Residencia de Estudiantes se ha ligado tradicionalmente a lo
artístico y literario, fue también, desde sus inicios, sede una intensa actividad científica.
Para ello, se construyó, entre 1913 y 1916, el pabellón de los laboratorios, que acabó
siendo más conocido por el sobrenombre de Transatlántico, debido al largo balcón que
le hacía asemejarse a esa figura. En el Transatlántico se instalaron una serie de
laboratorios destinados, en primer lugar, a la enseñanza de diferentes disciplinas
experimentales de interés para los estudiantes de ciencias, medicina o farmacia. Al
frente de los mismos se colocaron destacadas figuras de la ciencia del momento, como
Juan Negrín, Pío del Río Hortega, Luis Calandre, Paulino Suárez, José Ranedo,
Antonio de Zulueta y el ya mencionado Antonio Madinaveitia. Uno de sus alumnos
fue el destacado farmacólogo Rafael Méndez Martínez, que recuerda aquella época en
sus memorias con las siguientes palabras:

328, donde utilizaba otros elementos del octavo grupo distintos del hierro, cobre y níquel, preparando
negro de rutenio, rodio, osmio e iridio.
5
Así lo manifiesta su alumno Francisco Giral, futuro Catedrático de Química Orgánica aplicada a la
Farmacia en la Universidad de Santiago de Compostela, que también realizó estudios de ampliación en
Alemania, como estudiante en la Universidad de Munich y como investigador en el Kaiser Wilhelm
Institut für medizinische Forschung de Heidelberg, trabajando dos años bajo la dirección de Richard
Kuhn (discípulo de Willstätter). Según nos cuenta Giral: "Don Antonio ponía mucho interés en
puntualizarnos que, a pesar de haber sido expulsado de la Universidad en Munich, donde se estaba
gestando el movimiento hitleriano, en realidad los dirigentes de la ola antisemita eran los «junkers
prusianos» que recogían el espíritu imperialista del Káiser con sus raíces étnicas para exaltar la raza
aria". GIRAL, Francisco (1994), Ciencia española en el exilio (1939-1989), Barcelona, Anthropos, p.
314.
6
Un estudio más detallado de este y otros aspectos de la Química española a lo largo de los siglos XIX y
XX se encuentra en LORA-TAMAYO, Manuel (1981), La investigación química española, Madrid,
Alhambra.
7
RODRÍGUEZ CARRACIDO, José y MADINAVEITIA TABUYO, Antonio (1914), "Determinación
cuantitativa de la colesterina en la sangre", Anales de la Sociedad Española de Física y Química, 12, p.
428.
8
RODRÍGUEZ CARRACIDO, José y MADINAVEITIA TABUYO, Antonio (1921), "Estudio químico
de la salicaria", Anales de la Sociedad Española de Física y Química, 19, pp. 148-151.

3
“En la segunda mitad de los veinte hervía en trabajos entusiastas el
laboratorio de Negrín de la Junta para Ampliación de Estudios que
albergaba la Residencia de Estudiantes. Se contaba con una amplia
biblioteca, y la planta baja y el sótano de uno de los pabellones albergaban
laboratorios de investigación y de enseñanza en química, bacteriología,
histología y fisiología, con maestros de la talla de don Juan Negrín, don
Pío del Río Hortega y don Antonio Madinaveitia. Se me asignó una
habitación en el cuarto pabellón, arriba de los laboratorios”9

