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LAS SIETE CARACTERÍSTICAS DE LA POESÍA

MODERNA
La primera característica que podemos enunciar es
que la poesía moderna (desde Charles Baudelaire hasta
nuestros días) no tiene un espíritu didáctico, es
decir, poemarios como Las flores del mal o Trilce no
poseen como uno de sus objetivos centrales
enseñar valores o actitudes al lector. En ese
sentido, se aleja del principio de Horacio de unir lo
agradable a lo útil para propugnar una escritura
sugerente que jamás subestima la capacidad
interpretativa del lector.
Segunda: el poeta moderno es siempre un operador de
lenguaje y, en consecuencia, manifiesta una actitud crítica.
Vale decir, al manipular el lenguaje el poeta revela una
conciencia crítica en relación con la relectura de la tradición
literaria. Esta particularidad que ya había aparecido
anteriormente (por ejemplo, en la literatura de la Edad de
Oro con Góngora o Quevedo), se intensifica en el contexto de
la modernidad. En otras palabras, el poema moderno está
hecho con palabras dispuestas en un orden determinado y no
tanto con ideas; por eso, el texto poético no admite una
paráfrasis empobrecedora sino una lectura que ponga de
relieve la autonomía del discurso literario.
Una tercera particularidad radica en el papel del significante
en la poesía moderna. Allí, el significante tiene una cierta
autonomía en relación con el significado, fenómeno que se
evidencia en las jitanjáforas, en los caligramas o en los poemas
donde el componente fonológico adquiere importancia sin
remitir directamente a un determinado significado. En algunos
casos, los poetas crean nuevos significantes: "altazor", "trilce",
por ejemplo. Así se cuestiona una racionalidad utilitarista que
reduce el lenguaje al de mero instrumento comunicativo y que
empobrece, por lo tanto, su riqueza fonológica o expresiva.
Este trabajo con el significante nos lleva a una cuarta
característica: la especialización, en el ámbito de la
modernidad, el poeta se convierte en un especialista, pues
domina el ritmo, la métrica, la disposición gráfica, la prosodia,
etc. Rubén Darío y Stéphane Mallarmé son ejemplos muy claros
de este proceso.
El quinto rasgo se puede expresar de la siguiente forma: hay
una tendencia al cruce de géneros y de estructuras en la poesía
moderna. Tenemos poesía "teatral" (T.S. Eliot), poemas en prosa
(Rimbaud), poesía polifónica (Pound, poetas beatniks),
caligramas (Apollinaire, Huidobro), escritura prosaísta
(grupo Hora Zero en el Perú), poemas elaborados a partir de un
collage de citas ("En defensa de César Vallejo y los poetas
jóvenes", de Antonio Cisneros), textos cercanos al panfleto
político-partidario (Canto general, de Neruda), entre otras
posibilidades.
La sexta particularidad la tomamos de Estructura de la lírica
moderna, de Hugo Friedrich. En efecto, él habla de la
disonancia de la poesía moderna. En otras palabras, el poema
en el contexto de la modernidad manifiesta una cierta tendencia
al hermetismo (Rimbaud, Mallarmé, Vallejo, Álvaro Urtecho,
C.M.R., por ejemplo) y a la oscuridad deliberada. Disonancia
quiere decir, en este caso, que se une el hechizo a lo
ininteligible. Por consiguiente, el texto poético gusta y "hechiza"
al lector, pero este último no puede fácilmente descifrar el
sentido del mismo. Pareciera que la significación del poema se
escapara y se resistiera al proceso de desambiguación.
La séptima característica ha sido sugerida por Umberto Eco y
consiste en que el poema moderno formula la poética de la obra
abierta porque presupone un lector activo que construya la
significación discursiva y sea un libre ejecutante que llene los
vacíos dejados por el texto poético. El poema moderno no es
una obra cerrada sino que posibilita que el lector se autoasuma
"como un sujeto que realiza una improvisación creadora de
'infinitas' posiblidades de significación".
Seguimos merodeando, vos hurgás en el manto oscuro de la noche
tu nariz se empina y respira, pero es inútil y me decís: tengo atrofiado
el olfato ni la más orquídea de todas las orquídeas será una orquídea
solo su sombra vana desvanecida en la palma de mi mano; --bajo
/entonces
mis ojos y recito el poema de Rimbaud a los colores, ¿recordás?,
ese que hacía de las letras un festín policromo, ni el más azul
de los azules será un azul en mis pupilas, pues desde niño
perdí mega-pixeles en mis ojos, pero vos inundás mi mundo de colores.
Entonces girás y sembrás un beso entre mis labios.