Entre las investigaciones realizadas en este laboratorio destacan las colaboraciones con
José Ranedo10, Fernando Díaz Aguirreche11 e Ignacio Ribas12.
La labor de acercamiento a instituciones e investigadores extranjeros, propiciada desde
los orígenes de la Junta para la Ampliación de Estudios, favoreció el contacto de
Madinaveitia con el especialista francés Ernest Fourneau13, Director del Laboratorio
de Química Terapéutica del Instituto Pasteur. Su estrecha relación personal y científica
favoreció la venida de Fourneau a Madrid, como invitado de la Junta para la
Ampliación de Estudios y la Facultad de Farmacia, para que dictara un curso sobre
síntesis de medicamentos. Sus lecciones fueron recogidas en un libro sencillo y muy
útil, tanto en la teoría como en la parte experimental, Síntesis de medicamentos
orgánicos14, que tuvo una magnífica acogida entre investigadores y estudiantes. Fruto
de esta relación con Fourneau fue una decantación de Madinaveitia hacia la síntesis
orgánica de proyección farmacológica y la formación de una serie de discípulos ilustres
que pasaron, sin excepción, por el Instituto Pasteur para completar su experiencia. Entre
otros, cabe señalar a Ignacio Ribas Marqués, futuro catedrático de Química Orgánica
en Salamanca y Santiago y a Francisco Giral, que luego sería catedrático de Química
Orgánica en Santiago y, una vez exiliado, en la Universidad Nacional Autónoma de
México.

Catedrático de Química Orgánica en la Facultad de Farmacia de Madrid

Tras más de una década de trabajo junto a Rodríguez Carracido y al frente del
Laboratorio de Química de la Residencia de Estudiantes, Antonio Madinaveitia Tabuyo
ganó la cátedra de Química Orgánica de la Facultad de Farmacia de Madrid en 1926.
9
MÉNDEZ MARTÍNEZ, Rafael (1987), Caminos inversos, México, Fondo de Cultura Económica.
10
"Síntesis con derivados organosodados", Anales de la Sociedad Española de Física y Química, 1918,
16.
11
"Acción catalítica y magnitud micelar", Anales de la Sociedad Española de Física y Química, 1921, 19,
trabajo donde se da cuenta de las investigaciones realizadas para determinar la influencia que tiene el
tamaño de las disoluciones coloidales del oro en el poder catalítico necesario para la descomposición del
agua oxigenada.
12
"Isomería de los ácidos difenilsuccínicos", Anales de la Sociedad Española de Física y Química, 1925,
23, pp. 96-99.
13
(Biarritz, 1872-París, 1949). Prestigioso farmacólogo, al que se considera fundador de esta disciplina en
Francia, fue Director del Laboratorio de Química Terapéutica del Instituto Pasteur entre 1911 y 1949. Su
descubrimiento más notable fue la estovaína, derivado arsenical activo contra la sífilis y ciertas
tripanosomiasis. Introdujo en terapéutica el uso de las sulfamidas y estudió los primeros antihistamínicos
de síntesis, así como diversas sustancias activas sobre el sistema neurovegetativo.
14
Madrid, Imp. Helénica, 1921. Dividido en dos partes, en la primera se describen el guayacol y la
fenacetina, antipiréticos, antisépticos, anestésicos locales, hipnóticos, antisépeticos, derivados orgánicos
del arsénico, derivados del mercurio, adrenalina, fosfátidos, ácidos nucleínicos y alcaloides, terminando
con una revista de conjunto de productos farmacéuticos; en la segunda parte, se ofrecen unos consejos a
los principiantes y se describe la síntesis de gran número de medicamentos orgánicos, con toda clase de
detalles y datos, para poder reproducirlos con facilidad.

4
Como flamante catedrático, fue el encargado de pronunciar el discurso inaugural del
curso académico 1927-1928 de la Universidad Central15, que dedicó a la enseñanza de la
química orgánica en España pues, según sus propias palabras, aprovechaba la
oportunidad que le brindaba la ceremonia de apertura del curso académico, momento en
que la Universidad entraba en contacto directo con el país, para

“exponer las dificultades con que tropezamos en la enseñanza [para lo


cual] expondré algunos problemas relacionados con la enseñanza de la
Química orgánica por serme los más conocidos; tendrán seguramente
muchos puntos de contacto con los que se presentan en la enseñanza de
otras ciencias experimentales”16

A lo largo de 47 páginas, Madinaveitia hace un lúcido análisis de la situación


universitaria española, muy lejana a lo que él había tenido oportunidad de comprobar en
sus estancias en el extranjero. La falta de presupuestos económicos destinados a la
dotación de laboratorios experimentales en la universidad, unida a una incorrecta
formación del alumnado, hacían del panorama español un erial científico que, sólo en
los últimos años, se había intentado paliar:

“Sería mi deseo interesar en este problema a los estudiantes, que es a


quienes mas directamente atañe, pues de que salgan de la Universidad con
una preparación mejor o peor, dependen en gran parte sus probabilidades
de triunfo en la vida; a los padres de estos alumnos, a estos padres
españoles a quienes en su inmensa mayoría no les interesa sino que sus
hijos aprueben las asignaturas, preocupándose mucho menos de si
aprenden o no; que creen que han cumplido con su misión dejando a sus
hijos en posesión de un título académico, sin hacerse cargo de que
aumentando como aumenta en estos últimos años el número de licenciados
en todas las facultades, el título va perdiendo en valor; y en la competencia
natural que ha de establecerse entre los profesionales, triunfarán aquellos
que estén mejor preparados. Y sobre todo, pienso en la masa de nuestros
compatriotas, pues de que sea mejor o peor la enseñanza de la Química
orgánica, de que haya buenos químicos o farmacéuticos con formación de
Química orgánica, depende buena parte de la prosperidad y bienestar del
país”17

Aprovechó la oportunidad, asimismo, para denunciar la falta de industrias farmacéuticas


y químicas, circunstancia que repercutía de manera directa en la economía del país, tal y
como comenta al inicio de su discurso:

“Recuerdo el triste efecto que me produjo ver obtener en una gran fábrica
francesa sales de litio partiendo de minerales españoles, oyendo, además,
decir que buena parte de ellas volvían a España para ser vendidas. Es
verdad que la industria farmacéutica no puede desarrollarse sola, que es
una consecuencia de la gran industria química, como han aprendido a
costa propia los franceses; y es que en España debiera existir esta gran

15
MADINAVEITIA Y TABUYO, Antonio (1927), La enseñanza de la química orgánica: discurso leído
en la solemne inauguración del curso académico de 1927 a 1928, Madrid, Impr. Colonial.
16
Ibídem, pp. 8-9.
17
Ibídem, p. 9.

5
industria, puesto que tenemos todos los elementos esenciales; si no existe,
es porque faltan químicos”18

Pese a las reformas planteadas por los científicos españoles durante las primeras
décadas del siglo XX aún quedaba mucha tarea por hacer, fundamentalmente, porque se
necesitaba que la universidad se involucrase de forma directa en esta incipiente labor de
renovación. El caso más evidente, en este sentido, es el expuesto por Madinaveitia al
recordar que, cuarenta años antes, su maestro José Rodríguez Carracido había planteado
en la misma tribuna, la misma denuncia:

“Hoy hace cuarenta años que ocupaba este mismo lugar nuestro Rector
honorario, D. José Rodríguez Carracido, el maestro de muchas
generaciones de farmacéuticos, que desempeñaba entonces la cátedra de
Química orgánica. En un brillante discurso exponía el estado de la
enseñanza de las ciencias experimentales en España, haciendo ver cómo
esta enseñanza, en realidad, no existía en nuestro país, por carecer la
Universidad de los medios y de los locales necesarios para darla. Cuarenta
años después, un discípulo suyo, su sucesor en la cátedra de Química
orgánica, tiene que volver a señalar aquí los mismo defectos, esta vez
aumentados, porque además de haber más que doblado el número de
alumnos, y de haberse hecho mucho más complicados los métodos de
estudio de la Química orgánica, el local de que disponemos para dar la
enseñanza práctica, la parte de la enseñanza que más importa en una
ciencia experimental, es de una extensión igual a la que tenía el de
Carracido. ¡Cuánto nos ha de costar ganar este retraso, por lo menos de
medio siglo, que llevamos en Química con respecto a los demás países!19
[...] Esperemos que dentro de cuarenta años no vuelva a ocupar este puesto
un nuevo catedrático de Química orgánica de la facultad de Farmacia para
decirnos que por falta de medios esta enseñanza no existe aún en España.
Entonces será ya demasiado tarde para corregir nuestros errores”20

Proféticas palabras de las que el propio Madinaveitia sería protagonista y testigo.


Fue en esta época cuando Madinaveitia comienza sus estudios sobre la plumbagina,
producto aislado de las partes aéreas y de los rizomas de Plumbago europea. Se inició
en 1928, cuando publica con M. Gallego un trabajo acabado de sistematización
analítica y posterior de síntesis21, labor que seguirá al lado de Jesús Sáenz de
Buruaga22. La plumbagina, una naftoquinona natural empleada en el tratamiento de la
Leishmaniasis, había sido descrita un siglo antes por el farmacéutico Dulong, aunque no
fue capaz de cristalizarla. Esta tarea ocupó a Madinaveitia y sus alumnos hasta el año

18
Ibídem, p. 10.
19
Ibídem, p.13.
20
Ibídem, p. 47.
21
MADINAVEITIA Y TABUYO, Antonio y GALLEGO, M. (1928), “ Estudio de la plumbagina”,
Anales de la Sociedad Española de Física y Química, 26, pp. 263-270.
22
MADINAVEITIA Y TABUYO, Antonio y SÁENZ DE BURUAGA, Jesús (1929), “Estudio de
algunos derivados de las metil-naftalinas”, Anales de la Sociedad Española de Física y Química, 27, pp.
647-658. De hecho, este fue el tema de tesis doctoral presentado por Sáenz de Buruaga un año después:
SÁENZ DE BURUAGA Y SÁNCHEZ, Jesús (1930), Estudio de la efedrina del tolueno y contribución
al conocimiento de la plumbagina, Madrid, C. Bermejo.

6
193423, cuando se publicaron algunos trabajos que fueron reconocidos a nivel mundial y
citados en la bibliografía internacional.

El Instituto Nacional de Física y Química

Madinaveitia compaginó, a partir de 1932, su actividad docente con la dirección del


Laboratorio de Química Orgánica del recién nacido Instituto Nacional de Física y
Química. Esta nueva institución tenía sus orígenes en el Laboratorio de Investigaciones
Físicas que la Junta para la Ampliación de Estudios había fundado en 1910, hito en el
desarrollo de la física y química modernas españolas. Desde su fundación, fue dirigido
por Blas Cabrera y Felipe, el más destacado físico que ha tenido la disciplina en
España. Estaba constituido por cuatro secciones: Espectrometría y Espectrografía,
Química y Física, Electricidad y Metrología. En sus dos primeros años de vida se
publicaron diez trabajos salidos de sus laboratorios, producción que se incrementaría
exponencialmente en los años subsiguientes.
En 1924 visitaba Europa una comisión de la Internacional Education Board (Fundación
Rockefeller) con el propósito de financiar tareas distinguidas de producción intelectual
europea. Se ha dicho que recaló en España con la intención de conocer al prestigioso
grupo español cuyos trabajos histórico-filológicos eran reconocidos internacionalmente
pero, al ver la destacada labor realizada por el Laboratorio de Investigaciones Físicas,
pese a la escasez de espacio y medios, decidió recomendar una donación al Estado
español para que este grupo de investigadores dispusiera de los instrumentos y locales
que su esfuerzo merecía. Con tal motivo, la Fundación Rockefeller libró 420.000
dólares y, en 1928, dos distinguidos científicos del Laboratorio, Enrique Moles y
Miguel Catalán, junto a los arquitectos Sánchez Arcas y Lacasa, viajaron por Europa
para documentarse sobre los últimos adelantos en organización y arquitectura de
edificios científicos24.
El 2 de febrero de 1932 se inauguró oficialmente un soberbio edificio, funcional y
vanguardista, donde se albergaría, desde ese mismo momento, el Instituto Nacional de
Física y Química, nueva denominación del hasta entonces Laboratorio de
Investigaciones Físicas. Quedó organizado en seis secciones: Electricidad y
Magnetismo, dirigida por Blas Cabrera; Rayos Roentgen, dirigida por Julio Palacios;
Espectroscopía, dirigida por Miguel Ángel Catalán; Química-Física, dirigida por
Enrique Moles; Química orgánica, dirigida por Antonio Madinaveitia y Electroquímica,
dirigida por Julio Guzmán. La sección de Madinaveitia contó con cuatro becarios y diez
colaboradores25.

La culminación de un período: el IX Congreso Internacional de Química Pura y


Aplicada

Como remate de esta época brillante en la química española, de la que Madinaveitia fue
un representante destacado, la primavera de 1934 fue testigo de la celebración, en
23
Destacan las aportaciones de Francisco GIRAL (1933), "Derivado del 2-metil naftaleno", Anales de la
Sociedad Española de Física y Química, 31, p. 861 y la tesis doctoral inédita de Eladio OLAY CABAL
(1934), Desmotropía de algunos naftoles, Universidad de Madrid, Facultad de Ciencias.
24
BONET CORREA, Antonio (1982), “El Edificio Rockefeller”, en: Cincuenta años de Investigación en
Física y Química (1932-1982), Madrid, C.S.I.C.
25
Los becarios fueron Francisco García González, Eladio Olay, León Lemmel y José Luis Gómez
Caamaño; los colaboradores, José Cerezo, M. Gil, E. Gómez Mujica, G. Iglesias, E. Milheiro, Luis Socías
Miñals, Juan Madinaveitia, M. Zúñiga, T. Catalán y Mª C. Gómez Escobar. OTERO CARVAJAL, Luis
Enrique (2001), “La destrucción de la ciencia en España. Las consecuencias del triunfo militar de la
España franquista”, Historia y Comunicación Social, 6, pp. 149-186.

7
Madrid, del IX Congreso Internacional de Química Pura y Aplicada, primero que se
celebraba después de la guerra europea. Mil doscientos congresistas, procedentes de
treinta países de tres continentes, y doscientos setenta y cuatro trabajos publicados, de
los cuales noventa y seis eran españoles, fueron las cifras de un Congreso realizado
gracias a las extraordinarias capacidades organizadoras del profesor Enrique Moles,
químico de gran fama internacional y figura cumbre de la Química Inorgánica española,
a cuyo talento y rigor se debe la creación de numerosos datos atómicos26. Fue tal el éxito
del Congreso que la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC) le eligió
vicepresidente del Comité.
Para garantizar el éxito del Congreso, el propio Moles organizó un año antes una
reunión preparatoria en el marco de la Universidad Internacional de Verano
(Santander), fundada en 1932 para la convivencia en un plano internacional de
estudiantes y maestros extranjeros y españoles. Esta reunión, celebrada en el verano de
1933, contó con un grupo de científicos españoles y extranjeros, entre los que se
encontraban personalidades tan destacadas como Hans von Euler, de la Universidad de
Estocolmo, premio Nobel de Química en 1929 por sus investigaciones en la
fermentación del azúcar y las enzimas fermentativas, que dictó una conferencia sobre
vitaminas, o el ya mencionado Willstätter, que vino por mediación de su antiguo
discípulo Madinaveitia, y que dictó una conferencia sobre fermentos.

ETAPA MEXICANA (1939-1974)

La actividad de Antonio Madinaveitia, al igual que la de todos sus colegas científicos,


se vio paralizada y, finalmente, cercenada con la guerra civil y posterior dictadura de
Franco, que dio al traste con la labor desarrollada durante tres décadas y que había
supuesto la reincorporación de España al panorama internacional de la Ciencia.
Todos los hermanos Madinaveitia abandonaron España a través del País Vasco, origen
de la gran familia Madinaveitia, con sus mujeres e hijos, excepto José, que ya estaba en
París. Asenchi, la hija de Antonio, nos contó cómo, en el camino, andando en el país
vecino, los naturales les ofrecían a todos los que pasaban lo necesario para continuar o
dormir, no escaseaba esta ayuda, conscientes los franceses de la tragedia de la que se
huía. Familias enteran caminando con sólo lo puesto encima, con algunos hatillos,
cansados, hambrientos, veían en los habitantes de Francia una esperanza y, al poco, una
satisfacción al comprobar tanta generosidad. Afortunadamente, a la familia
Madinaveitia les unía una gran amistad con el entonces Rector de la Universidad de la
Sorbona. Enterado éste de las vicisitudes, no dudó un minuto en alojarles durante los
dos meses de verano en el hotel que solía alquilar todos los años en la costa atlántica.
Tras este tiempo, dieron el salto a México.
Al llegar a México como exiliado, en 1939, Antonio Madinaveitia desplegó ideas muy
originales que fueron de gran provecho para el país, tal y como nos cuenta su antiguo
discípulo Francisco Giral, exiliado como él27. Decidió no ocuparse de su labor personal,
abandonando la investigación y la publicación, y dedicándose a la doble labor de
explotar los recursos naturales del país y formar a jóvenes mexicanos para la
investigación superior.
26
Sobre Moles hay una abundante bibliografía, destacando las siguientes obras: BERROJO JARRIO, R.
(1980), Enrique Moles y su obra, Barcelona, 3 vols.; MOLES CONDE, Enrique (1975), Enrique Moles,
un gran químico de España, Madrid; NOGAREDA, Carlos (1983), En el centenario del profesor Moles,
Salamanca; PÉREZ-VITORIA, Augusto (1985), Enrique Moles, la vida y la obra de un gran científico
español, Madrid; PÉREZ-VTORIA, Augusto (1986), La Era Moles en la química española, Santander y
PÉREZ-VITORIA, Augusto (1991), Un químico y una exposición: Enrique Moles, Santander.
27
GIRAL (1994), p. 315.

8
Actividad universitaria

Imaginamos que, pese al exilio forzado, Antonio Madinaveitia encontró un gran


aliciente en el prometedor futuro académico que se le ofrecía en México. Así parece
desprenderse de las palabras que manuscribió en un álbum dedicado al Presidente
Lázaro Cárdenas en diciembre de 1940, con motivo del término de su mandato
presidencial:

"Me es muy grato manifestar al general D. Lázaro Cárdenas mi


agradecimiento profundo, como universitario español, por la atención que
con nosotros ha tenido, dándonos la posibilidad de salir de los horrores de
Europa, donde todo trabajo de investigación científica es actualmente
imposible, para traernos a laborar en este país hermano.
En México, los químicos hemos encontrado, además de una cantidad
grande de materias primas por estudiar, una tradición muy interesante
tanto en la antigua civilización indígena como en la historia de sus Centros
de cultura. El medio científico es muy semejante al nuestro y hemos podido
desde el primer momento colaborar en él sin dificultad.
El exilio de esta colaboración, si llega, como espero, a ser fructífero para
nuestra cultura, se deberá a su promotor"28

Su actividad académica mexicana despegó tan sólo dos años después de su llegada,
cuando, en 1941, se creaba en la Universidad Autónoma de México, con fondos
provenientes de la Casa de España y del Banco de México, el Instituto de Química. Esta
nueva institución venía a llenar el vacío de investigación química que existió durante
muchos años, a la vez que llenó el vacío sentido por muchos de los exiliados españoles,
formados en esta disciplina. El primer director del Instituto fue Antonio Madinaveitia,
máxima figura de la química exiliada española.
El Instituto de Química fue uno de los primeros centros de investigación que se
fundaron en la Universidad gracias a la estrecha colaboración existente entre
Madinaveitia y el entonces director de la Escuela de Química, Fernando Orozco. La
primera generación de doctores formados por Madinaveitia ha sido la impulsora de la
investigación química de alto nivel en México29.
Madinaveitia encontró en suelo mexicano el caldo de cultivo apropiado para llevar a
cabo sus ideales pedagógicos. Ya en su discurso inaugural de 1927 manifestaba el
interés que mostraban los países iberoamericanos por desarrollar las enseñanzas
químicas, circunstancia que no observaba en su España natal:

"estamos obligados a mantener nuestro rango científico, a no irnos


quedando indefinidamente atrás; está nuestro interés en seguir lo más
cerca posible a los países que figuran a la cabeza de la Química. Debiera
preocuparnos también el modo de atraer alumnos extranjeros: los de
Iberoamérica. Si queremos conseguir algo en este sentido, hemos de darnos
mucha prisa; los sudamericanos han estudiado en Europa las
organizaciones de enseñanza eficaces, han puesto toda su voluntad y su
28
GIRAL (1994), pp. 316-317.
29
Una mayor información sobre el trabajo académico de Antonio Madinaveitia en el Instituto de Química
puede consultarse en Exilio español y ciencia mexicana. Génesis del Instituto de Química y Laboratorio
de Estudios Médicos y Biológicos de la Universidad Nacional Autónoma de México, 1939-1945, México,
El Colegio de México y la Universidad Nacional Autónoma de México, 2000.

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dinero para copiarlas, han llevado profesores extranjeros, y si aquí no se
arreglan pronto las cosas, antes de muchos años, su cultura química será
superior a la nuestra. Yo no he estado en Sudamérica, pero he tenido algún
alumno formado en universidades argentinas, y he sufrido la tristeza de
poder comparar su formación con la de nuestros alumnos"30

Un año antes de fundarse este Instituto, Antonio Madinaveitia había sido invitado por el
Rectorado de la Universidad Michoacana para impartir un curso en la nueva
Universidad de Primavera "Vasco de Quiroga", nacida a imagen y semejanza de la
malograda Universidad de Verano "Marcelino Menéndez Pelayo" española31. El primer
programa de la Vasco de Quiroga, denominado El Siglo XX, estuvo orientado a hacer
una revisión de diversos aspectos científicos, tecnológicos y culturales, caracterizados
por las crisis ocasionadas por las grandes confrontaciones bélicas de las cuatro primeras
décadas del siglo XX. El temario de los cursos correspondientes a 1940 quedó
organizado en dos bloques: uno correspondiente a la Teoría y otro a los Hechos. Tanto
en este primer programa, como en los que tuvieron lugar en años posteriores,
participaron intelectuales mexicanos al lado de los españoles exiliados en México. Entre
ellos, figura Madinaveitia, encargado de impartir un curso que, bajo el título de La
Nueva Química, quedaba enmarcado en el bloque correspondiente a la Teoría. Las
lecciones del curso dieron lugar a un libro que fue publicado en 1942 en las ediciones
encuadernables de El Nacional32.

Actividad científica

Fiel a sus ideales, Antonio Madinaveitia fue asesor químico de la compañía privada
organizada por Antonio Sacristán para financiar la creación de nuevas industrias, entre
otras, la gran fábrica de álcalis Sosa Texcoco, en la que el otrora catedrático de Química
orgánica desplegó una fecunda actividad para producir sosa, carbonato y bicarbonato de
sodio a partir del fondo salino del lago Texcoco, en las afueras de la ciudad de México.
El fondo del lago esta constituido por un sesquicarbonato sódico llamado tequesquite,
que requiere gran habilidad técnica y muchos conocimientos científicos para un buen
resultado. Ambas circunstancias concurrían en Madinaveitia, que desarrolló una
moderna tecnología del tequesquite, utilizada por la empresa Sosa Texcoco desde sus
orígenes, en 1942.

30
MADINAVEITIA (1927), p. 13.
31
El origen de esta Universidad de Primavera debe buscarse en los eventos conmemorativos del IV
Centenario de la fundación del Colegio de San Nicolás, antecedente de la Universidad Michoacana. Fue
en agosto de 1939 cuando el entonces estudiante de Filosofía Juan Hernández Luna sugirió al Rector
Natalio Vázquez Pallares realizar un programa de actos semejantes a los desarrollados en España, en la
Universidad Internacional de Verano. La propuesta fue considerada y, en el mes de enero de 1940, se
publicaron los objetivos centrales del programa académico a desarrollar en la Universidad de Primavera:
por una parte, dar a los estudiantes de las escuelas profesionales y técnicas de México, la oportunidad de
cultivarse en ciencias y disciplinas que presentasen el panorama general de la cultura actual del mundo;
por otra, realizar en forma efectiva el intercambio universitario por medio de la convivencia material y
cultural de profesores y estudiantes de todos los institutos de cultura superior del país. SÁNCHEZ DÍAZ,
Gerardo (2002), "Las Voces del Exilio Español en Morelia. Científicos y Humanistas en la Universidad
Michoacana. 1938-1943", en: SÁNCHEZ ANDRÉS, Agustín y FIGUEROA ZAMUDIO, Silvia
(coords.), De Madrid a México. El exilio español y su impacto sobre el pensamiento, la ciencia y el
sistema educativo mexicano, Madrid, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y Comunidad
de Madrid.
32
MADINAVEITIA Y TABUYO, Antonio (1942), La Nueva Química, México, Ediciones
Encuadernables de El Nacional.

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Su legado

Una vez superados los primeros años de exilio, Antonio Madinaveitia se dedicó a
formar generaciones de químicos mexicanos. Los primeros doctores fueron Alberto
Sandoval Landázuri, que sustituyó al maestro en la dirección del Instituto de Química;
Jesús Romo, uno de los más originales químicos mexicanos, cuya brillante carrera se
vio truncada por su temprano fallecimiento; y José F. Herrán, que fue director de la
Facultad de Química y creador de la División de Estudios Superiores.
Tal y como había manifestado, recién llegado a México, decidió no volver a publicar
nada y se mantuvo fiel a su palabra. Ni siquiera consintió poner su nombre en las
publicaciones de sus primeros alumnos, aunque se le convenció para que revisase las de
algunos de ellos. Su firma sólo apareció en el ya mencionado curso michoacano sobre la
Nueva Química, en la traducción y prólogo de La fabricación de los alcaloides, del
suizo J. Schwyzer33 y en las dos biografías de su maestro alemán Richard Willstätter y
su director de Madrid Blas Cabrera publicadas en la revista Ciencia34.

33
Editado por La Casa de España en 1941, se trata de uno de los libros más útiles para la preparación
práctica de alcaloides en la industria y el laboratorio.
34
"El Profesor Richard Willstätter", Ciencia, 1942, 3, p. 320 y "Don Blas Cabrera Felipe", Ciencia, 1945,
6, p. 241. Esta última ha sido reproducida en PUIG-SAMPER, Miguel Ángel (2002), "La Revista Ciencia
y las primeras actividades de los científicos españoles en el exilio", en: SÁNCHEZ ANDRÉS, Agustín y
FIGUEROA ZAMUDIO, Silvia (coords.), De Madrid a México. El exilio español y su impacto sobre el
pensamiento, la ciencia y el sistema educativo mexicano, Madrid, Universidad Michoacana de San
Nicolás de Hidalgo y Comunidad de Madrid, pp. 277-328.

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